Lunes 29 de Junio del 2015 z REFORMA

OPINIÓN

13

denise
dresser
El proyecto de Enrique Peña solo constituyó
una concentración de poder, el país ha pasado
del delirio al desencanto.

¿Telepresidente
apagado?

E

l Telepresidente. El Copetudo.
El Copete Electrónico. El Copetesaurio. He allí los apodos
que le han puesto a un Presidente
con el peor nivel de aceptación en
veinte años. He allí los nombres con
los que han bautizado a quien prometió “Mover a México” y lo hizo,
pero en una mala dirección. El país
ha pasado del delirio al desencanto. Del enamoramiento a la estulticia. Del saco que Enrique Peña Nieto
presumía al saco que le quedó grande.
Donde ya no se habla de “Mexican
moment” sino de “Mexican murder”.
Donde el PRI sigue ganando pero
con márgenes cada vez menores y
percepciones cada vez peores. La
segunda alternancia que se volvió la
segunda gran decepción. La restauración política y la resistencia social
ante sus implicaciones.
Porque el proyecto peñanietista
constituyó sólo un proyecto de concentración del poder, mas no un proyecto de reconstrucción del Estado.
Un proyecto ambicioso pero equivocado, construido sobre reformas
pero no las suficientes, edificado
sobre la corrupción y desbaratado
por ella. No buscó y no busca hacer
más grande el pastel, sino repartirlo entre los suyos. No buscó ni busca la competencia real, sino la competencia administrada que apuntala
al capitalismo oligárquico. No buscó ni busca combatir la impunidad,
sino aprovecharla. El sexenio modernizador convertido en el sexenio restaurador, retratado en el libro de Jenaro Villamil, La caída del
telepresidente. De la imposición de las
reformas a la indignación social. El
gran montaje metamorfizado en la
gran crisis. Una que el resultado de
la elección intermedia intenta tapar,
pero que la población padece.
El PRI gana pero no convence.
Con 11 reformas estructurales que
no acaban de despegar. 11 reformas
estructurales celebradas a la hora
de su aprobación y diluidas o saboteadas a la hora de su instrumentación. 11 reformas perdidas por una
Presidencia que no ha demostrado
la capacidad probada para gobernar.
El Pacto por México –tan celebrado,
tan alabado– no fue en realidad un
pacto político producto del consenso,
sino una hábil cooptación presidencial de las burocracias dirigentes en
los dos principales partidos de oposición. Los Chuchos y los maderistas
compartiendo el mismo objetivo: un
arreglo para afianzar el control de

dE poLÍTica
y coSaS pEorES
catón

afacaton@yahoo.com.mx

S

sus aparatos partidistas. El incentivo
no era reformar sino sobrevivir.
Y los partidos de oposición aceptaron casi todo, palomearon casi todo, respaldaron casi todo. Aprobaron
paquetes legislativos de gran complejidad técnica con enormes implicaciones sociales en cuestión de horas, con dinero de por medio. Los superlegisladores leyeron, discutieron
y debatieron miles de páginas que
sólo sus redactores en la Presidencia
entendían a cabalidad. Como ironizó Alejandro Encinas del PRD. “Es
el método de más barato por docena de leyes”. Todos ellos en una burbuja, alejados de la sociedad y sin el
imperativo de convencerla.
Aceptando reformas impuestas
desde arriba, sin la necesidad de hacer trabajo político desde abajo. Aceptando –en el caso de la reforma energética– un marco regulatorio demasiado débil para contener la voracidad de los consorcios que participarán. Aceptando –en el caso de la ley
Peña-Televisa– el guión impuesto para asegurar a la televisora el privilegio del control y la comercialización
de los contenidos audiovisuales en
los próximos 20 años, para reducir a
su mínima expresión los derechos de
las audiencias, para convertir al Instituto Federal de Telecomunicaciones
en una figura decorativa, para cerrar
la posibilidad de nuevos modelos de
comunicación realmente viables.
Y luego Tlatlaya. Ayotzinapa. La
Casa Blanca. La casa de Malinalco.
La casa de Ixtapan de la Sal. El escándalo de OHL. Tanhuato. Guadalajara. Las estimaciones de crecimiento
a la baja y los índices de homicidios a
la alza. El estudio reciente sobre la escandalosa concentración de la riqueza hecho por Gerardo Esquivel para
Oxfam. Ante esta crisis de impunidad,
inseguridad e inequidad, la respuesta
de quienes trabajan en Los Pinos es
sentirse incomprendidos. Decir que
viven una fuerte “resistencia” de los
intereses creados cuando el verdadero problema es que no los han enfrentado en realidad. Los intereses que
llevaron a Peña Nieto a donde está
siguen allí. Televisa y el Grupo Higa
y OHL y Juan Armando Hinojosa y
Carlos Hank Rhon y David Peñaloza y Olegario Vázquez Raña y José
Andrés de Oteyza y tantos más. Beneficiarios de las licitaciones. Beneficiarios de los contratos. Beneficiarios selectos del telepresidente que impone,
que indigna, pero que no cae porque
la pantalla lo mantiene allí.

