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La Historia Universal en la

mirada de Jacobo
Burckhardt.

Néstor Baumann Santana

1
C

Nestor Baumann Santana
Montevideo
1999
Se autoriza la reproducción total o parcial con la única 
condición de citar la fuente.

Fotografía de tapa tomada de; German History in Documents and Images


(GHDI)
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2
La Historia Universal en la mirada de Jacobo
Burckhardt.

Resumen.

Burckhardt es un autor lleno de sugerencias. Maestro de Nietzsche, pero a


diferencia de este es un historiador, no un filósofo. Observa la historia desde
una perspectiva distinta tanto, de la de los autores alemanes, como de la de
los franceses. En este sentido es un hombre de transición, pero también lo es
entre la historiografía romántica y la positivista. Vivió en Suiza en plena etapa
de unificación Alemana, e Italiana, rodeado de poderosos y agresivos vecinos.
El tiempo en el que Burckhardt vivió fue prolífico en cambios. Vio como la
Cultura se transformaba en un objeto de lujo, un mero adorno. Se resistió a
verla sucumbir frente al poder. Su obra Reflexiones sobre la historia universal,
esta llena de cuestionamientos, y nuevas inquietudes, es un texto sugerente.
Se trata también de un libro de difícil lectura. En el se condensan sus
enseñanzas sobre la Historia.
Palabras claves: Burckhardt, Historia, Suiza, Historiografía, Cultura.

3
INTRODUCCIÓN
Llegamos al conocimiento de Jacobo Burckhardt a través del estudio de la
obra de Federico Nietzsche. Si bien Nietzsche le dio otra interpretación a las
enseñanzas del maestro suizo, como él propio Burckhardt lo señaló, despertó
en nosotros el interés por la obra de este historiador. En la medida que fuimos
descubriendo página a página su obra Reflexiones sobre la historia universal,
más comprendimos el valor y actualidad de sus enseñanzas.
Se trata de un autor muy poco estudiado en nuestro país, de allí la casi
ausencia de bibliografía nacional sobre el tema. Tampoco hemos encontrado
demasiada bibliografía en español. He ahí la principal de nuestras dificultades.
La otra dificultad importante radica en el hecho de que esta obra jamás fue
escrita, ni revisada por Burckhardt. El texto que vamos a analizar es de difícil
lectura, como lo afirman Delio Cantimori en su estudio sobre Burckhardt y
Alfonso Reyes en el prologo de la obra a estudiar. La dificultad radica en la
propia forma del libro, se trata de apuntes, conferencias, etc., reunidos
póstumamente por su sobrino. Burckhardt por otra parte, para explicar sus
ideas, transita por la historia recogiendo ejemplo de los que es necesario
extraer los conceptos no explicitados.
¿A la luz de lo expresado uno debería preguntarse cuál es la pertinencia del
estudio de Reflexiones sobre la historia universal?
Muchas de sus opiniones y propuestas sobre la Historia tienen plena vigencia.
Observa la historia desde una perspectiva distinta tanto, de la de los autores
alemanes, como de la de los franceses. En este sentido es un hombre de
transición, pero también lo es entre la historiografía romántica y la positivista.
Desde el pequeño y muy particular Estado Suizo, observa el mundo, rodeado
por países gigantescos, algunos de los cuales recién culminan su proceso de
unificación. Sus vecinos alemanes e italianos son ejemplo de ello, otros como
Francia y Austria son poderosas potencias. Acaso algo similar nos ocurre a
nosotros frente a vecinos tan poderosos como Argentina y Brasil. Los tiempos
son otros sin duda, y las dimensiones del drama humano también. Nuestros
países sostienen firmes lazos de amistad, no presentan la agresividad que
caracterizó a las potencias europeas en sus relaciones. De todos modos
nuestra pequeñez condiciona de algún modo nuestra mirada y nuestro propio
acontecer histórico.

4
El tiempo en el que Burckhardt vivió fue prolífico en cambios. Vio como la
Cultura se transformaba en un objeto de lujo, un mero adorno. Se resistió a
verla sucumbir frente al poder. Nuestro tiempo también nos sorprende con
profundos cambios, económicos, sociales, políticos, científicos, militares, etc.
La cultura nuevamente es atacada, convertida en un objeto más en venta en el
mercado donde todo se subasta. La globalización arrasa con ella. Los viejos
totalitarismos políticos ceden el paso a un totalitarismo económico que
destruye y avasalla la cultura.
El libro de Burckhardt está lleno de imaginación y de cuestionamientos hacia la
ciencia histórica de su tiempo. A diferencia de Nietzsche es antes que nada un
historiador.

5
CAPITULO 1

LA SITUACIÓN EUROPEA

La Revolución Francesa provoca temor y entusiasmo en toda Europa. Nada


sería igual después del estallido revolucionario. Los ejércitos franceses
llevaran a todos los rincones del viejo continente las nuevas ideas. La
Revolución había despertado entusiasmo en Alemania.
“La radicalización del movimiento en Francia, los ataques a la propiedad y a
los privilegios, hicieron que el ambiente de simpatía se modificara
esencialmente en Alemania. Todos los que poseían algo y disfrutaban de algún
privilegio se pusieron en guardia. Revolución era un excitante para las clases
inferiores y esto no se veía con buenos ojos. Añádase que las crueldades y las
fechorías del régimen del terror produjeron lamentable efecto en los
sentimientos de dignidad y lealtad de los alemanes. Pero la Revolución no era
ya un asunto exclusivamente francés: se había convertido en una especie de
cruzada que amenazaba con destruir en Europa todo el sistema jurídico y
social vigente. La contrarrevolución se puso en marcha en el acto.”1
A los fuegos revolucionarios seguirá la restauración de 1815, pero la semilla de
estas ideas seguiría germinando a pesar de la represión. Frente a los ejércitos
invasores se alzaran los diversos pueblos, surgirá con fuerza la idea de
nacionalidad. El nacionalismo en algunos casos impulsará a los pueblos a la
unidad política, ejemplo de ello son la unificación alemana, e italiana. En otros
casos actuaran como fuerzas centrípetas, procurando el desmembramientos
de los imperios que reunían en su seno nacionalidades diversas y oprimidas,
es el caso del Imperio Austro - Húngaro, etc.
El siglo XIX es desde sus primeros años una época de profundos cambios,
económicos, sociales, políticos, científicos y culturales.
La Revolución Industrial surgida en Inglaterra se extiende a todo el continente.
La producción se transforma radicalmente, se montan enormes fábricas donde
se concentran cientos de trabajadores. La máquina eleva la productividad a

1
VEIT, Valentín, HISTORIA DE ALEMANIA Para los pueblos de habla española,
Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1947. Pp. 341.

6
alturas insospechadas, se abaratan los costos, el mercado se extiende.
La transformación que comienza por la industria, se traslada luego a las
comunicaciones, al transporte y en menor medida a la agricultura.
Derivada de esta revolución industrial se producen cambios de carácter social.
Se consolida el dominio de la Burguesía tanto en el plano económico como en
el político. Nace una nueva clase social; el proletariado. Este se concentra en
las fábricas y en los barrios periféricos de las ciudades que crecen
aceleradamente. “La fundamental hendidura en la sociedad europea había
dejado de ser, a mediados del siglo XIX, la distinción histórica de una
aristocracia y un clero privilegiados y una gran masa de plebeyos sin
privilegios. Se había convertido en una hendidura que separaba a los que
tenían de los que no tenían, a los que poseían la maquinaria de la producción,
de los que trabajaban para ella, a patronos de empleados, en una palabra a los
burgueses de los proletarios.”2
La violenta explotación a que es sometido el proletariado hará eclosión en
verdaderas gestas revolucionarias, como por ejemplo las de 1830 y 1848.
En julio de 1830, en París se inicia una nueva revuelta contra Carlos X. “…la
revolución de julio provocó una reacción en cadena, que encendió rebeliones
en Bélgica, Suiza, Italia, los diversos Estados alemanes y Polonia. Los
gobiernos austríaco, ruso y prusiano no podían permitirse avanzar por la
Europa Occidental, donde los liberales habían capturado y sostenido un
terreno importante en fermento de 1830-32. […] Pero en Europa central y
oriental el peso del pasado no pudo levantarse fácilmente, y las rebeliones de
1830 terminaron ahogadas en sangre y frustración.”3
Luego de 1830 la división de Europa es más evidente.
“Después de 1830, Europa quedó dividida, más evidentemente que antes, en
un campo progresista y otro reaccionario, en un grupo de gobiernos
parlamentarios occidentales y una liga de monarquías autoritarias orientales.
La fuente principal del poderío liberal fue una poderosa burguesía; allí donde
una clase media agresiva no pudo tomar las riendas del gobierno, el
movimiento liberal se derrumbó.”4
Nuevamente en 1848 la hoguera se enciende en París y luego se extiende. En
2
BRUUN, Geoffrey, La Europa del siglo XIX 1815 - 1914, México, Fondo de
Cultura Económica, 1988. Pp. 93.
3
Idem, pp. 29.
4
Idem, pp. 30.

7
febrero de 1848 el pueblo francés se levanta contra Luis Felipe y lo obliga a
abdicar. La noticia hace arder Europa entera. La propia Viena, capital de la
reacción, es sacudida por la violencia popular.
“Maduraba en la Europa central una extensa cosecha liberal, cuando a fines de
febrero de 1848, y siguiendo las fáciles y recientes vías del ferrocarril y el hilo
telegráfico, soplaron veloces los favorables vientos levantados en París con la
derrocación violenta de Luis-Felipe, vientos que en Viena se arremolinaron en
torno a Metternich.”5
El progreso del liberalismo en Europa Central durante la primera mitad de 1848
fue impresionante. También lo fue el retroceso que le siguió. Casi termina en
un completo desastre.
“Como hemos visto, el liberalismo triunfó en Gran Bretaña y en Francia (y en
Bélgica) desde la década de 1830. La adopción del libre cambio británico en
1846 y la implantación de un Gobierno republicano francés en 1848 sirvieron
para confirmar el ascendiente del liberalismo en ambos países. En cambio, en
otros puntos de Europa estaba más atrasado y era menos popular. A través de
toda la Europa central, desde Escandinavia a Italia, y desde Holanda a
Hungría, la vida social seguía siendo, en la década de 1840, bstante (sic)
semejante a lo que había sido en el siglo XVIII:…”6
El liberalismo, y las ideas republicanas ganan cada día más adeptos aunque
en la práctica existen avances y retrocesos.
“Suiza surgió de la revolución de 1848 con una Constitución federal
democrática.”7 Estaba gobernada por un Gobierno federal y una legislatura
bicameral.
“A lo largo de la primera mitad del siglo XIX cuatro grandes potencias, Austria,
Rusia, Prusia y Francia habían dominado el continente, mientras Inglaterra se
había mantenido aparte; pero después de 1867, este cuadrilateral equilibrio de
poder fue una cosa del pasado. La unificación política de Italia (1859-61)
añadió un nuevo Estado que, por su superficie y su población, al menos
constituía una quinta gran potencia y la creación de la Confederación del Norte

5
HAYES, Carlton J. H., Historia política y cultural de la Europa Moderna. Vol. II
“Un siglo de Sociedad predominantemente industrial (desde 1830 hasta
nuestros días)”, Barcelona, Editorial Juventud, 1968. Pp. 86.
6
Idem, pp. 85.
7
Idem, pp. 98.

8
de Alemania (1867) duplicó la fuerza y la influencia de Prusia.”8
En 1870 las tropas alemanas entrarían en Francia y poco después
proclamarían en París la creación del Imperio Alemán, agrupando a la nación
alemana excepto Austria.
Pero a pesar de todo el liberalismo se consolidó.
“Dondequiera que el liberalismo penetró sirvió de importante fermento en la
sociedad y el Gobierno, fermento que siguió operando después de las
represiones austríacas de 1849, del derrocamiento de la Segunda República
francesa en 1852, y del declarado fin de la “transacción victoriana” en 1865. A
medida que corría el tiempo y la Revolución Industrial, el concepto liberal
básico del individualismo penetraba más y más en todas las clases y ayudaba
a encauzar la política derribando barreras tradicionales de trato social y
comercial, y fomentando una extensión cada vez mayor, de las obras públicas
y la enseñanza popular.”9
El socialismo aparece dando sus primeros pasos y se bautizará en las
barricadas de 1848. Se puede observar como crece poco a poco,
convirtiéndose en una potente ideología que encontrará una dura resistencia.
“…después de 1830, la primitiva democracia filosófica se completara y
orientara de nuevo con un movimiento democrático entre los trabajadores, con
fines sociales no enteramente de acuerdo el liberalismo económico.
Como respuesta a la tendencia ideológica prevalente entre los proletarios
“radicales”, aparecieron en la década de 1840 movimientos socialistas: el
socialismo cooperativo utópico, el de Estado de algunos de los jefes “cartistas”
de Gran Bretaña y el de Louis Blanc con sus “talleres nacionales” de Francia.
La mayor parte de estos movimientos socialistas hicieron, de momento
escasos progresos. El de Louis Blanc, de todos ellos el que mayor apoyo
encontró en el pueblo, fue ahogado en sangre en las “jornadas de junio” de
1848. Sin embargo, y en contradicción con los ideales individualistas de los
liberales, penetró de modo permanente en la conciencia europea otro de
“socialismo”. Y se hizo habitual unir el “socialismo” con la “democracia
política”.10
La Liga de los Comunistas, de carácter internacional, era una metamorfosis de

8
BRUUN, G., Op. Cit., pp. 124.
9
HAYES, C. J. H., Op. Cit. Pp. 100.
10
Idem, pp. 102, 103.

9
las antiguas Ligas surgidas en Alemania, y Francia, encarga a Marx y Engels
la redacción de una proclama.
Se trató del “Manifiesto Comunista”, publicado poco antes de estallar la
revolución de 1848. Con su aparición comenzó el ocaso del socialismo utópico.
Si bien eran muy pocos los que conocían a Marx y al “Manifiesto” en 1865, lo
cierto es que la burguesía vio con terror como se alzaban las barricadas
proletarias, y su recuerdo perduró por largo tiempo.
En lo que respecta a la Filosofía el pensador más importante es Hegel.
“En estos años no apareció una nueva filosofía que justificara el arreglo
político. El pensador más influyente de la época, Georg. Wilhelm Friedrich
Hegel, concibió una síntesis de ideas que sirvió tanto a los radicales como a
los reaccionarios de arsenal de argumentos. Todos los grupos políticos, por
igual, sintieron el apremio de encontrar un principio satisfactorio de autoridad,
pero fue una búsqueda en la que nadie tuvo éxito. En Inglaterra, los
intelectuales liberales dirigieron el helado utilitarismo de Jeremy Bentham. […]
Muy poca atención recibió el libro de Auguste Comte, Plan de las operaciones
científicas necesarias para la reorganización de la sociedad (1822), y este
temprano estudio del problema de la sociología científica tuvo que aguardar a
un clima de opinión más favorable para ser aceptado.”11
En lo que hace a la Literatura y las Artes el romanticismo había vivificado la
cultura europea.
“El espíritu del romanticismo, que ya había vivificado a la literatura y el arte
europeos en último cuarto del siglo XVIII, alcanzó su apogeo en las décadas
inmediatamente posteriores a 1815.”12
“…las aspiraciones de los autores románticos triunfaron a menudo sobre la
lógica y la razón, también es cierto que no triunfaron sobre mucho más.”13
No es un fenómeno sencillo o aislado. Entre sus adepto contamos religiosos y
antirreligiosos, revolucionarios y conservadores, etc.
“Las dos cosas en que convenían todos los románticos eran: 1) ensalzar el
sentimiento y la emoción como norte y guía hacia la “Verdad”; y 2) que lo
“bello” había de buscarse lejos de los modelos clásico.
Dicho de otro modo, reducido el romanticismo a su mínimo común

11
BRUUN, G., Op. Cit, pp. 40.
12
Idem, pp. 38.
13
Idem, pp. 39.

10
denominador, era una reacción contra el “racionalismo” y el “clasicismo” de los
siglos XVII y XVIII.”14
En la Historia, “La era se caracterizó, en verdad, por su interés por la Historia.
Existía una nueva y difundida curiosidad sobre la Edad Media, sobre la
ininterrumpida evolución política, social y cultural desde el hombre “primitivo”, a
través de la Antigüedad y el Medievo, hasta los tiempos recientes. Sentíase
universal entusiasmo por el pasado de la propia nacionalidad, su antigua
organización tribal, su evolución medieval, su lengua y literatura históricas y
sus históricas costumbres y modales. Se hacía especial hincapié en el empleo
de “métodos científicos”, en la reunión y publicación crítica de “fuentes”
históricas y en el relato objetivo de los acontecimientos.”15
Se trata de una historiografía distinta de la del siglo XIX.
“Como consecuencia de esto, la historiografía del siglo XIX fue no sólo más
copiosa y rica que la del XVIII, sino de clase distinta. Era de espíritu más
pragmático y menos “racional”, de alcance más nacional y menos cosmopolita.
De un modo general, era también más “científica”, más inclinada a relatar lo
que en verdad había ocurrido que a predicar una determinada filosofía.
Pero si el método de la nueva historiografía era cada vez más “científico”, el
uso que de él se hacia no se inspiraba tanto en el antiguo racionalismo como
en un nuevo romanticismo. Los mismos estímulos románticos que movieron la
imaginación de los artistas entre 1830 y 1878 hacia lo nacional, lo medieval y
lo popular, impulsaba a la ciencia contemporánea hacia objetivos similares.”16
En las Ciencias se producen avances extraordinarios, particularmente en
Física y Química. En menor medida en Biología. Un acontecimiento de gran
importancia para la época fue la publicación de la obra de Charles Darwin; On
the Origin of Species by Means of Natural Selection, en 1859.
“La teoría de Darwin reforzó las corrientes naturalistas del pensamiento
contemporáneo y estuvo destinada a influir no sólo en las reflexiones
científicas, sino también en el pensamiento social, histórico, filosófico y
religioso de la siguiente generación.”17

14
HAYES, C. H. J., Op. Cit., pp. 106.
15
Idem, pp. 121.
16
Idem, pp. 121.
17
BRUUN, G., Op. Cit, pp. 122.

11
BREVE HISTORIA DE SUIZA

Los primeros pobladores de Suiza fueron los Helvesios, de quienes tomó el


nombre el país; Helvecia. Al extenderse el Imperio Romano, la Helvecia paso a
integrarlo. Cuando se produce el derrumbe del Imperio, es ocupada por los
bárbaros. Ellos la dominaron hasta el año 550. En esa fecha son los francos
quienes se apoderan de ella.. Una vez producida la disolución del Imperio de
Carlomagno, la Helvecia paso a depender sucesivamente de Alemania,
Borgoña, Suecia y finalmente paso a integrar el Imperio Alemán. En el 1291, a
la muerte de Rodrigo de Habsburgo se gesta una alianza ente los cantones de
Uri, Schwyz y Unterwalden, para enfrentarse a los abusos del poder.
Es a este núcleo al que se agregarían los demás cantones suizos formando la
Confederación.
En 1308, los tres cantones se opusieron a las pretensiones anexionistas de
Alberto I derrotando al ejército imperial. Así tuvo principio la Confederación
Suiza. En 1332 se agregaría el cantón de Lucerna, en 1351 el de Zurich, en
1352 Glaris y Zug, en 1353 se uniría Berna. En 1501 ingresan Basilea y
Schaffhausen, en 1513 Appenzell.
En 1648, a la Liga le fue reconocida su independencia del Sacro Imperio
Romano Germánico. En 1798 al influjo de Francia se crea la República
Helvética. Frente al descontento de los Suizos, el 1803, Napoleón le otorgó
una nueva constitución por medio del Acta de Mediación. De este modo
aumentaron en 6 el número de cantones. En 1815, Rusia, Austria, Gran
Bretaña, Portugal y Prusia, garantizaron la neutralidad perpetúa y la
inviolabilidad del territorio de Suiza. El Congreso de Viena aprobó el Pacto
Federal por el cual se agregaron tres nuevos cantones. El pacto estuvo en
vigor hasta 1848.
“El acuerdo de 1815 reconoció una confederación de veintidós cantones.
Suiza, en la restauración, contaba con primitivas instituciones en alguno de los
cantones: la tortura, la intolerancia religiosa, la censura de prensa. Pero de
1828 a 1848 período generalmente denominado “era de regeneración”, un
nuevo espíritu se extendió por el país. En muchos cantones se introdujeron
reformas democráticas, incluyendo la libertad de prensa e incluso el sufragio
universal masculino. De 1830 a 1833, diez cantones introdujeron instituciones

12
radicales. El movimiento democrático fue estimulado por las clases
profesionales: abogados, médicos, pastores protestantes y escritores.”18
El sufragio universal “…en Suiza quedó incorporado en la Constitución federal
de 1874;…”19
Esto iba contra la corriente reaccionaria que predominaba en Europa Central.
No todos los cantones aceptaron esta situación. A estos cantones liberales o
radicales se oponían los cantones católicos. Los liberales deseaban, además
de estas reformas en cada cantón, un Estado federal con mayor grado de
centralización y más fuerte. Los católicos se oponían porque un dominio
federal fuerte les privaría de su dominio en la educación. La crisis se concreto
en la contienda civil de Basilea de 1831 y en Neuchatel. Durante la década del
1830 el gobierno federal trató de intervenir para impedir la guerra religiosa,
pero se produjeron sucesivos enfrentamientos localizados en determinados
cantones.
En 1845 los siete cantones católicos, (Lucerna, Uri, Shwyz, Unterwald, Zug,
Freiburg y el Valais), constituyeron una liga armada y secreta, el Sonderbund.
Durante los meses siguientes el secreto se hizo público.
“…en julio de 1847 la Dieta Federal aprobó una moción declarando que el
Sonderbund representaba un quebrantamiento de la constitución. La guerra
que siguió, ya no fue una simple contienda domestica dentro de cantones
individuales, sino una guerra entre cantones, una lucha por el poder en toda
Suiza. Aun así, fue una guerra que no implicó grandes destrucciones de vidas
y bienes. Las fuerzas liberales al mando de G.H. Dufour derrotaron fácilmente
a las fuerzas del Sonderbund en julio de 1847, antes de que pudieran
intervenir Metternich y Guizot.”20
Lo restringido del conflicto permitió la concreción de una paz conciliadora que
tomó la forma de la Constitución de 1848. Esta constitución determinó un
gobierno federal más fuerte y una legislatura basada en el sufragio universal.
Entre 1848 y 1880 se vivió una época de paz apenas turbada por el caso
Neuchatel, que se solucionó con la renuncia de Federico Guillermo IV a todos
sus derechos sobre el cantón, conservando solo un título honorífico. Luego
hasta 1918 gobernó el partido radical, la sociedad fue sumamente estable. En
18
HEARDER, H., EUROPA EN EL SIGLO XIX desde 1830 hasta 1880,
Valencia, Aguilar s.a. de ediciones, 1973. Pp.268.
19
BRUUN, G., Op. Cit., pp. 162.
20
HEARDER, H., Op. Cit., pp. 269.

13
1874 se agrega un aditamento muy original el referéndum.
Entre 1830 y 1860 se pueden observar pequeñas áreas industriales, pero sin
duda eran mucho menores en escala que las que podía verse en Inglaterra,
Francia o Alemania. En la década de 1830 comienza la construcción de las
líneas férreas. Siguiendo el movimiento general de Europa, Suiza liberaliza su
comercio entre 1850 y 1860. En los cantones más ilustrados se legisló en torno
al trabajo obrero. Se busco limitar la jornada de trabajo, prohibir la explotación
de niños y mujeres y superar las condiciones antihigiénicas de las fábricas. El
resultado fue que los industriales se trasladaron a los cantones menos
ilustrado que no tenían esta legislación. La revisión constitucional de 1874 tuvo
entre otros el objetivo de permitir al gobierno federal legislar en este tema para
todo el país. Su sistema democrático y lo reducido de la clase obrera suiza,
permitió que los temas obreros se definieran legalmente con mucha
anticipación que en el resto de Europa.
Es también en ese año que se dispone la creación de escuelas gratuitas.
“Casi todos los gobiernos europeos tomaron algunas disposiciones para crear
escuelas públicas gratuitas de enseñanza primaria durante el último tercio del
siglo XIX: […] Suiza (1874),…”21
El pedagogo Johan Pestalozzi desarrollo en Suiza las ideas del Emilio de
Rousseau, tanto en teoría como en la practica. Comprendió que con amor y no
con temor el niño siente la motivación de aprender. Fue el primero que realizó
un estudio científico de los métodos de enseñanza y aprendizaje. Suiza se
mantuvo en la vanguardia del desarrollo educativo en el mundo, durante todo
el siglo XIX.

NOTICIAS BIOGRÁFICAS SOBRE BURCKHARDT

Jacobo Cristóbal Burckhardt, nació en Basilea el 25 de mayo de 1818. Era el


cuarto hijo del párroco de la catedral, Jacobo Burckhardt. Su madre falleció el
17 de marzo de 1830, cuando Jacobo era aún un niño. Él señala que fue un
niño feliz salvo por este desgraciado hecho. Agradece a la escuela de Basilea
el haber despertado en él el amor por el estudio, particularmente por el cultivo
de las lenguas antiguas.

21
BRUUN, G., Op. Cit., pp. 183.

14
Curso estudios secundarios entre 1836 - 37 y luego pasó a Neuenburg, donde
tomó contacto con las ideas francesas. Siguiendo los deseos de su padre,
comenzó los estudios de teología en esa universidad entre 1837 - 39. Ante su
pedido, el padre accedió a que Jacobo se dedicara a los estudios históricos.
Cursó el último semestre de sus nuevos estudios en Basilea. El segundo
semestre de 1839 ingresó en la Universidad de Berlín. Permaneció allí hasta
1843, salvo el verano de 1841 que lo pasó en Bonn. Realizó dos trabajos
extensos para el seminario de historia de Ranke, los que fueron elogiados por
el maestro. Se sintió atraído también por el estudio del arte. Luego de una
estancia en París en 1843, fue habilitado por la Universidad de Basilea para la
cátedra de Historia, obteniendo en 1845 el título de Profesor extraordinario. En
1846 partió hacia Berlín e Italia para realizar estudios y trabajos literarios, gira
que duró 2 años.
En 1848 vuelve a Suiza y ocupa la cátedra de Historia del Instituto Pedagógico.
En 1853 este Instituto se transformó en una escuela industrial, por lo cual
Burckhardt se quedó sin trabajo.
En 1855 se hace cargo de la cátedra de Historia del Arte en el Instituto
Politécnico de la Confederación.
En 1858 es invitado por la Universidad de Basilea para hacerse cargo de la
Cátedra de Historia, como profesor titular. A su pesar debió abandonar sus
clases en el Instituto Pedagógico, para hacerse cargo en la Universidad de
Basilea de una clase completa de Historia del Arte, además de la Cátedra de
Historia que seguía dictando, esto ocurrió entre 1882 a 1886. Sus deberes
académicos abarcaban 10 horas semanales.
Realizó además ciclos de conferencias, tanto en el Paraninfo universitario,
como en el Museo de la ciudad. En virtud de los achaques de la vejez solicitó
la jubilación de la Cátedra de Historia en 1885, y siguió dictando a su pedido la
Cátedra de Historia del Arte. Finalmente el asma le obligó a pedir su jubilación
total en abril de 1893. El 8 de agosto de 1897 Burckhardt murió reclinado en su
sillón víctima del asma a la edad de 79 años.
En cuanto a su producción historiográfica podemos enumerar los siguientes
trabajos:
Epoca de Constantino el Grande, (1852). Estudia la decadencia de la
Antigüedad, cuya cultura fue estrangulada por la potencia del Estado y la
Iglesia. Es su primera obra, y la más propiamente histórica en sentido

15
tradicional.
Cicerone, (1855). Tiene la apariencia de una simple guía monumental, pero en
realidad construye una interpretación estética, cuyo itinerario abarca Italia.
La cultura del Renacimiento en Italia, (1860). Es su obra más difundida. Se
trata de una obra original que se introduce en la psicología de la época.
Posteriormente fueron publicadas dos obras póstumas a partir de sus
lecciones. Sólo aprobó su publicación en el lecho de muerte.
Historia de la cultura griega, comenzó a trabajar en ella en 1869 y realizó su
primera lectura académica en 1872. No fue publicada por escrúpulos
profesionales. Sabía que no era especialista en filología, y que el campo del
helenismo día a día avanzaba renovando continuamente la producción.
En cuanto a Reflexiones, proviene de un curso universitario cuyas notas, y
algunas conferencias fueron organizadas por su sobrino Jakob Oeri
“El libro apareció en 1905. Los capítulos I a IV son materia del curso
universitario (1868-1885) e incorporan un curso anterior sobre la “Introducción
al estudio de la historia”. Entiendo que el capítulo IV, “Las crisis históricas”,
quedó cabalmente redactado entre los manuscritos de Burckhardt; el capítulo
V, “Individuo y colectividad o De la grandeza histórica”, reúne sus tres
conferencias de 1870 en el Museo de Basilea; y el capítulo VI, “Sobre la dicha
y el infortunio en la historia”, es una conferencia leída en el propio Museo el
año 1871. Esta compleja elaboración debe tenerse en cuenta al leer la obra y
juzgarla, y crea no pocos problemas al traductor,…”22
Durante su estadía en Alemania en los años 40 sus intereses le acercaron a la
“Joven Alemania”, romántica y liberal. En su adolescencia le estremeció el
romanticismo en boga. En lo que respecta a la Historia fue discípulo de Ranke
como ya se dijo y asistió a la cátedra de Grimm. De la mano de Kluger se
aficionó por el Arte.
En Basilea se respiraba una atmósfera de calvinismo ortodoxo. La Universidad
era de las más antiguas de Suiza, databa del siglo XV, por sus aulas pasaron
papas, emperadores y muchos notables. En su juventud debía completar sus
ingresos escribiendo artículos periodísticos, pero difícilmente podía contentar a
radicales y católicos. Sus querellas le parecían un “espectáculo
sudamericano”.

22
REYES, Alfonso, Prólogo, en BURCKHARDT, Jacobo, “Reflexiones sobre la
historia universal”, México, Fondo de Cultura Económica, 1943. Pp. XXVI.

16
“Su moderación lo había hecho amar el sufragio limitado y las monarquías
restringidas,…”23
Decide consagrarse a salvaguardar la cultura europea y salvarla del cataclismo
que ve próximo. En su casa modesta, ubicada en los altos de una panadería,
solía recibir amigos, literatos, aficionados a las artes y estudiantes. Las
tertulias se extendían hasta las primeras horas de la madrugada. Eran los
tiempos de Baudelaire, Mallarmé, Goncourt, Rimbaud, Lautréamont. En pintura
destacan Degas, Manet, Monet. Wagner es el gran músico, y el gran tránsfuga.

23
Idem, pp. XVI.

17
CAPITULO 2

INTRODUCCIÓN A LAS “REFLEXIONES”

En la Introducción Burckhardt expone claramente cual es su objetivo.


“…examinaremos, en primer lugar, el modo como estas tres potencias influyen
de un modo permanente y gradual unas sobre otras y especialmente la
potencia móvil (la cultura) sobre las dos potencias estables, y enseguida
pasaremos al examen de los movimientos acelerados de todo el proceso
mundial, o sea la teoría de las crisis y las revoluciones y de la absorción
temporal y a saltos de todos los demás movimientos, de las fermentaciones
concomitantes del resto de la vida, de las rupturas y las reacciones, de lo que,
por tanto, podría llamarse la teoría de las tormentas. Después trataremos de la
condensación de lo histórico-universal, de la concentración de los movimientos
en los grandes individuos, en los que lo anterior y lo actual cobran expresión
personal y momentánea a título de autores o como exponente fundamental de
ellos. Finalmente, en un capítulo sobre la dicha y el infortunio en la historia
universal, intentaremos afirmar y defender nuestra objetividad contra la
implantación a la historia del criterio de lo apetecible.”24
En estas páginas Burckhardt traza las grandes líneas de su obra.
Por una parte una teoría que abarca los movimientos graduales y permanentes
de la historia. Por otra parte la llamada por él teoría de las tormentas,
denominación agradable y poética para referirse a los cambios bruscos y
esporádicos que se producen en la historia. Desarrollará luego la teoría del
Gran Hombre. Finalmente establecerá su opinión sobre el relativismo de los
puntos de vista del historiador.

BURCKHARDT, Jacob, REFLEXIONES OBRE LA HISTORIA UNIVERSAL,


24

México, Fondo de Cultura Económica, 1943. Pp. 3 y 4.

18
No se trata de una guía para el estudio erudito de la historia, no es un texto
dirigido a formar historiadores, sino “…unas sugerencias para el estudio de lo
histórico en los distintos campos del mundo espiritual.”25
“…pero la primera parte, la que versaba sobre el estudio de la historia,
destinada no a los futuros historiadores de oficio, sino a quien quisiera
ocuparse de estudios históricos para profundizar sus propios conocimientos y
ampliar su propia capacidad para comprender el mundo en que vivía y en que
esta inmerso, remite a la introducción a las Reflexiones: no estamos, pues ante
una “histórica” como la de Droysen, no estamos ante una enciclopedia de las
ciencias históricas (preparación técnica e introducción general), sino ante unas
conferencias para personas cultas que saben que el estudio de la historia es
indispensable para su formación, para su educación de ciudadanos, de
hombres que deben ejercer una actividad responsable y no siempre
subordinada en todo, en el seno de un Estado, de una nación: puesto que ya
“el criterio histórico de considerar el mundo y el tiempo comenzaba a empapar
toda nuestra formación intelectual”.* ”26
Mas adelante Cantimori dice: “De todas las obras de Burckhardt, ésta,
repitámoslo, es una de las más directamente compuestas para las aulas,
nacida de la enseñanza y de una enseñanza que no habría querido dirigirse a
los futuros “especialistas”, sino a ciudadanos cultos. Hay que leerla desde este
punto de vista, ya que al autor le interesaba sobre todo comunicar a su
auditorio el interés por la historia “universal” o “general” en tanto que
ampliación y elemento de la conciencia crítica y en tanto que base de la
libertad de juicio. Conciencia crítica y libertad de juicio en el sentido de
independencia y autónoma capacidad de orientación, imparcialidad, no en el
sentido de la Reflexión, de la crítica general y apresurada, tendente a hablar
de cualquier problema, con base en prejuicios progresistas.”27
A sí mismo expresa su renuncia a toda preocupación de carácter sistemático.

25
Idem, Idem, pp. 4.
26
CANTIMORI, Delio, LOS HISTORIADORES Y LA HISTORIA, Barcelona,
Edicions 62 s/a., 1985. Pp. 99 y 100. * El autor cita “Cf. R STADELMANN,
Jakob Burdkhardt’s “Weltgeschichtliche Betrachtungen” en “Historische
Zeitschrift”, 169 (1949), I, pp. 31-72.
27
Idem, pp. 112, 113.

