EL PADRE REBAZA

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Una Vida al Servicio de los Demás

Juan Manuel Cedrón Plasencia
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EL PADRE REBAZA, UNA VIDA AL SERVICIO DE LOS DEMÁS
© Juan Manuel Cedrón Plasencia, 2015
Todos los derechos reservados del autor y sus colaboradores.
Primera Edición, Marzo de 1993, Conmemorando el primer año de la desaparición del
Padre Luis Rebaza Neira.
Segunda Edición Digital, Abril de 2015.
Carátula: Fotografía del R. P. Luis Rebaza Neira, en la azotea de La Recoleta, 1978,
donde perdura para siempre. (Fotografía de Juan M. Cedrón Plasencia, con la
colaboración especial de los doctores Aurorita y Basilio Muñoz Azañero).
Revisión 1ra ed.: Prof. Carlos Sánchez Espinoza †
Cuidado de la 2ª Edición Digital:

Jack Farfán Cedrón (jagot@hotmail.com)

Fotografía: Luis Rebaza Neira, Juan Cedrón Plasencia y Víctor Ruitón Alcántara.
Impresión:
Asociación Impresiones y publicaciones
“Obispo Martínez Compañón”
Jr. La Mar 484 – Telef. 044-92 2175
CAJAMARCA-PERÚ
Esta Publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en o
transmitida por un sistema de recuperación, de información, en ninguna forma ni por
ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por
fotocopia, o cualquier otro, sin el permiso previo por escrito del autor, so pena de las
sanciones correspondientes para aquellos que infrinjan las leyes establecidas por la
oficina de derechos de autor del INDECOPI.
Edición digitalizada en Cajamarca-Perú

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A la memoria del
R. P. LUIS REBAZA NEIRA,
en olor de santidad.

A Doña ROSA NEIRA DE REBAZA
que comprendió tanto a su
único y amado hijo el R. P.
LUIS REBAZA NEIRA

A monseñor JOSÉ DAMMERT BELLIDO,
ex-Obispo de la Diócesis de Cajamarca,
por su ejemplar compromiso con
el pueblo del Señor.

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AGRADECIMIENTOS
Agradezco profundamente la colaboración del profesor
Víctor Ruitón Alcántara y mi hermano Jorge David Cedrón
Plasencia, mis compañeros de techo en La Recoleta, quienes me
apoyaron para cristalizar esta obra; las sugerencias y
conversaciones de mis colegas y profesores: Manuel Cachi Rafael y
Hedí Silva Torres, del Colegio Dulce Nombre de Jesús; el aliento
moral del seminarista Guido Cerquín Marquina, del Prof. Eduardo
Maguiña y la Sra. Isabel Neira, quien con sus palabras e ideas
enriquecieron este delicado quehacer; deuda invalorable a la Srta.
Betty Roncal León, al Prof. Carlos Sánchez Espinoza y al Prof.
Antonio Goicochea Cruzado, por su desinteresado esfuerzo y
trabajo para hacer realidad este ideal. A todos ellos, y de manera
especial a Monseñor JOSÉ DAMMERT BELLIDO, Obispo de
Cajamarca, mi eterna gratitud.
Juan Cedrón Plasencia

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El Centro Contumacino de residentes en Cajamarca,
imbuido de muchos recuerdos indelebles para nuestros coterráneos
de Contumazá, Cajamarca y otros pueblos; tiene la brillante
oportunidad de presentar al escritor contumacino: Juan Manuel
Cedrón Plasencia, quien junto con la colaboración de muchos
amigos y fieles seguidores del R.P: Luis Rebaza Neira, han
elaborado un librito, que pese a las deficiencias, trata de resumir
parte de la Gran Vida de este Hombre Santo, que hizo su santidad
caminando en Contumazá y Cajamarca.
El Centro Contumacino saluda la inquietud y felicita la
labor que ha tenido dicho autor, quien con lenguaje sencillo y
pulcro ha presentado ya algunas obras como: Páginas a Chilete
(1993); Bodas de Plata del Colegio Nacional “Dulce Nombre de
Jesús” (1990); Generación Brillante de Jesusanos de ayer, hoy y
siempre (1992); y Gloria y divinidad de los cielos para San Ramón de
Cajamarca.
Con el afán de difundir parte de la obra del Padre Lucho y
perennizar su nombre, el Centro Contumacino auspicia la obra: EL
PADRE REBAZA, UNA VIDA AL SERVICIO DE LOS
DEMÁS; testimonio auténtico, original y verdadero de un hombre
que vivió a su lado por mucho tiempo; testigo de sus alegrías,
bondades y trabajos que el Reverendo Padre realizó en nuestra
tierra por más de diecisiete años; luego, en otros pueblos, y por
último, en Cajamarca, donde perdura para siempre y está presente
en el corazón de todos los contumacinos y cajamarquinos.
Cajamarca, Noviembre de 1992.
EL CENTRO CONTUMACINO DE RESIDENTES EN
CAJAMARCA
PRESIDENTE:
Secretario:

Dr. Ing. Luis Narro León
Sr. Wildor Alcántara León
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PRÓLOGO
En 1983, con ocasión de las “Bodas de Oro” de la creación
política del Distrito de Chilete, publiqué Páginas a Chilete,
incluyendo una pequeña biografía del R.P. Luis Rebaza Neira,
que resulta para mí como una joya de valor incalculable, porque él
mismo me dijo: “¿De dónde supiste mis datos; y para qué lo
haces?” Fue una mera conversación llena de vida. Luego, años más
tarde, me sugirió que sería bueno volver a publicar en imprenta,
con algunas fotografías y diagramas para la mejor presentación del
“librito” Páginas a Chilete (mimeografiado en 1983, en el
Obispado), con motivo de las bodas de Plata del Colegio “Gran
Guzmango Capac” de Chilete.
El Padre Rebaza no ha sido escritor; pero sí amante de
apuntar hechos y actos importantes en los libros que usaba para
inscribir baustismos o matrimonios; allí, en la parte final hay
muchos datos que sirven para que ordenadamente y con cuidado
se anote la historia de estos pueblos. Si él hubiera escrito su obra
diversa y múltiple, juntándola con toda su noble acción, auténtica
y original ayuda de los demás, de respetar hechos y formas
heroicas de los gestores de la nación, de las culturas legendarias
anteriores a nuestro imperio incaico; de las juventudes que él
conoció, hubiese tenido la capacidad suficiente para llenar
volúmenes. Mas su forma personal de ayuda a los demás ha hecho
que su vida esté ocupada en el servicio que necesitaba la gente del
pueblo y los jóvenes, y no le permitió la presentación de
monumentales obras.
Su obra importante y efectiva, espiritual y material, en
forma humilde y callada mereció el reconocimiento del Pueblo de
Dios.
En 1976, con motivo de las “BODAS DE PLATA” de su
ordenación sacerdotal, el Grupo Pastoral de La Recoleta, con
Víctor Ruitón y otros, le hicieron un pequeño homenaje y le

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obsequiaron un pergamino; acto que no dejó de ser un día más de
labor por la honestidad y delicadeza del Padre Lucho”.
Creo que no ha habido mayores homenajes que los de
respeto, ayuda y colaboración de todo el pueblo de Cajamarca,
Contumazá, Chilete, Tembladera, Magdalena, Jesús y otros, a la
obra, que de manera sencilla y silenciosa ha cumplido el Padre
Rebaza.
Los cuarenta años de intensa labor y esfuerzo dedicados a
los demás; los miles de estudiantes, amigos y fieles de distintos
lugares, el haber compartido por muchos años la fraternidad y ser
testigo de su fructífera y gran labor, me insta a tener que escribir
estas páginas con amor, aprecio y gratitud a la obra y persona del
R.P. Luis.
Con la alegría, cariño, respeto y amor que él siempre me
demostró, dejo en manos de los lectores y amigos este libro que
recoge hechos de la vida del Padre, y no encuentro otra
denominación tan especial que ésta: “El Padre Rebaza, una vida
al servicio de los demás”.
Jesús, 25 de Abril de 1992
El Autor

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Carta de Mons. José Dammert Bellido
OBISPADO
DE
CAJAMARCA
Cajamarca, 28 de mayo 1992.
Señor:
Prof. Juan Manuel Cedrón P.
Jesús
Estimado Juan Manuel:
Una breve respuesta a su cordial carta del día de ayer,
porque estoy lleno de ocupaciones.
Me parece muy importante que escriba el testimonio
que tiene sobre la vida y acciones del querido padre Lucho Rebaza, por
haberlo acompañado tanto tiempo y así ser testigo presencial de sus
hechos y de su pensamiento.
Es también indispensable valorar y precisar sus hechos,
porque una fácil tendencia a lo extraordinario rodea su figura de
fantasías que desvirtúan su sencillez y humildad, y brillará más por la
realidad de sus acciones y gestos.
Le deseo que prosiga en la docencia, siguiendo el
ejemplo de Lucho, que tenía condiciones excepcionales de maestro.
Un cordial saludo,
José Dammert Bellido
OBISPO DE CAJAMARCA
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PRIMERA PARTE

VIDA Y OBRA DEL
R. P. FÉLIX LUIS REBAZA NEIRA

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DATOS BIOGRÁFICOS
DEL R. P. LUIS REBAZA NEIRA
Nació el 28 de noviembre de 1924 en Trujillo. Sus padres
fueron el Coronel del ejército Peruano Heráclito Rebaza Balbi y
Doña Rosa Neira Plasencia. Realizó sus estudios en distintos
lugares, por el trabajo de su padre: en Tacna, San Luis de
Barranco, en San Ramón de Cajamarca, en Santa Rosa de
Sullana-Piura y Lima. Perteneció a la promoción de 1924 del
Colegio Marista de “San Luis” de Barranco. Compañero de Colegio
del mundialmente reconocido “Teólogo de la liberación” P.
Gustavo Gutiérrez.
Estudió en la Pontificia Universidad Católica del Perú, en
la Facultad de Ingeniería Civil, donde fue alumno del distinguido
cajamarquino Cristóbal de Lozada y Puga. Posteriormente se
graduó de Bachiller en Sagrada Teología en la Pontificia y civil
Facultad de Teología – Lima.
Por atender el llamado de Cristo tuvo que abandonar la
Universidad e ingresó en el Seminario Mayor “San José” de
Cajamarca, en el año 1944, en el cual entró como profesor y
Seminarista a la vez.
Lo ordenó de Sacerdote Presbítero, el 30 de diciembre de
1951, Monseñor Pablo Ramírez Taboada, Obispo de la Diócesis de
Cajamarca.
Fue nombrado Párroco de la provincia de Contumazá, allí
demostró su verdadera vocación y el testimonio de vida cristiana.
Jamás de su boca brotó precio alguno por sus honorarios de los
servicios que ofrecía. Supo orientar a muchos jóvenes hasta que se
realicen y logren sus ideales.
Cuando estuvo en Contumazá, atendía Chilete, Cascas,
Guzmango, San Benito, Catán, Tembladera y todos los caseríos de
Contumazá. Supo caminar y ofrecer sus servicios a todo el pueblo
donde llegaba; trabajó con alegría y entusiasmo diecisiete años

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consecutivos; luego fue trasladado a Tembladera en febrero de
1969.
En estos pueblos siguió su tarea: es decir, sus labores
parroquiales y educativas. Fue docente de los colegios “San Isidro”
de Tembladera y “Gran Guzmango Cápac” de Chilete.
En marzo de 1974, por orden de Monseñor José Dammert
Bellido, Obispo de Cajamarca, fue llamado para que se hiciera
cargo de las parroquias de “San Sebastián” de La Recoleta en
Cajamarca y “Dulce Nombre de Jesús”, en Jesús.
Con la presencia del Padre Rebaza se supo cultivar el fervor
católico de todos estos pueblos, gracias a Dios por todos los favores
concedidos.1
No ha tenido mayores cargos que los que señalamos a
continuación:
CARGOS QUE DESEMPEÑÓ
Fue profesor en los siguientes Centros Educativos:
 Colegio Nacional “Abel Alva”.
 Instituto Agropecuario Nº 11 “David León”.
 “María Micaela Egúsquiza de Gálvez”, en la provincia de
Contumazá.
 Colegio Nacional “San Isidro” de Tembladera.
 Colegio Nacional “Gran Guzmango Cápac” de Chilete.
 Escuela Normal Superior Mixta de Cajamarca.
 Colegio Vespertino “Dos de Mayo” de Cajamarca.
 Profesor visitante de las distintas escuelas de las
provincias de Contumazá, distritos de Tembladera y
Chilete, del Colegio Nacional “Santa María
Magdalena”, Colegio “Cristo Rey”, “Dulce Nombre de
Jesús” y muchos otros de la ciudad de Cajamarca.
1

CEDRÓN PLASENCIA, JUAN. Páginas a Chilete. Edit. En el Obispado de
Cajamarca, 1983. pp. 89.

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Director Fundador de la Academis de Preparación Pre
Universitaria “La Recoleta” de Cajamarca.

FUNDADOR DE COOPERATIVAS



San Mateo de Contumazá.
San Gabriel de Cascas.
San Francisco Xavier de Chilete.
San Isidro de Tembladera.

OBRAS CULTURALES
Autor de la música:
 Del Himno al Colegio “Gran Guzmango Cápac” de Chilete.
 De los Gozos de “San Sebastián”.
 De los Gozos del Dulce Nombre de Jesús”.
OBRAS MATERIALES
Apoyó la construcción de las capillas de:
 Quindén
 Choropampa
 En Cajamarca:
- “San Roque”
-Barrio “Santa Elena” parte alta y
parte baja.
-Barrio “San Martín de Porres”.
-Parroquia “Dulce Nombre de Jesús”.
HOMENAJES EN VIDA AL R. P. LUIS REBAZA NEIRA
—EL AÑO 1964 En “Colmena” publicaron y celebraron su
cumpleaños.
—El año 1974, la promoción del Colegio “San Isidro” lleva el
nombre: “R. P. LUIS REBAZA NEIRA”.
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—El año 1976, cumplió “Bodas de plata Sacerdotales”. El grupo
de La Recoleta le hizo un pequeño homenaje y le obsequiaron un
pergamino.
—El año 1983 publiqué parte de su biografía en Páginas a Chilete.
—En 1990, cuando se celebraban las “Bodas de Plata” del Colegio
“Gran Guzmango Cápac” de Chilete, la Promoción llevó el
nombre: “R.P. Luis Rebaza Neira”.

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PARROQUIA
“SAN MATEO DE CONTUMAZÁ”
1951-1968

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PARROQUIA SAN MATEO
DE CONTUMAZÁ
Yo recuerdo al padre Rebaza desde cuando tuve uso de
razón; más aún cuando he leído mi partida de bautismo, me doy
con la buena y grata sorpresa que él me ha bautizado en mi tierra
natal; me refiero a ese suelo serrano, rincón de ensueño, patria
pequeña, Contumazá.
Viene a mi memoria el Padre Lucho, un varón de mirada
sublime, alma celestial, de rostro sonriente, aspecto elegante,
vestido de sotana negra y guardapolvo beige; era el párroco de San
Mateo de Contumazá, también profesor del “David León” que
lleva el nombre del héroe de la guerra con Chile, en la batalla de
San Juan de Miraflores y en Contumazá. Allí cerca de la Iglesia
hay una plazuela “David León”, en donde el padre hizo muchas
celebraciones eucarísticas, rindiendo homenaje a este héroe, con
gratas referencias y recuerdos, toda vez que el padre evocaba con
devoción especial las acciones de los héroes de la guerra con chile y
con el Ecuador.
Como queda dicho, también laboró en el Colegio “María
Micaela Egúsquiza de Gálvez”, Centro Educativo de poca
duración, y donde fue Directora la Profesora Carmen Rosa
Lescano.
En aquel entonces, cabe destacar al Dr. Luis Donet
Calderón que fue el Director del Colegio “Abel Alva”, y del INA Nº
11, el Ingeniero Guillermo Sobero. En estos sendos Centros
Educativos antes y después hubo también otros directores; empero
sólo preciso los que recuerdo.
Con su maletín lleno de cancioneros y biblias, y su
cartapacio marrón, acudía al dictado de sus clases en los Colegios
antes mencionados. También preparaba para la primera comunión
a los niños de todo el pueblo de Contumazá y sus distintos lugares.
El año 1967 nos preparó para la confirmación y la realizó el
Monseñor José Dammert en visita pastoral a dicha provincia.
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El Padre Rebaza visitaba a casi todas las escuelas, con su
“máquina fotográfica” para tomar slides a color, y después de
pasar filminas religiosas, explicarnos detalladamente. Proyectaba
las fotografías de todos nosotros y de los distintos lugares que él
recorría, en toda la provincia de contumazá, llenándonos de gozo y
satisfacción el poder apreciar las múltiples vistas, paisajes,
actuaciones y otros hechos que fotografiaba.
Este agrado personal de tomar fotografías y el método de
proyectarlas era una novedad para todo el pueblo serrano que en
este tiempo no había ni la idea más remota de la televisión; y,
claro, como el padre ha sido un elegante y magnífico profesor,
resultaban muy bonitas estas charlas religiosas y luego las
vivencias personales como un buen método para que todos
nosotros fuéramos amigos del “Padrecito Rebaza”.
En la parroquia de Contumazá tenía una biblioteca, una
mesa de fulbito, mesa de ping-pong y otros juegos, con el fin de
congregar a los jóvenes y niños de este pueblo contumacino; a los
más chiquitos nos envolvía en su guardapolvo, nos alzaba y
jugaba con nosotros, tenía una serie de figuritas que hacía con sus
manos en la luz del proyector y unos cantitos para enseñar a los
más pequeños. Todo esto lo llevaba dentro de su corazón, como
había aprendido del “Patrón de los Maristas”, ser amigo de los
niños y compartir con ellos. Para nosotros era una muestra de
cariño de parte del padrecito Rebaza. Allí vivían unos colegiales
que le ayudaban en las celebraciones de las misas y todos decían
que el padrecito los protegía para que pudiesen seguir estudiando
en el colegio y luego los enviaba a la Normal o a la Universidad
Nacional de Cajamarca. No menciono a nadie porque hace falta
mantener en silencio estos nombres que sólo el Padre Lucho los
tiene con todo su cariño y bondad en su “Gran Corazón” que nos
brindó a todos.
En Contumazá pasó parte de su vida con su pensamiento
habitualmente entretenido en la bondad, gozando su belleza