ToLvanEra
roBerto ZamarriPa
tolvanera06@yahoo.com.mx

E

Enrique Alfaro logró en Jalisco
una mayoría independiente
sin abrirse camino con la violencia.

Cambiar la historia

n mayo de 2012, en pleno ascenso de la campaña electoral
por la gubernatura de Jalisco
de Enrique Alfaro, afuera de la casa de
su coordinador de campaña Clemente Castañeda Hoeflich fue arrojada
una cabeza de perro con un mensaje:
“Fíjate con quién te estás metiendo;
así vas a acabar, perro pendejo”.
Una amenaza de mafias. Una particular exhibición de uno de los estilos jaliscienses para hacer política.
El vuelco electoral del 7 de junio
ha dado la vuelta a ese estilo de dirimir la política y las diferencias. Lo que
acontece en Jalisco es tanto o más valioso que el triunfo del independiente
Jaime Rodríguez, El Bronco.
Igual que El Bronco, Enrique Alfaro viene del PRI pero su militancia
fue efímera, picando piedra en el PRI
opositor, mientras El Bronco disfrutó
por décadas los esplendores del tricolor y defendió la causa de Roberto
Madrazo, misma que Alfaro detestó.
Mientras El Bronco era madracista,
Alfaro era lopezobradorista. Uno se
hizo alcalde de García e ignoró al cabildo para ejercer su mando con mano dura, el otro llegó a la alcaldía de
Tlajomulco donde sustentó su gobierno en la consulta ciudadana.
Ahora amigos, rompiendo con
sus pasados, comparten causa pero con una diferencia esencial: para
El Bronco el poder del gobierno debe ganarse sin el apoyo de los partidos, mientras que Alfaro comulga
con una reforma dentro de los partidos en alianza con la comunidad no
partidista.

Le dice un tipo a otro: “Las piernas de
Facilisa no han de ser muy amigas “. “¿Por
qué?” –se extraña el otro. Responde el tipo:
“Porque casi nunca se les ve juntas”...

