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Etica, Valores y Referentes

La Dignidad y la Cohesión Social en Venezuela.

Por Arnaldo Esté Universidad Central de Venezuela

Vamos a hablar de cuatro temas que tienen que ver con la ética (ética, para nuestro

discurso, tiene que ver con aquello que cohesiona y amalgama a un individuo o a un grupo:

lo que alimenta el ethos de un sujeto):

La falta de dignidad del venezolanoo a un grupo: lo que alimenta el ethos de un sujeto): La desintegración de sus

La desintegración de sus grupos, familias y comunidades.el ethos de un sujeto): La falta de dignidad del venezolano La grave exclusión de la

La grave exclusión de la mayoría de sus hombres y mujeresLa desintegración de sus grupos, familias y comunidades. El abandono y “exclusión” de una porción mayoritaria

El abandono y “exclusión” de una porción mayoritaria de su territorio. “exclusión” de una porción mayoritaria de su territorio.

Vamos a incidir sobre el tema de los valores humanos. Aún cuando sobre ellos hay

que incidir menos con prédicas y más con acciones y comportamientos.

Vamos a detenernos, un tanto, en nuestra exposición a dos valores éticos: la

dignidad y la cohesión e integración social.

Dignidad tiene que ver con comprender y producir. Con ejercicios del sujeto, con

logros y creaciones.

Integración tiene que ver con comunicación y solidaridad. Con comunidades activas

en su condición de sujetos colectivos.

Venezuela: magra república precozmente cerrada

Venezuela como República se ha venido cerrando, dando por constituida, sin

percibirse que ese acto de cerrar, ese alinderamiento de la Nación se ha hecho más que

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sobre pretensiones legales o civilizadoras que entorno a la condición real del territorio y sus habitantes. El efecto de ello ha sido la exclusión: se ha venido excluyendo una proporción mayoritaria de nuestra gente y nuestro territorio que no han estado contemplados por esa artificiosa cerrazón e institucionalización.

Se trata, entonces, de reabrir la República para que a ella y a la producción económica y cultural se incorporen tanto nuestra gente excluida como nuestro vasto territorio abandonado.Se trata de legitimar y legalizar nuestros hombres, tierras y bienes asumiendo, en primer lugar su naturaleza y carácter, su historia, cultura y ámbito para desde allí lanzar el proyecto.

En esa tarea de legitimar y legalizar, de dignificar y proyectar tiene un papel fundamental la educación. Educación que debe despojarse de la tradicional intención civilizadora y culturizadora que llegó con los invasores españoles y se ha quedado. Se tratará de una educación que exprese lo que somos como gente y territorio para potenciarlo, para construir desde allí nuestra utopía, para comprometernos con ella a sabiendas de que ella somos nosotros sin exclusión ni menosprecio.

El abandono y la depredación de la tierra. La exclusión de nuestra gente.

La idea general de Nación, muy vinculada a la continuidad de un patrimonio, cultural y territorial, resulta extraviada en varias oportunidades de nuestra aventura histórica. La invasión española cuando no exterminó, desarraigó al aborigen obligándolo a huir a tierras extrañas.

La precaria legitimidad encomendera

El abolengo que se inicia con encomiendas y asignaciones reales, que quieren generar una legitimidad supletoria, no sólo resulta corta por las disputas y despojos entre los mismos conquistadores y colonizadores, sino que esa precariedad legitimadora, que

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apenas se logra colocar en el período mantuano, es nuevamente revocada por la costosa inmolación de una generación completa marcada por el terremoto de 1812 y que se va en el desangre de los catorce años de guerra independentista proseguida por el guerrillaje civilizador que le sucede. Cuando se reemplaza a buena parte de los precarios propietarios mantuanos degollados y huidos de las largas montoneras, con los caudillos y advenedizos de ese extravío violento.

Esta nueva ocupación y este batido migratorio apenas había logrado frágiles y poco escrupulosos cursos legitimadores de propiedades, sangres, apellidos y modos culturales, cuando el brote petrolero, la industrialización y urbanización forzadas y no logradas- traen una nueva caída, con olvido de pasado, abolengos, títulos y apellidos. Migrantes de una tierra extraña a otra tierra extraña, siempre invasores invadidos: con esa ilegitimidad, la necesaria dignidad nunca termina de llegar.

Conciencia de ilegitimidad que se prolonga en la calidad migrante que posee:

migrante o invasor del campo a la ciudad a donde llega en la condición de hijo natural (ilegitimo), que vive con una mujer (u hombre) con quien no está casado (concubino), que es padre o madre de hijos naturales (no legítimos) y vive en una casa construida ilegalmente (sin permiso) en un terreno que ha invadido (sin títulos ni papeles).

A veces no puede ingresar a la escuela porque no tiene papeles. En una sociedad que sin mayor razón ha igualado escolarización con identidad. Cuando logra ingresar es regresado a la ilegitimidad del excluido escolar, que es una condición de anonimia, una pena de la que no alcanza a comprender su culpa.

Para completar el cuadro, vive en una vecindad de migrantes que no se constituyen como comunidad por su recién arribo y por la no-posesión u olvido de un acervo cultural y un equipaje de valores y referentes que les permitan reconocer, con rapidez y proximidad, al nuevo vecino como connacional y menos aún- como copartícipe de una comunidad con derechos y proyectos. Es apenas un conjunto humano que, por lo reciente e irregular de su formación, en un territorio ocupado, invadido, no ha tenido tiempo ni condiciones para

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constituirse como comunidad real, como subjetividad colectiva cohesionada en capacidad de producir cultura e identificarse en ella.

