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Testigo de la destrucción de Pdvsa (Horacio Medina

)
Alfredo Cedeño 17 de junio 2015 - 12:01 am
Este es uno de esos trabajos que me enredan la vida, es de esas notas que se redactan con
una mezcla de emociones que te hacen bambolear por mil estados. Escribo con admiración,
respeto y cariño por este hombre que no deja de ser el mismo muchacho que nació en
Caracas el 20 de mayo de 1953; también lo hago con dolor, rabia, frustración y tristeza por
el lote de mujeres y hombres como él que hemos perdido físicamente, pero que siguen
apostando por el país y siguen tratando de aportar su granito de arena para la reconstrucción
necesaria. Comparto con ustedes una larguísima conversación con Horacio Medina,
sostenida en su actual residencia en Estados Unidos, donde debió asilarse ante la
persecución implacable de los rojos rojitos.
“Nunca he cedido en mis posiciones y en mis principios, no es una posición que adopto en
2002, es algo que siempre he tenido desde que en la Universidad Central de Venezuela fui
presidente del centro de estudiantes de la Escuela de Petróleo, lo que pasó con De Colubio
en Pesas y Medidas, y después en la Sociedad Venezolana de Ingenieros de Petróleos. Ha
sido un posición de vida”. Con su parquedad característica, en menos de 30 segundos,
Horacio Medina hipersintetiza cuatro episodios de su vida: su papel como vocero de los
empleados de Pdvsa en el año 2002, su enfrentamiento sin cuartel con César Pieve Duarte
en la Facultad de Ingeniería, sus denuncias de corrupción en el Servicio Nacional de
Metrología Legal en Pesas y Medidas; y su gestión vertical en la SVIP, donde dejó su
huella.
Hombre humilde que no esconde haber sido vecino de San José del Ávila: “Después estuve
un tiempo en la parroquia Santa Rosalía, muy cerca de donde estaba originalmente Radio
Caracas, y luego me fui a Monte Piedad, en la parte de abajo de los bloques, donde estuve
hasta ya haber entrado a la Universidad Central de Venezuela. Primero estudié en el
colegio Luis Razetti, después me gradué de bachiller en ciencias en el liceo Andrés Bello.
Provengo de una familia que no tenía recursos suficientes y eso significaba que tenía que
trabajar porque tenía que contribuir también a la casa. Mis padres son inmigrantes de las
Islas Canarias, mi papá ya falleció, mi mamá todavía vive, gracias a Dios. Mi papá era
carpintero, trató de hacer algo cuando llegó aquí en la época de Pérez Jiménez, pero luego
las cosas se complicaron y terminó manejando taxis. Mi papá tuvo bastantes problemas de
salud, primero tuvo un accidente casi mortal y puedo referir que la vida se la salvaron el
Periférico de Coche, cuando los periféricos funcionaban y fui testigo de eso, mi papá estuvo
al borde de la muerte por un accidente muy grave en la Coche-Tejerías, y más adelante tuvo
también un infarto. Por todo eso, mi mamá que era conserje tenía que fajarse y yo
procuraba ayudarla”. Debo explicar que revivir estos episodios para Horacio son latigazos
afectivos que le quiebran la voz y moja muchísimo los ojos. Traga grueso y sigue: “Yo
procuraba también con algunos ingresos por lo menos ser independiente y contribuir de
alguna manera con la casa. Creo que esos fueron unos años muy duros, pero de mucho
aprendizaje. Pero logramos salir adelante y fueron momentos de mucha unidad familiar”.

Fue la época cuando, amén de ayudar a su madre a limpiar las escaleras del edificio,
consiguió trabajo como motorizado en La Exhibición Industrial. “Era una empresa familiar
muy pequeña, y a ellos yo les hacía lo que era el cobro, después pasé a ser despachador,
después fui facturador, estaba de Madrices a Ibarras en el centro de Caracas”. Ya eran días
en que cursaba estudios regulares en la Facultad de Ingeniería, donde ingresó en abril de
1972. “En esa empresa me dieron un gran apoyo, sin ellos yo creo que hubiera sido muy
difícil graduarme, tenía muchas facilidades, no era fácil estudiar Ingeniería, ayudar a la
casa, trabajar, y además lo que todos los jóvenes hacemos: la rumbita, la cosa”. Ello no
significó que se desentendiera de su entorno universitario y fue así como llegó a encabezar
una plancha unitaria con el apoyo de Ruptura, la Liga Socialista, Copei, Acción
Democrática: “O sea una mescolanza extraña, el único que no nos apoyaba y había una
razón fundamental, era el MIR, quien tenía un candidato para la presidencia del Centro de
Estudiantes, un gran amigo mío, una de las personas que yo políticamente más respetaba en
aquel momento, lamentablemente falleció en un accidente, Iván Guerra, quien fue el
secretario general del Centro de Estudiantes e hicimos una gestión que básicamente era
una, no había ninguna diferencia profunda. Yo tuve muy buenas relaciones con todos, en
aquellos años en la Universidad Central ebullía, años 76-77, la izquierda; la mayoría de
mis amigos eran todos de esa tendencia, nosotros sacamos un periódico hecho con
multígrafo, que se llamaba El Reventón, no Reventón como el de Richard Izarra”.
Horacio tiene bien ganada fama de ser una persona afable, pero firme, que no se le agua el
ojo para abordar lo que sea y a quien sea, es por eso que no me extrañó cuando en el
momento más inesperado me soltó: “Para definirlo de una vez y que no le quede a nadie
ninguna duda, yo soy un hombre pro partido, yo defiendo a los partidos políticos, de la
tendencia que sean, dentro del marco de la defensa de la democracia porque son
insustituibles para ella, sin embargo, yo nunca he militado en ninguno y no lo digo por mal,
sencillamente no lo he hecho. Yo tuve una relación muy cercana con la Liga Socialista
donde tuve muy buena relación con Alberto Berroterán, vegetariano para más señas. Con
Ruptura también y pude participar en varias de las discusiones cuando ellos estaban
haciendo los libros sobre la industria petrolera, que dicho sea de paso -y aquí suelta Horacio
una de varias revelaciones que confió el día de nuestra conversación- los escribió Bernard
Mommer con un seudónimo; eran unas discusiones interesantes donde participaban Néstor
Francia, Argelia Bravo, y algunos otros líderes de Ruptura -se está refiriendo a gente como
Douglas Bravo, Francisco Prada Barazarte, Ramón Morales Rossi, Eligio Sibada
(comandante Magoya), Alí Rodríguez Araque, Dimas Petit Vásquez, Diego Salazar y
Kléber Ramírez, entre otros-. Fue una época donde tuve muchísimo acercamiento con
grupos de izquierda pero con independencia, siempre con total independencia y además
siempre comprometido con muchas de las propuestas que, a mi modo de ver las cosas, eran
viables y tenían sentido, otras que yo considero y sigo considerando que estaban muy
amarradas a las ideas primitivas del siglo XIX del marxismo leninismo que no tienen
absolutamente ninguna vigencia. Por supuesto tuve también cercanía con grupos de Copei,
con Acción Democrática, en fin fue muy enriquecedor para mí mantenerme en esa
independencia pro partido y yo creo que eso a lo mejor ha sido una bendición a lo largo del
tiempo.”
