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LA TRANSFIGURACION DEL GOBIERNO DE FERNANDO LUGO

¿Por qué la denuncia contra agentes policiales por secuestro, torturas y


ejecución extrajudicial frustrada, no es tapa en los medios, cuando se
trata de un ciudadano común?

Esta fue mi primera interrogante, al leer esta mañana en Internet la sección país del
diario La Nación, que recogía la denuncia de un joven, que el sábado a la noche,
alrededor de las 21:00, fue secuestrado al llegar a la avenida Perón y Battilana, de
Lambaré, siendo interceptado por un automóvil con tres policías a bordo. “Uno
salió, me apuntó con un arma, me agarró del cuello y me puso boca para abajo,
después me metió al auto, salió otro policía que llevó mi moto y se quedaron dos
policías adentro, tenían placa, radio, todo tenían" señaló el denunciante. La crónica
agregaba que luego apareció una camioneta 4x4, donde la víctima vio que atrás les
seguía también una Nissan Terrano y la moto, identificando a un personal de la
Comisaría 8º; en cuanto a los que le mantenían privados de su libertad a su parecer
serían personal de la Comisaría 23ª. El denunciante agregó que le pegaron con la
culata, le rompieron la boca y le golpearon la rodilla.

Durante el lapso de su detención ilegal, la víctima fue llevada por General Santos
derecho hasta Artigas y le decían ‘te vamos a matar, éste es un secuestro pagado
por otra persona'; agregó que 'me iban a llevar hacia Mbiguá para matarme, yo
estaba todo esposado, el vidrio polarizado cerrado y en un momento rompí el vidrio
con mi cabeza y saqué el cuerpo por la mitad, pateé, estaba ya colgado y me caí en
el empedrado, di vueltas y un guardia fue que me ayudó, le conté lo que me pasó y
llamó a la patrullera, ellos me desposaron” [http://www.lanacion.com.py/noticias-
292352.htm].

Sobre esta denuncia, es patente que los abusos de poder, la violación de derechos
humanos y la comisión de crímenes comunes han sido en este y otros gobiernos, la
tónica de la actuación de una institución policial no profesional, permeada por la
corrupción y funcional a la cultura represiva heredada del stronismo, la de 'la calle
es de la policía'. Este perfil de la fuerza policial, lejos de haber intentado superarse,
se agudizó con la llegada del neostronismo al poder, de las manos de
Reconciliación Colorada y la designación del abogado de la Flia. Argaña, Oscar
Latorre, como Fiscal General del Estado. Ciertamente, el oviedismo ya
había instrumentalizado con anterioridad a las FFAA como cuadros
políticos, e instaló las bases de un sistema ilegal de escuchas telefónicas y de lo
que sería un fallido órgano de inteligencia militar - disuelto en el 2002 -,
denominado Servicio Nacional de Información (SNI); pero en lo que a las tareas de
la fuerza policial refiere, las mismas siempre fueron desplazadas por el sicariato
como modelo más afín al ethos mafioso que caracteriza a este movimiento
fundamentalista, tal como lo demostró el Marzo Paraguayo. Pero quién en
definitiva recurre de nuevo a métodos policíacos prototípicos de Edgar L. Insfrán y
del Departamento de Investigaciones a cargo Pastor Coronel, es el argañismo,
desvirtuando para tal fin una figura asociada a la reforma penal, cual fuera el
Centro de Investigación Judicial del Ministerio Público (CIJ).

El CIJ, cuya tarea primordial se situaba dentro de uno de los ejes de la susodicha
reforma, ie., velar por el respeto de los derechos y de las garantías constitucionales,
lejos de cumplir con estas aspiraciones y ser contralor civil de la labor policial, se
trastocó en un órgano fiscal policializado en sus formas más prosaicas: recurriendo
a las privaciones de libertad arbitrarias, torturas y centros clandestinos de
detención, como modus operandi en la persecución de los crímenes. Como nos
enseñan años de la historia macabra del terrorismo de estado, es aquí donde se
inicia un círculo vicioso: dado que ninguna evidencia o elemento probatorio puede
válidamente producirse como resultado de estos métodos de investigación, que
presuponen la ausencia de cualquier tipo de cientificidad forense, tanto como de
garantías de imparcialidad y juicio justo; el corolario es que se invierte la
presunción de inocencia, el detenido es ínsitamente culpable y la presentación de
pruebas es siempre ex post facto. Dicho de otro modo: primero se presenta al autor
del crimen y en segundo término, habrán de buscarse las pruebas del crimen;
prejuzgada la persona la sentencia condenatoria es cantada. Esta ha sido la lógica
judicial - policial durante los últimos gobiernos Colorados, desde el magnicidio
de Argaña hasta el caso Ykuá Bolaños, este último, con sus fisuras de impunidad.

