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GABRIELA DALLA CORTE
PAOLA PIACENZA

A las puertas del Hogar


Madres, niños y Damas de caridad
en el Hogar del Huérfano de Rosario (1870-1920)

prohistoria
ediciones

ISBN 987-1304-07-2
Rosario, 2006

3
Este libro ha recibido el auspicio de

DIRECCIÓN DE EDUCACIÓN
SECRETARÍA DE CULTURA Y EDUCACIÓN
MUNICIPALIDAD DE ROSARIO

4
GABRIELA DALLA CORTE
PAOLA PIACENZA

A las puertas del Hogar


Madres, niños y Damas de caridad
en el Hogar del Huérfano de Rosario (1870-1920)

prohistoria
ediciones

ISBN 987-1304-07-2
Rosario, 2006

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Dalla Corte, Gabriela y Piacenza, Paola
A las puertas del Hogar: madres, niños y Damas de Caridad en el Hogar del Huérfano de Rosario (1870-1920) -
1a ed. - Rosario: Prohistoria Ediciones, 2006.
128 p. ; 29.7 x 21 cm. (Crónicas Urbanas / dirigida por Sandra Fernández y Gabriela Dalla Corte ; 4)
ISBN 987-1304-07-2
1. Hogar del Huérfano de Rosario-Historia. I Piacenza, Paola Adriana - II. Título
CDD 361.982 24
Fecha de catalogación: 02/06/2006

colección Crónicas Urbanas — 4


ISSN 1668-5369
dirigida por Sandra Fernández y Gabriela Dalla Corte

Composición y diseño: Liliana Aguilar


Diseño de Tapa: El Regreso de Mostaza
Ilustración de Tapa: Puerta del Hogar del Huérfano de Rosario, Laprida 2129. Fotografía y composición artística de
la imagen de tapa, gentileza de Susana Mattanó.

TODOS LOS DERECHOS REGISTRADOS


HECHO EL DEPÓSITO QUE MARCA LA LEY 11723

© Gabriela Dalla Corte - Paola Piacenza


© prohistoria ediciones
Montevideo 555 (S2000BRK) ROSARIO, República Argentina
Email: prohistoriaediciones@yahoo.com.ar
URL: www.prohistoria.com.ar

Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio, gráfico, magnético, electrónico u óptico,
incluyendo su diseño de portada, tipográfico y logos, sin expresa autorización del editor y las autoras.
Esta primera edición, con una tirada de 1500 ejemplares, se terminó de imprimir en talleres gráficos Cromografica,
Rosario, el 30 de julio de 2006.

ISBN-10: 987-1304-07-2
ISBN-13: 978-987-1304-07-3

Impreso en la Argentina – Printed in Argentina

6
ÍNDICE

Introducción .......................................................................................................................... 11

La creación del actual Hogar del Huérfano de Rosario ..................................................... 14

Los bebés y sus señales de identidad ................................................................................... 23

Los hijos de los inmigrantes ante el torno del Hospicio ..................................................... 28

Las señales: identidades en espera ........................................................................................ 33

Carta de mamá: el mensaje escrito como señal .................................................................... 41

“Volver a casa”: las devoluciones de bebés y la entrega en adopción ................................ 52

Reflexiones finales ................................................................................................................. 59

Imágenes de las Señales ......................................................................................................... 63

7
8
Este libro ha sido posible gracias al generoso apoyo de diversas instituciones y
personas cuyo concurso queremos reconocer.

Por recibirnos en el Hogar del Huérfano de Rosario, y permitirnos consultar


en diversas ocasiones en los últimos quince años el fondo documental de la
sociedad Damas de Protección al Huérfano y del Hogar, agradecemos a su
actual directora, María Eugenia Saccone, así como a Marcela Cepeda de Travella,
ex directora de la institución, y a Marta Brok. A Darío Barriera, Sandra
Fernández, Gustavo Álvarez, Marcelo Ulloque, Elvira Scalona, Marité
Migliónico, Zulma Caballero y Adriana García reconocemos su continuado
aliento. A Laura Totino agradecemos su colaboración con los textos en italiano
y a Susana Mattanó, la imagen que compuso especialmente para la tapa de
este volumen. En el año 2004, Laura Vilches percibió la importancia de nuestra
investigación y mostró gran interés por compartirla con los lectores de La
Capital como parte de la historia de los rosarinos. Osvaldo Aguirre también
consideró importante divulgar nuestra pesquisa sobre el Hogar en el
suplemento Señales de la cultura del mencionado diario. Algunos resultados
previos han sido editados en diversas publicaciones que aparecen citadas en
este trabajo el cual, finalmente, es deudor del apoyo que hemos obtenido de
Marcelo y Miguel Milano y de Prohistoria Ediciones. Agradecemos a Valeria
Gennaro Lerda, Lucía Lionetti, Alejandro Tortolero, Mirta Zaida Lobato y
Chiara Vangelista por su apoyo en la publicación de aquellos resultados
previos.

Dedicamos finalmente estas páginas a todas las personas que pasaron parte de
su vida en la institución, y a quienes creen que el presente de la ciudad de
Rosario y de su gente es fruto de un pasado no tan lejano sobre el que la historia
del antiguo Hospicio de Huérfanos y Expósitos tiene mucho que contarnos.
Esperamos que esta visión que ofrecemos a caballo entre la historia y los
textos, llegue a un amplio público de nuestra ciudad.

Gabriela Dalla Corte - Paola Piacenza

Rosario y Barcelona, mayo de 2006

9
10
Sra. Presidenta de las Damas de Caridad. Pte. Distinguida Señora.
Esta infeliz criatura que queda depositada en esta hospitalaria asilo, va
Bautizado con el nombre de Hipólito Boch, hijo legítimo y lleva por
seña un real en plata partido. Esta señal debe permanecer colgada en el
cuello, á fin de que no haya dificultad al ser recojido por si algun dia su
desdichada madre puede volverlo al hogar del que con dolor de su co-
razón ha tenido que sacarlo y privarlo de sus caricias. Espero de la bue-
na caridad de este establecimiento tenga toda clase de compasion, por
ese ver desgraciado que nació con el signo fatal de la desgracia. Lo de-
posito en esta hospitalaria casa, porque el estado de mi pobreza me obliga
á ello, por tener dos criaturas mas, y tengo que trabajar para poderlos
mantener. Con este motivo ruego encarecidamente tenga compasion de
esta infeliz criatura que en tan corta edad se vé privada de las caricias
maternas. Una desdichada madre, Rosario 19 de Setiembre.
Caja de “señales” conservada en el Archivo de las Damas de
Caridad y del Hospicio de Huérfanos y Expósitos de Rosario.

H
ipólito fue uno de los miles de niños que encontraron refugio en el
Hogar de Huérfanos de Rosario entre finales del siglo XIX y prin-
cipios del siglo XX. A Hipólito, como a otros chicos, le tocó
nacer en una época de cambios importantes para sus padres y para el país
que lo recibía. Lo que a los ojos de su madre era “el signo fatal de la desgra-
cia”, no era otra cosa que la consecuencia de los movimientos migratorios
europeos a la Argentina, de las políticas de un Estado Nacional no siempre
interesado por la suerte que corría la población, y de las transformaciones
recientes del mercado laboral. Una asociación privada, las Damas de Cari-
dad –que posteriormente asumiría el nombre de Damas de Protección al
Huérfano– fue creada en ese contexto para hacerse cargo de los bebés que
comenzaron a aparecer tirados en las calles o que quedaban huérfanos. Se-
gún escribió una de las mujeres que abandonó a su niño en 1891, las Damas
debían “hacerle de madre”:

Hoy 12 de Junio 1891 nació esta criatura baron, que llamarase Juan,
por ser hoy dia de Juan Sabejon [...] Cuando su madre, hoy impotente
para alimentarlo y cuidarlo, pueda recojerlo del piadoso ospicio al que
lo confia lo hará exibiendo un documento de igual tenor del presente.

11
Rogamos que cuiden de este documento para reconocer à Juan el dia
que la madre valla por él. Dios lo ampare, y apiade el corazón de las
que deban hacerle de madre!. Rosario Junio 12/1891.1

Por ese entonces, Rosario era una de las ciudades portuarias más importan-
tes del Cono Sur.2 Convertida en polo de atracción y de desarrollo, recibió
un elevado número de inmigrantes que cumplirían un rol fundamental, tanto
en la constitución social urbana como en el diseño del mercado laboral
local.3 Como sabemos, la Argentina recibió aproximadamente seis millo-
nes de personas entre 1851 y 1930;4 la inserción de estos inmigrantes en el
mercado de trabajo fue compleja y el Estado no siempre pudo dar cuenta
de esta nueva realidad que, a la larga, construiría la identidad social y polí-
tica de una Argentina transformada. Rosario y su entorno fue una de las
regiones más afectadas por este proceso.5

Las prácticas culturales de aquellos inmigrantes constituyen un problema


de esencial importancia para pensar este período de organización nacional
fundado en el lema “gobernar es poblar” que, pese a su claridad y optimis-
mo, exigió la resolución de problemas inéditos, aunque no siempre con

1
La documentación procede del archivo de la Sociedad Damas de Caridad (SDC) y del
antiguo Hospicio de Huérfanos y Expósitos de Rosario (AHHE), actual Hogar del Huér-
fano. Al citar el contenido de las “señales” (estas últimas conservadas en un archivo
específico compuesto de cajas metálicas de la marca Bagley) mantenemos el idioma, la
ortografía y la sintaxis de los textos originales.
2
Véase el excelente trabajo de SANDRA FERNÁNDEZ, Los burgueses rosarinos en el espejo de
la modernidad. Prácticas, representaciones e identidad. Rosario a comienzos del siglo
XX, Tesis de doctorado, UNR, Rosario, 2006; también JUAN ÁLVAREZ, Historia de Rosa-
rio (1689-1939), Buenos Aires, 1943; en particular referimos a la colección Nueva Histo-
ria de Santa Fe, dirigida por DARÍO BARRIERA (2006) en la cual, de la mano de autores y
autoras como Griselda Tarragó, Juan Nobile, Oscar Videla, Marta Bonaudo, Sandra
Fernández, Diego Roldán y Gabriela Águila, entre otros y otras, se refleja el recorrido
histórico de la provincia y la región hasta la actualidad.
3
Véase el relato de PIERRE DENIS, La valorización del país, la República Argentina-1920,
estudio preliminar, traducción y notas de Elena M. Chiozza, Ediciones Solar, Buenos
Aires, 1987.
4
CHIARA VANGELISTA, Dal vecchio al nuovo Continente, L´immigrazione in America La-
tina, Paravia Scriptorium, Torino, 1997, p. 163; véase el interesante trabajo de MARÍA
LILIANA DA ORDEN, Inmigración española, familia y movilidad social en la Argentina
moderna, una mirada desde Mar del Plata (1890-1930), Biblos, Buenos Aires, 2005.
5
Véase el ya clásico trabajo de EZEQUIEL GALLO, La Pampa Gringa, la colonización agrí-
cola en Santa Fe (1870-1895), Edhasa, Buenos Aires, 2004 [1983].

12
demasiado éxito.6 Uno de esos conflictos fue el abandono de niños y de
niñas por parte de mujeres recién llegadas al país que carecían de una red
social que pudiese hacerse cargo de ellas y de su prole en el momento en
que debían incorporarse al mercado de trabajo. Las mujeres recién llegadas
justificaron su decisión de abandonar transitoria o definitivamente a sus
niños y niñas en una institución de asilo argumentando la pobreza en la
que vivían. Acudieron al Hospicio de Huérfanos y Expósitos, y a las Da-
mas de Caridad que lo dirigían, para resolver el cuidado y la crianza de sus
bebés.7 Sobre esta historia, prácticamente desconocida, trata este libro.

De la mano de las Damas de Caridad, los niños y niñas pobres empezaron


a ser depositados en el Hospicio de Huérfanos y Expósitos, entidad que a
mediados del siglo XX asumiría el nombre con que la conocemos actual-
mente: Hogar del Huérfano. El Hogar, una de las instituciones más
emblemáticas de la ciudad, conserva las cartas de las madres así como los
objetos que aquéllas dejaron junto a sus bebés, además de la documenta-
ción que generó la asociación benéfica que se ha encargado de sostener el
asilo hasta el día de hoy. Las cartas y los objetos fueron denominados
“señales” por las Damas de Caridad, e hicieron las veces de “documentos de
6
Sobre el peso de la inmigración en el país, véase JUAN CARLOS MOYA, Primos y extranje-
ros. La inmigración española en Buenos Aires, 1850-1930, Emecé, Buenos Aires, 2004;
ANA JOFRE CABELLO (COORD.) La teoría de las redes sociales y las migraciones de españo-
les a la Argentina (1860-1960), Al Margen, La Plata, 2000; ÁNGEL DUARTE, La República
del emigrante. La cultura política de los españoles en Argentina (1875-1910), Milenio,
Lleida, 1998; BLANCA SÁNCHEZ ALONSO, Las causas de la emigración española, 1880-
1930, Alianza, Madrid, 1995; ALEJANDRO FERNÁNDEZ Y JUAN CARLOS MOYA (EDS.) La
inmigración española en Argentina, Biblos, Buenos Aires, 1999; XOSÉ M. NÚÑEZ SEIXAS,
“Historiografía española reciente sobre migraciones ultramarinas: un balance y algunas
perspectivas”, en Revista Estudios migratorios latinoamericanos, Núm. 48, agosto 2001,
pp. 269-298; FERNANDO DEVOTO, Historia de la inmigración en la Argentina, con un
apéndice sobre la inmigración limítrofe por Roberto Benencia, Editorial Sudamericana,
Buenos Aires, 2003; del mismo autor, “El revés de la trama: políticas migratorias y prác-
ticas administrativas en la Argentina (1919–1949)”, en Desarrollo Económico, Revista de
Ciencias Sociales, Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES), Núm. 162, vol.
41, Buenos Aires, julio-setiembre de 2001, pp. 281-304, y “Para una historia de las mi-
graciones españolas e italianas a las regiones americanas sudatlánticas”, en MARCELLO
CARMAGNANI; ALICIA FERNÁNDEZ CHÁVEZ Y RUGGIERO ROMANO (COORD.) Para una his-
toria de América III, Los Nudos (2), FCE, El Colegio de México, México, 1999, pp. 190-
220.
7
GABRIELA DALLA CORTE, “Donne italiane e abbandono infantile nell’Archivo de los Senales
(Rosario, Argentina, nel secolo XIX)”, en VALERIA G ENNARO LERDA Y ROBERTO
MACCARINI (A CURA), Oltre l´Atlantico. Ruoli di donne nelle società del Canada e delle
Americhe, Center for Euro-Atlantic Studies, Universidad de Génova, Italia, Selene
Edizioni, Milano, 2004, pp. 143-177.

13
identidad” de las criaturas depositadas y de los huérfanos. Durante los años a
los cuales hace referencia este trabajo, esto es, el periodo que va de 1870 a
1920, la mayoría de las mujeres que recurrieron al Hospicio de Huérfanos
y Expósitos fueron italianas y españolas recién llegadas al país que enfren-
taron su condición de madres, paradójicamente, en la escena del abandono.
Ese abandono fue en ocasiones temporal, pero en otras oportunidades fue
de carácter permanente. La memoria histórica del funcionamiento de esta
institución, del significado de la actuación pública femenina, y de la articu-
lación entre mujeres inmigrantes y nativas, se ha conservado en diversos
documentos que ayudan a entender el rol jurídico, cultural, religioso y so-
cial de la señal. Se trata de los registros de ingresos y salidas de niños y
niñas, los libros de pago de amas de leche, las actas de las reuniones de las
Damas de Caridad que se encargaban de garantizar el funcionamiento del
Hospicio, y la correspondencia privada de la asociación. Sin embargo, son
las “señales” las que constituyen el corpus documental de este estudio ya
que aparecen como un espacio cultural privilegiado para la comprensión
de los sentimientos, pesares y anhelos femeninos. De los cientos de señales
conservadas en cajitas de galletas de la marca Bagley, en este libro reprodu-
cimos una pequeña selección con la finalidad de observar de cerca su cons-
trucción como artefactos sociales. En tanto históricos, estos artefactos es-
tuvieron sometidos tanto a las exigencias de la sociedad como a las restric-
ciones culturales y religiosas de la época en que fueron constituidos. Espe-
ramos que las señales sean leídas en estos términos: como producto de una
época lejana pero todavía presente en Rosario y en la Argentina.

En general, estamos acostumbrados a pensar la Argentina aluvional a par-


tir de ciertas imágenes ya muy consolidadas a través del tiempo como la de
la convivencia en el conventillo, los nuevos nombres propios fruto de los
matrimonios “mixtos” y hasta las huellas del cocoliche en el idioma de los
argentinos. El funcionamiento del Hospicio de Huérfanos y Expósitos que
aquí descubrimos nos revela un nuevo escenario y unos actores insospe-
chados del que hoy, después de más de cien años, es un destino común:
niños y niñas de múltiples procedencias reunidos por el desamparo bajo un
mismo techo, forjando, por primera vez, y en forma inadvertida, el rostro
diverso de la Argentina presente.

