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REPENSAR LA

JUSTICIA SOCIAL
contra el mito de la igualdad de oportunidades
Este material solo se
presta para el
Doctorado en
Ciencias Sociales

frangoís dubet
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S x / t sigloveintiuno

editores

frangois dubet
repensar la justicia social
Hay quienes piensan que el mejor modo de trabajar por la
justicia social es procurar la igualdad de posiciones, esto es,
redistribuir la riqueza y asegurar a todos un piso aceptable de
condiciones de vida y de acceso a la educación, los servicios
y la seguridad. Y hay quienes piensan que lo importante esgarantizar la igualdad de oportunidades, de manera que
cada uno coseche logros de acuerdo con sus méritos; en
el marco de una competencia equitativa. O se apuesta a un
sistema solidario, en el que es central el pape! del Estado,
o se apuesta al libre juego de la iniciativa privada.

• -

Nadie podría estar en contra de estos modelos, ya que.una
sociedad democrática debería combinar la igualdad fundamental
de todos sus miembros y las “justas ¡nequidades” que surgen del
esfuerzo y el talento personales. Sin embargo, los responsables
de la acción política deben dar prioridad a uno u otro. De
entrada, Frangois Dubet alerta contra la trampa de la igualdad de
oportunidades, que es hoy el discurso hegemónico. Aun cuando
responda al deseo de movilidad de las personas, profundiza las
desigualdades y puede conducir a la lucha de todos contra todos.
En teoría, el hijo de un obrero tiene las mismas posibilidades de
acceder a un puesto jerárquico que el hijo de un ejecutivo y, si
fracasa en el intento, se atribuirá ese resultado a razones puramente
individuales; en los hechos, entre las condiciones de vida de uno
y otro la distancia es tan honda que se vuelve infranqueable.
Decidido a instalar un debate serio, Dubet defiende el “modelo
de las.posiciones” , porque atenúa las brechas entre los
diferentes estratos sociales. Analizando el ámbito de la escuela,
la situación de la mujer y las minorías, este brillante ensayista
plantea la necesidad de una reconstrucción intelectual de la
izquierda, que debe atreverse a traducir principios en programas
y a interpelar a quienes se sienten ajenos a la cosa pública.

ISBN: 978-987-629-163-7
siglo veintiuno

editores

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Traducción de Alfredo Grieco y Bavio

t ’ í/v REPENSAR LA JUSTICIA SOCIAL c 1 contra el mito de la igualdad de oportunidades frangois dubet v y y i siglo veintiuno / X \ l editores .

D. s.3 * 3 _____________________________________ siglo veintiuno editores argentina.a. A. Siglo XXI Editores Argentina S. Buenos Aires.629 . Sector Foresta n° 1. Tres Cantos (28760). Título original: Les Places el les Chances. Guatemala 4824 (C1425BUP). I. Delegación Coyoacán (04310 ). Argentina siglo veintiuno editores.163-7 Impreso en Altuna Impresores / / Doblas 1968. de c.Ia ed. publié dans le cadre du Programme d'Aide á la Publication Victoria Ocampo. Esta obra.. 21x14 cm.987 . publicada en el marco del Programa de Ayuda a la Publicación Victoria Ocampo. Repenser la juslice sociale © Editions du Seuil et La République des Idées. Ensayo Sociológico.a.. 2010 © 2 0 1 1 . México siglo veintiuno de españa editores. Buenos Aires. Cerro del Agua 248 . 20 1 1 .a. trad. Madrid. II. Título CDD 301 Cel ouvrage. operador del Ministerio Francés de Asuntos Extranjeros y Europeos. cuenta con el apoyo de Culturesfrance. Alfredo. España Dubet. (Sociología y política / Serie Educación y sociedad) Traducido por: Alfredo Grieco y Bavio ISBN 978-987-629-163-7 1. beneficie du soulien de Cuüuresfrance. 128 p.F. Grieco y Bavio. Framjois Repensar la justicia social.v. s. del Ministerio Francés de la Cultura y de la Comunicación y del Servicio de Cooperación y de Acción Cultural de la Embajada de Francia en Argentina. en el mes de abril de 2011 Hecho el depósito que marca la ley 11.Buenos Aires: Siglo XXI Editores. opérateur du Minislére Fmngais des Affaires Elrangéres el Européennes.. Diseño de cubierta: Juan Pablo Cambariere i s b n 978 . s..723 Impreso en Argentina / / Made in Argentina . du MinistéreFranpais de la Culture el de la Communicalion el du Service de Coopéralion el d'Adion Cullurelle de l'Ambassade de Frunce en Argenline.

por permitirme utilizar algunos de los gráficos que integran un trabajo de ambos. actualmente en curso.Agradezco a Marie Duru-Bellat y Antoine Vérétout. . y también porque sus análisis han enriquecido mis propias reflexiones.

.

La igualdad de posiciones El Estado social y la redistribución El movimiento obrero y la cuestión social Asegurar las posiciones y los servicios públicos Un contrato de solidaridad ampliada La igualdad de acceso a la escuela republicana La promoción de las mujeres El “crisol francés” 2.índice Introducción 1. Crítica de la igualdad de posiciones Los límites de la redistribución La suma de las pequeñas desigualdades La protección de las posiciones contra la cohesión Las decepciones escolares Techos de cristal y ámbitos separados Segregación e identidades 3. La igualdad de oportunidades Una ficción estadística Discriminaciones y minorías La sociedad activa y la responsabilidad personal 11 17 18 21 22 24 26 28 29 33 33 37 41 43 46 49 53 54 58 61 .

Prioridad a la igualdad de posiciones Las desigualdades hacen mal Las posiciones determinan las oportunidades De la igualdad de las posiciones a la autonomía de los individuos Desigualdades y diferencias Querer la igualdad 103 106 109 Conclusión 115 Referencias bibliográficas 119 95 96 99 . el género y los cupos Políticas públicas y minorías visibles 4 .ÍO REPENSAR LA JU STICIA SOCIAL Del elitismo republicano a la igualdad de oportunidades Los sexos. Crítica de la igualdad de oportunidades Las desigualdades se profundizan Desventajas e identidades de víctimas La responsabilidad como orden moral Meritocracia y competencia escolar Abolir las desigualdades La obligación identitaria 63 66 68 73 73 77 81 83 87 90 5.

más o menos educados. Y sin embargo. que se ven asocia­ das a las diferentes posiciones sociales que ocupan los indivi­ duos. Esta representación de la justicia social busca re­ ducir las ualdades de los ingresos. de la seguridad. en el conjunto de posiciones ocupadas por los individuos. sean mujeres u hom­ bres. oportunidades. es decir. a costa de que entonces la movilidad social de los individuos no sea ya una prioridad. de su talento. al menos aceptables. jóvenes o an­ cianos. de las condiciones de vida. de su edad. La igualdád de las posiciones busca entonces hacer que las distintas posiciones estén. del acceso a los servicios. Para decirlo en pocas palabras. en la estructura social. etc. etc. más próximas las unas de las otras. Su ambición es idéntica: las dos buscan reducir la tensión fundamental que existe en las socie­ dades democráticas entre la afirmación de la igualdad de to­ dos los individuos y las inequidades sociales nacidas de las tra­ diciones y de la competencia de los intereses en pugna. blancos o negros. esas dos concepciones difieren profundamente y se enfrentan.Introducción Existen en la actualidad dos grandes concepciones de la justicia social: la igualdad de posiciones o lugares y la igualdad de. para vol­ verlas si no justas. En ambos casos se trata de reducir algunas inequidades. más allá de que ese antagonismo sea a menudo disimulado por la generosidad de los principios que las inspiran y por la imprecisión del vocabulario en que se expresan. se trata me­ . altamente dispares en términos de)sus calificaciones. La primera de estas concepciones se centra en los lugares que organizan la estructura social.

En este caso. el modelo de las oportunidades implica la paridad de la presencia de las mujeres en todos los peldaños de la sociedad. con el fin de que se en­ cuentre representada en todos los niveles de la sociedad. iguales en el punto de partida. . Del mismo modo. La segunda concepción de la justicia. la defini­ ción de las inequidades sociales cambia sensiblemente en rela­ ción con un modelo de posiciones: aquellas son menos desigualdades de posición que obstáculos que se oponen al desarrollo de una competencia equitativa. las inequidades son justas. sin poner en cuestión la brecha que existe entre las posiciones de los obreros y de los ejecuti­ vos.12 REPENSAR LA JU STIC IA SOCIAL nos de prometer a los hijos de los obreros que tendrán las mismas oportunidades de ser ejecutivos que los propios hijos de los ejecutivos. Con la igualdad de oportunidades. Se trata menos de permitir a las mujeres gozar de una paridad en los em­ pleos actualmente dominados por los hombres que de lograr que los empleos ocupados por las mujeres y por los hombres sean lo más iguales posible. se centra en la igualdad de oportunidades: consiste en ofrecer a todos la posibilidad de ocupar las mejores posiciones en función de un principio meritocrático. ya que todas las posiciones están abiertas a todos. En este caso. Quiere menos redu­ cir la inequidad entre las diferentes posiciones sociales que lu­ char contra las discriminaciones que perturbarían una compe­ tencia al término de la cual los individuos. que de reducir la brecha de las condiciones de vida y de trabajo entre obreros y ejecutivos. sin que por ello se vea transformada la escala de las actividades profesionales y de los ingresos. ocuparían posiciones jerarquizadas. la justicia ordena que los hijos de los obreros tengan el mismo derecho a convertirse en ejecutivos que los propios hijos de los ejecutivos. mayoritaria hoy en día. Esta figura de la justicia social obliga también a tener en cuenta eso que se llama la “diversidad” étnica y cultural. En este modelo. el ideal es el de una sociedad en la cual cada generación debería ser redistribuida equitativamente en todas las posiciones socia­ les en función de los proyectos y de los méritos de cada uno.

a las mujeres y a diversos grupos segregados que no pueden es­ perar cambiar de posición social porque ya están de algún modo asignados a un lugar. no es lo mismo apostar al au­ mento de los bajos salarios y a las mejoras de las condiciones de vida en los barrios populares que procurar que los niños de esos barrios tengan las mismas oportunidades que los otros de acceder a la elite en función de su mérito. Escandalizan la brecha entre los ingresos de los más pobres y los de quienes ganan por año muchas decenas de SMIC [Salario Mínimo Interprofesional de Crecimiento]. En materia de políticas sociales y de programas. Sin embargo. quiero conseguir las dos cosas. antes tengo . Tomemos un ejemplo aún más claro: 110 es lo mismo obtener. como sabemos bien. el hecho de que pretendamos a la vez la igualdad de posiciones y la igualdad de oportunidades no nos dispensa de elegir un orden de prioridades. dar preferencia a una u otra no es indistinto. que transformar los empleos que ocupan en la construcción y la administración pública para volverlos más remunerativos y menos penosos. Esta alquimia subyace en el corazón de una filosofía democrática y liberal que le ofrece a cada uno el derecho de vivir su vida como pre­ fiera en el marco de una ley y de un contrato comunes.INTRODUCCIÓN 13 Estas dos concepciones de la justicia social son excelentes: tenemos todas las razones para querer vivir en una sociedad que sea a la vez relativamente igualitaria y relativamente meritocrática. una representación igualitaria en el Parlamento y en los medios. y aun si en el largo plazo. una sociedad democrática verdaderamente justa debe combinar la igualdad fundamen­ tal de todos sus miembros y las ‘justas inequidades” nacidas de una competencia meritocrática y equitativa. Por ejemplo. porque. o bien permitir a los indivi­ duos que escapen de ella pero sin someterla ajuicio. no hay mucho que elegir entre el modelo de las posiciones y el de las opor­ tunidades. así como las discriminaciones que estancan a las minorías. para las minorías etnorraciales. A primera vista. siguiendo a Rawls y a todos los que lo han precedido. Puedo o bien abolir una posición social injusta.

contra los vientos que soplan hoy. Una sociedad no se percibe y no actúa de la misma manera según se incline por la igualdad de posiciones o por la igualdad de oportunidades. tornamos a elegir la actitud que debe ser prioritaria. está definido por su identidad.se ven enfrentados a una elec­ ción que no pueden eludir eternamente. Al final de este examen daré. incluso por su explotación. que a su vez privilegian a grupos y a intereses dife­ rentes entre sí. el argumento según el cual todo debería hacerse de acuerdo con los ideales no resiste a los imperativos de la acción política. el actor está definido por su trabajo. En el segundo caso. hijo de in­ migrantes. Desde luego. su utilidad. En los hechos. por su naturaleza y por las discriminaciones eventuales que sufra en tanto mujer. En el primer caso. estamos obligados a elegir la vía que pa­ rece más justa y más eficaz. En particular. sino que establece una prioridad. a fin de aclarar sus respectivas fuer­ zas y debilidades. etc. su función. los actores a cargo de la reforma social -los par­ tidos de izquierda. Este ensayo está construido como una especie de tribunal de justicia intelectual donde el autor será abogado. si pensamos que la acción militante y pública con­ . allí también.1 4 REPENSAR LA JU ST IC IA SOCIAL que elegir qué es lo que haré primero. la preferencia al modelo de la igual­ dad de las posiciones. en especial. sin em­ bargo. fiscal yju­ rado. Si no queremos conten­ tarnos con palabras. son enarbolados por movimientos sociales di­ ferentes. No obro de la misma manera si lucho para mejorar mi posición que si lo hago para incre­ mentar mis oportunidades de salir de ella. Analizaré sucesivamente el modelo de las posiciones y el de las oportunidades. no pueden ser confundidas y. esas dos maneras de definirse y de movilizarse en el espacio público son legítimas. En una sociedad rica pero obligada a fijar prioridades. No movilizan a los mismos actores ni ponen en juego los mismos intereses. desempleado. elección que no significa que deba ig­ norarse la igualdad de oportunidades. La elección se impone con más fuerza porque estos dos modelos de justicia social no son meros diagramas teóricos.

revisaré en forma sucesiva tres do­ minios en los cuales esos modelos de justicia se aplican coti­ dianamente: la educación. el lugar de las mujeres y el de las “minorías visibles”. A fin de dar a esta indaga­ ción un aspecto práctico. .INTRODUCCIÓN 15 siste en jerarquizar los objetivos.

.

Ese modelo . como lo revelaría en el siglo XIX el desarrollo de la miseria obrera y urbana. sin intervención pública y sin un proyecto social capaz de atenuar esos mecanismos desiguales.1. más ampliamente. Hacía falta entonces que a los derechos socia­ les se añadieran los derechos políticos para que las promesas de igualdad fueran cumplidas. ha construido una “sociedad salarial” en la que las posiciones ocupadas por los menos favorecidos son aseguradas y contro­ ladas por un cierto número de derechos sociales. pór eso que nos hemos acostumbrado a llamar la izqitierda. las socie­ dades democráticas no sobrevivirían a la cuestión social y a las heridas inferidas por el funcionamiento de un capitalismo sin contenciones. nada parecía oponerse a la acción de un capitalismo desenfrenado. por reformistas sociales y. para decirlo en palabras de Castel (1995). bajo la invocación de la libertad. las que dividen a los in­ dividuos según los ingresos. amenazara la libertad en nombre de una igualdad perfecta. La igualdad de posiciones Declarando que “todos los hombres nacen libres e iguales”. antes de que una nueva revo­ lución. El derrumbe de la sociedad del Antiguo Régimen incre­ mentó las inequidades sociales ya que. El principio de la igualdad de lugar no sólo ha buscado limitar las brechas so­ ciales. Este combate fue promovido por el movimiento obrero. las condiciones de vida y la seguri­ dad. Resultaba sin embargo claro para muchos que. sino que. mucho más radical. la Revolución Francesa ha abierto una contradicción decisiva entre la afirmación de la igualdad fundamental de todos y las inequidades sociales reales.

disminuyen las grandes inequidades sociales. las políticas de redistribución han terminado por reequilibrar el reparto de las fortunas. Abajo. La correlación entre el poder del Estado Benefactor y la igualdad social es muy fuerte. Los ingresos del 10 % de los más ricos son seis veces superiores a los del 10 % 1 Constataciones idénticas han sido establecidas por numerosas investigaciones comparativas sobre los diferentes tipos de capitalismo. los movimientos sociales y las instituciones reunidas en torno a ese modelo de justicia. Al reasignar una parte de la riqueza a la ayuda. a la derecha de la figura 1 están los países socialdemócratas del norte de Europa. mediante tasas. se constata que a mayores tasas fiscales. han acentuado las inequidades. las políticas de reducción de gastos sociales. Corea.1 En este último caso. que son casi dos veces más elevadas que en Francia. Francia y los Países Bajos. Bélgica. como en la figura 1 . Gran Bretaña y sobre todo Estados Uni­ dos. Véase Amable (2005). Cuando uno compara las economías de varios países entre sí. EL ESTADO SOCIAL Y LA REDISTRIBUCIÓN A la sombra de las ambiciones socialistas y de las utopías co­ munistas se han desarrollado políticas orientadas a reducir las desigualdades entre las diferentes posiciones sociales por la vía de las transferencias sociales.l8 REPENSAR LA JU ST IC IA SOCIAL no es sólo una concepción de la justicia social: contribuye a producir una sociedad definiendo a los grupos. los países más liberales como Canadá. las clases so­ ciales. Alemania. luego vienen los países del capitalismo “renano”. en especial de la seguridad social y de la protec­ ción de desempleados. que combina fuertes inequidades y un Estado Benefactor poco activo. impuestos y derechos de sucesión. finalmente. .

Estado Benefactor e índice sintético de la inequidad-pobreza 10. representadas por la parte de la población considerada como pobre (en el eje de las ordenadas). <3 ®-PoloniaNUeva Zelanda Australia Eslovaquia Reino Unido Canadá O— Hungría ^.00 2.0 0 - Estados Unidos 0^ Corea Portugal Italia & '"’Q ^L aponia Irlanda España Grecia '''© . se construyó sobre la base del incremento de la intervención del Estado y de las inequidades sociales. y un índice de intervención del Estado Benefactor que liga la amplitud de la redistribución a la de la legislación que protege los salarios (en el de las abscisas). el menos desigual de los países analizados. el índice de pbbreza no significa que Estados Unidos sea diez veces más desigual que Dinamarca.00 6. producto de una investigación dirigida conjuntamente con Marie Duru-Bellat y Antoine Vérétout. .P o b reza 8.00 0 . Estos dos índices están construidos sobre una escala que va del 0 al 10.00 10.00 E stado B enefactor 8.00 4. Nuestro índice sintético de pobreza combina las inequidades de los ingresos.00 Esta tabla. sino que el primero es el más desigual y el segundo.00 6.LA IGUALDAD DE POSICIONES 1 9 Figura 1.0 0 - 0.00 4. Por ejemplo.A lem ania Bélgi< l^ica Austria Francia Países Bajos ^ Luxemburgo o Noruega oruega ^ d' <3 P Suecia República Checa / ^ Finlandia ? Dinamarca •esigualdad .00 2.

los funcio­ narios en especial. en Francia. las inequidades sociales fueron redu­ ciéndose regularmente con la aparición del impuesto sobre el ingreso. En cuanto a los pobres. No sólo los más pobres han adquirido un nivel de vida decente. para retomar la vieja fórmula de Goblot. a fin de cuentas. 2001). etc. Sin embargo. vacacio­ nes. se han beneficiado ampliamente de estas conquistas sociales.5 luego del juego de transferencias sociales. al desempleo.20 REPENSAR LA JU STIC IA SOCIAL más pobre. aún más cuando el largo período de crecimiento económico posterior a la Se­ gunda Guerra Mundial ha desencadenado un círculo virtuoso de progreso y de redistribución. Se han mantenido la mayoría de las inequidades entre los empleados que cuentan con un título y los obreros poco calificados. a la salud. aunque la tendencia actual sea consi­ derablemente menor. si bien no han abandonado los últi­ mos escalones de la sociedad. la brecha era del orden de 6 antes de las tasas fiscales y cayó a 3. se han beneficiado de proteccio­ nes relativas a la duración del trabajo. Desde luego. En el siglo XX. También es verdad que los sindicatos nunca se han movilizado realmente en favor de una drástica reducción de esas distancias y que las clases medias del Estado. progreso salarial.). los “niveles” han reemplazado a las “barreras”. Han escapado progresivamente a la suerte de los “mise­ rables” y de los “condenados de la tierra”. al salario mínimo. sino que su estatus social ha sido garantizado por una serie de derechos sociales y de prestaciones. entre las profesiones liberales y las salariales. a la jubilación y a las condiciones laborales (recreación. las inequida­ des sociales se han reducido y. incluso un retroceso (Piketty. ninguno de estos regímenes sociales ha erradi­ cado totalmente la pobreza ni ha impedido que una minoría amasara considerables fortunas. entre los trabajadores intelectua­ les y los trabajadores manuales. el aumento de derechos de sucesión y los diversos gra­ vámenes a las empresas. esas políticas de reducción de las distancias sociales no han sido jamás igualitaristas. Sin embargo. Pero está claro que han inte­ grado la clase obrera gracias a todo un conjunto de derechos sociales relativo a la salud. aumentando el bienestar ge­ .

De hecho. Pero ello no impide que esta ambición se haya encarnado especialmente en la larga tradición de las luchas obreras de los siglos XIX y XX. EL MOVIMIENTO OBRERO Y LA CUESTIÓN SOCIAL El modelo de justicia centrado en la reducción de las inequi­ dades entre las posiciones sociales no debe ser considerado como una filosofía abstracta y racional que se aplicará a las so­ ciedades en función de elecciones teóricas. de ponerlas a su servicio “encastrándolas” en la sociedad (Polanyi. mientras que el funcionamiento normal del mercado puede ahondar las inequidades hasta grados extremos. a fin de cuentas. desde el catolicismo social hasta los empresa­ rios utopistas y filántropos. La fraternidad. consolidándose la certeza del progreso social: a los derechos democráticos les siguen derechos socia­ les que reducen la tensión entre la igualdad formal y las desigualdades reales. .LA IGUALDAD DE POSICIONES 21 neral sin socavar la jerarquía social. En efecto. Pro­ gresivamente ha ido. pasando por los altos funcionarios y por todo el tejido de movimientos mutualistas. inscrita en el frente de los ayuntamientos al mismo nivel que la libertad y la igualdad. esta política procede de una larga construcción elaborada por ac­ tores heterogéneos. que han terminado por hacer triunfar ese modelo. permite responder afirmativamente. 1944). la importante labor de los Estados de Bienestar. Cada cual podrá inclinarse por políticas que fueron buenas para él o para los otros. las socieda­ des industriales han tenido la capacidad de enmarcarlas. acaso heteróclitos. es un voto pío que poco a poco ha ido desapareciendo. de imponerles reglas y. En momentos en que algunos se preguntan si el capita­ lismo es susceptible de ser reformado. que han logrado reducir las inequi­ dades sociales y garantizar las posiciones ocupadas por los más frágiles. desde el Manifiesto de los iguales de Gracchus Babeuf hasta las grandes confederacio­ nes sindicales.

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REPENSAR LA JU STIC IA SOCIAL

A través de huelgas, manifestaciones y relaciones de fuerza,
los sindicatos obreros se han esforzado por vender la fuerza
de trabajo a un mejor precio. Instalaron la idea según la cual
la redistribución de la riqueza era mucho más legítima que el
hecho de que la fortuna de unos reposará sobre la explota­
ción de otros y, en ese caso, el mejoramiento de la condición
de los trabajadores era una manera de recuperar aquello que
les había sido “robado”. La justicia social no era solamente
una cuestión de moral y de compasión hacia los más pobres;
era una redistribución legítima, una suerte de nivelación en
un juego de suma cero. La fuerza de esta representación
viene de eso que se ha extendido progresivamente al con­
junto del mundo del trabajo, ya que los derechos sociales
conquistados por algunos deben ser aprovechados por todos,
incluyendo a quienes no tengan los medios para luchar por
ellos. Aun siendo minoritarios, hubo sindicatos que pudieron
negociar acuerdos parciales y después derechos sociales uni­
versales, que beneficiaron a todos los ciudadanos en nombre
de la igualdad o, sobre todo, en nombre de la igualdad entre
los mismos trabajadores. Evidentemente, esta historia no ha
sido todo lo armoniosa que uno creería y muchos grupos so­
ciales han quedado fuera de esa epopeya.
ASEGURAR LAS POSICIONES Y LOS SERVICIOS PÚBLICOS

Eso 110 impide que la igualdad de posiciones haya sido promo­
vida (y siga siendo ampliamente apoyada) por actores indivi­
duales y colectivos que han convertido la lucha de clases en
compromisos sociales y en reglas de derecho. Se ha creado un
mecanismo que transforma los conflictos sociales en participa­
ción política, en reducción de inequidades y en integración
social. Muy a menudo, sin embargo, el camino hacia la igual­
dad sólo ha sido indirecto, ya que las grandes luchas obreras
han apuntado menos a la reducción de la brecha en los ingre­

LA IGUALDAD DE POSICIONES 23

sos que al desarrollo de la protección social y a la obtención
de derechos sociales. De hecho, el mes de junio de 1936 será
recordado más por las conquistas de la semana de cuarenta
horas y de las vacaciones pagas que por un aumento masivo de
los salarios. Del mismo modo, los años de la Liberación fueron
en primer lugar los de la generalización progresiva de la segu­
ridad social. Unicamente los acuerdos de Grenelle, en 1968,
son recordados por un importante aumento de los salarios
obreros, por más que sus efectos sobre las desigualdades ha­
yan sido relativamente débiles ya que la entera jerarquía sala­
rial se ha beneficiado con ellos, y aunque la inflación de la dé­
cada de 1970 haya reducido levemente el aumento.
Más recientemente, la ley sobre las treinta y cinco horas de
trabajo tradujo la misma lógica: apuntaba menos a reducir di­
rectamente las desigualdades de los ingresos que a multipli­
car las posiciones y los empleos compartiendo el trabajo. De
hecho, el movimiento hacia la igualdad ha consistido sobre
todo en asegurar las posiciones ocupadas por los trabajadores
gracias al derecho a huelga, a la atención médica, al ocio, a la
vivienda, a la jubilación, etc. Esta igualdad se orienta no tanto
a reducir directamente las distancias de los ingresos como a
proteger los salarios (en especial los más modestos) de los
riesgos engendrados por las vicisitudes de la vida. Es el princi­
pio de la sociedad salarial (Castel, 2009).
El hecho de que el modelo de igualdad de posiciones haya
sido promovido principalmente por el movimiento obrero y
los partidos de izquierda ha tenido dos consecuencias impor­
tantes. La primera proviene de que el trabajo ocupa un lugar
esencial, ya que la mayoría de los derechos sociales derivan
de él (como ocurre en la actualidad );.2 Para la mayoría, esos
2 Este tipo de derechos ha pesado' en la construcción estadística
francesa, centrada en la actividad antes que en el modo de vida y los
ingresos, como en Gran Bretaña. Véase Duriez, Ion, Charlot y Pin?onCharlot (1991).

