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Senado de la Nación

Secretaría Parlamentaria
Dirección Publicaciones

(S-0102/08)

Buenos Aires, 4 de Marzo de 2008

Sr. Presidente
Del Honorable Senado de la Nación
Dn. Julio C. C. COBOS
S / D.-

Tengo el agrado de dirigirme a Ud. a los efectos de solicitarle tenga a


bien disponer la reproducción del proyecto de Ley que fuera
presentado bajo el número de Expte. 40/06 (1 de marzo de 2006).-

Sin otro particular, saludo a Ud. atentamente.-

Rubén Giustiniani

PROYECTO DE LEY

El Senado y Cámara de Diputados,...

Artículo 1.: Prohíbese la fabricación, comercialización, uso, tenencia y


portación de armas de descarga eléctrica o electrochoque, en todo el
territorio nacional, tanto para su uso civil como para personal de las
fuerzas armadas y de seguridad.-

Artículo 2.: Quien incurriere en algunas de las conductas previstas en


el artículo anterior, será pasible de las penalidades establecidas en los
artículos 36, siguientes y concordantes de la ley 20.429.-

Artículo 3.: Quedan exceptuados de lo establecido en el artículo


primero, las armas de descarga eléctrica creadas y utilizadas
exclusivamente para tratar o tranquilizar animales, y las destinadas a
la señalización, o al saludo en ceremonias. Quien empleare dichas
armas sobre seres humanos será pasible de las penas previstas en el
artículo segundo.-

Artículo 4.: Comuníquese al Poder Ejecutivo.

Rubén Giustiniani.-
FUNDAMENTOS

Señor Presidente:
La tecnología paralizante de electrochoque de alto voltaje aplicable a
seres humanos, tuvo su desarrollo inicial en los Estados Unidos –
década del 90-, para luego extenderse a países como Alemania,
Francia y Taiwán, debido fundamentalmente a que su aplicación no
deja rastros visibles en las víctimas de su uso, lo que facilita su empleo
para realizar torturas por parte de miembros inescrupulosos de las
fuerzas de seguridad. Así, a las porras eléctricas y a las pistolas
paralizantes de alto voltaje, le siguieron las armas de alto voltaje,
escudos paralizantes, pistolas de dardos paralizantes, cinturones
paralizantes y armas paralizantes de gas lacrimógeno.

En la actualidad en por lo menos 76 países de todo el mundo la


tecnología de electrochoque es utilizada para violar los derechos
humanos, infligiendo torturas o malos tratos en prisiones, centros de
detención o comisarías de todo el planeta.

Por estas razones hace unos años el maestro socialista y Diputado


Nacional Alfredo Bravo se hizo eco del reclamo realizado por
numerosos organismos de derechos humanos, en especial Amnistía
Internacional, y presentó un proyecto similar al que aquí se acompaña,
que recibió dictamen favorable de comisión, pero jamás fue tratado en
el recinto.

Precisamente Amnistía Internacional, a partir de 1990, documentó la


existencia de torturas con este tipo de armas a personas en al menos
50 países; comprobándose su aplicación de manera deliberada en
zonas sensibles del cuerpo: axilas, cuello, cara, pecho, abdomen,
interior de las piernas, planta de los pies, interior de la boca y orejas,
genitales, vagina, lo que provocó en las víctimas dolor agudo, pérdida
del control muscular, nauseas, convulsiones, desmayos y defecación,
orinas involuntarias y la muerte.-

Se comprobó entonces que “Algunas de las consecuencias a largo


plazo pueden ser rigidez, impotencia, daños a la dentadura, cicatrices
en la piel (que suelen desaparecer en el plazo de unas semanas)
pérdida del cabello, así como secuelas psicológicas prolongadas como
graves depresiones, ansiedad crónica, pérdida de memoria y
problemas para dormir. En los casos en que hay señales físicas de
tortura mediante descargas eléctricas, como enrojecimiento de la piel y
cicatrices, suelen desaparecer a las pocas semanas”1.