Estas condiciones se agregan a otras de carácter sociopolítico y económico para ubicar estos problemas de ilegitimidad y desintegración individual y colectiva en el rango de rasgos sobresalientes del venezolano.

1. - Los valores.

Hablar de valores es hablar de recursos o constituyentes de los hombres que se hacen particularmente vigentes para engendrar sus creaciones, sus maneras de comprender lo que tropiezan y relacionarse con los otros.

Los valores - que deben diferenciarse aquí de los términos de significado económico, con los cuales tienen inevitable parentela - son comprensiones poseídas como constitutivas de la subjetividad. A partir de ellas el individuo y el grupo construye sus aprendizajes, conocimientos y proyectos.

Tienen papel positivo o negativo, pero siempre de gran vigencia. Positivo en cuanto que el conocimiento puede estar referido convergentemente a ellos. Negativo en cuanto que el conocimiento o proyecto pueda referirse a ellos para fugarse de ellos, para irse de ellos. Pero, en todo caso, el valor firmemente establecido es necesario para trazar la ruta de lo que se aceptará como verdadero o como deseable.

La concepción de lo que se tiene como valor y su papel en el juego social ha variado en las historias y culturas.

La maduración de la racionalidad occidental llevó a un enjuiciamiento de los valores desde un punto de vista absolutizado por el conocimiento científico y racional. Desde esa condición, la razón así organizada se piensa a sí misma como el único valor capaz de producir verdades, reduciendo los otros orígenes a la condición de ideologías. Es

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decir, formas falsas del conocer, ídolos en el lenguaje de Bacon. En realidad no podemos contraponer a una verdad ideológica una verdad verdadera. Toda verdad, como todo valor, lo es en cuanto que verdad de una cultura y una historia, pero así existe y así es imprescindible para la vida humana y su actividad cognoscitiva y creativa.

En ese mismo punto de vista moderno y occidental, durante mucho tiempo se argumentó que los valores como ideologías sólo servían para preservar un sistema de poder establecido, poder que podía ser cuestionado sustancialmente con argumentos de la ciencia. Lo que no estaba claro era que con el tiempo la misma ciencia se institucionalizaría, tornándose una realidad simbólica de fuerte intención preservadora. Pienso que, por lo contrario, los valores y referentes hay que entenderlos como interventores en un proceso dialéctico donde representan el papel de plataforma sobre la cual se asienta la subjetividad, la calidad de la persona. Una calidad que es indispensable para toda creación incluyendo la misma creación que habría de cuestionar los valores y referentes sobre los cuales se asentaba el sujeto creador.

La ausencia de valores y referentes es la disolución de la persona, del sujeto capaz de crear y cuestionar. El problema es, entonces, de equilibrio, de juego social entre la preservación y el cambio. Juego que estará siempre, en buena medida, subordinado a los intereses y poderes de aquellos que se puedan escudar o hacer fuertes detrás de los valores imperantes, negando su carácter dignificador y acentuando su carácter obediente. Esto marcará la diferencia entre el uso autoritario y doblegador de los valores y su uso liberador y creativo

Un valor, repetimos, es un referente estable a partir del cual se traza una ruta de acción, de conocimiento o creación. El referente es un elemento sobresaliente, constitutivo de una cultura y del sujeto en ella inscrito. Se puede decir que el individuo esta inscrito en esa cultura en la medida en la que posee esos referentes.

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Una cultura es fuerte en la medida en la que existe como conjunto estable de referentes en sus integrantes.La única manera de existir una cultura es en sus integrantes, en sus personas, en sus miembros. Los valores y referentes, entonces, son conjuntos de saberes, actitudes, comportamientos y disposiciones perceptuales y cognoscitivas que constituyen y cohesionan al sujeto, a los grupos, comunidades y naciones y desde los cuales se disparan y producen conocimientos, riquezas, creaciones. Los referentes permiten procesar la información y, eventualmente, transformarla en saber. La información entra en el cuerpo tamizada por esos referentes y se transforma, es construida como conocimiento. En virtud de esos valores y referentes. Los valores compartidos, - y es cuando son valores, es su manera de existir, como convención - son pauta de cohesión social. Los valores reivindicados en el individuo son pauta de su dignidad, de su calidad de sujeto.

2. - La necesidad de los valores

2.1. Para la calidad del sujeto.

Los valores y referentes son constituyentes del sujeto, lo hacen. De allí que la calidad del sujeto tenga que ver con la vigencia e integración de sus valores. Es lo que llamamos dignidad. En esa condición los valores, como referentes vigentes, pueden ser seguidos o pueden ser adversados. Pero tanto la convergencia como la aversión son posibles en la medida de la solidez y claridad del referente. 2.2 Como freno a la relatividad en un ambiente constructivista. Algunos críticos del Constructivismo encuentran en esa posición filosófica un relativismo total. Crítica que resulta más fundamentada ante las posiciones del Constructivismo radical. El supuesto crítico es que al ser el conocimiento construido por el sujeto, puede entenderse que cualquier sujeto tiene su propia verdad. Verdad que puede convenir a ese mismo individuo o trascender a un grupo, prevaleciendo sobre otro. El freno a este relativismo viene dado por el carácter social de esas construcciones. Son convenciones que se desprenden del juego social.