2 4 REPENSAR LA JU STIC IA SOCIAL

derechos son los del trabajador, y hubo que esperar mucho
tiempo para que el RMI [Ingreso Mínimo de Inserción] acor­
dara derechos a quienes los habían perdido por haber sido
expulsados del mercado laboral, y mucho más aún para que
la cobertura médica universal fuera otorgada a los indigentes.
De hecho, la igualdad de posiciones es un derecho derivado
del trabajo.
La segunda consecuencia es más universal y concierne a la
creación de equipos colectivos dirigidos a “desmercantilizar”,
en palabra de Esping Andersen (2007), el acceso a ciertos
bienes. Aquí, la igualdad procede menos de la igualación de
los ingresos que de poner a disposición de todos los bienes re­
servados durante tanto tiempo para unos pocos. Es el caso en
especial de los transportes públicos, de la implantación de los
servicios públicos, de la educación y de todas las obras públi­
cas gratuitas, porque su costo se reparte entre el conjunto de
los contribuyentes. Esos bienes no entran directamente en la
estadística que mide las inequidades sociales; sin embargo,
ellos también contribuyen a la igualación progresiva de las po­
siciones, ya que todos pueden beneficiarse de ellos. Por otra
parte, durante mucho tiempo la República ha concebido su
rol social en relación con la inversión en obra pública: cada
comuna debía tener escuelas, su universidad, su correo, su co­
misaría, su pileta, su biblioteca, su sala de reunión, etc. Los
servicios públicos y su gratuidad son percibidos como una de
las condiciones de la igualdad de posiciones. Como correlato,
cuando una de esas obras cierra, los habitantes tienen la sen­
sación de haber sido abandonados por la República.
UN CONTRATO DE SOLIDARIDAD AMPLIADA

La igualdad de posiciones y la redistribución remiten a una
concepción general de la sociedad construida en términos de
trabajo, de utilidad colectiva y de funciones -concepción que

Porque estamos ligados a ese contrato es que estamos invitados a volvernos iguales benefi­ ciándonos de los servicios y protecciones ofrecidos a todos.LA IGUALDAD DE POSICIONES 2 5 se combina con un sistema de clases y de conflictos de clases-. su fuerza radica en apelar a un contrato so­ cial que repose sobre un amplio “velo de la ignorancia” y en tender hacia sistemas de protección universalistas. Por más que esta filosofía pueda parecemos disuelta en la actualidad. si se da prioridad a los reclamos por la igualdad social. es normal que las adquisiciones sociales particulares sean ampliadas a todos y que la igualdad sea una consecuencia del contrato social más que un objetivo político. no es sólo porque los individuos sean funda­ mentalmente iguales. la igualdad y la protección de los trabajadores son una manera de reembolso de la deuda so­ cial. por eso. . Se comprende entonces mejor por qué el desarrollo del Estado Benefactor ha desempeñado un papel más importante que la búsqueda directa de igual­ dad merced al conflicto social y a la negociación salarial (Ewald. si se les saca a los ricos para darles a los pobres. en tiempos en que los vínculos interpersona­ les del Antiguo Régimen y del paternalismo patronal ya no bastan para equilibrar los dones y sacrificios. la sociedad les debe algo. es menos en nombre de una obligación ética hacia los pobres que en función de una unidad de la vida social y de las obligaciones de la “solida­ ridad orgánica”. sino también y sobre todo porque los trabajadores contribuyen a la producción de la riqueza y del bienestar colectivo y. Desde esta perspectiva. algo que cada uno le debe a la colectividad y que la co­ lectividad le debe a cada uno. 1986). y en especial a los trabajadores. Es esta ampliación del propio contrato de trabajo la que se halla en el centro de la lucha de la República social y de la iz­ quierda. En este esquema. ya que cada uno se encuentra encerrado en un sistema de deudas y de créditos sociales: debo algo a toda la sociedad y toda la so­ ciedad me debe algo. Desde esta perspectiva. Para retomar el lenguaje de la solidaridad que caracterizó a Léon Bourgeois y Léon Duguit.

es necesario redu­ cir las desigualdades entre las posiciones sociales. tal como se ha desarrollado en Francia. a fin de formar una nación en tiempos en que la Iglesia ya no ofrecía ese vínculo sino que. la igualdad de posiciones. LA IGUALDAD DE ACCESO A LA ESCUELA REPUBLICANA La creación de la escuela laica. adquie­ . De hecho. además de este bien común. incluidos los menos favorecidos. era manifiestamente hostil a la Repú­ blica. las niñas y los niños no frecuentarían la misma escuela. la misma lengua y los mismos valores. algo que todos los ciudadanos pudieran compartir. mientras que la segunda se dirige más bien a fi­ jar las posiciones y a asegurarlas. La primera consiste en reducir las distancias. Desde este punto de vista. Esta concepción de la escuela republicana no ha sido jamás cuestionada por el movimiento obrero.2 6 REPENSAR LA JU STIC IA SOCIAL En definitiva. La igualdad escolar presupuso la convic­ ción de que la escuela debía ofrecer un bien común. es necesario que cada uno esté en su lugar siempre y cuando ese lugar sea aceptable y esté asegurado. que consideraba que la educación es un valor “en sí” y que todos debemos benefi­ ciarnos de ella. ya que esta escuela ofrece a todos los niños la posibilidad de compartir la misma cultura. esta escuela no es igualitaria más que en la medida en que ella genera unidad y garantiza que todos los alumnos. antes bien. por otro. y acaso sea profundamente conservador. Pero. Por un lado. la escuela republi­ cana necesitaba preparar a cada uno para un puesto laboral o profesional que le era asignado en el orden social: los niños de pueblos rurales y los de la burguesía. ha estado dominada por la tensión entre dos grandes tendencias. lo que es una manera indi­ recta de producir la igualdad. este modelo de justicia social no es igualitarista. gratuita y obligatoria hacia fi­ nales del siglo XIX fue un progreso real en materia de igual­ dad de posiciones.

busca producir igualdad sin trastocar el orden so­ cial. Buscaba aproximar las diferentes condiciones escolares sin trastocar la estructura social y sus je­ rarquías. los hijos de las clases favorecidas se veían reservar los pequeños liceos. Según ella. La prueba está en que. la escuela a la que el alumno ingrese sea idéntica a la de cualquier ciudad o pueblo vecino. Si la na­ ción no debía privarse de los mejores talentos salidos del pue­ blo. no procuraba dotarlos a todos con las mismas oportunidades de buen éxito. Esto explica que lo esencial del esfuerzo público se haya consagrado durante tanto tiempo a la enseñanza elemental. la igualdad es ante todo la unidad de la oferta escolar. los liceos y las humanidades clásicas. que constituían la clave de los estudios más largos. A pesar de la nostalgia que a menudo se asocia al recuerdo de la escuela republicana francesa. sea del pueblo que sea. junto a la escuela comunal. la igualdad será tanto mejor asegurada en la medida en que. más prestigiosos y más rentables. que los programas y la orientación pedagógica sean los mismos y que los maestros sean elegidos de idéntico modo. Es así como rease­ gura las posiciones: ofrece a todos la dignidad escolar a la que cada miembro de la sociedad tiene derecho.LA IGUALDAD DE POSICIONES 2 7 ran un bagaje mínimo de conocimientos. en nombre del “contrato social” republicano. En este sentido. A la vez igualitarista y con­ servadora. Esta concepción de la igualdad de las posiciones ha producido también uno de los rasgos más característicos de la escuela francesa: su centra­ lismo y su uniformidad. en efecto. el elitismo republicano reposaba sobre una concepción muy particular de la justicia escolar. Esta escuela asocia un rela­ tivo acercamiento de las posiciones sociales a la seguridad de poder conservar la posición propia. La igualdad no impedía que cada uno debiera quedarse en su posición. hay que recordar que su concepción de la igualdad no atendía muy especialmente a la igualdad de oportunidades. en especial para hacer de ellos funcionarios y otros “húsa­ res” de la República. una vez que esta posición estaba asegurada y mientras que el zóéalo de la cultura común se viera progresivamente ampliado. De este modo. .

Así.) y. Por lo demás. Basta con ver cómo el Partido Comunista. hay que atribuir a esta razón que el trabajo asalariado de las mu­ jeres haya sido percibido durante mucho tiempo como la condición esencial de la igualdad: garantizaba a la vez una cierta autonomía y protecciones sociales que. gracias al acceso -tardío. Las mujeres podrían obtener la igualdad a la que tenían derecho a aspirar. en especial en su lugar familiar en tanto esposas y madres. más aún. la escuela ha orientado a las jóvenes hacia trabajos considerados femeninos (costura. se opuso mucho tiempo a la anticoncepción. en función de su “naturaleza” y de su posición en la división sexual del trabajo. este relato que calca el destino de las mujeres sobre el de otros trabajadores (es decir. las políticas de la familia se han dirigido a asegurar el lugar de las mujeres en la familia y a mantenerlas allí. Desde esta perspectiva. en dos siglos. las mujeres acce­ den a los derechos que detentan los hombres. cuidados a las per­ sonas. Si. Por lo demás. por un lado. de hombres) no es tan glorioso como podría parecer: el retraso de las mujeres en materia de igualdad pone al desnudo la tensión interna en la igualdad de posiciones entre la lógica de la igualdad y la ló­ gica de la seguridad social.a los derechos políticos y sociales. hacia el hogar. etc. pasa­ rían por los derechos del marido. las mujeres han visto cómo sus posiciones sociales se acercaban a las de los hombres. que . durante un pe­ ríodo muy largo. Era necesario que las mujeres fueran iguales en todo pero al mismo tiempo que se quedaran en su lugar. por el otro se las invita con fuerza a permanecer en su lugar y la mayoría de las políticas combinan esos dos discursos. se consideraba que las mujeres debían conseguir la igualdad por el trabajo. acérrimo defensor de la igualdad de las posiciones. La igualdad de posiciones ha asegu­ rado a las mujeres una cierta promoción. Sin embargo.2 8 REPENSAR LA JU STICIA SOCIAL LA PROMOCIÓN DE LAS MUJERES Parece poco discutible que. sin ella. en términos de derechos y de acceso a las diferen­ tes posiciones sociales.

Y sin embargo. las ciencias sociales francesas y los grandes partidos se pronunciaron desde un primer momento con respecto a la cuestión social. como por ejemplo en la década de 1930. por otra parte. la proporción de migrantes fue casi tan elevada en Francia .LA IGUALDAD DE POSICIONES 29 podía dar a las mujeres el gusto “pequeño burgués” de la li­ bertad. aun allí. mientras que los partidos políticos en Estados Unidos opo­ nían los White Anglo-Saxon Pro testan tsf (Wasps) a los recién llegados. En lo esencial. en espe­ cial la sociología urbana de la escuela de Chicago. Du­ rante un período muy largo. a riesgo de que resultara inferior a la de sus maridos y hermanos. la igualdad de las posiciones no significó un cuestionamiento a la división sexual del trabajo. hay que admitir que el pro­ greso ofrecido a las mujeres fue mucho tiempo concebido como la garantía de una posición estable y asegurada. A menos que pensemos que todo esto provenía solamente de un arcaico reflejo misógino. el movimiento feminista se desarrolló en los márgenes de la izquierda antes que en su corazón: so­ cialistas y comunistas explicaban a las mujeres que la mejora de su situación dependía ante todo del triunfo del movi­ miento obrero y de los progresos de la condición salarial. está dirigida. a reducir las brechas sin por ello abolirías. y que el derecho a la anticoncepción y al aborto chocó con resistencias considerables. las asignaciones fami­ liares. durante algunos períodos de nuestra historia. se cons­ truyó sobre los problemas de la inmigración y dél melting-pot. Hay que recordar que el derecho al voto fue conce­ dido en Francia a las mujeres recién en el momento de la Li­ beración. EL “ CRISOL FRANCÉS” Mientras que la sociología empírica norteamericana. Construida por la solidaridad nacional. los servicios públicos y los sistemas de jubilaciones y pensiones.

la razón y la democracia (Schnapper. conduce a proyectar las cues­ tiones culturales y nacionales sobre los problemas del tra­ bajo y del régimen salarial. el modelo social republicano apunta a la igualación progresiva de las posiciones y construye mar­ cos políticos y un imaginario de la integración social. Una vez asegurado este lugar. los migrantes entran desde un co­ mienzo en la economía y en los sectores menos calificados. quienes se elevan a las profesiones mejor remuneradas. Parecería evidente que el modelo republicano y la identidad francesa acabarán por disolver a los recién llega­ dos en un conjunto nacional que se percibe simultánea­ mente como particular y como universal. desde la Gran Depresión hasta el Frente Na­ cional. En este marco conceptual. estabi­ lizan sus posiciones. fundado sobre el “crisol francés” (Noiriel. Si la sociedad francesa no ha ubi­ cado a los migrantes en el corazón de su modelo de justicia social. acceden a la ciudadanía y. un mito antes que una realidad. 1988): este relato. Según este paradigma. Se forma una concepción de la toleran­ cia laica en la cual las diferencias culturales son aceptadas desde el momento en que se ven acantonadas en la vida pri­ vada y que renuncian a expresarse públicamente a través de los partidos y de los sindicatos. y muy a menudo. Desde el siglo XIX. terminan (teóricamente al menos) por asimilarse a la cultura nacional y por volverse tan franceses “como los de­ más”. la side­ rurgia y la metalurgia. En el trabajo. ad­ quieren los derechos sociales de los otros trabajadores. en la minería. que son abandonados por los obreros franceses. se ha forjado un relato de integración. Así. 1994). se convierten en los actores principales del sindicalismo.30 REPENSAR LA JU ST IC IA SOCIAL como en Estados Unidos. declinación del modelo de la igualdad de posiciones. También en esto. a las crisis xenófobas no les faltan vínculos con ese es­ tado de las cosas. a través de una escuela republicana abierta a to­ dos. los migrantes se ven definidos antes por su cultura que por su trabajo. no . puesto que en­ carna los derechos del hombre.

hay una gran distancia entre este discurso y la realidad.LA IGUALDAD DE POSICIONES 3 1 pueden existir políticas sociales específicas hacia los migran­ tes. Pero esto no significa que sea una simple fábula. Sin nostalgia alguna. Por otra parte. al dar derechos y protecciones sociales a los más pobres. Por cierto. esto merece ser subrayado en un momento en el que ese principio de jus­ ticia sufre fuertes críticas. es más “socialista” que “comu­ nista”. incluso por vías desviadas. Así. segregación y ra­ cismo. Hoy por hoy. El modelo de la igualdad de las posiciones ha sido menos igualitarista y proclive a “compartirlo todo” que redistribui­ dor y asegurador. porque estos son convocados a fundirse en la clase obrera antes de diluirse en la nación. . por­ que ha construido prácticas y englobado a los recién llegados en una concepción de la justicia social centrada en la aper­ tura para ellos de los derechos del hombre y la seguridad de las posiciones. el modelo de la igualdad de las oportunidades se ve asociado a una forma de construcción y de representación de los actores sociales elaborada en tornó al trabajo y a la utili­ dad funcional de cada uno. En esté sentido. En lo que respecta a la lucha contra las desigualdades sociales. y un entero con­ junto de mecanismos institucionales y de representaciones políticas ha contribuido a realizar un modelo de justicia cuya eficacia parece poco refutable. las desigualdades han sido reduci­ das a lo largo de un prolongado período. este modelo es defendido feroz­ mente por quienes ven en él la piedra miliar de la integración social frente a las amenazas comunitaristas. el compromiso del Estado de Bienestar y de las tasas de redistribución conserva su efica­ cia cuando se compara entre ellas a las sociedades. Se inscribe en una concepción general del contrato so­ cial en la cual cada uno se beneficia con una solidaridad “or­ gánica” donde el asedio y la progresiva reducción que sufren las desigualdades es la consecuencia de una representación integrada de la sociedad en torno a la acción del Estado. donde se combinan xenofobia.

.

2. Crítica de la igualdad
de posiciones

Va de suyo que la puesta en práctica de una política
resulta siempre inferior a sus principios, en especial cuando
desaparece el fuerte crecimiento económico que requiere
para su despliegue. Pero puede ocurrir también que sus am­
biciones mismas descubran vicios escondidos, efectos no que­
ridos: esto ocurre, precisamente, cuando la protección de las
posiciones dificulta y disminuye la reducción de las desigual­
dades entre esas posiciones. Aunque por lo común la crítica a
este modelo se ejerce en nombre de una ideología liberal, no
puede, sin embargo, reducirse a este único punto de vista. En
efecto, puede practicarse también en nombre de los princi­
pios y de las aspiraciones de la igualdad de las posiciones. Es
el punto de vista que desarrollaré aquí.
LOS LÍMITES DE LA REDISTRIBUCIÓN

Las sociedades que desarrollaron un Estado de Bienestar po­
deroso se ven globalmente menos afectadas por las desigual­
dades que las otras. Pero este argumentó no bastá para justifi­
car el modelo de la igualdad de las posiciones. No puede
defenderse eternamente el Estado de Bienestar y la redistri­
bución partiendo de la mera constatación de que, en otros
lados, todo es peor; en el seno mismo de las sociedades fuer­
temente protectoras, las desigualdades están lejos de ser des­
preciables, como lo muestra el gráfico del capítulo anterior:

34

REPENSAR LA JU STICIA SOCIAL

países que presentan tasas de redistribución análogas tienen
desigualdades de amplitud diferente. En este asunto lo que
importa no es solamente qué parte de los recursos es tomada
a la sociedad y qué parte juega el gasto público; es igualmente
importante la manera como esta parte es tomada y gastada.
Como el Estado de Bienestar francés es corporativo o con­
servador, según la tipología de Esping Andersen (2007), pro­
tege bien a los que están integrados y mal a los que no lo es­
tán. La igualdad se ve limitada a los incluidos, mientras que
los más frágiles, los outsiders, encuentran dificultades para en­
trar en el sistema y para acceder al núcleo duro del mundo
del trabajo, con todos los derechos que ofrece. Durante los
últimos treinta años, Francia se caracterizó por una tasa de
desempleo elevada, al mismo tiempo que los trabajadores con
empleos fijos estaban relativamente bien protegidos. De ma­
nera general, los países corporativos asocian desigualdades
relativamente débiles a tasas de desempleo elevadas. Todo
ocurre como si las sociedades eligieran entre dos grandes fi­
guras de contrato social. O bien protegen a una gran parte de
la población y limitan las desigualdades excluyendo a los que
no pueden entrar en el sistema, o bien abren sus puertas a to­
dos, pero al precio de grandes desigualdades. Es el sentido de
la respuesta de Tony Blair a los críticos de la izquierda fran­
cesa: el primer deber de la solidaridad es ofrecer un empleo
a todos. ¡Ausencia de desigualdades o ausencia de desem­
pleados! Aun si se elige la igualdad de las posiciones, la fór­
mula no es milagrosa, incluso en los países socialdemócratas
más virtuosos: las desigualdades sufridas por las mujeres y los
inmigrantes son en ellos relativamente elevadas.
Cuando el crecimiento no pudo seguir dando un empleo a
todos, el carácter corporativo del Estado de Bienestar se re­
veló a plena luz del día. Por detrás de la igualdad de las posi­
ciones se yergue la coalición de los regímenes especiales y de
los corporativismos, y el hecho de que, se presenten como “de­
rechos adquiridos” y desigualdades legítimas no cambia nada
a la cuestión. Más allá del gran contrato de solidaridad hay

CRÍTICA DE LA IGUALDAD DE POSICIONES 3 5

una miríada de derechohabientes que disponen de ventajas
específicas. No son todos “privilegiados”, pero este mosaico
de estatutos particulares parece intocable. Exagerando un
poco, se puede incluso afirmar que el sistema político francés
sigue siendo representativo de esta multitud de intereses: la
derecha no podría hacer nada a los médicos, a los notarios, a
los campesinos, a los patrones y a los propietarios; mientras
que la izquierda nunca podría tocar a los docentes, a los fun­
cionarios, a los asalariados de las empresas públicas que iden­
tifican sus intereses con los de la nación.
Sin afirmar, como lo hacía Timothy Smith (2006), alu­
diendo al movimiento de diciembre de 1995, que “el Antiguo
Régimen está vivo y marcha por las calles”, hay que reconocer
que la solidaridad es mucho menos universal y desinteresada
de lo que se dice. Resultaría fastidioso y desagradable dar la
lista de los “derechos adquiridos” que sería indispensable des­
mantelar, si no fuera porque esa lista subrayaría que esos de­
rechos adquiridos se despliegan a lo largo de la escala social.
Es cierto que la crítica liberal resulta netamente más sensible
a los “derechos adquiridos” de los ferroviarios que a los de los
médicos, los terratenientes y los beneficiarios de exenciones
fiscales. Pero sigue siendo cierto, no obstante, que mil siste­
mas aseguradores de posiciones han sustituido a los órdenes
estamentarios del Antiguo Régimen. Este conjunto no ten­
dría nada de chocante si no dejara agujeros, vacíos, para los
que no tienen lugar en él: empleados precarios, jóvenes sin
protección social, mujeres solas, extranjeros sin derechos de­
ben caer todos en las redes de seguridad o depender de la ca­
ridad. En proporción, dado que los gastos sociales son casi
del mismo orden en Francia y en los; países escandinavos
(31% en Francia y 33% en Suecia), nuestro país tiene entre
dos y tres veces más pobres. En cuanto a los jóvenes, se ven
ampliamente desfavorecidos, porque les resulta particular­
mente difícil adquirir un lugar: sü pobreza aumenta, la pro­
longación de los estudios no les ofrece más que una protec­
ción pasajera y, por añadidura, cargan con el peso de la

las que procuran las mutuales.3 6 REPENSAR LA JU ST IC IA SOCIAL deuda social (Baudelot y Establet. Un lazo de desigualdad. Cuando el crecimiento ya no asegura la protección de las posiciones y el mantenimiento de una jerarquía social. 2006). a las proteccio­ nes elementales de salud. 1998). mientras que las otras clases tienen derecho sólo al servicio mínimo. el “velo de la ignorancia” se desgarra y la representación de la estructura social se transforma. Estas clases suman. En Estados Unidos (pero el juicio valdría también para Francia). 2000. estratificada a su vez. Son sus hijos los que hacen los estudios más largos y más rentables. pero orgánico. al mismo tiempo que se benefician de la gratuidad del sistema escolar. Theda Skocpol (2000) denuncia el “poder gris” que orienta las transferencias sociales hacia las personas de mayor edad en lugar de derivarlas hacia los más jóvenes y los más pobres. la igualdad de las posiciones resulta favorable a una vasta clase media. los individuos de la “clase media” tienen el senti­ miento de verse amenazados por una “subclase” de pobres. se volvió evidente que la “vieja” concepción de la estra­ tificación social fundada sobre las clases sociales y las activida­ des profesionales era reemplazada por una visión más simple y más cruel: englobados en un grupo central que ya es hete­ rogéneo. Esta ventaja se debe a que estas clases son más numerosas en la función pública y los empleos protegidos. se ve sustituido por clivajes que oponen a los que se sienten integrados en la sociedad y a los que se alejan . que es la que se siente amenazada cuando el crecimiento ya no garantiza más aquella solidaridad de la cual es la primera beneficiada. En el curso de una investiga­ ción sobre los sentimientos de injusticia en el trabajo (Dubet. mientras que una clase de “superricos” se aleja ella también del núcleo central. De hecho. son ellas las que se benefician de los servicios ofrecidos por las ofi­ cinas de recursos humanos de las grandes empresas públicas o privadas. Chauvel. de trabajadores precarios y de extranjeros que va avanzando progresivamente. y a que aprovechan más los servicios públicos y las ventajas diferenciales asociadas a ellos.

