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GONZALO AGUIRRE BELTRAN VI. DE ESO QUE LLAMAN ANTROPOLOGIA MEXICANA* Arturo Warman, Guillermo Bonfil, Margarita No- lasco, Mercedes Olivera y Enrique Valencia, De eso que Ilaman antropologia mezicana. Editorial Nuestro Tiempo, México, 1970, 153 pp. LA GENERACION de antropélogos que tomd conciencia de su sicion y de su rol en la sociedad durante el movimiento es- udiantil de 1968 acaba de publicar el libro que aqui tratamos cuyo titulo, intencionalmente desdefioso, advierte al lector esde la portada la ténica de su contenido. La pequefia obra se mpone de cinco ensayos producidos por otros tantos jévenes rofesores que han destacado en los circulos universitarios por inteligencia en la cdtedra y en la investigacidn y por su pos- tura de abierto compromiso con las corrientes polfticas que en México pugnan por transformar radicalmente al pais. Esta circunstancia explica, en gran medida, la emocién con que los autores vocalizan sus argumentos y el apasionamiento desbordado que les hace negar los logros de la antropologfa y el indigenismo mexicanos. La frustracién y el resentimiento que produjo en la generacién del 68 la violenta represién de que le hizo objeto el régimen en el poder, le induce a verter amargura en sus juicios y a condenar todo aquello por lo que lucharon desesperadamente las generaciones anteriores; en lo particular, las que vivieron la euforia de las transformaciones sociales pues- tas en marcha por la Revolucién de 1910-1940 y las que con tanto vigor siguen defendiendo sus postulados nacionalistas. De los cinco ensayos, los tres primeros tratan sobre indige- nismo, pero el que abiertamente lo contesta es el tercero, escrito con pluma facil y combativa por Margarita Nolasco. En la im- posibilidad de resefiar cada uno de los articulos con la detencién * Publicado en el Anuario Indigenista, vol. XXX, 1970. 101 102 OBRA POLEMICA y profundidad que ameritan sus novedosas proposiciones, exa- minaré uno solo con cuidadosa solicitud otorgdndole tiempo y espacio bastantes. Dado que los autores coinciden en su postura critica, mucho de lo que se diga de uno, cabe aplicarlo a los res- tantes. Los ensayos cuarto y quinto tratan sobre investigacién y docencia; son buenos y a ellos no habré de referirme en esta Tesefia que desea concentrar su atencién sobre un solo punto, el indigenismo, y sobre un solo ensayo, el de Margarita Nolasco. INDIGENISMO Y ANTROPOLOGIA En su contribucién, Margarita hace una serie de afirmaciones apasionadas que voy a analizar con la mayor objetividad. Inicia el primer parrafo diciendo que la antropologia social en México se ha dedicado al estudio del indio y que, en tal virtud, su rama aplicada tiene como tinico camino y destino final el indigenismo; por ello ha descuidado otros problemas sociales igualmente im- portantes (p. 67). La antropologfa social, en efecto, ha logrado acumular un gran nimero de estudios sobre comunidades in- dias, pero no ha ignorado a los otros integrantes de la poblacion nacional. ‘ Veamos. Yo mismo —perdén por la falta de modestia— pro- duje un grueso volumen sobre la poblacién negra, documen- tado y comprensivo, que hoy en dia es considerado un clasico de la literatura afroamericana. Publiqué, ademas, el esbozo et- nografico de un pueblo negro de la Costa Chica. Lucille Kaplan estudié otro pueblo negro, Collantes; y Alfonso Gorbea Soto, una comunidad veracruzana. Los estudios dedicados a la po- blacién mestiza han sido mds numerosos. Se iniciaron con la monografia de Taylor sobre Arandas en 1933, continuaron con las investigaciones de Redfield en Mérida y Dzitas, en _cola- boracién con Hansen, para seguir con las reiteradas de Foster en Tzintzuntzan, las de Brand en Quiroga, Betty Starr en Los Tuxtlas, Cémara Barbachano en Chacaltianguis, Julio de la Fuente en Cérdoba y Dfaz en Tonal, para no mencionar sino aquellas que alcanzaron a publicarse. La antropologfa aplicada no ha descuidado problemas adicio- nales a los del indio. A decir verdad, tuvo su primer campo de accién en la medicina gracias a los esfuerzos de Miguel Othon DE ESO QUE LLAMAN ANTROPOLOG[A MEXICANA 103 de Mendizabal. Julio de la Fuente y yo ingresamos a la antropo- logia aplicada por el camino de la salud ptblica. George Foster, Isabel Kelly y Héctor Garcia Manzanedo trabajaron y trabajan atin con médicos y han acumulado abundante material sobre practicas folk, relaciones médico-paciente y otros problemas sociales de la medicina en poblaciones urbanas y campesinas no. indias. La antropologia aplicada a la alfabetizacién comenz6 en 1939, con el proyecto tarasco que dirigieron Mauricio Swadesh y Alfonso Villa Rojas; Monzén la hizo intervenir en la educacién secundaria. La antropologia aplicada al indigenismo, considerado éste como programa de desarrollo, fue tardia. Julio de la Fuente y yo, cuando estuvimos al frente de la Direccién de Asuntos Indigenas en 1947, llamamos en nuestro auxilio por vez primera a los antropdlogos; unos aiios mds tarde Villa Rojas acudid también a ellos al emplearlos en la Comisién del Papaloapan para resolver problemas de movilizacién. Pero fue a partir de 1951 cuando Alfonso Caso les pidié colaboraran con él de modo permanente, asigndndoles un status y un salario semejante al de cualquier otro profesional. Esto hizo y hace sumamente visibles a los antropdlogos indigenistas y da pdbulo a afirmaciones que, segiin se advierte, no contienen sino una parte de la verdad. EL METODO COMPARATIVO En el mismo parrafo primero Margarita agrega una critica mds: “el indigenismo es mexicano [...] y esto niega automaticamente su esencia antropoldgica, exigente siempre de la comparacién” (p. 67). La acusacién de que la antropologia y el indigenismo mexicanos no usan el método comparativo se ha verbalizado con tanta frecuencia que se esta convirtiendo en un dogma. Warman lo expresa en los siguientes términos: “Nuestra antropologia ha sido indigenista en su tematica. Aun hoy se la concibe como una especializacién en problemas particulares. Su indigenismo es casuistico, atomizante, con tendencias a interpretar sus ma- teriales en s{ mismos. Ha rechazado el método comparativo y el andlisis global de las sociedades en que los indios participan. Asi, el indigenismo, ambito natural de la antropologia mexi- cana, se ha convertido en su limitacién” (p. 37). 