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Las palabras y las cosas - Foucault, Michel

Publicado en 1966, empieza con una larguísima discusión de Las Meninas del pintor español Diego Velázquez, en
atención a su complejo juego de miradas, ocultamientos y apariciones. De ahí desarrolla su argumento central: que
todos los periodos de la historia poseen ciertas condiciones fundamentales de verdad que consituyen lo que es
aceptable como, por ejemplo, el discurso científico. Foucault argumenta que estas condiciones de discurso cambian
a través del tiempo, mediante cambios generales y relativamente repentinos, de un episteme a otro.
Las palabras y las cosas, profunda reflexión sobre el ser hablante, o mejor dicho ser hablado, el universo humano y
la posibilidad humana de conocimiento, se inspira en la lecturas de Foucault de la obra de Jorge Luis Borges.
Las palabras y las cosas es un libro crucial en la crítica a la representación efectuada por Foucault. Sin
embargo, esta obra, a pesar de estar atravesada por lo nietzscheano, no suele ser identificada como tal. Por el
contrario, en los textos foucaultianos de la etapa del poder nadie pondría en duda la presencia nietzscheana. No
obstante, Nietzsche está presente en la primera etapa de Foucault. Ambos filósofos, desde sus primeras
publicaciones y desde sus respectivos análisis de la representación, han puesto en cuestión la pertinencia de ese
modo privilegiado de acceso a la verdad que la modernidad hegemonizó: la representación. A tal punto que
normalmente, en una primera aproximación al objeto, no solemos considerar la representación como una mediación
entre las cosas y las palabras, sino como algo del orden del conocimiento, de la verdad
El filtro por el que atraviesa el impulso nervioso, provocado por algo externo (las cosas) y relacionado con el
significante (las palabras), pulveriza ese impulso hasta convertirlo en meros sonidos, que por tener sentido son
metáforas, y que por un olvido de que lo son, terminamos creyendo que son la realidad. Creemos que las metáforas
que decimos para referirnos a las cosas son del orden de la verdad. Denominamos conocimiento a este proceso.
Creemos que conocemos porque somos capaces de repetir lo mismo que habíamos decidido que se vuelva a decir
en circunstancias semejantes. Para desarrollar su libro sobre la inopinada relación entre las palabras y las cosas, o
entre lo real y su representación, Foucault no solo abrevó, entre otros libros y autores, de El nacimiento de la
tragedia, se empapó también con otros textos nietzscheanos, como “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral
del que extrae herramientas arqueológicas; y algo más.
En Las palabras y las cosas se analiza justamente las diferentes constituciones de nuevos objetos de
conocimientos según el devenir de los diferentes períodos históricos. Se muestra asimismo las bisagras extremas
que separan cada época. Entre el Renacimiento y la época neo clásica, se yergue Don Quijote; entre el clasicismo
de los siglos XVII y XVIII, y comienzo del XIX se alza una figura duplicada: Justine y Juliette.
Entre el loco de las representaciones, el caballero medieval anacrónico -Don Quijote- y las locas por
pasividad o actividad del deseo corporal, la objeto y la sujeto de deseo inventadas por Sade, se impone un orden
regido por la episteme. Además, hay otro orden, el del poder, pero esa instancia no es tema de Las palabras y las
cosas, sino de Vigilar y castigar; aunque Foucault se había ocupado del poder en La historia de la locura y se
ocupará más sistemáticamente en obras posteriores.
Don Quijote es emblema de un mundo donde ya el lenguaje no se involucra con las cosas, donde se comienza
a diferenciar entre las palabras y las cosas. Él que era producto del discurso escrito, muere cuando la representación
(modo de conocer moderno) le gana a las semejanzas (modo de conocer medieval). Por su parte, Justine, producto
de su época, va dejando de ser palabra para ser representación del deseo de los otros, y Juliette ya es temporalidad,
sujeto deseante ella misma, no mero objeto del deseo de otro. Juliette es algo así como la consumación de la
modernidad, es sujeto autónomo. Y ambas “representan” asimismo la duplicidad propia de las ciencias sociales, en
las que el sujeto de estudio interactúa con el objeto a estudiar, desarticulando el supuesto positivista de que sujeto y
objeto se relacionan “sin contaminarse”, “tomando distancia” y garantizando “objetividad” o, dicho de otra manera,
que el objeto existe per se y el sujeto no tiene nada que ver con él y simplemente lo refleja como un espejo, cuando
–en realidad- más que entre verdades objetivas inmóviles y perennes el conocimiento circula entre enfrentamientos,
conflictos, violaciones a las cosas y juegos de palabras.
Parecería entonces que el libro de Foucault habla del desorden, sin embargo, habla del orden, del elemento
apolíneo y de los efectos de contrariarlos. Por su parte, Nietzsche, en El nacimiento de la tragedia, muestra que lo
dionisiaco no puede expresarse plenamente, pero sí lo apolíneo que es utilizado para abordar lo que realmente le
importa a la mayoría, que no siempre es lo relevante para Nietzsche.
En Las palabras y las cosas, lo dionisiaco se mantiene en los bordes. Así como, en El nacimiento de la
tragedia, el tema fundamental, la ciencia, es elidido y, no obstante -o precisamente por ello- es lo realmente
importante de ese libro. Dice Nietzsche en sus primeras páginas que el contenido de la obra no está explícito. La
primera edición fue en 1871, y en su tercera edición, 1886, el filósofo le agregó una introducción que tituló
“Ensayo de autocrítica”. En esa introducción afirma que la tarea de El nacimiento de la tragedia es dilucidar el
problema de la ciencia y que la obra plantea un problema nuevo, inédito hasta entonces, el de la ciencia concebida
como problemática, como discutible, como posibilidad de saber dionisiaco, desprejuiciado, “desmoralizado”, libre,
cuya contracara obvia es la apolínea ciencia occidental, moderna y positivista, auto proclamada universal y
verdadera.
Foucault hace una torsión hacia las consignas nietzscheanas y se plantea como verdadero horizonte de
sentido, en su libro sobre las palabras y las cosas, el tema de la ciencia. Aunque en este caso, no se trata ya de
ciencia gaya, sino de ciencia nova (para fin del siglo XVIII, comienzos del XIX). Se trata del saber que tiene por
objeto de estudio al ser vivo que trabaja y habla. En definitiva, el libro comienza y termina recorriendo caminos
nietzscheanos. Se trata de una arqueología genealógica que culmina con la idea de la muerte de Dios, que
necesariamente lleva implícita en sí la muerte del hombre.
En Las palabras y las cosas se les dice, a los que todavía se plantean preguntas sobre qué es el hombre en su
esencia, que esas esencias, hace ya tanto tiempo denunciadas como simples palabras, no preocupan seriamente a
nadie. A los esencialismos, neopositivismos y formalismos –hoy- simplemente podemos contestar con una risa
filosófica. Una risa nietzscheana reflexiva y silenciosa, como la evocada por Foucault en las páginas finales de Las
palabras y las cosas.

