F R A G M E N T O S

1

P E R D I D O S

2

Rubén Robles
FRAGMENTOS PERDIDOS

3

4 .

Fragmentos perdidos 5 .

RUBÉN ROBLES 1 .

RUBÉN ROBLES Labor de limpieza. le llamaban. 1 .

el que unos hombres mataran a su abuela a machetazos justo enfrente de ella. y. con la esperanza de encontrar los restos de sus familiares desaparecidos. algo mucho peor. entre sollozos. mientras Abraham hablaba de la importancia de los estudios de la memoria. Esa frase habían estado dando vueltas en su cabeza durante la conferencia. la volvió a pensar mientras todo el auditorio observaba el testimonio en video de una muchacha llamada Clarisa. Volvieron a su mente cuando uno de los expositores narró cómo las ancianas de Ayacucho aún se arremolinan cada vez que se descubre una fosa común. Rafael mira lo que acaba de escribir y asiente lentamente. 1 . fragmentos de una niñez perdida en la que tuvo que soportar cosas tan duras como la desaparición de sus padres. Con la libreta en la mano. una joven ayacuchana sobreviviente de una de las tantas matanzas. la cual contaba.FRAGMENTOS PERDIDOS 1 Terror era al fin y al cabo el nombre más adecuado para ese tiempo.

Tenía algunas docenas de esas libretitas de notas. y comprobando cómo una frase podía transportarlo con un eidetismo impetuoso a una lejana época de su vida. como si cayeran en un agujero negro. en la cual podía viajar unos años atrás para conversar con aquel muchacho que había sido. y. pues los papelitos simplemente desaparecían. frases sueltas que esperaba. En ocasiones las buscaba para llevárselas a la academia y leer entre clases. se quedaba maravillado. Realmente se divertía revisando esos escritos. sin habérselo planteado de manera explícita. por lo cual solía pensar que sus libretas eran algo semejante a una máquina del tiempo. repasándolas. cuando Rafael había tomado la costumbre de llenarse los bolsillos con cientos de papelitos en los que apuntaba algunas de sus ideas. durante sus años de estudiante sanmarquino. 3 .FRAGMENTOS PERDIDOS Fue en los años 1990. Pronto comprendió que aquel sistema no funcionaba. terminaban en el tacho de la basura o se traspapelaban hasta perderse en la nada. breves fragmentos inconexos. que algún día pudiesen desarrollarse hasta formar un todo. Por esa razón empezó a usar libretas diminutas. pues muchas veces le resultaba extraño que hubiera escrito algunas de las cosas que allí se contaban.

mientras bebían pisco en el Queirolo. la San Marcos de los años noventa. terribles y que quizá lo más resaltante era que en los relatos de aquella pobre gente resultaba casi imposible distinguir entre las alucinaciones. de edificios anticuados y carpetas vetustas. Mientras leía sus libretas. Profesores y alumnos hablaban de la destrucción violenta y sistemática de una civilización. Incluso un grupo de docentes había calculado a cuánto ascendería la deuda de España al Perú tras el pillaje de aquellos años. los sueños y los recuerdos. dolorosos. se cumplían quinientos años del arribo de los españoles comandados por Cristóbal Colón a América. 5 . Tras terminar los estudios dejaron de verse. volvía a sus años universitarios. y que de tanto oírlos. sin embargo. no se opinaba igual. Dentro de San Marcos. había conocido a Abraham. No era solo el oírlos. el año en que Abraham y Rafael ingresaron a la universidad. Rafael no dejaba de pensar en cuán curiosos habían sido aquellos tiempos. algo de su sufrir se le había metido en el alma a él mismo. Fuera de San Marcos voces apaciguadoras se referían al tema como el «encuentro de dos mundos». Cierta vez. a través de sus libretas. Había sido aquel. César Abraham Málaga del Carpio había sido famoso por su espíritu desenfadado y bromista. que se había sumergido en ese mundo y que estar allí era un camino sin retorno porque había demasiado por hacer.FRAGMENTOS PERDIDOS De esa manera. Abraham le contó que lo suyo eran los derechos humanos. cuando se encontraron. entre otras cosas. Abraham. era oírlos una y otra vez. Unos años después. el tiempo en que. en aquella universidad de San Marcos sembrada de alfalfares. En 1992. le contó de los testimonios de las atormentadas víctimas de la violencia que había transcrito para la Comisión de la Verdad. había sido una masacre so pretexto de culturizar a la sociedad andina para sacarla de un inexistente salvajismo. Se aseguraba que aquello no había sido un encuentro. Rafael notó que su amigo se había vuelto taciturno.

e imaginaba que era el único sobreviviente de un holocausto nuclear. Patrullas de uniformados revisaban el campus haciendo rondas como si se tratase de un cuartel militar. parapetados. Por esa razón los recuerdos de Rafael estaban asociados a soldados marchando dentro del campus con sus fusiles al hombro. tras los cuales. donde habían apilado muros de costales de arena. y a Peluca le gustaba sentarse en las tribunas vacías. En aquellos días Rafael ocupaba sus ratos libres paseando por el estadio de la universidad. Prefería ese momento porque todo era más tranquilo y era así que mientras la mayoría de estudiantes se disputaba la comida formando larguísimas filas para ingresar al comedor. y uno de ellos era San Marcos. No existían aún los muros que luego separaron el lugar del resto del campus y los alumnos llegaban hasta allí para estudiar o relajarse. la universidad había sido intervenida por el gobierno fujimorista. era conocido como Peluca. el cabello largo hasta la cintura. donde se dejaba estar sin hacer nada. Las autoridades universitarias habían sido retiradas de sus cargos y se había impuesto una comisión reorganizadora para cambiar el contexto universitario. Los militares tenían su cuartel general en el comedor universitario. un individuo condenado a vagar solitario por sobre las ruinas del mundo hasta que la muerte lo alcanzara. observaban incansablemente a los estudiantes. Con el fin de evitar revueltas estudiantiles ante el asunto. Iba a la hora del almuerzo. Entonces Rafael. La idea del gobierno era a todas luces desaparecer las ideas comunistas que abundaban en las universidades estatales. el Ejército había acantonado varios contingentes de soldados en los centros de estudios sospechosos de difundir esas ideas. y entonces escuchaba el viento que silbaba por sobre su cabeza y venía inevitablemente a su mente el estribillo de una canción de King Crimson sin que él lo evocara voluntariamente. Le parecía estar solo en el universo. 7 .FRAGMENTOS PERDIDOS El año anterior a que ellos ingresaran. Se acomodaba en algún lugar mientras su mirada se perdía en la nada del cielo. él buscaba en las tribunas un sitio desde el cual pudiera disfrutar de algunas sombras.

listas interminables de canciones. obligados a estar allí. If we make it we can all sit back and laugh. para no aburrirse y para evitar el suicidio. Yes I fear tomorrow I'll be crying. huyendo de la gente. aquel pobre diablo haría y desharía sus listas una y otra vez. But I fear tomorrow I'll be crying. Y Peluca los veía cuchicheando. Así. Allí sentado.FRAGMENTOS PERDIDOS Confusion will be my epitaph. pensaba en cuál sería su epitafio. Y pensaba que mientras caminara por ese mundo suyo. Los soldados eran chiquillos menores que él. y en cuán triste sería la vida de ese hipotético sobreviviente que no podría escuchar su música favorita. de alumnos que acudían a leer en las graderías y de cuadrillas de soldados que hacían rondas y se paseaban por el contorno. dando cientos de vueltas. deteniéndose a veces para ver cómo los enamorados se tocaban entre ellos. de futbolistas universitarios que improvisaban ruidosos cotejos en el amarillento césped. porque sería lo más estúpido autoeliminarse luego de haber sobrevivido a una hecatombe nuclear. Peluca se alejaba del estadio con las manos en los bolsillos. y las ordenaría cuidadosamente como si se tratase del soundtrack de su vida. viéndose condenado a evocarla de manera incompleta en sus memorias. dejando que su cabellera larga volara agitada por el viento y mientras andaba una pregunta venía una y otra vez a su mente. y él pensaba que quizá los pobres diablos esperaban recordar eso para masturbarse esa noche antes de ir a dormir en el segundo piso del comedor. Peluca se distraía pensando estas cosas hasta que tenía que irse porque el estadio se llenaba de parejas excitadas. combinando géneros musicales e intérpretes. Y Peluca se decía que el desastrado solitario haría selecciones enormes. As I crawl a cracked and brokenpath. ¿Qué le quedaría al sobreviviente el día que empezara a olvidar las antiguas canciones? 9 .

Efraín lo miró en silencio. avanzó a paso apurado dando grandes trancos. la sostuvo sin decir nada. El portero no bajó la mirada. Realmente no sabía quién era. ya fuera de la camioneta. Era tan alto que para observarlo Efraín tuvo que alzar la cabeza. pero cuando intentó pasar sin identificarse no lo había sabido. 11 . ¿Sabes quién soy yo? Al muchacho se le habían saltado más las venas del cuello. se colocó tan cerca de Efraín que aquel pudo sentir que a cada palabra una lluvia de saliva le mojaba el rostro—. pedazo de imbécil —el joven. Tenía las venas del cuello sobresaltadas y los ojos inyectados de odio visceral.FRAGMENTOS PERDIDOS 2 El joven. —Oye. hablando con una voz muy ronca. ¿Acaso tenía por qué saberlo? Sabía que era hijo del dueño porque se lo acababa de decir el jefe de mantenimiento.

las cosas habían demorado. volvió a increparlo. Como el joven. Sabía que lo que le decía era verdad. En voz baja le pidió disculpas y volvió a decir que no había sido su intención demorarse. calculó que ese chiquillo tendría unos veinte años. me cago en el puto protocolo —el joven se jaló el nudo de la corbata para aflojarla y a Efraín se le ocurrió pensar que se estaba estrangulando y por eso se le habían sobresaltado tanto las venas—. Viéndolo. sin embargo el otro le dio la espalda y emprendió la marcha hacia las oficinas a paso apurado.FRAGMENTOS PERDIDOS Alto. —Por la puta madre. mi viejo bota gente y yo también. pedazo de huevón. que nadie la había avisado de antemano que el joven Ferreiros vendría a la fábrica y que no había sido su intención hacerlo esperar demasiado. el portero se animó a contestar. Efraín lo escuchó refunfuñar que no entendía por qué su padre contrataba a unos serranos tan estúpidos para hacer trabajos para los que no estaban capacitados. y que la próxima vez abriría. en cuanto viese la camioneta. tras una breve pausa. —Pero el protocolo dice —porfió Efraín. lo que ocurría era que mientras consultaba si dejaba pasar la camioneta. —El protocolo… —volvió a decir Efraín. Le aseguró que sólo seguía el protocolo de seguridad. Mi viejo es tu jefe. con el cuello estirado y los ojos desorbitados. Antes de perderlo de vista. pelirrojo y colorado. con mucha mayor rapidez. Efraín miró a los ojos al joven. yo hago lo que quiera aquí. 13 . y yo también. cuando fue interrumpido por el joven. a Efraín el muchacho le pareció un gallo de pelea que se estiraba para cantar.

alucinaciones para asustar a los chiquillos. —A fin de cuentas —murmuró Efraín hablando consigo mismo— todos somos serranos. ellos llamaban serranos a los hombres de las comunidades. —No vayas tío —había dicho el chino—. El chino le dijo que no fuera. rodeado de los extranjeros que a veces llegaban a la fábrica no sería sino un peruano. La noche anterior no había ido a libar con sus amigos al parque. En esa fábrica el serrano era él. chino? —respondió Efraín sentado en una de las bancas del parquecito en donde solían reunirse—. Ta. En vano lo buscaron el chino Omar y el chato César. fue a la panadería a comprar pan cuando el cielo apenas se teñía de una tenue luz azul oscura. compadre. o sea. Mientras cerraba la puerta pensó que ese mismo muchacho que ahora lo despreciaba. No era la primera vez que lo gritaban. Eso le hicieron al pata de mi pata. de verdad crees que esa historia sea cierta. —¿Tú crees. Les comentó que al día siguiente muy temprano iría a pasar el examen médico para el Ejército. un sudamericano. Efraín pensó cuán irónico era el destino. Había salido temprano de su casa. lo habían metido al Ejército por haber ido a pasar el dichoso examen médico. que no era su amigo. 15 . Efraín Ramírez recordó aquella lejana mañana de marzo en que entró al Ejército. Añadió que no quería arriesgarse a que los cachacos detectaran el trago y lo metieran al cuartel acusándolo de ser un miserable vago. que la gente dice muchas cosas que al final son puro floro nomás. Cuando estaba en Ayacucho. A él mismo le había molestado su presencia porque parecía ser que no entendían lo que les decían. Evitó despertar a su madre. les dijo que no iría. un tercermundista. porque a un tipo de su barrio. apenas desayunó pan con café y salió a tomar el autobús. fácil te cagan esos cachacos de mierda.FRAGMENTOS PERDIDOS De pie junto al portón de metal. pero que era amigo de un amigo. el equivalente a un serrano mundial.

