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HOMOSEXUALIDAD

UNA NUEVA ÉTICA CRISTIANA

Elizabeth R. Moberly

PREFACIO

El presente estudio intenta correlacionar las ideas de la psicología y de la teología para sugerir lo que la sanación puede significar para el homosexual y cómo se puede conseguir. Se basa en un trabajo en esta área de ocho años. Mi esperanza es que promueva un aumento de la comprensión y una implicación más amplia y más compasiva.

Quisiera darle las gracias a Lucy Cavendish College, Cambridge, por el premio de Miembro Invitado mientras escribía este libro. Un número de amigos ha apoyado este trabajo, especialmente con la oración, y me gustaría mencionar particularmente al Reverendo Clyde y a la Señora Rae Whitney; al Reverendo Roy y a la Señora Barbara Barrer; Martin Hallet; y por último al Hermano Lev Gillet, archimandrite de la Iglesia Ortodoxa, que me urgió y me animó constantemente a realizar este trabajo. Como siempre, la responsabilidad por las opiniones expresadas aquí debe residir exclusivamente en el autor.

Elizabeth R. Moberly, Cambridge 1982

CAPÍTULO 1 ¿QUÉ ES LA HOMOSEXUALIDAD?

En el estado actual del debate sobre la homosexualidad una cosa que parece clara -en un asunto renombrado por la falta de claridad y la diferencia de opinión- es que se continúan sosteniendo tenazmente dos posiciones fundamentalmente incompatibles. Una valora que los actos homosexuales son legítimos mientras que la otra opina lo contrario. A pesar de la complejidad del asunto en general y de los varios intentos de replanteamiento, todavía permanece una polarización básica de opinión sobre este tema central, que parece imposible de resolverse. Sin embargo, es posible argumentar que se nos ha presentado con una falsa dicotomía. Centrándonos en la expresión sexual hemos reducido el alcance tanto a nuestra pregunta como a cualquier posible respuesta a nuestra pregunta.

Tradicionalmente, el pensamiento cristiano ha realizado una distinción clara entre la orientación homosexual y su expresión en la actividad homosexual. Sólo ha sido condenada está última, ya sea en las Escrituras o en los pronunciamientos cristianos posteriores. No ha sido afortunado que esta distinción significativa y útil se haya reducido a una preocupación por el estatus de los actos homosexuales. Aquí se sostendrá que la distinción tradicional se debe a una revaloración y en términos mucho más positivos de los que ha tenido el caso con anterioridad. ¿Cuál es el tipo de estructura de la personalidad que es la base de la posibilidad de la conducta homosexual? Definir esto en términos de la presencia o ausencia de ésta no nos dice casi nada, aunque este es precisamente el error de muchos pensadores contemporáneos sobre la materia. El debate todavía no ha ido lo bastante lejos. Lo que se necesita, con la ayuda de las ideas psicológicas contemporáneas, es explorar más allá de lo que es en sí misma la condición homosexual. Sólo en una base así podremos exponer nuestras valoraciones éticas de forma más clara y de mayor utilidad.

La interpretación siguiente se basa en una valoración independiente de la posición psicoanalítica tradicional. Toma el punto de vista de que la orientación homosexual no depende de una predisposición genética, un desequilibrio hormonal o procesos de aprendizaje anormales sino de las dificultades en la relación padre-hijo,

especialmente en los primeros años de la vida. Al mismo tiempo, replantea las conclusiones hechas tradicionalmente de la evidencia del psicoanálisis.

A veces se afirma que la evidencia y las explicaciones analíticas son demasiado variadas para servir de ayuda. Podría ser más auténtico decir que el fenómeno de la homosexualidad es más complejo y trabajado con más facetas de lo que podría parecer a primera vista. De entre una mezcla confusa de detalles, se sugiere un principio subyacente constante: que el homosexual –ya sea hombre o mujer- ha padecido algún déficit en la relación con el padre del mismo sexo; y que hay un impulso correspondiente a recuperar este déficit –por medio de las relaciones del mismo sexo u ‘homosexuales’.

Al hablar de déficit, debe subrayarse que esto no implica siempre maltrato voluntario por el padre en cuestión, en el sentido de algo diferente de una herida accidental o sin intención. Pero en cada caso, se postula algo de naturaleza traumática, ya sea maltrato, descuido o ausencia, que ha conducido en estos casos particulares a una disrupción en el vínculo normal. Esto implica a su tiempo que las necesidades psicológicas que se satisfacen normalmente por medio del vínculo del niño con el padre se quedan sin serlo y por lo tanto requieren todavía ser satisfechas.

Ningún padre de un homosexual debe culparse necesariamente debido a esta disrupción del vínculo. Debe ponerse énfasis en esto en una cuestión en la que la asignación de la responsabilidad es particularmente compleja. A veces habrá culpabilidad directa. Si un padre se esfuerza poco por encontrar tiempo para su hijo o lo desprecia o lo maltrata de alguna forma, existe un riesgo de alguna forma de daño psicológico para el niño y puede considerarse que el padre tenga la culpa. Pero el daño psicológico no tiene por qué derivar exclusivamente del maltrato deliberado. Puede que un divorcio, en algunos casos, dañe la capacidad relacional de un niño de esta forma, sin que los padres quieran que suceda esto (aunque puede existir algún grado variable de responsabilidad indirecta aquí). Sobre todo, la temprana separación o ausencia del padre en un punto crucial del desarrollo del niño, en algunos casos, puede tener efectos negativos a largo plazo, aunque la separación haya sido inevitable o por buenas razones; por ejemplo, debido a la enfermedad y hospitalización del niño o del padre. En tales casos, quizá no se puede culpar a nadie. La situación humana es tal que puede que el daño suceda a veces sin que se pueda culpar a nadie.

La causa de la homosexualidad no es un asunto simple, y se necesita relacionar varios aspectos con esto. Uno es que muchas cosas pueden producir la disrupción en el vínculo que es la base de la condición homosexual. No es una cuestión de que una causa particular produzca la necesidad de un efecto particular. Cualquier incidente que cree una tensión particular en la relación entre el niño y su padre del mismo sexo es potencialmente causativo. Al mismo tiempo, el efecto no necesita actualizarse siempre. Puede que un niño ’se recupere’ genuinamente de una situación nociva. O, de forma alternativa, puede que otro daño resulte más que una disrupción en el vínculo del niño con su padre del mismo sexo. Consideraciones como estas son las que producen que la discusión sobre las causas sea compleja. Un divorcio, por ejemplo, puede que a veces tenga un efecto duradero en la capacidad del niño de relacionarse con el progenitor del mismo sexo; puede que afecte a la capacidad de relacionarse con el progenitor del sexo opuesto o puede que no tenga ningún efecto. Esto no implica inconsistencia, sino simplemente, y de forma muy importante, la ausencia de determinismo. Ningún incidente particular debe romper inevitablemente el vínculo con el padre del mismo sexo. Pero cualquiera de la amplia variedad de incidentes, en ciertos casos, puede tener como consecuencia esta forma particular de daño psicológico. El factor común en cada caso es la disrupción en el vínculo con el padre del mismo sexo, cualquiera que sea la causa.

Cualquiera que pueda ser el incidente particular, es algo que ha sido experimentado como hiriente por el niño, ya sea con intención o sin ella por parte del padre. Puede que el padre tenga o no la culpa pero en cualquier caso el niño ha sido herido de forma genuina. La dificultad surge cuando esa herida va acompañada de una falta de voluntad de relacionarse más con la fuente de amor con la que ha tenido la experiencia del daño. Esto implica un defecto duradero en la capacidad relacional del niño. La tragedia es que subsiguiente a este efecto, la conducta del padre del mismo sexo llega a ser irrelevante, ya que el niño ya no puede relacionarse normalmente con él o ella. Aunque se ofrezca amor, no puede ser recibido. Esto es crucial para la declaración del problema y para la cuestión de la responsabilidad.

Al mismo tiempo se debe hacer hincapié en que puede que este defecto relacional no sea evidente o ni siquiera parcialmente evidente, a las apariencias. En el nivel consciente se puede hacer un ajuste que deje pocas o incluso ninguna señal de molestia. Puede que las relaciones familiares de un homosexual parezcan ser buenas en un número de casos; en verdad, en esos casos son buenas en un cierto nivel. Esta no es una objeción

a la hipótesis presente, ya que de lo que estamos hablando es del daño intrapsíquico en un nivel profundo, parte del cual puede que no sea abierto o consciente. De forma similar, puede que no siempre sea fácilmente evidente

lo

que condujo al déficit al inicio. Puede que siempre no se reconozca fácilmente la causa o que se reconozca por

lo

que es. Quizá es más sorprendente la frecuencia en que la dificultad y la causa de la dificultad son evidentes.

Las familias monoparentales no tienen necesariamente un mayor riesgo de incidencia de homosexualidad en los niños. Por el contrario, un estudio notable de homosexuales varones indica que sólo un pequeño grupo no tenía padre (Bieber et al., 1962). Además, puede ser que el padre del sexo opuesto sea el que está desaparecido; o puede que la muerte o partida del padre del mismo sexo venga sólo relativamente tarde en el proceso de crecimiento del niño; o la ausencia del padre del mismo sexo puede que no tenga como consecuencia este tipo particular de déficit psicológico; o se pueden encontrar sustitutos de padres aceptables. Se pueden contrastar niños que son privados abiertamente del cariño de un padre con lo que se podría llamar quizá ‘huérfanos ocultos’. Estos son los niños de familias de dos padres que ya no pueden relacionarse normalmente con uno u otro padre y de ahí no pueden recibir el amor de padre incluso si el padre en cuestión está presente y ofrece cariño.

Incidentalmente, no hay motivo para esperar que todos los hijos de los mismos padres sean afectados de la misma forma. De lo que estamos hablando no es de un parecido general de ambiente sino de dificultades específicas en relaciones individuales. Más de un niño puede que experimente estas dificultades pero esto no tiene por qué suceder y con frecuencia no sucede.

Un punto que se necesita hacer es que puede existir un deterioro en la relación padre-hijo después de que el padre descubre que el hijo es homosexual. A veces se asume que esto implica que la homosexualidad no es producida por dificultades relacionales al comienzo. Sin embargo, si la disrupción original en el vínculo fue seguida por un ajuste en el nivel consciente, no es sorprendente que las dificultades abiertas no aparezcan hasta posteriormente. Más importante, lo que estamos diciendo aquí no es que la homosexualidad sea una entidad o condición independiente producida por dificultades en la relación padre-hijo. Más aún, la condición homosexual es un déficit en la capacidad del niño de relacionarse con el padre del mismo sexo que es transferida a miembros del mismo sexo en general.

Las necesidades de amor, de dependencia y de identificación con el padre del mismo sexo se satisfacen por medio del vínculo del niño con el padre. Si, sin embargo, el vínculo se rompe, las necesidades que se satisfacen normalmente por medio de ese vínculo permanecen insatisfechas. No se da simplemente una disrupción del vínculo sino, además, una exclusión defensiva. Esta resistencia a la restauración del vínculo (en términos analíticos, contracathexis y no la mera retirada de cathexis) es lo que marca el defecto duradero en la capacidad relacional actual de la persona, que dura más que en la ocasión inicial de trauma. Sin embargo, la represión de la necesidad normal de vínculo tiene que competir, como toda represión, con el impulso correspondiente hacia deshacer la represión –en este caso, el impulso hacia la restauración del vínculo. Aquí se sugiere que es precisamente este impulso reparativo el que se implica en el impulso homosexual, es decir, que este impulso está motivado esencialmente por la necesidad de satisfacer los déficits anteriores de la relación padre-hijo. La necesidad persistente de amor deriva y está relacionada con la necesidad previa de amor insatisfecha del padre del mismo sexo, o más bien, de la incapacidad de recibir ese amor, ya sea ofrecido o no.

Esta exclusión defensiva y su impulso correspondiente por renovar el vínculo implican que la condición

homosexual es de ambivalencia del mismo sexo. El amor por el mismo sexo es sólo una parte de este fenómeno

y es un error serio aislar la necesidad de la maniobra defensiva que lo ha formado y lo ha producido que

permanece insatisfecho. La condición homosexual es, en efecto, doble e implica un conflicto psicodinámico (no necesariamente abierto ni evidente) entre las dos partes de la ambivalencia, la negativa y la positiva. Básicamente, es un conflicto de evitación-acercamiento. La atracción implicada en la necesidad de vínculo tiene

que competir con la aversión implicada en la exclusión defensiva. Así, dependiendo de qué parte de la ambivalencia es la más prominente, puede que el homosexual experimente por ejemplo problemas de autoridad

(una manifestación de la exclusión defensiva) o problemas de dependencia (una manifestación del impulso para

el vínculo). 1 El contraste aquí no es entre diferentes tipos de déficit sino entre diferentes aspectos de la misma

estructura psicodinámica. Es esta ambivalencia del mismo sexo la que llevaríamos a ser la esencia de la condición homosexual tanto en el varón como en la hembra. La única diferencia sería del mayor o menor grado en casos individuales.

Sin entrar en extensivos detalles técnicos, sin embargo, esta hipótesis servirá de ayuda al documento. Esta estructura en general de ambivalencia implica varios componentes distintos. Al principio, y quizá lo más

sorprendente, la exclusión defensiva de la fuente de amor del padre del mismo sexo estará marcada por la hostilidad, ya sea abierta o latente, hacia las figuras paternales y hacia otros miembros del mismo sexo. Puede que esta hostilidad sea un componente de las relaciones sexuales actuales (Fenichel, 1945). En un mayor estudio de varones homosexuales, es significativo que donde el padre del hombre había sido hostil con su hijo, no simplemente negligente o ambivalente, el compañero homosexual se identificaba invariablemente con el padre que había sido odiado y temido (Bieber et al., 1962). De forma alternativa, la hostilidad puede expresarse bajo la forma del antagonismo hacia los compañeros del mismo sexo (Barnhouse, 1977); en una tendencia marcada hacia el ‘afán de justicia’, la búsqueda de culpables y la acumulación de resentimiento (Bergler, 1961); o en problemas de autoridad (Ovesey, 1969). En todos estos casos la animosidad sin resolver que era originariamente una reacción a la conducta hiriente, ya sea deliberada o sin intención, del padre del mismo sexo, se ha generalizado y tiene el potencial para la reactivación en cualquier transacción interpersonal con miembros del mismo sexo.

