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Edita: Federación de Comparsas de Moros y Cristianos Comisión de Fiestas de Ibi. Excelentísimo Ayuntamiento de Ibi. Patrocinan: ITC S.L., CLR, Modelos Atienza & Climet, Excelentísimo Ayuntamiento de Ibi, Diputación Provincial de Alicante. Portada e ilustraciones: Olegario Bernabeu Bernabeu. Fotógrafos: Enrique Pastor Castelló, Carlos Verdú Belda, Ángel Sáez Perales. Fondos fotográficos: Comisión de Fiestas, Colección Ramón Samper. Autores: Equipo de la Comisión de Fiestas 2013-2016. Maquetación e impresión: Kolor Litógrafos. Depósito legal: A321-2015 I.S.B.N. 978-84-606-6562-5

de Fiestas 2013-2016. Maquetación e impresión: Kolor Litógrafos. Depósito legal: A321-2015 I.S.B.N. 978-84-606-6562-5
Federación de Comparsas de Moros y Cristianos Comisión de Fiestas de Ibi Coordinador de la

Federación de Comparsas de Moros y Cristianos Comisión de Fiestas de Ibi

de Comparsas de Moros y Cristianos Comisión de Fiestas de Ibi Coordinador de la edición: JOSÉ

Coordinador de la edición: JOSÉ MARÍA RAMÍREZ MELLADO

Organigrama Comisión de Fiestas

Organigrama Comisión de Fiestas 4

Comisión de Fiestas

Miembros de la Comisión de Fiestas en el año 2014, con la Presidenta de las Camareras de ese año: Benita Cerezo Alcalá, y el Concejal de Fiestas: Juan Valls Brotons.

con la Presidenta de las Camareras de ese año: Benita Cerezo Alcalá, y el Concejal de

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La Sede de la Comisión de Fiestas

Sede de la Comisión de Fiestas
Sede de la Comisión de Fiestas

Detalle interior Comisión de Fiestas

Actividad continua en todos los departamentos

Sesión de trabajo en el departamento de fotografía

Junta de Presidentes en el Salón de actos el Casal con asistencia del Concejal de
Junta de Presidentes en el Salón de actos el Casal con asistencia del Concejal de Fiestas: Juan Valls Brotons.

Introducción

El ejemplar que tiene en sus manos, y que me hizo recordar la frase de Nelson Mandela: Siempre parece imposible hasta que se hace, es uno de nuestros compro- misos electorales y que ha supuesto un es- fuerzo considerable de muchas personas, pretende ser el compendio de nuestros conocimientos sobre la Fiesta de Moros y Cristianos de Ibi, desde la perspectiva de la Comisión de Fiestas, hoy constituida en Federación de Comparsas. Nace con una vocación enciclopédica y su objetivo no es otro que facilitar a los miembros de nuestra federación o a cualquier persona interesada en ello, un manual de conoci- mientos e información sobre esta entidad, la forma de gestionarla, qué pretende, so-

bre qué base se sustenta y cómo trabaja y también, y especialmente, el motivo por el que existe, que no es otro que las Fiestas de Moros y Cristianos de Ibi, ad- ministrarlas, organizarlas, preservar su identidad, su historia y su objetivo social. El Libro Blanco de la Comisión de Fiestas de Ibi, como su nombre indica, es el libro institucional de nuestra enti- dad, y se pone como objetivo el intento de dar contestación a esas preguntas que todos alguna vez nos hemos hecho sin encontrar respuesta, o si la encontramos es, a menudo, después de una búsqueda farragosa por los escasos libros o los más escasos personajes que pueden tener res- puesta.

Con toda seguridad habrá muchas personas que lo leerán en su totalidad, pero la mayoría lo tendrán en su biblio- teca para cuando se presente la ocasión, la duda o el deseo de conocer alguna cosa sobre nuestros Moros y Cristianos. La Fiesta y la Comisión que los festeros han creado son entes vivos y por lo tan- to sujetos a una evolución, con lo que probablemente si usted lee estas páginas años después de su publicación, puede que encuentre algo que ya no está vigen- te o que deba ser reformado. Es de espe- rar que futuras generaciones de festeros sigan ampliando, desarrollando o mo- dificando esta “enciclopedia” de nuestra Fiesta. La base sobre la que se sustenta es la investigación personal mía como Cronis-

ta de Fiestas a lo largo de 32 años, publi- cada en buena parte en artículos diversos

y en distintos lugares, y sobre todo en la

trilogía de libros “Ibi, un destino compar- tido”- que igualmente tuvo la ayuda y el soporte en la edición de esta Comisión de Fiestas y de nuestro Ayuntamiento-, la colección de las Revistas de Fiestas y sus distintos colaboradores, los libros y artículos publicados por Antonio An- guiz Pajarón, Antonio Castelló Candela, Bernardo Guillem Picó, Carlos Cremades Marco y otros amigos de nuestros Moros

y Cristianos, la información de los archi-

vos de la misma entidad y el trabajo y la colaboración de los Vicepresidentes San- tiago Cózar Valls, Salvador Mariel Albert, Vicente Martínez Verdú y Francisco San- tonja Gisbert, el Alcalde de Fiestas Anto- nio Condés Condés, el Tesorero Antonio José Bernabeu Juan, la Cronista de Fiestas Eva Galera Verdú, como mención espe- cial habría que hacer hincapié en la co-

laboración del Asesor artístico Olegario Bernabeu Bernabeu, autor además de la portada y de las ilustraciones del libro en su totalidad, de todo el equipo de fotogra- fía: Enrique Pastor Castelló, Carlos Verdú Belda y Ángel Sáez Perales; y en general de todos y cada uno de los miembros del equipo actual de la Comisión de Fiestas y los Presidentes de Comparsas, ya que to- dos en más o menos volumen aportaron su granito de arena para esta edición. Es por tanto un trabajo coral de un grupo implicado de personas. También he de agradecer el soporte de mi familia que una vez más ha tenido que soportar mi ausencia total a lo largo de casi un año para configurar y estruc- turar el libro, y en especial de mi hijo, el Asesor de Presidencia Alex Ramírez Gui- llem, que de forma callada y abnegada y sin que su nombre figure en ninguna par- te, ha colaborado entusiásticamente en cada proyecto en que me he embarcado en estos dos años al frente de nuestra en- tidad festera. Este libro, en el que se publican nuestros estatutos y nuestro actual regla- mento revisado recientemente, se hace eco de muchos aspectos, protocolos, tra- diciones, singularidades, incluso detalles de actos jamás escritos en ninguna otra parte, y que en buena parte se trasladaban de unos a otros festeros de forma oral a lo largo de generaciones. Es evidente que a pesar de todo encontraremos omisiones, inexactitudes o errores, espero por el bien de la Fiesta que sean los mínimos, pero el volumen de información es de tal en- vergadura que pido la benevolencia del lector para estos casos que se revelen, y que por supuesto habrá sido de forma to- talmente involuntaria.

La primera parte y otros capítulos se hacen eco de la historia conocida de la Fiesta, de la de la misma entidad y de distintos aspectos de interés, sigue una estructura cronológica en la que el lector va encontrando temas, a medida que ha- cen su aparición en nuestras Fiestas, por ejemplo: la Rodella, el Castillo de Fiestas, la declaración de Patrona Canónica, el inicio del Avís, etc., todos son tratados en su lugar de aparición en nuestra historia, de todo ello al final del libro encontrarán un primer índice de contenidos por ca- pítulos que les irá ubicando en los luga- res adecuados, además y seguidamente, podrán encontrar un amplio índice de temas, topónimos, autores y personajes para facilitar la búsqueda selectiva de las cuestiones que interesen a los distintos lectores, ya que muchos de ellos son tra- tados en distintos lugares de la narración. El libro ha sido posible, como casi todo lo que realiza la Comisión de Fies- tas, gracias a la colaboración y el patroci- nio desinteresado de las empresas locales ITC, CLR y Modelos Atienza, la Diputa- ción Provincial y nuestro Ayuntamiento, cuyo Concejal de Fiestas: Juan Valls Bro- tons nos dio un apoyo decisivo cada día de nuestro trabajo para esta entidad. Sus aportaciones económicas supusieron el grueso del importe satisfecho para con- seguir que este libro esté en las manos de todos los festeros censados en el año 2014, como prometimos. La deuda de gratitud de la Fiesta de Moros y Cristia- nos hacia todos ellos es inmensa. Una parte de la edición saldrá a la venta en papelerías de la localidad al pre- cio simbólico de 8 euros. A fin de que cualquier ciudadano que tenga el deseo y la curiosidad de contar en su bibliote-

ca con un ejemplar del Libro Blanco de la Comisión de Fiesta de Ibi, pueda hacerlo sin sacrificio ni desembolso importante. Poco me resta añadir, espero y confío en que este volumen realizado a lo largo de los dos años que lleva este equipo como gestor de nuestras Fiestas Patronales, cumpla con las expectativas que hayamos podido despertar y signifique un docu- mento generacional, para que los festeros de final de siglo y sucesivos, tengan una base sobre la que sustentar el conocimien- to de la Fiestas del futuro. Sin lugar a du- das el trabajo iniciado con este libro se ve- ría completado si se realizara un segundo volumen con las respectivas historias de cada una de las comparsas que componen la Federación, sus cargos importantes, sus peculiaridades, sus deseos, hasta el año 2015, es un nuevo reto que dejamos a la consideración de los futuros equipos que configuren esta hermosa entidad que tan- to nos da a los que pasamos por ella. Dedico este ejemplar a todos los festeros de Ibi y especialmente a todos aquellos que trabajan, trabajarán o han trabajado por la Fiesta, en el equipo de la Comisión, en las Juntas Directivas de las comparsas, o en el anonimato, simple- mente dando de sí a los demás, para que se diviertan, para que sean felices, para que se sientan motivados a perpetuarla. Ellos son los inspiradores de un trabajo de esta envergadura que legamos a la población, y del que creo que todos nos debemos sentir orgullosos. A todos ellos, de los que tanto aprendo cada día, permítanme la vanidad de intentar inspirarles diciéndoles que la sonrisa es la mejor arma que podemos es- grimir ante el desaliento, alimenta el alma propia y la de los que nos rodean.

José María Ramírez Mellado

La Mare de Déu dels Desemparats

Virgen por amor resolutivo del Padre total. Estrecho círculo de sentimiento sin tierra ni tiempo. Línea luminosa donde se abraza la mañana y la tarde. Anverso florido de azucenas sin reverso ni otoño. Madre de las dos orillas y el plenilunio, de la aldea, el arrabal y la urbe, llévanos Íntima y serena a la quietud planetaria donde se aloja la aurora y el Paraíso. Dios, del espejo recíproco, y el alma inabarcable donde los seres se convierten en memoria, quietud y amor encendido, dibuja el firmamento en Su hermosa cabeza, con la estrella, el reflejo y el sentimiento. En el inmenso azul donde se resuelven las miradas las esperanzas y el sueño, coro de latidos que elevan su voz hasta enhebrar la nube. En el aliento limpio de Madre y metáfora de la púrpura y el oro, sea río inexorable para los descorazonados, los desprotegidos y los reyes, y piadoso éxtasis de amanecer perpetuo para el oprobio, el llanto y la huidiza esperanza. Que no haya súplica, soledad ni lágrima que fluya en laberintos del tiempo sin saciar el deseo tierno de encontrarte. Madre de la dicha y la memoria, frente donde nacen mil soles alimento de la virtud y ausencia imposible muéstranos la esencia de la libertad suprema.

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Año de fundación: 1924 Presidente: José Simón Simón Delegado: Javier Gómez Verdú Sede:Plaza Las Cortes,

Año de fundación: 1924 Presidente: José Simón Simón Delegado: Javier Gómez Verdú Sede:Plaza Las Cortes, nº 5, 03440 Ibi (Alicante) N.I.F: G03857042

Celebración del 90 aniversario de la Comparsa: Este año pasado del 2014, nuestra Comparsa celebró su 90 ani- versario y para ello la directiva pre- paró un pequeño boato el día de la Entrada, que consistió en una pla- taforma donde dos chicos y un niño fueron pintados con “henna”, con sím- bolos que referían el 90 aniversario, y también desfilaron en una carroza tres veteranos de la Comparsa: Pascual Gisbert , Pedro Marín y Antonio (el madrileño), igualmente 5 chicos que lucían los antiguos trajes oficiales de hombre de la Comparsa, así como dos chicas con los dos oficiales de mujer. Esta última carroza iba adornada con un tapiz donde ponía 90 Aniversario, y además acompañados por las cintas de todas las Abanderadas y Capitanes de los 90 años.

Acto del Cementerio: Se incluye en la sección oportuna: CAPÍTULO 36 Churros con chocolate para desayunar el día de l’Avís: Antiguamente el “Tío Farina” traía a la sede social churros con chocolate para que desayunasen todos los Argelianos el día de l’Avís, los miembros de la Comparsa se con- centran en la sede aproximadamente a las 7:30 de la mañana para el desayu- no preceptivo, para más tarde y todos juntos dirigirse a la concentración de Comparsas, Abanderadas y Capitanes en el frontal del Ayuntamiento para iniciar los actos oficiales de la jornada. En la actualidad es Saoro Aracil quien ha tomado el testigo del “Tio Farina” , y nos trae unos deliciosos churros con chocolate, que junto a la familia arge- liana en un día tan especial: ¡saben a gloria!

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Año fundación: 1928 Presidente: Rafael Valls Bernabeu Delegado: Ricardo Guillem Pérez La comparsa Maseros es
Año fundación: 1928 Presidente: Rafael Valls Bernabeu Delegado: Ricardo Guillem Pérez La comparsa Maseros es
Año fundación: 1928 Presidente: Rafael Valls Bernabeu Delegado: Ricardo Guillem Pérez La comparsa Maseros es

Año fundación: 1928 Presidente: Rafael Valls Bernabeu Delegado: Ricardo Guillem Pérez

La comparsa Maseros es la segunda más antigua de Ibi, después de los Ar- gelianos. El hecho de que Ibi fuese una población eminentemente agrícola en la época de su fundación, favoreció la sim- patía de la población hacia esa estética. En los 86 años de historia tan solo en 2 oca- siones no ha contado con Abanderada. La enorme afluencia de niños, hi- jos de componentes o no, que asisten al Desfile Infantil con nuestra Comparsa, nos llevó a darle un especial protagonis- mo al acto, impulsado por un grupo de padres de la Comparsa, la propia direc- tiva y el artista local Xesús Reig, quien con su creatividad y esfuerzo dio a este desfile una gran relevancia. Luego otros miembros de la Comparsa han conti- nuado con ello. Han sido múltiples los premios obtenidos por nuestra partici- pación en dicho Desfile. Como actos singulares, contamos con el Acto del Contrabando, tratado en el capítulo 32 de este libro. También son los Maseros quienes se encargan de colocar las flores de la Ofrenda en el Monumento de la Plaza de la Iglesia. Esto lo llevamos haciendo desde que se realiza en ese lugar. Recientemente se ha introduci- do un día de hermandad, donde todos los miembros llevamos diferentes ape- ritivos para compartir y disfrutar de una jornada de convivencia en nuestro zoco, fuera de los habituales de Fiestas, Creuá o L’Avís.

SEDE ESTABLE: Desde el año 2003, en que adquirimos las instalacio- nes de una antigua nave y un patio en el Carrer El Salvador, tenemos nuestro Zoco que denominamos: “El Corralet”, en recuerdo de la antigua ubicación don- de partía la Entrada de Moros y Cristia- nos, que subía por las Calles de Castalla, Plaza de la Palla y Mayor hasta llegar a la Plaza del Ayuntamiento (actual plaza de las Cortes). Esta sede, adquirida con el esfuerzo de gran parte de los socios es propiedad de la Comparsa, nos permi- te tener un mayor desahogo y comodi- dad en nuestros días de Fiesta, así como nuestras reuniones, contando con 550 metros cuadrados de nave y otros 500 de patio. Cada año hemos ido haciendo pequeñas mejoras que nos permiten ser una de las pocas comparsas que a día de hoy cuenta con un zoco en propiedad, con el añadido de que resta muy poco para la amortización total de los présta- mos que en su día se asumieron y que, con sacrificio, se han ido afrontando in- cluso en estos años de fuerte crisis y caí- da general del censo festero. El reto, en la actualidad, es poder incorporar nuevos componentes, para lo cual desde la directiva se está fomen- tando una derrama joven y ayudas para el traje. También para los componentes oficiales existen ayudas, para los casos en que salen los dos miembros de la pa- reja, así como derramas de jubilados y estudiantes.

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Año de fundación: 1928 Presidente: Francisco Román Pina Torró Delegado: Joaquín - Cosme Navarro García

Año de fundación: 1928 Presidente: Francisco Román Pina Torró Delegado: Joaquín - Cosme Navarro García Secretario - Tesorero: Ángel Cáceres Galera Email: Angel.tesorerochumberos@gmail.com Sede: Asociación Comparsa Chumberos de Ibi. C/Media vuelta, 3 - ZOCO C/ Tibi, 6

LA JORNADA CHUMBERA

música y qué mejor para cambiar de

Desde el año 2009, todos los años, a finales del mes de Marzo, nuestra Com- parsa celebra un día de convivencia al que denominamos la “Jornada Chumbera”. Parecida a una Creuà, pero con una pequeña particularidad: celebramos un

tercio que hacer un pequeño pasacalle hasta nuestro Zoco en C/ Tibi, 6. Allí comemos. En Fiestas solemos preparar las mesas por escuadra, para poder tener un mayor control, pero en la “Jornada Chumbera” cada uno se sienta donde quiere. La banda ameniza

 

campeonato de Coto-Cau, Chinchón y

la

comida con marchas o pasodobles y

Dardos. Estas son las tres modalidades

al

finalizar la misma, le imprime un po-

del Concurso entre comparsas que se celebra en Septiembre, y nuestros cam-

quito más de marcha al evento tocando charanga, para disfrutar al máximo de

 

peones de la “Jornada Chumbera” son los que nos representan siempre.

la

sobremesa. Finalizamos con un pasacalle

La concentración es en la sede, Ca-

hasta la Plaza de la Palla. Una vez allí,

 

rrer de la “Mitja Volta”, a las 9:30 h, los

y

como si de una Creuà o Entraeta se

asistentes toman café, churros y choco- late para empezar con fuerza el día. A las 10:30h se abre la inscripción para los Chumberos que quieran participar en cualquiera de los tres campeonatos. Por supuesto, durante el tiempo que duran las partidas, no puede faltar la cervecita y la tertulia, mientras unos juegan otros hablan, e incluso hay de los que si les da tiempo hablan, miran y juegan a más de una de las modalidades, todo ello sin pasar ni pizca de sed. Alrededor de las 13:00h han ter- minado los tres campeonatos, felicita- mos a nuestros campeones y aparece la banda de música. No podía faltar la

tratara, todos los Chumberos forma- mos un gran círculo alrededor de los que se han hecho con una espada para hacer de cabo, y la banda nos toca otra vez más esas marchas moras con las que tanto disfrutamos, para dar el colofón a una jornada estupenda. En definitiva, la “Jornada Chum- bera” es, como su propio nombre in- dica, un día para pasarlo bien y hacer Comparsa, para reunir a los de toda la vida, aquellos que somos como herma- nos aunque solo se coincida los pocos pero intensos días de Fiestas. Un día de convivencia y hermandad. Un día para disfrutar.

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Año de fundación: 1930 Presidente: Damián Guillem Cortés. Delegado: Francisco Moya Morón. Tesorero: Jordi Palacios

Año de fundación: 1930 Presidente: Damián Guillem Cortés. Delegado: Francisco Moya Morón. Tesorero: Jordi Palacios Cortés i Aarón Sanjuán Martínez. Email: info@comparsaguerreros.com Web: www.comparsaguerreros.com Sede: C/ Mitja volta, s/n. Cantidad media de componentes: 120

Acte de GERMANOR entre PI- RATES i GUERREROS. Es celebra cada últim dia de Festes, després de la ‘Missa Major’ a la Plaça de l’Església. Es tracta d’un agermanament entre les dues Comparses, a ritme de Marxes festeres, rememorant el emparejament de les dues com a Capitanies durant molts anys. FESTA GUERRERA. Festa amb més de 25 anys celebrada el dissabte previ al dia de l’Avís. En la nostra Comparsa, som cons- cients de la importància d’inculcar la festa als més xicotets, per a preservar el futur i la continuïtat de la mateixa. Per a la incorporació de nous components, facilitem ajudes per als més jóvens i no tan jóvens, a més de subvencionar econòmicament la confecció del nostre trage oficial.

En els Guerreros, comptem amb nombrosos veterans, autèntics “pares” de la nostra Festa, que ens fan voler-la com a tal, així ens ho han ensenyat, te- nim un present que així ho està demos- trant, i es presenta un il·lusionant futur que ja es va anunciant. Un dels majors tresors de la nostra Comparsa, és ser posseïdors d’un mag- nífic ambient, a més del bon fer de la nostra FAMÍLIA (que així és com ens considerem), en els carrers d’Ibi en els seus dies grans.

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Año de fundación:1930 Presidente: Rodrigo Reche García. Delegado: José Ignacio Brotons Pina. Tesorero: José Antonio

Año de fundación:1930 Presidente: Rodrigo Reche García. Delegado: José Ignacio Brotons Pina. Tesorero: José Antonio Guerrero Jurado. Email: contrabandistasibi@hotmail.es

Hace ya muchos años que estamos ubicados en la calle Paca Guillem, don- de se comparte sede y zoco en Fiestas, aunque para este año de Capitanía se- guramente se dispondrá de otro lugar más amplio. Hoy en día la comparsa está com- puesta por unos 75 miembros oficiales, más las gitanas que año tras año nos acompañan, siempre muy numerosas, con lo que el colorido por las calles de Ibi está asegurado. Creo que hay pocas mujeres de la localidad que no hayan salido algún año con nosotros, o deseen hacerlo por lo menos una vez. En la Comparsa, aparte de los ac- tos oficiales que se realizan, tenemos la paella de verano. Desde hace bastantes años por junio o julio, nos juntamos todos y hacemos un día de conviven- cia, que reunió el último año sobre 150 personas, lo que significa que a la gente le gusta, con lo que seguiremos organi- zándola muchos años más. Otro acto que se ha consolidado desde el año 2009, y se realiza también en la sede, es la ya tradicional fiesta fla- menca, en la que todo el mundo tiene que venir ataviado para tal evento. El colorido y la alegría, ese día, son los

dueños de la comparsa. Con la parti- cularidad de que cada año, después de nuestra cena, acude más gente del pue- blo, podemos afirmar que se ha conver- tido en una fiesta esperada por todo el mundo, con el aliciente añadido de que se realiza en vísperas de Moros y Cris- tianos. Esta Comparsa es familiar, y el am- biente que reina es de alegría y de con- vivencia. Por lo que todos los compo- nentes de la misma estamos orgullosos de pertenecer a ella. También es de destacar una her- mosa tradición que ya cuenta con casi medio siglo de antigüedad, nuestra vi-

sita al Asilo durante las Fiestas, aparte de la que realiza la Comisión de Fiestas

y los cargos del año. Ese día se les invita

a los ancianos a una paella y departimos

con ellos durante un buen rato. Otro de los momentos estelares de la Comparsa es naturalmente la Entra- da del Contrabando que se tratará en el Capítulo 32, así como el Desfile Infantil, donde muchos niños de la población, aparte de los hijos de nuestros compo- nentes, nos acompañan, con lo que es uno de los momentos esperados por los espectadores ese día.

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Año de fundación: 1947 Presidente: Juan Manuel Santonja Gimeno Delegado: Arturo Picó Antolí Secretario: Sergio

Año de fundación: 1947 Presidente: Juan Manuel Santonja Gimeno Delegado: Arturo Picó Antolí Secretario: Sergio Galiano Carbonell Tesorero: Rafael Sanjuán Gisbert y Juan David Mercado Albert Sede: Cafetería 102, Calle Doctor Marañón, 5 Email: piratasibi@hotmail.com

En su fundación se presentó como una Comparsa “anárquica”, al estar hasta 1961, año de Bendición de la Bandera, sin Abanderada. Dña. Concepción Rico Pérez fue la primera en ostentar el cargo. En 1948 treinta socios compromi- sarios firmaron el primer reglamento que contaba con VIII capítulos y 19 artículos. Fue una de las promotoras de los zocos en Ibi, desde sus inicios los funda- dores hacían sus reuniones y algarabías en su Zoco llamado la Isla de la Tortuga. Es conocido por todos el himno “LA CANCIÓN DE LOS PIRATAS” que desde la fundación acompaña a Capi- tanes, Abanderadas, en los pasacalles y demás actos festeros. Es nuestro signo identificativo. Al crearse una nueva comparsa mora y no su respectiva cristiana pro- vocó que Piratas y Guerreros no coinci- dieran en la Capitanía como venía sien- do tradicional. Al nacer en el 1997 una nueva comparsa cristiana este cambio se consolidó, por lo que se decidió hacer un acto de Hermandad con los Guerreros que tiene lugar el domingo después de la Misa Mayor en la Plaza de la Iglesia, donde Piratas y Guerreros desfilan al son de marchas moras y cristianas inter- pretadas por sus respectivas bandas. La ironía de todo esto es el nuevo empareja- miento de Capitanía con los Contraban- distas, de donde surgieron los Piratas y con quienes coinciden ahora.

Los Piratas, de origen rebelde, no podían ir bien vestidos el día de la Olle- ta, por lo que comenzaron a personalizar el vestuario y lo que empezó como una broma se convirtió en una nueva tradi-

ción para todos los festeros: el disfraz de la Olleta. La implicación con la Comisión de Fiestas es relevante, Campeones del pri- mer Campeonato de Futbol Sala el año 1987, premio al mejor Zoco de Fiestas en 1989 y 1990 y finalistas en el Primer de concurso de “LA TRABUCA” en 1989-

1990.

Siguiendo con nuestro carácter innovador, en el año 1964 tuvimos una Capitana que junto a la Contrabandista son las únicas que han tenido nuestros Moros y Cristianos: Doña Asunción Picó Tortosa. Todos los que hayan sido niños en los Piratas recordarán su protagonismo en el zoco, tras el Desfile Infantil y des- de hace unos 20 años: castillos hincha- bles, manualidades y otras actividades, reúnen hasta 100 piratitas, son nuestro futuro y todo para ellos es poco. Los fundadores y veteranos refie- ren que el Fusilamiento del Moro Traidor que en la actualidad realizan los Chum- beros arrancó en nuestra Comparsa. Para terminar y resumir el carácter de la Familia Pirata recordamos la estrofa más significativa de nuestro himno: “lo millor de cada casa ha format una filà”.

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Fundación: 1963 Presidente: Ángel García Berbegal Delegado: José Antonio Martínez Pareja Tesorero: Antonio Iváñez

Fundación: 1963 Presidente: Ángel García Berbegal Delegado: José Antonio Martínez Pareja Tesorero: Antonio Iváñez Vilaplana Email: beduinosibi@hotmail.com Sede: C/ Jose Nomdedeu nº 7 Número medio de componentes: 50 componentes

La Comparsa Beduinos celebraba este año de 2014 el cincuentenario de su fundación, coincidiendo con su Capita- nía, y mostrando el rostro de Fiesta tan espectacular que ha atesorado después de todos estos años, ya que 400 perso- nas participaron en el evento, con mu- chos actos a lo largo de todo el año que dejaron la impronta de lo que significa esta Comparsa en las Fiestas de Ibi. Hay muchas cosas sin duda que caracterizan a esta Comparsa, hoy en pleno crecimiento, pero sin lugar a du- das una de las más significativas, son sus escuadras y sus cabos. El primer ga- nador del Concurso de cabos de Escua- dra, el mismo año de la fundación de la Comparsa:1964, fue un miembro de la misma, y desde esa fecha los Bedui- nos ganaron nada menos que en catorce ocasiones el Concurso, contando entre sus filas con 3 Escarapelas de Plata.

Pero los Beduinos, además, a lo largo del año viven para la Fiesta y para su propia camaradería, organizando eventos y excusas para la convivencia, así, entre todas esas iniciativas pode- mos destacar unas cuantas a modo de ejemplo:

1) Almuerzo el día 22 de Diciem- bre en el Local Social para ver el sorteo de la lotería de Navidad. En el que celebra- mos el gordo hasta que sale de verdad. 2) “Convivencia Beduina”. Se or- ganiza un día de convivencia con Be- duinos de otras localidades cada año en una localidad, como Almansa, Novel- da, Callosa…, llegando a desfilar con esas comparsas hermanas durante sus Fiestas. 3) Por costumbre el día de la Olleta se “tira” a la fuente de la Plaza de la Iglesia a los nuevos miembros de la Comparsa.

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Año de fundación: 1963 Presidente: Jesús Vicente Miñano Delegado: David Ropero Molina Sede: Cau Almogávar,

Año de fundación: 1963 Presidente: Jesús Vicente Miñano Delegado: David Ropero Molina Sede: Cau Almogávar, Pasaje Eleuteria, 2

Quizá el acto más significativo y por el que más se nos conoce es por el Disparo de la Comparsa Almogávar del Día de L’Avís, nuestro particular desper- tar para la población ese día. El cual se tratará en el Capítulo 35 de este libro. Los Almogávares nos hemos en- cargado de que la Fiesta se haga ex- tensible a los 365 días del año, pues de Fiestas a l’Avís hay demasiado hueco. Por eso, en numerosas ocasiones sur- gen proyectos de diferente índole que han sido llevados a la práctica con más o menos éxito, pero con grandes dosis de ilusión. Ya en el año 1968 se creó una cha- ranga cómica que tuvo una duración de tres años y llegó a actuar en el Teatro Salesianos. Los veteranos nos cuentan cómo algunas humoradas toman forma con el tiempo como “la ofrenda del pollo”, que tiene lugar el sábado de Fiestas, y cuyo objetivo es comer, beber y parlamentar. Sin olvidar anécdotas de festejos tauri- nos o suelta de vaquillas en el zoco. Hablando del zoco, ese lugar que ha ido cambiando de ubicación por dis- tintos motivos, pero del cual no pueden salir más que buenos momentos en tor- no a la mesa, espectáculos audiovisua- les, nombramientos sorpresa de cargos festeros o formación de escuadras que marcan el paso entre plato y plato, al rit- mo de pasodobles o marchas.

Y qué decir de cómo el almogávar siente la música fluir por sus venas. Hay marchas que van calando y que senti- mos muy nuestras, y pasodobles que nuestros oídos reclaman cuando acom- pañamos a Capitanes y Abanderadas por las calles. Tampoco se nos olvida darlo todo en la Olleta, o en las noches sin fin después de la cena. En nuestra faceta más artística, en el año 1993 se llevó a cabo la represen- tación del sainete “Moros en l’Horta”, interpretado por actores de nuestra Comparsa, y que contó con una trama que tuvo muy buena acogida. El 30 de agosto del año 2014, se puso en escena otro sainete con motivo de nuestro 50 aniversario, protagonizado por miem- bros de la Comparsa. En el siglo actual también se con- solidan actos como el Día Almogávar, en el paraje de San Pascual, durante un día de verano, y que sirve para que gran- des y pequeños convivan y disfruten de momentos de música y humor únicos. También durante el verano una inicia- tiva de unos pocos hoy arrastra a gran parte de la Comparsa. Es la Ruta de las Casetas y consiste en visitar, previo aviso, a los almogávares que pasan el verano en el campo y abusar, entre comillas, de su hospitalidad, piscina, viandas, etc. En fin, se trata de hacer fiesta y no romper los lazos que nos unen bajo un mismo escudo.

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Año de fundación: 1975 Presidente: Antonio Rico Andreo Delegado: Marcos Moya Morón Tesorero: Iván Ruiz

Año de fundación: 1975 Presidente: Antonio Rico Andreo Delegado: Marcos Moya Morón Tesorero: Iván Ruiz Serrano Teléfono de contacto: 966 845 218 Email: comparsatuareg@gmail.com Sede: Carrer les Eres, nº75 Numero medio de componentes: 175

Creuà: Se realiza en el mes de No-

viembre, es el inicio del año festero y tiene como finalidad volver a reunir a

la Comparsa después de las Fiestas de

septiembre, dando lugar así al cambio

de bandera, entre la Abanderada sa-

liente y la que nos representará duran-

te ese año.

Paella de Navidad: Se realiza la segunda semana de diciembre, es un

evento abierto a todo el público, en el cual la Comparsa organiza una comida

a un precio popular, y la iniciativa es pasar una jornada de convivencia como preludio a las fiestas navideñas.

Tarde de Nochebuena: El evento comienza a las 18:00h, tiene lugar en el patio de la Comparsa, y consiste en la quema de una hoguera y una posterior “chocolatada” a cargo de los Tuareg.

Fiesta Temática: Este evento tiene lugar en el mes de marzo, la directiva se encarga de elegir todo lo que conlle- va dicha fiesta (menú, disfraz, etc.), a precios populares y abierta para todo el público.

Fiesta de Verano: Es la última fiesta antes de las Fiestas Mayores, en el mes de septiembre, los Tuareg nos reunimos en el patio del zoco a comer (caña-tapa), y se realizan juegos de agua en un ambiente desenfadado para dar así comienzo al verano.

PRECIOS:

 

Mayores

Menores

 

18 años

14 - 17 años

CREUÀ

120

60

AVÍS

110

60

FIESTAS

320

160

TOTAL

550

280

TRAJE OFICIAL

TRAJE OFICIAL CHICAS

Presidente: Francisco Javier Morales Bermejo Delegado: Francisco Galera Uclés Vicepresidente: Emilio Moreno Tornero

Presidente: Francisco Javier Morales Bermejo Delegado: Francisco Galera Uclés Vicepresidente: Emilio Moreno Tornero Tesorero: Francisco Javier Morente Expósito Secretario: Javier García Peinado Furriel: Manuel Expósito Molina y Alejandro Tortosa Rodríguez Email: comparsacides@hotmail.com Sede: Plaza Miguel Servet

La Comparsa Cides se caracteriza por ser un grupo de amigos constituido en comparsa, y tiene la cualidad de que todo el que llega es incluido inmediata- mente en esta condición. A pesar de ser una comparsa rela- tivamente pequeña tiene una larga tra- dición de rigor en todo lo que hace, y también de excelente ambiente festivo. Es de marcado carácter familiar, y todo el que llega entra a formar parte de esa gran familia. Por supuesto están abiertos a ayu- dar a las nuevas incorporaciones para

hacer la inversión inicial más asequible

y liviana, financiando el traje y ayudan- do en los primeros años. Curiosamente, a pesar de su tama- ño, se trata de la comparsa que jamás falla a la hora de presentar Capitán o Abanderada, ya que todos sus miem- bros se implican en ello, ayudando en

todos los aspectos cuando es necesario,

y acompañando y apoyando en todos

los momentos, en la preparación, en los actos de l’Avís y por supuesto los de Fiestas Mayores, a todo el que accede al sueño de representar un cargo en el seno de esta comparsa tan identificada con el carácter medieval de nuestros Moros y Cristianos. En cada ocasión que la comparsa es convocada por la Comisión de Fies- tas, por la Directiva o por iniciativas particulares de miembros de la mis- ma, todos sus integrantes se muestran unidos, receptivos y entusiastas, como se puede comprobar en noviembre, el mes que organizan desde hace años: “El cocido del Cid”, iniciativa que nos llega desde el año que realizó el “Cop” Ma- nuel Expósito y que se ha convertido en una jornada de convivencia festera que repiten todos los años. Está claro que pertenecer a los Ci- des es una buena idea y un extraordi- nario modo de sacarle jugo a nuestras Fiestas Patronales.