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interior al poner en ejercicio esa paz que vertió su corazón, lleno de
dulzura y agradando a los demás.
Diecisiete años consecutivos estuvo en este pueblo, al que
tanto lo estimó y lo llenó de recuerdos para toda la vida. Así
caminó por los distritos y caseríos de Contumazá: A la Laguna de
la Cocha, a las haciendas de Chanta, tierra natal de Armando
Revoredo Iglesias–San Antonio y Llamadén; a la tierra de los
Muguerza; Lecchén, al distrito de Cascas, a celebrar su fiesta y
toda su pastoral religiosa; a San Benito, Guzmango, Catán, La
Cruz Grande, Yetón, Yopadón. Todos los rincones de Contumazá
los ha recorrido caminando a pie; unas veces de día, otras veces de
noche. Descansaba donde ya no podía avanzar por la oscuridad de
las noches.
El Padre Lucho ha sido un hombre ejemplar en sacrificio,
humildad y servicio a los demás, ha caminado por estos pueblos
para preparar y realizar sus primeras comuniones, inaugurar sus
obras, bendecir hogares, visitar a los enfermos, llevar la comunión
y los Santos Óleos al que lo ha requerido. Miles de niños recibimos
de sus manos, por primera vez, el Cuerpo y la Sangre de Cristo. De
su palabra recibieron muchas familias un consejo y también estaba
autorizado para realizar los matrimonios civiles; la mejor dicha de
su corazón ha sido que su prójimo estuviera dotado de la
protección espiritual y material unida a su generosidad y
reduciendo las agudas aflicciones hacia los demás. Él fue una mano
abierta para todos, una vida al servicio de los pueblos de
Contumazá, una fotografía de recuerdo que muchos tenemos por
constituir, una manera de ser amigos y darnos confianza. El hecho
de estrecharnos la mano y el abrazo como padre, amigo y
hermano, con su cabeza inclinada como señal de bondad, humildad
y respeto, ha llevado el mensaje de amor y paz hacia los demás,
despojándose de lo poco que él disponía, para dárselo a los que
necesitaban; “alguna propinita”, “que sea como señal de cariño”.
Eran sus frases, sin tratar de humillar, pero sí para llenar de
esperanza y anhelo de ser cada día algo más aquellos que pudimos
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gozar de la mano del enviado de Dios, a fin de ayudar a los
jóvenes; la mano del sacerdote que llevó la cruz de Cristo como una
obra para todos los hombres que hemos conocido y compartido su
palabra.
Fue verdadero apóstol de Cristo. Fue amante de la paz y no
ostentó en su corazón más que humildad y dulzura, que ningún
minuto de su vida pasó sin que ningún corazón afligido tocara un
rayo de felicidad por la bondad de su alma.
Permítanme, paisanos, amigos y hermanos de este pueblo,
retazo del Perú, que nos vio nacer, de este Contumazá añorado que
con el cerro Calvario y la Ermita nos muestran sus grandes cruces
llenas de la luz divina y que son testigos de la vida y obra generosa
del “Padrecito Rebaza”, podamos agradecer a Dios por haber
tenido la suerte de compartir con el verdadero mensajero de Cristo,
que con sus acciones y palabras llenó de bendiciones a los pueblos
de Contumazá, El Marín, Ayambla, Silacot, Tolet, Calate, La
Cocha, Cushtón, Nanshá (tierra natal del laureado poeta Mario
Florián Díaz). Sin dejar de lado ningún rincón de esta provincia a
la que ha llegado el “Padrecito Rebaza” (palabra del pueblo
contumacino).
Todos debemos dar gracias al Señor por permitirnos gozar
de la presencia eterna del Padre Luis Rebaza Neira. Démonos la
mano y a una sola voz pidamos: ¡PADRE LUCHO, MÍRANOS
CON OJOS DE PIEDAD! ¡INTERCEDE POR NOSOTROS! y
perdura por siempre en nuestros corazones como hermano en
Cristo.
También le hicieron algunas malas acciones; le robaron en
su parroquia, pero él los perdonó y sacó de la cárcel, porque no
estaba en su carácter castigar ni hacer mal a nadie; todo lo ha
dejado a la voluntad de Dios.
Una vez me contaba, como riéndose un poco: “En
Contumazá decían que hago milagros, que me han visto en dos
pueblos a la vez, pero esto sucedía así” –me decía el Padre LuchoYo celebraba misa en Contumazá a las 7 de la noche y no había
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movilidad para Chilete y a las 8 de la mañana del día siguiente
celebraba misa en Chilete. ¿Cómo podía ser esto? Indudablemente
que la noche es para descansar y dormir, pero él ¿Cómo lo hacía?
Tomaba su alforjita con sus útiles para celebrar la misa, su
linternita a kerosene y caminaba a pie toda la noche, durante diez
horas, a Chilete; gente que necesitaba de su atención espiritual.
De la misma forma procedía para ir a Cascas, a Guzmango
y también a San Benito. Me han contado y también lo he visto por
distintos caminos a pie; jamás ha pedido u obligado movilidad, ha
caminado paso a paso por estos pueblos dejando la semilla de
amor, sembrando la paz en sus semejantes y cumpliendo con el
mandato: “Ámense unos a otros como yo os he amado”.
Otra vez decía: “Me había colocado unos zapatos nuevos y
de tanto caminar, por travesías, cuestas y bajadas, por la lejanía
de estos caminos, se me ampollaron los pies; no quedó más remedio
que sacarme los zapatos y andar en pies”, entonces “los que me
encontraban decían que estaba haciendo penitencia y hablaban
que era Santo”. Creo que podemos decir que ha sido un verdadero
seguidor de Cristo y de cumplir con su obra de anunciar con
sacrificio el evangelio a toda creatura.
Lo que siempre admiré del padre fue que no tenía miedo a
nada ni temía que le hicieran daño en las soledades de los caminos
o la oscuridad. Andaba con la fe en Cristo Nuestro Salvador. Si
alguno intentaba algo malo contra él, tarde o temprano venía a
confesarle su propósito y pedirle mil disculpas. Él no se ofendía.
Aunque no es muy recomendable anunciar nombres, pero
esta vez lo hago porque en Contumazá todos lo estimaron y lo
tienen presente al “Padrecito Rebaza”.
Me hablaba mucho de sus amigos, los escritores Juan Luis
Alva Plasencia, Francisco y Estuardo Deza Saldaña, el Dr. †
Octavio Alva –Representante por muchos años en el Congreso
Nacional-, el Dr. † Fidel Zárate Plasencia, el profesos Ángel Uriol
Castillo, el tío segundo Obando. Contaba que él había conocido al
Director de la Orquesta Sinfónica Nacional, Leopoldo La Rosa.
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Ha tenido muchísimos alumnos que hoy son distinguidos y
buenos profesionales, como los ingenieros Luis Narro León, Rosas
León, la Dra. Esperanza León, entre otros. Sus colegas maestros en
Contumazá, como: El Dr. Teódulo Plasencia Castillo, el prof.
Amado Alva, el Dr. Juan A. Cabrera Arana y muchísimos más que
deben recordarlo con mucho cariño y consideración.
Toda su vida ha sido su preocupación prepararse en el
idioma inglés. El año 1964 estudiaba por correspondencia en el
NATIONAL SCHOOLS U.S.A., siendo brillante alumno.
Le agradó viajar en excursiones con los alumnos del colegio,
a distintos lugares como: al Cuzco, a Chile. Tenía mucho recuerdo
de la línea de la Concordia, en la Frontera Perú-Chile.
En 1962 viajó a Canadá para prepararse en organización de
Cooperativas de ahorro y Crédito (según las versiones de él
mismo).
Me contó que un niño de Contumazá le dedicó un pequeño
cantito que él siempre recordaba y lo repetía:
“El ponchito que tú me diste
En Cascabamba se me acabó,
Si me vuelves hacer de nuevo
La lanita yo te daré”
En 1989 en Agua para mi tierra, de Jorge León Muguerza,
el prof. Carlos Sánchez Espinoza destaca en el prólogo de la obra,
el amor, la entrega y santidad, del “Padrecito Rebaza”, al referirse
a la narración que más le impactó a Juanito (personaje del cuento)
que contaba un campesino del Chorrillo (lugar donde anduvo
durante muchos años el padre Rebaza)… “Dicen por allí que cierta
vez salía de Contumazá a Cascas en auto, en toda una tremenda
lluvia. Vean entonces; cuando se encontraban por el túnel, que das
lo hallaron al padrecito Rebaza, todo empapado el pobre, que se
iba para Cascas, a celebrar un bautismo. Dicen que lo invitaron a
subir al auto, pero que se negó humildemente, por no querer mojar
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con su ropita aguacerada a los pasajeros, y que siguió su camino.
¡Cuál no sería la sorpresa de la gente!, que cuando al entrar en la
ciudad de Cascas, rápidamente lo vieron al padrecito más adelante
que ellos con su ropa seca, zapatos lustrados, y sin parecer nada de
cansado el hombre; y lo más increíble, le había ganado al carro”.
De estas narraciones, Juanito escuchó muchas, y que
Contumazá, Cascas, Cajamarca, Llallán, Chilete y otros pueblos
esperaban santificarlo un día. “¿Es que volaba como las
chinalindas?” –pensaba el niño2.

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León Muguerza, Jorge David. Agua para mi tierra. Cajamarca, 1991, pp: 9-19.

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PARROQUIA DE TEMBLADERA
Y SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS
DE CHILETE
1969-1973

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PARROQUIAS DE TEMBLADERA Y
SANTA TERESITA DE CHILETE
(1969-1973)
Con mucha pena se tuvo que aceptar el traslado del padre
Rebaza a la ciudad de atembladera, allí continuó con el mismo
valor y espíritu de trabajo; dictó las clases de religión en el Colegio
San Isidro de Tembladera y “Gran Guzmango Cápac”, de Chilete.
Me contó: “Menos mal que hubo una disposición de que los
curas podíamos dejar de usar sotana; creo que fui uno de los
primeros en hacerlo”, y desde entonces usaba un ternito de color
plomo oscuro (su vestimenta característica).
Para que pudiera trasladarse era necesario su movilidad, y
su mamá, Doña Rosa Neira de Rebaza, que tanto le ayudó y
comprendió a su hijo, le compró un carrito Volkswagen, color
beige, que le sirvió para viajar a todos esos lugares de Santa
Catalina, Trinidad y muchos otros lugares del distrito de
Tembladera; de igual forma los Viernes venía a Chilete; en el día
dictaba sus clases de Religión y en la noche celebraba la Santa
Misa en el templo “Santa Teresita del Niño Jesús”. Asistíamos
todos los católicos; aquí, en el año 1972, nos volvimos a encontrar.
Era mi profesor en el colegio de Chilete, y así pudimos compartir lo
mucho que el padre sabía; sobre todo ese don auténtico, original y
personal de ayuda, de amor y de inclinación por los niños y jóvenes
de los pueblos; preocupado por cada uno de los problemas de
nosotros; la fuente de su vida fue el sacrificio de Jesucristo, y la
plenitud de su sacerdocio, el amor a los demás.
Aquí en Chilete niños, jóvenes y todos éramos sus amigos.
Recuerdo una de las clases que nos dictaba, y las tenía resumidas:
Las pruebas de la existencia de Dios, de Santo Tomás de Aquino (†
1274); tiene 5 pruebas (5 vías). Se basan en un axioma (verdad
evidente que no tiene demostración) “No hay efecto sin causa y el
efecto no puede ser superior a la causa”.
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ARGUMENTOS
1.-LA LEY
-No hay ley sin un legislador que la promulgue.
-Es así que, en el Universo existen leyes eternas que no han sido
promulgadas por los hombres.
-Luego, existe un legislador eterno, distinto de los hombres que ha
promulgado estas leyes.
A ese legislador lo llamamos DIOS
“No hay reloj sin relojero
No hay mudo sin creador”
“Al reloj lo hizo el relojero,
Al mudo lo hizo Dios”.
2.-EL COSMOS (orden)
-No hay orden sin una inteligencia ordenadora.
-Es así que: En el Universo existe un orden que no ha sido puesto
por los hombres.
-Luego, existe una inteligencia Ordenadora, distinta de los
hombres que ha realizado este orden.
A esa inteligencia la llamamos DIOS.
3.-EL PLAN:
-Todo plan necesita de una voluntad que lo realice.
-Es así que: el Universo pertenece a un plan admirable que día a
día se realiza.
-Luego, existe una voluntad distinta de los hombres que lo va
realizando.
“El huevo y la gallina”.

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4.-EL SER NECESARIO
-“Contingente cuando uno necesita de otro”.
-La existencia de los seres contingentes reclama la existencia de un
ser necesario.
-Es así que: en el universo todos los seres son contingentes.
-Luego, existe un ser necesario; a ese SER lo llamamos DIOS.
“Dios es la causa primera, pero actúa siempre a través de las
causas segundas” (La naturaleza con el hombre libre).
5.- HISTÓRICO:
-Un hecho (tesis) aceptado por los pueblos de todos los tiempos y
de todas las latitudes, tiene que ser verdadero.
Es así que: En los tiempos de todos los pueblos y todas las latitudes
ha existido el concepto de Dios (SER SUPREMO), ya sea para
afirmarlo o negarlo.
-Luego, el concepto de Dios corresponde a una realidad.
COROLARIO
Nadie comparte lo que no existe.
Seguidor de Dios en su amorosísima bondad, que enriqueció
su corazón con los tesoros de humildad, sacrificio sin límites,
impulsando su amor a los demás, tenía una forma delicada e
abrazarnos e inclinarse a nuestro pecho como muestra de cariño y
confianza para darnos palabras de aliento y ayuda. Digo yo, que él
quería decirnos cada vez, sigan arriba… y más arriba, triunfen,
sean algo, sean maestros. Que vayamos a la normal era el anhelo
del “Padre Lucho”. Algunas veces encontró vocaciones para
sacerdote; él no obligaba, dejaba pensar. “El cura tiene que
aguantar muchas cosas toda su vida”, eran sus palabras. En
Chilete comía en el hotel Amazonas, en el Sr. Alcides y siempre
35

recordaba con aprecio a la Srta. Olinda Salazar; ella inicio
probablemente el culto católico en ese pueblo.
Los sábados celebraba misa en Chilete y luego partía para
Magdalena. Era igual, todos lo esperaban; los jóvenes, niños y
mayores. El tío José Cedrón, el señor Demetrio Berrospi; muchas
señoras y señoritas, a todas les estrechaba la mano. También
atendía esta parroquia como Vicario, con mucha fe en Cristo y
amor a los demás. Su misión fue grande y gloriosa de predicar y
obrar con la verdad revelada de Cristo, como maestro y hermano
de los hombres y como guía y luz del mundo. Grande y gloriosa fue
su misión de bendecirnos con su infinito amor y la intimidad de su
corazón como representante de la humanidad ante Dios.
Así continuó su labor parroquial y educativa en Chilete,
Huertas, Magdalena, en el asiento minero de Paredones. Celebró la
fiesta de la “Virgen de la Puerta”; recibió muchas cosas e incluso la
imagen de la Capilla del asiento minero, con la condición, que si
alguna vez hubiera una capilla o se volviera a reabrir el asiento
minero se devolvería3.
A ustedes amigos de Chilete, a mis compañeros de colegio y
de la promoción “Javier Heraud”, un abrazo cariñoso y un gesto
de reconocimiento al padre Rebaza, por lo mucho que aprendimos,
de esas encantadoras clases, tan bonitas y sencillas, de esas
peliculitas de filminas de Religión que nos pasaba, entre las que
recuerdo: “La parábola del hijo pródigo”, “La sábana santa de
Jesucristo”, “La vida de un santito chileno”, “Seferino
Namuncurá”, y luego las filminas que nos tomaba para la alegría y
diversión de nosotros. Muchísimas charlas sobre sexualidad, con
singulares proyecciones, orientándonos siempre a amar la vida, a
no cometer abortos, a no destruir la vida de los seres, como aprecio
al regalo y don de Dios, “La vida”. Sus palabras en todas las misas
y matrimonios: “Amen la vida de sus hijos”, “Que estos hijos que
tienen sean la bendición del hogar”. Cuando preguntaba: ¿Cuántos

3

Op. Cit. p. 92.

36

hijitos tienes? ¡Qué bendición la tuya, hermanito!, era su
respuesta.
En conversaciones muy personales me contaba: “Qué
hubiera sido de mí” -decía- si me hubieran quitado la vida; no
habría quedado nadie porque mi mamá no tuvo más hijos, yo soy
único.
Pero él fue elegido de Cristo y esperó el momento oportuno
para cumplir su misión; este llamamiento de Dios, inspirador de
todo bien, actuó en su perfecta consagración al servicio de los
demás.
Nos enseñaba cantos especiales a la Virgen María, y un
himno que a él le agradaba al empezar una clase:
HIMNO DEL ESTUDIANTE
Aquí viene a la batalla
de Jesús el escuadrón,
sobre el pecho la medalla
y la fe en el corazón
en el rostro la sonrisa,
en sus ojos mucha luz
donde todos, todos vean
la mirada de Jesús…
Marcando el compás y haciendo sonar sus dedos nos hacía
cantar y cantaba con mucha fe y alegría cánticos religiosos y otros
que le hacían recordar su juventud.
Cuando salíamos de viaje me contó una anécdota de un
compañero de Seminario del padre Lucho, que no sé por qué
motivos lo expulsaron del Seminario, y antes de abandonarlo,
tomó su guitarra y cantó:
“Y otra vez volveré a ser
el errante trovador,
37

que va en busca del amor…”
Con la colaboración especial del Prof. Felipe Guanilo, que
era músico, escribieron las notas del himno del Colegio “Gran
Guzmango Cápac” de Chilete; y el Dr. Fidel Zárate Plasencia, la
letra4.
Dentro de sus obras pastorales ha cultivado y ha iniciado
en muchos pueblos el fervor católico a través de las fiestas
patronales de los distintos pueblos y caseríos. Siempre decía en sus
homilías: “No hay que hacer muchos gastos en cohetes y bebidas,
hay que ayudarse entre hermanos, que es mejor y es más
agradable a Dios y al santito de nuestro pueblo”.
En Tembladera fundó la Cooperativa de Ahorro y Crédito
“San Isidro”.
En el año 1971, por asuntos de Pastoral, viajó a QuitoEcuador para encontrarse con los del IPLA, allí en Esmeraldas,
Ecuador tuvo un gran amigo, un joven Bachiller de Educación que
se llamaba Wilson; con él se comunicó por muchos años a través de
cartas, discos, casettes sobre diversos asuntos de su amistad… nos
contaba que lo apreciaba mucho al “Ecuatorianito”.
El Padre Lucho tenía muchos conocimientos de
Astronomía, nos explicaba, y además le servían para leer el
horóscopo que lo utilizó con frecuencia en las parejas que
contraían matrimonio. Respetó mucho las culturas y los restos de
nuestros antepasados. El Dr. Octavio Alva le obsequió el
“Monolito de San Lorenzo”, que hoy está en el museo de
Tembladera.
La promoción 1974 del colegio “San Isidro” de Tembladera
y la promoción 1990 del Colegio “Gran Guzmango Cápac” llevan
su nombre en agradecimiento a la fecunda e inigualable labor que
ha desempeñado en estos pueblos.

4

Ibid, p. 82.

38

39

PARROQUIA “DULCE NOMBRE DE
JESÚS”
JESÚS – CAJAMARCA
1974-1984

40

41

PARROQUIA “DULCE NOMBRE DE JESÚS”
JESÚS – CAJAMARCA
1974-1984
En 1974 se hizo cargo de la parroquia del “Dulce Nombre
de Jesús. Celebraba la misa los domingos a las 10 a.m. y cuando lo
solicitaban para alguna misa de difuntos o celebración especial en
algún ocasión importante en el pueblo de Jesús.
Prepararon las primeras comuniones con ayuda del equipo
pastoral de la Recoleta: La Srta. Yolanda León, Víctor Ruitón A.,
Fernando Torres y otros jóvenes.
En la fiesta de Enero hemos servido de apoyo al Padre
Lucho el grupo conformado por: Víctor, Fernando, Juan
Abraham, Juan Huaccha, Juan Cedrón y Bartolomé, por varios
años. También lo hemos apoyado en el catecismo y en el coro de la
iglesia; en este templo que hoy se encuentra caído y abandonado,
al cual pretendía reconstruirlo, pero no lograron hacer realidad
este anhelo, no lo reconstruyeron, pena que arrastraba en su
corazón hasta las últimas conversaciones que hemos tenido. “Este
templo se debe respetar, aquí se bautizaron todos los mayores de
ese pueblo” –decía- “probablemente en su visita Santo Toribio
pudo haber estado en este templo”.
Recuerdo de la Sra. Manuelita Martínez, vestida de hábito
de Fátima y él preguntaba ¿ya está doña Manuelita?... “entonces
ya empezaremos la Santa Misa”. Con todas estas personas
generosas y cariñosas con el Padre Rebaza y con nosotros, doña
Rosita Montenegro, la Sra. María Vargas, a Srta. Luisa Mercado,
las Sras. Mercado, Elmer Velásquez que el padre le decía cuando
niño “Ramirito”, a Luis Martínez, a su hermano Víctor, a Marina
Boyd, al Sr. Rosario Mosqueira, a Salvador Urteaga, a todos los
que extendieron su mano generosa al Padre Lucho y de los muchos
que me olvido de mencionarlos, les recuerdo que agradezcamos a
Dios por la suerte de haber compartido con mucho cariño
momentos con el Padrecito Rebaza.
42

Por mucho tiempo colaboró con la movilidad el Sr. Rafael
Cabrera y luego también el Prof. Pedro Chávez Moreno para que el
Padre celebrara la misa en Jesús cuando no tenía la suya.
Al colegio lo visitó en muy pocas ocasiones, asunto por el
cual se preocupaba mucho. Siempre solía decir: “Me falta mucho
para poder ser, en realidad, párroco de Jesús”, “Solamente este es
el lugar donde no puedo compenetrarme con los jóvenes”…
La última vez que nos visitó fue para celebrar la Santa
Misa de la Promoción 1991 “Juan Manuel Cedrón Plasencia”, en el
Colegio Nacional “Dulce Nombre de Jesús”.
En Jesús, un domingo, hubo muchos bautismos, y después
de la celebración pusimos una fuentecita para que dejaran alguna
limosna; y se acercaron los campesinos y le decían: “cuánto hay
que pagar padrecito” y él respondía: “lo que sea su voluntad,
hermanitos”, y muchos no entendieron y no dejaron nada,
entonces cuando salimos para ir a Cajamarca, le dice a uno de los
muchachos, “cómprate alfajorcitos”, aunque no han dejado casi
nada, creo que estos hermanitos no tienen voluntad”…
Fue asimismo, autor de la música de los “Gozos del Dulce
Nombre de Jesús.