Fuentes de la Historia

Si hacemos una comparación entre la cantidad de pueblos que han dejado una memoria escrita en el pasado, con el
número de pueblos que ni siquiera conocían un método de escritura (pueblos ágrafos), nos daremos cuenta de que
los primeros son una minoría bastante pequeña. Sin embargo, eso no ha impedido que los historiadores hayan
logrado indagar como vivían esos pueblos, cuáles eran sus creencias, y de que manera se organizaban para obtener
el sustento ¿Cómo se allegan los historiadores esos datos? ¿de qué medios se han valido para sacar a la luz esa
información? los investigadores del pasado humano, remoto y reciente, acuden a las fuentes de la historia que
listamos a continuación.
a) Documentos escritos.- Todas aquellas inscripciones que el hombre a dejado en diversos materiales como trazos
en piedra, madera, ladrillo, metales, telas y manuscritos.
b) Restos humanos.- Fragmentos de huesos humanos y aun de antepasados del hombre que sirven para conocer el
grado de desarrollo físico del hombre a lo largo de las diferentes etapas de su existencia.
c) Tradiciones orales.- El conjunto de leyendas, relatos, cuentos, mitos, fábulas, cantos que han pasado de padres a
hijos a través de innumerables generaciones.
d) Restos materiales.- Tumbas, monumentos, palacios, instrumentos de trabajo y todo aquello que el hombre ha
construido; restos que nos permiten conocer objetivamente el grado de adelanto cultural, económico y social de
nuestros antepasados.

