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Que el baile nunca acabe

Y la música nunca se pare

CAPITULO 1

La detective de homicidios Nikki Heat aparcó su Crown Victoria gris en doble fila, detrás de la furgoneta del forense, y se dirigió hacia la pizzería donde un cuerpo esperaba. Un oficial en manga corta levantó la cinta de advertencia para que ella pasara por debajo, y cuando se enderezó al otro lado, Heat se paró, dejando que su mirada recayera por Broadway. En ese momento veinte bloques al sur, su novio Jameson Rook, estaría tomando café en un evento de prensa en Times Square para celebrar la publicación de su nuevo gran artículo. Un artículo tan grande, que el editor lo había convertido en el tema de portada para presentar el sitio Web de la revista. Heat debería sentirse feliz, pero en su lugar se sentía con las tripas encogidas, porque el gran artículo se refería a ella.

Dio un paso hacia el interior pero sólo uno. Ese cuerpo no iba a ir a ninguna parte, y Nikki Heat necesitaba un momento para maldecirse por ayudar a Rook a escribirlo.

Unas semanas antes, cuando le dio su bendición para realizar la crónica de su investigación sobre el asesinato de su madre, eso le había parecido una gran idea. Bueno quizás no una buena idea, simplemente una prudente. La dramática captura por Heat del sorprendente asesino después de más de una década, se convirtió en noticia de primera plana, y Rook lo expuso sin rodeos: Alguien iba a escribir esta historia. ¿Prefería ella a un periodista ganador del premio Pulitzer o a algún tabloide sensacionalista?

La entrevista de Rook fue intensa y tomó los dos días del fin de semana. Con su grabadora digital como centinela, Heat empezó con la noche anterior a Acción de Gracias de 1999. Ella y su madre estaban haciendo pasteles en el horno, y Nikki la llamó desde el pasillo de especias del supermercado sólo para oír a su madre ser apuñalada hasta morir sobre el teléfono mientras ella corría a casa, desesperada e impotente. Le contó a Rook sobre su decisión de cambiar sus estudios de teatro por la justicia penal, para poder convertirse en policía en lugar de en la actriz en la que ella había soñado. “El asesinato,” dijo ella, “lo cambió todo.”

Heat compartió con él su frustración en la búsqueda de la justicia durante la siguiente década. Y su conmoción hace un mes cuando se presentó una oportunidad al aparecer en una escena de asesinato que investigaba Nikki, una maleta que había sido robada del apartamento de su madre, y con el cuerpo de una mujer dentro de ella. El camino para resolver el reciente homicidio de la mujer en la maleta llevó a Heat a un inesperado viaje hacia el pasado oculto de su madre. El rastro la llevó a París, donde Nikki se sorprendió al conocer que Cynthia Heat había sido un espía de la CIA. En lugar de la tutora de piano que había fingido ser, su madre

había usado su instrucción musical como tapadera para conseguir acceso a casas de diplomáticos e industriales para espiarlos.

Ella se enteró de todo esto en el lecho de muerte de su viejo jefe de la CIA, Tyler Wynn. Pero, los espías son espías, el anciano sólo había fingido su muerte para quitársela de encima. Nikki descubrió esto de la manera más dura cuando el mentor de su madre apareció, arma en mano, para revelarle su secreto, los documentos incriminatorios por los que Cynthia Heat había muerto. ¿Por qué? Porqué Cynthia Heat había descubierto que su amigo de confianza, Tyler Wynn, era un traidor.

Durante la entrevista, Nikki confesó que no tenía que imaginar el sentimiento de traición que sintió su madre. Lo sintió ella misma cuando su novio de la universidad, Petar, salió de las sombras junto a Wynn, sujetando su propia arma hacia ella, y más profundamente mientras el viejo espía se alejó con la bolsa de evidencias condenatoria, pronunciando su instrucción final al ex de Nikki, que era matarla, al igual que Petar había matado a su madre.

En ese momento, Rook había parado su grabadora Olympus para cambiarle la batería, pero realmente lo hizo para permitir a Nikki recomponerse emocionalmente. Cuando continuaron, ella admitió que, en su corazón, siempre había asumido que una vez que capturase al asesino de su madre, la herida finalmente cicatrizaría. En su lugar, todo se desgarró y sangró. El dolor no disminuyó, lo quemó. Sí, ella había logrado detener a Petar, pero el autor intelectual del asesinato había escapado con las pruebas inculpatorias. Y Petar no sería de ayuda para rastrearle. No después de que uno de los cómplices descaradamente envenenara su cena de la cárcel.

Heat se abrió hacia Rook de una manera en la que no había imaginado hace un año cuando había tenido que cargar con el célebre periodista en una búsqueda. Pre-Rook, Nikki siempre había creído que había dos pares de enemigos naturales en este mundo -policías y ladrones y policías y escritores-. Esa creencia se había mitigado en la ola de calor del pasado verano, cuando acabaron enamorándose durante su primer caso juntos. Mitigado, quizás, pero incluso como amantes, policías y escritores nunca lo tenían fácil.

La primera prueba había llegado el otoño pasado cuando el paso de Rook por la brigada de homicidios se publicó como una historia de portada a nivel nacional con ella de protagonista, y la cara de Nikki la estuvo mirando desde todos los puestos de periódicos durante un mes. Esa atención la hizo sentirse incómoda. Y ver su experiencia personal convertida en prosa le dio a

Nikki un inquietante sentimiento sobre su rol como la musa de Rook. ¿Era esta vida la que estaban viviendo ellos mismos o solo una fuente de material?

Y ahora sobre su nuevo artículo a punto de saltar a Internet, lo que antes eran meras dudas

sobre que se hiciera público, había estallado en toda regla. Esta vez no era el miedo sobre las miradas de publicidad personal tanto como su preocupación por el daño a su investigación activa. Porque si fuera por la Detective Heat, este caso no tenía cabos sueltos, eran cabos vivos; y Nikki vio la publicidad como enemigo de la justicia. Y en ese momento, a un kilometro

y medio en Times Square, el genio estaba a punto de salir de la botella.

Nikki estaba contenta de que hubiera, al menos, guardado un gran secreto. Algo tan explosivo, que ella incluso no se lo había contado a Rook.

“¿Entras?” El detective Ochoa la movió de vuelta al presente. Él permanecía con la puerta de cristal abierta del Domingo’s Famous por ella. Heat dudó, luego dejo de lado su preocupación

y cruzó el umbral.

“Tengo uno de los libros aquí,” dijo el compañero de Ochoa, Sean Raley. La pareja de detectives, apodados Roach, como mezcla de sus nombres, dejaron a Heat pasar por las vacías mesas de Fornica que hubieran sido llenadas por la comida en unas horas, si no hubiese sido por el asesinato. Cuando llegaron a la cocina, Raley dijo, “¿estás lista para un vistazo?” Puso su mano enguantada en la puerta superior del horno de la pizzería y tiró hacia abajo para mostrar

a la víctima. O lo que quedaba de ella.

-Parecía un hombre- había sido metido allí de lado, doblado para encajar, y horneado. Nikki miro a Raley, luego a Ochoa, después de vuelta al cadáver. El horno todavía despedía un toque de calidez y el cuerpo parecía una momia. Estaba vestido cuando lo metieron. Residuos de tela quemada colgaban de sus brazos y piernas, y parches envolvían el torso como un edredón desintegrado.

La mirada de oscura diversión de Raley desapareció, y se acercó a ella. Ochoa se unió a él, estudiándola. “¿Te encuentras mal?”

“No, estoy bien.” Ella se dispuso a ponerse un par de guantes desechables azules, y luego agregó, “acabo de olvidar algo.” Dijo Nikki con desdén, como si no fuese un gran cosa. Pero para ella lo era. Lo que ella había olvidado era su ritual. La pequeña ceremonia personal por la que ella pasaba a su llegada a cada escena de un homicidio. Una pausa silenciosa de unos segundos antes de entrar, para honrar la vida de la víctima a la que ella iba a conocer. Nacía de

la empatía. Un ritual tan común como armónico antes de una comida. Y hoy, por primera vez en la historia, Nikki Heat se había olvidado de hacerlo.

El descuido la molestaba, sin embargo quizás era inevitable. Últimamente, trabajar en homicidios rutinarios se había convertido en una distracción que la apartaban de centrarse por completo en su mayor caso. Por supuesto, ella no podía compartir eso con nadie de su brigada, pero sí se había quejado a Rook de lo duro que era intentar cerrar un capítulo cuando la gente seguía abriendo otros. Él la recordó las palabras de John Lennon: “La vida es eso que pasa mientras estas ocupado haciendo otros planes.”

“Mi problema,” le había dicho ella, “es que esa muerte ocurrió.”

“El personal de cocina le encontró cuando abrieron para preparar el almuerzo,” comenzó Raley.

Ochoa continuó enseguida. “Pensaron que era algo que olía mal y por eso el horno se notaba caliente. Abrieron la puerta y encontraron nuestro bicho crujiente.” Los Roach intercambiaron sonrisas satisfechos de si mismos.

“Ya sabes, qué porque Rook no esté aquí, no tienes que ser el anfitrión.” Ella sostuvo su palma hacia el horno, se sentía templado pero no caliente. “¿Lo apagaron?”

“Negativo,” dijo Raley. “El cocinero dijo que estaba apagado cuando entraron.”

“¿Alguna idea de quién es nuestra víctima?” preguntó, mirando dentro del horno. El daño por el calor lo haría difícil de identificar.

Ochoa hecho un vistazo a su cuaderno de notas. “Asumimos que la víctima es Roy Conklin.”

La médica forense, Lauren Parry, se levantó desde su kit de laboratorio. “Pero eso es una suposición hasta que podamos pasarlo por los informes dentales y ADN.”

“Un invitado educado,” dijo Ochoa. Heat leyó la suave tomadura de pelo de la Dra. Parry, su no tan secreta novia. “De hecho encontramos una billetera.” Él indicó la mesa de preparación de acero inoxidable y la bolsa de evidencias en ella sosteniendo el molde desfigurado de cuero y una tarjeta de licencia de los Estados Unidos de Nueva York.

“Y lo raro se vuelve más raro,” dijo Raley, cogiendo una linterna Mini Magliete del bolsillo de su chaleco y enfocando en el cuerpo. Heat se acercó y Raley dijo, “¿lo suficientemente raro?”

Nikki asintió. “Lo más raro.” Alrededor del cuello de la víctima colgaba la identificación plastificada de Roy Conklin, Departamento de Salud e Higiene Mental de la Ciudad de Nueva York.

Ochoa se movió al lado suyo. “Nosotros ya hemos hecho una llamada al DSHM. ¿Preparada para esto? El cuerpo en este horno es un inspector de sanidad de restaurantes.”

“Eso es definitivamente una violación.” Todas las cabezas se giraron hacia la familiar voz. Y a la broma. Jameson Rook entró paseándose, una visión para Nikki en su traje azul oscuro perfectamente hecho a medida de Boss y una morada y blanca camisa de cuello-además de la corbata carbón y púrpura que ella había elegido para él. “Esta empresa tendrá un Grado-B en la ventana esta noche, ya verás.”

Heat apareció al lado suyo. “No es que no aprecie tu ayuda pero, ¿Qué pasó? No me digas que te aburriste en tu gran evento de alfombra roja.”

“No del todo. Me iba a quedar después de multitud de apretones de manos, pero entonces Raley me mandó un mensaje sobre esto. Y gracias a Dios que lo hizo. ¿Por qué quedarme para otra sonrisa-y-agarrón cuando tienes una oportunidad para ver…?” Él se asomó para ver el horno. “Maldición… Un alíen del área 51.”

Los Roach apreciaron el humor negro. Lauren Parry, no tanto. “¿Qué es lo que hay en tu hombro? ¿Brillo?” Dijo la Médica Forense. “Fuera, antes de que contamines mi área.”

Rook sonrió. “Si consiguiera un penique por cada vez que oigo eso.” Pero salió hacia el comedor y dejó su abrigo en el respaldo de una silla. Volvió justo cuando un par de técnicos de la Oficina Forense estaban removiendo el cuerpo del horno. Ochoa le tendió un par de guantes azules de nitrilo para ponerse.

“Echa un vistazo a esta insignia,” dijo Raley. Heat se inclinó en una rodilla al lado de él para tener una mejor visión. La placa de identificación de Conklin y su cordón no mostraban absolutamente ninguna señal de abrasión o fusión.

Rook se arrodilló con ellos. “Esto significa que quien quiera que le matase debe haber esperado a que el horno se enfriase o volver más tarde para ponerle eso alrededor de su cuello.” Nikki se giró y le miró. “Oye, no es justo. Esa es tu cara de conjetura loca. No me digas que tú también vas a reventar las pelotas para un resumen puntual de los hechos.”

Ochoa, que estaba de pie en el horno, dijo, “¿Detective?” Heat se paró y siguió la luz de su linterna. En la esquina de atrás del horno, donde había estado la vista bloqueada por el cuerpo, se asentaba un abrigo doblado. Justo como la placa y el cordón, no mostraba signos de abrasión. El Detective Ochoa usó una pala de pizzas de largo alcance para manipularlo. Cuando lo deslizó hacia ellos nadie habló. Simplemente miraron el abrigo y lo que había encima de este: una bobina de hilo rojo puro y una rata muerta.

El Detective Feller había terminado su entrevista con el cocinero y el camarero en el momento

en que Heat, Rook, Raley y Ochoa aparecieron desde la cocina. “Sus historias cuadran,” informó. “Sirvieron su último pastel de carne a media noche, recogieron, cerraron a la una de la mañana, volvieron a las nueve, y encontraron a la víctima.” Pasó a través de las páginas de notas. “Sin actividad inusual en los días previos, sin señal alguna de robo o entrada forzada. Ellos, de hecho, tienen un sistema de cámaras de circuito cerrado, pero se averió la semana pasada. Sin quejas con clientes o vendedores. Y para el inspector de sanidad, el nombre y foto de Conklin no hizo sonar la campana con ninguno. Reservé la información sobre donde encontramos la identificación, por supuesto, pero cuando pregunté, en general, si ellos tocaron o manipularon el cuerpo, fue un doble no.”

Heat dijo, “Mientras no consigamos información de la familia o del DSHM, no los pierdas de vista. Mientras tanto, sigue adelante y golpéales libremente.”

Determinar la hora y causa de la muerte sería difícil, dado que un cuerpo horneado degrada la estructura celular y la temperatura corporal. Por lo que mientras Heat dejaba que su mejor amiga, la médica forense, se llevase el cuerpo a la 30St. para su post mortem, ella trazó los movimientos inmediatos para su equipo. Ochoa desplegaría un equipo de agentes para sondear el vecindario con copias de una captura de móvil de la foto de carnet de Conklin. Después de comer, Ochoa iría a la casa de Conklin para notificarlo a la familia y ver que podía averiguar allí. Raley haría su usual parte de chequeo de las cámaras de seguridad del área que

pueden que hayan cogido algo. Heat envió al Detective Feller al Departamento de Salud para conseguir los informes de la empresa de la víctima y entrevistar a su supervisor sobre sus casos

y relaciones en la oficina. Y para Rook, él se ofreció a ser un cerebro extra en la reunión

informativa de la brigada, y Nikki no se pudo resistir a decir, “te halagas a ti mismo, pero por

supuesto.”

Cuando los dos salieron del Domingo’s Famous, Rook movió la cabeza con desdén hacia la reunión de mirones que se juntaban detrás de la cinta amarilla. “Ya sabes, Nikki, no puedo soportar a los mirones que pasan el rato con cualquier macabra sensación que ellos sacan de

ver

perdedores.”

una

bolsa

con

un

cuerpo

muerto

cargado

en

una

furgoneta.

Son

como

mirones

Una voz gritó desde el gentío. “¿Jameson? ¿Jameson Rook?” Se pararon. “¡Aquí, por aquí!” El brazo que se movía pertenecía a una mujer joven con una gran cabellera, pantalones de cuero negro y lo que claramente podría ser descrito como unos tacones de infarto. Empujó a la primera fila de mirones y apretó su chaleco de leopardo estampado contra la cinta amarilla. “¿Puedo conseguir una foto contigo…? ¿Por favor?”

Avergonzado, Rook murmuró a Nikki, “Se me ocurre que, después de la cosa de Times Square, quizás hayan tuiteado que este sitio es donde yo iba a…”

“Hazlo rápido.” Y mientras Rook se encaminaba hacia la mujer, Nikki añadió, “ya sabes que este es el porqué de Matt Lauer Purells.”

Heat esperó en el coche encubierto mientras Rook posaba con no solo un único fan, sino con cada tres monadas que se materializaban desde la multitud. Al menos no estaba firmando sus delanteras esta vez.

Hizo una rápida comprobación de sus e-mails. “Siiii,” dijo en alto hacia el coche vacío cuando vio uno de un investigador privado con el que ella había estado esperando hablar a la vuelta. “¿Ya has terminado?” dijo mientras Rook entraba en el asiento del pasajero.

“La foto sólo era el principio. Ellas querían que yo tuiteara la foto de mi mismo y añadiera la coletilla condenadamente guapo-Echó la cabeza hacia atrás, en el reposacabezas, y dijo, “aparentemente soy trending topic mientras hablamos.”

Nikki arrancó el coche. “¿Recuerdas a Joe Flynn?”

Rook se sentó erguido. “Ese Investigador Privado. ¿Aquel que tenía los clientes para ti? No”

“Bueno, ese IP me hizo un favor y excavó entre sus archivos y encontró algunas viejas fotos de vigilancia de mi madre. Quiere que comamos.”

“Pensé que habías organizado una reunión de brigada en una hora sobre Krusty el Cuerpo.” Y después añadió solemnemente, “que descanse en paz.”

Heat tamborileó con sus dedos el volante, sintiendo de nuevo la rutina del homicidio diario. Hizo algunos cálculos rápidos. “Le diremos que tiene que ser un bocado rápido.”

“OK,” dijo Rook con una mirada de reojo a la escena del crimen. “Pero pizza no. Solo lo digo.”

Dado que Heat y Rook no tenían tiempo para estar atrapados en un restaurante durante dos horas de amena charla y recitaciones de bandeja de postre, Joe Flynn había dispuesto un buffet en la sala de conferencias del Quantum Recovery, su cuartel general de servicios de investigación de élite encima del exclusivo Sole Building. Había traído una fuente de charcutería de Citarella con jamón de Parma, carne de res asada, Jarlsberg, and Muenster, también mostaza casera y mayonesa de hierbas. Ellos declinaron la cerveza artesanal sacada de tubos de hielo raspado y optaron por el agua de manantial de Saratoga, la cual su anfitrión les sirvió.

“Has recorrido un largo camino desde tus orígenes, Joe,” dijo Rook, mientras mascaba un pepinillo de pie en la gran ventana mirando sobre el Midtown de Manhattan.

“¿Quieres decir desde que me posteo para adúlteros en moteles de chapa por trescientos dólares el día?” Él se unió a Rook y admiró el primaveral día con él. “Diría que la recuperación de obras de arte ha hecho la vida un poco más fácil. Además, no siento como que necesite una ducha cada vez que cobro el cheque.”

Antes de que Joe Flynn ascendiera a los puestos de élite y a los ascensores exprés que venían con estos, la madre de Nikki había sido el objetivo de una de sus investigaciones de adulterio comisionado por el padre de Nikki. Preocupado sobre la creciente secreta vida de Cynthia Heat, su padre había contratado a Flynn en 1999 porque sospechaba que su mujer estaba teniendo una aventura. Flynn nunca encontró evidencias de infidelidad, pero de hecho, tenía fotografías de su madre que podían serle útiles a Heat ahora en su investigación de Tyler Wynn.

Mientras Heat se deslizaba furtivamente detrás de ellos, incapaz de resistir las vistas del Empire State Building y, en la distancia, entre los rascacielos, un trozo de Staten Island, Rook recibió una llamada y se excusó para cogerla. Tan pronto como la puerta se cerró. “Un hombre afortunado.” Nikki se giró para encontrarle mirándola como una esperanza radiante en Antiques Roadshow esperando el veredicto del tasador. Nikki deseó que su teléfono también hubiera sonado. En su lugar, ella cambió de tema.

“Apreció que haya estado rebuscando por estas fotos.”

“Oh, claro.” Joe sacó un pen-drive de su bolsillo y lo estuvo moviendo entre los dedos de una mano, sin burlas pero tampoco dándoselo todavía. “Estuve buscando al hombre y la mujer de

aquellas fotografías que me mandaste la semana pasada,” dijo, refiriéndose a las imágenes que ella le envió de Wynn y su acompañante, Salena Kaye. “No los encontré en estas.” Y entonces él la sonrió de nuevo, añadiendo. “Tu madre era una mujer preciosa.”

“Lo era.”

“Justo como su hija.”

“Gracias,” dijo ella tan neutral cómo le fue posible.

Él finalmente leyó las señales y le entregó la memoria usb. “¿Puedo preguntar quiénes son? ¿La pareja que estas buscando?”

“Lo siento, me gustaría, pero es un asunto de confidencialidad policial.”

“No me culpes por preguntar. La curiosidad viene con la descripción del trabajo, ¿verdad? No puedes apagarlo.”

Oh, de hecho Nikki había oído eso.

Heat esperaba encontrar más en estas fotos, algo que hiciera saltar pistas de Tyler Wynn y Salena Kaye. Además ella buscaba una pista para resolver su gran secreto.

Hace unas semanas, Nikki se había topado con una serie de extrañas anotaciones a lápiz que su madre había dejado incrustadas en su partitura de música. Ella creía que era un código codificado. Los puntos, líneas, y garabatos no seguían un patrón que ella reconociera. Nikki había buscado por Google el código Morse, jeroglíficos Egipcios, el alfabeto Maya, incluso grafitis callejeros, todo sin valer. Para satisfacer su objetividad policial, incluso había buscado los símbolos para determinar si eran simple taquigrafía de cómo tocar la música. Todo lo que encontró fue otro callejón sin salida.

Necesitaba ayuda para descifrarlo pero, agudamente consciente de su sensibilidad este código podría ser el porqué Tyler Wynn había matado a su madre- Heat sabía que tenía que mantenerlo en secreto. Absolutamente en secreto. Sopeso la posibilidad de contárselo a Rook, sabiendo que el Sr. Conspiración sacrificaría su cuerpo, alma y su hiperactiva imaginación en descifrar ese código. Pero Nikki decidió mantenerlo para ella misma, por ahora. Este no era solo un secreto.

Este secreto era mortal.

Después de su reunión en el Quantum Recovery, Heat cerró su sesión en el escritorio de seguridad del vestíbulo. Dio un paso hacia la salida de la Avenida de América, pero notó a Rook rezagado. “Cambio de planes,” dijo. “¿Esa llamada? Jeanne Callow, ¿sabes? ¿Mi agente?”

“¿La rata de gimnasio, demasiado maquillaje, Jeanne la Máquina, esa Jeanne Callow?”

Él rió su sarcasmo y continuó, “la misma. De todos modos, voy a tener que ir a pie a su oficina en la Fifth para que podamos planear la publicidad del nuevo artículo.”

Una familiar garra se clavó en el diafragma de Nikki, pero sonrió y dijo, “sin problemas.”

“¿Te veo en tu casa esta noche?”

“Claro. ¿Podemos revisar estas fotos?”

“Um, si. Podemos hacer eso.”

Heat condujo de vuelta a la comisaría, sola, reafirmándose en su instinto de retener el código de él.

Nikki echó una tensa mirada desde su escritorio por la oficina y una vez más se sintió atrapada entre su gran caso y otro homicidio. El equipo de detectives que había llamado para el asesinato de Conklin, se sentaban fríos sobre sus tacones porque ella llegaba tarde a su propia reunión. Desesperada, intentando conseguir una pista de Tyler Wynn, Heat pensó que podría adelantar en esta convocatoria antes de la reunión informativa con la brigada, pero se encontró a si misma estancada por un guardia. “Este es mi cuarto intento de hablar con el Sr. Kuzbari,” dijo, intentando no dejar que su ira se colara a través. “¿Es consciente de que se trata de una investigación oficial del Departamento de Policía de Nueva York?”

Fariq Kuzbari, agregado de seguridad de la Misión Siria en la ONU, había sido uno de los clientes tutorados de su madre. Heat había intentado entrevistarle hace unas semanas, pero él y sus matones armados la rechazaban. Pero ella no iba a abandonar. Un hombre de los del tipo de Fariq Kuzbari bien podría derramar algo de luz sobre un colega espía de los del tipo de Tyler Wynn.

“El Sr. Kuzbari estará fuera de la ciudad por tiempo indefinido. ¿Le gustaría dejar otro mensaje?”

Lo que le gustaría hacer a Nikki era estrangular su escritorio con el teléfono y gritar algo muy anti diplomático. Ella contó hasta tres en silencio y dijo, “si, por favor.”

Heat colgó y pilló unas cuantas miradas inquietas de su brigada. En su camino hacia el frente de la sala empezó a redactar sus disculpas por hacerles esperar, pero en el momento en que llegó a la pizarra blanca y giro la cara hacia ellos, la líder de la brigada de homicidios decidió que su llamada y el retraso eran asuntos policiales. Que le jodan a John Lennon, pensó. Después la Detective Heat se sumergió en la reunión.

“OK, a si que nosotros estamos buscando a Roy Conklin, hombre, de cuarenta y dos,…” Heat empezó pasando por lo básico de la escena del crimen. Después de situar en la pizarra las amplificaciones a color de la foto de identificación y del disparo de la cabeza, cosecha de la Web del Departamento de Salud, ella continuó. “Ahora, hay algunas incognitas en esta muerte, por decir algo. Empezando por las condiciones y el emplazamiento del cuerpo. Un horno de pizzas no es un homicidio habitual.”

El Detective Rhymer levantó una mano. “¿Sabemos ya si le mataron en el horno o si fue simplemente usado para depositar el cuerpo?”

“Buena pregunta,” dijo Heat. “La Oficina del Forense está haciendo test para probar ambas causas y tiempo de la muerte.”

El Detective Ochoa dijo, “hemos conseguido alguna información de la médica forense en el sentido de que se han encontrado trazas de cloroformo en la parte delantera de la chaqueta de la víctima.” Heat le dirigió la mirada. Ella no sabía eso. Su mente volvió de nuevo a la llamada perdida de Lauren Parry mientras estaba ocupada con la Misión Siria. El novio de la médica forense dio a Nikki una pequeña inclinación de cabeza. Ochoa cubría sus espaldas.

“Por lo que…” Nikki lo recogió rápidamente. “Es posible que el Sr. Conklin fuera o químicamente dominado en la escena del crimen, o también de antemano, y transportado. Hasta que no sepamos la Causa de la Muerte, no sabremos si llegó al horno vivo o muerto. Si estaba vivo, solo podemos rezar por que estuviera totalmente inconsciente por el cloroformo.” La habitación se quedó en silencio mientras los policías pensaban en los últimos momentos de Conklin.

“Las otras incógnitas,” resumió. “Son los objetos no quemados encima y al lado del cuerpo.” Ella enumeró cada uno mientras colgaba las fotos de los forenses en la pizarra. “El cordón y la identificación alrededor de su cuello; su chaqueta doblada; la bobina de hilo rojo con la rata

sin hornear- muerta al lado. Por lo menos, este extraño Modus Operandi sugiere perversión, venganza o un mensaje mortal. No lo olvidemos, él era un inspector de sanidad de restaurantes, no solo asesinado en un restaurante por la identificación de su equipo- pero el emplazamiento de la rata además de la conservación de su placa del DSHM significa algo. Exactamente el qué?, necesitamos averiguarlo.”

Ochoa informó que las unidades habían aparecido con un negativo en los testigos oculares del vecindario. Y su visita al apartamento de Conklin había revelado que no había señales de forcejeo, robo o algo más. El conserje del edificio dijo que la mujer de Conklin está lejos en un viaje de negocios y le dio un número de teléfono. Raley había encontrado una docena de cámaras de vigilancia en el área y estaba a punto de empezar a navegar por los vídeos. Feller, de vuelta del Departamento de Salud e Higiene Mental, había hablado con el supervisor de Conklin, quien le ha descrito como un empleado modelo, usando términos como “motivado” y “dedicado” y llamándole “uno de estos tipos raros que vive el trabajo y nunca llega tarde.”

“Sin embargo, tenemos que ver que más hay sobre él,” dijo Heat. Asignó a Rhymer a comprobar los informes bancarios para buscar irregulares con un ojo sobre monadas, grandes vacaciones, o vivir por encima de sus posibilidades. Ella puso a Feller a investigar profundamente con sus compañeros y si había alguna queja sobre él en los lugares que había inspeccionado. “Rales, junto con tu detección de vigilancia, tú y Miguel emparejaros y visitar los restaurantes y bares en la lista Conklin. Escucha lo que ellos tienen que decir sobre hábitos, vicios, enemigos, ya sabes lo que tienes que tocar.”

Más tarde, en su escritorio, Nikki estudió el descuidado papel con el nombre de “Olivia Conklin” y el número “917” bajo este. Puso su mano en el teléfono, pero antes de que lo levantara del soporte, paró. Solo diez segundos. Para honrar el cuerpo. Diez segundos, eso es todo.

Cuando entró en su apartamento, encontró a Rook torciendo la jaula de alambre de la botella de Louis Roederer que el First Press le había enviado para conmemorar su papel en el lanzamiento de la Web. “Del increíble día que he tenido, Nik, lo que realmente quería hacer era quitar el corcho con un sable a esto. Siempre he querido intentar eso. ¿No tendrás, por casualidad, un sable? ¿Verdad?”

Mientras él llenaba las copas, Nikki dijo, “no me has contado nada sobre tu ceremonia. Solo vi el brillo en tu hombro.”

“Confieso que fue divertido. Por supuesto, yo fingí que era un grano en el culo, pero, ¿la verdad? Estuvo guay. Estábamos todos detrás de una cuerda en la acera justo allí en Broadway, al otro lado de Good Morning America. Yo, el alcalde, Green Day, los trajes de revista, ”

“Espera un momento. ¿Green Day estuvo allí?”

“Bueno, no todos ellos. Solo Billy Joe Armstrong, American Idiot abre esta semana en el St. James. Él tiene también a su Relaciones Públicas teniendo que hacer cosas. De todas formas, el momento llegó, la editora jefe, Elisabeth Dysegaard, me presentó. Las cámaras hacían fotos y/o grababan, y yo presioné ese gran botón rojo.”

“¿Cómo cuando se hace descender la bola de Fin de Año?”

“Mmmm… Más como el Ese Es El Botón Fácil. Pero todo el trato era sobre mí haciendo el ‘primer pulsador’ del botón que subirán al primer artículo en First Press.com”

“Inteligente.”

Él levantó su copa. “Aquí está Bringing Heat.”