19
“Burckhardt era todavía más diletante que Renán. Se resignaba menos
fácilmente que el francés a las investigaciones científicas que no tuvieran nada
estético. Estudiaba menos sistemáticamente.”28
“Renunciamos asimismo, de antemano, a toda preocupación de orden
sistemático.”29
Finalmente Burckhardt señala lo que no se propone realizar, es decir no
formulará ninguna Filosofía de la Historia. Considera la Filosofía de la Historia
una contradicción.
“Y, sobre todo, no brindamos aquí ninguna filosofía de la historia.
La filosofía de la historia es una especie de centauro, una contradictio in
adjecto, pues la historia, o sea la coordinación, no es filosofía, y la filosofía, o
sea la subordinación, no es historia.
La filosofía, para fijar ante todo nuestra posición respecto a ella, cuando
afronta directamente, en realidad, los misterios de la vida, se halla muy por
encima de la historia, la cual, en el mejor de los casos, sólo cumple esa función
defectuosamente y de un modo indirecto.”30
La Filosofía de la Historia ha marchado siempre detrás de la Historia. Procede
realizando cortes horizontales, siguiendo un orden cronológico.
“Por este camino intenta remontarse a un programa general del desarrollo del
mundo, casi siempre en un sentido altamente optimista.” 31
Tal es el ejemplo de Hegel, quién introduce la teoría de la perfectibilidad o del
progreso.
“Esto de anticipar audazmente un plan universal induce a errores, porque parte
de premisas erróneas.
Todas las filosofías de la historia cronológicamente ordenadas encierran un
peligro: el de que, en el mejor de los casos, degeneran en historias de la
cultura universal (a las que a veces se da el nombre abusivo de filosofía de la
historia) y, además, pretenden ajustarse a un plan universal, en el que, por no
ser capaces de prescindir de toda premisa, aparecen teñidas por las ideas que
los filósofos empezaron a asimilarse a los tres o cuatro años de edad.”32

28
FUETER, Edwind, HISTORIA DE LA HISTORIOGRAFÍA MODERNA, T.II,
Buenos Aires, Editorial Nova, 1953. Pp. 278.
29
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 4.
30
Idem, Idem.
31
Idem, pp. 4 y 5.
32
Idem, pp. 5 y 6.

20
“Su rechazo de una “filosofía de la historia” es rechazo no sólo de una
interpretación de la historia con fines educativos o edificantes, pedagógico-
moralistas o patrióticos, sino también en cuanto concebida en función de una
concepción particular; es rechazo de una conciencia “crítica” en tanto que
referida necesariamente a interpretaciones y posiciones particulares
unilaterales, es rechazo de toda “filosofía”, incluso no sistemáticamente
expuesta: las contradicciones, las antinomias, las inquietudes de Bukchardt
son las que encuentra en el estudio de la historia misma (política, religiosa,
cultural, social, económica, etc.), la multiplicidad misma de la vida histórica,
según se presenta a un ojo más que lúcido cuando ha renunciado a todo
adorno, embozo u oscurecimiento.”33
Pensar que nuestro tiempo es la coronación de todos los tiempos es un error
que hace estragos, señala Burckhardt. Las síntesis históricas de carácter
religioso, como las de carácter socialista son otras tantas interpretaciones que
ponen su acento en la idea de perfectibilidad.
“Los filósofos de la historia consideran el pasado como antítesis y etapa previa
a nosotros, viendo en nosotros el producto de una evolución. Nosotros no
fijamos en lo que se repite, en lo constante, en lo típico, como algo que
encuentra eco en nosotros y es comprensible para nosotros. […] Nosotros
podemos prescindir de aquellas teorías sobre los comienzos tampoco hay por
qué exigirnos una teoría acerca del final.”34
Burckhardt, entiende que toda consideración sobre los orígenes del hombre
escapa al campo de la historia y corresponde al de la Filosofía de la Historia.
Así también, problemas como “…el de la influencia del suelo y del clima o el
del desplazamiento de la historia universal de oriente a occidente son
problemas para filósofos.
“…el de la influencia del suelo y del clima o el del desplazamiento de la historia
universal de oriente a occidente son problemas iniciales para los filósofos de la
historia, pero no para nosotros, …”35
“Burckhardt niega que pretenda dar una filosofía de la historia, “pues coordinar
es no-filosofía y filosofía, esto es, subordinar, es no-historia”. Intenta reflexionar
sobre los problemas principales de la vida histórica, es decir, en el fondo no

33
CANTIMORI, Delio, Op. Cit., pp. 103, 104.
34
BURCKHARDT, J., Op. Cit. Pp. 6.
35
Idem, pp. 7.

21
desea hacer otra cosa que lo que había acometido en sus grandes obras sobre
Constantino, el Renacimiento y la cultura griega.”36
Existen pueblos que tienen siglos de existencia y algunos autores llegan a
sostener que es posible conocer las líneas directrices de su evolución y la
convergencia hacia un fin. Es decir podría, a grandes rasgos sacar
conclusiones para el porvenir. Burckhardt sostiene que ello no es deseable.
“Sin embargo, la posibilidad de conocer el porvenir no es algo deseable, ni
para la vida del individuo ni par la vida de la humanidad. Y es verdaderamente
necia nuestra impaciencia astrológica por escrutarlo.”37
Topolsky habla de un proceso de postgnosis y uno de prognosis.
“En el procedimiento prognóstico podemos hablar del conocimiento de los
hechos sólo en la medida que conocemos las causas, porque el concepto de
efecto adquiere significado sólo cuando es un elemento del par ordenado:
causa-efecto. Pero solamente buscamos las causas, y raramente podemos
saber con seguridad si el suceso que examinamos y consideramos como
efecto de alguna causa o causas ha sido enlazado correctamente por nosotros
con otro(s) suceso(s), y si, por tanto, podemos decir que el conocimiento de los
efectos es una prerrogativa especial del conocimiento histórico.”38
Sin embargo el conocimiento del porvenir es para Burckhardt, un
contrasentido. Pero incluso suponiendo que fuera deseable ese conocimiento
es de todos modos improbable.
“Se interponen ante ello, en primer lugar, los extravíos del conocimiento por
obra de nuestros deseos, esperanzas y temores, y en segundo lugar, nuestro
desconocimiento de las que llamamos fuerzas latentes, tanto las materiales
como las espirituales, y lo incalculable de los contagios de tipo espiritual que
pueden de pronto transformar el mundo. Además, hay que tener en cuenta
también la gran ilusión acústica dentro de la que vivimos, en el sentido de que
desde hace cuatrocientos años la reflexión y su razonamiento, reforzados, por
la prensa hasta la total ubicuidad, lo ahogan todo con su estrépito, dominando
en apariencia hasta sobre las mismas fuerzas materiales y, sin embargo, éstas
se hallan ya tal vez muy próximas a un gran despliegue victorioso de otra clase

36
VOGT, Joseph, El concepto de la historia de Ranke a Toynbee, Madrid,
Ediciones Guadarrama S.A., 1974. Pp. 32.
37
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 16.
38
TOPOLSKY, Jerzy, Metodología de la Historia, Madrid, Ed. Cátedra S.A.,
1992. Pp. 252.

22
o se halla a la puerta una corriente espiritual completamente antagónica. Si
ésta triunfa pone a su servicio a la reflexión con todas sus trompetas, hasta
que se opere un cambio posterior.”39
José Luis Romero dice al respecto; “Ahora bien, si la vida histórica siempre ha
sido coherente, alguna posibilidad de previsión hay. En que consiste esa
posibilidad de previsión, aquí está el problema. Yo tengo una respuesta
elaborada hace mucho y la he repetido más de una vez, de tal manera que no
improviso. Yo creo que la ciencia histórica, puede ayudar a prever el futuro
siempre que pensemos en el análisis histórico del largo plazo y la previsión en
el largo plazo. Lo que la historia no puede hacer es predecir el futuro inmediato
en el corto plazo y quizá difícilmente también en el mediano plazo. Establecer
una correlación entre las etapas de un proceso ya operado y las etapas que
han de sobrevenir, no parece una cosa demasiado difícil. Entiendo siempre
que es en el largo plazo, entiendo que esa previsión no se refiere nunca a la
manera como se va a operar, sobre la cual tampoco hay previsión posible, y
descontado todo lo que hay de azar en la vida histórica, que es mucho, y todo
lo que hay de componentes individuales y psicológicos, que es mucho también
y que no está en la esencia de la vida histórica. Pero en el largo plazo sí, y si
bien es cierto que muchos historiadores se han equivocado, hay otros muchos
que no se han equivocado. Así que yo creo que efectivamente esa previsión es
posible. Esas son las razones; lo que es imprescindible recordar es que la
previsión es sólo posible a largo plazo.”40

LA OBJETIVIDAD.

“Ante todo deberemos examinar la relación entre los dos polos que son el
conocimiento y las intenciones. Ya en los esbozos históricos nos encontramos
con que nuestro afán de conocimiento tropieza no pocas veces con una
espesa maraña de intenciones que se presentan a nosotros disfrazadas bajo el
ropaje de tradiciones. Además, nunca podemos desprendernos por entero de
39
BURCKHARDT, J., Op. Cit. Pp. 16 y 17.
40
ROMERO, José Luis, LUNA, Félix, Conversaciones con JOSE LUIS
ROMERO Fragmentos del texto publicado por Félix Luna, Montevideo, UdelaR.
Facultad de Humanidades y Ciencias. Dpto de Historiología, 1987. Pp. 14.
(Versión Mimeografiada), extractada de ROMERO, José Luis, LUNA, Félix,
“Conversaciones con José Luis Romero”, Buenos Aires, Timerman Ed., 1976.

23
las intenciones de nuestro propio tiempo y de nuestra propia personalidad, y
esto es tal vez el peor enemigo con que se enfrenta el conocimiento.”41
Burckhardt piensa que la Historia puede darnos la clave de cual es el sentido
de nuestra acción en la tierra. Comprender esto es posible mediante una
contemplación serena y desapasionada que es posible solo sí existe entre el
observador y la situación estudiada una distancia temporal importante que nos
permita una visión objetiva.
“Si la historia ha de ayudarnos a resolver, aunque sea una mínima parte, el
grande y difícil enigma de la vida, es necesario que nos remontemos de las
regiones de zozobra individual y temporal a una zona en que nuestra mirada
no aparezca empañada inmediatamente por el egoísmo. Tal vez la
contemplación más serena a mayor distancia nos permita empezar a
comprender el verdadero sentido de nuestra actuación en la tierra, y en la
historia de la antigüedad se conservan felizmente algunos ejemplos […] sobre
todo en la historia de Atenas.”42
En páginas anteriores señalaba; “Tiene que pasar algún tiempo para que el
espíritu pueda planear con absoluta libertad tales acontecimientos.”43
Burckhardt denomina “intenciones” a; nuestros deseos, nuestra afectividad,
nuestra ideología, nuestras tendencias, gustos personales, y formas de pensar,
etc. Cuando encaramos el estudio de la Historia Nacional, estas “intenciones”
pueden desvirtuar nuestra objetividad. Afirma que nuestra subjetividad puede
disfrazarse de patriotismo y esto se constituye en un grave escollo para el
estudio de la Historia Nacional.
“No pocas veces el patriotismo de que creemos dar muestras en estos casos
no es más que una actitud de soberbia con respecto a otros pueblos, algo que,
por tanto, se halla fuera de la senda de la verdad y con frecuencia más aún, a
saber, una simple especie de partidismo dentro de nuestra órbita, patriótica e
incluso un afán de causar daño a los demás. Esto no es historia, sino
publicidad.”44
“…el humanismo de Burckhardt se relaciona con las más antiguas reflexiones
cristianas sobre la historia del género humano (también Schlosser consideraba
a Dante ejemplo y modelo insuperado para el historiador); se relaciona con la
41
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 13.
42
BURCKHARDT, J. Op. Cit. Pp. 13, 14.
43
Idem, pp. 10.
44
Idem, pp. 14.

24
revisión del juicio histórico negativo tradicional (en el plano alemán: Lutero
héroe nacional de la Alemania en trance de unificación bajo Prusia; en el
europeo, identificación de la Reforma con las tendencias radicalprotestantes, o
liberalprotestantes a lo Quinet o a lo L. Blanc, para Italia a lo F. de Boni) sobre
la Reforma y la Contrarreforma, y reflejamente sobre el “Medioevo”, revisión
llevada a cabo por Burckhardt en el período 1857-1872, luego acelerada y
acentuada alrededor de 1870; es sobre todo la reacción contra las
deformaciones de la realidad histórica con fines publicitario-patrióticos y
revolucionarios. Por mucha simpatía humana que Burckhardt tuviese por
aquellos hombres, los exiliados del golpe de Estado de Luis Napoleón o los
exiliados italianos, no podía tolerar sus deformaciones intelectuales,
particularmente en el terreno histórico: es el mismo instinto histórico que le
vuelve intolerante ante el optimismo hegeliano de De Sanctis.”45
La Historia Nacional debe ser encarada con relación a la H. Universal.
“El mejor y más verdadero estudio de la historia patria será aquél que
considere la patria en parangón y en conexión con la historia universal y con
sus leyes, como parte del gran todo universal, iluminada por los mismos astros
que han irradiado su luz, sobre otros tiempos y otros pueblos y amenazada por
los mismos abismos y el mismo riesgo de caer en la misma noche eterna sino
sigue desarrollándose como otros, con arreglo a la misma gran tradición
general.”46
Para Burckhardt existe un deber hacia el pasado, en tanto continuidad
espiritual que forma parte de nuestro propio patrimonio espiritual. Ese deber
supone reunir todo aquello que pueda servir aunque sea remotamente a
reconstruir “…todo el horizonte espiritual del pasado. La actitud de un siglo
ante esta herencia es ya de suyo un conocimiento, es decir, algo nuevo que la
generación siguiente recogerá a su vez como algo históricamente plasmado, o
sea como algo superado e incorporado a su herencia.”47
Cabría preguntarse entonces, sí Burckhardt considera el conocimiento
histórico una vez formulado, ( como él dice: “…históricamente plasmado, o sea
como algo superado e incorporado a su herencia.”), es inmutable y está dado
una vez y para siempre. Tal era la ilusión positivista. Absolutamente no.

45
CANTIMORI, D. Op. Cit. Pp. 110.
46
BURCKHARDT, J., Op. Cit. Pp. 15.
47
Idem, pp. 10, 11.

25
Burckhardt señala que es el espíritu el que nos permite comprender el acaecer
en el tiempo.
“El espíritu es la fuerza que nos permite asimilarnos idealmente todo lo
temporal.”48
Pero a su vez Burckhardt se refiere a las evoluciones del espíritu en el tiempo.
“Lo espiritual es mudable, como lo material, y los cambios de los tiempos
arrastran consigo incesantemente las formas que sirven de ropaje lo mismo a
la vida exterior que a la vida espiritual;…”49
Luego para alejar todas las dudas dice; “Pues el espíritu es mudable, pero no
perecedero.”50
Marrou sobre este punto opina lo siguiente:
“otra especie del mismo género la representan las ideas sobre el hombre,
sobre las cosas humanas y la humanidad, ideas que el historiador, consciente
o inconscientemente, recibe del medio en que vive: la ideología de su clase
social, la filosofía que le ha enseñado a pensar. […] Salta a la vista que el
historiador es muchas veces prisionero de los particulares puntos de vista que
le impone al menos le sugiere, su mentalidad personal, tomada en gran parte
de la mentalidad común a su época y a su ambiente. A menudo, si no se pone,
en guardia, creerá estar pensando acerca del hombre en términos de universal
validez, mientras que lo único que en realidad estará haciendo será
imaginárselo a través de las formas particulares que toma de la experiencia de
su tiempo. De ahí el anacronismo: estos instrumentos imperfectos no le
permiten aprehender, sin deformarlos, a los hombres del pretérito en cuanto
que son otros: diferentes. Con todo derecho, el historicismo denuncia el peligro
de incurrir en un ingenuo dogmatismo que, queriendo ignorar la historia,
desemboque en un falaz seudouniversalismo.”51
¿Que es lo que Burckhardt pretende conocer? El desarrollo espiritual de las
diversas épocas y poner de manifiesto su continuidad. Lo mudable es conocido
por medio del espíritu, (fuerza capaz de asimilar lo temporal), que es a su vez
mudable. Por tanto no puede haber un conocimiento histórico acabado e
inmodificado. Varios especialistas sostienen “…que la consideración del

48
Idem, pp. 11.
49
Idem, pp. 8.
50
Idem, Idem.
51
MARROU, H. I., el conocimiento histórico, Barcelona, Ed. Labor S.A., 1968.
Pp. 112.

26
pasado, el estudio de la historia como historia de la “cultura”, lo abordó
Burckhardt como una evasión, como un refugio nostálgico, en tierras alejadas
del presente inaceptable o aterrador o insatisfactorio: “Sólo en el pasado radica
lo bello, sólo en la muerte está lo verdadero”; y de que la afirmada
preeminencia dada por Burckhardt al interés por la cultura (o civilización) y la
historia de la cultura (o de la civilización) fue exclusivamente fruto de su pánico
a la política realista de Bismarck, a la catástrofe francesa de 1870, y de su
horror a la inminencia del previsto advenimiento de las masas y del
proletariado: un volverse a la contemplación estática y estética de la historia, o
tomada en conjunto como vida del género humano o de las características
fundamentales de la especie, o de momentos particularmente interesantes de
la misma, o de aspectos particulares (“cultura”), sin referencia a concepciones
filosóficas manifiestas y expresas, sistemáticamente elaboradas o remitidas a
particulares concepciones, o, si se quiere, sin emplear las convencionales
formulaciones de lo que en sentido corriente se suele llamar conciencia
crítica.”52
El conocimiento del pasado tiene para Burckhardt una importancia
fundamental al punto de constituirse en una línea demarcatoria entre la libertad
y la esclavitud. El hombre es capaz de liberase del imperio de los usos y
costumbres sociales en posesión del conocimiento histórico, su ausencia
significa la aceptación acrítica y esclavizadora de ese imperio.
“Los bárbaros que no rompen jamás su envoltura cultural como algo dado y
concreto, son los únicos que se aprovecha de esta ventaja. Su barbarie es su
ausencia de historia, y viceversa. Tendrán acaso leyendas sobre sus orígenes
y la conciencia de su contraste con los enemigos, es decir, rudimentos
históricos-etnográficos. Pero su actuación se mantiene racialmente
esclavizada. El conocimiento del pasado es lo único que puede hacer al
hombre libre del imperio que, por medio de los símbolos, etc., ejercen sobre él
los usos sociales.”53
Cantimori señala a su vez sobre este mismo tema.
“Para Burckhardt la historicidad del mundo era una realidad, y el conocimiento
de esta historicidad (historicidad incluso de las religiones junto con sus dogmas
constituía una ganancia, un saldo positivo. Ya por entonces observaba

52
CANTIMORI, D., Op. Cit. Pp. 95, 96.
53
BURKHARDT, J., Op. Cit. Pp. 11.

27
Burckhardt que el progreso de la conciencia histórica, respecto del que se
puede dar cuenta incluso de lo que de otro modo puede parecer decadencia o
barbarie, no deriva de una filosofía particular, sino del espectáculo de los
acontecimientos de importancia histórica general, y especialmente desde la
Revolución Francesa. Hay que recordar aquí que Burckhardt comenzó
precisamente en los años que siguieron a 1850 a trasladar su interés por los
períodos más alejados de la historia europea a los más cercanos, entonces
“contemporáneos”, es decir, a la Revolución Francesa de 1789 y a sus
consecuencias. La inspiración de su juicio sobre la importancia de la
Revolución Francesa para los estudios históricos en general, que es semejante
en planteamiento y muy cercano además en el tiempo, al celebérrimo de K.
Marx y a los de Heine sobre la relación entre escritores revolucionarios
franceses y filósofos alemanes, y que concluye como el del joven renano con
la vuelta al estudio de la Revolución y con la devolución a su sitio de la filosofía
hegeliana de la historia, es evidentemente de tipo romántico.”54
Sobre las notas de Burckhardt en sus apuntes de 1851, Cantimori cita a
Kaegi: “…observa Kaegi con sólida y admirable agudeza: “Esta afirmación
contiene una obvia profesión de fe en el historicismo como dato factual de la
conciencia moderna. Burckhardt no intuye aquel problema en primer lugar, ni
advierte contra peligros. Para él la historicidad del mundo era una realidad, y
llegar a conocerla era un bien…Si el modo histórico de considerar las cosas
cala ahora todo el sistema educativo y de formación intelectual, no debe ni
lamentarse por ello ni alegrarse, sino adquirir conocimientos y colaborar al
respecto “Con todas nuestras fuerzas, por medio de los estudios”: “el estudio
es la ocupación más digna de la persona culta”… Burckhardt no niega ahora el
deber para con cierta visión general del conjunto, antes bien lo acentúa… Se
nota que aquí el romántico no se está apagando, sino que se ha fundido con el
historiador y anticipa con fuerza la obra de sus últimos años.” *
Era un romanticismo que no se sometió a la actividad del historiador ni al
“historicismo”, sino que fue reavivado por éstos y con éstos se fundió incluso
en los aspectos más “realistas”…”55
Además de esta colosal importancia del conocimiento histórico Burckhardt le
adjudica una función mucho más pragmática.

54
CANTIMORI, D., Op. Cit. Pp. 100, 101.
55
Idem, pp. 101.

28
“El espíritu tiene que convertir en posesión suya el recuerdo de su vida a
través de las distintas épocas de la tierra. Lo que antes era júbilo o pena tiene
que convertirse ahora en conocimiento, como ocurre también en rigor en la
vida del individuo.
Esto da también a la frase de Historia vitae magistra un significado superior y
a la par más modesto. Se trata de ser, gracias a la experiencia, más prudente
(para otra vez) y más sabios (para siempre).”56
Lo espiritual es tan cambiante como lo material. El transcurso del tiempo
determina cambios incesantes en las formas. Estas sirven de ropaje tanto a la
vida exterior como a la vida espiritual.
“…por eso el tema de la historia en general es mostrar las dos direcciones
fundamentales idénticas de por sí, partiendo en primer lugar del hecho de que
todo lo espiritual, cualquiera que sea el campo en que se manifieste, tiene su
lado histórico, en el que aparece como algo mudable, condicionado, como
momento transitorio, absorbido dentro de un gran todo imposible de medir para
nosotros, y en segundo lugar, del hecho de que cuanto acaece tiene su lado
espiritual, que le hace participar de la condición de imperecedero.”57
El espíritu se transforma pero no es perecedero. Al mismo momento que
señalamos la mutabilidad debemos indicar que paralelamente discurre la
multiplicidad. Es decir “…la coexistencia de pueblos y de culturas, que
aparecen sustancialmente en un plano antagónico o complementario.”58
Existen momentos en que se produce un movimiento de la humanidad en su
conjunto, movimiento real o aparente.
“Y luego el grande y fundamental fenómeno que lo informa todo: el nacimiento
de un poder histórico de la más alta justificación momentánea; formas
terrenales de vida de todas clases: constituciones, estamentos privilegiados,
una religión profundamente entrelazada con todo lo temporal, una gran clase
acomodada, usos sociales completos, una determinada concepción jurídica se
desarrollan como consecuencia de ello o a su sombra, considerándose con el
tiempo como pilares de aquel poder, más aún, como los únicos exponentes
posibles de las fuerzas morales de la época. Pero el espíritu, que es un topo,
sigue laborando. Y aunque estas formas de vida resisten a toda

56
BURCKHARDT, J. Op. Cit. Pp. 11, 12.
57
Idem, pp. 8.
58
Idem, Idem.

29
transformación, el cambio se abre paso, ya sea por medio de una revolución o
por medio de la descomposición gradual y paulatina, arastrando (sic) con él el
hundimiento de morales y religiones y el pretendido ocaso que es incluso el
ocaso del mundo. Sin embargo, entre tanto, el espíritu va construyendo algo
nuevo, cuya morada exterior está condenada a correr con el tiempo la misma
suerte.”59
El hombre contemporáneo se siente impotente ante esos fenomenales
poderes históricos. En general el individuo de nuestro tiempo suele colocarse
al servicio de uno u otro poder. Pocos individuos escapan a esta dinámica. Lo
verdadero y lo bueno, mudan o se matiza según transcurre el tiempo. Sin
embargo lo que es intemporal es la entrega a lo bueno y verdadero.
“…entrega a lo verdadero y lo bueno temporalmente condicionados, sobre todo
cuando lleva aparejados peligros y sacrificios, es algo que impera de un modo
incondicional. Lo que sí puede elevarse sobre los tiempos y sus mudanzas y
constituir un mundo de por sí, es lo hermoso. Homero y Fidias son todavía hoy,
hermosos; en cambio, lo que en su época era verdadero y bueno no lo es ya
enteramente en la nuestra.”60

CONOCIMIENTO DEL PASADO

Según Burckhardt su época tiene mejores posibilidades para


conocer el pasado que cualquier otra anterior. Señala que existen estímulos
internos y externos que favorecen dicho conocimiento.
“Como estímulos externos cuenta para ello con la asequibilidad de todas las
literaturas gracias a los muchos viajes y al conocimiento de las lenguas que
caracterizan al mundo moderno, gracias a la gran difusión de la filología,
gracias a la posibilidad de utilizar los archivos, a la posibilidad de tener acceso
a los documentos en los viajes por medio de las reproducciones y, sobre todo,
por medio de las fotografías, y a las publicaciones en masa de las fuentes por
los gobiernos y otros organismos…”61
Dentro de los estímulos internos, los hay de carácter negativo y de carácter
positivo.
59
Idem, pp. 9.
60
Idem, pp. 12.
61
Idem, pp. 17.

30
Negativos

1) La indiferencia de los Estados frente al resultado de las investigaciones


históricas de los que no temen nada. Burckhardt ve como más peligroso y
cercanos para las monarquías europeas otros enemigos, (la prensa p. ej.),
y no los resultados de las investigaciones históricas. No obstante observa
que: “(Y, sin embargo, podría afirmarse que Francia mantiene una actitud
demasiado ligera ante este problema. La rama radical de su historiografía
ha ejercido una gran influencia sobre los hechos anteriores)”62
2) “…la impotencia de las religiones y confesiones existentes ante todo lo que
se refiere a su pasado y a su situación actual.”63

Positivos

1) La dimensión gigantesca de los cambios producidos a partir de fines del


siglo XVIII obligan al examen e investigación histórica. Esta investigación
histórica es necesaria para no perder el norte en medio de la sucesión de
83 años de tiempos revolucionarios.
2) La Revolución Francesa “… ha acostumbrado a nuestra mirada a la
investigación, no sólo de las causalidades materiales, sino también, y
preferentemente, de las espirituales y a la plasmación visible de éstas en
consecuencias materiales. Toda la historia universal nos enseñaría
exactamente lo mismo si dispusiésemos de fuentes abundantes de
conocimiento, pero la época moderna nos lo enseña de modo más directo y
claro.”64
3) La diversidad de puntos de vista casi infinitos, producto del cosmopolitismo
del siglo XIX y del intercambio literario. La proximidad de lo lejano habilita a
una mirada de conjunto de la humanidad.
4) “… los fuertes movimientos que se manifiestan en la filosofía moderna,
importantes de por sí y constantemente entrelazados con concepciones
generales de historia universal.”65

62
Idem, pp. 18.
63
Idem, Idem.
64
Idem, pp. 19.
65
Idem, Idem.

31
Todo conocimiento sobre hechos tiene un valor especial en tanto noticia sobre
un determinado campo y un valor histórico en cuanto noticia de una
determinada época del espíritu humano y es a su vez un testimonio sobre lo
perenne del espíritu.
“En efecto, todo conocimiento concreto de hechos tiene, además de su valor
especial como noticia o idea de un campo especial, un valor universal o
histórico como noticia de una determinada época del espíritu humano mudable
y constituye al mismo tiempo, si se le enfoca dentro de la trabazón adecuada,
un testimonio de la continuidad y perennidad de este espíritu.”66

LAS FUENTES

Para Burckhardt. “Un estudio completo de las fuentes sobre cualquier tema
importante según lo exigen las leyes de la erudición es empresa que requiere
la vida entera del hombre”67
A medida que se profundiza el estudio, el investigador también se va
familiarizándo con el método.
“Es cierto que a medida que se ahonda en el estudio se ve cómo se copian
unos a otros; además, va uno familiarizándose con los métodos y
acostumbrándose a descifrar él todo a base solamente de una pequeña parte,
pero se corre el riesgo de pasar por alto una media página importante perdida
en el desierto, a menos que una intuición feliz guíe de un modo aparentemente
fortuito nuestra mirada hacia ella.”68
Burckhardt tiene un criterio muy amplio de “fuente”, y de criterio romántico; las
obras literarias, monumentos y arquitectura.
“Todo es, en efecto, fuente; no lo son solamente los historiadores, sino que lo
es todo el mundo literario y monumental; más aún, éste es la única fuente en
cuanto a los tiempos más antiguos. Todo lo que nos sea transmitido de un
modo o de otro por la tradición guarda alguna relación con el espíritu y sus
mudanzas y es testimonio y expresión de ellas.”69
Marrou sobre el tema afirma:
66
Idem, pp. 20.
67
Idem, pp. 22.
68
Idem, pp. 23.
69
Idem, Idem.

32
“Pero la ingeniosidad del historiador no se manifiesta solamente en el arte de
descubrir los documentos: no basta con saber cómo o dónde encontrarlos sino
que es preciso también, y sobre todo, saber que documentos se han de
buscar. Aquí es necesario reflexionar sobre la noción misma de documento, de
fuente histórica, de los que la teoría clásica no da una definición
suficientemente comprensiva. En tanto la búsqueda sé límite a los dominios
elementalísimos de lo que llamamos la documentación pertinente. La noción
se hace mucho más compleja y sobre todo mucho más difusa cuando más allá
de la verificación material de la realidad de un “hecho” concreto (es decir, de
una manifestación externa de la actividad humana) se trata de averiguar todos
sus aledaños y sus finalidades, sus causas, sus efectos, su significación, su
valor (para los actores, los contemporáneos…y nosotros).”70
Más adelante brinda la siguiente definición de documento.
“Documento lo es toda fuente informativa de la que el ingenio del historiador
sabe sacar algo para el mejor conocimiento del pasado humano considerado
en el aspecto de la pregunta que se le ha hecho. Es evidente que no puede
decirse dónde empieza o acaba el documento: poco a poco, su noción se va
ampliando hasta llegar a abarcar textos, monumentos y observaciones de toda
clase.”71
Y en el mismo sentido que Burckhardt señala lo siguiente:
“En resumen: todo aquello que, en la herencia que del pasado nos quede,
pueda interpretarse como un indicio revelador por algún concepto de la
presencia, la actividad, los sentimientos y el modo de pensar del hombre que
nos procedió, (sic) todo entrará a formar parte de nuestra documentación. Así
definida, esta noción aparece como una función de dos variables
independientes: tanto como del pasado (representado por los materiales de
toda especie que de él han llegado a nosotros), depende del historiador, de su
iniciativa, de su habilidad al utilizar sus instrumentos de trabajo y sus
conocimientos y, ante todo, de lo que sea en sí mismo, de su inteligencia, de
su abertura de espíritu, de su cultura.”72
Para Burckhardt también los poetas dan testimonio de su época.

70
MARROU, H.I., Op. Cit. Pp. 59.
71
Idem, Idem.
72
Idem, pp. 60.

33
“…los poetas son testimonios de su nación y de su tiempo en un sentido
completamente distinto que antes; ya no revelan el espíritu objetivo de su
época y de su pueblo, sino su propia subjetividad, la cual se presenta no pocas
veces en la oposición; no obstante, constituyen testimonios de la historia de la
cultura tan valiosos como los anteriores, aunque desde otro punto de vista.”73
En tanto Bloch señala que cada problema entraña también la búsqueda de las
fuentes apropiadas.
“Y casi todo problema humano importante necesita el manejo de testimonios
de tipo opuestos, es, al contrario de toda necesidad, que las técnicas eruditas
se distingan según los tipos de testimonio. El aprendizaje de cada una de ellas
es largo, su posesión plena necesita una práctica más larga todavía y, por
decirlo así, constante.”74
“El cuento adquiere una especial importancia para la historia de la cultura en el
Oriente moderno.”75
El drama es también un testimonio de importante valor.
“Y en lo que se refiere sobre todo a su contenido, es uno de los mejores
testimonios para el conocimiento de los pueblos y de los tiempos con que se
relaciona, aunque no sea precisamente por ello un testimonio de valor
incondicional,…”76
Burckhardt se pregunta “…¿cómo habla la historia a través de estas artes?”77
Responde: “La historia habla principalmente a través de lo monumental-
arquitectonico, que es la expresión intencionada del poder, unas veces en
nombre de la religión y otras veces en nombre del estado. Pero si en el pueblo
de que se trate no existiese la necesidad de expresarse por medio de formas,
se contentaría con un montón de piedras.
Es esa necesidad la que hace surgir los estilos; pero el camino que va desde la
intención religioso-monumental hasta la ejecución, hasta el Partenón y la
catedral de Colonia, es un camino largo. La necesidad de lo monumental se
manifiesta mas tarde en los palacios y en las mansiones residenciales, en las
villas, etc., y también en el lujo. Aquí trátase asimismo de la expresión y a la

73
BURCKHARDT, J., Op. Cit., Pp. 86.
74
BLOCH, Marc, INTRODUCCIÓN a la Historia, Buenos Aires, Fondo de
Cultura Económica SA de CV., 1990. Pp. 56.
75
BURCKHARDT, J., Op. Cit. Pp. 87.
76
Idem, pp. 88.
77
Idem, pp. 93.

