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Presentación

Dirección y maquetación:
José Manuel Sanrodri
Diseñador gráfico:
Roger Pereira Molina
Consejo de redacción:

Pere Vicente Agulló, Antonio Zapata
Pérez, Josep E. Rico Sogorb, José
Antonio Amorós y Eva María
Palenzuela.
Diseño de la Portada realizado por:

Maryte Valenzuela Escalona
Escritores:
Antonio Porpetta
José Antonio Olmedo López-Amor
Jesús I. Callejas
Harmonie Botella Chaves
David Matuska Olzin
Mar Solana
Julio Fernández Peláez
Antonio F. Buitrago Fernández
Antonio Zapata Pérez
Eva María Palenzuela Martínez
Gonzalo Tomás Salesky Lascano
José Manuel Sanrodri
Cristina Martínez
Pere Vicente Agulló
José Oliver “Tremolán”
Sebastian Fages
Juan Carlos García Hoyuelos
Jimmy Otero Cruz
Rosa Marie Serrano
José Antonio Amorós
Juangra Jimenez
José Miguel Vale
Joan Carles Micó Ruíz
Claudia Álbarez
Margarita Wenceulen Rivas
Joaquin Llorens Beltran de Heredia
Patrocinio Gil Sánchez
Fernando Mañogil Martínez
Roberto Alifano
Sara Caballero Paniagua
Conchita Rivera Toribio
Josep Esteve Rico Sogorb
Ilustradores:
Josep Manel Sánchez
José Gutierrez
Vicky Quinn
Lucio Morreone
Evitilla
Francisco Lezcano Lezcano
Iris Moreno Cuesta
Gloria Mariño
Nestor Zerdá
Sergio Martín
Dora Crespo Pérez
Blanca Santos Gutierrez
Diana Camacho Briceño
Isabel Zapata Ivorra

Josep esteve Rico sogoRb
Seguimos devorando. Digeriendo letras, literatura,
lenguaje escrito e impreso en papel. Ya está aquí ante
vosotros, estimados lectores, el número ocho de esta
“revista literaria de expresión creativa en la actual
cultura decadente”. La revista “El Picudo Blanco”
continúa viva y coleando, devorando literatura, que
no es poco.
Nosotros, sufridos y entregados administradoresgestores de esta revista y a la vez creadores de versos
y prosas, cuales depredadores hambrientos del lenguaje escrito e impreso; ponemos en vuestras manos
amigos lectores, una herramienta de expresión creativa gratuita, libre, participativa, variopinta y plural.
Se trata de un medio de comunicación impreso de
aceptable calidad. Un soporte donde sin cortapisas en
sus páginas conviven equilibradamente y sin discriminación alguna, autores noveles o nuevos talentos
junto a creadores ya consagrados. Aspecto que resulta enriquecedor, tanto para la revista, como para los
participantes y los lectores. Cuando fundamos “El
Picudo Blanco” decidimos huir de los extremos
exclusivistas al descartar que la totalidad de sus páginas fuera solamente para desconocidos principiantes
o únicamente para famosos con larga trayectoria. Por
ello, aplicar el criterio mixto de la coexistencia entre
noveles y veteranos, es un acierto. Por un lado, quienes empiezan, tienen la oportunidad de darse a conocer o de estrenarse. Asimismo, los artistas célebres
con abundante obra, aportan prestigio. Además, los
noveles aprenden de los consagrados y se inspiran en
ellos para mejorar. Los cariñosamente llamados
“vacas sagradas” o “viejas glorias”, de paso, descubren y conocen a nuevos talentos revelación y se
empapan de la nueva literatura. Prueba de todo esto
son, la disparidad y la variedad temática (amor, desamor, sociedad, amistad, familia, guerra, muerte) y la
presencia de prestigiosos escritores laureados con

premios literarios importantes (como Antonio
Porpetta) junto a quienes venciendo el rubor y el
pudor decidieron publicar por primera vez en la
revista.
Cabe destacar la internacionalidad de “El Picudo
Blanco”, su proyección externa mundial, que trasciende las fronteras locales de Elche, ciudad donde se
edita. No sólo hay participantes ilicitanos. De hecho,
varios de los que aparecen en este número son originarios de otros países europeos e incluso de América
Latina y comparten sus textos con colegas de todos
los rincones de la geografía española. Porque la
Literatura, cuando fluye y sobrepasa sus límites localistas, se convierte en universal y se desprende de los
corsés territoriales.
Cuentos, relatos, prosa poética y rimas comparten
espacio con ilustraciones alusivas a unos textos que a
buen seguro les cautivarán, les entretendrán, y a la
vez les serán didácticos e instructivos. La lectura les
hará sentir y pensar, vibrar y emocionarse; pero por
encima de todo les hará aprender y conocer un poco
más acerca del arte creativo de la Literatura.
Disfruten de la fuerza de la palabra escrita.
Experimenten el poder y la energía expresiva del lenguaje. No buscamos la globalización opinativa sino
la individualización de criterio. Que cada cual piense, se motive, sienta, elija, decida y opine según la
impresión que le cause la revista. Si los lectores acusan estos “síntomas” (abrir mentes, sensibilizar,
hacer cavilar o pensar, crear opinión, aprender, disfrutar, entretener, instruir) entonces nos daremos por
satisfechos y habremos logrado el objetivo: no pasar
desapercibidos y hacerles “devorar” Literatura,
Creatividad y Arte. Sentíos, amigos lectores, como
insectos depredadores, como un “picudo” (en este
caso, blanco). Y leed con ansia y fruición nuestra
revista. Nutríos de metáforas, símiles, giros, rimas y
versos. Alimentaos de prosa y poesía.
Y “bon appétit”.

ISSN: 1887-973X
Patrocinio del
Institut Municipal de Cultura

Josep Manel sánchez

elpicudoblanco @ gmail . com

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Los Ángeles del Mar
antonio poRpetta

Los ángeles del mar, cuando llega la noche,
arrastran suavemente a los ahogados
hasta playas amigas,
y allí limpian sus cuerpos de algas y medusas
y peinan sus cabellos con esmero
para que no parezcan tan difuntos
y sus madres, al verlos,
no piensen en la muerte.
A veces depositan sobre sus pobres párpados
dos denarios de plata recogidos
de algún pecio profundo
para borrar el miedo de sus ojos
y que el asombro vuelva a sus pupilas,
o ponen en sus manos caracolas y pétalos
como si fueran niños que dormidos
quedaron en sus juegos.
Finalmente, con leves movimientos,
abanican sus rostros muy despacio
y ahuyentan de sus labios las últimas palabras
dejándoles tan sólo los nombres de mujer…
Casi siempre suplican a los altos querubes
que trasladen sus almas con cuidado,
porque el mar dejó en ellas
salobres arañazos,
golpes de barlovento, heridas abisales,
y en el más largo instante
vieron como sus vidas se alejaban, se hundían,
en el temblor callado de las aguas,
y con sus vidas iba su memoria,
y en su memoria todo cuanto amaron,
o pudieron amar,
y su dolor fue grande…
Cumplida su misión, vuelan los ángeles
hacia las blancas ínsulas del sueño,
y los ahogados quedan
solitarios y espléndidos
en sus dorados túmulos de arena,
serenos como dioses,
dignos en su derrota,
esperando que nazca la mañana,
que les cubra la luz,
que jamás les alcance
el frío del olvido.
(De Adagio mediterráneo)

NACIDO EN ELDA EN 1936. HA RECIBIDO LOS PREMIOS
“FASTENRATH” DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, Y ENTRE
OTROS, EL DE JOSÉ HIERRO. LA ASOCIACIÓN DE ESCRITORES Y
ARTISTAS ESPAÑOLES LE CONCEDIÓ LA “MEDALLA DE PLATA”.
DE

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José gutieRRez

Origen y Final
José antonio olMedo lópez-aMoR

Una gota de agua, contiene el Mar entero.
Un segundo, es fractal del Infinito.
Una palabra es Verbo.
Silencio.
Un llanto, es la Tristeza.
Un único canto, es la misma Música.
El amor de una madre, es el Amor del mundo.