El título del artículo le trajo un repentino dolor de tripas. Pero ella sonrió, levantando su copa con la de él, y bebió del vaso.

Mientras comían la comida para llevar del Shusi Samba, Rook habló sobre el gran número de éxitos que su artículo ya había conseguido en la página Web. La preguntó sobre el asesinato de la pizzería, Heat le habló de los orificios de bala pero rápidamente paso de ese tema a desahogar su frustración por intentar llegar a Fariq Kuzbari.

“¿Quieres apostar a que él ya está fuera de la ciudad?” dijo él. “Mi amigo corresponsal en Egipto y Túnez, me dice que las cosas están turbulentas. Kuzbari probablemente ha sido llamado de vuelta a Siria porque un pitbull de seguridad como él tiene una gran lista de quehaceres. Tantas torturas, en tan poco tiempo.”

Ella bajo sus palillos y se limpio la boca con una servilleta. “Olvídate de Kuzbari. Eso todavía deja a otras dos Personas de Interés que mi madre espió con las que no he sido capaz de contactar. Una ha estado fuera del Estado compitiendo con su show de perros y la otra me ha puesto trabas a través de su abogada. Dios, hablemos sobre pitbulls.”

“¿Quieres oír una idea ganadora? Envía a esa abogada a rastrear sitios con Kuzbari. Mientras ella golpea culos en Siria, tú tendrás a dos de tus PDI disponibles.”

“Estoy contenta de que pienses que esto es divertido, Rook.” Heat empujó su plato lejos. “Simplemente estoy intentado coger al hombre que ordenó la ejecución de mi madre, OK?” Él dejó caer su sonrisa y empezó a hablar, pero ella habló sobre él. “Y claramente, desde que Tyler Wynn intentó matarme en ese túnel de metro, ese viejo hijo de puta esta todavía o escondiendo algo perjudicial del pasado, o algo malo está pasando ahora mismo. Por lo que si quieres tratar esto como si todo esto fuese algún tipo de pasto para divertirte después de que he abierto mi vida para tu precioso artículo, guárdatelo para ti.”

Ella le dejó con la cara pálida en la mesa del comedor y espero que el golpe de la puerta de su habitación le diese una coronación. Cuando él fue hacia ella diez minutos después, él no encendió la luz y ella no se dio la vuelta. Él se sentó a su lado en la cama, y habló suavemente en la oscuridad. “Nikki, si creyera por un segundo que Tyler Wynn fuese una amenaza para ti, dejaría todo atrás y movería cielo y tierra para protegerte. Y le encontraría. Pero el hecho es que, Tyler Wynn consiguió todo lo que él quería en esa estación fantasma de metro cuando puso sus manos en esa bolsa que encontraste. Confía en mí, la mayor preocupación de Wynn es desaparecer y convertirse en un fantasma. El exterior para hacer daño sería solo exponerle al riesgo. Además, el DSN, el FBI, la Interpol, están todos sobre esto. Déjales que carguen con el peso, ellos son los expertos. Pero me disculpo por lo que salió de mi boca. No pienso que sea una broma después de todo, y nunca, jamás, quiero herirte.”

Un momento de silencio pasó. Ella se sentó, y bajo la luz tenue que salía del salón, pudo ver un brillo bajo un ojo. Nikki gentilmente paso su dedo para alejar la lágrima y le abrazo. Ellos se abrazaron el tiempo suficiente que este se evaporó.

Al final, cuando el silencio había terminado su curación, él habló. “Dijiste ‘hijo de puta’. Lo hiciste, llamaste a Tyler Wynn ‘viejo hijo de puta’.”

“Estaba enfadada.”

“Tú nunca maldices. Bueno, casi nunca.”

“Lo sé. Excepto cuando nosotros…” Ella dejó que fuera desapareciendo y sintió el calor subir a su cara. Después la velocidad del pulso de él se aceleró y vibró contra su oreja, donde descansaba contra la suavidad de su cuello. Ellos se giraron para estar cara a cara sin mediar palabra, solo el conocimiento, y se besaron. Fue uno tierno, al principio. Él probó su

vulnerabilidad, y ella su cuidado suave. Pero pronto, mientras compartían respiración y espacio, la pasión la llenó. Se empujó fuerte contra él. Rook se arqueó hacia ella y ella estrechó ambas manos en su trasero y le acercó. Después ella siguió con sus dedos hasta su regazo y sintió su palma llenarse con la de él. Sus manos encontraron las suyas y ella gimió, después cayó de espaldas bajo su cuerpo para dejar que su peso encontrara a toda ella allí para él.

Más tarde, después de que durmieran en los brazos del otro, él dejó la habitación, dándola una vista de su magnífico culo. Volvió con dos copas estrechas de Cristal, las cuales ellos levantaron y bebieron. Las burbujas todavía estaban escasas y el vino paso limpio por su lengua.

Se situaron de vuelta en los brazos del otro y Rook habló, “he estado pensando en el infierno que todo esto ha sido para ti durante diez años.”

“Diez-más,” ella dijo.

“¿Sabes a lo que no puedo esperar? Estoy deseando que llegue el día cuando todo este caso de Tyler Wynn este cerrado y pueda llevarte a algún lugar donde solo estemos nosotros dos y podamos sentarnos y no hacer nada. Ya sabes, dormir, hacer el amor, dormir, hacer el amor,… ¿Pillas mi idea?”

“Es una buena idea, Rook.”

“La mejor. Solo para ser interrumpido por relajarse en la arena tropical con una bebida de ron en una mano y un agradable Janet Evanovich en la otra.”

“Volvamos a la parte de hacer el amor.”

“oh, cuenta con ello.”

“Quiero decir, ahora mismo,” dijo ella. Y pusieron sus copas de champagne en la mesita de noche.

Un trueno distante despertó a Nikki. Hizo una comprobación de cortina y vio a través de las luces de la ciudad que las calles y azoteas en Gramercy Park estaban secas. El bajo techo se iluminó con un destello, probablemente un rayo fuese camino hacia el este de la isla.

En el sofá, con las piernas cruzadas en albornoz con su portátil acunado en sus muslos, Nikki hizo click en First Press.com y su respiración se paro cuando vio su propia cara devolviéndole la mirada bajo el título: Bringing Heat.

La fotografía era informal, tomada por un fotoperiodista cuando había salido de la comisaría después de su penosa experiencia en el metro la noche en que arrestó a Petar. Su cara mostraba toda la fatiga y dureza y seriedad que ella había dado a luz. A Nikki nunca le gustaban las fotografías de sí misma pero esta era, al menos, más fácil de ver que la de la pose que ellos la habían forzado a poner para la portada del primer artículo de Rook.

Ella escaneó el artículo, sin leerlo ya había hecho eso hace días- pero para absorber el hecho de su realidad. Algunos genios provienen de lámparas de fricción, otros de descorchar un brut gratuito. Esto estaba fuera ahora, y ella solo esperaba que no matara su caso.

Nikki Heat se preparó para el siguiente asalto de notoriedad. Y la leve irritación por el hecho de que él hubiese publicado algunos pedazos de su jerga de investigación como, “buscando el calcetín desparejado”, y visitando una escena del crimen con “ojos de principiante”. Si eso era

lo peor que podía llegar, podía manejarlo.

A la mañana siguiente, amamantando a un cerebro que se había girado sobre sus tacones toda

la noche, Nikki paró en el Starbucks de su vecindario en su camino hacia el metro. Ella nunca solía molestarse con bebidas de película con ticket de precio. Culpa de Rook. Él la había metido en el hábito. En el punto en que cuando él donó una máquina de expreso a la sala de la

brigada, aprendió ella sola como echarse una perfecta inyección de veinticinco segundos.

Cuando pidió su pedido habitual, consiguió ese inexplicable placer de oír “uno grande con

leche desnatada y dos terrones de azúcar con vainilla para Nikki” y después el eco volvió sobre

el zumbido del vapor del chorro de la leche. Son los pequeños rituales que te hacen saber que

Dios está en su cielo y todo está bien en el mundo.

Ella hizo un escáner de la sala y pilló a un tío de veinti-algunos en un traje sencillo mirándola. Su mirada se lanzó de vuelta a su iPad, después de vuelta a ella. Entonces él sonrió y alzó su macchiato en un brindis. Y entonces empezaba, ella pensó.

La camarera gritó “grande con leche desnatada para Nikki”, pero cuando ella se movió hacia la esquina para cogerlo, Traje Sencillo la bloqueó, levantando su iPad con la cara de ella llenándolo todo. “Detective Heat, eres asombrosa.” Él sonrió y en sus mejillas aparecieron hoyuelos.

“Ah, bueno, gracias.” Ella tomó un medio paso, pero el radiante fan retrocedió, quedándose con ella.

“No puedo creer que seas tú. Yo leí este artículo dos veces la noche pasada,… Dios Santo, ¿firmarías mi taza?” Sin experiencia en esto, estuvo de acuerdo, solo para seguir adelante. Él sostuvo un bolígrafo que probablemente consiguió para su graduación pero antes de que pudiera cogerlo, una silla de madera volcó, seguido por un coro de silencios.

A través de la sala, cerca de donde recoges las bebidas, un hombre sin techo se retorcía y se resistía en el suelo, sus piernas golpeaban salvajemente contra la silla caída. Los aturdidos clientes abandonaron sus mesas y recularon. “Llamad al 911,” dijo Heat a la camarera y corrió al lado del hombre. Justo cuando se arrodillaba, él paró de convulsionar, y alguien detrás de ella gritó. La sangre había empezado a correr por su boca y nariz. Todo esto mezclado con el vómito y el café derramado al lado de él. Sus ojos todavía tenían una mirada de muerte y surgió un olor delatador que liberaban sus entrañas. Ella presionó su cuello y no consiguió pulso. Cuando retiró su dedos, su cabeza cayó hacia su lado, y Nikki vio algo que solo había visto una vez en su vida antes, la noche en que Petar había sido envenenado en la celda.

La lengua del hombre muerto cayó fuera de su boca, y estaba negra.

Ella miró a la bebida derramada en el suelo, a su lado. Una taza grande con “Nikki” a bolígrafo en el lado. Se levantó para estudiar a la multitud. En ese momento vio una cara conocida en la salida de la puerta.

Salena Kaye hizo contacto visual con Heat y se retiró.

CAPITULO 2

Nikki fue rápidamente hacia la salida, gritando, “oficial de policía, todo el mundo fuera.” Algunos clientes parecían ansiosos por acercarse al cuerpo, pero a Heat le preocupaba el veneno y quería preservar la escena del crimen para las pruebas. Tiró para abrir la puerta y llamó al camarero sosteniendo el teléfono, “diga al 911, oficial en persecución de una sospechosa de homicidios.”

Heat se aplastó contra la pared del vestíbulo para echar un vistazo a la acera y asegurarse que no se metía en una emboscada. Allí vio un flash de Salena Kaye abriéndose paso a través de los peatones. Salió tras ella.

Kaye no miraba hacia atrás, sólo se mantenía corriendo con determinación y rapidez. Nikki hizo un rápido sprint hacia la 23, esperando ver un coche de policía. En esa rápida carrera, tropezó con dos adolescentes que caminaban de espaldas en una bodega, riéndose de sus Twizzler. Todos mantuvieron el paso, pero cuando Heat se libró de los chicos, divisó a Salena metiéndose por la puerta de atrás de un taxi.

Este estaba demasiado lejos para leer su matrícula o su número de registro. Pero Heat memorizó una parte del parachoques perdido y el anuncio de un club de caballeros en su techo, esperando encontrarlo de nuevo en el mar de taxis en hora punta a punto de tragárselo.

Anduvo hacia el centro de la calle, sosteniendo en alto su placa hacia los conductores y haciéndoles señas para que pararan. Un taxi libre hizo sonar su claxon y aceleró. Un Camry verde se detuvo con un chirrido justo cuando la pasó. Nikki le alcanzó y abrió la puerta del conductor. Un sobresaltado señor mayor la miró desde detrás de unas gruesas gafas de otra década.

“Emergencia policial. Necesito su coche. Ahora, por favor.”

Sin una palabra, el señor con la boca abierta se bajó. Heat se lo agradeció, vio a una pequeña mujer mayor mirarla desde el asiento del pasajero, y pisó el acelerador.

“Sujétese,” dijo Nikki, girando de forma brusca hacia la izquierda en primer lugar. Brevemente había mirado el XXX del anuncio del club de strip en el techo y escaneó la avenida de taxis delante de ella para encontrarlo de nuevo. Su pasajera no dijo nada, mientras se agarraba al tablero con unas manos arrítmicamente distorsionadas mientras su cinturón de seguridad

sonaba sordamente contra el cierre. Con la cabeza levantada, parcialmente bloqueada su visión por una ambulancia, Heat alcanzó al taxi con el parachoques roto y después vio la cara de Salena asomándose por la negra ventanilla.

Nikki amagó un golpe hacia el semáforo en rojo de la calle 24, ofreciendo una calma tranquilidad. “Usted no tiene que preocuparse, he hecho esto antes.” La mujer se la quedó mirando con los ojos como platos. Pero asintió con la cabeza. Estaba en el juego. “¿Tiene un móvil?”

“Es un Jitterbug,” dijo la mujer, y levantó su brillante teléfono rojo. “¿Debo llamar al 911?”

“Sí, por favor.” Heat intentó sonar casual incluso cuando giró bruscamente el volante y pisó el freno a tope. Un nudoso dedo índice presionó en el gran teclado. “Diga ‘oficial necesita ayuda’” Mientras Heat se abría paso entre el tráfico de la hora punta de la parte alta de la ciudad, manteniendo la tranquilidad en la cabina, su pasajera repetía el mensaje de Nikki al operador de emergencias, pidiendo que por la radio, coches patrulla la adelantaran sin poner sobre aviso a la sospechosa para bloquearla por delante. “Lo hiciste genial.” Mientras la mujer cerraba su Jitterbug, Heat le pasó un brazo protector sobre ella. “Espera, ya falta poco.”

Justo detrás del Hospital Belleuve, Salena Kaye salió de su taxi y corrió hacia la entrada de ambulancias. Heat comprobó los retrovisores, hizo un derechazo a la izquierda, y paró. “¿Estás bien?”

La mujer mayor asintió con la cabeza. “Muy bien”.

La Detective Heat salió del coche, corriendo tras de su sospechosa.

Nikki miró cuidadosamente a la fila de ambulancias FDNY estacionadas en la entrada de urgencias, mirando dentro y entre todas ellas mientras corría, pero no pudo ver a Kaye. Siguió corriendo por los pasillos, frenando para revisar detrás de unos cubos de lavandería. Entonces la vio. Una figura caminando por encima del muro de un callejón sin salida del lote.

Kaye había cogido uno de los tableros espinales apilados al lado de las ambulancias para cubrir el alambre de púas. Heat lo utilizó, parándose en la parte superior, antes de saltar a la acera. Aterrizó con las rodillas flexionadas para amortiguar el choque y salió corriendo por la vía de servicio que corría entre el NYU Medical Center y el FDR.

Por delante se extendía una línea recta de acera, y una asesina fugitiva. Salena Kaye tenía habilidades. Corría siguiendo un patrón de zigzag al azar que hacía inútil para Heat el disparar

desde esa distancia. Pero sus zigzagueos también la frenaban en su progreso hacia delante. Nikki aceleró el sprint hasta que sus pulmones la abrasaron.

Por la 30th Street, justo después de la gran carpa blanca de los atentados del 11-S, Heat sabía que la tenía. Lo suficientemente cerca para arriesgar un disparo, ella gritó. “Salena Kaye, detente o disparo.” La sospechosa se paró, levantó ambas manos, y se giro para mirarla a la cara. Pero entonces un par de asistentes de la oficina del forense salieron de la parte de atrás del patio para fumar en un descanso. “¡Atrás!” Heat gritó. El hombre y la mujer se pararon bloqueando su línea de disparo. Kaye salió corriendo hacia el tráfico, entrando en un garaje al otro lado de la calle.

Con el arma fuera y apuntando al techo de vigas de acero del parking, Nikki Heat fue de puntillas a través de las sombras, escaneando cada palmo, escuchando intensamente sobre la musiquilla monótona del tráfico del RDB cualquier sonido que revelara el escondite de Salena. La detective se puso en cuclillas para explorar bajo los coches, sin nada que mostrar más que una palma hollinada. Después se levantó y se quedó inmóvil. Sólo para escuchar.

No oyó venir el golpe. Salena Kaye se abalanzó sobre ella, cayendo de las vigas de acero del techo, tomándola por sorpresa.

Nikki sabía que lo mejor era permanecer en un combate mano a mano.

Apartó a Kaye y se puso en pie, apuntando su Sig Sauer hacia la mujer todavía en el suelo de hormigón. Pero Salena claramente tenía experiencia en peleas cuerpo a cuerpo. Su pierna derecha hizo una tijera en un abrir y cerrar de ojos, y el empeine de su pie golpeó la muñeca de Nikki. El impacto, en un ángulo recto con un nervió, dio una sensación amortiguada a su mano, y la pistola cayó sobre la cubierta y rebotó sobre un neumático de coche antes de parar.

Kaye se levantó de un salto, rápida como una gimnasta, y fue hacia Heat con un par de juegos rápidos de muñeca volando por cada lado de su cabeza, boom-boom.

La visión de Nikki se nubló y sus rodillas se volvieron gelatina. Ella luchó contra la pérdida de conocimiento y al recuperarse encontró a Salena yendo hacia su arma. Heat la golpeó en ambos lados de sus costillas, y la mujer cayó. Pero después pilló de nuevo a Nikki con la guardia baja con un bloqueo de pierna de jiu jitsu -un golpe de inmovilización que Heat había practicado en sus entrenamientos- pero ahora ella era la víctima del dolor de inmovilización mientras Kaye forzaba la rodilla de ella a híper extenderse. Imposibilitada de moverse y liberarse por sí misma, vio la oscura forma de su Sig Sauer en el cemento y se estiró para

alcanzarla. Kaye empujó su espalda hacia ella, pero mientras lo hacía, liberó la pierna de Nikki lo suficiente para que se zafara de su bloqueo. Heat se lanzó hacia la parte superior de Salena, lloviéndola golpes hacia su clavícula y cuello. Kaye reaccionó golpeando con las dos rodillas hacia arriba, dando un salto mortal sobre Heat. Nikki aterrizó duramente sobre su espalda y perdió la respiración.

“Oye, ¿Qué pasa?” gritó el guardia de seguridad saliendo de su garita. En la fracción de segundo que Salena paró para calibrar la amenaza, Heat rodó a por su arma. Se lanzó ferozmente a por ella, cogiéndola por el cañón lo primero.

Cuando estuvo lista para abrir fuego, Salena Kaye estaba ya muy lejos.

Heat la persiguió, cojeando sobre su dolorida rodilla. Trotó a través del dolor y pilló un flash de Salena haciendo un giro hacia la derecha hacia el río en la 34th Street.

Y entonces Nikki oyó el helicóptero.

Cuando alcanzó la intersección, Heat sabía que esto estaba perdido. A cien metros de distancia, un Sikorsky S-76 azul oscuro se posó en el helipuerto de pasajeros. Una puerta lateral estaba abierta, y el piloto, con una camiseta de manga corta blanca con charreteras, estaba tirado en el asfalto debajo de Salena Kaye, con ambas manos en su cara y la sangre manando a través de sus dedos.

Por segunda vez esta mañana, la Detective Heat sacó su arma de servicio y gritó para que se parara. Kaye probablemente no podría oírla por encima del ruido del motor del helicóptero, pero vio a Nikki. Con una persistente mirada y un lento giro que hablaba de arrogancia, saltó dentro del S-76 y cerró la puerta. Segundos después, mientras Heat alcanzaba la pista, el helicóptero se alzó aproximadamente 2 metros y después rotó sobre su eje, el rotor trasero giró a solo dos metros de Nikki, quién se tiró al asfalto. Salena Kaye se giró de nuevo, descaradamente presentando el lateral del helicóptero a Heat lo suficiente como para hacerle una peineta con el dedo. Después lentamente se alzó por encima del East River, produciendo un círculo de espuma.

Heat se puso sobre una rodilla y asegurando su codo sobre la otra, apuntó con su Sig Sauer. Imaginaba que si vaciaba todo el cargador sobre el motor, podría, quizás, hacerlo caer en el mar. Ella visionó el tiro, y entonces vaciló.

Se le ocurrió que podría haber un pasajero inocente a bordo. Nikki enfundó y llamó a la ayuda aérea del DPNY mientras veía al Sikorsky convertirse en un punto sobre el sol de la mañana sobre Brooklyn.

Jameson Rook corrió dentro de la Sala de Homicidios de la Brigada de la 20th, dirigiéndose a Heat, y encerrándola en un abrazo. “Dios mío, ¿estás bien?”

Nikki hizo una tímida exploración de la oficina y modeló una tranquila voz para él. “Estoy bien.” Se desenvolvieron de su abrazo, y él mostró la taza de Starbucks en su mano. “Te traigo un café con leche.”

“Gracias, voy a esperar.”

“Lo probaré por ti.” Él tomó un sorbo, hizo una ceremonia de arremolinárselo en la boca, y se lo tragó, siguiendo toda esa ceremonia de saborearse el labio y un satisfactorio “Ah.” Se lo tendió y dijo, “Ves, simplemente está bi-De repente sus ojos se desorbitaron e hizo una exclamación de asfixia y llevó su mano libre a la garganta. Ella le miró sin comprender. Milagrosamente recuperado. “¿Es demasiado pronto?”

“Demasiado tarde.” Nikki señaló a la sala de la brigada, donde una gran taza etiquetada con “Nikki” estaba sobre cada escritorio. “Estos idiotas te ganaron con eso.”

“Hace media hora, amigo,” dijo Ochoa mientras se aproximaba. “Deberías haber visto a Rhymer después de su sorbo. Opie golpeó el escritorio sacudiéndose y resoplando.”

Él sonrió. “Esa espuma fue inspiradora.”

Rook dijo, “¿Qué pasa con el humor del poli? Tan oscuro. Así de inapropiado. Tan impresionante.” Él había aprendido desde su primer día de rodeos con Heat que los policías responden muy diferente a la tristeza y al estrés que la mayoría de la gente. Ellos esconden sus emociones a los demás. Toda esta diversión, actuando con el envenenamiento falso, era más que molestar o humor negro; esto llevaba un mensaje de afecto que decía, estoy preocupado porque casi te matan. O, me importa. Rook comprendió que estaba en el mismo campo como el porqué los Tres Chiflados nunca se abrazaban.

Ochoa agitó su cuaderno de notas señalando negocios. “Acabo de colgar con una detective de la 17th en Flatbush. Estaba en el campo donde tu helicóptero aterrizó en South Prospect Park. Es bueno que no dispararas. Había un pasajero abordo. Algún moderno Director Ejecutivo que venía de los Hamptons. No tuvo oportunidad para desabrocharse su cinturón cuando tocaron tierra y fue secuestrado el vuelo.”

“Técnicamente, si ellos estaba en el suelo, ¿no sería un simple ‘secuestro’?” preguntó Rook. Él sintió sus miradas. “Por favor. Continuad.”

“El moderno dice que Kaye hizo una llamada de marcación rápida mientras estaban todavía sobre el río.” El Detective Ochoa sabía que lo mejor para alargar el suspense era pasar una página de la cita de los testigos visuales. “Dijo, ‘Dragón, soy yo,’ después algo que él no pudo entender y que sonaba como ‘juego roto’. Kaye no dijo nada más, sólo escuchó, después colgó. Cinco minutos después ella estaba caminando hacia el este por el vacío campo de desfiles del Parade Ground mientras él se quedaba sentado allí con las hélices todavía girando.”

Ochoa se fue para su escritorio, y Rook dijo, “tengo que sacarme de la cabeza a Salena Kaye. Y pensar en todo el tiempo que esa mujer pasó en mi apartamento dándome terapia física. Tengo que decir –aleluya masaje.” Paró, relamiéndose sobre algo privado, después se puso serio. “Por supuesto que es como estropear el truco de magia, sabiendo que realmente estaba allí solo para poner los sistemas de escucha para Tyler Wynn.”

Sólo el sonido de su nombre envió una punzada a Heat. No sólo por recordarle la traición por parte del hombre que estaba detrás de la muerte de su madre. El traidor de la CIA todavía tenía alguna razón para querer a Nikki muerta, y había enviado a su letal cómplice Salena Kaye para envenenar su café. Si Nikki pudiera protegerse ella misma de ser asesinada, quizás podría encontrar el porqué.

Este agradable pensamiento llenó su cabeza mientras reunía a su brigada alrededor de la Pizarra del Asesinato. “No os molestéis en sentaros.” Dijo Heat mientras escribía “DRAGÓN” con marcador rojo en la parte superior de arriba de la pizarra.

“Aparentemente tenemos un nombre en código para el controlador de Salena Kaye.”

“¿No es ese Tyler Wynn?” preguntó Rook.

“Lo suponemos, sin embargo nunca asumimos. Deberías saberlo ya.” Después Nikki giró su atención a la Detective Hinesburg. Ella imaginó que una tarea sencilla sería fácil de ser realizada por Sharon, por lo que le asignó pasar Dragón y cualquiera de sus variaciones, a

través de la base de datos del Centro del Crimen en Tiempo Real del centro de la ciudad. “Cuando hayas terminado con eso, mira si se aparece algo en Seguridad Nacional, Interpol, o el DGSE en París.” Puso al Detective Rhymer a comprobar con los operadores telefónicos para ver si ellos pudieran identificar el número desde las torres cercanas al río en el momento de la llamada de Salena Kaye. Heat apostó a que Kaye había usado un teléfono desechable, pero ella tenía que ser minuciosa.

Rhymer, tan afable como su Virginia natal, sonrió y asintió. “Ya está hecho,” dijo Opie.

Lo siguiente que ella apuntó fue un Mapa de Google ampliado del vecindario de Brooklyn donde el Sikorsky aterrizó. “No es probable que la sospechosa tuviera tiempo para organizar una recogida. Y buena suerte para llamar a un taxi en un barrio externo, ¿verdad? Pero miremos allí.” Heat señaló al mapa. “La estación de metro de Church Avenue está en la dirección de su escapada. Raley, consigue el teléfono de las Autoridades del Transporte Metropolitano. Empieza tirando de las cámaras del vídeo de seguridad de Church Avenue para ver si ella cogió un tren y, si así fuera, en cual dirección. Después comprueba fotos de las paradas a lo largo de la línea para ver donde se bajo.”

Cuando se giró del mapa, Heat pilló a Ochoa poniendo los ojos en blanco a su compañero. “¿Problemas, caballeros?”

Ochoa dijo, “sé, como que, Rales es tu Rey de la Video vigilancia y todo eso. Pero estamos un poco escasos. Todavía tenemos que volver al campo para tirar más de los propietarios de los restaurantes en la lista de Conklin.”

“Tendrás que hacer juegos malabares con ambos,” dijo Heat. “Como hacemos todos.” No necesitaba llevarlo más lejos. Nikki pudo ver el impacto en todas sus caras. Cada detective en esa sala sabía que su líder de brigada no solo hacia juegos malabares con estos dos casos; ella lo hacía mientras afuera, alguien estaba activamente empeñado en matarla. Levantó la sesión, todavía preguntándose el porqué de eso.

Heat no tenía respuesta todavía, pero el atentado sobre su vida de esa mañana le decía una cosa. Algo nuevo había aparecido con alguna conspiración que había llevado al asesinato de su madre diez años atrás. De todas maneras, ellos no habrían estado trabajando tan duramente en esto para matarla a ella ahora.

En su camino con Rook hacia City Island para entrevistar a la viuda de Roy Conklin, Nikki observó que él estaba más alerta de lo habitual. Cuando sabes que un profesional te quiere en el punto de mira, un poco de vigilancia extra puede darte una oportunidad de ver un día más.

Heat estaba en peligro, y nadie habría pensado mal de ella si se mostraba precavida. El Capitán Irons estaba tan preocupado por su seguridad, que incluso le había ofrecido una marcha administrativa o tiempo de vacaciones, si ella lo quería. Nikki había desechado esa idea en el acto. La policía que había en ella, nunca escondería la cara ante un peligro personal. Esa era la actuación. Pero se sentía más nerviosa que de costumbre. ¿Quién lo haría? Por lo que Heat hacía lo que ella hacía mejor: compartimentar. La experiencia le había enseñado que la única manera de seguir adelante era enjaular a la bestia poner su miedo en una caja. Porque ¿Cuál era la alternativa? ¿Encerrarse dentro de su apartamento? ¿Correr y esconderse?

No esta detective. Esta detective traería la pelea hacia ellos. Y comprobó sus espejos.

El teléfono sonó mientras cruzaban el Pelham Bay Bridge, donde Río Hutchinson separaba el urbano Bronx de los extensos arboles verdes alrededor del Turtle Cove. Nikki pescó su auricular Jawbone del bolsillo del lado de la puerta y consiguió una reprimenda de su amiga Lauren Parry. “¿Necesito recordarte que te mataré si consigues que te maten?”

Heat soltó una risa. “No, lo dices bien claro. Cada vez.”

“¿Ves?” Lauren bromeaba, pero fraternalmente la preocupación venía a través de eso. “Eso es por lo que tú todavía sigues andando por la tierra de Dios. Por ir tras de ti.”

Amonestación completada, la médica forense informó a Heat en el postmortem de Roy Conklin. “Difícil de llamar a esto buenas noticias,” dijo Lauren, “pero el Sr. Conklin estaba muerto antes de que le metieran en el horno.”

Nikki imaginó el cuerpo. Guardando la cocción a alta temperatura. “¿Por lo que no sufrió?”

“Lo dudo. La causa de la muerte fue un calibre 22 a la base del cráneo.” Heat contestó a la pregunta mirada de Rook imitando con el dedo a una pistola mientras la forense añadía, “las condiciones del cuerpo y el pequeño calibre me escondieron la Herida por Arma en la escena del crimen. Encontré la bala cuando le abrí. Balística la tiene ahora.”

“¿Qué hay sobre mi víctima de envenenamiento del Starbucks?”

“Es el siguiente.”

“Asegúrate de pasar una comprobación cruzada contra lo que sea que mató a Petar,” dijo Nikki consciente de la temprana víctima de envenenamiento de Salena Kaye.

“¿Sí, de verdad?” dijo Lauren. “Deja las autopsias para mí. Tú concéntrate en mantenerte viva.”

Heat y Rook pacientemente esperaron otro arranque de sollozos de Olivia Conklin en la sala de estar de la aireada habitación decorada al estilo de la costa que nunca sería lo mismo para ella. El piso del apartamento era un conjunto de tablillas solapadas de color gris con el ajuste blanco brillante, estaban sentados en la orilla del agua al lado de la escuela de vela de City Island en el Bronx. En la distancia, más allá del balcón, Long Island brillaba bajo un sol de primavera. La vista que volvía a ellos del Great Neck podría haber sido de Jay Gatsby cuando contemplaba las luces verdes brillando a través del agua. Pero símbolos de brillo, belleza, y optimismo no tenían lugar en esa habitación. Debería estar lloviendo.

