TLÁLOC ¿QUÉ?

Boletín del Seminario

Año 4

N° 14

Abril-Junio 2014

2

UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
José Narro Robles

Las opiniones expresadas en Tláloc ¿Qué? Boletín del

Rector

Seminario El Emblema de Tláloc en Mesoamérica son
responsabilidad exclusiva de sus autores.

Estela Morales Campos

Tláloc ¿Qué? Boletín del Seminario El Emblema de Tla-

Coordinadora de Humanidades

loc en Mesoamérica es una publicación trimestral del
Proyecto PAPIIT: IN401614, Entidades Acuáticas en

Renato González Mello

América: Las Primeras sociedades, del Instituto de In-

Director del Instituto de Investigaciones Estéticas

vestigaciones Estéticas de La Universidad Nacional
Autónoma de México, Circuito Mario de la Cueva s/n,

María Elena Ruiz Gallut

Ciudad Universitaria, C.P. 04510, México D.F. Tel. 5622

Titular del proyecto

-7547 Fax. 5665-4740.
seminario.tlaloc@gmail.com

María Elena Ruiz Gallut
América Malbrán Porto
Enrique Méndez Torres
Editores
América Malbrán Porto
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Diseño editorial

del título, Dirección General de Derechos de Autor,
Secretaría de Educación Pública, número

( en

Consejo Editorial:

trámite ) . Certificados de licitud de título y de con-

Jorge Angulo Villaseñor

tenido, Comisión Certificadora de Publicaciones y
Revistas Ilustradas, Secretaría de Gobernación,

Marie-Areti Hers

números, ( en trámite ) , ISSN ( en trámite ) .

Alejandro Villalobos
Patrick Johansson K.

Portada y viñeta: Lámina 10 Códice Vindobonensis Mexicanus 1. Fondo de Cultura Económica,
México,1994.

3

CONTENIDO

Presentación

p. 6

El simbolismo sagrado de los cerros y su relación con el
poder político-religioso y los rituales de petición de lluvias
en el Cerro de Trincheras del Desierto de Sonora
Julio Amador Bech

p. 8

Notas para el estudio del susto en los nahuas prehispánicos y contemporáneos
María del Carmen Macuil García

p.62

Evidencia de pinturas rupestres en la cueva de Chicomeatl,
en Zacatal Grande, Veracruz
América Malbrán Porto y Enrique Méndez Torres

p. 79

Sesiones del Seminario

p. 96

4

5

PRESENTACIÓN

E

n esta nueva entrega de nuestro Boletín Tlaloc ¿Qué? Julio Amador Bech
describe la formación del sitio arqueológico Cerro Trincheras, en Sonora, a
través de un sistema cultural complejo que permitiría el control de mano de

obra para la modificación del paisaje cultural en un espacio con condiciones climáticas
adversas lo que debió de haber tenido como antecedente un sistema mitológico sumamente elaborado. De esta manera se adentra al pensamiento religioso cosmogónico de
las culturas indígenas del norte de México y suroeste de los Estados Unidos.

En el segundo artículo María del Carmen Macuil García nos presenta la estructuración
del rezo empleado en un poblado del Norte de Morelos por parte de una curandera para
recuperar el tonalli. Este trabajo resulta de gran importancia debido a que le da el valor a
la tradición oral y nos proporciona una propuesta de análisis etnográfico.

En el tercer artículo América Malbrán Porto y Enrique Méndez Torres nos presentan la
cueva de Chicomeatl, en la sierra de La Zongolica, Veracruz, nos describen sus pinturas
y grafismos al interior y nos comentan el desuso de ceremoniales dedicados a la Madre
Tierra a falta de la especialista ritual particular de dicha cueva.

Esperamos que lo disfruten.

Los editores

6

7

EL SIMBOLISMO SAGRADO DE LOS CERROS Y SU RELACIÓN
CON EL PODER POLÍTICO-RELIGIOSO Y LOS RITUALES DE
PETICIÓN DE LLUVIAS EN EL CERRO DE TRINCHERAS DEL
DESIERTO DE SONORA
Julio Amador Bech1
Los cerros de Trincheras en el Desierto de Sonora

C

ualquiera que visite el Cerro de Trincheras en la cuenca del río Magdalena, del noroeste
del estado de Sonora, en México, se dará cuenta, a kilómetros de distancia, de su definida presencia visual, destaca por su forma, su tamaño y su color café pardo oscuro (Fig.

