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HUNGER WATCH

INFORME 2007–2008

[Frontispiece]
[Photo: Ethiopia_A_copyright Paul Rees-Thomas]
El señor Sidamo Cigar, de la población de Bokaso, situada en la región de Sidama al sur de Etiopía
Copyright © Paul Rees-Thomas
Hunger Watch
Informe 2007–2008
El hambre injusta
Una crónica reciente de la lucha por los alimentos y la dignidad

Autores
Samuel Hauenstein Swan y Bapu Vaitla

Edita

Acción contra el Hambre

Título original: The justice of eating. The struggle for food and dignity in recent
humanitarian crisis.
Traducción de Lourdes Fernández Delgado

2
Índice

Sobre Acción contra el Hambre


Agradecimientos
¡Error! Marcador no definido.
Prólogo por Stephen Devereux 8

1. Introducción: una vida que merezca la pena vivir 15


Resumen del informe 22

2. La lucha por la supervivencia: viaje al interior del sufrimiento en la guerra por los
medios de vida en Darfur ¡Error! Marcador no definido.

Una guerra más de pobreza y de política, que de etnias 32

Nuestra presencia ya no es grata: historias de la guerra por los medios de vida en Darfur
34
¿Campos de refugiados o suburbios urbanos? La vida de los desplazados en Darfur 38
La protección del derecho a la alimentación en Darfur: soluciones a corto y largo plazo
43

3. Mercados libres y poblaciones cautivas: Níger y los peligros de la liberalización de los


mercados 47

Las fuerzas del mercado y la desnutrición ¡Error! Marcador no definido.


Las emergencias de mercado pueden evitarse: alternativas para cambiar las cosas 59

4. Retratos de una pandemia: familias al borde del abismo en Zambia y Malawi ¡Error!
Marcador no definido.

Los impactos cruzados del VIH, la desnutrición y la pobreza


La protección de la salud de los niños VIH-positivos 73
Los peligros de la discriminación
La importancia del acceso al agua en la lucha contra la desnutrición 78

5. El significado de la palabra dignidad: tragedias silenciosas y espíritus indomables en


Etiopía

6. Epílogo: conciencia y poder 99

Notas y referencias

Notas sobre los colaboradores

3
Índice

4
ACCIÓN CONTRA EL HAMBRE

Durante más de 25 años, Acción contra el Hambre ha estado a la vanguardia de la lucha

contra el hambre y la desnutrición en todo el mundo. Su vocación es salvar vidas,

especialmente las de los niños desnutridos, y trabajar con las poblaciones vulnerables

para la protección y el restablecimiento de sus medios de vida de una forma digna. Entre

las actividades de Acción contra el Hambre se incluyen el diagnóstico, el tratamiento y la

prevención de la desnutrición, así como programas sanitarios básicos, de seguridad

alimentaria y de agua y saneamiento. Acción contra el Hambre es una organización

internacional, apolítica, aconfesional y no lucrativa que ayuda a más de 4,2 millones de

personas en 43 países de todo el mundo.

En el año 2005, Acción contra el Hambre puso en marcha el Observatorio del Hambre

(Hunger Watch), su departamento de investigación e incidencia política. Durante el año

2006 el Observatorio del Hambre examinó las causas y los responsables de las crisis

alimentarias actuales, así como las posibles respuestas a las mismas. A lo largo del

desarrollo de este proyecto, el Observatorio del Hambre analizó la relación existente entre

diversos factores, tales como los conflictos, la inestabilidad de los mercados y el

VIH/SIDA, y las situaciones de hambre aguda. El Observatorio del Hambre visitó

diversos hogares afectados por la desnutrición, recogiendo testimonios de primera mano

y participando en conversaciones relacionadas con la experiencia de vivir en situaciones

de escasez de alimentos. El Observatorio del Hambre también ha elaborado una

5
exhaustiva Base de Datos Geográfica de Indicadores Nutricionales (Nutritional

Geodatabase), herramienta que permite comparar la extensión y la intensidad de las crisis

nutricionales en todo el mundo. En esta publicación se presentan los resultados de los

trabajos realizados por este departamento.

Agradecimientos

La realización de este informe no habría sido posible sin la ayuda de mucha gente. En

primer lugar, queremos dar las gracias a las familias de Sudán, Níger, Zambia, Malawi y

Etiopía que nos han permitido utilizar sus palabras y sus imágenes para elaborar los

testimonios recogidos en este informe, especialmente a Asha Suleiman, Awa Abdallah y

Hawa, de Sudán; Harouna Zaroumai y Zeinou Issafou, de Níger; Beauty Ziko e Ivy

Mwansa, de Zambia; Aragash y Shunkay Yutata, Yohannes y Abarash Niammey,

Werekey y Bekelur Dika, Obeshet Gussesa, Dotora y Asada Fenoga, Asfew Gelecha, y

Aleku Makonnen, de Etiopía, así como a muchos otros que prefieren permanecer en el

anonimato. Esperamos que este informe aporte algún beneficio a estas familias y a sus

comunidades.

Claire de Menezes desea dar las gracias especialmente a Jennifer Organ, a Children in

Distress (CINDI), a la organización de REACH en Malawi, a Pamela Fergusson, a Nynke

Nutma y al Ministro de Sanidad y Población de Malawi. Raj Rana quiere agradecer al

equipo de Acción contra el Hambre en Nyala, así como a los beneficiarios de los campos

circundantes, el haber hablado abiertamente sobre cuestiones que evocaban recuerdos tan

6
dolorosos. Paul Rees-Thomas desea dar las gracias a Tewodros Eshetu y al equipo de

Acción contra el Hambre en Addis Abeba.

Los editores estamos en deuda con todas las personas de dentro y fuera de la organización

Acción contra el Hambre que nos han facilitado su valiosa ayuda editorial y de todo tipo

para la elaboración de este informe: Christine Kahmann, Natalie Duck, Suan Khaffaf,

Chris Jones, Angelina Lawrence, Henri Leturque, Mariana Lobo Merelo, Inma Manas

Hueto, Josh Colston, Menaka Raman, Shona Kriss, Milair Ryalls, Christina Torres-Eve,

Milo Douglas, Emanuela Ferrari, Eliza Anyangwe, Monika Vrsanska, Alan Martin, Harry

Ingram, Alison Hauenstein Swan, Julia Cohen, Tree Kilpatrick y muchos otros.

Por último, nuestro especial agradecimiento para Antonio Carluccio y Stephen Devereux

por sus aportaciones.

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Prólogo

Stephen Devereux

Miembro del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Universidad de Sussex

El hambre es indigna. El hambre es injusta. Estas duras afirmaciones adquieren una

dimensión real cuando se habla con quienes padecen hambre. El Informe 2007-2008 del

Hunger Watch combina el análisis de las causas del hambre en diversos países africanos

con los testimonios personales de familias que se enfrentan a diario con el hambre o con

la amenaza del hambre. Este libro presenta una durísima acusación contra las

instituciones locales, los gobiernos nacionales, las agencias internacionales y las políticas

que consienten la persistencia del hambre en el mundo actual.

Con frecuencia, la cuestión del hambre se aborda como un problema técnico, como un

asunto de “inseguridad alimentaria crónica” o “transitoria”, que precisa de programas

para “facilitar el acceso a los alimentos” o de “redes de seguridad” que suavicen las

estadísticas relativas a la desnutrición. Resulta humillante tener que recordar que el

hambre tiene una cara humana, que diariamente millones de personas se ven obligadas a

tomar la angustiosa decisión de cuál será el miembro de la familia que ese día comerá y

cuál no lo hará. Este informe analiza la indignidad y la injusticia del hambre en Etiopía,

Malawi, Níger, Sudán y Zambia, y concluye que el derecho a la alimentación es una

cuestión de justicia social y de dignidad humana. ¿Puede haber alguien que opine lo

contrario?

8
Debemos reconocer y elogiar los resultados satisfactorios conseguidos en las últimas

décadas por ciertas acciones puestas en marcha en la lucha contra el hambre.

Aparentemente la hambruna ha sido erradicada del sudeste de Asia y en muchas zonas

del mundo se observan tendencias positivas en cuanto a la evolución de la pobreza y la

inseguridad alimentaria. La sociedad civil y las Organizaciones No Gubernamentales han

contribuido a hacer realidad el derecho a la alimentación y han conseguido que esta

cuestión tenga mayor relevancia en las políticas nacionales y mundiales. Los Objetivos

de Desarrollo del Milenio (Millenium Development Goals) obligan a concentrar esfuerzos

y a movilizar recursos públicos para reducir la pobreza y el hambre. Sin embargo, en

gran parte del África subsahariana la evolución a la baja de las tendencias es demasiado

lenta y en algunos casos se observan tendencias ascendentes, por lo que las crisis

alimentarias, lejos de ser erradicadas, se producen actualmente en países que

históricamente no eran propensos a las hambrunas (como Malawi o Zambia) o donde se

creía que estaban erradicadas (Níger). En el Cuerno de África (Etiopía y Sudán), la

población es tan sumamente vulnerable al hambre y a las hambrunas como siempre.

Los cinco países que aparecen en este informe han padecido graves crisis alimentarias en

los últimos diez años, aunque cuatro de ellos tienen un sistema de democracia

multipartidista. Amartya Sen, premio Nobel de Economía en 1998, pensador del

desarrollo y conocido por sus trabajos sobre las hambrunas, defendió la idea de que

nunca se han producido situaciones graves de hambruna en ningún país democrático,

independientemente de su nivel de pobreza. La democracia implica responsabilidad y un

“contrato social” entre los estados y los ciudadanos, que se construye y se refuerza

9
gracias a la acción ejercida por los partidos de la oposición y al análisis crítico realizado

por una prensa libre. La democracia también otorga a los ciudadanos el derecho a apartar

del poder a un gobierno que no les protege contra graves violaciones de los derechos

humanos básicos, como es el derecho a la alimentación.

En este caso, se trata de sistemas democráticos muy jóvenes que aún deben consolidarse:

la transición hacia la democracia en Etiopía, Malawi, Níger y Zambia tuvo lugar durante

la década de 1990. Las instituciones democráticas son débiles y la capacidad del estado

para dar una respuesta eficaz a la pobreza y al hambre es muy limitada. En los cuatro

países la responsabilidad de la prevención del hambre y las hambrunas está compartida

entre los gobiernos nacionales (responsables ante sus ciudadanos, pero sin capacidad para

responder a sus necesidades) y la comunidad internacional (con capacidad de respuesta,

pero sin responsabilidad ante los ciudadanos locales). Esta dispersión de la

responsabilidad ha hecho que millones de africanos se encuentren en una situación de alta

vulnerabilidad frente al hambre.

El fracaso de los procesos de transición hacia la democracia en Etiopía, Malawi, Níger y

Zambia en lo que afecta a asegurar el derecho a la alimentación para toda la población, tal

y como queda documentado en este informe, no es un argumento en contra del deseable

proceso de democratización. Por el contrario, es un argumento a favor de una mayor

responsabilidad democrática, no sólo por parte de los gobiernos nacionales, sino también

por parte de los actores internacionales. En países con instituciones políticas inmaduras y

una débil capacidad estatal, la comunidad internacional debe responsabilizarse de las

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políticas por las que aboga y, en último caso, la responsabilidad debe ser compartida.

Muchas políticas impuestas por parte de ciertos países donantes a algunos gobiernos

africanos que eran reacios a su aplicación por establecer condiciones a la concesión de la

ayuda han resultado ser más perjudiciales que beneficiosas en lo que se refiere a sus

efectos sobre el hambre.

Un ejemplo de ello son las reformas de ajuste estructural que tenían como objetivo

reducir el intervencionismo del estado en el sector agrícola y potenciar el papel de las

alternativas del sector privado. La estacionalidad agrícola es una característica que define

el modo de vida rural en África y una de las causas directas del hambre. La dependencia

de una única cosecha como principal fuente de comida e ingresos tiene como resultado

“períodos de escasez de alimentos” que cada año obligan a las familias con menos

recursos que se dedican a la agricultura a consumir prematuramente su siguiente cosecha,

como explica Aleku Makonnen, del sur de Etiopía, en la introducción de este informe.

Los gobiernos africanos, conscientes de los efectos de la estacionalidad, aplicaron

diversas medidas para paliar sus consecuencias más graves, entre las que se incluían la

gestión de la reserva de cereales y la subvención de los precios de los alimentos. Con el

objetivo de estabilizar las provisiones de alimentos y el precio de los mismos, se encargó

a diversas organizaciones paraestatales la compra de cereales una vez finalizada la

cosecha y su posterior venta a los mercados locales, a precio de coste, unos seis a ocho

meses más tarde. Gracias a la legislación de un precio mínimo para los productores y un

precio máximo para los consumidores, los gobiernos incentivaron a los agricultores,

manteniendo unos precios asequibles para la población con menos recursos.

11
Sin embargo, este tipo de intervenciones públicas en los mercados agrícolas iban en

contra de los principios neoliberales del “Consenso de Washington” (Washington

Consensus), que rechazaba ciertas instituciones, como las paraestatales y las de reserva

de cereales, por ineficaces y corruptas, así como diversas políticas, como las

subvenciones de precios, por inasequibles y perjudiciales para el desarrollo del sector

privado en los países pobres. Por tanto, la actividad de las organizaciones paraestatales y

de las reservas de cereales se redujo, se suprimió o bien pasaron a ser gestionadas como

organizaciones comerciales, al mismo tiempo que se eliminaron las subvenciones a los

precios de los alimentos. El objetivo era incentivar a los comerciantes privados a

intervenir y proporcionar “seguridad alimentaria orientada hacia el mercado”. Cuando

los comerciantes de Níger fracasaron en el intento, se produjo lo que en este informe

denominamos “emergencia de mercado”, una frase que también describe con bastante

precisión los desastrosos fracasos de mercado que precedieron a las crisis alimentarias

que han tenido lugar en Malawi recientemente. Es el momento de reconsiderar estas

políticas fallidas y avanzar hacia una colaboración más equilibrada entre la

administración, el sector privado y los actores de la sociedad civil para proporcionar

seguridad alimentaria y liberar a la población del hambre.

Etiopía, Malawi, Níger y Zambia tienen un alto nivel de dependencia de los donantes

internacionales, ya que cerca de la mitad de sus presupuestos anuales son financiados por

sus “socios para el desarrollo”. Los gobiernos de estos países han hecho todo lo que la

comunidad internacional ha demandado de ellos, desde la liberalización económica hasta

12
la transformación política, pasando por la reforma del sector público. Sin embargo, las

solicitudes de ayuda de emergencia realizadas por Etiopía en 1999/2000, por Malawi en

2001/2002 y por Níger en 2004/2005 fueron ignoradas hasta que ya era demasiado tarde.

En cambio, el Fondo Monetario Internacional (FMI) aconsejó al gobierno de Malawi la

venta de la Reserva Estratégica de Cereales y, a principios de 2005, el gobierno de Níger

fue obligado a aplicar un impuesto de 19 por ciento sobre los productos de primera

necesidad, como condición del FMI para apoyar sus presupuestos. Tras diversas

manifestaciones de protesta en la capital, Niamey, en las que los manifestantes portaban

carteles en los que se leía “Tenemos hambre, ayudadnos”, se revocó dicho impuesto que

empeoraba la situación de hambre de la población. Es necesario plantear cuestiones

fundamentales sobre la naturaleza de la democracia en contextos tan dependientes de una

ayuda facilitada por donantes tan intervencionistas.

Si a la comunidad internacional se le acusa de haber intervenido inoportunamente en

cuanto a sus recomendaciones a los gobiernos de Níger y Malawi, se le acusa también de

intervenir inadecuadamente en el caso de Sudán. En Darfur, donde la comida es un arma

en una “guerra por los medios de vida”, el hambre está estrechamente relacionada con las

muertes violentas: quien se aventura a salir de los campos de desplazados en busca de

comida, se arriesga a recibir un disparo y a morir asesinado. Detener este conflicto es una

condición previa para poder acabar con el hambre, salvar vidas y devolver la dignidad a

las poblaciones. Aún así, la comunidad internacional parece no mostrar el suficiente

interés y no querer actuar de una vez por todas para detener este horror. Este fracaso se

suma al abandono de la responsabilidad moral mundial y pone de manifiesto la cruda

13
realidad de que, aunque actualmente existe la capacidad técnica para evitar el hambre y

las crisis alimentarias, no existe voluntad política y, cuando existe, se mueve en la

dirección equivocada. En el caso de Darfur parece haber más intereses políticos

internacionales en la condena de los hechos que en la intervención en el conflicto.

El hambre es un acto silencioso de violencia, una violación prácticamente invisible de la

dignidad humana y de la justicia social. Se puede y se debe debe luchar contra el

hambre: no sólo reducirla a la mitad para 2015 como se ha fijado en los Objetivos de

Desarrollo del Milenio, sino acabar con ella como el crimen que es contra la humanidad.

Como se nos recuerda enérgicamente en este informe, la persistencia del hambre es una

humillación para todos nosotros.

14
1

Introducción: Una vida que merezca la pena vivir

[Foto: Ethiopia1_Copyright Paul Rees-Thomas]


Copyright © Paul Rees-Thomas

A pesar de luchar tanto toda su vida, Aleku Makonnen tiene la sonrisa fácil. Las últimas

luces del atardecer nos impiden ver con claridad nuestros gastados cuadernos de notas y

nuestras grabadoras; la del señor Aleku será la última de unas cincuenta entrevistas en

profundidad que habremos realizado esta semana en la región de Sidama, al sur de

Etiopía, y esto será todo por hoy. Sin embargo, nos da la bienvenida con una amplia y

cálida sonrisa y una humeante taza de café Sidamo que hacen maravillas en el ánimo del

equipo de investigación. Al poco tiempo nos sentamos todos alrededor del árbol de

aguacates que hay frente a la cabaña de madera y barro del señor Aleku, y nos reímos con

él cuando nos cuenta historias de hace décadas sobre ciertos burros terriblemente tercos y

unos funcionarios del gobierno más tercos aún. El señor Aleku ha vivido mucho tiempo

y tiene mucho que contarnos.

Es ya de noche cuando recordamos que tenemos trabajo que hacer y, a regañadientes, nos

ponemos manos a la obra con nuestros lápices y nuestros papeles. Hemos llegado hasta

aquí para estudiar las causas del hambre en el pueblo de Aleku Makonnen y tenemos

muchas preguntas que hacerle: ¿Qué extensión de tierra y cuánto ganado posee?

¿Cuánto espera ganar con su cosecha de maíz? ¿Su familia tuvo lo suficiente para comer

el año pasado? El señor Aleku contesta a nuestras preguntas pacientemente. Posee un

cuarto de hectárea y una vaca; vendió la otra vaca que tenía para pagar el funeral de su

hijo el año pasado. Espera vender muy poco maíz este otoño; tuvo que cosechar gran

15
parte del grano hace dos meses, antes de que estuviera totalmente seco, para que su

familia pudiera comerlo aún “verde” (pero comestible) en la estación difícil1 , cuando las

provisiones de alimentos eran escasas.

Uno de nuestros investigadores, intentando no bostezar en la oscuridad, interrumpe al

anciano para preguntarle “¿Sabe usted, señor Aleku, que si deja que el maíz madure y se

seque en lugar de recogerlo cuando aún está verde, podrá disponer de casi el doble de

cantidad para comer?” En este momento, el señor Aleku mira al investigador y mastica

un trozo de caña de azúcar pensativamente. “Amigo mío, la suya es una idea

maravillosa”, contesta el señor Aleku, haciendo una pausa para dar un toque dramático a

su respuesta. “El año que viene esperaré a estar muerto para comerme el maíz. Le diré a

mi esposa que me abra la boca y me ponga en ella algunos granos antes de enterrarme;

pero me aseguraré de que me dé el doble de granos de lo normal”. Durante un momento,

se produjo un incómodo y embarazoso silencio. De repente, el señor Aleku estalló en

carcajadas, nosotros también y enseguida comprendimos por qué este anciano se había

mostrado tan paciente y amable con nosotros durante la última hora.

Cuando se comprende el significado de la palabra luchar, se entiende el valor de una

sonrisa fácil. Cuando se comprende lo que representa la muerte de un hijo a causa de la

malaria y lo que significa tener muy poco para comer durante seis meses al año, se

aprecia el valor de una buena taza de café, de reírse de las preguntas estúpidas y de

disfrutar de una noche tranquila. No basta simplemente con tener una vida: debe ser una

16
vida que merezca la pena vivir, por la que merezca la pena luchar. Una vida vivida con

dignidad y alegría.

A pesar de luchar tanto toda su vida, Aleku Makonnen tiene la sonrisa fácil.

***

Una vida, para todo el mundo, vivida con dignidad; ésa es la esperanza que subyace en

este informe. Es cierto que los gobiernos y otros participantes en el “desarrollo” se

resisten con frecuencia a hacer algo respecto a conceptos tan abstractos como la dignidad.

Pero, al final, la construcción de pozos para proporcionar agua segura, la intermediación

en acuerdos de paz y el tratamiento de niños desnutridos comparten el mismo objetivo

básico: salvaguardar la posibilidad del respeto hacia uno mismo, de sentirse orgulloso de

su propia vida. Es indigno estar constantemente enfermo debido a los agentes patógenos

del agua, es más indigno aún recibir un trato brutal por parte de hombres armados, y

posiblemente lo más indigno de todo es ver cómo tu hijo se muere de hambre poco a poco

sin poder hacer absolutamente nada para evitarlo. En el núcleo de cada una de las cosas

positivas que se han conseguido en el mundo para avanzar en el desarrollo de la

humanidad, existe un triunfo de la dignidad.