Para Olivia Conklin, todavía vistiendo el arrugado traje de negocios después de su vuelo nocturno de vuelta a casa de un seminario de entrenamiento para software en Orlando, el único consuelo era que su marido había sido disparado. Cuando esas son las buenas noticias, todo es cuesta abajo.

Aunque Heat despreciara esta parte del trabajo, era la parte en la que mejor era. Ella conectaba, habiendo estado una vez en una silla similar rellena de Kleenex. Por lo que condujo la entrevista gentilmente, todavía alerta por señales de culpa, mentiras, e inconsistencias. Desafortunadamente los cónyuges son buenos sospechosos. Con delicadeza, ella sondeó el matrimonio, dinero, vicios, salud mental, e indicios de infidelidad.

“Roy solo tenía una amante,” dijo ella. “Su trabajo. Era tan dedicado. Sé que algunas personas oyen funcionario y piensan en vaguería. No mi Roy. Él nunca dejaba su trabajo en la oficina. Tomaba la salud pública de forma personal. Los llamaba sus ‘restaurantes’ y nunca quería una enfermedad en su vigilancia.”

Todo esto confirmaba lo que la búsqueda de su equipo había hecho hasta ahora. Las finanzas de Roy Conklin estaban en línea con su grado de pagos. La comprobación de los restaurantes de los Roach reveló un hombre consecuentemente duro pero justo.

Ni su mujer ni sus compañeros conocían ningún enemigo, reciente comportamiento errático, o gente nueva en su vida.

“Simplemente no tiene sentido,” dijo Olivia Conklin. Entonces la nueva viuda gimió la única y rompedora de corazones palabra que Nikki oía de todos los dolientes después del repentino robo de una vida. Esa palabra era el faro que guiaba a la Detective Heat en su trabajo: “¿Por qué?”

Mientras Heat y Rook caminaban de vuelta al coche pasando la pequeña fila de camiones de Sunfish del parking de la escuela de vela, la mirada de Nikki vagó hacia el reluciente mar abierto. Imaginó el inteligente barco de Dacron mientras el viento llenaba su vela y ella viraba hacia Long Island Sound. Después imaginó a Roy Conklin parado justo allí, en su último día de vida, y se preguntó si él saboreó esa vista o si su corazón se había sentido lo suficientemente pesado por el miedo o la culpa de algún horrible secreto que guardaba de su mujer un secreto que le había matado y dejándola preguntase porqué. O, Nikki especuló, ¿el pobre Roy no lo vio venir? Entonces el teléfono sonó y tiró a Heat hacia su otro caso. Lo de navegar tenía que esperar. De vuelta a hacer malabares.

La llamada provenía de la policía en Hastings-on-Hudson, un pintoresco pueblo a media hora río arriba de la Ciudad de New York. Hastings solo empleaba a dos detectives en su pequeña comisaría, y Heat mantenía un contacto regular con ellos, comprobando el avistamiento de uno de los residentes de la comarca con el que ella necesitaba hablar.

Vaja Nikoladze era una entre el grupo de gente a la que Heat había puesto antenas, visto como persona de interés por las tutorías de piano de su madre en su hogar antes de su asesinato. Nikoladze, un bioquímico de renombre internacional que había desertado de la ex República Soviética de Georgia, había sido eliminado como sospechoso en el caso de su madre. Pero desde que Tyler Wynn frecuentemente reservaba el trabajo de su madre como espía de la CIA, Heat quería saber si el expatriado había tenido algún contacto reciente con el fugitivo.

Pero justo como el elusivo diplomático Sirio y los otros clientes destacados con los que Heat había contactado, Nikoladze había estado sin respuesta, dejando a Nikki frustrada, esperando semanas por una oportunidad de contacto que trajera un respiro en ese caso.

Ella concedió a Nikoladze el beneficio de la duda. Él había sido amistoso y cooperativo cuando Heat y Rook le visitaron por primera vez hace tres semanas. Pero desde ese momento Vaja se había mantenido alejado, mostrando su premiado pastor georgiano en varias competiciones fuera del estado. Ahora el detective de Hastings estaba llamando para alertar a Nikki de que su persona de interés había acabado de aparecer de vuelta a la comarca. Arrancado pero con resolución de no dejarlo escapar, Heat lanzó la pelota de Conklin al aire y se dirigió al norte. Mientras se arrastraba dentro de Saw Mill Parkway, un parpadeo de anticipación la llenó. Ella sabía mejor que nadie adelantarse a ella misma, pero Nikki se atrevió finalmente a pensar que quizás se moviera la investigación hacia adelante después de casi un mes de decepciones implacables.

Cuarenta minutos después, limpiando las alfombrillas de goma con vapor fuera de la jaula de su nuevo pastor, Vaja Nikoladze miró hacia arriba, hacia el coche de policía encubierto que llegaba por el centro de los dos carriles que corrían entre el pasto del caballo de su vecino y la arboleda. Incluso desde la distancia, el pequeño hombre parecía sorprendido cuando oyó sus crujidos sobre la gravilla de aparcamiento. Mientras ellos hacían su camino por el gran jardín, las cortezas resonaban dentro de la gran dependencia antes incluso de que Nikki dijera “Buenas tardes.”

Nikoladze no respondió, pero en su lugar sacó una escobilla de un cubo de agua jabonosa y daba energía al vapor de la espuma del pelo corto. Los dos esperaron, ni siquiera intentando abordar por encima del ruidoso spray de la boquilla presurizada. Cuando él hubo terminado, cortó el vapor, tumbo la escoba contra la pared, y cubrió las gruesas alfombras de goma negra sobre la decorativa barandilla para que escurrieran al sol.

Diferente a la cordial visita de semanas pasadas, Vaja mostraba ahora cada signo de que él no quería tener nada que ver con la Detective Heat o su periodista de carreras.

“Tengo una llamada, saben.” Después de más de veinte años en la US, su acento georgiano permanecía grueso y todavía sonaba a ruso para los oídos de Heat.

“Pasábamos por el vecindario,” dijo Rook, ganándose una mirada con ceño como respuesta.

“¿Has venido para conseguir más material mío para tu siguiente artículo, Jameson? Quizás no todo el mundo en los Estados Unidos este impaciente por ser tan bien conocido, ¿pensaste en eso?” Cuando Rook había acompañado a Nikki la última vez, él y Vaja se llevaron muy bien. Nikoladze les había ofrecido refrescos, intercambiado historias, incluso dado una demostración de obediencia de su mejor perro de shows. Con el posterior reportaje de Rook del bioquímico

en su artículo del FirstPress que había sido mínimo un par de líneas a lo sumo- mero tejido conectivo en la historia de la búsqueda de Nikki para encontrar a un asesino.

Claramente, Vaja se tomo una excepción por ser el centro de atención.

A Heat no le importó. Ella empujó de vuelta. “Estamos aquí para seguir en mi investigación

oficial policial, Sr. Nikoladze. Y la razón de porque no he llamado primero es que ha estado

incomunicado. He dejado demasiados mensajes no devueltos y correos electrónicos. Así ding dong, camarada.”

Rook se giró para mirar hacia las Empalizadas, visibles sobre la línea de árboles. Vaja dejo a un lado sus tareas y se cruzó de brazos. “Tengo imágenes que quiero que vea,” dijo Heat.

“Si, por lo que sus mensajes incesantes decían. Como te dije la última vez, no conozco a este Tyler Wynn.”

Mientras ella pasaba cada imagen en su móvil, Nikki dijo, “compláceme. Quiero que vea a Tyler Wynn, y también a esta mujer, Salena Kaye, y a este hombre de aquí, Petar Matic.”

Él brevemente las miró. “No puedo ayudarte.”

“¿Eso significa que no los reconoce o que no puede ayudarme?”

“Ambos.” La miró con resolución mezclada con petulancia. “Debo informarle que me han dicho que no hable con usted, o corro el riesgo de deportación.”

Rook volvió de su vista e hizo contacto visual con Nikki. Después la frente de ella se frunció y se acercó un paso hacia Vaja. “¿Exactamente quién le ha dicho esto, Sr. Nikoladze?”

Cuando oyó el nombre, Nikki echó humo.

“Detective Heat, DPNY.” Esbozó una sonrisa y añadió, “El Agente Especial Callan les está esperando.” El recepcionista de la oficina del Departamento de Seguridad Nacional de Nueva York se aclaró la garganta de una manera tan exagerada que obligó a desviar la atención de Rook al techo. Él había estado contando cámaras desde que salieron de Varick Street al vestíbulo del gran edificio gubernamental.

“Oh, lo siento. Jameson Rook, ciudadano modélico.” Entregó su licencia de conducir y susurró a Nikki, “más cámaras que en la Mejor Compra en Navidad. Cinco pavos a que Jack Bauer ya sabe que estamos aquí.”

“Ascensores a su derecha,” dijo el recepcionista, entregándoles a cada uno unos pases de captura de foto en que se leía “Planta 6.” Pero cuando entraron en el ascensor y presionaron el seis, las puertas se cerraron, las luces se apagaron, y este descendió.

Después de un breve momento de sorpresiva desorientación, Rook dijo, “elevador negro,” y empezó a presionar el panel de control, lo cual no hacia absolutamente nada para parar su movimiento de bajada. Él lo dejó y dijo, “dulce.”

Las puertas se abrieron en un sub-sótano de un centro de mando de alta tecnología.

Docenas de personal de paisano y militar de todas las ramas trabajaban en ordenadores y miraban a una pantalla LED gigante del muro. Las Jumbo-Trons mostraban resultados de seguridad en vivo y rejillas iluminadas, una de las cuales se asemejaba a unir los puntos del US Nordeste. Un par de agentes que les estaban esperando, vestidos con complementarios Joseph A. Banks, les escoltó a lo largo de un muro en la parte de atrás hacia una Sala de Situación donde agentes especiales del DSN a cargo de Bart Callan llegaron desde la cabecera de una mesa de conferencias vacía para encontrarse con ellos en la puerta.

La última vez que Heat le vio, él había jugado como un espía de las películas de los años sesenta.

Nikki comía su comida en solitario en un banco del parque; el Agente Callan se materializó de ninguna parte y se sentó a su lado para ofrecer unirse a su equipo para ayudar a seguir la pista a Tyler Wynn. Ella le oyó pero declinó. Nikki no podía estar segura, pero esto la hizo sentir como que Callan luego trató de abrir un flanco personal, enviando señales de amistad… y quizás un interés más profundo. Pero Heat tenía una relación, y más que eso, necesitaba independencia de los federales. Su estilo de investigación no se prestaba a la burocracia, política, y alfombra roja. Ahora, juzgando desde la radiante sonrisa hacia ella mientras él se aproximaba, el Agente Especial Callan claramente no había abandonado a Nikki.

“Heat, Dios Mío, nunca pensé que te vería aquí abajo.” Él asomó una mano, y cuando Nikki la estrecho, apretó su otra mano sobre las suyas y las sostuvo exactamente más de un segundo de lo que es considerado amigable. La cara de Bart Callan brilló alrededor de una sonrisa

alimentada con maíz que la hizo sonrojarse. Después se giró y dijo, “hola, Rook, bienvenido al bunker.”

“Gracias. Y es tan agradable visitarte bajo mi propio poder.” A Rook todavía le escocía por lo que él llamo El Gran Ladrón de Coches de la Nación. Hace unas semanas, cuando Heat y Rook volvían de París, un agente que se colocó como conductor de servicios de coches les había bloqueado y dirigido su limusina dentro de un almacén en el Long Island Expressway, donde el Agente Callan les había interrogado a ambos sobre sus actividades de ultramar.

Ahora Callan sujetaba un brazo alrededor del hombro de Rook mientras les guiaba dentro de la Sala de Situación. “Vamos, ¿no vayáis a guardar rencor por nuestra pequeña charla improvisada, verdad?”

Repentinamente llevado por la sala de alta tecnología, con su mesa de caoba del tamaño de un avión y con su majestuosa variedad de pantallas LED, Rook dijo, “no si me dejas conocer al Dr. Strangelove.”

El agente más cercano le dirigió una mirada de desconcierto y se giro rápidamente de vuelta a Nikki. “Siéntense, siéntense.” Él señaló a las altas sillas de cuello, pero ella permaneció sobre sus pies. Callan se olía problemas. “OK, no se si-sienten…”

“Dijiste a mi testigo –una persona de interés en el caso de mi madre- que no hablara conmigo. Demando saber porqué estas interfiriendo en mi investigación.”

Callan se tiró del su flojo nudo de la corbata. Él ya tenía su abrigo quitado, y Heat veía sus tríceps flexionándose contra sus mangas de la camisa.

“Nikki, esta debería ser nuestra investigación. Todo lo que tienes que hacer es subirte al barco.”

“Te lo dije, quiero independencia, no algún mensaje de una máquina federal con mi caso.”

“Demasiado tarde,” dijo la voz de una mujer.

Heat y Rook se giraron hacia la puerta. La mujer entró como si ella estuviera al mando, y lo sabía. Y por la repentina perdida de afabilidad de Callan, él también. De repente tirante, él dijo, “Nikki Heat, diga hola a-

Pero la delgada morena en un traje negro a medida, hizo su propia presentación. “-Agente Yardley Bell, Seguridad Nacional.”

Dirigió a Heat una mirada de evaluación y un fuerte apretón de manos. Después se giró hacia Rook, cuya cara tenía una expresión que Heat nunca había visto.

“¿Ayúdame con tu nombre otra vez?” dijo él, casi incapaz de esconder su sonrisa.

Y después ella dijo, “Jameson Rook. Santo Dios.” Los dos se movieron para estrecharse la mano pero, a medio camino, optaron por un abrazo. Entonces Yardley Bell sorprendió a Nikki y Rook- besándole. Seguro, ella lo plantó en su mejilla, no en su boca, pero un beso.

Heat olvido su queja al DSN por un momento.

Yardley Bell se echó para atrás, pero no muy lejos. Todavía ahuecaba sus hombros con ambas manos mientras que reía y decía, “lo siento. Eso no fue muy profesional, ¿verdad?” Rook solo estaba boquiabierto, sin palabras por una vez.

Después Callan, Heat y Rook se sentaron. La Agente Bell eligió un sitio que se apoyaba contra

el muro detrás de la silla de Callan a la cabecera de la larga mesa.

Nikki consideró el poder del mensaje que eso señalaba.

“Detective Heat,” Empezó, “estoy de visita a nuestro equipo en DC. Vine aquí para unirme al

Agente Especial Callan para solucionar el tema con el que he tropezado referente a Tyler Wynn

y darle un final feliz. Soy consciente de tu conexión emocional en este caso, y tienes mi

simpatía.” Ella paro solo un momento y siguió. “Sin embargo, no se confunda, esto es El Gran Show, no lobos solitarios. Tenemos en esto más de una vela de lo que tú te crees, y una estrategia a gran escala que no puede concernirte como algo de fuera. Pero si eliges arreglarlo y unirte al equipo probablemente consigas una respuesta a tu pregunta. ¿Qué

dices?”

“Agente Bell, ¿verdad?” dijo Heat. “Es un verdadero placer conocerla. Pero mi visita ha terminado. Agente Especial Callan, gracias por el tour.” Se levantó. Rook dudo un poco pero también lo hizo.

Estaban casi fuera cuando Bell dijo, “¿No quieres saber sobre la llamada de teléfono de Salena Kaye en el helipuerto?”

Nikki se odiaba a sí misma por eso, pero se paró y se giró. Una pantalla plana en el muro cobró vida con una serie de gráficos animados escaneando un mapa del bajo Manhattan y Brooklyn. Yardley Bell se movió al lado de esta, toco la pantalla y deslizó con su dedo para el detalle del

East River. Al momento, en la esquina superior derecha apareció una marca de tiempo de la red de búsqueda.

“Esto fue grabado en el momento en que Kaye escapó de ti y cogió prestado el helicóptero de la aviación general.” Ella tocó un icono en un lado del cristal, y un punto de mira de color verde brilló en medio del río y parpadeo constantemente. “Esta es la señal del móvil del sujeto cruzando sobre el Campo de la Marina de Brooklyn a veinticinco MPH (millas por hora).” Otra luz brilló en la pantalla. “Esta es la antena de teléfono en Red Hook que recogió la llamada. El rastro, como puedes ver, esta rebotando sobre ocho repetidores en Queens, Staten Island, de vuelta a Brooklyn, y también en cuatro más.”

Bell se apartó mientras las luces brillaban y hacían ping por la pantalla como un videojuego de segunda generación, después murió. “Esto indica cuatro cosas. No era un teléfono desechable. Era una llamada encriptada. Y era una transmisión digital sofisticada destinaba a ser inrastreable, y después a explosionar.”

“Eso son solo tres cosas,” dijo Heat.

“Oh, cierto. Número cuatro. Está sobre tu cabeza. Puedes unirte a nosotros y tener acceso a recursos como este, o quedarte fuera y perseguir su maldito cuento.”

En el sonido de un botón rojo siendo presionado, Bart Callan se puso de pie y se metió en la conversación. “Eso no es sobre ti personalmente.” Él permaneció cerca de Nikki, dándola su sonrisa más conciliadora. Para un tipo militar, él tenía verdadero entusiasmo y esto tenía un efecto calmante.

Heat mantuvo el freno en su ira. “¿Entonces sobre qué va esto?”

“Bueno, simple y llanamente. Nosotros tenemos las infraestructuras, el equipo, y la experiencia para hacer esto bien. ¿Lo que me gustaría personalmente…?” Él paró y presionó su palma contra su pecho. “Es para que te unas a nosotros y nos des los beneficios de tu percepción y, francamente, notorias habilidades, Detective Heat.”

Callan mantuvo el contacto visual con ella, y un pequeño e involuntario aleteo creció en el pecho de Nikki de nuevo. Se giró a Rook, preguntándose si él lo había leído.

Después miró al notorio agente al otro lado de la sala, que parecía solo estar esperando a todo el asunto, y se preguntó si este era un agente bueno/agente malo de una suave venta/dura venta o si Yardley solo era un grano en el culo. Heat volvió a la agradable sonrisa de Callan.

“Esto has sido de mucha ayuda, Bart. Tengo que decir que he cambiado de opinión. Vine aquí toda cabreada para preguntarte porqué estabas interfiriendo en mi investigación, y ahora…” Él la miró con anticipación. “Y ahora te estoy diciendo que al infierno con esto.”

Callan insistió en subir con sus dos visitantes para poder poner su oferta en otra reunión, dando a Nikki tiempo para enfriarse y reconsiderarlo. Cuando Heat y Rook salieron dentro del vestíbulo del DSN él permaneció en el ascensor, manteniendo la puerta abierta con su mano. “Y que no te aleje el estilo brusco de la Agente Bell. Yo pase por una adaptación. Algo tenía que ceñir a mi jock cuando se abalanzó sobre mi caso.”

“¿No eres el oficial superior?”

“Lo soy.”

Heat dijo, “me parece más como si tú estuvieses trabajando para ella, Agente Especial. ¿Y ahora quieres que salte en la disfunción política?”

“Seamos profesionales. Pasemos por alto el meado en los árboles que vimos allá abajo. La Agente Bell tiene un impresionante historial en contrainteligencia. Simplemente pregunta a tus amigos aquí.” Su referencia portaba un tufillo de animosidad que hizo a Rook evitar su mirada y hacer perder el equilibrio a Nikki mientras ella procesaba su previa relación con Yardley. Pero Nikki recupero su base y fue hacia atrás.

“Todavía quiero una respuesta a mi pregunta. Vaja Nikoladze.”

“OK,” dijo Callan, “te daré esta como gesto de buena fe. El georgiano es un informante. Queremos mantenerlo de esa manera.” Lanzó una mirada de búfalo a Rook. “Yo seguiría, pero no quiero ser nombrado en los medios.”

Rook dijo, “oye, tú asaltaste a un periodista y a una detective del DPNY con una mentira, vas a tener que comprar un párrafo en mi artículo.”

Callan no respondió. Preguntó a Nikki que lo pensara, después liberó la puerta para su descenso.

La primera cosa que Heat dijo de vuelta en el coche fue, “OK, escúpelo. ¿Quién es Yardley Bell?”

“Es una fiera, ¿verdad?”

“Rook, te besó. Empieza a hablar.”

“Nos conocimos en el Cáucaso hace cinco años,” empezó. “Eso fue cuando mi primer reportaje de los rebeldes chechenos empezó a hacer ruido.”

“Directo a Yardley Bell, Rook,” dijo ella. “Conozco todo sobre tu reportaje.”

“OK, por lo que estoy en la ciudad, sentando en una cafetería en la puerta de al lado de mi hotel, tecleando un reportaje en mi portátil, cuando esta mujer se sentó al otro lado y se presentó a sí misma como una productora de campo para una radio pública. Ella dijo que había estado leyendo mis noticias y quería acompañarnos a hacer trabajo avanzado para un documental. Pensé sobre ello y dije, ¿Por qué no?”

“¿Por qué estaba buena?”

“Porque soy un bobo de ‘Todas las cosas se consideran’. Y porque alguien que hablaba inglés aparte de que era americana- era algo con lo que no había tropezado en seis semanas yendo con los rebeldes.” Entonces él se encogió de hombros, admitiéndolo. “Está bien, y estaba buena.”

“¿Cuánto tiempo paso hasta que descubriste que era de la CIA?”

“Esa noche. Me desperté y la pille con mi portátil Moleskines.”

“En medio de la noche,” dijo Nikki.

“Si.”

“La primera noche.”

“Revisemos. Seis semanas, americana, buena.”

“Lo pilló.”

“Tengo mis principios periodísticos, sin embargo. No viajaría como tapadera para un espía. Y desde luego no iba a quemar la credibilidad que había establecido con los señores de la guerra. Por lo que la eche a la mañana siguiente OK, la noche siguiente- y eso fue todo.”

Heat hizo un giro hacia el norte por el Hudson y dijo, “No, no lo fue. Rook. Interrogo a mentirosos para ganarme la vida, no me mientas. No sobre esto.”

“Déjame terminar. Pensé que eso era todo –hasta seis meses después cuando fuí secuestrado en un tren de montaña por un grupo de los astilleros que me acusaban de trabajar para los

rusos. Me tuvieron retenido durante una semana en sus cuevas. ¿Y adivinas quién me encontró y llevó el rescate de la misión?”

“Susana Stamberg.”

“La siguiente mejor cosa. Yardley se las paso conmigo mientras me recuperaba en Atenas, y en un momento dado, paso algunas de mis cosas a un apartamento que ella mantenía en Londres. Por lo que puedes hacer las matemáticas, era muy divertido pero muy complicado. Ella tenía un trabajo del que no podía hablar, y yo tenía uno del que tampoco. Compartimos un lugar pero ambos viajábamos.” Pararon en un semáforo en Columbus Circle, justo a unos bloques de la comisaría. “No te mentiré, fue bueno mientras duro. Pero no duro.”

“¿Conflicto de intereses?”

“El mayor. Te conocí.” Nikki se giró, y se miraron hasta que una bocina empezó a sonar detrás de ella en el semáforo en verde. Ella siguió conduciendo, y él continuó, “eso fue cuando pare de verla.”

Nikki pensó sobre la intimidad del saludo de Yardely, y su físico disimulado con Rook, y pensó que quizás tenía un nuevo entendimiento de los intereses en su caso de la Agente Yardely Bell. Pero la reunión del DSN le había dicho a ella algo que era más importante. Si los Nacionales estaban pinchando las llamadas de teléfono de Salena Kaye en lo profundo de una Sala de Situación de un bunquer, algo grande definitivamente estaba pasando con Tyler Wynn y su banda de conspiradores.

Heat aparcó en doble fila el Crown Victoria con los otros coches policiales en frente de la comisaría de la 82th West. “No lo cierres,” gritó Ochoa. Él y Raley salieron del aparcamiento amurallado en su camino hacia el Roachmovil. “Un homicidio fresco.”

Nikki conocía a estos tipos y podía leer las señales: sus ojos impacientes, el ritmo en sus pasos. La tripa de Heat la decía que las cosas se habían movido en una nueva dirección. “¿Qué?” fue todo lo que ella dijo.

“Hay una cuerda.”

Su compañero añadió, “parece que tenemos un asesino en serie.”

CAPITULO 3

Al caer el día, los focos de la escena del crimen podrían pasar por los de una de las ubicuas grabaciones de cine de Manhattan. Pero mientras Heat y Rook rodaban hacia el sur por Riverside Drive aproximándose a la 72th, no había camiones con remolque, ni autocaravanas vestuarios, ni cabinas WC con las puertas marcadas con “Lucy” y “Desi.”

Cuando se detuvieron, aparcó detrás de la furgoneta de la Oficina del Jefe Forense. Nada de esto sería fingido.

Nikki salió del coche y se paró en la calle antes de que se cerrase su puerta. Rook la preguntó si todo estaba bien. La Detective Heat asintió. Esta vez se tomó su intervalo privado para el fallecido y se sintió preparada.

Raley y Ochoa se unieron desde el Roachmóvil, y los cuatro se pusieron a trabajar.

La primera cosa que Heat sintió cuando reconoció a la víctima, fue llamar al supervisor de escena de clasificación. Nikki nunca rompía el paso, solo le dijo al sargento que ordenara un control de la multitud inmediatamente. “Prensa, paparazzi, mirones –que nadie se acerque.”

“Whoa,” dijo Rook. “Es Maxine Berkowitz.”

“Ni más ni menos,” dijo Raley. “tu ‘Doorbuster’ del Canal 3.”

“Caballeros” fue todo lo que Heat necesitaba decir. Ellos callaron, deteniéndose en el acto. Ella se movió hacia a delante, usando la palma de su mano para protegerse de las poderosas luces de la UEC mientras revisaba ocularmente el lugar alrededor de la víctima. El cuerpo de la defensora de los consumidores del Canal 3, se mantenía erguida sobre un banco de la ciudad frente a la estatua de Eleanor Roosevelt en la entrada peatonal del Riverside Park. Maxine Berkowitz vestía un traje de negocios de alta calidad. Su cabello, aunque muy arreglado, tenía el pelo levantado por la parte posterior donde había sido alborotado. Su maquillaje presentaba manchas alrededor de la parte inferior de la cara y boca. Ambas manos descansaban suavemente sobre su regazo. Para un transeúnte casual, podría haber sido cualquier profesional treintañero de Manhattan tomándose un descanso para contemplar el recuerdo de la Primera Dama del Mundo. Excepto que esta mujer había sido asesinada.

“Asfixia por estrangulación,” dijo Lauren Parry sobre su portapapeles. “Ese es mi preliminar, con la advertencia habitual de que tengo que hacer mis test, y bla, bla.”

Nikki se inclinó hacia delante para examinar la pronunciada línea del hematoma alrededor del cuello de la víctima. “No es manual.”

“Apuesto por un cable eléctrico. Esa contusión esta agudamente definida. Y no veo abrasiones o un patrón de cadena como de cordón.” Heat se acercó más, y percibió un enfermizo dulce aroma “¿Cloroformo?” La Forense asintió. Nikki estudió la mancha de maquillaje alrededor de la nariz y boca de la víctima, y sintió una punzada de tristeza por la reportera, recordando su propio secuestro de hace unos meses. Se levantó y dijo, “muéstreme el cordón.”

La cámara del CSU técnico disparó por última vez. Recogió la regla de aluminio de quince centímetros que había situado al lado de la cadena para ilustrar la escala y dijo, “todo tuyo.”

Estaba colocado encima del bolso de la víctima en el otro extremo del banco. Cordón rojo, similar a aquel dejado con el cuerpo de Conklin, había sido atado a la misma altura que el cordón amarillo, después enroscado como uno solo, y colocado en el bolso en una figura de ocho. El gesto, el cuidado, y la tranquilidad del mensaje con lo que sea que significase- traía un escalofrío a Nikki. Después Rook se movió cerca y ella sintió su calidez contra ella.

“Sabes qué,” dijo él. “Una lemniscate.”

“¿Qué?” preguntó Ochoa.

“Lemniscate. La palabra para el signo de infinito.”

Raley ponderó. “Pensaba que signo de infinito era la palabra para el signo de infinito.”

“Ah, excepto que eso son dos palabras.”

Nikki miró a los Roach y sacudió su cabeza. “Escritor.” Después, dijo a Rook, “¿Dónde has aprendido eso, entrevistando a Stephen Hawking?”

Rook se encogió de hombros. “¿La verdad? Una gorra de Snapple.”

Estuvieron trabajando en la escena durante una hora, entrevistando al adolescente que había descubierto el cuerpo mientras estaba paseando al perro de su vecino y había preguntado a la difunta por un autógrafo. No había visto a nadie más alrededor; de hecho, la única razón por la que él prestó alguna atención a Maxine Berkowitz fue que ella era la única allí. El examen del parque para perros en las inmediaciones, no produjo nada con lo que seguir pero le dio a la Dra. Parry tiempo para cerrar las cortinas privadas de la Oficina del Forense y pasar un test

preliminar para la temperatura y lividez. Fijó la hora de la muerte entre el mediodía y las 4 de la tarde de ese día.

Los Forenses llamaron a Heat por encima del banco. “Encontramos algo cuando recogimos el bolso de la víctima para guardarlo.” Con manos enguantadas, los técnicos levantaron el bolso y revelaron, debajo de este, un pequeño disco. Nikki se agachó a su lado para un examen más de cerca, para asegurarse de que era lo que ella pensaba que era. Se heló y levantó la mirada hacia el técnico. “¿Raro, eh?” dijo él. “Una rueda de patines de Rollerblader.”

Heat encargó a su brigada pasar las comprobaciones habituales de los edificios de apartamentos de enfrente para posibles testigos oculares especialmente alguno que quizás haya visto un Rollerblader- y escanear las cámaras de seguridad. Después ella y Rook salieron hacia el Canal 3.

WHNY News ocupaba el piso de arriba de las dos plantas de un complejo encajado entre Lincoln Center y el West Side Highway. Mientras esperaban para que la seguridad los autorizase, Nikki miro a través del patio de los estudios colindantes donde su exnovio, el asesino de su madre, había trabajado como un talentoso productor de segmentos de un show de debates nocturnos. La onda de la traición la enervó de nuevo y renovó su ansiedad sobre el paradero de Tyler Wynn. Heat lo selló y se centró. Un asesino para cada momento, pensó.

La sala de noticias la hizo sentir a Heat como en su propia oficina, pero con tecnología más avanzada, colores luminosos, y mejor amueblada. El rumor de preparar las ‘Noticias 3 @ 10’ clíckeo de forma similar a la adrenalina producida en el trabajo sobre trabajar en un caso de asesinato en el plazo establecido. La presión y la emoción corrían por la sangre, no en el aire. Llámelo caos controlado.