le había pasado eso. y luego. tío —murmuró el chato César—. sacó su libreta militar. y menos a tomarse unos tragos con sus patas del barrio. Puta. Simplemente desapareció. no más eso de estar por ahí drogándose. —Fue locazo —el chino había levantado las manos en señal de grandeza—. Ya en la CT. Arequipa. Así pasó los cinco años. como si nada. esos huones odian a los civiles. cada vez que tocaban a su puerta se metía debajo de la cama de su viejita. Esto es el Ejército.FRAGMENTOS PERDIDOS —No. El chino Omar le había asegurado que lo mejor era esconderse durante cinco años hasta dejaba de ser omiso. Efraín maldijo su suerte. Manuel y Fernando. el patita solo salía de su jato por las noches. aquí adentro no hay más mamá para engreírlos. que tampoco era su amigo. —Se acabó la pereza —el cabo habló mirándolos con desprecio—. Te van a ver con tu facha de drogo y solo por joder te meten al cuartel. Se dijo que debió haberles hecho caso a sus amigos. y que al tipo le había bastado esconderse durante ese tiempo para quedar libre. los cachacos son bien jodidos. se lo trago la tierra. salió a la calle. Alucina que el loco. Mejor ven al parque y nos echamos unos tragos con Julio. pero que a otro amigo de su amigo. como jugando. no podía ni ir a comprar. 17 . Y dicen que el patita ese ya ha votado en dos elecciones sin ningún problema. y haciendo fila mientras un cabo ordenaba que los reclutas tomaran distancia. emborrachándose o jalándose la tripa. y lo mejor de todo era que nunca tuvo que vérselas con los terrucos. Agregó que dicho así de plano parecía bastante tiempo. aquí a los inútiles los volvemos hombres.

pendejos! —una voz más fuerte que la del cabo se dejó oír con clara voz de mando. Quiso enterarse de qué se estaba hablando. No tenía a quién preguntarle. un tanto agudo. que habría preparado esos frejoles con chancho y el seco de pollo a la norteña que tanto le gustaban. que a partir de ese momento las vidas de los reclutas le pertenecían a la patria. Tuvo que mirar lo que hacían los otros. ataviados con sus horripilantes uniformes grises. con disciplina y esfuerzo. algo que hizo mientras pensaba en que no había llamado a su casa para decir que se quedaría en el cuartel. era claro que ya lo había olvidado. Pronto él volvería a usar uniforme. como había hecho en el colegio. para saber de qué hablaban. durante la formación. por la gran puta! Una multitud de muchachos había mirado al oficial que hablaba. arrastrando sus maletas cargadas de útiles escolares. Si alguna vez había aprendido a tomar distancia. y que aprenderían a entregar la vida por el honor. Para Efraín ese había sido un movimiento reflejo. Efraín no pudo evitar mirar hacia el lugar de donde provenían las órdenes—. Tenía un timbre nasal. La llamada de atención lo hizo reaccionar. en ese instante estaría durmiendo en su tibia cama. representada por el capitán. carajo! ¡Mirada al frente. Se dedicó a escuchar la voz del oficial tratando de entender qué pasaba.FRAGMENTOS PERDIDOS —¡De aquí no salen. Bajo ese inclemente sol de verano imaginó que su madre lo estaría esperando con el almuerzo listo. Levantó el brazo derecho a la orden de tomar distancia. Al grito de firmes pensó en sus hermanos menores. 19 . que ya estarían llegando del colegio. Solo luego de un instante comprendió que esa noche no dormiría en el calor conocido de su cama. ¡No me miren cuando hablo. Efraín pensó que debió haber ido la tarde anterior a tomar ron con sus amigos del barrio. Fue así como se enteró que quien hablaba era el capitán Gabriel Huertas.

que en Él había paz. porque era el camino del perdón. —¡¿Qué chucha han dicho. —¡De ahora en adelante. El capitán era un soldado de Cristo. dígame si es que yo no escucho o es que este lugar está lleno de rosquetes! —Sí.FRAGMENTOS PERDIDOS De nuevo en la caseta de vigilancia. pedazos de mierda! —¡Sí. maricas. qué?! —gritó el capitán con voz estentórea—. conchas de sus madres! ¡Sí. En su voz aún se reconocía la fuerza de antaño. qué. —¡¿Sí. mujeres y niños tenía una mirada diferente. ya escucharon al capitán. contestando de manera interrogativa. ¡Cabo. lo invitó a asistir a la iglesia a la que él iba. cuando quieran pedir algo —el capitán se había paseado por entre las columnas de reclutas haciendo sonar sus botas a cada paso que daba— van a tener que pedir permiso a sus superiores! ¡Para hablar con un superior tendrán que pedir permiso diciendo: señor¡ ¡¿Entendieron?! —¡Sí! —respondieron algunos reclutas. acaso feliz. señor! ¿Entendido? 21 . ociosos de mierda. le dijo que Cristo hacía todo nuevo. Efraín piensa en el encuentro que tuvo con el capitán Huertas. imbéciles?! —el capitán bramó furioso. y se dirigió al cabo—. mi capitán —el cabo corrió hasta pararse detrás de los reclutas—. Aquel hombre que colgaba gente amarrándoles los brazos en la espalda para que se dislocaran y que era capaz de patear con la misma fuerza a hombres. tímida y desordenadamente. Cuando un superior dice algo ustedes responden: ¡Sí. Abrazándolo. Ya oyeron. ¡No escucho. señor! —gritaron unos pocos. el único señor y salvador. parecía aturdido.

como en estacato. Niños. Jaime. Llegaron a su destino cuando empezaban a caer las sombras. ¿Cómo te llamas? —preguntó Efraín Ramírez al recluta que estaba sentado a su lado. el cabo o peor aún. a la antigua—. dentro de los camiones. con diferentes actores y escenarios. ¿cuál es tu zona? —Comas —respondió Jaime. —Oe. —¡Cincuenta ranas! —Ah. —Yo soy del Callao —respondió Efraín Ramírez.FRAGMENTOS PERDIDOS —¡Sí. adoloridos y apiñados como pollos en una jaba. Efraín miró a los lados. los llevaremos al fuerte Rímac. 23 . carajo. Allí aprenderán a ser soldados de la patria. y… ¿tú por dónde vives?. Los más audaces se atrevían a conversar entre sí. un trío de enérgicos gritos silábicos y breves. ¿Tú? —Efraín —contestó él y apretó firmemente la mano que le ofrecían—. evitando ser oídos por los soldados antiguos. siempre nos mandan lo peor —el capitán se detuvo en seco—. Cabo. en voz baja. el capitán. el cabello lacio y negro peinado con raya al costado. que solo era interrumpido por las pisadas enérgicas del capitán. Conversaciones parecidas a las de ellos. Camino al fuerte Rímac los reclutas. señor! —Todos al unísono. seguidos por un largo silencio. Oe. se repetían en diversas partes del contingente de reclutas apostados dentro del camión militar. —Jaime —respondió el otro tendiéndole la mano—. que estos infelices hagan cincuenta ranas más. loco. de Reynoso. se miraban unos a otros con desconfianza.

que había vivido en el Rímac. Allí. volvió a ver a los uniformados y se dijo que eso serían pronto él. Y cuando los veo me hacen alucinar.FRAGMENTOS PERDIDOS Cuando el vehículo cruzó sobre algo que parecía ser una loma. hacia la sierra y hacia el mar. fusil al hombro. Cuando el vehículo entró al recinto. también hay cerros. Efraín Ramírez. a un lado podría verse el edificio antiguo de Polvos Azules. acaso sin nombre conocido. nos tragarían a todos. con su cartel enorme. alguna vez le contó que fue testigo presencial de la pelea a muerte entre los bravos delincuentes Carita y Tirifilo. Efraín Ramírez se levantó un poco de su improvisado asiento. observaron también los cuarteles cremas con techo rojizo. Jaime y otros reclutas se quedaron mirando el terroso cerro que colinda con la Universidad de Ingeniería. rosado. sin embargo. mierda. unos cachacos. Por aquí vivía mi abuelo y me traían de chico a verlo al viejo. empezaba a oscurecer. 25 . Estaría también el edificio de la cervecería Cristal. allá en Independencia. uniforme verde. al otro el cerro San Cristóbal con aquella cruz que se iluminaba durante las noches para ser vista desde toda Lima. cerca de mi barrio —Jaime habló como pensando consigo mismo—. como una hilacha moribunda y sucia. Se podrían ver también aquellos otros cerros. A Efraín le pareció que estaba entrando a una prisión. Recordó que su abuelo. el río Rímac perdiéndose a lo lejos. —Loco. —Loco. y de chibolo alucinaba que un día se despertarían y: saz. Notó que estaban cruzando el puente Santa Rosa. Jaime y los otros muchachos. el cerco perimétrico que se oponía entre ellos y el muro de fuera. pasando a un lado de su barrio. botas negras y el cabello casi rapado. conozco esta zona. Volvió a sentarse e imaginó. ya estamos en el Rímac —dijo Efraín Ramírez señalando hacia afuera del vehículo—. que rodean Lima. unos iguales a los otros. Parece que fueran dinosaurios enterrados. los soldados antiguos que pasaban desfilando en forma ordenada.

que lanzó un escupitajo al suelo polvoriento—. Se oyó un murmullo dentro del camión. —Oye. imposible olvidarlo.FRAGMENTOS PERDIDOS El vehículo se detuvo levantando una polvareda. tras la conferencia—. Lo presentaron en televisión con traje a rayas y la barba crecida. el hombre verde. quizá de los soldados antiguos. ¡nadies les ha dicho que abran el hocico! En ese momento Efraín se dio cuenta que no se había transformado en un cachaco. los reclutas oyeron pisadas. acusado de senderista. Algunos reclutas empezaron a reír. un muchacho de rasgos andinos y ennegrecido por el sol. verdoso e indestructible. 27 . perros de mierdas! —gritó uno de los soldados antiguos. Sí. del capitán o del Estado mismo. ¿recuerdas a Luis Ancajima? —¿El hombre verde? —Rafael se había sentido intrigado—. tío —Abraham le había hablado en el paradero. la mascota de alguien. De afuera los conminaron a salir. era un simple perro. empujándose entre ellos al hacerlo. Intempestivamente la puerta se abrió. Algunos de ellos se pusieron de pie para ver qué pasaba afuera. —¡Silencio. Uno tropezó y cayó de bruces. claro que lo recuerdo. Unos amigos me han dicho que se le ve por ahí paseando como Pedro en su casa. y que un día se lo llevaron preso. risas y silbidos. Saltaron en forma desordenada. —Ese mismo —Abraham se había empujado los anteojos con el índice derecho —. Me han contado que el loco ha vuelto a la facultad. Enorme. era menos que eso. Desde donde estaban sentados. bajando como una enorme rampa.

El tipo debe de haber pasado buen tiempo a la sombra —Rafael se acarició la barba—. —¿Te imaginas lo horrible que habrá sido eso? —Rafael sacudió la cabeza—. esa habrá sido la imagen de San Marcos que lo acompañó en el penal. la que quedó grabada en su retina cuando el vehículo arrancó y él supo que no volvería a ver San Marcos en muchos años.FRAGMENTOS PERDIDOS —Vaya. Si cayó en un rastrillaje. de alumnos saliendo en estampida —Claro —Abraham asintió —. 29 . En su celda habrá conservado como última imagen de San Marcos una de un rastrillaje. Sería bueno saber qué diablos le pasó allá donde estuvo. San Marcos llena de militares.

FRAGMENTOS PERDIDOS

Rafael vuelve a hundirse en sus pensamientos. ¿Acaso ha acabado el «encuentro
de dos mundos»?. ¿No sigue ocurriendo el choque en las comunidades
campesinas?, ¿acaso no fue eso lo que vivieron los comuneros enfrentados a los
gamonales, los caucheros o a las mineras?, ¿no pasa eso con gente como Clarisa,
víctima de las masacres? Hechos fragmentados asoman en su mente. Nuevamente
recuerda San Marcos. Casi puede ver una pintura con motivos orientales colgada
en el Centro de Estudiantes de Historia. No podía evitar mirarla cada vez que
entraba. Le llamaba poderosamente la atención la inscripción que tenía: El pasado
fue opresión, el presente es de lucha, el futuro será nuestro y glorioso. En otro
recuerdo ve un cartelito blanco pegado en una pared y escrito a mano: El partido
tiene mil ojos y mil oídos. Muerte a los soplones. También recuerda soldados
intentando borrar los escritos que durante las noches dejaban los senderistas y
emerretistas. En verdad los militares lo hacían con poco criterio y, al pasarle unas
capas de cemento por encima a las letras, lo único que lograban era quitarles el
color rojo, dejando inscripciones de contenido revolucionario en «inofensivo» color
gris. Rafael pensaba que quizá para ellos lo revolucionario era el color. Unos
instantes después pasan por su mente varios hechos que se suceden con cierta
velocidad. En uno de ellos, cientos, acaso miles de estudiantes hacen enormes filas
para mostrarles sus documentos de identidad a los militares durante algún
rastrillaje. En otro, grandes cantidades de volantes alusivos a la lucha armada son
arrojados desde la Facultad de Economía luego de que el estruendo de un petardo
le hiciera remecer los tímpanos. Rafael acababa de ingresar a la universidad.
Una tercera imagen viene a su mente, es una taberna lúgubre, pintada de color
verde en la que sus amigos y él bebían cantidades industriales de un licor llamado
yonque, el cual un viejecito que hacía las veces de tabernero extraía de un cilindro
de metal. Solían ir a aquella cantina con regularidad, y, basándose en el color de
las paredes, la bautizaron como La Casa Verde con algo semejante al cariño.