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Los valores refieren esas verdades construidas a las convenciones previas que dan lugar a los valores. Son entendidos socialmente establecidos. De allí que los valores y referentes a la vez: Posibilitan la creación y el conocimiento y Establecen el orden de su legitimidad.

Así, las sociedades y naciones se establecen culturalmente en la medida en la que llegan a conformar conjuntos o sistemas de valores y referentes que, a su vez, dan lugar a cuerpos de conocimientos, saberes y comportamientos los que regresan a incidir sobre los conjuntos de valores y referentes en procesos y ciclos de ritmos muy variables. Entre los individuos, grupos, sociedades y culturas se dan intercambios y negociaciones que se estabilizan como áreas de negociación comunicativa, como ambientes en los que la comunicación se hace posible porque se comparten, en mayor o menor medida, valores, saberes, significados o comportamientos. Estas áreas de negociación permiten la ampliación de las verdades y convenciones aceptadas y su eventual “universalización”. Esos intercambios y negociaciones, frecuentemente, no tienen ese carácter de intercambio y negociación, sino más bien carácter de invasión y dominio. Una cultura o sociedad poderosa se las arregla para imponerse a otra, la que, con no rara frecuencia, también, busca o se acomoda a esa relación de dominio, negando su curso y diversidad causándose, no solamente gran penuria ética y económica, sino empobreciendo también al mundo al privarlo de una de las culturas e historias que hacen su riqueza.

2.3 Para la cohesión e integración de la comunidad, de la nación.

Los valores y referentes, sobre todo los éticos y sus expresiones estéticas, son fundamentales para la cohesión e integración de las comunidades y la nación. La comprensión de los otros y su comportamiento, su aceptación y permanencia en el grupo tienen que ver con el reconocimiento que tenga cada cual como miembro, como integrante. Ese reconocimiento es posible en la medida en la que muestre la posesión y ejercicio de esos valores y referentes. El menoscabo o descrédito de los propios valores, la perdida de dignidad enturbia ese reconocimiento. La mirada sobre el vecino se hace condicionada por la comparación y

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medida con relación a un tercero modélico o ideal o a un representante de la cultura dominante, asumida en lugar de la propia. En ambos casos el efecto es de vergüenza y disolución, de desintegración social y comunitaria con la consiguiente esterilidad que ello trae.

3.Una

referentes.

clasificación

(con

propósitos

puramente

comunicativos)

de

los

valores

o

La filosofía clásica abordaba los valores en la perspectiva genérica de la moral, de manera que Dios, el bien, la verdad, lo bello, la naturaleza aparecían como diversos momentos de la misma búsqueda: el bien o la virtud. Esa forma de lenguaje hoy ayuda poco a comprender al hombre, sus motivaciones, sus maneras de comprenderse a sí mismo, a los demás y a la naturaleza. Una naturaleza vista ahora con proximidad y responsabilidad crecientes, en cuanto que suficiente, como los hombres, de una acción humana que con frecuencia ignora a los otros y diversos hombres y a la misma naturaleza, como una prolongación inevitable y necesaria de su misma vida. Desde esta consideración proponemos una clasificación comunicativa que permita una discusión más fluida y pertinente del problema de los valores o referentes.

3.1. EPISTÉMICOS O GNOSEOLÓGICOS.

Lo que se exige para aceptar a un saber como verdadero. Lo que se acepta como organización y exposición correcta, tanto con relación a las maneras del razonar, como a las maneras del comunicar.

3.2. ECOLÓGICOS

Lo que se recibe o percibe del ámbito y la naturaleza. La herencia biológica

La manera de relacionarse con el ámbito ecológico.

3.3. ESTÉTICOS

Lo que se tiene como forma, belleza, expresión o apariencia genuinamente significativa.

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Lo que se logra como símbolo de una relación social, de otro valor, de un cierto acontecer. Incluye las artes y los deportes, pero, además, las formas generales en las que se manifiesta y hace percibir una cultura.

3.4. ÉTICOS

Lo que se tiene como cosa integradora, cohesionadora, preservadora de la propia persona y del grupo. Los comportamientos. La manera de percibir al otro, a la diversidad. Así, lo ético es lo integrador del individuo o del grupo, lo moral, dentro de lo ético, es el

comportamiento, la manera de comportarse para preservar la cohesión grupal.

3.5. RELIGIOSOS

Lo que se tiene como símbolo animado y generatriz. Lo que se cree o acepta como poder trascendente que escapa a la voluntad humana.

Esta clasificación, repetimos, tiene una intención puramente expositiva. En realidad los valores no son decantables o separables en estos órdenes o tipos. Ellos se dan confusa e inseparablemente. Se presentan como referentes indiferenciados en los que puede predominar lo que se atribuye a uno de estos órdenes pero sin excluir las otras funciones u órdenes. De tal manera que lo estético, por ejemplo, puede ser al mismo tiempo ético y religioso. Una obra de arte puede proyectarse con gran fuerza simbólica y determinar comportamientos, actitudes, devociones y puede, en esa condición ser pauta de cohesión grupal, familiar, comunitaria. Una proeza deportiva, en su fuerza y belleza, puede tener resonancias religiosas y éticas de gran efecto en los comportamientos y cohesión de una comunidad).