Puede que la parte negativa de la ambivalencia llegue a ser aparente en la vida adulta pero se debe recordar que no es una maniobra adulta como tal. Es más, marca la reemergencia de la reacción defensiva reprimida del niño. Esto puede ‘echar el pestillo’ en cierta medida a las bases realistas para la queja en el presente, pero esencialmente es abastecida de energía y motivada por las heridas del pasado. No es por esta razón que sea descartada como imaginaria pero es anacrónica, permitiendo que el presente sea condicionado de forma irrazonable por el pasado. Al mismo tiempo, no es la proyección de facetas inaceptadas del propio carácter sino una transferencia –la reactivación de dificultades interpersonales genuinas, transferidas de las relaciones del pasado a las del presente.

Una exclusión defensiva del padre del mismo sexo implica también obstruir el proceso normal de identificación. Esto, en algunos casos pero en ningún caso en todos, puede expresarse en el afeminamiento en el homosexual varón y la casi-masculinidad en el homosexual femenino. Una identidad es el producto final de un proceso de identificación. La disrupción en éste implica cierto grado de daño en él, aunque en muchos casos el sentido de identidad será viable incluso si es incompleto. El punto importante que se debe notar es que no estamos sugiriendo aquí ninguna identificación genuina con el sexo opuesto sino una des-identificación del mismo sexo, como una de las implicaciones de la disrupción en el vínculo con el padre del mismo sexo.

La famosa ‘fijación de la madre’ del varón homosexual, que ha sido un ingrediente estándar de la teoría psicoanalítica de Freud en adelante, le sugiere ser a la presente escritora un efecto más que una causa. Estar unido a la propia madre es en sí mismo completamente normal. Sin embargo, si existe una exclusión defensiva con respecto al padre, el único canal de vínculo que queda es el de la madre. Lo que es normal cuando se complementa por un vínculo con el padre se convierte en anormal cuando es aislado de esto. Pero es sólo el hecho de este aislamiento lo que es anormal, no el vínculo en sí. Así, la llamada ‘fijación en la madre’ en el varón implica, no un vínculo anormal con el sexo opuesto sino una exclusión anormal con el mismo sexo. Al mismo tiempo, es posible que la parcialidad de este vínculo con la madre se resienta y esto pueda manifestar problemas de autoridad con respecto al sexo opuesto. Esto es, sin embargo, secundario para la exclusión defensiva con respecto al mismo sexo. La barrera defensiva principal y central del homosexual y la dificultad para relacionarse es hacia el mismo sexo y no hacia el opuesto.

La exclusión implica que las necesidades que se satisfacen normalmente por medio del vínculo permanecen insatisfechas. Al mismo tiempo, hay un impulso reparativo hacia la restauración del vínculo, y de ahí hacia la búsqueda de las necesidades insatisfechas de amor, dependencia e identificación. En la mujer este es la búsqueda de una madre sustituta que compense los déficits anteriores en la crianza, ya se haya dado cuenta conscientemente de que este es el objetivo de la relación o no. El carácter madre-hija de la relación lésbica ha recibido menciones repetidas en la literatura psicoanalítica (ej. Fenichel, 1945; Store, 1964; Socarides, 1968). Sin embargo, esta búsqueda de una figura maternal no se comprende si se ve como un vínculo anormal. La restauración del vínculo no es en sí mismo el problema sino la solución para el problema subyacente.

De la misma forma, en el homosexual varón hay una búsqueda de satisfacer las necesidades insatisfechas hasta ahora por medio de una restauración del vínculo. El hecho de que la búsqueda de continuar y completar el proceso de identificación es particularmente visible cuando las parejas de hombres se buscan para obtener una ‘inyección’ de masculinidad por medio de la identificación con el compañero (Socarides, 1968).

El impulso reparativo busca satisfacer las necesidades que se satisfacen normalmente por medio del vínculo del niño con el padre del mismo sexo. En este sentido, la necesidad de amor homosexual es esencialmente una búsqueda del padre. Sin embargo, en muchos casos este no es el objetivo consciente de una

relación del mismo sexo; y el compañero del mismo sexo no es necesario que sea una figura abierta del padre. En verdad, incluso en esos casos en que el compañero es una figura paterna, este mismo tiene también similares necesidades de amor paterno. Además, la necesidad de amor paterno variará de una persona a otra dependiendo del grado de la necesidad. El factor central en todos los casos es que las necesidades que debieron satisfacerse a través del vínculo padre-hijo, permanecen todavía insatisfechas. Lo que busca el homosexual es la satisfacción de estas necesidades de vínculo normales, que han sido dejadas insatisfechas de forma anormal en el proceso de maduración. Al mismo tiempo, se debería recordar que todavía estamos hablando de la condición homosexual y no su traslado a la actividad sexual. Las necesidades psicológicas del homosexual se expresan con frecuencia de forma sexual pero estas necesidades existen de forma independiente de la expresión sexual. Una buena relación no sexual con una persona del mismo sexo es otro medio de satisfacer dichas necesidades. El impulso reparativo es un aspecto esencial de la condición homosexual como tal y es vital recordar esto.

Esta estructura en general de la ambivalencia del mismo sexo es la condición homosexual. Sin embargo, esto no implica que la estructura total sea fácilmente evidente en todos los casos o todas las veces. Mucho de ello puede permanecer latente, como un factor psicodinámico inconsciente. Cualquier lado de la ambivalencia puede ser predominante. La necesidad de amor homosexual o el impulso reparativo puede ser con frecuencia la única manifestación abierta o consciente de esta estructura total. Mientras que la defensa con respecto al mismo sexo permanece en represión, puede haber un vínculo renovado, y con frecuencia se forma. Sin embargo, como la parte negativa de la ambivalencia persiste como fuerza dinámica, aunque esté bajo el nivel de la consciencia, esto significa que el intento reparativo puede frustrarse en cualquier momento por la reemergencia de esta defensa. El vínculo puede dar forma todavía otra vez a la exclusión; puede que la relación esté sujeta a la inestabilidad y a la disrupción. De forma alternativa, la parte negativa de esta ambivalencia puede expresarse de formas más generales, como ya se ha sugerido.

Cualquier parte de la ambivalencia puede estar en evidencia y es importante recordar que estos no son fenómenos separados sino las dos partes de una condición. Cualquier parte puede ser abierta o latente; o ambas pueden ser abiertas, en cuyo caso las posibilidades de tensión y conflicto están más marcadas; o, en algunos casos, puede que ninguna parte esté abierta. De su naturaleza, un caso en el que ambas partes de la ambivalencia son latentes no se observa fácilmente. Sin embargo, en un número de casos está claro que la emergencia de algún aspecto de la ambivalencia ha sido precedida por un periodo de latencia general. Y se sabe que algo de la hostilidad hacia los homosexuales surge en personas que no son conscientes o que son incapaces de reconocer conscientemente la presencia de inclinaciones homosexuales dentro de sí mismas. El predominio de una u otra parte de la ambivalencia puede expresarse también de otras formas. Una de estas es la presentación de la identidad. El afeminamiento de algunos homosexuales varones y la casi masculinidad de algunas mujeres lesbianas es una representación concreta de la exclusión defensiva con respecto a la persona del propio sexo, donde el proceso de identificación con el mismo sexo ha sido comprobado en un punto temprano de desarrollo.

De forma similar, una preferencia marcada por la compañía de uno u otro sexo puede ser una indicación del dominio de la parte positiva o negativa de la ambivalencia. Un homosexual masculino que prefiera habitualmente la compañía femenina está dando expresión al frecuente impulso de exclusión de su propio sexo, la exclusión defensiva, mientras que el impulso reparativo es predominante en un homosexual masculino que prefiera la compañía de los hombres. Del mismo modo, una mujer homosexual que busque especialmente la compañía masculina está dando expresión al impulso de exclusión de su propio sexo mientras que la preferencia de compañía femenina marca el impulso reparativo dentro de ella.

La condición homosexual puede expresarse así de varias formas, ya que la estructura en general de la ambivalencia del mismo sexo es trabajada en muchas facetas. Tiene manifestaciones sociales además de sexuales y la conducta homo-emocional puede verse bastante aparte de la actividad sexual. La relación pre- heterosexual no es en ningún caso simplemente una capacidad para amar al mismo sexo sino una gama compleja de formas de relacionarse tanto con el mismo sexo como con el opuesto. Con respecto al mismo sexo, puede haber una actitud en los límites de lo positivo y lo negativo, eso es desde el impulso reparativo por una parte a alguna expresión de la exclusión defensiva por la otra. Con respecto al sexo opuesto, puede haber un intento de buscar esa compañía pero, como esto es pre-heterosexual, muestra una dificultad para relacionarse con el mismo sexo. Se debe hablar de esto como un vuelo desde el mismo sexo más que de una búsqueda positiva del sexo opuesto. De forma alternativa, el homosexual puede sentir la dificultad para relacionarse con el sexo opuesto. Esto es casi sorprendente, ya que el proceso de identificación con el mismo sexo no se ha

completado todavía y entonces una relación con el mismo sexo permanece como la necesidad principal del homosexual.

En todos los casos, la condición homosexual es de ambivalencia del mismo sexo. Al mismo tiempo, se puede hablar de un espectro homosexual, en el sentido de que el déficit implicado varía en grado de persona a persona. En algunos casos tanto la barrera defensiva como las necesidades correspondientes insatisfechas están muy marcadas. En otros casos existen menos grados de estas partes de la ambivalencia del mismo sexo.

Es donde el déficit está menos marcado donde probablemente se encuentre el bisexual. Al grado que el amor del mismo sexo se necesita todavía, la persona es homosexual y la estructura psicodinámica aquí es la misma que en toda la homosexualidad, variando sólo en el grado. La verdadera bisexualidad implica un mayor grado de cumplimiento de las necesidades de vínculo del mismo sexo, antes de la exclusión defensiva, que en la mayoría de los homosexuales. Un número de homosexuales puede ser capaz de al menos un mínimo de funcionamiento heterosexual pero esto en sí mismo no merece el nivel de bisexualidad. Un homosexual casado no es necesariamente bisexual y de hecho no es bisexual si sus necesidades emocionales principales son del mismo sexo.

Al otro extremo del espectro está la persona cuyo déficit relacional de mismo sexo está extremadamente marcado. La capacidad de relacionarse normalmente con el padre del mismo sexo fue dañada en una edad muy temprana y de ahí que el proceso normal de crecimiento fisiológico haya ido acompañado por muy poco de la correspondiente maduración psicológica normal. Como esta exclusión del mismo sexo implica un bloqueo del proceso de identificación, los efectos sobre la identidad pueden ser marcados cuando el déficit del mismo sexo es particularmente severo. Una exclusión defensiva del mismo sexo implica des-identificación: no simplemente una ausencia de identificación sino una reacción contra la identificación. Aquí se sugiere que este proceso se considera no sólo para la totalidad del espectro homosexual sino también para la persona que es conocida como transexual.

Si ha tenido lugar la des-identificación radical, es casi sorprendente que algunas personas no se sientan miembros de su propio sexo anatómico. El sentido de la dislocación de género no es imaginario sino completamente realista, si el crecimiento fisiológico no ha ido acompañado de la maduración psicológica requerida. Esto no es una negación de la fisiología sino una declaración cierta de una realidad psicológica trágica. Es el hecho de perder la maduración, no la consciencia de este hecho, que es desafortunado. La propia auto- imagen depende de la identificación con el mismo sexo y la comprobación radical del proceso de identificación tiene como consecuencia un déficit marcado en proporción en la actual identidad. La aversión de la exclusión y a la identificación con el mismo sexo se manifiesta aquí en un sentido aparente de pertenencia al sexo opuesto. Esta posición de cruce de género presupone una anti-masculinidad o anti-feminidad defensiva en la estructura subyacente de la personalidad. No es una verdadera identidad de cruce de género. Sin embargo, tampoco se trata de una auténtica identidad con el mismo sexo. La ausencia de identidad con el mismo sexo es bastante genuina.

Sin embargo, el transexualismo no es una racionalización de la homosexualidad. Marca el extremo final del espectro homosexual pero precisamente debido a que el déficit del mismo sexo está tan marcado, es apropiado hablar de dislocación real de género. La mayoría de los homosexuales no desean reasignación de género porque en ellos el déficit del mismo sexo no está tan marcado. Habría algo de superposición entre homosexualidad y transexualismo. Que es como decir que algunos homosexuales pueden padecer un grado marcado de déficit del mismo sexo, ya esta exclusión defensiva se exprese o no en una demanda de reasignación de género. Pero no todos los homosexuales son transexuales porque en ellos existen menos grados de déficit del mismo sexo. Se está sugiriendo, sin embargo, que el transexualismo en ambos sexos tiene la misma estructura psicodinámica que la homosexualidad. La diferencia es esencialmente de grado, no de tipo. El transexualismo es el grado más marcado pero la homosexualidad implica mucho más comúnmente un menor grado de déficit del mismo sexo. Sin embargo, en la medida en que el proceso de identificación por medio del vínculo del mismo sexo se ha comprobado, la homosexualidad en sí –en mayor o menor grado- marca un problema de identidad de género.

