Oye Arnold! © 1996 by Nickelodeon/Viacom y Craig Bartlett.

Oye Arnold! ¿Donde estás? 2009 por Hebo Freire.

A por ese angel de cabellos dorados

R por el recuerdo del beso que nos dimos
N por que nunca dejare de amarle

O por el oscuro y puro deseo que arde dentro de mi

L por el lirio de los valles que idolatro y amo en secreto
D por el demente amor que guardo en mi corazón
El pequeño libro azul

Parte 1: El vecindario

Un par de días después
  El joven se acomodó el puente de sus gafas sobre su nariz, mientras entraba al edificio donde laboraba. En ese lugar funcionaba una
importante revista llamada “Chronos”. Revista a la cual pertenecía
hacia poco tiempo. El joven Iba apurado tenía mucho trabajo esperándolo en su mesa e iba retrasado.
  —Buen día, buen día… -saludaba a quien se encontraba en su
camino, esquivando ágilmente todos los obstáculos que se le atravesaban. Hasta que se estrelló con uno de sus compañeros de trabajo,
los papeles que llevaba salieron a volar – ¡Diablos! Lo siento.
  —¡No te preocupes! Dijo su compañera y él le ayudo a recoger
los papeles que se dispersaron por el suelo. Otro de sus compañeros
de trabajo apareció en escena sosteniendo una hoja de papel en una
mano y una taza de café en la otra.
  —Oye Frederick, tienes trabajo, el jefe quiere que hagas un artículo sobre un chiquillo, lo antes posible. Dijo su compañero dándole
una probada a su tasa de café.
  —¿Quién es? Preguntó Frederick poniéndose de pie entregándole
las hojas a su compañera.
  —Es todo un personaje. Señaló su compañero y le paso la hoja de
papel. Frederick tomó el papel y arqueo las cejas, retrocediendo un
poco la cabeza. En la foto estaba plasmado un niño con cabeza con
forma de balón de futbol americano, vestido con un suéter verde y
una camisa de cuadros muy larga que lucía como una falda.
  —Dime que la nota es sobre su cabeza – dijo apuntando hacia la
foto – o su extraña forma de vestir.
  —¿Recuerdas el vecindario que estaba entre la calle treinta y cuatro y la treinta y nueve? Preguntó su compañero.
  —Ah sí, industrias Futuro compro ese terreno e iba a hacer un

centro comercial. Recordó Frederick.
  —Él lo evito – señaló el hombre – salvó el vecindario.
  —Un pequeño activista eh – dijo Frederick doblando la hoja de
papel guardándola en el bolsillo de su chaqueta – parece el guion de
una película de los 80, bueno iré a tomar nota.
  Frederick tomó sus cosas, una libreta de apuntes, su computador
portátil, y su grabadora, metiéndolas en una maleta y salió de la revista
a cumplir su misión, montándose en una motocicleta Vespa, se enfilo
rumbo al vecindario a buscar al pequeño héroe con cabeza de balón.

***
  En cuestión de una hora Frederick llego al vecindario que estaba
sobre la calle de Vineland y busco al chico que iba a entrevistar. Llegó a una casa, enorme y antigua de color rojo llamada “Sunset Arm”
una casa de huéspedes rodeada de casas semi-destruidas y un puente
vehicular averiado cruzándole por encima.
  —Esto parece Berlín en ruinas. Dijo Frederick y llamó a la puerta, golpeando un par de veces, aguardo unos segundos y la puerta se
abrió. Frederick fue sorprendido por una gran turba de animales que
corrieron fuera de la casa, estuvieron a punto de arrastrarlo como la
corriente de un rio, pero los esquivo notando que había toda clase de
cuadrúpedos, incluso un cerdo color rosa que no dejaba de gruñir.
  —Vaya tienen más animales que el zoológico – comentó Frederick y se volvió hacia la puerta encontrándose a un niño de cabello
alborotado, su entrevistado elegido. Al verlo el periodista se acomodó las gafas y se aclaró la garganta – Hola, tú debes ser Arnold.
  —Si soy yo. Contestó el chiquillo con cabeza de balón y expresión
amigable.
  —Permíteme presentarme soy Frederick Morris y vengo de la revista Chronos, quiero hacerte unas preguntas.
  —¿Una entrevista? De acuerdo – dijo Arnold sin sorprenderse y
salió de la casa cerrando la puerta – ¿Le parece bien aquí?
  —Si no hay problema - Dijo Frederick y se sentaron en las barandas de la escalera de piedra de la casa – se dice que salvaste el

vecindario.
  —Bueno no lo hice yo solo mucha gente me ayudo. Dijo el chico
con modestia
  —Es un logro muy destacable para tu edad ¿Cuántos años tienes?
  —9 años.
  —A tu edad yo solo jugaba Atari – comentó Frederick mientras
escribía – ¿Cuál es tu nombre completo?
  —Arnold… iba a decir cuando un camión paso en frente de la casa
haciendo retumbar todo el lugar con su claxon, dejándolos sordos
por un momento.
  —Contaminación auditiva, voy a tener que hacer una nota sobre
eso – Dijo Frederick al recuperar el sentido del oído – ¿Me decías?
  —Me llamo Arnold. Contestó el chico.
  —Ok prosigamos. Dijo Frederick e iba a continuar cuando la puerta se abrió y por esta se asomó una simpática ancianita.
  —¡Buenos días señora! Saludó Frederick cortésmente.
  —¡Guten Morgen! Usted debe ser J.J Benítez, Kimba lo ha estado
esperando toda la semana. Dijo la abuela.
  —No señora yo soy… iba a corregir Frederick pero la abuela lo
interrumpió.
  —Voy a decirle a todos que está aquí. Y al decir esto entro a la
casa, cerrando la puerta.
  —Es mi abuela Pookie – Dijo Arnold – No le haga caso.
  —Bien, prosigamos, entrare de lleno a la entrevista ¿Estás de
acuerdo?
  —De acuerdo.
  —¿Qué te motivo enfrentarte a industrias Futuro? Preguntó Frederick.
  —El hecho de que… Arnold fue interrumpido por la puerta una
vez más, esta vez se asomaron tres personajes muy particulares.
  —Oh un periodista que bien – Dijo uno de ellos. Un hombre de
muy corta estatura y calvo – permítame presentarme soy Ernie Potts
y trabajó en demolición.
  —¡Yo soy Oskar y también ayude a salvar el vecindario! Se presentó el siguiente personaje un hombre barbado y de acento extran-

jero.
  —Y yo soy Hyunh y trabajo en un restaurante. Se presentó el ultimo, un hombre amigable de rasgos orientales.
  —Y todos juntos son ¡los tres chiflados! Añadió alguien y Frederick se volvió hacia la calle encontrándose a un anciano calvo de
gruesas cejas, cargando unos paquetes.
  —Es mi abuelo Phil – Dijo Arnold desenfadado – y estas personas
son huéspedes que viven aquí.
  —Ya veo, soy Frederick y vengo de la revista Chronos, vengo a
entrevistar a Arnold. Se presentó el periodista al abuelo de Arnold.
  —Yo también quiero que me entrevisten, lo vi todo no me perdí ni
un detalle. Dijo Oskar entusiasmado.
  —Por el momento me centrare en Arnold. Dijo Frederick.
  —Y ¿después a mí? Tengo unos apuntes que le serian de mucha
utilidad. Insistió Oskar.
  —No insistas vago, tu no hiciste nada salvó mirar. Dijo el abuelo
impaciente.
  —Soy un testigo presencial, lo vi todo, vi cuando volaron el puente y cuando el autobús se estrelló en el pavimento y cuando esa chica
linda salto del edificio de enfrente con una video casetera.
  —Impresionante pero quiero escucharlo de labios de Arnold ¿Nos
permiten? Insistió Frederick. Los inquilinos bajaron los hombros y
suspiraron aburridos.
  —Ya escucharon vamos adentro – Azuzó el abuelo subiendo las
escaleras y los llevo hacia dentro de la casa empujándolos como unas
ovejas y luego se volvió al periodista — Después de que termine la
entrevista con mi nieto puede entrevistarme a mí, tengo información
que tal vez le interese.
  —Lo tendré en cuenta señor. Dijo Frederick y el abuelo entró a la
casa, cerrando la puerta. Un agradable silencio rodeo el lugar, Frederick suspiró y tomó su libreta.
  —Bien… Siguió el periodista cuando la puerta se volvió abrir y
Pookie salió interrumpiendo la entrevista una vez más. Por un momento el periodista se impaciento.
  —Nunca respondió a mis cartas, pero ahora si tal vez ahora pueda

responderme ¿Cuantos libros finalmente va tener el caballo de Troya? Preguntó ella.
  —Señora no soy J.J Benítez, soy Frederick Morris y vengo de la
revista Chronos. Corrigió Frederick pacientemente.
  —Entonces ¿No viene por lo de los ovnis? Preguntó la abuela.
  —No señora vengo a entrevistar a su nieto.
  —¿Qué hizo? Preguntó Pookie extrañada.
  —Salvó el vecindario. Respondió Frederick desconcertado. Pookie pareció recordar.
  —Ah sí como olvidar un suceso tan importante, lo recuerdo muy
bien, todo comenzó cuando el ranger Todd Blackburn, se cayó del
helicóptero y luego los rebeldes derribaron a un Black Hawk y luego
a otro y se armó la grande...
  —¡Abuela! Eso es una película. Intervino Arnold algo impaciente, desbaratando toda la ilusión que se formó alrededor del relato de
Pookie.
  —La caída del halcón negro. Adivinó Frederick.
  —Si – dijo Arnold y siguió – no tiene nada que ver.
  —¿Como que no? ¿y la guerra? Insistió Pookie.
  —No hubo una guerra abuela. Replicó Arnold.
  —Claro que sí, yo fui llevada como presa política – dijo la abuela
y sacó una fotografía en donde se plasmaba ella cargando su placa de
preso – ¡Mire, mire! Frederick contemplo la fotografía.
  —Eso sucedió durante el Blockapalooza, una fiesta que organizamos para salvar el vecindario, pero que fue levantada por la policía y
terminó en desastre. Explicó Arnold.
  —¿No habían tramitado los permisos? Preguntó Frederick.
  —Lo hicimos pero algo sucedió, nunca llegaron a su destino.
  —Hmm una mano negra detrás de todo, muy interesante.
  —Y entonces encerraron a mi abuela. Siguió Arnold
  —Y ¿Cuánto tiempo duro en prisión? Preguntó Frederick.
  —No mucho, el día cero mi abuela estuvo puntualmente a las siete
de la mañana para detener las excavadoras, luego de escapar de prisión. Respondió Arnold entornando los ojos. El periodista se volvió
hacia Pookie quien arqueo las cejas repetidamente.

  —Tienes una particular familia, Arnold. Comentó Frederick tomando apuntes.
  —Lo sé, por eso hice todo lo posible por evitar que demolieran el
vecindario. Dijo Arnold.
  —Bien lo siguiente que te voy a preguntar es… Frederick no pudo
proseguir. Un proyectil le impacto en el estómago y se fue de espalda, cayendo entre los botes de basura.
  —¡Era simpático! Dijo la abuela dándolo por muerto, mientras
Arnold se ponía de pie y corría a socorrerlo. Resulto que el señor
Frederick fue golpeado por un balón de futbol americano, lanzado
por uno de los niños del vecindario.

***
  Aun viendo estrellas, Frederick recupero el aliento, lo habían golpeado con toda la punta del balón, Arnold lo ayudó a levantarse.
  —Señor Frederick ¿Está usted bien? Preguntó.
  —Si, son los riesgos del periodismo, no te preocupes. Dijo Frederick y se levantó, fijándose a lo lejos en tres niños que estaban discutiendo. Uno bajito con nariz de salchichas que calzaba unas botas,
un chico muy flaco y orejón y uno gordo con playera corta que le
descubría el ombligo.
  —¡Tu tuviste la culpa! Gritaba el más grande
  —¡No tú! ¡Porque eres un idiota!– Siguió el gordo alterado –
ahora el estúpido señor, nos va regañar porque lo golpeamos con la
estúpida pelota y todo por culpa de un estúpido idiota!
  Arnold suspiró.
  —Son mis amigos, Harold, Stinky y Sid, son niños del vecindario.
Los presentó.
  —Ya veo, casi me matan - Dijo sobándose la cabeza y tomó el
balón – ¡Oigan!
  En cuanto Frederick se dirigió a ellos. Los niños pusieron pies en
polvorosa.
  —¡Corran! Dijo Sid y se perdieron al doblar la esquina.
  —Solo iba a devolverles el balón. Aclaró Frederick y le dio el

balón a Arnold.
  —Yo se los devolveré más tarde, discúlpelos por favor. Dijo Arnold.
  —¿Traigo el botiquín? Preguntó Pookie desde las escaleras.
  —No señora, no es necesario, estoy bien - Dijo Frederick sacudiéndose el polvo y la basura que le quedo pegada – Me gustaría
darle una vuelta al vecindario.
  —Claro. Dijo Arnold.
***
  Al dar vuelta a la esquina, Frederick se encontró con un terreno
baldío. Rodeado por tres edificios que lo encerraban en un cuadrado
perfecto.
  —Este es el campo Gerald, aquí juego con mis amigos. Señaló
Arnold.
  —¿Te gusta el beisbol?
  —¡Me encanta! Dijo Arnold sin ocultar su entusiasmo.
  —¿Quién es tu jugador favorito?
  —Mickey Kaline, tengo su tarjeta.
  —Su último partido fue formidable. Comentó Frederick paseando
la mirada por el lugar.
  —Lo sé, estuve ahí. Dijo Arnold sonriendo con nostalgia.
  —Arnold, ¿Cuál fue la clave que te ayudo a salvar este lugar?
Preguntó Frederick.
  —¿La clave?
  —Si ¿Cuál fue el punto determinante que sirvió para cumplir tu
objetivo? Preguntó el periodista y el chico lo pensó un buen rato.
  —No sé, tal vez la clave fue Helga… Murmuró pensativo.
  —¿Quien? Preguntó Frederick y entonces escucharon un frenazo de una bicicleta cerca de ellos. Se volvieron encontrándose a un
chico de peinado alto y una camisa roja con un treinta y tres gigante
estampado.
  —Viejo te estaba buscando. Dijo el recién llegado.
  —Gerald - Dijo Arnold y luego se volvió al periodista – él es Ge-

rald, mi mejor amigo.
  —Soy Frederick de la revista Chronos. Se presentó el periodista.
  —Por un momento creí que venia del Time. Dijo Gerald bajándose de la bicicleta.
  —Supongo que ellos vendrán después - Dijo Frederick volviéndose a Arnold – Me decías.
  —Hubo varias claves que me ayudaron. Dijo el chiquillo.
  —Mencionaste a alguien. Recordó Frederick.
  —¿Eh? ¡Si! Mencione a Helga. Dijo Arnold y continuo la marcha.
  —¿Quién es ella? Preguntó Frederick.
  —Helga G. Pataki, azote de la 118, ama del cuarto grado, pesadilla de Arnold. Hija del gran Bob Pataki el rey de los localizadores,
futura reina del universo. La carta de presentación que dio Gerald no
pudo ser más específica.
  —Ah Robert Pataki el mayor accionista de I.F se supone que estaba del lado del empresario ¿Porque te ayudo? Preguntó Frederick
y Arnold se quedó pensando durante varios minutos, como si no encontrara la respuesta adecuada.
  —No lo sé exactamente. Dijo Y Gerald intervino.
  —Yo puedo explicarlo, resulta que el gran Bob iba ser estafado y
Helga se enteró por lo que decidió intervenir para evitar que su padre
perdiera su emporio.
  —Oh ya veo.
  —Si claro porque de lo contrario, Helga no hubiera hecho nada, a
ella no le importaba que pasara con nosotros o con el vecindario, ella
solo vive en función de sus deseos egoístas. Dijo Gerald y un gruñido de un león enfadado se escuchó desde el lote Baldío.
  —¿Que fue eso? Preguntó Frederick
  —Debió ser un perro. Dijo Arnold, mirando en la misma dirección
que el hombre.
  —Bueno, pareces un buen orador – dijo Frederick dirigiéndose
a Gerald - cuéntame con tus propias palabras lo que sucedió aquí,
luego seguiré entrevistando a Arnold.
  —¿Ira en primera plana? Preguntó Gerald arrastrando su bicicleta.
  —Con una gran foto. Prometió Frederick mientras continuaba su

paseo por el vecindario. Los niños lo siguieron entusiasmados.
  Mientras caminaba Frederick se sintió observado y se detuvo volviéndose hacia el lote baldío. Una figura se escondió tras la reja de
madera que separaba el lote de la calle. El periodista se acomodó las
gafas sobre su nariz y siguió su camino.
  Cuando no estuvieron a la vista, la silueta se puso de pie, pasándose el dorso de la mano por la frente, aliviada.
  —Ese cuatro ojos casi me pesca – dijo una niña vestida de rosa
acomodándose un gran moño sobre su cabeza – No me dejan contemplarte vida mía. La gente son como nubes que no dejan al sol
brillar, ¡No dejan que brilles para mí mi cielo! ¡Oh Arnold! Como
quisiera brillaras solo para mí. La niña suspiró enamorada y entonces sintió un soplido molesto e insistente justo sobre su cuello, no
se molestó en dar la vuelta, alisto el puño y lo doblo hacia atrás golpeando a quien provocaba ese soplido. El niño de gafas cayó al suelo
sin resistencia y ella siguió su camino, muy molesta en la misma
dirección que tomaron los chicos.
  —¡Criminal! ¡No me dejan en paz! ¡Todo lo que quiero es contemplar a Arnold a mi antojo ¡Es mucho pedir! Dijo la niña dando
la vuelta a la esquina, topándose con una figura adulta que casi la
derriba al suelo.
  —Disculpa niña. Se disculpó el adulto.
  —¡¿Por qué no se fija por donde va?! Se quejó ella alzando el
puño y entonces se fijó que se trataba del periodista.
  —¡Helga! Dijo Arnold unos metros más allá. Helga quedó paralizada por un momento al encontrarse tan repentinamente con el periodista y con Arnold.
  —¡Arnold! – Dijo Helga llevándose ambas manos al pecho, recuperándose de la sorpresa después – es decir ¿Qué onda cabeza de
balón?
  El periodista se rio, le causo gracia el apodo, lo anotó en su libreta, mientras Arnold miraba por primera vez en la historia con odio
a Helga. No le resulto gracioso que lo llamara así en frente de los
medios, se sintió avergonzado.

  —¿Es una amiguita tuya? Preguntó Frederick.
  —Si… Arnold estuvo a punto de decir “lamentablemente”
  —¿Cómo te llamas? Preguntó Frederick sonriendo.
  —Ya ha escuchado de mí, soy Helga G Pataki. Se presentó ella
sacando su pecho con orgullo como una paloma.
  —Si ya he escuchado hablar de ti, Soy Frederick Morris de la revista Chronos.
  —Esa revista barata y amarillista que se publica quincenalmente.
  —Esa misma, pero no somos amarillistas – dijo Frederick sin molestarse por los comentarios de la niña - me gustaría escuchar tu
versión de los hechos sucedidos en este lugar.
  —Eso depende.
  —¿De qué? Preguntó Frederick
  —De mis regalías, no doy mi historia a cualquier revista barata.
Dijo Helga
  —Eso lo discutiremos después, por ahora me gustaría que nos
acompañaras, Gerald estaba contándome su punto de vista. Dijo Frederick.
  —¡Ok! Dijo Helga y Frederick la invitó a seguir con la mano.
Helga pasó por su lado y fue al lado de sus compañeros de escuela. 
  El periodista siguió al trio y le pareció de lo más particular. El chico con cabeza de balón de futbol americano, el niño con peinado alto
y la niña de una sola ceja y moño rosa, nadie más idóneo para salvar
un vecindario como aquel.

***
  Gerald invitó al periodista a su casa y en ese lugar termino de
contar la historia. Frederick hizo algunos apuntes sentado en el sofá,
Arnold a su lado lo miraba junto a los otros chicos.
  —¿Hay una cosa que no me cuadra? ¿Qué sucedió con ese sujeto
llamado Voz Ronca? Preguntó. El periodista se refería a Voz Ronca
un misterioso personaje que ayudo a Arnold a salvar el vecindario y
resultó ser Helga disfrazada, en ese momento solo Arnold conocía
esa parte de la historia.

  —Bueno él nos ayudó y luego desapareció. Dijo Gerald.
  —Él fue quien nos dijo dónde estaba el documento. Aclaro Arnold.
  —Ya y donde entra Helga dijiste que fue una pieza clave. Cuestionó Frederick.
  —¡Ehh! Arnold perdió el hilo en ese instante y Gerald también. 
La historia de Arnold y Gerald difería en ese momento en especial.
En el momento en que Voz Ronca el misterioso personaje salía de
escena y entraba Helga.
  —Estos perdedores no recuerdan lo que paso hace solo un par de
días – intervino Helga impaciente mirando el techo – Mire esto fue
lo que paso... ese día yo me fui a dormir temprano – la afirmación de
Helga fue desmentida cuando recordó lo cool que se veía montando
una moto (que tomó prestada sin permiso) mientras se dirigía a
Industrias futuro a toda velocidad, recordó que casi choca con el autobús en el que iba Arnold - y el cabeza hueca aquí presente estaba
atrapado en el edificio y entonces…
  La escena fue proyectada para darle vida al relato. El edificio de
industrias Futuro y Arnold tratando de escapar, cuando de repente
fue rodeado por unos guardias, entonces apareció Voz Ronca y les
dio una paliza a todos y entonces uno de los guardias desenfundó
su arma y disparo. Voz Ronca cayó al suelo y Arnold horrorizado
fue a socorrerlo y los sostuvo en sus brazos. Voz ronca estaba en sus
últimos momentos y solo pudo agregar “Muero, Arnold, espero que
encuentres a tus padres…”
  —¡Helga! ¡Eso no fue lo que paso! – Interrumpió Arnold cruzándose de brazos – no puedes mentirle a la prensa.
  —Pero si fue así - Replicó Helga – solo le puse más dramatismo.
  —Recuerda el primer mandamiento de nuestro periódico escolar,
hechos verídicos - Dijo Arnold – tenemos que contar las cosas tal
como son, no podemos inventar o exagerar.
  —Le vas a quitar el chiste. Dijo Helga cruzándose de brazos.
  —Oigan chicos – interrumpió Frederick – será mejor que me
cuenten las cosas como son, tengo formas de corroborar la información suministrada.

  —Ah sí ¿Cómo? Reto Helga.
—Por ejemplo puedo ir a Industrias Futuro y pedir las cintas de vigilancia y ver lo que sucedió realmente. Contestó
  —¿Ah sí? Siguió Helga haciéndose la desentendida.
  —Claro, ustedes dicen que todo el edificio estaba plagado de cámaras y es verdad, había cámaras en los salones, el pasillo, las oficinas, la azotea…
  Helga dejo su expresión fanfarrona para quedar paralizada nuevamente.
  —¿En dónde? Quiso corroborar lo que había escuchado.
  —La azotea, no sería de extrañar. Dijo Frederick.
  —Si claro por qué no - Dijo Helga y fingió naturalidad – Gerald
¿Me prestas el baño?
  —Si. Dijo y Helga fue al baño caminando y luego corriendo por
las escaleras, escucharon sus pasos por el segundo piso y luego escucharon una ventana abrirse y luego el estruendo de un ducto de
desagüe desprenderse hasta caer, luego el grito de una niña, después
no escucharon nada.
  —Y entonces ¿Escaparon en un autobús? Preguntó Frederick
como si nada hubiera pasado.
  —Si y nos persiguieron unos helicópteros. Dijo Arnold entornando los ojos.

***
  Anocheció en el vecindario, el tiempo se pasó volando, Frederick
logro terminar la entrevista pese a todo los imprevistos.
  —Ha sido estupendo - dijo mientras guardaba su grabadora – tal
vez hagan una película.
  —Si y Winona Ryder hará mi papel. Dijo Helga de regreso, había
regresado unas horas después y entro por donde salió. Sin dar ninguna explicación y nadie se la pidió.
  —Espero que nos volvamos a ver. Dijo Frederick
  —Si, yo también lo espero. Dijo Arnold.
  —Antes de irme ¿Quieres agregar algo más? Preguntó el perio-

dista.
  —No, creo que ya le contamos todo. Dijo Arnold. El periodista
guardo sus cosas pero luego se le ocurrió hacer una última pregunta.
  —Tengo una última pregunta – añadió Frederick y sacó su libreta
para anotar esta última pregunta – ¿Cuál fue el momento más significativo para ti de toda esta aventura?
  La pregunta hizo pensar mucho a Arnold.
  —Hubo muchos momentos – Arnold hizo un rápido repaso de
todo lo que sucedió, el anuncio del centro comercial y la inminente
demolición del vecindario, la reacciones, la cuenta regresiva, la gran
campaña para salvar el vecindario, Blockapalooza, el arresto de la
abuela, la búsqueda del documento, el primer encuentro con Scheck
el malvado presidente de industrias futuro, la llamada de Voz Ronca,
el robo de la llave maestra, el asedio a I.F, la quema del documento,
el último encuentro con Voz Ronca y… - Arnold levantó la mirada
hacia Helga recordando el momento más extraordinario – creo que
los últimos 20 minutos antes de la hora cero fueron los más significativos.
  —Claro, en ese momento se definió todo y logramos el objetivo,
salvar el vecindario. Dijo Gerald.
  —Si, exactamente. Dijo Arnold.
  —Muy bien, gracias por su tiempo, les avisare cuando sea publicado. Agradeció Frederick y se puso de pie, Gerald y Arnold lo
acompañaron a la puerta. Frederick se despidió y abrió la puerta.
En cuanto lo hizo varios niños aparecieron, perdiendo el equilibrio
y cayendo al suelo, entre ellos estaba el trio que había golpeado a
Frederick con el balón de futbol americano, los cuales le cayeron
encima a un niño pelirrojo, pequeño y pecoso.
  —¡Estoy bien! Dijo él mientras los otros se le quitaban de encima.
  —Esto… - hablo Harold ayudando al pobre niño maltratado –
¿Usted es el periodista?
  —Si. Contestó Frederick.
  —Bueno en primer lugar déjeme decirle que lo del pelotazo fue
culpa de Sid. Dijo el gordo.
  —No es cierto. Dijo Sid y comenzaron a discutir entre todos.

