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FORMACIÓN DOCENTE / FILOSOFIA Y EDUCACION

PROF. DR. JORGE EDUARDO NORO

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INSTITUCIONES, SUJETOS, EDUCADORES
CUENTOS Y METAFORAS
PROF. DR. JORGE EDUARDO NORO
norojor@cablenet.com.ar

01. ESTACIONAMIENTO O TALLER1
A medida que la educación fue perdiendo relevancia, las instituciones educativas fueron perdiendo
significado y fueron negociando su supervivencia. Como sucede en las viejas ciudades en que todo
se destruye y se recicla, lo que alguna vez fue “templo del saber”, “taller de hombres”, “fabrica de
ciudadanos educados”, se fue convirtiendo en un espacio vacío a la espera de una nueva
construcción. Por eso muchas instituciones educativas se han convertido en playas de
estacionamiento en las que los padres depositan sus hijos en horas determinadas con el único
compromiso de pasar a retirarlos al concluir el turno. Como en las playas, los responsables entregan
las llaves de sus vehículos o el control de sus hijos, aunque quienes trabajan allí sólo estén para
cambiarlos de sitios y asegurarse mayor cantidad de lugar. A veces ofrecen servicios adicionales,
pero siempre son superficiales: la limpieza, el lavado, el cuidado. Lo que interesa no es que el auto
cambie, sino que esté disponible y sin riesgos – bajo control y encerrado – para regresarlo al dueño
que lo pasa a retirar. Es por eso, tal vez que los padres prefieren no pedirle mayores cosas a la
escuela con tal de que sus hijos estén seguros, vigilados y controlados, algunas horas por días y cinco
días de la semana. Los autos, como los alumnos, pueden pasar años en la playa de estacionamiento:
nada cambiará en ellos, sino que solamente acumularán años. La seguridad, como se ve, tiene sus
costos: hay que admitir que los playeros (¿los docentes?) no están para remediar, agregar o
prevenir: se les paga para estar, controlar la entrada y la salida, registrar, recibir y entregar la
unidad. Las playas de estacionamiento suelen ser contagiosas: siempre hay más, y en algunos casos
se amplían en cantidad y se extienden a todos los niveles. 2
Existe a su vez una curiosa relación con los autos y su antigüedad: a los nuevos, los dueños los
cuidan con particular empeño, no tanto porque son frágiles sino porque temen por su seguridad, por
su integridad y suponen que el ojo vigilante sobre lo que hacen quienes lo tienen provisoriamente a
su cargo puede representar cierta garantía. A medida que pasan los años y los modelos envejecen
los propietarios tienden a desentenderse de los mismos y, casi, no hacen más que reproducir
rituales automáticos desconociendo en el fondo lo que realizan en su ausencia. De la misma manera
1

Alumnos de carreras docentes que trabajaron el texto, propusieron otras metáforas: ser termómetros y
termostatos; ser fábrica de muebles o carpinteria artesanal; ser guarda-ropa de lugares públicos o tintorería;
saber construir sobre arena o construir sobre piedra; ser arquitectos o albañiles; ser supermercados o fábricas;
ser mineros que sacan los metales precioso – artesanos que los trabajan; ser fast-food o restaurante.
2
Lo que actualmente se denomina “nuevas infancias y juventudes” con caracteres sustancialmente diferentes
de los de generaciones anteriores. Estas “culturas juveniles” se sientan en los bancos y pueblan las aulas de las
escuelas y de las universidades con otros códigos y necesitados de nuestros procesos de alfabetización.

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que las mochilas y las instrumentos de estudios tienen una desaparición progresiva y sistemática con
el correr de los años, la protección y el cuidado se desvanece con el paso de los días... y los playeros
hacen (o dejan de hacer) sin mayores contemplaciones.
No todas las playas de estacionamientos son iguales. Coinciden en la función (todas guardan los
autos) pero difieren en el trato y en las comodidades. Algunos llaman playas de estacionamientos a
un espacio en la calle pública en donde los autos se acomodan guiados por algunos encargados en
guiar las maniobras. Hay poca diferencia entre dejarlos en la calle – sin cuidado – y dejarlos en estos
lugares que no son más que una porción de la vía publica sometida a cierta vigilancia. Otras playas
tienen muros protectores, pero funcionan a cielo abierto y la protección también es relativa:
simplemente se han encargado de cercar un espacio disponible sin ofrecer mayores protecciones. En
otras, el espacio es mínimo y sólo la habilidad de los playeros permite encontrar un lugar en medio
de una multitud de vehículos. Están las playas construidas arquitectónicamente para esa función que
suman varios pisos para poder albergar la mayor cantidad de vehículos. Y finalmente están las playas
de estacionamiento de lujo: cerradas, cubiertas, con cada uno de los box pre-definido y la
posibilidad de ver cada una de las unidades custodiadas y cuidadas hasta en los mínimos detalles.
Cada uno puede disfrutar de una playa al gusto de sus posibilidades económicas y la cercanía
geográfica. Aunque hay propietarios que
optan por hacer cotidianamente un esfuerzo
extraordinario para lograr la mejor playa para sus autos.
Lo que necesitamos – en esos espacios vacíos – son talleres mecánicos para que se ocupe el tiempo
libre y disponible de los autos en hacerles servicios permanentes. Talleres de hombres3 que los
atiendan para lograr un mejor rendimiento, un presente y un futuro más confiables. En algunos
momentos los prepararán para situaciones especiales: un viaje prolongado, terrenos difíciles,
temperaturas riesgosas, una carrera de mucha exigencia, y cotidianamente, para las demandas de
circulación de una ciudad compleja. El mecánico dispone de saberes específicos y sabe qué necesita
el auto. El docente tiene saberes profesionales y entiende qué tiene que hacer con los alumnos, para
que el trabajo los mejore. Porque se trata de un taller integral, en el que todo se realiza, todo se
acondiciona. También aquí dejamos las llaves, confiamos en el profesional, pero la seguridad tiene
otro nombre, porque les exigimos mucho más, porque creemos que solamente eso le otorga sentido
a nuestro gesto de confianza....4

02. VIAJE Y AUTOPISTAS
Hay otra metáfora que es muy gráfica y que ya ha sido utilizada (aunque con otros criterios de
interpretación y aplicación) por algunos autores: el camino, las autopistas y las vías alternativas.
(CULLEN C., 1997: 145) De alguna manera las escuelas constituyen un vínculo necesario y obligado
con el mundo de la cultura, del saber, del conocimiento, en definitiva, con el mundo de la vida.
Quienes consiguen acceder a la escuela y logran permanecer dignamente en ella para egresar con
alguna acreditación pagan el peaje que les impone la sociedad del conocimiento. Quienes no
ingresan o no logran mantenerse o definitivamente nunca, egresan y tienen serias dificultades para
poder reconocer algún camino por el que puedan transitar. Como en las autopistas, los caminos
alternativos están deliberadamente en mal estado, es una aventura imposible transitar por ellos y

3

La expresión originalmente pertenece a COMENIO en sus escritos de 1630.
Los medios nos entregaron dos noticias curiosas asociadas con la analogía: en Japón la adquisición de un
chips personal le permite a los padres, en algunas escuelas, monitorear directamente la presencia y la
seguridad de sus hijos en las escuelas. Y en España la innovación de un taller mecánico consistía en que colocar
cámaras estratégicamente distribuidas para que los clientes pudieran ingresar al sitio virtual y observar desde
sus domicilios las tareas que los especialistas le realizaban a sus vehículos.
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ponen en riesgo a los vehículos. Las autopistas y los peajes se convierten en una opción forzada, que
incluye y excluye, que otorga comunicación y destino, o niega todas las posibilidades.
01. Sin embargo, no se trata solamente del peaje y de la presencia física de las autopistas. Porque el
pago obligatorio no garantiza el estado perfecto y adecuado de la autovía: en las casillas del peaje
poco o nada saben de lo que puede depararnos el camino en cuanto a los detalles de seguridad: sólo
algunos carteles ofrecen frías referencias acerca de sectores riesgosos y zonas en reparación.
Igualmente nada nos garantiza que el vehículo que conducimos tenga la resistencia y la habilitación
técnica para trasladarnos a la meta: eso no depende de la autopista y no está incluido en el precio
del peaje. Cuanto más – si por algún motivo nos detenemos o tenemos algún accidente menor –
vendrán solícitos a auxiliarnos para sacarnos de la coyuntura (y, sobre todo, para liberar la autopista
de eventuales obstáculos) pero nunca se harán cargo de las deficiencias del vehículo: somos
nosotros los que respondemos por él. De poco o nada nos servirá tener a nuestra disposición la
autopista y pagar los peajes, si finalmente no disponemos de un vehículo seguro para conducir y
alcanzar nuestro destino.

02. Aunque las analogías siempre son limitadas, de alguna manera nuestras escuelas son las
diversas autopistas que el sistema educativo ha construido para que los alumnos puedan arribar al
mundo del saber, de la cultura y del conocimiento. (1º) No todos pueden acceder a ellas, porque no
pueden o no quieren. En primer lugar por siempre hay que pagar algún tipo de peaje, y también,
porque el valor de las autopistas no es un conocimiento natural, sino cultural, sino que exige su
descubrimiento y la posibilidad de utilizarlas. Pero, a su vez, (2º) frecuentemente se puede observar
a muchos que han intentado circular por las autovías pero las dificultades del camino, la velocidad
impuesta, las normas de transito, el tipo de vehículo los obligan a abandonarlas. (3º) Para muchos de
ellos, la única opción es utilizar el deteriorado camino alternativo, arriesgando más el estado del
vehículo con escasa posibilidad de llegar a destino alguno: en los caminos alternativos no hay auxilio,
nadie se hace cargo de los accidentes y no hay propietario o responsable a quien efectuar reclamos.
Y finalmente (4º) están también los que logran pagar el peaje, sobrevivir al viaje y llegar a destino,
pero la circulación por la escuela no les representa ningún tipo de beneficio o cambio: ingresan y
egresan de ellas sin ninguna transformación.
03. De nosotros y de nuestras funciones específicas, desde responsabilidades diversas y
complementarias, depende determinar qué escuela tenemos y qué tipo de escuela queremos
construir, qué tipo de autopista queremos cimentar, qué tipo de peaje vamos a imponer o subsidiar,
qué servicios pretendemos brindar y cuánto nos interesa que cada uno de los usuarios-alumnos
llegue sano y salvo a destino… y, sobre todo, enriquecido realmente por el tránsito por las escuelas.
Porque hay varios tipos de inclusiones y exclusiones.
(1º) La más común – y no por eso menos ardua – es la exclusión de tipo social y económica. Muchos
de ellos no podrían ingresar a nuestras instituciones, y si lograran hacerlo tendrían serias dificultades
para mantenerse vivos en ella: con un vehículo deteriorado, con patente antigua y con un modelo
casi inexistente, con una carrocería baqueteada y un motor en evidente decadencia exhiben sus
imposibilidades. ¿Qué pueden hacer frente a los confortables, brillosos, arrogantes, briosos y
velocísimos 0 kilómetros? Convencerse progresivamente de sus impedimentos o de las limitaciones
de sus logros.

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(2º) Los que forman parte de las escuelas y circulan por la autopista, pero no logran un
aprovechamiento real de la escuela, los que pasan formalmente por ella, los que zafan y aprueban
pero que no alcanzan aprendizajes, los que reglamentariamente cumplen con todos las pautas, pero
no logran transformaciones verdaderas. Para muchos de ellos, concluir la escuela es un pasaporte al
vacío: carente de hábitos y actitudes, desprovistos de contenidos procedimentales, se exponen a un
naufragio próximo en los ciclos posteriores, en los mares de la universidad o de la búsqueda de
trabajo.
(3º) Existe un tercer grupo de excluidos: son aquellos a quienes los aprendizajes acreditados no les
permite interrogar y modificar su propia vida y han quedado al margen los verdaderos saberes que
la realidad demanda para poder encontrar el propio lugar en el mundo o construir el proyecto de
vida. Buenos estudiantes pueden comprometerse solamente con algunos conocimientos, sin
apropiarse de las estructuras y los referentes que les permitan construir en un marco de autonomía
una personalidad integral.

03. NAVEGAR

Nuestra escuela puede ser una humilde canoa que sólo puede garantizarnos un corto viaje. O una
cómoda embarcación que nos conecta con el mundo entero. O una lancha de fin de semana que
sólo sirve para entretenernos. O un transatlántico donde todos viajan con ropa de marrca, muy bien
atendidos y seguros, rumbo al puerto elegido. O un abnegado barco pesquero que tira sus redes
generosas a las aguas para salvar vidas y levantar todos los que encuentra a su paso.
Uno elige en qué barco trabajar y qué hacer en él: la comodidad o el compromiso, la seguridad o los
días tormentosos, el pasaje asegurado o las noches sin regreso, los pasajeros cuidadosamente
elegidos o los intrusos que se han subido a la barca. Puede disfrutar tranquilamente del sol y de los
camarotes de primera o enfrentar con hidalguía todas las tempestades y exponerse a los naufragios.
Uno elige seguir navegando o detenerse en la orilla. No es fácil, pero es necesario y urgente. Porque
la escuela sigue de pie. Será difícil, pero la peor batalla es la que nunca se libra. Y nosotros estamos
al pie del cañón. Por eso somos docente de una escuela que en muchos casos sigue siendo la última
frontera.
COMENTARIOS
• “Esta escuela puede parecer un transatlántico por fuera, por el aspecto edilicio y el prestigio que
tiene en el barrio, pero por dentro cada grado es un bote que tienen que remar”
• “Los padres se piensan que con solo traerlos a este escuela los alumnos van a aprender. Ayer le
pregunté a una nueva alumna por que se había cambiado de escuela y contestó: en la otra no

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enseñaban y en lo que va del trabajo en clase hizo muy poco, es decir, el padre cambió de lo que a él
le parecía una canoa a un crucero y piensa que ésa es la solución”
• “Puede ocurrir que en un determinado año escolar se tenga que remar mucho y parezca que
estemos en una canoa y al año siguiente disfrutar de una embarcación segura y confortable: las
condiciones van variando”.

