JUNIO DEL 2015

AÑO 50 - NÚMERO 63

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EL REBELDE
ÓRGANO OFICIAL DEL MOVIMIENTO DE IZQUIERDA REVOLUCIONARIA

¡¡ Por una Vida Digna para Todos !!

EL PROCESO
CONSTITUYENTE
Y L A D E M O C R AT I Z A C I Ó N D E
LA SOCIEDAD
Los antecedentes que explican la llamada crisis política
o institucional, abierta desde hace un tiempo, son muchos
y variados. La clase dominante, que ha ganado miles de
millones de dólares alquilando la conciencia de diputados
y senadores, concentrando el poder sin contrapeso alguno,
está sin sobresaltos. Son sus empleados los que tendrán
que pagar y cuando mucho, uno que otro empresario
deberá ser sacrificado en aras de la estabilidad del modelo.
El gobierno de Bachelet en su discurso del 21 de Mayo
intentó abrir un camino para sortear esta crisis llamando
a partir de Septiembre a lo que ella llamó un “proceso
constituyente”. Estableció condiciones y metodologías
que permiten asegurar que, finalmente, dicho proceso
no permitirá la democratización de la sociedad chilena;
sino más bien, terminará con ajustes y perfeccionamientos
al modelo, pero con la parafernalia necesaria para darle
un toque de legitimidad que permita continuar con lo
mismo.
Las condiciones planteadas por el gobierno para dicho
proceso constituyente son inaceptables para cualquier
conciencia democrática que se respete. No es posible
que el gobierno y el parlamento cuestionados por robar
el dinero de todos los chilenos decidan, finalmente, qué
es lo bueno para nuestra sociedad. Por eso, es necesario
organizarse y movilizarse exigiendo un Plebiscito que
pueda sancionar el proceso. La pregunta es simple, el
futuro institucional deben decidirlo el gobierno y el
parlamento cuestionado o las grandes mayorías
nacionales mediante una asamblea constituyente.
El proceso constituyente de la nueva mayoría es falaz
desde su formulación, pero puede llegar a transformarse
en un momento político de gran importancia, siempre y
cuando, la decisión política de los demócratas
consecuentes y los progresistas sea avanzar en la
democratización de la sociedad chilena. Muchas iniciativas
en torno a la Asamblea Constituyente se están
desarrollando en el país, cada una altamente valorable,
pero cada una por separado. Coordinar esfuerzos y
potenciar la fuerza es una tarea ineludible. Los ex
candidatos a todos los cargos de representación política
que levantaron la Asamblea Constituyente como parte
de sus programas tienen gran responsabilidad frente a
esta tarea. La misma responsabilidad tienen los partidos
políticos de izquierda. El proceso electoral municipal ya
abierto, entrega condiciones más que favorables para

trabajar el tema del plebiscito. Todos los que aspiren
a ser candidatos, independientemente de los partidos
u organizaciones a las que pertenezcan, tendrán
elementos para su propia campaña ayudando al proceso
de generación de fuerza para legitimar la necesidad
del Plebiscito. Tenemos una gran responsabilidad con
los trabajadores y pueblos de Chile.
Si priman los esfuerzos individuales o de colectivos
pequeños, insuficientes por sí solos para enfrentar la
magnitud de la tarea a enfrentar, difícilmente se puede
constituir una fuerza social y política que presione con
efectividad sobre el falso proceso constituyente que
quiere la clase dominante. Sin embargo, no es
descartable que la dispersión esté también siendo
alimentada desde el propio gobierno y los partidos que
sustentan el modelo. Durante mucho tiempo, la
dispersión de la izquierda ha tenido una orientación y
financiamiento desde la Concertación y la actual Nueva
Mayoría para impedir que se construya una fuerza
social y política que se constituya en oposición política
con perspectiva de alternativa para los trabajadores y
pueblos de Chile. A veces, la imposibilidad de aunar
esfuerzos o al menos coordinarlos es producto de la
cooptación, los trabajos de inteligencia del modelo y la
miopía política. Todo finalmente facilita la mantención
del neoliberalismo.
Romper con el cerco de la política contestataria es una
necesidad democrática. La ideología neoliberal se agota
y hay que pegarle un empujoncito. Ayudará a este
camino el uso del llamado proceso constituyente siempre
y cuando se entienda la necesidad de la articulación
de los esfuerzos que se desarrollan. Los problemas de
la injusticia no se resuelven en esta coyuntura, pero sí
podemos avanzar en la democratización de la sociedad
chilena.

PORQUE LA SOCIEDAD CHILENA DECIDA
¡PLEBISCITO POPULAR!
POR UNA VIDA DIGNA PARA TODOS

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