31

FRAGMENTOS PERDIDOS

Leyendo las libretas Rafael a veces piensa que había sido gracias al refugio que
ofrecía La Casa Verde, como habían podido escapar de aquel mundo de intrigas en
el que se hallaban flanqueados por espías del Servicio de Inteligencia y
subversivos. Y así, entre aquellas vetustas mesas de madera, y entre el ruido de
voces y vasos de cristal chocados para brindar —porque en aquel antro no se
bailaba y la única música que se oía era el canto de alguno que otro ebrio en
estado terminal—, sus amigos y él pasaban las tardes luego de clases, ingiriendo
licor hasta perder la conciencia. Esas cosas duraron hasta mil novecientos noventa
y cinco, cuando el bar desapareció porque el viejecito murió. Entonces San Marcos
estaba cambiando a ritmo acelerado. Las reformas de la Comisión Interventora
daban sus frutos, y con la universidad cambiaban sus alrededores. Los familiares
del viejecito pintaron el local de otro color, cambiaron el yonque por cerveza e
impusieron unas ruidosas salsas que estaban de moda, desde entonces Rafael y
sus amigos se alejaron de La Casa Verde.
Rafael mira su reloj, son las tres de la mañana.

4

33

FRAGMENTOS PERDIDOS

Largas filas de estudiantes, cuatro tanquetas y varias cuadrillas de militares
habían sido durante mucho tiempo su último recuerdo de San Marcos. Tantos años
después, en un universo ajeno, Julio camina como si fuera un alma en pena que
estuviera recorriendo sus pasos. Mentalmente había recorrido esos mismos lugares
innumerables veces. Respira el aire húmedo que suele haber en la Ciudad
Universitaria. Los alumnos caminan apurados enfrente de él. Chiquillos risueños
que podrían ser sus hijos. Detiene su mirada en la explanada de Derecho. Muchos
autos estacionados, camionetas de doble cabina, vehículos modernos. Cuando lo
detuvieron en ese mismo sitio todo era distinto. Apenas había un viejo auto
amarillo estacionado.
Desorientado, le resulta difícil adecuarse a esa nueva faceta de San Marcos.
Avanza por la acera hasta que ve la Facultad de Ciencias Sociales. Distintas
imágenes vienen a su mente al verla después de tanto tiempo. Estaba mirando
hacia los jardines de la facultad, quizá hacia la facultad de Economía, cuando se le
acercaron el Maestro Marx y Oswaldo. Julio Yupanqui retrocedió un paso para
saludarlos. Oswaldo también era de la base noventa, pero a diferencia de Julio,
quien era de la escuela de Historia, aquel había ingresado a Antropología. Se
conocían de saludo, hola compañero, chau compañero. No eran demasiado
íntimos. Al Maestro Marx nunca le había hablado, solo lo conocía porque en una
clase intervino durante cerca de diez minutos durante los cuales citó cada cinco
segundos al «maestro Marx», razón por la cual desde ese día se le conoció con
aquel mote. Nadie se lo decía directamente, nunca más lo vieron en las clases, pero
paseaba por ahí y los alumnos comentaban que ahí estaba el Maestro Marx, sin
que él mismo supiera que así le decían.
—Compañero —Oswaldo dio un paso adelante y le tendió la mano invitándolo a
cruzar un apretón de manos—. ¿Por qué tan silencioso? ¿En qué piensa,
compañero?

35

hablando con su tío Ricardo. cosa que se apuró a hacer. compañero. compañero. compañero —Julio se cruzó de brazos—. lo que querían saber era cuál línea seguía. y tenía un acento que Julio no pudo identificar. No entró a academia alguna. tenía una pregunta —Oswaldo se enserió—. que aún era muy pequeño. No era periodista. los derechos de los trabajadores y la explotación. pero su partido. apoyó los codos en la baranda y se dedicó a mirar hacia otro lado. ¿Cuál es su línea? Julio Yupanqui se sumió en un silencio de desconcierto. Se ubicó al lado de Oswaldo. Entonces Julio. agregó el Maestro Marx. Algo impaciente el Maestro Marx se incorporó a la conversación. Era claro que Julio tenía una idea clara respecto de la realidad nacional. como si con él no fuera la cosa. Oswaldo comentó que quizá la había aprendido en la academia preuniversitaria. Había sido hacia 1980. estoy esperando la hora de la cena para ir a Cangallo en el burro. —¿Mi línea? —Sí. El Maestro Marx le dijo que lo habían escuchado hablar en las clases. Julio les contó que él se preparó en su casa para el examen de admisión. —Compañero. pero había conocido un poco de la realidad nacional. cuando el tío había entrado a trabajar en El Diario de Marka. ¿por qué en estos barrios pitucos vive puro gringo? 37 . —Tío —Julio dejó de asomarse por la ventana del ómnibus que lo llevaba al Centro de Lima—. Su línea ideológica. eso no importaba mucho.FRAGMENTOS PERDIDOS El Maestro Marx no se acercó. su línea. —En nada. lo había asignado a hacer las veces de fotógrafo. había salido a pasear con el tío. Se preguntó para sus adentros qué era eso de la línea. Trinchera Roja. su voz era ronca.

los hijos de los incas. tontos y traicioneros y que tan poco inteligentes eran. Ese es el resultado de la explotación. —¿Compañero. si acaso ellos eran inferiores. había destruido a todo un imperio de indios asustadizos sin su inca. Julio meditó unos instantes. ellos se repartieron el dinero. tío —Julio respondió apurado—. los héroes y todo eso? —Sí.FRAGMENTOS PERDIDOS En verdad había querido preguntarle al tío por qué los tipos de cabello claro y piel blanca eran pitucos y los cholos. de siglos de prejuicio. teatro del pueblo y para el pueblo. nunca participamos. como ellos. no le gustaría venir a un grupo de estudios que tenemos? —el Maestro Marx hablaba con firmeza—. pero no se atrevió a formular su interrogante. sobrino —el tío señaló hacia afuera—. A ciencia cierta esa era su única línea. Por eso soy izquierdista. Quería saber si era posible que ellos. siempre nos excluyeron. Nosotros. claro. ¿Recuerdas todo lo que te han enseñado en el colegio sobre la Independencia. El tío Ricardo añadió que otra de las mentiras que se enseñaban en las escuelas era que los hombres del pueblo eran temerosos. gente pobre. —Ya. Prueba de eso es que luego de la Independencia todavía seguía pagándose el tributo indígena. con un grupito de españoles. que Pizarro. todo eso no es sino una mentira. Vamos a presentar unas obras de teatro. —Sobrino —dijo el tío poniéndole una mano sobre el hombro y hablándole en voz baja como para que nadie más oyera—. lo recuerdo. los gringos que tú dices. los gringos. maquillado con el nombre de Contribuciones Indígenas. el movimiento proletario lucha por reivindicarnos. La verdad es que este país lo hicieron los españoles americanos. 39 . tuvieran mayor capacidad mental.

Ese fue un invento de los españoles. pero socialismo. Díganme dónde será la función e iré. preparándome para San Marcos.FRAGMENTOS PERDIDOS —Hasta dicen. —Será mañana a las seis de la tarde en el auditorio de Letras. El tío le dijo que el mundo prehispánico había funcionado bien sin esas cosas y entonces él no entendía cuál era el bendito aporte. Trate de llegar temprano. por eso no había pobres en el imperio. sobrino —el tío movió la cabeza de un lado a otro en señal de negación—. la religión. —Allí estaré —Julio se despidió de ellos y caminó en dirección al estadio. que Atahualpa era el único alto. —Los incas eran socialistas. compañeros —Julio sonrió— me encantaría asistir. ¿No has visto los ejemplos que ponen en los libros del colegio como aportes de la conquista? Julio repasó en su mente los ejemplos que ponían los libros escolares: el idioma. Decían que muerto el inca la gente no sabía qué hacer. pues y ellos debían tomarnos a su cargo. compañero. es el aula Uno A —el Maestro Marx le mostró la palma de la mano en señal de despedida—. Para justificar sus robos. aprendí que eso era mentira. sobrino —el tío asintió—. la escritura. y por eso los españoles y oligarcas nos han mentido diciendo que éramos inútiles sin ellos. Éramos brutos. Contamos con su presencia. la rueda. —Claro. Cuando yo estaba en la academia. socialismo agrícola. 41 .

Avanzo entre un grupo de estudiantes que se empujan haciendo fila para que los militares. Deben de ser las once de la mañana. Estoy en clases en algún aula del pabellón de Ciencias Sociales en San Marcos. se dirigió a la puerta de la avenida Venezuela y tomó un ómnibus que lo llevó a su casa. como hormiguitas o como soldaditos de juguete de esos que los niños ordenan en raquíticas hileras. A su mente vino una frase que había leído en algún lugar. Pronto los soldados pasan golpeando las puertas de las aulas para que salgamos. Había viento y empezaba a hacer frío. Primero aparecen formados a lo lejos.FRAGMENTOS PERDIDOS ¿Quiénes eran ellos?. por sobre la huaca y por todos lados. Escucho la bulla. ¿Qué quería decir aquello? ¿Acaso tenía miedo? Dio una vuelta más. Avanzó con las manos metidas en los bolsillos del pantalón. vean si sus nombres aparecen en las listas de sospechosos que han traído. ¿sobre qué terreno estaba caminando? Julio dio una vuelta por los alrededores del estadio caminando lentamente. Por la ventana veo desfilar contingentes de soldados. Miró las parejas sobre las bancas y a un grupo de estudiantes que jugaba fútbol en la cancha. «Las masas hacen la historia». 5 Imagino la escena. Se les ve bordeando el contorno del estadio. apostados en la entrada de la facultad. 43 . o más bien la recreo en mi mente. El morral artesanal colgado del hombro derecho. Desde la ventana contemplo el trajinar de alumnos. Es un rastrillaje.

profesores o trabajadores a un camión portatropas. Los ve formando cercos. —¡Ancajima! —dice el de uniforme verde con voz de sorpresa. Él no muestra temor mientras el otro revisa su nombre en el índex. —¡Sus documentos! —ha dicho un militar hablando en voz muy alta.FRAGMENTOS PERDIDOS —Del Pino… Rafael del Pino. Al acercarme a la salida veo tres vehículos del Ejército estacionados frente a la explanada de Derecho. como todos en San Marcos. que es bastante probable que se lo lleven preso por ser comunista. Ve las tanquetas estacionándose y comprende. A mi lado caminan centenares de alumnos desorientados. Un soldado grita que la salida es por la avenida Venezuela. Las clases ya han sido interrumpidas en todas las facultades. periféricos. casi gritando hacia la fila de alumnos que esperan el burro. Desde donde está. que eso es un rastrillaje. —¡Siguiente! He pasado tres controles. Volteo a ver e imagino esa historia de la esposa de Lot convertida en sal. ¡Súbelo al camión! 45 . Están subiendo a unos alumnos. Cuando cruzo por la puerta soy uno más en esa muchedumbre de alumnos confundidos que se retiran a sus casas. el de mi facultad y dos más. voltea a ver a uno de sus compañeros y agrega—. Luis ha visto desfilar las largas columnas de soldados. En este último control volvemos a hacer largas filas para decir nuestros nombres. Llego a la calle por la salida de la avenida Venezuela. Mira al hombre de verde que tiene al frente y le entrega sus documentos.