34
par del estímulo de determinadas emociones por parte del que posee las obras
o de quien las contempla.
De este modo, el carácter de naciones, culturas y épocas enteras nos habla a
través de arquitectura, como si ésta fuese la envoltura exterior de su
existencia.”78
A través de una fuente bien elegida se puede aprender, enriquecerse
espiritualmente y es infinitamente mucho más rico que cualquier interpretación,
afirma Burckhardt. El contraste de fuentes arroja conclusiones interesantes.
“…y la consulta de una segunda fuente permitirá al estudioso, apreciando las
afinidades y los contrastes, llegar a conclusiones más interesantes que la
lectura de veinte infolios.”79
Es necesario saber leer, buscar y descubrir.
“Pero hay que esforzarse en buscar y en encontrar bisogna saper leggere (De
Boni). No hay que olvidar que entre cualquier basura pueden esconderse
piedras preciosas de conocimiento que pueden tener un valor general o un
valor personal para nosotros. Una sola línea en un autor carente por lo demás
de todo interés puede darnos una luz decisiva para todo el curso de nuestro
desarrollo.”80
Burckhardt enumera las “ventajas perennes” que a su juicio tiene la lectura
directa de las fuentes sobre cualquier estudio que las tenga como base.
“En primer lugar, reproducen los hechos en su pureza, dejando que nosotros
mismos establezcamos lo que puede deducirse de ellos, operación ésta que se
adelantan a hacer ya por nosotros los estudios de elaboración de las fuentes,
reproduciendo los hechos ya utilizados, es decir, articulados dentro de una
trabazón ajena y no pocas veces falsa.”81
En segundo lugar; “…las fuentes exponen los hechos bajo una forma cercana
todavía a su origen o a sus autores, cuando no proceden de los autores
mismos. En su versión original residen sus dificultades, pero también su
encanto y gran parte de su valor, superior a todos los estudios realizados sobre
ellas. En relación con esto debemos señalar una vez más la importancia de las
lenguas originales y de su conocimiento con respecto a las traducciones.”82

78
Idem, Idem.
79
Idem, pp. 24.
80
Idem, Idem.
81
Idem, Idem.
82
Idem, pp. 24, 25.

35
Aquí Burckhardt parece intuir las dificultades que entrañan estas primeras
acogidas de los hechos, cuando señala que “…en su versión original residen
sus dificultades, pero también su encanto…” No por su cercanía temporal a los
hechos significa que tengan más veracidad que acogidas posteriores.
En la expresión “fuentes originales”, la palabra “original” tiene un valor relativo,
“…pues cuando las fuentes originales se pierden se las puede sustituir con
otras de orden secundario o terciario.”83
Las fuentes emanadas de Grandes Hombres son inagotables. Cada lectura de
una fuentes es diferente para cada individuo, para cada siglo y para cada
época. Es decir cada época interpreta las fuentes a luz de su presente, las
interroga desde el hoy.
“Y las fuentes, sobre todo aquellas que emana de los grandes hombres, son
inagotables; libros ya mil veces utilizados pueden y deben volver a ser leídos,
pues presentan una nueva faz a cada lector y a cada siglo e incluso a cada
edad de cada individuo.”84
Según Burckhardt “La imagen que proyecta el arte y la poesía del pasado varía
incesantemente. Sófocles, por ejemplo, podrá influir sobre las gentes que
ahora nacen de un modo sustancialmente distinto que sobre nosotros. Esto no
debe considerarse como una desgracia, sino simplemente como una
consecuencia del trato humano constantemente vivo.”85
Nosotros agregaríamos al arte y la poesía; la Historia.

LA ESPECIALIZACIÓN

En las ciencias, la especialización puede llegar a producir un maestro en un


área especifica de estudio. Pero sí se desea abarcar un panorama general es
necesario conocer otros muchos sectores.
“…en la ciencia sólo se puede llegar a ser maestro dentro de un campo
limitado, como especialista, debiendo llegar a serlo, en uno u otro sector. Y si
no se quiere perder la capacidad de abarcar el panorama general en una
ojeada de conjunto y de poder establecer una valoración general, es bueno ser
un diletante en muchos otros sectores, en tantos como se pueda, al menos por
83
Idem, pp. 25.
84
Idem, Idem.
85
Idem. Idem.

36
cuenta propia, para aumentar los conocimientos propios y enriquecer los
puntos de vista. De otro modo será uno un ignorante en todo lo que se salga
del campo de la propia especialidad y, además, en ciertos casos, un hombre
tosco e inculto en general.”86
Febvre realiza un vehemente alegato contra ese “espíritu de especialidad”
como él lo llama.
“Aquí reside también el quid de nuestra discusión. Estoy de acuerdo con todos
aquellos que no dejan de repetirme en todo el día: “¡Sea usted duro! Ni una
sola concesión al espíritu de especialidad, que es el espíritu de la muerte en el
actual estado del trabajo humano”. Estoy de acuerdo -me atrevo a decirle-
conmigo mismo, cuya vida toda, cuya acción toda ha estado hasta el presente
dirigida contra el espíritu de especialidad (vea, en último término, mis Annales
d’Histoire économique et sociale). Y por ello he dicho: no, ciencias no, nada de
esas combinaciones circunstanciales y locales de elementos a menudo
asociados arbitrariamente. Romper los cuadros abstractos, ir recto a los
problemas que el hombre no especializado lleva en sí mismo, se plantea para
sí mismo y para los otros al margen de cualquier preocupación escolar, al
margen de todo “espíritu de botón”, como se dice en la marina: tal es mi
objetivo desde el principio,…”87
La ciencia solo alcanzará “valor humano” cuando se abandone ese espíritu de
especialidad y se adopte el espíritu de unidad científica.
“Es así como se hará sensible a todos la unidad del espíritu humano: esa
unidad que oculta la abundante reproducción de las pequeñas disciplinas
contentas de su autonomía aferradas desesperadamente -también ellas- a una
autarquía tan vana en el dominio intelectual como funesta en el campo
económico. Hagamos unos y otros, cuando haya ocasión, tratados y manuales
de nuestras respectivas ciencias: es una necesidad práctica. Pero sólo tendrán
valor humano cuando estén animados por el amplio espíritu de unidad
científica que, precisamente, la Encyclopédie quiere proporcionar y
proporcionará.”88
Para Burckhardt la relación de la Historia con las Matemáticas y las Ciencias
Naturales, es una relación desinteresada. En tanto la Filosofía se sirve de la
86
Idem, pp. 26 y 27.
87
FEBVRE , Lucien, Combates por la historia, Barcelona, Ed. Planeta-De
Agostini S.A., 1993. Pp. 160, 161.
88
Idem, pp. 161.

37
Historia como de un arsenal, la Jurisprudencia y la Teología procuran
dominarla.
No debe excluirse el estudio de estas materias en la “historia del espíritu”,
como él dice.
“Entre las ciencias naturales y la historia no sólo existe un lazo de amistad
porque aquéllas, como queda dicho, no exigen nada de ésta, sino, además,
porque estas dos disciplinas son las únicas que pueden convivir de un modo
objetivo y desinteresado con las cosas.”89
“Pero la historia es algo distinto de la naturaleza; su obra, su nacimiento y el
modo cómo en ella nacen y perecen las cosas, algo diverso.”90
En la naturaleza se desata una feroz competencia entre organismo de
especies diferentes.
“La naturaleza nos brinda la suma perfección del organismo de las especies y
la mayor indiferencia ante el individuo; más aún, estatuye organismos
enemigos y en lucha que, presentando una perfección orgánica
aproximadamente igual, se exterminan unos a otros y luchan entre sí por la
existencia.”91
En la historia, la conciencia diferencia al hombre de esa naturaleza, sin
embargo no logra borrarla totalmente.
“La historia, por el contrario, es el rompimiento con esa naturaleza gracias al
despertar de la conciencia; pero al mismo tiempo queda en pie siempre lo
bastante de aquel origen para poder dibujar al hombre como una bestia feroz.
El alto refinamiento de la sociedad y del estado coexiste con la plena falta de
garantías del individuo y con la tendencia constante a esclavizar a otros para
no ser esclavizados por ellos.”92
“En la naturaleza existen reinos, géneros y especies; en la historia, pueblos,
familias y grupos.”93
En tanto en la naturaleza hay una casi infinita variedad de géneros y una gran
igualdad de individuos dentro del género. En cambio en la especie homo es
prácticamente despreciable esa variedad, sin embargo hay una enorme
desigualdad entre los individuos. En la naturaleza existen ciertos tipos básicos

89
BURCKHARDT, J., Op. Cit. Pp. 28.
90
Idem, pp. 29.
91
Idem, Idem.
92
Idem, Idem.
93
Idem, Idem.

38
(vertebrados, invertebrados, etc.) en tanto en la historia el organismo no es un
tipo sino un producto, los pueblos son el producto de largas evoluciones. En la
naturaleza las especies poseen todo lo que necesitan para vivir en tanto los
pueblos son incompletos de por sí, tienden a completarse. En la naturaleza el
proceso de formación de las especies es oscuro y se basa en lo innato y lo
adquirido a través de las experiencias. En los pueblos se basa también en las
dotes innatas y la asimilación de la experiencia vivida, pero esto gracias a la
acción consciente. En tanto en la naturaleza los individuos no tienen ninguna
significación para los otros, salvo en cuanto enemigos. En la especie humana
la influencia de los grandes individuos es decisiva y constante. En la naturaleza
las especies permanecen relativamente inalteradas. En la historia la esencia es
el cambio. En la naturaleza la desaparición de una especie se debe a factores
externos a ella. En la historia la desaparición de los pueblos es precedida por
procesos de decadencia interna, luego un empuje externo puede poner fin a
todo. Estas son las diferencias que Burckhardt señala entre naturaleza e
historia.

39
CAPITULO 3

LOS AGENTES DEL SUCEDER HISTÓRICO

La separación de las tres potencias históricas; el Estado, la Religión, y la


Cultura, tiene algo de arbitrario. Esta situación no escapa a Burckhardt quien la
establece con claridad.
“También para él está en lo “mudable” la esencia de la Historia
El propósito de sus “Reflexiones” es estudiar los tres grandes factores de la
“civilización”, es decir el Estado, la religión y la cultura y sus influencias
recíprocas, constantes y progresivas.”94
Estas potencias son heterogéneas entre sí y sin ninguna coordinación.
“Aunque las dos potencias estables estado y religión se englobasen en una
serie, la cultura sería siempre algo sustancialmente distinto.”95
“El estado y la religión, expresión de la necesidad política y de la necesidad
metafísica respectivamente, reclaman una vigencia universal, por lo menos
para el pueblo a que se refieren, más aún, para el mundo.
En cambio, la cultura, que corresponde a la necesidad material y espiritual en
sentido estricto, es, para nosotros, el compendio de todo lo que se ha ido
creando espontáneamente para el fomento de la vida material y como
expresión de la vida espiritual y moral, es toda la sociabilidad, toda la técnica,
el arte, la poesía y la ciencia. Es el mundo de lo móvil, de lo libre, de lo no
necesariamente universal, de lo que no reclama para sí una vigencia
coactiva.”96
Como podemos observar; “La división que Burckhardt hace de los factores de
la “civilización”, es decir, de la Historia -y con esto pasamos a los adentros de
sus Consideraciones-, es, como él mismo reconoce, arbitraria y constituida por
elementos heterogéneos. El Estado y la religión afirma, son la expresión de

94
USCATESCU, George, ESCATOLOGIA E HISTORIA, Madrid, Ediciones
Guadarrama SL, 1959. Pp. 15.
95
BURCKHARDT, J. Op. Cit., pp. 33.
96
Idem, Idem.

40
una necesidad política y metafísica, y tienen, a los ojos del pueblo, a quien
corresponde, un valor universal. En cuanto al concepto de “cultura”, Burckhardt
lo confunde, en parte, con lo que Spengler denomina “civilización”, incluyendo
en él a las creaciones espontáneas que han mejorado la condición material de
los hombres (situación social y progreso técnico) o que han expresado la vida
intelectual y moral (artes, literaturas, ciencias). La cultura, que no es
necesariamente universal, representa el movimiento y la libertad.”97
Las tres potencias organizadoras de la historia; Estado, Religión y Cultura, a
veces suelen turnarse En su función: “A veces estas tres potencias parecen
turnarse incluso en cuanto a la función; hay épocas predominantemente
políticas y épocas predominantemente religiosas, y también, por lo menos,
momentos y, por último, épocas que parecen vivir preferentemente para los
grandes fines culturales.”98
Es frecuente la dificultad de poder determinar cual es la potencia activa.
“También cambia no pocas veces, en rápida rotación, el modo como se
condicionan y son condicionadas entre sí. Con frecuencia tenemos que fijarnos
mucho para descubrir cuál es la potencia activa y cuál la pasiva.”99

EL ESTADO

Contestando a los filósofos del Siglo XVIII Burckhardt señala que toda
especulación sobre el origen y principio del Estado es ociosa. La hipótesis
contractual de Rousseau es tan solo un recurso no para explicar como surgió
el Estado sino como debiera surgir.
“El estado humano es el único que constituye una sociedad, es decir, una
asociación en cierto modo libre y basada en una consciente reciprocidad.
Sólo caben pues, dos hipótesis como probables:
a) La prioridad de la violencia. Los orígenes de ésta no plantean grandes
dudas, pues la violencia nace espontáneamente ante la desigualdad de las
dotes humanas. Seguramente que el estado no sería, en muchas
ocasiones, más que la sistematización de la violencia.

97
USCATESCU, G., Op. Cit. Pp. 17.
98
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 34.
99
Idem, Idem.

41
b) Cabe concebir también la existencia de un proceso extremadamente
violento y de mezcla. Un rayo funde varias cosas distintas, por ejemplo, dos
cosas fuertes y una débil, o viceversa, para formar un metal nuevo. Tal vez
fuese así como se fundieran también para fines de conquista, o con ocasión
de ella, las tres phyles dóricas y las tres tribus de los godos. Una fuerza
terrorífica, a la que se acopló lo existente, y que luego se convirtió en
potencia, fueron también los normandos de la baja Italia.”100
El Estado tiene su origen en “crisis espantosas”. La esencia del Estado es para
Burckhardt la dominación de todo aquello que se pueda someter a su imperio.
“Cuando la crisis que da nacimiento al estado es una conquista, el contenido
primitivo del estado, su actitud, su misión más aún, su pathos, es
sustancialmente el sojuzgamiento de los sometidos a su imperio.”101
Dujovne sostiene sobre este aspecto: “Hay en el pensamiento de Burckhardt
un rasgo que de manera particular hemos de subrayar por también lo
encontramos en el de Nietzsche. Si perdona lo monstruoso en las
individualidades, no lo perdona en los poderes colectivos. Para él, la tiranía
organizada es necesariamente contraria al espíritu y a la moral, mientras la
tiranía individual no le es inherente esta necesidad. Para Burckhardt el Estado
es la sistematización de la violencia en fuerza y puede reclamar “la total
abdicación del individuo.”102
Más adelante dice: “El Estado siempre ha tratado de reprimir lo individual, que
es lo creador de cultura, y lo mismo ocurre con la religión cuando llega a
formas cristalizadas. Burckhardt, que funda sus afirmaciones en ejemplos
antiguos y modernos, no quiere aceptar ninguna ilusión, aunque pueda ser un
momentáneo consuelo, frente al mal moral y la violencia. Pues, para él, toda
violencia triunfante es un escándalo, un mal ejemplo:…”103
Uscatescu afirma que; “En el examen de los orígenes del Estado considera
como ilusorias la teoría del contrato social y de la preexistencia de la sociedad
a la cual el Estado habría venido a proteger, corregir y defender. El principio
inicial del Estado es, para su modo de ver, la violencia, la sistematización de la
fuerza y el cruzamiento de razas. La creación de todo Estado es acompañada
100
Idem, pp. 37.
101
Idem, Idem.
102
DUJOVNE, León, La filosofía de la historia de Nietzsche a Toynbee, Buenos
Aires, Ed. Galatea-Nueva Visión SRL., 1957. Pp. 20.
103
Idem, pp. 21.

42
por un proceso de crisis. Las tres formas aristotélicas de la constitución
política, constituyen una distinción incompleta,…”104
Burckhardt establece con asombrosa lucidez las diversas formas de
dominación política; colonial e imperial.
“También habría que hablar aquí de las monarquías universales, de los
“estados unidos”, de las diversas formas de conquista, o sea de las formas
reales, que llevan consigo la asimilación o el desplazamiento de los habitantes
del territorio conquistado, y de las falsas, que envuelven una dominación
puramente superficial, de las posesiones coloniales y de la diferencia que
existe entre una dominación puramente financiera y un auténtico régimen
colonial, así como también de la ley de emancipación de las colonias.”105
Esta cita parece desmentir a Cantimori, si bien se debe reconocer que
Burckhardt no teorizó sobre el imperialismo tal cual se entiende actualmente, ni
utilizó el término, sí intuyó la diferencia entre dominación colonial e
imperialismo. Debemos recordar que estos escritos fueron realizados a la vista
de la próxima unificación alemana en torno al Prusia, y del proceso de
unificación italiano.
Cantimori dice al respecto;
“No hay en Burckhardt ninguna consideración sobre el imperialismo, tal y como
se entiende éste modernamente, como tampoco figura el término, que, como
se sabe es de origen más reciente en este sentido y que se remonta como
mínimo a la obra de J. A. Hobson, Imperialism. A Study, que se publicó por vez
primera en 1902.”106
¿Cuales son los fines que el Estado cumple en la historia?
“Los grandes estados existen en la historia para la consecución de grandes
fines externos, para el mantenimiento y aseguramiento de ciertas culturas de
otro modo desaparecerían, para impulsar a las partes pasivas de la población
que, confiadas a sí misma como estados pequeños, caerían en la decadencia,
y para el desarrollo pacífico de grandes fuerzas colectivas.
Los pequeños estados existen para que haya en el mundo una faja de tierra en
que la mayor proporción posible de miembros de un estado puedan sentirse
ciudadanos en el pleno sentido de la palabra, meta ésta en que la poleis de los

104
USCATESCU, G., Op. Cit. Pp. 18.
105
BURCKHARDT, J. Op. Cit. Pp. 39.
106
CANTIMORI, D., Op. Cit. Pp. 121

43
griegos de sus mejores tiempos, pese a su régimen esclavista, llevaba una
gran ventaja a todas las repúblicas actuales.”107
En tanto las pequeñas monarquías, según Burckhardt tienen que acercarse a
este modelo.
“Las pequeñas tiranías, como las de la antigüedad y las del renacimiento
italiano, representan la forma más precaria de gobierno y tienden
constantemente a ser absorbidas por una unidad mayor, pues lo único que en
los pequeños estados puede contrarrestar plenamente de un modo ideal las
enormes ventajas de los estados grandes, e incluso su potencia, es la
verdadera y efectiva libertad; cada paso que dan hacia la tiranía, sea de arriba
o de abajo, por mucho estrépito que armen al hacerlo, va minando la base
sobre que descansan.”108
Burckhardt establece una clara distinción entre el “gran Estado” y el “pequeño
Estado”.
“Interesante y sugestiva es, a este propósito, la distinción establecida por
Burckhardt entre el Estado grande, cuya misión consiste “en realizar acciones
históricas notables, conservar ciertas culturas que correrían el riesgo de
desaparecer…, asegurar a las fuerzas colectivas un desarrollo armonioso”, el
Estado pequeño (los Estados griegos y los del Renacimiento italiano. “Estados,
como obra de arte” los llama él en Cultura del renacimiento en Italia), que es la
verdadera morada de la “libertad”. El criterio que el autor adopta frente al
fenómeno del “Estado” es un criterio valorativo, y su actitud hacia él es,
esencialmente escéptica.”109
“Por el hecho de que Burckhardt fuese, después de 1870, el único gran
historiador de lengua alemana que no exaltó el elevado destino futuro de la
gran Alemania, no puede hablarse de negación del Estado, de la política.
Burckhardt conservaba quizás el tradicional ideal suizo, tan profundamente
urbano del “pequeño Estado”, según una concepción entonces aún viva, más
tarde obliterada, aunque luego restaurada, especialmente en Suiza, relativa a
la función histórica y también contemporánea del “pequeño Estado”. Es ésta
una concepción política diferente de la concepción política del gran estado
nacional o imperialista, no un desconocimiento de la importancia de la historia

107
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 39, 40.
108
Idem, pp. 40.
109
USCATESCU, G., Op. Cit. Pp. 18.

44
política; y ni siquiera de la función que puede tener, y que tuvo, el gran Estado.
El que Burckhardt no se hiciese ilusiones sobre las pretensiones “culturales” de
los grandes Estados y de la “civilización de las masas”, que, en común con
gran parte de los medios públicos suizos, pero también franceses, veía
perfilarse amenazadoramente para la “cultura”, podía considerarse ciertamente
como un refugio en la contemplación estetizante, pero en boca sobre todo, en
resumidas cuentas, de los que no sabían ver cultura, arte, poesía, ciencia,
fuera de la gran Alemania bismarckiana y guillermina; más tarde se consideró
agudeza de vista histórico-política, y hasta espíritu profético.”110
La transformación de la violencia en fuerza es lo que indica la vitalidad del
Estado.
“Cualquiera que sea el origen de un estado (de “la agrupación política de un
pueblo”) sólo acreditará su vitalidad siempre y cuando que se transformase de
violencia en fuerza.*
Es indudable que mientras dura el proceso de crecimiento externo todo poder
aspira a redondearse y perfeccionarse plenamente en lo interior y en lo exterior
sin reconocer validez a ninguno de los derechos del más débil.
En esto proceden absolutamente igual los pueblos y las dinastías, con la única
diferencia de que en aquéllos deciden más los apetitos de las masas y en
éstos la razón de estado.”111
Más allá de lo que ocurra al interior del estado, en el exterior este se comporta
de modo desembozado, como el conquistador más bárbaro.
“Prescindiendo de lo que el estado haga en lo interior y de cómo luche por la
derogación de todos lo privilegios tradicionales y por extender a todo y a todos
el concepto del poder alegando el supuesto interés colectivo hasta llegar a la
última consecuencia de l’état c’est moi, su acción exterior se presenta bajo su
forma mas simplista en las antiguas monarquías universales, que
conquistaban y esclavizaban, saqueaban e incendiaban a diestro y siniestro,
…”112
El poder es en sí mismo maligno, sostiene Burckhardt.
“La historia nos enseña -basta pensar en Luis XIV, en Napoleón y en los
gobiernos revolucionarios del pueblo- que el poder de por sí es maligno

110
CANTIMORI, D., Op. Cit. Pp. 110, 111.
111
BURCKHARDT, J., Op. Cit. Pp. 40.
112
Idem, pp. 41.

45
(Schlosser), que al estado se le reconoce independientemente de toda religión
el derecho del egoísmo que al individuo se le niega. Las naciones débiles son
sojuzgadas y anexionadas o se las somete de otro modo cualquiera, no para
que no puedan seguir hostilizando al estado que las domina, pues esta
preocupación no pesa gran cosa, sino sencillamente para que otro no se
apodere de ellas o las ponga políticamente a su servicio. Se sojuzga a los
posibles aliados políticos de un enemigo. Una vez puestos en esta pendiente,
ya nada contiene la carrera; todo es excusable, pues “por la mera
contemplación lo único que se conseguiría sería que otros malvados le
devorasen en seguida a uno” y “los demás hacen lo mismo”.113
“Para Burckhardt no hay derecho a pensar que el poder, malo “de por sí”, por
sí evolucione hacia una meta moral.”114
Burckhardt trata el tema del Estado desde un punto de vista pragmático.
“A las concepciones teleológicas y variadamente providencialista opone
Burckhardt, al tratar del Estado, una apelación pragmática a la realidad
mediante una cita, que no puede menos de parecer paradójica, precisamente
de Schlosser, ilustrado y rousseauniano: “El poder es malo en sí mismo”,
donde la aversión rousseauniana a la autoridad, al poder establecido, alcanza
tono y significado muy diferente. La celebre frase no parece, pues, significar en
el contexto de las Reflexiones lamentación pietista o moralista por la presencia
del fenómeno “poder político”, sino identificación maquiavélica del carácter de
la política, sirviéndose, sí, del término moralista de procedencia cristiana y
racionalista-ilustrada, pero no haciéndolo suyo; como diciendo: no queráis
disfrazar el carácter propio de la fuerza y de la política, que no es moral, con
motivaciones moralistas, ya se trate de un moralismo filosófico, ya de un
moralismo religioso (cristiano).”115
Mas adelante Cantimori señala: “La expresión “El poder es malo en sí mismo”
tiene, como ya se ha señalado, sobre todo el significado siguiente: recordar
que las leyes intrínsecas de la política, representada por el Estado, no son ni
las de la moral corriente o de la cultura, ni las de la religión; la ironía no se
vierte sólo sobre el progresismo democrático, sino también, probablemente,
sobre la oratoria y el plano público del kulturkampf.”116
113
Idem, pp. 43.
114
DUJOVNE, L., Op. Cit. Pp. 19.
115
CANTIMORI, D., Op. Cit. Pp. 103.
116
Idem, pp. 107.

46
La excusa para el desarrollo de tales felonías esgrimida por sus autores es que
estos y sus actos sirven a los fines de la historia universal. Burckhardt duda de
que tales fines existan.
“Pero surgen las siguientes objeciones: ¿qué sabemos nosotros de aquellos
fines? Y, suponiendo que existan ¿por qué no podrían alcanzarse por otros
caminos? ¿Acaso el quebrantamiento de la moral general por un crimen con
éxito no representa nada?”117
Con cierta dosis de racismo y profunda visión eurocentrista Burckhardt
reconoce el derecho de Europa, es decir de “la civilización” a dominar la
“barbarie”, o sea las demás culturas.
“Hay algo, sin embargo, que la mayoría reconoce: el derecho regio de la
civilización a conquistar y someter a la barbarie, la cual se ve de este modo
obligada a renunciar a sus sangrientas luchas intestinas y a sus usos
abominables para someterse a las normas generales de moral de los estados
civilizados. Y, sobre todo, la necesidad de despojar a la barbarie de su
peligrosidad y de su posible fuerza ofensiva. Lo dudoso y discutible es si se la
civiliza interiormente, si la descendencia de los dominadores y los bárbaros
dominados, sobre todo cuando se trata de razas distintas, presenta ventajas, si
no sería más aconsejable el camino de desplazar la barbarie para que vaya
agonizando (como en Norteamérica) y si realmente puede decirse que el
hombre civilizado florezca en suelo extranjero. En todo caso, conviene no
aventajar a la anterior por los medios de sumisión y sojuzgamiento que se
empleen para combatirla.”118
No obstante, a pesar de todo el respeto ante la magnitud de esta figura, se nos
imponen los límites de esta historiografía cultural. Burckhardt no ha visto el
ámbito de la historia universal con más amplitud que Ranke; ha excluido de su
consideración de lo humano a los pueblos primitivos y de los pueblos cultos a
aquellos “ “cuya cultura no ha desembocado en la europea, como Japón y
China”, según se lee en sus Fragmentos históricos. Decisiva para él es la
exigencia de continuidad, la cual sólo logra descubrir en la historia
mediterránea: “La humanidad en torno al Mediterráneo y hasta el golfo Pérsico
es realmente un ser vital. Este ser penetra también una vez en el Imperio
romano hasta constituir una especie de unidad. Sólo aquí se realizan los

117
BURCKHARDT, J., Op. Cit. Pp. 43.
118
Idem, Idem.

47
postulados del espíritu; sólo aquí actúa el desarrollo; no hay decadencia
absoluta, sino sólo transición”.”119
Burckhardt es un observador que no logra quitarse sus anteojeras
europeísantes.
“No es extraño que el observador, prisionero de su partidismo europeísta, no
se comporte con entera justicia al tratar el mundo cultural de vecindad
inmediata, cuando en Mahoma sólo ve a un radical simplificador y en el Islam
el triunfo de la trivialidad. Este detenerse en los límites históricos de la
antigüedad y del Occidente es tanto más sorprendente cuanto que Burckhardt
poseía un olfato singular para las reglas generales de lo histórico. Lo típico
tenía para él más importancia que lo singular; sentía escasa estimación por los
“meros escombros de los hechos” y todo lo cifraba en la visión general de una
cultura. En sus últimos años, según vemos por su referencia a Ernst von
Lasaulx, se abrió un poco a la concepción de las culturas como unidades
orgánicas. Pero tampoco a él le planteó ningún problema la coexistencia de
grandes culturas de alcance mundial. Fue y permaneció un humanista
europeo.”120
Existe un entretejido entre los intereses individuales y del Estado.
“Por lo que al estado en lo interior se refiere, no puede decirse que haya
nacido por la abdicación, es la compensación de muchos egoísmos e intereses
que se acomodan permanente al estado y acaban entretejiendo plenamente su
existencia con la de éste.
Lo más alto a que el estado llega es el sentimiento del deber de los mejores, el
patriotismo,…” 121
El Estado no es el lugar o el “asilo”, (como lo llama Burckhardt), de la moral.
“El hecho de que el estado pretenda realizar directamente lo moral, cosa que
sólo puede y debe hacer la sociedad, constituye una degeneración y una
presunción burocrático-filosófica.”122
La realización de lo moral por el Estado fracasará siempre por la imperfección
de la naturaleza humana, afirma Burckhardt.
“Lo moral tiene un foro esencialmente distinto del estado; éste hace ya
bastante, muchísimo, con imponer el respeto al derecho convencional. Como
119
VOGT, J., Op. Cit. Pp. 34.
120
Idem, Idem .
121
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 44.
122
Idem, Idem.

48
más sano puede mantenerse el estado es teniendo conciencia de su carácter (
y tal vez incluso de su origen esencial) de institución forzosa.”123
Para Burckhardt, el Estado es beneficioso en sí mismo “por ser el asilo del
derecho”.
Impide que las diversas “concepciones de la “vida civil” se enfrenten.

LA RELIGIÓN

“Las religiones son la expresión de la eterna e indestructible necesidad


metafísica de la naturaleza humana.
Su grandeza consiste en que representan todo el complemento suprasensible
del hombre, todo aquello que él mismo no puede darse. Son, al mismo tiempo,
el reflejo de pueblos y épocas culturales enteros en un gran mundo distinto o la
proyección y el perfil que aquéllos extienden sobre lo infinito.
Pero esta proyección, por muy estable y eterna que se considere, es siempre
mudable y puede ser parcial o total, gradual o repentina.
Es imposible decir cuál de los dos procesos, el del nacimiento del estado o el
del nacimiento de la religión ha sido el más considerable.”124
Existe toda una gradación en lo referente al contenido de las religiones que va
desde la adoración más grotesca hasta las más sublimes. En cuanto al origen
de la religión es casi imposible el poder determinar en que consistió “el
desencadenamiento primitivo de lo espiritual.”
“Entre los pueblos primitivos nos encontramos con el culto en parte reverente y
en parte empavorecido de objetos, fuerzas y fenómenos naturales y también
con el culto de los antepasados y el culto de los fetiches, en que el hombre
deposita el sentimiento de su dependencia en un objeto concreto de su
pertenencia individual. Estas religiones corresponden en parte a esos terribles
sueños infantiles cuyas imágenes terríficas son aplacadas, y en parte al
asombro del hombre ante las estrellas celestes y ante los elementos; son, a
veces, en las naciones incapaces todavía de producir una literatura, el único
documento del espíritu.”125
Es muy interesante lo que señala Burckhardt, sobre la posibilidad de que la
123
Idem, pp. 44, 45.
124
Idem, pp. 46.
125
Idem, pp. 48.

49
religión se transforme en una fuente, capaz de informarnos sobre la vida de un
pueblo. Su forma de ver el mundo, su manera de sentir, su mundo cultural y
sus modos de obrar, etc..
“Más exacto que partir del supuesto de una conciencia religiosa primitiva es en
todo caso partir del supuesto de una grande e inconsciente necesidad
metafísica en el hombre. Un momento importante o terrible, o un hombre con
dotes de fundador de religión, le hace adquirir la conciencia de ella;…”126
“Expresión de nuestra eterna e inalterable necesidad de “certidumbre
metafísica”, la religión representa el complemento sobrenatural del hombre, la
imagen de pueblos y civilizaciones su proyección en el espacio infinito, aunque
sometida “a cambios, parciales o completos, de una manera progresiva o
súbita.
Antes de tener una conciencia original de Dios, el hombre ha tenido una
necesidad metafísica vaga e inconsciente. Un gran acontecimiento, una
catástrofe o la venida de un creador de religión, ha hecho que aquella
conciencia tomara cuerpo. La causa determinante del nacimiento de una
religión consiste en el sentimiento que el hombre experimenta de su
dependencia de una voluntad superior y el terror que ésta le inspira.”127
Para Burckhardt las religiones son obra de grandes individuos y aparecen en
ciertos momentos.
“¿Hasta qué punto puede decirse que las religiones hayan sido fundadas? En
todo caso puede afirmarse que sustancialmente las religiones surgen por obra
de ciertos individuos o de ciertos momentos, aquellos momentos que
llamábamos de plasmación y, además, a saltos y como irradiadas. Una parte
de la gente se une a ellas porque el fundador o el acontecimiento de que se
trata da precisamente en el blanco de la necesidad metafísica sentida por los
hombres más sensibles; la gran masa se incorpora porque no es capaz de
hacer resistencia y porque todo lo preciso y claro goza de un derecho regio
frente a lo vago, lo inseguro y lo anarquista.[…] …hasta que un poder más
fuerte, lo suficientemente sólido para apoyarse en él, viene a empujarlas desde
fuera haciéndolas abrazar este nuevo partido.”128
Las religiones no son, -para Burckhardt-, creaciones paulatinas y progresivas.

126
Idem, pp. 48, 49.
127
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 19.
128
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 49, 50.

50
“A nosotros nos parece indudable que las religiones no pueden haber surgido
gradualmente, pues, de ser así, no se presentarían a nosotros con la aureola
triunfante de su época heroica, que es siempre el reflejo de un gran momento
único.”129
Uscatescu afirma que: “Todas las religiones primitivas han sido politeístas,
porque las fuerzas temibles eran múltiples. Siendo las religiones fenómenos
que surgen siempre por un proceso de ruptura, de crisis, o, a lo más, por
“fusión”, es inadmisible la teoría del progreso en el nacimiento de ellas.
En sus consideraciones sobre la creación de las religiones, la construcción
burckhardtiana peca no poco, y de una manera que recuerda en cierto modo a
Renán, de positivismo. La admisión misma de un “apetito metafísico” como
fundamento de cualquier religión, está impregnada de una fuerte “sensibilidad”
positivista.”130
Todos los pueblos tiene en cualquier tiempo necesidades metafísicas, dice
Burckhardt.
“¿Cuáles son los pueblos y las etapas culturales adecuados para que surja
una religión? Todos los pueblos y todos los tiempos sienten la necesidad
metafísica y todos mantienen en pie la religión una vez abrazada.”131
Sin embargo aquellos pueblos entregados a la contemplación poseedores de
fina sensibilidad son terreno fértil para que arraigue una religión fuera de lo
común.
“Las “instituciones” posteriores de una religión son siempre residuos o ecos de
la situación de conjunto que acompañó a su nacimiento; los conventos, por
ejemplo, son un residuo de la vida en común de las comunidades primitivas.
A veces los fundadores y los testigos del nacimiento de una religión dan origen,
complementados por otros, a colectividades permanentes, y esto puede muy
bien hallarse relacionados con la necesidad de crear corporaciones especiales
para las ceremonias religiosas, con graduales privilegios en lo tocante a los
sacrificios, a las excomuniones, etc.”132
Burckhardt vincula de un modo general, la concepción del más allá y del fin del
mundo con el poder sacerdotal.
“Este predominio más o menos acusado de la doctrina del más allá y del fin del
129
Idem, pp. 50.
130
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 19.
131
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 50.
132
Idem, pp. 52.

