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INFORME VOLUNTARIOS, 2010

Aportaciones:

Han respondido 11 personas: 3 de Cataluña (dos con respuesta y otra manifestando su


desconfianza, se le amplió la información y no respondió); 4 de Andalucía (3 con
respuesta y una excusándose); 1 de Cantabria (que sólo indica que da difusión a la
petición); 2 de Valencia (con breves argumentos o excusando participar); y 1 de
Castilla-La Mancha, llegada ya fuera del plazo inicial (que acompaña una breve
información en la respuesta)

Conclusión de las aportaciones: De 11 respuestas, una se manifiesta prácticamente


hostil, 4 contestan pero por diversas razones no ofrecen información o es insuficiente; 6
respuestas con informaciones válidas, más o menos extensas.

Documental

A la vista de la respuesta obtenida, el informe tan sólo puede referirse a las


Comunidades autónomas de Catalunya, Andalucía y Castilla-La Mancha.
Se tratan en esta posición por el orden cronológico en que llegaron las respuestas.

Pero dichas contestaciones se refieren exclusivamente a un municipio de Catalunya,


dos municipios de Andalucía y un municipio de Castilla-La Mancha. Ninguna de las
localidades de procedencia de los testimonios se identificará en este documento.

Conclusión sobre aportaciones: Se redacta este informe, con el mayor agradecimiento


y admiración a las personas que han participado. No obstante, el hecho de que sólo se
refiera a 3 Comunidades Autónomas, y casi solamente a uno o dos municipios por
comunidad, quita cualquier tipo de validez: ni territorial, por obvia escasez estadística;
ni municipal, por evidente escasez regional de los casos; ni personal, por la escasísima
participación; ni informativa, pues aún obteniéndose algunas conclusiones, ni son
extrapolables, ni tienen valor estadístico. No obstante, tienen la validez que les da el
esfuerzo de quienes han participado, y la grandeza de sus testimonios y de su voluntad
en su pretensión de la mejora de condiciones, más de los animales que de las suyas
propias.

Legislación y normativa

1) Catalunya: Se han consultado distintos materiales “de funcionamiento” de


hecho y derecho sobre voluntariado en una perrera concreta. Asimismo se han
revisado los documentos con validez normativa que regulan la actividad de los

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voluntarios. Y una Ley derogada y un proyecto de Ley no aprobado pero
redactado. No existiendo aún Ley de Voluntariado vigente, se ha consultado la
Ley nacional.

2) Andalucía: Se ha consultado la Ley de Voluntariado andaluza y el Plan del


Voluntariado Andaluz 2009. No se han obtenido otros materiales.

3) Castilla-La Mancha: Se ha consultado la Ley de Voluntariado de Castilla-La


Mancha y el Plan de Voluntariado 2008. No se han obtenido otros materiales.

Valor estimativo de la Legislación y normativa existente.

1) Catalunya: En 1991 se dictó una Ley que creaba el Instituto Catalán del
Voluntariado. Curiosamente, esta ley fue derogada por la Ley 7/2004 de
Medidas Fiscales y Administrativas. Sólo se puede especular sobre la razón de la
derogación. No se ha obtenido conocimiento de si dicho Instituto funcionó entre
los años citados y con qué resultados.

En diciembre de 2009 se ha publicado un Anteproyecto de Ley de Acción


Voluntaria, que ha sido retirado ante la oposición de determinados círculos sociales.
Esta Ley tenía nada menos que 33 páginas y no se comenta nada sobre ella, por
carecer de validez legal.

En el municipio de Catalunya de referencia para este informe, la perrera


municipal funciona con fuertes medidas normativas, comprensivas de multitud de
derechos y deberes existentes sobre el papel, especialmente respecto de los
voluntarios. La persona interesada debe firmar una solicitud de admisión, rellenando
buen número de campos; pasar una entrevista personal; ser admitido.

