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Catherine Mathelin
CLINICA
PSICO .,.,., ITICA
CONNINOS
Uvas verdes y dentera

Ediciones Nueva·Visión
Buenos Aires
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A<~ llA 1>l•!U1M1 J•:N'I'( >S

Debo agradecer ante todo a los niños y a sus familias por


haber hecho posible este trabajo.
A Maud Mannoni, sin la cual este libro no habría existido
nunca;
a Fran~oise Dolto, Rosine y Robert Lefort y Solange
Faladé, cuyas enseñanzas guiaron especialmente mi labor
de los últimos veinte años;
a Colette Misrahi, quien tuvo a bien leer las pruebas de
este libro. Sus consejos, su rigor analítico y su afectuosidad
fueron para mí, como siempre, de una ayuda invalorable;
a Alain Vanier, con quien trabajamos juntos desde hace
tanto tiempo que aún podrá reconocer en este volumen la
marca de su seminario y de la camaradería que nos liga;
a Dominique y Patrick Guyomard, así como a los colegas
analistas del C.F.R.P., cuyos nombres no puedo citar ahora
en su totalidad y que compartieron conmigo la aventura de
crear este Centro de formación e investigaciones psicoanalí-
ticas. Su participación en los grupos, seminarios y jornadas
de estudios me prestaron un gran servicio a la hora de
elaborar este trabajo;
sin olvidar a Myriam El Hefnaoui, quien merced a su
paciencia y a su amistosa complicidad pudo salir airosa en su
reto con mis jeroglíficos.

Catherine Mathelin, 1994

7
,,
A Emilie y Matliiei1


Primera parte

LA PRIMERA E TREVISTA
CON EL SICOANALI TA...
-
¡TREINTA ANOS E PUES!
El padre: Sin embargo la que te baña es
mamá.¿Tienes miedo de que mamá te tire al
agua?
Hans: De que me suelte y me caiga de cabeza
al agua.
El padre: Sin embargo, sabes que mamá te
quiere y no te soltará.
Hans: Pero lo pensé.

H ERBERT GRAF, 4 años,


conocido como "el pequeño Hans".
Hace casi treinta años, Maud Mannoni publicó un libro que
llevaba un prefacio de Fran~oise Dolto, La primera entrevista
con el psicoanalista. 1 Ese primer encuentro con el analista
produjo en el "gran público" un efecto de novedad, permitién-
dole descubrir un nuevo estilo, un nuevo enfoque del psico-
análisis de niños. Un tono distinto aparecía ya en el prefacio,
donde Dolto hacía hincapié en la especificidad del trabajo
analítico, en la necesidad de una profilaxis mental de las
relaciones familiares, y-lo cual era más revolucionario aún-
en la existencia de un vínculo entre el inconsciente de los
padres y el de los hijos: "El niño es quien soporta inconscien-
temente el peso de las tensiones e interferencias de la
dinámica emocional sexual inconsciente de sus padres ..."2
Este vuelco en la concepción tradicional del psicoanálisis
de niños se había anunciado un año antes, cuando Maud
Mannoni publicó su libro L'enfant arrieré et sa mere.3 Por

1
Maud Mannoni, Le premier rendez-vous avec le psychanalyste, París,
Denoel-Gonthier, col. Médiations, 1965, prefacio de F . Dolto; reed.
Gallimard, col. Tel, 1988. Hay versión castellana: La primera entrevista
con el p sicoanalista, Buenos Aires, Granica editor, 1973.
2
Fran~oise Dolto, Prefacio a Maud Mannoni, Le premier rendez-vous
avec le psychanalyste, op. cit., págs. 13 y 14.
3 Maud Mannoni, L'enfant arriéré et sa mere, París, Seuil, col. Le

champ freudien, 1964; reed. col. Points, 1981. Hay versión castellana: El
niño retrasado y su madre, Madrid, Ediciones Fax, 1971.

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1

s t1r>tt t 1 ~ t o, su educación. Más allá de las particularidades de


s u i11ia 11cia, con independencia de lo que piensen o hagan s us
padr·es, los fantasmas del pequeño serían más o menos
idénticos. P ara M. Klein, el fantasma se muestra cerra do
sobre sí mismo; no se cruzaría con el de ningún otro; en la
m ayoría de los casos , se habría formado precozmente, sobre
la base de las diferentes introyecciones de obje tos arcaicos o
parciales.

Uno de los primeros fantasmas concernientes a la sexualidad


de los padres se instala, en mi opinión, a partir de los objetos
parciales: fantasma del pene del padre pen etrando en el
pecho de la madre. [... ] [El niño] sigue siendo víctima de sus
primeros fantasmas inconscientes (que en verdad no desapa-
recen nunca), de sus pulsiones destructivas, de su voracidad
y de su necesidad de amor exclusivo. 8

Todos los niños tendrían que vérselas con estos dramas.


Señala Melanie Klein:

Considero que el análisis es útil no solamente en todos los


casos de trastorno psíquico evidente o de desarrollo defectuo-
so, sino también como medio de reducir las dificultades de los
niños normales. 9

l\1elanie Klein mencionaba a veces los sucesos que podían


perturbar la organización fantasmática del bebé, pero par a

8
M. Klein, Psycharialyse d 'un enfa nt, trad. fr. M. Davidovici, Pa rís,
Tchou, 1973 , págs. 115-116.
9 M. Klein, "Colloque sw· l'analyse des enfants" (1927), Essats de

ps)•clia1ialyse, trad. fr . M. Derrida, París, Payot, 1967 , pé1g. 208.


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L~ I 1111\<> t•x¡>rl)sn lo que los padres llevan en su interior y que


1 • ll1 1~ t1\1 S n\c>s no pueden expresar. Con gran frecuencia él lo
1•x t c'rÍc1r1z¿la través de un malestar, pero también puede
t• x¡>rcl:>arlo con una magnífica salud .1º

I)uede ser, además, que no sufra siendo que a nosotros las


r·c.·al1dades de su vida nos parecen dolorosas. Aquello que lo
ltlstima pertenece a otro registro. Para Dolto, el hecho
histórico es secundario, por más que deba ser tomado en
consideración: lo inconsciente vuelve a ocupar el frente de la
escena. La historia de que se trata no tiene ya nada que ver
con los hechos.
¿Cómo pudo efectuarse este deslizamiento?
Maud Mannoni y Frani;oise Dolto vivieron una época
ext1·ao1·dinarian1ente rica y fecunda en ideas novedosas: la
del "retorno a Freud". Estos años, marcados primordialmen-
te para ellas por el pensamiento de Jacques Lacan, se
hallaban inmersos en el "baño" del significante, en la detec-
ción del "deseo del Otro", en el torbellino de los grandes
descubrimientos. Frani;oise Dolto se había analizado con
Laforgue, quien ya en 1940 había hablado de neurosis
familiar. A instancias de ella, Maud Mannoni (a la sazón
miembro ya dela I.P .A. ) se analizóconJacques Lacan , autor,
en 1938, del artículo sobre "La famille";11 y realizó también
un trabajo de contr ol con Winnicott, afanoso, como sabemos,
de comprender al niño "con" los padres.

°F. Dolto, La difficulté de uivre, París, Inter-Éditions, 1982, pág. 11.


1

J. Lacan, Les complexes familiaux dans la formation de l'indiuidu


11

( 1938), París, 1984, ed. Navarin.

18
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• Mayo de 1964: Maud Manno11i l)L1blic,1/~/111 1icJ 1·c·t 1·r1."l<tclc;


y su madre. Las ideas que aquí expone prod11ce11 el <:\ft'<'L<> <1< 1

un escándalo.

La r elación madre-hijo no se establecerá sino a través ele u11


prisma deforrnante . El niño ignora que está llamado a
desempeñar cierto papel para satisfacer el anhelo incons-
ciente materno ( ... ). Sin saberlo, ha sido en cierto modo
raptado por el deseo de la madre. 12

La opinión pública se indigna: en efecto, es más fácil creer


en la posibilidad de rectificar una educación y de aplicar
recetas -incluso fabricadas sobre la base de la teoría psicoa-
nalítica-, que pensar que los niños pueden llegar a enfermar
por algo sobre lo cual carecemos de todo influjo, algo miste-
rioso y aterrador que nos desborda: lo inconsciente.

• 1965: Maud Mannoni publica La primera entrevista con


el psicoanalista, prologado por Fran~oise Dolto. Diferentes
ejemplos clínicos subrayan las características absolutamen-
te singulares del encuentro con el psicoanalista. Momento
privilegiado, "mágico", no semejante a ningún otro; instante
en que pueden caer las máscaras, en que puede surgir una
verdad.
La entrevista con el psicoanalista es un encuentro con la
propia mentira a través del otro. 13
Ni médico, ni psicólogo, ni reeducador, el analista está

12
M. Mannoni, L'enfant arriéré et sa mere, op. cit., pág. 87.
13 M. Mannoni, Le premier rendez-vous auec le psychanalyste, op. cit.,

págs. 161-163.

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l1; 1l c1 ('tit·t(J, lu in1po1·tu11te es dar al niño lo que le correspon-
<ll·, le> ,L1y c> propio, dado que no tiene por qué "llevar las
\1 ::-1l ij~ts" de los padres. Que pueda seguir creciendo en su
1>r <>J)lo ca111ino, en el "genio de su sexo", corno dijo Franvoise
1>c>llo. El niño es sensible a todo aquello que no se dice. El
s 111to1na del niño es la mentira de los padres.
E11 el prefacio, permanentemente atento al respeto que
dcbe1nos al niño, pero también a sus progenitores, Fran9oise
Dolio señala:

Es posible que (los padres) se sientan culpables cuando en


r ealidad también ellos son tan sólo responsables ocasionales,
como puede provocar accidentes el conducto1· de un vehículo
que ha perdido el control a causa de un pinchazo o de un
choque. ''Los padres comieron uvas verdes y los que se
arruinaron los dientes fueron sus hijos." 15*

14
Id., ibid. [Este subtítulo no figura en la edición castellana. N. de
la 1'.]
Hí l Dolto, Prefacio a M. Mannoni, Le premier reridez -uous auec le
11

p s;•clia1ialyste , op. cit., págs. 36-37. Proverbio bíblico cuyo comentario se


lec en el libro de Ezequiel (18[2]).
:t. I-Iemos transcripto, como en las demás citas de este libro de Maud
!vlar1noni, la versión castellana citada en nota anterior. Cabe aclarar que
l él frase es, en francés, la siguiente: "Les parents ont mangé des raisins
i•r.rl s et les enfants en eurent les dent agacées." Ahora bien, el texto francés
está rnás próximo al versículo citado de la Sagrada Biblia (véase n. 15
J)rcc.:cdcnte), versión Nácar-Colunga: "Los padres comieron los agraces,
y los die ntes de los hijos s ufren la de11tera". Anotamos lo siguiente: a)
"agr~tz'' es uva todavía no e11 sazón, uva verde; b) auoir les dents agacées
sig11 iíica, r10 "arruinarse los dientes", sino "dar dentera"; e) el sentido
¡>r<•cis<> <le "dentera" es, conforme el Diccionario de la Real Academia
l'~ ¡>:i i1<> l <l : "St'nsación desagradable que se experimenta en los dientes y
t •11cía~ <ll c<>n1er sustancias agrias o acerbas, oír ciertos ruidos desapa-

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por las resonancias inconscicr\lcs de s u l1b1(i<>. 1n

Como indica Freud en "el pequeño Hans,,, la posici611 ele! l:t


madre no es fácil. Ella no aparece sino co1no la figurtl cl tll
destino.
Devolver al niño su creatividad, su libertad de pensa1· y
crecer, situar a los padres de otro modo que como culpables,
¿no constituye una preocupación ética? No olvidemos que
Franyoise Dolto concluye el prefacio al libro de Maud Man-
noni proponiendo por vez primera una referencia a la Decla-
ración de los Derechos del Niño.

• 1967: En el mismo año en que publica su libro El niño,


su "enfermead" y los otros [L'enfant, sa ''maladie" et les
autres], Maud Mannoni organiza en París unas jornadas de
estudio sobre psicosis infantiles. En su transcurso se lee un
texto enviado por Winnicott. J acques Lacan participa en
estas jornadas. Han sido invitados el doctor Ronald Laing y
los antipsiquiatras, y Fran9oise Dolto presenta por primera
vez "el caso Dominique''. Las jornadas han sido un acon-
tecimiento y definen con más precisión aún la novísima
orientación dada hace poco al análisis con niños. 17
A partir de esta fecha, no se podrá considerar al pequeño
con total independencia de su familia. El análisis de niños no
podrá ser tenido ya por un "arte menor", ni la psicosis infantil
por una contraindicación al tratamiento psicoanalítico.

cibles, tocar determinados cuerpos y aun con sólo el recuerdo de estas


cosas". El s ubtítulo del presente libro justifica, a nuestro entendor, Jo
prolongado de esta aclaración. [N. de la T.]
16
Id., ibid. , pág. 37.
17
Estos textos fueron recogidos en el volumen Enfance aliériée, I>arís,
Denoel, col. L'Espace analytique, 1984.

21
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11111tltJ ll>S " 1lll ll1 c·}1os'', lé.l.S cosas calladas", pueden fabricar
1
'r.c1s:1s 111t1 'rlé.1s'' en el nino, * que se manifiestan en forma de
s 111t(.)111,1 s.

• "'~'l>ptiembre de 1969: Maud Mannoni, con el apoyo de


,J ¡1cqt1cs Lacan y de Robert Lefort, crea la Escuela experi-
111cntal de Bonneuil-sur-Marne.
Estas nuevas ideas que parecen hacer eco a los fragores de
111ayo del 68, h acen sacudir los sillones en los que se habían
instalado confortablen1ente los analistas de la época.
De aquí en más, nada será como antes: los padres se
interrogarán de otra manera, los pediatras escucharán a los
niños con otros oídos, los trabajadores sociales cuestionarán
la readaptación, los reeducadores la reeducación. Los analis-
tas, obligados a interpelar de otro modo al psicoanálisis,
deberán replantear la cuestión de la demanda, y también la
del sufrimiento del niño.
Del lado de los profesionales de la infancia, el mensaje fue
escuchado. Pero de eso hace treinta años. Y del mismo modo
en que cada vez que algo se mueve, en que cada vez que el
inconsciente se entreabre, surge de inmediato, para oponer-
se, un movimiento inverso. Nuevamente se persigue el
"confort" a cualquier precio, es decir, al precio del evita-
n1iento del psicoanálisis.
El proceso, el mismo una y otra vez, consiste en ''tragar" y
de preferencia "digerir" el monstruo molesto: no rechazándo-
lo -con lo que podría fortalecerse demasiado-, sino, mejor,
anexándolo en sil encio, adueñándose de él, apropiándoselo.

*Juego de palabras entre choses tues , "cosas calladas" y choses tuées,


"cosas a las que se ha n1atado o dado muerte, cosas muertas". [N. de la T.]

22
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' t\tll'll'Ilic, ¡Jero Lodo se 01·ganiza ¡)t\rtt ll()f1 c 1·l1J <t clist¿111c·i1t, <>
bien para ha cc1·lo omnipresent0, lo cua l in11)idl'! just,l111t•11tt•
cualquier trabajo analítico. Hay analistas tr¡tl)njando e11 l<>h
hospitales de día, en los I.M.P., en los E .M.P. y e 11 ps iquit1l1't<l,
donde ya no se interna a la gente por esquizofrenia sino por·
forclusión del Nombre-del-Padre (¡lo único que cambia es la
redacción del dossier! ); pero también en los servicios de
medicina, en pediatría y a veces hasta en las escuelas.
Psicólogos de formación analítica son contratados por
establecimientos escolares, públicos y privados, no sólo para
organizar grupos de refl exión con los docentes, sino también
para recibir a padres cuyos hijos presentan lo que se ha
convenido en llamar "bloqueo escolar": ¿qué pasa a ser la
demanda en estos "desbloqueos" organizados y más o menos
obligatorios?
El psicoanálisis, al estar en todas partes, ¿no corre peligro
de no estar en ninguna?
La posibilidad de desvíos, de deslizamientos, no es para
descuidar. ¿E stará acosado el niño del año 2000 por teorías
analíticas que no guardarán ya el menor parecido con el
descubrimiento freudiano?
¡Un pediatra sin ninguna formación analítica me explica-
ba cómo tuvo que proponer a su "clientela", cansada de los
antibióticos, interpretaciones que había fichado cuidadosa-
mente tras una lectura concienzuda de Fran9oise Dolto!
Una fon oaudióloga me pidió hace poco que la tomara "en
control", porque ella trabaja-decía- "el Edipo de sus peque-
ños clientes" ¡y no quisiera confundirse de interpretación
entre dos dictados!

Recorden1os que, en Bonneuil, Maud Mannoni mantiene la cura


t!l
psicoanalílica en el exterior de la institución, y que Fran~oise Dolto no
pensaba que el psicoanálisis fuese posible dentro de la institución.

23
C I -
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· "'dan e el p ecio ue quier .
• l que l parezca, pe o ¡hágalo habla

elevi ión, consejos radiofónicos, artíc lo


. . e io n o d ·ario de gr n difu ión ¿no corre
sico· nálisi 'recuperado" de perd toda la
d n i y 1 p d r ubv r ivo q lo e act riza '?
"'Í b· rgo ¿ es ac o undamental poder habl r de
co n "' li is? Este a el convencuniento d ran~oise ol-
' u· qu í h e roírportodoslosm dio u a concepción
· int de la infancia. Fu efectivamente cuc ada.
n l úl tim · asam lea general de la Assoc · tion Archives
t Doct ntaf on Fran~ois Dolto, 20 Alain M nie e refir"ó
. el1 en e tos t "r ninos: "Dolto constituye t na evolución n
lmur don1ode odehoy,conelmi moc rácterquePasteur
notro ti mpo.' -1 ve d d que todavía nos · niden xacta-
m n e los e 1nbio po ·t dos por la obra de n9oise Dolto
. n est · oci dad y sin d da llevará tiempo comprender u
rdad ra importancia. Pero basta pens r ·mplemen e en
_oqu esl jo n d de nniñodehoyparaa v rtirelimpacto
. 1. p lb· d Doltoalh"lodelossucesosquel integran.
n u elaciones con su padr s al despertar po "' las mañc: -
r s n la cogid q e r c1birá n a e ela, l e 1 si a no
l m" 'j rdí de infant s ran~oise-Dolto" o 'colegio

1
ir1i u l.fu. 011 '- J"d minario d t 'e i psico n lít · c<:1, . • R. .
~ 2 ºn ' dit .
~ 0 A soci· tion Arcl1ives et . ocum nt tion Fran~oise Dolto, 2 , rue
7r::oo, )ar ' .
1
ll
o . 11 l . p SIÓI u I
respeto a lo niños. asta e "tu
noche, con los padres mostránd
intranqui idad de esta personita
h blarle y escucharlas. En La difficulté de viv1
olto e e ibía:

or n 1 e iempre pen é que l apelde] ps1co lal · t 1 < 1

~ e li11 ·_ . la c·u a p opia nen te dicha n · 1 e pi liz _


·ió .
goí t, d · aber, sino qu e xtiende cl1ando r íc s i
p ie .ci d l sufrimiento huma e m ·' lá d
co . . ul , i y de u conceptos, a us activid d s oc1L I 1
púb ·et , · u 1 · nt rvenciones cotidianas.''21

Se ha pr d o na transmisión a nivel de lo " oc1al '.


,
nl ci n al p ·coanáli is, la situación es algo
111a co
¡Lo ,, 1
Ita' sobre los pacie . tes y n listas no on

ie p · · · o ! oluciones p efabricad y r e t s v
a bu n · llu ven lo cons jos y los niños se asfixian a
ece t· l de bue a voluntad bi n p n ante y m,
bi n n - 1~oi e Dolto lo abía. R ía l con testar.me
sobr . t 1 noche de ·v erano de 1983:

• 1d Dolto, lo cual pru b qu no co1np enden


1

nsci nte. Se b á equivocado n lo e 11t1~ 1


I i 1 able· y vale 1 pen i de lo que . e t ata d.
l r l mens je que t ngo que hacer pa r. Mi1-a, .
u _ o uiere de vera~ dar un coloi'W. P · bi n vuele
r<> de pintura, producirán n1011 , (l e - d ·· lpic tl · s
· . l s pero 1 toca á usted , lo - nalistas d 11« )',
1

21
Fl. D lto La diffz:cu.lté ele vivre, op. cit.; pág. 13.

5
1111r¡ 1 lt1 f' 1t1¡11t ¡11)1 11111 ¡11H111l1 • 11¡1t111 •i c'flll L.11111111111•
1 illll 1 1¡\11 1 1 111 111 11 11111 (1 cl1 , l 1•11 (1tl1111•, 11 1l t1cl11 c•l 1'111111.

I• t ti 11\'tt JRc,.i J )11IL11cl111 ~ LI t'c>lor\ 111\1c·l1c> 111(ts «llla c.ll' su t1·¿1L><tjo


1 , I' 1 111¡111.1l1 f-t l:1 . jlJ<> clcbl'rli.t se11alarse en s u obra
l{ltt' 111\t s
.. , 1•r111111 ~i t•t11JJJ'C', itc¡ttt\llc> dt\ lo que n1enos se habla! Si aceptó
L\ ~ t L 11:11>1~ 1 <ie ~ tbucl'l buena del psicoanálisis para hacer
1

¡1r1Sí 1r lt> CJt1e tc111u (} ue decir, también fue capaz de una gran
\ 1 i11ll 11ciit en la interpretación y de un gran rigor en el trabajo.

l ,11 (}ti(~ é.tu11 corre peligro de ser "borrado" es la parte extra-


11rcli11ur1a1nente subversiva y perturbadora de su ob1·a.
Al ]()c1· entre líneas descubrimos en ella a una autora casi
sic111pre rigurosamente freudiana, y la imagen que da del
11i110 no es nada tranquilizadora. El adulto al que ella
describe y el psicoanalista tienen, frente a él, todas las
r¡1zones para cuestionarse e interrogarse. A los analistas
(1ue, en sus conferencias, la abrumaban con preguntas sobre
su sauoir-faire, solía responderles: "¡Basta de preguntas
idiotas, no dispongo de soluciones prefabricadas! Ustedes
tienen un inconsciente tanto como yo, así que ¿por qué se
niegan a oírlo?" Al contrario de lo que pretendieron sus
detractores, la orientación de Dolto no era la pedagogía sino,
e11 rigor, el psicoanálisis.
Fran~oise Dolto no se cansó de señalar la extrema dificul-
Lad del psicoanálisis de niños , que exigía, según ella, una
gran familiaridad con lo inconsciente. A su juicio, no se
trataba de un análisis manso o "light". Dolto alertaba a los
psiquiatras o psicólogos sin formación analítica contra el
peligro que ellos mismos corrían de autorizarse a ejercer el
psicoanálisis con niñ os.
Lo n1ismo que Maud Mannoni-quien, en la primera frase
de El niiío, su ''enfermedad" y los otros, afirmaba: "El psicoa-
nálisis de niños no es otra cosa que el psicoanálisis"-22
insistía en proclamar que de ninguna manera se trataba de

~2
M. Mannoni, L'enfant, sa "maladie" et Les autres, París, Seuil, 1967;
rccd col. Points, 1986, pág 17.

26
• •
, l 1 I 1.
to n p lig .o o · b jo
h cer tran1p · : ello ben lo qu
Las palab . u Fran~oi e olto 1
ob e u tl mba re un1e11 toda e t orient ci " 1 lí · , :
teng· n n1iedo."
oh y que ener mi do en efi eta aunq 'l
combatir lo efectos ind seables e la m d1at·z e· "
manten r vivo , a toda costa, el men af y el rigo q
nos ens ñó para que a nuestro turno f~é o e p e
tran mitirlos.
En o ii mas ano , Maud Mannoni se m.os ró
lo 1 l d ·os de co un· cación de ma a ; n can io,
dio" ", n bloqu y de modo in oslay·- 1 al mund
los pro io · 1 .l p 1coanálisis y a la in titucione .
T mpoc · l p d v cie tosdes "osnº 1mp di ·n1it· io-
nes e . 1iliz .
Lacr cuela de Bonneuil entre la eferv se n-

Cl l p odu·a un "mpacto tan formidable qu
mucho-. · I n tos funcionan hoy con 1 idea de pli-
car la J ~ . t1d Mannon ·.
Cua onn uil 'como una ceta, lo r ultados
so e t . L eot ía sirve en ton ce de ba ricada a lo

incon e
P o, i . n quí, ¿lo in1portant · no era hacer p sar el
m n ... j rar que una insf tución podía xistir de otro
modo q l d la psiquiatría tradicional?
oy t n consultorios qu no reciben más a lo n 'ño
aJO el p .e to de que para curar al niño de sus síntomas e
sufici con recibir a los padre . olos. Si uno s toma el
trab jo d leer a Maud Mannoni, no podrá incurrir en e
desv ·ació . El respeto y el interé que Mannoni vuelca en l
nino por í mismo nos imp ·den pensar que pueda er excl id

7
11 1111 l(llli t1ll 1¡J lllflll ll i l lf l tll ll l!lfl 1 I~ l111J lll()• tl¡1(tti fl
tlf11{lt1 111Lf11111 1 ·I t ¡11t• I,, i 11l1c·
l 1l
1
lt1(tt 11lll J'l 1 I t ¡¡( 1 (.; 1 1 1 111lc1 1l 1111111t' 111111lt l ll fi (J f11l1 t •fi,~' l'll
lt• 11 1 11111 •.. 1111:1" 1 ~8 cl11111lt• <l1 ·l>t'lllflS tl':1l1:tj11r.
1

1111 1•1 1 l '\' 11111· CJll • 8 <' ft1l ~t·:1t 'it Kll })l'll Ri lllli<.'11LU, ¿ 1•t:1JlllllCi tt1·í:1
f\ 11111<1f\1:1)11111i tl :)sc.·1·illirl1: / 1111io 1·l 1 l1·as(1(loysit r~iad1·e?¡ No,
,,,,,. 'll llll< : 111! J •<:> r<J esto prueba una vez más que los analistas
cl1 1
l1 (1y i1<1 f>Ltt"'c lr11 do1·111irse sobre los laureles de los descubri-
111tlJ t1 Lt)S dt\ s us mayores. Tenemos que seguir trabajando
IJitr:1redefi11ir en cada momento lo que es el psicoanálisis y
scJb1·c todo lo que no es. Hay que reinventar, en cada encuen-
t1·0 con un niño y sobre la base no sólo de indicadores teóricos
sino también de nuestro propio inconsciente, la herramienta
de trabajo del psicoanalista. Quizá lo primero que se deba
s ubrayar es la importancia de una ética, si queremos que la
generación de analistas siguiente pueda escribir todavía,
dentro de veinte años: "La primera entrevista con el psico-
analista, ci11cuenta años después."
Por el lado de las fa mili as, la difusión de la teoría
psicoanalítica también tuvo sus efectos: ¿cabe aún a los
pacientes, informados por los medios masivos, sorprenderse
en la primera consulta? Las palabras de algunas madres
sabihondas vie11en a confirmar nuestros temores.

•La mad1·e de Pierre. Había tomado una cita pa1~a su hijo,


pero vino sola y me explicó: "Les dije a Pierre y su padre que
no valía la pena que viniesen. Sé que en esta historia se trata
de mí. Además, todo el mundo lo sabe: ¡cuando un niño de
ocho años tiene problemas, algo debe andar fallando en la
madre! Pierre siempre fue asmático, pero en estos n1omen tos
se ha agravado. El síntoma es ciertamente signo de mi
angustia; y ya que hablamos de signo, soy de Acuario con
ascendente en Sagitario, ¡qué le parece! No es cuestión de
traerlo, ¡usted me entiende!"
Al1ora bien, yo sólo con1prendía una cosa: que Pierre se
cz."ifi.l;,iaba.
"Es nor111al, ironizaba la madre, i.}'o lo hice todo por él!"

28
r _
año . L hic nt _i· n
p dr s h bían querido que vi i ·

pipí en l e a, le ijeron,
p ra 11· blar de él con la _ñor :
la co.. nono otro . D ntro d
t po la pu a 1 edific~ o. 1

Syl i jjoquenoentendíapo quévenía, 11 e b· ' ·


grac lpºp' nl can1a,muyin rnlit nte por 1 l
p · dr s fía 1 y que habían pedido una . 1tr vi ta) no
h cía uf · r · l . o deseaba olve1--. Al arel ar l d· u l
cita p . p dr ·; no vinieron nunca

l. 1 • n . o vino solo a mi con ultorio po p · ·1
.l iván. 1 ~orp end r1n y , 1nc dijo:

nlp , el ps ·co álisis? u u t ·\ ng nu


I'le de mis p "obl a y n1i ~ ue110 . Lo i n
l

Fr i. e "tó muchas e ione p r reencontrar el


1ug . r ' niI o q u le pert necía y pa a qu finalmente fuese
posíbl · i b ·a.

E t· primeras ntrev ·st son e r et rísf ca · de 1


difi 111 a ta podríamos d cir de la pe ':V rs ·ón 1s
s u hoy tene1nos que de . . hacer p r re t"tuir un ·
· "11 · 1 · lít ·e · e tos enct1e11tros a n1 nudo .1·0 e n1 -
s. n1nos sus padres hacen pens r en actor . qu
habrí· n n '· y ,do la obra que conocerí n ya la p e r -

2
' t•lt 1 11111t11 11 t 11 111 llt l ll1
¡1, 1111(111 ,,f ft \'' ~
11 ¡ l 1 j ltl 11 1 lttl Jlll • ( l f 11)1111 l Jll t1 1 11111 1111 t• <ll fi l}(I Jl'l'll
1

ltl !11 fijll i l 1111 , 11t1 l 1 )1 11 1 V ¡111'f 1 t¡111 i tltl 11r,J.11111rltt . 11 Jlf ~ t111
1 \ 1 1 11111¡11q\l11, 1111\I ! lt 11 t 1 1 1c11·1111 (lt ' Jt1 1'1'I >l'i 111i<l<1, 1,c>S tl tl :\ liz:tt1•
ti S Jll't Vt'l1 1Clfl8 l l1$ll }Jl'illlt.lf(lClLtl
11 1 l l1 •t1t1l r111111 · 1',111t11111t1l l11. 1 1

1''''1l11Aic·1,1111:1li:..; L:l. llc1y, Ctlsi sit 1np1·e, creen saber a qué se


1

,. · 1)1111t•11 . 1\lt<)t'(\ bie11, eXÍ8Len sin duda más resistencias y,


f'''r lc) t:tJlLC>, 11t1cs tro trabajo se complica más; pero en cierto
1111>clu sigL1e siendo el mismo que hace treinta años, pues
j ltSLt.t111c 11te las fa1nilias nunca encue11tran con el analista lo
CJltl~ esperaban encontrar. Ojalá que lo mismo ocurra con
¿1 t1,tlistas que deberán velar por mantenerse vivos y creati-
vos, prontos para dejarse sorprender, enseñar, sacudir.
Si la teoría analítica está presente, no está ahí sino para
acon1pañar nuestro trabaj·o; sirve de indicador, de orienta-
dor, pero jamás viene a impedir el "riesgo" de un encuentro.
En ningún caso permitirá adosar una respuesta o una idea
p1·efabricada a la historia de un niño y de su familia. No
existen dos personas iguales. Cada nuevo encuentro es una
pr·i1ne1·a vez. En la introducción a su libro La consultation
thérapeutique et l'enfant, D.W. Winnicott habló atinadamen-
te del lugar de la teoría para el psicoanalista:

Mi única compañía durante la exploración de ese territorio


desconocido que es un caso nuevo, es la teoría que llevo en mí,
que se ha hecho parte de mí mismo y a la que no estoy
obligado a referirme deliberadamente.23

Al escuchar al niño, debemos "aprender". Y el único modo


es admitir que no sabemos. O quizá reconocer que nuestro
saber, que se ha vuelto parte de nosot1'0S mismos, no puede
convertirnos en magos o en hacedores de milagros. La
posición del analista debe seguir siendo humilde. La om-
nipotencia será denunciada rápidamente por el niño. El

23
D.W. Winnicott, La corisuLtation thérapeutique et l'enfant, París,
Gallimard, 1972, pág. 8.

30
11
lt t1 ,J f tri tic 11c.•111 11y Olttl t 1•l1• t¡t1t 1•11
1 1
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1
ll( t. lc 1
dice i11 {1s claramente en Jeu et 1•t)c1/ 1lé: "l.>it•11 so (} tlC' :-><Jl>rt • t <J<lt>
interp1~eto para hacer conocer al pncic11tc l<)S l1111it0s ti<• 111i
comprensión. "24
El menor patinazo impide que sea posible una pr0senc1¿1
auténtica, de creación, de palabra "plena" en el senLido e11
que la caracterizaba J acques Lacan. "La palab1·a plena es
palabra que hace acto. Después de ella, uno de los sujetos ya
no es el que era antes." 25
El analista, como preconizaba Freud, no tiene prejuicio ni
a priori, está disponible, abierto al otro y a lo inconsciente. Si
la teoría nos guía es solamente para ayudarnos a escuchar
mejor a nuestros analizantes. Cada niño tiene su propia
teoría y de él la recibimos. Nada garantiza al analista en el
· ejercicio del psicoanálisis. Lo inconsciente, en su astucia,
impide que se lo tome por una posada española. ¿Tememos
acaso hallar en ella un vino distinto del que habíamos
llevado?*

*Alusión a una célebre frase de André Maurois, Il en est de la lecture


comme des auberges espagrioles:on ny trouue que ce qu'on) apporte: "Con 1

la lectura es igual que con las posadas españolas: no encuentra uno en ella
sino lo que ha llevado." [N. de la T .]
24
D.W. Winnicott, Jeu et réalité. L'espace p otentiel, París, N.R.F.,
1971, pág. 121, Gallimard, 1975.
25
J. Lacan, Séniinaire, livre I , Les écrits techniques de Freud, París,
Seuil, col. Le champ freudien, 1975 págs. 125-126. 1

31
l. Feliciano y ''las mujeres sabias''

La madre de Feliciano solicita una entrevista por consejo de


su propia madre, psicóloga. Feliciano acaba de festejar sus
nueve años. Goza de buena salud, estudia bien en la escuela,
pero su madre está muy preocupada por él.

La madre de Feliciano: Los problemas de Feliciano no son


ningún misterio: ¡sabemos de qué se trata! Tiene un proble-
ma de Edipo. Su padre nos dejó cuando él tenía dieciocho
meses. Desde entonces vivimos solos. Yo deposité en él todo
mi afecto. Ultimamente le cuesta mucho dejarme a la maña-
na para ir a la escuela. De noche tiene pesadillas y casi
siempre d uermc en mi cama. Por más que se lo prohíba
-porque sé que hay que hacerlo, duerme conmigo. También
tiene jaquecas. Yo, que soy una jaquecosa, enseguida com-
prendí que a lo que a él le dolía era mi cabeza.
Feliciano escucha a su madre con expresión de hartazgo,
bosteza. Me dirijo a él: "Feliciano, mamá dijo por qué vino a
verme. ¿Tú sabes por qué estás aquí?"
Feliciano: No. (Ojeada a su madre, que frunce el ceño.) Sí,
lo sé. Mamá dijo que no quiero crecer, que me haría falta un
homb1·e en la casa.

33
( I ,, 1 J, , { 1 11 ( 111( l 1 J) [ \ I'( 1( ' 1?
/1 ',,¡,,,,,,,,<1: ¡Ni l< i fil'• 11i 111< 1 i1111>11rf;tl
•11<>ji t: " 1Al1, 11c1, l~ <' l1c·1~ 111<> , ilClll Í tl<l vas ~l l\¡\t'l'f
1
1
l ,11111 r11 l rt $f'
clc l <¡tt(' 11<1 t Ít'I\{' clc.•111:1nd,t! ¡AcucrdaLe! ¡l~sta n1is ma i11a11a-
1

11 r1, s i11 ir· 111;ts lt1Jt)S, l0 negabas a ir a clase!


l"1)lic:1<t11cJ. S1, la gin1nasia no me gu sta. Hace mucho frío en
< 1c·slé.tciio.
1

l Jft 1nadr·e: ¡Exageras, Feliciano, te lo garantizo! ¡No te


sic11tes físicamente bien y por eso no te gusta la gimnasia!
11,eliciano: ¡Cualquier cosa!
!Ja 1nadre: ¿Y las pesadillas que te despiertan todas las
11ocl1cs? ¿Y los problen1as con tus compañeros de escuela que
r1unca quieres recibir en casa?
Feliciano: Es mi vida privada; no quiero hablar de eso; ¡no
Lienes por qué contarlo!
La madre: Vinimos por eso. Aquí no hay secretos. ¿Te
acuerdas de Ja noche que lloraste , diciendo que te daba n1iedo
la idea de volver a ver a tu padre? ¿Te h ablé yo de tus
dificultades para sentirte varón?
Cuando empezaba a pensar que la n1adre había olvidado
n1i presencia, se volvió hacia mí.
La n2ad1·e: ¿Cu á ndo puede recibirlo, entonces, para ha-
blarle de todo esto? Su abuela y yo somos terminantes, es
imprescindible una psicotera pía. U nas pocas sesiones basta-
rán, seguramente. ¿Qué opina usted?
Esta pregunta me dejó sin respuesta. Yo no opinaba nada,
les dije a Feliciano y a su madre. Contrariamente a ella, yo
no sabía lo que era bueno para él. No se n1e ocurría nada,
exce pto el h echo de que esta madre padecía una angustia
lcrrible. Su empeño interpretativo la volvía sorda a su hijo
y al mismo tiempo me había impedido escuchar a Feliciano.
Fij¡1r una cita para hablarle, decía. Pero, ¿no se trataba más
bien de escuchar a este niño?
l1 cse a iodo el saber de su madre y de su abuela, él parecía
clesdicl1étdo e incomprendido. ¿Cómo vivía todo esto? ¿Qué
lL1gar c>ct1paba su padre para él?
La inadrc se sorprendió mucho cuando propuse otra entre-

34

. I 1
ella e. iJ . or t
Que no e o ga ·za í n
Nada, en efecto pre agiab
con este niño. ¿Cómo hablar co
lo h bía acunado desde s i a cia? ¡
ponerse a supervisar a la abuela, quien r y· .
la u pervisora de e ta mad e acorrala a!
¡P ra trabajar con ella habría que inducirla - n
11

l fice· one . doteóricas q 1e ahn1entaban us r


t

do
o I. r ' ot a ona-
o, alentada. n las primeras
t "n p ..nte para habla de su hºjo y de
I · _l n tr i a preliminare l niño e tá
,,
_ t·· .Cu,.n os ºño on eguido durante año
da porque e hab'an escamo ado esio-
e._. l· p guntas: "¿Veí al ' ñor o la
n ·coter p · ?

o, ~ s on l niño.
- ,· omp e 1d· t go d tu historia s ncuentros t
n i 1 ·ron b por qué ras de dich do?
o.
,- ,Entonce._, ¿qu,. iba . a hace1 llí?
-E· mamá 1 que quería." O bien: '' a señora X era
ena", o incluso: "L gustaban mucho los niños."