tal como atestigua el miedo omnipresente de los ries­ gos de caída social. 2003). ese hecho tiene su origen en un doble fenó­ meno que no captan las estadísticas en bruto de las desigual­ dades. 2005. LA SUMA DE LAS PEQUEÑAS DESIGUALDADES El hecho de que la percepción de las desigualdades se exa­ cerbe mientras que los indicadores objetivos conduzcan a jui­ cios mucho más ponderados no se debe solamente a una nos­ talgia por aquella supuesta edad de oro que fueron los “gloriosos treinta”. En realidad. acen­ tuando lo que los sociólogos llaman la “frustración relativa”. esto se explica probablemente por el hecho de que el modelo de la igualdad de las posiciones parece cada vez más difícil de ase­ gurar. Lagrange. Nada ilustra mejor esta evolución que la dispo­ sición social de la ciudad contemporánea en la cual la nueva burguesía. Esto no proviene solamente del hecho de que las normas de consumo se elevan más rápido que los medios de satisfacerlas. El hecho de que las desigualdades sociales no se acrecienten tanto como se pensaba no impide que la con­ ciencia de las desigualdades sea cada vez más aguda. aquella época en la cual se podía compar­ tir la riqueza al mismo tiempo que uno se enriquecía. que miden efectos agregados y desigualdades ya crista­ lizadas: la emergencia de desigualdades “nuevas” y la acumulación de desigualdades “minúsculas”. aparecen en la conciencia desigualdades que no son nuevas. 2009) . de ser un desclasado y de marginalizarse (Maurin. pero que parecen tales porque se las mide y porque existe un .CRÍTICA DE LA IGUALDAD DE POSICIONES 3 7 cada vez más. los pobres y las clases medias ocupan territorios cada vez más netamente separados: cuando las desigualdades sociales son concentradas y reagrupadas en el espacio. Cuando el modelo de la igualdad de posiciones se fisura. 2006. sus efectos sociales se ven acrecentados (Donzelot.

las desigualdades corresponden esencialmente a las diferencias y brechas entre los ingresos. En este sentido. para aquellos que no tienen posi­ ción estable y que vienen a hacer competencia a los asalaria­ dos protegidos. en cambio. la justicia de las posiciones resulta profunda­ mente conservadora: favorece a quienes ya cuentan con una posición establecida e invita a los outsiders a mantenerse en el lugar subordinado que les es acordado. 2006). place). las mujeres. En los márgenes de la igualdad de las posiciones -y a veces esos márgenes se vuelven mayoritarios. mientras que los outsiders apelan a otras concepcio­ nes de la justicia social. Cuando se razona en términos de posición social y de estatus. En el fondo. Hemos mostrado que si el núcleo duro del asalariado permanecía muy unido a la igualdad de las posiciones. Para en­ trar en la lucha de clases. al principio del mérito (Dubet. Es incluso posible subsumir . generaciones.se constituyen grupos que se definen como minorías más o menos discrimi­ nadas y cuya lista a priori es más o menos infinita: regiones desfavorecidas.38 REPENSAR LA JU ST IC IA SOCIAL apego cada vez mayor a la igualdad fundamental de los indi­ viduos. poblaciones di­ versas. etc. La debilitación relativa del movimiento obrero y sindical quita al modelo de la igualdad de oportunidades uno de sus principa­ les apoyos. clases etarias. emergen nuevos actores que reclaman menos la igualdad de las posiciones que la igualdad de las oportunidades para acceder a todas las posi­ ciones. que afectan las condi­ ciones de vida de los individuos. la fórmula de Vincent de Gauléjac (1997) sobre el pasaje de la lucha de clases ( classes) a la lucha de plazas (places) encuentra una amplia justificación. y resulta claro que la escasez relativa del empleo que caracteriza a Francia desde hace más de treinta años afecta profundamente un modelo de justicia que ha conocido su apogeo con los años de crecimiento y de pleno empleo. los jóvenes y los hijos de los inmi­ grantes eran más sensibles. hay que contar con un lugar (plaza. Este cambio pesa sobre la posición misma de las desigual­ dades. Mientras que el movimiento obrero ve cómo se re­ ducen sus bastiones tradicionales.

al fin del recorrido escolar. La parte de esta desigualdad que se debe a desigualdades inicia­ les (por ejemplo. las pequeñas desigualdades ini­ ciales se han transformado en grandes desigualdades escola­ res (Duru-Bellat. juegos “educativos”. 2002). La percepción de las desigualdades vividas es mucho más intensa de lo que son las meras desigualdades de ingre­ sos captadas por las estadísticas.) y. sino que las desigualdades reales son produci­ das por la acumulación de pequeñas desigualdades que aca­ ban por crear diferencias mucho más considerables que las meras diferencias dé ingresos. al ubicarse en el punto de vista de los individuos. Nada muestra mejor este pro­ ceso que la formación de las desigualdades escolares. como sus padres son menos ambiciosos y menos informados. pierden progresivamente esta ventaja por la suma de las elecciones y el juego de las . bastante limitada. Se sabe también que los maestros son me­ nos optimistas con respecto a estos alumnos y que. etc. estas desigualdades no dejan de profundi­ zarse. las desigualdades se acentúan aún más. a primera vista. a medida que se avanza en el currículo escolar. Pero. turismo cultural o cultivado. Las familias modestas uti­ lizan menos recursos educativos no escolares susceptibles de producir diferencias en los rendimientos escolares (visitas al museo. parece que estas construccio­ nes estadísticas borran desigualdades decisivas.CRÍTICA DE LA IGUALDAD DE POSICIONES 3 9 esta estratificación en una representación de la sociedad en términos de clases sociales. Se sabe que la concentración de los alumnos más débi­ les en las mismas clases y en las mismas escuelas acentúa su debilidad relativa. muy alejada de la vida de los indivi­ duos. aun cuando cada una de ellas es. Pero esta representación es extre­ madamente grosera y. puesto que. Mecanismos idénticos obran contra las alumnas: mejores como estudiantes que los varones. al medio social de los padres) es a la vez pre­ coz y relativamente débil cuando se mide el rendimiento de alumnos muy jóvenes. No sólo la medida de los ingresos ignora generalmente los patrimonios (y no es lo mismo pagar un alquiler que ser propietario).

Silberman y Fournier. más aún. Fassin et al. 2008. . de ocio. al empleo estable. mejor descender de inmigrantes españoles o portugueses que maghrebinos. Para tener trabajo. Desde los juegos con muñecas hasta supuestos “gustos” literarios. Aparece entonces como un mo­ delo conservador incapaz de hacerse cargo de la fluidez de los recorridos vitales y laborales. mejor ser cónyuge de una pareja mixta que de una que no lo es (Meurs y Pailhé. para vivir bien. 1999). lo mejor es el sur (Davezies. no todos los grupos son iguales. Ya en el ámbito del empleo mismo. pero también cuando la aspiración a la igualdad se hace más fuerte y más individualista. pero vivir allí. pero. Los trabajadores peor pagos tienen generalmente los empleos más penosos y no se jubilan antes. es mejor vivir en la región pari­ sina que en el sur de Francia. y de la multiplicidad infinita de las desigualdades. se le puede reprochar al modelo de la igual­ dad de las posiciones que reposa sobre una representación es­ table y cristalizada de las desigualdades asociadas al empleo y. 2000). es mejor ser hombre que ser mu­ jer. que a la postre se vuelven grandes desigualdades. Frente al desempleo. pequeñas diferencias se acumulan. que en un su­ burbio de Seine-Saint-Denis? ¿Es preferible aburrirse en el tra­ bajo durante treinta y cinco horas antes que vivir con estrés y con un buen sueldo trabajando cincuenta a la semana? En definitiva. En definitiva. de vivienda y de transporte menos favora­ bles para la salud. Este principio de justicia se debilita ne­ cesariamente cuando se instalan el desempleo y la precarie­ dad. y cuando los actores se defi­ nen tanto por su movilidad como por su posición social. 2008).4 0 REPENSAR LA JU STICIA SOCIAL orientaciones hacia carreras y oficios menos rentables -sin que ninguna de las etapas de su recorrido escolar haya sido brutalmente discriminatoria-. de ali­ mentación. ¿Es preferible tener menos ingresos en la Costa Azul. Reciben peores cuidados y tienen condiciones de vida. El mismo fenómeno se observa en el ámbito de la salud (Leclerc. donde se vive mejor. su expectativa de vida se ve afectada muy sensiblemente por la acumulación de estas pe­ queñas brechas y diferencias.

en la cual los individuos actúan y se comprometen con otros para pro­ ducir mecanismos de cohesión y de regulación que la mantie­ nen unida. En este marco.CRÍTICA DE LA IGUALDAD DE POSICIONES 4 1 LA PROTECCIÓN DE LAS POSICIONES CONTRA LA COHESIÓN La igualdad de las posiciones reposa sobre una concepción “orgánica” de la solidaridad. la unidad de la vida social ya no descansaría en la coherencia de un sistema funcional y en la difusión de valores comunes transmitidos por las instituciones de socialización para que cada uno esté conforme con el rol que debe ocupar. más que la autoridad de la sociedad misma. sin duda. La cohesión es considerada como producida por los actores mismos. Esta concepción de la vida social viaja. 2009). esos mecanismos tienen vocación para reemplazar las reglas y los valores impuestos desde arriba por las institu­ ciones. con el equipaje del pensa­ miento liberal. Progresivamente. cuyo carácter sagrado no sería. la cohesión se esfuerza por domesticarlo y volverlo vir­ tuoso según el modelo del “buen comercio”. Mientras que la integra­ ción y la solidaridad procuran enmarcar y limitar el capita­ lismo. en definitiva. la buena sociedad es menos la sociedad ordenada bajo el control del Estado y de políticas sociales uni­ versales que la sociedad activa. sobre un contrato social en el cual cada uno está asegurado en función de su posición. Desde entonces. en función de su dinamismo. del capital social y de la confianza. 2003). que resultan de sus interacciones (Donzelot et al. pero esto no basta para invalidarla: es total­ mente legítimo preguntarse si la igualdad de las posiciones no crea rigores que acaban por destruir el contrato social al cual se adhiere. es el Estado (antes que la negociación di­ recta de los intereses) el que protege y asegura la integra­ ción de la sociedad. . móvil y movilizada. esta representación de la integración social es abandonada en provecho de una concepción sensiblemente diferente que coloca en primer lugar a la cohesión social (Dubet. Desde entonces.

la fuerza de los vínculos. el conservadurismo triunfaría sobre la innovación. mientras que el transporte escolar de las zonas rurales podría estar organi­ zado por los padres mismos con un sostén público y un sis­ tema de seguro adecuado. de su dina­ mismo y de su capacidad de vincularse con otros. para quienes Francia es una “sociedad de la desconfianza”. las personas ayu­ dadas por el Estado defenderían la protección de su lugar. más antigua. porque se tiene menos ne­ cesidad de ellos. e incluso negativa (para un análisis crítico de esta hipótesis. Se crearían trampas de inactividad en las cuales sería irracional elegir el empleo y el movi­ miento. el capi­ tal social colectivo. hasta privatizada. porque en el país hay menos necesidad de los otros que del Estado. la sociedad francesa estaría compuesta por una mul­ titud de grupos y de corporaciones que esperan su salvación del Estado antes que de su propia movilización. se puede imaginar que la confianza en los otros es rela­ tivamente débil. La confianza general sería dé­ bil. como hecha un ovillo sobre sí misma. 2001). Antes que verse invitadas a hacerse cargo de sí mismas. Esta crítica confluye con otra. lo que hace que los vecinos no tengan verdadera necesidad los unos de los otros y los niños pasen a veces mucho tiempo arriba de los ómnibus. referida a los efectos perversos de los mecanismos de asistencia. Es el sentido de la crítica desarrollada por Alban y Cahuc (2007). dado que la diferencia entre los ingresos producidos por el trabajo y los generados por la solidaridad sería dema­ siado débil. cada uno dependería de la acción pública y vería en los otros un rival antes que un par.4 2 REPENSAR LA JU STICIA SOCIAL Cuando la regulación social pasa principalmente por el Es­ tado. La asistencia sería . véase Dubet y Vérétout. aunque este fuera mediocre. está a cargo de la colectividad. En este caso. Cautelosa. Por ejemplo. y no tendrían interés en actuar para salir de su situación. sería menos útil que la protección del Estado. Este análisis no carece de fundamento en un momento en que las investigaciones internacionales so­ bre la confianza y el capital social muestran que Francia se ve singularmente desprovista de ambos.

También en este caso. se acaba por creer que no cuestan nada. pero al menos un lugar. Por lo demás. porque los pobres son desempleados y excluidos antes que explota­ dos. Los gru­ pos más integrados ya no quieren “pagar” por aquellos que no parecen contribuir a la riqueza colectiva: la pobreza de los unos ya no contribuye más a la riqueza de los otros. ni sus conductas “desviadas”. El mecanismo de la so­ lidaridad puede entonces estallar en un egoísmo generali­ zado. Schnapper. bajo el pretexto de que los bienes colectivos son gratuitos. Francia. asociado al sentimiento de que la sociedad debe todo a cada uno de sus miembros (Rosanvallon. 2002). Susan Mayer (1997) observa que las ayudas sociales financieras acorda­ das a las familias pobres no acrecientan el tiempo que los pa­ dres dedican a sus hijos. se compro­ . en la medida en que parecía capaz de reducir la desigualdad de las posiciones. y esos grupos son “clientes” y “deudores” antes que actores de la sociedad. Uno puede incluso llevar el razonamiento más lejos mos­ trando que la solidaridad se vuelve contra sí misma. el sentimiento de estar vinculado a los otros por un contrato amenaza diluirse cuando los mecanis­ mos de transferencia sociales se vuelven totalmente opacos. LAS DECEPCIONES ESCOLARES En la medida en que la escuela republicana parecía capaz de dar un lugar a cada uno y de reforzar la integración social.CRÍTICA DE LA IGUALDAD DE POSICIONES 4 3 uno de los vectores de reproducción de la pobreza al estruc­ turar los modos de vida de los más desprovistos. como muchos otros países. cuando no se sabe más quién paga y quién recibe. el hecho de que esta crítica no sea simpática no basta para invalidarla: una parte no despreciable de la población vive de las ayudas socia­ les más que de los ingresos de sus trabajos. 1998. ni afectan sus resultados escolares. cuando. que tienen así un lugar subordinado.

más tarde. Mientras que los títulos y diplomas. La cultura. El cambio más fundamental se debe al hecho de que las desigualdades que parecían decisivas en las orienta­ ciones precoces se manifiestan y se desarrollan hoy a lo largo de los estudios. Pero la llegada de los inmigrantes ha transformado la estructura jerárquica y la naturaleza de esos bienes. la masificación escolar ha abierto am­ pliamente las puertas de las escuelas secundarias y de las uni­ versidades. Todos los ingredientes del progreso se encon­ traban reunidos en ese proyecto: dado que los obstáculos re­ feridos al costo de los estudios y a la dualización del sistema escolar habían sido superados. tenían valores y utilidades sociales más bien homogéneos. la masificación es un éxito de la igualdad en términos de democratización abso­ luta.3 Si decimos que este programa decepcionó. encontrar un lugar en la sociedad. las competencias de las familias crean tantas desigualdades ante la escuela como los ingresos. ya que los hijos de las clases populares accedían a bienes escolares de los que habían sido desprovistos por largo tiempo (Merle. y ha engendrado una larga serie de decepciones. de quejas y de críticas. desde este punto de vista. las ambiciones. . ahora no cesan de jerarquizarse con la multiplicación de las orientaciones y de las opciones: lo 3 Se reencontrará la frescura y el optimismo de este programa en el plan Longevin-Wallon elaborado en la Liberación. no basta con disminuir los obstáculos económicos de la es­ colaridad para atenuar los efectos de las desigualdades so­ ciales sobre los rendimientos y las carreras escolares de los alumnos. cada alumno podría ir por muchos años a la escuela y. decimos muy poco. Sin duda. 2009). En contra de una creencia que hoy parece bien ingenua. las desigualdades se verían reducidas y la mayor calificación de todos acrecentaría sensiblemente el capital hu­ mano . an­ tes relativamente raros.44 REPENSAR LA JU ST IC IA SOCIAL metió desde mediados del siglo XX en una política de masificación escolar.

según el cual los diplomas serían el medio más eficaz y más justo de acceder al empleo. Esta mutación es decisiva porque la escuela se transforma. lo que crea un mecanismo de “inflación escolar” (Duru-Bellat. lo que aca­ rrea un sentimiento amargo de desclasádo. Pero. Al mismo tiempo que los diplomas son cada vez más indispensables. se reencuentran brutalmente las desigualdades sociales que se creía haber borrado. después de varios años.CRÍTICA DE LA IGUALDAD DE POSICIONES 4 5 que vale en un bachillerato es el tipo de bachillerato. a tal punto que la escuela parece menos justa. se vuelve un aparato encargado de seleccionar a los alumnos de manera fina y continua. durante un largo período. Al multiplicar el número de bachilleres. el modelo escolar francés sigue profunda­ mente vinculado al modelo de las posiciones. Esta confianza resultaba tanto mejor establecida dado que. se ha podido multiplicar los diplomas sin debili­ tar demasiado su utilidad social. La masificación escolar reposaba sobre el postulado de una armonía natural entre los diplomas y las posiciones profesio­ nales a las que daban derecho. la escuela ha “avalado” las desigualdades sociales y. la edad del candidato. Y. En muchos casos. Sin embargo. Y esta creencia traicionada destruye la confianza en la . Multipli­ cando y jerarquizando las posiciones hasta el infinito. etc. esta regla de equivalencia se ha quebrado. la es­ casez relativa de los diplomas garantizaba su valor en el mer­ cado de trabajo. las menciones. muy a me­ nudo. el vínculo entre calificaciones escolares y empleos se ha disten­ dido tanto que la producción de posiciones escolares ya no está más armonizada con la de posiciones sociales. la selección “río arriba” de la es­ cuela fue sustituida por otra “en el curso del río”. 2006). como la primera ola de masificación en la década de 1960 ha sido asociada a un muy fuerte crecimiento económico. se necesitan cada vez más para hacer dife­ rencia en el mercado laboral. aunque más no sea porque su ausencia es una señal negativa enviada a los empleadores. es percibida como la responsable. cuando objetiva­ mente distribuye más bienes escolares que antes.

peor pagas. es generalmente la mujer la que “se inmola”. y se presentó como pioneras y heroínas a las “prime­ ras mujeres” que fueron ministras. 2008). compromisos menos totales en el trabajo. no autoriza el silogismo según el cual. n° 2. funciona a me­ nudo como una discriminación inicial: se le tiene más con­ fianza a un hombre que a una mujer que “corre el riesgo” de quedar embarazada -y. Como esta es anti­ cipada por las parejas y por los empleadores. Y ni siquiera en esos casos las mujeres superan totalmente su desventaja. 2009. Di­ cho de otro modo. ni en las instituciones. Poco a poco. etc. cuando una pareja debe sacrificar su carrera. sean buenos o menos buenos. En última instancia. y esta convicción exacerba su inquietud. ni en ellos mismos. Van de Velde. cuando ella ya no corre más ese riesgo. Todo esto es tan evidente que las mujeres mismas anticipan esta discriminación y tienen menos ambiciones que los hombres. aun si son más autónomas. no basta con haber abierto el acceso a los lugares para crear la igualdad: ni los modelos culturales favo­ rables a los hombres. acceden con mucha menos facilidad a los car­ gos de responsabilidad más prestigiosos y mejor pagos. . TECHOS DE CRISTAL Y ÁMBITOS SEPARADOS La mayor parte de los lugares reservados hasta entonces para los hombres se abrieron a las mujeres a partir de fines del si­ glo XIX. en lo que a esto respecta. 2009. Se pensaba que abrían el camino para todas las mujeres que. Al fin de cuentas. El argumento según el cual diplomas y títulos protegen contra el desempleo sólo tiene validez en términos muy generales: es mucho menos só­ lido cuando se observan las tendencias en el largo plazo y cuando se miran de cerca diplomas y calificaciones. pilotos. Como piensan que sólo un trayecto académico perfecto puede protegerlos del desem­ pleo y de la precariedad. si todos tuvieran diplomas bien calificados. arrojan a decenas de miles de estudiantes a marchar por las calles. están. cirujanas. egresadas de la Politéc­ nica. Están persuadi­ dos de que todo cambio del sistema debilitará aún más el vínculo entre las posiciones escolares y las posiciones sociales. así se creía. los lugares de las mujeres no son iguales a los de los hombres. “Le plafond de verre dans tous ses éclats”. y. Sólo la elite de' la elite puéde escapar a esos mecanismos gracias a que tiene personal de servicio. aun cuando su rendimiento académico sea generalmente mejor que el de los varones. Mientras que Francia tiene la tendencia de conservar largo tiempo a los jóvenes en los sistemas de ense­ ñanza y de formación para diferir la prueba que representa el ingreso en el mercado del empleo. / El primero es el de los techos de cristal. en especial porque el número de mujeres asalaria­ das ha aumentado sensiblemente después de la Liberación. dos mecanismos de desigual­ dad se fueron revelando. entonces todos tendrían un empleo que correspondiera a esa calificación. Por lo demás. particularmente esclarecedoras. Aun si los progresos no son en modo alguno des­ preciables.4 Cuando las muje­ res entran en ámbitos que hasta entonces estaban reservados a los hombres. es demasiado tarde-. 4 Véase Soáologie du Iravail. se precipitarían por CRÍTICA DE LA IGUALDAD DE POSICIONES 4 7 esa brecha. ni la economía de la vida familiar han sido profundamente afectados por esta aparente democrati­ zación. los jóvenes franceses están entre los más pesimistas de Europa. no tienen confianza ni en la escuela. Fran­ cia es un país donde todos los intentos de reforma del sistema escolar.4 6 REPENSAR LA JU STICIA SOCIAL sociedad y en las instituciones (Galland. caen con mayor facilidad en el desempleo y en Iá precarización que sus hermanos y compañeros. dado que los que tienen más diplomas tienen un empleo. aun si las mujeres trabajan más que antes. Las maternidades y las cargas familiares funcionan como obstácu­ los que acarrean retrasos en las tareas. progresivamente. Las comparaciones entre jóvenes franceses y jóvenes europeos resultan.

4 8 REPENSAR LA JU STICIA SOCIAL / El segundo mecanismo está emparentado con el desarrollo separado. Los enfermeros son enfermeras. todo se da como si los hombres ya no quisieran sa­ ber nada de ella: feminizada. Estas desigual. Cuando las mujeres comienzan a descollar en una profesión. y eso es más fácil en la enseñanza que en las obras públicas. Gilligan. interiorizado tanto por las mujeres como por los hombres. Los papeles que les están reservados a las mujeres en la vida privada se oponen a una verdadera igualdad de los lugares en el espacio público. y Tronto. los asistentes sociales son asistentas sociales. el mundo de la pro­ ducción y el mundo del poder siguen siendo el mundo de los hombres. muy a menudo. los ingenieros y los diputados son. los cajeros son cajeras. parece haber perdido su valor. 2009). Es hoy el caso de las profesiones en la enseñanza y mañana será el de las profesiones calificadas en el ámbito de la salud. mientras que los obreros de la cons­ trucción. dades justifican un deslizamiento hacia un modelo de justicia social centrado en la lucha contra las discriminaciones y los obstáculos a la movilidad. tiene un género: muchos empleos son de “naturaleza” masculina o femenina. Si el trabajo no tiene sexo. . sigue siendo el de las muje­ res (véase. las desigualdades que se hace padecer a las < mujeres sacan a la luz las dimensiones conservadoras del mo­ delo de las posiciones. El peso de los estereotipos. mientras que el mundo de los servicios y de las rela­ ciones sociales. varones. La llegada de las mujeres a los lugares que les han abierto en el mercado de trabajo no ha debilitado la definición sexual de los empleos. Sufridas como una injusticia o aceptadas como el orden na­ tural de las cosas. el mundo del care. pero también se puede pensar que las elecciones fe­ meninas proceden de anticipaciones relativas a la manera de armonizar la vida familiar y la vida profesional. por ejemplo. que es una forma de apartheid social. juega sin duda un gran papel en esta división. A pesar de los progresos de la igualdad. 2008.