1). Al acercarnos se percibe con claridad la sensación de escalonamiento que la vista de las terrazas produce. Desde la cima, el dominio visual sobre el territorio circundante y la lejana distancia es
completo. Elisa Villalpando y Randall McGuire calculan, aproximadamente, 634,856 horas-persona
para la construcción de todas las estructuras de muros y terrazas en el Cerro de Trincheras, considerando que los materiales (piedras y tierra de relleno) se tomaron de las inmediaciones
(Villalpando y McGuire 2004:239; 2009:368-371). Su descripción de las características arquitectónicas del Cerro de Trincheras nos permite formarnos una imagen de sus últimas dimensiones:
El sitio es visualmente monumental desde un radio de 25 kilómetros. El cerro en sí cubre 100
hectáreas que se elevan unos 150 metros sobre el nivel de la actual planicie aluvial. Los elementos más obvios son las más de 900 terrazas localizadas principalmente sobre la cara norte.
Algunas de estas llegan a tener de 300 a 400 metros, aunque la mayoría miden entre 15 y 30
metros de largo. La altura de las terrazas varía de unas decenas de centímetros, las que se encuentran en la base del cerro, hasta los tres metros, aquellas cercanas a la cima. Más de trescientas estructuras circulares y cuadrangulares con paredes de hasta un metro de altura aparecen adosadas a algunos muros de las terrazas. Dos estructuras especiales destacan del resto
de la arquitectura del sitio: la Cancha es un rectángulo con las esquinas redondeadas de 15 por
57 metros, en la base norte del cerro. La Plaza del Caracol se localiza en la parte oriental de la
cima, en ella el Caracol ocupa un lugar central, rodeado de estructuras circulares, en un espacio

1. Profesor Titular “C” de Tiempo Completo, Definitivo, Nivel PRIDE “D” de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
de la Universidad Nacional Autónoma de México.
8

Fig. 1. Cerro de Trincheras. Foto Dito Jacob.

abierto delimitado por muros con accesos

ción de grabados rupestres que alcanza la cifra

bien definidos. El Caracol tiene muros de

de más de 6000 diseños registrados en un

más de metro y medio de altura que for-

área de 9.5 Km² (Amador 2011a; Medina y

man una espiral de 13 por 8 metros, la

Amador 2012; Villalobos 2003:16).

cual semeja la concha de un gasterópodo

En la región del río Altar, McGuire y Villalpando

seccionado

reportan once cerros de trincheras que contie-

(Villalpando

y

McGuire

2004:230).

nen diversos tipos de estructuras, entre las que

Además del Cerro de Trincheras, otros sitios

predominan las terrazas en las laderas de los

del noroeste de Sonora muestran una impor-

cerros (McGuire y Villalpando 1993:76). El úni-

tante actividad humana de transformación del

co cerro de la región que carece de terrazas

paisaje. En los cerros de La Proveedora y San

incluye una estructura de muros en la cima

José, por ejemplo, se construyeron 152 terra-

(corral) que tiene forma circular y una entrada

zas, de diferentes tamaños, además de nume-

orientada hacia el norte (Ibid.:144-146). Otros

rosos senderos, alineamiento de grandes ro-

cuatro cerros comparten estas características,

cas, aplanado y relleno de zonas de la llanura

uno de ellos con dos corrales (Ibid.:76). En es-

para formar plazas; a este tipo de construccio-

tos cerros de trincheras se encontraron, tam-

nes hay que añadir una muy prolífica produc-

bién, muros y basamentos de casas en foso
9

(Ídem.). El cerro de trincheras más grande de

piedra) que, debido a su ubicación, pudieron

la región es el llamado Tío Benino, contiene

haber servido tanto para realizar observacio-

290 terrazas, le sigue el cerro llamado La Hor-

nes astronómicas, especialmente sobre un ca-

miga con 44 (Ibid.:142).