El transexualismo es evidentemente un problema de identidad. Como el grado extremo de ambivalencia del mismo sexo, es también un problema de un grado marcado de exclusión defensiva y en proporción a las extensas necesidades insatisfechas. Freud (1911) sugirió un nexo entre la psicosis y la homosexualidad (latente). Aquí se está sugiriendo que este nexo, cuando tiene lugar, es el ejemplo extremo de la ambivalencia del mismo sexo que constituye la condición homosexual. Toda homosexualidad implica una maniobra defensiva, no contra

los impulsos homosexuales como tales, sino contra el vínculo con la fuente de amor del mismo sexo. Esta exclusión defensiva tiene como consecuencia una necesidad de amor insatisfecha que, cuando vuelve a emerger, es conocida como homosexual. La barrera defensiva puede parecer menor pero en el extremo final del espectro puede esperarse que sea muy marcada. Se tiene la hipótesis de que la así llamada psicosis no es más que la re-emergencia desde la represión de la forma extrema de esta barrera defensiva. Así, en los casos en que la psicosis y la homosexualidad están unidas, las dos no son esencialmente entidades separadas sino, como en todos los grados de la ambivalencia del mismo sexo, las dos partes de un fenómeno. La ‘psicosis’ es la barrera defensiva contra la fuente de amor necesitado y la homosexualidad es la necesidad de amor insatisfecho resultante. De nuevo, como en todos los grados de la ambivalencia del mismo sexo, cualquier parte puede ser latente o abierta, o ambas o ninguna. Se debe hacer hincapié en que no toda la homosexualidad esa reforzada por una barrera defensiva de esta magnitud y severidad, sólo el extremo final del espectro, que es el de todos los transexuales pero sólo de algunos homosexuales. Al mismo tiempo, también se debe hacer hincapié en que no se trata de condenar a las personas que padecen un grado marcado de déficit del mismo sexo. Deberíamos redefinir la psicosis como maduración psicológicamente radicalmente incompleta, derivando y manifestando a veces las heridas psicológicas de la temprana infancia. De lo que estamos hablando no es de la ‘locura’ sino del sufrimiento de niños pequeños.

Cualquier incidente que produzca la disrupción del vínculo del niño con el padre del mismo sexo puede tener como consecuencia la condición homosexual pero puede que se ilustre con mayor claridad en el caso de la separación temprana. 2 Tal separación, aunque sea relativamente breve, puede conducir a un proceso típico de dolor: protesta por la ausencia del padre querido, seguido de desesperación, conduciendo finalmente a la exclusión (Bowlby, 1973). Cuando el niño vuelve a unirse con su padre, puede tardarse algo de tiempo para que se restablezca el vínculo normal, debido a que el niño ha experimentado al padre como alguien hiriente (‘él/ella me abandonó’) aunque la separación haya sido inevitable y no haya habido intención de hacer daño. Puede que el niño muestre durante un tiempo indiferencia, reprimiendo su necesidad de vínculo o alternar entre la hostilidad (exclusión) y conducta ceñida (vínculo). Pero ¿qué sucede si el proceso de luto no se abre paso nunca? ¿Qué sucede si en algunos casos el niño continúa reprimiendo sus anhelos de la fuente de amor que ha sido experimentada como hiriente y, alguna vez, continúa reprimiendo sus reproches contra la fuente de amor, otra vez debido a su daño y una falta de voluntad de confiar en la fuente de amor de nuevo? La posición resultante sería una necesidad de amor insatisfecha, consiguiente sobre y mantenida por una exclusión defensiva de la fuente de amor. Este es precisamente el tipo de condición del que ya hemos hablado, y aquí añadiríamos a esto diciendo que esta condición es esencialmente un proceso de luto patológico sin resolver. El luto como proceso psicológico puede tener lugar no sólo cuando muere un padre sino cuando el niño es separado temporalmente del padre, o cuando la conducta paterna o materna hiere al niño hasta tal punto que él o ella reprime la capacidad de vínculo con el padre. Es la ausencia de y la defensa contra el vínculo con el padre lo que constituye al huérfano psicológico.

La temprana ausencia o separación del padre del mismo sexo es con frecuencia evidente en historias de casos de transexuales (Walinder, 1967; Green, 1974; Stoller, 1975) aunque ya hemos dicho que el incidente originario no necesita ser inmediatamente evidente. La hipótesis principal para datar sobre el transexualismo (Stoller, 1975) lo ha visto como la consecuencia de un proceso de aprendizaje no conflictivo, al menos en el transexualismo de hombre a mujer. Aquí se sugiere que el transexualismo en ambos géneros se basa en un conflicto –en la des-identificación radical del mismo sexo aunque este conflicto puede estar reprimido muy profundamente.

De lo que estamos hablando es de una herida intrapsíquica, que ha sido reprimida dentro de la personalidad desde la temprana infancia, que ha comprobado un aspecto vital del proceso normal de la maduración psicológica desde ese punto de tiempo. El proceso de ‘luto’ sin resolver de un niño joven ha persistido en los años de adultez. Como en cualquier caso de pérdida o herida, la reacción apropiada no es la de hostilidad, miedo o aturdimiento sino compasión. Esto debería ser cierto cualquiera que sea el grado de déficit del mismo sexo. Sin esa comprensión y compasión, el problema real intrínseco de la homosexualidad se intensifica forzosamente de forma innecesaria por la falta de voluntad de la sociedad para comprender y amar.

NOTAS

1.- Ovesey (1969) habla de esos problemas pero los ve como ‘pseudo-homosexuales’. Aquí, por el contrario, los veríamos como centrales para la condición homosexual.

2.- La mayoría de la literatura

psiquiátrica trata de los efectos de la separación de la madre. Aquí se

sugiere que el mismo principio se aplique a la separación de cualquier progenitor.

CAPÍTULO 2 UNA NUEVA PERSPECTIVA

¿Qué parece ahora la cuestión homosexual como resultado de este re-planteamiento? Centrándonos en la condición homosexual llega a ser posible volver a examinar la naturaleza del problema y como consecuencia, su solución. En esto, es importante centrarse en todos los aspectos de la evidencia y ver el fenómeno de la homosexualidad como una totalidad –negativa además de positiva, social además de sexual- para averiguar lo que es y lo que no es la homosexualidad.

La condición homosexual es de ambivalencia del mismo sexo, no sólo amor del mismo sexo. La necesidad de amor no puede ser aislada del proceso defensivo que la ha formado y producido que permanece insatisfecha. Desafortunadamente, la parte negativa de la ambivalencia ha sido ignorada hasta ahora o tomada en cuenta de forma insuficiente. Esta falta de reconocimiento de la parte negativa ha conducido a un enfoque impropio sobre la parte positiva y ha tenido como consecuencia definiciones parciales y engañosas. La condición homosexual implica un problema en la capacidad para relacionarse con el mismo sexo y no simplemente un deseo y facilidad para hacerlo. La parada en el proceso de identificación del mismo sexo quiere decir que el homosexual es incapaz de relacionarse de una forma auténticamente heterosexual con el sexo opuesto. Pero el problema esencial es de desarrollo psicológico del mismo sexo incompleto y es vital que se reconozca y se trate como tal.

En resumen, la homosexualidad es un fenómeno de ambivalencia del mismo sexo, no sólo amor del mismo sexo; y es en sí misma un déficit relacional con respecto al mismo sexo más que con respecto al sexo opuesto. Estos puntos son de mayor importancia al afirmar cuál es y cuál no el problema de la homosexualidad.

Lo que es problemático es la exclusión defensiva y la maduración perdida consecuente de esto. Sin embargo, la capacidad para el amor del mismo sexo es el intento de restaurar este vínculo roto y así compensar la maduración perdida. No es la necesidad de amor del mismo sexo lo que es patológico sino más bien su carencia de satisfacción La capacidad para el amor del mismo sexo presupone una patología subyacente (la exclusión defensiva), pero no es en sí misma patológica. Más bien, es lo contrario –es el intento de solucionar y sanar la patología. Esto no implica que la solución deba llevarse a cabo sexualmente sino que implica que la solución no debe ser confundida con el problema, como ha sucedido con frecuencia hasta ahora.

El intento de relaciones heterosexuales o el contacto social con el sexo opuesto no es la solución a la homosexualidad, ya que el incremento del contacto con el sexo opuesto no puede hacer nada para satisfacer los déficits del mismo sexo. Las relaciones con el sexo opuesto son, literalmente, por definición, irrelevantes a un problema de esta naturaleza. Una solución tan errónea en efecto deja al problema intacto o incluso lo confirma. La capacidad para el amor del mismo sexo es el proceso de sanación natural y evitar o bloquear este proceso es lo más desafortunado del error en que se ha caído con frecuencia para la solución. De esta forma, la llamada sanación de la homosexualidad ha tomado en efecto la dirección opuesta, debido a que una afirmación errónea del problema ha conducido alternativamente a una solución errónea.

Tanto la terapia como la tarea de la evaluación ética necesitan basarse en una evidencia adecuada. No ha estado claro hasta ahora lo que es la homosexualidad realmente, qué es precisamente lo que necesitamos discutir e intentar evaluar. No se puede hacer más que juicios provisionales cuando no se sabe lo que es la condición en sí. Desde la presente evidencia parece claro que la condición homosexual no implica necesidades anormales sino necesidades normales que, anormalmente, no han sido satisfechas en el ordinario proceso de crecimiento. Las necesidades como tales son normales; su falta de satisfacción y la barrera para su satisfacción, es anormal. Justo porque el problema de la homosexualidad es doble, debe haber de la misma forma un doble objetivo terapéutico. Esta doble respuesta debe ser el deshacer la exclusión defensiva y compensar las necesidades insatisfechas. La actividad sexual puede ser una solución inapropiada. No lo es, sin embargo, desalentar una solución errónea sin indicar la solución correcta, que es la satisfacción de necesidades del mismo sexo sin actividad sexual. Hasta ahora, las Iglesias cristianas han tendido a concentrarse en prevenir una respuesta impropia al problema y han fracasado en hacer algo acerca de empezar en la respuesta real.

En este punto puede preguntarse por qué, si el impulso homo-emocional es la solución al problema, el problema no se soluciona realmente en las relaciones homosexuales. El primer punto a tomar nota es que esa resolución puede tener lugar y puede haberse hecho con mayor frecuencia de lo que se sabe. La información insuficiente es disponible aquí. Existen, sin embargo, ciertos obstáculos también que resolver. Primero, los dos miembros de una relación homosexual tienen necesidades psicológicas similares, variando sólo de grado, y así las propias necesidades y déficits de cada miembro le dan menos posibilidad de satisfacer las necesidades de la otra persona. Segundo, las necesidades de dependencia profunda que se implican, a veces puede que no se satisfagan fácilmente cuando la persona en cuestión es cronológicamente un adulto. Tercero, y lo más significativo, la exclusión defensiva que fue originalmente responsable de detener el proceso normal de crecimiento puede volver a emerger y a provocar la disrupción del vínculo renovado. La inestabilidad de muchas relaciones homosexuales bien puede derivar de este factor. La capacidad para el amor del mismo sexo es la solución al problema de la condición homosexual pero desafortunadamente las relaciones del mismo sexo afrontan dificultades que pueden impedir su propia satisfacción.

El hecho de que las necesidades homo-emocionales sean con frecuencia, aunque en ningún caso siempre, erotizadas, ha tendido a distraer la atención del significado de la condición homosexual en sí. No es sorprendente que alguien que haya logrado la madurez fisiológica deba interpretar sus necesidades emocionales más profundas como sexuales, pero esto es confundir el carácter esencial de estas necesidades. La expresión sexual no es apropiada para la relación normal entre padre-hijo. Ni, como un corolario, es apropiada para cualquier relación que, por muy adulto que sea en otros aspectos, esté determinado significativamente por el intento de satisfacer las necesidades de vínculo de no adulto. En la condición homosexual las necesidades psicológicas que son esencialmente pre-adultas permanecen en una persona que es adulta en otros aspectos. La actividad homosexual implica la erotización de déficits de crecimiento que permanecen excepcionales, y esto es, fundamentalmente, una confusión de las necesidades emocionales del no adulto con los deseos fisiológicos del adulto. La sexualidad está llamada a expresar los deseos tanto de la madurez fisiológica como de la madurez psicológica, en coordinación mutua. Lo uno no debe separarse de lo otro. Donde se da una carencia de esa coordinación, los déficits en el crecimiento deben satisfacerse de forma no sexual y de esta forma se logrará una base integrada para una relación expresada de forma sexual.

Un vínculo con el mismo sexo no es malo; de hecho es precisamente lo correcto para satisfacer los déficits del mismo sexo. Lo que es impropio es la erotización de la amistad. Esa erotización es secundaria y no esencial a la condición homosexual como tal. En cualquier caso existen muchos homosexuales latentes que no son suficientemente conscientes de sus necesidades emocionales y muchos homosexuales que viven en castidad que eligen no representar esas necesidades de forma sexual ya se experimente o no el impulso hacia esa erotización. El término ‘homosexualidad’ de hecho incurre en una petición de principio. Una definición no sexual sería mejor, porque, aunque la condición puede ser, y con frecuencia es, erotizada, no necesariamente tiene que serlo. Un término como ‘homofilia’ podría ser mejor ya que no pone el énfasis en la actividad sexual. Sin embargo, una palabra así pondría todavía la atención indebida en la necesidad de amor del mismo sexo, ignorando al mismo tiempo la exclusión defensiva subyacente. La definición más auténtica no es ni la homosexualidad ni la homofilia sino la ambivalencia del mismo sexo. Esta condición que existe antes e independientemente de cualquier actividad sexual. De forma similar, y lo más importante, las necesidades implicadas pueden y deben satisfacerse independientemente de la actividad sexual.

Discutir si se deben permitir o no los actos sexuales para los homosexuales es una cuestión importante pero, tomada de forma aislada, simplemente pierde el punto principal. Lo que es central es la estructura de la personalidad subyacente. Y, debido a que esta condición no es esencialmente sexual, no se debe poner la cuestión homosexual dentro del contexto de la sexualidad como una totalidad. Hacer eso incurre en una petición de principio, y quita la atención de asuntos más importantes. La cuestión no es acerca de lo que es aceptable o no en la sexualidad, ya que no es intrínsecamente sexual al comienzo. El asunto es de lo que se necesita para el crecimiento y desarrollo hacia la madurez psicológica y lo que se debe hacer para compensar déficits en esto.