104 OBRA POLEMICA Parece que la diferencia mds notable entre los antropdlogos de la generacién del 68 y los de generaciones anteriores es que nosotros —los tiltimos— los leemos con constancia y paciencia, mientras ellos nos ignoran. Vayamos al punto. Antes de hacer comparaciones se requiere acumular materiales que puedan ser comparados. Redfield, por ejemplo, tuvo que hacer estudios de comunidad antes de comparar a las comunidades y formular su teorfa del continuum folk-urbano. En mi obra Formas de gobierno indigena describi situaciones de supersubordinacion en tres regiones de refugio distintas, antes de proponer la teoria de la integracién regional. El estudio particular necesariamente antecede a la generalizacién. No se puede usar el método comparativo si no se dispone de materiales bdsicos. Los antropdlogos mexicanos, en el pe- tiodo formativo de la antropologia, dedicaron gran parte de sus energias a la acumulacién de esos materiales; pero no aban- donaron la comparacién. Gamio usd el método comparativo en su estudio de los migrantes mexicanos; Miguel Othon de Mendizabal hizo brillante uso de él en su admirable ensayo sobre la influencia de la sal en la distribucidn de los grupos étnicos; Moisés Sdenz, en sus obras sobre el indio peruano y el ecuatoriano, evalta la situacién sudamericana con base en la experiencia de México de modo tan insistente que bien puede acusdrsele de excederse en el uso del método comparativo. La afirmacién de que “el indigenismo es mexicano, hecho en México y para México, de tal forma que no se ha sentido la necesidad de hacer estudios comparativos con otras situaciones fuera del pafs” (p. 68), debe sonar extraiia para nuestros colegas sudamericanos que han sufrido la militancia de los indigenistas mexicanos, pero, ademas, es prueba de que no se acostumbra leer corrientemente a los antropdlogos mexicanos. Sdenz viajé y- escribié prolijamente sobre “situaciones fuera del pais” en 1931; afios mds tarde lo hicimos Gamio, Camara, De la Fuente y yo. La actuacién de Monzén en Venezuela se limité al campo de la docencia universitaria y la investigacién de problemas de desorganizacién social, pero no por eso dejé de representar a la antropologia mexicana “fuera del pais”. DE ESO QUE LLAMAN ANTROPOLOGIA MEXICANA 105 CULTURALISMO Y ESTRUCTURALISMO En el parrafo tercero de su ensayo Margarita Nolasco examina los criterios comtinmente utilizados para definir la condicién de indio y condena el criterio psicolégico. En esto coincide con actitudes de desaprobacién similares, expresadas por otros an- tropdlogos de su generacién, que estan convirtiendo el uso del instrumento psicolégico en un abominable tabu. Dice: “la idea de que son indigenas aquellos que sé sienten indigenas no pasa de ser un romanticismo social” (p. 69). Alfonso Caso es quien ha hecho uso del criterio psicolégico para definir al indio; en un ensayo que difundi ampliamente en impresién mimeogréfica, crei haber demostrado el buen uso que, en el momento in- dicado, hizo de él don Alfonso. El mal uso del criterio psi- colégico es el que debe condenarse, no su buen uso, De otra manera tendriamos indefectiblemente que condenar a Marx, y lamarle un romantico social —lo cual seria absurdo—, por dar un énfasis tan alto a la conciencia de clase, esto es, a una re- lacién psfquica.™ La condenacién del instrumento psicoldgico corre pareja con el repudio del instrumento cultural; psicologismo y culturalismo son términos de mala nota. Margarita Nolasco me reprocha que ponga “especial interés en la cultura”, en el “enfoque histérico” (p. 71). Deriva esta censura de otro dogma, a saber, la supuesta incompatibilidad entre cultura y estructura social. Con un gran tetraso la generacién del 68 saca a luz un debate que puso frente a frente a estadunidenses y britdnicos durante las décadas 40 y 50. Los primeros defendian el uso del instrumento cultural, en tanto que los segundos lo desdefiaban. Herskovits, en un articulo que escribié en 1960 especialmente para La Palabra y el Hombre hizo ver, en forma que me parecié concluyente, la Stanislaw Ossowski, Estructuras de clases y conciencia social, Ediciones Peninsula, Barcelona, 1969, p. 96, dice: “un conjunto de individuos, que bajo el punto de vista econémico responde a los criterios de la clase social, deviene una clase en el pleno sentido, sdlo cuando los miembros de este conjunto se hallan unidos por la conciencia de clase, la conciencia de sus intereses comunes, por un lazo psfquico resultante de los comunes antagonistas de clase.” O alude, tal vez, Margarita Nolasco a Miguel Othén de Mendizdbal, quien en una conferencia pronunciada ante la SAENA en 1943 fue el primero en usar el criterio psicoldgico, cuando afirmé: “La primera condicién que se necesita para considerarse indigena. ss sentirse indigena” (Obras completas, 1946: IV, 163). 106 OBRA POLEMICA importancia del enfoque histérico para la comprensién cabal de la realidad social.