04. EL PUENTE

“El educador, para serlo, ha de ser un buen comunicador, es decir, ha de ser un mediador. La metáfora
del puente ejemplifica a la perfección esta exigencia. El puente resulta imprescindible cuando es preciso
conectar realidades previamente incomunicadas, inaccesibles la una para la otra, cuando hay que salvar
obstáculos aparentemente insalvables para ponerlas en contacto. Para ser un buen educador habría que
ser un puente que permita que los contenidos circulen (conocimientos, procedimientos, actitudes o
valores) de una orilla a la otra. El buen educador, como un buen puente, ha de tener tres componentes:
dos pilares y un arco.
(1) Uno de los pilares ha de estar fuertemente fundado en una orilla, en la orilla de los contenidos que
se pretenden transmitir. Si no se posee el suficiente dominio de los contenidos conceptuales,
procedimentales o actitudinales, y si no está suficientemente apasionado por ello, es imposible que se
puedan transmitir de manera eficaz.
(2) El otro pilar ha de estar fuertemente aferrado a la otra orilla, en los receptores, en las personas a las
que han de transmitirse los contenidos. Es el pilar de la sintonía. Sin un profundo conocimiento de estas
personas, de sus capacidades y limitaciones, de su nivel de desarrollo mental, de su sensibilidad, de sus
preocupaciones, intereses y deseos, no se pondrá conectar con ellas. Sin la capacidad de establecer una
relación empática con ellas, el puente no podrá cumplir su función.
(3) El tercer componente del puente es el arco, que ha de unir de manera flexible los dos pilares.
Siguiendo con la aplicación de la analogía, el arco del puente equivale a la capacidad de comunicar
adecuadamente los conocimientos o procedimientos, de transmitir eficazmente las actitudes y valores,
de hacerlos llegar de manera fluida, comprensiva y suficientemente estimulante a los contenidos. Es el
componente de la comunicación, de la pedagogía, de la capacidad didáctica. El educador – como
comunicador – sólo es eficaz si se sustenta en los dos pilares y si son capaces de unirlos, de conectarlos.
Sin pilares no hay puente, pero tampoco los dos pilares son suficientes para facilitar el trasvase, la
comunicación.” FERRES JOAN, (2000) Educar en la cultura del espectáculo. Paidos.151-2

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Hay un juego dialéctico entre el quedarse del puente y el fluir del agua o el río, porque en realidad la
educación tiene las dos cosas= fortaleza y consolidación, dinamismo y búsqueda…. Uno enseña a ser
puentes y también a ser ríos…

BENÍTEZ CARRASCO: EL PUENTE

¡Qué mansa pena me da!
El puente siempre se queda
y el agua siempre se va
EL RÍO es andar, andar
hacia lo desconocido;
ir entre orillas vencido
y por vencido, llorar.
El río es pasar, pasar
y ver todo de pasada;
nacer en la madrugada
de un manantial transparente
y morirse tristemente
sobre una arena salada.
El puente es como clavar
voluntad y fundamento;
ser piedra en vilo en el viento,
ver pasar y no pasar.

EL PUENTE es como
cruzar aguas que van de vencida;
es darle la despedida
a la vida y a la muerte
y quedarse firme y fuerte
sobre la muerte y la vida.
Espejo tienen y hechura
mi espíritu y mi flaqueza,
en este puente, firmeza,
y en este río, amargura.
En esta doble pintura
mírate, corazón mío,
para luego alzar con brío
y llorar amargamente,
esto que tienes de puente
y esto que tienes de río.

Y UN MATERIAL (CUADRO) PARA RELACIONAR METÁFORAS Y REALIDAD DOCENTE =

LOS DESAFIOS DE LA PROFESIONALIZACIÓN

DOCENTES, MAESTROS DE SABIDURÍA

 Hay un complemento necesario entre la fuerza
vocacional del educador y el rigor profesional del
docente. Se trata de sumar los dos ingredientes
necesarios: cuerpo y alma, entrega y seriedad laboral,
llama interior y solidez pedagógica.

 Es necesario ser un buen transmisor de los
conocimientos, aunque es mejor convertirse en
un generador de aprendizajes autónomos. No se
trata de multiplicar imitadores, sino de
despertar pensamientos y existencias dotadas
de autonomía.

 La profesionalización del docente de cada uno de los
niveles es el desafío de estos tiempos nuevos. Si el
discurso pedagógico del pasado acentuó el apostolado y
la vocación; si luego se desarrolló el perfil del trabajador
de la educación; hoy se insiste en el rigor profesional
(intelectuales críticos)

 Pero en suma el docente que deviene
educador es alguien que despierta a través del
conocimiento de las letras, las ciencias, el arte,
el amor al saber, a la sabiduría. La sabiduría
está asociada a la actitud ante la vida, las
decisiones y las determinaciones ante la
existencia.

 La profesión se construye con una sólida formación
inicial y con múltiples estrategias de formación

 Se trata de ser un maestro, que transmite lo
que estudió, pero sobre todo lo que sabe (lo que

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permanente: un itinerario de crecimiento que no
termina nunca. Se alimenta de las ofertas del sistema,
de los servicios de la institución, pero también o sobre
todo de la propia iniciativa personal: lectura, innovación,
crítica, investigación, reflexión, diálogo

es suyo) y que refuerza lo que dice con su
ejemplo. Se trata de un saber que no brota sólo
de un título o de un cargo, sino desde el interior;
no es un saber ilustrado, sino un saber
vitalmente com-probado.

 El profesional de la educación es un especialista de
su quehacer en la función que desempeña: docente,
directivo, auxiliar. No se improvisa, se construye y se
perfecciona. Es un profesional que prestigia su
profesión: su tiempo, su actividad, su saber.

 No sólo hay que trabajar en la escuela, sino
que es necesario “hacer escuela”, dejar marcas,
huellas... Mas allá de los andamiajes que
sostienen los aprendizajes deben quedar los
signos de una presencia significativa. 5

 Ingredientes necesarios de la profesionalización: (1)
rigor intelectual + (2) actualizado dominio disciplinar +
(3) manejo de las metodologías + (4) conocimiento
psicológico de los sujetos + (5) habilidad en el manejo de
los grupos + (6) competencias comunicativas básicas +
(7) capacidad para enseñar y promover los aprendizajes
de todos (comunidades de aprendizaje)

 Es necesario recuperar el prestigio y el
reconocimiento social del quehacer, de la
profesión y de la persona del educador. Estos
son los tiempos en los que hay que jugarse por
un perfil innovador de la escuela y de los
educadores: en los momentos de crisis es
cuando las redes de significación social de
reconfiguran.

Sin desconocer ingenuamente las contingencias y los condicionamientos personales, familiares y laborales,
se trata de lograr una verdadera calidad de vida, humana y profesional, que le permita al docente disfrutar
de lo que hace, y encontrar razones y fuerza en las propias convicciones para dar lo mejor de sí en las tareas
que realiza. El desempeño laboral es demasiado prolongado para que uno inmole su vida por una causa
inútil, teniendo en sus manos la posibilidad de transformar en compromiso las obligaciones, y en ideales las
rutinas cotidianas.

05. COMO LOS ARBOLES
 No sólo somos como los árboles: somos árboles. La naturaleza imita la naturaleza. La naturaleza
se reproduce en escalas diversas y cada microcosmos replica al macrocosmo.
 Somos las RAICES que comienzan a crecer cuando aun somos potencialidad, casi nada: son ellas
las que van dándonos fuerza, alimentados por quienes nos dieron la vida y nos aman. Allí están en
ellas: las condiciones genéticas, los entornos emocionales, los traumas, las buenas o malas historias:
están en lo profundo y desde allí alimentarán al árbol entero. Las raíces no son todas iguales: una se
hunde en la profundidad de la tierra y buscan allí su fortaleza; otras crecen se expande en abanico y
construyen una trama que otorga fortaleza; y finalmente hay raíces que se expanden lateralmente y
encuentran la fuerza en quienes están a su alrededor.

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Entre las películas recomendadas para observar el temas de las MARCAS o HUELLAS en la subjetividad de los
estudiantes pueden citarse. Mientras las MARCAS refieren rastros dolorosos que los educadores han dejado
física, psíquica o simbólicamente en los sujetos, las segunda son presencia significativas que permiten moldear
la propio personalidad: LOS CORISTAS (cuyo inicio y final pone en cuestión la presencia del educador en el
rescuerdo de uno de los protagonistas), QUERIDO MAESTROS (ADIOS MISTER HOLLAND), LA SOCIEDAD DE LOS
POETAS MUERTOS Y DESCUBRIENDO A FORESTER. En cada uno de ellos, los educadores dejan en los
educandos huellas o marcas imborrables.

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 Somos el TRONCO que va creciendo con nosotros, en el día a día de la maduración y las diversas
formas de educación. RAIZ + TRONCO constituyen la base de la personalidad, porque seremos lo que
en definitiva hagamos de nosotros en esos lugares esenciales. Con sus formas, su grosor, su
rugosidad, sus marcas, sus heridas, su historia y el paso de los años.
 Somos las RAMAS que comienzan a crecer cuando nosotros le vamos dando a la vida nuestra
orientación y nuestras decisiones: ellas son nuestros proyectos, nuestras decisiones, nuestros
caminos. Fuertes, seguras, sólidas, o bien: titubeantes, frágiles, quebradizas… Las ramas tienden a lo
alto o se lanzan hacia los costado como buscando abrazarse a los otros árboles. Se muestran
orgullosas o aman crear refugios y sombras protectoras.
 Somos las HOJAS que van asomando apenas asomamos los ojos a la superficie, pero se vuelven
tales cuando el TRONCO se ha hecho RAMA y en ellas – dividiéndose – emergen una a una las hojas.
Las palabras que decimos, las acciones, las decisiones, son los rastros de nuestra propia vida.
Algunas HOJAS son perennes y no caen nunca (convicciones, ideas indestructibles) y otras echan a
volar en el otoño para retornar milagrosamente el primavera. Nuestra vida misma es ese eterno
renovarse que juega con la vitalidad expansiva y esos momentos (muy nuestros, muy íntimos) en
que nos refugiamos para reprogramarnos.
 Somos los FRUTOS que surgen de nosotros y en la relación con los demás: diversos, múltiples,
variados. Cada uno con su sabor, su textura, su cantidad, su momento de maduración. Como
nuestras obras, nuestras creaciones, nuestras producciones, los aportes al mundo de la cultura.
Serán los FRUTOS los que abonan nuestra trascendencia, más allá de nuestras vidas.
 Somos también – a veces – nuestras ESPINAS, hojas frustradas que trabajan defendiendo al árbol
contra las variadas agresiones… Y somos también la SAVIA, la interacción con el medio ambiente, el
agua que nutre, la tierra que sostiene. Somos nosotros y somos el contexto y las circunstancias.
 Somos también el ARBOL MUERTO: el árbol viejo que finalmente muere, el árbol herido por algún
fenómeno, somos el árbol talado y convertido en útil madera (fuego, mueble, casa, puente, escalera,
camino), el árbol maltratado y destruido.
 EDUCAR es como CULTIVAR= (1) asegurar que las RAICES crezcan sanas y seguras en la primera
edad; (2) que se consolide el TRONCO cuando la educación asume un carácter más formal; (3) que
ayuda a tender – una a una - las RAMAS pero que confía luego en la libertad de cada uno en la
construcción de su vida: (4) que enseña a crear las HOJAS y los FRUTOS… y (5) que - como toda la
naturaleza - sabe que hay un FINAL al que vemos y preparamos viviendo intensamente. Es un
crecimiento silencioso, permanente, milagroso en que cada uno se construye a sí mismo (como cada
árbol) aunque hay muchos que a nuestros alrededor se asocian para ayudarnos.


SIEMBRA
TIERRA Y
SEMILLAS

SEMBRAR, PLANTAR. SEMBRAR es
depositar la semilla en el interior de la
tierra para que se hunda en ella y
fructifique. El sembrador sigue diversas
técnicas para asegurarse que las
semillas caen en el lugar indicado
(tierra preparada), bien distribuida (sin
molestarse) y en condiciones de crecer.
Las semillas tienen una preparación
especial, un momento especial para la

Es la tarea de la vida y de la
educación. Ser sembrador y
sembrar. En la vida lo que
hacemos es sembrar en
nosotros mismos, o admitir que
los otros siembren en nosotros
(cuando crecemos podemos
distinguir
entre
quienes
siembra frutos o cizaña, y
rechazar críticamente lo que no

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siembra, y condiciones para lograr que
se produzca el nacimiento de las
nuevas plantas. SEMBRAR viene de
“seminare”, de semilla, y los
diccionarios definen como “esparcir
semillas en un terreno preparado para
que germinen y den plantas o frutos”.
PLANTAR en cambio es colocar un
vegetal pequeño o creador y producido
en otro lugar para hacerlo crecer. Es
poner o meter en tierra una planta
para que viva en ella. Por eso
trasplantar es pasar una planta de un
lugar a otro.
SEMBRAR y PLANTAR son las acciones
fundamentales, esenciales, las que
ponen en marcha el proceso.

ACTITUDES


PERIODO DE
LATENCIA:
INSTANCIA DE
MUERTE, ESPERA Y
OSCURIDAD

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nos conviene).
Como educadores preparamos
la semilla (para que sea la
mejor), preparamos, abonamos
el
terreno
(motivamos,
entusiasmamos), esperamos las
condiciones mas propicias para
la siembra, nos adaptamos a las
circunstancias y contextos
(cada uno es como es) y
confiamos en nuestro trabajo, y
en el valor de la semilla, pero
sobre todo confiamos en lo que
cada uno puede hacer con esa
semilla. Es esa confianza la que
alimenta el optimismo, aunque
no siempre se vean las
respuestas esperadas.

