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(s.VIII a.C.) Poeta griego.

En palabras de Hegel, Homero es «el


elemento en el que el mundo griego vive como el hombre vive en el
aire». Admirado, imitado y citado por todos los poetas, filósofos y
artistas griegos que le siguieron, es el poeta por antonomasia de la
literatura clásica, a pesar de lo cual la biografía de Homero aparece
rodeada del más profundo misterio, hasta el punto de que su propia
existencia histórica ha sido puesta en tela de juicio.

Homero

Las más antiguas noticias sobre Homero sitúan su nacimiento en


Quíos, aunque ya desde la Antigüedad fueron siete las ciudades que
se disputaron ser su patria: Colofón, Cumas, Pilos Ítaca, Argos,
Atenas, Esmirna y la ya mencionada Quíos. Para Simónides de
Amorgos y Píndaro, sólo las dos últimas podían reclamar el honor de
ser su cuna.

Aunque son varias las vidas de Homero que han llegado hasta
nosotros, su contenido, incluida la famosa ceguera del poeta, es
legendario y novelesco. La más antigua, atribuida sin fundamento a
Herodoto, data del siglo V a.C. En ella, Homero es presentado como
el hijo de una huérfana seducida, de nombre Creteidas, que le dio a
luz en Esmirna. Conocido como Melesígenes, pronto destacó por sus
cualidades artísticas, iniciando una vida bohemia. Una enfermedad lo
dejó ciego, y desde entonces pasó a llamarse Homero. La muerte,
siempre según el seudo Herodoto, sorprendió a Homero en Íos, en el
curso de un viaje a Atenas.
Su vida tiene un halo de misterio difícil de revelar. La autoría de las dos grandes
épicas griegas que se le atribuyen, la "Ilíada" y la "Odisea", fue puesta en duda. Se
tiene la incertidumbre de si fue él quien las escribió, y hasta si se trató de un solo
poeta o de varios. Es así que se dio inicio a la llamada "cuestión homérica", que trata
de fijar la fecha y la autoría de ambas obras.

Vida incierta
A pesar de que se conocen pocos datos sobre su vida es uno de los poetas antiguos
más admirado y citado por todos los escritores, poetas, filósofos y artistas griegos que
le siguieron. En definitiva, es el bardo por excelencia de la literatura clásica.

Según la versión más difundida, fue un rapsoda (poeta, recitador de versos), quizá
ciego, que cantaba sus poemas en fiestas y banquetes. En los siglos XVII y XVIII se
puso en duda su existencia, incluso se ha tenido la incertidumbre de si era un poeta o
varios, pero en la actualidad la idea más generalizada es que en realidad existió.

Se dice que nació en el siglo VIII a.C., y que su lugar de procedencia, también dudoso,
fue la isla de Quíos. Aunque siete ciudades, según la leyenda, han pasado en algún
momento de la historia a ser la cuna de Homero (Esmirna, Rodas, Colofón, Salamina,
Quíos, Argos y Atenas).

Además de las principales épicas griegas la "Ilíada" y la "Odisea", se le atribuye la


épica menor cómica "Batracomiomaquia" y los "Himnos homéricos", una serie de
poemas relativamente breves, que celebran las hazañas de diversos dioses.

También se consideran de su autoría varias otras obras perdidas o fragmentarias tales


como "Margites" (de tono satírico) y los "Epigramas" (composiciones breves).

A Homero se lo puede considerar el padre de toda la literatura griega posterior. Ya que


en el teatro, la historiografía e incluso la filosofía están inmersos los temas, cómicos y
trágicos, planteados en sus supuestas epopeyas, así como sus técnicas.
Etapas de la Historia de la Grecia Antigua
La Ilíada Canto I (La peste y la querella entre Agamenón y Aquiles)

Tema 1

(dios) Febo=Apolo=Flechador Pelida=Aquiles (aqueo)

(aqueo) Agamenón=Atrida Palas=Atenea (diosa)

Calcas=Testórida

El canto I se basa en dos escenas, ellas son en la tierra y en el Olimpo. Cada


parte o bloque tiene un núcleo, en el primero es el conflicto de Aquiles y
Agamenón, la querella que deriva en cólera. Lo que plantea antes Homero son
antecedentes que tenemos que saber para introducirnos y entender lo que
sucederá posteriormente. La participación de los hombres no impide la
intervención divina, ya que siempre los dioses están presentes en lo humano
marcando la dirección de los acontecimientos.