lendario de horizonte, como para vigilar el terri-

Los rasgos más destacados de los cerros de

torio circundante desde las alturas, dada la vi-

trincheras en el noroeste de Sonora (200-1450

sibilidad hacia las llanuras y cerros aledaños,

d.C.) son los asentamientos complejos, asocia-

lo que define una función más: la comunica-

dos a las cuencas fluviales y a los cerros volcá-

ción a la distancia. Su forma y posición indican

nicos. En las laderas encontramos terrazas,

que es muy probable que hayan servido tam-

senderos y rampas. Dentro de cada sitio, y de

bién para fines ceremoniales (Amador, 2011a y

una región a otra, las terrazas varían en tama-

2011c; Fish y Fish, 2007; Villalpando y McGui-

ño y función (Braniff, 1992; McGuire y Villal-

re, 2009; Zavala, 2006). Esas estructuras, ubi-

pando, 1993; Villalobos, 2003; Villalpando y

cadas en las cimas, tienen formas geométricas

McGuire, 2009). Pueden haber servido para el

definidas: espirales -imitando el corte transver-

cultivo de agaves, por ejemplo, para habitación

sal de un caracol marino-, circulares o elípticas

o para albergar talleres de producción de orna-

(concéntricas), cuadradas, rectangulares

mentos de concha, construyéndose distintos

hexagonales (Fig. 2). Debido a su muy proba-

tipos de estructuras sobre ellas, como en el ca-

ble función ritual y a que las formas de las es-

so del Cerro de Trincheras. Incluso, su ubica-

tructuras se repiten en los diseños del arte ru-

ción en los distintos niveles de altura de la la-

pestre y de los ornamentos de concha, puede

dera puede haberse traducido en algún tipo de

deducirse que debió de haber existido un sim-

jerarquía

McGuire,

bolismo de la forma, asociado a ellas. En algu-

Op.cit.). Sobre las laderas pueden encontrarse,

nos casos como en el Cerro de Trincheras, el

también, grabados rupestres en los afloramien-

acceso a la cima parece haber estado restrin-

tos rocosos. El grado de densidad en la con-

gido y protegido por un sistema de muros y te-

centración de grabados varía de una región a

rrazas (Villalpando y McGuire, Op.cit.).

otra, es mucho mayor en la zona del Asunción

A pie de cerro se pueden observar metates,

(La Proveedora, Cerro San José, el Deseo, Ce-

morteros fijos y manos para el procesamiento

rrito del Pápago) (Amador, Op.cit.).

de alimentos de origen vegetal, así como gra-

Sobre algunas de las cimas se construyeron

bados rupestres sobre los afloramientos roco-

estructuras de muros (corrales y círculos de

sos. En algunos casos, como en La Proveedo-

social

(Villalpando

y

10

o

Fig. 2. Estructuras de muros sobre las cimas de los cerros de trincheras. Google
Earth.

ra, a la presencia de metates y morteros se

de observarse en el sitio El Deseo, en la cuen-

asocia cierto tipo de terrazas de forma circular,

ca del Asunción (Ídem.). En el Cerro de Trin-

delimitadas por círculos de grandes rocas que

cheras, el espacio denominado La Cancha,

debieron ser desplazadas para dar forma a es-

ubicado en la parte inferior de la ladera princi-

pacios colectivos de trabajo y reunión (Amador,

pal, debió de haber jugado una función equiva-

2011a y 2011c).

lente (Villalpando y McGuire, Op.cit.). Este tipo

En las llanuras, inmediatas a los cerros, los ali-

de espacios poseen una acústica particular

neamientos de grandes rocas con grabados

que facilita y potencia la audición, lo que pudo

dan lugar a plazas de mayor tamaño, pueden

haber favorecido la realización de eventos co-

tener forma circular, elipsoidal, espiral o rectan-

munitarios que implicaban el canto, la danza y

gular. Lo más probable es que funcionaran co-

el discurso público y es, además, un rasgo ca-

mo espacios colectivos de reunión, tal es el ca-

racterístico de los grandes centros ceremonia-

so del Cerro San José, cuya plaza, ubicada en

les mesoamericanos (Amador, 2011a; Villal-

la parte sur de la ladera oeste, de forma elip-

pando y McGuire, 2009).

soidal, mide 50 x 60 m (Amador, 2011a) (Fig.