En el año final de la carrera, que hizo en seis años, entró a trabajar como fiscal en el
departamento de Pesos y Medidas del Servicio Nacional de Metrología Legal, que era

dirigido por Ramón De Colubi. Medina se graduó cuando atravesaba serios problemas con
la institución que lo empleaba: “Acusé formalmente ante la Consultoría Jurídica a varios
personajes de matraca, de corruptos, y hubo algo que me rompió todos mis niveles de
paciencia y se fue la tolerancia pal’ carajo: los termómetros deben ser calibrados, son
usados por niños, por personas mayores, sobre todo, para tener el control de la temperatura
y si tú no los tienes bien calibrados puedes ocasionar la muerte de personas inocentes y
había un grupo allí que pasaba termómetros sin calibrar y yo no podía aceptarlo. Eso
ocasionó que me suspendieran sin goce de sueldo por unos meses, estuve a la orden de la
Consultoría, hasta que hubo la remoción de esos funcionarios, poco tiempo después
también removieron a Ramón De Colubi, estoy hablando del final del gobierno de Carlos
Andrés Pérez. Me gradué y me llamaron a una entrevista en Meneven, ya estaba casi listo
cuando mi mamá se enfermó muy gravemente, yo pensaba que mi mamá iba a fallecer y
tuve que dejarlo; yo tengo otros tres hermanos, pero soy el mayor, y tomé esa decisión para
poder ocuparme de mamá; hablé con Orlando Méndez que trabajaba ahí, y le dije: Mira
Orlando tú me conoces, has sido mi profesor sé que esto no es lo correcto, pero esto me
obliga a tomarme un tiempo. Me dieron un plazo de tres meses, mi mamá no mejoró y tuve
que definitivamente declinar. Cuando ella se mejoró pude entrar a trabajar en la industria
petrolera, el primero de julio de 1980 en Lagoven en Tía Juana, Costa Oriental del Lago”.
Ahí comienza en la sección de perforación y reparación de pozos: “Un trabajo bien duro,
bien complicado, de muchas responsabilidades desde el primer día, fueron unos años de
profundo aprendizaje. Tengo un profundo agradecimiento por el estado Zulia, que me vio
nacer como profesional”. Luego de cinco años en la Costa Oriental del Lago, donde era
coordinador de Operaciones de Lagoven en el estado Zulia, lo transfieren a la Gerencia de
Planificación de Producción del mismo Lagoven en Caracas. “Justo en el momento que
llegué, en el año 86, Lagoven estaba revolucionada porque la gente de Geología había
hecho un descubrimiento que iba a marcar un cambio significativo en la capacidad de
producción de la industria petrolera: el descubrimiento del campo El Furrial, en Monagas, y
era necesario hacer un plan conceptual de desarrollo de ese campo luego de haber perforado
un pozo y tenido los primeros estimados, ese fue mi gran primer reto. Lo hicimos entre un
gran amigo, Ciro Quintero, y yo, y se lo presentamos al gerente del Departamento de
Producción, Arnaldo Salazar, y empezaron a desarrollarse todos los planes. Nos quedamos
un poco cortos, habíamos estimado que ese campo podía producir unos 200.000 o 250.000
barriles por día, y terminó produciendo 450.000 barriles diarios.” De allí fue cambiado a ser
el coordinador de producción de Lagoven para Occidente y Oriente, de donde luego fue
promovido a la Gerencia de Evaluaciones Económicas.
“Ya estamos hablando del año 89-90, y este último año el gobierno de Carlos Andrés Pérez
había tomado la decisión, siendo ministro de Energía Celestino Armas, de comenzar el
proceso de apertura que se iniciaría con los convenios operativos con campos petroleros,
que estaban cerrados o con producción casi 0, donde ninguna de las empresas filiales estaba
dispuesta a seguir poniendo el poco dinero que tenían. Y surgió entonces la Primera Ronda,
para lo cual contrataron asesores externos internacionales que vinieron e hicieron una
fórmula, sobre la base de lo cual en la gerencia donde yo estaba hicimos unas evaluaciones
que desde el punto de vista Lagoven eran negativas. Hay una reunión de la directiva, a la
cual voy acompañado del gerente de producción en ese momento que era Wilhem Klindt, y
el doctor Julius Trinkuna, que era el presidente de Lagoven me pregunta y le digo: eso es

algo que no es rentable para Lagoven. Eso causó una conmoción; yo me fui a mi oficina y
estaba sentado allí escribiendo, alzo la mirada y me encuentro al propio doctor Julius
Trinkuna, ¡el presidente de Lagoven!, y a Wilhem Klindt entrando en mi oficina, yo me
dije: ¡estoy botao! El doctor Trinkuna me pregunta: ¿Tú estás seguro de lo que dijiste? Por
supuesto que sí estoy seguro, esos son los resultados. Él me dice: ¿Tú sabes que esto es
algo muy complicado, muy delicado? Sí lo es doctor Trinkuna, yo lo sé, pero hemos hecho
los estimados sobre la base a tres escenarios de precios, tres escenarios de producción, y en
todos algunas veces daba más negativo, unas veces menos negativo, pero siempre negativo.
Él él me dice: Está bien que estés seguro, recógete lo que te tengas que recoger, vamos a
una reunión con el viceministro. Perfecto, ¿cuándo? En 15 minutos te espero allá abajo.
