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De entre los varios métodos más eficaces utilizados

actualmente para inducir a que las personas –sobre todo


las masas– prefieran determinados productos se encuentra
la publicidad. Como una espada de doble filo, por un lado
tenemos que las ventas de dicho producto aumentan
inexorablemente. Pero por el otro, no importa si ese
producto es dañino como en el caso de los cigarrillos.

El término “publicidad” se
circunscribe generalmente al
ámbito comercial.
La propaganda es casi la
misma cosa, pero su
aplicación comprende no el
área comercial propiamente
dicha, sino el político.
Considerado como el padre de la
propaganda, Paul Joseph Göbbels nació
en 1897 y se suicidó junto a su esposa
luego de que esta hubiera matado a sus
seis pequeños hijos en mayo de 1945.
Político alemán, ministro de Propaganda
Nazi, figura clave en el régimen y amigo
personal de Hitler, fue uno de los
principales oradores del Tercer Reich e
ideólogo de las actuales gigantografías
que vemos por las calles de cualquier
ciudad del mundo.
Y parecería un contrasentido de tanta grandeza porque a los
4 años, Göbbels sufrió de osteomielitis que le atrofió la
pantorrilla derecha y le dejó levemente cojo. Debido a esto y
a su corta estatura, sus adversarios le apodaron
“ungebleichter Schrumpfgermane" ('germano achicado sin
blanquear').
Pero pese a su minusvalía, el
joven Joseph fue el mejor de
su promoción en el colegio.
Y posteriormente estudió no
en una, sino en ocho
universidades. Y pensar que
cuando se presentó como
voluntario al ajército alemán
en la Primera Guerra Mundial
fue rechazado… ¡por cojo!
Cuando Hitler asumió el gobierno
en 1933 Göbbels fue declarado
ministro de propaganda e
ilustración popular. Mediante la
propaganda, Göbbels divinizó a
Hitler, promovió el odio a lo
extranjero, al comunismo y al
judaísmo. Controló en adelante la
literatura, la prensa, el teatro, la
radio, las bellas artes y el cine.
Con su talentosa retórica creó la
mayoría de los discursos de Hitler,
ideó la propaganda radiofónica y
el Ministerio de Propaganda y fue
la cara visible y el portavoz del
nazismo. Fue uno de los
personajes con mayor poder en el
régimen.
Göbbels debía
impedir que
saliera a luz la
información
del exterior.
Era también el
encargado
de promocionar o hacer públicos los avisos del
gobierno. Usó mucho lo que hoy en día se conoce como el
márketing social, ensalzando muchos sentimientos de
orgullo, promoviendo odios y convenciendo a las masas de
cosas muy alejadas de la realidad.
Empleó otras técnicas y métodos, como el de hacer esperar
al público alemán por las noticias en tiempos de victoria para
crear un fuerte suspenso y lograr que, cuando recibieran las
buenas nuevas, la alegría fuera más duradera.
Promovió la fe firme en la
victoria final entre el pueblo
alemán; tarea que se hizo más
difícil a partir de 1943, con los
signos inequívocos de que se
estaba perdiendo la guerra.
Tuvo un papel determinante
en que fallara el atentado
contra Hitler y difundió por
radio que el golpe de estado
había fracasado, lo que
demostraba que Hitler y
el Tercer Reich eran
invencibles.
Los bombardeos aéreos de
los aliados destruyeron
numerosas ciudades del país y
Göbbels procuró que la
indignación causada no se
dirigiera contra el gobierno
propio, sino contra los atacantes.
Cuando las noticias de los frentes
no podían ocultar las derrotas
militares con eufemismos,
Göbbels apeló a la solidaridad, la
confianza y la voluntad de vencer.
Esta campaña propagandística culminó en la famosa reunión
del 18 de febrero de 1943, en la que el representante del
régimen nazi proclamó “der Totale Krieg” o Guerra Total en
el Palacio de Deportes de Berlín.
“Durante la caída de Alemania,
Göbbels siguió haciendo creer
al pueblo que la victoria
llegaría finalmente.”
El 20 de abril, luego de una cruenta batalla
eleccionaria, los miembros del partido tuvieron que
aceptar que la Guerra indudablemente estaba perdida.

