Diplomatura en Estudios Avanzados en Lecturas críticas en la literatura y la cultura infantil y juvenil

Escuela de Humanidades
Universidad Nacional de San Martín

Módulo 3. Literatura Infantil y Juvenil
y otros sistemas culturales ligados
a la infancia y la juventud

Alumna
Prediger, Sofía Noelia
DNI: 33498197
Correo electrónico: sofiaprediger@gmail.com
Profesores
Bajour, Cecilia
Bombini, Gustavo
Martín, Sabrina
Fecha de entrega: 9 de agosto de 2014

CONSTRUCCIONES DE LA NIÑEZ EN LAS VOCES NARRATIVAS DE LAS NOVELAS
EN LAS NUBES DE IAN MCEWAN Y METAFÍSICA DE LOS TUBOS DE AMÉLIE NOTHOMB
En las nubes de Ian McEwan y Metafísica de los tubos de Amélie Nothomb son novelas
protagonizadas por personajes infantiles construidos a través de un narrador focalizado en cada uno
de ellos. En ambos casos, es la construcción de las voz narrativa lo que lleva al lector a situarse en
un punto de vista cercano a quien protagoniza la historia para seguir su relato.
Para analizar estas construcciones es necesario definir los conceptos que se utilizan en cada
explicación. Según Gerard Genette, el problema del relato se puede abordar desde el tiempo “en la
que se expresa la relación entre el tiempo de la historia y el del discurso”; la del aspecto , “o la
manera por la cual la historia es percibida por el narrador” y la del modo, es decir, “el tipo de discurso
utilizado por el narrador” (Genette, 85: 1972). Este último aspecto es el que enmarca la concepción
de focalización antes mencionada. Focalizar es situar la mirada de los sucesos por parte de quien
narra desde una concepción. También se explica en este punto el aspecto, porque el narrador
percibe y luego cuenta (hechos, situaciones, sensaciones) en las novelas analizadas, desde la
mirada de un infante.
El narrador de En las nubes, en el capítulo “La crema disolvente”, cuenta que en la cocina de
la casa hay un cajón que se usa para guardar cosas que supuestamente sirven, pero aclara que
“Debido a alguna mágica inversión, todo lo espectacularmente inútil acaba llenando el cajón
destinado a las herramientas prácticas” y agrega, preguntándose lo que el protagonista, Peter, se
preguntaría: “¿Qué podía hacerse con una única pieza de rompecabezas?. Pero por otro lado, ¿se
atrevía alguien a tirarla?”. En el enunciado del narrador aparece una interferencia del discurso propio
del personaje, insertando en el relato un fragmento de su discurso que no es introducido
expresamente mediante ningún marcador. A esto se lo denomina como discurso indirecto libre,
discurso que conforma una focalización interna (Mieke Bal define al focalizador y al focalizado como
dos construcciones y Genette discute estos términos y toma a la focalización como aplicable “sólo al
propio relato” (Genette, 50:1998), es decir que el focalizador es el narrador) que es el modo de
acercar la concepción del niño de las cosas, de la cotidianeidad de esa cocina, al discurso narrativo,
que durante la mayor parte del relato se mantiene en una focalización externa -al que la “tradición
denominaba omnisciencia (Genette, 51:1998)-, es decir, fuera del protagonista; que informa todos
los sucesos, pensamientos y sensaciones de Peter pero desde fuera de él. Por ejemplo: “Qué
familia, pensó Peter mientras metía la mano derecha en el fondo del cajón. ¿Por qué no son como
todo el mundo, con pilas en todos los aparatos y juguetes que funcionan, con rompecabezas y
juegos de cartas completos y con todas las cosas en el armario adecuado?”.
Más allá de esto, al buscar algo interesante para jugar en el cajón, es el niño -con su
cosmovision de mundo- el que está condicionando al narrador a contar de cierto modo las
sensaciones que experimenta y a acudir a sus saberes e imaginación para descubrir el uso que