Este modelo ha sido cuestionado en los últimos tiempos. El hecho de que esos jóvenes. Esto se explica principalmente por dos causas. la tasa de desempleo de los jóvenes maghrebinos es el doble que la de los jóvenes franceses cuyos padres nacieron én Francia: 28% contra 14% (Tavan. sean siempre definidos como “provenientes de la inmigra­ ción” basta para demostrar el agotamiento del modelo y que los inmigrantes han sido sustituidos. sino que los interesados mismos se sienten inducidos a definirse en términos étnicos y raciales. donde se concentran todas las dificultades sociales y donde todos los habitantes son per­ cibidos como extranjeros. no sólo el racismo se vuelve una ex­ periencia banal. Viven en . por las minorías. Con diploma igual o superior en el bachillerato. Paralelamente. son víctimas de diversas discriminacio­ nes que les cierran las posiciones a las que podrían aspirar una vez que ya poseen las calificaciones correspondientes. 2005). como categoría. La larga serie de revueltas en los suburbios desde la década de 1980 y el lugar que ocupan los jóvenes “descendientes de inmigran­ tes” en los debates políticos muestran que el “crisol francés” ya no funciona -o ya no funciona suficientemente-. tan franceses como cualesquiera otros.CRÍTICA DE LA IGUALDAD DE POSICIONES 4 9 SEGREGACIÓN E IDENTIDADES La igualdad de los lugares se despliega según mecanismos de integración que suponen que el inmigrante se disuelve como tal para acceder a la igualdad y a la solidaridad nacional. Como lo más frecuente es que se reúnan en barrios que son gúetos. abandonados por los franceses. esta prueba que debían superar funcionaba como un prolegómeno a su ascenso en la escala social. sino que esos mismos jóvenes piensan que están lo suficientemente escolarizados y asimilados a la cul­ tura francesa como para no estar ya más predestinados a esos oficios. La primera se refiere al debilitamiento del mecanismo eco­ nómico que hacía que los migrantes se dedicaran a los traba­ jos más penosos. No sólo la industria ha dejado de ofrecer a los hijos de esos trabajadores los lugares que les es­ taban destinados.

ya no concierne a la totalidad de los inmigrantes. sin embargo.50 REPENSAR LA JU ST IC IA SOCIAL barrios de “negros” y de “árabes”. ni en la de otros jóvenes con quienes comparten.5 Nolens volens. Asumen esas identidades tanto más volunta-) riamente porque les son impuestas y recordadas diariamente. Francia se acerca a Estados Unidos. 2002). se forman diásporas fuertemente unidas a sus países de origen. que defienden la hegemonía de las culturas nacionales. etc. El modelo de inmigración concebido como un recorrido que transforma progresivamente lo extranjero en nacional ha sido sustituido por la formación de minorías que no consi­ guen entrar en la sociedad y que contribuyen a producir el modelo de exclusión del cual ellas mismas son las víctimas. desean ser ciu­ dadanos activos sin por ello renunciar a su cultura y a su iden­ tidad. como en el resto del mundo. en todas partes se crean negocios y empresas étnicas que participan plenamente de las economías nacionales y de la globalización de los inter­ cambios (Tarrius. En Francia. dado que ningún ciudadano puede ser privado de su cultura y de su identidad. . Frente a estas tendencias. I Los hijos de inmigrantes ya no tienen un lugar en la sociedad -ni en la de sus padres. pero. país que mu­ chos consideran que constituye un contramodelo. La segunda mutación se debe a la formación de sociedades nacionales pluriculturales. 5 Esto no significa que el modelo de integración no continúe. van a escuelas de “negros” y / de “árabes”. y además uno imposible de instalar en un país con tradición republi­ cana. Muchos grupos e individuos veni­ dos de lejos desean vivir y trabajar en Francia. los valores y las aspiraciones-. por decir poco. pero poco frenan la formación de mi­ norías culturales (o religiosas) que denuncian las mil discri­ minaciones sufridas y reclaman un derecho al reconoci­ miento. surgen po­ pulismos y republicanismos. En todas partes se desarrollan minorías religiosas. Este repudio a ver las cosas de frente no facilita la adop­ ción de políticas eficaces en este asunto.

los. 2007). peor aún. ha engendrado nuevas injusticias. parece que crea clientelismos y estructuras rígidas que a me­ nudo son contraproducentes y que debilitan la confianza y el dinamismo de la vida económica y social. su eficacia y su legitimidad en la actualidad pa­ recen declinar. mientras que las minorías sufren ante todo una “discriminación negativa”. no es sólo un avatar de la ola ultraliberal que barre el planeta en los últimos treinta años. Por lo demás. donde cada uno busca defender su estatus. las críticas dirigidas contra la igualdad de los lugares conciernen menos a sus principios y valores que a sus prácti­ cas y a sus consecuencias. En este caso. Aquí. mientras que las mujeres y las minorías visibles no encuentran su lugar en un modelo de justicia indiferente a las discriminaciones y a menudo más conservador de lo que parece. cuya concentración en algunas zo­ nas urbanas y el control por “portación de rostro” son algunas de las manifestaciones menos fáciles de negar (Castel. Después de haber reducido las desigualdades. sino que. la hegemonía progresiva de otro modelo de justicia. Esta crítica no proviene únicamente de las fi­ las de la derecha liberal ni de las de los más desahogados eco­ nómicamente: la igualdad de los lugares es más favorable para los que ocupan posiciones seguras que para los que ha­ cen campamento a las puertas de la sociedad. No sólo la igualdad de los lugares no ha cumplido to­ das sus promesas. La masificación escolar ha decep­ cionado. . el combate por la justicia social se desliza de la lucha por la igualdad de los lugares a la lucha por la igualdad de acceso a todos los lugares.lugares tienen culturas y colores.CRÍTICA DE LA IGUALDAD DE POSICIONES 5 1 La formación de minorías tan impuestas como elegidas de­ bilita sensiblemente el modelo de la igualdad de los lugares: a partir de ahora. Lo que está enjuego centralmente en estos combates es la activación de medidas de discrimina­ ción positiva. De este modo. el de la igualdad d¿ las oportunidades.

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por lo demás. Aun cuando la historiografía marxista ha opuesto este prin­ cipio “burgués” a las aspiraciones igualitaristas de los sans-culottes y a la política del año II. y de los requisitos del comercio. porque ha sido impulsada por las burguesías y las elites deseosas de des­ truir los obstáculos que el sistema estamentario del Antiguo Régimen oponía á sus aspiraciones. la segunda manera de resolver la contradicción crucial de las sociedades democráticas liberales . La Revolución Francesa abolió los antiguos estamentos con el fin de que cada uno pudiera acceder a todos los empleos según su mérito. las leyes d’Allarde y Le Chapelier votadas en 1791 defienden la libertad de circular en el es­ pacio social en función de los talentos y de las necesidades de cada uno. parece más razonable conside­ rar que la igualdad de oportunidades es. así como la abolición del feudalismo en la noche del 4 de agosto. La igualdad de oportunidades Desde su origen. 2007)-. Incluso. quizás esté más presente que la igualdad de las posiciones. No cuestionan las desigualdades sociales. junto con la igualdad de las posiciones. pero ofrecen a cada uno la posibilidad de aspirar a todas las posiciones sociales -por desiguales que estas sean (Savidan. con independencia de su nacimiento. Al prohibir la existencia de corporaciones. la igualdad de oportunidades parti­ cipa del proyecto democrático moderno. la Ilustra­ ción identifica la igualdad con la igualdad política y la liber­ tad común de expresión antes que con la igualdad social. destruyen los fundamentos del Antiguo Régimen. Estas leyes.3. anuncian el reino de la igualdad de oportunidades.

empe­ zando por la de Rawls ([1971]. la izquierda ha preferido históri­ camente la igualdad de las posiciones a la igualdad de oportu­ nidades.54 REPENSAR LA JU ST IC IA SOCIAL que deben combinar la igualdad fundamental de todos los ciudadanos con las desigualdades sociales producidas por el funcionamiento de la economía y la libertad de cada uno (Gauchet. Sin embargo. los estudiantes de las mejores universidades y los obreros de la construcción constituirían grupos compuestos . No se afecta la jerarquía de las posiciones y de los estatus. está en el corazón de la mayoría de las teorías de la justicia. en cada genera­ ción. 2002). Por cierto. en una socie­ dad que estuviera compuesta por un 30% de obreros. la sustitu­ ción progresiva de la igualdad de las posiciones por la igual­ dad de las oportunidades no surge solamente de la historia de las ideas sociales y políticas: induce una profunda transfor­ mación de las representaciones de la vida social. UNA FICCIÓN ESTADÍSTICA La igualdad de oportunidades reposa sobre una ficción y so­ bre un modelo estadístico que supone que. Así lo atestiguan su antigua y prolongada defensa de la meritocracia republicana en la escuela y el hecho de que ven en este modelo una manifestación del combate contra los privi­ legios. 1987). pero los individuos que ocu­ pan esas posiciones deben provenir de todas las capas sociales según el modelo de una movilidad perfecta. En la actualidad. los individuos se distribuyen proporcionalmente en to­ dos los niveles de la estructura social sean cuales fueren sus orígenes y sus condiciones iniciales. pero nunca ha renunciado totalmente a esta última. la igualdad de oportunidades es rei­ vindicada tanto por la derecha como por la izquierda. de sus acto­ res y de sus mecanismos. la igualdad de oportunidades supondría que los dirigentes políticos. por un 10% de miembros de minorías visibles y un 50% de mujeres. Así.

porque supone que la herencia y las diferencias de educación están abolidas para que el mérito de los individuos produzca. 1989). todavía más exigente. Esta ficción se reencuentra en todas partes -en la vida po­ lítica.LA IGUALDAD DE OPORTUNIDADES 5 5 por 30% de hijos de obreros. los discapacitados. o bien que sus talentos o sus méritos iniciales han sido reparti­ dos al azar por la providencia.6 Por cierto. en la escuela. en las diversas esfe­ ras de la vida social. pero todo parece indicar que el modelo funciona. con el apoyo de estadísticas. en el mundo del trabajo-. que no era por cierto anticapitalista. . los hijos de migrantes. 10% de hijos de las minorías vi­ sibles y 50% de mujeres. por sí solo. nadie cree por completo en una ficción de estas características. en consecuencia. se proponía dejar a sus hijos sólo el dinero necesario para una vida modesta y restituir su fortuna a la colectividad a través de fundaciones (véase Frazier Wall. Mientras que una crítica conducida en nombre de las posiciones denuncia las brechas en los salarios que separan los ingresos de los dirigentes de los ingresos de los asalariados más modestos. Y como se supone o bien que los individuos son todos iguales. de­ ben terminar repartiéndose proporcionalmente en todos los niveles de la sociedad. Extrae su fuerza de la crítica social que denuncia. Esta ficción es tan exigente como la de la igualdad de las posiciones: sin duda. desigualdades justas . la crítica ejercida en nombre de la igualdad de oportunidades denuncia la endogamia social de los grupos dirigentes en los cuales las mujeres y las mino­ rías visibles no se encuentran suficientemente representadas. Las desigualdades de los ingresos y de las condiciones de vida que separan a cada uno de estos grupos dejarían de ser injustas porque todos y cada uno de sus miembros tendrían la oportunidad de escapar de ellas. entonces. En todos esos 6 Andrew Carnegie. los hijos de obreros. la parte muy escasa que representan las mujeres. como tampoco nadie de­ sea una estricta igualdad de las posiciones.

por su sigla en francés).) en vez de limitarse a los que indican los ingresos y las actividades profesionales. Este combate no es nuevo. pero que no cuestionan el orden de esas posicio­ nes: no impugnan ni las jerarquías escolares. construidos durante el largo . los políticos electos y los sociólogos para saber si los censos y las múltiples herramientas estadísticas deberían introducir otros criterios de medida (color de la piel. se han encar­ gado de luchar contra todas estas desigualdades. Diversas autoridades. sin distinciones por el apellido. 1997. múltiples dispositivos escolares se esfuerzan por acrecentar la igualdad de las oportunidades. origen étnico. Hay que se­ ñalar que todas estas medidas y todos estos dispositivos apun­ tan a disminuir las discriminaciones en el acceso a las posiciones.5 6 REPENSAR LA JU STIC IA SOCIAL ámbitos. Después de que se ha revelado la banalidad del racismo en el trabajo -discriminación emboscada o escondida. El tratado de Amsterdam de 1997 hace de la lucha contra las discriminaciones el principio esencial de la justicia social. la apariencia física o el lugar de residencia” (Bataille. Un debate opone hoy a las asociaciones. de formación profesional y de promoción en la carrera. de asignaciones. la mayor parte de las organizaciones sindicales y patronales han firmado un acuerdo: reconocen “la igualdad en materia de reclutamiento. ni las jerarquías de auto­ ridad de la vida política y profesional. de remuneración. Al privilegiar el acceso de los alumnos desfavorecidos y provenientes de las minorías en las mejores universidades. la asociación SOS-Racisme publica regularmente informes que llevan a las mismas conclusiones). La ley de paridad exige una representación más equitativa de las mujeres en el mundo po­ lítico. entre las que se cuenta la Alta Autoridad de Lucha contra las Discriminaciones y por la Igualdad (HALDE. ni las jerarquías salariales. ni el precio de la vivienda. los demógrafos. numerosas leyes y medidas han sido adoptadas para tender a la igualdad de oportunidades. re­ ligión. insul­ tos y bromas dudosas-. etc. pero se ha visto sensiblemente acelerado durante es­ tos últimos años en nombre de lo que se llama la “diversi­ dad”.

afecta los procesos de representación política y diseña otro “contrato social”. a la cultura y aun a mu­ chas otras particularidades. En este sentido.LA IGUALDAD DE OPORTUNIDADES 5 7 período en el cual la igualdad de las posiciones era la figura dominante de la justicia. Por último. con el auxilio de un modelo estadístico extremadamente so­ fisticado. con el fin de establecer y distinguir qué correspondería a los obstáculos “objetivos” plantados contra la igualdad de oportunidades y qué se debería al individuo mismo. Sanciona los límites y las debilidades del modelo de la igualdad de las posiciones: los que hablan en nombre de las oportunidades (aquellos en cuyo nombre ha­ bla este modelo) son los que fueron dejados-para-más-adelante por el modelo de la igualdad de las posiciones. de lo que se trata es de medir científicamente el mérito reconociendo qué co­ rresponde al determinismo social y qué corresponde a la res­ ponsabilidad individual. a la sexualidad. Esta injusticia se mide sobre la base de diferentes atributos referidos al sexo. este modelo induce una muy profunda transformación de las representaciones de la sociedad. Nathan Glazer (1987) definió. de leyes. de dispo­ sitivos dedicados a la igualdad de oportunidades significa al menos tres cosas. a las características étnicas. más o menos capaz y de­ seoso de probar su suerte. a las singularidades físicas. La oleada de declaraciones. La amplitud de estos debates mues­ tra hasta qué punto la ficción estadística de la igualdad de oportunidades está en el corazón de un modelo de justicia que se impone a todo un conjunto de individuos y de grupos cuyo punto común es el de estimarse víctimas de una discri­ minación. se discute menos sobre el nú­ mero de las sillas que sobre las maneras de ocuparlas y sobre . principios políticos que permiten medir lo más fina­ mente posible las oportunidades de un individuo. porque hace surgir actores sociales que hasta entonces eran invisibles y silenciosos. En una palabra. de medidas. hay que observar que el modelo de las oportunidades se impone cuando las po­ siciones se vuelven más escasas: cuando la vida social empieza a parecerse al juego de la silla. Después.

5 8 REPENSAR LA JU STICIA SOCIAL la equidad del árbitro. Por el contrario. de sus opor­ tunidades de ascender socialmente. la igualdad de las oportunidades conduce a definir grupos sociales en tér­ minos de discriminaciones y de desventajas. que estructuraba la igualdad de las posiciones. los barrios populares son designados como barrios desfavorecidos o “difíciles”. en especial a los niños. A partir de ahora. se observa una “desobrerización” de las categorías populares. a la metáfora de­ portiva que remite a los starting-blocks olímpicos. es decir. se ven menos definidos por lo penoso de su trabajo (o por la explotación que sufren) que por sus débiles oportuni­ dades y el conjunto de obstáculos que se oponen a su movili­ dad social ascendente. en fun­ ción de sus chances objetivas de acceder a todas las posiciones. e in­ cluso “sensibles”. y aun desaparecer. “grupos carenciados”. en provecho de nociones más vagas en las cuales factores económicos. como se dice de manera más chic. El modelo de las oportunidades ha ampliado esta represen­ tación a todos los grupos que. donde cada uno espera para saltar y se confía a la justicia del árbitro: hace falta que cada uno tenga la misma oportunidad de ganar y que el juego produzca desigualdades a partir de desempeños incontestablemente justos. se han vuelto víctimas de discriminaciones que hacen decrecer. En gran medida. Se pasa de la metáfora organicista. Mutación del lenguaje: los obreros se vuelven clases desfavore­ cidas o. sus oportunidades de acceder a las mejo­ res posiciones. en razón de su identidad. DISCRIMINACIONES Y MINORÍAS La igualdad de las posiciones está asociada a una representa­ ción de la sociedad en términos de estratificación socioprofesional y de clases sociales: las posiciones se definen con inde­ pendencia de quienes las ocupen. La estratificación lineal de los ingresos estalla . culturales y socia­ les privan a los individuos.

En este caso. Esta representación de las injusticias sociales implica una lucha contra las discriminaciones. Entonces. La segunda orientación. re­ sulta importante medir las discriminaciones. sea por estadís­ . excluidos. Obre­ ras o ejecutivas. instruirse. cultivarse de la misma ma­ nera que todos sus conciudadanos. los maghrebinos y los negros son discriminados: así lo indican su escasez relativa en el seno de los grupos dirigentes y la alta tasa de desempleo que. De hecho. A fin de cuentas. y los grupos de víctimas son cada vez más nu­ merosos. desplazarse. hay que abrir las puertas de las instituciones. sea cual sea su lugar en la sociedad. 2002). que durante mucho tiempo fue percibida como en contradicción con la precedente. la sociedad se concibe como un mosaico de grupos definidos por sus oportunidades más que por sus po­ siciones. los golpea. esta política prolonga el modelo republicano tal como fue concebido en Francia desde el siglo XIX y se acomoda bastante bien a la igualdad de las posiciones. las mujeres son discriminadas: así lo demues­ tra su subrepresentación en el seno de los grupos dirigentes y los obstáculos específicos a los que muy a menudo se han visto confrontadas. Obreros o ejecutivos. La primera apunta a ga­ rantizar la igualdad de acceso a los bienes y a los servicios de los cuales los más discriminados están. de hecho. que se ve justificada de una nueva forma. asegurar la equidad de los procedimientos de selección y equipar los territorios de modo que cada uno pueda cuidar su salud. la definición de las posiciones está construida en términos de oportunidades. más estrechamente definidos y más específicos. hay que tener en cuenta las discriminaciones espe­ cíficas y proponer políticas bien dirigidas a fin de establecer las condiciones de una competencia equitativa. Esta puede ser orientada de dos maneras complementarias. Más exactamente. fuera de estos grupos. En este caso. Como estas minorías visibles no son homogéneas. re­ posa sobre un principio de compensación (Fassin. cada una choca contra obstácu­ los específicos.LA IGUALDAD DE OPORTUNIDADES 5 9 en una multitud de grupos definidos por las segregaciones de las que son objeto.

6 o REPENSAR LA JU ST IC IA SOCIAL tica. De la misma manera que los obreros reclaman la igualdad en nombre de su explotación. pero resulta patente que este modelo de justicia les abre un espacio más amplio que el modelo de las posiciones. del valor y de la digni­ dad de su trabajo. para aumentar así sus oportunidades de culminar con éxito sus estudios. Las diversas filosofías “comunitaristas” no son consecuen­ cias necesarias de la igualdad de oportunidades. Por ejemplo. Las clases y los grupos socioprofesionales interesados en la igualdad de las posiciones se ven sustitui­ dos por minorías construidas por la lucha contra las discrimi­ naciones. Es por esta razón que la igualdad de las oportunidades está siempre asociada a un com­ bate cultural que denuncia las injusticias sufridas en la historia. es importante combatirlos y derribarlos. Mientras que el modelo de las posiciones apela a la tolerancia o a la indiferencia. o bien pueden crearse dispositivos de apoyo. Los inmigrantes y las mujeres son víctimas de una doble injusticia: no sólo son discriminados en sus carreras profesionales o en sus vidas coti­ dianas. para así construir políti­ cas de discriminación positiva que anulen las discriminacio­ nes “naturales” (Sabagh. como lo hace en Francia la cap rrera de Ciencias Políticas con los alumnos que vienen de los suburbios. Pero todas estas minorías no pueden ser definidas por sus ca­ rencias y por sus minusvalías. sea por algún método de testing. a medida que la re­ presentación de la sociedad se desliza desde las clases hacia . pueden estable­ cerse cupos que favorezcan a tal o cual grupo para acrecentar su presencia en determinadas esferas sociales. Como la discriminación se asienta sobre estereotipos negativos. el mo­ delo de las oportunidades asocia el repudio de las discrimina­ ciones a una exigencia de reconocimiento. 1998). y que las luchas por la memoria se ubican en primera fila como piezas políticas clave de la mayor importancia. sino que su identidad no es reconocida positivamente. las minorías deben hacer reconocer como valores positivos las características sociales y culturales en nom­ bre de las cuales son discriminadas. en un pie de igualdad con las otras.

porque es una dinámica más que un orden. redes y capitales. En el largo plazo. la sociedad de las oportunidades es activa y eficaz. Las posiciones son así menos un estatus asegurado que oportunidades y obstáculos. De ello se sigue la búsqueda. recursos y desventajas. La igualdad de las oportunidades hace pasar de políticas sociales universales a políticas dirigidas. centradas sobre pú­ . aunque sea un sistema de explotación. La igualdad de las oportunida­ des transforma esta imagen en todas y cada una de sus partes. 1997. 2009). la sociedad ya no es considerada como un orden más o menos justo e integrado: se vuelve una actividad cuyo dinamismo y cohesión resultan de la acción de los actores mismos (Dubet. Lo que está en juego en la sociedad dejan de ser las instituciones y pasan a ser los individuos. de una integración de la sociedad en torno a un contrato social global y relativamente opaco. 2001. Kymlicka. LA SOCIEDAD ACTIVA Y LA RESPONSABILIDAD PERSONAL La igualdad de las posiciones ha sido asociada a la imagen de una sociedad “funcional” (combinando las doctrinas de Durkheim y las de Marx) en la cual las posiciones forman un sis­ tema. es­ tos deben ser activos y movilizarse para merecerlas. Desde entonces. a los que se pide que quieran triun­ far y aprovechar sus oportunidades. que existen porque son discriminadas (Taylor. porque ubica a los individuos en una compe­ tencia continua. 1997)-. y que se debe determinar qué lugar dar a estas últimas una vez que se admite que existen -aunque más no sea. Dado que las oportunidades conciernen a los individuos. El problema del reconocimiento de las identida­ des culturales se plantea con tanta mayor agudeza cuanto que las minorías asocian discriminaciones e identidades cultura­ les. Walter. por obra de políticas públicas universales.LA IGUALDAD DE OPORTUNIDADES 6 1 las minorías. porque moviliza el trabajo y el talento de to­ dos.

porque. o bien. El RMI [Ingreso Mí­ nimo de Inserción]. Le Galés.6 2 REPENSAR LA JU STICIA SOCIAL blicos. 2007. Giddens y Dia­ mond. podrá lanzarse en la vida asegurán­ dose. tener proyectos. En el modelo de las oportunidades. la ayuda social es menos un derecho de autor sobre una deuda social que una acción con un blanco específico que pone a su beneficiario en una situación de responsabilidad. 2005). viajando -o incluso bebiendo. la solidaridad se da a cambio de la actividad. nadie debe ser una víctima pasiva. Inspirados por la adjudicación inicial de Thomas Paine. En países más liberales que Francia. En el modelo de las oportuni­ dades. Los auxilios pres­ tados se “truecan” a cambio de responsabilidades y de com­ promisos. El ene­ migo es la asistencia. Abre la vía a una socie­ . riesgos y oportunidades específicas. Después. especialmente en Estados Unidos y el Reino Unido. el contrato social glo­ bal cede su lugar a los contratos individuales. y el RSA [Ingreso de Solidaridad Activa] lo perfecciona. era un primer esbozo de ese modelo. en esta nueva fuente de in­ greso. El “nuevo igualitarismo” dise­ ñado por Giddens se inscribe plenamente en este modelo: se ayuda a los que quieren ayudarse a sí mismos. con su obligación de “inserción”. pagando sus estudios. pasará lo que tenga que pasar: “Nues­ tro plan busca la justicia arraigándola en el valor capitalista más importante: la propiedad privada. el asistencialismo. actuar. las políticas de “flexiseguridad” lo llevan un poco más lejos. se esbozaron políticas de adjudicación inicial que consisten en entregar una prestación a los menos favore­ cidos para que ellos la usen con plena responsabilidad para aprovechar sus oportunidades. Uno merece apoyos y oportunidades cuando acepta movilizarse. si así lo desea-. se prefiere ayudar a los individuos a que evolucionen antes que asegurar las posiciones (Faucher-Kine. cuando se pliega a las exigencias del empowerment. con esta suma. economistas y soció­ logos proponen dar a cada joven norteamericano una suma de 80 000 dólares que compense el hecho de que las genera­ ciones precedentes pudieron sacar provecho del Estado de Bienestar.