Mira hacia los lados. que ha dejado marcado el capítulo sobre el origen de la plusvalía con una hoja escrita. el libro de Mao Tsé Tung metido entre las camisas. cuando se pruebe que no somos de Sendero Luminoso ni del emeerretéa. Al hablar Luis ha recodado los volantes que llamaban al paro armado escondidos en el cajón de su cómoda. eso no es un delito en ninguna parte del mundo. —¿Dónde nos llevarán? —le pregunta un hombre joven de barba y anteojos livianos que está sentado a su derecha. Al menos eso vi en un noticiero que hacían. La hoja es del curso de Materialismo Histórico. no debería serlo. se pregunta si al correr le dispararían delante de todos. —Espero que sean justos —dice el tipo de barba. su voz suena apagada. temerosa—. Nos soltarán en quince días. incluso. está cercado. piensa que si hubiera tomado el primer burro habría estado fuera del campus al inicio del rastrillaje. Levanta la frente y continúa la marcha en silencio. Un soldado lo escolta para subirlo a la tanqueta verde. al menos. yo soy de izquierda. claro que no lo es. Recuerda. si acaso se atreverían a ajusticiarlo en medio de Saa Marcos. El Capital que había estado leyendo como libro de cabecera. ¿Los habrá saludado? ¿Habrán entablado alguna clase de diálogo? Mira con cierta envidia la columna de alumnos que salen de la universidad. —No —contesta Luis—. 47 . Cuando llega a la tanqueta ve que dentro ya hay otras personas sentadas. Él piensa en correr. tres hombres y dos mujeres. como ya había pasado otras veces. Dincote —responde Luis sin dejar de mirar hacia los alumnos que salen por la Venezuela—.FRAGMENTOS PERDIDOS A Luis se lo llevan caminando. en escapar. comprende inmediatamente lo imposible de su misión. —Dirección Nacional Contra el Terrorismo. rodeado de militares armados hasta los dientes.

planeando. libros y folletos sobre el pensamiento Gonzalo. que al ir a su casa encontrarían mucho más que un simple volante. Desconcertado habrá mirado el piso del vehículo surcado por líneas verticales. armas de fuego. Eran las mujeres de Sendero las que daban el tiro de gracia en la sien de sus victimados. a gente con la que el día anterior estuvo reunido en alguna casa. Quince días eran una eternidad. coordinando acciones. sabría que al torturarlo podrían hacerlo hablar. Tal vez habría imaginado los lugares clave de su casa en los que los militares encontrarían anfo. los soldados hallarían banderas rojas con la hoz y el martillo. si Luis fue de Sendero Luminoso. No sé. la mayoría de ellos acusados de ser soplones o robar al pueblo. sentado en esa tanqueta se habrá preguntado quién era ese sujeto. Él estaba preparado para soportar la tortura. Se habría cuidado. cientos de volantes de esos que eran arrojados desde las ventanas altas de las facultades cuando ponían explosivos. no lo iba a hacer. el último muerto que vio. recordado la última reunión de Socorro Popular en la que participó. la letra del himno de Sendero. mirando al tipo de barba o a cualquier otro con desconfianza. incluso de saludar a otros senderistas conocidos por él. la letra de Adiós Pueblo de Ayacucho. un trabajador o un profesor. municiones. la última vez que se ocultó en una choza desconocida de los arenales. Habría repasado esas imágenes. el último atentado en el que estuvo involucrado. un infiltrado del Servicio de Inteligencia quizá. Habría bordeado la paranoia más insufrible.FRAGMENTOS PERDIDOS Pienso que tal vez Luis. 49 . alterada en la versión senderista. Entonces se habría sabido perdido. quizá haya mirado los zapatos de los que iban junto a él. se habría preguntado si aquel a su lado era un camarada en quien podría confiar o un agente tratando de hacerlo pisar el palito. no me va a decir que es cierto.

a él. apura el paso esperando llegar a tiempo para tomar un café con su esposa. Pero era un sinsentido que un individuo se abocara a un trabajo como ése sin que nadie se lo impusiera. Cuando lo detuvieron todo era distinto. vehículos modernos. quizá a Clarisa y dos o tres personas más. Ella le contará algo sobre su trabajo de profesora en el colegio y él. aburrido de aquella sensación que lo persigue y que lo hace pensar que sus días se repiten idénticos uno tras otro. dejando el ritmo de paseo. Largas filas de estudiantes. evitará hablar de su trabajo en la academia. pero que igual disfrutan preparando. que seguramente no se dará. Rafael mira las calles oscuras y piensa que realmente no sabe cómo habría sido aquel lugar cuando él era estudiante. Conversarán un rato. quizá sí a Abraham. 51 . Cuatro tanquetas y varios destacamentos de militares habían sido durante mucho tiempo su último recuerdo de san Marcos. Mientras camina por San Marcos detiene su mirada en la explanada de Derecho. Tampoco tendría por qué ser interesante saber cómo fue la universidad cuando él estudiaba. camionetas de doble cabina. Y luego aprovechará para escribir algunas ideas sueltas en la computadora. Continúa andando diciéndose que no importa. Apenas había un viejo auto amarillo estacionado. A nadie le llamaría la atención. que la vida sigue. hablará del café que tomó con Abraham mientras planificaban un reencuentro de estudiantes de Historia. sin que a nadie le importe saber cómo había sido ese sitio antes. Muchos autos estacionados.FRAGMENTOS PERDIDOS 4 Baja en Los Quechuas. junto a un campo deportivo y se interna por una callecita en la que unos grillos hacen sonar sus alas. Rafael.

53 . sin que él mismo supiera que así le decían. compañero? El Maestro Marx no se acercó. Estaba mirando hacia los jardines de la facultad de Ciencias Sociales. aquel había ingresado a Antropología. solo lo conocía porque en una clase intervino durante cerca de diez minutos durante los cuales citó cada cinco segundos al «maestro Marx». Al Maestro Marx nunca le había hablado. Nadie se lo decía directamente. —¿Mi línea? —Sí. —En nada. cuando se le acercaron el Maestro Marx y Oswaldo. No eran demasiado íntimos. Oswaldo también era de la base noventa. quien era de la escuela de Historia. Se preguntó para sus adentros qué era eso de la línea. pero a diferencia de Julio. Se conocían de saludo. Se ubicó al lado de Oswaldo. chau compañero. Julio Yupanqui retrocedió un paso para saludarlos. su línea. ¿Por qué tan silencioso? ¿En qué piensa. quizá hacia la facultad de Economía. —Compañero. —Compañero —Oswaldo dio un paso adelante y le tendió la mano invitándolo a cruzar un apretón de manos—. compañero.FRAGMENTOS PERDIDOS Avanza por la acera hasta que ve la Facultad de Ciencias Sociales. tenía una pregunta —Oswaldo se enserió—. nunca más lo vieron en las clases. hola compañero. Distintas imágenes vienen a su mente al verla después de tanto tiempo. ¿Cuál es su línea? Julio Yupanqui se sumió en un silencio de desconcierto. como si con él no fuera la cosa. razón por la cual desde ese día se le conoció con aquel mote. compañero —Julio se cruzó de brazos—. estoy esperando la hora de la cena para ir a Cangallo en el burro. pero paseaba por ahí y los alumnos comentaban que ahí estaba el Maestro Marx. apoyó los codos en la baranda y se dedicó a mirar hacia otro lado.

El Maestro Marx le dijo que lo habían escuchado hablar en las clases. —Tío —Julio dejó de asomarse por la ventana del ómnibus que lo llevaba al Centro de Lima—. —Sobrino —dijo el tío poniéndole una mano sobre el hombro y hablándole en voz baja como para que nadie más oyera—. pero había conocido un poco de la realidad nacional. A ciencia cierta no tenía más línea que esa. lo recuerdo.FRAGMENTOS PERDIDOS Algo impaciente el Maestro Marx se incorporó a la conversación. Su línea ideológica. Ese es el resultado de la explotación. de siglos de prejuicio. 55 . eso no importaba mucho. claro. y tenía un acento que Julio no pudo identificar. como ellos. gente pobre. los derechos de los trabajadores y la explotación. Era claro que Julio tenía una idea clara respecto de la realidad nacional. compañero. un sindicalista que le había explicado la presión que ejercían los grupos de poder sobre la masa proletaria. pero no se atrevió a formular su interrogante. tuvieran mayor capacidad mental. Oswaldo comentó que quizá la había aprendido en la academia preuniversitaria. su voz era ronca. ¿Recuerdas todo lo que te han enseñado en el colegio sobre la Independencia. Julio les contó que él se preparó en su casa para el examen de admisión. agregó el Maestro Marx. ¿por qué en estos barrios pitucos vive puro gringo? En verdad había querido preguntarle al tío por qué los tipos de cabello claro y piel blanca eran pitucos y los cholos. tío —Julio respondió apurado—. hablando con su tío Ricardo. si acaso ellos eran inferiores. los héroes y todo eso? —Sí. No entró a academia alguna. lo que querían saber era cuál línea seguía. Quería saber si era posible que ellos. los gringos.

teatro del pueblo y para el pueblo. no le gustaría venir a un grupo de estudios que tenemos? — el Maestro Marx hablaba con firmeza—. preparándome para San Marcos. nunca participamos. la escritura. ellos se repartieron el dinero. todo eso no es sino una mentira. 57 . Decían que muerto el inca la gente no sabía qué hacer. la rueda. sobrino —el tío asintió—. Para justificar sus robos. Prueba de eso es que luego de la Independencia todavía seguía pagándose el tributo indígena. pues y ellos debían tomarnos a su cargo. Nosotros. siempre nos excluyeron. maquillado con el nombre de Contribuciones Indígenas. —¿Compañero. con un grupito de españoles. Vamos a presentar unas obras de teatro. sobrino —el tío señaló hacia afuera—. había destruido a todo un imperio de indios asustadizos sin su inca. El tío le dijo que el mundo prehispánico había funcionado bien sin esas cosas y entonces él no entendía cuál era el bendito aporte. los hijos de los incas. que Atahualpa era el único alto. socialismo agrícola. tontos y traicioneros y que tan poco inteligentes eran. Éramos brutos. —Los incas eran socialistas. por eso no había pobres en el imperio. y por eso los españoles y oligarcas nos han mentido diciendo que éramos inútiles sin los españoles. Cuando yo estaba en la academia. El tío Ricardo añadió que otra de las mentiras que se enseñaban en las escuelas era que los hombres del pueblo eran temerosos. que Pizarro. la religión. los gringos que tú dices. Ese fue un invento de los españoles. La verdad es que este país lo hicieron los españoles americanos.FRAGMENTOS PERDIDOS —Ya. pero socialismo. ¿No has visto los ejemplos que ponen en los libros del colegio como aportes de la conquista? Julio repasó en su mente los ejemplos que ponían los libros escolares: el idioma. aprendí que eso era mentira. —Hasta dicen. sobrino —el tío movió la cabeza de un lado a otro en señal de negación—.

Díganme dónde será la función e iré. Avanzó con las manos metidas en los bolsillos del pantalón. El bolso artesanal colgado del hombro derecho. Contamos con su presencia. A su mente vino una frase que había leído en algún lugar. —Será mañana a las seis de la tarde en el auditorio de Letras. Había viento y empezaba a hacer frío. Las masas hacen la historia. compañeros —Julio sonrió— me encantaría asistir. ¿sobre qué terreno estaba caminando? Julio dio una vuelta por los alrededores del estadio caminando lentamente. 2 59 . se dirigió a la puerta de la avenida Venezuela y tomó un ómnibus que lo llevó a su casa. compañero. ¿Qué quería decir aquello? ¿Acaso tenía miedo? Dio una vuelta más. —Allí estaré —Julio se despidió de ellos y caminó en dirección al estadio. es el aula Uno A —el Maestro Marx le mostró la palma de la mano en señal de despedida—. Miró las parejas sobre las bancas y a un grupo de estudiantes que jugaba fútbol en la cancha.FRAGMENTOS PERDIDOS —Claro. ¿Quiénes eran ellos?. Trate de llegar temprano.

aquel caballero había estado celebrando con banda de música el bautizo de su primogénito. Otra vez fue un antiguo rondero llamado Casimiro. entrevistó a un exsoldado cuya mayor preocupación era el que a ellos nadie los defendiese luego de haberlo dejado todo por la Patria. Ayacucho. Por lo general enciende la computadora y escribe algunas frases. También guarda allí archivos de sonido de entrevistas que ha realizado o revisa sobre su mesa algunos papeles que ha venido recopilando desde hace algunos meses. archivo que guarda cuidadosamente en el disco duro y el dispositivo USB que siempre lleva consigo. al cual había conocido un par de años atrás cuando consiguió un trabajo de apoyo en la ONG de Abraham. Otras veces avanza varias páginas de la novela que está escribiendo. Lima. y que le habían enseñado a armar bombas caseras. Rafael está acostumbrado a escribir de madrugada. y luego Alan García. pero en el que Rafael pudo entender que las escuelas del terror le enseñaron que el presidente del Perú se llamaba Gonzalo. y cuando ya estuvo bien bebido. 61 . aprovechando el tiempo en que su esposa duerme. Redacta casi a escondidas. ideas sueltas que en ocasiones borra en ese mismo tiempo. luego vino el Ejército —al que Casimiro se refiere como «los morocos»— y les dijo que eran terrucos.FRAGMENTOS PERDIDOS Habiendo siempre sufrido de insomnio. antes de irse a acostar. entonces supieron que el presidente era Belaunde. profesor de aritmética de la academia. que vive en el cerro Siete de Octubre. en El Agustino. contó una historia confusa en la que se mezclaban el español. el quechua. Gracias a su amigo Melanio Martínez. y entonces ya no dejaron que Sendero secuestrase a los niños para entrenarlos y se armaron para luchar.

que postularía a la Católica o trabajaría de medio tiempo en algún sitio. —El viejo me dijo que no había plata para Católica —había dicho Chsritian —. los coches bomba y los policías asesinados a diario. Pedían escarmiento popular a los indiferentes. pasamontañas y puños en alto. en ocasiones Rafael debe dejar de dictar algunas clases porque el entrevistado solo puede hablar con él a cierta hora que se cruza con su trabajo. lo que ellos han vivido es el terror. Siempre lleva consigo las libretas en las que escribe ideas sueltas y en los últimos meses ha aprendido algo. nunca había visto algo semejante. que si en Lima él y su generación supo del miedo por los apagones. Acababa de ingresar cuando hubo una marcha de senderistas dentro de la Ciudad Universitaria. pero que mejor esperara un poco. hacer entrevistas agotador. lo hiciera. que por lo pronto no me metiera en política. los senderistas se pasearon por entre las facultades cantando su himno y dando vivas a la lucha armada. que si quería trabajar. Christian. 63 . Casimiro o el exsoldado.FRAGMENTOS PERDIDOS Recopilar información es una tarea difícil. que no hablara con nadie sospechoso y que esperara a ver cómo iba la cosa antes de tomar cualquier decisión precipitada. Christian le contó que esa misma tarde fue donde su padre y le dijo que ya no quería volver a San Marcos. antes que entraran los soldados al campus. Banderas rojas. le había dicho Christian. el miedo extremo. ¿Pero qué de lo que viviste en san Marcos? Peor había sido en 1991. todo aquellos solo es la millonésima parte del miedo que habrán sentido la chica que vio morir a su abuelita. que venía del distrito de Jesús María.

