Rigoberto Paredes

Antología mínima de su obra poética
Homenaje póstumo.

D.R. Guancasco Editorial
Colección: Homenajes Póstumos
D.R. Rigoberto Paredes
Correo electrónico: contacto@guancascoeditorial.com
www.guancascoeditorial.com
© Primera edición: Guancasco Editorial
San Pedro Sula, Honduras, C.A.
Diseño de cubierta: Guancasco Editorial
Ilustración de portada: Guancasco Editorial
Diseño y diagramación de interiores: Gustavo Campos
Consejo Editorial:
Jairo Mejía Rodríguez
Gustavo Campos
ISBN:

No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier otro medio, ya sea electrónico,
mecánico, por fotocopia, por registro u otros métodos, sin
el permiso previo y por escrito de los titulares del copyright.

Índice
Nada perdura

7

Memoria del solo

8

Memento 9
Alguna vez

10

Estación perdida II

11

Opus de amor

12

Post Mortem

13

Méridem 14
Belleza 15
Vuelta 16
Cansancio 17
Poétique 19
ARS 20
Lengua franca

21

Haberes de Villon

22

Letra para un himno

24

Catulinarias 25
Confesión de parte

27

Mujer desnuda

28

Lapsus 29

Autocrítica 30
Cuentas claras

31

Martes trece

32

Conjuro 33
Mudanzas

34

Risas

35

Peor que todos

36

El amigo poeta

37

Biografía
Rigoberto Paredes (Trinidad, Santa Bárbara, Honduras, 26 de
abril de 1948 – Tegucigalpa, Honduras, 9 de marzo de 2015). Poeta, ensayista y editor. Una de las voces más representativas de la poesía escrita en Honduras a partir de la segunda mitad del siglo XX.
Perteneció a los grupos literarios: Tauanka de Tegucigalpa y Punto
Rojo de Colombia. El tesonero trabajo de Paredes es reconocido
en su país, en donde fue galardonado con el premio It-zamná de
Literatura, otorgado en 1983 por la escuela Nacional de Bellas Artes
y el Premio Nacional de Literatura Juan Ramón Molina (2006).
Finalista en los Certámenes internacionales de poesía de Casa de
Las Américas (Cuba), EDUCA (Centroamérica) y Plural (México).
Ha sido co fundador de los proyectos editoriales: Editorial Guaymuras, Editores Unidos y Ediciones Librería Paradiso, así como de
las revistas Alcaraván, Paradiso, Imaginaria y Galatea.
Obras publicadas: En el Lugar de los hechos (1974); Las cosas por su
nombre (1978); Materia prima (1987); Fuego lento (1989); La estación perdida (2002); Obra y Gracia (2006); Segunda Mano (2011),
Lengua Adversa (2012), Partituras para cello y caramba (2013), Irreverencias y Reverencias (2014). Es coautor, junto con Roberto Armijo, de la Antología Poesía contemporánea de Centroamérica, publicada
en Barcelona.

Leal a su compromiso con la poesía, participó en recitales personales y colectivos, organizados, muchos de ellos, en el contexto de
festivales, en Honduras, Madrid, Francia, Costa Rica, Nicaragua, El
Salvador, Guatemala, Estados Unidos de América, México, Colombia, Argentina, Chile, y otros países del mundo.
Paredes estableció relaciones entrañables con los poetas de la región
centroamericana, particularmente con Roberto Armijo, como lo
muestra su estancia en París en 1980, durante la cual prepararon la
Antología de Poesía Contemporánea de Centroamérica.
La extensa creación de Paredes transita por temas, metáforas y ritmos que muestran su profunda identidad con la tradición poética
de América Latina. El eje semántico que domina su poesía es la
ironía. Ironiza el amor, la muerte, el desamor, la soledad y la poesía
misma.
Texto extraído del blog Paradiso

Nada perdura
De amar, de haber amado
queda tan sólo, amor, una vaga palabra,
un turbado cansancio, un desaliento,
como si algo, a lo lejos, se apagara.
Una honda caída, un golpe seco
o un quejido entre labios
quedan tan sólo, amor, de haber amado.
Aquel tiempo, otro tiempo,
de ardor y sacro sexo,
ya es ceniza.
Nada perdura, amor,
de amar, de haber amado.

