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UN CODIGO LEGAL NO ES UN ESTADO NI REQUIERE DE UNO:

Respuesta a Álvaro Vargas Llosa

Álvaro Vargas Llosa, un escritor y pensador de una usualmente impecable lucidez. Los
liberales de toda la región (minarquistas o critarquistas) apreciamos sus escritos pues es un
liberal del tipo que podemos llamar principios y consecuencias (o auténtico, a secas),
es decir, plantea lo justa o injusta de una acción/institución y además detalla los efectos de su
existencia o desaparición. Esto, en franco contraste con liberales (¿o debe decirse ”liberales”?)
que confunden al liberalismo con ciertas actitudes relativistas, utilitaristas o incluso nihilistas
propias del estato-liberalismo afrancesado, el hedonismo benthamiano-chicagoense o una
actitud aparentemente cosmopolita pero finalmente condescendiente para agradar al
establishment.
Tal es el caso de su artículo “¿Gobierno Limitado o AnarcoCapitalismo?” aparecido el 22 de
Enero de este año (http://partidolibertario.wordpress.com/2009/01/22/%C2%BFgobierno-
limitado-o-anarcocapitalismo-por-alvaro-vargas-llosa/). Pero sólo hasta cierto punto. Luego de
una introducción al problema y una apreciación de la inmoralidad del Estado-Nación (para ser
más específicos) Vargas Llosa abandona su usual rigor cuando nos cuenta que Islandia, luego
de 270 años de critarquia (lo confieso, el término “anarcocapitalismo” no me describe lo que
buscamos los liberales post-naif) “degeneró en disputas que abrieron la oportunidad
para que Noruega invadiera el territorio.” Veamos. 270 años es un periodo de tiempo
largo. No tan largo como los 900 del experimento de Irlanda, que terminó politizandose y
abriendo la puerta para la invasión de Cromwell, pero son 10 generaciones libres.
Aquí queda claro el non sequitur de Vargas Llosa.
Esperar que una sociedad no modifique sus instituciones cuando se gana o se pierde respeto
a ciertos principios es ilógico. Tampoco sentido pensar que algo que funciona 270 y 900 años,
“no funciona”, cuando EEUU a los 80 y pico años de creado su sistema federalista (un claro
error en retrospectiva) ya tuvo una sangrienta guerra civil (no una mera invasión de Canadá),
Argentina a los 70 años vio nacer un sistema quasifascista con Perón y en general junto a
Latinoamérica cambia de administradores cada 4 años en medio de un conflicto de intereses
permanente, disfrazado de proceso democrático. Pensemos: 900/270 vs. 80/70 vs. 4/5/6.
Critarquia, República o Democracia. Esas son las tres alternativas de nuestra discusión. Si todo
sistema va a degenerar (no tendría por qué, pero lamentablemente las sociedades dan por
sentado los valores de su época de mejores avances y deja de enseñarlas a cada nueva
generación) yo prefiero uno al que le tome menos tiempo y me provea de paz, justicia y
prosperidad durante mucho más tiempo. Islandia e Irlanda aún gozan del capital cultural
creado en sus experimentos critarquistas medievales, EEUU y Argentina aún destacan
globalmente gracias a sus experimentos republicanos, y el resto de la región salvo honrosas
excepciones (según quién esté “a cargo” del aparato institucional verticalista) es lo que los
anglosajones llaman, un “basket case”.

Entonces y puesto a elegir, yo prefiero vivir en una paz suiza y ser invadido (o muy costoso
de ser invadido con armamento moderno) por los Nazis que vivir en una sociedad politizada y
generadora de toda clase de distorsiones culturales -como cierta nación francófona que no
cabe mencionar para no herir susceptibilidades- para supuestamente estar preparados,
armados, propagandizados y altamente motivados para...rendirnos. Es decir, prefiero
arriesgarme a un mal externo que infligirme males internos preventivamente y no
prevenir lo primero. Cualquier parecido con la doctrina de Homeland Security no es mera
coincidencia. Y por último, si Vargas Llosa concede que hay formas de gobierno (la critarquia
siendo algo así como una Suiza de los 1800's sin legislación positiva sino common law+un
código de derechos y sin ejecutivo monopolista sino com múltiples ejecutivos/ejecutores de
sentencias judiciales) menos lesivas a la libertad que el Estado-Nación, debería bastar eso.
Pero claro, la discusión en el liberalismo (dado que somos realistas y no ingenieros sociales de
sueños arcoiris como los socialistas) pasa también por el “y eso, ¿funciona?” por lo cual hay
que contestar a ambas.
Luego nos dice Vargas Llosa: “En un mercado libre en el que cada tribunal ofrece un derecho
distinto, nada impide que la mayoría termine acudiendo a tribunales que invadan la libertad
individual. El mercado puede entronizar la violencia legal, como la ha legitimado la democracia,
por la regla de la mayoría, desde el Estado”.

Este párrafo es ciertamente curioso, porque es impecablemente neoclásico y por ende


inevitablemente ineficaz1. Es decir, olvidarnos -ya que se menciona a Rothbard- de que existen
factores económicos que proveen de incentivos mayores para X y no para Y curso de acción.
En este caso, el comercio por sobre la guerra. Antes los pueblos y naciones se invadian entre sí
porque no estaba tan clara la superioridad del comercio y la división del trabajo a todo nivel.
Ahora eso se entiende un poco mejor. Y estamos “un poco mejor” armados. Los beneficios del
comercio son más claros, los costos de invasión, conquista o guerra son más elevados. Ya que
los políticos occidentales (o de cualquier parte) no suelen mandar a sus hijos al frente de
batalla como en alguna era en que había algún grado de nobleza entre los “nobles” de una
sociedad, bastaría con asegurarse unas ciertas inversiones de suficientes origenes nacionales
(de nuevo el paralelo con Suiza se vuelve evidente) para volver los costos bélicos, financieros
mayores y las ganancias del comercio y los intercambios (migrantes, convenios entre
universidades, empresas y demás) mucho mayores. No, no es garantía de nada. Pero esa
combinación es mucho más garantia que una constitución, la división de poderes, un ejército
permanente (permanente garante de atropellos internos en casi toda la historia humana) y
demás artefactos republicanos.