TRABAJO, ENTREGA, ESFUERZO, ESPIRITU CRITICO, INTERPRETAR
LOS SIGNOS Y LAS CIRCUNSTANCIAS, CONOCER, CONFIAR,
CUIDAR, ABONAR
La semilla habiéndose acomodado en
un lugar confortable, se dispone a la
instancia de LATENCIA. Nadie la ve,
está absolutamente oculta y debe
morir, destruirse para que pueda nacer
la planta, Parece que nada sucede,
pero sucede todo. La latencia se
caracteriza por ser un tiempo de
inactividad
aparente
donde
la
naturaleza en su conjunto recupera sus
fuerzas vitales. Ese período varía según
las semillas, condiciones, las plantas,
las especie, y el contexto. Es tan
importante el “no intervenir” durante
ese tiempo, que si removiéramos la
tierra donde esa semilla se ha cobijado,
probablemente nunca germinaría. En
este período de oscuridad y silencio
uno puede pensar no hay intención de
la semilla en crecer, no hay
movimiento, que en la tierra no hay
nada, sólo vacío.. La semilla espera
inmersa precisamente allí, en el
silencio y la oscuridad de la tierra, a
que se presenten determinadas
condiciones externas e internas para
que suceda todo, porque cuando se
inicie el proceso ya no se podrá

En muchos momentos de
nuestra vida todo se vuelve
latencia, oscuridad, silencio y
espera: no hay nada que
asome, nada que nos adelante
el porvenir, nada que nos
permita comprobar que hemos
elegido el mejor camino y que
el esfuerzo vale la pena. Es un
período duro en que vamos
construyendo los raíces de lo
que finalmente nacerá, una
especie de muerte que anuncia
la resurrección (“que lo que el
árbol tiene de florido vive de lo
que tiene sepultado). Hay que
saber interpretar los silencios,
las esperas, las muertes.
En la educación refleja el
momento en el que nos
retiramos, salimos de la escena,
nos callamos y dejamos que la
semilla sembrada o la planta
trasplantada se tome su tiempo
para germinal, nacer, avanzar.
No siempre se dará en los
plazos
previstos
o
programados, no se dará de

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detener. Espera en cierta forma
dormida pero atenta, a que salga a lus,
su verdadero propósito.
Todos hemos esperando por días o por
semanas, que el terreno, la parcela, el
campo parece mudo, muerto, quieto.
No podemos hacer nada con la mirada.
Sólo velar por la lluvia y evaluar las
condiciones del clima. Y de pronto el
milagro se va produciendo en una, en
dos, en todos. Y la vida nos sorprende
con toda su fuerza.

ACTITUDES


CRECIMIENTO
ETAPA CREATIVA
VIDA Y INNOVACION

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manera homogénea en todos,
pero en el interior de cada uno
(con su particular historia y
forma de ser) suceden cosas
que no podemos ver, sino
cuando se ha producido el
nacimiento y emerge. Pueden
pasar los meses y los años, y
recién allí como sembradores
comprendemos que el trabajo
no ha sido vano, que los frutos
finalmente han llegado.

CONFIAR, ESPERAR, ACOMPAÑAR, VER E INTERPRETAR LAS
SEÑALES, TENER PACIENCIA Y CONFIANZA, NO INQUIETARSE,
EVITAR LOS JUICIOS ANTICIPADOS (CONDENA), VER EN EL
PRESENTE EL FUTURO.
El tiempo de la vida y de la creación. Es
el momento de mayor apertura y de
pura potencialidad. La aparición del
brote en la semilla, las flores en las
plantas y el crecimiento de las hojas
son fenómenos típicos de la instancia
creativa. La savia que comienza a
circular lo pone todo en movimiento, y
la semilla sale a conquistar el mundo,
emerge de la oscuridad a la luz, se da
conocer, deja de ser mera posibilidad
para ser, existir: está allí ante nuestros
ojos. Es una vida nueva y por lo tanto el
proceso es caótico, imprevisible,
aleatorio e incontrolable. La v ida brota
y estalla por todos lados. Todo cambia
en torno a la planta. Ya nada es igual:
lo que esperábamos está, se muestra y
quiere ser reconocido. Nacimientos
solitario o nacimientos múltiples: un
árbol luchando solo, o una multitud de
planta que se asoman en un almácigo,
en las hileras de una quinta, en la
superficie de un campo. O son los
brotes que irrumpen en todos lados.
No estaban ayer, parece que han
estallado hoy…y la planta vuelve a
mostrar la vida, de manera milagrosa,
adquiere una energía contagiosa y
expansiva, fruto del dinamismo interior
(savia) que fluye por los conductos
alimentando los diversos tejidos. Este
es el momento en que hay que cuidar

En la vida es el tiempo de las
novedades
y
de
las
posibilidades, como su pronto
se nos diera todo: un amor, un
hijo futuro, un trabajo, un viaje,
una oportunidad efectiva. A la
larga espera, la respuesta
deseada o la sorpresa: a veces
aparecen
“brotes”
donde
creíamos que no habíamos
sembrado nada. Nos envuelve
el entusiasmo y la vida nos
sonríe: somos pura entrega y
proyectos.
En el proceso educativo, por su
parte, el educador nota que su
palabra ha prendido, que es
respetado, seguido, entendido.
Se comienzan a producir los
cambios deseados: en los
conocimientos, en el saber (o
los procedimientos), en las
actitudes que acompañan los
encuentros. Se ha descubierto
el valor, el mensaje, la
propuesta. Hay un conflicto
cognitivo que ha desarmado la
estructura
precedente
(la
semilla) para darle vida a la
nueva estructura, al nuevo
paradigma.
Pero aún no hay autonomía
plena, y es necesario velar por

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la tierra y abonarla, velar para que no
haya plagas que la afecten, asegurar el
riego, protegerla de las inclemencias
del clima, acompañarla hasta que se
vuelva fuerte y lo soporte todo.

ACTITUDES


TUTORES Y PODA
MOMENTO PARA
EL DOLOR Y LOS
RESPALDOS PARA
EL CRECIMIENTO

11

las
jóvenes
generaciones,
acompañarlos y protegerlos de
las amenazas interiores y
exteriores. El educador es aun
una presencia necesaria.

ALEGRIA, ENTUSIASMO, AMOR A LA VIDA, AGRADECIMIENTO,
DESORDEN CREATIVO, DINAMISMO CONTAGIOSO, ENTREGA.

Cuando la planta – cualquiera sea,
especialmente los futuros árboles – ya
se ha afirmado y comienza el camino
de su crecimiento, no basta con
remover la tierra y abonarla, regarla en
su justa proporción, sino que es
necesario sostener su crecimiento con
UNA GUÍA O UN TUTOR que asegure
que avanza como corresponde. Uno
sabe que la planta interiormente se
resiste y protesta: quisiera crecer
libremente, sin tutelas, hacia cualquier
lado porque el milagro de la vida le
permite explotar en brotes y en rama,
pero el tutor es necesario porque es
quien le pone la dirección indicada.
Con suavidad pero con firmeza es
imprescindible sujetar y atar. Esa es la
fórmula del crecimiento: darle forma y
orientar el desarrollo. En su concepto
básico, el ENTUTORADO consiste en ir
atando y uniendo diferentes partes de
las ramas al tutor.
A la presencia del tutor se le agrega la
TAREA DE LA PODA: es quitar para
fortalecer, provocar dolor y privaciones
para garantizar que la planta tenga
mayor fuerza en su tronco y en sus
ramas, que pueda crecer en altura. Hay
ramas que sobran y aunque la planta

Para que nuestro crecimiento
en la vida sea el deseado es
oportuno que nos choquemos
con quienes nos ponen un
límite o un freno. Con amor,
con
autoridad
o
con
experiencia lo que nos regalan
es la posibilidad de darle una
orientación
a
nuestra
existencia.
Esas personas
significativas son las que
operan en nosotros la poda.
Limitan nuestras posibilidades
para que podamos ejercer la
libertad y crecer, nos marcan
nuestros defectos para que los
podamos
corregir.
Nos
provocan rebelión y dolor, pero
nos permiten organizar nuestra
vida.
Educar es – entre otras cosas –
establecer los límites, marcar el
rumbo, proponer el camino. El
límite no sólo prohíbe, sino que
sugiere, indica, ayuda. Sin
sentido del límite es posible
que la libertad se vuelva poco
operativa porque no nos
conduce a ningún lugar. Los
límites marcan el terreno de

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“sufra” la poda y pierda partes de sí,
sabe que de esa manera tendrá mejor
vida y mayor forma y fortaleza. Sin
embargo hay que tener que en el
crecimiento las plantas producen
cambios: sin tutor crece desordenada y
sin fuerza pero si el tutor la ajusta o la
ahoga puede impedir su desarrollo.
Hay un justo medio entre la
sobreprotección que estrangula y el
descontrol que termina en abandono y
descuido. Tanto el tutor como la poda
deben servir para dar más vida, no para
matar.

ACTITUDES


FRUTAS QUE
MADURAN
O FRUTOS QUE
SE CAEN: LA HORA DE
LA COSECHA Y LOS
RESULTADOS

12

juego, evita los desbordes,
asegura la posibilidad de elegir.
Con el proceso de crecimiento
la educación sabe retirarse
progresivamente, porque los
límites no deben ahogar sino
acompañar. Tanto el descuido
como
la
sobreprotección
atentan contra el desarrollo.
Hay un momento en que la
planta ya crece sola: y hay un
momento
en
que
los
educandos deben comenzar a
volar solos.

EXIGENCIA, AUTORIDAD, CONTROL, VIGILANCIA, CONSEJO,
COMPAÑÍA, CUIDADO, DIALOGO Y PALABRA, CONFIANZA.
Cuando el árbol ha crecido lo
suficiente, cuando la planta se ha
desarrollado, entonces es capaz de dar
frutos, de dar de sí (y no sólo de
recibir): se concreta gracias a la
fecundación, a la espera, al crecimiento
de las etapas anteriores. Las estaciones
más cálidas son las que suelen
acompañar estos procesos, aunque hay
plantas que producen sus frutos todo
el año o en otras estaciones. La planta
crece en tamaño y en altura, y se
expande para darlo todo de sí: los
frutos son la expresión más cabal de su
fecundidad. Sin embargo existe un
tiempo para producir el fruto, por lo
que la planta trabajar sin pausa para
que su fruto esté listo en el momento
oportuno. Siguiendo el plan maestro de
la naturaleza, la planta con sus hojas
ensanchadas
en
la
primavera
absorberá todo el bióxido de carbono,
la humedad del aire y la luz del sol que
esté a su alcance durante las horas del
día. Asimismo sus raíces abrirán sus
redes para captar del suelo los
nutrientes que necesitan las zonas de
producción
para
completar
la
maduración del fruto. Y la savia
conducirá todo hacia los lugares
necesarios para que los frutos vayan
naciendo, ensanchándose, tomando
forma, madurando, tomando el

Dar frutos: todos sabemos lo
que significa dar frutos,
fructificar en la vida. Es la
apertura a los otros, la
formación de una familia, tener
hijos, trabajar, producir, crear
cultura, dejar algo de nosotros
en
lo
que
hacemos.
Producirnos por dentro y por
fuera. Hay acciones, proyectos,
obras que no llegan a madurar,
y se nos caen mientras
lamentamos que se pudran en
el suelo… Y hay otros que se
nos pasan, no llegamos a
definirlo a tiempo y terminan
también en el suelo.
La educación busca ver estos
frutos, pero no siempre logra
conocerlos. Los tiempos de la
educación no son previsibles,
porque los frutos pueden llegar
de manera inmediata, a los
pocos meses, años después o
cuando ya no nos veamos más.
Los frutos maduros de la
educación son los compromisos
con uno mismo, el desarrollo
objetivo y subjetivo de la
cultura, el ingreso productivo Y
responsable al mundo social y
laboral, el saber y los
conocimientos, la ciudadanía

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formato, el color, el sabor definitivos.
Si los frutos se desprenden antes de la
planta, serán desechados porque están
verdes; si no se los consume o se lo
corta a su debido tiempo, los frutos se
caerán porque están demasiado
maduros. Hay un momento justo, un
tiempo justo para que el árbol dé sus
frutos en el momento indicado.

ACTITUDES


INSTANCIA
DESTRUCTIVA O DE
REVISION: SECARSE
O PERDER TODO LO
QUE SOBRA

13

comprometida. Son siembras
que el educador realiza, pero
que fructifica con el tiempo,
llega a la madurez cuando ya
no estamos con ellos, pero eso
no le quita valor a lo que
hacemos.

OPTIMISMO, CONFIANZA, CELEBRACION, ESPERANZA, PACIENCIA,
FE, COSECHA, CUIDADO DE LOS FRUTOS.
Con los frutos cosechados y el cambio
de estación, con la llegada de los
primeros fríos, los árboles y las plantas
comenzarán a perder todo lo que
trabajosamente fueron creando y
construyendo. Llega una etapa
destructiva que la planta necesita para
asegurar su crecimiento y fortalecer su
estructura. Ya no tiene los frutos
porque se los han arrancado o se han
caído, y ahora comienza a perder las
hojas. Se aproxima otro período de
latencia o de espera. La energía de la
savia comenzará su movimiento
descendente en dirección a las raíces,
restando nutrientes a las extremidades
de las ramas. Los frutos que han caído,
se descomponen en sus partes
elementales, liberando las semillas de
su interior. Nuevamente aparecen las
semillas ya que es la descomposición la
que permite que sea visible aquello
que estaba oculto. Y esas semillas
esperarán o volarán para convertirse
nuevamente en la aventura de la vida,
repitiendo paulatinamente todos los
pasos, haciendo despertar a la vida. El
árbol guarda en su memoria genética
cada una sus experiencias y su
crecimiento como árbol le permite
hacerse más firme, más seguro, dar
más y mejores frutos. No vive la
oscuridad y el silencio como un fracaso,
sino como una oportunidad para
crecer.

Cuando creemos que tenemos
todo armado, organizado,
conquistado
y
hemos
construido el estado y la paz
deseada, la vida nos da
sorpresas y nos obliga a
repensar,
revisar,
ajustar,
aceptar fracaso, volver atrás, y
comenzar
a
sembrar
nuevamente. El mito de SISIFO
levantando la piedra una y otra
vez es también una analogía de
la existencia humana que no
tiene reposo, sino que vive en
la inquietud y el trabajo de
reconstrucción permanente.
La educación por su parte sabe
que nunca concluye: (1) porque
la educación de cada uno de los
sujetos o de los seres humanos
es inagotable y requiere una
presencia permanente. No hay
años escolares, premios y
promociones, sino que hay una
existencia por ayudar a definir
y acompañar. (2) porque la
tarea
del
educador
se
compromete con generaciones
que se van sucediendo unas a
otras: cuando ya se ha logrado
la educación y los frutos de
una, asoman en el horizonte las
futuras. Mientras despedimos a
los parten, le damos la
bienvenida a los que llegan.
Hay en este ir y venir
permanente (en la vida y en la
educación) un aprendizaje que

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nos permite procesar y
potenciar nuestra experiencia.