Sin embargo frente a tales pruebas la mayoría de las empresas que


fabrican y venden las armas de electrochoque sostienen que estos
aparatos son seguros desde el punto de vista médico y no letales si se
utilizan adecuadamente.

1
Aministía Internacional, informe sobre armas de electrochoque
Cabe señalar que los daños que causan la aplicación de tales armas,
no solo fueron documentados por Amnistía Internacional, sino que el
propio servicio de Ciencias Forenses del Ministerio del Interior del
Reino Unido en 1990 demostró que con pistolas inmovilizadoras de
bajo voltaje fabricadas en Corea, Taiwán y Estados Unidos, se
ocasionaban dolores muy intensos y dejaban imposibilitadas a las
personas con una sucesión de impulsos fuertes y de corta duración.

El informe de los científicos del Ministerio del Interior del Reino Unido
concluía que una descarga durante uno o dos segundos de una pistola
inmovilizadora produce que la víctima se desplome, y una descarga de
tres a cinco segundos deja probablemente a la víctima inmovilizada,
imposibilitada, aturdida y debilitada durante al menos cinco, tal vez 15
minutos. Además, la investigación mostraba que las pistolas
inmovilizadoras pueden causar la muerte mediante la pérdida de la
coordinación de la contracción cardiaca (fibrilación ventricular) “sólo
con que unos pocos microamperios sean conducidos a través del
corazón durante un período prolongado”. Asimismo, los efectos de un
arma inmovilizadora pueden ser indiscriminados en el sentido de que
otras personas que estén en contacto con la víctima objetivo de las
descargas de la pistola pueden recibir una descarga secundaria
considerable.2

Otra de las armas que quedarían incluidas en la prohibición de este


proyecto es la pistola taser, que dispara mediante una sustancia
explosiva sin humo dos dardos con cable que recorren una distancia
de entre 4,5 y 9 metros.

Se ha comprobado que ciertas afecciones médicas, como el consumo


de drogas y las enfermedades del corazón, pueden incrementar el
riesgo de que la pistola taser resulte letal. Los estudios realizados
informan que los dardos en forma de anzuelo no se retiran fácilmente
de los cuerpos humanos salvo que la piel se lacere o se abra.
También se descubrió que, entre julio de 1980 y diciembre de 1985,
una clínica de urgencias de Los Angeles admitió a 218 pacientes que
habían recibido disparo de pistola taser.

Otra tipo de armas son los cinturones inmovilizadores, que tras un


sonido de aviso inflige una descarga de 50.000 voltios a través del
riñón izquierdo del preso que lo deja imposibilitado inmediatamente y
con marcas.

El cinturón inmovilizador se promocionó en Estados Unidos como


alternativa al uso de cadenas y grilletes para el traslado de presos
potencialmente violentos y para reducir los costes en personal cuando
estos presos comparecen ante los tribunales. Sin embargo, las Reglas

2
Informe Amnistia Internacional
de la ONU para el Tratamiento de los Reclusos (RMTR) establece que
“los medios de coerción tales como esposas, cadenas, grillos y
camisas de fuerza nunca deberán aplicarse como sanciones.
Tampoco deberán emplearse cadenas y grillos como medios de
coerción”.

También con esta ley se prohibirían las armas de gas lacrimógeno y


pimienta, que provocan estornudos incontrolables, desgarramiento
violento y un dolor abrasador en la piel durante unos cinco minutos,
según lo describe uno de sus fabricantes.

El empleo de nuevas clases de armas inmovilizadoras de


electrochoque en las labores de las fuerzas de orden público
representa una nueva amenaza para los derechos humanos. No cabe
duda que resulta inconveniente que las fuerzas de orden público
empleen en su cometido nuevos productos: un tipo especial de pistola
inmovilizadora cuyos electrodos frontales incluyen puntas afiladas para
penetrar en la piel de la víctima; un cable cortante con capacidad para
producir descarga eléctrica creado con el fin de rodear a
manifestantes; y paneles eléctricos letales empleados en las cárceles
nuevas de Estados Unidos.