51
mundo se halla a veces, aunque no siempre, relacionado con el desarrollo más
o menos amplio de un poder sacerdotal como el llamado a decidir en mayor o
menor grado sobre todo lo referente a la otra vida. Claro está que este poder
responde a veces, además, a otras causas y razones relacionadas con la vida
terrena,… […] Y existe, por último, el poder sacerdotal en las religiones de
estado o de pueblos, poder que de suyo se comprende y no es necesario
detenerse a explicar.”133
Burckhardt distingue entre religiones nacionales y universales.
“Las religiones nacionales son anteriores a las otras. Se hallan íntimamente
vinculadas a los recuerdos, a la cultura y a la historia de los pueblos
respectivos; sus dioses son dioses cuya misión, consiste en proteger o
intimidar a su pueblo o a su estado; se sienten heroicas y orgullosas mientras
el pueblo prospera y florece, y aunque abren en general el horizonte a la
esperanza de que un día todos los pueblos reunidos en Moriah adorarán juntos
a Jehová, son, por el momento, religiones nacionalmente circunscritas,
fortalecidas en lo interior y aislada hacia el exterior,…”134
Las religiones universales son el Budismo, el Cristianismo y el Islam.
“Estas surgen más tarde; su vehículo más fuerte es casi siempre un vehículo
social, pues traen consigo la abolición de las castas y se presentan como
religiones de pobres y religiones de esclavos, siendo, por tanto, religiones
antinacionales, a diferencia del islam, que es una religión de vencedores.
Prescinden de una lengua sagrada y sus textos son textos traducidos, salvo la
religión islamítica, que predica su Corán arábigo y obliga a los pueblos a un
conocimiento más o menos limitado de esta lengua.”135
“Las religiones universales son las que provocan las crisis históricas más
considerables. Conocen desde el primer momento su carácter de religiones
universales, saben que lo son y quieren serlo.”136
Uscatescu nos aclara; “Todo nacimiento de una religión está acompañado por
un fenómeno de exaltación, de falta total de espíritu crítico en los primero
adeptos.
Entre las religiones que poseen una escatología, Burckhardt destaca el
cristianismo y los sistemas de creencias escandinavas. Las religiones misiones
133
Idem, pp. 55.
134
Idem, pp. 57.
135
Idem, pp. 57, 58.
136
Idem, pp. 58.

52
y de supervivencia cuya función histórica es relevante, están fuertemente
apoyadas sobre dogmas, y son las únicas capaces de dar nacimiento a esas
personalidades ardientes que deben convertir o destruir todo lo que se opone a
ellas.
Distingue luego las religiones nacionales, limitadas, tolerantes, con función
histórica reducida, de las religiones universales, que aparecen más tarde y se
caracterizan por su lucha contra las castas, por su antinacionalismo y su
contribución al advenimiento de las grandes crisis históricas.”137
Una vez instituida una religión puede permanecer en pie largo tiempo hasta
que surgen otras nuevas generalmente a partir de las herejías.
“Hablemos ahora de la disolución de las religiones y de la defensa contra ellas.
Una religión estatuye en seguida, por ejemplo, un derecho sagrado, es decir,
se vincula estrechamente a una situación pública de conjunto garantizada por
ella o instaura su jerarquía junto a la del estado, pero en relación política con
ésta. Estas instituciones externas, entretejidas estrechamente con todo lo
material y apoyadas en las masas y en sus costumbres, pueden mantener en
pie durante mucho tiempo una religión en lo exterior,…”138 En tanto en lo
interior están huecas.
“…el espíritu hace ya largo tiempo que ha huido de ellas, en parte al menos,
para transferirse a un nuevo elemento metafísico, claramente consciente de sí
mismo, sobre el cual puede erigirse una nueva contrarreligión capaz de luchar
y de vencer.
Mientras lo consigue, su actuación es considerada como una herejía y
perseguida y execrada como tal.”139
La herejía es un síntoma de que “…la religión imperante ha dejado de
corresponder en parte a la necesidad metafísica que la creó.”140
“Burckhardt examina el proceso de disolución de las religiones. Las causas de
este proceso no las encuentra ni en el fenómeno de disgregación interna ni en
la aparición de nuevas doctrinas, sino en una labor “sistemática” del Estado.
Sí, por el contrario, no son víctimas de ningún acto violento, ni de persecución
continuada por parte del Estado, continúan viviendo y cobrando nuevas
fuerzas en el espíritu popular. Este criterio positivista, un tanto cerrado y
137
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 20.
138
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 60.
139
Idem, Idem.
140
Idem, pp. 61.

53
mecánico, lleva, naturalmente, a afirmaciones como la siguiente: “Sin la
legislación imperial de Constantino y Teodosio, la religión grecorromana
existiría aún hoy”, afirmación que peca no sólo por la negación, que implica, de
lo inexorable histórico, sino también por un desconocimiento, sorprendente en
un erudito como Burckhardt, de las causas de decadencia del Imperio
romano.”141
Los pequeños estados son menos permeables a las herejías y a las nuevas
religiones que los grandes imperios.
“La fuerza de resistencia de las religiones varía mucho según la capa social o
el poder que las defiende. Los pequeños estados en que los sacra se hallan
estrechamente vinculados con los ciudadanos o con el estado se hallan, tal
vez, en mejores condiciones para rechazar una herejía o una nueva religión
que
los grandes imperios mundiales en los que existen una cultura nivelada y un
comercio general y que han conseguido someter a los pequeños estado
gracias al cansancio de éstos. Y acaso también porque les respetaron sus
religiones. Al cristianismo le habría sido difícil forzar las puertas de las poleis
de los griegos de los siglos V y IV a.c.; el Imperio romano, en cambio, le abrió
de par en par las puertas y sólo le hizo frente en el terreno político.”142
No existe nada más terrible que las luchas religiosas. Los medios utilizados no
tienen límites en cuanto a su atrocidad. No hay negociación ni transacción
posible. Según Burckhardt el origen de las persecuciones se encontraría en la
blasfemia y el temor a sufrir las consecuencias por las ofensas causadas a la
divinidad. Por lo cual se castiga al culpable para no sufrir las consecuencias
con él.
Las religiones universales y de ultratumba “…no castigan solamente con
medios más rigurosos los ataques consumados, sino también la mera
existencia, aunque sea secreta, de una metafísica discrepante de ellas.”143
Burckhardt señala que los “movimientos espirituales” del S. XVIII pusieron un
dique a esas persecuciones religiosas.
A esto contribuyó no solo el surgimiento de un nuevo concepto del estado con
lo cual el abrazo secular ya no se prestó a esos fines. Sino también el hecho

141
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 21.
142
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 61.
143
Idem, pp. 62.

54
de que la preocupación por el más allá pasó a un segundo plano. Una nueva
religión puede instaurarse al lado de la antigua pero nunca podrá desplazarla
del todo a menos que intervenga el poder estatal.
“De otro modo, si no se interpone el poder o éste no se maneja
consecuentemente, las religiones siguen viviendo y renuevan constantemente
su fuerza a base del espíritu de las masas, para acabar no pocas veces
teniendo con ellas de nuevo el brazo secular del estado.”144

LA CULTURA

Así define Burckhardt la cultura:


“Llamamos cultura a toda la suma de evoluciones del espíritu que se producen
espontáneamente y sin la pretensión de tener una validez universal o
colectiva.”145
“La cultura es asimismo el proceso que a través de millones de formas hace
que los actos simplistas y raciales se conviertan en un poder reflexivo hasta
llegar a su fase última y suprema, la ciencia y, especialmente, a la filosofía, a
la pura reflexión.”146
“En realidad esta idea de que de la esfera de la “cultura” forma parte toda
actividad productora espontánea, desde la de bienes económicos hasta la
comercial y financiera, el metalúrgico y la tejedora junto al poeta, al artista, al
filósofo, aunque no precisamente original de Burckhardt ya presente en
Droysen, es uno de elementos que mejor caracteriza la amplitud de sus
intereses de historiador: no hay que condenarla o exaltarla en nombre de un
concepto superior o porque nos libere de un concepto inferior de cultura: hay
que identificarla históricamente, como testimonio de la posibilidad de aquel
romanticismo radicalizante de enriquecerse con las nuevas experiencias y las
nuevas exigencias, con una apertura más cercana a la del poeta y el pintor que
a la del ensayista, el polemista o el especialista, en aquel sentido suyo por el
valor del desinterés objetivo (real) y por el “gusto” o “amor a las cosas” tal
como son, pequeñas o grandes; y hay que analizarla en aquella insistencia
suya sobre el valor de la espontaneidad y la independencia individual, frente a
144
Idem, pp. 66.
145
Idem, pp. 67.
146
Idem, Idem.

55
las grandes organizaciones estatales o eclesiásticas. Este análisis no se ha
hecho todavía:…”147
La cultura ejerce una acción modificadora y disgregadora de las dos
instituciones estables; el Estado y la Religión.
“Burckhardt se interesó en la religión y apuntó acerca de ella algunas ideas
“que Nietzsche convirtió en pasiones”. Veía en la religión y el Estado potencias
“esencialmente estables”, que debían aspirar a sostenerse por medio de la
coacción”. La cultura, a su vez, evolutiva por su misma esencia, se opone a
estos poderes:…” 148
Burckhardt afirma lo siguiente:
“La cultura ejerce una incesante acción modificativa y disgregadora sobre las
dos instituciones estables a que acabamos de referirnos, salvo en los casos en
que consiguen ponerla por entero a su servicio y circunscribirla dentro de sus
propios fines.
Fuera de estos casos, la cultura es la crítica de ambas instituciones, el reloj
que delata la hora, puesto que en aquéllas la forma no coincide ya con el
contenido.”149
“En el capítulo de las Reflexiones dedicado a la influencia de la religión en la
cultura, llega a esta conclusión: “El poder conjugado del Estado y de la religión
enfrena en ellos la cultura”*. Brota de allí un conflicto, siempre renovado, para
el cual Burckhardt no cree posible una solución pacífica, no trágica.”150
Para Burckhardt la forma en que se exterioriza la cultura en su conjunto es la
sociedad, frente al Estado y la religión.
“La forma externa de conjunto de la cultura frente al estado y a la religión es la
sociedad en el más amplio de los sentidos.”151
“El tercer factor histórico de importancia, cuya función es, en cierto modo,
integradora y crítica (“es el reloj que indica la hora en que la forma y
substancia del Estado y la religión no se cubren exactamente entre sí”) es la
cultura.
“Burckhardt la define como la “floración espontánea de creaciones del espíritu
147
CANTIMORI, D., Op. Cit., pp. 102.
148
DUJOVNE, L., Op. Cit. Pp. 20.
149
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 67.
150
DUJOVNE, L., Op. Cit., pp. 21. Donde cita * BURCKHARDT, J., Reflexiones
sobre la historia del mundo, Versión castellana de Liuba Dalmore, El Ateneo,
Buenos Aires, 1945, pág. 111.
151
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 68.

56
que no tratan de imponerse al mundo, y en las cuales la sujeción no existe”, un
proceso de mil fases por el cual la actividad elemental e ingenua de una raza
se transforma en un poder reflexivo y acaba en un estadio más elevado, en la
ciencia y la filosofía, en el pensamiento puro.
En la cumbre de toda cultura se encuentran las lenguas, milagro del espíritu,
imagen ideal de los pueblos, mientras “las artes” adquieren (dentro del
fenómeno de la “cultura”) la significación de un símbolo profundo e
imperecedero.
La cultura consiste, esencialmente, en una íntima fusión de necesidades
espirituales y materiales. En cambio, las artes, parte integrante de ella,
descansan sobre “misteriosas vibraciones del alma”. Ellas crean nueva
realidades, y sus impulsos y vibraciones nos dan, innegablemente, el
sentimiento del infinito. Su primera y más noble función es ponerse al servicio
de las religiones.”152
Cada uno de los elementos que integran la cultura tiene un proceso de
génesis, apogeo, caducidad y supervivencia. En la tradición general muchos
de estos elementos siguen vivos inconscientemente, son la sustancia que
procede de pueblos lejanos e incluso olvidados.
“Esta absorción inconsciente de resultados culturales no debe perderse nunca
de vista, así en los pueblos como en los individuos.
El crecimiento y la declinación de tales elementos culturales tiene lugar según
leyes vitales superiores e inexcrutables.”153
Según Burckhardt a la cabeza de la cultura se encuentran las lenguas.
“Las lenguas son la revelación más directa y más específica del espíritu de los
pueblos, la imagen ideal de este espíritu, el material más permanente en que
los pueblos plasman la sustancia de su vida espiritual, sobre todo cuando se
trata de las palabras de los grandes poetas y pensadores.”154
Burckhardt, cita a Lasaulx refiriéndose a la gradación de la cultura.
“La gradación de la cultura, según Lasaulx (p.28) arranca de la minería (es
decir, de un grado cualquiera de preparación de los metales) y recorre las
fases de la ganadería, la agricultura, la navegación, el comercio, la industria y
la prosperidad burguesa; más tarde, los oficios dieron nacimiento a las artes y

152
USCATESCU, G., Op. Cit. Pp. 21, 22.
153
BURCKHARDT., J., Op. Cit. Pp. 68
154
Idem, pp. 68, 69.

57
de éstas surgieron a su vez las ciencias.”155
Burckhardt señala que se trata de una mezcla aparente en virtud de que
algunos de esas cosas son respuestas a necesidades materiales, y otras a
necesidades espirituales. En realidad existe una innegable conexión entre
unas y otras.
“Toda acción material, siempre que el hombre ponga en ella entusiasmo e
iniciativa, deja siempre un residuo espiritual, por pequeño que él sea.”156
No es imprescindible una base material para que el espíritu se exprese.
“Finalmente, no es indispensable que haya una base material como punto de
partida para que lo espiritual encuentre una salida, aunque en último término
siempre se encontrará aquélla. Una vez que el espíritu tiene conciencia de sí
mismo sigue desarrollándose por sí mismo dentro de su mundo.”157
Burckhardt señala que las ciencias son “el lado espiritual de lo prácticamente
indispensable y el lado sistemático de lo infinitamente vario, es decir, las
grandes coleccionistas y ordenadoras de lo que existe independientemente de
ellas;…”158
La Filosofía por su parte busca penetrar las leyes supremas de todo lo que
existe. Ambas, Ciencia y Filosofía, buscan desentrañar lo que existe sin ellas,
antes de ellas. Las artes por su parte, (y en esto no hay diferencia entre las
artes plásticas, la poesía y la música), no se ocupan de lo que existe sin
necesidad de ellos, ni de descubrir leyes.
“…sino de representar una vida superior que sin ellas no existiría.”159
El arte no es repetición de lo meramente existente. Crea imágenes y un
lenguaje universal. El Arte es para Burckhardt junto a la Filosofía el mayor
exponente de la época.
“Dentro del mundo de la cultura se desplazan, se suplen y se condicionan los
distintos campos. Y se advierte un constante movimiento de flujo y reflujo.
Determinados pueblos y determinadas épocas muestran un talento especial y
una especial predilección por determinados campos de la cultura. De vez en
cuando aparecen poderosos individuos y trazan orientaciones a las que luego
se suman hasta un extremo de completa unilateralidad pueblos y épocas

155
Idem, pp. 69.
156
Idem, pp. 70.
157
Idem, pp. 70, 71.
158
Idem, pp. 71.
159
Idem, Idem.

58
enteros.”160
Es difícil de establecer cual de los elementos culturales que a nosotros parece
informarnos sobre toda una época, en realidad predominó en la vida de los
contemporáneos. El intercambio cultural se realiza en los comienzos por medio
del comercio. Burckhardt realiza una fuerte crítica a la cultura moderna. “No
ocurría como en las grandes ciudades (e incluso en las ciudades medianas)
modernas, que “brindan tantas posibilidades de cultura”, pues estas
posibilidades no crean sino mediocridades encumbradas que logran
encaramarse en las posiciones existentes a fuerza de esperar y de explotar las
ventajas sociales, y además una crítica general;…”161
La sociabilidad es una condición fundamental para toda cultura altamente
desarrollada.
“La sociabilidad se encarga de mantener en contacto más o menos estrecho,
aunque persistan los estamentos y sus divisiones, todos los elementos de la
cultura, desde los más altos elementos espirituales hasta los más
insignificantes elementos técnicos,…”162
Dice Uscatescu; “Esencial para toda cultura superior es la sociabilidad, una
especie de “contrapeso de las castas”, cuyo espíritu especializado y unilateral
puede ser útil a la “técnica”, pero conduce, en el dominio espiritual, al
estancamiento, a la limitación y al orgullo desmesurado.”163
Burckhardt distingue entre renacimiento cultural y restauración política,
aunque ambas puedan coincidir a veces.
“Una de las características de las culturas superiores es su capacidad para los
renacimientos. Unas veces es el mismo pueblo, otras veces otros que aparece
posteriormente,…[…] Estos renacimientos deben distinguirse de las
restauraciones políticas y religiosas, con las que a veces, no obstante
coinciden.”164

160
Idem, pp. 74.
161
Idem, pp. 75, 76.
162
Idem, pp. 76.
163
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 22.
164
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 79, 80.

59
EL ENJUICIAMIENTO DEL PASADO Y LA IDEA DE PROGRESO.

Se pretende juzgar el pasado desde nuestra concepción de vida actual.


“Lo que ocurre es que se quiere juzgar todo partiendo de ese grado de
seguridad exterior sin que nosotros ya no podríamos existir y se condena al
pasado por el hecho de que este modo de concebir la vida fuese ajeno a él, sin
tener en cuenta que también en nuestros días, en cuanto la seguridad queda
en suspenso, por ejemplo en la guerra, se desencadenan todos lo horrores.”165
Se debe buscar comprender el pasado y no juzgar.
“Por eso es altamente ridícula nuestra presunción de vivir en la era del
progreso histórico, comparada con aquellos tiempos de peligro cuya fuerza
libre de voluntad ideal se recorta sobre el cielo en cientos de catedrales con
sus altas torres.
A esto hay que añadir nuestro odio lamentable contra lo diverso y lo múltiple,
contra los acaecimientos simbólicos y los derechos dormidos, nuestra
tendencia a identificar lo moral con lo preciso y nuestra incapacidad para
comprender lo abigarrado y lo fortuito. No se trata, naturalmente, de añorar la
vuelta a la Edad Media, sino de comprender. La vida de hoy es un negocio,
entonces era una existencia; apenas si existía el pueblo en conjunto; pero, en
cambio, florecía lo popular.”166
Tres elementos vamos a destacar del pensamiento de Burckhardt que están
claramente indicados en las citas precedentes. En primer lugar su critica a la
idea de progreso y su consecuencia. Es decir la visión historiográfica a partir
de la cual la época que nos toca vivir se considera a sí misma la cumbre de
este progreso y de todo el desarrollo histórico. Constituyéndose en el canon a
partir del cual medimos todas las épocas. En segundo lugar la toma de partido
de Burckhardt en favor del respeto de lo diverso y lo múltiple. En tercer lugar,
la consecuencia que se desprende de lo anterior y que es formulada de modo
explícito por Burckhardt. Nos referimos a la necesidad de comprender el
acontecer histórico y el rechazo de toda pretensión de juzgar época e
individuos del pretérito. No es la nuestra una función judicial.
Uscatescu afirma; “Adversario del actualismo y de la teoría de la plenitud de
nuestros tiempos, Burckhardt afirma, anticipando con mucho a la actual
165
Idem, pp. 77
166
Idem, pp. 77, 78.

60
filosofía de la cultura (Spengler, Huizinga, Berdiaeff, Belloc), que no es posible
probar que el alma y el espíritu del hombre se hayan perfeccionado en el
transcurso del tiempo.”167
“Durante mucho tiempo el historiador pasó por ser una especie de juez de los
Infiernos, encargado de distribuir elogios o censuras a los héroes muertos. Hay
que creer que esta actitud responde a un instinto poderosamente arraigado.
[…] Es, más que nunca la frase de Pascal: “Juzgando, todo el mundo hace de
dios: esto es bueno o malo.” Se olvida que un juicio de valor no tiene razón de
ser sino como preparación de un acto, y sólo posee sentido en relación con un
sistema de relaciones morales deliberadamente aceptadas.”168
Para Bloch comprender es la divisa.
“Una palabra, domina e ilumina nuestros estudios: “comprender”. No digamos
que el buen historiador está por encima de las pasiones; cuando menos tiene
ésa. No ocultemos que es una palabra cargada de dificultades, pero también
de esperanzas. Palabra, sobre todo, llena de amistad. Hasta en la acción
juzgamos demasiado. ¡Es tan fácil gritar: “Al paredón!” No comprendemos
nunca bastante. Quién difiere de nosotros, sea extranjero o adversario político,
pasa, casi necesariamente, por un ser de malos antecedentes. Aún para
conducir las luchas inevitables, sería necesario un poco más de inteligencia en
las almas; con más razón para evitarlas, si se está a tiempo. A condición de
renunciar a sus falsos aires de arcángel, la historia debe ayudarnos a salir de
este mal paso. Es una vasta experiencia de las variedades humanas, un largo
encuentro entre los hombres. Tanto la vida como la ciencia tienen el mayor
interés en que este encuentro sea fraternal.”169
Podemos entender el término “comprender” de dos formas, según nos parece.
Marrou, las define de este modo: “Observada empíricamente, la comprensión
histórica aparece como la interpretación de signos (voluntarios: así la
inscripción citada)* o de indicios (las cenizas de un hogar, las huellas digitales)
por medio cuya inmediata realidad conseguimos alcanzar algo del hombre de
otros tiempos, su acción, su conducta, su pensamiento, su interioridad o, por el
contrario, a veces simplemente su presencia (un hombre ha pasado por
allí).”170
167
USCATESCU, G., Op. Cit. Pp. 22.
168
BLOCH, M., Op. Cit. Pp. 109.
169
Idem, pp. 112.
170
MARROU, H.I., Op. Cit., pp. 64. * La inscripción a que se refiere es la

61
Es decir se trata de un documento en la medida que el historiador puede y
sabe comprenderlo.
“Desde el punto de vista de la teoría del conocimiento, la historia, este
encuentro de lo otro, está íntimamente emparentado con la comprensión del
Otro en la experiencia del presente y entra con ella en la categoría más amplia
(donde ambas se unen por el conocimiento del Yo) del conocimiento del
hombre por el hombre. El problema de la comprensión histórica viene a
desembocar así en una problemática más general que supone ya resuelta.”171
“…toda teoría del conocimiento que sea consciente de sus deberes ha de
incorporarse el hecho de la “intersubjetividad” (por fuerza, tomará el “nosotros”
como dato fundamental y, por lo tanto, indemostrable), ha de dar cuenta de
esta hecho aceptado por la mentalidad común, y dejar bien establecido que no
es ilusorio.”172
Luego afirma Marrou; “Lógicamente hablando, nada hay de específico en la
comprensión relativa al pasado; es exactamente el mismo proceso que
acontece al comprender a otro en el presente y, en particular (ya que las más
de las veces y en el mejor de los casos el documento en cuestión es un
“texto”) en la comprensión del lenguaje articulado.”173
“El comprender el sentido de las palabras (o de los signos) y, después, por
este medio, entrar en comunicación con el pensamiento o los sentimientos que
lo inspiraron, representa dos períodos sucesivos del movimiento circular, o,
mejor dicho, espiriforme, de nuestra hélice.”174
Para terminar Marrou señala: “…el deber que al historiador se le impone no
consiste en limitarse a lo que esté seguro de que cualquiera vería como él,
sino más bien en comprender todo lo que él mismo sea capaz de llegar a
comprender.”175
“Por lo tanto, lo que suele considerarse como progreso moral se obtiene: a) por
la multiplicidad y la plenitud de la cultura, b) por el sofrenamiento del individuo
a consecuencia del incremento enorme del poder del estado y que puede
llegar, incluso, hasta la abdicación formal de aquél, sobre todo allí donde

denominada Laudatio Thuriae, Cf. pp. 63.


171
Idem, pp. 65.
172
Idem, Idem.
173
Idem, pp. 66.
174
Idem, pp. 68.
175
Idem, pp. 167.

62
predomine unilateralmente el lucro monetario, ya que éste absorbe en último
resultado toda iniciativa.”176
Para Burckhardt esta pretensión de formarse una idea moral del pasado surge
en la época posterior a Rousseau.
“La época posterior a Rousseau es la primera que ha pretendido formarse una
idea moral del pasado en bloque, partiendo del supuesto de que los hombres
en general eran esencialmente buenos, de que su bondad no había podido
resplandecer hasta ahora y de que se manifestaría esplendorosamente tan
pronto como se viese en el poder. Este punto de vista le llevaba a arrogarse
(en la Revolución francesa) el derecho a enjuiciar a todo el pasado. Pero lo
que caen ya en una oscuridad completa al creer en esta superioridad moral del
tiempo presente son, en realidad las últimas décadas, que ya no excluyen
siquiera a la antigüedad. La reserva secreta que al pensar así se abriga es la
de que el ganar dinero es hoy más fácil y más seguro que nunca, y de que con
la amenaza de esto se viene también a tierra el sentimiento elevado
correspondiente.”177
En cuanto a la cultura del Siglo XIX afirma Burckhardt: “…la cultura del siglo
XIX considerada como cultura universal, la vemos en posesión de las
tradiciones de todos los tiempos, de todos lo pueblos y de todas las culturas.
La literatura de nuestro tiempo es una literatura universal.”178
El Estado y la Iglesia procuran “…poner a su servicio la cultura”. Prefieren
apoyarse en la cultura antes que en la represión.”179
Burckhardt sostiene que Schopenhauer resolvió definitivamente la oposición
enunciada por Aristóteles entre Poesía en Historia.
“La poesía aporta más que la historia al conocimiento de lo que es la
humanidad.”180 Aristóteles había enunciado que la poesía es algo más filosófico
y más profundo que la historia.
“Cuando Aristóteles afirmaba ya que la poesía es algo más profundo y más
filosófico que la historia, expresa una verdad incontestable.
La misión de la poesía consiste en mostrar la significación del acontecer, de las
personas y cosas, que reside en las relaciones vitales ( el Lebenserfassung, de

176
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 78.
177
Idem, pp. 79.
178
Idem, pp. 80.
179
Idem, pp. 81.
180
Idem, pp. 82.

63
Dilthey). Los tipos de visión poética del mundo preparan los de la metafísica o
facilitan su influencia sobre la sociedad entera.
También para Burckhardt, el poder de la poesía es más elevado y influencia es
superior a la “historia”.”181
“La razón de esto está en que la capacidad a que responde la poesía es de por
sí mucho más alta que la del mejor historiador, del mismo modo que la
influencia que aquélla está llamada a tener supera también con mucho a la que
está llamada a tener la historia.
Además, la historia tiene en la poseía una de sus fuentes más importantes y
una de las más puras y más hermosas.”182
La poesía ofrece una invalorable ayuda para el conocimiento de la humanidad.
“La historia tiene que agradecerle a la poesía, en primer lugar, el conocimiento
de lo que es la humanidad en general y, en segundo lugar, los ricos elementos
que le da para poder comprender las épocas y las naciones. La poesía es,
para el historiador, la imagen de lo que en cada momento hay de eterno en los
pueblos, visto en todos sus aspectos; imagen que es no pocas veces lo único
que se conserva y lo que en mejor estado llega a nosotros.”183
“La poesía fué, durante largo tiempo -sea en forma de lirismo colectivo al
servicio de las religiones, sea en forma de arte de sociedad o de heraldo de las
victorias agonísticas (como en Píndaro), o bien, en fin, como expresión de la
gran nobleza cosmopolita en la Edad Media-, uno de los principales motores
de la dinámica histórica. Ella nos revela el espíritu de los pueblos, y su alma
objetiva se identifica con lo que Herder definía como “Stimmen der Völker in
Liedern” (La voz de los pueblos a través de los cantos). Así como la tragedia
antigua derrama oleadas de luz sobre la existencia helénica, el ciclo medieval
de Arturo y Carlomagno impulsa, a su vez, la formación y el desarrollo del
espíritu occidental.”184
La epopeya suple a toda la historia, según Burckhardt.
“Luego viene la epopeya y sus cantores. La epopeya suple a toda la historia y
a una buena parte de la revelación como manifestación de vida nacional y
testimonio de primer rango de la necesidad y capacidad de un pueblo para
contemplarse y expresarse a sí mismo, típicamente. Los cantores en quienes
181
USCATESCU, G., Op. Cit. Pp. 23.
182
BRCKHARDT, J., Op. Cit. Pp. 82.
183
Idem, Idem
184
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 24.

64
vive en el más alto grado esta capacidad, son grandes hombres.
El valor de la epopeya cambia radicalmente a partir del momento en que la
época empieza a ser literaria, en que la poesía se convierte en un género
literario y en que lo que antes era recitación popular se torna lección de
cátedra.”185
El arte termino convirtiéndose en un lujo “…surge un arte profano, en parte
secular-monumental, puesto al servicio del poder y parte también al servicio de
la riqueza. Se forman géneros especiales y secundarios, como el retrato, la
pintura costumbrista y el paisaje, para dar gusto a las fortunas y los clientes; y
el arte se convierte también aquí en expresión de emociones y estímulo para
ellas.”186
“Burckhardt, discípulo de Schopenhauer en la teoría del arte, considera que,
en la actitud estética, el hombre se libera de la servidumbre de la voluntad.
Pero mientras la intuición objetiva es metafísica en Schopenhauer, en
Burckhardt es histórica. Para Burckhardt -observa Cassirer-, “los puros
mundos de formas en que se sume, se alzan con plena claridad plástica, con
una presencia directa y como sustraída al tiempo, pero, a la vez, percibe en
ellos un movimiento interior, una cierta metamorfosis.” Para él, la suprema
misión de la historia de la cultura es captar e indagar este “devenir en el ser”,
este cambio plástico del mundo de formas del arte, de la poesía, del lenguaje,
de la mitología, de la religión. Esta misión, según lo declara al comienzo en sus
Reflexiones sobre la Historia del Mundo, no la puede cumplir la filosofía, pero
sí la historia:…”187

185
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 83, 84.
186
Idem, pp. 94.
187
DUJOVNE, L., Op. Cit. Pp. 22.

65
CAPITULO 4

LAS SEIS CONDICIONALIDADES.

El estudio de estas seis condicionalidades no solo carece de valor sistemático,


sino que a su vez es dudoso desde el punto de vista lógico, afirma Burckhardt.
Pero se trata de una formulación teórica que puede brindar réditos importantes
a la hora de realizar observaciones históricas.
“…este planteamiento brinda una envoltura muy adecuada para una serie de
observaciones histórica del más distinto rango y de todos los tiempos,
observaciones sobre la cuales tiene cierto interés pararse a reflexionar y que
no tendrían cabida con otro planteamiento.”188
“Jamás ha existido nada que no se hallase condicionado o fuese puramente
condicionante; lo condicionante o lo condicionado predomina simultáneamente
según el aspecto que se destaque; trátase siempre de un simple a potiori, de lo
que predomine en cada caso.”189
Uscatescu opina sobre este punto, lo siguiente:
“Reduciendo la historia universal a una mecánica que él mismo califica de
“arbitraria” y un tanto “ilusoria, Burckhardt examina, a través de una serie de
observaciones de sumo interés, el juego de las influencias recíprocas de los
tres factores de la “civilización”. También es esta ocasión rechaza todo
sistema, ya que el carácter dominante de los conceptos históricos es “la fluidez
y la falta de sistema”, y discrimina, en el proceso de las interferencias
históricas, seis “condiciones” de los fenómenos, es decir: influencia del Estado
sobre la cultura, de la cultura sobre el Estado, de la religión sobre la cultura, de
la cultura sobre la religión, de la religión sobre el Estado y del Estado sobre la
religión.”190

188
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 95.
189
Idem, pp. 96.
190
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 24, 25.

66
CULTURA Y ESTADO

“Allí donde nos encontramos con una cultura completa hasta manifestarse en
una vida urbana refinada el estado es siempre, en estos períodos primitivos, la
parte, con mucho, más fuerte, sin que entremos a prejuzgar si es también la
más antigua.
A favor del estado habla tal vez el indicio claro de que surgió como producto de
esfuerzos formidables, a través de miles de años de forcejeos y de luchas
terribles, y no como una cristalización evidente por sí misma, y espontánea. La
religión viene a vigorizarlo con el nimbo de un derecho sagrado y le confiere un
imperio verdaderamente incondicional. Todo el saber y todo el pensamiento,
toda la fuerza física y todo el esplendor se ponen al servicio de este doble
poder. Las mayores inteligencias
-sacerdotes, caldeos, magos- rodean el trono.”191
El predominio del Estado se expresa en el modo de paralizar y enjuiciar a la
Cultura.
“La clara característica del predominio del estado sobre la cultura la tenemos
en el modo unilateral de enjuiciar y paralizar ésta.”192
Nos encontramos frente al problema del comercio cerrado, este tiene su origen
en lo siguiente:
“La cultura de por sí tiende siempre a comunicarse y a compensarse, pero el
estado civilizado costó tantos esfuerzos y sacrificios hasta conseguir que las
cosas se encauzasen un poco, que de fuera sólo se temían perturbaciones y
no se esperaba nada bueno.”193
Burckhardt realiza un recorrido histórico estudiando el surgimiento de la
individualidad. Analiza el nacimiento del régimen de castas donde observa una
fuerte negación de lo individual.
“De esta fuerte negación de lo individual brota luego, tal vez, una cultura
parcial relativamente alta, que si bien puede tener su razón de ser en el
aspecto técnico, en la perfección heredada de las habilidades externas
(aunque también las artes textiles, la carpintería, la fabricación del vidrio, etc.,
permanecen completamente estacionarias), en el aspecto espiritual trae

191
BURCKHARDT, J., Op. Cit. Pp. 97, 98.
192
Idem, pp. 98.
193
Idem, Idem.

67
consigo al menos el estancamiento, la limitación, la oscuridad hacia fuera. Este
sistema rompe con la libertad del individuo, la cual no consiste precisamente
en el capricho de hacer lo que a cada cual se le antoja, sino en inexistencia de
barreras para el conocimiento y la comunicación y en el libre impulso para la
creación, que es precisamente lo que aquí se entorpece.
Paralelamente con esto tenemos el hecho de que las dos castas superiores,
en un principio, tendían a estancar violentamente el arte y la ciencia superiores
en Egipto declarándolas sagradas del modo más dudoso.”194 “El estado, con su
derecho sagrado, encuadraba de este modo el saber y el arte permitidos
dentro de un sistema y ponía lo más esencial al servicio de una determinada
casta, aunque el arte seguía ciertamente sirviendo a los que mandaban por
todos los medios y con el mayor entusiasmo.”195
En contraste con este despotismo, cuyos ejemplos son; Egipto, Asiria,
Babilonia, Persia, etc., se alza la polis.
“En ella se impone lo vario y lo múltiple, lo cambiante, lo que se conoce, se
compara y se describe a sí mismo, sin que existan libros sagrados en que se
estatuye la doctrina del estado y la cultura. Las ocupaciones, por lo menos,
son aquí independientes del nacimiento de los hombres, las ocupaciones
puramente técnicas se desdeñan como algo banal, pero en cambio, se honra
la agricultura y casi siempre también el comercio.”196
“Sin embargo, la cultura veíase determinada y dominada en alto grado por el
estado, en lo positivo y en lo negativo, desde el momento en que aquél exigía
ante todo de todo individuo que fuese un ciudadano. Todo el mundo tenía la
sensación de que la polis vivía en él. Sin embargo, esta omnipotencia de la
polis difiere sustancialmente de omnipotencia del estado moderno. Esta sólo
exige que nadie escape materialmente de ella; aquélla en cambio pretendía
que todos la sirviese positivamente, razón por la cual se mezclaba en muchas
cosas que hoy quedan encomendadas al individuo.”197
Esparta aparece como un caso al margen.
“El estado griego revela una especial violencia en lo tocante al
desencadenamiento de lo individual, así en cuanto al amor como cuanto al
odio. Esto imprime un impulso formidable a la cultura. Todo rompimiento es
194
Idem, pp. 99, 100
195
Idem, pp. 100.
196
Idem, pp. 100, 101.
197
Idem, pp. 101.

