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PRIMERA CATEQUESIS PENITENCIAL

SOBRE EL PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

“NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACION…”

(Dt. 26,4-10; Rom. 10,8-13; Lc. 4,1-15)

Estamos celebrando un Año Sacerdotal Jubilar, es decir, un año de gracias


especiales. La Cuaresma es también un tiempo de gracias y es un pequeño
Jubileo. En estos días se abren con generosidad las fuentes de la Gracia y de la
Misericordia.

La Gracia no es algo tan solo como una cuenta de beneficios (tipo


indulgencias). Tampoco es un vestido precioso que te regala Jesús y te pones,
aunque es un símbolo Paulino. La Gracia no es una simple limpieza de pecados.
Es algo mucho más que todo esto y no es nada fácil definirla, aunque los teólogos
se empeñan en hacerlo. Es como una luz, una fuerza, como una presencia. Es una
re-creación, una reparación, una dignidad nueva, una especial participación del
ser de Dios.

1.- ALGUNAS CARACTERISTICAS DE LA GRACIA.

 LA GRACIA ES GRATUITA, GRATIS. Es un don de Dios que no tiene en cuenta


nuestros méritos. El siempre toma la iniciativa. Antes que nosotros
empecemos a pedir, incluso a valorar la gracia, Dios se anticipa y pone en
nosotros el deseo de ella: “Antes de formarte en el seno te escogí” (Jer.
1,5). Siempre es así. En el Nuevo Testamento la Gracia de Dios se desborda
en Jesucristo gratuitamente como bendición e inmenso regalo de Dios al
hombre.

 LA GRACIA ES GENEROSA, DESBORDANTE. “Los ríos de Dios desbordan de


agua” (Sal. 64,10). Los diluvios de Dios no son de agua vindicativa, sino de
gracia salvadora. Dios es un derroche, sobre todo en Jesucristo (cfr. Ef. 1,8).

Pablo no se cansa de hablar de la generosidad de Dios, de la abundancia de


su gracia en Jesucristo: “Y la gracia de nuestro Señor sobreabunda en mí” (1
Tim. 1,4). Bendiciones de Dios sin cuenta, “Nos bendijo con toda clase de
Bendiciones espirituales” (Ef. 1,3).

 LA GRACIA ES MISERICORDIOSO, COMPASIVA. La Gracia procede del


corazón misericordioso de Dios y se aplica a todas nuestras miserias, sean
corporales, sean sobre todo espirituales. Porque Dios es compasivo, se
conmueve ante el sufrimiento y las necesidades de sus hijos. Jesucristo
trata de cubrir la desnudez de sus hijos con el manto misericordioso del
Padre.

Lo hizo Jesús durante toda su vida, la pasó haciendo el bien a todos,


derramando gracias por doquier, curando las dolencias del pueblo y
proclamando la dicha a los desgraciados.

La Gracia Misericordiosa tiene también el nombre de Espíritu Santo, que es


la bondad, la ternura, el amor de Dios que se derrama en nuestros
corazones. Es la fuerza y el consuelo de Dios, dentro de lo más íntimo de
nuestro ser.

 LA GRACIA ES GRACIOSA. No es solo para el dolor. No se da solamente para


que aprendamos a sufrir. Se nos da para que podamos alabar y bendecir;
para que hagamos de toda nuestra vida un himno de acción de gracias y un
Magnificat. Decía Sara, esposa de Abraham: “me ha hecho reír Dios”. Canta
el Salmo 29: “Dios ha llenado mi vida de luz y de esperanza”. Me ha dado
autoestima y confianza. Me ha vestido de fiesta, cambiando mi luto en
danza.

 LA GRACIA SE PUEDE PERDER. Sí, la vida de Dios en nosotros puede


perderse, y de hecho la hemos perdido muchas veces, por ser tan débiles y
frágiles. El enemigo nos ataca y busca la manera de destruir en nosotros
esta interioridad de Dios y nos asecha con grandes y pequeñas tentaciones.
Ser tentados es parte de nuestra historia personal, pero no hay que temer
ni desconfiar, pues Jesús también fue tentado y triunfó.

2.- JESUS FUE TENTADO.

La tentación es una parte importante de la vida del hombre y en la vida del


cristiano. Si Jesús incluyó en el Padre Nuestro una petición “no nos dejes caer en
la tentación”, es porque estaba convencido de su fuerza y peligrosidad.

Somos tentados en cuaresma y en todos los días de nuestra vida, de noche


y de día, en la soledad o en compañía. Somos tentados en el cuerpo, -en cada uno
de nuestros sentidos- y en el alma, por eso hay tentaciones carnales y
espirituales. La tentación nos viene por todas partes: por nuestra debilidad o por
nuestras muchas fuerzas, por la ignorancia o por la ciencia, por temeridad o por
descuido.

La tentación nos sorprende cuando estamos solos o cuando estamos


acompañados, cuando trabajamos o cuando descansamos, cuando nos divertimos
y hasta cuando rezamos.

La tentación tiene muchos rostros: es descarada o disfrazada, insidiosa o


pasajera, oscura o vestida de luz. Es fuerte como un huracán o suave como un
perfume. Dice San Pedro que se parece a un león (1 Pe. 5,8). Aunque también se
parece a una serpiente, como la de Eva. Puede que nosotros la busquemos o
puede que élla nos busque, como a Caín: “A la puerta está el pecado asechando
como fiera que te codicia, y a quien tienes que dominar” (Gen 4,7).