Clausurado el CIJ, el patrón de actuación siguió en lo fundamental siendo el mismo


en las investigaciones criminales por parte de los organismos de seguridad del
Estado, con mayor notoriedad en aquellas dependencias encargadas de narcóticos,
automotores, secuestros, y en general, en casos donde la delincuencia
organizada cuenta con mayores recursos financieros, políticos y vinculación con el
crimen transnacional. Sin dudas, creo que a la mayoría de los paraguayos y
paraguayas, nos ha tocado ver en la ciudad los famosos autos GOL sin chapa -
ahora camionetas 4x4 -, polarizados, sin identificación policial, con
personal armado sin uniforme, desplazándose como 'si la calle continuara siendo de
la policía'. Esta ruptura con los protocolos básicos de actuación en materia de
obligaciones de los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley - por ejemplo,
su identificación -, es el subterfugio donde se establecen las telarañas de la
corrupción y la violación a los DDHH; a esto se suma la impunidad de sus
actuaciones, pues ni los Fiscales ni Jueces de Garantías o Tribunales de Sentencia,
han sabido ser los límites al uso arbitrario del poder de policía o de persecución
penal, como tampoco lo ha sabido ser la prensa, a la que habitualmente se atribuye
un cuarto poder. En este último caso, la cobertura de los medios ha sido siempre
propensa a exigir mano dura y efectismo penal antes que respeto a las
garantías y derechos ciudadanos; en cierto sentido, la prensa en Paraguay ha sido
en estos últimos años, bastante liberticida.

En este escenario, sin dudas uno de los campos en que el cambio prometido por el
Presidente Lugo devenía prioritario, era el concerniente a la seguridad interior; pero
ningún giro de espaldas a la gente fue tan radical, tan vertiginosamente cataléptico,
tan cínicamente expuesto, como el dado por el Presidente de la República y su
Ministro del Interior, Rafael Filizolla, al postrarse al unísono ante el Fiscal General de
la República, Rubén Candia Amarilla. En la revista institucional del Ministerio
Público, de agosto de 2009, un sonriente Lugo en la página 15 manifestó que
'...veía con buenos ojos la labor realizada por parte de la Fiscalía General, brindó su
apoyo al Dr. Rubén Candia y, a la vez, solicitó su colaboración a fin de poner mano
dura...". Ya en noviembre de 2008 (ca.), unos 55 heridos y contusos había dejado
una violenta represión de la policía antimotines contra un contingente de
campesinos que reclamaban en Asunción la destitución del fiscal general del Estado
por su política de criminalización de la protesta social y de las organizaciones
campesinas. El ministro de Interior, Rafael Filizzola, informó entonces a la prensa
que 'existían infiltrados entre los manifestantes' y que la represión se justificaba
porque 'algunas personas provocaron e instigaron a romper la barrera policial' que
se tejió alrededor del edificio fiscal.

Coram Deo, la transmutación del gobierno de la alternancia en el alter ego de


gobiernos colorados en materia de seguridad, fue mostrando desde entonces sus
fauces más feroces, como si de sus entrañas naciera la pretensión de que la
copia hubiera de erigirse en mejor que el original, ya patentado por el
neostronismo. Las razones pueden ser varias; quizás al igual que aquel Nicanor que
invitara a Fidel Castro a su asunción al mando y vistiera la boina roja en
Marquetalia, sus convicciones políticas carecieran de un sustento real, de modo tal
que abandonar sus ideas, al igual que quien comete una traición, solo fuera
cuestión de tiempos y circunstancias. Pero este abandono de las ideas progresistas,
que para Nicanor en últimas sólo pudo haber significado un coloradísimo acto
de ubicación, en el caso de Lugo tiene el aditamento inevitable de la ruindad con la
sociedad democrática que lo votó y de su humillación ante el poder fáctico, al límite
de un forzado histrionismo de derecha - sobre todo del Ministro Filizolla -, que
terminó explosionando en poses sobreactuadas de anticomunismo de tiempos de la
guerra fría, al enfrentar el caso del secuestro del ganadero Fidel Zavala.