ACTITUDES


RENOVACIÓN DEL
CICLO

OPTIMISMO – CONFIANZA – TRABAJO – LUCHA – VOLVER A
EMPEZAR – CAPACIDAD PARA PROCESAR LOS FRACASOS Y
DEBILIDADES – APRENDIZAJE CONSTANTE.
Y el ciclo se repite año a año, con los
mismos árboles, con distintas plantas.
El universo vegetal hace el recorrido
una y otra vez, porque en ese cíclico
movimiento está la fuerza y el secreto
de la vida, que aunque se repite
siempre es absoluta creación y
novedad.

06. LOS DOS SABIOS

Vida y educación son ciclos
permanentes: no se repiten,
pero se vuelve una y otra vez a
realizar los mismos esfuerzos
para alcanzar los deseados
resultados. Tal vez ni los
sujetos, ni los educadores, ni
los esfuerzos, ni los resultados
sean los mismos, pero el ciclo
va y viene como en el universo
natural.

+ DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA

El pueblo estaba recostado contra la montaña y rodeado por un río torrentoso y cristalino que le iba
dando la forma definitiva al valle. Lejos de los centros urbanos. Lejos de todo. Sólo un camino
zigzagueante y peligroso y de mano única conducía hacia el pueblo, lo atravesaba cortándolo
simétricamente y se perdía rumbo a la cordillera. Todos sabían que para emprender el camino de
regreso había que rodear las montañas o atravesar el río y tomar otra carretera.
En este pueblo, desde hacía mucho tiempo, vivían dos personajes ilustres, dos sabios, dos amantes
del saber, dos filósofos. El azar o la geografía los habían distribuido en dos puntos antagónicos,
aunque en cabañas de estructuras similares. Uno vivía en el Norte y a la entrada del pueblo; el otro,
en el Sur, a la salida, cuando el camino se perdía en el paisaje.
Nadie, ni siquiera los habitantes más viejos e informados, sabían precisar desde cuándo estaban allí
y por qué habían elegido vivir en un lugar tan alejado de todo. Pero nadie ignoraba su presencia. Los

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dos sabios vivían prácticamente sumergidos en sus propias actividades, sin mayor contacto con la
comunidad. No se comunicaban entre si. Es obvio que cada uno sabía de la presencia del otro, pero
por razones o circunstancias desconocidas no habían establecido nunca un diálogo. Algunos
memoriosos recordaban un par de encuentros casuales, fugaces, ínfimos... y nada más.
Los vecinos del lugar conocían perfectamente la ubicación de uno y de otro. Lo sabían y lo tomaban
como referencia para ubicar, a su vez, algunos lugares del pueblo. Pero sobre todo, lo demostraban
con orgullo cuando numerosos visitantes venían a buscarlos, a conocerlos, a hablar con ellos.
Entonces, solían repetir: “¿A cuál de ellos busca?”. Cuando el visitante los miraba sorprendido, los
vecinos solían marcar los dos rumbos (Norte y Sur, Entrada y Salida)... para luego entrar a detallar
los caracteres de cada uno de ellos.
Los sabios no tenían nombres conocidos. La geografía había sustituido su identidad, y sus caracteres
habían permitido diferenciarlos claramente.
Ambos practicaban la filosofía, pero eran
completamente distintos. El sabio del Norte -- el de la Entrada del pueblo, con su cabaña totalmente
de madera y los añosos árboles cobijando el acceso -- era seguro, firme, convincente; su voz clara,
pausada y sonora acompañaba la perfección de sus enunciados y de sus respuestas. No admitía
dudas, no asomaba ninguna conjetura, solo expresaba la verdad y lo hacía con la certeza que
provenía del conocimiento trabajosamente adquirido, archivado, retrabajado y sistematizado. La
multitud de libros y de papeles que rodeaban cada una de las habitaciones de su cabaña eran la
prueba de todo este esfuerzo. Cuando alguien lo interrogaba, él escuchaba atentamente la
inquietud, se tomaba el tiempo para volver a formular la pregunta (certificando si la había entendido
correctamente) y luego daba a conocer la respuesta necesaria y precisa. Los interlocutores
enmudecían, tomaban nota, lo reverenciaban. Cada palabra era una producción de valor
trascendental e histórico. En cada encuentro se estaba produciendo una revelación.
El Sabio del Sur -- el de la Salida, con su cabaña blanca y matizada de una vegetación de variados
colores -- tenía otras características. También en sus habitaciones abundaban – desordenados - los
libros y los papeles. Lo curioso es que muchos de ellos estaban abiertos, con referencias, marcas,
señaladores, escritos. Al ingresar a la vivienda un tenía la sensación de encontrarse con un
laboratorio de trabajo, sorpendiendo al filósofo en plena tarea. Se mostraba con una admirable
sencillez asociada a una contextura física más frágil. El tono de su voz era sereno pero por momento
titubeante, incierta. Combinaba sus palabras con largos silencios y profundas miradas. No le temía a
las dudas sino que muchas veces se sumaba a ellas. Era común que respondiera a una pregunta con
otra pregunta o a una de sus respuestas con varias conjeturas que la invalidaban o la relativizaban.
Cuando venían a visitarlo, él los recibía con entusiasmo y gozaban escuchando a los recién llegados;
formulaba observaciones, los interrogaban, les pedía que dijeran lo que ellos mismos pensaban... y
al final, cuando el sol comenzaba a desarmarse entre los huecos de la montaña, expresaba algunas
opiniones recordándoles que no las tomaran como definitiva, que debían seguir discutiéndolas en el
camino de regreso.
“¿A cuál de los dos buscan? “, era la pregunta natural de los vecinos del pueblo a los visitantes. Pero
ellos no recomendaban, sino que simplemente indicaban. Los visitantes -- misteriosamente -- venían
sabiendo qué tipo de sabio querían encontrar. Al sabio del Sur le causaba placer recibir grupos
reducidos, informales. No distinguía en ellos niveles, antecedentes, estudios o lecturas. Estaba
convencido de que la verdad -- como búsqueda permanente -- moraba en todo ser humano pero
que debía despertarla y que a él le correspondía la tarea de resucitarla. No era raro que después de
horas de diálogos animados, en un juego interminable de preguntas y respuestas, la conclusión
emergiera de la boca de un hombre simple o de un joven inexperto. Casi siempre -- cuando esto se
producía -- el Filósofo de la Salida sonreía satisfecho y ya no hablaba más. Todos interpretaban el
silencio como despedida y se retiraban más ricos interiormente aunque no llevaran consigo ningún
documento, ninguna respuesta.

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Al sabio del Norte le agradaban las entrevistas personales o los grandes grupos. En la primeras
parecía encontrar en el interlocutor (generalmente, grabador en mano) el registro histórico de sus
verdades y lo comprobaba por el interés que despertaba con sus monólogos y por el brillo de sus
ojos al descubrir en sus palabras los reflejos de la verdad. Con los grupos gozaba porque sabía que
podía llegar a más gente y que -- a través de ellos -- la verdad se podían volver expansiva, casi
universal. Ellos también sabían por el tono de la voz cuando el encuentro finalizaba y partían
orgulloso por el caudal de anotaciones, conocimientos, mensajes y verdades (casi sagradas) que
habían atesorado.
Curiosamente, ni los vecinos del pueblo ni los visitantes solían recurrir a los dos filósofos a la vez.
Partidarios ocasionales o deliberados de uno o de otro, preferían mantenerse fieles a su estilo. No
generaban bandos o antipatías sino tolerancia y respeto.
El paso del tiempo, con implacable persistencia, fue diluyendo las noches y los días. En un breve
período murieron los dos sabios. El filósofo del Norte murió en un tibio amanecer de octubre,
rodeado por sus seguidores más consecuentes. El sabio del Sur murió en una plácida tarde estival,
cuando un grupo de visitantes abandonaba la casa. A partir de entonces el pueblo, el río, la
montaña, el camino se quedaron un poco huérfanos, añorando tiempos pasados. Uno y otro,
prolongando una mágica simetría fueron sepultados en sendos valles: cada uno en la suave ladera
de las montañas, las mismas que servían de marco a cada una de las viviendas.
La casa del Filósofo de la Entrada (Norte) se convirtió rápidamente en un Centro Cultural y
académicos de prestigio, al que acudían desde remotos lugares para estudiar los libros del sabios,
hacer las interpretaciones, ordenar sus escritos, publicar sus obras, divulgar sus ideas, repetir sus
enseñanzas.
La sencilla casa del Sabio de la salida (Sur) se convirtió en una escuela. Sus libros, sus escritos y sus
pertenencias fueron utilizados para continuar con el espíritu de búsqueda de su antiguo morador.
Entre aquellas sabias paredes se respiraba la necesidad de no detenerse en ningún conocimiento
definitivo, en multiplicar las preguntas, en relativizar el valor de las respuestas.
Junto a la tumba del Sabio del Norte nació un árbol sólido y frondoso: se convirtió en un lugar de
referencia para tantos visitantes que acudían a recordarlo y venerarlo; encontraban bajos sus ramas
sombra, seguridad y protección. En el otro extremo, en el valle del Sur, junto a la tumba nació un
árbol cargado de frutas que, sin reparar en las estaciones, se prodigaban en alimento para los
visitantes.
A veces, en ciertas noches de verano y en algunas frías mañanas de otoño, sobrevuela de un
extremo a otro del pueblo, un espíritu inquieto preguntando y preguntando. “¿Cuál de los dos era
realmente sabio? ¿Quién era realmente el filósofo y tenía la habilidad para proponer el ingreso en el
terreno del pensamiento? ¿En cuál de ellos moraba el tesoro de la verdad?
PROPUESTA DE REFLEXION Y TRABAJO
01. Seleccionar y marcar al menos 10 palabras o frases que puedan resultar significativas.
02. En un cuadro de doble entrada caracterizar a cada uno de los sabios y a sus seguidores.
03. Si fuera uno de los visitantes del pueblo mencionado en la historia, ¿qué sabio visitaría y por
qué?

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04. La filosofía, el pensamiento, la sabiduría, ¿con cuál de los dos sabios se identifica? ¿Por qué?
05. En el propio trabajo, en la formación previa, ¿se han encontrado con ambos modelos?
Describirlos.

07. LOS SOBREVIVIENTES

Yo los vi llegar un mediodía de verano. confiaron en la tierra firme, aunque presumieron que esa
costa rocosa y escarpada era el continente. Nunca imaginaron que se trataba de una isla. una de
esas islas que se van consolidando, desarmando y desplazándose con el paso de los años,
cambiando de forma y de estructura, jugando a ser y no ser en un devenir permanente. nunca
recorremos las mismas aguas, nunca pisamos la misma isla.
Venían de navegar mares tormentosos y no podían resistirse a la tentación de depositar sus pies
seguros en la orilla insobornable. Pero era una tierra olvidada y desconocida. Tal vez yo solamente
existía en la afiebrada imaginación de algunos y necesitaba de la presencia de esos intrusos que me
dieron vida: apareciendo en sus vidas yo misma adquiría verdaderamente el ser. Creo que me
despertaron de un largo letargo y todos ganamos con el encuentro. Yo era, frente al mar cargado de
riesgos e incertidumbres, la tierra prometida. Ellos eran, ante la soledad y la arbitraria desprotección
de siglos, una tabla de salvación. Hasta ese día nunca supe a ciencia cierta que importancia real
tenía.
Lentamente fueron reparando en mi presencia y fueron descubriéndome: me recorrieron con la
misma pasión con que desembarcaron y tuve la serena impresión de que creía haber resucitado el
paraíso original: paisajes, vegetación, arroyuelos, cascadas, claros en el territorio eran vistos por
primera vez, aclamados y bautizados con un envidiable sentido del asombro y de la admiración. Al
desembarcar y tomar posesión del territorio se creyeron fundadores de una nueva realidad pero yo
había estado allí desde siempre: generosa, consentía en dejarme atravesar con cierta indiferencia,
pero sólo toleraba algunos vestigios de apropiación.
Y yo me sentía bien. Por primera vez alguien – en nombre de la civilización - me daba la bienvenida,
me abría las puertas y me hacía pasar a la sociedad. Había en mi un curioso juego de
contradicciones: existía desde siempre, pero sentía que recuperaba el ser con esas presencias. Ellos
se asomaban a mi mundo, con la total seguridad de sentirse descubridores y conquistadores; yo me
asomaba a un nuevo universo para certificar mis valores y descubrir – con mi natural astucia – qué
destino me cabría en el nuevo orden
Porque quedaba claro que no se adaptarían a mi estructura, sino que había un orden previo que se
me impondría. Recuerdo paso a paso los rituales de ingreso, de conquista, de bautismos y de
apropiación.

