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EFECTOS DEL CRECIMIENTO MENTAL DURANTE

LA ADOLESCENCIA EN EL DESARROLLO PSICOLÓGICO.

Las capacidades cognitivas del joven o de la joven siguen


desarrollándose también, lo mismo cuantitativa que cualitativamente,
durante los años de la adolescencia. La importancia de los cambios que
tiene lugar durante este periodo, sobre todo la aparición de la etapa de
las operaciones formales, mal podría sobreestimarse. Estos cambios
desempeñan un papel decisivo en lo que respecta ayudar al adolecente
a encarar las demandas crecientemente complejas, en materia de
educación y vocación, que se le hacen. Seria virtualmente imposible
dominar temas académicos tales como el cálculo o el uso de las
metáforas en poesía, sin un elevado nivel de pensamiento abstracto; sin
poseer la capacidad de Piaget ha llamado de las “operaciones de
segundo grado”, o capacidad de pensar acerca de aseveraciones que no
guardan relación con objetos reales del mundo.

Nuevas reflexiones, sin embargo, nos harán ver que muchos aspectos
del desarrollo adolecente dependen también de los adelantos
cognoscitivos realizados durante este periodo. Estos cambios
cognoscitivos influyen fuertemente en las modificaciones del carácter de
las relaciones padres-hijos, en las nacientes características de la
personalidad y en los mecanismos de defensa psicológica, en la
planeación de las futuras metas educativas y vocacionales, en las
crecientes preocupaciones por los valores sociales, políticos y
personales, incluso en el sentido en el que se va desarrollando de la
identidad personal.

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Uno de los aspectos más importantes de la aparición del pensamiento
operacional formal es la capacidad de tomar en consideración hipótesis o
proposiciones teóricas que se apartan de los acontecimientos
inmediatamente observables. En contraste con el niño que esta
preocupado principalmente por aprender a funcionar en el mundo del
“aquí y ahora”, el adolecente es capaz “no solo de captar el estado de
cosas inmediato sino también el posible estado en el que podrían
cobrar”, las implicaciones de tan solo esta cambio son muy bastas.

Por ejemplo, el talento descubierto recientemente por los jóvenes para


descubrir los pies de barro de unos padres anteriormente idealizados-
para poner en tela de juicio sus valores, para compararlos con otros
padres “mas comprensivos” o menos “pacatos” y para acusarlos de
hipócritas incongruentes entre los valores declarados y la conducta-
parece depender, al menos en parte, de los cambios efectuados en la
capacidad cognoscitiva del adolecente.

“La conciencia de la discrepancia entre lo real y lo posible contribuye


también a convertir el adolecente en un rebelde. Constantemente ase
comparaciones de lo posible con lo real y esta descubriendo que lo real
es frecuentemente defectuoso.
La crítica incesante que hacen muchos adolecentes de los sistemas
sociales, políticos y religiosos existentes y su preocupación por la
construcción de sistemas sustitutivos, depende, de igual manera, de su
naciente capacidad de llavea acabo el pensamiento operacional formal;
de formar hipótesis, pensar mas abstractamente y ponerse a considerar
lo que podría ser y no solo lo que es.

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Gran parte de la preocupación aparentemente apasionada del
adolecente por los defectos de sus padres y del orden social, así como
por la creación de “posibles soluciones sustitutas”, a menudo no pasa de
ser primordialmente verbal, mas cosas de palabras que de hechos. Esto
constituye quizás un reflejo del hecho de que esta etapa del desarrollo
cognoscitivo es aun relativamente nueva, y de que no ha sido integrada
totalmente en la adaptación ala vida del adolecente.

Al mismo tiempo, es importante reconocer los aspectos positivos de la


capacidad, recientemente adquirida por el adolecente, para
conceptualizar y razonar en abstracto acerca de posibilidades hipotéticas
y de convicciones instantáneas.
Para el joven, el razonar es una necesidad y un placer; las ideaciones
constituyen un deleite. Razona en todas direcciones, sobre temas que
son por demás irreales y alejados de su experiencia, la llegada ala
abstracción le permite al individuo ahondar en el sistema de las
representaciones colectivas que le ofrece a ala cultura en la cual esta
creciendo, y gradualmente se vera arrastrado por ideas, ideales y
valores.

Aun cuando el entusiasmo del adolecente parezca a menudo,


inicialmente, tener poco orden o sistema, como si fuese un juego de
ideas aceptado sin sentido crítico, es importante que los adultos se den
cuenta de que este ejercicio es, no obstante, algo vitalmente importante
y productivo.

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Todo será pasto para el pensamiento, para el pensamiento hablado para
la apasionada discusión, para las interminables discusiones, para la
afirmación perentoria; y el adulto, que sentirá que pierde un poco el pie
en esta marejada, a menudo no lograra darse cuenta de que lo que para
el es un vano rumiar gastados problemas o un estéril hacer las mismas
preguntas de siempre corresponde, en realidad, para el jovencito, alas
exploraciones y auténticos descubrimientos de su edad.