En el segundo hay dos partes igualmente importantes: el ruego de Tetis; y la


categorización que le da Homero como parte literaria de la obra.
Homero no va a escribir sobre la guerra ni sobre una parte de ella, sino sobre el
asunto que con tanta lucidez expone en los primeros versos. Lo que determina
el poema, no es nada exterior como el conflicto, si no la trágica concesión de
que la pelea entre los hombres provocara dolor, muerte y destrucción a
muchos.

“Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos
males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes...
-cumplíase la voluntad de Zeus-...”.

Estos primeros versos, que conforman la invocación, nos muestran la


presencia todopoderosa de los dioses a través de la inspiración poética.

Comienza a esbozarse ya aquí la concepción homérica del mundo: la


coexistencia de los hombres y los dioses, la importancia de lo divino en cuanto
partícipe “aventura humana”. La diosa invocada es Mnemosine, madre de las
musas (ellas inspiraban a los aedos en sus cantos) diosa de la memoria.

Aparece la cólera de Aquiles que es el tema de toda la Ilíada, con sus


consecuencias, y luego se indica que “cumplíase la voluntad de Zeus”, lo que
nos indica que todo es parte de un plan universal trazado por el destino.

EL canto I funciona como la introducción a la Ilíada. Homero toma en cuenta,


además de la invocación, el episodio de Crises para no introducirnos
súbitamente en la querella. La querella ocurre en medio de la Asamblea, y a
ella nos internamos advirtiendo un microclima que justifica la conducta de
Aquiles y Agamenón. Es el episodio de Crises lo que desencadena la
Asamblea, es un episodio breve donde se da el ritmo narrativo épico, se
intercalan discursos breves y extensos. Hay un último momento que es el de
Apolo y la peste. Se pasa de lo humano a lo divino, cada acción desencadena
otra, por ejemplo es la peste el motivo para convocar al ágora.

En la escena de Crises se presenta al personaje rápidamente como suele


hacer Homero. Pocas veces describe a sus personajes, suele trabajarlos
indirectamente definiéndolos a través de sus actos o por sus acciones con
otros personajes, inclusive aparecen a través de n discursos que ellos realizan.

En general no hay dialogo entre los personajes, sus intervenciones son


discursos. Eso sucede con Crises, no lo describe físicamente sino que lo
relaciona con Apolo y su hija Criseida. Es un hombre desesperado que viene a
ofrecer todas sus riquezas para rescatar a su hija. Lo presenta en dos
aspectos: padre y sacerdote. Se dirige a un Atrida en especial, pero la
presencia de los aqueos se torna relevante ante sus súplicas,
contraponiéndose la conducta de éstos a la que tomará Agamenón.

El discurso de Crises comienza con una invocación y un ruego a los Atridas y


su buen deseo con ellos, menciona a Apolo lo que podríamos interpretar como
una posible amenaza ante la respuesta de Agamenón.
El elemento discursivo es muy utilizado por Homero quien logra así despegarse
de la visión realista, concretando la tendencia a idealizar este mundo heroico.
Une además dos cosas que parecen incompatibles: la carga emotiva y la forma
estructural del discurso.

Esta escena prepara para la segunda, por eso están unidas. En ella Homero
trabaja el paralelismo en dos instancias sucesivas: se da primero la
presentación de Crises y su discurso y luego la de Agamenón y sus discursos.
Pasamos de una escena donde predomina la voz a otra donde predomina el
silencio: del Crises casi humillado por los hombres, al que camina solo por la
orilla del mar.