43

44

PARROQUIA “SAN SEBASTIAN”
DE LA RECOLETA
CAJAMARCA

45

46

PARROQUIA “SAN SEBASTIAN”
LA RECOLETA
En 1974, el padre Rebaza fue trasladado a Cajamarca, a la
Parroquia San Sebastián de la Recoleta, muy abandonada ésta; no
sé por qué motivos; por lo menos la casa parroquial de la Recoleta
tenía pocos ambientes y allí se fueron acomodando una serie de
estudiantes, sobre todo para seguir estudios superiores en la
Escuela Normal Superior y en la Universidad de Cajamarca.
Conforme pasó el tempo adecuó su trabajo como docente en la
Escuela Normal, y de párroco, en el Barrio “San Sebastián”.
Ha sido muy intensa y sacrificada la labor del padre
Rebaza, y casi nadie se ha dado cuenta. Llegó el momento en que
decía: “creo que el Monseñor me va a resondrar, celebro muchas
misas.
LOS DOMINGOS
06:30 a.m.
En la Recoleta
10:00 a.m.
En Jesús
02:00 p.m.
Cuerpo presente en La Recoleta, que casi
siempre había.
06:30 a.m.
En la Recoleta
“Ya no puedo más” –decía- y luego él mismo
reflexionaba… “qué vamos a hacer, hermanitos, hay que seguir
adelante”.
Pero de todas maneras amó con mucha bondad a los demás
seres, haciéndose cada vez más virtuoso y de corazón compasivo
con sus pensamientos benévolos; con el toque de esa virtud fue
cada vez más feliz. Aquí en “La Recoleta” se iniciaron estos grupos
de jóvenes que cantaban con sus guitarras y panderetas, a ritmo
un poco moderno. Al padre lo entusiasmaba todo esto y le
renovaba a cada instante el espíritu para poder seguir trabajando
en su parroquia y en el pueblo de Cajamarca. Aquí se formó el
47

primer grupo “Reflexión” y hubo el “I Encuentro de Canción
Cristiana”, con la participación de otros grupos. Por un buen
tiempo fue Capellán de los Hermanos Maristas que trabajaban en
la Escuela Normal y en el Colegio “Cristo Rey”; con ellos se servía
sus alimentos. Lo estimaban mucho y admiraban la obra de estar
cerca de los jóvenes, y lo consideraban “Hermano Marista” porque
él fue ex alumno de San Luis de Barranco. Eran nuestros amigos:
El Hno. Julio Ibáñez, el Hno. Sergio Astrua, Justiniano Candotti,
Gabino Martín, Pedro Martínez, Pablo Di Marzo “El Patita”,
Vicente Silla, entre otros, que escuchaban la Santa Misa todos los
días a las 6:30 a.m. en la Recoleta y en el Aniversario de su patrón,
el Beato Marcelino Champagnat, cuya imagen la dejaron en la
Recoleta.
Siempre lo visitaba “Don Graciano” (su sobrino). No
dejaban de asistir a la misa y colaborar con la parroquia y el Padre
Rebaza: El Prof. Pedro Chávez, su compañero en el Colegio San
Ramón y amigo fiel y servidor del Padre Lucho; el Prof. Carlos
Arenas y Familia; el Sr. Manuel Noriega, que fue Alcalde de
Cajamarca e iluminó La Recoleta con lámparas especiales; el Dr.
Luis Chávarry; un señor de apellido Alcalde, de la PIP; el Sargento
Rojas y sus hijos, nuestros amigos y hermanos, Wisman y Diego, a
quienes conocimos en la Recoleta. No dejaron de visitarlo y
servirle, el Sr. Cosme Alva León; el Sr. Federico Negrón, el Ing.
Sáenz, el profesor, pintor y escritor Andrés Zevallos de la Puente,
el Sr. Peralta, de la Librería Católica. Ellos y muchos más lo
apreciaron y estimaron al Padre Luis Rebaza.
Los oficiales y policías de a 6ta. Comandancia de la Guardia
Civil, hoy Policía Nacional, lo consideraron al Padre como su
Capellán. Los atendía en su fiesta el 30 de agosto, y cuando era
menester de celebrar sacramentos como, bautismos, matrimonios,
misas de difuntos, confesiones, conversaciones personales. Lo
visitaba mucho el capitán Vásquez.

48

En 1979 La Recoleta fue escenario de la huelga de hambre
que sostuvieron los estudiantes de la Universidad Técnica de
Cajamarca.
En realidad, ha dejado un vacío en la parroquia San
Sebastián; creo que con la originalidad y el estilo propio del Padre,
de servicio, compresión, desinterés y humildad, nos hemos sumido
en honda consternación y reflexión. Entendió a los pobres como
acto de misericordia y bondad de su sano corazón, conmovido y
generoso con la miseria del prójimo.
Él mismo pensaba y decía: “Es muy difícil amar y servir a
los pobres”, “No se satisface el corazón cuando no podemos
brindar ayuda a los demás”, “Tenemos que tener presente siempre
la ayuda en los afligidos y los que sufren”, “No puedo estar
tranquilo cuando en realidad me necesitan y ya no puedo más”.
Eran sus constantes pesares porque el Padre Lucho nació para
servir a los demás. Debemos pensar mucho y agradecer a Dios por
haberos enviado un mensajero suyo con un libro abierto de
bondad, misericordia y cariño para todos, sin distinción de raza ni
condición social; y creo que todos los que apretamos su mano
alguna vez estamos tristes porque ya no está él para que nos alivie
en muchas cosas que lo necesitamos…
En realidad la labor del Padre, así calladito y humilde, ha
sido muy profunda y ejemplar; auténtica y sencilla, gesto noble e
imborrable que perdurará en todos los corazones de los que lo
hemos conocido.
Hemos vivido en la fraternidad durante muchos años, y
nunca se mostró desanimado, con una expresión de amor y una
palabra de aliento, siempre nos ha recibido.
“El puente del mundo desde el cual se puede servir hasta
partir hacia la vida eterna es muy duro” –decía el Padre RebazaRepasaba en su alma el libro aquel de Bondad, y en su diario
personal decía cada vez: “Mañana tengo que ser mejor”, “tengo
que servir a mis hermanos”, “amar a los pobres, que son los
verdaderos escogidos de Dios”, “a ellos tengo que ayudar”; con
49

una delicadeza lo trataba a “Don Augusto”, un señor que hacía el
aseo y juntaba la basura en el templo “La Recoleta”.
“Algunos piden para tomar”, clamaba el Padre. Hay que
decirle “al manquito” que venga con su señora, para mejor darle a
ella, y así lo hacía.
Una limosna para llevar el pan a la boca en nombre del
trabajo humilde del Padre “Lucho”.
Aquí en Cajamarca, para poder servir a todas las personas
católicas con sus misas, “inventó” una “Misa Comunitaria”; es
decir, anotar varios difuntos o intenciones en la misma misa.
No le gustaba este término: “vengo a pagar una misa”;
mejor optó por acostumbrarlos a que den algo conforme a su
voluntad, costumbre que él tenía desde que se inició de sacerdote.
Celebro en muchas oportunidades la Santa Misa en el Penal
de Cajamarca. Si podía ayudar en algo a cualquiera de los presos,
lo hacía; pero por lo menos el abrazo cariñoso para todos ellos
conjuntamente con el Hno. Gabino Martín (Rubén María), que
trabajó mucho en la cárcel de Cajamarca.
Recuerdo que un preso se acercó y le pidió que le comprara
el disco “El Preso”. Así lo hizo, mandó comprar el disco y lo llevó
al penal. Según el joven decía, le gustaba escuchar ese disco. Cosas
así me llenan de recuerdo y no vacilo al tener que escribir estas
páginas, que seguro han de servir a los lectores, como muestra de
agradecimiento, y para conocer a tan digno hombre que jamás
volverá a existir, a lo que ha sido, es y será una luz brillante de
cada día que nos ayuda a reflexionar y vivir; un hombre de bien
que intercede por nosotros para el encuentro del señor.
Trabajaba con tanta fe y bondad, que aun sin cobrar, no
faltaron limosnas para que sean repartidas a todos los que lo
necesitaron; todo ha sido para los demás, incluso el sueldo, lo que
el disponía, lo que algunos amigos le ayudaban buenamente, todo
fue para dárselo a los demás. Nada fue en beneficio propio. No he
conocido persona alguna con tanta bondad y sacrificio por
compartir un pequeño techo en material, pero una grandeza
50

espiritual, con su temperamento característico, paciente y sin
apuros, con rostro especial y sonriente, con su compañera
inseparable, la paz. Ha escuchado a todo el pueblo de Cajamarca,
tratando en parte de aliviar su angustia.
En La Recoleta, tras el Altar Mayor, donde hay una
Sacristía Grande, allí está el rincón donde había iniciado su
dormitorio humilde. Tenía su cama, sus papeles, sus libros, una
máquina fotográfica, sus correspondencias; y lo que es nada, a eso
le llamaba “mi covacha”.
Junto al padre Rebaza estuvimos Víctor y Fernando de
Tembladera; David y yo, de Contumazá, llenos de bendición
divina, aliento moral y espiritual, con un anhelo ferviente de ser en
el mañana profesionales y triunfar en la vida, pues así lo hemos
hecho.
Todos los días hacía limpiar y arreglar uno y otro lugar, con
el maestro “Guacchita”, y sus compañeros, algunos ambientes de
la Recoleta; arriba en “El nicho” que decían los amigos de techo,
estuvieron: Elmer Mostacero, de Tembladera; Julio Revilla, de
Chilete. Vivieron allí y compartieron también la vivienda: Antonio
Carrera, de Chilete; Roque Soto, Segundo Mori, Jorge Azañero,
Luis Espino, Jacinto Chilón, Raúl Deza y Ramón Sagástegui, de
Tembladera (Todos ellos hoy profesionales). Luis Isla, de San
Pedro de Lloc; Beto Abanto, de Chepén. Abajo se encontraban:
Wilfredo Amarante y Luis Florián, su primo Julio César; lucio
Alva y Aladino, todos ellos de Contumazá; Richard Maguiña, de
Huaraz; Gabriel del Pino, de Huancayo (“El Huancaíno”); José
Terrones y Alfredo León Obando, de Cascas; Raúl y Luis
Plasencia, de Magdalena. Al otro lado, cerca del colegio San
Ramón, vivían: Pablo Morachino, Jorge (Yorch), el chino
Fukumoto, de Trujillo; David Díaz, de Chepén; un karateka, de
Trujillo; y Kike Gómez, quien murió; lo velamos en la Recoleta y
lo trasladaron a Trujillo; fue una de las veces que al padre lo vimos
que derramó sus lágrimas en señal de pena, por un hermano
nuestro desaparecido. También vivieron con nosotros, Abraham
51

Quiroz Guerra, que hoy es sacerdote, y trabaja en Lima, y Juan
Antonio Guaccha, quien también ejerce el sacerdocio, laborando
en Trujillo. Luego vivieron muchos otros cuyos nombres no
recuerdo bien; con ellos y todos los que hemos compartido un
abrazo sincero, una mano cariñosa, para poder estudiar y ser
profesionales hoy día. Debemos imitar ser algo, de lo que hizo por
nosotros el padre Luchito.
Formamos una comunidad de hermanos que hoy casi todos
somos profesionales, en distintos lugares de nuestra patria; creo
que no nos avergonzamos, más bien damos gracias a Dios de haber
encontrado en el camino de nuestra vida al padrecito Rebaza, y
que desde la eternidad donde se encuentra, siempre esté con
nosotros y con todos los amigos que aprendimos a vivir como
hermanos; a ustedes un abrazo fraternal y cariñoso, uniendo
nuestros pueblos a los cuales bendijo, lo mismo a las obras de éstos.
El R.P. Rebaza, a quien lo llamaremos “Patrón de los
estudiantes”. Juntemos nuestras manos con todos estos amigos,
que cuando aún éramos niños nos conocimos: Carlitos Vigo Muñoz,
Julio César y su hermano “El Gordo”; con Kike y Pelayo
Mosqueira, con Beto Sánchez, Carlos Pachas, Aldo Querzola y sus
dos hermanos; con Absalón Guevara, que fue hermano Camilo; con
Hugo Soto y su hermano Perico (quien hoy es médico); con los
hermanos de Juan Huaccha, con Ramiro Cruzado, Manuel Ortiz,
Max Roncal y Guillermo Rojas; mis compañeros de la promoción
“Hugo Ríos Quiroz y Justiniano Candotti” de la Escuela Normal;
los integrantes del coro “Reflexión”: Ramón Herrera y Lito
Fernández; con Rosalindo Rodríguez y Dino Martínez; con todos
los amigos del Barrio San Sebastián. No podemos olvidarnos de
Doña † Rosa, Doña † Elvira y otras señoras tan buenas que
cambiaban las flores los sábados; el grupo de la “Legión de María”,
que hacia sus cultos en la capilla lateral, asesorados por el R.P.
Mundaca; con todos los que iniciaron la Academia “La Recoleta”;
con los profesores que allí dictaron sus clases; los ingenieros Beto y
Jorge Mosqueira, William Ruíz, Huamán y muchos más, una
52

palabra de hermanos y agradecimiento especial por habernos dado
abrazos de amistad y paz con el director Fundador de la Academia
R.P. Luis Rebaza.
A todos los que trabajan en el obispado, a ellos muchas
gracias por haber comprendido al Padre Lucho; al Padre Alois
Eichenlaub, por la linda cámara fotográfica que le obsequió con
mucho cariño; a Jorge Chilón, por sus buenas atenciones; a
Glicerio Gallardo, de Sono Viso; y a Segundo Quiroz, de la
Imprenta; todos lo estimaron y con aprecio compartieron su
amistad.
Recuerdo mucho las largas horas que conversaban con los
padres Dávila, Perales y Lorenzo Vigo; con este último a veces se
gastaba algunas bromas, cuando venía a celebrar misa en La
Recoleta; le decía: “Hoy sí que me voy a santificar en tu altar,
Luchito…”
Evocación especial a las visitas del R.P. Restituto Palacios
O.F.M. del Convento Franciscano, quien venía a la Recoleta muy
constantemente para visitarnos y conversar con el “padre
Luchito”; al Padre Urrelo, por la bromas que se gastaban.
A todos los que vinieron a sus misas y vienen a recordarlo a
La Recoleta; al Sr. Alcalde de Cajamarca, Ing. Paco Arroyo, por
su aprecio, comprensión y colaboración con el Padre Rebaza, para
que siguieran viviendo estos jóvenes en La Recoleta; a todas esas
viejecitas que vinieron a suplicar por algo. A ellas denles las manos
y agradarán al Padre Rebaza que descansa en la eternidad
celestial, que como él mismo decía: “Ha nacido para la vida
eterna”, y así fue el 8 de abril de 1992.
Por estar más solo e independiente y al no haber otro lugar,
hizo su cuartito en el coro de la iglesia, y allí vivió hasta sus
últimos días. Si algunas veces venía alguien de visita, él prestaba
sus frazadas y se tapaba con alguna capa que estaba en desuso; en
este humilde cuarto que guardaba sus filminas y otras cositas más,
aparte de su ropa, se encontraba un cuadrito que decía:

53

“Despacio y con gran piedad
Di ¡Oh, sacerdote! la misa
porque lo corrido y de prisa
desdice tu dignidad;
y no sabes si será,
el último SACRIFICIO,
haz como debes tu oficio
que Dios te lo premiará”.
Para ayudarle en sus labores parroquiales, al Padre Lucho,
Mons. Dammert le daba algunas donaciones de dinero que servían
para hacer alguna obra en las parroquias y capillas que él
administraba. Monseñor Dammert siempre lo comprendió y lo
dejó actuar libremente en su forma cómo ha seguido su monasterio
de Sacerdote.
En Cajamarca, en el año 1976, unos jóvenes llevaron el
carrito y se volcaron cerca de San Juan; entonces todos venían a
decir: “no es posible, se tiene que castigar, y él con su paciencia de
siempre respondió… con tal que no haya pasado algo grave con
ellos… las latas del carro ya se arreglarán”, y se quedó sin
movilidad. Años después hubo un comandante del ejército que le
obsequió una carrocería de Volkswagen que habían quemado los
estudiantes, en señal de protesta contra el gobierno revolucionario.
Cosa que no quedó muy bien. Mucho se padecía con el carro viejo,
y Mons. Dammert viendo la falta de movilidad, le proporcionó un
carro amarillo para que se ayudase en sus labores parroquiales.
Recuerdo que cuando lo recibió decía: “Da un poco de vergüenza,
qué dirá Monseñor”.
El Padre Rebaza cuando era estudiante de secundaria, leía
un libro: El joven de carácter5, y toda su vida se ha pasado
5

Monseñor Tihamer Tóth, teólogo, obispo y escritor católico. Nació en Szolnok,
Hungría, el 14 de enero de 1889. A pesar del ambiente liberal de fines de siglo, en
el hogar de los Toth reinaba el más puro espíritu cristiano. Entre sus obras destacan
El joven de carácter, El joven y Cristo, Energía y pureza, Sé sobrio, Los diez
mandamientos, Cristo Rey, Creo en Jesucristo: el Mesías; Creo; el Redentor, El

54

difundiéndolo. Primero lo mandó a imprimir en esténcil; luego en
imprenta. A cada joven que ha conocido le ha obsequiado esta
obra, de mucha formación moral. Según el, quería que todos
fuésemos “jóvenes de carácter”.
La primera vez que lo operaron, en 1980, en Cajamarca,
también estuvo muy grave de salud. Monseñor atendía la
parroquia de La Recoleta, mientras se recuperaba. Lo llevaron
muy delicado a Lima. Se recuperó y le recomendaron nueva
operación; y claro, como él ha sido muy nervioso, no fue tan fácil
que aceptara esto, pero así ha seguido luchando y trabajando en
bien de los demás.
Unos campesinos mandaron rezar una misa, y luego se
acercó uno de ellos al Padre Rebaza y le dijo: ¿cuánto será?; él,
característicamente le respondió: “lo que sea tu voluntad”, y el
campesino le dio unas monedas; luego salió a la calle, y encontró
un campesino que le pedía una limosnita. “No hay mucho, esto
nomás: ten. Y le preguntó: ¿no eres tú al que le acabo de hacer la
misa?” –sí, respondió. Entonces, toma, y le dio un poco más de lo
que había pagado, y le dijo: “Si no tienes, ven nomás a la misa, la
encomendaremos a tu almita y no des nada… compra algo para tu
casita, así también se alegra la almita”.
Tenía una palabra especial para los campesinos cuando le
daban algo: “Dios pagará, Shunqui”.
Cuando el Padre tenía alguna dificultad se ponía a meditar
por varias horas en su despacho, en silencio y apoyado con su
cabeza a la mesa. Creo que era una forma de reconocer sus actos y
continuar su digna labor, renovando su espíritu y sus votos que
profesó al ser ordenado Sacerdote, para llenar de amor a los
pueblos y hogares que él ha conocido.

matrimonio cristiano, Creo en Dios, Creo en la vida perdurable, Creo en la
Iglesia, Eucaristía, Padre nuestro, Venga a nos tu reino, Prensa y cátedra, Verdad
y caridad y Formación religiosa para los jóvenes. Se conocen 23 obras suyas y
traducciones a más de 16 idiomas. (Nota del editor.)