¡Vaina! En efecto en 15 minutos estábamos en el carro yendo para el ministerio, cuando el
ministerio funcionaba, porque el ministerio sí hacía la gestión de control de auditoría y de
supervisión, quizás no era la mejor auditoría, ni la mejor supervisión porque no tenían el
personal suficiente. Ojo, no estoy diciendo no capacitado, había personal capacitado pero
mas no suficiente para hacer ese tipo de trabajo. Entonces vamos a Parque Central y el
viceministro Rafael Guevara nos recibe: Doctor Trinkuna ¿qué es lo tan importante que nos
quiere hablar…? Me dicen que presente, presento el asunto y él me dice: Oye chico, pero
tú eres un poco negativo. Le digo: esto es lo que dicen los números. Pero tú sabes que los
precios pueden… Lo atajé: Sí, los precios pueden ser mucho mayores pero nadie los está
viendo. Y empezamos a darle vueltas al asunto y él me dice: ¿Qué propones tú? Le dije:
propongo algo muy sencillo –y viene una segunda confidencia de Medina en la
conversación-, en la ley de Hidrocarburos del año 43 dice muy claramente que la regalía es
una regalía ajustable que puede ser de 1% hasta 16,66% y es ajustable ¿en función de qué?,
de que se haga posible la producción del campo, la propuesta era muy sencilla, ponemos
1% como punto de partida y si el campo comienza a producir, se puede hacer una revisión
como ministerio, aumentar hasta que alcanzas 16,67% que era el máximo de la regalía en
ese momento. Eso significaba que podía ser una regalía ajustable pero que permitía el
arranque, y se tomó la decisión. Con el paso del tiempo la manipulación ha venido porque
siempre han dicho que se regaló y que se le estaba dando el petróleo regalado y que no se
le cobraba las regalías, cierto como lo acabo de explicar, al principio. Lo que sucede es que
el Ministerio de Energía ¡jamás! revisó esos convenios aun a petición de nosotros, y yo
puedo decirlo con toda la autoridad, porque fui en varias oportunidades al ministerio a
pedirlo llevándole las evaluaciones; hago eso cuando ya estaba Caldera en el gobierno, y no
se revisó, era Erwin Arrieta ministro. Hubo críticas muy duras sobre ese 1%, que estaba
establecido en la ley, que era absolutamente legal y tenía un procedimiento para poder ser
aumentado, que eso no se hizo es otra cosa.”
Su ascenso dentro de la industria petrolera continuó hasta que llega el año 1999, cuando el
señor Chávez asume la presidencia de la República. “Estaba en la Gerencia de Estrategia
Corporativa cuando hay el cambio de gobierno y nombran vicepresidente corporativo de
planificación corporativa a Héctor Ciavaldini. Yo siempre he tenido una animadversión
absoluta por los militares en el poder, yo creo que ellos tienen otras funciones muy claras y
específicas, menos los veo estando en el poder, y Hugo Chávez es un militar que intentó dar
un golpe de Estado, cosa con la cual jamás he podido estar de acuerdo. Nunca tuve ningún
tipo de inclinación de apoyarlo y sí debo confesar que cuando leí el apoyo de algunos
personajes como el doctor Ernesto Mayz Vallenilla, Ricardo Combellas, Jorge Olavarría,
yo me pregunté: ¿será que estoy equivocado y estoy viendo algo que no es?, quizás yo

estoy equivocado. Eso lo pensé entre cuando ganó en diciembre de 1998 y el 2 de febrero
de 1999, cuando Héctor Ciavaldini nos reunió a todos los que estábamos en la
vicepresidencia de Planificación de Pdvsa, y en ese momento comprendí que era el
principio del fin y que yo no estaba equivocado. Ese señor dio un discurso que siendo
vicepresidente de planificación era todo lo contrario a lo que un vicepresidente de
planificación podía decir y dejó ver claramente lo que destilaba de resentimiento, de odio y
de revanchismo. Ese día me dije: aquí se acabó la película, yo no estoy equivocado.”
Su voz no tiembla a la hora de seguir haciendo la radiografía de la casa que tan bien
aprendió a conocer. “El proceso que tuvo un punto de inflexión el 11 de abril de 2002
comenzó el 2 de febrero del 1999, porque nombran a Roberto Mandini presidente de
Petróleos de Venezuela, quien era una de las personas, quizás todavía lo es, más capacitadas
que había la industria petrolera, y cuando lo nombran presidente de Petróleos de Venezuela
yo me alegré, sin embargo, ya había conocido a Ciavaldini y me dije, bueno, esto suena
muy extraño. Mandini fue sometido por meses, y lo pude ver muy cercanamente, a un
sabotaje inclemente. Yo pude ver cómo Ciavaldini actuó de una manera no transparente
sobre la gestión de Mandini, tenía un correaje directo con Alí Rodríguez Araque, lo
baypaseaba, y tanto es así que Mandini no duró más de ocho meses en el cargo y se fue de
Pdvsa; lo sustituyen con Héctor Ciavaldini, y lo que se estaba haciendo de una manera
soterrada, de perseguir, de menoscabar la institución, se hace abiertamente. Ciavaldini toma
el cargo y a los meses ocurre la tragedia de Vargas –surge la tercera confidencia- y pasaron
muchas cosas no muy santas: la forma cómo se distribuían las ayudas, se contrataban los
camiones, helicópteros, aviones, en fin, mucho tráfico de influencias y eso fue público y
notorio en lo interno de Pdvsa. Ciavaldini comienza a transitar un año 2000 ya complicado,
mi amigo Carlos Ortega, en ese momento era presidente de Fedepetrol y estaba en
discusión el contrato colectivo y Ciavaldini, en un absoluto menosprecio por lo que Carlos
Ortega significaba, decía que eso era algo que podía manejar sin problema, que no iba a
firmar con delincuentes, una cuestión demasiado arrogante, prepotente. Carlos Ortega llama
al paro y viene la intervención directa de Chávez a través de María Cristina Iglesias, dos
días después estaban firmando y botaron a Ciavaldini. Es cuando nombran a Guaicaipuro
Lameda, quien venía precedido de unas credenciales extraordinarias, pero llega un
personaje vestido de militar a un cuerpo civil. Allí pasó que él comenzó primero a entender
de qué se trataba Petróleos de Venezuela, se pasó los últimos meses del 2000 y gran parte
del año 2001 entendiendo qué era Pdvsa. Eran reuniones larguísimas, con preguntas muy
agudas, difíciles de responder, pidiendo explicaciones de todo y todo se le dio. Creo que él
mismo se convenció de que el discurso que estaba obteniendo de Miraflores no era el
correcto y lo que él estaba viendo era una cosa distinta.