** La oposicién de los antropélogos briténicos al uso del instrumento histérico-cultural fue en gran medida una reaccidn contra el uso politico revolucionario que de él hizo Engels en su ensayo sobre el origen de la familia. Fred Eggan, en 1954, resolvié el impasse utilizando ambos enfoques —el histérico cultural y anhistérico estructural— en su obra sobre la organizacién social de los pucblos indios del oeste estaduni- dense. Esta obra, que hoy en diaes clasica en la literatura antro- poldgica, sera publicada en su traduccién castellana a principios del ato préximo por el Instituto Indigenista Interamericano.” Cultura y estructura social, segtin podra advertirse en tal obra, son abstracciones de distinto orden que no se oponen sino que se complementan. Observan el mismo campo de la realidad desde marcos conceptuales diferentes. Los patrones de compor- tamiento son la materia prima del enfoque histérico—cultural, esto es, la conducta aprendida en una sociedad dada, as{ como el proceso que deriva de la aculturacién. Los patrones de las relaciones sociales —en este caso la conducta constituye el con- tenido de esas relaciones— y el proceso de cambio que se realiza °5 Melville J. Herskovits, “El enfoque antihistérico en los estudios afroamerica- nos: critica”, La Palabra y el Hombre, vol. 4 (1960): 14.5-16, dice: “La diferencia entre los dos enfoques puede caracterizarse bajo tres principales rubros. La an- tropologia cultural puede decirse, es holistica, en cuanto a que esta interesada en todos los aspectos del credo y la conducta humanos; es histérica, en cuanto al acento que pone en el factor tiempo como relevante para el entendimiento de la experiencia humana; y es humanistica, en cuanto a que sus puntos de referencia incluyen al individuo, que modula sus instituciones aun cuando a su vez, es mo- dulado por ellas. En contraste, la antropologia social es especializada, en cuanto a que se concentra en los aspectos sociolégicos de la vida grupal; es sincrénica, puesto que su propésito es el andlisis de relaciones en un grupo dado y en un simple plano temporal; y es estructural, en cuanto se interesa primariamente en los arreglos institucionales y tiende a pasar por alto, o a menospreciar, factores que conducen a modos alternatives de conducta y que, ademds, dan al sistema social un grado de variacién que fracasa en descubrir su cuadro de organizacién,” °° Fred Eggan, “Social Anthropology and the Method of Controlled Compa- rison”, American Anthropologist, 56 (1954): 743-760, resume la discusién entre antropélogos culturales y sociales con las siguientes palabras: “En ambos lados del Atlantico hay la voluntad en aumento de escucharse unos a otros y la con- viccién en incremento de que los enfoques diversos son complementarios més que competitivos. Yo creo que podemos estar de acuerdo con Radcliffe-Brown cuando dice: ‘Seré solamente mediante estudios integrados y organizados en los que se combinen los estudios histéricos y los sociolégicos, como podremos lograr una comprensién real del desarrollo de la sociedad humana y atin no lo hemos he- cho.’ Me parece que ya es tiempo de comenzar y, a decir verdad, ya iniciamos el recorrido.” DE ESO QUE LLAMAN ANTROPOLOGIA MEXICANA 107 en la integracién, son la materia prima del enfoque estructural. Ambos enfoques ‘son complementarios e interdependientes. El cambio cultural sigue al cambio social pero la secuencia no es automatica; sociedades con estructura social semejante partici- pan a menudo de culturas diferentes. Me parece necesaria la reiteracién de las conclusiones del debate, que en las Ifneas precedentes sintetizo, porque hoy en dia es frecuente escuchar en labios de maestros y alumnos el dogma de que los cambios culturales propenden a mantener el statu quo, en tanto que los cambios estructurales lo modifican. Con ello, a decir verdad, se intenta racionalizar el abandono de la accién cultural en favor del empleo exclusivo del cam- bio estructural, concibiendo a éste fundamentalmente como un cambio politico. Por su mera esencia los cambios, sean cultura- les o estructurales, obligadamente alteran la situacién existente en el momento en que se producen. Por otra parte, la interde- pendencia entre uno y otro cambios conduce a la procuracién de ambos, pero con una diferencia que es urgente sefialar. Los cambios culturales que afectan el comportamiento hu- mano deben inducirse exactamente como lo postula la accién indigenista, esto es, sin precipitacién y con un absoluto res- peto a la dignidad del hombre. El relativismo cultural equili- bra la accién violenta que pone en marcha la intervencién so- cial. No obstante la opinién en contrario de Margarita Nolasco, que afirma: “La occidentalizacién y la modernizacién de los indigenas, segtin esta tendencia, deben hacerse gradualmente, en forma evolutiva, para que, siguiendo la corriente psicologista estadunidense de la antropologia social (sic), no se traumati- cen” (p. 85); no obstante, decia, debemos ser cautos. Tal vez sea una deformacién profesional de mi parte que, como médico, crea en la existencia real del trauma psiquico y atribuya, en gran medida, los transtornos psiconeurdticos que tanta incidencia tienen en la sociedad industrial moderna, a los cambios culturales violentos a que estan sujetos los miem- bros todos de nuestra sociedad. La velocidad en acelerado incre- mento de los cambios culturales impide al individuo adaptarse prontamente a las nuevas situaciones, en inacabable proceso de sucesién, y la respuesta frecuente son las reacciones psicéticas. Que estos transtornos no son un mito parece indicarlo su cons- 108 OBRA POLEMICA tatacién en los paises socialistas que, como Cuba, recién han sufrido una revolucion.%” En lo que concierne a los cambios estructurales estoy de acuerdo en la ventaja que implica su cardcter revolucionario, pero no por eso debemos echar por la borda el efecto acumu- lativo de las alteraciones que dia a dia inducen los programas de desarrollo. Como es bien sabido, en las regiones intercultu- rales de refugio, estos programas estan destinados a transfor- mar una situacién de castas —caracteristica de las relaciones coloniales— en una situacion de clases, propia de los pases de estructura capitalista. Ciertamente, pasar de formas arcaicas a formas modernas de explotacién no pareceria un gran ade- lanto, pero el simple hecho de que los indios ingresen en la clase proletaria, los coloca en una posicién de lucha que ofrece expectativas venturosas. ANTROPOLOGIA COLONIALISTA En el mismo parrafo tercero Margarita Nolasco examina’ el cardcter de supersubordinacién que manifiestan las relaciones indio-ladinas en las