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EXAMEN RESUELTO

El alumno elaborará una Composición Filosófica utilizando como pautas para su desarrollo las siguientes indicaciones:

  • 1. Explicación del significado de los términos o expresiones subrayados en el texto

elegido.

  • 2. Exposición de la temática del texto elegido y su justificación desde la posición

filosófica del autor.

  • 3. Descripción del contexto histórico, cultural y filosófico del texto elegido.

  • 4. Relación del tema del texto elegido con otra posición filosófica y exposición

razonada de su visión personal del tema, valorando su actualidad.

OPCIÓN A

Texto 1

Pues bien, querido Glaucón, debemos aplicar íntegra esta alegoría a lo que anteriormente ha sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la vista con la morada-prisión, y la luz del fuego que hay en ella con el poder del sol; compara, por otro lado, el ascenso y contemplación de las cosas de arriba con el camino del alma hacia el ámbito inteligible, y no te equivocarás en cuanto a lo que estoy esperando, y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto es realmente cierto; en todo caso, lo que a mí me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve al final, y con dificultad, es la Idea del Bien.

Texto 2

PLATÓN: República, Libro VI.

El tercer inconveniente es que por la misma debilidad de nuestro entendimiento para discernir y por la confusión de fantasmas, las más de las veces la falsedad se mezcla en la investigación racional, y, por lo tanto, para muchos serían dudosas verdades que realmente están demostradas, ya que ignoran la fuerza de la demostración, y principalmente viendo que los mismos sabios enseñan verdades contrarias. También entre muchas verdades demostradas se introduce de vez en cuando algo falso que no se demuestra, sino que se acepta por una razón probable o sofística tenida como demostración. Por esto fue conveniente presentar a los hombres, por vía de fe, una certeza fija y una verdad pura de las cosas divinas.

TOMÁS DE AQUINO: Suma contra gentiles, Libro I, 4-5.

OPCIÓN B

Texto 1

El resultado general a que llegué y que, una vez obtenido, me sirvió de guía para mis estudios, puede formularse brevemente de este modo: en la producción social de su existencia, los hombres entran en relaciones determinadas, necesarias,

independientes de su voluntad; estas relaciones de producción corresponden a un grado determinado de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real, sobre la cual se eleva una superestructura jurídica y política y a la que corresponden formas sociales determinadas de conciencia. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de vida social, política e intelectual en general. No es la conciencia de los hombres la que determina la realidad; por el contrario, la realidad social es la que determina su conciencia.

MARX: Contribución a la crítica de la economía política.

Texto 2

Me pregunta usted qué cosas son idiosincrasia en los filósofos?… Por ejemplo, su falta de sentido histórico, su odio a la noción misma de devenir, su egipticismo. Ellos creen otorgar un honor a una cosa cuando la deshistorizan, sub specie aeterni [desde la perspectiva de lo eterno], cuando hacen de ella una momia. Todo lo que los filósofos han venido manejando desde hace milenios fueron momias conceptuales; de sus manos no salió vivo nada real. Matan, rellenan de paja, esos señores idólatras de los conceptos, cuando adoran, se vuelven mortalmente peligrosos para todo, cuando adoran. La muerte, el cambio, la vejez, así como la procreación y el crecimiento son para ellos objeciones, incluso refutaciones. Lo que es no deviene; lo que deviene no es… Ahora bien, todos ellos creen, incluso con desesperación, en lo que es. Mas como no pueden apoderarse de ello, buscan razones de por qué se les retiene. Tiene que haber una ilusión, un engaño en el hecho de que no percibamos lo que es: ¿dónde se esconde el engañador?

RESPUESTAS:

OPCIÓN B

Texto 2

NIETZSCHE: El crepúsculo de los ídolos.

Me pregunta usted qué cosas son idiosincrasia en los filósofos?… Por ejemplo, su falta de sentido histórico, su odio a la noción misma de devenir, su egipticismo. Ellos creen otorgar un honor a una cosa cuando la deshistorizan, sub specie aeterni [desde la perspectiva de lo eterno], cuando hacen de ella una momia. Todo lo que los filósofos han venido manejando desde hace milenios fueron momias conceptuales; de sus manos no salió vivo nada real. Matan, rellenan de paja, esos señores idólatras de los conceptos, cuando adoran, se vuelven mortalmente peligrosos para todo, cuando adoran. La muerte, el cambio, la vejez, así como la procreación y el crecimiento son para ellos objeciones, incluso refutaciones. Lo que es no deviene; lo que deviene no es… Ahora bien, todos ellos creen, incluso con desesperación, en lo que es. Mas como no pueden apoderarse de ello, buscan razones de por qué se les retiene. Tiene que haber una ilusión, un engaño en el hecho de que no percibamos lo que es: ¿dónde se esconde el engañador?

NIETZSCHE: El crepúsculo de los ídolos.

1. Explicación del significado de los términos o expresiones subrayados en el texto elegido.

La idea fundamental del texto es la crítica que hace Nietzsche a la filosofía occidental. Los filósofos niegan el devenir del mundo y desacreditan el valor del testimonio de los sentidos al manejar conceptos estáticos e inmutables, “momias”. La filosofía es criticada porque “deshistoriza”, “momifica” al considerar el ser como una realidad estática. Los filósofos consideran que el ser, el bien, la verdad son conceptos metafísicos, no sujetos al cambio. Es en este sentido en el que el autor critica el “egipticismo” de los filósofos. Por el contrario, Nietzsche opina que el ser metafísico es absurdo, ficticio, que no es posible conocerlo, ni demostrarlo. Para Nietzsche solo existe el devenir, “lo que deviene”, el mundo delimitado por el espacio y el tiempo, que puede ser experimentado por los sentidos. Y este mundo tiene como principio del devenir la voluntad de poder.

2. Exposición de la temática del texto elegido y su justificación desde la posición filosófica del autor.

Este texto es un fragmento de El crepúsculo de los ídolos, obra en que el autor plantea una crítica a la metafísica tradicional y al papel de los filósofos. El error de la filosofía, según Nietzsche, es haberse olvidado de las intuiciones como origen de los conceptos y aceptar dogmáticamente que los conceptos son los que designan la realidad y no que son puras metáforas de las intuiciones. No hay verdad en el concepto. El autor está criticando la creencia en la verdad del lenguaje, en su uso meramente conceptual. Esta idea se relaciona con el sentido general de la obra, que es una denuncia del estado del intelecto y del lenguaje, que se engañan con respecto al valor y alcance que posee el conocimiento humano. La verdad en la filosofía tradicional es la coincidencia entre pensamiento y realidad. La verdad para Nietzsche son metáforas, antropomorfismos, ilusiones. La forma más básica de conocimiento para Nietzsche es la intuición, el conocimiento individual y directo, inmediato, del sistema perceptivo interno y externo. El lenguaje sirve para expresar el pensamiento y la intuición, pero Nietzsche se pregunta si el lenguaje expresa correctamente las intuiciones, ya que lo que hace es crear metáforas que intentan expresar nuestra relación con las cosas, porque la “cosa en sí”, la esencia, es inconcebible.

El primer falseamiento de la realidad se produce cuando se toma por realidad lo que solo es metáfora, figura; la palabra es una metáfora aceptada socialmente. Se entiende como verdadero lo que es coincidente con la metáfora aceptada social y convencionalmente; y como falso lo que se aparta de ella. La palabra se transforma en concepto para servir como instrumento de comunicación, y el concepto provoca una comprensión del mundo en tanto que cosa humanizada. El segundo falseamiento se produce con la elaboración de conceptos: la abstracción racional falsea la metáfora al eliminar lo individual, lo instintivo. El hombre ha olvidado el verdadero origen de los conceptos y las consecuencias son el falseamiento de la realidad y la posibilidad de la metafisica tradicional.

El conocimiento es para Nietzsche perspectivismo, porque los “hechos en sí” son incognoscibles, solo hay diversas interpretaciones. En este aspecto Nietzsche realiza una dura crítica al positivismo al limitar el conocimiento a lo fenoménico: conocer es, por tanto, interpretar desde múltiples perspectivas. El mundo no es cognoscible, solo interpretable. Nietzsche critica el Idealismo porque el mundo de las esencias, de las ideas, de la Verdad, no es cognoscible porque

es falso; pero también critica al Realismo: el mundo de los fenómenos tampoco es cognoscible porque el concepto falsea el fenómeno convirtiendo en un “en-sí” lo múltiple. El conocimiento es la mayor fabulación, ya que es un proceso de abstracción y simplificación que no está encaminado a conocer sino a tener poder sobre las cosas. La “voluntad de poder” está en el origen del conocimiento: poder para conceptualizar, poder para imponer unos conceptos en lugar de otros, poder para resolver las luchas entre distintas perspectivas. De esta teoría del conocimiento deriva la crítica a los filósofos, científicos y teólogos, porque actúan de intermediarios entre el mundo y nosotros.

La metafísica tradicional es criticada porque –tal como se refleja en el texto– considera el “ser” como una realidad estática e inmutable. Nietzsche opina que el “ser” metafísico es absurdo, ficticio, que no es posible conocerlo, ni demostrarlo. Solo existe el devenir, el mundo delimitado por el espacio y el tiempo, que puede ser experimentado por los sentidos. Y este mundo tiene como principio del devenir la voluntad de poder. Todas las acusaciones son una crítica al uso de la razón en el lenguaje y la filosofía.

3. Descripción del contexto histórico, cultural y filosófico del texto elegido.

Nietzsche (1844-1900) vive en el siglo de la Revolución Industrial, que significó un cambio desde el sector agrícola al industrial, lo que produjo un aumento considerable de trabajadores asalariados así como la acumulación de riqueza de una nueva clase social, la burguesía. Como consecuencia de estos cambios aparecen los movimientos obreros y se desarrolla el capitalismo liberal, que hizo crecer las aspiraciones y las demandas políticas de la burguesía. Estas demandas fueron cristalizando a lo largo del siglo en sistemas democráticos dotados de constituciones, en los que Nietzsche encontró un síntoma de decadencia, puesto que la idea de igualdad que los sustentaba “uniformaba” a los individuos e impedía la aparición de personalidades críticas, artísticas y autónomas, más cercanas al ideal nietzscheano del superhombre.

Por otra parte, esta época es también la de la unificación alemana. La unificación se realiza bajo la dirección de la Prusia de Bismark, y deja como resultado, tras el crecimiento demográfico y el desarrollo industrial, una Alemania que se perfila como primera potencia europea. Esta unificación respondía a los intereses nacionalistas que se estaban extendiendo por toda Europa y que pedían la creación de estados nacionales. Frente a ellos, Nietzsche prefirió la idea de superación del Estado, continuando la línea de personajes como Napoleón y Goethe, que ya habían bosquejado una Europa unida.

Este movimiento político del nacionalismo estuvo muchas veces ligado a un movimiento cultural, el Romanticismo, que influyó mucho a Nietzsche en su primera época, y del que fue desvinculándose a lo largo de su vida. La figura romántica alemana más destacada fue el músico R. Wagner, amigo de Nietzsche, con el que este estuvo de acuerdo en considerar el arte griego como arte verdadero, al cristianismo como culpable de la hostilidad respecto a la vida, y a la música como impulsora del verdadero espíritu artístico. Sin embargo, la relación de amistad que mantuvo Nietzsche con el músico terminó con el estreno de la ópera Parsifal, en el recién abierto teatro de Bayreuth, en la que Nietzsche encontró un cambio de orientación en la música de Wagner hacia planteamientos ligados a la redención mediante la nueva ópera del pueblo alemán como comunidad mística y racial, basada en elementos lingüísticos y en un Estado-pueblo.

A finales de siglo aparecieron también otras corrientes artísticas con intereses muy distintos a los románticos. Entre ellas estarían la corriente realista y naturalista, interesada por la vida cotidiana

y la realidad social, que tuvo como representantes destacados a Dickens en Inglaterra, a Stendhal y Flaubert en Francia y a Galdós en España. Contra este movimiento reaccionarían, ya en el tránsito al siglo XX, otros movimientos como el impresionismo, el expresionismo o el simbolismo, que se inclinarían hacia la búsqueda de formas artísticas más libres.

En el plano filosófico, tras Kant, surge el idealismo absoluto de Hegel, para el que existe una única realidad regida por leyes del pensamiento, que se despliegan en la historia hacia la emancipación y la libertad. Nietzsche se opuso a este planteamiento al rechazar la idea de una realidad sujeta a leyes del pensamiento, idea que sí compartieron, llevada a la acción social, Marx y Engels, cuya obra permaneció ajena a la de Nietzsche, y que utilizaron los planteamientos hegelianos para potenciar la praxis revolucionaria, considerando al proletariado como la clase destinada a regir la historia mediante cambios en la estructura económica de la sociedad capitalista, que conducirían a una sociedad comunista sin clases y sin propiedad privada.

Como el siglo XIX fue también un siglo de avance científico y desarrollo técnico, hubo planteamientos que exaltaron el valor del progreso, tanto a nivel filosófico como a nivel biológico, que consideraron los métodos científicos como los únicos capaces de expresar correctamente la realidad (un claro ejemplo de esto fue el positivismo de Comte). Frente a esta idea de progreso reaccionaron autores como Marx, Freud y el propio Nietzsche, que criticaron la civilización occidental desde sus cimientos, por “sospechar” que este progreso no era tal, sino un síntoma de decadencia a causa de la imposición de la ideología y el sistema económico burgués, en el caso de Marx; de la cultura represiva de nuestros instintos, en el caso de Freud; y de la filosofía y la metafísica de valores decadentes y alejada de la vida, en el caso de Nietzsche. Precisamente esta preocupación filosófica por la vida que profesó Nietzsche fue compartida por otros autores que se pueden enmarcar dentro de la corriente de la filosofía de la vida o vitalismo. Un autor vitalista con el que Nietzsche tuvo muchos puntos de conexión fue A. Schopenhauer, que concibió el mundo como voluntad de existir y como manifestación de un fondo irracional, al que solo se podía acceder mediante el arte, y no por el pensamiento teórico o representativo, que estaba dirigido por los instintos y la voluntad. En esta misma línea de proponer otros tipos de conocimiento de la vida, otro vitalista posterior a Nietzsche, Bergson, consideró la intuición como única forma de acceso a la realidad, que consideraba un fluir constante.

4. Relación del tema del texto elegido con otra posición filosófica y exposición razonada de su visión personal del tema, valorando su actualidad.

Tal como se ha expresado en la segunda pregunta, la forma más básica de conocimiento para Nietzsche es la intuición, y, aunque el lenguaje sirve para expresar el pensamiento y la intuición, Nietzsche se pregunta si el lenguaje expresa correctamente las intuiciones, ya que como el lenguaje crea metáforas que intentan expresar nuestra relación con las cosas, la “cosa en sí”, la esencia, es inconcebible. Los falseamientos de la realidad se producen cuando se toma por realidad lo que solo es metáfora y cuando la abstracción racional falsea la metáfora al eliminar lo individual, lo instintivo. Cuando el hombre olvida el verdadero origen de los conceptos, las consecuencias son el falseamiento de la realidad y la posibilidad de la metafísica tradicional.

El idealismo kantiano había admitido la importancia que el fenómeno tenía en el conocimiento. Sin embargo Nietzsche duda de esto y atribuye más capacidad al arte para expresar la realidad.

Kant afirma en la Crítica de la razón pura que existen dos tipos de sensibilidad: el sentido externo y el sentido interno y que para que pueda darse el conocimiento sensible se necesitan el espacio y el tiempo, condiciones generales y necesarias (trascendentales) de la sensibilidad. Al ser el

espacio y el tiempo propiedades del sujeto, no del objeto, el conocimiento es de algún modo subjetivo, porque es el sujeto el que estructura a través de las formas a priori. Este primer conocimiento se forma gracias a dos componentes: el elemento material (impresiones sensibles, procedentes del exterior) y el elemento formal (formas a priori que estructuran esa realidad procedente de los sentidos). El resultante es el fenómeno, lo que aparece, la impresión sensible que se da a través de las categorías espacio y tiempo (noúmeno es el en-sí de las cosas, lo que no se puede conocer). En la misma obra, Kant estudia el entendimiento y afirma que su función es comprender lo percibido. Comprender los fenómenos es poder referirlos a un concepto, y esta actividad se realiza siempre a través de un juicio. Las formas a priori del entendimiento, las que hacen posible la comprensión, son los conceptos, que pueden ser empíricos o a priori, llamados también “puros” o “categorías”. El entendimiento no puede pensar los fenómenos si no es aplicándoles estas categorías, pero las categorías no pueden aplicarse válidamente a realidades que estén más allá de la experiencia. Por último, Kant aborda el estudio de la razón y la posibilidad de la Metafísica como ciencia. La función de la razón es la unificación del conocimiento mediante ideas; su función es la de reducir la enorme variedad de objetos del entendimiento al número menor posible de principios. Los principios de la razón son condiciones puras (incondicionadas), “ideas”, que no son juicios sino conceptos a priori (conceptos puros de la razón o ideas trascendentales) que permiten unificar todos los fenómenos. Las ideas trascendentales de la razón pura son la idea de Alma (unifica todos los fenómenos de la experiencia interna), Mundo (unifica los fenómenos de la experiencia externa) y Dios (reduce las esferas anteriores en una).

La Metafísica se ocupa del estudio del Universo como totalidad, del Alma y de Dios utilizando la razón. Alma, Mundo y Dios son formas a priori de la razón pura. No tenemos impresión sensible de ellas por lo que no podemos formar juicios sintéticos (las impresiones sensibles sin formas a priori son caóticas, las formas a priori sin impresión sensible son vacías). La Metafísica es imposible como ciencia, sin embargo, es inevitable como “tendencia natural”, pues la razón tiende a la búsqueda de lo incondicionado, a hacerse preguntas y a formular respuestas acerca de Dios, el Alma o el Mundo como totalidad. Las ideas de la razón pura poseen un uso regulativo de la investigación de la naturaleza: señalan los límites que no se pueden traspasar, e impulsan a ampliar el campo de la investigación hacia nuevas experiencias y hacia una mayor conexión entre ellas.

Es toda esta teoría la que critica Nietzsche. Critica el Idealismo porque el mundo de las esencias, de las ideas, de la Verdad, no es cognoscible porque es falso; también el Realismo porque el mundo de los fenómenos no es cognoscible porque el concepto falsea el fenómeno convirtiendo en un “en-sí” lo múltiple.

El conocimiento, para Nietzsche, es la mayor fabulación ya que es un proceso de abstracción y simplificación que no está encaminado a conocer sino al poder sobre las cosas. De esta teoría del conocimiento deriva la crítica a los filósofos, científicos y teólogos, porque actúan de intermediarios entre el mundo y nosotros.

Gran parte de la obra de Nietzsche es una crítica del estado del intelecto y del lenguaje, que se engañan con respecto al valor y alcance que posee el conocimiento humano. En el caso de la filosofía occidental denuncia la ilusión que supone creer en la verdad del lenguaje en su uso meramente conceptual. Este uso conceptual del lenguaje supone para Nietzsche un falseamiento de la vida: creyéndose en posesión del conocimiento de la realidad, el hombre acepta como verdadero u objetivo el lenguaje, cuando no es sino el desarrollo de metáforas –palabras– sobre las que se construyen conceptos, cuya verdad o falsedad se decide por convención social.

Nietzsche desvela el mundo artificial que ha ido tejiendo la razón haciéndonos esclavos de las convenciones que dan seguridad y comodidad a nuestras vidas, pero falseando la auténtica realidad y ahogando la propia vida.

Frente a esto Nietzsche propone una verdad extramoral, fuera de los límites de la convención, mucho más relacionada con lo intuitivo y con la actividad creadora del sujeto frente a la realidad. Propone abandonar la seguridad de los valores de la filosofía judeocristiana, de la filosofía occidental, y asumir la vida como una experiencia trágica en la que el hombre es el creador de sus propios valores, es el superhombre.

La filosofía de Nietzsche es una crítica total de la cultura occidental, de sus bases, del idealismo, del cristianismo; es una crítica de la huida y del miedo a la vida que está en el origen del pensamiento occidental; crítica que, junto a la que hicieron Marx y Freud, se puede considerar una de las que aportaron mayores vías de estudio y pensamiento en los años sucesivos.