“Así llegan los días en los cuales se firma el Convenio de Cooperación Energética entre
Cuba y Venezuela, rubricado por Chávez y Fidel para suministrar a la isla parásita 53.000
barriles de petróleo por día, en el que se contemplaba que 50% del pago era cash, es decir a
30 días y el otro 50% era financiado. Obviamente para lo interno de Pdvsa a nosotros nos
lucía que eso era un exabrupto porque nosotros podíamos vender ese crudo y cobrarlo de
contado. (Les ruego lean con atención porque Horacio hace una nueva revelación como
testigo de excepción y de primera línea) Ahora bien, en el convenio dice que 50% se paga
en efectivo, a 30 días, pero cuando se va el primer cargamento, no presentaron carta de
crédito, se le dio una displicencia, o una carta de fiel cumplimiento avalada por un banco, y

a los 30 días no pagaron, ni apareció la carta de crédito, ni apareció el dinero, y vinieron
por el segundo cargamento. Ahí empieza una presión muy fuerte de la gente de Comercio y
Suministro por una razón fundamental: hay una Ley de Salvaguarda, hay unas normas
internas y hay una relación comercial con muchas otras empresas, entonces si tú violentas
tus relaciones comerciales eso distorsiona tremendamente las relaciones comerciales de
Pdvsa. Guaicaipuro Lameda dice de aquí no va salir ese crudo, Alí Rodríguez Araque es
todavía el ministro y comienza un toma y dame con Lameda, pide que ese pago se pase a
deuda y autoriza que el barco se vaya. Lo que quiero decirte es que nunca se pagó. Cuba
jamás pagó ni un barril, nada, desde el principio. Y todo eso terminó por enrarecer el
ambiente interno de Pdvsa que tarda en reflejarse a lo externo porque la gente tiene que
comprender que había una disciplina, había una normativa y había una meritocracia. Hasta
el 28 de febrero de 2002, cuando se publica en la prensa Salvaguardemos a Pdvsa,
documento firmado por vicepresidentes, directivos y gerentes de primera línea de Pdvsa no
es que se hace evidente la problemática. Allí fue la manifestación clara e inequívoca de lo
que estaba pasando.”
Horacio Medina, conversador inagotable, no pierde la paciencia ni la pasión por nuestro
derrengado país, asegura que al producirse un cambio retornará de inmediato. Tampoco
olvida sus afectos, ¡jamás!, y menos a su inseparable Maritza, su segunda esposa: “Todas
estas cosas que hemos hablado tengo que rescatar y debo señalar el valor que ha tenido mi
esposa Maritza en todo esto. Ella es un cuatro por cuatro, ella ha estado conmigo en los
momentos más difíciles, a la hora del apoyo, de la solidaridad, de asumir las
responsabilidades, de echar para adelante con uno, es invalorable. Yo no sé si hubiera
podido hacer todo lo que he hecho, no sé si estaría aquí ahorita con esta actitud si no
hubiese estado acompañado por ella y tengo que reconocerlo, porque ha sido incondicional
conmigo. No es lo mismo hacer esto solo, he visto en el trayecto de esto muchos
compañeros que se han divorciado, y eso definitivamente pega. Afortunadamente pude
contar con una persona como Maritza para seguir adelante.
“El país ha sido deliberadamente salpicado, rociado, inundando por la corrupción se han
corrompido mucho de los estamentos, pero también muchas voluntades. Sucede que en este
momento ser bachaquero, o un ‘hacedor de cola’ es altamente rentable, mucho más que ser
un profesional. Ser un vivo, que tienes contactos para cambiar dólares de Cadivi, y estafar
al Estado, y con eso a los otros venezolanos, es una profesión muy rentable, que además
está valorada porque existe una impunidad total”. Pese a la lejanía, Horacio Medina le
mantiene tomado el pulso al país de forma clara. No son recursos retóricos cuando asegura
que regresará a Venezuela “el mejor país del mundo”.
Él ha logrado sobreponerse a infinidad de cosas y desde su actual residencia, digna y
modesta por demás, en Miami, se dedica a prestar ocasionales servicios de asesoría técnica
en la industria petrolera a diferentes empresas. “Cuando se publica ese documento
Salvaguardemos a Pdvsa en los diferentes diarios nacionales, y hay ese intento de nombrar
la Junta Directiva, que de hecho se nombra, ya yo estaba en Chuao en la Gerencia de
Convenios Operativos y Nuevos Negocios de Exploración y Producción. El ambiente había
empezado a tensarse más aún y se comienza a hablar internamente de la necesidad de
organizarse, para tener voz sobre esta situación. En ese momento yo era todavía el
presidente de la Sociedad Venezolana de Ingenieros de Petróleo, y por ello me mantenía

ajeno a eso, trataba de preservar la parte institucional de esa sociedad, pero no era
indiferente a lo que estaba pasando. ¡Por supuesto que me indignaba!, seguía los
acontecimientos, pero no participaba directamente. Es así como en cada sede se comienzan
a organizar por grupos, y empiezan por escoger delegados de piso. La idea era que se
escogían todos esos delegados, y después se hacía una asamblea para escoger el delegado
del edificio; porque de esa manera se garantizaba que en Chuao había un delegado y un
suplente, en Chaguaramos, en La Campiña, en Pdvsa gas, etcétera, todos los edificios había
un principal y un suplente. Cuando vino la elección en Chuao, que eran 16 pisos, yo no me
había postulado, pero me postulan y quedo como delegado suplente… y cuando se hace la
asamblea general que se hace en la planta baja del edificio, sorpresivamente yo quedé
electo delegado del edificio, ante eso yo no tenía otra alternativa. Hablamos de marzo de
2002. En ese momento tomé la decisión de renunciar a la presidencia de la SVIP, para no
comprometer la institucionalidad de la Sociedad, y asumí la vocería como delegado
principal de Chuao.”
Esto hizo que Medina se sumergiera en una dinámica vertiginosa de reuniones en lo interno
y en lo externo. “Nos dividimos las tareas, todavía no existía ni Unapetrol ni Gente del
Petróleo. Había en el ambiente interno una necesidad de protestar y ahí es que salimos a la
calle a protestar en la hora del almuerzo, y diversas acciones que comienzan a tener un
impacto enorme ante la colectividad. Un amigo, que no tenía nada que ver con estas cosas,
un día me dice: Yo conozco a una periodista, ¿te interesaría dar una declaración? Le digo
que sí, y me llamó la productora de Nitu Perez Osuna cuando ella estaba en Kiss con Jesús
Rivero Bertorelli, y recuerdo claramente que cuando ellos me entrevistaron me
preguntaron: ¿Pero ustedes no van a arrugar? Les dije: No creo que nosotros vamos a
arrugar, no vamos a aceptar esta junta directiva bajo ningún respecto. Y de ahí en adelante
hubo más entrevistas, comenzamos a ir a medios de comunicación, Chávez comenzó con
sus ataques, y el problema fue escalando. Realizamos paros administrativos, en las áreas
tratamos de preservarlo hasta el último instante, donde hubo paros administrativos, más no
en las oficinas operacionales porque siempre tuvimos algo muy claro, que era preservar
Pdvsa. Para nosotros no había nada más importante que hacer lo imposible por
salvaguardarla y fue por eso que salimos a defenderla con las uñas. Nosotros tuvimos eso
que algunos llaman espíritu corporativo pero que para nosotros era una actitud de vida
insobornable, se trataba de nuestros principios. Así fue que llegamos a un punto cuando ya
hay la certeza de que Chávez no va a ceder y tomamos la decisión de llamar a un paro, más
allá de las marchas que estábamos haciendo, más allá de protestas, comunicados,
entrevistas. Primero fuimos a todas y cada una de las áreas operacionales, consultamos,
trajimos delegados, nos reunimos el día viernes 5 de abril en la quinta La Esmeralda, y en
una asamblea se toma la decisión de anunciar la paralización de la industria.”