55

Por mucho tiempo funcionó la Hermandad de “San
Camilo” en La Recoleta, con el asesoramiento del traumatólogo,
Dr. Narro; quien le hizo una magnifica operación a uno de los
jóvenes de La Recoleta, quien era cojito y vivía también con
nosotros.
Casi todas las semanas le enviaba encomiendas su mamá,
con víveres para compartir el café de la Parroquia “La Recoleta”.
Todos los años en el mes de Febrero viajaba a Lima para visitar a
su mamá, en la Av. Atahualpa N° 289, Pueblo Libre, y regresaba
con el mismo ímpetu y valor para continuar su obra en beneficio
de los demás. Me escribió desde Lima: “He necesitado unos días de
tranquilidad para programar las cosas de este año”.
Recordaba con mucho respeto los hechos de la guerra con
Chile, en 1879, y para el Centenario preparó un montaje de
filminas sobre el tema, y un sello: “Año de Nuestros Héroes de la
Guerra del Pacífico”, y selló las páginas de los libros de bautismos
y matrimonios pertenecientes a ese año. Todos los libros los
empezaba: “En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo”. Muy peruano, patriota y ciudadano fue el R.P. Rebaza.
En el despacho de la Parroquia tenía un cuadro del alférez
“Luis Reinafarge Hurtado”, caído en Porotillo, en 1941, y el papá
del R.P. Lucho, cuando fue comandante del Ejército en
Cajamarca. Le mandó a hacer en el cementerio un pequeño
monumento a la memoria de Luis Reinafarge Hurtado.
Muchos jóvenes lo han acompañado en la Recoleta, hasta
sus últimos días. Siempre estuvo a su lado Elber Oribe; a quien
cariñosamente en el Barrio San Sebastián lo llaman: “El Hermano
Oribe” (él no ha sido seminarista).
A todos los hombres y mujeres, del barrio y del pueblo, que
apoyaron al Padre, derrame sus bendiciones, y perdure en vuestros
corazones hasta la eternidad.
Creo que las humildes letras que escribo son como un
agradecimiento especial al Padre Rebaza, a los pueblos de
Cajamarca, Contumazá, Chilete, Tembladera, Cascas, Magdalena,
56

Jesús y otros, que como se merecía, recibieron los restos del
Viernes 10 de Abril en el Aeropuerto “Armado Revoredo Iglesias”,
cantando: “Tú eres mi hermano del alma, realmente un amigo,
Que en todo camino y jornada está siempre conmigo...”, y el
Sábado 11, su entierro en la Cripta de La Recoleta, donde se velan
sus restos diariamente, y las frases de su sepelio están presentes:
“Padre Rebaza, te quedarás en el corazón de Cajamarca”, “No
estamos huérfanos, tú estarás entre nosotros para siempre”.
“Fuiste la calma
en las tormentas,
el consuelo en el dolor
y el amigo
en las necesidades”.
Del perfume de flores
marchitas,
respira la vida,
“Del último hombre de la tierra”.
Luchito, tú no has
muerto, sólo
descansas un poco. Pero
despierta pronto.
H.L.P.
He visto llorar la desaparición del Padre Lucho, a un amigo
y vecino a quien todos le dicen cariñosamente “Panchillo”.
Comprendió su obra y ayudó en su vida al Padre. Que Dios lo
bendiga a él, a todos los hombres, mujeres y niños de Cajamarca.
La última vez que estuvo en Cajamarca el R.P. Gustavo
Gutiérrez, para presentar su libro: En busca de los pobres de
Jesucristo, pensamiento de Bartolomé de las Casas, me dijo: “Qué
57

bueno que se diga algo acerca del Padre Lucho. Fuimos
compañeros de Colegio en ‘San Luis’ de Barranco; él siempre fue
calladito y estimado por todos”; a la vez que me dio la sugerencia
de lanzar pronto la publicación, porque añadió: “Cuando uno
quiere hacerlo mejor, más se demora, y lo interesante es presentar
la obra; en una segunda edición se corrige y aumenta lo que hace
falta”.

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61

62

63

LA SANTA MISA
POR EL PADRE
“LUIS REBAZA NEIRA”

64

LA CELEBRACIÓN DE LA SANTA MISA
POR EL R.P. “LUIS REBAZA NEIRA”
El Padre Luis Rebaza Neira tenía presente los
pensamientos de Bossuet: “Cuando Dios hizo el corazón del
hombre, lo primero que puso en él fue la bondad”.
Por ser el Padre alma privilegiada escogida del Señor, la
semilla de la bondad germinó, brotó espontáneamente y llenó los
corazones de los demás con buenas acciones.
Su más alta dignidad fue ser apóstol de Cristo Rey y
celebrar con un profundo sentido de amor los sacramentos. Toda la
unidad de la Iglesia, su apostolicidad, la resumía en el Sacramento
de orden instituido por el mismo Cristo: “Haced esto en memoria
mía”.
Siguiendo muy firme al Maestro ha sido con toda verdad
“La luz del mundo” (Juan 8, 12). Iluminado por el espíritu Santo
para descubrir y resplandecer la sublime Doctrina de Cristo.
Siempre ha sido su costumbre no hacer la misa con apuro.
Se colocaba el Alba besando su estola y Ornamento, meditaba.
Luego, con una expresión de alegría empezaba la misa, con voz
paciente y placentera, que a todos nos hacía meditar.
Los sábados en la nochecita nos reuníamos para comentar
el Evangelio del Domingo. Lo hemos escuchado en sus misas,
bautismos, matrimonios, confesiones y otras palabras. Somos
testigos de la delicadeza y fineza con que trataba a la gente.
Con prudencia y devoción seguíamos durante toda la misa.
Cuando levantaba el cáliz lo hacía con una expresión que parecía
que en realidad llegaría hasta el cielo. Levantando sus manos hacia
el cielo, y con su mirada arriba, recitaba con todo el pueblo la
oración que él mismo Cristo nos enseñó: El Padre Nuestro…
Cantando himnos de la Cena del Señor que le agradaban
mucho: “El Bendito”, “Oh, Buen Jesús”, “La muerte no es el
final”, “Himno a Santa Rosa de Lima”, entre otras.

65

El pueblo llevaba su bendición casi todos los domingos en la
Recoleta y otros lugares donde celebró la Santa Misa.
Un buen tiempo Radio Atahualpa y Nuevo Continente
transmitieron la Santa Misa del R.P. Luis Rebaza Neira, quienes
también ha sido de estas familias, hasta sus últimos días. Recuerdo
que les recomendaba a los campesinos que escuchen la misa en la
radio.

66

CONDOLENCIAS RECIBIDAS POR EL
EXCELENTÍSIMO SEÑOR OBISPO DE
CAJAMARCA Y PRESIDENTE DE LA
CONFERENCIA EPISCOPAL PERUANA, MONS.
JOSÉ DAMMERT BELLIDO

67

El R.P. Gilberto Calderón Vargas, sacerdote cajamarquino,
hoy capellán del Hospital Guillermo Almenara de Lima, le escribe
a Mons. José Dammert Bellido:
GILBERTO CALDERÓN VARGAS le saluda consternado
y muy apenado por la muerte de nuestro P. Luis Rebaza, que ya
de Dios estará gozando, y le dice: que sintió mucho no contestar su
llamada, porque estaba en el hospital.
Sin lugar a duda, para recomendar a nuestro hermano en el
sacerdocio el Padre. No era necesario, es nuestra obligación
atenderlo hasta lo último.
Desgraciadamente no se le pudo salvar, y como había
llegado en muy malas condiciones, se complicó la cosa, que los
médicos me dijeron que no se podía hacer más.
Murió casi en mi presencia, a 10 minutos pasadas las 5 p.m.
del día miércoles 8. Le hice su responsito y la primera misa en
sufragio de su alma.
No tenía la dirección de los familiares ni de las personas
más allegadas al padre, y le avisé a su hermana, la Sra. Laura6
para que tuviera conocimiento.
La mamá del Padre, a medianoche había venido a sacar el
cadáver para velarlo. Después me enteré por radio que se estaba
velando en el Hospital Militar y que sería llevado a Cajamarca.
Estoy de acuerdo en esa determinación; se entierre en
Cajamarca, Departamento que amó tanto y por el cual se sacrificó,
dándonos a todos ejemplos de virtud que imitar, por lo cual soy
uno de sus admiradores.
Acompañándole en su justo pesar que también es el mío y
de todos los cajamarquinos, hago votos porque Dios lo ilumine y
encuentre otro Padre Rebaza que lo reemplace, que lo veo muy
difícil.
Ruega por su Obispo,
6

Hermana de Mons. Dammert B.

68

P. CALDERÓN
L.10/IV/92.

69

70

Telagrama del R.P. Ramiro Fernández, quien fue párroco
de Contumazá con el R.P. Luis Rebaza Neira, y hoy ocupa el
cargo de VICARIO GENERAL DE LA DIÓCESIS DE
CHICLAYO.
Monseñor Dammert Bellido
OBISPO DE CAJAMARCA.
Sentida condolencia Fallecimiento Hermano Luis Rebaza
Neira. Pero alegre vida sacerdotal de Lucho.
Saludos,
RAMIRO FERNÁNDEZ

71

TELEGRAMAS DEL ALCALDE Y DEL MAGISTERIO DE
CONTUMAZÁ EN NOMBRE DEL PUEBLO CONTUMACINO
OBISPADO DE CAJAMARCA.
Nombre contumacino expresamos sentidas condolencias
irreparable pérdida Padre Luis Rebaza Neira.
Atentamente,
OBER MORALES
Alcalde Contumazá

SEÑOR OBISPO DE LA
DIÓCESIS DE CAJAMARCA
Magisterio Contumacino expresa sus condolencias por
Fallecimiento del Padre Luis Rebaza Neira.

72

Contumazá, 08 de mayo de 1992
Monseñor José Dammert Bellido
Obispo de la Diócesis de Cajamarca.
M.S.
Nos es sumamente honroso dirigir a Vuestra
Ilustrísima, el saludo cordial de los moradores del pueblo
católico de Contumazá, para expresarle su sentida
condolencia en el deceso del Rvdo. PADRE LUIS
REBAZA NEIRA. Un profundo pesar en un solo corazón y
una sola alma, pues ha significado para los contumacinos
una gracia de la Divina Providencia: Hombre virtuoso a
través de su misión sacerdotal, acreedor de aprecio de todas
las personas que lo conocimos, siendo testigos del cariño
que tuvo a los suyos, el amor al prójimo, a la verdad, al
cumplimiento y dirección de la iglesia.
A Ud. Monseñor, Obispo de la Diócesis; le ofrecemos
los sentimientos de nuestro respeto y consideración.
Atentamente,
Marco Shean Morales
SUB PREFECTO DE LA PROVINCIA
(Sigue una serie de firmas)

73

Recuerdo al PADRE LUIS REBAZA NEIRA
Para un hombre como tú, que
Aspiraste a la divinidad,
De miles, tú el escogido,
Redentor del pueblo Cajamarquino,
Eres al fin la luz que nos ilumina.
Luchando contra lo que es injusto,
Uniendo gentes de toda clase en tu
Iglesia grande y fraterna “La Recoleta”, que
Sabe y es testigo de tanta bondad y bendición.
Reposan tus restos, pero tu espíritu
Enclavado en nosotros, jóvenes y en el pueblo por lo
Bueno, amable, fino y noble cristiano que fuiste,
Austero, humilde y sacrificado, aún sin
Zapatos caminaste, para dar gloria y ejemplo de vida
A todos los que te admiramos y queremos.
Nunca dejaremos de amarte
Eterno eres, como la luz del Señor,
Inmenso dolor tu ausencia en nuestros corazones deja,
Recibe estas súplicas y llénanos de bendiciones,
Amor te imploramos como nuestro guía y esperanza.
Jesús, 08 de mayo de 1992

74

No te olvides estas tres cosas del Padre “Lucho”
BONDAD, AMOR Y CARIÑO, con que llenó los pueblos donde él
conoció,
POBREZA, HUMILDAD Y SACRIFICIO, con que compartimos
durante toda su vida.
INQUIETUD, DESEO Y ESFUERZO, de realizarnos como él nos
orientó.
TRABAJO, CONSTANCIA Y PERSEVERANCIA, en todo lo
que nos propongamos para cristalizar nuestros ideales.
BÚSQUEDA, ANSIEDAD Y DESESPERACIÓN, cuando no
pudo servir a sus semejantes.
PENA, SILENCIO Y SOLEDAD, cuando no encontraba amor en
los demás.
PACIENCIA, CALMA Y TRANQUILIDAD, al dar cariño y un
pan a los necesitados.
LLEGAR, ALCANZAR Y TRIUNFAR, en nuestros propósitos
de ser mañana mejores que hoy.
ORACIÓN, OBRA Y REALIDAD, a las enseñanzas de CRISTO
“Nuestro Salvador”.
Para encontrar:
TRAQUILIDAD, SERENIDAD Y GOZO en nuestro espíritu;
imitando la obra del Padre “Lucho”.
Jesús, mayo de 1992.

75

El Padre Luis Rebaza Neira
Un religioso sin comparación.
Por:
Su espíritu de bondad,
deseo de ayuda,
ansiedad de que seamos mejores cada día,
su pobreza con el pueblo,
humildad de cristiano,
trabajo infatigable en el Evangelio,
paciencia para realizar,
piedad para rezar y
sacrificios durante toda su vida
y dejarnos la única herencia de:
“humildad, bondad, y sacrificio por
los demás”.
Jesús, mayo de 1992.

76

AL HERMANO LUIS
Caminaba lentamente,
pero no a paso cansado,
caminaba muy seguro
pues ha comprobado siempre
que despacio y con cuidado
se llega más seguro
y de prisa a las metas,
hoy hay corazones tristes,
todo un pueblo lo reclama
él se ha ido para el cielo
nos ha dejado llorando
él se fue y para siempre
nos ha dejado solitos
no se ha ido porque quiso
es DIOS quien lo ha llamado.
la iglesia, el campanario,
todo luce diferente
y creo que a su ser inerte
también les falta su presencia.
Él se ha ido para el cielo
nos ha vestido de negro
nos envía bendiciones
y su muerte nos enfrenta
un mundo diferente
con dudas, con tristezas.
Él se ha ido, simplemente
DIOS calmó ya sus dolores
goza de su presencia
de su gloria y su cariño.
DIOS lo tenga descansando
escuchando una trompeta
77

y ojalá que en el cielo
también tenga otra RECOLETA.
Cajamarca, 10 de abril de 1992.

78

SEGUNDA PARTE

TESTIMONIO SOBRE LA VIDA DEL
R.P. LUIS REBAZA NEIRA.

79

Es conveniente acotar que se ha respetado íntegramente el texto
de cada uno de los siguientes testimonios, por cuya colaboración
agradecemos.
RECUERDO DE LOS CINCO AÑOS DE ESTUDIOS
SECUNDARIOS DEL R.P. LUIS REBAZA NEIRA
Prof. Pedro Pascual Chávez Moreno
“Inicia sus estudios de instrucción media, que así se
llamaba por entonces, y no educación secundaria, como ahora, en
Lima, en 1938, en el colegio religioso particular San Juan Bautista
de la Salle, cuya promoción celebra este año sus Bodas de Oro.
Precisamente con este motivo me dijo: “este año celebra mi
promoción sus Bodas de Oro y tengo que viajar a Lima, porque me
han invitado”. Es así como en la tarde del lunes 20 de enero
pasado viajó, pero retornó a los pocos días, y me refirió: “no se han
reunido los integrantes de mi promoción y no hubo tal celebración
de nuestras Bodas de Oro”, y luego agregó: “nosotros también del
Colegio San Ramón celebramos nuestras Bodas de Oro, yo oficiaré
una misa para celebrarlo el 31 de agosto próximo”.
En 1939 tuvimos la suerte de tenerlo en Cajamarca. Vino
para estudiar el 2° año en el glorioso San Ramón; fue mi
compañero de estudios en la sección “A”, y mi amigo inseparable,
pues mientras los demás condiscípulos jugaban fútbol en la hora
de educación física, nosotros aprovechábamos el tiempo para
estudiar, y lo hacíamos por el callejón de los Valderrama, situado
al lado este del actual estadio Héroes de San Ramón. Fue alumno
inteligente y aprovechado, tal como lo demuestra en 1942, cuando
me escribió una carta, y en ella, al referirse al conflicto con el
Ecuador, me decía: “y ahora pasando a un punto más importante,
qué te parece la conferencia de Río de Janeiro y el arreglo de
límites: no cabe duda que es una victoria diplomática la de nuestro
gobierno, aquí puedo decir lo que nuestro profesor Cabrejos, al
80

hablarnos, si mal no recuerdo de Julio César, pues hemos vencido
tanto con la elocuencia de la batalla, como en las batallas de la
elocuencia”.
Al año siguiente, el tercer año de estudios lo realizó en la
ciudad de Sullana. Intercambiamos desde allí muchas cartas y
algunas fotografías ya con grupos de estudiantes o con vistas
importantes del Río Chira.
A principios de 1941 viajó a Lima para proseguir sus
estudios, y el cuarto año lo hizo en el colegio San Luis, dirigido por
los Hermanos Maristas, en Barranco. Desde entonces su vida se
torna más fructífera, porque a la vez que se preocupa de sus
estudios que los hace con todo ahínco y responsabilidad, tiene
múltiples ocupaciones que se impone para servir espiritualmente a
los niños pobres; por esto, muy satisfecho de lo que hacía, me
comunicaba: “En el San Luis tenemos muchas ocupaciones, pues
por lo mismo que no es un Colegio Nacional, sino de religiosos, la
enseñanza es más forzada y el estudio se hace inevitable; además,
con los muchachos de todos los colegios de Barranco hemos
formado el Centro Católico Juvenil de Barranco, del que tengo el
honor de ser secretario, y como tú sabrás, los secretarios son los
que llevan todo el peso de la correspondencia, actas de todas las
sesiones, invitaciones, etc.; además, como dependiente de este
centro, y colaborando con los jesuitas de Miraflores mantenemos
una catequesis en el Campo de Montevideo (cerca de Barranco), en
donde damos instrucción a los pobres, sobre las verdades de la
Religión Católica todos los domingos. De esta catequesis soy el
primer vocal”. “Como ve, pues, me he método en una serie de
ocupaciones que me hacen estimar el tiempo en su justo valor,
pero me dejan el suficiente tiempo para estudiar como lo haces tú
en el San Ramón”. “Con todo, los exámenes los terminé muy bien,
aunque no de acuerdo con las notas que había sacado durante el
año, porque en los últimos meses más me dedicaba a las
instituciones que te menciono, que al colegio”. “Yo pienso que este
año (se refería al 5to. año) debo seguir con todas esas ocupaciones,
81

pero no abandonar mis estudios, ni mucho menos mi
correspondencia con amigos, pues no te imaginas la satisfacción
que se experimenta al recibir las cartas de lejos, como las tuyas”.
Al comenzar 1942 me decía: “No sé con qué cara volverte a
escribir, después de haber dejado sin contestación todas tus caras
del año pasado; no creas que por eso me he olvidado de ti, ni de
Cajamarca, ni del Colegio San Ramón, del que guardo tantos
recuerdos, que ahora se hacen más vivos por el hecho de que
entramos al último año de instrucción media: muy al contrario por
el mismo hecho de que no te escribía me acordaba a cada rato de
que debía hacerlo, pero no he podido dar un solo momento
descansado en Lima para escribir una carta bien hecha. Más de
una vez he tenido que romper cartas a medio hacer, porque no las
terminaba el mismo día, de manera que carecían de actualidad”.
En seguida me refería: “Como te darás cuenta por el
encabezamiento de esta carta, me encuentro nuevamente en
Sullana, adonde he venido a pasar estos tres meses de vacaciones
con mis padres “Mucho y más que mucho, muchísimo, tendría que
contarte de Lima, del San Luis y del reciente Viaje, pero no quiero
hacer una carta muy pesada, por eso, para entretenerte un rato
voy a hacer una breve reseña de todo”. “Mi viaje desde Lima lo
hice por tierra; una vez más y esta vez con mayor detención pude
contemplar lo hermoso que es nuestro país y lo mucho que le falta
progresar, así como lo mucho que hacen también nuestros
gobernantes, para que el Perú sea cada día una nación más grande,
pronto podrá codearse de igual a igual con Chiclayo y Trujillo”.
“En Sullana, hasta al río lo he encontrado por otra parte, pues lo
han encauzado acercándolo más de un kilómetro a la población,
para evitar accidentes como los del anteaño pasado, en que se llevó
al puente, y más tarde que amenazaba irse por otra parte y dejar
al gran puente reconstruido en el aire”. “En estas vacaciones trato
de aprovechar lo mejor que puedo el tiempo. Intento aprender
inglés, que no sé ni jota; pero los meses se van volando: ojalá me dé
tiempo, como que así lo espero”.
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Luis Rebaza Neira había terminado su cuarto año de
estudios y ya tenía una muy amplia cultura, lo que es difícil en
nuestros tiempos que un estudiante la tenga, aunque hubiera
terminado sus estudios de secundaria. Como testimonio de lo que
digo, voy a seguir exponiendo otras vivencias, pues conocía y
estaba al día de los acontecimientos nacionales e internacionales, y
por eso me decía: “Y qué me dices de la guerra (mundial), mucho,
probablemente pero lo que yo deseo es que se acabe pronto sin que
llegue a nuestra América del Sur, de una manera activa, pues bien
sabes lo que trae consigo una guerra, y estos pueblos en que estoy
viviendo, sobre todo, bastante saben lo que es una guerra; pues
ven lo que les pasó a los ecuatorianos por entrometidos. Ya hemos
roto relaciones con el Eje, lo que yo apruebo, pero es un paso hacia
la guerra”.
Conocía también a plenitud sobre las atrocidades que han
tenido que sufrir los españoles antes de que la Guerra Civil
culminara con la victoria del Generalísimo Francisco Franco.
Por esos años también se realizaba un campeonato de
fútbol en Montevideo; en esa oportunidad decía: “Qué te parece la
pateadura que nos están dando en Montevideo, si es que a este
campeonato no hubieran asistido los equipos de Chile y Ecuador,
que son un par de maletas, el nuestro hubiera salido último”.
Terminadas sus vacaciones en la ciudad de Sullana, retorna
a su Colegio de San Luis, para terminar con sus estudios.
Todo el año de 1942 trabajó mucho en sus ocupaciones, sin
embargo no descuidó sus estudios, rindiendo sus exámenes en
forma brillante.
Al año siguiente ingresa a la Pontificia Universidad
Católica–Facultad de Ingeniería, pero más fuerza tiene su vocación
para el sacerdocio. Abandona la ciudad y se congrega en el
Seminario Diocesano de San José, de esta ciudad.
Esta es en breve síntesis, la vida de colegial de nuestro muy
recordado Padre Luis Rebaza Neira”.