Multitud de deberes controlan la acción del voluntario, que se ha comprometido


al cumplimiento del horario inicial de un modo muy controlado, incluso firmando
parte de asistencia. Queda muy claro que el voluntario es una persona totalmente
ajena al organismo, casi indeseada (lo que no quiere decir indeseable) pero aceptada
por necesaria. Está totalmente sujeto a las órdenes, no sólo de los responsables o
gestores de la perrera sino incluso del personal más básico que trabaje asalariado en
la misma, dando la impresión de ser un colectivo casi “intocable” (en el sentido
hinduísta del término), tolerado sólo por su utilidad, y especialmente por la
gratuidad de su trabajo. Esta normativa destila una desconfianza básica hacia el
voluntario, se le somete a la obligación rotunda de la confidencialidad, debe ir
“señalizado” con una identificación; recibe los útiles de su tarea de los operarios de
la perrera y tiene que devolverlos a los mismos; no es un participante de la labor
común, es la oportunidad de usar una fuerza de trabajo que se denominaría
“esclava” si no fuera por el consentimiento y voluntad de prestarla del propio
voluntario.

El voluntario se encarga del paseo diario de los muchos perros enjaulados que, sin
su asistencia, nunca saldrían de los cheniles, tanto por falta de plantilla de personal
contratado como porque el personal existente no va a “ampliar” su tarea ordinaria
con nuevas responsabilidades. También bañan a los animales, cuya limpieza no
tiene más opción que un aseo civilizado si lo realiza el voluntario, o el

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“manguerazo” helado y a presión, al limpiar, de los empleados las jaulas. Socializan
a los que lo necesitan. Conceden al animal el afecto humano, del que el animal no
puede prescindir. Acompañan a las visitas que buscan adopción (cosa lógica pues el
personal fijo es común que no sepa ni el nombre de los animales), tratando de
mostrarles el que más se ajuste a lo que buscan. Vigilan la situación física de los
animales, para detectar si están enfermos y, si es así, lo comunican al personal. Cabe
preguntarse qué ocurre cuando el voluntario no queda conforme con las intenciones
del supuesto adoptante respecto al animal que elige; y para esta pregunta, parece que
hay respuesta: no pasa nada, pues el criterio de las personas que más y mejor
conocen al animal (los voluntarios) no tiene influencia alguna en su adopción.
Seguramente prima más el interés de la perrera porque “salga” un animal, que el
escuchar las razones desinteresadas del voluntario.

A efectos de su tarea, obtienen material deficiente que muchas veces les impulsa a
comprarlo a sus expensas (este tipo de material no es reembolsable
económicamente). No disponen de un lugar específico para cambiarse de ropa,
asearse, etc. sino que tienen que compartir el del personal. Aunque, sobre el papel,
están obligados a cumplir inexcusablemente con el horario y asistencia a que se han
comprometido, el hecho es que una exigencia a ultranza de tales compromisos
llevaría a una disminución de los voluntarios disponibles: no hay que olvidar que los
voluntarios “descuentan” de su vida personal la grandísima “porción” que regalan a
los animales, cuyo bienestar es su objetivo. Pero de hecho la donación de su tiempo
y su esfuerzo, beneficia indiscutiblemente a la perrera que, con ellos, ahorra
personal, medios, salarios, cuotas de seguridad social… con lo cual la exigencia de
cumplimiento del horario no alcanza la rigurosidad que a priori establecen las
normas.

Hay zonas de la perrera que les están totalmente vedadas a los voluntarios. Ignoran
si existe la póliza de seguros (según establecen las leyes aplicables) en la que
puedan estar incluidos por daños propios o daños a otros. Carecen de acceso a la
perrera por sí mismos, deben esperar a que les abran y sólo asisten en un rango de
horario partido, digamos de tipo comercial. La formación, prevista en la normativa,
no es efectiva, la reciben de voluntarios más antiguos. No se les avisa si hay
cambios, pueden encontrarse puertas cerradas después de acudir al Centro. No
pueden tomar iniciativas por sí mismos y sus propuestas a los responsables,
generalmente son ignoradas. Cuando en alguna ocasión se convocan actividades de
formación, las mismas coinciden con el horario de paseo colocando al voluntario en
la disyuntiva de acudir a la actividad, dejando de pasear a los perros (que por tanto,
no saldrán) o renunciar, como es lógico, a la actividad para otorgar al animal el
poco asueto que se le concede. Las exigencias y llamamientos a la confidencialidad
son grandes, se diría que incluso exageradas.