La creación del actual Hogar del Huérfano de Rosario


Fundada el 11 de diciembre de 1869 en la casa de Blanca M. de Villegas, la
sociedad Damas de Caridad fue en Rosario una de las asociaciones

14
filantrópicas más importantes y coexistió en el tiempo con otra entidad
formada por mujeres de la elite local, la Sociedad de Beneficencia. La pri-
mera comisión directiva fue conformada por María de los Ángeles Rodríguez
de Rosas como presidenta; Felisa Jordán de Zeballos, la madre de Estanislao
Zeballos, como secretaria; Blanca M. de Villegas en el puesto de tesorera, y
con dos consejeros: el canónigo Martín A. Piñero y Fermín Rodríguez.8

Durante los primeros diez años, las Damas de Caridad se reunieron en sus
casas particulares y, para garantizar el funcionamiento de la asociación, ad-
quirieron un libro mayor, un libro diario, un libro de socias, un bibliorato,
libretas del Banco Español de cuentas corrientes y plazo fijo, un libro de
actas de asambleas, y un libro copiador. Al principio, las tareas asumidas
por la asociación fueron verdaderamente diversas: en la segunda reunión,
María de los Angeles Rodríguez de Rosas informó al resto de las socias que
se había “presentado una muger pidiendo proteccion á la sociedad”; todas
coincidieron en comenzar su andadura concediéndole dinero. Una mujer
les pidió ayuda “para sacar una hija a los Indios” y recibió diez pesos.9 En
la tercera reunión, la tesorera planteó “la nececidad de atender con los re-
cursos de la sociedad á una viuda francesa que se hallaba en la indigencia i
fue resuelto se le pasasen los alimentos hasta que pudiera trabajar”.10 La
presidenta preguntó entonces si podían “disponer de algunos fondos a fa-
vor de los desgraciados que piden protección” mientras advertía, aunque
sin mostrar sorpresa, que en el futuro iban a tener que socorrer particular-
mente a las viudas y madres solteras o solas, quienes aparecen en los libros
de actas bajo el calificativo de “pobres mujeres”.11

Reunidas a finales de 1871, las Damas de Caridad discutieron y sanciona-


ron el reglamento de la asociación benéfica. El documento estableció la
capacidad de la entidad privada para adquirir bienes en calidad de persona
jurídica, de acuerdo a las formalidades del artículo 16, Titulo 1º, Libro 1
del Código Civil. Fue a partir de entonces cuando los niños y las niñas se
convirtieron en la opción más importante para las Damas, advertidas del
creciente número de criaturas que aparecían en los zaguanes de las casas de

8
AHHE, Libro de Actas de la SDC (1901-1910), acta del 16 de agosto de 1904.
9
AHHE, Libro de Actas de asambleas de la SDC (1869-1967), actas del 13 de septiembre
de 1870, del 23 de agosto de 1870 y del 25 de agosto de 1872.
10
AHHE, Libro de Actas de asambleas de la SDC (1869-1967), actas del 23 de mayo y del
27 de junio de 1870.
11
AHHE, Libro de Actas de asambleas de la SDC (1869-1967), actas del 11 y del 30 de
julio de 1870.

15
las familias más pudientes (como fue, por ejemplo, el caso de Carlos Casa-
do del Alisal), y en los atrios y puertas de las iglesias de la ciudad, cuando
no abandonados en plena calle apenas nacidos. La asociación benéfica, mien-
tras tanto, nunca dejó de quejarse del hecho de que “los Poderes se han ido
desligando” de las criaturas en riesgo, “porque otras tareas superiores los
han reclamado en absoluto”.12 A caballo entre la delegación y la asunción
de una atribución pública, las Damas tomaron algunas decisiones: en pri-
mer lugar, optaron por volcar todos los esfuerzos a la niñez en riesgo; en
segundo lugar, encomendaron su cuidado a la Congregación religiosa de
las Hermanas del Huerto; en tercer lugar, se pusieron bajo el patrocinio de
San Cayetano; y, finalmente, fundaron un establecimiento para alojar tanto
a los bebés que quedaban huérfanos como a los que eran abandonados por
sus familiares. Siguiendo una larga tradición histórica –consolidada en
Occidente en un apellido tan gráfico como estigmatizante del que pronto
se distanciaron, como veremos en este libro–, la asociación denominó “ex-
pósitos” a las criaturas arrojadas del ámbito privado y familiar, es decir,
expuestas a lo público.13 [ver imágenes 1 y 2]

Para hacer frente al crecimiento numérico de los niños y niñas abandona-


dos por sus padres –situación en parte provocada por la masiva inmigra-
ción sufrida por la ciudad de Rosario en las tres últimas décadas del siglo
XIX– en el año 1871 Juan Antonio Rosas, el esposo de la presidenta de las
Damas de Caridad, donó un terreno extramuros para construir un gran
edificio. Las Damas se apresuraron a diseñar los planos del nuevo Hospi-
cio de Huérfanos y Expósitos en un área periférica que, pocos años des-
pués, fue totalmente absorbida por el crecimiento urbano. La asociación
benéfica se fue convirtiendo lentamente en un importante espacio de socia-
bilidad14 que permitió, a su vez, la construcción de los grupos políticos de
la época.15 Pese a que su actividad en el espacio público era considerada

12
AHHE, Caja de documentos (1891-1896), Reseña-Memoria explicativa de la SDC, 1889,
mimeo.
13
AHHE, Libro de Actas de asambleas de la SDC (1869-1967), acta del 11 de noviembre de
1871; Libro de Actas de la SDC (1910-1930), acta del 9 de junio de 1910.
14
Sobre este concepto véase MICHEL BERTRAND, «De la familia a la red de sociabilidad», Revista
Mexicana de Sociología, vol. 61, Núm. 2, abril-junio, 1999, pp. 107-135; también PILAR GARCÍA
JORDÁN Y GABRIELA DALLA CORTE, “Mujeres y sociabilidad política en la construcción de los
estados nacionales (1870-1900)”, en GUADALUPE GÓMEZ-FERRER, GABRIELA CANO, DORA BA-
RRANCOS Y ASUNCIÓN LAVRIN, (COORD.), Historia de las Mujeres en España e Hispanoamérica,
del Siglo XIX a los umbrales del XX, Tomo III, Cátedra, Madrid, 2006, pp. 559-583.
15
MARTA BONAUDO Y ELIDA SONZOGNI, “Redes parentales y facciones en la política santafesina,
1850-1900”, en Siglo XIX, Revista de Historia, 2ª época, Núm. 11, enero-junio, 1992, pp.

16
como una simple y lineal extensión de la maternidad (de lo individual a lo
social),16 las Damas de Caridad se constituyeron como un organismo pri-
vado asistencial de intervención en ámbitos que el régimen político dejó en
sus manos.17 Quizás por esto, cuatro años antes de la apertura oficial de la
Hospicio, Justina Rodríguez de Álvarez escribió a la madre de Estanislao
Zeballos diciéndole, significativamente, que el establecimiento, construido
para albergar a los huérfanos y niños desamparados, sería de “satisfacción
pública”. 18

En sus primeros años la sociedad benéfica pudo desarrollar sus actividades


gracias a las donaciones de los rosarinos y a la protección, según palabras
de las socias, “de los que hacen de la caridad su religión y consideran un
deber ofrecer en ausilio (sic) de los que sufren y padecen”. La construcción
del asilo muy pronto obtuvo el apoyo del Consulado italiano y de la Socie-
dad Filantrópica Italiana Roma. Ambas entidades, como también hicieron
las sociedades Filantrópica Suiza y la de Socorros Argentinos, donaron di-
nero en diversas oportunidades. Uno de los actores que más apoyó al Hos-
picio fue Ovidio Lagos, director del diario La Capital. Desde entonces, la
asociación reclamó al gobierno, a veces sin éxito, la concesión de ayudas y
subvenciones para llevar adelante sus tareas públicas, como hizo con el
gobernador provincial, Servando Bayo, a quien le pidieron protección por-
que el Hospicio representaba, según sus palabras, “el progreso y la cultura”.19
Las Damas inauguraron el edificio del Hospicio de Huérfanos y Expósitos
en abril de 1879. La madrina del asilo destinado exclusivamente a la infan-
cia resultó ser María Ángeles Rodríguez de Rosas mientras el gobernador
provincial de ese momento, Simón de Iriondo, fue designado padrino. En

74-110; sin referirse al peso de las familias de notables en la estructura política, véase NATALIO
BOTANA Y EZEQUIEL GALLO, De la República posible a la República verdadera, 1880-
1910, Ariel, Buenos Aires, 1997.
16
BROOKE A. ACKERLY, Political theory and feminist social criticism, Cambridge University
Press, Cambridge, 2000.
17
ELIZABETH JELIN (COMP.) Family, Household and Gender Relations in Latin America,
Kegan Paul International-Unesco, 1991; ASUNCIÓN LAVRIN (COMP.), Latin American
Women. Historical Perspectives, Westport, Connecticut, 1978; MARTA BONAUDO, “Cuan-
do las tuteladas tutelan y participan. La Sociedad Damas de Caridad (1869-1894)”, en
MARTA BONAUDO (DIR.) Imaginarios y prácticas de un orden burgués. Rosario, 1850-
1930, Tomo 2, Prohistoria, Rosario, 2006 (en prensa).
18
AHHE, Borrador y Copiador de cartas de la SDC (1872-1886), carta de la vicepresidenta
Justina R. de Álvarez a Felisa Jordán de Zeballos, Buenos Aires, 15 de abril de 1875;
Libro de Actas de asambleas de la SDC (1869-1967), acta del 24 de julio de 1871.
19
AHHE, Borrador y Copiador de cartas de la SDC (1872-1886), carta de las Damas de
Caridad a Servando Bayo, 08 de junio de 1875; carta del 25 de julio de 1875.

17
sus alocuciones, las Damas argumentaron que no buscaban beneficiar “á la
desgracia y á la mujer-madre pecadora” sino “la salvación de su inculpable
fruto”. Con el argumento de que “es una línea la que separa el baldón de la
desventura” y de que se dirigían de lleno a los sectores populares, caló hondo
el hecho de que su ámbito exclusivo sería, desde entonces, “el socorro del
desvalido y la educación del huérfano”. Para definir estas atribuciones en
la ciudad de Rosario, la presidenta de la asociación intercambió una intensa
correspondencia con la presidenta de la Sociedad de Beneficencia rosarina,
Ángela N. de Cullen.20 Carlos Casado del Alisal, importante empresario de
origen español establecido en Rosario,21 también donó dinero a nombre de
su hija Casilda y de la Hermandad de la Cruz Roja, por él presidida, ayu-
dando así a tejer una red institucional y asociativa de apoyo al asilo. En el
agradecimiento a Carlos Casado, la presidenta de las Damas agregó que el
Hospicio tenía en 1880, apenas abiertas sus puertas:

…más de treinta párbulos a mas del personal indispensable á un esta-


blecimiento de esta clase. Los recursos con que esta Sociedad cuenta son
bien exiguos, en virtud que aun no se cuenta con ninguna subvencion
de los Gobiernos Nacional y Provincial, y menos de esta Municipali-
dad. La suscripción pública no pasa de 40$ mensuales; y con motivo de
las circunstancias porque ha pasado esta población, en los meses pasa-
dos, que eran los designados por la Sociedad para rifas y bazares, hacen
que los recursos de esta Sociedad vayan escaseando de un modo nota-
ble. Y teniendo conocimiento que esa Asociación que V. tan dignamen-
te preside se halla provista de recursos para atender en una escala ma-
yor á las víctimas que hubieran caído en la rebelión que felizmente
terminó yá, he sido autorizada por la Comision Directiva de la Socie-
dad, para que me dirija á V. con el fin de que teniendo en vista las
necesidades que dejo expuestas, y las demás á la penetración de V. no se
le ocultarán, se digne tenerlas presentes y coincido sea aparte dedicar al

20
AHHE, Borrador y Copiador de cartas de la SDC (1872-1886), carta de Manuela Posse
de Ledesma, presidenta, Francisca E. de Rodríguez, secretaria, al gobernador Simón de
Iriondo, 15 de marzo de 1879 y 23 de marzo de 1879; carta al Reverendo Señor Obispo
Diocesano, José María Gelabert y Crespo, 1879; carta de María de los Ángeles Rodríguez
de Rosas, 23 de marzo de 1879; carta de Justina M. de Pereyra, secretaria interina, a la
presidenta de la Sociedad de Beneficencia, Ángela N. de Cullen, Rosario, 25 de octubre
de 1875.
21
Sobre Casado véase GABRIELA DALLA CORTE, “Asociaciones y redes sociales en la orga-
nización del Estado nacional en la Argentina: una reflexión a partir de tres estudios de
casos”, Encuentro de la Red Internacional de Estudios comparados en Historia Europa-
América Latina Marc Bloch, Tandil, 2006, mimeo.

18
Hospicio de Huérfanos la parte de los útiles y recursos que queden sin
empleo por esa Hermandad.22

De este modo, las Damas de Caridad quedaron prácticamente como únicas


responsables de los huérfanos y expósitos de familias que migraban a la
ciudad; inclusive se hicieron cargo de criaturas de las provincias de Buenos
Aires y Córdoba. Al mismo tiempo, optaron por colocar a las criaturas que
llegaban al Hospicio bajo el amparo de San Vicente de Paul alegando dos
razones: primero, la existencia de otras instituciones similares que recono-
cían a ese santo como su protector; y, segundo, la conveniencia de adoptar
otra protección que no fuese la de San Cayetano. A partir de entonces, el
apellido de los niños y niñas que ingresaban al Hospicio, y que lograban
salir por propio pie sin pasar por el trámite de recuperación de su familia o
por la adopción, fue, precisamente, el de “de Paul”.

Entre las actividades que el Estado delegó en las Damas de Caridad figura
la lactancia para mantener con vida a los bebés pequeños a cambio de una
pequeña subvención mensual. Desde el primer momento en que el asilo
abrió sus puertas, las Damas contrataron a innumerables amas de leche que
se empleaban para dar de mamar a las criaturas abandonadas y huérfanas a
cambio de un salario. La originalidad de esta estrategia radica en que los
niños y niñas eran enviados durante meses a las casas de las nodrizas don-
de, por un tiempo, conseguían insertarse en la privacidad y la intimidad de
una familia sustituta. Una Comisión de Damas visitaba todos los meses a
los niños y las niñas, así como a las nodrizas, para asegurarse de que todos
ellos estaban bien de salud y de que las amas cumplían con la tarea enco-
mendada.23 La sociedad benéfica afrontó prácticamente sola esta tarea ya
que cuando el gobierno enviaba niños para que fuesen criados en el Hospi-
cio, las Damas sólo recibían $15 por cada uno de ellos, mientras el ama de
leche cobraba, sólo por amamantar a cada criatura, entre $6 y $8 mensua-
les.24 La manera que eligieron las Damas de Caridad para llevar la contabi-
lidad de los pagos efectuados a las nodrizas nos permite saber la cantidad
22
AHHE, Borrador y Copiador de cartas de la SDC (1872-1886), carta de María de los
Ángeles Rodríguez de Rosas, presidenta, Francisca E. de Rodríguez, secretaria, a Carlos
Casado, presidente de la Hermandad de la Cruz Roja, 12 de julio de 1880; también carta
de Tomasa de Guillón, presidenta interina, y Francisca E. de Rodríguez, secretaria, a Car-
men G. de Marquardt, 26 de marzo de 1880.
23
MARY LOUISE PRATT, “Women, Literature, and National Brotherhood”, en EMILIE
BERGMANN ET AL. (ED.) Women, Culture, and Politics in Latina America/Seminar on
Femenism and Culture in Latin America, University of California Press, Berkeley, 1990.
24
AHHE, Libro de Actas de la SDC (1901-1910), acta del 12 de mayo de 1903.

19
de niños y niñas que estaban en las casas particulares de las amas, la canti-
dad de dinero que la asociación benéfica destinaba a la lactancia durante el
tiempo de supervivencia de los bebés, y la identidad de las mujeres que
sirvieron sistemáticamente a la institución y ayudaron, en consecuencia, a
la supervivencia de cientos de criaturas que pasaron por el Hospicio de
Huérfanos y Expósitos, actual Hogar del Huérfano. Como ejemplo, he-
mos elegido un registro del año 1882:

A la nodriza Felisa Bustos entregado por saldo de los meses Sbre. y


Obre. $16,
Idem Rosario Rodríguez $16,
Idem Asunción Acosta $16,
Idem Concepción Zeballos $16,
Idem Francisca Frontiel $16,
Idem Cástula Albin $16,
Idem Gerónima Suares $16,
Idem Jesús Lami $16,
Idem Julia Perez $16,
Idem Celestina Echevarría $16,
Idem Fidelma Alvarez, suman $ 146.
A la nodriza Sebastiana Brizuela por su saldo correspondiente a los
meses de Sbre. y Obre. $16,
Por días de crianza de otra expósita $ 2,
A la nodriza Jesús Cabrera por saldo del mes de Sbre. $ 8,
Y por parte del mes de Obre. $6,5,
A la nodriza Remigia Fasol por dos días de crianza, $ 0,50,
A la nodriza Filomena Carpio por saldo de unos días de crianza, $ 1,75,
A la nodriza Flora Giménez por saldo del mes de Sbre. $ 8, Suman
$ 42,75,
Suma Total, $ 218,75,
Recibido de la Sra. Presidenta, $ 224,
Rosario, Noviembre 10 de 1882.
Socias en Comisión Juliana C. de Zeballos; Fidela O. de Somoza
Vicepresidenta, María de los Angeles Rodríguez de Rosas, Blanca
Villegas, Secretaria Interina”25 [ver imagen 3]

Las Damas y las nodrizas no estaban solas. Las Hermanas del Huerto
fueron las elegidas para llevar adelante la recepción de criaturas y para

25
AHHE, Diario de los gastos de amas del Hospicio de Huérfanos y Expósitos (1880-
1887).

20
asegurar su crianza. Para ello, las Damas se dirigieron a la Madre Provin-
cial de las Hijas de María de la ciudad de Montevideo y le solicitaron el
envío de algunas Hermanas de Caridad.

En 1880 llegaron a Rosario las primeras novicias mientras Domingo del


Campo asumía como médico del Hospicio.26 Las religiosas permitieron la
integración entre lo privado y lo público, y se encargaron inclusive de edu-
car en el Hospicio a los niños y niñas que sobrevivían los duros primeros
meses de su vida (tengamos en cuenta que en algunos años falleció hasta el
70% de la población infantil asilada).27

Las Damas de Caridad articularon en el espacio del Hospicio su propia


gestión con la de las religiosas y con las mujeres y hombres de sectores
populares que llevaban a sus bebés; siempre fueron apoyadas por conseje-
ros varones que, a su vez, participaban activamente en el espacio decisional
local y regional. Es indudable que el asilo sirvió para limitar el número de
infanticidios en la ciudad de Rosario, un tema de gran importancia en la
reflexión del aparato político, judicial y policial a finales del siglo XIX y
principios de la siguiente centuria.28 Pero también conjugó una variopinta
realidad femenina formada por mujeres inmigrantes, mujeres pobres de
Rosario, mujeres de elite, nodrizas contratadas que habían perdido a sus
propios hijos, religiosas...

El Hospicio fue una de las herramientas de integración de los inmigrantes


y de los sectores pobres de la Argentina que llegaban a la ciudad, y fue
dejado en manos de mujeres para dar apoyo a otras mujeres que se veían
obligadas a abandonar a sus criaturas allí.