Ya se ha señalado que el matrimonio es una solución errónea para la homosexualidad, ya que el contacto con el sexo opuesto no puede remediar los déficits del mismo sexo. Se puede decir también ahora que el matrimonio es un punto erróneo de comparación para la homosexualidad, ya que lo esencialmente sexual y lo esencialmente no sexual puede que no se consideren análogos. Sobre la evidencia presentada aquí, debe aclararse que el verdadero punto de comparación para la homosexualidad no es el vínculo de pareja sexual sino la relación padre-hijo. Es vital para toda la tarea de evaluación que la homosexualidad se coloque en esta perspectiva particular.

La solución al problema de la condición homosexual no es la actividad sexual. Desafortunadamente, se ha considerado erróneamente la mera abstinencia de actividad sexual como la solución, sin la realización de que hay necesidades psicológicas legítimas implicadas, que no deben quedarse sin resolver. No se deben ignorar las necesidades insatisfechas (el error ‘conservador’) ni erotizarlas (el error ‘liberal). Es el error de comprender esto lo que ha conducido a la polarización del debate sobre la homosexualidad.

La homosexualidad implica tanto un estado de carencia como un impulso hacia la terminación. El proceso normal de maduración psicológica se ha detenido en un aspecto significativo pero el potencial para la restauración no está ausente y se puede reasumir el proceso de maduración. Este intento reparativo es, debemos repetir, la solución y no el problema. El proceso normal de crecimiento ha sido interrumpido y se queda incompleto y la capacidad para el amor del mismo sexo es en sí mismo un intento de restaurar el vínculo roto. Es hacia esto hacia lo que tiende el homosexual.

Así, la naturaleza del impulso homosexual marca la crítica fundamental de la condición homosexual e indica que los homosexuales no están satisfechos con como está su estado. En otras palabras, es el impulso y el deseo de terminación psicológica del mismo sexo que critica el estado de falta que se deriva e intenta cubrirlo.

El resultado final de este proceso de maduración es la heterosexualidad, comprendida como la capacidad para relacionarse con la gente como miembro psicológicamente completo del propio sexo. No es la actividad sexual con el sexo opuesto lo que define al heterosexual, ya que tal actividad puede ser relativamente superficial. El criterio central debe ser la naturaleza y dirección de las necesidades psicológicas subyacentes. La verdadera heterosexualidad debe basarse en una estructura de la personalidad heteropsicológica.

La heterosexualidad, no menos que la homosexualidad, ha sufrido definiciones parciales y engañosas hasta ahora. En particular, ha sido un error el definir la heterosexualidad únicamente con respecto al sexo opuesto y no como un estado en sí mismo. Implica una satisfacción de ciertas necesidades psicológicas y no simplemente un potencial para la actividad sexual. Existe esto pero no basado en lo anterior. Además, la heterosexualidad tiene implicaciones definitivas para relacionarse con el mismo sexo además de con el opuesto. Las relaciones con el mismo sexo ya no son regidas por la necesidad de satisfacer una identidad incompleta con

el mismo sexo. La heterosexualidad es la capacidad de relacionarse con ambos sexos, no sólo con el sexo opuesto, como miembro psicológicamente completo del propio sexo. Así tiene implicaciones sociales además de sexuales. Incluso con respecto al sexo opuesto, muchas relaciones no serán sexuales y el patrón de interacción reflejará la terminación del proceso de identificación con el mismo sexo. La heterosexualidad de hecho no es simplemente un asunto de sexualidad sino de identidad de género y de satisfacción de necesidades psicológicas.

Se ha producido mucha confusión por la consideración de relaciones con el sexo opuesto en aislamiento de satisfacción psicológica del mismo sexo. No es la conducta heterosexual como tal lo que hace al heterosexual sino la satisfacción de las necesidades del mismo sexo. Una personalidad heteropsicológica se basa en la satisfacción de las necesidades homosexuales –las mismas necesidades psicológicas legítimas que están implicadas en la condición homosexual. Los homosexuales se relacionan con el mismo sexo y con el opuesto como miembros incompletos de su propio sexo. La solución a esta situación es que lleguen a ser miembros completos de su propio sexo. Es sólo así como uno llega a ser verdaderamente heteros, verdaderamente otro (complementario) para el sexo opuesto.

La heterosexualidad es el objetivo del desarrollo humano pero implica una estructura de la personalidad heteropsicológica basada en la satisfacción de las necesidades homo-emocionales y no en su contratiempo. De verdad, a menos y hasta que sean satisfechas las necesidades del mismo sexo, puede que no haya verdaderamente una estructura heteropsicológica de la personalidad. A la inversa, esto implica que la satisfacción de las necesidades homosexuales implicaría su abrogación. Cuando se han satisfecho los déficits, se han satisfecho; y el vínculo por el que han sido satisfechos es dado redundante. Las relaciones homosexuales deben ser consideradas, por tanto, como autolimitadas inherentemente, ya que pertenecen al proceso de maduración y cesan si han satisfecho su propósito. La homosexualidad (carencia del mismo sexo) tiene un objetivo más allá de sí misma y ese objetivo es la heterosexualidad (terminación del mismo sexo). Como contraste, la heterosexualidad no tiene objetivo más allá de sí misma. Esto no implica que todas las relaciones heterosexuales son estables y tienen éxito –muchas no- sino para afirmar que no hay nada autolimitado inherentemente en la heterosexualidad. Los heterosexuales pueden tener una variedad de problemas emocionales o de inmadurez pero la heterosexualidad como tal nunca es ‘curada’, porque no se requiere que se cure nada en el principio.

Debido a que la homosexualidad es marcada por la carencia, es decir, por la ausencia de algún grado de maduración normal, el homosexual no puede actuar como si el crecimiento se hubiese completado. El bisexual puede tener un menor grado de déficit del mismo sexo pero de otra forma la estructura psicodinámica aquí es la misma que en los demás grados de la homosexualidad. En cualquier caso, es impropio hablar de homosexualidad como de miedo de, o vuelo de, la heterosexualidad. La heterosexualidad no se ha logrado todavía en mayor o menor grado. Y no se puede decir correctamente que se renuncie a lo que no se tiene todavía.

De esta forma se puede ver como el nivel tradicional de ‘inmadurez’, aplicado con tanta frecuencia a la homosexualidad, tiene de hecho una implicación doble. La inmadurez, o mejor, la maduración incompleta, implica que la condición homosexual no es normativa. No es el objetivo del desarrollo humano. Pero afirmar esto por sí mismo es insuficiente. Se debe afirmar también que las necesidades psicológicas implicadas son una parte normal y esencial del proceso de maduración humana y que no pueden evitarse sin que se presente el objetivo como permanentemente inalcanzable. Reiterando, estamos hablando de necesidades psicológicas normales y universales, las necesidades que se suelen satisfacer por medio del vínculo del niño que crece con el padre del mismo sexo. Lo que es anormal es que estas necesidades permanezcan insatisfechas; lo que es normal es que sean satisfechas. Y en la mayoría de las personas estas necesidades han sido satisfechas. Al evaluar la condición homosexual, es de gran ayuda tener en cuenta este punto. En este sentido técnico especializado, todo adulto heterosexual es un ‘ex –homosexual’. Esto no implica que los heterosexuales adultos hayan tenido necesariamente experiencias de actividades homosexuales anteriormente (aunque algunos sí la hayan tenido). Lo que implica esto es que el adulto heterosexual ha podido relacionarse de forma adecuada con el padre del mismo sexo durante el proceso de crecimiento y el vínculo con el mismo sexo ha sido satisfecho así.

Lo que es anormal de la condición homosexual es que las necesidades implicadas han quedado insatisfechas. Las necesidades en sí mismas son normales y deben ser satisfechas. Esto es lo que se implica la frase ‘llegar a ser heterosexual’: la satisfacción de las necesidades de vínculo del mismo sexo y de aquí, la satisfacción y no la detención, de los propios deseos emocionales más profundos del homosexual.

Quizás paradójicamente, es el amor homosexual el impulso hacia la heterosexualidad, comprendida como la terminación psicológica del mismo sexo. El homosexual puede que no busque conscientemente la

heterosexualidad o puede que incluso diga que no tiene ningún interés en buscarla. Esto es debido a no ser consciente del significado del impulso homosexual y a ideas erróneas sobre lo que significa llegar a ser heterosexual. Pero es la satisfacción de las necesidades homosexuales lo que es la capacidad para la respuesta heterosexual. Y esto es realmente tautológico: llegar a ser un miembro psicológicamente completo del propio sexo (ej. la satisfacción de las necesidades homosexuales) le permite relacionarse con los demás como un miembro psicológicamente completo del propio sexo (ej. la capacidad de relacionarse como heterosexual). El homosexual es potencialmente heterosexual sobre esta base y sólo sobre esta base. A no ser y hasta que las necesidades homosexuales hayan sido satisfechas no hay base para una respuesta verdaderamente heterosexual.

La supresión de la respuesta homosexual no es igual a la eliminación de las necesidades implicadas en la homosexualidad. Un homosexual que no mantenga relaciones es todavía homosexual, en el que hay ciertos déficits y necesidades insatisfechas. Por esta razón la supresión de los actos homosexuales no puede considerarse lo mismo que la curación. La erotización puede ser inaceptable pero el problema de los déficits en la maduración permanece y es sólo la satisfacción de estas necesidades lo que puede considerarse de forma justificable como curación. Bloquear la satisfacción de las necesidades homosexuales es bloquear la restauración del proceso normal de maduración. O, en otras palabras, bloquear la satisfacción de esas necesidades es bloquear el camino hacia la heterosexualidad madura y confirmar al individuo en una posición esencialmente pre- heterosexual. Tal maniobra no es ciertamente la solución sino simplemente una confirmación del problema. Romper o suprimir el impulso reparativo del homosexual sólo asegura que el problema de la condición homosexual no se puede resolver.

La capacidad para el amor del mismo sexo es en sí misma el proceso de sanación natural para un estado de déficits del mismo sexo y es vital que se deba cooperar con este proceso y no detenerlo. La persistencia de la exclusión defensiva implica que las relaciones homosexuales afrontan dificultades inherentes que pueden impedir su propia satisfacción. Y los terapeutas, tanto seculares como cristianos, pueden intentar bloquear esa satisfacción en nombre de la ‘curación’. Es trágico que la solución a un problema sea errónea para el problema real. Sólo una verdadera comprensión del problema nos puede conducir a su verdadera solución. Sanar al homosexual es totalmente posible ¡pero no se ha intentado todavía de forma genuina!

CAPÍTULO 3 REVISIÓN DE LA POSICIÓN CRISTIANA

Tradicionalmente, la fe cristiana ha considerado la actividad homosexual como inapropiada, contraria a la voluntad y los propósitos de Dios para la humanidad. La evidencia de las Escrituras ha sido reiterada por subsiguientes pronunciamientos cristianos y es sólo en el debate contemporáneo cuando se ha cuestionado seriamente esta posición. Los detalles de este debate han sido tratados de forma adecuada en otro lugar. 1 Aquí no nos proponemos discutir esto sino sugerir una nueva perspectiva sobre el debate. Las referencias de la Escritura a la homosexualidad son: Génesis 19, 1-11; Levítico 18,22; 20,13; Jueces 19, 22-25; Romanos 1, 26,27; I Corintios 6,9; I Timoteo 1,9-11. Aunque se pueda desear, de forma muy legítima, cualificar o contextualizar estas referencias, a la presente escritora le parece que no se puede evitar la conclusión de que los actos homosexuales son siempre condenados y nunca aprobados. La necesidad de volver a revisar no se encuentra en este punto. Sin embargo, la visión tradicional puede ser revisada correcta y significativamente de otra forma. Todo el empuje de este estudio ha sido que es erróneo concentrarse principalmente en los actos homosexuales ya que estos son secundarios y no esenciales en la condición homosexual. Para evaluar esto –como un estado de carencia psicológica y un impulso correspondiente para la realización –se debe dirigir, no a las directrices para la sexualidad adulta sino a las consideraciones del desarrollo pre-adulto, en particular a la relación padre-hijo. La negligencia acerca de esto ha sido la debilidad evidente del punto de vista tradicional cristiano.

En el Génesis 1,27 se afirma que Dios nos creó varón y hembra, ‘a su propia imagen’. Esto es repetido frecuentemente en las afirmaciones tradicionales acerca de la homosexualidad. Kent Philpott dice: ‘La homosexualidad necesita ser presentada en relación con la creación que Dios hace de la persona como varón y hembra.’ 2 Michael Green afirma que la imagen de Dios ‘es mostrada… no en el hombre con el hombre ni en la

mujer con la mujer sino en el hombre y la mujer en comunidad’ 3 y que ‘es en la complementariedad de la relación hombre-mujer donde se ve su voluntad para nuestras especies’. 4 Del mismo modo, David Watson:

‘Biológicamente somos varones o hembras… y es juntos, varones y hembras, como mostramos la imagen de Dios’. 5 Estos son puntos fundamentales, que ciertamente deben ser afirmados. Sin embargo, se debe poner gran cuidado al aplicarlos a la homosexualidad. La complementariedad del hombre y de la mujer está ciertamente en el plan de Dios pero está en el plan de Dios para la adultez. Es más, estamos diseñados para sufrir un largo periodo de desarrollo fisiológico y psicológico antes de alcanzar la madurez. Los hombres y las mujeres somos complementarios –como adultos. Los niños están en el proceso de conseguir la identidad madura que implica la complementariedad. Pero ni los niños ni las personas en las que se ha detenido el proceso normal de desarrollo, han alcanzado todavía esa complementariedad. Es cierto que ‘nadie nace homosexual’ 6 pero nadie nace tampoco heterosexual y es vital que hagamos justicia al sentido del desarrollo pre-adulto en el plan de Dios.