regiones de refugio. A primera vista cre entender que coincidia conmigo al afirmar que la situacién co- lonial en México sdlo se presenta a nivel regional. Sin embargo, °TJ. A. Bustamante, “Reaccién psicética aguda. Transculturacién, subdesa- rrollo y cambios sociales”, Psiquiatria Transcultural, La Habana, vol. 3 (1970): 2.5-13, dice: “Pero como es natural, no se operan estos cambios sin crear tensién y sin demandar, sobre todo a los grupos més viejos (acondicionados a los este- reotipos anteriores durante afios), el esfuerzo adaptativo que los nuevos patrones sociales implican, razén por la cual en aquellos sujetos que quedan instalados en los dngulos de mayor incidencia, la situacién les es proclive al desarrollo de una reaccién psicdtica aguda, como necesario mecanismo que intenta restablecer el equilibrio roto ante la falla de sus mecanismos psicolégicos normales, puestos en juego con anterioridad, pero incapaces de lograrlo por las razones sefialadas. A ello tenemos que afiadir que el esfuerzo industrial y agricola emprendido, sobre todo en los iiltimos tres afios, ha creado migraciones internas antes inconcebibles entre nosotros —Isla de Pinos, por ejemplo, es habitada hoy por grupos de las provincias de Oriente, Camagiicy, Las Villas y los nativos de la Isla los encontramos en otras regiones. Estos cambios que el esfuerzo revolucionario ha demandado a grandes grupos, es motor de un gran desarrollo econémico, cuyos resultados ya comienzan a observarse y qae dentro de unos afios serd realidad palpable. Pero, por otra parte, como se ha observado siempre a través de la historia, en todos los Paises que han emprendido la via del desarrollo acelerado han resultado también siempre centro de tensiones para quienes se desplazan.” DE ESO QUE LLAMAN ANTROPOLOGIA MEXICANA 109 casi inmediatamente después hace afirmaciones que contradi- cen la premisa anteriormente sentada. Dice: “La antropologia aplicada —indigenismo— ha sido siempre una antropologia co- lonialista, destinada al conocimiento y —en consecuencia al uso— del dominado” (p. 72). Lfneas adelante insiste: “La antro- pologia aplicada no sdlo se ha limitado espacialmente —Méxi- co—, sino que también se ha restringido en su tematica —sdlo la indigena— y se ha convertido en una ciencia social colonialista, Util inicamente para conocer al dominado” (p. 74). He buscado en el parrafo tercero y en los que siguen algin indicio que otorgue validez a las afirmaciones que anteceden y no he encontrado la prueba que buscaba. De cualquier modo, no es develar un misterio decir que tales afirmaciones no son originales de los antropdlogos que las sustentan sino tomadas en préstamo de un cientffico social que ha destacado por su firme y sostenida posicién progresista; me refiero a Pablo Gonzdlez Casanova. Siendo director de la Escuela de Ciencias Politicas y Sociales de la uNAM, publicé en América Latina un sesudo ensayo en el que propuso por vez primera, en 1963, el concepto de colonialismo interno que habia de correr con fortuna mere- cida.°* Dos a‘ios después, en la obra que le ha dado fama bien ga- nada, La democracia en México (Ediciones Era, 1965), volvié a proponer la adopcidn del concepto. Cuatro afios mas tarde, en su Sociologia de la explotacién (Siglo XXI Editores, 1969), amplio la informacién sobre el concepto de colonialismo mas no agrego nada a los fundamentos iniciales en que basé su hipotesis. Esta, segtin aparece en el segundo de los lugares men- cionados, puede configurarse asf: 1) “la poblacién [...] indigena ...] tiene casi todos los atributos de una sociedad colonial” (1965: 69); 2) “las relaciones entre el México ladino y el México indigena tipifican [...] (d) el colonialismo interno” (1965: 69); 3) “el problema indfgena es esencialmente un problema de co- lonialismo interno. Las comunidades indigenas son nuestras co- lonias internas, La comunidad indfgena es una colonia en el interior de los lfmites nacionales. La comunidad indigena tiene las caracteristicas de la sociedad colonizada” (1965: 73); 4) “El °° Pablo Gonzalez Casanova, “Sociedad plural, colonialismo interno y desarro- Mo”, América Latina, vol. 6 (1963): 3. 110 OBRA POLEMICA colonialismo interno existe donde quiera que hay comunidades ind{genas, y de su existencia puede uno darse cuenta hurgando en los trabajos de los antropdlogos mexicanos” (1965: 74); 5) “hay un continuum de colonialismo desde la sociedad que re- viste integramente los atributos de la Colonia hasta las regiones y grupos en que sdlo quedan resabios” (1965: 76), y 6) “De he- cho este problema, relacionado con el conjunto de la estructura nacional, tiene una funcidn explicativa mucho mas amplia que las clases sociales, en una sociedad preindustrial, donde éstas no se desarrollan atin plenamente” (1965: 76). De la configuracién que antecede extrajo Margarita Nolasco la conclusién obligada de que el indigenismo es una antropo- logfa colonialista, dando por probada la hipdtesis de Gonzalez Casanova. Es preciso, pues, que justipreciemos su valer. COLONIALISMO INTERNO Debo decir ante todo que la gran fortuna con que corrié la hipétesis, y que se advierte en el hecho de que hoy todo el mundo habla de colonialismo interno como de algo perfecta- mente natural, nos estd indicando la necesidad que habia en las ciencias polfticas y sociales de una teorfa como la propuesta para explicar adecuadamente fenémenos como el marginalismo estructural, la ausencia de participacién de grandes sectores de poblacidn en la sociedad global y otros mas, que son motivo de estudio y preocupacién por su trascendencia para los paises del Tercer Mundo. La hipétesis del colonialismo interno, evidente- mente, llené con creces esta necesidad; el problema reside en que la hipétesis no ha dejado de ser hipdtesis, esto es, carece de comprobacién y, lo que es mas grave atin, como tantas otras imagenes estereotipadas que derivan de necesidades emociona- les, se est imponiendo sobre los hechos, sobre la realidad, al adquirir la condicién de dogma. La hipdtesis del colonialismo interno se compone de los si- guientes rasgos: J) el poder colonial se transfiere a la metrépoli nacional; 2) las comunidades indfgenas pasan a ser colonias in- ternas de esta metrépoli; 3) entre los polos constituidos por la comunidad indigena y la metrépoli nacional hay un continuum colonialista, y 4) heurfsticamente, el concepto del colonialismo DE ESO QUE LLAMAN ANTROPOLOGIA MEXICANA qn interno excede al de clases sociales para explicar la situacién de subdesarrollo en los paises recién independizados del colo- nialismo. Para los marxistas ortodoxos, la ultima proposicién suena a herejfa, de ahf que haya sido violentamente atacada.