:Con10 si los an li ta e tuvieran par qu re a lo niño !


o o , o ño pe didos porqu la enor X no pudo
.1 bla · 1 niño de u oficio de analista, del ab JO que en ese
1 ga (diD re te de todo lo demá ) serí po · le hacer n u
o 1b e prop ·o y no n non1b e de us p dres Hay que
or r e tie popara enuncia· la regl fundan1enta par
1 1 r del ec to profe ~anal. 1 niño e l ens ñó a no
· ·bh1d l·nt d l dulto.l odig squela e - ora sf;a." o
li r· e u la n1 i a no e ric .' o diga qu d te ta tu

1 · 1111iC(Jt La co11. ·ultatio11 tliérapeutiqu) et l, 1ifarit Jp. ·it~ ,


1

. ,.
~

o ' l ' q
privár ela e los encuentro n o.
Para un niño puede er más e tr ctur
e tas cond ·ciones, que ser arra trado a i ne d · l
entiende nada y el anali ta tampoco.
l trab jo preliminar p antea la cu t ·ón de dem
y del d seo. Cu ndo F liciano pudo expre ar su infortu io d
o ro 11odo qu con las palabra de los libros f1 ecuentado por
, m r , y cuando demandó por fin comprender lo q e los
'p i" 1 o e mprendían e tuve n condicion s de proponer!
un . · j . a no s trataba de nocion . o de concepto
' u s nt" do, ino de un dolor tan verdad ro q ie le
olí Ii · no n el cuerpo, dándole ganas de gritar. Aquí
era p , · l cuchar ese grito. Me tomé el ti mpo nec ario
pa ,. t . i · ra esa eguridad. Entonces pidió venir,
h bi 11 o por fin un espacio en el que a expre ión del
horro · torizada.
n l análisis de niños es, casi siempre,
de muerte.
n · e est ·ón de ejercer una gen ros· dad
dulc b na voluntad, sino d tran feren
c1a- ás violento. Pa a e o, aden1ás, h y
que

37
i n · lí ·~ e .
u verdad
1 s fác·l a un

2
L frecu .nci con u recibo a los padres u e· stá fijada de
·n le no ·ino q e se modifica en función de cad f milia, de cada
i al co mpá de la demanda y del camino recorrido por el niño en
1

, e
3 anno i Le premier reridez-uous avec le psychanal)1ste, op~ cit .

11 i 111111 1 ~
•• 1.,, •••tlt

I ,<>~ ¡>:tc lrt ~s


cll! < ~ ristir1;1 y At11'<)f'[l viu11l."11 l't>ll l:1 r; 11i11 :1s ~'
co11st1 lta1~ dcs1)ués ele un p1·ugra111~\ televisivo ciL·tl1c·•1cl<> <1I
psicoanálisis de niños. Aurora es hermosa, alta, rt1l>1¿\, el(•
expresión sonriente, y se parece a su nombre: t1na pri nces;1
de cuento de hadas. Tiene siete años.
Cristina tiene cinco y es morena, muy n1enuda; parece
tímida y más apagada. Cuando voy a la sala de espera en su
busca, pregunto para cuál de las dos es la cita. La pregunta
parece divertir a los padres: "¡Cristina, por supuesto!"
Entramos al consultorio con Cristina; Aurora se queda en
la sala de espera.
Pregunto inmediatamente a los padres: "¿Por qué les
sorprendió que preguntara para quién era la cita?"
Los padres: ¡Pensábamos que se daría cuenta en el acto!
Aurora se muestra tan segura de sí, tan abierta, tan bien
consigo misma, que en general la que preocupa a la gente es
Cristina.
C.M.: ¿Qué es lo que preocupa en Cristina?
Los padres: Es bajita, demasiado bajita para su edad. Muy
reservada. En la escuela, la maestra dice que anda muy bien:
tiene amigos, le gusta estudiar. Pero nosotros la encontra-
mos muy silenciosa. Aurora habla mucho, es siempre el
centro. 1 enemos la impresión de que Cristina está un poco
1

"asfixi ada" por esta hermana grande. En la televisión expli-


caron que los pequeños sufrían de los mayores muy seguros
de sí. Cristina sufre, seguramente.
Mientras los padres hablan de su inquietud, Cristina
sonríe. Advierto claramente su alarma, pero no comprendo
la razón. Cristina no tiene ganas de contar lo que hace cada
día en la escuela. Tiene derecho. No le gustan las reuniones
de familia y prefiere escuchar sus discos o mirar sus libros.
Después de todo, quizá tiene buenas razones.
Habla perfectamente, le gusta jugar con sus amigos y

39
1 todo anda bien.'
,
e die n que no hablas mucho, y eso les

a: ¡ q e no iemp e tengo gana de hablar!


· d e par cen buscar sín orr as. ¿De qué íntoma se
?..
1 in 1 e 1 en trev ·sta igo sil entend r . q e han ven· do
d 1n . d rrn . pero he comprendido que lla e .stina, no
I ndaba i1 d . 1

E "Pl co e , o a lo padres y le p opongo n· · hablarme


i quietud ya qu on llos lo .q p e nped'rayud

¿ al v z no Cristina m · m lo qu - 1 p ocup , 1no
o ?
e p · 1 e n ·1 r ir a otra cit p r l .
b e n10 l ala de per . n tr v · t ,
u o· rrancar u a hoj del cu llev ba en
ca t ra h adodibujando.Alv n orreh cia
1í y e d el d1bu ·o diciendo: ' ¡E lo! '
os' po qué goenelapre ra o aniña me
impone escuch 1 . Mºro el dib jo. n 'bujo e i 10 los q e
h cen to . 1 niñas de iete año : flo u o , una bella
r·nc con un v stidometic lo ame t e r do, cubierta
e joy refulgentes unas nube grise , n i d color azul
·nte o.
la o e di persas, un p q la etas. E tas
rojas n1 llam n la at nc'ón y p g i o: '¿Oye,
·u ·o o, tantas set s?"
u1 ora: . í on v nen o as tú abe hongo mort le .
.M.: · 1 nube grise híarr·ba?
' '''''' t t l1f 1r1 '' <ll )11 l1tllt111 lc1 111lJ11 11 ft l' 1 lft
J1 11 l ' 1' ¡ l 11 ll I lt l f l 111 I ' Jl 11 ( ' , , ' 1J '
1. 1 , ,) i fl l(lflllt ,,,¡,, l' l11R 11t11 ¡1l t1111 11t l 1 • l(l 1llfl 1
J \rtt<J1(f q il 1 1111•1'1' fo'c111l'i •11li1•-: l ,t1B f~lllll' t<l:1 ele Je> rltll J lit
\ iVíl!4; <•Jl<>H VÍl!Jlt'l1 l)<)l" 1'11-l JlUCf1t 8 ll el
1 1
t~lJ11111• fl j l J~\ 1 11l ~'
cJ1upt11·lcs 1<1 sa1lg1·c; ll vec~s lt>s <tHfixi:t11.
Ya no me atrevo a pregunta1,.
El bonito dibujo parece una película de hor1,or: u,,Y lit
princesa? ¿Está en peligro?"
Aurora: La princesa es la que da a los otros la orden de
matar. Y tiene miedo de que vengan a vengarse.
Los padres parecen estupefactos: "Aurora, ¡cómo puedes
decir semejantes cosas! Una niña tan dulce como tú, ¡qué
horror!"
Por mi parte, al distinguir por transparencia algo escrito
detrás de la hoja, la doy vuelta pensando que voy a leer su
nombre.
No ha escrito "Aurora", sino simplemente tres letras:
"S.O.S."
Los padres tenían razón en venir a consultar, sólo que no
sabía11 por quién venían. Es frecuente que la demanda de las
familias por un hijo concierna en realidad a otro. A veces se
necesita mucho más que una sola entrevista para advertirlo.
La culpa que devoraba a Aurora y a sus padres no podía
decirse sino a través de su ''víctima", quien sin embargo
estaba perfectamente.
¡Es verdad que, en las familias, el que ocupa el mejor lugar
no siempre es el hijo "preferido"!
¿Cuántas veces dejamos en la sala de espera al niño que
posee la clave del enigma? Aquel que, entre bastidores, asiste
al espectáculo sin participar en él, aquel que, revelando el
drama edípico, en determinado momento hará que todo
"estalle". El entrará en escena cuando no se lo espera para
denunciar el truco, la superchería. Vendrá a romper el
encanto si el analista, fascinado por el espectáculo, se ha
dejado hipnotizar. Mediante un pasaje al acto, una tentativa
de suicidio, un derrumbe narcisista , el niño de los bastidores

41
llll ti 'l <1 1111 1 ( •IJlll) ' '' lll[ l 1tl 11llf ' ¡,, I' 1 11 i )¡ 1l1f111 llt 1 111
t'll 1l111 1 1 11111 t l111 1111l1 1 lr11l1 11 11 ' ' ' '' 'J '(l llt 1111( 1 l lllllll
11
1111ft 111 \ 1 ( 1t. ' li ' ' 'J 1} "1 t •t l l f 11 \f 11 'l l 1. 11 t 1 f l I t 111 11t11' •••
IJ1 1 t•11l11·11·l11 1111 1•s f,1<, il: it <~: 111 s:-1 <ltl lr1 111t1lLi11li<·:1ui1111 ,¡ \
rln111 :111llt1s, el'! 11.t 111t1lt.i¡)lit•1tt•io11 clt' lr:111Afi.•rc,11<:i:1s <i<' lfl 1

iJ1l1 11'\1t•11ci(l11 el< l;1 rl)<ll1cl<td - la esct1ela o los 111cdicos. ¿Quié11


<lt l11:111cl<t <JLlt' co~a'? ¿Cómo encontrar, en este enredo, el
})il<1 ele A1·1ad11a que permitirá al niño arribar por fin a un
1L1ga1· de· ~ L1j eto'?

42
gún l cu
seguir la cla e p r
· t . habl ndo d e p r o.
adr e lamen tan: " r i l
p ars ranq i o. ¡Unonop i I
el ti n1po! abe1 o que o ha que h e l· 1 •

e a h hecho impo ib e. '


C. , qué pi n as, Arturo?
q iero matar mi compañe os, p o o

rr d obre el pap l y los marcadores, y dibuje


es h blan. Dibuja in p rar, un dibuJO ra
otro. n o interr mpirlo pregun , ndole lo que e tá
hac ·e _ w

Artitr 1 primer dibujo)· Es un dragón de mar


terri l malo.
ib jo)· Es n pulpo terrib e, e l come todo.
· · o tinúan quejándose:" p ntoso Hicimos
udimo . Hemo seguido todo lo consejo .
ra: "Mi muje abe de ps ·colo ,. a abe cómo
ac . mplo, nunca hemo t -nido ecretos para él.
creto no son bu no ."

r i al, Tout dire n'est pa dire tout. La traducción int nta dar
uti d. fere ciad s · n ido que sepa a en f aneé tout di re,
torn u int gra locuciones como je luí ai fait tout dire, "le obligu ' a
d cirio t o pour tout dire, para decirlo odo de dire tout . Con id -
1
,,,

n ft _cto, que, aun en ca tell no 'decirl todo'' y decir t do' o


on l 1i o. En la primera expre ión e enfa iza la voluntad la
in nción l propósi · o; la segund marca, lisa y 1la na me te, la acción en
kí. [ . l T.]

4,3
1 l t11 1 11111 1 1 1 1 1 l 1
f1 ll 1
I J 1~ 1 1 l t1 1ll 11 1 r1 Ir 1 • iltf l 1 11l ,
lll (tl ft ',' 11 11 • l ll~lll 1
11

j ,r1 a11 t 1rl1111l1 L111 l 11 ¡1J111, "8 11 111111'1 f ttt ll [ l ! 111>rl1l111 11 1111 1 1 1~ 1¡ l 1 1

l l f ll ll , fl 11Jlllfll1 1H <¡11<1 \ ' I V f ' ll l 1 ll f fl lJl l ~ I . ~t · t l': tl l l He 1~ 111'(1111 ' 1111 •


el ~ 1111 1 l: 1¡111 f' t:1I \ 1 t1 lt ·Cll1y 111 l1c l1os lJ1111u8; 111t cli gt1l¡t1 \ l : tl \'l' Z
l t]11 g t1 <f Lrc.: r ·L r1>C<'< ll r 11 lét ctélJlé l fC., tul ¡.>urí\ st1l1r ele c\lla, ¿no
1

1 1J 1
' , . 11 [

Ve> cosa salvo que Arturo, al dibujar , par ece


11c> c 1·f!<J g r a11
<..:rt(l<1 V('Z más aterro1·izado.
L.1tl n1ad1·e prosigue: "¿Usted piensa que los niños se acuer-
cla n de su época de feto?"
El padre: Pues no, caramba, es demasiado chiquito. Ni
siqu ie1·a los bebés tienen conciencia.
La madre: ¿Ust ed cree que los bebés piensan?
Arturo deja bruscan1ente d e dibujar y mira a s u madre.
C. M.: ¿Cómo e1~a Arturo de bebé?
La madre: El sabe todo, sabe cómo era. Yo era feliz con mi
embar azo. No hubo problema s; ¡un parto maravilloso, como
en las películas de publicidad del parto sin dolor! ¡Era
hermoso, nunca vi un niño tan hermoso!
Art uro vuelve a dibujar. Debajo de la morsa traza unos
redondeles y explica: "Son huevos. Debajo de la morsa hay
huevos, pero van a morir todos, ella va a aplastarlos, mira,
'crash' 'cr ash ', ¡están despachurrados, rotos, reventados!"
La madre se pone a llorar. Arturo se calma en el acto y la
mira. El padre explica: "Arturo está al tanto, perdimos un
hijo, se llama ba Esteban. Siempre le dijimos todo a Arturo,
él 1o sabe."
La madre: Cuando Art uro tenía tres años, di a luz a otro
varoncito. Al principio todo iba bien, un embarazo sin proble-
mas. Du ran te el pa rto me sentía segura; per o en el último
momento comprendí que todo se venía abajo. La parter a
cambió repen tinamente de cara, dijo: "Habría que ha ber
hecho una cesár ea." Vi que enloquecían a n1i alrededor, hasta
creo que discutían . Al salir el bebé, no lloró. Yo estaba
espantosamente alarmada. Lo llevaron de inmediato a re-
animación. Le había faltado oxígeno. Al otro día fui a verlo.

44
1 tlfl l 1 1l l11 J' 11 lf1 IJl l Jtf1i 11 1 , lltl 1 f l• ttlJ ltltll t 11 lll t
/ 1' / ¡, 1t l11 i\ 1 l 111 1, , ' r , 111 , , rt 1, t 1 t •, 1 t Nt t I' 1 e1 I' ' 11 , 1 l11
t''
1t 11 1 t1l r 1•t 1'' 1, , H1 l11 l1t 1l11 ~ 111l 11 1[~ 11 ' 1ri 1 11 l 1, e11l t i •11• l •t, 1r11\ "'
S I; JJl'l<J flt (llÍ lllJ llll.)' '11 111l11H, S •le• llijc1 (1H)11.
f.1<1 /Jlft t /¡ ·,• : 'l'r'(l,R C{Íé\~ (l(•~flllt'H <lt 1 llil(' •1', J118 lllt cite tl:-4 11 IM
dijeru11 c¡ue r1u Sf.tl>t<tr1 ~ i il):1 :t y¡,,¡,. () 111c>r'ir,
lla111¡11·<J11y11<>s
pero pe11saban que tendría secuelas c<. rel>rttll'$ ¡~t'\lVl'. '' ~t'l't:t
1

anormal, estaba i·oto. Sí, me acuer·do, el c<.lrelJ1·c> t•s t;.tl>¿\ / <Jir1.


Esta palabra dijeron; ¡y Arturo que dibuja huevos l·olos!
El padre: ¡Listo, no hables más de eso! Sabes qt1e cada vez
que lo haces te enfermas. Arturo está enterado; eso no tiene
nada que ver con él.
Pido a la madre que continúe su relato.
La madre: Lo terrible es que me acuerdo muy bien -no sé
cómo decírselo-, pero les dije que si realmente estaba roto,
había que hacer "algo". Ellos me dijeron: "Pero señora, dése
cuenta de que no se puede responder a semejante pedido."Yo
insistí, insistí, pero no quisieron decir nada más. A la
mañana del sexto día, no bien volví a casa sonó el teléfono,
alguien me dijo: "Del servicio de neonatología. El estado de
su bebé se agravó." Corrimos al hospital, cuando llegamos
estaba muerto. Lo más horrible es que nunca sabré si murió
de muerte "natural" o si los médicos desconectaron la reani-
mación por·que yo les había dicho que no me sentía capaz de
ocuparme de un niño discapacitado. Lo pregunté, pero la
respuesta no me pareció clara. Todavía sueño con eso por las
i1ocl1es. ¿,Maté yo a ese hijo?
Llora. Ar·turo deja de dibujar y sube al regazo de su madre.
La mad1·e: El sabía que su hermanito había muerto. Yo no
había dicho nada distinto. Pero está ese dibujo. ¿Usted cree
que él entendió todo?
La violencia de Arturo que quería "masacrar" a todo el
mundo era el eco del fantasma de su madre: "¿Soy una
asesina?"
Como para intentar tranquilizarla, Arturo parecía mos-
trarle que su secreto no era en absoluto tan terrible: "Quiero
mata1·los, eso no es malo."

45
~11 ftll rl1 ~ li1 11111 11 •l11J ' '''' ' •t I L1111111 l11 1
¡11 ,ll111 •1 1r1111 1 t•11 l t1 ·
111r111l • Ir• 11 , 11f t r1l)11 l11 "l t1 l¡J t1l >ili<lrtllc l1 •/\ J'l.ttl'<>, 1¡t11 1 R<>l<J¡>r1(l1:1
11(1111.1 Ht 1 1' \' l\·' i1l11 <·111111> <1SJ><',J<> <ll1 l~l ele' J¡\ l\ti1clr<!, cor1 \ lll il
r 11) 1i i1 ~ ti:L <ll'< Jl lt.!S Uf\Cl:l J)C> r t111 su ¡)t~ r.yó <lcvo1·ud<)r.
l ,c11· ~ lt lrtll(>, ul j)tl<J re le) ate1·1·aba la idea de intervenir. Su
t.'111 ice> i.l f'í'i 11 }1¡1 bía sido "alioga1· el
asunto" para evitar que tras
Jr1 Illltcrte del segundo hijo s u mujer cayese en esta depresión
l1trvnda. Sus temores le impedían ayudar a Arturo. En psi-
t'<)terapia, éste pudo des pegarse del fantasma de su madre.
Ella decidió por sí misma iniciar un trabajo analítico con
otro analista. Este trabajo le permitió hacer, por fin, el duelo
d e Esteban. Arturo y s u padre pudieron reasumir sus lugares
en la familia.
Decirlo todo no es decir todo.
La n1oda actual hace del secreto el enemigo absoluto: no
hay secreto para los niños. Pero si bien es importante decir,
poner palab1·as en los acontecimientos, en los dramas, en las
alegrías, es ilusorio creer que se dice todo. ¿Cómo decirle a un
niño la depresión si uno mismo no sabe que la está viviendo?
¿Qué ocurre con este fanta sma de trans parencia que haría
del espejo un vidrio sin r efl ejo, sin misterio? ¿,Qué sabemos del
deseo?
Así co1no un niño sabe o, mejor dicho, siente que su madre
está en1barazada antes de que ella compre un test de
e mbar azo, sabe de s u depresión aunque ella n o pueda decir
nada sobre ésta. El saber del niño recae sob1·e lo r eprin1ido de
los padres, sobre ese saber que no se sabe.
Fra119oise Dolto solía decirlo: cuando un niño está insopor-
table, trepa por las cortinas y rompe todo en la casa, lo que
quiere es "ocupar a su madre", distraerla de su depresión. Su
mad1·e debe vigilarlo todo el tiempo, retarlo, contenerlo, no le
queda tien1po para pensar en ella misma. E s el electroshock
d el pobre.
No había secretos para Arturo, pero él sabía que sus
padr es no podían decir todo.

46
IV. MJ1t'"'''t
y ¡,,:-:; g-r·1111c>8 111ngi<·c•s

Margal tiene ocho anos. Sus padres pt(l(•t1 t111r1 ·1itrl·visl.f.t


porque les parece no "estar bien en su piel; suc l 't! 11c;o1\t1·~tt'·
1

se triste, nunca está contenta con nada, se l¡uej¿1 tc>d(> ·l


tiempo de no tener lo que quiere".
De entrada me sorprende que los padres no hablen de otra
cosa. ¡En efecto, no me cuesta imaginar que Margot no esté
bien! Su piel, cubierta por un eczema espectacular, no es más
que una llaga sangrienta. Le sangran los brazos, las manos,
el cuello, los párpados.
Pero de eso los padres no hablan, y continúan su discurso
psicologizando sobre su conducta en clase, sobre sus celos al
nacer el hermanito tres años menor que ella, sobre sus
dificultades, así llamadas "edípicas", de rivalidad con su
madre. Finalmente les pregunto.
C.M.: ¿Y el eczema? ¿De él no hablan?
El padre: Ah, eso, no queremos hablar de eso, es el
síntoma. Hay que tratarlo como a un síntoma: con desprecio.
C.M.: ¿Consultaron a algún médico?
El padre: ¡No, por supuesto! No vamos a tratar con
medicinas algo que es la manifestación de sus dificultades,
no tendría sentido.
C.M.: ¿Tú qué piensas, Margot?
Margot : Me arde, estoy harta. En la escuela hay una chica
que tiene eczema, dice que tiene una pomada para que no le
arda. ¿Tú conoces de pomadas?
La madre: Ya ves, Margot, la solución fácil, siempre. Mejor
harías en tratar de decir por qué te rascas.
Margot: Porque me pica.

* Las circunstancias de este caso imponen traducir literalmente la


expresión francesa etre bien (ou mal) dans sa peau; en rigor, su signi-
ficado aproximado es "estar bien (o mal) con uno mismo", "sentirse a gusto
(o a disgusto) con uno mismo", etc. [N. de la T .1

47
I J 111 11/1 l ': lltlj~íl8 l11 i{li<,lfl S11b 'R lttll.Y 1Ji1•11 tllltª Jl(l Se•
Ne> tr
\' 1 r1l J, Ri,•1>f111 i1liAl.tl J>ftt':1 l1:tl>l <tr <lt' eso. Cltc11L:1 111ojor lt> qLtl'
1>c11 sctHf t\ cl1 r111cl(> 11,tc.:ió tt1 l1crn1 <1110.
A1c111~<>l ' No pe11sé nado. Estoy harta de no dormir a la
11c>c110 r>o1· cu lpa de estos granos, eso es todo.
C'.M. (a la madre): ¿Por qué no se iría al psicoanalista para
11ublar de eso?
El padre: Porque al síntoma hay que hacerlo a un lado,
despreciarlo.
C.M.: Es la segunda vez que habla de desprecio. ¿Por qué
esta idea de desprecio?
El padre: ¡Es irritante, al fin y al cabo! Esa gente que no
quiere saber nada de sus problemas. Yo, en cambio, tuve el
valor de analizarme.
La madre: Pienso que lo dice por mí. Es verdad, empecé un
trabajo analítico pero era demasiado duro. P ensé que real-
mente iba a andar mal si continuaba; interrumpí. Desde
entonces él me lo reprocha. Quisiera que Margot fue se más
valiente: yo tuve miedo.
Durante este tiempo, Margot dibuja: ''Es un hada, tiene un
vestido hermoso, su castillo está lejos, el sol brilla alto en el
cielo."
Observo entonces que el rostro del hada está salpicado de
puntos rojos.
C.M.: Oye, ¿tiene puntos en la cara?
Margot: Sí, son sus granos mágicos. Mira, ha perdido su
varita; un día vino una torn1enta y le rompió su varita. Ya no
la tuvo más, pero no es grave porque le quedan sus granos.
Son mágicos, tienen el mismo poder que su varita de antes.
C.M.: ¿Qué ocurriría si no tuviera más granos?
Margot: Ya no tendría ningún poder y moriría.
Asombrosa complicidad del cuerpo.
A este precio, se comprende que Margal n o pueda renun-
ciar a su síntoma.
Para Fran~oise Dolto todo sufrimiento ei a demanda, pero 1

sufrimiento no quería decir síntoma:

48
l,f>S ¡1:1cl1·c•s vic11t 1 11 :1 JU clit llYll<l:t s ic 11tlc11¡111 •I 1111111 1 1!' í lc 1r10
1

él SllH s írt(<>lll:l~t l\() li llfi•t• illlgltHI i:t y 11() 8 Ít•11l 1 11ÍllJ~llfl IJc tl1'11111
1

co111¡lrt 11<lcr su ~C'Jlticl o ni de l1l>ríll'~l' ele· l:1H cl1f 1rt1ll~1<l1• 11 c¡111


1

estas pc1·turbacio11cs cxprc::;an, y r11c11<>H ttt111 <lt l1;tl1l11r <lt. 1

ellas con alguien.4

Para Margot, el ''forcing'' de su padre no se1·vi1·á de 11t1rl1\ .


Ese cuerpo abrasado es en este momento lo que la une a tl 11il
madre despreciada por su marido, lo cual impide 8i11 dt1c.l<t ~•
Margot ser demasiado perfecta a los ojos de su padre: pa1·:t
ella es una garantía, una protección. ¿Quizá la varita mágictl
rota por el nacimiento de un hermanito encontró en loR
granos su reemplazante fálico?
Margot no quiere hablar, no quiere que sus granos desapa-
rezcan. A lo sumo, demanda una pomada que apacigüe un
poco el fuego de su deseo.
¿Por qué niegan los padres esta pomada calmante?
Las razones eran seguramente muy complejas y este único
encuentro no permitió dilucidarlas.
Desatender· al síntoma en nombre de la buena causa
analítica, ¿no es también despreciar al niño que lo porta y que
sufre en consecuencia?
Margot protege a su madre, sabe del peligro que la
ame11aza y prefiere dejar en ello su piel.
Margot no quería volver, no le fij é una segunda cita. Pero
propuse otros encuentros a los padres, que parecían pedir
ayuda, defraudados sin duda por la actitud de Margot y por
la mía -ya que me negué, contra su voluntad, a tomar a su
hija en tratamiento-, pero no les dieron curso.
''Fuércela un poco -me dijo el padre. No hay que escuchar·
lo que un niño dice; el niño no sabe lo que quiere, hay que
empujarlo al buen camino para obtener de él lo que queremos
nosotros."

4
F. Dolto, La d ifficulté de uiure, op. cit., pág. 204, capítulo "Commcnt
cadrer une psychanalyse d'enfant", París, Ed. Vertiges-Carrere, 1986,
págs. 268-269.

49

L '
tr
e o , la f· . ili
,
l nino pued onvertir e n el
j 1 ndo cualquier cce o po ·ible de
J i v rd d. ' 1 íntom
1
on1 "tico d· n
.' · na a ste de conocin iento.''
íntonr r pr la verd d, igualm nte puede
e· nt· r · rd d de una pareja. Margot 1 preservar su
1a p es a ant · n1, ticamente a su padre . Por
· n pu d r nun iar a él y us pad . t mpoco. Se ía
or · nte poder tr bajar con llo .
ara pasar de los "male " a la "p lab ' * e preci o oír
a lo p dr y u qu ja. El nüio' m hizo u otit's ', ''1ne tiene
ieb e' dice a n1en udo una m dr . L q o se puede
· 1bohzar parece en lo real.
..
n .. o ñala con notabl l ·l 11odo n que la
·elación 11· d -hijojueg n I l n d l e · po;

E fenón e1 o p ico om ' ti o pu d in,pl ntación de


1 . , pul 'i ne d '.\ mt1erte como r .· ( u encía d
inci ció delni - o n Id odl d , la invers
lar~ puest llil r ~obr inv ~tid r 1 · ·po del niñ ),

( e pul ional e an do cJ. Cuand la
Jn e >111 obj ,, t ~ u
L o e aún l ·
, u ,od av ' 11ac ·il 11 ·1 · ·· ·e nlo al l1i r·r
e 11 . órg o ·11v . "ti do p s l·· z de e erpo 'ti
...

~ Mazi - 'm 1 ",' nf rn1edades" y mots 'p 1 br· ', o,n hon1ófonos
la .J
5
T e u s Lacan ''Deu notes ur l'enfant', carta· Je ny Aubry 1969,
· vi t· r1zi ·ar nº 37, París, avarin, verano e 19 , págs. 13 y 14~
1


l1l)tl{¡1 11 11 1•1•, 11\11 l cl1 1
t•r1111c' , e Jll ' ' l fl l l1 1 111111 ' 11 1 111(1 1 1111 11 1111,1 111
1•11l 1 t' 111 f11l11 t ' 111¡11, f t11 1 11lc 1 clt 1
!~11c•1 1 c• 11111¡ 11 11•l.11l11 .'1

l~stc g c>Cf' era


tnn ('8C'11cial" q uc <. tl eso 111t)lll<' rl CcJ, 11 i Mr1"I~(11.
11
1
1

ni s us padres podía11 cuestionarlo.

* Expresión referida a las cartas u objetos no reclamados en el correo,


equivalente a l español "en suspenso"; s u uso en contextos como el
presente i.mpone hacer hincapié en el elemento de "sufrimiento" [souf-
frarice] . (N . de la T.]
6 Anny Cordié, "Le phénomene psychosomatique (PPS) chez l'enfant'\

revista Apertura , volumen VI, Springer Verlag, 1991, pág. 58.

51

1 lo ojo azul y l n1echón r vuelto bl entr .
· )a o co o n hu acán. Corre, roja sobr l
.i ,. n t e · odo quie e cada uno de los libros, abri · e
e JÓn, p ro 10 m · a nada. tá en tod s p t l
turbul to manoseado . o atrapo al vu lo
bu o OJO p r xplicarle "qu e el o
· pid h bla la g nte. El e e tá haciend
ine iI 1p ºde oír us padr . s, y habl todo l i ,l no
i e p r :n oí lo qu dice. Aquí ·t ción, la
p· l br debe t ner lugar pa ad i i iillo, por
d dicl ado q a, no puede i "' t ord 11. ~ i no
i re 1 bl p d ir a . l d e · pera".
n ira ·nt igado.
Pablo: L ,. p l br o •
d má , lque
i anda o o. '
b n a al d
a •

, blo, vu lv .
j guete."
· con t1 ol ren1oto

r ;, 1 o vu lve.
I y ue forzar lo a
OV r. i} ~· . · blar , p ro no
o 'n1p·d l
a e plicac10 n n línea ecta
~ta entr d en -
l padre: a no po curarlo. a
e· . 1n i11 ti e n . o llora a u
1 adr la in ulta. n la e e tástrofe: el
di ctor h bló de col a10 vez pueda
tom· lo n el p ici: lar ro. Es v rdad
q e tenemo os medio uficien · :i o, incipio, la

2
cdt1c<lció11 c.ll' los 11iii<>S, J>'-\l'él 111í, (ft lJ<~ 8 r grrttt1it11, l~f~ t1lg11
que la sociedad nos debe u tocios.
La madre: Sin e1nba1·go, cua11do u110 cede<.\ Slts t'í\Jlric.~11< >:-,,
es bueno. Nosotros cedemos para estar e11 paz. El p1·obl('llltl
es que é] quiere todo y de inmediato; nada debe molcsi<t1·J<,,
nada debe ser un esfuerzo para él.
C.M.: ¿No quiere pagar el precio?
El padre: Es eso, exactamente. Hay que decir que l<)
consentimos mucho; pero mire, ni hablar de que cambicn1os
de actitud. De chico, yo fui desdichado. Un día reté a IJablo,
tenía quizá tres años, pues bien, ¿sabe lo que pasó? Se puso
a llorar y cuando vi que las lágrimas corrían silenciosamen Le
por sus mejillas, comprendí que era verdaderamente i11f'eliz
y me juré no retarlo nunca más, no quiero que llore, él no
tiene que por qué pagar nuestro abatimiento. Venimos a
verla a usted porque quisiéramos que lo ayude a mantenerse
tranquilo sin que nosotros tengamos que intervenir.
La madre: Pensamos por un momento que la escuela iba
a enseñarle disciplina, pero no hubo caso. Pablo me enferma
diariamente. También discutimos entre nosotros por su
causa. Mi marido no quiere tener más hijos, dice que éste nos
habrá costado demasiado esfuerzo.
En el centro de una problemática de goce en la que están
permitidos todos los golpes [coups] y donde no hay límite, los
padres de Pablo, al negarse a "darle la castración", como
decía Fran9oise Dolto, se protegen ellos mismos y sustentan,
tanto en ellos como en su hijo, la ilusión de una omnipotencia:
los golpes [coupsJ, pero no el costo [cout]. * Pablo no quiere una
entrevista; ¿aceptarán los padres venir a hablar de ese
imposible en el que están entrampados?
"Es imposible calmarlo, imposible sosegarlo, imposible
retarlo."
"La vida es un infierno, pero, como usted ve, no hay nada
que hacer."
Como Pablo se ha negado a volver, les propongo una cita

* Los términos coups y coút son homófonos. [N. de la T.]

53

t o hijo ti n nprobl ma
t
u p gar · o otro . ¡Co todo lo
sociedad es 1 qu d be hacer cargo
b una vergüenza. Siendo así no volve-

z
• r i abiar de pagar el precio.
· a a qu lo s lga d la omnipotencia sería 1 eces r ·o
ta b é · pad con inti ran en no broque ar e en
Ilr. T nd í n q e pt· confrontarse con un sufrimi nto
qu s 1 prop ·a infancia y el d u pareja. El ienen
dere h por supuesto p ro t mbién d be e . ¿ o corre
p lig1 1 i oan ·"' lisi nn t a ociedad, d conv tí se
p r lo p d e n lgo qu e e debido?
n niño e e ibe mal. lo mandan a l · fonoa 1dióloga y la
gurid d oci l re bol .n niño es de dichado, lo man-
d n al psico áli í y t mb "én tiene que haber reembolso.
¿Pero embolso d qué?¿ qué moneda se trata? Actu 1-
m nte ay un iesgo m h mayor que hace veinte año d
an or1n r l an 'li n una reeducación que la sociedad
d b ría um· . Uno n t drí . nada que perder nada que
a ríe ar. e to on olid rí la mentira.
ara e p ar 1 a . . r . el precio a pagar por él, e
re uie e ademá q e lo r estén di puestos a sacarse la

ar qu I padr n l· id de un nálisis para u


hijo -e requi re tod· v"a u t n a1 l coraj de e1.. de lu-
1

ja o . .. el cc,n ort q ,e otorg 1 compl. ci d d lamen ira. 7

7
• a 110 i Le premier rend z-vou.s avec le p ) chanalyste, op. cit.,
1

pá . 25.

5
\'l.:...;,,,,, .~ ••.
1.Nitl(>· 11tc•1111'
e• s 11tc)11111 tl<-1 11iiio'!

Samira era una encantadora chiquilla de orig<.'tl 1\rJ~l 1 li11<J .