La pausa que hace Horacio en la narración es enorme, la emoción lo sacude de manera
manifiesta. Se incorpora un poco sobre la silla, cierra los ojos, toma agua y sigue:
“Anunciar esto definitivamente tenía una connotación muy grande. A mí me tocó ser el
vocero de esa asamblea y salí ante la prensa, que estaba allí congregada, a leer un
comunicado que terminaba por anunciar el paro petrolero, no lo que sucedió en diciembre
de 2002 que fue un paro cívico nacional. Hacemos el anuncio de ello y asumimos
plenamente la responsabilidad, porque estábamos suficientemente informados de la
intransigencia de Chávez. Algunos diputados de ellos se nos habían acercado y nos

habíamos reunido. Nicolás Maduro había estado intercediendo, se habían hecho
acercamientos, nos reunimos con Gastón Parra Luzardo, con el consultor jurídico que él
quería nombrar, en fin, habíamos tenido ya suficiente reuniones como para saber que esto
no iba a tener una solución sino le poníamos más presión. La respuesta fue el despido de
siete de nosotros el domingo 7 de abril con el famoso pito en cadena nacional, yo lo llamo
el pito de la ignominia. Creo que fue uno de los actos más bochornosos, humillantes, que
se pueda concebir. En esa acción degradante creo que hubo un detonante para la sociedad
civil, ya sabíamos que aquí era todo o nada, y en ese momento ya estábamos absolutamente
resteados, ahí sí aplicaba: ni un paso atrás, y fuimos a hacer todos los contactos. A mí me
tocó conversar con la CTV y con Carlos Ortega, a donde fui acompañado por otros
compañeros; otro grupo fue a hablar con Fedecamaras. Luego de eso Fedecamaras y la
CTV llaman a un paro nacional a partir del martes 9 y se llama a una concentración en
Chuao, que era para demostrar apoyo a Pdvsa, para el 11 de abril. El 10 fue un día de
muchas tensiones, de intermediarios tratándonos de convencer de que podríamos todavía
llegar a un acuerdo. Entre esos intermediarios había varios que hacían llamadas telefónicas
desde el gobierno, había un diputado del MAS, que fue el que más hizo un esfuerzo para
negociar, Luis Salas, de quien nos habían advertido que nos cuidáramos. Nicolás Maduro
conversó con varios de los gerentes de Pdvsa. A todos les dijimos que ya no había vuelta
atrás. Y el día 11 se dio la concentración”.
Asegura que es necesario no perder de vista el momento que se vivía, donde la sociedad
civil venía acumulando una larga serie de descontentos desde el Decreto 1011, las 49 leyes
habilitantes que causaron una rabia profunda, y que se vio canalizada el 10 de diciembre de
2001 cuando hubo un paro cívico de Fedecamaras y la CTV de un día, la extraordinaria del
23 de Enero, el ambiente sobre Pdvsa. “Nosotros hicimos un gran esfuerzo por alertar lo
que esto significaba como rompimiento de la lógica social, de los principios, de los valores
que todavía luchaban por subsistir en Venezuela. Todo esto lleva a que el 11 de abril haya
una respuesta impresionante de la sociedad civil. Nosotros por supuesto esperábamos una
respuesta, pero definitivamente no esperábamos una respuesta tan contundente. Yo nunca
en mi vida había visto tanta gente, ni había soñado ver tanta gente desde una tarima.
Muchísima gente fue allí de manera espontánea a estar en Chuao en la concentración en
defensa de Pdvsa que era uno de los lemas que había ahí: no a la politización, en defensa
de la meritocracia, Pdvsa es de todos, todo eso estaba allí presente, ese espíritu. Justo
cuando estaba comenzando ya el fragor de la concentración se me acercan los comisarios
Iván Simonovis y Henry Vivas, a pedirme que dijera que la gente no fuera para
Miraflores…” Nueva pausa inacabable. “Yo tengo que confesar, pero absolutamente con la
mayor honestidad, que yo no tenía ninguna idea de una convocatoria para ir a Miraflores, la
convocatoria era en Chuao. Después uniendo uno comienza a perfilar cosas. Creo que
obviamente el señor Carmona tenía esa encomienda y junto con él había otras personas,
creo que también había muchos otros que convocaron a Miraflores sin saber que había otra
cosa posterior sino el único y legítimo derecho de manifestar y pedirle la renuncia a
Chávez. Allí se mezclaron muchas cosas que serían más propia de un estudio sociológico,
histórico, político, mucho más profundo del que yo puedo hacer. Pero tan pronto este
anuncio se fue haciendo y tres o cuatro voceros lo reiteraron, la gente estaba lista para la
chispa y fue impresionante la movilización. Uno veía la que estaba yendo por la autopista
y la que estaba ahí en Chuao. Creo importante recordar que originalmente ese acto era de
apoyo a Pdvsa y la junta directiva de la empresa había renunciado a Chávez a las ocho y

media de la mañana del 11 de abril. Obviamente para Chávez salir a decir que la junta
directiva había renunciado significaba conceder la victoria a los gerentes de la petrolera y él
no estaba dispuesto a eso. Sabíamos que en varias reuniones del gobierno incluso hubo
propuestas de rasparnos la cabeza a unos cuantos, fueron avisos que nos llegaron por varias
partes, pero nosotros seguimos firmes en hacer la concentración en Chuao. Es por eso que
he venido y sigo pidiendo que en algún momento se decrete el día de la sociedad civil, esa
que no sabían con que se comía, tiene que ser el 11 de abril, porque esa fue la respuesta
más contundente, más espontánea, de la colectividad. Hubo algún sector pequeño que se
montó en esa ola, a navegar sobre ella, con unos fines que no estaban muy claros y que
nosotros, la gente de Pdvsa no conocíamos”.