—¡Ya cállense! - Helga los silenció de inmediato – parecen un gallinero.
  Del grupo salió una niña muy bien vestida, pelinegra y con una
blusa roja y pantalón negro.
  —Chicos, ella tienen razón, hay que dar una buena impresión.
  —Hablo lady Rhonda Lloyd. Dijo Helga mientras a su lado llegaba una niña de gafas y rasgos japoneses, saludándola.
  —Queremos que nos entreviste también. Pidió Rhonda en nombre
de todo el grupo.
  —El tipo está hablando con el perro no con las pulgas. Dijo Helga
y todos la miraron indignados.
  —Oye no soy pulga. Protestó Harold y comenzaron a discutir.
  —De acuerdo, de acuerdo, les hare unas cuantas preguntas, pero
en orden. Prometió Frederick y todos se alegraron mucho, saliendo
de la casa. Frederick se despidió de Gerald y de Helga Pataki y luego
se dirigió a Arnold.
  —Fue muy valiente lo que hiciste, tienes una genial historia que
contar.
  —¡Gracias! Agradeció el chico y sonrió.
  —Estaremos en contacto. Dijo Frederick y salió por la puerta, seguido por el grupo de niños que no dejaban de hablar.
  Cuando salió el reportaje, Arnold lo vio en la tienda de revista,
recién traído de la imprenta, sin perder tiempo tomó la revista y leyó
el artículo escrito por Frederick Morris:
Una pequeña esperanza para un viejo vecindario
Por Frederick Morris
La cuenta regresiva llego a cero y las retroexcavadoras comenzaron
su avance por las agujereadas calles del viejo vecindario, que se
extendía entre las calles treinta y cuatro y treinta y nueve.
Estaban preparadas para echar abajo 200 años de historia, ocultos
entre los muros de casas abandonadas y vendidas y dar paso a lo
que sería una nueva era. Estaban por cumplir la enmienda impuesta

por su nuevo dueño. “Sale lo viejo, entra lo nuevo”
Industrias Futuro La empresa quería construir un majestuoso centro
comercial, que traería progreso y riqueza. El viejo vecindario estaba condenado, sin embargo el presidente de industrias futuro nunca
imagino que alguien estaba dispuesto a pelear por ese vecindario.
Un niño de 9 años y cabeza de balón se enfrentó a él y no solo salvo
su vecindario sino también puso en manifiesto su malévolo plan, borrar una parte sagrada de nuestra Historia americana.
Su nombre, Arnold…
  Arnold dejo de leer al sentir un golpecito en la cabeza, alguien le
lanzó una bolita de papel con una cerbatana y lo desconcentro. No
le tomó mucho trabajo encontrar a la culpable, se estaba alejando
impune con naturalidad descarada. Ondeando su vestido rosa y sus
coletas rubias.
Arnold la miró molesto y luego dejo la revista en el estante. Compraría la revista más tarde y leería todo el ejemplar. Ya tenía una,
cortesía de la revista Chronos, pero quería una copia, para guardarla
en su caja fuerte, quería recordar siempre ese momento en la historia
donde fue héroe y salvó a su barrio.

El pequeño libro azul
  —Arnold... ¡Oye Arnold! La voz de una niña lo llamó.
Se levantó de su pupitre, subiéndose al estante que estaba junto a la
ventana de su salón de clases, asomándose hacia el patio, vio a niños
corriendo y jugando y entonces vio a una niña rubia con un moño
rosa en la cabeza saltando la cuerda de espaldas a él. Ella dejo de saltar al sentirse observada y se dio la vuelta hacia la ventana sonriendo. 
Era la niña más dulce y hermosa que jamás haya visto. Era un ángel,
su corazón latió por ella en ese momento, esa niña era la persona que
había estado buscando. Iba a salir a su encuentro cuando se topó con
Gerald, su mejor amigo justo a su lado.
  — Oye Arnold ¿Qué haces? Le preguntó.
  —Miraba por la ventana y me encontré con esa hermosa niña.
Contestó él. Gerald miró por la ventana buscando a quien se refería
su amigo y luego hizo una expresión confusa
  —¿Te refieres a ella? preguntó señalando a la hermosa niña de
cabello largo.
  — Si ella, la niña de mis sueños. Dijo él, perdidamente enamorado.
  — Arnold mírala bien, es Helga. Le dijo Gerald estupefacto.
  — No bromees. Le reclamó Arnold saliendo del encantamiento.
  — No estoy bromeando, ella es Helga.
  Arnold volvió la vista y para su sorpresa se encontró frente a frente
con ella, quien lo había estado observando desde el otro lado de la
ventana. Arnold se fue de espaldas del susto. La niña sonrió y luego
dejó su aliento plasmado en el vidrio y escribió con la punta de sus
dedos un mensaje “te amo Arnold” y escribió después “¿Cuál es tu
respuesta?”
  —¿Respuesta? - Arnold se levantó y puso sus manos contra la
ventana - Si… Helga tú me... - sintió que la voz se le ahogaba - tú me

gustas... me gustas mucho, yo te... pero antes de que pudiera decirlo,
empezó a escuchar una voz que lo llamaba. Era el timbre del despertador que con su “Oye Arnold!, Oye Arnold!” lo trajo de nuevo a la
realidad. Arnold abrió sus ojos y se encontró con el enorme traga luz
que estaba en el techo de su habitación.
  —¿Porque? ¿Porque estoy soñando con ella? Se preguntó Arnold
extrañado.
  El niño de cabello alborotado no entendía por qué soñaba con
Helga G. Pataki, la niña que lo molestaba desde el jardín de niños
con odio acérrimo y nunca lo dejaba en paz. Sin dejar de pensar en el
sueño, Arnold se levantó. Era hora de prepararse para un nuevo día
de clase en la primaria 118, su escuela donde lo esperaban sus amigos.
***
Los titulares del periódico eran emblemáticos, decían cosas como
“héroes locales salvan vecindario” “niños heroicos salvan el vecindario” “la guerra de los tomates resurge del olvido gracias a un valiente niño y su mejor amigo” “Scheck tras las rejas: se desenmascara su malévolo plan gracias a unos niños” etc etc etc... Los periódicos
fueron lanzados en la mañana algo retardados por Oskar Kokoshka,
el voceador encargado de esa zona y recogidos velozmente por Helga G. Pataki, el tormento y la amante secreta de Arnold. Una vez
recogió todos los periódicos ella los llevó a su casa y en la soledad
de su cuarto comenzó a recortar con tijeras lo que le interesaba. Las
fotos de aquel a quien su vida consagraba completamente, Arnold.
Recortaba y pegaba cada foto en sus libros y con marcadores dibujaba corazones alrededor del chico que tanto le gustaba. El ultimo reportaje era el que más le gustaba, estaban plasmados ellos dos junto
con Gerald el mejor amigo de Arnold al lado de un autobús volcado,
este reportaje lo dejo entero tachando algunas palabras para formar
una sencilla pero alusiva frase “Arnold y Helga salvan el vecindario
y declaran su amor” sosteniendo la hoja Helga dio un largo y profundo suspiro.
  —Ya está... he reunido todo el material de tu gran logro amado

mío. Dijo y pego la noticia en la puerta del armario y se quedó mirando la fotografía - oh amado que dulce fue probar tus labios, pero
ahora tengo ganas de mas, me hubiera gustado no ocultar la verdad
pero... - Helga se giró y se quedó en silencio un instante - espero
que algún día pueda confesar todo lo que siento por ti y que tú me
aceptes... Oh Arnold mi más grande anhelo en la tierra y en el cielo,
no te tengo aun pero me conformo con ese recuerdo el recuerdo del
beso que nos dimos en aquella gran torre mientras llovía a cantaros...
  —Helga querida. Es hora de ir a la escuela... la voz de su madre
interrumpió su soliloquio.
  —Ya voy Miriam. Exclamó Helga exasperada y se preparó para ir
a la escuela.
***
  Todas las noticias locales comenzaron a girar en torno a él y su
amigo Gerald, todos querían escuchar la historia una y otra vez. La
historia de ese loco día, cuando un puente fue dinamitado, un autobús se volcó estrellándose sobre el pavimento y medio vecindario
quedo en ruinas (luego de ser declarado como un lugar histórico) sin
embargo Arnold lo consiguió y ahora era un héroe, aunque su abuela
fue encarcelada por un mes y su abuelo demandado por destrucción
en propiedad ajena, era un héroe y todos lo admiraban por eso.
  En la primaria 118, en el salón 206, casi todos los alumnos del
cuarto grado estaban reunidos.
  —¿Leíste el periódico? Le preguntó Gerald desde su pupitre.
  —Sí, el señor Kokoshka me paso varios. Contestó Arnold, mirando el tablero.
  —Somos la sensación... - Gerald sacó uno de los titulares - mira
que bien salí en esta fotografía, me hubiera gustado una copia a color. Arnold contemplo la fotografía, Gerald tenía razón se veían muy
bien, ellos estaban muy sonrientes, salvo una persona. La niña de
coletas que estaba a su lado, Helga, tenía expresión de pocos amigos
como siempre.
  —¡Buenos días héroes! - Interrumpió en la conversación Stinky -

¿Cómo se sienten después de salvar el mundo?
  —No salvamos el mundo... solo el vecindario. Aclaró Arnold.
  —El vecindario es como si fuera el mundo. Dijo Phoebe la mejor
amiga de Helga Pataki, un puesto atrás de Gerald.
  —Es cierto. - Dijo Sid - no puedo creer que el vecindario estuvo a
punto de desaparecer de un plumazo.
  —Pero nunca más volverá a correr peligro ahora que es un sitio
histórico gracias a nosotros. Presumió Gerald.
  —A menos que haya un desastre natural Añadió Phoebe y recibió
la mirada desaprobatoria de todos los que estaban ahí. Las clases estaban por iniciar cuando Helga hizo su entrada triunfal al salón, sin
saludar a nadie se sentó en su respectivo lugar.
  —Buenos días Helga. La saludó Phoebe en el puesto del lado muy
alegre.
  —Buenos... saludó secamente, de mal humor como era habitual
en ella. Arnold la observo desde que entró, recordando el sueño que
tuvo esa mañana, desde lo sucedido en industrias futuro algo había
cambiado, él no podía precisar exactamente que era pero era así, no
podía arrancarse esa imagen de la cabeza cada vez que veía a Helga.
  —¡¿Qué rayos estas mirando?! Le reclamó ella al sentirse observada.
  —Nada... contesto él y volvió la mirada hacia el frente. El señor
Simmons entro al salón de clase e inicio la lección.
  —Bueno niños iniciamos clase con ciencias naturales pero antes que nada quiero felicitar a Arnold y a Gerald por su gran logro.
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  —¡Gracias, gracias! Agradeció Gerald sintiéndose cool y engrandecido.
  —Fue una acción muy valiente, nadie hubiera sido tan valeroso,
esa era una misión difícil y…
  —…Y perfecta para un par de idiotas. Añadió Helga al discurso
del señor Simmons provocando la risa de sus compañeros. Gerald la
miro feo, estaba echando a perder su momento de gloria.
  —Helga no digas eso, tus compañeros no son idiotas.
  —¿Torpes? Corrigió Helga y a su comentario siguieron las risas,

Helga no desaprovechaba ninguna oportunidad para decir alguna de
sus frases.
  —Helga. Le llamó la atención su maestro.
  —¿Siempre tienes algo desagradable que decir? Le siguió Gerald.
  —Eso me hace tan especial. Dijo Helga sonriente.
  —¡Niños! Les reprendió el señor Simmons cuando la puerta se
abrió apareciendo el director Wartz el mandamás de la primaria 118.
  —Señor Simmons puede venir un momento. Le pidió.
  —Voy en seguida - dijo y se dirigió a la clase - niños ahora regreso, repasen la lección 27 del libro de ciencias. El señor Simmons
salió del salón y en cuanto lo hizo varias niñas se levantaron y rodearon a Arnold y a Gerald, entre ellas estaba Lila, la niña más dulce
del curso, denominada por Helga como la “perfecta Lila”
  —Nos preguntábamos si les gustaría ir a mi casa hoy - Invitó
Rhonda - quiero escuchar una vez más esa fantástica historia.
  —Claro Rhonda iremos luego del jugar en el campo Gerald. Aceptó de inmediato Arnold.
  —Muy bien. Se alegró Rhonda.
  —Fue muy valiente lo que hiciste Arnold - dijo Lila con su angelical voz - es tan sorprendente que tú y Gerald lo hayan hecho solos.
  —Sí, solos. Dijo Arnold sintiendo esa fría mirada clavándose en
su cuello. No estaba equivocado Helga lo miraba inquisidora mente.
  —Helga. La llamó Phoebe sentándose en el puesto de atrás.
  —¿Que? Preguntó Helga dejando de ver su objetivo.
  —¿Cuando me vas a contar tu versión? preguntó ella en tono confidencial.
  —Ya te la conté… - y resumió la historia de nuevo - Industrias
futuro quiere destruir el vecindario blablablá, el gran Bob se alía
con ellos blablablá, Helga se da cuenta de que lo van a estafar, blablablá, quiere impedirlo, blablá… va a la torre de industrias futuro
disfrazada, ayuda a Arnold muy a su modo, escena perdida, fuga en
el autobús escena perdida. Fin.
  —No enfatizas mucho en uno de tus grandes logros Helga. Dijo
Phoebe.
  —No es mi logro, es el logro de ese estúpido cabeza de balón - ese

era el apodo favorito de Helga para Arnold - lo único que conseguí
fue salvarle el pellejo al gran Bob (y un beso tan dulce y tan ardiente
que hace que me derrita) Helga recordó la escena, suspirando románticamente, observando desde lejos a su gran amor.
*** 
  Después de la escuela, los chicos fueron a jugar beisbol en el campo Gerald.
  —No puedo creer lo que me cuentas Gerald - dijo con emoción
Phoebe al lado del chico - de lo que me perdí.
  —¿Puedes creerlo? En este momento Arnold y yo somos héroes,
salvamos el vecindario. Relató Gerald.
  —Eso es sin duda una historia que sería digna de un libro. Dijo la
chica admirada
  —O de una película... eso sería genial. La llamaría “salvando el
vecindario”
  —Como me hubiera gustado estar ahí. Dijo Phoebe
  —No Phoebe no fue agradable, fue una situación muy tensa. Dijo
el chico y saltó de la lavadora donde estaba sentado.
  —¿De verdad? ¿Recibieron ayuda?
  —Recibimos ayuda de todo un centro de operaciones que nos convirtieron en todos unos agentes, nos hubieras visto, digno de una
película.
  —Genial y ¿Quién más los ayudo?
  —Bueno nadie estaba muy entusiasmado en ayudar al vecindario,
salvó un sujeto llamado “voz ronca” nunca supe quién era o cuales
eran sus objetivos pero nos ayudó mucho. Le contó Gerald.
  —¿Voz Ronca? Preguntó Phoebe extrañada.
  —Si un extraño sujeto. Continúo Gerald
  —¿Y Helga los ayudó? Preguntó Phoebe a sabiendas de la respuesta.
  —Bueno un poco al final pero no mucho, solo nos ayudó a conducir el autobús en el que escapábamos.
  —¿El autobús en el que escapaban?

  —¡Si! - dijo Gerald visiblemente emocionado remembrando cada
escena - fue una persecución con todo y disparos - una exageración
de su parte - incluso saltamos un puente y al final llegamos y entregamos la cinta que era prueba irrefutable que decía que el vecindario
era un lugar histórico.
  —Helga no me contó nada de eso. Mencionó la niña
  —Debe estar decepcionada de que su familia ya no pudo volverse
rica y poderosa. Afirmó Gerald
  —¡Ay! Gerald tu siempre pensando mal de Helga, ella no están
mala como parece. Defendió Phoebe.
  —¿Ah no?
  —Tú mismo me lo dijiste, al final los ayudo un poco.
  —Tal vez tengas razón Phoebe pero mi opinión difícilmente cambiara respecto a ella.
  —¡Oye Héroe! ¡Deja de presumir tus actos heroicos y ven a jugar! - resoplo la voz graciosa de Harold - te debemos la vida pero
no abuses.
  —Vamos a jugar Phoebe. Dijo Gerald.
  —¿Has visto a Helga? preguntó ella mientras lo seguía
  —No, ya estaba comenzando a echar de menos sus gritos. Dijo
Gerald
  —Es cierto, creí que vendría a jugar. Dijo la chiquilla
  —La vi hace rato dijo que ya venía. Dijo alguien y la pareja de
niños se volvieron al recién llegado.
  —Arnold... exclamó Phoebe
  —Viejo... ¿Dónde estabas? Pregunto Gerald mientras hacia su saludo secreto con Arnold, saludo que hacían desde el jardín de niños.
  —Estaba haciendo algunos deberes en el Sunset Arm, el abuelo no
me dejo ir hasta que los terminé. Les contó.
  —Ya veo. Dijo Gerald
  —Oigan... van a jugar ¿sí o no? Rezongo Harold enfadado.
  —Ya vamos. Dijo Gerald y se reunieron con sus compañeros a
jugar.
  Helga llego acabo de media hora y cuando terminaron de jugar
todos se dispersaron rumbo a sus casas, un grupo de niñas saludaron

muy animadamente a Arnold.
  —¡Hola Arnold! saludaban al unisonó como un coro de porristas.
  —¡Hola! Les devolvió el saludo tímidamente. Helga se irrito de
sobremanera, desde que se hizo héroe era muy solicitado, no le gustaba que la niñas lo persiguieran con tanta insistencia, si pudiera
mataría a cada mujer que se atreviera a hablarle, Helga chasqueo
sus dientes como la cola de una cascabel mientras sus compañeros
comentaban entre ellos.
  —Que popular se vuelto nuestro amigo. Comentó Stinky pasando
por su lado.
  —Si es cierto - Comentó Peapod otro de los alumnos del cuarto
grado - se ha convertido en toda una celebridad desde que salió en
esa revista Chronos.
  —Bah que payasada – intervino Helga uniéndose a la conversación - en una semana nadie se va acordar.
  —Helga noto algo de envidia en tu voz. Dijo Stinky
  —Bromeas no tengo nada que envidiarle a ese idiota, solo tuvo un
poco de suerte y ya es un héroe. Dijo Helga y siguió de largo. Los
chicos la miraron con lastima viéndola alejarse.
***
  La fama que había adquirido Gerald y Arnold pronto comenzó a
irritarla, ya no podía molestar a Arnold a gusto, siempre había un
sequito de seguidores tras de él, ya no lo tenía solo para ella. Helga
fue notoriamente excluida de todo el espectáculo. Los niños rodeaban a los chicos y le pedían hasta autógrafos. Una tarde a la salida
de la escuela Helga salía con sus libros topándose con la mirada con
Arnold abajo de las escaleras, Helga suspiró enamorada e iba decir
uno de sus clásicos soliloquios pero su inspiración se vio rota cuando
las chicas de cuarto grado lo rodearon junto con Gerald.
  —¡Huh! A este ritmo van a levantarle un monumento en su nombre - dijo hastiada - ¡Esto es criminal!
Helga bajo las escaleras alejándose lo más lejos posible del espectáculo.

  —Miren es el niño que salvo el vecindario. Dijo un niño y se fue
tras la nube de gente. Helga bajó la mirada.
  —Este no puede ponerse peor. Dijo Helga. Cuando un auto apareció de la nada a gran velocidad y se subió a la acera justo frente a
ella, llevándose por delante un hidrante de agua, un gran chorro de
agua salió disparado al cielo y bañó al vehículo mientras su tambaleante conductora abrió la puerta.
  —Helga, ahí estás. Dijo mientras todas las miradas caían sobre
ellas.
  —¡¿Miriam?! - Helga no podía creer lo que veía - ¿Qué demonios
estás haciendo aquí Miriam?
  Miriam era la madre de Helga una mujer que siempre estaba entre
dormida y oscilante.
  —Te buscaba mi pequeña heroína. Dijo sonriente.
  —¡No me llames así! No soy ninguna heroína. Exclamó Helga
enfadada de sobremanera.
  —Claro que si… salvaste el vecindario. Replicó Miriam.
  —¡¡Yo no salve ningún nada!! - Grito exasperada y todo quedo en
silencio ella se giró hacia su público asistente - ¡¿Que están mirando?!
  Todos siguieron con lo suyo sin dejar de mirar a la peculiar pareja
y el hidrante que parecía una fuente. Helga impaciente se llevó una
mano a la frente.
  —A ver retomemos ¿Qué haces aquí?
  —Vine a buscarte cariño. Contestó Miriam
  —Agradezco tu repentino interés por mí pero número uno…- y
Helga enumero con su dedo índice - no necesito eso y numero dos
¡No conduzcas en ese estado en el nombre del cielo!
  —No te pongas así Helga - Miriam se subió al auto - sube te llevare de compras.
  —¡Tiene que ser un chiste! - Dijo Helga con los brazos en jarras estas demente si crees que voy a subirme al auto, contigo al volante.
  —¡Vamos Helga! Animó Miriam y Helga acepto solo porque quería salir cuanto antes de ese lugar, tantas miradas ejercían una enorme presión que no podía soportar.

***
  Miriam la llevo al centro comercial hacia una de las tantas tiendas
que había en ese lugar. Una vez ahí escogió algunas prendas para
que Helga luciera, horas pasaron y su madre le hizo probar cuanto
vestido se le atravesaba, por alguna razón Miriam estaba obsesionada por que Helga se pareciera a Shirley Temple algo que realmente
la exasperaba. Helga estaba desesperada y cansada, cuando por fin
término el desfile. Ella decidió darse una vuelta fuera del centro comercial, mientras Miriam hacia la fila para pagar.
  —No te alejes mucho, luego vamos por unos zapatos. Helga hizo
una mueca de disgusto y salió, hacia la puerta principal del centro
comercial encontrándose con la multitud de gente en la calle, Helga
camino hasta la esquina y se topó con un vendedor ambulante.
  —Hola joven dama ¿Que deseas llevar? Dijo el hombre ofreciendo su mercancía. Helga dio un vistazo encontrándose varios libros
interesantes fijándose en uno en especial era un libro de cubierta azul
atado con una cinta negra, un molesquín de hojas amarillas sin un
solo tachón.
  —Serviría perfectamente para un diario o para escribir bellas frases a un amante. Dijo el vendedor buscando una venta. Helga sonrió,
el libro era azul como la gorra que llevaba su amado y odiado Arnold
arriba de su cabeza de balón. Era perfecto para escribir frases desesperadas y llenas de amor.
 —¿Cuánto?
  —Dame lo que considere tu corazón nena, ese libro ha rondado
tanto tiempo por aquí que creo que te ha estado esperando - dijo el
hombre y Helga le dio lo que tenía encima 2 dólares. - gracias muñeca dios te bendiga.
  Helga llevó su libro muy contenta

***

  Luego de escapar literalmente de las garras de Miriam, Helga
avanzó por la acera sosteniendo su nueva adquisición, deteniéndose
frente a un aparador. Un televisor estaba transmitiendo en diferido
una entrevista de un famoso programa, Arnold y Gerald eran los entrevistados.
“¿Recibieron ayuda chicos?” Preguntó el entrevistador
“Éramos nosotros dos contra el mundo. Contesto Gerald sin demora”. Helga hizo una mueca de disgusto. Los comentarios del chico
no fueron de su agrado. Siguió mirando la entrevista contemplando
con nostalgia a su amado, Recordando su última conversación seria
con Arnold. “Fue por el calor del momento” fue la frase que resumió
todo ese día, Helga se sintió triste de repente, acuclillada en la calle
mirando el televisor, sintió un horrible vacío en medio de pecho.
  —Me hubiera gustado no ocultarlo más, no estaría triste como lo
estoy ahora - Dijo suspirando aburrida sacando su relicario su más
preciado tesoro que contenía la foto de Arnold - ¿Qué hubiera pasado si no me hubiera retractado? Seguramente me hubieras rechazado,
Oh Arnold te he enaltecido con ese triunfo y a la vez te he alejado de
mí, es como si el universo entero nos separara ahora. Helga se puso
de pie y caminó sosteniendo su relicario.
  —Te siento muy lejos de mi amor, tan lejos que ya no puedo alcanzarte. Helga cerró sus ojos muy apesadumbrada. Cuando al llegar a una esquina choco contra alguien que iba en patineta distraído,
Helga cayó de espaldas. El librito azul salió volando por los aires.
Por un momento solo vio estrellas en un inmenso fondo negro.
  —¿Helga estas bien? Preguntó alguien con preocupación, a Helga
le tomó unos segundos reaccionar. Cuando recupero la visión vio a
su amado contrastado con el azul gris del cielo. Helga se incorporó
apuntando con el dedo índice.
  —Oh Arnold... justamente estaba pensando en ti.
  —¡¿Eh?! Preguntó Arnold confundido. Helga sacudió la cabeza
volviendo en sí.
  —Digo ¿Qué haces aquí torpe cabeza de balón? Reclamó ella.
  —Lo siento Helga ¿Te lastime? Se disculpó Arnold ayudándola a

levantarse.
  —¡Claro que sí! Casi me estampillas en el pavimento ¿No puedes
tener un poco más de cuidado melenudo? Exclamó Helga molesta
apuntándole con su relicario, el cual guardo al caer en cuenta.
  —No me fije. Se excusó
  —¡Torpe! Le grito, Arnold iba a seguir disculpándose. Cuando las
niñas de sexto grado lo rodearon.
  —Oye chico quieres venir con nosotras a tomar algo. Lo invito
María entusiasmada. Las chicas dejaron a Helga por fuera del círculo, ella no se molestó en quedarse y se alejó fastidiada. Arnold iba a
aceptar la invitación cuando vio a Helga marcharse y luego reparó en
el libro olvidado en el suelo.
  —Disculpen… dijo y esquivo a las niñas tomando el libro y siguió
a Helga que ya doblaba la esquina. Ella caminaba sintiendo nauseas
cuando escuchó su nombre a la distancia.
  —¡Helga! Helga se detuvo y se giró. Al verlo una gran alegría la
invadió, sonrió sin poder evitarlo.
  —¿Y ahora qué quieres? Preguntó a Arnold una vez la alcanzó,
con una expresión totalmente distinta.
  —Olvidaste esto. Le dijo él.
  —¡Ah!... Dijo con desilusión al ver que se trataba de su libro azul
- trae acá.
  Trato de quitárselo pero él no lo entrego, Helga se enfadó.
  —No tengo tiempo para jugar dame mi estúpido libro.
—Espera Helga hay algo que quiero decirte pero no he tenido la
oportunidad.
  —¿Que? Preguntó Helga y Arnold dio un paso adelante poniendo
a la niña a la defensiva. Él sostuvo el libro con ambas manos y luego
dijo.
  —Gracias por ayudarme no lo hubiera logrado sin ti. Esa sencilla
frase borro por completo la molestia que tenía Helga contra el mundo. La sonrisa que se plasmó en su cara duro escasos segundos pero
logro sorprender al chico de cabello alborotado.
  —Oh no tienes que agradecerlo, me convenía que se salvara el
vecindario, tu sabes cuestión de negocios, había mucho dinero de

por medio - Dijo ella presumida - no te vayas a acostumbrar a que te
haga favores.
  —Lo que tú digas Helga. Dijo Arnold entornando los ojos.
  —Bueno ¿Eso era todo lo que tenías que decirme? Preguntó ella.
 —Sí.
  —Entonces dame mi estúpido libro. Exigió Helga y Arnold le entrego el libro y ella aprovecho para rozar su mano con la suya. Sintiendo un choque eléctrico.
  —Ni el rayo me estremecería tanto como tu roce amado mío - fueron sus pensamientos en ese instante - ¿Se te ofrece algo más?
 —No.
  —¡Entonces muévete cabeza balón! – Exclamó Helga apartándolo con su mano y siguió su camino alegremente sosteniendo el libro
azul en su regazo El chico la vio alejarse sin poder evitar recordar
lo que sucedió en IF en ese increíble día cuando se convirtió en héroe. Ese día Helga dijo que lo amaba luego dijo que era una broma,
Arnold le creyó por supuesto, pero desde ese día todo cambio entre
ellos, aunque ambos lo negaran. Ese roce lo comprobaba.
***
  Helga regreso a su casa y se sentó en la escalera en el último
escalón, sacando su pluma especial y suspiró. Era el momento de
comenzar el libro azul con alguna frase alocada salida de su corazón,
puso el libro abierto sobre sus rodillas y se llevó la punta de la pluma
a la boca, concentrándose totalmente en la hoja que tenía enfrente,
  —Que escribiré para empezar este libro, Mmm creo que empezare
con el nombre de mi gran amor... - Helga comenzó a escribir - A por
ese ángel de cabellos dorados, R por el recuerdo del beso que nos
dimos, N nunca dejare de amarle, O por el oscuro y puro amor que
guardo dentro de mí, L por...
  Al terminar su acróstico, entro a su casa cambiando su expresión
de enamorada por una de gruñona, así era Helga G. Pataki la eterna
enamorada que amaba a Arnold en secreto.