26
AHHE, Borrador y Copiador de cartas de la SDC (1872-1886), carta de Manuela Posse
de Ledesma, presidenta, y Francisca E. de Rodríguez, secretaria, a la Madre Provincial de
las Hijas de María, Montevideo, 12 de julio de 1879; carta de las Damas de Caridad a la
Madre Provincial de las Hijas de María, María Luisa Poloni, Montevideo, 21 de junio de
1881.
27
GABRIELA DALLA CORTE Y PAOLA PIACENZA, “Cartas marcadas: mujeres, identidad e in-
migración en la Argentina, 1880-1920”, Revista Signos Históricos, Núm. 13, Departa-
mento de Filosofía de la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana,
enero-junio de 2005, pp. 71-93. Este libro que el lector tiene ahora entre manos es deu-
dor en parte de las reflexiones que hicimos en este trabajo publicado en México.
28
KRISTIN RUGGIERO, “Honor, Maternity and the Disciplining of Women: Infanticide in
late Colonial Nineteenth Century Buenos Aires”, Hispanic American Historical Review,
72, Núm. 3, 1992, pp. 353-373.

21
En 1884 la asociación presentó un informe a la Oficina de Estadística
General santafesina afirmando que su personal estaba compuesto por cua-
tro Hermanas de la Caridad, un presbítero incorporado el año anterior, y
un peón, además de una comisión inspectora compuesta de dos socias
encargadas de vigilar y atender las necesidades diarias. Un médico de la
ciudad prestaba también su asistencia sin remuneración alguna. De esta
manera se aseguraba el funcionamiento diario pero sin conseguir satisfa-
cer las crecientes necesidades originadas por el aumento desorbitado de
bebés que empezaron a ser “arrojados” al torno y a las puertas del Hospi-
cio a medida que aumentaba la población de Rosario. El relato puntual
que las Damas hicieron al presidente de la oficina de Estadística General
de Santa Fe en mayo de 1884 nos muestra hasta qué punto el asilo se vio
claramente desbordado por el crecimiento urbano, al tiempo que la aso-
ciación optaba por entregar en adopción a los bebés que llegaban sin
“señales”, para tener así plazas disponibles para nuevos ingresos.

La existencia y proveimiento de los niños és la siguiente. En abril de


1883 el Hospicio contava con 38 niños entre huérfanos y expósitos en
los dos años transcurridos há habido una entrada de 42 niños: de los 80
que suman esta y aquella cantidad, se han colocado cuatro en poder de
buenas personas, que han satisfecho previamente los requisitos estable-
cidos por el Reglamento, han sido devueltos tres a las madres que,
arrepentidas del mal paso que dieron, han suplicado por ellos, y han
fallecido diez y ocho. Hay pues 58 niños existentes contando tanto
los que se encuentran en el Hospicio, como los que se hallan en poder de las
nodrizas. 29

En ese año las Damas decidieron reformar el reglamento interno: el inciso


4º del artículo 57 del nuevo reglamento reguló la enseñanza de oficios y
estableció que el dinero que los niños y niñas pudiesen ganar trabajando
mientras estaban en el Hospicio fuese guardado en una cuenta abierta a
nombre de las criaturas en una entidad bancaria de la provincia de Santa Fe.

Una de las socias asumió la tarea de recoger periódicamente los ahorros


de los niños y niñas, y de depositarlos en una caja de ahorro bancaria
hasta que los huérfanos y expósitos cumpliesen los catorce años de edad.
Estos cambios fueron aprobados por unanimidad bajo la presidencia de

29
AHHE, Borrador y Copiador de cartas enviadas por la SDC (1872-1886), carta de Justina
de Pereyra, presidenta, Elvira de López, secretaria, al presidente de la Oficina de Esta-
dística General, Santa Fe, 13 de mayo de 1884.

22
Fidela Ortíz de Somoza. De acuerdo con la nueva normativa, las Damas
establecieron también su derecho a exigir a los padres adoptivos la dona-
ción de 100$ para el expósito, dinero que debía quedar en poder de la
asociación benéfica en concepto de dote hasta que el niño o la niña alcan-
zara la mayoría de edad. Cuando el joven fallecía antes de esa fecha, el
dinero, así como los intereses devengados, quedaban en beneficio del Hos-
picio. Pero si lograba sobrevivir, recibía estos fondos para abrirse paso en
la vida.

Los bebés y sus señales de identidad


Diez años después de la inauguración del asilo, la asociación benéfica reco-
noció en una Memoria anual que “los huérfanos primero y los expósitos
después constituyeron el objetivo de aquel grupo de damas, que dispersas
ó agrupadas pero siempre generosas, iban tras el vagido y el lamento lleva-
dos por la piedad, á salvar una existencia y endulzar una agonía”. En rela-
ción a los huérfanos, las Damas dijeron que:

La Sociedad los busca y los recoje donde los encuentra y constantemen-


te los recibe cuando son llevados á su puerta para guarecerlos del peli-
gro, la vagancia ó el hambre. Varias de nosotras habeis intercedido por
criaturas huérfanas de padre ó madre y al punto habeis sido satisfechas,
encargados á vosotras mismas de hacer la averiguación y el beneficio.
La prensa es también un auxiliar con sus continuas denuncias de seres
desamparados y las mismas esposas ó maridos viudos se encargan de
facilitarnos la tarea llevándonos sus hijos por tener ellos que recojerse
en el Hospital ó reconocerse débiles para la pesada carga.30

Las religiosas tuvieron a su cargo la educación de los niños y niñas de ma-


yor edad. El Consejo Nacional de Educación donó dinero que sirvió para
la construcción de una parte de la Escuela del Sagrado Corazón de Jesús
que funcionaba en el Hospicio y que era coordinada por las religiosas. Los
salones de la escuela se inauguraron el 15 de julio de 1888 y fueron apadri-
nados por el presidente argentino y su esposa, y por el gobernador de la
provincia, José Gálvez, y la socia Lina de Máspoli. En el transcurso del
acto todos reconocieron casi de manera premonitoria que, cuando estuvie-
se definitivamente terminado, el asilo llegaría a ser una de las instituciones
más importantes de la ciudad de Rosario:

30
En lo que sigue se utiliza la referencia AHHE, Caja de documentos (1891-1896), Rese-
ña-Memoria explicativa de la SDC, 1889, mimeo.

23
Los habitantes todos de esta ciudad sentirán la muy justa vanidad
del obrero que dá cima á la obra, pues de ellos es y á ellos pertenece el
triunfo. Y si la ayuda popular colocó ladrillo por ladrillo, sea también
de ella el alto mérito de haber salvado con sus limosnas tanta existencia
y tanta honra, acciones que solo premia Dios envolviendo á los pueblos
que las cometen en auras de salud, prosperidad y gloria como envolvió
á los pueblos pecadores.

La escuela fue sostenida prácticamente sin subvención alguna por parte


del gobierno y en muy pocos meses asumió una tarea más: aceptar gratui-
tamente a niñas del barrio que pasaron a denominarse “alumnas exter-
nas”. La memoria de la asociación benéfica del año 1889 deja constancia
de que la presidenta había recibido la escuela:

…con cuarenta y tres niños y al final de mi Administración él cuenta


ciento veintiuno, entre huérfanos y expósitos y niñas de la vecindad.
Hoy llega nuestra institución de enseñanza á sumar ciento siete
educandas, divididas así: Huérfanas y Expósitas 30; Alumnas Externas
90; las materias de la escuela del Sagrado Corazón de Jesús son las si-
guientes: lectura, escritura, idioma nacional, historia sagrada, religión,
geografía, aritmética, dibujo y cartografía, geometría, moral y urbani-
dad, historia natural, historia argentina, historia universal, historia
antigua comprendiendo la griega, elementos de física y química, ins-
trucción cívica, pedagogía, idiomas francés e italiano, labor: confección
de todas clases; bordados con seda, felipilla y oro á elección. Esta Escue-
la se halla bajo la dirección de tres hermanas de Caridad que con lau-
dable y paciente celo cumplen á nuestra satisfacción su cometido. Como
veis, los ramos de enseñanza llenan el programa del Concejo de Educa-
ción de la Provincia, viniendo a ser por esto una Escuela Pública. Y lo
es por el número de alumnas que recibe y los beneficios que presta al
vecindario, ayudando á costearse con las mínimas cobranzas que se ha
visto obligada a establecer á medida que sus necesidades han ido en
aumento. Ante estas y los resultados que dá es de esperar que el Conce-
jo de Educación de la Provincia disponga favorecernos con una sub-
vención especial [...] la Escuela de Niñas se distingue por la sección
labores, en la que se hacen trabajos de mérito artístico y se prepara la
delicadeza femenina á la utilidad doméstica. No son pocas de estas obras
las destinadas á las Rifas que la Sociedad celebra periódicamente. En
cuanto á los huérfanos, los mayores, como ya os lo dije, serán colocados
internos en Colegios de la Caridad á expensas del erario de la Socie-
dad; los menores son generalmente atendidos por el Sacerdote D. Do-

24
mingo Sorni en su casa particular, donde les dá elementales lecciones
de instrucción primaria.

A pesar de la amplia capacidad de decisión de las Damas de Caridad a la


hora de vincularse con las criaturas, lentamente el papel del Defensor de
Menores empezó a tomar fuerza a la hora de determinar el destino de los
niños y niñas huérfanos y abandonados por sus familiares. Esto ocurrió
con Petrona Soria y con Felisa Sánchez, la primera remitida por el Defen-
sor al Dr. Calixto Lassaga y la segunda a su propia familia.31 Aunque los
poderes públicos fueron consolidando sus atribuciones en ocasiones su-
perponiéndose con las Damas de Caridad, en general utilizaron los servi-
cios de la asociación benéfica privada para descargar algunas funciones bá-
sicas. Durante la epidemia de cólera de 1886, por ejemplo, el Jefe Político
pidió a las Damas que denunciasen a “todos los menores que ha conse-
cuencia de la peste imperante quedaron en la horfandad” (sic). Agregó en
su carta que:

Como es indudable que entre los huérfanos de que se dará cuenta ha-
brá algunos de muy tierna edad é indigentes, desearía saber si este mi-
nisterio podría contar con el beneficio amparo que el Asilo de Huérfa-
nos tan habilmente rejenteado por la Sociedad que Ud. preside, ofrecer
a tantos otros niños que por causas diferentes se encuentran en igual-
dad de condiciones para participar de los sentimientos filantrópicos allí
dispensados. Aunque desgraciadamente para los que pierden sus pa-
dres, llega el momento propicio para la Sociedad humanitaria que Ud.
preside de atender á un mayor numero de niños la protección y el cui-
dado, agregando a la pagina envidiable de los servicios prestados, una
obra de sublime caridad.32

Una carta similar llegó el 4 de diciembre de 1886, esta vez escrita por el
presidente de la Sociedad de Niños Desvalidos, Ovidio Lagos, quien pidió
el ingreso en el Hospicio de

…dos niños de un ó dos años de edad, que quedando separados en la


horfandad, que me son entregados por la Comisión Popular. Aunque
esos niños sean huerfanos de padres, que sucumbieron de la epidemia,
se hallan en buen estado de salud, y para aquellos que en el caso que

31
AHHE, Copiador de cartas recibidas (1886-1893), carta de Santiago R. Gallegos, Defen-
sor de Menores a la SDC, 16 de marzo de 1887.
32
AHHE, Copiador de cartas recibidas (1886-1893), carta de Santiago R. Gallegos a la
SDC, 25 de noviembre de 1886.

25
estuviesen contaminados por el mal, en el Departamento aislado de
ese Asilo se podría hacer efectivo la asistencia. Señora presidenta, con-
vencido que nuestras Asociaciones están llamadas a prestar en esta
situación afligente un rol importante en el orden de la Caridad Cris-
tiana, suplico a Ud. la protección de ese Hospicio, para los niños que
empiesan a vivir, para aquellas infortunadas criaturas que aun se
conserban en el periodo de la lactancia. La Sociedad de Niños Des-
validos contribuiría por cada una de las criaturas que pone bajo el
amparo de esa Institución con lo que la equidad y las necesidades de
ese Establecimiento, reclaman para casos extraordinarios.33

El temor a que el contagio hiciese estragos entre los asilados en el Hospi-


cio forzó en ocasiones a las Damas a rechazar el ingreso de criaturas enfer-
mas. Podríamos citar varios casos pero quizá uno de los más significati-
vos tuvo como protagonistas a los huérfanos Alcides, Aldina, Adelia y
Silvia Stabalista, quienes con los números 818, 819, 820 y 821 ingresaron
al Hospicio en marzo de 1919 pero “fueron inmediatamente devueltos a
la familia pues estaban enfermos de coqueluche”. Este dato nos está mos-
trando, a su vez, otra realidad: si bien el Hospicio surgió para hacerse
cargo de los huérfanos, muy pronto se vio superado por el ingreso masi-
vo de los niños expósitos. Todos quedaban a cargo de la Madre Superiora
hasta que eran entregados en adopción o devueltos a su familia, pero en el
caso de los expósitos debemos diferenciar los que iban “expuestos” de
manera transitoria de los que llegaban sin ninguna esperanza de retorno
al ámbito familiar. Esta diferencia surgía a través de la señal que es el ins-
trumento que intersecta todo este entramado que venimos describiendo.

La “señal”, palabra que en el contexto europeo fue suplida por la de


“cédula”, aparece en ocasiones en las cartas escritas por los italianos bajo
el nombre de “billete”. Invariablemente, las señales hablan de la pobreza,
de la necesidad y del desamparo como causas del abandono de los bebés.
La mayoría de ellas fueron obra de padres inmigrantes, españoles, ingle-
ses, franceses e italianos, que buscaron en el Hospicio de Huérfanos y
Expósitos un lugar transitorio o definitivo para sus hijos, y han sido
conservadas hasta la actualidad en cajas metálicas de galletas de los pro-
ductos alimenticios de la marca Bagley [ver imágenes 4 y 5].

33
AHHE, Copiador de cartas recibidas (1886-1893), carta de Ovidio Lagos a la SDC, 25
de noviembre de 1886.

26
Precisamente, la señal ayudó a las Damas y a las religiosas a determinar
qué niños iban a parar definitivamente al Hospicio (huérfanos y expósi-
tos) y cuáles podían ser reclamados por sus familiares (expósitos transito-
rios). El depósito transitorio no es demasiado conocido pero diversas
referencias documentales nos muestran esta original función del asilo; las
actas de reuniones de las Damas de Caridad rebozan de datos tales como
“Antonio Viola de la estación Camilo Aldao avisa que no puede dar más
que $100 por su hija; L. Loza que vive en la calle Cochabamba 835 reco-
mienda á Rosa Vidal que desea poner en el Hospicio á su hija Cristina
pagando una pensión; Celestina Bresso de Leones pregunta si puede man-
dar la mensualidad de su hija por giro postal.”34

Como hemos visto, las criaturas dejadas en el torno del Hospicio no esta-
ban solas. Junto a ellas las madres depositaban un objeto o un mensaje es-
crito que funcionaba como una señal de identificación para garantizar la
recuperación de las criaturas cuando les fuera posible volver. ¿Cuál fue el
significado de la señal? La hipótesis principal de este libro es que la señal
articuló la decisión del abandono por parte de los familiares, la recepción
de los bebés por parte de las religiosas, y la política de la entrega en adop-
ción que tomaron las Damas de Caridad. Como veremos, las señales per-
mitieron sostener “identidades en espera”.

Las señales eran cartas y objetos que las madres inmigrantes, así como las
de la ciudad y de la zona, dejaban junto a sus hijos en el torno y en la puerta
del Hospicio de Huérfanos y Expósitos de Rosario. Dichas señales servían
para identificar y recuperar a las criaturas más tarde, es decir, cuando mejo-
rasen las condiciones sociales y económicas de la familia. La señal aparece
como un acto fundamentalmente público pero que remite al ámbito priva-
do, y cumplió una lógica muy determinada tanto en la actuación pública de
las Damas como en la actuación privada de las nodrizas. Su contenido es de
muy distinto carácter pero en todos los casos servía como despedida y tam-
bién para identificar y para establecer la verdadera identidad de los bebés
en el supuesto caso de que fuesen recuperados por sus familiares. No se
trataba de objetos personales que llevaran los bebés, como ropas y
escarpines, sino de elementos que los familiares dejaban conscientemente
para establecer un diálogo ritualizado, jurídico, con la institución. Así apa-
rece en la carta que las Damas enviaron al Jefe de Policía del Departamen-
to, Manuel Cilveti:

34
AHHE, Libro de Actas de la SDC (1910-1930), acta del 14 de diciembre de 1910.

27
he recibido su nota fha. 31 de Julio por la que me pide informe si el
día 17 de Noviembre de 1890 de 71/2 a 8 de la noche, fue depositado
en el Asilo de Huérfanos a cargo de la Sociedad Damas de Caridad
un niño con un pequeño atado de ropa y algunas otras piezas más
detallándolas con precisión á fin de individualizar el expresado niño.
En contestación le diré que según me informa la Hermana encarga-
da del Asilo se recibió por el torno a las 8 de la noche de la indicada
fecha un niño de pocos días, blanco, á quien no se le encontró ningu-
na señal. Tenia puesta una camisita de bramante, un pañal de bom-
basí, dos mantillas de franela, una faja blanca de algodón, traía un
lío que contenía un vestido blanco, tres mantillas y una faja. El niño
se bautizó el dieciocho de Noviembre de 1890.35 [ver imágenes 6 y 7]

Los hijos de los inmigrantes ante el torno del Hospicio


Laniña quiciera nombrarla Maria Martina que anacido el
dia 30 de Enero ala 9 y 10, R. Mehaga el favore.

El Hospicio de Huérfanos y Expósitos entró de lleno en las estrategias de


instalación en la Argentina de los inmigrantes, mayoritariamente italianos
y españoles. “Non ti abbandono O Figlio mio, Ti cerchero, Se lo permetto
Iddio”, o “2 Di Ottobre 1899, Este bambino se va reclamada, La pegidó”,
son ejemplos de señales que se conservan en el precioso archivo del Hospi-
cio y que muestra un complejo proceso de integración a la realidad cam-
biante de la ciudad de Rosario y un difícil proceso de adaptación a la nueva
vida en la Argentina.