El conjunto básico de libertades a las que denominamos “derechos humanos” representan

las condiciones mínimas necesarias para la consecución de la dignidad. El derecho a la

atención sanitaria, el derecho a la educación, el derecho a la libertad de expresión y, en

realidad, cada una de las esperanzas expresadas hace casi sesenta años en la Declaración

17
Universal de los Derechos Humanos, incluyen diversos aspectos inseparables e

interdependientes de la dignidad2 (ver imagen 1.2). capitulo 4

Como organización cuya misión es la prevención y el tratamiento de la desnutrición,

Acción contra el Hambre se preocupa principalmente por uno de los aspectos de la

dignidad que con frecuencia es pasado por alto: el derecho a la alimentación. A

diferencia de muchos de los derechos representados en la imagen 1.2, como la

prohibición de la tortura o el derecho a la libertad de expresión, el derecho a no pasar

hambre no provoca la indignación del público, excepto en casos de hambrunas masivas,

como la catástrofe que se produjo en Etiopía en 1984. Cerca de mil millones de personas

en todo el mundo padecen hambre crónica y carecen de los medios para obtener

alimentos suficientes para satisfacer sus necesidades nutricionales diarias. Cada año,

decenas de millones de estas personas, la mayoría de ellos niños, se ven empujados,

debido a diversos conflictos, inestabilidad económica, enfermedades y otras causas

violentas, a la peligrosa situación de desnutrición aguda (ver texto en el cuadro 1.1).

18
Cuadro 1.1 ¿Qué es la desnutrición aguda?

En este informe hacemos referencia a la situación de “desnutrición aguda”. Se dice que una

persona padece “desnutrición aguda” cuando presenta un cuadro general de debilitamiento,

con un peso corporal muy bajo en relación con su altura. El debilitamiento aparece

habitualmente como consecuencia de una enfermedad o de la reducción extrema del consumo

de alimentos.

La gravedad de la situación de desnutrición en un área se define según el índice de

“desnutrición aguda global” o MAG (global acute malnutrition, o GAM según sus siglas en

inglés): el porcentaje de personas de una población que se encuentran por debajo de un

umbral crítico de relación peso/altura. Esta medida se toma habitualmente en niños de hasta

cinco años de edad. Acción contra el Hambre considera que un índice de 15% de casos de

MAG es decir, quince niños desnutridos por cada cien que haya en la población, es motivo

para una intervención de emergencia nutricional.

Cuando alguien se encuentra seriamente debilitado, es decir, cuando su peso ha caído hasta un

nivel tan extremadamente bajo que, sin tratamiento, podría morir en pocas semanas, se

considera que se encuentra en una situación de “desnutrición aguda severa” (severe acute

malnutrition, o SAM según sus siglas en inglés). Las causas de muerte más frecuentes entre

las personas con desnutrición aguda severa están relacionadas con enfermedades como la

neumonía, sepsis (afección generalizada de la sangre), deshidratación o shocks. Aún en el

caso de que reciban tratamiento y consigan sobrevivir, quienes padecen desnutrición aguda

severa sufrirán sus efectos negativos a largo plazo, incluidos retrasos en el desarrollo físico y

cognitivo. Acción contra el Hambre considera necesaria una intervención de emergencia

cuando el índice de SAM ha alcanzado al 2% de la población.

[Foto: Niño desnutrido_copyright Samuel Hauenstein Swan]


Imagen 1.3 Un niño que presenta un cuadro de debilitamiento, Malange, Angola, 1999
Copyright © Samuel Hauenstein Swan
19
En un mundo de abundancia, ¿por qué se sigue padeciendo hambre y, sobre todo, por qué

sigue habiendo casos de desnutrición aguda? O, dicho de otra forma, ¿qué motivos hay

para que el derecho a los alimentos no sea una prioridad política?

El problema principal quizás está relacionado con nuestra capacidad para ponernos en el

lugar del otro. El alma humana comprende intuitivamente el horror de la muerte

prematura a causa de las guerras o de las hambrunas. Cuando se ven amenazadas las

vidas de personas inocentes, la mayoría de nosotros tenemos una reacción instintiva de

compasión. Probablemente el horror de vivir con el hambre, un día tras otro, es más

difícil de comprender, de visualizar y de sentir. Nuestro primer objetivo al escribir este

informe es ilustrar que en realidad el hambre está íntimamente relacionada con la

violencia más extrema, una violencia que puede ser tan dañina como la peor tortura que

se pueda imaginar o tan paralizante a nivel psicológico como la peor represión.

Mantenemos esta afirmación en el informe basándonos no sólo en las estadísticas y en lo

referido por nuestros observadores, sino también en los testimonios y las emociones de

las personas que se han visto atrapadas en recientes situaciones de emergencia

alimentaria, especialmente en Sudán, Níger, Zambia, Malawi y Etiopía. Además de

facilitarnos una visión más clara de la violencia del hambre, estos testimonios personales

ponen de manifiesto el valor demostrado por las familias en su lucha por los alimentos y

la dignidad.

[Foto: Ethiopia2_copyright_Bapu Vaitla]


Imagen 1.4 El señor Aleku Makonnen, de la población de Bokaso, situada en la región de Sidama al sur
de Etiopía
Copyright © Bapu Vaitla

20
Otro obstáculo que dificulta la respuesta política a la cuestión del hambre es la

percepción de que las causas de la desnutrición son demasiado numerosas y complejas

como para hacerles frente de forma eficaz. Así, el segundo objetivo de este informe es

aclarar la complejidad causal del hambre, demostrar que es posible entender y analizar

con rigor el aumento y la persistencia de la desnutrición y que, tras ese proceso, es

posible, sin duda, ofrecer una respuesta eficaz. Hacemos especial hincapié en el hecho de

que, con demasiada frecuencia, se acusa a fuerzas abstractas como “la enfermedad” o “la

volatilidad de los mercados” de ser causantes del hambre, lo que oculta el hecho de que

estos fenómenos son consecuencia de las decisiones del hombre (y, en algunos casos, de

la decisión de los seres humanos de no actuar frente a las claras pruebas de ofensas a la

dignidad). Si consideramos que el derecho a los alimentos tiene tanta importancia como

los otros derechos humanos representados en la imagen 1.2, debemos tomar las medidas

necesarias para su aplicación, con más razón cuando hemos comenzado a perseguir los

crímenes por genocidio. El proceso de aplicación debe incluir la identificación

meticulosa y sistemática de las decisiones humanas que hacen que se viole este derecho.

El hambre no es una fatalidad, ni algo a lo que estemos predestinados. Es más bien

consecuencia de una ruptura de las leyes que rigen la sociedad y sus hombres; un

quebrantamiento, en realidad, demasiado frecuente de las leyes, pero inaceptable en

cualquier caso. La existencia del hambre es, lisa y llanamente, una injusticia.

La intención de este informe es examinar los costes y las causas de la desnutrición,

especialmente en los lugares del mundo que más la han sufrido en los últimos años.

Creemos que si fuéramos capaces de comprender la extrema violencia del hambre y si

21
pudiéramos conocer exactamente sus soluciones (en otras palabras, si cada uno de

nosotros hiciera un mayor esfuerzo por comprender el hambre e identificarse con quienes

la padecen) podríamos vencer sin duda en la lucha por los alimentos y la dignidad en todo

el mundo.

RESUMEN DEL INFORME

Los Capítulos 2, 3 y 4 de este informe se centran en las recientes crisis alimentarias de

Sudán, Níger, Zambia y Malawi. Analizamos cómo la desnutrición ha sido la

consecuencia de diferentes factores: los conflictos y la destrucción de las formas de vida

en el caso de Sudán, la inestabilidad de los mercados en Níger y la pandemia del

VIH/SIDA en Malawi y Zambia. El Capítulo 5 está formado por los testimonios

recogidos en nuestras entrevistas en profundidad con familias residentes en las

plantaciones de café de las tierras altas del suroeste de Etiopía, una de las áreas del

mundo con mayor riesgo de padecer crisis de desnutrición en el futuro. En este capítulo,

las familias nos transmiten con sus propias palabras su experiencia diaria en la lucha por

los alimentos y la dignidad.

[Mapa: Mapa resumen_copyrightACF]


Imagen 1.5 Localización de las crisis alimentarias mencionadas en este informe
Copyright © ACF

El Capítulo 2, “La lucha por la supervivencia: viaje al interior del sufrimiento en la

guerra por mantener los medios de vida en Darfur”, dirige su mirada hacia donde se

encuentran hoy en día los campos de exterminio más famosos del mundo: la región de

Darfur al oeste de Sudán. Tres años después de que los funcionarios de las Naciones

Unidas calificaran la de Darfur como “una de las peores crisis humanas del mundo”3,

22
persiste la situación de emergencia. Hasta ahora, la guerra ha causado la muerte de entre

200.000 y 400.000 personas y ha provocado el desplazamiento de más de dos millones de

personas fuera de sus hogares4. Las respuestas de la comunidad internacional

(fundamentalmente la ayuda humanitaria a los refugiados y a los desplazados internos

(IDP)5 y un limitado despliegue de fuerzas de paz) han sido inadecuadas para

salvaguardar el derecho de la población de Darfur a los alimentos y a la dignidad.

La identificación popular de la guerra de Darfur como conflicto “étnico” entre las

poblaciones de “negros africanos” y las de “árabes” oculta una realidad más compleja.

Defendemos la opinión de que un enfoque diferente de la situación de Darfur, no como

“conflicto étnico”, sino como una guerra por los alimentos y los medios de vida6,

obligaría a ofrecer una intervención humanitaria más duradera y más eficaz. Las

tácticas militares empleadas en el conflicto son indicativas de lo que podría ser calificado

como una “guerra por los medios de vida” en la que los recursos básicos se convierten en

objetivos de guerra como, por ejemplo, la quema de campos y huertos y la destrucción de

almacenes de cereales. Finalmente, tras sufrir ataques e intimidación, los civiles se ven

forzados a convertirse en refugiados y desplazados internos y, por tanto, a perder por

completo sus medios de vida. Si contemplamos la crisis desde este punto de vista, las

respuestas no tendrían como único objetivo el “restablecimiento de la paz”, sino el

necesariamente más amplio y más ambicioso de “restablecer los medios de vida”.

El análisis que incluimos en el Capítulo 2 se centra en los testimonios de las familias

afectadas por la guerra. No sólo hablan de la violencia que les obligó a abandonar sus

23
comunidades y sus medios de vida, sino también de su lucha en los campos de

desplazados internos, que se parecen cada vez más a suburbios urbanos. Afirmamos que

es necesario poner en marcha acciones inflexibles a nivel internacional para detener el

conflicto armado y sustentar un auténtico proceso de negociación de paz, que permita

finalmente a las familias recuperar sus hogares, sus tierras y sus medios económicos. A

corto plazo, sin embargo, en los propios campos se necesitan diversos tipos de medios de

vida y de ayudas; no sólo ayuda alimentaria, sino también programas de transferencia en

efectivo, acceso garantizado a agua segura y a servicios sanitarios de calidad, así como a

sistemas educativos y de información. El mantenimiento de los campos de desplazados

internos como asentamientos semipermanentes puede ser para muchos una posibilidad

inaceptable, pero en ausencia de seguridad y de estabilidad, defendemos que no hay otra

alternativa a corto plazo si el objetivo es la protección de la dignidad de la población de

Darfur.

El Capítulo 3, “Mercados libres y poblaciones cautivas: Níger y los peligros de la

liberalización”, analiza la crisis alimentaria que tuvo lugar en Níger en 2005, en la que

cerca de 250.000 niños menores de cinco años recibieron tratamiento por desnutrición

aguda en una de las mayores intervenciones de ayuda de la historia. La situación de

emergencia de Níger fue calificada de “imprevisible”, ya que popularmente se creía que

había sido causada por una plaga de langosta y por la sequía del año anterior. Sin

embargo, estos factores naturales no hicieron más que agravar hasta el límite la situación

de vulnerabilidad que se venía produciendo desde hacía décadas.

24
En el Capítulo 3 afirmamos que esta vulnerabilidad se debe en gran medida a la

aplicación de políticas económicas equivocadas. En un intento de avanzar hacia la

liberalización de la economía durante las décadas de 1980 y 1990, el gobierno de Níger,

de acuerdo con otros países de África occidental y donantes del norte7, puso en marcha

ciertas políticas que llevaron a la liberalización de los mercados de alimentos y a la

reducción de las subvenciones que se concedían a los pequeños agricultores y pastores.

Como consecuencia, las familias pobres de Níger quedaron expuestas a unos precios de

los alimentos extremadamente volátiles y a fluctuaciones en sus ingresos. La crisis de

Níger de 2005 fue debida a que las familias no tenían dinero suficiente para poder

comprar los alimentos disponibles en el mercado, siendo esta situación representativa de

un nuevo tipo de crisis alimentaria emergente en el mundo: la “emergencia de

mercado”, causada por los efectos negativos de la dependencia de mercados inestables o

no regulados. A pesar del potencial a largo plazo de la liberalización para estimular el

crecimiento económico y reducir la pobreza, afirmamos que tales políticas pueden tener

peligrosos efectos a corto plazo en la capacidad de las familias para satisfacer sus

necesidades alimentarias, especialmente cuando se aplican en el contexto de economías

débiles e inestabilidad política.

Aún existen soluciones. La protección deliberada de ciertos sectores nacionales claves

frente a la competencia mundial ha asegurado el desarrollo humano a lo largo de la

historia en la mayoría de los países del norte; es esencial aplicar políticas similares para

el desarrollo de los países del sur, como es el caso de Níger. Además, es necesario

coordinar regionalmente la regulación del mercado de bienes de consumo básicos para

25
mitigar las alzas y caídas de precios que son tan devastadoras para las familias con

escasos recursos; la libertad para comer debe tener prioridad sobre unos mercados

excesivamente “libres”. Los programas de empleo Safety Net, que han demostrado su

efectividad en otros países en desarrollo, deben ser puestos en práctica para aumentar los

ingresos de las familias y ayudarles a afrontar la estación difícil, en la que se reducen las

reservas de alimentos y aumentan los precios. En resumen, terminar con el hambre en

Níger es cuestión de contar con una buena política económica y de desarrollo, apoyada

por la voluntad de los países ricos de aportar significativos niveles de ayuda y de crear

un sistema de comercio internacional más justo.

El Capítulo 4, “Retratos de una pandemia: familias al borde del abismo en Zambia y

Malawi”, se centra en la mayor tragedia de la sanidad pública en la historia moderna: el

VIH/SIDA en el sur de África. Sólo en 2006, se calcula que cerca de un millón de

personas de la región han muerto a causa del virus. Durante las dos últimas décadas, es

probable que se hayan superado los diez millones8. Si el cumplimiento de la Declaración

Universal de los Derechos Humanos es una responsabilidad universal, el fracaso en la

dotación económica adecuada de los sistemas sanitarios públicos y, especialmente, en la

prevención y los programas de tratamiento del VIH en el sur de África, debe ser

considerado como una de las más graves violaciones de los derechos humanos que se

han producido en el mundo en los últimos veinticinco años. El impacto de la pandemia

en el derecho a los alimentos resulta especialmente angustioso: la economía y los medios

de vida de los pobres en el sur de África se desintegran bajo el peso del virus. En el

Capítulo 4, sirviéndonos de la experiencia técnica de Acción contra el Hambre en el

26
tratamiento de niños desnutridos en Malawi y Zambia, hacemos una crónica de cómo

infecta el virus todos los aspectos de la lucha diaria por los alimentos y por la dignidad en

estos países.

Además del impacto del virus en el derecho a los alimentos, también ponemos de relieve

otras dos cuestiones relacionadas con el VIH. La primera trata de cómo afecta la

marginación y la discriminación a la capacidad de las familias para recibir servicios

sanitarios. Entre los proveedores de servicios sanitarios existe la percepción de que los

niños VIH-positivos, y especialmente los que sufren desnutrición severa, son “causas

perdidas”, y que invertir en su atención es hacer un uso inadecuado de los escasos

recursos disponibles. Como consecuencia, se les discrimina en la prestación del

tratamiento médico que tan desesperadamente necesitan las familias afectadas por el VIH

y al que, por supuesto, tienen derecho. Con la exposición detallada de nuestra

investigación en el Capítulo 4, afirmamos que con un adecuado acceso al tratamiento y

el apoyo a los medios de vida de sus familias, los niños afectados al mismo tiempo por

desnutrición severa y VIH pueden, sin duda, llevar unas vidas saludables.

El último punto del Capítulo 4 aborda la capacidad de las familias afectadas por el VIH

para conseguir agua segura. El cólera, la disentería y las fiebres tifoideas, producidas por

el consumo de agua en mal estado, son responsables de una gran parte de las

enfermedades y las muertes en todo el mundo, y figuran entre las causas principales de

desnutrición infantil. Son preocupantes los efectos cruzados de la infección por VIH y el

27
deficiente acceso a agua segura; analizamos los vínculos entre ambos en detalle mediante

el estudio de los casos de varias familias en la región de Copperbelt, en Zambia.

El Capítulo 5, “El significado de la palabra dignidad: tragedias silenciosas y espíritus

indomables en Etiopía”, está compuesto por los testimonios de distintas familias que

viven en las plantaciones de café del suroeste de Etiopía, un área con un alto riesgo de

sufrir una crisis nutricional. Mientras que a lo largo del informe extractamos las

manifestaciones de los afectados por el hambre, en el Capítulo 5 presentamos las historias

de esas familias de una forma más amplia. Con el fin de poder dibujar un retrato más

detallado y centrado en su contexto, limitamos nuestro enfoque geográfico a dos

comunidades del suroeste de Etiopía, donde Acción contra el Hambre lleva varios años

trabajando.

Los testimonios ilustran vivamente que el hambre es mucho más que la carencia de

alimentos suficientes para llenar el estómago; también puede significar enfermedades,

endeudamiento y dolor. Sin embargo, en las historias que incluimos en el Capítulo 5 hay

también mucho valor. A pesar de las dificultades a las que se enfrentan estas familias,

luchan infatigablemente por llevar una vidas dignas, tratando por todos los medios a su

alcance de obtener lo que necesitan y valoran: alimentos, medicinas, ropa, techo y

educación. El Capítulo 5 es a la vez un preocupante retrato de la brutalidad del hambre y

un testimonio de la fuerza y la capacidad de las familias que viven al borde de la crisis

para encontrar recursos.

28
En el último Capítulo, “Epílogo: conciencia y poder”, apuntamos que la comunidad

internacional ha conseguido ayudar a reducir la mortalidad en los países en desarrollo

durante las últimas décadas, especialmente durante las hambrunas. Pero la supervivencia

en sí misma no es el objetivo principal, sino la dignidad humana. Afirmamos que los

resultados positivos conseguidos frente a las hambrunas se produjeron gracias al

compromiso moral de los líderes políticos y los ciudadanos anónimos de todo el mundo,

un compromiso apoyado por políticas adecuadas y una ayuda económica considerable.

Acabar con el hambre es posible, pero debe apoyarse en la conciencia colectiva.

Debemos luchar por la dignidad tan implacablemente como hemos luchado por el

derecho a sobrevivir a las hambrunas.

29
2

La lucha por la supervivencia: viaje al interior del sufrimiento en la guerra por los

medios de vida en Darfur

Durante el año 2006, el conflicto de Darfur, región situada en la zona occidental de

Sudán, ha suscitado enorme controversia a nivel internacional, con un número cada vez

mayor de políticos y estrellas de cine que ha expresado su indignación ante una crisis sin

resolver que hasta el momento se ha cobrado las vidas de entre 200.000 y 400.000

personas y ha provocado el desplazamiento de otros dos millones1. Con la buena

intención de “vender” la urgencia de la situación al público en general, se ha simplificado

demasiado el sufrimiento que supone. Lo que nos presentan en la televisión es el simple

retrato de “otro antiguo conflicto étnico”: el de las milicias genocidas “árabes” que

aterrorizan a los poblados “africanos negros”, asesinando y violando inocentes.

Igualmente, el objetivo de la comunidad internacional en Darfur se ha visto reducido a

una sola palabra: “seguridad”. Nuestro trabajo, como nos decimos a nosotros mismos, es

proteger las vidas humanas hasta que sea posible construir una paz más duradera en la

región.

[Mapa: Sudan_Map1]
Imagen 2.1 La crisis de Darfur en Sudan

Sin embargo, el sufrimiento rara vez tiene límites tan claros, y Darfur no es una

excepción. En este capítulo afirmamos que la crisis de Darfur debe ser entendida no sólo

como una amenaza a las vidas humanas, sino como una amenaza al conjunto de los

derechos humanos relacionados con la dignidad de las personas y, especialmente, con el

30
derecho a los alimentos. El coste de una guerra no debe tener en cuenta sólo la pérdida

de vidas humanas, sino también la pérdida de las comunidades, la pérdida del trabajo, la

pérdida de los hogares y el consiguiente incremento del hambre. En realidad, lejos de ser

otro “conflicto étnico”, defendemos que la crisis de Darfur es, en el fondo, una “guerra

por los medios de vida”: la lucha entre grupos diversos para conseguir tierra y agua

suficientes, así como recursos ganaderos para sobrevivir en un contexto de acelerada

degradación medioambiental.2

Por supuesto, no en todos los lugares del mundo donde las poblaciones luchan por unos

recursos limitados se originan crisis humanas masivas y, para entender la destrucción de

Darfur, es esencial realizar un análisis de las agendas políticas a alto nivel1. Sin embargo,

la consideración de “guerra por los medios de vida”, obliga a la comunidad internacional

a fijar objetivos más amplios en Darfur3: no se trata simplemente de restablecer la

seguridad y proteger las vidas de las personas, sino también de devolver a las poblaciones

sus medios de vida. Es cierto que se trata de un objetivo mucho más complejo que

requiere compromisos e inversiones a largo plazo, pero la defensa de la dignidad humana

obliga a tener una ambición más amplia.

Además de analizar la guerra por los medios de vida que tiene lugar en Darfur, en este

capítulo nos ocupamos de la cara menos conocida de la crisis, la vida en el interior de los

campos de desplazados internos que rodean los centros urbanos de la región. Estos

campos son actualmente, y seguirán siéndolo hasta un momento aún sin determinar, el

hogar de cientos de miles de familias que han sido obligadas a abandonar sus ciudades

31
como resultado de la violencia. Son fundamentalmente los testimonios de quienes viven

en estos campos, es decir, los supervivientes del conflicto, los que ilustran su lucha para

obtener alimentos, mantenerse sanos y llevar una vida digna. Aunque desde fuera podría

parecer que los campos de desplazados y de refugiados son lugares seguros, la

incertidumbre provocada por la distribución de alimentos, la ausencia de seguridad

policial y los insuficientes servicios sanitarios y de distribución de agua, provocan unos

elevados índices de desnutrición en los campos. Terminamos afirmando que, si el

objetivo es reducir la desnutrición en Darfur a corto plazo, se necesita un mayor número

de intervenciones que permitan el desarrollo de los medios de vida dentro de los propios

campos.