En la segunda aparición de Crises podría hablarse de un discurso, pero tiene


estructura de oración, de ruego, que ya no es de hombre a hombre y que nos
hace sentir aún más la falta convertida por Agamenón.

Tomando los sucesos anteriores de la cólera de Aquiles, vemos una


graduación planteando el tema a través de los hechos que nos cuentan lo
sucedido.

Este episodio breve cumple la única función de no introducirnos súbitamente en


la querella, tenemos que tener en cuenta que lo contado ya era conocido por
todos.

“Oyóla Febo Apolo, e irritado en su corazón...”, el poeta relata la ira del dios
como una acción pronta y decidida.

Las imágenes que utiliza (“parecido a la noche”) estableciendo un juego entre


imágenes visuales y luego acústicas.

Apolo lanza sus flechas.

Al cabo de 10 días de soportar la peste, Aquiles congrega al ágora para


averiguar por medio del arte del adivino Calcas, el motivo de la ira de Apolo. Y
es Hera, esposa de Zeus, la que pone en el corazón de Aquiles el deseo de
convocar a la junta.

La misma solo podía ser convocada por Agamenón. Aquiles no quiso faltar a la
jerarquía si no obedecer a la diosa, cuya intervención es un ejemplo de la
contribución de lo maravilloso para explicar el carácter y actos de un héroe.

Todo el episodio está construido sobre una sucesión de grandes discursos. En


el centro, por supuesto, está el enfrentamiento de Aquiles y Agamenón pero se
dispone que el altercado sea contado por la intervención de terceros
personajes: Calcas, Palas Atenea, Néstor. Cada una de dichas intervenciones
marca un momento de la querella: primero la iniciación del ágora e intervención
de Calcas, luego la querella propiamente dicha, que en su momento culminante
suscita la intervención de Atenea y llega hasta la decisión y amenaza de
Aquiles y por último intervención de Néstor y Aquiles acepta entregar a
Criseida.
Ya dijimos que es importante que Aquiles convoque al ágora porque esto
predispone a Agamenón quien puede llegar a sospechar un acuerdo entre
Aquiles y Calcas contribuye también a enfrentarlos, pues obliga Aquiles a
extenderle una garantía contra Agamenón, confirmando el clima de la querella.

Ante la declaración del adivino surge la cólera de Agamenón que es tan viva
como la que luego aparecerá en Aquiles. El poeta nos da detalles descriptivos
y de comportamiento: “afligido, con las negras entrañas...”. En la alusión de
Calcas al rey “que si en un día refrena su ira, guarda luego rencor hasta que
logra ejecutarlo”, hay preludio de conflicto. El adivino había predicho que los
aqueos no podrían llegar a Troya a causa de los vientos contrarios, si
Agamenón no sacrificaba en el altar de los dioses a su hija Ifigenia, por esto el
rey de hombres sentía odio contra el adivino.

El discurso comienza con palabras duras para Calcas, pero parecen más bien
un simple desahogo porque, en definitiva, poco después está dispuesto a
hacen lo que reclamaba el adivino. Y entonces es cuando comenzamos a ver
un hombre por debajo de la soberbia del rey de reyes. Aparece allí, un
sentimiento personal que lo une a Criseida, que se advierte no sólo en lo que
dice sino aún en la manera directa y franca, sin pudor, con que las propias
circunstancias le obligaban a exteriorizar su sensibilidad privada: “la joven
Criseida a quien anhelaba tener en mi casa: La prefiero ciertamente a
Clitemnestra me legítima esposa...”. Aunque en propio planteo sin recato de
Agamenón haya una implícita condena moral de parte del narrador, lo cierto es
que el personaje, con esto, se nos humaniza plenamente: debajo de la
brutalidad e impiedad con que trató a Crises había un sentimiento totalmente
humano. Al final de este primer discurso, a este hombre, que ha franqueado
tanto de su intimidad en medio de sus aliados y sus subordinados, se le escapa
como un suspiro: “Ved todos que se va a otra parte lo que me había
correspondido”. Pero antes de eso, ha podido demostrar que, además de las
“debilidades” propias de los hombres, tiene entereza y pasta de jefe, cuando
resuelve entonces entregar a Criseida: “si esto es lo mejor, quiero que el
pueblo se salve, no que perezca”.