Hacía quince años que su familia vivía en ~,ranci{t CLt,t11clc>
esta niña de ocho enfermó súbitamente.
De pronto, todo su cuerpo de cubrió de placas rojas, c11
particular las manos y la cara. Sus ojos comenzar(>n ~1
hincharse. Se quejaba de ardores y de terribles comezo11es.
Los médicos consultados no podían entender: ¿eran aler-
gias, acompañadas tal vez de astenia, de tristeza? Samira
parecía curarse por la noche y, a la mañana siguiente, las
placas reaparecían. Se aconsejó a los padres que consultaran
en un importante hospital de París. No tenían nada que
perder porque igual a Samira ya no la aceptaban en la
escuela: se temía un eventual contagio. La maestra no
soportaba más su "color", como decía su madre.
Internaron a la niña por cuatro días para efectuarle
múltiples exámenes; no se encontró nada, no era alérgica a
nada. Entonces se invitó a la cabecera de la enferma a
psiquiatras y psicólogos. Hubo entrevistas. Se le hicieron
tests y, al quinto día de internación, fue pronunciado el
veredicto: "Alergia nerviosa", causada seguramente por
angustia. Nada grave, decían, pero el caso es tan atípico, tan
raro y se presenta de una manera tan espectacular, que
Samira pronto se convierte en multitudinario foco de atrac-
ción en el servicio donde está internada. Se recibe a los
padres, los psicólogos escriben al pediatra que se trata de un
problema religioso y cultural. La madre es demasiado
sobreprotectora, el padre demasiado severo.
En su casa, Samira está separada del mundo. Sus padres
viven como en la Argelia del siglo pasado y el con tacto con la
escuela resultó excesivamente difícil. Los médicos del hospi-
tal proponen trabajar con la madre, concluyendo en el
dossier: es una niña "síntoma de los padres".

55
l ' .
n ·s . o t d , con o i la
re d ah da . L cuela h vu lto
1
1á niños e a ustan, firma la n aestra.
t al pediat a. E te se sorp ende de que
recibida en 1 hospital, y m la envía p ra
• • .11'

1op111on.
do 1e la prilnera vez con u r , yo puedo
j zg 1 ~ e o d l ínton1a obr lo d inás. n la · la de
pe · todo qu dan pantado sil ncio o no se atrev n
·rarl n · . 1over e.
t ndo oy n u busca, e tá on i . n . madre me
cuent h·stor· .
i n in h "ja mayor, Djemil , de i · 1 ve ano - , qu _

permanec en l ca a, y un jo, 1nce q e no 1

tien proble na~ . ste hijo no h bl -ale nunca, s


pa re no quier . Sami · , 1 p - d el parvu-
le; ·o · rn ha tudi do b' .n y h bía t nido
probl m · hasta el día n e ndó 1 enfe
m dad'.
l p· dre n1u., evero e pl" e ndequ se
11 ~ "_ En la ca a I d 'I r ligio , ,
· 01 1 oración o ed · 1 to a · 111ir
h ble11osjunta . la ala de

i·c V
gro n1e
· n d recl10

b

<lic·c• q11 • Jl<l 11:1y <tltt' l1:1l,lr1J' rl< 1• 1>, !\Ji 111 r111r111 t1 1~ 1 1 11111. ,
tr1111l}i 11,
1
tl<> <tLti< ft' t1t1t• l1:1t)ll clt• <'8 t>.
1

C.NI. : ¿li~l In 1o Sltl><.''?


Samira: Un día nos vio. Me dijo: ('!.;<) tll) t•stft l>ic\11 J>•>l'll111
ya no tienes más la virginidad; no l1ay qttc tll!cír~ 'll> il 1>:t1'ú
porque te matará y mamá morirá de pc11a.
C.M.: ¿Cuándo empezaste a estar enferma?
Samira: Hace dos meses.
C.M.: ¿Pasó algo hace dos meses?
Samira: No. O a lo mejor, una vez, tuve miedo.
C.M. : ¿Por qué?
Samira: En la escuela, un chico trepó la pared de los baños
cuando yo hacía pipí. Tuve miedo de que le dijera a todo el
mundo que yo no tenía más la virginidad. Todo el tiempo
tengo miedo de que papá lo sepa y mamá se muera.
La dramática historia de esta niña es ilustrativa de una
deriva hacia la cual puede arrastrarnos cierta teorización del
psicoanálisis. El riesgo más frecuente consistiría en dejar de
escuchar al niño por él mismo y, simultáneamente, negarse
a considerar un síntoma como perteneciente también al niño.
Sería tan ridículo concentrarse en el síntoma sin intentar
comprender lo que sucede en la constelación familiar, como
no aceptar preguntarse por lo que corresponde propiamente
al niño. Pero, en el caso de Samira, hay que subrayar una
considerable diferencia ya que se trata de mucho más qt1e de
fantasmas.
¿No existen demasiadas veces tratamientos en los que el
ana1jsta, imperturbable, recibe en terapia, a veces durante
años, a niños víctimas de sevicias sexuales o de malos tratos,
en nombre de la neutralidad benévola o del sec1·eto de la
sesión? ¿Qué efecto puede tener sobre el niño esta "com-
plicidad"?
¿Qué concepto, qué teoría nos auto1·iza1·ía n a faltar al
mínimo respeto que debemos a una niña que demanda
hablar del ho1·ror de su historia, como Samira, y ser protegida
de él?
Al excluirla del tratamiento de la madre con el pretexto de

57
í · o . jor d ·e 10, ·
. m imilada, ci rto e pecial . ta
ami · no tenía necesidad de h blar. ¿Cómo
nder t v inte ano de lucha por introducir la
·coan lítica en 1 ector público, que cierto a priori
hoy no ien n nada qu ver con l psicoanálisis?
e pu , de todo to año. durant lo cuale no no
im tr gua en 1intento de convenc rae os e, peciali tas,
¿có 10 h cer qu admitan qu el p ico náli is, aun siendo
in. o layabl no tá en po, ición d t . ner r spuesta pa1 a
do.·~

58
\111 . \ 11aJe 11 f a•' ~, 11 lt ~ •, 11

(ju11 t rl:s el<! t!Cl<tci , 'S Llll 11 i 11tJ e S¡Jlt 11tl ic l<1 , \l ir 111 11 111
(liit>S 1 1

cons ulta por co11sejo tlcl pcdi ~tt. r:t, j t111l <J ::1 s t1 111 r1<ll'1 ,V Btt
padre.
La madre toma inmediatame11tc la J)~l l~ll)r¡t : "V íl ll·11 tí 11
anda muy bien, pero el pediatra está preocu pttclo r><>r<¡ tt '
nunca quiere separarse de mí; no le parece normal. Ve11go
para que usted nos tranquilice." Valentín está sentado en las
rodillas de su madre, con la cabeza pegada contra ella.
Ella prosigue:"¡ Nunca quiere quedarse con otro que no sea
yo! ¡Me adora!" .
Valentín trata de avanzar una mano hacia un cesto de
juguetes colocado sobre el escritorio.
La madre: No tengas miedo, Valentín, no te van a morder.
El retira su mano bruscamente.
C.M.: ¿Quizá no tenías miedo, Valentín?
La madre: Responde, Valentín. La doctora no te va a
comer, no te va a hacer daño.
El se pone a gritar.
La mad1·e: Tiene temor de todo lo que lo separa de mí.
C.M.: ¿Usted piensa que yo quiero separarlo de usted?
La madre: Yo no; pero él, puede estar segura de que lo

piensa.
Valentín está efectivamente aterrorizado; ¿es por mí? ¿no
es en realidad por su madre?
Me vuelvo hacia el padre y le pregunto qué piensa de todo
esto.
El padre: ¡Oh, yo! Mire, yo de niños no entiendo nada. Creo
que es normal que sean así con su madre. A veces me gustaría
mucho que él fuese de otra manera, porque, mire, ni conmigo
• •
quiere Jugar.
La madre: ¡Claro! Tú le das miedo; hablas demasiado
fuerte, gritas.
C.M.: Valentín, ¿tienes miedo de papá?
Valentín hace sí con la cabeza.

59
( 1 1 f l 1111 ( , , , , 11/

\ r1lc•11t111 N1 1 ,.,
/ ,:. 111r1 l.11· : 11•111 •s ,.;¡Í, \!:1l, 1ttíi1, 1>t>rc1t1c! t • r ct1\! ¡NcJ tlc.\l)t' sc1·
1

11 JI t• r1L r'l' lltl Jl~tc l1't 1 y lltl llijo!


( ',1,1.: ;,< t>111c> c.lt"l)<!l'1<1 sc1·'?
1

l"'r1 111r1rl1·c!. Y bien, más amable, más dulce: como una


111:1clrc·.
(J.PY/.: 1Qué interés hay en tener un padre si actúa igual que
LlJl (\ niad1·e!
[Ja niadr·e: No lo sé, nunca tuve padre.
Nos parece que esta entrevista la hemos vivido ya cientos
ele veces. Una madre desvalida, un niño pegado a ella porque
le tiene miedo - como decía Fran~oise Dolto: "La única
manera de que un león no lo muerda es pegar se a su lomo"-,
un padre que lo volcó todo en su trabajo y que ha renunciado
para vivir en paz, para estar tranquilo.
Esta madre sin padre no da lugar a los hombres ni a su ley.
Su hijo es el "Viernes de su isla desierta". Valentín no ignora
que ella no está en condiciones de soportar que se le aleje, él
no puede hacerle "eso''.
La madre: ¿Puede escribirle usted al pediatra una carta
pidiéndole que nos deje tranquilos con todo esto? Somos de
veras una familia sin problemas. No hay divorcio, no hay
drama, todo anda bien.
Todo anda bien. No regresarán a pesar del pediatra, a
pesar de los artículos de psicoanálisis en los diarios, a pesar
de las pocas palabras que le dije a Valentín en la puerta: ''Ya
ves, Valentín, mamá no sabe bien de qué te protege ni de qué
tiene miedo, per o al protegerte a sí te impide crecer. Nadie
más que tú puedes hacerle entender que ahora tu destino va
a ser el de todos los otros hombres, el de tu padre, el de tus
abuelos y el de todos los que te esperan pa1·a recibirte en su
clan."
Al verlos alejar se, vuelve a mi memoria un ritual de
nacimiento af1·icano del que me había hablado Fran~oise
Dolto. Allí, cuando nace un niño, la tradición exige que la
madre se incline sobre la cuna diciendo: Saludo en vos, Señor,

60
litJ<' 111 t<J, rt lt>.'i St•Jt<Jt«'·" c111l,,¡><t.'i<tclt1.'i ele 1111 ~c·1101· rll(LJ t (fc> .
1,t tllé1d1·e de Valcnt111 proct11~abt1 inip<.'dirl<"' tc)<.l<> t'l
JJc> t]tl<.'
tiempo era esta inscripció11 en lo simbólico. El lt1ga1· que stt
padre había dejado vacío le imposibilitaba dar a su hijo t111
lugar en el linaje de su marido.

61

-
1 r í nfurru-
,e valer. tá
i · n la adre, s ·n n1bargo f e
.. . i o otro h ºjo. trata de na chiqu ·ta
i cho me e , llamad M ría. ,
~ advertid y ello mi mo lo abían,
son una co a 11 1ormal~ Ello abían cón10
bían dicho tod lo ue habí que decir 1
o que e b eser.to n lo libro d
oi e alto." e que remos sien1pre, ti n _ derecho · no
r M ría n une te forz remo pero o e bes hacer le
i mba go no había ca o, V iol d testaba u
rn1 · ni y ello ya no lo opor ab . ¿ ón10 era po ible,
e p é de o o lo qu había 1 í o, o to lo que sabían
(los s e an d e do n • - 'd f1 il ) u Violeta no
p diera ac ptar l nac1m · y Uo sta el punto
de que ere trang larla?
La seman 11t rior habí n o a la peq ena
i11 ali nto e tr la n ·al ta, quien e
p etaba e cu llo con toda u dici 'ndol . '¡ sta
z í por fin v s a dejarm tr
tr , hija ha vuelto loe· n · r n l padres los
e 01 1 v a lcanza , hay 1 p ·r hor con un
p ic a a i t . '
'ol e cucha u p dr s . l 1
,l . di c·ocho
1eL - r e rrido . · one · la car' ~ - -u1·ame11te
u ar _crañan. Tien l e pre...,1ón h id- , l u1 ·nada, de un
n· - a q _ no on1pr nde por qu ~ - le t d enea
e d ·rijo e la: '"¿ ué pa v· oleta? e ri te n1u
· d . ·Qué pi n d _loquetuu dr b ndeco tar?
,, :uc de ent e María y tú? ¿Qu·ere q h blemos de
'
-
\11,1lr l11: N<> si•. 1~:.
1
1111r11111l 1 clij1• ¡): lJl:I, 1•s 1><>1'111:11<1111 • 111111111>
1111i1•1·: 1 ( t l'l ll l1<. r·1111111:t . A s1 llltt' i1<> sl> lo c¡t1 'ti(lt1c11 (~<>11r11i¡~<> .
¡J)c. !-;(lc c1u0 ella nnció, me ri11c11 toclc> el ticn1¡)0! l~s cul¡Jil ele
1

ella. Los pone demasiado nerviosos. Cuando era chiquita no


dormía, ellos se irritaban y me retaban a mí. Había una
guerra en casa.
C.M. (a los padres): ¿Cómo fue el nacin1iento de María?
La madre: Muy bueno; sin pro ble mas, aunque el embarazo
había s ido mucho más penoso para mí que cuando esperaba
a Violeta.
Violeta había empezado a dibujar una casa con los postigos
cerrados, la puerta atrancada, una casa sin flores , sin sol,
una casa gris. Interrumpe el dibujo para escuchar a su madre
hablando de la época en que es taba embarazada de ella .
La madre: ¡Me hacía tan feliz esperar a Violeta, deseaba
tanto una niña! Con María no fue igual.
El padre: Es verdad que no querías un segundo hijo.
La madre: Es verdad, no quería. Me convencieron mis
lecturas .. . (risas)... un solo hijo no es bueno.
C.M.: ¿Por qué?
La madre: Está escrito en todas partes: un niño solo se
aburre, es demasiado el centro del mundo. Es verdad, antes
de que naciera María, Violeta era el centro del mundo.
C.M.: ¿Usted tiene una hermana?
La madre: No, soy hija única. Mi madre decía que yo no
quería otros niños en la casa. Por mi causa no tuvieron más
hijos. Me hubiera dolido demasiado. Tenía ocho años cuándo
mi madre hizo un aborto, me acuerdo de lo que me dijeron:
"¡Lógico! Tu furia era tan grande que debió 'desenganchar' al
bebé." Mis padres me adoraban, pens aron que así era m ejor.
De ese m odo yo seguía siendo su única hij a, la única. Los celos
son un a cosa normal. Desde que nació María, mi marido y yo
discutin1os todo el tiempo."
C.M. : ¿Por qué?
La mad re: Creo que le reprocho el haberle causado este
golpe a Violeta. Fue él quien un poco me forzó y ahora me
siento mal con ella. Pero dejé de hacerme esas preguntas

63
ó cho fue la vez en q e
que usted nos tranquil· ce
· · e·d te
r e ificar que la B.C.G. sigue protegiendo
ace una dermorreacción... (ri as)... ¡Y se
u p icoanalis a para estar seguro de que as
n que uno le ha dado siguen protegiéndolo contra
. emas ps·cológicos!
o pude tranquilizar a la madre de Vialeta, ni a su padre
pediatra.
· eta e taba npeligro. Se sentía de d"cha ay e s gui-
1 d ama
,
que se jugaba con su he m "t _ ab orbía toda
energia.
n un niño, las más de las vece . o . e -los on 'normales'':
niño se siente amenaz do po n eb ' que viene a
s - pa le u luga . Ame az o de· ti . ar eco el bebé
_ cumb·r a una reg es 6 . qu "l be peligro a, o de
identificarse con su madre, lo cual lo at r.oriza e actamente
gual. Pero otras vece , a través d o los se juega un
d ma d1fe n un d ama que de _ho d _ · ñ y que es el
de lo padres. Violeta, su madre, u abuela
materna for . an una historia de mu·e-_... . . hi toria de
v · olencia, odio y pas ·ón en la cual lo h r e i o tienen
lugar; son 'mpotentes para calmar l d _ . En cuanto
e·a de a m·r u función s1mbóli~a, la de e que "se
ie ·e ''demasiado e matan entre sí.
¿Q é efecto podrían tener sobre Viole na cuantas
p labras interpretativas y tranquilizador , , na cuantas
g n a idades pronunciadas para moderar u angustia y
cir al 'lencio las p eguntas plantead a lo padres por
acimiento? En casos como el presente, lo p dres son
o títe es poniendo en escena el odie de lo 1ijos. Las

1oleta nece i ó m · p
sin repet ·r el odio de prop1
predadores.
¿Qué se puede decir de este fa - tasm . r l
celos, la pregunta que se formula al Otra es 1
·maginario que se ocupa para él. 8
¿V.aleta misma no había ocupado el lugar de la riva t
tem · a? 11 gar de la otra niñ pa a esta mamá que de u"
referirá e 'n tempranamente fue aba donada por su pr:opia
madre. L madre de Violeta era u a persona grande en
ouffr.anee no salida aún de la infanc ·a.
El a s e anal' ico no h bía hecho otra cosa que
's la ang stia de esta mamá. La primera
br ·n ó ocas· ón ¡;lara hablar de la soledad en la
j p opi m d e y de su desintel ·gencia
COll SU. Il p hab 'a reservado el l gar
dema p esto, no estaba n nea "a la
altura' o.¿ 1 robre de p"la de su segunda
hija no r_··- "grii cante de esta decepción?
Aqu ll fue t mbién ocasión para que Violeta
enten i r· de s odio a María, volvía a
rep e n ue la superaba. Con esta herma-
nita tod encontrado nunca. Sólo ten'a ante
na enemiga terror,fica, enemiga de su
o de ella misma y que ca~i no · e parecía a
nemiga fantasmática era a quien había que
e llo.
1 r baJo de la psicoterapia.

8
Lo celo on l pregunta que el S1UJeto plantea al Otro ~ p cto de
lo qu ,, i mo es para e te Otro; y no ~a co o la invidia, la p egun a
del o g o de Otro que satisface al otro." Rosine )~ Robert Lefort
Nais anee d l'Autre, París, Seuil, col. Le ch Illp freud·e , 1980, pág.196.

65
ol · t 't1 n on ce año .
1

enuda. Su ojo son tristes


como re ignada. Su padre y u
ñ na la consulta.
1 : T" 1 · o a erla porque Lolita siempre fue
· . . ro no nos pregunte cómo ni por qué, no
r oren el parto? ¿Una enfer edad fetal?
i to · g n 'tica? No son historiales clínicos los que
ro nunca tuv · mo acceso a ello,
· 1 madre): ¿Cómo f eron el m · zo el parto?
L a niadre: Bie . Emb arazada me sentí ~ i n. ~No~ me
1
1

ía ue mi hija fu . e di capacitada! oy persua-


d qu 1 p to fi . b eno; cuan o lió d ni panza era
l pero de pué · no é nad . m 's, no pu ci le nada
.. '. , d spu,. s · h1ci ron cargo 'º m.. · n yo.
· o bor an·mación al nac p _ o í it rzación.
L li a ha ·í a n · cido a término p .ro · í ·e alarmó
1 rt ro que 1. nvió al servicio n o " . ' resenta
e n. ncio explicaron entonce a lo a .
r poco reac-
. a, hipotónica hay que hacer estu io . ' ' ndo la devol-
ieron lo padres, tre semana má t l m ~ dicos no
. mi t ·e1 on ningún diagnóstico pe:ro lo pr ran peyo-
tivos. Ningún nombre de enfermed, d, n · 1
plicación
ob e ev ntuales cau a pero sí profecí l pa a el
uturo: Tend án que afrontar problem ·. . _ No sabe-
o I va a caminar, si alguna vez hablará, o o emos decir
tamente lo qu p .ará con esto, pero un co . s gura:
na niñ que ufrirá ecuelas será di · e p· cºt da."
·De qué ecuelas podía tratarse? Impo ibl · saberlo. Los
·'" no tienen ningún elemento para explic r e más. Hoy
e min , corre, habla, pero su actitud es d rticulada,
je e mantiene casi siempre en la colalia, su
icomotor se cumple muy len amen te. Hace poco
i \ l i (l ll i I'i <'l ( 1 I :l H( 1 <> el 1\J r t 1t1 ; :4 \ t 1l l: l (l re•
le> e1:1v í: l le• ¡>e> l l t • J>; l l l ; 111 •: ' J >e 1,.
lil r1ocl1e. Ne) le gL1sL:t t'l co11tacto co11ot.1·c>S11111c>8 y H<' 111t1t!!4 l 1·:t
ale1norizada co11 los 1nayores.
A veces sufre enojos violentos que aterrorizan al cnior110.
Los padres nunca quisieron tener más hijos. Está sola en la
casa. Dada su discapacidad, no desearon escolarizarla. Su
madre dejó toda su actividad profesional para ser, a tiempo
completo, la "enfermera" de Lolita.
Dos veces por año concurre al servicio de neurología del
hospital en que la atendieron de pequeña. El profesor que la
sigue está sumamente desconcertado con esta niña: "Es
increíble, dijo a los padres en la última visita, su hija no
debería caminar, no debería hablar, tiene el cerebro destrui-
do. El escaner y la resonancia magnética nuclear son ter-
minantes. Es absolutamente increíble. Su evolución va a
interrumpirse pronto, seguro. Los enojos van a predominar,
tendrá crisis cada vez más frecuentes. Hay que internarla.
¡Si no toman medidas, en pocos años acabará con ustedes!"
Pero los padres quieren pelear por esta hijita, quieren
darle todo. Saben que nunca tendrán otro hijo. Por otra
parte, mucho tiempo atrás el profesor había dicho: "Puede
que sea un problema genético. En estos casos, casi siempre
enferman también los padres."
Pero, ¿de qué caso se trata?
Mientras sus padres hablan, Lolita juega con los títeres;
no pierde una palabra de lo que se dice; mira a su madre con
el rabillo del ojo y parece acechar mis reacciones.
Su cerebro roto no le impide estar extremadamente pre-
sente. Comienza juegos de ataque entre los títeres y se
desliza hacia su madre, a quien también se pone a atacar:
"¡El cocodrilo te come, te devora, el lobo, te devora!", luego
hacia el padre: "El lobo es más fuerte que tú", y de nuevo
hacia la madre: "Tiembla, tiembla, vas a morir."
Esta vez la madre no resiste más, alza la voz, desbordada:
"Basta, Lolita, me agotas, estoy tratando de hablar con la
doctora, basta. ¿Por qué me tienes tanta rabia? ¿Acaso no lo
hice todo por ti? ¿Por qué estamos aquí? ¡Por ti, una vez más!"

67
í to , i gnó ti
za p ra h bla ni de

icoanáli · ? ¿Un "s .. per-sabe " capaz


1p ofi or d neurología ·o responde? ¿O
ul _ una cuestión ot 1 1ente distint r lat va s

d v· o de mu rte hacia esta hi.a?
it· ·t . com 1 tamente v·va. A despee o de todas 1
il d que debió enfrent r pa a con t · , stá total-
pre ente. la verda de s histo · 11 ablar ..
d esta p ·me a ntrevis a. n el o nto en que me
i I ell pa pregunta le qu,,. p a · . o eso, .m
o nt unos padre estupefacto . "M' . , 1 oblema es
q . a an á, yo le doy em · do
nec .~ 'tó todo un tiempo de
dr yconellamis ap r o com nzar
j nto un trab jo d p icoterapia.
ecesitó 1nucha paciencia para d

a a es a n,. a que tení ta c1r, para
v . de nu vo'' el saber hacia el 1 es, que lo
e bí n abandonado todo a la me ic ·
oco p co s a o · zaron a habl · r d f i · nto, del
e u hij . , d j ron qu Lo ita volv·era -_ ot o ug ,
· ti tod 1 eunobjetodec·enc·a. a a · ·gnificó un
· i to y p a u padre un e e tro
n t n e no hab a od · o t
1

- con u
Adrián es derivado por SLl peclintr~t. 011 ct1:1f.r'> :111(), , ~.._,
vivaz, bastante alegre y so11rienle, pc1·0 cst(1 1> 't·111:111c·11lt··
mente enfermo: angina, otitis, indigestión, dolores <le l'¿111~é1
No pasa una semana sin que Adrián no consulte al 1néclic:c1.
Sus enfermedades a repetición alejan al niño de la escucl<t
pero, aclara la madre, no es grave porque no le gusta ir.
C.M.: Adrián, ¿no te gusta la escuela?
Adrián sube a las rodillas de su madre y la mira.
La madre: Pues bien, contesta, Adrián, te están haciendo
una pregunta.
Adrián: No sé.
La madre: Bueno, yo sí sé. La maestra se queja mucho de
Adrián. Es retraído, no se mueve, no participa en nada. Va
a clase con su ninín (el pañal que no lo abandona desde su
nacimiento) y su tigre de peluche. El ninín de una mano, el
tigre apretado contra él de la otra. Adrián se niega a hacer
la ronda por miedo a soltar sus preciosos tesoros y se sienta
en un rincón, con ellos agarrados, mientras se chupa el
pulgar. Sus dos objetos, que él no abandona nunca, enfer-
man a su padre, pero yo no quiero traumatizarlo; no es
cuestión de que se los quite por la fuerza, ya tuvo bastantes
problemas.
C.M.: ¿Qué problemas?
La madre: Bueno, todas esas enfermedades, y sobre todo
a los ocho meses una internación de diez días por una
laringitis estridulosa. Me lo quitaron por la fuerza. El chilla-
ba, yo lloraba, fue horrible. Desde entonces está siempre
enfermo. Mi marido no entiende nada de todo esto, yo me
extenúo dedicando todo el tiempo a cuidar a Adrián y
protegerlo de mi marido. Hay días en que me pregunto si no
debería divorciarme para quedarme sola con él y atenderlo

meJor.
Me en tero asimismo de que Adrián sigue tomando el

69
n ""
ianos pue es

u nt oda la entrevista, objetos rotos,


z _ n · 1an s, coches que no andan.
· . 1ó p ecoz de 1 que la adre ablará larga-
c haber dejado a ambos mutilado . 'En aquel
n to q ued ron separado , sin palabra para sopor ar l
ne· , sin simbolización posible: tan sólo o -eal de esos
cuerpo q e confundían en uno y q quedaron
1do en do . Esto dejó Adrián e ermo, también a su
m dre y ella, para protege lo, quiere epa rlo de nuevo
ro e ta ez de su pad e. L tien m · do cualqu ·er
· · rvención de la ley.
su evolución, Ad 1án q e ó ' ri co o': 'mposi-
birdad de ser agresivo, impo ibi ·a d · e oc . con esta
n1ad . e dernasi do frágil o con l ha sido
ohibido, imposib ·lidad de relac · n o _o niño en la
escuela. ' torbado" po el tigre y el ·quiera puede
t e le la mano. Se epl ·ega en ~ puede ·no
h e r e u encia para cualquier p 1 ma a. No
r e oce n1 lo al o ni lo b jo, ni la izqu· cha. ¿De
q é pu de · erv1rle, si madre 'llev •

o le pertenec n ni u cuerpo roto n ·


. . . .~
o. 'Es mamá,
, qu. n ien i ago o no p p1 e "
u ndo d ián pueda habla , exp e s helos de
uerte y su gre ividad, todas esas en:fj r · d ·de desapare
e á . P ro a n1adre, ¿está dispuesta a meJa e cambio?
La mad1e: El pediatra aconsejó ver a u a s· coanalista
u do o tre vece porque no es b eno p r él ser tan
t ' 'do. 6U ted cree que e tímido? También quería pregun-
j a hon apatía no servirá para ayudar o a re friarse

7
b J
padres, lo lo o y o q
A veces los consejos d l p di tr
cierto tipo d . con ulta; y e lim"t .¿
po ib i n á allá? ¿Forn u lar l pregun a
nera?
Franc;o · e Dolto decía en un eminario:' Cuando lo · p
vienen a consultar, a ec . están dispue tos Heg h
t escientos metros y no podren10 hacerle ubir el mo
Blanco."· to depende sin duda de su fragilidad, de u
sufrimiento. ero no e menos cierto que despu, s de un
primer ncu ro l ho padres inician un verdadero ra-
bajo anar . o. E. impo ible generar za . i e verdad qu la
manera · e nos d riva a lo niño pued e rar
defin "tivan n 1 t bajo, dete1 e un discu so, ta bién
puede abr ·r t la posibilidad s para un p icoan ; li · .
Quien co ~ f cuenc ·a nos d . ivan lo niño , e dec · ,
lo ped a ¿ .. mo hablan hoy del ps ·co ; li. i con 1
1am1
.c. ·11 al
. ?_

9
eminario inédito, 14 de dici robre de 197 4, cf Xa ier end rs, ''
jeu de la dem nd ,,, De Bock Universit , 1991, pág . 27 ~ 44.

71
.

o p d'a r ,numeroso aúnhoy,q eno


ntes al anali ta ya a por temor a perderlos
1 v a f; milia no he vu lto a verla") o por
tir 1 ut11 ·d d de acerlo, e timando que también
1

ll e chan lo n cesa ·o a sus pacientes.


o 1e at n·smo? o siempr se os p ede cen u-
o e to.Algu s ·sfraz n um·edoal . n "h · a irman-
q e pa a ello · no tiene ~eriedad, no e cien ífico. Esta es
en u . co gran frecuenc ·a rae· ona · z n dificul-
a confro a co i con e t o lo que éste
eñal .
nt lo den1ás pedia ra qu . n . d . -
n. i os ncon-
t a os u a 1u tr e ma era
d proc d r.
n lo e trem -q e no d an d · - . llamospo
l o co i nz do l t o nomb e
d pu ,. s de hab lo probado todo: t , confort -
e· " nor 1, t 1tativ d ·vers qu qui iotera-
pia a los nvío a pen ión, pas ndo po . ' - top. ton-
ce r-wólo que 1 p icoterapia. ¿Po · qu" e os no se
nos pod á rep oc ar no h her pensado 'Como está
co v ne· do (lo que demuestr el uy r"dito q e
pre ta l n" i 's) d qu aunque no lo, niño
de ao r s mal, no envían a u 11te co 1
·en ia tranqu·la. ¡La conci ncia n con ciente!
d1 t no son máquinas d · p e tas, on
to o con e te caráct · r en l disc o ·11co , c·ente.
n p i tra hace una de 1.vación o d d e tener
y e · u p ciente.

2
Nt 1 ~ <11 t• 11 11t •ll• ll' ¡,, J• 11 1t 11L 1
t )ltl' lf ll Vltfl 1 fl lltlfllt llf 1 lt 1 111IJ1 , r• tll lll\ i l lt }il l tli ltt ( lll
l 1 1\ l'fl J>• \J ll ~ N1>' • r•1 1cl1 '
11
IC 11 ,,,, (lJ1l 1l ltt rJt• ti ll) l ' <l1 1
t1
{ftlL' 1111lci11 t' lc1<lo ¡>c>r ~ l t 111> q11it•r'11 tf•1)1·1· ¡t11 1 re 1>11> lt fil 1111 1
11:1cl:t <I 1 S J)tl<~S.'
F>¿1ra estos })CdÍ¿.ltras, el análisis :S CflS i S i 'll1JJI' • t:lll t; 11J<1
una reeducación extra e11 la que se c1·ce ti r1 t)<>C<) rnlis <> <> t111
poco menos, y que forma parte de la gan1t1 d 1·cct1 r st>s
posibles: al niño hay que ''encauzarlo'', enderezarlo.
U na orden de treinta sesiones:

Estimado colega,
Le envío al pequeño Felipe, que presenta problemas de tipo
psico-somático.

El guión entre psique y soma marca aquí, en rigor, la


separación radical. Se han efectuado todos los exámenes. El
niño no tiene nada. Pero el médico, creyendo, con cierta
ingenuidad, que tranquilizará a los padres y al niño pidiendo
estudios múltiples, no comprende por qué desde que no se
encontró nada se muestran aún más ansiosos.
"La histeria, decía Lacan, no necesita ser curada, sino ser
identificada." En estos casos, a quien recibimos por primera
vez es a un niño deprimido. La medicina no lo toma en serio,
no quiere seguir con él porque no encuentra nada.
El problema del diagnóstico no es sencillo, y casi siempre
el pediatra se abstiene de toda explicación a la familia. No
hay diagnóstico: "No hay nada, seguramente es nervioso."
Sin embargo, Freud recalcaba que era imposible proponer
una indicación de análisis por defecto; sólo se la puede
efectuar sobre la base de hechos precisos. La explicación que
da al respecto en La interpretación de los sueños, a propósito
de un enfermo cuyos síntomas hacían pensar en una afección
orgánica grave, es sumamente elocuente:

El diagnóstico de neurosis era tentador y hubiese puesto fin


a todas las dificultades, pero el enfermo rechazaba claramen-
te cualquier anamnesis sexual, y yo no puedo admitir la

73
- o o
i 1 " d l ~ n uro i ,
i i1 r 1·dad. Poco · día después
_rn o qu no podía acer n da por él y le
o .~ dico. Entone , ar i o pr sa, se
, , m ment· do: le había dad d ma iada
.. I z · me de ct1brió 1 _ etiologí xual ue yo 11é bía
o u ·- ndo y qu m r _ n ce ari a confirme. 1~ la
uro ~ ·. . n í 1 an · livio p ro al mi n o ti n1po n1e dio
v g ·· z~ , pu . d bí e n~ sa me u mi e l a i1 b ~a vi t
; ~ cla o qu ~ o. 1t>

em . la ü ist nc·a con q ud subr y la


ibili d tllndar un d- ico n una ausencia de
·i¿-no : p ·· "1 no se r , d e .vi r un
p e ent nal"za e porq no ncont ado nad .
or otra parte, apuntemo 1 u .1 ue r ud ecurre
un n1édico (q e no tiene evid lo mi mo puntos
d i ta) de n ndando su op1 ió . p · ión e .terior lo
n1uev a reinici r el trabajo y 1. ,, ·t ese ch ar tal
v z otro mo o· su pacient l t 1 colaboración no
fue ir ·tante i i útil.
no o ic1ón lo p diatra con e b mos
efi rirno · , a y otr e tego ía u calificare-
no e' mí t co ": aquellos par lo cu 1 ay f er del
análisi , salv ción. Han comprendi o q o '' ~ tá en 1
ca ez· qu a nayo1 ía de sus con l nd ían lugar
s · ello io tuv· r n q . v ~r elas co gu tiados.
e to e os .Jan1á se practica · 1 u . o. E to
a a. andon n stetoscopio no ·a n n· pesan

ud L '. 1iterpréta.tiori de réve. trad. fr. l. M er on vis da


J · rís , U ~, 1967 pá . 260.

7
~ - = -

lc1R 11Í1l<,8, 8l11<><1t1t• l 18 J>l'C>J><)lll'll <IÍl>l~j:1r fl Hll f:1111ili r1y lc>S \' «111
l;<}tl r l.{L1 lsLricl:•cl t'it~ t·tcJ ti<'IllIJ(> :t11te8 (fe) t'11vi;tr11<>Sl<>R, C\14\Jl<lc>
los sí11l<>1l1as pt'rsi~t('tl: "Nccesit¡111 un C'S!>(•ci¿tli:-;tit.'' IJ:,11
entonces nuestras señas como se daría la fecha y In 11oro el ·l
próximo tren a Lourdes.

75
11 . l 1. ,t l11t' llll
ele 1 c•f)l'~l!l(tll ele· .,,,.,~,

11 1a "l1i(¡t1ill,1
clt· i1t1cve a11os que me había sido derivada por
t111 ¡1t•rli:1tr:\ i11ísLico, se quejaba de su corazón. "Se lo suplico,
111 'll ·cÍ¿l, l scuc!1e 111i corazón. El doctor dijo que no valía la
1

r><'Jl:t er;c uché1rlo. Que todo está en mi cabeza. Pero a mí no me


clt1 elc.• la cabeza; todo el tiempo tengo miedo de que mi corazón
t•st¡tlle. Así que estoy de acuerdo en hablar con usted como me
<.>x p licó el doctor; pero, primero, quiero saber cómo marcha mi
corazón."
Hizo falta mucho tiempo para convencer al pediatra de que
aceptara recibirla de nuevo y la examinara, tan convencido
estaba de que el examen era inútil. Sin duda tenía razón: el
examen era inútil; pero el gesto médico, en cambio, no lo era.
Fue preciso que este gesto se realizara para que la niña
pudiese formular una demanda y comenzar finalmente un
trabajo por sí misma.
Pasaron largos meses antes de que diera a escuchar su
corazón y su sufrimiento de otro modo que a través del
estetoscopio.
Al negarse a tomar en cuenta en un primer tiempo esta
"demanda de atención médica", el médico puede impedir que
el niño consulte a un analista.
Asimismo, al negarse a oír una pregunta planteada al
médico, así fuese por el sesgo de la transferencia, el analista
corre el riesgo de cerrar definitivamente el acceso del niño al
análisis.
Las resistencias no se localizan únicamente del lado de los
médicos. Ciertos analistas, cegados por su afán de potencia,
creen tener respuesta para todo y desdeñan el saber de la
medicina, que juzgan mecanicista. ¿Pretendemos defender
una posición de hon1bres-orquesta sabedores de todo, tratan-
tes de todo? ¿Iríamos a pensar que alguien podría morirse por
no haber terminado su análisis?
Así pues, ¿en qué fenómeno de creencia corremos peligro

76
de c¿1cr'? 131·t1jos const1llttclos prt1·~1 C<J11j ur·i11· l,ts 1>rofl·cí:1s el<.· 1<>~
n1édicos, ¿110 nos hallamos e11 pleno cuc11io de hadas·? ¿NuH
creemos capaces de realizar curaciones inilagr·osas? El idc<tl
de esta deriva induciría a soñar con una posición en la que el
analista sin defectos ya no tendría deseo. Esfinge identifica-
da con su propio silencio, él "lo podría'' todo, sin sentir nada.
Así se ha pervertido la idea de abstinencia.
No dejarse apresar en las trampas de lo imaginario no
significa hacer abstracción del deseo del analista.