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La Abuela
Jesús i. calleJas

1990 - ¡Yo no quiero café con leche, yo lo que quiero es
pinga!, grita en centésimo desafuero la despeinada abuela al rechazar el desayuno, y muere de un infarto. La
sola ardilla corriendo sobre el tendido eléctrico atrapa su
última visión.
1980 - Aparece un sapo marrón en el jardín. La abuela
enviuda esa húmeda mañana. Tres minutos de ruleta llamada familia se unen. Es internada en asilo con olor a
nuevo. Hermosamente digna, invade el sitio.
1970 - Al cumpleaños de la abuela hijos y nietos acuden;
aglomerantes regalos arrimados a la chequera del abuelo, pero ella pulsa a Liszt en su acuoso piano Steinway.
Una mariposa jaspeada se desintegra entre las teclas. La
abuela -no la mariposa- llora; desearía morder la casi
interminable nariz de Liszt.
1960 - Lee la abuela y leyendo, visita a las viejas damas
del club en pensamiento. Le parece que la Torre Eiffel se
desmorona en su taza de café al sumergir un pastelillo
triangular. El naipe vuela fuera de la mesa; desea abandonar el planeta.
1950 - No oculta el abuelo devaneos y esporádicas visitas a la mancebía. La abuela erige, riega plantas, mira, y
comete su único acto de atrevimiento al dejar que el
chorro de agua la marque de caricias. El toro atraviesa
paredes de violeta hacia la sangre. Torso muerto.

1940 - Más que un color, el verde es la forma de un color
cualquiera. Lo ama color, dolor, y su nombre le vierte
cicuta entre los muslos. La abuela gime por algo más
que un parto. No gusta de la pintura de Dalí.
1930 - La playa es almacén de espumas y ella camina
sintiendo que los deseos muchos se le hunden también
en fangosa arena reclamada como propia. Imagina alas
de tigre que emergen para rescatarla desde el horizonte.
No aguas. Ya su décimo vástago camina.
1920 - Desposada la abuela con acaudalado empresario.
Esa noche es la primera en que el marido se ayunta con
ella como siempre hará: masacrando su belleza. La
mirada se pierde luna sostenida sin espejo de jade.
1910 - Invierno luengo, guante de enciclopedia nórdica.
La abuela va y viene desde aquí al internado. No conoce amigos. Lazos y sedas sobre la sonrisa, nudos en los
ojos. Canta el coro, cose, tose, teje, tuja, asiente.
1900 - Tan enroscado chocolate, derramado brindis en
jirones de alfombra que escupe la noche en su mordida.
Almidonados hermanos, viejos ya, patean puertas
corriendo tras los perros. La abuela ha nacido sin saber
que morirá del otro lado de una montaña de calendarios
arrugados gritando: ¡Yo no quiero café con leche, yo lo
que quiero es pinga!

Josep Manel sánchez

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A Través del Cristal Roto
haRMonie botella chaves

lucio MoRRone

La Tierra

A través del cristal roto
te veía, hombre de pueblo,
ajetrearte con faenas penosas
para alimentar a tu estirpe.
De sol a sol como tus hermanos
de estas tierras ya lejanas,
aprendiste a esparcir la simiente
en el abolengo de huéspedes solidarios
que conocían tu hondo desarraigo,
recóndito penar de las banderas
a media asta, ultrajadas y moribundas
que no ondearían en el añil de tu cielo.
De sol a sol, rascabas la tierra prestada
creyendo encontrar en ella
el germen de una nueva liberación
el nacimiento de una nueva era
el brote de la lozana esencia.
Ahondaste hasta arrancarte las uñas
hasta amamantar la tierra con tu sangre
de hombre iluso , fiel y perseverante.
Las zanjas ávidas y ciegas calaron
tu paz, tu sangre y tu vida.

david Matuska olzin

Hace mucho, vivía en Una Tierra,
donde la sarna es adorno
y los labios cortados, símbolo de felicidad.
Allí, los cubos de basura
observan la luna
y están llenos de hojas caídas
y de lluvia.
Allí nadie conoce ni sal,
ni aspirina, ni alcohol.
Por las calles pasean
piedras, plantas, animales
y a veces personas.
Esa tierra está perforada,
atravesada por un cometa.
Y si te asomaras,
al fondo verías
la débil luz de un quinqué
detrás de una ventana sucia.
evitilla

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La Luz de un Recuerdo
MaR solana

—¿Te acuerdas de cuando hacíamos el amor detrás de
aquel seto del jardín? ¡En una ocasión hasta me acatarré!
─Hum… ¡calla, bobo! ─. La voz de Cecilia se llenaba de
almíbar y sus ojos de miel se hacían líquidos, poseedores
de aquel secreto guardado con celo de pirata. Su rostro se
volvía terso y en sus mejillas aparecía aquel tierno rubor
que tanto amaba Enrique; ese candor que llenaba de luz a
una mujer y que rodeaba durante unas horas al día, de un
halo mágico a su Cecilia…
Enrique suspiró con ánimo de plomo. Apartó el visillo
como el velo de una novia y señaló al seto. Cecilia le miró
de soslayo y rió con picardía mientras se levantaba la falda
con dedos trémulos. Enrique le estiró de nuevo las medias
y le limpió las comisuras. Una lágrima se resbaló por su
gesto ausente como una gota de rocío, fresca, efímera…
─¿Te acuerdas, princesa? Después, te cantaba canciones
de amor italianas mientras tú te fumabas un cigarrillo. A
veces, nos dormíamos con el sonsonete de los grillos… ¡totalmente desnudos!
Enrique sonrió con fruición y miró a Cecilia, la luz ya no estaba; su rostro descarnado por las arrugas lo miraba con displicencia.
─¿Quién eres, tú cabrón? ¡No, no te vas a llevar ni un céntimo! ¿Me oyes, maldito bastardo?, ¿me oyes?, ¿me oyes?, ¿me
oyes?...
Enrique se levantó con resignación y se acercó a la vitrina. Sacó un botecito rojo del primer cajón y llenó un vaso pequeño con zumo de grosellas, decían que ayudaban a la memoria. Ignoraba si aquellas pastillas ovaladas rescatarían alguna vez
a su Cecilia de las garras de aquel ciclópeo monstruo que un día la secuestró. Sí, sabía que aquellos frugales momentos de
lucidez, gracias a la luz de un solo recuerdo, conseguían acercarla de nuevo a él algunas horas al día. Era suficiente.