El argumento de la complementariedad no debe utilizarse de forma que implique evitar la necesidad de la maduración y del desarrollo. Michael Green dice que la homosexualidad, junto con el adulterio, la bestialidad y la fornicación, ‘violan la intención de Dios de que el hombre y la mujer constituyan una unidad en la que se refleje su imagen’. 7 Esta comparación no es exacta. El pecado sexual es contrario a la intención de Dios pero la homosexualidad, aunque con frecuencia es una ocasión para el pecado sexual, es esencialmente un estado incompleto del desarrollo. Es esta carencia la que es contraria a la voluntad de Dios aquí. Los actos homosexuales están prohibidos, no porque repudien la relación hombre-mujer 8 sino porque la expresión sexual no es correcta en las relaciones inmaduras.

En este sentido es engañoso decir que ‘la homosexualidad está mal porque frustra la complementariedad entre el hombre y la mujer en la que se ve la imagen divina’. 9 La homosexualidad no es un asunto de ‘disonancia simbólica’. 10 La condición homosexual no milita contra la complementariedad entre hombre y mujer sino que más bien proporciona una confirmación paradójica de esa complementariedad confirmando la necesidad de los medios normales de conseguir dicha complementariedad. Es incorrecto hablar de expresión homosexual como ‘que pone en peligro la formación de la identidad sexual en chicos y chicas’. 11 La actividad sexual puede ser inapropiada pero el impulso de amor hacia el mismo sexo es en sí mismo el intento de compensar los déficits en la identidad sexual. Es la obtención de complementariedad hombre-mujer lo que está en el plan de Dios –pero este es el objetivo del desarrollo humano, no es algo que se tenga dado ya desde el principio.

La comprensión que tienen las Escrituras de la sexualidad como una globalidad es tomada con frecuencia como el contexto apropiado para la discusión de la homosexualidad. Esto puede ser engañoso si la sexualidad es reducida a la actividad sexual, ya que, como hemos visto, la homosexualidad no es en esencia una condición sexual. A este respecto, puede que las Escrituras proporcionen solamente directrices negativas: está prohibida la erotización de la condición homosexual pero esto es sólo una parte del asunto. Si se comprende la sexualidad de forma más amplia, en términos de identidad de género y no simplemente en la actividad sexual, la condición homosexual puede ser vista contraria a la base de la complementariedad de hombre-mujer, de la forma en que se ha sugerido. Podemos afirmar, con David Holloway, que ‘Dios proyectó una humanidad heterosexual’. 12 Podemos afirmar también que la división en ‘dos tipos de humanidad, una heterosexual y otra homosexual, debe ser vista como derrumbada’. 13 Pero lo que ‘cae’ aquí es el hecho de que algunas personas tengan una identidad del mismo sexo completa (heterosexualidad) mientras que otros tengan una identidad del mismo sexo incompleta (homosexualidad). El objetivo es la obtención de una identidad del mismo sexo completa; y, donde se ha detenido el proceso de maduración, el impulso reparativo de afecto del mismo sexo es la solución del problema de déficits subyacentes.

El impulso reparativo es la solución y no el problema. Este punto debe ser de importancia central para el debate ético. Y las implicaciones de este punto son dobles. En primer lugar, el hecho de que el afecto del mismo sexo es en sí mismo el impulso para la realización psicológica implica que es un error para los homosexuales asumir que el proyecto de Dios para ellos era ser quienes son, es decir, incompletos. Esto hace una petición de principio de decir que ‘Dios debe haberles diseñado de forma deliberada de esa forma’. 14 La condición homosexual como es no está ‘en la imagen de Dios’ como sugieren los homosexuales. Dios no creó a los homosexuales como homosexuales sino como hombres y mujeres diseñados para obtener la madurez psicológica de su identidad de género. El argumento de la ‘imagen’ debe ser interpretado correctamente. El error de algunos heterosexuales es pasar por alto el hecho de que se requiere la maduración hacia este objetivo y que no puede esperarse ver este objetivo hasta que sea completado el proceso de maduración. El error de algunos homosexuales es asumir que el objetivo ya se ha alcanzado, cuando de hecho el desarrollo ha sido detenido y todavía requiere que se complete. Es precisamente porque Dios ha diseñado al hombre y a la mujer ‘a su imagen’

por lo que desea tratar todo lo que no alcanza de esto y satisfacer el proceso normal de maduración. Por medio de la satisfacción de las necesidades del mismo sexo, los homosexuales están en el proceso de llegar a ser lo

que Dios quiere para ellos. Norman Pittenger, en su súplica de legitimidad para la expresión homosexual, utiliza

la frase ‘en proceso’ en un sentido más amplio y no específico. Refiriéndose a la gente en general y no solamente

a los homosexuales, dice:

“Lo importante es que la persona esté en el camino, moviéndose hacia el objetivo y abierta a las

posibilidades que conspiran para promover esa actualización. Todavía no está realizado; está realizándose. El hombre, como el resto de la creación, está ‘en proceso’ hacia el bien más preciado. Todavía no ha llegado allí.”

15

Quizás sea irónico que un estudio de la homosexualidad basado en un ‘proceso teológico’ no haya captado el sentido especial en que pueda decirse verdaderamente que los homosexuales, como homosexuales, estén ‘en proceso’ –esforzándose por la realización psicológica de la identidad de género que todavía no se ha conseguido.

La segunda implicación del impulso reparativo es que la curación debe implicar la satisfacción de las necesidades insatisfechas. Dios no cura a la gente de necesidades legítimas. Bloquear el impulso homosexual, como distintivo de su expresión sexual, es bloquear todo el proceso de sanación. En este sentido, es bastante

impropio hablar de los homosexuales como ‘individuos atrapados por fuerzas superiores a su control’, 16 o como ‘en esclavitud de su hábito’. 17 No es un asunto de esclavitud estar sujeto a necesidades de desarrollo normales

y legítimas y es sólo la satisfacción de estas necesidades lo que puede considerarse de forma justificada como

sanación. De forma similar, puede ser engañoso hablar de rescate de la tentación homosexual. El rescate de la expresión sexual de las necesidades es correcto y apropiado. Pero debe quedar claro que ese rescate se aplica a medios inapropiados de satisfacer esas necesidades, no a las necesidades en sí mismas. De otra forma, hablar de rescate de la tentación homosexual es equivalente a decir que ¡un niño debe ser ‘liberado’ de su necesidad de amor normal del padre del mismo sexo!

En paréntesis, se puede añadir que no es plausible que Jesucristo en su vida encarnada experimentase la tentación homosexual, como han sugerido algunos escritores cristianos. 18 El impulso homosexual surge donde ha habido un déficit en la relación con el padre del mismo sexo. Sin embargo, las Escrituras testifican la comunión cercana y profunda de Jesús con su Padre Celestial –una relación que no podría ser base para hablar de un déficit y de un impulso para compensar este déficit, p. e., el impulso homosexual.

Puede decirse de un homosexual que ya no mantiene relaciones homosexuales que es un ‘ex - practicante de sexo homosexual’ pero nadie es ‘ex –homosexual’ a no ser o hasta que se hayan satisfecho las necesidades insatisfechas del mismo sexo. El objetivo no es cambiar como tal, sino la realización –una realización que implicaría a su vez el cambio. Puede decirse que Dios ‘no elige siempre cambiar la orientación de un homosexual cristiano’. 19 Uno puede aventurarse a sugerir que esta limitación es más nuestra que de Dios. Hasta que se vea que la curación implica la satisfacción de las necesidades homosexuales y no su detenimiento, estaremos dificultando constantemente más que colaborando con los objetivos de Dios para el homosexual.

La importancia de tal cooperación no puede desestimarse. John White afirma que ‘la personalidad del hombre se desarrolla y cambia para mejor o peor de acuerdo con las leyes divinas. Los que estudian esas leyes… pueden ofrecer ayuda real utilizándolas’. 20 De forma más específica, Richard Lovelace afirma:

“Simplemente porque la identidad de género no esté determinada totalmente de forma biológica no significa que no es intención creadora de Dios que trabajemos para formar la identidad sexual para que los que son biológicamente masculinos alcancen también la masculinidad psicológica total y canalicen sus reacciones sexuales hacia las mujeres.” 21

Es vital que la afirmación de las leyes divinas para el desarrollo se interprete correctamente. La obtención de la realización psicológica del mismo sexo implica la satisfacción de las necesidades psicológicas del mismo sexo –necesidades que puede que no sean evitadas si se consigue el objetivo. Las necesidades del mismo sexo deben satisfacerse porque esto está en concordancia con las leyes dadas por Dios para el desarrollo humano, antes, y como condición de, relacionarse con el sexo opuesto como heterosexual.

Las necesidades legítimas deben satisfacerse de formas legítimas, es decir, no sexualmente. La Biblia ‘no veta las amistades del mismo sexo’, 22 y ‘las amistades profundas… son tan correctas tanto para los

homosexuales como para los heterosexuales.’ 23 Estas amistades son centrales y de hecho esenciales para la solución del problema de la homosexualidad.

A la luz de este análisis, no se deben hacer declaraciones generales sobre la homosexualidad. Numerosos escritores cristianos han enturbiado en la práctica la distinción básicamente importante entre la condición homosexual y los actos homosexuales. David Holloway afirma: ‘Él no es un Dios cuya intención sea la homosexualidad’. 24 Este tipo de afirmación es realizado incluso de forma más enérgica por Kent Philpott:

“La homosexualidad es… la forma más extrema de rebeldía que puede tomarse porque actúa en exacta oposición a la forma en que Dios nos creó… No vemos indicios de homosexualidad en las cuentas de la creación en absoluto. Por lo que entonces, cuando Dios prohíbe la homosexualidad preserva el orden natural de la creación. La homosexualidad no es natural, va contra la creación de Dios… Un verdadero homosexual ha aceptado algo que es totalmente contrario a la realidad.” 25

Tales afirmaciones son verdaderas y falsas. Son verdaderas al afirmar la impropiedad de la actividad homosexual, que es la erotización de las necesidades psicológicas pre-adultas. Pero son incorrectas y completamente engañosas si suponen que ninguna necesidad emocional está implicada en la condición homosexual. El impulso homosexual está completamente en concordancia con la voluntad de Dios y la intención divina en la creación. No es ni irreal ni rebelde, ya que pertenece al proceso de maduración que es la voluntad de Dios para el desarrollo humano. Condenar el afecto homosexual, diferente de su erotización, es condenar la necesidad de amor del niño por su padre del mismo sexo. Las necesidades son normales; el que hayan quedado insatisfechas en el proceso de maduración es lo anormal. Así, son los déficits los que están en contra de la voluntad de Dios y no los intentos de satisfacerlos. Dios no proyectó que el proceso de maduración normal fuese detenido. Sino que tuvo el proyecto de personas que obtuvieran la adultez por medio de un vínculo paternal y tuvo el proyecto de que el proceso de maduración debería ser retomado si era interrumpido. En este sentido, podemos estar de acuerdo con Norman Pittenger en que es ‘absurdo’ considerar los deseos homosexuales como la ‘mayor contradicción de la genuina humanidad’. 26 Los deseos en sí mismos, antes de la erotización, son normales y necesarios para el desarrollo humano. De forma similar, siempre que se distingan los deseos de su erotización, se puede afirmar también que ‘cuando hombres y mujeres homosexuales intentan vivir “en amor”… están realizándose y actuando de acuerdo al propósito de Dios’. 27

Dios hizo el proyecto de la relación padre-hijo y eso es esencialmente de lo que estamos hablando, porque la condición homosexual implica que las necesidades psicológicas no adultas permanecen en una persona que puede ser adulta en otros aspectos. La relación padre-hijo no es ilícita; está en el plan de Dios. Es engañoso decir, sin cualificación, que ‘no es un hombre el que satisface el deseo del hombre de comunidad sino alguien que es distintivamente “otro” ‘. 28 Una afirmación así es cierta hablando sólo de madurez psicológica y no del estado pre-adulto. Un hombre satisface correctamente el deseo de un hombre para la comunidad en la relación padre-hijo. Y una mujer lo hace correctamente en la relación madre-hija. Las relaciones como estas están dentro de los planes de Dios y su significado no debe ser pasado por alto.

A veces se sugiere que la homosexualidad mina a la familia: ‘afirmar la forma homosexual como una alternativa… es hacer algo radical a la consciencia social de cómo afecta a la familia’. 29 Esto entiende mal de nuevo el significado de la homosexualidad y de hecho implica una visión unidimensional de la familia, centrándose en la relación adulta del hombre y la mujer, no tomando en cuenta las relaciones padre-hijo. La homosexualidad no es ‘anti-familia’ sino una confirmación paradójica de la necesidad de la familia y de la importancia de que el niño pueda recibir amor de padre. Al intentar compensar ciertos déficits en la relación padre-hijo, la homosexualidad afirma de forma implícita las necesidades que intenta satisfacer.

Como corolario de esto, se puede decir que pedirle a un homosexual que no satisfaga sus necesidades en absoluto, a diferencia de satisfacerlas de forma incorrecta, es como forzar a un niño a arreglárselas sin padre o padre sustituto. De esta forma, la carencia de satisfacción de la vida familiar normal sólo puede perpetuarse y la persistencia de déficits psicológicos puede ser perjudicial para la persona en cuestión. El homosexual tiene una mayor necesidad de relaciones que un heterosexual soltero porque esto implica la necesidad de un niño de su padre más que la necesidad de un adulto de otro. Ser soltero es una cosa; ser un niño sin padre es otra.