TRAJE OFICIAL TRAJE OFICIAL CHICAS 32
TRAJE OFICIAL
TRAJE OFICIAL CHICAS
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Año de fundación: 1980 Presidente: Sonia López Guillem Delegado: Fernando Guillem Valero Secretaria: María Picó
Año de fundación: 1980 Presidente: Sonia López Guillem Delegado: Fernando Guillem Valero Secretaria: María Picó

Año de fundación: 1980 Presidente: Sonia López Guillem Delegado: Fernando Guillem Valero Secretaria: María Picó Mira Tesorera: Eva Tamarit Izquierdo Email: almoravidesibi@gmail.com Teléfonos de contacto: 634 594 115 / 634 594 125 Sede: Les Eres, 22 - 1º Número medio de componentes: 80

Cada comparsa tiene unas caracte- rísticas que la hacen especial, los Almo- rávides se distinguen por ser serios en los actos y marchosos en los momentos de juerga. Un 75% de la Comparsa son menores de 25 años, y un 60% aproxi- madamente mujeres, como lo demues- tra la composición de la junta directiva. Tenemos sede propia ubicada jus- to en el lugar donde se centra la mar- cha los días de Fiesta, la cual se ha ido amortizando poco a poco y sin que las nuevas incorporaciones noten incre- mento alguno en las derramas, es parte del mérito para haber conseguido un crecimiento espectacular en los años pasados, y es una tarea pendiente para la mayor parte de las comparsas iben- ses. Nosotros ofrecemos a las nuevas in- corporaciones una sede estable que no tendrán que pagar en el futuro. En los años pasados, una gran parte de nuestra inversión fue para ir mejorando nuestro local, que hoy, además, sirve para cele- braciones y banquetes de los miembros de la Comparsa que lo disfrutan gratui- tamente, y también para darlo en alqui- ler a todo aquel que lo solicite. La comparsa recientemente ha dis- frutado de su quinta Capitanía que, si cabe, ha conseguido unir más a todos los miembros en el proyecto de la comparsa.

Aparte de que sabemos hacer Fiesta, que si tenemos en cuenta nuestra juventud somos la comparsa mora más galardonada en el Concurso de Cabos, con varias escarapelas y una Escarapela de Plata, también tenemos nuestros actos especiales, como el Acto del Cementerio que hoy es oficial y que

tiene cobertura en otro lugar del libro, concretamente en el capítulo 34. Hay muchos momentos especiales para los miembros de la Comparsa, quizá lo más significativo es la celebración de los actos o jornadas de “germanor”, de los que hay varios a lo largo del año –almuerzos, comidas, cenas-, con música de moros

y cristianos y marcha para la ocasión, a menudo organizado por distintas escuadras. También hay que señalar que, en el segundo día de Fiestas

Mayores, la comparsa hace un esfuerzo

y trae una banda o conjunto de música

de rock (“Black Night”) que ya son habituales y con la que conseguimos hacer un lleno total. En fin, por su crecimiento, por su organización, por la diversión que procura, es una buena idea ser almorávide. Además la junta directiva financiará el traje de todos los que lo soliciten. Os esperamos.

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TRAJE OFICIAL

TRAJE OFICIAL CHICAS

Año de fundación: 1981 Presidente: Javier Simón Bernabeu Delegado: Fernando Coloma Palomares Tesorero: José Vicente

Año de fundación: 1981 Presidente: Javier Simón Bernabeu Delegado: Fernando Coloma Palomares Tesorero: José Vicente Villegas Ruiz Secretario: Marcos Verdú Santos-Olmo Teléfono de contacto: 607.088.888 Email: mozarabes@hotmail.com Sede: Plaza de la Palla, 8 (local arriba de Albina) Número medio de componentes: 100

Somos una comparsa de naci- miento relativamente reciente, la cual con el paso de los años está sufriendo un cambio generacional, disponemos de bastantes escuadras jóvenes que poco a poco van cogiendo las riendas de la Comparsa. Dentro de nuestros actos propios tenemos: “El Día del Mozárabe”, se trata de un día de convivencia en la que nos juntamos para disfrutar de una jornada “haciendo fiesta”. Se creó por propia de- manda de los componentes de nuestra comparsa, los cuales pedían a la direc- tiva que organizara un acto extraoficial para poder juntarnos fuera de los ac- tos festeros y poder hacer “ambiente de comparsa”. Este acto nunca ha tenido una fecha fija, con el paso de los años ha ido variando, pero siempre entre el

Día del Avis y las Fiestas Patronales de Septiembre, pero este último año en una Asamblea General Ordinaria se ha decidido que se haga antes del Avis, siendo durante el 2014 a finales de febrero. También la ubicación ha ido va- riando a lo largo de los años, los prime- ros fueron al aire libre en el Paraje Na- tural de San Pascual y posteriormente en nuestro Zoco y este último año en nuestra Sede Social. Además somos una comparsa en pleno desarrollo, una de nuestras ini- ciativas para incentivar a que la gente joven forme parte de nuestra comparsa es que a todo componente que quiera hacerse oficial, se le subvenciona la tela de su traje, siempre y cuando se com- prometa a salir de oficial mas de tres años seguidos.

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TRAJE OFICIAL CHICAS

Año de fundación: 1991 Presidente: Evaristo Hita de la Plata Delegado: Luis Montesinos Gozalbo Tesorero:
Año de fundación: 1991 Presidente: Evaristo Hita de la Plata Delegado: Luis Montesinos Gozalbo Tesorero:

Año de fundación: 1991 Presidente: Evaristo Hita de la Plata Delegado: Luis Montesinos Gozalbo Tesorero: Pablo Navarro Moltó Email: mudejaresibi@gmail.com Sede: Carreró de les Animes (antiguos Maseros, detrás del Pub Sónar). Zoco: antigua fábrica de Rico (frente a Tuareg) Número medio de componentes: 90

Acto el Mudejaret. Este acto, que surge por el amor hacia los niños, con- siste en hacerles sentir realmente espe- ciales el día del Desfile Infantil. Es sen- cillo pero muy emotivo: Evaristo Hita, que es el promotor, con ayuda de los padres y niños mayores de la comparsa, apilan los lotes de juguetes a la entrada de la misma. Es un escaparate impre- sionante. Al llegar hay que recordar a los pequeños que las cajas no se pueden tocar y que hay que comer todos los ali- mentos. Los niños este día ponen mu- cho interés en hacerlo todo muy bien, pues la recompensa es muy grande. En estos momentos se dan situaciones anecdóticas y divertidas. El momento grande es el reparto de los juguetes: la alegría de los niños merece el esfuerzo. Todos y cada uno de los niños recibe su premio. No importa que no sean com- ponentes mudéjares, si han compartido con nosotros comida pueden disfrutar de este momento mágico, y os asegu-

ramos que es un acto que va en alza, y cada año se ven trajes de más compar- sas en las mesas del ZOCO MUDÉJAR.

¿Y señores: Por qué apuntarse a los Mudéjares? Precios especiales según la franja de edad. Comparsa especialmente joven con un ambiente muy acogedor. El traje oficial no es de los caros, además la Comparsa subvenciona la tela para los nuevos componentes. Es una Comparsa participativa e integradora. Un ejemplo de compromi- so es que de momento en toda su his- toria, jamás hemos fallado a la hora de aportar Abanderadas y Capitanes. Ade- más de ser una de la más galardonada entre las filas moras de Ibi. Muy buen servicio de catering. Se come de maravilla. Ambiente mágico en nuestro zoco a la hora de la marcha.

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TRAJE OFICIAL CHICAS

Año de fundación: 1997 Presidente: Fernando Linares Lillo Delegado: José Miguel García Gisbert Tesorera: Mª

Año de fundación: 1997 Presidente: Fernando Linares Lillo Delegado: José Miguel García Gisbert Tesorera: Mª Isabel Valero Verdejo Teléfono de contacto: 653945619 Email: templariosdeibi@gmail.com Sede: C/ Don Pelayo nº 12B Ibi Número medio de componentes: entre 45 y 55

La Comparsa Templarios es la más joven de Ibi, no obstante el cariño por la Fiesta y las ganas de hacer las cosas bien, y de que nuestros socios disfru- ten al máximo, la hacen muy recomen- dable. Nuestro acto estrella es la Gran Cena Medieval, se suele celebrar a fi- nales del mes de marzo. Solo se puede acudir con atuendo medieval, ya sean trajes de moros y cristianos de cual- quier localidad, alquilados o adquiridos en tiendas especializadas. Abierta para todo el mundo, siem- pre que cumpla el requisito expresado, ya sea del pueblo de Ibi o de cualquier parte y tenga ganas de pasar una tarde- noche muy especial. Los actos suelen empezar a las 18:00h, concentrándonos en nuestra Sede arriba mencionada, ataviados con la vestimenta medieval. Allí nos toma- mos unas copas y compartimos risas, anécdotas y nos hacemos las fotos de rigor para inmortalizar el evento. Sobre las 20.30h nos trasladamos al restaurante en pasacalle. La cena consiste en todo tipo de viandas acor- des con la Edad Media: embutidos, frutas y verduras frescas, aceitunas y encurtidos, dátiles, calderos con callos, albóndigas de carne, como primer pla- to una deliciosa sopa castellana y como

plato final un exquisito cuarto de pollo asado, todo esto bañado con vinos de la tierra. La particularidad es que el asisten- te solo se podrá alimentar valiéndose de sus manos, a excepción de la sopa, para la cual dispone de una cuchara de madera. Tanto la vajilla, como los vasos y las jarras son en su totalidad de barro. Otra particularidad es que cena- mos a la luz de las velas, la comparsa posee una gran cantidad de candelabros personalizados en propiedad. La cena esta amenizada por va- lientes caballeros, que realizan justas y combates con espadas, lanzas, mazas y escudos, arengando a los allí presentes para que den su apoyo al que más les agrade. Una vez finalizada se procede a la entrega de pergaminos a los cargos y autoridades, y acto seguido da comien- zo el gran baile hasta que el cuerpo aguante. Además la comparsa siempre par- ticipa en el 2º Encuentro Templario en Caravaca de la Cruz: Se viene cele- brando en los últimos años la primera semana de diciembre, y consta también de una Cena Medieval con las mismas características de la nuestra.

Escuadra Especial Piratas año 1944

Comparsas Cristianas acompañando al Abanderado comparsa Escoceses 1922

Primer año de la entrega de llaves 1982

Capitán Chumberos 1943 Nicolás Payá Jover

Comparsa Guerreros 1949 (Colección Ramón Samper)

Fundadores Comparsa Chumberos

Embajada Cristiana

Entrada Maseros año 1930 (colección Ramón Samper)

Exaltación Festera año 1986

Historia de la Fiesta

Diana Festera año 2013

Entrada Cristiana año 2013

Entrada Mora año 2013

Desfile Infantil

Entrada Contrabando

Cop Cristiano 2013

Fusilamiento del Moro Traidor año 1990

Embajada Mora año 2014

Procesión año 2013

Hechos medievales que fundamentan nuestra FiestaEn 1228 ocurre un hecho que ten- dría singular importancia en la conquis- ta valenciana

En 1228 ocurre un hecho que ten- dría singular importancia en la conquis- ta valenciana e incluso en la historia de nuestra modesta localidad: Zayyan ibn Mardanis, descendiente del Rey Lobo, arrebata Valencia al emir almohade Abu Zaid, este huye y se refugia en la zona norte valenciana, donde conserva algu- nas fortalezas fieles. Zayyan se proclama emir de Valencia. Los reinos cristianos, contrariamen- te a la descomposición de los reinos ára- bes, suscribían acuerdos para distribuirse las respectivas áreas de conquista y apro- vechar esa favorable situación. Aragón y Castilla firmaban el de Cazola el 20 de marzo de 1179. El tratado de Cazola ya establece explícitamente la frontera de la futu- ra conquista aragonesa en Biar. En ese pacto quedaban de conquista aragonesa Valencia y su reino, Játiva, Biar y toda la tierra habitada o deshabitada, des- de su puerto hasta Játiva y Valencia, y además Denia hasta Calpe. Quedaban para Castilla todas las tierras más allá de Biar: Villena, Sax, Elda, Novelda, Catral, Callosa del Segura, Elche, Orihuela, Alicante, y Murcia hacia abajo. Quedaba perfectamente definido el marco que el joven monarca Jaime I se encontraba ante sus pretensiones, tem- pranamente manifestadas, de conquista en tierras valencianas.

Corre el año 1229 cuando el sayyid

Abu Zayd iba a dar un paso decisivo para

la futura conquista valenciana. Una vez

desposeído por Zayyan, este hombre que

fue capaz de decapitar a dos monjes fran- ciscanos italianos, Giovanni de Peruzzia

y Pietro de Sassoferrato, por el simple

hecho de que se habían atrevido a pre- dicarle, se pone en contacto con el papa Gregorio IX y le ofrece la conversión si le presta ayuda. Es el momento aprovecha- do por Jaime I para suscribir un acuerdo con él en Calatayud el 20 de abril de 1229, mediante el cual, el musulmán que había floreado en el pasado entre los dos mo- narcas cristianos: el castellano y el arago- nés, reconocía el pacto entre ambos, y se comprometía a ceder a Jaime I la cuarta parte de lo que obtuviera en las conquis- tas que consiguiera en estas tierras. Jaime I y su hijo, por su parte, pueden conquis- tar y guerrear sin darle nada a él a cam- bio. En el mismo documento firman un pacto de vasallaje y acuerdan intercam- biar una serie de castillos pendientes de conquistar. No sería el único acuerdo, ya que en 1232 a punto de comenzar la epo- peya valenciana firman otro, mediante el cual, Abu Zaid renuncia a las rentas de Valencia y su término. En los primeros meses de 1236,

Jaime I ocupó El Puig, castillo de enor- me importancia estratégica, y desde allí se dedica a hostigar la capital. Zayyan

le ofrece un tributo sobre las rentas de

distintos castillos y un palacio de regalo. Jaime I contesta: Si preng Valencia tendria la gallina i després els pollets. El rey ha proclamado su voluntad de entrar en Valencia y el papa Gregorio hace un nuevo llamamiento. Es predicado por los obispos de Tarragona, Narbona, Arles

y Ais. El rey que en un principio contaba

con ciento cincuenta caballeros, ciento cincuenta almogávares y mil peones, ve cómo, por efecto de las bulas prometidas, comienzan a llegar caballeros alemanes,

húngaros, italianos, ingleses. En el “Llibre dels Feits” dice que fueron un millar. En el lado contrario la situación es muy distinta, los refuerzos pedidos al ca- lifa tunecino no llegaban, tan sólo algu- nos víveres que, además, al estar tomado el Grao, han de desembarcarse en Denia. La situación se convertía en insostenible

y Zayyan firma el 22 de septiembre el acta

de capitulación, seis días después el pen- dón real se iza en la torre de Bâb as-Sahar, librándose igualmente al monarca todos los castillos y villas del norte del Júcar ex- cepto Denia y Cullera, concediendo, a su vez, don Jaime, una tregua de siete años. Zayyan abandona Valencia y el 9 de octu- bre Jaime I entra victorioso en la ciudad. Zayyan permanecería un año en Denia, algo iba a turbar el curso de los acontecimientos, haciendo que se rom- piera el pacto suscrito por ambos conten- dientes. El emir Ibn-Hud había sido ase- sinado en Murcia, lo cual había provoca- do una serie sucesiva de gobernantes, sin que ninguno de ellos lograra imponer el orden. Los murcianos ofrecen el trono a

Zayyan que, merced a los acuerdos firma- dos con Jaime I, también poseía Alicante, Elche y otras poblaciones.

Este acontecimiento le anima a per- geñar un intento de reunificación territo- rial, en el que incluye la rica Xátiva, para poner toda esta extensión bajo la tutela del califa tunecino al que rinde pleitesía. Ante la presión del monarca nazarí de Granada por el sur y del castellano por el norte, inicia una táctica de acercamiento a éste último. Denia y Cullera se libran, mientras tanto, al monarca aragonés. La tregua se veía abocada a romperse ante el estado de tensión existente, su fragilidad provocaba no pocos incidentes casi encadenados. En 1239 Jaime I se propone la conquista de

las tierras allende el margen sur del Júcar. La acción del astuto Zayyan, con casi toda seguridad, buscaba como ob- jetivo prioritario provocar el enfrenta- miento entre los dos monarcas cristianos. Objetivo que, finalmente, viene a cum- plirse. Ese sería el origen de la autoriza- ción por parte de Jaime I de una expedi- ción aragonesa a Villena y Sax, en la que muere Artal de Aragón y que sería repeli- da por los árabes.

Y también de la disputa de ambos

monarcas por la rica Xátiva que está pun- to de originar una guerra entre ambos. La situación alcanza la máxima tensión cuando Alfonso fuerza la rendición de Mogente y Enguera, que causa una vio- lenta reacción que lleva al monarca ara- gonés a conquistar Villena, Caudete y Bugarra, que en el pacto de Cazola son de conquista castellana.

El dominio de Zayyan en Murcia es

también, como el de los otros gobernan- tes, efímero, dura escasos ocho meses. La guerra entre ambos reinos pare- cía inminente, se habían conculcado y he- cho añicos los principios enunciados en

Cazola, la paz se antojaba así imposible. Sin embargo la intervención de la reina, a la sazón esposa de uno de los conten- dientes y suegra del otro, conseguiría que Alfonso dirigiera a Jaime I una petición de encuentro para dirimir las diferencias. El encuentro se plantea en Almizra, lugar bajo control aragonés, cercano al actual Campo de Mirra. El rey manda va- ciar el castillo y la villa para que se aloje al castellano con todo su séquito, pero el infante se niega y prefiere el alojamiento en sus propias tiendas, emplazadas se- guramente en el lugar denominado “Les Graelletes”, vaguada que separa el cerro de San Bartolomé, en donde se erigía el castillo y la otra loma denominada “Les Fantasmetes”. Esta vaguada está al pie del “Puig d’Almirra”, como nos refiere la crónica, y existen allí iconos esculpidos en piedra, petroglifos de origen medieval que asemejan parrillas. No fueron sencillas las negociacio- nes, en las que tendría que intermediar la reina para evitar la ruptura. Finalmente la razón se impone y llega el acuerdo, el cual no podía ser otro más que la devo- lución mutua de castillos conquistados fuera de la zona de cada cual, así como la ratificación del pacto de Cazola, pero haciendo un preciso amojonamiento de todos los territorios. Se traza una hipo- tética línea, al norte de la cual todo está bajo la jurisdicción aragonesa y por tan- to susceptible de conquistar por Jaime I. Esa línea se plantea sobre una base fluvial (el Cabriel y el Ayora hasta el Júcar), oro- gráfica (el Puerto de Biar), y toponímica (Biar, Castalla, Xixona, Busot y Aguas de Busot) terminando en el barranco que está al norte de la ciudad de Alicante, actual término de Campello, quedan-

do para conquista castellana: Alicante, Villena y Bugarra, siguiendo por la sierra de Rúa cerca de Ayora, también Sax, Elda, Aspe, Elche y Alicante. Se delimitaba el marco de lo que en el futuro iba a ser Valencia, y eviden- temente también el de Alicante con su ámbito cultural y administrativo, aunque posteriormente se ampliaría territorial- mente la jurisdicción aragonesa en tiem- pos de Jaime II, con una serie de ciudades entre las cuales estaría la futura capital provincial. Dijo alguien del rey don Jaime que peleaba escribiendo y escribía peleando, efectivamente, son varias las crónicas que nos refieren los hechos sobre los que fun- damento este capítulo, pero hay una, qui- zá menos espuria que las otras, se trata de la escrita por el mismo rey: la Historia del Rey de Aragón don Jaime I el conquistador, que añade la apostilla: escrita en lemosín por el mismo monarca, y en la que me baso.

Pero acerquémonos algo más a lo que era entonces nuestra localidad. Estando Jaime I en Valencia, se presentan ante él: Dos sarraïns que cascú havia plus de cinquanta anys; le prometen entregarle la fortaleza de Biar, según el pacto celebra- do en Almirra, el castillo más meridional de su futuro reino y el que se consideraba:

clau del Regne. Ambos sarracenos (así les denomina siempre don Jaime, yo utilizaré después el término “mudéjar”, menos des- pectivo, para referirme a los moros de las tierras conquistadas) le refieren al rey que Biar es lo millor castell que fos d’aquella frontera. El rey se interesa, la consecución de la plaza propiciaba un paso gigantesco en la conquista valenciana, así que decide ir a Biar. Acuerda con ambos que deben

volver y acudir más tarde a Játiva, lugar desde donde partirá el monarca con 100 caballeros para la mencionada campaña. Al regresar los emisarios a Biar parece que surge la discrepancia entre sus habitan- tes. Finalmente deciden que uno permane- cería allí y el otro acudiría a la cita, pen- sando que cuando vieran llegar la hueste cristiana nadie se atrevería a oponerse. Una vez reunido con la mesnada cristiana y tras una jornada de camino llegan a Biar, donde se encuentran con más de 700 hombres armados sobre las almenas y ante las puertas blandiendo ballestas. El emisario que acompañaba al rey intentó acercarse, pero fue conmi- nado a mantenerse a distancia. El rey se percató de la situación y lamentó haberse confiado de tal modo, pero una vez allí decidió acometer la toma de la plaza. Se trasladó tras unos días a la cima del mon- te que corona Biar en dirección hacia Castalla, donde se instala tras mandar re- parar unas casas que había en el lugar. Los caballeros y peones construyeron chozas, el cerco sobre Biar se inició el 15 de sep- tiembre de 1244 y concluyó a primeros de febrero siguiente. Todos los días había escaramuzas según las palabras del monarca. Hubo de construir una catapulta: faem un fène- vol, e pocs díes errava que els nostres no haguessen torneig amb los de la vila que dedins havía bo DCC homes de peu, ben armats e des bons. Fue un crudo invierno, lluvioso y helado. Es curiosa la repetida referencia en distintos lugares y episodios a lo des- apacible del tiempo. El rey estaba enojado ya de perma- necer en tan malas condiciones, así que pidió refuerzos, entre otros vino Guillem

de Moncada con sesenta ballesteros de Tortosa. A partir de ese momento ya no hubo moro que sacase un brazo o una mano por las almenas que no fuese he- rido por las saetas cristianas. A pesar de ello, no había modo de tomar la villa. No obstante, la situación de los sitiados era angustiosa, así que su alcaide Mûsa’al-

Murâbit hizo al rey la propuesta de rendir

el castillo si se les permitía habitar sus he-

redades y regirse por sus leyes de xuna y çara. El rey aceptó. El asedio de Biar en algunos escri- tos figura con una duración de dos me- ses, lo cual debe tratarse de un error de transcripción o una mala redacción, fun- damentada en una frase que figura en la crónica, porque después especifica: esti- guem hi de mitjan septembre tro la entra de febrer. De hecho, si se da un vistazo por la colección de documentos firmados por el rey durante estos días, se observa la primera firma el 5 de septiembre y a pri- meros de febrero siguiente, sin especificar el día, realiza la concesión mediante es- crituras a los moros del lugar de Biar para que puedan conservar sus aljamas. Cuenta Bernardino Miedes que una vez tomada Biar, hizo (el rey) las repara-

ciones al castillo, firmó los pactos y partió

a Valencia, pasando por Castalla: pueblo

grande y bien puesto en defensa, cercano de Biar, del cual le pareció, por ser de gente belicosa, sería bien ganarlo para ayuda de los de Biar, por estar los dos en la frontera. Otra versión dice que algunas mes- nadas de aragoneses al servicio del rey almohade Abu Zaid, tomaron Castalla y los lugares de los alrededores.

De un modo u otro, la Foia de Castalla es evidente que tras la toma de Biar pasa a manos aragonesas, con Ibi

incluido. Entre Játiva y Biar sólo queda-

ban ya tres iqlim o distritos musulmanes:

el de Cocentaina (Cocentaina, Alcoy y

Penáguila), el de Laguar (los valles orien- tales abiertos al mar), el de Al-Azraq

y quizá un cuarto, el configurado por

Guadalest, Polop, Sella y Finestrat. Jaime I refiere que una vez caído Biar:

retés a nós tot l’altre regne que de Xúquer tro en terra de Múrcia. Efectivamente, el modo de ocupar todas estas tierras fue mediante una serie de pactos de vasa- llaje, como el suscrito con el legendario Al-Azraq. Ello no significaba la sumisión incondicional de los mudéjares, sino, antes bien, una situación transitoria que desencadenaría toda una serie de acon- tecimientos bélicos, en los que, evidente- mente, se ve involucrada nuestra diminu-

ta alquería ibense, y que iba a condicionar

y definir el futuro de nuestro territorio y, por supuesto, de toda Valencia. Pero, volvamos al mencionado y versátil Abu Zaid, destronado rey va- lenciano, y al pacto suscrito entre él y el rey don Jaime en Calatayud. Tal pacto determinaba que todo cuanto el moro conquistara pertenecía jurídicamente al Reino de Valencia, pasando una cuarta parte directamente al poder de Jaime I, quedando las restantes tres partes en po- sesión de Abu Zaid por derecho de con- quista. Se reconocía como perteneciente

al rey todo lo que éste conquistara o se le

rindiera. Tales acuerdos tuvieron poste- rior confirmación el 28 de mayo de 1236. En 1230, Abu Zaid abjura de su re- ligión y se convierte al cristianismo, de modo secreto en principio ya que tiene la reacción negativa de sus vasallos. Se bau- tiza con el nombre de Vicente de Vélez Said, casándose con Dominga López, de

la cual tiene dos hijos: Alda y Fernando, éste último se casó con Teresa, hija del que será Lugarteniente del Reino de Valencia:

Ximén Pérez de Artieda, mientras que Alda desposó al mismo Ximén, colabora- dor además del rey en la concesión y re- dacción “dels Furs”, uno de los firmantes del Tratado de Almirra y primer propie- tario de las tierras ibenses. En el matrimonio de Alda y Ximén, Abu Zaid aporta como dote el castillo de Arenós y toda su comarca, concediéndo- sele en 1242 la titularidad de la Baronía de Arenós, por lo cual conocemos al des- posado caballero con los apellidos Pérez de Arenós. Aparte de las versiones que leemos de distintas procedencias respecto de la toma de Castalla y sus alrededores por las tropas aragonesas, existe otra versión, la más conocida y que hasta la fecha he- mos manejado y tenido por buena: Entre las poblaciones que estaban destinadas, según el tratado de Almirra, para do- minio real, estaba “Castalla y todos sus confines”, o sea toda la comarca. Cuando se conquista Biar, los moros de Castalla, Ibi, Tibi y Onil y los de toda la Foia, al ser ocupados sin lucha, pasan por cum- plimiento del pacto con Abu Zaid a poder de este. ¿Pero qué es Ibi en aquel entonces? Es interesante apuntar aquí lo referido por Ricard Bañó, ya que tiene relación con el curso de este capítulo. Este autor nos refiere que Ibi perte- necía al iqlim o distrito de Castalla duran- te el siglo XII, el cual estaba formado por un puñado de alquerías, pequeños nú- cleos formados por 30 o 40 personas, uni- dos, habitualmente, por lazos familiares y explotando la tierra de forma comunal.

En Castalla, pues, habitaba el cadí, Ibi sería una más de esas alquerías que configuraban tal distrito. Por razones des- conocidas se construye un nuevo castillo en el siglo XII, el Castell Vell, y se crea un nuevo distrito, cuyo epicentro es nuestro Barranco de los Molinos, formado por diversas alquerías, presumiblemente al- gunas de las existentes sobre la “Canal”, en la carretera actual de Alcoy. Según esta versión, el distrito de “Ibi” estaría encabezado por el Castell Vell. El Ibi actual se habría configurado sobre una alquería perteneciente proba- blemente a tal distrito, punto este que no puedo demostrar y que no deja de ser una hipótesis, y el Castell Vermell estaría por aquel entonces ya bastante deteriorado, lo cual concordaría con los sucesivos man- datos del rey don Jaime en el sentido de reconstruirlo. Probablemente la repobla- ción cristiana que iremos apuntando más adelante se asentara en lo que es el Ibi actual, quizá, incluso, no es descartable que sobre una alquería abandonada con anterioridad. Ibi, pues, una vez en manos cris- tianas pertenece a Abu Zayd y este se lo hereda a su yerno: Eiximen Pérez de Arenós, el 21 de mayo de 1251:

En el nombre de Dios y con su gra- cia. Según todos los que esto vieren como yo Ceit Abuceit, nieto de Miralmomenin, Doy y concedo en nombre mío y de todos mis sucesores, a vos, don Eiximén Pérez de Artieda, y a los vuestros, por heredad para siempre Biscoy, con todas sus pertenencias y con la heredad de Alcoyna y las fuentes de Alhaxava y el valle de Alcotaho. Además, doy a vos y a los vuestros dos alquerías, en Fehe Alcanal, de las cua- les, la una se llama Bonetabid y la otra

Benetavuela (…) y además, doy a vos alliarem que hay en el campo de Polop, como el término entre Ivi y Alcoy, y todas las sobredichas heredades que están en el predicho castillo de Ivi, rodeados de las an- tedichas afrontaciones. En este documento quizá se esté describiendo la circunscripción del anti- guo y derruido Castell Vell. Quizá la re- población posterior es la que consolida el nuevo Ibi, y la nueva aljama, producto de despoblaciones y repoblaciones mudéja- res como veremos más adelante, estaría en las inmediaciones del viejo castillo, recordemos el hallazgo no estudiado, descrito por el padre de Antonio Anguiz y Juan Pablo Pérez Caballero, en un lugar cercano al depósito de agua potable, en la finca “Canarias”, de viviendas árabes, si- los, cerámica, etc. Castalla y la diminuta Onil están igualmente bajo el dominio de Eiximén Pérez de Arenos. Parece ser que el rey piensa que los términos fronterizos de- ben estar bajo estricto control real, la Foia de Castalla lo es. Dice la crónica real que hemos ma- nejado en este apartado que de vuelta a Valencia, ya llevaba don Jaime el propó- sito de pedir las parias (tributo) por el castillo de Castalla a Abu Zayd, recorde- mos lo especificado en el texto del Pacto d’Almirra. Se produce el encuentro entre ambos, en el que se plantea tal demanda, el yerno de Abu Zayd, Ximén, contesta al rey que la plaza la tiene en custodia Guillem Pérez de Castalla, y que si el rey deseaba tenerla como propia, el la alcança- ria de don Guillem, bajo condición que le diese a cambio otros lugares del reino de Valencia, por valor de cinco veces menos del que tenía Castalla y accedería al punto

(…) Redújose, pues, el convenio, después de que hablamos por largo espacio con don Ximen, a que Nos le daríamos Xeste y Villamarchante: Aceptolo él, y de esta ma- nera pasó a nuestro poder Castalla. El documento de permuta de Castalla

Ibi pasa a patrimonio real, aunque Zeid Abu Zayd parece que sigue conser- vando algún tipo de derecho, ya que el 13 de octubre de 1262: se hace declaración

García Pérez de Castalla, tiene el castillo de Castalla en feudo por Çeid Abu Çeid (uti-

En el nombre de Cristo (…) Nos Ceid

y

Onil por Cheste y Vallamarchante, lo

lizó la misma forma de escribirlo del ori-

firma el rey en Lérida el 10 de septiembre de 1251. El documento especifica que Castalla y Onil habían sido dados con an- terioridad por Zeid Abu Zayd a sus hijos, casados según dijimos con anterioridad con Ximén y su hija. Después de febrero y en Valencia, existe otro documento que expresa que el rey recibe Castalla del de Arenós. No sabemos si es este el documento por el que Ibi pasa también a patrimonio real, pero el caso es que esto ocurre. El rey dispone de las rentas de Ibi en varios documentos posteriores, lo que evidencia claramente que lo posee. Siendo confiado

García Pérez de Castalla, al igual que lo

a

ginal cada vez) y por el rey, y ese mismo mes, el día 27, se establece un nuevo pacto entre ambos, por el que se comprometen a cumplir lo prometido, entregando el moro como garantía el castillo de Castalla a don García Pérez de Castalla, el cual rinde plei- to homenaje al que fuera rey almohade. El 17 de febrero de 1247, el rey, por su parte, hace donación al Arzobispo de Tarragona, de todas las iglesias construi- das y por construir en las tierras que le pertenecen y que había conquistado de los moros, entre ellas las de Ibi, Tibi y Onil. Y un año después, nos encontramos con el siguiente documento:

Abu Çeid, en otro tiempo Rey de Valencia

estuvieron Castalla y Onil.

sobre los réditos del castillo de Ibi, pero

y

ahora por la gracia de Dios cristiano,

Ya, con fecha 13 de diciembre de

y

Eiximén Pérez, próceres del Reino de

1258, el rey firma un débito real, en nom- bre de Zeit Abu Zayd, a Berenguer de la Plana, vecino de Valencia, de 4000 suel- dos reales, los cuales habrá de cobrarse

al hallarse confiado al tal García, se le consignaba el débito sobre las rentas de Peñíscola. García Pérez de Castalla aparece más tarde como “Sobrejuntero” de to- dos los castillos desde el Júcar a Biar. Consistía tal cargo, en estar al frente de

Aragón y Valencia, atendiendo por Vos don Pedro, por la gracia de Dios Arzobispo de Tarragona se pide reformar el culto divino en las tierras que Nos hemos librado de los moros (…) damos por título de perfecta do- nación inter vivos a Vos el Señor Arzobispo sobredicho y vuestro sucesores para siempre jamás todas las iglesias construidas y por construir, con sus diezmos y derechos en las tierras que Nos hemos librado de manos paganas, ayudados por la gracia divina (…) Castalla, Onil, Ibi y Tibi (…) dado el 17 de

la

junta formada por la agrupación de va-

febrero del año del Señor de la Natividad de

rios municipios o castillos y en la ejecu- ción de los mandatos reales, así como el mantenimiento del orden público.