UNA GUERRA MÁS DE POBREZA Y DE POLÍTICA, QUE DE ETNIAS

Definir lo que sucede en Darfur como una lucha entre “árabes” y “negros africanos” lleva

a engaño en el mejor de los casos. Si bien en la región existen comunidades étnicas

diferentes, las fronteras entre estos grupos no han sido históricamente rígidas, sino

utilizadas para definir las relaciones económicas y sociales entre ellos, pero no para

marcar límites que pudieran conducir al conflicto y la violencia4. Han sido tres los

factores que han transformado Darfur, pacífico mosaico de comunidades coexistentes, en

el lugar cada vez más polarizado que es en la actualidad: la manipulación política por

parte de agentes externos, la degradación medioambiental y la proliferación de armas.

32
La historia de Darfur es la historia del abandono político y el sometimiento de la región a

las agendas de diferentes gobiernos y otros poderosos actores. La región, una de las más

interiores del continente africano, fue ignorada en el proceso de desarrollo de Sudán,

tanto durante el dominio colonial británico como tras la independencia del país. Incluso

hoy, los servicios públicos de Darfur están muy atrasados en comparación con otras áreas

de Sudán. Durante las últimas décadas, este abandono se ha visto agravado por la

utilización de Darfur como campo de batalla de las guerras entre los gobiernos de Sudán,

Libia y Chad. Todos estos países, cada uno por sus propias razones5, llevaron el

recrudecimiento de la lucha por la identidad étnica a Darfur. Se podría discutir si la

hostilidad étnica, que parece haberse acrecentado últimamente en la región, es

fundamentalmente consecuencia de las acciones de estos intereses externos.

Las graves sequías de las décadas de 1970 y 19806, que tuvieron lugar al mismo tiempo

que las guerras por delegación7 , tuvieron también importancia en la formación de la

identidad de la región. La relación entre los agricultores y las comunidades de pastores

(los dos medios de vida mayoritarios en Darfur) había sido tradicionalmente de beneficio

mutuo: el ganado pastaba en los terrenos en barbecho de los campos de cultivo y, en ese

proceso, esparcía estiércol y aumentaba la fertilidad del suelo para la siguiente cosecha.

Sin embargo, cuando las condiciones medioambientales comenzaron a deteriorarse, estos

grupos empezaron a competir por una tierra y unos recursos hídricos cada vez más

escasos.

33
El último factor importante en el desmantelamiento del tejido social de Darfur fue el

creciente aumento de la proliferación de armas durante la segunda mitad de la década de

1980, resultado indirecto de las guerras por delegación que se libraban en la región.

Como indican Flint y de Waal, “en 1990, se podía comprar un Kalashnikov por 40

dólares en cualquier mercado de Darfur”8. Tradicionalmente, las tensiones entre las

comunidades se resolvían mediante un complejo sistema de negociaciones en las que

participaban los líderes de los pueblos (los jeques), los jefes nómadas y el gobierno. La

creciente militarización de la región acabó con este sistema de arbitraje.

Impulsada por todos estos factores, la guerra por los medios de vida alcanzó su punto

crítico en la década de 1990. Las ofensivas por parte de un movimiento rebelde cada vez

más audaz, alimentado por las protestas contra el abandono y la marginalización de la

región por parte del gobierno sudanés, llevaron a las autoridades centrales de Jartum a

lanzar sus propias acciones contraofensivas. Al mismo tiempo, las milicias criminales

comenzaron a organizarse como oposición a los grupos rebeldes. El terror ocasionado

por estas milicias ha desestabilizado la región, llevando a una ya frágil economía al borde

de la crisis y creando graves fisuras entre los grupos de la región.

NUESTRA PRESENCIA YA NO ES GRATA: HISTORIAS DE LA GUERRA

POR LOS MEDIOS DE VIDA EN DARFUR

La historia de Asha Suleiman

34
Me llamo Asha Suleiman y soy abuela. Mis cuatro hijos adultos, sus familias y yo

estuvimos yendo de un lado para otro durante un año antes de llegar a este campo

[campo de Al Salam, en las afueras de la ciudad de Nyala, la capital de Darfur del Sur].

En nuestro pueblo éramos pequeños agricultores; nos las arreglábamos para sobrevivir

con nuestras propias cosechas y comprando algunos alimentos con el poco dinero que

conseguíamos vendiendo lo que no nos comíamos. Pero las cosas empeoraron el año

pasado, al perder toda nuestra cosecha cuando las tribus trajeron a su ganado a pastar

a nuestras tierras. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que nuestra presencia ya

no era grata allí. En lugar de vengarnos, decidimos mudarnos a otro pueblo. Allí

plantamos algunos cultivos, pero los perdimos también a causa de la violencia.

Estábamos hartos y cansados de tanto luchar. No teníamos ningún lugar adonde ir,

ningún sitio donde pedir justicia y demandar el respeto a nuestro derecho a cultivar

nuestros alimentos. Finalmente decidimos dejar nuestras tierras y venir al campo de Al

Salam. Todas las familias de nuestro pueblo huyeron con nosotros, excepto tres. Todas

tenían los mismos problemas y ningún lugar adonde ir.

La historia de Awa Abdallah

Mi nombre es Awa Abdallah. Ahora vivo con mis hijos en el campo para desplazados de

Otash [cerca de la ciudad de Nyala]. La vida ha sido muy dura desde que comenzó la

guerra. Al principio, sólo había rumores de luchas, de pueblos incendiados y de gente

asesinada. Estábamos atemorizados y redujimos nuestros cultivos, de manera que si

atacaban nuestros campos habría menos posibilidades de que nos apresaran. Sin

35
embargo, esto sólo hizo que nuestras cosechas fueran cada vez más reducidas y que no

tuviéramos la comida suficiente para alimentarnos. La milicia llegó al pueblo una

madrugada del pasado mes de octubre. Nos encerraron a todos en el edificio de la

escuela, quemaron nuestras casas y nuestros cereales y mataron nuestros pollos y

cabras. Reunimos lo poco que pudimos recuperar y viajamos en camión durante dos

días para llegar a este campo. Mi hijo menor, Mubarak, estuvo a punto de morir durante

el viaje; no pude amamantarlo entre el gentío que se aglomeraba dentro del camión.

Tenía que sujetarlo por encima de mi cabeza para evitar que se ahogara, por lo que no

pude darle de comer. Desde que llegamos al campo no hemos tenido más que malas

noticias del pueblo. Dicen que todo está quemado. Los campos, las tiendas, la escuela,

nuestros pozos, todo ha sido destruido.

No todas las familias tienen la posibilidad de localizar un medio de transporte, como lo

hizo Awa Abdallah. Quienes disponen de algunos ahorros pueden alquilar un camión

junto con otras personas, recoger los bienes que puedan recuperar y mudarse con sus

familias a un campo de refugiados o de desplazados. Sin embargo, muchas familias con

pocos recursos y sin dinero para alquilar un medio de transporte se ven obligadas a

permanecer en sus pueblos y sufrir lo peor del conflicto, o a caminar durante semanas

para intentar llegar a un lugar seguro.

Historia anónima

36
El ataque al pueblo se produjo de madrugada. Los criminales y los soldados llegaron de

repente y comenzaron a disparar. Mi hermana intentó localizar a su marido, pero no

pudo encontrarlo. Recogió a sus tres hijos, llevando al más pequeño en su espalda y a

los otros dos de la mano. Además estaba embarazada de tres meses. Cuando empezó a

correr hacia las montañas, uno de los niños que llevaba de la mano recibió un disparo y

murió de inmediato; sin embargo, continuó corriendo, sabiendo que si se paraba

morirían todos los demás. Pasados unos minutos oyó otro disparo y se dio cuenta de que

el bebé que llevaba en la espalda estaba muerto. Desde ese día mi hermana no ha vuelto

a hablar.

Campos incendiados, familias que han perdido el único hogar que han conocido, la

muerte de un bebé que su madre llevaba a la espalda; las caras de la tragedia en la guerra

de Darfur por los medios de vida son innumerables. Las cifras que hemos mencionado al

principio de este capítulo son escalofriantes: entre 200.000 y 400.000 ciudadanos civiles

de Darfur han perdido sus vidas y 2,1 millones han sido obligados a abandonar sus

hogares. Sin embargo, estas cifras sólo se comprenden en toda su extensión cuando se

entiende que detrás de cada una de ellas hay una historia tremendamente triste, historias

como las que acabamos de relatar.

En las próximas páginas acompañamos a las familias en los campos de desplazados y les

preguntamos por qué aún persisten en estos campos el hambre y la desnutrición a pesar

de que popularmente se piensa que existe una respuesta internacional masiva.

37
¿CAMPOS DE REFUGIADOS O SUBURBIOS URBANOS? LA VIDA DE LOS

DESPLAZADOS EN DARFUR

La ciudad de Nyala, en Darfur del Sur, está rodeada por siete grandes campos para

desplazados internos. Uno de ellos, Kalma, es uno de los mayores campos para

desplazados del mundo y alberga a 92.000 personas. Esta población se hacina en unos

7,5 kilómetros cuadrados de tierra, lo que convierte a Kalma en uno de los lugares más

poblados del planeta. A pesar de su tamaño, este campo sólo está dotado de una

economía básica y de una escasa estructura administrativa para cubrir las necesidades de

sus habitantes.

[Foto: Darfur1_copyright ACF]


Imagen 2.2 Distribución de alimentos en un campo para desplazados a las afueras de Nyala
Copyright © ACF

Las historias de quienes viven en estos campos muestran claramente que, aunque aquí las

familias están en general menos expuestas a la violencia directa, la vida sigue siendo muy

difícil. Hay pocas oportunidades de trabajo y la ayuda externa es insuficiente. En una

evaluación realizada recientemente por Acción contra el Hambre en los campos situados

en los alrededores de Nyala se puso de manifiesto que la mayor preocupación de los

desplazados internos es la falta de alimentos. Los índices de desnutrición siguen siendo

muy variables y muy elevados en algunos de los campos, como se muestra en las

imágenes 2.3 y 2.4.

[Gráfico: Gráfico de MAGM (Malnutrición Aguda Global) en Darfur]


Imagen 2.3 Nivel de Malnutrición Aguda Global (MAGM) entre los desplazados internos y los
residentes en la ciudad de Nyala y sus alrededores, estado de Darfur del Sur, Sudán, años 2004 a 2006
Fuente: Acción contra el Hambre; Comisión Permanente de las Naciones Unidas sobre la Nutrición (SCN),
Base de datos de resultados de la Encuesta sobre información nutricional en situaciones de crisis (NICS);
Base de datos de casos de emergencias complejas del Centro para la investigación de la epidemiología en
casos de catástrofes (CRED)

38
[Gráfico: Gráfico de MAS (Malutrición Aguda Severa) en Darfur]
Imagen 2.4 Nivel de Malnutrición Aguda Severa (MAS) entre los desplazados internos y los residentes
en la ciudad de Nyala y sus alrededores, estado de Darfur del Sur, Sudán, años 2004 a 2006
Fuente: Acción contra el Hambre; Comisión Permanente de las Naciones Unidas sobre la Nutrición (SCN),
Base de datos de resultados de la Encuesta sobre información nutricional en situaciones de crisis (NICS);
Base de datos de casos de emergencias complejas del Centro para la investigación de la epidemiología en
casos de catástrofes (CRED).

La historia de Hawa

Mi nombre es Hawa, tengo 23 años y soy madre de trillizos. Sus nombres son Bahar,

Baharia y Badur y sólo tienen 42 días. Soy viuda de mi primer marido y no sé dónde está

mi segundo marido, el padre de mis hijos. Huí de mi pueblo hace seis meses para

escapar de la violencia. Al principio vine a la ciudad de Nyala para estar con unos

familiares, pero unas semanas después de llegar ya no podían mantenerme. Tuve que

marcharme de su casa y fui al campo de Kalma, donde tenía otros familiares. Allí no me

dejaron inscribirme para recibir ayuda alimentaria, por lo que me marché al campo de

Otash, donde confiaba en que me entregarían una cartilla de racionamiento para obtener

la ración mensual de cereales, legumbres, verduras, aceite vegetal, sal y azúcar. Pasó

bastante tiempo y aún no me habían entregado la cartilla de racionamiento. Perdí

mucho peso y no podía alimentar a mis trillizos. Entonces me admitieron en el centro de

nutrición donde mis hijos y yo recibimos tratamiento para la desnutrición. Dos semanas

después de entrar en el centro, mis condiciones físicas habían mejorado y ahora puedo

amamantar a mis trillizos. La semana próxima terminaré el tratamiento. No estoy

segura de lo que haré después, si intentaré conseguir una cartilla de racionamiento en el

campo de Otash o si volveré con mis familiares al campo de Kalma. Pero en Kalma

nadie tiene sitio para nosotros; el único lugar donde podremos quedarnos será bajo la

39
hoja de palmera donde dí a luz a mis trillizos. No sé, no tengo mucho tiempo para

pensarlo; tengo que decidirme la semana que viene.

Los campos están habitados casi en su totalidad por familias que anteriormente se

dedicaban a la agricultura y que han sido obligados a convertirse en residentes casi-

urbanos. Al disponer de poca extensión de terreno, no es posible dedicarse a la

agricultura, y muchas familias no cuentan con otra fuente de ingresos. Como se

menciona en la historia que viene a continuación, la insuficiente cantidad de ayuda

humanitaria obliga a algunas familias a iniciarse en prácticas de alto riesgo para asegurar

su supervivencia. Para mejorar esta situación, sería preciso que las organizaciones

humanitarias aumentaran los proyectos para el desarrollo de los medios de vida y las

intervenciones de transferencia monetaria9, como exponemos más adelante en este mismo

capítulo.

Historia anónima

La comida en los campos [distribuida por las organizaciones de ayuda] es insuficiente.

Si comemos normalmente, la ración de alimentos que recibimos para todo el mes no dura

más de 15 días. Así que tenemos que “estirar” los alimentos comiendo menos y

reduciendo el número de comidas. Algunas veces salimos del campo para recoger leña y

venderla después, o para recoger raíces para comer. Sin embargo, es peligroso para

nosotras las mujeres salir a la selva y a los campos; hay criminales y hombres armados

40
que han agredido a muchas mujeres. No tenemos elección. Si salen los hombres, los

matan.

Los retos de la vida en los campos no son sólo de tipo económico, sino también

psicológico. Tras una evaluación realizada por Acción contra el Hambre en colaboración

con la organización Cooperative Housing Foundation, sobre las necesidades de las

mujeres recién llegadas al campo de Otash en noviembre de 2006, supimos que muchas

de ellas luchaban por adaptarse a su nuevo entorno. No sabían bien cómo establecer

redes de contactos sociales en un campo para desplazados, donde viven entre personas

desconocidas. Muchas tampoco tenían dinero, bienes o apoyo familiar. Estas

dificultades daban como resultado la aparición de síntomas de trastorno psicológico,

elevados niveles de ansiedad y dificultades para atender a sus hijos correctamente10. El

problema se agrava cuando las mujeres son víctimas de agresiones, como ha ocurrido

frecuentemente en los campos.

Los residentes de muchos campos de desplazados y de refugiados viven en unas

condiciones que se asemejan a las de los suburbios urbanos, con todos los problemas que

ello lleva asociado. Los campos, como los suburbios, no fueron diseñados con unas

infraestructuras de servicios permanentes y fiables (suministro de agua y sistemas de

alcantarillado, servicios de atención sanitaria, instalaciones educativas, seguridad policial,

etc.). Un mosaico de organizaciones humanitarias facilita algunos de estos servicios de

manera provisional, responsabilizándose cada una de ellas de un tipo de necesidad en una

zona determinada, por ejemplo, la gestión del agua potable en un sector de un campo.

41
Sin embargo, dadas las restricciones económicas y el número de refugiados y desplazados

afectados, los retos de afrontar todas las necesidades de la población total de desplazados

son enormes.

La ampliación de los servicios dentro de los campos de refugiados y de desplazados para

cubrir las necesidades a largo plazo es una cuestión controvertida. A medida que ha ido

aumentando la población de desplazados, la vida de los residentes en las ciudades

cercanas a los campos se ha ido haciendo más difícil. Han aumentado los alquileres y el

coste de vida. Además, la menor disponibilidad de medios económicos obliga a los

propios residentes a solicitar ayuda. Obligar a los desplazados a regresar a sus

comunidades de origen no es una alternativa viable, dada la incesante violencia. Por

tanto, las organizaciones humanitarias se encuentran atrapadas entre la imposibilidad de

apoyar el regreso de los desplazados por un lado, y contribuir a la urbanización

insostenible de los campos, por otro.

Lo cierto de esta situación es que la causa más inmediata de la desnutrición en los

campos no son los conflictos, sino la escasez de oportunidades económicas y servicios

sociales. Si el objetivo es la protección del derecho a los alimentos, la “respuesta

humanitaria y/o de emergencia” que se ofrece actualmente no corresponde a los tipos de

problemas con los que se enfrentan los desplazados internos después de cuatro años de

desplazamiento. Como indicamos más adelante, se necesitan soluciones centradas en el

desarrollo de los medios de vida para disminuir la desnutrición en los campos.

42
LA PROTECCIÓN DEL DERECHO A LA ALIMENTACIÓN EN DARFUR:

SOLUCIONES A CORTO Y LARGO PLAZO

La solución a la desnutrición en Darfur es descrita con frecuencia en términos muy

simples: paremos la guerra y detendremos el hambre. Por ahora no parece que se vaya a

alcanzar la paz de forma inminente y los dos objetivos de protección de las vidas

humanas y ayuda a la reconstrucción de sus medios de vida no pueden ser considerados

para aplicación secuencial, sino que deben abordarse simultáneamente. Los índices de

desnutrición en los campos de refugiados y de desplazados siguen siendo elevados, y no

podemos esperar al fin del conflicto para hacer frente a la grave violación del derecho a

los alimentos que se produce actualmente.

La solución a corto plazo para combatir la desnutrición en los campos de refugiados y de

desplazados es el desarrollo de medios de vida provisionales y la puesta en marcha de

proyectos de transferencia monetaria. Acción contra el Hambre y otras organizaciones

están diseñando diversas intervenciones de este tipo dentro de los campos de desplazados

situados en los alrededores de la ciudad de Nyala en Darfur del Sur. Por ejemplo, tras

descubrir que el segundo gasto más elevado de las familias residentes en los campos

(después de la compra de alimentos) era la molienda de cereales, Acción contra el

Hambre puso en marcha un proyecto por el que distribuyó cupones para la molienda a

seis mil familias; estos cupones cubren la mitad del coste de la molienda y permiten a las

familias emplear su dinero en la compra de alimentos y en cubrir otras necesidades

básicas. Mediante otro proyecto entregamos a unas cinco mil familias cocinas de bajo

43
consumo y cocinas solares; estas cocinas reducen el tiempo dedicado a conseguir leña y,

algo más importante aún, reducen el riesgo real de agresiones al que se enfrentan quienes

salen de los campos para recoger la leña. Con un tercer proyecto identificamos aquellos

campos en los que algunas familias tienen acceso seguro a terreno agrícola y entregamos

semillas y herramientas a los futuros agricultores. Como el coste de las semillas y las

herramientas es muy elevado en el mercado, las familias han podido comenzar a realizar

sus plantaciones, por lo que la entrega de estos elementos puede ayudar a reactivar la

producción de alimentos.

[Foto: Darfur2_Copyright ACF ]


Imagen 2.5 Niñoen busca de agua en un campo de desplazados a las afueras de Nyala
Copyright © ACF

Otras organizaciones han puesto en práctica proyectos similares de desarrollo de medios

de vida y de transferencia monetaria en los campos. Sin embargo, la cobertura total de

estos proyectos es limitada, en comparación con las necesidades existentes. Los medios

económicos disponibles para las iniciativas de desarrollo de los medios de vida han sido

escasos y ha sido muy recientemente cuando la mayoría de las organizaciones

humanitarias han comenzado a redefinir la crisis no como una situación de emergencia

aguda, sino como un problema crónico que no tiene una rápida solución. Ahora que

comienza el quinto año de la guerra de Darfur, la comunidad internacional está

comenzando a entender que la protección del derecho a los alimentos implica la

reconstrucción de las destrozadas economías de los medios de vida de los habitantes de

Darfur.

44
A pesar de todo, la población de Darfur que se encuentra en los campos quiere regresar a

sus hogares y, aparte de la población de los campos, hay unos dos millones más de

afectados por el conflicto que viven en las zonas rurales. Para permitir el regreso a casa

de los desplazados y los refugiados y para aplicar proyectos de desarrollo de los medios

de vida en las zonas afectadas por la guerra, la comunidad internacional debe adoptar una

postura firme dirigida a asegurar la paz en la región y, al mismo tiempo, a apoyar un

auténtico proceso de paz que incluya a todas las partes implicadas y haga frente a las

causas generadoras del conflicto. Hay muchos factores que han impedido a los

gobiernos del norte la adopción de esa firme postura, entre los que se incluye la falta de

voluntad para financiar una operación de paz de las Naciones Unidas más amplia y más

fuerte, así como la preocupación de que una confrontación relacionada con la cuestión de

Darfur lleve al descarrilamiento del proceso de paz que se está negociando entre el

gobierno sudanés y otros grupos rebeldes del sur del país. Por tanto, sin una posición

decidida, millones de ciudadanos de Darfur se verán obligados a consumirse en los

campos y millones de ellos más seguirán viviendo con el temor a las milicias.

Como ciudadanos comprometidos, esto es lo que debemos demandar a nuestros líderes

para poner fin a la tragedia de Darfur:

• el incremento de los medios económicos para extender la respuesta humanitaria y el

desarrollo de los medios de vida de los refugiados y desplazados que viven en los

campos, reconociendo la naturaleza urbana de los problemas a los que se enfrentan;

45
• una presión política continuada para promover un proceso de negociación de paz

serio y que incluya a todas las partes implicadas, que haga frente a las causas

subyacentes en el conflicto de Darfur; y,

• el despliegue de una fuerza de paz adecuada en número y en equipamiento, acordada

por todas las partes involucradas en el conflicto, para asegurar los derechos de la

población civil de acuerdo con las leyes internacionales11

Los líderes mundiales aún consideran a Darfur como algo ajeno a los intereses de la

mayoría de la población y esta es la razón por la que se ha permitido la destrucción de la

región durante más de cuatro años. Sin embargo, es posible terminar con la violencia;

sólo es necesario que los ciudadanos del mundo insistan en que la dignidad de cualquier

persona, incluida la población de Darfur, atrae todo nuestro interés.