La Intemperancia
Julio FeRnández peláez

De los poemarios más atrevidos, extraigo cada mañana su jugo con una prensa para encuadernar enciclopedias.
En el almuerzo elijo novelas ricas en proteínas, que paso por la picadora antes de rebozarlas en huevo y harina, y
echarlas luego a la freidora. Cada tarde y para matar el tiempo, me emborracho con manuales de estilo que destilo
gracias a un viejo alambique retórico.
Si al final del día continúa el azogue en mi cuerpo, me zampo crudo el éxito literario del momento, con el objetivo
de que sus polímeros alivien sin dilación los molestos ruidos de la nostalgia.
A veces, cuando no puedo dormir, mastico sin parar las
convincentes ideas de un ensayo político.
Mi obsesión por disfrutar de las letras me ha llevado a
esta especie de antropofagia de residuos de otras vidas,
que me empuja a consumir vorazmente todo tipo de
literatura.
Qué extraño, por más que engullo palabras, párrafos,
páginas, capítulos y tomos, no soy capaz de aplacar este
famélico desasosiego.
Quizá, no soy capaz de asimilar lo que lee mi estómago. Por suerte, mi hogar es una librería de ocasión, a la
que acuden quienes desean hacer hueco en sus casas
despojándose de sus libros.
iRis MoReno cuesta

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vicky Quinn

Trampas
antonio FRancisco buitRago FeRnández

Desmontan mis dedos
instantáneas plasmadas en la historia del tiempo.
Corretea entre venas y huesos
un extraño aliento marinero,
agonía que se dibuja
con sales mohecidas.
Ante mí,
sobre el asfalto desnudo y gris,
el mundo se transforma
en grotesca ruina de polvo y mentira.
La muerte subcontrata por vez primera,
la pobreza muerde como fiera hambrienta
y, la humanidad, huye de sí misma.
Recostado sobre las costillas,
ni mis lágrimas son aliadas,
abandonándome en la oscuridad etérea
donde el vacío y la nada,
se convierte en atisbo de esperanza.
¿Si mis dedos quedaron quietos,
si dejaron algo de tiempo,
si en verdad queremos hacerlo?
Lamentos corretean por el espacio,
grabación constante de miedos y hambre.
Vergüenza enterrada por los propios noticiarios,
eco negro al que ponemos puertas, ventanas y muros.
Abismo al que damos de lado
pese tenerlo pegado,
acechando ese instante
que nos desangre.

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Asesinos de palabrerías,
tramperos de corbata.
Lográsteis manejarnos con frases caducadas,
retos y enfrentamientos
donde niñatos sin cerebro entran a saco,
destrozando aquello que labró el esfuerzo
de su abuelo.
La tierra se oscurece
molida y cansada de estupideces,
el mundo se desvanece
entre las manos de cuatro titiriteros.
Mientras estos,
se reparten el botín en su egoísta destierro.
Evitando chocar con la realidad
que sufren los pueblos.
Encerrados en su torre de lujoso coral
manipulan a voluntad,
mirando por una pequeña ranura con grueso cristal,
la desesperación brutal
que azota la carne
de quien no se quita de encima
el miedo al hambre.
… Y mis dedos,
continúan hurgando en el tiempo,
sombra que impertinente se me cruza,
inquietos e ignorantes
por vez primera,
son mis dedos incapaces.

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Ángel Reyes
antonio zapata péRez

Tres veces y en tres épocas distintas, he coincidido
con Ángel Reyes. Al que no sé si llamarle amigo, compañero de viaje, o simplemente transeúnte común, a través de nuestros respectivos y convergentes túneles del
tiempo.
La primera vez que amaneció ante mis ojos fue a los
cinco años, en una escuela de párvulos que olía a excrementos y a orines cálidos. Lo recuerdo, prendido de la
mano firme de una maestra, que se parecía a nuestras
madres, pero más elegante. Angelín, que así lo llamábamos, lloriqueaba sin cesar y forcejeaba como una cabrita revoltosa, tratando vanamente de soltarse. Al final,
vencido por la férrea garra de la docente, incrustaba su
rebelde cuerpecito en el pupitre. Sabía lo que le aguardaba, entre aquellas paredes mustias, desconchadas y
tristes.
Pasó el tiempo y por un segundo túnel volvimos a
encontrarnos, al frecuentar los mismos lugares a principios de los setenta, compartiendo las mismas borracheras en las mismas discotecas y bares de Benidorm,
Alicante o Torrevieja. En esa década prodigiosa, bien
pertrechada económicamente para la juventud semianalfabeta de entonces, Ángel Reyes era aficionado a las
canciones de Mairena y Antonio Molina, a los cuales
imitaba con cierta decencia. Yo acompañaba a Angelín,

cuando algunos de ellos, ya deteriorados y vetustos, se
acercaban por nuestros aledaños salinos a demostrar que
aún estaban vigentes. Ángel Reyes se comportaba como
un auténtico maletilla, dispuesto a saltar al ruedo “cancioneril” a la mínima oportunidad para ser escuchado
por el maestro de turno. Al final, antes de la demostración, acabábamos borrachos y oliendo a excrementos y
a orines cálidos.
Otra vez, el tiempo, jugando con sus manos hábiles,
irrumpió por un cochambroso y tercer túnel; cuarenta
años después, en el 2014. La crisis golfa, diseñada en las
alturas, volvió a juntarnos en un comedor social, con
charla religiosa incluida. Al principio no nos conocimos
y nos miramos con recelo; el tiempo había barrido cualquier síntoma de identificación posible. Fue el “Negret”,
mientras comíamos sopa, el que iluminó nuestras
memorias, con desagradable sorpresa para ambos:
-¡No te imaginaba tan viejo! - palabras de Ángel Reyes.
-Me lo has quitado de la boca - le respondí con tibieza.
Y continuamos engullendo cucharadas de fideos, con las
miradas agotadas, lijadas por la vida. En aquel momento, evoqué el pasado y los dos últimos encuentros…Y
volví a percibir ese hedor a excrementos y a orines cálidos.