El efecto Bronco alcanzó para ganar la gubernatura de Nuevo León
pero no para fumigar al Congreso
que ha quedado sólidamente bajo el
control del bipartidismo. El efecto Alfaro alcanzó para lograr mayoría independiente y romper el bipartidismo en el Congreso local y ampliar
la mancha naranja en las principales alcaldías de la entidad. El alfarismo gobierna 63.42 por ciento de la
población jalisciense.
Ambos comulgan con el entendimiento con la ciudadanía en redes
sociales. “El gobernante tiene que
salir a la calle, y la calle hoy se llama
Facebook”, dijo recientemente El
Bronco, en una reciente conferencia
sobre comunicación política.
Aunque puede ser riesgosa la confusión. La gente es de carne y hueso
y no solo de yemas de los dedos. Suponer que en las redes hay un termómetro esencial, único, del humor
y ánimo social puede llevar a grandes
equivocaciones.
En el caso del alfarismo parece
haber una convergencia del protagonismo en redes sociales con la estructura de un movimiento político.
Conectar y articular el ánimo de redes con la realidad callejera es difícil;
hacerlo desde el gobierno más.
Lo de Jalisco es también una ruptura generacional. Jóvenes nacidos en
los setenta, formados en las alternancias políticas, pero también en las crisis sociales; con estudios en el extranjero, decidieron que era su turno en
el gobierno.
Una generación que rompió tam-

bién con el estilo mafioso de hacer
política que era la norma impuesta
en la Universidad de Guadalajara con
la Federación de Estudiantes y el cacicazgo –ya en decadencia– de Raúl
Padilla. En las lides estudiantiles tapatías se hacía política con pistola al cinto. Los muchachos que disentían del
cacique eran amenazados, golpeados
e incluso desaparecidos.
Las generaciones universitarias
no tenían otra opción que la sumisión
o la muerte.
Valga ver que de una veintena de
integrantes del Comité Ejecutivo
de la FEG que encabezó Raúl Padilla
entre 1977-1979, solamente quedan
vivos tres, incluido Padilla. Los que
quedaron en el camino no necesariamente fue por muerte natural.
Con Alfaro por primera vez un
grupo de egresados o personajes
ligados a la UdeG logran un cargo
público sin usar la pistola para abrirse paso.
Enrique Alfaro quería ser futbolista y acabó al frente del movimiento político más importante de Jalisco de los últimos 20 años. Rompió
la tradición bipartidista y sepultó al
PRD local, una izquierda podrida
que no hacía honor a dirigentes de
enorme calidad como el doctor Joel
Robles, el profesor José Luis Rodríguez o Samuel Meléndez. Ha elevado muy alto la expectativa de cambio. Dice que quiere cambiar la historia, no repetirla. Caminará un trienio
en la cuerda floja, bajo asedio, en una
ciudad donde las mafias perdieron la
batalla pero no la guerra.

mirador

armando fuentes aguirre

Rampante corrupción

on falsas las versiones que hablan
de un México republicano, el de
los liberales juaristas, austero, sobrio y de moralidad acrisolada. Desde la época de la Colonia se había enseñoreado de la vida política de México una corrupción que nunca hemos
vencido. El famoso “unto mexicano”
–así se llamaba en el Virreinato lo que
hoy conocemos con el nombre de
“mordida”– fue uno de los primeros
usos que los extranjeros conocían de
aquí. Con los españoles llegaron a
México dos grandes males: la sífilis y
la corrupción. A la primera la acabó la
ciencia; con la segunda parece que no
podrá acabar ni el Padre Eterno. Ya en
la Nueva España se veía esa rampante
corrupción. Títulos, dignidades, condecoraciones, grados militares, prebendas
religiosas, todo era objeto de ilícito comercio. Unos se enriquecían vendiendo a otros la oportunidad de enriquecerse. El tráfico de influencias era común y tolerado. Un cierto barbero le
cayó en gracia a un virrey recién llegado, a quien agradó el despejado ingenio del rapista. Le preguntó si quería
alguna merced. ¿Un cargo en la administración? ¿Un estanco donde obtener ganancia? Nada de eso quería el fígaro. Le dijo al virrey que lo único que
pedía es que al ir en su carroza se detuviera al pasar por su barbería y lo saludara con amabilidad. Así lo hizo el virrey, sorprendido por lo poco que pedía