A continuación Vargas Llosa nos dice que “La respuesta de Rothbard a este peligro es
inconsistente. En su notable Libertarian Manifesto pide un código legal en el que se estipule
que los tribunales están obligados a proteger la libertad. Lo siento, mi admirado Rothbard,
pero esa obligación es ya un Estado.”

La crítica de Vargas Llosa es la realmente inconsistente. El que exista un Bill of Rights o


Código Mínimo en un territorio no conflictua en nada con la existencia de jueces con distintas
doctrinas jurídicas y formas de hacer jurisprudencia.
Pero sobre todo, no implica la existencia de un Estado. Un Estado, que Vargas Llosa
claramente señala como un infractor por su simple existencia, no puede ser el resultado de
respetar un código de derechos individuales.

La razón para ambos argumentos que esgrimo es la siguiente: puede que un juez no sea
iusnaturalista, y eso es lo que le preocupa a Rothbard. Pero, ¿puedo contratar esclavos? Si la
respuesta es 'no', eso aplica para toda otra serie de falsas posibilidades como la legalización
(sanción mediante dictamen, entiéndase) del fraude, la reserva fraccionaria en la banca, el
envilecimiento del dinero de curso, los impuestos (a diferencia de tasas por uso y precios, que
son como se financia algo en una sociedad libre).
Pero además toda esta idea de las agencias (así, sin deshomogeneizar) es un problema en sí
mismo. Al igual que el juez privado de la primera era romana no es lo mismo que el juez de
paz ni que un centro de mediación ni la merchant law es lo mismo que el sistema de derechos
de propiedad celtas, la sociedad sin Estado-Nación verá siempre una variedad (no sólo de
tamaño sino de función) de instituciones florecer complementandose y compitiendo como
ocurre con cualquier otro ámbito humano. En una sociedad de liberales o al menos liberal en
su estructura, el uso de armas de fuego para la defensa personal hace bastante poco probable
que una agencia o empresa se vuelva eventualmente un Estado. Ni las mafias más poderosas
en los países más corruptos políticamente han logrado hacerse con todo el poder. Dado que las
empresas tienen una estructura de incentivos bastante distinta (les conviene siempre el
arreglo privado que ir a la corte, ir a la corte que conflictuarse, etc) y que las mafias
1 Economistas neoclásicos o matemáticos son esos que nos dicen “Imaginemos que el ser humano es un robot, que
conoce las acciones del resto e imaginemos que el tiempo no pasa. Una vez imaginado eso, podemos entender mejor
al ser humano”.
propiamente son un hijo bastardo de los Estados (las prohibiciones engendran el submundo de
ilegitimidad cultural y alto riesgo/alta preferencia temporal en que prosperan y atraen a los
peores tipos humanos) nos podemos dar cuenta de que la escena es tremendamente distinta.

No, mi estimado Álvaro, no existen garantías absolutas frente a invasiones externas,


conflictos internos ni politización (que la sociedad se vuelva otra vez, un sistema de saqueo por
turnos, perdón, quiero decir “democracia”) eventuales. Pero la incidencia es menor
empíricamente, es un sistema más justo y permite el pleno florecimiento cultural-material de
las sociedades (se vive mejor mientras no vengan los Nazis, digamos) y sobre todo, sus
alternativas tampoco tienen ninguna garantía. Bueno, mejor dicho sí la tienen: garantizan una
degeneración más rápida y un atropello inherente a su estructura, no a su eventual
desmoronamiento. En la vida no hay garantías absolutas, pero ciertamente existen estados
preferibles y estados intolerables de las cosas.
Por tanto, como buenos liberales post naif2 deberiamos buscar que florezca el liberalismo
con múltiples fórmulas3. Por tanto, quitémonos de la cabeza la idea hobbesiana de que el
Estado-Nación es necesario (ver cualquier pueblo pequeño en las montañas) para que haya
orden, paz, justicia y división del trabajo productiva. Hagamos retroceder hasta cero la idea
del Estado-Nación, pensemos en la secesión ad-infinitum y la sociedad contractual como
auténticos parámetros liberales para nuestras alternativas presentes y futuro. Como dice
Vargas Llosa, volvamos siempre a la carga, hasta que se entienda que el socialismo
(socialización) de la justicia y la seguridad adolece de los mismos problemas Misesanos-
Polanyianos-Hayekianos que el socialismo en otras áreas. Como dijo Gustave de Molinari: o
esto es cierto, o el fundamento de todo lo demás es igual de sospechoso.

Juan Fernando Carpio

Jueves 4 de Febrero de 2010


Quito, Ecuador

2 El liberalismo clásico peca de ingenuidad al asumir que tendremos elites lockeanas-jeffersonianas “a cargo” y eso
garantizará la permanencia del sistema. Como dijo Benjamin Franklin “una república, si pueden mantenerla”. Pero
¿quién mantiene a los mantenedores?
3 Ver Roderick Long y su fórmula del “donut” en que experimentos de critarquia (o ancap) se produzcan al margen o
al interior de grandes zonas republicanas que toleren experimentos más consistentes que ellas mismas resistiendo la
tentación de invadir u “armonizar” tributariamente con ellos.