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Pasó el tiempo y con él, imperceptiblemente, me di cuenta de que fueron explotando de mí todas
las riquezas, me fueron cambiando, se adueñaron de cada uno de los rincones, me hicieron suya. Y
yo aprendí a vivir solamente para ellos. Basta una acumulación de vida, aunque sea neutra y gris,
para que nuestras esperanzas más firmes y nuestros deseos más intensos se desmoronen... Y llegó
un momento en el que mi vida ya no soñaba, abierta, con ninguna diversidad. 6
Todos vivimos en el mismo engaño: había sido un encuentro fortuito, casual, valioso, provisorio... y
habíamos imaginado que sería eterno. Ellos porque se sentían cómodos en el territorio conquistado
y racionalmente organizado; yo porque disfrutaba de una vida gloriosa y de una importancia
desmesurada.
La estructura de mi geografía se fue modificando con el paso del tiempo: en algunos lugares se
fueron adicionando territorios y en otros, el paso del agua fue robando importantes sectores. El mar
mismo vivía en un cambio permanente y era muy difícil percibir esas modificaciones que nos
alteraba mutuamente.
No hubo un momento determinado. No fue un fría mañana de invierno o un sereno atardecer de
otoño: sino que fueron la suma de los días. Se fueron alejando, descuidaron algunos sectores,
silenciaron algunas voces, dejando caer resguardo, protecciones, sectores. Tuve la impresión –
pobre, porque yo nuevamente me había adormecido confiada en una inconsistente fantasía – de
que algo pasaba, pero que no podía ser demasiado grave.
Y un día se fueron. Dejaron las instalaciones intactas, los artefactos en funcionamiento, la geografía
cambiada, los árboles y la vegetación domesticados según su gusto y parecer... No se llevaron nada:
otras naves vinieron a buscarlos y desaparecieron sin reconocimientos y sin explicaciones.
Volví a quedarme sola. A veces creo que están deambulando de un lugar a otro, con el bullicio y la
creatividad de antes, pero no es cierto: el sueño me deposita irremediablemente en la realidad.
Cuando los sueños pasan, como los recuerdos, se vuelven indemostrables y remotos. Recuerdos y
sueños están hechos de la misma materia... todo es recuerdo. A veces creo que nunca estuvieron.
Estoy nueva y definitivamente sola.
Han partido. Yo sigo sin despertar de mi desconcierto. ¡Tantos años viviendo de lo que ellos hacían y
pregonaban de mí! Creo que fui perdiendo mi identidad y se me fue diluyendo en los proyectos
ajenos.
Tal vez sea la hora de convertirme en tierra definitivamente firme, en constituirme en una fortaleza,
en encontrar vida propia, de no depender de nadie... de convertirme sencillamente en la ESCUELA
que se ha atrevido a alcanzar la mayoría de edad, a hacer lo que quiere y lo que debe con una
identidad definitivamente propia. Tal vez he vivido en una cómoda y segura minoría de edad sin
atreverme a utilizar mis propias capacidades, carente de decisión y de ánimo para servirme
creativamente de mis propias potencialidades. 7 Ahora definitivamente lo he comprendido: la mera
presencia de ciertas cosas y de determinados rituales no garantiza su existencia: estoy sumergida en
la precariedad y mi universo presente y futuro es una construcción permanente.
Alguien – antes de partir – se atrevió a escribir en una de las rocas de la playa: “Los sobrevivientes de
la que escuela del pasado deben convertirse en los constructores de la escuela que vendrá”.
6

Cfr. SAER J.J., EL ENTENADO. Algunas otras expresiones del relato han sido tomadas libremente del libro,
aunque recreándolas y asociándolas a otros contextos.
7
Cfr. KANT, Filosofía de la Historia. Respuesta a la pregunta ¿qué es la ilustración? (Nova). ¡Sapere aude!
¡Ten el valor de servirte de tu propio entendimiento!

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08.

19

CAMBIA, TODO CAMBIA

Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo
Todos entendieron que había que cambiar el pueblo. Nunca pudieron precisar de dónde vino la idea
original. No fue la voz de uno de los candidatos de las próximas elecciones. Tampoco surgió de los
artículos de opinión del periódico local, ni de los encendidos discursos del Intendente que no
desaprovechaba celebración alguna para pronunciarlos.
La idea del cambio se instaló entre los vecinos que comenzaron a imaginar un pueblo diferente. No
faltaban razones para proponerlo: una prolongada historia los había sostenido desde siempre, pero
en los últimos tiempos la partida de muchos jóvenes, la ausencia de fuentes productivas, el trabajo
escaso, el debilitamiento de los comercios tradicionales y el agotamiento de las instituciones, fueron
sumando argumentos para pensar que el pueblo no tenía futuro.
Todos se apropiaron de la idea pero cada uno fue construyendo con ella su propio mundo: para
algunos el cambio debía venir de las autoridades municipales porque para eso habían sido elegidas
y era una de las incumplidas problemas electorales; para otros, los cambios debían producirse por la
directa intervención del gobierno provincial, ya que no solamente manejaba los recursos, sino que
además disponía de mayor información y podía transferir alguna experiencia favorable de otras
poblaciones; no faltaban los que reclamaban la intervención de técnicos de la cercana universidad ya
que abundaban los especialistas y podían diseñar un pormenorizado estudio de factibilidad de
transformación estructural del pueblo; algunos atrevidos comenzaron a hacer circular algunos
proyectos que ellos mismos habían diseñado o que había copiado de pueblos vecinos, afirmando
que estaban dispuestos a convocar a los que habían diseñados otros cambios (aunque no podían
confirmar si habían tenido algún resultado favorable); algunos pensaron que lo importante era
cambiar el nombre y la dirección de las calles, modificar el trazado de la plaza principal, rediseñar el
arco de ingreso al pueblo, crear un himno, un escudo y una bandera que los identificara o imaginar
una fiesta que convocara anualmente a los habitantes de los pueblos vecinos; finalmente hubo un
grupo que en una espontánea asamblea de vecinos proclamó un cambio anárquico que cada uno lo
interpretaba según su entender y conveniencia, y que debía tener como consecuencia el beneficio
de todos.
Sobraban palabras y faltaban acciones, mientras el tiempo se iba llevando las buenas intenciones y
comenzaba a aparecer el juego de los intereses: unos querían fortalecer los vínculos con sus políticos
amigos, otros pretendían darle oxígeno a las autoridades locales ahogadas por la escasez de
recursos y la abundancia de problemas, algunos aspiraban a incorporarse como funcionarios de los
nuevos organismos de cambio y transformación (con despacho, sellos, presupuestos y firmas
autorizadas), otros imaginaban que podían brindarles oportunidades a los técnicos conocidos de
otras localidades, a los que habían fracasado en otros intentos, a los teóricos que dibujaban
cambios desde las cátedras de la universidad… y hasta no faltaban los que suponían que si se
producía un cambio exitoso se les allanaría el camino hacia una banca en el congreso.

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20

El pueblo seguía igual, envuelto en la niebla de un invierno riguroso. El único cambio real era el
discurso sobre el cambio: un nuevo entretenimiento que no impedía que muchos se fueran, que los
negocios trabajaran poco y mal, que escaseara el trabajo y que cada uno se refugiara en la defensa
de sus propios intereses.
Y la discusión sobre el cambio se fue llevando el cambio mismo y casi hace naufragar al pueblo
perdido y olvidado. Milagrosamente se produjo una lenta resurrección: buenos vecinos, gente de
buena voluntad, ciudadanos honrados – desprovistos de cualquier interés particular y sólo
interesados en el bien de todos – se convocaron, se reunieron y fueron definiendo un cambio a la
medida de sus posibilidades: sustituyeron con iniciativas reales y con acciones concretas los
discursos huecos; supieron que se trataba de un largo camino y de un prolongado esfuerzo… pero
lentamente el pueblo entró en un cambio efectivo del que fueron contagiándose los vecinos de
todos los sectores y de las más variadas clases sociales… El cambio que había partido del lugar
exacto y sostenido por el consenso necesario, finalmente llegó hasta las autoridades que observaron
sorprendidas las acciones de los sencillos habitantes del pueblo, capaces de hacer tanto con tan
poco. Y el atrevimiento los llevó a muchos a imaginar que el cambio, en ese pueblo, podía conducir
también a la transformación de las formas de representación y de gobierno, y de las prácticas
políticas…
Cambia el sol en su carrera
Cuando la noche subsiste
Cambia la planta y se viste
De verde en la primavera
Cambia el pelaje la fiera
Cambia el cabello el anciano
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño
Pero no cambia mi amor
Por más lejo que me encuentre
Ni el recuerdo ni el dolor
De mi pueblo y de mi gente
Lo que cambió ayer
Tendrá que cambiar mañana
Así como cambio yo
En esta tierra lejana
MERCEDES SOSA

09. RITUALES Y TRANSFORMACIONES

Era una tribu extraña y perdida en el corazón de la selva y recostada contra un río caudaloso y
viboreante. Pocos son los detalles que nos han quedado de ella y escasos los restos de su cultura. Su
historia se reduce a algunos cientos de años, pero con inicio y final precisos.

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Milagrosamente lo que ha sobrevivido a la destrucción y al olvido es el testimonio de uno de sus
rituales. De tiempo en tiempo, los miembros de la comunidad reparaban en sus imperfecciones: la
impericia en las batallas, la ineficiencia en las cacería, el fracaso en las cosechas, el deterioro en las
plantaciones, los desbordes inesperados del río, las peleas y las desinteligencias en las relaciones... y
convocaban rápidamente a una reunión general. Ningún miembro faltaba a la misma y ninguno
podía estar ausente al ritual de la purificación y el cambio.
Alguien – autoridad religiosa y política – recordaba los pasos de la purificación, exponía claramente
los motivos de la misma, hacía la historia de las crisis precedentes y de los efectos obtenidos... los
alentaba con sus gritos e iniciaba el proceso de conversión.
Una larga caminata los llevaba al interior de la selva, a un claro natural que oficiaba del sitial
sagrado: el duro esfuerzo del desplazamiento imponía una ascesis necesaria para reconquistar
fuerzas y fortalecer músculos... y al mismo tiempo representaba un compromiso solidario, porque
todos – con capacidades y condiciones diferentes – debían llegar. En el corazón del monte, apenas
atravesado por la luz del sol – resguardando un secreto que les otorgaba identidad – se producían
los siguientes pasos: por diversos medios primitivos todos comenzaban a despojarse de la
“existencia vieja”, del “hombre viejo” para darle lugar a la “vida nueva”. La puntillosa observación de
algunos animales los había contagiado de la necesidad de buscar y producir en cada uno de los
cuerpos una realidad diferente. El recurso consistía – luego de desprenderse de la ropa - en utilizar
algunos instrumentos y algunas piedras para rasurarse la barba, eliminar sus cabellos, desprenderse
de sectores de la piel... El dolor que producía (y que todos soportaban con admirable solidaridad) se
traducía en una especie de lamento armónico y se transformaba en canto.
Cuando todos había concluido esta etapa de purificación, se postraban exhaustos y algunos
encargados reunían los restos que, en el centro de la asamblea, se convertían en una inmensa
hoguera. Pacientemente aguardaban que la misma se agotara y que el suelo se poblara de cenizas...
Cada uno recogía con sus dos manos las tibias cenizas y con ellas regaban el suelo de la selva. Creía
que solamente con los vestigios y de la vieja historia y las reliquias de la existencias viejas se podían
abonar el crecimiento y el futuro.
Una alegre carrera los conducía al río: todos ingresaban en sus aguas para que la fuerza de las aguas
operara como cicatrizante y purificatorio. Una nueva reunión – que se prolongaba sin tiempo - en el
seno de las mismas aguas le otorgaba el sentido definitivo al proceso. Las palabras de quienes
dirigían el grupo permitía determinar cuáles serían los propósitos que los guiarían de allí en más.
Finalmente retornaban a la aldea, se reunían con las nuevas vestimentas, cambiaban de chozas y
reasignaban las funciones... Se iniciaba lo que ellos designaban como “una nueva etapa de la
historia del pueblo”, con una vitalidad contagiosa e invencible.
El ritual se repitió tantas veces como repararon que algo los estaba carcomiendo y les estaban
restando fuerzas. Entre ellos algunos tenían la particular sensibilidad de entrever los síntomas, otros
exhibían la capacidad de proclamar la necesidad del ritual, varios conducían el proceso... y todos se
involucraban en el mismo.
Un día la tribu desapareció: algunos suponen que – cansados de los conflictos – fueron emigrando
hacia otros pueblos; hay investigadores que prueban que fueron constituyendo nuevas tribus, con la
mística original de la primera; las últimas investigaciones prefieren otra explicación: comenzaron a
desaparecer los atrevidos que se animaban a desnudar los problemas y la interpretar los signos,
luego desaparecieron los líderes que convencían a la población y convocaban a la purificación y
finalmente desaparecieron los jefes que debían conducir el ritual. Se mantuvieron las ceremonias,

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pero desapareció su contenido... y cuando la tribu convirtió su historia en una cíclica repetición de sí
misma, desapareció.

10. TRANSFORMACION EN LAS PROFUNDIDADES

En el fondo del río, alejados del ruido del torrente impetuoso que recorría la superficie, sin prestarle
atención a las crecidas o a las bajantes vivía una COLONIA DE PECES. Era una vida apacible, una
comunidad organizada, una sociedad respetada por las otras colonias que habitaban diversos
sectores del caudaloso río.
Alguien -- en un pasado remoto -- había elegido ese lugar, alejándose de los ruidos de la superficie,
restándole valor al entretenimiento de los grandes barcos de ultramar o de las lanchas de los fines
de semana. Sabían que para muchos esa colonia estaba demasiado en el fondo del río, que no
llegaba a ser suficientemente conocida o que por momentos parecía despreciar el contacto con las
restantes asociaciones de peces. Les parecía, sin embargo, que algún precio había que pagar al
decidirse por una estructura social medianamente organizada, una corresponsable distribución de
las tareas y cierto interés en hacer las cosas serenamente bien, sin esquivar los conflictos, aunque
sin alimentarse con ellos.
Una vez alguien del COMANDO REGIONAL DE PECES DE LA ZONA LITORAL (C.R.P.Z.L.) convocó a una
reunión a todos los Coordinadores de Colonias para discutir y bajar una serie de Directivas. Como la
reunión se realizó en una zona también profunda, realmente las directivas bajaron a las
profundidades para que los Líderes dispusieran de la información necesaria.
A todos los sorprendió que el VOCERO del CRPZL les entregara una serie de Borradores de Trabajo y
Documentos -- obviamente los peces disponían de un código de registro de las informaciones -que decidían una serie de reestructuraciones a partir del año siguiente. Les llamaba la atención que
esas disposiciones fueran obligatorias y que tuvieran el mismo valor para todos. Había sucedido en
tiempos pretéritos cuando el otros tipos de peces (gordos y autoritarios) los que manejaban el
Comando. Cada uno de los representantes de las colonias fueron recibiendo el material, lo leyeron.,
escucharon comentarios y agregaron otros, discutieron lo que pudieron y luego regresaron a sus
acuáticas geografías.
Con la misma sensación de sorpresa, primero, y de desconfianza, después, el Coordinador reunió a
los peces de la Colonia de la profundidad para brindarles información. Es cierto que algunos peces -imitando a los seres humanos -- lograban informaciones anticipadas y trascendidos... pero a todos
les pareció necesario escuchar la versión original.
Discutieron, opinaron, dieron a conocer sus puntos de vistas, pidieron mas precisiones, algunos
pensaron en organizarse y conectarse con otros peces de diversas latitudes y profundidades... pero
en suma cada uno regresó a sus sector de agua (la sociedad tenía una curiosa manera de manejar la
propiedad privada) y dejó literalmente que las aguas corrieran con la secreta esperanza de que se
llevara consigo la información, los borradores de trabajo, los escritos, las decisiones, la
transformación. De alguna manera -- lo prometía con mucha seguridad el Coordinador -- cada uno
se salvaría haciéndose cargo de tareas alternativas.