Las casas en foso y los hornos para procesar

3). Un espacio de características semejantes,

agave se presentan también en las planicies,

con forma de plaza circular a pie de cerro pue-

asociadas a los cerros; éstos últimos son parti11

Fig. 3. La Plaza, Cerro San
José. Foto Dito Jacob.

cularmente característicos de los sitios ubica-

nen su ámbito regional.

dos en la cuenca del río Altar (McGuire y VillalLa transformación cultural del paisaje en
los Cerros de Trincheras y su significado

pando, 1993). En superficie es común encontrar restos de herramientas líticas -talladas y
pulidas-, de ornamentos de concha y de algu-

Como hemos visto, los cerros de trincheras

nas de las cerámicas diagnósticas (Lisa de va-

constituían localidades elevadas y prominentes

rios tipos; Púrpura/Café; Púrpura/Rojo y Poli-

que pudieron haber funcionado como marca-

croma). La distribución y concentración de los

dores visuales sobresalientes en el paisaje,

elementos diagnósticos varía de un sitio a otro

dominando los asentamientos comunes, tal

(Braniff, 1992; McGuire y Villalpando, 1993;

vez, jugando un papel simbólico, semejante a

Villalobos, 2003; Villalpando y McGuire, 2009).

los montículos, las pirámides y los centros ce-

Todos estos elementos crean un patrón cultu-

remoniales, construidos en sitios elevados por

ral común que se manifiesta con variaciones

las culturas mesoamericanas (Fish y Fish,

definidas en cada sitio, dentro de la región de
los

ríos

2007; Haury, 1976; Nelson 2007; O’donovan

Magdalena-Altar-Asunción-Concep-

2002; Villalpando y McGuire, 2004 y 2009; Za-

ción. Este conjunto de características da forma

vala, 2006). El patrón repetitivo y el carácter

a lo que denomino Tradición Trincheras y defi-

masivo de las terrazas en algunos sitios, como
12

en el Cerro de Trincheras, crean un efecto vi-

gundo momento, la construcción de las estruc-

sual de escalonamiento de las laderas de los

turas sobre los cerros se presenta como un ac-

cerros que es visible a la distancia (Fig.1). Su

to deliberado para exaltar sus rasgos naturales

monumentalidad puede asociarse a la exhibi-

de monumentalidad y, en consecuencia, contri-

ción del poder del grupo que los construyó y

buye a poner de manifiesto el poder del grupo

del dominio estratégico de los cerros sobre los

que las construyó y su dominio sobre el territo-

valles adyacentes (Nelson, 2007;

rio circundante, desde la cima.

Zavala,

2006).

Tanto en el caso del Cerro de Trincheras como

En el caso de La Proveedora y el Cerro San

en el de La Proveedora, los aspectos referidos

José, la abundancia de grabados sobre los

(tamaño, ubicación y geomorfología) deben de

afloramientos rocosos que son visibles desde

haber jugado un papel simbólico decisivo para

la llanura inmediata, así como la construcción

ser escogidos como lugares idóneos para

de plazas y el alineamiento de grandes rocas

construir asentamientos, pues, además de los

son también formas evidentes de transforma-

aspectos prácticos, la monumentalidad natural

ción cultural del paisaje. Tales procedimientos

de los cerros, su forma y color que destacan a

pueden ser comprendidos a partir de las cate-

kilómetros de distancia, imponen una actitud

gorías que proponen varios autores: a) place-

de admiración y reverencia. Probablemente,

crafting, concepto que, en ausencia de una tra-

primero fueron sitios sagrados de peregrinaje

ducción literal, podemos entender como trabajo

ceremonial cíclico, espacios para las grandes

cultural o trabajo artesanal-artístico sobre los

congregaciones estacionales y, sólo más tar-

sitios (Nelson, 2007); b) simbolismo del paisaje

de, lugares de habitación permanente. Al res-

y arte del paisaje (landscape art) (Whitley,

pecto, Ben Nelson propone una genealogía del

1998); c) estrategias de visibilización, en parti-

proceso que la monumentalización de los ce-

cular, exhibición y monumentalización (Criado

rros de trincheras pudo haber seguido:

Boado, 1991).