Josep Manel sánchez

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Regálame un Movimiento
eva MaRía palenzuela MaRtínez
A Babirusa danza

evitilla

Como Hoy

Regálame un movimiento
y lo convertiré en una eterna danza
con mis pies, con mis manos,
con mi torso disfrazado,
con mi boca, con mi mirada
con el vientre colmado
con los muslos en expedición
con las rodillas en trayectoria
con la espalda desnuda al sol
con la música desplazándose por el aire
con los sueños transitando las avenidas
con la sonrisa siempre puesta en camino.
Regálame un movimiento
con el danzar de las nubes en circulación
que yo, lo convertiré en eternidad.

gonzalo toMás salesky lascano

¿Estás soñando
en la misma dirección que va tu alma?
¿Adónde vas?
¿Tan lejos que tu piel te desconoce?
Tu sombra espera.
Mi boca se derrama
y se despierta ante ti, ante tu pecho.
Ante tu aliento y el mío, confundidos.
Veo mi cuerpo en tus ojos,
dibujo el viento
que se agazapa en todos tus rincones
y te prometo
que siempre serás mía, como hoy.
Quiero explorar tu cuarto,
tu balcón,
tu dormitorio.
Tu mundo y tus planetas,
tu vacío.
Tu piel, robarla, en mil pedazos.
Quiero llenarte de sal y de agonía,
de sueños y fantasmas,
de lo poco que valgo.
Quiero que vuelvas siempre a mi llanura,
que sepas cuánto mide el infinito
porque aquí dentro está todo,
como hoy.

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FRancisco lezcano lezcano

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Un Boleto a la Luna
José Manuel sanRodRi

Las vainas negruzcas resbalan sobre el
tapiado párpado que procura desabrochar con pulcritud las garras de luz.
Los mortales apenas aprecian ese instante y si así lo hiciesen, creerían que
la oscuridad codicia estrangular sus
almas reflejadas sobre el alquitrán.
Todo es confusión, el quejido descompuesto de la cabeza metálica, avisa que
la claridad invade todas la migajas
tenebrosas de la habitación. La mano
expande su apéndice entre la indecisión y holgazanería de agrietar el
medio que todavía no controla, acechando al cuerpo redondo y cromado
cuya batahola procura silenciar. Se
advierte el desgarro de los primeros
dedos de luz, su tacto es anodino,
sacude las sábanas y espolea al cuerpo
que hace unos segundos ocupaba una
mínima extensión del catre. Queda
vacante el cuchitril a expensas de otra
incursión espontánea.
El vasto cirio apaga su llama y la habitación vuelve a ser un escenario donde van
a parar todos los personajes que cogen el
tren de los sueños.
Así como cualquier historia, todos se
sientan en sus butacas a verla, una música desconsolada hace abrir el telón, y la
fantasía se apodera de la atmósfera.
Irrumpe una rata con una armadura de
plomo para atornillar los ejes del aire, al
otro lado de la calle, está expectante un
titiritero de madera moviendo a dos
muñecos de carne, no se mueve del sitio
hasta que el aire no venga con otra brisa
más suave. Los muñecos chillan a unos
perros que tocan instrumentos de viento,

FRancisco lezcano lezcano

su música derrite al melancólico sonido
de antes, pero les tiran gotas de agua
envenenadas estimulando la huída de
éstos. La imagen se va llenando de personajes que desean tener su breve protagonismo. Unas figuras de gelatina se detienen, se funden por la mitad para que salgan de ellas unas sombras cambiantes,
que algunas veces parecen siluetas humanas y otras, mariposas que se pierden en
el cielo. La algarabía es insostenible, no
deja que el silencio razonable pueda decir
lo que piensa, tampoco permite que cualquier tipo de música tiña el paisaje de
armonía. Hay un minuto en que todo se
detiene, cuando la rata con armadura
grita su nombre: ¡¡¡“Soy el guerrero de
plomo y no soy de vuestro planeta”!!!

cRistina MaRtínez

vicky Quinn

Llora la rosa gotitas de rocío,
amanece por fín
y la rosa se ampara,
al primer rayo de luz.
Amaina el llanto de la rosa
y va mostrándonos el sol
muy despacio tu hermosura,
entregada a la vida
y confiada
nos muestras tu corazón.

Todos mantienen una quietud sorprendente, pero al querer decir algo, al silencio, todo se reanuda y de nuevo se escuchan ruidos, figuras y personajes mezclándose en una imagen más diminuta
que una caja de cerillas. Una eufonía de
latón irrumpe quebrando todo aquel galimatías que va evaporándose progresivamente, vaciando el contorno donde estaban instalados. Un segundo sonido de
campana deja todo a oscuras, las ruedas
del tren van chirriando con el masaje de
la goma de los frenos, que le hacen ir mas
despacio.
Es hora de despertar y el bosquejo de
músculo y huesos desaparece de la habitación hasta dentro de unas horas que
vuelva a subirse al tren.

Rosa
Si mi rostro acerco a tí
me dedicas tu fragancia
rosa roja
tu presencia me sosiega,
no olvides tu valentía
a la oscuridad
que tu llanto
pronto lo consolarán
los primeros
rayos de luz.

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Difícil Convivencia
peRe vicente agulló
Arduo suele ser a veces soportar la íntima convivencia con uno

Al principio, de joven,
conociéndome poco a poco,
todo era agradable;
fluía ardiente la comunicación,
las caricias eran continuas.
Después la serenidad, la madurez;
hubo también desencuentros y hasta enfados
que confluían en la reconciliación,
convirtiéndose la ira en erotismo
y acababa haciéndome el amor...
Pero el tiempo es despiadado y no perdona
y te acabas desgastando con el roce.
Es penoso convivir con tus manías,
aguantar al excéntrico en que habitas;
es muy duro discutirte y desdoblarte,
soportarte tanto achaque neuronal.
Me fui alejando más cada día
de mí mismo,
de aquel que conocí desde la infancia.
Y hasta quise yo dejar a mi otro yo
y no esperar a que la muerte nos separe.
Pero las obvias circunstancias lo impidieron
y aquí sigo condenado a soportarme.

nestoR zeRdá

Papel Inerte
José oliveR “tReMolán”

Alineados en fila van los CETMES
en soportes de huesos y de sangre,
en figuras que pagan con su carne
frío sudor que de sus frentes prende.
De verdores el campo veo ceñido
andando bajo el sol de la mañana,
junto a mi cuerpo el frío cuerpo de arma
frente a mi frente el blanco de un destino.
Un hombre de papel espera inerte
crucificado en marco de madera;
al que las armas con precisión certera,
han de batir el corazón la frente.
No tiene alma, ni huesos, ni sentidos,
tan sólo es expresión de puro trapo
que ha de servir a acostumbrar al tacto
a precisar el eco del sonido...

gloRia MaRiño

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Y todo es como un juego que estremece.
Algún día pudiera ser un muerto.
triste idea y triste pensamiento
llegar un día a ser papel inerte.