LOS VALORES PARA VENEZUELA COMO PAIS EN CONSTRUCCION.

Se puede aceptar la idea de que Venezuela es un país en construcción. No obstante, esta expresión, que implica una confesión de minusvalía, se emparienta con otras como

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“tercer mundo”, “en desarrollo”, “subdesarrollados” que suponen la aceptación de una condición lineal y universal de desarrollo. Un desarrollo inevitable y necesario en el cual hay hermanos mayores y experimentados que deben llevarnos de la mano. Ayuda que, como hay que esperar, debe ser remunerada en términos y condiciones que establecen, no muy negociadamente, los hermanos mayores. De eso y de muchos recuerdos similares se alimenta nuestra malicia. Pero podemos también proponer la idea de que todos los países y naciones están en permanente construcción y que ello obedece a la condición ordinaria del hombre de construir, la de agregar sus creaciones y organizaciones a lo naturalmente existente. Y que esas construcciones y creaciones se realizan a partir de valores y referentes que las dotan de singularidad, de diversidad. Y que la suma de las creaciones diversas de todos los países habidas y por haber, conforman la riqueza del mundo, el encanto que alimenta la sed de viajar, migrar, encontrarse con otros. Construir es, en ese sentido, crear y realizar su propio curso. Ello no significa negar el aporte o negociación con otros cursos de otros países o culturas. Todo lo contrario, la percepción del otro, como referente, como valor, es la imprescindible necesidad del otro para percibir y diseñar lo propio. Pero es desde la propia decisión y existencia como se negocia con otros valores y naciones y se las acepta o incorpora.

5. La comunicación con los otros y sus nuevas formas.

Más allá de los peligros de enajenación técnica o de sumisión a monopolios en las vías y maneras, en el nuevo ambiente comunicativo se revalorizan las formas de interacción, que van por un curso distinto a lo meramente verbal y, sobre todo, a lo verbal escrito. La interacción entendida como una relación verbo - gestual, en contextos cada vez diferentes supone un mayor enriquecimiento y una mayor “democratización” de la comunicación al abrirle paso a las formas no escrituradas o no verbales de las culturas. Esto es de mayor importancia para un país como el nuestro donde la comunicación es inseparable de la presencia corpórea y donde las modalidades indirectas y postergadas de la comunicación escrita o falsamente oralizada (son versiones orales de comunicaciones escritas) no han terminado de instalarse en las formas cotidianas del juego social.

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En este nuevo contexto es de relevancia mayor la vigencia creciente de elementos

comunicativos hasta hace poco exclusivos de la oralidad presencial, de mayoritaria vigencia en nuestro país. País no escriturado que necesita permanentemente de la presencia

y el gesto para hacer profunda la comunicación. La telemática y los multimedia amplían

con fuerza creciente la resumida comunicación verbal escrita haciendo que la gestualidad,

los acompañamientos metalingüísticos y otros condimentos ocupen campos mayores en la actividad comunicativa. Esto abre perspectivas muy nuevas que obligan a concebir la educación en términos y referentes bastante diferentes que incrementan su crisis y presionan su cambio.

6. La paradoja de la globalización. La proximidad de otros valores.

Para muchos la globalización es concebida como la extinción de la diversidad,

Como la homogeneización humana. Tal es el ideal transnacional de la producción en masa

y el mensaje estándar de los medios publicitarios. Esta es una aberración que habrá de

desaparecer en la medida en la que el hombre reivindique su dignidad y su derecho a ser diverso. Paradójicamente a estas tendencias homogeneizadoras, lo que estamos viviendo es

la presencia de una creciente manifestación de la diversidad y la riqueza cultural que no

puede ser vetada en los medios de comunicación y en los recursos de la telemática, Internet,

multimedia, televisión. El mismo interés en la venta transforma la información de la cultura ignota en noticia mercadeable, tal como ocurre con la presencia de la cultura brasileña en nuestras casas, como antes no ocurría. Tal como ocurre con las informaciones que ahora podemos obtener de los nativos australianos, sus bellas creaciones estéticas, su formidable naturaleza. Tal como podemos colar en la red nuestras modestas proposiciones sin que tengan que ser filtradas por los congresos, las revistas especializadas, las cofradías y roscas internacionales que manejan y privilegian cierto conocimiento científico, las jerarquías y lenguajes.

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7. Lo que se debe hacer o predicar en la escuela y en la sociedad como valor.

Es muy difícil, si acaso no imposible, hacer un listado de valores y referentes existentes o deseables para la actividad educativa. De primera mano, la preocupación mas extendida es la referida a ciertos valores morales sitiados por la violencia y la corrupción administrativa de los dirigentes políticos, empresariales y gremiales. El enjuiciamiento por malversación de los dineros públicos a dos presidentes. El saqueo de los ahorros por los banqueros. El carácter trajinador y subordinado, a partidos políticos en crisis, de muchos dirigentes gremiales. La severa incertidumbre judicial. Las luchas pandilleras y sus muertes por causas fútiles. Los robos, atracos y arrebatones y el tratamiento que, a todo ello, dan los medios de comunicación, al hacer festín noticioso de la miseria humana. Todo ello crea un ambiente de gran exigencia por severidad moral en cuanto a los valores de honradez, fidelidad, respeto por la vida y por la dignidad. Con toda la importancia que estos valores morales tienen, la discusión sobre la crisis de valores no se agota con ellos. Aquí estamos exponiendo el gran campo que los valores y referentes en general cubren y, dentro del cual, lo moral es apenas una parte del problema y, probablemente, no el mayor, al presentarse, como lo hacen, como parte de la crisis ética total que amenaza la propia integración y permanencia de la Nación. Se puede incluir un conjunto de referentes deseables, sin ánimo de agotar la lista ni jerarquizar: . Dignidad de la persona. Cultivo de la cohesión social y la solidaridad. Amistad Preservación de la familia. De las diversas formas de hacer familia. Honestidad Sinceridad Respeto y cultivo de la diversidad: étnica, lingüística, sexual, personal. Derecho a la participación como compresión de la democracia Comprensión con la naturaleza. Preservación del patrimonio cultural

