P2P.

4 LA WEB SUPERFICIAL Y LA WEB PROFUNDA
Aproximarme a este tema, que captura fácilmente nuestra atención por lo sorprendente
que es, me retrotrajo a mi época de estudiante de Psicología en la Universidad Católica
Andrés Bello (Caracas, Venezuela). Vinieron a mi mente aquellas ideas de la tectónica de
la personalidad que en su momento puso sobre el tapete Sigmund Freud: “La
personalidad se distribuye en tres planos: inconsciente, pre-consciente y consciente”. Y la
vía regia para sumergirse en los planos profundos fue su extraordinario instrumento
metodológico denominado Psicoanálisis.
El Módulo 4 de este curso nos permitirá la inmersión en aguas profundas —incluso
procelosas— como veremos. Al instrumento que nos ayudará en esta aventura se me
ocurre llamarlo “Ciberanálisis”. (Como ahora no es posible construir pirámides, al menos
podemos entretenernos creando neologismos, y si estamos en una oficina, podemos
soñar con la inmortalidad diseñando algún formulario que lleve en el ángulo inferior
izquierdo nuestras iniciales y la fecha de su parto. Esto, por supuesto, es un mero
divertimento y no pretende asomar ninguna teoría seria).
Pasemos al quid del asunto que nos condujo a este estadio del curso y cumplamos
nuestro deber sin más dilaciones. Lo primero que vamos a hacer es darle un vistazo a las
clasificaciones que se le han venido dando al objeto de nuestras consideraciones: la web.
En este curso nos proponen una bien precisa e inteligible:

Web superficial o visible: “comprende todos aquellos sitios cuya información puede
ser indexada por los robots de los buscadores convencionales y recuperada casi en su
totalidad mediante una consulta en sus formularios de búsqueda”.
Web profunda o invisible: “es el término utilizado para describir toda la información
disponible en Internet que no se recupera interrogando a los buscadores
convencionales. Generalmente es información almacenada y accesible mediante
bases de datos”.

Chris Sherman y Gary Price, refiriéndose a la parte sumergida de ese iceberg acabado de
esbozar en las líneas inmediatas precedentes, i.e., la web profunda o invisible, establecen
una categorización útil que suministramos más abajo, con sus principales notas entre
paréntesis:



Web opaca: “compuesta por archivos que, si bien podrían estar incluidos en los
índices de los buscadores, no lo están por… (de inmediato los especifica).
Web privada: “páginas excluidas deliberadamente por…” (motivos que especifica).
Web propietaria: “páginas en las que es necesario registrarse para tener acceso al
contenido, ya sea de forma gratuita o arancelada”.
Web realmente invisible: “páginas generadas dinámicamente, es decir, (…)
información almacenada en bases de datos relacionales, que no puede ser extraída a
menos que se realice una petición específica”.

Una url donde podemos encontrar útil información —con datos ampliados— sobre el tema
que nos ocupa es la siguiente: http://biblio.colmex.mx/bib_dig/web_invisible.htm Se trata
de un documento —Estrategias y mecanismos de búsqueda en la web invisible,

autoría de Pilar María Moreno Jiménez— que nos promete (¡y lo cumple…!) “algunas
estrategias útiles para la búsqueda en la web y (…) una compilación de recursos de
búsqueda en la web invisible o profunda”. Me pareció particularmente útil porque no me
cabe la menor duda de que fue una de las referencias bibliográficas usadas por el Equipo
Docente del curso Encontrando Tesoros en la Red, para diseñarlo.
Antes de entrarle al plato fuerte me detengo unos segundos en un pequeño detalle al que
le dediqué un poquito de investigación: las palabras INDIZACIÓN e INDEXACIÓN. Como
fui criado bajo el imperio de la ICR y en esa época se usaba el latín a diestra y siniestra
en los oficios religiosos —aunque eran muy pocos los que entendían que era lo que allí se
decía (fenómeno similar al que observé en sinagogas a las que asistía cuando joven, en
relación con el uso del hebreo, que por añadidura era y es leído a velocidad de rayo)—
soy partidario de la segunda de esas voces: “indexación”, y es la que normalmente utilizo
cuando debo escribirla. Siempre mantuve curiosidad por el célebre instrumento que usaba
la “Unam, sanctam, catholicam et apostalicam ecclesiam” para consignar los nombres de
los libros que un católico no debía leer. Ese instrumento (“el Índice”) se llamaba en latín
Index Librorum Prohibitorum (i.e., Índice de los Libros Prohibidos), bien en alejamiento
con el “santo propósito religioso”, uno lo consideraba como la lista de los libros que había
que comprar jajaja…!!!) Quizá por eso Pablo VI lo eliminó. Bueno, concluyendo: se
pueden usar ambos términos indistintamente sin temor a que sobrevenga la ira en los
miembros de la institución que “Limpia, fija y da esplendor”, es decir de la Real Academia
Española. (A propósito, ese lema parece bien apropiado como slogan de un abrillantador
de metales, como el Brasso... ja,ja,ja…!!!).
Me he propuesto no pasarme de cuatro (4) páginas en este trabajo P2P.4 y tengo una
referencia bibliográfica estupenda que vale la pena sintetizar adecuadamente. Son 20 y
pico de páginas, y no quiero sobrepasar el número que acabo de mencionar. Eso quiere
decir que debo proveerme de mi equipo de poda y, de una vez, asentar que tan
importante será lo que diga como lo que deje de decir, lo cual me lleva indefectiblemente
a invitar a la lectura del documento TRABAJO DEEP WEB, autoría de Estela Fernández
Pardo, disponible en http://independent.academia.edu/EstelaFern%C3%A1ndez1/Activity.
Es muy interesante y lo recomiendo sin reservas como lectura complementaria de este
módulo porque aporta muchos datos interesantes.
Bueno, con los incisos que siguen, tomados del trabajo de la investigadora Fernández
Pardo, redondeo las ideas. Aprovecho para encarecer la invitación a que el(la) amable
comparticipante, que prestigia este blog con su presencia, registre los documentos
recomendados: lo proveerán de aspectos complementarios de mucha utilidad para
moverse en estas nuevas zonas de cotidianidad cibernética de las que dispondremos
ahora.
Una comparación usual y muy ilustrativa para entender la web es relacionarla con un
iceberg. Navegando por la red, lo que ve el navegante es la parte superficial. Puede que
esa parte del iceberg sea satisfaciente para algunos, para el capitán de un barco, p. ej. O;
otros, que necesiten conocer lo que está sumergido, requerirían de un submarino y
navegar en las profundidades. Esa metáfora también es útil para entender el tamaño de la
red: al igual que el iceberg, la parte más grande de Internet es la que no se ve.
Dentro de este Internet oculto — inmenso submundo de Internet— se puede incluso hacer
2 distinciones:


El Internet oculto: Información disponible en Internet pero inaccesible mediante
los procesos habituales de recuperación de la información. Sólo accesible a través de
páginas generadas dinámicamente tras realizar una consulta en una base de datos.

El Internet oscuro: Los servidores o host son totalmente inaccesibles desde
nuestro ordenador. La causa principal se debe a zonas restringidas con fines de seguridad
nacional y militar. Otros motivos son configuración incorrecta de routers, servicios de
cortafuegos y protección, servidores inactivos, “secuestro” de servidores para utilización
ilegal o páginas de dudosa moralidad.

Hay sin embargo otra parte del mundo invisible de Internet donde la línea es
difusa entre el Internet profundo y el llamado Internet oscuro.
a) Páginas web que no son indexadas por los buscadores, páginas que no
podemos encontrar mediante búsquedas normales, principalmente porque sus
dueños las han excluido a través de un protocolo de exclusión por diversos
motivos, incluyendo páginas ética o moralmente dudosas o directamente ilegales y
que se excluyen del público general por motivos obvios.
b) Encontramos también sitios inocentes, con contenidos sin demasiada
transcendencia. Es el caso de las llamadas “páginas secretas” de Google, donde
por Internet se puede encontrar fácilmente links a estas páginas ocultas que
suelen ser por lo general imágenes de Google extrañas o con idiomas
extravagantes como el klingon. O las páginas secretas del Mozilla Firefox, en las
cuáles podemos encontrar algunos comandos para obtener ciertos secretos y
opciones del navegador.
c) Una parte de este submundo son las páginas web probablemente más
atacadas por hackers y que más gente desearía conocer. Se trata de las webs de
los gobiernos, CIA FBI, Interpol o Bancos y que generalmente sólo se puede
acceder por IP. Estas webs son ocultas y privadas y son las páginas más atacadas
y probablemente más difíciles de acceder de todo Internet.

El resto del Internet oculto está principalmente formado por páginas ilegales o para
desarrollar actividades ilegales. Son casi tan buscadas como las del FBI o las páginas
ocultas de los Bancos y casi igual de difíciles de acceder a ellas. Estas páginas
recogen contenidos que pueden ir desde secuestro de servidores, páginas de contacto
de delincuentes o incluso para contratarlos, para el tráfico de cualquier tipo de
sustancia, hasta páginas de pederastia, páginas ilegales o censuradas en su país,
páginas de hackeo o para liberar virus o páginas de terrorismo.

Pero no todo aquel que tiene las herramientas necesarias para navegar por la red posee
los conocimientos que han de garantizar su seguridad y permitir su libre circulación por los
contenidos. Este desconocimiento crea una sensación de inseguridad en el usuario que
le impide explotar al cien por cien las oportunidades que Internet pueda ofrecerle en
materia de información. El miedo a lo desconocido nos hace alejarnos de las
oportunidades que ofrece la Web Profunda hasta tal punto que la mayoría nunca ha
mostrado interés en cómo acceder o incluso nunca ha oído hablar de ella. No obstante, se
ve como algo habitual. El usuario común prefiere limitarse a la parte más superficial de
internet antes que arriesgarse a entrar en un mundo donde las infracciones y la
delincuencia están a la orden del día.
De ahí, la necesidad de que los diferentes organismos internacionales y la jurisdicción
elaboren una serie de mecanismos que garanticen las condiciones óptimas para que
todos los grupos e individuos de la sociedad puedan tener acceso a ese medio de
intercambio e interacción, garantizando siempre su protección.

Todo ello sin poner en peligro la libertad de expresión, creación y difusión de contenidos,
pues sin estos la propia finalidad de estas acciones, que recae en el máximo
aprovechamiento por parte del usuario de las oportunidades que ofrece la red, quedaría
obsoleta. Y aunque la legislación ya ha dado sus primeros pasos en cuanto a delitos en
Internet se refiere, bien es cierto que no es una tarea fácil.
Sabemos que se ha comenzado a andar en ese camino y que se están escribiendo
nuevas páginas en los instrumentos jurídicos del Derecho Internacional y en sus ramas
incumbidas por el asunto in comento.

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