Pero erraríamos si viéra­ mos en estas políticas sólo una máquina de guerra neoliberal. pero manteniendo el viejo modelo en el cual cada uno tenía un lugar ampliamente predeterminado. Sería. pero. después. El contrato so­ cial se limita a la desigualdad inicial -los auxilios del punto de partida pueden incluso ser más exactos al ser ajustados sobre la base de los recursos familiares-. Esto es. dado que las desigualdades producidas por el uso de estos re­ cursos dependen sólo de los individuos y de su libre arbitrio. Sería. antes que nada. subestimar las debilidades y las injusti­ cias de los Estados de Bienestar construidos sobre la igualdad de las posiciones. sin distinción en esto entre ministerios y sindicatos.LA IGUALDAD DE OPORTUNIDADES 63 dad más democrática y más libre” (Ackerman y Alstott. lo que indican la larga re­ sistencia de un modelo pedagógico selectivo y la nostalgia en­ . al menos. cit. En el punto de partida. 2009: 43). Los vouchers que algunos Estados nortea­ mericanos entregan a las familias para que elijan los estudios de sus hijos o la suma adjudicada a todos los jóvenes de más de 18 años en Dinamarca participan del mismo modelo. hayan creído durante largo tiempo que se podía abrir a todos las puertas del tradicional liceo francés. ya las desigualdades son perfectamente justas. Los más radicales ven aquí una tentativa por desmantelar el Estado de Bienestar (Murray. ya no existen más que contratos individuales cuya suma se considera armoniosa. se equilibran las desigualdades. considerar despreciable la aspiración a la autonomía en las sociedades donde la volun­ tad de no verse asignado a un estatus y el deseo de ser amos de nuestras vidas son valores cardinales. en Damon. en todo lo que sigue. DEL ELITISMO REPUBLICANO A LA IGUALDAD DE OPORTUNIDADES Es probable que los responsables de las políticas educativas. 2006). después.

Durante unos cuarenta años. orientando a cada uno hacia el lugar que le está destinado. “Que gane el mejor” podría ser el lema de esta carrera escolar. incluso antes de que esto se imponga en los espíritus. Pero. La prim era reposa sobre la ho­ mogeneidad de la oferta escolar. toda la sociología de la educación y toda la crítica escolar se alinean sobre esta norma de justicia midiendo la brecha que existe entre ese modelo y la realidad. para hacerlo. concebidas como justas.64 R E P E N S A R L A J U S T IC IA S O C IA L démica del elitismo republicano. que se prolongan en sedes descenf . la escuela puramente meritocrática. Su papel ya no es el de integrar la sociedad. La escuela de la igualdad de las oportunidades ha engen­ drado dos grandes políticas. La escuela debe realizar la ficción ^stadística de la igualdad de oportuni­ dades volviendo a barajar las cartas en cada nueva generación. desigual­ dades que también sean justas. entonces. es evidente que la escuela de la igual­ dad de las oportunidades. sería necesario que llegara a anular los efectos de las desigualdades sociales en los rendimientos de los alumnos. El recorrido que los alumnos hacen a medida que avanzan en los cursos es considerado como el de competidores antes que como el de aliados: deben distinguirse de la masa en función de su solo mérito. Pero. Pero. al término de una sucesión de pruebas que. mostrando que la distribución de los rendimientos escolares y la formación de las elites siguen estando pesada­ mente determinados por el medio social de los alumnos. en los hechos. la escuela entró de lleno en el modelo de la igualdad de oportunidades. más allá de este fracaso. centenares de liceos y de nuevas universidades. sino el de distribuir a alumnos teóricamente iguales al término de una competencia honorable. La escuela democrática de masas considera que todos los alumnos deben hacer uso de la oportunidad de que disponen j en la escuela y después en el liceo: se ha convertido entonces en una máquina encargada de distribuir a los alumnos en fun­ ción de sus resultados y de su mérito. Desde la década de 1960. se volvió el patrón de los juicios y de las prácticas escolares. se han abierto miles de escuelas. deben producir.

visibles. al me­ nos en el orden de los principios. Así.son violenta­ mente rechazadas. en el acceso a las institucio­ nes universitarias de excelencia) de los mejores alumnos pro­ venientes de las clases sociales y de los barrios desfavoreci­ dos. porque la igualdad de la oferta parece ser la condi­ ción de base de la justicia. los departamentos y las comunas han puesto en funcionamiento dispositivos de apoyo escolar. un gran nú­ mero de dispositivos específicos ha sido activado para favorecer el éxito (por ejemplo. peso del control continuo en el bachillerato. se activan políticas específicas para los alumnos considerados como más desfavorecidos en el plano social y cultural. La igualdad de las oportunidades supone que la se­ lección se haga lo más tarde posible. para que la jerarquía de los re­ sultados escolares sea. a menudo habitados por minorías . que los troncos comunes de formación se prolonguen y que cada alumno encuentre. el modelo meritocrático republicano reservado a la escuela primaria se amplió y transformó en igualdad de oportunida­ des. los universitarios y los docentes están muy apegados a este nuevo modelo. el Ministerio de Educación Nacional. Aunque Francia haya rehu­ sado siempre adoptar una política de cupos. y después la de los establecimientos llamados “ambición éxito” es una mutación decisiva. Como es evidente que la igualdad de la oferta escolar no anula totalmente las desigualdades vinculadas al nacimiento. la creación de las “zonas de educación priori­ tarias” (ZEP) en 1981. Todas las reformas que parecen amenazar este ideal -costo de los estudios. Para establecer la igualdad de las oportunidades. un establecimiento capaz de acogerlo en condiciones idénticas a las de todos los otros. irrecusable. cerca de su lugar de residencia. . Dondequiera que las desventajas relativas parecían demasiado importan­ tes. finalmente. Desde este punto de vista. presentados como medidas de justicia y de se­ gunda oportunidad.LA IG U A L D A D DE O P O R TU N ID A D E S 6 5 tralizadas. y nosotros sabemos que los estudiantes secundarios. selección precoz. hay que ofrecer más a los que tienen menos.

la salud y el trabajo social. la alta función pública. LOS SEXOS. por izquierda y por derecha. es bueno y útil. lo que les permitió trabajar y pagar . estén a favor o en contra de las reform as. debe resolver un cierto núm ero de problemas sociales. el pasaje de la igualdad de las posiciones a la igualdad de las oportunida­ des ha sido progresivo. por todas estas razones. Se agrega que este modelo de igualdad es susceptible de transformar a las elites. la in­ dustria y los empleos domésticos. la medicina. las Fuerzas Armadas. EL GÉNERO Y LOS CUPOS En lo que respecta a la condición de las mujeres. está hoy en el corazón de las po­ líticas escolares -y esta centralidad se impone a todos los acto­ res. al cum­ plir con las expectativas de este modelo. de acrecen­ tar la confianza y el dinamismo de la sociedad. Los obstáculos formales que impedían el acceso a un gran número de capacitaciones y de profesio­ nes han sido progresivamente eliminados a partir de fines del siglo XIX. No es sólo justo. todo (o casi todo) es justificado y criticado en nombre de la igualdad de oportunidades y del mérito individual. Después de las revuel­ tas en los suburbios del otoño de 2005. sino que también se considera que.66 R E PE N SA R L A J U S T I C I A S O C IA L La escuela no sólo debe realizar la ficción de la igualdad de oportunidades. de reforzar la economía y la cohesión social.En materia es­ colar. etc. y las mujeres entraron en ámbitos que hasta enton­ ces les estaban vedados: la enseñanza. su despegue de la vida fami­ liar ha sido favorecido por el desarrollo del Estado de Bienes­ tar. jardines de infantes y servicios (además de conce­ der auxilios financieros). se ha repetido mucho. sino que ha abierto guarderías. la aboga­ cía. No sólo este les ha ofrecido numerosos empleos en la enseñanza. que la igualdad de las oportuni­ dades escolares era la manera más eficaz de integrar a los jó­ venes y de mitigar su rabia. Aunque las mujeres hayan trabajado siempre en la agricultura.

se instaló la idea según la cual la presencia de las mu­ jeres debe estar en paridad en un gran número de ámbitos. la igualdad de oportunidades. con una mezcla de convicciones y de conformismo políticamente correcto. En las instancias dirigentes y en diversos consejos representa­ tivos. se adoptaron medidas antidiscriminatorias dirigidas a establecer. Entonces. lo son objetivamente por el juego de las pequeñas decisiones y orientaciones cuya acumulación produce efectos decisivos (Cousin. de manera voluntarista. Pero la apertura de la formación y del mercado de trabajo a las mujeres no ha reducido totalmente las desigualdades en­ tre los sexos. pero resulta forzoso constatar que los dos fenómenos están vinculados. 2004).LA IG U A L D A D DE O P O R TU N ID A D E S 6 7 las cargas y los impuestos que contribuyen al financiamiento de ese mismo Estado de Bienestar (Esping Andersen. Bajo el impulso de los movimientos feministas y de los estu­ dios estadísticos. las culturas y las relaciones empiezan a tener un género. Sin que sean explícitamente discriminadas. la lucha por la igualdad de. La más espectacular es el establecimiento de cupos que imponen una tasa mínima de mujeres en la vida política (Lepinard. Se­ ría sin duda excesivo afirmar que el pasaje del sexo al género ha sido provocado por el deslizamiento de la igualdad de las posiciones a la igualdad de las oportunidades. Marry. 2007. se “buscan” a menudo mujeres para dar una imagen de apertura. .las oportunidades se vuelve un combate cultural relativo al orden del género. Moussuz-Lavau. sino que las actividades. las mujeres han sido las grandes beneficia­ rías de la masificación escolar (Baudelot y Establet. 2008). Al mismo tiempo. 2005. 1992). No sólo las personas tienen un sexo. Progresiva­ mente. y la dis­ tribución y la estructura de este género se ponen inmediata­ mente enjuego desde que individuos de sexo diferente circu­ lan por la sociedad sin verse nunca asignados a un lugar. El modelo de la igualdad de las oportunidades aplicado a las mujeres ha desplazado el clivaje entre los sexos hacia una representación de la vida social en términos de género. 1998).

incluso. pero también y so­ bre todo en la legislación que promueve la paridad y reprime el acoso. en la política. se impone la lucha contra el racismo y las discri­ minaciones.Se puede decir. por ejemplo) son también los países en los cuales la problemática del género está más presente -en los seminarios universitarios. Estados Unidos y los países escandinavos. los inmigrantes se vuelven “minorías vi­ sibles” a las que se percibe y se trata como tales. por el número de niños extranjeros . existen medidas específicas que apuntan a los jóve­ nes de esos barrios. empezando por las ZEP. las prácticas van mucho más rápido que las representaciones. Deben adoptarse medidas de justicia específicas con el fin de establecer la equidad previa a la igualdad de oportunidades. en el arte. Y esta crítica se despliega en todas partes: en la vida doméstica. la memoria del crisol francés y la fobia del comunitarismo hacen que nuestra sociedad re­ sista a una representación en términos de minorías. El imaginario republicano. POLÍTICAS PÚBLICAS Y MINORÍAS VISIBLES Cuando se pasa de la igualdad de las posiciones a la igualdad de las oportunidades. en los hechos. Sin em­ bargo. etc. que la crítica feminista desarrollada en nombre de la igualdad de oportunidades se ha ampliado hacia una crítica antropológica que sacude el orden del género. entre otros criterios. en las relaciones amorosas. Desde hace ya mucho tiempo. bajo la cobertura de políticas universalistas destinadas a los barrios “difíciles”.68 R E PE N SA R L A J U S T IC IA S O C IA L Los países que han elegido la igualdad de oportunidades de manera mucho más radical que Francia (Canadá. cuando sus calificaciones y sus diplomas no les permiten acceder igualitariamente a todas las posiciones. que son defini­ das. Cuando los hijos de los inmigrantes son estigmatizados en razón de sus orígenes y del color de su piel. en el tra­ bajo.

de interés bien entendido y de conformismo. las vio­ lencias del otoño de 2005 fueron comprendidas como la re­ vuelta de las minorías visibles. un compromiso de m odernidad y. 2008). de las instancias políticas y de los gobier­ nos. afirman la necesidad de tener en cuenta la “diversidad” en la composi­ ción de los consejos. a veces. la vivienda y la policía? Mientras que las revueltas urbanas de las décadas de 1980 y 1990 fueron percibidas principalmente en términos sociales (desocupación y pobreza) y se pensaba que Francia no sería nunca una sociedad racializada como Estados Unidos. Desde hace varios años. se hace discriminación positiva sin decirlo. La ley del 27 de mayo de 2008 reconoce la discriminación indi­ recta e invierte la carga de la prueba al obligar al discriminador a demostrar que no es culpable. 2007). y siem­ pre al precio de algunas disputas teológicas sobre el “modelo republicano” (pensemos en las disputas sobre el velo islámico y sobre las estadísticas étnicas). estos dispositivos y los hechos. las medidas destinadas a pro­ mover la “diversidad” se han multiplicado (Simón. y esto ya desde hace varias déca­ das (Doytcheva. sin decirlo jamás.LA IG U A LD A D DE O PO R TU N ID A D E S 6 9 o provenientes de la inmigración. Cartas de intención y discursos. a las minorías visibles. Los currículum vítae anónimos vuelven con regularidad a estar a la orden del día. Lo que no impide que los marcos de la representación de la vida social hayan sido totalmente perturbados en un país que durante largo tiempo había recubierto esas desigualdades con un espeso “velo de ignorancia”. las zonas francas y todas las políticas sucesivas de la ciudad apuntan. Este cambio es tan consi­ . Resumiendo. Los dispositivos de inser­ ción. Se demostrará fácilmente que hay una^ran distancia entre estas declaraciones. ¿Cómo podría ser de otro modo. desde que las minorías visibles son víctimas de una discriminación negativa frente al trabajo. una especie de argumento para au­ mentar las ventas. las medidas de ayuda al empleo. estas leyes. también allí con una mezcla de convicciones mora­ les. y la capacidad de reflejar la “diver­ sidad” se ha vuelto una exigencia cívica.

como esos obs­ táculos participan o contribuyen a la identidad de las vícti­ mas. la igualdad de oportunidades está asociada a otros gru­ pos y a otros tipos de representación. Pero. Confiere a la cultura y a las diversas identidades una dinámica y un lugar nuevos (Renaut. Así como la toma de conciencia de las injusticias infligidas a las mujeres se desliza hacia una crí­ tica cultural de los géneros. y. ¿Cómo es posible oponerse a la igualdad de oportunidades? Es fácil imaginar que una vez pasada la calma chicha ideoló­ gica provocada por la crisis económica del otoño de 2008 . 2007). obliga a denunciar los obstáculos que se interponen a una competencia equitativa. a la definición de grupos legítimos y a un modelo de representación polí­ tica. De la misma manera que la igualdad de las posiciones está vinculada a una representación de la sociedad. Allí también esta mutación no podría ser atribuida totalmente al reino de la igualdad de oportunidades. ya que la izquierda no tiene argumentos que oponerle y a veces. llaman a una política de reconocimiento para que el es­ tigma se convierta en orgullo. dobla la apuesta en la cuestión. En efecto. pero está claro que este modelo de justicia le confiere una fuerza singular. De hecho. la lucha contra las injusticias infe­ ridas a las minorías visibles combina una voluntad de integra­ ción con el deseo de reconocimiento de las identidades culturales. incluso.70 R E P E N S A R L A J U S T IC IA S O C IA L derable que las representaciones mismas de los actores están transformadas y se constituyen movimientos específicos que asocian la denuncia de discriminaciones y sufrimientos (pasa­ dos y presentes) a la afirmación de una identidad cultural que exige ser reconocida. Nicolás Sarkozy ha dado un impulso sensible al modelo de las oportunidades sin que por ello pueda identificarse ese modelo sólo con el pen­ samiento liberal. Sería ingenuo creer que Francia se ha despla­ zado total y masivamente de la igualdad de las posiciones a la igualdad de las oportunidades. en tanto ministro del Inte­ rior y luego presidente de la República. los dos modelos co­ existen movilizando actores políticos diferentes según las fluc­ tuaciones de la vida política.

Y esto se verá agudizado porque los beneficiarios de la igualdad de las posiciones no pueden ignorar más las debili­ dades y las lagunas de la justicia que defienden.L A IG U A L D A D DE O PO R TU N ID A D E S 7 1 -hay que defender los empleos-. . la igualdad de las oportuni­ dades continuará carcomiendo a la igualdad de las posicio­ nes.

.

la crítica apuntará más a los límites y a los efectos reales de la igualdad de oportunidades. donde los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más numerosos. la de la igualdad de oportunidades no debe atacar los principios que la fundan: es imposible oponerse al derecho de los individuos de aspirar a todas las condiciones y a todas las oportunidades. el modelo de la igualdad de oportunidades no tiene ni la antigüedad ni el predominio que ejerce el de la igualdad de posiciones so­ bre las tradiciones políticas y las instituciones. probablemente de manera irreversible. La evolución es espectacular en Estados Unidos. mirar más a menudo del otro lado del Atlán­ tico. en nombre de la igualdad de oportunidades. porque. LAS DESIGUALDADES SE PROFUNDIZAN Desde hace unos treinta años. nuestro apoyo es aquí menos sólido. La crítica de la igualdad de . Hace falta. con el fin de anticipar las consecuencias de los mecanis­ mos que se instalan en Francia. Del mismo modo que con la igualdad de posiciones. Crítica de la igualdad de oportunidades Como ocurre con la crítica de la igualdad de posicio­ nes. las desigualdades sociales se profundizan en todas partes. en Francia. Sin embargo. fundarse sobre hechos más tenues y sobre indicios más dispares. y sobre todo en los países que han optado por la igualdad de oportunidades antes que por la igualdad de las posiciones. en­ tonces.4.

ha term inado por acentuar el peso del naci­ m iento y de la disparidad de las fortunas. no limita los ingresos más elevados: nada. Como la igualdad de oportunida­ des conduce a redistribuir menos y a asegurar menos las posi­ ciones. los ingresos altos han explotado en un gran número de países sin suscitar escándalo. De esta ma­ nera. W.74 R E P E N S A R L A J U S T IC IA S O C IA L posiciones desarrollada por los conservadores entre la era Reagan y el fin de los años de G. Esta lógica lleva a la “aristocratización” de las elites. hasta el momento en que el . el declinar de la redistribución. Como lo hemos visto en el gráfico del capítulo 1. no es totalmente ilegítimo impu­ tarle efectos antiigualitarios. Ahora bien. En el mejor de los casos. este debilitamiento acre­ cienta las desigualdades y la pobreza. algunos de los grandes res­ ponsables de la economía nacional incluso se han inquie­ tado. Bush fue más sensible a los “privilegios” de los asistidos que a los de las ricas “vícti­ mas” de las exacciones fiscales. Es verdad que la igualdad de oportunidades no implica po­ ner un coto a las desigualdades excesivas. reducido a las meras redes de seguridad contra la miseria total. las desigualdades se acrecientan cada vez que el Estado de Bienestar retrocede. porque lo que se es­ pera de ella es que garantice equitativamente el acceso a to­ das las posiciones disponibles. en efecto. fundado sobre el argum ento que dice que el mérito de los vencedores debe ser recompensado sin nada que lo trabe. temiendo que el espíritu del capitalismo pierda así algo de su vitalidad. de la misma manera que se pue­ den denunciar los corporativismos escondidos por detrás de la igualdad de posiciones. si a veces define un piso para los ingresos y para las condiciones. debe en­ torpecer la recompensa del mérito y del éxito. Como la retórica de las oportunidades está en el corazón de este movimiento político. Mientras que la igualdad de oportunidades supondría que la gravitación de la herencia se viera sensiblemente reducida (para que así cada genera­ ción vuelva a poner los contadores a cero) . se la asocia generalm ente con la decadencia del Es­ tado de Bienestar.

Desde la década de 1960 a la década de 2000. la tasa creció menos entre los negros que entre los bancos. Mientras que los “derechos adquiridos” del modelo de las po­ siciones son ajustados en relación con la riqueza global. 2009). cuya ficción estadística tiene el ojo puesto sobre las elites. los parlamentos. que se ven bloqueados en las redes de seguridad. En los hechos. lo que juega a favor de la igualdad de oportunidades. de ex desempleados y de negros en los gobiernos. Este tropismo elitista es una especie de lapsus que revela que. Ahora bien. porque concierne a muchas más personas-. Cuando el salario básico se separa demasiado de los ingresos más elevados. los consejos de administración de las empresas o en la televi­ sión.C R ÍT IC A DE L A IG U A L D A D DE O P O R TU N ID A D E S 7 5 modo de captar esos ingresos. más peno­ sos y menos pagos es igualmente escandalosa -y sin duda lo es mucho más. las re­ des de seguridad. puso en riesgo la economía misma. se podría pensar también que su sobrerrepresentación estadística en los empleos más precarios. Es siempre en las esferas más eleva­ das de la sociedad donde se mide la efectividad de la igualdad de oportunidades: se cuenta el número de mujeres. pero es un pobre consuelo para los negros cuya situación se ha degradado en términos absolutos (Damon. Este principio exige que las desigualdades engendradas por la competencia meritocrática no sean desfavorables para los más desprotegidos. a veces predatorio. en cambio. la igualdad de oportunidades es más sensible al . la riqueza de los ricos no sirve a los más desfa­ vorecidos. Esta indiferencia hacia los pobres no resulta totalmente sorprendente cuando se examina de cerca la retórica de la igualdad de oportunidades. y de 10% a 20% en Estados Unidos (y de 30% a 50% entre los negros). de los ex desempleados o de los negros en la elite es profunda­ mente injusta. en los hechos. el número de niños pobres pasó de 15% a 20% en Gran Bretaña. no impiden la profundización de las desigualdades. En términos relativos. si la relativa ausencia de las mujeres. la igualdad de oportunidades reposa sobre una concepción estrecha del principio rawlsiano de la diferencia.

mientras que los alumnos de las universidades de elite solamente por centenares. siguieron pobres u oprimidos. Aun si no puede concluirse que la igualdad de oportunida­ des es una astucia ideológica de las elites para enmascarar las condiciones de su reproducción. con la condición de que no se crea que afectan directamente la estructura so­ cial. Si es de desear que los hijos de los pobres formen el 15% de los efectivos de las universidades de elite. por razones de representación política. no es seguro que esto cambie mu­ cho en la sociedad francesa: los pobres se cuentan por millo­ nes. incluso. Se cuenta la historia del self-made man que empezó su carrera levantando una hebilla en la vereda. también en este caso. 2009) . En este ámbito. Por lo demás. pero se olvida el curso vital de millo­ nes de inmigrantes que. muy poco indulgentes hacia aque- . no es cierto que esto consuele en mu­ cho a aquellas que se ven relegadas a los trabajos más penosos en diversos servicios o en los supermercados. Pero también el núm ero de personas afecta­ das varía según se mire hacia arriba o hacia abajo de la socie­ dad. Si bien es bueno que los miembros de las minorías visi­ bles estén presentes en las elites dirigentes. los cupos de mujeres en la vida política son perfectamente legítimos.76 R E PE N SA R L A J U S T IC IA S O C IA L éxito y al cursus honorum glorioso de algunos antes que al fra­ caso del mayor número (Benn Michaels. después de una vida de trabajos pesa­ dos. porque se trata de representación. más abiertos y más generosos que aquellos a quienes reemplazan: seguros de su mérito indivi­ dual. es verosímil que esto no mejorará la condición de aquellos que se ven masiva­ mente condenados a los trabajos agotadores y mal pagos de la construcción y las obras públicas. podrían ser. nada dice que los dirigentes provenientes de los grupos discriminados serán más competentes. es innegable que la diferen­ cia de salarios entre las mujeres y los hombres en los cargos ejecutivos más altos parece a menudo más escandalosa que la asignación de las mujeres a los empleos menos calificados y menos estables. Si es bueno que el 50% de los di­ putados sean mujeres. porque compo­ nen el 15% de la sociedad.