*° Su validez, sin embargo, depende del grado de veracidad de las proposiciones previas. Veamos éstas una a una. La transferencia del poder colonial en la minoria blanca colonizadora se dio en México en los pri- meros afios de la Independencia con la elevacién de Iturbide a la dignidad de emperador; de entonces acd han pasado cuarte- lazos, rebeliones y revoluciones, entre ellas la de Reforma y la Revolucion de 1910-1940 que alteraron totalmente la situacidn. La minorfa blanca extranjera fue expulsada del pais en 1828; sus herederos, los criollos, fueron desplazados por los mestizos con la revolucién de Ayutla; durante la tiltima conmocidn so- cial éstos se incautaron de los s{mbolos indios para dar forma a la identidad nacional. Desde entonces el poder en México se genera internamente, no es el resultado de una transferencia. Para que las comunidades indias puedan ser consideradas colonias internas de la metrépoli nacional es necesario que las relaciones entre ambas satisfagan las condiciones de la relacién colonial. Esta se caracteriza: a) por el dominio de una minoria extranjera sobre la poblacién indfgena con base en una su- puesta superioridad racial; la barrera del color que segrega a la poblacién mayoritaria de toda participacién en la sociedad global excluye los simbolos nativos de la identidad nacional y es signo patognoménico de la explotacién colonial; 6) por la dependencia econémica que supedita el desarrollo de la socie- °° André Gunder Frank, “Resefia de la democracia en México”, Historia y Sociedad, 1 (1963): 3.122-132; dice: “El colonialismo interno tampoco tiene, como se afirma en la pdgina 76, ‘una funcidn explicativa mucho mas amplia que las clases sociales’, La estructura del colonialismo interno —y del externo o sistema imperialismo también— no substituye a la estructura de clase, sino que la comple- menta. As/ pues, la teorfa del colonialismo interno y externo del sistema capitalista no puede ser —como Pablo Gonzdlez Casanova trata-de hacernos pensar— una alternativa a la teorfa de clases. Por el contrario, el examen de la misma y tnica estructura metrépoli-satélite, tanto internacional como nacional, pone de relieve Ja estructura de clase en la cual la burguesia se forma, se desarrolla plenamente o no, segiin su status de ser dominante o satelizado, se mantiene econémicamente a base de su explotacién del pueblo, tanto urbano como rural y, por lo tanto, necesariamente se mantiene y esfuerza politicamente para preservar esta misma estructura explotativa y generadora del subdesarrollo.” 112 OBRA POLEMICA dad eolonizadora al aprovechamiento de los recursos humano y naturales de la poblacién nativa, y c) por la subyugacién politica, la distancia social, el trato desigual y otros rasgos mas de menor importancia.?° Analicemos la caracterfstica inicial que es al mismo tiempo la cardinal. A nivel nacional existe una poblacién mayoritaria que racialmente difiere poco de la india; “los héroes indfgenas son objeto de veneracién, y el valor simbélico que tienen, agluti- nante, corresponde a una sociedad mestiza, sin prejuicios racia- les en la érbita nacional y en la ideologia nacional”, para decirlo con palabras de Gonzalez Casanova (1969: 245). Es decir, el signo patognoménico del colonialismo no existe al nivel nacio- nal, en consecuencia no existe el colonialismo interno. Al nivel regional el rasgo, o un rasgo similar, subsiste como “residuo” de una situacidn colonial, segiin también lo acepta Gonzdlez Ca- sanova (1965: 69). Los antropélogos dirfamos “supervivencia”; pero, en cualquier caso, los “residuos” o “supervivencias” en modo alguno califican la naturaleza de la sociedad global. Apenas parece necesario el andlisis de los restantes rasgos. La sociedad mexicana no basa su desarrollo en la explotacién del petrdleo, las minas, las plantaciones y otros recursos del inhdspito habitat indigena; ni deriva su poder de la subyugacién del indio. No es la primera vez que se intenta forzar los hechos para hacerlos encajar en un esquema predeterminado. Por lo general, en el trasfondo de estos esfuerzos se descubren siempre intereses que defienden propésitos eminentemente utilitarios. La configuracién del concepto de colonialismo interno es par- ticularmente bien vista por los poderes coloniales que con ello, racionalizan una justificacién mas al dominio que ejercen sobre los pueblos de ultramar. Por razones que son faciles de comprender fueron los belgas quienes, durante los primeros afios de vida de la ONU, pretendie- ron configurar, a como diera lugar, el concepto de colonialismo interno, y su aplicacién a situaciones practicas. Propusieron que con la nocién de‘colonialismo se abarcara a todas las minorias étnicas distintas que son discriminadas en sus propios pafses; argumentaron que tales minorias tienen a menudo, necesidad 1°°En mi obra Regiones de refugio, Instituto Indigenista Interamericano, Mé- xico (1967): 11, describo con amplitud los rasgos que configuran el colonialismo, apoydndome en Raymond Kennedy. DE BSO QUE LLAMAN ANTROPOLOG{A MEXICANA 13 de mayor atencién que los pueblos dependientes de ultramar. Los belgas sostuvieron que tales minorfas eran pueblos sin go- bierno auténomo, nonself-governing peoples, que cafan bajo la reglamentacién del capitulo XI de la Carta. La pedrada estaba dirigida contra la RSS, a la que se llamé el poder colonial por excelencia, cuyas pequenas nacionalidades fueron calificadas de pueblos sometidos; pero los belgas tuvie- ron buen cuidado de mencionar, ademas, el caso del apartheid en Sudafrica, como evidente demostracién de neutralidad.!