Cierto que enseguida, se ve que su sacrificio no es total ya que exige que se le


dé otra recompensa. Aquiles atribuirá enseguida a codiciar este reclamo, pero
nada, antes o después, en la personalidad y conducta de Agamenón lo justifica.
Permite ver un rasgo que ya no es solo de Agamenón, sino de todos, y en
particular lo es de Aquiles: el cuidado por el reconocimiento externo, formal de
las jerarquías. En efecto Agamenón, si reclama algo es el formal
reconocimiento de su condición de jefe principal, nada más.

Todo podría haber terminado aquí con este discurso. En cambio Agamenón
solo pide una compensación por tanto sacrificio, lo que no es tan disparatado ni
fuera de lugar. Pero allí interviene el “genio” o carácter de Aquiles y todo vuelve
a comenzar, aún agravado.

Si antes vimos aflorar y luego retraerse la cólera de Agamenón, ahora le toca el


turno a la de Aquiles. Y este resulta más exaltado y violento que aquel. Las
palabras que se ponen por delante son un insulto y particularmente humillante
para el jefe guerrero: la acusación de codicia. Pero el insulto promueve algo
más serio todavía: un enfrentamiento entre Agamenón y los demás aqueos.
Así, enseguida de llamarlo “el más codicioso” a Agamenón trata de
“magnánimos” a los aqueos, e igual después cuando opone el pedido de
Agamenón a la conveniencia de todos los demás: “no es conveniente obligar a
los hombres...”. El interés general y el deseo de Agamenón se contradicen.
Esto lleva a que la disputa se generalice, que ya no resulte un simple choque
personal con Aquiles, sino un enfrentamiento con todos, en plena soledad y
cuestionada su condición de jefe.

Agamenón ha captado bien la intención de aislarlo y enfrentarlo a los demás


aqueos y frente a ello, la promesa final, remitida a un tiempo indefinido le
resulta irrelevante: “los aqueos te pagaremos el triple o el cuádruple”. Por eso
comienza su nuevo discurso diciendo: “Aunque seas valiente, deforme Aquiles,
no ocultes así tu pensamiento, pues no podrás burlarme ni persuadirme”.
Frente al insulto explícito Aquiles se limita a devolvérselo sin mayor convicción:
“¿Acaso quieres par conservar tu recompensa, que me quedé sin la mía?”.
Frente a la negativa de compensarle por la pérdida de Criseida, vuelve a
insistir. La misma vehemencia de la negativa de Aquiles le empuja a dar por
sentado que no renuncia a la reparación, y que está dispuesto a todo: “Y si no
me la dieren yo mismo me apoderaré de la tuya o de la de Ayax, o me llevaré la
de Odiseo”. Allí se personaliza la amenaza. Pero de inmediato Agamenón
procura suavizar la tensión que sus propias palabras anteriores crearan y
menciona a otros héroes.

Una vez desahogado Agamenón, pasa a querer disponer de las cosas: 1)


Agamenón pide otra recompensa; 2) Aquiles la acepta para cuando caiga
Troya; 3) ahora Agamenón, aunque ha insistido en mantener el reclamo parece
dispuesto a diferir la consideración: “Mas sobre esto deliberaremos otro día”.
Enseguida pasa a disponer los preparativos de la devolución de Criseida.
Como se ve, ni Aquiles ni Agamenón quieren desencadenar un conflicto entre
ellos, pero se ven arrastrados por la fuerza de las circunstancias, por sus
propios actos y palabras a hacer que estalle.