límite con el Agustino. pujante distrito de La Victoria. 65 . Lo primero en que reparo es en el pésimo estado de la pista. Aquí se vende todo y se roba todo. —Nicolás Ayllón —me dice José Carlos—. junto a un grupo de puertas blancas. cientos de ellos en los que se ofrecen partes de autos robados. Lleva el cabello desordenado. luego veo sujetos sin camisa trabajando en soldaduras. Un sujeto sin camisa se acerca a ver qué llevamos en el taxi. —Eso veo —respondo. Es una medida preventiva que tiene más de instintivo que de útil. Lo miro con el rabillo del ojo.FRAGMENTOS PERDIDOS 3 —Octavo círculo del infierno— Antes de llegar a nuestro destino hemos asegurado las puertas y subido las ventanas. largo y en el torso tiene un tatuaje azul con una figura que no logro ni intento distinguir. Nos laza una mirada y se aleja. —La rica «Vicky» —interviene el taxista. montones de basura y talleres clandestinos. Hace una señal levantando el brazo y vuelve a sentarse a la puerta de uno de los talleres. sabemos que el tráfico en la zona es pesado y que si los ladrones quieren romper las lunas podrán llegar caminando y lo harán sin mayores problemas. negocios de comida que subsisten sin el mínimo respeto a las leyes del aseo.

A los que tienen que controlar es a los del gobierno. me dijiste que ella era profesora —responde él—. Veo grupos de casas. Se llevan la plata a manos llenas y se quedan bien tranquilos. quiero decirle que uno de esos taxistas asesinados podría ser él. para violentar nuestros sentidos y espetarnos a la cara que somos extranjeros. que el que manda allí es otro. no aquí en Ayllón. No sé cómo la gente sigue viniendo a comprar aquí. Quiero conseguir algo mejor para que ella pueda dejar este sitio peligroso. muchas de ellas que parecen haber sido esculpidas en el cerro de piedra. Se les ve terrosas.FRAGMENTOS PERDIDOS —¿Cuántos taxistas habrán matado por esas puertas? —digo. esos sí que roban. pero nunca mencionaste que trabajaba por aquí gozando de la propincuidad de estos dignos señores. claro que no —replico—. pero opto por quedarme callado. —No. desordenadas. —Pero es más barato —responde tranquilamente el taxista—. —Daniela trabaja por aquí —le digo a José Carlos—. ¿Preparado? El auto vuelve a estacionarse. No sé si ya te lo comenté. pues maestro. señalando una cuesta. —Ah. Una más tranquila. —Tenemos que subir a ese cerro de allá —dice mi amigo. desafían los abismos. por otra parte. Por eso estamos así. la hediondez de la calle. El taxista también se asoma para mirar por la ventana delantera. Lo miro. cuando pasamos por una bocacalle—. solo apoyan a la delincuencia. señalando una azotea repleta de autopartes—. por eso no salimos del hoyo como país. 67 . Veo a José sonriendo a mi costado. El auto no avanza. claro Rafo. levanto la mirada. el olor a gasolina y el ruido de las bocinas se introducen por las ventanas para atacar nuestros poros.

a las tanquetas y a cuanto vehículo fuera necesario para los rastrillajes. A él y a los otros soldados los habrían despertado en las madrugadas. Ya no los gritaría como al principio.FRAGMENTOS PERDIDOS Vuelvo a mirar el cerro. Ellos se habrían subido a los camiones portatropas. delincuentes comunes y narcotraficantes. la delincuencia al paso. largarse e irse a la mismísima mierda. Ellos irían en segundo lugar. Seguramente Efraín —el verdadero y no el que yo y este otro Efraín inventamos— ya habría sido asesinado por los senderistas en un enfrentamiento. dos años pelando en la guerra popular. demasiado viejos para estar en el ejército. que se esparcía por sobre las cabezas como extendiéndose con la neblina— Por que vamos a ir a un cerro a cazar terrucos. 69 . que al salir tendrían las puertas abiertas para irse. por su tiempo ya eran antiguos. Se enfrentarían por igual a senderistas. habría venido huyendo de la violencia de Sendero Luminoso y del Ejército en Ayacucho y aquí se habría encontrado con la violencia urbana. Imagino que Clarisa podría haber estado viviendo allí. y que si así lo preferían podrían irse. quizá ya habría empezado a sentirlos sus semejantes. Paseándose como un perro guardián. el crimen. Quizá también a estos cerros podría haber venido Efraín a hacer rastrillajes. que lo principal ya se los había brindado el ejército y que eso no se los iba a quitar nadie. —¿Saben que les dio el Ejército en estos años? —habría dicho el capitán. ni sus putas madres que los iban a engreír como si fueran unos bebitos. —¿Saben por qué nos hemos levantado tan temprano? —les habría dicho el capitán Huertas hablando en una voz tan alta. También les habría dicho que fueran a donde quisieran. El capitán les había dicho que en cualquier parte del mundo ya serían mercenarios.

omisos al servicio militar. a los omisos que caían en redadas. Quizá se preguntaba por qué no mandaban primero a los nuevos reclutas. ¡Eso les ha dado! Luego les habría contado una vez más las bondades y la responsabilidad histórica de ser un soldado de la patria y habría terminado su discurso aseverando que los que gustaran podrían reengancharse y seguir siendo soldados. por supuesto. cerca del parque. Efraín y sus compañeros de cuadra se habrían levantado cansados. escabulléndose en medio del pánico generado por las luces del vehículo policial. sin atreverse. Los más afortunados pasarían a ser cabos y quizás sargentos. Y habría terminado diciéndoles que fueran donde fueran tuvieran en cuenta que ya el Ejército les había dado un camino que seguir. se habría vuelto a esconder en el callejoncito donde vivía su madrina Julia. —¡Disciplina!. En esos instantes. sujetos drogados. sin desear siquiera lanzar una respuesta tentativa o algo que no fuese una orden de su superior. La «batidora» era el nombre con que ellos —los chiquillos del barrio— denominaban a la batida. a aquellas redadas que hacían el Ejército y la Policía para detectar indocumentados. narcotraficantes. senderistas. realmente habrían sentido que ya no estaban para esos trotes. 71 . todo género de requisitoriados.FRAGMENTOS PERDIDOS Los soldados habrían permanecido en silencio. Cada vez que hacían una batida él recordaría sus días en el taco. el del orden. Habría estado en silencio con media docena de muchachos conocidos y desconocidos que la tía escondía cuando llegaban hasta su puerta. Efraín habría logrado escapar una vez más. micro comercializadores de drogas. menores de edad en lugares inapropiados y. —¡Ahí viene la batidora! —los grupos de muchachos habrían corrido por el parque chalaco. los demás podían irse al mismísimo carajo.

encontraría las respuestas a sus interrogantes. Carlos estaba metido en las cuestiones sociales y me jaló para que cachueleara. Alguna vez me contó que estuvo asistiendo a una escuela popular de Sendero Luminoso y que allí aprendió. que él y su difunto padre eran proletarios y que ese sistema de explotación no duraría para siempre. «Vamos a luchar por nosotros mismos». entre otras cosas. que los explotadores tienen subyugados a los explotados proletarios. —De nada. Para ello debía él aprender a disparar fusiles. Cuando me preguntó si podría hacerlo respondí que sí. leyéndolos. no tendría que pensar en nada. —Aquí bajamos —dice José y luego se dirige al taxista—. Su profesora le explicó que estaban en guerra ahora. escribo tonteras y guío turistas extranjeros en Lima. Solo le faltaba leerlos a ellos y solo así. a armar bombas caseras. porque ya pensadores como Marx. maestro. a cantar la Internacional y el himno de Sendero Luminoso. sobrinos —responde el hombre—. enseño. Se salvan si su amigo es faite. Gracias. A Casimiro lo conocimos trabajando en un ONG en la que yo trabajé como guía turístico. La única verdad por la que había que preocuparse era la lucha de clases los abusos que habían generado la actual guerra popular. nos meten cuchillo antes que demos dos pasos. entre unas cervezas que Casimiro nos contó su breve instrucción en una escuela popular. que el futuro sería grande y glorioso cuando el Presidente Gonzalo tomara el poder. para ver los frutos florecientes del comunismo en el futuro.FRAGMENTOS PERDIDOS —Casimiro nos va esperar abajo —dice José Carlos—. le habían dicho. Al momento en que murió su padre Casimiro García tenía siete años. Vayan con cuidado. Por lo demás. Fue en ese tiempo. porque la guerra popular iba a defender a los explotados. Mao y el presidente Gonzalo habían pensado todo lo que había que pensarse. 73 . si él no nos acompaña. que este barrio es maleadazo. Engels.

eso solo solito ya es motivo para unas chelitas bien heladas. Sonríe meciendo la cabeza como si asintiera. —Gracias —agrego. nunca ha bastado para saludar a un tipo como Casimiro. Encontrarme aquisito en mi barrio. mientras cierro la puerta. pero es dirigente popular —comenta Carlos—. Con él no hay medias tintas. Si se lleva bien con la gente. pero —dice Casimiro con ese acento que ya le conozco —. Me arrepiento de no haber traído la grabadora. —Ayayay. se es amigo o no se es nada. He de confiar en mi frágil memoria debilitada por las continuas migrañas. Al abrazarlo he sentido un inconfundible olor a cerveza y a aderezos de comida. Subimos al cerro por unas escaleras metálicas implementadas por el municipio. maestro. ya es mucha cosa. Él nos mira igual que siempre con el cabello lacio. José Carlos que ya ha bajado no lo oye.FRAGMENTOS PERDIDOS —No es faite. —Suerte —dice el taxista. —dice José Carlos — mucho más motivo para las chelas. cetrina que reconozco. El torso fornido. el apretón de manos no basta. —No me la había creído. si a todo eso que has dicho le sumamos el nacimiento de tu hijo. los ojos achinados y la faz prieta. Viste una camisa blanca con adornada con bobos. pantalón y saco azules. Quiero aprovechar un momento para conversar del tema con Casimiro. Se saluda con un fuerte abrazo o no se saluda. endurecido por el trabajo de campo se deja percibir a través de la ropa. 75 . entonces estamos salvados. con mis amigos Carlos y Rafo. pero considero que es probable que nunca hubiera tenido opción de grabar algo. así de tajante es él. Al mirar hacia el frente veo a Casimiro apoyado en un carro con los brazos cruzados a la altura del pecho. Nos saludamos con fuertes abrazos.

Él sigue a paso tranquilo. aquisito.FRAGMENTOS PERDIDOS —Antes subíamos como arañas —bromea Casimiro. mejorando estamos. —Ya estábamos empezando —dice Casimiro—. A mi lado José sopla algo de aire hacia su sudorosa frente. nomás. ¿No? Yo siempre cumplo mis promesas. estamos muertos. quien vuelve a soplarse la frente—. me pone una mano en el hombro como para aconsejarme y empieza a hablar. y que lo traía al hombre. cuando recibimos tu llamada. al menos en esto. —Te dije que venía —José Carlos contesta algo agitado—. ahí donde suena la música es. Empiezo a sentirme avergonzado de mi condición física. —¿Están cansados? —pregunta Casimiro. —Disculpa la pregunta —le digo— pero esto me lo he preguntado en cada grada. —Él está cansado —replico— yo. pues —Casimiro mira hacia un lado—. ¿Tú subes y bajas por aquí borracho? Casimiro vuelve a reír satisfecho. 77 . pero. sin perder el ritmo. Tiene motivos para ser feliz y lo demuestra con orgullo. —Estamos —acota José Carlos. Lo veo subir tranquilo. en cada rellano que pisaba. La sonrisa no se borra de su rostro en ningún momento. —Descansemos un rato. Casimiro mueve la cabeza en señal de desaprobación. no. en su rostro se dibuja una risa de satisfacción. habremos escalado unos metros cuando ya quiero detenerme. Ya estamos llegando. señalando las escaleras—. yo estoy muerto.