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seRgio MaRtín

El Sabor de tus besos
sebastián Fages

Es otoño, noche avanzada. La vigilia se impone al sueño. Por el ventanal entreabierto se cuela un gajo de luna,
como una porción de queso. Me levanto con sigilo de la cama para no despertar a la que hace unos instantes se ha
inmolado conmigo en el altar de la pasión. Apostado en el balcón contemplo, extasiado, el rielar de la luna en el
cielo, cuyo reflejo tiñe de nácar las copas de los árboles. A lo lejos se escucha el canto quejumbroso de un gallo
madrugador. Pronto despuntará el alba.
Vuelvo la vista a la cama para mirar tu cuerpo desnudo, a medio cubrir, entre las sábanas. Tus cabellos, como ramos
de espigas, tiñen de oro la almohada. Cumplir años apenas ha hecho mella en ti, salvo que mis ojos te miren con
otros ojos.
Hoy, tras años de deambular por otras vidas, por ríos revueltos de pasión, he vuelto a ti. Te llamé y respondiste a
mi llamada. Me adivinaste solo, perdido. Tal vez te hayas apiadado de mí. Tonto, que creí que otros besos de otros
labios me llevarían al paraíso que idealicé. Pero ese paraíso no existe, tan solo son espejismos, ensoñaciones de personas de mente inquieta, como yo.
Me has dejado entrar de nuevo en tu vida, sin preguntarme nada. ¿Seré para ti, en este instante, en esta habitación
de hotel, un paréntesis en un día corriente de tu vida? Nada sé de ti desde mi viaje a ninguna parte, ni me atrevo a
preguntarte. No tengo derecho. Desde hoy, si tú quieres, me entregaré en cuerpo y alma a limpiar de espinos el
camino que tiempo atrás emprendimos juntos, para que de nuevo florezca la yerba.
Te miro dormida y pienso: “¿A qué te han olido los otros cuerpos que abrazaste? ¿A qué te han sabido otros besos?”
A mí, los tuyos, me saben a olores, a sensaciones, a momentos; a todo junto a la vez. Besos que he vuelto a disfrutar desde el instante mismo en que se han buscado nuestras lenguas en la boca. Por ponerles nombre, diría que me
saben a infancia, a calles en verano aromando a adelfas en flor, a medios besos en un zaguán oscuro, a pechos como
granadas a punto de cuajar, a cines de verano, a ríos de lava. Después de ti, hubo otros besos, muchos besos.
Algunos me supieron a limón, a caña de azúcar, a menta; otros a vinagre, a arcilla, a madera. Pero fueron besos
cuyo regusto en el paladar duró lo que el burbujear de un vino corriente en la copa. Ninguno como los tuyos: vino
de años en copa de delicado cristal. Cuando despiertes, te volveré a besar una y mil veces, para que mi memoria
guarde en el rincón de las cosas bellas la esencia de tus besos. Para soñarte, si te vas. Para guardarlos en un cofre
de maderas nobles, si te quedas.

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Besos Prohibidos
Juan caRlos gaRcía hoyuelos

Antes del amanecer,
aprovechándome de la aún
bóveda de azabache,
subiré hasta la cima
del cerro a ver morir
a las estrellas que oyeron
estremecer de pasión
nuestros besos prohibidos.
Subiré con alas de pájaro, descalzo,
por el inclinado hombro
donde desde mi ventana
veo a la luna como descansa.
Embriagada de rocío, la tierra
silenciará mis huellas
que persiguen vuestro olvido.

Llevaré a cuestas los entresijos
de un amor prohibido,
de cortas primaveras e inviernos
que sobre mis brazos
son extendidos, a su libre albedrío.
Nuestro amor anida
en la noche,
irrumpe manso
del irrisorio tumulto.
Antes del amanecer,
confundido con el tul
negro que agita el cárabo,
subiré hasta la cima
del cerro a ver morir
a la luna que esconde,
en el lado que le prestó a la noche,

Amor Desconocido
JiMMy oteRo cRuz

Creyendo haberte visto en otra vida,
resté importancia a tu sonrisa, a tu mirada...
a tu postura esculpida en descanso,
mientras balbuceabas palabras detrás de tu timidez.
Yo, enfermo de calor, ardía por conocerte,
sin temor, ni estupidez,
con valor para valerme,
sin amor en las entrañas.
No echo en falta tus faldas,
ni tus piernas depiladas,
ni tus pechos, firmes como alas.
No soy capaz de olvidar la escena,
una mañana que quizá no vuelva,
y que si regresa no será buena.

doRa cRespo péRez

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La heladera y los peces esculpidos
Rosa MaRie seRRano

De Santa Cruz del Retamar (qué
bonito nombre), hasta la Torre de
San Esteban Hambrán (qué largo y
misterioso) son seis km, por la
carretera sin asfaltar, entre olivos,
viñas y siembras.
La borriquilla va cargada con unos
veinte quilos de hielo. Tengo que
llegar antes de las doce para preparar la heladera, los helados y venderlos esta tarde en la plaza. Pero la
borrica va cansada, no es joven, y se
me para de vez en cuando. No tenemos bastante cebada que darle y
con la paja no le basta, se cansa.
Vaya, se me ha tumbado en medio
del camino, ahora tengo que descargarla para que se levante si no aquí
se quedará tumbada y no llegaré
antes de las doce.
El hielo de Santa Cruz no es tan
bueno como el de Navalcarnero,
que traen a veces con la camioneta.
Me gusta vender helados en la plaza
del pueblo, frente a la iglesia. Con
los cortados de nata y chocolate
entre dos galletas, con los cucuruchos de fresa y vainilla a 50 céntimos, los polos de limón o de naranja a 30 céntimos, la gente se va contenta y son mejores los nuestros que
los del puesto rival, del otro lado de
la calle Santa Ana.
Alrededor del puesto se reunen
niños y jóvenes y charlamos, bromean
y ríen. El puesto es una atracción de la
plaza.
No sé cuanto tiempo voy a poder seguir
de heladera porque mi padre quiere irse
a Francia desde que vino el tío francés
a vernos, con una cámara de fotos y le
convenció de que en un día allí, en
París, limpiando y pintando fachadas
ganaría tanto como aquí en un mes con
las cosechas, las vendimias y las huertas. También vinieron a vernos unas
torreñas que viven allí y mi madre estuvo tan ilusionada con ellas hablando su
primera lengua.

seRgio MaRtín

Con las dos primas de Madrid nos hicimos una foto en la plaza, delante de la
iglesia. Una va a ser maestra, la otra va
a casarse. A mi Torcuato me ha regalado dos peces esculpidos en una especie
de resina que hacen de abrebotellas y
de sacacorchos y me pidió relaciones
pero le dije que no, que nos vamos a
Francia dentro de poco.
Aquí se quedarán la burra, las cabras,
las gallinas, los cerdos, los botijos, las
sartenes, el brasero y el fuelle. En
Francia habrá que aprender francés.
Nuestra madre ya lo habla, aunque de
jovencita aprendió el valenciano, antes

de casarse con nuestro padre. Por su
acento en el pueblo la llaman la francesa. Pronto seremos casi francesas.
Pronto empezaremos una nueva vida,
sin viñas, que tanto me gustan, sin
higueras de esos higos riquísimos, ni
olivos, ni burros obstinados, ni barras
de hielo que llevar de Santa Cruz a la
Torre de Esteban Hambrán. Allí, dice el
tío francés, hay mucho porvenir para
nosotros, para gente valiente, dice, a la
que no le arredra el porvenir.
Me llevaré los peces esculpidos a
Francia, ya que es un regalo y un regalo siempre se tiene que guardar.