46
3

Mercados libres y poblaciones cautivas: Níger y los peligros de la liberalización de

los mercados

Se calcula que, entre los meses de enero y octubre de 2005, unos 230.000 niños de Níger

recibieron tratamiento por desnutrición1. Sesenta mil de ellos sufrían desnutrición aguda

severa2. La magnitud de la intervención humanitaria, una de las mayores de la historia,

ilustra la gravedad de una crisis que llegó con retraso a los titulares de las noticias de todo

el mundo.

La situación de emergencia que tuvo lugar en Níger en el año 2005 sacó a la luz una

característica cada vez más habitual del hambre en África: el papel de las fuerzas del

mercado en la desestabilización de los medios de vida de las familias pobres y en el

aumento de la desnutrición. En este capítulo examinamos este fenómeno de “emergencia

alimentaria provocada por el mercado”. Somos de la opinión que la volatilidad de los

precios de los alimentos, las injustas políticas comerciales internacionales y el subyacente

entorno de liberalización económica fueron los principales factores causales que hace dos

años privaron a casi 250.000 niños de Níger de su derecho a la alimentación y a la salud.

La sección termina hablando de las políticas necesarias para mitigar satisfactoriamente el

negativo impacto que tienen las fuerzas del mercado en los medios de vida y detener la

mortal aceleración de la pobreza y el hambre en el país.

[Mapa: Niger_Map2]
Imagen 3.1 Regiones más gravemente afectadas por la crisis de 2005, Níger

47
Inicialmente se creyó que la crisis alimentaria del año 2005 había sido causada por la

plaga de langosta y por la sequía. Sin embargo, la producción de cereales de ese año en

la región de África occidental (considerando tanto a Níger como a los países vecinos con

los que comercia) fue de alrededor de 11,5 millones de toneladas, lo que en realidad

representaba un ligero incremento sobre el promedio de los cinco años anteriores3. En el

caso de Níger en particular, el país más gravemente afectado por la situación de

emergencia, la producción de cereales a finales de 2004 fue sólo un 7,5 por ciento inferior

a la cantidad requerida para cubrir las necesidades de alimentos del país4.

[Foto: Niger3_copyright Susana Vera]


Imagen 3.2 Una mujer con su hijo, que recibe tratamiento por desnutrición aguda en un centro de
nutrición terapéutica, Níger
Copyright © Susana Vera

Sin embargo, este ligero descenso en la producción y disponibilidad de alimentos tuvo

lugar en unas circunstancias que, ya antes de 2005, deberían haber sido consideradas

como una emergencia nutricional. El Sahel, región donde se sitúa Níger, es la región del

mundo más afectada por la escasez de alimentos. La desnutrición global aguda afecta a

entre un 10 y un 20 por ciento de todos los niños menores de cinco años en cualquier

momento de su vida. Además de este elevado nivel de desnutrición “de partida”, en

Níger la desnutrición aumenta dramáticamente durante la estación difícil, el período en el

que las familias ya han agotado sus reservas de alimentos de la cosecha anterior y aún no

cuentan con la producción de la nueva cosecha. Los altos índices de desnutrición

también contribuyen directamente al fallecimiento de los niños: más de uno de cada

cuatro niños de Níger muere antes de cumplir los cinco años5.

48
Sin embargo, no hay ninguna guerra o conflicto civil a los que se pueda culpar del

hambre en Níger; es más bien una extrema pobreza lo que subyace en estas estadísticas.

Tanto en 2005 como en 2006, Níger aparecía clasificado como el país más pobre del

mundo en el Índice de Desarrollo Humano elaborado por las Naciones Unidas6. Por

tanto, es importante no olvidar que Níger es un país en el que millones de personas del

ámbito rural con escasos recursos viven permanentemente en el filo de la navaja. En

tales condiciones, los medios de vida son extremadamente frágiles y no hace falta que

suceda algo grave para que una situación ya frágil se convierta en desastrosa. Esto es, en

realidad, lo que sucedió en el año 2005.

LAS FUERZAS DEL MERCADO Y LA DESNUTRICIÓN

La volatilidad de los precios en los mercados de cereales

Los mercados de cereales del Sahel están marcados por una alta estacionalidad. Es

frecuente que los precios sufran un brusco aumento en la estación difícil, cuando las

reservas de las familias comienzan a escasear y aumenta la demanda de provisiones por

adelantado. Los años 2004 y 2005 fueron especialmente difíciles para las familias con

pocos recursos: el precio de un kilo de mijo, el principal alimento básico, aumentó más

del doble durante la estación difícil de 2005, e incluso se triplicó en algunas zonas del

país7. En julio de 2005, un campesino de Níger pagaba más por un kilo de mijo en el

mercado local que lo que pagaba un consumidor europeo o estadounidense por un kilo de

arroz en el supermercado (no olvidemos que el 63 por ciento de la población de Níger

vive con menos de un dólar al día). Como se observa en la imagen 3.3 (correspondiente a

49
Maradi, una de las zonas de Níger más castigadas por la desnutrición), el incremento de

los precios iba acompañado muy de cerca por el aumento de la desnutrición.

[Gráfico: Millet Malnutrition Niger]


Imagen 3.3 Precio del mijo comparado con los ingresos por desnutrición registrados en los centros de
tratamiento de Médicos Sin Fronteras (MSF) de Maradi.
Fuente: MSF-Francia, publicado en la revista Humanitarian Exchange, número 33, marzo 2006, página 21

Además de las variaciones de precios provocadas por la elevada estacionalidad, el

promedio anual de precios de los cereales ha aumentado sin cesar durante los últimos

quince años. Los precios en el período de 2000 a 2004 se duplicaron con respecto al

promedio de la década anterior8. Este incremento sigue una tendencia similar a nivel

internacional, en gran parte debido a la creciente demanda de cereales en mercados

emergentes como China e India, así como a la creciente utilización de las cosechas de

cereales para la fabricación de biocombustibles9.

En teoría, un elevado precio de los cereales no tiene por qué perjudicar a quienes

cultivan esos productos, como es el caso de muchos campesinos de Níger, pues unos

precios altos pueden significar mayores ingresos. Por desgracia, son fundamentalmente

los comerciantes de cereales quienes realmente se benefician de los aumentos de precios,

pues muchos pequeños campesinos se ven obligados a vender su cosecha inmediatamente

después de recogerla para poder pagar sus deudas y hacer frente a otros gastos básicos.

Además, es en ese momento cuando los precios están bajos, pues el mercado está

saturado de cereales. Por tanto, los beneficios netos obtenidos de la venta de la cosecha

son mínimos y las mismas familias pueden verse en la necesidad de comprar alimentos en

la estación difícil, cuando los precios son elevados.

50
La historia de Harouna Zaroumai

[Foto: Niger2_copyright ACF]


Imagen 3.4 El señor Harouna Zaroumai, de la población de Djibile, Níger
Copyright © ACF

Tengo 68 años y soy campesino. Tengo un terreno que cultivo con mis nietos, pero la

producción es escasa y la cosecha sólo nos dura unos pocos meses. Para poder comprar

comida suficiente, algunas veces tengo que enviar a mis nietos a trabajar fuera, y a veces

tenemos que vender algunos de nuestros animales. Algunas veces no hacemos más que

dos comidas al día, dependiendo de la cantidad de alimentos que nos queden de nuestra

última cosecha.

Después de la estación de lluvias vendemos parte de nuestra cosecha de mijo, algo del

sorgo y todo el sésamo, las judías y los cacahuetes para pagar nuestras deudas. Pero,

como le pasa a mucha gente por aquí, la comida se nos acaba en el período entre las dos

cosechas y tenemos que volver a comprar comida en el mercado, sin embargo los precios

suben durante la estación difícil: compramos mijo, sorgo y judías al mismo comerciante

al que se los vendimos después de la cosecha, pero el precio es siempre mucho más alto

que el que nos pagó por ellos. El campesino pierde siempre, pero no tengo otra

elección; necesito el dinero inmediatamente después de la cosecha para pagar las

deudas, comprar ropa y pagar los impuestos.

La historia de Zeinou Issafou

51
Perdí a mi marido hace dos años y ahora vivo sola con mis hijos. Mi marido estuvo

enfermo durante mucho tiempo y yo no lo abandoné en ningún momento. Visité varios

curanderos, centros de salud y hospitales, pero finalmente entregó su alma. Después de

su muerte, yo no tenía nada: lo vendimos todo tratando de encontrar un remedio para su

enfermedad. El problema es que casi todos los niños son todavía muy jóvenes. Los

mayores aún no pueden cuidar de sí mismos, así que todos vienen a casa a comer.

Mi principal fuente de alimentos son mis tierras, pero producen una cosecha muy pobre

debido a la falta de lluvias. En el mercado local vendo a los comerciantes lo que

cosechamos, especialmente las judías; pero casi siempre tengo que volver a comprarles a

ellos mismos unos meses después a precios muy elevados. No tenemos otra elección más

que vender después de la cosecha, pues tenemos que pagar las deudas y comprar ropa

para los niños antes de que vuelvan a la escuela. Antes vendía comidas preparadas con

arroz y judías, pero hubo más mujeres que empezaron a hacer lo mismo, por lo que los

precios bajaron. Esto me hizo pasar por una situación difícil porque entonces compraba

los ingredientes a crédito y cuando bajó el precio de las comidas preparadas que vendía

estaba endeudada.

Ahora sólo vendo pasta de mijo el día de mercado. Pero es un trabajo duro; me lleva

medio día de trabajo moler el mijo. Me canso y no tengo tiempo para hacer el resto de

cosas que tengo que hacer. Sería más fácil si tuviéramos un molino para moler el cereal,

pero el único molino de viento que hay en el pueblo se rompió hace un año y, aunque el

52
dueño ha intentado arreglarlo muchas veces, no ha podido, así que hay que hacer todo el

trabajo a mano.

El comercio agrícola, fuente de ingresos, pero también de vulnerabilidad

Cerca del 80 por ciento de la población del Sahel está de una u otra forma relacionada

con la agricultura. La agricultura de subsistencia está muy extendida en la región, pero

pocos hogares son completamente autosuficientes. Muchas familias deben vender una

parte de su producción agrícola para obtener el dinero en efectivo suficiente para otros

gastos no relacionados con la alimentación pero también esenciales, como la ropa, la

atención sanitaria y la enseñanza, así como para incluir en su dieta otros alimentos

diferentes a los que cultivan ellos mismos. Sin embargo, esta dependencia de los

mercados hace que las familias sean vulnerables a la inestabilidad de precios. El tipo y

alcance de esta vulnerabilidad varía según las características propias de los medios de

vida de las personas: sus tipos de cultivos, sus fuentes de ingresos no agrícolas, etc.

La producción ganadera (no sólo de ganado vacuno, sino también de camellos, ovejas y

cabras) es asimismo una actividad importante en Níger. Las comunidades de pastores

venden parte de su producción en las ciudades del Sahel, pero la mayoría se exporta a

países de la costa, especialmente a Nigeria. Los medios de vida de los pastores son

también muy sensibles a la volatilidad de los precios de los alimentos, pues suelen

cultivar una cantidad limitada de cereales y dependen en gran medida de los ingresos

generados por la venta de ganado para comprar cereales en el mercado. Por tanto, los

53
elevados precios de los cereales perjudican las “condiciones comerciales” de las

poblaciones de pastores. Por ejemplo, en la zona de comunidades de pastores de Dakoro,

en Níger, el precio de los cereales era un 45 por ciento más alto en 2005 que el año

anterior, mientras que el precio de una vaca era un 60 por ciento inferior al de 200410. De

ese modo, una familia debía vender cinco vacas para conseguir la misma cantidad de

cereales que un año antes había obtenido con la venta de una vaca; esto es como decir

que sus ingresos sufrieron una increíble caída del 80 por ciento11.

[Foto: Niger1_copyright Susana Vera]


Imagen 3.5 Niger, agosto 2005
(¡OJO! En documento Copy-editing queries dicen no preferir leyenda para esta foto.)
Copyright © Susana Vera

La incapacidad para producir o adquirir las cantidades de comida adecuadas obliga a las

familias a utilizar otras estrategias para satisfacer sus necesidades nutricionales. Como

muestra la imagen 3.6, estas estrategias, o “mecanismos de supervivencia”, se hacen

progresivamente más irreversibles y perjudiciales a medida que se agudiza la crisis.

[Gráfico: Mecanismos de supervivencia]


Imagen 3.6 Progresión generalizada de los mecanismos de supervivencia durante las crisis alimentarias

Se dice habitualmente que el hambre en Níger es consecuencia de circunstancias

“inevitables”, tales como los riesgos climatológicos o las tendencias comerciales

mundiales. Sin embargo, como defendemos a continuación, el hambre es en realidad una

consecuencia directa de las decisiones políticas tomadas no sólo en el Sahel, sino en todo

el mundo.

Liberalización del comercio agrícola

54
Muchas familias agricultoras del Sahel se especializan en diversos cultivos comerciales,

como el algodón, el alimento para el ganado o los vegetales, destinados a los mercados

regionales o internacionales. Este tipo de cultivos pueden proporcionar a los agricultores

unos ingresos sustanciales, pero les obliga a reducir parte de las tierras de las que

disponen para sus cultivos de subsistencia y, en consecuencia, las familias deben acudir a

los mercados para abastecerse de alimentos. Los precios de los cultivos comerciales

generalmente no sufren tantas variaciones a lo largo del año como los precios de los

cereales por lo que, aunque los ingresos de los productores de cultivos comerciales sean

estables, el creciente coste de los alimentos puede llevar a las familias a padecer hambre.

Con el fin de proteger tanto a los productores como a los consumidores de la volatilidad

de los precios, durante los años 1960 y 1970 muchos países de la región del Sahel crearon

agencias gubernamentales cuya misión consistía en regular los mercados nacionales de

cereales y facilitar apoyo a los agricultores. Estas instituciones compraban cereales a los

agricultores, almacenaban las compras realizadas en forma de reservas nacionales de

cereales y las sacaban al mercado cuando las cosechas eran escasas. Asimismo,

organizaban la redistribución de alimentos entre las áreas excedentarias y deficitarias del

país. El objetivo final era conseguir la autosuficiencia en cuanto a la producción de

alimentos a nivel nacional.

Sin embargo, durante los últimos veinte años se ha suprimido la regulación del mercado

nacional de cereales, como parte del giro que ha dado la región hacia la liberalización

económica. Los acuerdos de libre comercio, bajo los auspicios de asociaciones

55
económicas tales como la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental

(Economic Community of West African States o ECOWAS, según sus siglas en inglés) y la

Unión Económica y Monetaria de África del Oeste (Union Economique et Monétaire

Ouest Africaine o UEMOA, según sus siglas en francés), impulsaron la creación de un

mercado común regional basado en la libertad de movimientos de personas, bienes,

servicios y capitales. En la consecución de este mercado abierto, los países del Sahel

abandonaron la idea de la autosuficiencia alimentaria nacional, al considerar que el

comercio regional e internacional sería un método más eficaz para asegurar el suministro

adecuado de alimentos.

En teoría, bajo un régimen de libre comercio, los países se especializarían en la

producción de ciertos productos para la exportación en los que tuvieran alguna ventaja

comparativa, como por ejemplo, el ganado o el algodón. Los beneficios generados por la

exportación de estos productos se utilizarían para cubrir el coste de la importación de los

productos que cada país necesitara, pero que no producía en cantidad suficiente. Por

ejemplo, Níger podría exportar ganado vacuno, vegetales o alimento para el ganado a los

grandes centros urbanos de Nigeria. Estas exportaciones proporcionarían los recursos

necesarios para importar cereales desde Nigeria o desde cualquier otro lugar.

Esta integración económica regional ha hecho grandes progresos y hoy en día los países

del Sahel no pueden ser considerados como mercados nacionales diferenciados. Esto ha

tenido un impacto directo en la disponibilidad de alimentos en cualquiera de esos países,

al no estar el suministro condicionado por la producción nacional, sino por el conjunto de

56
la producción regional y los flujos comerciales. El problema, sin embargo, es que los

mercados comunes han demostrado ser extremadamente volátiles, debido a las

variaciones que se registran anualmente en la producción de alimentos en la región, a

tipos de cambio inestables, conflictos, diferencias en el poder económico relativo de los

socios comerciales y contradictorias políticas gubernamentales. Como resultado de todo

ello, la disponibilidad de alimentos a nivel nacional es cada año más incierta.

Además, a partir de la retirada de la regulación estatal, el comercio agrícola regional (y

por tanto el suministro nacional de alimentos de cada uno de los países del Sahel) ha

estado dominado en gran parte por comerciantes privados; una situación que pasa a ser

problemática cuando los comerciantes comienzan a realizar prácticas abusivas y

acaparadoras, como ocurrió durante la crisis de 2005. Lógicamente, los comerciantes

persiguen la maximización de sus beneficios comprando cereales a precios bajos y

esperando al aumento de los precios para sacar al mercado sus existencias, pero este tipo

de especulación impide a las familias con escasos recursos el acceso al mercado.

Además, es fundamentalmente el sector privado el que controla la orientación general de

los flujos de cereales dentro de los países y en la región12. Durante la crisis del año 2005,

las exportaciones de cereales fuera de Níger estuvieron condicionadas, en parte, por la

fuerte demanda y el mayor poder adquisitivo de los países costeros del oeste de África13.

Mientras tanto, el propio Níger, con un poder adquisitivo relativamente débil, fue el

perdedor en el juego del libre comercio.

57
Durante la crisis de 2005, Níger también sufrió las consecuencias de las decisiones

tomadas por su gran vecino del sur, Nigeria. Este país temía una producción de cereales

deficitaria, por lo que impidió la exportación de sus productos agrícolas a Níger. Como

resultado de ello, se redujo el suministro de alimentos en Níger y los precios aumentaron

hasta resultar inalcanzables para muchas familias del país. La decisión de Nigeria de

proteger a su propia población es comprensible pero, una vez más, la situación fue

consecuencia de mercados mal regulados y políticas mal coordinadas.

Por desgracia, es probable que la experiencia de 2005 se repita en el futuro. Mientras que

la puesta en práctica de los regímenes de libre comercio en África occidental se basa en el

modelo de la Unión Europea de las décadas de 1960 y 1970 (en la medida en que intentan

reforzar el comercio regional e impulsar una mayor productividad agrícola), los acuerdos

no han conseguido obtener los mismos resultados positivos. Parte del problema reside en

que los países de África occidental han sido hasta ahora incapaces, en gran medida, de

diseñar una política agraria común y de fijar unas reglas comerciales adecuadas para los

bienes agrícolas. Otro factor importante es que los ingresos procedentes de la venta de

las cosechas de África occidental en el mercado mundial han sido reducidos debido, en

gran parte, a un entorno comercial no equitativo impuesto por los países ricos.

El ejemplo del algodón es perfecto para ilustrar de este entorno comercial no equitativo.

El algodón es un cultivo comercial especialmente importante en África occidental; unos

ocho millones de agricultores de la región lo cultivan actualmente como una de sus

principales fuentes de ingresos14. Sin embargo, la especialización de la región en el

58
cultivo de algodón, ha dado lugar a la llamada “crisis del algodón”. Después de años de

creciente dependencia de su cultivo, la caída de los precios internacionales que se viene

produciendo desde mediados de la década de 1990 ha tenido un grave efecto en los

ingresos y medios de vida de los agricultores. Tras los ajustes por la inflación, los

precios son actualmente inferiores a los registrados desde la década de 1930 hasta

ahora15. Esta tendencia decreciente se debe en parte a las elevadas subvenciones

ofrecidas a los productores de algodón de los Estados Unidos, lo que permite que el

algodón estadounidense sea vendido en los mercados internacionales a un coste mucho

más bajo que el de su producción16. Sólo en 2005, el gobierno de los Estados Unidos

ofreció a sus cultivadores de algodón subvenciones cercanas a los 5.000 millones de

dólares17, cantidad varias veces superior al presupuesto de que dispone la agencia de los

Estados Unidos para el desarrollo para toda África18. Los productores del Sahel

simplemente no pueden competir con tal nivel de apoyo.

LAS EMERGENCIAS DEL MERCADO PUEDEN EVITARSE: ALTERNATIVAS

PARA CAMBIAR LAS COSAS

Con todo, es posible evitar el desalentador panorama que acabamos de reflejar. Las

medidas necesarias para afrontar los efectos de la volatilidad de los precios, detener la

degradación de los bienes de las familias y fortalecerlas frente a las sacudidas del

mercado son conocidas y es posible aplicarlas. Unas políticas sólidas y unas iniciativas a

nivel nacional, regional e internacional pueden llevar a la erradicación duradera del

59
hambre en la región del Sahel. A continuación explicamos cómo deberían ser dichas

acciones.

Potenciación de los bancos de cereales y del sistema de “garantía de beneficios”19

Los bancos de cereales y el sistema de “garantía de beneficios” son posibles alternativas

al papel regulador que las instituciones públicas desempeñaban en los países del Sahel.

Los bancos de cereales compran parte del grano a los campesinos en el momento de la

cosecha, cuando los precios son bajos, y lo almacenan hasta que llega la estación difícil.

En ese momento los cereales se venden a un precio inferior al del mercado, con el fin de

que las familias con escasos recursos puedan comprar comida, pero con el margen

suficiente para cubrir los gastos de gestión y las futuras compras.

Por otra parte, el sistema de “garantía de beneficios”, cuya aplicación a pequeña escala

comenzó en Níger en el año 1999, tiene una función similar, pero son los propios grupos

de campesinos, agrupados en cooperativas, quienes lo gestionan. Los campesinos venden

la cosecha a la cooperativa en el momento de su recogida; el grano se almacena y unos

meses después se vende en el mercado abierto, cuando los precios están altos. De esa

forma, los granjeros consiguen ingresos adicionales, al vender el cereal a precios más

elevados. El efecto neto que se consigue con esta acción es proporcionar a los

campesinos los beneficios que habrían obtenido si hubieran podido esperar unos meses a

vender su cosecha a precios más elevados.