1248. Yo Pedro Arzobispo de Santa Iglesia

de Tarragona, que hice poner mi sello como

el de Çeid Abu Çeid.

La conquista valenciana había ter- minado por el momento. Como una mo- neda de cambio el nuevo Reino ya tenía nuevos dueños, es significativo cómo, ya en 1248, firma Jaime I uno de sus testamentos, disponiendo del territorio conquistado, como el nuevo Reino de Valencia. Su hijo Alfonso hereda Aragón;

su hijo Pedro: Cataluña y Baleares; Jaime

el Reino de Valencia, señalándose la de-

marcación definitiva, con las lindes entre Villena y Biar, hasta dar en el puerto que está en la otra parte de Biar y se continúa la sierra hasta la Muela, comprendién- dose en el Reino de Valencia: Castalla, Xixona con sus término. A Fernando le

dejaría el Rosellón y el resto de territorios ultrapeninsulares. En realidad, como es sabido, este tes- tamento jamás podría cumplirse, porque morirían dos de estos infantes: Fernando

y Alfonso. De ese modo sus herederos

universales serían Pedro, que reinaría so- bre Aragón, Cataluña y Valencia; y Jaime que lo haría sobre los territorios insulares y ultrapirenaicos.

AL-AZRAC

Detengámonos por proximidad en un personaje que tendría mucho que ver en la fundamentación medieval de nues- tra fiesta. Uno de los tratados de vasallaje sus- critos en la época inmediatamente poste-

rior a la descrita es el que firman el infan-

te Alfonso y el mitificado señor mudéjar

Al-Azraq (el dels ulls blaus) el 16 de abril

de 1244. Este pacto y este personaje iban

a polarizar el resto de la historia de este siglo en nuestra tierra.

El pacto se firma en Alcalá, junto al pequeño pozo de la Jovada, por ello se denomina “Pacto de la Jovada”, tam- bién “Pacte del Pouet”, porque ese era el nombre del lugar desde donde manaba el agua de la antigua balsa de Alcalá de la Jovada. Se suscribe convenio entre el infante Alfonso, primogénito del rey y Alazarch, en el documento pone Abu Abdala Fudail Alguazil, señor de Alcalá, sobre su vasa- llaje al referido infante, le entrega los cas- tillos de Pop y Tárbena, reteniendo para sí y los suyos el de Alcalá y Perputxent, y obligándose a entregar en el plazo de tres años el de Margarida, Castell y Gallinera, de los cuales partiría sus rentas con el aragonés, así como de los que pudiera en adelante ganar. El infante lo recibe como vasallo entregándole las rentas de las al- querías de Ebo y Tollos por tiempo de tres años.

Jamás estuvieron los nativos del todo sometidos y, con gran índice de pro- babilidades, Al-Azraq seguramente solo pretendía ganar tiempo, hacer acopio de dinero para reclutar y pagar mesnadas de hombres capaces de luchar, y de ese modo tener mejor capacidad defensiva, habida cuenta de que la orografía del lugar favo- recía sus pretensiones. Pero, quién era este hombre cuya imponente presencia histórica ha sido permanente foco de atención y argumen- to de leyendas, mitos e incluso argumen- tación para fiestas populares, las nuestras, las de Moros y Cristianos. Su nombre completo era Muhammad ibn Hudayl Abû Abd Allâh, aunque se le conoce por una docena de apelativos más reducidos:

Al-Azraq, Alazarc, Alzadrach, etc. Usaba el título superior al de cadí: “wazir”, el que

gobierna en nombre de otro. Sus feudos se extendían sobre la comarca que desde Pego abarca hasta Cocentaina, Albaida, Altea, Callosa y Jalón. Nacido en Alcalá de la Jovada en

1208, era altivo, inteligente y astuto, con una importante base cultural, se dice que dominaba el árabe, el romance castellano

y el lemosín. Conoció y gozó de los favo- res de los monarcas de su época. Al percatarse de la agresiva política de repoblación iniciada por el rey ara- gonés, concediendo tierras a numerosos

colonos cristianos, las continuas violacio- nes de lo pactado, y el estado de indefen- sión de los mudéjares ante esos colonos

y caballeros cristianos, Al-Azraq se niega

a entregar los castillos estipulados en el

pacto, y al cumplirse los tres años de vi- gencia inicial se declara en rebeldía. Esto ocurre en 1247. Don Jaime enterado de esta situa- ción y con el apoyo de la iglesia reacciona decretando la expulsión de los mudéjares. Aunque de Xátiva y otros lugares acudie- ron a suplicar que recapacitara en su em- peño, se mantiene firme, y ello provoca la generalización de la rebelión. No obstan- te muchos miles abandonan el territorio por Villena. El tipo de enfrentamiento es irregular, no globalizado, es una especie de lucha de guerrillas, con tensión conti- nuada. En 1250 Al-Azraq parece que pro- mete a doña Violante hacerse cristiano si desposa a Aldonza, hija de En Carroç, se- ñor de Rebollet, pero tal acontecimiento jamás llega a producirse. Este episodio, algunos autores lo relacionan con otro, mediante el cual Al-

Azraq había invitado a acudir a Rugat al rey don Jaime. Poco antes de llegar y acompañado de 35 caballeros cae en una

emboscada: desde siete puntos diferentes se precipitó una multitud de combatientes musulmanes armados con adargas y ba- llestas, coordinada por el clamor de cuer- nos y añafiles. Milagrosamente el rey es- capó de la celada con vida. En su libro so- bre la vida de este personaje, Rafael Abad dice que Al-Azraq no tuvo nada que ver en este episodio y que él fue el primer sor- prendido. Entre febrero y marzo de 1256, don Jaime, a ruegos de su yerno, el rey de Castilla, acuerda una tregua con Al- Azraq que habría de abarcar de Pascua a Pascua. Antes de que se cumpliera, el rey dispuesto a sofocar la rebelión de una vez por todas, llama a caballeros de Aragón y Castilla, les pide que antes de Pascua Florida se presenten en Valencia. Se suce- den llamadas, cartas para reunir a su ejér- cito, también se dirige a los mudéjares de castillos pertenecientes a Al-Azraq, otor- gándoles favores para que se entreguen, como es el caso de Pop, a cuyos habitan- tes les ofrece la custodia del castillo y las rentas del lugar. Jaime I decide lanzar su ataque defi- nitivo, soborna a consejeros de Al-Azraq para que le induzcan a vender todo el grano almacenado para comprar arma- mento, ya que se esperaba una cosecha muy buena. Conocedor del momento en que todos sus castillos están desabasteci- dos, por mayo de 1258, el rey se instala en Cocentaina, el día 30 rinde Planes y Castells, poniendo sitio a Alcalá al día si- guiente, teniendo Al-Azraq que capitular. El rey firma el 24 de marzo de ese año un documento de donación a los consejeros que habían traicionado a Al- Azraq de 300 besantes y 4 yugadas de tie- rra en Benimazer.

El 5 de junio de 1258 se firma el nuevo acuerdo entre ambos contendien- tes, comprometiéndose Al-Azraq a aban- donar el reino. El rey entrega al hermano del caudillo vencido Bacem y a su sobri- no Aliatzar, los castillos de Altea, Polop y Jalón, que era una de las condiciones puestas para la rendición. El rey conce- de unas alquerías en término de Altea al moro y este le entrega todos los castillos. Al-Azraq se marcha a Granada, donde se hospeda en la corte de su tío Mohamed II “El Nazarí”, allí permanece- ría por espacio de 17 años. En la Foia de Castalla muchos mu- déjares secundaron la revolución, prue- ba de ello es la existencia de posteriores donaciones cristianas en la comarca, ci- tándose claramente que se hacen en ca- sas o tierras abandonadas por sarracenos expulsados o muertos durante estos años por su hostilidad. Aunque Ricard Bañó nos dice que seguramente la aljama de Ibi fue ajena a la sedición. La falta de un estudio más profun- do nos lleva a manejar distintas hipótesis sobre nuestra población, podría darse el caso de que Ibi fuese una población aban- donada total o parcialmente, y posterior- mente repoblada con mudéjares trasla- dados de otros lugares. En 1256 vemos cómo nativos de Bocairente se trasladan a Bañeres, Biar y sobre todo a Ibi. En el te- rritorio alicantino y sobre todo en zonas fronterizas hubo mucha migración como resultado de la guerra. Lo que es evidente es que la aljama de Ibi, con sus nativos iniciales o inmi- grados, aún existe en ese tiempo, el 9 de abril de 1261 el rey nombra alamino a Acey aben Taram, este mismo personajes fue nombrado alamino de Pego y con ca-

rácter vitalicio de Pop. Era este cargo el cobrador de impuestos en la aljama o re- presentante del patrimonio real. Dos años después el alamino se lla- ma Abdomanen, sustituyéndolo ese mis- mo año otro, cuyo nombre era Penes. En ese tiempo, en 1263, el alcaide del castillo de Ibi se llama Domenec Martí. Ximén Pérez de Arenós al que pue- de considerarse primer señor de Ibi, fue Lugarteniente Real, colaboró con don Jaime en la redacción “dels Furs”, y a lle- var a buen término las donaciones rela- cionadas en el libro del “Repartiment”, ejerció el cargo hasta 1257, fecha en que le sustituye Ximén de Foces, y en 1263 es nombrado Gobernador General de Valencia Pedro Fermández de Hijar, hijo natural del rey don Jaime y la aragonesa Berenguela Fernández. Pues bien, este Fernández de Hijar, que fue propietario de tierras en el tér- mino de Ibi, es a quien se dirige el rey el 1 de julio de 1264, a fin de que se encargue de proveer 30 hombres para el castillo de Cocentaina, 20 para el de Relleu, 6 para el de Ibi y otros tantos para Onteniente. Especifica que tal mi- sión debe establecerse mientras dure la guerra del rey de Castilla contra el de Granada, con la promesa de asignarles el mismo sueldo que a los otros hombres que custodian otros castillos del Reino de Valencia, pudiendo además hacer las obras que considere necesarias, y para resarcirse de los gastos ocasionados por tales reparaciones le permite gozar de las rentas de los castillos. La paga a los soldados referida es de 150 sueldos mensuales y parece que, efectivamente, se realizaron esas obras, es de suponer que estamos hablando del

Castell Vermell, ya que es el que citan las fuentes relacionado con la población cris- tiana, y que coincide con lo reflejado en “Les Troves de Jaume Febrer”. Pero recapitulemos en la guerra a que está refiriéndose esta vez el mandato real. En la década de los sesenta (1265-1266) se generaliza otra revuelta mudéjar, esta vez en las tierras conquistadas por Castilla. Los mudéjares murcianos y el rey naza- rí de Granada hostigan peligrosamente a Alfonso X, y este llama a su suegro en pe- tición de auxilio. A pesar de las reticencias de la nobleza que veían en esta campaña un gasto exagerado, el rey les convence con la argumentación de que si prosperase tal revuelta estaría en peligro la estabilidad en las tierras propias. Por su proximidad

geográfica a la sedición, la Foia de Castalla era objeto de atención del rey, debiéndose preparar sus castillos ante la eventualidad de una incursión desde las tierras hostiles. El día 11 de noviembre de 1264 se ce- lebraba una sesión de las Cortes Generales

a fin de aprobar la expedición de socorro

a Murcia. Después se cursarían cartas a

los caballeros y nobles aragoneses, a fin de proveerse de comida, vino y pertrechos, entre los géneros reseñados figuraban fle-

chas, trigo, paños, cotas, goneles, caballos, harina, seda para la señera, etc. Los colonos alcoyanos toman como pretexto la revuelta murciana, acusando a los mudéjares ibenses de connivencia con los murcianos que saquean tierras alican- tinas. Los sufridos mudéjares de este lu- gar, como consecuencia, fueron asaltados

y expoliados de todo su trigo y sus ovejas,

repartiéndoselas los asaltantes. No sería extraño que este estado de cosas motiva- se, al igual que en Castalla, una huida de nativos hacia otras tierras.

El rey don Jaime finalmente lanza su ejército sobre Villena que logra recuperar, después caen sucesivamente Elda, Petrer, la cuenca del Vinalopó, la del Segura y el resto de Murcia, siendo más tarde entre- gadas a su yerno. José Hinojosa Montalvo refiere: las aljamas autónomas que habrían conseguido mantenerse gracias a la resistencia militar que, en su momento pudieran ejercer, en estas comarcas, solo permanecerían las de la Hoya de Castalla, disueltas poco después de 1266. En esta época se vive un renovado impulso colonizador, aprovechando los efectos que dejarían en la zona la insu- rrección murciana. El rey, en principio, ponía como condición para la donación de tierras, que la permanencia en el lugar tuviese un periodo mínimo de diez años, con el pro- pósito de consolidar los asentamientos. Pero las tierras colonizadas viven en un estado un tanto anárquico, hay colonos que no llegan a establecerse o que ni tan siquiera hacen el traslado, existe violencia entre colonos, usurpación de tierras, en fin un clima de permanente hostilidad, tengamos en cuenta que muchas de las gentes arribadas a estas tierras son bus- cadores de fortuna sin oficio ni beneficio, con abundancia de gentes de armas. En esta época se endurecen las condiciones del rey, el cual quiere dar forma a su nue- vo reino, comenzando a exigir 20 años de asentamiento inicial. Abunda Josep Torró: La guerra de Murcia generó muertes y cautiverios apro- vechables para colonizar tierras de Castalla. En 1269 se observan en el término de la vecina localidad numerosas donaciones, nuevamente en tierras de mudéjares des- aparecidos en la pasada guerra.

El 16 de abril de 1267 encontramos una donación a Miguel de Besalú, de seis yugadas de tierra en la alquería de Cabanes, entre Castalla e Ibi. En 1275 se cursa otra orden a Pedro Fernández de Híjar, a fin de tener de

su cuenta 30 hombres en el castillo de Cocentaina, 20 en el de Relleu, 6 en el de Ibi y 6 en el de Bocairente. Según Bernat Desclot: en qual manera los sarraïns pa- liers del Regne de Vaència, s’alçaren con- tra el rei d’Aragó, e fo mitjant juny any

MCCLXXVI.

Se producía la segunda, según algu- nos historiadores la tercera y más grave revuelta mudéjar en estas tierras. El reino nazarí de Granada se había reforzado con la presencia de tropas benimerines pro- cedentes de África. En Aragón las tensio- nes entre los nobles y el rey se agravaban, también las que existían entre los mismos cristianos, así como el creciente senti- miento anti-mudéjar. Los triunfos inicia- les granadino-benimerines hacen que los mudéjares valencianos se envalentonen. Al-Azraq volvía a la palestra. El 4 de mayo de 1275 se cursaba orden a los bayles y alcaides que tienen castillos, para que pongan hombres para defenderlos, lo que concuerda con la or- den cursada para Ibi. Permanecen aún prácticamente sin someter desde los pri- meros conflictos: Finestrat, Guadalest, Tous, Gallinera y Montesa. En julio de 1275 existe otra dona- ción a Pedro Martín de ocho yugadas de tierra en el término de Ibi, que fueron de Pedro Fernández, hijo del rey. Es eviden- te que en Ibi, en ese tiempo, existe una aplastante mayoría mudéjar, porque al citar los lindes de los terrenos, dice: doce anegadas son de secano que fueron de Ali

Avenazar y lindan con tierras de Avenazar -después relaciona los lindes y cita tie- rras de Vinacabeb, Hamen Avenazada, Ridvan, Hayet, Avenizaba- más un solar edificable sito en Ibi junto al solar del sa- rraceno Damnazaraf y a casas del mismo. Cita tierras de secano lindando con el monte, también la acequia, el monte y el barranco en otra ocasión, incita a pensar en tierras de la parte norte de la pobla- ción, quizá el “Barranc dels Molins”. En diciembre se cursan órdenes reales a los vasallos para acudir a luchar contra los mudéjares. Hay referencias a la preparación de un ejército con 1000 caba- lleros y 5000 peones. El estado de anarquía en las dona- ciones, mientras tanto, hace que se le dé el encargo al mismo alcaide del castillo de Ibi, para que las realice él mismo de la forma más justa posible. El núcleo repoblador era la reta- guardia aragonesa, formada por gentes del Alto Aragón, Navarra y Cataluña, a todos ellos se les iba dotando de bienes raíces. Incluso venían gentes proceden- tes de regiones ultra-pirenaicas. También estaban formando estas gentes el núcleo central de las guarniciones militares, que al concluir las luchas se encargarían del gobierno municipal, a su lado llegaban campesinos, huertanos, clérigos, etc. El régimen fiscal es agobiante para los sometidos, para aquellos que fueron desposeídos sobre todo. Los que traba- jan en tierras de caballeros y “prohoms” daban al señor la mitad de lo obtenido y pagaban un besante de plata al año. Se les denominaba “exáricos”. No era extra- ño que cuando el agobio se convertía en asfixiante huyeran, ya que el cambio de dueño era muy problemático.

Durante esos años de conflicto, 1275

a 1279, se aprecia en Castalla y en Biar un

movimiento de mudéjares, se les invita a acudir a poblaciones del interior, menos peligrosas hacia los intereses reales, eso no quiere decir que una vez pasado el pe- ligro no se invitara a mudéjares de otros lugares a avecindarse en los arrabales de estas localidades. En diciembre de 1275 la sublevación estalla, se pasan órdenes a las gentes de

los lugares “ultra el Júcar”, para que es- tén preparados para la lucha contra Al- Azrac, y a muchos caballeros del Reino

de Valencia que se congreguen en Xátiva.

A mediados de ese mes el rey ordena a

los alcaides de todos los castillos que re- fuercen el número de hombres para su defensa. Nuevamente la insurrección fue protagonizada, principalmente, por las aljamas autónomas, y debe inscribirse en

el marco consecuencial de un abuso fis-

cal, con grandes exigencias, más la pro- gresiva penetración de colonos. En los siguientes meses hay varios do-

cumentos reales, que son órdenes cursadas

a los habitantes de aquel Ibi atormentado,

de tantas alternativas y conflictos.

El 21 de enero de 1276: carta a los va- sallos del rey, tanto cristianos como sarra- cenos de Albaida, Luchente, Bocairente, Cocentaina, Finestrat, Castell, Castalla e Ibi: para que satisfagan los derechos y tri- butos reales que les corresponda, a su bayle de Játiva, Guillermo de Torres, como les co- rresponde, y que no lo hagan, como venían haciendo a su hijo Pedro Ferrández. Esto debió ser un intercambio, más

que un posible conflicto con su hijo, al

cual envía a la zona meridional valencia-

na como medida defensiva del Reino.

El 3 de febrero de 1276 el rey hace convocatoria de Cortes en la capital va- lenciana, para reunirse el tercer domingo de Cuaresma, día 3 de marzo. Así se co- munica a los infantes Pedro y Jaime y a los nobles, prelados y caballeros con mo- tivo de la nueva sublevación de Al-Azraq. El día 26 de ese mismo mes: nota de armas repartidas en los castillos de Alcalá, Gallinera, Mogente, Rugat e Ibi, con motivo de la sublevación de Al- Azraq: Item as Pere Guilabert al castell de Ibi. X escuts. Item una cuxa de treybes. Item an Exemeno de Conquida. I camisol ab miges manegues et 1 capel de ferro. Se cursan instrucciones a todos los

castillos para que se avituallen con el fin de poder resistir un mínimo de dos me- ses, y a Pericón de Moncada, para que con 50 caballeros y 200 infantes custodie la frontera. Se prohíbe a los mudéjares subir

a los castillos, imponiéndoles la perma-

nencia en el llano, donde se les recomien- da mayor seguridad. Al-Azraq llega a estas tierras duran- te estas fechas, le acompañan 250 jinetes

y unos 1200 peones, acampando en prin-

cipio en la Sarga, junto a la Font Vella. Inmediatamente se le unen los castillos de Gallinera, Pop, Pego, Serrella, Aixá, Auraba y Azabarán. Ante la generalización de la suble- vación el rey hace un nuevo llamamien- to a los hombres de armas de Aragón, Cataluña y Valencia, para que después de Pascua de Resurrección, el 5 de abril, se presenten en Valencia. Cartas y convo- catorias se suceden a ricos hombres de Valencia y otros. El 1 de abril de 1276: Pregón, con or- den del rey, para que no se haga daño a los moros y lugares de los valles de Alcoy y

Cocentaina, Penáguila, Planes, Travadell,

Tibi, Ibi, Castalla y Biar, y a los de aque- llos lugares y castillos donde vieren los pendones reales, y que solamente se haga guerra a los moros culpados de rebelión que son los de Tous, Gallinera, Alcalá y su valle, y a los del valle de Pego, Tárbena

y su valle, y a los de Guadalest, Confrides

y sierra de Finestrat. Sin embargo, con posterioridad, ve- mos como algunos de estos lugares prote- gidos por el rey se suman a la sublevación, como es el caso de Penáguila y Planes, cursándose nuevas órdenes que dicen lo contrario de lo recogido en la anterior. También Biar participaría en la revuelta, allí incluso serían retenidos los apresados durante el conflicto. De la situación de los moros ibenses respecto a la insurrec- ción tan solo conocemos el contenido de la mencionada orden. En marzo o abril: Al-Azraq, con sus jinetes benimerines, ataca Alcoy, pero los vecinos alertados y arengados por un sa- cerdote, que la tradición alcoyana señala como Mosén Torregrosa, y ayudados por 40 caballeros enviados desde Xátiva por Jaime I, repelen el ataque, dándose la cir- cunstancia de que el mítico caudillo mu-

déjar cae de su caballo y muere. Sus tropas desconcertadas se retiran entre llantos. La retirada de los atacantes envalentonó

a los alcoyanos que temerariamente salie-

ron del recinto fortificado a perseguirles. Poco podían imaginar que en el “Barranc d’En Osset” o “de la Batalla” se les iba a preparar una celada, allí en una aciaga jornada fueron pasados a cuchillo la ma- yoría, incluyendo la mayor parte de los 40

caballeros. Los jinetes musulmanes cruzan el puerto de Albaida más tarde, pasan

Beniopa, saquean Luchente y derrotan en julio de 1276 a tropas cristianas, murien- do varios nobles y capturando al Maestre de la Orden del Temple. Cuentan que el rey, débil y enfer- mo por su avanzada edad, al recibir la noticia, pretende vestirse y armarse para ir a combatir a los musulmanes. Pero ya sus fuerzas están flaqueando, el 20 de julio de 1276 dicta un codici- lo a su testamento con varias disposi- ciones. Al infante don Pedro que se dedique en cuerpo y alma a arrojar del reino a los moros sublevados, y que si la muerte le sorprende durante el trans- curso de esta guerra que depositen su cuerpo en Santa María de Alcira o en la iglesia mayor de Valencia, para de ese modo no distraer ni lo más mínimo la atención de la guerra, acabada la cual podrán transportarlo al Monasterio de Poblet, donde podrán abrir el definitivo testamento. Pasan apenas unos días, cuando sintiéndose cada vez peor, el rey decide salir hacia Poblet desde Alcira, donde se encuentra en ese momento, pero al llegar a Valencia, en la capital del Reino creado por él, fallece el enérgico monarca el día 27 de julio. De este modo desaparecía el rey don Jaime, mitificado e inmortalizado no solo por la historia sino por la leyenda, está presente en casi todas las tradiciones ori- ginadas en esta tierra con posterioridad, al igual que ha ocurrido con su gran opo- nente: Al-Azraq. Al fallecer el rey, siendo Ibi propie- dad real, tanto el lugar como el castillo, esta pequeña villa pasaría a pertenecer a su heredero, el que sería Pedro III, y a la muerte del mismo a su hijo Alfonso III.

Pedro III tal y como le pide su pa- dre se dedica denodadamente a sofocar la insurrección, para ello intenta aislar a sus enemigos, ofreciendo treguas y pre- bendas a distintos castillos. En 1277 cae el castillo de Gorg. En septiembre lo hace Muhammad en Orcheta. Capitulando poco después Biar, y así sucesivamente, hasta ocupar Montesa tras un largo ase- dio como último reducto mudéjar. Mientras se estaban dando todos es- tos acontecimientos, que traen de cabeza todos los mandatarios, el reino deviene en un estado lamentable y caótico. José Hinojosa especifica que la su- blevación de 1275-79, causa un efecto de- moledor en la zona entre Xixona y Játiva, siendo saqueada nuevamente Ibi. Efectivamente, si atendemos a Desclot en su crónica, cap.67, nos dice que: cuando los almogávares supieron que la guerra había estallado entre los mudé- jares y el rey de Castilla, se reunieron en tierras de Valencia y fueron hacia la fron- tera del reino de Murcia unos 8000 de a pie para hacer mal a los sarracenos, y estuvie- ron en la plaza de Jijona, entre Alicante y Játiva, y por la huerta de Alicante y otros lugares capturando sarracenos y vendién- dolos. Ignoro cuánto tiempo permane- cerían en estas tierras, en la Crónica del rey don Jaime existe un episodio en que a principios de esta segunda revuelta se le refiere la actitud de estos almogávares, y él manifiesta la voluntad de terminar con estos desmanes. Cocentaina también sería saqueada en esa época, este vandalismo gratuito tendría por el contrario un efecto revul- sivo, ya que a resultas de esto 40 castillos más se pasarían en los inicios del conflic- to a unirse a la insurrección.

La guerra produjo nuevamente im- portantes movimientos de población entre los musulmanes, como indiqué anteriormente. Muchos de los que se encontraban en términos repoblados por cristianos habían sido trasladados a otros lugares. Dice Hinojosa: Como los de Castalla y Biar a Villareal, los de Ibi a Denia. Ricard Bañó nos propone la posi- bilidad de que la aljama de Ibi hubiese quedado desierta con todos estos aconte- cimientos. Ignoro si a resultas de que Ibi participó finalmente en la insurrección o si fue, de acuerdo a estas noticias, gratui- tamente inmolado. El caso es que Bañó dice que la noticia de la evacuación de ibenses a Denia, mencionada en algunos artículos, es justamente al revés, según consta en el Archivo de Aragón. Hubo que repoblar la aljama ibense con mudé- jares procedentes de Denia en 1278. Al frente de la aljama, se ponía un funcionario: el alamino, dirigía el grupo y era elegido para un periodo concreto, en Ibi como propiedad real lo elegía el rey. Se elegía entre una terna. Bajo su mando estaban “els jurats”, en número de 1 a 4. El alcadí era el representante de la justicia. El zalmedina atendía las causas menores. El clavario era el encargado de cobrar las rentas municipales. En las aljamas de realengo el bayle local y el alcadí eran los representantes del rey. Los mudéjares seguían rigiéndose por sus leyes tradicionales, la çura y la xara, y como derecho supletorio “els furs valencians” o los de Aragón. En una sociedad en que la inmensa mayor parte viven del campo, las sucesi- vas crisis traen una recesión económica, agravada a final de siglo.

El hecho de que el Valle del Vinalopó quedase fuera de zona aragonesa, hace que se desarrollen nuevos caminos en el interior de las comarcas, así como nuevos accesos a las mismas. Si hemos de atender a lo que nos ci- tan las fuentes, a los itinerarios relatados, al desarrollo de las ciudades, debieron se- guirse utilizando para los desplazamientos la antigua Vía Augusta y sus bifurcaciones. Ricard Bañó plantea otro trazado distin- to: de Xátiva hasta Biar por Luchente y el valle de Albaida, con salida al condado de Cocentaina por un parte y por otra a Benicadell. En la Plana de Muro bifurcaba un ramal que comunicaba Denia con esta parte de la montaña, pasando por el valle de Gallinera y la Baronía de Planes. En su crónica el monarca repite asiduamente: De Xativa pasamos a Biar, sin ir más lejos en el capítulo CCLVI. En las tierras sometidas se habla un dialecto vulgar del árabe, con peculiari- dades de pronunciación: la “imala” que cambiaba algunos sonidos vocálicos, siempre tan fluctuantes en árabe. Es lo que los cristianos vienen a denominar “algarabía”, aunque como es bien sabido los juglares llegados de tierras castellanas, aragonesas o de zonas de habla “llemosí” eran entendidos por todo el mundo. El Reino de Valencia nace pues en el siglo XIII, el rey crea un nuevo reino hacien- do donaciones de tierra a nuevos poblado- res que ponen el germen de nuestra socie- dad actual, porque de los nativos hubo poco. Los primeros estatutos jurídicos se de- nominan “Costum”, traducidos del latín ini- cial al romance. En ellos aparecen disposi- ciones sobre la vida municipal y ciudadana, dice Ubieto: El otorgamiento de la Costum constituye el origen del Reino de Valencia.

El 8 de mayo de 1247 el rey había mandado acuñar moneda propia, tenía el signo de la cruz sobre flores y el nombre del Reino de Valencia, el del Rey y su efigie, se denomina: “Real de Valencia”. Equivale a 9’3 dineros de plata. El Reino de Valencia se regiría por la Costum, una moneda, una misma medida de longitud, de volumen y hasta un mismo criterio de elaborar y re- dactar los documentos: Una costum, una moneda de lig e de pes e de figura, un alna, un quarteró, un almut, una faneca, un cafis, una onça, un march, una lliura, una rova, un quintal e un pes e una mesura en tot lo Regne de Valencia. La “Costum” se convirtió en lo que conocemos como “Els Furs”, vigentes has- ta su abolición por Felipe V el 29 de junio de 1707 mediante los funestos “Decretos de Nueva Planta”. Todos los movimientos de población y asentamientos de colonos, aparejaron crea- ción de nuevas villas, o el establecimiento en lugares abandonados de nuevos pobladores. Es un tiempo en que se otorgan numerosas cartas de poblamiento y se configura la fiso- nomía actual de nuestra tierra. Así tenemos casos como los de Penáguila, Cocentaina, Biar y la misma Castalla que renacen en un lugar distinto al ocupado por la antigua alja- ma. No sería extraño que fuese el caso tam- bién de Ibi. Ricard Bañó nos refería que aún estaba por aclarar si el Ibi actual se asienta sobre una aljama musulmana, ya que las al- querías que eran consideradas Ibi podrían haber estado en otros lugares. La aljama de Ibi desaparecería to- talmente a lo largo del siglo XIV. En la Foia de Castalla y en l’Alcoiá-Comtat, años arriba o abajo, ocurrió lo mismo, con honrosas excepciones, casi todas en la parte oriental de esta última comarca.

CAPÍTULO

2 El cómo y el por qué nacen nuestras Fiestas, la Rodella, la Embajada, el primer Castillo. Fiestas en el siglo XVIII, llegada de la Virgen a Ibi. Primeros Capitanes y Alféreces de Ibi

De Soldadesca a Moros y Cristianos

En el 16 de junio de 1596 exis- te un acta en el “Libro de Consejos, Extracciones y Habilitaciones de la Universidad de Ibi”, donde se expresa el acuerdo municipal de celebrar las fiestas de “El Salvador”, con referencia expresa a los gastos de pólvora con destino al dis- paro.

El Cabildo de la recién nacida villa toma un acuerdo semejante cada año. En 1643 hay otra acta importante a ese res- pecto, concretamente el 29 de junio, se trata del acuerdo en declarar Patrón a “El Salvador”, y celebrar fiestas en su honor. En esas fiestas se incluye lo que de- nominamos “Soldadesca”, precedente real e incuestionable de nuestros actuales Moros y Cristianos y uno de sus funda- mentos principales. El otro fundamento lo encontramos en algunas localidades como Daroca, Tortosa, Denia o Alicante, en las que se hacían representaciones o simulacros de batallas, incluyendo inter- cambio de disparos de arcabucería o alar- dos, poniendo como escenarios al aire li- bre: castillos, tablados, y otros elementos que nos recuerdan las fiestas actuales. No es el caso de nuestra población.

Debemos recordar la transcrip- ción que hace Joan Verdú en la Revista de Fiesta de 1997 de un acta de ese libro mencionado, la que figura en la página 14 con fecha 7 de septiembre de 1578:

S’acorda comprar de la Generalitat 91 ar- cabusos i distribuir-los entre els particulars de la Universitat, els quals arcabusos hi hauran de ser pagats per tots i cadascun dels veins que els tingueren. Los batallones dispuestos al efecto en las poblaciones para repeler a los pi- ratas en las costas o defender la población son los mismos que disparan las salvas de la “Soldadesca”. Voy a referirme brevemente a qué era esa “Soldadesca”, aunque probable- mente, para la mayoría sea harto cono- cida. En principio se trataba de competi- ciones de tiro, el ganador conseguía algún tipo de premio: “la joya”, pero también, en nuestro caso, se formaban compañías para homenajear al Patrón o algún santo principal con salvas: fer la mostra. Para recibir algún personaje ilustre se hacían idénticas demostraciones, siguiendo ri- tuales y evoluciones castrenses. En las Procesiones de los distintos santos se

Comparsa Escoceses

Embajada, años 50

formaban batallones y se hacían paradas para efectuar salvas en su honor. Existe guarnición de tropa compuesta por un voluntariado en nuestra población, co- mandada por un capitán, y estaría estruc- turada según la reglamentación de las ór- denes y pragmáticas de 1597 y 1629, era lo que se venía a denominar “Milicias del Reino”. De esa época vienen los nombres de Sargento, Alférez, Cabo de escuadra, Escuadra, etc. Prueba evidente de lo usual que era formar compañías y efectuar “Soldadesca” a ilustres visitantes de la población nos la daba nuevamente Joan Verdú en la Revista de Fiestas de 1996, cuando reproducía un acta del mismo libro de Consejos de Ibi, en la que se hacía referencia a los prepara- tivos para la visita del Virrey, con motivo de habernos convertido en Villa en 1629:

Es fa saber com el Virrei del Regne ha de- terminat d’honrar la vila amb la seua visi- ta pel qual motiu hauria d’eixir a rebre’l un Capitá amb una companya de cent homes amb la bandera i atambor i com que s’han informat d’Ontinyent, Alcoi i altres viles de que és el Justicia qui deu d’eixir de Capitá s’acorda que Antoni Brotons es fassa càrrec dels cent homes i compre pòlvora i corda… Con periodicidad o esporádica- mente, debido a la escasez de recursos que había en muchos años, se celebraban festejos a otros santos a lo largo del siglo XVII, como lo demuestra un documen- to de 1634, al que se refiere María José Tribaldos, nos dice que los ibenses que pertenecen a las milicias efectivas han de proveerse de pólvora para acudir si eran llamados a la defensa de la ciudad de Alicante. Son esos mismos milicianos, sin embargo, los que reciben la prohibición de gastar en munición para las fiestas que

en esas fechas se dedican a: Sant Salvador, al gloriós Sant Josep o a la Mare de Deu d’Octubre, que es la Verge del Rosari. Son años de carestía económica. Y en el año 1699 con motivo de preparar las fiestas a la Mare de Deu d’Octubre y también a

Sant Josep: Es faria festa cabal. Y si es faria alardo que ixca el Sr. Justicia un dia y el Sr Jurat en cap en altre dia, per Caps de la dita Festa. Así que hasta la llegada de la ima- gen de la Virgen de los Desamparados en 1731, desde 1596, se celebraron fiestas con “Soldadesca”, no sabemos con qué periodicidad o regularidad, en honor al Patrón de la Universidad de Ibi, en honor

de otros santos o festividades señaladas, o

en honor de algún personaje ilustre. Las fiestas durante el siglo XVIII están marcadas por dos acontecimien- tos de importancia capital para Ibi y para

ellas mismas. Por un lado, la llegada de La Virgen de los Desamparados, y por otro la frustrante prohibición de las autoridades

de efectuar disparos en las poblaciones.