El director de noticias, George Putnam, un fornido pelirrojo, aún estaba conmocionado por el susto del asesinato de su reportera de los consumidores. Heat se acercó a través de un rastro de vapor de Whisky mientras ella y Rook le seguían a través de un laberinto de escritorios. Nikki se preguntó si el whisky era la reacción de Putnam ante la muerte, o como él las arregló para montar un noticiero nocturno en Gotham. Entraron en su oficina, similar a la del Capitán Irons en la 20th, una caja de cristal que le daba una visión de su mundo. “Este es un gran golpe

para nuestra familia,” dijo, señalando hacia la sala de noticias. “Todos estamos trabajando, pero es duro. Lo hacemos por Max. Ella era especial, esa chica.”

Los filtros anti-mentira de Heat empezaron a zumbar, pero dijo, “eso es admirable.” Rook pilló sus ojos y, en la forma en que solo los amantes lo pueden notar, tuvo la sensación de sus antenas también estaban levantadas.

Putnam describió a Maxine Berkowitz como la unión perfecta entre reportera y ritmo. Ella llegó a WHNY desde Columbus, Ohio, como presentadora del fin de semana, pero “ella nunca supo mediar entre los grupos de discusión, por lo que en lugar despedirla, tuve el capricho de reciclarla como protectora del consumidor. Ya sabes, un espectador-defensor de frente. Alguien que anduviera a través de los muros y tirara puertas.” Se frotó suavemente un ojo y dijo, “Ella misma salió con el título del espacio, “La Doorbuster,’” Continuó pasó a describir a un equipo jugador, querida por sus compañeros de trabajo.

No satisfecha con la lista de los empleados de la compañía que George Putnam la había entregado, Nikki preguntó para hablar con alguien que fuera más cercano a Maxine. El director de noticias dudó, después la guió a ella y a Rook dentro del set, donde el meteorólogo de las ‘Noticias de las 3’ se inclinaba sobre su escritorio del tiempo. “Oh Dios Mio,” dijo Rook. “No puedo creer que, realmente este conociendo a Coolio Nimbus.”

El joven hombre negro se enderezó rápidamente, y cortas rastas bailaron en su cabeza. Pero la firme sonrisa y ojos traviesos del Más Juguetón Meteorólogo de Nueva York estaban apagados de tristeza. Este hombre los miraba como si hubiese perdido a su mejor amiga.

Nimbus les llevó a su cubículo justo fuera del set. Cuando Nikki llegó allí, se giró, buscando a Rook, pero le había perdido en el camino. Heat lo descubrió embobado mirando su propia cara con desconcertada fascinación mientras esta llenaba un monitor LED de 54” pulgadas sobre el escritorio de deportes. En el momento en que él se unió, ella había conseguido más o menos la misma visión de la mejor amiga de Coolio que había conseguido del director de noticias, sin embargo el hombre del tiempo dijo, “hay algo de mierda que quizás necesitas saber. Pero no estoy seguro de sí debería soltarlo.”

“Sé que esto es duro, Sr. Nimbus,” dijo Nikki, “pero necesitamos oír de alguna posibilidad si vamos a encontrar al asesino de su amiga.”

Una voz familiar interrumpió, “Santo Dios, es Nikki Heat.”

Greer Baxter, la cara icono de WHNY News, se alzaba sobre ellos. El veterano presentador de las noticias tenía un casco rígido de pelo rubio enmarcando sus bellas facciones. El locutor de telediarios tenía diversos tejidos cubriendo el cuello de su blusa para mantener el maquillaje lejos del roce contra el mismo. Tanto Heat como Rook se levantaron, pero él quizás también fuese invisible. Él apretó la mano de Nikki entre las suyas y dijo, “pobre Maxine. Que tragedia. Que perdida.” Y luego, en un cambio de marcha de lo más suave, como si girara la página de las principales noticias de la noche, el dijo, “ahora, Nikki Heat, tu y yo necesitamos tener una charla. Necesitamos concretar tu aparición en mi pequeño espacio.”

El espacio al que Greer Baxter humildemente se refería, “Greer y Ahora,” era un tiempo ampliado para entrevistas con las que cerraba cada noche el noticiero estelar. Baxter tenía una gran reputación como experto entrevistador que conseguía a personas de gran interés periodístico. “Con todo respeto,” comenzó Nikki, “yo-

“Ah-ah,” dijo Greer. “No voy a aceptar un no. Perdimos a uno de los nuestros. Si no tienes suficiente información para seguir conmigo esta noche, lo entiendo. Pero te necesito. Lo digo en serio. Llámame. O te llamaré, Nikki Heat.”

Después de que ella siguiera adelante, Heat devolvió su atención a Coolio Nimbus. “¿Qué debería saber acerca de Maxine Berkowitz?”

Minutos después, de vuelta en la oficina del director de noticias, George Putnam rodeó su escritorio y cerró la puerta. “¿Coolio os dijo eso?” Heat asintió. Él descansó en su silla giratoria de ejecutivo y se meció con un suspiro, profundo y doloroso pensamiento. Después se inclinó hacia delante, descansando las mangas arremangadas en su escritorio y presentando su obstrucción de una cara pecosa hacia ellos. “Es verdad. Max y yo teníamos una aventura. Empezó hace años cuando empecé a guiarla para su nuevo papel.”

“¿Como su amante?” preguntó Rook.

“Como su maldito mejor defensor de los consumidores en TV,” dijo. “Tenía la opinión de que la gente puede acostarse junta y seguir trabajando juntos.” Tanto Heat como Rook mantuvieron los ojos hacia el frente. “Estaba equivocado. Sabía demasiado dirigiendo esta sala de redacción. Tenía que guardarle secretos. Ella lo descubrió, por supuesto, cuando envié un memorándum al personal sobre un cambio, y ella se molestó por no haber sido a la primera en

decírselo. Eso termino con lo nuestro.” Nikki dejó que el silencio hiciese el trabajo. Putnam lo llenó. “Terminamos hace un año. Termino mal. Pero esa aventura fue una historia pasada. Quiero decir, cuando un romance está acabado, está acabado ¿Verdad?”

Rook se giró inmediatamente hacia Nikki y dijó, “sí… Absolutamente.”

Heat dijo, “Sr. Putnam, me gustaría saber su paradero a mediodía de hoy, por favor.” Pero incluso mientras Heat apuntaba su declaración, sabía que no era él y eso hacía que la coartada de Putnam fuese solo una formalidad.

El verdadero asesino estaba en algún lugar allí fuera.

Cenaron esa noche en el loft mientras bebían un Hefeweizen sin filtrar y Nikki miraba a lo largo del mostrador de la cocina después de su baño. “¿Qué magia está ocurriendo en ese horno tuyo, Sr. Jameson?” dijo. “Amo el ajo y el tomillo fresco.”

“Son los cuarenta dientes y un pollo de ‘Good Eats’.” Después Rook sostuvo el libro de recetas y dijo, “¿Cómo de raro es esto? Alton Brown llamo a esto la perfecta comida preparada con anticipación para esas molestas semanas de homicidios en serie, o cuando has tenido un largo día persiguiendo a Enfermeras Traviesas.”

Mientras comían, estaban viendo ‘Noticias 3@10’. Por supuesto, la historia principal era el asesinato por estrangulación de su defensora del consumidor, Maxime Berkowitz. La lectura estoica de Greer Baxter fue fuera del set con un vídeo de los empleados del WHNY en llanto y una grabación en vivo de la 72nd y Riverside Drive, donde el reportero de campo, parado detrás de un memorial improvisado en la acera con velas y flores, mostraba la escena del crimen, aquella que la policía había acordonado esperando para una búsqueda de evidencias con luz natural. El reportero dijo, “el Capitán Wallace Irons del DPNY está conmigo. Es el comandante de la Comisaría 20.”

Él también es el que está siempre a la distancia más corta entre un cuerpo embolsado y una cámara de televisión,” interrumpió Rook mientras Wally daba un paso hacia la brillante luz al lado del reportero.

Irons mantenía su apariencia básicamente ceremonial. Cuando Heat le había informado hace media hora, le dijo solo lo fundamental: causa de la muerte, hora de la muerte, y como el

cuerpo había sido descubierto. Él usó su tiempo en el aire como una súplica para que los testigos oculares se presentasen, como ella le había pedido que hiciera. Sin embargo, Nikki no había contado nada a Irons sobre el cordón. O que esto probablemente era el trabajo de un asesino en serie. Eso sería la primera cosa que ella haría en la mañana. Pero por ahora lo mantuvo oculto, simplemente porque no confiaba en el bocazas de su comandante.

Después de los platos, descorcharon un Haute-Côtes de Nuit que les transportó a 1999. Las fotos de vigilancia de Joe Flynn sobre su madre, hicieron un viaje emocional para Nikki. Las lentes telescópicas de la cámara habían capturado a Cynthia Heat justo como su hija la recordaba: pulcra, elegante, y lista. El padre de Nikki había encargado el trabajo, sospechando que su mujer tenía una aventura, y no sin una causa. Los movimientos de Cindy Heat eran todos dirigidos a esconder una vida secreta a su marido y a su propia hija. Nikki y su padre nunca lo hablaron. Cada uno de ellos tenía miedo de darle voz, pero ambos sospechaban que ella escondía un secreto. Ambos no tenían ni idea de que era una doble vida como agente de la CIA espiando a las familias que contrataron a la Sra. Heat como tutora de piano. Nikki reflexionó en la ironía de que la sospecha de un marido sobre un cónyuge infiel le guiaría a contratar a un investigador privado cuyas enredosas fotos posiblemente dejaran ahora pistas para una pícara ex conspiración de la CIA.

Nikki había cargado el pen drive que Flynn la dio en el MacBook Pro de Rook y, hombro con hombro, vieron la disposición de diapositivas en su monitor. Una vez que Nikki pasó por la nostalgia de ver once años en imágenes de su madre, se centró en las otras caras.

Algunas fotos habían sido tomadas a través de ventanas en casas; la mayoría tomadas en las aceras de Manhattan de la tutora bajo vigilancia que llegaba o partía con carpetas de partituras bajo el brazo. Heat reconoció al jamaicano Algernon Barrett, que se había agachado detrás de las faldas de su abogada para evitarla. Una instantánea capturaba a Cynthia con el magnate cervecero Carey Maggs, sentados en el gran macetero fuera de su apartamento, riendo sobre algo que su pequeño chico debía de acabar de decir. Más fotografías de la misma calaña aparecieron. La mata de pelo al estilo Rudolf Nureyev de Vaya Nikoladze fechó la foto de él hablando con Cynthia Heat en el camino de grava de su propiedad Hasting en los Hudson. Un pastor cachorro georgiano se sentaba obedientemente en su pierna izquierda.

Rook hizo un clic rápido a través de una serie de fotos duplicadas, pero cuando Nikki dijo “Whoa,” él paró la pasada de fotos y miró a la cara familiar del hombre en una intensa conversación con Cyndi Heat en una acera del Midtown. Ellos no sabían su nombre, pero nunca lo olvidarían. Era el doctor quien, tres semanas atrás en un hospital de París, había

ayudado a Tyler Wynn a fingir su muerte enfrente de Heat y Rook. “Dios Santo,” dijo Rook conteniendo la respiración.

“Curioso, curioso,” asintió Nikki. “Una foto más, déjame verla.”

Cynthia Heat no estaba en la siguiente foto, pero el doctor francés sí en el asiento delantero de un coche estacionado, con otro hombre que ellos no reconocían. Rook dijo, “parece que nuestro doctor francés pasaba el suficiente tiempo alrededor de tu madre para ganarse alguna foto.” Nikki anotó la fecha y hora de la imagen para poder llamar a Joe Flynn para preguntarle si tiene una identificación del hombre. Cuando terminó, encontró a Rook mirándola. “Tengo una idea que vas a odiar.”

“Tienes razón,” dijo, “la odio.” Nikki se sentó en el sofá de la gran sala de estar con las vistas de un millón de dólares de los rascacielos de Tribeca y añadió “¿En qué mundo vives en el que pienses que simplemente podría dejarlo todo e irme a París?” Él trajo la botella de vino y los vasos, y mientras los dejaba en la mesa de café, ella continuó, “Si este es algún plan encubierto de los tuyos para llevarme lejos para mi seguridad, es una estrategia discutible, Rook. Puedo ser envenenada en un bar de cinc en el Banco Derecho tan fácilmente como en el Gramercy Starbucks.”

“Primero de todo, esto no es algún plan encubierto. Solo es algo que he estado pensando secretamente.” Él se dio cuenta de lo que acababa de decir y la tendió su vino. “Déjame terminar. Lo que quiero decir es que desde que Tyler Wynn escapó, he estado considerando un viaje de vuelta a París para ver si puedo recoger su rastro en sus antiguos lugares. Quizás incluso reconectar con mi compañero espía ruso, Anatoly. Eso no es encubierto; esos son solo pensamientos internos que no había expresado.”

“Algo muy nuevo para ti,” dijo ella mientras tomaba un sorbo de su Burgundy.

“Vamos, Nik, ahora que has visto a ese doctor francés con tu madre en estas viejas fotos, ¿no hay ni un solo hueso investigador en ese cuerpo tuyo dolorido por encontrar la conexión?”

“Bueno. He estado pensando lo mismo.”

“¿Encubierto?”

“Cállate.”

“Un momento, mientras yo saboreo esta rara victoria de toma y daca.” Él cerró los ojos, sonriendo, después los abrió. “OK. Esto es lo que quiero hacer. Quiero aparecer en ese hospital de París, sorprender al Dr. Frenchie, y ver qué es lo que sabe sobre Tyler Wynn, antes y ahora.”

Nikki se sentó derecha y descanso su vaso en el posavasos. “Sabes, estoy odiando menos esto.”

“¿Por que ves la lógica de por dónde va?” preguntó él. Cuando ella dijo que sí, él presionó. “¿Y tú vendrías?”

“Sé real, Rook. No puedo irme.”

“¿No incluso por un viaje de negocios?”

Ella alisó el cuello de él y después dejó su mano izquierda cubriendo su pecho. “¿Puedo indicar que tengo un montón de cabos sueltos en los que estoy trabajando justo aquí, incluyendo un rastro fresco de Salena Kaye? Sin mencionar una pequeña cosa que apareció llamada asesino en serie.”

“Siempre es algo,” dijo él bromeando, pero solo un poco.

Nikki asintió a sí misma, llegando a una decisión. “Ve tú. Pero respóndeme a esto: ¿Estas intentando ayudarme a resolver el caso, o reunir más material para tu siguiente artículo?”

Rook dijo, “eso duele.” miró hacia fuera de la ventana, a la noche neoyorkina, y entonces dijo, “pero te perdonare si podemos tener sexo.”

Nikki Heat llamó a su equipo para un temprano empiece. Cuando los detectives entraron a las 6 de la mañana, ella posicionó su pantalla del ordenador para que pudiera echar una ojeada a sus reacciones mientras cada uno descubría un café esperando en su escritorio etiquetado con el nombre de “Nikki” a lápiz. ”Es mejor que os riais,” dijo por encima de sus risas. “Esta broma me ha costado veinte dólares.”

Su móvil vibró. Rook, mandándola un mensaje de que estaba a punto de pasar por las pantallas de la AST para su vuelo a París, y antes de salir de viaje, quería hacerla saber cuánto

había disfrutado de su servicio de despertador. Heat había dormido profundamente después de hacer el amor, descendiendo en un dulce olvido arropada entre sus brazos. Se despertó por el dolor a la mañana siguiente de su ronda de jiu jitsu con Salena Kaye. Desde que él había planeado levantarse a las cuatro para realizar su viaje, ella decidió ser su alarma y deslizarse bajo las sábanas. Nikki le respondió que estaba deseando su siguiente escala y camino hacia el frente de su sala de la brigada, pero lo suficientemente lento como para perder la sonrisa.

Había colocado las dos Pizarras de Asesinato una al lado de otra, una para Roy Conklin y otra nueva para Maxine Berkowitz. Informó a los detectives que no habían estado en la escena de Riverside Park, con las viñetas de la muerte de la reportera de televisión. Cuando Ochoa preguntó sobre problemas con novios, Nikki compartió sobre la mala ruptura con el director de noticias y le asignó comprobar la coartada de George Putnam. “Comprueba también el paradero de su mujer,” dijo Heat, solo en caso de que hubiera un lado volátil en ese triángulo. “Pero hila fino. No vamos a descartar nada, pero esto se siente más como una venganza por celos.”

Eso la llevó a la conexión entre los dos asesinatos. “Tenemos un único indicador que señala a un asesino en serie.” Pegó ampliaciones de fotos de la UEC del cordón encontrado en cada escena del crimen y después recogió sus notas. “Los Forenses quemaron un poco de aceite de medianoche para darnos datos esta mañana. Ambos cordones, tanto el rojo como el amarillo, están hechos de un poliéster de trenza amplia usado para todo, desde hobbies y pasatiempos, pasando por fabricación de joyas, a cuerdas de yo-yo y algo llamado kendama.”

Randall Feller levantó un dedo para requerir atención y dijo, “ese es un juego japonés que usa un eje de madera con una copa en un extremo que se usa para atrapar una bola de madera atada a este por una cuerda.” Paró solo brevemente y añadió, “no preguntes.”

“Agradable saber que cuando Rook no está aquí hay alguien para recoger la cuerda de sabelotodo,” observó Raley.

Desde que el Detective Feller había demostrado un interés especial, Heat le había asignado que hiciera una comprobación del área del los hobbies, artificios, hardware, y tiendas de juguetes para ver si ellos tenían algún cliente que mereciera la pena comprobar. “Detective Rhymer, tú le ayudaras. Estoy segura que este cordón también estará disponible en Internet. Averigua quién lo vende y contacta con esos sitios para informes sobre sus clientes.”

Una ayudante civil, entró por la parte delantera de la oficina y entregó un mensaje para Heat, quien lo leyó y se dirigió a su equipo. “Un patrulla a pie haciendo comprobaciones en los botes

de basura descubrió un cable coaxial de un metro de largo, no muy lejos de la estatua de Eleanor Roosevelt. Los Forenses lo tienen ahora. Es solo preliminar, pero parece haber trazos de maquillaje en el centro del cable.” Heat reflexionó en los pañuelos que vio protegiendo el cuello de Greer Baxter de su maquillaje de televisión y dijo, “eso sería consistente con nuestra estrangulación.”

“¿Qué hay sobre las ruedas Rollerblade?” preguntó Rhymer.

“¿Extraño, no?” dijo Heat. “Los cordones son bastante horripilantes, pero los Rollerblade también lo son. Los Forenses dicen que son nuevos, de una rueda de patín en línea de poliuretano estándar, sin huellas y sin desgaste. Es extraño desde el embalaje.” Pensó por un momento y dijo, “¿Sharon?” La Detective se levantó como si hubiese sido atizada con un palo. “Me gustaría que te unieras al equipo con Raley y Ochoa y comprobaras las ruedas de patinar.”

Esa tarde, cuando el turno había terminado y Heat tenía la oficina para ella sola, abrazó la tranquilidad para contemplar las Pizarras de los Asesinatos y dejar a su instinto hablar. El caso no había dado ninguna pista, y su sentido de policía la decía que la eliminación de algunas pistas que tenían no era negativo pero llevaban a un final. Por ejemplo, la coartada de George Putnam y su mujer habían sido confirmadas. Del mismo modo, Roy Conklin continuaba apareciendo como un hombre que era fácil de amar pero difícil de investigar por esa misma razón.

Nikki se sentó en su escritorio, dejando a sus ojos volar de una pizarra a la otra, dejando que los elementos que conocía hablaran a la mente de un asesino en serie sobre el zumbido de los tubos de fluorescentes. Cordón. El cordón era literalmente el hilo en común. ¿Qué más? Apoyos excéntricos. Una rata muerta. Una rueda de patines en línea. ¿Cómo estaban conectados? ¿O eso era todo?

Geografía. Lo obvio. Ambas víctimas habían sido encontradas en el Upper West Side, en particular, la comisaría 20 una pista semi cancelada porque significaba que el asesino vivía o trabajaba allí, o también que viajaba hasta allí para matar lejos de su casa.

Los minutos pasaban, quizás incluso una hora. Cuando Nikki se metía en este flujo, no solo perdía la noción del tiempo, se escondía de este. Alcanzó su cuaderno de notas y escribió una palabra: “Trabajo.”

Lo que vino a ella no era simplemente que ambas víctimas habían sido mutiladas o asesinadas con un instrumento relativo a su trabajo: el inspector de restaurantes con un horno; la

reportera de televisión por un cable coaxial, el tipo que es usado para conectar cables de televisión. Estas similitudes ya eran la guarnición de la conversación de la brigada. Esto no era algo muy obvio, pero lo suficientemente cerca. Llamó a los Roach, Feller, y Rhymer de vuelta a la comisaría.

Lejos de sentirse molestos, los cuatro detectives desprendían el crispado ambiente de la anticipación, y cuando Heat empezó, “está justo delante de nosotros. Ambas víctimas estaban en el negocio de la protección del consumidor,” vio sus ojos brillar. “Quiero averiguar si se conocían entre ellos o si conocían a alguien en común.” De ahí en adelante, la reunión fue corta. Puso a los Roach en contacto con Olivia Conklin, Feller de vuelta a su trabajo en el Departamento de Salud, y Rhymer en los compañeros y amigos de Maxine Berkowitz. “Comprueba emails, mensajes, informes de teléfono, todo lo que deje un rastro,” dijo, y les vio cancelar sus tardes y utilizar los teléfonos con renovado propósito.

De vuelta temprano a la mañana siguiente, con poco con lo que seguir pero todavía mucho camino que recorrer, el día para todos ellos se convertía en la esencia del trabajo de un buen detective: el trabajo penoso. Las horas de las llamadas de teléfono y comprobaciones por ordenador se conseguían romper solo al reunirse para comparar notas después de golpear el pavimento del cara a cara con los propietarios de las tiendas, niñeras de parques, y porteros que no habían visto nada fuera de lo común. El verdadero trabajo rutinario del día para Nikki llegó cuando el Capitán Irons llegó más tarde en la mañana, listo para la cámara con una fresca camisa de uniforme blanca en un plástico de la tintorería, solo en caso de que alguien necesitase una declaración. Después de ver satisfecho que nadie haya intentado matar a su líder de detectives de homicidios en las últimas veinticuatro horas, preguntó por una sesión informativa de los dos casos activos. Wally era más un administrador que un policía, y sus ojos miraban por encima mientras ella le informaba de los detalles. Cuando terminó, su primera pregunta fue: “¿Cuántas horas extras se va a llevar esto de mi presupuesto?”

Siempre preparada para esta resistencia, Nikki logró vender al comandante de la comisaría un ahorro a largo plazo con la incorporación de más mano de obra, y salió de su oficina de cristal con un OK para traer a uno de sus equipos de detectives favorito, Malcolm y Reynolds.

Rook se metió en un taxi camino desde Charles de Gaulle Airport a su hotel en París. Era de noche allí, Nueva York seis horas más, y la dijo que había dejado unas palabras a Anatoly Kije, su viejo amigo espía ruso, esperando que pudieran encontrarse para una tardía cena de interrogación.

“¿Quieres decir el mismo Anatoly Kije cuyos secuaces nos secuestraron en la Place des Vosges solo para que él pudiera estar seguro de que no éramos seguidos?”

“Ah, recuerdos,” dijo Rook. “¿No desearías haber venido?”

“Como sabes, Rook, no considere eso un Tour Michelin solo porque mi nariz fuera empujada contra uno de sus radiales en el maletero de un coche.”

Dejaron de hablar con la promesa de ponerse al corriente esa noche, para que Heat pudiera coger una llamada de la Oficina Forense. Los preliminares de Lauren Parry con Maxine Berkowitz confirmaban la causa de la muerte como asfixia por estrangulación. “El asesino la cogió por detrás con un cable. Y los Forenses están seguros que fue cometido con el cable coaxial encontrado en el parque. Los residuos de maquillaje en el aislante coinciden plenamente con el de la víctima.”

“Ahórrame una llamada a la tierra de los frikis, Lauren. ¿Alguna huella en el cable?”

“Ninguna,” dijo la Medica Forense. “Y sin señales de lucha. La puso cloroformo y la estrangulo cuando estaba fuera de combate.”

Nikki apuntó eso después de hojear algunas páginas en su cuaderno de espiral, hasta que llegó a las notas en su otro caso. “¿OK para cambiar de tema?”

“Detective Heat, tienes más cuerpos sobre los que preguntar que nadie que conozca.”

“Deberías darme una tarjeta de recompensa.”

“Fría, chica.”

“Como el hielo. ¿Qué hay sobre mi víctima de envenenamiento del Starbucks?”

“El mismo que Salena Kaye usó para matar a Petar. Un coctel de rápido efecto de estricnina y cianuro, además de algunos aditivos, incluyendo uno de laboratorio modificado de subsalicylate de bismuto, que es lo que tiño la lengua de color negro. No es un veneno, es principalmente para el show.”

“Me perdonaras si no aplaudo.”

“Nikki,” dijo la Dra. Parry, “esto es peligroso. Ella conoce la química. Cuídate.”

Heat se despertó con una estrella en su sofá a las seis y cuarto de la mañana siguiente con el Norwegian duo Röyksop cantando “Remind Me” –el tono de llamada que Rook había puesto para identificarle en su teléfono. Tomo a Nikki tanto tiempo orientarse y encontrar el móvil, que tenía miedo de que él hubiese saltado al buzón de voz, pero lo pilló a tiempo. “Ibas a llamarme ayer por la noche,” le dijo.

“Y ‘bonjour’ a ti también. Las cosas se pusieron muy complicadas por aquí. No quedarás decepcionada.”

La voz de Rook sonaba clara, clara de la habitación de al lado. Y había algo más en esta. Regocijo quizás.

Ella se movió al lado de las partituras con las que se había quedado dormida estudiándolas, otro intento inútil de romper el código de su madre. “Dime.” Instalada para ser una tomadora de notas, Heat alcanzó un bolígrafo y un cuaderno de espiral que guardaba en su mesa de café, limpiando la noche de su garganta.

“Hice contacto con Anatoly Kijé.”

“¿Sus matones deslizaron una bolsa por encima de tu cabeza y te soltaron en el Deux Magots?”

“Incluso mejor. Se encontró conmigo a solas en los bancos del Sena. Solo yo y el viejo caballo de batalla del KGB. ¿No mola eso? Como andar en una novela de Le Carré:”

Nikki dibujo la imagen en su mente y sonrió. “Estoy calentándome para esto:” “Solo espera. Primero de todo, Anatoly identificó al doctor en las viejas fotos de Joe Flynn. François Sisson. Resulta que Sisson era un verdadero doctor por aquí hasta que se convirtió en uno de los operativos de la vieja red de la CIA de Tyler Wynn. ¿Preparada para esto? François Sisson apareció en una bolsa en la morgue de París al día siguiente de ayudar a Wynn a escenificar la escena de su muerte para nosotros.”

“¿Veneno?”

“Llamémoslo envenenamiento por plomo. Una bala detrás de su oreja.”

“Todavía estoy esperando a las buenas noticias,” dijo ella. “Me suena que conseguiste tu sonriente George Smiley después de golpear un callejón sin salida.”

“En París, sí. Pero las cosas son un poco diferentes aquí, en Niza.”

Heat miró a su reloj: solo había pasado el mediodía en Francia. “¿Qué demonios estás haciendo en Niza?”

“Hablando contigo desde mi habitación en el Hotel Negresco. ¿Quieres saber por qué? Porque acabo de llegar de una reunión en un club de playa llamado Castle Plage. Depende del Promenade Des Anglais entre aquí y Le Château. De todas formas, eso es francés para-

“Rook, sé para lo que château es francés. Escúpelo.”

“Ok, ¿estás lista para eso? Acabo de tener un brunch con nada menos que tu elusivo agregado de seguridad sirio, Fariq Kuzbari.”

Nikki dejo su bolígrafo y simplemente escucho. Rook explicó que, después de su reunión en el Sena, se subió al tren de alta velocidad de la noche a Niza, donde el hombre de seguridad sirio había acordado reunirse con él. Tiró su mochila en el Negresco y después paseo por la bahía al Castle Plage, donde Kuzbari le esperaba en una mesa apartada en el patio de al lado de la playa. “Sabes, Fariq es un hombre muy agradable cuando sus hombres no están apuntándote con sus armas.”

“Rook.”

“Lo siento,” paró y, de fondo, ella oyó los sonidos de fuera de Niza: aves marinas; motos; la bocina de un barco de cruceros. Deseó estar allí. “Kuzbari me dijo que tu madre no era una espía mientras estaba tutorizando a sus hijos.”

“¿Y simplemente creíste eso?”

“Solo te estoy diciendo lo que el hombre dijo, y el hombre dijo que si alguien sabría si está siendo espiado, ese sería él. Pero Kuzbari sí que me dijo algo, y es grande. ¿Recuerdas esa semana que el IP dijo que tu madre paso en esa conferencia en Berkshires con Kuzbari y su familia?”

Nikki lo recordaba muy bien de los registros de vigilancia de Joe Flynn de 1999. Y recientemente, cuando el sirio y sus matones de seguridad la acosaron en la calle en Soho, ella se aseguró de preguntarle sobre ello. “Recuerdo que Kuzbari estaba más preocupado sobre negar alguna sospecha. ¿Qué te dijo?”

“Dijo que fue a Berkshires para un simposio en limitación de armas de destrucción masiva, y eso fue cuando tu madre no estaba dando lecciones de piano a sus hijos, ella estaba pasando un excesivo montón de tiempo con otro asistente.”

Heat volvió a recoger su bolígrafo otra vez. “¿Quién?”

“El Dr. Ari Weiss.”

Una sacudida de adrenalina golpeó a través de Heat. Despierta ahora, paseó por el suelo de su sala de estar. “¿Recuerdas ese nombre?” preguntó Rook. Ella sí. Por supuesto que vivía en sus notas de hace unas semanas, pero como muchas que ella había dejado, los hechos se estaban puliendo en su memoria, y el movimiento del bolígrafo a través del papel solo ayudaba a memorizarlos.

Justo después de su muerte, Ari Weiss había sido el invitado de otra destacada familia en las tutorías de su madre. Nikki había asumido que su madre también les estaba espiando, pero la información de Rook emitía cosas en una luz diferente. Es posible que su madre hubiese trabajado en su camino hacia esa casa para que pudiera fisgonear en el invitado, Ari. “Esto es grande,” dijo ella.

“Si. Solo que demasiado malo que no puedas hablar con él.”

