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Historia de la filosofía IV – Modernidad

Nicola Cusano

Contenido
Introducción........................................................................................................1
La epistemología de Nicola Cusano....................................................................1
Cronología...........................................................................................................2
La "dotta ignoranza" di fronte a Dio....................................................................2
Conclusión..........................................................................................................4
Conclusión

Introducción
En el Renacimiento encontramos platonismo y aristotelismo tomados en su
autenticidad histórica, como medios de renovación del ser humano y del
mundo. Las disputas sobre la superioridad de una u otra orientación
presuponen la exigencia común de restaurar su significado histórico originario,
quitándoles las deformaciones e incrustaciones que habían sufrido por obra de
la escolástica. El antagonismo entre platónicos y aristotélicos es el de dos
inquietudes intelectuales distintas.

Los platónicos ponen en primer plano la exigencia del renacer religioso, y los
aristotélicos se dirigen principalmente al renacer de la actividad especulativa,
en especial de la filosofía natural. Y el renovador del platonismo en este
sentido es Nicola Cusano.

La epistemología de Nicola Cusano


Determina la naturaleza del conocimiento, tomando como modelo el
matemático. Para él el conocimiento reside en la proporción entre lo
desconocido y lo conocido. Se puede juzgar lo desconocido partiendo de lo
conocido (Menón), si existe cierta proporcionalidad. El conocimiento es tanto
más fácil cuanto más cercano de lo conocido está lo que se investiga. La dotta
ignoranza es saber que no se sabe, el ser humano descubriendo los límites de
su saber, que es lo que sucede respecto a Dios. La verdad está más allá del
conocimiento, como ya había afirmado el ockhamismo y el misticismo alemán.
Pero Cusano no parte del empirismo, sino del platonismo: la trascendencia
absoluta del ser, que contiene un valor o norma ideal para el hombre, pero no
puede ser alcanzado en su totalidad.

El ser humano no puede lanzarse al conocimiento de Dios sin tener en cuenta


los límites de su subjetividad, pero existe semejanza entre la mente divina y
humana, la criatura es un pequeño Dios creado, aunque ninguna parte del
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mundo es perfectamente absoluta. Tiene que buscar el camino hacia el


absoluto.

Cronología
• 1401 Nace Nikolaus Krebs o Kryffs en Cusa, Alemania sobre el Mosela1.
• 1416 Estudia en la Facultad de letras de la universidad Ruprecht Karl de
Heidelberg en Alemania.
• 1418 Estudia en Padova2, y se gradúa en 1423. Cultiva las ciencias jurídicas,
las matemáticas y de la naturaleza. Se hace amigo de Paolo dal Pozzo
Toscanelli3.
• 1425 Comienza sus prácticas jurídicas, pero decepcionado por esta carrera
emprende estudios teológicos.
• 1430 Recibe las órdenes sacerdotales.
• 1432 Participa en el Concilio di Basilea, donde se discutió la unión de la
Iglesia latina con la griega; fue enviado a Grecia, y regresó a Italia con los
pensadores y teólogos griegos más significativos de la época.
• 1440 Escribe De docta ignorantia.
• 1448 Es nombrado cardenal por Nicolás V.
• 1450 Es nombrado obispo de Bressanone4.
• 1464 Muere Nicola Cusano, en Todi5.

La "dotta ignoranza" di fronte a Dio


La dotta ignoranza es la obra capital de Nicola Cusano, y en los tres libros que
la componen, dentro de una gran concisión y brevedad, se tratan los temas de
Dios, el Universo y Jesucristo. En esta ocasión se verá el primer libro (el de
Dios) que consta de 26 capítulos. Su proceso discursivo se apoya en una
concepción perfectamente delimitada del conocimiento humano.
El punto de partida de Cusano es una precisa determinación de la naturaleza
del conocimiento. Cusano toma como modelo el conocimiento matemático. La
posibilidad del conocimiento reside en la proporción entre lo desconocido y lo
conocido. Se puede juzgar de aquello que aún no se conoce sólo en relación
con aquello que ya se conoce; pero esto solamente es posible si aquello que
aún no se conoce posee cierta proporcionalidad (o sea, homogeneidad o