Se considera fuente de la Historia, todo lo que nos ha llegado del pasado y que, en consecuencia, sirve al
historiador para reconstruir, comprender e interpretar ese mismo pasado. G. Bauer agrupa las fuentes según los
distintos campos de la realidad física natural que rodea al hombre y de acuerdo con las facultades humanas de que
proceden, de la siguiente manera: hechos geográficos (clima, situación concreta del paisaje natural habitado por el
pueblo o sociedad que se considera), que se exteriorizan en unas formas de asentamiento determinadas y con unos
límites precisos; hechos corporales (constitución corporal y demás características físicas), que se manifiestan en los
restos de. cadáveres de las necrópolis y enterramientos individuales o colectivos, principalmente; hechos de la vida
práctica (técnicas, formas económicas), que se conocen por medio de los utensilios, vestidos, armas, monedas,
joyas, etc., hechos del orden volitivo (moral, costumbres, derecho, opinión pública, religión), expresados en los
usos sociales, fiestas, instituciones, leyes, cultos, dogmas, etc.; y hechos de las facultades intelectuales (ciencia,
arte), expresados en el lenguaje y la escritura, en las representaciones plásticas, etc.
Según su modo de transmisión, las fuentes pueden dividirse en literarias en amplio sentido, es decir, las
transmitidas por escrito (historias y crónicas, biografías y memorias, textos jurídicos, cartas, documentos, libros de
cuentas, escritos científicos, libelos y hojas de todo género), y arqueológicas, que serían todas las demás (mapas y
planos, cuadros, vestidos y armas, utensilios de todo género, monedas, carteles, fotografías y las últimas que hacen
posibles las grabaciones en disco y cinta magnetofónica, las películas cinematográficas, etc.). Atendiendo a otro
punto de vista, se han dividido las fuentes en dos grandes grupos, según que deban su origen a la intención de servir
al conocimiento histórico (tradiciones), como, p. ej., una crónica, o no se deban a esta intencionalidad consciente
(restos), como, p. ej., unas cartas personales o un diario íntimo. No obstante, en ocasiones las cartas o el diario
íntimo se escriben con la mira puesta en su posible publicación posterior, por lo cual se falsifica la propia imagen
en mayor o menor grado y, en consecuencia, se convierte más bien en una tradición.
Dejando a un lado las fuentes arqueológicas, examinamos con algún detenimiento las transmitidas oralmente y por
escrito. Entre las de transmisión oral, las atribuidas a personas determinadas, famosas o no, han sido con frecuencia
puestas por escrito y de esa forma han llegado hasta nosotros. Otras, no atribuidas a nadie en particular, han tenido
una transmisión oral más importante y entre ellas podemos incluir el rumor, el mito, la leyenda, la anécdota, el
proverbio o dicho, la canción popular, etc. El rumor se distingue de las demás formas de tradición oral en que
procede del presente y a él se refiere, por lo que es pasajero. Como se sabe, el rumor conoce especial fortuna en los
tiempos de tensión pública, especialmente si los medios de información general no son capaces, por insuficiencia
técnica propia o por las trabas impuestas por la censura, de ofrecer informes fidedignos y suficientes. Las noticias
transmitidas mediante el rumor sufren transformaciones, especialmente en cuanto a los números e incluso los
nombres propios. La leyenda se da especialmente en las culturas jóvenes, en las que la imaginación se expande más
libremente que el pensamiento racional. La leyenda transforma las noticias históricas para adaptarlas a un esquema
sugestivo, de acuerdo con la idiosincrasia del pueblo que la crea, con sus predilecciones y sus aborrecimientos, con
sus prejuicios, con su mentalidad, en suma. La tarea de separar en cada leyenda lo que puede haber de histórico, es
