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ECONOMIA DE LA BARCA

La Barca es un municipio y población del estado de Jalisco, México. Se localiza en el este del estado, en
la Región Ciénega. Antiguamente se le llamaba "Chicnahuatenco" o Chie. Su extensión territorial es de
379,48 km2. Según el II Conteo de Población y Vivienda, el municipio tiene 59.990 habitantes y se dedican
principalmente al sector terciario.3 Es un municipio famoso en la región por su crema, quesos y birria
tatemada al estilo La Barca, así como sus dulces de tamarindo y leche.

ECONOMIA EN EL 2009

El 23.34% de los habitantes se dedica al sector primario, el 20.26% al sector secundario, el 53.59%

alsector terciario y el resto no se específica.6 El 40.75% se encuentra económicamente activa.6 Las

principales actividades económicas son: agricultura, ganadería, pesca, servicios y transporte.

 Agricultura: se cultiva maíz, trigo, sorgo, garbanzo y agave.

 Ganadería: se cría ganado bovino, porcino y caprino. Además de aves y colmenas.

 Industria: destaca la industria manufacturera.

 Turismo: posee atractivos arqueológicos, naturales y arquitectónicos.

 Comercio: cuenta con restaurantes, mercado y pequeñas tiendas. Predomina la venta de productos

de primera necesidad y los comercios mixtos que venden artículos diversos.

 Servicios: se ofrecen servicios financieros, profesionales, técnicos, comunales, sociales, personales,

turísticos y de mantenimiento.

 Minería: sus recursos mineros son no metálicos como la cantera.

 Pesca: se captura el bagre en pequeña escala.

EL HOY DE LA

ECONOMIA EN MEXICO(2009)

El reconocimiento que el gobierno federal ha realizado sobre la magnitud de la crisis que enfrenta México
ha quedado plasmado con la afirmación realizada por el Secretario de Hacienda en el sentido de que la
economía está en recesión. Si bien la aseveración es correcta, también debe de precisarse que es tardía.

Lejos quedaron las prospectivas oficiales originales para la elaboración del presupuesto del 2009, donde
se estimaba un crecimiento económico de 3 por ciento.
Las sucesivas correcciones de las proyecciones gubernamentales han llegado al extremo de plantear una
contracción cercana a 4.1 por ciento.

Si bien la incertidumbre que se genera por el hecho de que la autoridad económica realice reiteradas
modificaciones a la baja en sus expectativas es algo preocupante, lo que más inquieta son las
implicaciones que ello tiene sobre la sociedad mexicana.

En primera instancia se encuentra la merma de los ingresos fiscales que el gobierno está enfrentando.

Tan sólo en marzo, la caída de los ingresos del gobierno federal disminuyeron 37.5% en términos reales,
principalmente por la disminución en la recaudación del IVA (-20.2%) y del ISR (-19.8 por ciento).

Sin lugar a dudas, lo anterior refleja un segundo aspecto: el fuerte deterioro sufrido tanto en el consumo
como en el nivel de empleo, llevando a plantear serias dudas sobre la perspectiva oficial de crecimiento
durante el primer trimestre del año.

La expectativa de hacienda es una disminución de 7%; sin embargo, ello descansa en la esperanza de
que marzo tenga un escenario favorable por el efecto estacional de la Semana Santa.

Dado que en este año marzo tuvo más días laborables que en el 2008, la prospectiva oficial es que ello
arrojase un mes con un crecimiento cercano a 0 por ciento.

No obstante, el tercer mes del 2009 no únicamente tiene una caída a tasa anual de los ingresos fiscales,
al mismo tiempo contiene una merma de 372,000 empleos respecto del 2008, una disminución de las
exportaciones de 25%, una contracción de la producción automotriz de 32.4% y una baja de las ventas a
tiendas iguales reportadas por la ANTAD de 3.3 por ciento.

El escenario que puede plantearse es que durante marzo la tendencia negativa de la economía mexicana
fue más acelerada que la planteada por el gobierno federal, y con ello que el bienestar social de la
población se encuentra seriamente comprometido tanto en el corto como en el mediano plazo.

Finalmente, las correcciones del gobierno también reflejan que sus políticas de gasto e infraestructura no
funcionan de la manera originalmente planteada, o puesto en otras palabras, que la economía nacional se
encuentra a la deriva.