Si el analista realiza algo así como la imagen popular, o


asimismo como la imagen deontológica de la apatía, ello
responde al hecho de estar poseído po1· un deseo más fuerte
que aquellos de los que podría tratarse, a saber: de ir al grano
con su paciente, de tomarlo en sus brazos o de lanzarlo por la
ventana( ... ). El analista dice: Estoy poseído por un deseo más
fuerte . Tiene razones para decirlo en cuanto analista, ya que
se ha producido en su caso una mutación en la economía de
su dcseo. 11

El deseo del analista es un deseo ''advertido", que le


permite seguir vivo para que algo del análisis sea posible. El
no tiene que protegerse de los sentimientos que experimenta
y que forman parte de la transferencia. Pero, para que el
análisis sea posible, además es preciso que el analizante
también siga vivo.
Ante un paciente que se queja de trastornos somáticos, ¿en
nombre de qué evitaría el analista mandarlo a consultar?
¿No ocur1·e a veces que, al situar la demanda en otra parte,
en dirección a otro tratamiento totalmente diferente, se hace
posible dar lugar en sesión al cuerpo de sufrimiento y goce,
portador de verdad?
Lacan decía:

Es en el registro del modo de respuesta a la demanda del

11
J. Lacan, Le Sémiriai1·e, livre VIII, L e trarisfe1·t, París, Seuil, 1991,
págs. 220-221.

77
i li c1 n n "11 i
d· conduct , u ndo é~ o~
1 1 enfe medad inmu11it r· as
on plicad de tabl ce .
ii1a de ocho años ·n rnada en . .P., 1

"d 'bil 1ent l y atendid n p icote-


o e e yo r p cto di gno ·icó dema-
n g a d a r glo tiroid o.
n iando la o ipo ncia y · a ban-
un po ·ción con p te sión d ali t·
uto iz · a pr ar su e cuch 1 ·le . rpo
.. s j to.

i l p di q o ri\ a 1nino ·
1
· nera casi

u ad· t. · n impor n 1 rpr te_ -
. ,, .
l n , Cl t Il1 . lo pito, .
~,ul ·n1 o ibl .
l acto d"jo que

o ado.
cauz o cu ,-r l do
el n · ño l · 1n nu ra pu t ·a d 1-
11d m "dico· de n u . tend r. ·
o r p r .e d · ac notar ~ ctod
·aent lam n enqu lp di 1 nálisis
L a 11ili l tilo l pr n ra o ot o .
1 ar li t enct.: ntra entone s u
t jor d los
ien q g ár las con la d no, pero
i , n e n la d f, miha y por úl ·1 o e l diatra
o 1 t 1 to co el t s ltado d l tran
1

~ e· _d dicho

· : ' l... ple_ e d la p ' han~" ly e n l n ·i 1 66) L


l l · , . . d la ps~ •clia11,a( '~ nº 7., Educa ion M"'d ci , d la
, 1 .. '-l , eorg-Editeur 1987, pág. 20.

7

u) ti~

i mpo co l p di t ; p
se identifican lempre m ~ o n
el que sabe lo que es bueno par él, y
bu eno.
1

Ya Hipócrates hablaba de · ste p oc · o


de enfermo con el médico: ' La regla de oro
tener buen color y la gordura que entr n •

Pues el vulgo imagina que quiene no f ene 1 e


buen s ado, no pueden atender convenientem n l
demá . ' 13
Mali .. re, para curar al e1 fermo imaginar10) l o
hacer médico a u vez, lo que ademá sa va al r on j ·
pero no e del nt al autor. Lo imaginario no e d
de t n, f 'cil , nte de lo rea .
Ciert · n li tas, para proteger , prefieren la abst · -
e· a y ro p n to · lmente con el médico. Otro , a pe a d
dificul i nt n tr bajar con "l
Av e l a J cto médico e á tan pr s n e p r 1 niñ
quep· ifí iln nerlo ne na Talfu elca odeAna
u e

3 ippocrate, <Eu.ure cornpletes, tomo IV, P rís, ed. J ~ v l lf


g: 4~ pág. 25r:.
1
(}11 lflll l ll1l1 1 l1 f1 lt (l í lc 1'llllc l
1 J l , llf lct•i ni11ctH. ( fJJ1e 8 {1 1
l t1r fl

11l)11 ' ' ' • 11L •r1clt1> 1111c• clc 1 l1Íf1l1:tt'< 1 r1•t"·1~i111 ·11 : C<>ltl<'Jl~Ú ~l it<lt•l:1 ..
1~1 1 i1 11' ílt 1 111 :1 11t•J'( l \ 1 1· Lit~llll)R;1 y, Cll(\JlCl<> ltt 111 'C licn ( SCUlé.tl'
1

e'''ª''' u · 11 1 1le>~ 1> ~1llrt~s. }Jl•s;1b¡111i1<lél más que t1·ei11ta y nueve


1 i 111 1~. J ,<>R J) tltl rcs
le> l1é1b1 un i1otudo, pero no quisieron tocar el
t 111~1 : <:.JJ,t e t¿\ libre de 11acer con su cuerpo lo que quisiera. Me
1:1ti ·rivó lrl 111edica escolar. Ana vino sola. Los padres, que no
t¡tt ~ rí,111 ncompaiíarla, le dijeron: ''Es asunto tuyo. Eres libre,
c rr'8 l)ns ta11te grande para hacerte cargo de tu vida."
A11a estaba aterrorizada. Me explicó de qué modo sentía
t 1·<111sformarse su cuerpo por las noches, de qué modo adelga-
zaban sus piernas y cambiaban de forma sus brazos; de qué
n1odo la otra mañana, al ponerse frente al espejo, no se vio:
era como si se hubiese vaciado de su imagen. Desde hacía
cuatro o cinco años, unos ojos la seguían por donde fuera.
Seguro que están ahí, pensaba, para juzgarla.
Comenzado el régimen, sabía que no podría cesar en él; se
encaminaba hacia la muerte y no podía hacer otra cosa.
Cuando hablaba en sesión, temía·vaciarse de todas esas
palabras; felizmente sabía que yo interrumpía las sesiones.
Este corte le permitía hablar. Ya no se tenía confianza. La
balanza, a la que interrogaba todas las mañanas, tampoco
era creíble puesto que, pensaba ella, la miraba con sus ojos.
En las sesiones no había más que lágrimas, angustia y
súplicas: "No me deje morir", aun cuando este ruego, en la
transfei·encia, se dirigiera a otros.
Le propuse visitar de nuevo a la médica escolar y pedirle
que la ton1ara en tratamiento, que la recibiera una vez por
semana para pesarla, atenderla, ocuparse de ella. Ana
suplicaba protección para este cuerpo que escapaba de ella
en el momento en que precisamente se trataba de su sexuali-
dad. Era demasiado pronto para interpretar la transfe-
1·encia, demasiado pronto para que pudiese hablar incluso de
s us padres.

80
l•! I ••• 11111 11 111 r1, '' '' l • I' '' Jr1 1111 l 1• ' ' ' ' ,,,1 11 l 1•t lm f 11; 1•
t•1 •1I' 1l1r l 111 uir1 ,Y 1 ll• 111111111 l1•1 tl111 r•1 ••11 • ''''' t 1Jl111 • c1l
cil>.J• llc> <11 ll tlf R<1 11 1 111>1 8 lt fi 111l 11111 11 r1. 1\ 1 e Bl t1l1 l1 1,r 1r 11 11
1

111•R1J, 8 t'Vlt<> lri


1
l11)f~ ¡> iL:t li i1lcir~ 11 . l ,c)8 j>ft<lr·c 8 \ i111 1'c1J1 , fttlltl ·
1

111011 tt', n i 11sltl 11ci ll 8 ele fi ll l 1ij:t.


Mucho n1as allá de t1111·cascgt:11·0, el scgl1i 111ic11 t<' ( r ·ct,l1;1c le>
por la médica permitió que Ana hiciese una ¡>sicc>tcr¿\¡Ji:t. 11;1
hecho de que respondiese punto por punto a las prcgt111ttlH clt\
la joven, su deseo de no dejarla morir, esto es, de l1acc\r st 1
trabajo de médico, permitieron que Ana soportase la sittté.1-
ción analítica.
Esta médica no hizo nunca de analista y nunca le parecie-
ron absurdas, desde el punto de vista de la medicina, las
preguntas que Ana le hacía. El deseo de saber es la primera
manifestación de la vida sexual. Esto es lo que el paciente
demanda. Las respuestas de la médica autorizaron a Ana a
formular estas preguntas de otra manera. Tampoco pensó
nunca que los problemas de su paciente se limitaran a una
cuestión de kilos a bajar o subir. Supo ocupar su sitio y
contribuyó a sacar a Ana del atolladero. Un saber así no se
aprende en los libros.

81
·fic ltad. iguedeman ra
· r o b chillerato, l q e no sigue es su
·ó . s comparab e a la de un virtuoso que
o "n ·co ·nstrumento su disposición, un piano

l · ño p sado tras un vi ita al jefe de neurología


1 na vez por año Alejandro ene.erra en u
"t ción, nie a a ir a la e cuela, y continuar la
u ero cti idade de rehabi itació qu ebe efectuar
r gt l · rment . p ·de que lo dejen n paz: ¡m 1 suert _!, él
pr f re 1 illón de ru da al forc"ng d rto i tas.
Cu do o v o la prim ra z o icioni ta y
d priI lid o. Todo l q e pue p 1nj u t ·cia, la
i lpot ncü, el e· n ancio al qu u et mente.
Dividido en tr r b lión y d e p · ·ón · ne fuerzas
pa · luchar.
l\ 11 bl de la consulta n l neurología:
' sta ba 11 no de doctor '' die .
Pr g nto qué 1 h· n dicho. " 1de. Ademá
int nté er u ojo pero no e :t:' cil no'
1
'
n rrogo: ¿L s h bla quºzá a t ?''•

. 1 m r po _de: "No, agr ga un p p 11 gajo', dijo


~

n1a a.
' oda lo ño e · hiben a Al jandro t u pecialist
e 1 o lo 1ira. ropo go ntonce a lo p r 11 v rlo a un
ped· tra d qu ·en conozco su man r d · b j r. Este lo
eci e ctual n nte cada t es me e , . d la v·sita
anual cuyo alcance 1 jandro ha p nd'do ti izar. El
p d ·at a h la a ola con él, traza obre gr n cuad rno
- n e enta Alejandro-curvas de cada uno d los progresos,

2
J Jill fl lll 111 (illl ' lc i ll t i Íll l i/ tl t j l1 lll li t 1 lll ti
f \ f Jl t I 1t 11 1 l I l • I 11 ' 111 l 1í 11 f 1 1 1¡~ 1 ( 11 f 1 1{ 1 1 11 t 1 J • 11 11 J1 1 , fl l l
e l 1 t 11 1 ¡11 11 1 1& t 1 1 t 1 11 1 < 1r1 t 11 1 1 • l 1 1•R l l 1\ ' t J, .\' í l1 •1Jt 1 l l 1 V 11 1 l 1 1 ' ' 1 11el 11 1111 11
• •t
e 1e , ll fi \' l ~ I ,t\ H
Nt1<1t1<\Cillll!)<>rt•llc> 1·t•s t1t•lt:1 s lrt.1 ¡>r 't•¡~t111t.:tH ll''''' l ¡1l rt1tl•'!l•
clas, pero Alcjand1·0 ()Ltedc 11i1IJl:tr <.lc.•I i11f(>rtL1111c> y ti• R11
angustia.
Tal vez otro pediatra consideraría inútil ese lt'Ul)ttj<>. l•~s l<l
sabe la importancia que le da el niño. Sin duda, es t'111ll>it~ r1
un alivio para Alejandro el constatar que, aunque yo reconc>z
ca el sufrimiento de su cuerpo, me sitúo, contrarian1entc a
todos los demás integrantes de su entorno, como impotente
para exigir una rehabilitación.
Pasar por el pediatra fue para Alejandro como restituirle
un cuerpo que le pertenecería, a imagen del precioso cuader-
no. En sesión, me hablaba de sus visitas al pediatra y de su
cuaderno. Cuando estaba con el médico, a veces hablaba de
su análisis. Sabía que ambos, analista y médico, estábamos
involucrados en cierto modo en el mismo proyecto, con-
sistente en proponerle espacios diferentes que él podía utili-
zar o no para "administrar" s u enfermedad e interrogarse por
su deseo. Sabía que nos conocíamos, que a veces hablábamos
de él sin que nunca (tuvo oportunidad de darse cuenta) nada
del contenido de las sesiones se revelase.
Este vínculo era para él tan precioso como las redes que
protegen a los trapecistas; nosotros garantizábamos un
espacio en el que él podía arriesgarse a plantearse una vida
para sí mismo. Para ciertos niños cuyo cuerpo está enfermo,
la colaboración entre su médico y su psicoanalista es esencial
siempre y cuando los lugares estén claramente definidos, los
roles no sean intercambiables y el secreto de las sesiones y el
respeto por el niño se encuentren siempre en primer plano.
La "derivación al analista" entre terapeutas sólo es posible
en el registro de la aceptación de una diferencia radical y en
el respeto al niño y su familia: no en el de la renuncia a la
medicina.

83
l 11 1111l111111Jlllt1 l 1rl 111111!111' 1 1111 l11 1 1 111 i ( t 1t( ll l l
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11' 1AI l' t r'lt I>:IJl>, 1~• f>J't'g Lt 11L¡1 puede fo1·1nula1·se de otra manera,
lr1 l <>111~1 il c:1 r go ¡)01· t'l psicoanalista se hace posible. ¡Sin este
l.l';iyt•t·t<> l)t'<..'li111i11ar, casi siempre estará condenada al fraca-
sc 1, y l'l itJl<llisLa se convertirá en un "super-pediatra" que
(lt•ut' "<..:L11·ar" al enfermo por haber renunciado a ello la
111 c•dici11a!

11 tvl. 11annoni, L ·e11(a11t a1·riéré et sa mere, op. cit., pág. 38.

84
Segunda parte

DE LA PRIMERA ENTREVISTA
A LA CURA PSICOANALÍTICA

l
1
'
Podría con1pararse mi posición a la de un violo11-
celista que trabaja afanosan1ente su técnica y
luego, una vez que ha logrado dominarla y tener-
la ,por
. adquirida, fuese por fin capaz d e h acer
mus1ca.

D.W . WINNICl>TI
l. Xénophon* o la cruz de los nombres 1

Al realizarse nuestro primer encuentro, Xénophon tiene


cuatro años. Es un niño pequeño, enclenque; parece frágil y
asustado.No habla, elude la mirada, no responde cuando uno
se dirige a él. La maestra del jardín al que concurre desde
principios de años señaló su conducta al médico escolar.
En la escuela no juega con los otros niños. Aparte de
negarse a cualquier contacto con ellos, se queda inmóvil en
un rincón, sin mirarlos siquiera, con la vista clavada en sus
manos, que agita incansablemente ante sus ojos en un
movimiento intermitente, o mirando el cielorraso y perdido
en una contemplación inexpresiva. Si un adulto intenta
llamarlo o invitarlo a participar en alguna actividad, Xéno-
phon, presa de pánico, se pone a gritar.

* En este caso dejamos el nombre francés, sin reemplazarlo por su


equivalente castellano, por razones que el texto habrá de poner en
evidencia. [N. de la T.]
1
Contrariamente a las demás curas expuestas en este libro, la de
Xénophon fue seguida del principio al fin en consulta hospitalaria. Es
raro que estén reunidas las condiciones para permitir un trabajo analí-
tico en este tipo de estructura. Debo agradecer al médico jefe, doctor
Abram Coen, quien autorizó e hizo posible la efectuación de ese trata-
miento.

89
1l1111 111( 11 t 11111(1 1 iJ J\11111111 ' 111111 Ltt, t¡11 ·11 '''l! 111 1r1 ,,1
11 tf1li1 t ''' 1 t111i ¡ 111() 11,, 11111'. · 11 lc1r•11 1 t•lt 1 1 l l • ~ l1 1 1• 11111111 '
( I{ 11111 11 , cll> 11Llt 1 , , , , J,, ,. •1·1l•1• ,,,,, ,, , <' 111111) <l1 c1...· 4 11 1i 11 1tl r1...\ ,
11111\ l1'l ll llJl l l ' 11lt1t'l l<' ll ll l t 'S (> l!l 1 ir1l i'l.i ltl il l 11 ittHl.Í l l l t' l l Jll .
1

l1:H 1•ll i1 l Jt1i1 •11 lt1 ~l ,~1> 1 1 11 >: 11 1¿ 1 · 1 1l'!"ll~l1>1· 1n1e r¿ t ''1sité.1. l'é.trece
(11 1>1 •J11l 1cl:1:tJllt•1:1 J>J'l•<>t'tl})acio11 de los 1nédicosy la escue la .
< 'l 11r1>, clil't', e: s u 11 ¡)oco l)cbé, un poco r etrasado, sin dt1da
11 1

111 • 111 Jl<>l l:t rc>11 dc111<1s iado las tres h ermanas grandes que

j l1t~gt 111 l' <> Jl t l con10 si fu e1·a una muñeca, lo vist en de nena,
1

I <> ('<>11sic11lt•n; per o él es t a n tierno, tan frágil; no puede

l1 ítcerle 111a l que lo mime n un poco."


I·~ r1 casa no habla, sólo pronuncia unas pocas palabras
i l isJ<:l dns, apenas co111prensibles. Aparte de ello, se niega a
co111cr, padece bruscos enojos s in razón apa r ente, tiene
e 11cl1·1ne dificultad par a concilia r e l s ueño; es encoprético y
e 11 u rético. "Segura men te cua ndo crezca se le pasará, dice la
111é.1dre. E n este mon1ento bastaría , concluye, con que se
decidier a a cr ecer ."
Al final de esta primer a sesión pregunto a Xé11ophon s i
q uiere quedarse solo conmigo. Sin da rle tiempo a ma nifest ar
11ada, s u n1a dre lo arra nca de s us brazos, en tr e los que se
había en ros cado, lo deposita sobre la s illa y sale del cons ul- j
torio sin d ecir palabra.
Xénophon no llor a. Queda deposit ado ahí, como totalmen-
te ausente. Observo de inmediato que evita mi mirad a, lo
cual, a priori, me pa rece contradecir el diagnós tico de autis-
mo propuesto por los n1édicos ya cons ultados. Si le hablo,
pierde la cabeza, se pone a llorar, corre hacia la puerta. En
cua nto me callo, se calma y adopta una mímica inexpresiva.
Intento en tonces poner palabras sobr e s u miedo, ins talo
un marco diciéndole que no estamos en la escuela, que no voy
él pedirle nada, que él puede ton1ar los lápices, las hojas, la
pasta de modelar que se encuentran a su disposición sobre la
n1esa , pero qu e también puede no hacer nada, no hablar. Si
c s ta es su n1anera de decir, puede hacerlo; aquí no estamos
1

11i en la escu ela ni en ca sa . Xénophon se tranquiliza en el a cto,


to111a el cenicer o que h ay sobre la m esa, lo h ace girar como un

90
1J lllllJlll 11 11l 1 11(10J'. fl t ll lfl f fl lt 111 (11 1 111 llll1 l j\ 1 t 11 t) l 11 lll lfl
IJll 11:• Jl
1 \ 1111 i 1l11 111t•l:1lt1' tJ (1c ~ I 11111• le> . 11,, l 11 1 111 111 1•1 11 l ttl l1
,,,¡,,,,, •s Lt·f'1111<l11 s t>rltJt't> Yl>i ·11ll ltl,i1 Hc•1111 1s 1J• t' 11t fi11 •1tlt) 1111 ,
s i 111i s <>jt>S Jl() S<! l1t1lJ1 ~ l't\11 }>l)S ttC)c1 At1l>l'l ' , , , , t>fl(' ,1 8 lllll ~ l
lomadas 111ientras l1ablaba su i11<1<l1· ' · S t! 1111 <>c 111·r • 1•11t <111<' •\R
leer en voz alta, un poco como se conta1~í,1u11¿t 11 ist<>ri r1c<111 \'C>z
en off, sin dirigirme directamente a el: ''Xc1l(>pl1011 l'S lt 11
nenito de cuatro años. Nació después de tres l1err11~111 ~1 !:i
grandes. En la escuela, es como si siempre tuviera miedo. 1~11
casa le es difícil dormir, a veces se enoja mucho. Su 1nc1111á
dice que es un poco la muñeca de sus hermanas." Xénopbon
deja caer su trompo improvisado y comienza a escucharme
con extremada atención. Siempre sin dirigirme a él, pregun-
to: "¿De qué puede tener tanto miedo este nenito? ¿Desea que
lo ayuden? ¿Aceptaría volver?"
Muy serio, Xénophon se levanta del sillón, viene a tomar
de mi mano el marcador con el que yo había escrito las notas,
y al pie de la página hace una cruz, con10 una firma, una cruz
de San Andrés. :~
A la velocidad del rayo mi mirada se cruza con la suya y
comprendo entonces que Xénophon es tá, en este instante
fugitivo, totalmente presente.
Con este signo, cuyo sentido iba yo a con1prender mucho
más tarde, arrancó su análisis.
En las sesiones siguientes lo recibo en un primer tiempo
con su madre y luego solo. Cuando está solo la angustia suele
ser muy fuerte, Xénophon tiende a aislarse, se ausenta. Yo
respeto este síntoma; en sesión no hay que luchar contra él
sino intentar justamente que "eso" hable del síntoma. Me
entero gradu.almente por la madre de cuánto miedo tuvieron
sus padres de perderlo. Se negaban a dejarlo y no salían
nunca, temerosos de que le ocurriese algo durante su ausen-
cia. No lo confiaban a nadie y lo acostaban en su propia
habitación para que no le pasara nada durante la noche.
La madre habla de su propia historia en presencia de

* Se le llama así a la que tiene forma de X. lN. de la T.]

91
11 ¡1J1 11 1' t I t llll 1 1 \l ll ft f lltl ll 1 1 11 ll 1 (JI IJ l I
) 1111 1 t I ft 1( • f 1 (f lli l l l l Jl l fl1 t11J1 l 1111 tt11l111J1l l l \ CllC1 11
111 1 11 tl l\ ¡,,,¡,, ll f) IHitl 11l1 r1c 'f' t ll flllf1t 11l t1{'[1 ,1 1, 1' t• •111 l 11)JIÍI
lt111l tJ t1 r1l • 1 r l1 1 11,11111 i1 r•111>111, nl,¡,,,¡,.,, ¡,,, ,¡¡ c•I 111c •clit•c>, c¡t111•11
l l 111t1 1i1 lc1 ¡ 11 tl'ft1 •l 111): 1 ,.,,,., : 1 e,; l1· i11v:1liclt Z Viv" ttÚr1 l1c1y t.•11 l:t
1

t 1 l 1l 11 c 11111 <1H¡>< 1c· i:1l iz tt<l11 clc>11cl<' le' c.·oluct11·tJt1 ¿,1 los e.luce a11os.
1 c•fiJ1llt'S clt 11 ft(~u 1· l:t 111¿\tl1·c' de Xc11ophon viniero11 dos niñas
..~' t111 l1c•1·111:t111l<>, t'l 111t1S !)Cqueno también discapacitado. La
11111cl rt• l1 ¿tbJ ¡1 ele csie subrayando cierta semejanza entre él y
~c·110 1>l1<)n ; i t1mpoco él quería crecer, también él tuvo que
clcJttt' 1,1 escuela .
( 'Lian do habla de su propia madre evoca a una mujer
Hie1n p1·e enferma y fatigada que solía repetir que jamás debió
haber tenido hijos: las dis putas entre los padres eran fre-
cuentes. Temía a su padre, que era severo pero que estaba
casi sjempre ausente pues huía de una casa que calificaba de
siniestr a y cansadora. Ella era la hija mayor y se ocupaba de
todo; recuerda haber s ufrido mucho por no haber podido
cuida r a su m adre de esa enfermedad que la clavaba en la
cama y de la que los médicos no conocían ni su origen 11i s u

Dibujo 2

92
111 11111111 11, 11 , 1 1¡ I, 1 11111•• 111 l111J11 r, 111, r1 ll11I, le
1 1H l t 1l 1 f , 1~ 1(l () t 1 111 fl 11 1 1f• j 1 11 1
f
11 •lt1l11'"''111ff111<·il1 , Jllt111l••t1 • t ri l''t '1~11111n '\ ,l Jr
J\11••1111 1 11
le el " 1 •fl <¡111 1 J>llf•tf 1 lc 1 tl('f tt11 tit•11I ¡,¡,, )Jttr t t 1 11c11>llc111 't' J, ('-111111l>
¡)ttc•cJ 'c~<>1111>rt'11clc~ r él l<>clt1 ('so'?"
Xé11opl1011 pc1·ma11ece prudl·11tt·111<.·11t' ¿1t1st•r1t 'r>11 s 11 ,,,., ••
sencia y no se manifiesta sino dcs¡)ucs, t111'\ Vl'Z tf lt :lRté'i Rolll
conmigo, cuando releo las notas como lo hice l?n l~l 1>rin1 'r:l
. ,,.
ses1on.
Ha conservado la costumbre de puntuar el final de cada
sesión con un signo, signo que pasa a ser dibujo. Comienza
1 a dibujar y toma ahora una hoja para él, en vez de dejar su
marca sobre la mía.
Sus primeros dibujos son cruces (dibujo n º 1 ) y bosquejos
de hon1brecitos, casi siempre pegados unos a otros (dibujo
n º 2 ), y luego i·epresentados por dos antes de soportar formar
"uno" (dibujo ri º 3 ).

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1•

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Dibujo .3

93
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1tt'I •1 1t e l• ¡11 1 lt t<l11 1¡ t t11 I" ''
111 l111l)l ft1' 1 11, 1111111 111 z1 1 11

11 t ¡il •I l l l 11111t t 1 11 ' ' 1 11111111/~1; , 111 ' 11111•11 lltl 1>111•11 111 11:\ .Y, ~¡ j Ir•
llflJ lt 1111 11 J11• 1 f ~ 11111 1 1 1 1111 1 l' t'S jltlll~lt l'C>ll \11\ JllC>VllllÍ(~ IlttJ tlt•
1l1t ·~ll
11: 11 111 ,, ·t l\': 1 ~ ·~ 1<11•, l:t 111ttcirt1 11,11·1·a Ia dra111atica muerte
1lt· Llora mucho, dice no haberse
11 l1l · 1·111 : 111it:1 i11l·1101· .
1· •¡1L1 • ·t •111tt 11t'ét ele la ciesilparición de esta bebé que ella había
,, r i:1<lc 1 y c¡L1e 1·a s uya: "Era mi muñeca", dice. Murió de un
1

l,\ 1111 tir <.' l' rcbr,\l cuando tenía dos años y medio. El médico
l1~tl) rt tl clicl10 q·ue su muerte fue provocada por una caída. La
111<1d1·t de Xénopl1on tenía entonces trece años. Piensa que su
1

l1c•r111ar\ o n1ayor , discapacitado, queriendo hacer lo que ella


y ocuparse de la bebé, la habría dejado caer. Una inmensa
culpa hizo aun más imposible el duelo de esa hermanita.
Cuenta cómo quiso morirse ella misma el día de su
entierro, y cuánto pensaba en la muerte cuando Xénophon,
su varón tan esperado y deseado, era bebé. Además, en la
fratría de la madre, el nacimiento del último hijo-varón muy
esperado después de tres mujeres- corresponde a la fecha de
la muerte de la hermanita.
Siguiendo a esta sesión, Xénophon dibuja un hombre-
cito y tapa su boca con una reja (dibujo n º 4 ).

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!
1
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94
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11 ¡111•1: 1111lt1: ''/,N e> (ll1t•clc· l111l>lf1r·'/
Xc'll<Jl>ltclll llll' rt'S JJtJll<l<' 1>c>11i(·11cl<>:-1< llll clc•clrl <lt 1 l:\11l.<· ll •lit
l>< ><'{ l, l'C>111<> 1><lr'1 i11cl1ct1 t· rt•s ¡)e lc) '' L1r1 si lt""11<.· 10.
A la déci111 a sesión concu1·rc el ¡)tld r·e, fl qu io11 Jlccl1 v<. r 1

desde el primer día. Se había excusado siempre al~ga11dc1


cada vez un i1npedimento distinto.
El padre está, en efecto, impedido. Impedido de trabajar,
se e ncuentra desocupado; impedido de hablar, un miedo
pánico le aprieta la garganta; impedido de ser un padre pa1·a
Xé nophon, a quien no quiso tener. "Cuatr o hijos es demasia-
do", dijo. Además, Xénophon está tan pegado a su n1adre que
el padre no puede ni hablarle ni ocuparse de él. De todas
formas, Xénophon no tiene trato con él: ''Es evidente que no
me quiere." De este hombre ansioso y deprimido la madre
di1·á, en otra sesión: "Es como si tuviera en casa un hijo más.
Soy yo quien decide todo, quien hace las cuentas y quien le
da su dinero de bolsillo. Cuando no está bien, bebe. En casa
nunca dice nada. ¿Qué sería de él si yo no estuviese ahí?"
El padre de Xénophon es el tercero de una familia de cuatro
hijos. Describe a su propia madre como una muj er de temple
que dirigía todo en la casa. Su padre era tímido y oscuro;
murió cuando el padre de Xénophon te nía quince años. "Fue
el momento en que n1ás hubiera necesitado de él. Antes no
había tenido tiempo de hablarle, o quizás no había tenido
valor."
El padre de Xénophon, pese a las manifestaciones fóbicas
que le dificultan la vida, concurrirá r egularmente a las
sesiones y hará un trayecto muy importante, paralelo al de
su hij o. Habln1·á entre otras cosas del n aci1nie nto de s u
hermanito, acontecimiento que él vivió de n1anera muy
dolorosa, con el sentimiento de que le robaba s u lugar de bebé
junto a la madre. El nacimiento de Xénophon reavivó s u
angustia; y él, que no quería un varón que ame nazara una
vez más con ocupar su lugar (sobre todo un cuarto, lo que no
quería era el cuarto), acabó atormentado por una culpa
terrible.
Sólo después de las primeras entrevistas con el padre,

95
j 1 5 . bo . no d be h b
í e ey en g b masticar o
n o la fob ·a como defensa contra

n 1 i te d1b ja cruces, sim·l res a las q


d"· al pie de mi oja, ero esta z dice
cruz de los nomb . e r u
e na e iz. ' dibujo n º 6 .

1 tbt :Ju

b o nto e s que sta e z ap com · a


,, d ' nophon. · lo di rro, e cuch do l .
1

m . ce l
n 1 b e de o n1a.
l repite: ' í . e t z de los omb •'

aun to: : lo nomb s de qui"


011d · D lo non b1e d lo t · hitón no
h bl r.'
1

m nudol
phon; h y una cr z· d ffl
a veces llora.
A pa tir de esta sesión y dur .nt v ~·o
s dibujar" como una n1ñi a muda (dibuj n 7

Dibujo 7

Le hablo entonces del dolor de su m dre , 1 inorir l


herman ·ta de las flores ffleurs] que llevan a la tumb de a
bebé y qu él llama llo ar [pleurs]
"nopho a·buja entonces durante v r a sesiones lo
'11 ntos de mam '" (dibujo n º 8) y muy gradualment co-
mienza a rivir en su cuerpo de varoncito n esta époc
d cubre por zar en sesión, un biberón dentro d un e j
de juguetes; lo llena de · inedia o y lo b be con d 1 i .
diez sesione siguient coro nza án ca 1 d gu
l 1t11 l t l(1 Ll1I }l l Jt ti~ 1 l1• .X 1•1111 ¡ >l 1e111 Í 11 'J 11y1 J 1 Jl j «• l 1l J l 1 l • \ 111: 1
1
1

l1 t1111 rt t' 1111t111l111111rt1•11 r1 l i11l.t·r1<>r, ·rtl'l'l't':tcl,,, i11111c>vil~ itl l:tcl<>,


L1 11 , •111{•11 1 ,,,.,. ,, r1f'tll'l'~1, lilJl'l', clt•s1>cgt\dt1 de ella (dibi1jo 1i º 11).
1>r•.i-;111· -~; lcJ 8 11tll'VC)S cJibt1jos, no Loma más el biberón en

l 1 R l<)ll ,

Dibujo 11

Se advierte aquí de qué modo el dibujo del niño debe ser


interpretado como el discurso del adulto; pero, lo mismo que
con los adultos, habrá de hacérselo de manera siempre
interrogativa, proponiendo una hipótesis de trabajo y dis-
puesto uno a dejarse interpelar, sorprender. De quien se
aprende es siempre del niño. Hay que desconfiar de los
presupuestos, de los prejuicios, como decía Freud. En sesión,
y particularmente en las interpretaciones, sólo podemos
servirnos de lo que el propio paciente, sea adulto o niño, ha
aportado. Frente a los dibujos de niños evitaremos dejarnos
llevar por delirios interpretativos. Así como no hay claves de
los sueños, no hay claves de los dibujos. Tanto si se trata de
sueños como de dibujos, sólo corresponde apoyarse en las
asociaciones que nos propone el paciente.

100
alga u . poco d l
La eclo ión de su obi 1
mie o d algo que puede nonibrar e:
devorado, tiene miedo de los nim l s p ,q
"hacen 1 amor''. Lo d "b ja (dibujo n u 1""').

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, *H ll . . . . ..,

Dibujo12

q spira, tiene miedo de las imágenes que mira, de los


ue oye, de la violencia en odas sus forma , de la
e qu se niega a comer y, sobre todo, sobre todo t"ene
mi do d 1 ascensor [l'a censeur] -la ''sin hermana'' [la '' ans
oeur .* Xénophon se dibuja viviendo, dice, en medio d los
miedo (dibujo nº 13).

*E e:6 e o, l'ascenseur y la saris soeur son ho~ófonos. [N. de la T.]

101
él
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(.}

Dibtijo 13

· lic e· o- d ínto compren-


,
r r .,,e d l
~

a q1

pun o un n1no p
1 y ne . r n i t in d co,pero
u 1 0 e· i autismo ni psico · .
" o ha ique do de aut· ta n 1 ~ · _ ·. hba

mp· y cribir no fue ntern o ~ n - table
i · i i ·z do .
niño o e quebr ' 1 t ipo de

u1 día un p iqui t 1 ,o o un
on r r · ·d ? un
· pendid d la
ión o tofónica fu ·e olución
le perm-tió g · 1 y
·poco poco · u 1 ·edo a ese ibir y lee . 6 tra a

cribi r, o el li o 1 a par· ción d 1 noq e
· qu un s· gno, qu y star' n · o del
? quí eguramente do d co de u

nt y n regi tras diferentes, el nális1s le


¡l1 1 1' r111l 1c> t1l1i 't t1 Rll i111¡1c1. 1l)il1<lf1«I <lt ' t' <' I ll 11' t 111 11 l 1•11 1111 í 11 1 1

t;i l S i I ~ 11 i Ji <• : t 11 l <• el l • f4 l I 11 <>1l l I) 1 t ' , le • 1>t r 11 11I 1t, i L!t II 1l1\ 111 11 11 i • ' I' 111 J l 1'
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RL\ ele• l1t tii11il1\, l1ttcc•1· (~l c1tt( 1lc1 <lt• •'sl;t y :\I 111i ~ 11111 l,Ít '''I"'
di1·igi1·sc a s u padre quien, p(>t· s L1 l~t(i<>, l1<tlJí:1 111·<~ 11<1 ''''
recorrido s uficiente como para deja1,se ii1tc r¡>e lt1r11<11· Rtl 11 ij <>
y finalmente reconocerlo.
Durante los últimos meses de su análisis, s u 111 t1 clrt~ lLt V<>
frecuentes quejas con respecto a Xénophon: se ponía dif1 c: il ,
ya no le obedecía, ya no se dejaba vestir por s us hermar1i1s.
Ella misma se sentía triste y deprimida, aunque decía no
saber por qué, y se asombraba de que Xénophon tomara de
golpe tanto entusiasmo por el bricolaje a hacer con su pad1·e,
que quisiera imitarlo, le robara la afeitadora y el agua de
colonia, y se anudara las corbatas de éste en el cuello.
La madre de Xénophon hizo en esta época una tentativa
de suicidio, llamada angustiosa en el momento en que su hijo
comenzaba a vivir por él mismo en un cuerpo de varón y se
arriesgaba por fin a tomar la palabra (dibujo n º 14 ). Xéno-
phon dibuja un edificio sin techo-aclara- , con el ascensor. En
ese edificio la gente no quiere vivir nunca más. El hombrecito

, 1

Dibujo 14

103
o

~a hablar antes del


---·-o n a se pone a hablar de
. L h b arperonohablaba, ·gualque
· bo a nrejada que había dibujado en
1 do. Lo cierto e que, para l m dre de
1 e m n'ta muerta había quedado ud para

a o d cía n es·ón: esta be . ra como su


·
e d habl de la muñec s . 1 s ·ñ p queña
n lug del p ne que le lt ¿ p., d. a de la
i o h brí ven d a m r ·d d 1pene
madr ?A ed d d trece - O· o ienzó
t t r per ió .1beb" en el o . volvía
' ·,z e ten rlo. ás t rde de eó ·n haber
el o 1 du lo de q lla her i, . rio E
iño o b mos, id ntifica · l q má
· t e a a madre. Xénophon se id 1o d to que
la tumb . En consecu e· í · guna
r . zón pa que hablara. Era mudo co o b . Las
pe idas v· · itas al cementerio, lo lla t . , dre, ¿no
h c1 on d la cruz un objeto fálico, s ·mbol z ._ ip o en
pºedra?
énophon vivo acudió al lugar de este ob del
cío pa la madre. A nque podamos acl r
ú · ro d l mento ubicables en su hi to
lo ue dec" a Lacan del triángulo padre- a
iángulo madre-hijo-falo, d todos modo ·
hi ton um ment compleja, ya que
i tor díp ·ca del padre, cuyo propio pad . h · b" ·
do ~ l m · mo q ince años y d jando a cuyo
icoobj to ec uelore ultóser, t mbiénaq í, úl · o
1

• • ,
lJ •

04
1>01· oira
parte, la historia de Xénophon está ligada igual-
mente a la de su madre. ¿Por qué razón la muerte de aquella
hermanita desencadenó semejante cataclismo? ¿En qué
momento de la historia de la madre y de su propio Edipo
aconteció esa muerte?¿ Qué lugar tuvo para ella el hermanito
discapacitado, el único varón?
Las más de las veces, ya en los primeros intercambios de
la madre con el bebé se impone al pequeño una constatación:
la madre no es "toda" de él. Siempre pone interés en otras
cosas, siempre es atraída por otra cosa; se marcha, vuelve.
En este juego de presencia y ausencia, en esta falta en la que
el Falo vendrá a instalarse, el niño se construye, imagina,
simboliza. Ella no es toda de él, y él no es todo para ella. En
el "desfile del Edipo'', el niño se encuentra con el padre,
renuncia a ser el ideal de su madre, acepta la castración y
hereda un Ideal del yo. Aquí es donde el padre ha cumplido
su papel: no hay Verwerfung (forclusión) y el niño no es
psicótico. El Nombre-del-Padre ha formado punto de almo-
hadillado, permitiendo la detención del deslizamiento de
significaciones. Sólo cuando el niño deja de estar sujetado al
deseo de 1a madre puede advenir como sujeto. Este "des-
sujetamiento" pasa por la ley del padre.
El pequeño Hans es fóbico. Por no haber podido desmar-
carse:

En el caso del pequeño Hans, hay que convenir en que la


Metáfora paterna no operó plenamente. Para que se cumpla,
es necesario que en ese lugar donde el niño encuentra el
deseo de la madre venga a sustituirse el significante del
Nombre del Padre. 2

El padre del pequeño Hans no hacía la ley a su madre. El


deseo de la madre, Hans lo sabía bien, estaba en otra parte.
Para protegerse, "él instala esa fobia a los caballos que dan
miedo y dictan su ley".