En este juego en que las consecuencias se autonomizan con respecto a las


causas juega un papel de primera importancia la circunstancia externa, es decir
el hecho de que estemos en medio de un ágora o reunión de todos los jefes y
de que por lo tanto, esté en juego el respeto social de cada uno. Y esto es
fundamentalmente

para los héroes homéricos por que ellos son eminentemente seres sociales.
Hasta la propia concepción central de este mundo de la Ilíada, la del honor o
“areté”, tiene una clara denotación social: si bien es atributo del héroe, no
existe plenamente si no está sancionado por el respeto de los demás. Por eso
la presencia muda de los demás jefes es tan importante como caja de
resonancia de los insultos y desafíos que Atrida y el Pelida se intercambian.
Agamenón pretende cortar la discusión en el momento, pero su anterior
amenaza de que si no le dan recompensa el mismo se apoderará de ella,
subleva del todo a Aquiles, en especial porque las palabras de Agamenón
parecía suponer una relación jerárquica que él rechaza: no es un inferior o
subalterno sino un aliado. Agamenón elige el lugar menos protegido para herir
allí al enemigo: escoge las palabras que más puedan herir a Aquiles, al
tacharlo de cobarde: “huye”. Y luego del insulto, al final, la amenaza de llevarse
el mismo a Criseida para que sepa bien cuanto más poderoso es él y otro tema
es decir que es su igual.

Agamenón reconoce la calidad de Aquiles como guerrero, aunque este es un


llamado a la capacidad reflexiva de su parte: “Si es grande tu fuerza, un dios te
la dio”.

Aquiles se decide por la acción; o más bien lo veremos en el momento en que


su espíritu se encamina hacia la acción. El tiempo sociológico irrumpe así,
intercalándose en la influencia del tiempo cronológico de los hechos y sucesos.

La aparición de Atenea no solo detiene la mano de Aquiles sino también a


Agamenón y a los demás, que ni siquiera ven a la diosa, como tampoco oyen
nada de lo que conversa con Aquiles. Comienza a ocurrir lo maravilloso:
aparición súbita de la diosa, mientras todo el entorno queda como petrificado
en un gesto que luego se reasumirá y continuará, una vez cerrado el pasaje de
lo fantástico.

La obediencia de Aquiles al mando de la diosa: “Preciso es, oh diosa hacer lo


que mandáis, aunque el corazón esté muy irritado”. No se extingue o
desaparece la pasión, sino que se la domina o contiene. Cuando apreció
Atenea veíamos la mano de Aquiles que comenzaba a sacar la gran espada de
la vaina, como si su mano de guerrero se adelantara al propio pensamiento. Al
cerrarse la escena de Palas lo primero que vemos es esa misma mano,
“robusta mano” envainando “la enorme espada” que no llegó a extraer del todo.

Sigue enseguida el último discurso de Aquiles en el episodio. Culmina esta


primera parte del discurso con las palabras que, de nuevo, enfrentan a
Agamenón con todos los demás: “Rey devorador de tu pueblo porque mandas
a hombres abyectos, en otro caso, Atrida éste fuera tu último ultraje”.

A continuación el solemne juramento-amenaza de Aquiles, que “Algún día los


aquivos todos echarán de menos a Aquiles, y tú, aunque te aflijas, no podrás
socorrerles cuando muchos sucumban y perezcan a manos de Héctor, matador
de hombres. Entonces desgarrarás tu corazón, pesaroso por no haber honrado
al mejor de los aqueos”.

Enseguida de este discurso de Aquiles que marca el final del clima y viene el
larga discurso de Néstor, y los dos breves de Agamenón y Aquiles en los que si
bien se mantiene la cólera en plena temperatura, el influjo de las exhortaciones
de Néstor atempera el lenguaje, a la vez que Aquiles aclara que se resigna a
perder a Criseida sin luchar.

LITERATURA GRIEGA. ACTIVIDADES SOBRE EL TEXTO


• Obra y autor a los que pertenece

1.- ¿De qué obra está extraído el texto?

De la Odisea.

• ¿de qué canto?

Del octavo.