una de las más difíciles. La canción popular, si bien debida a un autor individual, conocido o anónimo, es recogida
por _el pueblo que, con el tiempo, la transforma. En cuanto a las anécdotas, es frecuente que una misma se atribuya
a personajes distintos.
Fuentes transmitidas por escrito. Los documentos son la expresión o fijación de actos jurídicos entre personas
particulares o entre entidades. Los más antiguos del Oriente mesopotámico están realizados sobre cilindros de
arcilla. De la Antigüedad se conservan también inscripciones sobre piedra y metal, sobre papiro, pergamino, papel,
etc., y su estudio ha dado lugar al nacimiento de ciencias especializadas (Epigrafía, Papirología).
En la Edad Media, los documentos se redactan primero en pergamino, desplazado a partir del s. xiii, por el papel,
de manera progresiva. La Diplomática (v.) se ocupa del estudio científico de esta documentación, para cuya
utilización provechosa el historiador debe estar familiarizado con la Historia del Derecho y los usos de la
cancillería, debe conocer exactamente la escritura (v. PALEOGRAFíA), el modo de fechar (v. CRONOLOGíA) y
las formas de autentificación (v. SIGILOGRAFíA).
A partir de 1936, ha ido apareciendo otra serie de documentos históricos que en 1957 llegaba a los 13 vol. Muy
importante y rica es la Colección de documentos inéditos del Archivo General de la Corona de Aragón, que
comenzó a publicar en 1847 el archivero Próspero de Bofarull y que llegó a los 41 vol. en 1910. Tanto de ésta
como de la anterior colección existen modernamente índices que facilitan su manejo. De trascendencia más
limitada son otras colecciones como los 12 vol. de Documentos para el estudio de la Historia de Aragón o los
Documentos inéditos del Archivo General del Reino de Valencia. Un cúmulo de documentación muy variada y
abundante ha ido apareciendo en el Memorial histórico español, publicado por la R. A. de la Historia, que en 1903
contaba ya con 43 t. En 1963, apareció el quincuagésimo, en el que junto a la publicación de fuentes se dedica
espacio preferente a los estudios monográficos.
Junto a estas colecciones indiferenciadas, son del mayor interés otras más especializadas, como las diplomáticas de
los distintos reyes. La documentación de las instituciones eclesiásticas medievales, conservada cuidadosamente por
constituir la garantía y base jurídica de sus posesiones y privilegios, se publica paulatinamente.
Fuentes jurídicas. Son los códigos, leyes, fueros, así como las ordenanzas y los documentos de aplicación del
Derecho. A las obras sobre Derecho antiguo con transcripción de fuentes que hemos citado pueden añadirse otras
referentes a la Edad Media.
Fuentes histórico-eclesiásticas. Las más importantes para España están publicadas en las grandes colecciones
citadas, como la España Sagrada del P. Flórez, el Viaje literario de Villanueva o la Patrología de J. P. Migne. La
colección de Concilios españoles más modernamente aparecida es la de Vives, mientras que P. Kehr publicó
numerosas bulas y documentos pontificios dirigidos en la Edad Media a Cataluña, Aragón y Navarra.
Exposiciones históricas. La historiografía, que nace en un medio social relativamente avanzado culturalmente, se
trata en esta Enciclopedia en su artículo correspondiente, así como en CRÓNICA Y CRONISTA, donde se incluye
el condición.
Fuentes autobiográficas. Dentro de este campo podemos citar los diarios, las memorias y las cartas, abundantes en
las Edades Moderna y Contemporánea, sin que falten en la Edad Media (Epistolario de S. Braulio de Zaragoza, p.
ej.).
Publicística. Las relaciones, libelos, hojas sueltas y otros escritos semejantes son también un auxiliar precioso para
el historiador, si bien su manejo requiere especiales dotes críticas. Los periódicos y revistas serán un instrumento
imprescindible para relatar la historia de nuestros días.