Particularmente en los primeros años de funcionamiento del Hospicio, que


coinciden con el mayor auge de la inmigración masiva, los mensajes escri-
tos en italiano tienen una presencia hegemónica en el archivo de señales
que diseñaron y construyeron las Damas de Caridad: “Il presente ninito
nacio il 2 Otubre 1879 e se ruega que se le ponga il nobre Angela e geva poi
Sena un medio retrato e in tregato il dia 5 Otubre 1879”; o “De la Biva Il
Signor Antonio Ciancio va per allevare una nena all´ospizio per nome
Adelina Serafina Ciancio sua legittima figlia e che per aver persa la madre
di parto gli convene di far cosi firma. Antonios Cancio”, junto a una postal

35
AHHE, Copiador de cartas recibidas (1886-1893), carta de las Damas de Caridad al Jefe
de Policía del Departamento, Manuel Cilveti, 4 de agosto de 1891.

28
y una cinta negra cosida a un trozo de tela rosa con las iniciales bordadas:
A.S.C.”. A caballo entre el castellano y el italiano, un bebé fue dejado en el
torno del Hospicio –instrumento de piedra y madera, hoy desaparecido,
que garantizó el anonimato de los padres que abandonaban a sus bebés–
con el mensaje: “Rosario 23 Abril 1899. Señora Sivarina Eschievi, ija
legittima de Juana Eschievi, le entrego por el portador un cico baron, naci-
do el dia 18 de Abril del corente. Por propio nombre del cico que se le
ponga Carlo Eschivi, Reserbando, que el plazo, de un año la propia madre
lo chiere sacar dell´ospicio pagando el corriente que decir la Señora Madre
lo saluto a este S.S.S. Sepacia Eschievi”. [ver imágenes 8 y 9]

No siempre los inmigrantes podían echar mano de un mensaje escrito para


elaborar su señal; cuando eran analfabetos, en muchas ocasiones hacían uso
de los símbolos nacionales de sus países de origen, aunque también vemos
un creciente número de señales, a medida que pasan los años, conformadas
por símbolos argentinos, tales como la bandera y el escudo nacionales. La
combinación entre mensaje escrito y objeto simbólico aparece en el caso de
una bandera italiana que acompañó la nota “es nacida el beinte y uno 2 ble,
Agosto el nombre cellama Anastacia”. Entre las señales encontramos tam-
bién una cinta con una medalla y el mensaje “este niño nasio el dia 25
Settembre ala 8 antimeridiane del año 1903. A. G., Rosario de Santa Fe del
1903”. O la señal de Inocencia, una niña registrada con el número 2009 en
el año 1910, que conjugó el escudo argentino de un billete postal con la
imagen de otra postal de la colección Reutlinger. [ver imágenes 10, 11, 12,
13, 14, 15, 16 y 17]

El creciente número de cartas escritas en italiano muestra la importancia


que los inmigrantes de esa nacionalidad concedieron al Hospicio convir-
tiéndolo, al mismo tiempo, en un organismo receptor de huérfanos y de
criaturas que debían encontrar un lugar para quedarse durante el tiempo en
que sus padres encontraban trabajo. “Questo bambino maschio e nato il
giorno 5 ottobre dell´ano 1890, non e batezato, María Lovaldi, Rosario S.
Fe, 5 ottobre 1890”, fue la señal dejada junto al cuerpo de un bebé aban-
donado de manera definitiva. También “Questa bambina e nata il giorno 30
Genajo ore 2 antine del 1900. D.M., Rosario 30 Genajo 1900”. En ocasio-
nes se identifica a la criatura a través de sus rasgos físicos: “Itagliana enato.
Almese di gluglio ilgiorno atto y alle are quatro imedio pomeridiana non e
ricequto ilbattesimo mi parenno il piacere di meterli nome nelbattesimo,
Mario, Felicita Faustina Cañada de Gomez collorcinco nella orechia drita

29
gliricomando di tenerla come por un anno quando pero prenderla qu
paro unrigallo”.

Las situaciones concretas en que se encontraban las madres aparecen en


cada una de las señales mostrándonos un abanico muy amplio de necesida-
des. También aquellas situaciones aparecen descritas en las cartas que la
asociación benéfica dirigió a diversas entidadese de la ciudad como la que
envió en 1986 al cónsul italiano T. Bertola. En la misiva, las Damas se die-
ron por enteradas de que “la mujer Luisa Giaronelli de Cicarelli condena-
da a prisión por el Sr. Juez del Crimen, tiene en su poder un varoncito de 3
años por cuya suerte se interesa ese consulado, sin haber podido encontrar
una familia que se haga cargo del mismo. En contestacion, me es grato
manifestarle al Sr. Consul que no hay inconveniente en que la Sociedad se
haga cargo del niño pero los Estatutos determinan que en estos casos se
pague una pension desde que la misma no tiene recursos propios.”36

La pobreza o la muerte de la madre es una de las causas más alegadas para


justificar el depósito de bebés en el torno. Pero también encontramos una
señal en la que se menciona como causa del abandono la propia muerte de
la criatura: “Li 28 Giurgni 1900. Natto li 17 Maggio non e Battesato sono
pregure il Ser. Di metere per nome Carlo Giuseppe viene consegnato qui
perche è Morto, Sua Madre”. Otras notas breves insisten en que las Damas
bautizasen a las criaturas con el nombre elegido por sus familiares:

Si pone il nobre di Romeu Nicolás. Nascio il dia 17 Enego del 1890, se


lo quidano bieno he pronto lo dichittaranno.

1 de agoto, Petrona Dominisiana, no seta batesada.

Li faccio sapere che nen no e battessata li perrete nome Maria Elisabetta


Lucia.

Señora Madre de Caridad. Este chicco que se [...] Acristianada de


Nombre Baldassare Ijo de Perfetta Lopes, que se perdida, come un
mes. Rosario di Santa Fe 4 Noviembre /90. Vivia a la Calle Bonordine
entre San Luis y Rioja.

Entre las señales del año 1890 aparece una carta con el siguiente mensaje
en el sobre: “Entrano nella notte, Del tres giugno al quattro battesatto il

36
AHHE, Libro de Actas de la SDC (1893-1914), reproducción de la carta enviada por las
Damas al cónsul de Italia T. Bertola, de 21 de noviembre de 1896.

30
giorno cinque per nome suo Ernesto José, 1890”; en la carta figura una
descripción detallada de los rasgos físicos y de la vestimenta:

Gentilissima Señora. Il mio nene é nascido 1º Junio. Lié puesto


nell´ospedal la noce del 3 al 4 Junio. Condizione. La pelle o piel colora-
da, o rosso. Il pelo castagno. Il frente ancio, o alto. L´osocho azul, o
grigi. L´asoreca cica, o piccola. La naris media. I parmi. Tenia una ca-
misa sin dobladigio. Un pagio di flanel blanco. Una fascia blanca, 9
pagio di bramat, sin dobladigio, nella caveza un paigicolo blanco e stava
viluppado sin un sciablo da medo Luto Senora Gui le prometto di aser
il posible, di aserlo educar el mas che si puede. La saluto, Sono sua ma-
dre Fessia Teresa, Rosario 11 ottobre 1890.

La adaptación a la ciudad de acogida llevó a los recién llegados a colocarse,


quizás inconscientemente, bajo el amparo de la protección religiosa y be-
néfica local. Una carta en la que dice “La Madre Nome Falco Maria las ica
nata el 21 agosto alle 7 en puento Della Maguena” fue dejada junto a una
cinta y un trozo de tela que lleva cosida la imagen de la Virgen de Rosario.
La virgen está acompañada del niño Jesús, y el trozo de tela incluye, en
castellano y en italiano, el siguiente mensaje: “Niño del Rosario, tened pie-
dad de Nosotros. Abiate pieta di noi”. Por la información que aparece en el
sobre, sabemos que se trata de Anastasia Falco de Paul, nacida el 21 de
agosto de 1896, el mismo día en que fue abandonada en el Hospicio de
Rosario. El contenido de esta señal es similar a este otro. “La Madre della
dicha Deste Junia dava a la [...] Maria Nicholasiu. Il giorno 6 Marzo 1896”.
Es decir, se trata de mensajes que denotan un profundo amor, un senti-
miento de desazón materno al dejar a las criaturas en el Hospicio para po-
der trabajar. La posibilidad de volver al Hospicio para restablecer el víncu-
lo materno a través del “reclamo” es una de las condiciones del propio
abandono infantil, como puede verse en la siguiente señal:

Rosario 3 Giugno 1896. Signora Superiora dell´Ospizio degli Orfani,


Presente, Per un caso eccezionale deposito questa bambina sotto il manto
della sua caritá pregandola voglia aveva ja bontá di attenderla per pochi
mesi fino a che la di lei madre venga a reclamarla. Debbo fargli pre-
sente che la bambina é stata battezzata nella chiesa di Santa Rosa sotto
il nome di Giovanna Battista Pogolotti. Chi verra á reclamarla sará
Guiseppina Pogolotti o la madrina Giovanna Miller pagando l´importo
dovuto e per questo segnale gli sará presentata una copia equale a questa
della stessa calligrafia. Pogolotti Giuseppina, Giovanna Miller.

31
El tema del bautismo entre los hijos de italianos tiene una gran presencia
en el archivo de señales. Papelitos sueltos y hojas percutidas contienen los
siguientes mensajes:

Questa figlia é nata ai 21 Febbraio 1891. Non é ancora battezzata.


Emma.

Questo bambino di sesso maschile e nato il giorno 7 di Ottobre alle de


8 Anti e non e batezato, M. 7 Ottobre del 1891.

Questo fanciollo e Nato li 21 Aprile 1891 alle ore 9/30 minuti


posmeridiane. Nón è stato battezzato per nome gli mettere Giovanni.
Di Nazione Italiano della parte del Piamonte.

Aprile del 91, El Fantile Nato el 21 Corrente alle ore 9 ½ P. Nazionalitá


Italiana Piamontesa. Non estato Battezato. Gli metterano per nome
Giovanni.

En términos numéricos, los españoles e italianos se llevan la palma en el


uso que hicieron del Hospicio, pero hubo otras comunidades de extranje-
ros que se vieron afectadas por la llegada al mundo de bebés que no encon-
traron una acogida inmediata en sus familias, o por criaturas que quedaban
huérfanas. Algunas criaturas entraron a pedido del capellán irlandés de la
Capilla de San Patricio quien en una ocasión solicitó “la admisión libre de
cargo en el Hospicio de Huérfanos, de la niña huérfana de padre, María
Bond, cuya madre con otra criatura menor están reducidas á causa de en-
fermedad, de subsistir de la caridad pública. La niña María tiene siete años
de edad y seria una verdadera obra de misericordia recojerla en el instituto
dirigido por esa benemérita sociedad.”37 La comunidad británica también
fue auxiliada por el Hospicio de Huérfanos y Expósitos de Rosario:

Señora Superiora del Hospicio de Huérfanos. Hoy deposito esta niña


en vuestro auxilio, y le suplico tenga la bondad de encargarla mucho a
la ama que le sea dada, y lo más pronto posible vendran los padres á
reclamarla. La niña no esta cristiana, nació hoy a las doce. Se llamará
Florencia Roger. Los padres son inglés. Sin más saludo a V. y soy S.S.S.,
J.M.

37
AHHE, Libro de Actas de la SDC (1893-1914), acta del 08 de agosto de 1896; Caja de
Documentos (1891-1896), carta de la Capilla de San Patricio, Rosario, a Corina B. de
Muñoz, presidenta, 19 de julio de 1896.

32
La representación consular en Rosario se hizo cargo de encontrar refugio
a los bebés que quedaban huérfanos o en situación de “exposición”, pero
cuando era el Consulado el que mediaba de manera directa entre las fami-
lias y las Damas, estaba obligado a pagar por los servicios que estas últimas
brindaban en el Hospicio a los inmigrantes en su conjunto. Las asociacio-
nes francesas radicadas en la ciudad eran plenamente conscientes de que el
Hospicio se hacía cargo de niños y niñas de padres franceses. Por ello el
vicepresidente de la Comisión de Fiestas Francesas, Luis Visit, envió en
1897 cincuenta bonos que la colectividad había obtenido de las fiestas de la
caridad, y que fueron distribuidos entre todos los niños del Asilo.38 En una
oportunidad la sociedad benéfica aceptó hacerse cargo durante dos años de
“tres niños sin madre, hijos de Berthou Iria, siendo estos niños uno de
ellos de 5 años, otro de 2 y el menor de 9 meses”, pero aclaró que “los
Estatutos determinan en estos casos se pague una módica pensión por con-
tar nuestra Sociedad con muy pocos recursos.”39

Las señales: identidades en espera


La señal fue el hilo conductor de la gestión del Hospicio de Huérfanos y
Expósitos y restituyó un vínculo perdido entre madres e hijos, entre fami-
liares y bebés, a través de la asociación benéfica. Su funcionalidad queda
reflejada en la memoria histórica de las Damas de Caridad:

Las precauciones consignadas en el Reglamento Interno del Asilo se


adoptan fielmente para llegar a un resultado feliz. Recogido un niño se
recogen á la vez los documentos o reliquias con que algunas madres los
exponen, reservándola con cuidado en el Archivo, como signo de filia-
ción que sirve á la Sociedad para devolver en el futuro aquellos seres,
cuando el arrepentimiento vence la vergüenza de sus padres. Desde el
libro bautismal hasta los preceptos de la higiene infantil, todo es lleva-
do estricta y ordenadamente.40

Las Damas y las religiosas fueron las encargadas de conservar esos objetos
y esos mensajes que en el caso de los inmigrantes sirven para entender el
papel jugado por la institución para garantizar su asentamiento en un país

38
AHHE, Libro de Actas de la SDC (1893-1914), carta de las Damas de Caridad al vice-
presidente de la Comisión de Fiestas Francesas, Luis Visit, 15 de julio de 1897.
39
AHHE, Libro de Actas de la SDC (1893-1914), carta de las Damas de Caridad al Consu-
lado de Francia, Santa Fe, 03 de diciembre de 1896 y 26 de mayo de 1898.
40
AHHE, Caja de Documentos (1891-1896), Reseña-Memoria explicativa de la SDC, 1889,
mimeo.

33
extraño y que ofrecía por entonces un mercado de trabajo no demasiado
confortable. “Questo bambino e nato il giorno 8 Marzo ale ore 9
antimeridiane non é batezzato M.F. Rosario 8 Marzo 1895”, fue uno de los
tantos mensajes que dejaron las madres para dar a sus hijos inmigrantes,
aunque nacidos en la Argentina, alguna identidad rápidamente perdida. La
elección del apellido De Paul –por San Vicente de Paul– fue, como vimos,
otra de las formas en que estos niños pasaron a engrosar el conjunto de los
nuevos ciudadanos de la Argentina. Ser colocado bajo la protección de di-
cho Santo fue también una de las protecciones más aludidas por los
inmigrantes, como fue el caso de los franceses, que se identificaron con esta
elección. “Chere Señor Je voul prie de Lui Luis ponner le nom de Gabriel.
Sa naul donne un Sanvenner del 2 orphelin que trava Saint Vincen de Paul
Salul pon de notre Dame a parel il cora Reglame 4 8bre. 1892”; “Cette
petite enfant n´ha eti pas recibi el batime, 29 Junio 1880”. [ver imagen 18]

En estas señales se reescribía una historia muy antigua: en latín, la palabra


“tessera” significaba “dado”; designaba pequeños cubos de mármol, vidrio,
piedras preciosas que se usaban en juegos de azar. La palabra era polisémica
porque también, en el ámbito militar, nombraba el “santo y seña” y, por lo
mismo, en general, era usada para designar cualquier tipo de contraseña.
Finalmente, la “tessera” romana tuvo un tercer sentido que parece derivar
de su circulación entre el secreto y el azar y es que la “tessera” era la prenda
indicada para sellar un pacto. Las partes contrayentes partían una pieza –
por ejemplo, de cerámica– y conservaban, cada una, una parte como señal
del compromiso asumido. En todo caso, se trata de un espacio social donde
se han expresado y confrontado los intereses, principios, valores, priorida-
des no sólo de las mujeres, sino también de otras fuerzas claves del univer-
so femenino en cada momento histórico, en particular de la familia. Vistas
así, las señales aparecen como historia, pero como historia codificada, con
un lenguaje entendible por todos en el momento en el cual fueron produci-
das, y en un mundo en el que, debe asumirse, había asuntos de los cuales las
mujeres han podido hablar y otros de los que no.41 [ver imágenes 19, 20, 21,
22, 23 y 24]

“No tiene madre es juerfano, no esta bautisado nacio en Biju el 1º del


mes”, es la carta que tenía Dioniso de Paul el 8 de octubre de 1901 el día
en que fue dejado en el Hogar. La señal es de una naturaleza similar a la
41
Sobre estos silenciamientos, CYNTHIA JEFFRESS LITTLE, “Moral Reform and Feminism: A
Case Study”, Journal Inter-American Studies and World Affairs, 17, Núm. 4, noviem-
bre, 1975, pp. 386-397.

34
del siguiente mensaje: “Este nene baron nasio el dia 23 Noviembre del
año 1901 alas oras 3 de mañana, M.G.”, y a la señal “Este niño baron ha
nasido il giorno 19 de Abril ala ora 3 antime ne, del año 1901, M.L.
Rosario 19 Abril del año 1901”. Se trata de una información puntual,
meramente descriptiva, pero, en general, el interés por asegurar la protec-
ción de Dios está presente en la mayor parte de las señales: una medalla
junto a una cinta color marrón claro y una nota “Este niño a nacido en
Santa Fé el día 13 Setiembre 1901 ha recibido l´agua bajo el nombre Emi-
lio hijo de doña Luisa Clara”, representa el deseo de enviar al Hospicio a
las criaturas previamente protegidas por el bautismo. Encontramos otros
casos similares:

Il dia 25 de Setiembre de 1901 ahnacsido un nino che lo cristiane


al´ospisio e che le ponga el nombne de Maniel. Rosario 5 de Setiembre
de 1901.

Setiembre 14 de 1901, Este niño no esta cristiana. Se llamará el Santo


del día se recomienda mucho los cuidados. Dentro de poco se hirá por el.