El primer acontecimiento determi- naría en honor a quién íbamos a celebrar

nuestras fiestas en el futuro, y también, las fechas definitivas de las mismas, ya que como veremos en otro capítulo, Ibi celebraría sus primeras fiestas en honor

a la Virgen de los Desamparados, un

mes después de su llegada a la población, Haciéndolas coincidir con dos fechas se- ñaladas en el calendario mariano, el día 8 de septiembre, Natividad de Nuestra Señora, y el día 12, la Festividad del Dulce Nombre. Ibi celebra fiesta con “Soldadesca” al

estilo tradicional, y como lo venía hacien- do desde el siglo XVI a la Virgen de los Desamparados, aunque como veremos

más adelante con muchos altibajos. En

que a finales del XVIII nuestros cronis-

o Escopeta cargada con munición o sin

distintas alusiones posteriores veremos

ella, aunque sea pólvora sola, dentro de los Pueblos.

tas

decían refiriéndose a la Soldadesca

Esto habría de provocar casi tres dé-

en

la población en honor de la Virgen de

cadas de suspensión para la “Soldadesca”,

los

Desamparados: así se ha hecho desde

y

además cualquier otra demostración

tiempo inmemorial, -también y en la mis-

de júbilo con fuego o pólvora, aunque

ma fecha-: desde que se prohibió disparar

por dentro del poblado han cesado aquellos exteriores regocijos. Sigamos la narración, tras la Guerra

de Sucesión la administración borbónica

habría de ser más represiva y menos to- lerante con fiestas y celebraciones, fun- damentalmente con las que utilizasen pólvora, reflejo claro de lo que estaba ocurriendo en todos los aspectos de la sociedad valenciana. El 21 de octubre de 1737 llega el primer jarro de agua fría a la fiesta de “Soldadesca”, se trataba de una orden del Capitán General Marqués de Caylús con el siguiente texto: Ninguna persona estan- te y habitante de esta ciudad y su Reyno, de cualquier estado, calidad y condición

que sea, lleve, use, fabrique, tenga en casa, venda ni introduzca en ella, género alguno de armas de Fuego. Tanto revuelo levantó la medida que solo pudo estar vigente un año, ya que en el año siguiente un despacho de Madrid la matizaba mucho. La “Soldadesca” so- brevivía por algún tiempo más. Así el 14 de julio de 1769: el Capitán General Conde de Sayve vuelve a ordenar la misma prohibición, y esta vez, lo que vino de Madrid en el año 1771 fue una ra- tificación de la misma. El monarca Carlos

III emitiría una Real Cédula prohibien-

do: en todos los pueblos de estos Reinos la Fábrica, venta y uso de fuegos, y que no se pueda tirar o disparar con Arcabuz

se sabe que en algunas ciudades se rea-

lizó durante años en las afueras, ya que

la prohibición era de hacer disparos en el

interior de la población, pero no tenemos constancia expresa de que en Ibi se diera ese caso. Las sanciones para los infracto- res de esta ley eran durísimas, contem- plando para los reincidentes hasta cuatro años de presidio. Permanecían pues las fiestas religio- sas en la localidad durante todo ese tiem- po y se iban asimilando otras formas fes- tivas, como “cordaes”, vaquilla, hogueras, bailes, feria, etc. La vecina ciudad de Alcoy en 1785, conseguiría la gracia para poder seguir celebrando sus fiestas con Soldadesca, el mismo año Bañeres y en 1796 Bocairente. Animados por ello, nuestra localidad se dirige por medio de Domingo González Espinosa al nuevo Monarca Carlos IV, para que les conceda la gracia de seguir celebrando sus fiestas, como: desde inme- morial lo vienen haciendo, el documento nos clarifica el modo en que Ibi celebra sus fiestas en esa época. Primero puntualiza las fechas, ya que nos indica que se celebran entre el día y octava de su Natividad, es decir las fiestas se celebran del ocho al dieciséis de septiembre, marcados por los ejercicios de la tradicional Novena. Durante ese

tiempo se celebra, cada día el santo de una calle, el último día es el que corres- ponde a la Virgen de los Desamparados.

Don Antonio Anguiz matiza que Ibi se divide en otras tantas zonas, cada una celebra un santo representado en su hor- nacina, con hogueras, rondallas, bailes, cucañas, hogueras y otros pasatiempos. Distintas familias corren con los gastos de los oficios religiosos. Esto habría de cambiar posteriormente, ya que con el tiempo, cada santo se celebraría en su día del calendario, quedando la Novena úni- camente para ser ofrecida a la Virgen. Aparte de esto, el documento hace referencia a que desde tiempos inme- moriales se formaban compañías de ti- radores, precedidos por un Capitán que nombra el Ayuntamiento, con el fin de hacer descargas a techos proporciona- dos en las calles y plazas de este pueblo, para obsequiar a Nuestra Señora de los Desamparados y a los santos del lugar. Esto es, claramente, lo contemplado a lo largo de todo este capítulo. El decreto de concesión de la gracia para reanudar las funciones de disparos y Soldadesca nos llega el 22 de agosto de 1797: Y visto por los de nuestro Consejo, por decreto de veinte y dos de este mes (agosto) y por lo prevehido, con las villas de Alcoy, Bañeres y Bocairente, se acordó expedir esta nuestra Carta: Por la qual concedemos licencia y permiso para que en este año, y en los sucesivos, sin incurrir en pena alguna, y no obstante lo mandado en la Real Cédula circular que se expresa, puedan los vecinos de esa Villa, en las fies- tas que celebran a Nuestra Señora de los Desamparados, y Santos que tienen colo- cados en sus calles, el día de la Natividad y octaba, executar la Soldadesca al modo que lo hacen, y hemos permitido a las Villas de Alcoy, Bañeres y Bocairente. Y os prevenimos celéis no haya excesos, ni abu-

sos, obviando todo peligro, y desazones. Vecinos ibenses representando com- pañías de soldados podrán hacer descar-

gas, durante las fiestas que se celebran en honor de la Virgen de los Desamparados

y los santos colocados en las calles, en

los días que van desde la Natividad de la Virgen a su octava, como hemos visto an- teriormente. Cuando ya finalizaba el siglo XVIII,

la población contaba con 750 casas, en las

que vivían 2.857 almas, todas ellas devo- tas de la Virgen de los Desamparados. Esta reanudación también nos infor- ma que la Soldadesca se ha convertido en incipiente Fiesta de Moros y Cristianos. El Alcalde, el Presidente, los Síndicos y Diputados del Cabildo ibense nombran en octubre de 1796, lo cual, por cierto, demostraba la seguridad que tenían de la

obtención de la Cédula que les autorizaría

a disparar: a Francisco Bornay de Gaspar

capitán de Christianos, y a Serafín Albusa de los Moros, Por Alfereses a Josef García de Geronimo de Christianos y a Francisco Servent y García de Moros. María José Tribaldos nos da otros nombres de capitanes en años sucesi- vos: Nicolás Gisbert, Gerónimo Servent, Miguel Pérez, Juan Jover Valero por los Cristianos, Serafín Albusa, Pascual Verdú Manuel García, Vicente Guillem, Francisco Miralles por los Moros. Las fiestas en todo el ámbito valen- ciano de los Moros y Cristianos, y espe- cialmente en la parte que consideramos “de la montaña”, iban a cambiar muchí- simo a partir de la reanudación de la “Soldadesca”. Por una parte, las antiguas

“Milicias Valencianas” de las poblacio- nes dan paso a finales del siglo XVIII al “Exército de Voluntarios Honrados”, los

festejos tendrán igualmente muchas pa- labras, usos y ritual de ese cuerpo que, durante algunos años, sería el encargado de realizar los disparos de “Soldadesca” en desfiles procesionales, y salvas en los oficios religiosos (Diana, Retreta, Abanderado, Cantinera, etc., son pala- bras que corresponden a la reglamenta- ción y dinámica de ese cuerpo). Por otra parte, tenemos que Alcoy ya

tiene estructuradas sus fiestas con arreglo

a la trilogía que hoy conocemos, dedi-

cando un día a desfiles, otro a batallas

con el argumento del asalto a un castillo

y otro dedicado al Patrón. Naturalmente

eso habría de influir para que muchas po- blaciones del entorno comenzaran a in- troducir actos semejantes, algunos como Bocairente seguramente ya lo venían ha- ciendo. Máxime en el caso de Ibi, en el que mucha gente trabaja para las fábricas textiles de la vecina localidad. Durante muchos años, incluso des- pués de que los Moros y Cristianos co- menzaran a tomar carta de naturaleza en el seno de nuestras fiestas patrona- les, como una forma más de los festejos, no como las fiestas patronales en sí, la Solemne Procesión era el acto de mayor entidad y más seguido por los visitantes de pueblos aledaños. La Virgen se sacaba bajo palio con las varas de mando, y el pa- lio era llevado por ciudadanos importan- tes de la población, se hacían varias para- das y se ejecutaban las descargas o salvas de la Soldadesca. En el año 1823 después del pronun- ciamiento de Riego, siguiendo a Antonio Castelló, el Alcalde de Ibi es Miguel

Pérez, que había sido depuesto y susti- tuido por Jaime Samper, afín a la causa liberal del pronunciamiento, y posterior-

mente repuesto en el cargo, parte de la ciudadanía de Ibi está enfrentada con la otra parte debido a sus respectivas ideas políticas, las autoridades municipales nombran una serie de ciudadanos para llevar el palio de la Virgen, al conocerse la lista de los nombrados se movilizaron los elementos más conservadores y se dirige al alcalde: Supuesto que por las ac- tuales circunstancias no se puede hacer la Procesión a Nuestra Patrona con la magni-

ficencia que se ha executado en otros años, como es en Soldadesca y música y que por lo mismo no habrá descanso en la vuelta, se suspenda el sacar el palio… Pero eso no satisfizo a los alborotadores, finalmente hubo de hacerse otra lista en la que no figurasen los ciudadanos conflictivos, celebrándose finalmente la Procesión. Si bien tal tipo de conflictos no cesarían en otras Procesiones y en otras ediciones de las fiestas. En el año 1843, y con motivo de las celebraciones de proclamación como rei- na de Isabel II se dice que se convidarán

a todas las autoridades civiles y eclesiás-

ticas acostumbradas para esta clase de fiestas. Convocando al Capitán, Oficiales, Sargentos, Cabos y nacionales que consti- tuyen las compañías de esta Villa, los cua- les en la Plaza de la Constitución, tras las voces de atención y lectura de los despa- chos oficiales, realizarán descargas ante el retrato de S.M. la Reina Isabel II y después

en la Iglesia, a la que se dirigirá la tropa a tambor batiente, se cantará un “Tedeum”

y se dispararán nuevas descargas. La coronación en total provoca tres días de fiestas, que eran anunciados el día anterior por el tamborilero y la dulzaina, pidiéndose a los ibenses que adornen fa- chadas y balcones, así como que se ilumi-

nen, además de los balcones las ventanas. Todas las mañanas volteo de campanas

y pasacalle de tamborilero y dulzaina.

Desfile de tropa con reparto de rancho abundante. Todo ello completado con dos días de baile por la noche. El primer día, todo comienza con un cortejo desde el Ayuntamiento a la Parroquia, presidido por un estandarte con el retrato de la soberana, y acom- pañado de autoridades y clero, a las que siguen la tropa. Existía un modo apren-

dido de hacer fiestas a lo largo de siglos, y cuando se producían eventos sea del tipo que sea, las manifestaciones debían ser muy similares. Se está produciendo paulatina e inexorablemente el tránsito a lo que van

a ser en el futuro las fiestas. Si buceára- mos un poco en la estructura actual de nuestras fiestas, nos asombraríamos de encontrar gran cantidad de cosas que nos recuerdan la original estructura cas- trense. De cualquier modo y volviendo a

la época que relato hay un nuevo talante

forjándose, nuevos actos incorporados, nuevos modos de hacer otros, están ges- tándose nuestras actuales fiestas. Así pues, desde el siglo XIX, obser- vamos cómo las actas municipales nos informan de que en la última reunión anual del Ayuntamiento se nombran dos

Capitanes para las fiestas en honor a la Virgen, así como días después, en enero,

se nombra predicador para la Cuaresma

y para el Novenario de la Virgen, que en muchos casos es el mismo. Leemos nom- bres de antepasados nuestros que asumen

el cargo de Capitán, como Agustín Pérez,

Jerónimo Beltrá, Agustín Tadeo Rico y un largo etcétera, algunos de los cuales repetían varios años, es evidente que la

Capitanía representaba, ya entonces, un cierto nivel de desembolso económico que no está al alcance de todo el mundo. El hecho de que se nombraran Capitanes y Alféreces nos hace pensar si se trataba solo para dirigir a los batallones de ibenses ataviados de moro y cristiano o existía algún otro ritual, alguna otra ce- lebración, algún otro acto, algún tipo de representación. La fecha que marca el inicio de la mayor parte de las fiestas de la monta- ña, como las conocemos hoy, está alre- dedor de 1859-60, es decir la “Guerra de Marruecos”, que acentuaría la aversión atávica al moro de tiempos pretéritos o “morofobia”, resucitando el temor y el odio al turco de los siglos XVI y XVII. De hecho, si nos fijamos en los atuendos de la mayor parte de fiestas más antiguas, nos encontramos que la mayor parte de las comparsas moras visten trajes con re- ferencias turcas más que árabes. La Fiesta de Moros y Cristianos hoy es considerada como tal, cuando se la dota de Embajadas, y se celebra con arreglo a una escenificación precisa a lo largo de tres jornadas: Desfiles, simula- cros de batallas, Procesión. La Embajada de Ibi parece ser que fue escrita por un escritor romántico llamado Vicente Boix Ricarte, nació en Játiva, y desempeñó el cargo de Cronista de Valencia, amén del de Rector del Colegio de Nobles de San Pablo y catedrático del mismo. Su prime- ra publicación se realiza en el año 1848, en la imprenta de José Rius de la calle del Milagro de Valencia. La tradición dice que esta Embajada sería escrita, en un principio, para la ciu- dad de Onil, y después sería adaptada con ligeros cambios que afectan a las citas y

referencias, al Patrón correspondiente, por Ibi, Muchamiel y Bocairente. Don

Antonio Castelló nos refería en la Revista

de Fiestas de 1993 la existencia de una

publicación de la imprenta de Antonio

Seva fechada en 1.866 con el siguiente tí- tulo: A la Mare de Deu dels Desamparats, dies 11 al 15 de maig. Embajada de Moros

y Cristianos correspondiente al tradicio- nal simulacro que en conmemoración a

la Excelsa Patrona Nuestra Señora de los

Desamparados, se celebra en esta Villa en los días 11 al 15 de septiembre de cada año

Las fechas pudieran sugerir que es-

tamos en presencia de la primera publi- cación de nuestra Embajada, en versión ibense. Existe una copia manuscrita del año 1872 en nuestro Museo, donada por Don Luis Satoca. ¿Quizá una reforma de aquella? ¿Quizá la misma de 1866?

O bien, la Embajada copiada en 1848

era la denominada clásica o antigua de

Onil, distinta a la que hoy representan, y nuestra actual Embajada fue escrita para

Ibi en 1872, y quizá copiada por Onil, o

bien escrita por el mismo autor al mismo tiempo para ambas localidades. Hay referencia, según Antonio Castelló nuevamente, de una carta re- mitida el 16 de agosto de 1866 pidiendo permiso para celebrar la Soldadesca de costumbre los días 15 y 16 del entrante mes de septiembre y novillos con plaza cerrada. Se celebraron fiestas el año 1873, 1875, 1876, 1877, 1878, 1880, 1885, 1888 y 1889. Por acuerdo del Cabildo no se ce- lebraron fiestas los años 1883 y 1884 por obras en la Iglesia.

Pero también puede sugerir esa fe- cha que como mínimo ese año ya se ce- lebraron fiestas completas con disparos,

embajadas y procesiones, y habla del “tra- dicional simulacro”, es decir que puede estar sugiriendo que se llevaban varios años haciéndose. La misma inestabilidad de unas

fiestas incipientes, aún de escasa partici- pación popular, la ausencia de la otrora organización castrense reguladora de los festejos que ahora debían organizar la- bradores y artesanos, o en el mejor de los casos los ediles municipales que pudieran ser más o menos proclives a disponer su celebración, con arreglo a la simpatía que les produjese, la incidencia de las epide- mias, nuevamente mortíferas, los facto- res sociales, con enormes convulsiones

a cada dos por tres, y las presumibles

escasas posibilidades económicas conde- narían a los Moros y Cristianos a una pre- sencia intermitente, fundamentalmente a

finales de siglo, en las fiestas de la Virgen de los Desamparados, que con ellos o sin ellos se seguían celebrando. Se fundaban y desaparecían com- parsas continuamente, de la mayoría de las cuales seguramente jamás contaremos con referencia alguna. Todos hemos leído en alguna oca- sión que las comparsas que fueron más constantes durante el siglo pasado, y que llegaron a los primeros años del actual serían los Moros de la Capa, los Moros de la Manta, Romanos, Garibaldinos y Escoceses, y como veremos seguidamen-

te existió otra de Marinos que no debió

durar mucho tiempo. La Crónica del periódico “El Constitucional” de Alicante del sábado 22 de septiembre de 1877, se refiere a Ibi

(según Antonio Castelló): …Causa ver- dadera impresión, querido director, ver a los dos bandos enemigos de guerreros

cristianos y moros, con sus vistosos trajes, figurando reñida batalla a las afueras del pueblo, hasta llegar al torreón que se alza en una de sus plazas… El corresponsal Soltero, Pedraja

y Peirolón, nos dice, según Antonio Castelló, refiriendo las fiestas de 1880:

Las fiestas se celebraron: hubo toros, dan- zas, moros y cristianos, reuniones, concier- tos y bailes populares; El Casino no se vio solo ni un momento, ni su piano estuvo un momento mudo… Participaron 6 bandas de música entre las que estaba la de la población, conocida por el nombre de la “Primitiva”, tomaron parte en el simula- cro de batalla, a semejanza de la que se ce- lebra en San Jorge en la ciudad de Alcoy. Cinco numerosas comparsas participa- ron, siempre según el cronista, de las que solo tiene el nombre de la de “Marinos”,

en cuyas filas están la mayor parte de so-

cios del Casino. Y a continuación vuelvo a transcribir la crónica porque no tiene

desperdicio: el estreno de un castillo o to- rreón perfectamente dispuesto y con gran gusto pintado por el distinguido cantante y pintor, residente en esta villa (Alcoy) Don José Esteve, y además: pronuncióse una bien escrita embajada que, habiéndo- me llamado la atención por lo vigoroso y correcto estilo, salvo algún pequeño inter- calado, supe que es obra del malogrado di- rector del Instituto de Valencia y reputado escritor Don Vicente Boix. Esta afirmación es la nos inclina a pensar, y así se ratifica Antonio Castelló

en el artículo mencionado, que efectiva-

mente este escritor y cronista fue el autor

de la Embajada, aunque bien es verdad

que el periodista dice: supe. Y esta palabra no nos da la absoluta seguridad, porque ¿Cómo supo? ¿Se lo dijeron? ¿Quién se lo

dijo? La persona que se lo dijera, ¿lo ha-

bía escuchado de otros por la tradición, o

lo sabía fehacientemente? En fin, aunque

hay una duda razonable hemos dado por bueno este autor. Me referiré en el capítulo 40 a la

Embajada y los Embajadores y en el 12

a este castillo, pero evidentemente no

fue el primero que tuvo Ibi a tenor de la crónica que hemos visto del año 1877, probablemente aquel fuera alquilado de otras localidades como hicieron nuestros antepasados en los años posteriores de la postguerra. Las fiestas de 1885 se celebraron los días 23, 24 y 25 de octubre, con toda se- guridad debido a la epidemia de cólera que padeció la población. En la Revista de Fiestas del año 2011 Antonio Castelló nos da cuenta de las veladas teatrales con varias representaciones, y en los nom- bres de los actores vemos representa- dos al Embajador cristiano de la época:

Amérigo Soler, Y por la existencia de un programa de festejos, un pequeño díptico del año, que quizá es el primero de nuestra histo- ria, démosle un repaso a los que fueron las fiestas de Moros y Cristianos de 1.888, anunciadas por el Ayuntamiento que pre- sidía el Alcalde Don José Gisbert como:

Grandes Fiestas populares y religiosas que tendrán lugar en la Villa de Ibi, con la presencia estelar y continuada de nuestra banda, dirigida por Don Juan Bautista Rico González. El ambiente de fiesta se patentiza desde los días anteriores en las calles, las casas están siendo encaladas para lucir su

mejor rostro, en los hornos de la pobla- ción se preparan (para quien se lo podía permitir) “panquemaos”, toñas y rollos de

aguardiente. Se arreglaban las calles del recorrido que había de hacer la Patrona, para que Su visita a Ibi fuese el éxito que el renombre de nuestra Procesión había adquirido en la comarca. Ya, durante los días grandes, los fes- tejos constan de la Solemne Novena con dos oficios diarios, uno por la mañana a las nueve y el otro, en el que se canta una Salve con orquesta, a las 7 de la tarde. El día 14 sale una Diana tras un re- pique general de campanas. A las 4 de la tarde, la Entrada, que comienza en la calle San Roque, en el sitio denominado Foya, hasta el Castillo situado en el Carrer “Les Eres”. Al final del día “Gran Retreta”, por- tando farolas y acompañados de las ban- das.

Los otros dos días son idénticos en- tre sí, a las 7 Misa de campaña, después:

Paseo de las comparsas con salvas, a las 9 Misa Conventual y a su salida: nuevo Paseo con salvas, a esa hora, cercana al mediodía, era cuando se hacía el acto de la Rodella, por la tarde: Embajada y Alardo. El último día cuenta con la Procesión, durante la cual la imagen se detiene para recibir a lo largo del recorrido motetes y canciones, y en la que participan entre doscientas y trescientas personas, para terminar con la Salve de Eslava. A las diez de la noche las bandas recorren la pobla- ción y se dispara un Castillo de Fuegos Artificiales. Es difícil determinar cuando co- menzó ese ritual de la Rodella, que ten- dría hueco en nuestras fiestas prácti- camente hasta el cambio de estructura sufrido en la segunda y tercera década del siglo XX, para desaparecer después, existen testimonios gráficos de este per- sonaje que aún existe en alguna pobla-

ción. En Alcoy aún acompaña a algu- nos Capitanes en la Entrada, suele ser algún familiar, pero carece de función en el ritual de los Moros y Cristianos. Perfectamente definido el personaje y el ritual en nuestra localidad por Fernando Esteve en las páginas de nuestra Revista de Fiestas: la Rodella era un niño o una niña, con preferencia lo segundo, de corta edad, alrededor de los ocho o nue- ve años, vestido o vestida de paje o de ángel, con una varita y un pañuelo de seda bordado con encajes en la mano

derecha, y en la otra un escudo (rodela), acompañaba al Capitán, y en ese mo- mento mencionado de la Fiesta, tenía la participación siguiente: se colocaba unos pasos delante de su Capitán, más

o menos a unos seis o siete metros, le-

vantaba el Escudo a la altura de la cara

y el Capitán disparaba en sentido hori-

zontal, luego levantaba la varita en po- sición vertical, inclinando acto seguido el cuerpo con mucha ceremonia hasta tocar, prácticamente, con la varita en el suelo, después daba media vuelta e iniciaba unos pasos concertados con el Capitán, a fin de mantener siempre la distancia, encarándose nuevamente y repitiendo toda esa acción hasta finali- zar el acto. El recorrido de este acto era:

Plaza de la Iglesia, Carrer Empedrat, Manuel Soler, Ravalet hasta la calle Colón, donde se emplazaba la fuen- te y frente al Castillo. Cerraban el acto Abanderadas y Embajadores. Sería un momento de una belleza casi dramática, de las que le dan prestigio a una Fiesta, no cabe duda. Pero es evidente que hoy

en día colocar a un niño delante de los disparos de Capitanía es absolutamente impensable, sería muy peligroso, incluso

pensar en restituir el cargo, como se ha dicho alguna vez, tendría que ser en base a reinventarlo, con lo que no dejaría de ser un apaño parecido a lo que hacen en la vecina localidad de Alcoy. Pero ello no resta ni un ápice al nostálgico senti- miento de ver de nuevo un momento así en nuestras Fiestas. La inestabilidad de las fiestas de Moros y Cristianos habría de durar has- ta la segunda década del siglo XX, de hecho existe una interrupción de más de una década al final de siglo y princi- pio del actual, coincidiendo con la prác- tica totalidad de las poblaciones, debi- do al desastre que supuso para España todas las guerras coloniales y de que a pesar de que Sagasta quería renunciar a Cuba, el desastre del “Maine” y la decla- ración de guerra de Estados Unidos nos obliga a acudir a una de tantas desas- trosas guerras en las que hemos estado inmersos. Es cierto que la fiesta resur- gía una y otra vez, pero aquel ambiente evidentemente no era el más propicio. De todos modos y como ya he referi- do anteriormente, eso no afectaba a las fiestas patronales, que sin la presencia de los Moros y Cristianos no dejaban de celebrarse ningún año.

Bernardo Guillem se hace eco de que el día 15 de septiembre de 1889, el último día de fiestas y antes de comen- zar la Guerrilla, se prendió fuego una

caja de hojalata en la que se transporta- ba pólvora, produciéndose una explosión

y por simpatía otra caja de pólvora hizo

explosión igualmente, produciéndose 12 heridos, cinco de ellos en estado grave, fallecieron 4 personas entre 11 y 16 años. En los años que no hay Moros y Cristianos se complementa el programa de actos habituales con otros, para que no decaiga el esplendor de esos días, así la “Novena” sigue, tomando cada vez una ma-

yor presencia, se celebran veladas literarias, carreras, danzas populares, fuegos artifi- ciales, “veladas galantes”, que no son otra cosa que bailes de sociedad amenizados por nuestra banda, reuniones, cuestaciones, cucañas, partidos de pelota, ascensión en globo, festejos taurinos, pasacalles, Retreta. La música tenía una enorme presencia, des- tacando, como es lógico, la banda de Ibi, junto con las dos de Castalla y la de Alcoy, también funciones de teatro o zarzuela. En 1894 se estrenan, entre otras obras: “El rey que rabió”, “La Tempestad”, “el Dúo de

la africana”, interpretadas todas ellas por la

Orquesta de Ibi.

CAPÍTULO

3 La llegada de la Virgen a Ibi

Era nueve de agosto de 1731. Transcurría el denominado siglo de la Ilustración, después de los cien años más oscuros y tenebrosos de nuestra historia. Los ecos de la guerra se habían desvaneci- do, y España se debatía en una lucha inter- na por una modernización que los siglos se empeñaban en negarle, quizás como revancha cósmica por su vanidoso pasado. Unas pequeñas andas, o quizá, sim- plemente los curtidos brazos de unos la- briegos, recibieron el más encandilador regalo que podía esperarse. Era la Virgen de los Desamparados, una talla esculpida por alguien, del que las injustas brumas de la historia solo permitieron que cono- ciésemos el nombre: Julio, el escultor de la Virgen de los Desamparados, que ese día pasaba a ser nuestra, pasaba a ser de Ibi, un pueblo que ya cumplía amplia- mente el millar de habitantes. Sin embargo, como en todas estas cosas de la Historia, hay quien da otro nombre como probable escultor de aque- lla talla, quizá algún día alguien demues- tre irrefutablemente cuál fue el verdade- ro. En la “Geografía de la Provincia de Alicante”, escrita por Pascual Orozco y Sánchez y publicada en 1878, se afirma:

La Iglesia que se venera a la Virgen de los Desamparados del escultor valenciano Esteve, tiene un ecónomo, dos coadjutores y un beneficiado. Actualmente no tenemos datos para localizar al verdadero escultor, permítannos exponer nombres de algunos artistas que

no dejan de ser una simple especulación,

y tiene como objetivo ampliar el probable

conocimiento de la mayor parte de los lec-

tores sobre la situación artística de la época. La escultura y la pintura conocen

a finales del siglo XVII y principios del XVIII, una extraordinaria floración artís- tica, existe entre sus escuelas un pasado barroco que incorpora fundamentos cla- sistas. Entre 1660 y 1731 vive un escul- tor denominado Leonardo Julio Capuz, siempre ciñéndonos al territorio valen- ciano, cuyas obras tienen un tinte barro- co, hizo estatuas urbanísticas y bustos de Felipe V y la Reina Isabel de Farnesio. De una generación posterior, influi- do por la presencia de escultores como Bussy, Rudolf, Bertossio Alipandria y Francisco Vergara el mayor, hay otros escultores como Francisco Esteve que vi- vió entre 1682 y 1766 del que se conserva poca obra. Seguidor de Conrad Rudolf “el ro- mano” que hizo la fachada de la catedral valenciana, existió un escultor llamado Llucia Esteve, adscrito al gremio de car- pinteros (escultores, tablistas, retablistas

o arquitectos, así de madera como de pie-

dra o yeso). En fin, no podemos olvidar que qui- zá no se trate de ninguno de ellos, lo cier-

to es que fue una época de gran intensi- dad, en la que se aglutinan los escultores, iniciando un movimiento académico que los lleva a emanciparse artísticamente.

73

Queda dicho esto, sin intención de

la

versión oficial. Sí fue conde al parecer

aportar dato alguno, a la espera de que

el

hijo de Francisco Ferrando: Francisco

una concienzuda investigación futu-

Antonio de Ferrando, y coronel, pero este

ra pueda esclarecer el origen exacto de

no podía haber sido el que se menciona en

aquella talla destruida en 1936, y ya, sin

la

versión oficial, denominado “Amador

más, paso a retomar el hilo del relato. Dicen que se encendieron grandes hogueras por toda la población para reci- bir la talla, que es el modo tradicional en

Ferrando” y que por haber sido escrito por Don Antonio, todos habíamos dado por bueno. Aunque de todos modos no hay que olvidar que don Antonio indica que

que esta localidad convocó y congregó a

el

nombramiento de conde se produjo una

la gente para las celebraciones. Múltiples peripecias habían prece-

vez en el exilio. La conflagración que recordamos

dido tan decisivo acontecimiento para la historia ibense. La talla según la versión de Antonio Anguiz, que hemos tenido por

como “Guerra de Sucesión”, iba a estallar en España y en Europa, con la participa- ción del mencionado Francisco Ferrando

buena durante muchos años, había sido el

al

lado de los austrias, y quizá tuvo algo

encargo de un hijo de Ibi: el conde Amador Ferrando. En realidad tal conde nos dice Antonio Castelló que no era tal, se trataba de un comerciante, hijo de Ibi que se lla- maba Francisco Ferrando, hijo de Vicente Ferrando y María García, de la burguesía dominante de Ibi, vivía en Valencia, y en la

que ver con el retraso en la llegada de la talla. Las dos familias reinantes en Europa: austrias y borbones, se disputa- ban la primacía y el privilegio de ser los árbitros de la construcción del futuro, a costa, eso sí, de las vidas de los europeos. Muere Carlos II, dejando por herede-

represión borbónica, ya que era partidario

ro

a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV, biz-

del Archiduque en la Guerra de Sucesión, fue desterrado de Valencia y se exilió en Ibi.

nieto del monarca español Felipe IV. Carlos, por su parte, hijo del emperador Leopoldo

Cuando se instala en diciembre de 1705 el

y

más tarde emperador austríaco con el

Archiduque en Valencia fue cuando, con toda probabilidad, surgió la idea de hacer fabricar un lienzo o una talla de Nuestra Señora de los Desamparados, ya que en- tre aquella efímera corte que duró apenas unos meses, existía una devoción marca- da hacia la Virgen de los Desamparados. Francisco Ferrando, al perder la guerra la causa austracista, tuvo que exiliarse en Viena. La aparición de un lienzo con fecha de 1709 representando a la Virgen en casa de los Castelló puede ser clave para sa- ber algo más de lo que pasó en esa época. Diego Castelló, burgués ibense, hizo nu-

nombre de Carlos IV, hace valer sus pre- tendidos derechos al trono español. Toda Europa estalló estrepitosamente en guerra. El tal archiduque Carlos inició la guerra con ciertos éxitos, contó con el apoyo de todo Aragón y del Reino de Valencia, salvo pequeñas excepciones, como la del territorio formado por Jijona, Ibi, Castalla, Tibi y Bañeres que habrían de permanecer fieles al nuevo monarca borbón, en argot popular eran “els boti- flers”, mientras que los partidarios del ar- chiduque eran “els maulets”. El borbón Felipe desembarcó por

merosos negocios con Francisco Ferrando e igual la imagen recaló en Ibi por medios menos piadosos que los mencionados en

el Mediterráneo y en 1713 entraba en Barcelona. Ganó la guerra española, pero ahondó más la degradación y decadencia

de la otrora todopoderosa España, ya que, además, hubo de ceder, a cambio, prác- ticamente todas sus posesiones europeas, para saldar la contienda con los tratados de Utrech y de Rastadt. Felipe V había iniciado su paseo victorioso en la Batalla de Almansa, en la que 20.000 hombres al mando de lord Gallway y el marqués das Minas caían vencidos por el ejército comandado por el duque de Benwick. Pero aunque el hecho de que nuestra población permaneciera fiel, valiéndonos el título de “Muy noble, fiel y leal”, y sién- donos concedidos el perro para nuestro escudo, todos los valencianos, merced a los “Decretos de Nueva Planta”, perde- ríamos los derechos ancestrales que sin- gularizaban nuestro reino, y que fueron concedidos en su día por Jaime I. Era la mezquina represalia que íbamos a sufrir durante siglos los valencianos, por el apo- yo de la mayor parte del territorio valen- ciano hacia el bando perdedor. La fidelidad de Francisco Ferrando a la causa de los austrias provocó su exilio a Austria, como hemos visto, pero en con- trapartida le valió para recibir él o su hijo el título de conde y el cargo de intérprete de la emperatriz. Según certificado fechado el 9 de agosto de 1731, Francisco Ferrando, hijo de Ibi, había encargado la talla de la Patrona a un escultor llamado Julio. Probablemente la talla permanecie- ra tres décadas en el taller del escultor. Siendo Rector de la Iglesia el presbítero Diego Montaner se encargó de acudir a Valencia, para evitar que con la marcha de Francisco Ferrando a Viena se perdie- se la talla. Diego Montaner, según dice la estampita tantas veces reproducida: la mandó perfeccionar y dispuso su traslado a la población. Esta estampita difundida

por el sacerdote don José Serra era copia del libro parroquial que fue pasto de las llamas el 6 de agosto de 1936. Nuestro presbítero pagó en Valencia 17 libras y 12 sueldos para comprar la imagen, y recibió otras 19 libras por las dietas de 34 días que hubo de permanecer en Valencia, lle- gando la imagen el 9 de agosto de ese año. La talla se depositó en la Casa Abadía, dos días después sería bendecida y daría una vuelta triunfal por la pobla- ción que, en la época, se alargaba desde “les Costeretes” hacia abajo por las calles “Major” y “Empedrat”, ensanchándose por el “Ravalet”, aunque ya se comenza- ban a construir casas diseminadas por los alrededores, contando, según Madoz, con un hospital. Tenía por Alcalde a Francisco Servent y por regidores a Ildefonso Guillem, Andrés García, Tomás Morant y Pedro Bornay. En aquel entonces era Papa Clemente XIII y Obispo de Valencia don Andrés del Orbe Larreátegui. El día doce se depositaría la talla en la Capilla de San Pedro y San Pablo que per- tenecía a la familia de los Pérez. Un mes después se celebrarían fiestas en su honor. Hay un libro que relata la visita pas- toral efectuada por el Ilmo. Sr. D. Andrés Mayoral, Arzobispo de Valencia, el día 4 de septiembre de 1742. Por medio de ese libro don Antonio Anguiz investiga la co- locación posterior de la imagen. Existía a la derecha del Presbiterio, que ocupaba justo lo que es hoy la entrada principal, el Altar de una Capilla dedicada a San Diego, por un beneficio fundado para la obligación de tocar el órgano en los oficios. Se cursa la co- rrespondiente petición en el año 1735, y se concede permiso para colocar allí la ima- gen de la Virgen de los Desamparados, y en la parte superior el retablo de San Diego, quedando la Capilla con el nombre de “Virgen de los Desamparados y San Diego”.