68
espantoso y conduce no pocas veces a crueles luchas de facción encaminadas
al exterminio del adversario y a la eliminación de capas enteras de población,
sobre todo las de más alta cultura. Sin embargo, el esplendor de la fama y de
la cultura acaba eclipsándolo todo.”198
El estado griego coloca en tensión todas las fuerzas del individuo
desencadenado, y esto genera en todas partes que la producción más
elevada.
“En general puede afirmarse que la cultura condicionada por los deberes del
ciudadano era en todo caso más propicia a la capacidad (a una capacidad
infinita y muy intensiva) que al saber basado en un acopio sereno de
elementos. Para el desarrollo de éste vinieron luego los tiempos despóticos
bajo los diadocos, con su estancamiento de la vida política y su ocio, en los
que Polibio (refiriéndose principalmente a la geografía) podía decir: “Ahora que
los hombres de acción se ven libres de las ambiciosas tareas de la política y la
guerra, tienen un acicate para dedicarse a los trabajos científicos.”*”199
Según Burckhardt, Roma salvó las culturas del mundo antiguo.
“…llega a dominar con el tiempo el mundo entero, y no por medio de la forma
de estado (bastante lamentable, por cierto, en los cien años anteriores a
César), sino por medio del espíritu del estado, por aquel prejuicio avasallador
que llevaba al individuo a sentirse parte de un imperio universal.”200
Luego agrega Burckhardt que: “Sin la monarquía universal romana no hubiera
sido posible asegurar la continuidad de la cultura.”201
Existe una tendencia que se extiende desde Nerón a Carlomagno de aspirar
constantemente a la unidad, cada vez con el reintegro de las partes a un
nuevo todo.
“Entre tanto ha ido creciendo la iglesia y Roma es proclamada desde las
catacumbas, en un sentido nuevo, como señora del mundo.”202
La actitud del Imperio Romano ante la cultura fue “simplemente, un dejar
hacer.”
“De este modo, bajo un régimen de tolerancia casi general, fué posible
compensar las culturas y las religiones en los vastos territorios del Imperio. El

198
Idem, Idem.
199
Idem, pp. 102. - Donde cita * Polybio III, 59 y XII, 28.
200
Idem, pp. 102, 103.
201
Idem, pp. 103.
202
Idem, pp. 103, 104.

69
Imperio romano no empezó a desarrollar una acción destructora sobre la
cultura hasta el siglo IV, con su pernicioso sistema financiero de hacer
responsables a los possessores de los impuestos de su localidad.”203
Los nuevos estados bárbaros retardan nuevamente la cultura.
“Pero el nuevo estado retardó no obstante la cultura
-principalmente con la creación de nuevas castas-, lo que no siempre
representa una desgracia. Una de estas castas, el clero, era una casta
heredada; la otra, la nobleza que surgía de las mesnadas, era una casta
nueva.”204
Ambas castas tienen su cultura aparte. “…y junto a ellas, va abriéndose paso
con el mayor esfuerzo el que ha ser el factor fundamental de la nueva cultura:
el régimen de las ciudades, que desde la ruina del Imperio romano vuelve a
representar todas las ramas de cultura y que desde el siglo XII arrebata a los
jerarcas incluso el arte, pues las grandes obras de la baja Edad Media fueron
creadas ya por artistas burgueses. En Italia la ciencia no tarda tampoco en
emanciparse de la iglesia. Ya así surge la época en que toda una serie de
pequeños estados sueltos, las comunas, representan, la cultura en todos sus
aspectos, mientras el mundo cultural específico de la nobleza y el clero va en
descenso y las cortes se reducen a ser el centro de reunión de la nobleza.”205
Este desmembramiento de pequeños reinos, trajo consigo el feudalismo, en
opinión de Burckhardt.
“Era el modo más inseguro y torpe que cabía concebir para obtener rentas de
cualquier clase de capital, tributos de cualquier concesión, una desmembración
y derivación del poder que a nuestro siglo embriagado de autoridad se le tiene
que antojar una necesidad y un infortunio, un sistema incompatible con las
funciones de gobernar tal y como se entienden hoy. Sin embargo, cuando un
régimen no tiene significación alguna respecto a la cultura de su tiempo no
suele durar mucho y el régimen feudal tuvo una larga duración. Los hombres
de la época desarrollan sobre el régimen de la época sus virtudes y sus vicios;
la personalidad podía manifestarse libremente, dar pruebas de su buena
voluntad, y en esto residía su pathos. Claro está que, en las ciudades, la
degeneración del feudalismo oponía trabas terribles a la cultura; sin embargo,

203
Idem, pp. 104, 105.
204
Idem, pp. 105.
205
Idem, pp. 105, 106.

70
era la propia cultura y no el estado, esencialmente, quien se imponía trabas
bajo la forma de corporaciones.”206
Para Burckhardt el estado moderno surge con Federico II Hohenstaufen y su
Imperio del Sur de Italia.
“Hasta que con el emperador Federico II y su Imperio del sur de Italia surge el
estado moderno, centralizado, basado en las prácticas tiránicas de los
normandos y en los precedentes mahometanos, con una hegemonía tremenda
también sobre la cultura, principalmente por medio de los monopolios
comerciales que se reserva -baste recordar el comercio privilegiado del propio
Federico con todos los países del Mediterráneo-. Este tipo de estado se
inmiscuye en todos los asuntos privados,…”207
Burckhardt es lapidario con el Hohenstaufen.
“Pero el gran crimen es el bloque anticultural del sur de Italia para aislarlo del
occidente. No, no es posible abrigar ninguna simpatía liberal por aquel gran
Hohenstaufe.”208
Sin embargo, “El tipo más temprano y más acabado de estado moderno con
un poder coactivo más alto y fuertemente ejercido, que se extiende a casi
todas las ramas de la cultura, es el estado de Luis XIV y de sus imitadores.”209
“Pasan muchos siglos hasta que, con Luis XIV, surge el primer modelo
acabado de Estado moderno, cuya característica predominante consiste en el
ejercicio del máximun de poder coercitivo sobre la cultura. Esta situación
perdurará hasta el siglo XIX, cuando la cultura intenta tomar a su servicio al
Estado, y entonces se producirá el fenómeno denominado “la crisis del
Estado”. El Estado moderno tipo Luis XIV merece, en sus relaciones con la
cultura todos los ataques del liberal profesor de Basilea, y el hecho de que bajo
él surgió la que el espíritu francés considera como su Siglo de Oro, no parece
conmoverle en lo mas mínimo.”210
Este tipo de Estado nace de la alianza de la monarquía francesa con el
derecho romano, y las ideas del renacimiento El tipo de Estado de Luis XIV se
extiende, entre otras causas por la propia seguridad de sus imitadores.
“…el Siglo de las Luces y la revolución vinieron a infundirle un contenido

206
Idem, pp. 106.
207
Idem, pp. 106, 107.
208
Idem, pp. 107.
209
Idem, pp. 108.
210
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 25, 26.

71
totalmente nuevo, dejando de llamarse Luis para pasar a llamarse república.”211
En lo que hace al comercio y la producción Luis XIV abusa del sistema Colbert
para explotar mejor.
“Residuos de aquellos manejos son todavía hoy las industrias amparadas por
aranceles protectores; en apariencia, el estado procede así para favorecer la
industria, pero en realidad trata de favorecerse a sí mismo.
Por estos derroteros, el estado fué habituándose a una política exterior
basada en la violencia, a la existencia de grandes ejércitos permanentes y de
otros costosos medios coactivos de diversas clases, en una palabra, a una
vida aparte completamente desligada de su verdadera misión superior. El
estado se convirtió en puro apetito y disfrute de poder, en un pseudoorganismo
“con existencia propia”.”212
Frente a las cosas del espíritu la actitud del Estado de Luis XIV fue la
siguiente: “En primer lugar, el estado instaura así (con aquello de l’etat c’est
moi) una doctrina acerca de sí mismo que contrasta con la verdad general y
que contradice tanto a la cultura como a la misma religión.
En segundo lugar, las exclusiones y los estímulos manejan sistemáticamente;
las primeras se llevan hasta la persecución de ciertas clases de elementos
cultos o, si no se les persigue, se entorpece su libertad de movimientos.
Por su parte, el espíritu se pliega complacientemente al poder político. Lo que
éste no ordena se hace voluntariamente para complacerle y congraciarle con
él. En este punto, no sería inoportuno decir algunas palabras sobre el valor y la
futilidad de todas las academias.”213
Las artes y la filosofía son puestas al servicio del Estado.
“La literatura e incluso la filosofía, dedicadas a glorificar el estado, se hacen
lucrativas, y lo mismo el arte monumental; sólo crean lo que puede ser grato a
la corte. El espíritu, en todas sus manifestaciones, busca una remuneración y
se adapta a lo “existente”.* Junto a esta producción espiritual remunerada, sólo
entre los exiliados o entre los que se dedican a divertir al pueblo vulgar se
mantiene una producción libre.
Al mismo tiempo, las cortes se convierten en modelo de toda la sociedad; el
gusto cortesano es el que decide en todo.”214
211
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 109.
212
Idem, Idem.
213
Idem., pp. 110.
214
Idem, Idem, * el autor en nota al pie refiere lo siguiente: “En los tiempos

72
Se extiende la enseñanza de todo tipo, en establecimientos propios, no
tolerando el Estado competencia, salvo la de la Iglesia cuando se ve obligado a
ello.
“En términos generales, puede afirmarse que el estado, en épocas de
decadencia, puede ser el heredero forzoso protector obligado de
manifestaciones relacionadas con la cultura y que sin él morirían;…”215
Este régimen acaba matando toda iniciativa. Finalmente Burckhardt realiza
afirmaciones que asombran por su actualidad. “Pero fundamentalmente todas
las naciones aspiran (aparentemente o en realidad) al poder. La existencia de
los pequeños estados se aborrece hoy como una vergüenza heredada de
tiempos anteriores; los individuos activos no gustan de trabajar para este tipo
de estado; todo el mundo quiere formar parte de algo grande y con ello da a
entender claramente que el poder es lo primordial y la cultura, a lo sumo, un fin
completamente secundario. Se pretende, sobre todo, que la voluntad colectiva
se imponga hacia el exterior, en contra de otros pueblos.
Esto explica, principalmente, lo vano que es todo esfuerzo de
descentralización, todo lo que sea limitación voluntaria del poder en beneficio
de la vida local y de la cultura. A todo el mundo le parece poco cuando tienda a
fortalecer la voluntad central.”216
El poder hace infeliz a quién lo ejerce y a quién lo sufre.
“Ahora bien, el poder de por sí es malo, cualquiera que lo ejerza. No es
obstinación, sino avidez; es, por tanto, eo ipso, irrealizable e infortunado de por
sí y destinado a hacer infelices a otros.
Por este camino se cae infaliblemente en manos de dinastías o de “grandes
hombres”, etc., ambicioso y ávidos de sostenerse; es decir, en manos de
aquellas fuerzas más despreocupadas del desarrollo y florecimiento de la
cultura. Pero tal vez la voluntad de poder y la voluntad de cultura no sean más
que instrumentos ciegos de un tercer factor, todavía ignorado.”217
“Esta aversión esencial que Burckhardt demuestra hacia los períodos de
intromisión del Estado en el desarrollo de la cultura, aversión en perfecta
consonancia con el espíritu del liberalismo individualista, tropieza mucho con
los datos de la realidad histórica. Efectivamente, los períodos de mayor
modernos el lugar de los reyes lo ocupan también los editores y el público.”
215
Idem, pp. 111.
216
Idem, pp. 112.
217
Idem, pp. 112, 113.

73
“intervención” del Estado organizado en los asuntos de la cultura no coinciden,
ni mucho menos con una disminución en el florecimiento de los valores del
espíritu. Nadie puede negar que durante la “tiranía” ejercitada sobre los
productos de la cultura por parte de la Iglesia y la nobleza en el período de la
Edad Media, las creaciones espirituales alcanzaron las más puras esferas de
su autenticidad y organicidad.
Las relaciones que interceden entre el estado y la cultura, en su función de
factores históricos, no son relaciones mecánicas como pretende Burkchardt,
aunque, a veces, esta realidad no parece escaparle del todo,…”218

CULTURA Y RELIGIÓN

Para Burckhardt la religión es una premisa de toda cultura.


“Las religiones pueden exhibir grandes títulos de maternidad sobre las
culturas; más aún, la religión es una premisa de toda cultura merecedora de
este nombre y puede incluso coincidir en absoluto con la única cultura
existente.
Es cierto que ambas manifestaciones, la religión y la cultura responden a dos
necesidades esencialmente distintas, la una a la necesidad metafísica, la otra
a la del espíritu material. Pero en realidad la una arrastra a la otra y la pone a
su servicio.
Una religión poderosa penetra en todas las manifestaciones de la vida y matiza
todas las reacciones del espíritu y todos los elementos de la cultura.”219
Aunque con el tiempo la verdadera esencia de la religión puede verse ahogada
por las ideas y las imágenes surgidas desde la cultura.
“Toda religión, si se la mantuviese en su pureza absoluta, pondría totalmente a
su servicio el estado y la cultura; es decir, los convertiría en avanzadas de sí
misma y transformaría radicalmente toda la sociedad a imagen de ella.”220
De este modo la fe se convierte en tradición y se esclerosa, ya no facilitaría la
cultura.
“Pero puede además ocurrir que sea el contenido de la religión, su doctrina, lo
que ponga duras y severas trabas a la cultura, incluso a una cultura muy
218
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 26.
219
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 113.
220
Idem, Idem.

74
elevada.
Ante todo, la preocupación por el más allá puede eclipsar completamente la
vida terrenal. En los umbrales de la historia nos encontramos ya con la religión
sepulcral de los egipcios, que imponía a éstos tan grandes sacrificios para sus
sepulcros. Ya al final de la antigüedad vemos cómo la turbia vida contemplativa
y el ascetismo puede llevar al hombre a aborrecer el mundo en que vive.
Fué así como el cristianismo comenzó no sólo a penetrar en la cultura romana,
sino a desplazarla y sustituirla.”221
La Iglesia desplaza toda literatura que le sea ajena, los círculos de ideas
profanos son aplastados, la discusión del dogma es tarea importante incluso
para el pueblo.
“La fusión de iglesia y de estado se realiza en el islam, el cual domina,
condiciona y tiñe sustancialmente toda la cultura. Su sistema de estado tiene
un carácter uniforme e inevitablemente despótico: la plenitud de poder
eclesiástico-secular teocrática, que el gran califato transfiere como algo
evidente a todas las dinastías. […] El islam, religión tan tremendamente breve,
más bien perjudicó que favoreció a la cultura, en lo fundamental, con su
sequedad y su sencillez ajena a todo consuelo, y aún sigue siendo perjudicial
hoy en este sentido, porque incapacita totalmente a los pueblos respectivos a
abrazar otra cultura.”222
Tanto la literatura como las artes plásticas sufren la influencia perjudicial de la
religión, solo la arquitectura logra desarrollarse.
“Las menos entorpecedoras para la cultura fueron las dos religiones clásicas,
como religiones que eran sin jerarquía, sin textos sagrados y sin la
preocupación exagerada por el más allá.”223
El mundo griego de la religión era en realidad una divinización de la cultura y
no su petrificación. Los romanos divinizaron todo lo terrenal.
“Entre los antiguos la religión oponía muy poca resistencia al desarrollo ulterior
del mundo de las ideas; allí donde la poesía soltaba al hombre como
educadora podía hacerse cargo de él la filosofía y conducirlo al monoteísmo, al
ateísmo o al panteísmo.”224
En cuanto a las artes cualquiera sea su origen, en su juventud estuvieron
221
Idem, pp. 114.
222
Idem, pp. 115.
223
Idem, pp. 118.
224
Idem, pp. 119.

75
ligadas a la religión. Fueron la religión y el culto los que potenciaron sus
máximas capacidades, e imbuyeron a las artes de la conciencia de la
existencia de leyes superiores, obligando al artista a tener y preocuparse por el
estilo.
“Los déspotas procuraron luego utilizar también para sus fines el arte nacido al
servicio de los sacerdotes. Sin embargo, el arte con el tiempo no sólo se
sostiene a una determinada altura, sino que se mantiene fijo por arriba; es
decir, su desarrollo ulterior se paraliza momentáneamente mediante un
estancamiento hierático y lo ya conseguido con un esfuerzo enorme se
considera como sagrado, como nos lo enseñan, al comienzo y al final del
mundo de la cultura antigua, Egipto y Bizancio.”225
Los griegos rompieron esas barreras incluso al servicio del culto. La primera
de las artes que logra desprenderse del culto fue la poesía.
“La necesidad de una poesía profana se acentúa tanto más cuanto que todas
las noticias que aspiran a conservarse y transmitirse tienden a revestir una
forma poética.
Luego va separándose de la religión, allí donde ésta no se mantiene como
dueña y señora por medio de un derecho sagrado, un campo tras otro del
conocimiento, hasta que por último surge una ciencia completamente
profana.”226
Luego tocaría el turno a las artes plásticas.
“La religión brinda a la arquitectura su misión, más alta y a la escultura y la
pintura un círculo de ideas reconocido y comprensible en todas partes, una
ocupación difundida homogéneamente a través de grandes países."227
“Finalmente, la religión brinda a ala música un círculo incomparable de
sentimientos; es cierto que las obras creadas por la música sobre esta base
pueden luego sobrevivir por mucho tiempo a la misma religión que ha
contribuido a determinarlas.”228

225
Idem, pp. 120.
226
Idem, pp. 122.
227
Idem, Idem.
228
Idem, pp. 123.

76
ESTADO Y RELIGIÓN

“… es indudable que la religión tuvo que contribuir poderosamente a las


fundaciones de los estados -tras terribles crisis, probablemente-, influyendo
desde entonces constantemente en toda la marcha de la vida de los estados.
Este entrelazamiento explica el origen de un derecho sagrado, estatuido por
los sacerdotes, con el cual se tendía a dar al estado la mayor estabilidad
posible; por este camino defendía simultáneamente, en un principio, los
intereses de gobernantes y sacerdotes.
El lado negativo de esto, aun suponiendo que este poder duplicado no incitase
de por sí a un doble abuso, era el entorpecimiento de todo lo individual.”229
“Fecunda es la contribución de las religiones para el desarrollo de la cultura y
el Estado. A veces nos enfrentamos con el caso de que ellas coinciden con la
única cultura existente, mientras a la base de los primeros Estados está
siempre un derecho sagrado, consolidado por los sacerdotes. Una religión
fuerte penetra en todas las formas de la vida, se comunica a todos los
movimientos del alma y a todos los elementos de la cultura.”230
Todo lo que procura romper con lo existente es considerado sacrílego y era
castigado con terribles penas y torturas. Como se puede ver todo desarrollo es
impedido.
“El lado positivo del asunto está en que en épocas en que se refrena lo
individual el poder del estado y el poder sacerdotal pueden llegar a crear
realmente cosas grandes, pueden alcanzarse grandes fines y acumularse
mucho saber, bien que toda la nación puede encontrar en esto su expresión,
su pathos y su orgullo frente a otros pueblos. Los pueblos con su derecho
sagrado han existido realmente para algo y han dejado tras sí una huella
poderosa;…”231
En los Estado templarios y oraculares de Asia Menor la religión es lo básico y
lo imperante.
“Raras veces existen en ellos ciudadanos; en la mayoría de los casos
funcionan a base de esclavos de los templos, procedentes unas veces de
donaciones y otras veces de tribus puestas al servicio del dios como resultado

229
Idem, pp. 123.
230
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 26, 27.
231
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 124.

77
de guerras sagradas o de otro modo.”232
Las teocracias más importantes desde el punto de vista histórico son las que
responden a las religiones monoteístas, fundadas, reveladas y creadas por
una reacción. Tal es el caso por ejemplo de la religión judía, zenda,
brahamánica.
El Islam “…que mataba el sentimiento patriótico y plasmaba sobre la religión
una mísera forma de estado y de derecho sobre la que sus pueblos no eran
capaces de remontarse. El estado carece aquí de todo interés como imagen
política; el despotismo carente de toda garantía hacia arriba y hacia abajo se
comprende casi por sí mismo en el califato y también, por una operación falta
de toda lógica, en las formas derivadas de él.”233
Burckhardt, sugiere la pregunta de hasta que punto el Islam representa esta
forma de Estado.
“Su orgullo consiste en ser precisamente el islam, y contra esta religión, la más
simple de todas, nada puede ni siquiera su propia gente: al malo se le pueden
negar los sacramentos; su fatalismo le permite salvar muchos obstáculos; todo
el mundo se halla habituado a la violencia y a la corrupción.”234
“…únicamente el Islam llega a fundir los tres factores en una unidad
aplastante, hecho harto pernicioso para el desarrollo de la cultura, que no
puede lograr, en estas circunstancias, una totalidad espiritual.”235
El mundo griego y romano representa la antítesis del sistema Religión y de
Estado del Oriente.
“Aquí la religión se halla esencialmente condicionada por el estado y por la
cultura; las religiones griegas y romanas son religiones estatales y culturales, y
sus dioses, dioses de estado y de cultura, y no se convierte al estado en un
dios, razón por la cual ni en Grecia ni en Roma existen jerarquías.”236
“En el mundo griego y romano, contrariamente a lo que ocurre en los Estados
teocráticos del Cercano Oriente y en el mundo islámico (donde hay una
compenetración absoluta entre la religión y el Estado), son el Estado y la
cultural los que condicionan las religiones, que son religiones de Estado y
religiones de cultura. En el Imperio cristiano, la religión toma, en cambio, un

232
Idem, pp. 125.
233
Idem, pp. 128.
234
Idem, pp. 129.
235
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 27.
236
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 130.

78
fuerte ascendiente sobre el Estado. Por esto, desde la aparición el Imperio
cristiano hasta la Edad Moderna, en toda política y toda guerra o manifestación
estatal domina una fuerte influencia de las ideas metafísicas.”237
Esta situación cambió radicalmente con el Imperio Cristiano.
“…en la época siguiente de los emperadores cristianos y en la época bizantina
la cultura se hallaba condicionada por la religión; pronto lo estuvo también, casi
en la misma medida, el estado, y desde entonces, hasta llegar a los tiempos
modernos, nos encontramos con injerencia de lo metafísico en el campo de la
política, en las guerras, etc., injerencia que se destaca de algún modo y en
algún punto; donde no actúa como causa fundamental contribuye, por lo
menos, a la decisión o se desliza a posteriori (como ocurre, por ejemplo, en la
gran guerra actual).238
El bizantinismo se desarrolla de modo análogo y en permanente contacto con
el Islam. La base de todo el poder y del modo de actuar de las jerarquías se
encuentran en la doctrina del más allá.
“…los términos de la condicionalidad cambian: hasta el conflicto de los
iconoclastas impera en lo sustancial la iglesia, la cual sólo reconoce y enjuicia
al imperio según su sumisión a sus fines; los autores, por su parte, enjuician a
los emperadores ateniéndose exclusivamente a la medida en que estimulan a
la iglesia ortodoxa. […] A base de esto, la iglesia garantiza al imperio la
obediencia de los pueblos y la dicha sobre la tierra. Desde Constantino, todos
los emperadores se ven obligados a cooperar en la teología.
Este estado de cosas se mantiene hasta que, por fin, León Isáurico se encarga
de teologizar por su cuenta. Tal vez ya en él y, desde luego en Kroprónimos y
sus sucesores, se abre paso la idea política oculta de empuñar de nuevo el
timón y ganar terreno frente al clero y los monjes. En conjunto, el imperio
vuelve a ser la parte determinante, y lo es claramente en la época de los
Macedonios y los Comnenos.”239
En los estados germánicos asistimos a un intento de control por parte de la
religión a través del arrianismo.
“Pero este intento fracasa a lo largo del tiempo en todas partes; la iglesia
ortodoxa se impone y logra para sí una posición política de mando, razón por

237
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 27.
238
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 130.
239
Idem, pp. 131.

79
la cual en lo sucesivo ya no necesitaremos distinguir entre la iglesia y su
estructura jerárquica; trátase únicamente de saber cuál es esta iglesia en cada
momento.
Es cierto que en el occidente se evita felizmente la identificación de la religión
con el estado; se crea una gran corporación poseedora y extraordinariamente
peculiar, que participa del poder supremo del estado y de la vida jurídica y se
halla dotada de soberanía en algunos aspectos.”240
A veces la Iglesia decae fuertemente, en esas circunstancia viene en su
auxilio, (y particularmente en auxilio del papado, -la institución rectora-), los
poderes seculares. Tal es el caso de Otón el Grande, Enrique III y Carlomagno.
“El estado feudal sólo tiene una existencia fragmentaria. En cambio, ella, la
iglesia, además de representar un fragmento de ese estado en lo que se
refiere a los bienes y los derechos, representa una fuerza superior a las
monarquías, pues es al mismo tiempo la parte y el todo.
La iglesia se levanta con su unidad y su espíritu frente a la multiplicidad y a la
endeble organización de los estados.”241
En el siglo XII comienza a sufrir las consecuencias de haberse convertido en
un reino de este mundo. Frente a ella surgen diversas doctrinas. El Estado
obligado por la Iglesia facilita su brazo secular. Sale vencedora con Inocencia
III. Actúa como una potencia triunfante y despiadada. Por otro lado la Iglesia
mantiene estrechos vínculos con la nobleza a la que debe ceder sus puestos
altamente dotados.
“En rigor, todo esto no lo poseía la iglesia para sí y sus fines eclesiásticos más
que en una pequeña parte; las más de sus riquezas iban a parar a manos de
los poderosos que se habían ido infiltrando en ella.
La contradicción entre la iglesia y la religión a la que debía corresponder venía
existiendo, pues, de largo tiempo atrás. Por fin, la iglesia aparece también en
evidente contradicción con los conceptos del estado y las fuerzas de la cultura,
entre los cuales se mueve. De aquí los acuerdos a que llega de vez en cuando
con el estado y que representan de hecho otras tantas cesiones parciales,
como, por ejemplo, el concordato de Francisco I. Hasta que la Reforma cierra
el camino a estos acuerdos con diversos estados.”242

240
Idem, pp. 132.
241
Idem, pp. 133.
242
Idem, pp. 135.

80
Desde la Reforma, la Iglesia vuelve a ser fuertemente dogmática, “…pero la
iglesia de la Contrarreforma conservará el carácter reaccionario más
claramente todavía que la iglesia del Inocencio III.”243
Burckhardt dice: “Aunque la iglesia aborrece en general todo estado, siente
preferencia por aquellos que son los más propicios y los más capaces para sus
fines de persecución. Y debe acomodarse al estado moderno lo mismo que en
otro tiempo se acomodaba al estado feudal.”244
Las Iglesias protestantes de Alemania y de Suiza, al igual que las de Suecia y
Dinamarca, fueron desde sus orígenes Iglesias de Estado.
“Después de una vinculación tan estrecha y de un régimen tan múltiple de
interdependencia entre la religión y el estado, el problema de nuestro tiempo
es la separación del estado y la iglesia. Es una consecuencia lógica de
tolerancia, es decir, de la inevitable indiferencia de hecho del estado, unida a la
doctrina cada vez más fuerte de la igualdad de derechos de todos.”245
El Estado sufrió cambios, que no le permiten seguir uniendo su destino a la
Iglesia. En primer lugar; el Estado engloba a ciudadanos de diversas
confesiones debiendo garantizar a todos los mismos derechos.
“En segundo lugar, por lo que se refiere a la población, la religión va cediendo
el puesto a la cultura (en el más amplio sentido de la palabra) cuando se trata
de saber quién ha de condicionar el estado. Es la cultura la que hoy traza al
estado, en general, su programa.
Con el tiempo, las iglesias abandonan sus relaciones con el estado tan de
buen grado como éste sus relaciones con ella.”246

ESTADO Y CULTURA

“En el nacimiento del estado cooperaron factores momentáneos muy distintos,


algunos de ellos muy violentos; nada más falso, por tanto, que presentar el
estado como obra o producto de la cultura del pueblo respectivo en aquellos
tiempos.”247

243
Idem, Idem.
244
Idem, pp. 135, 136.
245
Idem, pp. 137.
246
Idem, pp. 138.
247
Idem, pp. 139.

81
Los primeros estados que examinamos son las ciudades fenicias. Se trata de
estados que nacen presididos por una intención cultural. Ya hemos visto como
en las Polis griegas el Estado impera sobre la Cultura.
“…en las colonias la cultura (el comercio, la industria, la libre filosofía, etc.) fué,
desde el primer momento, el factor dominante; más aún, que estas colonias se
crearon en parte para esto, sustrayéndose al severo derecho constitucional
vigente en la metrópoli.”248
Atenas sobrevive como potencia espiritual.
“Es inmenso el conocimiento histórico que irradia de esta ciudad.” Toda la
cultura pasa por este centro. “Finalmente, el arte griego, más independiente tal
vez de Atenas que cualquier otra manifestación de esencia griega, debe, sin
embargo, lo más grande a Fidias y a otros y encontró en Atenas su centro más
importante de intercambio.
Hay que destacar aquí la importancia que tiene siempre un centro de
intercambio espiritual reconocido, siempre y cuando que se trate de un centro
libre.”249
Uscatescu comenta; “Páginas emocionantes dedica Burckhardt al período en
que en Atenas la vida del Estado fué dominada, de una manera decisiva, por el
factor “cultura”.”250
Los intentos de crear centros de naturaleza análoga en la Edad Media
adolecían de falta de libertad. Sí bien no iban dirigidos a la totalidad del
espíritu, fueron poderosos y notables. En cuanto a lo moderno va a refugiarse,
a las cortes y a las residencias reales.
“La Florencia del Renacimiento es la única ciudad que puede parangonarse
con Atenas.”251
“Cerrado el ciclo de Atenas, pasará mucho tiempo hasta que la “civilización”
viva un fenómeno parecido. Sólo Florencia podrá competir con Atenas. El
Estado romano fué superior a la cultura romana en todas sus fases. Por eso se
identificó con el “imperialismo”, es decir, con la “civilización” pura, en el sentido
spengleriano (“símbolo de las postrimerías”).”252
“La verdadera acción que ejerce un centro libre de intercambio espiritual es la

248
Idem, pp. 141.
249
Idem, pp. 142, 143.
250
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 28.
251
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 145.
252
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 28.

82
claridad de toda expresión y la seguridad de lo que se persigue, la eliminación
de lo arbitrario y lo milagroso, la obtención de una pauta y de un estilo, la
acción mutua de las artes y de las ciencias entre sí. Cuando se examinan las
producciones espirituales de todos los tiempos, se percibe con toda claridad si
surgieron o no bajo esta clase de influencias. La huella superficial de ellas es lo
convencional, la huella más noble lo clásico. Y el lado positivo y el negativo
aparecen entrecruzándose constantemente.”253
En los individuos hay una enorme ambición por destacarse.
“Las crisis producidas al final de la guerra del Peloponeso traen un fuerte
descenso de esta ambición dentro del campo político y el viraje hacia las
especialidades, sobre todo aquellas que ya no guardan relación alguna con el
estado. Ahora Atenas podría surtir a medio mundo de gente en todas las ramas
especiales del saber, la ciencia y el arte siguen viviendo dentro de sus muros,
pero su democracia se convierte en palenque de una serie de mediocridades
oficiales.”254
En Roma en cambio el Estado fue siempre superior a la cultura.
Luego vendrán los Estados bárbaros, siempre provisionales y de rápida
decadencia.
“En conjunto, es la iglesia la que hereda el poder que va perdiendo el estado;
sin embargo, en realidad el poder salta hecho añicos, se deshace en toscos y
confusos fragmentos de poder.”255
Será Carlomagno quién erige una monarquía universal. La monarquía
carolingia representa para Burckhardt, un breve verano en medio de la
barbarie más terrible. Luego de la decadencia del Imperio de Carlomagno se
produce un nuevo período de barbarie. El régimen feudal parece representar
un obstáculo para la cultura.
“Todo el poder aparecía desintegrado en fragmentos y cada uno de los
fragmentos de lo que hasta allí había sido el poder del estado se hallaba bajo
la fuerte influencia de su cultura parcial, por donde ésta puede ser considerada
casi como la parte determinante; cada casta: los caballeros, los sacerdotes y
los burgueses, se halla fuertemente condicionada por esta cultura propia; y
esto puede aplicarse en el más alto grado a la sociedad caballeresca, que vive

253
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 145.
254
Idem, pp. 147.
255
Idem, pp. 150.

83
puramente como una cultura sociable.
Aunque lo individual se halla todavía vinculado, no lo está dentro de la órbita
espiritual de la casta a que pertenece donde la personalidad puede
manifestarse libremente y desarrollar su buena voluntad, razón por la cual
existía realmente mucha libertad y una auténtica libertad. Existía una riqueza
infinita, si no todavía de individualidades, sí de las formas matizadas de
vida.”256
Solo la Iglesia conserva su carácter de irracionalidad.
“Por otra parte, el estado, manteniéndose con la mayor independencia posible
al margen de todas estas corrientes, afirma su poder como un poder heredado
y que tiende a acrecentarse en la medida de lo posible. Siempre que puede,
convierte en algo puramente aparente la legitimidad de las fuerzas de abajo.
Ha habido y hay todavía dinastías, burocracias y militarismos firmemente
decididos a darse ellos mismos un programa y a no permitir que se lo dicten
otros.
Todo esto conduce a la gran crisis del concepto del estado en que hoy
vivimos.”257
La reflexión pone todo en cuestión, quiere que el Estado cambie
constantemente de forma siguiendo sus deseos. Exige para el Estado un
poder coactivo cada vez más extenso y mayor, busca dominar al individuo,
para colocarle al servicio del interés general.
“Se trata, pues, como se ve, de que el estado sea por una parte la realización y
la expresión de las ideas culturales de cada partido y de que, por otra parte, no
sea sino el ropaje visible de la vida civil de un organismo omnipotente sólo ad
hoc.”258
“…el sentido del lucro, que es la fuerza motriz de la cultura actual, postula,
atendiendo en rigor a las necesidades del tráfico, el estado universal, aunque
frente a esta tendencia se alza, ciertamente, el fuerte contrapeso que
representan las peculiaridades de los distintos pueblos y su sentido del
poder.”259
Parece querer borrarse las fronteras entre las funciones del Estado y las de la
Sociedad.
256
Idem, pp. 152.
257
Idem, pp. 155.
258
Idem, pp. 156.
259
Idem, pp. 156, 157.