En ese sentido, las señales, así como las recuperaciones de los bebés, cons-
tituyen elementos centrales para comprender los silencios cambiantes de la
cultura. El folletín del siglo XIX escribió una segunda parte de esta histo-
ria cuando hizo de la “tessera” la clave de revelación de un misterio –amo-
roso, policial– y, especialmente, una “seña de identidad”.42 El reencuentro
o reconocimiento de los seres a través del tiempo y la distancia se realiza-
ba a través de señales, cicatrices y marcas de la infancia que eran evidencias
innegables de una identidad puesta en discusión por confusión o por
engaño. La “tessera” aparece, por ejemplo, en una de las obras teatrales
más famosas de Roberto Arlt, Trescientos millones, en la cual el personaje
de la sirvienta se reencuentra con su hija cuando al descubrir su espalda
encuentra una crucecita que le había hecho la partera al nacer: “Hija mía...
tantos años... queridita”, dice la madre. “Yo sabía que tenía que llegar este
día”, contesta la hija recuperada.

Las señales designan por contigüidad a la madre ausente. [ver imágenes 25,
26, 27, 28, 29 y 30]. Como todo signo, se inscriben en la paradoja de la
representación según la cual los signos están ahí para designar algo –otra
cosa– que ya no está. Asistimos a la escena de una comunicación mutilada
por la separación que sólo podrá “completarse” en ocasión del reencuentro.
42
Cfr. NICOLÁS ROSA (DIR), Moral y enfermedad. Un sociograma de época (1890-1916),
Laborde Editor, Rosario, 2004.

35
Ahora bien, mientras esto no ocurra, las señales “velan” por el niño o la niña
abandonada ofreciéndoles un origen y, de este modo, el rudimento de una
identidad. Por lo mismo, la comunicación o, más precisamente, el vínculo,
resiste a las inclemencias del presente adverso por obra de la sola presencia del
objeto o imagen. Y esto es particularmente cierto en las señales que nos ocu-
pan aquí; las que privadas de alguna forma de mensaje verbal tienen la persis-
tencia incuestionable de las cosas. Mudas; estas señales-objeto y señales icónicas
testimonian una filiación y se constituyen –en el mismo acto– en índices de la
madre. La riqueza peculiar de esta suerte de señales radica en su singular
potencia significante que se ríe de las posibilidades expresivas de la palabra.

En muchos casos ni siquiera se tratará de un objeto “completo” o “acaba-


do”, no sólo desde la perspectiva de la incompletud de la “tessera” a la que
hacíamos referencia, sino desde su propia condición. La mayoría son res-
tos, fragmentos, trozos deshilvanados, gastados, usados. Así, Pura C. de
Paul, registrada con el número 659, llegó con un trozo de tela azul cosi-
do a una cinta blanca junto con un trozo de papel en el que aparece
impreso el nombre de Enrique J. Rodríguez y la ciudad: Rosario. En
algunos casos, las señales constan de un pequeño papel, cortado a mano,
en el que aparece el nombre de la criatura y la fecha de nacimiento, junto
al número de registro otorgado por las religiosas y, obligatoriamente, el
apellido “De Paul” con el que eran bautizados los huérfanos y los expó-
sitos. Este fue el caso de Florentina de Paul, depositada en el Hospicio el
17 de octubre de 1895 solamente con un trozo de papel sin mensaje. La
“pobreza” material de esta señal contrasta en forma espectacular con la
riqueza semántica que cobra en la situación del abandono. Es el caso sin-
gular de un rosario en el que la cruz ausente es la “presencia” ineludible
de la madre; para la mirada; para el recuerdo. [ver imágenes 31, 32, 33, 34,
35, 36, 37, 38, 39 y 40]

Los objetos se vuelven significantes arrancados de su contexto “natural”


de uso; los fragmentos se resignifican en el seno de una totalidad virtual a la
que remiten metonímicamente: en las cintas de colores patrios (españoles,
italianos, argentinos) se repone una nacionalidad; en los trapos y cintas de
colores elegidos arbitrariamente, quizás, la profesión de costurera de la
madre. En este contexto, un caso singular es la señal de otro de los bebés.
Se trata de un pagaré de la Cochería (tanatorio) “La Sanlorenzina”, servi-
cio fúnebre ubicado en la calle Balcarce esquina Urquiza, que se dedicaba
en la época a fabricar cajones y carruajes y a alquilar caballos por día y por
mes. En el pagaré parece resumirse toda una historia: la de una madre, la

36
de un parto, la de la muerte de la madre, la de la orfandad del hijo, así
como su exposición y abandono final. Propiedad de Antonio Poggi, la
Cochería sirvió para construir el escenario familiar: en lápiz dice “Rinaldi
Andrea da 2 ½ Entre Rio fra 3 de Febbrero e 9 de Julio”, posiblemente la
dirección de la mujer muerta. En 1914 un sobre de la cochería fúnebre
italiana de Vicente Pozzi, establecida en San José de la Esquina, hizo las
veces de señal al igual que la libreta de familia, exclusiva para nacimientos,
del Registro Civil del año 1911, que acompañó a otra criatura en su in-
greso al Hospicio. [ver imágenes 41, 42, 43, 44 y 45]

Incluimos el caso del pagaré entre las señales-objeto porque, si bien se


trata de un mensaje verbal, no es una carta o esquela como las que vere-
mos en el apartado siguiente. Aquí el mensaje verbal está subordinado a
la naturaleza del objeto en cuestión como es el caso, también, de las tarje-
tas de las parteras. Una de esas comadronas, Rosa G. de Passaro, que
aparece en la señal con la información de que era una partera aprobada
por la Universidad de Nápoles y por la Ciencia Médica de Buenos Aires,
atendió a “Emilio Santiago Chincher, edad 8 meses, bautizado”, según
reza el mensaje escrito a mano en el reverso de dicha tarjeta. En ocasiones
las criaturas eran abandonadas con un sobre –así llegó Laura de Paul al
Hospicio de Huérfanos y Expósitos– en el que adentro iba una tarjeta
cortada por la mitad donde constaba escrito el nombre de la partera A.de
Mazza y en el reverso el mensaje gracias al cual sabemos sólo la fecha de
nacimiento de Laura, el 16 de noviembre de 1895. Estas tarjetas persona-
les son más que el mero soporte de un mensaje porque significan, en
tanto fechan el nacimiento o la muerte. “Felicita Cimadora, partera apro-
bada”, por ejemplo, es la información que figura en una señal que, origi-
nariamente, servía como tarjeta de presentación de la partera que atendió
a la madre de Silvestra cuando ésta vino al mundo el 23 de marzo de
1891. Detrás de la tarjeta su madre escribió: “Rosario 29 Marzo 1891 a las
7 ½ a.m. nasió Felicita contrasegna percal azul, con segna la partera”. [ver
imágenes 46, 47, 48 y 49]

La pobreza de los objetos depositados junto al cuerpo de los niños y


niñas es redundante respecto de la indigencia de las madres; sin embargo,
y tributando nuevamente las paradojas, estos objetos resistieron el paso
del tiempo y cumplieron con su cometido porque fueron “atesorados”
por las monjas y las Damas de Caridad en latas de galletitas que se convir-
tieron en insospechados cofres de seguridad. La luminosa precariedad de
estos objetos se vuelve extrema en el caso de objetos fungibles tales como

37
cartones, trapos, cintas o fotografías que contaban con menos chance de
pervivencia que el metal de las medallas. Las cintas, en general, tenían la
función de sujetar un objeto aunque, en ocasiones, cumplían el rol extre-
mo de señal. El caso paradigmático es el de una rosa de tela que tiene la
particularidad de reunir, en sí misma, la “serie” del tiempo que corrompe
pero, también, la idea de permanencia (una rosa de tela; no una rosa “real”)
que se inscribe en la “serie” del recuerdo y lo perenne. Asimismo, la rosa
ha sido la alegoría tradicional para la representación de la mujer y de la
virgen por lo que también “habla” acerca de la mujer-madre profana y
bendita. [ver imágenes 50, 51 y 52]

La señal de Ludovico Gabriel, depositado el 4 de octubre de 1892, fue un


trozo de papel con números, probablemente de la lotería. La elección es
única, no hay otro caso del mismo tipo aunque un niño fue depositado en
1904 junto con un billete de lotería y un mensaje escrito en el que aparecie-
ron explicitadas las razones de su abandono:

el niño no este bautizado y se quiere que se le empongan los nombres


que la medallita dice adicionandole las iniciales y fecha de su nacimiento.
El pendiente que lleva puesto que no se le quite así como la medallita.
Dentro de estos datos van incluidas diez pesas para el niño y un punto
de la Lotería de San Luis para que se rife entre los niños y niñas de esa
santa casa.

¿Qué hay en la elección de un número de lotería? En un sentido directo,


resulta difícil de comprender cuál puede ser el origen del niño o la esfera de
actividad de la madre para que, en lo inmediato, disponga de este tipo de
objeto. En un sentido metafórico, no podemos soslayar lo que dice la refe-
rencia al azar: la mala jugada que el destino le ha reservado a Ludovico
Gabriel al iniciar su vida.

El otro caso en el que la señal son números (aunque en el marco de cuentas


y no de un juego de azar) es el de la cédula de Eulalia Marietta nacida el 13
de febrero de 1892, cuya señal consiste en una hoja con cálculos numéricos
detrás de la cual figura la inscripción que dejaron las Hermanas del Huerto
señalando el nombre y la fecha de nacimiento de la niña. Los naipes, final-
mente, constituyen otra forma de aparición de números en este contexto
de definición de identidades. [ver imágenes 53 y 54]

Si la inmediatez –y acaso la premura– seguramente ha primado en la elec-


ción de los objetos fungibles, ¿qué especulaciones habrán precedido a la

38
elección de los objetos duraderos? Estos últimos son, sin duda, artefactos
que podríamos calificar de motivados: hay un deseo, una idea, una adhe-
sión precisa en estas elecciones. Podemos imaginar algunas posibilidades
en el caso de aquellos objetos simbólicos, tanto los de carácter cívico (las
banderas o escarapelas) como los religiosos. Aquí el sentido está confesa-
do o exhibido porque hay una subjetividad que se está construyendo en
la elección y que alienta la esperanza de convertir su condición en here-
dad para su hijo. Por ejemplo, en la siguiente carta la madre explica los
motivos de la elección de la señal en el marco de la invocación religiosa, y
su deseo de que el bebé sea protegido por nuestra Señora del Carmen:

Una pobre madre imposibilitada para criar su hijo nacido en la ciu-


dad del Rosario el día Miércoles 30 de Sbre. á las 12 del dia del año
1891 lo coloca al amparo de la caridad cristiana rogando se sirvan
protejerlo hasta tanto me sea posible hacerme cargo de él. El niño
lleva al cuello un escapulario de nuestra Señora del Carmen cuya
protección invoco; ha sido partido por la mitad conservando la otra
mitad para que sea entregado á la persona que lo presentare. Es mi
voluntad se bautice con el nombre de José Gerónimo. Agradezco á la
Sociedad Damas de Caridad los cuidados i protección que presenta-
rán á mi pobre hijito la que encomiendo á V. de nombre de Luis nues-
tro Salvador i la virgen nuestra.

Gran parte de las señales son medallas de vírgenes y santos. En ellas, la


iconografía religiosa se impone al soporte material. Así lo demuestra, por
ejemplo, la señal de Úrsula de Paul, abandonada el 21 de diciembre de
1896, quien llega al Hospicio con media medalla con la imagen de la vir-
gen y el niño Jesús en brazos, unida a una cinta. La virgen madre repone,
una vez más, la figura de la madre ausente. La imagen religiosa se asocia
con la madre en una relación de anverso y reverso:

Señora Madre: Entrego este niñito con mi mayor dolor y ruego a Vd.
Que le aga bautisar agradeciendole le pusiera de nombre Pedro Angel
y pidiendo a Dios le de salud y vida para algun dia poder volverlo a
tener le entrego con una medallita que tiene la Virgen de Lujan y al
otro lado mis iniciales C.G. (fecha de nacimiento el veinte de mayo de
mil novecientos veinticuatro, C.G.)”. [ver imágenes 55, 56, 57, 58, 59,
60 y 61; el texto transcripto corresponde a la imagen 57]

Un caso particular es el de las fotografías porque, en tanto objetos, están


definidas como recuerdo por su propia naturaleza. Fotos de la madre o

39
del padre son bastante recurrentes en el archivo de señales, aunque tam-
bién se conservan retratos de los bebés realizados antes de ser abandona-
dos en el Hospicio: Anselmo, por ejemplo, fue dejado por su madre en
1891 con una fotografía, cortada en dos, en la cual aparece él mismo de
bebé. En este caso, no sólo se produce una suerte de tributo a la infancia y
a la inocencia del hijo abandonado, sino que podemos presuponer que la
conservación de las dos mitades de la fotografía es indicio del deseo ma-
terno de recuperar el lazo tras aportar una “contraseña”. [ver imágenes
62, 63, 64, 65, 66 y 67]

Las señales duplicadas, conservadas en las cajitas Bagley, testimonian que


en algún momento los familiares volvieron a la institución para reclamar a
la criatura y dejaron allí el objeto y la carta que servía como “contraseña”
para establecer la identidad del bebé. La recuperación de bebés se producía
aportando una contraseña que consistía en una señal idéntica o un frag-
mento de la señal originaria. Es el caso de veinticuatro cuentas de un
rosario y dos padrenuestros, acompañados de una nota con la promesa
de volver a buscar la criatura en un año, conservada junto a otras veinti-
cuatro cuentas y dos padrenuestros. En la decisión de la madre había
primado la idea de conservar la identidad del hijo abandonado por sobre la
protección divina presupuesta por el rosario completo con su correspon-
diente crucifijo. La carta decía que “A la Senora Presidenta el nene que
entrego pido lo traten vien que dentro de un año [...] A nacido á las diez
deldia catorce de avril del año 1892 ceva allamar Rumula la rropa que lleva
es la cigente. Llebarà beinte y cuatro cuentas co lo ca das 2 padrenuestros”.
Otra señal con idéntica función está conformada por una nota en la que la
madre escribió “Gentilissima Signora. Li Mandiamo qui un bambino però
non é ancor cristiano. Il pensiero nostro é de prenderlo subito appena ci
stia bene la madre. Li prego grandemente di tener consenato questo biglietto
che si sena per ricordo, che noi ne conserviamo molto iguale. Tu tanto sini
e mui affettuosi salute es mi dico. Jesica Teresa Rosario 3 Giugnio 1890”.
En el dorso de la señal la Madre Superiora agregó que se trataba de “José
Ernesto, nº 298, Junio 3 de 1890”, e incluyó en un sobre el escrito idéntico
que su madre presentó tiempo después para recuperar su criatura. [ver
grupo de imágenes 68]

La representación icónica, por su relación de semejanza con la realidad, es


un modo más acabado de expresión que los sentidos proliferantes, sin
anclaje, de la presencia solitaria de los objetos. Así, en el mismo registro
que supone el testimonio fotográfico, el niño número 627 llamado Alejo

40
de Paul, ingresado al Hospicio el 9 de julio de 1895, llevó consigo un
trozo cuadrado de tela atado a una cinta celeste en el que aparece pintado
un corazón color púrpura. El dibujo elegido no es casual: estamos no
sólo ante el Corazón de Jesús, sino también frente a “corazones rotos” o
“partidos” por el abandono del hijo. Así lo testimonia la madre de Cristi-
na de Paul, una niña que ingresa el 21 de mayo de 1895 con el número
618 y para quien su madre eligió como señal media estampita con la ima-
gen de Jesucristo, que fue cortada en dos de una manera muy singular ya
que a la imagen le falta el costado del corazón. Esto se repite en el caso de
otro bebé abandonado en 1895: la señal consiste en media tarjeta con la
imagen de Jesucristo mirando al infinito pero sin la parte que correspon-
de a su corazón. Este trozo seguramente fue conservado como contrase-
ña por la persona que dejó al bebé en el Hospicio. Detrás de la imagen
consta que la criatura “nació el 14 de Otubre 1895”. [ver imágenes 69, 70
y 71]

Podríamos, finalmente, esbozar un tercer dominio que ostenta un cierto


lujo y, si se quiere, alguna forma de banalidad: las alhajas. Es el caso de
María, dejada en el Hospicio el 20 de Febrero de 1895, que llegó con
diversos objetos de adorno femeninos y una medalla; o el pendiente de
oro, que fue la señal de Severino de Paul abandonado el 11 de enero de
1908. Estas prendas “brillan” también en el horizonte de la miseria, de la
pobreza y de la desesperación. Se trata de pequeños adornos de relativa
sencillez que parecen remitir menos a su condición ornamental que a una
historia personal. En realidad, nos retrotraen al registro de la intimidad
vulnerada. Uno de los ornamentos es un escapulario y una cinta color blanca
al que las Hermanas del Huerto agregaron una nota escrita en la que apun-
taron el nombre de Ascensión de Paul, nacida el 13 de mayo de 1896. La
función del escapulario es la de, justamente, servir a la conservación y, por
lo tanto, resulta ajustado a los fines de la “preservación” del vínculo en el
que se resignifica. Esa es una de las razones por las cuales conservamos el
cabello, los dientes de leche o las fotografías de nuestros seres queridos.
[ver imágenes 72, 73, 74, 75, 76, 77, 78 y 79]

Carta de mamá: el mensaje escrito como señal


En cualquier carta hay una dualidad contradictoria: una firma y una pala-
bra que se ofrece y está presente pero para disimular una ausencia: la de la
voz; la de un cuerpo. Las cartas –en ocasiones breves esquelas– que las
madres que abandonaban a sus bebés dejaban junto a ellos en el torno del

41
Hospicio de Huérfanos y Expósitos de Rosario hacia fines del siglo XIX
y principios del XX, cumplen literalmente con esa condición: las cartas,
junto con las señales, nombran el abandono. Son su huella. Están ahí
para decir que mamá ya no está pero no porque sea una “madre ingrata”.
El relato de Ramona es posiblemente el más patético:

Rosario 2 Octubre 1899. Esta niña nació el día 1º de Octubre á las


horas 8 p.m. da una madre sirviente muy jovene. Ella no tiene marido,
sin madre y sin padre ó si lo tiene ella no lo conoce. Estre pobre infeliz
ruega á Ustedes de bautizarla con el nombre de Rondinela, para reco-
nocerla, si á Dios le gusto, algun dia y abrazarla... Saluda atentamente
á Ustedes la sin apellido, Ramona.

