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Lenguaje y Poder en la Sociedad del Conocimiento

XII

La Sociedad de la Información y del Conocimiento ha abierto las puertas a la


observación masiva del tabú trasgredido sin culpas en otras comunidades; a pasiones
hasta ahora ahogadas, manifestadas como normas plausibles; a deseos insatisfechos,
practicados por otros sin dificultades. Todas estas son pruebas de indiscutible peso
sobre las abigarradas y perplejas conciencias de los habitantes de esta nueva sociedad
virtual universal emergente y todas ellas implicarán un duro entrenamiento emotivo y
actitudinal. El deseo de regresión surge robusto y fuerte, en la medida que el propio
régimen cultural oprima las otras libertades observadas. “La nostalgia de la barbarie es
la última palabra de cada civilización”1

Las denotaciones y connotaciones, fácilmente discernibles en las conversaciones cara a


cara, surgen misteriosas e indefinibles en la telecomunicación. La ironía requiere de
símbolos adicionales (como las comillas o emoticones), de modo de evitar malos
entendidos. En una sociedad en donde gran parte de las comunicaciones para la acción
en el mundo se realizan telemáticamente, el peligro de la sub o sobre interpretación
está presente en cada frase. Y si las elucidaciones de los juicios son complejos al
interior de una única cultura, aquella se transforma en un verdadero desafío babeliano
a la hora de comunicaciones inter-culturales. La decisión de usar una u otra palabra, se
transforma así en un trabajo tan riguroso como aquel de las declaraciones de naciones
al borde de la guerra. Decisiones comunes, se tornarán así cada vez más complejas.

Aunque la toma de decisiones ha sido un aspecto de la acción en el mundo presente


desde los inicios de la vida de los hombres en comunidad, la habitualidad e
incertidumbre de aquellas ha ido aumentando a la par con la ampliación de las
libertades. En la sociedad teocéntrica, las decisiones se facilitaban en la medida que la
conducta era regida por Dios y las normas dictadas por sus representantes en la
Tierra. En la sociedad industrial, más antropocéntrica y liberal en su acepción
capitalista, tales decisiones se simplificaban en las limitaciones del saber o de recursos,
mientras que en la socialista, la conducta y decisiones correctas eran perfiladas por el
Estado y su control social.

1 E.M. Cioran. La Chute Dans le Temps. Citado por W. Sofsky. Tratado sobre la Violencia. 2006
En la nueva Sociedad del Conocimiento, de mercado y ultrademocrática, en cambio, las
personas estarán expuestas sin más, a una permanente e inevitable toma de
decisiones en todas las áreas de su quehacer diario. Ya no sólo en lo económico-social,
sino en lo valórico actitudinal y en el modo con el que dejará fluir o no sus emociones
en la edificación de la arquitectura de su discurso comunicacional de adaptación al
entorno y su relación con el resto de los individuos.

En efecto, la toma de decisiones en comunicaciones en particular, y en el mundo, en


general, consiste, desde su origen, en la selección (conciente o intuitiva) que realiza el
sujeto de una alternativa entre las disponibles (no obstante la subyacencia de otros
muchos cursos de acción alternativos), con el propósito de resolver un problema actual
o potencial en una interacción; conseguir adecuaciones contingentes, reduciendo
incertidumbres, y/o “disimulando” su complejidad mediante adaptadores de variedad.

Los resultados de la decisión se expresarán luego, con mayor o menor éxito,


dependiendo de la alternativa escogida, merced a la información involucrada en ella,
con arreglo a las intenciones y expectativas subsumidas del decisor y el cumplimiento
de aquellas, más o menos integralmente. La densidad de su acción en el mundo,
empero, dependerá cada vez más de la calidad y cantidad de coordinaciones
comunicacionales que haya conseguido estructurar, la mayor de las cuales será
intermediado por artefactos NTIC.

Desde la decisión de comunicar o no, hasta la evaluación de los resultados de los actos
comprometidos en la comunicación para la decisión, el proceso de toma de decisiones
puede ser analizado en diversos niveles y grados. En términos generales, la toma de

decisiones es un fenómeno que aparece en el proceso de resolución de un problema e


implica una deliberación y una dirección e intención expresada lingüísticamente que
compromete la acción (Shull, Delberg y Cummins, 1978)2.

Como se sabe, desde la teoría de las decisiones, o mirada descriptiva, la decisión


puede definirse como el análisis lógico y cuantitativo de todos los factores que pueden
afectar los resultados de una decisión en un mundo incierto. En este marco, las
decisiones se resuelven según: a) Información Perfecta, que implica la adopción de
decisiones en condiciones de certeza, es decir, se conocen los datos (disponibilidad

2 Citado por Olivia Hernández y Consuelo García de la Torre, en “Decisiones racionales: una interpretación
teórica”, Revista Administración y Organizaciones, México. 2002
completa que es sólo teórica o experimental); o b) Información Imperfecta o Parcial
(que es el escenario real habitual), caso en el que se presentan dos situaciones: i)
Decisiones con Riesgo, es decir, con disponibilidad intermedia de datos y donde los
datos se expresan mediante funciones de probabilidad; y ii) Decisiones con
Incertidumbre, en las que no se dispone de datos. En este último caso, surgen dos
posibilidades: o no se conocen los datos y no se puede determinar una función de
probabilidad, o el decisor tiene un oponente inteligente, caso en el que la decisión se
formula mediante la Teoría de Juegos.

El propósito de la teoría de decisiones es incrementar la probabilidad de obtener


buenos resultados en un mundo de incertidumbre. Congruente con la constatación de
que las comunicaciones se fundan en cierto poder y que, por lo tanto, constituyen
comunicaciones de decisiones para la acción, la calidad de la decisión dependerá de si
ésta es o no consistente con las alternativas, información y preferencias del decisor3.