84
“Ya no se quiere confiar a la sociedad ni las cosas fundamentales y más
importantes, porque se quiere lo imposible y se cree que sólo la coacción del
estado puede garantizar su consecución.”260
Surgirá luego el Estado Moderno, Centralizado, que reina sobre la cultura y la
condiciona.
“…un estado que es adorado como un dios y que gobierne como un sultán.”261
“Y cuando la revolución vino a cambiar el nombre de este estado omnipotente,
que dejó de llamarse Luis, para pasar a llamarse república, lo único que no
cambió en medio de tanta mudanza fué este concepto tradicional del
estado.”262
“El Estado moderno, a su vez condiciona soberanamente a la cultura, mientras
después de la Revolución francesa se produce lo que se llama la “crisis de la
noción de Estado”.”263
Desde el comienzo del S. XVIII y especialmente desde 1815 avanza de modo
acelerado la crisis de la cultura moderna.
“El estado se halla bajo el formidable imperio de la reflexión, de la abstracción
filosófica: aparece la idea de la soberanía del pueblo, seguida muy pronto por
la era de la industria y del comercio, y estos intereses van adquiriendo poco a
poco el rango de factores determinantes de alcance universal.
Al principio, el estado coactivo intentó salir adelante con su sistema
mercantilista. Luego vino una economía política divida (sic) en diferentes
escuelas y sectas, llegando incluso a preconizar como ideal el librecambio; a
partir de 1815 fueron viniendo a tierra poco a poco las barreras que se oponían
a todas las actividades, el régimen gremial, las industrias obligatorias, etc.; la
propiedad territorial se movilizó en todos los aspectos y quedó disponible para
la industria; Inglaterra, con su comercio mundial y su industria, se convirtió en
el modelo general.”264
Se produce la difusión de la Revolución Industrial, la extensión del régimen
colonial y la facilidad del crédito. Analizando estos hechos podría pensarse que
el Estado queda reducido a un papel de policía, y esa es la intención.

260
Idem, pp. 157.
261
Idem, pp. 153.
262
Idem, Idem.
263
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 28, 29.
264
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 154.

85
RELIGIÓN Y ESTADO

“Entre las religiones condicionas por el estado se cuentan, ante todo, las dos
religiones clásicas.”265
El mundo de griegos y romanos era un mundo laico, no sabían que era un
sacerdote.
“…tenían ceremonias permanentes, pero no tenían ninguna ley ni una
revelación escrita que colocase la religión por encima del estado y de las otras
manifestaciones de la vida.”266
Burckhardt afirma que: “Si los griegos y los romanos hubiesen tenido
sacerdotes y una teología, no habrían llegado a crear, indudablemente, un
estado como el suyo, tan perfecto y basado en las necesidades y en las
relaciones humanas.”267
“Respecto a la influencia del Estado sobre la religión, ésa es típica en la
antigüedad griega y romana. Con el advenimiento del cristianismo se produce
una contaminación del sistema de la Iglesia por el Estado, cuya consecuencia
fué una “superestimación” de la idea de unidad.”268
En el Oriente los Estados de derecho sagrado se hallan fuertemente
condicionados por la religión. El cristianismo superó su prueba de fuego frente
al Estado.
“El cristianismo es, en realidad, martirio, y su doctrina una doctrina para
mártires; es tal vez, después del budismo, la menos adecuada de todas las
religiones para hallarse vinculada al estado. A ello se opone su misma
universalidad.”269
Los cristianos del S. II y III eran hombres antiguos que vivían sus épocas. Ellos
en tanto Iglesia se vieron fascinados por el Estado, lo que les motivo a
estructurarse a imagen y semejanza de ese Estado. Organizaron su
comunidad sobre bases jerárquicas igual que el Estado Romano.
“El cristianismo era, pues, ya en la época de las persecuciones , una especie
de religión unitaria del imperio, y al cambiar las tornas con Constantino la
comunidad se sintió de pronto tan poderosa que casi habría podido asimilar al
265
Idem, pp. 158.
266
Idem, Idem.
267
Idem, pp. 159.
268
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 29.
269
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 160.

86
estado. Ahora el cristianismo se convierte por menos en una iglesia de estado
poderosísima, y a través de toda la emigración de los pueblos y hasta muy
dentro del período bizantino y en el Occidente a lo largo de toda la Edad Media
la religión es, como hemos visto…[…] …,lo determinante.”270
Ese contacto con lo terrenal y particularmente con el Estado repercute
fuertemente en la Iglesia.
“Con la reforma, que coincide con la época en que avanza ya a pasos
agigantados el moderno estado-poder, se produce una gran cambio general
por ambas partes.
En los grandes estados del Occidente, con excepción de Inglaterra, la
Contrarreforma sella la “alianza entre el trono y el altar”; es decir, la iglesia,
para afirmarse, vuelve a necesitar, en el más amplio de los sentidos, del
brachium saeculare. A partir de entonces existe una estrecha complejidad
entre ambas potencias;…”271
En tiempos modernos, el vínculo entre Iglesia y Estado es cada vez más
desigual y peligroso para ambos.
“Mientras que los principios pueden ser eternos, los intereses son siempre
mudables, y el vínculo entre el estado y la iglesia va dejando de ser cada vez
más un vínculo basado en principios para convertirse de hecho en un vínculo
cimentado sobre intereses, intereses de los que nunca se sabe por cuánto
tiempo van a coincidir. Y, por muy conservadora que pueda aparecer la iglesia,
el estado, a la larga, no ve en ella una apoyo, sino un estorbo.”272
“La iglesia protestante de estado, nacida de por sí bajo el empuje del siglo XVI,
padeció amargamente desde el primer momento y con harta frecuencia
después de su dependencia del estado.”273
“Frente al principio de la autoridad y de la legitimidad representadas por la
Iglesia de Roma, Burckhardt coloca el espíritu protestante, propicio a la
constitución de las iglesias de Estado y fundado en la “tolerancia” y en la
doctrina de la “igualdad jurídica” del hombre. Le falta en este sentido a
Burckhardt la perspectiva suficiente para ver en aquel espíritu de “tolerancia” y
de “igualdad jurídica” el origen de todo proceso disgregador surgido en el

270
Idem, pp. 160, 161.
271
Idem, pp. 162, 163.
272
Idem, pp. 163.
273
Idem, pp. 166.

87
mundo occidental.”274

RELIGIÓN Y CULTURA

La “condicionalidad” de la religión por parte de la cultura apareja dos


fenómenos distintos.
“En primer lugar, la religión puede nacer, en parte, de la glorificación de la
cultura. En segundo lugar, puede ocurrir que una religión ya existente cambie
esencialmente o tome un matiz distinto bajo la acción de las culturas de
distintos pueblos y tiempos; más aún, con el tiempo vemos cómo surge del
seno de la cultura una crítica de la religión.”275
La divinización de la naturaleza va seguida por la divinización de la cultura.
“En las religiones clásicas y en mayor o menor medida en casi todos lo
politeísmos -pues en casi todas partes existen divinidades de la guerra y de la
agricultura- encontramos al lado de la divinización de la naturaleza y de las
fuerzas astrales, de un modo muy ingenuo, la divinización de ciertas ramas de
la cultura.”276
Lo mismo ocurre con el politeísmo germánico.
“En realidad, ninguna religión ha sido nunca en absoluto independiente de la
cultura de su pueblo y de su tiempo. Sobre todo, cuando la religión impera de
un modo soberano con ayuda de documentos sagrados concebidos al pie de la
letra y cuando todo en apariencia se rige por ella, cuando la religión se
“entreteje con todas las manifestaciones de la vida”, ésta tiene que repercutir
del modo más infalible sobre ella y entretejerse con ella. Con el tiempo, la
religión no se beneficia nada, sino que, por el contrario, corre grandes peligros
con esta estrecha vinculación con la cultura, no obstante, toda religión
procederá así mientras sea una religión realmente vital.”277
“En el mundo clásico cada nuevo pensamiento encuentra en seguida su
divinización poética, hasta que la filosofía, flor suprema de la cultura, llega, con
su espíritu crítico, a minar los fundamentos de la religión.”278
La Historia de la religión católica nos muestra como va sufriendo una serie de

274
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 27, 28.
275
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 167, 168.
276
Idem, pp. 168.
277
Idem, pp. 170.
278
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 29.

88
cambios en la medida en que ingresan a ella sucesivos pueblos, celtas,
germanos, griegos, romanos, etc.
“El hombre no es, ni mucho menos, tan libre que puede abstraerse de la
cultura de su tiempo y de su clase en beneficio de una “revelación”. Y la
coacción engendra la hipocresía y la intranquilidad de la conciencia..
El cristianismo de la época apostólica es el que menos contacto tiene con la
cultura; esta religión se halla dominada, en efecto, por la fe en el retorno del
Señor, fe que mantiene esencialmente unida a la comunidad. El fin del mundo
y la eternidad llaman a la puerta, la renunciación al mundo y a sus placeres es
cosa fácil, el régimen comunista algo casi evidente e incontrovertible, dadas la
sobriedad y la penuria reinantes, situación muy distinta a la que se produce
cuando tiene que luchar contra el espíritu de lucro.”279
Posteriormente la idea de resurrección es sustituida por la idea del más allá.
“Bajo el imperio pagano, la idea ya pálida de la resurrección es sustituida por la
idea del más allá y la del Juicio final, pero la cultura griega penetra por todas
partes en la religión, y con ella un abigarrado orientalismo. Las herejías y las
religiones gnósticas accesorias habrían llegado a dar al traste con todo aquello
si les hubiese dejado entendérselas con ello en paz; lo más probable es que
fuesen las persecuciones la que hicieron posible la supervivencia de una
concepción fundamental dominante.”280
Con la identificación entre Estado e Iglesia se produce un cambio total.
“La iglesia se convierte en una institución análoga al imperio y a su unidad y
superior a él, y los jerarcas de la iglesia pasan a ser los personajes más
poderosos, en cuyas manos se hallan enormes dotaciones y la beneficencia de
todo el imperio. Ahora triunfan la dialéctica griega en el juego de los conceptos
de la trinidad y el dogmatismo oriental en la destrucción de quienes piensan de
otro modo, cosas ambas que no habrían podido tener cabida en el mundo
clásico, pues las persecuciones de cristianos del imperio pagano no iban
dirigidas tampoco contra la mentalidad de los fieles del cristianismo.”281
El ingreso de grandes masas a la iglesia hace que el culto suplante a la
religión. Con la derrota de la herejía arriana, el episcopado ortodoxo se va
embruteciendo y secularizando. La escritura se restringe a una corporación

279
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 170.
280
Idem, pp. 170, 171.
281
Idem, pp. 171.

89
que tiñe la tradición con su visión.
“Aquí se revela en realidad la influencia de la incultura; los benedictinos son los
únicos que saben manejar y manejan la pluma y mantienen en pie (aunque
amenazados también constantemente por el peligro de la secularización a
causa de sus grandes riquezas), hasta cierto punto, la cultura latina. El punto
de vista dominante, que antes había sido eclesiástico en general, pasa a ser
ahora el conventual; la cultura se encierra en los conventos, mezclada con
algo del mundo solamente como añadidura; todo lo que llega a nosotros de la
época es lo que linda con los muros de los conventos y se halla e contacto con
los frailes,…”282
La fantasía popular y la vida monacal tiene muy poco en común, y lo
intercambian en la puerta de los conventos.
“…las historias pasan a segundo plano, al lado de las cosas locales, las
leyendas y los anales; amenaza con llegar una época en que desaparezca la
visión de conjunto del mundo y de la historia universal.”283
La más absoluta sumisión de la cultura a la religión que haya existido ocurrió
en el S. XI.
“Las tendencias muy respetables de los conventos de benedictinos, tendencias
habían ido surgiendo poco a poco, son desplazadas por el fanatismo
cluniacense. Este sube al solio pontificio con Gregorio VII y dirige desde allí
sus postulados al mundo.”284
“…la idea de las Cruzadas representaba ya un ideal mixto eclesiástico-secular.
El siglo XI realiza este ideal…”285
En el siglo XII se produce una rápida reacción.
“Luego viene el cristianismo de los siglos XIII a XV, en que la iglesia aparece
como la reacción triunfante, más aún como una policía. La Edad Media vuelve
a consolidarse artificiosamente; la jerarquía, acostumbrada a los medios más
extremos, se ve invadida en su mayor parte por terratenientes nobles y
canonistas; la ciencia está representada por la escolástica, puesta por entero
al servicio de la iglesia en manos de las órdenes mendicantes.
Pero la religión popular atraviesa en esta época por un período de transición
extraordinariamente interesante; se entreteje del modo más apretado con la
282
Idem, pp. 172.
283
Idem, Idem.
284
Idem, pp. 173.
285
Idem, Idem.

90
cultura popular de la época, sin que pueda decirse cuál de las dos condiciona
a la otra. Sella una alianza con toda la vida exterior e interior del hombre, con
todas sus capacidades espirituales y anímicas, en vez de declararse en
discordia con ellas.”286
Pese a tantos abusos, exacciones, bulas, etc., la religión de ese tiempo tenía
una gran ventaja; daba ocupación a las más elevadas capacidades del
hombre, en especial a su fantasía.
“Por eso, mientras la jerarquía atraía sobre sí, a temporadas, un odio
tremendo, la religión era verdaderamente popular y asequible a las masas, que
vivían dentro de ella y tenían en ella su cultura.”287
En resumen “En la historia del cristianismo, la “cultura” tiene un verdadero
ascendiente sobre la religión, y la dialéctica griega triunfa al crear el concepto
de trinidad, y el dogmatismo oriental prevalece al suprimir las interpretaciones
individuales. Después durante largo tiempo, la religión es la única cultura de
las masas.”288
El cristianismo de la Reforma torna la salvación un proceso interior.
“La religión ahora se “purifica”, es decir, se limpia de todas aquellas prácticas
externas y aquellos deberes en que se veían restos del culto antiguo; se
pretende que no tenga ya nada que ver con la poderosa capacidad del
hombre, con la fantasía, considerara como una potencia pecaminosa y secular,
fuente de errores y extravíos; que se “refugie en el interior” del hombre. Esto
requería tiempo y cultura, es decir, impopularidad, a menos que se impusiera
con carácter general por medio de la violencia.”289
La Contrarreforma impuso la restauración violenta de las relaciones con la
fantasía popular. La imposición al estilo antiguo de una religión eternamente
valedera, se realizó en una situación muy distinta. En pueblos que buscan
desarrollarse y en medio de una época de gran fermentación cultural. Esa
cultura se vio obligada a acatar dos ortodoxias; una católica y una protestante.
“La cultura, avasallada y repudiada e un doble modo (como fantasía = arte y
ordenación de vida y como cultura), se refugió en un estado de rebelión latente
hasta que en la literatura del siglo XVIII estalla abiertamente la aversión de los
espíritus contra la iglesia católica como una pura negación y contra la iglesia
286
Idem, pp. 174.
287
Idem, pp. 175.
288
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 29.
289
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 176.

91
protestante como la disolución de la religión en la razón general, como su
viraje hacia el racionalismo y la humanidad y también como un sentimiento de
religiosidad individual, según el estado de ánimo y la fantasía de cada cual.”290
El protestantismo también debió realizar concesiones. La cultura y el
cristianismo establecen una relación basada en lo siguiente:
“En primer lugar, la cultura en forma de filosofía e investigación demuestra al
cristianismo sus orígenes humanos y su condicionalidad; adopta ante los
textos sagrados la misma actitud que ante los demás.”291
En segundo lugar, se produce el intento de la moral de separarse de la religión,
y avanzar por su cuenta.
“Las religiones, en estos tiempos, gustan de apoyarse en las morales como
hijas supuestas suyas; pero contra esto se alza teóricamente la doctrina de
una moral independientemente del cristianismo y basada exclusivamente en la
voz interior de la conciencia, y, prácticamente, el hecho de que, en general, el
cumplimiento de los deberes del hombre depende hoy muchísimo más del
sentimiento del honor y del sentimiento específico del deber en sentido estrito
(sic) que de la religión.”292
Finalmente; y en tercer lugar, “… la vida secular y sus intereses, sin hablar de
esa especie de optimismo que creen en la posibilidad de implantar sobre la
tierra un estado de cosas ideal, son hoy más fuertes que todo. El poderoso
movimiento secular y terrenal y el poderoso trabajo de todos los grados,
incluyendo la libre actividad espiritual, que no deja ya margen material de
tiempo para dedicarse a la contemplación, guarda una desproporción grande
con el dogma de la Reforma,…[…] …por grande que sea la religiosidad del
hombre de hoy, éste no quiere renunciar a las ventajas ni a los beneficios de la
cultura moderna, y con ello aporta al mismo tiempo una prueba de los cambios
por los que están pasando las concepciones del más allá.”293
“Con la Reforma, la “cultura” intenta un proceso de evasión continuado por la
Revolución francesa. Las consecuencias de este proceso coinciden con la
suplantación de la religión por una moral filantrópica, justamente combatida por
auténticos representantes del espíritu occidental.”294

290
Idem, pp. 176, 177.
291
Idem, pp. 177.
292
Idem, pp. 177, 178.
293
Idem, pp. 178, 179.
294
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 29.

92
Arte y poesía “…contribuyeron desde muy antiguo en alto grado a la expresión
de lo religioso. Sin embargo, la expresión artística y poética exterioriza y
profana en cierto modo lo expresado.”295
“El arte, sobre todo, es un traidor: primero, porque delata el contenido de la
religión, es decir, arrebata al hombre la capacidad para la devoción profunda y
presta a ésta ojos y oídos, sustituye los sentimientos por figuras y episodios y
sólo exalta aquéllos momentáneamente; segundo, porque el arte lleva implícita
una alta e independiente peculiaridad por medio de la cual sólo sella pactos
temporales y rescindibles con lo que existe en la tierra.”296
La religión advierte esta libertad, e intenta entonces, llevar adelante la
restauración de un estilo caduco y ya superado.
“El reverso de esto son las épocas en que el arte contribuye a determinar el
contenido de la religión. Homero y Fidias crean los dioses de los griegos, en la
Edad Media son las imágenes, sobre todo las de la Pasión, las que suscitan la
devoción y las que, en parte, prescriben las oraciones; el drama griego,
religioso y solemne, expone coram populu los problemas más importantes; los
dramas católicos de la edad Media y los autos sacramentales entregan
crudamente a la fantasía popular los sucesos y acontecimientos más sagrado,
sin miedo alguno a la profanación.”297
Esta apelación a la importancia de la Iglesia en la Historia “…no impide
manifestar a Burckhardt una desconfianza muy grande por todas las iglesias,
tanto la católica como la protestante, por todo el clero, por todo sacerdocio, por
toda forma de religión organizada.”298

295
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 180.
296
Idem, Idem.
297
idem, pp. 181.
298
CANTIMORI, D., Op. Cit., pp. 107.

93
CAPITULO 5

LA TEORÍA DE LAS TORMENTAS.

Burckhardt describió las influencias y entrecruzamientos de las grandes


potencias mundiales, (el Estado, la Cultura y la Religión), entre sí y unos sobre
otros. Estos son procesos graduales y duraderos. Existen otros procesos
acelerados.
“Estos procesos muestran una enorme diferencia y al mismo tiempo una
sorprendente semejanza en muchos de sus rasgos, basada en lo general
humano.”299
Para Burckhardt, “Las crisis hacer brotar indudablemente lo grande, pero
puede ocurrir que sea lo último.”300
“La crisis histórica consiste, por tanto en que a un mundo o sistema de
convicciones sucede “un estado vital en que el hombre se queda sin aquellas
convicciones, por tanto, sin mundo”. Se llega a un estado de “alteración”, de
falsificación y de suplantación de la vida. Se está en convicciones negativa.”301
Un antecedente a esta teoría lo encontramos en Hegel cuando se refiere al
desarrollo necesario del espíritu universal, tal como señala Uscatescu.302
Burckhardt demuestra en estas páginas su profundo prejuicio racial y su visión
europeísta. Sobre los mongoles señala que “…eran (cuando no englobaron a
los turcos) una raza distinta y espiritualmente inferior, como lo demuestra su
supremo producto cultural propio: la China.
También los pueblos de raza superior como los caucásicos pueden, por sus
dotes nómadas y guerreras asociadas a una religión especial, verse
condenados a un estado permanente de barbarie,…”303
Señala también la brutal barbarie que representa el Islam. La salvación cuando

299
Idem, pp. 183.
300
Idem, pp. 184.
301
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 30.
302
Idem, pp. 30.
303
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 184.

94
se produce este choque de razas “…sólo puede estar en el connubio entre
ambos pueblos, y para que exista un connubio salvador ha de tratarse, por lo
menos, de pueblos de la misma raza, si no se quiere que la raza más inferior
de ambas vuelva a imponerse con el tiempo. Y aun así presentarán las cosas,
al principio, todo el aspecto de un estado de decadencia.”304
“Resumen: hay una barbarie sana en la que las cualidades superiores
dormitan latentes, pero hay también barbaries puramente negativas y
destructoras.”305
“El pensamiento actual ha hecho, sin duda alguna, un descubrimiento de
capital importancia, a saber, que el hombre es, ante todo, un ser histórico o,
para estar de acuerdo con el leguaje tradicional, un “animal” histórico. Todas
las anteriores consideraciones sobre su carácter “social”, sobre el valor del
“homo oeconomicus”, del “homo ludens”, del “homo faber”, etcétera, palidecen
bajo la luz deslumbradora de esta singular realidad. Se ha llegado a la
conclusión de que el hombre, en vez de naturaleza, tiene historia; de que las
leyes de la naturaleza no son sus leyes; de que sus rasgos fundamentales son
la variación, la “insubstancialidad”. Que lo propio de la Historia es el
dinamismo, la mudanza, el cambio, la peregrinación.”306
“La historia comienza cuando los hombres empiezan a pensar en el transcurso
del tiempo, no en función de procesos naturales –ciclo de las estaciones, lapso
de la vida humana-, sino en función de una serie de acontecimientos
específicos en que los hombres se hallan comprometidos conscientemente y
en los que conscientemente pueden influir.”307
Burckhardt aborda el problema de las crisis históricas.
“No llega a formular una verdadera y propia teoría de las crisis, pero las
presenta como fenómeno típico del devenir histórico, y sus observaciones
tiene mucho de común con las teorías actuales fundadas en criterios
filosóficos.
Dentro del fenómeno de las crisis históricas, Burckhardt estudia, ante todo, las
primeras migraciones de los pueblos, las invasiones -con consecuencias

304
Idem, pp. 185.
305
Idem, Idem.
306
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 29, 30.
307
CAR, Edward H., ¿Qué es la historia?, Barcelona, Ed. Planeta-De Agostini
s.a., 1985.pp. 182.

95
positivas o destructoras- y la guerra.”308

LAS GUERRAS

Las guerras son una crisis de los pueblos, y son un factor necesario hacia un
desarrollo superior. Si bien en el plano del individuo la agresión es castigada
por ilícita. En cambio entre pueblos la agresión es considerada lícita e
inevitable.
“Realmente, un pueblo sólo adquiere la conciencia de su plena fuerza nacional
contrastándola en la lucha con otros pueblos,…”309
Burckhardt concluye que la guerra es necesaria.
“La conclusión a que nosotros llegamos es: el hombre es hombre en la paz
como en la guerra; la miseria de lo terrenal es inseparable de él en ambas
situaciones. En general, reinan muchas ilusiones ópticas en favor de los
partidos y los individuos con cuyo interés coincide de algún modo el nuestro.
Una larga paz no sólo produce un estado de abatimiento nervioso, sino que
permite que surjan toda una multitud de deplorables y angustiosas existencias
forzadas que sin ella no habrían surgido y que ahora se aferran como pueden
a la vida clamando a grandes gritos por el “derecho”, quitando el sitio a las
fuerzas verdaderas, enrareciendo el aire envileciendo además, en conjunto, la
sangre de la nación. Hasta que la guerra pone a las verdaderas fuerzas en el
lugar que les corresponde y reduce, por lo menos, al silencio a esas
existencias miserables.”310
Una guerra justa, honrosa y por la existencia de la nación lleva aparejada la
paz del futuro.
“Además, la guerra, que no es sino la supeditación de toda la vida y la riqueza
a una sola finalidad momentánea, presenta una superioridad moral enorme
sobre el egoísmo descarnado y violento del individuo: desarrolla las fuerzas al
servicio de lo colectivo, de la más elevada colectividad, y dentro de una
disciplina que al mismo tiempo fomenta la virtud heroica más alta; más aún,
sólo ella brinda al hombre el grandiosos espectáculo de la supeditación a lo
colectivo.”311
308
Idem, pp. 30, 31.
309
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 186.
310
Idem, pp. 187.
311
Idem, pp. 188.

96
“Declara que la guerra puede constituir un momento de plenitud (la guerra es
“madre de todas las cosas”, […] según la expresión de Heráclito); que es la
única que permite a los hombres el espectáculo grandioso de la subordinación
de todos a la comunidad. Desarrolla una verdadera teoría de la ecumenicidad
a través de un proceso de violencia.”312
En las guerras de su tiempo solo ve la preparación de la gran crisis futura.
“Pero a las guerras modernas y a la insurrección en estado permanente.
Burckhardt las despoja del valor de fenómenos de crisis. Por tanto, para él,
como en general para la filosofía actual (el existencialismo y el vitalismo), la
“crisis” no significa exclusivamente, ruptura irremediable y dispersión espiritual,
sino también catarsis, renovación, rejuvenecimiento.”313
“Finalmente, no es necesario ni mucho menos -como decíamos atrás en lo
referente a las invasiones- pronosticar en toda destrucción, cualquiera que ella
sea, un proceso futuro de rejuvenecimiento.”314
También es cierto que las defensas más justas resultan a veces estériles.
“El hablar de un plan universal, superior, etc., es un pobre consuelo. Todo acto
de violencia que prospera es, por lo menos, un escándalo, es decir, un mal
ejemplo; la única enseñanza que puede sacarse de los desafueros de los más
fuertes, cuando logran éxito, es la de que no se dé a la vida de la tierra mayor
estimación de la que merece.”315
Seguramente en la antigüedad surgieron levantamientos de clases y castas
pero su conocimiento es insuficiente. Luego tenemos las crisis de los estados
griegos, estas sí más conocidas. Las crisis recorren el ciclo monarquía,
aristocracia, tiranía, democracia y despotismo. “Sin embargo, estas crisis,
aunque auténticas, son puramente locales y sólo pueden ser accidentalmente
comparadas entre sí, pues en la Hélade el proceso se desarticula en toda una
serie de procesos locales sueltos, y ni siquiera la guerra del Peloponeso ocupa
el puesto de una gran crisis nacional, que allí sólo habría podido consistir en la
transición a un gran estado.”316
Pero este fenómeno no se dio.
“En Roma pese a todas las llamadas revoluciones, se evitó siempre la

312
EUSCATESCU, G., Op. Cit., pp. 31.
313
Idem, pp. 31.
314
Idem, pp. 189.
315
Idem, Idem.
316
Idem, pp. 190.

97
verdadera, la grande y fundamental crisis, es decir, la entrada en la historia de
la dominación de las masas. Antes de que empezasen las revoluciones, Roma
era ya un imperio universal. Pero aquí el estado pasaba siempre de manos de
unos poderosos a manso de otros poderosos,…317
Las Guerras Civiles desde los Gracos, ponen en acción los ciudadanos
empobrecidos, movilizados por figuras nobles en el papel de tribunos. Las
revoluciones en las distintas provincias tienen raíces especiales y
generalmente locales. En algunos casos tiene que ver con las condiciones
sociales, en otros son explosiones de carácter religioso. Las crisis que siguen a
la muerte de Nerón y de Pertinax no son en realidad verdaderas crisis.
Burckhardt al señalar porque no se tratan de verdaderas crisis, nos está
brindando a la inversa las características de las verdaderas crisis.
“Nadie pretende cambiar la forma del Imperio, los grandes emperadores
emplean al ejército en grandes guerras; la usurpación del siglo III es
esencialmente una usurpación salvadora; se hace todo lo imaginable para que
Roma siga siendo lo que es.”318
Las verdaderas crisis son raras.”319
“Ni Grecia ni Roma conocieron a pesar de todas sus pseudasrevoluciones, la
gran crisis, profunda y radical, esto es, la subida de la masa al Poder. Estamos
muy lejos de las teorías de Toynbee sobre el poder disolvente del “proletariado
interior” y los fenómenos de “ruptura en el cuerpo social”. Respecto a Roma, la
verdadera crisis única en su género, llega con las invasiones bárbaras.”320
La verdadera crisis que sufrió Roma fue la sucesión de invasiones bárbaras.
“Este fenómeno presenta en el más alto grado el carácter de una crisis
verdadera: fusión de una fuerza material nueva con otra antigua, la cual
sobrevive, sin embargo, en una metamorfosis espiritual, transformada de
estado en iglesia.
Esta crisis no tiene paralelo en ninguna otra que haya llegado a nuestro
conocimiento y es única en su tipo.”321
Acerca de la crisis de los grandes pueblos cultos como los llama Burckhardt, él
señala lo siguiente:

317
Idem, Idem.
318
Idem, pp. 192.
319
Idem, pp. 192.
320
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 31.
321
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 193.

98
“Dado el estado enormemente complejo de la vida, en que el estado, y la
religión y la cultura aparecen alineados y yuxtapuestos en las formas más
derivadas, en que la mayoría de las cosas, tal como se presentan hoy, han
perdido la conexión justificativa con sus orígenes, unos elementos habrán
alcanzado ya desde antiguo una extensión o un poder excesivo, con tendencia
a abusar de él según la ley de todo lo terrenal, mientras que otros elementos
sufrirán una exagerada limitación.
Puede ocurrir que las fuerzas comprimidas pierdan así su elasticidad o que,
por el contrario, la aumenten, según su contextura, y que el espíritu del pueblo
en el mayor sentido de la palabra tenga la conciencia de haber estado
oprimido.”322
Entonces puede ocurrir que estalle algo que perturbe el orden existente. El
estallido puede ser sofocado, “…o que el estallido vaya seguido sin que nadie
lo espere de una crisis de todo el estado general de cosas, hasta llegar a
extenderse por toda la época y por todos o muchos de los pueblos de la misma
órbita cultural; las invasiones de fuera y hacia fuera se empalman por sí
mismas a estos fenómenos. El proceso universal adquiere súbitamente una
espantosa celeridad; desarrollos que, por lo general, requieren siglos parecen
cruzar ante nosotros como raudos fantasmas en meses y en semanas,
desapareciendo en seguida.”323
Burckhardt se pregunta sí es posible atajar las crisis. La crisis del Imperio
Romano no era posible atajarla, porque respondía a la necesidad y al empuje
de un pueblo joven y fecundo, que procuraba la posesión de territorios
situados al sur y en los que los hombres sufrían penurias. Algo similar ocurrió
con el Islam. En cambio, sí podía haberse atajado la Reforma, y mitigado
grandemente la Revolución Francesa.
“La interpretación burckhardtiana de la Historia no sabe nada de
providencialismo e inexorabilidad. Por eso distingue las crisis en evitables (la
Reforma y la Revolución francesa) e inevitables ( la caída del Imperio romano).
El clima natural de las crisis consiste en una nivelación comercial y en la
homogeneidad del pensamiento, de modo que, por lo menos en virtud de la
presión que podría realizar el primero de estos dos factores, la época actual
sería muy favorable a las crisis; tesis esta última compartida hoy, entre otros,

322
Idem, Idem.
323
Idem, pp. 194.

99
por Ortega y Gasset en su famosa Rebelión de las masas.”324
Para Burckhardt las crisis se extienden del mismo modo que las semejantes
maneras de pensar.
“Una premisa aparentemente esencial de las crisis es la existencia de un
tráfico muy extenso y la difusión en grandes zonas de un modo ya semejante
de pensar acerca de distintas materias.
Pero cuando ha llegado la hora existe la verdadera materia, el contagio se
extiende con la rapidez del rayo a cientos y cientos de millas a través de las
poblaciones más diversas, que por lo demás apenas si se conocen. La nueva
recorre los aires y hay por lo menos una cosa, la que interesa, en que todos se
entienden, aunque sólo sea a base de un vago “las cosas tienen que
cambiar”.”325
Burckhardt piensa que a pesar del gran desarrollo del transporte en su época,
ésta es poco propicia para la crisis.
“Sin embargo, a pesar de la inaudita intensidad de tráfico de nuestra época
podemos afirmar que ésta es menos adecuada para las crisis, pues el mucho
leer, el mucho razonar y el mucho viajar sirve, en tiempos normales, para
embotar a la gente. Cierto es que si la crisis llegase a estallar desempeñaría
su papel en ella el ferrocarril, arma de dos filos de la que hemos de hablar más
adelante.
Las poblaciones urbanas son más asequibles a las crisis por el lado del
razonamiento y más accesibles a los demagogos; en cambio, en las
poblaciones rurales pueden las crisis ser más fecundas, según el carácter de
éstas.”326
De las crisis destaca Burckhardt, en primer lugar el lado negativo.
“La crisis, que se inicia por una cosa, se ve luego impulsada por el viento
poderoso de muchas otras cosas, sin que ninguno de los que participan en la
lucha sepa absolutamente nada de cuál será la fuerza que habrá de triunfar
definitivamente. Los individuos y las masas tienden siempre a atribuir las
causas de cuanto los oprime al último estado de cosas vigente, cuando en
realidad se trata en la mayoría de los casos de cosas inherentes como tales a
la imperfección humana.”327
324
USCATESCU, G., Op. Cit. Pp. 32.
325
BURCKHARDT, J. Op. Cit., pp. 195, 196.
326
Idem, pp. 196.
327
Idem, pp. 197.