La cima, como construcción social, co-

Las decisiones que llevaron a la selección de

menzó siendo un sitio sagrado natural, ubi-

cerros específicos deben de haberse tomado,

cado en un circuito ritual. Adecuada para la

primero, en función de la relación directa que

sacralización, debido a sus connotaciones

se establecía entre su presencia monumental

cosmológicas de encuentro entre la tierra y

(tamaño, ubicación y geomorfología) y el

el cielo, la cima se convirtió en un lugar pa-

carácter sagrado que se les atribuía. En un se-

ra sancionar los cambios estacionales y ce13

lestiales, así como los ritos de paso. Con el

1998; Whitley, 2011). A estas orientaciones

transcurso del tiempo y sin un resultado pal-

heurísticas podemos agregar que la herme-

pable, los especialistas rituales quedaron

néutica posibilitará contrastar los elementos

asociados al lugar, conforme su significado

surgidos de los métodos anteriores y dar co-

cambiaba. Para realzar la efectividad de las

herencia y sistematicidad al conjunto de la in-

ceremonias y preservar la memoria de los

terpretación (Durand, 1971, 1993; Gadamer,

significados asociados, se ocuparon de la

1999; Ricoeur, 1999, 2003, 2006).

construcción de pequeños monumentos in-

La gran tarea que supuso la construcción de

dividuales, como ofertorios y gnómones.

los cerros de trincheras, realizada bajo condi-

Sus propios entierros pudieron haberse

ciones climáticas extremas, nos lleva a pregun-

convertido en esos monumentos, fijándolos,

tarnos acerca de la organización social que

de esa manera, en la memoria colectiva,

produjo esas obras colectivas. En esta cues-

como ancestros idealizados de la comuni-

tión quedan implicados varios aspectos sustan-

dad (2007:234 [la traducción es nuestra]).

tivos, entre los que destacan la escala social

La interpretación del simbolismo asociado a la

de los grupos y sus formas de organización

transformación cultural del paisaje (estructuras

política.

arquitectónicas y arte rupestre) de sociedades

Esas obras sólo fueron posibles a partir de una

que desaparecieron hace siglos, sin haber de-

complejidad social mayor a la de las aldeas

jado una tradición oral que pueda ser atribuida

dispersas, no sólo por la cantidad del trabajo

a ellos con certeza, ni registro etnográfico algu-

humano implicado, sino, también, por su cali-

no, es una tarea sumamente difícil. En estos

dad. Además del diseño y la ingeniería, supu-

casos, cuando no existe información testimo-

sieron una bien organizada red de relaciones

nial o documental disponible, los métodos que

políticas que exigía conocimientos especializa-

permiten un análisis formal sistemático como la

dos y relaciones de poder que justificaran la

arqueología de paisaje, la arqueoastronomía,

existencia de una élite con la autoridad sufi-

el análisis estilístico e iconográfico del arte ru-

ciente para ejercer el mando y ser capaz de

pestre y los métodos comparativos, como la

llevar a cabo la dirección y supervisión de las

analogía etnográfica y el contraste con los ma-

tareas constructivas.

teriales etnohistóricos son el único camino po-

Para el conjunto de la región que abarca el

sible a seguir (Amador, 2007; Broda, 2004;

complejo Cultural Trincheras, en la cuenca flu-

Criado Boado, 1991; Taçon y Chippindale,

vial de los ríos Magdalena-Altar-Asunción14

Concepción, el Cerro de Trincheras es el único

dos en las tres terrazas superiores de la ladera

en el cual las estrategias constructivas de mo-

norte, a las que se les dio el nombre de El Mi-

numentalización y exhibición de las estructuras

rador, arrojan la conclusión de que la presen-

de terrazas aparecen en su forma más eviden-

cia importante de cerámica decorada, orna-

te y lograda. La función política de destacar el

mentos de concha (anillos y pendientes deco-

poder del grupo que llevó a cabo su construc-

rados), cuentas de piedra y concha, y pipas de

ción, supone, asimismo, la exaltación del poder

cerámica reflejan el uso de ciertos bienes de

de los líderes que encabezaron esas obras. El

lujo, propios de un grupo de élite (Villalpando y

liderazgo implica, de suyo, jerarquías y diferen-

McGuire Op.cit.:186, 190 y 192). Asimismo, el

cias sociales. De tal suerte, al interior de las

análisis de la forma y ubicación espacial de El

estructuras de terrazas del sitio, tal jerarquía

Mirador parecen confirmar esta hipótesis, pues

debe poder distinguirse. Es así que aparece

desde ahí se domina la visibilidad de toda la

una bien definida diferenciación en tamaño,

ladera norte del cerro; uno de sus niveles se

forma, ubicación y materiales asociados en los

asocia con una función administrativa y otra

distintos niveles de las terrazas de la ladera

con la probable residencia “del líder del Cerro

norte del cerro, que es la principal, lo que ha

de Trincheras” (Ibid.:192).