18 Agosto, 2009
México se enfrenta a seis meses complicados en el frente económico y político a causa del poco margen
para luchar contra la crisis y las ganancias de la oposición al presidente Felipe Calderón en el Congreso,
según expertos reunidos este martes en Washington.

"A causa de su escaso margen, México no tiene otra alternativa que las políticas pro cíclicas, en lugar de
anticíclicas", declaró Claudio Loser, presidente del Grupo Centennial, un grupo de análisis
macroeconómico, durante un debate en la sede del Diálogo Interamericano.

El gobierno de Calderón se enfrenta a una caída del Producto Interior Bruto (PIB) que podría
superar 7.3% al final del año, según el Fondo Monetario Internacional (FMI).

ECONOMIA MUNDIAL EN EL 2009

Los análisis de la prensa internacional previos a las elecciones generales del 9 de marzo coincidían al
destacar que al triunfo electoral le acompañaría un regalo envenenado: una situación económica bien
distinta al periodo de notable crecimiento que se ha vivido en los últimos 15 años. Los expertos españoles
que realizan informes periódicos sobre la evolución económica coinciden ahora en que el frenazo será
este año más brusco de lo previsto. Y en que el crecimiento será todavía más débil en 2009.

La crisis financiera que estalló en septiembre de 2008 —luego de más de un año de inestabilidad
financiera— se ha convertido en una crisis mundial de la economía real.
La actividad económica en países tanto de ingreso alto como en desarrollo se desplomó
intempestivamente en el último trimestre de 2008 y el primero de 2009.
El desempleo va en aumento y la pobreza ha comenzado a incrementarse en las economías en
desarrollo, lo que ha traído consigo un considerable deterioro de las condiciones de vida de los más
pobres y vulnerables del mundo.
El estallido de la crisis financiera provocó una amplia liquidación de inversiones, una pérdida
sustancial de la riqueza en todo el mundo, mayores restricciones en el otorgamiento de créditos y
un crecimiento generalizado de la incertidumbre.
Costos más altos en los préstamos y mayores restricciones en las condiciones crediticias, junto con la
mayor incertidumbre generaron una huída hacia la calidad, provocaron que las empresas redujeran sus
gastos de inversión y que los hogares pospusieran la compra de productos costosos.
Este rápido crecimiento del ahorro precautorio condujo a una abrupta reducción de la inversión
mundial, la producción, el comercio y el producto interno bruto (PIB) durante el último trimestre de
2008, tendencia que continuó en el primer trimestre de 2009.
Las caídas más severas de la actividad económica se concentraron en países especializados en la
producción de productos duraderos y bienes de capital, y en países con serias vulnerabilidades
macroeconómicas preexistentes.
Este contexto internacional tan repentinamente débil aceleró el desplome del precio de los
productos básicos que comenzó a mediados de 2008.
Para finales de mayo de 2009, las cotizaciones del petróleo estaban 60 por ciento por debajo de su nivel
máximo, y los precios de los productos no petroleros, incluidos los alimentos básicos que cotizan en los
mercados internacionales, perdieron 35 por ciento.
Los bajos precios de los alimentos y los combustibles amortiguaron en cierta medida la pobreza generada
por la reducción de la actividad económica y ayudaron a reducir las presiones en la cuenta corriente de
los países en desarrollo importadores de petróleo; al mismo tiempo, en países en desarrollo exportadores
de crudo causaron reducciones del superávit que en algunos casos llegaron a 17 por ciento del PIB
Las medidas políticas para hacer frente a la crisis se tomaron con rapidez y, aunque no en todos
los casos estuvieron bien coordinadas, hasta ahora han logrado contener el incumplimiento de
instituciones financieras, lo que a su vez ha impedido un colapso mucho más grave de la
producción.
De no ser por el apoyo del sector público, las enormes pérdidas que han sufrido los bancos de inversión y
otras instituciones habrían forzado a la banca comercial a recortar abruptamente el crédito, lo que habría
obligado a las empresas a reducir aún más sus inversiones y producción.
En cambio, el crédito bancario siguió creciendo hasta hace muy poco, aunque mucho menos rápidamente
que en el pasado. Estas medidas han tenido costos.
Estas medidas han tenido un costo.
Se prevé que en 2009 el saldo fiscal se deteriorará en alrededor de 3 por ciento del PIB en los países de
ingreso alto, y en cerca de 4.4 por ciento en el PIB de los países en desarrollo.
A largo plazo, el aumento de la deuda de los países de ingreso alto puede aumentar los costos de
financiamiento y a la larga desplazar a gobiernos y empresas de países en desarrollo que busquen
crédito.
El desplome de la actividad económica, combinado con un muy deteriorado flujo de capitales a los
países en desarrollo, coloca a muchos países de ingreso medio y bajo en graves dificultades
financieras.
Muchos países enfrentan problemas para captar suficientes divisas mediante exportaciones y préstamos
a fin de cubrir la demanda de las importaciones.
Se calcula que la diferencia entre los requerimientos de crédito en los países en desarrollo y las entradas
netas de capital se ubicará entre 350 mil y 635 mil millones de dólares.
Muchos países cubren esta brecha financiera con las reservas internacionales acumuladas en
