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oe EY (22 me 0) yi 1 (ea) eA ANE co editorial reverté sa. Propiedad de EDITORIAL REVERTE, S. A. Encarnacién, 86. (08024) Barcolona Reservados todos los derechos. Ninguna parte del material cubierto por este titulo de pro- Piedad literaria puede ser reproducida. almacenada en un sistema de informética o trans- mitida de cusiquier forma 0 por cualquier medio electrénico, mecénico, fotocopia, grabacién u otros métodos sin el previo y expreso permiso por escrito del editor. Edicién en espafal © EDITORIAL REVERTE, S. A., 1986 © ALFREDO PAEZ Catedratico en la Escuela de Ingenieros de Caminos de la Universidad de Santander, 1986 ISBN - 84-291 - 2056 - 4 obra completa ISBN - 84 - 291 - 2059-9 tomo 2 Depéeito Logal. 8. 32788-85 {Il EGS - Rosario, 2 - Barcelona indice 9.0.— Notacién 636 El céleulo y la realidad 637 Las cargas _638 ‘Cargas directas 639 Cargas indirectas 653 Otras clasificaciones de las cargas 653 Simultaneidad de las cargas 653 Equilibrio estatico 656 Las solicitaciones 681 Defectos de ejecucién 660 Valoracién de la seguridad 661 Probabilidad de hundimiento 665 Valoracién de los daiios 667 . Procedimiento numérico 669 5.4, Valores normativos 673 9.6.— Referencias bibliogréficas 67 636 9.0 Notacién AL Co Cr D Fy Fee GONKM EO! OF ERE % " YW Yn % & Seccién de la armadura en traccién Coste de la estructura Coste de la estructura mas el seguro Valor de los dafos ocasionados por el posible hundimiento Valor caracteristico Valor medio Altura (expresada en metros) Constante Momento flector Probabilidad de hundimiento Q/(g + p + q). Relacidn entre la sobrecarga y la carga total. Sobre- carga relativa Solicitacién genérica Ley de probabilidad de la variable t Solicitacién debida al viento Ley de probabilidad de la variable x Ley de probabilidad de la variable y Ley de probabilidad de la variable 2 Coeficiente de variabilidad Espesor 0 canto util Resistencia en compresién del hors Resistencia de calculo del hormigén Resistencia caracteristica del hormigén Tensidn de rotura del acero Limite etistico de la armadura Limite elistico de cdlculo Limite eldstico garantizado Carga debida al peso propio Constante Carga permanente Sobrecarga. Accién variable Presién debida al viento Factor de incertidumbre relativo a las caracteristicas mecdnicas de los materiales Factor de incertidumbre del valor real de las carges Factor de incertidumbre de la precisién del célculo Brazo mecdnico. Factor de incertidambre de los defectos de ejecucién = fa/fa. Coeficiente de minoracién de la resistencia del hormigén Coeficiente de ponderacién de las acciones Coeficiente de ponderacién de las cargas permanentes Coeficiente de ponderacién de las cargas variables f/f. Coeficiente de minoracién del limite elistico de las armaduras Deformacién Deformacién maxima del hormigén Deformacién de las armaduras Deformacién correspondiente al limite eléstico de las armaduras Capitulo 9 El proyecto 9.1 El calculo y la realidad En todo lo que hasta ahora se ha tratado, el célculo ha tenido como principal soporte su coincidencia o ajuste con la realidad experimental, Una hipétesis la he- mos considerado como aceptable cuando sus resultados se ajustan a los que se ob- tienen en un laboratorio en el cual la viga, o pieza en general, resulta sometida a un régimen de cargas facilmente expresable por sus pardmetros teSricos. Es enton- ces cuando manifestamos que la experimentacién corrobora la validez del esquema funcional admitido en la teoria como una acertada representacién del fendmeno resistente, A pesar del indiscutible valor de esta confrontacién, la verdad es que la reali- dad a secas esta mas alld de la realidad experimental. Todo ensayo no es mas que una manipulacién de la naturaleza y, como tal, el resultado que se deduce es una verdad condicionada a un entorno y a unas particulares circunstancias de espacio y tiempo. Entre el laboratorio y la realidad existe una diferencia sustancial: los ingenie- ros no construimos la estructura para someterla a unas cargas paulatinamente cre~ cieates hasta aleanzar la rotura; muy al contrario, pretendemos una durabilidad ba- sada ca un exceso de resistencia para soportar las cargas que presumimos actuaran en un futuro y que, por sernos desconocidas, tendremos que valorar con prudente largueza. Hasta ahora todo lo que nos ha preocupado ha sido disponer las armaduras necesarias para que una seccién esté facultada para soportar los efectos de una de- terminada solicitacién. Hemos supucsto, como dates conocidos, tanto la accién ac~ tuante como las caracteristicas resistentes de los materiales que constituyen la pieza. La realidad es que ni conocemos las cargas, ni conocemos la solicitacién por ellas producida, ni conocemos la resistencia real de los materiales que un dia com- pondrén la estructura que ahora proyectamos. No sabemos cémo ni cuando se producir la maxima aglomeraci6n de carges, ni tampoco la posible conjuncidén de efectos desfavorables de distinta naturaleza. PAE» oa? 638 El proyecto No es probable que simultdneamente incida un viento huracanado al mismo tiem- po que un terremoto sin precedentes; pero no podemos asegurarlo. Tampaco es ra- zonable calcular un puente para los efectos de un incendio, pero el puente de Was- hougal se hundié a consecuencia de la colisi6n de un camién cisterna que trans- portaba gasolina con otro cargado de paja. La Historia no registra el caso de que todos los habitantes de una ciudad se suiciden el mismo dia por causas diferentes; pero tal hecho, por insdlito que parezca, puede evidentemente suceder. Todo, en definitiva, esté vinculado a una probabilidad de ocurrencia, una probabilidad que podrd ser muy pequefia pero nunca nula. Ni el viento, ni el terremoto tienen limi- tes, como tampoco el caudal de avenidas de un rio, Para ser precisos, s6lo podre- mos estimar, mediante la adecuada estadistica, los valores vinculados a una cierta probabilidad y referidos a un determinado periodo de retorno, Tampoco disponemos de unos métados de calculo tan precisos como para cs- tablecer una relacién inequivoca entre causas y efectos. El puente de Tacoma y las torres de refrigeracién de Ferrybridge se hundieron bajo la accién de un viento in- ferior al maximo previsto en el proyecto. En ambos casos los efectos aerodinémicos y las turbulencias originaron unas deformaciones muy superiores a las previstas. Bien porque durante la construccién, cuando la estructura est4 incompleta, suce- den estados de carga no considerados en el proyecto, bien porque fenémenos de fluencia o de fatiga alteran la respuesta de le estructura, lo cierto es que muchas se arruinan o quedan fuera de servicio por fenémenos que producen efectos ines- perados. Pero el proyectista tampoco estd en condiciones de precisar la magnitud de los posibles defectos que puedan producirse durante el proceso de ejecucién de la obra. ‘Una soldadura defectuosa, una armadura desplazada involuntariamente de su po- sicién correcta (fig. 8-3), una descuidada disposicidn de los apoyos (figs. 8-4 y 8-5), © una insuficiente compactacién del hormigin, puede disminuir fuertemente la ca- pacidad meciinica de una seccién o zona de la pieza haciendo que su resistencia que- de muy por debajo de las previsiones tedricas. Tanto en estos casos como en los anteriores el célculo puede conducir a resultados muy alejados de la realidad, 9.2 Las cargas Habitualmente las distintas acciones que actuan sobre una estructura suelen clasificarse en dos grandes grupos: las acciones directas y las indirectas. Las prime- ras son aquéllas que estdn originadas por las cargas directamente aplicadas sobre la estructura y que, siendo independientes de las caracteristicas mecdnicas del ele- mento resistente ccasionan en él los estados tensionales que han sido tratados cn el capitulo precedente. Contrariamente, las acciones indirectas (cambios térmicos o higrométricos, fluencia, retraccién, etc.) se deben a fendmenos capaces de generar ines al imponer deformaciones y, por consiguiente, su efecto debe depender idez ¢ hiperestatismo de la propia estructura. En virtud de esta clasifica- cién, tos asientos del terreno son acciones indirectas por imponer una deformacién asi como las sacudidas sismicas que, siendo unas aceleraciones, sus efectos depen- den de la ductilidad de las piezas y de la flexibilidad del entramado. Otra clasificaci6n consiste en dividir las acciones en cargas de servicio y me- teoroldgicas. Las primeras son las debidas a la funcién desarrollada por la obra, El proyecto incluyéndose entre las segundas los efectos creados por el viento, la nieve, la hu- medad, la temperatura y los terremotos. 9.2.1 Cargas directas Las acciones directas se pueden subdividir en dos subgrupos: las cargas per- manentes y las variables 924 Tanto el peso propio como las cargas permanentes son pesos que, con la es- tructura en servicio, actian en todo instante y son constantes en posicién y mag- nitud. El peso propio del elemento resistente que se considera tiene, en el caso de estructuras de hormigén armado, una gran importancia. Frecuentemente es Ia car- ga predominante, especialmente en el caso de grandes vanos o luces. Pero no es el peso propio la Gnica invariable que actua sobre la pieza en cues- tidn; sobre ella gravita también todo el peso de los elementos que soporta. Cuando se calcula el arco de un puente, se entiende por peso propio el peso del arco en si y por carga permanente el conjunto de los pesos de los timpanos, largueros, table- ro, andenes y calzada. A primera vista, esta subdivision pudiera parecer innecesaria pero, sin embar- go, es conveniente. El cdlculo de las dimensiones de un elemento resistente se efec- tia en funcidn de los esfuerzos que solicitan sus secciones criticas. Estos esfuerzos dependen de la magnitud de las cargas incluyendo, entre ellas, el peso propio. Dada la importancia que esta carga tiene respecto a las dems, puede ser apreciable la diferencia entre el peso propio inicialmente supuesto y el que se deduce del célculo de dimensiones efectuado. De ser asi seré preciso corregir, en una segunda aproxi- macién, el peso inicialmente supuesto, obteniéndose unas nuevas solicitaciones. En estos sucesivos tanteos, la carga permanente ha permanecido invariable. Contrariamente a lo que en un principio pudiera parecer, también el peso pro- pio posee un cierto cardcter de incertidumbre. Por una parte, el peso especifico del hormigén no es un valor tan fijo como para suponerlo inelterable. Aparie de los hormigones ligeros, los hormigones convencionales tienen una densidad que varia con la dosificacién, el tipo de ridos empleados, la cuantia de las armaduras y los, métodos de consolidacién utilizados. El peso de un metro cibico de hormigén en masa puede variar entre 0,023 MN y 0,0245 MN como valores de probable fluc- tuacién. Sila cuantia de armaduras oscila entre 1 y 2 KN por metro ciibico se de- duce que el valor medio de 0,025 MN/m’ constituye una estimacién que, en tiem- pos pasados, podria considerarse como excesivamente pesimista pero que hoy en dia, con la consolidacién habitual por vibracién de mezclas compactas, no puede calificarse de exagerada. En consecuencia, y a efectos de valoracién del peso propio de los elementos resistentes, se estima prudente admitir, para el hormigén armado, un peso especi- fico igual a 0,025 MN/m! cualquiera que sea la cuantia o porcentaje de armaduras de la pieza. Por otra parte y dadas las previsibles divergencias entre las dimensiones reales de las piezas y las te6ricamente definidas en los planos, conviene actuar con 639 640 El proyecto Ja necesaria cautela para evitar una peligrosa valoracién por defecto. Inversamente, cuando el peso propio actita como carga estabilizadora (muros de contencién, si- los, chimeneas), debemos adoptar una actitud igualmente conservadora adjudican- do valores incluso inferiores a 0,023 ya que, en estos casos, la cuantia de las arma- duras suele ser pequefia o incluso nula. ‘Tampoco las dimensiones reales de tos clementos hormigonados son exacta- mente las indicadas en los planos. Los encofrados, sean de madera o metélicos, su- fren, con las sucesivas reutilizaciones, unos alabeos y deformaciones tanto mayores cuanto mas veces se repitan. Bajo la presin ejercida por el hormig6n fresco, unos y otros se deforman. La estadistica demuestra que el error medio introducido on las dimensiones de las piezas es del orden de medio centimetro en més. El valor relativo no es el verdaderamente representativo. Los movimientos y holguras de los encofrados no dependen, como pudiera en un principio parecer, de tas dimensiones, propias del elemento. Cuando los espesores son muy pequefios, los errores relativos son muy grandes La principal dificultad del hormigonado de una ciipula o lamina de pequeiio espesor consiste en mantener el canto dentro de las tolerancias admisibles. Sdlo en casos muy particulares podremos pretender que una limina de simple o doble cur- vatura, tenga errores en su espesor inferiores a un centimetro. Si éste es de 8 0 de 10 cm, se deduce que, en este tipo de elementos, un error del 10% es necesariamen- te admisible. Todavia el encofrado del intradés de esa cipula puede corregirse y ajustarse multiplicando las nivelaciones y apoyandose sobre una cimbra lo suficien- temente rigida como para no deformarse sensiblemente bajo el peso de las masas que se vierten y de los operarios que la distribuyen, pero después de colocada la armadura y situadas las referencias, cuando se vierte el hormigén es cuando co- mienzan las dificultades. Al aplicarse los vibradores de superficie, las masas se des- cuelgan por la linea de maxima pendiente venciendo los rozamientos de las arma- duras que no afcanzan a sujetarlas. Se precisa “planchar” el hormig6n hacia arriba, como si las bandejas vibrantes fueran paletas o llanas empleadas para revestir una superficie con mortero. Cuando la pendiente es muy acentuada no hay mds reme- dio que disponer un contraencofrado, pero esta solucién, sobre ser antieconémica, no permite una consolidacién tan directa como la que se consigue cuando la su- petficie superior esta libre. Curiosamente, mientras que una serie de medidas de comprobacién realizadas sobre un total de 3000 piezas muestran que el canto total medio supera en me- dio centimetro al tedrico dibujado en los planos, el canto itil medio es ligeramente inferior al indicado en el proyecto. En las medidas efectuadas por el Departamento de Estructuras de la Universidad de Estocolmo Megé a detectarse el hecho de que la armadura inferior adopta la forma de una guimalda suspendida de los puntos en los cuales se han dispuesto los separadores sobre el encofrado inferior. El recu- brimiento no es asi el mismo en todos los puntos de la barra sino que varia, verti calmente, en +1 cm. Como es légico, esta secuencia ondulatoria sélo se percibe cuando estin muy proximos los detectores que registran la posicién de la barra, adoptando una distribucién aparentemente aleatoria cuando los puntos observados distan més de un meiro. En consecuencia, mientras las dimensiones exteriores rea~ les superan en medio centimetro las indicadas en los planos, ef valor medio de la diferencia entre el canto util real y el tedrico especificado en el proyecto es de -0,7 em, resultado que torna en decepcidn el optimismo que pudigramos albergar al sa- aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. El proyecto Tabla XX1 Peso de fabricas y macizos Silleria. de basalto de granito de caliza compacta o marmol de arenisea de arenisca porosa 0 caliza porosa Mamposteria con mortero. de arenisca de basalto de caliza compacta de granito Fabrica de ladrillo cerdmico macizo cerdimico perforado cerdmico hueco silicocaledreo macizo Fabrica de bloques. bloque hueco de mortero (pesado) bloque hueco de mortero (ligero) bloque hueco de yeso Hormigones. de grava, armado de grava, en masa de cascote de ladtillo de escoria 643 644 Tabla XXII Peso de los elementos constructivos a) b) °) 4) e) Tabiques (sin revestir) Tabique de rasilla (3 cm) Tabique de ladrillo hueco (4,5 em) Tabicén de ladrillo hueco (9 cm) Tabicdn de ladrillo hueco (12 cm) Revestimientos (por cm de grueso) Enfoscado o revoco de cemento Revoco de cal, estuco Guarnecido de yeso Pavimientos Baldosa hidrdulica o cerimi de 3 cm de grueso total, incluso relleno de 5 cm de grueso total, incluso relleno de 7 cm de grueso total, incluso relleno Tarima de 2 em sobre rastrel Parquet sobre tarima de 2 cm y rastrel Corcho aglomerado sobre tarima de 2 cm con rastrel Terrazo sobre mortero (5 cm de espesor total) Lindleo o losetas de goma sobre capa de mortero de 2.em Forjados de cubierta Enlistonado Tablero de madera de 2,5 cm Tablero de rasilla (1 hoja) Tablero de rasilla (2 hojas) Tablero de rasilla (I hoja) tendido de yeso Materiales de cobertura Una capa de carbon embreado Dos capas de carbén embreado Pizarra (1/2 vista) Pizarra (1/3 vista) Plancha ondulada de fibroasfalto Plancha ondulada de fibrocemento Plancha de plomo (1,5 mm) Plancha de cine (1 a 1,2 mm) Teja curva ligera Teja curva corriente Teja curva pesada Teja plana ligera Teja plana corriente ‘Teja plana pesada El proyecto EI proyecto f) Pisos Viguetas de hormigén y bloques cerimicos. con 16 cm de espesor total 0, con 20 cm de espesor total 0, con 24 cm de espesor total 0, Viguctas de hormigén y bloques de mortero con 16 cm de espesor total 0,12 con 20 cm de espesor total 0,15 con 24 cm de espesor total 0,18 Losa de hormigén armado de 8 cm de espesor total 0.2 de 10 om de espesor total 0.2: de 12 em de espesor total 03 de 16 cm de espesor total 04 de 20 cm de espesor total 0,5 Losa aligerada de hormigén armado con bloque cerémico de 3 cm, de 15 cm de espesor total 0,2 20 cm de espesor total 0.23 25 cm de espesor total 0,26 bloque ceramico de 5 cm, de 15 cm de espesor total 0,24 20 cm de espesor total 0.27 25 cm de espesor total 03 bloque de mortero de 3 cm, de 15 cm de espesor total 0,22 20 cm de espesor total 0,25 25 cm de espesor total 0,28 bloque de mortero de 5 cm, de 15 cm de espesor total 0,26 20 em de espesor total 0,29 25 cm de espesor total 0,32 Losa de cerdmica armada de 12 em de espesor total 0,18 15 em de espesor total O18 20 om de espesor total 0,24 Un tablero de rasilla tendido de yese. come cielorraso, aumenta el peso en 0,5 KN/m ‘Como todos los valores normativos, los valores indicados en estas tablas no corresponden a los valores medios de fluctuacidn sino a los caracteristicos, Una car ga caracteristica es aquélla cuya probabilidad de ser rebasada es del 5%. Admitien- do una distribucién normal, el valor caracteristico F, estaré vinculado al valor me- dio mediante Ja ecuacién ‘(1 + 1,64c5) ol 645 646 El proyecto en donde Fy, representa el valor medio y ¢g la varianza o dispersién cuadratiea uni taria. Si la carga fuera estabilizadora, su valor caracteristico de célculo seri = Fa ~ 1,64¢y) (9-2) para expresar que la probabilidad de que, todavia, la carga fuera inferior a la pre- vista, es del 3%. Por oposicién a las permanentes, se denominan sobrecargas 0 cargas variables a todas aquellas fuerzas que, siendo externas a la propia estructura, acttan sobre ella. Una posible clasificacién de estas cargas eventuales es: a) las cargas de servicio ocasionadas por las acciones que debe soportar la es- tructura en raz6n de la utilidad a ella encomendada b) las cargas meteorolégicas (viento y nieve) ©) las cargas ejercidas por la presién de las tierras © liquidos contenidos por Ja estructura d) las cargas ocasionalmente originadas por el proceso constructivo. Mientras que las cargas permanentes se nos presentan con un marcado caric- ter de quietud, las cargas variables son, en general, méviles y de cambiante inten- sidad. El peso de un tabique as{ como el de un elemento resistente podemos esti- marlos con cierta precisién, conscientes de que el margen del error que podamos cometer est acotado entre estrechos valores extremos. No ocurre lo mismo con las sobrecargas. Si impreciso es fijar el peso medio de un individuo, ms dudoso es es- timar el ntimero de personas y enseres que pueden ocupar una habitacién como base para considerar Ia posible y mas desfavorable distribucién de cargas acciden- tales en las diferentes plantas de un edificio. Esta movilidad confiere a las sobrecargas un ismo en sus acciones capaz de motivar bien sea