L’amour futur
  La ópera invadía hasta los últimos los rincones del Sunset Arm,
“Largo al factotum” sonaba a grandes decibeles pero al abuelo Phil
no parecía molestarle. La tonada lo alegraba tanto que hasta le dieron
ganas de cantarla.
  —¡Fígaro... Fígaro! - canturreaba el abuelo mientras caminaba por
la cocina - Vaya que la nueva está bastante alegre.
  —Le gusta el réquiem. Comento la abuela bailando con las ollas,
haciendo malabares en el aire.
  —Es opera Pookie - Corrigió el abuelo - en fin, es bueno tener
nuevos inquilinos en esta casa, ya me estaba cansando de los mismos
vagos de siempre.
  —Honor que me hace... abuelo. Replicó Oskar pasando por la cocina, y siguió de largo
  —No me digas abuelo, no soy tu abuelo. Dijo el anciano alterado.
  La música del barbero de Sevilla provenía de la habitación número
8, donde recientemente se había instalado una artista, que vivía de la
escultura, estaba terminando una de sus obras. Una estatua que parecía casi viva, ella estaba tan contenta con el resultado que le subió
todo el volumen a su equipo de sonido y bajo las dulces notas del Fígaro le dio los últimos toques a su obra, la cual no pudo quedarle más
perfecta, ahora la estatua de un 1.30 ocuparía un lugar destacado en
la colección privada de un multimillonario. El hombre que le hizo el
encargo vendría por ella esa misma tarde, aún tenía tiempo de sobra
para relajarse
  —Perfecto... - dijo satisfecha alejándose un poco para verla en el
encuadre de la imagen - Has quedado perfecta, ahora maravillaras
al mundo, sin embargo – quiso corregir un último detalle y acercó el
cincel - este será el último toque.
  Sin embargo algo estaba por romper esa armonía. Una pelota de
beisbol entro por una de las ventanas y fue a dar justo en su cabeza,

el golpe hizo que clavara el cincel en la cara de la recién terminada
estatua, dejando al monumento destrozado. La artista observo horrorizada ahogando un gritó al ver como su obra se perdía, a la vez que
el objeto hacia su siguiente atentado, callando a Fígaro.
***
  Treinta y cinco segundos antes del atentado. El causante del gran
desastre avanzaba hacia Sunset Arm.
  —Estuviste terrible Arnold, no le das ni al aire. Recriminaba airadamente Harold a la cabeza del grupo.
  —Déjame en paz Harold, ya me lo has recriminado bastante. Dijo
Arnold harto de sus reclamos.
  —Y te lo seguiré recriminando, por tu culpa perdimos.
  —Debe ser porque su fuente de inspiración no estaba... L-i-l-a.
Dijo Helga también molesta. A ella le encantaba molestarlo de ese
modo desde el asunto Timberly.
  —No les hagas caso viejo un día malo lo tiene hasta Mickey Kaline. Lo animó Gerald.
  —Cada día eres peor, nunca le das a la bola y cuando le das, ponchas a la gente. Aseguró Harold
  —Eso no es cierto. Se defendió el chico.
  —A ver... - Harold se adelantó en un arrebato - ¡Afina tu puntería! 
  Y le lanzó la bola con todas sus fuerzas. Arnold reacciono rápidamente y en milésimas de segundo agarró el bate que llevaba y le dio
a la bola de lleno. Hubiera sido una anotación en un juego real, fue
un excelente golpe. Los chicos vieron la trayectoria de la bola y la
simpática curva que dibujó y también vieron cómo se dirigía a la casa
de huéspedes entrando por una de las ventanas, apagando la música
que en ese momento reinaba.
  —Cielos ojala no hayas lastimado a nadie o roto algo. Dijo Gerald.
  Al silenciarse la música el abuelo se extrañó. La opera se detuvo
bruscamente en la mejor parte, el abuelo se asomó con curiosidad y
entonces escuchó el ruido de una puerta y vio a una mujer armada con
un cuchillo de carnicero, bajando las escaleras, dirigiéndose mecáni-

camente hacia la puerta.
  La puerta del Sunset Arm se abrió y como era costumbre la tropa
de animales ya se apresuraban a entrar pero frenaron al encontrarse
una amenazante figura asomarse con un gran cuchillo.
  —¡¿Qué es eso?! Exclamó Harold asustado, todos los chicos se
espantaron ante esa aparición
  —¿Quien fue? Preguntó la mujer sin rodeos con una voz de ultratumba, caminando directo hacia el gordo, blandiendo el cuchillo
  —¿Quien fue qué...? Preguntó Harold con voz quebrada
  —¿Quién fue el gusano infeliz que arrojo esta pelota?! Rugió mostrando una pelota de beisbol la misma que había entrado por la ventana y le había golpeado la cabeza.
  —Fue Arnold mátelo a él, yo no hice nada. Señaló inmediatamente
Harold hacia Arnold.
  —Oye pero si tú lanzaste la bola. Protestó Gerald.
  —Si es cierto. Le siguió Arnold.
  —Pero tú la bateaste. Acuso Harold deliberadamente.
  —¿Arnold? Preguntó la posesa que de un momento a otro volvió a
la normalidad con solo escuchar ese nombre.
  —Si fui yo, lo siento señora Elsa, espero no haber causado ningún
daño. Admitió el chico.
  —El daño si lo hiciste jovencito casi me matas - Señaló el enorme
chichón en su cabeza - y destruiste a Futuro.
  —¿Lo va a matar? Preguntó Harold señalando el enorme cuchillo.
  —¿Estás loco? Como voy a matar al nieto del hombre que me da
posada... - Señaló la mujer y luego cayó en cuenta de que llevaba un
cuchillo - ¡Ayy!
  Y soltó el arma con horror.
  —¿Todo en orden señora Elsa? Preguntó el abuelo Phil, apareciendo en la puerta de la casa.
  —Si todo en orden. Señaló la mujer sin levantar un solo cargo en
contra de Arnold, recogiendo el cuchillo y volvió a entrar a la casa sin
decir nada más, con la punta del arma hacia atrás.
  —Otro digno habitante del Sunset Arm. Comentó Gerald mientras
Arnold bajaba la mirada.

  —Oye cabeza de balón, ¿Me puedes decir por qué esa loca cambio
de actitud al escuchar tu nombre? Estaba claro que venía a matar a
alguien pero cambio de opinión al enterarse que se trataba de tí. Preguntó Helga señalando hacia la casa donde habitaba la sádica.
  —Bueno la verdad no lo sé, pero desde que llego es bastante amable conmigo, parece una buena persona.
  —Si claro, se le nota. Dijo Helga con sarcasmo.
  —Paga la renta puntualmente y tiene buen gusto musical – la defendió Arnold y luego se preguntó extrañado - ¿Qué quiso decir con
que destruí el futuro?
  —¿Es artista o algo así? Interrogó su compañero a su lado.
  —Si, hace esculturas.
  —¿Vive sola?
 —Si.
  —Bueno al parecer rompiste algo, menos mal no te acuso con tu
abuelo. Añadió Gerald
  —Creo que debería ver qué fue lo que rompí - Dijo Arnold y se
dirigió a la casa - nos vemos después.
 —¡Ok!
  —Ten cuidado Arnoldo, parece bastante tocada. Advirtió Helga
más el chico no le prestó atención y entro a la casa. Una vez adentro
se dirigió a la habitación número 8, golpeo un par de veces.
  —Siga quien quiera que sea. Señaló la voz de Elsa. El chico abrió
la puerta y se encontró con la mujer apostada en una silla contemplando su estatua rota de frente con una bolsa de hielo en la cabeza.
  —Eres tu Arnold, sigue no te quedes ahí - le dijo y luego le dio un
sorbo a un vaso de vodka que tenía al lado de su silla- lamento haber
asustado a tus amigos pero cuando tengo arranques de ira, no pienso.
  —No se preocupe señora Elsa - Dijo cerrando la puerta tras de sí y
apunto hacia la estatua destruida.- es esa.
  —Si esa es, no se ve muy bien con ese agujero ¿verdaad? Trató de
bromear.
  —¿No la puede reparar?
  —No en absoluto, la única opción que me queda es hacer otra, se
supone que debo entregar una estatua perfecta, sin una sola imper-

fección, el señor Wittingham es muy exigente en ese aspecto y era
justamente para hoy, ah suerte la míaa. Se lamentó.
  —¿Y no puede hacer una réplica?
  —No puedo hacer la misma escultura dos veces, Arnold. Pero no
te sientas mal, a las estatuas de suele pasar este tipo de cosas, mira a
la Venus que le falta los brazos.
  —Me gustaría reparar el daño de algún modo. Dijo y la mujer lo
contemplo con la dulzura de una madre. Alguien golpeo y la puerta se
abrió de repente y frente a ellos apareció un hombre bajo y en traje.
  —Disculpe mi atrevimiento señora Elsa por entrar así, he venido a
ver la estatua que ha hecho para mí. Saludó
  —Señor Wittingham lo esperaba más tarde. Dijo Elsa poniéndose
de pie
  —¿Es esta? – Preguntó el hombre dirigiéndose a la estatua agrietada ignorando lo dicho por la mujer - se ve muy mal.
El señor Wittingham tocó ligeramente la estatua y al hacerlo esta se
desmorono en el acto. El impacto había sido destructivo.
  —Si esa era. Dijo ella mordiéndose los nudillos de las manos.
  —Es un chiste ¿verdad?
  —Fue un accidente... se apresuró a intervenir Arnold sintiéndose
culpable pero Elsa lo retuvo.
  —No tengo excusa.
  —Usted se comprometió a entregarme una estatua para mí y ya le
pague por eso. Dijo el señor Wittingham muy molesto.
  —Si señor y la tendrá pero debe esperar un pocoo. Trató de explicarse Elsa.
  —Olvida la influencia que tengo en el entorno artístico, puedo hacer que su carrera sea un triste recuerdo de ayer, le doy dos días para
que entregue lo prometido o verá como hago que se hunda en su carrera. - Sin decir una sola palabra más el tipo salió mirando a cada
uno - que tenga un buen día señora, joven.
  La puerta se cerró tras el señor Wittingham dejando a Elsa conteniendo el aire.
  —¡Viejo desgraciado! Rugió eufórica Elsa
  —No se altere señora Elsa... le ha dado unos días más. Dijo Arnold

  —Como si las estatuas se hiciera con un par de cinceladas. Replicó
Elsa.
  —Yo sé que puede hacerlo - Animó Arnold - yo la ayudare.
  —Primero tengo que inspirarme y eso no es fácil había puesto mucho empeño en esa estatua. Dijo y se dejó caer de nuevo en la silla.
  —Ya la encontrara. La animó el niño. Elsa vio el brillo de sus ojos
y recobro las esperanzas, superando en cansancio que la invadía en
ese momento.
  —Está bien, lo intentare, Arnold ya que me vas a ayudar necesito
que hagas un par de cosas, tráeme café, licor y pon música... necesito
inspirarme.
 —Entendido.
***
  Un par de horas después, un terrón de alabastro esperaba transformarse en estatua más Elsa no tenía inspiración y tampoco un modelo.
  —Necesito un modelo. Dijo después de un rato
  —¿Un modelo?
  —El señor Wittingham me pidió una estatua que expresara inocencia. La primera estatua que hice se basó en algo que vi en la televisión, necesito otro modelo.
  —¿Cómo quién?
  —No sé, alguien bueno, de corazón puro... Elsa miró por la ventana a ver si encontraba algo pero no hayo nada interesante, lo que veía
era realmente bizarro, desvió la vista hacia su habitación y entonces
su vista recayó sobre Arnold quien estaba distraído y apunto hacia él
con sus manos.
  —Quieto, no te muevas. Dijo paseando su lengua por sus labios,
Arnold se quedó quieto como estatua en la pose en la que estaba para
esos instantes. Parado en un pie.
  —¿Por qué?
  —Eres perfecto. Dijo ella.
  —¿Yo? Pero… yo no soy modelo además usted dijo que…
  —No discutas tanto y quédate quieto. Dijo Elsa frunciendo el ceño

y Arnold obedeció.
***
  Gerald decidió pasar un rato a saludar a su amigo, el abuelo Phil lo
recibió y le dijo dónde estaba, se dirigió a donde vivía Elsa y golpeo
abriendo posteriormente.
  —¿Arnold estás aquí? Preguntó encontrándose con una artista trabajando y a Arnold posando como modelo sobre una butaca.
 —¿Gerald?
  —¿Qué haces?
  —Sirvo como modelo, para la señora Elsa.
  —Ya veo.
  —Tu - dijo ella saliendo de detrás del cubo señalando a Arnold no te muevas y tu - señalando a Gerald - cierra la puerta, cambia de
canción y has café, pero ¡yaa!
  —Bueno. Dijo Gerald sin remilgar e hizo caso.
Horas después el trabajo de Elsa comenzó a avanzar un poco, Arnold
estaba agotado más se esforzó por ser un buen modelo.
  —Ya puedes bajar Arnold, es suficiente, muchas gracias. Dijo ella
cansada.
  —Está quedando muy bien. Comentó Gerald quitándose el delantal, había hecho la cena mientras la artista trabajaba.
  —Aún falta mucho, pero hemos avanzado un poco, en un par de
horas estarás inmortalizado Arnold. Dijo la artista
  —Si. Dijo el chico mirando el cubo que aún no tenía ninguna forma.
  —Mañana seguiremos, agradecería mucho si sigues siendo mi modelo. Le pidió.
  —Lo haré, después de la escuela. Prometió el chico
  —Muy bien será mejor que se vayan ya es tarde.
  —Si es cierto, nos encontramos mañana aquí. Dijo Gerald entusiasmado
 —Vale.
  Después de que Gerald se marchara a su casa, Arnold decidió que-

darse un poco más en compañía de Elsa.
  —¿Quiero preguntarle algo?
  —Dime. Dijo Elsa mientras organizaba sus herramientas de esculturas.
  —¿Por qué no se enfadó conmigo por lo de la estatua? Elsa lo miró
con ojos entornados.
  —Por tratarse de ti, admito que si hubiera sido otro niño en este
momento me estarían procesando por homicidio. Admitió
  —¿Por qué? Volvió a preguntar.
  —Por qué me recuerdas mucho a alguien.
  —¿A quién? Preguntó Arnold
  —A un niño igual de chiquito a ti y muy querido por mí. Dijo Elsa
y abrió el cajón donde estaba la foto de un niño de la misma edad de
Arnold frente a la imponente torre Eiffel.
  —¿En serio?
  —Sí, es una persona muy especial para mí no la he visto en mucho
tiempo - Elsa se puso melancólica - pero basta de hablar de mí, háblame de ti, me imagino que tus abuelos te quieren mucho ¿Verdad?
Preguntó y cerró el cajón, luego de guardar la fotografía.
  —Sí, son algo extraños, pero siempre han estado conmigo.
  —¿Y tienes buenos amigos?
  —Gerald, nos conocemos desde el jardín de niños.
  —¿En serio?
 —Si.
  —¿Y quién es la chica del moño rosa? quiso saber Elsa
  —¿Helga? Preguntó Arnold extrañado
  —Así que ese es su nombre - Dijo Elsa - Bueno es que siempre la
veo rondar por ahí, es como si esperara a alguien, yo creía que era una
admiradora tuya.
  —¿Ella? no, ella me odia, en la escuela me atormenta constantemente poniéndome apodos y lanzándome bolitas de papel en la cabeza.
  —¿Y qué apodos te pone?
  —Bueno su favorito es “cabeza de balón” y se ha vuelto un clásico.
Dijo y Elsa no pudo reprimir su risa, tenía que admitir que le venía

muy bien.
  —Que ternura. Comentó
  —¿Le parece? El chico arqueo las cejas.
  —Sii seguro.
  —Al principio me molestaba pero creo que con el tiempo me acostumbré, me llama así desde el jardín de niños. Recordó la primera vez
que lo llamo de ese modo y no fue nada gracioso.
  —Ya veo pero es un bonito mote.
  —Pero va seguir llamándome por mi nombre ¿verdad?
  —Claro Arnold te seguiré llamando por tu nombre no por tu epíteto.
  Arnold guardo silencio sobre todo porque no sabía el significado de
“epíteto” y tampoco quiso preguntar.
  —Pero ella parece buena persona, vestida siempre de rosa, rosa el
color de la obsesión.
  —Helga es una buena persona no se equivoca, puede parecer una
niña muy ruda pero yo sé que en el fondo es alguien sentimental y de
corazón puro.
  En la casa Pataki se escuchó un fuerte estornudo, encerrada en su
armario Helga se pasó la manga de la piyama por su nariz mientras
hacia su culto de todos los días.
  —Debes conocerla muy bien para decir cosas tan bonitas. Dijo
Elsa guardando su retrato.
  —No mucho realmente, ella no permite que nadie se le acerque.
  —¿Tú lo has hecho?
  —Una vez pero... se detuvo al recordar esa vez en el jardín de niños cuando le dio esas galletas. Ese día Helga se volvió mala.
  —¿Y qué sucedió?
  —Ahora me odia. Dijo Arnold aburrido.
  —¿Tú crees?
  —¿Ehh? Arnold se volvió a verla en ese momento, Elsa barría la
mesa con una brocha.
  —Las cosas no son lo que aparentan, la actitud de la personas es a
veces como el arte. El arte se manifiesta de muchas formas y siempre
tiende a esconder su significado, su auténtico significado y muchas

veces no lo entendemos –Arnold no entendió lo que le quiso decir
- anda vete a dormir te necesito para mañana o mi estatua no podrá
cobrar vida
***
  Días después, en un tiempo record. La estatua de Arnold estaba terminada y posaba elegantemente en la habitación, el trio la observaba
admirado y satisfecho.
  —Un metro veinte de altura, unos 50 kilos de peso, alabastro puro
traído de España, más que una estatua... es un dios. Comentó Gerald.
  —No bromees Gerald, no es para tanto. Replicó Arnold
  —¿Cómo? Te han convertido en una obra de arte, has pasado a la
posteridad hermano.
  —Has sido un excelente modelo Arnold, ahora podré entregarla,
solo falta un detalle un nombre. Dijo Elsa al lado del chico
  —¿Un nombre?
  —Acostumbro a ponerle nombres a mis estatuas, la que se rompió
se llamaba “L’ futur” informó la artista.
  —Ahora entiendo a qué se refería con que había destruido al futuro. Cayó en cuenta el chico.
  —Tengo que buscar un buen nombre, uno épico. Dijo Elsa y deambulo por la habitación.
  —Que tal “el amo de todos” propuso Gerald.
  —Gerald... replicó Arnold avergonzado.
  —No está mal... sin embargo. Elsa se llevó la mano al mentón
  —Podríamos darle un nombre simple... propuso Arnold.
  —¿Cómo cuál?... Ah ya sé que les parece si lo llamamos “L’ tête
de ballon de rugby” dijo Elsa con singular alegría con los pulgares
arriba.
  —No, es una mala idea... Dijo Arnold y se encogió de hombros.
  —Ah era un bonito mote, está bien, les propongo algo, los invito a
comer y allí decidiremos el nombre. Propuso Elsa cubriendo la obra
con una sabana
  —¡Sii! Exclamaron los chicos entusiasmados, saliendo de la habi-

tación en compañía de Elsa.
***
  Llevaba días sin ver a Arnold, Helga se enteró por casualidad que
estaba ayudando a la mujer de las esculturas a terminar una obra. A
Helga le pico la curiosidad saber en que andaba su amado y fue al
Sunset Arm. Llego a la casa de huéspedes y se dirigió a la escalera
de incendios subiendo hasta la azotea y miró por la clara boya de la
habitación de Arnold, no lo encontró.
  —Parece que sigues ayudando a la artista – dijo ella - que gran corazón tienes amado mío. Se levantó e iba irse, mas era tantas las ganas
de verlo que aunque fuera espiado lo conseguiría, bajó de la azotea y
busco una escalera y la puso justo debajo de la ventana donde vivía
Elsa, subió lentamente y una vez ahí, dio una ojeada al interior, no
encontró a nadie salvo un gran bulto escondido bajo una sábana.
  —Esa es la obra que mi amado ayudo a construir - llego a la conclusión Helga - mis ojos tienen que verlo.
  Sin ningún reparo la niña se escabulló por la ventana y con cautela
fue hacia el bulto, descubriéndolo. Helga se llevó la sorpresa más
grande de su vida, cuando vio un monumento de cuerpo entero de
Arnold alzándose justo frente a ella. El objeto de su idolatría estaba
ahí, inmortalizado en una estatua. Era una fantasía hecha realidad,
ninguno de sus monumentos abstractos le había inspirado una sensación parecida.
  —No puedo creerlo, esa artista ha hecho de mi amado un dios, mi
actual estatua hecha de palitos de helado no se compara con esta maravilla, ha captado cada detalle, cada línea de su cabeza de balón, solo
le falta respirar - Se subió en una banca para verlo mejor - Oh amado mío, es como si estuvieras aquí, mirándome fijamente, me siento
como Pigmalión contemplando a Galatea, si solo fueras tú de verdad
mi dicha seria completa - Sin resistirse se acercó lentamente a la nariz
blanca - pero nadie más merece contemplar esta obra de arte, he de
llevármela, la robare aunque este mal hacerlo.
  Pero antes se dejó llevar por la fantasía y la beso como lo hizo al-

guna vez con la estatua de goma de mascar, esperando que se volviera
real y le respondiera a su pasión y amor.
  La puerta se abrió de repente y tras ella aparecieron Arnold, Gerald
y Elsa que pronto repararon en escena, Helga tomada por sorpresa
empujó la estatua, esta se fue de espaldas.
  —¡Noo! Gritó Elsa, su voz ralentizada no puedo evitar el desastre.
La estatua cayó y se rompió en mil pedazos. El silencio siguió al estruendo mientras Elsa se ponía de rodillas tratando de reunir los fragmentos de su adorada obra. Ella intentó armarlo pero no había nada
que hacer, Elsa alzó la mirada al el techo y demando.
  —Nooo... ¡llévame a mii! Su grito se escuchó varias cuadras a la
redonda, activando las alarmas de los coches.
  —Yo no... Quería, es solo que... Trató de explicar Helga más sus
palabras solo dinamitaban más la situación. Los ojos de la artista
cambiaron de negro a rojo.
  —¿Que... qué rayos estabas haciendo aquí? ¿Por qué destruiste a
rayo de sol? Preguntó lo más calmada que pudo la artista
  —Yo no quería destruirlo iba a robarlo. Dijo sin pensar Helga y con
eso firmó su sentencia de muerte. Un halo de viento rodeo a la artista.
  —Gerald, Arnold... fuera de aquí. Ordenó Elsa mientras sus cabellos se levantaban por sí mismos.
  —Pero... trató de razonar Arnold pero entonces Elsa rugió como un
tigre y ellos huyeron despavoridos, Elsa se volvió a Helga hecha una
furia, sus ojos rojos de ira, mientras alzaba las manos sobre ella como
la más demoniaca de las arpías.
***
  Dos horas después, Elsa estaba sentada en su silla, mirando complacida una doncella de hierro, que ella misma había esculpido. Arnold y Gerald estaban en la puerta tratando de razonar con ella.
  —Solo fue un accidente, otro lamentable accidente. Trató de razonar como siempre Arnold
  —No hay perdón, ella confesó y recibió su castigo. Dijo Elsa sin
dar su brazo a torcer

  —Pero ya han pasado dos horas. Replicó Arnold.
  —Y pasaran dos horas más. Afirmó Elsa.
  —No voy a defender a Helga G. Pataki pero me parece que esto es
un castigo excesivo. Dijo Gerald
  —Ningún castigo es suficiente... esto es lo que se merecen los destructores del arte. Dijo Elsa con tono malévolo. Encerrada dentro de
la doncella de hierro, ella estaba condenada al peor de los suplicios, a
esas alturas tal vez Helga ya estaba muerta.
  —¡Oiga! Ya sáqueme de aquí, ya aprendí mi lección. Se escuchó
la voz de Helga desde el interior de la doncella de hierro, después de
dar unos golpes, no tenía la voz que normalmente tenían las víctimas
de este mortal aparato.
  —¡Nunca! Negó reto ricamente Elsa.
  —Por favor. Intercedió Arnold y la artista viéndolo no se pudo negar y al fin dio su brazo a torcer.
  —Está bien - Dijo de mala gana y quitó los pestillos que cerraban
la puerta de la doncella de hierro - sal.
  La doncella se abrió y dejo salir a Helga. La máquina de tortura
resultó ser falsa. Ella salió con la cabeza en alto y los ojos cerrados
y fue directo hacia la ventana.
  —La salida no es por ahí. Señaló Elsa más Helga no hizo caso
  —Me voy por donde vine. Dijo tratando de evitar cruzar miradas
con los chicos sobre todo con Arnold y puso un pie en la ventana. Sin
saber que la escalera ya no estaba, el abuelo de Arnold se la había
llevado hace rato.
  —¿Quien habrá dejado esta escalera aquí? había dicho mientras se
la llevaba, Helga salió por la ventana de espaldas.
  —Ya me voy, no volveré nunca más - dijo con los ojos cerrados
mientras el grupo la observaba en silencio - jamás volverán a saber
de Helga G. Pataa... la vieron esfumarse antes de terminar su frase, se
vio interrumpida cuando su pie siguió de largo.
  —¡Diablos! Exclamó Elsa
  —¡Helga! El grito de Arnold le precedió y todos corrieron hacia la
ventana.
  Helga estaba colgando de la orilla de la ventana, pataleando histé-

ricamente.
  —Helga... Exclamó Gerald. Elsa al verla se estiró y trató de alcanzarla, sus pies quedaron colgando. Los chicos la agarraron para que
no resbalara y cayera también, Elsa logró afianzar uno de los brazos
de la niña y la jaló subiéndola hacia el interior de la habitación. El
impulso hizo que Helga cayera sobre Elsa y Elsa sobre los chicos.
  —A la próxima sales por la puerta. Aconsejo Gerald, abajo en la
calle Oskar había observado todo lo que había pasado en el segundo
piso de la casa.
  —Vaya que suceden cosas raras en esta casa. Se dijo y entró a la
casa.  
  En la habitación Elsa se levantó enfadada.
  —Ustedes me han traído muchos problemas, primero destruyen mi
primera estatua, ahora esto - indicó la estatua que estaba esparcida en
el suelo - y encima casi me gano un muerto.
  —Bueno ha sido una cadena de situaciones accidentales. Dijo Arnold a modo de explicación.
—Y todavía no ha terminado - siguió Elsa mirando el reloj de la pared
que estaba arriba de la puerta - en cualquier momento llegara el señor
Wittingham y en el momento en que aparezca tendré que darme por
muerta, artística y biológicamente.
  —No exagere no es para tanto, solo es una tonta estatua con cabeza de balón. El mundo ya tiene suficiente con el original de carne y
hueso.  
  La afirmación de Helga recibió la mirada de disgusto de Arnold y
la mirada asesina de Elsa.
  —Ya te perdoné la vida bastante... dijo esta y ya iba contra Helga,
la hubiera ahorcado si no fuera por la intervención rápida de Arnold
que se metió en medio.
  —Por favor discúlpela señora Elsa, ella no lo dice por la estatua
sino por mí. Los ánimos se enfriaron al escuchar el timbre, alguien
había llegado.
  —Ya llego ¿Ahora qué hago? Preguntó Elsa desesperada.
  —Primero que todo tiene que tranquilizarse. Dijo Arnold levantando las manos.