2
S. Faladé, "Reperes structurels des névroses, psychoses et perversio-
ns", revista Esquisses psychanalytiques, nº 7, primavera de 1987, pág. 44.

105
11 1111 1 f.1l J 1l1 'f 1 11 1 1l 1~ c)1l1 • 11rtllr·11 ' ' .
l..J:t f1tl1ii111c1t· :~ Jr1111'111·c1íl tS,
f 1 l l il 111111¡11• 1) 1t11 , ' 1•1111¡1l11JJl LitJlll l:t 111:,yc>r tlt• l;1 r-, (lificl1l ..
1 1

l 1rl • J, fll f l clc•A¡>r' •111lt•l '$l) el•) c_lt'Sl'<> Cll Stt n1ad1·e, para udes-
1

11 ¡ •l n 1'Ht•1' l l:ty 1>:1tlr(! 1>¿trt1 él, de todas formas, aunque sea


1'1 1gi l. l Hl Íl>l>1t1 t•s co1110 la ''vestimenta" de la psicosis, lo que
1:1 e 1'ct.1, l<> c¡t1c Ja contiene. Si Hans plantea la cuestión del
1

1>:t t l1·t:J, J>Ll<>de que ese padre venga a interrogar a Freud en


•st.e ¡Jt111lo preciso: "¿Qué es un padre?" Lo mismo que el
¡>ttclr de Xénophon, cuya infancia lo dejó lesionado, sin
1

f)lt11tos de referencia, sin identificación masculina satisfac-


tc)ria. i
El padre es el que "da", por poco que el niño acepte
rt'nunciar a su madre. No da solamente el "no", la prohibi-
ción, sino también su "nombre'', que pasa por su mujer y que
8erá el s ignificante patronímico presente para el niño. Da al
niño, más allá del nombre, la posibilidad de ser un hombre
a s u vez. Este es el punto en que el padre de Xénophon se ve,
t a mbién él, en dificultades.
A propósito del pequeño Hans, Colette Misrahi y Serge
Hajlbl um precisan: "En la respuesta del padre a Freud hay
que leer una llamada del padre al hijo: de introducirlo a su
título. Si llega al forcing, es porque simbólicamente Hans no
es s u hijo: es el hijo de la transferencia entre Freud y la
n1adre, ex analizan te de Freud, y el problema de este padre
es introducirse a cualquier precio en un circuito ya formado
y del que él está excluido."4
Podemos tratar de determinar aquello que en el análisis
de Xénophon se movió lo suficiente como para aflojar un poco
las ataduras que lo tenían prisionero: la separación entre la
cruz , primera letra de su nombre, y la cruz de piedra, y por
otro lado la palabra del padre, permitieron que Xénophon se
situara de otra manera.

:iCf J . Dor, Le pere et sa fonction en psychanalyse, París, Point Hors


Ligne, 1989.
4
Colette Misrahi , Serge Hajlblum, "Champ phobique: le petit Hans", t
rev1::;t a Tel Quel, verano del 77, nº 70, pág. 65.

106
1>• S ¡)l tt· ~,, y c 1 ~1 t1l t•fi l't111tl111tlc 11trll , c l ¡>11<l1•t• t 1 e· ~1>11<><'11 1 11flt1lu
1 1

<.'l>t11c> S ll l11j<1, dj<> ~1g 111fic: tl<.'l<JJ1 étl <ic.. 8 t'<> cl 1:1 tll ll<ll't'. 1 :1 f'1·1 1Ht'
1

del padre: "Al101·a sé que ie11go un l11jo" t!8 si11 11ir1 gt111;\ <.lt1cl1•
del orden de lo simbólico, y finaln1ente pern1ilió c¡uc ''< 1H<> se'
inscriba'' más claramente para Xénophon del lado del N 011l
bre-del-Padre.
Ahora bien, a pesar de que la metáfora paterna no hab1¿\
operado verdaderamente, esto no autorizaba a decir que se
tratara de psicosis. No había en este caso forclusión del
Nombre-del-Padre. El padre tenía su lugar en la familia, la
madre nos lo dijo: era un hijo más; y, a este título, contaba
para Xénophon. Sin embargo, no hacía la ley a la madre y su
palabra no era reconocida, como sucedía con el pequeño
Hans.
Xénophon puso en el lugar del padre no un caballo sino una
multitud de objetos fóbicos que lo hacían cada vez más
dependiente de las exigencias superyoicas, puesto que casi
todo pasaba a estarle prohibido. Hans era fóbico mucho antes
de sus crisis, mucho antes de que los "caballos de la angustia"
le impidieran salir de la casa. Xénophon era fóbico , como lo
n1ostraban s u mutismo y su boca enrejada, mucho antes de
que se instalaran sus objetos fóbicos . La instalación del
objeto prefigura un comienzo de simbolización.
La alienación de Xénophon fue muy anterior a su naci-
miento. Este niño vino a tapar el agujero, a llenar la falta.
Xénophon parecía ser a la vez el objeto fóbico y el objeto
contrafóbico de su madre. En efecto, cuando ésta vio que
Xénophon escapaba de ese lugar, hizo una tentativa de
suicidio y en ese momento no quiso iniciar un trabajo para
ella misma.
Subsiste el problema del lugar de las hermanas de Xéno-
phon. ¿Por qué la madre reeditó aquella historia con él y no
con las hermanas? Además, ¿la historia se reeditó tal vez de
otra manera?
Otras tantas interrogaciones que quedan por supuesto en
suspenso , y a las que nos negamos a responder mediante un
forzamiento teórico, siempre perjudicial para el análisis,

107
r .
1
lq . ' o ' .
n "lt~mo enigma.
liza an última sesiones, vino
. •
on.
#' '

_1 . o período depre ivo durante el cual se


t ·va de uicidio, se curó. Se trataba además
na uración mi ag o a: no sabía por qué abía
· 1 .i irse de un día para el otro, ni por q é de
· lmen e repentina se sentía bien. Po u uesto,
o con10 i no tuv1e e importancia- . b'· 1abido
_ _ ·o es ab emb azada de n11evo. ·aa no lo
h b"e que ido, s 'ba a pon r f rio ro ya se
,,,
aria .
. u , importa ci iene que lo pa? 1 n l decir,
q · zá e ando e note dem i o, p o tone s será
i ota .de.

E1 todo l transcurso de esta se 1ó , eJ nza
e ste embarazo y el de la 'po . p raba a
" ophon. Todo era ig al, nada h bí odohabía
u ·l to al orden.
Lo que venía a decirme con tanta i o que
t 11bién debía ntenderse como un d ·afí '
· n1po la pru para un analista, de q
el· o erfi eta 1ente 1trabajo efectuado con e,
vez n1 ,, s, no pudo usar otro recurso qu l o.

o
IJ. ''Alicia''
o ''ol sol negro de la fobia''ft

Alicia acababa de cun1plir siete años. Estábamos en sepLie111-


bre. Me la había derivado el médico del hospital de día él l (IU<.'
había entrado dos años antes, después de cuat1·0 de f1·acast>
escolar en el parvulario.
La madre de Alicia vino a la primera cita a hablar de este
fracaso . De éste y de otro que alteró el comienzo de su nuevo
embarazo. Inmóvil y sonriente, Alicia escuchaba a su madre
hablar de su desesperación al descubrir que estaba encinta
den u evo, a los cuarenta años. Se hallaba demasiado cansada
como para traer al mundo un cuarto hijo. Se sentía a la vez
deprimida por el fracaso de la anticoncepción y terriblemente
culpable por no querer tener este bebé. Alicia continuaba
sonriendo. Sus largos cabellos rubios atados con cintas, sus
inmensos ojos azules y la extraña claridad de su tez, le daban
la apariencia de una muñeca de porcelana. Estaba ausente,
indiferente, inquietante en su belleza.
De los primeros meses de su vida, así como de su nacimien-
to, la madre no me dijo nada o casi nada; había olvidado todo.
Recordaba sin embargo un detalle muy preciso: había conce-
bido a Alicia el mismo día en que lean un ciaron el f allecimien-
to de su propia madre.
Al cumplir los tres meses, Alicia era una bebé sin proble-
mas, tranquila, silenciosa: no lloraba nunca. Había que
despertarla para darle sus biberones.
A los nueve meses, después de una doble otitis, tuvo crisis
convulsivas y fue hospitalizada para un chequeo.
En el hospital, Alicia, de ordinario tan tranquila, pasó

5 La historia de Alicia fue reescrita sobre la base de una comunicación


del 25 de octubre de 1992, en el congi·eso de Ales, "Les approches
psychothérapiques de l'autisme et des psychoses de l'enfant", publicada
en Ho1nrnage a Frances Tustin, Saint-André de Cruzieres, ed. Audit,
1993.

109
las vi ita

1 .
o día de pués. El . .G. había
· o lla y no lo era. Gritaba cuando
rechazaba los biberone , d via a l
m ' t rde htboqueho p"talizarlad

-U lID ortante pérdid de pe o a ompan da de
ion~

ctua . ta gunda internación lici tenía doce


no lloraba. Y no llorará nunca má . í todo lo

s quedab h ras inmóvil. p z" e ·minar a
ño y medio y dijo us prim p l "papá" y
1' a ]o cuatro A lo i te ú quirido el
> 1ole fint riano nieldiurno ni l 1

i n r u m dre m habl d 1

Alicia se
ntado y e b lanceab , dome la
. u Ita hacia u madr e co1no
izada por lo mov ·mien o d

1 dre int rv1no. '¡Basta, Ahci . a "
i, me
iedo.'
in uitarl l mir ·da d encim , " y
n eir
1 e lici con voz m cánic .. : ¿Llu -

o . licia no ll uev respondió la m ·mira

la v nt na 1a., sol.Alfinyalcaboe u ti · ¡_ 1 mpre
1· la m · ma pregunta. '
L dre e qu jó · ntonces de la in i . ci· . Alic. ,
u 1 p g n ,ba v i 1te ece p r día i llov"' nder
, .
j· 1 la re . pu t . Est eran práctic m un1ca
l b ~ qu p onunciaba en es época.
li · e h bí vuelto hacia mí co mo u11 1

ut ' mata.
r 1 v n na por encima de m · hon1b o, ero no
nad . egu 'a repitiendo: "¿Llueve? ¿Llu v ?"
1~~ 11t<JJl (; ( !H lt)
dij e: "l li.!Y ~o l élf'Llt't'<l, ;,1)(.lJ"() f>lll!Clt· <llll' (~ Jl ·I
corazón de Alicia lluev<.1'? ¿'!'al vez Alicia quisiera sal)er s1
llueve ta1nbién en el corazón de s u mamá'?"
La inirada de Alicia se cruzó con la mía por primera vez:
se arrojó sobre la cartera de su madre y, de un salto, vino a
vaciarla violentamente a mis pies; luego corrió a echarse
sobre ella, pegando su cabeza contra su vientre.
En la sesión siguiente recibí primero al padre y a la madre
en presencia de Alicia, quien permaneció sentada, calma,
indiferente, sin reacción .
La inadre también parecía más serena, y hablaba poco en
presencia de s u marido. En esta entrevista dijeron que su
vida era bastan te cómoda; se amaban, amaban sus profesio-
nes, amaban a los niños en general y a los suyos en particu-
lar, con quizás una pequeña debilidad por Alicia. En casa
disputaban por besarla, por llevársela al regazo.
Esta vez hablaban de una historia en la que no habría
existido el sufrimiento, lisa y tranquila como la cara de
Alicia, que escuchaba s in parpadear un relato ordenado
como las cintas de su peinado, como los pliegues del vestidito
rosa desplegado en corola alrededor de la niña-muñeca.
Y sin en1bargo ... a veces, Alicia tenía cris is espantosas,
gritaba, mordía, se golpeaba la frente contra las paredes o el
piso, rompi endo el s ilencio de la casa. El padre comentó:
"Estamos acostumbrados, son pequeños caprichos, no es
especialmente malo. Ya no podemos s alir, claro, no podemos
planear las mismas vacaciones que todo el mundo, la mis ma
vida qu e todo el mundo, pero con comprensión y amor todo se
logra. Somos personas felices; hemos tenido una bella infan-
cia, éxito profe sional y unos hijos maravillosos. ¿Con qué
derecho considerarnos desdichados?"
Esta pregunta, que aparecía como un eco a la interroga-
ción de Alicia, "¿Llueve?", será formulada a menudo en sesión
por el padre durante todos los años que seguirán.
Al final de esta segunda sesión me quedo sola con Alicia por ·
primera vez. Parece estar más inquieta. Sentada en el diván
que ocupaba en presencia de los padres, se balancea mien-

111
1

1
ch , pue ta st .
n e Alicia."
echa d un salto sob1 el cesto
a lo como h bía h cho con la e rtera
. r cae · el cesto y, habiéndo e de pren-
. nt la ah za rueda por el piso.
c nloqu ce, s 1u de go p , cabez
p· ede se arroja sobre mí, m a1 - a ira de sus
d lo m'o . oto ofuer eme11 e o enla
habloun yotravezdesup'nºco,d lho que st ..
o a cuerpo que estalla, del ole-'
l' hace u rir tanto. go
s 1 Han o y u pánico manos,
""
da é e r r d ... ba
. ·tl"_n . . ag t d de ta n el
t n qu p1 nso q creo
el y oh pa u los
h - n p ·rmitido r · ·to que
o. O oq de
i qu l novüni nto de ni · , como
oc e 1 la pr'mera e i ses-
. re: . d f . ión e repar ción de un tít e: p a· do
. e·· beza Alicia e a acigua, en efi eta · · lo qu

l _ die . o co o yo esper b , sino al mo n11s
l . io , e el qu · se ha, no reconocido s·no' - '
r i l ce. it rá me es a-os par que lo 1 digan
l· b . qu teng n n sentido y no se n "n· e
n ang f . co o un objeto autí ti o 11cade-
ore· ·do ºncesa ,e e .. ju. ta-
in oport ble a la m dre.
· ' n madr vie11 ola con Ji ia. bl
a in anc ma v·nas que había i o 1· uya.
o 1 da con de ap go · bo d · ma
\1it>lt'll(; i:t lJllt' t '.' li i l 11i11Í( ;1, t:a11 Bl'l'l 1 r1:1 . 11 11\' t• i 111 t 1A, 11111lf> 1 11
lllllClltlS l11 Hl<)J·i:lS clt! tlltLis tllC>, H ' tr~t tft tl< 1 lllll •1' lt 1 •
Una de s us he1·111anns , melliza, 111t1rió ~l lc>B s< · i ~ r11r'st•s <ll;)
una toxicosis, "por falta de cuidados", é1clé1r<t .
La madre de Alicia tenía entonces siete años , ln cdtld qttt'
tiene hoy su hija. "La pequeña morirá'', dijeron en la f~tn1ilia,
y los padres se marcharon dejando a la madre de Alicia
inclinada sobre la cuna y sin poder apartar la vista de su
hermana enferma. No recordaba lo que sintió en ese momen-
to, pero todavía estaban frescos las sacudidas y los ojos
revueltos de su hermana en el momento de esa muerte que
ella había esperado, durante horas, sola y aterrada.
Recordaba que su madre lloró y que ella misma había
sentido celos, pero no pena; era demasiado pequeña: "Los
niños no sienten esas cosas'', pensaba; en cambio, lo que
sienten -de esto se acordaba- es envidia. Cuando su madre
estaba embarazada de las mellizas, creía que iba a dar a luz
un varón. Por entonces la ecografía no prevenía a las futuras
mamás. El nacimiento de dos bebés de sexo femenino fue una
sorpresa para toda la familia.
Recordaba haber entrado en la habitación en que su
madre acababa de parir y haber visto sangre, y después dos
bebés muy feos , en una caja, rodeados de algodón. Dos hijas.
Entonces despreció a sus padres. ¿Cómo se habían dejado
engañar con tanta facilidad? Debían traer un varón del
mercado. Se habían dejado embaucar por un comerciante
deshonesto que en su lugar les había dado dos niñas. ¡Estos
padres no eran nada listos!
Un mes más tarde, la niña se lleva subrepticiamente una
de las mellizas a casa de la vecina para intentar canjearla por
una vaca. La vecina, divertida, acepta y cuenta la historia a
los padres. Estos felicitan a la niña: "Has tenido una excelen-
te idea. No somos muy ricos y con una vaca nuestros asuntos
se arreglarían, pero con tu madre hemos optado por cambiar-
te a ti y no a tu hermanita."
Desde ese día se había resignado a la presencia de la
hermanita, y nunca más habló del asunto.

113
l
j o. 1q
e u epiléptico
.. iempre ella la que , e
nim les agonizante · es siempr
.· a n · . El padre de Alicia ·u ele no estar.
· b ja _n provincias. El año en que esperaba
j __· · in n , e taba au en e. ólo volvió a trabajar
ué de la ho pitalizac1ones de u hij '. · o vino
l ntrev1sta.
n 11ci a te cera e ión l blo con lla de lo
n os oído decir a lo padr . . · to110 ·u hi t na y la de
d , die· éndole cuán di ícil u o qu · _r p ra ella
· r e e t mamá n so y d d ·ch d · l v n ta y corr
' i l inter up or.
Intervengo d1ci ' ndol : 'Hay ro d i tir~ Alici
l domini de todo; ·1·se de otra
,,
1n n ra.
o primera vez, p rece tri ; to , la ca11a ... ta
deJugue, e · y la uelca sobre su e b z de juguetes
qu inunda a Alici me recu d pr gunta.
Llueven jugue e como llovían en la p iI ,¡ , n objetos
caído d la carter de u n1adre Alíe·
1

l d _,siente
·r n1ar e su cuerpo al mismo ti · juguetes
"e di .p rs n por el suelo. ·e lo digo. e e h ·
.1 onces al escrito io e apod ra de n· · l ·
·nt n a p g .. rlas contra la vent na com p
a p a otra contra la pu . rta y luego u . lv ·
edio de la habi ación balanceándo . 1

t'

ra 011rí . n e e n1omento u n
1

no lo atie11do 1 ruido del cont t' L.

ter or~za~ e levant brusc ment 1

o, p ro al 1-v· nt r e desgarra u v r ez
a de una cri i · e pantos· , rr ne f Ida
u . ya no la prot g . Desve ·tida, llora.
At1Lt•11l1t'élS lt1f~ri11111~ t•c>1·1·c111>c'r Vttl•lvt> íl li11 -
HLtH 111<:'jill1t R.
blarle, pero rcfirióndon1e esta vez a su hisLori:t y i\ lit el<.' sttH
padres. Alicia se calma sin tener que apcla1·, me p~lrt)ct.."\, ''
rituales autísticos. Está, sin embargo, muy angustiada, y al
final de la sesión corre hacia 1a puerta. Yo la detengo para
decirle "hasta la próxima": "Es importante, Alicia, decirse
'hasta la próxima'. Si los seres humanos podemos separarnos
es porque nos dejamos con palabras y nos reencontramos con
palabras."
Rosine Léfort menciona, a propósito del tratamiento de un
niño psicótico, la angustia provocada en estos casos por la
"pérdida" de la vestimenta.

Robert:
Volvamos entonces a la envoltura del cuerpo, el delantal , que
aunque le sea impuesto por el Otro, se le ha hecho a Robert
tan necesario que podríamos creer que, si se lo quitan,
morirá; aparentemente, este delantal es una envoltura aná-
loga a las envolturas de nacimiento: primera pérdida del
niño. Robert está entonces completamente alienado en el
significante "señora" y el delantal representa a su Otro; su
pérdida es pérdida de su Otro. Cuando se disocia este
delantal de su cuerpo, él ya no es "señora"; se libera de su
cuerpo el goce que se desencadena en sus crisis terroríficas,
destructivas en la ausencia de Otro. 6

El comienzo y el fin de las sesiones siguientes marcarán el


momento en que podrá establecerse un contacto ve1·dadero
entre Alicia y yo. Encontraré una mirada diferente de su
mi1·ada habitual; podrá instalarse un encuadre.
Los primeros seis meses de trabajo con Alicia transcurren
a imagen de estas tres primeras sesiones. Permanece casi
siempre muda, intentando atender a mi presencia lo menos
posible. Las sesiones en que me parece totalmente esta tui-

'' Rosine Lefort en colab. con Robert Lefort, Les structures de la


ps.) cliose. L 'e1ifant au loup et le Président, París, Seuil , col. Le chan1p
1

frcudien, 1988, pág. 632.

115
lll Í 1 111 -11111 1\ 1111\ lL' lllJtUlt ( [\fl 'fl flf• \'lt>lt• 11 "'it 1 c¡ltc• .YI> 111>
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l11L 1'i1 t lit l1 ~ 1l>J i 1r] •, tl • JJ011e1· palab.r·as e 11 s us miedos, de


1

111t ·11t:tr 'cJ 11t 11 'l'( st•cuct·poquesede1·ramaporelconsulto-


1

l'i11, 11¡1 ·it• r1<l<> 1>l 1·111ane11te referencia a lo que ha vivido, sus
1

·risis el '•l11guslia se tornan menos frecuentes, menos siste-


111 á tic:ts.
l 1<)11e especial esmero en verificar que la puerta está bien
ce1·racla, pero, una vez cumplido este ritual, parece más
t1·lt11q Ltila. Es en esta época cuando comienza a decir algunas
palabras.
En el transcurso del segundo año Alicia acepta lentamente
entrar en contacto conmigo. En los momentos en que su
terror ha menguado, me habla furtivamente. Ya no se trata
del discurso de la loca-palabras incomprensibles arrojadas
con gritos a la manera de otro lenguaje , ni del discurso
ester eotipado de una Alicia robotizada, sino de un discurso
diferente: se arriesga de veras a decir, mirándome a los ojos;
se arriesga también a oír lo que yo le digo de ella y de su
historia. Es como si un mundo en el que las ideas pudieran
existir con1enzara a suplantar lentamente a aquel en que
todo debe pasar por el cuerpo.
Ahora, al final de cada sesión, Alicia repite, con serenidad:
"Hasta la próxima, Mathelin, Alicia vuelve." Cuando un
ruido exterior al consultorio perturba la sesión, cuando
accidentalmente cae un cajón haciendo un trernendo estré-
pito, cuando un golpe de viento abre violentamente la venta-
na mal cerrada , Alicia ya no se n1uerde, ya no grita, se sienta
en el st1elo, se toma el abdomen con ambas manos y dice,
llor·ando: "Llueve. A Alicia le duele la panza'' o "Alicia miedo".
Al comenzar el te1·cer año, puede empezar a dibujar
(dibujo ri º 1). Nunca habrá garabatos, dibujará directamente
f01·mas; formas "sin ojos", explica.
Al paso de las sesiones aparece un hombrecito con un
cuerpo, brazos y piernas.
En el cuarto año, los personajes tienen una boca y, lo

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Dibujo 2

m1 o qt1 Ila , _o "lienz n a poder hab ar de verdad (dibu-
jonº2).
D uera de la
esiones) Alíe· hace
ocialización. Todo e e f erzo de los
nuustiada, se tra lada al prendiza-
1 pr nd r nada como no ea en forma
·o n1ientras no tenga el entimiento de
e¿ i ti . lresu tadoesqueAl'ciahablacad · vez

meJ01 ~ vocabulario. Cierto~ días cuando
h bl nsultorio, me hac p ns r n el muüeco de
u 1 •

Ap r . n nces a Alicia que adqui 1 1control e fin-


t r~ , no come con las manos y que dibuja hon1br -
cito y · ·in alma, totalment estereotipados e cta-
ment 1 modelo que le han p ·opue to. La e cu 1 e
a o pI og eso . e o Alicia est ~ tan au ent de
e to como lo estaba en u ilencio de anta - o.
1 tengo que luchar ahora par que 1 Al"cia
adi t d no le impida existir, p ra qu las palabr del
grabador no tapen su p opia palabra.

117
11
1 ,, 1 !lllt,ll t 1111 )• 1 ' IJl ll 1•11 11 Hl.111l1•l)ll ' lllt •! J\li1 •1r1 llt > ( 1S
lc1( 1 1 l ll l ,,,, l 11 11111 lllll'llí•" . ( ll 1 l t> 11 1\ !4 ll R <>.i<>s. Cllll y:t
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11 v 1 ltu.:l 11v1 c1flt•111:t11ic>l>rtl ~ tutísl1C(l .


At 1 t' 1111111 l1:1y t 11 c~ ll ;1 clos tipos de discursos, hace en sesión
1

t l f 1H t 111f>.' clt· ctillLtJCJ~ : unos ester eotipados y mudos, los que le


t•11 s <.i 11:1rt)tl ~1
l1étcc1·, aquellos sobre los que trabajamos. A los
¡Jri 111('f't1:-, lo::; po11emos a parte. Alicia ha decidido que son para
J)t\ r1:1 y n1amá. Los otros se quedan en el consultorio. Son para
Al 1c1<1. Es los, casi siempre, son informes y aterradores.
Un día dibuja una especie de rectángulo. "Es una caja,
el ice , una caja con un lobo adentro." Al lado de la caja dibuja
u11 cuerpo extraño en movimiento, y aclara: "Esta es Alicia.
El lobo tie ne mucho miedo" (dibujo nº 3). Por supuesto, ni
s iquiera el lobo está a la altura.Nada puede dar más miedo
que el cuerpo de Alicia.
En este período del análisis el gato epiléptico de la casa

n1uere ayudado por la madre, quien me explica que había que
poner fin a su s ufri1niento. Alicia pasa por nuevas crisis de
angustia en las que parece remedar crisis de epilepsia. La

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1
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Dibujo 3

118
1
111: 1clr'l', 41t<.·1· r 4 1 c~:1 , se
s ie:.' 11tc• cul1)able de l1abe r '111t1l (lclo l)rt1 s-
c~1n1c nte Lodos los progr esos de s u hija.
Hablo con ella, en presencia de Alicia, de es tas r epeticiones
dramáticas, del peso de la muerte en su historia, de la
hermanita, de las crisis de Alicia, del pájaro y del gato.
En este momento, Alicia, que dibuja cada vez más en
sesión, parece iniciar una tentativa de construcción de ob-
jeto.
En efecto, se pone a dibujar unos gatos monstruosos que
la asustan; la asustan tanto que después de cada dibujo debe
quedarse unos minutos bajo la mesa para no ver al gato
(dibujo n º 4).

Dibujo 4

Paralelamente, los padres hacen notar que se ha desper-


tado en ella una fobia a los gatos. Estos gatos, aclara, se
llaman "Alicia". Ella se identifica con el gato muerto como su
madre se había identificado, en una problemática edípica,
con lo que entonces le pareció ser lo más importante para su
propia madre: la hermanita muerta; "con el agujero", como
dice ella; agujero en el cual también hubiera querido per-
derse.
Sexto año: Alicia no puede tocar la pasta de modelar, no se
interesa por los juguetes, pero dibuja y cuenta la historia del

119
1

Dibujo 5

dibujo. Un personaje pasa a primer plano (dibujo n º 5): "el


muñeco de nieve", asexuado, ni niña ni varón, frágil y sin
consistencia, que resbala entre los dedos como el agua de que
está hecho. Puede cambiar de forma según que se haya
derretido o no. Este personaje expresa cabalmente el senti-
miento de fragilidad, de desvan ecimiento de un cuerpo que,
en cuanto toma forma, corre peligro de desaparecer al sol. Su
interior es idéntico a su exterior. Previo quizás a los fantas-
mas de cuerpo fragmentado, parece representar con exacti-
tud la sensación que Alicia siente de sí misma.
Si el sol entra en el despacho, ella pide cerrar las cortinas
antes de dibujar.
Cualquiera sea la forma del muñeco de nieve, reducido
incluso al estado de copo de agua, Alicia le dibuja siempre dos
ojos~ dos agujeros que pinta de negro. "Son los ojos, dice, los
que dan miedo, no el muñeco."
Alicia comenta los ojos del muñeco de nieve: "Están
adentro de la cabeza."
Yo pregunto: ''¿En la cabeza de Alicia?''
Ella me responde: "Los ojos de papá y mamá están en la
Cllbcza de Alicia."

120
Dib~jo 6

A p r i d e mor n o Ar ci me pr gunt r,. por


tr n. p ci . su cabeza, de su p ns· 11entos, d s
e r" con e emad angu ti -1 111 fi.e ,o qu
n o u b za. P oy ctad ob el muñ co d
iev , la odopod osa parece p rt r e n poc
d ella~
o p n 1 n entonces que empieza a a u .tarse con
los per i do a los perros es e pan o o: lla, que
nunca t " que a í misma, corre peligro de er
at opell l e lle si ve un perro en la ac ra. Sólo ti ne
miedo, , lo perros peque - os.
Al . mpo que aparece esta fobi , el lobo vuelve a
t· vez el que da mi do es un lobo. Un lobo
r nte a na Alicia de cu i· d ameb

que dibuja n pe ro-lobo (dibujo n º 7) me


istoria del lobo lo qu d miedo a Alicia,
í . miedo al perro. e paree ."
: ¿ e arece a qu· "n?
par ce. Cua1 do A "ci 1 i ne m· do · J
p o l iene m· do al gato y no est" n1á enferma."
o . lica aquí de qué modo 1 fobia 1 g· to e ha
de plaz o so lo p rros. ·En ti to ha u do eú ctiva-
m. a .n iedo a lo g to. y n la e l ólo iene n1i do

121
Díbujo 7

1J perr cuyo tamaño p d un


t . Los 1 ros gr nd la dejan· 11 · '1 l peque-
- u en re tr naulado .
'"' .
p tir d t d' tr zará · n e 1 UJ s un

í l pint· do d gro; como dición
ojo 1 mu - co d n · d I l p rt
· r ·o del di b L jo. o e 1o q u 1 p 1i j · 11 . 1 , d ·ce
1

lla, o q e d n1iedo como ''el ojo del p _r . . u ·to que


ar t part ' . E e guj e o El
· b ja 1 u no puede d ci , l guj o o
· on ·r orado e no domin bl ur
• ad , e n o lo mon1got que h bl n
4
y qu.e
ra ll p , de pon en 1 dibujo.
n z in · al do 1 g jero n gr ·
-ll - d · , obre el apel, · n
u ) .

un ,abe d ué ti e mi do· l

ipto el m e ni .roo fóbico par e ap
· ·1 d· d i tir. prend a leer y a
o ·a ella el dibujo de la p l br " .
n ido. ólo cuenta 1 contorno.

2
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Dibujo 8

Lo mismo que el agujero negro, sus personajes están


circunscriptos por vestimentas tranquilizadoras, continen-
tes sin con tenido que circunscriben el horror indecible del
cuerpo.
Cuando pregunto a Alicia: "¿Quién es?", me contesta: ''es
una falda" o "es un vestido", "es un abrigo". Los hombreci tos
pasarán a ser personajes más tarde, pero el agujero negro
seguirá siempre ahí, como para hacer posible el dibujo. Ahora
se ha convertido en un sol negro, arriba y a la izquierda de
la hoja, un sol negro que asusta y vela al mismo tiempo por
los personajes del dibujo (dibujo n º 9).
Como muchos autistas, Alicia era objeto de horror para
ella misma. Más exactamente, no era fóbica de sí misma -lo
cual en su caso no querría decir demasiado-, sino que tenía
fobia a su propio cuerpo.
¿El horror del cuerpo del niño sirve en el autismo para
mantener a distancia a la madre? ¿O es el reflejo de la
horrenda desesperación de la madre a quien su hijo no le
evoca nada? El reflejo de la imposible "fantasía" a que aludía
Bion, el vértigo de una madre que no puede imaginar a su hi-
jo.¿Quién pasa a ser el objeto fóbico de quién? El dibujo n º 1O

123
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Dibujo 9

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DibujcJ 10

124
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n 1mon1 n
ción ubj ti lici ed p
d to ter1 r · ella, el lobo 1rn -
1

n 1 om ntoenqu s mad omi nz


d ma11 r i:b rent .
acque Lacan en el seminar·o De u Ot o 1
habl de la fobia en lo siguien e término :
Lo que pod os v r a n·vel de,la fob~ a no e de ingú
1 1

· g io un e tid d clínica, ino en cierto odo


pl ir· ~ tori . .. o e trata d algo a1slable desd 1 pu
i t lí ·co ino más bi de una igur clín· cam 11t
.
d nera
.
in duda elocuen e, p r en co xt
i t iversos,
od rq A1ic1 salió del aut· 10 gracias a e
pl ca 1 fob ·a o, para decirlo m jor, gracia.
l con , . e· ór de un obj to f óbico, v rdader hoy de
s lv · j ~ t niña a errorizada. S e1 cu nt nfren-1

t d n n 1 constituc· 'n de objeto obJeto que hasta


ese rno l h bía confundido con lla · Alicia era 1
'obj to t ~ l mencionaba Frances Tu tin·

t · ci1~cunstanci·
s u 1Il dre pu de utiliz in on -
1 u b bé con10 un obj to inanin1ado-ella llama
1 lli -ta.pó1i- a a co mar el ag je o d ' u v· u zyd u
. n i exp rie11cia e te tipo d · 111 ,d1·e ~ caree
n · í m~ mas y/o e encu 11tran de orientad s
y/o ri l ntan un se tiro· en to de privación y/o se s ·ent n
pr·n id so ·nclu oh po ido expe ·Inent un golp un
t r i· o un due o n la época del nacimi nto d l niño. 8

7
·~ . , '' ~ un Otro al otro", sen1ina io in ' di to, 1968-1969, notas
pe~ on
8
i. tin 'Vues nouv ll s sur l'auti n1 p ·ychogénétíque', l.J.P~,
T
vol. 72 rte 4 1991, pág . 585-591 traducido por D. ouzel, ed. Audit
19921 ".g. .

25
l 1, 1 ' 1l l l l 1 11LI l 1t\ l 11 v 11 - 11 t , l ' e>111 t > le > < xJl l 1e~ l A 1é. l l t1 V t\ l l 1e i·,
1
i\
1e1 11 r1 1 , 1• 11 l :111 l 1) <>11j • t t> , l<l i l t l g u ~ ti t\ tl e 1u i i1¿\ d re:

l ,\1 1•1 11 · 11cl1rri r 4 l1c el 11iño sature esa hiancia. En


el autismo,
·I 11IJJ •te> ol1tura totalmente, no está tomado en ningún
s 1•111l>l éLO ll' ' él es el objeto que completa el fantasma del otro
y C(111 el cual el sujeto puede identificarse. 9

¿,rl'c111a Alicia la opción de ser otra cosa que esta bella


111 t111cca-objeto?
En La Comtesse de S égur ou la mere médecin , Colette
M1s1·ahi nluestr a con toda precisión la angustia de Sophie
f1·c11te a s u muñeca inanimada:

Sophie capta a través de la muñeca la diferencia que separa


lo inerte de lo a nimado, la maquinaria de la vida. Aquí est á
la fuente de las tonterías que pudo concebir r especto de ese
ser enigmático y ambiguo: bajo los repetidos asaltos de las
brutalidades de Sophie, la muñeca permanece muda. ¿No f
ha bría, en el silencio de la muñeca, escondite de goce? 10

¿No era Alicia un ser enigmático y ambiguo para su


madre? ¿U na niñ a-fe ti ch e? La perversión también hubiera
podido ser pa ra ella una puerta de salida. Pero para esta niña
sólo existían el miedo y la ausencia. Este vacío la preservaba
de la desesper ación : cuanto menos miedo tuviera, más capaz
sería de sent ir tristeza. 11 Su historia, la de su madre y la

~1 A. Vanier , "Autisme et théorie", Honimage a Frances Tustiri, ed .