1 Rio de Europa, que discurre por el noreste de Francia, Luxemburgo y el oeste


de Alemania

2 Ciudad del norte de Italia, en la provincia de Padova en la región de Veneto

3 Matemático, astrónomo y cosmógrafo italiano

4 Ciudad del norte de Italia, en la provincia de Bolzano en la región de Trentino-Alto


Adige

5 Ciudad italiana, en la provincia de Perugia en la región de Umbria.


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conveniencia) con lo que se conoce. El conocimiento es tanto más fácil cuanto


más cercanas están las cosas que se investigan de las conocidas. Por ejemplo,
en matemáticas, las proposiciones que se derivan más directamente de los
primeros principios evidentes en sí, son las más fáciles y conocidas, mientras
que las menos sabidas y más difíciles son aquellas que se alejan de los
primeros principios. De éstos se desprende que cuando aquello que es ignoto y
se busca no tiene ninguna proporción con el conocimiento que poseemos,
escapa a toda posibilidad de conocimiento y lo único que se puede hacer es
proclamar frente a ello la propia ignorancia.
Este reconocimiento de la ignorancia, este saber que no se sabe, que Cusano
relaciona con la antigua sabiduría de Pitágoras, de Sócrates, de Aristóteles y
con la sabiduría bíblica de Salomón (Eclesiastés6, I, 87), es La dotta ignoranza.
La actitud de La dotta ignoranza es la única posible frente al ser como tal, o
sea, frente a Dios. En efecto, Dios es el grado máximo del ser y, en general, de
la perfección, es “aquello respecto a lo cual nada puede ser mayor”. Dios,
como había dicho Duns Escoto (vol. I, § 306), es lo infinito; y entre lo infinito y
lo finito no existe proporción. El hombre puede acercarse indefinidamente a la
verdad por grados sucesivos de conocimiento; pero como “estos grados serán
siempre finitos y la verdad es el ser en su grado infinito, la verdad escapará
necesariamente a todo esfuerzo tendente a comprenderla”. Entre el
conocimiento humano y la verdad hay la misma relación que existe entre los
polígonos inscritos y circunscritos y la circunferencia: multiplicando
indefinidamente los lados de tales polígonos, se aproximarán indefinidamente
a la circunferencia; pero jamás se identificarán con ella. La verdad, en lo que
tiene de absoluto y necesario, estará siempre más allá del conocimiento, que
es la mera posibilidad de establecer proporciones definidas (Libro primero,
Capitulo 3, pp. 18-19). Y el máximo absoluto, así como el mínimo absoluto,
escapa al conocimiento. Este se mueve en el ámbito de lo que es susceptible
del más y del menos; pero el mínimo absoluto escapa al más y al menos
porque es aquello respecto a lo que no puede haber menos. El máximo
absoluto y el mínimo absoluto coinciden porque entrambos pertenecen al
dominio de la necesidad y de la plena actualidad, mientras el dominio del más
y del menos en que se mueve el conocimiento humano en todos sus grados, es
el de la posibilidad y de la potencialidad (Libro primero, Capitulo 4, pp. 19-20).
Hay un ser (el máximo) mayor que el cual no puede haber otro. De esta
primera afirmación se pasa a la delimitación del campo del conocimiento. El
máximo es uno (no es posible la existencia de dos seres máximos) y es
absoluto (no está ligado por nadie ni enfrentado con nada, en caso contrario se

6 El Libro del Eclesiastés, a veces conocido como el "Libro del Predicador", es un libro
del Antiguo Testamento de la Biblia, y también del Tanaj, perteneciente al grupo de los
denominados Libros Sapienciales, o de enseñanzas. En el Tanaj judío se ubica entre
los Ketuvim (o los "escritos"). En el ordenamiento de la Biblia, Eclesiastés sigue a
los Proverbios y precede al Cantar de los Cantares, mientras que en el Tanaj se
encuentra entre estos dos mismos libros, pero en orden inverso: le antecede el Cantar
de los Cantares, y le sucede el de Proverbios.

7 Todas las cosas son fatigosas, y nadie es capaz de explicarlas. El ojo no se harta de
ver, ni el oído se sacia de oír.
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relativizaría y seria contradictoria la noción de absoluto. Establecido esto nos