Desde una perspectiva procedimental o normativa, por su parte, las fases racionales
clásicas de una decisión citadas por Herbert Simon (1960) son: a) análisis del
problema (comprender la condición sistémica del momento); b) identificación y
ponderación de criterios para la decisión (discernir sobre los aspectos relevantes de las
pautas respecto de las cuales depende que la decisión se adopte); c) generación de
alternativas de solución; d) evaluación de las alternativas (maximizar, eligiendo la
opción mínima aceptable u optimizar, generando el mejor equilibrio posible entre las
distintas metas y al interior del sistema; e) selección e implementación y f) evaluación
de resultados.

Sin embargo, este modelo racional clásico de decisiones, si bien ordena la secuencia
lógica de actos a realizar en un proceso de toma de decisiones, tiene limitaciones.
Simon señala que “en estas teorías, la racionalidad consiste en elegir la acción que
conduce al conjunto de consecuencias preferidas”, para lo cual se asume que se cuenta
con una cantidad de información y conocimiento para predecir las consecuencias de la
acción posibles y existe un criterio para determinar cuál conjunto de consecuencias
prefiere y poder medir así su utilidad4.

3 March y Simon, Kahneman y Tversky citados por Shapira, 1998. Ibidem referencia anterior.
4 De Simon, Herbert. “Administrative Behavior: Estudio del Proceso de Toma de Decisiones en las
Organizaciones”. 1990. “Los procesos racionales en las cuestiones sociales. Naturaleza y Límites de la Razón
Humana, Fondo de Cultura Económica, México, 1989.
Como el mundo es “no determinístico” y además opera con gran celeridad,
habitualmente el decisor no tiene el tiempo, ni cuenta con toda la información
disponible para adoptar la mejor opción o debe usar más de un criterio de decisión
(multicriterio), por lo que las decisiones se toman con información incompleta,
conduciendo a la selección de alternativas “de satisfacción suficiente” y racionalizando
ex post la cualidad de la decisión.

Esta constatación no invalida la evidencia, empero, que una vez adoptada la decisión,
la circulación de los hechos avanzó por el vector correspondiente, cerrando la
expresión a todas las demás alternativas potenciales, aún cuando ex post pudiera
retomarse alguna de las decisiones no adoptadas. En la Sociedad de la Información y
del Conocimiento, este tipo de toma de decisiones para la acción, lineal, cartesiana, se
enfrentará a reacciones sistémicas que surgirán –como ya estamos viendo- desde los
ámbitos menos esperados. Eventualmente un grupo de poetas podrá, a través de la
Web, paralizar la construcción de una planta de energía nuclear.

La dinámica de los cambios en una sociedad en la que la información y el conocimiento


circulan a la velocidad de la luz hace altamente impredecible el comportamiento de los
sistemas en interrelación, complejizando sus posibles evoluciones al máximo, tal como
lo muestran fracasos de bienes y servicios TIC presentados como tales por la revista
Time. Para definir la lista, el producto debía estar disponible en el mercado masivo y
ser conocido. También debía ser tecnología de calidad, por lo menos igual que sus
posibles competidores y con posibilidades de facturar miles de millones de dólares.
Como se verá, es evidente que se trató de productos y servicios que contaron con la
investigación y planes de mercado acuciosamente realizados, pero que igual fracasaron
estrepitosamente en relación con las expectativas de sus creadores.

En efecto, Micrososft Vista se lanzó, criticó masivamente y se retiró; Gateway


Computers, llegó a tener el 25% del mercado norteamericano de ordenadores pero
fracasó por no reaccionar a los grandes y rápidos cambios en su sector; HD DVD, uno
de los dos formatos de DVD de alta definición que competían para transformarse en el
standar del segmento, perdió ante Blu-ray; Vonage, la primera empresa en telefonía IP
con millones gastados en publicidad, cayó ante Skype; Sirius XM (SIRI), radio por
satélite que permitía oír más de 100 canales por subscripción, llegó a tener millones de
subscriptores pero se estancó antes de llegar al mercado internacional; Zune de
Microsoft, nació para competir con iPod de Apple pero no obstante el respaldo
financiero de Microsoft no consiguió superarlo; Palm Pilot, que parecía dominaría el
mercado de agendas electrónicas, cayó ante Blackberry, que incluyó en su oferta
correo electrónico; Iridium de Motorola, que lanzó satélites para cubrir el mundo para
conectar aparatos que permitían hablar desde y hacia cualquier lugar del mundo: el
costo de sus nómades enfrentó al crecimiento del celular que cubría centros poblados
más importantes y el mercado restante no fue suficiente para cubrir sus altos gastos; y
YouTube, proyecto en el que Google invirtió $1.650 millones sin plan de negocios que
les otorgue ingresos que justifiquen su valoración.

En una sociedad en la que la información es el bien abundante, el buscar, ordenar e


interpretar información válida y pertinente al interior y en los entornos de los sistemas,
es pues, competencia clave para la toma de decisiones, y aquella, una vez adoptada,
para la configuración de los hechos que formulan el mundo, impactándolo como ondas
de choque que lo reordenan con cada acto y generando una complejidad que se resiste
a “integrarse” en modelos estáticos, pero que puede interpelarse mediante
adaptadores de realidad. En la naciente economía, este tipo de análisis sistémico será
relevante en el éxito o fracaso de los tomadores de decisión, quienes deberán integrar
a la cadena de valor, fortalezas y amenazas, oportunidades y debilidades, que hasta la
sociedad industrial, dadas sus estructuras de poder, no estaban consideradas como
relevantes. Obviamente tamaño trabajo es imposible de abordar individualmente.