fendmenos de impacto o bien de fatiga en el elemento resisten- te a causa de ta repeticidn de ciclos de carga y descarga. Un desajuste en los carriles de una via férrea o unos baches en el pavimento de un puente producen unos efec- tos muy superiores a los que la misma carga originaria si se aplicara de un modo lentamente creciente. La valoracién de ese impacto tiene siempre la incertidumbre de una transformacién en carga estatica equivalente de lo que en realidad es un fe- némeno esencialmente dindmico. Tal vez una de las ventajas que ofrece Ia clasificacién establecida es Ia de que nos ofrece una perspectiva de los distintos tipos de sobrecargas posibles. Si cons- truimos una estructura es bien para alojar en su interior personas, mercancias 0 ma- quinaria, bien para permitir el paso de vehiculos por encima de un rio o de un barraneo. Fl peso o los efectos causados por ese trinsito, por esas personas, mer- cancias © productos almacenados, es lo que denominamos sobrecargas de servicio, de explotacién, de uso o de utilizacién. Todos estos términos son sindnimos de la El proyecto misién encomendada a la estructura; funcién o servicio que determina nuestra de- cision de construitla, Pero junto a esas sobrecargas existen otras que acttan por causas ambientales. El viento, la nieve y los terremotos son acciones meteorolégicas 0 naturales a las cuales no podemos sustraernos. Son aleatorias por ajenas a la voluntad humana. Su intensidad podremos estimarla en base a unas estadisticas, pero ignoramos si durante su periodo de servicio Ia estructura que proyectamos se verd forzada a su- frir los embates de un tornado de un terremoto sin precedentes en la historia del lugar. A la movilidad de las sobrecargas, a la imprecision de su intensidad, al desco- nocimiento del impacto que ejerza su dinamismo, ala fatiga que pueda generar en el material sus reiterados ciclos de valores oscilantes, se suma, por si fuera poco, la posibilidad de que su accidn se superponga a la creada por las sobrecargas de cexplotacign, Es evidente que no puede exigisse al ingeniero que proyecta una obra un co- nocimiento tan preciso de los acontecimientos futuros como para poder definir, no solo la magnitud y distribucién de las maximas cargas que un dia acuarin sobre Ja estructura, sino también la secuencia y simultaneidad de tales cargas. Para paliar csa situacién, para impedir que por excesivo pesimismo o peligrosa trivialidad se adopten unos planteamientos desafortunados, es por lo que las normas reguladoras en esta materia establecen en cada pais, unos criterios cuantitativos y unas sobre- cargas tipicas basadas en la climatologia local y en la experiencia y estadistica re- copilada de casos andlogos. En todo caso, queda al buen juicio del proyectista la posible consideracién de cargas fortuitas que, por su cardcter excepcional, puedan incidir en las particularidades propias de la estructura que disefia. En el caso de viviendas y locales piiblicos, la mayor parte de las normas suelen determinar valores coincidentes por estar basadas en unas mismas comprobaciones estadisticas. El anilisis realizado muestra que, en viviendas, la mixima sobrecarga probable es de 1,3 KN/m*. Segiin se deduce del cmputo efectuado, las mayores cargas se registraron en habitaciones poco amuebladas. Con la excepcién de tien- das y almacenes, las viviendas més cargadas de muebles, cuando estaban vacias, te- nian una sobrecarga maxima de 0,65 KN/m’, Determinada la dispersién que presentaban estas cargas maximas en los dis- tintos grupos considerados y teniendo en cuenta que la estadistica de referencia abar- ca un periodo de cinco afios, se deduce que la sobrecarga maxima probable en 150 afios es de 1,5 KN/m’ (ref. 12). En los locales puiblicos la estimacién se suele efectuar mediante una valoracion sistematica del ntimero de ocupantes en horas de méxima afluencia de piblico de tun area previamente delimitada. A titulo de orientacién se indica en la adjunta ta- bla XXIII las sobrecargas prescritas en las normas oficiales de los paises que se citan 647 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. 650 Et proyecto ‘Cuando en tiempos de paz circulamos por una carretera, nos causa extrafieza cruzarnos con un carro de combate, Sin duda alguna, la probabilidad de que tal suceso ocurra es muy pequeia. Si el hecho fuera puramente aleatorio, deduciria- ‘mos que la probabilidad de encontrarnos con dos de estos artefactos militares seria el cuadrado de la probabilidad anterior, probabilidad insignificante dada la peque- fiez de la probabilidad individual. Intuitivamente, sin embargo, asignamos una pro- babilidad mas pequefia al hecho de encontrarnos con un solo tangue que al suceso de cruzarnos con toda una Division Acorazada que, en fila, se traslada de un punto a otro por una raz6n cualquiera. Esta iiltima eventualidad la consideraremos como infrecuente, aunque natural. Aquélla nos parecer un hecho insdlito. Esta intervencidn de la voluntad humana en la organizacién de una caravana de camiones pesados o en el traslado de una unidad militar, nos conduce a la re~ flexién de que resulta verosimil la hipétesis de que, un dia, el puente que proyec- tamos tenga que soportar el peso de una serie de carros de combate que, con in- tervalos regulares, atraviesan el puente pegados a un bordillo para dejar el paso I brea los camiones y demas vehiculos que circulan en la misma o en opuesta direc- cidn, Los llamados transportes especiales, al requerir a correspondiente autoriza- cién para circular por un determinado trayecto, implican una decisién que, por de- pender de nuestro albedrio, se aparta de las distribuciones de probabilidad alea- torias 0 normales. Con estas limitaciones, las cargas excepcionales que han moti- vado la ruina de algunos puentes han sido, bien la caida de fragmentos de rocas desprendidas de una ladera préxima o bien el impacto de un barco que, abando- nando el canal de navegacién, colisioné con algunos de los tramos de acceso a los vanos principales. Fuera de estas colisiones de cardcter fortuito, la mayor parte de los puentes destruidos lo fueron con motivo del descalce de algunas de sus pilas por la erosién causada por la trayectoria helicoidal del agus en avenidas singulares El viento huracanado ha causado la destruccién de algunas estructuras, La pre- vision de estos tornados se basa en el registro de la velocidad del viento en las es- taciones meteorolégicas. Siendo el viento un flujo turbillonario, la velocidad de in- cidencia sobre la estructura es la suma de un valor medio mas la velocidad rota- cional del torbellino. Seguin sea uno u otro el tipo de anemémetro, éste registra, en iguales condiciones, una velocidad instantnea 0 una velocidad media. Los anemé- metros de paletas giratorias presentan una inercia mayor que los medidores por tubo de Bernouilli, Los modernos anemémetros eléctricos son capaces de captar la itensidad de una r4faga entendiéndose como tal la velocidad media en un lapso de s6lo 5 segundos. Esta circunstancia plantea el problema de que ni la velocidad del viento es uniforme ni se reparte por igual en las distintas capas alturas sobre el terreno. Si vinculamos la presién ejercida con el cuadrado de la velocidad, nos encontramos con que no sabemos definir cual es esa velocidad en un caso determi- nado, ya que anemémetros dotados de diferente sensibilidad registran velocidades diferentes. Los torbellinos hacen que tampoco una misma altura la velocidad en diversos puntos sea la misma, La presién ejercida no es, por consiguiente, unifor- me. Los voladizos de 18 metros que constituyen los brazos de la Cruz de los Cai- dos, situados a 100 m sobre la base, resultan sometidos a presiones diferentes que inducen torsiones alternadas en el fuste de la cruz. Cada estructura, segiin su forma y su respucsta, necesitard un estudio especial que considere tanto la localizacién de las sobrepresiones como de las succiones que el vendaval, con todos sus posibles torbellinos, puedan ocasionar a su paso. Una vez mas la repeticién de ciclos, con El proyecto sus alternancias, pueden fatigar el material. Asimilar los efectos de un vendaval a la accién de una carga estatica equivalente, puede ser una simplificacién aceptable en algunos casos; una utopia en otros. A titulo de orientacién puede decirse que el parimetro aleatorio que, de algin modo, define la presién del viento es su velocidad. Dada la ambigiiedad de este tér- Mino se conviene, a estos efectos, en definir como velocidad del viento y. la veloci- dad media durante 10 minutos, medida a 10 metros del suelo, expresada en metros por segundo. Se denomina velocidad maxima anual v; el méximo de los valores v. cada dicz minutos registrados cn un aio. La media cstadistica anual en nafios vi sera 1 tu os Se admite que la ley de distribucién de las velocidades v, convencionales, com- prendidas todas las direcciones, sigue la ley de valores extremos del tipo 1 cuyos parimetros son velocidad maxima probable en 50 afios Yow =M vg gy dispersién probable fg -=009 vaso A falta de datos mas precisos puede admitirse que la presin instantdnea qu producida por una réfaga a una altura H en terreno Hlano y desnudo, sobre una construccién rigida es, en KN/m* y para réfagas del orden de los 5 segundos de duracién, i fn, Pa «= ahr (HE) +08] os en donde H es la altura sobre el suelo, expresada en metros, K el coeficiente de forma de la estructura y % la velocidad media del viento durante 10 minutos ex- presada en m/seg, tomads a una altura de 10 m. El término entre corchetes se ha establecido suponiendo que las fluctuaciones del viento durante periods inferiores a los 2 segundos no afectan a la estructura por rigida que sea. Inversamente, la accién del viento sobre una estructura poco rigida, debe estudiarse en funcién de Ia distribucién espectral de las fluctuaciones de velocidad. Con el dnimo de facilitar una informacién complementaria sobre los criterios mantenidos en diferentes paises por las respectivas comisiones ministeriales, respec- to ala accién del viento sobre edificios en zonas industriales o urbanas, se especi- fican en la tabla XXIV adjunta las presiones normativamente consideradas como equivalentes aplicables a estructuras rigidas 0 semi-rigidas. 651 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. El proyecto 9.2.2 Cargas indirectas ‘Se denominan acciones indirectas las originadas por fenémenos capaces de en- gendrar fuerzas de un modo mediato, bien por imponer deformaciones a la estruc- tura, o bien por imprimir acusadas aceleraciones a sus piezas y nudos. Entre estas acciones cabe distinguir: a) Los efectos producidos en el estado tensional por deformaciones cuya mag- nitud es una funcién vinculada al tiempo y 2 las caracteristicas fisicas y mecdnicas del material que compone la estructura. La retraccién del hormigén y la fluencia, tanto de este material como del acero, constituyen unos ejemplos tipicos de este pri mer grupo. b) Las alteraciones ocasionadas en el estado tensional como consecuencia de Jas deformaciones creadas por los cambios de temperatura en el interior de la masa 4 causa de la evolucién de las temperaturas del ambiente que rodea la pieza. ¢) Los efectos promovidos por movimientos impuestos, tales como los debi- dos a unos asientos diferenciales en la cimentacién, descensos ocasionales en uno © varios apoyos 0 movimientos deliberados de desnivelacién. d) Los efectos debidos a las sacudidas sismicas en forma de aceleraciones im- puestas a les masas. 9.2.3 Otras clasificaciones de las cargas Del mismo modo que se ha iniciado esta clasificacién de las acciones, también pueden desarrollarse otras basadas en unos criterios distintos tales como sus carac- teres de evolucin o independencia con el tiempo, con el espacio o con las activi- dades humanas. Segain el primero de estos criterios, las cargas podrén clasificarse en permanen- tes, variables y accidentales, enteadiéndose por estas tiltimas aquellas cuya proba- bilidad de ocurreneia es débil, pero cuya intensidad puede ser tan fuerte como para comprometer gravemente la estabilidad de la pieza o incluso del conjunto, Estas cargas accidentales comprenderian las fuerzas resultantes de colisiones, explosio- nes, asientos del terreno, zvalanchas de piedras o de nieve, tornados, terremotos y tsunamis. De acuerdo con esta clasificacién el empuje del terreno sobre un muro de contencién es una carga permanente, asi como los efectos de la retraccién y de la fluencia. De acuerdo con el segundo criterio, las cargas deberian subdividirse en fijas y méviles. En determinados casos serd necesario precisar cusles son, entre las fijas, aquellas que son desplazables. 9.2.4 Simultaneidad de las cargas Entre las diversas clasificaciones que pueden hacerse de las sobrecargas, una de ellas es la basada en la distincién entre sobrecargas de utilizacién, meteorolégi cas, excepcionales y debidas al proceso constructivo. Asi divididas, sin conexién al- 653 654 El proyecto guna en sus origenes, parece légico pensar que habrd un instante en el cual se pro- duce la maxima concentracién de sobrecargas de utilizacién, Si es un viaducto so- bre un profundo barranco lo que el proyectista estd disefiando, con visién de fu- turo se preocupara de valorar los efectos de un vendaval sobre las pilas y el tablero, consciente de que un dia la estructura se verd sacudida por las réfagas transversales del viento encajonado en el barranco. Lo que dudard es en la posible simultancidad de una y otra contingencia. Una acequia construida por medio de piezas prefabricadas que se apoyan so- bre pilastras, es un tipo estructural cuya limitacion de sobrecarga esta aparente- mente definida por el peso del agua hasta los bordes. Si el caudal que afluye fuera mayor, el liquido se derrama. Todo parece radicalmente limitado por la propia geo- metria de la pieza. La experiencia demuestra que ef gran mimero de piezas que se rompen después de colocadas se debe a que el ganado, los tractores que aran las parcelas limitrofes y los camiones que cargan los productos agricolas, colisionan en torpes maniobras con las acequias rompiéndolas transversalmente. La simultanei- dad de una y otra sobrecarga, por ser la primera muy frecuente, es légicamente pro- bable. La dificultad consiste en valorar la magnitud de la colision, una magnitud que depende de la voluntad, o del descuido, humano. No es un suceso aleatorio. Resulta de todo punto imitil reconocer la imposibilidad de profetizar el futuro. El ingenio y, muy especialmente, el sentido comiin, son los argumentos que el pro- yeetista debe ponderar consciente de que la necesaria cuantificacién de estos efec- tos leva la carga futuraria de la subjetividad. Todo célculo basado en estos prin- cipios tiene, como tantas veces, el estigma de una ilusoria precision. Las normas, légicamente impotentes para abordar una problemitica depen- diente de tantos pardmetros, se limitan prudentemente a esbozar unos criterios que alivian la responsabilidad de una decisién que corresponde al proyectista. A estos efectos establecen que una primera hipdtesis que debe considerarse es Ui = ydG+Q) @-11) expresiOn en la cual U; representa la accidn o solicitacion derivada de un céleulo en el cual las cargas permanentes G se suman a las sobrecargas de servicio o utili- zacién Q en su distribucién més desfavorable. La suma de ambos términos, lo que podriamos llamar solicitacién mas desfavorable de servicio para la seccidn de la pie- za que se considera, se multiplica por el coeficiente ys, amplificador de las cargas, para constituir lo que se ha definido como estado limite ultimo. De un modo més preciso G representa asi el valor caracteristico (9-1) 0 (9-2) de las cargas perma- nentes mas las acciones indirectas con cardcter de permanencia. En la expresién 9-11, Q es el valor caracteristico de las cargas variables de utilizacién, de nieve, del terreno, mds las acciones indirectas pero variables, excepeién hecha de las sismicas. Un poco mds adelante se precisard el significado y la valoracién del coeficiente par- cial de seguridad representado por y1. Definida esta primera hipStesis de carga (9-11) con las matizaciones que des- pués se comentardn, los reglamentos nacionales suelen recomendar la considera- cidn del viento come una de las sobrecargas meteorolégicas. Sea W (inicial de wind) la accién o solicitacién representativa del viento. Con la excepcidn de aquellas es- El proyecto tructuras atipicas en las cuales la principal sobrecarga es el viento Ul= (G+ W) (9-15) Ia alternativa U2=0,9 w(G+Q+W) (9-12) constituye la segunda hipétesis de combinacién de sobrecargas. Una variante de esta proposicién puede ser la de Ui= (G+ 0,69 + W) (@-16) ola de US = ¥:(0,9G + 0.79 + W) @-17) siendo, una y otra, mds o menos verosimil que la (9-12) segun el tipo de construc- cién que se proyecta. Inteftando una maxima simplificacién normativa, algunos reglamentos intro- ducen las acciones sismicas como una tiltima y tercera hipétesis, reduciendo ain més las otras sobrecargas. Partiendo de una definicién.apropiada de la accién sis- mica Feq (iniciales de earthquake) establecen que Us = 08 ¥(G + Qa) + Fer (9-13) siendo ahora F., la citada accién, considerada en las normas como una accién ul- tima en el sentido de Hevar ya incorporado a su valor el coeficiente multiplicador yy en donde Qa es Qea = BeaQ el valor caracteristico de las cargas variables Q, multiplicado por un coeficiente Beg inferior a la unidad para hacerlo compatible con la simultaneidad de la acci6n sis- mica. La accién del viento se considera, en general, incompatible con la sismica. Unicamente en el caso de que la construccién estuviera ubicada en un paraje topo- grdficamente expuesto a la accién frecuentes del viento es cuando la hipotesis (9-13) deberia ser sustituida por Us=0,8 y(G + BeaQ) + Fea + 0,25 W (9-14) Las anteriores combinaciones de sobrecargas pueden extenders a los estados limites de utilizacién o servicio, Basta con hacer yi = 1 en las formulas (9-11) a (9-17) para que, todas ellas, tengan su inmediata aplicacién a estos estados de servicio. Inventariadas, con mayor o menor acierto, las combinaciones de carga, que- dan atin por precisar las posibilidades de simultanearse varias acciones Q de dis- tintos origenes. Siendo pequefia la probabilidad de que, al menos algunas de ellas, 655 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. EI proyecto to 0 despegue de uno de sus apoyos o pilotes, bien por falta de flotabilidad en su caso, Desde otra perspectiva, Ia estabilidad general puede también plantearse admi: tiendo que el equilibrio estdtico que ahora consideramos, no puede mantenerse sin la presencia de un elemento particular de la estructura cuya solicitacin S, funcién de las cargas encerradas dentro del corchete, S[0,9G: - 1,1G2-1,5Q]>0 (9-19) sea mayor que cero. En esta expresin Gr representa el conjunto de cargas perma- nentes estabilizadoras, G2 las cargas desestabilizadoras y Q el conjunto de cargas variables que, como las Gz, tienden a desequilibrar el conjunto. 9.3 Las solicitaciones Cuando la pieza que se calcula es isostitica, bastan las condiciones de equili- brio de la Mecinica Racional para poder deducir las solicitaciones que actiian en las diferentes secciones. El calculo, por asi decir, es cxacto, sin otras imperfecciones que las que se derivan de la imprecisién de los medios humanos en la valoracién de las caracteristicas geométricas de la pieza. Cuando no es asi, cuando los movi- mientos de los extremos estan coartados 0 vinculados a otros elementos, esas coac- ciones hiperestiticas, por ser dependientes de las caracteristicas meciinicas del ma- terial, de su retraccién y fluencia, de sus dilataciones térmicas, de su fisuracién y adherencia, de su complejidad en fin, hacen que sea necesario sustituir el mecanis- mo real por unos esquemas simplificados que, por muy aproximados que sean, in- ducen a una idealizacién que desvirtia el fenémeno en la medida de la precisién del método. Como es logico, el desarrollo de este andlisis se funda en una serie de hipétesis encadenades, algunas de las cuales son tan ineludibles como las que se refieren a la homogeneidad y anisotropia del material. Con la salvedad de estudios especiales en post-fisuracién, se admite la continuidad de la materia y, en general, aceptamos que las deformaciones debidas al esfuerzo normal y al esfuerzo cortante son des- preciables frente a las ocasionadas por la flexion a menos que se trate de casos muy especiales. En ocasiones, tales como en el anilisis relativo a las zonas de apoyo y anclajes, puede ser necesario un estudio complementario de las solicitaciones loca- les 0 concentradas. Adin en una misma seccién no siempre existe una solicitacién pésima como con- juncién més desfavorable de cargas. En ocasiones, una y otra armadura longitudi- nal, Ia A, y la A’, vienen determinadss por diferentes hipstesis Con independencia de estas consideraciones de caricter general, el anilisis es- tructural puede hacerse: a) segin el cdlculo lineal, basado en Ia proporcionalidad entre las cargas y so- licitaciones, seguido 0 no de una eventual redistribucién de esfuerzos b) segiin un efleulo no tineal ©) segiin un célculo plistico. 