60
La eficacia de estas herramientas ha sido hasta ahora irregular en el Sahel debido,

especialmente, al hecho de que los bancos de cereales y las cooperativas carecen a

menudo del capital necesario para realizar grandes compras en el momento de la cosecha.

Si pudiera superarse este punto débil mediante la ayuda gubernamental o internacional,

en forma de subvenciones o préstamos sin intereses a los bancos de cereales y a las

cooperativas, las familias sin recursos estarían protegidas frente a los peligros de la

volatilidad de los precios.

Puesta en marcha de sólidas políticas agrícolas y comerciales

La Política Agraria Común (PAC) contribuyó decisivamente a hacer de Europa un

exportador de primer orden de productos agrícolas tras la Segunda Guerra Mundial. La

PAC combinaba el apoyo a los agricultores con la regulación de la producción y de los

mercados. Históricamente, ningún país rico ha sido capaz de desarrollar su economía

agrícola sin contar con la regulación de los mercados, incluyendo barreras protectoras y

políticas preferenciales a los productores nacionales.

Uno de los principales objetivos de las asociaciones comerciales de África occidental es

la creación de un mercado común similar, basado en la eliminación de todas las barreras

comerciales entre los países miembro, la adopción de un arancel aduanero común y de

una política comercial común frente a terceros países. Sin embargo, treinta años después

de la firma de este acuerdo, África occidental aún no ha aplicado una política agrícola

común que proteja a los agricultores e impulse el crecimiento en el sistema agrícola

61
regional. El Arancel Aduanero Común (AAC) adoptado en 2006 por el ECOWAS ofrece

escasa protección a los agricultores (ninguno de sus impuestos sobre la importación

supera el 20 por ciento, en comparación con Japón, que grava las importaciones de arroz

con un 500 por cien, y Nigeria, que las grava con un 100 por cien). Sorprendentemente y

a pesar de las fuertes presiones de las organizaciones locales de agricultores, los jefes de

Estado de África occidental han decidido no hacer uso de las medidas protectoras

ofrecidas por la actual regulación de la Organización Mundial de Comercio (World Trade

Organisation o WTO, según sus siglas en inglés) sobre los aranceles aduaneros y las

medidas de tratamiento especial disponibles para los “países en vías de desarrollo”. En

realidad, las medidas tomadas por los estados de África occidental en 2006 superan los

requisitos para la liberalización establecidos por el WTO y el Fondo Monetario

Internacional20.

Los países más pobres del mundo, en los que cientos de miles de personas mueren cada

año debido a la desnutrición relacionada con la pobreza, necesitan un régimen comercial

específico que permita la protección de los agricultores locales frente a las importaciones

baratas de alimentos y que favorezca el desarrollo rural. La regulación de los mercados

de cereales, de cara a asegurar el control de la volatilidad de los precios y que la comida

llegue realmente a los pobres, debe ser una prioridad clave para las instituciones

regionales de África occidental. La seguridad alimentaria no puede dejarse en manos de

las fuerzas de mercado. Los mercados responden a la demanda, no a las necesidades; en

ausencia de una regulación, los mercados podrían “ponerse al servicio” de quienes tienen

los recursos suficientes para participar competitivamente.

62
Los países de la región del Sahel necesitan también el compromiso de los gobiernos

donantes del norte para crear un terreno de juego económicamente justo. El ejemplo de

las subvenciones concedidas por los Estados Unidos a la exportación de algodón nos da

una idea de la distancia que nos separa de ese ideal. La auténtica realidad es que la ayuda

internacional para el desarrollo, aunque afirme noblemente contribuir a la erradicación de

la pobreza, es ineficaz frente a un sistema comercial tan poco equitativo.

Finalmente, más allá de los proyectos de ayuda y desarrollo, las organizaciones

internacionales deberían involucrarse en mayor medida en el crecimiento de una activa

sociedad civil local. En Níger, algunos grupos de agricultores ya participan a nivel local

en las intervenciones de reducción de riesgos, como los bancos de cereales y los sistemas

de “garantía de beneficios” y, a nivel nacional y regional, influyendo en el diseño de la

política agraria común regional. El apoyo a estos grupos y conseguir que otros como

ellos participen en los procesos de elaboración de las diferentes políticas, es vital para

defender los derechos de los pobres a vivir con dignidad y libres del hambre.

* * *

En ningún lugar del mundo es tan evidente este nuevo tipo de hambre ocasionada por los

sistemas de mercado como lo ha sido en Níger recientemente. Asistimos a lo que algunos

han calificado como la crisis alimentaria “posmoderna”: el hambre no es provocada por

unas fuerzas inevitables, sino por un exceso de confianza en la ideología liberal y por las

agendas de potentes actores: los gobiernos del norte y las élites comerciales locales. Las

políticas de los países del norte consistentes en la eliminación de las medidas de

63
protección a los actores económicos más débiles, el aumento de los oligopolios

comerciales y las variables políticas de los países del norte basadas en “dar con una

mano, recibir con la otra” han contribuido a que cientos de miles de niños de Níger hayan

padecido desnutrición aguda en el año 2005. Se puede evitar que esta crisis vuelva a

producirse, pero sólo si se da verdadera prioridad al derecho a la alimentación de la

población del Sahel, por encima de los intereses ideológicos y políticos.

64
4

Retratos de una pandemia: Familias al borde del abismo en Zambia y Malawi

En una pequeña comunidad de la región de Copperbelt (Zambia), seis niños perdieron a

su madre tras una larga y dura enfermedad. Su padre había muerto el año anterior, por lo

que los seis niños quedaron a cargo de la hermana de su madre, Mary, y su marido. Pero,

dos años después de haber llegado a su nuevo hogar, el marido de Mary también murió

cuando ella estaba embarazada de seis meses. Mary está ahora a cargo de una familia de

18 personas.

Mary es VIH-positiva y es probable que algunos de sus hijos más pequeños estén también

infectados. Como sucede en muchas zonas del África subsahariana, hay un 50 por ciento

de probabilidades de que, sin tratamiento, los niños infectados mueran antes de cumplir

los tres años y que un 90 por ciento lo hagan antes de cumplir los nueve1. Mary lo sabe y

también sabe que, sin acceso a los medicamentos adecuados y a una dieta sana y

equilibrada, es muy probable que ella misma desarrolle el SIDA en un futuro no muy

lejano. Pero Mary no se puede permitir comprar las medicinas y la comida que podrían

salvar a sus hijos y alargar su propia vida. Cuando Mary fallezca, su hijo mayor deberá

responsabilizarse de toda la familia. Con menos personas en casa en situación de trabajar

y ganar dinero, será aún mucho más difícil comprar comida y medicinas para la familia y

aumentarán las posibilidades de que los niños enfermen o sufran desnutrición.

[Mapa: Zambia_Map1]
Imagen 4.1 Mapa político de Zambia
Fuente: CIA factbook

65
[Mapa: Malawi_Map1]
Imagen 4.2 Mapa político de Malawi
Fuente: CIA factbook

Mary y los niños que dependen de ella viven constantemente al borde de un abismo de

enfermedad y muerte. Aún siendo su historia tan angustiosa, no es la única en los países

del sur de África. En Malawi y Zambia, los países sobre los que centramos nuestra

atención en este capítulo, en torno a un 15 por ciento (o, lo que es lo mismo, más de una

de cada siete personas) de la población adulta joven es VIH-positiva. Las mujeres se ven

especialmente afectadas por el virus. En el vecino Zimbabwe, la esperanza de vida de las

mujeres se ha visto reducida nada menos que en 30 años en la última década, y los

cálculos más recientes indican que las mujeres de este país vivirán, como promedio, unos

34 años.

Los niños tampoco se libran de los efectos del virus. El VIH puede transmitirse de

madres a hijos durante el embarazo, el parto o la lactancia. Incluso los bebés que tienen

la suerte de escapar de la infección sufrirán gravemente las consecuencias de la

enfermedad o muerte de sus madres. Sólo en Malawi y Zambia hay más de un millón de

niños que, como los sobrinos de Mary, son huérfanos a causa del SIDA2.

En este capítulo dirigimos nuestra mirada a los impactos del VIH en familias como la de

Mary, sobre todo en Malawi y Zambia, dos de los países afectados por la epidemia en los

que trabaja Acción contra el Hambre. Haciendo un resumen de los resultados de la

investigación clínica y sobre el terreno que llevamos a cabo en 2006, examinamos los

efectos del virus en la salud, la nutrición, los medios de vida y el acceso a agua segura.

66
Sostenemos que sólo mediante un enfoque multidisciplinar que aborde un amplio

espectro de necesidades será posible obtener resultados satisfactorios en cuanto a la

protección del derecho a la alimentación y la dignidad de las familias que se ven

afectadas por el VIH.

***

Aunque en Acción contra el Hambre llevábamos varias décadas trabajando en diversos

tipos de emergencias alimentarias, observamos la aparición de un nuevo patrón de

desnutrición durante la crisis alimentaria de los años 2001 y 2002 que tuvo lugar en el sur

de África. No fue sólo el altísimo número de niños desnutridos necesitados de

alimentación terapéutica lo que llamó nuestra atención, sino también la cantidad de niños

que sufrían simultáneamente otras graves enfermedades, con más complicaciones de las

que estábamos acostumbrados a ver. Tras un análisis más detallado, observamos tres

problemas adicionales. El primero fue que, en el momento de su admisión en el centro de

nutrición, los niños presentaban un cuadro de desnutrición mucho más grave de lo que

podíamos esperar, teniendo en cuenta que la situación alimentaria en sus hogares era

mala, pero no catastrófica. El segundo punto fue que algunos niños morían incluso en

fases bastante avanzadas del tratamiento, cuando ya deberían haber estado prácticamente

recuperados. Por último, muchos niños volvían a estar desnutridos poco tiempo después

de abandonar el centro de nutrición. En resumen, un gran número de niños simplemente

no respondían a los procedimientos que durante mucho tiempo habían resultado eficaces

en el tratamiento y atención de la desnutrición aguda severa.

[Foto: Malawi1_copyright Roger Grasas]


Imagen 4.3 Una mujer con su hijo en la Unidad de Rehabilitación Nutricional, Hospital Central de
Kamuzu, Lilongwe, Malawi

67
Copyright © Roger Grasas

El factor principal que encontramos detrás de estos patrones de morbilidad y mortalidad

era el VIH: muchos de los niños estaban infectados por el virus. Es muy habitual que las

personas VIH-positivas enfermen, dado que el virus ataca directamente al sistema

inmunitario del organismo. Los agentes patógenos presentes en el organismo, que hasta

entonces habían resultado inofensivos, se hacen cada vez más activos frente a un sistema

inmune debilitado, causando en ocasiones enfermedades que ponen en peligro la vida.

Muchas de estas infecciones relacionadas con el VIH son transmitidas y agravadas por las

condiciones de pobreza: agua insegura, hogares con graves carencias y falta de recursos

para acceder a unas prácticas higiénicas adecuadas. Muchos de estos factores también

están relacionados con la desnutrición.

En los últimos años, Acción contra el Hambre ha realizado una investigación clínica y

sobre el terreno en Malawi y Zambia, con tres objetivos importantes en mente: en primer

lugar, analizar las interacciones de la pobreza, la enfermedad y la nutrición en las familias

afectadas por la pandemia; en segundo lugar, determinar la forma en que podríamos

mejorar nuestro tratamiento de los niños desnutridos VIH-positivos; y, por último,

analizar otras cuestiones como, por ejemplo, la discriminación a la hora de recibir

atención sanitaria o la incapacidad para acceder a agua segura, que están íntimamente

relacionadas tanto con la desnutrición como con el VIH. Este capítulo recoge los

resultados principales de nuestro trabajo.

68
LOS IMPACTOS CRUZADOS DEL VIH, LA DESNUTRICIÓN Y LA POBREZA

Si no reciben tratamiento, la mayoría de los infectados por VIH en el sur de África

padecerán también desnutrición en algún momento de sus vidas; ambos factores se

agravan entre sí y los dos están relacionados con la pobreza. Una buena dieta puede

reforzar el sistema inmunitario de una persona infectada por el VIH y proteger su

organismo frente a enfermedades debilitantes. Por esta razón, se recomienda a las

personas afectadas por el VIH/SIDA aumentar en un 10 por ciento su ingestión de

calorías, incluso en ausencia de síntomas clínicos del virus. Una vez que han aparecido

los síntomas, la recomendación es aumentar el número de calorías entre un 20 y un 100

por ciento, dependiendo de la edad de la persona infectada3.

Sin embargo, en muchas familias de Malawi y Zambia afectadas por el VIH ocurre

exactamente lo contrario: el consumo de alimentos cae cuando aparece el VIH/SIDA

(ver la imagen 4.4). La imposibilidad de pagar la atención médica o acceder a ella lleva a

un empeoramiento de la salud, lo que a su vez reduce la capacidad para trabajar. Se

dificulta el trabajo asalariado y el trabajo en las tierras familiares, con lo que se reducen

los ingresos y la producción de alimentos. La reducción de ingresos tiene lugar en un

momento en el que aumentan los gastos de atención sanitaria y, posiblemente, también

los de contratación de mano de obra para ayuda con el trabajo agrícola o el cuidado de los

hijos. Los gastos adicionales obligan a las familias a reducir aún más sus compras de

alimentos. Con menos comida, las personas VIH-positivas enferman aún más, llegando

incluso a morir, lo que lleva a las familias a entrar en una espiral que conduce a una

pobreza extrema. A menudo las familias se ven forzadas a realizar actividades

69
peligrosas o ilegales para obtener ingresos y poder hacer frente a sus necesidades básicas.

Las historias que vienen a continuación ilustran la lucha de dos familias zambianas que

conviven con el VIH y el hambre.

[Gráfico: HIV Cycle_Copyright ACF]


Imagen 4.4 La espiral descedente del VIH, la desnutrición y la pobreza
Copyright ©ACF

La historia de Beauty Ziko (comunidad de Chipata, Zambia)

Antes iba a las zonas ricas de la comunidad a trenzar el cabello de las mujeres. Era un

buen trabajo y me permitía ganar algo de dinero. Pero empezó a darme vergüenza hacer

ese trabajo, porque la gente me hacía muchas preguntas sobre mi salud y sobre las

razones por las que había adelgazado tanto. Así que decidí quedarme en casa. Mucha

gente de por aquí cotillea sobre mi aspecto, pero trato de no prestarles atención.

Cuando dejé de trabajar haciendo trenzas empecé a vender “kachasu” [un licor casero

cuya elaboración es ilegal] porque es la única forma que tengo de ganarme la vida y, por

lo menos, es mejor que pedir limosna. Con la venta del “kachasu” obtengo un pequeño

beneficio que empleo en comprar comida para mis hijos, algunas verduras, pasta de maíz

y carbón. Una vez, vino la policía y me llevó a la comisaría acusada de vender el licor.

Tuve que pagar una multa y tiraron el alcohol que tenía en dos contenedores y que

acababa de comprar a crédito. Ahora debo mucho dinero a la persona a quien le compré

el licor. Me gustaría dejar de venderlo pero, si dejo de hacerlo ¿qué será de mí? Mis

hijos pasarán hambre y nunca tendré el capital suficiente para poner en marcha otro

negocio.

70
Hay muchos negocios legales a los que podría dedicarme si tuviera capital. Podría

vender sardinas o ir a Chikwepe [una población cercana en la que hay un mercado] a

comprar y vender verduras y batatas. Preferiría vender esos productos antes que vender

mis pertenencias, como he tenido que hacer en el pasado. Si me sintiera más fuerte,

podría incluso ir a limpiar casas, lavar y planchar ropa y cosas por el estilo. Pero estoy

tan débil que es mejor vender cosas, así puedo estar sentada.

La historia de Ivy Mwansa (comunidad de Zamtam, Zambia)

He perdido a mis padres; mi padre murió cerca de la Navidad de 1995 y mi madre unos

cuatro años después. Ahora debo conseguir comida para mis hermanos y hermanas más

pequeños; cuando las cosas van bien comemos una vez al día. CINDI [Children in

Distress, una organización local de Zambia que apoya a los niños huérfanos a causa del

SIDA y colaborador de Acción contra el Hambre] nos da una vez al mes una cantidad de

pasta de maíz, que tratamos de estirar para que nos dure lo más posible. Cuando la

cocino le pongo también hojas de calabaza o de batata, porque no tenemos verduras. A

veces nos pasamos tres días sin comer, cuando CINDI no nos da comida o cuando no

podemos salir de casa para buscar trabajo. Si los vecinos se dan cuenta de que no

tenemos comida nos invitan a comer con ellos pero, como en su familia también son

muchos, sólo le digo a mis hermanos más pequeños que vayan a comer a su casa.

71
Las noches en que nos vamos a la cama sin comer, mi hermano y yo nos levantamos a la

mañana siguiente y salimos a buscar trabajo para el día. Pero esa no es la mejor

solución, porque algunas veces nos han timado y no nos han pagado después de haber

hecho el trabajo. Así que mi hermano ha empezado a ir al monte para capturar animales

pequeños: el viernes sale a poner los cepos y el sábado vuelve a ver lo que ha cogido. Si

se le da bien, vende su captura y con el dinero que obtiene compra algunos paquetes de

pasta de maíz.

Una vez lo estábamos pasando muy mal y vendí dos de mis faldas; saqué el dinero

suficiente para comprar pasta de maíz y poder comer una vez al día durante un mes.

Cuando pasamos por una situación realmente mala, vamos al molino de maíz de la

comunidad de al lado y recogemos los restos de pasta de maíz que quedan por el suelo.

No somos los únicos que hacemos eso en Zamtam, así que a veces no queda nada que

recoger. Lo que encontramos, lo tamizamos para tratar de quitarle la suciedad, pero

aún así no se puede cocinar y causa diarrea a los niños.

Otro problema es cuando nos ponemos enfermos. Mi hermano menor es asmático, pero

no tengo ninguna medicina que darle. Cuando mis padres vivían lo llevaban al hospital

y a veces podían comprar medicinas y tenerlas en casa. Los médicos dicen que su estado

es grave y que si se siente enfermo o tiene fiebre debemos llevarlo enseguida al hospital

pero, desde que mis padres murieron, eso es difícil. Es Dios quien lo mantiene vivo.

72
LA PROTECCIÓN DE LA SALUD DE LOS NIÑOS VIH-POSITIVOS

Según los resultados de nuestra investigación clínica, desarrollada durante los últimos

tres años en el área de Lilongwe, Malawi, los niños que padecen desnutrición severa

tienen además una mayor prevalencia del VIH de la que se aprecia en el conjunto de la

comunidad. Como hemos indicado anteriormente, estos niños caen en una espiral en la

que su salud empeora cada vez más, ya que una dieta pobre permite el ataque de las

enfermedades oportunistas a un sistema inmunitario debilitado.

El tratamiento contra el VIH, conocido como “terapia antirretroviral” (o ART, según sus

siglas en inglés), ha demostrado ser eficaz para frenar este empeoramiento. No obstante,

en el momento de la investigación, la falta de recursos sólo permitía a una pequeña parte

de los niños de Malawi VIH-positivos recibir medicamentos gratuitamente. Sin poder

acceder a la terapia antirretroviral, murieron un tercio de los niños VIH-positivos

desnutridos que se encontraban en los centros de nutrición terapéutica que analizamos en

nuestro estudio. Este índice de mortalidad era tres veces superior al observado entre los

niños desnutridos VIH-negativos. En los países del norte, los niños VIH-positivos

habrían recibido tratamiento y habrían sobrevivido.

[Foto: Malawi2_copyright Roger Grasas]


Imagen 4.5 Pacientes en la Unidad de Rehabilitación Nutricional, Hospital Central de Kamuzu,
Lilongwe, Malawi
Copyright © Roger Grasas

Gracias a la ayuda de los donantes internacionales, el gobierno de Malawi está ampliando

la cobertura de la terapia antirretroviral en el país. El aumento de recursos para estos

programas terapéuticos conseguirá, sin ninguna duda, salvar vidas: es posible que los

73
niños VIH-positivos tarden más tiempo en recuperarse de la desnutrición y las

enfermedades que los VIH-negativos pero, con el tratamiento adecuado, su recuperación

será completa. Lo fundamental es poder hacer un diagnóstico de estos niños lo antes

posible para evitar que su estado empeore y lleguen a padecer desnutrición severa y las

complicaciones de la enfermedad que tan frecuentemente conducen a la muerte. El

diagnóstico precoz debe ir acompañado de un suplemento dietético, profilaxis antibiótica

y, cuando sea necesario, de terapia antirretroviral para mantener las condiciones

nutricionales e inmunes de los niños.

Recientemente llevamos a cabo entrevistas de seguimiento en detalle a treinta y cinco

familias de Malawi con niños que habían sido admitidos en centros de nutrición

terapéutica de Lilongwe para recibir tratamiento contra la desnutrición aguda. Cerca de

la mitad de estos niños eran VIH-positivos. Como parte de su tratamiento inicial, los

niños fueron remitidos a los servicios de VIH y casi todos ellos reciben actualmente

terapia antirretroviral. Ninguno de los niños a los que hicimos seguimiento ha vuelto a

presentar signos de desnutrición y, en general, todos mostraron mejoría en su enfermedad

a lo largo del último año. Nuestra reducida muestra de familias indica que, con una

atención adecuada, los niños VIH-positivos pueden llevar unas vidas saludables.

En el caso de nuestros programas sobre el terreno en Malawi, es tremendamente

alentador el creciente número de niños que acceden a los servicios de VIH. Sin embargo,

existe un asunto muy preocupante: durante el proceso de asesoramiento y análisis de

VIH, se deja muy claro a las madres que, si sus hijos resultan ser VIH-positivos, existe

74
una alta probabilidad de que ellas mismas también sean positivas. A pesar de la buena

disposición de muchas madres y cuidadores a la hora de admitir la condición de VIH-

positivos de sus hijos y buscar tratamiento, muchas no quieren aceptar que ellas mismas

están infectadas y que deben atender sus propias necesidades sanitarias. Esta actitud de

los cuidadores al ignorar su propia condición de VIH-positivos no sólo representa un

peligro para la madre, sino también para el niño, ya que un deficiente estado de salud de

la madre tendrá un impacto negativo en la atención y alimentación del niño, así como en

el desarrollo psicosocial de éste4. Aunque los niños de las familias que entrevistamos

parecen presentar una buena evolución, el deterioro del estado de salud de sus madres

implicará graves dificultades también para el niño a corto plazo. En el peor de los casos,

como en las historias de Mary e Ivy que hemos relatado antes, los niños quedarán

huérfanos.