mejores tiempos.
Sin embargo, la sostenibilidad de esta estrategia es incierta.
Desde septiembre de 2008, 16 países han consumido 20 por ciento o más de sus reservas de divisas, y
en 18 países el saldo actual de las reservas cubre menos de cuatro meses de importaciones.
El riesgo de ampliar el déficit en cuenta corriente y agravar el desequilibrio fiscal es más grave en
Europa y Asia central, en parte porque se prevé que la recesión será más profunda en esas
regiones, y también porque muchos países entraron en la crisis con déficits de cuenta corriente de
dos dígitos (como proporción del PIB) y/o sus gobiernos están sumamente endeudados.
Si, como todo parece indicar, no habrá financiamiento disponible para estas economías, se requerirá una
fuerte contracción de la demanda interna y una depreciación del tipo de cambio para restablecer los
saldos externo e interno.
A pesar de la rápida reducción del PIB en los países de ingreso alto durante el primer trimestre de
2009, diversos indicadores apuntan hacia el comienzo de una recuperación económica.
Entre ellos destacan la estabilización e incluso el repunte de los mercados bursátiles mundiales, una
modesta mejoría de las exportaciones en varios países, una recuperación del consumo y los efectos —
aún por verse— de las medidas fiscales discrecionales aplicadas para estimular la demanda.
Aunque por el momento los indicadores de alta frecuencia varían notoriamente en cada país, los datos
correspondientes a Estados Unidos y China apuntan más a una recuperación que los provenientes de
países de Europa occidental y otras regiones en desarrollo.
Además, varios factores dan cuenta de debilidades persistentes.
El desempleo sigue creciendo en todo el mundo, los precios de la vivienda en muchos países se
mantienen a la baja (lo que se suma a los efectos negativos sobre la riqueza), los balances
generales de la banca son frágiles y se requiere avanzar mucho más en la consolidación y la
recapitalización.
Por ello, persiste una gran incertidumbre sobre la duración y la fuerza de la recuperación de la economía
mundial.
Sin duda, numerosos países enfrentan crecientes presiones sobre sus monedas y sectores
bancarios.
Muchos países en desarrollo de ingreso alto y medio ya firmaron contratos especiales de préstamo con el
Fondo Monetario Internacional (FMI) para impedir que el deterioro de sus cuentas externas y de su
situación fiscal se salga de control.
El panorama presentado en esta edición de Financiamiento para el desarrollo mundial muestra una
recuperación mucho más lenta que durante una recesión normal, en parte porque esta contracción
surge tras una crisis financiera —que tiende a ser más profunda y duradera que las normales— y
porque la contracción ha afectado prácticamente al mundo entero, lo cual se aleja del escenario
más común, en el cual el problema se limita a un área geográfica y la recuperación se logra en
parte mediante las exportaciones a países más sanos y de crecimiento más rápido.
En este escenario, el PIB mundial, que experimentó una caída récord de 2.9 por ciento en 2009, tendrá
una modesta recuperación de 2 por ciento en 2010, y de 3.2 por ciento para 2011.
Se prevé que la consolidación del sector bancario, la persistencia de efectos negativos sobre la riqueza,
las elevadas tasas de desempleo y la aversión al riesgo serán un lastre para la demanda durante todo
este periodo.
Entre los países en desarrollo, las tasas de crecimiento serán más altas (debido a una sólida
productividad subyacente y al crecimiento demográfico), pero permanecerán igualmente
atenuadas a 1.2, 4.4 y 5.7 por ciento de 2009 a 2011, respectivamente.
Si se consideran las pérdidas de producción ya absorbidas y el hecho de que el PIB sólo alcanzará su
tasa de crecimiento potencial en 2011, se prevé que la brecha de producción (o la diferencia entre el PIB
real y su potencial), el desempleo y las presiones deflacionarias seguirán presionando a través del
periodo proyectado.
Es posible que ocurra una recuperación más robusta, impulsada por las sustanciales iniciativas
fiscales, monetarias y sectoriales que se han emprendido.
Pero también existe la posibilidad de un resultado mucho menos favorable.
En este último escenario, el freno del sector financiero sobre el crecimiento económico, factor
clave en el escenario de referencia, se prevé más intenso; al mismo tiempo, la confianza se
debilitará aún más, lo que impedirá que se recuperen la inversión y el gasto en el consumo, que
conducirá a un crecimiento más lento.
Además, las presiones sobre las cuentas corrientes, exacerbadas por una recuperación más lenta,
podrían llevar a varios países (principalmente en Europa y Asia central) a realizar ajustes mucho menos
ordenados, caracterizados por una sustancial devaluación de sus monedas y dolorosos recortes en la
demanda interna.
Los 14 principales servicios de estudios, centros universitarios y analistas vuelven a revisar a la baja su
estimación de crecimiento del PIB para 2008, que se queda, de promedio, en el 2,5%, frente al 3,8% que
registró la economía española el año pasado. Pero lo más llamativo de la información recopilada y
difundida ayer por la Fundación de Cajas de Ahorros (Funcas) es que incluye el primer vaticinio para
2009. Y el punto de partida es poco alentador: los expertos apuntan a un crecimiento del 2,1%, el más
bajo desde 1994.

