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Se estrenó en Estados Unidos, pasó por el West End y tuvo gran éxito en San Pablo. Ahora llegó el
turno de Buenos Aires, porque el ogro más conocido de los últimos se instaló en la capital porteña,
más precisamente al Teatro Maipo para desplegar todo su humor, y divertir a grandes y chicos.
SHREK, EL MUSICAL tuvo su estreno el 30 de junio y de la mano de Pablo Sultani como el famoso
ogro verde y Carla Calabrese en la dirección, promete ser uno de los sucesos de la temporada. En
esta nota, tanto Sultani como Calabrese hablaron con DIVAGUE sobre sus expectativas y sobre lo que
fue la previa del show.
SHREK, EL MUSICAL cuenta una historia en la que ficción y realidad
se cruzan constantemente para dar un marco posible a la historia de
amor más verdadera y menos pensada, en donde la aceptación del
otro con sus luces y sus sombras, es la llave mágica para encontrar el
amor y la felicidad.
DIVAGUE: -¿Cómo les llegó la proposición de hacer SHREK el
Musical?
Carla Calabres: -No me llegó, la fui a buscar desde que la vi en
Londres y me encantó.
Pablo Sultani: -Desde que pude ver la versión de Broadway ¡quedé
loco! No quise esperar a que me llegue la proposición. Estaba tan
seguro de saber contar esta historia, de poder meterme en la piel del
ogro y permitir que el ogro se meta en mi piel que, tomé contacto
con la producción y me puse a su disposición para audicionar
cuantas veces que me necesitaran.
DIVAGUE: -¿Qué les atrajo de la propuesta?
Carla: -Es una historia poderosa y diferente, es el cuento de hadas
más cercano y posible. La música y las letras son insuperables y le
aportan a la historia muchísima emoción y profundidad. Los efectos
especiales son fabulosos y están los personajes preferidos de
nuestros cuentos. La princesa, el ogro, Pinocho, el burro y todos los
demás, que resultan seres con los cuales en alguna medida todos
nos identificamos desde lugares diferentes. Es un musical que conmueve de principio a fin. Y Lord Farquaad le aporta con su perversidad adorable, el ingrediente perfecto para que las ganas de subirse
a esta historia sea irresistible.
Pablo: -Estoy un poco (no mucho, eh!) más maduro en la vida y eso
lo percibo en mi trabajo también. Hacer el rol principal de una obra,
requiere de un sentido de responsabilidad y compañerismo muy
importantes, y creo que estoy en una etapa donde puedo hacerme
cargo de estas cosas con muchas ganas. Sin “despeterpanizarme”
del todo, claro. En un momento existía la posibilidad de que hiciera
a Burro, pero es un personaje que está dentro de mi círculo de
comodidad, actoralmente hubiera sido algo similar a otros laburos

que hice, por eso me atraía mucho más encarar a Shrek, que en mi
caso es una invitación a explorar otros colores (sobre todo el verde),
que antes no había tenido oportunidad de explorar. Por otra parte, la
partitura es una genialidad, tiene muchísima onda y es muy
pegadiza. Es un show con una puesta mágica, fiel a la primer peli de
Shrek, pero a la vez es un espectáculo con autonomía propia. Y por
sobre todo tiene algo que siempre me atrae mucho: es un musical
muy burlón de los musicales, hay momentos de parodia que son muy
graciosos, en la tradición de LOS PRODUCTORES, HAIRSPRAY o
SPAMALOT.
DIVAGUE: -Para Pablo, ¿qué diferencias encontrás en el trabajo en
escena estando caracterizado de muñeco? ¿Hay diferencias con los
tradicionales trajes de una obra?
Pablo: -El único “muñeco” que aparece en el show es Pinocho,
¡jajajajaja!! Obviamente sé que se refieren al hecho de estar
caracterizado como Shrek. ¡Si! La diferencia con la caracterización
de otros roles es mucha y enorme como el mismísimo Shrek. El
proceso de maquillaje incluye partes prostéticas de látex adheridos a
toda mi cara (y mis manos también), maquillaje y aerógrafo para dar
textura a la piel del ogro, más un enorme corpóreo (muy caluroso
por cierto) y el vestuario clásico de Shrek. Me tengo que armar de
paciencia (nueva costumbre en mí), durante casi tres horas, y es ahí
donde comienza la magia… “Pablo” va desapareciendo poco a
poco y con el maquillaje va surgiendo Shrek hasta tomar por
completo mi cuerpo y mis facciones (inclusive mi actitud personal y
mi forma de hablar). Todo un viaje. Una de las cosas que más
perseguimos los actores es la posibilidad de convertirnos en otro, y
esta vez, literalmente soy otro… y eso me resulta fascinante.