En resumen, si el objetivo es mantener sanos a los niños VIH-positivos (y con el

compromiso político y los recursos adecuados, es posible conseguirlo) las intervenciones

deben tener un carácter holístico, contemplando aspectos relacionados tanto con la

nutrición como con la salud, e incluyendo tanto a los adultos como a los niños. Se

necesita un mayor número de programas que permitan hacer frente, de manera específica,

a la desnutrición ligada al VIH/SIDA, mediante el oportuno diagnóstico y tratamiento del

virus. Una vez más, una intervención precoz es clave para reducir la mortalidad.

LOS PELIGROS DE LA DISCRIMINACIÓN

75
Sin embargo, la sola disponibilidad de servicios sanitarios no es suficiente. Los

proveedores de atención sanitaria también deben ofrecer sus servicios de una forma no

discriminatoria y que proteja a los pacientes VIH-positivos de la marginación. En

estudios anteriores se encontraron algunas pruebas de que las personas afectadas por el

VIH/SIDA reciben con frecuencia un trato injusto en las instalaciones sanitarias. Para

ahondar en este asunto, Acción contra el Hambre, en colaboración con REACH,

organización local de Malawi, llevó a cabo un pequeño estudio en el que analizamos

cómo afectan a la interacción entre el personal sanitario, las madres y los propios niños

las actitudes de discriminación y marginación con que son tratados los niños que padecen

desnutrición aguda severa y tienen probabilidad de estar afectados por el VIH.

[Foto: Malawi3_copyright Susana Vera]


Imagen 4.6 Un honbre espera el resultado de su análisis de VIH en la comunidad de Malembo, Malawi
Copyright © Susana Vera

La observación directa de la conducta del personal sanitario confirmó varios de nuestros

temores. Algunos médicos y enfermeras evitaban ocuparse de los niños con desnutrición

aguda que ellos consideraban VIH-positivos. Mediante entrevistas con el personal

sanitario averiguamos que esta conducta discriminatoria era debida, en gran parte, al

hecho de que ellos simplemente no creían que los niños serían capaces de sobrevivir a sus

enfermedades. Los médicos y enfermeras preferían dedicar los escasos recursos

disponibles5 a los pacientes cuya recuperación consideraban probable. Dadas las serias

restricciones de tiempo y de dinero del sistema sanitario de Malawi, esa actitud es

comprensible, pero errónea. Como se puso de manifiesto en nuestras entrevistas de

seguimiento a familias con niños VIH-positivos que habían padecido desnutrición severa,

un tratamiento y una atención adecuados pueden llevar a una total recuperación. El punto

76
crítico está en el aumento de los recursos para atención sanitaria, así como en un cambio

de actitud: no se trata sólo de aceptar que estos niños pueden llevar unas vidas normales

y sanas, sino también de reconocer su inviolable derecho a conseguirlo.

La discriminación de los niños VIH-positivos que sufren desnutrición aguda tiene serias

consecuencias tanto para las madres como para los cuidadores. Las actitudes negativas y

críticas de médicos y enfermeras (quienes son tenidos en muy alta estima como

“expertos” y “curanderos”) generan una gran carga de ansiedad y temor entre las

personas VIH-positivas. Muchas de las madres con las que hablamos nos dijeron que el

trato denigrante que recibieron influyó en su decisión de interrumpir el tratamiento

médico. Dado que ya hay muchos otros factores que impiden el acceso a los servicios

sanitarios para los niños (como, por ejemplo, el coste percibido y real de los

medicamentos, el coste que representa abandonar el trabajo -especialmente si es en

tiempo de cosecha- y las dificultades para dejar a otros niños solos en casa), el problema

añadido de la discriminación es muy grave. Incluso entre las familias entrevistadas que

reciben tratamiento con terapia antirretroviral nos encontramos con que pocas de ellas se

benefician de otros importantes servicios complementarios en el tratamiento del VIH, a

pesar de haber muchos disponibles. Parece que la combinación de marginación y

discriminación con las limitaciones económicas, entre otros factores, hace que las

familias se conformen con el conjunto mínimo de servicios y tratamiento que consideran

esencial. Desgraciadamente, el hecho de no acceder a servicios complementarios, tales

como los suplementos nutricionales, el cuidado de los niños o el asesoramiento

psicosocial, puede minar los beneficios de la terapia antirretroviral.

77
LA IMPORTANCIA DEL ACCESO AL AGUA EN LA LUCHA CONTRA LA

DESNUTRICIÓN

En la zona de Kitwe, en la región zambiana de Copperbelt, más de una cuarta parte de la

población adulta es VIH-positiva. La pandemia ha ocasionado que muchas familias se

encuentren en una grave situación económica y en Acción contra el Hambre trabajamos,

junto con nuestro colaborador local, la organización Children in Distress (CINDI), en

proyectos para el desarrollo de los medios de vida que permitan a estas familias aumentar

sus ingresos. Uno de los proyectos consiste en ayudarles a organizar pequeños huertos

como fuente importante de los micronutrientes necesarios para fortalecer el sistema

inmunitario. Sin embargo, uno de los elementos críticos para que un huerto salga

adelante en esta zona es el acceso al agua de riego. Al analizar este problema más

detalladamente, nos dimos cuenta de que muchas familias afectadas por el VIH tenían

grandes dificultades para conseguir agua, no sólo para el riego, sino también para uso

doméstico. Para encontrar una respuesta adecuada a estos problemas, en Acción contra el

Hambre pusimos en marcha un pequeño estudio en diciembre de 2006 por el que

analizamos las necesidades de agua de las familias afectadas por el VIH. En los párrafos

siguientes resumimos lo que aprendimos con nuestra investigación.

Supimos que la simple distancia física del hogar al punto de suministro de agua es un

factor clave, especialmente en aquellas familias en las que el cuidado de los niños está a

cargo de uno de los progenitores solamente. El problema se agrava si éste, además, está

enfermo o es VIH-positivo. La recogida de agua es siempre una ardua tarea pero, si

78
quien debe hacer este trabajo está enfermo o débil, se convierte en una labor casi

imposible. Los amigos y vecinos no pueden ayudar constantemente a las familias

afectadas por el VIH en la recogida de agua, pues es una tarea que requiere mucho

esfuerzo y mucho tiempo. Esto sucede especialmente en las numerosas comunidades

rurales en las que las bombas no funcionan y los pozos se secan según las estaciones,

circunstancias en las que las familias deben buscar fuentes alternativas de agua, como

comprarla o traerla a sus casas desde el río.

A esto se añade que las personas que padecen VIH/SIDA deben beber grandes cantidades

de agua, especialmente si están recibiendo tratamiento médico o si sufren de diarrea o

fiebre. Además, también hace falta agua para la higiene personal y la limpieza de la casa

y su entorno, para reducir el riesgo de contraer infecciones, lo que debe evitarse

especialmente en el caso de que algún miembro de la familia esté enfermo de diarrea.

La calidad del agua es otra fuente de preocupación, sobre todo si las familias deben

utilizar el agua de un río o de otras fuentes que no estén protegidas. Las tabletas de cloro

pueden purificar el agua hasta cierto punto, pero muchas familias no pueden

permitírselas. Hervir el agua es una buena alternativa, pero para ello hace falta dinero o

tiempo adicional para recoger leña, lo que además puede requerir un esfuerzo físico

importante. Son pocas las familias que pueden permitirse comprar tabletas de cloro o

hervir el agua de forma habitual.

79
En general, observamos que las familias con mayores dificultades para obtener agua eran

aquellas cuyo cuidador principal estaba enfermo o había fallecido, y especialmente las

familias que dependían de las abuelas o de los propios niños. Lo que para la mayoría de

las familias sería un problema sin mayor importancia (como la rotura de los puntos de

agua comunitarios o el elevado precio de las tabletas de cloro) para estas familias

extremadamente vulnerables es un problema muy grave. En las zonas en las que, como

consecuencia del VIH, muchas familias se han visto privadas de algunos de sus miembros

adultos, es crítico mantener puntos de agua segura para luchar contra la pandemia.

Por último, observamos otra cuestión que frecuentemente se pasa por alto al hablar del

acceso al agua, como son las necesidades específicas de las mujeres y los niños, que son

habitualmente los miembros de la familia responsables de la obtención del agua. Durante

las entrevistas personales, muchas mujeres nos dijeron que corrían el riesgo de sufrir

agresiones o violaciones cuando tenían que dirigirse a puntos de agua o letrinas situados

en zonas retiradas o sin iluminación. En zonas donde la prevalencia del VIH es

extremadamente elevada, una agresión sexual es equivalente a una sentencia de muerte.

Por esta razón, es necesario tener en cuenta las debidas consideraciones de seguridad

(instalando iluminación o situando los puntos de agua en lugares más seguros) a la hora

de planificar la creación de las instalaciones de agua. Los niños también tienen unas

necesidades específicas relacionadas, sobre todo, con la facilidad de acceso al agua: unas

instalaciones situadas a mucha distancia o que requieran de un gran esfuerzo físico para

la obtención del agua, pueden reducir el suministro en las familias donde los niños son

los únicos miembros de la familia lo suficientemente sanos para recogerla. Todos los

80
miembros de una comunidad y, especialmente, aquellos a los que con frecuencia se

ignora en los procesos de toma de decisiones, deben ser escuchados cuando se buscan

soluciones para el acceso compartido al agua: tipos de puntos de agua, situación,

seguridad, facilidad de acceso, mantenimiento, etc.

Los resultados de nuestro estudio ponen de relieve el hecho de que las familias afectadas

por el VIH tienen necesidades apremiantes en cuanto el acceso al agua. Es enormemente

importante la construcción y el mantenimiento de fuentes de fácil acceso a agua segura

para proteger la dignidad de estas familias. Si ya el acceso al agua segura es un grave

problema en muchas zonas de los países en desarrollo, la elevada vulnerabilidad de los

individuos VIH-positivos hace que la obtención de agua segura sea un punto mucho más

crítico aún. Para las familias afectadas por el VIH, el agua segura no es sólo una cuestión

de una enfermedad puntual; por el contrario, puede tratarse de una cuestión de vida o

muerte.

***

En la última década, y especialmente en los últimos años, hemos sido testigos de

importantes avances en la lucha contra la pandemia del VIH/SIDA. Gracias al aumento

de fondos económicos procedentes de fuentes como la William J. Clinton Foundation y el

Fondo mundial para la lucha contra el SIDA, la tuberculosis y la malaria (Global Fund to

Fight AIDS, Tuberculosis and Malaria), los sistemas sanitarios públicos mejoran

lentamente, de lo que hay pruebas evidentes. Sin embargo, la lucha contra el virus no es

sólo una cuestión de salud pública, y ésta es la lección más importante que debemos

81
aprender de la investigación que realizamos en Malawi y Zambia: el derecho a la

atención sanitaria sirve de poco si no va acompañado de la protección de otros derechos

humanos, incluidos el derecho a la alimentación y el derecho al agua segura. Una vez

más, vemos que los distintos componentes que conforman la dignidad humana están

íntimamente ligados y son inseparables: la violación de este derecho se produce cuando

uno solo de sus aspectos no se valora adecuadamente.

El mensaje central de este capítulo es que, con los recursos suficientes y el compromiso

político, es posible proteger la dignidad en su conjunto. A pesar de las graves

condiciones de partida de los niños que formaron parte de nuestro estudio (con

desnutrición aguda severa, VIH-positivos y con sus sistemas inmunes muy debilitados),

observamos que, si pueden acceder a terapia antirretroviral, alimentos y agua segura,

pueden llevar vidas sanas y creativas. Lo que es cierto para los niños de Malawi y

Zambia de los que hablamos en este capítulo puede ser cierto para cualquier niño del

mundo.

82
5

El significado de la palabra dignidad: tragedias silenciosas y espíritus indomables

en Etiopía

[Foto: Ethiopia3_copyright Paul Rees-Thomas]


Imagen 5.1 Hombre de la población de Bokaso transportando leña
(¡OJO! En el documento Copy-editing queries dicen no preferir leyenda con esta imagen)
Copyright © Paul Rees-Thomas

Bokaso y Moto son dos poblaciones de la región cafetera de Sidama, situada al suroeste

de Etiopía, donde Acción contra el Hambre viene desarrollando programas relacionados

con el agua, la alimentación y la nutrición. La inseguridad alimentaria en esta región es

cada vez mayor, pues los bajos precios del café, la creciente erosión del suelo, el reducido

tamaño de las tierras y la escasez de oportunidades de empleo no relacionado con la

agricultura debilitan sin cesar la fortaleza de las familias.

Las repetidas sequías de la década de 1990 obligaron a muchas familias a vender sus

bienes productivos y, especialmente, su ganado. La estrepitosa caída del precio del café a

finales de la década, unida a la continua situación de sequía, supuso un golpe definitivo

para los centenares de miles de familias de la región cuya principal fuente de ingresos es

el café. La crisis humana de 2003, en la que millones de personas de la zona necesitaron

ayuda alimentaria de emergencia, puso de manifiesto que esta región es una de las más

frágiles de Etiopía. A pesar de que durante los últimos años las cosechas han sido

relativamente favorables y los precios del café han aumentado ligeramente en todo el

mundo, los índices de desnutrición aguda en varias zonas de la región siguen estando a

unos niveles alarmantes, especialmente durante la estación difícil.

83
Para evitar que se repitan crisis como éstas, es esencial que los políticos y los ciudadanos

de todo el mundo conozcan las historias de las familias que viven en esta región. En este

capítulo presentamos algunas de ellas, especialmente las de varias familias cuyos niños

han recibido recientemente tratamiento para la desnutrición aguda severa en los centros

de nutrición terapéutica de Acción contra el Hambre. Los testimonios que aquí

presentamos dan serias razones a la comunidad internacional para expandir los límites de

su conciencia y tomar parte activa y decidida contra la violencia diaria del hambre.

Detrás de cada una de estas historias hay un sacrificio increíble. No reflejan solamente el

coste de las privaciones, sino también el valor que hace falta para intentar vivir con

dignidad. Es frecuente escuchar, como argumento en contra de la ayuda exterior, el

comentario fácil de que “la gente de los países pobres tiene que luchar por su desarrollo

como lo ha hecho la gente de los países del norte a lo largo de la historia”. Confiamos en

que los relatos que vienen a continuación sean la prueba definitiva de que las personas de

estos países realmente lucha, y lo hace con una fuerza y una inteligencia colosales.

La historia de Aragash y Shunkay Yutata

Aragash: Siempre he vivido en este pueblo, Bokaso. Mi padre también nació aquí. Ésta

es mi esposa, Shunkay, y éstos son mis tres hijos, Ondalay, Shufaory y Shebrow, de seis,

cuatro y dos años. También perdimos otros tres niños, que enfermaron a causa del

hambre; hace cinco años que perdimos al último.

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[Foto: Ethiopia4-1_copyright Paul Rees-Thomas]
Imagen 5.2 Preparación de la tierra antes de la plantación, población de Bokaso
Copyright © Paul Rees-Thomas

Mi padre murió hace unos años y nos dejó medio timad1 de terreno (la octava parte de

una hectárea) a cada uno de mis hermanos y a mí. Esta extensión de tierra no es

suficiente para conseguir la cantidad de comida o los ingresos que mi familia necesita, así

que he llegado a un acuerdo con otro agricultor: me ocupo de parte de su tierra y me

quedo con una parte de lo que ésta produce, sobre todo, con el enset2. Mis hermanos y yo

quisiéramos ayudarnos unos a otros más de lo que lo hacemos, pero todos estamos en una

situación igualmente difícil y, al final, no podemos prestarnos mucha ayuda.

Los últimos cinco años han sido muy duros. Teníamos dos cabras y tres ovejas, pero

tuvimos que venderlas para comprar comida durante la estación difícil. Por cada una de

ellas nos pagaron entre 100 y 200 birr3 [unos 8 a 16 euros]. Aún con el otro trozo de

tierra de mi vecino del que me ocupo, constantemente necesitamos buscar trabajo que no

esté relacionado con la agricultura para dar de comer a los niños. Hace poco trabajé

ayudando a construir casas y a arreglar muros y vallas. Por un trabajo de ese tipo me

pagan unos 3 ó 4 birr diarios [entre 25 y 33 céntimos de euro], pero a veces me paso un

mes sin encontrar trabajo extra. Suele haber más posibilidades en la estación seca, ya que

es el momento de la cosecha y la gente del pueblo tiene más dinero para contratar

trabajadores. Pero durante la estación lluviosa, que coincide con el período de hambre

unos pocos meses antes de la cosecha, es difícil encontrar trabajo. Estos últimos años

85
tuvimos que cortar nuestras plantas de enset antes de que maduraran para utilizarlas

durante la estación difícil.

Shunkay: Yo me crié en el distrito vecino. Cuando era adolescente ayudaba a mi madre

a vender verduras en el mercado local y al borde de la carretera. Eso fue antes de

casarme. Ni Aragash ni yo pudimos ir nunca a la escuela cuando éramos pequeños.

Como hace Aragash, intento buscar trabajo en las granjas de otras personas, sobre todo

ayudando con la cosecha de enset; la preparación de la planta después de su cosecha da

mucho trabajo, así que casi siempre hace falta ayuda4. Cuando trabajo me llevo a los

niños conmigo. De vez en cuando también trabajo en casa de nuestros vecinos

preparando la comida y haciendo las tareas domésticas. Aquí normalmente me pagan con

el kocho5 de peor calidad y otras veces me pagan en efectivo; en las últimas tres semanas

he estado haciendo este trabajo y me pagaron unos 15 birr [1,25 euros].

Los tres niños han tenido diarrea hace poco. Los llevé al centro de salud y les dieron

unas pastillas que no me costaron nada. El año pasado el más pequeño se puso enfermo

por culpa del hambre y lo trataron allí. Intentamos dar leche a los niños, pero en los

últimos meses no nos la hemos podido permitir, así que sólo compramos leche para ellos

cuando están enfermos. Si no, suelen comer sólo kocho, igual que nosotros. Además,

cuando al pequeño lo admitieron en un programa para el tratamiento de la desnutrición, el

gobierno nos dio algo de cereales.

86
La historia de Yohannes y Abarash Niammey

Yohannes: Tenemos cerca de medio timad de tierra y trabajamos otro timad que

alquilamos a un vecino. Además, ahora estamos viviendo en casa de este vecino porque

la nuestra resultó dañada por una tormenta hace unos seis meses y, como yo he estado

enfermo desde entonces, no he podido repararla. Es duro enfermarse en estos tiempos,

pues hay que atender los cultivos. Hemos plantado enset, café y maíz. La cosecha de

café del año pasado fue pequeña, unos 100 kilos, y la vendí por unos 100 birr [unos 9

euros]6. Utilicé parte del dinero en comprar algo de ropa, una camisa o un pantalón a

cada uno de los cuatro niños, y un pantalón para mí.

[Foto: Ethiopia4-2_copyright Paul Rees-Thomas]


Imagen 5.3 Arabash Niammey procesa la cosecha de enset
Copyright © Paul Rees-Thomas

Cuando me siento lo suficientemente fuerte, trabajo en las tierras de otras personas por

unos 3 ó 4 birr al día [unos 25 ó 33 céntimos de euro]. Suelo emplear este dinero en

comprar kocho o verduras en el mercado. No tenemos suficiente para comprar leche para

los niños; sólo la compramos para fortalecerlos cuando están enfermos. Solemos tomar

té o café por las mañanas y le añadimos azúcar cuando podemos pagarla.

Todo sería más fácil si tuviéramos ganado. Mi vecino tiene algunas cabras que le dan

leche suficiente para el consumo de su familia y también para venderla, si el año se

presenta muy difícil y necesita comprar comida. Tuvimos que vender nuestras vacas y

nuestras cabras hace cinco años para comprar medicinas, y ahora no tenemos animales.

87
Abarash: Vine aquí hace nueve años para casarme con Yohannes. Tenemos cuatro hijos;

dos de ellos han estado enfermos por desnutrición en los últimos tres años y los llevamos

a que los atendieran. El más pequeño, Yontoura, de dos años, estuvo en tratamiento el

año pasado y se recuperó totalmente. Ha sido muy duro para los niños. Tanto Yontoura

como su hermano de ocho años, Hashamou, tuvieron diarrea y lombrices la semana

pasada. Fuimos al centro de salud, donde les dieron algunas medicinas para rehidratarlos

por vía oral debido a la diarrea. Los otros dos niños, Facardo y Adanou, se han estado

quejando estos días de dolor abdominal. Quisiera llevarlos al centro de salud, pero por

ahora no podemos pagar más medicinas.

Trabajo en las granjas de otras personas en la preparación del enset. La semana pasada

gané unos 10 birr [unos 83 céntimos de euro] haciendo ese trabajo, pero los salarios

varían, dependiendo de la generosidad de las personas o de que haya sido un buen año

para ellos. También intento sacar algo de dinero vendiendo verduras. Camino hasta el

mercado de las tierras altas, donde son de mejor calidad porque allí llueve más, y traigo

tantas cuantas puedo cargar a mi espalda para venderlas en el mercado local de este

pueblo. Con esto consigo unos beneficios de unos 3 a 5 birr [unos 25 a 42 céntimos de

euro].

Cuando trabajo fuera de casa dejo a los niños con los vecinos, o confío en que los

mayores cuiden de los pequeños. Los niños mayores también hacen las tareas de casa o

trabajan en nuestra parcela de tierra. Igual que nuestros padres no pudieron enviarnos a

la escuela, tampoco nosotros podemos enviar a nuestros hijos.

88
La historia de Werekey y Bekelur Dika

[Foto: Ethiopia5_copyright Paul Rees-Thomas]


Imagen 5.4 El señor Werekey Dika realiza la cosecha en sus tierras
Copyright © Paul Rees-Thomas

Werekey: Tengo 25 años. Bekelur y yo tenemos dos hijos, de 1 y 5 años; sus nombres

son Balachu y Alemu. Tenemos casi medio timad de tierra que mi padre nos dio cuando

nos casamos. Planto lo mismo que plantaba mi padre, sobre todo enset, pero me gustaría

poder tener más plantas de café en el futuro; ahora tengo algunas, pero no muchas. El

enset es un cultivo que nos sirve para comer y con las hojas de la planta podemos

alimentar a los animales, pero con el café conseguimos más dinero en efectivo para

comprar ropa y otras cosas para la casa y pagar las facturas médicas. Cosechamos el café

desde octubre hasta enero y almacenamos el grano dentro de nuestra casa. El calor que se

genera cuando cocinamos ayuda a que los granos se sequen antes de venderlos.