La carta de Ramona es el resumen más perfecto de lo que estas cartas dicen:


la referencia a su precaria situación económica (“sirviente muy jovene”); su
indigencia afectiva (“no tiene marido, sin madre y sin padre”) y, en buena
medida, ella misma como producto del abandono. Si tiene padre, dice
Ramona en tercera persona, “ella no lo conoce”. Su única identidad es la
de ser “madre” y “sirviente”: carece de cualquier otro dato de filiación
(“la sin apellido”). A esta “pobre infeliz”, como se presenta a sí misma
ante las Damas de Caridad, sólo le ha quedado la ilusión de abrazar a su
hija, sólo si cuenta con la simpatía de Dios: “si á Dios le gusto, algun
día”. En general, las cartas acompañan a las señales como un modo de
reafirmar la filiación que se pretende conservar. En la mayoría, se puede
leer el miedo a que el pacto con la institución no sea cumplido o de que se
produzca algún error de atribución y de identificación que impida la re-
cuperación del bebé: “Para que cuando pueda retirar mi hijo sepa que el
mismo que retiro es mío; ruego V.S. sirvase ponerle la seña que aquí ad-
junto. Cuando podré cumplire con mi deber. S.S.S. Lazzari Aquile”. [ver
imágenes 80, 81 y 82]

En otros casos, la necesidad de recurrir a la palabra toma un carácter ex-


plicativo de la decisión de abandonar a los niños. En este sentido, es otra
de las formas sustitutas de la tutela a que las madres renuncian en el acto
del abandono. ¿Cómo cuidar de sus hijos a la distancia? ¿Cómo reparar
sus ausencias? La angustia del abandono, resuelta en la recomendación,
toma más formas de las que la imaginación pudiera haber previsto:

Rosario 10 de Noviembre de 1897. Esta criatura ha nacido el día 3


de Noviembre de 1892 ya está cristiana, tiene por nombre María
Victoria, ademas lleva por señal, la mitad de un escapulario del cora-

42
zón de Jesus y una señal en la espalda derecha, se la recomiendo
mucho por que entre poco tiempo la vendré abuscar; ademas la ma-
drina cada mes le traerá un poco de ropa. M.V.

En el mensaje que acompaña una imagen de San José con el niño, cortada
por dos costados de manera muy particular, se aprecia el compromiso del
dativo de interés: “A quí le dejo esta niñita que nació el 4 de Marzo á la 1
p.m.. tendran la amabilida de ponerle ette nombre María Antonio se la re-
comiendo mucho pronto posible vindre a buscarla á quí le dejo una seña lo
que falta de ete Santo lo tengo en mi poder. Esperando que me la atenderan
bien”. La certeza del desamparo de sus hijos hace que se refieran a ellos con
distintos epítetos sumamente diversos que refieren a la inocencia y a la
desgracia:

Querida Elmana Aquí le entrego Esta inosente que porque Hube


desampada podra imadra A que dado una Señora que la cuidado
Asta ora.

Madre Misericordiosa. Le remitimos este angel hijo de la Desgracia y


le damos el nobre Alfredo y Gorge que Dios le dea su gracia y felici-
dad. El señal es una faja Blanco y la capa azul con una cinta colora-
da. Su Madre Clara 1895 diciembre 23 Rosario.

Ija de una sirviente desgraziada Nacida doi 10 Marzo de 1900 a las


horas 10 a.m.

Una pobre madre, haviendo tenido esa desgracia, careciendo de me-


dios de sussistencia para ella y su hijo, espera de la caridad nunca
desmentida de ese asilo, se sirva recoger en su seno á esa desventurada
criatura que algun dia sus parientes lo recojerán para lo cual se les
pide encarecidamente no pierdan este papel. Por nombre, Carmelo,
nacido el 16 de Julio de 1901 á las 3 p.m., día Martes.

Por Dios y por María Santísima os ruego cuideis de mi hijita que se


llama María N. R. la que entregareis á la persona que presente un
papel escrito igual al presente. Espero y confío en el Todopoderoso me
sea permitido sacarla pronto. Entre tanto confío á Uds. Hermanas lo
que tengo de más querido en la tierra. M. N. R., Setiembre 5 de 1903.
[ver imágenes 83 y 84; el resaltado es nuestro]

Siendo las cartas un medio de comunicación diferida, en estos casos la


distancia se multiplica porque, en su mayoría, se escriben con la complici-

43
dad de un tercero. Este tercero es el que “sabe escribir” y el que conoce el
procedimiento y el ritual que se debe seguir para llegar a buen puerto en
el Hospicio de Huérfanos y Expósitos. Abogados, parteras, religiosos y
religiosas, cónsules, policías, comerciantes y allegados más o menos
alfabetizados son los que, en general, interceden frente a la letra desconoci-
da para dar cuenta de los deseos de las madres respecto del destino de sus
hijos. En ocasiones, son incluso los responsables de dejar a los niños en el
torno o a las puertas del Hospicio:

Rosario marzo 16 de 1897. Señora superiora del Asilo de Huerfanos.


Pido a Vd. Se sirva dar entrada en ese establecimiento á una niña de
pecho, que ha sido encontrada en la vía pública la noche anterior lo
que ha sido arrojada por la autora de sus días. Saluda a V. atte, C.
Rosas, Policía de Rosario.

Certifico que el dia 27 de abril pasado, ha asistido en sus ultimos mo-


mentos á la señorita Angelina Scontera, domiciliada en la Estación
Perez, que fallecio de fiebre puerperal, dejando una criatura de ocho
días de edad, sin padre y sin recursos, Rosario Mayo 1 de 1897. [nota en
un papel oficial del Dr. Nasse, de la calle San Lorenzo 386 y 586].

Señora Madre Superiora. El portador de la presente le entregará a Ud.


un huerfano de padre y madre, ha sido criado desde que tenia un dia
por una Señora caritativa y por espresa promesa que hizo haber si Dios
la sanaba de una enfermedad que hacía cinco años padecía, su resolu-
ción al hacer esta obra piadosa era llena de fé, y lo ha hecho criar seis
meses en su misma casa con leche de vaca, mas ahora dispuso antes de
morir se pusiera en el Asilo de Huerfanos, porque confiaba que seria
cuidada con esmero, y yo cumpliendo su ultima voluntad remito al
huérfano pues no ha quedado mas deudo que el esposo y nunca podrá
cuidarlo o hacerlo cuidar bien. Se llama Pedro Zambrano, bautizado
en la capilla Santa Rosa, tiene pariente en Buenos Ayres que creo ven-
drán á recogerlo. Sin mas ruego a Ud. me disculpe.

En otros casos, falla la sintaxis y hasta el sentido se ve complejizado por


una escritura ajena a cualquier normativa ortográfica. Estamos frente a
mujeres afectadas por una indigencia múltiple: económica, cultural, afectiva.
En muchos casos estamos frente a hijos “legítimos” y sólo en muy conta-
dos casos de entre los cientos de señales es posible encontrar alguna refe-
rencia a la condición de “hijo natural”, como ocurrió en 1909 con Elena F.
[ver imagen 85]

44
A través de un tercero o con una escritura vacilante, entonces, pobres
mujeres pobres –valga la redundancia– se construyen como madres, para-
dójicamente, en la escena del abandono. No es casual que firmen “la Ma-
dre” –con mayúsculas– o que elijan dirigir la misiva a sus hijos para expli-
carles su situación: “Querida hija la necesidad me obliga salvarte a qui.
Nunca jamas me olvidaré de ti”, es posiblemente una de las señales, confi-
gurada mediante una carta, más enternecedoras y gráficas de las que se
conservan en las cajitas de galletas Bagley.

Entre los mensajes escritos se destaca la presencia de medio poema dejado


en 1892 como señal de Marietta. En el poema se explica que “Los padres
tienen en su poder la mitad de este papel por el que reconoceran algun dia
á esta criatura”. El fragmento que se conservó del escrito, que servía como
señal para identificación, dice lo siguiente:

Setie [...] 18 [...] /


Para ti escribo este/
Si te hiero en él/
Que tu no tuviste/
De Este pobre co/
Y si un dia en tu/
Encuentras algun/
Sufrelo por el mu/
Que me hiciste sin [...] ”.

El mensaje parece ser un poema de amor dirigido a alguien (presumiblemente


un hombre) que ha abandonado a la madre de la niña depositada en el Hos-
picio. El texto presunto es producto del despecho que, como en los otros
casos, nos enfrenta a una situación de abandono que podríamos llamar
“exponencial”: son madres abandonadas, por un hombre o por la buena
fortuna, que se ven obligadas, a su vez, a abandonar a sus hijos e hijas. En el
reverso de la nota aparece una información censurada, reprimida y supri-
mida por la propia madre: dice que “en la calle de Maggio i nato una figlia
femina” que responde al nombre de Marietta y que no está “cristianada”.
Una posible reconstrucción del poema diría:

“Para ti escribo este (poema) /


Si te hiero en él/ (disculpame)/
Que tu no tuviste (consideración) /
De este pobre co (razón) /
Y si un dia en tu (vida) /

45
Encuentras algun (dolor) /
Sufrelo por el mu(cho) /
que me hiciste sin (pensarlo/considerarlo/protegerme/querer).

La familia ha cumplido con diversas misiones, entre ellas garantizar la


reproducción biológica, asegurar la continuación de la estructura de cla-
ses, regular la relación entre los sexos...43 Las exigencias aplicadas a las
mujeres coincidieron en parte con este modelo,44 pero el abandono infan-
til, en general, parece quedar a las puertas de cualquier explicación sobre
el rol materno y sobre el papel reproductor de la familia. El sentido co-
mún y las instituciones suelen condenar a estas mujeres que vemos apare-
cer en el Hospicio de Huérfanos y Expósitos. La pregunta que surge aún
hoy es ¿qué clase de madre es la que abandona a su prole? A pesar de ello,
estas mujeres insisten en las cartas en la necesidad que obliga, en las condi-
ciones que exigen dejar a sus bebés para ser buenas madres; para cumplir
con ellos, aunque parezca paradójico, abandonándolos.45 En 1895, una
de ellas deja junto a su bebé una carta con media medalla y un cordón
formado por pequeñas sogas. Se dirige a las religiosas diciendo:

A la hermana directora del Orfanatorio de Rosario, 19 Diciembre


1895. No pudiendo sin comprometer mi honor criar a mi hijo, lo
confio a la piedad de este benefico hospicio hasta que yo pueda reti-
rarlo para no dejarlo jamas. Por tanto lo recomiendo á la caridad de
las hermanas y le pido que lo bautizan con el nombre de ‘Jacobo
Carlo Manuel´ y le conservan la mitad de la medalla que puerta al
pesquezo, mientra yo conservare la otra mitad como signo de reco-
nocimiento. Nació el día diez y nueve del año milochociento noven-
ta y cinco. Que Dios bendito, y la caridad de los Cristianos lo protejan
amen. La Madre. [ver imagen 86]

Frente a la desgracia se solicita la gracia del Hospicio y de Dios. Frente al


“pecado” del abandono, la expiación de la salvaguarda. Frente a la des-
gracia, la gracia de un nombre propio que se empeñan en elegir una y otra vez.
En efecto, en la mayoría de las cartas las madres indican el nombre con el
que los bebés entregados deben ser bautizados. Con la elección del nom-

43
SUSANA TORRADO, Historia de la familia en la Argentina moderna (1870-2000), De la
Flor, Buenos Aires, 2003; ELIZABETH JELIN, Pan y afectos, la transformación de las fami-
lias, FCE, Buenos Aires, 1998.
44
Véase FERNANDA GIL LOZANO (COMP.), Historia de las mujeres en Argentina, siglo XX,
Alfaguara, Buenos Aires, 2000.
45
GABRIELA DALLA CORTE Y PAOLA PIACENZA, “Cartas marcadas…”, cit.

46
bre dan a sus hijos la palabra que les fuera negada: la palabra escrita (y con
ella los códigos de una cultura que no las incluye) y la palabra como
acción; están tomando una mínima decisión; ellas a las que la necesidad
les negó la posibilidad de elegir. El bautismo funciona en las cartas como
otra instancia de cobijo: los niños son depositados bajo la protección de
las Damas de Caridad y, también, bajo la tutela de Dios. Las madres con-
signan la situación del niño o niña argumentando que “está bautizado” o
“cristianado”. En su defecto, agregan que “va infiel”. Las cartas que acom-
pañan a los niños expósitos nos ofrecen un catálogo completo de mujeres
en desgracia: pobres, locas, muertas o enfermas no pueden hacerse cargo
de sus hijos. Sin embargo, sus esquelas están ahí para dar testimonio des-
esperado de la única opción de la que disponen aunque, al acudir a ella,
pierdan a sus niños. Estas mujeres han sido abandonadas por sus maridos
o parejas; o son viudas:

Rosario de S. Fé 24 Agosto 1894. Una pobre madre que se encuentra


mui distante de su casa y cuando pensava de volverse con su creatura
ha vuelto ha caer mui inferma, y no tiene leche ni plata, ni nada en este
momento, no es conocida en esta Ciudad. Por no dejar morir de necesi-
dad esta pobre creatura la recomanda por segunda ves a la piedad de
las buenas ermanas de este Ospicio de caridad, que se la cuiden por
algun tiempo que spera volver ha buscarla se Dios le dá vida, pagando
todo lo que necesita pagar. Una pobre viuda.

Esta niña nació el 12 de Agosto 1893 ba infiel y quiere que se le ponga


Clara Medina, su padre se llama Medina, y su madre Ni Romero Me
beo obligada aponerla en la cuna por que su padre me á abandonado.
Se recomienda el cuidado. S.S.S., N. Romero, Nicanora.

El abandono se revela aquí como un gesto de amor generoso antes que


como pecado o indiferencia. Ante la certeza de no poder, optan por ofre-
cerle a sus hijos la protección de otros que están en condiciones de ofrecer-
le amparo. Las Hermanas de la Caridad y luego las Damas cuidan de que se
cumpla con el sacramento, junto a los corazones de Jesús que aparecen en
diversas señales.

Esta niña no es cristiana se desea ponerle nombre (Elvira Susana) Na-


ció el día 15 Diciembre de 1897 a las 3 pm. Se recomienda sus cuidados,
al mismo tiempo que se le adjunta esta señal por tener los padres inten-
ciones de sacarla cuanto antes las circunstancias lo permitan, Rosario,
15 Diciembre 1897. [ver imagen 87 y 88]

47
Es importante precisar las formas que asume el desamparo en las vidas de
estas mujeres que entregan a sus hijos porque, si bien en la mayoría de los
casos el desamparo es de naturaleza económica, en algunos otros se suma la
fragilidad de una red familiar en ocasiones inexistente o las dificultades y
condicionantes de orden social. La legislación liberal de finales del siglo
XIX proporcionó un nuevo orden legal basado en el matrimonio civil al
cual se integraron los inmigrantes, en su gran mayoría católicos. Esta situa-
ción no excluyó la existencia del concubinato y de los nacimientos de
niños calificados de “hijos naturales”.46 En las señales del Hospicio de
Huérfanos y Expósitos rosarino aparecen algunos casos de muchachas
jóvenes y solteras que fueron obligadas por sus familias a abandonar a sus
hijos con tal de esquivar la posible deshonra fruto del embarazo
extramatrimonial. Se registran cartas en las que se indica esta situación o el
hecho de que el niño era “rico” y pertenecía “a buena familia”. En una
carta incompleta se dice que la criatura “pertenese a vuena familia. Esta
cristiano sellama Angelito cuando tenga un año el padre lo sacara tengo
recurso para sacarlo. No lleba mas ropa por no saber si lean miten [por
admiten]”. El niño que aparece con el registro número 403, Roque, que
fuera depositado el 18 de diciembre de 1891, llegó con una carta a la que
iba unida una cinta de color bordó. La carta informaba de la holgada
situación económica de sus padres:

a la Sra. Madre encargada del Hospicio de Huerfanos. Confío este


niño al cuidado del asilo por no serme posible criarlo en mi casa. Sus
padres son bastante ricos y se les suplica que lo atiendan lo mejor
posible en todo. Ba enfermo y nesecita de un médico que le resete
algo. Cuando halla cumplido dos años será sacado del asilo y se abo-
nará los gastos que huviese echo. Sus padres son de la primera socie-
dad. Se le dará una cantidad de dinero á mas de pagar los gastos, al
Hospicio. Nació el 14 de octubre de 1891 y es bautisado con el nom-
bre de Roque. Guardese este papel para cuando baja á sacar este
niño, lo mismo que todo lo que él lleve. Diciembre 18 de 1891.

La honra es mencionada en otras señales puntuales:

Rosario de Sat. Fé, Marzo 10 del 89. Señora Superiora del Hospicio
de Huerfanos, Anoche 9 del Corriente alas 10 de la noche fue puesto
en esa casa un niño baron que se ruega a V. se digne guardar por dos
años pidiendole sea para el lo que pueda en lugar de sus desgraciados
46
JOSÉ LUIS MORENO, Historia de la familia en el Río de la Plata, Sudamericana, Buenos
Aires, 2004.

48
padres que no pueden hasta entonces recompensarle por guardar la
honra de una familia respetable. Para evitar ser confundido con otro
por señal lleba mantilla de franela blanca ondeada beteada con ge-
nero de algodón.
[en un costado dice]
Unica señal para V. engtregando otro papel igual á este.

Este niño na el 20 de Junio de 1900 va infiel y quiere que se le ponga


Francisco su padre es Francisco Dorronzoro su madre es Carmen Vera.
Lo pongo en la cuna porque mis padres me obligan cuando sea libre si
lo puedo sacar lo sacaré. [ver imagen 89]

Los libros de actas de las Damas de Caridad dan cuenta de un intenso mo-
vimiento de ingreso y de egreso de los niños. Los chicos dejan el Hospicio
porque son dados en adopción pero también porque sus madres, padres u
otros familiares vuelven a retirarlos. En este sentido, en las cartas que ac-
túan como señales, se advierte la urgencia del presente que conmina al aban-
dono pero, además, la ilusión del reencuentro. Un dato lingüístico en la
escritura precaria de los textos así lo confirma; como decíamos, los textos
fallan todo el tiempo desde el punto de vista de su redacción pero hay un
“error” que se destaca notoriamente: la conjugación de los verbos.