DIVAGUE: -Para Carla, ¿qué cosas hay que tener en cuenta a la
hora de dirigir, cuando los personajes son tan conocidos como los
de SHREK?
Carla: -La dirección está orientada a que los espectadores puedan
reconocer y acercarse nuevamente a estos personajes queridos con
los que crecimos. La idea es defender a cada uno de ellos desde su

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de Nora Monseinco, empecé a castinear para cine, me fue bien y
dije: “bueno, no sé si volveré a cantar o qué”. Estaba en esa, pero
Nora me hacía cantar mucho en las clases, así que empecé a
entrar al canto, un lugar nuevo, al que llegué desde el juego
absoluto, pero también desde de una verdad y un estar presente
que me fascinó. Esto de algo que yo creía que era de una manera,
y al poco tiempo, aparece HIGH SCHOOL MUSICAL (HSM)
Ricky: -Ahí empiezan a entrar las idas y venidas entre lo público y lo
privado…
Fernando: -Claro, había momentos que iba para un lado, y lo
privado ayudaba a terminar de crecer o terminar de completar el
proceso, porque HSM fue un crecimiento muy grande en muchos
aspectos, ni hablar del entrenamiento y de lo que generan la
televisión y los musicales: montar, hacer, aprender. Mi relación con
vos también fue muy ordenadora. Yo siempre tuve mis inquietudes
y dudas, y en mundo bastante perdido porque era muy nuevo para
mí, y sin saber muy bien qué quería hacer, pero sí sabiendo qué no
quería hacer. Y leerte mucho, escucharte mucho, y también hacer
mi propia experiencia me fue formando. A veces estudiar a veces
no estudiar, a veces con más ganas y otras con menos, a veces
estudiar cosas que no sabía por qué, o ir y tener fobia e irme…
Pero siempre, aunque no esté tomando muchas clases, con la
sensación de que todavía no empecé, no me anoté o lo que sea…
Creo que eso me puso en un lugar muy cómodo, porque soy una
persona muy buena en hacerme creer que no me importan las
presiones, seguramente eso esté en algún lado y me repercute,
pero soy bueno moviéndome entre presiones. Y la verdad, es que
me fueron sucediendo cosas en donde la expectativa era alta
respecto a lo que se esperaba de mi, porque entraba en un musical
o quedaba en un programa de tv, y siempre me salió naturalmente
elegir el camino de “tratar de ser diferente”, no un loquito, pero sí
no deslumbrarme por las mismas cosas que veía que deslumbraban todos.
Ricky: -Hay varias cosas que dijiste que responden a esto de lo
público y lo privado en un sentido profundo. 1) Me interesa el
teatro en su verdad y en su mentira. 2) Siempre tengo la sensación
de que estoy por empezar. 3) No me quiero deslumbrar con lo que
deslumbran todos. Me quedo con la última, ¿qué querés decir con
deslumbramiento?

Fernando: - Me dura muy poco el pico de deslumbre. Me da miedo
lo que genera estar deslumbrado, que es como estar enamorado.
Esa cosa de avanzar ciegamente, sin mirar donde estás pisando,
siempre me dio mucho miedo. Ahora un poco menos, pero sobre
todo después de HSM, donde yo sentía que para hacer lo que yo
quería, tenía que medir muy bien los pasos, y si me deslumbraba
por propuestas que venían, o plata o lo que sea, iba a ir a un lugar
en el que iba a perder más tiempo en llegar hasta donde yo quería.
Hoy todavía me pasa, creo que tiene que ver con la presión
también, porque cuando uno se deslumbra hay algo que lo excita,
lo atrae y algo de tensión alrededor, y como dije antes, yo me
muevo cómodo en eso, pero cuando lo veo en otro, ese deslumbramiento, sé que no me gusta. Estoy en lugar de no guiarme por
eso, y bancármela, a veces después me quiero matar.
Ricky: -Estás diciendo: “no me quiero quedar en ser deslumbrado,
porque quiero deslumbrar a los demás”. Un artista es eso, no
quiere aquello que deslumbra a todos, porque quiere ser el foco de
deslumbramiento. ¿Qué ejemplos podés dar?
