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ANIVERSARIO DEL ASESINATO DE LEON SEDOV

A.M.

Un 16 de febrero de 1938 (a la temprana edad


de 32 años), es asesinado en una clínica
francesa León Sedov, hijo de León Trotsky, a
manos de agentes de la pandilla estalista,
quienes no sin razón, lo consideraban uno de
los principales enemigos contra los siniestros
planes de traición al movimiento obrero
mundial.

Nació en San Petersburgo el mes de febrero


de 1906 cuando su padre se hallaba en la
cárcel luego de encabezar el Soviet de los
obreros de San Petersburgo durante la
revolución de 1095, acontecimiento histórico
que culminaría en la revolución de 1917.

León Sedov participó desde niño en todas las manifestaciones previas a la


Revolución Rusa de 1917. Desde joven, el revolucionario esgrimió con sutileza el
manejo del trabajo clandestino y conspirativo. Tuvo que sumar un año a su edad
para poder ingresar al Komsomol, cambió sus documentos de identidad para
poder transitar los caminos del destierro e incluso, conciente del peligro inminente
de su asesinato, cambió su nombre al ingresar internado a la clínica donde la
mano asesina de Stalin provocaría el agravamiento de su enfermedad para
ocasionarle la muerte.

Estudió en la Academia Técnica Superior donde sobresalía por su talento


extraordinario por las matemáticas.

Una vez que los bolcheviques tomaron el poder en Rusia, León Sedov abandonó
el hogar familiar negándose a adoptar los privilegios que pudieron rodear a sus
padres. Trabajaba junto a los obreros en faenas manuales, repartía propaganda
entre los panaderos y sectores obreros.

A los veintidós años, sin vacilar abandona sus estudios e incluso a su joven
esposa e hijo para acompañar a sus padres en el destierro hacia Asia Central. Su
determinación no solo se inspira en el cariño familiar, sino fundamentalmente en
sus ideas revolucionarias.

A petición de sus padres se trasladó a Berlin para continuar sus estudios técnicos,
empero eso no significó obstáculo para continuar su actividad revolucionaria. Allí
fue editor del Biulletien Oppozitsii, publicación que fue prohibida por el
advenimiento del fascismo que lo obligó a refugiarse en Francia. En 1933 sus
padres fueron empujados a ese país lo que significó un nuevo pero breve
acercamiento familiar. León Sedov tuvo a su cargo, como antes del reencuentro,
la compilación de un abundante y valioso material bibliográfico para que su padre
realizara sus obras fundamentales.

Los agentes de la GPU solian decirse: "El hijo pequeño [León] hace su trabajo de
un modo inteligente. El Viejo [Trotsky] tendría dificultades sin él".

Tres meses antes de su asesinato amigos cercanos pidieron a Trotsky que lo


llevase consigo a México pues en Francia corría peligro a lo que León Sedov con
firmeza contestó: “El peligro es innegable, pero hoy París es un puesto de batalla
demasiado importante; sería un crimen abandonarlo”. Estaba preparado para la
tragedia y el sufrimiento. Padeció la muerte repentina de sus hermanos, sufrió el
destierro y voluntariamente optó por las actividades manuales y rudas para
ganarse el pan del día.

Doce días antes de su muerte comunicó a sus padres su intención de trabajar


como obrero en una fábrica. Es inaudito que una enfermedad lo llevase a la tumba
considerando su vitalidad matutina y juventud. A principios de 1938, Sedov
padecía de un dolor abdominal y tuvo que trasladarse a un Hospital. Etienne
-quien desde 1934 era agente de la GPU-, le aconsejó internarse en un centro
médico ruso en Francia. Luego de una rutinaria operación de apendicitis, Sedov
comenzó a recuperarse, luego comenzó a sufrir dolores y pérdidas de conciencia
hasta su muerte el 16 de febrero de 1938. Boris Girmounski, quien era otro agente
de la Policía Secreta Rusa, resultó ser el propietario del Hospital anfitrión.

Su trabajo principal lo plasma en su obra “El libro rojo de los procesos en


Moscú” haciendo referencia al juicio contra los dieciséis revolucionarios opositores
a Stalin donde con brillante pluma no deja títere con cabeza ante los “argumentos
judiciales” de la camarilla termidoriana. Este libro sirvió de aliciente a sus padres
quienes se hallaban sufriendo la prisión en esos momentos sin posibilidades de
defensa alguna.

Trotsky escribió de su hijo: "Como un verdadero revolucionario su vida sólo valía


en la medida que servía a la lucha por la liberación del proletariado".

Trotsky y su madre, con el alma desgarrada escribieron en su obituario (León


Sedov: hijo, amigo, luchador)”: ¡Jóvenes revolucionarios de todos los países!
¡Aceptad de nosotros el recuerdo de nuestro León, adoptadlo como vuestro hijo -
es digno de ello - y dejad que, a partir de ahora, participe invisible de vuestras
batallas, ya que el destino le ha negado la dicha de participar de vuestra victoria
final!.

En esta fecha especial recordamos su inquebrantable voluntad revolucionaria y


rescatamos el ejemplo de entrega pues su vida existencia estuvo consagrada
plenamente a la liberación de los explotados constituyéndose en un ejemplo al
cual seguir.

Sucre, febrero de 2010