A1.1cJit, pág. 33.
1
°C' . r..1isr a hi, La Comtesse de S égur ou la m ere médeciri, Pa rís, Denoel,
ct>I. l:es¡Jace analyt1que, 1991, págs. 50-51.
11
A<ir1an, un chiquillo a ut is ta de ocho años, me confesó, después de
s 1.. tc :1 ñt>~ de unalis1s:
1\ clri<111 · I~s tt>)'' tris te por hacer progresos.
<'. /11 .. ... 1>c> 1 <.¡Ul' te entristece?
1\ clr1rí11 C' u1111c.lc> l1ago progresos, caigo.
( '.1\l . ,,( ',1c•s'?
vive11cia dramntica de s us h()Spitalizac1ones (c¡t1( rt: C<lrcJ ~ 111<>S
1, 1

lo, había tocado sus oídos), le impidie1~on ente11dcr el se11tidc>


de las palabras, construirse un mundo interior hecho de ot1~a
cosa que de muerte, dolor y caos.
Jacques Lacan señaló, a propósito del caso de Robert
presentado por Rosine Lefort, la importancia de la única
palabra que el niño utilizaba: "el lobo" hacía de él otra cosa
que un salvaje. Este lobo inscribía en el orden simbólico un
nódulo de llan1ada:

Percibimos encarnada, en este caso privilegiado, esta fun-


ción del lenguaje, la palpamos en su forma más reducida,
reducida a una palabra -<:uyo sentido y alcance para el niño
ni siquiera somos capaces de definir- pero que, sin embargo,
lo enlaza a la comunidad humana. 11

Alrededor de est e pivote de lenguaje pasaba para Robert


el embrión de una ley.
El único vínculo que ligaba a Alicia con el 111undo y la
significaba por entero, residía en su incansable pregunta:
"¿Llueve?" íll pleut?]. "Llora" [ll pleure], dicen los niños
cuando cae la lluvia. Llovía Alicia, niña que se vaciaba, se
derramaba. Llovía una multitud de objetos de su cuerpo y de
la cartera de su madre, pero hasta allí ninguno le había
permitido cons truirse, ninguno era verdaderamente "Otro".
Esos objetos no eran más que "otros" que no le daban siquiera
la posibilidad de llorar. Cuando el padre no se inscribe en el
lugar del Otro, cuando nada puede pasar por la madre, y el
Nombre-del-Padre queda forcluido, la ley edípica no puede
hacerse oír al niño:

Ad1·iá1i . S1, caigo enamorado. Las personas hacen desdichado a l que


las quiere, yo no t1uiero hacer llorar a man1á.
[~n lu lraducción se pierde un juego de palabras fundamental en la
secuencia. r~ n e fecto, "ena morarse" se dice, en francés, tomber a11iou1·eux ;
litc ra ln1c11tc: "caer enamorado". N. de la T.]
12
,J. Laca n, Le Sé11iinaire, livre I, Les écrits techniques de Fr·eud ( 1953~
1954), París, Seuil , 1975, pág. 119.

127
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Dibujo 11

La fusión con la madre y luego el autismo ocasionan igual-


mente la falta de influencia del padre. Así pues, [estos niños]
no hacen la experiencia de compartir su madre con el padre.
Poi· lo tanto, su omnipotencia rebelde no s ufre ningún
menoscabo. Bajo su apariencia pasiva, los niños autistas son
sumamente voluntarios y tiránicos. 13

Constituirse un objeto fóbico fue para Alicia una tentativa


de dramatización edípica, un ensayo de triangulación. Lo
mismo que con cualquier objeto fóbico, había que poner este
objeto en el lugar del padre; pero no fue más que un intento.
Hay finaln1ente sol para Alicia, pero es negro. Es negro,
pero hay un sol. Esta es la trampa en la que ha quedado
Ll pi·esada (di bujo n º 11 ).
Alicia no es neu1·ótica ni perversa. Su estructura fue y
sigue siendo la psicosis.

i:.if•'. 'rus tin, "Vues nouvelles s ur l'autisme psychogénétique", l .J.P.,


'<.>I 72, 1991 , págs. 585-591, trad. franc., ed. Audit, pág. 8.

128
Sin dLtdft, no había ningun pc.icl1~c en Ja carL<'1·¿\ Vét<'•étli:t •11
. ,,
ses1on.
El trabajo con Xénophon muestra cómo para él se pl,1n Luéet -
ba de otro modo la cuestión de la construcción del objeto.
A los siete años no hablaba; gritaba todo el día, evitaba,
aterrado, la mirada y el contacto físico. El cuadro clínico
condujo a los psiquiatras consultados a emitir un diagnóstico
de autismo.
Pero si rcto111amos el hilo de las sesiones está claro que
Xénophon se hallaba mucho más presente que Alicia; tan
p1·esente que se veía obligado a huir todo el tiempo. No
hablaba, pero ya dibujaba. Su único medio de expresión no
e1·a su cuerpo. No se mordía ni se mutilaba. En el momento
de sus crisis de angustia se escondía bajo los muebles; para
huir de otro-que por lo tanto ya estaba ahí-, para huir de una
mirada que existía en el exterior, y no, como en el caso de
Alicia, en el interior de su cuerpo. Cuando e1npezó a hablar,
aunque lo hiciese susur1·ando por temor a ser oído, ya
formaba frases. Las palabras estaban ahí y tenían un
sentido. Xénophon tenía miedo de todo, pero su cuerpo no era
un objeto fobico. El objeto fóbico ya era exterior a él.
Ciertos fóbicos tienen, como señala Frances Tustin, un
"caparazón autístico", pero el objeto está constituido; tienen
acceso a la palabra, acceso al padre. No fue éste el caso de
Alicia.
Al concluir la exposición del caso de Robert, Rosine Lefort
se interroga:

No puedo decir si mi deseo abordó en los confines del Otro de


la Ley para Robert. Para ser rigurosos, sí; pero sigue abierto
el problen1a de la transmisión de este deseo al psicótico y de
la prueba de la r eductibilidad de la forcl usión del Nombre-
del-Padre. Lacan no pensaba - nosotros tampoco- que fuese
posible (lo cual no le impedía afirmar sin reservas la urgencia
de tomar psicóticos en análisis) (.. .), al menos (Robert) escapó
a s u des tino manicomial (... ). Nuestra experiencia nos ha
mostrado que a ciertos psicóticos adultos el análisis podía
evitarles la solución de la reconst1·ucción delirante del mun-

129
tlt1 111 lltlt 111 11 f' 11 ' l f1l1l1 l l1llt1 ,, , '1l llí1 ,,, 1111 1111 ( ,, 1 íl
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1 • 11lt1111tl'3il1lt· . . tt t'<>t1clucli1 lc })e1~n11te iniciar un ap1·endizaje

1, r-11 I~ •.11ti11 it l. 1>, , r< >so lt> eles pués de doce años de análisis me
e 1ij< > lt 11~1 111,1ñé111u e11 la que estaba realn1ente triste, ella que
1111 C<l11c>c1'1 la tristeza:
"1\licia i10 te quiere, Mathelin. Tú la hiciste demasiado
i11 f( liz. Ahora, Alicia no podrá ser nunca más como antes."
1

III. Jeremías
o ''el teatro del payaso''

Conocí a Jeremías ese ve1·ano, en la violencia.


Esperaba en mi consultorio a un niño que debía venir por
prime1·a vez, cuando el portero del edificio llegó si n aliento
11asta ini puerta para pedirme que interviniera urgentemen-
te. Un chico loco gritaba en el patio amenazando a todo el
n1undo y rompiendo los vidrios del vestíbulo. El gu ardián
intenló dominarlo, pero recibió unas patadas en los tobillos
que lo dejaron lastimado. La madre gritaba que tenía cita
conn1igo. Si yo i10 acudía de inmediato, el guardián llamaría
a la policía. "Francamente, me dijo, la otra noche una 1nujer
gritando e11 la escalera, después aquel hombre golpeando
todas las puertas y ahora un chico que lo rompe todo. ¡Un
psicoanalista en un edificio es como si hubie1·a entrado el
de1nonio en la casa! ¡Ocúpese usted, pero vaya sola, yo no
vuelvo n1ás!"

14
Rosine Lefort, en colab. con Robert Lefort, L es structures de la
ps) chose, op. ctt., págs. 643-644.
1

130
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burgués del tranquilo edificio. A su lrtclcJ, fiilc11cios<l, ]¿\ 111it(lr '
lloraba. Desde sus balcones, los veci11os con1enlabt111 1,,
escena.
Me acerco a él e intento hablarle. Le digo mi non1brc , le
explico que tiene cita conmigo, que no quiero in1pedirle su
fu ria, pero que esta1·emos mejor en mi despacho para hablar
de él; lo que viene a decirme no le incun1be a nadie. Para mi
gran sorpresa, acepta seguirme, aunque sin dejar por ello de
gritar. En el umbral, su madre n1e explica que grita así
después de haber visto, en la estación, a un histrión escupien-
do fuego. "Siempre -aclara- le tuvo un miedo terrible al
fuego, a las tormentas y a los fuegos artificiales."
Lo llevo a mi despacho mientras él repite sin cesar: "Tengo
miedo del señor que escupe la luz."
Cierro la puerta y procuro calmarlo. Le hablo: "El señor no
puede entrar. No se lo puede ver, no se ve la luz." Corro las
cortinas, el sol que inundaba la habitación esa tarde de julio
se tamiza; la penumbra parece tranquilizar a Jeremías.
Poco a poco se apacigua. Algunos sollozos sacuden todavía
s u pecho, pero los ojos están secos. Ya no grita.
Intento deci1·le entonces de qué modo las circunstancias de
nuestro encuentro hacen que yo no sepa nada de su historia.
No he tenido tiempo de recibir a su madre ni de intentar
comprender otra cosa como no fuese su pánico, y de procurar
con tener el mío; sin olvidar la llamada a la Patrulla, a la que
vecinos bien intencionados habían dado aviso, para conven-
cerlos de que no vinieran.
Jeremías n1e mira con asombro, sus ojos azules parecen
transparentes.
¡Qué curioso encuentro, Jeremías!
El se echa a reír y se dirige al escritorio para tomar
marcadores y papel.

131
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I~ 1·¡ 1 1~1J>l'i111<.! 1·:.1 v0z que un niño me proponía dibujar por él,
}Jt r'<1 c·11 c.)J ll¿111to de J e remías comprendí que era preciso que
1

1:1 L'<>S'l pas use por n1í, que en este momento a él le resultaba
in1pos1ble. No se trataba de dibujar en su lugar, sino de
dejarlo servirse de mis dibujos. Su angustia era demasiado
grande, yo no podía hacer otra cosa que seguirlo.
"Dibuja una casa sin techo, y un monigote, hazlo tú."
Sorprendida por la extraña formulación, dibujo una casa
sin techo.Jeremías parece satisfecho y comenta el dibujo: "El
monigote se había perdido. No encontraba su casa porque
había tenido un accidente. Está con una avería, su coche se
tiró al agua. En el agua hay un payaso. El payaso reía. Tiene
una nariz roja. ¡Buuum!, se dio. Cayó en el charco. Está
muerto, va mal. Hay hielo encima de él. Hubo demasiados
accidentes, tuvieron accidentes antes de él y ahora ya no
puede arreglárselas. Está listo. El coche del accidente hizo
pl uf, la 1uz, el fuego, el humo."
J er emías alza la cabeza hacia mí y vuelve a gritar: "¡No te
pongas los anteojos, quítatelos, quítatelos!" Me los quito.
"¡Ahí está! Te he dicho payaso; ahora me voy. Es todo."
Sólo después de n1uchas sesiones más me di cuenta de que
efectivamente todo se hallaba en esa primera entrevista.
¡Pero ese día no comprendí nada, con excepción del miedo de
,Jeremías! Se lo dije, y le pregunté si quería que recibiera a
s u madre. "¡No, no, mamá no, no quiero que lo mire!" Se pone
co1110 loco. "¡Ella no lo mira, no, no!"
Hubiese sido fácil, sin embargo, hacer entrar a la madre,
1>c' ro n1e pareció que recibirla era comprometer el trabajo con
,J cr e1n1as.
''¿, (~l1i e res volver, para que juntos procuremos entender la
l1istc>1·i<1 del monigote y del payaso?"

132
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gr·itos estridentes. "Mf1·alo, n1í1·alo." Al oí1·11os, li1111i1{lf'<' llc·j~1


la sala de espera y sorprende la escena. Je1·c111ít1s et t11.•cl ~t
petrificado. ((Tú no, tú no." Se tira al suelo, le da !)~lt;1c! :1 s,
vuelve a gritar.
"No, no, no empieces como recién", suplica la madre.
El se levanta, abre la puerta de entrada y empuja violen-
tamente a su madre. Ella grita por encima del estrépito:
"¿Dio usted otra entrevista?"
Sí, he dado otra entrevista.Jeremías se marcha, llevándo-
se con él a su madre y su payaso. La puerta se cierra tras ellos
y yo me quedo estupefacta, desconcertada, no habiendo
comprendido nada de cuanto acababa de suceder.
Cuando vuelve para la segunda sesión, llega en calma
hasta mi puerta.
St1 madre se muestra francamente aliviada por entrar sin
que Jeremías cause dificultades en la sala de espera.
Jeremías entra en el consultorio: "Quítate los anteojos.
Dibujas tú." Me pide de nuevo t1na casa sin techo y un
monigote, explicando:
"El monigote está perdido en el hielo íglace]. :i: Los coches
están en el hielo, como el vidrio [glace l de losan teojos; ya no
pueden salir. ¡Mira mis pies!" (Mi escritorio es de vidrio
lver·re'I, J eren1ías ve sus pies bajo el escritorio). "Mira, ellos
también están presos en el hielo íglace]. El monigote está
perdido, no tiene casa, no habla. El payaso lo ha lanzado al
hielo. Unos enormes ojos lo miran."

* Se suceden de aquí en más varios empleos del término francésglace,


que ltl traducción no puede verter sino en s us difere11tes correspondencias
cus Lellanas; a un cuando en cada caso insertemos el tér1ninos original
en Lrc corchetes, el lector deberá atender a que en el discurso de J eremías,
glace aparece nombrando sentidos diversos, como "hielo", "vidrio", pero
L~1n1bién en juego sinonímico con "espejo", mencionado oporLunarnente
como 1nir·oir. [N. de la T.]

133
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" l ,<1~ c1j cls ele lit :tr·a11tt. 8011 grandes como montañas. Viene
,, ,,. lr1 111 1c l1l cs t¡í cnve11enada, gorda como un hombre."
1
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1
< <Jtl t i11 Út\ : ''Ya ves, fue el payaso el que lanzó al monigote
ti l1 i<. lc) J)<.lra vc11garse."
1

Yo ¡J1·egunto: "¿,Quién es el monigote?"


"Es el otro alguien." Prosigue: "El payaso está en el agua,
~ n el hielo de las palabras, sin poder moverse, sin hablar; no
.i c 11e der echo a salir. "
C. M.: El hi elo de las palabras, ¿es como una prisión de
) a la bras?
~J. : Sí. T end1·ía que vivir en el país llamado palabra. Pero
1l lí 110 pued e h a blar, está listo. Bueno, volveré . ¿Y mamá?
c:.M.: E s tá en la s ala de espera: la vez pasada no quisiste
1ue h a blase con ella .
J .: No quiero que venga.
Vt1e lv·e h a cia el escritorio y da vuelta el dibujo poniéndolo
:le car a contra la mesa. Le digo que quizás no quiere que ella
1eu lo que s ucede en el despacho o que oiga lo que decimos.
~ l hace señas afirmativas con la cabeza. Entonces le propon-
~º que vayamos a buscarla a la sala de espera. Contentísimo,
v-iene hacia mí, me lleva a la puerta y pone mi mano en el
pica porte.
U na vez en la sala de espera, se apoltrona en su asiento y
:it1ed a a bsorbido por un libro. Durante toda la entrevista no
leva ntará la cabeza ni una sola vez.
La madre cu en ta.
J eremías tiene ocho años; está en C.E. 1 de una escuela
privad a de orientación Montessori, pero, según los profeso-
res, no tiene nivel de C.P.
P er tt1rba la clase con su comportamiento inquieto y agre-
s ivo. Se hace el payaso todo el tiempo, ríe sin motivo,
gesticula en todas direcciones agitando brazos y piernas
como un pelele desarticulado.

134
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<'S C'Llf'ltt <.'l'L~{' <}ll<' 11c1
J><>clr:\ H' 1 1~t1ir l'(•t•il,1c•11tlc1lc1 .
Tiene un n1iedo panico <l ln lt1z y :-\J f'uegc> A 1<>8 cl<1s :lt c1s f'l11 ·
etiquetado de autista y luego-como habló r¡11)iclrl111c!11tc·- el •
psicótico, a causa de todas sus manías, de esa ina11c1·¡:t (}tle
tiene de mover las manos, de gritar sin razón, de decir qtt<!
tiene miedo todo el tiempo. No contesta cuando se le pregun-
ta, reacciona de cualquier modo a las personas y cosas sin que
se entienda por qué.
Tiene miedo y da miedo a los adultos, que no osan quitarle
la vista de encima e intentan vanamente calmarlo, tranqui-
lizarlo o sin1plemente convencerlo de que pare de gritar.
La madre de Jeremías se analiza desde l1ace dos años. Me
explica que hoy es consciente de la difícil situación en que
debió de encontrarse su hijo en el n1omento de nacer: el año
anterior ella había parido prematuramente un varoncito que
tarnbién se llamaba Jeremías; este niño vivió unos pocos
días. Al decir de la madre, el segundo Jeremías fue concebido
el mismo día para el que estaba previsto el nacimiento del
primero: "Toda esa historia no me significó sino un embarazo
de dieciocho meses", dice.
El segundo J eren1ías nace a término y con buena salud. Es
un niño muy tranquilo, sin problemas, salvo algunas dificul-
tades para terminar sus biberones: "¡Me llevaba un tiempo
loco! Siempre se hacía rogar, pero yo sólo lo tenía a él y no
tenía ojos más que para él."
Jeremías tiene un año cuando su madre queda embaraza-
da de nuevo; en este momento, ella está feliz. Recuerda que
al con1enzar este tercer embarazo empezaba por fin a vivir de
nuevo, a olvidar al primer Jeremías, a no tener más miedo;
sabía qt1e otro hijo les haría bien a los dos .
En el tercer mes, estando sola en casa con Jeremías, sufre
un aborto espontáneo. Presa de pánico, llama al Patrullero,
que la lleva de urgencia al hospital; lleva tan1bién a J ere-
mías. No era posible dejarlo en la casa solo.
Jeremías grita. Es de noche, hay estrépito de sirenas, luz;

135
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ll)lll l t 1)1 1H<l1 ~·11licllll,( 1 S VIVl~ HCJ l;t CC)ll st1 l11jo.
l\]~1 •sl,1·c1 ele• j11rtlí11 ,fe i11l'tlntcs, logra tener en su clase a
tres ¡11ios st)g·uidos a causa de sus dificultades:
. Jc iJ 1•111ít1s
'' l~: L< 11i1iu re?c1uc1·ía una vigilancia permanente, otra maes-
1

Ll'il 110 lo 11abr1a soportado."


Ahora desea que también él pueda hacer un trabajo
tt11,1l1tico que "lo ayude a vivir". Jeremías, al oír llorar a st1
111élCi1·e, levan La la vista de su lib1·0. Va a acurrucarse contra
ella: "No hay que llorar, el monigote fue tirado al hielo, no hay
que llora1·."
"Ya ve, dice la madre, dice siempre cualquier cosa." Enton- 1
ces Jeremías se incorpora, corre al pasillo y se pega al espejo.
"¡Mira al payaso, mira al payaso!,, Su expresión es desespe-
rada. En este preciso momento se me impone lo insoportable
de su naufragio. Jeremías se ahoga en ese espejo. Me
interpongo entre el espejo y él; entre él y la imagen del loco.
De espaldas al espejo, de cara a él, le impido ver al payaso en
el vidrio. Paralizado, deja de gesticular y me pregunta:
"¿Dónde está el payaso?" Ya no parece ansioso sino muy
intrigado.
Le r espondo: "El chico que veo delante de mí es Jeremías,
Jeren1ías, que tie11e ocho años y no dice cualquier cosa."
Se va, con expresión seria, perdido en sus pensamientos.
A partir de ese día, y durante cinco años, las sesiones de
Jeremías no volverán a ser tan violentas. Llegará sereno,
aceptará que yo hable con su madre regularmente, pero sólo
en la sala de espera. El padre, por su parte, vendrá sólo dos
veces, dos veces que serán de una importancia considerable
para J eren1ías.
Las dos primeras sesiones son espectaculares. Se hacen
ve1· como un espectáculo. Jeremías instala el deco1·ado y pone
a los personajes en escena. En primer plano, el payaso

136
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t!Rt' <'8tl<. .J<J, ll C> l1 tlY 11:tdll ll1 ( ~ C(ll' i111:l(tÍJl:t1·ic1.
1

Su n1é1dre er¿1 s in d ud<1 dcn1asinclo <'.~f 11¡Jc•/(1c:1<·11 I<' . , 11:111clc,


la miraba, él no podía enco11tra1· a eseot1·0 4L1e l<> 111ir·;trí:t . 11;11:1
no permitía ninguna otra mirada. El 110 pod1a ver i11ás (}Llt' ¿tl
Jeremías de su pesadilla, prisionero de una jaula de vidrie>,
con la nariz lastimada por los repetidos golpes en el int.c11Lo
de salir de ella; este hermano, o más bien este doble conve1·-
tido por deslizamiento metafórico en pobre payaso desarticu-
lado.
Mirar· a la madre que mira a otra parte le habría permitido,
sin dejar de alienar se en ella, ubicarse. Pero, a falta de esto,
él no podía terminar de "fabricarse", abandonado al f antas-
n1a y a lo innombrable:

Así esta Gestalt, cuya pregnancia debe considerarse como


ligada a la especie, aunque su estilo motor sea todavía
confun di ble, por esos dos aspectos de su aparición simboliza
la permanencia mental del yo (je] al mismo tiempo que
prefigu1·a su destinación enajenadora; está preñada todavía
de las correspondencias que unen el yo Ue] a la estatua en que
el hombre se proyecta como a los fantas1nas que le dominan,
al autómata, en fm, en el cual, en una relación ambigt1a,
tiende a redondearse el mundo de su fabricación. 15

El payaso es a la vez amenazador -puede agredir- y


víctima de los accidentes que lo precedieron. Este n1ismo
payaso at1·ae por venganza al monigote-chico a la prisión del
espejo, allí donde la muerte impone el silencio.
Porque he "impedido" al payaso, separando a J eren1ías de
su imagen hipnotizante, éste parece despegar por fin al
primer J e1·emías del segundo. Yo lo nombro. Le digo que sus
palabr·as iiene11 un sentido. El se calma. Como si hubiera que

J. Lacan, "Le stade du miroir comme formateur de la fo11 ction du Je",


15

E crits , París, Scuil, 1966, pág. 95.

137
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1l•1111•1 ~~ 1 '':1t¡11 '.vi 1 11<> Li "' 11t• 1>:1 l«lbt·cts que i11 te1·ca111biar, que ya
'''' t 1C!11t· 11Lrc> i11l< r<· s cit1e t~ste nir10 y los cuidados indispensa-
1

l1l1·s <¡tl<' se• le· tit~l>c.'n p1·ocu1·ar.


'' 1... it :-;~1t1sf'¿1ccio11 de la necesidad, dice J. Lacan, no aparece
( ... ) si1lc> t•omo el engaño contra el que se estrella la demanda
e l<~ <1n1or." 16
En la décima sesión, Jeremías, mientras yo dibujaba por
él como de costu1nbre, se enoja: "¡El monigote no es así! ¡Yo
no quería un n1onigote vestido! ¿Por qué has hecho un
monigote vestido?"
Explico a Jere111ías que las cosas serían mucho más fáciles
si aceptara dibujar él mismo lo que quiere. Porque yo no
puedo sa ber lo que a él le gustaría dibujar, y, pese a sus
indicaciones, mi dibujo nunca será exactamente como él
quiere que sea. Aquí es él el que puede decir.
Por primera vez Jeremías toma el lápiz de mis manos y
dibuja un monigote. Cuenta a su respecto la historia siguien-
te (dibujo nº 1):
1


~,,.-- -
............._........;..__ ................_....__ª____

Diht1jo 1

"Es siempre el i11onigote el que está prisionero del hielo con


también el payaso. Hubo una tormenta muy fuerte y fuego
de luz. La señora, no el papá, impide que el chico termine
aplastado. En el hielo hace mucho frío."
Yo pregunto: "¿Qué hay en el hielo?

1
" .J. Lacan, "La direction de la cure" (1958), Ecrits, op. cit., pág. 627.

138
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hiclo-v id1·io. Es ta hace sa11grar la tlélriz ele.' l '' 11t.c> c¡ lt< • s<· t~ I t<> ·:1
uno contra ella en el desesperado intento dt' s<tlir· J J,111¡11·i~
roja del payaso es la marca de la 11erida: "Se gol¡Jt'o la 11¿11·1z
contra el hielo." Hay siempre coches, acc1de11Les y c~lS <.l ~
abandonadas después de los accidentes.
Al comienzo del segundo año recibo a Jeremías con su
padre. Este dice no ver a su hijo con frecuencia porque se
sintió inuy culpable de haber "abandonado" a la madre.
Habla igualmente de su primer hijo, el otro Jeremías, en el
que todavía piensa muy a menudo. Si no hubiera muerto,
quizás su mujer y él no se habrían separado.
Mientras su padre habla, Jeremías se po11e a hacer un
dibujo diferente (dibujo n º 2) del que hacía en cada una de las
sesiones: dos casas - una de ellas provista de techo- , una
charca y un monigote que parece sostener una de las dos
casas, la que no tiene techo, para que no se derrumbe.
Comenta: "Hubo una tormenta muy fuerte al lado de la casa.
El papá y la mamá encontraron al monigote. Había tormenta
y una luz. Una señora viene por la calle para salvar al
n1onigote que iba a ser aplastado por la mamá, pero alguien
impide que lo aplasten. El chico se salvó; el payaso quedó en
el hielo, su 11ariz está cada vez más roj a. Se golpea. El chico
se salvó del hielo."

'
• •

Dibujn 2

139
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t 1 l 1J(l11 1 11 ' l111111:1 1'1•¡')t: t1 "11ci•1 l 11t·l tis<> I<> recibi1~a co11 basianie
r l'l• 11! 111' ttlf1(l lc>~, fi11 es cll' 8t!!11tll1<l.
1

1 • ,,,, ·s cll·J 1)1·i111c)r enclAcntro con el padre, Jeremías


·11111 itJ11 z: t (l J1;1c·(_~r verd t1deros progresos en la escuela: apren-
cl 11 lt•c.•r y (l escribir, puede resolver problemas de matemá-
l ic(\8. hAnLcs de esa época, decía su maestra, las consignas no
te11ía11 sentido para él."
¿En elj uego de las dos casas -qu e siguieron algún tiempo
('11 sesión- pudo poner Jeremías en escena una casa de antes
ele la partida del padre y una casa de después? ¿Una casa sin
"loi" y una con "toi"?* U na con triangulación y la otra sin
t1·iangulación; debiendo, la que ya no tiene toi, ser sostenida
por él, identificado con la cruz de un cementerio.
"¡Mira, me dice J eremías, riendo, tiene cuerpo de cruz!''
Cue1·po en cruz sacrificado al goce del otro. ¿Tal vez sin él,
sin su sostén, s u madre estaría realme11te muerta?
U nos meses más tarde, al comienzo de una sesió11, la
madre me explica que Jeremías está muy inquieto porque el
marido de su nodriza, a quien quería mucho, acaba de morir
repenti11an1ente.
Jeremías: Tenía bigotes. El doctor atendió su nariz pero él
se fue al hielo, no, al cielo.:~*
Pregunta: "¿Por qué uno no puede ir al cielo? Los papás y
las mamás lloran cuando entierran a su hijo en el hielo; ¿tú
sabes cuándo vas a morir? ¿Cuándo morirá Jeremías?"
¡Cuándo n1orirá, por fin, Jeremías! Le hablo de s u h erma-
no n1ayor muerto. El dibuja al payaso (dibujo n º 3 ) y comenta:
"Es un payaso que pesca todas las desgracias; el monigote, en
ca1nbio, no las pesca, pero pesca las preocupaciones, tiene
miedo de caer en el hielo."

'"En la traducción literal se perdería necesariamente la asociación por


}10111c)fcJ111a entre toz, ''tú, ti" y toit, "techo". [N. de la T.]
** La proxi111idad íonen1ática de la traducción es cas ual; no exis te en
fru11cés. [N. de la T.J

140
-

..
- ....J ,.,...,,_

Dibujo 3

En esta sesión Jeremías ya no se detiene ante el espejo 9.el


corredor. Dice simplemente, cada vez que se va: "Ahí está el
payaso'', pero ya no necesita hacer de payaso, esta vez se ha
separado verdaderamente de él.
Al mori1· el marido de la nodriza, J eremías, perturbado,
asiste al entierro, va al cementerio y pide ir a la tumba del
hern1ano muerto, donde no han querido llevarlo hasta ahora
por miedo a traumatizarlo.
Para Jeremías, el marido de la nodriza está bien muerto
y enterrado. Comprende por primera vez que no volverá
nunca. En esta muerte se han entremezclado lo real, lo
simbólico y lo imaginario. Su "tío", como lo llamaba, descansa
en paz. Ya no está prisionero del espejo. Antes de asistir al
entier1·0, Jeremías no estaba tan seguro; pero finalmente lo
aceptó.
Cada progreso en la cura de este niño parece haberse
articulado no a interpretaciones, que al parecer habrían
resultado inútiles, sino más bien a la puesta en escena de su
teatro interior, de su extraordinaria vida fantasmática.
El misn10 juego, repetido una y otra vez en cada sesión,
permitía sin duda que su historia pudiese finalmente inscri-
birse, que se le pudiese dar un sentido.

141
.J. l t lJl1l 11 111 1 L'I Jlll 111 11 1 ¡>fil fl l l l~ < ) f 111' , . , lt 1 lt l (l ,,, . , , ,, ,y:1S tl y
11 1 1111 1 111 f~ t1l1 1 , l:t s i1~ 1 1i licé l l'i<> 11 llt•l villr·ic> t fl lt' l1 rtlJÍfl
¡tt 11't t c¡l tt'
11 11L 1'< 1111111·r 11~1 1·¡, c ·~ t:l 111 i 11· clc•l 1l1t111tlo de l<)S 111L1crtos se
1

rlil11 "i1l r1Rc•; J>ítrr1 c1t1r c.\ l l11c lo, e l agu a y el espejo detuviesen
¡1111' íi11 t·~< · c.lt•sl1z¿l 1111e 11to m et on ímico en el que J eremías se
1 ~xt1·:1 v i < tl) ~1. Es te nii1o puso en escen a s u h istoria -en el
1111 ;íli s1s 11<) es el analista el metteu r en scene-, obtuvo en la
t r 4t11 s fc.)1·encia , sesión tr as sesión , un punto de a n claje que le
l) l rn1itió escribir su teor ía, s u propio mito.
1

f)espués de ct1atr o años de a n á lisis , y a partir del segundo


e r1cuentro
.
con su padr e, J er en1ías ab ordó tem as más edí-
J) l COS.
Los dibujos seguía n siendo los misn1os: un a casa, un
r11on igote, una cha rca, pero a pa r eció un petirrojo [rouge-
.i.;orge ]. Es te pájaro vigila ba en cima d e la casa y expulsaba "al
n1onigote-chico que quería est a r bien tranquilo en casa con
s u tesoro br illar1te y s u m a m á ." El petirrojo er a, en re alidad ,
Ltn "corta-cuellos" [coLlpe-gorge] * que impedía a todo el n1un -
do h a cer "lo que quier e".
J erem ías: El ch ico y su m a m á tienen miedo del coup e-
r·cJuge-gorge . No tien e que venir. El m onigot e quiere matarlo .
¡Vet e! Es m uy peligroso, hace llora r a las mamás. Cuando el
chico quie1·e gritar , los pa pás tiene n la paliza lista.
J e remías venia siempre a s esión acompa ñ a do por su
n1adre. E sta hablaba poco de s í mis ma, de lo cual se ocupaba
e n s u propio análisis. S in emba r go, habló mucho de s u
r elación con J er emías. P ese a su s ufrimie nto y a su a n gu s tia,
con s ig uió dejar lo irse de vaca cion es por un t ie n1po a cas a de
una fa milia amiga , lejos de s·u vigilancia. Recuperó lenta-
1nen te confianza en sí m ism a. J er emías estaba a l1or a en 5º
y seg uía s us cursos correctamente . ¿Iba tal vez a salir de
aprietos? Ella volvía a ten er es per a nzas .
Duran te el último año de s u a nálisis el monigote comien za

• N L1estr a lra ducc1on es lite ral; e n rigo r, se le llama c<1u¡Je gorge a un


8 1L1 0 pe ligroso, frecuentado por malean tes. A s u vez, litc ra lr11c nte, rouge-
ÉÍ''rge es "cuello rojo". [N . de la T .]

142
fl ( 1 11<1 (tJ'1111r::tr11 1 11 !JftBI 1 le• 111111lt•l t 11· .J 1
1 11\ l tti, 11 r1l11 ti •
St>H i l'1 11 , :1j\1!-)tft frt•11tt • ;11 ·R ¡Jc ~i< > S ll lll(J1lll 111.11•1¡>11 'fl , 1•'111 1111111 111
te pllCtlc 1'('llf)CUtllf4\t'Hl', (ISllll\Ír· llll[ l i11111¡~t·11 :
11
l\ t1Hl t1 t.•.
co1nprender el estudio del esp0jo c·t1111<J r111lt ic /(•11t1/1f ·r1t't<J11 t• 11
el sentido pleno que el análisis da«.\ es Le it'r111i11c1 : <l :-lill>t'J', l r1
transformación producida en el s ujeto cué1ndo a s t1111c~ t11t:\
imagen."17
El monigote prepara un viaje a un país lejano. Ayt1dncic>
por una sirena de mágicos poderes, construye un barco
fabuloso. El viaje será largo y terriblemente peligroso: una
odisea. Los preparativos suelen verse interrumpidos por
temibles enemigos a los que es preciso combatir; las regiones
a atravesar, una vez que el barco se encuentr·e en el océano,
están llenos de riesgos y de trampas. Pero el n1onigote
continúa su camino y ya no puede volver atrás.
J eremías: Una anciana le dice a un niño: "No quiero verlo
más en mi casa, ya es grande, es hora de partir." El chico
quiere ir a la aldea de los hombres, al país llamado palabra.
Pero el camino es largo y dificil.
Ultimo acto, último cuadro. Jeremías se inquieta: "Allí
está, hay una terrible luz, y una tormenta, allí está la aldea
de los hombres. Hay un papá que dice: ven, la aldea de los
hombres es alegre."
Jeremías, al caer el telón, se vuelve hacia mí con
malicia, y me interroga:"¿ Te acuerdas de cuando tenía miedo
de su luz?"

17. J. Lacan, "Le stade du n1iroir", Ecrits, op. cit., pág. 94 .

143
Tercera parte

EL BEBE SABIO
a misma alma g bie na los dos cu rpo .. .).
cosa deseadas por la n1 dre uel n quedar n1ar . .
cadas en lo miembro del niño que la m dre
porta n el momento de u deseo.