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Preservación del patrimonio económico. Cultivo de la memoria histórica de la nación y sus comunidades Respeto a la religiosidad.

8. El aprendizaje de valores y referentes.

Buena parte de los valores se inscriben en la actividad escolar en lo que bien se ha llamado “curriculum oculto”. En muchas oportunidades han aparecido formalizados como asignaturas: Moral y Cívica, Religión, Ed. Artística, Historia, etc. Entonces, más que

educar valores se educa acerca de ellos. Se habla de ellos en peroratas muy fastidiosas, pero no, necesariamente, se actúa en ellos. La discusión sobre esta pedagogía de los valores es tan antigua como la filosofía. Los griegos se interrogaban sobre su origen y carácter, si eran innatos, naturales, culturales, dotados por las divinidades o adquiridos en el juego social. Pienso que son aprendizajes muy especiales, suerte de meta-aprendizajes, que en muchos casos, realizan potencialidades biogenéticas consecuentes a cosas como la preservación de la vida individual, la especie, los dispositivos comunicativos, lingüísticos, gustativos que vienen con el ser humano. Pero esa realización atiende, en buena parte, al ambiente e interacción social donde se verifican. Ambientes de aprendizaje que implican una interacción interna

y externa de los sujetos en ellos, en su cultivo actual y cotidiano donde, como para todo

aprendizaje, el discurso verbal y predicativo del maestro, o de alguna otra fuente de información autorizada, es reafirmador y precisador. Pero pocas veces establece aprendizajes al no estar en continuidad con el acervo y necesidad del sujeto. El carácter constitutivo de la subjetividad y personalidad de los valores y referentes los hace sumamente complejos. No son “ubicables” ni son de igual “magnitud” o “espacio ocupado” de una persona a otra. El valor no se “arma” voluntariamente como decisión consciente. Se forma en

maceración social del acervo corpóreo: genético, histórico, social. Con frecuentes raíces en todo el cuerpo y en su herencia biológica, trascienden el área habitual que podemos atribuir

a los aprendizajes. Por ello, no se puede hablar de un aprendizaje de valores en los

términos en los que se habla de los aprendizajes habituales y propuestos por las escuelas.

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Es difícil hablar de cambios en los valores de un individuo o comunidad por una inducción directiva o predicativa. Ni siquiera por los cursos interactivos de mayor fertilidad, ya que no se trata de simples aprendizajes como los que conducen a saberes específicos o destrezas y desempeños operacionales. Al estar el valor o referente en la constitución misma de la persona y la comunidad, hay que pensarlo, ya lo hemos dicho, como enlazado, imbricado con toda su corporeidad y tejido. Por ello hay que concebir su cambio como procesos que van simultáneamente al individuo y su grupo. Cuando las crisis o aperturas debilitan los valores previos y generan necesidad de nuevos y cuando los nuevos tiene que ver - en positivo o negativo - con los viejos acervos. Por ejemplo, la concepción clientelar paternalista del Estado tiene jerarquía de valor ético- político en Venezuela. Valor de muy largo ancestro, de complejo trazado pero, ciertamente, reforzado, en las últimas décadas, por la riqueza petrolera concentrada en el Estado. Sustituir ese valor por otro que implique el esfuerzo comunitario y la percepción del Estado como un servidor social y no como un padre poderoso y eventualmente dadivoso, es tarea muy compleja que la pensamos lograble, principalmente, como consecuente al ejercicio mismo de la dignidad personal y el esfuerzo comunitario. No tienen lugar allí las acusaciones denigrantes de la condición del venezolano, sobre todo cuando tales acusaciones vienen de algunos que, con particular devoción, se han enriquecido de ese Estado Petrolero o del anterior Estado Gomero, legítimo generador de aquel. Tratar de colocarse fuera de la condición de venezolano para, desde esa artificial posición, emitir juicios es cómodo y falso, y no hace sino incrementar la propia crisis. No se trata en principio de “cambiar al venezolano”, de cambiar sus valores, de cambiar su cultura. De hacerlos parecer occidentales, “desarrollados”, norteños o europeos. Eso no sólo no es posible sino que su proposición y ejercicio, largamente intentado por las escuelas y, en especial, y enfático ejercicio por buena parte de los medios de comunicación, se traduce en una mayor vergüenza étnica y una mayor desmoralización: cosa esta muy incidente como causa del fracaso escolar. Se trata, mejor, de precisar y establecer sus valores, reivindicarlos como constitutivos, dignificarlos y, desde allí, con la fuerza así establecida, adelantar los cambios que esa misma dinámica vaya gestando.