CAPÍTULO

4 Un nuevo Manto y el nacimiento de l’Avís

Las luchas napoleónicas habrían de provocar, entre otras muchas cosas, que los valencianos identificaran en la Virgen de los Desamparados el icono del éxito en la lucha contra los franceses. El famoso “Palleter” lanza su grito de inde- pendencia ante el edificio de la Lonja en Valencia, con una imagen grabada de la Virgen de los Desamparados. Se la nom- bra Generalísima en la capital del Turia, desde allí se recomienda que no exista población del Reino que no tenga Iglesia o ermita dedicada a su culto Esta tendencia habría de favore- cer que nuestros antepasados quisiesen darle más importancia a la celebración del segundo domingo de mayo, fiesta de la Virgen de los Desamparados desde 1684, antes era la Inmaculada en el 8 de diciembre. Cada día de Novena los servicios religiosos eran sufragados por una fa- milia, y ello focalizaba la celebración del día. Los ibenses necesitaban sentirse más cerca de la Patrona, ampararse con Ella, mientras España se debatía en continuas luchas fratricidas. Distintos apuntes sueltos nos indi- can que desde principios de siglo XIX, cuando menos, se celebraba ese día, pero lo que ya tenemos documentado es que a mediados de siglo cuatro familias se ofre- cen a sufragar la celebración del segundo domingo de mayo. L’Avís está alboreando,

creo posible, de hecho así lo cree algún escritor de Fiestas de Moros y Cristianos, que pudieran haberse celebrado festejos bastante completos de dos días, conclu- yendo en el segundo domingo de mayo, aunque si eso es así, evidentemente, lo fue de manera esporádica y, seguramen- te, con motivo de alguna efeméride o celebración muy concreta. Lo más proba- ble es que l’Avís comenzase con la mera representación de las comparsas en los oficios religiosos de la jornada, para des-

pués, a final de siglo, convertirse en obli- gatorio para todos los festeros. La primera referencia importante a

la celebración de mayo nos la da el opús-

culo titulado: Recuerdos de amor y grati- tud que los hijos de Ibi dedican a Nuestra Patrona Señora de los Desamparados, data de 1855, y se salvó milagrosamente de la hoguera en 1936. En ese pequeño libro

se relata todo lo relativo a la adquisición de un nuevo Manto para la Virgen, como agradecimiento por todo cuanto hace por esta Villa y, especialmente, por haberla rescatado con pocas bajas, de la epide- mia del cólera “Morbo asiático” que había recorrido el Reino. El Manto que tenía

la Virgen en ese momento estaba, por lo

visto, en un estado deplorable. En febrero de 1855 acuerda el

Ayuntamiento, bajo la presidencia del Sr. Alcalde don Juan de Miras Peralta, citar

a un número determinado de contribu-

yentes, también a los componentes de la Junta de Sanidad y Beneficencia, para tratar sobre la creación de un Asilo de Caridad y Beneficencia, con el título de Desamparados, y el obsequio a la Virgen de un nuevo Manto. Cuatro días después se realiza la reunión en la Casa Consistorial, de ella sale una Comisión que se encargará de las gestiones necesarias para la confec- ción del nuevo Manto. Esa Comisión que días después haría su primera reunión en la Casa Abadía estaba formada por don José Guillem y Cortés, Síndico; don Jerónimo Morant y Jover, Regidor; don Miguel Calabuig, Cura; don Juan Bautista Ramón, Presbítero exclaustrado; don Pascual Pérez y Roca, que sería nombrado Presidente; don Pedro Castelló Guillem, don José Gonzalez Sirvent y don José Damián y Rico. Acuerdan realizar una prospección,

a fin de pulsar la predisposición de la ciu- dadanía en colaborar con el proyecto. Animados por la buena disposición en- contrada, se dividen la población en zonas

y pasan casa por casa para realizar la co-

lecta. Días después se presenta en la Villa el Maestro bordador: don José Serrano, elegido como resultado de unas gestiones realizadas en Valencia por don Ventura Gisbert. El artesano presentaría bocetos,

telas y muestras de materiales, se acepta la propuesta y se acuerda la fórmula de pago, el señor Alcalde se compromete a tener a don José Serrano en su domicilio hasta la entrega del encargo. Al comprobar que la colecta supera lo necesario para el Manto, se acuerda en- cargar en Valencia una diadema de plata

y un palio para las procesiones, amén de restaurar y modernizar las andas.

El día 11 de mayo, segundo domin- go del mes, era la fecha indicada y pre- vista para la bendición con desfile proce- sional de la imagen, pero el mal tiempo frustró la salida, y se optó por exponerla en la Iglesia bajo el palio construido du- rante unos días. La imagen con su nuevo Manto no

salió a la calle hasta las fiestas de septiem- bre, después de esa fecha se acuerda que todos los objetos comprados, más el resto del ajuar de la Virgen, había de depositar- se en una cómoda que también se adqui- rió ese mes. La cómoda tendría tres llaves, una la conservaría el Párroco, otra el Síndico

y la tercera se la pasarían entre ellas las

cuatro familias que costeaban la fiesta de mayo: don Ramón Rico y Castelló, don Francisco Pérez Sarrió, don José Guillem

y Cortés y don Juan Miras Peralta. En total los donantes habían sido 3.000 y el importe recolectado 49.465 rea- les, el vestido costó 29.403, con el resto de 20.002 se sufragó la diadema, el palio, las andas, la cómoda, el libro de actas, los he- rrajes y gastos diversos. Ibi por aquel entonces cuenta con un pósito para el acopio de grano, una administración de loterías y otra de co- rreos. Recibe el correo diariamente. Posee 5 fuentes de servicio público y un hospital que en ocasiones servía de teatro. Su cas- co urbano lo componen 669 edificios y las partidas rurales 89, tiene un total de 2.988 habitantes, posee 8 neveras o pozos de nieve con los que abastecen buena parte de la comarca y algunas zonas más aleja- das. La feria de ganado ya había desapa-

recido, y en esa época don Francisco de Paula Pérez, hijo de Ibi, sería nombrado Presidente de la Diputación Provincial.

CAPÍTULO

5 Cofradía Canónica Virgen de los Desamparados

En el Ibi del nuevo siglo, a pesar de

la apertura que significaba el auge econó-

mico, ya que comienza la industrializa- ción con las empresas “Payá Hermanos”,

“Rico”, “A.Verdú y Cía”, en los años veinte “Sanjuán y Cia”, hemos de tener en cuenta que aún existen un 48% de analfabetos, los 3.500 habitantes han salido o están in- tentado salir de un régimen agrario poco desarrollado, y es costoso elevar el nivel de vida de la población, la estructura so- cial sigue unos parámetros muy similares

a los del siglo anterior, sigue siendo na-

tural que todas las iniciativas surjan de los ciudadanos pudientes o del párroco, que continúa detentando una posición preeminente en aquel Ibi. Por otra parte, se tuvo la suerte de contar con varios pá- rrocos inquietos, que sabrían contagiar su entusiasmo a la ciudadanía. Hay quien dice que el asociacionis- mo alrededor de la devoción a la Virgen de los Desamparados viene del siglo XVI

en nuestra localidad, más, si eso fue así, no quedó constancia hasta el año 1899, en que

la imprenta de José Pérez Botella de Alcoy

imprime un Reglamento de la Congregación de Nuestra Señora de los Desamparados, establecida canónicamente en la Iglesia Parroquial de Ibi, sus fines quedan claros con la introducción que presenta su arti- culado: Con el objeto de fomentar el Culto a la Santísima Virgen María, bajo el consola- dor título de Madre de los Desamparados al

que de inmemorial se le rinde culto en esta villa, se funda una Cofradía, que se regirá por el siguiente Reglamento… Con idénticos fines, el Párroco ibense Don Pedro Lloret y Llinares, con ayuda de algunos feligreses, elaboraría un proyec- to de Reglamento, el cual fue presentado durante las fiestas septembrinas de 1924. La proyectada Cofradía se haría cargo de conservar y cuidar el ajuar de la Virgen, así como de canalizar los donativos de los fu- turos cofrades, siempre con el propósito de perfeccionar y fomentar el culto. Durante el año siguiente y en la visi- ta pastoral que el Arzobispo de Valencia Excmo. y Revdmo. Sr. D. Prudencio Melo y Alcalde cursaría a nuestra población el 6 de mayo, se firmó el decreto mediante el cual se erigía canónicamente la mencio- nada asociación. Su primera Presidenta sería Doña María Elena Pérez Caballero de Cort. Las cuotas se establecían entre 0’25 y 5 pesetas. Las Camareras de la Virgen habrían de ser, en el futuro, el brazo ejecutor, para la gestión de esa Cofradía, gracias a la cual se pudo sufragar las celebraciones religiosas de los años que van desde 1931 al 1935, durante los que no existieron apoyos oficiales. El máximo esplendor de la misma se lograría poco después de la Guerra Civil, ya que en ese periodo prácticamente todo Ibi era socio.

CAPÍTULO

Por qué L’Avís

(Los Moros y Cristianos son Fiestas Patronales)

6

El origen de la Advocación a la Vir-

gen fue el “Hospital dels Ignocents, Folls

o Orats”, fundado por Joan Gilabert Jofré,

que fue reconocido por el Papa Benedicto XIII. Ello motivaría pocos años después la constitución de su correspondiente cofra- día que recibe autorización pontificia en 1414. Separadas ambas instituciones en 1493, la Cofradía celebraba cinco grandes fiestas a la Santísima Virgen: Purificación, Anunciación, Asunción, Natividad y Purí- sima Concepción. Adquiere gran esplen- dor y preponderancia la Inmaculada, en perjuicio de la Purísima que había sido la más importante hasta el momento, aquella fiesta celebrada en el segundo domingo de mayo es adoptada como la más importante, denominándola “Día de la Mare de Deu”. El Papa Juan XXIII proclama a la Virgen de los Desamparados como Patro- na Principal Primaria de la Región Valen- ciana, estableciendo “el segundo domingo de mayo, fiesta de la Bienaventurada Vir- gen María, Madre de los Desamparados”. Ibi, mirando la “Natividad de la Vir- gen” y la “Festividad del Dulce Nombre”, que se celebran en septiembre, establece desde 1731, coincidiendo su inicio con el día que cumple un mes de su llegada a la localidad, sus Fiestas en septiembre, La Novena que abarca las Fiestas se iniciaba

el día de la Natividad hasta su octava, in-

cluyendo en su seno la Festividad del Dul- ce Nombre. Pero hasta el año 1961 y a pe-

sar de ello, la fecha del segundo Domingo de mayo tiene la especial significación de

ser la Fiesta Principal de la Virgen de los Desamparados, y a partir de ese año aña- dir el hecho de celebrar la Festividad de la Patrona Regional, que es igualmente la Virgen de los Desamparados. El día en cuestión adquiere, como lo demuestra igualmente el documento referido a la confección del Manto a la Virgen en 1855, una dimensión cultural

y específica en nuestro calendario de días

grandes, en nuestro patrimonio espiritual

y en nuestro acervo de tradiciones secula-

res. Tengamos en cuenta que hasta 1932 a Nuestra Virgen, Coronada Canónicamen- te, no se le concede por Rescripto Papal la festividad del 9 de septiembre, adquirien- do nuestras Fiestas de Moros y Cristianos

la calidad de Fiestas Patronales y estable- ciéndose como día de celebración religiosa

el domingo siguiente al 9 de septiembre.

Ibi, además, comienza a encontrar una referencia iconográfica para ese día, con un suceso poco conocido, en 1915 el rostro de la Virgen se encontraba dete- riorado y algo ajado, así que se dispuso la reparación por parte de un reputado ima- ginero. Para evitar sobresaltos que después fueron inevitables, el Cura y don Juan Pa- blo Pérez Caballero, valedor siempre en

temas parroquiales, se las arreglaron para preparar otra cabeza que sustituyera a la legítima durante el tiempo que durara la

reparación. Finalizada la peripecia y res-

L’Avís se concretó en el segundo do-

tituida la original a su lugar, la otra fue a parar a manos de dos hermanas: Carmen

mingo de mayo: el “Día de la Mare de Deu”, recientemente como es sabido se

y

María, conocidas por el apodo de “les

trasladó al sábado anterior, como se verá

capellanetes”, estas colocaron la cabeza re- tirada sobre un armazón y le pusieron un manto, el resultado fue espléndido, hasta tal punto que se usó la imagen para presi-

en los capítulos dedicados a la historia de la Fiesta. El día de l’Avís, durante quince minutos, ni uno más ni uno menos, dis- paros constantes de arcabuz realizados

dir el Altar Mayor el Día de l’Avís, para re- gresarla una vez concluido al domicilio de las hermanas. Más tarde, como es bien co- nocido, la Imagen “Xicoteta” de la Virgen de los Desamparados, salvada de la des- trucción en la contienda nacional, asume

por la comparsa Almogávares desde el Cerro de Santa Lucía, despiertan a la po- blación al día grande. Las solitarias calles, poco después, se llenan de acordes festeros, que se cruzan como si estuvieran desmadejando ovillos

el

papel de presidir tan significativo día.

de notas musicales, en un mayo en que el

 

Su celebración se limitó en el siglo

campo se abre espléndido, para saludar

XIX

a los actos religiosos, pero ya hacia el

con colores el renacer de la Naturaleza, to-

final

de ese siglo, hecho que viene avalado

mando el sol el tono de sus mejores brillos.

por

el texto del “Reglamento del Fester”

La “Misa del Fester”, justificación

de 1913, la asistencia a los actos de l’Avís es obligatoria y requisito “sine qua non”

misma de esta jornada, a la que se acude en desfile protocolario después de la con-

para

gozar de la condición de festero. La

centración en el Ayuntamiento, es el pri-

introducción en el guión de los otros ac-

tos altamente significativos del día data de

la década de los sesenta del siglo pasado. La “Presentación de Cargos”, que se

inició el viernes anterior al día grande,

que hoy se celebra el sábado de la sema-

mer acto, en ella se rinden las banderas, tal

y como lo harán en Fiestas, para significar

la sumisión de las Comparsas a la Virgen y

a Su Hijo. Quizá sería bueno, por pintores- co que pueda parecer, hacer hincapié en que estas Fiestas no son ni más ni menos

na anterior, y el “Traslado de la Imagen

pequeña a la Iglesia”, que se celebraba el sábado anterior al día grande, y hoy el

que una liturgia escenificada en la calle de una función religiosa, que se populariza con los símbolos de la mitología popular,

viernes anterior al segundo domingo de mayo por la tarde, son los actos que pre- disponen a la Fiesta. No existe en el ám-

son eso o no son nada, si a la Fiesta le

quitásemos su fundamentación religiosa, nos quedarían los trajes, la música y la di-

o

bito

de los Moros y Cristianos ninguna

versión, y eso son los componentes de un

otra

población que tenga una celebración

millón de festejos y charangas más a lo lar-

semejante, se puede decir que nuestras Fiestas Mayores se componen de cuatro

go y ancho del mundo. El carácter de cele- bración religiosa es lo que las convierte en

días

de Fiestas, uno en mayo y los otros

colosales, transcendentes, le otorga cohe-

tres

en septiembre, este es un caso único

rencia histórica, rigor, ritual, las convierte

una de las más acusadas peculiaridades de nuestros Moros y Cristianos.

y

en solemnes, provoca la incardinación en el alma colectiva de un pueblo.

Después de la Misa: “el esmorsaret”, todos juntos, en un mismo lugar, des- de hace muchos años en la Glorieta de España, compartir mesa y mantel, risas, bromas y esas marchas incesantes, es una afirmación del sentimiento festero que nos une y, al ponernos el traje nos dignifica, sublimando nuestro orgullo ancestral, convirtiéndonos a todos en iguales, desposeyéndonos, como ningu- na otra cosa lo consigue de prejuicios y convenciones. El “Concurso de Cabos”, esa muestra del buen hacer, en la que las Comparsas velan sus armas festeras y lucen a sus mejores hombres perfec- tamente uniformados, representán- dolas, una escuadra por comparsa, es una competencia festiva, hay que ha- cer valer, demostrar, hasta qué punto respetamos al público y a estos Moros y Cristianos que nos dan continuas oportunidades de hacernos felices, tiene por escenario la calle Joaquín Vi- lanova desde Santa Elena por les Eres hasta la confluencia con el Ravalet. Los músicos en principio se colocaban en una pequeña tribuna al lado izquierdo del Ayuntamiento, el año pasado se en- sayó con éxito que cada escuadra lle- vara su propia banda, mientras que el Jurado se coloca frente a la puerta del Ayuntamiento, en otra tribuna que va corrida para albergar el resto de cargos festeros. En el capítulo 57 incluimos las bases de este Concurso, al que se le ha dedicado especial atención en estos dos años. La principal novedad de la edición es que cada escuadra desfilará con su banda, y que el presente año se incluye un premio especial a la mejor banda de música.

El Desfile de la tarde, antesala de las majestuosas Entradas de septiembre, con el público, el todo Ibi, arropando el paso de las escuadras, tiene el mismo escenario del Concurso, pero comienza algo más arriba y concluye en la Plaça l’Esglesia, cada Abanderada, como es usual, cierra su Comparsa y el Capitán su bando, dis- tinto a septiembre que lo abre. El colofón es la “Procesión de trasla- do”, por emular la de septiembre que es pa- tronal, sigue la misma dirección de salida de esta última, se trata de devolver a su ho- gar a la imagen pequeña de la Virgen, su iti- nerario es Eres, Ravalet y Paca Guillem. En su inicio, allá por los años 70, la Procesión salía por el Carrer Major, salía de la Iglesia y volvía a la Iglesia, dando la vuelta al “Pla- tino” y subiendo por el carrer Empedrat. En 1974 se pensó que esa Procesión debía ser un traslado para devolver a la Virgen al Asilo, y comenzó a salir por la calle Colón. Se ensayó algunos años el bajarla hasta Ma- nuel Soler, Plaça la Palla, Major y Paca Gui- llem, pero se perdía gran parte del recogi- miento mínimamente exigible a un acto de esta índole. Al llegar al Asilo San Joaquín la Virgen es recibida con una nube de pétalos de sus moradores, mientras que la estrecha calle aprieta entre sus muros a cientos, qui- zá miles de personas que quieren alargar el tiempo, sin resignarse a que un día así sea tan corto. Las comparsas habilitan es- pacios para cenar con la familia y disfru- tar de marcha hasta que el cuerpo aguante, aunque hay que decir que el cuerpo suele aguantar poco porque el día es bastante intenso. L’Avís concluye, físicamente, pero su esencia permanece, es, además, clarín anunciador de grandes jornadas y esas es- tán aún por llegar, hay que esperarlas con el buen sabor recibido en tan espléndido día.

CAPÍTULO

7 Las Camareras de la Virgen

Todos conocemos la existencia de las Camareras de la Virgen, sin embargo,

su morfología y su génesis pocos la cono- cen. Sabemos que acompañan a la imagen de la Virgen de los Desamparados en la Procesión, tras el clero, y que cuidan de

la misma de algún modo, pero poco más. Las Camareras, como es eviden-

te, tienen una determinada naturaleza

y unos concretos fines, los mismos que

impulsaron la fundación de la Cofradía de la Virgen el día 6 de mayo de 1925 por el Arzobispo de Valencia, Excmo y Revdmo. Sr. D. Prudencio Melo y Alcalde:

Potenciar la devoción y el culto a la Virgen María, bajo la advocación de la Virgen de los Desamparados, en la mujer y en las fa- milias ibenses, especialmente en la Novena de septiembre, en las fiestas de la Virgen durante el año y en las circunstancias que favorezcan esta devoción. Su distintivo es una medalla con una cinta de colores blanco y morado, que lucirán en todos los actos que estén presentes como entidad y, por supuesto, en la Solemnísima Procesión del domin- go siguiente al nueve de septiembre, en la que irán ataviadas con traje negro, teja y mantilla española. El número de Camareras es de cator- ce, divididas sus atribuciones y dinámica

de funcionamiento del siguiente modo:

Presidenta, Vicepresidenta, Tesorera, Secretaria, Vicesecretaria, dos encargadas

de los vestidos de la Patrona, dos de las flores (arreglos de trono, Parroquia, etc.), dos de medallas y estampas, y tres de lim- pieza (fundamentalmente del Camarín y escalera de acceso). La Presidenta es miembro nato de la Comisión de Fiestas. Custodian las joyas de la Virgen y el ajuar. Preparan y recaudan los recibos de la Cofradía, cuyos bienes y cuen- tas administran por supuesto. Esa recauda- ción se realiza en los días de Novena. En el mes de septiembre, además, se cuidan especialmente de poner los vesti- dos de la Patrona a punto, embellecer la Parroquia, establecer un servicio de venta de medallas y estampas. Ayudadas por vo- luntarios y familiares, se cuidan de realizar el traslado de la Virgen desde su Camarín hasta el Altar Mayor, con toda la instalación que ello conlleva, generalmente viernes o lunes anterior al Primer Día de Novena, también de la colocación de la imagen so- bre la carroza para la Procesión y posterior retirada, en estos desempeños existen de- terminadas personas que tradicionalmen- te colaboran en ello y, transcurridas dos semanas después de finalizadas las Fiestas, devuelven la Virgen a su Camarín, cam- biándola de Manto y ropajes. También en l’Avís, tanto en el traslado de la imagen pe- queña a la Parroquia, como en la Procesión de regreso al Asilo el domingo, se cuidan de embellecer las andas, y de lo que se ne- cesite para el buen fin de su cometido.

83
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La duración del cargo de Camarera es de cuatro años, renovándose la mitad de ellas cada dos años. La Presidenta y la Vicepresidenta, son cargos electos entre los catorce miembros. Para ser Presidenta, es necesario haber desempeñado antes el cargo de Vicepresidenta. La duración del mandato de ambas es de dos años. El res- to de las funciones anteriormente especi- ficadas son distribuidas por la Presidenta. La renovación se anunciará con sufi- ciente antelación en la Parroquia, haciendo constar el día y la hora en que se podrá acu- dir a la sede de la cofradía (Calle Vicente Pascual nº 2 AC) para solicitar el nombra- miento. El día señalado al efecto, y en pre-

incluso en los más nimios detalles, como puedan ser los referentes a la determinada

colocación de los atuendos en las imágenes. Además de las actividades arriba indicadas, actualmente las Camareras es- tán integradas en la vida de la Parroquia

y participan activamente en las activida-

des siguientes: Organización del rezo del Ángelus todos los sábados del año, asis- tencia y apertura del camarín de la Virgen

los días que se celebran bautizos, para que los niños recién bautizados puedan pasar bajo el manto de la Virgen, igualmente en los días en que se celebran las primeras comuniones, y si se pide expresamente:

en las bodas, también la celebración de

sencia de todas las solicitantes, se realiza el

o

bien, se lleva a cabo un sorteo si exceden

la

Fiestas de la Candelaria, donde son lla-

nombramiento por parte del Cura Párroco,

mados todos los niños bautizados en el año para que si lo desean puedan pasar

el

número de las siete vacantes.

bajo el manto de la Virgen,

Obligatoriamente se reúnen una vez al año, en el mes de febrero, en la sede de la cofradía, a fin de dar cuenta del movi- miento económico anual de la Cofradía. Después, a lo largo del año se realizarán tantas reuniones como se considere opor- tuno, para el correcto ejercicio de su fun- ción.

Colaboran y participan en “Cáritas Parroquial”, catequesis, liturgia, Semana Santa, Procesión del Encuentro, Vía cru- cis, cena del hambre y cuantas actividades diversas se celebran en la Parroquia Su funcionamiento, hoy en día, está regido por los Estatutos que fueron re- formados y aprobados por el Excmo. Sr.

Las Camareras son las depositarias de los bienes y fines de la Cofradía. Deben velar, primordialmente, de que todas las tradiciones adquiridas en lo referente a la Virgen se conserven escrupulosamente,

Obispo de Orihuela-Alicante D. Rafael Palmero Ramos, el 15 de Octubre de 2.008. Una vez celebrado el sorteo, las Camareras de los próximos cuatro años son:

Camareras Veteranas

Maríaa Martínez Castillo Misericordia Condés Gómez Rosa Climent Valls Loles González López Rosa Berbegal Colomina Loli Martínez Bustos Paqui Santamaría Navarro

Nuevas Camareras

Olaya Díaz Casas Mª Jesús Pérez Rico Amparo Sarabia Gisbert Aurora García Martínez Mª Ángeles Granero Granero Marián Cremades Ribera Pilar Boronat Seco

CAPÍTULO

Las Fiestas de Moros y Cristianos a principio de siglo XX

8

Como ya especifiqué anteriormen- te, a finales del siglo XIX la Fiesta estuvo durante algunos años ausente de nuestras calles. El desastroso final del siglo con la pérdida de nuestras colonias y la Guerra con Estados Unidos, y un inicio convulso del siglo XX con la Guerra de Marruecos y finalmente la Gran Guerra, iniciada entre Alemania y Francia que desenca- denó la Primera Guerra Mundial, no era ambiente propicio a fiestas de ninguna clase. Son años oscuros, aunque bien es verdad que la neutralidad de España en esa Gran Guerra conseguiría que expe- rimentásemos una tibia recuperación. Hay que tener en cuenta que de los 21 millones de habitantes que tiene España, medio millón son alicantinos. También que algunos mercados tradicionalmente abastecidos por Alemania buscan alter- nativas, y nuestro juguete por ejemplo se vería bastante beneficiado. Dice “El Heraldo” de Alcoy: Ibi la villa del aseo y de la alegría, también: El exacerbamiento político no se conoce en la localidad de Ibi. Aunque no se hacen Moros y Cristianos, sí se hacen fiestas a la Virgen, nuestra flamante plaza de toros goza de gran actividad en septiembre, con dies- tros como “Carrerito”, “Fabrillito de Jaén”, “España” y “Torerito” que hacen las de- licias del respetable. Se ponen en escena muchas zarzuelas como “Las Estrellas”,

“Sangre mora”, “Los Bribones”, triunfando las conocidas triples Amparito y Carmen García, siendo el director Manolo Busó. Los ibenses se replantean la necesi- dad de volver a encontrarse con su cul- tura y con los ritos que bebían de casi tres siglos de historia. La Fiesta habría de volver a las calles de Ibi, por medio de las comparsas que ya existían en el siglo pa- sado. Dudo que la ausencia de las mismas hubiese sido absoluta, alguna presencia tendrían a lo largo de todo ese tiempo de interrupción, siquiera ocasional, en sep- tiembre o en otras fechas. Sin ir más lejos, la comparsa Romanos, por ejemplo, salía acompañando las imágenes procesionales en el Domingo de Ramos. Se plantea reglamentar la partici- pación en la Fiesta, para conseguir una regularidad en las mismas. “Rafelo el dels camionets” y otros tendrían una ini- ciativa de elaborar un Reglamento que le diera consistencia y rigor a la misma, se presenta un articulado de 18 puntos que pretendían ser el revulsivo necesario para revitalizar las fiestas. La sede de la Asociación de Comparsas está en la calle San Agustín, nº 6 (actual Paca Guillem). El Gobernador Civil lo firma el día pri- mero de marzo de 1913. El festero que se afilie a la Asociación viene obligado a permanecer en ella un mínimo de diez años, que es el tiempo que se estima pertinente para relanzar las fies-

Escuadra de Guerreros, año1949 Escuadra de Chumberos, año1948 86

Escuadra de Guerreros, año1949

Escuadra de Guerreros, año1949 Escuadra de Chumberos, año1948 86

Escuadra de Chumberos, año1948

tas. Se establece una Junta Directiva com- puesta por Presidente, Vicepresidente, Secretario, Depositario y tres Vocales, probablemente uno por cada comparsa existente: Moros de la Capa, Moros de la Manta, Romanos y Escoceses, ya que el

socios se obligan a asistir a las reuniones

Segundo de Navidad, Pascua de Resurrección, Virgen de Agosto y domingo inmediatamente anterior a la fiesta de septiembre. Reproduzcamos los artículos 1º y 4º que quizá son los más informativos:

número de Garibaldinos era exiguo. Los

Artículo 1º: Todos los individuos que forman la presente comunidad constituida

y

a satisfacer una cuota mensual. Los car-

como única entre los diferentes bandos que

gos de Capitán y Alférez son voluntarios, de no aparecer se elegirán por sorteo. El Capitán tiene la obligación de pagar sus arcabuces, pólvora, pistones, traje de car- gadores y “Rodella”, caso de ser volunta- rio. Sobre la “Rodella” se puede consultar el capítulo 2. El nuevo afiliado satisfará una cuota de ingreso, y no podrá dejar

constituyen el núcleo total de los parciales, se obligan a permanecer en ella durante el tiempo de diez años, lapso fijado como mí- nimo para su desarrollo y progreso. En su consecuencia, todos vendrán obligados a tomar parte directa en los referidos festejos en el día de su celebración a excepción del que por justas causas se halle imposibilitado

su traje ni arcabuz. La asistencia a l’Avís es obligatoria bajo multa de 2 pesetas. La Asamblea de todos los festeros es el órga- no decisorio. De todos modos, queda dicho que, aún cuando los Moros y Cristianos no salieran un año, las fiestas en honor a la Virgen de los Desamparados se celebra- ban, y tanto en un caso como en otro la Procesión era el acto central, la cerraba

para ello, el cual sería dispensado si a juicio de todos los individuos de la comunidad se le consideran motivos justificados para im- pedírselo. No podrán permanecer en esta sociedad los menores de quince años. Artículo 4º: Como obligación indis- pensable para el buen régimen de la mis- ma, encaminado a que se haga más lleva- dero el sacrificio que han de ocasionar los gastos de referencia, se establece la cuota

to

a las actuales, el primer día de Moros

y

le otorgaba sentido a la misma. Cobró

mensual de 50 céntimos que será entre-

justificada fama de organización y fer- vor entre los pueblos de la contornada, la afluencia a la misma era notabilísima. Se pensó que para evitar un efecto discrimi- natorio con los fieles de otras poblacio- nes, las fechas debían retocarse del modo

Dulce Nombre.

gado al depositario de la junta, el último domingo del mes, previa la entrega del co- rrespondiente resguardo. Las fiestas ya presentan la misma estructura, con ligeros retoques respec-

que concluyesen siempre en domingo,

y

Cristianos, séptimo del Novenario, a

solamente habría de tenerse en cuenta que en el seno de la Novena figurase el día 8, Natividad de Nuestra Señora de los Desamparados, y el día 12, Festividad del

Deben celebrarse cuatro Juntas Generales con carácter obligatorio:

mediodía, comienza todo con un volteo de campanas y pasacalles de los Bandos participantes. La Entrada sale de la calle Tibi, desde el punto que marca el edifi- cio conocido por “Corralet”, el itinera- rio es: San Roque, Plaza de la Palla, calle Mayor, Plaza del Ayuntamiento, Carrer

Empedrat, Santa Rita, Ravalet y Colón, justo ante el Castillo, que es el mismo que se inauguró en 1880, redondo y con una torre central, con dos puertas opuestas y adornadas cada una con motivos de uno de los bandos, está ubicado junto a la con- fluencia de Colón y Ravalet. Lo que sabe- mos del citado castillo es que fue realizado para Ibi y pintado por el cantante y pintor alcoyano José Esteve. Los distintos ador- nos tienen una justificación, cada día la Embajada se celebraba ante la puerta del que poseía el Castillo en ese momento. La Entrada ya incorpora una magni- fica novedad: la formación en el seno de la Entrada en Escuadras de gastadores (sin apoyar el hombro y moviendo las lanzas) se sustituiría por una escuadra que apoya- ban los hombros entre sus componentes, moviéndose todos al mismo ritmo y al mismo tiempo, con escudos y lanzas, y en el centro iba montado un festero en una ca- ballería, esta formación había sido exhibi- da en Alcoy por la Comparsa Abencerrajes en 1905 y gustó tanto que al año siguiente todas las comparas alcoyanas, aun se de- nominaban así, pidieron incorporar en sus desfiles este tipo de manera de desfilar. Es el nacimiento de nuestra escuadra, puesto que en todas las poblaciones se fue incor- porando paulatinamente. Los otros dos días son iguales: por la mañana Diana, los bandos se reúnen en la Plaza del Ayuntamiento, para ir al Cerro de Santa Lucía a disputar la Guerrilla. El modo de disponerse en los disparos es de dos “U” que se confrontaban por la par- te abierta donde se ubican los Capitanes respectivos al efectuar el encaro, de for- ma que ambos bandos forman una elipse completa, el Capitán dispara indiscrimi- nada y aleatoriamente y cuando encara

lo hace hacia el otro Capitán, procuran- do no perder disparo el uno respecto del otro. En las hileras de tiradores hay un “Primer Tro” y un “Darrer Tro” o “Cop”, que ocupa la parte baja de la menciona- da “U”, disparan todos ellos por riguroso orden. Al final de cada bando, en la parte que cierra, se coloca la música. Esta dis- posición es recuerdo del modo en que planteaban batalla los moriscos, los cua- les se colocaban igualmente en “U”, con la dulzaina y el tamboril cerrando fila. Del mismo modo, esta forma de colocar- se, desde siempre, era la de los acompa- ñamientos de Capitanes y Alféreces, los cuales evolucionaron hacia la escuadra de gastadores y posteriormente a nuestra es- cuadra como he referido antes, mientras el resto caminaba por los lados, en dos hi- leras que franqueaban las calles. Durante los años de que hablamos, aún vemos a los festeros en la Entrada de Ibi colocados por los lados precediendo la escuadra, los llamados “malditos” en Alcoy también se veían en Ibi. Pero sigamos con la exposición: a las nueve Misa Mayor o “Polida”, en la que se rinden las banderas y se disparan “salvas”, esto es un recuerdo de las “salvas” de la “Soldadesca” en los oficios religiosos. Después de la Misa, nuevo disparo, con el acto de la “Rodella”. Por la tarde el Alardo comien- za desde “El Corralet”, al finalizar la Embajada. La Misa de la Novena co- rrespondiente es a las 7 de la tarde, en la que se canta una Salve y después, el primer día, concluye con una Batalla de Serpentinas y confeti. El último día contiene la Vuelta al Castillo y por supuesto la Solemne Procesión.