  —Eso no me sirve en este momento - siguió Elsa y empezó a correr
en círculos por la habitación- tengo que hacer algo, ¡ayúdame Jesús!
  —Podría saltar por la ventana como hizo Helga. Dijo Gerald, Arnold trato de tranquilizar a Elsa pero todo empeoro cuando tocaron la
puerta.
  —No puedo enfrentarlo, chicos por favor díganle que me morí, que
me fui a Canadá. Les pidió e iba escapar más Arnold la retuvo.
  —No puede hacer eso señora Elsa, debe enfrentarlo, usted no tiene
la culpa, si se lo explicamos él entenderá. Los golpes se hicieron más
fuertes y apremiantes.
  —Lo siento Arnold, no tengo tu valor y este hombre no tiene tu
compresión. Dijo y eludiéndolo se fue a esconder dentro de la doncella de hierro.
  —¿Que hacemos viejo? preguntó Gerald. Su amigo se encogió de
hombros, no tenían más remedio que abrir y darle el mensaje de Elsa
al hombre, sin embargo Helga no estaba dispuesta a quedarse con los
brazos cruzados, no cuando ella había sido la culpable de todo, decidió tomar toda la responsabilidad y hacer algo, por loco que fuera.
  —No abras esa puerta aun - dijo deteniendo a Arnold que ya tenía
una mano en el pomo de la puerta - tengo una idea, vengan - ambos la
miraron con extrañeza - no se queden ahí parados como unos idiotas
y ayúdenme, tenemos que salvar la carrera de esa loca.
***
  El hombre estaba parado en la puerta, extrañado de que no se hubiera atendido a su llamado. Había quedado de encontrarse con Elsa
a esa hora, le enfadaba de sobremanera que le dejaran plantado, iba a
marcharse cuando la puerta finalmente se abrió, apareciendo el chico
rubio de cabeza de balón.
  —Discúlpenos señor por no atenderlo, pero estábamos algo ocupados. Se excusó él.
  —Y ¿la señora Elsa?
  —Ella no está disponible pero...
  —Veo que terminó la estatua. Dijo el señor Wittingham entrando

mientras observaba una magnifica estatua blanca. Una réplica o parodia de la estatua de la libertad se alzaba en medio de la habitación.
  —La estatua de la libertad, aunque esta algo diferente. Opinó el
hombre mirando detenidamente la obra.
  —Es una mezcla, es una niña disfrazada de estatua de la libertad.
Explicó Gerald con sonrisa forzada y Arnold le dio un codazo para
que cerrara el pico.
  —Pero está muy bien hecha parece que estuviera viva, casi siento
como emite calor. Exclamó admirado.
  —La señora Elsa es muy hábil - Dijo Arnold – no la toque.
El hombre no la tocó.
  —Es una excelente pieza pero... no me agrada su expresión, es
agresiva, es tiránica y parece que va montar en ira y matar a alguien.
Objetó el hombre.
  —Usted lo ha dicho. Apoyó Gerald y sin que el señor se percatara,
la estatua cobro vida y le lanzó una mirada asesina.
  —Pero también tengo que admitir que es bella. Continúo el examinador
  —¿En serio? Exclamaron los jóvenes.
  —¿En serio? Exclamó Elsa abriendo la puerta de la doncella. Ella
había escuchado todo.
  —Señora Elsa, no sabía que estaba aquí.
  —Estaba meditando. Fue su escueta respuesta.
  —Miraba la estatua. Dijo el señor Wittingham, Elsa volvió la vista
y lo que vio no fue una estatua sino a Helga disfrazada de señora libertad, sin embargo tenía que admitir que perfectamente pasaba por
estatua.
  —¿Y qué le parece? preguntó ella siguiendo el juego de los chicos.
El hombre volvió a detallar la estatua y guardo un profundo silencio
antes de contestar.
  —No me gusta - dijo volviéndose al grupo y la estatua frunció el
ceño sin poder evitarlo - su expresión me desagrada, quiero una estatua que refleje inocencia, esta expresa potencia y agresividad sin
embargo debo admitir que es una obra maestra, la recomendaría a
otro compradores, yo no la comprare pero le daré tiempo para que me

haga otra.
  —Si claro, con mucho gusto. Dijo Elsa
  —Bueno es hora de irme estaremos en contacto, la llamare mañana a las 2 PM. Dijo el señor Wittingham y torpemente Helga olvido
que era una estatua y miró la hora, afortunadamente el hombre no se
dio cuenta y se dirigió a la puerta.
  —Que pase una buena tarde. Dicho esto el señor Wittingham cerró
la puerta tras de sí. En cuanto lo hizo la estatua volvió a ser Helga que
bajó el brazo agotada.
  —¡Criminal! creí que nunca se iría. Dijo ella suspirando aliviada,
más de repente la puerta se abrió y ante la alarma de todos Helga volvió a su pose anterior.
  —Por cierto señora Elsa - irrumpió de nuevo el señor Wittingham
mas se detuvo al ver algo extraño - ¿Que no llevaba la antorcha en la
otra mano?
  —No, siempre la ha llevado ahí. Contestó Elsa tratando de ocultar
su sorpresa.
  —Que extraño juraba que tenía la antorcha en la otra mano y además me ha parecido que ha parpadeado. Aseguró él extrañado.
  —Pero que dice señor Wittingham, las estatuas no parpadean, bueno dicen que hay unas que lloran pero son casos aislados y le aseguro
que este no es. Explicó la artista, mientras los niños sonreían de oreja
a oreja con complicidad
  —Debió ser mi imaginación... bueno será mejor que me vaya, hasta luego. Se despidió el señor, olvidando lo que iba a decir.
  —Hasta luego. Corearon todos y al marcharse el hombre, se quedaron quietos hasta que escucharon la puerta principal y se dejaron
caer rendidos en el suelo.
  —¡Jesuus! Dijo Elsa sin aliento.
  —¿Lo vieron? soy una obra de arte y estos tontos decían que era
una mala idea. Dijo Helga y se sentó sobre el pedestal dejando caer el
libro y la antorcha.
  —Pero que ocurrente. Comentó Elsa.
  —Tiene que agradecerme, le salve el pellejo. Replicó la niña.
  —Emseguida lo hare... replicó Elsa con sarcasmo.

  —Pero Helga ¿Que hubieras hecho si le hubiera gustado? reflexiono Arnold, Helga dejo su risita burlona, no había pensado en eso.
  —Si en este momento estarías en un camión rumbo a ser instalada
en un jardín, donde no podrías hablar ni moverte, aunque no sería tan
malo, muchos saldrían beneficiados ¿No te parece Arnold?
  —Cállate cabeza de cepillo o serás tú el que se convierta en estatua
cuando te deje asesine. Amenazó la señora libertad alzando su puño
con agresividad.
  —El punto es que gracias a la ocurrente idea de Helga, la señora
Elsa se salvó y ahora tiene tiempo de sobra para hacer otra estatua.
Puntualizo Arnold y al escuchar esto Elsa lanzó un suspiro lastimero
y se dejó caer al suelo rendida.
  —Otra estatua...
  —¿Cuál es el problema? puede hacer perfectamente otra estatua
del cabeza de balón es fácil, solo que como detalle adicional debe
hacer la cabeza más grande. Replicó Helga restando le importancia.
  —No es así de fácil, no puedo hacer dos veces la misma estatua,
cada cosa que hago es única y el cabeza de balón como tú le dices
era único e irrepetible. Le explicó Elsa llevándose el ante brazo a la
frente.
  —Entonces no habrá de otra que disecar al melenudo y santo remedio, Stinky puede ayudarnos. La solución definitiva de Helga no fue
bien recibida por nadie.
  —¡Otro comentario de esos y te lanzare por la ventana! La amenazó Elsa incorporándose de golpe, con su puño en lo alto.
  —¿Se puede reparar la que se rompió? Preguntó Gerald.
  —No creo, esta tan rota como Humpty Dumpty. Dijo Elsa observando de reojo la cabeza sonriente de alabastro, dejándose caer de
nuevo en suelo.
  —No se preocupe señora Elsa, solo debe descansar, mañana tendrá
inspiración para crear otra estatua. La animó Arnold.
  —Me duele la cabeza. Se quejó la mujer cerrando los ojos.
  —Vamos Gerald, iremos a la farmacia a traer algo para que la señora Elsa se sienta mejor. Propuso el chico.
  —Buena idea viejo. Apoyó Gerald y corrieron fuera de la habita-

ción.
  —… Y helado, traigan helado, mucho helado. Pidió Elsa.
  —Vale. Dijo Arnold y salieron de la habitación.
  —Esperen yo voy con ustedes. Pidió Helga más Elsa se lo impidió
al agarrarse de su vestido cubierto de yeso blanco.
  —Espera un segundo.
  —¿Qué? ¿Acaso ya no estábamos a mano? Preguntó ella liberándose bruscamente.
  —Aun me debes una explicación niña, ¿Qué hacías en mi habitación? ¿Qué pretendías hacer con mi estatua?
  —¡Esto yo… es que yo! - Helga trató de explicarse rascándose la
cabeza - La verdad, no sé cómo explicarlo, no pretendía romperla ni
mucho menos.
  —Te creo, no querías romperla, pero deja mucho que pensar, entrar
en una habitación y encontrar a una niña abrazando una estatua.
  —Je se dio cuenta.
  —Todos nos dimos cuenta incluso el modelo, si no habíamos comentado nada era porque había mucha confusión y todo estaba encima. Dijo la artista y se sentó en flor de loto.
  —Si lo sabe ¿por qué me pide explicación? Preguntó Helga sonrojándose y no por la ira.
  —¿Por qué querías robarla? Preguntó.
  —Porque... - Helga se volvió hacia ella - No lo sé.
  —¿Es lo que yo estoy suponiendo?
  —¿Que está suponiendo? Helga la enfrentó.
  —Bueno que al ser la estatua de tu amor platónico era lógico que
quisieras llevártela.
  —¿Amor platónico? ¿Cuál amor platónico? Preguntó Helga exasperada
  —Tu amor platónico, Arnold.
  —No es cierto, Por que querría yo una estatua de ese estúpido cabeza de balón. Se contradijo Helga a sí misma.
  —No lo niegues ahora Helga, ya admitiste que querías robarla, yo
quiero saber el motivo, lo merezco por ser la creadora de “Rayon de
soleil”

 —¿“Rayon de soleil”? Preguntó Helga
  —Si, ese era su nombre traduce Rayo de sol, yo se lo puse aunque
a Arnold no le agrado mucho.
  A Arnold no le gusto porque Gerald se burló, iba a hablar con Elsa
al respecto, después.
  —Pero vaya que sí le quedaba bien. Murmuró Helga casi inaudible.
 —¿Qué?...
  —Que debió ponerle “monumento a un estúpido cabeza de balón”
porque eso es lo que es. Remilgó Helga
  —Pareces apreciarlo mucho.
  —No sabe nada, destruí la estatua eso fue todo, no tengo explicación. Concluyó Helga exasperada dándole la espalda.
  —A mí me parece que lo amas - Dijo Elsa - nadie espera frente a
una casa tarde de la noche si no es para amarlo o para matarlo.
  —No es cierto, yo lo odio. Negó Helga.
  —Del odio al amor hay un paso. Insistió Elsa
  —¡Y que si lo amo o lo odio! - Dijo Helga fastidiada - a usted que
le importa.
  —¿Que pensarías si vieras tus sentimientos plasmados en una obra?
 —¿Qué?
  —Haré otra estatua, basada en lo que vi Helga, solo te preguntaba
por qué quería estar segura y ya me lo confirmaste, eres la confusión
y la cobardía en un solo ente.
  —¡Oiga! ¡¿Como se atreve?!... Se enfadó Helga alzando sus puños
amenazándola
  —Y también el verdadero amor. Prosiguió Elsa
 —¿Ehh?
  —Vas hacer el modelo de mi siguiente estatua. Elsa la señaló con
su dedo índice.
 —¿Yo?
  —Aja el señor Wittingham quería una estatua que reflejara ternura,
eso le daré y tú me ayudaras
 —Pero...
  —Y plasmare tu fantasía. Dijo ella y se puso de pie. Dirigiéndose
al teléfono para pedir los materiales necesarios para su obra.

  —¿Mi fantasía? Preguntó Helga sin entender, mirando hacia el
suelo y vio los fragmentos de “Rayón de soleil”
***
  La obertura 1812 de Tchaikovsky se tomó el Sunset Arm esa mañana, Arnold y Gerald la escuchaban desde las escaleras de la habitación de Arnold.
  —No sé qué tan buena idea es escuchar esa canción mientras se
hace una estatua. Comentó Gerald
  —A la señora Elsa le gusta la música clásica tanto cómo a mí,
aunque tienes razón esa música es de batalla, le quedaría mejor a una
demolición de un edificio. Dijo Arnold.
  —Bueno, espero que con esta le esté hiendo bien ¿no te parece
curioso que no nos haya dejado verla?
  —Dijo que será sorpresa.
  —¿Crees que sea una grata sorpresa con Helga involucrada? Preguntó el niño con preocupación.
  —Yo creo que sí. Dijo Arnold.
  La puerta se abrió y Helga y Elsa salieron caminando hacia atrás,
hasta quedar contra la pared.
  —Perfecto... Dijo Helga
  —No, le hace falta algo... Elsa volvió a entrar
  —No, la va a estropear. Dijo Helga y la siguió. Un momento después escucharon la voz emocionada de la niña.
  —¡Está terminada! ¡No puedo creerlo! Ante el anuncio, los inquilinos del Sunset Arm, los abuelos de Arnold y el mismo Arnold junto
con Gerald bajaron y subieron para ver la obra.
  —¡A ver! queremos que fue lo que se creó en el Sunset Arm. Exclamó Ernie y todos entraron a la habitación, rodeando un enorme
objeto cubierto por una sabana.
  —Bien en exclusiva para el Sunset Arm. Anuncio Elsa a lado derecho de la estatua
  —E inspirado por la gran Helga G. Pataki. Presumió la niña de
lado opuesto.

  —Mi obra... terminó Elsa y tiro de la sabana descubriendo la estatua, todos quedaron boquiabiertos, no se encontraron con una estatua sino con toda una escena. El monumento era la de una pareja
de niños. La niña intentaba robarle un beso al niño, en un estilo muy
griego.
  —¡Wow! Corearon todos al unísono.
  —¿Les gusta? Preguntó modestamente Elsa.
  —Es muy linda, que romántico... dijo Suzie la esposa de Oskar,
entrelazando los dedos de sus manos.
  —Si, es perfectamente vendible. Opinó Oskar a su vez. Ernie Potts
fue el siguiente en opinar
  —Yo como hombre de demoliciones tengo que decir que jamás
demolería esta obra maestra.
  —Quedo súper... ¡Wow! seis dedos en las manos, de lujo. Dijo
Gerald
  —Me recuerda cuando éramos jóvenes y estábamos de novios ¿No
crees Pookie? Opinó el abuelo Phil
  —Encantadora, esa se parece a Winona Ryder. Dijo la abuela, Arnold no dijo nada.
  —Esta estatua está inspirado en Helga, la chica aquí presente - dijo
Elsa y Helga no pudo evitar hacer una mueca de disgusto - y ahora
hará parte de una gran colección, donde muchas personas lo podrán
admirar, muchas gracias por su apoyo. Agradeció Elsa haciendo una
ligera reverencia a su público.
  —¡Bravo! Todos aplaudieron menos alguien.
  —Eso está muy bien - Intervino Gerald - ¿Pero tengo una pregunta? ¿Cómo va a pasar por la puerta? Todos se volvieron a Gerald en
ese momento.
  —Ya tenía que abrir la boca este zopenco. Recriminó Helga disgustada.
***
  La estatua estaba siendo arrastrada hasta el camión que la llevaría
hasta su nuevo hogar. El señor Wittingham estaba más que satisfecho

y premio con agradecimientos a Elsa quien estaba feliz. Una vez lista
y arriba, Ernie quien conducía el camión se la llevó, mientras Elsa
parada en la mitad de la calle la despedía junto con Arnold y Helga.
  —Voy a echar de menos a esa pequeña. Dijo ella.
  —Va estar bien, solo va estar parada en la mitad de la nada, esperando a llenarse de mugre. Dijo Helga y sin despedirse de nadie se
alejó.
  —Helga - la retuvo Elsa y la niña se volvió - Gracias.
  —Si como sea. Se limitó a decir Helga.
  —¡Jesús! - Dijo y se volvió a Arnold - ¡Oye Arnold! ¿Por qué no
has dicho nada? ¿No te gusto mi obra?
  —Si, me gusto y mucho. Dijo este arqueando las cejas
 —¿Entonces?
  —No esperaba algo así y menos de Helga...
  —El arte se manifiesta de formas insospechadas Arnold ya te lo
dije- Explicó Elsa y se alejó hacia Sunset Arm – ¿ahora cual será mi
siguiente obra?
  —¿Que nombre tiene? Preguntó el chico.
  —Se llama “En souvenir d’un amour futur” “L’ amour futur” para
abreviar.
  —¿Qué significa? Preguntó Arnold
  —Que se trata de un amor que no sabe que es amor y se está convirtiendo en recuerdo. Dicho esto Elsa caminó hacia la puerta y la
abrió.  
  El grupo de animales salió de la casa, esta vez no tuvieron miedo
de ella. Mientras Arnold permaneció en la mitad la calle contemplando el horizonte donde partió “L’ amour futur”.

Arnold contra Arnie
  El famoso y excéntrico primo de Arnold, Arnie estaba de regreso
en la ciudad. En cuanto Helga se enteró de la llegada de tan ilustre
personaje se mantuvo lejos de su vista. Ella lo evitaba desde que se le
declaró, en una extraña escena de celos, luego de que Arnie terminara
con la mismísima Lila.
  En esos días Rhonda Lloyd estaba organizando una nueva fiesta en
su casa.
  —Vamos a hacer una fiesta este fin de semana. Anunció a sus amigas, en el salón de clase.
  —¡¿Otra fiesta?! Replicó Helga con sarcasmo.
  —¿Que tienes en contra de mis fiestas? Preguntó Rhonda.
  —Siempre sirves lo mismo. Dijo Helga cruzándose de brazos.
  —Así, pues quiero ver si tú lo haces mejor - retó Rhonda - porque
no organizas tú la próxima fiesta.
  —Si, es una buena idea. Apoyó la iniciativa Lila. Helga arqueo las
cejas, no esperaba un reto de semejante magnitud.
  —Si, Helga has tú la fiesta. Dijeron las demás niñas.
  —¿Creen que voy a hacer una fiesta para ustedes? Replicó Helga
  —Claro, a menos que creas que no tienes la clase para ser anfitriona de un evento. Dijo Rhonda y Helga se levantó de su silla.
  —¿Quieren una fiesta? Pues les daré una fiesta, les demostrare lo
buena anfitriona que soy.
  —De acuerdo Helga tu organízala yo te ayudare con las invitaciones. Dijo Rhonda sonriendo al llegar a un acuerdo.
  Helga se sentó en su silla pensativa, ahora que resulto envuelta en
el proyecto tenía mucho que organizar para que todo saliera bien y
sería algo difícil. Por alguna razón las reuniones de los Pataki terminaban en desastre. Un ejemplo ocurrió en la graduación de Olga, Bob
Pataki invito a todo el vecindario a una gran fiesta y todo iba bien,
hasta que la abuela de Arnold se le ocurrió traer un “Komodo 3000”

un poderoso cohete pirotécnico que tenía la capacidad de convertir
la noche en día. El cohete fue usado antes de lo previsto por cortesía
de Sid y Stinky y salió disparado resplandeciendo en el cielo. Los
invitados lo observaron asombrados y luego comenzaron a correr en
círculos ciegos y desesperados, tumbando las mesas y desbaratando
la fiesta. Olga lloró durante horas y Pookie tuvo que irse a México un
tiempo, mientras las cosas se calmaban.
  Ahora Helga tenía entre manos una fiesta para sus compañeros la
cual le daría muchos problemas. El primero de estos se llamaba “Arnie”.
  —¿Cómo piensas lidiar con el primo raro de Arnold en la fiesta? Es
muy seguro que vaya. Preguntó Phoebe.
  —Ya encontrare una solución a eso, lo importante es que organizare una fiesta y todo saldrá bien y lo mejor es que Arnold vendrá, esta
es una oportunidad de oro, porque tal vez pueda confesar mi amor por
él. Dijo Helga emocionada en voz baja.
  —Ya confesaste tu amor por él. Le recordó Phoebe, sabiendo de
ante mano la historia.
  —Quiero que quede más claro. Dijo Helga sonriendo de oreja a
oreja. En ese momento la puerta del salón de clase se abrió y Arnie
hizo su entrada triunfal resoplando por la nariz como siempre. Todos
se volvieron a verlo en ese instante menos Helga, ella puso pies en
polvorosa dejando solo unas cuantas hojas de papel a su paso.
***
  Helga ideó algo para hacer que Arnie no le echara a perder su fiesta. Un malévolo plan que lo mantendría ocupado. Helga sacó partido
de la gran afición de Arnie por contar cosas, a él le fascinaba hacerlo,
le gustaba contar desde los ladrillos del muro de los lamentos hasta
los granos de arena de una playa y Helga encontró algo propicio que
lo mantendría muy entretenido.
  —Tres millones, trecientos cincuenta mil, novecientos ochenta y
ocho canicas. Dijo Helga contemplando con orgullo el gran cargamento que estaba en el muelle, guardado en una gran caja de madera.

  —¿De dónde sacaste tantas canicas? Preguntó Phoebe a su lado,
sosteniendo una libreta y un lápiz.
  —Estaban abandonadas en una bodega - dijo Helga con los brazos
en jarras - esto mantendrá ocupado al fastidioso primo de Arnold.
  —¿Planeas que Arnie cuente todas estas canicas? Preguntó su amiga.
  —Exacto y esta es la parte donde entras tú Phoebe, vas a traer a
Arnie aquí, en cuanto vea todas estas canicas caerá de inmediato y
comenzara a contar como un desquiciado y estará contando por una
eternidad completa, tiempo suficiente para que yo haga mi fiesta y
conquiste a Arnold, este plan es a prueba de errores - Reveló su plan
Helga - vamos Phoebe no hay tiempo que perder
  —Enterado. Dijo Phoebe y corrió a hacer su parte del plan.
***
  Tal como Helga lo esperaba Arnie pico la carnada y comenzó a
contar las canicas reuniéndolas en grupos organizados de cien, mientras tanto ella organizo una velada esplendida, digna de una corte real. 
Cuando los invitados llegaron, a la orden de una mirada de Helga la
banda de músicos comenzó tocar y comenzó la fiesta, entrando en
ambiente muy rápido.
  —Tengo que admitirlo Helga eres una gran anfitriona. Admitió
Rhonda.
  —Gracias, querida. Agradeció Helga halagada, todo le estaba saliendo de maravilla. Era hora de poner en marcha la segunda parte
de su plan, ir a por Arnold, pero algo inesperado cambio sus planes.
Alguien llamo a su puerta, Phoebe fue abrirla y en umbral apareció
Arnie.
  —Arnie ¿Dónde estabas? Me tenías preocupado. Preguntó Arnold
a lado de Phoebe.
  —Tres millones, trecientos cincuenta mil, novecientos ochenta y
ocho canicas de colores. Exclamó Arnie dando la cifra exacta del cargamento. Phoebe se volvió hacia Helga pero no la encontró. En cuanto vio a Arnie salto por la ventana, cayendo entre los botes de basura,

provocando los lamentos de los gatos.
***
  Pronto noto la ausencia de Helga, se preguntó a donde había ido,
había dejado sola la fiesta y esta empezaba a salirse de control. Fue a
la barra de la cocina y se sentó en una de las sillas, mientras uno de
sus compañeros saqueaba la nevera, miro hacia un lado distraídamente y vio alguien conocido justo a su lado, lo ignoro por un instante
pero luego cayó en cuenta.
  —Buenas. Saludó Voz Ronca alzando su copa.
  —¿Helga? ¿Eres tú?
  —¿Cual Helga? Soy Voz Ronca. Dijo la voz distorsionada que lo
caracterizaba mientras le hizo zancadilla al ladrón que saqueo la nevera, este no se atrevió a hacerle ningún reclamo.
  —¿De quién te escondes? Preguntó Arnold.
  —De nadie ¿Que no puede uno sentarse a la barra a tomarse algo?
  —No esperaba volver a verte, Voz Ronca. Dijo Arnold siguiéndole
la corriente.
  —Yo tampoco esperaba tener que volver. Dijo él. Gerald llego en
ese momento junto con Arnie. Arnold los vio llegar y cuando se volvió hacia Voz Ronca solo encontró la silla girando.
  —Mira esto Arnold - Le dijo Gerald poniendo un jarrón repleto de
aceitunas frente a él - Arnie ¿Cuantas aceitunas hay aquí?
Arnie miró el jarrón y luego de un par de minutos dio la respuesta.
  —Trecientos ochenta aceitunas. La respuesta era la correcta.
  —¿Lo ves? tenemos un excelente contador aquí.
  —Gerald ¿Estás pensando lo que creo que estás pensando? Preguntó Arnold.
  —Creo que si amigo, sería genial que participara en el concurso
de talentos, si ganara el veinte por ciento sería para su representante
ósea yo. Gerald froto sus manos emocionados, Arnie no estaba en la
conversación, buscaba a alguien ansiosamente.
  —¿Donde esta Helga? Preguntó al no encontrarla.
  —No sé, creo que está arriba en su cuarto. Dijo Gerald distraída-

mente, Arnie se dirigió al lugar indicado sin decir nada. Al irse el
primo extraño de Arnold, Helga asomo las narices desde el otro lado
de la mesa.
  —¿Ya se fue? Preguntó Helga.
  —Si, ya se fue. Respondió Gerald extrañado.
  —Bien. Dijo Helga y salió de su escondite.
  —¿Por qué te estas escondiendo de mi primo? Preguntó Arnold sin
comprender.
  —¿Quien dice que me estoy escondiendo? Preguntó Helga altaneramente y se fue caminando sigilosamente.
***
  Arnie subió hasta el tercer piso buscando a Helga, encontró su habitación con la puerta entre abierta, sin titubear entro y dio un vistazo
y luego fue al armario encontrando una escalera que iba hacia una
trampilla en el techo. Arnie resoplando subió las escaleras, descubriendo el santuario oculto de Helga. Al ver la estatua de palitos con
forma de cabeza de balón, una gran sonrisa se dibujó en su cara.
  La fiesta seguía su curso como una mezcla variopinta de escandalosa tertulia y reunión social. Helga estaba escondida tras una lámpara
creyéndose a salvo ahí. Cuando una figura se le acercó por la espalda.
  —Hola Helga… saludó Arnie y su nariz hizo su característico resoplido. Helga se erizo como un gato asustado.
  —¡Arnie!... ¡qué milagro! Saludó Helga con una sonrisa nerviosa.
  —Se tu secreto. Le dijo sin preámbulos el chico parpadeando sus
pequeños ojos redondos desigualmente.
  —¿Secreto? Helga no supo de qué le estaba hablando.
  —Si, se tu secreto y sé que te da vergüenza y por eso me has estado
evitando.
  —Bueno es que… ella no sabía cómo explicarse.
  —Pero ahora sé que estas locamente enamorada de mí.
  Ese fue el momento exacto en el que el disco de vinilo se rayó.
  —¡¿Qué?! Preguntó Helga sin comprender y su expresión fue de
total desconcierto.