LEo ARDO DE Vr CL
1.
'
l. Cierta mirada actual sobre el bebé

Ernesto está evidentemente mucho más dotado para el


modern jazz que para la música clásica." La señora B.
efectuaba esta afirmación con absoluta seriedad. Embaraza-
da de cuatro meses, acababa de iniciar a su hijo en el
aprendizaje de la música y el solfeo gracias a un novísimo
método japonés. Esta técnica derivaba de descubrimientos
científicos recientes que permiten afirmar que el feto oye ya
desde el cuarto mes de embarazo.
Pero, ¿no habría sido un tanto inconveniente ''tratar" a
Ernesto de feto ante la señora B.? Se conocían su sexo, su
talla, su peso, su nombre. Fotos de él habían sido repartidas
a los a1nigos, y el domingo por la tarde, entre las diapositivas
de las últimas vacaciones en Trouville y el videotape de los
progresos del sobrino en esquí, podía contemplarse el casete
de la ecografía de Ernesto.
¡Los bebés ya no son lo que eran!
Antiguamente sólo podíamos imaginarlos, soñarlos. Hoy,
el mundo de los progresos científicos ha convertido nuestro
ensueño romántico en un saber con pretensiones de verdade-
1~0. Si se ha probado que el bebé nos oye desde el cuarto mes
de vida intrauterina, nosotros, en ''revancha", podemos

149
\
1
1 I• > l ~l'J I 1 11111·1 1cl t1 ¡1tt<·<I • S l't' <·:111cli(l<t , c111ot1vt1 , irritada<)
,,, , , \' 111· : 1 itl111b1ó11 cie11tífica. !)ara eso se
¡11 1 1'<1 ¡>ltt•(lt! s t!1·
t 1•c1' 1ic· 1 L 11 :1 I¡~ ti tlf\ S cor1dicio11es: el ojo que mira debe ser el de
1

1111l' l(•11l1l1t'C >, lo CLtal garantiza (según los científicos) que no


~ < · r (i <·:111tl1 clc) 11i emotivo ni irritado ni perverso.
S i 11do el experimentador, por definición, neutro e impar-
<:i:t l, rlc> siente: mira. Debe borrarse para no invalidar la
l'XJ>t 1·ic11cia. 1
1

l ~s té.1 mirada científica se llama observación, y esta téc11ica


t¡t1 e conoce un inmenso éxito desde los años 1970 está en vías
ele> s uplantar a todas las demás.
Cie rtos psicoconductis tas se valen de un criterio semejan-
te para explicar la teoría analítica como un delirio freudiano ,
como una construcción desprovista de toda razón de ser. Los
<1 nalis tas, duchos en este tipo de debates , apenas si se con-
mueven ante las manifestaciones de los detractores que
denuncian las escasas "pruebas" cientííicas suministradas
por el psicoanálisis. En realidad, hablar de esto con ellos los
divierte.
fvlás delicado es el abordaje analítico de la experimenta-
ción. Ciertos a11alistas , en efecto, de ya afianzada reputación,
embriagados sin duda por el mismo sueño que Freud de
volver por fin más científico al psicoanálisis , quisieran conci-
lia r observación y psicoanálisis a toda costa. Refundarlo a
pa rtir de experiencias científicas de laboratorio> hacer de la
observación una técnica analítica> un método asistencial.
La observación, que estuvo presente siempre en la cura,
está inserta en la transferencia. Hasta aho1·a el analista
nunca había sido un experimentador, y el deseo del ana-
list a nunca se había confundido con el del observador.
Freud solía recordar que el análisis sólo podía conocerse de
"oíd as". A partir de los Estudios sobre la histe1·ia,'2 el acento

1
E l O.JO de la cán1a ra, por estas n1is mas r azones de impnrcia liclad , st1cle
pref<.•r1rse al experimentador , que sólo es tará ahí para decodiíic.:r1r im agen
p<>r in1age11.
:¿S. FreL1d y J. Breuer, Etudes sur l'hystérie, París , P. U.~~., Bibliolhe-
q uc de psychanalyse, trad. f ra nc. Anne Berman, 1956.

150
recayó siempre en lu e:;cucl1a y J1<J t•11l(t111iré\<ltt 1~;1 t•11<·11:t<lrc•
de la cura, la posición del paciente acostado, f'avt>rl'c011 f ¿\
apertura a lo que no se ve, a lo invisible, a lo que podr1:1
desprenderse de la imagen y de lo imaginario. El observador
privilegia la mirada científica. La cámara reemplaza al ojo
porque es más "neutra"; por las mismas razones, el espejo sin
azogue se prefiere a la presencia física del experimentador en
la sala.
Se utilizan el ralentí y la detención en la imagen para ver
lo que no se ve a simple vista, como un ''microscopio para
conductas". Nada debe escapar a la observación. Ver cada
vez más, ver cada vez más lejos.
El analista, por su parte, intenta oír más allá de las
palabras. Registro éste demasiado diferente como para que
ambos enfoques puedan conciliarse.
Detectar, cuantificar conductas, borrando los parámetros
subjetivos y lo singular, evitando al máximo la incidencia
personal del investigador, que falsearía la experiencia, es un
proceder que va a contracorriente del proceder analítico.
Alain Vanier lo recuerda en un artículo del Journal des
p sychologues::3

Lo que la observación( ... ) quiere eliminar en tanto artefacto


es la presencia del psicoanalista. Ahora bien, ésta no desvir-
túa la situación a observar sino que quizá, precisamente, la
estructura. Para cerciorarse, cabe remitirse al artículo de
Winnicott de 1941 titulado "L'observation des jeunes en-
fants". Muestra allí cómo la observación sólo vale tomada en
el tratamiento. El analista está implicado en ella hasta
l1acerse morder literalmente los dedos , pero también porque
lo que hay de terapéutico en este trabajo entra, en mi opinión,
en el hecho de que se deja el campo a todo el curso de una
experiencia. 4

:iA. Vanier, ''On observe un enfant", Journal des psychologues, nº 96,


ab ril de 1992, pág. 25.
4
D. Winnicott, "L'observation des jeunes enfants dans une situation
étable") De la pédiatrie a la pS) Chanalyse) París, Payot, 1987.
1

151
l\ l 111111 1 lc1 l 1111d1l1 •111 r1 ¡Jl f111l1 t 11lt1 r1 le> 1111 11l1 t 111 ,,J, 1111; • el•
111 1 1 1 1 t¡111 ~ f Ir ti 11 •1•11 •1'\lt 1 A clt•, c•t1l>1' i111jc •t11t>. Ac>l>r' • J: 1H ' c1111¡1t •·
11 c• 1 1 1 f~ flc l l11c"' i :111l1 1, " l liR Nl:tjt'l-l LY tllt' 1~1\l)y", C<>tl10 lo ll t1111:1 -
l 1 ~'11rt 1<f . fJrt 1<·11>1tt•11 tt11 fJc1·1ocio de dcli1·io pedagógico? Des-
11 ·c1clt·11:11111 ele lo imaginario, ensoñación narcisista
' 11L<>
: ~ 1 <.:t• r L ll( l t.1; ese i1iño que ayer no "podía nada", se habría
•t· 11<>llcly todopoderoso.
l) tªscic que los "sabios", nuestros narradores modernos, se
clin a ron sobre las cunas, hemos aprendido que los bebés
í¿1n correctamente (experiencia de R. Fantz).5 La distancia
:al es buena y, desde que nacen, se comprueba en los bebés
l seguimiento vis ual de los objetos y una posibilidad de
ación. Se sabe igualmente que oyen y que pueden reco-
1cer las voces de s u madre y su padre, entre otras voces
imanas. La experiencia de Mac Farlane 6 demuestra que
1elen . El olfato está ya presente puesto que saben, girando
cabeza, r econocer un algodón embebido en la leche de su
idre. También pueden preferir unos estímulos a otros. En
81, Sh errod7 demuestra que miran con más atención
·ur as simétricas (¿como el rostro humano?). Son, pues,
paces de difer enciación. Son numerosos los trabajos, casi
!mpre norteamericanos, en los que de manera rigurosa se
muestra que el recién nacido es capaz de concentración,
)mbro y aprendizaje.
Caroline Eliacheff, 8 en su libro consagrado al psicoanálisis
l niños muy pequeños, relata una experiencia vinculada

' R. Fantz, "Pattern vision in newborn infants", 1963, Science nº 140,


:s. 296-297.
; J . Mac Fa rlane, 1975, "Olfaction in the development of social
ferences in the human neonate", en M. Hofer ed., Parent-infant
~raction, Amsterda m Elseirer.
Sherrod, 1981, "Issues in cognitive-perce ptual development. The
cial case of social stimuli", en M.E . Lamb a nd L.R. Sherrod Eds.
ant social cognítion), Hillsdale NJ Erlba urn ed.
Caroline Eliacheff, A corps et acris. Etre p sychanalyste avec les tout -
ts, Pa r ís, ed. Odile J acob, 1993.
"Les sur pren a n ts calculs des bébés", Karen Wynn, Le Fígaro (31 de
sto de 1992).
e
partos, como lo u . t
quiatra, cuando filma 1 e p o
mientras les toma paralelam nte
E plica científicamente que "la pri era o i
nada por una ecreción bioeléc rica del ce eh : n
p 'ptido" .10
si bargo, ¿hay recuerdo m , s intenso que e mom n-
to en que por fin n os brazo de su madre tra la tempe d
d 1 n cimi to, el b bé le onríe? ¿Qué sucede en e te
·nst nte? ¿ n ·ecreción de neurop 'ptido ? e uro, puesto
que la e· n i lo pru ha. ero ¿e lo "nico que hay? E t
r to" ¿p d r ua tificado medido r gist ado en un
tr z do l t ncefalográfico? El r sto esjust ment lo que
d d .i interroga al psicoaná i i . ¿Ten . mos un
t 'cn·c p r ed"r el de eo?
Deso · · t do y desamparados, lo inve tigadore inten-
tan aco, . 1pensamiento. Al acecho de los primeros signos,
se "arroJ '' obre los bebés ya en la sala de partos, no para
d rle l ie venida s·no para evaluar de qué son capace ,
sin pr ocu . se realmente por lo que son.
Ya lo n -Iaba Catherine D olto-Tolitch en La révolution
1

des petit pa :

¿El · 1de salud global es tan bueno en general en nue tras


C l
1

o o para que podamo rec ·bir a la mayoría de los


co tanta ignorancia, tanta violencia inútil tanto 1

p to porelsujetoquesonyporlaper onaendevenirque
.p , y para que podamo torcer a volunt d ta
y et ria hun1anas? Porque s· la a,cogida puede huma-
.z r mbi , 11 puede de human· zar, y este modo d empezar

10
ori Cyrulnik, La nai anee du sens La Villett , achet e, 199 ,
pág. 83.

153
l

do,
D' p o i po n-
1 do? lien ,son tida , al de eo,
lo ·magi 1ario.
d 1 l
r q u el n al e tre o d fi r 1
·f ·· l io jt tan t po ~qu no habla. egún , · ni 1
ui ·ción d l l ng aj , la diferen ia entr lo
· i · 1o r pr . i a o ali n al niño y l ce perde
-11 u11· _, e p cida .

t r dójic n n n1i n ra, q LJ 11 nguaje e i nd con ·id -


l ll1 T1 u L~t · · p h n i ~ d J re lid, _d 1 u d u 11i-
1 bi 'n 1 111ec n·, o de ormaciói d 1
qu he1110~, h el o · lla. 12

utor ant
'poca de lo v rbal ·stiría
1 ""'Í 1ismo ng iaj vendr'a de pués a
lf fal o í mi no . in emba go ¿no el
ngu · j lo tructurant lo que cr, · l sujeto un cuando
l p ·io a pe. y s - la alien ción?
¿D q é · · bio en el fant n1 d 1 adulto, e te b bé
qu . no (. 1·? u rficiedep oy cciónid -· l ¿no . abiod
nu .. r o , prin ido de un sab r l '"U lidad?
n le an, li i. d · dul o. renczi not b qu 1 s e· ntes
l'a o - · r b ·. e pac de "bi, h(, 1 de ser
· rudi to y d d r · plica e· on s ci ntífica '·

11 p · r·t e d lo · 11 os q 1 p n t n e.. i1 ~ d m i-
f e~ o y que h IJodid tulliar, p r cen ilust ~dos por la

11 .: ,1 alto- litch ~ cct1eil e hurn ni ation de l enfan


d, l roit. La r~i,, ollltio1z de petits pas, , · arp , Li rr t
' . . ] .
tE r L mor1de inter-p rsorinel du riourr·1: ori, P ís
r· ro l 1 pág. 2 7.

15
lu goqted· "n l
J11 n1archa las fue za d ,
1 ciente d 1 mi n10 gén ro n 1 11. "
ilu. t1 r 1 ah r fectiuo d lo 1 · - o ob 1
b· . f ase con 1 que concluy u tí
med·t da hoy m .. qu nunc ?
pl nt una cue tión qu no · ¿, ca a im ar n · :
l del in1p et de e a experin1ent c·ones sob el niño. L_
ob ción de la aptitude cogniti as 1 ac nte impon
om t rl · una "tu e· ón d exan1 n cu· ndo e pre nd
ch qu pacid d de discrinünar los colores localizar
ori n taci , econocer figuras geomé ' rica. , etc. Pero 1
xperi n co nphca aun má si s pr tende ev 1 r lo
que i el q ear su adaptabilid d, u ' juste" con su
m dr.
· . . · ,tro ucida por D. St rn sum men , difícil
i · . V amo · un tipo de experie ci que 1 d fin :

· qu con i ,te en g r r :.rturbacione . conc tas


cció atura! o rn- 1 ur l , apoy e b 1-
l inve igación br primer infancia. P or 1

procediilli nto del o tr irnp ibl (Tro ick, 15


, 1 i~. t en pedir a la m dr o 1 p 1~ que adopte·n un
r tr i11 pa., ible imperturbabl - in xpr ivo. n el e rso de
r cción al crear, un pe1 urb ··, n l flujo
1 p queño de d lo , ti n1 ..~ p rt rb

czi bLe r · ve du nourrisso 11 .. av c1nt", 0 Eitur s corripl )t s


1
1

7 tr .d. fr ne. J. Dupo·n t l\ . \ ' iliker, e pítulo


1

Ill,
~ ' 03.


ronick, ~ A , L. Adamson, S. Wi -·e, T.B. Brazelton, 'The
í ( r ·po11 to intr pn ent b tween con r· dictory m s -ag ~ in fac -
1

tc>-f in er· ction'', Journal of, Child P ycliiatry, 1978, 17, -13~

155
ll J\l' t f11111 1 11I t' .~ t l' f 11 •11 11111 1t t 11 l 11.1 y 1•111l11 '-\ t 1 .4 111 l:ll1111 1 11(1• , lc1 f'tJ 11I t-:1•

11llt 1 t 11 11 \ ' tlll lt•11t : 1ti ~v: 1 H cll V(JIV<'I'


1
l l ('llJ)ttll' lit tl ll'JlCl()ll cJcl
¡1<11'/ 1•11c1 11 ·t 1 11111>:tsiule . 1H

< >tr:\ f'X!)(~ t·iencia consiste en pedir a una madre a quien


r1 rc \1 1 ~t111 c 11te se le ha explicado cómo "perturbar la estructu-
r:l cic~ l l)ebé", que desestime intencionalmente el nivel de
;1r111nación del bebé durante un juego:

Cua11do la madre lo ha mecido algo más lentamente y con


menos intensidad de como lo habría hecho para l 1n buen
emparejamiento, el bebé ha dejado de jugar y la ha mirado
como diciendo "¿qué pasa?". Al repetírselo, este procedi-
miento arrojó siempre el mismo resultado.
La seg~nda pe1i;urbación sigue el sentido opuesto. La madre
debe obrar como si el bebé se encontrase en un nivel de
excitación gozosa más elevado, y mecerlo en consecuencia.
Los resultados son los mismos: el pequeño nota la diferencia
y se detiene. Se pide entonces a la madre que vuelva al
movimiento apropiado y de nuevo el lactante no res ponde.17

Para que todo esto posea valor científico es preciso reanu-


dar la experiencia muchas veces. Por supuesto, el bebé ya no
responde.
En La cause des enfants, Fran<;oise Dolto critica severa-
mente al investigador Hubert Montagner por una experi-
mentación que éste había efectt1ado en niños de jardín de
infantes y donde se trataba de probar que el olor de la madre
provocaba, en los niños más tónicos, una regresión y un
apa1·tamiento de la participación en el juego. Se colocaba una
prenda de lencería llevada por la mamá disimulándola sobre
el armario del aula.

Todo esto yo lo sabía. ¿Hacía falta emplear semejantes


n1edios para probarlo? Considero que esta experiencia, inútil

11; f). St.ern , Le monde interpersonnel du rtourrissori. L'accordage


af/i>cti{, n¡1. cit. 1 pág. 194.
17
lh1.</.' pág. 195.

156
T

1
¡,.,,
tt lr1 \' üZ c¡l••' 1•'\( 1•11r 1: 1 y 1>1 ·l i1•rc>Ht1, 11111 •c l1, Mc•t' l 1•r111111 11 11111•r1
l<'~ 11 iiic>~ <'<>l>:1y<>~ ( ... ) l!JH igt1:\I tt111• AÍ l1 icit!r:1is :tJ " '' '' 't 1 1· 1lc·
golpe a11tc u11 adulto ( ...) el tar1t;1s111t1ele ~u 111: t cl 1·1! ( ••• ). l •~s f 11
manipulación tiene algo de l1orroroso.

Poco más adelante, agrega:

Antes de cualquier experiencia sobre un ser humano, h a bría


que estar absolutamente seguros de no causar daño. De lo
contrario, hay que abstenerse. 18

La porfiada esperanza científica de pensar que todo puede


explicarse en el laboratorio, ¿no es más imaginaria aún que
las fantasías de nuestras abuelas? El no saber puede no ser
• •
ignorancia.
¿Son primordiales para el conocimiento del ser humano los
descubrimientos , los resultados obtenidos?
En una conferencia de 1953, Jenny Aubry habla de los
niños de la fundación Parent de Rosan. Contrastando con las
ideas recibidas de entonces, demuestra que los bebés sufren.
Sienten yviven cruelmente las carencias de cuidados mater-
nos. En esa época prácticamente no se prestaba atención a
los bebés: los niños sólo podían tener problemas psicológicos
a partir de los cuatro o cinco años. Las demostraciones de
J enny Aubry se fundan en la clínica y no en la experimen-
tación científica. I9
Si nos remitimos al libro de D. Stern, Le monde inter-
personnel du nourrisson, comprobamos que sus sofisticadas
indagaciones le permiten demostrar en 1985 que el autismo
primario normal no existe. ¿Es una avanzada revolucionaria
en la teoría analítica?

18
F. Dolto, La cause des enfants, París, R. Laffont, 1985, págs. 100-10 l .
Hay versión castellana: La causa de Los riiños, Buenos Aires, Paidós,
1986, págs. 88-89.
19 J. Aubry, "Les formes graves de carences de soins maternels",

Conferencia al grupo de L'évolution psychiatri.que, del 23 de enero de


1953.

157
11: lll 1
1 1 1111 t 1tlt • l t1 , , ' IHl1 ll< ' lll ele · \111:1 li 1t\l' :1t1L1 At,it--:1 ll<Jl ' J1111l
• ' 11 r •l l111' l 11111 <' f\ J(' l 1t •t; l1 11 y 11 ¡>l>f' ,J l ll.'<¡tll'S l ,~ll.'4111 l'll J ~J7!), C.'Il S U
< 11111, , , . • 11 (· 1 ~ t (l<· e; i11<!l)1·tt sol)1·e el s 111to1na :~ No l1ay simbiosis
1 0

111 t1<.:l r ·-ll ij c,, y a q t1e de entrada existe un tercer término: falta
:1 ¡1<trLir clll la cual se organiza toda interacción. ¿Cómo
i111 :1g i11a 1· un protocolo de experiencia de localización de la
CttlLu'?

Antes de que el niño nazca y a veces antes de su concepción,


antes de que llore o hable, se habla ya de él. Hay ya
alieriación , hay ya algo de los padres que cuando nazca lo
marcará. 21

El antiguo concepto de autismo normal denunciado por


Daniel Stern parece enlazarse particularmente a la corrien-
te nor teamericana y a la obra de Margaret Mahler: ''He
conceptualizado el estado sensorial del lactante utilizando el
térn1ino de autismo 1iurmal para caracterizar las primeras
semanas de vida." Añade poco después:

El rasgo esencial de la simbiosis es una fusión psicosomática


todopoderosa , alucinatoria o delirante con la representación
de la madre. 22

Muy distintas son las cosas en Inglaterra a partir de los


años sesenta. Winnicott critica el concepto de simbiosis. La
madre debe ser "suficientemente buena" ("good enough" );
un a madre demasiado buena (demasiado simbiótica) es
peligrosa . Cuando la madre, respondiendo a la demanda de
pech o bueno, hace creer al niño que es él el creador del pecho,
aquí h ay nada más que una ilusión. Lo estructurante es esta

J . Lacan , Confére nce de Geneve sur le symptóme, Le Bloc-N otes du


.!O

¡Js) clia11c1ly8te , nº 5, pág. 12.


1

21
S. F',tl<ldé, "Repe res structurels des névroses, psychoses et perver-
si1>ns", .r; s<¡LJtsses ps,ycliana/)1liques, op. cit. , pág. 49.
-¿z I\l :.1r g <1r ct Mal1ler , Ps) chose i11faritile, París, Petite Bibliotheque
1

}Jayot, l ~J7:J , t ri1d. fr<tnc. P. & .J. Léonard, págs. 19-21.

158
1lt1 .,1<1 11 111i A1 11 rt . Wi1l11j<'l1lt 8: 1l>ll • •1111• 1 t> r1 1'f1¡1111l1f1 1l ,1, 11t1 111 ' t•
Sl\t ¡><>SÍl)l(• fj l 111:l 1·l;t .
Frances 'l,uslin, 'ta111bié11 i11g l<.):-;t1, <'r1t.ic;11 :1<' ·rl):1111 1 111 • c•l
concepto de autismo primario normal:

El autismo es, desde mi actual punto de vista, un sistc'm<l de


r eacciones perversas provocadas por la experiencia traumá-
tica de separación corporal; no es una regresión hacia un
supuesto estadio normal de autismo del desarrollo infantil.13

Una vez más, ¿cómo filmar lo que la clínica psicoanalítica


enseñó a Frances Tustin, Lacan o Winnicott? Según Tustin,
el niño vive el pezón como una parte de s u cuerpo y no como
una pa1·te del cuerpo de la madre .

Para los niños autistas, la situación traumática fue perder


súbitamente el control de lo que sentían como una parte
sensual vital de su lengua, y que les proporcionaba el
sentim iento de ser. Desde el momento en que la parte pezón
de su le11gua dejó de estar ahí en el instante de necesitarla,
lo que les pareció que se hallaba en peligro era precisamente
su sentimiento de ser. Se trazó entonces el agujero negro del
no ser. 24

En un film, así fuese imagen por imagen, así fuese en


cámara lenta, nunca veremos otra cosa que un pecho perte-
neciente a la madre y un niño con la boca vacía o con la boca
llena. Ese niño descripto porTustin y La can, poseedor de una
boca-pecho, y esa madre de torso agujereado, escaparán
siempre al objetivo, sea cual fuere la sensibilidad de la
película.
Lo que caracteriza el progreso de la teoría analítica es
justamente su raigambre en la experiencia de la clínica, es
decir, en la transferencia. La ilusión científica, ¿no será para
el a11alista uno de los tantos medios para protegerse de ella?

2:1 Ji.,. Tustin , Vues 1iouvelles sur l'autisrne psychogénétique, op. cit.
i
4
r"'. 'fustin, Autis1ne et protection , París, Scuil, 1992, pág. 59.

159
lJ1t I"" t) rl1 ¡,,,,,,, I 111l11lta tlll )J\ I 'tlt• l1 t1t 1·1' 1l i1 1lc 1t 111 1. 1c1t11J •t'L1
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1

11 alt ·<I , (, lc'8 ll ilrttt <'~º t l sus IJrop.ios 11ijos?"

11. Canela y alajú.


Una niña para comérsela

La noche era oscura, el bosque profundo y peligroso cuando


u11 hombre y una mujer, leñadores infortunados, decidieron
llevarse a sus hijos, Ha nsel y Gretel, muy lejos de la choza y
abandonarlos. Al cabo de tres días de marcha agotadora,
hambrientos y temblando de miedo, los hermanos perdidos
descubrieron una casa encantadora hecha de dulces, ca-
ramelos y azúcar. Maravillados, se acercaron a ella con la
certidumbre de estar, por fin, a salvo. La casa estaba
habitada por una anciana: aunque se mostrara amistosa, era
sin embargo una malvada bruja que espiaba a los niños y
había construido su casita de pan con el sólo fin de atraerlos.
Cuando uno de ellos caía en su poder, lo mataba, lo cocía y lo
comía, y ese día era, para ella, una fiesta.
Las brujas tienen ojos de color rojo y no ven bien, pero su
olfato es fi110 como el de los animales y por él perciben la
cercanía de los hombres. Al ver que Hansel y Gretel se
a proximaban a su casa, rió con maldad, exclamando irónica-
mente: "¡Estos no se m e escaparán!"

C.M.: ¿Conoce usted la historia de Hansel y Gretel?


"Sí, desde que era pequeña, me res ponde la madre de
Canela. Pensaba que se parecía un poco a mi historia. Incluso
colgué sobre mi cama el dibujo de la casa de azúcar. Recuerdo
haber lamentado de ver as el estar sola. Gretel tuvo la s uerte
de contar con Hansel para que la protegiera. Yo, en cambio,
estaba abandonada a la bruja."

160
<' 111 lt1111• l11tl,1r1 1v1,.1 ',,,)
1ll11 ,, . , ti 1111 11
y A11 llltt<lr•t , c•l 1 t'I ,,,••Ylt1 •11••1 ll 11 ,, '' 111,)1 1111 íll'' e 111 ( 1( 111 11
11t' clir t1r11t (~ 11trl'V1Hl.it y 11c11<lii111 l1c1..Y, yt1 0 111 1111 1z1 1A c•1111 r 11
bebe.
Cuando entran en el consulto1·io, Ct111el¡t cst1'' ll<>J'ftt,<lc> '''
los brazos de su madre.
El padre: ¡Ahí está! No necesitamos explicárselo. Sitl>c J><>r
qué venimos. Basta con tener oídos. No podemos más. f loy
cumple tres meses y no ha parado de llorar. Todo el día >toda
la noche: ¡es espantoso! Desde que nació no durmió nunca.
Ante mi asombro, la madre aclara: "Duerme, pero nunca
más de quince minutos. Todas las noches se despierta y grita.
Cada quince minutos, desde que nació, tenemos que levan-
tarnos y ponerle el chupete en la boca; vuelve a dormirse
hasta el cuarto de hora siguiente y empieza a gritar de nuevo.
¡Es insoportable!"
El padre: Estamos extenuados. El pediatra aconseja ale-
jarla de nosotros. Quiere ponerla en una guardería por un
tiempo. Queda lejos de París, pero la semana que viene, si no
se calmó, la llevaremos y la dejaremos.
Esta frase evocaba ya para mí la extraña atmósfera de un

cuento de hadas .
La madre: A esta niña tan esperada por nosotros, a la que
amarnos tanto, no la soportamos más. No conseguimos vivir
con ella, comprenderla. ¿Tal vez ella no nos quiere? Sin
embargo nosotros le demostramos nuestro amor. Todo el día
la devoramos a besos. Es terrible decirlo, pero si nos queda-
mos con ella terminaremos por estrangularla.
El padre: El pediatra nos aconsejó ver a un psicoanalista
antes de colocarla en la guardería. Nunca se sabe. Parece
que, incluso siendo muy pequeños, los bebés tienen a veces
unas ideas rarísimas. Es extraño; más aún cuando, según él,
tiene una salud perfecta, no sufre de nada.
C.M.: ¿Cómo fue el embarazo? ¿Cómo llegó Canela al
mundo?
La madre: Fue un embarazo maravilloso. Hacía tanto
tiempo que esperábamos este bebé. No conseguíamos tener-

161
y,,
111 , l lt1L'' li >r1 A1• •l 1'1 11111H t¡Ltc ' 1'B t t111tc1.R c.·:1 , 111l1J,. lf'tlt t t 11111 <111
11 1 <1111 1 1111 1Lll'H•' J><lSÍ l>I • l•,sté1l>;t c.·~ t r:trlgltlrt(f(l CllrtJl<lf> Il llCÍt),
J>t 1 1'11 l1>Ll11 f'tll' l>ic.•11 .
C'.A I.: /1¿',i..;t 1·(111J.!tt l(1cict, es la palabra que usó usted para decir
<J ll<' Vil 11 t> 1)oci1an so1)orlarla.
f,c1 111czcl1·e: ¡Ah, es un modo de decir! El médico dijo que
ll ! t1í~1 L1na doble vuelta de cordón. El primer día, en la
111aternidad, empezó a au llar enseguida. La enfermera fue
t·ut cgórica: el mL1ñeco de alajú le daba miedo, lo tiró.
C'.M.: ¿El muñeco de alajú?
Lct niad1·e: Es una historia complicada de contar.
C. M. (a Canela, que sigue llorando): Escucha, Canela,
mamá va a hablarnos. Si haces todo este ruido no podremos
oír lo que ustedes tres han venido a decirme.
Canela me 1nira un instante y reinicia su queja, la cabeza
vuelta contra el pecho de su madre. La señora H. prosigue su
relato, elevando la voz para que se la pueda oír pese al
disgusto de s u hija.
La madre: Ya ve, de nada sir1e hablarle. Tal vez no
sabemos ocuparnos de ella. Mi madrastra dice que somos
demasiado jóvenes, demasiado inexpertos. ¡Es nuestra pri-
n1era hija y tenemos tan sólo veinticinco años!
C.M.: ¿Su n1adrastra?
La rnad1·e: La mujer de mi padre. Ella me crió. Mi madre
n1urió cuando yo tenía t1·es años. Me quedé sola con mi padre.
El se volvió a casar un año después con mi madrastra. Yo
tenía ct1atro años, me puse anoréxica. No la quería, creo que
i11c negaba a comer para fastidiarla . A ella le gustaba
cocinar. En esa época hubiera hecho cualquier cosa por
seducirme, pero yo sabía que no se interesaba de veras por
111í. Me atiborraba de caramelos, masitas y alajú. Yo adoraba
el kllaj ú por encima de todo. Ella lo hacía para mí, porque yo
O(> qttería comer ninguna otra cosa, pero pese a sus gentilezas
la ¿(.. testaba. Todavía hoy recuerdo la violencia de ese odio.
U 11 clí~l n1c.l ei1fermé y me internaron a causa de todo el azúcar
c¡ltt' l1~tb1t1 Ctln1ido. Los médicos me pusieron a régimen. Mi
JJ!lcire, CLl l t11cl<) vino a verme al hospital, me trajo un muñeco

16~
. , ..
1 "O~ IJ
y 110 t n ,
inclu o había deja
gu rra n re nosotra staba d el
q , hacer. Todavía hoy on difícil n u
ine ca é tan joven fue para ·rme de cas .
No é realmente por q é, p ro cuando pe qu
una niñ ca í para ella un muñ co de alajú, en fiel ro m
Se par cí , tota mente al mío, pero claro, 1v z er dem · -
do grand para ella. o lo había puesto en cuna. ¿Cr - qu
e muñ co la S U tó?
1

El padre: o, ésa no e la cuestión. Tiene capricho , nada


in~ ~ st' ~ orqu,e n1·mujeresdemasiadod lce,demasi -
do bu n . i n1 . scuchara no habría problema
1 d m iado
ansio a. , ,. todo el tiempo temie do que s ,u r _Tod 1
dí· n zo , l h ·quita ya no aguant estar en una ca
m . . oq tar sol e tá den1 i dom 1acostumbrada
por ,e o 11 · t el dí , toda la noche. E toy eguro d que
la gu rd · le hará bi n. E t rribl , escuchá dala me doy
cuen a - no p uedo tranquil· zar a mi m j r.
1

La 1n,c1, soportarías pararme d ll ahora, ti ne


sólo t . tan chiquita.
n la qui n, n los b azo de su m dr , gir
· mí al oír m1 voz, y para un poco d llorar·
"¿
"' · ne a, tú oyes lo que cuentan papá y mamá?
que saliste de la panza de m · má, desd qu
ruido, como i tuv·er s miedo de que se olviden
pero está perfectamente ahí."
unos ojos inmensos, parece curios e intere-
1 · a con una atención a ombrosa, u boca e á
e 1n . ·· rn n e abierta.
L rriadr : Es verdad que tengo mu ch' siro.o m ·e o d q u
t ' oh todo a la noche; se me ocurr que uede mor iI

163
111 1 1: :1 ••11l(, 1•i11t tl ftll Íl· r·1·il> lt•, ·S ~ l <.ll~ l<.l lJLl C lllll <.! r<.: 11 lu8 Ul'l)t'l"i
111it • 1t t r: 1 ~~ (ll1c•r111c tl .
(' ~ / . (~1 <..;u11cla):
l>ues bien, Canela, si tienes miedo del
111ic·c~<' ele> 111a1ná, comp1·endo que no quieras dormir.
(;:1n0la nb1·e sus ojos cada vez más y me mira con una
j 11 te11sidad extraordinaria. Ya no llora; la que está llorando,
e 11 silencio, es su madre; gruesas lágrimas de niña ruedan por
sus mejillas; contempla a su hija.
C.M.: No tengas miedo, Canela. Puedes dormir. Mamá
también puede dormir por la noche; no necesitas llorar para
curarla de su miedo. Se diría que todo el tiempo quieres
tranquilizarla, gritarle que estás viva, decirle que no la
dejarás sola como en otro tiempo la dejó a ella su mamá.
La madre: ¿Usted cree que el muñeco de alajú es respon-
sable?
¿De qué responsabilidad me habla la madre? ¿Cómo
responder a una pregunta semejante? Una vez más, me dirijo
a Canela:
"Mira, Canela, hay un muñeco de mamá y un muñeco de
Canela. Al revés de lo que pensaba la enfermera, no estoy tan
segura de que el tuyo sea la causa de tu miedo. El alajú forma
parte de la historia de mamá. El que ella quiso darte es otro
n1uñeco. Se parece al primero, claro que sí, tiene con él
muchas cosas en común, pero no es el mismo. Tú no tienes el
mismo padre ni la misma madre que mamá. Este, ella lo hizo
para ti, para tu propia historia, que no será la misma que la
suya, aunque seas su hija."
Esta voz nueva propone a Canela una alternativa, otra
senda.
Todo el cuerpo de Canela parece tragar mis palabras y,
mientras su madre sigue llorando, yo sigo y sigo hablándole
de su miedo y del miedo de esa mamá a quien ella intenta
exorcizar cada quince minutos con sus gritos. De pronto, su
n1irada tambalea, sus puños se abren y Canela se duerme.
J_,os pad1·es están atónitos: "Nunca se durmió así."
Dormi1·á has ta el final de la entrevista. Ni siquiera va a
des1Jerta1,se c·u ando la vistan para partir.

164
/~/ /J<t<ÍI'<': Al1c>J'tl ¡>i<. 1
11 A<> <1111 ~
v11 [ 1 <lc>r 1 1i1 1' 11111cl l1r1 l 11 •1t1¡1t1 ,
Estuvo sien1pre i11uy t<.•11si1, 11t'l'<•n it:t r1•t't1 ¡>c•r:ll'S •.
Cuando volvieron a la cita que les <11 ¡>t1ril 1:t s t•111:t11:1
siguiente, Canela ya no lloraba; había recuperado (\1 st1 i1o,
pero los padres se quejaban de haber estado peleando tocl:1
la semana.
¿Cómo comprender lo que sucedió con Canela y sus pa-
dres? ¿Es necesario comprender?
Jacques Lacan, en el seminario sobre La transferencia,
habla de la comprensión en estos términos:

No es en absoluto fundamental que (el analista) comprenda.


Diré incluso que, hasta cierto punto, que no comprenda sería
preferible a una excesiva confianza en su comprensión. En
otros términos, debe poner siempre en duda lo que compren-
de y decirse que lo que busca alcanzar es justamente lo que
en principio no comprende.Justamente por saber lo que es el
deseo, y por no saber lo que desea este sujeto con el que se ha
embarcado en la aventura analítica, se encuentra en posición
de tener dentro de sí, de ese deseo, el objeto. Esto es lo único
que puede explicar alguno de esos efectos tan singularmente
espantosos, parece. 25

Comprender es quedar apresado en la demanda del otro,


y es una de las maneras de responder a esta demanda. La
demanda no es el deseo.
Pero si bien es importante, como nos enseña J acques
Lacan, que el analista no intente comprender a toda costa-lo
cual lo arrojaría a la posición del médico o del científico,
amenazando con impedirle sostener su lugar-, aun así
tenemos que preguntarnos por los efectos de una palabra en
el trabajo analítico con esos niños que, pese a estar tomados
en el lenguaje, todavía no disponen de la posibilidad de
hablar. En cuanto a los analistas que trabajan con niños muy
pequeños, parece evidente que, si no siempre comprendemos

25 J. Lacan, Le S éminaire , livre VIII, Le transfert , op. cit., pág. 229.

165
l 1 ! ¡t1li 'ttt •ti · l'll ses1(>11, los bebes, e11 can1bio, "e11iienden",:1~
t'< 1111c> ¡ >t ·11s[1l)a ya .B"'rtln~oise Dolto, lo que se les dice. La clínica
(1e le> ~ }41ctantes parece confirmar esto a diario.
Es frecuente que después de unas pocas entrevistas recu-
pc1·en el sueño, el apetito, y se curen de enfermedades
somáticas que los tratamientos médicos no habían logrado
vencer. En el misterio del encuentro con los bebés tenemos
qu e trabajar más que nunca con lo que no comprendemos.
Estos resultados casi siempre espectaculares dejan per-
plejos a los propios analistas, que temen pasar por magos
pues es cierto que, según las épocas, la sombra de la hoguera
siempre los acecha en alguna medida.
Por el momento ninguna explicación científica permite
saber si un niño de tres n1eses comprende una interpretación.
Caroline Eliacheff lo señala también en su libro:

En cuanto al campo de las ciencias cognitivas que se entiende


por el mas avanzado, el del lenguaje, estamos lejos -aunque
seguramente no por mucho tiempo- de aspirar a verificar
experimentalmente el valor estructurante de la verdad de
sus vidas dicha en palabras a los niños, cosa que la observa-
ción psicoanalítica nos confirma a diario sin que sepamos
có1no. Pese a los vertiginosos e increíbles descubrimientos de
la neurobiología, esta disciplina no nos permite responder al
interrogante: ¿cómo pueden comprender el lenguaje seres
humanos que todavía no lo han adquirido? Por otra parte, en
el caso de los adultos tampoco se sabe cómo ciertas palabras
pueden ocasionar malestar, infarto, accidente, aun cuando
se esté empezando a determinar el modo en que la palabra
modifica la biología de un ser humano, que no es lo mismo. 26

En aquella sesión con Canela una cosa era segura: no se


trataba de una observación de bebé. Incluso tuve la impre-

1 ,J U<!go intraducible con el verbo francés entendre. poseedor de un


(l<>l>le S(•11ti<l<J: "01r'' y ''entender". [N. de la T.]
:.?1o C. l~ l i1.tcl1cff, J\ corps et a cris. Etre ps)•chanalyste auec les tout·petits,
'>/> . cil., ¡>ttgs. Ü•t· 65.