Rigoberto Paredes

Memoria del solo
¿En qué ajeno paraíso abandonaron
mi humeante corazón, quemado vivo,
las mujeres que amé?
¿Bajo qué cielo raso se desnudan
y muestran victoriosas el reino que perdí?
Yo, en cambio, nada guardo: ni dicha ni rencor.
Una a una me dieron la gloria merecida
y derrotado fui con sus mejores armas.
El amor es la única batalla
que se libra en igualdad de condiciones.
Yo no pude escudarme, devolver las palabras
con la misma osadía, y los más leves golpes
me alcanzaron de lleno a la altura del pecho.
Dado ahora a morir en cama extraña
(orgulloso de mí, en paz conmigo)
cierta gloria atesoro, ciertos nombres
como el viejo guerrero que alivia sus heridas.

8

Antología mínima de su obra poética

Memento
Vencido,
te relames en los labios
un incierto dulzor,
los viejos sinsabores de otros cuerpos.
Nada tuyo queda, nada de cuanto diste
ha vuelto salvo ni recompensado.
El amor es así: gloriosa pérdida
de prendas y batallas,
o, a veces, solamente un injusto recuerdo,
cierto invicto deseo
que juraste guardar más allá de la muerte.

9

Rigoberto Paredes

Alguna vez
Alguna vez
un cuerpo se tendió a nuestro lado
y se abrió, sin prudencia,
como una madrugada.
Le dimos cuanto quiso:
piel,
entrañas,
el lujo del amor,
las más hondas palabras.
Una mirada, un hálito, una brizna le dimos.
Alguna vez
un cuerpo se tendió a nuestro lado
y nos dejó
vacíos.

10

Antología mínima de su obra poética

Estación perdida II
Cuanto amé
doy a cambio de la estación perdida.
Con paciente avaricia yo he guardado
dones, heridas, dichas, infortunios,
vanas prendas que el tiempo ha vuelto bellas.
Ahí están,
bajo palabras puestas
ante el límpido augur de la memoria.
El mundo en torno ha sido monótono, aparente,
sólo un confuso limbo de lejanas presencias,
una noria atascada, un áspero cansancio.
Pero amé,
colmando fui de amor pechos y labios
y nada más que cuanto amé queda.
Mas la vida vendrá
cuando en mí resplandezca la estación perdida.

11

Rigoberto Paredes

Opus de amor

(en cuatro movimientos)
Convite
Una mujer no basta
para dar de vivir al solitario.
Un solo cuerpo no, una mujer no basta.
El solitario aguarda
en su lecho de rosas
a más de un corazón.
Una sola no basta
para dar de vivir al solitario.
Su cabeza se aqueja bajo sábanas
como animal rendido,
y los ojos del solitario no ven de lejos.
Acérquense las que quieran,
todas.

12

Antología mínima de su obra poética

Post Mortem
No aplacaré con lágrimas
lo que arde en la punta de mi lengua.
De más está llorar
por quien vivió en la holganza,
dando palos a cambio de abrazos y de querencia.
Ahora, en esta hora de la verdad,
en que tus pompas
se estrenan en lo duro y pelado de la tierra,
todo cuanto luciste, ufano y altanero,
pesa más sobre ti
como una losa a imagen y medida de tus restos.
¿Qué otra suerte esperaba
quien en vida olvidó, a su debido tiempo,
que también el poder y sus deidades
pasto son de gusanos, hálito de la nada?
Un áspero hierbajo se abre paso por dentro,
te hiende la cabeza, el pecho, los muñones:
es el estrago tenaz de la venganza,
su lenta mordedura, la soga del rencor,
únicas prendas
que ostenta la oquedad de tu memoria.