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Para bien o para mal, no hay persona sin referentes y valores. Lo frecuente, sí, es que el conjunto de valores o referentes entren en crisis y se debiliten. De tal forma que el sujeto pareciera retornar a sus maneras elementales o aculturales de comportamiento. Actúa sin referencias ni proyectos. Al garete y a la pulsión inmediata, en condición que lo aproxima al sobreviviente. No sólo pierde la condición de gestionar o proponer sino que menos aún puede evaluar. Extraviada su condición poco puede hacer por percibir la condición ajena y reducirla a su punto de vista o escoger de ello lo realmente necesario. Esta situación hay que entenderla como un gradiente de infinitos matices, donde el primer escalón es apenas concebible como humano. Cuando hablamos de dignidad como una necesidad primordial para el venezolano, estamos hablando de esta condición de crisis y descreimiento. Más fácil, tal vez, que cambiar valores es rescatar los existentes aunque menguados y, a partir de ellos, dignificada la persona en su condición, hacerlo actor de su propio cambio. Más que de aprendizaje, para los valores se puede recurrir a una vieja palabra de uso educativo: cultivo. Cultivo quiere significar un proceso externo - interno de juego - comprobación - reiteración - consolidación, que se inicia en la intimidad de una relación inter-subjetiva y se prolonga en diversas intensidades a los grupos sociales. Podríamos pensar que el ciclo de necesaria reafirmación social de un valor es mucho mayor que el de un aprendizaje ordinario. Tal vez el sujeto presienta que la repercusión de un valor en todo su ser es mucho más comprometedor que el de un saber habitual y le exija, para aceptarlo y vivir en él, mayor tiempo y requisitos. Podría hablarse de ciclos que incluyan:

práctica e interacción refuerzo por prédica e información autorizada. consagración simbólica.

Lo sacralizado toma carácter simbólico: existe sólidamente para ser sólidamente aceptado o cuestionado. En estos casos el referente puede ser causa de digresión o ruta separante. El referente es imprescindible en su solidez, para trazar un curso de distanciamiento.

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9. Los valores en el diseño curricular.

Ahora se han adelantado importantes proposiciones de cambio curricular en la primera etapa de la Educación Básica y se coloca el aprendizaje de valores como “ejes transversales”. En cuanto que los valores son comunes a toda actividad o aprendizaje, esto aparece conveniente y amerita cierta discusión. Las maneras de proponer los valores para su aprendizaje y formación en ellos podría hacerse de muchas maneras, entre ellas aparecen dos:

- como ejes transversales reafirmados coherentemente - en programas específicos.

Pienso que la discusión sobre el concepto de “ejes transversales” atiende a toda la discusión sobre teoría del curriculum. No la vamos a abordar plenamente pero es conveniente para el caso una importante observación como ejemplo de uso de los valores asumidos para los diseños curriculares, en este caso de valores epistémicos. La tradición académica, de antecedente aristotélico, impuso y conserva valores de pretensión sistematizadora de los diseños curriculares. Como sistemático queremos indicar la intención de organizar el estudio conforme a un listado de temas u objetivos que comprende los saberes asumidos como necesarios para el conocimiento integral de una disciplina, de una clase de conocimientos. En el entendido, no siempre explícito, de que la disciplina existe “objetivamente” y que, como tal, es transmisible, es educable por prédica. Los criterios de sistematización son varios pero, predominantemente epistemológicos o históricos. Epistemológicos: se trata de incluir todos los componentes esenciales de una rama del saber, o Históricos: se incluye la evolución de los saberes - sociales o naturales en un curso de necesaria e inevitable progresión histórica.

El efecto de esto - como valor, insistimos - es que se consagra la existencia de saberes como sistemas que nunca coinciden con su manera de presentarse cotidianamente. Ello resulta por lo menos, en dos graves problemas:

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• se aprende - de lograr hacerlo - un saber de validez sólo académico

• a la dificultad ordinaria del aprendizaje, se agrega la de aprender el código de abstracción de esa sistematización.

Las variantes en esos diseños obedecen a grados de dificultad que imponen versiones infantiles, juveniles o adultas que se verifican en programas para Primero, Tercero o Noveno “grados”. En lugar de ello estamos de acuerdo con diseños más bien “problemáticos” o problematizadores (donde “problematizar” es despertar, poner a participar al sujeto como integralidad corpórea) Donde los problemas son abordados como se dan, íntegramente, y la discusión de clase ubica las especificidades (por “correlación”) para satisfacer las exigencias académicas. Esto se ha recomendado en muchos momentos y por muchos autores y se ha incluido parcialmente en varios programas de Educación Básica y en los ya mencionados y recientes cambios para la Primera Etapa de la misma básica. Estos programas se pueden realizar negociadamente, cubriendo el temario deseable con los problemas desarrollados, de tal manera que los problemas generan muchos aprendizajes - no necesariamente “listados” - que se desprenden de la dinámica propia de la interacción y de la pertinencia y actualización de cada problema. Este curso de cambios en las maneras de entender los diseños curriculares forma parte de cambios sustanciales en las maneras de educar y aprender que ya se han iniciado y que habrán de incluir, a su debido tiempo, un cese de la vigencia de las escuelas tal y como ahora las conocemos. Esos cambios curriculares implicarán, progresivamente, la desaparición de otros actores y componentes agotados como ahora los conocemos:

los maestros las asignaturas las calificaciones las aulas de grupos receptores

En su lugar tenderemos grupos de interacción real, comunidades reales con proyectos propios y necesidades de aprendizajes legítimos. Con personas dignificadas en sus condiciones, tradiciones y cultura, dispuestos a la comunicación, a la comprensión de la