Aparte de eso hay festejos tauri- nos, numerosos conciertos y actos mu- sicales, fiesta infantil en la calle Colón, cine público, partidos de pelota. Las familias siguen financiando los oficios religiosos. A pesar de las buenas disposiciones, las crisis no habían concluido, ya que terminada la Gran Guerra Mundial toda Europa se encuentra destrozada, nuestras exportaciones durante la época de guerra que tan bien habían venido a nuestra eco- nomía doméstica dejaron de producirse. En la década de los veinte, el número de festeros, de nuevo, había decrecido alar- mantemente, especialmente en las com- parsas cristianas, incluso, se planteaba el anacronismo de las comparsas existentes, ya que la vecina Alcoy había cambiado recientemente sus atuendos, enfocándo- los hacia una recreación del medioevo español, introduciendo esa idea en las fiestas, idea que condenaba a muerte a toda comparsa que no se ajustara a ese canon. Al final del compromiso con mu- cha probabilidad solo había sobrevivido dos comparsas. Las actas hablan de una de moros y otra de cristianos: Escoceses y Moros de la Manta. Se tiene que hacer cargo una comi- sión de ediles formada por los Tenientes de Alcalde y algunos concejales, para or- ganizar las fiestas patronales y también las de moros y cristianos en su seno, re- cordemos una vez más que los moros y cristianos no eran aún la fiesta patronal, eran un festejo en el seno de la fiesta pa- tronal, no lo fueron hasta 1932. Eduardo Torró y otros ediles repiten cada año en esa comisión, para organizar los moros y cristianos tenemos un representante por bando.

El gasto de hacer fiestas era insoste- nible para aquellos depauperados ibenses, porque como en todas las épocas las fies- tas debían soportarla los festeros, así, ve- mos como en 1922 se hacen fiestas porque la sociedad de comparsas consigue una subvención del Ayuntamiento para sufra- garlas, Faustino García García y Antonio Valls Francés, responsables de las compar- sas existentes piden tal subvención. En el año siguiente es el Alcalde Francisco Pérez Sirera el que sufraga a su costa los gastos de las fiestas y el Ayuntamiento le resarce del préstamo cuando se cobran los im- puestos a final de año. Se trataba de una situación insostenible. En 1923 ocurrió algo que afectó a nuestros moros y cristianos, el Gobernador Civil Ricardo Aparicio pide a nuestro Ayuntamiento la presentación de las cuen- tas, el Alcalde aduce que no tiene tiempo de prepararlas, lo que acarrea la destitu- ción del alcalde Pascual Payá por distrac- ción de fondos públicos, y precisamente la cantidad distraída son las mil setecientas noventa y seis pesetas pagadas para fun- ciones y festejos, habiendo, dice el gober- nador, otras atenciones más urgentes. La polémica sobre si realizar o no fiestas de moros y cristianos no se dio solamente en nuestra población, alcanzó todo el ámbi- to, incluso en Alcoy. Se discutía sobre el aspecto profano de las mismas, los exce- sos que se cometían, que todo ello no era digno tratándose de un festejo religioso y también se hablaba mucho del despilfarro que suponían, en una situación de carestía económica manifiesta. No parecieron escarmentar nuestros ediles en cuanto al apoyo a las fiestas, en el acta de septiembre de 1923, la misma en la que nuestro Ayuntamiento se adhie-

re al Golpe de Estado del General Primo de Ribera, se reconocen las partidas de gastos para fiestas: A José Pérez Sanchís de 346 pesetas por quitar y poner el cas- tillo, a José García representante de la comparsa de los moros otras 346 pesetas, y a Vicente Sanchís Vidal, representante de la comparsa Cristianos, de 270, imagi- no que la diferencia sería por el número de integrantes. Siendo tales subvencio- nes para pólvora, artículos de la retre- ta, etc., ya que las bandas las pagaba el Ayuntamiento aparte, igualmente figuran los gastos del cinematógrafo. Solo ocho días más tarde el Gobernador Civil destituye al alcalde y a varios concejales sin mediar explicación, restituyendo en el cargo a Pascual Payá Lloret y el resto de concejales cesantes. Quizá la más breve corporación munici- pal de la historia porque ocho días des- pués, en cumplimiento de un decreto na- cional se nombró a un nuevo alcalde: José Sanjuán Vicedo. Tanto escarmiento a nuestros alcal- des mecenas, el poco apoyo de instancias superiores a gastos de este tipo, la finali- zación del citado compromiso de 10 años, nuevos ayuntamientos y nuevos proble- mas de carestía de vida, motivó una nue- va suspensión de los moros y cristianos que duraría varios años. En 1924, a pesar de lo dicho en el párrafo anterior, Francisco Pérez García, “Peretes”, habría de ser el iniciador de una nueva etapa de nuestros Moros y Cristianos, al impulsar la fundación de una comparsa con otros 21 amigos, su- pervivientes algunos de los Moros de la Manta, la cual habría de ser con el tiem- po la decana de las nuevas fiestas. En un principio con un traje alquilado en Alcoy,

no sabemos si se realizó fiesta completa

o tan solo Día de l’Avís, el desfile de sep- tiembre y algún acto. Los Argelianos rei- vindican que en septiembre de ese año estrenaron su traje. Con esa mala disposición para las fiestas, desde 1925 a 1928, como hemos indicado, no hubo moros y cristianos. Puede que se realizase algún desfile, quizá participación en la batalla de flo- res pero no fiestas completas de moros

y cristianos. Todos los años vemos en el

guión festivo los toros, el cine, elevación de globos aerostáticos, danzas típicas, procesión, castillo de fuegos artificiales, pero no hay nada en nuestros libros sobre moros y cristianos. En 1928 la Voz de Levante le dedi- ca un especial a nuestra población, con un artículo extenso firmado por Juan Z. Calatayud, en el que cita a Ibi como ejem- plo de limpieza y pulcritud y añade: Ha sido un verdadero acierto la idea de renovar las costumbres populares que tan bien esmal-

tan y ponen de manifiesto las bellezas tradi- cionales de Ibi, siendo una verdadera lásti- ma que se haya perdido la fiesta de Moros y Cristianos. Se hace eco de la Novena, de la procesión, de la batalla de flores, todo ello con la participación de las bandas de Biar

y del Regimiento de Vizcaya. Es un año de gran esfuerzo eco- nómico por parte del Ayuntamiento, la construcción del cementerio supone un desembolso de 50.000 pesetas, y entre otras inversiones se encuentran 46 focos eléctricos para iluminación de las fiestas, que después se mantendrían como ilumi- nación pública. El 11 de junio del año 1929 ocurriría algo de gran repercusión en las fiestas de septiembre, la población quedaría mal-

trecha por efecto de unas lluvias torren- ciales y cuando ya se estaban arreglando

los desperfectos, el día 25 vuelve a llover de igual modo arrasando casas, calles, plazas y caminos. Las obras de reparación tendrían en jaque a toda la población has-

ta bien entrado septiembre.

Como resultado de la moda en las fiestas de todas las poblaciones de fundar comparsas con atuendos relacionado con el protectorado marroquí, se funda por

iniciativa de los hermanos Payá y su entor- no, entre los que había algún componente de los Moros de la Manta, la comparsa Chumberos, con atuendos importados de Marruecos. “Rafelo dels Camionets”, “Bota el pelletero”, “Rafel Carrascal”, “El Sabater” y otros deciden sumarse al re- nacimiento de las fiestas y fundan una comparsa, la que estaba de moda entre los pueblos de alrededor: “Los Labradores”, a los que denominan “Maseros”, parte de ellos venían de la comparsa “Escoceses”

y seguramente debió existir un acuerdo

fundacional con la otra comparsa herma- na: “los Contrabandistas”, para así poder celebrar los “Bandos”, es decir la Entrada del Contrabando. Los Contrabandistas aparecerían ese año con trajes alquilados. También los Argelianos se sumarían, te- niendo como presidente al citado impul- sor y como junta directiva a Emilio Peydró (Almarreta), Secretario a Francisco López Torró (Quico Carlota) y de Tesorero a Ismael Peydró Verdú (Reixiu), bendi- ciendo ese año su bandera, con la anéc- dota a la que deben su nombre, se pide a Francisco Miralles que dibuje sobre seda verde el nombre de “Argelinos” y este se

equivoca y pone “Argelianos”, los inte- grantes de la comparsa pensaron que era más gravoso tirar la bandera que cambiar

de nombre. Durante muchos años se car- garían 2,85 pesetas por componente para

hacer frente al gasto de confección de la mencionada bandera. El acto central de aquellas fiestas era

la Retreta, para la que los festeros se pre-

paraban concienzudamente. El casco ur- bano se cubría de festeros que repartían caramelos y pequeños presentes, funda- mentalmente objetos de madera. Era lo más esperado por los más jóvenes, por las muchachas, pero también por el resto de ciudadanos que veían un acto de gran ni- vel de participación social. La Entrada se realizaba por la calle

de Castalla hacia arriba, después Plaza de de la Palla y Carrer Major. Se realizaban cuatro actos de dispa- ro, un bando entraba por el Carrer Major

y el otro por el Empedrat, dependiendo

de cuál de ellos debía retroceder para defender el castillo, encaraban en Plaza de la Iglesia, según hemos explicado an- teriormente, y seguían encarando hasta el Castillo situado en la calle Colón en su confluencia con Ravalet. Distinto al modo como se hace hoy que se encara todo el acto. Las comparsas ya buscaban sitio donde reunirse, un zoco, aunque el bai- le se realizaba en distintos puntos de la población amenizados por las bandas de música. Los vermuts costaban de altra- muces, cacahuetes y absenta, junto a dosis extraordinarias de buen humor. El rey de la chanza al decir de alguno de aquellos fundadores era “el pedo”, el pedo descrito, narrado o en chiste o realizado ad hoc: En parlar de pets tots a riuse.

Dice “La Voz de Levante” del día 11 de septiembre de 1929: Han comenza- do las fiestas de esta población. El Ilmo.

Ayuntamiento y la Agrupación de feste- jos (moros y critianos) no han reparado en sacrificios para llevar a efecto, de una manera solemnísima los festejos como de- mostración de férvido entusiasmo y gran veneración, tributan los hijos de Ibi a la Excelsa Madre de Dios, en la advocación de la Virgen de los Desamparados. Los festejos cívicos dieron principio el domingo, elevación de globos, funcio- nes teatrales, bailes en el Casino y gran iluminación por las noches, y así conti- nuarán hasta el día 13, que tendrá lugar por la mañana la entrada de las comparsas cristianas (Labradores y Andaluces) y las musulmanas (Chumberos y Argelianos), seguidos de las notables bandas de músi- ca del Regimiento Vizcaya, del pueblo de Biar y de Agullent. Por la tarde se celebra- rá la batalla de flores en la Calle Colón. El redactor dice que los días 9, 10, 11, 12 y 13 de septiembre, se celebraron danzas al estilo del país, con premios a las señoritas mejor ataviadas, teniendo lugar el Vall del Virrey en la Plaza de la Iglesia. Los demás días simulacros de bata- lla entre las huestes cristianos y agarenas, que se disputarán el castillo de Ibi, em- bajadas, desfiles de comparsas audicio- nes nocturnas por las bandas de música, pasacalles de las mismas, cerrando con broche de oro la fervorosa procesión de la Virgen por las calles de costumbre. Desde el año 1923 en que aparecía un pago de 50 pesetas a Antonio Valls Francés por los gastos en el Aviso de Fiestas, ya no figuraba en las actas del Ayuntamiento ninguna referencia al

Aviso, hasta que el 12 de mayo de 1929 en que se detalla el pago a la Unión Musical de Castalla: para el acto y pro- cesión del anuncio de funciones y festejos del próximo mes de septiembre. Sabemos que en 1924 hubo Avís porque los Argelianos afirman que salieron con un traje alquilado, pero según lo expuesto ni se celebró Aviso ni hubo fiestas desde 1925 a 1928. Este primer periplo se completaría en 1930 con “Los Guerreros”, que salían con el nombre de “Guerreros de la Virgen de los Desamparados”, comparsa que na- cía con una impronta clara de servicio hacia la Virgen, tomando el relevo de la comparsa: “Los Romanos”, que durante el siglo pasado habían conservado el primer lugar, junto a la imagen, en la Procesión de Fiestas y esa presencia, como ya dije antes, en las otras procesiones. Se prepa- ran treinta y un trajes, más Abanderada y Cantinera. Las comparsas antiguas habían ya desaparecido por completo. En 1922 se inauguraría el Teatro Flora que tendría una directa relación con las fiestas patro- nales, teatro, zarzuela, jornadas literarias, conciertos, le darían a nuestras fiestas un memorable entorno cultural, del que hoy en día, por ejemplo, carecen. Las compar- sas comenzaban a plantear sus zocos y en 1930, con el final de la década, una escua- dra de valencianas aparecía en la Entrada, proclamando la unívoca disposición de nuestras fiestas, a compartir con el otro sexo este hermoso legado que habíamos recibido.

CAPÍTULO

Coronación Canónica Virgen de los Desamparados

9

La tercera década del siglo pasado abre nuevamente una crisis generalizada en toda España, las huelgas y la inesta- bilidad son pan de cada día, la sociedad emprende el camino del radicalismo de forma irreversible, brota el fascismo en casi toda Europa, comunistas y socialis- tas compiten en la búsqueda de la dicta- dura del proletariado. Ello, por supuesto, tiene su reflejo en Ibi, que observa alar- mado como desciende el consumo de los productos de sus fábricas en el mercado interior. La construcción del ferrocarril Alcoy-Alicante que levantara tantas ex- pectativas se había paralizado, el sueño jamás llegaría a convertirse en realidad. La jornada laboral, por aquel entonces, se ha reducido de 11 a 9 horas, pero los jornales y su valor adquisitivo no se han incrementado, en consonancia al deseo de mejora social perseguida. Ibi tiene alrededor de 4.100 habitan- tes, es Párroco Don Pedro Lloret. En el casco urbano existen 713 edificios, mien- tras que en el término existen otros 475. Se cuenta con un servicio de autobuses de línea, cuya concesión posee la empresa “La Alcoyana”, diariamente llegan cua- tro autobuses que tienen su parada en la Plaça la Palla, a las 8 y 9’30 de la mañana y a las 4 y 6 de la tarde. Durante las fiestas de septiembre de 1930, se plantea la necesidad de solemni- zar de algún modo la celebración del II

Centenario de la llegada de la Virgen, que precisamente se cumplía en el siguiente año. Se acuerda nombrar una Comisión que se ocupe de estudiar los actos a rea- lizar. La Comisión la formarían el M.I. Sr. Don José Pérez Vidal como Presidente de Honor, como Presidentes efectivos el Sr. Alcalde y el Sr. Cura, como Secretario Don José Castelló Gisbert y como Vocales Don Juan Pablo Pérez Caballero Pérez, Don Emilio Payá Lloret y Don José Peyró Abad. La citada Comisión acuerda cele- brar fiestas extraordinarias y coronar a la Virgen de los Desamparados, para lo cual se propone adquirir una Corona y una Diadema, además de la Potencia y la Cruz del Niño Jesús. El modo de financiar la compra sería mediante donaciones de los feligreses, con ese fin se abre una sus- cripción popular mensual, la respuesta sería masiva, las familias más modestas se suscribían con cantidades de 0’25 o 0’50 pesetas. Se pone, además, a la venta, al- guna alhaja procedente de donaciones y se piensan otras fuentes de financiación, como pudiera ser, por ejemplo, una fun- ción que se celebraría en el Teatro Ferre, en la que se puso en escena “La Verbena de la Paloma”, con las actuaciones este- lares de Emilio Mariel, Carlos Sanjuán y Esmeralda Payá entre otros. El orfebre de Valencia Don José Pajarón se trasladó a Ibi para presentar bocetos, precios y tomar medida, el im-

Contrabandistas, año1930 Maseros, año1930 94

Contrabandistas, año1930

Contrabandistas, año1930 Maseros, año1930 94

Maseros, año1930

porte de todo ascendió finalmente a 8.500 pesetas, se trataba de una Corona y su Aureola de plata con baño de oro, en la que se engarzaron 254 perlas e incrusta-

ciones de algunas alhajas, también proce- dentes de donaciones. Mientras tanto España seguía de- batiéndose en unas jornadas que iban

a tener una importancia capital en su

historia, las elecciones del 12 de abril de 1931 daban el triunfo a la coalición revo- lucionario-socialista. El General Sanjurjo acataría el Comité revolucionario forma- do por esa coalición, y el monarca se ve obligado a exiliarse porque, según sus pa- labras: su presencia hubiera podido causar derramamiento de sangre española. La II República se instala en el país, bajo la pre- sidencia de don Niceto Alcalá Zamora. Tanto durante esta presidencia, como en la siguiente, que tardaría ape- nas unos meses en producirse, existe un claro ambiente anticlerical en la sociedad española, la siembra de siglos de desafor- tunada política se cosechaba ahora en las almas y en las calles. Se secularizaron los cementerios, el matrimonio civil fue obli- gatorio, y entre otras muchas medidas de ese tipo llegó también la prohibición a las autoridades de asistir oficialmente a actos religiosos, además de subvencionar cual- quier tipo de celebración que tuviera algo que ver con la religión. En las elecciones municipales una candidatura, al decir un tanto apasio- nado de Don José Mª Serra, “adicta a la Iglesia”, había ganado. Sin embargo, la oposición impugna las elecciones adu- ciendo amaños electorales y coacciones,

lo cual hizo que la autoridad gubernativa

anulara su resultado, tomando la candi- datura revolucionaria la alcaldía bajo la

presidencia de don Eduardo Torró. Con ello, evidentemente, el Alcalde deja de presidir la Comisión de la Coronación, perdiendo esta la posibilidad de contar con algún tipo de ayuda económica por parte de aquel Consistorio. Las dos Españas que se habían evi- denciado habían seguido caminos tan distintos en el pasado, que no encontra- ban en ese momento nada que compartir. En un principio se pensó incluso en retrasar la Coronación, el mismo Sr. Obispo manifiesta su preocupación de realizar actos en la calle, porque es du- dosa la seguridad de los mismos. Pero la Junta decide seguir adelante, las autorida- des asentían con cierta frialdad en ello, no poniendo objeciones a realizar el acto de la Coronación en la calle, manifestando, no obstante, que no habría ningún tipo de subvención, ni asistencia a acto algu- no, tanto por su parte, como por la de las autoridades provinciales que se pensaba invitar. Entretanto se recibe en la Archidiócesis el Rescripto de la Coronación Canónica, firmado por el cardenal Eugenio Pacelli que después se- ría el Papa Pío XII. La Parroquia estaba mejorándose con algunas reformas, se compone el “Himno de la Coronación”, y se contrata la “Agrupación Iris” de Alcoy para actuar en las fiestas religiosas prin- cipales. Llega a Ibi un nuevo párroco que tendría una importante intervención en el futuro de la parroquia ibense: Don José María Serra Carsí. Llegan las fiestas, los preciosos obje- tos estarían expuestos en la tienda de teji- dos de Don Angel Brotóns. Pero esos días iba a ocurrir algo que perturbaría, el ya de

por sí difícil clima existente, el predicador de la Novena, en el cuarto día, se referiría

a la moral como una necesidad social, y

haría alusiones a que ello incumbe, inclu- so, al mismo Presidente de la República. Esas palabras iban a causar cierto revuelo entre algún sector de la población que pro- testa airadamente ante el Ayuntamiento, aunque el Sr. Alcalde que acompañado de un Concejal había ido a la Casa Abadía a pedir explicaciones, se dio por satisfecho con las recibidas por el orador Don Juan Belda, el comentario trascendería hasta, incluso, ser publicado en prensa, lo que llegó a motivar una investigación oficial, que igualmente demostró la ausencia de hechos punibles en la prédica. El día once, viernes, primero de fies- tas, era el fijado para recibir al Obispo Auxiliar: Excmo. Sr. Don Javier Lauzúrica Torralba, en ausencia del titular Don Prudencio Melo. Se había dispuesto una concentración de Comparsas con sus Capitanes en la calle Colón al con- cluir el Novenario, ante lo que es hoy el Ayuntamiento, entonces el “Pósito”. Dos coches habían salido de Ibi a recogerlo, el de Don Juan Pablo Pérez Caballero Pérez

y el de la firma “Payá Hermanos”. Pero se iba a producir la sorpresa al concluir el Novenario, el Párroco recibe la comunicación de que no se les permite salir a la calle a recibir al Obispo. Esa tarde se había celebrado la Entrada, o “Passeig”. Aunque los Capitanes, por medio del Cristiano Don Vicente Guillem Martínez, se ponen a disposición del Cura, para ob- viar si fuese necesario la prohibición del Ayuntamiento, no obstante se decide no

exacerbar los ánimos y recibir al ilustre vi- sitante en la Iglesia. No habían terminado las sorpresas, el Ayuntamiento mantuvo, a

pesar de que el acto hacía tiempo que ha- bía concluido, la prohibición de realizar tráfico rodado, y los coches se encontraron con tablones cruzados y paletas de prohi- bición obstaculizando el acceso a la Iglesia. Hubo que hacer caso omiso y acceder al lugar, para que, de acuerdo con el progra- ma, fuese recibido por los fieles y el clero. El Programa previsto era el siguiente:

Viernes, 11 de septiembre, recibi- miento a las 8 de la tarde del Sr. Obispo. Sábado, 12 de septiembre, a las 8 Misa de Comparsas. A las 10 Misa de Medio Pontifical con Bendición de la Corona y Coronación de la Imagen en la Calle Colón. Terminado el acto regreso a la Iglesia y canto del Tedeum. A las 7, úl- timo día de Novenario. Domingo, 13 de septiembre, Fiesta Principal, a las 8 Misa de Comparsas. A las 10 Misa de Pontifical oficiada por el Sr. Obispo. A las 7 Solemne Procesión con canto de la salve en la Plaza. La prevista Coronación del día 12 en la calle sería igualmente impedida por las autoridades, aduciendo fundamen- talmente la infracción cometida por los vehículos, que habían hecho caso omiso de las prohibiciones, ya que nadie, ni el Sr. Obispo estaba exento de seguir la ley. Hasta el último momento se intentó un cambio de postura, Don Juan Pablo pedía que el asunto se zanjase con una sanción, pero todo habría de resultar infructuoso. En Ibi existía una ancestral costum- bre, respecto a las Misas del Sábado y Domingo de Fiestas, la del sábado a las 8 era ofrecida por el Bando Cristiano, su celebración se realizaba en la Parroquia, mientras que el Bando Moro asistía a Misa en la Ermita San Vicente. El Domingo era justo lo contrario.

Así pues el bando que corres- pondiera, con su Capitán, Embajador, Sargento y Abanderadas, recogían al ofi- ciante en la Casa Abadía y con la banda de música se dirigían al lugar que les co- rrespondiera. Este cortejo fue el que se preparó para recoger el Sr. Obispo en las Misas ofrecidas por él. La ceremonia de la Coronación se realizó en el interior de la Parroquia, con un templo totalmente atestado de gente, que en algunos momentos manifestó ner- viosismo e indignación por la prohibi- ción sufrida, con conatos de sacar la ima- gen a la calle para desafiar la arbitraria orden. Finalmente se calmaron los áni- mos. Don Pascual Payá Lloret, en repre- sentación del pueblo que la había hecho posible entregó la Corona al Sr. Obispo, este la bendijo y tomó juramento a todos los sacerdotes celebrantes, don José María Serra Carsí, don José García Lázaro, don Joaquín Vilanova Camallonga y don José Pineda Juan, se encargarían de evitar que le fuese retirada la Corona jamás de las sienes de la Virgen. Finalmente se subió sobre la Mesa del Altar, la Virgen que es- taba tocada con una guirnalda de jazmín descendió hasta la altura adecuada, y el Sr. Obispo la coronó entre efusivos víto- res y aplausos.

Al día siguiente, domingo, el Ayuntamiento difunde unas hojas jus- tificando la prohibición del día anterior por la infracción cometida, haciendo res- ponsable principal al conductor don Juan Pablo Pérez. De cualquier modo, las celebracio- nes de ese día habrían de celebrarse se- gún lo previsto sin más contratiempos:

Misa de Pontifical, asistida por nueve sacerdotes y dirigida por el Maestro de Ceremonias de la Catedral de Valencia. Por la noche la Solemne Procesión, con la Virgen extraordinariamente en- galanada de flores y el con Sr. Obispo, los miembros de la Comisión de la Coronación y los de la Junta de Fiestas acompañando a la Virgen, amén de to- dos los habituales. Al final, el canto de los Gozos, con su arrulladora melodía, encerraba a todos en un éxtasis que les haría evadirse de la realidad lacerante de aquella época convulsa. El Sr. Obispo se despidió de la feli- gresía e impartió la Bendición Episcopal, tras lo cual se cantó el recién estrenado Himno de la Coronación. La visión de aquella Imagen con la nueva Corona bri- llando en su cabeza seguramente habría de ser lo que se llevaran a casa los ibenses que vivieron aquellas jornadas.

CAPÍTULO

10 Declaración Patrona de Ibi a la Virgen de los Desamparados

El nuevo Párroco don José María Serra Carsí había de adquirir un inme- diato compromiso con nuestra pobla- ción, implicándose con la feligresía y su Patrona, habida cuenta de la devoción que ostensiblemente se le profesaba. No quedó totalmente satisfecho con la Coronación Canónica, seguramente buscando canalizar sus buenos propó- sitos o como una declaración de prin- cipios, instó a la Comisión a completar su labor, pidiendo que la Virgen de los Desamparados fuese declarada “Patrona Principal y Canónica” por la Santa Sede. Roma habría de exigir que la petición fuese avalada por la mayor parte de la po- blación para ser tenida en cuenta, con lo que hubo de recabar firmas. La respuesta fue masiva. El Rescripto que así la declaraba fue firmado por el ya Papa Pío XI el 25 de marzo, recibiéndose la comunicación el 20 de abril siguiente en nuestra Parroquia. El Rescripto señalaba como Fiesta de la Virgen de los Desamparados de Ibi el 9 de septiembre, con todos los privile- gios de los Santos Patronos, facultando a los ibenses a celebrar las solemnidades externas el domingo siguiente al 9 de sep- tiembre. El establecimiento de esa importan- tísima y decisiva fecha en el calendario ibense fijaba de forma unívoca las fechas de las Fiestas Mayores, que en ese mo-

mento dejaban de ser un festejo anexo a las fiestas y se convertían ellas mismas en Patronales, y que por ello ya debemos escribirlas en mayúscula: La Fiesta o las Fiestas de Moros y Cristianos. Siguiendo con la fórmula utilizada entonces para ajustar las fiestas móviles, solamente ha- bía que hacer una cuenta atrás de nueve días, desde el domingo posterior al 9 de septiembre para comenzar el Novenario. Evidentemente la Santa Sede demostra- ba ser conocedora, o haber ponderado suficientemente las costumbres ibenses, ya que de ese modo se conciliaban razo- nablemente las fechas ancestrales con la nueva festividad, que recordemos estu- vieron fijadas en el día 8, Natividad de la Virgen y su octava Esa fórmula asumió la iniciativa tomada por lo apretado de los actos del domingo, tal y como vimos en el capítulo anterior, mediante la cual, se adelantaba un día el Novenario, para que el domin- go estuviese exento de esa liturgia y así no retrasar excesivamente la Procesión, aunque conservando la Misa Mayor o “Polida” de la mañana. El año 1932, siendo año tan de- cisivo para nuestra historia mariana, no se celebraron Fiestas de Moros y Cristianos por acuerdo de las comparsas. El Ayuntamiento prepararía un apreta- do guión con toda clase de entreteni- mientos. Se celebraron igualmente entre

los días 8 al 12 de septiembre. El guión ofrece Verbenas, Conciertos musica- les, Concurso de Mantones de Manila, Carreras pedestres, Partidos de pelota, Pasacalles, Fuegos de artificio y como

Clero no podía abstraerse a la costumbre de cantarle motetes a la Virgen, de la Salve en la Plaza, cosa que, hasta cierto punto se podía tratar de impedir, pero ¿Cómo impedir las aclamaciones al salir o entrar

estrellas: la Fiesta de la Caridad, cuesta- ción cuya recaudación iba destinada para auxiliar a las familias más menesterosas,

la Patrona en la Iglesia? Decidieron no correr riesgos innecesarios y la Procesión no salió finalmente.

y

una comida ofrecida por la empresa

Es evidente que todo cuanto estaba

Teatro Ferre para todos los pobres loca- les, la cual habría de ser amenizada por

ocurriendo, no era ni mucho menos có- modo ni agradable para ese Alcalde que

la

banda municipal, en celebración por

también era ciudadano ibense. Alfonso

la

reforma de aquel, denominado un tan-

Sastre dijo, “dejemos las cosas en su sitio,

to rimbombantemente: Coliseo. La otra estrella del guión habría de ser la “Gran Batalla de Confeti y Serpentinas”.

no como estaban”, y eso probablemente pensó el atribulado edil, comprometién- dose a restituir toda la dignidad de las

 

Ibi, no obstante, tenía muy arraigada

Fiestas Mayores en años sucesivos, así se

la

idea de que el rito religioso y las cele-

hizo desde el año 1933 al 1935. Aunque,

braciones profanas eran consustanciales en septiembre. Hubo una pátina de decep- ción cubriendo todos los actos desde prin-

bien es verdad, el ambiente de ese últi- mo año ya no era el más propicio para fiesta ni alharaca alguna. La vida se ha-

cipio a final. Sin la brillantez de los Moros

bía vuelto excesivamente espesa, España

y

Cristianos y la solemnidad de la liturgia

se había encerrado ya en una tenebrosa

religiosa todo parecía un tanto deslucido y renqueante, y así eran las circunstancias de esta población, cuyo tamaño e historia no justificaba la confrontación y la discordia entre vecinos, destinados o condenados,

encrucijada. La Virgen permaneció en el Altar, en ese último año antes de la guerra ci- vil, hasta finales de septiembre, para que el recién ordenado Padre Ignacio

como se prefiera, a compartir sus vidas. Pero en fin, el mundo es así, un cruce in- terminable de paradojas que los hombres esgrimen con convicción, como si real- mente fuesen razonables. Para evitar un mayor fracaso, el mismo Alcalde insistió en que, cuando menos, la Procesión se celebrase, aunque se prohibía proferir vítores, cánticos, ni exteriorización de júbilo por el estilo. El

Barrachina pudiese celebrar ante Ella su Primera Misa. Después la oscuridad y las tinieblas se iban a apoderar de un país merecedor de mejor suerte. Los españoles tenían prisa por destruirse los unos a los otros, su odio secular era caldo de cultivo para toda clase de consignas de iluminados, coléricos, poseedores de la verdad abso- luta, mesías y tendenciosos.

CAPÍTULO

11 Nueva imagen de la Virgen de los Desamparados

La Guerra incivil duró tres años como es sabido, durante los cuales como era de esperar no se celebraron Fiestas de Moros y Cristianos, ni seguramente habría humor ni recursos para ello. Ya durante las Fiestas de Moros y Cristianos de 1939 se toma el acuerdo de restituir el equilibrio perdido, con la realización de una nueva imagen de la Virgen, ya que la

original había sido destruida a lo largo de

la contienda, con ese propósito se abría

una suscripción popular. Aunque el Padre José María Serra, abanderado de la causa, es trasladado, el nuevo Párroco don Francisco Mahíquez asume esta voluntad, y con el resto de la Junta Parroquial por él presidida: don Antonio Pastor Bornay, don Emilio Payá Lloret, don José Castelló Gisbert, don José Sanchis Picó, don Francisco López García

y don Carlos Sanjuán Bernabeu se tras-

ladan a Valencia, para entrevistarse con don Juan Pablo Pérez Caballero Pérez, y pedirle se interese por el tema. La talla se le encomienda al escultor

don Rafael Alemany, que tiene el taller en

el “Huerto de los Ruiseñores”. Formalizado

en encargo la talla parte desde el tronco de un ciprés de la “Casa Nova”, donado por la Marquesa de Rubalcaba. Mediante fotografías e indicaciones de don Juan Pablo se procura la máxima sintonía con

la desaparecida imagen, muchos piensan

que se consiguió, aunque, evidentemente, existan ciertas diferencias y matices.