13

Rigoberto Paredes

Méridem
Ahora soy, por fin, lo que no he sido.
Al tiempo, augur del desdichado,
nada debo, nada de mí.
Lo que tengo, o tendré,
pertenece a la certeza del olvido,
o a ti , desconocida, incansable poesía.
Si escribí, si no escribo, si escribiré,
¿qué significa todo eso?
Ah, qué hermoso es este oficio del silencio.

14

Antología mínima de su obra poética

Belleza
Quién eres tú, belleza,
incierta, impura belleza.
Qué buscas dentro de mí, belleza.
O solo quieres que te nombre , belleza,
como a una recién nacida, belleza,
impostora de ti, de mí, belleza.
Digo, quiénes seremos tú y yo, belleza,
Cuando, de aquí a mañana, belleza,
no seas tú, poesía, mi única belleza.

15

Rigoberto Paredes

Vuelta
Mañana volveré.
Mañana, dije, sin mirar tu rostro,
sin mirarnos de frente.
Pero viéndote, viéndonos
como antes nos mirábamos.
A ciegas llegaré,
como un Odiseo tejido y destejido
por el desamor, esa llaga
incurable de tu corazón.
Llegaré, falsa Penélope,
Circe de los amigos
que Edilberto vio convertidos en cerdos,
lestrigona de este viejo caballo de Troya.
Argos me espera.

16

Antología mínima de su obra poética

Cansancio
Ya no quiero, no puedo
dar más de lo que tengo.
Mi corazón boquea como un pez
en el fondo de una nasa abandonada.
Así me veo ante mí mismo:
animal sudoroso, azorado,
viejo poeta, marchito en sus laureles.
De nada me valió
meter mis manos en todas las hogueras
en nombre del amor,
vieja causa perdida.
De nada, haber creído
en la palabra dada
por más que haya nacido de unos labios
dulcemente posados en los míos.
El tiempo es cruel y juez severo,
Justa o injustamente cruel.
Conozco toda altura y toda bajeza,
sus vacilantes máscaras
que el tiempo, con el tiempo,
va poniendo en su lugar preciso.
Yo he visto rodar glorias,
cabezas bien o mal alzadas
en la plana pública
para honra y prez de fieles

17

Rigoberto Paredes

o de incautos.
Yo he mirado la verdad, su temible fijeza,
su mano limpia, amenazante
contra quien no se rinda
a su reino impenetrable, ciego.
Y simples cosas,
extrañas, entrañables pertenencias
no mías, he visto,
y de esto y más daría fe
ante propios y extraños
como un viajero pródigo
que vuelve inesperadamente.
Reconozco, al pavesiano modo,
que es difícil vivere.
Y yo he vivido y he visto y he creído.
Y todo esto cansa, cansa, cansa.
Y yo, yo estoy cansado.

18

Antología mínima de su obra poética

Poétique
Lo adjetivo, Huidobro, es lo que mata,
así como la rosa florecida en tu poema.
Y el poema no es llave;
Cerrojo, cerradura, sí,
de la única puerta que lleva a la poesía.
Crea, cree que creas,
poeta, ciudadano del olvido;
crea viejas palabras y pásalas por nuevas
al mando de tu báculo pontificial, bicéfalo.
Y alce su mano, ante ti, de dios pequeño
el que viniere de otro mundo
a decir lo mismo, ya sabido.
¿Pequeño Dios?, si acaso tú, Vicente,
Pese a tu pecado de originalidad.

19

Rigoberto Paredes

ARS
Muerdo mi lengua para que más sangre
y la vuelvo a morder para que cante.
Mi lengua larga y doble, como todas
las lenguas enemigas, sotto voce.
Muerdo mi lengua y sangra y la maldigo
porque no es vino lo que de ella brota.
Puro veneno trago. Doloroso
tarugo que mastico y me atraganta.
Lengua adversa sin más: vilipendiada,
viperina y procaz y tabernaria.
Lengua de mí, como si nada, luenga.
Esta es mi obra, digo, parto de estos montes,
fatua palabra sobre palabra fatua
nacidas de mi lengua patética, poética, ¡y ars!