Rafael decide ir a San Marcos a buscar alguna inspiración. sino el que lo hace. jugando y persiguiéndose por entre los peldaños de la escalera—. viejas noticias y apenas tres capítulos en borrador son su único avance. Ya en la puerta de entrada sigue un viejo ritual. se une a un mar de alumnos que pugnan por ingresar. estamos acostumbrados. —¿Me reconocerá? —murmura con los labios entreabiertos. Revisaban el carnet. Nosotros somos así. Rafael detiene su mirada en una de Yukio Mishima: El verdadero escritor no es aquel que dice que escribe. 79 . muestra apenas su documento de identidad y pasa caminando sin que nadie le oponga resistencia alguna. mirando atentamente la foto para ver si la persona que pretendía ingresar era el titular y luego buscaban en el interior de las mochilas para ver qué llevaban los alumnos allí. Atrás va quedando el frío invernal y con los primeros días soleados. Cuando era estudiante dos militares fuertemente armados protegían la entrada apoyando a los vigilantes. 4 Revisando un libro de frases famosas que ha traído su amigo Melanio. Han pasado siete meses desde que conoció a Clarisa y realmente no ha avanzado mucho. esta es nuestra vida pero. Un fólder lleno de hojas impresas. Entonces era más difícil escabullirse del control.FRAGMENTOS PERDIDOS —¿Los ves a ellos? —señala hacia dos niños muy pequeños que suben corriendo.

Luis Ancajima está flaco. como reconociendo a su interlocutor. tiende una mano que el otro. musculoso y risueño al que todos los ingresantes llegaban a conocer porque estaba siempre en el Centro de Estudiantes o deambulando dentro del comedor de Cangallo. Para ese momento ya algunos estudiantes habían sido vistos en los noticiaros. base noventa y dos de Historia. Cuando Rafael lo saluda. Reymos y Rafael habían visto a Ancajima caminando en medio de una nube de gases lacrimógenos. Ancajima lo mira sorprendido. sus mejillas están pegadas al hueso. estrecha la mano que le ofrece. Qué bueno verte. Deambulando por la facultad. se le ve cansado y camina despacio. Era un tipo enorme. algo encorvado. 81 . es el suyo un rostro cadavérico. iba hasta donde estaba el artefacto que soltaba el gas y lo alejaba a patadas sin siquiera estornudar. pero los mostraban sin afeitar. y por esa coincidencia el pobre había ido a parar a Seguridad del Estado. Luis Ancajima. barbones y algo decían a grandes voces. —Luis —dice Rafael. mirando con gesto de sorpresa. Rafael ve a Ancajima. Cierta vez. Soy Rafo Gutiérrez. Una chica comentó que le pareció ver que lo presentaban en la televisión vistiendo un traje a rayas. Era conocida una historia acerca de un muchacho de Derecho que había sido detenido por llamarse Demetrio. no atina a apretar—. Cierto día Ancajima dejó de asistir. como hacían con todos los detenidos por terrorismo. cosa que al día siguiente era la comidilla en los corrillos de la universidad. mientras los estudiantes se enfrentaban con la policía reclamando por el derecho a pagar medio pasaje en los vehículos de transporte público. No se oía qué gritaban los detenidos cuando los presentaban. no sé si me recuerdas… —¿Peluca? —pregunta Ancajima y luego. Saulo. nombre de un sospechoso. Lo primero que nota es que parece no quedar mucho del granítico individuo al que llamaron el Hombre Verde.FRAGMENTOS PERDIDOS A Luis Ancajima le decían el Hombre Verde porque parecía el Increíble Hulk.

al antiguo Luis. me quité el noventa y siete. libre de polvo y paja. simplemente desapareciste. Ancajima comenta que dos compañeros de su base ahora son sus profesores. Me detuvieron injustamente. —No me quité. —Es que ha pasado el tiempo —Rafael hace una breve pausa y luego vuelve a hablar—. compañeros a secas. señal de que era y soy inocente. No tengo problema. Pero ya ves. —¿Retomaste los estudios? —Rafael se lanza con la pregunta. 83 . de los profesores. —Me cuesta mucho decirles profes —Ancajima tose—. Piensa que tal vez asuste a Ancajima o lo moleste y dé por terminada la conversación. —No. Rafael quiere volver sobre sus palabras. aquí estoy.FRAGMENTOS PERDIDOS Rafael reconoce en ese apretón de manos firme y vigoroso. me quitaron. ¿Tú en qué año terminaste? —No terminé —Rafael niega con la cabeza—. a veces les digo como antes. ¿tú por qué te quitaste? Luego de hablar. Peluca. de los cursos que lleva Ancajima. Verdad. —¿No lo sabes? Creí que todos lo sabían. ya no te dejaste ver en el comedor. —Como dice el vals: Todos vuelven. Hablan de distintas cosas. —¿Te quitaron? —¿En serio no lo sabes? —¿Debería? —No. todos vuelven —responde Ancajima sonriendo—. no importa. ese sujeto que parecía el Hombre Verde. acusado de terrorista.

—Sí. pero se han oído tantas cosas que me animo a preguntarte: ¿pegaban? —No. —Quince días. entonces no estuviste sino detenido un tiempo preventivo. Rafo. claro que lo recuerdo. Yo siempre he sido de izquierda. Rafo. —Ya pues. nos llevaban a las casas para verificar qué teníamos guardado. pero quisiera saber si estabas en San Marcos el día que te… llevaron. Disculpa que te pregunte. Nos preguntaban cosas. excepto en los rastrillajes. Pero. no podían dejarnos huellas. que te pregunte. —Disculpa. dijeron que era yo. —No me gusta hablar de eso. pero sí. al menos antes de que pasen los quince días no pegaban. hasta donde sé no pegaban. cuando empezó el rastrillaje. no sé si sabías. solo nos tenían encerrados como monos de circo. no lo sabía. ¿Tú crees que eso es un delito?. 85 . definitivamente no. los campesinos. —Oye Luis… disculpa que sea tan curioso. bueno. es que nunca supe exactamente cuándo se llevaban a alguien. Me importa el pueblo. ahí frente a Derecho. la igualdad. ¿crees que es un delito querer defender a los oprimidos? —No. Se apoya en uno de los muros de la facultad y lanza una mirada escrutadora a su interlocutor que ha empezado a hablar. Pero dicen que al principio no podían.FRAGMENTOS PERDIDOS Luis Ancajima sonríe y muestra las manos vacías en señal de inocencia. Estaba en eso. Iba a tomar el burro para ir al comedor de Cangallo. Puta. los tíos habían comprado verduras y esas cosas… Yo estaba en el manejo de los comedores. —Anda. estaba haciendo cola en la Plaza Cívica. Buscaron en las listas y había un Ancajima. Luis.

nos jodieron. tenía ahí a Engels. Esa misma tarde fueron a allanar mi casa. Y quiero escribir una novela. Me llevaron esposado. Traté de explicar todo. las bombas. ¿Quieres escribir sobre mí?. Rafo. le pide una fotocopia que Luis extrae de su mochila para prestársela. Pero ya ves. ¿Ves qué brutos eran? —Y no pudiste. no sé… ¿defenderte? —¿Defenderme de quién? ¿Ante quién. Mi vieja se quería morir de la vergüenza. Se llevaron los libros de la biblioteca de Centro de Estudiantes. Mi familia se fue a la mismísima mierda cuando me llevaron de San Marcos. los apagones y todo eso. no pierdas tu tiempo. ¿por eso tantas preguntas? 87 . pero querían que delatara a alguien. Peluca? Estaba ante la suerte. más por mis viejos… Los cachacos entendieron y me dejaron libre. Un alumno que pasa cerca lo saluda. se llevaron La Estructura de las Revoluciones Científicas de Kuhn y dejaron La Sagrada Familia. Rafo… Pero esos cachacos sí lo creían. ¿A quién. Encontraron mis libros de Marx. sobre lo que pasó nuestra generación. o bueno. escriben huevadas. nadie en el barrio nos daba cara. —¿Cómo va el trabajo? —pregunta Luis cambiando de tono de voz— porque… Tienes trabajo ¿No? —Enseño en una academia —responde Rafael— me da para vivir. los rastrillajes. un terrorista. En las aulas. puras huevadas. Luis mira el suelo. en todos sitios discuten y no llegan a acuerdos. en congresos de estudiantes. rodeado de agentes. para sobrevivir. no había pruebas y salí ileso.FRAGMENTOS PERDIDOS —Yo tampoco. Peluca? Pero nada. por eso dejé San Marcos. Supuse que me estaban siguiendo y al final con mis viejos tuvimos que mudarnos. —Todos escriben acerca de esa época —Ancajima responde de mala gana—. volvimos a Chimbote. a los ojos de los vecinos yo era un asesino.

la novela es solo una idea suelta que tengo. acaso es aquello que sentía cuando se sentía observado en la facultad. Un algo se mete en su cuerpo. Rafael en ese momento reconoce al Hombre Verde de antes. —No te molestes —dice Rafael poniéndole una mano en el hombro. Ahí está tu historia. O sea. se la entrega y se aleja caminando apurado. El otro alumno regresa con la fotocopia en la mano. el miedo que sentía a ser detenido por error durante los rastrillajes que hacía el Ejército.. Tú ve cómo diantres la cuentas. Es una sensación conocida para él. el temor que le infundía el pensar que los senderistas lo asesinaran durante esos años confundiéndolo con un «soplón».FRAGMENTOS PERDIDOS —No —responde Rafael y hace un silencio—. lo joden delante de su puta familia. indirectamente. Luis sonríe a unos pasos de Rafael. —Bueno —comenta Rafael aprovechando un breve silencio que hace su interlocutor—. no los hubiéramos. o bueno. sí. Antes no habrían hecho esto. Ancajima recibe la copia casi sin inmutarse y mira desafiante a Rafael. es casi imperceptible pero logra reconocer aquello como miedo. un personaje que sepa de los abusos que has vivido que sepa de… —Agarran a un huevón —Ancajima responde molesto. —Pero esto no será por siempre —dice Luis Ancajima.. cortándole la frase a Rafael y bramando de rabia—. se lo llevan preso. si lo hago. 89 . —No me molesto —replica Ancajima y se aparta zafándose de la mano que lo sujeta—. no es seguro que la escriba y. pero eso molesta. Rafael lo ve dar media vuelta e irse. lo hacen mierda en un penal de mierda y luego lo sueltan para que sea feliz. es una ficción.

En silencio Rafael se pregunta qué pasaría si Ancajima llegase a creer que él está averiguando porque es un informante de la Policía y que fue él quien dio el soplo para que él cayera hace casi dos décadas.FRAGMENTOS PERDIDOS Cuando Rafael llega a su casa encuentra las luces apagadas casi son las nueve de la noche y aún no ha llegado su esposa. Esa tarde Martina supo que el terror no es sino es la suma de todos los miedos. empieza a leer lo que ha escrito la noche anterior. 3 91 . Sentándose frente a la computadora. algunos datos que ha bajado de internet y los despliega sobre la mesa como si fuesen partes de un rompecabezas y murmura una frase. Ve sus recortes de periódicos.

Tengo historias sueltas. hace tiempo. tú lo conoces.FRAGMENTOS PERDIDOS Es lunes y Rafael ha llegado a la academia un poco tarde. Me he dado cuenta que necesito ir a Ayacucho para poder describir ese lugar. ver a la gente… me faltan muchas cosas… —¿Puedes pasarme unos plumones? —Melanio se apoya en el marco de la puerta—. en cuanto termines la novela me avisas para ser el primero en leerla. inconexas — responde Rafael y se acaricia la nuca—. Mira que el coordinador Pacheco es bien fregado. se me escapa de las manos. Amplios balcones adornan el segundo piso. Nada más no te me loquees. Rafo. Has estado faltando mucho. —¿Nada? —Melanio empieza a reír. para luchar esa guerra sin cuartel con las mismas armas que usaban sus contrincantes. y dos ventanas enrejadas sirven para la iluminación del primer piso. A veces la historia quiere ir por su propio rumbo. El coordinador te quiere sacar… Por cierto. —Rafo —le dice Melanio Acevedo. no puede evitar pensar que en sitios como ese. nada. Desde la acera de enfrente ve la vieja casona que sirve de local pintada de un sucio color celeste con líneas blancas. Buenos días. aprovechando la miseria y el abandono. estoy atascado. Mientras se acerca. Sendero Luminoso reclutaba jovencitos y que allí mismo el Servicio de Inteligencia empezó a infiltrar personal. como negando—. le pone una mano sobre el hombro a Rafael y mueve la cabeza hacia los lados. ¿tú qué tienes? —¿Yo? —responde Rafael—. 93 . hombre. ¿Terminaste de escribir tu novela? —No. alcanzándolo a la entrada de la Sala de Profesores de la academia—. Bueno. Recuerda una frase: combatir el terrorismo con terrorismo de estado no es la mejor idea.

por la ventana vio desfilar largos contingentes de soldados y desde la ventana contempló el trajinar de alumnos. y al cruzar por la puerta de la Venezuela era uno más en esa muchedumbre de alumnos confundidos que se retiran a sus casas. Las clases ya habían sido interrumpidas en todas las facultades. —¿Le pasa algo. como dice el profe Melanio. Paula Suárez. Tengo clase de Historia Universal a las nueve de la mañana con el aula once. profe? —pregunta. bien fuerte. apurada. Todos pasaban tres controles militares. Al acercarse a la salida él vio tres vehículos del Ejército estacionados frente a la explanada de Derecho. Pronto los militares estaban por todas partes.FRAGMENTOS PERDIDOS Melanio sale corriendo al toque del timbre. aprovechando que no tiene clases a la primera hora. estaba en clases en algún aula del pabellón de Ciencias Sociales. la secretaria llega corriendo. Rafael recuerda un día lejano. Cuando él volteó a ver. por favor. dando saltitos con sus zapatos de tacón alto. Rafael se queda unos instantes en la Sala de Profesores. pasaban golpeando las puertas para que los estudiantes salieran. —No —responde él—. En este control los alumnos vuelven a hacer largas filas para ver si sus nombres están en las listas que han traído los soldados. he estado muy metido en mis asuntos. 95 . estaban subiendo a unos alumnos a un camión portatropas. eran como las diez de la mañana. —¿Le traigo un café? —Uno bien cargado.