El martes, 3 de septiembre, llega la nueva imagen a Ibi, se aloja en la ermi- ta de San Vicente, vistiéndola con el de- teriorado Manto que tiempo atrás le re- galara doña Consuelo Moroder de Pérez Caballero. El Escapulario de la Virgen y el Manto del Niño eran los originales, bor- dados en tisú de oro y plata, habían sido encontrados en el cajón de una cómoda. La Corona era nueva, realizada con los mismos moldes que la anterior, conser- vados por el orfebre Sr. Pajarón, aunque, por evidente imperativo, no tan rica en pedrería. La azucena de plata había sido regalada por la Baronesa de Purroy, doña Pilar Sirera, Presidenta de la Cofradía. Uno de los Inocentes se había salvado, este se restauró y el otro hubo de hacerse nuevo. El jueves a las seis de la tarde salió de la Parroquia el Clero, para, y según el programa de fiestas, formar un corte- jo con “Autoridades. Jerarquías, Milicias, O.O.J.J., niños de las escuelas con sus maestros y pueblo en general”, y dirigirse hacia “El Balsim”. Allí se recogería la ima- gen para ser trasladada a un abarrotado templo que la recibió, hay que imaginár- selo, entre enfervorizados vítores y volteo insistente de las también nuevas campa- nas, allí fue bendecida por el Padre José María Serra. Después se trasladaría a la Plaza de los Mártires (la Palla), donde se había preparado el acto de bienvenida oficial.

Recuperación de la Corona y la Diadema de la Virgen Año 1948 Colección Ramón Samper
Recuperación de la Corona y la
Diadema de la Virgen
Año 1948
Colección Ramón Samper
Nueva Imagen de Nuestra Patrona
sin manto ni Escapulario
Trabajo del artista Rafael Alemany
Año 1940
Colección Ramón Samper

El ambiente era de una intensidad gal-

vanizadora, las calles eran estrechas ese día, era como si Ibi se hubiera empeque- ñecido ante la magnitud del regalo reci- bido. Habló el Sr. Alcalde, don Bernardo Coloma García, que la nombró Alcaldesa

y Regidora de la Real Villa, depositando

la vara en sus manos, con la emoción atenazándole la garganta, la determina- ción vacilante y una pizca precipitada, que revelaba todo lo que se le apretu- jaba en el pecho. Después hablaron los Padres Ignacio de la Eucaristía (Ignacio Barrachina) y José María Serra. La imagen recorrió durante horas las engalanadas calles de la población, la

gente balcón a balcón, rostro a rostro, en- tregándose, como si un torrente de ener- gía hubiese encontrado miles de orificios para liberarse. De regreso a la Parroquia habló el Padre don Francisco Mahíquez,

y se cerró la jornada con el canto de una

Salve a toda orquesta. Al día siguiente, alboreando casi, el Padre Ignacio que, por cierto, había sido el último que oficiara una Misa ante la imagen anterior de la Virgen, ofició la primera también ante la actual. Comenzaba ese mismo día un espe- cialísimo Novenario, habida cuenta de la extraordinaria circunstancia que marca- ba tan significativa edición, en la que se había pretendido vincular y sincronizar Patrona y Fiesta, como declaración de principios ancestrales y legado ideológico

a las nuevas generaciones. Esas Fiestas que se miraban un poco en aquellas otras, seguramente muy dife- rentes, que se celebraron en 1731, cuando llegó la primera imagen, comenzaron el viernes día 13, tras cinco días de: Pasacalles de Rondalla y Bailes Populares al estilo del

país, o sea “Dançes” en el argot actual, par- tidos de pelota en la calle San José, carre- ras y: bonitos pasatiempos en la calle Colón (Eres), con sorpresas, sustos y carreras. Las Fiestas, especialísimas cada edi- ción de por sí, la que nos ocupa debía ser- lo mucho más, reproduciendo la estruc- tura anterior a la contienda. El primer día, la Entrada desde la calle Tibi: formando cada Comparsa su vistosa ESCUADRA DE GASTADORES, que evolucionarán en todo el recorrido, haciendo bonitos movimientos. Por la noche de ese primer día, así como la del segundo, conciertos en tres lugares de la Villa, Plaza del Generalísimo Franco (Esglesia), Calle Colón (Eres) y Plaza de los Mártires (Palla). En el segundo y tercer día: Diana a las 6 de la mañana y a las 6’30 “Batalla de Arcabucería”, seguida de Misa, a las 10 nue- va Misa, y a las 12 “Pasacalles de las Bandas de Música”, a las 16 horas nueva “Batalla de Arcabucería” y “Embajadas”. Por la maña- na el disparo comienza desde Santa Lucía, por la tarde desde la Calle Tibi. No nos resistimos a reproducir los párrafos del “programa de Fiestas” de 1940, que se refieren a la mañana y tarde del segundo día, por su plástica inocencia y su entrañable redacción:

A las 6’30.- Se encontrarán en la Plaza Calvo Sotelo los Bandos Moro y Cristiano, de donde partirán para recoger Banderas y Capitanes, dirigiéndose al Cerro de Santa Lucía, donde acampadas las fuerzas MORAS, serán hostigadas por el Ejército CRISTIANO que con fuerzas de refresco atacará duramente al enemigo, desarro- llándose una ENCARNIZADA BATALLA, en la que las fuerzas MORAS iniciarán

una desbandada, cayendo en poder de las CRISTIANAS numerosos prisioneros y ma- terial. Los restos del Ejército mahometano se refugiarán en las murallas de la Ciudad en la que se celebrará un Consejo Sumarísimo del que resultará el FUSILAMIENTO DEL MORO TRAIDOR”. A las 16 horas.- El Ejército CRISTIANO iniciará un nuevo ataque por el Suroeste de la Población, logrando romper el frente y entrar en la Población por la Calle Castalla, viéndose obligados los mahometanos a replegarse y refugiarse en el castillo hasta donde les per- siguen las fuerzas Cristianas, celebrándose a continuación la EMBAJADA DEL BANDO CRISTIANO, en la que no se llega a nin- gún acuerdo y las fuerzas Cristianas atacan nuevamente adueñándose del Castillo des- pués de una encarnizada lucha.

Después de este tropel de fantasía bélica, más propio de una película para “matiné”, se realiza la tradicional “Vuelta al Castillo”. La Majestuosa Procesión adquiere una dimensión especial, como era de es- perar. La Procesión era el acto por exce- lencia, de donde todo brotó, Ibi lo sabía, el pueblo se vuelca en sentimiento hacia la imagen restituida, símbolo espiritual de un Ibi, por siglos, caracterizado por un especial fervor hacia Ella. El Himno de la Coronación, casi despertando del letargo de los años, casi despertando el sueño hipnótico del momento, entre notas acariciadoras, se convierte en un broche que es abrazo de estrellas, beso de luceros, a dos semanas que no se podrán medir por días, ni por horas, sino por ilusiones.

CAPÍTULO

12 Fiestas de postguerra hasta 1981

El Castillo de Moros y Cristianos, el Reglamento de 1945 y la creación de la Comisión de Fiestas

Si alguien preguntara por lo que uno cree que caracterizó las Fiestas de la post- guerra, sin duda, contestaría la precarie- dad y quizá, la voluntad inquebrantable de unos cuantos. Voluntad por encima de muchas otras consideraciones, quizá poco entendida en nuestra circunstancia actual, pero habría que trasladarse a una endémica sociedad, que en muchos casos interpretaba a los festeros como a un gru- po, relativamente ajeno, que aprovechaba estos días para desinhibirse y evadirse de sus estrecheces cotidianas, como un sím- bolo de ostentación en muchos casos. Es difícil escuchar los mensajes de nuestro es- píritu ancestral cuando acucia el hambre. Difícil equilibrio en aquel ambiente deprimido, el de un puñado de personas que sin saber muy bien por qué, tomaban las Fiestas como una militancia irrenun- ciable, pero además, es evidente, como un vehículo para sacudirse durante unos días el espectro de un tipo de vida que les hacía inviable el sueño.

Era un hecho incuestionable que quien se vestía de festero era porque po- día permitírselo, y eso era difícilmente conciliable con una sociedad que restaña- ba heridas y pasaba penalidades. Pero en fin, la situación habría de cambiar, como es evidente. En el año 1939 solamente cuatro comparsas to- man la responsabilidad de hacer Fiestas:

Argelianos, Chumberos, Guerreros y Maseros. En 1941 se producen dos acon- tecimientos de importancia: se refun- de la Unión Musical bajo la dirección del Maestro don José Carbonell y la Comparsa Contrabandistas, que ya parti- cipara en los años treinta, reaparece, y co- mienza en el año siguiente su “Reparto del Botín” junto con la Comparsa Maseros, acto que en 1943 habría de recibir el nombre de “Entrada del Contrabando”, como la conocemos hoy, con unos textos que escribiera don Herminio Calatayud, colaborador de la Revista y de aquellas fiestas, nuevamente nonatas.

Castillo y Embajada Mora, año 1945 Capitanes año 1945 Escuadra de negros Mayo de 1950.

Castillo y Embajada Mora, año 1945

Castillo y Embajada Mora, año 1945 Capitanes año 1945 Escuadra de negros Mayo de 1950. Día

Capitanes año 1945

Castillo y Embajada Mora, año 1945 Capitanes año 1945 Escuadra de negros Mayo de 1950. Día

Escuadra de negros

Mora, año 1945 Capitanes año 1945 Escuadra de negros Mayo de 1950. Día de l’Avis, Traslado

Mayo de 1950. Día de l’Avis, Traslado de la Virgen, Imagen <Xicoteta> al Asilo. El Capitán Cristiano es Vicente Seguí Ferre, que a sus 13 años ha sido el más joven de nuestra historia. El moro es Silvestre Ferrándiz (Cachelo). Colección Samper

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En aquella época daría comienzo también la costumbre de reunirse a cenar el día anterior a la Entrada, pronto cuaja y se le denomina: Nit dels Soparets, con un desfile desde la medianoche hasta las 2 de la madrugada. Pero detengámonos un poco en la figura de don José Carbonell, merece- dor estimo de un espacio importante en la historia de nuestra cultura y nuestras Fiestas. Nació en Alcoy en 1890. Cuando vino a Ibi ya tenía 34 años, había sido Rector de la Armónica Alcoyana, Director de las Bandas de Música de Cocentaina, la de Educación y Descanso de Alcoy y la de Música Militar de Madrid. Gana el Premio de Música Festera de Alcoy en 1952 y 1954, con la marcha mora “Aljama” y el pasodoble dianero “Suspiros del Serpis”, respectivamente. La formación de la banda ibense parecía una tarea más que complicada, porque solo pudo contar con quince músicos inicialmente, pero su tesón era igualmente más que notable, formó una academia en la que llegó a contar con cincuenta educandos aproximadamen- te, y al año siguiente ya visitaba otras poblaciones. Se llegó a conocer la ban- da con el sobrenombre de “els morets d’Ibi”, por los atuendos que vestían en los desfiles y el grupo de niños con “ca- rabasetes”. Las composiciones, en su mayoría, son harto conocidas, pero destacaremos algunas vinculadas a su estancia en Ibi, como “Carlos Malena”, “Anem anan Milín”, “Chimo el moro”, “Els Bons”, “Juventud ibense” que después tituló “Suspiros del Serpis”, “Ibi”, “Protectores”, “Pericana”, “Donsaina i Tabalet”, “Carrasco”, “Els Chumberos”, “Moros en Ibi”.

Su marcha causó un enorme vacío, que solo fue llenado cuando por inicia- tiva de don Juan Ferre se reunió la nue- vamente desorganizada banda, bajo la dirección de don José Pina Pastor. Hay muchas cosas que singularizan nuestra Fiesta, su complejidad es tal que muchas veces resulta sorprendente, hasta para los que la han visto desde pequeños, mucho más, indiscutiblemente, para el que no las conoce. Hay muchos aspectos, imágenes, símbolos, divisas, que caracteri- zan y se complementan entre sí para per- sonalizar los Moros y Cristianos, pero de todo hay algo que en carteles, dibujos, fo-

tografías, reproducciones tiene, junto a la imagen de la Virgen de los Desamparados, una relevancia omnipresente, se trata del Castillo, nuestra vieja y emblemática edi- ficación de madera y chapa que cuando comienza a montarse, semanas antes de Fiestas, hace que nuestro corazón tome

la sintonía y el ritmo de la expectativa, la

cadencia de la alegría, el compromiso del buen humor, el talante del sueño. Aquel otro Castillo, casi de juguete, que veíamos en las fotografías de princi-

pio de siglo, con preciosas figuras labra- das en sus puertas, a un lado motivos mo- ros, al otro cristianos, y con un pequeño

y casi tímido torreón central, que tantas

veces enarboló las banderas de la cruz y la luna ya, sin duda, había cumplido su cometido, consumado su tarea, conocido dos siglos en sus aproximadamente seis décadas de vida, aunque no sabemos con exactitud hasta cuando se utilizó. Tanto es así, que en los años de la postguerra y posiblemente en anteriores, no hubo más remedio que alquilar el castillo en otras localidades, el precio que se pagaba por él rondaba las 2.000 pesetas.

Nos vamos a referir a la construcción del actual castillo, pero antes y siguiendo a Antonio Castelló de nuevo, daremos de nuevo algunos apuntes del castillo que Ibi estrenó en 1880 que ya hemos citado en el capítulo 2: La crónica nos menciona- ba a José Esteve, hijo de Enrique Esteve Boronat, que se trasladó a Ibi para cons- truir dicho castillo, domiciliándose dos meses en la Calle Mayor número 1. El en- cargo probablemente fue realizado por el pintor José Esteve León, domiciliado en Alcoy pero nacido en Ibi. Contactado el mencionado Enrique para que se encar- gara del nuevo castillo mandó a su hijo para que lo construyera y decorara. Como hemos dicho anteriormente, nadie sabe a ciencia cierta hasta que año se utilizó dicho castillo del que tenemos algunas fotografías, por una parte te- nía una puerta con motivos cristianos y por la otra con motivos moros, y según la Embajada que se celebraba le daban la vuelta levantándolo a pulso entre varios voluntarios. Por lo referido en el capítulo núme- ro dos, suponemos que ya se usaba otro castillo con anterioridad, no tenemos documentación gráfica ni de ninguna otra clase, pudiera ser alquilado en otras localidades, como se hizo en los años de postguerra hasta que se construyó el nue- vo castillo que refiero a continuación. El 13 de julio de 1942, el Ayuntamiento, en sesión plenaria, inscri- be en su acta:

El señor Presidente hace constar que las cantidades que habrían de invertirse en la construcción del Castillo no rebasarán las quince mil pesetas, que desembolsarían unos vecinos, sin intereses, dando un plazo de dos o tres años para reintegrarlos.

Después de aquel debate, se acordó por unanimidad convocar a quienes ha- bían hecho la oferta para formalizar el contrato. El Sr. Alcalde en aquel entonces era don Salvador Pascual García, y el ofrecimiento provenía de la firma Payá Hermanos, S.A. Aún habría de alquilarse dos años, y ya en el año 1944, el Sr. Alcalde daba cuenta del estado en que se encon- traba la construcción de nuestro actual Castillo (al que nos referiremos ya siem- pre en mayúscula dada la relevancia espe- cífica en nuestras Moros y Cristianos), el cual se inauguraría ese mismo año. Ya pasadas las Fiestas, y en la sesión del día 19 de septiembre, el acta dice:

El Sr. Alcalde da cuenta del impor- te del Castillo de Moros y Cristianos, que asciende a la cantidad de veinticinco mil quinientas pesetas, las cuales han sido abonadas por la Casa Payá Hermanos, S.A., en cuyas dependencias se constru- yó, bajo la dirección de don Nicolás Payá Jover, acordándose dirigirse a los mismos remitiéndoles certificación del acuerdo adoptado, consistente en reintegrar por el Ayuntamiento dicha cantidad en el plazo de tres años sucesivos a razón de 8.500 pe- setas anuales. Siguiendo lo que Vicente Barrachina nos dice en la revista del 2010, los planos fueron realizados por el delineante de la empresa Paya Hermanos: José López Ortiz; que se utilizaron los locales de Silverio Picó y Pablo Pérez, contiguos, donde entre ambos lo construyeron; el se- ñor Castaños, gerente de la empresa Hijos de Miguel Matéu, proveyó la chapa y el hierro a 2 pesetas, que era el precio oficial, cuando en realidad en el mercado se esta- ba pagando a 8 pesetas por el estraperlo

de la época. Intervinieron los siguientes mecánicos: José Sanchis Juán, Fernando Sanchis Valls, Luis Ferrando Górriz, Alfredo Clemente, Silverio Picó Rico, Juan Picó y Francisco Peydró García, pro- venientes de las empresas Payá, Juguetes y Estuches y las mencionadas más arriba. Como había restricciones de luz se tenían que poner a trabajar a las 4 de la maña- na para llegar a tiempo de entregarlo en Fiestas. La madera probablemente vino de un almacén de madera de la población valenciana de Alfarrasí. Los lugares donde ha estado ubi- cado el Castillo actual son: En el Carrer

Les Eres, confluencia con el Ravalet, cer- cano a las oficinas de la empresa Rico, S.A., y donde se emplaza en la actualidad

a unos doce metros a la izquierda del

Ayuntamiento mirando al Consistorio, también se erigió algunos años en la calle Joaquín Vilanova. En el año 2000 como se puede leer en el capítulo 17, se le incorporaron al- menas, piso y puerta nueva, los marcos de las ventanas antes pintados se con- vertían en marcos superpuestos, la torre del homenaje totalmente reparada, todo

ello merced a los auspicios del concejal de Fiestas Ángel Sáez Perales, miem- bro de la actual Comisión de Fiestas, y

a la aportación económica del nuestro

Ayuntamiento, trabajo que fue realizado en la Carpintería Esteve, interviniendo el carpintero Pedro López Torres y el pintor José María Martínez Asensio. Volviendo al hilo cronológico, en 1947 nace una nueva Comparsa, que hace su apa- rición sobre un barco transportado por un camión: “los Piratas Berberiscos”, sus com- ponentes, en parte, procedían de una es- cuadra aparecida años atrás en la Comparsa

Contrabandistas y que pretendía, en un principio, crear una Comparsa con el nom- bre de “Piratas” en el Bando Cristiano. Dos años después, la Revista de Fiestas comienza a editarse en tamaño folio (DIN A-4), se observa la progresi- va incorporación de un número mayor de artículos que más tarde, con el nom- bramiento de don Antonio Anguiz como Cronista de Fiestas, haría que una buena parte de la historia del siglo XX se pueda leer en sus páginas. Otra iniciativa de singular impor- tancia iba a contribuir a cohesionar y darle rigor a las Fiestas, la redacción de un Reglamento de Fiestas, ampliación o desarrollo de aquel otro de 1913, porque informa elocuentemente de la estructura- ción de las Fiestas de la época. Fue ela- borado por el Sr. Alcalde don Juan Rico, el Secretario don Manuel Gallego, y los Delegados de cada comparsa: Maseros, don Vicente Esteve; Contrabandistas, don Ricardo García; Guerreros, don José Pastor; Chumberos, don Bernardo Coloma; y Argelianos, don Víctor Brotons. Su fecha de firma es el 1º de mayo de 1946. El primer domingo inmediatamen- te posterior a la conclusión de las Fiestas había de nombrarse Delegado y suplen- te, con sanciones por no asistencia a las reuniones de organización. Con tiempo oportuno y antes de l’Avís estaban obli- gados a comunicar el número de festeros. La fecha para el comienzo de la tri- logía es el segundo viernes del mes de septiembre. El itinerario de la Entrada queda fi- jado del siguiente modo: “Corralet”, San Roque, Plaza los Mártires, José Antonio, Plaza Calvo Sotelo, Plaza del Caudillo,

General Mola, Santa Rita, San Blas, San José, Enseñanza, Colón y Ayuntamiento. El horario está absolutamente milime- trado, la concentración será a las 5’15 horas de la tarde, la salida de la primera comparsa a las 5’30 y de la última a las 6,

debiendo llegar la primera comparsa a las 7 a la Plaza de la Iglesia (Caudillo enton- ces), y la última a las 7’30. La conclusión de la primera comparsa será a las 8, y me- dia hora más tarde la última.

El segundo día observa la concen-

tración a las 7’30 de la mañana en la Plaza Calvo Sotelo (Constitución), para dirigir-

se al Cerro Santa Lucía e iniciar el acto de la Guerrilla, que concluye ante el Castillo ubicado los primeros años en la calle Colón, más o menos en la confluencia del Ravalet y les Eres, después donde mencio- namos más arriba. Ambos bandos para siempre ya encaran desde el principio.

El Alardo de la tarde seguirá el si-

guiente itinerario: “Corralet”, San Roque, Plaza los Mártires, José Antonio, Calvo

Sotelo, Plaza del Caudillo, Colón y Castillo.

Y el Alardo de la tarde del tercer

día: Castalla, Plaza San Vicente, Mosén Guillem, Plaza los Mártires, José Antonio, Calvo Sotelo, Plaza del Caudillo, Colón y Castillo. Cambia ligeramente el ritual del dis-

paro, ya que al “Cop” se le permite dispa- rar discrecionalmente y no como antes de la Guerra Civil, en que se veía obligado a observar la “Rueda”. Siguen formando los festeros en hileras y los Capitanes enca- ran en todo el acto, intentando no perder disparo el uno respecto del otro.

A finales de la década, la “Nit dels

Soparets” iba a dejar de denominarse así, para tomar el nombre que recibe en nuestra vecina localidad de Alcoy: “Nit

de l’Olleta”, desfile o ensayo de paisano, personalizada por el tipismo de un plato arraigado a nuestras costumbres, que sir- ve tradicionalmente de base al menú de esa cena, y que, de algún modo, mal que nos pese, refleja la relativa dependencia de los cánones establecidos por las fies- tas alcoyanas, que en muchos casos esti- mularía nuestros Moros y Cristianos, y en otros, como ocurre siempre, y quizá este sea el caso que nos ocupa, soslayaría

nuestra personalidad propia. De aquella época nos queda, por supuesto, la mayor parte de los criterios que rigen las Fiestas actuales; precisa- mente en la concepción tradicional y en la consistencia antropológica y cultural se sustenta su proyección social. Hoy he- mos adquirido perfección, si se quiere propiedad, también mayor compromiso escénico, mayor cuidado interpretativo y

decorativo, pero aquellas Fiestas tenían, quizá, una mayor frescura que convertía los actos en un juego, hasta el punto que nuestra Guerrilla recordaba las empolva-

das batallitas de nuestra infancia, dicho esto sin demérito de aquellas hermosas coreografías, verdaderas delicias, tanto para vivirlas como para contemplarlas. Existen numerosos testimonios gráfi- cos del ondear de banderas en las peñas de Santa Lucía, de como se apostaban los participantes en árboles y recovecos, atrincherándose para la imaginaria lucha, de los vendajes del final con el tinte rojo de la sangre, y tantas cosas que nos hacen sonreír y, en ocasiones, añorar aquella concepción de nuestra Fiesta. Era una permanente licencia que daba más posibilidades a las iniciativas de los individuos; conciliaban las necesida- des del guión, por recurrir a tópicos tea-

trales, con la improvisación desenfadada de los más atrevidos, que siempre sabían hasta donde podían llegar. Ellos crearon, divirtiéndose y festejando a la Virgen, extremo jamás olvidado por nadie, meca-

Resultó un verdadero jarro de agua fría, tengamos en cuenta el carácter foca- lizador que tenía esa figura entonces. Hoy, las comparsas son las que asumen el com- promiso de las Capitanías, cuentan con

nismos para irradiar alegría, espectáculo

determinados recursos, la Comisión está

y

obligación, sobre los que hoy se sustenta

totalmente consolidada y el Ayuntamiento,

la

colosal coreografía de nuestros Moros

aunque independizado de la Fiesta, tiene,

y

Cristianos. Ya hemos comentado repetidamen-

llegado el caso, ciertos márgenes de ma- niobra. Nada de eso ocurría entonces. El

te

las dificultades que atravesaba el país,

Capitán era el eje vertebrador de la Fiesta,

y

consecuentemente nuestra población:

en todos los sentidos, económico y figu-

Hambre, restricciones, presupuesto mu-

rativo, no solo interpretaba su papel de

nicipal raquítico y otras causas, repercu- tieron en nuestra fiesta, que llevaba una vida anémica, casi moribunda, elocuentes

Capitán, sino que ejercía la autoridad que ello le confería, hasta el punto que su do- micilio, en una época, era la base logística

y

lapidarias palabras de don José Giner,

de los Moros y Cristianos del año en cues-

protagonista de excepción de un hecho insólito, que seguramente habrá tenido mucho que ver con la continuidad de las Fiestas o cuando menos conque no su- frieran más interrupciones, que con toda seguridad hubiesen afectado a las “Bodas de Plata de la Coronación”, tratada en otro lugar. Sigamos con don José: Llegaron a

tión, hasta el Embajador, en muchos casos, llegó a hospedarse en su casa, evidente- mente esos usos se iban perdiendo ya en la época que nos ocupa, pero aún quedaba el espíritu de ese papel, de ese liderazgo, que hacía impensables unas Fiestas sin antes saber quién era su Capitán. Dice un cronista: El día del Descans, a la hora de la siesta, se reúne el Párroco

estado de coma (las Fiestas) en 1955, falla- ron los Capitanes (…) Ningún voluntario, casi héroe en aquellas circunstancias, puso en su cabeza el turbante o el casco. En realidad, esta situación afecta- ba, por supuesto, a las Fiestas de 1955, pero sucedió en la “Volta al Castell” de 1954. No hubo Capitanes, aquello cau- só tal frustración que todo el mundo se preguntaba: ¿Habrá Fiestas el año próxi- mo? Tras el acto de la Vuelta y hasta la hora de la Procesión, prácticamente no

don José Giner con el Sr. Alcalde, don Raimundo Payá Rico, reúnen una cha- ranga y cargan dos arcabuces, para dar la vuelta no al Castillo, sino a todo el pueblo, para buscar Capitanes. Tres se ofrecieron por Bando que tomaron el relevo cogiendo las armas. Iniciativa que trascendía la anécdo- ta, para extrapolarse hacia nuestra mo- desta épica, protagonizada por un Cura y un Alcalde, que llevarían el amor por su pueblo hasta las mismas estrellas si hu-

se

apreciaba gente en las calles como en

biese hecho falta.

otros años, paseando, riendo, paladean- do cada momento, esperando la visita de

Efectivamente, por la Comparsa Guerreros se presentaron don Edmundo

la

Patrona.

Sanjuán Verdú, don Fernando García

Esteve y don Alfredo Barrachina Belda, que al fallecer su padre no pudo consu- mar el compromiso, aunque pagó todos los gastos que le correspondían, para que los otros dos compañeros pudieran ejer- cer el cargo sin problemas. Por los Moros, Piratas concretamen- te, se ofreció don Nicolás Vicente Gisbert Verdú, que no se presentó a l’Avís, tenien- do la Comparsa que proceder a un sorteo, por el que fue elegido, para ese día, don Carlos García García. Idéntica actitud es- grimió el escurridizo Capitán en Fiestas, pero para entonces don Andrés Sabater Tortosa había dado el paso adelante con todas las consecuencias. En el año siguiente, y a pesar de que las penalidades no habían cesado por arte de magia, la normalidad jerárquica de la Fiesta se reinstauraba para los si- guientes cuarenta años consecutivos, co- menzando con don Julio Peydró Gisbert (Juliet el obrer) por los Argelianos, y don Vicente Pina Jover (tío Mansem) por los Contrabandistas. Esta situación se vería reflejada en una muy comentada crónica de don Antonio Anguiz que tituló: Alerta, nues- tras fiestas mayores peligran. En ella se la- mentaba de la marcha descendente en la participación, haciendo que se presagiara incluso la desaparición. Argumentaba el coste, las críticas de que eran objeto los festeros, de forma que había algunos de ellos que se sentían: figuras grotescas, la impotencia de las Autoridades que no encontraban de dónde sacar fondos para apoyarlas, y además: Nuestras fiestas no son las de todos y por lo tanto, lo son solo de unos cuantos abnegados y atrevidos. Sugiere la creación de festero colaborador y la potenciación del efectivo, facilitán-

dole la pólvora y retirándole la carga de alojar un músico en su domicilio, como se había venido haciendo desde mucho tiempo atrás, además de aprovisionarlo de chucherías para la “Retreta”. También sugiere don Antonio po- tenciar la Fiesta entre los niños y las mu- jeres. Gratificar el cargo de Abanderada con la plaza de Camarera para el año si- guiente. Propone también la convocatoria de Juegos Florales, como se hicieron en la década de los treinta. Finalmente con- cluye que en los Moros y Cristianos solo debe existir un tipo de ibense, esté parti- cipando o sentado en las sillas: fester de la Mare de Deu. En el año 1955 se suprimiría la Guerrilla de la mañana del segundo día, cambiando la “Gran Batalla”, como se de- nominaba el disparo de la tarde, su ances- tral itinerario, pasando a realizarse desde el Cerro de Santa Lucía. Eso es en cuanto al segundo día, ya que el tercero seguiría intacto, iniciándose “El Alardo” de la tar- de desde la finca “El Balsín”. Sin embargo, al año siguiente volvería el Guión a su tra- dicional configuración, con la concentra- ción en la Plaza Calvo Sotelo el segundo día, y posterior traslado al Cerro Santa Lucía para la Guerrilla. La “Nit de l’Olleta”, ese año, convo- caría a todas las comparsas al Patronato, para cenar todos juntos e iniciar desde allí el correspondiente desfile. Ya existía en aquel entonces una incipiente comisión presidida por don Antonio Barrachina y don Pascual Rico, con los Delegados de cada Comparsa y el incombustible Cura Párroco. La Fiesta Infantil tiene una con- sistencia extraordinaria, además de los juegos hay elevación de globos y otras

muchas diversiones. Se realiza una expo-

sición de fotografías el día de El Salvador, procedentes de un concurso que se con- voca en dos secciones: “Fiestas Mayores”

y “Fotografía General de Ibi”, aunque el

Concurso de fotografía no tendría conti- nuidad anual hasta 1977. En el año 1956 participan 15 escua- dras especiales, más del doble que oficia-

les, que fueron 7 en el total de las Entradas. Una inercia que se ha ido manteniendo o incluso incrementándose hasta nuestros días. Y otro motivo para ser recordado

El segundo año asistió el Excmo. Sr.

Gobernador Civil don Evaristo Martín

Freire, y estuvieron totalmente domina-

das las pruebas por las marcas “Ducatti” y

“Montesa”. También hubo una exhibición de motos con sidecar. Como estampa nostálgica queda el ofrecimiento de unos ramos de flores por parte de los corredores a la Virgen de los Desamparados al concluir la prueba. De soberbio se podría tildar el arro- pamiento de los tres días mayores, con multitud de actos culturales y deportivos,

es

la también comentada reorganización

en los que ya eran habituales: el ajedrez,

de

nuestra banda, tras la marcha de don

el ciclismo, balonmano, fútbol, pelo-

José Carbonell, con su primera salida en

ta, Danzas. Ese año de 1958, el Festival

el

pasacalle del Primer Día de Novena.

Folklórico contaría con la participación

Y

cómo no, recordar también algo que

de Biar, Onil e Ibi.

iba a ser vital en el desarrollo futuro de nuestras Fiestas, el adelanto en dos días

de la iniciación de la Novena, que dejaría

fuera de ella la trilogía festera. Es decir

la Novena iba a preceder hasta nuestros

días las Fiestas Mayores, el último día de Novena es el Día de la Olleta. En 1958 se inicia una de las convo- catorias que más nombre daría a Ibi du- rante décadas: el Gran Premio Motorista. Los entrenamientos celebrados el día 7 de septiembre por la noche ya fueron una fiesta, con la población entera encintando

el itinerario. Un itinerario de 1.200 me-

tros en total, discurría por la Plaza de los Mártires, Generalísimo y calle Colón. Los premios eran como para perder el senti- do, para el primer clasificado: 1.750 pese- tas, para el segundo: 1.250, para el terce- ro: 1.000, el cuarto: 750 y el quinto: 500. Había premio para aficionados y para

profesionales, ese año fueron los vence- dores César Gracia y Ricardo Fargas res- pectivamente.

A partir del año 1955 sería ya impa-

rable la masiva afluencia de inmigrantes

de otras áreas del país: Andalucía, Murcia

y Ciudad Real fundamentalmente.

Aparecen nuevos barrios como Dulzura, Rocío, Ciudad Deportiva, Pascual Payá, etc. Se prolongan calles como la de San Blas. Nuevos edificios hasta de nueve

plantas emergen de la fisonomía urbana,

con escaso orden y menos concierto, para

desesperación de los amantes del ances- tral entorno urbano de nuestra pobla-

ción, y de aquellos que hubieran deseado

un desarrollo armónico de Ibi, acorde a

un más entonado equilibrio ambiental Nuestra localidad se ha extendido hacia el sur, este y oeste, desde el primi- tivo núcleo medieval. La cara norte, con la ermita Santa Lucía, antiguo “Castell Vermell”, cuyas piedras le sirven de basa- mento, será presidencia de piedra y cal,

testigo imperecedero e indeleble que se rodea de los originarios arrabales árabes, hoy convertidos en sinuosas hileras de

casas blancas rodeadas de geranios. Santa Lucía divisa todos los brazos que, irrefre- nables y en aquel entonces desbocados, hacen extenderse y expansionarse a un pueblo empeñado en crearse su futuro. La Revista de Fiestas es el documen- to en el que quizá se observa con mayor detalle la evolución de nuestros Moros y Cristianos. En ese final de los cincuenta y principio de los sesenta: Gráficas Aitana, Gráficas Juan Lorenzo, Hijos de Camilo Albors ponían su granito de arena en re- flejar y corresponder de la mejor manera al fenómeno que se estaba dando en la calle.