83

Cajamarca, mayo de 1992.

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TESTIMONIOS

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“EL CURITA DE LA RECOLETA”
Por: Javier Farfán Cedrón
PHELPS N.Y. – USA
Era una tarde de agosto. Año 1990. Hacía unas largas horas
que Kuwait había sido invadido. Decidí caminar a la agencia de
transportes para que mis pies se despidiesen de calles y lugares. El
sol estaba triste y centelleaba tímidamente, como si los años se le
vinieran encima al pobre, como si supiera de los largos viajes que
los humanos debemos cumplir inexorablemente. Entré a la Iglesia
La Recoleta, muda y solemne, se encargó de resonar mis pasos al
subir unas humildes escaleras cubiertas de polvo. Una puerta vieja
y compasiva cedió a mi leve empujón. El viento y el sol se
filtraban a través de una ventana alta y clara. Por un momento
me sentí horriblemente solo. Asomé la cabeza por detrás de una
mohosa cortina: ¡Ahí estaba! Pensativo, las manos dibujadas en un
ademán automático de oración, producto de largos años de
sacrificio.
Le dije que había deberes que el hombre debía cumplir. Me
dijo que la vida era para vivirla luchando. Le dije que debería
partir. Me dijo adónde. Le dije que lejos. Me dijo que era mejor
luchar junto a la familia. Me dijo que él tenía esperanza, que el
cambio estaba en la puerta. Le dije que el tiempo me azotaba, que
sólo una bendición me bastaba para el camino. Y el viejito cerró
los ojos, la cara surcada de penas e insomnios se tornó serena.
Levantó la mano espontánea y simétrica, e hizo la señal eterna. Y
creí en Dios. Verdaderamente empecé a creer en Dios…
Era una noche de abril. Año 1992. Ya no existía la Unión
Soviética y hacía unas pocas horas que ya no existía democracia
en el Perú. Desde este frío extranjero me acordé del viejo cura.
Decidí escribir otra de mis nostálgicas cartas a mi familia. Aquella
iba a ser una carta paradójica en la que encargaba que saludasen
al Padre. Serían los últimos saludos que le pude enviar y que él no
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recibiría: Aquella coincidente noche de abril el viejito dormía para
siempre rodeado de cirios y caras maltrechas. Un mes más tarde,
me enteré de la mala nueva: La Recoleta se fijó en mis ojos. Vi al
Padre con su túnica blanca que de tantas misas se había tornado
dorada. Oí su voz clara y paciente. Me acordé de sus charlas
científicas, de sus relatos acerca de su peregrinaje por
Norteamérica; hasta oí su inglés erudito pero entendible. Así
recordé al padrecito: Un hombre cabal en cualquier parte y en
cualquier mesa. Agudo en sus consejos. Con energía suficiente para
cubrir misas extemporáneas. Testarudo y descuidado de su salud
en forma alarmante. Un ser humano lleno de fe y sencillez
vitales…
Esa noche callada, de primavera, cuelga aún -de mi cuellola bendición del curita. Me asombro de la vida y de la muerte, y
comprendo la lucha a la que el viejito se refería. Me doy cuenta
que hay esperanza y que sólo las distancias varían en nuestros
viajes, pero la esencia de ellos es absoluta. Me doy cuenta,
hermanas y hermanos, que el viaje del Reverendo Padre es largo,
doloroso y sin retorno, que las lágrimas surcan rostros y estómagos
ayunados… Me doy cuenta, hermanos… hermanas… Me doy
cuenta… y sigo creyendo en Dios a pesar de todo pesar.
Phlelps, New York, Sunday may 24 1992 (3:37 a.m.)

REQUIEM, REQUITAJE
Vagan mis horas ausentes
con paciencia material.
Oigo pasos lejanos
muertos lejanos
países lejanos
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que se pierden
en la inmisericordia
Veo desfiles necrológicos
llenos de vida
llenos de virtud
llenos de unidad
Veo desfiles mitológicos.
Siento las descargas
deshidratantes
llenas de sal y aguas
benditas (salidas de la nada)
siento las caras
arrugadas
de las viejas pecadoras
de los viejos chauvinistas
de los patitas de veinte
con pecadillos de amor
con culpas eternas.
Oigo un pájaro
mecánico
graznando tecnológicamente
Oigo los oradores
cargados de pena y miseria sincera.
Oigo las mamitas
llamando
Oigo los niñitos
llorando
Oigo las vírgenes
llorando
Oigo las rameras
llorando
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Oigo los novios
los recién casados
los recién bautizados
los recién ahuyentados
¡llorando!
Tiemblan los pechos
y la muere está de fiesta
pero triste
pero amarga
pero arrinconada
Tiemblan los milicos,
se arrepienten de tantos tormentos,
¡tiemblan!
Hasta los gobernadores adiposos
Hasta los ateos de mala muerte
(Discúlpenme, quiero decir:
de mala mente)
¡Tiemblan!
la campanas
Dominicales
¡Tiemblan!...
Hasta…
¡Los infiernos!
Tiemblan
Y se va el viejito…
Se nos va!
¡MAMA!
Y se va el chochito
¡Agárrenlo!
¡Agárrenlo!
¡Doctor!
¡Palméelo!, que despierte!
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¡Enfermera!
Por el Amor de Dios…
Dios, por el Amor…
¡Al seguro, al Seguro!
Lima…
Y se nos va el viejito
¡que se quede!
¡que se quede…!
Que no se Vaya
Mamá, dile que se quede
que se quede…
¡Tiemblan!
¡Agárrenlo! Que Bendiga
los santitos de las esquinas
y la imagen de San Luis
¡No lo toquen!
Que no lo toquen
Que no lo desprecien
Viejo, se nos fue el viejito
¿Quién nos dará otro cura?
El Papa es polaco,
los Obispos son Europeos,
hasta en sus liberaciones
los curas nuevos quieren auto.
Oigo mis horas ausentes,
mis lejanías materiales
mientras mi amigo (El Cura)
Se apiada de mi vida (y)
93

de mis hermanas (y)
de mis hermanos…
Wednesday 5:30 p.m.
Phelps, N.Y. may 06 1992.

94

TESTIMONIO
Prof. Víctor Ruitón Alcántara
Con sumo agrado quiero ofrecer estas líneas de
reconocimiento al que en vida fuera Rvdo. Padre Luis Rebaza
Neira; el sacerdote, consejero y hermano del pobre, del rico y de
todos sin excepción (católicos y protestantes). Cuando yo era
estudiante de secundaria en mi pueblo de Tembladera, llegué a
conocer al Padre Rebaza; digo esto porque así lo llamaban los que
lo conocían y en especial los tembladerinos que estudiaban en la
provincia de Contumazá y como mayor testigo menciono a mi
hermano que tuvo la suerte también de ser cobijado en la
parroquia al igual que otros chicos. En casa siempre hacía
referencia del tal Padrecito Rebaza y yo tenía muchas ganas de
conocerlo y contaba que su trato a los muchachos fue siempre
cariñoso, como: “CHARANGUITOS”, esto por decir muchachos;
pero no pasó mucho tiempo y logré conseguir mi objetivo,
conocerlo, pues fue por el año 1969 que llegó a Tembladera,
primero para reemplazar en aquella época al sacerdote Manuel
Ugaz Mera; y luego de un corto tiempo la parroquia quedó vacante
y fue allí donde vino como párroco, desde entonces yo acudía a la
parroquia todos los días para ayudarle en la Santa Misa, y luego
con el permiso de mis padres fui a vivir en la Parroquia con otro
amigo que ahora se encuentra en la ciudad de Trujillo, llamado
José Fuentes Alvitres. El Padre Luis Rebaza nos aconsejaba para
que estudiemos con mucho ahínco, conforme nos iba conociendo él
nos decía que invitáramos a otros amigos, y así llegamos a formar
un gran grupo para realizar reflexiones sobre las lecturas bíblicas,
y como a él siempre le gustaba gozar de la felicidad de los jóvenes,
nos regaló un juego de camisetas para formar un Club denominado
“SAN MARTÍN DE PORRES”. A él mucho le agradó el nombre
y como teníamos un amigo cuyo tío también era sacerdote
cristalizamos aún más nuestro Club y él nos regaló una pelota y
95

unos detentes como distintivo del club. Fue él quien bendijo los
implementos y a la vez los nombramos padrinos, pero no
solamente nos dedicamos a jugar sino que siempre nos reuníamos
para realiza reflexiones bíblicas. Él era el último que daba el
veredicto de todo lo dicho por nosotros, y luego lo ponía en
práctica en sus homilías. Otras veces para ver nuestra madurez
psicológica, nos daba charlas de educación sexual y nos regalaba
unos libritos de “Educación Sexual para jóvenes”, y siempre nos
daba charlas, nos decía que cuando seamos jóvenes o señores
mayores, evitáramos el aborto, ya que eran niños nacidos y que si
lo hacíamos caerían maldiciones sobre nosotros, por la sangre
derramada. Esto era lo que más rechazaba. Siempre invocaba que
no deberíamos ser como Herodes.
Cuando salíamos a algún caserío del distrito para celebrar
la festividad de un pueblo lo hacíamos a pie –si no estaba muy
distante- o nos llevaban a acémila; íbamos conversando o
riéndonos. Él no fue un sacerdote serio, sino que le gustaban
también las bromas y nos gustaba cuando lo hacíamos reír; hasta
cantaba y tocaba su guitarra, y nos decía: esto le gustaba a mi
abuela; y según tengo conocimiento, él heredó la guitarra de su
abuelita.
Al padre Luis le gustaba siempre escuchar las noticias o
quería siempre que le informen sobre temas de actualidad, no se
quedó con los conocimientos que adquirió, sino que siempre le
gustó estar actualizado.
Estuvo muy poco tiempo en la ciudad de Tembladera, pero
no la dejó del todo porque siempre se daba tiempo para visitar este
pueblo de cabecera de costa, y a la vez aprovechaba para visitar
Chilete, Magdalena, que eran sitios donde le gustaba estar. Cuando
él viene a Cajamarca, el año 1974, yo estaba cursando el quinto
año de secundaria, y nuevamente me invitó para venir a
Cajamarca y seguir mis estudios. Bueno pues, empaqué mis cosas y
a mis padres les conté de esta invitación del padre Rebaza, y ellos
me dijeron: “ve tú, hijo, tu porvenir”, nosotros te ayudaremos
96

hasta donde podamos hacerlo. Llegué a Cajamarca para la Octava
de San Sebastián, en el año 1975, estando acá comencé
nuevamente mi labor de sacristán, y recuerdo ahora, algunos
muchachos de aquella época son ya señores y como no sabían
quién era yo siempre me mandaban que tocara la campanilla en la
hora de la consagración y esto me fastidiaba un poco, le contaba al
Padre Luis Rebaza y él me decía: “es que no saben que tú tienes
más años que ellos ayudándome en las misas”.
Luego poco a poco fui conociendo a la gente del barrio y a
los de la zona rural, como salía con él la gente me llamaba “joven
Víctor”, no me decían “hermano”, como ahora a los hermanos del
Grupo “Jesús el Buen Pastor”, inclusive nosotros con otros
muchachos comenzamos a poner en práctica las Paraliturgias y la
gente nos rechazaba, es que no estaban preparados para este tipo
de celebraciones y luego, ensayamos otro tipo de actividad con el
Padre Luis, y llega el día en que nos envía nuestro querido Padre
Luis al distrito de Jesús y es allí donde empezamos a realizar las
novenas al “Dulce Nombre de Jesús” y celebrábamos la
Paraliturgia; entre ellos estaban Juan Cedrón Plasencia, Fernando
Torres Saldaña, quienes siempre nos acompañaban en la
entonación de los cantos y los preparaban desde ya para el día
central. Fueron cinco años consecutivos los que acompañé al Padre
Lucho, ya que luego contraje matrimonio religioso, cuya
ceremonia él la celebró y, desde el altar de donde me casaba, dirigí
el coro, porque los amigos del grupo coral “Reflexión” habían
viajado por vacaciones y solamente quedaron dos amigos y otros
solamente hacían compañía. Nosotros cantábamos para toda la
gente y cuando necesitábamos de coro, no había quién lo haga;
eran nuestras conversaciones con el padre Lucho. Sin embargo él
repetía: “todo tiene su recompensa”. Cuando estuve como
estudiante en la Escuela Normal Superior de esta ciudad, me
dediqué también a hacer catequesis, muchos niños fueron
preparados durante los cinco años que viví en la Parroquia, ya que

97

nos dedicamos a ir, inclusive, a las escuelas para ver a los niños a
fin de que hagan su primera comunión.
Al casarme, al año siguiente me sentí muy triste porque me
dije a mí mismo: “y ahora quién irá a Jesús a celebrar Novenas, ya
que no había jóvenes a quien les gustara hacer este tipo de
actividad y, bueno, pues, como él me pidió que si podía ir a Jesús,
yo le dije a mi esposa, y ella encantada, estuvo de acuerdo;
entonces le di la respuesta afirmativa al Padre; él terminaba la
misa de la octava, tenía pensado casarme el matrimonio civil y lo
realicé en Jesús sin decirles a mis familiares ni a los de mi señora.
Sorprendí al Padre Luis y a la señora Luisa Mercado Vallejo, quien
es de Jesús, para que fueran mis testigos, y ellos no se hicieron de
rogar. Es así como iba culminando lo que él siempre quería: que se
realicen bien las cosas; y desde entonces, formada ya mi familia,
siempre me daba mis escapadas para verlo y pedirle sus consejos.
Al estar al lado del Padre Luis aprendí muchas cosas;
primero, no creernos los que sabemos todo, y segundo, dar lo que
uno tiene con buena voluntad. A él no le gustó que le mintieran,
pero nosotros quizá no fuimos fieles con él, siempre se nos
escapaban algunas mentiras, quizá para que él reposara un rato,
porque no le gustó que dijeran que estaba descansando. Estuvo
siempre dispuesto a servir.
Muy feliz me encuentro de haberlo acompañado y haber
estado hasta el último con él; esto es, desde que se encontraba en el
Instituto Peruano de Seguridad Social, cuando fue intervenido
quirúrgicamente, hasta cuando fue evacuado a Lima. Mucho me
recomendó para que termine de hacer su reinscripción al Seguro,
pero todo fue en vano, ya que el Señor lo llamó, para que sirva a su
lado; pero antes de ser evacuado me pidió que les dijera a los
muchachos que vivían en la Parroquia, que se portasen bien y que
cuidasen de las cosas, ya que él no sabía hasta cuándo vendría de
Lima; empero el día fatídico llegó para nosotros, porque nos dejó a
todos los cajamarquinos huérfanos, sin padre espiritual, a jóvenes
que tanto necesitan de él para recibir sus consejos, los mendrugos
98

de pan, para los que sienten ahora el hambre y que llegan hasta su
tumba para rezar por su alma, nosotros que lo consideramos como
nuestro verdadero padre, damos gracias a las instituciones y a la
población en general, por lo bien que se portaron, con su ayuda
grande o pequeña para que lo llevaran a Lima, o para cubrir otros
gastos, como siempre él decía, repitiendo lo del Evangelio:
“Cualquier cosa que hicieran por uno de mis hermanos, lo están
haciendo por mí”. Desde el cielo nos está derramando bendiciones,
ya que él fue, no únicamente sacerdote, sino el amigo consejero, y
mucho recuerdo que el día de su velatorio no sólo hicieron oración
los católicos, sino que también hubieron de otras iglesias
separadas, llorando por la pérdida del hermano, a quien muchos lo
consideraban, inclusive, como su pastor.
Puedo decir que el Padre Luis Rebaza se caracterizó por el
desprendimiento de las cosas materiales, porque quienes vivimos
junto a él sí podemos afirmar, que él vivió los lineamentos de
Jesús. Predicaba rodeado de gente de diferente clase social. Estuvo
siempre sirviendo a los demás.
Agradezco a la Señora Rosa Neira de Rebaza, por la
bondad de conceder a su hijo, para que fuera enterrado en la
ciudad de Cajamarca y así tenerlo cerca de todos nosotros y poder
brindarle todas nuestras oraciones, para que él derrame sus
bendiciones a todos.