Por señas hasta dos años se presento la madre a sacarlo si Dios permite.
Lo hago por la gran necesidad. De nombre le pone Amable Lopez y
Lopez, nacido el 9 de Dbre. de 1905, Pueblo de Campaña de Alcorta, M.

Más allá de la dificultad gramatical inherente que pueda presentarse aún en


casos de escritores alfabetizados, las madres que abandonan yerran parti-
cularmente al conjugar el futuro. Se lee en una de las cartas “cuando lo voy
a recoger será compensada” y en otra “cuando podré me acordaré de mi
hija”. En el primer caso, “voy a recoger” está conjugado en el modo indica-
tivo –el de la certidumbre– cuando correspondería el subjuntivo –el modo
de la probabilidad. En el segundo caso, ocurre lo mismo: “podré” es el
futuro imperfecto del indicativo del verbo “poder” que sitúa una acción en
un futuro indeterminado, pero posible. En este caso, gramaticalmente, tam-
bién correspondería el subjuntivo, que es el modo que se define como “con-
trario a la realidad” en el sentido de las condiciones actuales de posibilidad
de la realidad en cuestión.

En un tercer caso, la imagen de futuro es más concreta, aunque sujeta a


una amarga condición: “pero dentro de dos años si vive la chica la vendrá

49
a reclamar”. La imposibilidad del presente introduce una representación
de futuro que o bien asume la forma del deseo –“y es el deseo de la pobre
madre, á obtener algun dia esta su hijita”– o del compromiso: en un acta
de asamblea de las Damas del año 1908 se asienta que una madre, por
intermedio del cura rector de San José, dice no estar en condiciones de
abonar la pensión de los hijos que tiene en el Hospicio pero pide la consi-
deren “y que en cuanto trabaje (está enferma ella y su esposo) dará lo que
pueda por sus hijos porque no quiere perder los derechos de madre”.

La mamá de Florentina escribe el 17 de octubre de 1895: “Lo pongo ha


este chico porque no tengo con que mantenerlo por eso es que lo pongo.
La madre se llama Juana Rodrigues hasta que trabaje ba sin agua de bau-
tismo”. En la repetición final (“lo pongo”) se escucha algo más que una
explicación. La madre está respondiendo a la acusación tácita –de la socie-
dad, del sentido común, de otras madres “justas” o buenas. La redundan-
cia prácticamente en eco reclama clemencia: no tienen, no pueden; se con-
fiesan “débiles para la pesada carga”, como declara la Reseña-Memoria de
la Sociedad de Damas de Caridad de 1889. La mezcla del cocoliche no
impide que la madre de María se excuse por “la libertad” que se toma al
dejar a su hija y se lamente de su poca salud en la esperanza de cumplir
finalmente sus deberes: “entre poco tiempo satisfará a mi deber con V.D”:

Señora Madre del Ospizio Rosario 17 Octubre del corriente. Ruego


a V.D. de recibirme esta, muchacha; porque yo, me encuentro, indis-
puesta, para socorrer a esta povra criatura; por mi poca salud: que
despues yo satisfara a V.D. a mi deber o dever [...] me perdonara a
tanta libertad que yo me tomo; ma la necesidad mi obliga a
encomidarla a V.D. ma espero que entre poco tiempo satisfará a mi
deber con V.D. Sin más saludo a V.D. y con la Espranza de darle
grazias, tengo el bien de saludarla y dicirme de V.D. S.S.S. P.B. el
día que la cristianará le pondrá el nombre de María.

El “pecado” del abandono dificulta el lugar de enunciación de las madres


que dudan entre reclamar cuidado y protección para sus hijos y no sentirse
autorizadas a nada. Si la mamá de María pedía disculpas, la madre de
Pedro dice: “creo tener derecho á sacarlo” y la de Rebecca María “pordios
sesu madre”.

Sra Madre. El niño no está bautizado nació el 31 de Enero a la una


de la mañana como señal lleva una imagen de plata al cullo, lo de-
posito en esa Santa Casa porque mis recursos no me permiten criarlo

50
y creo tener derecho á sacarlo cuando me encuentre en mejor posicion.
Es hijo natural, J.C.
[en un costado de la carta dice]
Desearia que al bautizarlo lo hicieran bajo el nombre de Pedro.

Julio 17 del 1899, Señora Madre lepido porcaridad Cememiren


estacreatura selopido pordios sesu Madre padesere lo mas pronto
cepuede firmo yo Anselma Zanel mearan el favor de bautisarla con
este nombre, Rebecca Maria.

La madre de Adolfo, que firma “una madre desgrasida (sic)”, ofrece como
prueba de su honestidad la expresión de deseo de trabajar, cuando sane,
para restituir la relación madre-hijo. Esta restitución del vínculo podía
delegarse en un familiar o a un tercero (un vecino, una familia amiga, etc.) a
través de la entrega de la señal.

Diciembre 2, Señora Madre, Muy Señora mía: El día 29 de noviembre


a las 10 de la noche, entregaron al portero del hospicio un niño que
llevaba por seña una tarjeta cortada por la mitad ondulada y un papel
que llevaba poco mas ó menos estas palabras. (Este niño no se entregue
solo que á la persona que lleve un carton que combine con el que lleva
el niño es bautisado con el nombre de Adolfo). Yo la madre del niño soy
muy pobre y enferma por ese motivo me veo obligada á poner mi hijo
bajo el amparo de la caridad si Dios quiere espero trabajar en cuanto
sane para mandar algo para que puedan atender bien como veo que
por mi sola no podre atender a las nesecidades de mi hijo vere a alguna
familia para que me ayuden y lo vayan aver de vez en cuando y me
envien sus notisias. Si en caso yo llegara a morir dejaré la seña y algun
escrito por si acaso quieran aserme la caridad de retirarlo que espero de
la bondad de Ud. se lo entregaran. Mi deceo és que lo cuiden bien que
al retirar el niño seran recompensados sus cuidados y yo se lo agradecere
eternamente. Sin mas se despide de Ud. una madre desgrasida.

El destinatario de la señal es invariablemente la comunidad femenina for-


mada por religiosas y Damas de Caridad, a su vez estas últimas responsa-
bles directas del papel cumplido por las amas de leche. La señal no está
dirigida al bebé porque su función es jurídica: es el instrumento que permi-
te determinar la identidad del bebé en caso de recuperación por parte de los
familiares; es la herramienta parcialmente codificada por los usos y cos-
tumbres populares (a caballo entre las creencias religiosas y las prácticas
de la beneficencia) y por una larguísima tradición que muchos de los

51
inmigrantes que llegaban al país arrastraban consigo antes de subir a los
barcos que los traerían a la Argentina. La señal es, en suma, el eslabón de
un mundo complejo que une jurídicamente a la madre con las personas a
las que ella decidía trasladar temporalmente el cuidado y la salvaguarda de
su niña o de su niño. Por ese motivo, los objetos y cartas no fueron entre-
gadas ni a los expósitos y huérfanos que tuvieron la suerte de “ir con
señal”, ni a los familiares que fueron a recuperarlos y presentaron una
señal duplicada como intrumento probatorio de su identidad. El psicoa-
nálisis ha enseñado que toda carta es una carta de amor porque el amor no
se dice, a menos que se interponga una distancia. Estas cartas son cartas de
amor porque suplen la caricia y el cobijo de madres forzadas a permane-
cer lejos, al menos, temporariamente. Quizás por ello, las Damas no qui-
sieron que el Hospicio fuese identificado como un espacio hospitalario,
sino como un lugar que pudiese descomprimir una situación económica
delicada en los hogares pobres.47 [ver imagen 90]

“Volver a casa”: las devoluciones de bebés y la entrega en adopción


Las señales –inclusive las señales dobles, como hemos visto más arriba–
quedaron en el actual Hogar del Huérfano para ser “leídas” e “interpreta-
das” quizás como parte de un pasado prácticamente desconocido de la cons-
trucción de la Argentina cosmopolita y receptora de inmigrantes. Posible-
mente sea ésta la razón por la cual algunas cartas se enuncian en primera
persona, entregando así la autoría de la elaboración del mensaje al niño y a
la niña en lugar de presentar a estos últimos como sus destinatarios. Las
destinatarias de las señales son, en realidad, las mujeres que durante déca-
das asumieron una función a medias entre lo privado y lo público, en parte
delegadas por los gobiernos locales para hacerse cargo de bebés huérfanos
y abandonados en Santa Fe, y en parte asumiendo la necesidad de mujeres
que debían trabajar y de familias en apuros:

Mimadre Me arroja Ami y Ladibina caridad Me Resibe Aquí y Soi


Nasidco el 6 de Julio de 1891 i Soi Acristianado El 21 de Agosto con el
Nombre de Luciano. Mi padrino Mersedes Lopes Mimadre Me pone
Aquí por Berse En Lanesesidad y Obligacion de Colocarse y con Su
Trubajo Socorrerme como Dios Le Allude desde Lafecha 24 de Sptbre
de 1891.

47
Véase para el caso europeo, ELENA MAZA ZORRILLA, Pobreza y beneficencia en la España
contemporánea (1808-1936), Ariel, Barcelona, 1999; BRONISLAW GEREMEK, La Piedad y
la horca: historia de la miseria y de la caridad en Europa, Alianza, Madrid, 1998.

52
Como hemos visto, los registros de niños del Hospicio de Huérfanos y
Expósitos consignan tanto los huérfanos como las criaturas que habían sido
depositadas de manera permanente o transitoria por sus padres.48 Los re-
gistros completan la información que el archivo de señales trasluce par-
cialmente acerca del destino de las criaturas y, lo más importante, están
estructurados a partir de la existencia o inexistencia de la señal. Las Damas
de Caridad y la Congregación del Huerto utilizaron dichos registros para
hacer un seguimiento completo de la vida de los bebés hasta que salían del
asilo. La muerte en muchos casos, el regreso de las madres que querían
recuperar a sus niños en muchos otros, la entrega en adopción y la salida
por propio pie cuando los expósitos llegaban a la mayoría de edad, son las
situaciones, a veces cargadas de dramatismo, relatadas en las cortas biogra-
fías individuales de niños y niñas que pasaron muchos años de sus vidas en
el Hospicio.

Los huérfanos y los expósitos tenían un estatus diferente a la hora de ser


entregados en adopción; su suerte dependía, en realidad, de la existencia de
una señal al momento de entrar en la institución a través del torno o de la
puerta. Como hemos visto, las señales solían consignar el deseo de los pa-
dres de regresar al asilo para recuperar a sus hijos e hijas, lo cual impedía –
al menos durante un tiempo– la entrega de los expósitos en adopción plena
a otra familia. Ese vínculo, en ocasiones, era restablecido a partir de la pre-
sentación de una señal gemela a la dejada con el bebé, o a través de la des-
cripción del momento exacto –el día, el mes, la hora– en que aquel bebé
había sido dejado en el torno del Hospicio, generalmente aprovechando la
oscuridad de la noche. En ocasiones las señales brindan una información
parcial que sólo puede interpretarse a través de indicios: en una hoja arran-
cada del almanaque el mismo día del nacimiento del bebé, y que aparece
como señal en el archivo del Hogar del Huérfano, el tiempo está determi-
nado claramente para remitir metonímicamente a la totalidad virtual. Pero
también, y esto es posiblemente lo más significativo de la señal, para dar de
manera indirecta datos acerca de la nacionalidad de los padres del bebé. La
hoja proviene de un almanaque español que recuerda que el mismo día del
año 1811 fueron abolidos los derechos feudales por las Cortes españolas.
[ver imagen 91]

48
HHE, Registro de ingresos y egresos de niños del Hospicio de Huérfanos y Expósitos de
Rosario (1870-1900); Libro de salidas de niños (30 de agosto de 1918 al 02 de febrero de
1928); Libro de Expósitos Núm. 3 del Hospicio de Huérfanos y Expósitos de Rosario
(1907-1921); Diario de los gastos de amas de lecho del Hospicio de Huérfanos y Expósi-
tos de Rosario (1880-1887).

53
En 1897, en virtud de la determinación ritual de la señal, se produjo un
cambio muy importante en la tradición de la entrega de niños en adopción
inaugurada por las Damas de Caridad y en la devolución de bebés reclama-
dos por sus familiares. La asociación se sintió verdaderamente presionada
por el crecimiento del número de niños y niñas abandonados y en la
asamblea extraordinaria de mayo de ese año se acordó entregar de inme-
diato a las criaturas que llegasen al Hospicio “sin señales”.49 La señal se
convirtió así en un elemento esencial del funcionamiento institucional y
jurídico de la asociación benéfica, presentándonos estos artefactos no sólo
como productos culturales sino también como el elemento central en la
toma de decisión para definir el futuro de los miles de niños que ingresa-
ron al Hospicio. María de Paul, una niña que fue depositada el 29 de
junio de 1900, llegó con la siguiente nota que luego sirvió a las Damas de
Caridad como “señal” de identificación de su identidad pero también
como advertencia de que la niña no debía ser dada en adopción:

Muy Reverenda Madre Superiora. La señora portadora de la presen-


te, pondrá en sus manos la pobrecita criatura de quien le habló el
Domingo 24 de Junio. No es que quiera desprenderme de ella, no, la
dejo encomendada á la caridad del Dios que la formó. Luego que
me sea posible iré por ella y agradeceré sus maternales cuidados. Quiero
correr yo con los gastos ue su estadía en ese asilo ocasione y para ello
tendrá V. la bondad de pasarme una notita por lo menos una vez al
mes diciéndome de su estado, gastos y todo lo que S.R. juzgare opor-
tuno. No está bautizada; desearía se la llamara María. Ruégole ten-
ga la amabilidad de contestar á esta y decirme si se cuidará de ella en
la forma que propongo que es la que propense cuando tuve la satis-
facción de hablar con S.R. repito, costeraré sus gastos; no bien pueda
iré por ella quedando a Vds. enteramente agradecido. Nada les en-
vío sino algunos pocos piezas de ropa, pero enseguida irá más que
mandé hacer y yo enviaré con todo lo que S.R. me pida y yo pueda.
Si para el bautizo necesita el apellido ó por cualquier anotación pue-
de dársele el mío, que soy quien se hará cargo de ella. Sin más saluda
atentamente á S.R. agradeciéndoles en nombre de la pequeñita Ma-
ría cuando Vds. Harán por ella. Alfredo Federico Argüelles, P.D.
Cuando S.R. se digne dirigirse á mí bastará lo haga con mi nombre
añadiendo Bell-Ville, Córdoba.

49
AHHE, Libro de Actas de asambleas de la SDC (1869-1967), acta del 14 de mayo de
1897.

54
La relación entre la madre y el bebé sólo podía recuperarse tras cumplir
una serie de rituales jurídicos, como aceptar ante las Damas de Caridad que
era bueno el estado de salud de la criatura “reclamada y recuperada”. El 31
de agosto de 1918 Serafina L. de Bay aceptó firmar un documento que acre-
ditaba que “con esta fecha recibo á mi hijo José Bay en estado de salud”,
mientras que el niño Gregorio Cifuentes fue recuperado por su padre,
Chitolín, “con estado de salud”. Pedro Anisini, por ejemplo, acreditó que
“con esta fecha recibo á mis hijas Fortuna y Angelita en estado de perfecta
salud”. Amelia Argenton retiró en agosto de 1918 a su hija María después
de firmar la nota que decía que la niña estaba en perfecto estado de salud.
En similar situación se encontró Antonia Almada que recibió a su hija Rosa
“en estado de salud”, o José Moralejo que retiró a sus dos hijos, Eulalia y
Gerardo Moralejo, a finales de 1918. Muchas de las madres que fueron a
buscar a sus hijos e hijas al Hospicio de Huérfanos y Expósitos fueron
incapaces de firmar el documento que les entregaron las Damas. Inés Ga-
llegos, que era analfabeta, retiró a su hija María Socorro tras pedirle a José
Fernández que firmase por ella. Lo mismo ocurrió con Matrona Luzenko
que retiró a su hijo Juan gracias a que Casimiro Lases aceptó firmar en su
lugar; o con Catalina Ledesma, que recuperó a Wenceslao con la rúbrica de
Capani Nazareno. El analfabetismo condicionó la elección de las señales:
las expósitas Julieta y Elida, ingresadas con los números 2189 y 2190 el 17
de diciembre de 1912, sólo llevaron consigo una señal idéntica: un crucifijo
y una medalla cada una. [ver imagen 92]

El hecho de figurar como huérfano no suponía que las criaturas estuviesen


desamparadas por el grupo familiar. Tíos y abuelos reclamaron sus criatu-
ras ante las Damas en algunas ocasiones. Clemencia Rosscharst, por ejem-
plo, retiró a su nieto Alfredo Von Landeghein “para llevarlo a su padre” a
Europa tras saber que el niño, registrado con el número 746, estaba en el
Hospicio en calidad de huérfano de madre. Concepción Bragás retiró a su
sobrino Joaquín en perfecto estado de salud a inicios de 1919. Juan
Montenegro retiró a Severino Falongo en perfecto estado de salud en di-
ciembre de 1919 y las Damas escribieron que “este Sr. trajo un comproban-
te del Juez de Menores de Sta. Fe y una recomendación del S. Cardarelli
para que se entregaran el chico que es de su familia”.

Por lo general, la exposición de la criatura en el Hospicio duraba varios


años, aunque hemos encontrado casos de niños que no permanecieron en
la institución más que una noche. El 30 de diciembre de 1919 una mujer,
posiblemente arrepentida de haber abandonado a su bebé en el asilo, firmó

55
un documento que le dieron las Damas de Caridad en el que consta que
“en esta fecha recibo a mi hijo Fernando Augusto en el mismo estado de
salud en que lo traje ayer”. Las Damas calculaban el periodo de perma-
nencia de los niños y niñas en el Hospicio y exigían una retribución eco-
nómica antes de proceder a satisfacer el “reclamo” que hacían los familia-
res. Juan Durán, por ejemplo, recuperó a su hija Dolores en 1919 después
de abonar las mensualidades que le correspondían por la estancia de la
niña en la institución. Andrés Bautista Mota, por su parte, tuvo que de-
mostrar que carecía de fondos y pudo retirar a su hija Margarita Bautista
en perfecto estado de salud no sin antes firmar una nota que decía que no
había “abonado ni un céntimo por la crianza”.