puede darle a su hallazgo. Cuenta el narrador: “Su mano se cerró sobre algo frío. Sacó un pequeño
frasco azul oscuro con una tapa negra. En una etiqueta blanca estaba escrito: «crema disolvente».
Contempló esas palabras durante largo rato, intentando descifrar su significado”. Este fragmento
puede dar cuenta de las acciones y pensamientos del niño, que van construyendo su mundo y su
forma de percibirlo.
El vaivén entre el narrador con focalización externa y el de focalización interna hace que la
construcción de la voz del niño se evidencie en el relato. En este fragmento, por ejemplo, puede
apreciar el cambio, en la primera oración es externa y en la segunda interna, con un discurso
indirecto libre: “¡Qué familia! pensó, mientras untaba lo que quedaba de crema disolvente sobre
Kate. Qué alivio cuando por fin desapareció y hubo paz en el jardín”. Además, la elección de los
momentos de juego en cada uno de los capítulos no es arbitraria, sino que ayuda al narrador a
contar las vivencias de Peter, con un movimiento que parece acercarse más y más a cómo piensa y
actúa él en relación al mundo adulto.
La construcción de esta voz narrativa y del personaje niño se inicia en el capítulo ¿cero?
denominado “Peter Fortune”: a modo de introducción, se presenta al personaje y su actividad como
escritor siendo ya adulto. Por eso los siete capítulos siguientes son tomados como ficción dentro de
la ficción: relatos enmarcados en la actividad de Peter que recuerda y escribe las aventuras de su
niñez. La metaficción o autorreferencialidad literaria como recurso apelativo aparece: “En este libro
encontrarás algunas de las extrañas aventuras que sucedieron en la cabeza de Peter, escritas
exactamente tal como sucedieron”. Y ¿a quién apela? a un narratario nacido de esa misma
posibilidad de autorreferenciarse como relato construido y contado. Allí aparece el tú, la segunda
persona, ese que leerá las aventuras de Peter. Genette lo denomina una “intrusión del narratario
extradiegético (fuera de la historia, el lector) en el universo diegético (la historia en sí)” (Genette,
290:1972)
Esta es la clave de construcción del narrador: el primero cuenta sobre otro narrador próximo a
relatar la historia (el personaje de Peter adulto), que se cuenta a sí mismo siendo un niño. A pesar de
esta construcción de cercanía entre narrador y protagonista, la novela no necesita un narrador en
primera persona para focalizar los acontecimientos en la figura del niño.
Metafísica de los tubos, la segunda novela elegida para el análisis, presenta dos partes bien
diferenciadas en las propuestas de narrador: primeramente se lee la historia en tercera persona, un
narrador extradiegético, en términos de Genette, es decir, quien toma la voz para contar (en la
conocida tercera persona) la historia, pero desde fuera de ella. Este es el principio del texto, que se
toma como ejemplo: “En el principio no había nada. Y esa nada no estaba ni vacía ni era indefinida:
se bastaba sola a sí misma. Y Dios vio que aquello era bueno. Por nada del mundo se le habría
ocurrido crear algo. La nada era más que suficiente: lo colmaba. Dios tenía los ojos perpetuamente
abiertos y fijos. Si hubieran estado cerrados, nada habría cambiado.” Dios es el protagonista, pero
¿quién es ese dios?. El narrador se vuelve homodiegético en el momento en que “Dios” conoce el
placer, al comer chocolate por primera vez. Por homodiegético se entiende al narrador que cuenta su

historia, en primera persona, protagonizando los hechos. Dios ahora es una niña: es quien surge en
el interior de la diégesis, que es el mundo ficcional que muestra el texto narrativo.
“Las variaciones de punto de vista que se producen en el curso de un relato pueden ser
analizadas como cambios de focalización, (...) se hablará entonces de focalización variable (Genette,
1972)”. Esto tiene un por qué: el variar la focalización produce un impacto en la construcción del
personaje infantil. La niña cobra vida y su importancia como ser independiente se da en una acción
determinada, vinculada con el placer que se marca con esa persona gramatical que antes no
aparecía en el relato: yo.
He aquí el fragmento en que sucede el cambio: “La voluptuosidad se le sube a la cabeza, le
hace jirones el cerebro y hace resonar una voz que nunca había oído: —¡Soy yo! ¡Yo soy la que vive!
¡Yo soy la que habla! No soy «él» ni «éste», ¡soy yo! Ya no tendrás que decir «él» para hablar de ti,
tendrás que decir «yo». Y soy tu mejor amigo: el placer es mío. Fue entonces cuando nací a
la edad de dos años y medio, en febrero de 1970...”.
A partir de este cambio el narrador de acerca definitivamente a la representación de niñez que
se plasma en la protagonista. La niña vivirá una serie de experiencias que la vinculan con el mundo
desde los vínculos familiares, la adquisición del hábito del habla y las actividades de un niño en su
etapa de primera infancia, siempre acompañada de su voz interior en un monólogo que pone en
relieve de manera constante reflexiones metafísicas que tienen que ver con una mirada adulta actual
sobre los niños que se cuela en esta protagonista infantil.
El motivo por el que es capaz de mantener esta dualidad de niña con pensamiento adulto se
debe a su nacimiento “diferente” del resto de los niños. En un primer momento es sólo un ente que
deglute, hace la digestión y, como consecuencia directa, la excreción y se lo compara con un tubo.
Su verdadera existencia en el mundo comienza con el episodio ya mencionado de la
degustación del chocolate. Como la niña es consciente de ello, es capaz de elaborar conclusiones
sobre el comportamiento adulto para con los niños y qué se pretende de ellos, a la vez que presenta
el pensamiento del niño con respecto a las manifestaciones adultas de padres y niñeras,
principalmente.
Lo que se espera de un infante es que se mueva. Que ande. Así lo expresa Nothomb a través
del narrador en primera persona: “Fue necesario, para recurrir a la expresión exacta, «recuperar el
tiempo perdido» (yo no pensaba haberlo perdido): a los dos años y medio, un humano tiene la
obligación de andar y hablar. Conforme a la tradición, empecé por andar. No era nada del otro
mundo: ponerse de pie, dejarse caer hacia adelante, sostenerse con un pie, y luego repetir el paso
de baile con el otro pie. Andar resultaba de una innegable utilidad.” e inmediatamente se refiere al
valor de la palabra y de la ansiedad de los adultos por escuchar cuáles son las primeras palabras de
su hijo. Se pone de manifiesto qué es lo esperado por el mundo adulto, desde la construcción de una
voz interior de la niña que desea conformar a esos adultos para encajar en el medio en que vive:
“Hablar planteaba un problema de protocolo: ¿por qué palabra empezar? Yo habría elegido
gustosa un vocablo tan necesario como «marrón glacé» o «pipí», o bien uno tan hermoso como