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Infancia Perdida
José antonio aMoRós

Con una mochila llena de piedras en la espalda
y su chaqueta fúnebre en el perchero, preso
en el aula, quedóse dormido Leo
mientras la lluvia entristecía las ventanas.
Como lejano viento entre hojarasca,
las palabras del profesor sonaban.
A lo lejos sus compañeros eran ejército hostil,
armado de adargas, estandartes y alabardas.
Leo se hallaba inmóvil en su escondite, indefenso
en espera de la artillería artera
en espera de un despiadado ataque postrero.
En su sueño contempló la fortaleza
donde los lápices eran puntas de lanza,
los libros almenas, la entrada, un puente levadizo
y las paredes, muros de un castillo donde encierro
a su ser daban.
No hubo sol aquella mañana
y días de lluvia, ejércitos represores
junto a voces sin alma fue todo lo que el pobre Leo
encontróse en su infancia.

JuangRa JiMenez

15

doRa cRespo péRez

Naturalezas Vivas

1.2

4.2.6

Me ha traído mi chica
dos piñas secas
que ha encontrado
en un parque de la ciudad.
Son muy buenas para prender
la estufa Salamandra que me he comprado.
Le digo: Qué bonita es ésta,
parece que esté coloreada
por un artista, no la puedo
quemar, qué hacemos…
Y dice poniendo la boca triste:
Quémala

Dice el otro día un amigo:
“Aunque uno pretenda
ser muy elegante,
siempre llega el momento
de cagar.
Yo le dije:
Es muy elegante cagar
viendo el arco iris.

3.4
Qué graciosos son
los ratones de campo,
qué alegres me parecen.

El año pasado hubo uno
que cogió un higo de la cocina
y se lo comió en el sillón.

7.2
Me dice una chica:
¿Cómo puedes vivir así?
Y yo le digo:
He encendido el fuego,
he calentado agua,
y me he dado una ducha.
No hay otra manera de vivir.

ElPicudoBlanco8_PicudoBlanco7 25/03/15 11:02 Página 15

Un Extraño en Casa
José Miguel vale
“...podía sentir un profundo anhelo de aniquilación, de inexistencia, que se estaba
volviendo mucho más fuerte que el deseo instintivo de continuar viviendo.”
Eckhart Tolle

No me soportaba en absoluto No soportaba a mis padres tan
anquilosados en su mundo de hace más de cincuenta años. No
soportaba los reproches y los consejos: que si no tenía trabajo
era porque no me daba la gana, que si cada día a las nueve salía
a la calle a hablar cara a cara con los encargados de los hoteles,
con los dueños de un restaurante, en una fábrica de calzado, y
les decía que me iba a comer los platos y que sería más efectivo que media docena de los empleados, que me pusieran a
prueba una semana y si no les convencía no me pagaran nada,
pues seguramente encontraría algo y dejaría de ser la carga que
soy para sus míseras pagas de jubilados y una cantaleta que te
cagas. Un día detrás de otro y que si fumo, que si a veces llego
con olor a alcohol, que mira que me lo dijeron, que me esforzara un poco más en los estudios y por eso ahora no soy nadie,
ni soy nada.
No soportaba a mi hermana tan formal ella y tan ingeniera, tan
felizmente casada y armónica y estable, con piso propio y marido brillante. No soportaba que fuera tan perfecta y tan prostituta casada por cualquier cosa, menos por amor verdadero, porque se les nota que son plásticos, son una de esas parejas que
envenenan más el ambiente que el dióxido de carbono de los
coches con su hipocresía y la falsedad de su apariencia. No
soportaba a la ciudad con sus zombis a toda velocidad por las
aceras, en la estación del metro, corriendo nadie sabe a dónde,
ni a apagar qué fuegos. No soportaba a los políticos, ni la tele,
ni los anuncios inmensos de tome coca cola o no se pierda las
ofertas de primavera del corte inglés, o escape a Can-Cun por
el precio de dos cebollas podridas.
No soportaba a Alicia, mi novia, con su piercing en la lengua y
ahora pensando ponerse otro en el clítoris, buscando desesperadamente una satisfacción diferente, una fórmula fácil y rápida de encontrar una vía de escape a su vida light, esa existencia de best surfing en la tabla de sus padres, por obra y gracia
de un bufete colectivo que tienen en Barcelona y el puto dinero como si fuera una visa para entrar en el país de los porros y
las operaciones de extirparle a algunos el cerebro y trasplantarle una alcachofa o una zapatilla gastada, o una cascara de nuez
milagrosa que solo sirve para masticar chicles y buscar sexo
sintético, de ese que han fabricado en un laboratorio seguramente, sin gota de afectos ni abrazos, ni cualquier otro invento
de los Dioses que no entienden nada, porque a ver qué necesidad tenemos, según ella, de complicarnos la existencia con
amores y cosas de esas que hacen sufrir, si podemos pasarla
bien copulando y después a un botellón o a la casa de la playa
o de una escapada de fin de semana a ver El David de Miguel
Ángel a Florencia, no por otra cosa, sino para poner como un
pimiento a los conocidos de la clase, donde milagrosamente,

repite su segundo año de licenciatura en derecho, igual que sus
padres, como no podía ser de otra forma, para poder seguir con
la bendición genética de la familia de pegar una firma en un
sacro documento y cobrar una burrada. No soportaba ni a uno
solo de mis conocidos empleados como corderos y esclavos
modernos, poniendo el cuello para que los vampiros empresarios les chuparan el tiempo de sus miserables vidas fregando
platos, o a las chicas limpiando el suelo, rezando todo el día
para que llegue el momento del descanso y relajarse frente al
omnipotente ladrón del nuevo milenio, él único que es capaz de
estar a la vez en todos los hogares a la misma vez a cualquier
hora, metiendo en el occipucio de la gente las miserias del purgatorio y la paz de los difuntos: Dios tele, que estás en el salón
santificado, danos la peli de cada día con hidratos de violencia
para seguir adormecidos y no percibir cómo nos revientan los
dueños del mundo. Ni soportaba tampoco a los conocidos que
estudian, tan aplicados, como si fueran a descubrir, al terminar
sus carreras una forma milagrosa de aparcar los coches sin dar
tantas vueltas, o la vacuna contra la estupidez humana, o un
toque zen milagroso que deje flacos a los gordos en una semana, que estirpe la diabetes y el colesterol de la vida de la gente,
o un parche que nos podamos poner en la espalda y nos de alegría y sonriamos. No soportaba a mis conocidos Nini, a esos
maestros de la queja y licenciados en excusas para no hacer
nada, los que navegan en este buque de la crisis que hace aguas,
los que arrastran por el pelo las esperanzas de cualquiera con
su negatividad exagerada. Y finalmente no soportaba al peor de
todos, al que no tiñe ni da color, al que no se moja, ni tiene
siquiera el valor de izar en su barca la bandera de alguna manada, al que se siente como un lobo solitario, odiando a todo lo
que se menea, loco porque alguien diga algo para salir a armar
una pelea, con más armamento a bordo que si fuera un portaaviones, esperando el momento justo para suicidarme, con esa
certeza de que no quiero seguir aguantando esta función de
payaso, esta representación de espermatozoide que se convierte en viejo arrugado.
Entonces una madrugada me despierto llorando, con un horrible dolor de cabeza y una rabia mezclada con tristeza que me
repateaba y me doy cuenta que tal vez ha llegado el momento
de poner fin a todo, que no puedo seguir viviendo conmigo
mismo y me quedo atrapado en eso y repito que Yo no puedo
seguir viviendo conmigo y seguramente se me queda la cara
de tonto por un instante, preguntándome quien soy realmente:
Yo o Mi mismo. Cierro los ojos y respiro profundo y vuelvo a
observar a la conducta del Yo desde Mi mismo y lo veo desvalido y desesperado, atrapado en su tormenta de gota de
agua, con sus absurdas contradicciones y sus batallas. Poco a
poco los objetos de la habitación se van haciendo más y más
nítidos y hay un agradable silencio que navega en las cortinas
del cuarto mientras afuera parece que la ciudad va despertando.

