La política “es un martirio”, pero la Iglesia no es un partido

:
Francisco

(©Ansa)
(©ANSA) PAPA FRANCISCO

El Papa dialoga, mediante preguntas y respuestas, con los jóvenes de la Comunidad de Vida Cristiana a
quienes recibió en el Aula Pablo VI del Vaticano
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

La política “es un martirio”, pero los cristianos “deben involucrarse ahí, aunque se ensucien un poco” porque es parte de su
vocación. Son palabras, improvisadas, del Papa. Las pronunció la mañana de este jueves durante una audiencia con jóvenes de la
Comunidad de Vida Cristiana en el Aula Pablo VI del Vaticano. Francisco pidió a los fieles meterse en política, pero advirtió que la
Iglesia no es un partido y fundar un partido católico “no es el camino”.
El pontífice tenía un discurso preparado, pero era “aburrido, como todos los discursos”, según constató. Por eso entregó el texto,
lo dio por leído y prefirió responder las preguntas de Paola, Tiziana, Bartolo y Gianni. Este último le cuestionó sobre el compromiso
cristiano en la construcción de una sociedad más justa y solidaria.
“Se escucha: ¡Nosotros debemos fundar un partido político! Ese no es el camino. La Iglesia es la comunidad de cristianos que
adora al padre, va en la senda del hijo y recibe el don del espíritu santo. No es un partido político. No, no digamos partido, sino un
partido solo de los católicos: no sirve y no tendrá capacidad de convocatoria, porque hará aquello para lo cual no ha sido llamado.
Pero, ¿un católico puede hacer política? ¡Debe! Pero, ¿un católico puede involucrarse en política? ¡Debe!”, respondió Jorge Mario
Bergoglio.
Recordó que el beato Pablo VI dijo que la política es una de las formas más altas de la caridad, porque busca el bien común.
Entonces dio paso a uno de sus “autodiálogos”, en el cual él se preguntaba y se respondía a si mismo. “Pero, padre, hacer política
no es fácil, porque en este mundo corrupto… finalmente no puedes salir adelante”, dijo. Y apuntó: “¿Qué me quieres decir, que
hacer política es un poco un martirio? Si. Eh, si: es una forma de martirio”.
Sostuvo que trabajar en la cosa pública es un “martirio cotidiano”, porque implica buscar el bien común sin dejarse corromper,
pensando en los caminos más útiles para ello. “Hacer política es importante: la pequeña política y la gran política”, insistió.
Constató que en la Iglesia muchos católicos han hecho política “no sucia” sino buena e incluso han ayudado a la paz entre los
países. Estableció que “se puede ser santo haciendo política”, llevando adelante todos los días el propio ideal, cargando “la cruz
de tantos fracasos” y de “tantos pecados” porque, en el mundo, es difícil hacer el bien en la sociedad “sin ensuciarse un poco las
manos y el corazón”. “Pero por esto debes ir a pedir perdón, y que no te desanime”, precisó.

“¿Cuál es la solución que nos ofrece este mundo globalizado para la política? Simple: al centro, el dinero. No el hombre o la mujer:
no. El dinero. El dios dinero. Y después todos al servicio del dios dinero. Por eso, lo que no le sirve al dios dinero se descarta. Lo
que nos ofrece hoy el mundo globalizado es la cultura del descarte: Se descartan los niños porque no se tienen hijos o porque se
matan antes de nacer, se descartan los ancianos porque no sirven, pero ahora que falta el trabajo van a ver a los abuelos para
que la pensión nos ayude ¿no?”, dijo.
Abundó que también los jóvenes son descartados porque disminuye el trabajo y “el dios dinero no puede hacer todo”. Advirtió que
ese es un “camino a la destrucción”. Y cuestionó: “Yo, católico, ¿miro desde el balcón? ¡No se puede mirar desde el balcón!
¡Involúcrate ahí! Da lo mejor, el señor te llama a esa vocación, haz política: te hará sufrir, por ahí te hará pecar, pero el señor está
contigo. Pide perdón y sigue adelante”.
Las preguntas fueron apenas cuatro, pero las respuestas del Papa amplias. Paola, voluntaria en un centro de detención, le
interrogó sobre cómo transmitir esperanza a un condenado a cadena perpetua, cuya pena no acabará jamás. Bergoglio sostuvo
que no se puede entrar una cárcel con aires de autosuficiencia sino, al contrario, sabiendo que uno es más pecador que
cualquiera.
Además señaló que la sentencia a cadena perpetua es como una condena a muerte, porque “de ahí no se sale” y eso es duro.
“¿Qué le digo a ese hombre? ¿Qué le digo a esa mujer? Por ahí no digas nada. Tómale la mano, acarícialo, llora con él. Así, tener
los sentimientos de Jesucristo. Pero a veces no podemos decir nada, nada. Porque una palabra sería una ofensa. Solamente los
gestos, gestos que hacen ver el amor”, estableció.
Más adelante el pontífice instó a ir más allá de la beneficencia y aspirar a la promoción de las personas, una actitud que “inquieta
el alma” porque no se trata sólo de darle de comer a alguien sino que implica un cambio de corazón.
Respondiendo a Tiziana, Francisco reconoció que en la Iglesia “existe corrupción” porque “el diablo la siembra”, como también se
da la corrupción en la política y en otros campos como algunos trabajos que deberían ser servicio y terminan convirtiéndose en un
negocio. Para evitar el desánimo ante esa realidad llamó a no dejarse robar la esperanza, pero no de “una vida cómoda y
tranquila”, una “esperanza controlada que puede servir para el laboratorio”.
“La tentación, cuando estamos en dificultad, cuando vemos las brutalidades que suceden en el mundo, es que decaiga la
esperanza. El servicio es el trabajo de los humildes. Jesús vino para servir, no para ser servido. Y la esperanza es la virtud de los
humildes. Humildad y servicio, estas dos cosas custodian la pequeña esperanza, la virtud más humilde, la que te da la vida”,
apuntó.

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