ASPECTOS COGNOSCITIVOS DEL DESARROLLO DE LA


PERSONALIDAD DEL ADOLECENTE.
El desarrollo cognoscitivo del adolecente no solo se refleja en las
actitudes y valores que adopta respecto de los padres y de la sociedad,
sino también en las actitudes respecto del yo, en las características de
su personalidad y en los mecanismos de defensa que probablemente se
destacaran en este periodo. Dada a al creciente capacidad para
reflexionar sobre posibilidades hipotéticas y para “tomar su propio
pensamiento como objeto y razonar acerca de el”, guiado por la
irresistible y a veces dolorosa conciencia de si que proviene de los
rápidos cambios físicos, fisiológicos y psicológicos de este periodo, la
chica o el chico adolecente probablemente se volverán mas
introspectivos y analíticos. Tal preocupación por el pensamiento en si
mismo es característica del surgimiento de la etapa de las operaciones
formales.

El pensamiento y la conducta pueden ser egocéntricos. Puesto que el


foco de gran parte de la atención de los jóvenes durante este periodo de
cambio rápido es ellos mismos, suelen sacar en conclusión que otras
personas están igualmente obsesionadas por su propia conducta y su
apariencia.

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Esto puede ayudar a explicar, al menos hasta cierto punto toda una
variedad de conductas de los adolecentes, así como sus experiencias,
entre lo cual figura la conciencia de si, a veces dolorosísima, que tiene el
adolecente. Cuando los sentimientos del adolecente son de autocritica,
es probable que suponga que los demás deberán de darse cuenta de sus
“deficiencias” y de ser igualmente críticos. Por otra parte, el chico
adolecente, de corta edad, que se esta delante del espejo flexionando
sus músculos o admirando su perfil, o la chica que se pasa las horas
maquillándose o peinándose o poniéndose un vestido tras otro, quizás
estén soñando en la fabulosa impresión que habrán de causar en su
pareja o en la reunión a la que asistirían esa mismo noche. Es tal vez una
de las tragedias menores de la vida adolecente el que cuando esas
personas jóvenes se juntan realmente, cada una de ellas suele estar mas
preocupada por si misma que interesada por observar a otros.

El uso frecuente que asen los adolecentes de la ironía, aun cuando


claramente esta el servicio de múltiples motivaciones, puede
encontrarse en parte como un ejercicio de sus nuevos talentos para
pensar al nivel simbólico de la metáfora de “como si” y de lo
manifestante absurdo. El gusto que tiene los adolecentes por el doble
sentido, parece representar no solo un divertidísimo probar de la fruta
prohibida, sino una oportunidad de demostrar una nueva destreza
cognoscitiva. Otro tanto puede decirse de la capacidad de apreciar la
sátira política y social del adolecente mayor o de su destreza para “hacer
la observación aparentemente inocente pero cortante”. El desarrollo
cognoscitivo del adolecente también desempeña un papel importante en
el surgimiento de un sentido de identidad bien definido. Parece ser
probable que el grado de diferenciación y presión de que los adolecentes
son capaces de alcanzar en el desarrollo de un sentido de identidad sea
algo que habrá de depender de su capacidad cognoscitiva.

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La intelectualización puede ser empleada defensa psicológica por
algunos adolecentes para tratar algunas ansiedades perturbadoras que
pueden ser el muy doloroso resultado de enfrentar directamente. La
intelectualización es poner en forma abstracta, impersonal, filosófica,
cuestiones que constituyen realmente un motivo de preocupación
inmediata, personal.

De tal modo, las discusiones aparentemente impersonales, altamente


intelectuales de los fundamentos filosóficos del amor libre en
contraposición al matrimonio, al papel de la agresión de los asuntos
humanos, de la responsabilidad a diferencia de la libertad, de la
naturaleza de la amistad y de la existencia de Dios, pueden ser reflejo
mas fiel de interese personales profundamente arraigados.

Por ejemplo, puede indicar una grave preocupación por la forma en que
se deben manejar los insólitos e insistentes impulsos sexuales o los
sentimientos agresivos, o por como deben resolverse los conflictos entre
la infantil satisfacción de los deseos y una conciencia crecientemente
exigente.

Aunque gran parte de la motivación para el uso de la intelectualización


quizás sea la de evitar la ansiedad, puede no obstante proporcionarle al
adolecente una practica importante para ejercitar su capacidad de
pensar en abstracto, así como para formular y sujetar a prueba hipótesis.
En general, la inteligencia como defensa puede ser empleada por
jóvenes avisados, instruidos, de las clases media y superior, y su uso por
parte de los adolecentes en general ha sido exagerado.