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El tiempo, insaciable, se fue llevando los días... y cuando regresaron para una nueva convocatoria, el
CRPZL ya había dispuesto como se debía funcionar de allí en más... La mayoría mantuvo su función
específica que consistía en purificar y preparar el agua para la comunidad de peces, pero otros
tuvieron que disponer de su tiempo para clasificar diversos sectores del territorio (tarea que alguna
vez habían realizado) y otros debía estudiar las profundidades y la composición química del agua
(tarea que nunca habían abordado y para la que se debieron preparar apresuradamente). Algunos le
discutieron al Coordinador la habilidad acuática para armar los argumentos y convencerlos... pero
entendieron que todos debían subordinarse al COMANDO REGIONAL.
Cuando ya se habían acostumbrado a las diversas tareas, las aguas bajaron turbias, se produjeron
diversas contaminaciones y desajustes en los niveles del río y de manera sorpresiva cambiaron
nuevamente las reglas de juego de la pacífica Colonia. Nuevamente bajaron directivas y cada uno
debía reubicarse en la única tarea que tradicionalmente había caracterizado a la Colonia. No había
lugares ni funciones para todos. Como algunos tenían más derechos, títulos, honores, antecedentes,
antigüedad que otros pudieron elegir lugares y puestos de trabajo. Los que fueron quedando
debieron adaptarse a las posibilidades que les ofrecían los ayudantes del Coordinador (que
consultaban de manera obsesiva los documentos y los nuevos borradores de trabajo).
Sorpresivamente dejaron de tener interés los estudios y las funciones que por un tiempo habían
concentrado la atención y el esfuerzo de muchos miembros de la comunidad. Algunos (los más
informados) decían que se podían producir cambios en el cúpula del Comando Regional.
A muchos les llamó la atención una serie de cosas que los peces nunca habían padecido : ningún
miembro del mentado COMANDO acostumbraba a bajar a las profundidades para dar explicaciones
y justificar los ajustes; al Coordinador, el paso del tiempo o el cambio en las aguas le habían quitado
las ganas de justificar las nuevas determinaciones; los peces de la Colonia comenzaron a sufrir una
curiosa enfermedad hasta ese momento desconocida (aunque detectada en otras comunidades) :
enfrentamientos, discusiones, luchas y estrategias para esgrimir derechos.
Lo curioso llegó al final. Cuando la situación se hizo insoportable los peces hicieron reaparecer una
conducta ancestral que culturalmente habían logrado eliminar. Los peces no utilizaron los salvajes
recursos de los humanos para enfrentar situaciones de conflicto, prefirieron emplear su propio
método: eliminarse mutuamente, comiéndose los unos a los otros.

11.

ELEGIR AL MEJOR

Aquel pueblo, en una remota geografía y en un tiempo inmemorial, pretendía tener al frente de su
comunidad a personas con verdadera autoridad, pero no siempre lograban acordar lo que
esperaban de cada una de ellas. Como habían decidido que los gobernantes estuvieran un tiempo
pre-determinado (sin poder prolongar su gobierno o regresar a él) tenían la posibilidad de juzgar
diversas prácticas y criterios para poder vivir mejor. Eran muchos, por ejemplo, los que ponderaban
la gestión del CARPINTERO porque se mostraba duro e intransigente y había logrado disciplinar a la
comunidad, principalmente logrando un clima de equidad y justicia. No era una figura simpática
pero imponía respeto a todos y nadie podía discutir que lo que decidía beneficiaba no sólo a la

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comunidad, sino a cada uno de sus miembros. Para otros había sido fundamental el mandato del
joven HERRERO porque tenía la rara habilidad de no hacerse notar y de sembrar en cada lugar y en
cada persona las convicciones para obrar de manera correcta. Estaba siempre y hacía lo necesario y
oportuno, pasando generalmente desapercibido. Finalmente, no faltaban los que apreciaban
principalmente la labor del anciano AGRICULTOR porque había logrado unir a su experiencia y a su
sabiduría la capacidad de relacionarse con todos y con cada uno para despertar en ellos la
responsabilidad y el sentido de pertenencia la comunidad; prefería gobernar en contacto directo con
la gente, escuchando, respondiendo y dando todas las explicaciones, pero – sobre todo –
estableciendo contactos cargados de afecto y de respeto por cada uno.
Próximos a la designación del nuevo gobernante, cada uno de los miembros de la sociedad soñaba
con alguien que reprodujera las virtudes del modelo de autoridad preferido. A pesar de la armonía
que reinaba, la comunidad entraba en ebullición cuando todos los habitantes debían elegir al
responsable de la sociedad, coordinados por los antiguos gobernantes que ordenaban los
mecanismos de elección. En aquella oportunidad las dificultades parecían ser mayores porque
observando el desempeño y las virtudes de los antecesores costaba imaginar y decidir quién podía
ser el sucesor.
Fue allí cuando un hombre sabio y prudente hizo oír sus palabras: “No debemos buscar alguien que
reproduzca la figura de aquellos que ya han gobernando en nuestra comunidad porque todos nos
parecerán indignos o imperfectos. El elegido ha de ser alguien que deberá crecer con nuestra
determinación y nuestra elección, somos nosotros los que le otorgaremos el lugar y él deberá
construir su autoridad. Así ha sucedido siempre, porque en la medida en que nos construimos
mutuamente, nos fortalecemos de manera recíproca”. A ninguno le extrañó, entonces, que el
pueblo reunido designara al MAESTRO de la comunidad - alguien a quienes todos conocían en una
tarea importante pero menor - porque entendieron que nadie nacía con las condiciones para
mandar, sino con la vocación y la posibilidad de aprender de los demás y con el oído atento a las
demandas de cada uno de los miembros de la comunidad y del bien de todos

12. INVITADO O INTRUSO

Supo, apenas llegó y saludó a todos, que lo consideraban un intruso. No se sorprendió porque todos
– en algunas circunstancias – nos convertimos en intrusos: en una fiesta, en un lugar que no nos
pertenece, en los trabajos, en la vida de las personas. Hasta la presencia de los educadores en la
vida de sus alumnos es – en cierto modo – la presencia de un intruso. Pero él no había sido quien
había decidido esta presencia: lo habían convocado y requirieron sus servicios.
Pensó en otras circunstancias en las que hasta había escuchado esa palabra que por un momento lo
paralizaba. “Intruso”, es decir, que se ha metido sin permiso, que frecuenta un ambiente que no le
es propio, que ocupa – sin derechos - un puesto que no le pertenece. No dejó de sonreír en su
interior porque siempre las historias habían terminado bien, pero a pesar de su seguridad no eludió
el temor que le provocaban esos primeros minutos de encuentro. Pensó por un momento en una
película que lo había golpeado mucho, DOGVILLE y en los padecimientos de la protagonista, una

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intrusa. Recordaba también los detalles de la venganza final. Y pensó en los mapas y en los
territorios: un intruso es quien merodea un territorio que no le pertenece.
Lo mejor era ponerse a trabajar para que la extraña sensación que les provocaba se diluyera. Y así lo
hizo: era una fórmula que siempre funcionaba. Palabras, indicaciones, trabajos fueron creando un
clima paulatinamente favorable. Al terminar la primera jornada logró que lo despidieran
amablemente y no le llamó la atención al regresar – a la mañana siguiente – que ya lo llamaran por
su nombre.
Los intrusos nunca dejan de serlo, no bajó la guardia, pero supo que ya estaba entre ellos, que podía
confiar y ellos confiarían. El esfuerzo por no defraudarlos era una determinación esencial. Por eso
hizo más esfuerzo que el acostumbrado y trabajó para hacerse uno más de ellos en el limitado
tiempo que habían programado.
El intruso se convirtió en un compañero más: lo trataban con absoluta confianza y lo hacían partícipe
de todas las actividades. A pesar del poco tiempo transcurrido ya nadie se acordaba de su condición
anterior. Sólo algunos risueños comentarios daban cuenta de las impresiones iniciales.
Tal vez por eso le costó tanto partir. Prefirió no anunciarlo con anticipación. Simplemente se los
comunicó la última vez que cenaron juntos, celebrando la conclusión de una de las etapas del
trabajo. Se quedaron un rato en silencio pero luego reaccionaron lamentando su alejamiento.
Algunos le pidieron que se quedara un tiempo más, que lo necesitaban, que era una pena perderlo.
Otros programaron algunos reencuentros futuros. Muchos permanecieron en silencio. El aprovechó
ese momento para decirles todo lo que sentía. Era verdad que estaba cómodo entre ellos, pero
había ido descubriendo todas las riquezas que había en cada uno. Precisamente entendió que debía
partir, porque su presencia ocasional y provisoria era sólo una excusa para producir el cambio, para
renovar el entusiasmo, para lograr cosas nuevas. El era habitante de otro territorio y, aunque en
algún momento pudo compartir con ellos la confección de algunos mapas, era consciente de que
cada uno es el único rey habilitado de su propia geografía.
El ritual de los saludos y de las despedidas lo depositó en la terminal de ómnibus y subió al micro
que lo llevaría de regreso a su lugar. Y mientras viajaba – entre-dormido, con un libro en la mano y
muchas imágenes en su memoria – meditaba qué era mejor: si seguir siendo un intruso del que
todos desconfiaban o ese ritual repetido que lo obligaba a circular de lugar en lugar perdiendo a los
amigos ganados con cada encuentro. Cerró definitivamente el libro: era preferible no pensar.

13. LOS SUEÑOS DE LA ESCUELA

"Es tarde. Ya se han ido todos y he quedado sola. Me espera un largo fin de semana. Hace frío, llueve
y es posible que me ponga melancólica. Pero esta noche, cuando las sombras han invadido cada
sector de mi estructura, cuando ha quedado flotando en el aire el eco de las conversaciones y los
gritos de una semana intensa... quiero bajar al corazón de mi misma para recorrerme y revisar mi
pasado y mi presente.

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Pienso en mis orígenes, en la construcción que me permitió convertirme en una entidad real, en una
presencia familiar en la comunidad. No voy a entrar en los detalles de los planos, los movimientos de
tierra, la acumulación de materiales, el laborioso trabajo de los constructores y los obreros. Fue un
estreno glorioso encontrarme con las paredes nuevas, los pisos brillosos, los techos seguros, los
fundamentos sólidos, las aberturas aceitadas, el mobiliario reluciente...
Me resulta difícil ver en las paredes de hoy los muros de entonces: estas paredes - descascaradas,
manchadas, escritas, mil veces pintadas – son todavía sólidas pero necesitan cada vez más de
cimientos confiables. Es cierto que en algunos sectores – comprobados ciertos riesgos -- hubo que
rellenar grietas, agregar columnas, construir encadenados... pero en el corazón de la tierra, en un
fondo oscuro y húmedo, resiste el corazón del hierro y el cemento. Las paredes protectoras no
pueden arreglarse por sí mismas; no lo pudieron nunca... y menos en estos tiempos de movimientos
frecuentes.
Levanto la vista. Allá está techo: nadie discute su necesidad, porque es realmente lo que protege y
cubre... Pero nada es para siempre... y es el que más ha sufrido cambios y transformaciones: no
pudo aguantar tantas modificaciones producidas. ¿A cuántos especialistas tuvieron que llamar a lo
largo de todos estos años para resolver su estado crítico?
Cuando aparecí en el horizonte de la ciudad era una de las construcciones más sólidas y mi fortaleza
se imponía en un paisaje de casas bajas y de construcciones sencillas. A mi alrededor el escenario
fue cambiando y las casitas de entonces se transformaron en las suntuosas casas de hoy, los
terrenos baldíos se convirtieron en imponentes edificios de departamentos y la tranquilidad de las
calles, en el infierno de la gran ciudad.
Ustedes pensarán que estoy hablando de las cosas materiales. En parte sí, en parte no. Una escuela
es mucho más que una construcción. Es una de esos significantes que remiten a un significado
material y a “otra cosa”... La casa es la casa, el estadio es el estadio, el banco es el banco, la cárcel es
la cárcel, pero la Escuela8 es algo más: “la escuela festeja años”, “la escuela está en crisis”, “ la
escuela se está renovando”... todas estas frases reflejan mucho más que lo material. Cuando me
observo a mi misma y miro los pisos, los cimientos, las paredes y los techos... estoy pensando
además en otras cosas; en quienes diariamente me habitan , en los que comprometen por años su
existencia y su labor profesional, en los educandos a quienes acompaño en sus crecimientos. Y
pienso también en los quehaceres, que imaginariamente ubico en mi estructura: allá en el techo, los
conocimientos9; aquí, en mis paredes, los contenidos procedimentales10; y abajo, en los cimientos,
las actitudes y los valores11
8