10
Es difícil poder calibrar de antemano y con certeza, el grado, y el valor de una
crisis, “…y sobre todo su capacidad de difusión, pues lo decisivo y en estos
casos no es tanto el programa como la masa de materia inflamable
acumulada, es decir, el número y la disposición de ánimo de los que además
de sufrir se inclinan desde tiempo atrás a luchar por un cambio general. Lo
único que puede afirmarse como seguro es que la resistencia material sólo
sirve para avivar las llamas cuando se trata de verdaderas crisis, mientras que
las falsas crisis, o las crisis superficiales se paralizan al tropezar con ella, tal
vez después de un grande y estrepitoso griterío.
Cuando, al comienzo, en un momento aparentemente decisivo, la cosa se
aplaza y queda en el aire, es corriente que el partido innovador tiende a
creerse en una posición ventajosa, puesto que si el adversario hubiera querido
lo habría aplastado.”328
En estos casos depende mucho del sentido en el cual sigue trabajando la
fantasía.
“La crisis, si no quiere perder terreno, tiene que seguir dirigiéndola. E intenta
hacerlo por medio de manifestaciones exteriores, pues las simples
manifestaciones pueden ser ya de por sí pruebas de poder y deben serlo
además, por regla general; de lo que se trata es de comprobar hasta donde
puede llegarse con el poder existente.”329
Burckhardt observa que las grandes asambleas nacionales son “los palenques
oficiales de la crisis.” Pero registran dos problemas; envejecen rápido, y son
incompatibles con el verdadero poder.
“El verdadero barómetro del poder está más bien en los clubs y en las
hetairías, que pueden formarse y transformarse en cada momento con arreglo
al estado de cosas vigente y cuya característica es la falta de escrúpulos.
En la primera fase de la crisis, cuando se elimina lo que venía oprimiendo y se
persigue a sus representantes, comienza ya ese fenómeno que produce un
asombro tan necio: el de que los dirigentes iniciales del movimiento sean
desplazados y sustituídos por otros.
Unas veces, aquellos dirigentes eran órganos de fuerza distintas y pasan a
segundo plano al revelarse una fuerza única como la verdadera fuerza motriz,

328
Idem, pp. 201.
329
Idem, Idem.

10
aplastando o arrastrando tras de ella a las demás,…”330
En otras oportunidades esos dirigentes fueron colocados a la cabeza del
movimiento, en virtud de la fantasía propia o ajena, en medio de la confusión
en mérito a un talento particular, como por ejemplo el oratorio. Otras veces se
trata de gente “vanidosa y soberbia” que se creen los impulsores y el centro
del movimiento, cuando en realidad son simples síntomas, arrastrados por el
movimiento.
“Quién denote el más leve cansancio o no se halle ya a la altura del
movimiento cada vez más veloz es desplazado con asombrosa rapidez; el
plazo más breve puede madurar una segunda generación de gentes formadas
en el movimiento, que sólo representan como tales la crisis y su fuerza motriz
específica y esencial y que se sienten ya mucho menos vinculados al estado
de cosas anterior que las gentes de la primera tanda. En épocas como éstas
es precisamente cuando el poder admite menos interrupciones; allí donde un
hombre o un partido se desploma por el cansancio o perece surge
inmediatamente otro, que a su vez puede hallarse muy poco a la altura de su
momento y que sin embargo ve cómo en este momento todo cristaliza en torno
a él.”331
Todo poder acaba reordenándose y consolidándose.
“El hombre da por supuesto tácitamente que todo poder acabará procediendo
siempre de un modo racional, es decir, reconociendo a la larga y honrando las
condiciones generales de la existencia. Hasta la llamada anarquía va
cristalizando lo más rápidamente posible en fragmentos sueltos de poder, es
decir, representaciones por toscas que ellas sean, de lo colectivo; los
normandos, primero en el norte de Francia y luego en el sur de Italia,
empiezan actuando como bandidos, para acabar fundando rápidamente
estados sólidos.”332
A la indisciplina del primer momento sigue la obediencia que alivia la propia
responsabilidad.
“En todas las crisis nos encontramos con el fenómeno de que la indisciplina se
trueca rápidamente en obediencia, y viceversa. Y todo lo que sea plegarse y
obedecer, implica el estancamiento de la responsabilidad y del sentimiento de

330
Idem, pp. 202.
331
Idem, pp. 203.
332
Idem, Idem.

10
mareo que ésta lleva consigo.”333
Cuando la crisis continúa su desarrollo arrastra consigo aspectos sociales, se
desencadena la miseria y la codicia. En estos casos la religión en su conjunto
toma partido, otras veces se fragmenta. De este modo las luchas adquieren su
carácter religioso.
“Y no solo esto, sino que entra también en fermentación todo el resto de la
vida, mezclándose con la crisis, en pro o en contra de ella, a través de mil
fisuras. Llega incluso a parecer como si la crisis absorbiese con ella y en ella la
capacidad de movimiento de toda una época,…”334
Otro aspecto involucrado son las llamadas fuerzas de resistencia.
“Son éstas todos las instituciones establecidas, consolidadas ya desde hace
mucho tiempo, como derecho existente, más aún como el derecho y a cuya
existencia están vinculadas de diversos modos la moral y la cultura, así como
también los individuos titulares de esas instituciones y encadenados a ellas por
derecho y por deber.
“Son, ante todo, las instituciones precedentes, convertida en derechos o
encarnando el derecho; las costumbres y la cultura; los individuos que
representan aquellas instituciones. Para Burckhardt, la “crisis”, que es
sinónimo de “revolución” (habla de “empresa verdadera, fecunda, creadora”,
como resultado de toda crisis), no tiene aquel carácter de ley cósmica, de
estadio universal, inexorable, por el que pasa todo cuerpo nacional,…”335
De aquí el carácter tan espantoso de estas luchas y el que hagan que se
desencadene el pathos por ambas partes. Cada uno de los partidos en pugna
defiende “lo más sagrado” para él, uno un deber abstracto de fidelidad y una
religión, el otro un nuevo “principio universal”.
A esto hay que añadir la indiferencia en cuanto a los medios y hasta el cambio
de armas: el reaccionario solapado se hace pasar por demócratas y el “liberal”
se entrega a todas las violencias imaginables.”336
La necesidad de triunfar a cualquier precio conduce al desprecio de los medios
a utilizar y “…conduce muy pronto a un olvido total de los principios en un
comienzo proclamados, y por este camino se llega a un terrorismo que hace
imposible toda acción legítima, fecunda y creadora, que compromete la crisis
333
idem, pp. 203.
334
Idem, pp. 204.
335
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 33.
336
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 205.

10
en su conjunto y que en sus comienzos suele valerse de esta excusa tan
conocida del peligro del exterior cuando en realidad nace de la furia
incontenible contra los enemigos en parte inaprehensibles de dentro, de la
conciencia cada vez, más clara de que se es una minoría. La marcha
ascensional de este terrorismo, se comprende sin gran dificultad, pues si
cediese se abriría inmediata la brecha para que se colase por ella la venganza
por las tropelías ya cometidas.”337
Muchas veces el terrorismo repercute sobre la misma crisis.
“La révolution dévore ses enfants; cada etapa de la crisis devora como
moderados a los representantes de la etapa inmediatamente anterior.”338
Puede ocurrir que la crisis absorba en su desarrollo a varios pueblos de la
misma órbita cultural mezclándose con pasiones comprimidas de estos
pueblos. Puede provocar en esos países reflejos particulares, cuando la crisis
en su lugar de origen este ya en una fase de estancamiento, declive a aún su
fase de reacción.
Las causas de esta situación son las siguientes:
1) “Al proceso anterior de exageración desmedida tiene necesariamente
que seguir, con arreglo a las normas corrientes de la lógica humana, un
estado de cansancio.”339
2) Las masas al comienzo muestran una gran irritabilidad luego se apartan
o se muestran indiferentes. Puede que ya hayan obtenido lo que esperaban,
o que solo hayan hecho causa común con el movimiento en forma limitada,
“…y que se haya supuesto sin fundamento alguno que se hacia causa
común con él de un modo incondicional, aparte de que a la gran masa de
los campesinos nunca se les consulta ni se les tiene en cuenta apenas.”340
3) El estallido de la crisis despierta fuerzas que permanecían latentes y
que reclaman su parte. Devoran el movimiento sin la menor preocupación
por los principios originales y por su contenido ideal.
4) “El cadalso se apodera preferentemente de quienes personifican del
modo más claro cada período de culminación de la crisis y esto hace que
sucumban los más fuertes; la llamada segunda generación presenta ya un
337
Idem, pp. 206
338
Idem, pp. 207.
339
Idem, pp. 208.
340
Idem, pp. 208.

10
carácter débil y epigónico.
5) “Los portaestandartes supervivientes del movimiento han cambiado ya
interiormente y aspiran en parte a gozar de los frutos de la lucha y en parte,
al menos a salvarse. Y aunque la causa siga en pie, cae en otras manos; y
deja de ser ya algo irresistible.”341
Luego sobreviene la desilusión. Se tolera pacientemente los gobiernos más
lamentables, y la gente acepta resignada lo que antes habría provocado
enormes convulsiones.
“Ahora se impone de un modo permanente algo muy distinto del movimiento
originario.”342
Los resultados obtenidos suelen ser verdaderamente pequeños comparados
con las grandes pasiones y esfuerzos desplegados durante la crisis. La
mayoría de las veces las crisis caen en manos de la intervención extranjera.
“La nueva riqueza tiende a considerarse a sí misma y a su conservación como
lo esencial, ante lo cual pasa a segundo plano la crisis de la que surgió. Esta
no debe avanzar ni retroceder, sino estancarse exactamente en sitio en que la
riqueza se puso a buen recaudo.”343
“En cuanto a las consecuencias de cada crisis -y esta vez el autor no puede
escapar al criterio de la inexorabilidad-, distingue la reacción (o
contrarrevolución”, según los historiadores actuales), el agotamiento, es decir,
el fracaso, la demostración implícita de que cada revolución encierra en sí una
utopía.”344
Las guerras y el militarismo desempeñan un papel importante en las crisis.
“El movimiento necesita ya de por sí de un poder exterior que encause de
algún modo las fuerzas desencadenadas de todas clases. Sin embargo, suele
temer la repercusión de esto sobre sus principios y lo da a entender, al
comienzo, mediante el terrorismo ejercido contra sus generales.”345
Cuando la crisis se precipita y desemboca en la época de depresión, “…los
antiguos medios de poder, sujetos a la vieja rutina, la policía y el ejército se
reorganizan de un modo casi espontáneo dentro de las formas antiguas. El
brazo más próximo cae infaliblemente sobre las fuerzas fatigadas, y este brazo
341
Idem, Idem.
342
Idem, pp. 209.
343
Idem, pp. 212.
344
USCATESCU, G., Op. Cit., Pp. 34.
345
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 213.

10
no son precisamente las asambleas recién elegidas de actitud moderada, sino
los soldados.
Surgen así los golpes de estado; es decir, el desplazamiento de la
representación del estado considerada como constitucional y que había
quedado en pie en medio de la crisis por un poder militar, ante la actitud
entusiasta o indiferente de la nación.”346
El despotismo puede lograr una mejora material acrecentada por el recuerdo
que dejo la crisis, pero tiene consecuencias internas importantes. Se trata de
un régimen esencialmente carente de garantías, tiene un carácter personal y
propenso a los golpes de fuerza en el exterior, aunque solo sea para retardar
la disolución interna o simplemente para detener la inquietud interna. Luego
llega la hora de las restauraciones. Se trata de la restauración del partido
derrotado dentro del mismo pueblo.
“…es decir, de aquellas restauraciones políticas parciales que después de una
crisis llevan a cabo los emigrados que se reintegran a su país.
Puede ocurrir que representen de por sí una restauración de la justicia y hasta
una restauración de la totalidad de la nación hasta entonces interrumpida, pero
en la práctica son exactamente tanto más peligrosas cuanto mayor amplitud
haya tenido la crisis cuyo ciclo viene a cerrar.”347
En el momento en que se trata de restaurar los resto y principios del pasado,
hay que enfrentar una nueva generación que se formó en la crisis. Esas
nuevas existencias se basan en destrucción de lo viejo, de lo cual ya no son
culpables. Por lo que consideran la restauración de lo viejo como una
transgresión al derecho adquirido. De tanto en tanto aparece un filósofo “…con
una utopía diciéndonos cómo y de qué modo debía estar o haber estado
organizado un pueblo desde el principio para no tener que pasar por ningún
enredo democrático, por ninguna guerra del Peloponeso, por ninguna
ingerencia (sic) de Persia.”348
El ejemplo es sin duda Platón y su utopía reaccionaria. Pero la viabilidad de
tales formulas implica un sacrificio de la libertad. Más aún tampoco en esta
utopía es posible garantizar la ausencia de la revolución. En cuanto sea
posible se agitarán los estamentos comprimidos.

346
Idem, Idem.
347
Idem, pp. 216.
348
Idem, pp. 217.

10
“Otras veces el utopista es precisamente el que viene a echar leña al fuego,
como Rousseau con su Contrato social.”349
Burckhardt manifiesta en apoyo a la crisis que la pasión es la madre de todas
las grandes cosas. Se trate de la verdadera pasión, la que busca la
construcción de algo nuevo y no la simple destrucción. Las crisis e incluso el
fanatismo pueden considerarse como un signo de vida de un pueblo, un
recurso de la naturaleza equiparable a la fiebre, dependiendo por cierto de la
edad de ese pueblo. El fanatismo es una señal de que el hombre coloca algo
por encima de su patrimonio y de su vida. Pero no se debe ser fanático con los
demás y egoísta para sí mismo. Todos los desarrollos espirituales tanto
individuales, como colectivos se producen a saltos y golpes.
“Las crisis sirven para barrer, en primer lugar, toda una serie de formas de vida
de las que la vida ha huído hace ya mucho tiempo y que de otro modo,
consagradas como están por un derecho histórico, jamás habrían podido
borrarse del mundo. Y barren también, en segundo lugar, verdaderos pseudo-
organismos que jamás han tenido derecho a la existencia y que sin embargo
con el transcurso del tiempo han conseguido arraigar en medio de las
manifestaciones generales de la vida, engendrando además, en gran parte, la
predilección por todo lo mediocre y el odio a lo extraordinario. Finalmente, las
crisis acaban con ese miedo desproporcionado a las “perturbaciones” y hacen
surgir individuos optimistas y fuertes.”350
En cuanto a la literatura y al arte las crisis guardan una relación especial,
siempre que estas no tengan un carácter puramente destructivo y opresor.
Pensadores, poetas y artistas suelen ser hombres fuertes que aman el peligro
y se sienten bien en la búsqueda e invención de cosas nuevas.
“No faltan tampoco los criterios valorativos. Burckhardt considera, por tanto,
funestas las restauraciones parciales por el restablecimiento de los partidos
vencidos, y aconseja, como dos generaciones antes de Maistre, que los
emigrados no regresen jamás a su patria después de una crisis. Tributa elogios
a la pasión creadora, como elemento fundamental de la crisis. Ve en las crisis y
sus exaltaciones fanáticas “un signo autentico de vida”, “un expediente de la
naturaleza parecido a la fiebre”, “una encrucijada de nuestro desarrollo”.351

349
Idem, pp. 218.
350
Idem, pp. 218, 219.
351
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 34.

10
LA CRISIS DE SU TIEMPO

“Frente a las crisis antiguas se alzaba el derecho divino que en caso de triunfar
podría recurrir a los medios penales más extremos. Hoy en cambio impera el
derecho de sufragio universal, que desde el terreno de las elecciones puede
extenderse a todo, reina la igualdad civil absoluta, etc. Y de aquí será de
donde irradie en su día la gran crisis contra el genio de lucro de nuestro
tiempo.”352
Para Burckhardt la paz que surgió a partir de 1815 creó la ilusión de un
equilibrio de potencias que duraría eternamente. Muchos de los resultados de
la revolución francesa no se pudieron eliminar.
El Estado no estaba dispuesto a renunciar a uno de los resultados de la
Revolución, del terror y de Napoleón, es decir a la extensión de su poder. Ese
Estado proclama la igualdad frente a la nobleza como forma de arrancarle los
últimos puestos de poder que continuaban en sus manos, en la corte y en el
ejercito. En la Europa de 1830 se desarrolla un movimiento general de
radicalismo político, “…basado en aquella mentalidad que achacaba todos los
males al régimen político existente y a sus representantes y pretendía
encontarles remedio derivando (sic) lo que existía y construyendo de nuevo
desde los cimientos a base de ideales abstractos, ahora apoyados ya muy
fuertemente en el ejemplo de los Estados Unidos.”353
A partir de 1840 surgió en las ciudades industriales de Inglaterra y Francia,
producto de la situación existente, una serie de “…teorías socialistas y
comunistas hasta convertirse en manifestaciones sociales completas, como
reflejo y reacción inevitables del tráfico que se había desencadenado. El
régimen de libertad que de hecho existía bastaba y aun sobraba para la
difusión desembarazada de semejantes idea, de tal modo que según Renan ya
desde 1840 podía advertirse claramente el achabacanamiento.”354
Junto a la persistencia del militarismo, las dinastías y la burocracia, a la crisis
interior de los espíritus se la dejó a su suerte.
“La opinión pública, la prensa, el tráfico, que iba creciendo en proporciones
enormes, eran dondequiera la parte más fuerte y se hallaban ya de tal modo

352
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 221, 222.
353
Idem, pp. 226.
354
Idem, Idem.

10
entretejidos con el espíritu de lucro que era ya imposible ponerles trabas sin
atentar al mismo tiempo contra éste. La industria pugnaba en todas partes por
tomar parte en el desarrollo de la industria mundial.
Al mismo tiempo, los acontecimientos de 1848 habían permitido a los
gobernantes dirigir su mirada a lo que pasaba en el interior de los pueblos.”355
La democracia, una ideología surgida a partir de variadas fuentes muy distintas
y muy diversas, pero sin duda es consecuente en un aspecto. El poder del
Estado sobre el individuo no puede ser excesivo. De esta forma borra la
diferencia entre el Estado y la Sociedad, encomendando al primero lo que la
sociedad no hará.
Burckhardt reseña luego la historia de los acontecimientos más importantes
ocurridos entre 1848 y 1873 en Europa. Afirma que la audacia política de los
pueblos es hoy un fenómeno cotidiano. Las agitaciones chocan con el espíritu
de lucro que es el que domina nuestro tiempo. Las masas van en el mismo
sentido y apoyaran cualquier régimen que les asegure tranquilidad e ingresos.

355
Idem, pp. 228.

10
CAPITULO 6

EL GRAN PERSONAJE EN LA HISTORIA

“Cuando se enfrenta con el fenómeno, problemático, de la grandeza histórica


(die historische Grösse), Burckhardt abandona todo sistema científico de
interpretación. Esa vez se da cuenta de que la Historia no se puede medir con
el compás del racionalismo. Que el principio irracional, fundamento de la
Historia, llega a tener un significado ontológico. Que la Historia es, en gran
parte, un problema de destino.”356
Esta afirmación de Uscatescu, es aventurada y muy discutible, sin embargo es
cierto en lo que refiere a Burckhardt.
Señala luego Burckhardt la relatividad de los conceptos como grande o
pequeño.
“…tenemos el presentimiento de que el concepto de grandeza es un concepto
imprescindible que no podemos permitir que nos sea arrebatado; lo que ocurre
es que tendrá que seguir siendo necesariamente un concepto relativo, pues no
podemos confiar en llegar a establece un concepto absoluto.”357
Nuestro juicio y sentimientos pueden variar según la edad y nuestros
conocimientos. Pueden diferir naturalmente con respecto a los juicios de los
demás. Existe en nosotros la necesidad de sumisión y de asambleas, la
tendencia a entusiasmarnos con una impresión que consideramos grandiosa y
fantaseamos en torno a ella.
“Hay pueblos enteros que pueden tratar de justificar así su humillación, aun a
riesgo de que otros pueblos y culturas les demuestren más tarde que se
entregaron al culto de falsos dioses.”358
Tenemos la irresistible tendencia a considerar grande tanto en el pasado, como
en el presente, aquellas personas que dominan nuestra existencia específica,
sin la cual no podemos representarnos como existente. Natural es la
356
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 35.
357
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 241.
358
Idem, pp. 242.

110
fascinación que nos provocan las imágenes de quienes han actuado en
nuestro beneficio.
“Y, a la inversa, consideramos también grandes a quienes nos infieren grandes
daños. En una palabra, tendemos a confundir la grandeza con el poder y
exagerar la importancia de nuestra propia persona.”359
Hay que agregar a esta confusión la acción de los falsarios.
“A esto hay que añadir las falsedades tantas veces comprobables e incluso las
deshonestidades de la tradición escrita por obra de escribas fascinados o
directamente corrompidos, etc., cuya misión no es otra que adular al simple
poder, haciéndolo pasar por grandeza.”360
La grandeza verdadera es un misterio.
“Burckhardt podría advertir, por tanto, como Gustave le Bon, que los grandes
acontecimientos históricos son siempre efectos visibles de cambios invisibles
en el pensamiento de los hombres excepcionales. Pero se guarda muy bien de
caer en el engaño de este último, frente al fenómeno, nada nuevo en la
Historia, de la explosión de las muchedumbres. Vive Burckhardt en pleno
positivismo, pero su positivismo no ha llegado aún a la conclusión crepuscular
de considerar la filosofía del número como la filosofía de la Historia.”361
Atribuimos el predicado “grande” guiados más por un presentimiento que por
juicios fundados en bases documentales. Esta atribución no la confieren
exclusivamente los especialistas, sino que resulta de un amplio consenso.
Tampoco la fama es decisiva en este sentido. El criterio en que se basa la
adjudicación de este predicado es, variable, desigual e inseguro. A veces se
otorga ese predicado en mérito a; cualidades morales, intelectuales. Otras
veces mediante un convencimiento documental, en virtud de un sentimiento, o
de un prejuicio. La grandeza puede describirse, pero no definirse con los
adjetivos única e insustituible.
“El grande hombre es aquel sin el que el mundo nos parecería incompleto,
pues sólo a través de él son posibles dentro de su tiempo y de su medio
determinadas realizaciones grandes, de otro modo inconcebibles; los grandes
hombres se hallan esencialmente entretejidos con la gran corriente
fundamental de las causas y los efectos. “No hay nadie insustituible”, reza el

359
Idem, Idem.
360
Idem, Idem.
361
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 36.

111
dicho. Los pocos hombres que lo son, son precisamente los grandes
hombres.”362
Estos caracteres, únicos e insustituibles no siempre se pueden establecer
rigurosamente. Pero esta reserva no es demasiado grande. Burckhardt
describe las características de estos hombres insustituibles.
“Sólo son únicos e insustituibles aquellos hombres dotados de una energía
intelectual o moral enorme y cuya actuación se dirige a la colectividad, es decir,
a pueblos enteros o a culturas enteras y hasta la humanidad en su conjunto.
Añadiremos, sin embargo, de pasada, que también entre pueblos enteros se
da algo parecido a la grandeza y asimismo que hay grandezas parciales o
momentáneas, que se producen cuando un individuo se olvida de sí mismo y
de su existencia en gracia a la colectividad en estos momentos el individuo
parece remontarse sobre lo terrenal y sobreponerse a ello.”363
El siglo XIX posee una capacitación especial para valorar las grandezas del
pasado producto de la “…concatenación de todas nuestras literaturas, la
intensificación del tráfico, la difusión de la humanidad europea a través de
todos los mares, la extensión y la profundización de todos nuestros estudios,
han hecho que nuestra cultura se caracterice sustancialmente por poseer un
alto grado de receptibilidad universal.”364
En el siglo XIX “…los juicios históricos se hallan entregados a una gran
revisión general de todos los individuos y de todas las cosas famosas del
pasado; nosotros somos los primeros que juzgamos a los hombres partiendo
de sus antecedentes, partiendo de su época; de este modo caen por tierra las
grandezas falsas y se erigen y proclaman otras nuevas. Y nuestro derecho de
decisión, en estos juicios, no se inspira precisamente en el indiferentismo, sino
en el entusiasmo por toda las grandezas el pasado,…”365
Buckhardt sabe de la historicidad de los propios juicios históricos. “Nuestros
juicios podrán ser revisados a su vez, naturalmente, por los tiempos
venideros.”366
Ocurre que los pueblos, las culturas, las religiones, todas cosas en las que sólo
la vida colectiva representa algo y que a su vez son el productor de esta

362
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 244.
363
Idem, pp. 244.
364
Idem, pp. 245.
365
Idem, Idem.
366
idem, pp. 246.

112
última. Sin embargo encuentra “su expresión imperativa” en la figura de los
grandes hombres. “El tiempo y el hombre se compensan aquí de un modo
grande y misterioso.”367
“La diversidad de las manifestaciones colectivas que culminan en los grandes
hombres o son transformadas por ellos, es grande.
Hay que considerar aparte, en primer lugar, los investigadores, los
descubridores, los artistas, los poetas, en una palabra, los representantes del
espíritu. Estos tiene a su favor la confesión general en lo que a ellos se refiere
de que sin los grandes hombres no sería posible avanzar en este terreno, de
que el arte, la poesía, la filosofía y todas las cosas grandes del espíritu viven
innegablemente de sus grandes representantes y sólo deben a éstos la
elevación general y temporal de su nivel, mientras que en los demás terrenos
la historiografía trata a los grandes hombres mejor o peor, según la mano que
escribe la historia, y los considera como perjudiciales o innecesarios, si cree
que los pueblos habrían podido salir adelante sin ellos mejor que con ellos.”368
Artistas, Poetas, y Filósofos tienen la doble función:
♦ Exponer de modo “ideal” el contenido interior del tiempo y del mundo
♦ Transmitirlo como un testimonio a la posteridad.
Los simples inventores y descubridores de carácter industrial no son
verdaderamente grandes hombres. Porque su acción no se extiende a la
totalidad del mundo. Además no se trata de hombres insustituibles, más tarde
o más temprano otros hombres habrían llegado al mismo resultado. De los
descubridores de países remotos sólo Colón es grande. Entregó su vida y una
enorme cantidad de energía a un postulado, esto lo coloca junto a los grandes
filósofos. Además al proclamar y asegurar la redondez de la tierra, liberó a todo
el pensamiento posterior, sentando la premisa de todo ulterior razonamiento.
Sin embargo no se trata de una personalidad insustituible, si Colón no hubiese
descubierto América otro lo habría hecho. No puede decirse lo mismo de
Platón, Esquilo, o Rafael. En cuanto a la investigación científica cada disciplina
posee una serie de grandes hombres relativos, movidos por el interés de su
disciplina y no por los del mundo en su totalidad.
“Este criterio no corona ni la absoluta capacidad ni el mérito moral o la entrega
a la causa -pues esto confiere dignidad, pero no basta para conferir grandeza-,
367
Idem, Idem.
368
Idem, pp. 247.

113
sino a los grandes descubridores en direcciones determinadas, a saber, a los
que descubren las leyes vitales de primer orden.
Aquí aparecen excluídos de momento los representantes de todas las ciencias
históricas. Estos caen dentro de una valoración puramente histórico-literaria,
pues por muy grandiosos que sean su saber y su modo de exponerlo, se
limitan a conocer ciertas partes del mundo y no tiene por misión el establecer
las leyes por las que éste se rige; las “leyes históricas” son siempre, en efecto,
imprecisas y discutibles. Tampoco puede afirmarse que la economía política,
con sus leyes vitales, haya producido grandes hombres verdaderamente
indiscutibles.
En cambio, existen grandes hombres reconocidos con carácter general en las
ciencias matemáticas y las ciencias naturales.”369
En esta larga cita se hace referencia a la historia caracterizándola fuera de la
categoría científica.
“Las artes significan capacidad, poder y creación. Su fuerza propulsora central
y más importante, la fantasía, ha sido considerada en todos los tiempos como
algo divino.
La capacidad de exteriorizar, de representar lo interior de tal modo que actué
como algo interior representado, como una revelación, escasea bastante. El
reproducir exteriormente lo puramente exterior se halla al alcance de muchos;
en cambio la convicción de que sólo sería capaz de hacerlo uno, el autor,
razón por la cual se le considera insustituible.”370
“Considerando a los hombres en el campo el espíritu, él afirma, primeramente,
la nota de la extratemporalidad en la función de aquéllos. Los artistas, los
poetas y los filósofos, los sabios y los inventores no concuerdan -dice- con las
“tendencias” de su época, de las cuales se nutre la multitud; no influyen
directamente sobre la “vida”, esto es, sobre los intereses de la masa. Con todo
eso, su función consiste en tomar conciencia de lo que atormenta a los
pueblos y expresarlo en símbolos eternos, para la posteridad. Ellos son seres
superiores porque se comunican con el universo entero.”371
Entre artistas y poetas se consideran verdaderamente grandes aquellos que
ejercen durante su vida un dominio de su arte. Estos maestros serían

369
Idem, pp. 250.
370
Idem, pp. 252, 253.
371
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 36.

114
insustituibles, parece como si el mundo fuera incompleto sin ellos. La grandeza
de cada poeta debe distinguirse de su difusión o utilización. Las obras de
grandeza indiscutible, grandes y espléndidas, tuvieron su origen en grandes
hombres. Nuestro desconocimiento de estos primeros artistas cuyo nombre no
conocemos y cuyo lugar lo ocupa un pueblo, nos permite imaginar que está
sustitución se basa en lo defectuoso de la tradición. En cuanto a los grandes
pintores, escultores, en principio estos artistas trabajan de manera anónima al
servicio de la religión. En los santuarios se dan los primeros pasos. Se elimina
lo fortuito de las formas surgen tipos y, “…por último, comienzo de ideales.”
A partir de aquí comienzan los nombres individuales, superando ese arte
sagrado que influye todavía, se conquista la libertad de medios. “Ahora se
descubre lo ideal en todas las direcciones y lo real se revista ya con una magia
imperativa.”372
Ya en la época plenamente histórica el nombre de los artistas va unido a
ciertas obras. El predicado grande se adjudica a un grupo de maestros en los
cuales la mirada experta de cualquiera reconoce el carácter inmediato del
genio.
Entre los arquitectos la grandeza no está claramente reconocida. En parte
porque debe compartir su fama con los maestros de obras, las autoridades
eclesiásticas, políticas, etc. Lo gigantesco y magnificente empaña el juicio.
Generalmente los creadores de estilo a los que desearían no atribuirles la
grandeza son desconocidos, salvo a partir del Renacimiento hasta la
actualidad. En la música los grandes compositores figuran entre los más
grandes hombres. Burckhardt establece otras categorías, las figuras
legendarias. Se refiere a los hombres que, o bien no han existido nunca, o
existieron de un modo distinto a como se describe. Se trata de hombres
ideales o idealizados, creadores o fundadores de naciones.
“Entran en la categoría a que nos estamos refiriendo aquellos héroes míticos
que son, en parte, dioses ya borrosos, hijos de dioses, entes geográfica y
políticamente abstractos, etc., y en primer lugar los héroes epónimos y los
arquegetas de un pueblo, como representantes míticos de su unidad.”373
La biografía de estos personajes “…encierra ya simbólicamente un fragmento
de la historia de su pueblo y, sobre todo, de sus instituciones más importantes,

372
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 259.
373
Idem, pp. 263.

115
…”374
“En las figuras mitológicas, que no quiere omitir en su teoría en torno a la
grandeza histórica, Burckhardt ve la necesidad íntima que tienen los pueblos
de poseer grandes encarnaciones. En esta transfiguración de la grandeza, los
pueblos encuentran el medio de concebir sus arquetipos.”375
Hay pueblos que exaltan y transforman ciertas figuras históricas y las
convierten en ideales populares. Los fundadores de religiones ocupan un lugar
peculiar. Estas figuras se encuentran entre “los grandes hombres en el sentido
más elevado de la palabra”. En ellos vive un elemento metafísico, capaz de
regir y dominar a través del tiempo no solo la vida de un pueblo, sino la de
muchos pueblos. Puede mantener unidos estos pueblos en torno a un ideal
religioso-moral. Con respecto a los grandes hombres de la historia universal,
“La historia gusta a veces de condensarse de pronto en un hombre a quien
todo el mundo parece obedecer.
Estos grandes individuos representan la coincidencia de lo general y lo
especial, de la permanencia y del movimiento en una sola personalidad. En
ellos se resumen estados, religiones, culturas y crisis.”376
Para Burckhardt los hombres verdaderamente grandes son aquellos capaces
de crear algo nuevo.
“Pero los que parecen plenamente grandes son aquellos hombres que lleva a
los pueblos civilizados de un estado antiguo a otro nuevo. En cambio, no
consideramos grandes, ni mucho menos, a quienes despliegan una gran
energía para una obra de mera destrucción;...”377
Los tiempos terribles son los únicos que dan la pauta suprema de la grandeza.
En las crisis los grandes hombres condensan al mismo tiempo lo nuevo y lo
existente. Son todo un misterio de la historia, guardan una relación de maridaje
con su época, la que se consuma en los tiempos terribles. Burckhardt emplea
la expresión “matrimonio sagrado” para referirse a esta relación. Cuando una
crisis se inicia hay siempre abundancia de supuestos grandes hombres. El
movimiento va pasando por etapas diversas y cambios, suele ocurrir que
quienes inician el movimiento no son nunca los que lo lleva a término. El gran
hombre representa el anhelo general y no el programa o la furia de un partido.
374
Idem, pp. 264.
375
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 36.
376
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 265, 266.
377
Idem, pp. 266.

116
Este hombre nace en medio de peligros formidables
¿Pero en definitiva en que consiste esa grandeza? Los grandes hombres no
aparecen en la historia como modelos morales sino como excepciones. Para
Burckhardt las características de grandeza son las siguientes:
“Las capacidades se desarrollan y se concentran de un modo evidente y
completo con la propia conciencia y con las tareas que hay que resolver. El
grande hombre no sólo aparece completo en cada situación, sino que ésta
resulta incluso demasiado pequeña para él; no sólo la llena, sino que puede
hacerla saltar. […] Su fuerza y su facilidad son enormes en todas las funciones
espirituales ( e incluso corporales), lo mismo en el conocer que el en crear, en
el análisis y en la síntesis.
Un don inherente siempre, y natural en los grandes hombres, es el de
concentrarse a medida de su deseo en una cosa y el de pasar a otra con la
misma facilidad.”378
Para ellos todas las cosas les parecen fáciles, en tanto para al resto les
resultan complicadísimas.
“Hay dos cosas fundamentales que los grandes hombres ven siempre con
absoluta claridad; en primer lugar descubren en todo momento la situación real
de las cosas y de los posibles recursos de poder, y en segundo lugar no se
dejan cegar por las simples apariencias ni aturdir por el estrépito del momento.
Saben desde el primer momento cuáles pueden ser las bases de su poder
futuro.[…] Además, los grandes hombres saben descubrir de antemano el
momento en que deben intervenir, mientras que nosotros no nos enteramos de
las cosas hasta que las leemos en el periódico.”379
La mera contemplación no es una dote de los grandes hombres, ellos buscan
adueñarse efectivamente de la situación. “…al mismo tiempo, una enorme
fuerza de voluntad que irradia en torno suyo un influjo mágico y se atrae y
somete a su imperio todos los elementos del poder y la dominación. En esta
función no les engañan su mirada ni su memoria, sino que ponen a su alcance
los elementos del poder en sus justos términos de coordinación y
subordinación, como si le perteneciesen por derecho propio.” La resistencia en
el medio cercano al gran hombre es imposible, quién no se somete a él debe
pasar al campo enemigo saliendo de su órbita de acción.”