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Los lloros del Alma de su Amada
Joan caRles Micó Ruiz

Siento llorar tu corazón
por la sombra del humo anquilosado y roto,
y las rosas de que te regalé
se marchitan en pasados sueños de oro.
Siento decir que te amé
porque dejaste ceniza en mi almohada,
y cuantas veces te lo rogué
me dejaste vacío hasta el fondo de mi alma.
Tú seguiste tu camino amargo,
de la droga de tu falso amigo baldío,
y ni una amada y llorosa madre
pudo decirte un “te quiero amor mío”.
Tu padre perdió el honor,
del hijo claro y robusto,
y la piel de tu dolor,
no pudo resistir su corazón marchito.
Yo te ruego, mi loco mío,
que te salves de mi recuerdo,
que te eleves a tu cielo,
y que ya abandones tu infierno.
Siento llorar tu corazón
por la sombra del humo anquilosado y roto,
y las rosas que yo me llevé,
serán fe de mi soñado retorno.

blanca santos gutieRRez

Dagas Voladoras
claudia álvaRez
“......no es casualidad que entre las palabras casado y
cansado, exista solo una letra de diferencia.....”
Lope de Vega.

La sola presencia de Nástenka tornaba agobiantes y desdichados los días de Vladimir, un hombre obeso de edad
madura, dueño de la única posada aceptable de Kóktebel en la región de Crimea. Era una típica cabaña de madera
que constituía un irreemplazable símbolo de la vida provincial rusa.
Siempre le tuvo aversión. La aversión se convirtió en odio y el odio en sentimientos torturantes.
Ella lo quería ver muerto, aunque se le hizo tarde.
La psiquis del posadero se deterioró a tal punto que lo predispuso totalmente en contra de esa mujer.
Así fue como una noche cuando ya no quedaba ningún cliente en el salón, Vladimir dirigió su penetrante mirada
hacia una daga muy afilada que había sobre el mostrador. La tomó entre sus gruesos dedos y esta salió volando para
dar con certero impacto sobre ese abominable ser.
No conforme con ello el robusto hombre se valió del resto de los punzantes elementos que allí se encontraban para
finalizar cortando en varios trozos a quien en vida fuera Nástenka, su suegra.

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La Zahúrda
MaRgaRita Wenceulen Rivas

Aquello no era propiamente lo que se llama una zahúrda. No, de hecho era solo un cuarto de unos pocos metros cuadrados habilitados, pensé yo, como trastero, esos que habitualmente se encuentran en las casitas de campo.
El dueño de aquella casa me había parecido siempre una persona bastante antipática. Era viejo, aunque aderezaba
su calva y reluciente cabeza con una coleta exigua y pobretona.
Se dejaba ver, habitualmente, a primeras horas de la mañana, cumpliendo con un ritual que parecía establecido al
efecto: regar las plantas que adornaban los parterres de la propiedad, dar una vuelta por todo el perímetro del solar
para ver si encontraba algún desperfecto. Luego, ya cumplidos con lo que parecían todos los puntos de su agenda
diaria, darle de comer al pobre animal que aprisionaba en aquel reducido trastero.
Al principio yo no sabía de qué se trataba, de qué iban aquellos gruñidos lastimosos que escuchaba frecuentemente más allá de la valla que delimitaba las dos propiedades. Más tarde intuí, ya que nunca lo pude ver, a aquel animal dentro del pequeño cubículo.
Presté mayor atención a los gritos, a esas llamadas lanzadas a un espacio vacío, a un inexistente más allá que clamaban, sin duda, por un poco de auxilio.
A mediodía, ya con el sol enteramente expuesto a su quehacer diario de calentar al mundo, el viejo de la coleta,
deambulaba por las hectáreas de su jardín provisto de una gran bolsa, haciendo acopio de ingentes cantidades de
hermosas bellotas que recogía de manera exagerada, seguramente pensando en el futuro manjar que disfrutaría llevándose a la boca cuando llegara la hora del sacrificio.
Más de una vez imaginé cómo el placer del animal al comer desaforadamente, convertía a la gula en su propio castigo, ya que sin duda estaría engordando sin control gracias a los “cuidados” más que interesados de aquel vecino
sin demasiada piedad.
Desprecié el acto de aquel hombre y el egoísmo que le llevaba a maltratar de aquella forma al animal, buscando solo
su propio beneficio.
Y pensé en la obscenidad de sus actos y si a aquella persona se le podía calificar como un verdadero Hombre.

isabel zapata ivoRRa

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Los Multiversos Fallidos
JoaQuin lloRens beltRán de heRedia

A mediados del siglo XXI los científicos habían demostrado mediante complejas matemáticas que la existencia
de multiversos era una realidad incontestable, pero la
imposibilidad de que la materia viaje a más velocidad de
la luz, teoría que ya expusiera Einstein, seguía limitando
la constatación empírica de dicha teoría. Eso hasta que
Krutz-Karponiv dedujo la energía que conforma la consciencia. Fruto de ello y de la creación de túneles cuánticos en laboratorio, la ciencia decidió dar el paso definitivo: enviar una consciencia a un universo paralelo y
traerlo de vuelta. Y yo fui el elegido. Mi conciencia viajó
por múltiples universos durante un tiempo imposible de
calcular a escala humana. Al cabo, sin embargo, regresé
a mi universo y a mi cuerpo. Pero algo había salido mal.

Mi formación científica no es capaz de averiguar el qué,
aunque me decanto por dos posibles explicaciones: una
es que, a pesar de todas las apariencias, no he regresado
a mi universo, sino a uno casi idéntico; la otra es que mi
viaje haya producido una alteración en mi propio universo que lo haya cambiado. El caso es que, al regresar mi
mente a mi cuerpo, me encontré con la sorpresa de que
nadie había oído hablar de los viajes de consciencia a los
multiversos, ni de Krutz-Karponiv, y que, al relatar las
maravillas comprendidas por mi consciencia durante mis
tránsitos, la gente no me cree, juzgando, en el mejor de
los casos, que tengo una imaginación desmedida. Así
pues, no me ha quedado otra salida que vivir como escritor de ciencia ficción.

Con Sabor a tus Besos
patRocinio gil sánchez
Este poema, como JRJ, se lo dedico a la inmensa minoría, y en
especial a ti, prenda del atardecer, por esas postales de tus ojos de
lluvia.