* Las Naciones Unidas rechazaron la maniobra belga y ratifica- ron una vez mds que la esencia del colonialismo residfa en la dominacién de una minoria extranjera, con base en una su- puesta superioridad racial y cultural, sobre una mayorfa na- tiva.?°? Perdén por esta digresidn, lateral al punto en debate. CONTINUUM COLONIALISTA En la configuracién del concepto de colonialismo interno el ter- cer rasgo lo forma el continuum colonialista. Segin él, a seme- janza de lo que sucede en las metrépolis coloniales europeas que gozan de una democracia idilica mientras sujetan a un autorita- rismo feroz a los pueblos dependientes, en la metrépoli nacional el colonialismo apenas se advierte en tanto que en las regiones de refugio, donde conviven indios y ladinos, la discriminacién, la explotacién, la dominancia, etc., acusan un perfil definido. “Para el andlisis del colonialismo interno —informa Gonzalez Casanova— sélo contamos con indicadores indirectos, que re- velan la existencia de una discriminacién y de una explotacién semicoloniales.” (1965: 69). *"' Pierre L. van den Berghe, South Africa: A study in conflict, University of California Press, Berkeley (1967: 73-74), expone el caso de Sudéfrica como un caso de transferencia; dice: “La Gran Bretafia, en efecto, transfirié sus prerroga- tivas como poder colonial a la minoria de pobladores blancos, dando lugar a la naturaleza dual del gobierno de Sudafrica como ‘madre pairia’ y poder colonial. El ejecutivo de Pretoria y el parlamento de Ciudad de El Cabo constituyen, de hecho, un poder gobernante europeo sobre un imperio colonial interno y una poblacién sujeta.” La naturaleza dual del Estado en Sudéfrica es hicidamente analizada por Leo Marquard en South Africa’s Colonial Policy, Johannesburg, S. A. Institute, 1958. 192 International Encyclopedia of the Social Science, art., Colonialism por Ru- pert Emerson (1968): 3.1, 114 OBRA POLEMICA La ausencia de indicadores se suple con los trabajos que los antropdlogos mexicanos han Ilevado al cabo entre distintos gru- pos étnicos del pais y que son citados, en lo especial las obser- vaciones referentes al gobierno de la comunidad, como claro ejemplo de relaciones coloniales. La teorfa de la integracién re- gional, substanciada por quienes trabajamos en la década de los 50 en el Instituto Nacional Indigenista, le sirve a Gonzalez Casanova de material probatorio. Los antropdlogos mexicanos, sin embargo, estamos dispuestos a considerar que la situacién en las regiones de refugio bien puede calificarse de colonial —en 1953, en Formas de gobierno indigena, tomando como sujeto de observacién la ciudad de San Cristébal de las Casas, describi las relaciones de dependencia que se dan en una estructura de castas de tipo colonial— ya que sobre esas regiones hemos acumulado suficientes datos; pero no podemos seguirlo en su afirmacién de un continuum colonialista que involucra a toda ja sociedad nacional. Para afirmar la existencia de tal continuum, hasta el mo- mento, sélo contamos con los estudios realizados en uno de los polos, las comunidades indigenas; pero carecemos de observa- ciones sistematicas sobre el otro polo, la metrdépoli nacional, y las comunidades intermedias. Cuando Redfield construyé su teorfa del continuum folk-urbano procedié con todo el rigor cientifico que exige la formulacién de una hipétesis. Primero realiz6, en unién de sus colaboradores, el estudio monografico de cuatro comunidades significativas —una ciudad, una villa, una aldea y una tribu— y luego presenté su teorfa del conti- nuum con la comprobacién que le suministraron las observa- ciones seriadas. Nada semejante ha hecho Gonzalez Casanova para probar la existencia del continuum colonialista y siendo este rasgo el pilar en que se funda su hipotesis del colonialismo interno, mucho me temo que permaneceré como hasta ahora, una hipdtesis en espera de un cimiento en qué apoyarse. PaRENTESIS En este punto de la discusién deseo hacer un paréntesis. Es evi- dente que Pablo Gonzdlez Casanova conté con un auxiliar en la investigacién que le proporcioné, digerido, el material antro- DE ESO QUE LLAMAN ANTROPOLOGIA MEXICANA 115 poldgico; él personalmente no realizé la busqueda. Se desprende lo anterior del cuidado y exactitud que pone en las citas del material sociolégico y la negligencia y faltas que se descubren en el material antropoldgico. El vol. 3 de América Indigena no corresponde al afio 1947; el Primer Congreso Indigenista Interamericano no se celebré en 1946; se citan como inéditos trabajos ya publicados; se me hace aparecer como tinico autor de una obra que produje con la colaboracién de Ricardo Pozas; en una cita sin autor se dice que el gobernador tarahumara es designado tatuhudn o itzocdn, y ya retirado, cahuitero. Hay un error, el gobernador se llama sirfame. El pueblo que se men- ciona como Botapilas debe ser Batopilas; se dice que yo digo que los blancos de la Tarahumara se apellidan chabones en lugar de chaboches. Para qué seguir. Los errores aparecen en La democracia en México, pp. 83 y 85, se repiten en Sociologia de la explotacién, p. 243 y vuelven a encontrarse en segundas ediciones de ambas obras. Evidentemente Gonzalez Casanova no leyé los libros de donde se extrajo el material antropolégico. Ahora me explico por qué, no obstante la cita que hace de mi obra Formas de gobierno indtgena, afirma: “Influida por la metodologia de una ciencia que precisamente surgiéd en los paises metropolitanos para el estudio y control de los habitantes de sus colonias (la antropologfa mexicana) no pudo proponerse como tema central de estudio el problema indfgena como un problema colonial y como un problema eminentemente