16G
sión de que el observador era Canela. Su nter1cio11 <'t.,\
excepcional. No había nada de experimental en ese encuen-
tro. Nada que se midiera, nada previsto ni controlado. El
analista procura llevar la entrevista, no dominarla.
La presencia de la madre y el padre en el consultorio
dificulta aquella verificación.
¿Cuál fue la palabra operativa? ¿Y para quién?
Es indudable que pasó algo para los tres, pues de lo
contrario Canela no habría recobrado el sueño y los padr·es
no se hubiesen pasado la semana discutiendo.
El padre expresó lo que para él era imposibilidad de calmar
a la madre y a la niña. No era ni un hermano Hansel tran-
quilizador, ni un padre que pudiese rivalizar con el "muñeco
de alajú". Dejaba a cada una de ellas enfrentada con su bruja.
La madre sólo parecía encontrar figuras apaciguantes en
una relación incestuosa.No se había casado joven por él, sino
para huir de su familia, dijo. No había lugar para un hombre
al que ella hubiese elegido, que hubiese sido el suyo.
Este ''no hay lugar'' (que tal vez convenía también al pa-
dre) se reveló para la señora H. en ocasión de esa entrevista.
¿Cómo determinar lo que ocurrió precisamente con la
madre, quien sale desasosegada de esta sesión en la que
habló mucho de su historia? Lo que dirá en la segunda es bien
característico del tipo de trabajo que se puede realizar en una
primera entrevista con un bebé y sus padres.
Señora H.: Cuando salí del consultorio el otro día tuve la
impresión de estar más liviana. Canela ya no me pesaba
tan to en los brazos y, sobre todo, no sé por qué pero cuando
usted dijo que su muñeco de alajú no era el mío, me sentí
aliviada, como si hubiese dicho que Canela era una vida
diferente de mí. Esa noche le devolví su muñeco. Ahora creo
que no le da miedo y que puede quererlo.
Era preciso que Canela se aliviase de la pesadísima
historia de esta mamá. ¿Había hecho alguna vez la señora H.
el duelo de su propia madre? ¿Qué aterradora historia de
amor la ligaba aún a su madrastra? ¿Porqué vivía con pánico
de que le quitaran su bebé? ¿Fantasma de represalias?

.,.. ,..
;,llcpct1cion del drama de la muerte de su madre? ¿Cómo
pLt(.lde vivir tranquilo un bebé cuya madre piensa que se va
a morir a cada momento?
Sin duda teníamiedodedesaparecerella también, una vez
co11vertida en mamá. Amor loco de una niña por otra niña
devorada a besos, 27 bebé de nombre azucarado, ple110 de esa
dulzura que tanto le había faltado cuando fue niña a su vez,
hasta el punto de enfermar y de haber sido hospitalizada.
Fantasmas de devoración, anhelos de muerte, deseo de vida,
de esta violencia canibalística estaba hecha también la
relación de Canela con su madre. En esta relación de espejo
lloraban ambas, no dormían, se extenuaban y se sostenían
mutuamente sin que sepamos cuál de ellas impedía dormir
a la otra, y esto sin que el padre pudiese poner un límite al
horror de ese goce. Las dos entrevistas habrán aflojado un
poco el nudo de ese abrazo y permitido a Canela recuperar
una historia y un lugar propios.
Pero la supresión del síntoma, que alivia al niño y a su
fa1nilia, no resuelve nada. Una vez que Canela "se curó'', sus
padres no quisieron concurrir a más entrevistas. ¿Es éste
otro efecto de las "curaciones mágicas"? Comprendemos por
qué nunca satisfacen de veras a los analistas.

111. Analista en un servicio de neonatología.28


''Una experiencia diferente''

Los médicos parecen otorgar cada vez más espacio a los


a11alistas en sus servicios, especialmente en el área de la
1>rime1·a infancia.

21 "IA>A 11i íloH ele• 111cnos de dos años( ... ) confunden el beso con un poco
111• 1·11 1 1il111li~111cJ <' rct't1 c¡t1c los comen", F. Dolto, Lorsque l'enfant paratt,
l 1f11'1 8 , S1•11i l, 1!J!J(), ¡1i1g. 11 :1.
~" l'111111111i<'riei1111111< r>11Ul'('HC>
1
del C.F.R. P., abril de 1992: "L'enfant et

10
La vacante de analista se está convirti •11cl<> t'rl t'J (1lti111'1
''must'' de la alta tecnología médica: ''¡Por\ga u11 1>si e11 !-; t1
incubadora": último eslogan de moda en los servicios de
prematuros!
Si hoy comprobamos que las puertas se abren y que el
analista es "demandado", ¿no sigue en pie la cuestión de lo
que se le demanda?
¿Qué quieren estos médicos que a pelan a nosotros?¿ Qué
quieren los analistas que se aventuran en semejante infierno
cuando es tanto más confortable quedarse en su sillón?
Algunos hasta piensan que, más allá de cierta distancia del
diván y del sillón, deja de haber analista. No es raro, en
efecto, que actualmente las más vivas críticas por el trabajo
que hacemos en medicina provengan de los analistas y no de
los médicos.
Sin embargo, ya en la época de Anna Freud se hablaba de
psicoanálisis en hospital. Recomiendo el libro firmado con-
juntamente por Anna Freud y Thesi Bergman, analista
norteamericana que, en 1945, describió un trabajo llevado a
cabo en el hospital Rainbow de Cleveland, especializado en
cirugía y ortopedia pediátricas. Esta obra, titulada Les
enfants malades. lntroduction aleurcompréhension analyti-
que, da cuenta ''de una técnica especial de primeros auxilios
psíquicos en hospital". 29

la psyclianalyse: questions contemporaines". Este trabajo-es importante


s ubrayarlo-no habría podido intentarse en el servicio sin las cualidades,
el entusiasmo y la demanda de un equipo que, de las "arrulladoras" al
n1édico jefe, está animado por una auténtica preocupación por los bebés
y sus familias. Todos juntos agradecemos a Catherine Dolto-Tolitch el
haber aceptado intervenir, en los dos últimos años, en ocasión de algunas
reuniones, para comunicarnos su experiencia con recién nacidos. Ella
aporta a su enseñanza un "color" que sólo a ella pertenece. Estas síntesis
fueron de enorme valor para el equipo, así como lo son para mí nuestra
complicidad y nuestra amistad.
29
Anna Freud!l'. Bergman, Les enfants malades. l1itrodiLcl1on a lrur
compréhension psychanalytique, Toulouse, Prival, 1988, trad. franc J .
Etoré.

16~)
(

i ~ t ' cil
· r in i o · o e
d p pe de p cticante de una técnica
· le ot nt sot s? ¿ ine ce ivoriesgodequedar
d ,.u icadoen un lugarincompatibleconel trabajo

o o emp zó hac i años el d' qu s l


rv1 · d neon ologí la 1·
zad l p ·qui tr' inf: n i u ví· o
d e p ño p a p di i · fi l docto Coh · qu 1
. n'" r . aceptó y fui de t cada al
. . ,
tbi n 1 o pit 1 De afontaine, de
1 - n .. 1 . 'impl 1entar., con ay d y cola o-
r ció1 del ui o u traba ·o de n li ta b s nte diferente
1

de lo d n1 .
11 · ln1 nt , 11 t e o n la mayorí d los icio de
.. r curre al "psi" so re todo cu· ndo lo padr
n an, dec ·r, cu do pl tean de asi o
1 quipo.
r e ini nda ntonce . . una consulta y hasta se la prescri-
c i s · n pr e to padres on recibido en un despacho
do 1 icio, ec dur nte año cuando el niño
a ucho t · mpo que alió d 1 hospital.
n l m yoría d lo caso los an l 'sta no conocen el
del niño no d . an conexión alguna entre el equipo
y el os. ¿ or qu "'? orqu esta e una manera de
· · qu po n prime plano la demanda del equipo. Se
_nali t a aqu llo padres que perturban el t abajo
· e d en au ilio de lo médºco , aunque la foca-
iaa manifiestamente en el tratamiento d e los 1

trab jarasí. No que íarecibira unos


"nfel"ce que además se inti ran
ndida to a la a istencia "p i",
u · ot o padres que "anda-
1 b n nadie aunque
..
~ p
que inventar otra co . o -
tran ferencia y el equipo no h zo
El problema e planteaba de la maner
un analista, co mo lo demandaba el jefe, fo · m
1

rvicio de alta t enología médica? ¿ ta · 1


.q ip y o r enecer a él para poder oc p n lu ar
n ? ¿E t r a un tiempo pre ente y · parado?
Lo m' ico jab . de faca ar cada vez qu ·n .-
taban d ri ara lo p d e 'alext r·or". Le. parecíaindi p n-
ab que 1 anali ta f nciona e en el mi mo lug r qu
for1na e parte de su eq _·po.
La m . yoría de las dem ndas formulada. por 1servicio no
n1 par cie on incompat.ble con i propia pauta de
trab ajo en cu nto a las o ras ya veríamo mucho más
1

ad l nt , y con cu ncia ac pt, ocupar e lugar propo-


niendo la or· ntación d _ "recentrar' el rab jo en l niño;
co1no en 1 tr gedia griega, con unidad de lugar: o e taría
en el terior del ervicio. Unid d de ti mpo: el tr bajo se
llev ía a e bo durante la hospitalización d l bebé. nidad
de acción: el trabajo que hiciera sería igualmente un trabajo
de reanim ción pero de un registro diferente.
Se tr taba de un proyecto de reanimación del deseo del
niño, art ·cu lado con el deseo de sus pad es, pa alelamente a
una reanimación de su cuerpo. (Reanima vi ne del latín
animu , spí itu, soplo.) 1 gesto médico procura el soplo
vital y no es po ible prescindir de él. Pe o m ·ent as que la
medicina puede, en efecto, meter aire en lo pulmone , a
veces la palabra puede devolver la g na de vivir.
ando hablé de la dirección de este trab jo e n an<;o1
Dolto, ella resumió el proyect.o de la n1anera ig ·
Usted propone en el corazón central 1 de o
mientra que lo médicos fue za al corazó · d ·
s guir p el ando."
1


Veamos cón10 uncia hoy q •

7
1~ I ;' V I ' llJ 1 \111 lt11¡:1r l' l'l' l'(l( l(1, IIÍ .' lttcl<>, :11 Ctl tll Sl' i 11 1~ ·· ·~é l
11111· cl11s l'l>111¡>:1rti111Í< 1 11tc1s y v1~tj(~ 11clo t111ifc.J1·111c:-; especia les.
l ~R ll· lt1 t4:1r t 1 11trt1 JJ:11·(·11tcsLH, entre la vida y la mue1·te, hace
l) l •11 !';:1 r· t •11 t111 s L1b111a1·ino en picada, lejos de su hospital, de su
lJLtL11·tcJ tic a111ar·ra.
l >t.1r<.1 salir de él, niños y asistentes respetan escalones de
c.lesco111presión progresiva. Los recién nacidos, los entrantes,
ll egan siempre de urgencia, SAMU, atención de supervivien-
cia, oxígeno. La llegada de un niño sume al servicio en el
silencio. Cuanta mayor es la urgencia, más lentos parecen los
movimientos del personal asistente.
Al efectuarse la admisión, la supervisora da a los padres
dos citas, una con el médico y otra con el analista.
El médico se prese11ta como r esponsable de la atención
médica del niño y, en este carácter , informa sobre su estado
de salud. Por otra parte, confirma la segunda cita conmigo,
que me presento como responsable del desarrollo afectivo del
bebé en el servicio.
Los padres saben que no se los convoca por tener proble-
n1as sino porque todos los padres son recibidos por el médico
y el analista para hablar de su bebé.
Para los padres, esta noción de responsabilidad "reparti-
da'' entre médico y psicoanalista sitúa el trabajo de una
manera totalmente diferente.
En la primera entrevista les explico cuál es mi tarea en el
servicio junto a su bebé. A menudo me veo llevada a hablar
de este niño cuando ellos ya no pueden decir n ada de él. El
contraste entr·e mi discurso y el de los médicos los sorprende.
En es te caso no se trata de h ablar de su peso o de la cantidad
de plaquetas que t ie11e, sino de st1 sonrisa, de su nacimiento,
de lo que sé de su historia, de las palabras que parecen
tlevolver vida al niño en el imaginario de los padres, y lo
l1acen más humano fre nte al horror de lo real que están
e11f1·c n tundo. Cuando se arriesgan a tomar la palabr a ellos
111is111c)s, no se trata ya del saber -en cualquier caso, no de ese
S(.llJer <.J LI C csli.\ del lado de los médicos-, sino de la verdad de
L111a l1iis to1' i <t · "Sé que saldrá adelante", o incluso: "Cuando

172
<·st.:1l):1 •111l>:1r'flZf1llt1, fll111<1tr 'r11f' <11 ~ "1: 111 <1t11 l tt1 lc1 i l>11 l> Í1· r1 ~Y<>
1

sa b1a, qut' sc1·1tl~ d 1·a111~t~ t.ico u 111<tt't•r . •t


Lo importante no es tanto estar fuera <lel c<.¡t1i1>u co111<>
estar fuera del discurso médico.
Los padres suelen interrogar por lo que consideran ''secre-
tos de los doctores". "Hay algo que no nos dicen." Los padres,
en efecto, saben que hay algo "no dicho'', pero lo que ignoran
es que no está forzosamente del lado de los médicos.
La respuesta es siempre decepcionante. ¿Por qué murió
este niño de muerte súbita? ¿Por qué es pren1aturo este bebé?
Los asistentes responden de la manera más científica posi-
ble, respetando los conocimientos de la medicina. Los padres
entienden o no entienden. Aprendimos de Ginette Raim-
bault que cuando se res ponde sólo a nivel del órgano, se
responde sólo a nivel del síntoma. No ha de asombrar,
entonces, el convencimiento de los padres de no haber
obtenido respuesta.
El analista está allí para sostener que la respuesta se halla
en otra parte.
Cuando se soporta no aliviar la angustia de los padres
mediante una respuesta -como se pone una venda sobre la
herida-, lo inconsciente se arriesga y tal vez aquéllos puedan
entender de otro modo la pregunta planteada.
Muchas cosas pueden decirse en una primera entrevista.
Franck nació un año después de que su hermano mayor,
Pablo, falleciese de muerte súbita. Se hallaba en el servicio
para el chequeo que se efectúa sistemáticamente en estos
casos. La madre de Franck tenía sitiado el despacho del
médico.
"¿Por qué murió?'', preguntaba incansablemente, a propó-
sito de Pablo. La medicina no tenía respuesta. Se le hablaba
de Franck, que estaba bien: no debía inquietarse, debía
tratar de olvidar.
Cuando la recibo, se queja del equipo médico: "Los médicos
dicen que no saben, pero sé que no dicen la verdad."
La escucho. Continúa: "Con Pablo yo tenía proble111as; me
ponía violenta, pero lo amaba."

173
.~ · 111 rt accid ntal de 11 h rn1 nito
l r zos de u hermana mayo . bl de la
· ·ión d ·u madre qu duró do· ños tra l d s p· ri-
i, dro- 1otro :arn1 nito qu nació inmed1at n1ent
· d d y · e nunc · h bí habl d .
l tri tez·l de n1 má y no h bí
o b don , mo '
n
o - u t
dr llora y percibir
i - n1 nazaban a u hijo.
l í -. ido concebido por 'p e cripción
I11 , djc depre ión, le dijeron. familia
' tri e ahora e ,t á Franck." 'No e llora
.n un ij ano.' Ella no quer"a er una
n e un dr no qu ría abandona a su hijo. En
la · · ·li ad d hablar ha ta ntonces de la depresión
...
l bl d du lo qu duplic ha otro por el que
co habí podi o llorar nunca e había autorizado a
p · ar su uff1n11ento. a deriv · ntonces a una con ulta
1 I· q e pr . ntó con Franck el cual pudo abandonar
1n a r t . u luuar , lto ri . go", etiqueta del mbarazo
e l · madr : p o l rie go no ternü aba allí.
t cha · co u d n decir e en una primera en revis a.
· Iiz r , xplic a lo padr .s que lo ver ' con tant
r u nci com llo qui ran mi ntra dure la internació
h jo n l con ultorio o junto al b bé en el servicio. A
st m n1ento pod á ~ er formul da una dem nda,
rol · · a lo i pid n un cita.
l· pri ent- ista s istemá ·ca.
· lo, b bé cu ndo e realiza la visi a con todo el
1
l hi · or ·al m · dico s r tomado en e da oportunidad;
lud del día, la deci -ione terapéuticas todo se
om to. e habla del b _b, pero sin dirigirse
in do an s y la visita ti ne lugar in
·· d l nfermo. Lo que conozco en esta
i · s , r mí, no ólo con los padres,

7
para co . n l qu
con tru·do sobr 1 di o
1

1
de olv r n ido a ter 1in u111r 1 ~ ' "i11
niño , cuando recorro nu vament 1 1 rici
uno d llo s otra vi ita, o e a visi a ''di int "
l u o h bla11 ~ 1 b b' d ., l n1i 111
l de lo cu id do qu 1 van pr
" u historia. oco poco asi t nt
1 1· z ron a eguir también
r gun r. r rvici médico e t ner q ,
vér elas con la int r og e equ"po. Por sup esto,
sabe1no que no e lo á f,' cil · o ibilidad de traba3ar
con10 anali ta pende de un hilo! ·o e funámb lo.
De un día par el otro, el equipo pu d r oportarno má .
unca puede decirse cuánto tie po dura ,. sto.
ne a visita ya no , e habla del b b ~ ino al b b /. i n la
o r se lo inira e ta z . e nti n e q e el hecho de que _sté
llí ta1nbi' le · ncumbe. Esa hi toria, por dr mática qu se
.an1bién 1 suy . es solan1ente un o de los m "dico .
l mi 1110 debe hacer lgo con ella.
s muy importante d jar qu ·los padr ·hablen d la v·o-
1 nciayd ]odio yhablardeello al niño. as palabra recon-
fort . ntes, lo bu no consejos pued mengu r momentá-
nea ente l a1·dor de las llag s y t anqu ·1izar a quien los da
p ro no on m 's que h "bicion s qu · l su tent· la n1en-
ir , pu d n retorna1· v· ol nta1nente al vid d o niño .
La historiad Iné ~ ilu trati de est· forma de desvío~
ac ·da 1 término de reinta y cua ro em na pe mane-
e· ó do m e n el ervicio de n onatología d un ho pi al
pari ien - por prematurez.
Cuando me la derivaron, tenía vein itr 's ño y acab b
de dar a luz a na encantadora 1nuje1.. cita d 3,250 k·lo .
Dur nte su perman ncia en la matern·dad t jo
sucumb ·ó a un episo io post-parto n1uy erio, con
de p -'rdida de identidad. scapó tre d'a d
n un t do confusional agudo: p egun
tes a dónde iba. ¿ t o cr pu cul
'z '
qu lo bené olo con lo d u

o e1npre uy sana. ác·l de cri r, ha ta


o n nea había pre entado problemas. De pe-
1 al· r d 1 rvic ·o de prema uro fue doptada por
·1 ·a. a o ca i nada ahí de sumad· n tur 1, de
i nc1a acial d 1 · osp ·tal no confió a o
op ivos m qu . no ocos elementos d 1 dossier.
Una p ··co n i t . cibió egularmente a los padres n
e 1cio de pre atu os. ia ieron escrupulosamente todos
o jos y no oc t ron a su hija ninguna de las inforn1a-
ecib ·a s.

~76
{ ~ 111111tlc1 . ¡111 111l111111r11Jcl n 11t1 ltt cl ' , , Í ll 1 111• 1111 l1 111t1 1
< 1 ~ t l ('ltll1111'ltZit<J1t, Rt ~11c 1111 111r11' tl1• t111 1111 fl 1l 1. , J•; 1' 1 f1) 1
lleg<1cf,1 el<.• (lSt llt! IJ •, t1111 clc·sc•:1cl<>, t•11 t111 l li11111 cl1 <l1c•l1 r1
1

alegría y buen enten<lin1ic11to t·c>n st1 111;tricl<> y ::;11 f':11111l1¡1


El embarazo transcurre a las mil n1arnvilltts, SLtlvt> l¡111:1.~1 R
unos pocos días difíciles cuando el médico - a quic11 dc•sc1·il1t ·
como un mago, ''aquel que ve en el interior del vientre"~ lt!
informa que el bebé es una niña. Estaba contenta, pero se
sentía perturbada sin saber bien por qué. En los tres días que
siguieron a la ecografía fue presa de unos vómitos que no
habí~ forma de parar. Sin embargo, ''tener una nena le
parecía lindo".
Lo único que la contrariaba era el nombre. Había elegido
nombres de varón, pero un nombre de mujer resultaba, hasta
ese momento, impensable para ella.
Los vómitos cesaron cuando, súbitamente, se le impuso un
nombre: la llamaría María Inés.
Pese a las protestas de la familia, que atribuía el nombre
elegido a una falta de imaginación más que a una búsqueda
de los orígenes, logró afirmar su decisión y todo volvió a ser
normal, tranquilo y feliz.
Las contracciones aparecieron al final del séptimo mes.
Inés fue hospitalizada, los médicos consideraron que el bebé
era demasiado pequeño y ordenaron reposo y perfusión.
Ella intenta entonces negarse, pide dar a luz prematu-
ramente: "Sentía, dice, que ése era el momento de su naci-
miento, no sé por qué." La familia y el médico procuran
convencerla. Es verdad que siempre, desde muy pequeña,
Inés ha sido extremadamente razonable: jamás un arranque
de ira, jamás un gesto de oposición, muy positiva siempre.
Acaba cediendo. Ahora acepta quedarse, sin protestar, ni
siquiera parece triste, tal vez un poco ausente. Resignada,
sin duda, a que no se la escuche.
Después de unas semanas, el bebé ha alcanzado ya el peso
perfecto, el que se puede leer en los libros. Los médicos
deciden cesar el tratamiento.
Cinco horas más tarde, María Inés llega al mundo tras un

177
11n 1l•>1 11· \ 1 1 1 l>11¡:1 , i11 11i11 g t't11 ¡)1'<>l>lt.·111tt; tocio el 111u11cl<> cstú
il 1sfc c•ltcJ cJil t l :1 xil.r> el ~ l t1·¿1bajo. No es prematura.
1

1r1 •:;;, c.Iu r :l11 te tres días, dice estar demasiado cansada
11:11·:t lt.rier a su hlJél en los brazos. El tercer día ya no sabe
<'<JI11<> ~e llama 11i qué ha venido a hacer a este hospital.
l .J()Sque retornarán en su análisis son el horror, el odio y
lét violencia para con su madre de nacimiento: ''¿Cómo pudo
abandonarme? Ahora que yo misma tengo un hijo, sé que es
un mo11struo." ¿De qué monstruo se trata? ¿Quién es el
monstruo de quién?
El odio quedó tapado por los buenos sentimientos de unos
padres adoptivos demasiado bien aconsejados. Tironeada
por su ambivalencia, al n1ismo tiempo que la rechazaba, ella
quería gritar por todos los medios su filiación a esa madre
enfern1a, madre con la que sólo podía identificarse como
n1onstruosa.
Des pués de un trabajo analítico en el que Inés pudo
recuperar el drama de su historia y comprender el sentido
otorgable al síntoma "amenaza de parto prematuro'', pudo
volver a tomar a su hija, de la que la abuela se había
convertido también en madre adoptiva, como en una historia
que, de no ser oída, no acabaría nunca de repetirse.
No es tan fácil evitar deslizarse por la suave pendiente del
deseo de curar.
El trabajo de un analista en un servicio de neonatología no
es tranquilizar o intentar suprimir el sufrimiento a cualquier
p1·ecio. Aceptará tener q.ue escuchar, pues de lo contrario,
veintitrés años más tarde, el bebé en el adulto revivirá la
violencia de un trauma que se había pretendido negar.
Confiemos en lo inconsciente para no olvidar. El tiempo,
como se sabe, no tendrá intervención alguna.
La curación aparente que puede producirse no garantiza
e11 111ngún caso el futuro del sujeto. Vemos qué difícil es
sc)stcner· este lugar de analista. Dificultad que nada tiene
c.1u<.~ ve1· co11 la del trabajo en equipo.

<~ll e, por su n1odo de funcionamiento, el equipo técnico

178
¿ r l
h blardeunademand lr e· ' _

declarada que es p ible trabaja - igu
y está, por otra parte la cuestión d 1 deseo de
Cuando todas las pue tas están abie tas ¿no e m y '
riesgo d er ganado por el sist n1a e yendo en la tent e ó
d p e .ta ayud l aber médico median te un s b
p ico n lítico q n a tendría q - v r con el de incons-
ci n ?
Có o trabaj r en el e po d lo qu aben, vi t"endo
·nclu o u uniforme blanco, sin pon se olvidar la posi-
ción más mod st del que t ·en q _ a prend lo todo de su
paciente.
U na demanda apremiante d la medicina no facilita
forzosamente la esp cificidad del trabajo del an li ta.
Hace poco ti mpo, una mamá me comunicó u extrañeza
pues en el servicio de hematolog' a de u importante hospital
de Parí , al que había ido a consultar por _u hijo hemofílico,
la recib ·ó el m, dico que ella conocía y otro, deseo ocido,
también de guardapolvo blanco, que no se presentó a ella ni
al niño. Lo primero que piensa sta mamá es que a la
con ulta asiste un interno, ya que lleva guardapolvo blanco.
in emb go como todos sab mos el h "bito no hac al
monje. La mamá no tarda en percatarse de llo cuando l
pr unto interno al final de la vis.ta, en el mom nto de
abrochar lla la camisa de u hijo de cinco año la inte pe
dici "ndole que é e bien podría abrocharse la camisa olo y
que su conducta sobreprotectora co ti tu' indudablemente
tna eñ ldeangustia umamentepernic10 paraelnºño.Al
anife tar ella su ex rañeza de que 'l no e hubie. p n-
tado le die qu es el psicoanalista de ervicio. ¿ e
decir, qt1izá 'de serv.cio"? ,Como el bombero . 1 l t
La perplejidad d e ta madre va en aum rro-
ga: ' ígam , ¿e normal que un p ic n · - as1~

cuando no le ha p . guntad ?'

179
!I~ ·11<1J't 1, 10 , ,,, ,, ,, , 1 1, 1 J><>t All lllf e l' tlJ y J)lJl' t •I <J ol H(' t' \ 'i 'JC1."
/, 1>e c¡ttl' 111tc •r '8s<•t 1·• 1t :1'I t.1•,,,. <lllC' ){t Jll cl1t·i11:l :1¡Jt!l11 t~111
111rtt"iv: 11t1<~ 11lt• :l ltJS J>.' tC.'CllllléllJ SLé\:-;'?
l•:s i 11<l t1clé.1IJlt' q Lle, l1oy en día, ser médico no es fácil. Los
111( cl1cus dcbe11 afrontar problemas muchas veces insolubles:
1

probeta, donantes desconocidos, esperma congelado,


l)C1l)t>s
11inos i·eanimados n1ilagrosamente que resultan ser, en el
fantasma de los padres, hijos de la medicina: ¿acaso no
sabe1nos que les ponen muchas veces el nombre del médico?
El poder que da la ciencia no es fácil de administrar. En los
años que vienen, los médicos corren peligro de tener que
arrostrar demandas como ésta: "Doctor, necesito una niña de
ojos azules y que nazca el 25 de diciembre. Su ciencia
proveerá."
El acto médico se sitúa hoy en un dominio diferente, no sólo
del psicoanálisis, sino del registro en que se hallaba antes,
cuando lo médico tenía que ver con lo religioso, con lo
sagrado. En la actualidad, lo médico presume de científico.
Trata del cuerpo "científico" y no del cuerpo del deseo y del
goce. La ciencia no da sentido al síntoma.
Cuanto más avanza la medicina, más queda excluida la
dimensión del cuerpo libidinal y del goce; lo cual no significa
que haya que privarse de los progresos terapéuticos. Pero la
medicina coincide muy dificultosamente con la ciencia. Su
objeto, debido a que es sujeto, lo impide. Los médicos,
convertidos en cien tíficos, se en cu entran desamparados frente
a reacciones que son reacciones de sujetos.
Así es la historia de Estela: joven de veintiocho años,
embarazada de siete meses y medio de su primer bebé. Le
anuncian, después de una ecografía, que el bebé ha dejado de
c1·ecer. No se conoce la ca usa de esta detención del crecimien-
to y cunde la alarma. Sin dar ninguna explicación verdadera,
se decide que Estela permanezca en la maternidad.
El médico jefe pronuncia el veredicto: "Su bebé es ahora
bastante gi·ande, estará mejor en una incubadora que en su
panza."
Pensando en un problema placentario, se juzga más

180
l)f lttll'llf( 1 f i>( f l 1f 1t 1 11 fil lllllll JltJI' "1 \ 11 11 [ 1, 11: 1111 \'1 111111 tlt l lt1 \
1 i l<>~, < 1e ' 1>11 e 11 r1
1
11: t 111: 11· 1 8 1I,, i1>.
'r1l t 1' 1, f.! e
~ stl·Ju 11~llJ1:1 v •11icl(> 1'<'1· L111¿1 ::i i1111>I< < t:c>gl':1f1:1 . Si 11
1
111.1s
• acla1·aciones en cuanto a la nccc)s id~tcl el 1~1 i 11 t. 't'V<'t1c·i >Jl, ._......
despierta cinco horas después, sola en una 11ttbili1titJ11, <.:<Jtt •l
vientre chato y dolorido. Su bebé fue trasladado al scr·vici(J ti(•
neonatología de otro hospital, y sólo la autorizé1rá11 a v(•rlcJ
ocho días después, cuando pueda dejar la maternidad. ¿Qué
realidad tiene este niño para ella?
Por fin llega el día de la salida. Su marido viene a buscarla
para llevarla a ver a su hijo. En el n1omento de partir, ella se
niega a ir a ver al bebé. Los médicos no comprenden: a todas
luces acaban de salvar a su hijo y ella se deprime.
Lo que ellos, por supuesto, no pueden oír (y no es ése su
papel; si oyeran, ¿podrían seguir viendo?), es aquello de lo
que Estela vino a hablarme cuando finalmente llegó al
servicio de neonatología, sin poder acercarse aún a la incu-
badora.
Entrevista tras entrevista, Estela vino a hablarme de su
madre.
Esa madre por la que nunca se sintió amada, a la que vivió
como rechazante y preocupada únicamente por una pasión
1
de la que había hecho un oficio: "la investigación mate-
mática".
La madre de Estela tenía por libro de cabecera su propia
tesis de te1·cer ciclo. En él encontraba su paz cotidiana; a esos
trabajos se había dedicado mientras esperaba a su hija, y
aún hoy hallaba consuelo en ellos cuando su vida conyugal
le parecía irrisoria: en ellos se enfrascaba para olvidar la
imagen cada día un poco más gris que le devolvía el espejo.
Ironía del destino, Estela nació de un error de cálculo. "Esa
madre no me amó nunca, decía, me encontró fea de nacimien-
to; solía decirme que había deseado mi muerte. Se equivocó
al calcular las fechas, ella que no se equivoca nunca."
Ja que mate, para su madre. Estela también nació prema-
1
tura.
Si Estela no va a ver a su hijo es por miedo de encontrarlo

181
feo, de sucun1bir a los mis mos anhelos de muerte que los de
su propia madre.
Ella, que tanto deseaba reparar, vivir por fin una r elación
madre-hijo feliz, queda consternada ante la idea de una
fatalidad que se repite. Como si la pesadilla tuviera que
recomenzar indefinidamente.
El reabastecimiento narcisis ta esperado no pudo concre-
tarse.
Al parir prematuramente, Estela se precipitó de manera
fantasmática en el mundo de las madres calculadoras, frías
y monstruosas, en el mundo de las madres en jaque. Tiene
miedo de su hijo. Para evitar ser una madre así sólo le queda
el dolor de ser ella misma una hija monstruosa.
La prematurez enlazada a la vida por un hilo y a la
maquinaria médica por varios es, para la madre, un hijo
decepcionante, hiriente, anormal: causa de un derrumbe
narcisista.
Aprendí de est as madres que no existe para una mujer
mayor sufri miento narcisista que el de traer al mundo un
bebé anormal.
Aprendí de los bebés el poder considerable que tienen
sobre su madre (no esta mos aquí en el registro del narcisismo
secundario, sino más bien del narcisismo primario~ es una
cuestión de vida o muerte). Si no res ponden a su expectativa
por ser enfermos o demasiado pequeños, pueden "ins pirar"
una mala madre.
La repetición de esa prematurez fue, para Estela, insopor-
table.
Un niño que mama bien hace venir más leche y gratifica
a su madre, que se siente "buena". Un bebé que busca captar
la mirada de su madre la ligará a él mucho más fácilmente
que un niño que no la mira, que no parece interesarse en ella.
El bebé está, por decirlo así, en posición de hipnotizador
para la madre.
Este encuentro con un niño prematuro o enfermo es
cxlre111ttdé.1 mente doloroso. La culpabilidad, a veces terrorí-
fic,1, c>rt1pn s10 r11p1·c el prin1er plano.

IH:¿
Un pronóstico demasiado peyora t1vo ei11i t idc> 1)01· t111 111t·<i i -
co deseoso de decir la "verdad", puede tener a veces eft,<: t e>~
desastrosos. No sólo se quiebra entonces el niño, sino tan1-
bién la madre, impedida de ser madre para este hijo.¿Verdad
para quién? ¿De qué verdad se trata cuando se la dice de esta
manera?
Es importante procurar impedir que el frágil vínculo entre
padres e hijos se quiebre. Aun si la vida del niño ha de
interrumpirse ahí, que siga siendo para sí mismo y para ellos,
los sobrevivientes del drama, sujeto de su historia.
En el caso de Si~vio, como en el de muchos niños prematu-
ros, quien estuvo cerca de él en un primer tiempo fue el padre.
En todos estos nacimientos el rol de los padres es fundamen-
tal. Con frecuencia están en primera línea . El encuentro de
estas madres sufrientes con el bebé suele pasar por el padre.
Para Estela, estaba ausente.
Al vivir a su vez la desesperación y soledad en que había
estado sumida su propia madre, Estela pudo autorizarse a
ser una madre para su hijo.
El error de cálculo del que había nacido actuó pese a todo,
lo mismo que un acto fallido, como revelador del deseo de su
madre. Este error manifestaba un deseo de hijo, aun cuando
se hubiese realizado a sus espaldas y eligiendo para ello s u
síntoma matemático.
Silvia había venido, en efecto, para reconfortar a su madre
y llevarla hacia él, hacia la curación. Cuanto más hablába-
mos juntas de la historia de Estela, de su dificultad para
acercarse a su hijo, más se mostraba Silvia presente y
deseante, más iba él hacia ella. Los hijos se encuentran
siempre en posición de terapeutas de los padres, cosa que
- bien lo sabemos- no es forzosamente bueno para ellos.
Un trabajo psicoanalítico se inició con Estela. La posibili-
dad o no de este trabajo en los hospitales es una cuestión de
ética, pero también de personas. Momentos privilegiados de
los que nunca sabemos si van a durar.
Todo vuelve a jugarse cada vez en función del analis ta, de
lo que éste es, del equipo y de la transferencia que los une:
o:

110 J al: todo el mundo pu de r cibir us


o · · di pu de apropiár elo.
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y ''l as muJ.eres
II. u1 ora y Cri tina
o la niña de lo bas ido es .......................................... 39
II . Arturo y l . ecreto d a morsa ................................ 43
I . argot y los gra os mágico ............. . ....... ~ ........... _.... 4 7
V. P b lo o ''el casto'' de un niño ........................ ~ .. . .. . .. . . . .. . 5 2
V . Samira: ¿niño íntoma
,., t Oin
o Slil d e l IllilO
- . - ?................................................. 11········· 55
V I. Val ntín y su león .................................................... 59
V II. Violeta 0 el dran1a de los celos ................................ 62
1

1 . Lolita, la niña ''anorm 1'' ........................................... 66


- r1.a~ n , e l t•1gre
X . Ad . y su ' 111n . in" '' . . . . . . . .. . .. . . . . . . . . . . . . . . . . ........... . 69
. Del pediatra al psicoanalista
. - "a enea u zar " .. .... . .... ... . . .... .... . . ... .. ... .. ... .. . ..... . 7·
o e l n1no
II. la ese cha del corazón de a la . . . . . ... . . . . . . . .. . . . .. 7
l. An . ........................ "'I•••• .................................................. ..

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. én phon o 1 e uz d · lo non1bre ................. ........... 89


licí , el 1 gro l fobia ................................ 109
II . Jer ía o ' 1 t ro del paya o" ... .............. .............. .

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1. s ............................................................................. 185