La tentación puede venir de tus enemigos o de tu mejor amigo, de gente


muy mala y hasta de gente buena, quizá de ti mismo. Puede venir por una
mirada, por una palabra, por un silencio; puede venir por un recuerdo, por un
deseo o por una nostalgia, por una victoria o por un fracaso.

En toda familia hay tentaciones, en todas la empresas y en todas las


profesiones, en la Iglesia y en todas las instituciones, en las comunidades…
tentado puede ser el acólito y el sacristán, la religiosa, el sacerdote, el obispo y
hasta Su Santidad.

La lista es interminable. Es que vivimos al filo de la navaja y cualquier


desviación nos puede hacer caer. No basta elegir entre el bien y el mal, sino entre
lo más bueno y lo menos bueno y entre hacer bien lo bueno y no hacer bien el
bien.

Los santos también fueron tentados y quizá los más tentados. Basta leer la
vida del Santo Cura de Ars y comprobar las duras pruebas a que, por el demonio,
fue sometido. La Virgen María, aunque no se habla de ello, también fue tentada…
y tentado fue nuestro Señor Jesús.

El Señor fue tentado a lo largo de toda su vida: por el demonio y por los
familiares (quienes querían se quedara en Nazareth, en su casa); por sus
opositores, cada vez más; por los mismos discípulos: “apártate de mí Satanás”
dijo a Pedro; por el pueblo cuando querían hacerlo rey; por los poderosos y así
Herodes le pedía un milagro y hasta por sus propios miedos y deseos en
Getsemaní.

3.- TENTADO EN EL DESIERTO.

Son grandes y fuertes tentaciones que tuvo después de los 40 días de


ayuno y que tocan aspectos vitales de su misión. Jesús, después de su bautizo, se
preguntó: ¿Qué debo hacer y cómo hacerlo? ¿Qué clase de mesianismo es el mío?
Y tiene que elegir entre el mesianismo fácil y glorioso, que todos esperaban, o el
mesianismo difícil o doloroso, el mesianismo del servicio y del amor, hasta el fin.
En el fondo, tiene que elegir entre el “ego” y el amor, entre el “ego” y Dios.

Estas tentaciones fueron las tentaciones del Antiguo Pueblo de Dios, que
exigen milagros fáciles y también son las tentaciones del nuevo Pueblo de Dios,
cuando prefiere apoyarse en el poder, en la riqueza, la sabiduría y la gloria.

Cristo se apoya en la Palabra Sagrada: “Escrito está” y al final, el Espíritu


que lo empujó al desierto para ser tentado, lo ayuda a decidir.
4.- LA VOZ DEL DIABLO.

Le proponía: No ocultes por más tiempo lo que eres. Sacia estos pobres
hambrientos con pan. Cura a tantos enfermos. Haz que los montes destilen leche
y miel. Haz una presentación espectacular ante el pueblo bajando rodeado de
ángeles. Organiza un poderoso ejército para expulsar a los romanos. Venga la
sangre del Bautista, confundiendo a Herodes el zorro. Que por tu gran poder
triunfe Dios en la tierra… son tentaciones muy insidiosas.

5.- LA VOZ DE DIOS.

Tú eres mi Siervo y el servidor de los hombres. Tú eres mi Hijo amado y el


hermano de todos. Tú eres mi Paz y deberás abrir los brazos en la cruz a todas
partes. Tú eres mi Pan y deberás ser partido, repartido y comido. Tú eres mi Vino
bueno y tendrás que dejarte beber. Tú eres mi Luz y debes curar a los ciegos. Tú
eres mi Perdón y nunca te cansarás de perdonar. Tú eres mi Amor y amarás hasta
el final… y a todo, dijo Jesús: Sí Padre. Lo que tú quieras. Abba. Amén.

6.- NUESTRA ORACION.

Hoy te pedimos Señor que acompañes nuestro camino para que no


caigamos en la tentación: De sentirnos superiores a los demás. De querer tener
todo y de todo. De saber todo y de estar “a la última”. De la tentación de
acumular, de tener cada vez más por si acaso. De anhelar que nos sobren las
cosas. De defender siempre a todo costo nuestro prestigio. De vivir únicamente
centrados en nuestro propio ombligo. De instalarnos en la vida. De dejarnos
buscar y esperar que otros vengan siempre a nuestro encuentro. De dejar el
mundo como está sin comprometernos a transformarlo. De las conversaciones
triviales. De no interesarnos por los otros. De preocuparnos tan solo de las cosas
y en ocuparnos de ellas. De vivir una vida tranquila y mediocre, en vez de vivirla a
tu manera. De no crecer, de no madurar, no cambiar. De ser como todo el mundo
e intentar agradar a todos. De las superficialidad, de la falta de espiritualidad y
responsabilidad. Del poder, de manipular y controlar la vida de otros. De no vivir
la vida con la abundancia que se nos ofrece. Del estrés, las prisas y el activismo.
De no rezar, de no contemplarte y de olvidarme de Ti. De vivir sin ti y de no
incluirte en mi día… y de tantas y tantas tentaciones. Ayúdanos a no caer en la
tentación y que sepamos levantarnos y volver a empezar hasta ser libres como
Tú. Amén

7.- PARA REFLEXIONAR.

1. ¿De qué tentaciones pides al Señor te libre y que no te deje caer en ellas?

2. Recuerda tentaciones significativas que te sedujeron y aquellas de las


que triunfaste con la ayuda de Dios.
3. ¿Por qué y cómo caite? ¿Por qué y cómo las superaste?

4. Termina rezando el Padre Nuestro y repite varias veces no nos dejes caer
en tentación