2) Andalucía: La Ley andaluza exige a los poderes públicos remover los


obstáculos que impidan la participación a través de la acción voluntaria
ORGANIZADA. Así lo denomina, “Acción Voluntaria Organizada”. Esto
implica que el voluntario es independiente en su decisión de serlo pero que su
prestación efectiva siempre ha de estar encuadrada en una organización. Definir
tal organización es un tanto complicado: por una parte, debe suponerse que se
refiere (igual que la ley estatal, que sólo se aplica cuando no hay ley regional) a
la “necesidad” de que el voluntario esté encuadrado en una organización de

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voluntariado. Sin embargo, esto no queda claro o no es aplicable en el caso de
los voluntarios de perreras, pues acuden de forma voluntaria pero con carácter
individual, al menos en la gran mayoría de los casos, lo cual plantea otra
incógnita más al respecto: plantea la duda de si, en estos casos, la
Administración considera a las propias perreras públicas o privadas como
“organizaciones de voluntariado” con derecho a serlo por sí mismas (no hay ni
que subrayar el “descuadre” que eso supondría para los maltratados derechos
de los voluntarios); si esto fuera cierto, las perreras serían verdaderos reinos de
taifas que tan sólo necesitarían cubrir mínimamente unos requisitos superficiales
para obtener un voluntario totalmente a su merced, sin más derechos que los que
la perrera le quiera conceder, tal vez ninguno. Cosa que, de hecho, ocurre en
muchas de ellas. Y que, sin embargo, a mi parecer, no es el espíritu de las leyes
el que las perreras sean en sí mismas organizaciones que encuadren a
voluntarios, sino que la referencia que se hace a “las” organizaciones se refiere a
agrupaciones de voluntarios organizadas en asociaciones registradas pero
distintas de los lugares de prestación de su trabajo desinteresado y gratuito.

Que los animales quedan fuera de los intereses de la Ley (andaluza y de todas las
demás) queda claro por el siguiente párrafo: “Todas las personas tienen derecho a
beneficiarse de la acción voluntaria… (dándose) prioridad a las actuaciones que den
respuesta a… personas y grupos con mayores carencias”.

Lo que subraya, una vez más, el hecho de que el voluntariado queda entendido
legalmente y de hecho, como la prestación gratuita de un trabajo
ESTRICTAMENTE dirigido a la sociedad humana y su bienestar. Es evidente que
las perreras no están excluidas de la prestación voluntaria por la simple razón de que
sus objetivos obedecen a un fin prioritario de las leyes de voluntariado: La salud y
sanidad humana. El hecho de que tanto en Administraciones autonómicas como
locales, la “protección animal” se encuadre en las Consejerías o Concejalías de
Salud o de Sanidad (y esto es general por todo el país) indica que para nada se está
persiguiendo el bienestar del animal como objetivo primordial: el fin prioritario es la
salvaguarda frente a (supuestos y cada vez más irreales) contagios de animal a
humano. Sólo es la evolución de los tiempos y la cada vez mayor demanda de las
personas a favor del bienestar animal la que modera (donde la modera) la
supremacía absoluta del derecho humano frente al animal.

En la legislación andaluza se recoge, claro está, la obligación que contemplan tanto


la ley estatal como las otras leyes regionales del voluntario de “guardar la debida
confidencialidad respecto a la información recibida y conocida en el desarrollo de
su actividad” de una manera totalmente imperativa y sin excepciones. Esto, que por
sí mismo sería defendible en el voluntario social, por acceder a conocimiento de
situaciones personales, físicas, mentales y socio-económicas de personas que deben
ser protegidas a priori, en el voluntario de perrera se utiliza férreamente para
defender un “statu quo” de rígido secretismo que –bien al contrario que con las
personas- hace preguntarse qué ocurre entre los muros de las perreras para que se
aplique semejante exigencia de confidencialidad (cuando no de puro y simple
secreto) a ultranza. A nadie se le oculta cuántas situaciones dudosas o pura y
simplemente injustas pueden darse al socaire de esta exigencia.

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En cuanto al Plan Andaluz del Voluntariado contempla el voluntariado como un
sector a “profesionalizar”, considerándolo incluso como una especie de cantera de
empleo futuro, una especie de trabajo en prácticas… gratuito.

Hace referencia a las organizaciones: “Las organizaciones solidarias en Andalucía


trabajan para los sectores sociales (mujeres, jóvenes, personas mayores…) y
especialmente para aquellos grupos sociales que tienen necesidades especiales, los
más débiles (personas discapacitadas, mujeres maltratadas, emigrantes)”. La
enumeración de “sectores sociales” que va entre paréntesis es la que dice la propia
Ley.

Y en otro párrafo: “el voluntariado… es desarrollado a través de entidades… en la


defensa y promoción de los derechos de las personas y grupos sociales más
desfavorecidos”.