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diversidad y su riqueza, preparados con conocimientos pertinentes para la producción económica y cultural

10. La negociación con lo diverso

La comprensión de la diversidad - de la diversidad como cultura y de la diversidad como persona - es un valor deseable y no existente en la propuesta educativa, ni en la cultura tradicional. Aún cuando el pueblo venezolano puede sobresalir en su cualidad para aceptar a otros, a no discriminar, la escuela, portadora de valores occidentales, no acepta buena parte de los valores y referentes que traen los niños de su familia. Una actitud civilizadora, no dispuesta a negociar con lo que los niños creen y traen, genera ambientes hostiles y de poca tolerancia que se agregan a otros componentes para precipitar el fracaso y obligar a los niños a abandonar el sistema educativo. Resulta difícil para los maestros comprender que los ritmos y desarrollos de las propias estrategias constructivas con frecuencia son muy singulares y personales de cada niño. Esta diversidad es de tal suerte que problematiza el refrán “aprender a aprender”. No hay una manera de aprender que sea aprendible, no hay ninguna llave secreta que deba ser aprendida. El ejercicio constante de la propia subjetividad, de la interacción y juego social, de la exploración de lo propio y ajeno presenta una demanda al cuerpo que lo lleva al desarrollo de los recursos y procedimientos más adecuados a cada cual para lograr aprendizajes. Nunca es una “técnica” que detrás del mencionado dicho pudiese entenderse y que también se expresa en otro repetido refrán: “no le des un pez, enséñale a pescar ”.

11. La democracia como participación desde la diversidad. los modos y formas de la

participación:

La democracia con jerarquía de valor es propuesta legal y curricularmente, con la limitación de que aparece como un concepto ciego, no explicado. El término democracia, en muy largo y variado uso, ha perdido su significado. De tal manera que si no se le explica es un cartucho de salva, con grave sabor demagógico.

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Para nosotros, pueblo con malas huellas de exclusión, migración y desintegración, el concepto de democracia tiene que estar atado al de participación. En la conciencia de que la participación madura y acendra los valores, reforzando la calidad de sujeto en individuos y comunidades. Pero la participación, en la tradición de la democracia formal, se entrampó como delegación, como representación y ésta, para empeorar el tremedal, se ritualizó como sistema electoral. Por lo contrario, la participación, como acción dignificadora y cohesionadora, como fuerza social, debe entenderse y practicarse educativamente con otros criterios: es otro valor. Democracia como participación es la realización del individuo como quien es, desde su particular condición, desde su diversidad, en la dirección, en la constitución y en el disfrute del todo social y sus problemas, situaciones y productos y tan directa y no mediada como sea posible.

12. Los medios de comunicación y sus contravalores: la disolución de la nación y sus comunidades.

En este ambiente y en este tema, es necesario, y deberían estar aquí sus actores - productores y propietarios - el juicio crítico sobre el papel de los medios de comunicación en la formación de valores y referentes. Con valiosas excepciones los medios de comunicación, sobre todo las televisoras, presentan un panorama, varias veces estudiado, del que se pueden mencionar algunos caracteres. Para un país multicultural y mestizo como Venezuela es oprobiosa la sistemática discriminación racial que se percibe en los canales de televisión. Es un mundo de rubios donde los negros o mestizos concurren como sirvientes o malvados cuestionables. Es un mundo de ambientes cerrados donde la tropicalidad es pecaminosa. Es un mundo de consumos inveterados e innecesarios donde la modestia es un pecado. Es un mundo que legitima la violencia como lenguaje habitual. Es un mundo donde el amor y la sexualidad es siempre una patología Es un mundo donde poca gente trabaja y los que trabajan son de cuello blanco y empleos turbios difícilmente legitimables. Es un mundo donde las mujeres jóvenes son pérfidas, cuando no gafas, las viejas son dignas de lástima y los hombres son engañadores.

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Un mundo de estética corporal de salón de belleza, artificial y sobre maquillado donde no tienen lugar, como sujetos principales, los gordos, los feos, los bajitos, es decir, los hombres y mujeres comunes que producen y mantienen el país. Aparece como una severa y meticulosa programación destinada a matar la dignidad de este país.

Afortunadamente la vida y el acervo venezolano distancia teatralmente ese mundo y no lo asume como el propio, ni sigue regularmente sus enseñanzas, disminuyendo sus posibles daños. Mecanismos sublimes de defensa de la propia condición lo impiden. Pero aun así, ¿es tan escasa la inteligencia o tan bajos los deseos de los productores y propietarios que no pueden ayudar un poco la labor educativa en este país?. ¿ Es eso lo que tenemos que aceptar como consecuencia de las leyes del mercado?. Una programación que resulta grande y tristemente contrastante con la de algunos canales norteamericanos como el CNN, para mencionar uno, donde resulta mucho mejor parada la latinidad. ¿ Hasta que punto estos medios de comunicación son los propios y peores enemigos de la libertad de expresión?