C R ÍT IC A DE LA IG U A L D A D DE O PO R TU N ID A D E S 7 7 líos a los que podrían considerar menos voluntariosos y me­ nos industriosos que ellos mismos. El mundo de las víctimas. 1997). Víctimas del racismo. No es raro que el resentimiento se vuelva un resorte esen­ cial de esta competencia. Concebir las desigualdades en términos de discriminacio­ nes conduce a jerarquizar las víctimas que tienen interés de “exhibir” sus sufrimientos y las injusticias que sufren. los negros . la competencia entre las víctimas tiende a acalorarse. las dispu­ tas por la memoria abren una contabilidad y una competencia macabras en la cual las víctimas acaban a veces por pelearse con otras víctimas. no es necesariamente fraternal: cada uno. Por ejemplo. DESVENTAJAS E IDENTIDADES DE VÍCTIMAS Con la igualdad de oportunidades. sin embargo. Aun sin incurrir en tales excesos. Esta lógica a priori normal puede te­ ner.: hijo de una pareja franco-camerunesa. efectos negativos. Este escenario no es inverosímil. Por minoritaria que sea. y la de reivindicar una identidad propia contra los prejuicios y las identidades asignadas. se pasa de la pareja explo­ tación/trabajo a la pareja discriminación/identidad. se convirtió en un antisemita lleno de odio bajo el pretexto de que la memoria de la Shoah enmasca­ raría los sufrimientos de las víctimas de la esclavitud. la evolución de un Dieudonné no es anecdótica: el antiguo militante contra el de­ rechista y xenófobo Frente Nacional. Este cambio implica dos especies de obligaciones: la de demostrar que se es víctima de desventajas o de discriminaciones. porque yo puedo no perdonarles a otros que hayan conseguido parecer más víctimas que yo y que sean por eso más reconocidos y mejor asistidos (Chaumont. debe presentarse como si fuera más víctima que los de­ más. por otra parte. con el fin de obtener la ventaja diferencial que les permitirá beneficiarse con ayudas específicas. individuo o grupo.

alcanza para que el postulado individualista que preside al modelo de las oportunidades se encuentre muy amenazado. la ló­ gica de asignación resulta todavía más imperativa. el modelo de las oportunidades las exalta hasta hacer de ellas cqtsi una obligación. cada individuo podría elegir en un repertorio de identidades aquella que decide movilizar. pone desde un co­ mienzo a las víctimas en situación de competencia. Por poco que se admita que las construc­ ciones culturales e identitarias son performativas. A pesar de que la igualdad de oportunidades es. Se le puede reprochar al modelo de las posiciones que niegue las identidades. que los heterosexuales pobres? Y. Aunque la perspectiva constructivista dominante hoy en las ciencias sociales no se cansa de explicar que las culturas y las identidades no tienen nada de natural y son producciones culturales y sociales. sin embargo. desde el punto de vista social. ¿sufren lo mismo. el hecho de definirse como víctima lleva a identificarse con un colectivo.y8 R E PE N SA R L A J U S T I C I A S O C IA L de las Antillas (y por lo tanto. en prin­ cipio. ¿son todas víctimas en el mismo grado? Los homosexuales de medios acomodados. dado que se es víctima “en tanto” perteneciente a tal o cual condición. inmigrantes o antiguos inmi­ grantes) no llegan a unificar sus luchas: ¿la esclavitud sufrida por los ancestros de los primeros es peor que el colonialismo sufrido por los padres de los segundos? ¿Las muchachas que viven en los suburbios oprimidas por los muchachos de su ba­ rrio son más o menos víctimas que sus hermanos designados como la causa de todos los males? Como la igualdad de opor­ tunidades abre una competencia general. el m undo de los derechohabientes no cesa de fraccionarse (como las corpora­ ciones y las coaliciones de ventajas adquiridas en el modelo de las posiciones). Este mecanismo victimario induce una obligación de asigna­ ción. ¿Las mu­ jeres de las clases populares son más o menos víctimas que los hombres de las minorías visibles? Esas minorías. franceses) y los negros proce­ dentes de África (y por lo tanto. profundamente individualista y que apela a la autonomía y a la libertad de cada uno. ]3ero. a la inversa. No basta con de­ .

de crecer en nuestras sociedades multiculturales y plurinacionales. hay que asignar a cada indivi­ duo identidades que se chocan con el principio mismo de autodefinición. Y todo esto no tiene en cuenta la formación de identidades culturalmente mestizadas. esencial para la forma­ ción de un sujeto (Honneth. Principalmente. ambiguas y ambivalen­ tes que no dejan.C R ÍT IC A DE LA IG U A L D A D DE O P O R T U N ID A D E S 7 9 cir que soy una víctima de mi identidad (porque esa identidad se encuentra estigmatizada): estoy obligado a someterme a ella. aun si hay que declinarlas en diferentes casos (ingre- . porque antes de reconocer una identidad hay que saber si esta identidad merece ser recono­ cida (Dubet. felizmente. Es también una reivindicación que apenas si puede resistir a las relaciones de fuerza entre las comunidades. Mientras que las desigualdades de posición se miden fácil­ mente. en Quebec reconocen los derechos de las minorías. la victimización se ve siempre asociada a una reivindicación de la dignidad. hay que preguntarse si la cultura que exige un reconocimiento es compatible con las memorias de las otras víctimas y con los principios fundamen­ tales de la democracia. No existe entonces armonía preestable­ cida entre la lucha contra las discriminaciones y el principio de reconocimiento. Por ejemplo. pero a condición de que aprendan el francés. Hay que dar vuelta el estigma y reemplazar las fronteras sociales por fron­ teras culturales. pero no hacerlo es renunciar a combatir las dis­ criminaciones. de la libertad y de la dignidad de las personas. Es en este sentido que el reconocimiento par­ ticipa de la nebulosa ideológica y política de la igualdad de oportunidades. amenazado por el inglés en Canadá. nada parece más natural y más justo que la exigencia de reconocimiento. Pero el reconocimiento no es una teoría de la justicia. La discusión de los demógrafos so­ bre el censo étnico está dominada por este problema: para lu­ char contra las discriminaciones. En la medida en que nadie puede sentirse satisfecho por ser definido como una víctima. incluso a reivindicarla^ aunque más no fuera para combatir de ese modo la discriminación. 2008). A priori. 2000).

Para triunfar. “querer es po­ der”. Los gobiernos más liberales. el modelo de las oportunidades es mu­ cho más liberal. como la virtud es un re­ curso eficaz en función de sus resultados. hay que ser virtuoso con el fin de triunfar en la competencia. una vez que se dio la señal de largada para la carrera. existen discrimina­ ciones objetivas que no remiten a ninguna voluntad explícita de discriminar. más se convierte cada uno en un microem prendedor a cargo de sí mismo. hay que ser virtuoso. Por cierto. porque no tienen las calificaciones requeridas. un Estado fuerte y un cierto orden moral (Gamble. En el mundo ideal de las posibilidades. Este control surge menos de una norma moral que de un interés bien entendido.. que abre espacios de libertad a . Se le puede reprochar a la igualdad de las posiciones que bus­ que promover un orden moral conservador. 2008. Cuanto más igualitariamente están repartidas las oportunidades. y el discriminante puede discriminar sin intención directa de hacerlo (Calves. de la vivienda. y el confor­ mismo se vuelve menos un imperativo moral que un recurso dirigido a la acción. Sabbagh. etc. uno puede librarse de ella cuando ya triunfó. 1997). y. sexo. sólo cambia la naturaleza de los imperativos morales. y un asunto de casuística estadística. 1988). 2009). pero su carácter voluntario y moralmente inaceptable no es fácil de establecer fuera de los tribunales y del testing.). Con el fin de separar las desigualdades voluntarias de las involuntarias. porque es posible movilizarse para cambiar de posición en una sociedad abierta y activa donde nada está definitivamente adquirido. además de la libertad econó­ mica. actividad. salud. edad. 8l LA RESPONSABILIDAD COMO ORDEN MORAL . En efecto. o bien cuando se recluta a las personas que están más próximas a uno (en el plano social y cultural) porque es más cómodo y más económico en términos de los “costos de transacción” (Eymard-Duvernay. la medida de las discri­ minaciones plantea problemas.80 C R ÍT IC A DE LA IG U A L D A D DE O P O R TU N ID A D E S R E P E N S A R L A J U S T IC IA S O C IA L sos. se cierra la puerta del empleo. Marchal et al. Weil. Sin embargo. Desde 2005. Bush padre y Bush hijo. los que han sustituido radicalmente las posiciones por las oportunidades -Thatcher. la justicia social corre el riesgo de vol­ verse a la vez una causa para magistrados que midan las inten­ ciones de los actores. pero. y también hay que dominarse a uno mismo. ¡ t ¡ j . Reagan. no han sido particularmente liberales en lo que se refiere al control social interiorizado por los individuos y al control social a se­ cas: todos ellos defendieron. “¡ay de los vencidos!”: estos últimos verdaderamente no hicie­ ron uso de sus oportunidades. hay que le­ vantarse temprano y trabajar. . El hecho de que se infiera discriminación de determinadas prác­ ticas no significa que sea posible probarlo caso por caso: el individuo discriminado posee otras características además de aquellas por las que se lo discrimina. Sarkozy (en campaña electoral)-. Aquí. Simón. de los espacios y de los derechos a grupos así como a los individuos. 2003. la HALDE (Alta Autoridad de Lucha contra las Discriminaciones y por la Igualdad) no presenta más que un núm ero muy limitado de casos documentados. 2000. Por ejemplo. Se reencuentra este dispositivo de con­ trol en el “nuevo managemenf. donde cada uno debe quedarse en su lugar y está invitado a defender el honor de su rango. cuando no se toma para un tra­ bajo a ninguno de los miembros de una minoría visible deter­ minada. en estos casos. el desplazamiento operado aquí no es menos moralizante que el de las posicio­ nes. existen discriminaciones voluntarias fundadas sobre estereotipos se­ xuales y etnorraciales y. la discriminación es más condenable desde el punto de vista de la igualdad de oportunidades. se dejaron estar y son tanto más responsables de sus fracasos porque se les ofrecieron to­ das las chances. A priori. hasta tal punto es difícil de aportar pruebas de la discriminación.

. 2009). Es por esta razón que la igual­ dad de oportunidades escolares a m enudo va acompañada del énfasis en el rol de la inteligencia innata susceptible de explicar las desigualdades inexplicables (Dubet. Se sustituyó “el honor de los trabajadores” por la obliga­ ción de jugar y de ganar. se vuelven fron­ teras morales. Lo que vale para los ejecutivos también vale para los más pobres: el principio de la asignación de base universal deja en manos de los individuos lo que les ocurrirá en el fu­ turo. responsables de su propia desgra­ cia (Ryan. más se “culpabiliza a las víctimas”. contra las cuales no se puede luchar. Pero. debe ser atribuido a los individuos mismos. Al sugerir que la capacidad de hacer uso de sus oportunida­ des está asociada a los méritos de los individuos. Cuanto más se promete la igualdad de oportunidades. Expulsada por una metafísica de la responsabilidad ín­ timamente vinculada con la igualdad de oportunidades.82 R E P E N S A R L A J U S T I C I A S O C IA L los empleados a cambio de una plena responsabilidad de sus actos. 2007). para así poder justificar sus desgracias. es necesario que los segundos merezcan su fracaso y sufran el peso de este. se vuelve po­ sible elegir a los que deben ser ayudados (Duru-Bellat. 1976). Esta gramática moral conduce a las vícti­ mas a buscar con obstinación discriminaciones y desigualda­ des “naturales”. 2002. para que los primeros merezcan su éxito y gocen plenamente de él. respectivamente. Se acusa a los pobres y otros fracasados de ser responsables de su suerte. se cambió una moral fundada sobre “la dignidad de los trabajadores” por una moral de deportis­ tas de alto nivel (véanse. La pareja formada por los explotadores y los explotados se ve progresivamente sustituida por la pareja de los vencedores y de los vencidos. Cuando este fracaso no puede ser imputado ni a las discriminaciones ni a la naturaleza -e n ­ fermedades y discapacidades físicas-. la na­ turaleza “se venga” retornando por el camino de las desigual­ dades genéticas. Duru-Bellat. con una nitidez todavía mayor. No sólo las fronteras sociales se vuelven fronteras cultura­ les. 1991). Lamont. y Ehrenberg. sino que.

porque se refiere a los dife­ rentes estatus antes que a las personas. Paradó­ jicamente. “Solidario si yo quiero” y con quien yo quiero. se acerca a una individualización de las discapacidades y de los riesgos. La aplastante mayoría de la elite escolar siem­ pre ha provenido de la elite social. no hacen más que proyectarse y acentuarse en el mundo escolar. el ámbito en el cual la igualdad de oportunidades se ha visto activada de la manera más sistemática. porque la técnica estadística de las compañías de seguros. en gran medida. mientras que los vencidos . el modelo de las opor­ tunidades personaliza la solidaridad. los de aquel momento en el que los benefactores tenían el derecho de elegir “sus pobres” y “sus causas”. reencuentra los rasgos más reaccio­ narios de la asistencia social. mientras que la igualdad de oportunidades quiere promover la autonomía. por ejemplo. El balance de la masificación es claro: si to­ dos los alumnos se han beneficiado por ello. ¿Cuáles son las características de los individuos que merecen ser ayudados y cuáles las de los que no merecen serlo? Se puede imaginar que un algoritmo estadístico per­ mite responder a esta cuestión y desgarra definitivamente el velo de ignorancia del contrato social (Romer. por otra parte las brechas entre los mejores y los mei|os buenos no se redu­ jeron de manera significativa. MERITOCRACIA Y COMPETENCIA ESCOLAR En Francia la escuela es.C R ÍT IC A DE LA IG U A L D A D DE O P O R TU N ID A D E S 8 3 El contrato social se individualiza. por intermedio de las fun­ daciones y de las ONG. cada uno tiene el derecho de elegir sus buenas causas y sus víctimas. sin duda. Mientras que la solidaridad asociada a las posiciones es ciega. 1998). por los orígenes sociales de los alumnos. Después de todo. Y como éstas brechas están de­ terminadas. 1991). este programa (o más bien esta pesadilla) no es imposible de realizar. afirman los sociólogos más liberales (Laurent.

Al fin de cuentas. en prensa). distanciándose aún más de los menos fa­ . redes y apoyos escolares más eficaces (porque son los más selectivos).8 4 R E P E N S A R LA J U S T IC IA S O C IA L de la competencia escolar han salido de las categorías más desfavorecidas. el sistema escolar reproduce las desigualdades sociales. el instrumento más apto para neutralizar las consecuencias de las desigualdades sociales iniciales. más se piensa que las jerarquías escolares son justas y se deben sólo al mé­ rito individual. Pero más se adhiere a esta utopía. Esta creencia tiene efectos bien reales: el peso y la influencia de las instituciones escolares acrecientan las venta­ jas financieras y sociales de los más diplomados. Duru-Vellat y Vérétout. ¿cómo hacer para que cada uno no busque optimizar las suyas. y cuanto más grandes son esas ventajas. concentrar todos sus recursos en ellas. más se profundizan las desigualda­ des escolares: los vencedores potenciales tienen interés en acentuarlas y para ello eligen juiciosamente los establecimien­ tos. porque son. más se confía a la escuela la abrum adora misión de realizarla en cada nueva generación. Más se cree en la igualdad de oportunidades. a priori. En este caso. más socialmente desiguales resul­ tan. cuanto uno más cree. Dicho de otro modo. en este modelo de justicia. En el nombre de la igualdad de oportunidades. puede parecer justo que diplo­ mas y títulos tengan un fuerte poder sobre el acceso a las po­ siciones sociales y profesionales. Proviene de una paradoja interna del modelo mismo. Pero el fracaso de la igualdad de oportunidades no se debe solamente a desigualdades sociales situadas río arriba de la es­ cuela y a las desigualdades todavía persistentes de la oferta es­ colar. Esta convic­ ción tiene como efecto acentuar la competencia escolar entre las familias a las que les interesa ahondar la brecha con el fin de asegurar las mejores oportunidades a sus hijos. Todo el problema se debe a que la creencia en este modelo de justicia lleva a las familias a pensar que no hay otras opor­ tunidades fuera de las que da una buena escuela. o más obligado está a creer. en oposición al principio sobre el que reposa (Dubet.

C R ÍT IC A DE LA IG U A L D A D DE O P O R TU N ID A D E S 8 5

vorecidos? Francia ilustra meridianamente este mecanismo:
todo ocurre como si la igualdad de oportunidades acrecen­
tara la gravitación de títulos y diplomas. Desde entonces, esta
gravitación se ha vuelto el más sólido vector de la reproduc­
ción de las desigualdades.
Se exhibe la igualdad de oportunidades como un factor de
cohesión y de unidad, cuando, por el contrario, puede te­
merse que acentúe la competencia escolar y abra la guerra de
todos contra todos. Así se desarrolla, en la enseñanza pública
como en la privada, un “mercado escolar”. La metáfora del
mercado vale en un doble sentido. En primer lugar, todas las
carreras, todos los títulos y todos los establecimientos compi­
ten entre sí; cuanto más selectivos son, y por lo tanto más ren­
tables a priori, más éxito tienen. Mientras que los movimien­
tos estudiantiles protestan contra la selección en nombre de
la igualdad de posiciones, los estudiantes, incluso los más mo­
vilizados, eligen las carreras más selectivas y las que más pro­
fesionalizan a sus egresados. Como consecuencia, el sistema
que se establece está dirigido por la demanda de títulos cultu­
rales antes que por la oferta cultural de educación. Los alum­
nos, las familias y los estudiantes eligen las disciplinas en fun­
ción de su rentabilidad escolar, y se sabe que las orientaciones
científicas de los liceos se llenan de alumnos que, sin que for­
zosamente amen las ciencias, quieren constituirse un capital.
En el largo plazo, es la función cultural de los sistemas educa­
tivos la que está en peligro.
Desde el punto de vista de los individuos, la igualdad de las
oportunidades escolares es un principio de una gran cruel­
dad que deriva de dos procesos fundamentales (Dubet,
2004). El primero es interno a la naturaleza de la competen­
cia meritocrática que debe articularse en torno a una norma
de excelencia a la cual cada individuo debe poder aspirar.
Desde entonces, la “vía regia”, la de los mejores, se impone
como la norma indiscutible y los otros se jerarquizan por sus
fracasos, por la distancia que los separa de la excelencia a
priori ofrecida a todos los que la merecen. Es así como se

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R E P E N S A R L A J U S T IC IA S O C IA L

“orienta” en Francia, según un proceso de destilación fraccio­
nada siempre negativo. Esto explica por qué los alumnos
franceses manifiestan un nivel de confianza en sí mismos par­
ticularmente débil: uno nunca es lo suficientemente bueno
como para em prender el camino real o la formación situada
justo debeyo de este.
A esto se agrega un proceso psicológico particularmente
cruel para los alumnos “vencidos”, que fatalmente deben per­
cibirse como responsables de sus fracasos y de sus lagunas, en
una palabra, de su “nulidad”. Cuanto más lo invade todo el
marco del modelo de la igualdad de oportunidades, menos
pueden consolarse los alumnos atribuyendo sus fracasos a
otros factores que no sean ellos mismos. Como esta atribu­
ción del fracaso a sí mismo es penosa, hasta intolerable, algu­
nos alumnos ya no participan en el juego, a otros les va mal,
y otros todavía se vuelven contra la escuela y, por medio de la
violencia, intentan recuperar su dignidad perdida. Para que
los vencedores no deban su éxito más que a sí mismos, es ne­
cesario que los vencidos sólo se peleen consigo mismos.
La igualdad de posiciones es rígida y conservadora porque
encierra a los individuos en su posición y los ubica con sus se­
mejantes. La igualdad de oportunidades es maleable y cruel
porque obliga a los individuos, a menudo a los más frágiles, a
desarraigarse de su lugar y de sus seres más cercanos. Hannah
Arendt pone en evidencia éste fenómeno al evocar la desegre­
gación voluntaria iniciada en el sur de Estados Unidos a fines
de la década de 1950:
El punto de partida de mis reflexiones fue una ima­
gen publicada por los diarios que mostraba a una ne­
gra entrando a una escuela recientemente integrada:
una troupe de niños blancos la perseguía, un amigo
blanco de su padre la protegía, y en la cara se le no­
taba que la situación nueva no era precisamente en­
cantadora para ella. Mi prim era pregunta fue: ¿qué
haría yo, si fuera una madre negra? Si yo fuera una

C R ÍT IC A DE LA IG U A L D A D DE O P O R T U N ID A D E S 8 7

madre negra del Sur, sentiría que la Corte Suprema,
sin quererlo, pero inevitablemente, ha colocado a mi
hija en una posición más humillante que aquella en
la que se encontraba antes. Sobre todo, si yo fuera
negra, sentiría que la tentativa misma de comenzar la
desegregación escolar no sólo ha desplazado el fardo
de la responsabilidad de las espaldas de los adultos a
las de los niños. Estaría además convencida de que
todo está dirigido a evitar el verdadero problema. El
verdadero problema es la igualdad ante la ley.
(Arendt, 2005)
¿Es más cruel encerrar a los individuos en posiciones injustas
que obligarlos a abandonar la seguridad de esas posiciones
para adquirir las mismas oportunidades que los otros? En el
caso de estos descendientes de esclavos evocado por Hannah
Arendt, la respuesta deja poco espacio para la duda: la igual­
dad tiene un precio. ¿Pero la respuesta es siempre tan evi­
dente en otros casos?

ABOLIR LAS DESIGUALDADES

La igualdad de oportunidades ha abierto a las mujeres posi­
ciones que antes les estaban cerradas. Sin embargo, no sólo la
igualdad de los sexos no ha borrado la barrera de género,
sino que la ha revelado. Examinemos la situación femenina
en la escuela para com prender esta resistencia a la igualdad
de oportunidades. Según la fórmula de Cátherine Marry
(2003), la situación de las alumnas mujeres es en gran me­
dida paradójica: en promedio, obtienen mejores resultados
escolares que los varones, pero no hacen rendir esa ventaja
eligiendo las carreras más eficaces y más prestigiosas. Por
ejemplo, prefieren estudios literarios mientras que los varo­
nes optan por orientaciones más científicas. Los títulos que

Este tipo de análisis se apoya sobre hechos sólidos y sobre un buen sentido sociológico aún más sólido: la dominación mas­ culina inscrita en toda nuestra cultura pesa más que las volun­ tades políticas. Desde los juegos sexuados en el jardín de infantes hasta la elección de orientaciones propuesta a los alumnos. La se­ gunda dificultad proviene de que. este programa parece más fácil de realizar. A priori. este análisis exige abolir las diferen­ cias para crear las condiciones necesarias a la igualdad de oportunidades. Di­ cho de otro modo. sin embargo. El primero entre ellos reposa sobre un postu­ lado de alienación generalizada. ya que el género es una construcción social en suma enteram ente arbitraria. Dos tipos de explicación perm iten arrojar luz sobre esta paradoja. y la alienación de las mujeres consistiría en perpetuar una dominación que ellas mismas denuncian. Pero no se ve siempre con claridad qué ganan con ello los varones. no transforman sus cualidades escolares en igualdad profesional. Para “deshacer el género” (Butler. estudiando Fí­ sica y haciendo deportes en ausencia de varones. Por ejemplo. la desigualdad sexual transitaría por las mujeres mismas. para que las niñas no se vean encerradas en estereotipos. La primera atribuye las desigualdades de orientación al peso de los clichés y de los estereotipos. 2006).88 R E P E N S A R L A J U S T IC IA S O C IA L obtienen son menos rentables en el mercado de trabajo. que jugarían así en contra de sus intereses de género. se podría entonces separar los sexos en la escuela (está de moda en algunos países). Hay que subrayar. los límites de esta explicación. según el cual niñas y niños interiorizan estereotipos que son también formas de domina­ ción. Otra solución consistiría en exi­ . una multitud de imágenes y de interacciones familiares y esco­ lares guía insidiosamente a cada sexo a su destino de género. Llevado a su extremo. que orientan a muje­ res y varones hacia disciplinas y carreras marcadamente dife­ renciadas. las niñas podrían liberarse de expectativas que interiorizan tanto en ciencias como en deportes. como la mayor parte de los maestros son maestras.

es que estas úl­ timas incluyen el nacimiento y la educación de los hijos en su proyecto de vida. es necesaria una medida radi­ cal para abolir las diferencias que están en el origen de las desigualdades. Se puede ver en esto una modalidad de la dominación masculina. es porque serán mejor recibidas allí y porque piensan que así aumentarán sus oportunidades de conseguir empleo. ya que el mercado de trabajo es lo que es. 2005). Más que “forzar” a las jóvenes a liberarse de identidades que las aplastan. En todos los casos. Si las jóvenes eligen orientaciones y profesiones llamadas femeninas. y se puede suponer que los varones piensan en esto mucho menos que ellas. por ejemplo) pueden ser elegidas porque crean menos tensiones entre marido y mujer. se puede pensar que es la igualdad creciente de las posiciones . Así. Si aún persiste una dife­ rencia cultural mayor entre varones y mujeres. lo que no significa que estas opciones profesionales sean irracionales. saben (más o menos claramente) que serán a la vez trabajadoras y madres. mu­ chas profesiones especializadas (las de la enseñanza. invi­ tan a desplazar la respuesta a la paradoja. Si se otorga algún crédito a estos últimos argumentos. Las mujeres también tienen en cuenta una variable que no es menor: el proyecto de vida familiar. las mismas disciplinas y las mismas orientaciones a niñas y niños. Cuando las jóvenes alimentan proyectos es­ colares y profesionales.C R ÍT IC A DE LA IG U A L D A D DE O PO R TU N ID A D E S 8 9 gir a la escuela que borre las identificaciones de género pro­ poniendo sistemáticamente los mismos juegos infantiles. para llegar verdaderamente a la igualdad de oportunidades. dadas su identidad y su situación. Un segundo tipo de explicación postula que las muchachas no están totalmente alienadas y que. y las anti­ cipaciones y los planes de vida pesan quizás más que los cli­ chés sexuales transmitidos por la escuela. Se trataría de una política extremadamente voluntarista que demandaría a la escuela poner entre paréntesis a la sociedad tal como es. menos desfases de calendario entre la vida familiar y la vida profesional. construyen proyectos más bien racionales (DuruBellat.

haya defendido largo tiempo la discriminación positiva.90 R E P E N S A R L A J U S T IC IA S O C IA L que ellas se destinan a ocupar la que cumplirá con las condi­ ciones de la igualdad de oportunidades. Había po­ bres. es mejor actuar sobre la estructura de las posicio­ nes en el trabajo y en la familia antes que obrar sobre la cul­ tura y la identidad de los actores. de la igualdad de posiciones para realizar la igualdad de las oportunidades. a este respecto. merece ser examinada seriamente. paradójicamente. Aunque Julius Wilson. los guetos negros norteamericanos estaban abso­ lutamente segregados. Durante las décadas de 1950 y 1960. Y como la es­ colaridad mixta no ha borrado casi las desigualdades entre los sexos. mostrar que la ceguera republicana ante las diferen­ cias es una hipocresía social. 1987). so­ ciólogo negro norteamericano. algunos médicos. profundizar las desigualdades y de­ gradar la calidad de la vida social. parece normal compensar esta discriminación con me­ didas voluntaristas que se asientan sobre cupos. marginales. obreros. De hecho. docen­ tes. pero eran bastante heterogéneos desde el punto de vista de su composición social. por el costado. Lo inverso vale también para los hombres. Gracias a los cupos y otras medidas de discriminación positiva desarrolla­ das por el presidente Johnson y sus sucesores hasta el co­ . abogados y comerciantes. LA OBLIGACIÓN IDENTITARIA En la medida en que las minorías visibles son víctimas del ra­ cismo. Pero la realización de la igual­ dad de oportunidades por medio de políticas voluntaristas puede. hoy hace de ella un balance mayoritariamente crítico (Wilson. Las mujeres jóvenes elegirán orientaciones y profesiones menos “femeninas” cuando todas las posiciones tengan en cuenta sus proyectos profesionales articulados a la vida familiar. Es fácil. Para alcanzar la igualdad de opor­ tunidades. este argumento es un retorno. pero también clases medias.