Califica de lamentable todo lo que ocurrió ese día en el centro de la capital venezolana y el
saldo de fallecidos y heridos por armas de guerra. “Creo que es tremendamente lamentable
que un pequeño grupo haya secuestrado esa gesta de toda una sociedad civil, de un millón
de personas en la calle, de un esfuerzo que se había venido construyendo por la defensa de
los principios, para que justamente el día 12 se traicionaran todos los principios y se
acabaran con todos los valores, un grupito puso sus intereses subalternos y sus ambiciones
personales por encima de los intereses del país y lo que pasó con Carmona no tiene para mí
ningún tipo de excusa, yo lo señalo clara e inequívocamente, Carmona y un grupito se
opuso a una gesta de emergencia –y aquí hace una nueva revelación de la que el público
general no ha tenido hasta ahora información de primera mano- de la cual yo tuve
conocimiento que estaba siendo liderada por Luis Miquilena, Alejandro Armas que en paz
descanse, Alberto Jordán Hernández, Ernesto Alvarenga y algunos otros diputados quienes
habían hecho contactos con diputados del chavismo y les habían hecho una propuesta que
llevaron a Iván Rincón Urdaneta –que era presidente del Tribunal Supremo de Justiciapara tratar encontrar una solución absolutamente política para evitar de que el
vicepresidente, ni el presidente de la Asamblea Nacional, vale decir: Diosdado Cabello y
William Lara, asumieran la presidencia –ojo, con esta nueva revelación- y él aceptó. Eso
era perfectamente factible y por eso –no dejen de leer con atención- se había estado
hablando de un triunvirato de gobierno que incluía al señor Carmona, al general Vásquez
Velazco y a Alejandro Armas. Eso se tiró por la borda y habría sido quizás, y eso nadie lo
puede saber, la alternativa de haber comenzado la reconstrucción del país. Todo esto
desemboca en el 13 de abril con unos militares absolutamente desconcertados, sin
conciencia política y sin voluntad de resolver las cosas. La peor decisión que pudieron
tomar, sobre los miedos que los acompañaban de tomar una decisión firme, fue regresar a
quien había tratado de asesinar a un grupo de venezolanos con el Plan Ávila, asesinato que
no se dio porque Rosendo y otros generales, entre ellos el mismo Vásquez Velazco, no lo
acompañan en la decisión de activar el Plan Ávila y sacar los tanques a la calle. Volver a
poner a ese señor creo que ha sido la más estúpida de las decisiones que he conocido y la
historia tendría que darme unas cuantas razones de demasiado peso para poder
comprenderla. Creo que allí se tiró por la borda todo ese gran esfuerzo.”
Recuerda que Chávez regresa el 14 y les pide perdón: “Es todo aquello con el crucifijo, nos
reinstalan en Pdvsa y que fuimos a una entrevista el día lunes, porque ese fue el acuerdo,
con el vicepresidente, que ya había aparecido, Diosdado Cabello, fuimos varios
compañeros, recuerdo a Juan Fernández, Edgard Quijano, Edgard Paredes, y llevamos una
lista de cuáles eran los posibles miembros de la directiva, sobre la base de que el presidente

le pusiera el nombre al presidente de Pdvsa con la única recomendación de que los
directores fueran escogidos de la lista que estábamos presentando. Fue una reunión muy
desagradable, en la Vicepresidencia. Primero en la entrada alguna gente gritando, unos
guardias nacionales que no nos trataron nada bien, el respeto no era mucho, yo no me sentí
en ningún momento seguro, afortunadamente no pasó nada. En la reunión la actitud de este
señor fue la misma que conocemos hoy en día, no creo que antes era distinto y ahora es,
siempre ha sido así: un patán. Días posteriores se tomó la decisión de que el presidente era
Alí Rodríguez Araque, que se lo traen de la OPEP y comenzaba una nueva parte de la
historia”.
Horacio Medina continuó en la industria petrolera venezolana. “Luego de abril de 2002,
nosotros estábamos plenamente convencidos de que el episodio no iba a terminar allí, vino
el Paro Cívico Nacional en diciembre y tomamos una decisión de conformar un grupo de
contacto con la sociedad Civil: Gente del Petróleo, pero además de eso vimos necesario
crear otro instrumento que estuviera mucho más orientado a la defensa de los trabajadores y
creamos un sindicato de profesionales y técnicos, Unapetrol, ambas organizaciones siguen
vigentes, seguimos trabajando, seguimos creyendo en lo que tenemos que hacer a pesar de
todas las dificultades; nuestra denuncia se mantiene en la OIT vigente, la denuncia está
también en el tribunal Penal de La Haya”. Por supuesto que mientras permaneció en Pdvsa
sostuvo varias reuniones con Alí Rodríguez Araque, quien en la última de ellas le manifestó
que ellos, los rojitos, no iban a dejar el poder de ninguna manera y que estaban preparados
para mantenerse en ello de la forma que fuera necesaria. Finalmente lo despiden y se
mantiene con un grupo de excompañeros trabajando en la defensa de los derechos de los
trabajadores despedidos injustificadamente de Pdvsa.
“Presentamos nuestra causa en la OIT, trabajamos para el Revocatorio con mucho ahínco,
luego del Revocatorio me citan a la Fiscalía en calidad de testigo y después en calidad de
imputado, las dos veces fui a la Fiscalía. El caso estuvo durmiendo un tiempo y el 22 de
diciembre de 2004, violentando todo lo que ellos saben violentar siempre, yendo en camino
al programa Aló Ciudadano, en Globovisión, recibí una llamada de mi abogado: hay un
fuerte rumor de que te acaban de dictar una medida cautelar privativa de libertad… En ese
momento tomamos las medidas, me oculté, por supuesto no fui al programa, y
efectivamente la medida se dio a conocer. Estuve clandestino desde ese 22 de diciembre y
el 24 de marzo del año siguiente tomé la decisión final de irme porque ya no había ninguna
opción. En el ínterin, el 10 de enero, habían allanado las casas donde yo vivía originalmente
en mi primer matrimonio, y donde estaba viviendo en ese momento, fueron allanadas con
una fuerza desmedida, con armas largas y todas esas cosas, vi todo eso por televisión.
Llegó un momento que ya se me hizo como muy cuesta arriba. Cuando Carlos Ortega
regresó al país y fue hecho preso, en ese momento dije: bueno, si a Carlos lo hicieron preso
yo no tengo ninguna opción de mantenerme en este plan por más tiempo. Tomé la decisión
de preparar la salida. Recibí apoyo de algunas personas, de algunos amigos allegados,
hicimos algunos arreglos hasta que me recogieron en la Cota Mil y de allí emprendimos
camino, era plena Semana Santa, hacia Colombia. Ya habíamos hecho algunos arreglos
bien interesantes para tener el pasaporte sellado antes de viajar, viajábamos contra el
tiempo, pasamos la frontera sin ningún tipo de problema, todo el tiempo por tierra, no
cambiamos de carro, iba con dos personas: una la conocía, la otra jamás me hubiese
imaginado que me iba a acompañar en ese momento, una mujer, nunca la hubiese

asociado. Fue un viaje todo el tiempo compartiendo, con mucha tensión al pasar las
alcabalas, sobre todo la de Peracal. Miedo, tengo que decirlo. Más de una vez sentí miedo.