Cuando su nombre salió hace tres semanas, Heat y Rook habían descubierto que el Dr. Ari Weiss había muerto de una enfermedad de la sangre. Pero Niki se sentía enérgica ahora y no iba a abandonar. Todavía podía haber una manera de conseguir más información sobre la muerte del doctor. Incluso mientras ella paseaba, estaba mirando a través de sus notas para buscar el número de la persona con cuya familia Ari había estado. Quizás él supiera si Weiss tenía alguna conexión con Tyler Wynn o sus cómplices. Después, para asegurarse que el sonido de su gratitud de su nueva iniciativa llegaba a través del Atlántico, ella repitió, “¿Oye Rook? Esto es muy grande.”

“Gracias. Es una especie de torbellino. Incluso no he estado en una cama desde que deje Nueva York, pero me siento tan impulsado.”

“Bueno lo has hecho bien. Esta noticia sobre Kuzbari es muy impactante. Es tan duro de obligar a concretar, ¿Cómo lo hiciste para hacer contacto?”

“Cortesía profesional, supongo. Ya sabes, el espionaje ‘quid pro quo’. Más con gobiernos de Oriente Medio. Siria va en dirección a las rocas, y pienso está tratando de ser agradable con nuestra inteligencia en caso de que necesite una trampilla de escape.”

Nikki paró de andar. “¿No querrás decir inteligencia rusa? Pensé que Kijé estableció esto.” Sonidos del tráfico y una distintiva sirena europea se elevó y llenó la larga pausa de Rook.

“¿Quién lo estableció para ti?

¿Estás ahí?”

Durante su vacilación ella oyó una voz femenina que reconoció de fondo. “Rook, sal aquí y mira, es un coche de bomberos.”

Heat dijo, “¿de verdad? ¿Ella está allí contigo? –¿en Niza?”

CAPITULO 4

Nikki luchó contra el impulso de colgar a Rook en vez de escucharle retorcerse. Lo oyó dudar, suspirar, tartamudear, y él, al notar su silencio aún tuvo el descaro de preguntarle “¿va todo bien?”. Ella le respondió que tenía que volver al trabajo y le colgó dejándolo en su estúpida habitación con vistas al estúpido Mediterráneo. Acto seguido abrió el grifo de la ducha con el agua lo más caliente que podía soportar y se metió debajo del chorro. “Jodida Niza,” dijo al vapor. “Jodido imbécil.”

Abriendo la puerta de cristal de la bodega con el hombro, Heat salió a la acera de Pearl Street rasgando el envoltorio de las galletas Reese de naranja con un prejuicio extremo. Se detuvo junto a una papelera que había cerca de la acera, cogió una de las dos galletas de crema de cacahuete, tiró el envoltorio marrón que la envolvía y se metió el disco entero en la boca. Cerró los ojos y levantó la cabeza al cielo mientras masticaba, saboreando como las finas trazas de chocolate le llenaban la boca mientras la salada y consistente crema de cacahuete se mezclaba con el azúcar en su lengua. Bastardo, pensó. Estúpido. Soltó el aire por la nariz mientras masticaba, comiendo no sólo por placer sino también como un acto agresivo. Una vez hecho, tragó sintiendo como el delicioso snack apagaba el fuego de su ira.

Miró el paquete, aún quedaba otra galleta. Nikki decidió guardársela y la deslizó en el bolsillo de su americana. Quizás la necesitaría más tarde, si el muy idiota volvía a llamar.

Heat aparcó su ira hacia Rook por haberse ido a Francia con su ex novia y siguió andando. Tenía cosas más importantes en que pensar. Por primera vez en semanas Nikki sintió que había encontrado un rastro real que la podía llevar hasta Tyler Wynn, y mientras andaba, volvió a repasar todo lo que ya sabía. Si la versión de los hechos de Fariq Kuzbari era cierta, ¿era posible que su madre usara al sirio como tapadera para poder ir a la reunión de Berkshires a espiar a Ari Weiss? Siguiendo esa premisa, ¿podría ser esa la misma razón por la que su madre consiguió ser tutora en la casa del magnate de la cerveza, Carey Maggs, para poder seguir el rastro a Weiss mientras este se hospedaba con su compañero de clase de Oxford y con su familia? Esperaba averiguarlo en los próximos minutos cuando se encontrase con Maggs.

La última vez que había visto al magnate de la cerveza y activista social, Heat estaba dando tumbos buscando pistas en el caso del asesinato de su madre. Ahora esperaba encontrar otra

miga alguna conexión, por pequeña que fuera- que pudiera conectar a Weiss con el fugitivo Tyler Wynn y que pudiera recalentar el rastro de su captura.

Cuando alcanzó los adoquines del South Street Seaport, Nikki se detuvo. El instinto de supervivencia la poseyó y peinó la zona con la mirada. Los pasos de peatones y las aceras estaban vacíos. Era aún demasiado temprano para los turistas que llenarían el lugar más tarde. Sólo vio un camión de reparto de refrescos y un limpiador solitario rociando con una manguera la terraza de una cafetería. Sintiéndose de golpe sola y expuesta, Heat echó un vistazo por detrás de su hombro y comprobó los tejados de los edificios. En algún lugar un asesino la estaba esperando. A pesar de eso, se dirigió hacia el almacén de ladrillo del siglo XIX en el que estaba la cervecería Brewery Boz. Nikki sabía que ella era el objetivo. También sabía que esta podría ser la siguiente parada en su camino para seguir con vida.

En la zona de descarga de mercancías tras la pequeña cervecería, Nikki dio cuatro pasos hacia el callejón y oyó un chillido agudo al otro lado de la puerta metálica. Carey Maggs le había dicho que golpeara la puerta con fuerza para que pudiera oírla por encima del ruido de las máquinas. Ella golpeó la puerta con una llave y el zumbido se detuvo. Las bisagras chirriaron y un hombre sucio que tenía más pinta de jornalero que de millonario apareció sonriendo. “Sigues pareciéndote mucho a tu madre.” Eso es lo que le había dicho cuando Nikki fue a visitarle tres semanas antes. Y él podía estar seguro, Cynthia Heat también había sido su tutora de piano en Londres en 1976, cuando Maggs era sólo un niño.

“Te diría que me perdonases por el desorden, pero no creo que te importe, y además estoy en medio de una restauración. Fíjate, una auténtica reliquia de la Brigada de Bomberos de Londres, data de alrededor de 1870.” Tras él, rodeado de depósitos gigantes de acero inoxidable llenos de cerveza Durdles’ Finest, una cerveza pálida y con cuerpo, había un vagón vintage de bomberos- un carruaje que en su día iba tirado por caballos y probablemente fuera por eso que Londres se quemó.

“Parece nuevo.”

“Aún mejor que eso. He estado trabajando en él día y noche para tenerlo listo para el desfile.” Ella le devolvió una mirada confusa así que se lo explicó, “El Desfile Contra la Opresión Mundial. He comprometido a Brewery Boz como patrocinador corporativo. ¿Qué puedo decir? Me sangra el corazón y me sangra la chequera.” Dejó a un lado la pulidora eléctrica y siguió a Heat mientras ésta admiraba el carruaje.

La pintura roja brillaba gracias a la capa de cera que le había aplicado, y la chimenea de cobre de la enorme caldera de vapor relucía como un espejo. “También consigo algo de publicidad,” ella se fijó en la placa dorada que había en un lado. “La Brigada Boz,” dijo él leyendo la placa. “¿Qué mejor mascota para una cerveza inspirada en Charles Dickens que un artefacto victoriano como este?”

Una vez aclarada la cordial charla, la detective Heat dijo, “Hablemos.”

El pub adyacente a la cervecería no abriría hasta pasadas unas cuantas horas, pero Maggs la guió hacia el bar e hizo café con leche para los dos.

“Está delicioso,” dijo Nikki. “¿Pero café con leche en un pub?”

“Ya lo sé, es escandaloso.” El acento británico de Maggs tenía un tono divertido y desafiante que le recordó a alguien a quien no podía situar. “Pero podemos ser leales al leitmotiv de nuestro Dickens sin tener que confinarnos a un pastel de budín de frutos secos y pasas, ¿verdad?” Tras eso, Heat relacionó el acento, se parecía al periodista Christopher Hitchens. “Sí, me lo dicen mucho. Aunque él es de Portsmouth, no de Londres, pero es una cosa de los oriundos de Oxford. Somos un puñado de sabelotodos.”

Ya que había sido él quién había sacado el tema de la universidad, Nikki lo aprovechó. “Oxford es el porqué estoy aquí,” dijo. “Necesito preguntarle acerca de un antiguo compañero de clase.”

“Ari.” Se puso serio y dejó a un lado la taza de café.

“Cuando hablamos hace unas semanas, me dijo que el Dr. Weiss había sido huésped en vuestra casa durante las fiestas de Acción de Gracias en 1999.” No tenía necesidad de ello, pero Nikki echó un vistazo a las notas que había tomado en la anterior entrevista, era una técnica que hacía que los entrevistados fueran más honestos. “Dijo que su estancia se solapó a la semana que mi madre estuvo tutorizando a su hijo.”

Él se paró a reflexionar. “Sí, pero como ya te dije, no puedo creer que Ari tuviera nada que ver con el asesinato de tu madre.”

“Y, como ya le dije, Sr. Maggs, esto siempre funciona mejor si simplemente contesta a mis preguntas.” Él asintió. “¿Podría decirme alguna actividad en la que el Dr.Weiss estuviese involucrado durante su visita?”

“Déjame pensar. Me tengo que remontar a casi una década.” Negó con su cabeza ligeramente. “Lo siento. Supongo que la mayoría sería turismo, ir a clubes y quizá a alguna obra en Broadway.”

“¿Tenía conocidos en los servicios diplomáticos o extranjeros en Nueva York?”

Maggs frunció el ceño. “¿Ari? Lo dudo. Ari era un loco de la ciencia, casi como una rata de laboratorio. Pocas veces salía del laberinto, si sabes a lo que me refiero.” Eso no cuadraba con lo que había dicho Fariq Kuzbari sobre su asistencia a la reunión en Berkshires. Hizo una anotación en la libreta y fue a otro tema. “¿Era político? Me refiero por ejemplo a que usted dona una parte significativa de sus beneficios para organizaciones radicales tales como,” miró a sus notas, “Mercator Watch. ¿Cuál era el mote que le puso?”

“Greedpeace,” rió entre dientes, pero sus ojos se llenaron de una ira súbita y visceral. “El mundo está jodido por la avaricia de los de arriba, detective. Es por eso que hay tantas guerras. Los poderosos usan su poder contra los indefensos, y eso tiene de acabarse. Yo haré que se acabe.” Señaló a la ventana por la que se podían ver los depósitos y la maquinaria de su área de producción. “El negocio de la cerveza es sólo un trampolín. Tengo intención de rivalizar con Bill Gates y Warren Buffet en lo que a filantropía se refiere, aunque a mi modo. Estos días he estado pasando más tiempo con mi agente de inversión que con el gerente de la cervecería por una razón: estoy totalmente comprometido en usar mi negocio y mis inversiones para crear un fondo de guerra por la paz.” Rió y se echó el pelo hacia atrás. “Y sí, entiendo la ironía. Fui a Oxford después de todo.”

“¿Alguna de sus pasiones políticas influyó a Ari Weiss?”

Maggs salió de su mundo y se volvió a relajar. “Para Ari, descanse en paz, si no fuera bajo un microscopio, el politiqueo no existía para él. Lo único radical que esa rata de laboratorio hizo fue liberar electrodos desparejados.”

“¿Ari mencionó alguna vez el nombre de Tyler Wynn?”

Él se lo pensó y dijo, “mm, no.”

“¿Le ayuda esto?” Tocó la pantalla de su iPhone y mostró una fotografía de Wynn. Él negó con la cabeza. Entonces le enseñó a Maggs la vieja foto que Joe Flynn’s había sacado cuando investigaba, en la cual se veía a dos hombres dentro de un coche aparcado. El conductor era el doctor francés, ella no reconocía al otro. “¿Reconoce a alguna de estas dos personas?”

“Estás de broma, ¿verdad?” Maggs apuntó al hombre del asiento del copiloto. “Ese es mi amigo. Ese es Ari Weiss.”

Ahí estaba. Carey Maggs había hecho la conexión entre Tyler Wynn y Ari Weiss, y lo que los unía era el doctor francés que ayudó al de la CIA a falsear su ataque al corazón. ¿Pero qué significaba todo eso? En el metro, mientras analizaba el potencial letal de todo aquel que entraba o salía de su vagón, Nikki intentó cuadrar lo que sabía, pero sin mucho resultado. Lo que necesitaba era contrastarlo con Rook, cuyas absurdas especulaciones la molestaban y a la vez la liberaban de su lineal método de pensamiento.

Rook.

Sintió como una mariposa revoloteaba, levantando sedimentos oscuros. Remitió el sentimiento y se volvió a concentrar en el caso.

Antes incluso de llegar a su escritorio, la detective Heat llamó a los Roach a través de la sala para que se pusieran a trabajar en Weiss. En su ordenador, abrió la página web que Rook había guardado en favoritos una semana antes y releyó la esquela de Ari Weiss, Doctor en medicina. El breve artículo decía que el investigador de medicina se había graduado en la Escuela de Medicina de Yale y que fue becario en Rhodes, donde había podido entablar amistad con Carey Maggs en Oxford. Había muerto en el 2000 a causa de una rara enfermedad sanguínea llamada babesiosis. Heat clicó el enlace de la Wikipedia que describía la babesiosis como un trastorno parasitario similar a la malaria. Al igual que la enfermedad Lyme, generalmente era transmitida por garrapatas, pero también se podía transmitir por una transfusión infectada.

Vagos pensamientos empezaron a aflorar, pero a Nikki no le gustaban las corazonadas. Prefería los hechos, y necesitaba tener unos cuantos. Estuvo pensando durante un buen rato, y tras eso se armó de valor y descolgó el teléfono.

Cuando Bart Callan contestó, parecía sorprendentemente frío con ella. En encuentros anteriores, incluso durante la visita que acababa de hacer al Departamento de Seguridad Nacional, el agente no sólo la había presionado constantemente para que se uniera a su equipo de investigación sino que había insinuado algo más. El trato que tenía con Heat era personal. Ella creía que al Agente Especial Callan no le hubiera importado tener una relación más íntima, así que cuando le dijo que estaba ocupado, Nikki se sintió un poco abatida. ¿Y qué más? ¿Quizá un poco decepcionada? Pero entonces él dejó estar de lado las apariencias. “Estoy en el pantano y hasta el culo de caimanes, pero puedo quedar contigo más tarde. ¿Te apetece salir a tomar un cocktail?”

Ella le dijo que sí, y acto seguido se sintió culpable. Y entonces se preguntó por qué.

Heat quería haber quedado en un lugar abarrotado y ruidoso, pero Callan tenía que hacer una entrevista en el Upper East Side y a su pesar había escogido Bemelmans, en el hotel Carlyle, un bar tranquilo con tapicería de cuero, una iluminación de ensueño y lo peor de todo, intimidad. Cuando se saludaron, Nikki dejó que él se sentara en el taburete. Normalmente prefería tener la puerta a la vista, pero una silla la hacía sentirse menos atrapada. Pidió vino con gaseosa, una bebida que Nikki despreciaba, pero necesitaba mantener la mente clara y no quería dar una imagen equivocada pidiéndose un cocktail. Él la sorprendió cuando pidió una botella de agua mineral, su segunda sorpresa fue ir directamente al grano.

“Estarás contenta al saber que tenemos varias capturas de cámaras de vigilancia de Salena Kaye tras su escapada en ese helicóptero.”

“Que rapidez,” dijo, recordando que antes de irse de la comisaría había comprobado cómo iban las cosas, y el pobre Raley aún le faltaban por revisar un montón de vídeos de seguridad.

“Utilizamos un software de reconocimiento facial, te pasaré las copias.”

“Genial. ¿Dónde la encontrasteis?”

“Saliendo de la línea Q del tren en Coney Island. Aún estamos especulando si trabaja por allí o si fue a un encuentro. Estamos comprobando los servicios de alquiler de coches y otros recursos que tenemos. Si te contase más tendría que, bueno, ya sabes el resto.” Le sonrió y ella se sintió incómoda. Una vez que el camarero trajo las bebidas y se alejó, él siguió, “Kaye habrá tenido que soportar una buena tunda para librarse de ti.”

“Por favor, ya me siento lo suficientemente culpable. Mis habilidades de combate se han oxidado un poco últimamente.”

“¿Es por el ex marine?” preguntó. “Que trágico. Se llamaba Don, ¿verdad?” Dios, el chico había hecho los deberes. Callan sabía que Don, su amigo asesinado, había sido su compañero de combate. Nikki estudió al agente, preguntándose si también sabría que ella y Don habían tenido una relación sexual abierta. El ex marine solía referirse a él mismo como un entrenador con beneficios. Si Bart Callan sabía esa parte, no dio muestras de ello, así que ella no pudo estar segura si había un significado más profundo cuando él dijo, “Oye, si necesitas un nuevo compañero, a mi me gustan los buenos entrenamientos.”

Su mirada se apartó de la de él para posarse en las paredes del bar, reconoció que las ilustraciones eran del mismo artista que había dibujado los libros de Madeline. “Te he llamado porqué quería volver a escuchar eso sobre tu contacto del asesinato de mi madre,” volvió a mirarle, satisfecha de estar en su propio terreno. “Hace unas semanas dijiste algo sobre un informante.”

“No hay mucho más que pueda contarte.”

“Entonces vuelve a contármelo.”

“No estoy ocultando nada, detective. La información es escasa.” Ella arqueó una ceja, y él dijo, “pero estaré contento con volver a contártelo. Estaba en el FBI por aquél entonces y me asignaron como contacto de enlace con tu madre cuando ella se dirigió a los federales para avisar que sabía que había una amenaza de seguridad en nuestras fronteras. Me contó que había estado en contacto con un informante dentro de un grupo terrorista, le prometimos doscientos dólares para sobornar a su informante a cambio de pruebas y detalles sobre el golpe. Le dimos el dinero a tu madre para la transacción el día que fue asesinada.”

Heat ya sabía todo eso. Pero ahora quería hacerle unas cuantas preguntas nuevas. “¿Sabías quién era su informante?” Cuando el agente negó con la cabeza, ella dijo, “Creo que fue un hombre llamado Ari Weiss. Está muerto, así que no será de gran ayuda, pero era compañero de clase de un británico llamado Carey Maggs que vive aquí.” Ella examinó su rostro para comprobar si reconocía los nombres, parecía que no. “¿Sería mucho pedir que investigaras a Maggs por mí?”

“¿Crees que pueda estar involucrado?”

Se encogió de hombros. “No lo parece, pero me gustaría dejarlo claro, ¿entiendes?” Callan cogió su bolígrafo Cross dorado y escribió el nombre. Cuando acabó, Nikki preguntó, “¿Qué hay de los doscientos pavos? ¿Aparecieron? Sé que marcáis los billetes.”

El volvió a menear la cabeza. “Fin de la información, fin de la historia.” Entonces añadió, “Bueno, ese fue el fin de nuestro rastro hasta que expusiste a Tyler Wynn, que es por lo que renuevo mi oferta. Las circulares de DC dicen que es una interfaz cooperativa. Únete a mí, Nikki, tengo recursos. Haríamos un gran equipo.” Le tendió la mano a través de la mesa, pero ella deslizó disimuladamente la suya en su regazo.

“Gracias, pero me gusta más ir por libre.”

Él sacudió sus manos adelante y atrás señalándose entre ellos. “¿Entonces a qué llamas esto?”

“Interfaz cooperativa. Y la policía de Nueva York lo aprecia.”

Fuera, en Madison Avenue, rechazó su ofrecimiento de llevarla en coche incluso aunque eso le hubiera representado una medida de seguridad teniendo a Salena Kaye intentándo cazarla. El agente lo aceptó pero le recordó que si alguna vez quería un compañero de combate, que pensase en él. Desde su taxi, Nikki vio como él se subía a un todoterreno negro con matrícula del gobierno, y supuso que Bart Callan podría darle un duro entrenamiento.

La detective Heat cerró los ojos e hizo cuentas. La ecuación empezaba con la información de Callan sobre su madre y su informante. No le había podido decir el nombre, pero con la nueva conexión Nikki había confirmado a Ari Weiss como un miembro del círculo de Tyler Wynn. No tenía que estar en la pizarra de El indomable Will Hunting para suponer que Cynthia Heat no había estado espiando al Dr.Weiss, lo estaba preparando como informante.

Volvió a abrir su obituario en su iPhone. La fecha de su muerte a causa de la enfermedad transmitida por garrapatas era el 2 de enero del 2000, sólo seis semanas después de la muerte de su madre.

Tan pronto como cerró con llave la puerta de su apartamento tras ella, Heat tecleó la marcación rápida de la casa de un juez que había conocido en una de las timbas semanales de póker de Rook. Después de que el juez Simpson bromeara con ella pidiéndole una oportunidad para recuperar su dinero, Nikki le pidió un favor: redactar una orden judicial para la exhumación de Ari Weiss.

La música de Röyksoop la apartó de la pantalla del ordenador. Después de la llamada de Rook de esa mañana desde Niza, su tono de llamada, una canción sacada de un anuncio de un cavernícola le pareció muy apropiada a Nikki.

“Es tarde ahí, tenía miedo de pillarte en la cama,” dijo Rook.

“Estoy revisando los informes sobre mi asesino en serie.”

“Estoy en Londres, en el aeropuerto de Heathrow, de hecho. Haciendo mi camino de regreso a ti, nena.” Ahí estaba la broma, estaba intentando suavizarlo un poco, pensó Nikki durante su largo silencio. “Debería estar ahí para al amanecer, de tu hora. Estoy volando Virgin”

“Lo dudo,” otra dosis de pausa incómoda.

“Nikki, supongo que puedo entender que estés mosqueada por Yardley, pero te lo estás tomando demasiado en serio.”

“¿Tú crees?”

“Sí.” Ambos escucharon la respiración del otro, y él dijo, “están llamando mi vuelo.”

“¿De cuántas horas es?”

“Veamos, eh… un poco más de siete horas.”

“Bien,” dijo. “Úsalas para trabajar en tu empatía.”

La detective Heat llamó a su brigada para pasar lista la mañana siguiente. Esta vez, se les unieron los detectives Malcolm y Reynolds, cedidos para el caso. Aprendían rápido así que Nikki sólo necesitó los diez primeros minutos para repasar los dos asesinatos y ponerlos al día. Mientras tanto, Sharon Hinerburg apareció por el fondo de la comisaría, era el único detective que llegaba tarde.

Las marcas de evidencia física de ambos asesinatos no habían dado ningún resultado tras día y medio de investigación por la zona. El cordón rojo y amarillo era tan común y accesible que rastrear todas las compras posibles hubiera tomado semanas, además podría haberse comprado hace meses o incluso años. Lo mismo con la rueda del monopatín.

Malcolm levantó una mano. “Déjame decirte algo.” Se recostó en su pose habitual y plantó una de sus botas en el respaldo de una silla. “Si lo analizamos fríamente… siempre que me encuentro cosas de estas en un caso, hay dos posibilidades. Puede que sea alguna mierda personal que el tipo esté tramando…”

“¿Te refieres a un fetiche?” preguntó Heat.

“Sí, o a alguna jodida y enfermiza obsesión como que su madre no le dejaba tener mascotas o usar un monopatín.”

“… mientras llevaba unas tijeras,” añadió su compañero, Reynolds.

“La segunda opción es que esté dejando paja para distraernos.” Malcolm levantó su taza y dio un sorbo. “¿Quién sabe?”

“Sólo lo sabe el asesino,” dijo Heat. “Sigamos rastreando esos objetos, sobre todo el cordón, que es común en ambos, pero seguid profundizando con las víctimas. Las personas de sus vidas, qué hicieron durante su último día, y especialmente, ¿están de algún modo conectados entre ellos mediante el trabajo?”

El detective Raley informó que sólo una cámara del vecindario apuntaba a la escena del crimen de Maxine Berkowitz. “Está fuera de un centro islámico en Riverside Drive,” dijo. “Y está estropeada.”

Heat escribió eso en la pizarra dedicada al caso de Berkowitz y apuntó a la misma anotación, la de la cámara de la pizzería del otro asesinato. “¿Coincidencia?” dijo. “Yo diría que es lo suficientemente raro como para considerarlo…”

“Ahí viene,” dijo Feller.

“… un calcetín desparejado,” dijo Nikki, y la habitación estalló en un coro de “¡Síiiii!” a la primera mención de la frase fetiche de Heat en el caso. Pero el clamor se apagó cuando uno de los administrativos adjuntos trajo los periódicos de la mañana y dejó uno de los noticiarios en la habitación. El titular de la primera página decía: ¡MUERTE ATADA! Debajo y sobre un fondo blanco había impresa una foto enorme de dos bobinas de cordón, una roja y otra amarilla.

Heat dio por finalizada la reunión y el resto de la brigada hizo exactamente lo mismo que ella:

hundirse en la lectura del New York Ledger. ‘Exclusiva’, se leía por debajo del titular, y estaba firmado por Tam Svedja, veterana reportera metropolitana del Ledger, a quien Heat conocía por, aparte de otras cosas, ser una reportera perezosa dada a recurrir a la información de ‘soplones’. La detective Hinesburg ya le había susurrado información confidencial en otras ocasiones, actuando como portavoz del capitán Irons, un término adecuado teniendo en cuenta su relación sexual con el capitán. A Nikki, el artículo le pareció un refrito derivado de viejos informes que ya se había hecho públicos. Pero aún así ahí estaba la filtración del gran secreto: que los dos homicidios estaban literalmente atados con un cordón, que apuntaba a un asesino en serie que operaba en Manhattan.

“Eh, cálmate, detective,” dijo Wally Irons. Heat apareció en su despacho antes de que él tuviera tiempo de dejar su maletín. “Íbamos a soltar eso hoy de todos modos.”

“Pero no lo hemos hecho, alguien lo ha filtrado. Y quienquiera que fuera ha puesto nuestro modus operandi en primera página” dijo, mostrando la imagen de las bobinas.

“Lo primero es lo primero,” dijo, pareciendo disfrutar del asunto. “Tam Svedja me llamó para pedirme comentarios, y como puedes ver por ti misma, le he quitado importancia a la idea del asesino en serie. Aquí está.” Pasó un dedo por la columna y citó, “El comandante de la comisaría, el capitán Wallace Irons ha advertido contra adelantar conclusiones. ‘No podemos descartar la posibilidad de que las muertes puedan ser trabajo de individuos diferentes.’”

“Nadie se va a creer eso,” dijo Heat.

“Ah, pero está en el artículo, yo hice mi parte.”

Nikki se golpeó el muslo con el noticiario, preguntándose cómo había tenido tanta suerte como para trabajar bajo las órdenes de Iron Man.

El detective Ochoa asomó la cabeza por la puerta.

“Disculpad, ¿detective? Tengo una llamada en tu línea de un tipo que dice que es el asesino en serie.”

“¿Ve?” Nikki sacudió el periódico hacia Irons. “Ya están empezando con las llamadas falsas.”

Pero entonces Ochoa añadió, “¿Detective Heat? Ha preguntado si te gusta patinar.”

Heat lanzó el periódico hacia la silla de invitados y se dirigió a toda prisa hacia su escritorio.

“Es la Detective Heat.”

CAPITULO 5

“¿Conseguí tú atención, no?” La voz sonaba como de hombre, pero distorsionada, la forma en que el 20/20 disfraza electrónicamente las voces de testigos de la mafia y soplones.

“Es un comienzo,” dijo Nikki. Ella se sentó en su escritorio, y cuando se volvió en su silla, vio que toda la brigada se había reunido alrededor de ella. “A sí que. Dime para lo que estas llamando.” Hubo un click alto y la línea se cortó. Ella miró al teléfono y había empezado a contar a los otros que había colgado cuando su línea sonó. Saltó sobre ello. “Heat.”

La distorsión le hizo sonar incluso más frío. “No me jodas. Vuelve a poner ese casual hablador de mierda otra vez, me voy. ¿Lo tienes?”

“Lo tengo.”

“Voy a hablar, y tú vas a escuchar.” Niki miró por encima de Raley donde él estaba localizando el rastro de la llamada en su escritorio. “¿Qué es esta mierda en los periódicos sobre que pueden ser dos personas? ¿Tengo que demostrar que no lo es?”

“No,” ella dijo inmediatamente.

“Lo veremos. Lo tengo que decidir, chica de portada.” Todo lo que su entrenamiento le había enseñado a Heat era permanecer desapasionada en este tipo de llamadas. Pero su corazón saltó con la referencia a su portada de magazine. Ella intentó batear lejos la personalización. Él tenía otras ideas. “¿Piensas que eres tan inteligente, Detective Heat? ¿Cómo de inteligente te sientes corriendo alrededor como una rata en un laberinto? Hueles una pista pero no puedes verla. Necesitas algo para abrir esa puerta.”

Nikki quería mantenerle hablando, no solo por el rastro sino para tener una idea de él. “No tienes que hacer de esto un concurso.”

“Lo siento.” Después él rió, un Darth Vader alterado digitalmente. “Te diré qué, chica de portada. “Quizás te eche una mano en el siguiente.” Y después volvió a colgar. Heat se levantó para mirar por encima de los otros detectives a Raley, quién sacudía su cabeza y colgaba su teléfono.

Nikki fue hacia la sala de descanso y salpicó agua en su cara una y otra vez. Era lo que parecía que se hiciera cuando todo lo que quería era estar sola. Seca, ella sintió la toalla de papel

temblar en sus manos mientras tomaba magnitud de lo que acababa de pasar. Un reto había sido dejado. Un caso ya de por sí desconcertante había tomado de repente una nueva dimensión para Heat, quien ahora se encontraba en un ingenioso juego contra un asesino en serie, con vidas inocentes en la estaca por encima de lo realmente buena que ella era. “Chica de portada,” ella susurró entre sus manos. Nikki se quitó la toalla de su cara, la tiró, y dejó la sala sin más que una mirada en el espejo.

Cuando Heat volvió a la oficina, encontró otra sorpresa no establecida esperando. “¡He vuelto!” Jameson Rook deslizó su cuaderno de notas y se levantó al lado de su bolsa de ruedas. Sonriendo a través del rastrojo del viajero, sostuvo sus brazos bien abiertos mientras ella se aproximaba. Ella no le enfriaría en público, pero el abrazo que Nikki le dio no habría exactamente encendido la Kiss Cam en el Garden. “Brr,” él dijo por lo bajo. Después añadió, ”ves, he estado trabajando en mi empatía.”

“No el mejor momento, Rook.”

“Déjame adivinar.” Él sostuvo su copia del ‘Ledger’. “Vi esto en el aeropuerto cuando baje del avión.”