• ¿Es parte esencial de la historia o un cuento al


margen?

Es un cuento al margen.

2.- Resume el contenido de esta obra.

Narra las aventuras de Ulises desde la toma de Troya hasta su


vuelta a Ítaca. Consta de tres partes: en la primera, la Telemaquia, (I-
IV) narra el viaje de Telémaco, hijo de Ulises, a la corte de Néstor para
pedir información acerca de su padre. La segunda parte, El Retorno
de Ulises (V-VIII) describe las aventuras del regreso del héroe a la
patria, tras larga permanencia en la isla de Calipso, sensible al amor
de la diosa. En la tercera parte, la venganza de Ulises (XIV-XXIV),
Ulises vuelve a Ítaca disfrazado de mendigo, donde “vuelve” a
ganarse la mano de Penélope, pues fue el único capaz de tensar el
arco de Ulises, prueba impuesta por Penélope para seleccionar a uno
de sus pretendientes, después de lo cuál se da a conocer y mata a los
pretendientes de Penélope.

• ¿Cuántos la componen?.

Veinticuatro.

• ¿Está escrita en prosa o en verso?

En verso.

3.- Comenta quién es el autor del texto y algún dato


relevante que encuentres sobre él.

Su autor es Homero. Poeta que vivió en los siglos IX y VIII A. de


C. y quién, con sus obras, la Ilíada y la Odisea, inicia la literatura
griega, tanto para los antiguos como para nosotros. La polémica está
en la persona: si ha existido o no y que si sus obras son ambas de un
mismo autor. Tampoco hay conformidad de pareceres sobre el tiempo
en que vivió.
La cuestión homérica tiene un carácter erudito, estando siempre
abierta a las controversias de los especialistas.

•Comprensión y comentario del texto.

1.- Resume brevemente la historia que se narra.

Narra la historia del engaño que hicieron Ares y Afrodita a


Hefesto. Afrodita, mujer de Hefesto, se acuesta a espaldas de su
marido con Ares. Éste, se entera por Helio del vil engaño, y Hefesto
lleno de ira, idea una trampa para ridiculizarlos. Les prepara una red
de telas de araña para que cuando estén en la cama queden
atrapados. Al hacer efecto la trampa, Hefesto llama a los dioses para
que les vean. Así quedan ridiculizados. Ante la deuda de Ares con
Helfesto, Poseidón hace de intermediario y “aval” para que quede
libre.

2.- Pon un título al relato.

“INFIDELIDAD DIVINA”

3.- Señala los principales personajes de la historia y


caracterízalos con cuatro o cinco adjetivos que les definan.

ARES: Violento, cruel, agresivo, arrogante.


AFRODITA: Guapa, infiel, astuta, exuberante.
HEFESTO: Pícaro, cojo, feo, rencoroso.
POSEIDÓN: Noble, respetable, benevolente, conciliador.

4.- Escribe en griego e indica los nombres latinos de


Afrodita, Ares, Hefesto, Posidón, Hermes y Apolo.

GRIEGO LATINO CASTELLANO


’Α ϕ ρ ο δ íτ η Venus Afrodita
’′ Α ρ η s Marte Ares
‘′ Η ϕ α ι σ τ ο s Vulcano Hefesto
Ποσ ε ι δ ω ν Neptuno Posidón
‘Ε ρ µ η s Mercurio Hermes
’Α π óλ λ ω ν Apolo Apolo
5.- ¿Con qué dios se identifica al sol (helio) entre los
griegos?

Helio.
6.- ¿ Qué célebre cuadro reproduce el “chivatazo” del sol?