«neumático» o «esparadrapo», pero notaba que aquello habría herido susceptibilidades. Los padres
son una especie susceptible: es necesario ofrecerles los grandes clásicos que les proporcionan el
sentimiento de su importancia.
No quería llamar la atención. Así pues, adopté una expresión beatífica y solemne y, por
primera vez, vocalicé los sonidos que tenía en la cabeza: —¡Mamá! Éxtasis de mi madre. Y como
tampoco se trataba de humillar a nadie, me apresuré a añadir: —¡Papá! Enternecimiento de mi
padre”.
El narrador en la novela “En las nubes”, también muestra a Peter a través de sus vínculos
familiares, del uso estratégico de la palabra (es persuasivo) y sus experiencias cotidianas. Con
crema disolvente fantaseó con borrar del mundo a su familia, con su gato intercambió cuerpos y
experimentó una pelea felina, jugó con las muñecas de su hermana e imaginó la maldad de una de
ellas, fue valiente al enfrentar a un matón, sintió culpa por sus dichos y actuó en consecuencia, fue
reparador y amistoso con sus compañeros, reflexionó sobre la realidad y los sueños, intentó salvar a
todo el barrio de un ladrón, se sintió celoso e irritado con la presencia de un bebé y también
intercambió cuerpos con él, por lo menos así lo imaginó, y pudo experimentar el otro lado de los
sucesos que para él eran negativos. Al final, pudo ser adulto en sus sueños y valorar su niñez, que
duraría un tiempo más, mientras continúe disfrutando de los juegos, las siestas y la naturaleza.
Lo que es notable, es que las dos novelas toman como protagonista a niños para poner de
manifiesto temas que tienen que ver con algo más que sus existencias en la etapa de infantes tantas
veces idealizada. Estos chicos, como todos, conocen el mundo a través del juego y la imaginación1,
sin embargo, la profundidad que marca estas vivencias es de lo que tratan las novelas analizadas.
Sofía Prediger.

Círculo de estudios sobre La LIJ y otros sistemas culturales vinculados a la infancia y la juventud

Bibliografía
Bal, Mieke; (1990);Teoría de la narrativa: una introducción a la narratología; Cátedra; Edición III; Madrid.
Consultado el 27/07/14 en:
http://dspace.universia.net/bitstream/2024/1271/1/Bal+Mieke+-+Teoria+De+La+Narrativa.PDF
1 Para saber más se puede consultar, de Martha Glanzer: "El juego en la niñez: un estudio de la cultura lúdica infantil"
(Aique, 2000)

Genette, Gerard (1972); Figuras III; Págs. 65 a 224; Editions du Seuil; Paris.
Genette, Gerard (1998); Nuevo discurso del relato, CÁTEDRA; Madrid.
Glanzer, Martha (2000); El juego en la niñez: un estudio de la cultura lúdica infantil; Ed. Aique, Buenos Aires.
McEwan, Ian (1994); En las nubes, Ed. Anagrama; 2013.
Nothomb, Amelie (2000); Metafísica de los tubos; Ed. Albin Michel París, París.

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