su peluquero. Y sucedió que todos los
cortesanos, al ver la amistad del rapabarbas con el alto señor, empezaron a
acercarse a él para pedirle que al afeitar a Su Excelencia le deslizara algunas
palabras al oído en su favor. Por ese servicio cobraba el barbero buenas sumas,
con lo que se enriqueció bien pronto.
La corrupción no sólo tenía género
masculino. Una virreina llegó acá y observó que las damas lucían espléndidos
collares de finísimas y grandes perlas.
De inmediato hizo correr el rumor, difundido por sus damas españolas, de
que las perlas habían pasado de moda
ya en Europa, y que se consideraba cursi y paya a la mujer que las usaba. Las
pobres señoras del país empezaron a
vender sus perlas, que fueron compradas a precio vil por hábiles agentes de
la virreina. Cuando ésta volvió a España
sus perlas fueron la admiración y envidia de la corte. Los militares que vinieron con Maximiliano aprendieron
pronto que en México casi todo se podía comprar. Pero ellos mismos no tardaron en aprender los usos mexicanos.
Un visitante alemán se sorprendió al
encontrar en la capital dos grandes almacenes de telas y ropa. Todo tipo de
géneros se podían hallar ahí, y a precio menor que en cualquier parte, pues
venían sin pagar flete en los barcos de
guerra franceses. Tampoco cubrían los
derechos de las aduanas, y eran traídos a costa del gobierno. ¿Quién era el

propietario de esos almacenes? El mismísimo mariscal Bazaine, principal comandante de la expedición francesa.
Tal parece, entonces, que la corrupción
no es solamente mexicana. Va, como el
instinto sexual y el de conservación, en
la naturaleza del hombre. Sólo la aplicación recta de la ley puede frenarla. Y
en México la ley es letra muerta, o por
lo menos bastante desmadrada... Mañana debería aparecer aquí “El chiste más
pelado del primer semestre del año”.
Sin embargo doña Tebaida Tridua, censora de la pública moral, interpuso un
amparo, y retrasó por un día la publicación del vitando chascarrillo, que verá la luz el próximo miércoles. ¡No se
lo pierdan mis cuatro lectores!... Don
Chinguetas y doña Gorgolota viajaron
a un país de Oriente. Un jeque vio a la
señora y se prendó al instante de ella,
pues le gustaban las mujeres gordas, y
doña Gorgolota era abundante en carnes. Le dijo a don Chinguetas: “Te compro a tu mujer”. Respondió él, desconcertado: “No está en venta”. Insistió el
jeque: “Te doy 100 camellos por ella”.
Tras una larga pausa volvió a contestar
el marido: “No. Definitivamente no la
vendo”. El jeque masculló algunas maldiciones y se fue. Doña Gorgolota, furiosa, le preguntó a su esposo por qué
había tardado en contestar. Respondió
don Chinguetas: “Es que me costó trabajo calcular lo que me costaría llevar
a casa los 100 camellos”... FIN.

Llega una libélula y mi jardín se llena
de art nouveau.
A la libélula le sobra mucho para ser insecto
y le falta poco para ser ave. Es algo más que
una mariposa y algo menos que un colibrí.
La quiero porque me trae evocaciones raras.
Pienso en Mata Hari, en Pola Negri,
en la Pavlova...
Si la libélula fuera mujer sería seguramente
mujer fatal. Claro, a fin de cuentas todas las
mujeres son fatales, pues en cada una de
ellas está el destino de algún hombre. Si no se
cumple ese hado es porque la mujer fue muy
sabia o porque el hombre fue muy tonto.
Pienso en todo eso mientras contemplo el
vuelo sereno y elegante de este caballito del
diablo. Así llamábamos a la libélula los niños
del ayer. Quizás un hombre de religión la vio
apareándose en el aire y le puso ese nombre
al mismo tiempo afectuoso y de condenación:
caballito del diablo.
Se va de pronto la libélula. Y yo me doy
al diablo por haberme puesto a elucubrar
sobre ella en vez de haberla disfrutado. Me ha
sucedido antes con otra clase de libélulas.

¡Hasta mañana!...