13. El problema de la preparación o capacitación de los docentes.

La capacitación pedagógica no es una dotación genérica o universal. Es específica y muy variable. Es relativa a un proyecto y a una concepción pedagógica. Así ha sido y será. La pretensión de hacerla universal y, por lo tanto, válida para toda enseñanza, para toda prédica, para todo objeto es falsa y ha fracasado. El maestro que ahora existe fue formado con el proyecto de la educación como acción predicativa, de la educación necesaria para el mundo moderno de la ciencia occidental, que arrancó con un ideario humanístico y terminó como una aberración cientificista, tecnicista. Ella concibe el conocimiento como único, verdadero y objetivo y, por lo tanto, transmisible, independientemente de las condiciones del aprendiz y su participación o actividad. Lo resultante es un maestro predicador transmisor que no se implica en lo que hace, sino que trata de hacerlo “objetivamente” es decir, siguiendo los textos y programas.

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Lo anterior representa un severo obstáculo para las universidades. Para formar un maestro diferente ellas tienen que cambiar su concepción militante, activa. Por ello no pueden formar maestros para el cambio. Ellas son objeto de cambio: mal pueden, entonces, ser sujetos de ello. Tendrían que integrase a un proyecto nacional, bastante amplio pero, no por ello menos cierto y claro, que suponga la formación de maestros en otros conceptos, en otras prácticas pedagógicas, con otros propósitos.

14. Los cambios sociales y los cambios de valores.

El Cambio Educativo supone el cambio de ciertos valores y referentes propuestos en el sistema educativo actual, además de sus criterios organizativos y funcionales. Los valores se establecen, - como cultura que son, se construyen y echan raíces- por la combinatoria de las facultades intelectuales, sociales y naturales. Los actos conscientes, responsables y voluntarios se combinan activamente con los hábitos individuales y sociales. En ciertas situaciones una acción voluntaria encaja oportunamente y se transforma en un cambio. Desata un cambio o lo consagra y hace explícito. En muchas otras situaciones no. El acto pasa inadvertido o sin mayores repercusiones. Esa oportunidad o encajamiento, eso que bien pudiera llamarse la fuerza política de una acción voluntaria, es propia de la inteligencia y sensibilidad humana. Actuar oportunamente y en el sentido de la necesidad o de la voluntad no representa siempre el deseo explícito del conjunto social. Es, más bien, un acto de creación, es la explicitación de un saber escondido. Los historicistas lo han llamado “interpretación del sentido de la historia” (8), en una expresión destinista de fuerte resabio religioso. Yo lo veo como un juego más complejo: no hay tal cosa como una necesidad histórica, única existente ahí, que espera ser conocida. Hay sí un juego socio - histórico - ecológico que implica la participación activa de los productores de voluntades, intereses, sueños y utopías. Ese juego tiene diferentes ritmos, secuencias, componentes y contradicciones en los que se agotan, o hacen crisis, los referentes y valores más sustanciales para su ethos. Para aquello que mantiene o preserva el estado precedente. Se hace conciencia de la necesidad de cambiar.

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Esa situación, que parece ser la que ahora existe en el ambiente educativo venezolano, es mucho mejor que la anterior, cuando se pensaba que íbamos por buen camino y que simplemente se trataba de “mejorar”, pero no de cambiar. La participación activa en esos procesos es cosa de conciencia y compromiso, pero debe hacerse en conocimiento del carácter de ellos. Dada esa complejidad y dinamicidad los cambios sociales no se pueden planificar, como quien planifica la construcción de una casa cuando controla sus variables y componentes. No. Un proceso social se puede iniciar, apoyar y estimular con un Proyecto que tenga fuerza utópica cohesionadora y ruteadora de las primeras direcciones y sentidos. Pero si se quiere seguir con él, y no detenerlo o congelarlo, amarrándolo a los intereses del poder obtenido por primeros logros, se debe estar prevenido para sus inevitables variaciones y enriquecimientos y su naciente y necesaria autonomía y fuerza propia. Para no desvirtuar la riqueza pretendida por el cambio y hacer del cambiar un nuevo referente, deben desarrollarse los instrumentos que comprendan y realicen el cambio en su caos creativo inevitable, más que en su racionalidad sobredeterminante - como planificación. Esta condición “caótica” de los cambios sociales supone el constante seguimiento e investigación de su curso, para retroalimentar así los pasos ulteriores, con los enriquecimientos, que de ese ejecutar, de ese mismo proceso, se van desprendiendo.

15. Todas estas reflexiones las hacemos en conciencia de lo que está ocurriendo en el mundo. Las señas de un nuevo renacimiento.

Los cambios políticos de los últimos años, la voracidad financiera y mercantil que despierta nuevos demonios, el renacer de religiosidades que se pensaban extinguidas por el racionalismo y la ciencia, la intensidad y densidad de la información y la comunicación que dejan atrás el -hasta hace poco pensado como insuperable- valor de los libros y el saber escrito.

Para sólo citar cuatro de los muchos nuevos actores, que, más que anunciar, inician

cursos de las tradicionales relaciones de

un nuevo mundo con severas torceduras para los

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poder y dominio, de guerra y de paz, de saber y creencia, de hambre y opulencia, de población y migración, de hombre y naturaleza.

En este mundo y en estos cambios, Venezuela debe preservarse y engrandecerse para sí, para los que ahora vivimos y para nuestros herederos. En la conciencia de que somos importantes para la producción y para el disfrute de nuestra propia riqueza material y cultural, en el encuentro pacífico y solidario con todos los otros pueblos, especialmente con nuestros más próximos hermanos latinos.

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