Fernando: -Hubo un momento en que yo estaba haciendo una
obra y me ofrecieron hacer un programa de televisión muy popular
y exitoso, pero que yo sentía que cualquier actor de mi edad se
podía deslumbrar con esa propuesta, y me paré en un lugar donde
no me permití que eso me pasara –y tampoco es que tengo tanto
autocontrol (risas)- pero rechacé la propuesta. Elegí seguir solo con
la obra de teatro. Me pasó con la obra que le siguió a esa, donde
también apareció una propuesta de televisión, y yo decidí que me
quería queda con la obra. Eso fue cuando hacía SWENEEY TOOD,
con Julio Chávez. Y la verdad, no podía hacer el proyecto que me
ofrecían en tele porque no convivía con lo importante de ese
momento para mi en teatro. Y hoy, en “Showmatch”, por supuesto
que hay momento en que me deslumbro por lo nuevo, pero no
tengo la sensación de “misión cumplida”, que creo que es el
máximo miedo que me genera el deslumbramiento: “sentirme
hecho”. No por consagrarse, sino por “acá me quedo”. Creo que
quizás alguien se puede quedar un ratito en algunos lugares, pero
el miedo que tengo es no seguir caminando, quedarme en un solo
lugar. Tiene que ver con esta sensación de que todavía no empecé,
de que todavía falta por todos lados. Falta entrenamiento, faltan
experiencias, logros… falta. Instalarme es renunciar a eso. Quizás
porque tuve un comienzo vertiginoso donde era logro tras logro, y
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Siempre sentí que solo estando presente se percibe lo ausente.
El día que no haya humanos vivos, el concepto de lo ausente se
habrá ido. No habrá nadie para evaluarlo.
En el terreno artístico, la ausencia no se remite solo a la
evocación, a quien se fue, o al que falta. Creo que es parte inexorable, que aparece con lo que se presenta.
Hablamos entre actores muy frecuentemente del subtexto. Como
si en una intención u objetivo del rol hubiera unos o varios subtextos, que no están presentados en las palabras pero si están involucrados por ellas y por las situaciones.
Siento que el territorio humano no se refleja en subtextos, sino en
capas superpuestas de ausencias... que conforman el presente.
La historia es en si misma es un a ausencia a la que le damos
nuestra fe. Sabemos que hoy es consecuencia de ayer. Soy quien
soy por cada cosa que fui, y que está presente o no, en cada uno
de mis actos pero mas allá de mi voluntad deseo.
Si vivimos sensiblemente hay dolor por lo presente y por lo que se
ausenta, y notamos que no está. La edad adulta es la ausencia de
juventud, nadie puede sufrir por sentirse mayor si no acarrea la
juventud en su memoria.
El tema de lo ausente nos refiere directamente a la muerte, ya que
siguiendo este ejemplo, en el presente evoco mi ausente juventud
y reconozco que este presente, será ausencia algún día.
Y si no hay melancolía sino celebración de la edad, también será
partir de aceptar que el tiempo pasó y de que fue vivido. Es decir,
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por un lado o por el otro, será por que lo ausente existió y existe.
Lo presente que no trae ausencias, es mera literalidad y simple
representación teatral.
El teatro antes de Stanislavski, solo creía en lo que se presentaba,
y luego se dejó de representar para creer en los objetivos y
subtetxos. Ahora llegó la hora de sabernos presentes, en tanto no
temamos conectarnos con lo que sentimos ausente.
Me importa navegar estas aguas, pues me interesan aquellos
artistas que construyen sus trabajos y roles con la conciencia
abierta a lo ausente. Yo soy lo que me concentra y lo que me
desconcentra.
Yo soy lo que deseo y lo que no deseo.
Yo soy el rol que hago por lo que de mí tiene y por lo que no tiene.
Y es a dualidad es la que lo habitará de manera única y lo hará
personal.
Lo ausente solo existe en lo que vive y me gusta la vida poética,
aquella que no hace esfuerzos por demostrar que todo es
presente, sino que hace del presente una fiesta,
Como quien te regala una rosa sin olor. Su perfume está ausente
porque sabemos que existe la rosa y conocemos su perfume, y
percibimos que esa rosa no tiene olor. Si todo este proceso no
fuera así, desde la falta de olor hasta recordarlo, el gesto al olerla
sería una mueca.
Al evocarlo hasta parecería que la fragancia se presenta.
Estamos vivos.