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“!!Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con Sabiduría!; La tierra está llena de tus beneficios.” Salmo 104:24

Dios hizo todas las cosas, pequeñas y grandes, visibles e invisibles, la vida en todas sus formas, los elementos del universo que podemos percibir de forma natural con nuestros sentidos y cada partícula, célula y átomo que están ocultos a nuestra vista. Dios lo ha hecho todo y por lo tanto todo le pertenece a Él, son sus obras.

Para nosotros las obras de Dios son innumerables, porque no nos alcanza la mente ni el tiempo para detallar todo lo que Él ha hecho. Todos los años de la historia de la humanidad no son suficientes para contar y analizar las obras de Dios y sus múltiples detalles. Sea en cuanto a las maravillas del inmenso del espacio sideral, así como en cuanto a lo que tiene carácter microscópico, sea en cuanto a lo que tiene vida como en cuanto a lo que es inanimado e inerte. Nunca podremos comprender la magnitud del universo creado.

Solemos decir que el Universo es infinito, y en un sentido lo es, porque ni con la unión de todos los cerebros del mundo podemos entender y explicar la grandeza de la creación en todos sus detalles. Sin embargo, Dios sí es capaz de conocer todo lo que ha hecho y cada detalle de todo lo que existe.

Si para nosotros el Universo es algo infinito, ¡cuánto más debería parecernos el Creador del universo! Él sí que es infinito, maravilloso e incomprensible. Infinitamente más grandioso que todas sus obras, infinitamente más maravilloso es el Creador que toda su creación.

La Biblia describe en el Génesis el orden de la creación y en cada etapa se registra una frase una y otra vez, “vio Dios que era bueno”. Todo lo que Dios hizo era bueno. Todo fue hecho con sabiduría, todo funcionaba perfectamente según un diseño perfecto, todo era como debía ser. Y cuando creó al hombre, Dios no solo vio algo bueno, sino que dijo Dios que era bueno en gran manera.

Las cosas creadas fueron puestas bajo el dominio de su criatura más especial. La criatura que Él quiso crear a su imagen y conforme a su semejanza. La criatura que no solo tenía un componente físico como todas las demás, sino en la cual Él quiso soplar Su aliento de vida, para darle una vida espiritual.

A esta criatura le colmó Dios de beneficios. Esta palabra “beneficios” nos indica que las cosas que Dios creó, la creó para el bien de aquella criatura especial en la cual Él quiso plasmar su imagen.

Cuando pensamos en los beneficios de la Tierra, debemos agradecer a Dios, porque aun cuando el hombre cayó de su estado original y con esto atrajo maldición sobre sí mismo, sobre su descendencia y sobre todo lo que Dios había puesto bajo su cargo, quiso Dios conservar muchos de los beneficios del Universo para el bien del hombre.

La tarea de gobernar el mundo fue asignada al hombre antes de que él cayera en pecado. Después de la caída, él no fue librado de su responsabilidad y vemos que el hombre ha sido capaz de descubrir muchísimas cosas e inventar muchas otras a partir de lo que observa en el universo. ¿Cuánto más habría podido haber hecho si tuviera la capacidad y condiciones perfectas en que fue creado? Eso no lo sabemos.

Sin embargo, si al leer este texto bíblico nos limitamos a las obras de la creación y a sus beneficios, esto no sería de mucho provecho.

Los beneficios de los cuales está llena la Tierra son reconocidos, admirados y estudiados por los incrédulos y ateos, pero esto no les lleva más allá de sí mismos, disfrutan de la creación y se enorgullecen de sus descubrimientos pero no le dan gracias a Dios ni reconocen que debemos sumisión al Dios que nos hizo y quiso llenar de beneficios este mundo.

En cambio, el creyente, aquel que ha sido iluminado por el Espíritu Santo para entender su condición y se ha refugiado en el Salvador Jesucristo para el perdón de sus pecados, puede decir como Charles Wesley:

*Bello es el campo, más aún los bosques En la estación primaveral; Cristo es más bello, Cristo es más puro, que al alma triste gozo da.* *Bella es la luna, es el sol más bello, y las estrellas, sin igual; Pero el Cristo es quien más brilla en todo el Reino celestial.* *Bellas las flores, bello es el hombre en su lozana juventud; Más su belleza pronto perece, sólo es eterna en Jesús.* *De tierra y cielo toda la hermosura se muestra en Cristo, mi Señor; Nadie merece cual Jesucristo nuestra alabanza y nuestro amor.*

¿Puedes cantar esto con alma y corazón? Que así sea. Amén.

Pr. Alexander león.