Raley se acercó, sosteniendo una transcripción de la llamada. Ella hizo una no-mirada de arrebatamiento mientras él seguía, distribuyéndolo a la brigada mientras ellos se reunían alrededor de las Pizarras de Asesinatos. “El asesino en serie también leyó el ‘Ledger’, y acaba de llamar.”

“¿Hablaste con él?”

“Lo hice.”

“Entonces he vuelto a tiempo.” Él paso campante por delante de ella y tomo una silla vacía con los detectives. Determinada a ignorar esta nueva distracción, Nikki tomo su lugar enfrente.

“Una tarea,” dijo Heat mientras inspeccionaba la sala. “Necesito a alguien en Recepción para monitorizar las llamadas entrantes para que si nuestro asesino en serie lo intenta de nuevo, él lo consiga derecho.” Su mirada recayó en la Detective Hinesburg. “Sharon, eres la elegida.”

Hinesburg puso la cara de insolente molestia. “De acuerdo. Tu fiesta.”

“Tienes razón,” dijo Nikki, quien esperaba para Hinesburg que se paseara fuera del vestíbulo de la comisaría, imaginando que si la detective estaba fuera del alcance del oído, Heat

asignaría al resto del grupo. “Antes de que empecemos, ¿alguien no ha leído esto?” Ella sostuvo su copia del tabloide.

Después de un momento de silencio Ochoa dijo, “¿Quieres que pregunte a la Detective Hinesburg?”

Cuando la risa sabionda de la brigada terminó, Heat dijo, “si. Tengo un sentimiento de que Sharon lo habría pillado.” Ella espero a unas cuantas más de risas contenidas, entonces les trajo de vuelto a los negocios. “La mayoría de vosotros oíste mi lado de las dos llamadas que hemos recibido. Y todos tenéis las transcripciones. El Detective Raley también ha subido una copia del audio en nuestro servicio digital de llamadas. ¿Rales?”

Él abrió el archivo WAV en los altavoces de su portátil. Primero, Rook y los detectives empezaron a leer. Pero mientras la escalofriante llamada continuaba, seductoramente siniestro por la voz digital, todos ellos abandonaban sus copias y se inclinaban hacia delante, mirando en su lugar al ordenador, como si fuese el hombre en sí mismo en lugar del dispositivo de reproducción de un audio del asesino. Cuando terminó, el Detective Raley lo apagó.

Un completo silencio le siguió.

Heat lo rompió preguntando. “OK, ¿Qué aprendimos?” Ella dividió la Pizarra del Asesinato de Maxine Berkowitz con una línea vertical y empezó una lista de lluvia de ideas en el blanco espacio abierto.

“Es él,” dijo el Detective Feller. “¿Él trabajó en las retenciones que no se consiguieron filtrar: la referencia al patín y la rata en el laberinto? Es él.”

“Por ahora, solo digamos por tanto,” Heat estaba de acuerdo, y vio muñecos.

“Técnica de comprensión,” dijo el Detective Rhymer. “No todo el mundo sabe allá fuera como alterar su voz de esa manera.”

Rook no se pudo resistir. “¿Hay una aplicación para eso?”

“Raley,” dijo Heat. “Como mi Rey de la Videovigilancia, descubre si la hay.” Rales asintió e hizo una anotación. “¿Algo más?”

“El tio es controlador,” gritó Ochoa.

Heat dijo, “no me digas,” y escribió la característica en la pizarra. “La manera en que colgó en la primera llamada me hizo saber quién es el jefe.”

“Y la segunda llamada,” añadió Rook. “Fue todo sobre marcar su idea a su manera, a su propio tiempo, como un campeón de billar recorriendo la mesa.”

El Detective Rhymer dijo, “yo también pondría inteligente allí.” Mientras Nikki posteaba eso, él continuó, “él sabía exactamente cuánto tiempo permanecer en la llamada para superar el rastro, y también sabía cómo apretarte las tuercas, hablando sobre un caso de frustración…”

“Llamándote chica de portada,” dijo Reynolds. Los ojos de Nikki se fueron a los de Rook y después a la lejanía.

“Creo que este tio está más allá de la inteligencia y el control,” dijo Malcolm. “Digo que esta cabreado. Compruébalo.” Él hecho una ojeada de la transcripción, “ ‘No me jodas’ …’Voy a hablar, y tú vas a escuchar’ …’¿Piensas que eres muy lista, Detective Heat?’ “

“Eso no es solo un cabreo,” dijo Raley.

“Eso es competencia,” terminó su compañero. “Hablando sobre hacerlo un concurso, y quizás ‘ayudándote’ con el siguiente.”

“Esa es la mayor pista de todas,” dijo Heat. “Y la peor.” Ella no tenía ni que decirlo. El comunicante ya tenía que habría un siguiente.

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Tarde en esa mañana, los Roach fueron al escritorio de Nikki. “Rook estaba en lo cierto,” dijo el Detective Ochoa.

“Hay una aplicación para eso.” Raley lo recogió. A través de la sala en su escritorio ilegal, Rook levantó la cabeza y fue a unirse a ellos mientras el rey de los medios informaba a Heat. “De hecho, no solo hay una aplicación, sino que encontramos un montón de software de consumo allá fuera para alterar la voz. Todo lo que necesitas es un portátil para cambiar como suenas.”

Su compañero continuó, “puedes hacer el Darth Vader como nuestro hombre, o las chicas pueden sonar como mujeres mayores, o los hombres fingir ser mujeres,…”

Rook entró. “Por eso siempre digo…”

“Compruebar la manzana de Adan (nuez),” dijo Roach en un coro monótono.

Heat se quedó en la tarea. “¿Por lo que todo es ampliamente disponible?”

“Quizás no tanto como ruedas de patín y cordones,” dijo Raley, “pero bastante cerca. Además un aficionado puede probablemente ir a su Radio Shack del vecindario y encontrar todo lo que necesitaba para construir su propia caja de voz electrónica.”

“Entonces empecemos llamando a Radio Shack.” Mientras Nikki lo decía, sabía –y todos sabían- que podía ser perseguirse la cola. El tipo de cosas en las que ella pondría a Sharon Hinesburg. “Tenemos que tomar cada oportunidad.”

Ellos se dividieron para trabajar en ello, y llamó detrás de ellos. “Y pregunta al Detective Rhymer para investigar en los vendedores de aplicaciones.” Para irritación de Heat, Rook se quedó donde estaba. “Un poco ocupada,” ella dijo, recogiendo un informe.

“Bueno, ¿Cuándo vamos a hablar sobre eso? Y sabes al ‘esto’ que me refiero.”

Ella señaló a la oficina con el archivo. “Dudo que la Sala de la Brigada de Homicidios sea el lugar perfecto para habar sobre tu retozamiento en el Sur de Francia con una vieja llama.”

“No, la Sala de la Brigada de Homicidios es perfecto. Porque esto es un asesinato para mí.”

“Muy elocuente, Hombre Pulitzer. Definitivamente hablaremos. Pero tengo suficiente distracción con la que lidiar ahora mismo, y dos asesinatos con los que trabajar.”

“Hazlo tres.” Ellos se giraron hacia el Detective Feller mientras su camino hacia su escritorio.

“No puede ser seguro que sea tu chico el que lo esté haciendo, pero otro acaba de aparecer.” Y así de simple, otra bola entró en el juego de hacer malabares en el aire.

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En la categoría de prolongación de la estancia, el híbrido hotel-apartamentos, la CEQ presionó la envoltura. El super-moderno CEQ, acrónimo para Casa de Encuentros para Quedarse, atendía más a los actores en la ciudad para una grabación de una película que el guerrero de la carretera buscando un cilindro de plexiglás de Cheerios en un bar de desayunos. En su camino a través de la puerta, y del vestíbulo con iluminación, los Detectives Heat y Feller tuvieron que pararse mientras Rook era enganchado por una leyenda del rock irlandesa que estaba acampada allí mientras él conseguía un musical de Broadway. Rook se libero con una vaga promesa de cócteles alguna vez, y ellos siguieron hacia las escaleras para subirlas hacia la escena del crimen.

Un par de agentes se irguieron un poco más cuando Heat salió del ascensor en el piso nueve y anduvieron por la alfombra de espina de pescado hacia sus puestos en una puerta abierta. Flashes de las cámaras desde dentro saltaron contra sus espaldas, momentáneamente imprimiendo sus sombras en el muro de enfrente.

“Hombre afroamericano, edad de sesenta a sesenta y cinco,” recitó la forense a su llegada a la habitación de la suite. “La foto en la identificación del fallecido indica que él es uno de los Douglas Earl Sandmann.” La parte de arriba del colchón había sido apartado a un lado, y Heat y los otros dos tuvieron que moverse alrededor de la cama para un vistazo en la víctima, cuyo cuerpo estaba reclinado sobre el somier.

Feller preguntó, “¿no es este el tio exterminador de aquellos anuncios de televisión?”

“Oh, Dios Mio, es Chinche Doug,” dijo Rook, quien entonces recitó el eslogan del fallecido, “ ‘¡Apastamos a la competencia!’ “

“Tranquilo, Rook, hemos pillado quien es.” Nikki se giró hacia su amiga Lauren Parry, a quien ella había visto mucho últimamente por las razones equivocadas. “¿Sobre la causa de la muerte?”

“La causa preliminar de la muerte es asfixia. Pero no estrangulado como Maxime Berkowitz. El Sr. Sandmann fue ahogado por un colchón.”

“Irónico en tantos niveles,” dijo Rook. “Pero principalmente porque Chinche Doug fue asesinado por una cama.”

Heat perdonó su irreverencia porque Rook había dado con una idea. “Justo como el inspector de restaurantes siendo asesinado por un horno de pizza y una reportera del Canal 3 siendo estrangulada con un cable de televisión.”

El Detective Feller anduvo por la habitación, la cual no había sido alborotada, excepto por la ropa de cama. “Si él lo hubiese hecho aquí, no hay señales de lucha.”

La Dra. Parry, esperando a la lectura de la temperatura corporal, dijo, “recogí rastros de cloroformo aquí, en la parte de arriba de su conjunto. Los Forenses acordonaron algunas depresiones de raspar y arrastrar en la moqueta de la sala de estar. Ellos están comprobando las fibras por si hay derrame de cloroformo.”

Heat se giró hacia el oficial al mando. “¿Quién lo encontró?”

“La gestora interna. El jefe dice que hay una supermodelo que va a venir para un reportaje de un calendario, y la ayudanta estaba comprobando para asegurarse que el apartamento estaba listo para ella.”

“¿Por lo que esta no es la habitación de la víctima?” preguntó Heat.

“No, pero él tiene un contrato de chinches con el edificio.”

“¿Por lo que qué estaba haciendo aquí? ¿Le llamaron para echar un vistazo a la habitación?”

“El jefe dice que no. Él ni siquiera sabía que el tipo estaba aquí arriba.”

Nikki envió a Feller a entrevistar al jefe más extensamente, y envió al par de agentes en el pasillo a llamar a algunas puertas para preguntar si alguien había visto u oído algo. Lauren completo su campo de comprobación y estimó la ventana de la hora de la muerte entre media noche y las dos de la mañana. “Lo que significa,” dijo Rook, “que tu asesino en serie ya le había matado cuando te llamó esta mañana.”

“Si este es su trabajo,” dijo Nikki. “Que todavía nosotros no lo sabemos.” Ella se agachó y levantó el cobertor con su mano enguantada para mirar bajo la cama.

Rook escaneó el vestidor y pegó su cabeza dentro del armario de la televisión. Él levantó la Biblia de dentro de la mesita de noche y dijo, “Muerte, ¿Dónde está tu cordón?”

“Lo tengo,” dijo Lauren Parry. Ellos fueron a su lado, y ella señaló sobre tres milímetros de cordón rojo, apenas notable porque estaba encajado entre el hombro de la víctima y el colchón.

“¿OK para moverlo?” preguntó Nikki.

La Forense dijo que sí, pidiendo ayuda a la unidad de fotógrafos de la escena del crimen para documentar el cordón y su posición, después le dio a Nikki un asentimiento de cabeza. Ella y Rook se volvieron a poner de pie mientras Parry y su técnico enrolló el cuerpo hacia su lado. El fotógrafo de la UEC se posicionó e hizo click; su flash iluminó a lo que ellos encontraron debajo; un tramo de cordón rojo atado a otro cordón amarillo, atado a un tramo de cordón morado. El final del cordón morado estaba anudado a través del agujero de la cabeza de una llave de una puerta de aspecto futurista.

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“Te necesito, y pronto, Heat,” llamó el Capitán Irons mientras ella doblaba el tiempo pasando por las puertas de su oficina hacia sala de la brigada. En lugar de su baja opinión de él, como el capitán, Wally se merecía una sesión informativa. Por lo que ella revirtió el campo y le puso al corriente en el asesinato de Chinches Doug. Cuando terminó y se giró para irse, él dijo, “no he terminado todavía, Detective.” Nikki paró, sin perder un minuto, esperando que lo hiciera rápido. “¿Sabes a la presión bajo la que estoy sometido? ¿Sabes cuantas veces recibo llamadas sobre traer esto a una resolución?”

“Sí, señor. Solo puedo imaginar que todos están sobre usted en el 1PP.”

Él puso una mueca y se encogió de hombros. “No, de hecho, el comisionado sabe que estamos reventando nuestras jorobas. Estoy hablando de los medios.”

“¿De verdad? ¿Esto es sobre presión mediática?”

“Escuche, Heat, esto ha estado en mi mente, por lo que bien podría sacarlo.” Él señalo a la silla y ellos se sentaron. “Sé que estas gastando tu tiempo en tu otro… más personal caso. Pero ahora que tenemos un asesino en serie y la gente está prestando atención a la prensa, tienes que parar de perseguir ese perro y poner tu atención en donde yo la necesito.”

Ella había estado esperando a que este zapato cayera. Ella había sabido que su tonto comandante, quien había estado tan alarmado por el atentado de envenenamiento de Nikki que intento desbancar su culo, olvidaría todo eso. Había sabido eso porque su coco no podía mantener dos pensamientos a la vez, él había sumido que nadie más podría. La molestaba tanto que Irons hablara de forma tan casual sobre este “otro caso” cuando era el asesinato de su propia madre el que estaba intentando resolver. Pero mientras Nikki había esperado a que esta inevitable charla que llegara, había estado formando una estrategia.

Cabezas de cemento como Wally Irons tenían que ser manejadas, no acorraladas. Heat necesitaba dejar su enojo a un lado y ser efectiva, porque había mucho más en juego que justicia para su madre. Nikki sentía en sus huesos que algo más estaba viniendo de esta conspiración de Tyler Wynn. Por otra parte, toda esta nueva actividad incluyendo el atentado contra su vida- no estaría burbujeando. Por lo que en lugar de sacar de la caja a Iron Man, ella sería más astuta que él.

“Señor, a pesar de que mi conexión a la investigación de Tyler Wynn empezó de forma personal, hay una cosa de la que estoy segura.”

“¿La cual es?”

“Que usted y yo probablemente somos los únicos policías en esta departamento lo suficientemente inteligentes para ver que esto es más grande que un homicidio.” Una blanca mentira de adulación no podía hacer daño. De hecho, fue patético ver como Wally lo aceptaba.

“Cierto…” Él sonrió para sí mismo, después a ella. “Cierto.”

“Y cuando las esposas salgan –y ellas lo harán- ¿Quién va a ser el héroe de esto?” Ella vio sus ojos elevarse a los trofeos de su estantería. “¿Una cosa más, señor? Lo que tiene tan sabiamente hecho aquí es ponerme sobre aviso para no tirar la pelota en cualquiera de estos casos. Tiene mi compromiso, Capitán. No le fallare. Simplemente mira.”

Ella mantuvo su respiración mientras su frente creaba profundidades en alguna versión de pensamiento. Después Irons se levantó y dijo la palabra mágica. “Simplemente hágame saber si te desbordas.”

“Lo haré.”

“Mientras tanto, los medios están atormentándome con escaleras y antorchas. ¿Puedes darme algo que decirles?”

“Claro,” ella dijo. “Quizás quiera incluso escribirlo.” Ella espero a que quitara la tapa de un bolígrafo con sus dientes y girara a una página nueva de su bloc de notas. “ ‘Sin comentarios’ “ y después ella se fue para volver al trabajo.

Heat recitó una descarga del HMS de la escena del crimen para la oficina. Cuando terminó, el Detective Rhymer dijo, “intentando agarrar alguna conexión aquí. Encontramos esa rata con nuestra primera víctima. ¿También, por casualidad, exterminaba Chinches Doug ratas?”

“¿Chinches Doug?” preguntó Ochoa, incrédulo.

“Nada de ratas, solo chinches,” dijo Raley, recreando uno de los anuncios de televisión de Chinches Doug.

Rook no se pudo resistir. “¿Y hormigas?”

Raley fue derecho a ello. “No, solo chinches.”

“¿Mapaches?”

“Solo chinches.”

“¿Zorrillos? ¿Zarigüellas? ¿Cucarachas?”

“No, no, no. Solo chinches.”

Heat dijo, “¿habéis acabado? Hecho.”

“Tenemos algo,” dijo el Detective Malcolm mientras él y Reynolds rodaban sillas desde su escritorio compartido. “Una conexión entre nuestras primeras dos víctimas.” La sala se silenció, y todas las cabezas se inclinaron hacia ellos. “¿Sabes como para subir puestos las centrales de televisión hacen estas impactantes exposiciones sobre restaurar grandes cocinas? Acabo de averiguar el paradero de un ex-editor de tareas en el Canal 3. Cuando ellos se cargaron a Maxine Berkowitz del escritorio antorcha del WHNY, ¿adivina de qué iba su primer segmento de ‘Doorbuster’? ¿Y quien fue su primera fuente frente a la cámara del Departamento de Salud?”

Nadie dijo nada. Pero Heat tomo un marcador rojo y dibujo una línea conectando al inspector de restaurantes Roy Conklin y Maxine Berkowitz. Ella arrojó la pluma de borrador en seco en la bandeja de aluminio de la pizarra y dijo, “Malcolm y Reynolds, moláis.”

Feller dijo, “me preguntó si Maxime B. alguna vez hizo un reportaje en chinches o Chinches Doug. Eso les conectaría.”

“Todos estamos conectados de un modo u otro,” dijo Rook. “Puedes seguir un rastro de una persona a otra en seis saltos. Es como jugar a los Seis Grados de Marsha Mason.”

El Detective Rhymer dijo, “quieres decir los Seis Grados de Kevin Bacon.”

Rook dijo, “por favor. Crecí con una madre que es una diva de Broadway. En nuestra casa, siempre era Marsha Mason.”

Los Roach interrumpieron con un informe de la extraña llave encontrada bajo el cuerpo de Doug Sandmann. Raley posteó fotos de esto mientras Ochoa recitaba de sus notas. “Es una llave de alta seguridad. Nueva tecnología de una compañía australiana. Como podéis ver del primer plano, es futurista en el diseño. Parece como un Caza X de ‘Star Wars’ y una barracuda haciendo un bebe.”

Raley lo recogió de su compañero. “De acuerdo con el fabricante del sitio Web, por su doble mango y el tipo de corte, esta llave solo encajara en una de las diecisiete mil cerraduras. Esta es la parte buena: cada serie está registrado. Es en medio de la noche en Australia, pero con optimismo, podemos conseguir una línea en aquellas cerraduras que esto encaje, porque eso podría ser nuestra siguiente víctima.”

“También estamos haciendo rondas de cerrajeros locales que llevan la marca,” dijo el Detective Ochoa. “Es de gama alta, por lo que no habrá tantos.”

“Por lo que vamos,” dijo Heat, y la brigada se dispersó. Su emoción en sentir algo de tracción se convirtió en silencio por la desconfianza. Este asesino era un jugador, un manipulador que ya había matado a su tercera víctima horas antes de que llamara para amenazarla. Nikki solo esperaba que ellos se pudieran mover lo suficientemente rápido para salvar a su cuarta.

El email de Heat repicó con un mensaje de Bart Callan: “Comprueba Carey Maggs, por solicitud. Tus instintos están en lo cierto. Vuelve limpio en todos los datos. PS: ¡si trabajas aquí, estarías en casa ahora! Jaja –BC.”

Mientras ella guardaba el emial, el Detective Rales y Ochoa iban rápidamente hacia su escritorio, ambos llevando ansiosas caras. Raley dijo, “el fabricante de cerraduras en Australia tiene un escritorio de ayuda las 24 horas al día/los 7 días de la semana.”

Ochoa se superpuso, “ellos rastrearon el número de serie y dijeron que la cerradura y la llave están registrados a través de un cerrajero en Amsterdam.”

“¿Llamasteis?”

“Sin respuesta,” dijeron los Roach.

“¿En una cerrajería?” Nikki se puso en pie “¿Amsterdam y qué?”

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Heat y Rook se arrastraron detrás del RoachMóvil cinco bloques al sur, en la 77th. Mientras ellos salían juntos a la acera, Ocha les dijo, “Rales y yo estuvimos justo en este vecindario haciendo una comprobación en esa rueda de Rollerblade.” Él señaló a la tienda de patines con una señal que leía, ‘alquileres de Central Park por horas o por medios días.”

La atención de Nikki se fue a Windsor’Locks, el escaparate de la puerta de al lado. Algo definitivamente estaba fuera de lugar. La ventana tenía un letreto de “Abierto”, pero detrás de este la tienda estaba oscura.

“OK, ahora esto es muy raro,” dijo Rook, señalando con el dedo. “Ratas. Comprobadlo. ¿Una tienda de animales en un lado con ratas en la ventana y una tienda de patines en el otro?”

El par de coches azul y blanco que Heat había llamado se pararon detrás de ella. Sin apartar los ojos de la tienda, dijo a los agentes que cubrieran las espaldas. Mientras los oficiales se

desplegaban, ella tomo la iniciativa hacia la puerta de cristal, flanqueada por Raley y Ochoa. Ellos pararon. Heat puso una mano en la empuñadura de su Sig Sauer. Ella alcanzó el tirador con la otra.

“Espera,” dijo Ochoa. “¿Hueles eso?”

Heat inspiró. “Gas.”

CAPITULO 6

“Eso huele más fuerte que una simple fuga,” dijo Ochoa.

La detective Heat se giró inmediatamente hacia Raley. “Pide refuerzos.”

Recordó la explosión de gas que había investigado en el año 2006, un suicidio que acabó afectando a un edificio de tres plantas. “Nada de chispas,” le dijo. “Utiliza el teléfono en la esquina que dé a contraviento, también diles a los agentes uniformados que vuelvan y que empiecen a desalojar estos edificios.” Hizo un círculo con la mano por encima de su cabeza para indicar los pisos situados encima de las tiendas. “Y avisa a todo el mundo: nada de cigarrillos, interruptores ni teléfonos.”

Ochoa ya se había puesto en marcha, indicando a la gente que se alejase de las aceras cuando Rook se volvió hacia Nikki tras echar una ojeada por el escaparate de la cerrajería. “Nikki, hay alguien en el suelo.”

Puso las manos a ambos lados de la cara para reducir el resplandor y aplastó la nariz contra el cristal. En la parte trasera de la estrecha tienda, un par de piernas de hombre sobresalían por detrás de un mostrador, con los pies apuntando hacia afuera. Heat hizo un cálculo rápido, el riego de producir una explosión contra la oportunidad de que si ese hombre estuviera aún vivo, aunque ahogándose, quizá podría salvarlo.

Tenía que decidirse.

“¡Miguel!” El detective Ochoa se volvió hacia ella desde lo alto de la calle, donde había agrupado a unos cuantos peatones. “Hay un hombre inconsciente, voy a entrar.” Se giró y vio a Rook dirigiéndose hacia el tirador de la puerta. “¡Eh, eh, eh!” Él se detuvo. “Si esa puerta tiene un cerrojo eléctrico o una alarma, podrías hacernos salir volando hacia Newark.”

Rook retiró la mano. “¿Y cómo piensas evitarlo?”

Hizo una rápida revisión de la acera. Nikki corrió hasta la esquina y cogió un cubo de basura municipal. El barril de acero era pesado, pero Ochoa la ayudó sujetándolo por el otro lado. “Ten cuidado de no arañar el hormigón,” dijo mientras subía por la acera. “No quiero provocar chispas.”

“A la de tres,” dijo Ochoa. Un poco de basura se cayó al suelo cuando los dos detectives levantaron el cubo de la acera con la tapa metálica apuntando al cristal. Nikki contó en voz alta

y golpearon el escaparate. En vez de romperse, el cristal se esquirló. Heat volvió a contar hasta tres y volvieron a golpearlo, esta vez más fuerte. Esta vez no sólo marcaron el cristal, sino que el escaparate entero se hizo añicos, de arriba cayeron fragmentos en cascada casi guillotinándolos antes de romperse en pedazos tanto en la acera como en el suelo de la tienda. Nikki pateó los trozos escarpados que había en el borde del escaparate y pasó una pierna dentro, después la otra.

Corrió hacia el mostrador del fondo y se arrodilló al lado del cerrajero, presionando sus dedos contra su cuello. La carótida bombeó contra su tacto. Ochoa se le unió. Aguantando la respiración, le indicó a Miguel que el hombre seguía vivo asintiendo con la cabeza. Sacarlo sería todo un desafío, era bajo y delgado, pero estando inconsciente lo convertía en un peso muerto. Los pulmones de Heat pedían aire, y por el esfuerzo de levantarlo, hizo un suspiro del cual se arrepintió enseguida. El olor a huevos podridos del mercaptano del gas la atragantó y se mareó. Nikki perdió el agarre y el hombre se deslizó contra ella. Rápidamente colocó el muslo bajo su cuerpo y paró la caída. Luchando contras la nauseas, lo volvió a coger sujetándolo de la camiseta de trabajo. Juntos, ella y Ochoa se las apañaron para pasarlo por el escaparate donde las manos seguras de los bomberos que acaban de llegar lo cogieron, levantándolo y llevándolo a una camilla, donde los paramédicos se hicieron cargo.

Heat y Ochoa se pararon en la acera, tosiendo y jadeando. Ambos aspiraron del oxígeno que les ofrecieron. En los pocos minutos que les costó recuperarse, los bomberos ya habían cortado la electricidad del edificio, cerrado la llave principal de gas y montado unos ventiladores portátiles para ventilar los vapores.

Rook les dio a Heat y a Ochoa una botella de agua a cada uno, y ambos resoplaron. “Mientras estabais ahí dentro, me metí en la tienda de animales y saqué a todo el mundo. ¿Alguna vez habéis visto La gran aventura de Pee-Wee? He estado así de cerca de huir con dos puñados de serpientes.”

Los paramédicos dijeron que habían salvado al cerrajero justo a tiempo. Glen Windsor había sido estabilizado con oxígeno y estaban a punto de trasladarlo al hospital Roosevelt para hacerle un chequeo. Heat dijo que quería hacerle un par de preguntas antes. Eso no le gustó al paramédico, pero Nikki prometió que sería breve.

“Gracias,” dijo Windsor levantando la mirada desde la camilla a Heat y Ochoa. “Me han dicho que casi no lo logro.” Un enfermero le dijo que mantuviera la mascarilla de oxígeno puesta, pero él dijo que se encontraba bien, aspiró una vez y dejó la mascarilla en su pecho.

Nikki se percató del temblor de su mano. Un incidente como este le pasaba factura a cualquiera. El cerrajero era joven, quizá tendría unos treinta, pero para un hombre de su constitución, pequeña y delgada como un jugador de bolos, seguro que había sido más duro para su cuerpo. “Sr.Windsor, no quiero retenerle, pero me preguntaba si me podría decir qué ha pasado.”

“Mierda, y yo también.” El chico pálido de la camilla tenía un afable y suave tono de voz que a Nikki le recordó al detective Rhymer, en cuya boca las blasfemias sonaban más pintorescas que ofensivas. “Lo siento,” dijo. “Otro dólar que tengo que poner en el bote de las blasfemias.” Volvió a aspirar por la mascarilla de oxígeno y continuó. “Hoy era un día tranquilo para el negocio, estaba en el mostrador jugando al Angry Birds. Lo siguiente fue oír algo tras de mí, y antes de que pudiera girarme, una mano me tapó la cara. Eso es todo lo que recuerdo hasta que me he despertado aquí fuera.”

“¿Tenía un pañuelo en la mano?”

Se encogió de hombros. “Lo siento, no lo recuerdo.”

“¿Olió algo? ¿Algo dulce, por ejemplo?”

Su cara se iluminó y asintió. “Ahora que lo dices, sí. Algo parecido a un producto de limpieza o similar.” Heat susurró al auxiliar que recomendase al médico que comprobase si había aspirado cloroformo.

“¿Cuándo sucedió?”

“Veamos. Estaba esperando que fuera la hora de comer, más o menos sobre las doce.” Nikki levantó la vista al reloj del edificio del banco. Eso habría sido hacía una hora, notó como el rastro se estaba enfriando por momentos.

“Lo siento, detective Heat,” dijo el paramédico. “Va a tener que continuar esto más tarde.” Heat le agradeció a Glen Windsor por su tiempo mientras lo conducían a la parte trasera de la ambulancia. Escogió a un agente uniformado para que le acompañase y permaneciera con él en el hospital hasta que ella llegara.

“Aquí tenemos la fuente del escape de gas,” dijo el supervisor de los bomberos cuando Nikki volvió a entrar en Cerrojos Windsor, esta vez usando la puerta. Él apuntó a la escotilla metálica

abierta del sistema de calefacción empotrado en la pared de la tienda. Tuvo que gritar por encima del zumbido del ventilador. “¿Lo ves? El piloto está apagado, el motor de combustión se ha desconectado y alguien ha quitado el tapón de la junta. No había nada que pudiera detener el gas y tampoco nada que lo encendiera, así que el gas ha ido saliendo, llenando la habitación. No quiero ni pensar en lo que podría haber pasado.”

Los detectives Feller, Malcolm y Reynolds llegaron para ayudarles a buscar pruebas. “Y por pruebas te refieres a un cordón, ¿verdad?” preguntó Rook. “Porqué no significaría nada si no encontráramos un trozo de cordón.”

“Vamos a encontrar algo que cuadre y nos largamos,” dijo Reynolds a Malcolm.

La primera oleada de búsqueda no dio ningún indicativo similar a los homicidios anteriores. Tan pronto como los bomberos declararon que la atmosfera era lo suficiente segura como para apagar los ventiladores, Heat se fijó en uno que estaba en la puerta abierta de atrás y le pidió al supervisor que averiguase si sus hombres la habían abierto o la habían encontrado ya abierta.

“La encontramos tal y como está ahora,” dijo el agente junto a ella. El oficial Strazzullo había sido uno de los patrulleros que Heat había enviado a cubrir el callejón cuando había dado la orden de evacuar la zona. “Cuando entramos en el callejón, la puerta de atrás de la tienda estaba abierta un poco.” Con sus manos indicó una distancia de unos cuarenta y cinco centímetros.