Precisamente al afirmar la familia, la Biblia afirma la propiedad del amor del mismo sexo, comprendido como la necesidad de amor que tiene un niño de su padre. Cuando el déficit tiene lugar, las relaciones sustitutas de amor de padre están en el plan redentor de Dios, de la misma forma en que las relaciones paternales están en su plan creador. Un tema notable de la Escritura es el del cuidado de los huérfanos. La comprensión de la

Escritura de la homosexualidad no es exhausta por la consideración de referencias específicas a la actividad homosexual ni a una discusión más general de la sexualidad humana. Esta es sólo una parte de la evidencia y la parte negativa en eso con respecto a la homosexualidad. Para considerar la evidencia de las Escrituras como una totalidad, que es importante, se deben buscar pasajes relacionados con el significado de la condición homosexual, aunque esto se pueda referir a de forma implícita más que explícita. Las directrices positivas son proporcionadas (no como las negativas, como se asume comúnmente), y estas directrices deben encontrarse en el interés por compensar los déficits de amor de padre, como por ejemplo en el cuidado de los huérfanos.

El deber de cuidar a los huérfanos y la denuncia de su opresión es un tema que se encuentra a lo largo del Antiguo Testamento. El maltrato del huérfano es condenado, como en Isaías 1,23; Jeremías 5,28 y Ezequiel 22,7. Hay una prohibición reiterada de dicha opresión:

“No maltratarás a ningún… niño sin padre (Éxodo 22,22). No privarás a… los huérfanos de justicia (Deuteronomio 24,17). Una maldición sobre el que retenga la justicia de… el huérfano (Deuteronomio 27,19). No maltrates ni hagas violencia a… el huérfano (Jeremías 22,3). No oprimas al huérfano (Zacarías 7,10).”

Se disfruta dándole al huérfano sus derechos (Isaías 1,17) y en el Nuevo Testamento dicha ayuda se ve como esencial para la religión aceptable (Santiago 1,27). Sobre todo, esta preocupación se une con el carácter de Dios mismo. Es Dios el que protege y ayuda a los huérfanos (Deuteronomio 10,18; Salmos 10,18 y 146,9) porque Él mismo es el ‘padre de los que no tienen padre’ (Salmo 68,5). ‘En Ti el huérfano encuentra el amor de un padre’ (Oseas 14,3).

La perfecta voluntad de Dios para la maduración humana es detenida cuando un niño queda huérfano. Sin embargo, aunque ser huérfano en este sentido está ‘en contra de la voluntad de Dios’, no por eso se busca castigar a un huérfano por el hecho de serlo. Es más, buscar la voluntad de Dios en una situación así implica hacer todo lo que se pueda para compensar los déficits que estén implicados. Por analogía, la condición homosexual, al implicar déficits en la capacidad de relacionarse con el padre del mismo sexo, no es culpable como tal, sino más que eso requiere la solución de los déficits en cuestión. Frustrar la solución de estos déficits y dificultar la satisfacción de las necesidades insatisfechas es comparable a oprimir al huérfano; de hecho es una forma de tal opresión. Facilitar la satisfacción de esas necesidades es tan aceptable como lo son las demás formas de ayudar a los huérfanos.

Las necesidades insatisfechas deben satisfacerse –pero sin erotización. Es la expresión sexual de las necesidades psicológicas pre-adultas lo que es inaceptable y es en este sentido que se puede decir que Dios no planeó la homosexualidad. Las necesidades son legítimas: la única cuestión es la de los medios legítimos de satisfacer dichas necesidades cuando no han sido satisfechas en el proceso ordinario de maduración.

La condición homosexual puede que no sea evaluada dentro del contexto de la sexualidad humana como una totalidad. No es bastante afirmar que la Biblia restringe la actividad sexual al matrimonio heterosexual, 30 o que esto es ‘una completa imagen de la sexualidad tal y como la ordenó Dios’. 31 Tales afirmaciones pueden ser ciertas pero son inútiles. Ese punto es la propiedad y realización de relaciones no sexuales en el proceso de maduración. No estamos cuestionando ‘el Plan de Dios para la sexualidad’. 32 De hecho, puede que se afirme sin reservas que ‘ninguna Iglesia que reclame el nombre de cristiana está en libertad para repudiar algo que es central para la creación y redención’. 33 Sin embargo, esto no es relevante para el asunto central de los déficits psicológicos del mismo sexo. No se están cuestionando las directrices bíblicas para la sexualidad señalando que la cuestión bajo consideración no es esencialmente sexual. El quid de la cuestión es que la sexualidad es el área errónea de comparación. La relación padre-hijo y la facilitación de la maduración humana, es la comparación correcta.

El amor es importante, pero no todo amor tiene que ser sexual. De hecho, hasta para el heterosexual sólo la relación marital es la que debe ser sexual. Todas las demás relaciones –con parientes, amigos y colegas- se proponen que son no sexuales. El amor es mucho más amplio que su manifestación en la expresión sexual. Por esta razón no se puede estar de acuerdo con Norman Pittenger en que ‘la forma en la que llegamos a conocer el amor y a existir en el amor se basa en que tenemos una naturaleza sexual’. 34 Se puede estar fácilmente de acuerdo con Pittenger cuando habla de ‘la bondad de la sexualidad humana’ 35 y declara que ‘todo lo negativo presupone la bondad positiva de la sexualidad misma’. 36 No estamos cuestionando la bondad de la sexualidad humana sino simplemente afirmando que la ‘homosexualidad’ –llamada así erróneamente- no es esencialmente una condición sexual.

El ideal cristiano de la permanencia en relaciones sexuales indica una razón para lo inadecuado de la actividad homosexual. Las relaciones homosexuales pueden durar sólo un breve periodo de tiempo o pueden durar muchos años. Sin embargo, si la ambivalencia del mismo sexo se resolviese y las necesidades insatisfechas se satisficieran, la relación les quedaría pequeña, de la misma forma en que a los niños normalmente les queda pequeña su relación de dependencia con sus padres. Las dificultades en la forma de esa solución y satisfacción ya se han perfilado. El punto aquí está en que la naturaleza del impulso reparativo homosexual es como hacer las relaciones homosexuales inherentemente auto-limitadoras. No hay base para la permanencia en la estructura de la condición homosexual. La mera duración implica sólo la carencia continua de solución de los déficits del mismo sexo o el hecho de que se necesite mucho tiempo para compensar los déficits sustanciales. Una forma de matrimonio para sancionar la relación homosexual sería inapropiada porque la relación es en sí misma auto-limitada y porque el matrimonio no es correcto para una relación análoga a esa

entre padre e hijo. El matrimonio es una ‘institución’ heterosexual. Como el impulso reparativo homosexual es en

sí mismo un esfuerzo para la realización psicológica del mismo sexo que es la heterosexualidad, no se puede

considerar a la homosexualidad a la par de la heterosexualidad.

Tanto los actos homosexuales como heterosexuales son inapropiados para el homosexual. Decir que la actividad sexual es para el matrimonio heterosexual es afirmar que es apropiada para la personalidad heteropsicológica, para la persona que ha obtenido la realización psicológica del mismo sexo y que en este respecto no está todavía en el proceso de maduración psicológica. El matrimonio no puede ser una cura para la homosexualidad, ya que una relación con el sexo opuesto no puede tratar déficits del mismo sexo. De hecho, la práctica de la heterosexualidad puede producir infelicidad no sólo al homosexual sino también a la pareja heterosexual. 37 Esto no es negar que algunos homosexuales casados puedan tener en mayor o menor grado una relación satisfactoria con su pareja pero las dificultades en una relación así no deberían perderse de vista.

La legitimidad de las necesidades homosexuales debe ser central a la afirmación de la naturaleza del

problema homosexual y su solución. Los escritores cristianos, no menos que los escritores seculares, han tendido

a contentarse con definiciones parciales y engañosas. La atracción por el mismo sexo no es de hecho una

definición adecuada en sí misma. 38 Tal atracción constituye sólo una parte de la ambivalencia del mismo sexo que es la condición homosexual. Y la ignorancia de todo el fenómeno en general ha tenido como consecuencia que el impulso reparativo sea visto como el problema en vez de la solución al problema subyacente. La homosexualidad es un déficit relacional del mismo sexo, no con el opuesto. Así, es incorrecto decir que ‘el impulso del homosexual en una dirección está bloqueado’ 39 cuando se refiere al sexo opuesto; o que se ha construido una presa ‘contra los sentimientos normales de interés en el otro sexo’. 40 La barrera del homosexual es la exclusión defensiva con respecto al mismo sexo. Sólo la solución a esta barrera, y la satisfacción de las necesidades del mismo sexo insatisfechas pueden considerarse de forma justificadas como la respuesta a la cuestión homosexual. Los actos homosexuales no son esenciales en la condición homosexual y definir la homosexualidad en términos de su erotización secundaria debe verse como completamente engañosa. 41 Así, también, la abstinencia como tal no es la solución, sino simplemente la prevención de unos actos inapropiados

como solución. En principio, la abstinencia que se requiere del homosexual debería ser sólo temporal, hasta la solución y satisfacción de los déficits del mismo sexo. Si las necesidades del mismo sexo fueran satisfechas total

y verdaderamente, el otrora homosexual obtendría la base psicológica para la satisfacción psicológica en una relación heterosexual.

De esta revisión de la distinción tradicional entre la condición homosexual y los actos homosexuales, se puede ver cómo la actual polarización del debate homosexual es últimamente una dicotomía falsa. Sólo la comprensión insuficiente de los asuntos de cada parte conduce a la divergencia. Si se ve la satisfacción como simplemente sexual, o si se ve la sanación como simplemente la supresión de la actividad sexual, estos enfoques pierden el núcleo de la materia. Existen necesidades legítimas implicadas en la condición homosexual. Estas no deberían ser satisfechas sexualmente pero deberían ser satisfechas. Este es el principal punto en juego.

NOTAS

1.- Se pueden encontrar sugerencias para una lectura más amplia en bibliografía. 2.- Kent Philpott, The Gay Theology, p. 106. Vea también pp. 114, 128, 136.

3. Michael Green, David Halloway and David Watson (Green) The Church and Homosexuality, p. 19.

4. Ibid. (Green) p. 20.

5. Ibid. (Watson) p. 136.

6. The Gay Theology, p. 136.

7. (Green) The Church and Homosexuality, p. 21.

8. Ibid. p. 23.

9. Ibid. p. 23.

10. Richard F. Lovelace, Homosexuality and the Church, p. 105.

11. Ibid. p. 105.

12. (Holloway) The Church and Homosexuality, p. 96.

13. Ibid. p. 96.

14. Roger Moss Christian and Homosexuality, p. 31.

15. W. Norman Pittenger, Time for Consent, p. 72.

16. David Field, The Homosexual Way –a Cristian Option?, p. 34.

17. John White Eros Defiled, p. 128.

18. Ibid. p. 137. Vea también (Watson) The Church and Homosexuality, p. 152.

19. The Homosexual Way, p. 35.

20. Eros Defiled, p. 135.

21. Homosexuality and The Church, p. 111.

22. The Homosexual Way, p. 44.

23. Ibid. p. 45.

24. (Holloway) The Church and Homosexuality, p. 50.

25. The Gay Theology, pp. 99, 128, 136.

26. Time for Consent, p. 63.

27. Ibid. p. 103.

28. (Holloway) The Church and Homosexuality, p. 75.

29. Ibid. p. 107. Vea también Homosexuality and the Church, p. 105.

30. Homosexuality and the Church, p. 103, 149.

31. The Gay Theology, p. 106.

32. (Green) The Church and Homosexuality, p. 23.

33. Ibid. p. 27.

34. Time for Consent, p. 103.

35. Ibid. p. 9.

36. Ibid. p. 103.

37. Ibid. p. 75.

38. Homosexuality and the Church, p. 144; Christians and Homosexuality, p. 7; The Gay Theology, p.

133; Time for Consent, p. 43.

39. Eros Defiled, p. 113.

40. Agnes Sanford, Healing Gifts of the Spirit, p. 119.

41. Eros Defiled, p. 105, 108, 111, 120.

CAPÍTULO 4 CURACIÓN Y ORACIONES

‘Dejar de ser homosexual’ significa i dejar de ser una persona con déficits del mismo sexo. Esto se puede dar únicamente por medio de la satisfacción de dichas necesidades y la solución de las barreras para esa satisfacción. Por el contrario, debe comprenderse muy claramente que frustrar la satisfacción de tales necesidades implica que la persona es obligada a permanecer siendo homosexual. Un homosexual que no practique el sexo homosexual todavía es homosexual. La actividad sexual puede que no sea apropiada para la solución pero la abstinencia sexual no resuelve el problema de los déficits subyacentes. Sólo la satisfacción no sexual de las necesidades del mismo sexo puede hacerlo.

El homosexual no puede ‘llegar a ser heterosexual’ bordeando simplemente la ruta normal hacia la heterosexualidad. El objetivo del desarrollo puede que no se obtenga sin pasar por medio del proceso hacia el objetivo. Las necesidades del mismo sexo deben ser satisfechas –de acuerdo con la ley natural, dada por Dios para la maduración humana- antes de relacionarse con el sexo opuesto como heterosexual. Muchos consejos a los homosexuales han intentado evitar este proceso de maduración, por implicación. Debe promoverse el proceso de curación de maduración y no bloquearse, saltarse o evitarse. Así, es importante no rezar sobre la homosexualidad directamente sino sobre la satisfacción de las necesidades homosexuales, que, si se realizan realmente, conducirá a la heterosexualidad y sin la que no se podrá conseguir verdaderamente la heterosexualidad.

Frecuentemente es difícil cambiar para un homosexual. Esta dificultad se basa en gran parte en nuestras ideas incorrectas acerca de lo que implicaría ese cambio. Debe hacerse hincapié en que la homosexualidad busca realmente satisfacer necesidades legítimas y que sería ‘contrario a la naturaleza’ esperar evitar estas necesidades o dejarlas insatisfechas. Sin embargo, si estas necesidades fueran satisfechas realmente, el homosexual cambiaría.