Disciplinas científicas Esquema de clasificación planteado por el epistemólogo alemán Rudolf Carnap quien fue el
primero en dividir a la ciencia en:
Ciencias formales Por contraposición a las ciencias fácticas, son aquellas que no estudian fenómenos empíricos.
Utilizan la deducción como método de búsqueda de la verdad: Lógica - Matemática
Ciencias naturales En ellas se encuadran las ciencias naturales que tienen por objeto el estudio de la naturaleza.
Siguen el método científico: Astronomía - Biología - Física - Química - Geología - Geografía física
Ciencias sociales Son todas las disciplinas que se ocupan de los aspectos del ser humano - cultura y sociedad- El
método depende de cada disciplina particular: Antropología - Ciencia política - Demografía- Economía - Historia -
Psicología - Sociología - Geografía humana

La primera gran división de las ciencias en formales o ideales y fácticas o materiales tiene en cuenta el objeto o
tema de las respectivas disciplinas; también da cuenta de la diferencia de especie entre los enunciados que se
proponen establecer las ciencias formales y las fácticas: mientras los enunciados formales consisten en relaciones
entre signos, los enunciados de las ciencias fácticas se refieren en su mayoría a entes extracientíficos, es decir a
sucesos y procesos. Esta división también tiene en cuenta el método por el cual se ponen a prueba los enunciados
verificables: mientras las ciencias formales se contentan con la lógica para demostrar rigurosamente sus teoremas,
las ciencias fácticas necesitan más que la lógica formal: para confirmar sus conjeturas necesitan de la observación
y/o el experimento. En otras palabras las ciencias fácticas tienen que mirar las cosas y, siempre que sea posible,
deben procurar cambiarlas deliberadamente para intentar descubrir en qué medida sus hipótesis se adecuan a los
hechos.
En total, las ciencias formales demuestran o prueban; las ciencias fácticas verifican (confirman o disconfirman)
hipótesis que en su mayoría son provisionales. La demostración es completa y final; la verificación es incompleta y
por ello temporaria; la naturaleza misma del método científico impide la confirmación final de las hipótesis
fácticas.
Las ciencias formales jamás entran en contacto con la realidad, pero se emplean en la vida cotidiana y en las
ciencias fácticas; en suma, la lógica y la matemática establecen contacto con la realidad a través de un puente que
es el lenguaje, tanto el ordinario como el científico.

El conocimiento científico es un saber crítico (fundamentado), metódico, verificable, sistemático, unificado,


ordenado, universal, objetivo, comunicable (por medio del lenguaje científico), racional, provisorio y que explica y
predice hechos por medio de leyes.
o El conocimiento científico es crítico porque trata de distinguir lo verdadero de lo falso. Se
distingue por justificar sus conocimientos, por dar pruebas de sus verdad, por eso es fundamentado, porque
demuestra que es cierto.
o Se fundamenta a través de los métodos de investigación y prueba, el investigador sigue
procedimientos, desarrolla su tarea basándose en un plan previo. La investigación científica no es errática sino
planeada.
o Su verificación es posible mediante la aprobación del examen de la experiencia. Las técnicas de la
verificación evolucionan en el transcurso del tiempo.
o Es sistemático porque es una unidad ordenada, lo nuevos conocimientos se integran al sistema,
relacionándose con los que ya existían. Es ordenado porque no es un agregado de informaciones aisladas, sino un
sistema de ideas conectadas entre sí.
o Es un saber unificado porque no busca un conocimiento de lo singular y concreto, sino el
conocimiento de lo general y abstracto, o sea de lo que las cosas tienen de idéntico y de permanente.
o Es universal porque es válido para todas las personas sin reconocer fronteras ni determinaciones de
ningún tipo, no varía con las diferentes culturas.
o Es objetivo porque es válido para todos los individuos y no solamente para uno determinado. Es de
valor general y no de valor singular o individual. Pretende conocer la realidad tal como es, la garantía de esta
objetividad son sus técnicas y sus métodos de investigación y prueba.
o Es comunicable mediante el lenguaje científico, que es preciso e unívoco, comprensible para
cualquier sujeto capacitado, quien podrá obtener los elementos necesarios para comprobar la validez de las teorías
en sus aspectos lógicos y verificables.
o Es racional porque la ciencia conoce las cosas mediante el uso de la inteligencia, de la razón.
o El conocimiento científico es provisorio porque la tarea de la ciencia no se detiene, prosigue sus
investigaciones con el fin de comprender mejor la realidad. La búsqueda de la verdad es una tarea abierta.
o La ciencia explica la realidad mediante leyes, éstas son las relaciones constantes y necesarias entre
los hechos. Son proposiciones universales que establecen en que condiciones sucede determinado hecho, por medio
de ellas se comprenden hechos particulares. También permiten adelantarse a los sucesos, predecirlos. Las
explicaciones de los hechos son racionales, obtenidas por medio de la observación y la experimentación.
Una definición más concreta es: "La ciencia busca explicar la realidad mediante leyes, las cuales posibilitan además
predicciones y aplicaciones prácticas (la tecnología). El conocimiento científico es un conocimiento objetivo que se
estructura en sistemas verificables, obtenidos metódicamente y comunicados en un lenguaje construido con reglas
precisas y explícitas donde se evita la ambigüedad y los sin sentidos de las expresiones."
Otra definición de ciencia es la siguiente: "La ciencia es el conjunto unificado de conocimientos e investigaciones,
de carácter objetivo, acerca de las relaciones entre los hechos, que se descubren gradualmente y que se confirman
por métodos de verificación definidos.