Según toda evidencia. la burguesía negra huyó del gueto hacia suburbs de clase media. es justo abrir los cursos de ingreso en las universida­ des de excelencia a un 5% de los alumnos de los secundarios de barrios difíciles. sería este: la justi­ cia que se hace a los individuos no es necesariamente un pro­ vecho para toda la sociedad. al lado de una pequeña burguesía negra se ha formado una under class fuertemente discriminada. la marginalidad y la des­ viación. Si hubiera que elegir sólo un argumento sobre la diferencia entre el modelo de las posiciones y el de las oportunidades. Nada preserva de ella a Francia. que no se benefician de medidas dirigidas exclusivamente a los negros. en un mo­ mento en el que no deja de afirmarse que la salvación de los barrios “difíciles” pasa por la promoción de los mejores. esta política ha sido injusta para con los blancos pobres. Esta mutación ha degradado profundamente la situación del gueto. La suma de los éxitos individuales no se ha transfor­ mado en promoción colectiva. a estos se les incitaba a identificarse con su “raza”. la suma de las salvaciones individuales no trae necesariamente consigo la salvación co­ lectiva. En esto no es seguro que sea tan liberal . y la igualdad de oportunidades puede incluso degra­ dar la distribución equitativa de las posiciones. esta evolución no concierne sólo a Estados Unidos. Sin duda. explica Wilson. También en este caso. En definitiva. su realización práctica conduce a reemplazar las asignaciones asociadas a lugares por asignaciones igualmente rígidas asociadas a gru­ pos discriminados. Mientras que la igualdad de posibilidades apela a la auto­ nomía de los individuos libres de circular. a los cuales se ofrecerían todas las posibilidades de “irse de allí”. Por el contrario. el saldo de esta política habría sido ampliamente negativo. los problemas vienen de que aquellos que “se van” abandonan un barrio que pierde así a sus miembros más activos. Además. durante este tiempo.C R ÍT IC A DE LA IG U A L D A D DE O P O R TU N ID A D E S g 1 mienzo de la década de 1980. encerrado en la pobreza. ya que las clases medias no quie­ ren pagar por gente a la que consideran sin ningún mérito.

las virtudes de los individuos y a las circunstancias? La única m anera de escapar de esta aporía sería multiplicar las pruebas que perm iten medirlo. Reemplaza identidades y coaliciones de intereses por otras que son igualmente rígidas. las políticas de la igualdad de oportunidades. Como la igualdad de posiciones. lo que se debe a las oportunidades. ha sido quizás más eficaz y más justa que la igualdad de oportunidades. Por otra parte. Y la República no se ha visto amenazada por ello. en el mérito. De manera más fundam ental. acepta más desigualdades que el modelo de las posi­ ciones. al trabajo. 1997). La capacidad de poder ocupar posiciones. los países más compro­ metidos con las políticas de cupos las abandonan. se apoya sobre uno de los principios de justicia más frágiles y más discutibles: el mérito. Por otra parte.92 R E PE N SA R L A J U S T IC IA S O C IA L como pretende. individuales en principio. ¿En nombre de qué el mérito revelado por la escuela sería mejor que el mérito que resulta distinguido por otras pruebas? (Duru-Bellat. en última ins­ tancia. y hasta de crearlas. a . en este caso. Pero. aunque no sean exactamente las mismas. porque sólo el 20% de los opositores a los cupos manifiesta opiniones racistas (Sniderman y Carmin. ignoran los proce­ sos de movilidad colectiva que durante mucho tiempo han favorecido la integración de los inmigrantes: algunos grupos han utilizado recursos comunitarios para generar actividades económicas gracias a las cuales construyeron para sí itinera­ rios de promoción. la igualdad de oportuni­ dades no es perfecta. Hoy los cupos son rechazados por el 90% de los norteam ericanos y por el 80% de los negros: este rechazo es antes una cuestión de contrato social que de prejuicios. a ú n a suma!de contratos . 2009) ¿Cómo separar. No es seguro que los inmigrantes portu­ gueses o chinos que han montado “empresas étnicas” en la albañilería y en el comercio hayan triunfado menos que las comunidades que lo apuestan todo a las políticas escolares y los cupos. y no sólo para defender las desigualdades existentes. la vida social acabaría por asemejarse a un cam­ peonato deportivo ininterrum pido.

.C R ÍT IC A DE L A IG U A L D A D DE O PO R TU N ID A D E S 9 3 individuales que ocuparían el lugar del contrato social y del sentimiento de “form ar una sociedad”. A la sombra de la igualdad de oportunidades. siempre hay un fondo de darwinismo social.

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Y aunque no se trata de sacrificar totalmente un principio a otro. Personalmente. Desde el momento en que el funcio­ namiento “natural” de la economía parece amenazar las bases de la sociedad. . se debe acordar prioridad al que parezca mejor y más justo. Prioridad a la igualdad de posiciones La crítica a la igualdad de posiciones conduce. renuentes á la lucha de todos contra todos. Ahora bien.5. más allá de renovar profundamente su puesta en acción. me inclino por el principio de la igualdad de posiciones. Inversamente. siempre resulta necesario elegir. o bien una postura radical que condene sin contemplaciones una socie­ dad decididamente irreformable. Enton­ ces parecería natural no elegir y adoptar un punto de vista sa­ bio y mesurado que combine los dos principios. estos dos mode­ los de justicia igualmente deseables (y criticables) producen efectos concretamente opuestos y corresponden a representa­ ciones de la vida social también opuestas entre sí. a adoptar una sensibilidad liberal y a denunciar este modelo de protección como profundamente injusto y conservador. porque es el más favorable para los más débiles y porque hace más justicia al modelo de las oportunidades que ese mismo modelo. En defini­ tiva. acaso a pesar de uno mismo. es urgente acordar la prioridad a la igualdad de posiciones. la crítica a la igualdad de oportunidades lleva a que nos sintamos un poco “vieja iz­ quierda”.

Dicho de otro modo. ri­ cos o pobres. a m enudo agresivas. la gente se angustia y desarrolla enfermedades vinculadas a ese estrés.96 R E PE N SA R L A J U S T IC IA S O C IA L LAS DESIGUALDADES HACEN MAL En su concepción más dura. llevan siempre las marcas de ese fracaso: renuncian a conti­ nuar su formación. la igualdad de oportunida­ des proviene de la necesidad de instaurar una red de seguri­ dad que permita depurar la competencia de algunas discrimi­ naciones inhumanas. Las desigualdades increm entan la hostilidad entre . Una investigación sobre el destino social de alum­ nos que han dejado la escuela muestra que. pero también. No sólo los más pobres son menos saludables que los ricos. la igualdad es buena en sí misma. son consideradas como justas. porque todos. se llevan mal con los demás y viven “acom­ plejados” (Pallas. desde el momento en que nacen de una compe­ tencia igualitaria. el modelo de la igualdad de oportunidades no dice nada de las desigualdades sociales inaceptables. Las desigualdades hacen mal: hacen mal a los indivi­ duos que son víctimas y hacen mal a la sociedad. En un estudio reciente. y sobre todo. por más abarcadoras que sean. lo que no es una sorpresa. A lo sumo. Wilkinson (2002) pone en evidencia el hecho de que las desigualdades sociales no son buenas para la salud de los individuos. ya que siempre se tiene mucho que perder o mucho que ganar. una vez adultos. Hacen mal porque desequilibran la oferta de atención de salud a favor de los más ricos. pagan el costo físico de las desigualdades. son las desigualdades en tanto tales las que hacen mal. sino que la salud del conjunto de la población es tanto peor cuanto mayores son las desigualdades. los indivi­ duos apenas si tienen confianza en sí mismos y en los otros. En un libro notable. Las relaciones sociales son tensas. si todos los otros factores perm anecen constantes. Ahora bien. 2000). Putnam (2007) muestra que las desigualdades pervierten el capital so­ cial de los individuos reduciendo su confianza al círculo de sus semejantes y acentuando la desconfianza entre las comu­ nidades.

mientras que los más marginales pueden devenir predadores. no queda sino la policía para colocarse en el lugar de los mecanismos de control social que se han vuelto ineficaces. En defini­ tiva. El análisis de Merton. En un in­ . las clases popula­ res adhieren a las ideologías más autoritarias y más xenófo­ bas. El espacio público se divide entre zonas ricas y protegidas y zo­ nas pobres y peligrosas. las desigualdades degradan la vida colectiva. A veces. libres de elegir u obligados a vi­ vir juntos. que llegará cuando la socie­ dad se haya liberado de todas sus “diferencias”. Los más ricos son tan ricos que ya no se sienten ligados a las socieda­ des en las que viven. siempre más o menos percibidos como extraños peligrosos. los individuos se protegen poniendo la mayor dis­ tancia posible entre ellos y los otros. los pobres se agrupan en cuasi guetos.P R IO R ID A D A LA IG U A L D A D DE P O SIC IO N E S 9 7 los grupos y los individuos. se perfila en Francia con la formación de una ciudad a mucha velocidad. Una gran parte de la población ya no vota ni confía en instituciones ni en elites que parecen inca­ paces de reducir las desigualdades. Por todas estas razones. no ha quedado obsoleto. las desigualdades incrementan las frustraciones de los que no pueden alcanzar los modos de vida y de consumo de las clases medias. En las sociedades democráticas. Incluso en las sociedades ricas. es cierto que contribuyen a su desarro­ llo: los ricos se vuelven presas codiciadas. Se permanece entre iguales. sólo se ayuda a los más próximos. Si bien las desigualdades sociales no explican por sí mismas la delincuen­ cia y la criminalidad. Esta evolución no es monopolio de las grandes ciudades norteamericanas. las desigualdades no son buenas para la democracia. porque estas alientan la promesa de una reconciliación nacional finalmente igualitaria. que describe la delincuencia como una respuesta a las tensiones provocadas cuando se unen un ideal de éxito co­ mún para todos y las desigualdades sociales. Los más ricos se agrupan en gated communities o barrios cerrados. mientras que los más pobres se sienten rechazados por esa misma sociedad que “culpabiliza a las víc­ timas” y las acusa de ser responsables de su miseria.

que siguen siendo el medio más seguro de tender hacia desigualdades modera­ das y aceptables. por otra parte. Gomo los muy ricos son poco numerosos y las cía- . en la medida en que acentúan el consumo conspi­ cuo de los más ricos y los procesos de imitación de los más po­ bres. el nuevo régimen no es particular­ mente favorable a las opiniones democráticas.es un bien en sí mismo. Baudelot y Leclerc (2005) muestran que el alto nivel de instrucción escolar in­ crementa el civismo de los individuos. puede observarse que la explosión de las desigualdades en Rusia ha provocado una regresión de la esperanza de vida. la participa­ ción electoral es débil y la tasa de criminalidad alta. los menos instruidos no manifiestan esas disposicio­ nes positivas porque de por sí las desigualdades escolares y so­ ciales los alejan de los valores democráticos. a pesar de una medicina muy eficaz y de gastos en salud excepcionalmente altos. No es señal de antinorteamericanismo primario constatar que el país más rico del m undo es también especialmente desigual y que las desigualdades le hacen daño: el nivel de salud global no es de los mejores. pero también de las cla­ ses medias. cuyo objetivo es reducir la brecha de los ingresos y de las condiciones de vida. incluso en los países donde la educación de masas ya es un hecho.98 R E P E N S A R L A J U S T IC IA S O C IA L forme sobre los efectos de la educación. Esta constatación es un argumento fuerte a favor de la igualdad de posiciones. descomponen el sentimiento de solidaridad que supone una moderación del consumo. pero muestran también que. su liberalismo cultural y su confianza en la democracia. Esto supone ponerse de acuerdo sobre las definiciones de los grupos más ricos. además de incrementar la tasa de suicidios y el crimen organi­ zado. las desigualdades no son buenas para la naturaleza y el medio ambiente. ya que este sirve ante todo para aparentar y marcar la distancia social. y que. Por otra parte. la igualdad relativa entre las posiciones sociales. Sin mani­ festar el m enor ápice de nostalgia por el régimen soviético. Es necesa­ rio defender las políticas de redistribución. Se puede por lo tanto afirmar que la igualdad —en todo caso. Incluso.

en Francia (país más bien igualitario entre los países comparables). LAS POSICIONES DETERMINAN LAS OPORTUNIDADES El mejor argumento a favor de la igualdad de posiciones es que. 4469 para una pareja y 6080 para una pareja con dos hijos. es más fuerte en las sociedades más igualita­ rias. la definición de las clases medias es de naturaleza política antes que sociológica. . se elimina cualquier capacidad de redistribución si se piensa que las clases medias se extienden hasta donde empieza el 5% que corresponde a los ingresos más elevados. más se eleva la igualdad de oportunidades: en efecto. Este “teorema” se comprende sin tropiezos: es más sencillo desplazarse en la escala social cuando las distancias entre las diferentes posicio­ nes son relativamente estrechas. es preciso tener el coraje de inferir las consecuencias políticas que derivan de ese principio. ¡Y no hablemos de los patrimonios! Si se piensa que la igual­ dad es un bien en sí. 2006). Los partidos o los movimientos sociales que verdaderamente quieran reducir las desigualdades no deben temerles a los impuestos. con ingresos que duplican los del promedio se pertenece al grupo del 10% más rico: 2364 euros para una persona sola.PR IO R ID A D A LA IG U A LD A D DE P O SIC IO N E S 9 9 ses medias son políticamente intocables. pero mucha más gente puede usarlo. que es uno de los indicadores objetivos de la igualdad de oportunidades.7 Ahora bien. y una definición muy vasta termina por desligarlas de todo deber de solidaridad (véase Chauvel. la movilidad social se vuelve mucho más fácil. En ese caso. cuanto más se reducen las desigualdades entre las posi­ ciones. tra­ 7 De hecho. es nece­ sario dejar de decirles a las franjas superiores de las clases me­ dias que son “medias”. el “ascensor social” no sube ni baja mucho. De hecho. La movilidad social. y gravar más fuertemente sus ingresos. la movilidad so­ cial.

en general. la desigualdad favorece la reproducción social y. por lo tanto. el nacimiento da ventaja a algunos indi­ viduos y perjudica a otros. oponer la igualdad y la equidad. En la ca­ rrera meritocrática. los individuos consagran menos esfuerzos y menos energía a asegurar su reproducción social. ya que la parte de los ingresos de los hijos determ inada por el ingreso de los padres es más im portante. 2007). ya que las sociedades más igualitarias son también las más equitativas. La figura 2 muestra que. Francia no queda en una situación muy favorable: las desigualdades son relativamente débiles. en especial de la movilidad estructural provocada por el desarrollo económico. Es por lo tanto artificial. pero la reproduc­ ción social es particularm ente más fuerte que en otros paí­ ses. en las sociedades menos igualita­ rias. Desigualdades débiles hacen que las promociones sean menos difíciles y las caídas menos penosas. que es desfavorable a la igualdad de oportunidades. . en la medida en que en ellas la igualdad de opor­ tunidades es más elevada. Se puede tam­ bién pensar que. ya que la movilidad social puede surgir de factores diferentes a la igualdad de oportunidades. se puede decir que. Si bien existen variaciones entre las distintas sociedades. las desigualdades se reproducen más. mientras que los franceses creen que su sociedad está bloqueada (Mistral y Salzmann. aun cuando las creencias colecti­ vas no reflejan esta situación: los norteamericanos piensan que viven en una sociedad abierta. Se puede im putar esta característica al peso de la es8 Hay que ser prudentes con el uso de esta fórmula. Existe mayor movilidad social en los países escandinavos y en Fran­ cia que en Estados Unidos. con menos que ganar y menos que perder.8 es un efecto positivo e indirecto de la igualdad de posiciones. a veces rotundam ente falso.lo o R E P E N S A R L A J U S T IC IA S O C IA L ducción estadística de la igualdad de oportunidades. que modifica el peso relativo de las distintas categorías sociales. En esta comparación internacio­ nal.

Australia y Ca­ nadá están en una situación inversa: las desigualdades son re­ lativamente fuertes. mientras que la tasa de redistribución social ate­ núa las desigualdades entre las posiciones. 40% o más de los ingresos de los hijos se explican por los de su padre. estos dos países viven conforme al mito del Nuevo Mundo. Pero.P R IO R ID A D A LA IG U A L D A D DE P O SIC IO N E S ÍO I Figura 2. En este sentido. de manera global. que acentúa con fuerza las desigualdades familiares y escolares. mientras que la reproducción social es débil. El índice de Gini mide las distancias de los ingresos entre la fracción más rica y la más pobre de la sociedad. rico en oportunidades para quien quiera aprovecharlas. Desigualdades y reproducción social Impacto de los ingresos del padre sobre los hijos Lectura: 20%. e incluso . cuela.

Es necesario también descreer de quienes justifican su hiperriqueza por la excepcional utilidad colectiva de su talento: Zinedine Zidane y Bill Gates. a los que es necesario añadir Australia y Nueva Zelanda. Los países del norte de Europa. Inversamente. a condición de que se pongan en acción políticas sociales inteligentes que aseguren los trayectos más que las “adquisiciones sociales”. Y sin embargo. pero este no es el caso de Italia. La igualdad de posiciones y la “sociedad de las oportuni­ dades” no resultan entonces incompatibles. no son menos dinámicos y creativos que Gran Bretaña y Estados Unidos. Finalmente.102 R E PE N SA R L A J U S T IC IA S O C IA L cuando se es muy favorable a la igualdad de oportunidades. la criminalidad es más baja. las desigual­ dades son mucho más débiles y las tasas sociales mucho más pesadas que en los países más radicalmente liberales. . hay un motivo de interés para defender como prioridad la igualdad de posiciones. Después de todo. tan desigual como ellos. socialmente poco reproductivos y económicamente dinámi­ cos. Estados Unidos y Gran Bretaña. que cuen­ tan relativamente con pocos desempleados (al menos antes de la crisis de 2008). porque es ella la que. con la misma economía. La igualdad no perjudica el dinamismo econó­ mico. más bien hay que desearla. Si se mide este último bajo la luz de la tasa de desempleo. los países escandinavos son a la vez igualitarios. son incuestionablemente países dinámi­ cos. presentan desigualdades muy distintas: son más débiles en Canadá. en su origen. Estados Unidos y Canadá. determ ina el espacio de las oportunidades realmente abier­ tas a los individuos. el argumento según el cual las desigualdades sociales serían favorables al dinamismo económico resulta muy poco admisible. ¿tendrían menos talento y creati­ vidad si fueran un poco menos ricos? El argumento según el cual la igualdad de posiciones sería contraproducente y amenazaría el dinamismo económico no resiste las observaciones más elementales. la educación y la salud son mejores.

Desde el punto de vista de la tradición liberal. la “propiedad social” (que la “sociedad salarial” descrita por Robert Castel ha garantizado tan bien durante el siglo XX). y con la suficiente seguridad como para formular proyectos y sentirse libre. velarían por asegurar su posición. porque tendrían más que perder que ganar y porque. Es necesa­ rio entonces rechazar la fábula del igualitarismo.PR IO R ID A D A L A IG U A L D A D DE PO SICIO N E S IO 3 DE LA IGUALDAD DE LAS POSICIONES A LA AUTONOMÍA DE LOS INDIVIDUOS Se le reprocha a menudo a la igualdad de posiciones limitar la autonomía de los individuos. La autonomía individual supone que se posee algo. es necesario que . Por otra parte. Durante mucho tiempo. es una condición necesaria para aquella autonomía (Castel y Haroche. la fuerza de la igualdad de oportunidades radica en promover la libertad de los indivi­ duos y en estimular su energía. Esta crí­ tica no carece de fundamentos. la igualdad de oportunidades goza de una ventaja filosófica que se vuelve mucho más incuestionable porque la igualdad de posiciones desconfía del egoísmo indi­ vidualista. 2001). 2003). Así. que da prioridad a la autonomía de los individuos. un sondeo de la INSEE [Instituto Nacional de Estadís­ tica y de Estudios Económicos] muestra que los franceses aceptan las desigualdades “razonables” desde el momento en que estas dejan un lugar al mérito y que preservan el senti­ miento de vivir en la misma sociedad (Piketty. Pero esta no es sinónimo de igualitarismo: uno de sus peores enemigos sigue siendo el extremismo más o me­ nos juvenil que une el igualitarismo radical al rechazo de toda forma de reparto (gracias al mito siempre renovado de las “200 familias” que pueden pagar por todos). cuando su fuerza de trabajo queda so­ metida a las aleatoríedades del mercado. hemos creído que la vieja Europa rígida se oponía a una Nor­ teamérica abierta a todas las posibilidades. frenar su dinamismo y su creatividad. ante todo. la protección de los empleos y de las posiciones. Cuando no todos los individuos pueden ser propietarios y rentistas.

más libre de decidir si los términos de la elec­ ción son relativamente iguales entre sí. por otra parte. Tengo. Cuando el número de posiciones es estanco o de­ clina. 2000). Si no fuera así. podría creer que las sociedades más igualitarias amenazan la libertad de los individuos? Los países escandinavos. yo adquiriría más autonomía que en una sociedad donde la igualdad de oportunidades ensancha vertiginosamente las distancias. según ellos. en ese caso. La igualdad de posiciones puede. El modelo de las oportunidades se impone cuando las posiciones deseables son escasas y cuando cada uno tiene el derecho. En un espacio de desigualdades relativamente poco acentuadas. El destino (familiar o social) que me conduce a devenir obrero no es catastrófico si tengo la suerte de vivir en una sociedad en la que la distancia entre el estatus de los obreros y el de los ejecutivos no es de­ masiado grande. los explotados estaban tan trivialmente apegados. Soy. La igualdad de posiciones es un factor de autonom ía por­ que permite elegir (parcialmente) los modos de vida. derechos sociales. el deber y la obligación de pelear para intentar ocuparlas. Sólo los revolu­ cionarios profesionales han despreciado el “individualismo pequeñoburgués” al que. Alemania y Francia no limitan más las liberta­ des que países filosóficamente más liberales. un juego de suma cero (hasta de suma negativa) tiende . parti­ cipar de una filosofía liberal que valoriza la autonomía. etc. leyes laborales. ¿Quién. entonces. una garantía de digni­ dad y una posibilidad de expresar mis “capacidades”. estarían condenados a no ser más que su­ jetos heroicos que construyen y combaten solos. o proletarios obligados a cambiar su libertad por su supervivencia. La igualdad de posiciones debe ser prioritaria porque en­ gendra una sociedad menos cruel que la igualdad de oportu­ nidades. Se ha olvidado que toda una tradición socialista ha reivindicado el derecho de los obreros a ser individuos capaces de elegir y de anticipar su propio destino (Abensour.10 4 R E PE N SA R l a J U S T IC IA S O C IA L ellos se beneficien con apoyos seguros: calificaciones recono­ cidas. seguros colectivos. por otra parte.

a pesar de su retórica meritocrática. multiplican sus redes sociales y su capital social. En otras palabras. En ese caso. se comportan como una clase hereditaria. la igualdad de oportu­ nidades. Acumulan los patrimonios. a pesar de los llamados urgentes en pro de la igualdad de oportunidades. En definitiva. Evi­ dentemente. la amenaza es para ellos mucho menos cruel. escolarizan a sus hijos en el extranjero. se las arreglan para protegerse de la competencia de los outsiders. sin que esto se convierta en un imperativo.PR IO R ID A D A LA IG U A L D A D DE PO SICIO N E S IO 5 a instaurarse. Es sin duda por esta razón que las clases dirigentes aman tanto la igualdad de oportunidades: saben que siempre po­ drán arreglárselas con los principios que ellas enuncian. como promueve el modelo de la igualdad de oportunidades escolares. la igualdad de posiciones sería más respetuosa y más justa: conduciría ante todo a mejorar los ingresos y las condi­ ciones de trabajo de los obreros y á permitirles a los que quie­ ran (y puedan) cambiar de posición. porque son “nulos”. ya que la jerarquía misma se ve menos directamente cuestio­ nada: un ejecutivo al que pagan menos sigue siendo un ejecu­ tivo y es dable suponer que sufrirá menos pagando impuestos que viendo a sus hijos ceder las posiciones que él les había destinado a unos niños pobres. basta con observar sus estrategias para adver­ tir que. etc. de hecho. una aristocracia. lo cual term ina siendo poco realista en la mayoría de los casos. Pero es aún más injusto que sean obreros porque fueron derrotados al competir. Pero. la igualdad de posiciones amenaza también a los que más tienen reduciendo la distancia que los separa de los otros y sometiéndolos a cargas impositivas más pesadas. Aquí. que quiere convencer a los vencidos de que merecen su destino. por más que tengan mayores méritos. Sin duda es injusto que los hijos de los obreros sean a su vez obre­ ros. Este razonamiento un poco cínico a favor de la igualdad de posiciones vale también para las clases desfavorecidas. los mejor ubicados arriesgarían incluso per­ derlo todo si reinara una auténtica igualdad de oportunida­ des. promueve y jus­ .