  —Si, estas enamorada de mi por eso tienes un monumento mío en
tu habitación.
  —¿Cual monumento? Preguntó Helga sin salir de su sorpresa.
  —Me amas Helga y yo también te amo. Dijo y sin más Arnie se
acercó y tomándola por los hombros le dio un beso en los labios. La
música se detuvo y todos se volvieron a verlos, las aspas de la gorra
de Arnie giraron y por poco toman vuelo, Helga en cambio fue como
si hubiera besado a Medusa, el monstruo mitológico y transformado
en piedra.
  —Mañana vendré por ti para salir. Dijo Arnie luego de liberarla de
sus babosos labios y se fue saliendo por la puerta. Phoebe se acercó
hacia Helga.
  —¿Helga que fue eso? - preguntó confundida pero ella no la escuchaba estaba paralizada - Helga… ¡Helga!
  Ella estaba en shock, sus pupilas se achicaron hasta parecer puntos,
mientras en lo más profundo de su ser emitía un grito aterrador.
***
  Al principio creyó estar atrapada en una pesadilla, atrapada en el
cuadro del grito, pero cuando escuchó las primeras risas tuvo conciencia de que no era un sueño, aun sentía la baba asquerosa del Arnie
en sus labios.
  —¿Helga estas bien? Preguntó Phoebe.
  —Madre de dios… - Dijo sin parpadear - no sé si llorar, gritar o
reír.
  —Lo que sea pero hazlo ya. Aconsejó su mejor amiga muy preocupada.
  —Phoebe qué… ¿Por qué? ¿Por qué?... Helga no podía hablar a
causa del desconcierto.
  —No sé… dijo Phoebe.
  —Voy a llorar. Se lamentó Helga sin salir de su estupefacción llevándose una mano a la cara. Fue cuando escuchó la voz gangosa de
Stinky, lo vio al lado de Gerald y Arnold que no tenían ni idea que
estaba pasando ahí.

  —¡Helga felicitaciones! Felicitó el flacucho y los ojos de Helga
relampaguearon.
  —¿Por qué? Preguntó Arnold.
  —Por qué Arnie es su nuevo novio, pobrecito… respondió Sid y
ese fue el momento exacto donde Helga perdió la paciencia
  —Ya está bien… se acabó la fiesta ¡fuera de aquí! Exclamó Helga
furiosa lanzándose sobre ellos.
  La puerta de la casa Pataki se abrió y por esta salió despedido primero Stinky luego Sid y por ultimo Arnold, como si fueran ebrios sacados por un cantinero. Helga azotó la puerta y se sacudió las manos.
  —¡Helga acabas de echar a Arnold! Le avisó Phoebe mientras ella
pasaba por su lado.
  —¡Ou! - Se lamentó ella al caer en cuenta - ¡Eso me quita muchos
puntos!
  Luego miró amenazante a Gerald que recién llegaba y vio la escena.
  —Tranquila nena, ya me voy. Dijo y se fue por su propio pie fuera
de la casa Pataki. Helga enfadada caminó por el hall y se topó con
Lila.
  —No sabía que te gustaba Arnie. Dijo con reclamo en su voz. A
Lila todavía le gustaba Arnie y no le gustó lo que acababa de presenciar.
  —Por favor Lila, tú sabes a quien van dirigidas mis plegarias, tengo a dios como testigo a mí no me gusta ese imbécil, no sé de dónde
sacó semejante idea. Se explicó Helga desesperada.
  —Pero Arnie dijo que tú lo amabas. Insistió la chica
  —Que me parta un rayo en este momento si es cierto - Dijo Helga y
de pronto relampagueó fuertemente, Helga arqueo las cejas asustándose -Es decir, eso no significa nada.
  —Realmente me siento feliz por ti Helga, pero al mismo tiempo
me da rabia. Dijo Lila bajando la mirada.
  —Escúchame bien Lila, yo no amo a esa lombriz y te lo voy a demostrar, porque lo voy asesinar y sabes ¿por qué? Por qué va a pagar,
va a pagar a ver borrado de mis labios ese beso que me costó tanto
trabajo robar y que borró con su asquerosa saliva. Sentenció Helga

como uno de los jueces del infierno y Lila dejo de recriminarla, comprendió que Helga realmente decía la verdad, no amaba a Arnie, todo
lo contrario.
***
  Los chicos estaban en el portal de Sunset Arm viendo jugar a Arnold con su Nintendo DS. Arnie iba hacia allí, cuando Helga apareció
de la nada y se le llevo agarrándolo por el cuello de la camisa, arrastrando hasta la esquina.
  —Hola amorcito. Saludó Arnie muy feliz de verla.
  —Ningún amorcito - atajó Helga agarrándolo de las correas de su
pantalón - vamos a dejarnos de farsas, no sé de dónde demonios sacaste la idea de que te amo, pero no es cierto, de hecho ¡me repugnas!
  Arnie parpadeo un ojo y después el otro tratando de procesar la
información y luego dijo:
  —¿Y la estatua? Preguntó.
  —No es lo que piensas, idiota.
  —Pero tiene cabeza de balón y se parece a mí. Replicó Arnie.
  —¿Y es que eres el único idiota con cabeza de balón en el mundo?
Ironizó Helga con las manos a cada lado de la cintura. Arnie no era
muy listo pero entendió perfectamente a que se refería Helga. Había
otro chico con cabeza de balón, por lo menos en esa ciudad.
  —Oh… dijo simplemente.
  —Ya que comprendiste perfectamente damos por terminado este
asunto, no te mato porque eres primo de Arnold o de lo contrario.
Helga le amenazó con su puño y se fue.
  —Pero… alcanzó a decir Arnie pero Helga no le escuchó.
  —Eso fue fácil. Dijo ella satisfecha consigo misma sacudiendo sus
manos mientras caminaba por la acera alegremente. Arnie la siguió
con la mirada, luego volvió la vista y observó a su primo en las escaleras, hizo el mismo proceso una y otra vez para luego sonreír, se le
había ocurrido algo brillante.
  Esa misma noche Arnie llevo a cabo su plan, se paró frente al closet
de su primo y lo abrió, lo que tenía en mente era tan brillante como

aterrador y sin duda con eso lograría que Helga lo amara. Ya imaginaba la escena, un campo de flores y ellos dos cogidos de las manos
muy enamorados, Arnie suspiro y empezó a escoger ropa.
***
  Gerald inscribió a Arnie el contador profesional al concurso de talentos, si ganaba aseguraba una buena suma de dinero. Ese día llego
muy entusiasmado en compañía de su mejor amigo al parque donde
se desarrollaría el evento. Habían quedado de encontrarse con Arnie
en ese lugar. En cuanto llegaron lo primero que vieron fue a Helga huir despavorida, muy extrañados fueron con sus amigos, Stinky,
Iggy y Harold.
  —Hola. Saludó Arnold y todos se volvieron a verlo confundidos.
  —¿Y los helados? Preguntó Stinky.
  —¿Que helados? Preguntó Arnold confundido.
  —¿Que no ibas a traernos unos helados? Siguió el chico.
  —Si, nos prometiste unos helados. Alegó Harold
  —Harold, yo acabo de llegar. Dijo el chico.
  —Pues alguien igualito a ti, nos prometió unos helados. Dijo Harold.
  —Sí que extraño si tú eres Arnold y dices que acabas de llegar
¿Quién es el otro? Cuestionó Iggy
  —¿El otro? Preguntó Gerald.
  —Estamos seguros de que estabas aquí hace un momento y nos
prometiste unos helados. Las afirmaciones de su compañero desconcertaron al chico.
  —Escuchen no entiendo de que están hablando, yo acabo de llegar.
Insistió Arnold.
  —Entonces alguien se está haciendo pasar por ti. Afirmó Iggy aclarando el asunto.
  —Alguien se está haciendo pasar por Arnold? - dijo Gerald impresionado - eso tengo que verlo.
  —Voy a investigar. Resolvió Arnold y se puso en marcha en compañía de Gerald.

  —¿Tu qué crees? Preguntó Gerald siguiéndole el paso.
  —Que si alguien se está haciendo pasar por mí, lo está haciendo
muy bien. Afirmó Arnold pensativo.
  —Vamos viejo cuando te hicieron rompieron el molde, copiarte es
imposible. Dijo Gerald.
  —Vamos a encontrar al imitador, quiero saber cuáles son sus intenciones. Dijo Arnold mientras caminaba por el sendero.
***
  Helga corrió como nunca en su vida y agotada fue esconderse tras
de un árbol en la parte más recóndita del parque, respirando agitadamente sintió su corazón bombear fuera de control. Creyó estar a salvo, cuando fue sorprendida por una figura justo a sus espaldas. Helga
se giró y se fue de espalda dando un grito.
  —Helga al fin te encuentro. Dijo el recién llegado sonriendo.
  —No, no, no, por dios, ¡no! Suplicaba Helga cubriéndose con su
brazo para no ver al personaje que tenía al frente. Una versión bizarra
de Arnold venida directamente de otra dimensión.
  —¡Te amo Helga! Dijo él. Helga en su pavor pudo reconocerlo,
luego de mirarlo a de arriba a abajo.
  —¡Arnie cabeza hueca! ¿Qué crees que haces? Reclamó ella poniéndose de pie.
  —No soy Arnie, soy esa persona especial que es solo para ti. Dijo
Arnie imitando al original, sin parpadear desigual ni resoplar. Helga
lo miró desconcertada.
  —Déjate de idioteces y deja de imitar a Arnold. Le advirtió exasperada.
  —Pero soy exactamente igual a él ¿Por qué me rechazas? Dijo él
y Helga lo miró con espantó. Arnie no perdió detalle, hasta se había
puesto lentes de contacto verdes y se tiño el cabello, todo para parecerse a Arnold.
  —Mira pedazo de animal, entiende de una buena vez - exclamó
Helga apuntándole con el dedo - no me engañas, conozco muy bien a
mi chico, conozco cada detalle, cada punta de su cabello alborotado,

cada línea que forma su cabeza de balón, sus ojos verdes su forma tan
particular de vestir, por más que lo intentes tú no eres él, tu eres Arnie
y no vas dejar de ser Arnie, por más que cambies el color de tus ojos
o tu forma de hablar, nunca vas a ser Arnold.
  —Si lo soy. Aseguró Arnie.
  —No, ¡No lo eres! No te pareces ni en las curvas y por eso no te
amo. Exclamó Helga y entonces el chico pareció reaccionar.
  —Pero… yo te quiero.
  —No me importa, yo no te amo y nunca lo hare porque me repugnas, cuando te veo me dan ganas de vomitar - Dijo Helga sin compasión - cuando te veo me dan ganas de hacerte pedazos.
  Ella se acercó amenazante a él y como un gato montés le hizo picadillo, quitándole esa falsa máscara para siempre.
***
  El concurso estaba por empezar, Los chicos recorrieron el parque
buscando al “falso Arnold” sin hallar ninguna anomalía.
  —Arnold, podemos dejar lo del clon para otro día. El concurso de
talentos especiales está por comenzar y quiero ir a buscar a tu primo.
Pidió Gerald.
  —Me gustaría aclarar el asunto de una vez. Dijo Arnold.
  —Si yo también estoy interesado pero… Dijo Gerald deteniéndose
de golpe. Al encontrar a Arnie en una banqueta en un estado lamentable, a su lado estaba Lila.
  —¿Que le paso? Preguntó Arnold alarmado.
  —Helga le rompió el corazón y la cabeza. Respondió Lila sin lucir
enojada. Había una cierta satisfacción en su rostro.
  —Que mala - Dijo Gerald – pero no te preocupes viejo ya te recuperaras.
  —No creo, Helga rompió mi corazón. Dijo Arnie entristecido.
  —No era la chica para ti, animo Arnie hay muchos peces en el mar.
Dijo Gerald dándole ánimos.
  —No es un pez es Helga. Dijo Arnie poniéndose de pie alejándose
de la banqueta, Lila lo siguió con la mirada mientras su primo y ami-

go lo ayudaban.
  —Si pero ya conocerás a alguien más interesante, no te has perdido
de nada, créeme Arnie Helga no vale la pena, es un monstruo despiadado que no ama a nadie. Dijo Gerald.
  —Si, es cierto. Apoyó Arnold y entonces Arnie se detuvo mirando
a su primo fijamente y luego sin pensarlo dos veces le dio un puñetazo en la cara que lo hizo girar como un trompo. El chico cayó al suelo
dando vueltas y sin dar crédito a lo que acababa de pasar miró a Arnie
frente a él, luego de golpear a Gerald.
  —Vuelvan a decir esas cosas feas de Helga y les tumbaré los dientes y luego los contaré para hacer un collar. Amenazó Arnie y se fue.
Gerald se quedó paralizado al igual que Arnold.
  Atrás Lila suspiró enamorada de la galanura de Arnie y más atrás
estaba Helga impresionada por lo que acababa de presenciar.
***
  Arnie esperaba el autobús que lo llevaría de regreso al campo, su
primo llego corriendo para luego acercarse con cautela.
  —Arnie no sé exactamente qué fue lo que hice pero… - dijo Arnold
y Arnie guardo silencio y solo resoplo por la nariz - ¿Puedes decirme
que hice? ¿Fue por lo que Gerald dijo de Helga?
  Arnie entornó los ojos con inmenso rencor
  —Te robaste lo que más quería, sin merecerlo siquiera. Murmuró
despechado.
  —¿Qué? Preguntó Arnold sin entender.
  —Es lo más querido por mí. Dijo Arnie con la vista al frente.
  —¿Pero qué fue lo que me robe? Preguntó Arnold sin entender. El
autobús llego y las puertas se abrieron frente a Arnie, este tomo su
maleta y se volvió a su primo con suma seriedad en el rostro.
  —Hazme un favor… - Dijo Arnie subiendo el pie a la escalerilla cuida mucho a Helga.
  Las últimas palabras fueron ahogadas por el ruido del motor del
autobús
  —¿Qué? Preguntó Arnold confundido, Arnie no aclaró nada. Las

puertas se cerraron y el autobús arrancó, llevándolo de regreso a casa.
  —Mil cuatrocientos noventa minutos sin Helga. Murmuró Arnie
con mirada triste mientras se alejaba lentamente.

¡Oye Rose!
  Se abrió una feria cerca al vecindario. Era una feria cualquiera,
sin nada en especial. Helga Pataki la recorrió de arriba abajo y aburrida al no encontrar nada interesante, se enfiló de regreso a su casa.
Encontrando en su camino, un viejo quiosco, alejado de la algarabía
de la feria. Helga se acercó a ver que ofrecía, encontrándose con un
hombre con turbante y una bola de cristal, el típico adivino.
  —Hola jovencita ¿Te gustaría conocer tu futuro? Dijo el hombre
apodado el gran Saurini por el cartel de la entrada.
  —¿Mi futuro? Dudo mucho que pueda ver mi futuro. Respondió
Helga, dudando de los poderes que decía tener el adivino.
  —Puedo verlo con la claridad con la que veo el día, dame una oportunidad, te diré tu futuro por solo 3.50. Prometió el hombre. Helga
torció la boca y decidió darle una oportunidad, revisando los bolsillos
de su chaqueta, encontró un par de monedas y se las dio al hombre. El
adivino frotó su bola de cristal.
  —A ver que puede decirme hombre feliz. Dijo Helga.
  —Veo en tu futuro… a una niña. Dijo el adivino después de que en
su esfera, se arremolinara una gran bola de humo.
  —¿Una niña? Preguntó Helga extrañada.
  —Una niña, una preciosa niña, es una pequeña que vive perdida
entre sus fantasías, para llegar a ella tenemos que remontarnos al año
2 de la nueva era, 17 años en el futuro, ella…
  Mientras el adivino hablaba Helga fue transportada, hacia el futuro, donde vivía esa misteriosa niña.
***
  —¡Oye! ¡Oye tú!
  Una voz retumbo en la oscuridad y una pequeña figura perdió el
equilibrio y cayó al vacío, quedando de cabeza, frente a un señor de

expresión severa.
  —Señorita ¿Le parece que es este el comportamiento adecuado
para una dama? Preguntó el hombre. La niña colgada de un árbol por
las rodillas, se rasco la sien.
  —Solo estaba jugando, señor Brown. Respondió ella.
  —No considero un juego el comportarse como un mono, ¡bájese de
ese árbol! Ordenó el señor Brown. La niña dolida por sus palabras, se
enderezo, quedando sentada en la rama del árbol.
  —No estaba imitando a un mono. Replicó la niña aburrida.
  —Como sea, ¡baje antes de que se lastime! no le gustaría caerse y
romperse un brazo ¿verdad? Dijo el señor Brown y la niña trepó a la
rama y se deslizó por esta, caminando hacia la casa del árbol y luego
bajo por las escalerillas, hasta llegar junto al señor Brown.
  —Ya estoy aquí - le dijo y luego pensó - ¿Esta feliz?
  —Este tipo de juego es peligroso, puede lastimarse severamente.
  —Sí, señor Brown. Asintió la niña.
  —En lugar de perder el tiempo jugando, debería estar estudiando,
déjeme decirle que sus calificaciones son lamentables. Reprochó el
hombre sin contemplaciones.
  —Sí, señor Brown. Dijo la niña mecánicamente.
  —La espero puntualmente en clase señorita. Ocho en punto y espero que no llegue a dormir. Dijo el señor Brown
  —Sí, señor Brown. Asintió una vez más ella. El señor Brown dio la
vuelta y se fue. La niña suspiró aburrida, su maestro le echó a perder
la diversión. Un avión de papel le pegó en la cabeza y quedó clavado
en una de sus coletas.
  —El señor Brown es un aburrido, con razón no tiene quien lo llore.
Dijo un niño de su misma edad, pecoso y de cabellera alborotada,
mirando desde la casa del árbol.
  —Si, es un aburrido. Dijo la niña
  —Sin vida, sin perro que le ladre, por eso se dedica a molestar a
todos los niños del vecindario. Dijo el chiquillo.
  —No tiene más que hacer. Dijo la niña
  —Y la estábamos pasando tan bien, ese viejo no puede ver a nadie
feliz. Dijo el chico bajando de la casa del árbol por las escaleras.

  —Él no es feliz por lo tanto no creo que quiera que nadie más sea
feliz. Dijo La niña.
  —Por lo menos olvidaste por un rato a tu mascota - Dijo el chico,
recordándole el pesar que en ese momento atormentaba a la pequeña
- maldición no debí abrir el pico.
  —¿Dónde estará? ¿Lo habrán secuestrado? Preguntó la chiquilla.
  —Si lo secuestraron, pronto te llamaran para pedir el rescate y empezaran a mandar pedacitos en sobres. Dijo él.
  —No digas eso Jeremy, no sé qué voy hacer sin Doro. Replicó la
niña apesadumbrada.
  —No te preocupe Ratona, te aseguro que pronto lo recuperaras.
Aseguró Jeremy
  —No me llames Ratona, no soy ratona. Replicó ella molesta.
  —Lo que tú digas Ratona - Dijo Jeremy y se alejó del viejo árbol pero con ese peinado y esa cabeza, como más te voy a llamar.
***
  —…Caminaron unas cuadras y luego la pequeña niña se despidió
de su amigo y llego a su casa, la cual era pequeña pero con una gran
historia tras sus paredes. Relató el adivino, y Helga impaciente, intervino en la historia bruscamente.
  —Oiga, oiga, ¡Oiga! Se supone que iba revelarme mi futuro, no a
contarme el episodio de una serie de televisión. Protestó Helga.
  —No te desesperes pequeña, que ya vamos al punto de esta historia. Dijo el adivino y siguió el relato.
***
  La niña caminó hacia su casa, luego de despedirse de su amigo. Era
una pequeña y acogedora casa encerrada tras un cercado.
  —Ya estoy en casa. La niña anuncio al cruzar la puerta.
  —¡Bienvenida! La saludo alguien, una mujer. La niña fue a la cocina y encontró a su madre de espaldas, sacando unos sartenes de la
alacena - ¿cómo estuvo tu día?

  —Bueno… la niña iba a contarle, cuando el teléfono sonó, su madre se apresuró a contestar.
  —Si… - nadie le habló y esto la enfado de sobremanera - ¡Escucha
bien pervertido! Es la quinta vez que me llamas o dejas de molestarme o te juro que iré a buscarte a donde quiera que estés y te estrangularé con el cable del teléfono o ¡te lo hare comer!
  La niña rodó sus ojos, girándose hacia el pasillo, pasando por un
pequeño estudio cerrado.
  —¡¿Y papá?! Preguntó.
  —En el trabajo - Contestó su madre tirando el teléfono - ¡Desgraciado! Creí que era mi amado.
  La niña fue hacia la sala, encontrándose con una gran torre de regalos, todos para ella. El motivo, su cumpleaños número 10 estaba muy
cerca. La niña se apresuró a investigar de quien eran tantos regalos,
tomando una de las tarjetas. Al leer el reverso de la postal, sus ojos se
entornaron con aburrimiento.
  —Mamá, el abuelo me mando la tarjeta equivocada, aquí está felicitando a mi tía. Dijo ella. En la cocina, su madre dejo caer el cuchillo
sobre las cebollas.
  —No se equivocó, te aseguro que esa tarjeta es para ti… - dijo su
madre y se dijo para sí, volviendo a las cebollas – ¡Rayos! Mi papá
es un tonto.
  La niña miró la tarjeta, su abuelo tenía la horrible manía de cambiarle el nombre.
  —No es gracioso. Replicó la niña.
  —No le hagas caso. Le dijo su madre.
  —No hay regalos de mi papá. Dijo la niña luego de revisar la torre,
se consoló destapando el primer regalo que venía de parte de la familia de su madre.
  —No abras esos regalos, aun no es tu cumpleaños. Le advirtió su
madre apuntándole con el cuchillo. La niña dejo el regalo a medio
destapar en su lugar.

***
  La chiquilla fue a su habitación, la cual estaba en un sótano, bajando unas escaleras. Ese era su lugar especial. Al cerrar la puerta, quedo
a oscuras.
  —¡Luces! Dijo y de inmediato la habitación se iluminó, prendiéndose el monitor de la computadora, la cual inicio sesión automáticamente.
  —Bienvenida Merry Strauss. Saludó la sensual voz de la computadora.
  —¿Mir tienes algo para mí? Preguntó la niña.
  —33 correos nuevos en tu bandeja de entrada, 0 invitaciones de
amistad y una tarea pendiente.
  —¿Algún mensaje sobre Doro? Preguntó la niña.
  —Sin respuesta Merry. Contestó la computadora.
  —De acuerdo. La niña se acercó a un tablero fijándose en una hoja
sujeta por una tachuela, era un aviso de “se busca” en cuya fotografía
se plasmaba una iguana. La iguana era una de las mascotas de la familia y uno de los regalos de boda de sus padres, ella la tenía desde que
tenía conciencia, y desde hacía un mes se había extraviado.
  —Dorothy ¿dónde estarás? Te extraño mucho. Dijo la chiquilla mirando la fotografía apesadumbrada.
***
  Al siguiente día en la escuela la niña estaba dormitando sobre su
escritorio. Cuando alguien le jalo una de sus coletas, ella molesta y
dormida buscó al culpable.
  —El maestro está por llegar, Ratona - Dijo Jeremy en el pupitre de
atrás - no querrás que te regañe por dormir en clase.
  —No estaba durmiendo, estaba descansando un poco. Replicó ella
haciendo un ligero puchero.
  —Si claro y estabas practicando entonación con ronquidos ¿cierto? Se burló Jeremy. La niña iba a seguir la discusión, pero el señor
Brown hizo su aparición estelar en el salón.

  —Primer punto dice… - anuncio el señor Brown sin saludar. Los
estudiantes se quejaron, esas palabras significaban un examen sorpresa - les avise con anterioridad sobre este pequeño examen, saquen una
hoja por favor.
  Entre maldiciones y lamentos los estudiantes sacaron sus hojas de
papel. El maestro les hizo unas cuantas preguntas. La niña trataba en
vano de recordar cual eran la respuesta de alguna de las preguntas,
pero no recordaba nada. Cuando el maestro explicó esa lección, ella
no estaba precisamente en ese plano.
  —Ratona, pásame la respuesta de la 2. Murmuró Jeremy a sus espaldas.
  —No sé y no soy Ratona soy… La niña fue interrumpida por su
maestro.
  —Señorita, silencio por favor.
  La niña se encogió de hombros y garabateo en su hoja. Después
de 15 minutos, el maestro dio por terminada la prueba y recogió las
hojas.
  —Fatal. Dijo Jeremy haciendo el ademan de tener un cuchillo, pasando por su cuello. Ella suspiró, no era raro que reprobara, pero le
molestaba que la fueran a regañar.
  —Si hubiera sido un examen de verdad, mi mamá me quita mi
computador. Dijo ella.
  —Si no hubiera sido por tu papá, te lo hubieran quitado hace años.
Dijo Jeremy
  —Pero la próxima no me perdonará. Dijo la niña
  —No te preocupes Ratona, estudiaremos más para la próxima prueba. Aseguró Jeremy sonriente. Un teléfono comenzó a sonar, todo el
salón enmudeció y todos los niños sacaron sus celulares, era el teléfono de Jeremy, quien contestó.
  —Señor Jeremy por favor, apague ese celular. Le pidió amablemente el señor Brown.
  —Un momento… - pidió Jeremy y escuchó a su emocionado interlocutor y dejo el teléfono celular - señor Brown ¿puedo salir atender
esta llamada? es importante.
  —De acuerdo Jeremy, pero no te demores, comenzamos matemáti-

cas en 5 minutos. Accedió el señor Brown
  —Sí señor. Jeremy salió del salón. Ella observó a su compañero
con preocupación, mientras los demás chicos comenzaron a murmurar.
***
  La niña salió del salón al iniciar el descanso, buscando a su amigo,
Jeremy no regreso al salón después de recibir la llamada, ella lo encontró encaramado en el pasamano.
  —¡Hola! Saludó
  —Ratona, ya iba a buscarte. Dijo Jeremy sonriente.
  —No me llames Ratona. Protestó ella.
  —De acuerdo, buscare un apodo que te guste más. Prometió Jeremy y sonrió con algo de tristeza.
  —¿Está todo bien? Preguntó la chiquilla.
  —Me llamo mi papá, estaba muy feliz, lo ascendieron en su trabajo
y estaba saltando de la dicha, tanto que no pudo esperar para contarme. Dijo Jeremy.
  —¡¿En serio?!
  —Si ahora va poder comprarme, todo lo que yo quiero. Dijo Jeremy.
  —¡Genial! vas a poder comprar esa Xbox One que tanto querías.
Dijo ella.
  —Eso es genial… - Dijo Jeremy con tristeza - pero, voy a mudarme.
  Sus palabras la tomaron por sorpresa.
  —¿De verdad? ¿Y te vas muy lejos? Preguntó la niña.
  —Muy, muy pero muy lejos, casi al otro lado del universo. Dijo
Jeremy y alzó la vista hacia el cielo.
  —Pero ¿la noticia te hace feliz?
  —Si, pero voy a mudarme a un lugar extraño, donde no conozco a
nadie y hace un calor horrible. Se quejó el chico.
  —Mi papá dice que siempre hay que ver el lado bueno de la situación, yo creo que en ese lugar debe a ver muchas cosas interesantes.