En el año 1961 se produce el relevo de la Alcaldía, don Raimundo Payá Rico cede su cargo a don Francisco Guillem Gómez, y una de las iniciativas de ese Alcalde, que vive el milagro económico de esa década, es desarrollar la Comisión de Fiestas, hasta entonces dirigida por el mismo Alcalde, auxiliado por determina- das personas, como vimos en los aparta- dos anteriores. Para ello el nuevo Alcalde nombra uno de sus Concejales como Presidente de la Comisión que se preten- día formar: don Rafael Pascual Valls, que concenciado con la proyección alcanzada por los Moros y Cristianos, toma decidi- damente la responsabilidad de dotarlas de una estructura más completa, y mejor definida organización. Como Secretario nombra a don Emilio Mariel Picó, Tesorero a don Juan José Guillem Vicedo, nueve vocales la completan, más los Presidentes de la Peña Motorista, Club Ciclista, Rayo Ibense, Club Ajedrez, Sociedad de Cazadores y dos representantes sindicales. En la Revista de 1962 Adrián Miró definía así el espíritu de la Fiesta: Unas

fiestas populares, en las cuales no cuenta el sentido práctico y egoísta de lo cotidiano, sino que está todo superado y trascendido en un plano de alegría sana y de espiritua- lidad, ha de significar en la vida de una ciudad lo más puro, fino y elevado. El concepto de festero que aborda las Fiestas como una evasión de tres días, en los que vale casi todo, aunque, si bien es verdad que jamás existió de forma ra- dical, comienza a cambiar, por otro que, evidentemente, no desprecia los aspectos lúdicos de su condición, estos son inse- parables y hasta lícitos en cualquier tipo de festejo, pero que, cada vez, se encuen- tra más comprometido con los aspectos culturales de los Moros y Cristianos, y también más sensibilizado con el respeto al espectador, para el que son tan Fiestas Mayores como para él. Está generándose una nueva diná- mica, un nuevo concepto, casi podríamos decir un festero nuevo. En una década comenzaban a quedar obsoletas aquellas afirmaciones respecto a “figuras grotes- cas” que leíamos en el apartado anterior. La Comisión que se formaba era la en- cargada de canalizar ese sentimiento y esa apuesta de dignidad con que se revestía la Fiesta. Citaremos dos frases del precioso artículo referido de Adrián Miró: El fo- rastero que únicamente percibe en estas Fiestas el estallido de júbilo y color tendrá una visión incompleta, miope (…) Un traje de moro o de cristiano no es simplemente una indumentaria magnífica, sino un há- bito

El entusiasta trabajo de aquellos hombres, apoyados por todo el equipo de aquel Ayuntamiento ilusionado con sus Fiestas, al decir de don José Satoca: no era

Escuadra Especial Chumberos, año 1949 Entrada por la Plaza dela Palla, año 1943 Escuadra Especial

Escuadra Especial Chumberos, año 1949

Escuadra Especial Chumberos, año 1949 Entrada por la Plaza dela Palla, año 1943 Escuadra Especial Piratas,

Entrada por la Plaza dela Palla, año 1943

año 1949 Entrada por la Plaza dela Palla, año 1943 Escuadra Especial Piratas, año 1949 Escuadra

Escuadra Especial Piratas, año 1949

dela Palla, año 1943 Escuadra Especial Piratas, año 1949 Escuadra Maseras, años 40 Capitán y Abanderada

Escuadra Maseras, años 40

Especial Piratas, año 1949 Escuadra Maseras, años 40 Capitán y Abanderada Contrabandistas, años 40 114 Comparsa

Capitán y Abanderada Contrabandistas, años 40

114

año 1949 Escuadra Maseras, años 40 Capitán y Abanderada Contrabandistas, años 40 114 Comparsa Guerreros, año

Comparsa Guerreros, año 1949

raro ver a los Concejales poniendo o qui-

tando las sillas de los desfiles, se traduciría en un crecimiento sensacional del censo festero, en 1960 había 150 censados, en

que convertía las calles de Ibi en un esce- nario de juegos y fantasía, un blanco par- que de diversiones en casa, escapándose del lugar de su celebración en la Plaza de

1964 eran ya 700. Pero sobre todo en un

la

Palla, para derramarse, como un cau-

equipamiento progresivo, una partici-

dal de risas, por otras muchas calles de

pación casi al completo en los actos, un

la

población. Es un recuerdo entrañable

embellecimiento de la población, un en-

el

alguacil de nuestro Ayuntamiento con

riquecimiento del conjunto de las Fiestas

una enmarañada columna de niños tras

y

un total volcado de la población para

él, cucañas, Gigantes y Cabezudos, etc.

arroparlas.

file en toda regla, discurre por toda la calle

Y

el Primer Día de Novena elevación de

Año tras año se palpa de modo más elocuente el resultado de su trabajo, l’Avís comienza a celebrarse de día entero. Ese mismo año se sustituye el pasacalle que ocupaba las tardes de ese día por un des-

Colón hasta el Ayuntamiento; se instaura

globos de papel. Se ampliaba el itinerario de la Procesión, quedaba como sigue; Colón, San Blas, Santa Rita, Plaza los Mártires, San Roque, Fray Gregorio, Plaza san Vicente, Mosén Guillem, Plaza de los Mártires, José Antonio, Plaza Calvo

la

Procesión con la imagen pequeña de la

Sotelo y Generalísimo, se suprimía el

Virgen de los Desamparados, la que se en- cuentra en el Asilo, que ya venía ocupando desde mucho tiempo atrás la presidencia

paso por General Mola. La polémica era inevitable, existía mucho miedo a que un acto de gran re-

de ese día en el Presbiterio de la Parroquia. En 1962 se convoca el primer Concurso de Cabos de escuadra, no te- nemos constancia de los ganadores del mismo, los primeros festeros galardona- dos con la Escarapela de que tenemos co- nocimiento son los de 1964: don Ricardo García Esteve por los Contrabandistas,

nombre entre las poblaciones colindan- tes sufriese un deterioro por un eventual problema de organización. Don José Giner tomó aquello como un reto per- sonal, contestó a los más reacios con una contundencia taxativa: Los tradicionalis- tas populares a ultranza, especie de fósiles incapaces de cambiar ni de fondo ni de

y

don Francisco Pérez García por los

forma, tal vez objeten a estos argumentos

Argelianos. En 1962 ya se dispone de alumbrado extraordinario, todas las ca-

expuestos, que demuestran, precisamente, lo contrario de lo que pretenden probar.

lles de la población habían sido asfaltadas

Afortunadamente fue un éxito de or-

y

ello colaboraba en darle mayor brillan-

ganización, y la sincronización encomia-

tez. Comienza la Verbena del Fester en los jardines del Grupo Escolar Cervantes, que durante esos años iba a gozar de enorme popularidad.

ble, la Cruz concluye su recorrido antes de la salida de la imagen. Don José apostó monaguillos en puntos clave del recorrido para elaborar una completa estadística.

La Fiesta Infantil tiene un enorme predicamento, acrecentado por la dedi- cación entusiasta de don Ramón Samper,

Después del Pregón del Sr. Alcalde, pronunciado a mediodía de la primera jornada de la trilogía, como ya era cos-

tumbre, cada una de las bandas partici- pantes interpretaba una pieza musical. Se instaura un Concurso de Pasodobles el día de la Entrada, con pre- mios de 2.000 y 1.000 pesetas para el pri- mer y segundo clasificado. El Segundo Día de la Fiesta cuen- ta con la Diana Festera por la mañana, en lugar de la Guerrilla, y la “Batalla de Flores, Serpentinas y Confeti”, que dis- curre por la Plaza Calvo Sotelo, José Antonio, Plaza los Mártires, General Mola y Generalísimo (completísimo

elenco de personajes singulares de la épo- ca, dicho sea de paso). En el 1962 se suspenderían los en- trenamientos nocturnos de las pruebas motoristas, debido a la peligrosidad que representaban. Se celebraron novilladas

y lucha libre, amén de teatro, conciertos

y ciclismo. El Concurso de pasodobles pone como pieza obligada “Puenteáreas”,

y dota el premio con 5.000 pesetas. La Comparsa Contrabandistas si- gue ofreciendo una comida a los ancia- nos del Asilo San Joaquín. En 1963 se convoca otro Concurso Fotográfico, que tuvo como principal galardonado a don Alfonso Bernabeu. Al año siguiente nacían, al unísono, dos nuevas comparsas: Almogávares y

Beduinos, que el año pasado celebraron

al unísono su 50 Aniversario con actos di-

versos de gran calidad, y se desarrolla un nuevo reglamento, que fue presentado en una Asamblea General de todos los fes- teros, que pretendía ser instaurada como convocatoria anual. El día elegido fue el 6 de agosto, fiesta de El Salvador, fecha en que también se firma el libro que recoge el articulado. Se le confiere un notable proto- colo y solemnidad a la jornada, tanto es así

que comenzó con una Misa oficiada por el Sr. Obispo de la Diócesis, para trasladarse posteriormente al Cine Río, donde se lle- varía a cabo la reunión, distribuyendo el mencionado texto entre los asistentes. Al concluir la reunión esperaba a los asisten-

tes un “esmorsaret” en la Glorieta, y desfile con banda hasta el Ayuntamiento. El mencionado Reglamento estu- vo a cargo de los ocho Delegados de las Comparsas existentes, junto con don Bernardo Coloma García, don Nicolás Payá Jover, don Francisco Rico León y don Antonio Barrachina García. Se define claramente las figuras de Presidente de la Comisión y del Alcalde de Fiestas, y ya observa una estructura- ción bastante completa del organismo:

Comisión de Fiestas, cuyo Presidente será un Concejal. Curiosamente, el Alcalde de Fiestas debía vestir de paisano, aunque eso sí, os- tentando el distintivo de su autoridad. En los asuntos de organización, dis- ciplina y actos, solo tienen competencia

y voto los Delegados, cuya elección si-

gue el mismo criterio que en el anterior Reglamento. En muchos aspectos este Reglamento

es desarrollo del anterior. La embriaguez

y falta de uniformidad ya es motivo de

expulsión. El número mínimo de feste- ros conque deberá contar una comparsa para salir en Fiestas es de veinte. Es obli- gatoria la presentación de Abanderadas y Capitán. Vuelve a definirse la rotación de las Comparsas. La participación en l’Avís es inexcu- sable, y es compromiso para poder par-

ticipar en las siguientes Fiestas, sobreen- tendiéndose la aceptación del presente Reglamento.

Respecto a l’Olleta dice el Artículo 57: Se prohibe toda clase de disfraz, que desmerezca el decoro y la alegría de la no- che. Sin comentarios. Desaparece del Reglamento la estric- ta programación de tiempo que venía es- pecificada en el anterior. Respecto al Alardo se recogía en el Artículo 75: Se nombrará, por cada Bando, un Jefe de Tiro, que provisto de enseña co- rrespondiente a su cargo, irá marcando el turno que corresponda, que será siempre por la derecha, tanto en su Bando como en el otro, empezando por el “Primer Tro” de la Comparsa capitana. En aquella época ha- bía desaparecido el Sargento que como se sabe hoy en día ha sido rehabilitado. Las iniciativas de la nueva Comisión no cesaban: se ilumina Santa Lucía, se ad- quiere un equipo de altavoces, un juego de mástiles y banderas, más una tribuna me- tálica. Utilizando para todo ello un presu- puesto de 300.000 pesetas, y ya aparece un comunicado pidiendo la “Casa del Fester”, un lugar donde ubicar, gestionar y canali- zar el trabajo de los festeros. Nombres como los de don José Valero Barrachina, don José Valdés Romero, don Emilio Mariel Rodriguez, don Fidel Sanjuán y otros nos remiten a los intér- pretes de nuestras Embajadas. Algunos de ellos se convertirían en inolvidables adali- des en la dramatización escénica de nues- tros Moros y Cristianos. Otros nombres como el de don Ismael Pascual Sanjuán, Alcalde de Fiestas, que es sin lugar a dudas el responsable de la gran valoración que se le tiene a ese cargo, llevan nuestros recuer- dos a ese umbral donde conviven con lo legendario. Ese mismo año se cambia el itinerario del “Passeig” o “Entrada” a la calle Colón. En un principio con salida en las inmedia-

ciones de la fábrica Rico, S.A., colocando el Castillo en la calle Joaquín Vilanova. La arrancada se trasladaría definitivamente a Joaquín Vilanova en el año 1970, con lo que el Castillo, con ligeras variaciones, tomaría el emplazamiento actual. Nuestras Entradas comenzaban a adquirir unas magnitudes imposibles de armonizar y conciliar con el sinuoso y estrechísimo trazado tradicional. Las es- cuadras apenas podían sobrepasar los sie- te componentes, y la Fiesta ibense quería volar hacia dimensiones que no podían verse encorsetadas por sus escenarios ancestrales. Las Entradas iban a expe- rimentar una impresionante evolución. Decía don José Giner en un artículo: Al igual que todos los asistentes al desfile del Paseo, quedo extasiado, sin sentir las horas sentado en duras sillas, pero sí el escozor de las manos, aplaudiendo toda la tarde… -Y después en otro- … Porque el grandio- so acto del “Paseo”, no es solamente fanfa- rria, colorido deslumbrante, música alegre en los pasodobles, reposado en las marchas moras, evoluciones rítmicas, etc. etc., tiene además, un sentido espiritual y religioso. Esto es el alma de la Fiesta… Don Ricardo García Esteve, al ganar tres años consecutivos la Escarapela del Concurso de Cabos, se convierte en el primer festero acreedor a la Escarapela de Plata en nuestra historia. El 9 de abril de 1967, en el Cinema Río se pasa un documental de las pasadas Fiestas, seguido por un pase de diapositi- vas. Se nombra Alcalde Honorífico a don Ismael Pascual y en ese mismo acto, don Rafael Pascual Valls cede la Presidencia de la Comisión al joven festero, recién nombrado Concejal, don José María Cantos Charcos.

El nuevo Presidente nombra para

auxiliarle a don Pascual Rico Bellod como Vicepresidente, a don Francisco Martín Ibáñez como Secretario, a don Ricardo León Sanjuán como Tesorero, sigue el Mismo Alcalde de Fiestas, la Comisión se completa con 8 vocales y los 8 Delegados de Comparsa, más los seis Presidentes de las Asociaciones Deportivas. Los festeros en activo, no quie- ro decir los que salen a Fiestas, ya que desgraciadamente siempre fue difícil mentalizar a todo el censo de la difí- cil programación de unas Fiestas, que quince días antes aún no conocen feha- cientemente los participantes, pues bien, los festeros en activo eran en esa reu- nión: Maseros: 47, Contrabandistas: 61, Guerreros: 47, Almogávares: 52, Piratas:

106, Chumberos: 55, Argelianos: 50 y Beduinos: 48. Un total de 466 festeros.

A pesar de otra frase pronunciada

por don José Giner en ese tiempo: Por todas partes y en todo orden de cosas, sue-

na y resuena la palabra crisis, lo cierto es que esa Comisión, que saca totalmente la organización de los festejos del ámbi- to del Ayuntamiento y se la entrega a los festeros, viviría unos años de esplendor, al que sin duda sabrían responder ade- cuadamente. Comienza a proponer ese Presidente ya, la creación de una asocia- ción independiente que aglutine a todos los festeros y gestione sus intereses, pro- poniendo, en un principio, el nombre de “Asociación festera de la Virgen de los Desamparados”. Era la semilla imparable de lo que se iba a conseguir más tarde.

Se organiza una Ofrenda de Flores a

la Virgen el primer día de la trilogía, no tenía nada que ver con la actual, era efec- tuada por autoridades locales, comarcales

y provinciales. Permanecería en nuestro guión hasta 1972. Más de 10.000 personas, dice la

Revista de Fiestas, asisten a las Entradas, que junto a la Proclamación de Capitanes

y Abanderadas, son retransmitidas por

las cámaras de Televisión Española. Llega 1968, la indolente calima en una población que vivió del frío tiempo atrás aplastaba las voluntades y los pen- samientos. A la hora en que el sol se aco- moda ensayando nuevos tonos de san-

gre, y las gentes sacan sus sillas de enea

a las puertas de su domicilio, una espada

de fuego se abate sobre una esquina de la población. El estupor dio paso al ho- rror, y los latidos encontraron un ritmo jamás conocido. La Revista de Fiestas, ya impresa, incorporaba días después un co- municado que describía con la brevedad injusta de una reseña el más doloroso re-

cuerdo de nuestra historia laboral:

Confeccionado el presente programa, cuya aparición pública, estaba señalada para el día 17 de agosto, esta villa se vio totalmente conmovida por la catástrofe la- boral acaecida a las 20’25 horas del 16 de agosto actual; y por ese luctuoso suceso, y en señal de condolencia y confraternidad de toda la Villa con los directamente afec- tados, este Ayuntamiento ha tenido a bien el acordar la SUSPENSIÓN de todos los actos oficiales indicados en este Programa. Ibi, 30 de agosto de 1968 El Alcalde

Con esta concluyente decisión, las Fiestas de Moros y Cristianos se solida- rizaban con la espantosa tragedia sufrida en la empresa de fulminantes “Mirafé”, al hacer explosión todas sus instalacio-

nes. Una deflagración cuyo origen, aún sin precisar de manera irrefutable, pare- cía haber sido el recalentamiento de una furgoneta cargada con fulminantes que había permanecido toda la tarde al sol. Voluntarios de la comarca, los bomberos y el Regimiento Vizcaya de Alcoy proce- dieron al desescombro de aquel pavoroso rescoldo, que hasta transcurrido cierto tiempo estuvo amenazando con reprodu- cir una nueva explosión. Los veintiún he- ridos fueron trasladados al Hospital Civil Oliver de Alcoy y, entre los 31 muertos iniciales, a los que se unieron 6 más de aquellos heridos, figuraban los hermanos Ferré Planelles, dueños de la empresa. Asistiría al dramático sepelio el Ministro de Trabajo, que diría al respecto que “se trataba de la mayor tragedia laboral desde hacía muchos años”. Capitanes y Abanderadas que lo fueron en l’Avís repetirían cargo al año si- guiente, excepto la Abanderada Maseros por imposibilidad personal. Esa Comisión instituye la Diana festera del segundo día, con el siguiente itinerario: Plaza Calvo Sotelo, Calle José Antonio, Plaza los Mártires, Calle Santa Rita, San Blas, San José, Hilaria León y Plaza Generalísimo. En las Entradas de 1972 participan, por los Cristianos: 234 hombres, 72 mu- jeres, 183 niños, 7 carrozas, 8 bandas y 24 caballos. Por los Moros: 214 hombres, 47 mujeres, 79 niños, 6 carrozas, 9 bandas y 9 caballos. Ese mismo año, el día 30 de agosto, se instaura un nuevo acto: La Exaltación Festera. El Mantenedor de la misma sería don Adrián Espí Valdés, en aquel enton- ces Cronista Oficial de la Asociación de San Jorge de Alcoy, el concierto de cierre

fue interpretado por la Unión Musical de Educación y Descanso de Alcoy, bajo la dirección de don Antonio Mompeán Valenzuela, actuando también el Orfeón Ibense bajo la dirección de don Manuel Rasero Prado. El presentador fue el lo- cutor de la Voz de Alicante: Pepe Mira Galiano. A partir del año posterior, ya institucionalizaría la actuación anual en ese acto nuestra Unión Musical, hasta hace pocos años. La matizada euforia económica de nuestra población se traducía en mejoras de equipamiento, se compraron sillas y mesas para facilitar el programa interior de las comparsas, cuyos zocos ya centra- lizaban sus celebraciones y dinámica lo-

gística de las Fiestas. Se había conseguido

la pavimentación de la Glorieta, logrando

así un marco adecuado para verbenas y bailes populares, se había mejorado la or- namentación de la vía principal: la calle Colón, y se había extendido el alumbrado extraordinario a nuevas calles. Bullía aquella sociedad, en la que, sin embargo, tomaban cuerpo una cadena de crisis sucesivas, como queda reflejado en aquellas palabras mencionadas, no ol-

videmos que la década de los setenta es en la que desaparecen la mayor parte de las grandes industrias locales, aunque, bien es verdad, que nuestra población dotada de buenas tecnologías y sobre todo de un riquísimo patrimonio humano, inquieto

y emprendedor, habría de encontrar nue-

vos caminos que evitarían la degradación de nuestra comunidad. Pilar Nervión, en 1974, pronunció hermosas palabras en el Pregón de la Juvenada, refiriéndose al libro: “El choque del futuro”, el futuro queda descrito como una enorme aceleración de la Historia.

Las Fiestas ibenses se acoplan a la épo- ca, se sustancian a través y en la génesis de su propia evolución, como inevitable derivación de su hermoso pasado. Las Fiestas parecían catapultarse a sí mismas hacia el futuro, multiplicarse, acelerando sorprendentemente su desarrollo. En ese año se inauguraba el nuevo Ayuntamiento, lamentablemente a costa del edificio del Pósito, emblemático lugar de vasta historia local, que bien pudiera haberse conservado por su valor arqueo- lógico y social, también se inauguraba un monumento a los Reyes Magos, am- bos describen, soslayando otras conno- taciones, con meridiana elocuencia, las dos vertientes del carácter ibense, las dos acepciones de nuestra peculiar industria, vocación de futuro y culto a la fantasía. Las elecciones celebradas en 1973, orgánicas aún se entiende, habían provo- cado el cambio total del Ayuntamiento, y como consecuencia el cese del anterior, llevando aparejado, subsiguientemen- te, el de Presidente de la Comisión. Don Angel Brotóns Martínez, aún Alcalde, nombra como tal a uno de los Concejales electos: don Salvador Miró Sanjuán, que ya necesita apoyarse en el auxilio de dos Vicepresidentes: don José Miguel Amorós Pérez y don José Antonio Moya Verdú, designa Alcalde de Fiestas a don Francisco Rico Crespo y otros diez miem- bros, a saber: asesores, Cronista y vocales. Por supuesto, la Comisión se comple- menta con los Delegados de Comparsas. No tardaría en apreciarse en nues- tras calles la gestión del nuevo equipo, se unifican las colgaduras de los balcones, para lo cual la Comisión ha proporciona- do tela con cuatro barras rojas sobre fon- do amarillo, regalando apliques centrales

en azul con el perro y las torres de nues- tro escudo, ya que Ibi no contaba aún con bandera local. Había que uniformar y dignificar el escenario y el gran anfiteatro que configuran el Ibi entero, sus balcones, sus calles, sus azoteas, la población com- pleta, en y para la celebración que brota de entre sus gentes, del mismo seno de su alma comunitaria. El Día de la Procesión tenía como colofón, nuevamente, el castillo de Fuegos Artificiales, y se devolvió el Alardo a las calles de la población, algo que venía a restituir el calor festero al casco urbano, tiempo atrás perdido en aras de conjugar la molestia de las detonaciones con el po- sible impacto ambiental de la pólvora. Se confeccionaron Estandartes para ser regalados a cada una de las Comparsas, a la vez que se regaló al Ayuntamiento una escultura representa- tiva de nuestra Fiesta, original del escul- tor don Alejandro Vivas Sola, que fue en- tregada tras el Pregón del Alcalde. La Embajada fue cuidada al máxi- mo, colocando vallas, preparando el Desfile de Embajadores y mejorando la puesta en escena. En el año siguiente con el cambio de Embajadores se comenzó a recitar el soliloquio del Cristiano, lo que se conoce como Oración a la Virgen en lengua vernácula, la traducción la llevó a cabo don Vicente Escrivá, originario de Mislata, y José María Ramírez Mellado fue el primer Embajador en pronunciar el texto en valenciano. Don Martín Bonillo Medina, como Embajador Moro, fue el oponente a lo largo de muchos años y en distintas épocas. Se ensayó un Desfile nocturno que descendía por el “Ravalet” y San Blas, siguiendo un itinerario similar al de la

Entrada actual, ya, en esa fecha, se pro- pone el desdoblamiento de las Entradas, provocando una consulta entre todos los festeros, que se dilucidó con un em- pate, con ligera victoria del sí, pero el Presidente pensó que un cambio de esta envergadura no se podía acometer, habi- da cuenta de las reservas que ese resulta- do reflejaba. Se inicia el Desfile Infantil, para ni- ños menores de catorce años, con el fin de dignificar su figura, muy diluida en nuestras Entradas, testimonial y limita- da a carrozas e incluso prohibida años más tarde, se le dotaba, de ese modo, de una programación específica, personali- zada y cuidada. El itinerario sería Plaza San Vicente, Mosén Guillem, Plaza los Mártires, Manuel Soler, San Blas y Colón hasta el Castillo. Pero este itinerario el año siguiente, 1975, se cambiaría al que cono- cemos actualmente: Joaquín Vilanova, Colón hasta la Plaza de l’Esglesia. Dos conciertos de la Unión Musical en la Plaza de los Mártires, uno de la Corporación Musical Primitiva y Coral Polifónica Alcoyana, la actuación de la compañía “Tirso de Molina” que inter- pretó “El Sombrero de Tres Picos”, y una exposición del “Ibi antiguo” con fotogra- fías de la colección de don Ramón Samper completaron una impresionante progra- mación cultural, que venía a sumarse a la tradicional Exaltación Festera”, “Festival Folklórico” y competiciones deportivas. En aquellas Entradas intervendrían 55 escuadras, 32 bandas de música y 17 carrozas, que ya era impresionante antici- po de lo que son hoy en día. Para comple- tar el resumen de un año en el que nues- tras Fiestas, sin perder su personalidad, antes bien, ganando en rigor, se proyecta-

ban con inusitada fuerza hacia las nubes. La Virgen fue llevaba nuevamente por los soldados, y se instaurarían los premios en Fiestas a las Comparsas, a fin de estimular el cumplimiento de los horarios, la fanta- sía, la uniformidad y todos esos paráme- tros con los que distinguimos una buena actuación festera. En 1974 también se produjo el pri- mer traslado de la Virgen pequeña desde el Asilo a la Parroquia, el sábado anterior al segundo Domingo de mayo. Se celebra el I Congreso Nacional de las Fiestas de Moros y Cristianos en Villena, en cuyo Desfile de Hermandad participaron Argelianos y Guerreros, fra- guándose la entidad U.N.D.E.F., como consecuencia del espíritu que allí na- cía, teniendo una activa presencia en ese alumbramiento el Presidente de la Comisión y el Vicepresidente don José Antonio Moya. Don Francisco García Martínez, miembro de la Comisión eje- cutiva del Congreso, pronunciaría emo- tivas palabras respecto de los Moros y Cristianos, la Fiesta: Vale la pena conser- varla, continuarla y depurarla, ya que es uno de los pocos elementos singularizado- res en un mundo cada vez más masificado y masificador. En 1975 nace la Comparsa Tuareg, la Fiesta y sus responsables exigían a los fundadores de una nueva comparsa, cada vez, un mayor rigor histórico y una con- creción ideológica más precisa para optar a la aprobación. Tuvo Ibi un día más de Fiesta, efec- tivamente, anunciada la visita de los ni- ños de la “Operación Plus Ultra”, inme- diatamente después de ser celebrada la trilogía, hubo que dejar sin desmontar las tribunas que, ese año por vez primera

también, habían ocupado la calle Colón. Después de visitar fábricas de juguetes y recibir numerosos regalos, asistieron ató- nitos a una escenificación resumida de lo que son unos Moros y Cristianos, una jor- nada histórica si me permiten el manido tópico. “Es verdad lo que estoy viendo o me voy a despertar”, preguntaba impre- sionada Inés Montaña en una crónica de su estancia aparecida en la publicación “El Espectador” de Colombia el 15 de octubre de ese mismo año, que destinó a la Fiesta ibense hermosas palabras: Era como un río de maravillas (…) La Fiesta no se limita al Desfile. Después viene la toma del Castillo que existe (…) Recuerdo ahora, porque me llegó muy adentro, el grito de Giuseppe, el niño italiano (…) quizá él en ese momento sintió intensamente que esas horas, en las cuales nos fugamos del hoy, para vivir en los soñados parajes de las hadas no volverían jamás -¡Oh! ¡No adiós! ¡No! ¡No!-. Gritó, de pie, agitando su pañuelo y con la cara cu- bierta de lágrimas (…) Fui huésped del País de las Maravillas que en mi recuerdo se lla- mará de ahora en adelante, Ibi. Pero, sin duda, a pesar del enorme torrente humano de estos recuerdos, lo más significativo y recordado de aquella época, con toda seguridad, habrá sido el nacimiento real de la Comisión de Fiestas, como nuevo ente autónomo, asociación con personalidad jurídica y representa- tiva de los festeros, como hacía años que los Moros y Cristianos demandaban, y que ha vivido, funcionado y desarrollado hasta convertirse en Federación de Comparsas, sin perder su personalidad cultural. En 1976 es elegido Alcalde don Salvador Miró Sanjuán, que después, en las primeras elecciones municipales de la Democracia, sería el Primer Alcalde vota-

do democráticamente en Ibi. Como con- secuencia de ello cede la Presidencia de la Comisión a don José Miguel Amorós Pérez, en un sencillo acto celebrado como sesión ordinaria de la Comisión, sin más protocolo ni solemnidad, una manera sen- cilla de ingresar en nuestra historia festera. Ya en el año siguiente se celebrarían elecciones formales a la Presidencia de la Comisión, el sistema era proponer una terna al Sr. Alcalde, que a su vez convoca una Asamblea en la que se vota uno de sus componentes. Don Francisco Martín Ibáñez, don José Antonio Moya Verdú y don José Miguel Amorós Pérez eran los integrantes de aquella terna, resultando elegido por un periodo de tres años el úl- timo de ellos. Durante su Presidencia rebrota nuevamente el problema de la excesiva duración de las Entradas, lo que inicia una polémica que parecía no querer concluir jamás, llegando a una solu- ción de compromiso, desdoblando las Entradas y celebrándose en días distin- tos, el viernes la de Cristianos, el Sábado la de los Moros, acoplando casi con cal- zador el resto de los actos en el ajustado tiempo libre que quedaba en la trilogía. Jamás cuajaría la solución. En 1977 la Entrada Cristiana sería suspendida por una lluvia torrencial, de la que nos que- da el recuerdo gráfico del Capitán de los Guerreros don Luis Vicedo García total- mente empapado, y con las lágrimas y las gotas de agua resbalándole generosa- mente por las mejillas. Se reanudaría la Entrada Cristiana por la noche, solución que en principio gustó, y ya en 1978, el Primer Día de Fiestas, tenía a las 17 ho- ras la Entrada de los Moros y a las 22’30 la de los Cristianos.

 

En 1976 comienza otro acto que ha

ción que nacía con el título de “Comisión

tenido una aceptación masiva en la Fiesta:

de Fiestas de Moros y Cristianos de Ibi”.

la

Ofrenda de Flores a Nuestra Patrona, en

En 1979 se crea la Comparsa

la

tarde del Segundo Día de Fiestas. Ese es

Almorávides y en 1980 con nuevo

el

año en que nace la Comparsa Tuareg

Presidente, don Francisco Martín Ibáñez,

y

al siguiente la de los Cides. Las ocho

se vuelve a la Entrada única tras tres tor-

Comparsas iniciales se habían convertido en diez y pronto iba a crecer el número. En el mes de febrero de 1977 se pre- senta el libro: “Estatutos de la Comisión de Fiestas Moros y Cristianos”. Consta de

mentosas e interminables asambleas. En el 1981 se configura el traslado de la Imagen “Xicoteta” de la Virgen como un acto público, y el Juicio Sumarísimo que precede al Fusilamiento del Moro

169 artículos divididos en ocho capítulos, que fueron aprobados el 23 de diciembre de 1975 en Junta General Extraordinaria,

Traidor se desarrolla con unos textos muy cuidados y preparados. No es sencillo hacer una síntesis de

y

visados por el Gobierno Civil el 18 de

cuarenta años de historia festera, como

agosto de 1976. Era la publicación de los estatutos, cuyo proyecto redactaron el Presidente don Salvador Miró Sanjuán, el Vicepresidente don José Antonio Moya,

siempre recurrimos a los datos, las efemé- rides que después recordamos, son en mu- chos casos gélidas reducciones o apuntes sistematizados, de una agenda que nuestro

el

Secretario don Juan Manuel Monllor y

cerebro se resiste a archivar, pero en rea-

y

las inquietudes de todos los habitantes

un vocal por cada una de las Comparsas existentes: don Fidel Rico Brotons por los Almogávares, don Vicente García Esteve por los Guerreros, don Rafael Sanjuán

lidad la Fiesta habría que narrarla en otra clave: la humana. Es un ente vivo, de gran magnitud, configurado por las voluntades

Pina por los Contrabandistas, don

del pueblo. Como un ser biológico se de-

Ernesto Coloma Rico por los Maseros,

sarrolla, evoluciona o involuciona, goza o

don Daniel Llinares Miró por los Beduinos, don Joaquín Miralles Guill por los Piratas, don Carlos Valls Payá por los Argelianos, don José Coloma Rico por los Chumberos y don Gonzalo Cortés Pérez por los Tuareg. Ese libro publicaba por

queja, es feliz o sufre, crece o decrece, en función del alimento espiritual que reciba, del estado de la sociedad que la sustenta, de las costumbres que la condicionan, de los estímulos positivos o negativos, causa- dos por los agentes exteriores que afecten

se

vez primera las Embajadas tras la traduc-

a

sus integrantes, a sus corazones, a sus al-

ción del soliloquio cristiano. El acto de presentación del libro se- ría, además, la oportunidad para home- najear a don Salvador Miró Sanjuán, bajo cuya presidencia las Fiestas se habían ves- tido de largo y habían alcanzado la ma-

mas, a los talantes de sus usuarios, que no son otros más que los ibenses. Hablar de Fiesta es hablar de la his- toria de Ibi, ella es, sin duda, el más com- pleto tratado antropológico de nuestra sociedad, en ella se enhebra y se configu-

yoría de edad, significada con el hecho de

ra el carácter y la personalidad, las penas

haber conseguido la autonomía respecto del Ayuntamiento, mediante una asocia-

las alegrías, la voluntad y las conciencias que modelaron nuestro ser.

y

CAPÍTULO

13 Bodas de plata de la Coronación año 1956

Ibi paulatinamente se reencontraba como pueblo, siglos de dificultades se con- densaban en una generación ilusionada, extremadamente inquieta, llena de inicia-

tivas, que apoyada en excelentes escuelas profesionales iba a propiciar talleres y fábri- cas para una época de riqueza exuberante. Esos niños y jóvenes de entonces eran los que iban a protagonizar, o ya lo estaban haciendo, el fenómeno industrial

y por qué no, social, que comenzaba esa

década. Pero la historia se escribe derra-

mando pasión en determinados momen- tos, llegaba otra fecha de importancia para nuestra localidad y sus Fiestas Patronales, en ese goteo de referencias culturales y espirituales vertido por aquella genera- ción: las Bodas de Plata de la Coronación Canónica, que además coincidía con el 225 Aniversario de la llegada de la Primera Imagen, efeméride que adquiría una importancia vital y añadida, habida cuenta de la accidentada y controvertida celebración de aquella Coronación rela- tada en el capítulo 9, que el Párroco don José María Serra recordaba a todos, con melancólica nostalgia, en las páginas de

la Revista de Fiestas.

Don Antonio Anguiz, Cronista de Fiestas en aquella fecha, lanzaba un men- saje desgarrador en los titulares de su tra- bajo anual, y que aparecía en las páginas de ese año: Alerta, nuestras fiestas mayo- res peligran. Muchas de sus indicaciones, muchos de