“Vaya,” dijo el detective Feller a Heat. “Apuesto a que lo teníais y que se ha esfumado.”

Raley le preguntó a Heat, “¿Crees que podría haber estado aquí cuando hemos llegado?”

Heat no dijo nada, en vez de eso, cruzó la puerta hacia el callejón. El resto la siguió, y cuando se unieron a ella, Nikki se paró tras un contenedor colocado bajo la escalera de incendios que daba al tejado. “Oficial Strazzullo, ¿estaba este contenedor aquí cuando llegasteis?”

“Lo siento, no lo recuerdo.”

“¿Puedo simular los acontecimientos?” preguntó Feller. “Nuestro asesino está dentro cuando te acercas, detective Heat. Interrumpes su trabajo con el cerrajero ¡Oh!y se dirige a la puerta trasera, se esconde tras este contenedor…” El detective lo simuló, saliendo por la puerta trasera y escondiéndose tras el contenedor. “Él está aquí cuando llega Strazzullo -a

punto de ser descubierto- pero entonces empieza el jaleo en la calle principal y puede escaparse.”

“A mí me parece un plan de escape,” dijo Ochoa, calculando la corta distancia desde la tapa del contenedor hasta la escalera de incendios. “Justo después de que Strazzy fuera requerido para la evacuación, nuestro chico se subió al contenedor y puf.”

“Puede que fuera tanto su vía de entrada como de escape,” añadió Raley.

La detective Heat se impulsó sobre el contenedor y subió por la escalerilla de incendios apretando los dientes. En cada peldaño, silenciosamente expresó su enfado y frustración por haber estado tan cerca de atrapar al asesinosi realmente hubiese estado allí.

Si…

Los otros la siguieron arriba y todos caminaron en línea por la azotea, buscando en la superficie llana y mugrienta algo que les señalase que el asesino había estado ahí.

Lo encontraron en el otro extremo, al borde de la azotea. Todos lo vieron al mismo tiempo, y supieron qué significaba.

Un extremo de un cordón rojo había sido atado en un nudo a la puerta de acceso a las escaleras y flotaba en la cálida brisa. El cordón tenía varios colores, siguiendo el mismo patrón que los otros homicidios. El rojo estaba atado al amarillo, el amarillo al violeta, y el violeta estaba atado con un trozo nuevo, esta vez de color verde.

Heat ya había posicionado a los oficiales para cubrir todas las salidas del edificio, incluida la escalera. Silenciosamente desenfundó su arma de servicio y la empuñó junto a la puerta. Todos a excepción de Rook, que iba desarmado, hicieron lo mismo y tomaron posiciones tácticas. Ella asintió y el detective Feller abrió la puerta. Dentro, en lo alto de las escaleras estaba el oficial Strazzullo y su compañero. Todos enfundaron las armas.

Miraron hacia abajo al umbral, a un fragmento roto de un bloque de hormigón. Feller se inclinó y cuando lo levantó, un trozo de papel, poco más grande que un sello postal, se agitó con el viento. Raley persiguió el papel a través de la azotea para que no saliera volando y lo recogió con los guantes.

Todos se acercaron a su alrededor para verlo. El papel, de dos centímetros cuadrados, estaba en blanco por un lado y tenía una imagen en color por el otro. Parecía como si una pequeña

sección de una fotocopia de una pintura al óleo hubiese sido cortada con tijeras. Todo lo que mostraba eran los nudillos y los dedos de alguien.

El detective Feller sacó su teléfono móvil e hizo una foto decente, aumentando la imagen de la mano del pequeño fragmento de papel antes de entregarlo a los forenses para que buscaran huellas y lo analizaran. Heat asignó a los Roach que buscaran todo lo que pudieran encontrar sobre la pintura. “Lo que averiguasteis sobre esa llave ha salvado la vida de un hombre. Averiguad cuál es la pintura y quizá podamos capturar a nuestro asesino.”

En el Hospital Roosevelt, Heat lo tuvo difícil para encontrar un hueco libre en el parking, pues la entrada a Emergencias estaba llena de furgonetas de prensa. Los reporteros que estaban buscando el sitio más adecuado para dar las noticias esa noche vieron a Nikki y la llamaron por su nombre, con esperanzas de conseguir alguna primicia. Pero ella siguió con la vista enfrente

y pasó junto a Rook el control de la puerta.

Encontraron a Glen Windsor sentado con las piernas colgando por un lado de la cama en la zona de traumatismos. Tomó un sorbo del zumo de manzana con una pajita y el color le volvió a la cara. “¿Cómo se encuentra, Sr. Windsor?” preguntó Heat.

Él sonrió y dijo, “tengo suerte de estar vivo.” Ella le devolvió la sonrisa y pensó, colega, no tienes ni idea. “Gracias de nuevo. He estado pensado, ¿Cómo demonios sabíais que teníais que ayudarme?”

Heat no estaba segura de cuánto debía contarle. Por un lado, había sido el objetivo de un asesino en serie. Pero por el otro, la prensa esperaba afuera y quería controlar lo que salía. “Olimos el gas,” dijo, cosa que en parte era cierta.

Windsor dijo que estaba preparado, así que ella le preguntó que le explicara su versión del asalto. Su relato sobre la escena del crimen era fiel, y cuando le preguntó acerca de contactos

y actividades inusuales, o de gente nueva en su vida el cerrajero negó con la cabeza.

Lo siguiente fue mostrarle una fotografía de la llave que había encontrado en la última víctima, él la reconoció de inmediato. “Es un BiLock, australiano. Es un producto de alta seguridad, fabrican cerrojos sobrepuestos, pernos de fijación, cerraduras de embutir, candados…” mientras seguía, Rook llamó la atención a Nikki y se giró para ocultar una sonrisa. A menudo la

entretenía imitando a Bubba Blue, recitando a Forrest Gump todas las formas de hacer camarones.

Cuando Windsor acabó su lista, ella dijo, “BiLock nos ha dicho que este está registrado en su negocio.”

“Es cierto, los vendo. No muchos aún, pero es un buen producto.”

“A lo que me refiero, Sr. Windsor, es que esta misma llave está registrada en su inventario. ¿Notó que había desaparecido, y si es así, el candado también está desaparecido?”

Él estudió la fotografía y dijo, “no sabía que faltase nada.” Se levantó, preocupado de golpe por su tienda. “Me gustaría volver y hacer un inventario.”

“Haremos eso y le enviaremos un detective para que le ayude, pero tengo unas preguntas rápidas que debo hacerle.”

Se calmó, pero ella notaba su comprensible distracción, así que se dio prisa. Lo que necesitaba averiguar era si tenía alguna conexión con las otras víctimas, por muy ligera que fuera. Le enseñó los retratos de las tres víctimas. No conocía a Roy Conklin, lo mismo para Maxine Berkowitz, a quién sólo reconoció como periodista de televisión. Pero cuando le mostró la fotografía de Douglas Sandman, los ojos de Windsor se abrieron y señaló la imagen con el dedo índice. “Eh, a este sí que lo conozco, es Chinche Doug.”

“¿De los anuncios de televisión?” preguntó Heat,

“Sí, pero también he hecho algunos trabajos para él. Hace unos seis meses le instalé todos los cerrojos y alarmas de su oficina en Queens.”

Heat y Rook cruzaron las miradas, ambos sintiendo una emoción repentina con la información. Nikki intentó mantenerse tranquila, enmascarando su esperanza de que la víctima que había salvado pudiera dar un poco de luz sobre el método que el asesino en serie usaba para escoger a sus objetivos. “Glen, ¿estuvo personalmente con el Sr. Sandman?”

“Por supuesto. Doug aprobó el presupuesto y me dio un cheque cuando acabé.”

“¿Le puedo preguntar de qué estuvieron hablando?”

“Precios y mis horas de trabajo. Más o menos lo que se establece en todos los presupuestos.”

“¿Algo más? Tómese un tiempo para pensarlo.”

El cerrajero tomó un sorbo de su zumo y dejó la mirada perdida, entonces dijo, “No, lo siento. Sólo estuvimos hablando sobre el trabajo, nada a destacar. Un buen tipo, pensé. Me dejó acariciar su perro.”

Rook intervino. “¿Tienen Chinche Doug y usted amigos en común?”

“No, señor.”

“¿Alguien le buscó este trabajo para usted?” preguntó Heat, siguiendo la idea de Rook. “¿Tal vez la recomendación de otro cliente?”

“Ya me gustaría. Conseguí ese trabajo del modo usual, buscando en las Páginas Amarillas y haciendo llamadas.”

Con las esperanzas desvaneciéndose, Nikki le pidió que siguiera pensando sobre el tema durante los próximos días. Le dio su tarjeta de contacto para que pudiera llamarla si se le ocurría algún detalle, por insignificante que fuera.

El detective Feller la llamó para avisarla que estaba en un taxi de incógnito que había tomado prestado de su anterior unidad de la policía y que estaba aparcado en la puerta lateral del hospital. Lo primero que Heat hizo cuando vio a toda la prensa fue preparar una salida discreta para Glen Windsor. Pero antes de que ella y Rook pudieran sacarlo de Emergencias, Nikki recibió una desagradable sorpresa.

“¡Aquí está nuestro hombre!” gritó al Capitán Irons a través del área de diagnóstico. Ella se giró para ver aparecer tan campante a Wally junto a la detective Hinesburg. Mientras su comandante se aproximaba, Heat pudo ver que no sólo se había puesto una camisa limpia y planchada, sino que también llevaba maquillaje en su cara porcina. Como una polilla a la luz, Irons había encontrado a los periodistas y había llegado a tiempo para su entrevista.

Tras una ronda de apretones de manos, golpecitos en la espalda y un entusiasta “Glen, que manera de seguir vivo,” el Iron Man le preguntó a Windsor si le importaría salir fuera con él a conocer a los periodistas. El cerrajero dirigió una ansiosa mirada hacia Heat, pero el capitán dijo, “No estés nervioso, no tienes que decir nada, sólo estar a mi lado. Seré yo el que hable.”

Heat apartó a un lado a su jefe. “Capitán, creo de verdad que esta es una mala idea. No queremos alardear en la cara del asesino, ¿verdad? Y creo que cuan menos público sea, mejor.”

“Eso es lo que siempre piensas,” dijo Sharon Hinesburg, auto invitándose en la conversación. “Nuestro comandante está tratando con mucha mierda, creo que se merece una oportunidad de tener un momento de victoria.”

“¿Qué victoria, capitán?” dijo Heat, dando la espalda a Hinesburg. “El asesino aún anda suelto.”

“Agradezco el apunte, detective. Pero voy a salir ahí afuera para que los neoyorquinos sepan que la veinteava comisaría controla el caso y ha salvado una vida. Discúlpanos.” Se fue hacia la puerta principal, donde estaban las cámaras, con el brazo sobre los hombros de Glen Windsor. Cuando cruzaron las puertas de cristal, la detective Hinesburg se giró para devolverle la mirada a Heat y guiñó el ojo.

Rook le preguntó a Nikki si estaba preparada para irse. Pero ella se paró, shockeada por el recuerdo de que en esa misma sala se había declarado muerto a John Lennon. Heat siguió adelante, ocupada haciendo otros planes.

Llegó a casa esa noche para encontrar a Rook dormido en el sofá con el programa No Reservations del Travel Channel de fondo. Se despertó sobresaltado cuando ella silenció el discurso del enfadado Anthony Bourdain sobre la política de Irlanda de poner impuestos sobre los bares. Rook se sentó y se masajeó los ojos con las palmas de las manos. El jet lag, explicó, lo había dejado hecho polvo. Y diciendo eso dejó caer de forma natural el tema sobre su aventura francesa. Nikki no se tragó el anzuelo.

Rodear e intentar evitar ese tema le parecía menos intimidante y suponía menos trabajoque afrontarlo. Además, ¿por qué tenía que evitarlo si podía distraerlo? Así que empezó un monologo sobre su trabajo. “Randall Feller ha enviado un mensaje desde la cerrajería,” dijo, poniendo su arma de reserva, una Beretta 950 Jetfire, en el cajón del escritorio de la sala de estar. “Han encontrado el candado de la misteriosa llave en su almacén, así que podría ser que una víctima potencial estuviera encerrada en alguna parte.” Se dirigió a la cocina y siguió hablando desde detrás de la puerta abierta de la nevera, “los forenses no han encontrado

huellas. No había nada en la tienda ni en el pomo de la puerta de la azotea, tampoco en el pequeño trozo de papel. Además de los cerrojos, Glen también instalaba cámaras de seguridad. ¿Crees que tenía una sola cámara en su casa? Dios, es como el zapatero cuyos hijos van descalzos. Voy a coger una cerveza, ¿quieres una?” No recibió respuesta así que cerró la nevera. Y se lo encontró al otro lado de la puerta, esperando.

“No se va a ir a ninguna parte.”

Nikki consideró eso un momento. Abrió la nevera y cogió para él una Widmer para conjuntar con su cerveza y se dirigieron de nuevo al sofá.

“Respóndeme a esto,” dijo cuando se sentaron, cada uno con una pierna recogida para poder estar enfrentados.

“¿Qué he empezado?” Rió entre dientes. “¿Voy a ser interrogado por La Gran Interrogadora?”

“Tu encuentro, Rook. ¿Qué esperabas?”

“Enfriar los ánimos. Para así poder apaciguar este irracional totalmente irracionalarranque de celosía que estoy recibiendo de tu parte sobre Yardley Bell. Jesús, he ido a Francia a ayudarte. ¿Por qué me siento como si hubiera hecho algo malo?”

“Mi pregunta –si es que puedo hacerla ahoraes ¿cómo sabía Yardley Bell que estabas ahí? Y no me digas que fue una coincidencia. ¿Acaso usar tu pasaporte hizo saltar su alarma en Seguridad Nacional y te siguió a través del Atlántico?”

“Ella sugirió que fuéramos.”

Nikki se echó atrás con asombro. “Oh, claro. Ánimos enfriados, celos disipados. Chico, ¿Cuán irracional crees que podría ser?”

“¿Ves? Por eso no te lo dije. Sé que te lo tomarías a las malas.”

“¿Y esto no lo hace?”

“En retrospectiva, admito que quizá no haya ejercido mi mejor juicio.”

“¿Qué es lo que has ejercitado?”

“Vamos, me conoces mejor que eso.”

“A ti, te conozco. Ella es otra historia.”

“Ya te lo he dicho, lo mío con Yardley es historia.”

“Para ti. Pero sé de qué tipo es ella.”

“¿Y qué tipo es ese?”

“Antiguas ex novias obsesivas que no pueden dejarlo estar. Ya sabes a lo que me refiero, aquellas que conducen a través de todo el país llevando pañales de la NASA y que tienen armas y cinta aislante en el maletero. O de aquellas que escriben miles de emails con amenazas veladas hacia las rivales amorosas.”

“¿Yardley te ha enviado un email?”

“¡No! Y no hace falta que lo haga. Puede subirse a un Gulfstream federal para irse a Francia y reconciliarse contigo en la jodida Niza.”

“Donde me ha proporcionado una ayuda incuantificable consiguiendo que me reuniera con Fariq Kuzbari. Deberías estar contenta por eso.”

“Sí, mírame. No podría estar más feliz.”

“Estabas contenta cuando te lo dije. Hasta que te enteraste que ella también estaba allí.”

“Eso es lo otro, Rook. He estado trabajando duro para mantener a los federales alejados de mí

y fuera de mi caso. He tratado con ellos en cientos de ocasiones y casos. Sus llamados recursos vienen con un alto precio. Me niego a permitir que lo jodan todo con sus políticas departamentales o venderme en nombre de un expediente diplomático. He estado manteniendo al Departamento de Seguridad Nacional a raya,” dijo, decidiendo no sacar el tema de Bart Callan. “Y ahora la Agente Rompecorazones está metiendo sus narices en el caso,

y usándote a ti para ello. O viceversa, ¿cuál es la diferencia?”

Rook intentó frenar las cosas. “Eh, ¿Nikki?” Dejó la cerveza y puso una mano en su rodilla. “Tú no eres así.”

Todo, no sólo lo sucedido en los últimos días, sino los once años de carga, se desbordó. Odiaba que las emociones la desbordaran, pero era demasiado tarde para detenerlas. A pesar de su

carácter taciturno, que empaquetaba las emociones, la estoica Nikki se abrió ante él. “Me siento sola en esto. Todo me está llegando de golpe, y no puedo enfrentarlo yo sola.”

“¿Entonces por qué no quieres ayuda?”

“Sí que la quiero, pero no de todos. No puedo confiar en todo el mundo.”

“¿Y qué hay de mí? El idiota que interceptó una bala por ti. ¿Aún confías en mí?”

Ahí estaba. El tipo de momento en la vida que gira tan seguro como lo hace la aguja de una brújula.

Nikki no contestó sí o no, hizo otra cosa. Algo tan grande que ni siquiera podía contar, se lo enseñó. Sin decir una palabra, se levantó del sofá y anduvo hacia el piano de su madre para coger los códigos.

Rook escuchó atentamente mientras Heat le contaba todo. Le contó sobre cuando hacía tres noches por fin se había atrevido a tocar el piano de su madre por primera vez tras el asesinato. Como había abierto la banqueta después de once años y había sacado el libro de partituras, el mismo del que había aprendido cuando era niña. Y como, mientras estaba tocando, había visto algo inusual, pequeñas anotaciones a lápiz entre las notas de la pieza. Él se inclinó sobre el libro para examinarlas, entrecerrando los ojos, inclinando la cabeza, intentando encontrarle un sentido a las marcas. Ella le dijo lo que creía, y, al hacer eso, le respondió su pregunta sobre la confianza.

Nikki le contó a Rook que creía que esas marcas eran un código secreto dejado por su madre. Y cualquiera que fuera la información que escondían esos símbolos, era la razón por la que la mataron. “Y como todo apunta a que la conspiración en la que Tyler está envuelto se está calentando, también creo que si la persona equivocada averigua que tenemos estos códigos, también nos mataran a nosotros.”

“Vaya,” dijo impávido. “Muchas gracias por arrastrarme a esto.” Y entonces ambos se echaron a los brazos del otro y se mantuvieron abrazados.

Pasaron los segundos. Con su cara enterrada en su pecho, Nikki dijo, “te estás muriendo por echarle un vistazo, ¿verdad?”

“La espera me está matando.”

Ella se apartó y sonrió. “Todo tuyo.”

Rook no dudó. Se incorporó para encararse a la mesita del café y abrió el libro de música, acercándoselo, girando la cabeza a un lado y a otro, y fijándose en las marcas hechas a lápiz. Mientras ella dejaba al hombre al que confiaba su vida estudiar en paz, su mirada se dirigió a la televisión silenciada, donde el camarero del Crown Salon en Belfast le servía a Tony Bourdain una perfecta pinta de Guiness. Nikki había hecho su salto de fe. Al menos por el momento no tenía reservas.

Se quedaron casi toda la noche trabajando juntos, juntando las cabezas, intentando descubrir el código. Pasaron de la cerveza al asado francés, pero el café los hizo estar más alerta, no más lúcidos. Heat respondió a todas las preguntas de Rook pero trató de evitar decir mucho sobre la ruta que ella había seguido; su gran imaginación haría mejor su trabajo si no tenía ideas preconcebidas.

Incluso cuando él se puso a buscar por Internet, cubriendo lo mismo que ella ya había hecho una y otra vez, Nikki no le aconsejó ni trató de detenerlo. Viéndolo por primera vez, quizá Rook encontrase algo que a ella se le había pasado, y no quería contaminar sus frescos pensamientos.

Su investigación fue más allá que sus búsquedas sobre egipcios, mayas, grafitis urbanos, fenicios y druidas. Rook incluso investigó una web devota al lenguaje de una serie de televisión llamada Firefly. En ese momento fue cuando supieron que tenían que dejarlo por esa noche hasta que estuvieran más frescos al amanecer. “¿Te refieres a dentro de cuarenta y cinco minutos?” preguntó ella.

Inmune a la cafeína, Heat cayó en el sueño más profundo que había disfrutado en años. Quizá era a causa de compartir su carga. Cuando se despertó, las sábanas del lado de Rook estaban frías a su tacto. Se puso la bata y lo encontró sentado en el alféizar de la ventana, mirando a Gramercy Park, aunque Nikki no podía asegurar si estaba viendo algo más que no fueran las marcas de lápiz escritas en la partitura.

“Ahora ya sabes lo que ha estado rondado por mi cabeza todas estas semanas,” dijo, apoyando sus manos en sus hombros.

“Me duele la cabeza.” Se recostó hacia atrás y ella le besó la frente. “Vas a odiarme.”

“¿Vas a abandonar?”

“No.”

“¿No crees que sea un código?”

“Lo creo.”

“¿Entonces qué?”

“He estado pensando.”

“Eso siempre es motivo de preocupación.”

“No vamos a resolver esto por nosotros mismos. Por lo menos no lo suficientemente pronto como para que sirva de algo. Necesitamos ayuda.” Nikki se tensó y retiró las manos. “Relájate, no hablo de Yardley Bell o del agente Callan.”

Viejas dudas acerca de compartir esa información con Rook empezaron a aflorar. “¿Entonces de quién?”

Sólo eran las ocho de la mañana, pero cuando Eugene Summers abrió la puerta de su loft en Chelsea, los saludó radiante, elegante y limpio. El mayordomo profesional convertido en una estrella de un reality show inclinó su plateada cabeza y besó con elegancia la mano extendida de Nikki, obviando su disculpa de llegar tan pronto y sin avisar.

“No importa, estoy encantado de verla. Además me ha sacado de la cama.”

“No es broma,” dijo Rook. “Tendrás que enseñarme como consigues hacer un nudo tan perfecto como ese en una corbata.”

“¿A sí?” dijo Summers. A pesar del hecho de que Rook fuera un fan descarado de la estrella (o quizá por ello), su ídolo parecía menos entusiasmado de verlo de nuevo. Pero el Experto en Modales, tal y como los anuncios lo anunciaban, asintió gentilmente y les hizo un gesto para que pasaran a la sala de estar, donde tenía preparados unos croissant calientes y mermelada al lado de un servicio de café de porcelana.

A medianos de 1970, un entonces veinte y algo Eugene Summers y Cinthya Heat habían trabajado juntos como espías de la operación de Tyler Wynn, de la CIA, en Europa. Ambos habían sido parte de su equipo, apodado la Red de Niñeras porque los topos de Wynn tenían acceso a las casas de los objetivos trabajando en servicios domésticos. La madre de Heat trabajó de incógnito como tutora de piano; Eugene, como mayordomo. Esa conexión fue por la que Rook había propuesto a Nikki esa visita matutina: para averiguar si la Red de Niñeras tenía un código secreto.

En un principio ella se opuso. Compartir la existencia del código con Rook había sido un paso enorme. Ampliar el círculo de ese conocimientoespecialmente con alguien que estuvo una vez con Tyler Wynnrepresentaba un gran riesgo. Pero Rook decía la verdad al afirmar que estaban bloqueados, así que acabó accediendo. Aún así acordaron mantenerlo en secreto y no revelar que estaban en posesión del mensaje codificado.

“¿Qué te trae aquí con tanta urgencia, detective?” preguntó el mayordomo, esperando educadamente hasta que hubiera servido el café y se hubieran sentado. Su postura era perfecta, y cuando Rook fue pillado por la característica Mirada Summers, se enderezó y sonrió.

Ella empezó su mentira con, “temas rutinarios, ya sabe. Debe haberlo oído, Tyler Wynn aún sigue suelto. Sólo estamos haciendo el procedimiento habitual, preguntar a todo el mundo que lo conocía.”

“Lo he oído.” Summers posó una mano en el botón superior de su chaleco y continuó, “y he leído el relato sobre su horrible experiencia en el artículo de la web de Rook, terrible y desgarrador.” Se pausó, y ella le asintió al ver su mirada compasiva. “Pero honestamente no sé si puedo servir de ayuda. Lo cierto es que ese hombre no se ha puesto en contacto conmigo.”

“Naturalmente, esa es una de mis preguntas,” dijo Heat. “Gracias.”

“Buen café.” Rook dejó su taza, sonando tan improvisado cómo fue posible. “Algunos de los demás conocidos de Tyler Wynn quizá hayan recibido algún mensaje de su parte.”

“¿Usted cree?” Eugene era astuto. Podían ver como cada frase salía tamizada y ordenada tras sus gafas sin montura. “¿Estad usted seguro?”

“Sólo nos lo preguntábamos, eso es todo,” dijo Heat. “A medida que avanzamos por los efectos de los cómplices de Tyler, se me ocurrió que quizá pueda haber mensajes en código que no reconoceríamos.”

“Quiere saber qué es lo que está mirando,” dijo el mayordomo. “Por pistas.”

“Precisamente,” dijo Rook.”

“¿Alguna vez usasteis un código en la red de Wynn?” preguntó Heat.

Summers negó con la cabeza. “Lo más cercano a lo que llegamos fue esconder bolsas, como ya le conté la última vez. Sólo poníamos mensajes sencillos en él, escritos a mano y para nada en código.” Soltó una risilla. “Todos éramos un tanto torpes e indisciplinados como para aprender un código, menos aún para usarlo.”

“¿Y qué hay de Tyler Wynn?” preguntó. “¿Usaba él un código?”

Eso no lo sé. Podría preguntarme cualquier otra cosa sobre Tyler Wynn. Podría decirle cuál es su vino favorito, donde encarga sus zapatos hechos a medida, la tienda donde compra su Brie de Meaux. Pero a lo que se refiere en comunicaciones encriptadas, lo siento.”

Nikki miró hacia abajo al café que había dejado enfriar. Al mismo tiempo que dejaba su libreta de notas, lamentando el viaje y la información que había expuesto con ello, Rook habló. “Eugene,” empezó, “algo de lo que has dicho me ha dado una idea.” Tyler Wynn es un hombre con gustos específicos, ¿cierto?”

“Oh por favor, no tiene ni idea de cuán particulares son.”

“Si me pudiera dedicar algo de tiempo, ¿podría dejarme un par de horas para hablarme de sus hábitos, sus gustos y disgustos? Me sería de gran ayuda para mi próximo artículo. Ya sabe, el James Bond americano con sus zapatos hechos a medida y su fromage personal.

“Un par de horas… tengo una entrevista con Lara Spencer esta mañana.”

“Genial,” dijo Rook. “¿Entonces a la hora de comer?” Acorralado en la obligación, el famoso mayordomo le dirigió a Rook su típica Mirada Summers y aceptó.

Una vez en el ascensor, bajando del loft, Heat dijo, “Dime algo Rook, ¿todo en mi vida gira en torno a tratar de ayudarte a escribir tu próximo artículo?”

“¿Eso? Eso no es para un artículo. Ahí va lo que estoy pensando. Si puedo obtener información de algunos de los gustos y compras personales de Wynn, quizá podamos ser capaces de rastrearlo a través de sus pedidos”

Las puertas se abrieron en el vestíbulo y Nikki dijo, “es una idea horrible.”

“¿Por qué?”

“Porque yo no he caído en ella.” Salió antes que él, ocultando su sonrisa.

La comisaría parecía la habitación de una tele operadora, cuando Heat llegó tras su encuentro con Eugene Summers. Todos los detectives estaban al teléfono o junto a las pizarras informando de las pistas que habían comprobado. A excepción, por supuesto, de Sharon Hinesburg, a quién Nikki pilló mirando la página web de la zapatería Zappos antes de que cerrara la ventana para mostrar la web interna de la policía.

Raley y Ochoa habían ido a Shoteby’s para entrevistar a un contacto que habían hecho el año anterior cuando resolvieron el asesinato de uno de los tasadores de la casa de subastas. Raley dijo, “si alguien puede decirnos a qué pintura al óleo pertenece este trozo, es ella.” Eso hizo pensar a Nikki en Joe Flynn. Un especialista en recuperación de obras de arte como él también podría ser un gran recurso. Cuando los Roach se fueron, incluso buscó en su iPhone su número de teléfono. Pero antes de llamar, Nikki recordó su última visita a Quantum Recovery, sus oficinas, y su mirada necesitada y anhelante. Dejó su teléfono, Flynn podía esperar a la información que pudiera dar Sotheby’s.

Heat contactó con la Comisaria 61 en Brooklyn para tener un informe actualizado sobre la búsqueda y avistamientos de Salena Kaye. Tras haber sido redirigida hasta a tres buzones de voz, colgó, llamó a Sharon Hinesburg y le asignó que fuera a Coney Island y que hiciera ella misma la búsqueda. “Es aún pronto para la temporada de turistas, así que comprueba hoteles y, especialmente, los apartamentos por semanas.”

La detective le dirigió a Heat una mirada exasperada. “¿No debería estar trabajando en el asesino en serie en vez de matarme en el asfalto con esto?”

“No hay nada malo con el trabajo de campo.” Nikki no pudo resistir la ocasión. “Estoy segura que tienes los zapatos adecuados para esto.”

A primera hora de la tarde, su teléfono móvil vibró. Según el identificador de llamadas, era Greer Baxter, del canal WHNY. Heat dejó que saltara el buzón de voz y después escuchó el mensaje. “Detective Heat, soy Greer Barxter, de Noticias del Canal 3 ¿Se ha olvidado que la necesito en mi segmento del programa en directo? Nos encantaría saber qué está pasando con nuestro asesino en serie.” La presentadora de noticias se calló para causar más efecto y añadió, “A menos que esté reservando esta historia para una exclusiva con su novio, llámeme.”

Heat sintió una breve oleada de rabia. Por la desfachatez, la manipulación y la distracción. Dejó suavemente el teléfono en su escritorio y dejó que sus párpados se cerraran. “¿Detective?” Abrió los ojos. Feller estaba frente a ella, parecía a punto de estallar. “Tengo una. Acabo de encontrar la conexión más brillante entre nuestras víctimas.”

CAPITULO 7

El detective Feller quería el show, no solo contarlo. Nikki le siguió hasta su escritorio, donde le señaló para sentarse. “Como nos dijiste, he estado profundizando en nuestras tres víctimas, buscando cualquier cosa que las una.” Alcanzó el ratón en el escritorio e hizo doble click. Una imagen apareció en la pantalla, mostrando a Maxine Berkowitz sentada en el suelo de una cocina vestida con un chándal y unas botas, rodeada por una camada de cachorros. “He revisado toda su red social y encontré este post en Facebook que ella subió hace tres años.” El corazón de Nikki se encogió, como siempre hacía, a la vista de la alegre sonrisa de la mujer asesinada. “Observa a los cachorros Beagle,” dijo Feller.

“Adorables.”