20

Antología mínima de su obra poética

Lengua franca
Cuando te digo amore, cara mía,
es amor lo que digo, francamente;
y vos decime mon amour
cuando te bese allí, au déla,
o como se diga en papiamento
o en una lengua muerta.
¿Cómo se dirá amor en una lengua muerta?
Love, not war,
me decía una veterana desalmada
cuando, ipso facto, me pasaba por sus armas.
Amore, amoris,
te diría un ladino de Verona.
Y yo te digo amor, sin pelos en la lengua,
hagamos ese amor que más nos gusta.

21

Rigoberto Paredes

Haberes de Villon
Todo lo que sé
me lo legó Francois Villon,
el villano de Angers,
hijo de Guillaume, peor que él,
y de madre desaparecida.
Francois, mâitre y poéte,
le dispensó a Regnier cuatro perros hambrientos
y al señor de Griny, media docena más,
y un pato a la Cholet, por casquivana.
Y a mí, sin que conste en relación alguna,
me mandó en pago por un puño de morrallas
eso que cubre entrepiernas y pecheras
de Las Carmelitas.
A cambio, de mi parte,
acomodé a los pies de la virgen de los inocentes,
beso mediante,
su reputado florete
de salteador de alcobas y veredas.
Villon, villano amigo,
ya le entregué a Louvieros
las cáscaras de huevo que dijiste.
Y más y muchas cáscaras
a tus damas de antaño, Thais y Eloísa;
y cáscaras, más cáscaras
a estas mías de hogaño:

22

Antología mínima de su obra poética

pocas de ver, una
o ninguna.

23

Rigoberto Paredes

Letra para un himno
De algo que bien pudiera llegar a ser un país,
de un país que no puede ser, todavía,
estoy hablando.
Falta mucho, todo
lo que un país quiere tener:
un nombre, un nombre propio de país;
tierras, mares y cielos del país;
muertos, vivos por un país;
fama de buen vecino, a pesar del país;
belleza, poetas y animalitos
a salvo en su país.
Un país que no duela sin querer.
Un país que no duela.
Otro país.
Un país que no puede ser, todavía,
es mi país.

24

Antología mínima de su obra poética

Catulinarias
2

No quiero, Lesbia, que me quieras
como otras me quisieron.
No sufras tanto, no vale la pena;
pues que duele ese amor,
como el tuyo,
no correspondido.

9

Pobres cenizas
que una vez ardieron
por un hombre.
Pobres de las que todavía,
como Dido, me aman.

4

Me dijeron
que dijiste que me amabas.
No les creí.
No creo que tú hables
mal de mí
a mis espaldas.

5

Te vi, Lesbia, en las termas,

25

Rigoberto Paredes

húmeda te vi, desatinada y limpia.
¿Por qué no estás así
cuando llego a tu cama?

7

Hombre soy, Lesbia,
y tengo mis urgencias.
Razones, pues, me sobran
que tus platónicas ganas no conocen.
Contigo
o con las otras,
urgentemente
preciso ser fiel conmigo mismo.

10

Te llevaré a Palacio
para que te envidien
cortesanas y avenidos palaciegos.
Vaya, dirán,
qué hace esa entre nosotros.
Así murmurarán las cortesanas, Lesbia.
Esas,
amo y señor yo de todas ellas.

12

Cayo Valerio, me dijiste, te amo.
Y me quedé callado.
Cállate tú y calla tus mentiras,
cara Lesbia.
Yo no te amo, ni amaré a ninguna.
Amar es cosa poca,
dura menos que un bostezo en tu cama.

26

Antología mínima de su obra poética

Confesión de parte
Yo no voy a morir de amor.
Ya no.
Aquella vez que debí hacerlo, salí huyendo,
huyendo en pos del olvido, esa traición a sí mismo
que anida en el corazón de los enamorados.
Sólo una vez se puede morir de amor.
Morir, sin más, como los héroes:
no importa cuándo, ni cómo, ni dónde.
Simple y sencillamente morir
a manos de quien nos ha jurado amor eterno
y morir sin saber la verdad.
Morir a cambio de nada
o de algún recuerdo, esa falsa pasión,
honra y prez de los que amaron.
Yo no voy a morir de amor.
Yo, el más triste y odioso entre los cobardes.