Ambos párrafos hablan por sí mismos de cómo la legislación de voluntariado está


pensada para un beneficio humano tan exclusivo, que deja a los voluntarios de
perreras en tierra de nadie.

Como área de actuación digamos más cercana a la protección animal cita: Medio
Ambiente y cualquier otra área de necesidad o interés general. Cierto que las
perreras pueden considerarse “cualquier otra área”, sin especificidad propia,
pero la enorme cantidad de voluntarios dedicados a la protección animal por
todos los territorios merecerían mejor tratamiento.

Derechos y deberes del voluntario de perreras: No se ha encontrado documentación ad


hoc. De no estar contemplados específicamente resultan aplicables los de la Ley
Estatal. No se hace aquí referencia concreta por ser coincidentes con los señalados en el
caso de Catalunya.

De las manifestaciones disponibles no se desprende que se firme contrato alguno, ni


que el voluntario adquiera derecho de acceso alguno por sí mismo, ni que se disponga
de una póliza de seguro para los voluntarios. Más bien resulta un servicio gratuito que la
perrera de turno considera si es de su interés o no, reservándose el derecho de acceso y
usando ese derecho como cree oportuno, sometiéndolo a horario o a la condición que le
convenga. Tampoco hay constancia de que se reembolsen los gastos de desplazamiento.

Los voluntarios andaluces de perreras, en base a los datos obtenidos, acuden tanto a
auxiliar a los animales, en el paseo, como actúan como elemento importante (por la
cantidad de animales cuya adopción promueven) en la gestión e intermediación en las
adopciones de animales internados en la perrera, lo cual aporta cierta estimable cantidad
económica a la propia perrera y, asimismo, deja sitio libre para que lo ocupen otros
animales y continúen el ciclo económico y “sanitario”.

Alguna perrera andaluza está gestionada por Protectoras de animales, con un nivel de
eutanasia mínimo y excepcional pero se ignora el papel de los voluntarios en ellas.

En alguna perrera la acción de los voluntarios incluye paseo, baño, desplazar los
animales al veterinario y desparasitar.

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Se detecta una creciente actitud de perreras que no sólo limitan la acción de los
voluntarios sino que en ocasiones cada vez más habituales, prohíben radicalmente su
presencia. Eso sí, no rechazan que sigan colocándoles animales vía adopciones.

3) Castilla-La Mancha

Normativa: La normativa de esta región se refiere, desde el estricto punto de vista


de la persona humana, al “Estado del Bienestar”: “Las organizaciones de
voluntarios…forman parte del proceso general de reestructuración del Estado del
Bienestar en España”

La Ley de Voluntariado “…entiende como voluntario a toda persona física que libre,
gratuita y responsablemente, dedica parte de su tiempo a actividades a favor de la
comunidad, desde un proyecto desarrollado por una entidad de voluntariado”.

Las únicas áreas de intervención “cercanas” a la protección animal son Medio Ambiente
y “otras áreas” que se ajusten a la Ley. Igual que en la ley andaluza, los voluntarios de
perrera se moverían en esa área inconcreta, indefinida e indiferente que podría ser
incluida bajo esa denominación de “otras áreas”.

Define, la legislación citada, las organizaciones de voluntarios como: “aquéllas


integradas mayoritariamente por personal voluntario o aquéllas otras que realicen
actividades en las que la participación de los voluntarios sea fundamental para su
desarrollo.”

El Plan del Voluntariado lo coordina la Consejería de Bienestar Social, lo cual habla


por sí mismo de cuáles son los intereses primordiales de la Administración respecto del
voluntariado: la actividad voluntaria volcada, prácticamente en exclusiva, a la
prestación social a las personas.

Habla de “este espacio autónomo de participación social (el voluntariado) desde el que
se reivindica una sociedad más justa y solidaria”. Una vez más, y evidentemente,
justicia y solidaridad encaminadas solamente hacia las personas. Todo el edificio legal y
normativo va en esa dirección. El Plan del Voluntariado de referencia se expresa en una
enorme cantidad de páginas, organizadas y probablemente realizadas por una
“consultoría” profesional. Su lectura, farragosa y larga, es casi agotadora por lo
repetitivo de los “ítems” que se suceden unos tras otros.

En esta región, y en lo que se infiere del material informativo disponible, se detectan


los mismos problemas y carencias: no parece haber contrato de voluntariado, no hay
información de la existencia de derechos del voluntario (los deberes ya se los explican
minuciosamente cada día), se ignora si hay póliza de seguros, no se reembolsan los
desplazamientos, no hay derecho ninguno de entrada y, si lo hay, no es raro que termine
siendo retirado y cambiadas las cerraduras para impedir el acceso. Igualmente la perrera
puede obstaculizar unilateralmente al voluntario su “derecho” a prestar su trabajo, si es
el caso, y llega (donde ocurre tal cosa), a dejar a los animales sin atenciones básicas, al
prohibir la asistencia de los voluntarios a la perrera; eso sí, manteniendo y utilizando, si
les conviene, el empeño del voluntario para conseguirles, incluso en tales casos, la

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adopción de animales por terceras personas. Y estas situaciones no necesariamente
ocurren en perreras privadas, sino en las perreras municipales.

COMENTARIOS:

La posición del voluntario de animales, repito, es como la de un “intocable” de la


India: muchas veces se le tacha de persona trastornada o desequilibrada, que dedica
a los animales esfuerzos que “cualquier persona normal” consideraría que deben
ser dedicados a niños, ancianos, enfermos, extranjeros, carreteras, caminos, zanjas o,
si se tercia, descarga de mercancías, esto es, a cualquier cosa directamente útil a las
personas. Parecería que “empapa” al voluntario la fundamentalista corriente de
pensamiento que considera “impuros” a los animales, y que parece “contagiar” a la
persona que los atiende por razones de conciencia, situándola en ese lugar en que la
sociedad se beneficia (de la figura y la prestación del voluntario) de un trabajo que
no remunera puesto que lo presta alguien por razones de conciencia siendo tan
“tonto” como prestarlo buscando beneficiar a animales, y no a personas... En el
fondo de toda normativa de voluntario de perrera, en el fondo de todo documento,
trato o contrato subyace el menosprecio a una actividad de la que el Centro,
organismo y personal fijo se lucran (ignorando y dejando al margen lo que la
prestación del voluntario tiene de desinteresada y creativa, que se pierde en la
indiferencia), y que no les exige contrapartida alguna y las pocas obligaciones que
les señala la ley –no por ser voluntarios de perreras, sino por ser “voluntarios”-
pueden aplicarse de una forma harto elástica y sin recabar la opinión del propio
voluntario..

Es muy llamativa en las informaciones obtenidas la importancia dada por las leyes y
las mismas perreras a la exigencia de CONFIDENCIALIDAD sobre asuntos y
documentos de la perrera. El comentario va a ser muy breve: En un organismo
público como es una perrera municipal, abierta a la ciudadanía y de interés público,
ordenar e imponer confidencialidad a personas cooperadoras y desinteresadas y
cuyo objetivo principal es el bienestar de los animales, personas carentes de
ambición propia, ni social ni económica, que prestan una importante fuerza de
trabajo por motivos éticos, lo único que puede producir al observador imparcial es
DESCONFIANZA hacia ese organismo: si tanta confidencialidad requiere, cabe
preguntarse cuántas irregularidades comete. Si tanta confidencialidad demanda, cabe
preguntarse qué pretende esconder con semejante orden implacablemente exigida,
directamente enfrentada contra un derecho democrático, cual es defender la verdad y
hacerla conocer. Una cosa es que las leyes la contemplen, otra cosa es cómo se
aplica y se exige y en qué casos. Una cosa es ser prudente y otra ser secretista. No
hace falta comentar más. Tan sólo preguntarse, si esta es la situación en una perrera
municipal, cuál será la situación en tantas y tantas perreras privadas que proliferan
en todos los territorios…

Es altamente preocupante la facilidad y unilateralidad con que perreras públicas y


privadas prohíben el paso a los voluntarios, a su conveniencia. No puede olvidarse
que los voluntarios, además de personas que “regalan” su trabajo sin esperar, y por
supuesto ni recibir, contraprestación a cambio, que facilitan ventajas “de campo” y
económicas a las perreras donde acuden, son considerados siempre “ajenos” a ellas,

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muchas veces casi indeseados, casi intrusos y un elemento prescindible
impunemente.