No se debe intentar curar ni pedir a Dios que cure algo cuya cura no es necesaria. Dios no ‘cura’ a gente de necesidades legítimas. Es más, la fe cristiana indica lo correcto, diferenciándolo de inapropiado, habla de satisfacer esas necesidades. No es simplemente irónico sino trágico, el que la gente haya intentado ‘curar’ lo que debería satisfacerse correctamente. Los ministros de homosexuales no se han dado cuenta todavía del significado de estas necesidades legítimas. A veces se asume que la conversión ‘curará’ la homosexualidad y esto ha producido angustia cuando persisten los deseos homosexuales o cuando vuelven después de la conversión. Sin embargo, debido a que esos deseos se basan en necesidades legítimas, es poco sorprendente que los deseos persistan tanto tiempo como las necesidades permanezcan insatisfechas. Nadie es ex – homosexual, para distinguirlo de uno que ya no practica sexo homosexual, a no ser y hasta que las necesidades homosexuales hayan sido satisfechas. Dios puede y anula la oración pero ayuda si colaboramos con el proceso de sanación en vez de bloquearlo. Somos nosotros los que hemos limitado el alcance de lo que Dios quiere hacer.

Hay una gran necesidad tanto para las iglesias como para la sociedad en general de ser más abiertos a los homosexuales. La homofobia o cualquier grado de reticencia y antipatía es injustificado y bloquea la sanación simplemente de forma tan efectiva como con medidas terapéuticas inapropiadas. La condición homosexual, distinta de la actividad homosexual, no es censurable. Como corolario, varios escritores cristianos, mientras se oponen claramente a la actividad homosexual, han declarado de forma igualmente clara que es apropiado ordenar a los homosexuales que viven en castidad.1

La posibilidad de la sanación –una sanación que es esencialmente una satisfacción- se propone que sea actualizada. En el ministerio cristiano, como en la terapia convencional, el objetivo debería ser doble: Debe deshacerse la exclusión defensiva con respecto al mismo sexo y se deben satisfacer las necesidades insatisfechas, para recuperar la maduración perdida como consecuencia de la exclusión defensiva. Las amistades y las oraciones pueden servir como medios hacia el doble objetivo. Primero se considerarán las amistades aunque para los cristianos estas no deberían estar separadas de las oraciones pero apoyadas por ella y sirviendo como una fortificación de la oración.

Los déficits en las relaciones implican la necesidad de experiencia interpersonal correctiva. La homosexualidad es el tipo de problema que necesita solucionarse por medio de las amistades. La solución a los

déficits del mismo sexo debe buscarse a través de una o más relaciones no sexuales con miembros del mismo sexo (miembros del mismo sexo anatómico, en el caso de los transexuales). La relación de apoyo y curativa debe ser específica de género, debido a la naturaleza del problema. El homosexual masculino necesita que le ayude un hombre y la mujer homosexual una mujer. Una relación entre un heterosexual y un homosexual del mismo sexo probablemente será más estable que entre dos homosexuales y es importante que más heterosexuales y homosexuales se impliquen en esta tarea. Es la provisión de buenas amistades del mismo sexo la que ayuda a satisfacer las necesidades del mismo sexo que no están satisfechas, a curar defectos en la capacidad de relacionarse y de esta forma avanzar en el proceso de maduración. La maduración psicológica está mediada por las amistades y la ‘maduración reparativa’ –el proceso de compensar la maduración perdida- puede esperarse que tenga lugar de forma similar. El vínculo del mismo sexo es en sí mismo terapéutico y ambas partes del doble proceso terapéutico pueden arreglarse en el contexto de dicha relación. El homosexual no debe dejar de amar a los miembros del mismo sexo sino satisfacer sus necesidades emocionales de forma profunda y completa sin actividad sexual. La amistad del mismo sexo debe ser tan satisfactoria que los déficits del mismo sexo desaparezcan y la relación en sí misma quede pequeña. Puede ser difícil al principio para algunos cristianos aceptar que las necesidades del mismo sexo deben satisfacerse pero esto es necesario y no implica actividad sexual. Será bueno recordar que la capacidad de amor del mismo sexo es esencialmente la necesidad de amor que siente el niño de su padre, aunque no se experimente conscientemente como tal. El impulso homo-emocional busca así la realización de este aspecto de la vida familiar y sería bueno que los cristianos ayudasen para esta realización. Hacer esto es, en un sentido especial, ofrecer un hogar a quien no lo tiene (Isaías 58,7), como dice hacer el mismo Dios (Salmo 68,6).

La oración por la curación psicológica será de gran importancia para la realización de los planes de Dios para el homosexual, como de hecho lo es para otras personas. La oración está en el núcleo de la curación y al amor de Dios le conciernen todos los aspectos del destrozo de nuestras vidas. Podemos ofrecerle todo nuestro pasado a demás de nuestro presente y futuro. Esto no significa escribir el pasado sino abrirse al amor sanador de Cristo. La perdición y transformación de los efectos del pasado es una de nuestras grandes necesidades. Debido a que muchos de estos efectos consisten en cosas de las que no somos totalmente conscientes, deberíamos ofrecerle a Dios nuestra inconsciencia además de nuestra vida consciente. Es toda nuestra personalidad y no sólo un nivel de ella, la que debe ser redimida y sanada. Francis MacNutt afirma que ‘Jesús, como Señor del tiempo, puede hacer lo que nosotros no podemos: puede sanar esas heridas del pasado que todavía nos hacen sufrir’. 2 Ruth Carter Stapleton habla de forma similar de nuestra memoria inconsciente: ‘El único medio que tenemos de revisar este record emocional es la obra recreadora del Espíritu Santo. Y con frecuencia el Espíritu Santo debe rehacer nuestros recuerdos más tempranos.’ 3 Así mismo, Reginald East: ‘Mientras el Espíritu Santo trae a la consciencia lo doloroso, podemos ayudarles permitiendo que entre Cristo en ello y actúe para sanar.’ 4

Es Dios el que sana, y así nuestra dependencia de Dios es totalmente importante. Escuchar es vital para el ministerio de sanar y debería ser doble: Escuchar a la otra persona y escuchar a Dios en una sensibilidad continua y profunda hacia la guía del Espíritu Santo. Es el Espíritu Santo el que saca a la consciencia puntos de estrés y dolor, cualquiera que sea dentro de la vida de la persona que necesite atención de oración. Nuestra parte es rezar y permitir que Dios trabaje como quiera.

En cuanto a los homosexuales, se debe colaborar con el proceso natural de curación y tratar cualquier obstáculo para la realización de este impulso reparativo. La parte negativa de la ambivalencia del mismo sexo requiere particular atención –aún más cuando este aspecto negativo generalmente no ha sido reconocido como parte de la condición homosexual. La exclusión defensiva con respecto a miembros del mismo sexo se produjo cuando el niño tuvo experiencia del padre del mismo sexo como hiriente (ya sea intencionadamente o de forma involuntaria); y la herida fue tal que el niño reprimió su necesidad normal de vínculo con ese padre (aunque sea en un nivel consciente podría parecer que hay poca dificultad en la relación). La exclusión defensiva marca una incapacidad de confiar en la fuente de amor necesitada, una ‘decisión’ de no recibir más amor de su fuente de amor. La ‘decisión’, sin embargo, está más allá del control consciente y voluntario. Es una decisión pre-adulta y en algunos casos puede incluso datar de los años más tempranos. No puede invertirse simplemente con un esfuerzo consciente de fuerza de voluntad sino que requiere curación.

Ya tenga culpa el padre o no, el niño experimentó hostilidad hacia el padre por lo que aquí el perdón es importante. Ese perdón actúa como de cirugía espiritual para la persona que perdona, actuando sobre la hostilidad persistente. Además, si el padre tenía culpa, ese perdón es significativo para la persona perdonada. El sentido de ira y resentimiento puede ser consciente en mayor o menor grado y así la necesidad de perdón puede ser más evidente mientras el proceso de curación saca a la luz las heridas del pasado. El perdón es difícil con frecuencia, y una oración básica puede ser para la capacidad de perdonar. Los pasos posibles más adelante

pueden ser pedir perdón a Dios por la propia carencia de perdón; pedirle a Dios que cambie el propio deseo de adherirse al resentimiento para tener más voluntad de perdonar; y rezar más positivamente por el bienestar de la persona que debe ser perdonada, recordando que esta persona también es amada por Dios. Donde no alcanza el propio perdón, se puede pedir al Cristo peregrino que perdone en y por medio de uno mismo, que posibilite perdonar no en las propias fuerzas de uno sino por medio de la fuerza del Espíritu Santo.

El perdón se puede unir con la curación de la relación actual con el padre o de los recuerdos de esa relación. Sin embargo, la condición homosexual implica que la negatividad hacia el padre del mismo sexo se ha transferido a los miembros del mismo sexo en general. Es la capacidad de relación general del homosexual lo que se debe tratar, y la transferencia de actitudes que se originan con respecto al padre se puede trabajar en cualquier relación con un miembro del mismo sexo.

Las respuestas negativas a la herida temprana han persistido sin resolverse y en relación con esto habrá una necesidad particular de curación de los recuerdos. Debido a que la exclusión defensiva es esencialmente un proceso de ‘duelo’ sin resolver (vea el capítulo I), ese ‘duelo’ debe trabajarse sin parar. Dentro de la mente inconsciente puede haber ira y un sentido concomitante de resentimiento por la herida aparente o intencional del padre. Habrá también un sentido de pérdida ya que se rompe el vínculo con el padre y de hecho un sentido destacado de pérdida ya que se reprime la necesidad de vínculo y se detiene el proceso de maduración por medio del vínculo. Puede haber, específicamente, un sentido de rechazo debido a la pérdida del vínculo, o de depresión real o un sentido de inferioridad. Y si la represión de la necesidad de vínculo tuviese lugar muy pronto, puede salir a la luz un miedo y una angustia abrumadora. Para el niño muy pequeño, el padre es quién le da el ser, por lo que su ser se siente en peligro si se rompe el vínculo con el padre. En otros casos, la angustia por la pérdida puede que no sea tan grande. Sin embargo, en todos los casos, hay daño. Y con frecuencia mucho del daño no será consciente o no se reconocerán expresiones de la negatividad del mismo sexo por lo que son –la persistencia de las tempranas heridas experimentadas en la relación padre-hijo.

Existe una profunda incapacidad para confiar, que era en origen la falta de voluntad de volver a confiar en la fuente de amor que se experimentó como dañina. Es esta carencia de confianza lo que es central para la represión de la necesidad de vínculo. La confianza implica apertura a la fuente de amor: implica vínculo más que exclusión. El vínculo con la fuente de amor supone la capacidad de recibir amor; la exclusión implica la incapacidad de recibir amor y de ahí la ausencia de maduración psicológica que normalmente tiene lugar recibiendo amor.

No es estrictamente necesario averiguar cuando tuvo lugar la exclusión defensiva o cómo se produjo. La causa real o probable puede ser evidente a veces o llegar a serlo en el curso de la sanación. Sin embargo, ya que las heridas del pasado y la necesidad de compensar la maduración perdida persisten en el presente, el pasado es efectivo y accesible en el presente, y puede tratarse como un déficit relacional en el presente. Aquí y ahora, la herida del niño de años anteriores puede hacerse total, mientras los residuos del pasado se transfieren y se reactivan en el presente. La capacidad de recordar puede facilitar con frecuencia el proceso de sanación pero la repetición en las relaciones del presente del patrón de relaciones del pasado es en sí misma una forma realizada de la memoria, que hace al pasado asequible en el presente.

Todos los aspectos de las heridas del pasado pueden ser entregados al amor de Jesucristo para la sanación. Sin embargo, la herida interna es más que sanar los recuerdos y las emociones unidas a esos recuerdos. Esta es sólo una parte del tema y están también las consecuencias de las heridas del pasado que se deben tratar. La exclusión defensiva bloquea la satisfacción de las necesidades del mismo sexo legítimas y no es suficiente simplemente deshacer la exclusión defensiva. Deben satisfacerse las necesidades insatisfechas para compensar la maduración perdida. Se debe recordar siempre que la tarea terapéutica es de este modo doble. En la práctica, la satisfacción de las necesidades insatisfechas requerirá ciertamente la fortificación de las amistades de apoyo del mismo sexo además de la oración, particularmente donde el déficit implicado sea muy extensivo. Las amistades son el medio normal para la maduración psicológica dentro de los planes de Dios. Como tal, es importante el uso más completo posible de ellas, como canales dados por Dios para la sanación. Para el homosexual esto implicará la satisfacción de las necesidades que ordinariamente habrían sido satisfechas por medio del vínculo con el padre del mismo sexo. Estas pueden y deben satisfacerse sin actividad sexual. Pero no serán satisfechas a menos que haya gente dispuesta a proporcionarle buenas relaciones de forma no sexual. Las iglesias no pueden buscar la curación del homosexual a distancia, ya que esto es efectivamente una contradicción en términos. Debe haber una implicación más amplia.

La satisfacción de las necesidades insatisfechas requerirá el tiempo y la preocupación activa de una relación continua. Se puede decir que ‘la conclusión de una oración por la curación interior suele implicar un llenar del amor de Dios todas las partes vacías de nuestros corazones’. 5 La satisfacción de esta oración en muchos casos será por medio de canales humanos, ya que la oración y las relaciones se complementan normalmente en el proceso de curación psicológica. En el núcleo de todo esto, el mismo Cristo es el sanador. Una oración recomendada particularmente por Ruth Carter Stapleton es que Jesús será el puente entre el amor que conociste en tus primeros años y el amor que deberías haber conocido. 6 Para el homosexual esta oración pedirá específicamente a Jesús que llene el vacío con respecto al padre del mismo sexo, para compensar el amor que el homosexual fue incapaz de recibir como consecuencia de la represión de la necesidad de vínculo. Ya se le ofreciera el amor de forma subsiguiente al niño o no, no fue recibido por él o ella, y es esta incapacidad de recibir amor en el proceso ordinario de maduración la cruz conmovedora de la condición homosexual.