Hace unas semanas, con el dinero que ahorramos después de vender el café, compramos

dos cabras, que nos dan aproximadamente una taza de leche al día, la hervimos y se la

damos a los niños. Voy a engordar estas dos cabras para venderlas y voy a intentar que la

primera que compré tenga crías. Aquí en Sidama era habitual que, si no tenías un macho

para fecundar a tu cabra, un vecino te prestara uno. Pero, ahora que las cosas son más

difíciles para todo el mundo, todo ha cambiado. Si nadie de mi familia cercana me puede

prestar un macho, tendré que pagar para que me presten uno que fecunde a la cabra que

tengo.

89
Intento buscar trabajo fuera de la granja siempre que puedo, arando, arrancando hierbas,

limpiando terrenos o haciendo trabajos de mantenimiento y reparación. Con esto gano

unos 3 birr [unos 25 céntimos de euro] al día, pero la semana pasada sólo encontré trabajo

dos días. Antes viajaba muy lejos para buscar trabajo de ese tipo, pero ahora que soy

padre trato de estar cerca de casa.

Bekelur y yo hemos estado bastante enfermos últimamente. La semana pasada ella tuvo

fuertes dolores abdominales y diarrea, por lo que no pudo ir muy lejos a buscar trabajo.

A mí me duele el estómago con frecuencia, he estado vomitando y no tengo mucho

apetito, pero los niños están bien otra vez; sólo tienen un poco de tos de vez en cuando y

algunos problemas en la piel. No recuerdo haber pasado tanta hambre y haber estado tan

enfermo como ahora cuando era pequeño. Mi familia no estaba tan mal y teníamos leche

siempre que la necesitábamos. Desde que fundé mi propia familia, esto ha sido una lucha

constante.

La historia de Obeshet Gussesa

Soy profesora aquí, en la escuela primaria de la población de Bokaso. Las condiciones de

la escuela no son buenas para los niños. A veces hay hasta cincuenta niños en una clase.

No tenemos pupitres suficientes y muchos de ellos deben sentarse en el suelo. Pero,

aunque nuestra escuela está saturada, es probable que la mitad de los niños de la zona no

vayan nunca a la escuela.

90
Lo habitual sería que los niños comenzaran la escuela primaria a los cinco años, pero

algunos de los estudiantes de primer curso tienen nueve, diez, e incluso once años. Sus

familias no pueden pagar los gastos escolares cuando son pequeños, por lo que los chicos

deben esperar. Los elevados gastos de matriculación impiden a las familias enviar a sus

niños a la escuela, pero los profesores no tenemos mucho margen a la hora de fijar las

tarifas. La escuela no tiene dinero suficiente para ofrecer unas clases adecuadas, ni

siquiera a los alumnos que ya tenemos.

[Foto: Ethiopia6_copyright Paul Rees-Thomas]


Imagen 5.5 Escolares con sus libros, en la escuela de la población de Bokaso
(¡OJO! En el documento Copy-editing queries dicen no preferir leyenda para esta imagen)
Copyright © Paul Rees-Thomas

Muchos de los niños vienen desde las tierras altas y el viaje a la escuela les lleva hasta

tres horas, y otro tanto la vuelta a casa. Cuando llegan por la mañana muchos niños me

dicen que tienen hambre y los profesores a veces damos unos cuantos birr a los que

sabemos con certeza que tienen problemas. Es fácil saber cuándo tienen hambre, pues

están irritables, no se concentran, se quedan dormidos y, en general, no pueden seguir las

clases.

Es habitual que uno de cada diez niños abandone la escuela durante el curso. Sin

embargo, cuando el año es malo, muchos dejan de asistir en abril, al principio de la

estación difícil, cuando las familias ni siquiera pueden pagar los gastos básicos de la

escuela. Muchos niños también caen enfermos en esa época y dejan de venir a clase.

Además, algunos de los chicos mayores dejan la escuela para ayudar a sus padres durante

la estación difícil. Los profesores intentamos hacer un seguimiento de los que han

91
abandonado, para tratar de entender las razones por las que la familia tiene problemas y

ver si hay alguna forma de que el niño vuelva a la escuela. Muchas veces nos sentimos

tanto trabajadores sociales como maestros.

La historia de Dotora y Asada Fenoga

Dotora: Tenemos casi un timad de tierra aquí, en la población de Moto. Nuestros

ingresos dependen en gran parte del café. El año pasado gané unos 160 birr [unos 13

euros] con la venta de café a la cooperativa local, que paga precios más altos que los

comerciantes privados. También vendemos plátanos. Intentamos dejarlos en el árbol el

mayor tiempo posible, porque si no, no duran mucho. Tratamos de quedarnos con

algunos para que coman los niños, pero habitualmente nos hace más falta el dinero que la

fruta.

[Foto: Ethiopia7_copyright Paul Rees-Thomas]


Imagen 5.6 Pesado de los granos de café para su venta, mercado de Bokaso
Copyright © Paul Rees-Thomas

Hasta hace algunos años me dedicaba al comercio del café. Poco a poco y a lo largo de

varios años conseguí tener algo de ganado que después vendí para obtener el capital que

me permitió iniciar mi negocio de comercio de café. Iba de un mercado a otro, tratando

de comprar a bajo precio y de vender donde pudiera conseguir el precio más alto. Pero

hace unos cuantos años los precios cayeron muchísimo7 y perdí todos mis ahorros.

Quisiera recuperar aquellos tiempos y volver a comerciar con el café, pero no se me

ocurre cómo ahorrar lo suficiente para volver a entrar en el mercado.

92
Se puede pedir un préstamo a las familias más ricas de la comunidad, pero a un interés

muy alto, normalmente el 100 por cien. Es imposible negociar un interés más bajo, pero

a veces se puede pedir la ampliación del plazo de devolución. Ahora mismo tengo una

deuda pendiente de unos 50 birr [unos 4 euros], y no dudaría en pedir más dinero si

tuviera un problema urgente de salud; es la única forma.

Muchas familias piden dinero prestado. Casi todos los préstamos grandes son para

construir casas. Hacen falta cerca de 800 birr [unos 67 euros] para comprar madera,

barro y bambú de una calidad lo suficientemente buena como para construir una casa. A

veces las familias tienen dificultades para devolver los préstamos y entonces la comisión

de líderes del pueblo interviene para tratar de mediar en el conflicto. Suelen ser bastante

justos; sólo recuerdo una vez en que la comisión obligó a una familia a vender sus bienes

para devolver el préstamo.

[Foto: Ethiopia8_copyright Paul Rees-Thomas]


Imagen 5.7 El señor Dotora Fenoga prepara la tierra antes de la plantación
Copyright © Paul Rees-Thomas

Asada: Llevo varios meses enferma, con dolor de estómago y de huesos todo el tiempo.

Desde que me siento tan mal, Dotora, mi marido, ha tenido que ocuparse de casi todo el

trabajo de la casa. No sé por qué estoy enferma. Cada vez que voy a la clínica a comprar

medicinas, tenemos que vender algo para poder pagarlas. La última vez tuvimos que

vender un pollo pero, cuando no tenemos nada que vender, Dotora tiene que pedir dinero

prestado para las medicinas. Cuando estoy un poco mejor, busco trabajo en las tierras de

otras personas y gano unos 2 birr [unos 17 céntimos de euro] por medio día de trabajo,

que utilizo para comprar algo de harina o de leche para los niños.

93
Todavía nos las arreglamos para hacer tres comidas al día, aunque no siempre comemos

la misma cantidad. Estos últimos días hemos tomado kocho en el desayuno, la comida y

la cena, y anoche pude poner también algunas verduras. Esta mañana tomamos café, que

no siempre tenemos. La última vez que comimos carne fue en Navidad, hace unos cuatro

meses. La iglesia recogió donativos de todas las familias que pudieron entregarlos,

compró un animal, lo sacrificó y luego dio una fiesta para toda la comunidad. Navidad y

Semana Santa son, habitualmente, los únicos momentos del año en que comemos carne.

La historia de Asfew Gelecha

Vivo con mis tres hijos varones, que tienen entre nueve y quince años. Estamos pasando

por una época difícil. Mi mujer murió de repente hace sólo tres semanas. Creo que fue

por un paro cardíaco; murió sólo una hora después de decirnos que sentía como si tuviera

fiebre.

Estábamos construyendo una casa nueva con la ayuda de nuestros vecinos y familiares.

Ellos trabajaban con nosotros durante el día y mi mujer y yo les dábamos kocho para

cenar, pero las reservas de kocho que había preparado mi mujer ya se han acabado.

Espero que mis familiares me ayuden para poder dar más kocho a mis vecinos, pues

todavía no hemos terminado la casa y, si pides a alguien que trabaje, debes darle comida.

[Foto: Ethiopia9_copyright Paul Rees-Thomas]


Imagen 5.8 Útiles de labranza empleados en las regiones cafeteras de Sidama
Copyright © Paul Rees-Thomas

94
Desde hace varios años hemos tenido muchos problemas de salud. Hace cuatro años,

durante la estación de lluvias, toda la familia contrajo la malaria; a mí me costó varios

años recuperarme totalmente. Mi mujer y mis hijos pasaron varios meses sin poder

levantarse de la cama. Si no hubiera sido por la ayuda de los amigos y la familia, no sé

cómo nos las habríamos arreglado. Tuve que pedir prestados 300 birr [unos 25 euros]

para comprar las medicinas para la malaria, pero tuve que devolver el doble de esa

cantidad. Me costó tres años pagarlo todo. El año pasado, mi hijo pequeño volvió a

enfermar de malaria y lo llevamos al centro de salud local y al del distrito para que lo

atendieran. Perdió mucho peso y por esa razón estuvo en tratamiento por desnutrición.

Las cosas se han puesto tan difíciles en los últimos años que envié a mi hijo mediano a

vivir con mi suegra. Esto le ha venido muy bien, pues ella tiene una situación más

desahogada. Estoy orgulloso de él: ahora va a la escuela y está en sexto curso. Mi hijo

pequeño empezó a ir a la escuela, pero suspendió y el año que viene tendrá que repetir el

curso. Mi hijo mayor también iba a la escuela, pero tuvo que dejarla para ayudarme de

vez en cuando con el trabajo en las granjas y en el transporte de mercancías.

La última cosecha de café fue buena, comparada con la del año anterior. Gané cerca de

250 birr [unos 21 euros], más o menos unas dos veces y media de lo que había ganado el

año anterior. Pero, como tenía que devolver al prestamista local unos 200 birr que le

debía, sólo me quedé con 50 birr de lo que gané, con los que compré ropa para mi

familia. Por suerte, la cosecha de enset también fue buena y mi mujer preparó unos cien

95
kilos de kocho. Esto es lo que hemos estado compartiendo con los vecinos que nos han

estado ayudando con la casa pero, como ya dije, la reserva de kocho casi se ha terminado.

***

Estas historias se refieren sólo a dos comunidades de una región de Etiopía. Aunque el

ámbito geográfico es sin duda reducido, los relatos incluidos en este capítulo tratan

cuestiones que se repiten a lo largo de este informe: el alto coste del hambre y el

esfuerzo constante de las familias por su dignidad.

Los testimonios recogidos en este capítulo suscitan la siguiente pregunta: ¿qué podemos

hacer para ayudar a familias como las de Bokaso y Moto? En Etiopía ya se está

avanzando. El gobierno etíope, en colaboración con un amplio grupo de donantes de los

países del norte, acaba de poner en marcha una iniciativa relacionada con la seguridad

alimentaria por valor de unos 2.250 millones de euros y por un plazo de cinco años. El

objetivo de este programa para el año 2007 es proporcionar ayuda a cerca de 9 millones

de etíopes, fundamentalmente mediante proyectos de empleo en el sector público. Está

previsto desembolsar estas ayudas durante la estación difícil para, de esta forma,

contribuir a reducir la desnutrición.

A primera vista, la cantidad de 2.250 millones de euros parece enorme. No obstante,

cuando se analiza en detalle, resulta evidente que un compromiso económico como éste

no supone más que una mínima parte de lo que se necesita. Se calcula que entre 30 y 35

millones de etíopes viven por debajo del umbral nacional de la pobreza (la cantidad de

96
dinero que una familia precisa para cubrir sus necesidades básicas alimentarias y no

alimentarias), y luchan por hacer frente a las dificultades que suponen unos mercados

volátiles, unas precipitaciones cada vez menores y una democracia aún inestable. Las

ayudas de la iniciativa de seguridad alimentaria sólo alcanzarán a cerca de un tercio de

quienes viven por debajo del umbral de la pobreza. Los 2.250 millones de euros se

distribuyen, además, a lo largo de los cinco años que dura la iniciativa, lo que significa

que el importe real de la ayuda que recibirá cada familia es muy reducido: el salario por

trabajar en el programa de empleo del gobierno es de unos 6 birr al día [unos 50 céntimos

de euro], con un máximo de 30 días de trabajo al año. Según la investigación que Acción

contra el Hambre llevó a cabo el año pasado en la zona de Sidama, aunque muchas

familias se benefician sin duda de los nuevos programas de seguridad alimentaria, la gran

mayoría de la población aún está muy lejos de poder cubrir sus necesidades de alimentos.

La respuesta habitual de los organismos donantes frente a estas críticas es que en los

presupuestos de ayuda al exterior hay poco dinero disponible para aumentar los fondos de

programas como esta iniciativa de seguridad alimentaria de Etiopía. Sin embargo, se

trata más bien de una cuestión de prioridades políticas. En el caso de los Estados Unidos,

tanto las labores de reconstrucción tras el huracán Katrina como la guerra de Irak son

ejemplos de situaciones que demandaron cientos de miles de millones de dólares de

fondos que no estaban presupuestados. No obstante, al tratarse de cuestiones políticas

prioritarias, el gobierno consiguió el dinero. La lucha contra la desnutrición no es algo

diferente: es posible conseguir el dinero, siempre que exista la voluntad política para

hacerlo.

97
El coste diario que ocasiona el hambre a millones de familias de todo el mundo se sitúa

fácilmente al nivel de los fondos concedidos para situaciones como la del huracán Katrina

o la guerra de Irak y, en un mundo justo, deberían dedicarse más recursos a proteger el

derecho a los alimentos de familias como las de Bokaso y Moto. Sin embargo, nuestro

mundo aún no es justo. Corresponde a nosotros, los ciudadanos de los países del norte y

del sur, trabajar para conseguir que sea justo y para hacer reaccionar a nuestros líderes

frente a la realidad de la violencia oculta del hambre.

98
6

Epílogo: Conciencia y poder

[Foto: Ethiopia10_copyright Paul Rees-Thomas]


Imagen 6.1 Un niño en la escuela de Bokaso
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Etiopía es un país cuyo nombre permanece indeleblemente unido a las imágenes de la

terrible inanición sufrida hace veinte años: la gran hambruna de 1984, que causó la

muerte de cerca de un millón de personas. Para las familias etíopes que perdieron a sus

hijos, hijas, padres y madres en 1984, no sirve de consuelo saber que tal devastación

fuera en gran parte responsable del despertar de la conciencia de la opinión pública de los

países del norte al horror de la hambruna. Sin embargo, en las dos décadas posteriores,

Etiopía no sufrió ningún desastre de una magnitud remotamente similar y, aunque es

justo reconocer que una gran parte de este hecho favorable se debe a las ideas y esfuerzos

de los propios etíopes, también ha tenido un papel importante la creciente presión de la

opinión pública sobre los gobiernos del norte para garantizar que no se vuelva a producir

una situación de hambruna similar1 Los países donantes respondieron a esta presión

aumentando los niveles de la ayuda internacional. Las iniciativas humanitarias y de

desarrollo que se han venido poniendo en práctica gracias al incremento de la ayuda han

influido, sin duda, en la reducción de los índices de mortalidad de Etiopía.

El caso de Etiopía no es único; se podrían contar historias similares de muchos lugares

del mundo. Pese a la extendida opinión de que “la ayuda exterior ha tenido pocos efectos

positivos”, esta afirmación no es cierta. A pesar de las ineficiencias y a pesar de los

99
sobornos a burócratas corruptos, se han salvado cientos de miles de vidas gracias a una

ayuda inteligente y oportuna, y la comunidad mundial debería estar orgullosa de sus

logros.

Sin embargo, como hemos venido insistiendo a lo largo de este informe, el hecho de “no

padecer un índice anormal de mortalidad” dista mucho de lo que es “vivir con dignidad”.

Un índice de mortalidad más bajo sólo implica supervivencia, en el estricto significado

biológico de la palabra, pero no una vida de calidad, llena de satisfacciones y de

oportunidades. El futuro del mundo debe definirse en unos términos que vayan más allá

de la simple “no-muerte”; la vida como poco más que la suma de constantes y extremos

sufrimientos no es motivo de celebración. Por el contrario, somos de la opinión que el

reto acaba de empezar y que tenemos una importante oportunidad ante nosotros para

expandir una vez más los límites de nuestra conciencia y para que la dignidad, y no sólo

la supervivencia, sea un objetivo alcanzable. Como organización que trabaja para acabar

con el hambre, instamos a comenzar urgentemente a expandir nuestra conciencia y a

demandar el derecho a los alimentos con la misma pasión con que aprendimos a

demandar el derecho a sobrevivir en situaciones de hambruna.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, y todo compromiso posterior

relacionado con los derechos humanos, aún pueden ser más que un sueño utópico.

Gracias a la combinación de una mayor ayuda internacional, una inversión económica y

unas políticas comerciales que favorezcan un trato preferente a los países en desarrollo, el

derecho a la alimentación es sin duda alcanzable. No es un proyecto tecnocrático para

100
acabar con el hambre lo que nos falta, sino más bien la respuesta de la comunidad

internacional a estas preguntas que tienen que ver con la conciencia y el establecimiento

de prioridades: ¿hegemonía económica para los ricos u oportunidades económicas para

los pobres? ¿Una”política de la realidad” a favor de los intereses de los poderosos

exclusivamente o dignidad humana a favor de los intereses de todas las personas? ¿El

sueño políticamente útil de los derechos humanos o la injusticia del hambre?

***

Por suerte, no resulta difícil encontrar ejemplos de éxitos en la lucha contra el hambre:

hay muchas personas anónimas, organizaciones civiles y gobiernos que trabajan sin

descanso por mejorar la vida de las poblaciones más vulnerables. Las respuestas técnicas

mejoran constantemente: un creciente número de proyectos relacionados con la

seguridad alimentaria se alejan de un enfoque limitado, centrado sólo en la ayuda

alimentaria, para hacer un mayor énfasis en la protección de los medios de vida; unos

mecanismos más eficaces en la recogida y almacenamiento de agua permiten aumentar el

suministro de agua segura a las comunidades; un mejor conocimiento de la relación entre

el VIH y la desnutrición conduce a tratamientos médicos más eficaces; y estos son sólo

algunos ejemplos. Los trabajadores humanitarios y los activistas pro-derechos humanos

de todo el mundo luchan, muchas veces poniendo en riesgo sus vidas, en nombre de

quienes se ven expuestos a sufrimientos físicos y psíquicos. La rapidez de comunicación

de los medios al alcance de todos, especialmente internet, permite a periodistas, escritores

y ciudadanos anónimos contar cada vez más historias sobre nuestra comunidad global y

101
sus conflictos. El valor, el sacrificio y la fortaleza que subyacen en este despliegue de

compasión y acción son extraordinarios y dignos de todo elogio.

Si el objetivo es conseguir la dignidad en todos los aspectos, como recoge la Declaración

Universal de los Derechos Humanos, creemos que no basta con tener buenas ideas y

contar con personas valientes y solidarias. Nuestro análisis de las crisis de Sudán, Níger,

Zambia y Malawi comparten un núcleo causal: un abrumador desequilibrio de poder

entre quienes sufren la violación de sus derechos y quienes son responsables de su

violación, ya sean gobiernos nacionales, elites económicas locales o la comunidad

internacional. El poder (el auténtico poder social que las personas necesitan para impedir

la violación de su derecho a los alimentos), es como un juego de suma cero, donde es

imposible que todos los participantes ganen, y en el que la capacidad de decisión está o

bien compartida, o bien en manos de una parte más fuerte. Si las personas no pueden

manifestar su oposición a los programas políticos o económicos que ocasionan la pérdida

de vidas y la destrucción de los medios de vida, si no pueden participar en el proceso de

toma de decisiones que dictan estos programas, es la impotencia lo que les impide hablar.

Entonces ¿qué se entiende por poder en el contexto del desarrollo humano? Nosotros lo

definimos así: el poder es la capacidad para demandar (y cumplir) la aplicación de un

conjunto de derechos humanos básicos ante cualquier conflicto de intereses. Esta clase

de poder se da cuando la comunidad internacional en su conjunto valora la búsqueda de la

dignidad como algo preeminente sobre cualquier programa cultural, político o

económico. Como resultado del ejercicio de este poder se consigue una absoluta

102
igualdad de oportunidades: la oportunidad de todo ser humano a estar bien alimentado, a

tener acceso a los mejores servicios sanitarios y educativos que la sociedad en su

conjunto puede ofrecer, y a ser políticamente libre. Todas las crisis analizadas en este

informe podían haberse evitado, y cientos de miles de personas podían haberse librado de

la muerte y el hambre, si se hubiera dado prioridad a la dignidad sobre todas las demás

cosas.

Es cierto que estas frases representan una visión idealista del mundo o, para evitar las

connotaciones negativas del término “idealista” podríamos decir, quizás, “una visión del

mundo muy diferente de la realidad actual”. Pero hay un mensaje que sobresale por

encima de todos los que deseamos transmitir con este informe: mientras que en política

existen diversos tonos de gris a la hora de decidir, las consecuencias de las decisiones

tomadas suelen tener sólo dos colores, blanco y negro, sin posibilidad de rectificación.