llevado a proponer la hipótesis de una diferen-

El ejercicio del poder y la autoridad requieren

ciación social interna que se manifiesta en el

siempre de elaboraciones culturales sofistica-

registro arqueológico mediante esas carac-

das que lo fundamenten y legitimen. Se trata

terísticas (Villalpando y McGuire, Op.cit.:78,

de lo que Geertz (2000) ha llamado la cons-

192). Esta idea puede sustentarse también en

trucción simbólica de la autoridad. Las élites

lo expresado por Geertz sobre la cuestión: en

gobernantes “justifican su existencia y ordenan

el centro de toda sociedad organizada con un

sus acciones en términos de colecciones de

cierto grado de complejidad existen tanto una

historias, ceremonias, insignias, formalidades y

élite que gobierna, como un conjunto de for-

accesorios que han heredado o, en situaciones

mas simbólicas que están ahí para poner de

más revolucionarias, inventado” (Ibid.:124). De

manifiesto no sólo que esa élite gobernante

acuerdo con Berger y Luckmann, la totalidad

está presente sino que, además, gobierna

del orden institucional debe ser coherente, en

(2000:124).

términos de significado, para todos aquellos

En particular, los resultados de la recolección,

que participan en los diferentes procesos insti-

excavación y análisis de los materiales halla-

tucionales (1967:92).
15

Los rasgos evidentes de una monumentaliza-

mento trascendente (Alcina Franch, 1992;

ción y exhibición intencionadas que se expre-

Amador, 2004; Broda, 1978; Campbell, 1991

san mediante la visibilidad de las construccio-

[1962]; Cassirer, 1992 [1946]; Frankfort, 1993

nes arquitectónicas, aparecen de manera clara

[1948]; Geertz, 2000 [1983]; Huizinga, 1981

y manifiesta en el Cerro de Trincheras. En su

[1931]).

agudo análisis sobre este fenómeno, Ben Nel-

Apoyándose en lo escrito por Broda (1978),

son (2007) aclara que la monumentalización

Alcina Franch sintetiza de manera muy clara

juega un papel político bien definido que tiene

este planteamiento cuando destaca que el po-

la función de enaltecer el poder del grupo de

der en una sociedad compleja y estratificada

élite local. Dicha exaltación tuvo que haberse

como la mexica tenía una importancia que iba

sustentado sobre la base de un previo discurso

más allá de las relaciones interpersonales e

mítico-religioso, referido al simbolismo cósmico

interclasistas y constituía uno de los núcleos

de los lugares elevados como montes y cerros,

de mayor peso en su organización política y

sobre el que, más tarde, se montaría un discur-

social. El ritual, particularmente el culto guerre-

so político para justificar y ennoblecer el poder

ro, fortalecía la posición dominante de la noble-

de la élite (Ídem.). Ese modo de proceder es

za dentro de Tenochtitlan. Más aún, la función

descrito por Geertz cuando sostiene que las

de gobernar estaba asociada directamente con

élites gobernantes localizan, definen y dan for-

el mantenimiento del orden cósmico, y el dis-

ma al centro alrededor del cual se desenvol-

curso político con la cosmovisión, tal como lo

verá la vida social, además, establecerán su

reflejan las abundantes metáforas cósmicas

conexión con las cosas trascendentes y mar-

que se utilizaban para referirse al soberano

carán su territorio con todos los signos rituales

mexica (Alcina Franch, 1992:161-171; Broda,

de la dominación política (Geertz , Op.cit.:125).

1978:221-255).

Se trata de un fenómeno político que se ha da-

Cazeneuve distingue claramente dos etapas,

do de manera manifiesta, no sólo entre las éli-

en la primera, el liderazgo aparece, dentro de

tes de Mesoamérica, sino en numerosos ejem-

sociedades, tradicionalmente igualitarias, como

plos, entre los que destacan el antiguo Egipto,

algo que rompe la norma, en una segunda eta-

Mesopotamia y las monarquías de la Europa

pa se invierte el procedimiento y la diferencia

medieval. El discurso que justifica el ejercicio

se convierte en la norma:

del poder se sustenta sobre la base de un pre-

El jefe, objeto de tabúes particulares, es

vio discurso religioso que lo dota de un funda-

tratado, en efecto, como un personaje in16

sólito, extraño a las normas; su contacto es

religiosa debió servir para dotar de sentido al

tan peligroso como el de una cosa impura.