Thomas Khun
Revolución Científica
Por revolución científica se denomina habitualmente el periodo comprendido entre 1500 y 1700 durante el cual se
establecen los fundamentos conceptuales e institucionales de la ciencia moderna.
Se considera revolución científica a todos aquellos episodios de desarrollo no acumulativo, en que un paradigma
antiguo es reemplazado completamente o en parte, por otro nuevo, incompatible.
En lo que a conceptos, el elemento central de la Revolución Científica es el abandono de la visión cosmogónica en
la que la Tierra ocupaba el centro del Universo (sistema geocéntrico de Ptolomeo) y de la física aristotélica, por
una en la que los planetas se mueven en torno al Sol (sistema heliocéntrico), una idea que, aunque también habían
considerado algunos antiguos (Astiarco), fue introducida con detalle por Nicolás Copérnico.

Consecuencias de la revolución científica


Las consecuencias de la revolución científica, de la que Galileo y Newton fueron sus máximos exponentes, pueden
dividirse en tres grandes grupos: consecuencias metodológicas, filosóficas, y religiosas:
Consecuencias metodológicas:
• Desconfianza ante las "intuiciones" ingenuas del sentido común como intérprete de la realidad.
• Se incrementa el valor de la observación y de la experiencia y la necesidad de la verificación empírica. Los
sistemas puramente especulativos, como construcciones mentales deducidas a partir de unos principios universales
no discutidas, ceden el paso a hipótesis de trabajo basadas en la experiencia y sujetas a una revisión continua.
• Nuevo criterio de verdad.
• La deducción, que había reinado desde Parménides, cede el trono a la inducción. Galileo la practica, y
Bacon acomete la tarea de justificarla teóricamente y de elaborar su metodología, de forma que constituya el nuevo
instrumento (Novum Organum) de la ciencia en sustitución del Organon aristotélico.
• La expresión de la realidad se matematiza. La ciencia moderna desea predecir con exactitud los fenómenos,
y para ello necesita conocer las leyes físico-matemáticas que los rigen.
• Cada rama de la ciencia se independiza de las otras (aunque aproveche indirectamente sus avances).
Consecuencias filosóficas
• Se derrumba la autoridad de Aristóteles. Se ve que Aristóteles se equivocó al afirmar el sistema
geocéntrico de esferas, la incorruptibilidad de los astros, el cese del movimiento cuando cesa la causa, etc. El
desprestigio de Aristóteles aumentó también por considerársele defensor a ultranza del método deductivo y la
especulación pura.
• Cambia el concepto de ciencia. Ya no interesa lo óntico, sino lo fenoménico; la realidad subyacente, sino el
comportamiento aparente. Algunos científicos como Galileo y Kepler solo se interesan por establecer las leyes
matemáticas de los movimientos.
Consecuencias religiosas
• Autonomía de la ciencia frente a cualquier autoridad. La última palabra corresponde a la razón, que parte
de la experiencia científica y vuelve a ella para verificar sus conclusiones.
• El científico moderno suprime las explicaciones prenaturales de los fenómenos físicos, y busca sólo las
causas inmanentes, intramundanas.

Para Thomas Khun la revolución copernicana fue una revolución en el campo de las ideas, una transformación del
concepto del universo que tenia el hombre hasta aquel momento y de su propia relación con el mismo, y tuvo lugar
en las investigaciones astronómica.
Thomas Khun es uno de los más destacados referentes por su obra La Estructura de las Revoluciones Científicas.
Para Khun la historia de la ciencia tiene periodos de crisis o de revoluciones, y periodos de "ciencia normal". En los
periodos de ciencia normal los sabios trabajan para desarrollar las implicaciones sobre puntos particulares. Se
relaciona con el término paradigma en el sentido que la ciencia normal, debe responder al paradigma dominante. La
investigación, en los períodos de ciencia normal es tratada de manera que los hechos que estudia puedan ser
clasificados en las casillas suministradas por el paradigma. La investigación normal se preocupa muy poco de
encontrar novedades. Cuando un enigma científico es tan grande que no puede ser resuelto y llega a ser
considerado como una anomalía, aparece una transición hacia una crisis, es el pasaje de la ciencia normal a la
ciencia extraordinaria. Las revoluciones científicas o periodos de ciencia extraordinaria aparecen cuando los
especialistas no pueden ignorar por más tiempo las anomalías que aparecen.
Para que una revolución científica tenga lugar, el sabio debe renunciar a la visión del mundo que tenia hasta ese
momento y adecuarse a una nueva visión.
Dice Khun al respecto de la revolución científica: La ciencia normal es la que produce los ladrillos que la
investigación científica esta continuamente añadiendo al creciente edificio del conocimiento científico.
Las características del cambio revolucionario que Khun enumera, son las siguientes: a) los cambios revolucionarios
son en un sentido holistas, no pueden hacerse poco a poco y contrasta así con los cambios normales o
acumulativos; b) se desarrolla un cambio en que se determinan sus referentes, en el lenguaje no solo se alteran los
criterios con que los términos se relacionan con la naturaleza, altera además el conjunto de objetos o situaciones
con los que se desarrollan esos términos, se genera un cambio en las categorías taxonómicas. La característica
esencial es su alteración del conocimiento de la naturaleza intrínseco al lenguaje mismo. La violación o distorsión
de un lenguaje científico que previamente no era problemático es la piedra de toque de un cambio revolucionario.