Cuando estaba escondido y escuchaba cualquier cosa extraña sentía miedo, ya al final te
tengo que confesar que el miedo no era ni siquiera por mí sino por lo que le fuera a pasar a
la persona que me estaba prestando el apoyo. Llegó un momento en que uno siente que le
está transmitiendo una responsabilidad muy grande a estas personas que me corresponde a
mí, así fue que llegó el momento de irme. Al llegar a Colombia esperé un día, al siguiente a
Bogotá y de Bogotá a Aruba y de Aruba a Miami. Yo no sabía si iba a venir a Miami o no
pero las circunstancias no me dejaron otra alternativa.”
Llegó sin tener claro nada, junto con él vino otro compañero cuyo nombre no revela, un
amigo los recogió, los llevó a un hotel: “No teníamos ningún lugar, ningún destino porque
no teníamos aquí gente relacionada.” Cargaba lo poco que había podido traerse, le quedaba
un repele de unas acciones tecnológicas que se habían desplomado, y pasó el primer mes
tratando de calmarse, de pasar toda la situación, de evaluar donde estaba parado. En medio
de ese panorama una muela comienza a fastidiarle y va al odontólogo, quien vio algo que
no le gustó en la lengua, tiempo después le hacen una biopsia y le anuncian que tenía
cáncer en la lengua. “Yo estaba aquí solo, no estaba mi esposa y recibí esa noticia. Tengo
que confesar que en los primeros quince minutos casi me desplomé, la verdad. Sin
embargo, por alguna razón me sacudí, me dije: espérate un momento la forma de
confrontar esto no es así, por lo contrario hay que sobreponerse. Eso me lo dijeron un día
viernes, en la tarde… pasé el fin de semana yendo a la piscina, a la playa, inventé, me
distraje, se lo dije a mi esposa. El lunes fui a hablar con el médico y me dijo: no te
preocupes, aquí hay una decisión que tomar, vamos a recomendarte con con un doctor para
que vea la oportunidad de operarte. Hice todo eso y lo más pronto que pude me operaron,
afortunadamente no se había extendido, fue una operación muy dolorosa sobre todo en su
recuperación. Anímicamente siempre estuve bien y recibí el apoyo de gente que ni siquiera
conocía que me apoyaron de una manera importante y uno aprende lo que es la solidaridad.
Fue una muestra no solo de los venezolanos, muchos de los cuales no conozco y ni he
podido conocer, pero que contribuyeron de una manera importante para poder sufragar los
gastos, y también de cubanos de aquí que no conocía y que estaban relacionados con el
Jackson Memorial y me facilitaron todo ese asunto. Tras la operación y en el proceso de
recuperación fueron las primeras citas con Inmigración hasta que recibí un permiso de
trabajo que es lo primero que recibes, 150 días después de haber introducido esto en
Inmigración y en ese momento uno se plantea y ahora ¿qué voy a hacer? Yo tenía 52 años
ya. Alguien me dijo mira hay varias cosas que puedes hacer sin mucho problema mientras
te ubicas, una de ellas es hacer deliveries, y me sugirieron una pizzería, tenían un repartidor
ahí que era venezolano, no lo conocía, me presenté con él, él me recomendó con el dueño”,
y estuvo repartiendo pizzas por medio Miami. “Eso me ayudó muchísimo a conocer a
Miami y zonas a las que uno hoy en día no frecuenta, me perdía a cada momento, tenía un
carro de esos que llaman los cubanos un ‘tranportation’, ahí no había GPS, era un Ford
Taurus, del año 90 que rodaba, que tenía aire, eso sí, no había teléfonos inteligentes ni nada
de eso, pero uno preguntando y orientándose fui cumpliendo. Conseguí muchos
venezolanos que hacían ese tipo de trabajos, muchos que hacían lo que nosotros
llamábamos de parqueros, los valet parking, pero todos jóvenes y me ofrecieron que me
fuera con ellos, pero ¿a los 52 años? Estar corriendo buscando una llave, dejando una llave,
traer un carro, era un poco complicado para mí ese tipo de trabajo. Luego de eso compré

una van y con ella hacia unos viajes al aeropuerto llevando clientes de una agencia de
viaje, pero eso se fue complicando y terminé aprendiendo a manejar un montacargas, donde
tenía una remuneración mayor, pero era algo muy caluroso y en octubre del año 2006
cuando estaba trabajando en esto, sufrí un infarto, por lo que tuve que dejar ese trabajo.”
La posterior recuperación y los cuidos del caso lo llevaron a buscar nuevas posibilidades,
como no podía salir del país y no había chance de ejercer la profesión: “Hice algunos
intentos de encontrar asesoría en algunas grandes empresas en Houston, previendo la
posibilidad de mudarme allá, eso tampoco fue posible porque tenía un ‘perfil muy político’,
y las compañías no estaba dispuestos a asumir riesgos y consecuencias posteriores con
Petróleos de Venezuela y con el gobierno de Venezuela, para mí esa puerta también se
cerró. Había que reinventarse y hacer otra cosa, comencé a escribir algunos artículos, hasta
que me vinculé más directamente en el periódico El Venezolano, donde estuve trabajando
como coordinador de las ediciones, colaborando con el diagramador, revisando los
artículos, revisando las publicidades, las pautas, en fin, un trabajo que de alguna manera me
fue ayudando a estabilizarme y algunas otras cosas que uno hacía desde el punto de vista de
asesoría. Muchos compañeros que trabajan en otras empresas fuera de Estados Unidos me
permitieron hacer asesorías a distancia, afortunadamente la tecnología hoy en día lo
permite y así poco a poco fue evolucionando hasta que finalmente logré estabilizarme,
obtener el asilo, que sería otra historia muy larga de contar, y ya con el permiso de salida
del país y la residencia algún tipo de asesorías que han ido abriendo afuera, algunas
también en lo interno aquí en Estados Unidos y eso es lo que nos ha permitido sobrevivir
no así como dice el troglodita, y él se siente orgulloso de eso, el presidente de Asamblea
Nacional, que dice que yo he estado aquí todos estos años disfrutando del dinero que me
robé de Pdvsa”.