  —Lo que digas Ratona, pero que me mude, significa que voy a
quedarme sin mi mejor amiga y tú sin tu mejor amigo. Dijo Jeremy.
  —¿No vamos a dejar de ser amigos? ¿O sí? Replicó ella.
  —No lo sé. Dijo Jeremy.
***
  La niña volvió a casa sintiéndose triste, la noticia de que su mejor
amigo se iría lejos, la impactó mucho, necesitaba consejo y solo había
una persona en el mundo que podría ayudarla.
  —¿Donde esta papá? Preguntó la niña a su madre, quien estaba
pintando un cuadro en el estudio.
  —No ha regresado del trabajo. Contestó su madre. La niña bajó la
mirada apesadumbrada.
  —¿Que tienes? Preguntó ella.
  —Tengo un problema y papá era el único que podía ayudarme.
Contestó la niña sentándose en una silla, rascando la superficie del
descansa manos, ansiosamente.
  —¿De qué se trata? Preguntó su madre dándole unas cuantas pinceladas al lienzo.
  —Pues… ella dudaba en contarle a su mamá, no tenía ese nivel de
confianza, siempre temía que la regañara. Al revés de lo que sucedía
con su padre, con quien eran amigos inseparables y se contaban todo.
  —¡Vamos! pueda que no sea tan buena dando consejos como tu
papá, pero créeme soy mejor consejera que tu abuelo. Dijo la mujer
dejando su tarea y fue a sentarse a lado de su hija en una butaca alta.
  —Bueno veraz, Jeremy va mudarse de la ciudad, se cambiara de
escuela y tal vez no nos volvamos a ver. Le contó la chiquilla.
  —¿Por eso estás triste?
  —Sí, es mi mejor amigo, el único que tengo. Confesó la niña.
  —Si, se lo que se siente - dijo su madre suspirando - yo pasé por lo
mismo hace años, mi mejor amiga se fue a vivir al extranjero y luego tuve que separarme de mi gran amor y eso fue muy doloroso, me
quede bastante sola, pero los años no lograron separarnos a ninguno
y aquí estamos, ella sigue siendo mi mejor amiga.
  —¿Y tú gran amor volvió? Preguntó la niña distraídamente.
  —Tú eres la prueba. Contestó su mamá.

  —¡Ah claro! Dijo ella cayendo en cuenta a que se refería.
  —La cuestión es que a pesar de la distancia, pueden seguir siendo
amigos. Los lazos no se debilitarán y te aseguro que no faltara el día
que se encuentren. Dijo su madre y la niña saltó de la silla.
  —Hablaste muy parecido a mi papá. Dijo ella.
  —Estoy haciendo el esfuerzo. Dijo ella levantándose de la silla y la
niña corrió a abrazarse a la cintura de su mamá
  —Gracias por escucharme mamá, cuando hablas así no eres tan
mala.
  —Oye yo soy una excelente madre - Replicó ella frunciendo el
ceño - que no irradie un halo de bondad como tu alocado padre, no
significa que no sea buena.
  —Sí mamá. Dijo la niña y sonrió.
***
  Aunque las palabras de su madre, la animaron mucho. La niña
estuvo muy triste el día que se despidió de Jeremy en la estación del
tren. El tren partiría en 15 minutos. Jeremy y ella lo esperaban en una
banqueta, el chico sostenía su valija sobre el regazo.
  —No estés aburrida, no quiero recordar esto, con esa cara tuya
despidiéndome. Le dijo.
  —¿No te parece paradójico que en menos de un mes haya perdido
a mi mascota y ahora mi mejor amigo se va lejos? - Replicó ella y
volvió la vista al frente - y hace días no veo a mi papá, creo que está
peleando otra vez con mamá, me estoy quedando sola.
  —No digas tonterías y no te preocupes, tengo la sensación de que
Doro aparecerá pronto y por mi parte, te escribiré todos los días, para
eso existe el internet. Dijo Jeremy.
  —¿Serás feliz en tu nuevo hogar? Preguntó ella.
  —Yo creo que sí, sin embargo voy a echar de menos a mis amigos
y al vecindario.
  —¿Vas a extrañarme? Preguntó la niña.
  —Voy a extrañarte, no sabes cuánto. Dijo Jeremy.
  —Yo también, eres como el hermano que no quiero tener. Dijo ella.

  —¿En serio?
  —Si… Dijo ella y se quedaron en silencio durante un buen rato.
 —Oye…
  —¿Si? Preguntó ella
  —¿No me vas a olvidar? Preguntó Jeremy.
  —Nunca. Dijo ella.
  —Me alegró mucho, porque nunca te lo perdonaría Ratona.
  —No soy Ratona deja de ponerme apodos, sabes muy bien que me
llamo… El altavoz de la estación se activó y dio un anuncio interrumpiéndola.
  —No te enfades… te ves muy fea cuando te enojas. Dijo Jeremy
sonriente.
  —Ahora que te vayas tendrás que buscar otro a quien molestar.
Dijo la niña.
  —Solo quiero molestarte a ti… porque me gustas. Confesó Jeremy
tomando desprevenida a la chiquilla.
  —¡¿Que?! Preguntó la niña con los ojos muy abiertos.
  —Es decir como amiga, tu sabes. Jeremy aclaró.
  —Ah ya veo, tú también, eres mi mejor amigo. Respondió ella
sintiéndose aliviada. El altavoz dio otro aviso, anunciando la salida
del tren que tomaría el chico. Jeremy se levantó de su puesto y tomó
su valija.
  —Jeremy, es hora de irnos. Lo llamó su padre desde la puerta del
tren.
  —Bueno ya me voy. Anunció.
  —Esperare tu llamada. Dijo ella.
  Jeremy sacó una pequeña caja de cartón y se la dio
  —Es un regalo, ábrelo cuando me haya ido. Dijo Jeremy
  —De acuerdo. Dijo ella.
  —Nos vemos al rato, Ratona. Dijo Jeremy.
  —Nos vemos al rato vaquero. Dijo la niña despidiéndose como lo
haría su abuela.
  El chico subió al tren y desde la ventana se despidió de su amiga,
ella se quedó ahí hasta que el tren partió.

 ***
  La niña regreso a su casa muy cansada y aburrida, solo quería dormir y olvidarse del mundo entero, abrió la puerta y se deslizó como
un ratón silencioso, yendo directo hacia su habitación, cruzando rápidamente por el estudio.
  —¡Oye! La llamó alguien y la niña se detuvo y se devolvió al estudio de inmediato.
  —¡Papá! Exclamó ella feliz, saltando a los brazos de su padre ¿dónde estabas?
  —Lo siento estaba ocupado pero… - dijo él dejándola en el suelo tengo una sorpresa para ti.
  Su padre fue hacia el escritorio, señalando una caja que estaba sobre esta.
  —¿Qué es? ¿Es mi regalo verdad? Quiso saber la niña curiosa,
saltando.
  —¡Sorpresa! Exclamó él, levantando la caja.
  —¡Dorothy! Exclamó ella al reconocer a la iguana, corriendo hacia
esta, tomándola en sus brazos - ¿dónde estabas?
  —La busque por toda la ciudad, no regrese hasta encontrarla, la
encontré en las alcantarillas. Dijo su padre.
  —¡Cielos! Gracias papá. Agradeció ella muy contenta.
  —Era lo menos que debía hacer por la mascota de la familia. Añadió su padre. La niña contemplo con tristeza a la iguana.
  —¿Qué pasa? - quiso saber él, al ver su rostro afligido – ¿No te
alegra?
  —Jeremy se ha mudado a otra ciudad... estoy triste por eso.
 —¿Cuando?
  —Esta tarde, partió en tren rumbo a su nueva casa. Dijo la niña.
  —Ven aquí. Dijo él sentándose en el sillón. La niña corrió hacia a
sus brazos. La iguana trató de escapar del abrazo, pero no lo consiguió.
  —Voy extrañarlo mucho. Dijo ella.
  —No te pongas triste, estoy seguro que pronto lo veraz, iremos a
verlo muy pronto ¿Qué te parece? La consoló.

  —¿De veras?
  —Si, por supuesto - Prometió él y la niña sonrió - ¿Quieres que te
cante una canción? Te hará sentir mucho mejor.
  —Sí, quiero escucharla. Dijo la niña sosteniendo a Dorothy.
Tu eres mi estrella mi única estrella,
Me haces feliz si estás aquí,
Nunca sabrás cuanto te quiero
Si tú me dejas estrella muero.
  La niña se fue quedando dormida, arrullada por esa canción.
  —Bueno tal vez no sea la canción más adecuada pero…
  —Se ven tan adorables ustedes dos.
  La niña escuchó la voz de su madre.
  —Mamá, papá ustedes son los mejores del mundo. Dijo la niña
entre dormida.
  —Espero que sigas considerándonos como tal, cuando crezcas.
Dijo ella, besando luego apasionadamente a su esposo, mientras la
niña dormía tranquilamente.
***
  —Lindo, muy lindo pero que porquería tan tierna - acertó a decir
Helga una vez volvió al presente - esa historia se merece un premio a
la mejor novela cursi del mundo, pero se supone que iba hablarme de
mi futuro, no a contarme un cuento.
  —A buen entendedor, una buena historia. Añadió el adivino sonriente.
  —¡Viejo ladrón! Exclamó Helga saliendo de la tienda, muy decepcionada.El adivino sonrió divertido, suspirando.
  Un rato después luego de atender algunos clientes. El adivino salió
de la tienda a estirar las piernas. Cuando vio a un posible cliente, esta
vez se trataba de un niño.
  —Hola simpático niño ¿Quieres conocer tu futuro?
  —No se puede predecir el futuro, señor. Replicó el chico

  —¡Oh no! claro que no, estas en lo cierto, el futuro se escribe a
diario, sin embargo se puede conocer algunas pistas.
  —¿Cómo cuáles? Preguntó él con curiosidad.
  —Te las diré por 3.50. Dijo el adivino entrando a la tienda, poniéndose al frente de su mesa y frotó su esfera - Vamos pequeño ¿No
quieres saber algunas pistas sobre tu futuro?
  —Está bien ¿Qué pistas tiene? Accedió él acercándose.
  —Veo en tu futuro. El adivino observo la bola fijamente y estrecho
el entrecejo y luego se rasco la barba con su mano; muy meditabundo
y serio.
  —Y bien, ¿hay algo? Preguntó el chico al ver que el adivino no
decía nada.
  —Es un extraño mundo verde lo que veo en tu futuro.
  —¿Un extraño mundo? Preguntó el niño, sin comprender.
  —Si, un mundo enorme y sombrío y tendrás que cruzarlo, pero no
te preocupes lo lograrás, con la ayuda de esa persona especial… esa
persona vestida de… anda pero si es esa niña de hace rato.
  —¿Niña? ¿Qué niña? Preguntó el chico.
  —Una niña, una niña misteriosa que está en tu futuro... Y el adivino procedió a relatar la visión de la niña, esta vez a Arnold.

Arnold y la actriz
  Los chicos fueron al cine para ver una película, luego de un arduo
día escolar.
  —Esta película parece interesante. Opinó Lila apuntando hacia una
película de género dramático.
  —Esa es una película para niñas, luego las nenas van a estar llorando. Dijo Harold burlonamente. Helga se ofendió con su comentario
sexista y replicó airada.
  —Así, pues no fui yo quien lloró con “la leyenda del pianista en el
océano” Dijo y Arnold aludido se volvió a defenderse.
  —No estaba llorando Helga, me conmovió eso fue todo. Dijo.
  —Si claro, pero ahí estabas llorando como un desconsolado, diciendo “¿por qué tenías que morir Tim Roth?” Se burló Helga arremedando a Arnold de manera sutil, Phoebe se le adelanto a corregirla.
  —Helga, ese es el nombre del actor no del personaje.
  —Lo que sea - dijo Helga y continuó - el hecho es que ustedes niños, son más llorones que nosotras, no vamos a ver una película para
llorones.
  —Yo voto por esta. Apuntó Gerald y todos vieron hacia donde
señalaba.
  Había un estreno exclusivo, la pancarta promocionaba la última
película de Amber Sherman. La actriz más famosa de la temporada,
ganadora de varios Oscar’s de la academia. La decisión para ver la
película fue unánime.
  —¡Si! corearon los niños y entraron a ver el estreno.
  La película inicio luego de una eternidad en publicidad. La historia
trataba sobre una experta caza vampiros, Amber en el papel protagónico, personificaba a María el nombre de la caza vampiros, quien
luchaba contra los malévolos personajes que querían dominar al mundo, María con una serie de acrobacias y artes marciales los mataba a
todos, quitándoles la cabeza.

  —No me gustan las películas de terror. Protestó Lila asqueada luego de ver una escena sangrienta.
  —¿Entonces qué haces aquí? Preguntó Helga apoyada sobre el
dorso de la silla.
  —Bueno es que la actriz me pareció muy bonita. Dijo mordiéndose
las uñas.
  —Si lo es… Amber es la niña más bonita del cine - Comentó Stinky
en la silla continua a la de Lila - es mi amor platónico, como me gustaría salir con ella.
  —Imposible Stinky, ella es una estrella de Hollywood, está fuera
de nuestra dimensión. Añadió Rhonda en la fila donde estaba Helga.
  —Soñar no cuesta nada. Dijo Stinky suspirando, mirando los movimientos acrobáticos de María
  —Así que eres fan de Amber Sherman - dijo Rhonda - ¿Sabías que
ella va a venir al vecindario a filmar una película?
  Al escuchar esto Stinky dejo de ver la película, perdiéndose la mejor escena.
  —No inventes. Replicó Helga sin dejar de ver la proyección
  —La segunda parte de esta película se filmara aquí en el vecindario
- aseguró Rhonda - se de muy buena fuente que será así, la película
será en un futuro post apocalíptico.
  —Y el vecindario tiene cara de ser un escenario post apocalíptico,
tiene sentido. Añadió Helga. Stinky sacó una revista cuya portada era
la imagen de Amber.
  —Entonces es cierto esta bella dama vendrá al vecindario, es mi
oportunidad de conocerla aunque sea de lejos. Stinky suspiró llevándose la revista al pecho. Ignorando los gritos y las exclamaciones a
su alrededor,
  —Lastima que yo me vaya a perder todo ese show, me iré con mi
abuela este fin de semana. Se lamentó Helga, sonriendo con gracia
ante una violenta escena de acción, Lila se cubrió los ojos horrorizada
ante tanta violencia y sangre.
  —Helga dime cuando pase lo feo. Le pidió.
  La niña sonrió maliciosamente.
  —Ya pasó. Le avisó y la niña se descubrió los ojos justo para ver

la escena más horrible de la película, Lila gritó y Helga rio divertida.
Como iba a desaprovechar una oportunidad como esa.
***
  Arnold y Gerald avanzaban por el andén rumbo a Sunset Arm, conversando de varios temas incluyendo el de la película.
  —Estuvo espectacular. Dijo Gerald emocionado.
  —Fue un poco exagerada - comentó Arnold - y el argumento se
perdía un poco.
  —A mí me encantó, esa chica sabe cómo matar monstruos - Dijo
Gerald satisfecho - le doy un 10 sobre 10.
  —Le doy un 5. La calificó el rubio y entonces se fijaron en la caravana de automóviles que circulaba en ese instante por la calle. Los
chicos la vieron desfilar topándose con el carnicero quien barría la
calle.
  —Después de la invasión de Industria Futuro, viene la invasión de
Hollywood. Comentó el señor Green.
  —Así que lo que dijo Rhonda era cierto, iban a filmar una película
en el vecindario. Dijo Gerald.
  —Espero que acepten extras. Añadió el señor Green.
  —¡Genial! Esta es nuestra oportunidad de aparecer en una película. Dijo emocionado Gerald.
  Los automóviles se detuvieron y de inmediato todo el personal a
bordo salió, sacando todo su equipo de filmación y pusieron barreras
para evitar el paso de los curiosos. El director un hombre obeso con
gorra azul y bigote, vestido deportivamente, empezó a dar órdenes a
todos los presentes. Al poco tiempo llego una limosina negra, que se
estaciono lentamente, de esta bajo Amber Sherman, brillando con luz
propia.
  —¡Ahí esta! ¡No puedo creer que este aquí! Grito alguien. Una
nube de fans con enormes pancartas recibió a la actriz, eran tantos
que parecían un enjambre de abejas, ella se volvió y los saludó con la
mano sonriendo angelicalmente. Hubo una gran ovación a la actriz.
Amber fue a hablar con su representante.

  —Así que aquí vamos a filmar la siguiente película, me parece perfecto. Comentó Amber con un particular acento europeo, llevando un
mechón de cabello rubio hacia atrás de la oreja.
  —Estamos montando el escenario, por ahora puedes ir al hotel a
descansar, reserve el mejor de la ciudad. Dijo su representante.
  —No, ellos estarán ahí gritando como locos, quiero ir a un lugar
tranquilo, donde no haya mucha gente. Pidió la actriz.
  —Bueno en estos anuncios ahí una casa de huéspedes muy cerca
de aquí pero… Dijo su representante sosteniendo una revista.
  —¡Perfecto! Vamos allá… Quiero descansar un poco antes de empezar a trabajar, asegúrate que nadie sepa que estoy allá. Pidió Amber,
perdiéndose entre la multitud de trabajadores y cables.
***
  Cuando golpearon a la puerta, el abuelo jamás imagino que se trataría de una estrella de Hollywood, ella entró como Pedro por su casa,
mientras el representante se presentaba ante el dueño de casa.
  —Buenas tardes soy el representante de Amber Sherman, ella quiere hospedarse en su casa de huéspedes - el hombre le dio una tarjeta
- queremos que nos dé su mejor habitación.
  —Eso está muy bien siga por favor. El abuelo los llevo a la mejor
habitación del Sunset Arm, la que estaba en mejor condición de toda
la casa, y era perfecta, salvo por un pequeño detalle. Oskar estaba
durmiendo en la cama.
  —Apaguen la luz, que estoy durmiendo. Murmuró acobijándose.
El abuelo se volvió a sus invitados.
  —Discúlpenme un segundo. - Pidió el abuelo y entró en la habitación, cerrando la puerta. Escucharon un alegato y también una ventana que se abría y luego maullidos de gatos. Amber y su representante
intercambiaron miradas. El abuelo salió poco después. - Ya me deshice de las molestias. La habitación está totalmente disponible.
  Pero ante desagradable visión Amber decidió echar un vistazo a las
demás habitaciones, ninguna fue acogedora. Había una que inclusive
tenía el cofre de una momia.

  —Esas son todas me temo. Dijo el abuelo
  —Habrá que ir a otro lado. Se resignó el hombre. La jovencita se
fijó en una habitación en especial que estaba arriba de una escalera.
  —¿Y esa? preguntó Amber.
  —Ese es el ático, Amber. Dijo el hombre.
  —Oh no, esa es la habitación de mi nieto. Advirtió Phil pero Amber poco caso le hizo y subió las escaleras, abriendo la puerta, encontrándose una acogedora habitación iluminada por una gran claraboya.
Ante tan agradable panorama la joven de 13 años se sintió muy bien.
  —Lindo lugar, todo un refugio post industrial me gusta, me quedo
con esta. Dijo Amber satisfecha.
  —No está en renta. Negó el abuelo. La rubia de larga melena y ojos
verdes lo miró de reojo.
  —Dale un cheque y que se largue.
  El representante le firmó un cheque y se lo dio. Cuando el abuelo
vio la cifra quedo transfigurado
  —¡Wow! cósmico, puedes quedarte jovencita no te preocupes por
nada. Dijo el abuelo tratando de ocultar su emoción.
  —Me quedare dos meses espero que esa cifra sea suficiente. Informó Amber.
  —Lo es, tendrás el mejor servicio damisela, no te serviremos las
porquerías que normalmente servimos. Eres bienvenida a Sunset
Arm. Le dio la bienvenida el abuelo y bajó las escaleras besando el
cheque con amor.
  —Quiero hacer un par de cambios, llama a la nana quiero esta habitación lista en una hora. Ordenó Amber
  —De acuerdo, Amber. El representante corrió a cumplir la encomienda y cerró la puerta. Amber se quedó y miró el espacioso lugar y
trono sus nudillos.
  —Bien, vamos a darle a esta habitación, el encanto Amber. Se dijo.
***
  El abuelo paso por alto el hecho de que su nieto le disgustaría que
una extraña tomara su habitación, “No hay problema, le cerrare el

pico con un par de billetes” le dijo a la abuela cuando ella le preguntó
al respecto.
  Arnold llego a Sunset Arm, muy cansado, quería llegar a su habitación, lanzarse sobre su sofá plegable y escuchar música el resto
de la tarde. Abrió la puerta y esquivó la fila de animales que salieron
corriendo a la calle y entró a la casa subiendo las escaleras, directo
hacia su santuario.
  Al abrir la puerta, su cuarto no estaba, era el cuarto de una niña con
papel tapiz rosa y lleno de peluches hasta el techo, Arnold no pudo
contener un grito de horror ante tan espeluznante visión.
  —¡¿Que le paso a mi cuarto?! Exclamó alarmado dejando caer sus
libros sobre la alfombra de flores. Alguien desde una decorada cama
le contestó con un reclamo.
  —¡Que escandaloso eres!… y ¿Que manera de entrar es esa? ¿Que
no te enseñaron a llamar a la puerta?
  —¿Quién eres tú y que hiciste con mi cuarto? Preguntó Arnold
confundido y enfadado al ver a esa extraña pintándose las uñas en su
habitación sin permiso alguno.
  —Ah ya veo tu eres el antiguo inquilino de esta habitación - la chica dejó sus esmaltes y saltó de la cama presentándose - soy Amber
Sherman la actriz, me quedare aquí los próximos dos meses hasta que
termine mi película.
  —¿En mi habitación? Preguntó el chico con incredulidad.
 —Exactamente.
  —Pero tiene que haber un error, el abuelo nunca rentaría este lugar.
  —Pues ahora es mi habitación - Informó Amber cruzándose de
brazos - Así que ¡fuera! No me gustan los extraños que no me admiran.
  —Pero… ¿Y mis cosas?
  —Las puse en una caja están al lado de la escalera - La triste imagen de las cosas de Arnold, en una caja no pudo ser más dramática —
solo me quede con esto, pero realmente no sirve para nada.
  Amber sostenía el control remoto que controlaba el sonido y las
luces de la habitación.
  Arnold no podía creer lo que pasaba. Le habían quitado su habita-

ción sin advertencia alguna.
  —Si aclaro este lio ¿Me devolverás mi cuarto? Preguntó Arnold
conservando la calma.
  —No hay nada que aclarar, yo pague, el anciano extraño acepto,
eso es todo. Si tienes alguna queja, ve a quejarte con el administrador.
Aclaró Amber mirándose las uñas.
  —No es todo, ¡este es mi cuarto! Dijo Arnold y se dio la vuelta saliendo de la habitación, iba a recuperarla como diera lugar. Así como
salvó el vecindario, salvaría su habitación de esa intrusa. Amber se
quedó jugueteando con el control maestro de la habitación, las luces
comenzaron a moverse
  —Ah ¿Era para eso? La escuchó decir.
***
  Lo primero que hizo fue ir con su abuelo, lo encontró sacando una
botella con leche del refrigerador.
 —¡Abuelo!
  El tono de su voz tomó por sorpresa al hombre y se golpeó la cabeza con la parte superior de la nevera.
  —¡Presente! Contestó él sacando la cabeza del refrigerador.
  —¡¿Le alquilaste mi habitación a esa actriz de Hollywood?! Preguntó Arnold. El abuelo sabía que era inútil mentirle.
  —Si, pero lo hice por una buena razón. Dijo.
  —¿Cual? Preguntó Arnold cruzándose de brazos y entornando los
ojos y más le valía al abuelo responder algo realmente convincente.
Él no soporto la presión y se llevó un brazo a la frente.
  —¡Buahh! Me ofrecieron dinero, nunca vi tantos ceros seguidos de
un uno ¿Qué podía hacer? ¡Solo soy un hombre! El abuelo avanzó
tres pasos hacia la nevera como lo haría un actor de cine.
  —¿Cómo pudiste abuelo? Exclamó su nieto decepcionado.
  —Solo son dos meses, chaparro - agregó Phil dejando el drama además a ti te corresponde una parte.
  —¿Dónde voy a dormir? Reclamó Arnold con las palmas hacia
arriba.

  —Ya encontraremos donde, mira el lado bueno de la situación. Lo
animó el abuelo.
  —No le veo el chiste abuelo, lo único que veo es que le diste mi
habitación a una extraña. Dijo Arnold muy contrariado.
  —Vamos, Arnold. Has dejado quedar en tu habitación a peores personas, a Oskar por ejemplo o a ese vago que viajaba al día siguiente
y no tenía donde quedarse.
  —Sí, pero yo no quedaba afuera, en la calle. Replicó Arnold.
  —Ya acepte el trato - Dijo Phil sirviendo leche en un vaso y lo puso
en una bandeja con unas galletas - No es tan malo créeme.
  —¿No? Preguntó Arnold.
  —No, en serio, Arnold por favor llévale esto a nuestra huésped Pidió el abuelo y Arnold gruño disgustado - Sonríe muchacho sonríe,
motivado como siempre.
  Con toda la paciencia que fue capaz de reunir, Arnold fue hacia
la que era su habitación, encontrando a Oskar esculcando en la caja
donde estaban sus pertenencias.
  —¿Me prestas esto? Dijo sacando una grabadora. Arnold le quitó
el aparato y lo volvió a tirar a la caja sin agregar una sola palabra.
  —¡Ay! qué carácter. Dijo el inquilino. El chico subió las escaleras
y entró, encontrando a la intrusa leyendo una revista de modas, muy
cómoda en su cama. Amber lo miró como una reina contemplando un
esclavo.
***
  La primera noche fuera de su habitación fue terrible, no fue divertido dormir con los abuelos, roncaban como focas en la playa. El
abuelo lo tiró de la cama, le robó las cobijas y le dio mucho frio. Por
primera vez en la vida le dieron ganas de llorar. Al siguiente día fue
a la casa de su mejor amigo a desahogarse.
  —¡No puedo creer que me haya hecho esto! Alegó Arnold hiendo
de un lado para otro en frente de la casa.
  —Tranquilo, vas a recibir una indemnización ¿no? Dijo Gerald
sentado en la escalinata.