378
Idem, pp. 269.
379
Idem, pp. 270.

117
El gran hombre es poseedor de lo que Burckhardt llama “fortaleza de alma”.
Esta la brinda la capacidad para resistir ciertos momentos de tensión. Una de
las cualidades más raras en los grandes hombres es su grandeza de alma.
Esta consiste en “…saber renunciar a lo ventajoso en aras de lo moral, en
saber imponerse limitaciones voluntarias no sólo por razones de inteligencia,
sino por bondad interior, pues la grandeza política lleva siempre aparejado
necesariamente el egoísmo y tiende a explotar todas las ventajas.”380
A veces resulta difícil distinguir la grandeza del mero poder.
“Mas para que exista verdadera grandeza es necesario que aquellas nuevas
condiciones permanentes no impliquen un mero desplazamiento del poder,
sino que envuelvan un gran cambio de la vida nacional. En este caso, la
posteridad atribuirá infaliblemente al autor, y con razón, una intención más o
menos consciente en los hechos realizados y, por tanto, le discernirá el atributo
de la grandeza.”381
Grandeza muy dudosa es la de los jerarcas de la Iglesia. Si bien se enfrentan
al mundo profano les falta la coyuntura para desarrollar la verdadera
dominación. No gobiernan directamente sino por medio de poderes.
“Y en el conflicto con los poderes seculares se hallan también a cubierto y en
una situación de privilegio mediante el empleo de los recursos espirituales de
fuerza.
Sin embargo, la posteridad y la historia descuentan estas ventajas poco
equitativas cuando se trata de enjuiciar a tales personalidades.”382
El destino de los grandes hombres parece ser el ejecutar una voluntad que
trasciende la individual y que puede recibir el nombre de; voluntad de dios,
voluntad de la nación o voluntad colectiva, según de la época que se trate. En
el gran hombre se concentra la energía y la capacidad de un número infinito de
individuos. Puede suceder que la voluntad colectiva a la que el gran hombre
sirve sea una voluntad consciente y él concrete esa voluntad que desea su
época o su nación. Puede ocurrir también que se trate de una voluntad
inconsciente, el gran hombre sabe lo que la nación desea y lo realiza, la nación
comprende ese hecho, y luego reconoce con justeza la grandeza de ese
hombre.

380
Idem, pp. 272.
381
Idem, pp. 275
382
Idem, pp. 279.

118
“Existe una solidaridad misteriosa entre las ambiciones del hombre excepcional
y lo que llama el interés de la comunidad. En la medida en que el individuo de
“élite” sirve a la comunidad, el criterio de la moralidad es irrelevante para ésta y
para el juicio de la posteridad.”383
Los grandes hombres parecen eximidos de obedecer leyes morales corrientes.
A quién una colectividad confiere grandeza y poder, se le perdona el crimen,
en especial la violación de tratados políticos existentes. Esto se realiza en
virtud de que el bien de la colectividad, del Estado, o del pueblo, son
inalienables y no pueden ser lesionados por nada. Lo estimulante y decisivo
para los grandes hombres no es el deseo de fama, sin embargo tanto la fama
como la idea de posteridad actúan en un segundo o tercer plano. En realidad,
“Lo decisivo, lo estimulante y el acicate formativo de los grandes hombres en
todos sus aspectos es el sentido del poder, que mueve a los grandes hombres
como un impulso irresistible y que, por lo general, va unido a una manera de
juzgar a los hombres que no se preocupa de la opinión de éstos sumada a su
fama, sino simplemente de su subordinación y utilidad.”384
Burckhardt marca su absoluto desacuerdo con aquellos que se declaran libres
de los grandes hombres.
“Hoy día hay que eliminar a una capa de gentes que se declaran emancipados
a sí mismos y a su época de la necesidad de los grandes hombres. Se dice
que la época actual quiere arreglar sus asuntos por sí sola y se cree que
procederá muy virtuosamente si se desprende de los crímenes de los grandes
hombres. Como si los hombres pequeños, tan pronto como tropiezan con una
resistencia, y aun prescindiendo de la codicia y la envidia de unos para con
otros, no tuviesen también capacidad para el mal.
Otros preconizan prácticamente la emancipación (sólo esencialmente, bien
entendido, en el terreno intelectual) por medio de la garantía general de la
mediocridad, por el aseguramiento de ciertos talentos mediocres y de ciertos
falsos prestigios, que se conocen por su rápida ascensión y que no tardan,
naturalmente, en derrumbarse.”385
En el seno del Estado el genio tiene limitada cabida, salvo que efectué un
fuerte acomodamiento, ya que en el Estado todo se realiza con arreglo a la

383
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 37.
384
BURKHARDT, J., Op. Cit., pp. 285.
385
Idem, pp. 287.

119
“utilidad”. Burckhardt afirma la necesidad del gran hombre.
“Los grandes hombres son necesarios en nuestra vida para que el proceso de
la historia universal se libere periódicamente, y a saltos, de las formas de vida
ya caducas y de las meras charlatanerías.”386

386
Idem, pp. 289.

12
CAPITULO 7

DICHA E INFORTUNIO EN LA HISTORIA UNIVERSAL

Burckhardt, “Atribuye a los juicios que va a formular en este sentido -siguiendo


los moldes de la historiografía clásica- el mérito de la espontaneidad, y declara
que nada tienen que ver con la filosofía de la Historia. Sus consideraciones
sobre la felicidad y la desgracia en la Historia abarcan, por turno, momentos,
figuras y etapas históricas. Considera felicidad la victoria griega contra los
persas, la derrota de Cartago, el rejuvenecimiento de Europa por los bárbaros,
la defensa contra el Islam, etc. Reconoce, desde el principio, la relatividad de
estos criterios, desde el punto de vista de una Historia objetiva, pero declara
que el verter semejantes juicios de valor es un rasgo de la Edad Moderna.”387
“En nuestra vida estamos acostumbrados a considerar lo que nos sucede,
unas veces como una suerte y otras como un infortunio y, naturalmente,
tendemos a proyectar también estos criterios sobre los tiempos pasados.
Sin embargo, ya desde el primer momento debía de ofrecernos dudas este
modo de proceder, viendo cómo nuestros juicios acerca de las cosas propias
pueden variar y varían considerablemente según nuestra edad y nuestra
experiencia;…”388
A pesar de esto emitimos juicios de este tipo. Hay una ilusión óptica por la cual
vemos la dicha reflejada en ciertos tiempos y en determinados pueblos.
Llegamos a considerar como infortunados o dichosos épocas enteras.
Coincidiendo los períodos de dicha con los llamados períodos de florecimiento
de la humanidad. Los tiempos de infortunio son obviamente aquellos de gran
destrucción.
“La emisión de esta clase de juicios es una característica de los tiempos
modernos, que sólo puede comprenderse sabiendo cómo se maneja
modernamente la historia. Los antiguos creían en la existencia de un siglo de
oro primitivo a partir del cual todo había ido empeorando; Hesíodo pintaba con

387
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 38.
388
BURCKHARDT, Op. Cit., pp. 291.

12
sombríos colores el siglo de hierro “actual”. En cambio, en los tiempos
modernos se ha abierto paso la teoría del perfeccionamiento gradual (el
llamado progreso) a favor del presente y del porvenir.”389
Estos juicios son para Burckhardt enemigos del verdadero conocimiento
histórico.
“Mas el querer conformarse a este universal criterio de valoración no le impide
ver en él un enemigo declarado del conocimiento histórico. Combate, por tanto,
el juicio histórico basado en el grado de civilización, el criterio de la
perfectibilidad y la teoría del progreso.”390
“Parten de una especie de consenso literario, formado poco a poco y hecho de
deseos y razonamientos del racionalismo y de los resultados verdaderos o
supuestos de una serie de historiadores muy versados en la materia. Además
estos juicios no se difunden al azar, sino que se emplean no pocas veces para
fines publicísticos, como pruebas en pro o en contra de determinadas
tendencias de nuestros tiempos. Forman parte del amplio y circunstanciado
bagaje de la opinión pública y presentan a veces muy claramente (ya por la
misma violencia y en algunos casos por la tosquedad con que se emplean) el
sello de la época en que surgen. Estos juicios son enemigos mortales del
verdadero conocimiento histórico.”391
Estos juicios emanan de la impaciencia, de la cultura, de los gustos, de la
simpatía política, de la seguridad, de la grandeza.
Los juicios nacidos de la impaciencia: son los juicios realizados por el
historiador o el lector de obras de historia, cuando estos se han dedicado
mucho tiempo a un período y no cuentan con elementos suficientes para el
juicio o cuando no se ha realizado mucho esfuerzo. Tomamos partido por lo
que desde nuestra ignorancia nos parece interesante, dichoso, y contra lo
aburrido, cómo sí esto fuese lo infortunado. Confundimos en el pasado lo
apetecible, con lo que distrae y entretiene la imaginación.
“Compadecemos como desgraciados a tiempos, pueblos, partidos y
confesiones, etc., del pasado que lucharon largamente por bienes superiores.
Proyectamos sobre el pasado el mismo deseo que abrigamos hoy de ver
triunfantes sin lucha y sin esfuerzo aquellas tendencias por las que sentimos

389
Idem, pp. 294.
390
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 38, 39.
391
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 294, 295.

12
cierta predilección.”392
Estas luchas fueron las que hicieron posible la victoria, las que aseguraron la
vitalidad y el valor de la causa defendida.
“Esta tendencia a querer ahorrar al pasado sus luchas se observa, sobre todo,
en lo tocante a las guerras religiosas. Le subleva a uno pensar que cualquier
verdad (o lo que nosotros reputamos tal) sólo pueda abrirse paso a fuerza de
violencia y que, si ésta no triunfa, la verdad (o nuestro concepto de ella) se vea
reprimida. Además en el transcurso de las largas luchas la verdad pierde
siempre infaliblemente mucho de su pureza y de su unción interior por las
intenciones temporales de sus defensores y partidarios.”393
La vida según Burckhardt sólo se desarrolla en plenitud en la lucha.
“Y, sin embargo, es una verdad absoluta que la vida encerrada en los litigios
religiosos y que tiene que salir de ellos sólo llega a desarrollarse por entero y
en toda su plenitud en la lucha y no sólo en las polémicas impresas; sólo la
lucha hace que ambas partes adquieran la conciencia plena de su causa; sólo
en ella y a través de ella, en todas las épocas y todos los terrenos de la historia
universal, llega a saber el hombre lo que realmente quiere y de lo que es
capaz.”394
Tenemos también los juicios inspirados en la cultura. Estos juicios consisten en
juzgar un pueblo, o una estado de cosas del pasado, en los aspectos referidos
a su moralidad o su dicha, atendiendo a la difusión de la educación escolar, el
confort y la cultura universal, tal como nosotros la entendemos hoy. Sin duda
ningún pueblo o ninguna época del pasado resiste tal prueba. Por tanto todos
ellos son tratados con diverso grado de conmiseración.
“Durante cierto tiempo se consideró el “presente” como sinónimo de progreso y
a ello iba asociada la ridícula quimera de que nuestro tiempo marchaba hacia
la perfección del espíritu e incluso de la moral.”395
Para Burckhardt una vida “simple y vigorosa”, combinada con la plenitud física
de la raza, en guerra contra sus enemigos y opresores es también una cultura,
unida probablemente a una educación elevada del corazón humano.
Sobre los juicios basados en los gustos, Burckhardt dice: “Estos juicios
consideran dichosos los tiempos y los pueblos en los que prevalece
392
Idem, pp. 296.
393
Idem, Idem.
394
Idem, pp. 296, 297.
395
Idem, pp. 297.

12
especialmente aquel elemento que quien emite el juicio considera más
importante. Según que en éste predomine el corazón, la fantasía o la razón,
…”396
Los juicios nacidos de la simpatía política; se refiere aquí Burckhardt a los
juicios basados en predominio en una época determinada de un régimen
político, que coincide con las simpatías de quién emite el juicio. Para algunos
por ejemplo el tiempo más feliz es aquel que coincide con el gobierno
monárquico.
“Estos juicios se destruyen de por sí los unos a los otros. Sobre todo aquellos
que miden la dicha de los tiempos pasados atendiendo a las ideas religiosas
de quienes lo enjuician.”397
Los juicios basados en la seguridad suponen como condición previa de toda
dicha, la sumisión de la arbitrariedad a un régimen de protección policial, la
dilucidación y supeditación de todos los problemas referidos a la propiedad de
acuerdo a una ley objetiva y fija. La existencia de garantías tanto para el
transporte como para el lucro. Toda la moral de nuestro tiempo se halla
orientada en este sentido, es decir, exime al individuo de tomar por su cuenta
resoluciones que atañen a la defensa de su casa y de su hacienda.
Nuestro tiempo gusta juzgar el pasado basándose en la grandeza. El
desarrollo rápido y potente del poder político sobre pueblos e individuos
entraña para estos un sinnúmero de sufrimientos. Sin embargo hay todo un
movimiento destinado a ennoblecer la naturaleza del poderoso y de quienes le
rodean. Se le atribuyen intenciones acordes a esa grandeza y a su bondad.
“Finalmente, se da por supuesto que la presencia del genio ilumina y hace
felices a los pueblos dirigidos por él.
En cambio, se adopta una actitud extraordinariamente fría ante los sufrimientos
de aquella masa innumerable de personas, considerándolo como una
“desgracia pasajera”;…”398
¿Cuál es la fuente común de tales juicios? El egoísmo, contesta Burckhardt.
“Lo importante en toda valoración histórica no es la cuestión de la dicha y de la
desdicha, sino la continuidad del espíritu humano, que nos parece semejante
al desarrollo de una vida. El problema de la “razón histórica”, que será

396
Idem, pp. 298.
397
Idem, pp. 299.
398
Idem, pp. 301.

12
ampliamente desarrollada por Dilthey en su “dialéctica de la realidad” y en la
actualidad por Ortega en la teoría de la “razón vital”, parece encontrar en estas
últimas páginas una visión anticipadora. También para Burckhardt, el hombre
no sólo está en la Historia, sino es, en cierto modo, Historia.”399
“Nuestro profundo y altamente ridículo egoísmo considera dichoso ante todo
aquellos tiempos que presentan alguna semejanza con nuestro propio ser y
reputa además plausible aquellas fuerzas y aquellos hombres del pasado en
que parecen basarse nuestra existencia actual y nuestro relativo bienestar.
Exactamente como si el mundo y la historia universal sólo existiesen en gracia
a nosotros mismos. Todo el mundo considera su tiempo como la consumación
de todos los tiempos y no sólo como una de las muchas oleadas transitorias
del mundo.”400
“Sin embargo, todo lo que existe, y nosotros con ello, no existe solamente en
gracia a sí mismo, sino en virtud de todo el pasado y en función de todo el
porvenir.”401
Considerado todo lo que existen en relación a la totalidad, las pretensiones de
los pueblos, de los tiempos, y de los individuos en cuanto a la dicha, son de
importancia secundaria. Enfocada la vida de la humanidad como un todo, las
oscilaciones temporales y locales, dicha o infortunios particulares, en realidad
forman parte de una necesidad de orden superior. El término “dicha” debería
ser eliminado de la vida de los pueblos o sustituido por otro. La idea de que la
dicha consiste en la persistencia de un estado de cosas es falsa. Tal
persistencia equivaldría a la petrificación y la muerte, “…pues sólo hay vida en
el movimiento, por doloroso que él sea. Y, sobre todo, la idea de la dicha como
una sensación positiva es una idea falsa, toda vez que la dicha sólo consiste
en la ausencia de dolor, mezclada a lo sumo con un vago sentimiento de
desarrollo.”402
Hay pueblos que parecen estancados durante siglos y brindan la imagen de
estar contentos con su suerte. En realidad esto es obra del despotismo. Las
generaciones nacidas en este sistema terminan por glorificar y considerar su
situación, como la dicha suprema. Existen otros pueblos y otros individuos que
gastan sus fuerzas, incluso toda ella en un rápido dinamismo. Buscan destruir
399
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 39.
400
BURCKHARDT,J., Op. Cit., pp. 302.
401
Idem, Idem.
402
Idem, pp. 303, 304.

12
lo viejo y fundar lo nuevo. Sin embargo ellos tampoco están destinados a gozar
de una dicha propia. Para Burckhardt, “el mal sobre la tierra constituye,
indudablemente, una parte de la economía de la historia universal.”
“El derecho del fuerte sobre el débil forjado en aquella lucha por la existencia
que llena toda la naturaleza, el reino animal y el vegetal, y desarrollado luego
en la humanidad, mediante el robo y el asesinato, en los tiempos primitivos,
por el desplazamiento o el aniquilamiento o la esclavización de las razas más
débiles o de los pueblos más débiles o de las capas sociales más débiles
dentro del mismo estado o del mismo pueblo.”403
Pero la derrota de lo noble en la historia es peligrosa, particularmente en
épocas donde impera una cultura muy general que se arroga los derechos de
la mayoría.
“Puede ocurrir, sin embargo, que saliendo derrotadas las fuerzas mejores y
más nobles, los vencedores, aunque empujados solamente por la ambición de
mando, abran un porvenir de que ellos mismos no tienen la menor noción.”404
El hecho de que el mal se convirtiese en bien y el infortunio en suerte relativa
no supone que el mal y el infortunio en su origen fueran algo distinto de lo que
realmente fueron. Todo acto de violencia por más que haya sido exitoso
representa un mal y un infortunio, o por lo menos un mal ejemplo.
“Pero al servir de base al poder permitía que la humanidad siguiese
desarrollándose, con tendencia incansable a transformar el poder en orden y
en legalidad; para ello, ponía en acción sus fuerzas sanas y sometía a cura
aquel estado de cosa basado en la violencia. El mal reina a veces durante
largo tiempo por la tierra como mal, no sólo ente los Fatimidas y los asesinos.
El príncipe de este mundo es, según la doctrina cristiana, Satanás.”405
Nada hay de cristiano, según Burckhardt, en pronosticar el imperio permanente
de la virtud sobre la tierra.
“El reino del mal encierra una alta significación, pues solamente a su lado
puede existir una bondad desinteresada. El mundo ofrecería un espectáculo
insoportable si los malos, atraídos por la recompensa consecuente del bien y
el castigo implacable del mal, se sintiesen de pronto inclinados a obrar bien
siempre por razones de conveniencia, pues, a pesar de ello, seguirían siendo

403
Idem, pp. 305.
404
Idem, pp. 306.
405
Idem, pp. 306, 307.

12
interior e inevitablemente malos. Casi se siente uno tentado a desear que el
cielo vuelva a reinar sobre la tierra solamente para que exista la impunidad del
mal, único modo de que los malos se revelen en su verdadero ser. Bastantes
engaños y disfraces hay ya en el mundo.406
No toda obra de destrucción trae consigo rejuvenecimiento. Hay poderes
absolutamente destructivos. Podemos decir, afirma Burckhardt, que no
conociendo en su conjunto, (como en realidad no conocemos), la economía de
la historia universal, jamás podremos saber que habría ocurrido de no
producirse los hechos que realmente acontecieron, por más terrible que estos
hayan sido. Esto no significa sin embargo, entregar un argumento a los
poderosos con el cual disculparse sosteniendo que “si nosotros no lo
hacemos, otros lo harán”.
Para Burckhardt existe lo que él llama “…misteriosa ley de la compensación,
…”
Comprobable en un aspecto; el aumento que experimenta la población luego
de grandes guerras o pestes. Como sí de alguna forma la humanidad intentara
reponer las perdidas sufridas.
Incierta pero verosímil, por ejemplo en el caso del reflujo de la cultura universal
que se observa en el Mediterráneo Oriental en el siglo XV, “…se ve
compensado exterior e interiormente por la difusión oceánica de los pueblos de
la Europa occidental; el acento universal se desplaza para recaer sobre otra
zona.
Del mismo modo que en el terreno de la destrucción una muerte habría sido
sustituía por otra, la vitalidad general del mundo se encarga de sustituir aquí
una vida por otra vida.”407
Pero debemos tener cuidado con esta doctrina de las compensaciones.
“La doctrina de la compensación es casi siempre la misma doctrina de la
apetecibilidad disfrazada, y es aconsejable proceder cautelosamente con los
consuelos que de ella pueden derivarse, puesto que no es posible formarse un
juicio definitivo acerca de estas ganancias y estas pérdidas. El nacimiento y la
muerte son, indudablemente, el destino general de la tierra; pero cada
verdadera vida individual barrida por la violencia y ( a nuestro modo de ver)
prematuramente, debe ser considerada sencillamente como irreparable, más

406
Idem, pp. 307.
407
Idem, pp. 310.

12
aún, como insustituible por otra vida tan excelente como ella.”408
Un matiz de esta ley es el aplazamiento de lo que consideramos deseable. A
veces deja de producirse algo que deseamos, algo importante, para realizarse
luego, en el futuro, con mayor perfección.
Otro matiz lo constituye; la sustitución de una rama cultural por otra. “Lo único
que puede asegurarse es que una época, un pueblo, no pueden poseerlo todo
al mismo tiempo y que muchas fuerzas indecisas de suyo se sienten atraídas
por aquellas que se hallan ya en su auge.”409
De los reclamos que podemos realizar al destino, el más justo es el que se
refiere a la destrucción de las grandes obras de arte y la poesía. Una pérdida
irreparable es la desaparición de los grandes historiadores, pues se rompe de
este modo la continuidad de los recuerdos espirituales.
Partiendo del problema de la dicha y el infortunio, Burckhardt llega al problema
de “la pervivencia del espíritu humano”. Finalmente este se nos aparece “…
como la vida de un ser humano. Este, tal como adquirimos conciencia de él en
la historia y a través de ella, tiene que atraer y retener gradualmente la mirada
del hombre pensante de tal modo y reclama hasta tal punto ser investigado y
escrutado en todos sus aspectos, que al lado de esto las ideas de dicha e
infortunio van perdiendo cada vez más en importancia. “La madurez del
hombre es el todo”. La dicha cede el puesto nolentium volentium al
conocimiento como meta de los hombres capaces.”410
No se trata de indiferencia frente al dolor que también puede alcanzarnos. Nos
convencemos, dice Burckhardt, de la ceguera de nuestros deseos al ver como
los deseos del pueblo y de los individuos se contradicen, cambian, se anulan.
“Si pudiésemos renunciar plenamente a nuestra individualidad y pudiésemos
contemplar la historia de los tiempos futuros con la misma tranquilidad y
serenidad con que contemplamos el espectáculo de la naturaleza, con que
vemos, por ejemplo, una tempestad en el mar desde tierra firme, tal vez
podríamos vivir conscientemente uno de los capítulos más grandiosos de la
historia del espíritu.”411
A pesar de la guerra, los cambios y crisis políticas, la extensión de la cultura y
el transporte, la impaciencia, las profundas crisis sociales, “…para no hablar de
408
Idem, pp. 311.
409
Idem, pp. 312.
410
Idem, pp. 314.
411
Idem, Idem.

12
tantas otras crisis acumuladas y no resueltas, sería un espectáculo
maravilloso, aunque no para los hombres de esta época, para seres terrenales,
poder seguir por la vía del conocimiento el espíritu de la humanidad que flota
sobre todos estos fenómenos y que, entretejido con todos ellos, se construye
una nueva morada. Quien pudiese tener siquiera una intuición de esto se
olvidaría por completo de la dicha y el infortunio y viviría sostenido tan sólo por
la nostalgia de este conocimiento.”412
“En su incansable afán para las perspectivas integrales, Burckhardt se
propone, como actitud ideal frente al fenómeno histórico, la renuncia completa,
si esto fuera posible, a nuestra individualidad, para poder contemplar la
Historia con indiferencia con que se contempla desde tierra firme el
espectáculo del mar desencadenado por una tempestad. Entonces podríamos
participar en uno de los momentos más importantes de la Historia del espíritu,
olvidaríamos totalmente el problema de la dicha y de la desdicha para no vivir
más que en la alegría del conocimiento puro.
Resuena en este afán de Jacobo Burckhardt de concentrar la realidad histórica
en un espacio ontológico, la eterna melodía de la incitación platónica de
retirarnos a las moradas tranquilas del pensar que ha penetrado en sí mismo y
allí permanece, donde han callado los intereses que mueven la vida de los
pueblos y de los individuos.”413

412
Idem, pp. 315.
413
USCATESCU, G., Op. Cit., pp. 39.

12
CONCLUSIÓN

En primer lugar debemos reiterar que “Reflexiones sobre la historia universal”


no fue concebida con la intención de convertirse en libro y de publicarse. En
esto radica su dificultad. Esta circunstancia debe tenerse en cuenta a la hora
de juzgar la obra.
Burckhardt autorizó la publicación “…en artículo de muerte. En 1866 escribía a
un correspondiente: ninguna de mis conferencias se imprimirá, porque como
conferencias nacieron a la vida y la impresión las perjudicaría, mostrándolas
como tapices vueltos de revés”. Y así quedaron estas obras, en parte a medio
redactar, aunque los editores póstumos le han dado la articulación
indispensable, con sumo respeto y discreción según todas las apariencias.”414
“El lenguaje de Burckhardt, alusivo, unas veces sarcástico, irónico, otras
poético, concentrado casi siempre en fórmulas que implican el comentario y la
explicación de palabra, que se sirve de una terminología en parte todavía
romántica, schilleriana e incluso un poco hegeliana, en parte ya “positivista”,
entre lo francés y lo alemán, no facilita la lectura, ni siquiera una comprensión
profunda de esta obra mediante una lectura literal de la misma”.*”415
Esto explica las diversas dificultades con la que se han encontrado los
investigadores y los traductores de la obra.
No se trata que buscar contradicciones, que las hay.
Burckhardt es un hombre de transición, por un lado entre el absolutismo y el
liberalismo, por otro y entre el romanticismo y el positivismo.
Es un romántico tanto en la elección de los temas a los que se aboca a
investigar, como en la amplitud con la que concibe las fuentes a utilizar.
Es un positivista en su modo racional y mecánico de analizar y explicar la
historia. Y en su intento de observar la historia desde fuera, como un
observador desapasionado, postulando anular su propia individualidad para
mejor observar el acontecer.
“Si pudiésemos renunciar plenamente a nuestra individualidad y pudiésemos
contemplar la historia de los tiempos futuros con la misma tranquilidad y
serenidad con que contemplamos el espectáculo de la naturaleza, con que
vemos, por ejemplo, una tempestad en el mar desde tierra firme, tal vez

414
REYES, Alfonso, Prologo, en BURKHARDT, J., Op. Cit., pp. XXV.
415
CANTIMORI, D., Op. Cit., pp. 115.

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podríamos vivir conscientemente uno de los capítulos más grandiosos de la
historia del espíritu.” 416
Burckhardt se interesa por investigar lo que los marxistas llaman la
superestructura. El Estado, la Cultura, la Iglesia, y su interacción son sus
temas. Están ajenos a ese enfoque la Historia económica, y la Historia política
y diplomática al uso en la época.
En la historia no ve evolución, sino repetición. Esto va unido por un lado a su
pesimismo, no olvidemos que hablaba de Schopenhauer como “nuestro
filósofo”. Y por otro lado pensamos que también le influye en este aspecto su
tradición protestante. El hombre no evoluciona espiritualmente, no camina
hacia la perfección. Burckhardt siente un profundo desprecio por el hombre
espiritual de su época, por el optimismo que le anima y por la idea de
progreso. Siente aversión por la filosofía de Hegel y Rousseau.
El factor, siempre igual a sí mismo que determina su imagen de la Historia es
el Hombre.
“Este factor determinante de la imagen de la historia (que es, en realidad su
premisa personal) no es ya, según Burckhardt, el plan divino como en Bossuet,
ni la ilustración como en Voltaire, no son ya las ideas como en Hegel, y todavía
(saturadas de realidad) en Ranke, […] sino que es el hombre.”
Ese hombre “… se concibe como algo que en el fondo permanece igual a sí
mismo:…”417
El “cambio” es la esencia de la historia, pero la tendencia que impulsa esos
cambios radica en el hombre. Esos cambios se estructuran plásticamente en
torno a las tres potencias.
Desde este punto de vista los Grandes Hombres son tema de investigación
científica, ellos son extratemporales. En ellos encarnan las fuerzas del pasado
y del presente, la energía de generaciones.
Su posición es profundamente aristocrática y él lo sabe.
Sobre este tema suscribimos lo que afirma Car: “La opinión que yo quisiera
demoler es la que coloca a los grandes personajes al margen de la historia y
los imagina imponiéndose a la historia en virtud de su grandeza.”418
La historia se organiza en torno a tres potencias; Estado, Iglesia y Cultura. Dos

416
BURCKHARDT, J., Op. Cit., pp. 314.
417
Idem, pp. 328.
418
CAR, E., Op. Cit, pp. 72

13
de ellas Estado e Iglesia son potencias conservadoras que buscan la
abdicación de la individualidad, son potencias estáticas, sostenidas por la
coacción. En tanto la Cultura, la tercera de ellas es la potencia movible,
plástica, esencialmente evolutiva.. Exaltadora de lo individual. Burckhardt
establece una relación algo mecánica entre las tres potencias y que no
siempre se ajusta al devenir histórico.
Derivado de la idea de la Progreso nace la concepción de que la época actual
es la culminación de la historia. Esta idea por sí misma implica un juicio. La
manía de enjuiciar el pasado, los pueblos e individuos del pretérito es muy del
gusto de nuestra época. De lo que se trata no es de enjuiciar la historia sino de
comprender los pueblos del pasado.
Se trata como dice Car; “ … de la necesidad, por parte del historiador, de una
comprensión imaginativa de las mentes de las personas que le ocupan, del
pensamiento subyacente a sus actos: digo “comprensión imaginativa y no
“simpatía”, por temor a que se crea que ello implica acuerdo.”419
Todo lo que existe sostiene Burckhardt está en función del pasado y del
porvenir.
El “cambio” se manifiesta en procesos lentos y estables, y en procesos
acelerados. Sobre los proceso acelerados Burckhardt formula lo que él llama la
“teoría de las las tormentas”. Se trata de una verdadera teoría de las crisis.
Burckhardt concibe la verdadera crisis, aquella en la que las masas populares
toman el poder.420
Ubica en el centro de la civilización a Europa, es también el centro de la
Historia, en la periferia podrían ubicarse la extensión de la civilización europea,
o sea América. El resto del mundo estaría excluido de la Historia. Es una visión
por momentos racista y profundamente eurocentrista.
Con respecto a las Ciencias Burckhardt excluye de este campo a la Historia,
colocándola en el terreno histórico-literario. El criterio utilizado para establecer
la diferencia es un criterio de legalidad, existen ciencias que pueden formular o
investigar leyes sobre la vida, en tanto la historia realiza afirmaciones siempre
discutibles.
Señala la necesidad de estudiar la Historia Nacional con relación a la Historia
Universal, evitando la utilización del conocimiento histórico para la agitación

419
CAR, E., Op. Cit., pp. 32.
420
Cf. Pág. 154.

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propagandística.
Su concepción además de mecánica en los aspectos señalados, tiene varias
limitaciones. La primera es excluir pueblos y regiones no europeas de la
Historia. Es excluyente también en otro sentido, su concepción no abarca el
estudio de los aspectos económicos, sociales y políticos.
Se trata de una huida del historiador hacia la antigüedad frente a la
inseguridad del presente, frente a los avances revolucionarios de las masas
rebeldes, y frente a los avances en la construcción de los grandes estados.
Verdaderas potencias amenazadoras de la individualidad.
La obra de Burckhardt conoció una gran difusión a partir de 1928 y
particularmente coincidió con la guerra de 1939-1945. Fue utilizada como
forma de defender la cultura ante el avance de la barbarie del
nacionalsocialismo.

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FUENTES

BURCKHARDT, Jacob, REFLEXIONES SOBRE LA HISTORIA UNIVERSAL,


México, Fondo de Cultura Económica, 1943.

BIBLIOGRAFÍA

BLOCH, Marc, Introducción a la Historia, Buenos Aires, Fondo de Cultura


Económica, 1990.

BRUUN, Geoffrey, La Europa del siglo XIX 1815 - 1914, México, Fondo de
Cultura Económica, 1988.

CANTIMORI, Delio, Los historiadores y la Historia, Barcelona, Ed. Península.,


1985.

CAR, Edward, H., ¿Qué es la historia?, Barcelona, Ed. Planeta – De Agostini


s.a., 1985.

DUJOVNE, León, La filosofía de la historia de Nietzsche a Toynbee, Buenos


Aires, Ed. Galatea Nueva Visión, 1957.

FUETER, Edwin, Historia de la Historiografía moderna, T. II, Buenos Aires,


Editorial Nova, 1953.

HAYES, Carlton, J., H., Historia política y cultural de la Europa moderna Vol. II
“un siglo de sociedad predominantemente industrial (desde 1830 hasta
nuestros días)”, Barcelona, Ed. Juventud, 1953.

HEARDER, H., Europa en el siglo XIX desde 1830 hasta 1880, Madrid, Aguilar
S. A. de edic., 1973.

MARROU, H. I., el conocimiento histórico, Barcelona, Ed. Labor S.A., 1968.

13
ROMERO, José Luis, Conversaciones con José Luis Romero Fragmentos del
texto publicado por Félix Luna, Montevideo, UDELAR, Facultad de
Humanidades y Ciencias, Depto. De Historiología, 1987. (ej. mimeografíado.)

USCATESCU, George, ESCATOLOGÍA E HISTORIA, Madrid, Ed.


Guadarrama, 1959.

VEIT, Valentín, Historia del Alemania para los pueblos de habla española,
Buenos Aires, Ed. Sudamericana, 1947.

VOGT, Joseph, El concepto del historia de Ranke a Toynbee, Madrid, Ed.


Guadarrama, 1974.

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I N D I C E

INTRODUCCIÓN………………………………............................................0

CAPITULO 1
La Situación Europea……………………………..........................................2
Breve historia de Suiza…………………………...........................................12
Breve biografía sobre Burckhardt……………..........…................................17

CAPITULO 2
Introducción a las “Reflexiones”………………........................................…22
La objetividad………………………………….................…..........................31
Conocimiento del pasado…………………….............……..........................42
Fuentes………………………………………….........................................…45
La especialización………………………………...........................................53

CAPITULO 3
Los agentes del suceder histórico………………….....................................58
El Estado…………………………………………...........................................60
La Religión………………………………………............................................73
La Cultura……………………………………….................….........................83
El enjuiciamiento del pasado y la idea de progreso....................................91

CAPITULO 4
Las seis condicionalidades……………………….........................................102
Cultura y Estado……….…………………….................................................103
Cultura y Religión……………………………….............................................116
Estado y Religión…………………………………......................................... 120
Estado y Cultura…………………………………...........................................128
Religión y Estado……………………………….....….....................................135
Religión y Cultura…………………………….......…......................................139

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CAPITULO 5
La teoría de las tormentas…………………………......................................149
Las guerras……………….....………………………......................................152
La crisis de su tiempo…….…………………..….…......................................171

CAPITULO 6
El gran personaje en la historia……………………......................................174

CAPITULO 7
Dicha e infortunio en la Historia Universal……...........................................191

CONCLUSIÓN………………………………........……..................................206

BIBLIOGRAFÍA…………………………………............................................211

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