27

Rigoberto Paredes

Mujer desnuda
Anoche vi a una mujer desnuda.
Por vez primera
porque uno siempre ve por vez primera
a una mujer desnuda.
Una mujer desnuda
es siempre esa mujer desconocida.
La mujer desnuda que vi
no es la misma mujer
ni aquella noche es la misma noche.
Esta mujer desnuda nunca es igual
a la mujer desnuda
de aquella noche.
Tan sólo estaba así, como en silencio,
porque su desnudez hablaba por sí sola.
Pero esa mujer gritaba auxilio, auxilio,
desesperadamente corría,
corría cada vez más cerca de mí,
y yo, desnudo, la veía como quien ve
por vez primera a una mujer desnuda.

28

Antología mínima de su obra poética

Lapsus
Repetiré en voz alta unas palabras.
Amor quise decir cuando escribí tu nombre.
Olvido dije cuando amor decía.
Tonta de ti y tonto quien dice estas palabras.
Darío te daría unas profanas prosas
Neruda esa cursi canción desesperada.
Lo frío de la noche
recuerda que estás lejos.
El frío y este Claro de luna, de Beethoven.
Nada quiero sin ti;
Perdón, quise decir olvido, amor,
esas palabras.

29

Rigoberto Paredes

Autocrítica
Obra & Gracia
me gusta más que Fuego Lento.
Materia Prima
la prefiero a mi media naranja,
Barricada.
Las cosas por su Nombre,
francamente diría: más o menos.
En el Lugar de los Hechos,
ay, ese dislate de alcoba bogotana
me tiene sin cuidado.
Y La Estación Perdida,
escrita fue tan a destiempo
que más parece una romanza
de Romagnesi, il sommo.
Segunda Mano, ¿libro de segunda
hecho pasar como libro de primera?
Y ahora…Lengua Adversa
para dar de leer a adversos y conversos
y me dejen dormir, sécula seculórum,
en mis laureles canos.

30

Antología mínima de su obra poética

Cuentas claras
Un verso dejo,
sádico,
satírico,
y etílico
al enemigo y, si acaso, a la enemiga
de mi vida y obra.
A ver, ¿cuántos enemigos tengo?
Uno que otro o ninguno;
por gracia de los dioses, ya perdí la cuenta
o por desgracia mía, no me doy ni cuenta.
Hay poetas que se pasan la vida
ganándose enemigos
como en una lotería literaria.
Yo, por mi parte,
versos dejo, muchos y diversos
para que ajusten
y que den contento
a las adversas lenguas
y a esos tristes tahúres de la gloria ajena.

31

Rigoberto Paredes

Martes trece
Un día como hoy murió mi padre.
Este día, a mis siete de edad,
me enviaron a la escuela
en castigo porque bañé a Lingüística, mi gata..
Otro día como este cumplí quince años
y me robé una novia entrada en los catorce.
Recién cumplidos los dieciocho,
recibí tremenda carceleada
por apedrear la estatua del general Carías.
Un día como hoy rondaba yo los veinte
y publiqué mi libro, primero, de poemas,
que en brevísimo tiempo
pasto fue de la chanza y del olvido.
A mis cuarenta, ese día, ese día
me casé con la única muchacha de ver
en La Plazuela.
¡Ese día, qué día, no toqué madera!

32

Antología mínima de su obra poética

Conjuro
Poesía,
no me dejes decir
lo que después yo tenga
que borrar, arrepentido.
Que nunca ponga en boca
de metal indeleble
lo que el más leve viento
dispersar podría a ras de página.
Que pueda yo nombrarte
sin esa amarga tinta del remordimiento,
dura, vieja condena de poetas penantes.
Y hazme reír, poesía, de mi mismo y de ti,
de todo cuanto luzca recato y compostura.
Sálvame de las frentes lustrosas y altaneras,
y descreído vuélveme
del que a tu puerta toca
desesperadamente, lunático de sí, poesía,
candorosa divisa de los faltos de ti.
Canta, poesía, canta, en mi pecho grita
y por tu gracia vuélvase mi verbo
invicto puño y letra invicta ante el espanto;
no aullante, no inocente, nunca en fuga.
En tu nombre, poesía,
has de verme resistir por la herida.

