VÍA CRUCIS

Hoy quiero pedirte con todo cariño que me acompañes a
recorrer la vía más dolorosa que tuve hacia Calvario. Sólo te
pido que te dejes penetrar de los sentimientos de amor,
perdón y misericordia que inundaban mi corazón.
Ponte junto a mí y permanece muy atento a todo lo que
ocurra a lo largo de todos los momentos en los que fui
conducido a la Cruz y allí consumar mi muerte.
Deseo ardientemente tu amor. Acompáñame y consuélame.
Te necesito. Te espero ¿Me la negarás? ¿Me acompañarás?
Juntos, comencemos el camino de la Cruz con el relato de mi
Pasión.
No se queda en la noche oscura ni, mucho menos, teñido por
la sangre que Cristo derramó. Es camino hacia la VIDA,
pasión que conduce a la GLORIA, puente entre la tiniebla y la
LUZ, respuesta, valiente y generosa de Jesús, para llevarnos
al don de la RESURRECCION.
Actitudes como las de San José (acogida, respeto, sencillez,
interiorización, pobreza, obediencia, disponibilidad y
confianza) ayudan a comprender, disfrutar, vivir, festejar y
entender LA PASCUA del Señor.
¡Aleluya! ¡El Señor, resucitará!

Imágenes de Jasna Góra

http://mariamcontigo.blogspot.com

I ESTACIÓN: JESÚS ES
CONDENADO A MUERTE
Camino
de
Belén,
el
hombre de la vida interior,
tal vez recapacitó para sus
adentros: “.Este, que hoy
nacerá, volverá a renacer
después de la cruz”. La
senda de la fe nos exige
acompañamiento, entrega,
renuncia y ánimo. Nadie,
como José, supo hacer
tanto desde el silencio y la
obediencia. ¡Por Dios y por
los hombres!
¡En cuánto se parecieron en
estas
horas!
¡José
obediente hasta la muerte!
¡Jesús obediente y sin
demasiado ruido hasta en
su mismo juicio!

¡Te adoramos, oh Cristo, y te
bendecimos! Porque por
Tu santa Cruz redimiste al
mundo

II ESTACIÓN: CRISTO
CARGA DON LA CRUZ
No hay vida sin cruz. La
vida de José, desde la aldea
de Nazaret, fueron noches
de dudas, de sueños y de
sufrimientos, pero también
de certezas.
El Señor, calle del calvario,
retorna su mirada a su
pasado: allá, en el fondo de
una noche hermosa y
estrellada,
una
figura
amada y respetada, salta
en su pensamiento: ¡José
mi padre¡ El que me enseñó
hacer frente y ser fuerte
ante el peso
de las
dificultades.

¡Te adoramos, oh Cristo, y te
bendecimos! Porque por
Tu santa Cruz redimiste al
mundo

III ESTACIÓN: CRISTO
CAE POR PRIMERA VEZ
BAJO EL PESO DE LA
CRUZ
Deslizando y subiendo por
las calles de Nazaret, Jesús,
tropezó una y otra vez: de
la fuente hasta la casa, de
la mies a la sinagoga o del
juego hasta el taller. Mas
siempre entendió que, una
experimentada
mano,
paternal y amorosa, le
habría de levantar. Es la
misma, la que en estas
horas de ascenso hasta el
calvario, la siente sobre su
hombro otra vez: ¡ánimo
hijo, soy José!
¡Todo sea por la voluntad
de Dios!

¡Te adoramos, oh Cristo, y te
bendecimos! Porque por
Tu santa Cruz redimiste al
mundo

IV ESTACIÓN: CRISTO SE
ENCUENTRA CON SU
MADRE
La mujer que, desde la
mañana hasta entrada la
noche, tantas veces limpió
el rostro del que fue niño,
asoma en la esquina más
insospechada para llorar y
abrazar a su hijo. No son
sólo dos amores los que se
hallan frente a frente, no
son
solamente
dos
corazones
los
que
se
fusionan
en
un
impresionante
abrazo.
Pues, en medio de tanto
dolor, la Madre lleva a Jesús
el cariño y el amor de aquel
que
nunca
murió
ni
desapareció
de
sus
entrañas:
José
en
el
corazón.
Dos
tesoros,
los
más
preciados por José, se
encuentran camino de la
cruz: María y Jesús de
Nazaret.

¡Te adoramos, oh Cristo, y te
bendecimos! Porque por
Tu santa Cruz redimiste al
mundo

V ESTACIÓN: EL CIRINEO
AYUDA A CRISTO A
LLEVAR LA CRUZ
En
medio
del
ruido
sobrecogedor
y
estremecedor
de
las
cruces, una mano amiga
levanta el madero y empuja
para
que
se
dispare
escandalosamente gigante
e
incomprensible
para
muchos, y en beneficio de
todos, en la cima del Monte
Calvario. Tal vez, si José
hubiera vivido, aquella cruz
la
habría
aliviado
de
madera y de peso como
buen carpintero, y de
sangre y de sufrimiento
como
genial
padre
amoroso. Quién sabe, si de
haber
vivido
José,
no
hubiera cogido esa cruz
para soportarla sobre su
propio hombro antes que
dejarla en el de Cristo.

¡Te adoramos, oh Cristo, y te
bendecimos! Porque por
Tu santa Cruz redimiste al
mundo

VI ESTACIÓN: LA
VERONICA LIMPIA EL
ROSTRO DE CRISTO
Limpio e intachable, como
la vida misma de José,
acaricia el paño de una
mujer, el rostro de Jesús de
Nazaret.
Y es que, el día a día, se
hace más humano y más
divino con el alivio para con
el que sufre, con las
virtudes de la fe y de la
caridad.
Si valiente fue una mujer
ante
el
semblante
sangriento de Jesús, no lo
fue menos en su día, la
audacia y la serenidad del
bueno de San José. Guardó
limpio su hogar, amó con
locura a su pura mujer y
siempre pensó que, Jesús,
era la transparencia viva y
real del amor de Dios.

¡Te adoramos, oh Cristo, y te
bendecimos! Porque por
Tu santa Cruz redimiste al
mundo

VII ESTACIÓN: CRISTO CAE
A TIERRA POR SEGUNDA
VEZ
Con la única tregua, de la
caída como descanso, sigue
manifestando
públicamente
Jesús su más alto ideal: el
amor a Dios en los hombres.

¡Te adoramos, oh Cristo, y
te bendecimos! Porque por
Tu santa Cruz redimiste al
mundo

Seguramente,
en
algún
momento de su niñez, una voz
le susurró al oído: lo malo, hijo
mío, no es el caer. Lo triste es
caer sin hacer de nuevo, un
esfuerzo, por levantarse aun a
riesgo de caer.. ¿Acaso no
florecerían estas palabras del
mismo José?
VIII ESTACIÓN: CRISTO
CONSUELA A UNAS
MUJERES

¡Te adoramos, oh Cristo, y

Con palabras de fe, de ánimo y
de interpelación, alcanza Jesús
sus últimos metros oteando el
Gólgota. Son mensajes de
compasión y de misericordia.
Ni aun estando su vida en
peligro,
y
a
punto
de
extinguirse,
ni aspira, ni
quiere, ni desea una lágrima
por El: ¡Llorad por el hombre!
¡Llorad por vosotros mismos!

te bendecimos! Porque por
Tu santa Cruz redimiste al
mundo

José me enseñó que, no
siempre el hombre, talla, ni
trata
bien,
ni
aprovecha
dignamente la madera noble.
IX ESTACIÓN: CRISTO CAE A
TIERRA POR TERCERA VEZ
No hay dos, sin tres. Ni tres
caídas en el camino, sino
muchas más cuando la locura
del amor quiere ser elevado a
su máximo exponente en el
estandarte de la cruz.

¡Te adoramos, oh Cristo, y
te bendecimos! Porque por
Tu santa Cruz redimiste al
mundo

La rodilla en el suelo, con los
ojos rebuscando por la vía
dolorosa la luz del cielo,
quisieron, por qué no pensarlo,
la humildad de aquella otra
lámpara que alumbró tantas
noches de pobreza y de
búsqueda de Dios, el hogar de
Nazaret: la llama de José
¿Acaso José no hablaría de tú a
tú a Jesús, como un padre lo
hace con su hijo,
para
prevenirle
y
estimularle
cuando llegasen una y otra
vez, dos y tres veces las
humillaciones o las espinas
que clava la vida?

X ESTACIÓN: CRISTO ES
DESPOJADO DE SUS
VESTIDURAS
Unos pañales en la cuna
fueron señero abrigo de
Dios con apariencia de
niño, y José testigo mudo y
sereno ante tanto misterio.
En Belén despojado de todo
bien. En la cruz desposeído
de todo vestido. En Belén le
acompañó, María. En el
Calvario también. Y José
hombre,
despojado
de
riquezas y de abundancia,
con convencimiento y fe
enseñó a Jesús, que a Dios
se llega, se conquista y se
entra por la puerta de la
sencillez y de la pobreza.

¡Te adoramos, oh Cristo, y te
bendecimos! Porque por
Tu santa Cruz redimiste al
mundo

XI ESTACIÓN: CRISTO ES
CLAVADO EN LA CRUZ
Los clavos sujetan a Jesús
en la cruz con la misma
fuerza, con la que los ojos
de José, se fijaron en él. Los
clavos hieren a Jesús. El
afecto de José le hizo
crecer. Los clavos traspasan
manos y pies. El amor de
José
superó
todos
los
límites de bondad y de
entrega, de obediencia y de
fe.
¡Cuales fueron más fuertes!
¿Los clavos de la cruz o los
clavos de amor de José?
¡Cuales
fueron
más
profundos! ¿Los clavos que
perforaron la madera, o
aquellos otros clavos de
prudencia de San José?