“Les amarás incluso más cuando veas esto.” Abrió otra ventana, al lado de la imagen de Berkowitz. Era un anuncio de Chinches Doug subido al lado de Smokey, su Beagle olfateador de chinches. “Aparentemente los Beagles son geniales encontrando chinches, y los exterminadores los están usando como locos. Doug incluso convirtió a Smokey en su mascota de compañía.”

“Sí, he visto esos anuncios,” dijo Heat. “¿Por lo que me estás diciendo que tu conexión es que a ambas víctimas les gustaban los Beagles? Algo escaso Randall.”

“Espera, por favor.” Con el borrador de un lápiz señaló a la camada que rodeaba a Maxine Berkowitz. “Camada mezclada con muchos colores. Tienes una aquí qué es moteada, estos dos son limón y blanco, y luego está este pequeño de aquí.” Él hizo zoom en la imagen de uno de los cachorros. “A esto, lo llaman de marcado libre. Capa blanca con manchas marrón claro y negro. ¿Te das cuenta del patrón de estas tres manchas negras en el hombro de él?” Volvió a hacer zoom en la imagen de Smokey.

“Idéntico,” dijo ella, más interesada ahora.” “¿Es el mismo perro?”

El detective sonrió. “Dímelo tú.” Él guió el ratón para abrir un vídeo de Youtube. Mientras se bajaba, dijo, “esto es de hace año y medio en Danbury, en una academia de entrenamiento canino de olores. Básicamente, es la graduación de Smokey en la

escuela de chinches.” Nikki vio el vídeo amateur de Douglas Sandmann subiendo una rampa entre aplausos mientras aceptaba un diploma, con su Beagle andando a su paso, a la altura de su talón. Después de que Sandmann cogiera el certificado, había un salto a un vídeo que heló a Nikki. Claramente tomado en un parking mucho después de la ceremonia, la cámara capturaba a Douglas Sandmann y Maxine Berkowitz de rodillas y alabando a su pequeño perro, Smokey, que lamía la cara de ella.

Heat le hizo a Feller un movimiento de cabeza de apreciación. “¿Quién es un buen chico?” dijo él.

Rook entró a la oficina procedente de su reunión para comer y se unió a Heat y Feller. Nikki le resumió la conexión Beagle de Randall, para después girarse hacia las Pizarras de Asesinatos. “Por lo que ya teníamos una conexión entre Roy Conklin y Maxine Berkowitz. Y ahora tenemos una de Maxine y Chinches Doug. No sabemos qué significan todavía pero es algo.” Se giró hacia el detective Feller. “¿Lo que acabas de hacer para Maxine? Hazlo para Douglas Sandmann. Y también para el cerrajero, Glen Windsor.”

“Entiendo. Algo que les conecte a las otras víctimas.”

“O nos ayude a saber quién puede ser el siguiente,” dijo ella. Mientras Feller se marchaba a su escritorio, Nikki marcó una línea con rotulador desde Berkowitz a Sandmann y la etiquetó con “Smokey.”

“Bonito nombre para un Beagle,” dijo Rook mientras tapaba su seco rotulador. “Barry Manilow tenía dos Beagles. Los llamaba Bagel y Biscuit.”

“Fascinante.” Heat caminó de vuelta a su escritorio, y él la siguió, todavía hablando.

“Hablando de Barry Manilow, acabo de ver un anuncio de esa sitcom, ‘El Centro’. Tan divertida, Patricia Heaton entra en el baile de su madre hacia Barry Manilow. Oh. ¿La madre?” dijo en voz alta en la sala. “Interpretada por… Marsha Mason. Incluso a menos de seis grados, gracias, muchas gracias.”

“Rook, quizás puedas guardar el juego de salón hasta que estemos algo menos ocupados,” dijo Heat. “¿Como después de que terminemos, no sé, de capturar a un asesino o dos?”

“Bueno, detective Heat, mientras eso se produce, tengo algo con lo que contribuir a la búsqueda de uno de tus sospechosos, un cierto tipo llamado Tyler Wynn.” Se sentó en el borde de su escritorio, como era habitual en él, y nuevamente ella tuvo que tirar de la carpeta sobre la que se había sentado, que quedó bajo sus nalgas.

“Estoy escuchando.”

Él desenvolvió la banda elástica de su negro Moleskine. “A pesar de su enemistad, fuera de lugar para mí y que no logro entender, Eugene Summers dijo algunas cosas realmente útiles de Tyler Wynn en nuestra comida. Es una fuente perfecta. Summers no solo espío para Wynn todos esos años, él es un mayordomo un combinado de observador además de orientado hacia los detalles. El hombre me dio una lista increíblemente completa de las preferencias personales de compra de Tyler.” Rook abrió una página que había marcado con la cinta negra de su cuaderno de notas. “Por ejemplo, ¿sabías que Wynn llevaba zapatos antiguos? Seiscientos dólares en mocasines hechos a medida en Botas John Lobb, en París.”

Eso atrajo su atención. No solo la auto indulgencia; el precio marcaba una bandera roja para cualquiera que estuviera comprobando una historia de un empleado del gobierno. La traición de Tyler Wynn, claramente apoyaba sus caros gustos. Él levantó su mirada de su cuaderno. “Quizás solo sea yo, pero si un zapato cuesta seis de los grandes, ¿realmente puede ser llamado un mocasín?”

“De acuerdo. Y uso excepcional de ese pronombre personal.” Ella habitualmente apreciaba en Rook sus aires de escritor, pero viéndole hojear rápidamente a través de las notas de su entrevista, ella respetaba sus capacidades como periodista. Tanto más, si estas la guiaban a capturar a Wynn. Demonios, esto podría incluso mantenerla viva.

“Veamos qué más. Ropa de calle, solo Barbour, únicamente de Harrods, maletín de Alfred Dunhill, suéteres de Peter Millar, camisas de Haup de Alemania, y calcetines atléticos de Sudáfrica Balegas, por si te interesa. Sus hábitos de licores son también

bastante particulares. Su Burgundy (vino de Borgoña) blanco de elección es Domaine Leflaive Puligny-Montrachet. Su rojo es un Mil-Mal Estates Cabernet Sauvignon de Napa. El Whistle Pig de centeno o vermut dulce de Vaya. Y su marca de whisky irlandesa es Michael Collins.

“Qué,” dijo ella, “¿Jameson no es lo suficientemente bueno para él?”

“Nikki Heat, es como si estuvieras leyéndome la mente.”

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Los hábitos personales podían fácilmente marcar un rastro, y el primer mayordomo del reality de televisión, les había dado un tesoro de pistas. Mucho con lo que seguir, por lo que Heat dispuso que el detective Rhymer se emparejara con Rook y empezaran a hacer contactos con los minoristas y comerciantes que suministraban a Tyler Wynn productos de consumo tan exclusivos. “Tu instinto de periodista de investigación está haciendo su trabajo, Rook,” le dijo ella. “Ahora llévalo al siguiente nivel y averigua si el Tío Tyler ha estado últimamente comprando de forma directa alguna de esas golosinas, y donde se las han entregado.”

“No puedes tener gustos tan exclusivos como estos y no dejar ningún rastro.”

“Compruébalo,” le dijo ella. Y él y Rhymer se pusieron a trabajar.

Raley llamó desde el RoachMóvil. “Miguel y yo estamos ahora caminando desde el Sotheby’s en el East Side,” le dijo.

“¿Pensáis que puedan identificar la pintura?”

“Ya lo han hecho. Les llevó cinco segundos. La mano en esa hoja de papel fue cortada de un trabajo de Paul Cézanne. Se llama ‘Chico en un chaleco rojo’. El tasador me envió un e-mail con la imagen digital de toda la pintura. Te lo reenvío o puedes subirlo online si no quieres esperar.”

“Gracias, lo haré. Eso fue rápido, Rales.”

“Sí, bueno, resulta que la pintura no solo es bien conocida, está en el radar de todo el mundo estos días.”

“¿Por qué?”

“Es subida de tono. Fue robada en 2008 del… espera, no puedo leer mi propia escritura. La pintura fue secuestrada junto con otras dos de la Colección Bührle. Eso esta en Zurich, Suiza.” Después de una pausa él dijo, “¿te perdí?”

“No,” dijo ella, “estoy contigo, solo estoy pensando en que tengo una llamada que hacer. Buen trabajo.”

Ella colgó, mordió la bala, y marcó a Joe Flynn en su oficina en Quantum Recovery. Mientras el teléfono sonaba, buscó en Google el Cezanne y consiguió múltiples respuestas, la mayoría de noticias de los dos últimos años sobre su robo. “Lo siento, el Sr. Flynn está fuera de la oficina,” dijo su asistente. “¿Le gustaría dejar un mensaje de voz?”

Después del beep, Nikki dejó una palabra para que la llamara. Después comprobó sus notas para su número de móvil y también dejó un mensaje allí. Cuando colgó, se reprendió por no llamarle antes; podría haber salvado la mitad de un día persiguiendo la pintura. Es lo que pasa, pensó, cuando dejaba que sus sentimientos personales interfirieran con una investigación. Heat se prometió no dejar que eso volviera a pasar.

Esa reafirmación se encontró con un reto más rápido de lo que ella pensaba. “Nikki Heat. Soy tu fan número uno,” dijo el que llamaba. Al sonido de la voz, sus defensas se levantaron y apartaron todo lo demás de su mente. Zach “El Martillo” Hamner, el primer asistente administrativo del director adjunto de asuntos legales de la policía de Nueva York, nunca hacía contacto a no ser que él quisiera algo. Y cuando el hombre al que Rook había apodado como el terrible engendro de Rahm Emanuel y Gordon Gekko quería algo, un “no” era un riesgo por cuenta propia.

“Bueno es saber que mi nombre todavía sigue vivo en el One Police Plaza,” dijo ella, manteniendo su estado de alerta.

“Oh, sabes que lo está,” la dijo alegremente. Suponiendo que Zach podría mantener a la comadreja fuera de su voz, tan bien como Nikki podría mantener el temor fuera de la suya. “Tienes tus manos llenas, ya sabes. Todos estamos contentos de que seas tú la

que está al frente con este asesino en serie. Eso es del comisionado para abajo.” Zach sabía del valor de la clasificación.

“Le cogeremos.”

“Si alguien puede, Heat, eres tú. Ahora…” Su pausa debió de haber durado unos cinco segundos, una técnica intencionada para absorber su atención. Superfluo. Él la tenía. “Estoy recibiendo llamadas de Greer Baxter del Canal 3. Las peticiones de los medios normalmente se desvían a la oficina de Información Pública, pero Baxter tiene una relación con esta oficina, por lo que aquí estoy. Sabes de qué va esto.”

“Lo sé, Zach. Pero tú debes de saber lo que es llevar un caso como este. Si estás haciendo una investigación debidamente, la última cosa para la que tienes tiempo es para los medios.”

“Y eso es por lo que estamos viendo la jodida cara de Wally Irons en cada pantalla. Escúchame mientras hago cuentas. Uno: Greer Baxter es una amiga del director. Dos:

Su redacción perdió a uno de los suyos de este cretino. Tres…” Él trabajó -otra pausa. Heat sabía lo que venía antes de que lo dijera. “Me debes esta.”

Nikki se hundió profundamente en las arenas movedizas de la oscuridad. A principios de ese año Hamner la había defendido para convertirse en capitana y en la jefa de la comisaría de la 20, solo para que ella lo avergonzara en público rechazando el ascenso en el último momento. Y justo hacía unos meses, ella había vuelto a él para pedirle un favor cuando el Capitán Irons la había dado una injusta suspensión médica, citando un fantasma concerniente a su estado mental seguido de un tiroteo. El Martillo consiguió su placa de vuelta pero advirtiéndola de que su cuenta sería saldada.

Hoy era día de pago.

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“Te sacaré al set de Greer en dos minutos, detective,” dijo el director de escena, quien después dejó la pequeña sala de backstage en el WHNY. Rook se movió para pararse detrás de la silla de maquillaje de Nikki. El espejo les enmarcaba a los dos. Uno de ellos parecía infeliz.

“Para alguien que quería una vez ser actriz, creería que disfrutarías con esto,” le dijo. Entró corriendo un ayudante diciendo, ‘Dos minutos, Detective,’ ‘¿Una botella de agua, Detective?’

“¿Le retocó el maquillaje, detective?” preguntó la mujer que apareció en la puerta.

“¿Ves?” dijo Rook. “Mágico.”

“Gracias, me veo bien.”

La artista del maquillaje se fue. Rook preguntó, “¿estás segura? Casi un millón de personas ven este telediario.”

Nikki dijo, “solo quiero terminar con esto. No me importa como luzca.”

“Mm, OK…”

“¿Qué?”

“Olvídalo,” le dijo. “Bueno. Tienes un poco de… no importa.” Heat saltó de la silla y se movió hacia el espejo. Pero no vio nada preocupante excepto el reflejo de él detrás de ella, riendo. Cuando se volvió a sentar en la silla, Rook se recompuso y dijo, “¿has decidido que vas a decir?”

“No lo ves, ese es todo el problema de esto. Estoy siendo forzada a aparecer en vivo en televisión cuando no puedo revelar nada que ellos ya no tengan sin joder nuestro caso.”

El director de escena volvió. “Estamos listo, si tú lo estás.”

Durante un anuncio de dolor de artritis, alguien enganchó un micrófono inalámbrico en el cuello de Nikki y el director de escena la guió hacia una silla de cuero que hubiese estado bien en casa o en una sala de un aeropuerto de primera clase. Se inclinaba hacia un asiento idéntico en la diminuta área de entrevista a un lado del escenario, lejos del escritorio de anclaje. Tres cámaras de vídeo se deslizaron a la vista de Heat del resto del estudio, lo que hacía que no pudiera ver de todas maneras por la brillantez de las luces. “Gracias por venir,” llegó una voz familiar. Después Greer Baxter se materializó desde el interior del resplandor con una mano extendida. Nikki la

sacudió y mintió cuando dijo que era un placer para ella. La presentadora se sentó y dijo, “finge que las cámaras no están allí; céntrate en mí,” y después miró de frente hacia las cámaras.

“Esta noche voy directa a la fuente de información sobre un asesino en serie. Estamos en vivo. Estamos en ‘Greer y Ahora.’ “Un corto tema sonó bajo los gráficos animados y un montaje de Greer Baxter entrevistando a Al Sharpton, Daniel Moynihan, Whoopi Goldberg, Sully Sullengerger, Donald Trump, y Alec Baldwin. Cuando la introducción terminó, el director de escena usó su guión laminado para señalar a la cámara del centro, a la cual Baxter se dirigió. “Ella posiblemente sea una de las más famosas policías de Nueva York. Sobre la detective de Homicidios se ha escrito en revistas nacionales, ha recibido varias condecoraciones por su valor, y tiene el ranking más alto de casos resueltos que cualquier investigador de la policía. Bienvenida, detective.”

“Hola.”

“Hay un asesino en serie ahí fuera. Él ha reclamado tres víctimas por el momento. Un empleado del Departamento de Salud, un exterminador de insectos, y, trágicamente, la propia Maxine Berkowitz del Canal 3 de Noticias.” En el monitor, Nikki vio fotos de las víctimas superpuestas detrás de ella y Baxter. “¿Qué nos puedes decir sobre el caso?”

“Lo primero de todo, quiero expresar mi pena hacia ti y tus compañeros por vuestra pérdida, como también a las familias de todas las víctimas. En cuanto a la situación del caso, hay muy poco en lo pueda contribuir a parte de lo que ya se sabe en los medios.”

“¿Es eso por lo que no habéis hecho suficientes progresos?

“Para mí, no hay tal cosa como suficientes progresos hasta que un asesino es capturado y sacado de las calles. Obviamente no estamos en eso todavía.”

“¿Y que hay sobre las cosas que no han sido reportadas a la prensa todavía? ¿Hay algo que puedas compartir que nos haga sentir mejor?”

“Greer, si compartir información ayudara a capturar a este individuo, sería la primera en hacerlo. El hecho es que hay algunos detalles que solo nosotros podemos saber

porque no deseamos que dañe el progreso del caso, o por avisar al sospechoso o ayudar a crear escenarios copiados.”

“Por lo que eso es todo lo que estas indicando.” Greer se inclinó ligeramente hacia delante, una pose de examen cruzado. “No es por ser grosera, pero ¿Por qué has venido si no estás dispuesta a compartir más?”

“Creo que lo he dicho claramente en el avance que no podía ir más allá de lo que había sido revelado. Pero si tienes alguna pregunta, indudablemente-

“Ok, aquí hay una. Sabemos que el asesino deja cordones de colores por donde va.” Ella sujetó la portada del ‘Ledger’. “De acuerdo con esto, los primeros dos cordones eran rojo y amarillo. Mis fuentes me dicen que hay colores adicionales ahora. ¿Cómo el morado? ¿Y verde?”

¿Su fuente? Nikki deseo que llevara más maquillaje para esconder el rubor que empezaba a llenar sus mejillas. “De nuevo, no puedo comentar eso.”

“Rojo, amarillo, morado, y verde. Suenan como a los colores del arco iris. Déjame preguntarte. ¿Le habéis dado al asesino un alias?” Antes de que Heat pudiera responder, ella se superpuso. “¿Sabes cómo llamaría a este asesino? El Asesino del Arcoíris.” Se giró hacia la cámara y repitió el efecto, “El Asesino del Arcoíris.” Satisfecha de que quizás hubiera acuñado un alias, Baxter dijo, “Detective Heat, eres mujer de pocas palabras. Sí, de hecho, puedes compartir información sobre algo con nuestros televidentes, espero que vuelvas.”

“Sin duda,” dijo Nikki, pero pensando, solo en una camisa de fuerza y rodando en una carretilla.

“Esto es un comienzo. Tenemos treinta segundos. ¿Ha visto alguna buena película, o tampoco puede hablar de eso?”

“De hecho, no,” dijo Nikki. Y después decidió hacer un salto de fe. “Podría hablarte sobre otro caso en el que estoy trabajando. Apresamos al asesino pero todavía estamos buscando a sus cómplices.” El director de escena empezó con una cuenta atrás de diez segundos. Heat alcanzó el bolsillo de su chaqueta y sacó una página con

dos encabezados de Tyler Wynn y Salena Kaye y la sostuvo a la cámara con la luz roja. “Me gustaría invitar a la ayuda del público, preguntando si han visto a algunos de estos dos. La mujer fue vista por última vez alrededor de Coney Island.”

“Y estamos fuera de tiempo, detective,” dijo Greer Baxter. “Buena suerte con eso, y buena suerte deteniendo…al Asesino del Arcoíris.”

En el taxi, Rook le dijo, “mucha suerte ha sido el que tuvieras esos titulares en el bolsillos.”

“Sí,” dijo Nikki. “Imagina tenerlos listos para mostrarlos la noche en que estaba en vivo en televisión. No podía haberse planeado mejor.”

Él dio un apretón a su mano. “No tenías que hacerlo.”

A la mañana siguiente en la 20, Wally Irons fue al escritorio de Heat antes incluso de que hubiera cerrado su puerta. Su tez pastosa estaba moteada con manchas salmón de agitación. “Pasé por pillarte con Greer Baxter ayer por la noche en las noticias de las diez. Como tu comandante, ¿No es propio que todo contacto con los medios pase por mí?”

Heat quería reírse en su cara. Quería tanto ser insubordinada y decir, ¿Quieres decir, aclararlo contigo, o limpiarte el camino hacia las cámaras? ¿O, quieres decir, aclararlo contigo como Sharon Hinesburg hace en tus rodillas? En su lugar, la detective Heat mantuvo su profesionalidad y le dijo la verdad. “No quería hacer la entrevista. Fue organizada por la oficina del comisionado en el One Police Plaza. ¿Quiere hablar con él?”

Iron se quedó allí, bloqueando el vapor, gloriosamente impotente, y dijo, “la próxima vez dígamelo.” Y se fue.

Como aparato de relojería, la detective Hinesburg fue tras Irons cinco minutos después, el intervalo era diseñado para mantener la ficción de que no se estaba acostando con el jefe. Ella refunfuñó sobre la tarea que Heat le había dado para hacer un rodeo en Coney Island para ver si hay señales de Salena Kaye. Nikki nombró algunos de los hoteles y estancias largas que conocía, y Hinesburg informó que no había

encontrado nada en ninguno de ellos. Teniendo en cuenta que Sharon era la que facilitaba sus consejos de experta de garganta profunda sobre el asesino en serie, a Greer Baxter, el ‘Ledger’, y otros, Heat se aisló con la tarea de hacer un seguimiento sobre las llamadas entrantes sobre Tyler Wynn y Salena Kaye después de que sus fotos hubieran sido mostradas en televisión. “Bien. Siempre y cuando no tenga que conducir de vuelta a Coney,” dijo ella.

Un agente sostuvo una mano precavida hacia Nikki en su camino de vuelta de la cocina de la comisaría. “Quizás quieras guardar cierta distancia. Tenemos un tocapelotas aquí.” Ella se relajó sobre el muro y giró una cucharada entera de yogur del revés en su lengua mientras un par de oficiales luchaban contra un ciclista encadenado dentro de la Sala de Interrogatorios número Uno. Seguido de cerca por detrás de la abogada del ciclista, Helen Miksit. La visión de la abogada hizo a Heat preguntarse qué tocapelotas la había prevenido.

“Abogada, que agradable sorpresa. ¿Los negocios son tan duros que estas defendiendo a los Hijos de la Anarquía?”

Helen Miksit, apodada el Bulldog tanto por su apariencia física como por sus habilidades interpersonales, reaccionó agriamente al ver a Heat. “Más como hijo de un destacado dentista de cosméticos de Manhattan; no es que te deba esa explicación. De hecho, pensaba entrar y salir de aquí sin lidiar contigo.”

“¿Alguna vez devuelves llamadas, Helen?”

La abogada se paró, molesta, después gritó a través de la puerta abierta hacia su cliente, “entraré enseguida. Howard, no digas nada. ¿Me oyes? No digas nada.” Miksit empujó la puerta para cerrarse y se giró hacia el oficial que había prevenido a Nikki. “¿Tiene que estar aquí?” Heat dirigió una sonrisa al oficial y él siguió adelante. “Detective, eres una puta plaga. Dos llamadas por día, a veces más.”

“Todo lo que quiero hacer es tener una corta entrevista con el Sr. Barret.” Algernon Barret, el millonario hecho a sí mismo que emigró de Jamaica e hizo su fortuna como el chef fundador de ‘Da el Golpe’ de frotamiento de pollo y especias, también había sido

uno de los clientes de tutorías de su madre. “Barret quizás será capaz de ayudarme a localizar a dos peligrosos sospechosos que estoy persiguiendo.”

“No me mientas, Heat. ¿Recuerdas cuando era una abogada del distrito y trabajábamos juntas? Yo pateaba a policías con débiles enlaces como ese fuera de mi oficina diariamente por lo que no tendríamos al juez fuera de la corte.”

“No soy una policía cualquiera, Helen, y sé que recuerdas eso.” Nikki vio ese registro con la abogada y presentó su caso. “Quiero dos minutos para mostrarle algunas fotos. Míralo por el otro lado. Dejaré de llamarte.”

Helen Miksit presionó sus labios, lo más cerca que alguna vez salió de una sonrisa.

“Mañana.” Ella entró en Interrogatorios Uno. Mientras cerraba la puerta, dijo desde dentro, “llama primero.”

Heat encontró a Rook y al detective Rhymer en el centro de mando temporal que habían montado para ellos mismos en la cabina que Raley solía utilizar para proyectar vídeos. Ambos trabajaban con teléfonos, llamando a minoristas de los productos de firmas a favor de Tyler Wynn. Cuando Nikki preguntó cómo iban, ellos la miraron con las miradas vacías de remeros de galera.

Rook dijo, “sabes, es divertido. Una buena idea que parece tan malditamente vigorizante –hasta que, de hecho, tienes que hacer el trabajo.”

“Es tedioso, pero llegaremos allí,” dijo Rhymer, incluso Opie en su optimismo.

“Déjame ponerte al día,” dijo Rook. Se movió hacia la gran pantalla de presentación que había montado en un caballete de aluminio completado con una rejilla de posición para cada asunto. “Tan lejos, su zapatero a medida de París dice que Monsieur Wynn no se ha hecho un nuevo par desde hace un año, de acuerdo con su ciclo de compra. Es una pena. El departamento de chaquetas de Barbour en Harrods está comprobando con su jefe antes de compartir información de un consumidor.”

“Llamé a New Scotland Yard, por si necesitamos ayuda,” dijo Heat.

Los ojos de Rook se iluminaron. “¿Scotland Yard? Dios, amo este trabajo.” Mientras él continuaba con su lista, le explicó que estaban empezando con llamadas a Europa y la Costa Este de Estados Unidos. Planeaban realizar el trabajo hacia el oeste, de acuerdo a los usos horarios. En California, observó, todavía estaban en la cama.

“Debería señalar una cosa antes de que profundices,” dijo ella.

“¿Voy a odiar esto?” preguntó Rook.

“Probablemente esté comprando bajo un alias.”

“Sí. Lo odio.” Se giró hacia Rhymer. “Estaba tan feliz hasta lo de Scotland Yard.”

En su camino hacia la salida, Heat le dijo, “tenemos un par de alias de Wynn en su chaqueta, pero llamaría a tu mejor amigo el mayordomo, para averiguar que otros nombres ha podido usar.” Ella abrió la puerta y se chocó con Raley, cuyas manos agarraban el pomo desde el pasillo. “Es él,” dijo casi sin respiración. “Tu asesino en serie está en la línea dos.”

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su parpadeando. “Heat.”

Ella

corrió

hacia

escritorio

y

agarró

la

línea

iluminada

por

el

punto

rojo

“Despacio. Detective,” dijo la espeluznante voz alterada. “¿Yo te llamo, recuerdas?” Y después rió una risa sin alegría. “¿Asesino del Arcoíris, eh? Como que me gusta. Rojo, amarillo, morado, verde. Verde… ¿Me preguntó quién es el verde? ¿Tú te preguntas quién es verde?”

“Hablemos sobre lo que está pasando aquí, ¿OK?” Ella se sentó y recogió un bolígrafo, solo por si acaso. “¿Con quién estoy hablando?”

“¿Me estas jodiendo?”

“Tengo que llamarte algo. Sabes mi nombre. ¿Y sobre ti?”

“Seguro, OK, ¿qué tal si me llamas Que Te Jodan? Porque si piensas que puedes trabajar en mí la psicología de mierda intentando personalizarme, eso es lo que soy. Soy Que Te Jodan.”

“Vamos, solo estaba-

“Arcoíris, entonces,” dijo él, de repente agradecido. “Sí. Puedes llamarme Arcoíris. Que Te Jodan Arcoíris.” Él volvió a reír y después se cortó a sí mismo, volviéndose hielo. “¿Crees que casi me tenías en esa maldita cerrajería ayer, eh? ¿Piensas que eres inteligente?”

“Lo suficientemente inteligente,” ella dijo, probándole con un poco de desafío.

“Oh, la puta empuja de nuevo.” Él paró, y ella pudo oír su respiración electrónicamente alterada. Sonaba como Brillo. “Bueno, te concederé eso. Nunca tengas a una policía tan inteligente.” Y después añadió. “Veremos muy pronto cómo de inteligente. Piensa en verde.”

Click. La línea se cortó.

CAPITULO 8

Por supuesto que no había ningún detective en esa comisaría que no había pensado en los colores. Preguntándose a cada momento con quien estaba conectado el otro final de ese cordón verde empeñados en vencer al asesino allí de nuevo como habían hecho con el cerrajero. La diferencia esta vez era que ellos no solo querían salvar una vida, ellos realmente querían coger a este bastardo.

“Que te jodan, Arcoíris,” dijo Randall Feller cuando el detective volvió a escuchar la grabación.

Durante la reproducción, Heat hizo un círculo a la única nota que había hecho durante la corta conversación: “Nnc hb tnd pl tn ntgnt” Ella sopesó estas palabras y llamó al Centro Nacional para el Análisis de Crímenes Violentos del FBI en Quántico, Virginia. Nikki había trabajado recientemente en varios casos donde había recurrido a este centro de asistencia. Tratando directamente con la analista con la que había hecho amistad, se sentía lejos del lodo y el fango que suponía para ella el tratar con los federales. Esto lo sentía más personal. Su propia boutique Bureau, FBI-Lite, pensó, y sonrió.

La analista del CNACV le dijo que ya se había informado del caso, y en realidad sabía casi todo, incluyendo los cordones de colores. Heat dijo, “hemos pasado este Modus Operandi de los cordones a través de nuestra base de datos del CCTR, por supuesto, pero quiero ver si tu consigues algún acceso a algo un poco nuevo.” Recapituló la llamada que acababa de tener y pudo oír un teclado chasqueando en el final del la línea de la analista mientras esta hablaba.

“Detective, ¿Puede enviarme los archivos WAV de ambas llamadas para depurarlas aquí?”

Nikki le dijo que se las adjuntaría en un e-mail justo después de que colgaran. “Mientras tanto, hay un marcador que nosotros no hemos pasado por una comprobación cruzada todavía. Lo oirás por ti misma al final de la grabación de hoy. Él dice que nunca había tenido una policía tan inteligente.”

“Oh…” La analista sintió la gravedad de eso, lo mismo que Heat. “Te apuesto a que me quieres para buscar intersecciones de homicidios en serie que involucren contacto directo por voz con policías y te informe de ello si tengo éxito.”

“Esto es el por qué haces lo que haces,” dijo Nikki.

“Solo ayudando a los tipos buenos, detective Heat.”

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Al principio, Heat pensó que era una alucinación. El estrés bajo el que había estado, las locas horas que había estado aguantando, cosas como esas podrían traer un episodio de estos. Giró su silla para echar un vistazo alrededor de su pantalla del ordenador. Al otro lado de la oficina, dentro de la pecera de cristal del capitán Irons, parecía por la espalda como… Sí, de verdad era… DSN Agente Especial Callan dándose la mano con Wally. Wally, levantando los ojos muy abiertos desde su escritorio. Wally, cuya mandíbula se había quedado holgada y cuya boca se abría como un pez hambriento de oxígeno, para completar todo el efecto acuario de su oficina. Ambos hombres se giraron, y la cara del capitán, de sombra carmesí, mientras extendía una mano para saludar a la encantadora invitada femenina, Agente Yardley Bell.

Helada, Heat solo podía volver a mirar cuando Irons señaló a través del cristal a la oficina y los dos agentes federales se giraron hacia ella. Nikki vio a ambos sonreírla. Al menos la de Bart Callan parecía sincera.

Un minuto después Nikki se sentaba en la silla de invitados en la pecera con Irons de pie al lado de ella, pareciendo estar de más. “Si me necesitas para algo,” dijo el capitán.

“No, solo su oficina lo hará.” Callan miro alrededor. “A no ser que tenga algún otro lugar donde podamos estar más en privado.”