97 . junta en un abrazo sus implementos. tampoco hubo fiesta.FRAGMENTOS PERDIDOS Suena el timbre de las nueve de la mañana. una regla de madera. los «perros» siendo maltratados y hostigados por los alumnos antiguos. Fuera de alguna que otra discusión entre grupos políticos que acabó con toda clase de amenazas verbales. en el patio se escucha nuevamente el hablar bullicioso de los alumnos. intenta — sin saber si lo logra— cambiar de expresión. Rafael se pone de pie. sino de la película de Francisco Lombardi. llegué a temerle a la idea de un bautismo y fiesta incluida. 5 — Bautismo y fiesta de guardar— Antes. Apenas ha recogido las separatas que debe utilizar sobre la Revolución Francesa. El primer día de clases entré temeroso. entrega la taza vacía a Paula y mira su horario como si no lo conociera de memoria. dos plumones y una mota. Caminando hacia el aula que le han asignado. Me habían dicho que a los ingresantes —llamados tradicionalmente cachimbos”— los hacían padecer las de Caín. no hubo tal ceremonia de bautismo y si mal no recuerdo. Al igual que Melanio. no una escena de la novela de Vargas Llosa. Yo imaginé que la fiesta de cachimbos sería semejante a alguna escena de La ciudad y los perros. me mantuve a cierta distancia viendo el desarrollo de las acciones. Fue en la época en que ingresé a la universidad. Afuera. con los alumnos nuevos. a manera de recibimiento.

de eterna convalecencia. porque tiene la pepa chancada. la encuentro más sucia y gris que de costumbre. un monstruo que parece no tener límites visibles ni dejar espacios vacíos.FRAGMENTOS PERDIDOS Llegamos a la vivienda de Casimiro luego de subir algunos peldaños más. no se me ocurre otra forma todavía. las paredes están ennegrecidas por la polución pero se nota que alguna vez fue pintada de color rosado. Muchachos. Es una casa rectangular. Trátenlos bien. —Escuchen. guitarra. Dentro de la casa el piso es de cemento pulido. Ella es Juana García. les presento a Eutimio Chipana. pero por ahí le dicen «La Damajuana». escuchen —dice Casimiro. Parece como si el trago se le hubiera subido a la cabeza por la caminata y tratara de ahogarnos. Nos los presenta por su nombre. bombo y zampoña. chica y sencilla. Desde donde estoy apenas puedo divisar. yo le digo hermana. un monstruo extendido. le decimos: «Chapana» —dice presentándonos al primero—. viejos amigos. en medio de la neblina y la polución. carajo. es mi primo. cuñado y padrino de mi hijito. como una vereda. Volteo la vista hacia Lima. Este otro es Anatolio Ronceros. Grupos de invitados se inclinan para saludarnos. 99 . Abraza a Carlos jalándolo del cuello. la isla San Lorenzo y algunos edificios altos y ajenos que se yerguen por sobre esa maraña de cubículos caóticos que es Lima. Casimiro casi nos obliga a darle la mano a todos y cada uno de ellos. charango. filiación y apodo. mi hermana. En un costado un conjunto musical interpreta unas melodías andinas. son pocos. El charanguista tiene otra zampoña. Las paredes han sido pintadas de color celeste. mi compadre. al tiempo que hace una señal para que detengan la música— les presento a mis amigos Rafo y Carlos. arpa. un monstruo enfermo. le decimos: «Rocoto Molido». derramado como una materia viscosa sobre la superficie de este fragmento de costa. A mí me llama con el brazo libre y me abraza.

parece realmente una damajuana. cabello ralo y ropón celeste de felpa. hace una señal para que lo sigamos y se mete a otra habitación. no sé cómo se ha metido a la casa. recuerdo que Carlos me ha dicho que ahora Casimiro se dedica a la venta de productos en el mercado mayorista. Te presento a mis amigos Carlos Málaga y… Rafo. A simple vista me parece que estuviera hinchado. vecino. Le decimos «Camarón» por lo rosado y por que se mete donde no lo llaman. le decimos «Caja» . —Ah —responde Casimiro riendo— yo recordaba que tenias nombre de árbol. porque no lo invitamos. pero no me acordaba de cuál. vecino. con el cabello amarrado en un moño.FRAGMENTOS PERDIDOS Todos ríen por lo que ha dicho. Al llegar al cuarto del niño unas mujeres nos hacen un señal para que no hagamos ruido. uno por uno. Ismael Changanaquí. quieres que acá hagamos silencio nosotros? Fuera de aquí. no seas. señora. mucho gusto —repito. mucho gusto. La hermana de Casimiro. mejillas rosadas. Ella es mi esposa Lucía Cabrejos de García. —Mujer. —Es fuerte como su padre —dice Casimiro. —Del Pino. gordita y baja de estatura. —Sí. 101 . Los que más ríen son Anatolio y Juana. me mira atentamente al pasar. al costado de la esposa de Casimiro veo un bebe rollizo durmiendo. se abraza con Camarón y todos vuelven a reír. Los últimos los presenta de manera sencilla Fernando Cajahuaringa. En la cuna. ¿Con la bulla que hay afuera. al tiempo que levanta los brazos lleno de comprensible orgullo paterno—. Un gato plomo está echado como una esfinge sobre los costales. —Mucho gusto —dice José Carlos— el honor es nuestro. pues —dice nuestro guía—. Veo un cuarto lleno de enormes costales repletos de ajíes. bien gordito está. Luego nos presenta a unos dieciocho invitados. Casimiro nos suelta. Rafael del Pino —digo—. —Este es mi hijo —dice.

si es que me dejo entender. —Así es —dice Casimiro. afirman ellos que parece ser que viene usted algo distraído a dictar. —Ah. 4 —Profesor —el coordinador académico hace un gesto con la mano llamando a Rafael a su lado—. qué barbaridad. ataviado con un sombrero. —No —responde Rafo—. No puede usted creer eso de mí. —¿Distraído? —dice Rafael. No fue esa la palabra que ellos usaron. —Distraído. nos vuelve a abrazar y sigue hablando—. Ya mucho de ver al niño. apostólico y alcohólico —le digo. yo jamás he venido… 103 . —Y algo bucólico —agrega él. apostólico y romano el asunto —comenta José. se la entrega a José Carlos y entra corriendo a las habitaciones. Ya en la sala nos deja libres y se lanza a destapar una botella de la caja. Tengo que contarle que unos alumnos se han quejado de su clase. es decir? ¿Fue cerca de aquí? —En la capilla de la vuelta —responde la esposa de Casimiro sin dejar de mirar a su hijo. caramba católico. qué bueno que lo encuentro aquí en la Sala de Profesores. —Católico. ¿En que iglesia. en señal de beber—. Con un ademán hace que los músicos vuelvan a tocar. Me acerco a José para hablarle. señor Pacheco. señalando con el mentón al dueño de casa que hace su aparición en la sala. La destapa. Vamos a tomarnos unas chelas con los muchachos. luego se ojea.FRAGMENTOS PERDIDOS —¿Dónde fue el bautismo? —pregunta Carlos—. por no decir otra cosa —responde el coordinador balanceando la mano con el pulgar y el índice estirados.

Siente la mirada del coordinador apuntando en su dirección. es cierto. ¿Qué podríamos hacer si lo estudiantes creyeran que alguno de los profesores es un alcohólico o un drogadicto? —Lo comprendo. —Ah. Del Pino. interrumpiéndolo y dándole palmaditas en un hombro —. responde Rafael aún con la mirada en el afiche publicitario. Del Pino. usted sabe que la academia Jean Paul Sartré tiene un prestigio que defender. Andar pensando en las musarañas da mala imagen. ¿no? —Pero. lo había olvidado». señor Pacheco —Rafael se excusa mostrando las palmas de ambas manos—. pero también a nuestra plana docente. cierto.FRAGMENTOS PERDIDOS —Lo sé —contesta el otro. pero puedo asegurarle que yo jamás he venido borracho a dictar clases. «Las tutorías. que no ande distraído en horas de trabajo. Observa la foto de los muchachitos ingresantes y piensa que esa edad tendría Luis Ancajima. Del Pino. por supuesto. por eso le digo. No queremos estar en habladurías. el señor profesor lo había olvidado. estamos entre gente adulta. por ejemplo. no me voy a molestar. —Pero dígame —pregunta el coordinador Pacheco alzando la voz— ¿No pensó. Nos debemos a nuestros ingresantes. cuando fue captado por los comunistas y no sería mucho mayor cuando lo detuvieron en san Marcos. 105 . lo había olvidado —comenta el coordinador en tono de sorna y abre los brazos en cruz—. en venir a las tutorías? Rafael mira un afiche publicitario pegado en la pared. Inicio de ciclo 15 de agosto.

—Disculpe Coordinador Pacheco —Rafael se toma la nuca con una mano— tiene razón usted. No sé. ir a su casa y escribir de madrugada. —Ese no es mi problema. dictar sus clases. —Chismes. Me dijeron que viene usted tarde y lo dejé pasar. eso mismo me dije yo. estas semanas han sido particularmente difíciles. Del Pino —el coordinador empieza a pasearse por el aula haciendo resonar sus tacos sobre el piso de madera—. ¿sabe? Lo he estado observando todo este mes. Da vergüenza admitirlo ante un extranjero. eso no son cosas de viejas chismosas. esta es una empresa. tardones. Me van a culpar a mí. me dijeron que usted no prepara sus clases y termina actuando como chimpancé. al profesor Villavicencio o a la señorita Suárez. a lo mejor está siendo sometido a demasiada presión. No hizo mucho más que lo de siempre. parece distraído. vea cómo son las cosas. profesor Del Pino. Rafael hace un rápido recuento de sus actividades en el mes.FRAGMENTOS PERDIDOS —Pues bien. conversar con alguien. nunca le he dado importancia a esas habladurías. En fin. pero es la realidad. pero. no lo van a culpar a usted. como recordará el mes pasado le comenté que había un rumor acerca de que venía usted ebrio o drogado. se comporta extraño usted. no somos puntuales. claro. lo dejé pasar. no es la beneficencia! 107 . —Hace usted bien. Pero hay que estar atentos. llega tarde. Es cierto. lo dejé pasar. Esto no es cosa de días difíciles o fáciles. ¿Cree usted que esas cosas le importan al dueño? Si la empresa va mal. ¡Por si no lo ha notado. son solo chismes. somos peruanos.

porque tendrá que conseguir un nuevo empleo. Toma algo de sobre el escritorio y se aleja caminando a toda prisa. con mucho gusto se la daremos. prometo no fallarle esta vez». El lunes puede pasar a cobrar sus honorarios por lo que va del mes de agosto. esta semana ha sido particularmente difícil para mí. 109 . dice ella excusándose. como le dije. puede tomar sus cosas e irse. «Lo siento. Pacheco se pone de pie. es una decisión tomada. comprende que tendrá más tiempo para escribir la novela. la siguiente»… El coordinador Pacheco mueve la cabeza de un lado a otro en señal de desaprobación. se concentra en unos papeles que empieza a leer con avidez. Si quiere una carta de recomendación. Apenas ha dejado la vieja casona. La siguiente semana va a ser mucho más difícil. Contamos con una excelente plana docente. entenderá usted que esto no puede continuar así». Rafael sale de la academia caminando tranquilo. dice para sí mismo. «Olvidé esto». No se preocupe. lleva la frente en alto. Todas las cosas pasan por algo y ahora podrá dedicarse a eso aprovechando el tiempo libre. se pone de pie también. Está usted despedido. Rafael. camina unos pasos y dice: «En fin. Del Pino. usted es joven y brillante. para que vea que esto no es algo personal».FRAGMENTOS PERDIDOS Los tacones de Paula que acaba de entrar a la Sala de Profesores suenan apurados sobre el piso de madera y se detienen en seco. no dudo que conseguirá trabajo pronto». «Estoy cansado de promesas. Ambos hombres voltean a verla. «Lo sé. El coordinador vuelve a tomar asiento. Ya tenemos otro profesor esperando para cubrir su puesto. «Vamos. «Mi futuro pende de un hilo de palabras en forma de novela». déme otra oportunidad. pero. Del Pino. que lo ha seguido con la mirada. Rafael vuelve a fijar su vista en el afiche publicitario.

que iba a acompañarnos ya está hablando en chino y que muy pronto empezará a llorar de puro borracho. pues maestro. yo entiendo. pero es tarde y el peligro debe aumentar fuera en la calle. porque José Carlos me interrumpe. 111 . que no pienso tomar un sorbo más y que voy a tener que llamar a mi esposa para que no se preocupe. —Vaya nomás —dice—. es que… —No puedo terminar la frase. Le comento que tengo cerca de una hora con el vaso vacío en la mano. La fiesta está en lo más alto y desde la cocina llega el aroma de algún suculento potaje. Carlos me dice que vamos a tener que esperar hasta el otro día. que salir va a ser muy difícil porque Casimiro.FRAGMENTOS PERDIDOS — Sin salida probable — Empieza a oscurecer. —No sea pisado —dice él—. aún no he tenido oportunidad de hablar con Casimiro a solas. ¿Ya ve? —No es que sea pisado. estoy bromeando. Le hago una señal a José de que debemos de salir de allí. No preocupe a la esposa.