¿Sucede lo mismo con las Iglesias, los Tribunales, las Empresas? ¿Los lugares remiten a realidades que los contienen y los
desbordan? ¿Sus usuarios utilizan la denominación para designar de manera indistinta a lo material y a lo institucional?
9
Los conocimientos(como el techo) son el paraguas protector y la razón de ser de la escuela... pero tienen una difícil tarea:
proteger (hacia abajo) y afrontar (hacia arriba) todas las inclemencias del tiempo; no le podemos pedir una fortaleza y una
eternidad para la que no fueron preparados;
10
Los contenidos procedimentales exhiben una consistencia que se afianza con los años y sobre su estructura – sólida o
endeble – descansa el techo. A veces se desdibujan y parecen ocultarse, como si no existieran... pero las paredes que
cumplen la función de delimitar y contener, también deben brindar protección, sino, ¿qué sería de la escuela?
11
En los cimientos moran los contenidos actitudinales: es lo que originalmente me dio origen y deberían seguir allí – en la
oscuridad y el silencio -- dando consistencia al resto. ¿Cómo comprobarlo en el fragor de la lucha diaria y del bombardeo
de problemas? Sin su acerada presencia es fácil que la pared se agriete y que los techos se desplomen. Sobran
experiencias al respecto. Los hábitos y las actitudes están allí abriendo las puertas, marcando el camino, tramando las
condiciones de posibilidad de todo... porque sin ellas no hay forma de construir. Esa ha sido la razón de ser de mi histórica
presencia. Los hierros firmes y eternos que encadenan mi estructura en las bases, se proyectan en forma de columnas en
las paredes y terminan en las vigas del techo. Hay una red (oculta) que me recorre y enlaza todo... pero yo no podría
sostenerme sin los cimientos. Las actitudes claramente definidas y consolidadas se proyectan en contenidos
procedimentales y se cierran en la apertura hacia los siempre dinámicos contenidos conceptuales. El universo de los

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Soy la escuela. La escuela de hoy y de siempre. La escuela material que refleja la otra escuela. Una
estructura exterior que permite reconocer los secretos de mi cara oculta. La noche se ha tornado
más fría. Tengo ganas de volver al interior de mí misma. Recorro los rincones de este cuerpo... y veo
en las aulas, en los patios, en las amplias galerías, en los huecos de las ventanas, las historias más
dispares. Las de ayer, las de hoy, las de siempre... ¡Cuántos esfuerzos para llevar adelante lo
imposible! ¡Qué mezquinas y lejanas las recompensas!
Casi no duermo, pero ciertas noches me sobresaltan algunos sueños. Hoy es una de esas noches. Mis
pesadillas son terribles y curiosas. Me veo a mi misma como una construcción y tengo miedo de
proyectar allí lo que me sucede como institución de la sociedad. Contemplo una película de escenas
fugaces y sucesivas, con implacables saltos en el tiempo12... y observo un proceso paulatino y
devastador sobre la escuela: un deterioro progresivo, implacable, inhumano. De pronto veo que se
caen los techos a pedazos, un viento huracanado arrebata las chapas, se agrietan las lozas, una lluvia
intensa perfora los cielorrasos. En medio del sueño, levanto mi mirada temerosa y veo un cielo
impecable, lejano, perfecto y una escuela totalmente desprotegida. El sueño va y viene: primero
aparecen, silenciosas, algunas grietas, pequeñas fisuras... y luego van cayendo los históricos
ladrillos en un caos destructivo...Sobreviene una furiosa implosión o el juego de topadoras alocadas
destruyendo todos los muros... Al final algo – terremoto seguramente – remueve, con sonido de
película, los cimientos y dejan al desnudo los grandes abismos...
Parece curioso, pero nada hace prever el desenlace: los controles en orden, las planillas correctas,
los registros perfectos... y hasta las previsiones de los constructores que en sus diseños me habían
imaginado para siempre. Corro de la realidad a los papeles, y de las certificaciones al desastre y no
puedo reaccionar.
Entonces, despierto enloquecida, me levanto de mi letargo y voy apresurada a mirarme: toco las
paredes, observo la quietud y la firmeza del piso, la aparente seguridad del techo... y respiro
tranquila. Todo ha sido un sueño.
Pero el sobresalto llega siempre a la mañana siguiente. Recorro la estructura material, acerco mis
oídos al imperceptible murmullo de los rincones, y observo que hay otra escuela, un espejo en el
que necesariamente me reflejo, otra realidad en la que yo misma estoy padeciendo mi demolición.
El proceso destructivo sigue los mismos pasos: primero me roban los conocimientos: los cambios
tormentosos van desnaturalizando su presencia y terminan por hacerlos volar; las sustituciones son
pasajeras e inservibles: un techo lejano e infinito se alza sobre la escuela, definitivamente
desprotegida. Luego van perdiendo valor los contenidos procedimentales, los van carcomiendo la
repetición y el aburrimiento y los desploman la inutilidad y la falta de imaginación. Finalmente se
valores recorre y sostiene desde la base; los muros del saber hacer (y transferir) otorgan las estructuras, y la vastedad del
conocimiento (cambiante pero sistemático, variado pero organizado, expansivo pero nucleado en torno a grandes ejes,
alternante pero capaz de soportar cualquier crítica) permite constituirme definitivamente en escuela.
12
La idea de este paso del tiempo reflejado en las cosas cotidianas ha sido magistral y obsesivamente presentado por el
Director británico PETER GREENAWAY en varias de sus películas (El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante, Zoo, El
Vientre del Arquitecto y otras) : el deterioro de las frutas y los vegetales, los cambios en los alimentos y las inevitables
transformaciones en los cuerpos, principalmente en los cuerpos humanos. Su imaginación se aprecia en la meticulosa
puesta en escena y en la coreografía, las tomas largas y a veces en las imágenes impenetrables. Los juegos matemáticos y
las alusiones metafóricas que abundan en sus películas tienen un atractivo especial para el público de arte y ensayo. Una
sucesión de fotos o filmaciones sucesivas podría reflejar estas mismas situaciones en los edificios, en las construcciones, en
las personas y en las instituciones (principalmente las educativas). Esa misma idea del paso generacional del tiempo puede
observarse en una memorable escena de la película La sociedad de los Poetas muertos acompañada de la frase Carpe
diem!

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produce el perjuicio mayor: se deshacen las actitudes y los valores. Un estadillo y miles de acciones
me van quitando lo poco que me queda, la única, definitiva posibilidad de reiniciar el proceso de reconstrucción... Y como escuela, siento que quedo vacía.
Y una escuela vacía, hueca, vieja, fría no tiene ningún atractivo. A menos que me vuelvan obligatoria,
me disfracen de superficiales intereses o me sostengan con otras intenciones, manifiestas u ocultas.
Tal vez solamente se trate de un sueño, de una pesadilla de fin de semana o de noche de lluvia.
¡Ayúdenme a despertar por favor, ayúdenme a conocer la realidad o regálenme otro sueño: la
posibilidad de llegar a ser la que era... y para siempre!.”

14.

ESTA ES MI HISTORIA

“No me pidan que les cuente la historia completa de mi existencia. Soy demasiado vieja y estimo que
los pormenores de mi origen y de mis primeros pasos no pueden despertar demasiado interés para
ustedes. Son datos conocidos y el consabido juegos de etimologías y de palabras que no creo que
representen un atractivo para esta declaración.
Quisiera iniciar este relato en el justo momento en que la sociedad y el estado (o los “poderes
vigentes”, si ustedes prefieren hablar así...)me descubren y se apropian de mis funciones. Es verdad
que yo había recorrido con más pena que gloria las variadas etapas de la historia misma de la
humanidad occidental y que en manos de algunas instituciones había podido brindar un real servicio
primero a lo sectores privilegiados(que son siempre los pudientes) y, luego, a los necesitados de las
diversas clases sociales... pero hubo un momento en que repararon en mi presencia y comenzaron a
tramar la manera de apropiarse de mí, de mis actividades y de los individuos que con diversas
funciones me frecuentaban...
A mí me llamó poderosamente la atención que después de un prolongado tiempo en que vivía en los
suburbios de la sociedad y que solamente era objeto de reflexión por parte de algunos autores
(criticaban mis prácticas y me imaginaban distinta, pero difícilmente se ensuciaban sus manos entre
mis muros) y satíricamente representada por algunos pintores, la historia me trasladara
paulatinamente al centro de la escena.
Tardé en entender las razones de tanto interés. Primero me ilusioné pensando que la humanidad
entera había reparado en mi valor y en mi importancia; después me alegré pensando en quienes me
habitaban y pensé que se trataba de un reconocimiento a su sacrificado trabajo y a su vocacional
entrega... pero finalmente la verdadera razón apareció cuando descubrí que el interés no estaba
específicamente en mí, sino en la instrumentalización que de mí pudieran hacer.
Yo no desconocía que desde diversas confesiones religiosas habían asociado mi presencia y las
actividades con estrategias de evangelización, pero realmente la promoción realizada entre las

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clases sociales más desposeídas había sido un logro civilizatorio indiscutible. El estado, los
gobernantes, los procesos revolucionarios, el juego de los poderes que lentamente se habían hecho
cargo de diversas instituciones hermanas me descubrieron e imaginaron la manera de ponerme a su
servicio. Por más de un siglo multiplicaron sus discusiones para redactar las leyes, poblaron de
escritos los medios intelectuales, entablaron diversas polémicas para definir mi estructura, mis
prácticas, los agentes responsables, los usuarios... y finalmente de la mano de un siglo que brillaba
por sus luces, confiaba en el omnipotente poder de la razón, imaginaba un progreso social y
económico indefinido, ensayaba numerosas obras de ingeniería social...se trazó el perfil de lo que
representaría para la modernidad.
Desde aquel momento aparecí asociada a las prácticas sociales más respetadas y formé parte de los
discursos principistas más encendidos. Desde aquel momento, los astutos e ilustrados reyes de un
absolutismo en decadencia, los revolucionarios desesperados por darle profundidad y trascendencia
al movimiento social innovador y las nacientes democracias del siglo XIX fueron proclamando mi
presencia, el valor de mis actividades, la preparación vocacional de mis responsables, la creciente
universalidad de mis usuarios.
No es extraño que a partir de allí las leyes fueran sumando caracteres que se volvieron connatural a
mi presencia: gratuidad, universalidad, obligatoriedad. Me diseminaron en cada sector del territorio,
me hicieron avanzada de civilización y progreso en cada rincón, me hicieron objeto de disputas
ideológicas y religiosas, me convirtieron en una institución irremplazable, reiteradamente invocada y
nombrada (aunque no siempre debidamente atendida) y me convertí en un símbolo y una garantía
del progreso, la moralización y la lucha contra la barbarie.
Con mi presencia, el estado pudo reafirmar sus estrategias de poder y ejercer un real control a partir
de una inteligente organización de las estructuras sociales y de las ideas. Yo fui indirectamente la
creadora de la identidad de las naciones, la que amalgamó las diversidades étnicas o que contribuyó
a incorporar las oleadas inmigratorias, la que en los diversos rincones ayudó a crear a las
comunidades moralmente esclarecidas, abiertas a las demandas del progreso y dispuestas a
convertirse en mano de obra en la construcción del mundo presente y futuro.
Es cierto que – en manos de los gobiernos y de sus funcionarios (principalmente de éstos, que
muchas veces pretenden convertirse en voceros de la historia)-- fui quien plasmó las prácticas
participativas de las democracias, quien divulgó los principios de las revoluciones y, (me avergüenza
reconocerlo) quien sostuvo y legitimó gobiernos totalitarios e ilegítimos, contagiando a los
ciudadanos de imaginarias virtudes sociales que posteriormente todos criticaron y lamentaron...
Yo me sentía una reina y ejercía mi reinado... porque no se imaginaba una actividad transformadora
del individuo y de los grupos sociales que no pasara por mí.
Es verdad que a veces esos mismos gobiernos y los burócratas, caracterizados por la contingencia de
los cargos públicos y de las palabras huecas, me utilizaban sin darme la debida atención
presupuestaria o que con una práctica demasiado difundida, construían con palabras lo que no
sostenían con recursos... pero quienes me habitaban y yo misma sobrevivíamos con una carga
inmensurable de vocación y fuego interior...
No faltaron ideas y autores que denunciando el uso sutil o descaradamente ideológico que de mi
actividad hacían los poderes vigentes proponían mi absoluta eliminación con el ánimo de generar
diversas estrategias de concientización de la población. Los ataques renovaron mi fortaleza...
aunque en el fondo anticipaban un futuro que yo no me atreví a vislumbrar.

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Nada es para siempre. Aunque la historia me había concedido el honor de expresar cabalmente a la
educación, el tiempo fue horadando mis cimientos. Yo comencé a ver signos imperceptibles en
algunas manifestaciones, pero confieso que no les asigné valor. Lentamente la escena que yo
ocupaba era invadida por otros y mi reinado se iba eclipsando. Nadie lo discutía, pero mi poder era
cada vez más formal que real. Los mismos que durante dos siglos habían ido entregándose la posta
para utilizarme fueron prescindiendo de mis servicios. Nunca me echaron, nunca me ofrecieron un
retiro voluntario o me obligaron a una jubilación anticipada... pero lentamente me fueron
silenciando, quitando de la pantalla, desplazando interés e inversiones, señalando mis errores y mis
fracasos, discutiendo los alcances de mis esfuerzos, sobrevalorando otros medios.
Fue allí cuando comprendí que podía temer por mi supervivencia; principalmente cuando me fui
convirtiendo en un dique de la sociedad al que iban a parar las aguas de todos los conflictos para
que mágicamente los transformara en soluciones personales y sociales.
Cargada de historia, orgullosa de mis glorias antiguas, dudando de mi presente, desorientada ante
tantos discursos que me cruzan, me atacan y me pretende refundar... quiero imaginar un futuro
distinto.
Precisamente en el momento en que el poder puede desprotegerme (¡libre, al fin!) yo quisiera
encontrar refugio entre quienes realmente me han sido fieles desde siempre: los que creen en la
educación, los que necesitan de ella, los que la llevan adelante con el esfuerzo de directivos y
docente en el esfuerzo de todos los días...
Aunque a esta altura de este monólogo parezca obvio, déjenme que me presente: Soy la Escuela.
Quiero proponerles algunas pistas que puedan ayudar a convertirme realmente en una ESCUELA
NUEVA, en la ESCUELA DE SIEMPRE, o simplemente en la ESCUELA... Si no recurro a Ustedes, ¿a
quién voy a recurrir? ¿Acaso ustedes no están aquí precisamente porque creen en mí y quieren
contribuir a re-crearme?”