657 658 El proyecto E] céleulo lineal establece la rigidez de las piezas en funcién de las dimensiones geométricas de la seccién transversal sin intervencién de la cuantia de las armadu- ras ni de la calidad del hormigén. Al admitir un comportamiento cléstico y hoo- keano de los materiales, las curvaturas resultan vinculadas a los momentos median- te una relacién lineal, ‘A ofectos de la clasificacién arriba establecida, se denomina célculo no lineal, por oposicién al anterior, al célculo en el cual la cambiante posicién dela fibra neu- tra con las deformaciones del hormigén y de las armaduras, hace que la relacin momentos-curvaturas no sea lineal. Puesto que esta relacién se deriva de una com- patibilidad de las deformaciones sufridas por las distintas fibras con las ecuaciones de equilibrio de fuerzas y de los respectivos diagramas a - ¢ del hormigén y del ace- ro, resulta que la ley que vincula los momentos con las curvaturas varia de una sec- cidn a otra, En un célculo tineal el diagrama de momentos-curvaturas es una recta cuya inelinacién depende del médulo de elasticidad del material y de las caracte- risticas geométricas de la pieza. En un célculo no lineal el médulo de elasticidad se supone cambiante con la tensién relativa. El diagrama de momentos-curvaturas re- sulta asi dependiente de numerosos pardmetros tales como la citada tensién rela va, la distribucién y cuantia de las armaduras, la magnitud relativa del esfuerzo nor mal, del esfuerzo cortante, de la fluencia y de las deformaciones remanentes de los procesos anteriores de carga si Jas hubiere. Este complejo diagrama de momentos- curvaturas coincide, légicamente, con la recta del célculo lincal mientas las tensio- nes sean moderadas y los materiales operen dentro del dominio elistico. Las dife- rencias entre uno y otro método se acenttian en la medida que las diferentes sec- ciones de la pieza se internan en la fase final de agotamiento resistente. A la hora de determinar los estados limites de utilizacién 0 de servicio, el cdlculo lineal resulta asi ser el mas indicado ya que, al deformarse la estructura bajo la accién de unas cargas relativamente alejadas de la fase iltima de agota- miento, el comportamiento de los materiales concuerda con las hipétesis simplifi- cadas admitidas en dicho anilisis. En la practica, los resultados obtenidos de este Iculo son los que permiten, sin demasiadas objeciones, cl dimensionamiento de las armaduras necesarias para soportar las solicitaciones en cada seccidn deducidas. El calculo no lineal es el adecuado para responder a una pregunta muy con- creta. Imaginemos que una estructura recién construida, no sometida a cargas pr vias, esta armada con unas barras cuya disposicién se conoce y cuyo hormigén ti ne una homogénea resistencia en todas las secciones. Si, en estas condiciones, se nos plantea el problema de conocer cui es la carga que, aplicada de un modo pro- gresivo, produce la rotura de esa estructura asi cargada, es el calculo no lineal el que deberiamos wilizar. El célculo no lineal es un cdlculo de comprobacién, no de diseno. La realidad es bastante mas compleja. Lo que habitualmente deseamos evaluar no ¢s la eapacidad de resistencia de un modelo construido en el laboratorio para ser ensayado hasta la rotura, Proyectamos una estructura para que resista el paso de los afios y el peso de un futuro. Por razones de economia su resistencia debe ser Ja estricta para cumplir la misién encomendada. A estos efectos, en cada seccién disponemos la armadura precisa, lo cual equivale a decir que todas las secciones de una pieza son igualmente criticas por tener la armadura estricta. Como en una cadena, proyectamos todos los eslabones para que sean homogéneos. La rotura, de aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. 660 EI proyecto 2b). De aplicarse los métados Hamados cinematicos (teoria de las lineas de ro- tura), la relaci6n entre el momento sobre el apoyo y el momento en el vano debe estar comprendida entre 0,5 y 2. 9.4 Defectos de ejecucién De los dos materiales, hormigén y acero, que componen la estructura, el tk timo se fabrica segtin un procedimiento mucho mas industrializado que el primero. La industria siderirgica ofrece sus barras corrugadas de didmetros tipificados con la garantia de unas tolerancias en sus dimensiones y de unos limites clisticos de- terminados. Al autor del proyecto, a la vista de precios y calidades, le corresponde la decision de elegir la calidad de acero que estime més adecuada para constituir las armaduras de la estructura que disefia Mis problemitica resulta la eleccién de los distintos tipos de hormigén, dis- tintos porque el que se coloca en la cimentacién sucle tener una composicién dis- tinta al que se emplea en la estructura y atin este titimo suele variar segiin se des- tine a la ejecucién de piezas prefabricadas, a la ejecucién de elementos estructurales convencionales, o a la construccién de elementos resistentes que requieran unas es- peciales caracteristicas tales como minimo peso, altas resistencias mecdinicas, super- ficies resistentes a la abrasién u otras propiedades. La principal dificultad consiste en que la relacién calidades-precio no suele estar claramente establecida. Tomada Ia decisién, el proyectista especifica en el Pliego de Prescripciones Téc- nicas Particulares las caracteristicas mecdnicas propias de los materiales detallan- do, de un modo inequivoco, las diferentes calidades del hormigén en las distintas partes de la obra. La incertidumbre proviene de las posibles divergencias que pue- dan producirse entre las caracteristicas mecdnicas prescritas y las que realmente po- seen los materiales colocados en la obra. Lo primero que se nos ocurre para comprobar la idoneidad de los materiales es observar y medir, de algtin modo, la magnitud de esas divergencias a fin de acep- tar, rechazar 0 corregir las imperfecciones, los errores o los defectos que hayan po- dido o puedan producirse. A estos efectos, medir es comprobar, mediante ensayos apropiados, que las calidades requeridas las cumplan los materiales recibidos asi como el hormigén fabricado en ta obra. Observar es equivalente a definir la inten- sidad de esas comprobaciones estableciendo una cierta periodicidad en el muestreo, Precisar un nivel de garantia supone valorar la probabitidad, a ese nivel asociada, de que sdlo un reducido ntimero de errores o defectos se han escapado al control que se ha ejercido. Sélo asi podremos valorar el grado de fiabilidad que nos infun- de la calidad de la ejecucién realizada. La simple enumeracién de estas circunstancias nos permite detectar diferentes fuentes de error o de incertidumbre. En la obra se reciben diversos materiales cuya idoneidad se hace preciso comprobar. Las armaduras deben llegar en lotes proce- dentes de una misma fabrica o almacenista. La identificacién del producto, la com- probacidn de sus etiquetas, la conveniente ejecucién de los ensayos de comproba~ cida, son detalles mas propios del capitulo correspondiente al control de calidad. Lo que ahora interesa resaltar es la circunstancia de que estos ensayos y compro- baciones de recepcién, constituyen una base para deslindar las posibles responsa- El proyecto Paez — 9, bilidades que puedan exigirse en el caso improbable de que, por un fallo estructu- ral, se produzca un derrumbamiento que afecte gravemente a los usuarios de la obra en servicio o a los operarios que la construyen. A estos efectos, la fabricacién de! hormigén en la obra mediante unas instala- ciones mas 0 menos centralizadas, tiene el mismo cardcter que la recepcién del pro- ducto procedente de una distribuidora de hormighn preparado. Se suele entender por proceso de ejecucién propiamente dicho, el conjunto de operaciones y manio- bras que se realizan para clasificar, transportar y colocar tanto los materiales com- ponentes dela estructura como los encofrados, apeos, arriostramientos y demés ele- ‘mentos auxiliares que permitan la precisa situacién de los materiales en el lugar opor- tuno. Elensilado y almacenamiento constituyen asi unas operaciones que, por ser in- ternas a la obra, trasladan al constructor la responsabilidad de una conversacion adecuada de los productos recibidos. Un cemento mal conservado puede ocasionar un importante descenso en Ia resistencia del hormigén con él fabricado sin que el fabricante sea el causante de ese percance. Segtin sea el volumen y extensién de la obra, mayor o menor serd la plantilla del personal dedicado a la inspeccién de las diversas operaciones que integran el Proceso constructivo. De un modo o de otro los reglamentos nacionales definen la normativa adecuada para ejercer esa vigilancia segin diversas modalidades o nive- les de control. Cuanto més intenso sea el muestreo, mas se reduce la probabilidad de que un error o un defecto pase inadvertido. El autor estima que si bien toda valoracién cuantitativa implica la necesidad de un planteamiento objetivo, el riesgo de que esa organizacién se transforme en un simple proceso burocratico hace que deba concederse una atencién especial a la calidad humana de unos inspectores que, con su permanencia en el tajo, sepan subordinar la rutina de unas frias prescrip- ciones a los imperativos primordiales dictados por e! sentido comiin y la experien- cia. Inspeccionar no es s6lo mirar y medir; es ver y razonar. Controiar es percibir Jo que esta descontrolado; reparar lo que después sera irreparable. 9.5 Valoracién de ta seguridad Una estructura se considera como bien dimensionada cuando los elementos 0 piezas que la constituyen satisfacen determinadas condiciones inicialmente impues- tas. De ellas, unas se refieren a las caracteristicas mecdnicas del material encargado de realizarla mientras que otras representan la magnitud o importancia de las car- gas y fuerzas actuantes. En rigor, tanto uno como otro tipo de condiciones se fijan mediante criterios y ensayos forzosamente convencionales. Las caracteristicas mecanicas que intervie- nen en el célculo son, fundamentalmente, la resistencia y los diagramas de tensién- deformacién del material. Para fijar la primera, el ingeniero recurre al ensayo tipi- ficado de compresién o de traccién, ensayos que sdlo definen una tensién conven- cional de rotura como cociente que se obtiene al dividir et esfuerzo aplicado por la seccién inicial de la probeta. Este cociente representa, en rigor, el valor medio de las tensiones realmente in- troducidas. Cuando se modifica el tipo de probeta o se cambian sus dimensiones, Ja tensién resultante no coincide, en sus valores medios, con los previamente deter- 661 662 El proyecto minados. Los ensayos de carga lentos, conducen a valores mas reducidos que cuan- do la probeta se carga répidamente. Sometido el material a ciclos repetidos de car- gas oscilantes, se produce la rotura después de la aplicacién de un elevado mimero de ciclos bajo cargas notablemente inferiores a las que romperian la misma pieza en un ensayo estatico convencional Estas consideraciones ponen de relieve la dificultad que se presenta cuando se intenta definir la resistencia de un cierto material. Por si fuera poco el problema se complica cuando en lugar de ensayar las propiedades del conglomerado se investi- gan las resistencias de mintisculas particulas de cemento o se trata de determinar la capacidad resistente de las cristalitas de un acero. Las tensiones residuales de fabricacién y las fuertes coacciones locales que apa- recen en el mosaico cristalino, reducen la carga de rotura del conglomerado a una débil fraccién de la capacidad resistente de sus elementos constituyentes. El concepto fisico de fa resistencia de un material se desvanece. El empefio en deducitlo a través de un complejo estudio del estado de tensién resultante en el caos cristalino, es una quimera. El técnico, conovedor de estas dificultades, salva el escollo situdndose detrds del magma resistente. Admite que la cantidad de particulas elementales es tan ele- vada y las posibilidades de intercoaccién tan fuertes, que no hay inconveniente en aplicar al fenémeno la ley de los grandes nimeros. Comprende la aleatoriedad de la distribucién de los dridos y del cemenio en una masa de hormigin y se conforma con deducir las probabilidades de aleanzar unas ciertas resistencias mediante con- vencionales ensayos estadisticos. El problema lo resuelve evitandolo. Para poder desarrollar el estudio analitico de una estructura, el ingeniero ad- mite la homogeneidad del material. Lo supone como un cuerpo idealmente conti- nuo ¢ imagina que cada paralelepipedo elemental posee las caracteristicas mecdni- cas deducidas en el correspondiente ensayo sobre probetas. Para unificar los resul- tados define el tamafio de una probeta-tipo. En cada ensayo deduce asi una tensién convencional de rotura como la carga unitaria producida por un esfuerzo unifor- memente aplicado a toda la secci6n. La diferente distribucién de los conglomera~ dos que constituyen la trama resistente del material, hace que los resultados no sean concordantes y para representar esta real heterogeneidad del cuerpo ensayado, tra- za una curva de frecuencias con la cual representa fa probabilidad de que el mate- rial legue a alcanzar una cierta resistencia. Otro tanto ocurre con las sobrecargas. Raro es el caso en el que se conocen con toda precisién los maximos sistemas de carga que un dia podrdn actuar sobre la construcci6n. Las losas, vigas y columnas de una viviends podrdn calcularse para resistir una considerable aglomeracién de personas, pero la posibilidad de que, por insdlitos acontecimientos, se transforme una habitacién en un almacén de enseres © mercancias, se escapa a toda previsién. Es cierto que la funcién primordial de una vivienda es la de albergar a sus ocu- pantes y que esta misién es tanto mas acuciante cuanto mas imperiosa se hace la necesidad de disponer de un refugio adecuado. Pocas veces se hace tan apremiante esta necesidad como en los momentos en que un huracdn de excepcional intensidad asola parajes y ciudades o un sismo de insdlita violencia convierte en ruinas barrios enteros. Los hospitales, las centrales de energia y los abastecimientos de agua de- aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. El proyecto Dos criterios esencialmente diferentes surgen en el momento de resolver este problema. Uno de ellos consiste en fijar, arbitrariamente, un cierto valor para la probabilidad de hundimiento. La estimaci6n de este valor se hace, bien por elec- cidn subjetiva o bien de acuerdo con otras probabilidades tales como la de la po- sible destruccién por un incendio o por otras causas ajenas a la resistencia y con- diciones mecinicas de ta estructura (ref. 5). EI segundo criterio, simulténeamente enunciado por M. Prot (ref. 7) y por Eduardo Torroja (ref. 4), se basa en el concepto de minimo coste de la obra ase- gurada, criterio que, dada su fecundidad, se detalla a continuacién con ta extension que su importancia requiere. 9.5.1 Probabilidad de hundimiento Con la finalidad de concretar los conceptos que se estiman como fundamen- tales para el desarrollo de estos temas tan abruptos, se elige el camino de comentar un caso particular con el doble objeto de encauzar el tema dentro de los linderos de la aplicacién préctica y de alejar el riesgo de perderse en el Laberinto de la abs- traccion genéri El tema es muy propenso a aberraciones de este estilo. El hecho que se comenta, mas real que imaginario, ccurrié hace afios. Su ori- gen, el Plan de Colonizacién de una de las regiones mas dridas de Espasa. El pro- yecto general comprendia la ejecucién de una red de acequias de més de 600 km de longitud. La clave del problema se centraba en la construccién de millares de piezas prefabricadas, semicilindricas, de unos 8 metros de longitud, que se apoyz ban sobre pilastras de hormigén previamente niveladas (fig. 9-1) >= we Figura 9-1. Abiertos los pliegos del concurso se destacé una solucién como la ms econé- mica, El autor de aquel proyecto defendia la posibilidad de construir piezas prefa~ bricadas de hormigén en masa. Su defensa fue tan brillante como rotunda. Partien- do del hecho de que el hormigon resiste esfuerzos de traccién, si bien muy débiles, admitia de buen grado la probable rotura de un elevado mimero de piezas tanto durante el transporte como en la prueba de carga prevista en el Pliego de Bases del 665 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. 668 El proyecto tuarias o en alta mar, silos, almacenes, hangares, centrales hidrocléctricas 0 nuclea- res, presas, etc. Pero, y atin conscientes de las dificultades que supone la disposicién de tales estadisticas, el punto mas importante es el de la valoracién de unidades tan distin- tas como las pérdidas de vidas humanas y los dafios materiales. No puede aceptarse et principio, por muy humano que parezca, de que la vida no tiene precio. Independientemente de que esta consideracién nos Hlevaria al con- trasentido de que no podemos construir ante la imposibilidad de hacerlo con coe- ficientes de seguridad infinitos, lo cierto es que nuestra propia vida la arriesgamos cada vez que Viajamos para acompaiiar a un familiar o incluso para desarrollar una actividad que nos proporcione un beneficio econémico. Bastaria, en este iltimo caso, con conocer la estadistica o frecuencia de los accidentes mortales en el medio de locomocién etegido, para que, al dividir el beneficio monetario esperado por esa probabilidad, tuviéramos una cifra en la moneda del dividendo, del valor en que estimamos nuestra vida. Resulta curioso que el hecho rutinario de viajar diaria- mente a nuestros puestos de trabajo o perder un tiempo en tomar las debidas pre- cauciones al cruzar una calle, no lo asociemos a una valoracién de nuestra vida, fécilmente convertible en la moneda que usualmente utilizamos. Valoramos nues- tro tiempo y tomamos un avién para ahorrar unas horas, sin que entre en nuestros cileulos la probabilidad de que no leguemos a nuestro destino. Recientemente Michel Le Net ha publicado un interesante trabajo titulado “Le prix de la vie humaine” en el que se plantea la cuestién en forma de cantidad que “el poder ejecutivo esta dispuesto a invertir en un pais, para salvar la vida de un ciudadano medio; individuo mas representativo, en media estadistica, del conjunto de sus congéneres”. Atin conscientes de los estudios realizados por economistas y expertos en se- guros, se estima que estos problemas vitales exigen, en cada caso, un planteamiento distinto porque diferente debe ser la valoracién de un riesgo que aceptamos, a la de otro que lo sufrimos en contra de nuestros deseos. Por otra parte seria inasequible que, en el estado actual de las normas oficia- les, se aceptase un procedimiento que atin estando basado en datos objetivos, con- cluyese en unos valores del coeficiente de seguridad y; notablemente diferentes a los reglamentariamente establecidos, Si aquéllos fueran mis altos que estos ulti- mos, se consideraria el método como improcedente ya que, de aceptarse, se incre- mentaria notablemente el coste de la construccién con grave quebranto de la eco- nomia nacional. Contrariamente, unos coeficientes inferiores a los normativos, se verian fécilmente impugnados por la opinién publica que interpretaria tal propues- ta como un atentado a la seguridad de los usuarios en el materialismo frio de unos planteamientos basados en la subestimacion de la dignidad humana. Para eludir tan graves escollos se propone el siguiente criterio: si hasta ahora no se han registrado estas impugnaciones tan radicalmente opuestas, es porque r- tinariamente hemos aceptado como razonable una valoracién desconocida aunque implicita. Si ahora, al salir a flote, nos sorprende, no nos queda otro remedio que valorar lo que no vacilamos en aceptar como justo. Bastard para ello con plantear- nos objetivamente el mas frecuente y sancionado de los casos, analizar Ia estadis- El proyecto tica de las vietimas causadas en los hundimientos censados, promediarlas, y asignar a esas pérdidas de vidas humanas el valor oportuno para que el coeficiente de se- guridad que resulte en nuestro céleulo sea el que figura en nuestras normas. Nada se ha alterado, todo sigue igual. Lo tinico que hemos descubierto es el valor uni- tario de esas pérdidas, inconscientemente asignado a estos efectos en las normas uni- versalmente aceptadas. En una primera impresién pudiera creerse que, con esta solucién un tanto sa- loménica, el procedimiento pierde todo su interés ya que, antes de empezar, anun- ciamos el artificio que nos conducira a un desenlace feliz y sin complicaciones. Pero este prejuicio es apresurado. Establecido el nivel mediante un ajuste acorde con los resultados cotidianos, puede ahora valorarse, con toda objetividad, el resto ingente de los otros casos hasta el punto de que no va a ser sencillo ajustar unos sin que otros se vean descompensados. El método tendré la virtud de ponderar, en un ané- lisis comparativo, lo que no sabiamos que estd desequilibrado. Dentro de una misma estructura, podremos analizar ahora la diferente respon- sabilidad de sus distintos elementos resistentes, ya que no existe ninguna razén por la cual el margen de seguridad deba ser el mismo para una columna de planta baja que para la losa que cubre el cuarto de maquinas de los ascensores. Mencién especial merece el caso particular de Jos hospitales y centros asisten- ciales. La eventualidad de que un terremoto de excepcional intensidad asole una ciudad, obliga a considerar la conveniencia de que, en tan dramaticas circunstan- cias, los quirdfanos y centros médicos funcionen con normalidad para mitigar la magnitud de la catdstrofe. En virtud de las anteriores consideraciones, el plantea- miento correcio de los coeficientes de seguridad apropiados es ahora posible. 9.5.3 Procedimiento numérico Como ya se ha indicado, el procedimiento que se propone consiste en tantear un conjunto de valores de y, elegidos al azar. Unas tablas facilitan el paso de una a otra solucién. Aquélla que determina un coste minimo de la obra asegurada es, entre todas las soluciones, la que define el valor apropiado de : y, por afiadidura, la probabilidad de hundimiento Py. Esta probabilidad, deducida a través de un laborioso proceso analitico, es sus- ceptible de quedar representada por las expresiones: Pym 1986 19S) e2n p81 197 -¢,Q) (0-2 en donde Q es la sobrecarga relativa e-{4 (9-23) 669 670 El proyecto © cociente sin dimensiones que resulta de dividir la sobrecarga q por la carga total, suma del peso propio g, la carga permanente p y la sobrecarga q, Por tratarse de un valor relativo podrén sustituirse las cargas por las solicitaciones que ellas pro- ducen. Las constantes ¢g y b tienen los siguientes valores: Tabla XXV Tipo de estructura’ | cy Edificios para viviendas | 0,12 | 2 Locales puiblicos 0.23] 1 Puentes carreteros 0,08 | 2 Puentes fersoviarios | 0,06 | 2 Depésitos 0,06 | 2 Viento y nieve oa | De las dos férmulas que definen la probabilidad de hundimiento, la (9-21) se refiere al caso usual de obras normalmente vigiladas. La segunda, la (9-22), al de obras muy vigiladas. A estos efectos se considera como obra muy vigilada aquella en la cual el control de la ejecucién esté confiado a un Inspector a pie de obra cuya experiencia en esta funci6n, conocimientos técnicos, categoria profesional y alto gra- do de responsabilidad esté sobradamente acreditada, auxiliado por un conjunto de colaboradores atentos a los mis nimios detalles que puedan ocasionar imperfeccio- nes cuya importancia sea prudentemente analizada. Este equipo o Inspeccién, debe tener amplias facultades para detener y corregir un proceso si asi lo estimara nece- sario, sin coacciones de perentoriedad en los plazos u otros factores que redunden en perjuicio de la calidad, ejerciendo de un modo sistemético un control fuera de Jo normal, tanto de las instalaciones como de los materiales mediante numerosos ensayos de probetas, comprobando la correcta posicién de las armaduras y de los encofrados, la adecuada colocacién y compactacién del hormigén, la correcta eje- cucién de los empalmes de las barras, vigilando las condiciones de almacenamiento del cemento, dridos, aditivos y armaduras, y comprobando que todas las dimen- siones, dosificaciones y calidades cumplen con las tolerancias admitidas. Adin cuando en las frmulas (9-21) y (9-22) aparece el simbolo cg representa- tivo de un coeficiente de desviacién, no por eso debe deducirse que las leyes de dis- tribucidn introducidas se han supuesto normales. Se trata slo de una representa- ci6n final suficientemente aproximada. En realidad las estadisticas-tipo recopitadas se han introducido en el cdleulo desarrollado en forma de leyes definidas por el con- junto de puntos extraidos de los datos correspondientes 2 cada modalidad. Tampoco la composicién de la ley de probabilidad se ha deducido admitiendo que las distribuciones son normales 0 correspondientes a determinados tipos fun- cionales, El procedimiento seguido es el método grafico que en el apéndice 2 se de- talla, El autor considera que la composicién de dos leyes de distribucién normales, vinculadas por el producto de ambas variables, nunca puede dar como resultado una distribucién normal. Sdlo en el caso de la suma la conclusién es correcta. Tra- tdndose ahora de un producto de varias variables estocasticas, su tratamiento solo puede ser el indicado en el citado apéndice, maxime cuando las variables tampoco responden, en muchos casos, a unas distribuciones normales. Representadas las cur- vas de probabilidad finalmente deducidas para las distintas combinaciones de ni- El proyecto veles de control y tipos de sobrecargas, las férmulas (9-21) y (9-22) constitayen sus representaciones aproximadas conseguidas después de una minuciosa labor de sin- tesis entre las distintas funciones gréficas de cada tipo obtenidas. Conviene advertir que las leyes de probabilidad encontradas no constituyen el objetivo buscado, sino simplemente un dato necesario para la resolucién final del problema: la deduccién de los oportunos valores de los coeficientes +7, Ye ¥ 7s. El primero de ellos, queda determinado mediante la condicién, ya expresada, de hacer minimo el coste total Cr de Ia obra incluida la partida correspondiente al abono de la prima del seguro. Vineulada con él, la probabilidad de hundimiento queda igualmente valorada. Cuando los dafios previsibles por el supuesto hundimiento de la estructura son grandes, la condicién (9-20) representativa del minimo coste conduce a valores muy pequefios de la probabilidad P, como légica solucién para aminorar el importe de una cobertura costosa. El coeficiente de seguridad resulta, en estos casos, mayor que si los dafios fueran medios, Otro tanto ocurre con el coeficiente y.. La necesi- dad de reducir semejante riesgo induce a la adopcién de una resistencia de cdleulo fy= 6-24) % con valores muy conservadores. Como se justifica en el apéndice 2, existe la posibilidad de expresar la depen- dencia entre yr y ye mediante la relacién Ye = 0,84 yh? (9-25) La adjunta tabla XXVI determina, directamente, la dependencia establecida por la férmula anterior. Tabla XXVI Relacién entre los coeficientes yi y y«. Valores de 2,00 | 130 | 115 135 | 1,21 1,40 | 1,27 1,45 | 1,32 150 | 1:38 155 | 144 1,60 | 1,49 1,65 | 1,55 1,70 | 1,60 1,75 | 1,66 1,80 | 1,72 1,85 | 1,78 1,90 | 1,84 195 | 1,90 1,96 671 672 El proyecto La pequefia dispersién que presentan los limites elsticos de los aceros, fruto natural de su sistemdtica claboracién, hacen que el coeficiente de seguridad +, que define el limite elistico de disefio fo = Ys sea muy proximo a la unidad. El hecho de que una vez agotada la pieza quede atin un pequefio margen hasta alcanzar la rotura, induce a una nueva y adicional re- duccién. Mientras que la rotura de una columna con toda la seccién de hormigéa comprimida, sucede de un modo siibito (rotura fragil), la rotura de wna viga cuya armadura en traccién ha alcanzado su limite elastico transcurre después de un lar- go periodo de grandes deformaciones originadas por la entrada del acero en el es- calén de cedencia. Con la excepcidn de los ensayos de fatiga, las vigas de hormigén armado raras veces sucumben por rotura de las armaduras. Para que esto suceda en un ensayo estatico se precisa que la cuantia de acero sea muy reducida, Como compensacién, las vigas asi armadas presentan el llamado fenémeno de la hiper-resistencia, En es- tos casos, cl momento de rotura no s6lo supera el producto Mat = Adz (0-26) sino también Mu = Afz 0-27) alcanzando, en algunas ocasiones, valores incluso superiores a Mas = Abd (9-28) resultado que, a primera vista, parece inconcebible. Con la excepcidn de los ensayos de fatiga, la entrada de la armadura en el es- calén de cedencia determina Ia transferencia del agotamiento de la pieza a la cabe- za de hormigén comprimida por la flexion. En estas circunstancias y con la exclu- sién de las piezas poco armadas, puede decirse que el parémeiro determinante de la rotura ¢s el limite eldstico de la armadura y no su resistencia. Dado que la va- riacion de aquella caracteristica mecanica es muy pequefia, resulta que el coeficien- te de seguridad parcial del acero se reduce a = 1,15 (9-29) en Jos casos normeles de un suministro procedente de una fébrica en la cual se ejer- ce el reglamentario control sobre su produccién, y= 1,10 (9-30) cuando, ademas de ese control, se realiza otro particularmente intenso en la obra y we 12 (9-31) aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. El proyecto Debern comprobarse con especial cuidado y rigor las condiciones de fisura- cién cuando el producto yxy_ resulte inferior a 1,65, Los valores de los coeficientes de seguridad +,, ¥- ¥ 1 adoptados asi como los niveles supuestos de control de calidad de los materiales y de la ejecucién, deberan figurar explicitamente en los planos. Cuando la importancia de la obra lo justifique, podrén corregirse los valores consignados de los coeficientes de seguridad, previos los estudios oportunos, de acuerdo con el criterio de que la probabilidad de hundimiento resultante para la obra proporcione un coste generalizado minimo de la misma, entendiéndose por cos- te generalizado el que se obtiene sumando — el coste inicial de la obra — el coste de su mantenimiento y conservacién durante su vida de servicio — el producto de la probabilidad de hundimiento por la sums del coste de re- construccién més la cuantia de dafios y perjuicios que pudiera ocasionar aquél. Para el estudio de los estados limites de utilizacién se adoptarin los siguientes. coeficientes de seguridad: 1 Coeficiente de minoracién del acero wel Coeficiente de minoracién del hormigén % Coeficiente de ponderacién de las acciones de cardcter variable con efecto favorable cuando puedan actuar o dejar de hacerlo y= 0 Coeficiente de ponderacién de las acciones en los demas casos. x Las normas norteamericanas discrepan de estos criterios en el sentido de que, en ellas, hay dos coeficientes parciales de seguridad: uno que se aplica a las carges permanentes y otro, algo mayor, que multiplica las cargas variables. Curiosamente subestiman la influencia, en dichos coeficientes, de la magnitud de los dafios que puede causar el hundimiento, total o parcial, de la estructura. Las normas soviéticas conceden una especial importancia al hiperestatismo pro- pio de la estructura. El coeficiente de ponderacin de las acciones se desdobla en varios factores, uno de los cuales intenta reflejar el hecho de que si bien una ¢s- tructura isostdtica se derrumba tan pronto como la seccién critica alcanza la rotu- ra, no ocurre lo mismo con un entramado hiperestatico en el cual la redistribucién de solicitaciones que se opera en las proximidades del agotamiento resistente, per- mite a otras secciones més alejadas colaborar, en cierto modo, con las mas cargadas. El Comité Européen du Béton (C.E.B.) mantuvo inicialmente el criterio de uni- ficar los coeficientes de ponderacién de las acciones sin distincién alguna entre car- gas variables y permanentes. Igual actitud mantuvo la Comisin de Seguridad del Consejo Internacional de Edificacion. Posteriormente el C.E.B. decidié la adopcién de un coeficiente de ponderacién de las cargas permanentes +z distinto del “1 Fe- lativo a las acciones variables: 675 676 El proyecto Aunque intuitivamente parezca légica la distincién entre uno y otro, lo cierto es que para ser consecuentes con el principio de una distinta fluctuacién previsible de las cargas, seria preciso valorar el coeficiente 1, en funcidn de esa mayor o me- nor variabilidad. Si nos basamos en los datos estadisticos disponibles, la tabla XXV (apartado 9.5.3) indica con manifiesta elocuencia la gran diferencia que existe entre la incertiduribre de tas sobrecargas actuantes en almacenes y locales ptiblicos, y la relativa certeza cuando se trata de otro tipo de estructuras. Las formulas (9-21) y (9-22) que determinan la probabilidad de hundimiento, expresan, a su modo, tanto esa variabilidad como la incidencia Q de la sobrecarga en relacién con la solicitacién actuante en una determinada seccién. El coeficiente €q no representa la desviacién unitaria de la sobrecarga, sino el efecto que dicha dispersién ejerce sobre la probabilidad de hundimiento. Como este concepto puede quedar un poco oscuro, parece conveniente abor- darlo si bien de un modo un tanto resumido. Admitamos que, en un cdlculo pro- babilista, el llamado nivel 111, disponemos de los datos estadisticos necesarios para representar por ¥(y), Z:(2) y Ti(t) las funciones de probabilidad relativa a la im- precisidn del catculo, a la influencia de los defectos de ejecucién y a la variabilidad de las caracteristicas mecnicas de los materiales que componen la estructura. Para determinar la probabilidad de que el producto x.y.2.t rebase el valor yo del coefi- ciente de seguridad elegido sélo falta por conocer la ley de variacién X(x) de las solicitaciones actuantes, variacién que depende de! cociente adimensional a Q etptaq bilidad propia de las sobrecargas representadas por el simbolo q. y de la va Conocida esta cuarta funcién X(x) podremos ya determinar Ia funcién repre- sentativa de la probabilidad de hundimiento en términos del producto Yo de las cua- tro variables estocdsticas. Esta probabilidad Palyo) vendré influida por la funcién X(x), funcién que tendré una u otra definicién segiin el tipo y magnitud de las sobrecargas en relacién con las acciones permanentes. Este efecto de la sobrecarga relativa Q en la probabilidad Py es lo que se refleja en la composicién de las fSrmulas (9-21) y (9-22). El coeficiente cg representa el efecto de esa variabilidad relativa de la sobrecarga q en la probabilidad Py. Entendemos que éste, y no otro, es el apropiado planteamiento de un problema en el cual la repercusion de los daiios no puede despreciarse como lo hacen algunas normas. Como resumen de cuanto antecede, el autor desea expresar su convencimiento de que en el arte de la construccién, como en toda materializacién de una idea, los conceptos son més importantes que los nimeros. El calculo es s6lo una herramienta. El proyecto 677 9.6 Referencias bibliograficas de este capitulo 1. M. Prot Note sur la notion de coefficient de sécurité. Annales des Ponts et Chausées. N’ 27.- Paris 1936. 2. A.M, Freudenthal The safety of structures. Proceedings A.S.C.E, Vol. 71 n* 8- Octubre 1945, 3. M, Prot La sécurité des constructions. MIE Congreso A.1. ieja 1948, 4. A. Péez La determinacién del coeficiente de segurided en las distintas obras. Instituto Técnico de ta Construccion.- Madrid 1949, 5. M. W. Wierzbicki Le sécurité des constructions comme un probleme de probabilité. 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Informes de la Construccién n° 47.- Madrid, enero 1953, 678 “4 15. 16 24 22, El proyecto A. M, Freudenthal Safety and the probability of structural failure. Proceedings A.S.C.E. Vol. 80.- Agosto 1954. J. Ferry Borges Dimenstonamiento de estruturas. Laboratorio Nac. de Engenharia Civil. Publ. nt $4.- Lisboa 1954 Comité Européen du Béton Sécurité dans les structures hyperstatiques. Bull. n° 55.- Octubre 1965. . Comité Européen du Béton Loadings specifications of the U.S.S.R. Bull. n® 108.- Marzo 1975. Comité Européen du Béton Nordic safety codes Bull. n° 108.- Marzo 1975. a) F. Levi Relacién entre los conceptos de durabilidad y seguridad. b) M.R. Lacroix Reglamentactones en relacton con la durabtlidad y la seguridad. Hormigén y acero n° 118.- Madrid, marzo 1976. Comité Européen du Béton Joint Committee on stractural safety. Bull, n° 112.= Julio 1976. ‘Comité Euro-International du Béton Code Modele. Bull. n° 117-F- Diciembre 1976. a) S. H. 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Bull. n® 139-F.- Julio 1981 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. indice 10.0— Notacién 10.1.— Anclaje de las barras 10.1.1. Anclaje por prolongacién recta 10.1.2. Anclaje con gancho terminal 10.1.3. Anclaje por soldadura 10.1.4. Anclajes especiales 10.1.5. Anclaje de barras comprimidas 10.2.— Empalme de barras 2.1. Empalme por solape 10.2.2. Agrupamiento de barras 10.2.3. Empalmes por soldadura 10.2.4, Empalmes de las mallas elecirosoldadas 10.2.5. Empalmes por dispositivos mecdnicos 10.3. — Curvatura de las barras 10.3.1. Piezas de directriz curva 10.3.2. Trazados poligonales ).4.— Espaciado de las barras 4.1. Recubrimientos minimos 10.4.2. Separacién entre las barras 10.4.3. Agrupacin de barras 10.5.1. Plantillas de barras 10.5.2. Normalizacién de plantillas 10.5.3. Detalles de armado 10.5.4. Panillas 10.6.— Montaje de las armaduras 10.6.1. Corte de las barras 10.6.2. Doblado de las barras 10.6.3. Ensambladura 10.7.— Referencias bibliogrficas aE BSEBRE & 706 Ee 14a 116 B mM ns 730 732 Td BS 738 740 740 45 683 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. PAEZ — 31 Ss Us Uso Separacién, en milimetros, entre dos planos sucesivos de cercos trans- versales Longitud total de grietas medidas en una seccién transversal Longitud media de la linea de deslizamiento correspondiente a una barra Brazo mecdnico Coeficiente igual a la unidad para barras corrugadas ancladas en zonas de buena adherencia, ¢ igual a 1,3 en caso contrario ‘Véase su definicién en la pagina 694 Véase su definicién en la pagina 700 Véase su definicién en la pagina 700 Didmetro de una barra Didmetro equivalente de n barras agrupadas Tensién en el acero Tensidn de la barra en el origen de la curvatura Tension de adherencia Tensidn limite de adherencia 685 Capitulo 10 Disposicién de las armaduras 10.1 Anclaje de las barras En una pieza, tas barras que componen la armadura constituyen el nexo que vineula unas secciones con otras. Por efecto de las solicitaciones actuantes, el hor- migén puede resultar fisurado, pero son las barras las que, cosiendo la discontinui- dad producida por la grieta, hacen que el elemento resistente funcione como un todo y se deforme como si tal discontinuidad de la masa pétrea no se hubiera generado. Con Ia excepeidn de las armaduras comprimidas, las barras se disponen con la finalidad primordial de absorber los esfuerzos de traccién. En teoria, su trazado deberia coincidir con las isostéticas correspondientes. En la préctica adoptan la for- ma del poligono circunscrito a tales trazados. Como los esfuerzos varian de seceisn a seccién, las barras irdn aumentando o disminuyendo en ntimero segiin la varia~ cién de estos esfuerzos. Como consecuencia, en una zona de la pieza deberd haber menos barras que en otras y, por razones de economia, en algan lugar sera conve- niente cortarlas. Ahora bien, cada vez que una barra se corta, por ser innecesaria, 0 se afiade para incrementar la seccién de armaduras, es evidente que el extremo de la barra o seccién final, no puede estar sometida a un esfuerzo de traccién. Sin embargo, cuando dichas barras adicionales se colocan es porque a cierta distancia de su ex- tremo admitimos que deben estar trabajando en virtud de la ley lineal de deforma- ciones longitudinales supuesta como base de nuestro célculo. Si a lo largo de la barra las tensiones varian, este gradiente tensional se hace particularmente violento en las proximidades de su extremo, Sea el caso (fig. 10-1) de una ménsula unida a una columna o muro, sometida a Ia accién de una carga Q. La seccién de empotramiento BC es la solicitada por un mayor momento flector y, por consiguiente, la seccién que requiere una mayor seccién A, de armaduras. Si las barras, por innecesarias, se cortan en un punto E, de tal modo que la longitud EB sea muy corta, puede ocurrir que, bajo la accién de la carga Q el voladizo BD se desprenda (fig. 10-2) por arrancamiento de las 687 688 Disposicién de las armaduras Figura 10-1, Figura 10-2, barras de su alveolo EB. Ninguna barra se ha partido. Lo que ha ocurrido es que la longitud EB de anclaje es insuficiente. En el propio extremo E, la tensién de las barras es nula. En el punto B, demasiado proximo al E, la tension o, es maxima. Cuanto menor sea la longitud EB = by de anclaje, mayor serd el gradiente tensional de ceroa la tensién o,, un gradiente confiado a la adherencia de las barras que com- ponen la armadura con el hormig6n que las envuelve. Si concentramos nuestra atencidn en el entorno al punto B, comprendemos que lo que ocurré es que cada una de las n barras que componen la armadura Ay est sometida a un esfuerzo de traccién Ni M ae (10-1) expresidn en la cual M es el momento flector que actia en la seccién BC, zel brazo mecinico y n el mimero de barras que absorben el esfuerzo total Ni. Resulta asi que dicho esfuerzo de traccién por barra, supone un esfuerzo de extraccién, o arran- camiento de la barra en cuestidn, del bloque de hormign donde esta situada (fig. 10-3). Figura 10-3. Figura 10-4. Disposici6n de las armaduras Mientras la carga de extraccién N,/n sea moderada, la barra quedard retenida merced a un conjunto de tensiones 7, de adherencia que se desarrollan en la super- ficie de la barra (fig. 10-4). Si ¢ es el didmetro de la barra y fy la longitud de an- claje, resultard que si admitimos, para simplificar, que la tensibn de adherencia 7» es constante en todos los puntos de la superficie de la barra, podremos establecer el equilibrio de fuerzas horizontales N Mtoe 10-2) ote (10-2) La ecuacién (10-2) también puede escribirse en la forma Nu 1 Siréte og Expresion que determina la minima longitud de anclaje necesaria cuando tanto Nu como 7 representen los valores tiltimos de agotamiento. Esta tensién iiltima de adherencia ts. depende, tanto de la propia rugosidad de la barra, como de la ca- pacidad adhesiva del hormigén que la circunda. Otra solucién consiste en impedir el arrancamiento de la barra mediante su fi- jacién por soldadura, roscado, remachado 0 acufiado a una placa transversal sufi- cientemente amplia como para repartir en la masa de hormigén el esfuerzo ejercido sobre cada barra (fig. 10-5). Inspirdndonos en esa solucién podriamos situar el an- claje extremo E dentro de la masa de hormigén (fig. 10-6) o bien repartir esa re- Figura 10-8. Figura 10-6, tencidn entre varias placas situadas a lo largo de la longitud de anclaje (fig. 10-7). De esta tiltima proposicidn a la de imaginar que la barra posee, desde su lamina- cidn, un conjunto de collarines o discos transversales (fig. 10-8), sélo hay un paso. Siguicndo este razonamiento hemos Ilegado a {as barras que, sobre un niiclco ci lindrico central, presentan una serie de resaltos transversales, normales 0 no al eje de la barra, que prestan la convenierte rugosidad a la superficie de tal modo que 689 690 Disposicién de las armaduras (11-1 Figura 10-8. Figura 10-7. se incremente su capacidad de adherencia con el hormigén. Hemos partido de un concepio de barra lisa para concluir en el comportamiento de las barras corrugadas. Obsérvese que en este discurrir, hemos sustituido el concepto de adherencia so- bre una superficie, por asi decir, longitudinal, para pasar a la disposicién de uno © varios anclajes verdaderamente transversales. Una adherencia implica la idea de que una vez superada la capacidad vinculante con e! hormigén envolvente, la barra debe despegarse de su envoltura y salir stbitamente ya que, roto el pegamento, nada Ja retiene. Un anclaje por fijacién de una barra a una tuerca, disco, cruceta placa transversal, implica una retencién de la misma por su apoyo frontal. La adherencia se expresa y valora en términos de una tensién tangencial; el anclaje, mediante un esfuerzo 0 tensién normal. Una barra cilindrica y, como tal, lisa en su superficie, puede ser extraida de la masa de hormigén endurecido, donde estd parcialmente embebida, del mismo modo que un clavo en un taco de madera. La extraccién (fig. 10-9) supone a simple su- peracién de la tensién tangencial de adherencia. El hueco dejado en la masa queda limpio. EI mecanismo que se opone a la extraccién de una barra corrugada es, esen- cialmente, distinto. Un clavo se extrae con mis facilidad que un tornillo. Para arran- car una barra corrugada de su alojamiento (fig. 10-10) se precisa rasgar la masa de Figura 109. Figura 10-10. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. 692 Disposicién de las armaduras Figura 10-14, Este mecanismo de rotura, primeramente expuesto por Ostlund (Suecia) y Fer- guson (Universidad de Texas), ha sido desarrollado posteriormente tanto por la ci- tada Universidad como por Tepfers en la Universidad de Goteborg (ref. 9a). Como légica consecuencia de la experimentacién realizada en una y otra Universidad, las normas norteamericanas junto con las suecas marchan paralelas en este tema si bien con modalidades distintas en la expresién de los diferentes parémetros que influyen primordialmente en el fenémeno: la calidad del hormigén, el recubrimiento de las barras y la longitud o extensién de los planos de deslizamiento o astillamiento. Es- tos planos cuya superficie es igual al producto de la longitud de anclaje por la an- chura uy representada en la figura 10-13 como longitud total de las grictas que alli se sefialan, expresan el riesgo potencial de una fisuracién de este tipo. Si mes el mi- mero total de barras que componen la armadura en traccién, el cociente ty 2 Une = (10-4) representa la longitud media de la linea de deslizamiento correspondiente a la barra. Si denominamos Ni. el esfuerzo de traccién maximo aplicado a una barra, la longitud de anclaje de 1a misma deberd satisfacer la condicién: Nuo= Kotselofs (10-5) aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. 694 Disposicidn de las armaduras Para reducir esta dispersion, conseguir un mejor ajuste y expresar con mds pro- piedad este fendmeno del astillamiento o fisuracién longitudinal del hormigén, el Comité 408 esiudié ta posibilidad de reducir a un solo pardmetro adicional la in- fluencia multiple del recubrimiento de las armaduras, su separacion ¢ incluso la be- neficiosa presencia de In armadura transversal (ref. 14), Generalizando la formula finalmente deducida a casos mis complejos, se llega a la expresién empirica ewan An Kix Aw b= AB! Bye = 300 mm (10-10) La formula (10-10) est expresada en el sistema internacional de unidades. Las longitudes deberdn introducirse en milimetros, las areas en milimetros cuadrados, las fuerzas en newtons, las tensiones en megapascales o, lo que es igual, en N/mm’, De acuerdo con la notacién hasta ahora establecida: by es la longitud de anclaje (expresada en mm) necesaria para la ade- cuada retencién de las n barras principales que componen la arma- dura A, Un limite mfnimo para esa longitud es el de 300 mm. ¢ es el didmetro de las barras que componen la armadura longitudi- nal en traccién A,, expresado en mm, fx es el limite elistico garantizado para estas barras, expresado en N/mm’ o MPa. fx es la resistencia en compresién del hormigén, igualmente expresada en MPa o en N/mm”, a es un coeficiente adimensional, de valor igual a la unidad para las barras que, durante el hormigonado, formen con la horizontal un an- gulo comprendido entre 45° y 90° asi como para las que, formando ‘un ngulo inferior, estén situadas en la mitad inferior de la seccién © a una distancia igual o mayor que 30 cm de la cara superior de una capa de hormigonado. Cuando la barra no se encuentre en nin- guno de los casos anteriores ay: = 1,3. ay es otro coeficiente, igual a la unidad cuando se trata de hormigones convencionales, pero igual a 1,25 cuando el érido, al menos parcial- mente, es un material ligero. Aw es el drea de la armadura longitudinal A, tedricamente deducida, an- tes del obligado redondeo a las secciones comercial Ay es el drea dispuesta en los planos para esa misma armadura, expre- sada en las mismas unidades que Aw. kK es una longitud, expresada en mm, igual a la menor de las tres di- mensiones siguientes (10-11) Disposicién de las armaduras 695 a es la distancia, en mm, desde ef centro de la barra al paramento mas proximo. Sic, ¢s el recubrimiento en vertical de la armadura principal Gazette oy es, en milimetros, la menor de las dos distancias en horizontal siguientes: 1 a) =at +o b) la mitad de la distancia entre ejes de dos barras adyacentes per- tenecientes a un mismo plano horizontal de armaduras. ndo cy el recubrimiento horizontal Ki < Aus Kino podra ser superior a (en mm) i (10-12) Ks < faba Kino podrd ser superior ad. Au seccién de armaduras de un plano de cercos, en mm’, perpendicular al plano longitudinal de simetria de la pieza (en general lado hori- zontal del cerco). A seccién (en mm*) de todas las patas de un plano de cercos dividida por n, numero de barras cxistentes cn un plano de armaduras. Ss separacién, cn mm, entre dos planos sucesives de cercos trans- versales. n mimero de barras que componen una capa de armaduras principales. Conviene hacer la advertencia de que para que los sumandos Ki y Ki puedan ser considerados en la formacién de Ki y K2 se precisa que al menos tres planos de cercos corten Ia longitud de anclaje f(s. S ty (ref. 14). La formula (10-10) puede escribirse de multiples formas, Sila expresamos como eu: Au 4) -(uis Va An Kf? = 20mm (10-13) Ja longitud de anclaje aparece como un miiltiplo det didmetro @ de la barra. Con la excepcién del factor $/K el resto de los pardémetros son los tradicionalmente con- siderados. La longitud de anclaje es, asi, proporcional al limite eldstico de la ar- madura e inversamente proporcional a la calidad del hormigén en términos de su resistencia a la traccién. La relacién de secciones Axe Ay expresa la virtual reduccién de las tensiones del acero como consecuencia de una sobreabundante armadura Ay, cociente que, virtualmente se introduce en todas las aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Disposicién de las armaduras 697 res en la disposicién global de las armaduras, detalles que son capaces de generar importantes pérdidas en la capacidad mecénica del elemento resistente. 10.1.1 Anclaje por prolongacién recta A Ja vista de los resultados, la formula (10-13) refleja, con una mayor preci- sign que las anteriores, el comportamiento de piezas armadas con barras corruga- das. Sorprendentemente, los resultados que de dicha formula se derivan, determi- ‘nan unas longitudes de anclaje mayores en promedio que las hasta ahora utiliza- das, entendiendo como tales aquellas en las cuales no interviene el recubrimiento de las barras o fa separacién entre etlas. En la practica uno de los problemas que frecuentemente se plantea es el de la indefinicién de 1a zona en la cual la barra deja de ser necesaria y, como tal, dicha seccidn constituye el principio de la longitud de anclaje. En una viga simplemente apoyada en sus extremos, el borde inferior de la pieza esta sometido a esfuerzos de traccién, esfuerzos que son decrecientes a medida que nos acercamos al apoyo. Cual- quier barra o pareja de barras que se decida suprimir en virtud de esta disminucién del esfuerzo, deberd ser anclada mediante el desarrollo de su correspondiente lon- gitud de anclaje. No obstante, de mantenerse la barra cn su posicién inferior, cual- quier fisura o grieta, vertical u oblicua, que pueda aparecer en dicho borde exten- dido por la flexién, puede desarrollarse en la supuesta zona de anclaje de unas barras. De ser asi, entre los bordes de esa grieta la armadura resulta fuertemente traccionada, en contra de la hipétesis implicitamente admitida segiin la cual las ten- siones se reducen progresivamente a fo largo de la zona de anclaje Esta contradiccién pone de manifiesto el hecho de que la mejor solucién para asegurar el correcto anclaje de una barra es anclarla en una zona en que, por estar el hormigén comprimido, esté libre de la presencia de posibles fisuras que pertur- ben el hipotético estado de tensiones decrecientes. En rigor la verdadera longitud de anclaje debe contarse 2 partir del punto en el cual la barra se intema en dicha zona de compresiones. La objecién de que puede haber zonas alternativamente en traccién o en compresién segiin la hipétesis de carga que se considere, no es valida ya que deberd anclarse en una zona de compresiones las barras que, en una deter- minada hipétesis, estén en traccién, En consecuencia se considera que Ia longitud de anclaje, preferiblemente de- sarrollada en zona de compresiones es (10-13) longitud que, en ningiin caso, deberd ser inferior a 300 mm. Tanto la notacién como las unidades en las cuales deben expresarse las distintas magnitudes aparecen cla- ramente especificadas en el apartado precedente. Como puede observarse, la pre- sencia de armaduras transversales (cercos, estribos o zunchos) reduce sensiblemente la longitud de anciaje. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Disposicién de las armaduras 699 10.1.2 Anclaje con gancho terminal La disposicién de un gancho o de una patilla en el extremo de la barra cons- tituye una solucion frecuentemente adoptada como herencia del antiguo empleo de Jas barras lisas. Atin cuando las barras corrugadas no precisan de ese terminal, la economia de acero que supone la reduccién de la longitud de anclaje puede com- pensar los gastos de mano de obra correspondientes a su elaboracién. El hecho de que frecuentemente se subcontrate con un equipo de ferrallistas el doblado de las barras en un tanto alzado del peso de armaduras, impide una equilibrada formu- lacién de esta posible economia. Barras principates — Faw + 49>80 m Cercos y horquilles 6 cm ‘ 1 ine 46 46 g 4g Ganchos-tipo Figura 10-16. Considerando la experimentacién realizada tanto en Suecia como en los Esta- dos Unidos, la longitud de anclaje f. (fig. 10-16) puede quedar expresada mediante Ja formula general fn Awe Vix Aw Loy = O,2derzernserne $2 84 > 150 mm (10-20) 700 Disposicién de las armaduras en donde 3 ¢s un coeficiente igual a la unidad en Ia generalidad de los casos, pero que sc reduce a 0,7 cuando la barra asi anclada tiene un did- metro no superior a 32 mm y el recubrimiento normal al plano del gancho o patilla no es inferior a 50 mm. ons es otro coeficiente, igual a 0,8 cuando en la longitud de anclaje fa» se disponen zunchos o estribos separados a menos de 36, ¢ igual a ja unidad en ausencia de esta armadura transversal. Si denominamos longitud basica de anclaje a la distancia fa ly = 0.24 Fm (10-21) resulta que, en el caso mas general de aceros de 400 a 420 MPa de limite elistico garantizado, estas longitudes son: 24p para hormigones de 20 MPa de resistenc 10 para hormigones de 25 MPa de resistencia 184 para hormigones de 30 MPa de resistencia (10-22) 66 para hormigones de 40 MPa de resistencia 4 para hormigones de 50 MPa de resistencia fas fay tay Law Lay Muitiplicando ahora estas longitudes de anclaje por Aw/Aw y por aviassaus, si al- guno 0 varios de estos coeficientes no fueran iguales a la unidad, se obtendria la Tongitud de anclaje Aw fay = erenntns “Qo (10-23) como corresponde a la formula general (10-20). Este planteamiento tiene la ventaja de que, en gran parte de los casos pricticos, las longitudes lev son las directamente indicadas en la relacién (10-22). Para que las formulas (10-20) y (10-23) puedan considerarse como representa- tivas de Ia experimentacidn efectuada, se precisa que las dimensiones de los gan- chos y patillas se ajusten a los ganchos-tipo ensayados. Con esta finalidad aparecen en la figura 10-16 dichas dimensiones normalizadas (ref. 17). 10.1.3 Anclaje por soldadura Atin cuando su empleo no es frecuente, una solucién para resolver dificiles pro- blemas de anclaje por falta de espacio para desarrollar la longitud requerida, es la de soldar las barras principales a una placa metilica transversal que, con su nece- saria rigidez, reparta la carga sobre una ancha superficie de hormigén. La figura 10-17 expresa, de un modo esquematico, la idea que preside esta concepeién, En Disposicion de las armaduras 701 Figura 10-17, general, cada barra se suelda a una placa individual. La eficacia de este tipo de an- claje viene determinada por fa confianza que quepa depositar en la facilidad del hor- migonado de todo el entorno de la placa, Como es légico suponer, las placas si- tuadas en un plano vertical no suelen ofrecer obsticulo alguno para la correcta com- pactacion de las masas vertidas a su alrededor. La. unién de la barra a la placa debe hacerse previamente a su colocacién. Un taladro en forma de embudo, practicado en la placa, permitird enhebrar la barra en el orificio y soldar, hacia abajo, el pe- rimetro de contacto entre ambos elementos metilicos. WY Th Ys En ocasiones, cuando una viga descansa sobre su apoyo de un modo directo, interposicién alguna de rodillos o placas de neopreno (fig. 10-18), una disposi- cién que permite un cierto deslizamiento relativo y un contacto adecuado entre uno y otro elemento, es la de defender las esquinas mediante 1a colocacién de un angu- lar transversal sobre el cual se hormigona dicha extremidad. Del mismo modo que en el caso anterior, unos orificios practicados en el angular permiten la correcta su- jecién de la armadura longitudinal mediante soldadura. No hay posibilidad de un desportillamicnto de los bordes scgiin grictas en la direccién ab; los angulares, fir- memente sujetos a la armadura, lo impiden. Asi como el angular a estd correctamente situado para recibir las masas ver- tidas en el extremo de la viga, no ocurte lo mismo con el angular b. Por una parte, la soldadura con las barras ¢ hay que hacerla antes de situar dichas barras en el interior de los encofrados. De otro modo habria que efectuar una soldadura “a te- ‘cho” de muy dudosa calidad. La principal dificultad consiste en que e! hormigona- do bajo el ala del angular, implica un relieno total de la esquina b que ha de recibir Ja carga transmitida por la viga, carga que se distribuye en una escasa longitud de apoyo. Sélo con vibracién intensa, habilidad y empefio, puede conseguirse el ade- cuado relleno y consolidacién del hueco. 702 Disposicién de las armaduras Figura 10-19, Una tercera posibilidad que brinda el anclaje por soldadura es la de soldar barras transversales a la armadura longitudinal (fig. 10-19). Estas barras auxiliares, corias, a modo de crucetas, deben tener un didmetro igual o inferior al de la barra principal que anclan, pero nunca muy diferente ya que si asi fuere, la soldadura entre ambas seria muy deficiente. Con didmetros iguales o semejantes, una soldi dura media puede superar una carga de arrancamiento igual al tercio de la capa- cidad resistente de la barra principal. Tres crucetas aseguran asi el perfecto anclaje. Si la unin se realiza en taller, mediante soldadura a tope por resistencia eléctrica, pueden conseguirse anclajes tan eficaees como los que ofrecen las mallas elec- trosoldadas. 10.1.4 Anclajes especiales La soldadura no ¢s el Unico medio para sujetar firmemente una barra. La ros- ca, la cufia, el remachado y la mazarota, constituyen otros tantos procedimientos titiles cuando, como ocurre con la técnica del pretensado, el acero no ofrece unas buenas condiciones de soldabilidad. Frente a las soluciones indicadas en las figuras (10-17) y (10-18), la solucién representada en la figura 10-20 expresa la sustitucin de la soldadura por un an- claje roscado. No es necesario que el fileteado se extienda a toda la barra. Si se tra- tara de un redondo liso, una estampacién en frio del extremo, permite el roscado. El fileteado por mecanizacién tiene el inconveniente de reducir sensiblemente la ca- pacidad resistente de la barra por la reduccién de seccién que tal mecanizacién com- VLifr he Figura 10-20, aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. 704 Disposicién de las armaduras Figura 10-22. Contrariamente a lo que ocurria con las barras en traccién, la disposici6n final de un gancho o de una patilla es ahora inconveniente debido a que la excentricidad de la reaccién (fig. 10-22a) induce a una flexién de la barra que facilita su pandeo y merma la capacidad resistente del hormigén que la recubre. Para evitar este no- civo efecto se recomienda incluso reducir la separacién de cercos en la zone final ‘como se indica en la solucién (b) de la figura 10-22, 10.2 Empalme de barras El hecho de que las barras, por razones de transporte, se suministren en lon- gitudes de unos 12 metros, obliga a la necesidad de empalmarlas cuando la pieza tiene una dimensién superior a los 10 metros. Resulta muy conveniente que el au- tor del proyecto especifique en los planos la situacién de estos empaimes asi como el procedimiento que debe seguirse para su ejecucién (solape, soldadura o disposi- tivos mecénicos). A estos efectos conviene sefialar que la localizacién de estos en- laces debe hacerse, preferentemente, en aquellas secciones en las cuales la tensién aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Disposicin de las armaduras Fisura : fina 707 Solucidn inconveniente Grieta Fisura amplia fina Distribucién de las tensions de adherencia Solucién recomendable Fura finas, Distribucion de ks tensiones de adherencia Solucién aceptable Distribucién de las tensiones de adnerencia Figura 10-24. Distribucién de las tensiones de adherencia 708 Disposicién de las armaduras a b c da e o S$ 8 8 ss Figura 10-25, Cuando fueran dos las barras agrupadas (fig. 10-256) y se desee empalmar una de ellas, el solape se efectuara aftadiendo al grupo una tercera barra (fig. 10-25c). La longitud de este solape deberd ser, al menos, un 20% mayor que la longitud !. prevista en el apartado anterior para el empalme de una barra con otra. A lo largo de este solape (I; = 1,21,), no se empalmard la otra barra. En ningin caso los em- palmes de barras individuales se espaciaran menos de 40 didmetros. Sélo excepcionalmente se constituirén haces de tres barras en traccién si bien esta triple disposicién frecuentemente se adopta para barras permanentemente cn compresién. Cuando se opte por un empalme de este tipo (fig. 10-25d), la longitud del solape no serd inferior a 1,334, siendo {, la longitud resultante de la aplicacién de la formula (10-25). En esta longitud de solape no se empalmaré ninguna otra barra del haz. En el caso de haces formados por cuatro barris (fig. 10-25e) el empalme de- berd hacerse por soldadura. Las longitudes de anclaje ty para estos grupos de hasta cuatro barras, deberé estimarse mediante la aplicacién de la formula 10-13 pero suponiendo que el did- metro virtual del haz es el del circulo de igual drea y cuyo centro coincida con el baricentro del haz. En ningtin caso se dispondran haces cuyo didmetro equivalente supere los 50 mm, 10.2.3 Empalmes por soldadura De un modo general, ef empaime por soldadura requiere la fusién del acero ‘en las seceiones extremas de las barras que se unen. Unas veces la soldadura se em- plea para sujetar las barras durante el montaje; otras para empalmar las barras de tal modo que sean capaces de transmitir todos los esfuerzos derivados de su fun- cidn resistente. En todo caso se debe tener presente que la operacién del soldeo in- troduce, en el enlace y en el material, un estado tensional complementario provo- cado por el calor desprendido por la fusién, unas perturbaciones metaluirgicas, unas deformaciones locales, unas tensiones residuales, un endurecimiento local y unas ex- centricidades. Por efecto de estas causas, tanto la resistencia como la deformabili- dad del acero disminuyen, mientras que su fragilidad aumenta, Es evidente que una de las condiciones necesarias para que este procedimiento de empalme sea valido es la de que la armadura sea soldable. Este concepto de sol- Disposicién de las armaduras PAEZ — 2, dabilidad es una caracteristica que no sélo depende de Ia composicién quimica del acero sino también del tipo y forma de la propia operacién de soldeo. A estos efec- tos puede decirse que la soldabilidad de una barra corrugada a otra de igual did- metro y procedencia, decree conforme aumenta el contenido de carbono. Con estas reservas acerca de la idoneidad del acero para su soldadura puede decirse que son tres los procedimientos principalmente utilizados en el empalme de barras corrugada 1, Soldadura a tope por resistencia eléctrica segiin el método denominado “por chispas”, procedimiento que implica un proceso de forja. 2. Soldadura a tope por arco eléctrico con material de aportacién depositado fromtalmente a la barra. 3. Soldadura por solape mediante la incorporacién de un cordén longitudinal 10.2.3. La soldadura a tope por resistencia eléctrica sin material de aportacién, impli- ca el empleo de unas maquinas especiales de regulacién automatica. La potencia eléctrica que se maneja suele ser del orden de 0,025 kVA por cada milimetro cua- drado de la seccién a soldar. Mediante unas mordazas, ambas barras sc alinean pri- mero y se acercan después hasta que la junta que se desea soldar sea minima. Este dispositivo esté directamente conectado a los bornes del secundario de un trans- formador. Una vez alimentado el circuito eléctrico, las barras se acercan hasta en- irar en contacto cerrandose el circuito eléctrico del secundario con una intensidad de corriente muy elevada. La energia calorifiea produce, répidamente, la fusién del acero entre las mordazas proximas a la junta. Como consecuencia del calor des- prendido se produce la proyeccién de particulas 0 chispas que dan el nombre a este procedimiento de soldadura, chisporroteo que perdura mientras, en lento avance, se aproximan las mordazas hasta que la junta alcanza la temperatura apropiada para el soldeo. Cortada la corriente eléetrica, un movimiento rapido de las morda- zas aprieta fuertements un exiremo contra el otro ejerciéndose una presién proxi ma a los 100 MPa: es la fase de compresin o de forja. La unién presenta, esque- maticamente, el aspecto representado en la figura 10-26. Debido a su automatismo, rapidez y reproducibilidad, este procedimiento ofrece la ventaja de una maxima ga- rantia en la calidad de su empalme. Su principal inconveniente es el derivado de su ejecucidn en taller, sin posibilidades de efectuar la unién con barras incorporadas a la obra o dentro de los encofrados. En los aceros convencionales, el riesgo de una fragilizacién es muy débil dadas las garantias del proceso térmico. Por el contrario se precisa adoptar determinadas Figura 10-26. 709 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Disposicién de las armaduras Figura 10-27. (> 609". Figura 10-28. Antes de comenzar la operacién se cortan los respectivos extremos de las barras en V (fig. 10-27) 0 en X (fig. 10-28). El corte o preparacién de! extremo de la barra en V es el apropiado para did- metros inferiores a 25 milimetros; en X para las barras gruesas. Para didmetros in- feriores a 16 mm este sistema no es muy apropiado por la laboriosidad de sus operaciones. Alacercar el electrodo, salta el arco, fundiendo el electrodo debido a su menor didmetro (del orden de 2,5 a 4 mm). Con esta aportaci6n se realizan sucesivamente los rellenos 1, 2, 3,4 y 5 (fig. 10-27), adoptandose las precauciones necesarias para que la penetracién sea completa y la raiz sana, El tltimo cordén debe depositarse del tal modo que el sobreespesor de la junta en la zona de mayor recargue no su- pere el 10% del didmetro nominal del redondo empalmado (ref. 25). Una coquilla debajo de la unién recoge el sobrante escapado. ‘Cuando la barra sea muy gruesa se prefiere el corte en X representado en la figura 10-28. El orden seguido en el depésito de los sucesivos cordones es el mismo, pero dada la conveniencia de alternar uno con otro lado para mantener Ia alinea- cin, las barras hay que voltearlas cada vez, circunstancia que condiciona la apli- cabilidad del método. Asi, por ejemplo, si una barra debe empalmarse con otra “a la espera”, es evi dente que esta tiltima no puede voltearse. En estos casos el corte en V sigue siendo 71 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Disposicién de las armaduras 718 de la malla, en N/mm’ siendo w= 1 enel caso de que la malla represente un porcentaje de armadura, in- ferior al 20% del total existente en esa seccién a= 1,1 si dicho porcentaje se eleva al 25% a = 12 si dicho porcentaje se eleva al 33% a, = 1,3 si dicho porcentaje se eleva al 50% = 14 si dicho porcentaje supera el 50%. 2 " El resto de los simbolos son los utilizades en las formulas (10-10) y (10-13). 10.2.4.2 En el caso de mallas superpuestas (disposiciones b y c de la figura 10-33) y las barras que la forman sean corrugadas, la longitud del solape serd As fu = Lona Z= seb > fou = LT ansane S= G56 2 200 mm (10-29) Se procurard situar los empalmes en aquellas zonas en las cuales la tensién de la armadura no supere el 80% de las maximas posibles. La proporcién de alambres, que puedan ser solapados ser del 100% si se dispone una sola capa de mallas y el 60% si se disponen varias capas. Con barras dobtes de didmetro superior a 8,5 mm, sélo se permite solapar, como maximo, el 60% de lz armadura. SS” e ALAMBRE TRANSVERSAL. $s ALAMaRE PRINCIPAL Figura 10-33, aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Disposicién de las armaduras 719 Mortero eo Manguito Figura 10-37 difica segdn diversos métodos una vez inyectado, Segiin sea la composicién de ese producto, el espacio anular por él ocupado sera mayor o menor (fig. 10-37). Dentro de esta clasificacion, un tanto arbitraria, cabe describir una tercera op- cién: los sistemas en los cuales ¢] manguito se solidariza mediante cuiias, primero una barra y después a la otra. El hecho de que la segunda barra se inserte en el manguito fijandose a él mediante un giro a modo de atornillado, no constituye mas que un detalle mecdnico (ref. 28). Sea como fuere, el caso es que, salvo raras excepciones, la elaboracién de este tipo de empalme es relativamente lenta en comparacién con los empalmes por so- lape simple 0 por soldadura. Si se hace este comentario es para destacar el hecho de que estas uniones parecen especialmente indicadas para las barras que, por tener un gran didmetro, justifican la relativa laboriosidad de unos sistemas que son de antieconémico empleo para didmetros inferiores a los 32 mm 10.3 Curvatura de las barras Con independencia de los ganchos y patilles que aseguran el anclaje en el ex- temo, las barras frecuentemente necesitan curvarse, bien sea para disponerlas die~ gonalmente (barras levantadas), bien para ajustar su trazado a la curvatura propia del elemento resistente. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Disposicién de las armaduras 723 10.3.2 Trazados poligonales Se denominan trazados poligonales a los casos en los cuales bien la directriz de la pieza o bien alguna de las armaduras longitudinales, presentan un codo o pun- to anguloso. ‘Cuando es la armadura en traccién la que presenta su coneavidad hacia el in- terior de la masa, el problema carece de importancia. Sea el caso de la figura 10-42. Si el trozo de pieza representado estuviera sometido a momentos positivos, la ar- madura inferior estaria en traccidn y la curvatura que permite cl cambio de direc- cién deberia hacerse segiin un radio mayor que los minimos definidos en (10-31) y en (10-32). La armadura superior, en compresiéa, no ofrece ningun problema por ser recta, Contrariamente, si la armadura que cambia de direccién fuera la comprimida por ser negativos los momentos, las barras tenderfan a saltar hacia abajo en el codo redondeado. Para impedit ese movimiento, deberdn disponerse en la zona curva ‘unos cercos cuya seccidn vendria definida por la ecuacién (10-35), siendo ahora r el radio de curvatura dado a las barras longitudinales. ‘Si la armadura en traccién fuera la situada en el borde céncavo de la pieza (fig. 10-43), las barras tienden a saltar hacia afuera, rompiendo Ia corteza de hor- migén que constituye el recubrimiento. La disposicién de unos cercos en el mismo punto anguloso, podria retener, por traccidn, la armadura en traccién, pero esos cercos se colocan con dificultad dado que deberian unirse a la armadura superior que también tiende a salirse hacia afuera. Figura 10.42. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Disposicién de las armaduras 727 pués. La barra queda cada vez més desprotegida, pero atin cuando el deterioro es aparatoso, la pérdida de seccién de la barra es, sin embargo, muy pequefia Dada la variedad de circunstancias que pueden determinar un cierto ambiente, se comprende que la reglamentacién de lo que podria denominarse atmésfera agre- siva implicarfa una compleja casuistica dificil de enumerar. Fuera de estos casos es- peciales la experiencia puede brindar una gran ayuda. Cada pais goza de unas de- terminadas condiciones climéticas y, como consecuencia, son las normas naciona- les las que deben establecer los recubrimientos adecuados. A titulo de ejemplo el Comité Europeo del Hormigén (C.E.B.) recomienda, come distancia libre ¢ de la superficie de una barra al paramento mis préximo, los siguientes recubrimientos minimos: Ambientes poco agresivos (interiores) Ambientes normales (exteriores) En una primera impresiGn sorprende el hecho de que estos valores no se corres- pondan con un mtimero entero de centimetros, como es préctica usual en la mayor parte de los reglamentos nacionales. Posiblemente, la raz6n se deba a que, a con tinuacidn, el citado Comité determina las siguientes correcciones de cardcter aditivo En placas, losas y laminas Ac=-5 mm En hormigones de resistencia fa 20 MPa Ac=+5 mm En hormigones de resistencia fa = 40 MPa Ac=-5 mm Con armaduras sensibles a la corrosién Ac = +5 mm En la zona curva de las barras Ac=+5 mm A estos efectos se consideran como armaduras sensibles a la corrosiGn las barras de didmetro igual o inferior a 4 mm. Si bien estos recubrimientos se establecen en base a una minima proteccién de las armaduras frente a la agresividad del ambiente exterior, cierto es también que, en derredor de las barras debe crearse una envoltura que transfiera los esfuerzos tangenciales de adherencia que se desarrollan entre cl hormigén y el acero. La cir- cunstancia de que son muchos los expertos que consideran que el recubrimiento no debe expresarse en milimetros sino en un miiltiplo del didmetro de la barra, refuer- za a tesis de que, en ningdin caso, deben disponerse recubrimientos inferiores al did- metro de la barra. Esta prescripeién, tipica de todas las normas, se extiende tanto a las armaduras principales como a las transversales 0 secundarias. Si dos barras se cruzan, ortogonal u oblicuamente, una y otra deberdn satisfacer la anterior condicién. En la mayor parte de las normas se limita a 15 mm y a los tres cuartos del tamafio maximo del drido, el recubrimiento minimo admisible. El valor minimo de 15 mm podrd también adoptarse en ambientes normales cuando el paramento de la pieza esté defendido del exterior mediante revestimientos apropiados, pinturas epoxidicas 0 tratamientos protectores de la humedad del ambiente. Dada Ia limi- tacién concerniente al didmetro de las barras, esta reduccién slo serd aplicable cuando dicho didmetro sea inferior a 16 mm. En piezas prefabricadas bajo un riguroso control, con hormigones de resisten- cia caracteristica no inferior a 25 MPa, podra omitirse la limitacién relativa a los aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Disposicién de las armaduras 731 exento de armaduras, Si esa capacidad para alargarse, para comprimirse 0 para de- formarse transversalmente no fuera homogénea, se corre el riesgo de que los esta- dos limites de deformacion no se satisfagan por igual. Tal vez sea ésta la razén por la cual observamos, con sorpresa, grictas y roturas mas o menos localizadas en zo- nas tedricamente menos solicitadas que otras que juzgamos como més criticas. 10.4.3 Agrupacién de barras Con el fin de facilitar la colocacién de! hormigén en piezas fuertemente arma- das, puede recurrirse al sistema de aglutinar las barras longitudinales disponiéndo- las en forma de haces. Este agrupamiento sdlo es aconsejable en hormigones de bue- na calidad, debiendo asegurarse la compacidad de las masas vertidas y el buen re- cubrimiento de las barras mediante un cuidadoso vibrado de todo el entorno. Como norma general se podrn disponer en contacto dos y hasta tres barras corrugadas, Cuando sc trate de piczas comprimidas, hormigonadas en posicién ver- tical, y cuyas dimensiones sean tales que no hagan necesario disponer empalmes en las armaduras, podrén disponerse hasta cuatro barras corrugadas en contacto, A efectos de recubrimiento y separacién con las barras vecinas, se considerard como didmetro $. equivalente de cada agrupamiento, el de un circulo de la misma rea que la suma de las secciones de las barras constituyentes. Sin es el nimero de barras de didmetro ¢ agrupadas: Gang, d= ova (10-36) Tanto el recubrimiento como la separacién libre entre barras o grupos vecinos, se medirdn a partir del contorno real del grupo. En los grupos el mtimero de barras n y su didmetro @ serdn tales que el did- metro g. equivalente del grupo sea inferior a 50 mm, No obstante, en el caso par- ticular de piezas comprimidas que se hormigonen en posicin vertical, este limite puede clevarse a 70 mm. En las zonas de solape, el nimero maximo de barras en contacto en la zona del empalme, seri de cuatro (ref. 25). Anjlogamente, cuando la separacién entre estribos resultara pequefta, puede convenir emparejarlos para duplicar su distancia y facilitar asi el hormigonado. 10.5 Definicion geométrica Los planos con las dimensiones de los distintos tipos de barras que componen la estructura asi como el listado de armaduras que los acompaiian, constituyen el medio de comunicacién entre el ingeniero proyectista y el constructor. Esta docu- mentacidn debe ser clara, concisa y sin ambigiiedades. El creciesite ntimero de datos que componen esta informacién junto con las cre- cientes cargas salariales y la penuria cada vez més acusada de una mano de obra especializada, hace que se considere necesario recurrir, urgentemente, a una conve- niente tipificacién, En diferentes paises se h do ya esta orientacién normali- zando, no slo determinados tipos de barras, sino también los albaranes y el lista- aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Disposicién de las armaduras 735 Un catélogo de barras-tipo universalmente aceptado reuniria las siguientes ventajas: — Reduceién del niimero de plantillas utilizadas actualmente. — Rentable utilizacién de las méquinas dobladoras y cortadoras. — Disminucién de los costes de ejecucién y colocacién. — Evaluacién precisa de los costes de las armaduras. — Simplificacién de los programas de ordenador para la clasificacién de for mas y globalizacién del coste. — Reduccidn de los gastos de delineaciin y mediciones. — Reduccién de posibles errores en Ja ejecucién de formas arbitrarias. Con el fin de permitir, en estructuras muy complejas, el empleo de otras for- mas, todo catélogo deberia prever la definicién de aquellas formas especiales que no puedan asimilarse ni descomponerse en plantillas-tipo. En estos casos particu lares un croquis bien acotado deberd definir dicha armadura especial. 10.5.3 Detalles de armado Cada pieza, segin sea una viga, una columna, una losa 0 una zapata de ci- mentacién, tiene su propia peculiaridad en virtud de la funcién que desempefia. En lgica correspondencia, las armaduras se disponen en su interior de uno u otro modo. En os préximos capitulos se ird pormenorizando este diferente cardcter del me- canismo resistente. La fisuracién en unos casos, el punzonamiento en otros, cons- tituyen fendmenos tipicos de un grupo u otro de piczas. Nada tiene de extraiio el que las cuantias de armadura tengan valores limites diferentes y que mientras la ar- madura en columnas se dispone con barras preferentemente gruesas, lo contrario ocurre con las vigas y losas. A titulo de ejemplo y sin perjuicio de justificar en su momento las ventajas de una determinada disposicin de armaduras, se representan en las figuras 10-50, 10-51 y 10-52 una descomposicién de barras, los empalmes de una columna con la inmediata superior y la colocacién de barras adicionales en el entorno de un nudo para conseguir la necesaria transmisién de esfuerzos. 10.5.4 Parrillas Tanto en los apoyos como en aquellos casos en los cuales el hormigén debe resistit una fuerte carga concentrada en una estrecha zona o franja, se precisa una armadura transversal que absorba y reparta las tensiones que se desarrollan en un plano normal a la accin de la carga. A modo de orientacién se indica en la figura 10-53 un tipo de parrilla que, al igual que un zuncho, refuerza la estrecha zona en donde la carga se aplica. La ven- taja principal de esta parrilla consiste en su facilidad de ejecucién y, especialmente, aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Disposicién de las armaduras En vigas y elementos andlogos, las barras que se doblen deberdn, en Io posible, it convenientemente enmarcadas por cercos en la zona del codo. En estas zonas, cuando se doblen simultaneamente muchas barras, resulta aconsejable disminuir la separacién entre cercos. Para no perturbar las condiciones de adherencia, las barras se colocardén en obra limpias de todo vestigio de pintura, grasa, barro 0 cualquier otra sustancia perjudicial. La capa superficial de dxido que habitualmente se forma cuando las ar- maduras permanecen a la intemperie o cuando estén almacenadas durante largo tiempo, no suclen afectar sus caracteristicas mecdnicas mds que cuando llega a for- marse una cascarilla de herrumbre que facilmente se desprende. De acuerdo con las indicaciones del proyecto, las barras se sujetardn entre si yal encofrado de manera que no puedan desplazarse de su correcta posicién du- rante el vertido y consolidacién del hormig6n. Los separadores o calz0s que las man- tienen con los recubrimientos previstos, suclen ser dados de mortcro 0 espaciadores de plstico. En caso de utilizarse las patas de la armadura transversal para situar las barras longitudinales, los extremos de dichas patas, de apoyarse directamente sobre el encofrado sin mediar tacos de mortero, deberdn terminarse en pico de flau- ta para impedir que la totalidad de la seccién se acuse al exterior (fig. 10-55). La distancia entre capas de armaduras (distintos planos horizontales), sc sucle asegurar, bien mediante Ia disposicién de barras intermedias sujetas a las patas de los cercos como se indica en la figura 10-55, o bien por medio de caballetes 0 barras Solucién en pico de flauta Solucién recomendada Separador lateral Separador de fondo Figura 10-55. 739 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Disposicién de las armaduras 743 Figura 10-57, Figura 10-58. Figura 10-59, 10.6.3 Ensambladura Una vez cortadas y dobladas las barras, se procede a la operacién de ensam- blarlas para constituir la jaula de armaduras. Unas veces estas conexiones se hacen en taller (armaduras preformadas), otras en un drea de montaje, a veces dentro de los encofrados. La primera solucién se adopta cuando el solar donde se construye ne una restringida superficie de ocupacién (obras urbanas). La sujecién de unas barras a otras se hace mediante ligaduras, soldaduras 0 conexiones juiciosamente dispuestas, en mimero y rigidez suficientes, para que ni las barras se desplacen de su correcta posicién, ni el conjunto se deforme durante el vertido y consolidacién del hormigén. En general, y salvo raras excepciones, el sistema mas empleado para solidari- zar las barras longitudinales con las transversales es el de atarlas, en los puntos de contacto, mediante alambres de acero recocido, de uno a dos milimetros de diame- tro. En orden de creciente resistencia al desliza den ser nto de las barras, los nudos pue- a) en diagonal o simples (fig. 10-57) b) dobles (fig. 10-58) c) en cruz de San Andrés o doble diagonal (fig. 10-59). Cualquiera que sea el método utilizado, el alambre debe disponerse bien apre- tado, retorciendo los cabos finales firmemente con ayuda de unos alicates. Los re- saltos que presentan las barras contribuyen a impedir el posible deslizamiento de una barra respecto a la otra. Algunos ferrallistas emplean nudos en diagonal con doble ligadura; el primero de atado o sujecion, el segundo de apriete, En caso de emplearse estos nudos diagonales, se recomienda alternar la direccién de las ata~ duras con objeto de mejorar la rigidez de la malla asi formada (fig. 10-60). aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Disposicién de las armaduras 747 15. J. O. Juma, LeRoy A. Lutz, P. Gergely Rationale for suggested development, splice, and standard hook provisions for deformed bars in tension. Concrete International, Vol. | n® 7 Julio 1979. 16. Comité Européen du Béton Aciers - adhérance - ancrages. Boletin n° 118.- Paris, noviembre 1979. 17. ACI Committee 315 Proposed ACI Standard: Details and detailing of concrete reinforcement. Concrete International. Vol 2 n® 2.- Febrero 1980. 18, C. F, Etienne Corrosion protection of unbonded tendons. Heron. Vol. 26 n® 3.- Universidad de Delft, 1981. 19. B, Malaval Syntése des essais de comportement & chaud des aciers. Annales de I'1-T.B.T.P.- Julio-agosto 1981, 20. RE. Klingner Exfect of reinforcing details on the shear resistance of anchor bolts under reversed cyclic loading. Journal of ACL Enero-febrero 1982. 21. D. S. Prakash Reo Desing of webs and web-flange connections in concrete beams. Journal of ACI- Enero-febrero 1982 22. Ch. F. Scribner Behavior of T-beam sections with varied shear reinforcement, Journal of ACL.- Marzo-abril 1982. 23. Ben C. Gerwick Causes and prevention of problems in large-scale construction, Pres. Conc. Inst. Journal. Mayo-junio 1982. 24. R. B. Klingner Tensile capacity of short anchor bolts and welded studs. Journal of ACL.- Agosto 1982 25. Comisién Permanente del Hormigon Instruccién EH-82. Ministerio de Obras Pablicas y Urbanismo.- Madrid 1982. 26. 7.7. C. Hw Is the “staggering concept” of shear design safe? Journal of ACL- Noviembre-diciembre 1982. 27, T. Paulay Lapped splices in earthquake-resisting cohuns. Journal of ACI.- Noviembre-diciembre 1982. 28. ACI Committee 439 Meckanical connections of reinforcing bars. Concrete International.- Enero 1983. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. 762 11.0 Notacién A Ac Aa AG Aw AL Aus E E, E Fr Fy G H 1 L Le Ly Me Mu Ma M Ne Ny No N, R, Ru 7 aT v Ve Ves a al a b b, @ f fea fa f fa fa h Area de una seccién Seccidn de hormigén Area de un niicleo de hormigén zunchado Seccidn de la armadura en traccién Seccidn de un plano de cercos Secci6n de la barra que compone un zuncho Seccidn del plano de barras que forman 45° con el eje Médulo de elasticidad Modulo de elasticidad del hormigén Médulo de clasticidad del acero (E, = 210 GPa) Fuerza o reaccién longitudinal Fuerza o reaccién transversal horizontal Modulo de deformacién tangencial Altura de un apoyo de neopreno (H = mb,) Momento de inercia Luz Luz de céleulo Longitud o altura de una biela Momento flector de agotamiento. Momento limite de célculo Momento méximo Momento minimo Momento de servicio. Momento en la coordenada s Esfuerzo normal de compresién Esfuerzo normal de servicio Esfuerzo normal de traccién Inctemento de capacidad mecdnica de compresién por zunchado Reaccién vertical de apoyo Reaccién vertical en el apoyo fijo Temperatura Incremento o variacién de temperatura Esfuerzo cortante Esfuerzo cortante limite o de céleulo Esfuerzo cortante retenido por los cercos verticales Anchura de una pieza Anchura de reparto de una carga Distancia de un eje al paramento Anchura de una pieza Anchura del niicleo zunchado Canto itil Espesor de una placa Flecha Resistencia de célculo del hormigén Resistencia caracteristica del hormi Limite eldstico del acero Limite eldstico de célculo de la armadura Limite eldstico garantizado del acero Canto total aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Las piezas PAEZ— 34 ponemos transversal y normal a la directriz en el citado punto caracterizado por su distancia s al origen establecido. Este artificio, o més bien, esta convencién, cons- tituye uno de los principios basicos de la Resistencia de Materiales, esa rama de la Mecénica Elastica que identifica el sélido resistente con una barra, rectilinea o ar queada, cuya longitud es muy superior a las dimensiones transversales de ese seg- mento denominado pieza. Es ahora, al materializar esa barra, hipotéticamente dotada de unas ciertas ca- racteristicas resistentes, con el hormigén y mas concretamente con el hormigén ar- mado, cuando surge un cierto desajuste con la experimentacién. Los cnsayos nos muestran que si bien en la zona donde los esfuerzos cortantes son muy pequefios © nulos, las grietas originadas por la flexidn se desarrollan en planos verticales (per- pendiculares a la directriz), no ocurre lo mismo en la mayor parte de la pieza. Asi, por ejemplo, si la directriz fuera rectilinea y horizontal (caso mds general de las vi- gas}, las fisuras que en el centro de la pieza ascienden verticalmente a medida que crece la magnitud de la carga aplicada, en el resto de las secciones se desarrollan con una cierta inclinacién, siendo tanto mas acusada esta falta de verticalidad cuan- to mayor es la magnitud del esfuerzo cortante en relacién con el momento flector. El hecho de que las cosas asi ocurran (figs. 8-79 a 8-81), obliga a reconsiderar Ja validez del convencionalismo de las secciones normales al eje 0 directriz de la pieza. Rota la continuidad del hormig6n, el equilibrio subsiste merced a los enlaces que desarrollan las armaduras (fig. 11-1). t=264 < a Figura 11-1. En realidad el problema se reduce a efectuar una pequefia correceién. SiM, es el momento que acta en la seccién CC’ que dista s del origen. y 1 es el brazo me- cénico, el esfuerzo de compresién N.que actiia en C” sigue siendo La modificaci6n, bastante elemental por cierto, es la de que el esfucrzo de traccién de las armaduras Nes (2) 757 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Las piezas cuando en realidad y segiin (11-4) estas distancias podrian ser menores. Con esta simplificaci6n se dibujan las curvas bse y bajr'a afines a la bre y r’b: respectivamen- te, Obsérvese que, en todos los casos y en razén de la inclinacién de una posible grieta, las traslaciones se efectian en el sentido de los momentos decrecientes, sen- tido que, lgicamente, es el més desfavorable por implicar un mayor desarrollo o longitud de la barra que se intenta anclar por ser ya innecesaria su presencia. Si algunas barras no se cortan es porque se utilizan para situar los cercos y mante- nerlos en su correcta posicién. Los puntos de doblado F’, G’, G”, F”, se corres- ponden con las respectivas intersecciones {’, 2". £". del diagrama de esfuerzos ya cesplazado en la forma anteriormente indicada. 11,3 Transmisién de cargas Salvo escasas excepciones puede decirse que el proceso de construccién de una estructura es el inverso al orden seguido en el célculo de las piezas que la compo- nen. Lo primero que se construye es la cimentacién, las zapatas y los pilotes si los hubiere, elementos que son, precisamente, los tiltimos que se calculan, El célculo comienza por Ia cubierta y, en general, por aquellas piczas que no soportan otras ya que, si ast fuere, seria preciso calcular primeramente ese elemento resistente para precisar su peso propio. Esta l6gica ordenacién del cdiculo nos indica que las cargas de servicio actian sobre una pieza, generaimente una losa o elemento bidimensional, que, al estar sus- tentado por otra, le transmite esa carga denominada reaccién de apoyo. A su vez, Ja viga sustentadora de la placa transmite su reaccién a otra viga, a una columna, 2 un arco 0 a una béveda que, de un modo més o menos directo, se encarga de encauzar las cargas recibidas para transmitirlas a la cimentacion. Como norma general, cuanto mas directo sea ese camino de las cargas para llegar al terreno, més econdmica serd la estructura. Algunos proyectistas mundial- mente conocidos, hacen de este principio bisico, el criterio generador del diseiio estructural. La biisqueda de la solucién més idénea a un determinado problema constructive, la disposicién mis adecuada del entramado y ta forma de las piczas en si, constituye lo que usualmente se denomina por tipologia estructural 11.3.1 Cargas transmitidas por las placas Cuando una losa estd sustentada por dos vigas paralelamente dispuestas como apoyo de ese elemento plano, la transmisin de la carga no suele ofrecer dificultad alguna en su valoracién, pero cuando es un emparrillado lo que soporta el elemen- to plano, esa placa, apoyada en sus cuatro bordes, resulta sometida a una flexion bidireccional. En estas condiciones, las reacciones de borde de la placa o la transmisién de cargas a las vigas que la delimitan dependerd del tipo de sustentacién (simple apo- yo, empotramiento, anclaje de las esquinas) asi como del indice de plasticidad al- canzado por las deformaciones engendradas. El desconocimiento en la sucesién y duracién de unas cargas que suponemos uniformemente repartidas, nos permite aceptar la solucién simplificada de suponer 761 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Las piezas Figura 11-7, chada de cemento se eseapa por esa ranura durante la vibracién de 1a viga, dando lugar a unas rebabas que afean e! nudo (fig. 11-7b). Desde un punto de vista practico, un segundo inconveniente complica la colo- cacién de las armaduras. Puesto que su recubrimiento suele ser el mismo, las barras longitudinales de la viga que distan del paramento vertical el recubrimiento cy, cho- can en el nudo con las barras verticales de la columna, también distantes cy del mis- mo plano vertical. Para resolver este encuentro no queda mds remedio que despla- zar unas u otras, dificaltad que no es tan sencilla como parece dado que la distan- cia entre las barras horizontales de la viga sucle estar limitada a la minima sepa- racién posible para poder disponer en una sola capa las barras necesarias para ab- sorber el momento negativo correspondiente al nudo. Uno y otro inconveniente se solventan dimensionando la viga con una anchura distinta a la de la columna (fig. 11-8). La arista de la columna aparece ahora limpia Seecién horizontal b) Figura 11.8. 765 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Las piezas Figura 11-15. dintel como consecuencia de su previsible giro, es una distribucién de tipo triangu- lar (fig. 11-15), to cual significa que la resultante o ¢je virtual de apoyo, se sitiia al tercio de la entrega de la viga o distancia desde el borde del paramento de apoyo, a la culata o cara extrema de la viga. Es, a partir de este eje, donde debe medirse la longitud de anclaje de las barras que constituyen la armadura principal, una ar- ‘madura que, como minimo, deberd tener una seccidn de acero igual al tercio de la necesaria en el vano. Dado que la viga transmite la carga al muro o columna por simple apoyo, todos los momentos son positivos. Un problema similar se plantea cuando el apoyo de una viga se realiza sobre otra, Con independencia de la torsién que la segunda sufre por el momento ejer- cido por la primera, vuelve a plantearse el tema referente a la definicién del origen a partir del cual se cuenta la longitud de anclaje. Como en el caso anterior se en- tiende que ese origen se establece en el ee ideal que dista, de la cara interior, un tercio de la anchura b de la viga sustentadora (fig. 11-16). , wt oe Figura 11-16, 769 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Las piezas Figura 11-22. Fig de sustentacién, y aunque normalmente se recomienda o prescribe que tal apoyo debe hacerse, al menos, sobre una junta de mortero de asiento y reparticién, no siempre se cumple este requisito que parece indispensable. En ausencia de esa al- mohadilla, la vigueta se apoya sobre las irregularidades de la superficie sobre la cual se asienta, credndose reacciones muy localizadas especialmente en la esquina del borde de sustentacidn, con riesgo de que se desportille cuando la vigueta flecta por la accién de las cargas que soporta (fig. 11-22). En su giro, para que la vigueta no se apoye en el borde, se requiere una ade- cuada sustentacién en el eje del apoyo (fig. 11-23). Para que la esquina de la placa de asiento tampoco se desportille bajo la presién ejercida durante el giro, hace falta que cl material que compone la placa no sca quebradizo ni fragil, sino duetil y ma- leable para aceptar esa rotacién del intradés de la viga. Durante mucho tiempo se ha venido utilizando el plomo como material dictil para permitir esos giros. Cuando, ademas, se debia permitir movimientos horizon- tales entre vigueta y apoyo, la placa se dividia en dos, una superior y otra inferior, confiando a la lisura de la superficie del plomo la posibilidad de un deslizamiento entre ambas placas. Dado que las aleaciones de plomo utilizadas para estos fines poseian un limite de plastificacién de 7 a 8 MPa, las placas se dimensionaban para una tensién maxima admisible de 6 MPa. El hecho de que el plomo presentase unas acusadas deformaciones lentas con el paso de los afios, asi como su variable coe- ficiente de rozamiento por envejecimiento, hizo que el plomo se abandonara por completo para ser sustituido por otras soluciones y materiales mas ventajosos. 11.6.1 Rétulas metélicas Esencialmente un apoyo mévil metalico consiste en un cilindro macizo de ace- 10 de didmetro ¢ y longitud b interpuesto entre dos placas planas del mismo ma- 773 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. 778 Las piezas Figura 11-29, les causadas por los esfuerzos horizontales que en el interior del macizo se desarro- lan. Con el fin de expresar el mecanismo previo a la rotura, en la figura 11-28 se han representado con linea de trazos la situacién inicial y con linea continua el con- torno del sélido deformado por la penctracién de la cufia. Con esta descripcién f4- cilmente se comprende que el mejor modo de robustecer ta resistencia del macizo a la penetracién de la placa de reparto es la de disponer una armadura transversal que dificulte el avance de la cufia dfe (fig. 11-29). Ain cuando los ensayos presentan una gran dispersién en sus resultados, la formula Age = oni -4) (11-20) que determina la seccién A, de la armadura transversal indicada en la figura 11-29, constituye la expresién de que el esfuerzo limite ultimo iN, estd retenido mediante la absorcion de los esfuerzos de traccién por la armadura situada en la direccién de esas tensiones transversales, La disposiciéa de la armadura en una o en dos ca- pas depende de la cuantia deducida por la aplicacién de la férmula (11-20) cuya notacién aparece en la figura de referencia. Perpendicularmente a la armadura A; se disponen unas barras secundarias de reparto cuya cuantia suele ser la cuarta par- te de la armadura principal As. La disposicién en més de dos capas parece ineficaz por situarse las barras de las capas inferiores fuera de la zona més afectada por la penetracién de la cufia dfe (fig. 11-28). El conjunto de barras forman asi una o mas parrillas, Tanto en el caso de que el macizo de apoyo forme parte de un estribo como en el caso de ser parte integrante de una pila o columna, el macizo estard armado por un conjunto de barras verticales que ascienden hasta su coronacién (igs. 11-28 y 11-29). Las parrillas podrdn asi atarse a dichas barras verticales. Fre- cuentemente, y en especial cuando las barras de estas parrillas sean delgadas (did- metros inferiores a los 16 mm) puede convenir anclarlas en su propio plano hori- zontal mediante la disposicién que, en planta, se representa en la figura 11-30. Llegado a este punto parece necesario insistir en un concepto que tiene un in- dudable valor practico. La férmula (11-20) aparece como Ja definicién de una ar- Las piezas Figura 11-31. madura que podri calificarse de cautelar ya que apareja el concepto de que esas barras absorben unas tracciones potencialmente distribuidas en la coronacién del macizo de apoyo. Si esa es la razén de su existencia, tal armadura representa un valor minimo, un umbral rebasado el cual su accién debe dejar de semtirse de algdn modo. Al igual que ocurre con los cercos de una columna, una armadura transver- sal sobreabundante debe mejorar la capacidad mecinica del elemento asi reforza- do. Una serie de parrillas, dispuestas en la proximidad del apoyo, en una profun- didad igual a (h~ a), debe mejorar la capacidad resistente de ese apoyo. ‘Como este planteamiento supone abrir un inciso sobre un tema que es comin 4 otros tipos de apoyo, se estima preferible dejar para mds adelante este detalle cons- tructivo. Baste, por ahora, con decir que en el apartado 11.6.5 de este mismo ca- pitulo, se tratard este tema. Como se verd la disposicién de parrillas en forma de buctes (fig. 11-30), puede mejorar la capacidad resistente del apoyo. 1.6.1.4 Al definir la anchura a de las placas metdlicas en contacto con el rodillo se ha dicho que tal anchura es itu siendo +u el recorrido previsible. Ante la posibilidad de que tal parmetro se interprete como el simple acorta- miento o dilatacién térmica de la viga, conviene puntualizar las siguientes pre- cisiones. 1, Evidentemente, la variacién térmica es un pardmetro que interviene en la magnitud del movimiento relativo de un elemento respecto al otro. Dada la inercia térmica del hormigén, las variaciones diarias no influyen y sélo resulta afectado por las oscilaciones estacionales. En ausencia de datos més precisos algunas nor- 779 780 Las piezas ‘mas europeas proponen, como variacién térmica previsible, la oscilacién AT = £(20- 0,75Vb) (1-21) en donde AT es la variacién, en grados centigrados, de la temperatura interna de la masa, y b el espesor del elemento que se considera, expresado en centimetros. En estructuras abrigadas de la intemperie estos valores pueden reducise a la mitad y en obras enterradas puede incluirse en el espesor del elemento resistente el corres- pondiente a la capa de tierras que lo recubre y aisla del exterior. Dado que la es- tructura suele estar formada por piezas de distinto espesor, se admite, a efectos del cdlculo de los efectos producidos, una tolerancia de ++5°C en los valores resultantes. Partiendo de este dato o de otros mas fidedignos, pueden calcularse las varia- ciones de longitud de un elemento isostatico suponiendo que, en condiciones nor- males de temperaturas ambientales, el coeficiente de dilatacién térmica del hormi- g6n es, como término medio, igual a 10 millonésimas pot grado centigrado. Si L es la luz de la viga, la variacién de longitud por esta causa serd uy = +10°LAT (11-22) 2. La retraccién supone una segunda modificacién de esa longitud. Del mismo modo que en el caso anterior el acortamiento previsible sera up =~eaL (11-23) En general, la suma de estos dos movimientos rara vez conduce a unos alar- gamientos y si frecuentemente, a acortamientos del orden de uy tun = S000: (11-24) 3. En el caso de piezas isostéticas con un apoyo fijo y otro mévil (fig. 11-25), Ja flexién producida por la accién de las cargas ocasionan unos giros B y Bu en los apoyos fijo y movil respectivamente. En el primero de ellos (fig. 11-32) us= nn’ = v'Br (11-25) Apoyo filo Figura 11.32. Las piezas PARE 3 siendo v' Ia distancia de la fibra neutra al borde inferior de la pieza. En el segundo, la distancia bb’ no es igual a us debido a la curvatura de la directriz. La longitud del arco es igual a la distancia nb = L; la cuerda es algo menor. Asimilando la di- rectriz a una pardbola de flecha f puede escribirse que ab=L-$£ (1-26 Ys Por consiguiente bb’ =u; - $f (l-27) Designando por ¢ el primitivo centro de la placa de apoyo y por e’ el mismo centro después del giro registrado por los apoyos, la distancia ec’=u’ seri 8f uw =u-$-E4 vp. =v8r+ Be) 3L (11-28) Obsérvese que el centro del rodillo sdlo se desplaza la mitad del recorrido wu’. Finalmente u=utmtu (11-29) Si una viga estuviera sometida a la accién de una carga p uniformemente repartida —p Pl SpL* Be= B= sapp f= 3RaRT _ ler Bo = B= ~r (11-30) f . Le 2,67f) Como puede observarse, mientras que el movimiento uz es negativo (retrac- cién), el u’ es positivo y, habitualmente, superior a uz. Puesto que u} fluctiia entre un maximo positivo y un minimo negativo, w: entre un méximo que es cero y un minimo, y w’ depende de los giros ereados por las cargas, el valor total de u flu tuard entre un minimo uy y un maximo uy. La minima anchura a de la placa seré a=a’tun-Un (11-31) Una observacién que parece oportuno considerar es la circunstancia de que to- dos los valores utilizados para la definicién de los recorridos wi, 2 y u’se basan en unas hipdtesis de servicio. En consecuencia, o bien se adoptan unas dimensiones de a mayores que las deducidas como minimas, o bien se valora el posible movi- miento del rodillo partiendo de unas hipotesis de carga, retraccién y oscilaciones térmicas superiores a las previstas a fin de garantizar un conveniente margen de seguridad. 16.1.5 La hipétesis consistente en suponer que las cargas que actian sobre el dintel 781 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Las piezas Pintura adhesiva Figura 11-39. caracteristica de los neuméticos de los automéviles. Morfolégicamente las planchas suelen ser losetas de 10 a 60 em de lado y uno 0 dos centimetros de espesor h, cada una, El mimero de placas individuales que es necesario superponer para formar un apoyo, asi como las dimensiones de elas, se determinan en funcién de la magnitud de las cargas y de los movimientos y giros previstos entre el dintel y el apoyo No siempre las planchas metilicas, introducidas con la finalidad de coartar la dilatacién transversal del bloque (fig. 11-39), se colocan en el interior de cada pla- ca. Algunos suministradores fabrican las placas en forma de emparedado de plan- cha-caucho-plancha. Al quedar las planchas metélicas en la superficie superior ¢ in- ferior de cada placa, se recubren de una pintura adhesiva que, al tiempo que me- Jora su proteccién y conservacién, impide el deslizamiento de cada placa con la ad- yacente (fig. 11-40), No cabe aplicar, a estos aparatos de apoyo, la denominaciéa de fijos o de mé- viles. En realidad, todo depende de su altura, es decir, del ntimero de losetas de caucho apiladas. El bloque formado por la superposicién de estas placas constituye un prisma eldstico de gran deformabilidad en direccién horizontal en virtud del bajo modulo de rigidez tangencial G del neopreno, un médulo que suele oscilar entre 1,5 y 2 MPa bajo cargas instantaneas, que se reduce a la mitad bajo cargas lentas y que aumenta fuertemente cuando la temperatura ambiental desciende por debajo de los -30°C (fig. 11-41). Bajo esfuerzos de compresidn, la deformabilidad del cau- cho armado depende de la magnitud relativa de la carga y varia con el formato de Jas placas, la separacién entre las planchas metilicas y el espesor de unas y otras. De un modo aproximado puede decirse que el médulo de elasticidad medio es del orden de los 600 MPa y que el coeficiente de fluencia para cargas de larga duracién 785 ‘especial « ‘Caucho pegado entre ‘dos ldinas de acero Midulo de cigider G Figura 11-40, Temperatura Figura 11-41. 786 Las piezas Bee Ta ee ; : “BILE xa —¥ _ fos 1 1 + a4 Figura 11-42. Figura 11-43, puede ser de 1,5. Bajo carga estitica centrada los ensayos muestran carges finales de rotura del orden de los 200 MPa. No obstante, dado el tipo de trabajo a que estas placas estin sometidas y el alto coste de una sustitucidn en relacién con su precio, en la practica se limita la tension de compresion media a unas cargas tan reducidas como 10 MPa. Como puede observarse el caucho sintético es un material que presenta un médulo de rigidez transversal G extraordinariamente bajo en re- lacién con su médulo de elasticidad, y que, incluso este iltimo, es, a su vez, muy bajo en relacién con la carga de compresion que el material puede aceptar sin agrie- tarse 0 destruitse Estas particulares propiedades mecdnicas determinan la aptitud del bloque de neopreno para aceptar desplazamientos importantes entre sus cargas exiremas y apreciables giros entre las mismas (fig. |1-42). Ciertamente que, en estos tiltimos casos, se produce una evidente excentricidad de la carga, pero esta excentricidad puede considerarse como despreciable mientras el bloque de neopreno tenga 1a su- ficiente altura como para permitir los giros admisibles definidos en las tablas XXIX y XXX. Como consecuencia, toda rotacién comprendida dentro de los citados li- mites excluye la posibilidad de que la cara superior del bloque se despegue, al me- nos parcialmente, del intradés del dintel (fig. 11-43), 16.2.1 En principio puede decitse que son tres las dimensiones a, b y H (fig, 11-38) que se hace preciso determinar en funcidn de las cargas actuantes. Mientras que sdlo son tres las incégnitas, los datos son muchos mas: Reaccién vertical maxima previsible N, Reaccidn vertical minima previsible ny Reaccién horizontal longitudinal Fy Reaccién horizontal transversal F, Desplazamiento horizontal longitudinal u Desplazamiento horizontal transversal y Giro maximo principal de flexién Be Giro maximo transversal de torsion By Las piezas Dejando los parsimetros n,, Fs, F, para una comprobacién final y suponiendo, como es lo mas frecuente, que el desplazamiento transversal (paralelo a la dimen- sién b) sea muy pequefio, quedan, como pardmetros principales, N., u, Bs ¥ By. Llegado este punto parece necesario establecer unos principios previos al pro- ceso operatorio, Los pardmetros considerados como datos del problema son las car- gas, giros y traslaciones maximas previsibles de servicio. Ahora de nada sirven las condiciones tiltimas de agotamiento resistente. Dos son las razones que motivan este planteamiento. La primera se basa en el hecho de que es mas exigente una ten- sién maxima admisible de 10 MPa que una carga de rotura 20 veces mayor. La se- gunda, porque mientras es razonable dimensionar un apoyo para un giro de servi cio, gito implicitamente vinculado al valor limite de una flecha maxima de utiliza- cién, ambos parémetros, giro y Mecha, no tienen unos valores limites cuando se tra- te de unos estados de rotura. Efectuada esta aclaracin, legaremos a la consecuencia de que la seccién de la placa debe ser eX (11-33) siendo om una tensién admisible comprendida entre 10 y 15 MPa segiin la relacién a/h, entre la anchura y el espesor individual de las losetas o placas de caucho que componen el bloque de neopreno. Intuitivamente se comprende que cuanto menor es la anchura a mayor es el giro permitido A, (fig. 11-42). Por otra parte, el despla- zamiento longitudinal admisible u esta directamente vinculado a la altura total H del bloque H=mby tha = 0,7H (11-34) siendo m ei niimero de losetas individuales que, apiladas, componen el bloque. A estos efectos conviene resaltar el hecho de que no siempre la minima anchura a es la solucién que permite una mayor aptitud para el giro porque, estando b vincula- da con aa través de la ecuacidn (11-33), un pequefio valor de a supone una dimen- sién b muy grande, circunstancia que reduce fuertemente el giro transversal By com- patible con esa dimensién. Un plateamiento relativamente riguroso del problema elistico determinaria unas dimensiones estrechamente vinculadas a las caracteristicas mecénicas del cau- cho siniético empleado por el fabricante. Dada la necesidad de disponer de unos amplios mérgenes de seguridad frente a la rotura y dada la conveniencia de ajustar las dimensiones a los formatos comerciales, parece que la mejor solucién consiste en proceder a un predimensionamiento de la placa lo suficientemente aproximado y conservador para dejar al suministrador la posibilidad de un segundo ajuste, mas afinado, en funcidn de la calidad y earacteristicas mecdnicas del producto fabricado. Partiendo de estos principios las adjuntas tablas XXIX y XXX se ordenan en funcidn de las dimensiones comerciales mas comunes o tipificadas dentro de las ga- mas de secciones rectangulares o de placas circulares. En el caso de las primeras, deniro de cada grupo de dimensiones a Xb se distinguen varias composiciones que determinan diferentes alturas H del bloque. Para cada subgrupo a X bX H se indi- can, no sélo fa carga N, maxima admisible, sino también los desplazamientos u per- 787 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Las piezas Tabla XXIX (continuacién) Dimensiones de las placas de neopreno Longi- | Anchu- | Altu-] Carga | Bespia- | Giro (milésim. | N° | N° tud ra ra | admis. | zamien- de radian) ca- | cha- is sobre | sobre | P&S me mm mm mm MN mm b a | b H N ” B, m | 450 | 600 69 4,0 a 8 5 4 5 450 | 600 | 84 | 40 | 42 10 6 | 5 | 6 450 600 99 40 50 12 7 6 7 450 600 M4 37 14 g& 7 8 450 | 600 | 129 6 6 | 9 | 8 | 9 500 600 24 ML 2 1 1 2 500 | 600 | 39 19 4 2]; 2 | 3 500 600 34 27 6 4 3 4 500 600 69 M4 & 5 4 s 500 | 600 | 84 2 w | 6 | 3 | 6 500 600 99 0 12 7 6 7 500 600 14 aE 14 8 7 8 500 | 600 | 129 6 w | 9 | 8 | 9 500 | ovo | 144 B is | tw | 9 | 0 600 | 700 | 30 14 2 rf i [2 600 700 30 24 4 2 2 3 600 700, 70 35, 6 4 3 4 600 | 700 | 90 45 8 s|4|s5 600 70 | 10 | 56 10 6 5 6 600 | 700 | 130 6 12 7) 6]7 600 | 700 | 150. | 7 14 8 7 8 600 | 700 | 170 a7 16 ¢ | 8 | 9 mitidos y los giros , ¥ B,, expresados en milésimes de radiin, compatibles con esas dimensiones. A titulo puramente indicativo se aifade una posible descomposicién en placas individuales, descomposicién que puede alterarse en funcién de las ca- racteristicas propias del fabricante Al igual que en casos anteriores, encima y debajo del aparato de apoyo debe- rin colocarse las oportunas parrillas de reparto de cargas en el hormigén del dintel y del macizo de apoyo. 1.6.2.2 La estimacién del giro Px sufrido por el dintel puede hacerse de diferentes for- mas. Si la viga, simplemente apoyada, estuviera sometida a una carga que pueda suponerse uniformemente repartida, la expresién pL* 24ET 789 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Las piezas En ocasiones pueden plantearse casos en los cnales sea conveniente conocer el valor de la carga transversal maxima que la placa de neopreno puede retener, bien porque su deformacién tangencial alcance el desplazamiento angular limite de tey= qs 07 © bien porque la componente transversal F: 0 F, haga deslizar la pieza sobre el apo- yo por haberse rebasado él valor limite del rozamiento entre placa y hormigén. A estos efectos conviene precisar que este coeficiente de rozamiento varia con la mag- nitud de la presién ejercida. Denominando o a esta presién unitaria expresada en MPa (N/mm’), el coeficiente gs de rozamiento obtenido en diversos ensayos para valores de o inferiores a 5 MPa es, con suficiente aproximacin (11-42) por consiguiente, con que una fuerza horizontal actie sobre el apoyo cuando la carga normal N, sea muy pequefia, para que pueda producirse tal desli- zamiento. Efectivamente, la carga vertical minima compatible con una carga hori- zontal maxima puede no ser tan pequefia como para permitir tal deslizamiento, pero la posibilidad de que tal circunstancia concurra en determinados casos, es evidente. Para restaurar esta posible falta de estabilidad del conjunto, los fabricantes de placas recurren a diversos artificios. Uno de ellos consiste en disponer una destiza- dera que impida todo movimiento transversal a ella, dejando plena libertad al resto de las rotaciones y traslaciones relativas. Como es obligado, unos pasadores, em- butidos en la viga por un lado y en la columna o estribo de apoyo por el otro, im- piden, con su anclaje, todo deslizamiento del aparato de apoyo (fig. 11-45), condi- cién indispensable para conseguir la finalidad deseada. Como puede apreciarse en la figura 11-45, ef disco de neopreno de didmetro @ y espesor H puede estar supe- riormente recubierto por una lamina de teflén en contacto con un espejo de acero inoaidable que reduce a un minimo el rozamiento entre ambas superficies, o bien todo el interior del dispositivo, contorneado por unas prensaestopas, queda sumer- gido en un recinto relleno de un lubricante especial. 1.6.2.3 Con la sola excepcidn de casos muy especificos y particulares, las placas de cau- cho sintético suelen disponerse sobre unas superficies horizontales. Cuando, como es muy corriente, se alinean varios aparatos de apoyo sobre una superficie alargada (paramento superior de un muro o estribo), convendra corregir los defectos de ho- rizontalidad, paralelismo y desnivelaciones que presente dicha superficie. A estos cfectos se recomienda situar las placas de neopreno sobre mesetas dispuestas en la coronacién del macizo, hormigonadas en una segunda fase y depositando las pla- cas cuando todavia esté fresco el mortero de asiento para ser niveladas con la pre- cision que requiere su estricta altimetria. Frecuentemente la placa de neopreno se la sittia con la ayuda de un marco de madera del mismo espesor, marco que pos- teriormente se retira una vez endurecido el microhormigén © mortero de asiento. 793 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Las piezas El hecho de que algunas normas, como la britinica, admitan en el cuello ten- siones mayores que las que se deducen de la aplicacién de la fSrmula (11-45), obli- ga a una explicacion del mecanismo que se esta considerando, Dado que la formula (11-45) aparece como una definicién conservadora del an- cho a del cuello, una primera solucin que se nos ofrece es aceptarla como tal con la seguridad de que, en esas condiciones, no van a surgir problemas en la estabil dad de la rétula. De aceptarse este criterio no queda mas que disponer, bajo el cue- Ho, unas armaduras transversales, como ya se propuso para las articulaciones me- télieas, cuya seceién A, queda definida por la ecuacién Ade =03nn{t-2) aan Como ya se ha indicado, estas barras, dispuestas en uno o dos planos, se sittian, a uno y otro lado del cuello, paralelamente a la anchura a. Perpendiculares a ellas, formando una parrilla, se disponen otras barras secundarias cuya capacidad mecé- nica sea de! orden del 20% al 25% de la capacidad (11-47). Si por cualquier motivo conviniera reducir ta anchura del cuello, parece evi- dente que, de algin modo, habria que reforzar esa articulacién. Si el macizo no estd facultado para soportar la carga con los margenes de seguridad previstos, pa- rece obligado armar ambos lados de! cuello con unas barras que, zunchando dichos bordes, aumenten la capacidad mecdnica que ha resultado insuficiente. Sea url perimetro, desarrollo o longitud de la barra que, con trazo continuo, forma los bucles representados en la figura 11-30: sea A, la seccién de esa barra, Ac = bh la seccién de hormig6n y Aq = bsh; el drea de! micleo zunchado. Sis, es la distancia entre planos de parrillas (fig. 11-48) extendidas en una altura h a uno y otro lado del cuello, la capacidad resistente de las piezas YN, = abBiles (11-44) resulta incrementada en (11-48) (11-49) siempre que a> (11-46) estas articulaciones en la casi totalidad de las veces que se han construido. El hecho de que en los ensayos efectuados 0,33h 2a 20,th 1<0,2a t<25 mm (1-50) 797 aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. aa You have either reached a page that is unavailable for viewing or reached your viewing limit for this book. Las piezas Un primer tipo de parrillas consiste en disponer las barras de tal modo que ellas absorban los esfuerzos de traccién creados bien sea por la curvatura de las isostaticas de compresién o bien por la penetracién de la cufia representada en Ia figura 11-28, Si denominamos a a la anchura, paralela a la dimensién h del macizo, donde actiia 1a carga concentrada, la armadura necesaria resulta ser (fig. 11-29) Ache oawn(t - 4 (11-20) Ortogonalmente a las barras de seccién A, suelen disponerse otras que formen una cuadricula con las anteriores, de didmetro mitad para que si la separacién es la mis- ma, la cuantia de estas diltimas sea la cuarta parte de las primeras. La disposi de esa cuadricula 0 malla reticular en una o mas capas dependerd de la magnitud de la seccién A, de la armadura principal (fig. 11-29). Figura 11-54. Una segunda solucién consiste (fig. 11-54) en reforzar el apoyo mediante la di posicién de un zuncho formado por la sucesién de partillas separadas entre si a in tervalos regulares. Si denominanos s, a esa separacién, b. y h; las dimensiones que determinan el area Ac = bh: del niicleo zunchado (fig. 11-55) y u, la longitud o desarrollo de la armadura prin- cipal Az (fig. 11-55b), la capacidad resistente de la biela 0 macizo N= dhs + Ante (11-57) 601