  —Es cierto, pero eso no va a borrar de mi memoria la horrible noche que pasé. Dijo Arnold.
  —No todo puede ser malo, vamos viejo, es Amber Sherman, la
actriz más rica y reconocida del mundo y se está quedando en tu habitación, puedes verla gratis mientras otros tienen que pagar para verla.
Dijo Gerald
  —Puede tratarse de la mismísima Salma Hayek pero igual me va a
molestar - Replicó Arnold deteniéndose por fin- quiero devuelta mi
habitación.
  —Pero ella parece muy feliz en esta.
  —Si no duermo bien hoy, voy a enloquecer, tengo que recuperarla.
Dijo.
  —¿Que vas hacer? Ella pagó y por adelantado, tendrías que usar
medidas extremas para sacarla y viejo no es por echarte flores, pero
eres demasiado bueno para hacer maldades. Ese trabajo es para alguien con malicia, alguien sin escrúpulos, alguien como Helga G.
Pataki.
  —Ella seria perfecta para esa misión, incluso me podría ayudar
pero no está aquí, se fue con su abuela desde el viernes. Dijo Arnold
  —Es gracioso es como si Helga hubiera dejado a una suplente para
hacerte la vida miserable. Llegó a la conclusión Gerald.
  —Prefiero a Helga, ella no invadiría mi espacio de ese modo. Dijo
el chico subestimando a la emblemática Pataki.
  —Ten paciencia dos meses se pasan volando, piensa en que te vas
a gastar el dinero cuando te lo den, por fin podrás comprar ese estéreo
que tanto querías. Dijo Gerald animándolo.
***
  Amber se adueñó de Sunset Arm, todo se hacía según su voluntad,
todos hacían lo que ella pedía. Eran las ventajas que daba tener una
buena cuenta bancaria, sin embargo no todos servían a Amber con
entusiasmo. Arnold no la soportaba, no solo porque le había quitado
su habitación, sino también porque quiso comerse a su cerdo mascota Abner, en un asado americano. Lo salvó dejándolo en casa de

Stinky pero se ganó el desprecio de la arrogante Amber. Aunque eso
no le importaba, él solo quería recuperar su habitación pero no se le
ocurría como, tal como dijo Gerald era demasiado bueno para hacer
maldades, él no era como Helga o como el abuelo, quienes no tenían
ningún inconveniente en hacer maldades para deshacerse de las molestias, se resignó y espero pacientemente a que esos dos largos meses
transcurrieran, mientras Amber seguía filmando la película.
  Pero Amber se encargó de colmar su paciencia, lo trataba como un
esclavo e incluso le ordenó lavar a su perro. Un chihuahua temperamental que no hacia otra cosa que morder, Arnold andaba de arriba
para abajo atendiendo los caprichos de la actriz con el maldito perro
colgando de su camisa. En contra de su ideología le hubiera dado mucho gusto patear a ese fastidioso animal y también a su dueña, pero
lo soporto. Hasta una tarde cuando la actriz le lanzó el champú que
pidió, mientras estaba en el tocador.
  —Oye aquí no está todo lo que te pedí, te pedí claramente champú
para cabello rebelde, que niño tan inútil. Le reclamó.
  —Escucha, ya estoy harto de esto, si quieres tu estúpido champú,
búscalo tú misma, ¡yo renuncio! Dijo el chico sublevándose.
  —No puedes renunciar trabajas para mí. Advirtió Amber volviéndose a él asombrada de que le estuviera hablando de ese modo.
  —Claro que puedo, que todo el mundo haga lo que tú dices no
significa que eres dueña del mundo, me largo de aquí - Dijo Arnold
saliendo de la habitación, regresando después - ... ¡Y no me gusto tu
última película era terriblemente plana, predecible y estúpida!
  Amber quedó fría, nadie le había hablado de ese modo, solo ese
niño con cabeza de balón, su sinceridad fue como un cañón que golpeó su corazón.
  —Espera… - Amber se levantó de la silla y fue tras él, Arnold se
volvió a su llamado - espera no te vayas, disculpa mi actitud.
Lo tomó de una mano y lo llevó de regreso al interior de la habitación,
cerrando la puerta.
  —¿Qué quieres ahora? Preguntó Arnold
  —No te vayas… - Amber hizo un esfuerzo por recordar su nombre
- quiero decirte algo…

  —Arnold. Le recordó el chico impaciente.
  —Arnold - su nombre se escuchó muy particular en la voz de la
actriz europea, como el ronroneo de un gato – Arnold, tengo que decirte que nadie había sido tan sincero conmigo, quiero agradecértelo
de algún modo.
  —¿Me devuelves mi habitación? Pidió el chico, los ojos brillándole con esperanza.
  —Otra cosa, ya te dije que me quedare hasta que termine la película. Replicó Amber. El chico dejo escapar una exclamación de
desilusión.
  —Está bien, podrías ser más amable con las personas, ser menos
caprichosa.
  —Esta bien, lo prometo - Amber lo miró de arriba abajo y entornó
los ojos - comencemos desde cero amiguito americano ¿Cuántos años
tienes?
  —Nueve, pero estoy por cumplir diez. Contestó Arnold un poco
más tranquilo.
  —Y ¿Tienes novia?
  La pregunta tomó desprevenido a Arnold.
  —¿Yo? No... No tengo novia. Respondió.
  —Ya veo - La jovencita empezó a anidar un sentimiento totalmente
distinto al inicial, se acercó lentamente atraída como un imán - y ¿qué
tipo de niña te gusta?
  —Ah pues no se… El chico no le gusto como le miraba ahora, era
como una vampira acechando a su presa, empezó a retroceder seguido por ella.
  —¿Te gustan rubias o pelirrojas? Preguntó Amber.
  —¿Por qué preguntas? Preguntó Arnold confundido, arrinconado
contra la puerta.
 —Curiosidad.
  —¿Por qué? Preguntó él. La chica lo encerró con sus brazos
  —Porque quiero comenzar una bella amistad contigo. Dijo Amber.
  —Es una excelente idea pero…
  Lo que no sabía Arnold es que la chica quería algo más que una
simple amistad

  —¡Dame un beso! Exigió Amber e intento besarlo, pero Arnold
fue rápido y se escapó de sus labios.
  —¿Amber que demonios haces? Le reclamó tomando distancias.
  —Que crees tonto… quiero darte un beso. Confesó Amber acercándose.
  —¿Por qué? fue lo único que se le ocurrió preguntar.
  —¡¿Por qué crees tonto?! ¡Porque me gustas! Dijo Amber.
  El chico estaba anonadado.
  —¿De veras?
  —Anda admítelo, tu sientes lo mismo... dilo, di lo que mis oídos
quieren oír y luego dame un beso. Pidió Amber moviéndose como
una leona.
  —Espera Amber, tu eres agradable y todo eso pero no me gustas.
Aclaró Arnold.
  —¿No te gusto? - Amber plasmó una cara de tristeza jamás vista ni siquiera un poquito.
  —No, no me gustas. Repitió Arnold.
  La chica se dejó caer de rodillas y lágrimas rodaron por sus mejillas.
  —¿Se trata de mí, cierto? - Gimió Amber- ¿Por qué nadie me quiere?
  Su llanto hizo sentir culpable al chico
  —No es eso es que…
  —Yo solo quería que fuéramos buenos amigos… Amber lloró desconsolada, algo que no pudo soportar Arnold, a él no le gustaba ver a
nadie sufrir y menos por su causa, se acercó a ella a consolarla.
  —No eres una mala persona, eres agradable… Dijo tratando de
tranquilizarla.
  —¿De verdad? Preguntó Amber esperanzada dejando de llorar.
  —Sí, de verdad. Dijo Arnold desviando la vista. La chica se lanzó
en picada hacia su cintura y se afianzó fuertemente.
  —Gracias - Agradeció Amber consolada - déjame agradecerte tan
hermosas palabras.
  Sin que pudiera evitarlo Arnold fue derribado y sorprendido por
un vehemente beso de Amber, quien lo agarró como una leona a una

cebra, por más que intento no pudo zafarse del abrazo, Amber lo tenía
donde lo quería, ahorcajada sobre él, lo siguió besando sin aflojar un
solo centímetro. El chico intentó escapar por todos los medios de la
insistente Amber, pero el flash de una cámara fotográfica lo cegó. Un
paparazzi estaba sobre el tragaluz sacando provecho de la situación.
  —Wow que portada. Dijo y siguió sacando fotos a diestra y siniestra. Mientras tanto Amber seguía liberando sus emociones como la
buena actriz que era.
  Alguien llamó a la puerta, la actriz liberó del beso a Arnold y sin la
menor muestra de agitación preguntó.
 —¿Quien?
  —Amber ¿Puedo pasar? Es importante. Era su representante.
  —Que inoportuno, espera un momento cariño me desharé de él y
seguiremos. Prometió Amber.
  —Pero yo no quiero seguir. Protestó Arnold, Amber sonriente le
cerró los labios con la punta de sus dedos
  —¡Shhh! no digas nada cielo actúa natural - Le dijo y se levantó
liberándolo - sigue.
  El representante entró y no encontró nada fuera lo normal, salvo el
chihuahua mordiendo uno de los zapatos del chico, no cabía duda de
que Amber Sherman era una profesional.
  —¿Qué quieres? Preguntó Amber desde el tocador.
  —Aquí está el libreto de las siguientes escenas quiero que le des
un vistazo. El flash de una cámara los distrajo, el paparazzi que tomó
la foto desapareció.
  —¿Un paparazzi? Acertó a decir el representante.
  —Parece que le he dado buen material a ese pobre diablo. Comentó Amber divertida
  —¿A qué te refieres? Quiso saber su representante.
  —Espera a ver el periódico mañana, en el saldré con mi nuevo mejor amigo. Dijo señalando al chico que estaba sentado al borde de la
silla, tratando de liberarse del molesto perro.
  —Pero… iba a replicar Arnold pero el hombre intervino.
  —Amber no puedes distraerte en plena película con un romance.
Advirtió el representante.

  —No voy a distraerme. Dijo Amber
  —Pero y si tu carrera se viene a pique, los chismorreos no se harán
esperar. Replicó su representante.
  —Entonces te despediré y contratare a Arnold es muy bueno en
eso. Amber no exageraba con esta afirmación. El chico ya tenía fama
como representante de estrellas y políticos.
  —Está bien. El hombre miró de reojo a Arnold. El chico estaba
desconcertado, no sabía cómo había resultado metido en ese lio.
  —No me mires de ese modo corazón, nadie se va molestar con
nosotros. Dijo Amber guiñándole un ojo.
***
  La actriz hollywoodense se equivocó. Las fotos tomadas por el paparazzi en la azotea de Sunset Arm, fueron publicadas en primera plana en todas las revistas de farándula que llegaron a todos los rincones
del país y a manos de una persona en especial. Cuando Helga leyó el
título “El nuevo amor de Lady María” y vio la fotografía de Arnold y
esa actriz barata besándose, bajo la revista y sus pupilas se achicaron
hasta parecer puntos, esa fue la tapa, Helga levantó su puño y tomando aire exclamó…
  —¡¡Aarnoold!! Y su gritó se escuchó fuera del planeta y sus alrededores, llegando incluso a oídos del chico.
  —¿Escuchaste algo? Le preguntó Arnold a Gerald que estaba a su
lado en las escaleras de Sunset Arm.
  —No - Negó el chico contemplando la misma revista - tomaron tu
mejor ángulo, que candente.
  Arnold impaciente le quitó la revista
  —Dame eso. Dijo y tiró la revista al bote de la basura.
  —Tranquilo Romeo. Dijo Gerald.
  —No puedo creer en el lio en que me he metido, ahora todo el
mundo cree que ella es mi novia. Dijo Arnold, no muy feliz con la
situación.
  —No es cualquier novia, es Amber Sherman, es un honor, ya me
gustaría estar en tus zapatos. Dijo Gerald.

  —No te gustaría una vez la conoces, está loca, me beso a la fuerza
si no hubiera llegado su representante, no sé qué hubiera pasado. Relató Arnold y Gerald se rio.
  —¡Wow! esa nena es increíble.
  —No sé cómo voy a salir de esta Gerald ¿Qué debo hacer? Pidió
consejo muy preocupado.
  —Relájate y disfrútalo. Dijo Gerald.
  —Gerald. Replicó Arnold. En ese momento llegaron los demás
chicos
  —Hola Arnold, oye que bien saliste. Comentó Sid.
  —Sí, que suerte tienen algunos - Dijo Stinky y se escuchó muy
deprimido - alcanzar una estrella como Amber, la dulce Amber, como
te envidio compañero.
  —No tenemos nada Stinky ella no me gusta. Aclaró Arnold.
  —Pero si estaban muy abrazaditos en las fotografías. Dijo Sid
  —Sí que asco, besaste a una niña. Añadió Harold
  —Eso fue un malentendido. Insistió Arnold y entonces la limosina
de la actriz apareció y se estaciono, Arnold saltó e iba a correr a dentro de la casa. Cuando un grito de la chica lo detuvo. Amber salto del
automóvil y como una cría corrió hacia Arnold tirándose a sus brazos,
derribándolo en la puerta de la casa.
  —Amber te dije que no hicieras eso. Le reclamó fastidiado mientras sus amigos se burlaban.
  —Oh discúlpame cielo, pero no puedo evitar expresar mi amor por
ti. Dijo Amber.
  —No lo hagas y menos enfrente de mis amigos, me estas avergonzando. Le pidió de la manera más atenta.
  —No puedes avergonzarte - Amber se levantó - eres mi novio, y
tus amigos son mis amigos también, Frank trae helado para todos
ahora mismo.
  —¡Sii! Celebraron los chicos, Amber tomó de las manos a Arnold
ayudándolo a levantarse.
  —Quiero que salgamos juntos. Dijo Amber jaloneándolo.
  —Amber pero…
  —Vamos pase todos mis compromisos para más tarde, tengo todo

el día para dedicarlo a ti. Amber lo arrastró a la limosina mientras el
representante atendía a los chicos.
***
  La chica lo llevó a los mejores lugares de la ciudad, fueron al acuario y al parque de diversiones, todo gratis pero eso no lo hizo feliz.
Amber no se le despegaba ni un segundo y permanecía colgada de
su brazo y cada vez que podía lo abrazaba y lo besaba, recibiendo
un despliegue pirotécnico de cámaras fotográficas por doquier, él ya
estaba harto de esa situación. Amber era demasiado intensa e imperativa para cuando iban de regreso en la limosina estaba agotado.
  —Solo me falta un lugar por visitar - Amber miró el mapa de la
ciudad y le dio una orden al conductor - da la vuelta aquí.
  La limosina hizo una parada en el mirador de la ciudad, el lugar
predilecto de adolescentes y recién graduados. Al chico se le pusieron
los pelos de punta al encontrarse en un lugar tan solitario con una niña
tan liberal como esa. Amber salió de la limosina y se trepó al techo.
  —Sube hay campo para los dos. Le dijo dándole la mano y Arnold
subió junto con ella. El metal estaba caliente luego de una jornada
completa bajo el sol.
  —Gracias fue un día genial. Agradeció el chico.
  —Lo que sea por complacer a mi chico.
  —Amber escucha…
  —¿Qué quieres hacer en el futuro? Interrumpió Amber con su cabeza recostada sobre sus brazos.
 —¿Perdón?
  —¿Qué quieres hacer de tu vida?
  —¿Ehh? Aun no estoy seguro… creo que me espera un futuro en la
política o tal vez siga los pasos de mis padres, quiero ser antropólogo
o arquitecto.
  —¿Por qué no vienes conmigo? Propuso Amber de repente.
 —¿Como?
  —Si sería genial, viajas conmigo después de que termine mi película, viajaremos por todo el mundo, primero iríamos a mi ciudad

natal ¿Qué te parece Arnold? ¿No es una idea genial?
  La proposición de Amber era muy tentadora, porque no solo conocería el mundo más allá del vecindario, sino que tal vez lo ayudaría
con su misión secreta. Pero no podía aceptarla, eso sería aprovecharse
de Amber.
  —Perdona pero no puedo aceptar no quiero dejar el vecindario todavía, ni dejar a mis abuelos solos.
  —¿Porque quieres quedarte en ese gris y triste vecindario? Preguntó ella extrañada incorporándose.
  —No es gris, ni triste. Replicó Arnold.
  —De acuerdo, no es gris, es lindo y no quieres dejarlo todavía, entonces me quedare aquí para siempre. Resolvió Amber sin meditarlo
siquiera.
  —¡No! Es decir no debes dejar tu carrera de actriz por mí. Dijo
Arnold.
  —¿Por qué no? Me gustas y haría lo que me pidieras sin pensarlo,
tengo tantas ganas de hacer todo contigo, que lo arriesgaría todo. Dijo
Amber. Esa situación estaba fuera de control, tenía que aclarar todo
de una buena vez.
  —Amber, no quiero lastimarte pero creo que te has hecho una película que no es, sé que crees que me gustas pero no es así de hecho…
  —De hecho… lo animó ella a seguir.
  —No te soporto. Dijo Arnold sinceramente.
  —¿No me soportas? - Repitió Amber entendiendo todo, pero pese
al gran golpe recibido en el corazón, supo que no tenía ningún sentido seguir con esa farsa - Entiendo, creo que me deje llevar por mis
sentimientos insensatos.
  La actriz se mostró inexpresiva y se giró sobre el techo, saltando al
suelo y sin decir nada, se subió a la limosina.
  —Arranca. Ordenó y el conductor no dudo en obedecer. El coche
arrancó a toda velocidad, sin esperar a que el chico se bajara. Arnold
cayó al suelo, por suerte no se lastimo,
  Amber lo abandono y no se molestó en regresar, Arnold se quedó
ahí en medio de la nada en compañía del aullido de los lobos.
  —Que idiota soy, le hubiera terminado en el vecindario. Se dijo.

***
  Cuando regreso al vecindario ya era de noche, todo estaba muy
oscuro y nublado, él entró a la casa y fue a su habitación con la esperanza de encontrar a Amber, pero al abrir la puerta se encontró con
su santuario, su estéreo, su sofá plegable e incluso su reloj de “Oye
Arnold” estaba de vuelta en su respectivo lugar, fue como si nada
hubiera pasado. Lo único que permanecía de Amber era el olor, un
perfume de fresas inundaba el lugar.
  —Parece que te deshiciste de ella. Comentó Gerald apareciendo
detrás de él.
  —Si eso parece. Murmuró Arnold.
  —¿Fuiste muy duro?
  —Creo que sí.
  —Al menos te volvió tu habitación, aunque huele terriblemente a
perfume de niñas. Dijo Gerald.
  —Eso es fácil de solucionar - Resolvió Harold uniéndose al grupo
y ambientó el lugar con uno de sus gases – listo, ya no es territorio de
niñas
  —No necesitaba tu ayuda Harold. Dijo Arnold aburrido.
***
  No extraño mucho de ella, ni siquiera sus abrazos. Sin embargo
Amber Sherman se encargó de que su recuerdo fuera imborrable. En
cuanto rompió relaciones con Arnold, la noticia se esparció como
pólvora en todos los noticiarios. El titular era “Amber y su fugaz
amor de 3 días con un chico desconocido” No se conocieron mayores
detalles pero si se conocieron muchos detalles sobre la cancelación de
la película, Amber se negó a seguir filmando la película en el vecindario. El director no tuvo de otra que cambiar de locación, no le disgusto
mucho eso fue bueno para la película pero si causo disgusto entre
los vecinos, muchos iban a salir como extras, Oskar incluso ya había
asegurado un cheque pero ante la cancelación todos quedaron fuera.

  —¿Pero qué fue lo que le disgusto? Preguntó una periodista, cuando la caravana estaba por partir como gitanos a otras tierras.
  —Ya tenemos lo que necesitamos de este oscuro y lúgubre vecindario. Dijo el director, pero la entrevista no causó tanto disgusto
como la de Amber.
  —Pueden agradecerle a su amiguito Arnold esta decisión - dijo
Amber - él me mostro la amable hospitalidad americana.
  Y no fue el único comentario al respecto. En internet Amber escribió en su muro personal.” Me rompió el corazón, no sabía que los
americanos eran tan crueles, estoy muy triste” Hay que decir que el
comentario de la actriz tuvo un efecto atroz, Los fanáticos de Amber,
que se contaban por legiones, empezaron a pedir la cabeza de quien
lastimo a su diosa, y no solo ellos empezaron a odiar a Arnold si no
también el vecindario, todos estaban molestos con el chico. Amber
había hecho que todos lo odiaran. La peor parte vino después.
  La abuela estaba limpiando, escuchando música en su walkman.
Cuando una lluvia de golpes azoto la puerta, ella se quitó los audífonos y luego vio a su nieto entrar cubierto por completo en salsa roja.
Los fanáticos lo abordaron a tomatazos en la entrada de Sunset Arm.
  —¿Que paso Hamlet? ¿No les gusto la obra?
  —No abuela… es la venganza de Amber, ella apuesto a todo el
mundo contra mí. Dijo Arnold muy aburrido, quitándose las cascaras
del cabello - ¿qué voy hacer? Ahora todos me odian, Amber me declaró la guerra.
  —La guerra contra las mujeres se gana corriendo - Dijo ella - eso
no va acabar hasta que Europa este contenta.
  Eso mismo le dijo Gerald y eso no era muy motivador, estaba solo,
incluso el abuelo estaba enfadado. El jugoso cheque rebotó y lo dejó
con las manos vacías. Así que como todos no quería verlo. El chico
subió las escaleras y se paró frente a la puerta, escurriendo salsa roja.
  —Abuelo sigues molesto conmigo, necesito tu ayuda. La única
respuesta que recibió fue la cisterna bajando, luego la puerta se abrió
y Phil salió con una expresión orgullosa.
  —Solo un poquito, como veraz no todos los días se tiene un cheque
con más de tres cifras en las manos.

  —Lo siento abuelo.
  —No te disculpes enano, no pudiste evitar romperle el corazón a
esa actriz antes de que se terminara la película.
  —Pero se ha vengado, ha hecho que todos me odien. Dijo Arnold
muy aburrido alzando los brazos.
  —Yo hubiera hecho lo mismo si hubiera tenido el poder para hacerlo. Ah pero no te alarmes ese tipo de cosas pasa todos los días. Un
día eres el héroe que salva el vecindario y al siguiente todo el barrio
te está persiguiendo con antorchas y lanzas para acabar contigo. Yo a
la cabeza de la manifestación - el abuelo estiró su espalda hacia atrás
- pero no te preocupes la gente pronto olvidara y yo también olvidare
ese cheque de mil dólares.
  —Abuelo en realidad eran… cuando el chico corrigió la cifra el
anciano se giró sobre sus talones y se encerró en el baño, empezando
a gritar y a regañar como lo haría un abuelo normal pero no a su nieto
sino al excusado, Arnold aburrido bajo la cabeza y siguió de largo.
Hacia su único refugio en ese momento. Su habitación.
  —¡Ay no! exclamó al encontrar su habitación llena de basura igual
que él. Alguien había desocupado el camión entero sobre el cuarto.
***
  Arnold cansado con la situación decidió enfrentar a la raíz del problema, Amber. Ella aún no había abandonado la ciudad, logro ubicarla en un prestigioso hotel en el centro de la ciudad. No tuvo ningún
problema para verla, solo tuvo que decir su nombre para que ella
aceptara la entrevista, la encontró en su suite, vestida con una bata
rosa y una copa en la mano y cilindros en el cabello.
  —Oh Arnold me alegra verte ¿Qué tal la vida como paria?
  —No es divertida - Dijo él - después de tu entrevista las cosas me
han ido fatal.
  —Es el poder de los medios, mi cielo, es muy fácil y divertido destruir a alguien en vivo y en directo.
  —Amber solo vine a decirte algo - el chico tomó aire y continuó disculpa si te lastime no quise hacerlo.

  Ella pareció impasible con sus palabras.
  —¿Quieres suplicar reivindicación? Preguntó
  —No, solo quiero pedir perdón por lo dicho.
  —Arnold, tu sinceridad es una de tus mayores virtudes y la vez el
mayor de tus defectos, no basta con que pidas perdón.
  —¿No? Preguntó y ella paseo por la habitación tomando una muñeca rusa que estaba sobre una de las mesas.
  —¿Sabes qué es esto? Esto es una matroska - la abrió y dentro de
esta había otra igual pero más pequeña - Al final hay una muñeca diminuta y es la representación de mi pequeño pero invaluable corazón,
que tú despreciaste, por eso no basta pedir perdón.
  —De verdad, lo lamentó mucho, pero no encuentro como remediar
eso.
  —No rechaces el amor de Larissa. Dijo Amber
  “Larissa” era el verdadero nombre de la actriz.
  —Eso sería mentir. Dijo Arnold.
  —Americanos -dijo Amber con desprecio - siempre buscando el
amor en formas que este nunca adopta, en lugares donde no puede
existir y despreciando el amor que tienen ante sí. Una verdadera lástima, pero en fin la vida continua, ya no tenemos nada más que hablar,
conoces la salida, no dejes que la puerta te golpee al salir… ¡chao!
  Amber lo despidió con su mano. El chico sin más remedio se retiró.
  —¿No me soportas o ya tienes a alguien especial? La inesperada
pregunta de Amber lo hizo detenerse de inmediato.
  —No te importa. Contestó Arnold mirándola de reojo antes de que
la puerta se cerrara. Dejando a la actriz enfadada.
***





El chico abandonó el hotel y se encontró con Stinky.
—Caray Arnold, no esperaba encontrarte aquí. Dijo.
—Trate de arreglar las cosas pero no pude.
—Que suerte tienes, la actriz más famosa te amo y ahora te odia.
—No es un honor créeme Stinky.
Sorpresivamente Amber salió del hotel a toda velocidad, arreglada

y lista para matar.
  —¡Qué clase de respuesta altanera es esa! - Le reclamó Ambersolo eres un tonto niño retrasado.
  —¡Oiga! No le hable de ese modo, Arnold es un tonto pero es un
buen amigo. Intervino Stinky en defensa de Arnold. Amber se quedó
helada, nadie le había hablado de ese modo antes y mucho menos un
chico del campo.
  —Creo que no nos conocemos ¿Quién eres? Preguntó Amber retomando el control.
  —Soy Stinky Peterson señorita y era su más fiel admirador, pero
después de que vi cómo le hablo a mi mejor amigo, pues ya no lo soy
tanto. Sus palabras fueron como carabinas disparando a su corazón.
  —Oh disculpa mi actitud, no quise ser grosera con Arnold - dirigió
su mirada hacia Arnold - disculpa por favor mi comportamiento.
  —¡Ah si esta mejor! Dijo Stinky. La chica sonriente se acercó.
  —Comencemos de nuevo, soy Amber Sherman, la actriz - ella extendió su mano al frente - ¿y tú?
  —Soy Stinky.
  —Lindo nombre, bueno quiero que seamos amigos - ella se colgó
de su brazo - quiero entablar contigo una bella amistad.
  —Ándale, me gusta ese plan. Dijo Stinky emocionado.
  —Vamos te invito un helado. Ambos se fueron olvidándose de Arnold. Al parecer Amber encontró a otro a quien molestar. El chico
metió sus manos en los bolsillos de su chaqueta y se alejó del hotel,
topándose con una figura familiar al llegar a la esquina.
  —¿Qué haces aquí cabeza de balón? Era Helga, venía con un morral en la espalda y con aspecto de haber viajado en la parte de atrás
de un camión durante horas.
  —Helga, volviste - dijo Arnold alegrándose de verla y sin dudarlo
fue con ella y la abrazó - te extrañe mucho.
  Helga luego del shock inicial, sonrió perdida en el horizonte, pero
en lugar de empujarlo como normalmente hacía, sacó una libreta y un
lápiz de la chaqueta y pasando sus brazos alrededor del chico escribió
la palabra “cancelado” bajo un título en rojo que decía “operación oso
de plata” guardó las cosas en su bolsillo y añadió.

  —¡¿En serio?! ¡¿No me digas?! Preguntó ella con todo el sarcasmo
del universo.