Con la “recuperación” se cerraba un ciclo que había comenzado con el


abandono. La restitución de los niños y niñas a sus hogares no sólo estuvo
garantizada por las normas del Hospicio sino también porque las mujeres
involucradas en la crianza de los expósitos y de los huérfanos realizaron un
gran esfuerzo para salvaguardar su integridad física. En gran parte de los
casos, quienes recuperaban a sus hijos e hijas eran los padres que habían
perdido a sus esposas y que no se habían visto con fuerzas para hacer frente
a la crianza del bebé:

Con este recibo a mi hijo Mauricio de Paul, de 2 años y 2 meses, en


perfecto estado de salud, Abril 30 de 1920, Inocencio T.

Con esta fecha recibo a mi hijo Cayetano Chirinchioni de 5 meses de


edad, Rosario, Mayo 1 de 1920 a ruego del Sr. Chirinchoni, Adela
Parreca.

Podríamos pensar que desde el momento en que la criatura ingresaba en


calidad de expósita se abría el proceso de la adopción, pero no es así. Nu-
merosos niños fueron devueltos a sus familiares tras constatar su identidad
a través de diversos métodos: el relato de las circunstancias en que las ma-
dres dejaron el bebé en el asilo, la descripción de la ropa que llevaba la
criatura al momento de ser abandonada en el torno, o la entrega de una
“señal” similar a la del expósito. Tras constatar la veracidad del vínculo de
parentesco alegado en la reclamación, los familiares estaban obligados a
entregar una suma de dinero a la institución, salvo que su situación econó-
mica fuese claramente precaria. El dinero era depositado en una institu-
ción bancaria a nombre del niño y le era entregado cuando llegaba a la
mayoría de edad, situación que nos muestra al Hospicio como una insti-
tución bastante cercana a una “guardería” actual.

56
La decisión de entregar al bebé se producía si era dejado en el torno “sin
señal”, o cuando dicha señal mostraba la voluntad de los familiares de des-
prenderse totalmente de la criatura. En ambos casos, sin embargo, las Da-
mas esperaban meses y hasta años antes de autorizar la adopción. La aso-
ciación prefirió siempre entregar las criaturas en adopción plena, aunque
no siempre se estableciese el vínculo filial. Celma F. de Lavallen, por ejem-
plo, firmó el Libro de Salidas del Hospicio de Huérfanos confirmando que
se quedaba con Deodato de Paul sólo para “criarlo y educarlo”. Luis Rabia
fue entregado a José Almada y a su esposa María, vecinos de Carcarañá,
“en perfecto estado de salud, para tenerlo y educarlo convenientemente”.
Isolina C. de Piñero se quedó con la expósita Alejandrina de Paul de siete
años de edad “para cuidar de su educación é instrucción, con el interés de
hija”. Muchos de esos niños y niñas habían perdido a sus madres en el
momento del parto. [ver imagen 93]

Durante la época en estudio, la adopción se acordaba mediante un con-


trato firmado entre las Damas y los padres adoptivos. 50 El mecanismo de
la adopción se iniciaba con la investigación de la condición económica,
social, moral y religiosa de las parejas que solicitaban un expósito o un
huérfano. Se registraba a los testigos así como los relatos de algunos veci-
nos de aquellas parejas. La pesquisa era mayor cuando la solicitud venía
de una mujer o de un varón solos, como fue el caso de José Chiusmmiento
que pudo quedarse con Genaro de Paul “para tenerlo desde hoy como
hijo” tras haber demostrado durante varios meses su capacidad para criar-
lo. Las personas que adoptaban bebés del Hospicio estaban obligadas a
informar a las Damas acerca de las incidencias, tales como la mudanza a
otra provincia, la enfermedad de los niños y niñas adoptados, o su muer-
te. Rodolfo Pighui, por ejemplo, adoptó a Julio Luis Guzmán de Paul en
marzo de 1919, firmó el documento que certificaba que estaba “en per-
fecto estado de salud”, y en setiembre de 1928 comunicó a las Damas de
Caridad que el bebé había fallecido. El control del destino de huérfanos y
expósitos entregados en adopción llegó hasta la mayoría de edad. Como
vemos, los padres adoptivos estaban obligados a informar a las Damas del
estado de salud de sus hijos adoptivos y no podían llevárselos fuera del
país. De este modo, la vigilancia ejercida por las Damas traspasó clara-
mente los muros del Hospicio.51

50
HHE, Libro de Contratos de adopción de niños del Hospicio de Huérfanos (12 de abril
de 1904 a 15 de agosto de 1906).
51
AHHE, Libro de Actas de asambleas de la SDC (1869-1967), acta del 26 de agosto de 1893.

57
Con los años, los habitantes de pueblos y colonias que se iban fundando
al compás del crecimiento económico de la región también recurrieron al
Hospicio de Huérfanos y Expósitos para adoptar alguna criatura. Pavón
Arriba, Arroyo Seco, Carcarañá, Maciel, fueron los destinos de muchos
bebés del asilo porque seguramente el boca a boca funcionaba como el
mejor sistema de información entre los habitantes de esas localidades. Las
familias que adoptaban tenían el derecho de probar durante un tiempo la
experiencia de la maternidad y de la paternidad. Leopoldo de Paul fue
devuelto en junio de 1920 tras haber pasado ocho meses en casa de sus
padres adoptivos. En mayo de 1920 María Quiaragua aceptó firmar el
documento que decía que “Ramón Rodríguez de 9 años de edad, y en
perfecto estado de salud, lo recibo para adoptarlo como hijo”, aunque
decidió devolverlo dos años después. Estos pocos casos no deben hacer-
nos olvidar que gran parte de los niños y niñas que fueron adoptados por
familias rosarinas ingresaron como miembros de pleno derecho y perdie-
ron, al mismo tiempo, el apellido de Paul con el que habían sido bautiza-
dos el mismo día en que aparecieron en el torno del asilo. Este fue el caso
de Bonifacio de Paul adoptado por M. Teresa Capellini en 1919. El 31 de
agosto de 1918, por ejemplo, Carmen B. de S. rubricó que “con esta
fecha recibo á la niña Soledad Danelia para dotarla como hija, en estado
de salud, de veinti y cinco meses de edad”. A. Catelli dijo que adoptaba a
María Josefa de Paul “para criarla como hija en perfecto estado de salud”.
La expósita Irene de Paul, registrada con el número 2369, fue entregada a
Antonio O. de Guerrero “en perfecto estado de salud para criarla como
hija”. Antonio Tenailla firmó en lugar de Juan Dubois en ese mismo mes
para poder recibir condicionalmente “a Ramón Lorenzo de Paul para
adoptarlo como hijo en estado de salud de dos años tres meses”. Hay
numerosos casos de adopciones efectuadas por matrimonios que decidían
adoptar a un niño y una niña que no tenían entre ellos ningún vínculo de
parentesco. Rosa Lanza, por ejemplo, adoptó en 1919 a Dominga y En-
rique “en pefecto estado de salud para tenerlos como hijos”. José Cerqueira
y su esposa Juana adoptaron como hijos a Eduardo de Paul y Waldina de
Paul, que tampoco eran hermanos, a finales del año 1918.

Las Damas y las religiosas aceptaron en muy contadas ocasiones entregar


los expósitos a sus amas de leche. En general, se trató de bebés cuyos
padres no habían cumplido la promesa de volver a reclamarlos. En el
Libro de Salidas de niños consta que en agosto de 1918 “Rosa Natalicia
Do queda desde la fecha en poder del ama Andrea Dubois por no haberse
presentado el padre de la criatura”. Concepción de Paul, registrada con el

58
número 2652, fue entregada de manera definitiva a su ama y a su esposo
Francisco Buch después de que la pareja dejase claro que hasta entonces
sólo la habían criado, pero que desde ahora la querían “para tenerla en
adelante como hija”. El expósito 1788, Pedro de Paul, “estuvo un tiempo
en el Colegio San José de los P.P.Salecianos, y que fue retirado de allí con
fecha 24 de Mayo (de 1919) y entregado al ama Carmen Ruiz, huyó del
poder de esta Sra. el 5 de Junio de 1919, y encontrado en la comisaría 6º el
comisario de la misma, pocos días después decidió conservarlo para su
cuidado, anotado hoy Junio 30 de 1919”.

Reflexiones finales
Desde su apertura en 1879, hasta el año 1920, aproximadamente, el Hos-
picio de Huérfanos y Expósitos de Rosario funcionó como un espacio de
depósito transitorio, un hecho poco conocido pero que, de alguna mane-
ra, transformó el sentido originario de la institución e hizo de la señal el
instrumento fundamental de la articulación entre las mujeres involucradas
en esta experiencia. Los numerosos mensajes escritos en italiano de las dos
últimas décadas del siglo XIX y de la primera del XX, fueron disminu-
yendo a partir de la primera posguerra, al compás de la reducción del
flujo migratorio a la Argentina y de la desaparición de la señal como me-
canismo de identificación. El archivo de señales dejó así de cumplir la
importante atribución de articular las relaciones sociales y jurídicas entre
Damas, nodrizas, madres, familiares, religiosas y familias adoptivas. Los
objetos cosidos o prendidos con alfileres a la ropa de las criaturas, y que
hacían las veces de su “seña” de identidad, dejaron de acompañar los cuer-
pos de los bebés. Este cambio impactó de lleno en el funcionamiento del
Hospicio de Huérfanos y Expósitos, no por el declive demográfico en la
institución, sino porque la recepción de los niños pasó a realizarse prefe-
rentemente en la puerta y mediante la exigencia de establecer un contacto
directo con los padres que optaban por recurrir a las Damas y a las religio-
sas. Al mismo tiempo, las Damas de Caridad vieron reducidas sus atribu-
ciones para decidir el destino de las criaturas entregadas en adopción, y
pasaron a dedicar gran parte de sus esfuerzos a garantizar la supervivencia
económica del Hogar. A pesar de estos cambios, la asociación benéfica
nunca dejó de controlar la lactancia y la crianza de las criaturas que esta-
ban a su cargo ni perdieron interés por el destino que les esperaba a los
cientos de niños y niñas que pasaron por el asilo.52 A partir de la Primera
52
HHE, Libros de pago de mensualidades de las nodrizas del Hospicio de Huérfanos,
correspondientes a los años 1893-1896, 1899, 1914-1917, 1922-1927.

59
Guerra Mundial, los niños y niñas ingresados al Hospicio fueron
mayoritariamente hijos de argentinos pobres.

Cuando se revisa la bibliografía existente sobre el proceso migratorio ar-


gentino de principios de siglo XX y sobre los problemas que tuvo que
afrontar el Estado durante la incorporación de la nueva fuerza de trabajo,
es sintomático encontrar que la mayor parte de las reflexiones se centren
en “asuntos de hombres”.53 El estudio de la construcción de la nación
argentina ha abordado sólo tangencialmente las relaciones de género como
algo relevante en el diseño estatal, económico y social.54 El liberalismo
que acompañó la construcción del Estado nacional latinoamericano, como
sostiene Catherine MacKinnon, ha dejado a las mujeres “para la sociedad
civil, que para ellas ha parecido más fielmente un estado de naturaleza”.55
De hecho, la organización social de las mujeres en torno al espacio
asistencial ha sido en ocasiones percibida precisamente como la adapta-
ción de las mujeres a su lugar tradicional, natural, vinculado a la materni-
dad.56 En otros casos, su participación en ámbitos institucionalizados se
ha visto como parte del control social.57 Por lo general, la referencia a las

53
LEA FLETCHER (COMP.), Mujeres y cultura en la Argentina del siglo XIX, Feminaria, Bue-
nos Aires, 1994; PILAR GONZALBO AIZPURU Y BERTA ARES QUEIJA (COMP.), Las mujeres en
la construcción de las sociedades iberoamericanas, CSIC-El Colegio de México, Sevilla-
México, 2004.
54
Véase el estudio comparativo de SUSANA MENÉNDEZ Y BARBARA POTTHAST (COORD.), Mujer
y Familia en América Latina, siglos XVIII-XX, Cuadernos de Historia Latinoamerica-
na Núm. 4, AHILA, Málaga, 1996, y BARBARA POTTHAST Y EUGENIA SCARZANELLA (EDS.)
Mujeres y Naciones en América Latina, Problemas de inclusión y exclusión, Biblioteca
IberoAmericana, Madrid, 2001.
55
CATHERINE MACKINNON, Hacia una teoría feminista del Estado, Cátedra, Madrid, 1995,
pp. 283-284; MARÍA DOLORES RAMOS Y MARÍA TERESA VERA (COORDS.) Discursos, reali-
dades, utopías. La construcción del sujeto femenino en los siglos XIX y XX, Anthropos,
Barcelona, 2002; desde la perspectiva del estudio de la familia, véase DARÍO BARRIERA Y
GABRIELA DALLA CORTE, “Fuentes para los estudios de la familia: pinceladas y conside-
raciones transatlánticas desde la historia social”, en DARÍO BARRIERA Y GABRIELA DALLA
CORTE (COORD.), Espacios de Familia ¿Tejidos de lealtades o campos de confrontación?
España y América, siglos XVI-XX, Jitanjáfora, Morelia, 2003, pp. 7-34.
56
JUNE NASH, Important Women in Public and Profesional Life in Latin America, Pan
American Union, Washington D.C., 1969; también véase DONNA GUY, “La verdadera
historia de la Sociedad de Beneficencia”, en BARBARA POTTHAST Y EUGENIA SCARZANELLA
(EDS.) Mujeres y naciones en América Latina, Problemas de inclusión y exclusión,
Bibliotheca Iberoamericana, Vervuert, Madrid-Frankfurt, 2001, pp. 253-270.
57
Como ejemplo parcial de esta tesis véase el interesante libro de MARÍA SILVIA DI LISCIA Y
ERNESTO BOHOSLAVSKY (ED), Instituciones y formas de control social en América Latina
(1840-1940), Prometeo, Buenos Aires, 2005.

60
mujeres está limitada a la esfera del mundo privado y de la intimidad,58 o
su vinculación con la esfera estatal está dada por su supuesta peligrosi-
dad:59 baste recordar a las histéricas que tanto preocuparon a José Inge-
nieros o a las prostitutas que atraviesan la literatura de la época o a las que
hicieron, por ejemplo, famosa a la propia ciudad de Rosario hasta ganar
el mote de “La Chicago argentina”.60

Quizás por ello, este libro no pretende contar una historia como senti-
miento y como expresión del amor,61 sino que intenta descubrir –en el con-
texto de la ruptura y de la interrupción de un vínculo amoroso entre dos
generaciones– la diversa actuación de las mujeres en la configuración de la
ciudad de Rosario y de la Argentina cosmopolita. Las señales dejadas jun-
to a los bebés en el torno o en la puerta del Hospicio de Huérfanos y
Expósitos permiten comprobar que, en el mismo momento en que estaba
en juego la construcción de la tan remanida identidad nacional, se produ-
cía un juego complejo.62 A partir de la presencia de un grupo de mujeres
inmigrantes, enfrentadas a una situación de extrema necesidad que aparece
relatada en cada una de las señales, surge otro grupo de mujeres de los
sectores más desahogados y pudientes de la ciudad, que asumió la difícil
tarea de dar respuesta a las demandas de las primeras, no siempre satisfe-
chas por el Estado. Esas mujeres, a su vez, se relacionaron estrechamente
con otras jóvenes pobres que vendieron su leche y sus cuidados permi-
tiendo la supervivencia de los bebés, y con un grupo de religiosas que,
entre muchas otras actividades, colaboraron en la preservación del archi-
vo de señales de la destrucción y del paso del tiempo. Una coyuntura
muy especial, pero de carácter estructural, las reunió con fines y motivos
tan diversos como enfrentados, pero que, a los efectos, constituye una
fuerza en la que se escribe el destino de parte de las futuras generaciones
que se reconocerán a sí mismas como “argentinas”.

58
Véase BONNIE S. ANDERSON Y JUDITH P. ZINSSER, Historia de las Mujeres: una historia
propia, vol. 2, Barcelona, Crítica, 1991, en particular el apéndice “Historia de las Mujeres
en España” a cargo del Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad
Complutense de Madrid.
59
DONNA GUY, Sex & danger in Buenos Aires: prostitution, family, and nation in Argentina,
University of Nebraska Press, Lincoln, 1991.
60
GABRIELA DALLA CORTE Y PAOLA PIACENZA, “Cartas marcadas…”, cit.
61
Para acercarnos a esta propuesta, véase CARLOS MAYO, Porque la quiero tanto. Historia
del amor en la sociedad rioplatense, Biblos, Buenos Aires, 2004.
62
GABRIELA DALLA CORTE, “Un archivo de señales en la exposición infantil: Derecho con-
suetudinario e imaginario popular”, en Mora, Núm. 4, Buenos Aires, 1998, pp. 83-93.

61
Desde la Ley de Patronato hasta las leyes de adopción de la actualidad, la
entrega en adopción ha formado parte de la historia de la niñez en nues-
tro país como corolario, en general, de la existencia de la pobreza, de la
exclusión y de la necesidad.63 Lo original de la experiencia infantil relata-
da en este libro es la presencia de usos y costumbres que, en parte, prece-
dieron a la legislación y a los discursos institucionalizados sobre el desti-
no de niños y niñas abandonados y patronados. También sobre el ci-
miento de la orfandad, de la adopción y de la actividad pública femenina
se construyó la condición de “argentino”. Algunas señales reforzaron
esta filiación nacional a través del uso de objetos simbólicos tales como
escudos y banderas, como hemos visto antes. Pero hay dos señales que
elegimos para cerrar este libro ya que en ellas el sentimiento de pertenen-
cia a un país de los “recién llegados” se conjuga con la retórica de una
nación que ostenta sus colores y rostros heroicos: Pueyrredón, Moreno
y San Martín “celebran” la independencia argentina el día en que se escri-
be el destino de Luis Humilde. [ver imágenes 94, 95 y 96] En este proce-
so, las mujeres jugaron un papel específico en el que la pobreza y la nece-
sidad estuvieron presentes mucho más que el honor o la dignidad
mancillada. Las cartas estaban echadas... y marcadas.

63
MARÍA FELICITAS ELÍAS, La adopción de niños como cuestión social, Tramas Sociales, Bue-
nos Aires, 2004.

62
Imágenes de las Señales

Fotografías: Gabriela Dalla Corte

63
64