Todo lo descripto hasta aquí nos lleva a releer el artículo 5° de la


Declaración Universal de Derechos Humanos: “Nadie será sometido a
torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”. En
igual inteligencia el Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos, la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura y
otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes. determinan
que todos los Estados tienen la obligación de impedir y erradicar la
tortura y los tratos o penas crueles inhumanos o degradantes en todo
el mundo y deben tomar medidas eficaces con este fin dentro de su
jurisdicción.

Cabe recordar aquí que los Estados miembros de las Naciones Unidas
reafirmaron en la Declaración y Programa de Acción de Viena en la
Conferencia Mundial de Derechos Humanos de 1993 que “una de las
violaciones más atroces de la dignidad humana es el acto de tortura,
que destruye esa dignidad de las víctimas y menoscaba la capacidad
de las víctimas para reanudar su vida y sus actividades” [párrafo IIB
(5)55. La Conferencia “insta, pues, a todos los Estados a que pongan
fin inmediatamente a la práctica de la tortura y erradiquen para
siempre este mal mediante la plena aplicación de...las convenciones
pertinentes” [y] “que los esfuerzos por erradicar la tortura deben
concentrarse ante todo en la prevención ...”

Lamentablemente en la República Argentina existe una larga tradición


de la aplicación de torturas por parte de los miembros de las fuerzas
armadas y de seguridad, tanto en tiempos de dictadura como en
Democracia. Así, el Congreso de la Nación ha recibido, en los últimos
veinte años, numerosas denuncias de presuntas violaciones a los
derechos humanos que habrían sido cometidas por policías federales,
provinciales (Bs. As., Santa Fe, Mendoza, Santiago del Estero), y
agentes de gendarmería.-

En octubre del año 2000, el Comité de Derechos Humanos de la ONU


examinó el tercer informe periódico presentado por Argentina sobre su
aplicación del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. En
sus observaciones finales, el Comité recomendó la toma de medidas
para garantizar que los militares implicados en violaciones a los
derechos humanos, no ocupen empleos en las Fuerzas Armadas, ni
en la Administración Pública. Manifestó, además, su preocupación por
las denuncias sobre prácticas generalizadas de tortura y malos tratos
por parte de la policía. Por su parte, el informe 2001 de Amnesty
International en el capítulo destinado a la Argentina documentó hechos
de violencia ejercida por parte de las policías provinciales del país. En
el año 2002 La Corte Suprema de la Provincia de Buenos Aires
denunció prácticas de torturas a menores por parte de la policía de
ese estado.

Por todas estas razones no podemos permitir la tenencia y el uso de


estas armas en manos de aquellos bastos sectores de las fuerzas
armadas y de seguridad que de manera consuetudinaria despreciaron
y desprecian la integridad física de los miembros de su sociedad.
Además, autorizar desde el Estado Nacional el uso y la tenencia por
parte de civiles, así como la fabricación y comercialización de las
armas de electrochoque, que dejan daños físicos y psíquicos
irrecuperables en las víctimas, resulta contradictorio con las normas
constitucionales que garantizan el respeto a los derechos humanos en
la República Argentina. Además, se pretende también evitar que
dichas armas sean utilizadas por criminales civiles.

Este proyecto, obedece entonces a cumplir con la recomendación


efectuada por la Conferencia Mundial de Derechos Humanos de 1993
a los Estados miembros de las Naciones Unidas en cuanto a “que los
esfuerzos por erradicar la tortura deben concentrarse ante todo en la
prevención.”

Por último, se exceptúan de lo establecido en los artículos 1° y 2° de


este proyecto a las armas de descarga eléctrica creadas y utilizadas
exclusivamente para tratar o tranquilizar animales, y las destinadas a
la señalización, o al saludo en ceremonias.-

Por todo ello solicitamos la aprobación de este proyecto.-

Rubén Giustiniani.-