99

TESTIMONIO DE UNA PAREJA ORTODOXA
ENRIQUE:
Desde mucho tiempo atrás, a modo de una intuición,
teníamos la idea de que para ser humano con un desarrollo
espiritual muy elevado, dejaban de tener mucha importancia las
diferencias, y más aún los conflictos que con lamentable frecuencia
han signado las relaciones entre las distintas formas cristianas de
buscar y adorar a Dios. En otras palabras, imaginábamos que en
los gigantes espirituales, la profundización de sus propias
creencias, si de un lado fortalecían su condición de ser testimonios
vivientes de la fe en que nacían, ello, a su vez, les permitía la
comprensión de algún otro camino que aunque diferente al suyo se
orientaba igualmente al descubrimiento del Reino de Dios. Pero
fue justamente cuando tuvimos el inmerecido privilegio de conocer
al Padre Luis, que vimos confirmada en su actitud realmente
ecuménica y en su ejemplo de amorosa pero sapientísima
humildad, la vigencia auténtica de aquella idea que para nosotros,
hasta ese momento, sólo había sido apenas un vislumbre de
verdad. En aquellos momentos inolvidables, cuando
conversábamos con él, si bien de un lado veíamos y reconocíamos
en él a un auténtico sacerdote católico romano, al mismo tiempo su
respeto hacia la cristiandad oriental, hacía que lo percibiéramos
como un gran cristiano ortodoxo. Fueron muchas horas las que
compartimos con él, ya en su sencilla y franciscana sacristía o
acompañándolo en sus interminables viajes a tantas iglesias
humildes que él sabía llenar de alegría espiritual. Pero, era sobre
todo, cuando asistíamos temprano a la misa de siete de la mañana
en La Recoleta, cuando descubríamos su capacidad extraordinaria
de invocar la presencia de Dios a través del sacramento de la
divina palabra y muy especialmente con la celebración del ágape
eucarístico. Eran estos gestos litúrgicos tan poderosos, que parecía
que nuevas trompetas de Jericó derrumbaban las fronteras
100

establecidas por las disquisiciones de los teólogos. Lo único que
quedaba enhiesto y triunfante, era percibir la realidad de la senda
viva que llevaba al conocimiento y al vivir en Dios. Los dones del
P. Luis nos permitían así, ser testigos del misterio del amor que
sobrepasa el entendimiento humano.
Esto entre muchas enseñanzas, fue la gran lección de
fraternidad ecuménica que, con su iluminación, nos regaló el P.
Luis para nosotros, como cristianos ortodoxos, se trata de
experiencias espirituales que han calado muy hondo en nuestra
alma. No se trata de ningún modo de meros recuerdos felices, sino
de vivencias profundas que han dejado una impronta indeleble en
nuestros corazones.
No podemos terminar con el recuerdo de esta tan singular
experiencia de hermandad universal, sin relatar cómo, después de
la misa de cuerpo presente en Lima, que se le celebró al P. Luis
antes de su partida final a Cajamarca, tuvimos ocasión de conocer
y saludar a un religioso que lo había conocido y querido mucho.
Estábamos todos dentro de un estado espiritual muy especial,
llenos de congoja humana por la soledad en la que quedábamos sin
nuestro “hermano Luis”, pero a la vez como llenos de esperanza en
la luz de la resurrección. Pero entonces, a través del testimonio de
este hermano, que recién conocíamos, descubrimos que aquella
lección de unidad cristiana, que nos había legado el P. Luis, no
sólo la habíamos recibido nosotros, sino también aquél hermano
religioso. Nos llenó de emoción cuando nos contó que la
comprensión del P. Luis por la ortodoxia era tal que él a veces le
decía risueñamente al hermano Luis, que parecía un presbítero
ortodoxo. Sin embargo, nuestro informante era el primero en
afirmar que en nuestro P. Luis se daba un paradigma ejemplar de
lo que debía ser en su obediencia un sacerdote católico romano.
--*--

101

Fueron muchas las veces que terminada la misa de siete de
la mañana en la Recoleta, bajaba presuroso el P. Luis los escalones
del altar mayor. ¿Había allegado alguna dignidad eclesiástica o
civil que obligara al P. Luis a ese gesto? No, simplemente se
trataba de saludar a una pareja de cristianos ortodoxos que no
acreditaban ni título ni representatividad alguna. En aquellos
momentos nuestra alegría y gozo, de encontrar a nuestro hermano
Luis, se confundía con el sentirnos abrumados por esa deferencia
tan llena de simpatía y afecto, totalmente inmerecida. Después de
esto, éramos inmediatamente invitados a conversar con él a la
sacristía de su iglesia. Cuántas de esas mañanas, mordidos por el
frío matutino, asistíamos asombrados al desfile interminable de
jóvenes que le rendían las muestras de afecto que le destinaba
quizá sólo a sus padres. Cuántas veces veíamos acercarse a gente
humilde abrumada con la carga de su pobreza, o a personas que
lloraban algún dolor entrañable. Y en cada caso, el P. Luis con
gran discernimiento del corazón, sabía ora enjugar unas lágrimas,
ora aliviar el peso de la necesidad material. Unas veces era un
consejo oportuno, otras veces un chascarrillo o una cariñosa
amonestación casi en “chunga”, pero todo con una gran dosis de
verdad, bondad y de rectitud, pero en medio de este ir y venir de
quienes a él recurrían, él seguía conversando con nosotros.
Incesantemente nos preguntaba tal o cual aspecto de la fe
ortodoxa. Nosotros no éramos ni teólogos ni nada que se le
asemejara, sin embargo había algo en él que nos impulsaba a
buscar oportunas respuestas. Todo lo recibía con una alegría
contagiosa y una humildad enternecedora, a tal extremo, que
debemos confesar con honestidad, que muchas veces empezábamos
a creernos tan eruditos como algún bien preparado teólogo
ortodoxo. Venía entonces la despedida, muchas fueron las veces
que el P. Luis nos acompañaba hasta a puerta principal, de su
iglesia. Pero entonces al quedarnos solos después de despedirnos y
recibir de él la bendición en el tradicional estilo ortodoxo, caíamos
en la cuenta de que más allá de todo lo acontecido en cada reunión
102

que celebrábamos con él y detrás de su sencilla y humilde
atención, el P. Luis nos estaba dando en realidad una lección
extraña, casi diríamos, misteriosa. Fue poco a poco que fuimos
develando, con asombro, el secreto de su enseñanza. Porque allí
mismo, este tan querido hermano nuestro, mirándonos con esos
ojos suyos llenos de amistad pero que a veces parecían cerrarse de
fatiga –la fatiga que produce cobra conciencia del sufrimiento en
que vive el mundo- nos envolvía en todo momento con ese efluvio
suyo tan lleno de amor, de simpatía, de humildad, de respeto a los
demás y de apertura del corazón, y era así que nos iba dando la
gran lección de su sabiduría: la de aprender a ofrendar todos
aquellos dones a los demás, dones también todos y cada uno de
nosotros, en el grado que fuese, llevamos en lo más recóndito del
alma. El P. Luis renovaba una y otra vez esta manifestación de la
generosidad espiritual, la de abrirse al amor y a la compasión del
uno por el otro, pero con verdadera delicadeza, y respetando
siempre la dignidad de hijos de Dios que cada uno de nosotros
ostenta. Son muchas las veces que olvidamos precisamente aquella
dignidad tan extraordinaria, la de ser imagen de Dios que nos ha
sido dada gratuitamente por nuestro señor: Uno y Trino a la vez.
Debemos dar testimonio veraz de que nunca nadie nos
había enseñado tanto ni nutrido espiritualmente con tanta
sagacidad y amor.
--*-Han pasado quizá ya cinco años. Una joven católica
romana, muy dedicada a la difusión del culto mariano, tuvo un
gravísimo accidente automovilístico. Transportaba desde Chile,
país donde se había realizado en una reunión mundial de
propagación de la fe en la Teotokos, la Madre de Dios, y en donde
se produjo el lamentable percance, fue internada en un hospital
limeño. Se encontraba esta joven rodeada por todos los suyos,
familiares y amigos, todos con mucho dolor y desconcierto en el
103

corazón. Y es que el pronóstico definitivo de los médicos no podría
ser más severo y cruel: esta joven, que aún no llegaría a los veinte
años, no volvería a andar jamás. La fractura de la columna que
había sufrido en el accidente había causado un daño irreparable.
Valga decir que todos pensábamos con mucha tristeza en algo más
que no mencionaban los médicos, pero la vida de esta devota de la
Madre de Dios estaba definitivamente truncada. Porque para ella,
como en ese momento pensábamos, nunca habría más ni
enamoramientos, ni marido, ni hijos. Más aún ella había quedado
imposibilitada de atender sus necesidades corporales más
inmediatas; no podría, nunca más, valerse por sí misma ni siquiera
en los menesteres más simples. Estaba de novia, pero el novio,
siguiendo, como todos esos momentos, la lógica humana, se fue
apartando y finalmente la dejó.
Estábamos sumidos en ese drama, impotentes ante un
designio incompresible. Pero en eso nos enteramos que el P. Luis
estaba de un paso por Lima. No vacilamos un instante, y sin saber
a ciencia cierta por qué lo hacíamos, fuimos a buscarlo y pedirle
que viniera unos instantes a ver a esta infortunada muchacha. No
pensábamos que nada extraordinario sucedería, pero sí que el P.
Luis podía darle aliento y entereza ante prueba tan difícil que
sortear. A decir verdad y en honor a la actitud ejemplar y valiente
de esta joven, ella en ningún instante acusó síntoma alguno de
desesperación o amilanamiento. Fue justamente en ese estado de
ánimo ejemplar de fe inconmovible en el amor de María, la Madre
de Dios, que recibió la visita de P. Luis, quien sin vacilar nos
aceptó el ir a visitarla en el hospital. Nos retiramos todos,
dejándolos a ambos solos a pedido del P. Luis.
Nunca supimos sobre qué conversaron el P. Luis y la joven.
Salió el P. Luis y lo acompañamos de vuelta a su casa. No
podemos acordarnos con exactitud en qué momento fue cuando
nuestra visión del cuadro de la joven, condenada por la vida a la
parálisis y a la renuncia de sus roles como mujer y madre, fue
como sacudida ante la respuesta del P. Luis a los tristes presagios
104

que seguramente él leía en nosotros. Efectivamente, nosotros nos
íbamos quedando entre admirados y hasta desconcertados, cuando
él comenzó a decirnos, sin preámbulo alguno, que había que dejar
que el cuerpo de esta muchacha se recuperara lo mejor posible, y
que no había por qué entristecerse pues ella podría casarse… y
hasta tener hijos. En ese momento interpretamos todo esto como
una suerte de extraño consuelo, que en todo caso demandaba de
los que oíamos sus palabras una esperanza muy difícil de
mantener. Si alguna otra persona lo hubiera dicho, seguramente
no habríamos vacilado en juzgar tales afirmaciones como de un
optimismo exagerado y hasta fuera de lugar.
Pasó el tiempo y ocurrió lo increíble. Es verdad que hasta
hoy resultó cierto el dictamen del médico en el sentido que la lesión
vertebral y sobre todo la operación misma que se hizo había
producido un daño irrecuperable en toda la zona inferior del
cuerpo de la joven. Pero también resultó absolutamente cierto,
todo lo que el P. Luis nos había dicho en el hospital. Nuestra
heroína, gracias a la solidaridad cristiana de muchas personas
pudo viajar a Alemania, país en el que con terapias especiales y un
adiestramiento muy avanzado se le ha devuelto la facultad de
valerse por sí misma en todo orden de cosas. Pero lo que resultó
aún más impactante y que nos llenó a todos de gran alegría, es que
ella se enamoró de un muchacho alemán, se casó con él… y ahora
tienen hasta dos hijos.
Había resultado ciertísimo todo lo que el P. Luis había
predicho sobre ella, muchos años antes que todo sucediera tal
como él nos había anticipado.
--*-La primera vez en mi vida que he servido de acólito en la
celebración de la misa, fue ayudando al P. Luis en una de sus
misas en la iglesita de Santa Elena. Me ofrecí porque pensaba
manifestar así mi reconocimiento a nuestro hermano Luis, quien
105

sabiendo de nuestra condición de ortodoxos nos brindó desde un
comienzo la sagrada eucaristía con un sentido ecuménico muy
auténtico.
A modo de digresión, permítaseme aquí recordar la
bendición de la primera capillita ortodoxa de Cajamarca dedicada
a San Juan Bautista, en el fundo “La Gloria” –significativo
nombre- en Llacanora, ocasión en la que en unión de nuestros
hermanos católicos, tuvo lugar una celebración litúrgica con el
diácono ortodoxo Enrique, venido especialmente desde Argentina.
Fue entonces que cuando llegó el momento de invitar a compartir
las sagradas especies del pan y del vino consagradas dentro del rito
litúrgico ortodoxo, el primero en acercarse dando conmovedor
ejemplo de su vocación ecuménica, fue precisamente nuestro tan
querido hermano, el P. Luis.
Volviendo ahora a la experiencia que queremos presentar,
aquella constituía para quien de esto da testimonio, su primera
participación en este menester de ayudar al oficiante, en este caso
el P. Luis. Es comprensible el cuidado que se ponía en cada detalle
y en cada movimiento por quien esto relata. Por supuesto, que sin
las oportunas indicaciones del hermano Luis, la inexperiencia del
improvisado acólito hubiera terminado en seguro fracaso. Aquel
intento de hacer las cosas lo mejor posible iba acompañado por un
gran esfuerzo de conciencia y atención, no sólo en la sucesión de las
distintas partes del ritual romano, sino dispuesto también, en la
mejor forma posible, a abrir más aun el entendimiento del alma al
significado del misterio de la palabra y de la eucaristía. Era
perceptible, que más allá de las indicaciones oportunas del P. Luis,
había una realidad ambiental invisible e impalpable, pero no por
eso menos intensa e inefable, la misma que se afirmaba conforme el
celebrante realizaba cada gesto litúrgico. Llegamos así al momento
en que, consagradas las especies, el P. Luis invita a compartir el
banquete eucarístico. Por supuesto, la frase ritual dirigida a todos
los participantes de la misa por el P. Luis, en nada se diferenciaba
a la que todo sacerdote pronuncia en ese momento. Pero expresada
106

por este hermano nuestro tan querido, tomaba en forma sutil pero
no menos real, el carácter de una invitación cordial, hecha con
mucho amor y con la autoridad y el testimonio de quien
encontraba en el ágape eucarístico el camino directo al encuentro
del Señor.
Recuerdo bien, cómo en ese momento voltea hacia mí y me
dice con palabras indelebles para el corazón: “Venga, Enrique,
ayúdeme”. Acto seguido recibí de sus manos el cáliz de vino
consagrado. Y de verdad, que en ese momento, de todas las más
sabias disquisiciones teológicas que he leído, ninguna ha podido ser
más explícita en abrir mi entendimiento y en hacerme percibir, con
lo que creo que debe llamarse: “los ojos del alma”, que allí en ese
cáliz el vino, si bien químicamente seguía siendo vino, en su más
auténtica aunque secreta realidad, era realmente la sangre misma
de Cristo. Y ella me era entregada de manos del propio P. Luis.
La experiencia quisiera que se entienda bien, no fue ni un
portento milagroso aparatoso; tampoco fue, digo esto con la mayor
serenidad y honestidad posible, una “visión” deslumbradora, o un
ilusionismo del que relata esto. Menos aun resulta ser un
acatamiento ciego o meramente intelectual a las exigencias
teológicas sobre el significado de las especies consagradas. Fue una
apertura de los ojos del alma. Un paso más en el camino de la
“metanoia”, como decimos los ortodoxos; o sea, de esa conversión,
de esa transformación que se requiere para acercarse al misterio de
lo divino. La proximidad con ese extraordinario celebrante, como
era el P. Luis, hizo aparecer en este creyente ortodoxo, una
capacidad de comprensión y de sensibilidad ante el misterio del
Cristo encarnado en el pan y en el vino, como nunca hubiera
adivinado existía en mí. Sólo por la gracia gratuita del Señor, sin
merecimiento alguno, y por la cercanía al hermano Luis, en esta,
para mí, inolvidable, celebración litúrgica, se me permitió penetrar
un poco más en la realidad de la presencia del Señor en aquel vino
consagrado por un real sacerdote, el Padre Luis Rebaza Neira.

107

De este hermano nuestro tan querido y de permanente
recordación, podríamos parafrasear aquellas palabras de despedida
de San Juan Evangelista y decir: “muchas otras cosas” realizó el
P. Luis, “que, si se escribiesen una por una”, llenaríamos toda una
biblioteca. Que el P. Luis nos siga bendiciendo a todos desde su
gloria.
ANA MARÍA:
Conocimos al Padre Luis Rebaza al poco tiempo de llegar a
establecernos en Cajamarca. Veníamos, Enrique, yo y un grupo de
amigos de INTIMARCA, con la intención de realizar un ideal, un
proyecto educativo integral. Un amigo que vivía en San Pedro de
Lloc, nos dijo, al saber que entre Cuzco, Huancayo y Caxamarca
habíamos finalmente elegido a Caxamarca: “¿Saben ustedes que en
Caxamarca hay un Santo?” “¿Y quién es ese santo?”
preguntamos. “¿Dónde lo podemos encontrar?” Y él nos dio los
datos, pues lo conocía, y cuando podía venía a visitarlo. Era el
Padre Luis Rebaza.
Yo siempre he sido escéptica, especialmente de cosas raras
y prodigios. Y un santo hasta entonces para mí era algo lejano,
extraño, fuera de la vida común. El santoral romano y las historias
de santos que yo conocí de niña ponían a los santos como ejemplos
inalcanzables y hasta extraños. Sin embargo, nuestra experiencia
de conversión ortodoxa fresca, vigorosa y reciente nos impulsaba
a, por lo menos, averiguar qué había en la información de ese
amigo de exageración, fantasía o verdad. Fue pues con gran
cuidado y cautela que una mañana nos dirigimos a La Recoleta.
Todavía puedo vivir de nuevo ese ir acercándose a una figura en el
altar que iba agrandándose no sólo en la retina sino en el ámbito
del corazón con cada paso que nos iba llevando hacia él. Temíamos
encontrar algo equívoco, algo, inclusive, ridículo, pues hablar de
un santo era demasiado decir. Pero eso es simplemente lo que
encontramos, y por primera vez en nuestra vida no tuvimos
108

problema alguno en reconocerlo. Y es que el Padre Luis durante
los primeros dos años desde que lo conocimos tenía el carisma para
mí, y para varios otros de los amigos que en distintas instancias
nos acompañaron, de conmover mi corazón hasta las lágrimas
cada vez que asistía a su liturgia eucarística.
En la ortodoxia cristiana oriental hay un conocimiento
sabio de la oración del corazón y del don de las lágrimas que
provienen de la apertura del corazón a Dios por medio de la
oración. Es una tradición viva de las iglesias ortodoxas que yo
conocía pero que fue el carisma del Padre Luis el que me la hizo
vivir. A veces me prometía ya, no dejarme conmover, pero no
podía. Su figura de mártir, que en la ortodoxia se entiende en su
significado legítimo de “testigo”, el dolor, que yo sospechaba
físico, y que él transmutaba en amor, su mirada volcada al cielo, el
cuidado de su canto como quien tiene plena conciencia de que es a
Dios a quien se hace la ofrenda y finalmente la consagración, ese
momento sagrado, mágico en la legítima acepción de mágico que
es cuando se manifiesta el poder de Dios, todo ese conjunto
inexpresable que conocen los que asistieron a sus misas, era para
nosotros prueba sorprendente más que suficiente de que sí
estábamos ante un santo.
Luego siguieron años de dichosa alegría cada vez que
podíamos compartir con él la Eucaristía, que al finalizar la liturgia
él nos invitaba o nosotros a que nos acercásemos a conversar con él
un rato, y casi siempre un rato bien largo. Le gustaba oír nuestras
explicaciones ortodoxas. Nos alentaba a seguir con nuestro
proyecto y cuando obtuvimos un terrenito para comenzar, nos
acompañó siempre que se lo solicitábamos. Sus misas eran un
regalo del cielo. Las más íntimas… las de las siete de la mañana,
que a veces eran a las seis y media. ¡Qué hermoso caminar bajo la
primera luz bajo ese cielo límpido de Caxamarca al encuentro de
Dios bajo la tutela e invocación del Padre Luis! Qué alegría que se
disolvía en risa cuando dejábamos La Recoleta, a veces tres horas
después, habiendo compartido el Pan Eucarístico y la charla
109

teológica con un padre espiritual que se presentaba como igual y
quien a su vez vivía impresionado por la decisión de Dios de
haberse hecho hombre. A veces sus ojitos cerrados parecían ocultar
sueño y cansancio pero el momento menos pensado brillaban con
destellos de inteligencia profunda, cultivada y profunda como
debiera ser siempre la de “los hijos de la Luz”. Una vez le llevamos
el icono y un librito con la historia de la vida de San Serafín de
Sarov. Este es un santo ruso ortodoxo que vivió en el siglo pasado
y que es el ejemplo mejor y más cercano del ideal de santidad
ortodoxa. San Serafín estaba tan tocado por el Espíritu Santo, que
su rostro resplandecía con luz deslumbrante, lo que le fue dado
experimentar como gracia especial a uno de sus discípulos. El
Padre Luis leyó el librito, guardó el icono por unos días y cuando
lo devolvió hizo un sondeo cauteloso de cuál era nuestra afición a
San Serafín en lo que entendimos como un aviso prudente en
relación a los prodigios. Lo tranquilizamos explicando que no era
el prodigio sino la manifestación del Espíritu lo que nos hacía
devotos, como tantísimos otros ortodoxos, de San Serafín de
Sarov. Quedó tranquilo el Padre Luis y repitió en varias ocasiones
que lo lindo de San Serafín era cómo vivía la presencia del espíritu
Santo. A veces bromeaba con dulzura “Como le gusta a Ana María
San Serafín de Sarov”. “Con qué cariño guarda el icono de San
Serafín”. Volvió a decirlo el último día que lo vimos todavía bien
en Lima, en la sala de la casa de su madre, la señora Rosita.
El Padre Luis estaba muy ligado en nuestros ojos a las
rosas y a Santa Rosa. Recién después de su muerte hemos sabido
que una manifestación de la presencia invisible de un santo es el
olor a rosas. En nuestros momentos con el Padre Luis hay siempre
la presencia, en ese caso, física y concreta, de las rosas. Rosas
siempre en los floreros del altar de fiesta, detrás del altar en que
oficiaba, rosas en profusión en la misa de las cuatro en Santa
Elena, rosas en los rosales de esa misma parroquia.
Párrafo aparte merecen las misas en Santa Elena. Eran,
siempre que fuimos llevados por él, luminosas. En su sencillez
110