¡Te adoramos, oh Cristo, y te
bendecimos! Porque por
Tu santa Cruz redimiste al
mundo

XII ESTACIÓN: JESÚS
MUERE EN LA CRUZ
El rey del mundo, aquel que
siendo niño caminó de la
mano de José,
se alza,
entre burlas y sollozos,
erguido
y
sufriente
apuntando, por el hombre,
hacia el Padre.
El rey del cielo nació en
Belén y, por el Calvario, nos
trasladará a todos a una
nueva
vida
recién
amanecida.
José, el hombre de la dulce
muerte, el hombre que
acompaña a bien morir,
también en aquel instante
de
desagarro
y
de
abandono, quien sabe si a
través del centurión no
gritó: ¿No os dais cuenta?
¡Habéis dejado morir al
mismo Hijo de Dios!
En una cosa se parece la
muerte de Jesús a la mía,
en las dos, estuvo cerca
María.

¡Te adoramos, oh Cristo, y te
bendecimos! Porque por
Tu santa Cruz redimiste al
mundo

XIII ESTACIÓN: EL
CUERPO DE CRISTO EN
BRAZOS DE SU MADRE
Aquel,
que
en
tantos
amaneceres y anocheceres,
se sintió protegido por los
brazos de San José ahora,
en el atardecer del viernes
Santo,
es
sostenido,
llorado,
reverenciado
y
guardado en los de María.
En Nazaret fue cuidado y
recogido
con
mimo,
arrullado por las manos de
la Virgen María y bendecido
muchas veces por San José.
Pero al final, en el cenit del
trayecto de la pasión,
cuando el cielo y la tierra
parecen fundirse en un
abrazo por la cruz, es
cuando en el silencio de
San José se hace cercano y
protector del hijo que bajó
hasta el abismo de la
misma muerte.

¡Te adoramos, oh Cristo, y te
bendecimos! Porque por
Tu santa Cruz redimiste al
mundo

XIV ESTACIÓN: CRISTO
ES DEPOSITADO EN EL
SEPULCRO
No hay semilla que, cuando
es esparcida con pasión y
regada con amor, no llegue
a dar el ciento por uno.
Jesús,
desde
Belén,
pasando por Nazaret y
subiendo a Jerusalén, fue
grano del amor de Dios
que,
siendo
pequeño,
maduró definitivamente y
con sangre, en el árbol de
la cruz.
José, el hombre que esperó
y
creyó
contra
toda
esperanza, también sembró
con paciencia y serenidad
lo que en Jesús más tarde
ofreció: el amor a Dios y a
los hombres. ¿Se puede
esperar más del Señor, el
hijo del carpintero?

¡Te adoramos, oh Cristo, y te
bendecimos! Porque por
Tu santa Cruz redimiste al
mundo

XV ESTACIÓN:
RESURRECCIÓN DE
CRISTO

¡ALÉGRATE!

Ya
he
pasado de la muerte a la
vida, de la tristeza a la
alegría
¡LLÉNATE
DE
ESPERANZA Y DE VIDA!
Pasado ya el sábado María
Magdalena y otras mujeres,
llenas de tristeza por mi
muerte y ansiosas de ver
qué había pasado conmigo,
de madrugada fueron al
sepulcro
y
asustadas,
vieron como la piedra había
sido removida. Entraron y
al no ver mi cuerpo, las
consolé con la presencia de
una Ángel que les dijo:
“¿Buscáis
a
Jesús
de
Nazaret, el crucificado? Ha
resucitado, no está aquí”
Poco
después
llegaron
Pedro y Juan y comenzaron
mis apariciones a mis
discípulos reunidos con mi
Madre en el Cenáculo llenos
de
miedo,
a
María
Magdalena, a los discípulos
de Emaus…y así cuarenta
días dándoles fuerza para
ser testigos de mi vida y
mensaje.
Pero a la primera que
consolé fue a mi Madre. No

¡Te adoramos, oh Cristo, y te
bendecimos! Porque por
Tu santa Cruz redimiste al
mundo

podía menos. Este es mi
plan de salvación, quitar
penas, dar misericordia, dar
fuerza para que seáis mis
testigos. Yo no tenía como
meta el Sepulcro, ni mi
muerte; mi destino es la
Resurrección; vencer el mal
y resucitaros a una vida
nueva, porque “Yo vivo” y
“Yo soy amor” para cada
uno de vosotros. Esta es mi
Resurrección. Te invito a
contagiar y proclamar este
mensaje.
Con alegría, sé mi
testigo de vida donde te
encuentres.

Acabas de recorrer conmigo todas las escenas
de mi pasión. Antes de terminar te invito a que
hagas esta oración:
“Te suplico, Señor, que me concedas, por
intercesión de tu Madre, la Virgen, que cada vez
que medite tu Pasión, quede grabado en mí con
marca de actualidad lo que Tú has hecho y
sufrido por mí y tus constantes beneficios y
gracias que recibo al contemplarte.
Haz, Señor, que durante toda mi vida, tenga un
agradecimiento inmenso del amor de tu Pasión.

Ayúdame en mis deseos, Virgen Santísima de
los Dolores, ya que eres mi Madre y te
necesito”.
Adora, ahora cada una de mis llagas con toda
reverencia en reparación de tantas ofensas
como me hacen.

¡GRACIAS POR ACOMPAÑARNOS!
¡NO OLVIDES NUNCA LAS LECCIONES DE LA
CRUZ!

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