damos cuenta de que hay un universo. Este universo es finito, mientras que el
máximo absoluto es infinito. El infinito no guarda ninguna proporción con lo
finito. Lo infinito no es susceptible de más o de menos. Por el contrario, lo finito
si lo es. No hay ningún ser finito, desde el momento en que puede recibir más
o menos, que pueda considerarse rigurosamente igual a otro, pues siempre
será posible una infinidad de seres aún más próximos a la igualdad con el
primero. Trasladando esto del orden ontológico al gnoseológico se desprende
que nuestros conceptos de las cosas sólo son aproximadamente exactos,
pudiendo siempre haber una serie de conceptos constantemente más
aproximados a las cosas. Por lo tanto, la verdad absoluta escapa siempre al
conocimiento finito, consistiendo en una gradual aproximación sin fin. La
aproximación al ser absoluto, así como a la esencia de las cosas, es una
constante posibilidad que nunca llega a su perfecta actualización. Si la
sabiduría es un conocimiento total de las realidades, el hombre ha de
conformarse con la ignorancia, pero no con una ignorancia por ausencia de
conocimiento, sino con una ignorancia que resulta del conocimiento de las
limitaciones del entendimiento humano. Esta es La dotta ignoranza, que no
desemboca en un escepticismo, porque sabe que no sabe y lo sabe con total
certidumbre.
El entendimiento sabe que no sabe. No puede explicar ni concebir la esencia
de las cosas, pero por medio de su ignorancia docta, puede señalarlas más allá
de su propia limitación y concebir sin precisión pero con certeza, un orden de
cosas que trasciende sus débiles formas de conocer, determinadas por su
finitud constitutiva. El capítulo IV se titula: "El máximo se entiende
incomprensiblemente". El pensamiento gnoseológico de Cusano queda en él
perfectamente establecido. La contradicción es uno de los principales pilares
del discurso. Una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo (principio del
tercero excluido). La mente humana no puede superar esto. Sin embargo, en
Dios lo contradictorio se armoniza en la unidad. Nuestra ciencia se detiene en
este principio. Sabemos que hay un universo y cosas opuestas e inconciliables
en él. Sabemos qué hay un ser absoluto. Hasta ahí nuestra razón. Por tanto, en
este ser lo opuesto es uno, porque es la unidad absoluta. Y esto no lo podemos
comprender, sino sólo intuirlo de modo irracional. Y esto es La dotta ignoranza.
El entendimiento del ser finito está profundamente ligado a la sensibilidad. De
ella toma, por medio de la fantasía, sus materiales para elevarse a lo universal.
En esto Cusano coincide con Aristóteles. Por tanto, cuando hay que elevarse
con la ayuda de La dotta ignoranza hasta el ser absoluto para intuir en él algo
sobre su modo de ser, hay que abandonar todo lo sensible, hay que despreciar
el valor habitual de las palabras y trascender su significado. El procedimiento
favorito de Cusano es el que consiste en emplear signos matemáticos para
realizar esta ascensión. Las figuras geométricas y los números, por su
universalidad, están más preparados que los demás objetos mentales de las
condiciones de lo temporal y, aunque en último término hay que dislocar
también su sentido habitual para ver a través de ellos siquiera
imperfectamente el ser absoluto, son el más adecuado vehículo. Así, con la
línea, el triángulo, el círculo y la esfera, partiendo de su condición finita,
elevándolos al infinito después y, por último -ya incomprensiblemente, como
gusta de decir Nicola Cusano-, identificándolos en la maximidad absoluta,
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describe el autor los rasgos más obvios de la estructura del ser máximo
absoluto. Este procedimiento señala cómo la unidad es trina, así como las
distintas relaciones de los componentes de esta trinidad; la imposibilidad de
que haya más de tres en esta unidad, su simultaneidad, etcétera.

Conclusión
En las tesis fundamentales de Cusano confluyen las dos últimas
manifestaciones de la filosofía medieval: el ockhanismo y el misticismo
germano. El ockhamismo había proclamado ya la imposibilidad para el hombre
del acceso a la realidad divina, y el misticismo germano había buscado este
acceso fuera del conocimiento, en la fe, recurriendo a la teología negativa del
seudo Dionisio Areopagita. Este último atisbo se encuentra también en Cusano.
Pero Cusano no parte, como Ockham, del empirismo; su postulado es
metafísico y está adscrito al platonismo original. Tal postulado es la
inconmensurabilidad- (la no-proporcionalidad) entre el ser como tal y el
conocimiento humano: o sea, la trascendencia absoluta del ser, que encierra
un valor o una norma ideal para el hombre, pero que nunca pudo ser alcanzado
y poseído en su totalidad. Cusano ha renovado el platonismo precisamente en
su tesis fundamental, que establece el principio de la realidad y del
conocimiento en una perfección ideal, que realidad y conocimiento no alcanzan
nunca.
Miguel Ángel Toscano Mora
4° Semestre, Sec. 02