pol{tico” (1965: 88). Nadie que haya lefdo mi obra citada —que es un ensayo de antropo- logia pol{tica— puede hacer tal aseveracion.1° 103 Por supuesto, yo no soy excepcidn a este respecto. Miguel Othén de Men- dizdbal con mucha antelacidn traté politicamente el problema del indio y fijé su postura en un articulo escrito en 1935, uno de cuyos parrafos dice: “Espaiia, Portugal, Inglaterra, Holanda, Francia, Alemania o Italia, todos los pafses colo- nizadores, se han preocupado desde hace siglos y se preocupan hoy, poniendo a contribucién las conquistas cientificas y técnicas, por estudiar las caracteristicas antropolégicas, culturales y las condiciones econémicas en que viven los diversos grupos indigenas de los territorios sobre los que ejercen soberania o simple pro- tectorado. Por ello nos es conocida, més o menos profundamente, la poblacién nativa de todos los continentes y de todas las islas; pero estos estudios, aparte del espiritu verdaderamente cientifico de algunos investigadores, desde un punto de vista social han sido guiados por méviles utilitarios: conocer para dominar con el miniino de esfuerzo y de peligro. En ciertos casos se ha procurado cambiar las ideas religiosas, los lenguajes y la tecnologia de los grupos primitivos o de culturas diversamente orientadas, con objeto de obtener un control mas efectivo 116 OBRA POLEMICA Ahora, volvamos a Margarita Nolasco. Después de lo ante- tiormente dicho su responsabilidad se me antoja muy grande. Si en contra de lo reiteradamente afirmado por Gamio, Men- dizdbal y Séenz, los grandes de la antropologia mexicana en su periodo formativo, insiste en afirmar que “la antropologia apli- cada —indigenismo— ha sido siempre una antropologia colo- nialista”, ya no podra basarse en la hipstesis sin comprobacion del colonialismo interno. Como Gonzalez Casanova, dadas sus nuevas y elevadas obligaciones, dificilmente podra realizar las investigaciones tequeridas, quienes en él se apoyen estan obli- gados a hacerlas. Mientras no lo hagan es cientificamente in- aceptable la utilizacién de una hipdtesis que tiene todas las caracteristicas de un dogma. ACCION INDIGENISTA A riesgo de cansar al lector, permitaseme debatir un punto mas del estimulante ensayo que resefio. En los pdrrafos quinto y sexto Margarita Nolasco objeta la accién indigenista y propone una solucién alternativa que a su tiempo examinaré. Al prin- cipio de su impugnacién pregunta: “;Por qué hay que cambiar a los indigenas? ;Es absoluta e imprescindiblemente necesario cambiarlos?” (p, 80). Antes habia expresado indignada: “jSe llega al absurdo de negar al indigena su derecho a la existencia. misma como indigena! Tiene, obligadamente, que ser igual al resto de los mexicanos” (p. 67). Hay una frase de Marx que contesta a la pregunta y una ¢ intimo sobre ellos y aprovechar sus fuerzas de trabajo con mayor facilidad y rendimiento; pero el colonizador nunca ha intentado siquiera hacerlos participes, real y colectivamente, de su propia cultura, ni menos atin incorporarlos en un plano de igualdad en los procesos econémicos, lo cual hubiera significado la extincién de los privilegios que sirven de base a toda politica colonial. La URSS ha emprendido, desde hace algunos afios, serios trabajos entre los grupos étnicos no incorporados a la economia y la cultura rusa; pero si sus finalidades sociales son las mismas que impulsan al Estado mexicano a crear el Departamento Auténomo Indigena, los méiodos para conseguirlo son, en cierto sentido, diametralmente opuestos; el gobierno Soviet, por medio de su politica Hamada de las ‘pequefias nacionalida- des’, procura acelerar, por el fomento de las economias locales, la evolucién de sus formas culturales peculiares, en tanto que México propende a la unificacign cultural y a la integracién nacional. Esta divergencia de orientaciones tiene ori- gen, sin duda alguna, en las diversas condiciones en que se han realizado tuestros Tespectivos desarrollos histéricos.” Obras compleias (1946): 1V.332. DE ESO QUE LLAMAN ANTROPOLOGIA MEXICANA 7 admonicién de S&enz que hace frente a la indignacion. La frase de Marx es por demas conocida: “Los filésofos han interpretado al mundo de muy diversas maneras, sin embargo, la cuestién es cambiarlo.”1™ En efecto, la situacién que prevalece en las regio- hes interculturales de refugio ha sido estudiada e interpretada distintamente por politicos y antropélogos, sin embargo, lo que se requiere es cambiarla. La condicién del indio, encasillada en una estructura de castas —o, si se prefiere, en una relacién colonial—, es insostenible en el seno de una sociedad clasista, de tipo capitalista liberal, que postula como una de sus metas substantivas la igualdad de oportunidades para todos quienes viven en el Ambito del territorio nacional. Aquellos que por una u otra razén no participan plenamente en las reglas del juego impuestas por el grupo de poblacién econémica y culturalmente mas avanzado deben cambiar para acomodarse a los niveles de desarrollo alcanzados por éste. Los grupos de poblacidn que se rezagan —y este es el caso de los indios y ladinos que conviven en las Tegiones de refugio— son empujados coercitivamente al Progreso por el grupo mayoritario dirigente. Durante algin tiempo logran retraerse en el tefugio que les proporciona la incomunicacién y el aislamiento —los unos para defender sus privilegios, los otros para conservar las formas de vida tradicionales que les otorgan seguridad—; sin embargo, tarde o temprano el desarrollo histérico alcanza los refugios y los destruye, en accién violenta 0 pausada pero, siem- pre, inexorablemente. Tal es el camino de la formacién nacional y México atin no lo ha recorrido en toda su dilatada extensién. La condicién social del indio es de subordinaci6n, la del la- dino de privilegio, en el marco de un esquema de gradacién fundado en status adscritos por la herencia bioldgica, real o su- puesta, incompatible con la dignidad humana tal y como ésta se define en la actualidad. Sdenz dijo: La salida légica del indio en México es hacerse mexicano. Ence- trarlo teérica o prdcticamente en reservaciones es condenarlo a la esterilidad y a la extincidén ultima. No pertenezco al grupo de sen- timentalistas que desean a toda costa conservar “indio” al indio; tampoco me he ilusionado con ese romanticismo pueril de los que \*Marvin Harris, The Rise of Anthropological Theory, Crowell, Nueva York (1968): 219. 