TAREAS DEL DESARROLLO EN LA ADOLESCENCIA

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En la sociedad occidental, para que un adolecente llegue a ser
verdaderamente adulto y no simplemente maduro en lo físico, tiene que
llevar acabo una serie de tareas básicas del desarrollo: ajuste a los
cambios físicos de la pubertad y del crecimiento posterior adolecente, y
ala corriente de pensamientos nuevos a que da lugar la maduración
sexual; el desarrollo de su independencia respecto de los padres o de
otras personas que se encarguen de el; el establecimiento de efectivas
relaciones y de trabajo con coetáneos del mismo sexo y del opuesto; y la
preparación para una vocación que tenga sentido.

En el proceso al enfrentamiento a tales desafíos, la persona joven tiene


que desarrollar también paulatinamente una filosofía de la vida, una
visión del mundo y un conjunto de creencias morales y de normas
directrices que, por mas sencillas y básicas que sean, no son
“negociables”. Una filosofía fundamental es esencial para poner orden y
congruencia en las numerosas decisiones que un individuo tendrá que
tomar y en los actos que tendrá que cometer, en un mundo diverso,
cambiante y a menudo aparentemente caótico. Y el joven tiene que
desarrollar un sentido de identidad, “alguna idea de lo que es, de adonde
se dirige y cuales son sus posibilidades de llegar allí”.

El hecho de que el mundo cambiante de hoy estas tareas pueden ser


mas complejas, y de que tanto como los padres como los hijos tienen
menos “planos” que los puedan dirigir en sus relaciones, no modifica en
lo fundamental la situación.

Los papeles sexuales y sociales asignados a los hombres y alas mujeres


pueden cambiar, como en efecto lo están haciendo hoy; también son
capaces de cambiar las responsabilidades y los privilegios asociados ala

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independencia; quizás aumenten las necesidades de proyectar las
necesidades vocacionales del futuro y alterarse la clase de identidad
personal y social que seria variable tanto en el mundo de hoy como el de
mañana. Pero independientemente de las formas particulares que
tomen, cada una de ellas sigue siendo una tarea decisiva e indispensable
del desarrollo del adolecente.

Que una minoría importante de los jóvenes de nuestros días no esta


dominando con éxito estas tareas de desarrollo, o lo hace con muchas
dificultades únicamente, es lo que nos indican, las tasas rápidamente
crecientes de delincuencia juvenil, lo mismo que de varones que de
mujeres, de suicidios en adolecentes, de embarazo de adolecentes, del
uso del alcohol y de las drogas, de los problemas escolares, de las huidas
de adolecentes y de problemas psiquiátricos.

EL DESARROLLO DE LA INDEPENDENCIA EN EL ADOLECENTE.


El desarrollo de la independencia ocupa un lugar central en toda
discusión de las tareas de la adolescencia, especialmente en la sociedad
norteamericana, con su fuerte hincapié en la confianza en si mismo. El
fracaso de un adolecente en lo que respecta ala resolución del conflicto
entre una dependencia continua y las demandas más nuevas de
independencia dará problemas también en la mayoría de los demás
campos. Sin la realización de un grado razonable de separación y
autonomía, mal puede esperarse que el adolecente alcance edades
maduras heterosexuales o con los iguales, orientación vocacional, o un
sentimiento de identidad, tolo lo cual requiere una imagen positiva de si
mismo como persona única, congruente y razonablemente bien
integrada.
Es establecimiento de una verdadera independencia respecto rara vez es
cosa sencilla, ya que las motivaciones y las recompensas para la
independencia y para la continua dependencia de la propia familia

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probablemente habrán de ser fuertes ambas, lo cual dará origen a
conflictos y a conductas vacilantes. Sin embargo, el grado de dificultad
que encontrara el adolecente por lo que toca establecer su
independencia dependerá en gran medida de:
 La congruencia, la velocidad, la magnitud y la complejidad del
entrenamiento para la independencia sancionada por la sociedad
en su conjunto.
 Las practicas de crianza de niños y los modelos de conducta
proporcionados por los padres.
 Las interacciones con los coetáneos y el apoyo que presenten ala
conducta independiente. Hay amplias variaciones en las pautas del
crecimiento para la independencia tanto entre las diversas culturas
como entre las diferentes parejas de padres.
En varias culturas ágrafas e inclusive en algunas zonas culturalmente
aisladas de sociedades mas adelantadas, la tarea de establecer
independencia puede ser menos difícil que en nuestra propia cultura
compleja, socialmente fragmentada y rápidamente cambiante. Hacia los
6 o 7 años de edad, las niñas comienzan a cuidar a sus hermanos
menores, air al mercado, a ayudar a servir comida y lavar platos, y
quizás a encargarse de cuidar a los animales domésticos pequeños.
Hacia la misma edad, los niños comienzan a recoger alimentos y forrajes
en los campos, y a cuidar a los animales grandes, como son las cabras o
los burros.

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