Una discusión particularmente propicia de la homosexualidad se encuentra en las obras de Ruth Carter Stapleton. Sin embargo, uno puede aventurarse a sugerir que su discusión no cubre todavía el alcance total del problema. La fuerza de su presentación reside en su reconocimiento de la identificación incompleta del homosexual con el padre del mismo sexo. Pero esto en sí mismo es sólo un aspecto del tema, y en particular no hay reconocimiento de la parte negativa de la ambivalencia del mismo sexo como una fuerza persistente de la personalidad. Sanar al homosexual no es simplemente un asunto de satisfacer las necesidades insatisfechas sino de tratar la barrera que bloqueó su satisfacción en el curso ordinario de maduración y poder continuar para evitar esa satisfacción. Además, las necesidades insatisfechas son de amor y dependencia además de identificación, e incluso el proceso de identificación tiene lugar por medio del vínculo. El vínculo es en sí mismo identificador. Los modelos del mismo sexo pueden haber estado disponibles para el homosexual. Sin embargo, no es la disponibilidad de los modelos del mismo sexo sino la capacidad de vincularse a esas personas lo que es crucial en la adquisición de una identidad del mismo sexo. De forma similar, en el proceso de sanación, las amistades del mismo sexo resultarán un complemento importante para la curación de los recuerdos. La reconstrucción de las imágenes mentales positivas por medio de la ‘imaginación de fe’ la enfatiza especialmente Ruth Carter Stapleton. Esto debería desarrollarse más por medio de la experiencia real de las relaciones presentes por medio de las que los déficits del pasado pueden superarse. La reconstrucción emocional no depende solamente de la reconstrucción mental y los déficits interpersonales son tratados mejor por medio del vínculo interpersonal renovado.

Esos vínculos para el homosexual tienen que ser con una persona del mismo sexo. Ruth Carter Stapleton, sin embargo, habla de su trabajo con homosexuales varones. Trayendo a la memoria al padre del homosexual, o a Jesucristo como figura masculina, introduce un elemento específico de género, pero ¿se puede bordear el elemento específico de género en el actual psicólogo de oración? Es Dios quien sana, pero nos usa como medios para su curación y puede que uno no espere normalmente esquivar sus leyes naturales para la maduración humana. Se puede ayudar a un homosexual de varias formas con un psicólogo del sexo opuesto pero esa persona no puede ayudar directamente para satisfacer los déficits del mismo sexo. Todo el potencial de asesoramiento se realizará solamente cuando el psicólogo sea del mismo sexo que el homosexual. La especificidad de género no es algo arbitrario sino simplemente la correlación de la solución con la naturaleza exacta del problema. Todo ello significa que una mujer no puede ser padre ni un hombre puede ser madre. Así, donde el problema es esencialmente un déficit en cuidado del padre, se requiere la ayuda de un hombre; donde el problema es específicamente un déficit en el cuidado materno, es sólo una mujer la que puede hacer que esto prospere.

La condición homosexual implica varios grados de déficit pero en cada caso existe la misma estructura doble y de ahí el mismo objetivo terapéutico doble de deshacer la exclusión defensiva y satisfacer las necesidades insatisfechas. Donde el déficit no esté muy marcado, la condición homosexual puede ser sanada fácilmente. Mientras mayor sea la barrera defensiva y más amplia la maduración perdida, mayor será la cantidad de tiempo y atención se necesitará para la curación, aunque el proceso de curación pueda acelerarse de alguna forma por medio de la oración. Al buscar la curación, es importante no rezar de forma indiscriminada sino buscar guía primero y todas las veces. Esto es especialmente cierto si no está clara la seriedad de la condición o si está claro que la condición es muy seria. Habiendo dicho esto, sigue siendo maravillosamente cierto que se puede y se debe rezar por los casos más difíciles además de por los demás. La oración puede alcanzar lo inaccesible y lo de difícil acceso; y a diferencia de mucha medicación, ¡la oración no tiene efectos nocivos!7

En algunos casos un proceso largo de curación puede anticiparse, muy posiblemente unos años. Como la maduración psicológica ordinaria tarda muchos años (aproximadamente las primeras dos décadas de vida), es bastante razonable esperar que la maduración reparativa dure al menos pocos años en casos en que algún

aspecto significativo de maduración se bloquease desde una edad temprana. No se puede esperar que un niño madure de un día para otro o sin experimentar el suficiente amor paternal durante el largo proceso de maduración. Sin embargo esto es lo que se espera de personas que son psicológicamente pre-adultas aunque tengan edad adulta. Se espera la maduración rápidamente, si no instantánea, y esto sin la provisión de las amistades, que constituyen los medios normales y necesarios de maduración.

Pero esperar que la maduración evite la necesidad normal de tiempo y de las relaciones padre-hijo es ciertamente irrazonable. La detención del desarrollo no es más ‘enfermedad’ que tener tres o nueve años de edad. Es simplemente un punto en el que la maduración normal no ha terminado todavía. Lo que es patológico es que debe haber barreras a tal maduración que han tenido como consecuencia que las necesidades pre-adultas persistan insatisfechas en los años de la adultez. Nadie pensaría en rezar para que un niño creciera inmediatamente; ni intentaría ‘curar’ a un niño de tres años de tener tres años ya que esto no es algo que necesite ser curado. La lógica de esto es abrumadoramente obvia en tales casos y es, sin embargo, precisamente este punto el que tiende a pasarse por alto en cuestiones de curación psicológica. De la misma forma en que un niño tarda años en madurar, se pueden necesitar años para el proceso de maduración psicológica cuando esta fue detenida en un mayor sentido en la vida temprana. Se necesita tiempo, como son las amistades por medio de las que las necesidades pre-adultas pueden satisfacerse.

Para el cristiano, esto implica también un compromiso continuo con la oración. Francis MacNutt toma la frase de Tommy Tyson ‘oración calada’ para hablar de casos ‘en los que sentimos que Dios nos pide que dediquemos tiempo para someter a radiación la enfermedad con su poder y amor’. 8 Cuanto más temprana y más profunda sea la herida, más tiempo se tardará en sanar y se necesitará más amor, atención e interés por la oración. Jim Glennon pone el énfasis en la naturaleza progresiva del proceso de sanación: ‘La curación puede ser como el cultivo de una planta; minuciosamente pequeña al principio pero con el tiempo completamente cultivada.’ 9 Francis MacNutt habla del descubrimiento de la importancia del elemento del tiempo. Con frecuencia no es un asunto de rezar simplemente una vez por una persona, como pensaban algunos en el ministerio de sanación:

“La oración por la curación es con frecuencia un proceso. Requiere tiempo. Existe un elemento de tiempo en la mayoría de las curaciones… Rezar por achaques crónicos de larga duración suele ser… un asunto de oración continua durante un largo periodo de tiempo… Durante largo tiempo, los achaques asentados profundamente en un tipo de ‘oración calada’, repetida con frecuencia, parecen conseguir los mejores resultados.” 10

Así mismo, Reginald East: ‘Ve lo que (Dios) hace y colabora en el proceso de curación si no hay una inmediata recuperación. Extiende las manos y pide tantas veces como sea necesario.’ 11

Donde un déficit psicológico está marcado, la curación puede que no sea ni rápida ni fácil. Pero en principio la curación es posible para todos, cualquiera que sea el grado de déficit y por muy antigua que sea la herida y extensa la maduración perdida. Es esta posibilidad la que debemos trabajar hacia la actualización.

Al tratar la condición homosexual puede ayudar si las personas que rezan y que rezaban, tengan alguna idea psicológica de lo que se implica. De esta forma no se desconcertará ni será tomado de forma desprevenido por alguna manifestación de la exclusión defensiva. No se preocupará de las necesidades que persisten de amor del mismo sexo, ya que tales necesidades, aparte de su erotización, son bastante normales y apropiadas. También será de ayuda si la persona en cuestión es abierta y quiere rezar, y podría ser un bloqueo si no. La mayor apertura a la acción de Dios es cuando una persona ha comprometido su vida a Jesucristo. Sin embargo, está claro que el mismo Cristo curó a toda clase de gente y que en la práctica los no cristianos pueden recibir también la curación.

Un modelo general de oración para los homosexuales ha sido subrayado aquí. Cualquier persona dada puede tener necesidades individuales, ya estén conectadas o no con la homosexualidad, que requieren oración. Además, aunque no es el objeto de este estudio particular, existe también la posibilidad de la exclusión defensiva del padre del sexo opuesto, siendo otra área para la oración.

La prevención además de la curación es importante, por lo que debemos rezar por los niños en los puntos de vulnerabilidad –tanto por sus necesidades específicas individuales que conocemos como teniendo un área general de intercesión. Tales puntos de vulnerabilidad incluyen periodos de separación temporal durante la infancia y en otras ocasiones en las que existe tensión en el vínculo del niño con el padre.

Agnes Sanford da testimonio de

un ministro que dice que ‘la curación es sólo la respuesta a la oración –y cualquiera puede aprender a rezar’. 12 Todos pueden rezar y la oración es la esencia de la curación. Y la necesidad de sanar -de la homosexualidad y de otras condiciones- es tan grande que todos debemos rezar. No se necesita un don especial de curación. Roy Lawrence afirma que lo importante no es ese don sino simplemente la obediencia al mandato de Cristo de sanar.

13. Francis MacNutt enfatiza en que el ministerio de sanación debería considerarse como ordinario 14 y Reginald East afirma que todos podemos ser utilizados en el ministerio de curación. 15

Sobre todo, la oración puede y debe ser puesta en marcha por alguien.

Puede que esa implicación colabore con la psicoterapia convencional pero la psicoterapia puede que no sea siempre necesaria y de hecho puede que no esté siempre disponible. Sólo existen fuentes especialistas limitadas y será necesario movilizarse ampliamente si la necesidad debe ser satisfecha. Los especialistas pueden ayudar particularmente en calidad de asesores y supervisores pero la gente en general puede contribuir genuinamente. Como padres, los hombres y mujeres son los mediadores normales de la maduración psicológica y el mismo principio puede tomarse para aplicar a la maduración psicológica reparativa. Ya sea hombre o mujer, uno puede ser mediador de la sanación. Curar es la vocación y capacidad humana general.

La gente en general puede rezar por la curación de la maduración radicalmente incompleta además de por casos ‘más fáciles’. Gente que no es especialista puede ayudar y debe ayudar. De hecho, parecería muy dudoso que nadie, por muy cualificado profesionalmente que esté, deba aventurarse a abordar los casos más radicales de exclusión defensiva y de maduración sin oración.

El amor, tanto en las oraciones como en las amistades, es la terapia básica. Una exclusión defensiva de la fuente de amor del mismo sexo y las consecuentes necesidades de amor insatisfechas, constituyen la condición homosexual. El amor es el problema básico, la gran necesidad y la única solución verdadera. Si queremos buscar y mediar en la curación y en el amor redentor de Cristo, entonces la curación del homosexual será una realidad enorme y gloriosa.

NOTAS

1 (Green) The Church and Homosexuality, pp. 29-30; Homosexuality and the Church, p. 147; Ruth Tiffany Barnhouse, Homosexuality: A Symbolic Confusion, p. 177.

2 Francis MacNutt, Healing, p. 169.

3 Ruth Carter Stapleton, The Experience of Inner Healing, p. 21.

4 Reginald East, Heal the Sick, p. 103.

5 Healing, p. 169.

6 The Experience of Inner Healing, p. 100.

7 Cf. Francis MacNutt, The Power to Heal, p. 43.

8 The Power to Heal, p. 39

9 Jim Glennon, Your Healing is Within You, p. 170. Vea también pp. 63-68.

10 The Power to Heal, pp. 29, 33; Healing, p.

11 Heal the Sick, p. 58.

12 Healing Gifts of the Spirit, p. 62.

13 Roy Lawrence, Christian Healing Rediscovered, p. 93.

14 The Power to Heal, p. 109.

15 Heal the Sick, p. 35.

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Transcribimos y colocamos este libro en la RED en la convicción de que tanto al autor como a la editorial les va a suponer una gran alegría ver cómo este admirable texto llega a la mayor parte de las personas, en especial a tantas que no tienen la posibilidad de tener acceso a él por otras vías y que el poder tener acceso a él les abre horizontes de vida y esperanza. Es un texto que está haciendo muchísimo bien y por ello desde esta página hemos decidido difundirlo. Es urgente y necesario que lo difundamos lo más posible, pues será LUZ, ESPERANZA, ÁNIMO y FUERZA para tantas personas que todavía viven aplastados y encerrados en la MENTIRA de la propaganda gay, y en el sufrimiento de una forma de vida que no han elegido y de la que no saben cómo salir.

Por eso os pedimos hagáis el esfuerzo hacer llegar este libro a todas las personas y ambientes posibles: a todos vuestros amigos, a todas las paginas, a todos los chats, a todas las direcciones,…. ¡¡ Hemos de desenmascarar TANTA MENTIRA Y MANIPULACION EN TORNO A ESTE TEMA y hemos de llevar este ¡¡ ES POSIBLE ¡! a tantos hermanos que sufren día a día en la impotencia, la desinformación y la desesperanza.

Amigos/as: ¡¡ SEAMOS MISIONEROS/AS DE LA ESPERANZA ¡! ¡¡ NO NOS QUEDEMOS CON LA LUZ QUE HEMOS TENIDO EL DON DE RECIBIR ESCONDIDA DEBAJO DE LA MESA ¡! LLEVEMOS ESTA LUZ AL MUNDO ENTERO, A ESTA NOCHE TAN TERRIBLE DE DOLOR, SUFRIMIENTO Y DESESPERANZA.

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Grupo Juan Pablo II.