Los analistas internacionales creen que el enfriamiento de la economía española durará varios años más
y algunos, como los de la agencia de calificación financiera Standard & Poor's, lo extienden hasta 2015 y
avisan del riesgo de recesión. "Es muy difícil saber hasta cuándo seguirá la desaceleración", puntualiza
María Jesús Fernández, del gabinete de análisis de Funcas. A la falta de precisión de cualquier vaticinio a
más de dos años vista, se suma esta vez la "enorme incertidumbre" que generan dos cuestiones: el
impacto definitivo de la crisis financiera internacional y, en el caso de España, cómo de duro será el ajuste
en el sector de la construcción.

Porque en lo que no tienen dudas los analistas, españoles y extranjeros, es en cuáles son las razones de
la ralentización. "Hay una fuerte caída de la actividad de la construcción, y el crecimiento del consumo es
cada vez menor", sintetiza Fernández. Precisamente, el consumo de las familias (que equivale al 55% del
PIB) y la inversión en viviendas han sido las palancas que han impulsado el crecimiento económico
español en el último lustro.

Las nuevas previsiones para 2009 reflejan bien a las claras el deterioro de ambos indicadores. El
consumo, según las cuentas de los expertos, crecería por debajo del 2%, una tasa que siempre se había
superado en los últimos 15 años. Y la inversión en obra civil y en edificios no residenciales (oficinas,
centros comerciales) no podrá compensar el notable retroceso en viviendas, de modo que la inversión en
todo el sector caerá casi un 1% el próximo año.

Repunte del paro


"El ajuste en la construcción será muy duro, la duda está en si el resto de los sectores aguantará", señala
Carlos Maravall, de Analistas Financieros Internacionales. El sector más pujante en los últimos años, ha
sido también en el que más ha crecido el empleo. Y su rápido deterioro tiene ya, según Maravall, un
reflejo directo en el mercado laboral: "La desaceleración en el empleo suele producirse después de que
se frene el crecimiento, pero esta vez parece que se está anticipando. Será importante saber si sólo se
debe a la construcción".

Según los expertos, la economía española sólo generará un 1,6% más de empleos (puestos de trabajo a
tiempo completo) en 2008 y apenas un 1% más en 2009, muy lejos de los crecimientos de los últimos
años. Si se confirma el pronóstico, será la tasa más débil desde 1994, el año en el que la economía
española salió de su última recesión. Y la tasa de paro repuntaría hasta situarse en el 9,5%, lo que
echaría por tierra buena parte del avance de la última legislatura
El superávit público apenas sobrevivirá a la ralentización
Pedro Solbes, el vicepresidente económico en funciones y candidato indiscutido al cargo en la nueva
legislatura, se define como un defensor acérrimo del superávit en las cuentas públicas. En la campaña
electoral, Solbes insistió en que el excedente generado en los últimos años daba margen al Gobierno
para actuar y en que había que dejar trabajar "a los estabilizadores automáticos". Un ajuste que, según
las estimaciones recopiladas por la Fundación de Cajas de Ahorros, dejará el superávit en un escuálido
0,3% del PIB en 2009, frente al 2,2% récord con el que cerró 2007.