había algo especial, más cálido, más íntimo. Fue ahí, al finalizar
una liturgia, cómo él llamaba a las celebraciones sin consagración,
en que le dijo a uno de mis hijos que nos acompañaba, y que sufría
mucho en ese momento, aquello exactamente que mi hijo
necesitaba oír.
Lo que más nos conmovía a Enrique y a mí era la sencillez
y humildad del Padre Luis cuando al lograr divisarnos al final de
la misa, pues no veía bien, nos hacía señas para que pasáramos a
conversar con él o bajaba apurado para saludarnos.
Inequívocamente sentíamos en ese momento un asombro siempre
repetido de que un hombre santo nos buscara. Es el asombro que
ahora sabemos hay que tener de que el Santo de los Santos, Jesús,
habitó entre nosotros. Mencioné asombro pero falta decir que
también producía en nosotros una gran humildad, quizás reflejo de
la suya.
El relato es inacabable. Sólo algunas notas sueltas: su
paciencia infinita y el humor cariñoso con el que recibía a todos los
que llegaban a esa sacristía, los regaños de padre austero pero
bondadoso a los que él sabía frescos o engañosos, las misas de
fiesta, ocasiones únicas para nosotros en Pariamarca o Jesús, en
las que aprehendíamos enseñanzas silenciosas, las misas del
cementerio con participación total de todos los presentes y
ausentes, el cuidado de no herir, el don absoluto de sí.
No hemos conocido a nadie y creemos que quizá no
volveremos a conocer a alguien más que como el padre Luis viviera
tan a plenitud la pobreza y humildad que Cristo vino a enseñar.
Cada una de esas palabras, como un maravilloso diamante,
destellaba como una nueva faceta en las diversas, y gracias a Dios,
numerosas ocasiones en que estuvimos ante, con o al lado del
Padre Luis. Sobre todo la pobreza parecía insondable, no tenía fin
y todas las demás definiciones dadas por tantos otros parecían
huecas ante su testimonio vivo y tan sencillo como él lo hacía
aparecer. Porque hay que decir que esa facilidad en la virtud es
como la de un eximio artista en la plenitud de su arte. Facilidad
111

tan sólo aparente, pues antes de llegar a ella y en cada instante se
requiere trabajo, decisión y esfuerzo. Para que a virtud sea santa,
como dicen todas las enseñanzas, tiene que llegar a ser heroica,
pero sin aspavientos.
Me quedé sin palabras. Un Padre Luis no puede ser
descrito. La palabra circunscribe, limita y hasta deforma. Pero,
para los que no lo conocieron, o conociéndolo, no lo vieron,
debemos tratar de compartir algo de lo que él nos dio y quizás,
entre todos sus numerosos hijos espirituales, ¡qué presunción!,
podamos transmitir algo de los caudales de Gracia que él nos dejó.
Olvidaba mencionar dos cosas principales en relación al
testimonio que deja el Padre Luis: la primera, su amor a la vida, a
los niños no nacidos, a ese misterio de la vida en sí; la segunda, que
es sólo prolongación de la primera, su atento cuidado y tierna
protección a los niños y jóvenes a quienes trataba con una
deferencia que llegaba al corazón.
Hemos visto llegar a hombres logrados, profesionales,
padres de familia, a quienes él había acogido en su casa cuando
eran estudiantes y necesitaban cobijo y protección espiritual, para
saludarlo, abrazarlo, coger su mano, como niños que vuelven a
saludar a un padre muy querido, sin pudor de mostrar
reconocimiento y devoción. Eso, para nosotros es el milagro del
Amor.
Ana María
Agosto 5, 1992

112

ENTREVISTA AL SR. ALFONSO MERCADO CABANILLAS
(Catequista campesino de la comunidad de Hualqui - Jesús)
¿Cuándo conoció usted al R.P. Luis Rebaza Neira?
En junio de 1974, para la fiesta de San Juan Bautista. Nos
visitó el padre a la comunidad de Hualqui para celebrar nuestra
fiesta patronal, realizando muchos bautismos y matrimonios a los
que no estábamos casados en la Iglesia Católica. Se preocupó
porque esta comunidad estaba abandonada y nos propuso para
realizar, en alguna forma, reuniones con los católicos de la
comunidad.
Así lo hicimos, con la ayuda del Prof. Sergio Chuquilín
Hernández y luego con el Prof. Juan Carlos Estrada, desde
entonces el R. P. Rebaza formalizó mi compromiso con la iglesia y
la comunidad y hasta la actualidad soy el catequista de Hualqui.
Siempre me recomendó seguir en esta tarea. Los domingos me
daba algunas instrucciones y participábamos en la celebración de
la Santa Misa en Jesús.
Casi todas las veces que hemos conversado me encomendó
seguir adelante sin dar pasos atrás en la Iglesia Católica, porque en
mi comunidad son la mayoría evangélicos.
¿Qué puede decir de la persona del Padre Rebaza?
Que nunca cobró precio fijado por sus celebraciones, se
conformaba con lo que buenamente le dábamos; no nos dejó con la
mano tendida cuando le pedíamos algún favor, sea personal o para
la comunidad, nos tomaba fotografías con nuestros familiares y
nos las regalaba, comía en la mesa que le brindábamos y bendecía
nuestros hogares cuando llegaba.
Con una palabra de amor a nosotros, compartía la palabra
del evangelio y las actividades que se programaban para nuestra
fiesta.
113

Cuando transmitía la Santa Misa por Radio Atahualpa nos
recomendaba que lo escuchemos y algunas veces mencionaba
nuestra comunidad; es decir, pensaba en los “pobres del campo”.
Yo siempre llevo presentes las recomendaciones del Padre
Rebaza y le pido a su alma que me proteja y siempre lo
recordaremos con mucho cariño en nuestra comunidad de
Hualqui-Jesús.

114

EL ÚLTIMO VIAJE DEL MENSAJERO DE LA PAZ, LA FE Y EL
AMOR
Testimonio de: Isabel Aliaga Zegarra
Enfermera IPSS
Cajamarca
“Mi colega Catalina Rabanal, se convirtió en mi quehacer
como la mensajera inolvidable del amor y de la paz; fue ella la que
un 7 de abril me comunicó ser quien acompañara en el traslado
hacia Lima, junto con el Dr. José Uceda Álvarez al “Padrecito
Rebaza”; quien, al decir de mi colega Alicia Cabrera, su estado
clínico estaba atravesando por una rectorragia brusca y
abundante, situación por la cual su traslado a la capital era
inminente y de suma urgencia. De esta manera se tomó todas las
precauciones para el caso (medicamentos e insumos clínicos,
unidades de sangre y otros) y nos dirigimos al aeropuerto de
nuestra ciudad, mientras se hacía larga nuestra espera en pos de la
avioneta, el padrecito Rebaza, decidió llamar al hermano Oribe,
con quien dialogó unos instantes sobre ciertos documentos
pendientes y otros actos de rutina cristiana.
Ya en el vuelo, la rectorragia continuaba en forma masiva;
con la esperanza de que sus funciones vitales se mantenían
estables; llegando en tales circunstancias a Lima; pude comprobar
la gran cantidad de familiares y amigos que lo esperaban en el
aeropuerto. Deduciendo, el afecto y cariño que le tenían al
Padrecito Rebaza.
Fue el Dr. Denis Lao, quien acudió a recibir y trasladarlo
hasta la sala de cirugía en emergencia del Hospital Guillermo
Almenara (ex-Obrero), donde recibió atención oportuna y
eficiente. En estas circunstancias tuve la oportunidad de conocer a
la madrecita de nuestro hermano Luchito, la Sra. Rosa Neira, de
igual manera a muchos de sus familiares; seres queridos que
demostraron angustia y nerviosismo. Luego, previa autorización
115

de su madrecita, los galenos decidieron operarlo; cumplí entonces
con prepararlo, asearlo y dejarlo apto para la intervención
quirúrgica.
Ya dispuesta para retirarme del hospital, recomendé a
nuestro padrecito, a mis colegas del ex-Obrero, pero en esas
circunstancias me pidió el padrecito, que a mi retorno a Cajamarca
sea la portadora de ciertas recomendaciones para los hermanos de
La Recoleta:
1° Que despachen su correspondencia.
2° Que celebren la Semana Santa, según nuestras
costumbres.
3° Que vean a sus muchachos, a los que él les llamaba
cariñosamente hijos, mencionó muchos nombres, de quienes no
recuerdo.
De estos instantes, sólo recuerdo, sus ojos claros, y aquella
voz bajita llena de amor.
Fue al retornar de mis familiares, que encontré a su sobrina
querida, la Sra. Isabel Neira y a su madrecita, con quien entramos
al ambiente. Observé sus pupilas ya medriáticas y paralíticas, no
pude soportar el llanto, porque entendía que nuestro Luchito se
había ido, se alejaba de nosotros, dejándonos sus sanos consejos y
su ejemplo imperecedero.
Al despedirme de su madrecita y su sobrina, lo hice en
incontenible llanto; porque me daba cuenta, que para mí, fue una
gracia de Dios el haber sido la compañera de nuestro inolvidable
Padre Luchito, en su último viaje a la eternidad.
Luchito, desde allá vela y ruega por tus hermanos que
seguiremos en este valle de lágrimas.
Amén”.

116

TESTIMONIO DEL DR. JOSÉ UCEDA ÁLVAREZ, JEFE DEL
SERVICIO DE CIRUGÍA HOSP. IPSS
“Reverendo Padre Luis Rebaza Neira, portador de una
Eventración post-operatoria gigante, de evolución larga y
sintomática. Intervenido quirúrgicamente en el hospital del IPSSCajamarca, por el Grupo UMIR (Unidad Médica de Intervenciones
Rápidas). El 30 de marzo del ’92.
El padre Rebaza había sido intervenido quirúrgicamente
años atrás, y en aquella oportunidad presentó complicaciones
post-operatorias muy grandes y una secuela, era la hernia postoperatoria o eventración que presentaba ahora.
En el post-operatorio inmediato, presenta insuficiencia
renal, insuficiencia respiratoria severa, distención abdominal
intensa, cuadros de hiperglicemia e hipertensión arterial inestable.
Todas estas complicaciones fueron tratadas y fue evolucionando
satisfactoriamente, incluso se estaba preparando su transferencia a
Lima, para que continúe su recuperación y esté al cuidado de su
familia. Ya se encontraba levantándose y con dieta oral. A los siete
días posteriores a la intervención, en forma brusca y repentina
presenta sangrado masivo por vía digestiva que lo pone
rápidamente en estado de shock.
De inmediato se toman las medidas médicas del caso,
solicitándose sangre en cantidad, lo cual no faltó en ningún
momento.
Después de una corta observación de 8 horas, al ver que el
cuadro no mejoraba, sino incluso se agravaba; se determina en
Junta Médica su evacuación en avión a Lima por tratarse de un
caso y de un paciente sumamente grave, y por las limitaciones de
recursos humanos y de ayuda al diagnóstico que tiene nuestro
hospital.
En las primeras horas del 7 de abril ’92 se lo transfiere a
Lima en avioneta, llegando estable, lúcido y con sangrado
persistente.
117

En emergencia del Hospital G. Almenara I. del IPSS se
entrevista con su señora madre, familiares y amigos.
En horas de la noche es intervenido quirúrgicamente por
cirujanos de guardia, de donde ya no sale despierto. Falleciendo al
día siguiente 8/abril/’92.
Cajamarca, junio 1992”.

118

119

120

Escribe un obrero evangélico
El sacerdote Luis Rebaza Neira
Fue un sacerdote ejemplar, de un conocimiento profundo de
las Sagradas Escrituras, conocedor del primero y segundo “Gran
Mandamiento” (Marcos 12, 18-32). Él nunca miró mal a los
evangélicos –yo siendo Alcalde de mi Distrito- en una conversación
sobre algunos aspectos de obras que se ejecutaban, me habló en
estos términos: “¡Qué Dios te bendiga, Hermano!” –En realidad
recibí la bendición del sacerdoteTenía conocimiento que yo era evangélico –teníamos una
gran amistadLa religión no salva, Cristo salva.
Jesús, Mayo 1992.
Aurelio Sánchez Villanueva
Obrero Evangélico

121

-Viaje a CanadáEn Septiembre de 1961 el Padre Luis Rebaza Neira,
viajó al Canadá, para conocer y estudiar el Movimiento de
Antigonish, en el instituto internacional “Coady” de la
Universidad San Francisco Xavier de Antigonish Nova ScotiaCanadá. Esta universidad, es una de las más prestigiosas de ese
país; la misma que recibe en sus aulas cada año, a estudiantes
comprometidos con los cambios sociales de más de 36 países,
quienes asisten para conocer, estudiar e interpretar el ya famoso
Movimiento de Antigonish, cuyo principio filosófico es la
búsqueda de que cada ser humano a través de la Educación de
Adultos y la Cooperación Económica, se encuentre a sí mismo y
logre ser el verdadero Dueño de su Propio Destino.
El Padre Luis Rebaza Neira, al concluir sus estudios,
regresó a nuestro país colmado de conocimientos y dispuesto a
“difundir” la filosofía del Movimiento de Antigonish.
Humildemente creo que, el padre Luis, no sólo difundió la filosofía
de este prestigioso movimiento, sino que, logró con creces el
objetivo, de que, las personas que de una u otra manera estuvimos
cerca de él, aprendamos a conocer y descubrir valores humanos
que nos conduzcan a encontrarnos a nosotros mismos y ser los
Verdaderos Dueños de Nuestro Propio Destino.
Gracias, Padre Luis, que Dios te bendiga por siempre, ya
que sin tu apoyo, quizá no lo hubiéramos logrado.
Ing. Alberto Léon Gallardo.

122

El Padre Luis Rebaza Neira.- Un Santo muy humano.Mis recuerdos.Conocí al P. Lucho, como cariñosamente lo llamábamos,
allá por el año 1952 a los pocos meses de haber ingresado ya al
Seminario de San Carlos y San Marcelino de Trujillo. El P. Andrés
A. Berríos Piedra estaba aquel año culminando sus estudios de
Teología, dispuesto a ordenarse sacerdote ese mismo año; guía
espiritual y amigo, me puso en contacto con el P. Lucho que hacía
poco se había ordenado y a quien le unía una profunda amistad,
inspirada en el ideal sacerdotal diseñado en el Seminario de
Cajamarca; desde entonces fuimos familiarmente amigos los tres.
En las vacaciones del año 1953, ordenado ya sacerdote el P.
Andrés, nos encontramos en Lima y juntos visitamos el colegio de
la Recoleta, unido a la Iglesia por un pasaje subterráneo, en aquel
pasaje recuerdo que el P. Lucho nos daba demostraciones prácticas
de sus conocimientos de física, produciendo eco y resonancia a
determinada distancia de las paredes; otras veces producía un
agradable silbido frotando con el dedo una copa acampanada;
también visitamos Canta para conocer la primera experiencia de
Comunidad Parroquial promovida por el P. Carazas, P. Canturias
y otro sacerdote cuyo nombre no recuerdo ahora; aunque no
llegamos a conocer totalmente la experiencia, aquella visita
despertó en nosotros y los amigos de nuestra época el propósito de
realizarla en nuestra vida de ministerio.
En las vacaciones de 1955, tuve la oportunidad de pasar
algunos días con el P. Lucho en Cascas, su primera parroquia; le
acompañaba en la asistencia a los enfermos, acolitaba la Misa, me
hice cargo de un grupo de niños y él me orientó para trabajar con
ellos, según el espíritu del movimiento francés, Los Corazones
Valientes; aún conservo los originales de los folletos y copias a
máquina que me entregó a cerca de este método de trabajo juvenil;
durante los diez primeros años de mi trabajo pastoral asimilé y
adopté la espiritualidad y la organización de los corazones
123

valientes, con muy buenos resultados tanto en Santiago de Chuco
como en Chepén; tal fue la mística y el amor a la camiseta, que los
jóvenes que ingresaron a la Universidad no querían cambiarse a la
JEC: querían seguir siendo corazones valientes. De aquellos gratos
días recuerdo que me enseñó algunos acordes en el armonio. Una
noche demoró en llegar a casa, mientras yo lo esperaba leyendo a
la luz de la lámpara; entró a eso de las 11:15, no había rezado el
Breviario y por el cansancio y la hora, tenía conciencia de estar
dispensado de hacerlo, pero me dijo: no te vayas a escandalizar y
se puso a rezar aquellas largas oraciones; intuía seguramente la
rigidez moral y la forzada ascesis con que nos formábamos los
seminaristas de aquel entonces. Una y otra vez le oía decir: “la
vida es prosaica, Fernando, la vida es prosaica”; hasta ahora no he
podido entender cabalmente lo que el P. Lucho quería decir con
aquella afirmación un tanto quejosa.
Durante todos los años de formación en el Seminario de
Trujillo y en los años que trabajé en Santiago de Chuco, tuve
oportunidad de verlo, cuando se hospedaba en la parroquia de San
Lorenzo; su natural bondad se sobrepasó en verdadera abnegación
y sacrificio para no incomodar a los demás, varias veces se quedó
acurrucado en la puerta de esa parroquia esperando que el P.
Vanrriest abriera espontáneamente las puertas, soportando el
cansancio del viaje y el frío del amanecer; todo para no
interrumpir el sueño del padre. Esta abnegación por los demás no
lo privó del deseo de superación, pues, optó por la licenciatura, en
la Facultad de Teología de Lima, grado que no pudo alcanzar por
las exigencias de la Facultad de quedarse estudiando allí mismo,
algo más de un año. Dejó Cascas para viajar a Canadá, con la
finalidad de estudiar cooperativismo y participó en los cursos del
Instituto de Pastoral Latinoamericano de Quito; a su regreso de
este último curso de Quito conversábamos frecuentemente con él
sobre las nuevas corrientes teológicas y pastorales promovidas por
ese instituto: “Las Semina Verbi”, la doctrina del concilio
Vaticano II, esparcidas por toda la humanidad, le orientó creo yo,
124

su trabajo pastoral, abandonando cualquier artificio de
organización, para dejar confiadamente las cosas en las manos del
Señor que actúa sabiamente en la naturaleza humana y en la
Historia; contrastando su pastoral con la mía, no puedo sino
constatar mis pretensiones llenas de solapado orgullo y la suya
traducida en testimonio constante de abnegado servicio y respeto a
la manera de ser y actuar de la gente: “yo, me decía, los dejo
simplemente vivir, si ya en todos están las semillas del verbo, allá
tú con tus organizaciones y movimientos” y otra veces me hacía
broma: “ya no hay como el Fernando, todo es Fernando, ya no
hay como tú”, no estaba yo “jugando a maravilloso” y así lo veía
él. De Quito regresó con otras ideas revolucionarias acerca de la
Eucaristía y de la Stsma. Virgen. Me comentaba, “fíjate, he
predicado en el corpus y los sacerdotes se han escandalizado”, más
allá de las formas culturales había ido a la esencia y significado
evangélico de la Eucaristía.
Figúrate lo que ha predicado el P. Lucho en la fiesta de
Guadalupe, decían algunos amigos; y él aclaraba “les he dicho que
la verdadera María es la mujer del campo, trabajando en el agua
en el plante hasta las rodillas, todo un contraste con la imagen de
la virgen que veneramos, toda enjoyada, con mantos bordados y
corona de plata; la Virgen ha sido sencilla; dejen de gastar en
adornos, preocúpense de sus escuelas que las he visto sin carpetas,
sin luz y semi-destruidas”. Mientras predicaba el revolucionario
orador, el P. Andrés, por entonces párroco de Guadalupe, se
paseaba de largo a largo en la sacristía, fumando un cigarro para
calmar su preocupación por la reacción de la gente; ¿qué le podría
decir el P. Andrés al P. Lucho a quien tanto quería y admiraba?; él
mismo lo había invitado para que viniera a predicar en una
novena dedicada a Tembladera; conmigo comentó brevemente los
hechos y prosiguió entre ambos la inquebrantable amistad.
El P. Lucho estaba ya en Cajamarca y yo desde mi llegada
a Chepén he visitado frecuentemente mi tierra, aprovechando la
ilusión de mis alumnos y los muchachos de la parroquia de hacer
125

una excursión o paseo a la ciudad del Cumbe, tan bella y querida
para los chepenanos; entonces tuve la oportunidad de visitarlo de
manera habitual en su parroquia de La Recoleta, iba unas veces
para confesarme, otras para comentar algunas incidencias de mi
trabajo, consultarle cosas personales, o simplemente para saludarle
y agradecerle la acogida que daba a los muchachos universitarios
de mi parroquia en los primeros años del establecimiento del
Seminario de Cajamarca, tres jóvenes de nuestra comunidad
parroquial optaron por estudiar en esa nueva casa de formación
para el sacerdocio; tomaron esa decisión después de un año de
entrevistas con nuestro Obispo, porque les había aplazado un año
más el posible ingreso al Seminario de Trujillo y me dijeron: “nos
has hecho perder el tiempo, queremos estudiar en Cajamarca” y
hablaron personalmente con Mons. Dammert y él los admitió
generosamente en su Seminario; en medio de las tensiones de esos
primeros años. Cierto día, en la reunión del clero de Trujillo, el P.
Vanrriest comentó en un corrillo: Fernando, dice el P. Lucho que
tú estás enviando seminaristas a Cajamarca y que esos jóvenes
tienen conductas impropias de un seminarista, citando hechos
concretos; como es natural, yo pasé un mal rato y sólo respondí:
¿por qué no se lo dicen al Obispo?; en el viaje más inmediato a
Cajamarca me quejé al P. Lucho: “¿Por qué te has ido a hacer esos
comentarios al P. Vanrriest? ¿Por qué no me lo has dicho a mí o al
superior del Seminario? Y el P. Lucho con toda su sencillez y
transparencia me respondió: “ah, ya no quieres que hablen mal de
ti; deja que hablen mal de ti”; comprendí la profunda sabiduría de
la amonestación y quedé tranquilo.
“Siquiera te equivocaste, por fin te equivocaste”, me dijo
cierta vez, cuando le comenté que había realizado un matrimonio
de una joven de la parroquia con un hombre casado, cuyos papeles
estaban en orden y sin embargo nos había engañado a todos; pero
ahora la señora está encinta, le argüí, y no puede seguir con ese
hombre…; “qué alegría, dijo él, va a tener un hijito, que será su
apoyo y consuelo en la vida”… y no hicimos más comentarios.
126

