Está en la página 1de 1

Empresa de congelación

The Alcor Life Extension Fundation es líder


mundial en investigaciones y tecnología de la
criogenia, cuya meta es conservar la vida
humana a temperaturas ultrafrias hasta que la
tecnología permita descongelarla de forma
segura. La criogenia que practica Alcor no es,
según proclaman directivos, un método de
enterramiento, una práctica mortuoria o la
conservación de tejidos muertos. Igual que la
donación de un órgano comprende la
recuperación del órgano vivo del donante, la
criogenia involucra la estabilización del cerebro
de un paciente legalmente muerto por paro
cardiaco. “Este procedimiento no funciona para
aquellos que están muertos cerebralmente
muertos”, indica esta empresa.

El proceso comienza en el instante en que el


corazón deja de latir. Esto permite que se declare
la muerte legal y deja abierto el camino. La
función sanguínea es restaurada de forma
artificial, de tal manera que resulta prácticamente
indistinguible de la que circula por el cuerpo de
una persona viva: los pacientes criónicos están
legalmente muertos, pero biológicamente vivos.

Los cuerpos reciben grandes dosis de líquidos crioprotectores, los cuales evitan la formación de
cristales de hielo que desgarren los tejidos. Hace 100 años, explican los científicos de Alcor, el paro
cardiaco era irreversible. A la gente se le consideraba muerta cuando el corazón se detenía.

Hoy, la muerte se declara de 4 a 6 minutos después de que la bomba vital ha dejado de funcionar,
porque tras ese tiempo es difícil resucitar al cerebro. Esto se conoce como muerte cerebral. Pero
con tratamientos experimentales de resucitación se ha demostrado que es posible mantener el paro
cardiaco durante más de 10, minutos sin causar lesiones neurológicas. Futuras tecnologías de
reparación molecular podría extender las fronteras de la resucitación a más de una hora, y con ello
los actuales parámetros acerca de cuándo ocurre la muerte quedarían obsoleto.

Desde que en 1967 se realizó la primera criogenia humana, más de cien personas han escogido este
método de inmortalidad y más de mil han dado los pasos legales y financieros para congelarse. Hoy
Alcor cobra 80.000 dólares por conservar el cerebro para en el futuro poder reinsertarlo en un nuevo
cuerpo y 150.000 si el paciente desea “regresar” con su cuerpo original.