La debilidad del crecimiento económico se dejará sentir a ambos lados del apunte contable. Los ingresos
públicos crecerán menos al resentirse la recaudación de los impuestos y las cotizaciones sociales,
mientras que los gastos públicos aumentarán en mayor medida, por el pago de prestaciones sociales
derivadas del repunte previsto en el paro. El juego de los estabilizadores automáticos puede verse
distorsionado si la ralentización obliga al Gobierno a emprender una política de gasto más expansiva,
aprovechando el margen que le otorga el bajo nivel de deuda pública, que ronda el 35%.

La desaceleración, sin embargo, debería tener un efecto positivo en el desequilibrado sector exterior. La
pérdida de pulso del consumo llevará a un recorte de las importaciones, mientras las exportaciones
mantienen el tipo gracias a que en las economías europeas, principales clientes de España, el deterioro
es moderado. Aún así, los expertos creen que el déficit exterior seguirá por encima del 9% del PIB el
próximo año.

¿Qué pasará el año entrante? Para responder esta pregunta es necesario, primero, hacer algunas

precisiones sobre la crisis mundial. La recesión en Estados Unidos (y en algunos países desarrollados) es

la mayor desde los años treinta. Estamos, sin duda, ante una crisis profunda y prolongada. Pero no

estamos ante una debacle de las economías latinoamericanas. Con la excepción de Argentina, México y

Venezuela, el resto de los países latinoamericanos no entrarán en recesión. Tanto la crisis de comienzos

de los ochenta (que dio origen a la década pérdida) como la de finales de los noventa (que ocasionó

media década de retroceso económico) fueron peores que la crisis actual. Ésta golpeará a Latinoamérica,
pero no arruinará sus economías.

El entrante será un año de dificultades para la economía colombiana. No podemos hablar de debacle,

pero sí de varios problemas preocupantes. Hace unos días el Gobierno decidió reducir en tres billones de

pesos el presupuesto de 2009. Esta medida constituye un reconocimiento explícito no sólo de la inevitable

caída en los ingresos fiscales, sino también de las grandes dificultades de financiamiento. Estos

problemas también afectarán al sector privado. Muchas empresas tendrán, ante la escasez de crédito,

que posponer algunos planes de inversión con consecuencias previsibles. La inversión privada tendrá el

año entrante el peor comportamiento de los últimos tiempos.

Por ello, es importante que el Gobierno central y los gobiernos regionales logren poner en marcha las

inversiones planeadas. Una de las paradojas de la economía en 2008 fue la exigua ejecución

presupuestal, sobre todo en el sector de infraestructura. Los gobiernos tenían los recursos, la plata estaba

presupuestada, pero las dificultades de planeación y la contratación impidieron la puesta en marcha de


los proyectos en un momento crucial. Ojalá estas crisis se superen rápidamente. El Gobierno Nacional ha

anunciado un ambicioso plan de infraestructura, pero los recurrentes problemas de ejecución, ya

proverbiales, arrojan dudas sobre su viabilidad. Los retrasos de las obras públicas son, en la coyuntura

actual, doblemente costosos: no sólo afectan las posibilidades de desarrollo, sino el comportamiento

económico en el corto plazo.

El Banco de la República seguramente seguirá reduciendo la tasa de interés, lo que contribuirá, con cierto

rezago, a contrarrestar las dificultades externas. Pero los planes de infraestructura y la reducción en la

tasa de interés serán insuficientes para evitar el menor crecimiento y el aumento del desempleo. La alta

tasa, una de las mayores de la región, pone de presente los límites de un modelo económico sustentado

en los estímulos explícitos a la inversión. En el auge se generó muy poco en empleo. Y en la caída, se

perderán miles de empleos formales.

Con todo, el comportamiento económico en 2009 será inferior al observado en 2008. La tasa de

crecimiento estará alrededor de 2,5% y la tasa de desempleo en un 12%. No estamos ante una

catástrofe. Ni siquiera ante una recesión. Pero sí ante una desaceleración que frustró prematuramente

nuestros sueños de un crecimiento alto y sostenido.