15. BERTOLT BRECHT + SI LOS TIBURONES FUERAN HOMBRES

— Si los tiburones fueran hombres -preguntó al señor K. la hija pequeña de su patrona- ¿se portarían
mejor con los pececitos?
— Claro que sí -respondió el señor K.-. Si los tiburones fueran hombres, harían construir en el mar
cajas enormes para los pececitos, con toda clase de alimentos en su interior, tanto plantas como
materias animales. Se preocuparían de que las cajas tuvieran siempre agua fresca y adoptarían todo
tipo de medidas sanitarias. Si, por ejemplo, un pececito se lastimase una aleta, en seguida se la
vendarían de modo que el pececito no se les muriera prematuramente a los tiburones. Para que los
pececitos no se pusieran tristes habría, de cuando en cuando, grandes fiestas acuáticas, pues los
pececitos alegres tienen mejor sabor que los tristes. También habría escuelas en el interior de las
cajas. En esas escuelas se enseñaría a los pececitos a entrar en las fauces de los tiburones. Estos

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necesitarían tener nociones de geografías para mejor localizar a los grandes tiburones, que andan
por ahí holgazaneando.
Lo principal sería, naturalmente, la formación moral de los pececitos. Se les enseñaría que no hay
nada más grande ni más hermoso para un pececito que sacrificarse con alegría; también se les
enseñaría a tener fe en los tiburones, y a creerles cuando les dijesen que ellos ya se ocupan de
forjarles un hermoso porvenir. Se les daría a entender que ese porvenir que se les auguraba sólo
estaría asegurado si aprendían a obedecer. Los pececillos deberían guardarse bien de las bajas
pasiones, así como de cualquier inclinación materialista, egoísta o marxista. Si algún pececillo
mostrase semejantes tendencias, sus compañeros deberían comunicarlo inmediatamente a los
tiburones.
Si los tiburones fueran hombres, se harían naturalmente la guerra entre sí para conquistar cajas y
pececillos ajenos. Además, cada tiburón obligaría a sus propios pececillos a combatir en esas
guerras. Cada tiburón enseñaría a sus pececillos que entre ellos y los pececillos de otros tiburones
existe una enorme diferencia. Si bien todos los pececillos son mudos, proclamarían, lo cierto es que
callan en idiomas muy distintos y por eso jamás logran entenderse. A cada pececillo que matase en
una guerra a un par de pececillos enemigos, de esos que callan en otro idioma, se les concedería una
medalla de varec y se le otorgaría además el título de héroe.
Si los tiburones fueran hombres, tendrían también su arte. Habría hermosos cuadros en los que se
representarían los dientes de los tiburones en colores maravillosos, y sus fauces como puros jardines
de recreo en los que da gusto retozar. Los teatros del fondo del mar mostrarían a heroicos pececillos
entrando entusiasmados en las fauces de los tiburones, y la música sería tan bella que, a sus sones,
arrullados por los pensamientos más deliciosos, como en un ensueño, los pececillos se precipitarían
en tropel, precedidos por la banda, dentro de esas fauces.
Habría asimismo una religión, si los tiburones fueran hombres. Esa religión enseñaría que la
verdadera vida comienza para los pececillos en el estómago de los tiburones.
Además, si los tiburones fueran hombres, los pececillos dejarían de ser todos iguales como lo son
ahora. Algunos ocuparían ciertos cargos, lo que los colocaría por encima de los demás. A aquellos
pececillos que fueran un poco más grandes se les permitiría incluso tragarse a los más pequeños. Los
tiburones verían esta práctica con agrado, pues les proporcionaría mayores bocados. Los pececillos
más gordos, que serían los que ocupasen ciertos puestos, se encargarían de mantener el orden entre
los demás pececillos, y se harían maestros u oficiales, ingenieros especializados en la construcción
de cajas, etc. En una palabra: habría por fin en el mar una cultura si los tiburones fueran hombres.
BRECHT BERTOLD (1949), HISTORIAS DE ALMANAQUE, BERLÍN. 1975. BARCELONA. ALIANZA
Y UN TEXTO PARA RELACIONAR EL RELATO DE BRECHT =

LOUIS ALTHUSSER
IDEOLOGÍA Y APARATOS IDEOLÓGICOS DE ESTADO
1969 - 1970

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¿Por qué el aparato escolar es realmente el aparato ideológico de Estado dominante en las
formaciones sociales capitalistas y cómo funciona? Por ahora nos limitaremos a decir que:
(1) Todos los aparatos ideológicos de Estado, sean cuales fueren, concurren al mismo resultado: la
reproducción de las relaciones de producción, es decir, las relaciones capitalistas de explotación.
(2) Cada uno de ellos concurre a ese resultado único de la manera que le es propia: el aparato
político sometiendo a los individuos a la ideología política de Estado, la ideología “democrática”,
“indirecta” (parlamentaria) o “directa” (plebiscitaria o fascista); el aparato de información
atiborrando a todos los “ciudadanos” mediante la prensa, la radio, la televisión, con dosis diarias de
nacionalismo, chauvinismo, liberalismo, moralismo, etcétera. Lo mismo sucede con el aparato
cultural (el rol de los deportes es de primer orden en el chauvinismo), etcétera; el aparato religioso
recordando en los sermones y en otras grandes ceremonias de nacimiento, casamiento o muerte
que el hombre sólo es polvo, salvo que sepa amar a sus hermanos hasta el punto de ofrecer su otra
mejilla a quien le abofeteó la primera. El aparato familiar..., no insistimos más.
(3) Este concierto está dominado por una partitura única, ocasionalmente perturbada por
contradicciones, las de restos de las antiguas clases dominantes, las de proletarios y sus
organizaciones: la partitura de la ideología de la clase actualmente dominante que integra en su
música los grandes temas del humanismo de los ilustres antepasados que, antes del cristianismo,
hicieron el milagro griego y después la grandeza de Roma, la ciudad eterna, y los temas del interés,
particular y general, etc., nacionalismo, moralismo y economismo.
(4) No obstante, un aparato ideológico de Estado cumple muy bien el rol dominante de ese
concierto, aunque no se presten oídos a su música: ¡tan silenciosa es! Se trata de la Escuela.
Toma a su cargo a los niños de todas las clases sociales desde el jardín de infantes, y desde el jardín
de infantes les inculca —con nuevos y viejos métodos, durante muchos años, precisamente aquellos
en los que el niño, atrapado entre el aparato de Estado-familia y el aparato de Estado-escuela, es
más vulnerable— “habilidades” recubiertas por la ideología dominante (el idioma, el cálculo, la
historia natural, las ciencias, la literatura) o, más directamente, la ideología dominante en estado
puro (moral, instrucción cívica, filosofía).
Hacia el sexto año, una gran masa de niños cae “en la producción”: son los obreros o los pequeños
campesinos. Otra parte de la juventud escolarizable continúa: bien que mal se encamina y termina
por cubrir puestos de pequeños y medianos cuadros, empleados, funcionarios pequeños y
medianos, pequeño-burgueses de todo tipo.
Una última parte llega a la meta, ya sea para caer en la semidesocupación intelectual, ya para
proporcionar, además de los “intelectuales del trabajador colectivo”, los agentes de la explotación
(capitalistas, empresarios), los agentes de la represión (militares, policías, políticos, administradores,

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etc.) y los profesionales de la ideología (sacerdotes de todo tipo, la mayoría de los cuales son “laicos”
convencidos).
Cada grupo está prácticamente provisto de la ideología que conviene al rol que debe cumplir en la
sociedad de clases: rol de explotado (con “conciencia profesional”, “moral”, “cívica”, “nacional” y
apolítica altamente “desarrollada”); rol de agente de la explotación (saber mandar y hablar a los
obreros: las “relaciones humanas”); de agentes de la represión (saber mandar y hacerse obedecer
“sin discutir” o saber manejar la demagogia de la retórica de los dirigentes políticos), o de
profesionales de la ideología que saben tratar a las conciencias con el respeto, es decir el desprecio,
el chantaje, la demagogia convenientes adaptados a los acentos de la Moral, la Virtud, la
“Trascendencia”, la Nación, el rol de Francia en el Mundo, etcétera.
Por supuesto, muchas de esas virtudes contrastadas (modestia, resignación,sumisión por una parte,
y por otra cinismo, desprecio, altivez, seguridad, grandeza, incluso bien decir y habilidad) se enseñan
también en la familia, la iglesia, el ejército, en los buenos libros, en los filmes, y hasta en los estadios.
Pero ningún aparato ideológico de Estado dispone durante tantos años de la audiencia obligatoria (y,
por si fuera poco, gratuita...), 5 a 6 días sobre 7 a razón de 8 horas diarias, de formación social
capitalista.
Ahora bien, con el aprendizaje de algunas habilidades recubiertas en la inculcación masiva de la
ideología de la clase dominante, se reproduce gran parte de las relaciones de producción de una
formación social capitalista, es decir, las relaciones de explotados a explotadores y de explotadores a
explotados. Naturalmente, los mecanismos que producen este resultado vital para el régimen
capitalista están recubiertos y disimulados por una ideología de la escuela universalmente reinante,
pues ésta es una de las formas esenciales de la ideología burguesa dominante: una ideología que
representa a la escuela como un medio neutro, desprovisto de ideología (puesto que es... laico), en
el que maestros respetuosos de la “conciencia” y la “libertad” de los niños que les son confiados
(con toda confianza) por sus “padres” (que también snlibres, es decir, propietarios de sus hijos), los
encaminan hacia la libertad, la moralidad y la responsabilidad de adultos mediante su propio
ejemplo, los conocimientos, la literatura y sus virtudes “liberadoras”.
Pido perdón por esto a los maestros que, en condiciones espantosas, intentan volver contra la
ideología, contra el sistema y contra las prácticas de que son prisioneros, las pocas armas que
puedan hallar en la historia y el saber que ellos “enseñan”. Son una especie de héroes. Pero no
abundan, y muchos (la mayoría) no tienen siquiera la más remota sospecha del “trabajo” que el
sistema (que los rebasa y aplasta) les obliga a realizar y, peor aún, ponen todo su empeño e ingenio
para cumplir con la última directiva (¡los famosos métodos nuevos!). Están tan lejos de imaginárselo
que contribuyen con su devoción a mantener y alimentar, esta representación ideológica de la
escuela, que la hace tan “natural” e indispensable, y hasta bienhechora, a los ojos de nuestros
contemporáneos como la iglesia era “natural”, indispensable y generosa para nuestros antepasados
hace algunos siglos.
En realidad, la iglesia es reemplazada hoy por la escuela en su rol de aparato ideológico de Estado
dominante. Está combinada con la familia, como antes lo estuvo la iglesia. Se puede afirmar
entonces que la crisis, de una profundidad sin precedentes, que en el mundo sacude el sistema
escolar en tantos Estados, a menudo paralela a la crisis que conmueve al sistema familiar (ya
anunciada en el Manifiesto ), tiene un sentido político si se considera que la escuela (y la pareja
escuela-familia_ constituye el aparato ideológico de Estado dominante. aparato que desempeña un
rol determinante en la reproducción de las relaciones de producción de un modo de producción
amenazado en su existencia por la lucha de clases mundial.
…………………………………………………………………………………………………………………………………………………………….

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¿qué se aprende en la escuela? es posible llegar hasta un punto más o menos avanzado de los
estudios, pero de todas maneras se aprende a leer, escribir y contar, o sea algunas técnicas, y
también otras cosas, incluso elementos (que pueden ser rudimentarios o por el contrario
profundizados) de “cultura científica” o “literaria” utilizables directamente en los distintos puestos
de la producción (una instrucción para los obreros, una para los técnicos, una tercera para los
ingenieros, otra para los cuadros superiores, etc.). se aprenden “habilidades” (savoir-faire).
pero al mismo tiempo, y junto con esas técnicas y conocimientos, en la escuela se aprenden las
“reglas” del buen uso, es decir de las conveniencias que debe observar todo agente de la división del
trabajo, según el puesto que está “destinado” a ocupar: reglas de moral y de conciencia cívica y
profesional, lo que significa en realidad reglas del respeto a la división social-técnica del trabajo y, en
definitiva, reglas del orden establecido por la dominación de clase. se aprende también a “hablar
bien el idioma”, a “redactar” bien, lo que de hecho significa (para los futuros capitalistas y sus
servidores) saber “dar órdenes”, es decir (solución ideal), “saber dirigirse” a los obreros, etcétera.
…………………………………………………………………………………………………………………………………………………………..
En otros términos, la escuela (y también otras instituciones del Estado, como la Iglesia, y otros
aparatos como el Ejército) enseña las “habilidades” bajo formas que aseguran el sometimiento a la
ideología dominante o el dominio de su “práctica”. Todos los agentes de la producción, la
explotación y la represión, sin hablar de los “profesionales de la ideología” deben estar
“compenetrados” en tal o cual carácter con esta ideología para cumplir “concienzudamente” con sus
tareas, sea de explotados (los proletarios), de explotadores (los capitalistas), de auxiliares de la
explotación (los cuadros), de grandes sacerdotes de la ideología dominante (sus “funcionarios”),
etcétera.

LA ESCUELA
“La escuela es...
el lugar donde se hacen amigos
no se trata de sitios, salas, cuartos
programas, horarios, conceptos...
Escuela es, sobre todo, gente,
Gente que trabaja, que estudia,
Que se alegra, se conoce, se estima.
El director es gente,
Cada funcionario es gente.
La escuela será cada vez mejor
En la medida en que cada uno
Se comporte como colega, amigo, hermano.
No es una isla rodeada de gente por todos lados.
No es convivir con las personas y después descubrir
Que no se tiene amistad con ninguno
No se trata de ladrillos que forman paredes
Indiferentes, fríos, solos.
Lo importante en la escuela no es sólo estudiar,
No es sólo trabajar.
Es también crear lazos de amistad.
Es crear un ambiente de camaradería,
Es convivir, es unirse a los otros.
Ahora es lógico...

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En una escuela así va a ser fácil
Estudiar, trabajar, crecer,
Hacer amigos, educarse
Ser feliz...”

PAULO FREIRE

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