Desde entonces no cesaron los discursos de la represión vacíos, insensatos,


ilógicos, incongruentes: 'sabemos quién o quienes son el EPP, pero no vamos
a decir lo que sabemos para que no sepan lo que nadie debe saber'. 'La Ignorancia
es la Fuerza', diríamos parafraseando aquel 1984 orwelliano que había llegado al
Paraguay de una manera asombrosa e inesperada, incluso creo que para los propios
colorados y stronistas, pues, a todo esto, seguiría desde el Ministerio del Interior la
campaña radial, escrita y televisiva de 'Los dos Minutos de Odio' contra el EPP,
presentando los varios rostros criminales de su 'Emmanuel Goldstein, el Enemigo
del Pueblo'. Acto seguido, como siguiendo al pié de la letra la novela de
Orwell, haría su aparición la Policía del Pensamiento haciendo sus
pesquisas sobre autores, cómplices y encubridores del Crimental [Crimen Mental],
señalando que 'estos podrían estar mimetizados en organizaciones campesinas' y
'tener bases de apoyo en organizaciones de derechos humanos'; el Gran Hermano
Filizolla desde entonces siguió también la neolinguística de sus asesores
militares: la palabras peones de estancia, almaceneros y sacerdotes tienen la
misma raíz etimológica que 'terrorista'.

Así, mientras las fauces del terrorismo de estado en la boca del discurso
antisubversivo se mostraban altaneras, sobre todo frente a campesinos ya
ancianos, otros enfermos, casi ciegos, otros adolescentes, sordomudos, carpinteros,
mujeres embarazadas; el Presidente y su Ministro del Interior parecían dormir
tranquilos, pues, no solamente se trataba de que Fidel Zavala había sido
voluntariamente liberado - el cuantioso y costoso cuerpo de élite del ejército y la
policía nunca intervino ni disparó un solo tiro -; el punto era que la Policía del Terror
y los Militares Antiterroristas ahora les pertenecían completamente, se habían
mimetizado, eran uno sólo; ya no cabrían más conspiraciones de brazos cruzados ni
vista gorda a la delincuencia, o asonada militar que peligre la gobernabilidad. Poco
contaba que hacía meses nada más, en una interna policial, el país había asistido a
un crimen hediondo entre policías, nunca visto tampoco ni en épocas de los
colorados: la residencia del comisario Edgar Salcedo fue blanco un atentado
incendiario, del que resultaron muertas sus dos hijas, Yamina y Larissa Salcedo de
16 y 19 años respectivamente y su esposa Norma Pastor de 42 años. Por supuesto,
en dicha oportunidad, el Ministro Filizolla había hablado a la prensa; la crónica sobre
las expresiones del Gran Hermano señalaron que: "...el Secretario de Estado, en
compañía de expertos de la Policía Nacional y Bomberos Voluntarios del Paraguay
concluyeron que el siniestro no fue producto de un atentado con artefacto explosivo
alguno. Inclusive descartaron que el fuego se haya originado en un cortocircuito..."
[La Nacion, agosto 2009]. Una vez más toda verdad es mentira, toda mentira es
verdad.

Después de pensar todo esto, y volver a la pregunta de por qué la denuncia contra
agentes policiales por secuestro, torturas y ejecución extrajudicial frustrada, no es
tapa en los medios, cuando se trata de un ciudadano común, creo que tengo una
sola respuesta: todo lo que sea verdad será tratado como mentira, todo lo que sea
mentira será tratado como verdad; y una sola reflexión final: si la transfiguración
del Gobierno de Lugo es el legado que nos dejará la alternancia para la historia
transicional del Paraguay, es hora de empezar a pensar cómo haremos como
sociedad para no recibirlo sin beneficio de inventario.

Andrés D. Ramírez.-