FRAGMENTOS PERDIDOS 5 —Eso se veía venir —Andrea. un cenicero de cerámica brillante. ahorró en secreto. Rafael guarda silencio y fija su vista en un adorno de la sala. Es una ballenita azul. 113 . empieza a llorar desconsoladamente—. Luego fue donde la vendedora. no cuidas tu trabajo y ni siquiera vienes a dormir cuando me acuesto. Cuando logró reunir el dinero lo contó varias veces hasta asegurarse que estaba completo. Si no estás con José Carlos o yendo a San Marcos estás frente a esta computadora. Toda la vida es lo mismo. Recuerda que cuando era niño había juntado dinero durante meses para comprarle una igual a su madre: la había visto en una tienda cerca de su casa. una chica alta de enormes ojos café. los brazos cruzados. ya me estoy cansando de esto. fingiendo que pedía dinero para comprar unos dulces. útiles del colegio y esas cosas de niños.

—A ver. Y allí estuvo hasta que un día. —¿Es su cumpleaños? —la chica empezó a buscar entre un grupo de tarjetas alguna que resultara adecuada—. la madre lo lanzó al piso. Como él le refirió que era un regalo para su mamá ella le propuso ponerle una tarjeta. Mientras lo envolvía. Lo llevó envuelto en un papel de color rojo con flores y lazos dibujados. mientras discutía con su padre porque faltaba dinero para pagar las cuentas. ¿cómo se llama tu mami? Él le dijo el nombre de su madre.FRAGMENTOS PERDIDOS —¿Y tú qué quieres. quedando su rostro casi a la altura del de Rafael—. ¿una pelota? —Quiero eso —dijo Rafael. como si no existiera en este mundo nada más que tu estúpida novela y tú. 115 . como si yo no existiera. chiquitín? —la chica de enormes ojos café le sonrió y se agachó. señalando el adorno y muy nervioso porque nunca antes había hablado de tan cerca con una chica y mucho menos una que le resultara tan bonita. como si nada te importara. y agregó que no era su cumpleaños. —Lo peor es que me dejas hablando sola. mientras que con la otra le entregaba el regalo envuelto. Lo acomodaron en una mesita de centro junto al sofá grande de la sala. por qué no hablas —Andrea levanta la cara y busca los ojos de su esposo que continúa perdido en la contemplación de la ballenita azul. Le entregó el cenicero a su madre y la vio sonreír alegre. destrozándolo en mil pedazos. que vio la ballenita y se le ocurrió dársela porque una vez la vio llorando debido a que se le había roto un cenicero y pensó que así ella estaría más contenta. ¿Algún juguete?. La chica lo felicitó por ser un buen hijo y le hizo cariño con una mano. la chica de los enormes ojos café le preguntó para qué quería un niño un objeto como ese.

Se me ha hecho tarde. que si en esa habitación hay algún demente no es ella. No creo que pueda ir a dormir.FRAGMENTOS PERDIDOS —Tienes razón —mientras habla. ¿Sabes qué pasó? Vine con José Carlos al bautismo del hijo de un amigo. que él se toma las cosas muy en serio. —Claro. — Llamada dos — —¡Rafo! ¿Dónde estás? ¿Y esa música? Estaba preocupada. Siempre la tienes. pero que eso no puede seguir igual. —¿Algo más? —No. Rafael sigue mirando el adorno azul—. —¿Ya? —¿Estás molesta? 117 . lo imagino. yo quise salir a tiempo para regresar a casa. parándose enfrente de él —. pero no te molestes. como si fuera yo una loca. —Sí. es que me fueron a buscar a último momento y pensé que podía sacar algo de información para… para un artículo que estoy escribiendo. el barrio es peligroso. yo entiendo. es en el Agustino. —Ya. ya es tarde. —El asunto es que. y ahora me das la razón —Andrea se levanta. Entiendo que debí avisarte. Rafael le asegura a su esposa que no ha sido esa su intención.

los músicos e invitados están completamente ebrios. te mando besos. sillones e incluso por sobre el suelo. me duele la cabeza. acaso discurre alguno que otro líquido amarillento y reluciente que no atino a saber si es cerveza o excreciones humanas. José Carlos. —Disculpa. Me pregunto cuántos de estos caballeros podrán contarme una historia que pueda ser útil a la futura novela. En otro momento hablamos. los veo caer en seguidilla conforme avanza la hora. —Ah. no registra llamadas ni mensajes de mi esposa. a mi costado también duerme. Daniela? —Sí. Unos cuántos persisten en la terca idea de mantenerse despiertos. —Ah. Rafo tengo que cortar. No hay ahuehuetes a cuyo recaudo pueda uno sentarse a llorar. No corre la sangre de valientes por el piso. por cierto. te veo mañana. ni guerreros. okey. —¿Alguna novedad en el trabajo? —Nada. Miro el celular. ¿Daniela? ¿Daniela? — La noche triste — Esto no es Tenochtitlán.FRAGMENTOS PERDIDOS —No. estoy cerca de tu trabajo. 119 . desparramados como muertos por entre las sillas. no hay luna. de seguir bebiendo. —¿Segura. Sigo con el vaso vacío en la otra mano.

Bebe la cerveza de un solo sorbo. —Salud —respondo—. — cuando mi mamita muriendo. Mi madrecita se ahogó en el río. fue. compadre: ¿qué pasó en Ayacucho? 121 . Le pregunto cuánto tiempo hace que conoce a Casimiro. —MI padre se fue de pena —me dice. por lavar la ropa. Me doy cuenta que él tampoco recuerda mi nombre porque me trata de «amigo». tragando por igual cerveza. —Sí —responde—. me devuelve el saludo con toda cordialidad. pero no recuerdo su nombre. los ancianos y los borrachos. cuenta. —Salud. me dice que es su hermano y que lo ha visto desde que eran chiquitos. se apoya en la mesa y esconde el rostro en el brazo que sostiene el vaso. yendo estuvimos pero hace tiempazo. es el único despierto a esta hora. tuvimos que ir a casa de un pariente. —¿Fueron juntos al colegio? —le pregunto directamente. mientras se sirve otro vaso. Casimiro me lo presentó. sí. Vuelve a esconder su cara. lo saludo afectuosamente. El supuesto hermano de Casimiro empieza a llorar como solo lo hacen los niños. Levanta la botella para llenar el vaso vacío. La mirada vidriosa se levanta e intenta mirarme a los ojos. como si lo conociera de toda la vida. empiezo a creer que sí es hermano de Casimiro. Sabe que ha encontrado con quién tomar. al llenarlo la cerveza. Imagino que está exagerando ya que Casimiro nunca mencionó a un hermano. a temblar y llorar como una Magdalena. igual lo abrazo. se fue al cielo. cae por sobre la mesa. mocos y lágrimas. chiquitos nomás. compadrito —me dice. Nosotros. rebalsándose. Cuenta. en Ayacucho.FRAGMENTOS PERDIDOS Me acerco a uno que está sentado junto a la mesa.

bien borracho». Se concentra. Sendero. me parece que ha dicho que fue rondero. Me mira cejijunto. no sé. ¡El primero que se mueve está muerto! 123 . la hora de los ladrones.FRAGMENTOS PERDIDOS Se torna incomprensible. son las tres de la mañana. —Le escuela popular —le digo— cuéntame sobre la escuela popular. escucho «Llorando. mira el vaso vacío y empieza a balbucear distintas cosas. mocos. no sé si dice Sendero o rondero. no entiendo. carajo! —gritaría uno de los militares con pasamontañas—. el rostro enrojecido por la cantidad de alcohol que ha injerido. Ahí me enseñaron —hace el ademán de apuntar—. —No —respondo—. me cuesta mucho reconocer las palabras en español con estructura quechua que se entremezclan con palabras en quechua que no entiendo. Regreso a mi sitio e intento dormir. todos duermen. para matar morocos enemigos de la revolución y explotadores. Canta otra cosa. La temperatura baja más y más conforme se acentúa el silencio. con cosas que no logro captar. Sus frases me parecen inconexas. pero que lo hicieron matar a gente inocente. frases inconexas. Volteo a ver a los presentes. tenía miedo a que me hicieran escarmiento popular los camaradas. —Yo sí he aprendido. Se queda dormido sobre su brazo derecho. acaso un yaraví triste. Menciona algo sobre la guerra popular. —¿Sabes disparar? —me dice. Miro la hora en mi celular. Dice que no todo era mentira. «Flotando. —¡Todos al suelo. Podría ser también un comando de sicarios que se han enterado de la presencia de dos ex alumnos de escuelas populares de Sendero. Lo jaloneo del brazo para que siga hablando. lo que canta está en quechua. Está despeinado como si se hubiera jalado los cabellos a propósito. lo escucho cantar Flor de retama. Vuelve a perderse entre lágrimas. Se empieza a dormir sobre el brazo. he sido. términos bilingües y conversaciones ajenas. como si la poca sensatez que le quedaba hubiera sido ahogada por esos dos últimos vasos con los que pretendió ahogarse. un huayno que desconozco. se fue». amigo. Imagino que un grupo de delincuentes podría meterse en la casa para robar.

debajo de la mesa y en otros lados de la sala. Probablemente no gritarían frases intimidatorias. Cuando revisaran nuestros documentos y vieran que él trabaja en derechos humanos estaríamos fritos. —No sé por qué te pones así —Andrea.FRAGMENTOS PERDIDOS Los ebrios se despertarían torpemente. —Por supuesto. El hermano de Casimiro se echaría a llorar hablando en quechua y en español. a veces no sé qué pensar. En vano buscó debajo del sofá. Trató de pegar los fragmentos de cerámica. —Nunca apuntamos al cuerpo —diría al capitán en el juicio. —¿No? —interrogaría el juez— ¿Está seguro? Mire que está bajo juramento. A José Carlos y a mí nos golpearían igual que al resto. en este caso: patria y muerte. unos hampones o si acaso fue Sendero Luminoso. Rafo? 125 . señor juez —argumentaría tranquilamente el capitán—. las esquirlas parecían haberse esfumado en medio de la nada. Cuando me acuesto no estás en la cama y cuando voy a trabajar sigues durmiendo. Cuando terminó de reconstruir la ballenita notó que le faltaban algunas partes. Patria o muerte. le dicen. le puedo asegurar que todos los tiros fueron a la cabeza. dando traspiés. Algunos seguramente reclamarían argumentando que no saben qué pasa. lo abraza—. Juicio popular. La verdad es que si alguien entrara disparando nunca sabríamos si nos asesinó el Ejército. ¿Acaso ya ni siquiera buscas trabajo. diciéndole jefes a los militares. simplemente entrarían disparando a quemarropa. ya más calmada. que se enteró que hay dos desertores de sus escuelas populares y quiere dejar un mensaje a la población.

sosteniéndola con dos dedos—. A lo mejor así todo tendría sentido. una tontera que quizá solo a él le importe. Mientras ella le pide disculpas por su reacción. —Siempre cambias el tema —Andrea se cruza de brazos—. No quería decirlo. No sé qué hacer. Tal vez si terminara la novela y lograra publicarla. lleno de pegotes. eres un… Él. alguien la leería y entendería de dónde venía su vacío. Fue el regalo que más le gustó.FRAGMENTOS PERDIDOS Rafael guardó el adorno imperfecto. ni siquiera fumas —Andrea toma la ballenita por la cola. No te preocupes. 127 . alguien sabría quién era él. —Buscaré otro trabajo —Rafael apoya su mentón en la cabeza de su esposa que había empezado a llorar—. en una caja debajo de su cama. Agrega que ese adorno es como un recordatorio de un sueño de niño. pero deberías mirarte… eres un vago. No sé por qué te gusta tanto esta cosa. lo haré. un día del que apenas tenía recuerdo lo lanzó a la basura. de un niño que un día quiso navegar por los mares. —No sé por qué miras tanto este adorno. aclara. inventa una historia en la que siempre se ha sentido fascinado por los peces y las ballenas. Rafael calcula que le será imposible reunir el dinero que piden las editoriales para publicar una obra y lo mejor que podrá hacer es buscar otro trabajo de profesor. esa novela ha destruido tu vida… Rafael mira a Andrea en silencio. tomando el adorno con las manos para evitar que ella lo lance. que no son peces. Era inservible. No haces sino andar por ahí con la mirada perdida. llena de fragmentos inasibles y escurridizos. Mientras la abraza piensa que la novela y su vida misma se parecen a la ballena rota. lo miró durante unos instantes y luego de eso lo había olvidado hasta que le regalaron aquel otro parecido en su matrimonio.

FRAGMENTOS PERDIDOS ----------- 129 .