Este cuadro se halla en el Museo del Prado. Su título es “LA


FRAGUA DE VULCANO”. Sus dimensiones son de 2,23 x 2,90 mts. Es
un cuadro de óleo sobre lienzo. Su autor es Diego Rodríguez de Silva
Velázquez (1599-1660). La año de su realización es 1630.
La gran maestría de Velázquez consistió sobre todo en dos cosas:
la captación de un momento de la realidad (casi como una
instantánea) y la capacidad para matizar la luz de sus pinturas dando
la sensación de espacio. Y de ambas cosas es un buen ejemplo esta
obra.
El tema de la misma es
un argumento de la
mitología, de la antigua
religión de la Grecia clásica.
Se trata del momento en el
que Apolo, el dios luminoso
que aparece a la izquierda,
desciende al taller
subterráneo del dios
Vulcano (dios del fuego de
las profundidades de la
tierra), para comunicarle
que su esposa, la diosa
Venus (diosa de Amor), se había escapado con el dios de la guerra,
llamado Marte. Como Vulcano, que es el que lleva el pañuelo blanco
atado a la cabeza, era herrero, aparece aquí trabajando en su fragua
acompañado de unos ayudantes.
Velázquez ha logrado magníficamente captar y representar el
momento mismo de sorpresa ante la aparición de Apolo, y de
incredulidad ante la noticia que trae, por parte de todos los
personajes.
También ha conseguido pintar, de manera extraordinaria, la
calidad de la luz que envuelve los cuerpos y que parece interponerse
entre unos y otros, haciendo que veamos desdibujados los perfiles del
herrero que aparece al fondo; esta técnica, que se llama perspectiva
aérea, la logró definitivamente Velázquez en su lienzo de las Meninas.
Aquí es como si hubiera hecho un ensayo no perfectamente
conseguido: sin duda desdibujó demasiado los perfiles del cuerpo de
ese herrero, pues no parece haber tanta distancia entre él y sus
compañeros, como para que lo veamos tan cercano.
Este cuadro de la Fragua lo pintó durante su primera estancia en
Italia (después de seguir el consejo de Rubens para que fuese allí
para perfeccionar sus obras); lo que se refleja muy bien en la
importancia y atención que dedica a la anatomía de los personajes, a
cuyo estudio se habían dedicado todos los pintores italianos desde
Miguel Angel.

7.- Explica el origen de los epítetos “Citerea” y Cronión”.


¿A quiénes designan?
Citerea: Viene de una isla situada cerca de las costas de
Laconia, que fue colonizada por los fenicios, quienes introdujeron en
ella el culto a Afrodita. Los griegos la convirtieron en uno de los
posibles lugares de nacimiento de la diosa, nacida de la espuma de
las olas del mar. Se suele utilizar para referirse a Afrodita.

Cronión: Es un seudónimo que se le da a Zeus por ser hijo de


Kronos.

8.- ¿Por qué se denomina a Hefesto el “Ínclito cojo”?.

Porque según cuenta la leyenda, Hefesto era cojo. Debe ser el


único de todo el Olimpo.

• Versiones sobre el nacimiento de este dios.

Cuenta una versión de la leyenda que Hefesto era hijo de Zeus


y de Hera; sin embargo, otras versiones difieren y dan como único
progenitor del dios a Hera, celosa de que Zeus hubiera traído solo
al mundo una hija, Atenea. Hefesto tenía el aspecto de un gnomo,
particularmente horrible, y era cojo de ambas piernas. A este
respecto se cuenta que en cierta ocasión, en una pelea entre Zeus
y Hera, Hefesto osó tomar partido por su madre y Zeus,
encolerizado, lo arrojó desde lo alto del Olimpo y cayó sobre la isla
de Lemnos. A consecuencia de esta caída, Hefesto quedó cojo.
Según otras versiones de la leyenda fue la misma Hera quien,
horrorizada por haber dado a luz un hijo de semejante fealdad, lo
arrojó desde lo alto de los cielos al mar, donde durante nueve años,
Tetis lo educó.

9.- ¿Quién es el mensajero “Argifontes”?. ¿Con qué se


relaciona la raiz argif-?

Era Hermes. Argifontes venía de Matador de Argo.

10.- Haz un mapa en el que aparezcan los nombres


geográficos del texto.
PAFO
CHIPRE
TRACI

LEMNO
S

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