Entonces se acusa al sistema social (o a los dioses. el racismo y los mil prejuicios que la igual­ . mientras que el modelo de las posiciones. única­ mente queda el resentimiento para salvar la dignidad y el amor propio. permite al menos reducirlas. Cuando se adopta el principio de la di­ versidad. Pero la igualdad de oportunidades. la providen­ cia. sólo queda acusar a los otros proyectando sobre ellos la culpabilidad de no haber sido mejor que ellos. que reposa sobre un imperativo de competencia y de movilidad. que asegurar los lugares excluye y encierra en una posición subordinada. Es un sentimiento más inextinguible que los celos. desarrolla la envidia antes que los celos: es necesario querer más de lo que se tiene. Como no es posible acusar al sistema o a los dioses. aunque sospechoso de con­ servadurismo. simplemente porque lo po­ seen. Y. Desde este punto de vista. la mala suerte) de ser la causa de su desdicha. DESIGUALDADES Y DIFERENCIAS La igualdad de oportunidades desenmascara las discrimina­ ciones y las injusticias escondidas detrás del orden de las posi­ ciones. como en una situación de igualdad de oportunidades uno sólo puede enojarse consigo mismo cuando fracasa. Las desigualdades entre las posiciones producen celos. La envidia se distingue de los celos porque reposa sobre el deseo de tener lo que poseen los otros. Los moralistas franceses del siglo XVII nos recuerdan que las desigualdades suscitan a menudo sentimientos poco hono­ rables. la lógica de las posiciones y la de las oportunidades parecen profundam ente antagónicas. la crueldad de la igualdad de oportunidades es un terreno favorable para la violencia y para los sentimien­ tos menos agradables.106 R E P E N S A R L A J U S T I C I A S O C IA L tifica (después de todo) las desigualdades existentes. porque es difícil mini­ mizar el sexismo. También es irrefutable. desde el punto de vista de las “minorías”.

O bien se reconocen las di­ ferencias para fundar políticas compensatorias contra las dis­ . La lucha contra las discriminaciones es en­ tonces una pieza esencial y hay que combatir para que la equi­ dad procesal del tratamiento de los individuos por parte de las instituciones públicas y de mercado quede asegurada en la jus­ ticia. Por más que to­ dos queramos ser iguales y diferentes (Touraine. Las máquinas para producir desigualdades inscriben las diferencias en la estructura social. el empleo. el principio de igualdad de posiciones no debe ser olvidado: permite salir de una aporía inscrita en la igualdad de oportunidades. etc. es decir. franceses “de cepa” y de cultura cristiana).P R IO R ID A D A LA IG U A L D A D DE P O SIC IO N E S 10 7 dad fundamental de los individuos vuelve intolerables. más allá del círculo de las elites internacionales de los nego­ cios. Tam­ bién puede sospecharse que la defensa de las posiciones man­ tiene los privilegios de los insiders. a la cual va unida la exigencia de reconocimiento. En efecto. es muy raro que esas diferencias no sean también pretextos para la formación de desigualdades socia­ les: desde que las desigualdades obligan a jerarquizar a los in­ dividuos. Sin embargo. de los hombres blancos calificados. como todas las diferencias son desigualdades. la vivienda. Esta constante trágica hace que se planteen dos tipos de soluciones. Es el modelo^ francés de la laici­ dad. la salud. calificados. la educación. del arte y de la ciencia. incluso desde este punto de vista. O bien se postula que. que hoy se resquebraja por todas partes y del que resulta fácil demostrar que justifica la dominación de la diferencia dominante (la de los hombres blancos. 1997). también en los países que postulan más firmemente los ideales pluriculturales de la “coa­ lición arco iris”. nos enfrentamos con una suerte de ley sociológica según la cual casi todas las diferencias devienen desigualdades. las instituciones se declaran ciegas a las diferencias y sólo las toleran en un espa­ cio doméstico y folclórico. es necesario abolirías o relegarlas a las esferas inferiores de la vida privada. sus “diferencias” fundan y legitiman las desigualda­ des. donde las diferencias culturales son una carta a favor. En ese caso.

Pero si a las religiones y. pero entonces se corre el riesgo de deificar las diferencias: se vuelven útiles para los actores mucho más allá de las meras necesidades existenciales de la identificación cultural a la que cada uno aspira. siempre que no cuestione la religión (o la falta de religión) de los otros. la libertad religiosa se ve cuestionada como libertad per­ sonal. Cada uno puede elegir su religión. Soy tanto más libre de reivindicarme (o no reivindicarme) como perteneciente a una minoría si esta no me da acceso a derechos sociales par­ ticulares. se asocian derechos sociales par­ ticulares. un problem a democrático vinculado con los derechos fundamentales. La única manera de salir de esta alternativa consiste en se­ parar radicalmente los derechos sociales y los derechos cul­ turales. de las posiciones. la lucha por la igualdad de posiciones tiene como efecto debilitar la pareja formada por las diferencias y las desigualdades. Si el reco­ nocimiento amplía la participación democrática y si sienta las bases para la formación de un yo social armonioso. Para­ dójicamente.9 pero no es auto­ máticamente un problem a de justicia social. más ampliamente. no dice nada. en cambio. pierdo los derechos que le están asociados. como los parlamentos. es necesario distinguir el reconocimiento de la redistribución. .108 R E P E N S A R LA J U S T IC IA S O C IA L criminaciones. En todo caso. inscribe el reconocimiento en un pensamiento liberal que hace de la identificación cultural una de las liber­ tades fundamentales del individuo. Por el contrario. Como lo sugiere Nancy Frazer (2005). el postulado de la igualdad de oportunidades acentúa las diferencias y se vuelve en contra de la autonomía de los individuos que quie­ ren exhibir sus diferencias y encerrarse en ellas. aunque sean antidiscriminatorios y compensato­ rios. ya que si renuncio a mi identidad atribuida. a las culturas. la igualdad de posiciones vuelve esta 9 Es por esta razón que la “diversidad” debe estar presente en las instancias representativas. El reconocimiento es entonces una cuestión ética. En este caso.

Es por esta razón que la igualdad de posiciones debe ser algo priori­ tario. más se pueden elegir las diferencias. la igualdad de posiciones se revela fundamental. que las diferencias culturales se vuelvan cuadros de asigna­ ción rígidos. ¿Cómo clamar por la igualdad de oportunidades y la confianza mutua cuando las elites eco­ . Cuanto más iguales son las posiciones. Es perfectamente concebible bajar el techo de los in­ gresos más altos. ya que elijo mi identidad por ella misma y no por su utilidad. Evita. También la defensa del modelo debe pasar por profundas transformaciones de nuestras políticas. Es urgente ponerla err marcha. QUERER LA IGUALDAD Cuanto más iguales entre sí son las posiciones sociales. mayo­ res son las oportunidades de ascender socialmente. sin esperar a que el crecimiento recuperado haga de ella una operación in­ dolora. la justicia de las posiciones pre­ senta entonces la ventaja de anular la unión entre reconoci­ miento y derechos sociales. no sólo para redistribuir los ingresos sino por razones sociales y morales. Si uno quiere luchar contra las discriminaciones y separar las “esferas de justicia” (Walzer. La reducción de las desigualdades en los ingrésos debe ser una prioridad. Los derechos sociales son desconectados de los derechos cívicos. lo que es menos claro cuando la igualdad de oportunidades ocupa todo el espacio de la justicia y establece un lazo entre discriminación y reconocimiento. deberían también ser distintos de los dere­ chos culturales. lo que va de suyo. pero esta superioridad no es una razón para olvidar las fuertes críticas que se le pueden realizar. para que la igualdad de posiciones no en­ mascare un conservadurismo social y cultural inconfesable. En materia de diferencias. ya que su traducción socioeco­ nómica es menos importante. teóricamente en todo caso. 1997).PR IO R ID A D A L A IG U A L D A D DE PO SICIO N E S lO g libertad posible.

No sólo es justo recompensar el mérito. Luego del ZEP (zonas de educación prioritarias). Pero se sabe bien que la redistribución no se hace esencial­ mente sobre “las espaldas de un puñado de ricos”. se hace en el interior mismo de la estructura social. multiplicando las opciones de apoyo escolar. sino que se benefician de una oferta escolar de me­ jo r calidad a pesar de las pocas medidas de discriminación positiva. Desde este punto de vista. sino su eficacia limitada. Les ofrece forma­ ciones más largas.lio R E P E N S A R L A J U S T IC IA S O C IA L nómicas acaparan salarios y bonos fuera de lo común? ¿Cómo pedir a las clases medias superiores que reduzcan su tren de vida. Cuando una parte significativa de las riquezas se redistribuye. las ayudas financieras y a veces la reserva de lugares. una manera de salir de esos bucles de decepción consiste en construir políticas más equitativas te­ niendo la capacidad y el coraje de observar más de cerca los mecanismos de las transferencias. ¿Quién paga el seguro social y quién se hace tratar por el servicio de salud? ¿Quién paga la educación y quien se beneficia de ella a través de sus hijos? Como la igualdad teórica de oferta escolar es ciega a las de­ sigualdades sociales. Si bien no se puede reprochar nada a esas medidas. Y la igualdad de oportunidades meritocrática acen­ túa esa desigualdad. En efecto. sino que además es bueno hacerlo. porque los más meritorios . más caras y más útiles en términos de em­ pleos y de ingresos. podrían más fácilmente exigir los sacrificios que ellos mismos apenas si se imponen invocando la grandeza de sus funciones y su propia vanidad. no sólo los mejores alumnos son los mejores por razones familiares y sociales. es justo que la escuela dé más a los que tienen más mérito. es im portante sa­ ber quién paga y quién recibe. cuando los ricos son tan ricos? Se puede pensar también que. num ero­ sos dispositivos han facilitado el acceso de los buenos alum­ nos provenientes de entornos desfavorecidos a las mejores ex­ pectativas de formación. es necesario constatar que no cuestionan la desigualdad de la oferta escolar “norm al”. si los responsables políticos adoptaran un modo de vida más sobrio.

estoy mejor cubierto que un obrero de la construcción o que un chofer de transporte. sino que. Si uno se pregunta quién paga y quién gana en este asunto. ingenieros.PR IO R ID A D A L A IG U A LD A D DE P O SIC IO N E S 1 11 desarrollarán competencias que serán útiles para todos al tra­ bajar como médicos. en tanto que fal­ tan médicos clínicos en el campo? Estas preguntas son com­ plejas. pa­ guen por los otros. En tiempos en que los regímenes de jubilación son cuestionados. pero vale la pena mirar por detrás del velo del mérito escolar y de la gratuidad (supuesta) de los estudios. que prefiere la gratuidad. no les . En cuanto a la utilidad social colectiva de las elites escolares. mi jubila­ ción será más prolongada y más confortable. Como universitario. debe constatarse que las “ventajas adquiridas” son pagadas por quienes no las tienen y que resulta muy egoísta defender un derecho parti­ cular a la jubilación con cincuenta años bajo el pretexto de que todo el mundo debería gozar de él. El reparto de riesgos de manera más igualitaria consiste también en com­ ió Paradójicamente. o los de los estudian­ tes de medicina para que después pasen a engrosar las filas de los especialistas que viven en la Costa Azul. los menos favoreci­ dos. establezcan sistemas de becas gracias a los cuales los menos favorecidos acceden a formaciones que nuestro país. No sólo estoy mejor pago. etc. en los cuales los estudios superiores más prestigiosos.son pagos y caros. cuyos hijos realizan estudios cortos y poco rentables.10 Por más que esto huela un poco liberal. El único problema es que los más meritorios son también los más favorecidos socialmente y de este modo la colectivi­ dad da más a los que ya tienen más. no es raro que los países liberales. es totalmente posible que por el juego de las tasas y los impuestos. la igualdad de posiciones exige que sean ajustados sobre los riesgos profesio­ nales cubiertos y sobre la esperanza de vida de los grupos pro­ fesionales. estadísticamente. ¿Pero es necesario pagar los estudios de los alumnos de la Politécnica si luego se vuelven traders. no es fácil distinguirla de la utilidad pri­ vada. investigadores.

2001). más que imponer cupos que no concernirían más que el acceso a las elites. las desigualdades son también las de la calidad de vida y de los bienes colecti­ vos. que no aspiran a las mismas carreras que los hombres. las mino­ rías y los trabajadores poco calificados. más vale desarrollar políticas y modelos educativos que conduzcan a las parejas a compartir el trabajo doméstico. por desconfianza hacia un pretendido social-liberalismo. La igualdad doméstica es la condición previa de la igualdad de oportuni­ dades entre hombres y mujeres (Méda. Los embotellamientos. se puede imaginar que es­ tos últimos les escaparán menos y que las mujeres no los per­ cibirán más como una forma de segregación.112 R E P E N S A R L A J U S T I C I A S O C IA L partir el riesgo de desempleo. los intentos de políticas de “flexiseguridad” en favor de una posición vitalicia que se sabe perfectamente que vale sólo para una minoría? Más allá de los ingresos y de los riesgos. Han soportado tanto. Un índice de “felicidad bruta” permitiría captar y compensar las desigualdades que no des­ cansan sólo sobre los ingresos. Del mismo modo. las mujeres. la geografía de la inseguridad son algunas entre tan­ tas desigualdades que casi no se toman en cuenta. del que se sabe que es extrema­ damente desfavorable para los jóvenes. las mismas am­ biciones y los mismos modelos que los hombres. las mujeres son penalizadas por la división del trabajo doméstico y por las coacciones que esto les impone. pero que arruinan la vida de muchos. prácti­ camente solas. Mucho más que la segregación en el empleo. y estos no les confían responsabilidades y cargos en los cuales se sospecha que ellas se comprometerán menos. Y ya que riesgo hay. los pesos de la crianza y de la educación de los hijos. la distancia de los espacios públicos urbanos y de ocio. Más que suge­ rir a las mujeres tener los mismos proyectos. Cuando los empleos reservados a las mujeres sean de facto pagados como los de los hombres. los transportes públicos inciertos e incómodos. ¿por qué abandonar. más que deplorar la “etnización” de la sociedad prom etiendo una igualdad de oportunidades a .

¿Cómo proponer seriamente una discriminación po­ sitiva cuando se acomoda tan bien una discriminación nega­ tiva aplastante? ¿Cómo promover algunas cuando la mayoría está sospechada de estar compuesta por criminales en poten­ cia. con la mayor igualdad posible mientras resulte funcional y haga un lugar al mérito y a las oportunidades. una manera de m antener su cultura y sus raíces. 2007).PR IO R ID A D A LA IG U A LD A D DE P O SIC IO N E S 1 13 quienes las merecen. Cuanto más iguales sea­ mos en principio y en los hechos. una manera de constituir un capital social colectivo. todos los “dispositivos” son buenos como para adoptarlos. no habría incluso ninguna razón para distinguir entre estos dos modelos de justicia. más podemos elegir ser di­ ferentes. a que es la condición previa para uña igualdad de oportunidades mejor lograda. sino que sería una elección de vida positiva. la prioridad dada a la igualdad de posiciones se debe a que ella provoca menos “efectos perversos” que su competidora y. más valdría evitar la concentración de las minorías etnorraciales en ciertas actividades y en ciertos barrios. la elección de vivir juntos y de formar una comunidad no nacería de la coerción. Es necesario defender un “igualitarismo sustentable” (Savidan. En el horizonte de un mundo perfectamente justo. que siguen siendo . Pero en el mundo tal como es. Desde que nos consideramos como fundamentalmente li­ bres e iguales. como los políticos de derecha insinúan en cada elección? Seguramente. sin que esta diferencia sea un encierro para unos y un peligro para otros. pero ¿qué peso tienen cuando no se quiere redu­ cir las desigualdades entre las actividades profesionales y en­ tre los barrios? En una sociedad más igualitaria. La igualdad de posiciones acrecienta más la igualdad de oportunidades que muchas po­ líticas que se dirigen directamente a ese objetivo. una política de estas ca­ racterísticas sería mejor que aquella que organiza a la vez la selección de algunas elites y la guetificación de las otras (el re­ verso de la misma medalla). En todo caso. por sobre todo. la igualdad de posiciones no tiene ninguna su­ perioridad normativa o filosófica sobre la igualdad de oportu­ nidades.

Es más sólido porque induce a un contrato social más abierto. desde que el Estado de Bienestar se afirma mejor gra­ cias a ella y elige acercar entre sí el espacio de las posiciones sociales antes que proteger a aquellos que ya están ubicados en una. Pero se olvida demasiado que las oportunidades indi­ viduales se benefician de las inversiones colectivas. La igualdad de posiciones puede ser defendida también en nombre de la libertad personal si se concibe el liberalismo como el desarrollo de la autonomía in­ dividual. El modelo de igualdad de oportunidades parece decir siempre. . La justicia de las posiciones es más generosa porque no permite olvidar lo que debemos a los otros. de los equipos. La igualdad de posiciones me parece así un proyecto más sólido y más generoso que la igualdad de posibilidades. que uno no les debe nada a los demás y que es libre de toda deuda. La redistribución no es una política vana o conde­ nada. recuerda que la produc­ ción de los vencedores no exige el sacrificio de los vencidos. se trata de un proyecto reformista. El buen éxito de algunos no habría sido posible sin el capital colectivo de las infraestructuras. de la cultura y de las instituciones que les han permitido fructificar sus talentos. al final. de protecciones y de transferencias sociales.114 R E PE N SA R L A J U S T IC IA S O C IA L una verdadera exigencia. a condición de mirar con mayor atención las políticas de ingre­ sos. En pocas palabras.

del que se supone. asimilable a un engaño y a una astucia. no es para negar . y de manera insensible. la responsabilidad individual y la libertad de em­ presa. tiene todas las oportunidades de triunfar sobre un modelo que es percibido como una sedimentación de ventajas adquiridas y de “rigide­ ces”.Conclusión Aun si admitimos que la igualdad de oportunidades es tan deseable como la igualdad de las posiciones y que no existe razón alguna para jerarquizar los modelos de justicia social. por añadidura. el modelo de igualdad de oportunida­ des se impone sin que se mida qué es lo que esto implica. Un modelo que se apoya sobre el imaginario de una competencia equitativa. ¿Hay que recordar que el mundo de la escuela no deja de afirmar este principio. Pero la justicia de las oportunidades no es en modo alguno un avatar de la ideología neoliberal. ¿hay que recordar que cada uno tiene derecho a que se le re­ conozcan su mérito y sus esfuerzos. Es sin duda natural que un gobierno liberal de derecha prefiera el mérito. que tiene el derecho a es­ perar que su vida no sea un destino escrito de antemano? Si he defendido la igualdad de posiciones. mientras que el modelo del mercado le produce horror? ¿Hay que recordar que el mo­ delo de las oportunidades denuncia discriminaciones inacep­ tables que calla el modelo de las posiciones? Y sobre todo. que es favorable al dinamismo económico. Esto es tanto más indispensable cuanto que hoy. hay que definir prioridades que comprometan a la ac­ ción política y a las representaciones que nos hacemos de la vida social.

En una palabra. en ese sentido.1 16 R E P E N S A R L A J U S T IC IA S O C IA L toda legitimidad al mérito y a la justicia de las oportunidades. donde las distancias entre las distintas posiciones son más grandes. pero también en exponer su estatus como víctima para beneficiarse de derechos específicos. al invitar a afianzar la estructura social. En esto. No apunta a la solidaridad perfecta de las utopías (o más bien de las pesadillas) comunistas. por ese camino. mi elección tiene dos motivos. aunque siempre relativa. pero busca la cali­ dad de la vida social y. la mayor igualdad posible es buena en sí porque refuerza la autonomía de los individuos. La igualdad de las posiciones. El primero se debe al hecho de que la igualdad de posicio­ nes. la de la autonomía personal: soy tanto más libre de actuar cuanto menos me veo amenazado por desigualdades sociales demasiado grandes. acrecienta la confianza y la cohesión social en la medida en que los actores no se com­ prom eten en una competencia continua. al menos desde los principios que la rigen. existe mayor movilidad social en Francia que en Estados Uni­ dos. crea un sistema de derechos y de obligaciones que conducen a subra­ yar lo que tenemos en común y. Si las oportunida­ des son definidas como la posibilidad de elevarse en la estruc­ tura social en función del mérito y del valor. Por el contrario. El segundo motivo que me hace defender la igualdad de posiciones se debe a que constituye sin duda la mejor manera de realizar la igualdad de oportunidades. los que suben no tienen tantos obstáculos que franquear y aquellos que descienden no se arriesgan a perderlo todo. es buena para los individuos y para su autonomía. la igualdad de oportunidades no dice nada acerca de las desigualdades sociales que separan entre sí a las distintas posiciones. nada quita al liberalismo político. En efecto. que consiste en triunfar socialmente. aunque conduzca a dominar y a limitar el libre juego del liberalismo econó­ mico. y el foso es a veces tan profundo que los indivi- . parece evidente que esta fluidez sea tanto mayor cuanto menos distanciadas entre sí se encuentren las posiciones. En contra de un mito tenaz. refuerza la so­ lidaridad.

aun cuando a nuestro país le cueste aceptar este cambio. la versión liberal de la igualdad de oportunidades se impone en las prácticas y en los hechos. que son también las más protegidas. me lo ha dictado la situación política fran­ cesa. con la excepción de algu­ nos héroes cuyas hazañas se ponen en un marco dorado como una suerte de propaganda. O bien do­ bla la apuesta sobre ese terreno. De algún modo. hay que constatar que. reencuentra los viejos reflejos del radicalismo verbal aunque sin tomar en serio sus propias indignaciones. la izquierda está rigidizada: en términos fi­ losóficos y políticos. A pesar del “principio de di­ ferencia” que invita a obrar de modo que la igualdad de las oportunidades no degrade la condición de los menos favore­ cidos (Rawls. con sus defectos y sus conserva­ durismos. Y la iz­ quierda de la izquierda ya no es creíble cuando llama a una ruptura decisiva que no tiene intención alguna de llevar a tér­ mino.'La izquierda debería tener también la capacidad de romper con las fábulas que se cuenta a sí misma sobre el Estado de Bienestar y los servicios públicos. Se habrá comprendido ya. las desigualdades se profundizan. sin duda. La igualdad de las posiciones podría constituir uno de los elementos de la reconstrucción ideológica de la izquierda. no tiene nada que oponerle. que este pequeño en­ sayo no es un ejercicio de filosofía social totalmente gratuito. todos defienden sus derechos ad­ quiridos y se proclaman tanto más radicales cuanto que no quieren cambiar nada. a condición de que esta tenga un poco de coraje: el coraje de provocar el descontento de un sector de su electorado (que por otra parte está huyendo de ella á toda velocidad) y de ser algo más que el partido de las clases calificadas y económica­ mente desahogadas. para complacer a sus clientelas tradicionales. 1987). En última instancia. o bien defiende el Estado de Bienestar tal como funciona. Durante este tiempo. Presa de un ataque de pá­ nico. en todas las partes donde reina.C O N C L U SIÓ N 117 dúos pueden no franqueado jamás. de los . Mientras que la derecha pone por las nubes la igualdad de oportunidades.

En la actualidad.1 l8 R E PE N SA R L A J U S T I C I A S O C IA L cuales este se ha vuelto guardián puntilloso a falta de una vo­ luntad de transformación. El firme deseo de igualdad permitiría salir de este callejón sin salida y hacer el verdadero trabajo del político: transformar principios en pro­ gramas y tener una oferta para aquellos que han dejado de reconocerse en las representaciones políticas de la vida social. y el rechazo al cambio es el estandarte de la izquierda. la palabra “re­ forma” ha pasado al vocabulario de la derecha. .

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