33

Rigoberto Paredes

Mudanzas
Qué se pierde cuando pierdes el tren
que tanto esperaste
en la estación equivocada.
Si acaso, ese ramo de lilas que llevabas
a la tumba de tu madre.
Mañana será otra lila, bella durmiente,
la que habrás de lucir en tu chalina roja.
Y temprano vendré a despertarte
para juntos cortar florecillas de abril.
Hace tiempo lloraste por un muerto
y no olvido esa vez.
¿Quién se muere cuando uno muere?
Mejor canta, señora, canta,
yo alumbraré tu voz con mi sonaja maya.
Ahora que no ves, que duermes día y noche
y no hablas, no oyes,
conmigo, madre mía, escucha,
el silencio escucha y su música insepulta.
Y cante yo, te cante tu ángel
de Jericó, la cananea.

34

Antología mínima de su obra poética

Risas
Por objeto de risa te tomaron
sin saber vos por qué
y en tus narices burla y agravio
repartían los pendejos
mientras te señalaban como a bicho insano.
Y de tal manera se doblaban,
las manos tamboreando en sus barrigas
como orangutanes en celo,
que de bruces caían sin cesar de reir.
Distinguida es la risa en boca de algún loco
prestigiosa se vuelve, sin par
cuando razón nos da de vivir como nos dé la gana.
Qué diera el triste
por salvar esa caída a carcajadas.
Y el condenado a muerte
en quién hallar podría una sonrisa en fuga
como la del diablillo Achís
bajo el ojo en volandas del cabalista Bâhr.
Risas hay muchas,
unas de buena y otras de mala leche,
la del tonto, la del clown, la del loco
la risa del dormido y la del trasnochado.
Muchas, muchas,
pero ninguna
como la risa chillona de una calavera.

35

Rigoberto Paredes

Peor que todos
Yo traicioné ese sacro lugar que me fuera fijado,
pero gané, yo el peor de todos,
yo, vencedor de tirios y troyanos
que juntaron poder y maledicencia en contra mía.
Impío fui esas veces como los dioses del mal
y di a beber pócimas letales al sediento
y sobras de vieja hiena a quien pedía bocado.
Cobardes todos, que puertas al campo levantaron
para dejarme a solas, a mí solo, ciego de amor,
vuelto un demente
abandonado en las orillas del río de Heráclito.
Lejos, apartado ahora de ese tiempo de matanzas,
veo empozada la sangre en los ojos de mis muertos
y crece mi dolor, crece por ellos.
¿Quién, por qué querrían ser
peor que yo,
el infame, el maligno, el peor que todos?

36

Antología mínima de su obra poética

El amigo poeta
El amigo poeta
llegó a Paradiso a preguntar por mí.
Me dejó en buenas manos
un ramo de sus versos
frescos y olorosos a ese mar donde vive;
destellos de ira eran con nombres y apellidos
de este país confuso, ambiguo hasta en sus alcobas.
Viaje de ida y vuelta el mismo día
fue como siempre el suyo
y manera no hay de apartarlo más tiempo
del ojo al Cristo de Zoila.
Quien no lo vio esa vez
no lo verá por largos meses,
porque el amigo poeta
cuida de pacientes y sirenas, seres muy dados
a morirse de amor en las madrugadas.
Yo fui a verlo un domingo
a bordo de un tractor del poeta Quesada
y allí estaba el nacido en Coyoles Central,
cantando, a voz en cuello, Oh sole mío
bajo aquel solazo de abril
que hacía reverberar la piel de las ceibeñas.
Tiempo sin vernos, años, lo suficiente, digo,
para que la amistad se vuelva
llama imborrable, prendida en la memoria.

37

Rigoberto Paredes

38

Antología mínima de su obra poética

Libro digitalizado y no comerciable.

39

Rigoberto Paredes

40

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful