E d i t o r i a l

3

E n s a y o s
P e n s a n d o G a r d e l n o ( a p r o p ó s i t o e n d e v i v i r I I ) 4 6 N a s c h y b a j o e l b r a z o … t r a e m i e d o 8 1 0 1 3 1 5 d e b u t ó M a l d i t o s y a d e l e n o l o P a r i s … P a u l u n

B e n d i t o s L a E l A

( I I ) t r a e

c i g ü e ñ a n o - v a l o r Y o u T u b e

p a n

g r a t u i t o e l C o p y r i g h t

e s c u e c e

R e s e ñ a s H a b i t a n t e s
A n a P a t r i c i a M o y a ( r e l a t o s y a f o r i s m o s )

1 8

2 2 2 7 3 2 3 7 4 1

E n r i q u e A n d r é s L u i s

F u e n t e s - G u e r r a R a m ó n P é r e z

( p o e m a s ) ( r e l a t o s ) i r r e f l e x i v a )

B l a n c o y

A m é z a g a

( p o e m a s

p r o s a

R o b e r t o

A r é v a l o G a r c í a

( r e l a t o ) G u e r r e r o ( r e l a t o )

E s p e r a n z a E v a

4 6 4 8 5 1

M á r q u e z

( p o e m a ) ( p o e m a s )

A d o l f o

M a r c h e n a

V i s i t a n t e s
P e p e P e r e z a ( r e l a t o ) ( p o e m a s ) ( r e l a t o ) 5 5 5 8 6 1 6 4 6 7 6 9 7 2 7 5 7 7 ( p o e m a s ) 8 0 8 3 8 6 8 9 ( p o e m a ) – Directora: Mosqueda Ana – Patricia y Moya 9 1 Rodríguez – A d r i a n a V i c e n t e M a r l e n e R o l a n d o S i l v i a P a t x i B a ñ a r e s M u ñ o z P a s i n i

Á l v a r e z

( p o e m a s ) ( r e l a t o )

R e v a g l i a t t i

R o d r í g u e z I r u r z u n J u b e r a G a r c í a

( p o e m a s )

( r e l a t o ) ( p o e m a s ) ( r e l a t o )

M a n u e l D a n i e l A n a J o s é Ó s c a r P a z

P é r e z Á n g e l

C a ñ a m a r e s C o n d e

( p o e m a s )

V a r o n a

( r e l a t o ) ( p o e m a ) d e \ T e j a d a 2010)

H e r n á n d e z S á e n z

Y o l a n d a Groenlandia Vicedirectora número y siete

(Febrero de la

Mayo

administradora

Web:

Bárbara

López

Portada

contraportada:

Luisa

Fernández \ Ana Patricia Moya - Habitantes: Ana Patricia Moya, Enrique Fuentes-Guerra, Manuel Guerrero Cabrera (Córdoba), Andrés Ramón Pérez (Toledo), Luis Amézaga, Adolfo Marchena (Vitoria), Eva Márquez, Roberto Arévalo (Madrid), Esperanza García Guerrero (Sevilla) – Visitantes: Pepe Pereza, Adriana Bañares (Logroño), Vicente Muñoz Álvarez (León), Patxi Irurzun (Pamplona), Manuel Jubera, Óscar Varona, José Ángel Pérez Tejada Conde, Paz Hernández (Tenerife), – (Madrid), Silvia Rolando Revagliatti Palmas), Sevilla, (Argentina), Daniel Marlene Pasini (México), Sáenz Ana de

Cañamares (Huelva)

Rodríguez

(Las

García

(Vitoria),

Yolanda

Fotógrafos:

Carmen

Guillén,

Luis

Alejandro

Serna

Rodríguez,

Ángel

2

Muñoz

Rodríguez, Juan José Romero, Raúl Gaitán – Edita: Revista Groenlandia – Apoyos morales: Angustias Añón Flores, Carmen Serrano Fernández, Kebrantaversos – DEPÓSITO LEGAL: CO-686-2008 – ISSN: 1989-7405

Bienvenidos al séptimo número de Groenlandia. Estrenamos el otoño con más libros digitales publicados antología poesía; poemario y la inminente de nuevo Muñoz del Ángel groenlandesa aparte de

Y

para

este a

número

siete,

tenemos (¡gracias!), habituales unos García, nuevos, poesía Pérez y

Luisa los

Fernández

creando portada y contraportada colaboradores Marchena, Pereza, otros buena (Adriana Silvia en el ya (Adolfo

Roberto Arévalo, etc), repiten autores etc) y (Pepe llegan de Vicente Muñoz Álvarez, Daniel armados narrativa Cañamares, etc). cuatro Y

Rodríguez (“Ya no leo tebeos de Wonderwoman”), inauguramos la edición de narrativa breve con la obra de Pepe Pereza, “Putas”, y dentro de poco, saldrá “Cuentos de la Carne”, de esta servidora; para la antología – matizo que ha sido muy duro el proceso de creación de este libro tan especial – se ha contado con las aportaciones de Silvia J. – Saúl tanto Ariza, Adolfo Loustau, Luis poéticas como de ilustración y fotografía Nacho Marchena, Antonio Montoto, Sánchez,

Bañares, Marlene Pasini, Ana Rodríguez, menos de

suplemento, más de éstos. En meses, estaremos concretando otros

poemarios (“Cosas que nunca te diré”, de Eva Márquez, y “La carretera antología, roja”, y de David por González), así como la próxima seguiremos, supuesto, creando un espacio

Amézaga, Eva Cabo, Luis M. Hermoza, Ana Patricia Moya, Javier Das, Enrique FuentesGuerra, Andrés Esperanza Ramón Pérez, García, Aida

para que todos puedan publicar sus obras. El próximo número será especial, y es dos que años Groenlandia lleva

dando guerra. ¡Y lo que nos queda! Nosotros seguiremos ahí, demostrando que si se quiere, se puede. Y todo lo demás, son

García Corrales, Raúl Gaitán, Luis Sevilla, Juan José Romero, Gsús Bonilla, Luisa Fernández y Ángel Muñoz. Esperamos cumplir con las expectativas.

palabras: Groenlandia es un hecho.

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ANA PATRICIA (Directora de Groenlandia)

El sexo

¡Ay el sexo! No acabo de comprender, como algo tan bello, y que tanta felicidad proporciona, puede ser considerado algo sucio y pecaminoso. Pero, sin embargo, así es en nuestra sociedad moderna y civilizada. Seguramente la iglesia, algún día, tendrá que dar explicaciones al respecto. Nos martillean con esa idea desde la cuna. Dando lugar luego a tantas perversiones derivadas de sentimientos tan contradictorios. Además, digo yo, si la naturaleza lo puso a nuestro alcance, imagino que sería para que lo usásemos, ¿no? Recientemente he leído el libro “El código Da Vinci”, y te pone los pelos de punta pensar que toda esa represión sólo haya sido ideada para mejor controlar a las masas. ¡Joder! Toda la vida sufriendo por el miedo a unos castigos inexistentes. Casi todos nuestros comportamientos pueden analizarse mediante el punto de vista de un naturalista. Bajo el prisma de la naturaleza, ya que no dejamos de ser simples animales (unos mas que otros, claro), nos explica que el sexo es una de las necesidades de toda vida animal. Y de una manera mas explícita entre los mamíferos. Además, junto a los sentimientos de defensa de la especie y de la consecución de alimentos es uno de los más fuertes. Los monos, son al parecer, la especie más parecida al hombre. Pues bien, todos los primates tienen sexualidades altamente desarrolladas. Además, éstas no están regidas por ningún tipo de moral. Los colobos, pequeños chimpancés, incluso usan el sexo como una especie de política. Todo en su vida está regido por el sexo. Les ayuda, no sólo a algo tan importante como la continuidad de la especie, sino también a establecer grupos, prioridades, jerarquías; con esto no quiero decir que hasta para vender un coche tengamos que echar un polvo, pero hombre, tampoco es lógica la represión que la sociedad actual ejerce sobre la sexualidad. Estos colobos (vaya pájaros), ejercen indistintamente como hetero que como homos. Lo mismo se tiran a un macho que a una hembra. Ahora ve tú y le cuentas eso de que están enfermos, o que una parte de su cerebro no rige bien. Seguramente te digan, como le dijo ese cura homosexual al obispo de turno: tu opinión me la

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sopla. Eso de la homosexualidad tiene también cojones, los tenemos a todos metidos en un armario asustaditos perdidos, y sólo salen con cuentagotas. Para mí tiene mucha importancia la educación de mis hijos, o su salud.

También me importan las desigualdades sociales, o la manera de erradicar la guerra y la violencia, así como los derechos de las personas, pero lo seguro que no me interesa es donde la mete mi vecino. Eso seguro. Yo me considero heterosexual, seguramente por la educación recibida y por la gran carga ambiental, pero se apreciar la belleza masculina, y no dejo de admitir, que a veces hasta me turba. Eso de que el hombre y el oso contra mas feos mas hermosos, es mentira. El hombre y el oso, contra más feos… más feos. Sólo es una expresión homófoba.

Resumiendo, que pronto me voy por las ramas: el sexo es algo precioso, un don cuasi divino, que nos ayuda a sobrellevar todas las penalidades que se nos van presentando a lo largo de esta vida tan dura y a veces tan insoportable de llevar; no es cosa de eliminar las pocas cosas agradables. No estamos sobrados de ellas. Tampoco debemos transmitirles a nuestros hijos ninguna sensación negativa con respecto al sexo, sino hacerles ver su importancia en su justa medida. Ni más ni menos que la de otras actividades, y no hacerles apartar la vista del televisor cuando aparece alguna escena escabrosa, o cuando alguna modelo, en un pase, enseña un pecho. Es mucho mas inmoral una película de Rambo, en la que el prota, después de cargarse a docena y media de congéneres se va con los amiguetes a tomar unas cañas. Para eso si hay que tener el corazón de mármol. Habrá cosa más bonita que un cuerpo humano… así que vamos a dejarnos de tonterías. No podemos pasarnos la vida pensando si nos pasará algo si la metemos en tal o en cual sitio. O si la tía Manuela ve mal que Fulanita se acueste con Menganita.

Como dije al principio, la iglesia tendrá algún día que dar explicaciones al respecto…

Hostia… la religión.

5 Enrique Fuentes-Guerra

Cuando compro un libro, lo hago por el gusto de leer, por su autor, por recomendación, porque me llama la atención o porque me interesa. Durante la lectura y, sobre todo, luego, me gusta, me decepciona o ninguna de ambas (por supuesto, hay más opciones, como concluir que hay pasajes, escenas o capítulos que sobran).

Cuando leo, confieso que me gusta recrearme en las palabras y en su expresión (en especial, con un buen poema). Intento disfrutar todo lo posible y, si encuentro ausente alguna tilde, suelo sonreír ante la errata. Soy benévolo y parto del concepto de que todo lo leído es ficción, salvo que se indique lo contrario; pero muchas veces hay tales incoherencias que me hacen pensar si el autor creerá que el lector es tonto y, mucho más grave, que todos los lectores son iguales.

De mi último viaje a Buenos Aires me he traído una buena nómina de títulos lunfardos y tangueros. De todos ellos hay uno, sólo uno, que me ha desesperado en su lectura y ha originado estas palabras: “Gardel en París: su debut”, de Enrique Cadícamo en la editorial Corregidor, publicado en 1984. Quien me conoce sabe que escucho a Gardel casi a diario y que algunos tangos de Cadícamo figuran entre mis favoritos (“Por la vuelta”, “La novia ausente”, “Niebla del Riachuelo”, “Madame Ivonne”…), pero lo de este libro es inadmisible.

Las tildes adquieren vida propia: no aparecen en palabras que la requieren («habia»), están en la sílaba equivocada («períodicos») o se encuentran en palabras que no la llevan («Nó»). Pero lo peor es que no se distingue el uso de «Haber» del de «A ver», el hiato «ía» aparece de múltiples formas («Podrí a», «dia») o se repiten líneas («–A vos te grabé un tango… –A vos te grabé un tango…»).

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¿Cómo no recordar la terrible e inolvidable anécdota, que refiere Neruda, de un poeta cubano que, gracias a la errata de imprenta, vio convertido su “Siento un fuego atroz que me devora” en “Siento un fuego atrás que me devora”? La suerte de este libro es que no está escrito en verso sino en prosa, de forma novelada, y, como dijo el ya citado Neruda en “Para nacer he nacido”, “la novela puede pasar por encima de los traviesos errores de composición y linotipia. Pero la poesía es sensible y tropieza en los lancinantes obstáculos”.

No llegué a las treinta páginas. No sabré jamás cómo fue el debut de Carlitos en París ni creo que pueda convencerme para pasar por alto esos atropellos a nuestra lengua, en la que él cantaba. El tema más llamativo, recomendado o interesante es frustrante si no está escrito, no sólo con buena técnica, sino también con claridad y corrección. Deduzco que el libro, escrito a la carrera, no fue revisado.

Cuando he escrito, releo y corrijo todo el texto, a fin de que no ocurra como con este libro y su lectura haga sentir al lector defraudado. A cada revisión confío más en que se pueda leer y me convenzo de que puede gustar, de tal modo que merezca mejor suerte que Gardel, que para mí nunca debutó en París.

7 Manuel Guerrero Cabrera

Nacido como JACINTO MOLINA el 6 de Septiembre de 1934 en Madrid. Actor, guionista, director y productor, dibujante, novelista y hasta campeón de España de halterofilia en diversas ocasiones. Su primera incursión en el mundo del cine fue como “extra” en las superproducciones de Hollywood rodadas en España. Su “debut” como protagonista fue en 1968 en “LA MARCA DEL HOMBRE LOBO” donde da vida a WALDEMAR DANINSKY, nuestro hombre lobo particular, papel que ha interpretado en muchas ocasiones, la última de ellas en “LICANTROPO” (1996).

Gran enamorado de los clásicos de la HAMMER y la UNIVERSAL, ha interpretado a todos los mitos del cine de terror, desde el Conde Drácula hasta Jack el Destripador, pasando por la Momia y Quasimodo. En su trayectoria como director debutaría con

“INQUISICIÓN” en 1975, dirigiendo además otros largometrajes como “EL AULLIDO DEL DIABLO” y una co-producción con Japón: “LA BESTIA Y LA ESPADA MÁGICA”.

Este personaje es el gran abanderado del cine fantástico y de terror español. Ha sido también un gran olvidado. Tuvo que trabajar para Japón, país para el que produjo diversas películas documentales rodadas en España. Idolatrado en Japón, Alemania y EE UU, regresó a España donde empezó a ser reconocido su trabajo y le fue concedida la Medalla de Oro de las Bellas Artes. Defensor a ultranza del talento frente al “presupuesto”, es el más

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importante impulsor del cine de terror hispano, dejándonos un importante legado de films de este género, algunos considerados “de culto”. Se han publicado libros biográficos, “MEMORIAS DEL HOMBRE LOBO”, y recientemente, “PAUL NASCHY, LA MÁSCARA DE JACINTO MOLINA”. Importantes directores, como Steven Spielberg, Quentin Tarantino o Christopher Lee, han confesado su admiración por el gran Paul Naschy.

Este “bendito maldito” falleció el 1 de Diciembre de 2009. Sirva este humilde artículo como merecido homenaje.

Filmografía Selecta:

-”LA NOCHE DE WALPURGIS” (1971) -”LATIDOS DE PANICO” -”SCHOOL KILLER” (1996) -”MUCHA SANGRE” -”BUENAS NOCHES SR. MONSTRUO” -“EL ESPANTO SURGE DE LA TUMBA”

(Más información de este “bendito maldito” en www.naschy.com)

9 Andrés Ramón Pérez Blanco

Que los tiempos han cambiado nadie lo discute. Que el concepto actual de familia nada tiene que ver con el antiguo, tampoco. Aún a día de hoy, cuando una pareja decide traer a este mundo un pequeño vástago, que resulte ser la indeleble impronta de su amor o bien, la firme creencia de continuar su existencia a través de los hijos, siempre se le dice que su futuro pequeño retoño traerá un pan debajo del brazo, que su crianza y llevarlo a buen puerto es más fácil de lo que parece, siempre que exista como base principal un amor primigenio. Falso, puedo confirmarlo. Procrear es relativamente sencillo. No tanto criarlos y educarlos. Y en los

tiempos actuales es más difícil todavía. Porque procreación ya no es sinónimo de “familia”. No sólo me refiero a las dificultades económicas que implica dicha tarea a lo largo y ancho del resto de tu existencia, ni tampoco me refiero a las preocupaciones inherentes a la salud (algo, en la mayoría de las veces, inaccesible a tu voluntad como padre o madre). Tampoco hablo de las

complicaciones de inculcar en los hijos valores morales positivos que les ayude a convertirse en hombres y mujeres de bien. Estas dificultades son las mismas que han existido siempre, las mismas que tuvieron nuestros padres y las mismas para nuestros abuelos. La cosa cambia cuando el modelo de educación a seguir es inoculado directamente por los gobiernos, la sociedad capitalista y

consumista en la que vivimos. De todo el mundo es sabido que ninguna persona nace sabiendo. Todo aprendizaje en esta vida es el resultado del método “ensaño y error”. ¿Por qué la tarea de ser padres ha de ser diferente? La sociedad actual parece haber olvidado este hecho, se comporta como si los padres tuviéramos un libro de instrucciones incompleto impreso en nuestro mapa genético, y cada día la intromisión por parte de la misma en nuestra vida diaria educativa como padres es mayor. Y con ello, consecuentemente mayor presión y mayor miedo. Recuerdo el día de la primera reunión de padres con el profesor del aula de mi hija de tres años. Antes siquiera de darnos los buenos días, la primera

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advertencia que nos realizó dicho profesor era que la “educación venía de casa”, que su labor no consistía en educar a nuestros hijos. Hasta ahí, de acuerdo, cosa lógica que sobraba. Entonces, ¿por qué no nos dejan realizar nuestra labor a nuestro modo? Que la progenie es un fiel espejo de sus padres empieza a resultar falso. Pero la sociedad se empeña en no darse cuenta. Como padres autodidactas, llevamos sobre nuestros hombros la tarea de no volver a repetir los mismos errores de antaño. En el afán de apartarnos del exceso de autoridad y disciplina, de los castigos violentos como arma para confeccionar el respeto que los hijos deben a los padres, de la carencia de afecto, etc; en la última década hemos creado un nuevo modelo de padre o madre, en el que me incluyo. Obviando casos excepcionales y sin contar con los padres o madres

adolescentes, este nuevo patriarcado se deja los huesos no solo en dar todo tipo de caprichos a los hijos, ofreciendo todo aquello que sus abuelos no quisieron o no supieron darle, sino además, todo el afecto que le resulte posible (aunque sea en esos ratitos que la jornada laboral les deje libre), aspirando por encima de todo a lograr una buena comunicación futura con los hijos. Sin embargo, las llamadas recientes “enfermedades de la autoestima”, como la anorexia

(diagnosticadas incluso en niños de 10 años), la bulimia, los frecuentes suicidios de infantes a causa de ataques consecuenc ia de las famosas redes sociales, han generado un patente temor a dañar el vínculo afectivo entre padres e hijos y una desmedida presión externa, dando lugar a unos padres inseguros, cargados de miedos. ¿En qué momento de la fase constructiva del afecto padre-hijo se ha abandonado la cultura del respeto, del esfuerzo y la autoridad? Como si no tuviéramos bastante con estos miedos adquiridos en los últimos años, debemos de soportar la carga extra de la sociedad que tiende a prejuzgar y etiquetar todo cuanto un padre o madre decide realizar por el bien de su hijo. Y lo peor, siempre bajo la premisa de los derechos del niño, los padres y madres serán lapidados sin opción a gozar de presunción de inocencia, siendo vilmente maltratados y enjuiciados sin defensa propia; todos recordamos el caso de Diego Pastrana, acusado en Tenerife de abusar y maltratar hasta la muerte a la hija de tres años de su pareja, cuando en realidad, lamentablemente, murió a

consecuencia de una caída de un columpio y una mala atención médica. Así

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como tampoco es fácil de olvidar la intromisión de los servicios sociales de la Xunta de Galicia, expoliando la patria potestad de los padres de aquel niño obeso. Con independencia de los problemas estructurales de aquella familia, y los motivos médicos que justificasen tal alternativa, considero que hay formas y formas de proteger los derechos del niño sin apalear a cambio, los derechos de los padres a ser padres. Miedo más miedo, igual a “MIEDO”. Y no penséis que los niños no lo saben, desde muy pequeñitos lo sienten, lo huelen, lo palpan, lo mastican, lo digieren, y lo más preocupante: han aprendido a sacar provecho de ello en su propio beneficio. Vivimos en la era de la tiranía infantil y pubescente. Como remate, cada día, nuestra sociedad es más consumista y más cómoda si cabe. Si estás pensando en ser madre o padre, olvídate a partir del año y medio de vida de tu hijo/a de salir de compras a cualquier centro comercial; la gente de a pie (siempre, personas que aún no son padres o bien que decidieron no serlo nunca), te recriminará tu comportamiento como padre/madre (hagas lo que hagas) con miradas austeras, o comentarios fuera de tono, e incluso

amenazantes, o bien con educación te expulsarán de una tienda de ropa si tu niño decide comportarse como cualquier niño que se precie, alboroté más de la cuenta, toqueteé las ropas sin miramiento o bien se pille la rabieta del siglo a grito pelado. Recuerda, busca siempre un centro comercial que tenga una buena jaula para niños, (perdón), ahora la llama “Parque de bolas”. Sin embargo, aún queda esperanza. Los diferentes grupos parlamentarios coinciden en constatar la existencia de un déficit educativo y un serio problema global con los menores, y para contrarrestarlo han deducido necesario invitar a las familias a participar de forma activa en el proceso de creación de un gran pacto educativo a nivel nacional. Sin duda, será la gran panacea de los años venideros. No nos andemos con tonterías. Nunca existió un modelo de familia perfecta, así como tampoco existe un modelo de hijo/a perfecto. Solo debemos aprender de nuestros propios errores, aunque de ese aprendizaje se generen otros nuevos.

Eva Márquez 12

“Lo que embellece al desierto es que en alguna parte esconde un pozo de agua”

(Antoine de Saint – Exupery)

No hace mucho leí en un artículo sobre economía, que la mayoría de los actos productivos se consideran una mercancía la cual hay que poner en circulación, valorar y desarrollar para conseguir que satisfagan las necesidades que dicho acto ofrece.

Ante esto me pregunto si es necesaria la existencia del dinero para fomentar dichos actos y darles valor, y si es así, deduzco que el trabajo sólo se valorará si está relacionado con el tema del dinero.

Desde el punto de vista del receptor, es decir de las personas que se benefician de esos trabajos, debemos reconocer que sólo el 95 % de las veces,

dan valía a aquella labor que tiene un precio. Y a precio más elevado,

más alto valor. En esta sociedad, no se puede ignorar el hecho de que la calidad se considera un lujo, y como tal hay que pagarla. Lo gratuito se infravalora porque lo podemos conseguir sin problema, pero a la vez se acepta con agrado y se masifica por el hecho de ser gratis.

Los cursos de formación, espectáculos o las clases, se consideran de inferior calidad, si no hay que pagar por recibirlas, y no se tiene en cuenta en ningún momento la buena o mala profesionalidad de quien los imparte.

Ante esto y desde una mirada crítica, ahora no pregunto, sino afirmo que por desgracia, en muy pocos casos, se valora un trabajo en el cual no se exija una renumeración económica para su ejecución.

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Estamos tan absorbidos por las normas del comportamiento laboral actual que todo aquello que no se desarrolle dentro de las pautas marcadas por el sistema capitalista, creemos que no cumple con eficacia sus funciones.

Dentro de las personas que imparten las actividades y tomando como ejemplo la enseñanza, ya sea en cursos de formación inicial, así como en niveles superiores, y sin querer generalizar, ya que hay profesionales de gran valía ética, podemos comprobar que algunos de los encargados en difundir esa formación se entregan más si sus alumnos han pagado una elevada cantidad de dinero por recibirlas.

Si los que la reciben no pagan, hay profesores que no desarrollan su función con eficacia, creen que estos asistentes no tienen derecho a exigir calidad, ya que reciben las clases gratuitamente. No piensan que gracias a esa gratuidad, muchas personas se pueden formar, estudiar y disfrutar de actos que en otras circunstancias no podrían beneficiarse. Y además no debemos olvidar que quien imparte (sino es en función de voluntariado) las clases cobra en ambos casos, ya sea a través de un organismo oficial o particular.

Después de esta breve exposición, deduzco que en la sociedad actual no se valora lo suficiente el trabajo de esas personas que producen y ceden esos resultados sin pedir grandes cantidades. A quien realiza un trabajo sin renumerar, se le considera que está perdiendo el tiempo, o se da por hecho que algo recibirá a cambio.

Pero afortunadamente y pese a todo, también existen ciudadanos y ciudadanas que eligen la acción del voluntariado, para ellas el valor de sus actos es sólo ético, desarrollan un trabajo de forma gratuita y sin esperar nada a cambio.

Esperanza García Guerrero 14

La semana pasada leí una triste noticia en el blog de una chica a la que sigo en la distancia desde hace tiempo. Su canal de Youtube había sido cerrado por infringir en tres ocasiones los derechos de autor por vídeos que ella misma elaboraba. Qué decir que su increíble labor amateur consistía en un gran y elaborado trabajo en el montaje de diversas secuencias de vídeo, básicamente de juegos (pero no sólo), con diversos y famosos temas musicales. Subtitulaba las canciones y recogía grandes y emotivos

momentos que iban acorde con la canción en cuestión, satisfaciendo así la demanda que empezaba en ella misma y acababa en la de los miles de fans de la materia que trataba.

Como ella hay miles de usuarios en Youtube que hacen lo mismo, con distintas temáticas, y posiblemente todos estos usuarios han sido parte del éxito de la famosa Web, quienes de forma gratuita han subido vídeos divertidos, románticos, nostálgicos... todos promovidos por una afición, un hobby, una pasión. Y es evidente que ninguno de ellos contaron con los derechos de autor necesarios. Sus montajes lo realizaron con fragmentos de vídeos que extrajeron de películas, dibujos, programas de televisión... y la música, en la mayoría de los casos, se trataba de famosos temas conocidos por muchos... Por tanto, aquellos vídeos que derrochaban creatividad a raudales se nutrían de creaciones de terceros. No obstante, al final lo único que hacían era darles publicidad.

Un fan de Star Wars, de Piratas del Caribe, de Final Fantasy... de lo que sea, lo único que hace al crear estos vídeos es darles aún más publicidad y demostrar al mundo hasta qué punto estas películas, juegos... o lo que se tercie, han conseguido calar en los demás. Un ejemplo de notoriedad que no debería hacer más que satisfacer a sus responsables directos, en un

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ejemplo clarísimo de la expectación que han logrado levantar en ciertos sectores. Incluso me atrevería a decir que estos fans, con su trabajo no remunerado, contribuyen así a inflar la burbuja en la que se mueven después... y en la mayoría de los casos luego no se ve agradecido.

Curiosamente, la mayoría de los problemas que se sufren en Youtube y el copyright no vienen derivados de las imágenes de vídeo, sino de la música, un sector que parece mucho más susceptible a sentirse estafado ante el uso que damos muchos usuarios. Amenizar un vídeo con la música de James Morrison, de Madonna o de Michael Jackson puede terminar expulsándonos de la famosa Web, quien recibe diariamente peticiones de las productoras para impedir que la música de sus artistas aparezca en cualquier

composición que no les pertenezca a ellos exclusivamente.

Hace unos años esto no pasaba. En Youtube podías ver y oír una gran cantidad de cosas, con sus respectivos códigos para poder exportarlo a tu blog o espacio personal para compartirlo con tu gente... y eso fue lo que lo hacía grande, lo que provocó ese boom posterior. Sin embargo, pronto empezaron a aparecer trucos para descargar las pistas de audio, o los vídeos en sí mismos... levantando así la susceptibilidad que ahora merma Youtube.

Ya no vale aquella excusa de que sólo lo haces para tu gente, ya da igual que tu vídeo sea visitando sólo dos mil veces (cantidad irrisoria en comparación con otras), ni siquiera vale en nuestra defensa que no percibimos remuneración alguna por ello. No. Estamos quebrantando la ley, una ley que a veces parece ser más dura que otras que regulan delitos más graves.

Yo, al igual que mi amiga, también soy un delincuente a los ojos del copyright. Tengo mi canal de Youtube dónde he subido unos cuantos vídeos para que mis familiares y amigos directos y del blog se inspiren para leer

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alguna de mis historietas. No creo que haga falta que diga que todos estos vídeos fueron creados usando otras creaciones: imágenes del banco de Google, música de E.S. Posthumus o Nobuo Uematsu (entre otros) o fragmentos de vídeo de algún documental... y por supuesto no lo he hecho con la intención de apropiarme de algo que no es mío... sino para pasar un poco el rato y comentar con mi círculo las impresiones que causa. No obstante, lo mío es más grave. Mis vídeos persiguen una finalidad distinta a la de un puro fan. Intentan invitar a leer algo mío usando música e imágenes de otros... y aunque siempre le he quitado hierro al asunto bajo el argumento de: "Quién va a reparar en mí" tal vez llegue el día que, al igual que el canal de mi amiga, el mío termine desapareciendo.

Sin embargo, no hay que olvidar que Youtube nació y se nutrió de estas acciones, alegando en su origen que la cultura es de todos, y por supuesto se asumía que no atentaba contra los derechos de autor. Podíamos ver el mismo vídeoclip subido por miles de usuarios y asumíamos que lo hacían como una muestra desinteresada, haciendo hincapié en aquellas cosas que gustaba a la gente. Cuantas más entradas aparecían, más representatividad.

Al principio nadie dijo nada, tal vez porque nadie previó el apogeo de la Web. Ahora las empresas – y no los autores - lo asumen como un ataque, una invasión... supongo que si todo continúa así, al final Youtube será una plataforma para que subamos los vídeos de nuestras vacaciones y para ver a niños alemanes enloquecidos reventar el teclado de sus ordenadores... y por supuesto, para entrar en las cuentas de las grandes empresas que nos impiden usar sus contenidos para explotarlos ellos, ahora llenos de una publicidad que nosotros no insertábamos... y es que el Youtube de la gente anónima está desapareciendo para convertirse en un Youtube empresarial. Ahora, la duda que me surge es: ¿seguro que todo era por defender los derechos de autor?

17 Roberto Arévalo

Antología del beso (Poesía última española) Mitad Doble Ediciones. Colección Robadores. Otra original antología poética, que se centra en el beso (no siempre dentro de la tópica temática amorosa: existen muchos tipos de besos, y esto refleja el libro) y que reúne a una destacada selección de autores noveles (más de cincuenta), de estilos diferentes (desde lo más “formal” a lo más “alternativo”); entre ellos, Isabel Bono, José Blanco, Miguel Alarcos, Ben Clark, Rafael Espejo, José Daniel García, Inma Luna, Francisco Cenamor, David Leo García, Nacho Montoto, Sofía Rhei, Vicente Muñoz Álvarez, Juan Andrés García Román, Diego Vaya, Agustín Calvo Galán, etc. Como suelo hacer cuando devoro una antología, me gustaría subrayar poemas o fragmentos que me han “tocado”: “Placer pequeño: \ instante de canela \ para tu lengua” (María Salvador), “Tengo hambre, \ dame un beso“, (Antonio Orihuela), “en el horizonte de la piel \ a ritmo de latido, \ el adiós de un tiempo \ que parece arena \ derramada \ entre mis dedos” (Mertxe Manso), “Nada más inútil \ que la ausencia de un beso” (Catarina Valdés), entre otros.

Hitler, la novela gráfica. Shigeru Mizuki. Editorial Glénat. Colección Seinen Manga. A pesar de que este autor se le conoce más por su obra clave “Ge Ge Ge no Kintaro”, de fantasmas y sentido del humor tétrico, en su tierra se le considera como un maestro del manga – junto a Osamu Tezuka, Takao Saito o Yoshihiro Tatsumi - que es capaz de abordar la novela gráfica “seria”. La prueba de ello es esta alternativa de e interesante biografía Hitler,

donde el autor analiza la dos caras del dictador: la humana, la de aquel joven que y deseaba que no ser artista frustrado consiguió

cumplir su sueño, y la del ser despiadado que causó una de las peores masacres del siglo XX. Y no se puede negar que, a pesar de que el Fuhrer fue un criminal, su vida levanta fascinación: en las páginas de esta obra veremos como Hitler se enamora, llora o consuela a sus amigos en los momentos más difíciles. El autor reconoce este interés por el protagonista, a pesar de que, a causa del conflicto bélico, se quedó sin brazo (era zurdo y tuvo que aprender a dibujar con la otra mano). Recomendable.

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Planet 51 (Ilion Animation Studios, dirigida por Jorge Blanco y escrita por Joe Stilman)

Por lo general, y por desgracia, siempre parece catalogarse una película (de animación o no) por el presupuesto de la misma. En la mayoría de las veces, este es un condicionante al que suelo prestar mucha atención, sin embargo en lo que a películas de animación se refiere, tengo mi propio método para baremar su calidad: si mi hija de tres años se duerme durante su visionado en el cine, indudablemente era una mierda de película. Algo fallaba en ella. Planet 51 es una de las mayores producciones de animación cinematográficas realizadas en España estrenadas en el 2009, y consiste en una comedia de aventuras alienígenas a escala galáctica donde un astronauta, Chuck, aterriza en un planeta con la firme creencia de ser el primero en pisarlo. Allí se encuentra con un planeta habitado por seres verdes con antenas que viven un mundo copia de la América años 50, cuyo temor es ser invadido por aliens, siendo Chuck la gran amenaza. Comediatizando una América años 50, (al más puro estilo español, donde nos reímos hasta de nuestra sombra), es con creces una de las películas de animación por ordenador de mayor calidad de los últimos años. Sin embargo, aunque los puntos de humor se les escapan a los niños pequeños, como la similitud del perro alienígena con el Alien - por excelencia de Sigourney Weaver - o bien la reticente ridiculización del estilo de vida americano, la sencillez en la trama, una acción continúa, el sentimentalismo de los protagonistas y un robot que adora la lluvia de rocas, hacen de esta animación tan costosísima pero inmensamente rentable, una tarde de palomitas divertida tanto para adultos como para niños. Y para mí, la prueba de su calidad: mi hija se hartó de reírse y quería repetir.

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Abierta de piernas (Ada Menéndez, Bohodón Ediciones)

Poemario de cien páginas que se lee en un abrir y cerrar de ojos. Su autora, Ada Menéndez, nos invita a realizar un paseo sobre sus cicatrices como meros “peatones”, como ella misma se autodefine (y no como una poetisa), aunque lleve impresa en la yema de sus dedos el arte de desangrar sus heridas ante el lector. Es un poemario duro, una poesía directa, sin tapujos, ni rodeos ni vergüenzas encontradas. Ada utiliza un lenguaje de la calle, nombrando y hablando de las cosas que la han dejado huella por su propio nombre: “Me arrastraste por el pasillo /de los pelos”, “Me golpearon/ hicieron de mí un saco de boxeo”, “yo soy una puta / pero he llegado más lejos que tú”. Realiza en él un autoanálisis de sus morados pasados (algunos más recientes que otros), y con ello, acepta como imborrables las muescas y consecuencias que la han dejado en su piel “Yo también sé golpear”, “No estoy obligada a quereros”, “Descubrir la madurez / duele / doble” . También nos regala poemas nacidos entre sus piernas (abiertas como sus heridas) cargados de sensualidad “quiero verte / descubrir el dormitorio de tus cicatrices”, “Apóyate sobre mi sexo / úsalo como embudo / dilúyete”; y a su vez, otros poemas tristes llenos del vacío que deja el desamor “sé cuando me debo olvidar / y cuando no”, “hablar qué para qué / si ya no eres tú quien está siendo dentro de mí”, “Yo soy una menos dos /igual / menos que cero”. Y roza con suavidad y ternura temas como la vejez, el amor de sus abuelos, la cotidianeidad de un barrio en el que se siente extraña y autorreflexiones propias de cualquier mujer. Es imposible no verse reflejada en alguna escena que nos dibuja a través de su poesía. Ada Menéndez versa sobre emociones diarias y sobre todo, de heridas abiertas, mostrándose ante el lector desnuda y “abierta de piernas”.

20 Ana Patricia Moya \ Eva Márquez

Ana Patricia Moya Enrique Fuentes-Guerra Andrés Ramón Pérez Luis Amézaga Roberto Arévalo Esperanza García Guerrero Eva Márquez Adolfo Marchena 21

Ana Patricia Moya Rodríguez \ Periquilla Los Palotes (Córdoba, 1982). Estudió Relaciones Laborales y es Licenciada en Humanidades por la Universidad de Córdoba. Actualmente, estudia Master, sigue pluriempleada y es directora \ editora de Groenlandia. Ha publicado un poemario, titulado “Bocaditos de Realidad” (Groenlandia, 2008), y en breve, aparecerá su primer libro de relatos, “Cuentos de la Carne” (Groenlandia, 2009). Sus poemas y relatos han aparecido en diversos fanzines y revistas, impresas y digitales, de España e Hispanoamérica. Ha participado en los Talleres Literarios de Creación Eutopia 2007, Festival de la Creación Joven de Córdoba. Sus poemas han sido traducidos al inglés, al catalán y al italiano. Forma parte del REMES (Red Mundial de Escritores en Español) y tiene su espacio en las Afinidades Electivas.

La película

ÉL

Le digo a mi novia que si vemos una película.

- Vale. La que quieras… - me responde, algo apática.

Saco un estuche con DVD´s; en silencio, miro de reojo a mi novia. Alteraciones hormonales por la menstruación, estrés por la búsqueda de empleo, preocupantes

problemas familiares… la verdad es que la pobre lo soporta estoicamente. Mientras sea eso, perfecto. Yo me estoy comportando como siempre, disimulo el pequeño desliz que tuve en Irlanda con una compañera de piso. Bueno… desliz… tres meses liado con aquella mujer extranjera. Es lo que tiene la soledad… y yo soy un hombre… y claro… la carne es débil. Espero que

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jamás se de cuenta. La quiero demasiado como para decirle la verdad. Mejor la compenso con mi cariño, sin exagerar, para no parecer sospechoso. Al fin, elijo y le pregunto que qué le parece ésta: una de terror, que le encantan.

- Me parece bien…

La pongo en el reproductor. Me acerco a ella. Me agarra del brazo, con algo de fuerza. Y empezamos a verla…

ELLA

- ¿Vemos una película? – me dice mi novio, mientras me roza la mano.

Le respondo que la que quiera. Extrae de su mochila todas las películas grabadas mientras me observa, con una sonrisa en los labios. Yo, sinceramente, no tengo ganas de quebrarme la cabeza: me duelen terriblemente los ovarios, me duelen los puñeteros pies de tanta calle repartiendo curriculums, me duele el alma porque he asistido a una fuerte discusión entre mis padres y hermanos. Y no me quejo: soy así de dura. Ahora me relajo con mi chico, en plan tranquilo. Y ahora no quiero pensar: sólo quiero disfrutar de su inestimable compañía.

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- ¿Qué te parece ésta? – me muestra una de mis favoritas.

Yo accedo. La coloca en el aparato de DVD´s, se sienta muy cerca de mí. Yo cojo su brazo, lo aprieto, con cuidado de no mostrar mi rabia… porque sé, amor, cuál ha sido tu delito en tierras lejanas, pero te perdono: mejor vivir con la mentira que sola.

Y comenzó la película…

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Pequeñas historias cotidianas

I

Sus amigas se lo advirtieron: no te enrolles con el chungo del Paco, que le ha pegado ladillas a la Juani y le ha dejado un bombo a la Vane. Pero a Carmen le da igual: esa noche ha quedado con él. Ella no llevará condones en el bolso, sino unas tijeras grandes. Venganza: Paco le pegó la gonorrea a la Jennifer, su hermana pequeña, a la que violó en el descampado. Y Carmen se arriesga a dar justicia a una polla criminal y enferma.

II

María recibía todos los días un ramo de rosas rojas y blancas en su habitación. Cuando llegaba Antonio, la chica se lo comía a besos. Pero las flores no las mandaba él: se las enviaba su mejor amiga, la mujer con la que se acostaba su novio desde que María ingresó en el Hospital. La amante se sentía culpable por traicionar su confianza, por ser la sustituta de un niñato caprichoso. Y Antonio lo sabía todo, pero prefería callar y abrazar a María en la planta de oncología.

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Bienvenidos al Paraíso (aforismos de misantropía)

IV

En clase de religión decían que todas éramos Eva. Eva, que nació a partir de una costilla masculina, que fue compañera leal hasta que devoraron la manzana. Por castigo divino, tenemos que ser esclavas de Adán. Pero yo ya me liberé. Soy como Lilith: puta, pero libre.

V

El demonio, dentro del cuerpo de la sibilina, tentó a Eva con un sabroso fruto. ¿Y si realmente la serpiente era Dios, que quería quedarse solo en el paraíso? Dios es un padre desnaturalizado y egoísta. La soledad es condición inherente del ser humano: estamos arrojados al mundo.

VII

Complementar en el sentido de encajar: el hombre encaja en la mujer gracias a su miembro. Dos piezas de puzzle perfectas, aparentemente: hay huecos que ninguna polla jamás podrá llenar.

26 Ana Patricia Moya Rodríguez

Belalcázar, Córdoba (1958). Escritor y poeta. Ha publicado los poemarios “Lo que Arde \ Sueño del Herido” (con fotografía de Juan José Romero y prólogo de Jesús Alcaide) y “El Laberinto Sentimental” (editado por Litopress, con prólogo de Alberta de la Poza).

No te rindas (crucigramas)

Golpea fuerte no te rindas esta carga de crucigramas tan indescifrables es para todos

Ráscate fuerte aporrea el agua con los nudillos

Cómete un ángel

Todos juntos alzando la bandera mirando hacía arriba …sólo quieren ser estrellas

Yo seré el muñeco vudú

¿Hay alguien que quiera ser algo más?

Dame un poco de leche de búfala mete un hormiguero en el horno

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Sex symbols con bandas amarillas te esperan en la fiesta llevando tapones en los oídos

Quieren vivir tu mundo abriendo su boca de cuajo

Obispos disfrazados de prisioneros atan paseando por sus tierras de labranza chaperos en bares con luces de neón comiendo autógrafos de punkis con cadenas y chupando rohypnol …como fantasmas enlatados

Marxistas en silla de ruedas comunistas que caen de las torres mamelucos y delfines haciendo de las suyas rascando el suelo con lápices de marfil

Turistas cabreados jugando a la pelota con estúpidas palas de madera viviendo su propio mundo mientras pegan fuerte a sus lindos niños de porcelana antes de santificarse con extenuantes rosarios

Los matones sólo salen detrás de fanáticos así que deja tus delirios en el sur las cosas están un poco revueltas por aquí

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y dan palizas de muerte

Cógeme de la mano y llévame a la basura luego pregunta por chupa déjame sólo con él y vuela por los aires con tu joven dignidad

Esta jerga de indescifrables crucigramas es difícil para todos

Anota versos de la Biblia con hilo dental

Billetes de veinte euros caen sobre barrigas hinchadas y pringosas de proxenetas con bigotillo y cascabeles hartos de comer sardinas

Sólo estarás auténticamente chiflado cuando beses culos de franela …piensa a lo grande y no lo estropees

…no te rindas aprovéchate de la confusión

Al menos en el infierno, la comida debe de estar mas caliente

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Deseos

Bajo un ligero perfume de tristeza bajo el sonido de lánguidos violines tus besos se asomaban bajo el azul de las corolas

Cuando tus pechos que como frutas jugosas se me ofrecían y se enseñoreaban de mis sueños con pezones que ardían bajo mis dedos

….siempre aparecías sonriendo

Y tu carne joven acechaba como barco pirata bajo olas de satén

Entonces cantaba, como los marineros borrachos de luna y de ron:

….nada de lo que existe podrá retener nunca, a un corazón que lentamente en el mar se hunde

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Sin embargo, entre sueños anhelaba tenerte a mi lado rozar tu espalda con mi vientre y cruzar una pierna entre las tuyas

Y te buscaba alterado cuando despertaba codiciando tu carne Para volver a probar lo que ella me ofrecía

Quiera pues, instrumento de tortura que mi cuerpo sombrío vago y etéreo descanse eternamente entre tus labios

….siempre urgentes de pasión.

Enrique Fuentes-Guerra

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Illescas, Toledo (1976). Perpetrador del mejor fanzine del mundo, “Creatura”. Ha colaborado en diversas revistas, impresas y digitales (“Delirio”, “Cruce de caminos”, “Al otro lado del espejo”, “Es hora de embriagarse con poesía”, “Poe+”, etc). Entusiasta organizador de recitales poéticos. Ha publicado un poemario, “Satélite de Inhóspito Planeta”. Ha participado en las antologías “Bukowski Club” y “Pazlestina”. Aparece en la antología de narrativa groenlandesa.

Limpieza

Marcelina se levanta cuando todo el mundo sueña, antes incluso de que los tenues rayos de un desganado sol por tan inmemorial rutina, intenten calentar el cuerpo y el alma (si la tuvieren) de los desdichados madrugadores, prestos para acudir a sus lugares de trabajo donde cada día mueren un poco más, a cambio de conseguir el pan y la sal. Marcelina, antaño luz y ahora la sombra más errante de esta ciudad que huele a muerte en cada rincón.

Marcelina, ducha fría en esta alborada sin cantos de pájaro. Y, de desayuno, las lágrimas de la noche anterior. Noche sin luna, por supuesto. En esta ciudad no hay poetas.

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Marcelina, camino al trabajo. A un lugar donde se derraman los sueños. Donde los hombres expulsan sus miserias en sórdidos habitáculos en los que proyectan los monitores de televisión toda clase de escenas de sexo muy explícito.

Marcelina, limpia, fija y da esplendor a esas infectas cabinas donde las miserias de sus

ocupantes son derramadas a cambio de unas monedas.

Marcelina, a veces ríe. Pues seguro que alguna de estas miserias por fue que ella. recoge O por ha lo podido que fue ser ella. como

provocada Marcelina

conocida

hace

tiempo

Mengana Bananas, toda una estrella del porno clásico (sí, en el porno existen los clásicos). Marcelina sabe que alguna de las míticas películas que protagonizó junto al malogrado Fulano Flauta aún se visionan en estas cabinas. Toda aquella generación de actores, la mejor generación de actores del cine X han sido olvidados. Y el abismo

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los devoró. A todos, excepto a Marcelina quién, pese a todo, pudo levantarse.

Marcelina ahora limpia los blancos, espesos y pegajosos fluidos que derraman los clientes del sex-shop al visionar, después de tantos años, sus películas.

Marcelina así se siente y se sentirá siempre Mengana Bananas. Y no pierde, ni perderá nunca, su único patrimonio. Su orgullo.

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El cabezudo

Se escuchan cohetes. En la plaza, algarabía. Los chiquillos esperan al desfile. Gigantes y cabezudos. La ilusión reflejada en la mirada, en cada uno de sus rostros. La sorpresa de saber qué les tocará.

Escobazo o caramelos.

Prometeo LIMÓN esperando el inicio del desfile. Apartado de todos. Huraño. Como siempre. El

objetivo de las burlas de toda la población. Una terrible tara física. Miradas llenas de recelo, ira e incomprensión dirigidas hacia él.

Una repentina dolencia estomacal imposibilitó que Hermógenes TOMILLO pudiera vestirse de cabezudo. Y lo llamaron a él. Y él aceptó. Sorprendentemente lo hizo. Este año será cabezudo. Concretamente el cabezudo payaso. Viste una bata multicolor, llena de lunas y estrellas, de un exquisito mal gusto. Le dan una escoba y una bolsa de caramelos. Obsequiar a

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los buenos y asustar a los malos. Pero todos son malos con él.

Prometeo no emite palabra. Se pone la inmensa cabeza. Se escucha a la banda entonar una música festiva. Comienza el desfile. En sus manos, no hay ya escoba ni caramelos. Tiene su particular sorpresa. En sus manos blande. Fría, negra, con el cargador lleno.

Se escuchan gritos. En la plaza, horror. Los chiquillos huyen despavoridos. Gigantes y cabezudos. Lo que se escucha no son cohetes.

Andrés Ramón Pérez Blanco

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Luis Amézaga (Vitoria, 1965). Colabora en diversas revistas literarias, así como en distintas antologías de relatos y poesía. Autor de “El Caos de la Impresión” (Madrid, Vitrubio), “A Pesar de todo… adelante” (Canarias, Baile del Sol), “Dualidad: onda \ partícula” (Premio Literario Café Mon 2008), “Bolsa de Canicas” (premio de la Revista Literaria Katharsis 2008), “El Gotero” (Revista Groenlandia) y “La mitad de los cristales”, escrito de forma conjunta con el poeta Adolfo Marchena. Aparece en las antologías groenlandesas de poesía y narrativa.

Nuestr o traje de gala Quieto sin quietu d la máqu ina sigue produciendo caspa grasas vellos mucosi dades legañ as cerumen b abas costras uñas sudores orines heces pus lágrimas... Quieto sin quietud el cuerpo es de este mundo. 37

Ridiculez

Pinto un cuadro con los dedos igual que hacen los niños pequeños.

Lo suyo es manchar. Lo mío, arte.

C uelgo el cuadro en la pared L a pared se cae. E l cuadro permanece suspendido en la nada.

¡ Milagro vanguardista!

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Bifurcación

Nos aproximamos a una de tantas encrucijadas que jalonan las biografías. Ya conocemos la opción del camino de la fraternidad y dichosa convivencia en u n paraíso terrenal. Pero como también sabemos, n os atrae más sumergirnos en la opción oscura, más que nada para ver qué coño pasa. Siempre

tendremos la oportunidad de volver y tomar el otro c amino. ¿Siempre?

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Pedir perdón

Te dan un a hostia, te piden perdón. Te dan otra hostia, te piden perdón. Otra hostia y te vuelven a pedir perdón…

Te muelen a hostias y encima el malo eres tú si no perdonas.

Luis Amézaga

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Roberto Arévalo Márquez (Madrid, 1983). Apasionado de las letras. Ha escrito nueve novelas , cuatro de ellas publicadas a través de Bubok, destacando una trilogía que está a punto de concluir. También ha participado en varios certámenes de relatos de dicha página de autoedición, para editar una futura recopilación de los mejores. Hasta la fecha, participa en ese proyecto con dos de sus relatos. A simismo, también ha colaborado con diferentes revistas como Remolinos, Cru ce de Caminos y Webs como Relatos Sorprendentes. Gestiona e l blog: http://esperandoserleido.blogspot.com .

DESCONOCIDO

Estaba bastante aturdido cuando desperté en aquella habitación, oscura, lóbrega, de una sola ventana con una persiana veneciana que impedía que pasase cualquier tipo de luz y con una cama deshecha y húmeda. No recordaba nada y me dolía mucho la cabeza, imagino que provocado por una herida que tenía en la sien por donde la sangre resbalaba hasta desprenderse de mi cara. Me levanté del suelo, miré a mí alrededor y después me inspeccioné minuciosa mente en busca de alguna pista que me indicase dónde e staba y por qué estaba ahí. Pero no encontré nada. Ni en los bolsillos de mi tejano ni en mi camisa. Así que empecé a andar por aquel lugar con pasos lentos y dubitativos hasta que me detuve enfrente del espejo del tocador. Me miré a los ojos bajo la tenue luz, observé horripilado la herida que tenía y después me palpé el rostro notando cómo raspaba la barba ¿Cuántos días llevaba ahí tendido?

Sin querer pensar mucho, y sin recordar todavía nada, salí de allí descubriendo un largo pasillo con cuadros de hermosas mujeres

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desfilando en ambas paredes. Eran fotografías profesionales y posiblemente se trataban de modelos. No obstante, ninguna me resultó familiar. Llegué al salón y suspiré mientras miraba el tétrico mobiliario y las ostentosas cortinas que cubrían los cristales, pero nada logró que recordarse. Así que me puse a contemplar las estanterías repletas de marcos pequeños con más mujeres. Todas s onrientes, hermosas, algunas incluso desnudas… hasta que me detuve en una de ellas donde una chica de larga melena pelirroja parecía señalar invitando al fotógrafo a seguirla. Tomé el marco entre mis manos y pasé las yemas de mis dedos por el cristal logrando así que la imagen de ella pasase por mi mente como un vago recuerdo donde la chica y yo bailábamos sobre una pista de baile. Pero nada más.

Dejé el marco sobre la estantería y proseguí mi inspección por la extraña casa frotándome los ojos con fervor, para ver si lograba quitarme el aturdimiento de encima. Hasta que finalmente llegué a otro dormitorio, vacío, con sólo una cama y un álbum de fotos tendido sobre ella. Di varios pasos hasta que llegué a él y lo abrí. No pude evitarlo. Lo solté de inmediato como si tuviera alguna enfermedad, impactado por la primera imagen que había visto: una mujer morena brutalmente asesinada, con un corte desde el esternón hasta la ingle por donde se descolgaban los órganos. Mi respiración se agitó, pero pasado el susto y la impresión, volví a cogerlo suavemente para ver cada una de las páginas de horror que había allí guardado. Sentí nauseas, asco, hasta que finalmente me vino una arcada a la garganta que me hizo tirar el álbum sobre el colchón. Corrí hacia el baño, llegando hasta el lavabo donde

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expulsé una extraña babilla amarilla amarga que parecía que me fuera a quemar la lengua. Después levanté la vista y me miré de nuevo, con el corazón latiendo a mil por hora, asustado por si aparecía el mal nacido que había cometido semejantes atrocidades. Abrí el grifo pero no salió agua. Fue entonces cuando contemplé a quel baño de baldosas blancas, intentando afinar el oído todo lo posible por si alguien entraba en la casa, hasta que reparé un bulto que había tras la cortina de la bañera. Di tres pasos pequeños, asustado, y tomé una gran bocanada de aire antes de agarrarla de una esquina. Al correrla descubrí el cuerpo sin vida de una mujer rubia, con los ojos bien abiertos y embadurnada de sangre. La habían abierto en canal, para después vaciarla completamente.

No pude evitarlo. Grité como si me fuera la vida con ello, angustiado al pensar que mi suerte sería similar a la de la muchacha. Seguía sin recordar cómo había llegado hasta esa casa y era evidente que nada bueno me pasaría ahí dentro. Tenía que salir. Entonces me dirigí hasta la puerta de salida, tomé el manillar con fuerza, pero al empujar me di cuenta que habían echado a la llave, y era posible que, fuera quien fuese, aún estuviera ahí dentro, disfrutando de mi ahogo y mi miedo. Así que me fui hasta la cocina en busca de alguna salida, una ventana, otra puerta… lo que fuera. P ero allí no había nada más que diversos utensilios y afilados cuchillos manchados sobre la pila y una tabla de madera con trozos de carne podrida. Se desprendía un hediendo olor insoportable que me obligó a llevarme la mano a la nariz para evitar respirarlo. Y sin saber muy bien por qué, abrí el frigorífico como si presintiera qué

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vería en él. Estaba repleto de recipientes de plástico con los órganos de la mujer de la bañera y carne, carne a montones.

En aquel instante, el grito de una mujer emergió de la nada y apareció la chica pelirroja de la fotografía sujetando un bate de béisbol. Estaba embadurnada de sangre y completamente

enajenada. Y con toda la fuerza que pudo arremetió contra mí. Logré evadir el golpe sin agachándome por una justo casa a que tiempo seguía y corrí

desconcertado,

rumbo

siendo

desconocida para mí.

Era imposible que aquella mujer fuera la responsable de aquel horror, o eso pensé. Pero lo cierto era que estábamos ahí los dos, solos, y ella estaba fuera de control, enloquecida, y quería acabar conmigo. Me siguió hasta el salón empuñando el bate hasta que r esbalé golpeándome con el pico de una mesa de cristal, lo que ella aprovechó para atizarme repetidas veces. Me golpeó en la cabeza, en el costado y también en las manos, gritando cada vez más fuerte. Yo intenté protegerme, cubriéndome la cabeza hasta que conseguí ponerle la zancadilla para que cayera y cesasen sus agresiones. Y lo logré. Ella cayó encima de mí, soltando el bate, y entonces me puse encima de ella. Forcejeamos. Ella me arañó y yo la abofeteé aturdiéndola.

No sé qué fue lo que me pasó entonces. Me aferré a su cuello y apreté, aún con miedo, todavía asustado y ella clavó sus uñas en m is dedos, intentando agarrarse a ellos para hacer fuerza y así lograr respirar un poco. Pero no pudo y yo sentí como ella perdía la

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vida

lentamente.

Entonces

la

solté

y

me

alejé

gimoteando,

colocándome en un rincón sin apartar la vista del cuerpo que yacía a escasos metros. Pero lo terrorífico no había sido matarla, sino descubrir cierto gozo en el hecho de haber quitado una vida, una sensación muy gratificante que seguramente no era la primera vez que sentía.

Al cabo de unos minutos me levanté y me acerqué a ella, observando detenidamente la expresión inerte de su rostro. El miedo ya había desaparecido y una serie de recuerdos empezaron a invadir mi mente. Fui a la cocina, cogí un cuchillo y volví. Me sentía p oderoso, ella tendida en el suelo a merced de mis más oscuros d eseos. Entonces me recliné, palpé su cuello y después pasé la hoja d el cuchillo deleitándome con el suave río de sangre que se formaba y el sonido de la carne rasgándose. Toqué el corte y me detuve para ver mi dedo teñido de rojo momentos antes de llevármelo a la boca para saborearlo, logrando que brotase un sinfín de recuerdos, experiencias y emociones. Entonces levanté la vista, viéndome reflejado en el cristal de mesa, y sonreí.

Roberto Arévalo

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Esperanza García Guerrero nació en Sevilla. Actualmente, forma parte del Proyecto Fahrenheit 451 (Las Personas Libro). Sus poemas aparecen en diversas antologías: “Poemas para un minuto” (Editorial Hipálage, 2007) y “Girapoemas” (2009). Ha participado en diversas revistas, como “Hoja de Papel”, “Groenlandia” y algunas páginas Web de Literatura. Ha formado parte del ciclo “Versos Sumados”, dentro del Festival Cosmopoética (Córdoba, 2009).

Días de compras

Cuando a Carmen la desp ertaba un mal sueño… salía de c ompras, esa mañana actuaba siguiendo siempre el mismo ritual: baño relajante con aroma a lavanda, desayuno a base de frutas, maquillaje suave, y elección de traje, zapatos, bolso y complementos, dentro de la gama del color verde. A

continuación exhalaba un suspiro de afirmación, e iniciaba la m archa hacia el exorcismo.

El establecimiento elegido, dependía exclusivamente de los objetos aparecidos en la pesadilla, según ella, lo único que podía devolverle la paz, era rodear esos elementos de una agradable experiencia.

Entraba en el local con una energía arrolladora, quería qu e los vendedores presencia, relajaba, y fueran en inmediatamente se acercaban tan sólo conscientes para en de su se

cuanto

atenderl a,

concentrándose

las

agrad ables

sensaciones que le producía el tener a una persona, pend iente de sus gustos y deseos.

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Carmen,

que

en

otras

cuestiones es

era

poco

eficiente

y

nada

calculadora, estos días claves, de forma inexplicable, se convertía en una audaz y experta embaucadora, en un instante lograba que el

dependiente o dependienta la tratara con más del icadeza de lo h abitual, y le mostrara sin objeción todos los artículos, consiguiendo así que una absoluta placidez se apoderara de ella.

Aceptaba cualquier sugerencia y nunca escatimaba el presupuesto; pero a la hora de pagar, siempre se excusaba con el olvido de la tarjeta, por lo que retrasaba la compra hasta la tarde.

E se día después de almorzar, encendía una varilla de incienso a romatizado con menta, cogía un bolígrafo de tinta verde, y sentada e n la hamaca, escribía el nombre del establecimiento en el listado d e tiendas visitadas, luego puntuaba del uno al diez las atenciones r ecibidas, comenzaba a balancearse, y con el aura ya restablecida, c aía en un plácido sueño.

Esperanza García Guerrero

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Madrid, 1974. Licenciada en Derecho por la Complutense de Alcalá de Henares. Sus poemas han aparecido en diversos blogs, así como en revistas y fanzines: “El Cuervo”, “laOtra”, “Cinosargo”, “Dulce Arsénico”, “LaFanzine”, “Ping Pong”, “Revista Remolinos”, “Cruce de Caminos”, etc; dirige el interesante blog literario http://www.cosasqnuncatedire.blogspotcom; recientemente, ha editado la primera compilación de textos escogidos de su espacio, “Esnifando Letras”. En breve, publicará digitalmente en Groenlandia “Cosas que nunca te diré”, su primer poemario.

Bilis de un recuerdo

Una de esas terrazas de antes de barrotes verdes, una mujer de piernas cortas no alcanza la baranda una mañana de escandalosos ruidos, muebles arrastrados patadas en las puertas todos los accesos al exterior cerrados, gritos ahogados en paranoicas lágrimas, aire gélido inhalado como la providencia de un cadáver cercano, ojos aniñados asustados como espectros en medio

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de una escena de ficción terrorífica ausentes a los ojos adultos una mujer reincidente en busca de viento, un vientre prominente de vida, pendiente de un hilo un hombre desnudo impidiendo el paso, omisiones de socorro, los insultos y calumnias vecinales el desnudo adulto tocándose los huevos para tapar bocas espectadoras atónitas, tres pares de ojos inocentes sin derecho al conocimiento, hartos de miseria una puerta derribada al más puro estilo policial, mas gritos algún esquivo puñetazo y los huesos inmaduros del desnudo postrados en el suelo de un calabozo posteriores semanas objeto de las miradas del barrio, condescendientes algunas otras crueles, pena y sorna ajena en un mismo lote, y revuelta a una lenteja aparente...

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ahora más que nunca, esa mujer es objeto de mi odio mas olvidado, por ser capaz de lanzarse al vacío, con mi hermano no nato en su vientre.

Eva Márquez

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Ado lf o Marchena (Vitoria , 1967). Codirige la revista “Amilamia”, junto a José Luis Pasarín Aristi, con quien pub lica, en 1992, el libro de poesía “Cartapacios de Lucerna ” (Edic iones Libertari as / Prodhufi). Ha publicado en revistas literari as impresa s y digitales, com o “Cuadernos del Matemático”, “Río Arga”, “Groenlandia”, “Turia”, “Los Cu adernos del Sornabique”, “Letralia”, “Océ ano”, “Haritza”, etc. Ha publicado el li bro de poesía “Proteo; el yo posible”. Sus poem as han sid o traducidos al al emán, francés, euskera y árabe. Ha public ado recientemente dos libros digitales: “La reconstrucción de la Memor ia” (Groenlandia, 2008) y “Pla nta de Neurocirugía” (Editorial Remolinos, 2008).

Quedará la guadaña como una esfera sobre el número opaco resguardado el ojo de cristal sobre la mesilla mirando al mundo desde la determinación del juramento.

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No encuentro el adjetivo preciso en el instante e n que los niños se multiplican y la danza ralentiza los arados. Busco añado quiebro zo zobro en el poem a y la quietud me desmorona, me incrusta en el camino y salg o de nuevo a la c alle con otro abrigo, con otra determinación si cabe menos dolorosa que la últim a contienda corazón adentro.

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D ejadme a solas en esta estancia que p arece aburrida como las caries del ab uelo; blanca como pasillo de hospital. Olor a sala de espera. Hace tiempo que no me hablo con mi cuerpo y busco en los anuncios un adiestrador de mascotas que me reconcilie con mis poros.

53 Adolfo Marchena

Pepe Pereza Adriana Bañares Vicente Muñoz Álvarez Marlene Pasini Rolando Revagliatti Silvia Rodríguez Patxi Irurzun Manuel Jubera Daniel García Ana P. Cañamares Francisco Javier García José Ángel Conde Óscar Varona Paz Hernández
54 Yolanda Sáenz de Tejada

Pepe Pereza (Logroño). Ex – actor, guionista, poeta, escritor y director. Sus relatos han aparecido en diversas revistas y fanzines como “Narrativas”, “Lafanzine”, “Al otro lado del Espejo”, “Agitadoras”, “Cruce de Caminos”, “Groenlandia”, así como en diversos blogs: “Crónicas para decorar un vacío” (de Xen Rabanal), “Hank Over \ Resaca” (Vicente Muñoz Álvarez y Patxi Irutzun), “Esto no es una película, amigo” (David González), etc. En breve, publicará dos libros: “Amores Breves” (Editorial Baile del Sol) y “Putas” (Ediciones Groenlandia). Participa en la antología de narrativa groenlandesa. Publicó, hace tiempo, un poemario en una editorial de provincias.

LOS RELÁMPAGOS

Una pareja de la guardia civil escoltaba al pobre Félix hasta las afueras del pueblo. El sargento Ochoa caminaba mirando de reojo los nubarrones que se aproximaban, mientras que López (el otro guardia) empujaba nervioso la silla de ruedas de Félix, que no paraba de insultarles e increparles con voz gangosa y entrecortada:

- Cabron…es, hijos de pu…ta. Que no t…enéis cora…zón.

Era lo único que podía hacer para defenderse. Félix era paralítico de cintura para abajo. Hasta tres rayos le habían dejado así. Porque a lo largo de su vida, a Félix le habían alcanzado no uno ni dos, sino tres rayos. El primero fue cuando tenía catorce años. Por entonces era pastor y un día en que las ovejas pastaban en el monte, se levantó una gran tormenta. Félix intentó reunir al rebaño cuando de pronto un rayo le golpeó de lleno. Sobrevivió, pero perdió la sensación de frío y casi la totalidad del habla. Desde ese día le costaba un gran esfuerzo articular palabras y a todas les daba un tono gangoso y entrecortado. El segundo rayo le pilló a la salida de la iglesia un domingo por la mañana. Félix contaba ya

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con veinte años y estaba a punto de irse a cumplir el servicio militar. Todos los quintos del pueblo, incluido Félix, salían de la iglesia de escuchar la misa en su honor. Entonces el cielo descargó otro rayo. Félix sobrevivió una vez más, pero sus cinco compañeros no. Quedaron totalmente achicharrados. Como resultado, Félix se quedó sin rastro de vello en el cuerpo. El rayo lo dejó totalmente calvo y sin cejas, dándole un aspecto de lo más siniestro. Desde entonces, los vecinos del pueblo le atribuyeron la muerte de sus compañeros. Murmuraron y le criticaron resentidos. Algunos

dijeron que estaba maldito, otros que sólo era mala suerte y los más dolidos proclamaron que era hijo del mismísimo Satanás. El tercer rayo fue el que lo dejó sentado para siempre en la rudimentaria silla de ruedas. Ocurrió justo tres años después de los funerales de los cinco quintos. Félix estaba en el establo ayudando a Nicolás a ordeñar sus vacas. Entonces, el rayo atravesó el tejado impactando de lleno en Félix. La electricidad recorrió su columna vertebral, destrozándosela, y dejándole paralítico de cintura para abajo. Lo peor de todo fue que la descarga mató al bueno de Nicolás y a la totalidad del ganado. Los vecinos que hasta entonces defendían a Félix porque estaban convencidos de su mala suerte, se unieron al grupo de los que creían que estaba maldito. Convocaron un pleno en el ayuntamiento para decidir que medidas tomar de cara a prevenir futuros incidentes. Después de mucho discutir, llegaron a un acuerdo: cuando el cielo viniese negro y con nubarrones, una pareja de la guardia civil se encargaría de escoltar a Félix a las afueras del pueblo y dejarlo allí hasta que escampase la tormenta. A tal efecto, levantaron allí para Félix una especie de caseta con una tejavana para protegerlo, si no de los rayos, al menos de la lluvia y el frío…

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La tormenta se aproximaba. El sargento Ochoa ordenó a López acelerar el paso. No tuvo que insistir, López sentía una aversión exagerada a las tormentas eléctricas, quizá porque años atrás fue testigo directo de la fatídica descarga a la salida de la iglesia. Él vio en primera línea como se freían aquellos mozos, salvándose de milagro. Félix intentaba inútilmente resistirse y les insultaba con su voz gangosa y entrecortada. Lloraba de rabia e

impotencia, meneando los brazos con movimientos torpes y acentuados, como las aspas de un viejo molino que desencajadas de sus ejes, son incapaces de girar formando un círculo perfecto. Llegaron a la caseta y metieron a Félix dentro. Cerraron la portezuela con un candado y se fueron de allí. Mientras se alejaban, oían los gritos amortiguados del pobre Félix suplicando que tuviesen piedad, que no lo dejasen allí. Un par de gotas de lluvia se estrellaron en la cara del sargento y aceleraron el paso. El cielo estaba cada vez más negro. La llovizna dio paso a una borrasca intensa.

- Esta va a ser de las gordas – Presagió López. - Corre que nos vamos a calar – Ordenó el sargento echando a correr.

Según se alejaban, las protestas de Félix fueron dejando paso al sonido intenso de la lluvia golpeando contra el suelo. De pronto, un trueno ensordecedor retumbó por todo el valle. La tormenta había llegado.

Pepe Pereza

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Adriana Bañares (Logroño). Estudiante de filología hispánica. Sus poemas han aparecido en diversos blogs. Directora de la publicación LaFanzine. Autora de “La soledad del café” (reeditada recientemente) y de la novela, publicada en Bubok, “El movimiento de la lagartija”.

Fingidos

Pude haberme enamorado de ti Pude haber mudado de piel De veras, pude haberlo hecho Haber sido por ti, y no por nada Sino porque lo necesitaba.

Pude haber huido yo, que no lo sé muy bien Igual hasta lo hice Pero no fue esa la impresión que me dio Y lo que queda es lo que cuenta.

Lo que me dejaste dentro: Un par de uñas rotas, un orgasmo en blanco Y en el útero aún tibio un montón de ganas Y falso amor acumulado.

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Mecánica del deseo

Recuérdame por momentos Según en qué latido Apriétame las tuercas Suéltame los tornillos Arráncame las bragas Búscame en el pasillo Atácame antes de que entre Y éntrame antes de irte Pero no te olvides de cerrarme Por fuera y tirar la llave,

Y vete corriendo, que tengo que olvidarte.

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Hoy he decidido que no quiero a mi marido

Que no quiera estar contigo No significa que no te tenga cariño, Simplemente paso de estar por estar Y ser sólo un complemento colgando de tu ombligo, O de dónde sea, ya me entiendes: Ahora prefiero ser follada por todos los vecinos. No por nada, amor mío, sólo son cosas de lívido. Hoy por mí, mañana por todas Alégrate: Podrán lamer sin restricciones El arrugado pellejo al que llamas polla.

60 Adriana Bañares

(León, 1966). Poeta, narrador y editor. Ha publicado diversos poemarios (“Estación del Frío”, “Privado”, “Parnaso en llamas”) así como obras de narrativa (relatos y novelas como “Buscando la luz”, “Los que vienen detrás”, “El merodeador”, “Marginales”, etc). Ha aparecido en multitud de antologías (“Voces del Extremo”, “La venganza del Inca”, “Poesía para Bacterias”, “Qué nos han hecho”, etc) y ha coordinado algunas, como “23 Pandoras” o “Hank Over \ Resaca”.

UNA EXTRAÑA PROPUESTA

Aquella

era

mi

primera

novia

formal

y

la

primera

con

la

que

verdaderamente había descubierto el sexo. Yo tenía diecisiete años y ella quince y llevábamos ya unos cuantos meses juntos, revolcándonos en la cama de sus padres (que casi siempre, por motivos de trabajo, estaban fuera) y practicando desinhibidamente todo tipo de

acrobacias sexuales. Ambos habíamos tenido previamente experiencias un tanto frustrantes y encontrarnos así, vírgenes y totalmente

dispuestos, había sido una revelación. Íbamos a su casa por las tardes, al salir de clase, le metíamos unos buenos lingotazos a las botellas del mueble bar y veíamos durante un rato las películas porno que sus padres escondían en el dormitorio para poner en práctica a

continuación todo lo que acabábamos de aprender.

La tarde en que aquel tipo se nos acercó, en cambio, su madre estaba en casa y habíamos estado magreándonos (supongo que con bastante descaro) casi enfrente del portal, recostados en un banco del paseo. Fue entonces cuando apareció aquel hombre, moreno, muy delgado, de unos treinta años, y nos hizo aquella extraña propuesta.

- Qué hay, chicos, ¿cómo va eso? - preguntó.

Pero nosotros no dijimos nada. Nos quedamos observándole con esa arrogancia propia de la adolescencia, sin pronunciar una sola palabra,

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invitándole con nuestro silencio a que se fuera.

- Mirad - dijo -, no quiero molestaros ni nada de eso, pero os llevo un rato observando y me gustaría proponeros un trabajo, algo sencillo, que os puede hacer ganar mucho dinero... - ¿A qué te refieres? - pregunté. - Bueno, puede os que suene algo raro, pero soy productor de películas eróticas y he pensado al veros que tal vez pudiera interesaros trabajar conmigo, dejarme filmar algunas tomas mientras os divertís un poco… nada complicado… casi como lo estábais haciendo hace un momento… - ¿Pero de qué coño va el tío este - dijo ella - , quién se ha creído que somos? - Espera, por favor - añadió él -, déjame terminar… la cosa es más sencilla de lo que imagináis, son videos caseros, de difusión muy restringida, que se comercializan sólo fuera de España… algo discreto. Nadie se enterará nunca y, por supuesto, no tenéis que cambiar de pareja: vosotros dos, unas tomas rápidas y un montón de pasta a cambio… - ¿Cuánta pasta? - pregunté. - Pongamos cien mil pelas por sesión, en metálico, justo al terminar las tomas. Lo hacéis en mi estudio frente a las cámaras y os lleváis luego el dinero…

Nos quedamos los tres callados un instante, él esperando nuestra reacción y nosotros intentando asimilar su propuesta.

Y entonces ella dijo:

- Ni hablar, yo paso, busca a cualquier otro… - ¿Y tú? - me preguntó - No parece que lo tengas tan claro… - Ya has oído lo que ha dicho: si ella pasa no hay nada que hacer... - Está bien, de acuerdo, no quiero insistir. De todos modos, si cambiáis de opinión la propuesta sigue en pie. Podéis localizarme por las tardes en mi estudio - dijo apuntándonos la dirección en un papel -, sólo tenéis que pasar a verme y charlamos del asunto un rato… creo que podríais hacerlo muy bien…

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- Conforme - dije -. Si cambiamos de idea pasaremos a verte. Pero ahora nos tenemos que ir…

Fue la última vez que le vimos. Al menos en carne y hueso. Estuvimos hablando de ello unas cuantas semanas, dándole vueltas, discutiendo a veces y fantaseando (sobre todo yo) con la posibilidad de ganar fácilmente aquel dinero, hasta que una mañana ella vino a buscarme al Instituto y me enseñó un titular del periódico. Allí estaba aquel hombre, con su piel morena y sus ojos saltones, acusado de corrupción de menores, estupro, violación y no sé cuántos cargos más. Le habían sorprendido filmando amordazada y desnuda a una quinceañera en su estudio, lleno de cintas pornográficas y artilugios sexuales de los más perversos gustos (así lo especificaba literalmente el periódico). Al parecer, convencía a adolescentes para ir a su casa, prometiéndoles grandes sumas, y les filmaba allí con la intención de vender luego las películas en el extranjero. Y después les amenazaba con denunciarles a la policía o enviarles a sus padres las cintas, abusando de ellos y obligándoles a rodar más películas. Un negocio, sin duda, de lo más lucrativo.

Todavía algunas veces, años después, recuerdo aquella historia. Conservo en casa el titular del periódico y pienso a menudo en lo que hubiera sido de nosotros si hubiéramos decidido ir entonces al estudio de aquel tipo, qué habría pasado, cómo habríamos reaccionado y en qué habría degenerado finalmente aquella aventura. Pero lo cierto es que jamás volvimos a saber nada de él (pese a que intentamos seguir su rastro en la prensa) y en lo sucesivo nos hicimos más celosos de nuestra intimidad, perdiendo en parte la pasión y pureza de aquellos primeros encuentros.

De todos modos, esa novia con la que tanto aprendí se esfumó hace tiempo de mi vida, como tantas y tantas cosas más. Aunque, a diferencia de las que vinieron después, quizás por ser la primera, conservo todavía de ella un recuerdo especial.

Tenlo en cuenta, tú que sabes, si por casualidad lees algún día este relato.

Vicente Muñoz Álvarez

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(Toluca, México). Comunicóloga, escritora y poeta. Directora\fundadora de Fundación BERKANA. Estudió Dirección de Recursos Humanos y Relaciones Laborales en el ITAM, así como Cursos y Talleres de Narrativa y Creación Literaria. Ha publicado los poemarios “Cristal del Tiempo”, “El silencio es otra noche” y “Recintos bajo el sol”. Sus poemas han sido incluidos en diversas antologías y ha participado en encuentros nacionales e hispanoamericanos de poesía. Sus poemas han sido traducidos al italiano, al portugués y al sardo.

Lejos de la noche

Para Taby In memoriam

Vuelves rondando caminos invisibles, el viento es la patria que te arrulló con sus alas de indulgencia, arrecifes de aire para el mar que estrella su lamento sobre la noche de tu sueño.

Gravita niebla, su resplandor contra tu rostro, el cristal donde vislumbras el fondo del ayer, los restos de un tiempo sin tiempo en el temblor de tus visiones.

¿Qué murallas derriba tu voz en el sigilo de la noche?

esa distancia que cae como un telón entre el vacío y la memoria ardiente de los días.

¿Qué emisaria luz convocas desde el jardín insomne, bajo las piedras que resguardan el color de las eneidas?

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Semejante a rumor de fábula, creciente llama en el umbral desierto, te miras en un espejo de humo y eres el humo mismo que arde al otro lado del inmenso túnel; vértigo con sabor a pálida marea, agua muda donde anclaste el árbol de tu misteriosa sombra.

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Pides al alba que desgarre su luz donde la soledad es el rito acostumbrado bajo el polvo de los siglos, bebes tu copa de miedo bajo la sal de los augurios, el aposento más oculto entre la urdimbre que maquina el destino.

Y llegaste poco a poco a fundirte en el silencio, a ser la brizna que golpea indiferente, un cuerpo de bruma sumergido en su Orión de seco escalofrío, con tu mañana envuelta en burbuja inmóvil, último eco de arena pasajera.

Pesa en ti la estación de la nostalgia, la demencia gris de la tormenta pudriéndose en la boca oscura de la tierra.

¿A quién le clamas por este abismo?

Canto mutilado de cuervos que horadan el profundo cielo.

66 Marlene Pasini

Buenos Aires (Argentina, 1945). Ha publicado diversas obras: “De mi mayor estigma”, “Trompifai”, “Fundido Encadenado”, Sopita”, “Ripio”, “Tomavistas”, “Propaga”, “Pictórica”, “Desecho e izquierdo”, “Picado Contrapicado”, “Corona de Calor”, “Del franelero popular”, etc (poesía); “Las piezas de un teatro” (dramaturgia); “Historietas del amor”, “Muestra en prosa” (cuentos y relatos); “El Revagliastés”, “Revagliatti: Antología poética” (antologías de poemas). La mayor parte de éstas cuentan con ediciones digitales.

Semblanza

Soy lo que soy desde que se murió mi mamá. Me sentía libre al principio, liberado. Me lo merecía. Mientras ella vivía fui un pelagatos. En la gran ciudad. No voy a revelar cuál era mi ocupación. En todo caso, digna. Mientras ella vivió, “el hijo de la sucia” me endilgaban. El eslogan dolía. Y dolía también el otro eslogan: “El hijo del vecino”. En referencia al quiosquero, el solterón de la casa de al lado. Y algo hubo, algo pasó.

En efecto, mi mamá no era propensa a la higiene. No era, tampoco, una mujer dada, que se pudiera decir,

comunicativa. Estrictamente, gruñía en ocasiones. Yo le preguntaba: “¿Vino Isabel a buscarme?”: gruñido. “Mamá, ¿me hacés el nudo de la corbata?”: gruñía y me hacía el nudo de la corbata con una pericia deslumbrante. Le comentaba: "Me aumentaron el sueldo”: gruñido. Y le proporcionaba una generosa porción de mis ingresos. Trabajaba yo doble turno y ganaba por ese turno doble el ochenta por ciento de lo que se me abonaba por el turno simple. Y aún me quedaba un

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ratito para darle algunos besos a mi novia de la infancia, la adorable, la resignada Isabel. Escasas emociones en los primeros treinta años de mi vida.

Ahora soy un trashumante, difusamente melancólico. De Isabel me despedí, apenas después de tomada la ruda resolución de vagabundear. A mi mamá la llevo en el espíritu a donde quiera que me traslade y con quien sea que me junte. Admitan en mi semblanza que la añoro. Tengo para mí que acabaré por hastiarme.

Rolando Revagliatti

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Nace en las Palmas de Gran Canaria y es traductora e intérprete. Ha publicado en prensa insular y en revistas literarias nacionales. Textos suyos aparecen en distintas obras colectivas. Ha publicado “Rojo Caramelo” (Alharafishedita, 2004), “El ojo de Londres” (Colección de Poesía San Borondón), “Casa Banana” (Colección de Poesía Gabinete Literario), “Shatabdi Express” (Baile del Sol), “Bloc de notas” (Ediciones Idea), etc. Es colaboradora de la revista Via y ha intervenido en los Festivales Internacionales de Poesía de Génova (2005) y La Habana (2008), así como en el Programa Otoño Literario 2009 en Ginebra.

Poemas de “La Fiesta Innombrable”

Adicción

Lloro la sangre del ron en tu cochambre en el colchón postrevolucionario que ampara mi guerra.

Entre tú y yo consumimos todas las rayas de los poemas de Dickinson en el cuarto caliente de las trincheras de la pasión.

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La orilla

El mar nos devuelve a los lugares donde dejamos una parte nuestra.

Parece que nunca nos fuimos al llegar a La Habana.

Allí depositamos otra vez las derrotas las victorias los ancestros el bouquet de nuestra identidad.

Tú me enseñaste que el horizonte es redondo, tú me enseñaste que el Mundo es un plato del que podemos caernos y tropezar con las estrellas.

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Poema de block de notas

III

Maremágnum de cañaverales inagotables cañas en verde inmenso nos camuflan en tropical azúcar

socavones bordean cada plantación un cluster de batays muestra galería de imposibles: no hay abracadabra para los haitianos

no mucho más lejos se trata de customizar el tejano, la cesta de la compra, el bólido…

La globalización no puede enfriar las zonas calientes de la piedad. Abrasiva la esquizofrenia entre referencias.

Silvia Rodríguez

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(Pamplona, 1969). Autor de los libros: “Cuentos de color gris”, “Cuentos sanfermineros”, “La polla más grande del mundo”, “Ajuste de cuentos” (relatos y cuentos); “Odio enamorado”, “Cuestión de Supervivencia”, “Ciudad Retrete” (novelas). Ha participado en diversas antologías (“Golpes, Ficciones de la \ Resaca”) Realidad Social”, “Tripulantes”, etc), ha coordinado algunas (como “Hank Over \ Resaca”) y también ha colaborado en diferentes medios (“El País”, “ADN”, “Vinalia Trippers”, “Fábula”, etc). Ha obtenido diversos premios literarios.

EL SEÑOR CONDUCTOR TIENE SIFILIS

Querido diario: esta mañana no me he hecho pis en la cama. ¡Por fin! Para mí que ha sido porque hoy en vez de las clases, con el padre Demetrio preguntándome raíces cuadradas y diciendo "pero que burro es usted, Goñi", nos hemos ido de excursión, al monte, a ver como se hace el queso, que resulta que no lo fabrican en el polígono donde trabaja papá, en el que yo pensaba que se hacía todo, las cajas de leche, los coches, las pistolas, los juguetes, qué va, el queso este lo fabrica una señora que tiene una casita con muchas ovejas que huelen mal en mitad del monte, y todos íbamos muy contentos para allá, cantándole cosas al señor conductor, cada vez que cogía una curva y parecía que el autobús se iba a caer por uno de esos barrancos tan altos y tan verdes y tan mojados, así hasta que Olleta, uno que es repetidor y siempre anda con revistas guarras con las páginas con pegotones, y diciendo palabras raras y sucias, como potorro o lefa, ha empezado "el señor conductor tiene síiiifilis, tiene síiiifilis" y entonces el padre Demetrio se ha

levantado y le ha pegado una torta, y todos nos hemos callado, y a mí me han dado ganas de mearme otra vez.

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Menos mal que pronto hemos llegado a lo del queso. Lo primero que hemos visto han sido las ovejas, que no son como en los dibujos esos de Heidi, que va, estas tenían el pelo muy sucio y, algunas, el culo lleno de sangre, la señora ha dicho que porque estaban recién paridas, y que eso que les colgaba se llamaba placenta, una cosa como una culebra, que daba un poco de asco, además allá dentro apestaba, no era como en la tele donde las ovejitas siempre son como de algodón y nunca se hacen pis.

Después la señora nos ha llevado a otro cuarto a explicarnos como se hacía el queso, había un montón de tubos y de pozales y también allá olía fatal, como cuando papá se quita las zapatillas en el cuarto de estar, igual por eso la señora ha dicho que el queso es una cosa viva, que va cambiando, creciendo, y que antes de ser redondo y duro era como un grumo, y antes más sólo la leche que daban las ovejas. "¿Y a las ovejas les gusta que les toques las tetas?" le ha preguntado entonces Olleta a la señora, pero esta no ha podido contestarle, porque el Padre Demetrio le ha dado otra bofetada, y además justo en ese momento ha venido la hija de la señora ha decir que había una oveja pariendo y que si queríamos verlo.

Todos hemos salido corriendo y allá estaba una oveja muy grande con la cabeza de otra chiquitica asomándole por el culo y gritando, para mí que se estaba ahogando, o que no quería salir, igual porque tenía miedo de que alguien le preguntara las raíces cuadradas, el caso es que al final la señora ha ido y ha metido todo el brazo dentro de la tripa de la oveja grande y ha estirado y la oveja pequeña ha caído al suelo, con la placenta esa como un abrigo, y la mamá ha empezado a chupárselo, y

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entonces el corderito se ha puesto enseguida de pie, y ha empezado a dar vueltas por ahí, y la madre se ha quedado tan pichi, y no sé, entonces yo he pensado que todo eso de la vida, lo de nacer, y crecer y tener hijos y morirse tampoco parecía para tanto, y que no teníamos porque darle tantas vueltas a algunas cosas que sólo son tonterías, y que yo ya nunca más me haría pis en la cama por ellas.

"Podíamos llamarle Demetrio", ha dicho después la señora señalando al corderito, y a mí no me ha parecido mala idea, sobre todo por esas puntitas que les asomaban en la cabeza a algunos corderitos, como los cuernecitos de un demonio, pero entonces Olleta se ha puesto a silbar, y a abuchear, y entonces el Padre Demetrio ha ido y le ha metido la tercera torta, no sé muy bien por qué, pues a él tampoco le ha parecido bien su nombre para el corderito. "Muchas gracias, pero mejor llámele

Escolapio", le ha dicho a la señora, y también la ha dado las gracias por enseñarnos todo, y nos hemos metido en el autobús, y por el camino el padre Demetrio se ha quedado dormido, y Olleta ha empezado otra vez "el señor conductor tiene síiiifilis, tiene síiiifilis", y todos nos hemos reído, hasta el conductor, y así hasta que hemos llegado a casa, y aquí estoy, querido diario, contándotelo todo, antes de meterme en la cama a contar ovejitas con el pelo sucio y el culo chorreando sangre que me hagan olvidarme de que mañana otra vez tocarán raíces cuadradas y el padre Demetrio me dirá "pero que burro es usted, señor Goñi", porque ya no me importa, y mañana no mojaré las sábanas, no señor.

Patxi Irurzun

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(Madrid). Actual estudiante de Filosofía. Sus poemas han aparecido en diversas revistas literarias, como “Mefisto” (editada por la Complutense) y “Parnaso” (Granada). Un poema suyo apareció en una antología del Centro de Estudios Poéticos de Madrid. Asiduo a las reuniones literarias de “La Casa del Estudiante” y a recitales, como los del Bukowski Club.

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Perlas brillantes, rematan los encajes De hipócritas vestidos y de almas ciertas. El silencio gobierna el lugar Mandando llorar y alimentando bocas. Codicia develada, robas el sueño A los que no merecen estar aquí. Y tu hermana la pena, a los claros No les permite ni si quiera respirar. Lo pagaran, justos y pecadores Con su conciencia y su roce o beso. Ya lo enuncia el cura desde atrás, Quien indica echar la tierra y poner Final.

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Fugaz golpe de sensación y saliva. Me arrastras a compartir segundos vacíos y pintarlos de gaviotas, para que al recordarlos Se me ensucien o escapen. Golpe que me conduce al trabajo de acuarelas, a su mezcla con distantes Colores en los que me quedare prendado Y luego me ahogaré. Siempre vuelvo a ello, y rara vez Parte del hecho un pájaro de alas brillantes, Que se cansa de volar Buenos Aires (Argentina, 1945). Ha publicado diversas obras: “De mi mayor Pero no de tener las “Fundido Encade estigma”, “Trompifai”, alas extendidas. nado”, Sopita”, “Ripio”, “Tomavistas”, “Propaga”, “Pictórica”, “Desecho e izquierdo”, “Picado Contrapicado”, “Corona de Calor”, “Del franelero popular”, etc (poesía); “Las p iezas de un76 teatro” (dramaturgia); “Historietas del amor”, “Muestra en prosa” (cuentos y relatos);

Manuel Jubera

Vitoria, 1983. Escritor y lector de Bukowski, Palahniuk, Puertas, Kerouac, Dovtoieski, Fante, Reverte, entre otros. Colabora en varias páginas, revistas, fanzines y blogs.

LA GATERA

A Luis siempre le habían gustado los animales, concretamente los felinos. Nació y creció entre una marabunta de gatos y pelo. El que visitaba su casa, sabía de antemano lo que se iba a encontrar, una meada aquí, una cagada allá y visitas asiduas de rameras en busca de guita. Todas sus pertenencias se podían resumir en dinero y gatos; parecía ser feliz rodeado de aquellas criaturas solitarias y errantes. Nunca estaba acompañado, a no ser que fuera pagando o invitando. Con el paso del tiempo veía como iba tomando una actitud minina y desconfiada. Un día me sorprendió al decirme: - Estoy pensando en montar un negocio. - Bien, ¿y puedo saber qué tipo de negocio estás tramando? - pregunté. - Una aventura innovadora y extravagante. - Escupe, me tienes en ascuas. - Una tienda de compañía animal, ya sabes, hay mucha gente solitaria en la ciudad… - Joder, sólo a ti se te ocurriría una idea de tal calibre. - Sabes, llevo meditándolo un tiempo - prosiguió. - ¿Y me puedes decir qué clase de animales vas a introducir? - Gatos - afirmó. - Lo imaginaba. Al mes de tener la conversación, mi amigo Luis ya estaba enfrascado en su excentricidad; empezaba a darle forma al negocio. Situado en pleno centro de la ciudad, durante el día había un incesante ajetreo de personas en su calle; parecía un hormiguero. Comenzó reformándolo por completo. Contrató a unos graffiteros para estampar sus ingeniosos dibujos mentales en las paredes. Daba una sensación de acogida. Que, ¿te gusta?- me preguntó. ¡Oh, sí! Está de puta madre, tío. Dentro de dos días lo inauguro, vendrás... ¿no? Sí, por supuesto, ¿tengo que venir con alguna mascota? Sí, con dos gatas, una para mí y otra para ti, jeje. Qué cabronazo eres, sigues como siempre.

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Al comienzo de la calle ya se podía intuir el bullicio del gentío chismoseando entre ellas, curiosas, mirando ojopláticas desde el escaparate lo que sucedía ahí dentro. Desde lejos, el tumulto se podía confundir con las rebajas del Corte Inglés. - ¡Dejen paso, por favor! - vociferé entre aquella muchedumbre. Nadie parecía inmutarse, sólo dos personas que me obstaculizaban el paso se apartaron del camino a la entrada al recinto, así que tuve que abrirme paso a codazos. Por fin llegué a la puerta, y en verdad aquello parecía un auténtico cotillón. Había mujeres rubias de pelo liso y tacones altos, morenas embutidas en trajes ceñidos exhibiendo trasero, pantalones ajustados marcando labios, hombres con traje y corbata, y una multitud de felinos dispersados aleatoriamente ajenos a aquella confusión. Incrusté involuntariamente mi rodilla contra la esquina de hierro de un bloque publicitario con el consiguiente dolor, pero al levantar la mirada observé aliviado que era un pequeño e improvisado bar. - Sírvame una copaza de pacharán con dos hielos, rápido - exigí al camarero. - Sí, ahora mismo, señor – obedeció. Ahí me dirigía yo, con mi copa de pacharán en mano abriéndome paso entre la concurrencia. Eran las 22:45 y música Chill Out sonaba en el ambiente. Al final del recinto en un amplio sofá rojo pude atisbar a Luis, con un puro en la boca y acompañado de dos hermosas mujeres sentadas en su regazo; una mulata de cara angelical y una rubia con vestido rojo. Le hice un gesto obsceno con la mano a modo de saludo pero él ni se inmutó, parecía estar absorto en su seductora compañía. - ¡Luis, hijo de puta!- grité para reclamar su atención. - Qué pasa tío, ven aquí. - Joder, menuda fiesta de inauguración has montado. - Sí, quería hacer algo realmente grande, tal y como va a ser mi negocio afirmó convencido. - ¿Y éstas quiénes son? - a simple vista parecían unas chicas de moral distraída. - Ah, sí, disculpa que no te las haya presentado... siéntate. Me acomodé no sin antes despachar a una pareja de gatos persas que estaban fornicando ignorantes a la vista del gran público. - Ella, la mulata, es Isabel... - Encantada - me estampó sonoramente un beso en mi mejilla derecha conforme pasaba la mano por mi paquete.

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- Y esta otra es Eva... - Hola, encantada - me extendió su mano. - Un placer - cumplimenté besando su zarpa. Isabel pasó sutilmente del regazo de Luis al mío en un movimiento ágil y fugaz. Me susurraba frases cachondas al oído mientras su mano se iba deslizando insinuante por el interior de mis calzoncillos. Yo, ante tal situación y excitación le pregunté a Luis si había un reservado y él me indicó una puerta pequeña contigua a los váteres. Cogí a Isabel de su prodigiosa mano y la llevé a aquel cuarto sin ofrecer oposición. Antes de entrar aprecié un orifico circular a la altura de mi tobillo izquierdo, (posiblemente, una gatera) del que se filtraba un tufo irrespirable a mierda y meadas. Pero yo no podía refrenar mis instintos más primitivos, iba como un borrico. Abrí la puerta y observé un grupo de gatos haciendo sus necesidades en cajas de arena. No había nada en aquella habitación: ni un sofá, ni una mísera silla; nada. Sólo las cajas y la compañía de esos mininos autistas que nos miraban con curiosidad. Me recosté en el gélido suelo de baldosas e Isabel hizo lo propio... Recuerdo que estuvo de puta madre, estuvo de putísima madre. Al salir de mi letargo estaba tumbado de medio lado, con mi brazo derecho recostado sobre un cojín que sustituía al cuerpo lujurioso que unas horas antes me había trabajado; sentía mis partes nobles escocidas como si me las hubieran rociado con algún producto químico. Estaba solo, ni rastro de Isabel ni tan siquiera de la compañía de aquellos felinos. Me levanté para vestirme y percibí que me faltaba la cartera de mi bolsillo trasero del pantalón. - ¡Hija de la gran puta!- aullé. Salí furiosamente del reservado pero ya no había nadie en el local. Sólo la puerta entreabierta de la entrada y mi amigo Luis tirado en el sofá. Miré mi reloj y marcaba las 5:33 de la madrugada. Me acerqué más a Luis y reparé que tenía sangre en la boca y dos gatos sentados sobre su pecho lamiéndole el líquido todavía caliente. Escarbé en el bolsillo de mi pantalón en busca del móvil, pero tampoco lo tenía… esa zorra me había robado todas mis pertenencias. Esa misma mañana, el negocio estaba precintado y la marabunta que se congregaba en el escaparate la noche de la inauguración asistía, incrédula e impotente, a la salida del cadáver.

Daniel García

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Santa Cruz de Tenerife (1968). Algunos de sus cuentos y poemas han aparecido en antologías como “Por favor sea breve” (Editorial Páginas de Espuma), “Maldito amor mío” (Signo Tres, Lima), “23 Pandoras, poesía alternativa española” (Baile del Sol), “Qué nos han hecho” (Isla Varia), “Poesía capital” (Sial\Contrapunto), etc. En 2007 publicó su primer libro de poemas, “La alambrada de mi boca”, y en el 2009, reeditó su libro de cuentos “En días idénticos a nubes” (ambas editadas en Baile del Sol). Actualmente, vive en Madrid, prepara su próxima obra, “Alfabeto de cicatrices” y administra el blog www.elalmadisponible.blogspotl.com.

A los que no se equivocan

A lo mejor pensáis que yo no puedo jugar en la liga de los perfectos que no me han entrenado como a una gimnasta china en los campamentos de la perfección.

Que no he sido acólita monja diosa que no vendí el alma para que todas mis cuentas se cerraran con números redondos.

A lo mejor no os habéis enterado de que hace años ya que declaré mi apostasía

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y me borré el tatuaje de los elegidos para ver qué había debajo. Y por eso –vosotros que conocéis el lugar donde se escondeseguís golpeando en la cicatriz cada vez que me equivoco como si no fuera la primera en reconocer que todos mis planes acaban por dar rodeos y extraviarse.

A ver si os enteráis un día de estos que en vez de seguir siendo hija única - como nacemos todos los perfectoselegí pronunciar la palabra hermano y compartir el temblor de los que yerran.

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Estaciones

P ara la g ent e d e Es f e rad e le t ras

Leo los poemas de Amijai en el tren levanto la cabeza y ahí está: la primavera estallando en los descampados una gran bomba de la que el tren huye

porque los poemas que los árboles dictan están escritos en un idioma exótico que no entendemos los que vamos a recluirnos en nuestras casas

la palabra estación ya sólo nos habla de lugares en los que apearse y el único sol que me calienta ahora es el que apresaron las uvas antes de hacerse vino.

Ana Pérez Cañamares

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Madrid, 1976. Licenciado en Comunicación Audiovisual, actualmente trabaja en el medio televisivo, también como ilustrador y diseñador freelance. Ha aparecido en las antologías “Mañana Luminosa” (Centro de Estudios Poéticos), “Cuentos Selectos Volumen VI” (Editorial Jamais) y “El tamaño del tiempo” (Anroart Ediciones). Obtuvo un accésit en el V Certamen de Literatura Aenigma. Ha participado, con sus ilustraciones y textos, en diversas revistas: “Letras De anónimas”, “Enfocarte”, “Shiboleth”, “Ariadna”, “Gotas de tinta”, “Narradores”, “Divague”, “Poesía+Letras”. En el 2009 publicó el poemario “Fiebres Galantes”, de mano de la distribuidora libre de textos Shiboleth.

Poeta joven, dime, qué había al principio, antes de que crearas el universo, cuando de tus neuronas-raíces sacaste las vainas que contenían los átomos-palabras. El resto ya lo sé: el caos y la fusión, el estallido, tus versos, la vida... La semilla bajo tu tierra-cráneo germinó y fibrosas y verdes ramas salieron a discreción de los capullos de tu piel al aire, creando... Tu cuerpo presa de convulsión clorofílica se retorció y ahogó por miles de lianas y hojas ciclópeas y surgió una seminal savia, y unas flores abstractas.

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Sí, eso ya lo sé, pero ahora, dime, ¿en qué consistió la correspondencia? ¿De qué abismo o planeta trajiste la energía para reforestar el universo? Sé que en sueños ves tus imágenes pasar tanto iguales a cuervos volando en la noche como a naves espaciales brillantes, como a ratas por una tubería, como a sudor en una embarazada... Pero no sabes explicarlo... Pero no sabes decir por qué... Mientras sigues rompiendo tu infinita crisálida anhelas inventar la palabra que haga saltar por el aire nuestras tripas.

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ALIENTO DE CRISTAL

Habitación propia en las penínsulas del hielo, no dejando de sentir las fibras de vidrio corriendo a través del mundo, fibras que recubren las venas siempre palpitantes de mi cristal, tan denso como cristalino, tan duro o frágil como mis latidos, sin reflejos pero con forma propia más allá de su aparente transparencia. Ni piedras del tamaño de montañas lo rompen porque debajo de mí, en las turbinas estremecidas de mi ser. se solidifica el aire que respiro obrando la alquimia gaseosa de seguir vivo. Suspiros que hacen cristales, cristales que respiran el mundo en millones de dimensiones y prismas, universo de frío y vivencias que dan lugar a un solo calor: la sonrisa de una estrella formada por piel naranja que a veces tiembla de amor. El cielo se extiende suave y tranquilo con el cuerpo de una mujer y no se mueve más que en siglos, tan sólo para mantener su belleza. Corre mi vida con la caricia de las nubes naranjas en su mano, ofreciendo promesas intermitentes del sol.

José Ángel Conde

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Óscar Varona es un escritor que nadie piensa que lo sea; un bibliotecario que no se siente como tal; un perdedor… de tiempo que ha publicado un libro de relatos titulado “Trémolo”, un bicho raro que ha publicado algunos relatos en sitios tan dispares como Argentina, Estados Unidos y España; un fumador enfermizo que nació en Madrid hace 36 años y que no ha visto mucho mundo todavía.

Pienso.

Pienso. Pienso. Pienso.

Pienso e intento acordarme dónde lo dejé, en qué momento lo perdí. Sé que no puedo continuar sin él, que mi trabajo y mi vida estarán

incompleto s si no lo tengo conmigo.

Pienso. Me estrujo el cerebro, pero de nada sirve. Mi mente es un completo vacío, un caos, un espacio cristalino del que nada en claro consigo sacar.

Abro los cajones de la cómoda y busco entre mi ropa interior. Decenas de objetos sin sentido y sin uso me asaltan: El recibo de una compra, de un regalo o de uno de lo s poco s capricho s que me he permitido e n lo s último s años; un mostacho falso de color parduzco al más puro estilo siglo XIX con el que he jugado a ser un científico loco. Me lo guardo en el bolsillo. Una armónica oxidada que en algún tiempo pasado alguien me dio y que he tocado en contadas ocasiones. Sigo sin aprender a usarla. Una piedra “mágica” que se suponía que me traería suerte en la vida y que lo único que ha hecho ha sido acumular polvo. ¡Tonterías! ¡Paparruchas, como diría aquél!

Abro otro cajó n do nde descansan las revistas pornográficas que fui comprando cuando era joven y cuya visión no me excita. Obse rvo los cuerpos desnudos de las mujeres, sus sexos abiertos, apetecible s en su momento, decadentes en este instante. Encuentro la bandera de papel de

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un país extranjero al que soñaba huir cuando tuviese la menor oportunidad. Nunca se presentó tal. Folios arrugados con viejos y pueriles escrito s que me avergüenza leer. Las notas de algún curso cuando aún estaba en el colegio y mi máxima preocupación era aprobar el mayor número de asignaturas. Nunca fui un buen estudiante. Granuladas fotografías que me retrotraen a tiempos pasados, tal vez mejores, nunca peores que el actual. Me paro y observo el rostro infantil que me mira con cara so nriente. Me cuesta recono cerme. Nunca estuve allí. Se trata de una mera ilusió n óptica. Ni siquiera lo recuerdo. Sonrío y los labios me duelen por la falta de costumbre.

Tiro los cajones al suelo en un arranque de ira, frustración e impotencia por no encontrar lo que busco. ¿Dónde puede estar? ¿Dónde demo nios lo de jé ?

Abro los armarios y rebusco entre mi escasa ropa pasada de moda con olor a rancio. Veo una de sus blusas, olvidada poco antes de huir de mí, de salir tan deprisa de mi vida como le fue posible, sin mirar atrás, sin dar mayor importancia a los años que pasamos juntos. Enciendo un mechero y la prendo fuego tal y como está, colgada de una percha de hierro. Observo con de le ite cómo la prenda va desapareciendo ante mí. Sin embargo, el fuego no se detiene ahí y pasa con agilidad al resto de la ropa. El armario comienza a arder por dentro. Sigo a lo mío.

Abro más cajones entre maldiciones inaudibles. Desordeno la cama. Me encuentro con objetos que antaño tuvieron algún significado para mí, con libros que alguna vez leí y películas que más de una noche alegraron mi soledad. Observo los trofeos ganados en el instituto, en aquellos días en los que comencé a querer morir. Hay una bolsa llena de cartas procedentes de un antiguo amor y de aquellos amigos que ya no están. Leo por encima algunas de ellas mientras el fuego continúa devorando la habitación. Parece mentira que alguien me haya querido alguna vez. Aparto las cartas, las tiro al fuego junto con un par de pistolas de juguete y un sombrero de vaquero. Me monto en el vetusto caballo de plástico que me acompañó en mis fantasías hasta no hace mucho tiempo. Rompo con cierta tristeza uno a uno los más de cien vinilos que con tanto esfuerzo compré hace años y lanzo al otro lado de la habitación aquellas viejas e inútiles cintas en las que grababa programas de radio cuyas voces fantasmales nadie volverá a escuchar.

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El humo pincha mis ojos y se mete por mi garganta hasta llenar mis ne gros pulmones de aire irre spirable. Toda la habitació n está inundada de fue go. E s pre ciso que salga de aquí, así que me monto de nuevo en mi viejo caballo de plástico y dejo la estancia al galope . ¡Qué maravillosa visión ver todo consumido por el fuego, de struido, mientras las fotografías en blanco y negro en las que ella hacía la pantomima de quererme se vuelven negras y desaparecen! ¡Oh, cenizas que flotan en el aire cubiertas de cáncer mentiroso! ¡Cuánta alegría me invade en un momento! No sé si podré resistirlo. Y la casa arde, se caen las lámparas, las mesas, lo s libros y las estanterías que los suje tan. Se caen los recuerdos y me regocijo en ello. Y comienzo a reír como un loco sin importarme si he perdido de finitivamente la cabeza. ¿Qué más da?

Debo encontrar lo que busco antes de que sea demasiado tarde. Los vecinos han tirado la puerta no sé cómo y me miran extrañados sobre mi corcel de plástico. Algunos llaman a los bomberos, otros se dedican a llenar cubos de agua. Yo, sin embargo, sigo buscando, abriendo cajones, tirando papeles y bolsas; más fotos, más recuerdos sin importancia; más escritos sin calidad; más mierda de un tiempo que creí sincero. ¡Qué iluso he sido siempre! Más rencor escondido; más mentiras que acabo por descubrir; más objetos que me hacen parecer estúpido. Seguramente lo sea.

Y entonces lo encuentro, mientras lo s vecinos se afanan en apagar el fuego que se resiste a morir no sin antes acabar con todo. Uno de mis pocos aliados. Me dan por lo co , no me hace n caso . Me importa poco . Cojo el cuaderno en blanco que compré dos semanas antes. Es lo único que ne cesito. Eso y un bolígrafo. Nada más. Lo suficiente para comenzar una nueva vida, lejo s de aquí, le jo s de ella y su recuerdo , y su perfume, y su risa falsa, y sus sentimientos. ¿Y sus sentimie ntos? Lejos de esta casa que me ha ido matando poco a poco. Al fin soy libre. Mi cuaderno y yo y toda una vida por delante.

Me co loco e l mo stacho falso encima de mis labios y salgo de la casa en llamas a lomos de mi viejo caballo de plástico. Soy invencible .

88 Óscar Varona

Ingeniera topográfica que actualmente trabaja como gestora administrativa. En sus ratos libres, se dedica a escribir prosa y poesía. Más conocida como Calipso en el mundo de los blogs (www.elblogdecalipso.blogspot.com), en “Entre Completas y Vigilias” muestra sus obras. Ha participado en otros blogs, como “Poetízame” o en “Poetas Anónimos”. Algunos de sus poemas han sido traducidos al catalán por Pere Bessó y al francés por Roberto Alonso.

LEJANA

El mar está tan lejos

y yo tan blanca, tan ausente ,tan cansada

quisiera contarte mar decirte mar sumergirme en ti mi mar dejar que me enajenes que me enloquezcas que me cubras que me tengas

y el olor a mar envuelve las blancas sabanas impregnadas de blanca piel el sabor a mar llena mis pupilas y vacía mis sueños el color del mar... suspiro y el color del mar es el color del mismo aire que exhalo desanimada el sonido, el silencio de las olas enfurecidas rompiendo con su blanca espuma blanca que me cubre como las blancas sabanas que ocultan la blanca piel

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el mar esta tan lejos tan lejos y yo tan lejana...

quisiera tocarte mar besarte mar tenerte en mi mar de dudas de días de segundos que me envejecen que me endurecen la mirada que me cubren de polución y me escarchan el alma

quisiera amarte mar hablarte mar en susurros de olas que besan la blanca orilla

Paz Hernández

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Huelva, 1968. Creativa y escritora. Interesada en los temas científicos de actualidad, colabora con empresas que aplican sus diseños a la ciencia para conseguir una mayor calidad de vida. Es miembro de la Plataforma de Mujeres Artistas contra la Violencia de Género. Su primer libro, “¡A Jugar!” (Mondadori, 2008, en colaboración con Eduard Estivill), una profunda investigación sobre la conducta infantil, obtuvo gran éxito y se ha traducido a varios idiomas; también ha publicado “Camino del Sueño”, un libro para aprender a dormir bien (Aras Llibre 2008). Su primer libro, “Tacones de Azúcar”, de poesía fue Primer Premio Internacional de Poesía Sial; en breve, publicará “Poemas desde mi ombligo” (Huerga y Fierro), “Corre Edith Napoleón” (en colaboración con Noemí Trujillo) y una novela. Actualmente, coordina varios proyectos culturales entre los que destaca Poesía en el Palacio (ciclo lírico mensual que patrocina Hospes, Palacio de los Patos de la ciudad de Granada), desde su fábrica de sueños a medida LALUNAESMÍA (http://www.lalunaesmia.es). Posee su espacio en las Afinidades Electivas y participa en actos solidarios. Acaba de inaugurar un espacio semanal en Radio Linares (Cadena Ser), al que ha llamado: Poesía para gritar.

CARTASDEAMOR

VI

Desde que te conozco, no me como las uñas, y utilizo siempre el brillo de labios que me trajiste de Pekín.

Desde que te conozco, huelen mis pecas al perfume caro que elegiste para mí; (aunque nunca

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consiga recordar el nombre).

Desde que te beso, crío leones en mis pechos que no dejan de rugir. Los domino tiernamente, con las medias negras - de liga que te rajan el corazón. (Un día moriré de infarto, me dices riendo; ojalá sea sobre ti…).

Desde que te conozco tus manos amueblan el planeta de mis piernas. Y se me enredan, las lunas de tu boca al andar;

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y la risa de tus dedos, al pensar.

Y a veces, muchas veces, más de cuatro veces, desde que te conozco, cocino entre mis libros para ti; aunque, por ahora, (me olvido a ratos) no puedas comerme aquí.

Yolanda Sáenz de Tejada

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Groenlandia, Revista de Literatura, Opinión y Arte en General número siete (Febrero \ Mayo 2010) Todos los textos e imágenes pertenecen a sus respectivos autores. Todos los contenidos de esta revista, desde el número cero, están protegidos. Junto con esta publicación, se presenta el suplemento \ especial Groenlandia correspondiente. Para su diseño se ha utilizado obras de artistas consagrados, así como ilustraciones y fotografías de Luisa Fernández (portada y contraportada), Luís Sevilla (páginas 50, 85, 89-90), Carmen Guillén (47, 53, 57, 62, 85), Ángel Muñoz Rodríguez (2, 3, 21, 24, 36, 40, 54, 68, 71, 73, 76, 81, 83, 94), Alejandro Serna Rodríguez (88) y Juan José Romero (55, 97). Groenlandia respeta las opiniones de sus colaboradores – las cuales son de su total responsabilidad – y defiende la autoría de sus obras. Groenlandia expresa que, para proteger nuestra cultura, es esencial proteger las ideas originales de sus autores porque las mismas son un trabajo de imaginación y esfuerzo únicos. Groenlandia aboga por la total libertad de expresión sin censuras. Groenlandia es, desde el número cero, una publicación cultural gratuita que no busca lucro. Queda totalmente prohibida la reproducción total o parcial de alguno de sus contenidos en cualquier medio.
www.revistagroenlandia.com yosoyperiquillalospalotes@gmail.com tierra.verde.de.hielo@gmail.com revista.groenlandia@gmail.com

DEPÓSITO LEGAL: CO-686-2008 94 ISSN: 1989-7405

Hasta la fecha, Groenlandia ha editado ocho libros: siete de poesía, “La reconstrucción de la memoria”, de Adolfo Marchena, con prólogo de José Luis Pasarín Aristi, “Bocaditos de Realidad”, de Ana Patricia Moya, con prólogo de Rafael Infantes, “El gotero”, de Luis Amézaga, “Las Aguas y las Horas”, de Saúl Ariza, con prólogo de Maritza Núñez, “La conspiración de la sirena”, de David Morán, con prólogo de Luis Amézaga, “Autorretrato sin óleo”, con prólogo de Nacho Montoto y epílogo de Adolfo Marchena, “Ya no leo tebeos de Wonderwoman”, de Ángel Muñoz Rodríguez, con prólogo de Javier Das y epílogo de José Ángel Barrueco; el octavo libro inaugura la edición narrativa breve en Groenlandia, y comienza con el primer libro de relatos “Putas”, de Pepe Pereza, con prólogo de Ana Patricia Moya y epílogo de David González.

Próximamente: “Cosas que nunca te diré”, de Eva Márquez “La carretera roja”, de David González “Cuentos de la Carne”, de Ana Patricia Moya www.revistagroenlandia.com www.scribd.com/RevistaGroenlandia

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Panfleto \ Fanzine Literario

www.colnet.ch\robi\deshonoriscausa
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“Ahora yo era Dios y, la verdad, me comportaba tan bastardamente como Él, porque las historias de mis criaturas transpiraban tristeza, dolor, odio,

repugnancia, crueldad… (Después de todo, yo no tenía la culpa de tener dos ojos en la cara ni de leer todos los días el periódico). Quizá eso fuera la vida, Dios escribiendo cuentos acerca de lo que veía a su alrededor, ahí arriba en el cielo, o en el infierno, o donde quiera que estuviese. Si efectivamente consistía en eso, Él no tenía la culpa, pero nosotros íbamos jodidos. Si sus cuentos eran únicamente una distracción, Dios se merecería una buena paliza”.

97 (Patxi Irurzun)

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