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EL BARCO | Mira Lobe Ingo y Drago llustraciones de Susi Weigel Figen mae 205, Fe tet Sect Testes Son Weigh “Trai ont See acai rs Temes Einar rnd pi, Seed pit Mme ad) Dopo es 085, Srrensh aa ied Ec sero estaba al tinal det parque, donde ya no habia flores, ni caminos, ni bancos. Solo crecian unas matas altisimas como en una selva. Free tc ncn ppl de ELAS Grip he Cope fet Boe Som pedtopmtebsn 5 Ingo se _metio entre los arbustos para buscar su pelota. La habia perdi- do en el seto mientras jugaba con ella. Eh, pelota! —Hlamé—. jNo te es- condas! Se meti6 atin mas entre el ramaje. Una hormiga le hizo cosquillas en la plerna. Las espinas de una rama le arafaron la cara. No habia rastro de la pelota. «iNo se puede esfumar asi como asi! —pens6 Ingo—. Y, encima, ¢qué me lira mamé si liego a casa sin ella? Pero, ées que siempre tienes que per- derlo todo? {Con qué vas a jugar aho- ra?”, me preguntaré enfadada. Y mi hermana Mara dira: “jLa mia ni se te ‘ocurra tocarlal”». Ingo siguié buscando. Se tir6 al suelo y se arrastré como pudo por debajo de unas ramas. Hasta que com- prendi6 que todo era inuti «iLa pelota ha volado! La dejo por imposible». De repente, el seto se acabé. A continuacién ‘se extendia_un verde prado. ¢Seria verdad lo que veian sus ‘ojos? Normalmente, donde acababa el 6 —_—— seto estaba el muro gris de la fabrica. En cambio, hoy veia aquel prado cu- bierto de una hierba espesa y suave, brillando al sol. En medio se veia algo redondo y de colores. "—iEs mi pelota! —exclam6 Ingo. Pero enseguida dijo—: No, no es. No tiene Ios mismos colores ni la misma forma, Esto parece un huevo. Corrié hasta aquel objeto y lo levan- 46. Bra grande, pesado, y al tocarlo lo not6 caliente a causa del sol. La cés- cara tenia unos colores preciosos, mu- cho més bonitos que los de su pelota. —iHHola, huevo! —Ie dijo el mucha- cho—. Te levaré conmigo a casa. ‘Ahora eres mio. Ta vuelta no fue nada facil, pues levaba una mano ocupada. Por eso iba con cuidado, despacio, para que no le pasara nada al huevo. Las raices y las ramas le cerraban el camino. Los espinos no le dejaban andar. Pero Ingo avanzaba tranquilo. Mientras, le hablaba carifiosamente a su huevo: —No tengas miedo, yo te cuidaré. ste es un seto horrible, pero pronto estaremos af otro lado. Te levaré a casa, te haré un nido muy c6modo. Estaras de maravilla. Ya verds lo bien ue vas a estar. ‘Cuando, al fin, dejaron el seto atrés, Ingo estaba cubierto de aranazos y se le habian enredado pequefias ramas cen el pelo. Llevaba la camisa fuera de los pantalones. Se la puso bien y guar- d6 el huevo entre la camisa y la piel. '—Para que no te vea nadie —le dijo, ‘A continuacién ech6 a correr por el parque. Aguello era digno de_verse: jun nifio desgrefiado, agarrandose la barriga con las dos manos y hablando solo & 9 : a Al pasar por la fuente, un chucho empez5 a ladrarle. Era ‘el perro de iguel y Petra. = E —iEh, Ingo! —grito Miguel—. y que era asqueroso y repug- nante. —Desde hace mucho —contest6 Mara. 61 Poor ta anne, Drago le demostro al padre de Ingo lo bien que se le daba andar con las patas traseras. Mientras Caminaba, iba alternando los grufidos con los ronroneos. De vez en cuando 2 se caia, pero volvia a ponerse dere- cho y seguia valientemente hacia de- ante. El padre se ti6 y lo alabo: —jDrago se ha vuelto todo un mu- chachote! E intent6 que le diese la pata, como hacen los perros. Pero Drago mo era tun perro. Por primera vez resopl6, pero tan bajo que sélo lo oyé Ingo. Todo un muchachote de verdad —repitié el padre—. Si no dejara man- chas por todas partes... —Ahora tiene su cajén en la terra- za... —dijo Ingo. “4Pero no lo usa nunca! —grité Mara—. ¥ el cochecito se le ha queda- do pequefio. Ingo dijo: —De todas formas, ahora que ya puede caminar no lo necesita. Y por Jas noches puede dormir en la caja de carton de la aspiradora, Y si sigue creciendo? —pregunto Mara—. 2Y si se le queda también pequena? Ingo le iba a decir que podria dor- mir en el sofa del salén, pero su padre se le adelanté: 63 —Si Drago se hace més grande que la aspiradora, tendra que marcharse. —iNo, por favor! —suplicé Ingo—. zAdénde ira entonces? Se arrastr6 con Drago hasta su cue- vay le pregunt —