Hellgirl
  Por cosas del destino, Helga terminó convirtiéndose en una súper
heroína. Todo comenzó al final de la jornada escolar, Helga iba camino a tomar el autobús, recitando un soliloquio a su gran amor. Cuando
una maleta golpeó su cabeza sin previo aviso, interrumpiéndola. Helga se volvió furibunda y vio lo que sucedía en el callejón. Un grupillo
de tres chicos tomaba por asalto a un chico pecoso de tercer grado.
En otras circunstancias, Helga se hubiera limitado a seguir de largo,
pero como esos chicos se atrevieron a interrumpirla, ella se metió en
la pelea y sin importar que fueran niños, les dio una paliza, dejando
admirado al pecoso y dientón niño, pues él no veía a la niña del moño
rosa, él veía a una heroína justiciera que ayudaba a los desprotegidos.
  Helga luego de poner a los abusones en su lugar, se fue refunfuñando. El niño se quedó ahí durante un largo rato cautivado.
Al siguiente día el niño relató lo que vio a todos sus compañeros quienes atentos lo escuchaban.
  —Era bonita y muy agresiva, ella los venció aunque eran enormes
y los dejó tirados en la lona. El niño exageró un poco, ninguno de los
niños atacantes era más grande que ella.
  —¡Oh! ¿Y no dijo cómo se llamaba?
  —No, solo sé que estaba rodeada por las llamas, daba miedo verla.
Era como una diabla, como una diabla de ojos azules.
  —Hellgirl. Dijo uno de los niños.
  —Si, ese sería el nombre apropiado para describirla, era como una
niña demonio. Dijo el pecoso.
  —Pero si es una niña demonio ¿Por qué te ayudó?
  —Tal vez para que le devuelva el favor… - dijo el chiquillo y se espantó - ¡Oh no! Ahora tengo que darle algo a Hellgirl por ayudarme.
  —Si o te castigará. Dijo su compañero.
  Una leyenda se tejió en ese momento alrededor de Hellgirl y se
esparció como pólvora por toda la escuela 118, llegando a oídos de

Helga, quien divertida con el asunto decidió sacarle partido, decidió
comunicarse con el niño utilizando un radio de corto alcance, el cual
puso en la maleta del chico sin que nadie se diera cuenta y el cual
activo cuando el niño lo encontró.
  —Hola soy Hellgirl.
  —¿Cómo te metiste en la radio? Preguntó el chico sin entender.
  —¿Como que como lo hice? ¡Soy Hellgirl, niño tonto!
  —¡Perdón! Se disculpó el niño.
  —Dejemos las preguntas estúpidas para después, ahora escucha, es
hora que me pagues el favor, quiero que dejes una bolsa de dulces al
lado del contenedor de basura y luego te alejes sin mirar atrás ¿Entendiste? Fue la petición de Hellgirl.
  —¿De qué tipo de dulces quieres?
  —Chocolates… los quiero para las tres de la tarde ¿Se entendió?
  —¡Si Hellgirl! Acató el chico sin rechistar y de inmediato fue a
hacer el encargo. A las tres luego de asegurarse de que no había nadie
cerca. Helga fue a la parte trasera del contenedor y encontró una caja
de chocolates.
  —¡Hhmm! Creo que aquí tenemos un negocio. Dijo ella destapando la caja y lanzó el primer dulce de chocolate a la boca.
***
  Helga incursionó en el mundo de los vengadores anónimos y se
lo tomó muy en serio. Se hizo un traje para mantener su identidad
como Helga a salvo. Un vestido de arandelas de color negro, una peluca color purpura, un antifaz, unos cuernos y una cola le sirvieron de
atavíos. Hellgirl, la vengativa y traviesa demonia había nacido. Su
propósito era cumplir venganzas a cambio de golosinas. Los clientes como los llamó ella no se hicieron esperar, niños, la mayoría de
segundo y tercer grado empezaron a convocarla, escribiéndole a su
correo electrónico (Hellgirl@***.com) ella acudía a los llamados, los
cuales iban desde bromas inofensivas hasta las bromas más crueles.
En poco tiempo Hellgirl se volvió una celebridad oculta en las tinieblas. Una leyenda urbana de venganza.

  Un par de días después, Helga caminaba por la calle bostezando,
ella estaba cansada luego de hacer horas extras, fraguando una venganza contra Mary Margaret, una chica vanidosa de sexto grado. Cerró la boca cuando reparó en la presencia del chico que le movía el
suelo. Al otro lado de la acera, estaba Arnold, caminando junto con su
inseparable amigo Gerald.
  —¡Oh Arnold! No he tenido tiempo de dedicarte frases de amor
desde que me convertí en Hellgirl… extraño hacerlo pero el deber me
llama. Ahora vivo en el oscuro mundo de los héroes y villanos… ella
iba a seguir cuando vio algo inusual. Un par de grandulones les cerraron el paso a los chicos y a empujones los arrastraron a un callejón.
Helga los siguió para ver cuáles eran las intenciones de los grandulones, atravesó la calle y vio que los tipos los llevaron ante su jefe. Un
chico en traje y corbata que lucía al mejor estilo de los caporagines
del padrino.
  —Me alegra verlos chicos, espero que mis muchachos no los hayan asustado. Se disculpó el chico de antemano, Helga lo reconoció.
Su nombre era Baccio, era uno de los caporagines del gran Gino, un
afamado jefe de la mafia escolar.
  —¿Tienes algún problema con nosotros? Preguntó Arnold, sin entender porque estaba ahí.
  —Bueno, tengo un asunto pendiente con Gerald. Explicó Baccio.
  —¿Conmigo? Preguntó Gerald confundido, mientras Arnold se
volvía a verlo.
  —Sí, para ultimar los detalles de la paga.
  —¿Cuál paga? Yo no he sacado ningún préstamo contigo o con
Gino. Protestó Gerald.
  —No, pero tu hermanita si y no pudo pagar, así que nos vimos en
la obligación de arreglar contigo.
  —¿Que Timberly hizo qué?
  —Pidió los servicios de Gino y se los dimos pero después no supo
cómo pagarnos, así que me dijo que tú respondías así que mi estimado
Gerald, Gino quiere su plata.
  —Timberly, ¿Cómo pudo hacer esto? - se preguntó Gerald - y
¿Cuánto te debe?

  —Cincuenta dólares.
  —¡¿Cuánto?! Corearon ambos.
  —Cincuenta dólares y los quiero en efectivo y ¡Ya!
  —Pero ¿De dónde voy a sacar tanto? Preguntó Gerald
  —Ese no es mi problema, ya he tenido bastante paciencia, quiero
mi dinero ¡Ahora! Exigió Baccio.
  —No tengo esa cantidad, no tengo precisamente un árbol que de
dinero. Dijo Gerald y habló igualito que su padre.
  —Así están las cosas Gerald o me pagas o me veré en la penosa
necesidad de cobrarte de manera poco ortodoxa. Advirtió Baccio.
  —Espera, no hay que llegar a esos extremos, tratemos de aclarar
las cosas. Atajó Arnold.
  —Eso estoy tratando de hacer, quiero arreglar las cosas de manera
pacífica, charlando, evitando recurrir a tener que partirle las piernas
a Gerald…
  —Exactamente... dijo Arnold de acuerdo con Baccio, cruzándose
de brazos.
  —O a ti Arnold. Aclaró el mafioso.
  —Oye no espera… dijo Arnold al verse también en peligro.
  —Lo único que sé - lo señaló Baccio - es que ustedes no se van de
aquí hasta que me paguen.
  —No vamos a pagarte, no puedes obligarnos. Replicó Gerald y se
cruzó de brazos.
  —¡¿Ah no?! ¿Cómo qué no? Preguntó Baccio y entonces uno de
los secuaces lo sujetaron por los hombros.
  A la distancia escondida tras los botes de basura Helga vio todo y
supo que Arnold estaba en problemas.
  —¡Arnold está en peligro! Esto es un trabajo para… - Helga alzó
su puño - para la policía, yo me voy a mi casa.
  Helga dio vuelta a la esquina y luego se devolvió.
  —No puedo intervenir, Arnold ya descubrió mi identidad secreta
una vez, puede volver hacerlo, por otro lado le van a partir las piernas, pero y si me descubre otra vez… ¿Qué debo hacer? - Se asomó
y vio que uno de los grandulones levantó a Gerald en lo alto y el otro
amenazaba a Arnold - ¡Al demonio el código de honor! mi amado me

necesita.
  Y como lo haría Superman, Helga corrió a la primera cabina de teléfono que encontró y entró, luego de quitar a una señora que estaba a
punto de hacer uso de esta y se transformó en Hellgirl la heroína, ella
salió solemnemente a cumplir su misión mientras la dama la observaba desconcertada. Uno de los grandulones estaba a punto de lanzar
a Gerald contra el suelo. Cuando de repente la tapa de un bote de la
basura le impactó en la cabeza dejándolo fuera de combate. Gerald le
cayó encima. Su compañero desconcertado buscó al culpable, y entonces alguien golpeó delicadamente su hombro con un dedo. El tipo
se dio la vuelta justo pare recibir un tremendo golpe con el duro metal
del bote la basura y cayó al suelo a la vez que la atacante desaparecía.
Baccio asombrado retrocedió sin saber quién los estaba atacando, topándose con una silueta más alta que él y endemoniadamente atemorizante, él se dio la vuelta y la diabla lo saludó.
  —¡Hola! ¡Adiós! Dijo Hellgirl moviendo la mano y antes de que
Baccio reaccionara le dio un puñetazo en toda la nariz que lo dejo
tirado en el suelo, fuera de combate. Hellgirl satisfecha se sacudió las
manos mientras su cola se enroscaba en el aire.
  —¡No lo puedo creer! ¡Las habladurías eran ciertas! Exclamó Gerald sorprendido. Hellgirl se en crispó cuando la mirada de Arnold
reparó en ella. Ella fue incapaz de articular palabra y se fue de ahí,
antes de que empezaran las preguntas.
  —¡Espera! Arnold se preguntó quién diablos era ese personaje, que
actuaba tan loco como el hombre mono.
  —No puedo creerlo la malvada Hellgirl nos ayudó. Dijo Gerald
levantándose.
  —¿Hellgirl? Preguntó Arnold.
  —Sí, Hellgirl. Una vengadora que hace venganzas a cambio de
golosinas. Ella es real, yo creí que era un cuento inventado por los de
tercero. Dijo Gerald.
  —Tengo que agradecerle. Resolvió Arnold y fue tras ella.
  —¡Espera Arnold! Le dijo Gerald, pero el chico no le escuchó.

***
  Hellgirl se detuvo y se escondió en las escaleras de un callejón,
emocionada sacó su relicario besándolo con dulzura.
  —Oh mi amor, mi corazón late de emoción, te he salvado como lo
haría la mujer maravilla, me sentí como Superman salvando a Luisa
Lane, me sentí poderosa, una poderosa heroína, pero mi satisfacción
más grande es que no te paso nada, no hubiera tolerado que esos malvados te hubieran lastimado… ¡Oh mi amado! Recitó Hellgirl.  
  En ese momento el chico la encontró y se acercó silenciosamente,
sorprendiéndose de ver que ella sostenía un relicario, cuya fotografía
no pudo apreciar.
  —¿Que hubieras hecho si supieras mi identidad secreta? ¿Qué hubieras dicho amado mío? ¿Te sorprenderías que un demonio como yo
te amara tanto? ¿Qué contestarías a eso?
  —Ho… hola.
  —¿Dirías hola? ¿Qué extraña respuesta? - Dijo Hellgirl distraídamente - Momento… ¿Desde cuándo mi relicario contesta mis soliloquios?
  Hellgirl levantó la mirada y giró la cabeza, encontrándose con Arnold. Al verlo salto hacia la pared, dando un grito.
  —Lo siento, no quise asustarte.
  —¿Qué haces aquí? Preguntó asustada, sin saber si la escucho o
vio el relicario o descubrió su identidad secreta o todas a la vez.
  —Quería darte las gracias por ayudarnos. Dijo Arnold.
  —Ah bueno, para eso estoy aquí para salvar a pobres diablos como
tú. Dijo Hellgirl tratando de recobrar la compostura, cambiando la
voz. Arnold la observó detenidamente, pareciéndole familiar.
  —Perdón… ¿Te conozco?
  —No, no, no me conoces soy… un producto de tu imaginación.
Dijo ella y trató de eludirlo deslizándose por la pared.
  —¡Si yo te conozco! Dijo Arnold y le apuntó con el dedo.
  —No, no me conoces, nunca nos hemos visto. Negó Hellgirl tratando de huir.
  —Yo creo que sí. Insistió Arnold. Hellgirl tenía que escapar antes

de que fuera tarde.
  —¡No es una coincidencia y nada más! - y ella cambió su expresión de espanto por una de sorpresa - Oh por dios mira allá en el cielo
¡Es Superman!
  —¿Donde? Preguntó Arnold inocentemente y volvió la vista hacia
donde señalaba ella, cayendo en cuenta después de lo tonto que fue.
Hellgirl se esfumó en cuanto él apartó la vista.
***
  Hellgirl corrió por los laberinticos callejones de la ciudad y se detuvo exhausta en la mitad de uno.
  —¡Casi me descubre! Dijo sin aire y entonces lo vio aparecer dando la vuelta aún estaba persiguiéndola - ¿Pero qué demonios?
Hellgirl se colgó de la escalera y subió hasta una azotea. Una vez
arriba, siguió los movimientos del chico, Arnold la siguió entrando
al edificio.
  —¡Olvidaba lo insistente que es este infeliz! Dijo Hellgirl y corrió
por la azotea encontrándose sin escapatoria, se vio en problemas, si
era acorralaba, volvería a pasar lo mismo que sucedió en Industrias
Futuro y ella no quería eso, Arnold seguramente había visto su relicario. Desesperadamente busco una salida, diviso que el escape más
cercano era una azotea del edificio siguiente, separada por un metro
de distancia. Una distancia considerable para pasar de un salto desde
esa altura. Hellgirl asumió el riesgo y tomó impulso y a la vez que
Arnold llegaba, ella corrió y saltó majestuosamente hacia el otro lado,
cayendo en el suelo estrepitosamente. Adolorida se levantó risueña,
frotándose la cabeza.
  —¿Que vas hacer torpe cabeza de balón? Se preguntó burlonamente más su sonrisa desapareció. Cuando el chico hizo un improvisado
puente con una tabla que encontró, la cual lo ayudo a pasar muy
fácilmente.
  —¡Ou! Exclamó Hellgirl y se echó a correr. Directo hacia la orilla
donde tendría que saltar nuevamente o enfrentar a Arnold pero vio
que tenía oportunidad de escapar, se afianzó a una soga que estaba

atada a un tubo que se extendía por encima de la calle y se balanceó
hacia el otro lado, pero terminó estrellándose contra la pared contraria, afortunadamente ella cayó sobre un camión estacionado que
transportaba basura, la cual le amortiguo la caída. El vehículo arrancó y se alejó lentamente. El chico la vio alejarse, mofándose de él.
  —¡Lero! ¡Lero! ¡No me atrapaste! Le decía Hellgirl desde la distancia.
  —¡Solo quería hablar! Le gritó Arnold molesto desde la azotea.
***
  Luego de ese encuentro, Hellgirl se escondió en su base secreta por
un tiempo, temerosa de que su identidad peligrara. Helga temía que
Arnold la hubiera reconocido. Sin embargo cuando se vieron en la
escuela no pasó nada anormal, salvo por el hecho de ni él ni Gerald
hablaron nada del incidente del callejón (tal vez por una cuestión de
honor) Helga sintió un gran alivio. Al parecer su identidad seguía a
salvo, podía seguir con su profesión tranquilamente y así fue hasta
que días más tarde recibió en su buzón de correo, un mensaje.
De: Zenboy
Para: Hellgirl
Asunto: Un trabajo…
Estimada Hellgirl,
Tengo un trabajo para ti,
Eres la más indicada pero no puedo decir más detalles por correo.
Si decides responder a mi petición te espero
En las Marsopas a las 7:00 pm en la parte de atrás del carrusel.
Te hago un adelanto, está escondido dentro de la lavadora
Abandonada en el campo Gerald, el resto te lo daré después de que hagas el trabajo.
Te estaré esperando.
Sinceramente,
Zenboy

  Un mensaje sin mayores detalles y había algo tras ese mensaje,
algo extraño, nadie le había pedido una cita en persona.
  —¿Quién demonios es este Zenboy? Tengo la sospecha de que podría tratarse de una trampa, pero a la vez podría ser un trabajo serio,
tal vez deba investigar un poco.
  Helga bajo la identidad de Hellgirl se comunicó por teléfono con
Eugene y le ordenó que fuera a ver que había en la lavadora abandonada. Eugene le hizo caso y fue a investigar, abrió la lavadora y una
araña se le trepó saltándole a la cara. El chico gritó como una mujer y
empezó a saltar como loco, hasta abandonar el campo Gerald.
  —Diablos, si quieres algo bien hecho, tienes que hacerlo tú mismo.
Dijo Helga observando todo desde la esquina y se llevó una mano a
la cara. Decidió ir personalmente, se cubrió la cabeza con la capucha
de una chaqueta de su hermana y fue hacia el campo Gerald y fue
directo hacia la lavadora, buscando, efectivamente había un adelanto
muy bueno. Había una caja completa de chocolates y no chocolates
cualquiera, eran finos y con forma de corazón.
  —Que forma tan romántica de pagar. Esto parece más un agasajo
que una recompensa. Dijo Helga y luego miró hacia alrededor agudizando la vista, buscando algo sospechoso, no vio nada fuera de lo
común y entonces decidió marcharse. Sin percatarse de que era atentamente observada con unos binoculares.
***
  Hellgirl decidió acudir a su cita la noche pactada en el correo, fue a
encontrarse con él en el parque de las Marsopas cerca al muelle.
  —No ha llegado todavía, ¿De que se tratara? Rayos debí pedirle a
mi Alfred que averiguara quién diablos era ese tal Zenboy… en fin lo
enfrentare, si es una trampa, no sabe con quién se la está viendo.  
  Helga se escondió en la caseta de controles del carrusel y se transformó en Hellgirl, dirigiéndose hacia donde la esperaban. Al llegar no
encontró a nadie.
  —Bueno, será mejor que no me haga esperar. Dijo ella. Cuando una
silueta se le acercó por la espalda. Hellgirl se giró sobre sus talones

al sentir la presencia, no se sorprendió mucho al encontrar a Arnold.
  —Ya decía yo…
  —Me da gusto que hayas venido. Dijo él.
  —Así que tú eras Zenboy, debí suponerlo desde un principio. Dijo
Hellgirl palmeándose la frente con su mano.
  —Sí, soy Zenboy. Cuando me dijeron que respondías por correo
electrónico, no pudo evitar escribirte. Dijo Arnold y ella sonrió.
  —Muy listo, pero no voy a perder tiempo aquí. Dijo Hellgirl y le
dio la espalda e iba a marcharse pero no pudo hacerlo, por qué le sujetaron su cola de diabla.
  —No te voy a dejar ir hasta que me digas quien eres. Advirtió el
chico. Hellgirl se dio la vuelta liberando su cola.
  —¿Por qué tanto interés? Preguntó ella.
  —Soy muy curioso.
  —Aja eso ya lo sé, pero no tengo ninguna intención de revelarte
mi identidad.
  —Eres alguien que yo conozco y voy a salir de la duda.
  —Escucha enano cabezón, si sabes mi identidad secreta, entonces
no tendré otro remedio que eliminarte. Dijo Hellgirl y sus palabras
tomaron por sorpresa a Arnold.  
  Entonces fue cuando el resplandor de una linterna la cegó, se cubrió la cara con el ante brazo y entonces alguien la sorprendió por
la espalda aferrándola de gancho, Hellgirl no pudo liberarse estaba
totalmente a la merced del grandulón.
  —¿Qué demonios? ¡Suéltame infeliz! Dijo Hellgirl pataleando en
el aire. Entonces Baccio hizo su aparición.
  —¡Bien hecho! - Felicitó él acercándose - debo agradecer a mi
buen amigo Arnold por ayudarme a atrapar a la mítica Hellgirl.
  Al escuchar esto Hellgirl dejo de patalear.
  —¿Me traicionaste? Preguntó ella sin poder creerlo.
  —¡No! Negó el chico.
  —Si él no te hubiera citado aquí no hubiéramos podido atraparte
querida, el gran Gino estará complacido. Dijo Baccio satisfecho.
  —Arnold, ¡Eres un judas! Le gritó Hellgirl encolerizada alzando
su puño.

  —Bueno y ahora que estas en nuestras manos, tengo que cobrarte
por haberme golpeado. Dijo Baccio.
  —¡Desgraciado! Quítame las manos de encima. Dijo Hellgirl pero
el grandulón no aflojó su brazo un solo instante.
  —Lo primero que vamos a hacer es quitarte esa máscara, quiero
saber quién se ha metido en mis negocios. Dijo Baccio. Al escuchar
esto Hellgirl se espantó.
  —¡No otra vez! Rogó ella.
  —Sostenla bien, quiero ver su cara. Pidió Baccio dirigiéndose hacia ella, Arnold intentó ayudarla pero fue flanqueado por otro de los
esbirros de Baccio.
  —Hellgirl… dijo preocupado, sin querer la había metido en un
gran lio. Cuando Baccio estaba por alcanzarla, Hellgirl intentó liberarse una vez más pero no pudo, entonces le dio un mordisco en el
brazo que la sostenía. El sujeto la liberó de inmediato mirando su brazo y ella aprovechó para hacerlo caer y luego se fue a por Baccio, el
cual se cubrió la cara ante la visión de un golpe, más cuando abrió los
ojos. Hellgirl no estaba se había escapado junto con Arnold. Baccio
se dirigió al otro esbirro.
  —No te quedes ahí parado, atrápalos.
***
  Hellgirl se escondió tras un cargamento de cajas y ahí se detuvo
para recuperar el aliento.
  —Estuvo muy cerca… dijo agachada con sus manos sobre las rodillas. No había terminado de descansar cuando llego Arnold.
  —¡Otra vez tú! Le gritó ella no muy contenta de verlo.
  —Espera por favor escúchame. Suplicó Arnold.
  —¿Sobre qué? ¿Sobre el arte de traicionar y otros males? Lo enfrentó Hellgirl muy enfadada. Arnold se acercó a ella, cosa que no era
buena idea, ella comenzó a buscar algo desesperadamente.
  —Que buscas…
  —¡Algo con que matarte! Contestó Hellgirl buscando un objeto
contundente.

  —Sé que no se ve bien, pero te juro que no fue mi intención, debieron seguirme y no me di cuenta. En ningún momento quise hacer
algo malo contra ti. Se explicó.
  —¿Y tú crees que voy a creerte? Replicó Hellgirl.
  —De verdad créeme. Dijo Arnold y dio otro paso. Hellgirl lo miró
a los ojos. El brillo de sus orbes verdes, la hicieron cambiar de opinión, no pudo evitar hacer una tonta sonrisa de enamorada.
  —De acuerdo te creo, porque no creerle a alguien de corazón puro
y tonto como tú - el chico arqueó las cejas - Solo por hoy te perdonare
la vida.
  —Gracias. Ambos sonrieron una vez fue aclarado el asunto.
  —¡No se sientan tan tranquilos! Advirtió una voz y entonces vieron aparecer a Baccio y también lo hicieron sus guardaespaldas quienes rodearon a la heroína.
  —Me siento como en uno de esos capítulos de Batman de los años
sesenta que tanto le gustan a mi abuela - dijo Hellgirl con media sonrisa y se volvió a Arnold - Yo me encargo muñeco, tú solo observa.
  —Pero… trató de replicar Arnold, pero Hellgirl no se quedó a escucharlo fue a luchar con los dos rufianes, a quienes les dio una paliza, gracias a su entrenamiento en jiu jitsu, Baccio enfadado con el
resultado, buscó desquite, se fijó en una red cargada de pescado que
estaba suspendida en el aire justo sobre la cabeza de Arnold, buscó la
cuerda que la sostenía y sacó un cuchillo, tomando la cuerda.
  —¡Oye Arnold! - lo llamó y el chico se volvió a él - ¿No crees que
estás en el lugar equivocado?
  —¿Qué? preguntó confundido, sin saber qué quiso decir. Hellgirl
se dio cuenta de que tramaba Baccio y tras quitarse de encima al grandulón corrió antes de que fuera tarde.
  —¡Cuidado! Gritó Hellgirl estirando su mano. Baccio cortó la
cuerda. La carga se precipito a tierra, la tragedia parecía inminente
pero por una milésima de segundo Hellgirl logró salvar a Arnold, rondando por el suelo y chocaron contra una torre de cajas. El golpe hizo
tambalear la torre hasta la última caja. Una caja pequeña que estaba
en la cúspide bailó y cayó al vacío.
  —¿Estás bien? Preguntó Arnold atolondrado.

  —Si estoy bien. Dijo ella furiosa y asustada, mientras él se quedó
mirándola embobado pero no pudo decir nada. La caja pequeña le
cayó en la cabeza y solo vio estrellas. Arnold quedo inconsciente en
los brazos de Hellgirl, ella dejo a su amado en el suelo y se puso de
pie cerrando los puños.
  —Hay dos cosas que no tolero en la vida - dijo Hellgirl acercándose lentamente a Baccio - Una es la idiotez humana, la otra es que se
metan con Arnold, tu cometiste ambas y lo vas a pagar.
  —¡No me asustas! - Aseguró Baccio y sacó una pistola. Hellgirl se
detuvo de inmediato - da un paso más y eres historia.
Ella no se amedrantó y siguió adelante. Sin dudarlo él disparó. El
impacto dio en el hombro de Hellgirl, ella chilló de dolor pero no
vio sangre, resultó ser una pistola de balines, entonces ella siguió su
marcha imparable, Baccio volvió a jalar el gatillo y varios impactos
dieron en el blanco, pero Hellgirl siguió adelante, llenándose más y
más de odio, Baccio estaba aterrorizado, Hellgirl pronto le dio alcance y lo rodeo con su cola.
  —¡Nadie se mete con Arnold! Advirtió ella rodeada de un aura
rosa y los ojos relampagueando y Baccio tragó saliva.
***
  La venganza de Hellgirl fue terrible, ella lo colgó en el gancho por
los calzoncillos y lo dejo suspendido en el aire. Fue el más magistral
de los calzones chinos de la historia. Baccio se quejó y chilló como
un desesperado mientras la diablesa fue con su amado y lo sacó de
ese lugar.
  Al poco tiempo llego el gran Gino acompañado por sus esbirros y
encontró a su secuaz humillado y derrotado.
  —Decepcionante muy decepcionante. Dijo Gino con las manos
atrás y los ojos entrecerrados, mientras los otros lo ayudaban a bajar.
***
  Cuando recuperó la conciencia lo primero que vio fue a Hellgirl
contemplándolo, mientras lo sostenía en sus brazos en una banqueta. 
  Al verla el chico se levantó de golpe.

  —¿Estás bien? Preguntó ella.
  —Si estoy bien. Contestó Arnold sobándose la cabeza.
  —Me alegro… - Dijo Hellgirl y se levantó de la banqueta – Bien,
tengo que marcharme.
  Iba a marcharse pero la sujetaron de un brazo, Hellgirl se volvió
hacia Arnold.
  —¿Te vas sin decirme quién eres? Preguntó él.
  —Soy Hellgirl. Respondió la diablesa
  —No me gusta ese apodo, un demonio no ayuda a las personas.
Replicó Arnold.
  —Yo solo te ayudo a ti. Replicó Hellgirl.
  —¿Por qué? Preguntó
  —Porque sí.
  —¿Es por lo que yo creo?
  —¿Qué crees?
  —Dime quien eres y te lo diré.
 —Ah chantajista... - pensó ella divertida y luego dijo - no va funcionar cabe... es decir ya te lo dije no puedo decírtelo, si lees historietas, sabes que no puedo.
  —¿Por qué?
  —Simplemente no puedo. Dijo Hellgirl un tanto harta de la discusión.
  —De acuerdo. Dijo Arnold algo decepcionado y liberó su brazo
para luego sostener su mano.
  —Tengo que irme. Dijo dispuesta a marcharse pero Arnold no se lo
permitió.
  —Quédate un rato más conmigo.
  Le hubiera encantado quedarse toda la eternidad con él. Pero no
podía.
  —No puedo, tengo un asunto que atender con el gran Gino. Dijo
Hellgirl.
  —No me gusta, es peligroso, promete que dejaras de hacerlo. Dijo
Arnold, aun sabiendo que si aceptaba, tal vez nunca más volvería a
verla. Ella dio un paso hacia él y lo miró directo a los ojos. Conteniendo su deseo de robarle un beso.

  —De acuerdo, si así lo quieres...ya no seré más Hellgirl. Prometió
y sonrió. Su sonrisa lo cautivo por completo.
  —¿Volveré a verte? Preguntó él.
  —¡Si claro! - Prometió Hellgirl y liberó su mano - y un día será sin
máscaras.
  Y tras decir esto Hellgirl se marchó, corriendo sin mirar atrás, dejando al chico solo.
  —Estaré esperando ese día. Murmuró Arnold y entornó los ojos.

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