Que la ausencia de voluntariado es una catástrofe para los animales residentes está
clarísimo: el personal asalariado no va a ampliar sus tareas con la enorme cantidad
de trabajo que asumen y resuelven los voluntarios habitualmente. El personal
asalariado (estoy generalizando) presta su fuerza de trabajo porque ha conseguido
un puesto de trabajo (sólo es un empleo), no concretamente porque le interesen los
animales. Así se da habitualmente el caso de que el personal limpie a
“manguerazos” a alta presión y con agua helada, los cheniles: en muchas ocasiones,
con los animales dentro (que no sólo pierden su salud sino que cuando salen
adoptados muestran terrores generalizados provocados por este “tratamiento de
choque”). Y si no están los animales dentro es porque los operarios los sacan “a
lazo” mientras enchufan la manga: no hay ni que pensar en el sentimiento de terror,
de los animales sometidos rutinariamente a semejante trato. Y luego, de vuelta a una
jaula mojada y helada donde pasan gran parte de su vida. Para el animal, esto tiene
que ser pura y simple tortura.

De esto, como de tantas cosas, son testigos los voluntarios. Personas que sólo
persiguen y desean un poco de bienestar par animales cuyas desgracias las han
provocado precisamente otras personas de carácter contrario: indiferentes, egoístas,
irresponsables, cuando no cobardes. Al voluntario no le importa la perrera como
organización o empresa, ni se inmiscuye en la situación económica, el lucro o la
administración. Cuando interviene, lo hace únicamente en defensa del animal que no
puede defenderse por sí mismo y que es víctima de la sociedad. Esto es algo que
todas las Administraciones, localidades y perreras deben no sólo entender sino
aceptar: que deben adecuar su funcionamiento a criterios de transparencia,
honestidad, colaboración y convencimiento de que lo que “administran” no son
papeles ni expedientes sino seres vivos. Y apreciar que tienen una plantilla de
trabajadores gratuitos, carentes totalmente de interés económico, prestando una
enorme cantidad de horas y esfuerzos, que merecen –por supuesto- el
reconocimiento imprescindible de su labor pero también el darles cauces de
participación que, sin lugar a dudas, mejorarían enormemente la “fama” de las
perreras, su funcionamiento, su calidad y –como objetivo prioritario- las existencias
de todos los desdichados animales que han dado con sus cuerpos en una jaula.

PROPUESTAS

Existe un importante movimiento del Voluntariado en todos los territorios. De


hecho hay Leyes de Voluntariado en todas las Comunidades Autónomas excepto en
Catalunya y Cantabria. Existe una Ley nacional que es aplicable en ausencia de
legislación propia. Pero todas las leyes de Voluntariado tienen la misma
característica:

En absoluto se ha pensado ni por un momento al redactarlas que además del tipo de


Voluntario Social y Voluntario Cultural existe el Voluntario de Protección Animal.
Nadie se ocupado ni preocupado de esta rama del Voluntariado que no se confunde
en absoluto con las demás. Consiguientemente se prioriza la figura (dignísima por
supuesto) del voluntario encuadrado en las dos fórmulas arriba citadas, más otras

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subdivisiones especialmente referidas a voluntarios que acuden al extranjero,
habitualmente o en ocasión de catástrofes. Ninguna referencia al animalista.

El Voluntario animalista, es un voluntario, por eso es subsumible su actividad en los


derechos de los voluntarios de tipo general, como recibir medios para el trabajo,
reembolsarle los gastos de desplazamiento, estar encuadrado en una póliza de
responsabilidad (cosa que los voluntarios de perreras ignoran, pues no se les da
ninguna confirmación ni información, y éso si tal póliza existe), y por eso en los
lugares en que se ha montado una estructura organizativa, con contratos, horarios,
firmas de entrada, etc. lo han hecho porque se limitan a incorporar en su
funcionamiento condiciones legales que, además, benefician preferentemente NO a
los voluntarios, sino a las organizaciones de las perreras, dotándoles de medios de
control férreo sobre los voluntarios a quienes, hasta la puerta de la perrera, les lleva
su libre voluntad, y allí se les queda abandonada hasta que salen y la recuperan.
Dentro de la perrera, de hecho es como si se pretendiera que carecieran de
personalidad propia, acercándose idealmente a la figura del “robot” trabajador, todo
deberes y carente de derechos efectivos. Pues en el deseable equilibrio derechos-
deberes, la balanza está vencida en su contra.