Vida o muerte; la satisfacción de disfrutar de buena salud o la violencia del hambre. La

concepción y puesta en marcha de mecanismos que permitan transferir el control sobre

las vidas de las personas, actualmente en manos de actores ricos y poderosos, a las

propias familias, no es un objetivo pequeño: por encima de los obstáculos técnicos, la

cesión voluntaria del control no es algo que a los seres humanos se les dé especialmente

bien. No obstante, el deseo de justicia debe ser más fuerte que el deseo de poder. Con

esa esperanza hemos escrito este informe.

[Foto: Ethiopia11_copyright Paul Rees-Thomas]


Imaben 6.2 Un niño de la población de Moto
(¡OJO! En el documento Copy-editing queries ruegan encarecidamente no añadir leyenda a esta imagen,
pues es la última del informe)
Copyright © Paul Rees-Thomas

103
Notas y referencias

1. INTRODUCCIÓN: UNA VIDA QUE MEREZCA LA PENA VIVIR


1
Nota de la traductora. La denominada estación difícil es el período anterior a una nueva cosecha en el que
las reservas de la cosecha anterior están prácticamente agotadas, por lo que la disponibilidad de alimentos
de las familias es muy baja.
2
Naciones Unidas. Declaración Universal de los Derechos Humanos. 1948. Consultada el 20 de junio de 2007 en
http://www.un.org/Overview/rights.html
3
Centro de Noticias de la ONU. Sudan – Humanitarian Situation One of Worst in the World. 4 de mayo de 2004.
Consultado el 20 de junio de 2007 en
http://www.un.org/apps/news/story.asp?NewsID=10615&Cr=sudan&Cr1=
4
Centro de Noticias de la ONU. Annan Welcomes Extension of African Union in Darfur. 21 de septiembre de 2006.
Consultado el 20 de junio de 2007 en
http://www.un.org/apps/news/story.asp?NewsID=19948&Cr=sudan&Cr1=; consultar Eric Reeves,
Quantifying Genocide in Darfur: Current Data for Total Mortality from Violence, Malnutrition, and
Disease, 28 de abril de 2006. Consultado el 20 de junio de 2007 en
http://www.sudanreeves.org/index.php?name=News&file=article&sid=102; Naciones Unidas, Oficina del
Representante Especial del Secretario General de las Naciones Unidas para Sudán, residente y coordiador
humanitario, Sudán. Darfur Humanitarian Profile No. 27, 1 de abril de 2007. Consultado el 20 de junio de
2007 en
http://www.reliefweb.int/rw/RWFiles2007.nsf/FilesByRWDocUnidFilename/9F195407A9628CA5492572
E9000D04DB-Full_Report.pdf/$File/Full_Report.pdf.
5
El término refugiados designa a las personas que se han visto forzadas a huir traspasando fronteras
internacionales. Los refugiados están bajo la jurisdicción del derecho internacional para los refugiados y su
protección es el mandato principal del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados
(ACNUR). Los desplazados internos (Internally Displaced People, o IDP según sus siglas en inglés),
también han tenido que abandonar sus comunidades (desplazándose con frecuencia a miles de kilómetros
de sus lugares de origen), pero permanecen dentro de las fronteras de su país. Los IDP están protegidos por
diferentes grupos de leyes compuestos fundamentalmente por leyes nacionales, leyes de los derechos
humanos y, si se encuentran en un país inmerso en un conflicto armado, el derecho internacional
humanitario para protección de civiles. Sin embargo, en muchos casos es el propio estado el causante del
desplazamiento y, por tanto, no está dispuesto a asegurar, o puede incluso bloquear, la aplicación de estas
leyes.
6
En este informe utilizamos el término “medios de vida” con el significado general de “los medios de los
que se sirven las familias para intentar satisfacer sus necesidades básicas (alimentos, ropa, techo, etc.)”. La
agricultura y la ganadería (las actividades de “pastoreo”) son dos ejemplos de estrategias de medios de
vida.
7
En este informe, utilizamos el término “del norte” cuando nos referimos a los países industrializados y el
término “del sur” cuando hacemos referencia a los países en vías de desarrollo.
8 Programa conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA. HIV Data. 2006. Consultado el 20 de junio de
2007 en http://www.unaids.org/en/HIV_data/default.asp

2. LA LUCHA POR LA SUPERVIVENCIA: VIAJE AL INTERIOR DEL


SUFRIMIENTO EN LA GUERRA POR LOS MEDIOS DE VIDA EN DARFUR
1
Consultar Capítulo 1, nota 3.
2
En este capítulo no entramos en detalles sobre la cuestión de la degradación medioambiental. Sin
embargo, apuntamos brevemente que el promedio de precipitaciones anuales en Darfur descendió
estrepitosamente durante las décadas de 1970 y 1980, aumentando ligeramente durante los años 1990. La
variabilidad de las precipitaciones, que presentan altos picos y profundos valles, aumenta sin lugar a dudas.
El cambio climático, causado fundamentalmente por las emisiones de gases de efecto invernadero por parte
de los países industrializados, parece ser el factor fundamental que afecta a la variación de las tendencias de
las precipitaciones. Los modelos de cambio climático realizados para la región africana del Sahel, donde se

104
encuentra Darfur, varían en sus proyecciones sobre las cantidades de precipitaciones a futuro, pero en todos
los casos predicen una mayor variabilidad. Para obtener mayor información sobre estos asuntos, así como
una relación de las fuentes de información sobre el clima y el medioambiente en Darfur, consulte el
informe de la organización Tearfund (2007) titulado “Darfur: Relief in a Vulnerable Environment”, al que
puede acceder en
http://www.tearfund.org/webdocs/website/Campaigning/Policy%20and%20research/Relief%20in%20a%20
vulnerable%20envirionment%20final.pdf, así como el informe del Programa de las Naciones Unidas para
el Medio Ambiente (PNUMA) titulado “Post-Conflict Environmental Assessment”, disponible en
http://sudanreport.unep.ch/UNEP_Sudan.pdf.
3
Consultar Julie Flint y Alex de Waal. Darfur: A Short History of a Long War. Londres: Zed Books, 2005; Gérard
Prunier. Darfur: The Ambiguous Genocide. Ithaca, NY: Cornell University Books, 2005.
4
Flint y de Waal, Darfur.
5
Consultar ibid., y Prunier, Darfur, para una visión más detallada de la historia de Darfur y del conflicto
reciente.
6
Consultar la nota 2.
7
Nota de la traductora. Guerras por delegación es la traducción aproximada del término inglés proxy wars,
que se emplea habitualmente para definir una guerra que tiene lugar entre dos países en el territorio de un
tercero.
8
Flint y de Waal, Darfur.
9
Los proyectos para el “desarrollo de los medios de vida” tienen como objetivo aumentar los ingresos y el
poder adquisitivo de las familias, por ejemplo mejorando el acceso a los mercados o ampliando la
productividad agrícola. Las “intervenciones de transferencia monetaria” permiten ofrecer una ayuda más
directa a las familias, por ejemplo en forma de programas de empleo, distribución de cupones que pueden
ser canjeados por artículos básicos y servicios, o incluso pagos directos en efectivo.
10
Action Contre la Faim. Preliminary Results, Nutritional, Anthropometric and Retrospective Mortality Survey, Otash
Camp, Nyala, South Darfur, Sudan. Enero de 2007.
11
Queremos hacer hincapié en un punto importante sobre el despliegue de las fuerzas de paz: cualquier
fuerza que incluya soldados extranjeros debe ser aceptada por todas las facciones armadas implicadas en el
conflicto de Darfur, así como por la sociedad civil sudanesa. Sin dicho acuerdo, la población civil podría
responder violentamente contra la presencia extranjera en la región.

3. MERCADOS LIBRES Y POBLACIONES CAUTIVAS: NÍGER Y LOS


PELIGROS DE LA LIBERALIZACIÓN DE LOS MERCADOS

1
Consultar el Capítulo 3, Cuadro 1.1, “¿Qué es la desnutrición aguda?”
2
Comunicado directo del Centro de Información Humanitaria, Niamey, octubre de 2005.
3 Sahel and West Africa Club Secretariat. Food Insecurity in West Africa. Why Now Again? What Has Been Done?
What Still Needs To Be Done? Julio de 2005.
4
FAO/WFP Crop and Food Supply Assessment Mission to Niger. Special Report. Diciembre de 2004.
Consultado el 20 de junio de 2007 en http://www.fao.org/docrep/007/j3969e/j3969e00.htm
5
Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. Niger: Update on UNICEF’s Work with Malnourished Children. 31
de julio de 2006. Consultado el 20 de junio de 2007 en
http://www.unicef.org.uk/press/news_detail.asp?news_id=575
6
Como se indica en la página web del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
(www.undp.org): “El Índice de Desarrollo Humano (IDH) es un indicador compuesto que mide los
avances promedio de un país en función de tres dimensiones básicas del desarrollo humano: una vida larga
y saludable, medida según la esperanza de vida al nacer; nivel de educación, medido según el índice de
alfabetización de adultos y el índice bruto combinado de matriculaciones en enseñanza primaria, secundaria
y superior; y un nivel de vida digno, medido según el PIB per cápita”. Consultar también el Programa de
las Naciones Unidas para el Desarrollo. Norway at Top, Niger at Bottom of 2005 Human Development Index. 31 de
julio de 2006. Consultado el 20 de junio de 2007 en http://content.undp.org/go/newsroom/human-
development-index070905.en
7
Información de precios del SIMA-Niger (Sistema de Información de Mercados Agrícolas).
8
Geert Beekhuis. World Food Programme Report, Niger: Profile of Cereal Markets. Agosto de 2005.

105
9
C.Ford Runge y Benjamin Senauer. “How Biofuels Could Starve the Poor”. Foreign Affairs. Mayo/Junio de
2007. Consultado el 20 de junio de 2007 en http://www.foreignaffairs.org/20070501faessay86305/c-ford-runge-
benjamin-senauer/how-biofuels-could-starve-the-poor.html
10
La ganadería está íntimamente relacionada con la volatilidad de los precios de los cereales. Cuando
aumentan los precios de estos últimos, los pastores se ven obligados a vender más ganado para obtener el
dinero en efectivo que necesitan para comprar cereales. Esto aumenta automáticamente el número de
animales disponibles en los mercados locales, ocasionando la caída de sus precios. Esta pauta de
comportamiento se vio agravada en el año 2005 por el impacto de la plaga de langosta y la sequía, que
redujeron la cantidad de tierra de pasto disponible y obligaron a los pastores a vender parte de sus animales.
11
Consultar en Sahel and West Africa Club Secretariat, Food Insecurity in West Africa.
12
Johny Egg, Franck Galtier y Emmanuel Gregoire. "Systèmes d’Information Formels et Informels, la
Régulation des Marchés Céréaliers au Sahel". Cahier Sciences Humaines 32.4 (1996):853.
13
Comité Permanente Interestatal para la Lucha contra la Sequía en el Sahel (CILSS) et al. Sécurité Alimentaire Et
Echanges Transfrontaliers Dans la Zone de Kano–Katsina–Maradi K²M, Rapport de Mission Conjoint. Julio de 2006;
Famine Early Warning Systems Network (FEWSNET) y Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo
Internacional (USAID). Niger: An Evidence Base For Understanding the Current Crisis. 28 de julio de 2005.
Consultado el 20 de junio de 2007 en
www.fews.net/centers/innerSections.aspx?f=r1&m=1001611&pageID=monthliesDoc
14
Red de Organizaciones Campesinas y de Productores de África Occidental (ROPPA) y OCDE. Initiative
Paysanne en Faveur du Developpement de la filière coton en Afrique. Marzo de 2004. Consultado el 20 de junio de 2007
en http://www.oecd.org/dataoecd/38/45/30748731.pdf
15
Oxfam International. Cultivating Poverty: The Impact of US Cotton Subsidies on Africa. 2002. Consultado el 20 de
junio de 2007 en http://www.oxfam.org.uk/what_we_do/issues/trade/downloads/bp30_cotton.pdf
16
Ibid
17
Oxfam America. US Must Reform Agricultural Subsidy Program. 1 de septiembre 2006. Consultado el 20 de junio
de 2007 en http://www.oxfamamerica.org/newsandpublications/press_releases/press_release.2006-09-
01.3724151415
18
Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). FY2005 USAID Country Allocation
Summary. 2005. Consultado el 20 de junio de 2007 en
http://www.usaid.gov/policy/budget/cbj2005/pdf/fy2005summtabs4_alloc.pdf
19
Nota de la traductora. Sistema de “garantía de beneficios” es la traducción aproximada del término inglés
‘Warrantage’ systems, mediante el que se persigue garantizar a los campesinos la obtención de un beneficio
por la venta de sus cereales a las cooperativas, que no podrían obtener de otra forma.
20
ABC Burkina. West African farmers state their position on the CET (Common External Customs Tariff) adopted by the
Heads of State of the ECOWAS on January 12 2006 in Niamey. Consultado en mayo de 2006 en
http://www.abcburkina.net/english/eng_vu_vu/abc_182.htm

4. RETRATOS DE UNA PANDEMIA: FAMILIAS AL BORDE DEL ABISMO


EN ZAMBIA Y MALAWI
1
S.S. Abdool Karim y Q. Abdool Karim, HIV/AIDS in South Africa. 2005. Cambridge University Press:
Cambridge, UK.
2
Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. State of the World’s Children 2006. Consultado el 20 de junio de
2006 en http://www.unicef.org/sowc06/pdfs/sowc06_fullreport.pdf
3
Organización Mundial de la Salud. Nutrition and HIV/AIDS: Report by the Secretariat, EB 116/12. Mayo de 2005.
4
Lucy N. Thairu et al. “Sociocultural influences on infant feeding decisions among HIV-infected women in rural Kwa-Zulu
Natal, South Africa”. Maternal and Child Health 1.1 (2005):2-10.
5
Actualmente, el África subsahariana sólo cuenta con entre un 1 y un 3 por ciento del personal sanitario de
todo el mundo, frente a un 25 por ciento de la carga de morbilidad mundial. Para más información,
consultar el “Informe sobre la Salud en el Mundo” del año 2006, publicado por la Organización Mundial de
la Salud, cuyo resumen en español está disponible en
http://www.who.int/whr/2006/whr06_overview_es.pdf y su versión completa está disponible en
http://www.who.int/whr/2006/whr06_en.pdf

106
5. EL SIGNIFICADO DE LA PALABRA DIGNIDAD: TRAGEDIAS
SILENCIOSAS Y ESPÍRITUS INDOMABLES EN ETIOPÍA

1
Un timad, considerado tradicionalmente como la cantidad de tierra que un buey puede arar en un día, es la
unidad de medida de terreno habitualmente utilizada en esta zona de Etiopía. Un timad apenas equivale a
un cuarto de hectárea.
2
El enset o “falso plátano”, es una planta feculenta de cultivo endémico en esta parte de Etiopía que aporta
la mayor parte de las calorías a la dieta de muchas familias pobres de la zona. Aunque con un contenido
vitamínico y mineral inferior al de otros cultivos básicos, el enset es resistente a las sequías y tiene un
rendimiento más elevado que el de otros cultivos. El enset tarda unos 6 a 8 años en madurar, pero puede
ser cosechado antes en caso necesario, aunque con un rendimiento reducido. La cosecha precoz de la
planta acaba con ella.
3
La divisa etíope es el “birr”. Actualmente, 18 birr equivalen aproximadamente a 1 libra esterlina (9 birr =
1 dólar estadounidense y 12 birr = 1 euro, aproximadamente). Para ajustar el poder adquisitivo, es decir,
para calcular lo que se podría comprar con la moneda etíope en el contexto de precios del país (que tienden
a ser muchos más bajos que los precios del primer mundo para muchos artículos, lo que refleja, entre otros,
el menor coste de mano de obra), debemos dividir el tipo de cambio entre 7. Así, mientras 18 birr
equivalen a 1 libra esterlina en los mercados internacionales, en Etiopía, con esos 18 birr se podría comprar
aproximadamente lo mismo que con 7 libras en el Reino Unido. En ninguna de las cifras que se incluyen
en el texto se ha ajustado el tipo de cambio.
4
La preparación del enset da mucho trabajo. Además de utilizar la pulpa de la planta, la corteza y las hojas
del árbol se utilizan para comer y para otros fines.
5
Kocho es el nombre de un alimento similar a una pasta que se elabora a partir de la pulpa del enset.
6
En el momento de escribir este informe, el precio de venta al público del café molido de Sidamo en un
supermercado de Londres es el equivalente a unos 12 euros por kilo, o unos 1.200 euros por cien kilos, unas
130 veces superior al precio al que Yohannes y Abarash Niammey vendieron sus granos de café el año
pasado.
7
En el año 2002, los precios del café se desplomaron en todo el mundo hasta alcanzar el precio más bajo de
los 30 años anteriores y llegaron a ser una tercera parte del precio que se pagaba cinco años antes.

6. EPÍLOGO: CONCIENCIA Y PODER


1
Esta declaración debería incluir dos condicionantes: “...la creciente presión política sobre los gobiernos
del norte para evitar que se vuelvan a producir tales niveles de mortalidad a causa de las hambrunas, como
consecuencia de desastres naturales, en cualquier parte del mundo capitalista”. La Segunda Guerra del
Congo, que tuvo lugar entre 1998 y 2003, y en la que se calcula que cerca de tres millones de personas
murieron de desnutrición, es un ejemplo del primer condicionante; la hambruna de Corea del Norte de
mediados de la década de 1990, con un recuento de víctimas de entre seiscientas mil y un millón, es un
ejemplo del segundo.

107
Notas sobre los colaboradores

Claire de Menezes, la autora principal del capítulo sobre Zambia y Malawi, es la asesora

de Acción contra el Hambre-Reino Unido en cuestiones relacionadas con Nutrición y

Salud. Trabaja también como enfermera pediátrica y se formó en el Hospital Infantil de

Great Ormond Street (Great Ormond Street Hospital for Sick Children) de Londres en

1990. Claire se especializó en enfermedades infecciosas pediátricas y VIH en Londres y

comenzó a trabajar con la Red Internacional Acción contra el Hambre en 2001. Ha

participado en programas de nutrición y salud en Sudán, Malawi y Zimbabwe y colaboró

en la elaboración de la estrategia general de Acción contra el Hambre sobre el

VIH/SIDA.

Stephen Devereux es miembro del Departamento de Investigación del Instituto de

Estudios para el Desarrollo de la Universidad de Sussex (Institute of Development

Studies, University of Sussex) y uno de los directores del Centro para la Protección Social

(Centre for Social Protection). Stephen trabaja en cuestiones relacionadas con la

seguridad alimentaria, las hambrunas y la protección social, sobre todo en África. Entre

sus libros se incluyen títulos como Food Security in Sub-Saharan Africa (ya publicado),

Theories of Famine y The New Famines: Why Famines Persist in an Era of

108
Globalisation. Entre otras cuestiones, sus investigaciones incluyen un estudio sobre la

pobreza entre los agricultores de las tierras altas de Etiopía y otro estudio sobre la

vulnerabilidad de los medios de vida entre las comunidades de pastores de la región

somalí de Etiopía.

Samuel Hauenstein Swan, co-editor de este informe, es el responsable del Observatorio

del Hambre de Acción contra el Hambre-Reino Unido. Desde 1994 ha trabajado para

distintas organizaciones humanitarias, en doce países de cuatro continentes afectados por

inestabilidad social, económica y política, y ha investigado sobre cuestiones relacionadas

con la salud y los derechos humanos en escenarios altamente conflictivos. Los objetivos

de sus investigaciones están relacionados fundamentalmente con el desarrollo de las

comunidades durante los períodos de transición desde la guerra hacia la paz y

especialmente con la interacción de la ayuda humanitaria con las estructuras

empresariales locales.

Frederic Mousseau, el autor principal e investigador del capítulo sobre Níger, ha

trabajado durante los últimos quince años con diferentes organizaciones internacionales,

incluidas Acción contra el Hambre en el Reino Unido y en Francia, Médicos Sin

Fronteras, el Instituto Oakland y Oxfam. El trabajo de Frederic ha estado relacionado

con el diseño y supervisión directos de las intervenciones de seguridad alimentaria, así

como la evaluación de los programas en más de veinte países. Ha elaborado y publicado

109
diversos estudios y análisis relacionados con las respuestas a crisis alimentarias, a

políticas de ayuda y desarrollo y a instituciones.

Raj Rana, el investigador principal del capítulo sobre Sudán, es consultor e investigador

con diez años de experiencia en la gestión de conflictos armados, emergencias

humanitarias complejas y catástrofes. Sus destinos en el terreno incluyen experiencia en

el mantenimiento de la paz como oficial del ejército canadiense en Bosnia-Herzegovina

(1993-1994) y ocho años con el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en

Afganistán, la República Democrática del Congo, la Federación Rusa/Chechenia, Darfur

e Irak. Actualmente desarrolla sus investigaciones sobre la relación entre la construcción

y la destrucción del estado, (State-Building and State-Failing), la protección humanitaria

(Humanitarian Protection) y la responsabilidad de proteger a las poblaciones

(Responsibility to Protect).

Paul Rees-Thomas, el autor principal e investigador del capítulo sobre Etiopía, es

nutricionista y, desde 1995, ha trabajado en escenarios de emergencia y de transición en

trece países, fundamentalmente en África central y oriental. Durante siete años colaboró

con Acción contra el Hambre llevando a cabo evaluaciones rápidas, análisis causales y

encuestas nutricionales en Europa del este, la antigua Unión Soviética y el Cuerno de

África, así como en la sede de París. Más tarde trabajó para Médicos sin Fronteras, la

Cruz Roja Británica y Concern Worldwide, donde se centró en la aplicación de la

alimentación terapéutica basada en la comunidad. Actualmente trabaja como asesor en

110
cuestiones sanitarias para la organización no gubernamental Merlin, en el desarrollo de

programas nutricionales como parte de la atención sanitaria básica.

Bapu Vaitla, co-editor de este informe, es investigador del Observatorio del Hambre en

Acción contra el Hambre-Reino Unido. Bapu trabaja actualmente en la evaluación y

priorización de las necesidades de las poblaciones afectadas por desnutrición en países en

los que Acción contra el Hambre desarrolla su labor. Ha trabajado y realizado

investigaciones en Etiopía, India y Chile en diversos proyectos sobre seguridad

alimentaria, salud pública y desarrollo agrícola.

111