“Nuestro Señor sólo vivió 33 años”, fue su respuesta,
cuando conversábamos del proceso humano, de nuestras
tendencias naturales, de nuestra lucha y a veces cansancio en el
trabajo; ¡cuánta luz y fuerza me dio esa afirmación del santo P.
Lucho!, para aceptar mi condición humana, sin desertar de las
primeras y generosas opciones con las que abrazamos el misterio
sacerdotal.
¿“Por qué vienes tanto a Cajamarca”?, me preguntó en un
momento de confidencia; porque es mi tierra, porque me encanta,
porque vengo a descansar un poco cambiando de ambiente, habría
sido la más natural y sincera respuesta de mi parte, si él no hubiera
añadido en el mismo interrogante esta otra pregunta: ¿“Por qué no
estás ayudando a tu obispo en Trujillo”?; aproveche, entonces
para contarle sucintamente lo que estaba pensando en mi diócesis:
mirando con desconfianza, con la recomendación expresa de no
acercarme al Seminario, enterado de la prohibición que había para
que los seminaristas y sacerdotes jóvenes participaran en las
actividades de la Parroquia de Chepén; investigando en dos
oportunidades por orden superior a través de la PIP y el servicio
de inteligencia, yo me conformaba y mantenía viajando a
Cajamarca, compartiendo mis experiencias con mis amigos, sobre
todo con Mons. Dammert, quien en todo momento me escuchó y
alentó; el P. Lucho no quiso consolarme esa vez y me dijo en tono
de queja: “también en Cajamarca todo es Fernando, ya no hay
como Fernando”; lo dijo con tanta espontaneidad y transparencia
que no me sentí ofendido ni frustrado en lo más mínimo; poco
después me enteré que en un sector del clero de mi tierra había el
prejuicio, convertido también en chisme, que yo tenía más
influencia en aquella diócesis, que todo el presbiterio junto. Pasó el
tiempo y mi situación fue cambiando en mi diócesis; por una parte
la prolongada y terrible depresión que sufrí, suscitó mayor
comprensión en mis superiores y más humildad de mi parte, para
aceptar como necesaria purificación aquel sufrimiento; entonces,
allanado de esta manera el camino, se pudo ver con más
127

objetividad mis actitudes y mi trabajo; hice, además, el
conveniente descargo a las acusaciones que me habían hecho ante
la Secretaría de Estado del Vaticano los políticos que se veían
erróneamente afectados en sus intereses, por el trabajo social de la
parroquia. La verdad es, pues, que en mis conversaciones con
Mons. Dammert, no me ocupé de asunto alguno de Cajamarca,
sino de mi situación personal y mi trabajo, en circunstancias de
aguda crisis, desde Mayo de 1978, con altos y bajos, hasta
comienzos del ´91. El P. Lucho, tan sincero, se había equivocado;
los santos no son infalibles, se equivocan a veces, y como son muy
humanos, también tienen su poquito de celo y pueden colocarse en
la oposición, por supuesto con mucha caridad. Así, por aquel
tiempo yo espacié, y se dejó notar, mis visitas a Cajamarca, y ante
los comentarios que se hacían, el P. Lucho siguió contestando:
“tenía que ser, porque Fernando es inteligente”.
Abnegado como él solo, lo encontré varias veces de camino
a Lima llevado en su carrito VW a los estudiantes, para apoyarlos
en sus estudios superiores, lo sorprendí dedicado a proyectar
filminas de catequesis aunque fuera a un muchacho, mientras los
otros compartían la visita o el hospedaje en la Sacristía de La
Recoleta, ahí estaban a sus anchas sin hacer alboroto, efectuando
sus tareas; servicial y desprendido, apacible y espontáneo, a él
mucho más que a nadie se pueden aplicar los versos que cantamos
a la Santísima Virgen: “Dichoso quien en su vida vive como vivió
María: siempre amando a los demás, siempre sirviendo a los
demás”, ¿tal vez por eso se cansó de vivir?, me pregunto yo,
atreviéndome a preguntar sobre el misterio de la muerte.
Ya mientras vivimos, los límites insalvables de nuestro ser
temporal quedan marcados por esa parte de nosotros mismos que a
cada instante se va haciendo inane, se va alejando y se objetiva
como un asunto que puede ser recordado, investigado, estudiado, e
interpretado por otros, pues, deja de pertenecernos; la vida del P.
Lucho ya no le fue perteneciendo y ya no le pertenece a este
mundo; la gente se fue apropiando de ella, vida significativa y
128

entregada como era la suya; otros como yo ahora, la estamos
haciendo objetivo de nuestro recuerdo, algunos más la harán
objetivo de interpretación haciéndola coincidir con sus personales
expectativas y por ello lo canonizarán, sin el mínimo interés de
acoger su gran mensaje de fraternidad, sencillez y abnegación;
estos recuerdos son muy amables para mí y no son ajenos a la
interpretación que mi propia situación vital me permite hacer, aun
veladamente: provienen de mi habitual cercanía a la vida de un
hombre santo, de la amistad y admiración que le he profesado y
profeso, ahora que está con Jesús, su amigo de verdad, como lo
comprendí las veces que le vi celebrar la Eucaristía y tratar a sus
semejantes; un santo muy humano, justamente porque no
pretendió ni se esforzó en serlo; vivió simplemente su vida y su fe
en toda aserción personal; pensó por sí mismo y dijo lo que
pensaba y sentía en su corazón; su vida tiene, como se suele decir,
sabor a evangelio. Algo más que recuerdo, a propósito y anoto
finalmente: conversando un día acerca de su trabajo en
Contumazá, como algo de poca trascendencia, me dijo con su
acostumbrada sencillez y sinceridad, “lo único que he ganado ahí
es tener fama de santo, en Cajamarca estoy un poco mejor”. Ahora
que anoto estos recuerdos me sorprendo con muchas deudas a su
vida: ¡Gracias P. Lucho, por el regalo de tu amistad y tu
testimonio inapreciable! ¡Gracias por tu bondad y tu sinceridad
conmigo!
Chepén, 2 de Mayo de 1992
Fernando Rojas Morey Pbro.

129

HOMENAJES PÓSTUMOS AL
MENSAJERO DE LA VIDA Y LA PAZ

130

HOMENAJE AL REVERENDO PADRE LUIS REBAZA NEIRA,
DIGNO MENSAJERO DEL REINO DE DIOS
Prof. Carlos Sánchez Espinoza
Cualquier homenaje, obviamente bien merecido al R.P.
Luis Rebaza Neira, resulta pálido como éste, por ejemplo, que
trato de pergeñar en representación del Instituto Superior
Pedagógico “Hno. Victorino Elorz Goicoechea”, de Cajamarca y
del Centro Social Ichocán, residente en esta ciudad; con todo mi
corazón imbuido de inefable nostalgia y de consideración, ante la
desaparición física de tan digno y singular sacerdote, hermano
búcaro de exquisitas virtudes.
Parece un sueño en súbito deceso del R.P. Luis Rebaza
Neira. Nadie tuvo el menor presentimiento; sin embargo, ocurrió
ineludiblemente. Pero la muerte se equivocó, lanzó sus dardos y su
aguijón a quien Dios, ante ella, lo creó invulnerable. Por eso, él ha
triunfado sobre la muerte para vivir eterna, lozana e
inmarcesiblemente.
De manera cierta y paradójica, a la vez, nos dice ahora el
Padre Luis Rebaza: “muero porque no muero”; “me voy, porque
me quedo”. Definitivamente es así, porque en la vida la muerte
vida vierte; sobre todo en el Padre Luis Rebaza Neira, quien decía
que no es vida la vida sin lo que es vida de la vida, es decir, Dios.
Pues por él, hoy se enraíza mucho más en el Reino del Señor.
Del R.P. Luis Rebaza Neira podríamos manifestar,
parafraseando a San Juan de La Cruz, que: “mil gracias
derramando/pasó por estos sotos con presura y yéndonos
mirando/vestidos nos dejó de su hermosura”.
Efectivamente, verdadera hermosura de amor, de amistad,
de bien, solidaridad y sencillez, fraternidad, humildad y caridad;
hermosura de un hombre que, con la práctica ejemplar de su
ministerio sacerdotal, sirvió al Dios de la vida, al Dios de los
pobres, de la justicia, la liberación y la paz, con el espíritu de la
131

pedagogía cristiana y cual Evangelio vivo que es la palabra de
Dios, acción y compromiso.
Sus generosos actos constituyeron su mejor lenguaje; y sus
reflexiones en las celebraciones eucarísticas, las profundidades de
su formación religiosa llena de humanidad, le permitieron valorar
la inextinguible belleza de la creación divina.
Los restos mortales del R.P. Luis Rebaza Neira, serán
sepultados el día de mañana sábado en uno de los ambientes de la
Iglesia de La Recoleta, de la cual fue Párroco y a la que atendió
con diligencia, cariño, responsabilidad y vasto sentido
comunitario. Allí permanecerá en su templo, como un árbol de la
esperanza sembrado en el pintoresco y andino valle de Cajamarca,
prodigándonos su fresca sombra y la luz del Sol de la Eternidad,
donde podremos percibir el aroma vital de su espiritualidad,
escuchar su mensaje de esencial oración al Padre Nuestro y su
callado cantar a la vida en la soledad sonora.
¿Dónde está el Padrecito Lucho Rebaza?, preguntarán
acaso, nuestros hermanos del campo y la ciudad, los niños, los
estudiantes de todos los niveles educativos, los hogares, los amigos.
No habrá más respuesta que decirles que está dormido para
siempre y su alma ha emprendido viaje a la patria celestial,
obedeciendo al Señor, como obedeció también a sus padres, fue leal
a sus principios y a los designios divinos.
Como un poeta y abogado de la vida, como un místico,
como un pájaro canoro de la fe, la esperanza y la alegría de la
verdad, la cultura y la confraternidad humana, ha partido el P.
Luis Rebaza Neira, en este mes de abril, hacia un reencuentro en el
parnaso para compartir, con el vate César Vallejo, José Carlos
Mariátegui, Manuel Ibañez R., Zoilo León O., José María
Arguedas, Santa Teresa de Jesús y otros representantes de la
literatura y la mística, del sufrimiento humano y social, para
compartir el pan y el vino de la vida, pasión y resurrección de
Cristo Jesús.

132

¿Qué hacer, amables oyentes, ante la irreparable pérdida de
nuestro aludido Sacerdote, cuya realidad es aún difícil de aceptar?:
Orar por su eterno descanso, continuar su fecunda obra
evangelizadora, de protección y amparo a los niños, de animación
a la unión familiar, a la reconciliación y al perdón, como prueba
fehaciente de amor cristiano.
Dije al comenzar, pálido es este homenaje al R.P. Luis
Rebaza Neira, ya que su personalidad como hombre y pastor de la
iglesia Católica, es invalorable.
En nombre de las instituciones que represento, el I.S.P.
“Hno. Victorino Elorz Goicoechea” (Ex-Escuela Normal), donde
fui digno maestro, del “Centro Social Ichocán”, residente en esta
ciudad, que recibió sus servicios espirituales, expreso mi sentida
condolencia a la Sra. Rosa Neira, madrecita del R.P. Luis Rebaza,
a sus familiares y al Sr. Obispo de la Diócesis de Cajamarca,
Monseñor José Dammert Bellido. Dígole, finalmente, P. Luis
Rebaza Neira:
-Gloria a Dios.
-Gracias, digno Mensajero del Reino del Señor.
-Descanse en Paz y en olor de Santidad.

133

134

CUMPLIÓ SU SAGRADO MISTERIO
Ángel Uriol Castillo
(La Industria, 21 de abril de 1992)
Un dolor indescriptible ha conmovido los sentimientos
contumacinos y cajamarquinos, justo en la víspera de Semana
Santa. La triste noticia llegó inesperadamente. Contumazá y
Cajamarca están de duelo.
El R.P. Luis Rebaza Neira ha muerto, el “Padrecito”
Rebaza, como lo llamaba cariñosamente el pueblo, a los 67 años de
edad, el 8 de abril a las 5 de la tarde. A esa hora, el obispo de la
Diócesis de Cajamarca, Monseñor José Dammert Bellido,
Presidente Episcopal Peruano, ordenó que doblaran todas las
campanas de las iglesias y se oficien misas permanentes en su
nombre.
También pidió la autoridad eclesiástica que luego de su
deceso en el Hospital Obrero de Lima, fuera embalsamado, lo cual
se llevó a cabo en el Hospital Militar, y previo velatorio en el Club
Cajamarca y en el Centro Contumacino, fue trasladado a
Cajamarca para su sepelio. El acto se cumplió con la concurrencia
multitudinaria de la población cajamarquina y delegaciones de
contumacinos, que viajaron desde distintas ciudades del país, a fin
de testimoniar con su presencia, su afecto, admiración y gratitud.
Natural de Contumazá7, hijo único de quien fuera Luis
Heráclito Rebaza Balbi, Comandante retirado del Ejército; y de la
distinguida matrona María Rosa Neira Plasencia, de ascendencia
contumacina, que aún vive.
Sacerdote extraordinario, buscó la salvación de las almas de
sus hermanos cristianos con la penitencia y hasta evitaba pecar
con la mirada.
Para complacer a sus padres llegó a cursar el 2° año de
ingeniería, la que abandonó para dedicarse en cuerpo y alma a su
7

NOTA del autor: El Padre Luis Rebaza nació en Trujillo.

135

verdadera vocación, el sacerdocio, el cual lo ejerció durante 40
años, de los cuales 17 en Contumazá y 23 en Tembladera y
Cajamarca.
Cumplió a cabalidad su sagrado misterio. Desde la
Parroquia “San Mateo” de Contumazá, realizó innumerables obras
de bien, ganándose la simpatía de los pueblos que lo recuerdan con
cariño y sienten su desaparición.
Con benevolencia inigualable prestó importantes servicios
en toda la provincia, su nombre está grabado en el corazón de los
pueblos, por sus excepcionales virtudes cristianas y humanas.
Su anhelo fue formar sacerdotes contumacinos, con esta
finalidad hizo ingresar por su cuenta a varios jóvenes al Seminario
de Cajamarca, pero no continuaron. Fue becado a Canadá por el
obispo de Cajamarca, para que estudie Teología por el lapso de un
año.
Personas como él, dispuestas siempre a hacer el bien, sin
mirar a quien, es difícil encontrar en este mundo deshumanizado y
materialista.
Para quienes tuvimos la suerte de tratarlo, ha sido el mejor
representante de Dios que hemos conocido, por quien guardamos
un profundo respeto, admiración y amistad, por su humildad,
nobleza y sabiduría.
Estuvo presto a brindar sus sanos consejos a los jóvenes
que frecuentaban la parroquia, dotándoles de juegos de ping-pong,
ajedrez, para una sana distracción a muchos de ellos les ayudó con
su peculio en sus estudios y son ahora destacados profesionales.
Los caminos que recorrió a pie, a cualquier hora del día o de la
noche, son también mudos testigos de su labor sacrificada.
Su misión no sólo se concretó a atender en la parroquia,
donde prestaba sus servicios, sino que la proyectó a la comunidad.
Como profesor del Colegio Nacional “Abel Alva”
contribuyó a la formación religiosa de la juventud que recuerda
con cariño su bondad y sus clases magisteriales. Dirigimos por
varios años, desde su fundación, la Cooperativa de Ahorro y
136

Crédito “San Mateo”, que proporcionó muchos servicios
económicos a sus asociados; él como tesorero, el autor de esta nota
como Presidente del Consejo de Administración. Organizamos a las
Cooperativas “San Gabriel” de Cascas, “San Isidro” de
Tembladera”, “Santa Teresita” de Chilete, de las cuales solamente
continúan funcionando las 2 primeras.
Acostumbrábamos visitarlo, como en peregrinaje, y para la
celebración de los actos religiosos, en las fiestas patronales, era
especialmente invitado por los pueblos a venir desde su parroquia
La Recoleta de Cajamarca y aceptaba gustoso.
Las misas que él ofreció se vieron siempre concurridas y
hasta fueron sintonizadas por los fieles de otros lugares.
Con el suave acento de su voz supo interpretar el
Evangelio, era escuchado con mucha devoción porque transmitía
con sus palabras un mensaje de amor, de fe y esperanza.
Los pueblos lo consideran como un ser predestinado, por
sus virtudes excepcionales y su calidad humana, por lo que merece
solicitar la elevación de los altares del Padre Luis Rebaza Neira,
iniciando las gestiones pertinentes ante su Santidad, el Papa Juan
Pablo II, por creerlo justo y necesario.

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ÍNDICE
Pág.
Agradecimientos--------------------------------------------------------------5
Prólogo--------------------------------------------------------------------------8
Carta de Mons. José Dammert Bellido----------------------------------10
PRIMERA PARTE
Vida y obra del R.P. Felix Luis Rebaza Neira------------------------11
Datos biográficos del R. P. Luis Rebaza Neira-----------------------14
Parroquia San Mateo de Contumazá------------------------------------21
Parroquia de Tembladera y Santa Teresita del Niño Jesús-Chilete-----------------------------------------------------------------------------------32
Parroquia Dulce Nombre de Jesús---------------------------------------40
Parroquia San Sebastián-La Recoleta----------------------------------45
La Santa Misa por el Padre Luis Rebaza Neira-----------------------64
Condolencias recibidas por Mons. José Dammert--------------------67
SEGUNDA PARTE
Testimonio sobre la vida del R.P. Luis Rebaza Neira---------------79
Testimonios-------------------------------------------------------------------87
Homenajes Póstumos al mensajero de la Vida y la Paz-----------130
Índice-------------------------------------------------------------------------138

138

Se terminó de imprimir el 07 de abril de 1993
En Asociación Obispo Martínez Compañón
Jr. La Mar 484 – Telf. 92 2175
Cajamarca

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