Existen Plataformas de Voluntariado nacional y territoriales. Estas Organizaciones


adolecen del mismo defecto antes citado: Están formadas, volcadas y dirigidas en el
sentido del Voluntario socio-cultural. No se ocupan ni preocupan del voluntariado
animalista. De hecho, en una lista de supuestas preguntas habituales que contesta
una de esas plataformas, alguien pregunta sobre el voluntario animalista: la
contestación es que “alguna vez” les ha llegado “algo” pero que el casi total
porcentaje de su actividad es social…

Salvo que los voluntarios de las perreras se unieran primero entre sí y, por ejemplo,
exigieran a la Plataforma territorial correspondiente su inclusión como una rama
diferenciada, que tuviera cabida y protección dentro de los fines de esas
organizaciones, las Plataformas no parecen interesadas en esos voluntarios. Por
supuesto, no se ha conseguido información referente más que a un número limitado
de plataformas, con lo que esta afirmación debe leerse con prudencia.

La posibilidad de que los propios voluntarios de perreras se organicen lo suficiente


para crear una asociación independiente, se ve difícil: las perreras están alejadas
entre sí, con problemas relativamente distintos, y eso impide la fácil relación entre
voluntarios, tanto más su asociación. Además, incluso en la misma perrera, hay
voluntarios casi permanentes, por su dedicación, otros de media dedicación y otros
de mínima. E incluso la calidad del trabajo prestado varía enormemente por razones
personales, caracteriológicas, de responsabilidad personal y otras, lo cual introduce
un factor de desestabilización en la ya de por sí inexistente unidad entre los
voluntarios.

CONCLUSION:

Dada la situación estudiada (y con todas las reservas, por no ser expresiva de una
cantidad aceptable de informantes) la única fórmula que puedo proponer es que los
Voluntarios de perreras busquen una Protectora de Animales de su zona (o, de no
ser así, de otra zona pues hoy día todo está globalizado) a la que asociarse y en la

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que encuadrarse. Que dicha Asociación sepa y sea consciente de su cualidad de
Voluntarios como grupo concreto y acceda a estudiar sus propuestas e
informaciones y actuar en propio nombre a su favor, siempre que los indicios y
pruebas tengan viabilidad, exigiendo información y responsabilidades tanto de la
perrera como del municipio, como de la propia entidad Autonómica. Así
descargarían al Voluntario de esa responsabilidad directa frente a perrera y
Ayuntamiento y, si llegase el caso de que, aún así, el Centro tomase represalias, la
propia Asociación ampliaría el nivel de sus reclamaciones. Y si esto, en un primer
momento, parece poco efectivo, un asunto de este calibre llegaría a adquirir
importancia por sí mismo con el paso del tiempo y la información.

Hay que encontrar la forma en que leyes, plataformas o asociaciones de


voluntariado encuadren o amparen esta rama concreta, diferente y específica de
voluntariado: Los voluntarios de las perreras. Les doten de la protección legal
efectiva a que tienen derecho, como el resto de los voluntarios e intervengan en
aquellos casos en que la situación lo precise, sin dejar al voluntario individual
abandonado a su suerte y a la disyuntiva de: intervenir en defensa de los animales y
que lo despidan fulminantemente, o callarse, someterse y seguir prestando su
colaboración poniendo el bienestar diario que él aporta al animal por delante de
otras cuestiones paralelas de justicia y equidad.

Por último una indicación: puede observarse que en este informe apenas se toca el
importantísimo, urgente y pendiente asunto de la perrera como alojamiento,
almacén, depósito, ghetto, prisión o administración de animales sin dueño, y las
muchas consideraciones que sobre las mismas, en conjunto e individualmente
deberían hacerse y que van indisolublemente unidas a la actividad del Voluntario de
perrera, la persona cualificada para comprender, analizar e informar, como nadie
más, sobre el discurrir diario, fines, medios y resultados de un lugar que
“administra” anualmente las vidas de los miles de animales que pasan por sus
instalaciones. Puede entenderse que no es posible analizar la situación aquí, pero
vaya por delante la preocupación e interés de los animalistas por tal cuestión
pendiente.

Que este análisis sea el primer Capítulo sobre los Voluntarios de las perreras y
quede abierto para deseables y futuras aportaciones y ampliaciones.

Hecho el 31 de enero de 2010

Informe realizado por Lola de Frutos, miembro asociado de la asociación Contra el


Maltrato Animal Tolerancia Cero (ACMAT-CERO), organización de asociación
libre de personas y Protectoras, interregional, sin sede. Su email:
ladypoison11@gmail.com
o spapasm@hotmail.com

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