No cesa de reflexionar y escribir sobre nuestro país. “Venezuela tiene 16 años sometida a
un modelo que deliberadamente ha trabajado en la destrucción de las instituciones, de la
lógica social del venezolano y ha mancillado todos los principios y valores de la sociedad
venezolana. Creo que hay todavía en el fondo de ella una reserva moral que es por la cual
tenemos que apostar, pero sin duda alguna hay un empoderamiento salvaje, cuando le has
dado a unos determinados grupos llámense colectivos, llámense círculos bolivarianos,
llámese como quiera llamarse, le has trasferido una cantidad de probabilidades de ejercer,
o de que ellos crean que están ejerciendo, el poder, es muy difícil hacer cambios de esa
manera. Encontramos un escenario tremendamente complicado para que se pueda producir
un cambio. La gente dice ¿qué es lo que pasa que no pasa nada? Si estuviésemos peleando
contra un gobierno democrático, si el presidente fuera Luis Herrera Campins nadie tendría
miedo de protestar, o Lusinchi, por nombrar algunos, pero no, es que tenemos al frente un
régimen forajido, de delincuentes, de crimen organizado, que asesinan, que desaparecen,
que torturan gente. Muchos de los asesinatos que se incluyen dentro de los enfrentamientos
entre bandas tienen mucho que ver con pases de facturas políticas en los barrios populares y
para amedrentar a los opositores; mucha gente no quiere terminar de entender eso. El poder
disuasivo que tiene un AK47 o un FAL es importante, el miedo ha sido perfectamente
incrustado, deliberadamente incrustado, la gente siente miedo de protestar. Para poder
ayudar hay que tratar de ayudar a vencer ese miedo, es difícil, muy complicado. He
insistido que hay una vía que es el proceso electoral y mucha gente cuando lea esto dirá que
soy un ingenuo, que no podemos ganar, que no hay ningún chance, que los gobiernos

totalitarios no abandonan el poder por la vía electoral, que eso es un error, que estamos
legitimando; pero yo digo que ese es el instrumento que debemos abordar a pesar de que es
un proceso fraudulento, a pesar de que el RE está absolutamente manipulado y lleno de
personas que no existen y que votan, a pesar de que se hace trampa, a pesar de que es
abusiva la propaganda, a pesar de que se distribuye el dinero de los venezolanos para tratar
de comprar conciencias, a pesar de que el populismo es una cuestión que seduce de una
manera desmedida a un sector de la población, yo creo que hay mucha de esa población
silente con miedo que si sería capaz de ir a votar y expresar su opinión. Creo que hay que
hacer un proceso diferente en el sentido de que a la gente hay que decirle que no es solo
votar, sino defender su derecho a elegir y eso significa quedarse allí a la hora de las
auditorías que son obligante. Yo no creo en fraude electrónico, los fraudes ocurren cuando
no hay testigos, los fraudes ocurren cuando no tenemos representación que defienda eso,
hemos ganado en muchas oportunidades: Carlos Ortega le ganó a Aristóbulo en el CTV, en
el mejor momento de ellos, les hemos ganado elecciones en todas las universidades, son
manuales cierto pero si no estás allí defendiéndolo igual te roban, porque antes eran
manuales y te robaban, Ledezma ha ganados dos veces a dos candidatos del oficialismo en
lo que es la joya de la corona y se ganó la señora Ceballos y la esposa de Scarano. Creo
que hay que hacerlo de esa manera porque no existe otra opción. Nosotros en los términos
de la violencia no tenemos ninguna oportunidad y si se trata de salir a la calle volvemos a
rescatar el espíritu del 11 de abril y todo lo que pasó en el año 2002; nunca en Venezuela se
había visto tanta gente en la calle como el 11 de abril, el 11 de mayo, el 11 de junio, el 11
de julio, el 11 de agosto, hasta octubre todas las calles estuvieron repletas de gente siempre,
¿por qué no llegamos a donde queríamos llegar? Siempre faltó un operador político, una
estrategia y un objetivo. En este momento, no es que las elecciones parlamentarias van a
resolver el problema, pero lo mejor que puede suceder es que nosotros lográramos una
mayoría, eso pondría la crisis el modelo que está en el gobierno y propiciaría algún tipo de
cambio a corto plazo en el modelo político. Si nosotros no acudimos o perdemos la
Asamblea, sino logramos el control de la Asamblea Nacional, la situación en el país va a ser
de mucho, mucho, mucho más largo plazo. Si la oposición venezolana de la alternativa
democrática de Venezuela pudiera comprender en este momento que no sirve de nada
discutir quien va a ser el diputado, si es este o el otro, y que lo importante es logar una
unidad perfecta, una unión en torno al objetivo de ganar la mayoría en la Asamblea
Nacional como primer paso, no como solución, sino como primer paso a la solución, lo
vamos a lograr, si no tenemos esa convicción y pensamos todavía de que algunos militares
van a dar un golpe de estado, ¿quién va a dar el golpe de Estado? ¿Quién puede dar un
golpe de Estado? Solamente los afectos al régimen y no les interesa tampoco hacerlo de una
manera abierta. Ya están instaurados en el poder, el golpe de Estado lo han dado
reiteradamente contra la Constitución, entonces una confrontación por la vía de la violencia
yo no veo ninguna oportunidad. Si tú tienes 200 tipos que tengas 200 AK47 con suficientes
municiones pueden acabar con 20.000 personas antes que los toquen a ellos. Yo creo que la
gente tiene que entender eso. Yo creo que siempre hay que dar una oportunidad a la
política.”
Fueron largas horas de conversación que he tratado de resumir para ustedes, Horacio
Medina mantiene los ojos alertas y su mente al servicio del país. En Miami forma parte de
la secretaría ejecutiva de la Mesa de la Unidad Democrática “porque hay que buscar la
unidad por encima de todas las mezquindades”. No cesa de recordar a todos quienes le

contactan: “La gran mayoría de los trabajadores de Petróleos de Venezuela, ¡la gran
mayoría!, de los despedidos de manera injusta e ilegal nunca han podido recuperar su
dinero, incluso nuestro dinero de Caja de Ahorros, de fideicomiso, planes de jubilación,
nada, dinero que debe haber disfrutado o estará disfrutando en Nueva York Rafael Ramírez,
lo cierto es que nosotros nunca hemos cobrado nada de eso, lo cierto es que no existe nada.
No quisiera ser alarmista pero en la Venezuela pos régimen ese es uno de los primeros
asuntos que cualquier gobierno democrático tendrá que darle una solución sencilla:
reconocer lo que en el marco legal está estipulado desde el punto de vista de la ley y de la
Constitución a todos los trabajadores de Petróleos de Venezuela.” Este fanático furibundo
de los Tiburones de La Guaira afirma: “Tan pronto haya un cambio en el modelo político en
Venezuela y se abra alguna opción de poder contribuir a la reconstrucción de un modelo
democrático en Venezuela, o a construir un nuevo modelo democrático en Venezuela de
inmediato me voy. Yo creo que todavía puedo dar muchas cosas, yo creo que puedo ser
muy útil”.
© Alfredo Cedeño