Filosofía de la historia

La Filosofía de la Historia es la rama de la filosofía que concierne al significado de la historia humana, si es que lo
tiene. Especula un posible fin teleológico de su desarrollo, o sea, se pregunta si hay un diseño, propósito, principio
director o finalidad en el proceso de la historia humana.
La filosofía de la historia se pregunta al menos estas tres cuestiones básicas:
• ¿Cuál es el sujeto propio del estudio del pasado humano? ¿El individuo? ¿La polis (el estado o territorio
soberano? ¿La civilización o cultura? ¿O acaso la especie humana por entero? Más ampliamente incluso, algunos
filósofos modernos creen que la historia no es tanto el estudio de unidades como algo mucho más holístico, que
comprende el conocimiento humano, sus actitudes, motivaciones y relaciones. Collingwood precedido por
Benedetto Croce, por ejemplo, creen que el pensamiento de los agentes históricos es un concepto fundamental de la
investigación histórica.
• ¿Hay algún tipo de pautas que puedan encontrarse a través del estudio del pasado humano, por ejemplo
ciclos o idea de progreso?, ¿O acaso no hay ni pautas ni ciclos, como si la historia humana careciera de cualquier
sentido?
• Si existe el progreso en historia ¿cuál es su dirección? ¿Es positiva, o negativa y decadente? Y ¿Cuál es la
fuerza directriz de ese progreso?
No debe confundirse la Filosofía de la Historia con otras disciplinas concluyentes, es el estudio del desarrollo de las
ideas filosóficas a través del tiempo. En Poética, Aristóteles había argumentado que la poesía es superior a la
historia, ya que habla de lo que debe o debería ser verdad más que lo que simplemente lo es. Por tanto, los
historiadores clásicos sienten el deseo de ennoblecer, embellecer el mundo real. Herodoto o Plutarco inventan
libremente los discursos de los personajes históricos y eligen los temas históricos con vistas al aprovechamiento
moral del lector. Se supone que la Historia debe enseñar buenos ejemplos a seguir. Desde la Época Clásica hasta el
renacimiento, los historiadores alternan entre enfocar los temas para mejorar la humanidad o respetar los hechos.
La historia se compone principalmente de hagiografías, de enaltecimiento de los reyes o poesía épica que describe
gestos heroicos como la Canción de Roldán. En el siglo XIX, los historiadores se orientaron al positivismo
concentrándose lo más posible en los hechos, pero todavía teniendo en cuenta la capacidad de instruir y mejorar.
Desde Fustel de Coulanges y Theodor Mommsen, los estudios históricos toman su forma científica moderna. En la
era victoriana, el debate historiográfico ya no residía en si la historia debería influir positivamente en el lector, sino
qué causas influían en la historia y cómo entender el cambio histórico
la narración histórica ha sido considerada como alejada del tipo de inventiva poética reconocida al autor de relatos
de ficción. En esta concepción de la historia se llegó a pensar que los escritores de ficción inventaban todo en sus
relatos –personajes, acontecimientos, tramas, motivos, temas, atmósfera, etc., en otras palabras, que la
configuración de sus mundos no mantenía relación alguna con la realidad vivida; mientras que los historiadores no
inventaban más que ciertos adornos retóricos o efectos poéticos con el objeto de captar la atención de sus lectores.