Las décadas en el poder hicieron que los gobernantes


creyeran que el color de su bandera sería más que
suficiente para obtener la acostumbrada victoria, pero
no fue así porque en esta oportunidad la propaganda
estaba en su contra
Ya sea por el mal desempeño de sus líderes, o por
el cansancio de la opresión económica a la que
habían sometido a los ciudadanos, o por las
desigualdades con las que subyugaron a propios y
extraños, o por no ver la realidad o por deambular
en su halo de divinidad tipo hitleriana o por
fomentar egoístas riquezas en vez de progreso, la
derrota fue consumada.
Desacostumbrados a la llanura, los referentes del partido en
principio minimizaron el hecho y alentaron a sus soldados a
seguir adelante sin tener en cuenta el aspecto logístico,
fundamental para cualquier campaña en la que se pretende el
éxito.
Como primera medida
recurrieron a la enseñanzas
de Joseph Göbbels
organizando una campaña
propagandística de
descrédito hacia los
ganadores argumentando
que no tenían experiencia
para gobernar … sin
reflexionar que justamente
esa “experiencia” de la que
ostentaban era la que les había hecho perder la confianza de
la gente.
Salieron a luz los trapos sucios de orden moral, pero no
causaron el efecto deseado porque la gente ya sabía
distinguir las diferencias.

Seguidamente, para mermar una imagen esperanzadora


implantaron la frase “Toda la culpa es de él”. Y así, bien
actuase hacia la derecha estaba mal, y si fuera hacia la
izquierda, también. Pero pronto también esa estrategia
cansó a los pensantes.
Casi al borde de la desesperación, se les ocurrió
obstaculizar cualquier intento de progreso. Es evidente
que si “los nuevos” hacían bien los deberes, iba en
directo detrimento del partido. Sin pensar quizá, que eso
tiene una definición muy vil: traición.
¿Será que los jefes del partido sólo vislumbran una inútil y
desgastante guerrilla de contrapropaganda en vez de planear
una verdadera batalla para recuperar la victoria?
¿Están tan ciegos que no pueden ver que el enemigo no está
afuera del partido, sino dentro?
Jamás hicieron un “mea culpa” de las verdaderas razones de
la derrota y con lógica simple sólo se dedicaron a buscar
culpables. No buscaron, juzgaron ni castigaron a los
corruptos y pretenden seguir con esos mismos generales en
la próxima batalla.
El descrédito es la imagen del partido por causa de sus
líderes. Y no hacen más que buscar respuestas infantiles que
no convencen a nadie. Ni a ellos mismos porque cada vez se
dividen en más facciones.
Sin ninguna duda Göbbels en el siglo pasado fue un
brillante estratega de masas. Con discursos, con mentiras,
con gigantografías, con medios de comunicación logró
canalizar las ideas y dirigir los esfuerzos hacia el brete de
su conveniencia.
Hoy hace falta más que eso. Hoy la gente cuestiona, se
forman redes sociales en internet en las que debaten y
cuestionan no sólo ideas sino acciones. No son suficientes
las promesas, sino los hechos.
La conciencia global está en marcha y la única posibilidad
de vencer que tienen los partidos políticos es con la
verdad.
Las figuras corruptas hoy sólo aglutinan desprecio y la
prueba es el 20 de abril.

Quizá no haya salido muy bien “el cambio”, pero tampoco


hay retroceso en la intención. Eso tienen que comprender
los partidos: dar ejemplo de honestidad, dejando de apañar
culpables de traición a la patria.
La conciencia global
está en marcha
y no hay marcha atrás.

Colaboración:
Prof. Armando D. Sastre
sinley.prensa@gmail.com
PhD Política http://sinleyprensa.blogspot.com/