118 OBRA POLBMICA tratan de “indianizar” a México pretendiendo un poético retorno a la prehistoria; menos me preocupa el afan de mantenerlo pinto- resco, para deleite de turistas descompensados. Creo en el indio dentro del mexicano.'* Hoy en dia, los antropdlogos que trabajamos en programas de desarrollo en las regiones de refugio, agregamos a la de Sdenz una admonicién dirigida a los ladinos y decimos: “La salida légica del ladino en México es hacerse mexicano.” Ambos, indio y ladino tienen como salida légica el hacerse mexicanos. Se pro- duce con verdad Bénfil cuando asienta: “El ideal de redencién del indio se traduce, como en Gamio, en la negacién del indio. La meta del indigenismo, dicho brutalmente, consiste en lograr la desaparicién del indio” (p. 43); mas, para que esta verdad tesulte completa es indispensable agregar “y del ladino”. Tanto la condicién de indio cuanto la condicién de ladino son negadas por el indigenismo y su propésito manifiesto es que uno y otro adquieran la condicién de mexicanos. Miguel Othén de Mendizdbal fue tal vez el primer antropdlo- go mexicano que expresé claramente que el problema indigena residfa en cambiar una situacién de casta en una situacién de clase; en esto lo hemos seguido al pie de la letra quienes re- cibimos la estafeta que él tuvo en sus manos. A dos afios de inaugurado el Centro Coordinador Tzeltal-Tzotzil expuse la naturaleza de la accién en marcha en la obra Formas de go- bierno indigena, a que tantas veces he aludido. En el caracter de primer director del Centro me tocé a mi organizarlo admi- nistrativamente y fijarle sus funciones especificas. Asi lo hice y escribi entonces: La fundacién del Centro Coordinador se encuentra en la ciudad ladina y no en un lugar cualquiera de su hinterland, porque es esta urbe, como se ha demostrado en forma palpable, la que norma y rige la interaccién econdémica y por tanto en ella y desde ella debe ejercerse y partir la accién gubernamental. Esta tiende a re- alizarse en dos direcciones aparentemente contradictorias, a saber: 1) al fortalecimiento de la economia de la ciudad ladina por su industrializacién, y 2) a la vigorizacién de la economia del campo indigena por, su modernizacion tecnoldgica. Se considera que estos 1°5 Moisés Séenz, Carapan. Bosquejo de una experiencia, Lima (1936): 317. DE ESO QUE LLAMAN ANTROPOLOG[A MEXICANA 119 objetivos desembocaran en el funcionamiento decoroso y humano de la interdependencia, fendmeno econémico cuya regulacién —no ciertamente su destruccién— es la meta. Para lograr el primer objetivo, el Centro Coordinador viene pa- trocinando un proyecto de desagiie del valle de San Cristdbal y el aprovechamiento de esta obra en la produccidn de energia eléctrica abundante y costeable para la transformacién de las artesanias y gremios coloniales en sindicatos y fébricas modernos que abaraten la produccién y den origen a la clase obrera que seré el factor que rompa el sistema de casta imperante [...] Para el feliz éxito del segundo objetivo, la modernizacién de la economia indigena, el Centro Coordinador viene desarrollando, desde su fundacién en septiembre de 1950 un programa integral que directamente imple- menta en cuatro aspectos fundamentales: 1) comunicaciones, 2) salubridad, 9) educacién y 4) agricultura, ganaderia y bosques.'°* COINCIDENCIA FINAL Conocido lo que antecede, cae por su propio peso la acusacién que Margarita Nolasco formula a la accidn indigenista, cuando dice: Hay que empezar por cambiar las relaciones asimétricas, para hacer desaparecer los sintomas de las mismas: el problema indigena (a nivel nacional y de grupo). jPero esto es exactamente lo que no se hace! No se cambian tales mecanismos, sino que se disfraza la situacién con un indigenismo que acttia inicamente sobre la cultura. indigena, no sobre las causas del conflicto. Asi el indigenismo es parte de un sistema de sometimiento de los indigenas, para un fin determinado: conservarlos sometidos (p. 82). Erréneo, completamente erréneo. La accién indigenista, se- gun se habra advertido, no actiia tinicamente sobre la cultura sino especialmente sobre la estructura, como con toda precision lo manifiestan las funciones asignadas al Centro Coordinador. Por eso me place sobremanera la alternativa que la generacion del 68 ofrece como solucién al problema indigena, en boca de 106 G. Aguirre Beltran, Formas de gobierno indigena, Imprenta Universitaria, México (1953): 143. 120 OBRA POLEMICA Margarita Nolasco: “un cambio estructural de las relaciones econémicas indomestizas, es decir, el paso de la situacién colo- nial, con estratificacién étnica y de clases sociales, a la situacién nacional, con sdlo estratificacién de clases sociales, sin la ne- cesaria pérdida cultural” (p. 89). Pero, me pregunto: jNo es esto lo que se ha estado haciendo? {No es esto lo que la accion indigenista postula —“convertir la estratificacién étnica colo- nial de castas en una estratificacién econédmica de clases”!°”— desde que Mendizabal lo dijo hasta el dia de hoy? 2°T Obras Completas, 6 (1947): 507. La frase completa de Mendizabal reza: “La independencia de México instituyé la igualdad ante la ley de todos los elemen- tos étnicos constitutivos de la nacién; desideratum social que nuestro desarrollo histérico ha venido elevando a realidad, por medio de hechos positives de gran trascendenda, como la ascensién a las més altas posiciones politicas de indios, mestizos y mulatos, hasta lograr convertir la estratificacién étnica colonial de castas en una estratificacién econémica de clases.”