Me he propuesto que seas, por encima de todo,
la mujer más hermosa de este valle,
de este lugar que habitan la bruma y los pinares,
el acordeón, el vino y el verde de los montes;
que en esa melodía de la tarde vencida,
cuando menos lo espere,
me arrees como de azúcar un beso sin pedirme
por ello nada a cambio.

un poema o un relato, una mañana clara
en que una mariposa con las alas muy blancas
lleve alguna sonrisa en la que te vas dando
así como a sorbitos. No sé, prenda, que seas
además de un abrazo de reconciliaciones,
una a una las páginas de este viejo cuaderno
con sabor a tus besos en que voy escribiendo
los sueños en que vienes y me dices.

Que además de ir por dentro vayas por esa piel
morena de las lumbres que me van encendiendo.
Y que si tú me ayudas seas un poco de almizcle,
honrada, exacta y fuerte, sonajeros de lluvia,
alegre y sin preámbulos y un poco de arco iris
tiñendo en los puñados de colores
tanta sensualidad. Me lo he propuesto,
que seas esa esmeralda que se deshuesa en verdes
y a la vez en sonrisas,
algunas chiribitas de tus ojos tan negros
posándose en los míos como un polvo de estrellas;

diana caMacho bRiceño

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La Sed
FeRnando Mañogil MaRtínez

La suma de constelaciones
vertebra tu osamenta,
otorga sed de agua
a mi tórrida sepultura.
Tu beso inexorable
será mi luz futura
que andará errante
por mares y lagunas,
buscando un nuevo sol,
un nuevo edulcorante,
para endulzar mis venas
de arrope y de canela,
para satisfacer mis noches
al son de la candela
de un fuego impenetrable,
de una noche que se anhela.

José gutieRRez

Los Números
RobeRto aliFano

Infinitos los números acechan
desde cada rincón de nuestra vida.
Son los años, la trama, la perdida
heredad de las horas que se estrechan.
Cada número es símbolo de acero,
desencanto o encanto, hegemonía,
precisión matemática, grafía.
Es la espada herrumbrosa del guerrero.
Insensibles, exactos, terroríficos,
se aferran a una lógica implacable
cifrándonos la historia inapelable.
Son a veces soberbios y magníficos.
Somos fugacidad no precisada,
números somos. Somos tiempo,
nada.

Trafico con estrellas
para pagar tu reino,
coronado de auroras y voces siderales.
Me diluyo en carne
sin alma de bohemio,
pues son tus pies descalzos
el cuadro que pretendo.
Impávido te miro,
contemplo tu figura,
reñido con el mundo
por no encontrar mi cura.

evitilla

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ElPicudoBlanco8_PicudoBlanco7 25/03/15 11:03 Página 20

La Larga Espera
saRa caballeRo paniagua

Soy Alfredo, nací el último día del primer mes del año. Es
víspera de mi sexagésimo quinto cumpleaños, mañana me
jubilo, después de una vida detrás del mostrador aconsejando a la gente con qué coronar sus cabezas. Voy a contrarreloj porque en cuarenta años de trabajo aún albergo la esperanza de que mañana ocurra algo que jamás ha sucedido.
Alfredo, somnoliento, al día siguiente levantó la verja de su
sombrerería, dispuesto a que el tintín de la puerta le anunciara que entraba lo que llevaba esperando tanto tiempo. Las
horas pasaron, comió y retomó su particular cuenta atrás. A
media hora del cierre, alguien entró.

Mujer, hermosa, de unos sesenta, elegante y con prisa; saludó y preguntó:
-¿Un favor? Póngase este sombrero de mi difunto esposo, es
de su talla.
Alfredo, presumido, se caló aquel borsalino y dijo contento:
-Nunca me habían pedido que me probara sombrero alguno.

Ya es tu tiempo
Josep Manel sánchez
conchita RiveRa toRibio

Un libro escribí, de poemas, de cuentos y de cartas,
expresiones que del alma al fluir
me inundaban de reposo y de calma,
de gozos y tristezas, de inquietudes ansiadas.
¡Presas en la mazmorra de una cámara acorazada!
Y así… se me fue el tiempo
abonando una tierra seca, rocosa y árida
y me fundí en la tierra,
vistiéndome de barro encenagado
dejando mi mirada prendida en las estrellas,
y en las nubes que aladas absorbían mis ideas
y mis metas deseadas.
Mi besana sedienta al cielo le imploraba
el líquido elemento de la cultura ansiada…
y el cielo contestaba, ¡espera, aún no es tu tiempo!,
se tiene que fundir la roca y la cizaña
y extinguirse en su entraña la cosecha malsana
¡todo tiene su momento, su oportunidad preciada!
Hoy, escribo de nuevo, por el tiempo inspirada,
dando gracias al cielo, que escuchó mi plegaria.
Y me da su momento de quietud liberada.
¡Ya es tu tiempo, -me dice- tu paciencia es premiada!
Emprende tus proyectos sin detenerte en nada,
fértil es el terreno y firme a tus pisadas,
el abono está presto, la cosecha cercana,
sigue por el sendero, valora tus pisadas
que hoy la vida te ofrece su tesoro de calma
y flores que a tu paso, se te ofrecen galanas
perfumando tu espíritu, agrandando esperanzas
recíbelas gozosa, no esperes al mañana
que el futuro no existe, en tu materia humana
sólo existe el presente, ¡aférrate a él con ganas!
¡No dejes… que se ausente!

21

Palabras de Josep Esteve Rico Sogorb
hacia Conchita Rivera
TUVE

EL HONOR DE PRESENTAR EL HOMENAJE QUE A

CONCHITA RIVERA

LE RENDIMOS UN GRUPO DE ESCRITORES Y POETAS ILICITANOS EN EL

MARATÓN LITERARIO

DE

LA CALAHORRA. UN

EVENTO DONDE NUMERO-

SOS AUTORES RECITARON SUS TEXTOS, INCLUIDA LA PROPIA

PRESENTAR
PERO

CONCHITA.

ESTE ACTO LITERARIO TAMBIÉN ME RESULTÓ UN HONOR.

EL MAYOR PRIVILEGIO FUE SIN DUDA, PARTICIPAR EN EL EMOTIVO Y

FRATERNAL HOMENAJE A TAN ENTRAÑABLE PERSONA Y ADMIRADA POETISA, JUNTO A MIS COMPAÑEROS Y COLEGAS DE LA AGRUPACIÓN Y
REVISTA LITERARIA 'EL PICUDO BLANCO', COMO SE APRECIA EN LA
FOTO. CON SONRISAS DE SATISFACCIÓN Y UN BELLO RAMO DE FLORES EN
TUS MANOS, CULMINAMOS TU MERECIDO HOMENAJE, CONCHITA. EN NOMBRE DE TODOS NOSOTROS, GRACIAS. GRACIAS POR TUS AMISTAD, CREATIVIDAD, ENTREGA, ESFUERZO Y DEDICACIÓN EN EL MUNDO LITERARIO. TE
DESEAMOS LO MEJOR: LARGA VIDA, FECUNDA OBRA, BUENA SALUD Y
PERENNE AMISTAD. É XITO, SUERTE Y ÁNIMO.

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