gran esfuerzo que implicaron las labores colec-

Esto hace pensar que surgió en una socie-

tivas, así como para la construcción simbólica

dad igualitaria e indivisa, de modo tal que

de la autoridad que definió y justificó una rela-

se le consideró una anomalía.

ción determinada entre medios y fines, entre

Desde el principio escapaba a la norma

dirigentes y dirigidos. Es muy probable que los

común, y, por ello, era inquietante, numino-

aspectos mítico-religiosos hayan jugado un pa-

so […]. Si el jefe podía ser a la vez impuro

pel primordial, especialmente en la construc-

y mágicamente poderoso, ello se debía

ción de los espacios ceremoniales. Tanto a ni-

más bien a que se encontraba por sobre el

vel universal, en el caso de las sociedades pre-

nivel de la norma […]. Es necesario seña-

modernas, como a nivel de las tradiciones cul-

lar, sin embargo, que la sublimación reli-

turales indígenas de la región del norte de

giosa pudo invertir esa situación: el rey,

México y del suroeste de los Estados Unidos

considerado un personaje anormal en una

que conocemos, las narrativas míticas han

sociedad clánica de tradición igualitaria, se

cumplido la función de dotar de sentido y justi-

presentaría con el andar del tiempo, muy

ficar a las instituciones y a las prácticas socia-

por el contrario, como la encarnación del

les (Amador, 2004 y 2011b; Bahr, 1994, 2001;

equilibrio social –de la regla-, y dejando de

Campbell, 1991 [1962]; Cassirer ,1992 [1946];

ser mago, recibiría una nueva consagra-

Eliade, 1994; Frank, 1994; Parsons, 1996

ción: la de un dios (1971:72-73).

[1939]; Underhill, 1939, 1946, 1948).

Teniendo en mente la especificidad cultural, la

A partir del análisis de las características ob-

escala social y el grado de diferenciación jerár-

servadas en los cerros de trincheras del noro-

quica interna de la sociedad, en relación con el

este de Sonora durante las estancias de inves-

fenómeno político mexica y el menos desarro-

tigación de campo, y partiendo de las categor-

llado proceso de formación de las clases so-

ías de la arqueología de paisaje, así como del

ciales, ocurrido en el Cerro de Trincheras, po-

estudio de los testimonios etnográficos y los

demos comprender el sentido en el cual se es-

documentos etnohistóricos regionales, propon-

bozan los posibles paralelismos. En particular,

go una hipótesis: no se puede explicar la enor-

destacamos que, respecto de las tareas de

me tarea constructiva en los cerros volcánicos

construcción, un cierto tipo de discurso políti-

(terrazas, rampas, plataformas y senderos, es-

co, sustentado sobre la base de una cosmovi-

pacios domésticos, espacios ceremoniales, ob17

servatorios, sistemas defensivos y arte rupes-

han existido, a nivel universal, en las categor-

tre), bajo las condiciones climáticas extremas

ías de pensamiento mítico y cosmológico de

del desierto, sin que dicha construcción estu-

las principales tradiciones religiosas de China,

viera inmersa en un sistema cultural complejo

la India, Asia oriental y occidental, Mesoaméri-

que proveyera a la comunidad con metas co-

ca y Europa (2002:48). Retoman de Needham

lectivas que trascendieran la mera satisfacción

la categoría de pensamiento correlativo, y lo

de las necesidades inmediatas de alimenta-

definen como la propensión general a organi-

ción, abrigo y defensa; propósitos colectivos

zar la información natural, socio-política y cos-

que, muy probablemente, estuvieron fundados

mológica en conjuntos altamente organizados

en elaboraciones culturales sofisticadas, las

de sistemas de correspondencias (2002:49).

cuales debieron integrarse dentro de un siste-

Las estructuras correlativas aparecen en

ma mitológico sumamente elaborado.

todo el mundo en los sistemas mágicos,

A su vez, es una característica universal de los

astrológicos y de adivinación premoder-

sistemas mitológicos el poseer un conjunto de

nos; en los diseños de aldeas, ciudades,

mitos especializados, denominados cosmogó-

templos y complejos de plazas; en los sis-

nicos, cuya función primordial es la de dotar a

temas abstractos referidos al orden de los

la comunidad con una explicación acerca del

dioses, los demonios y los santos; en los

origen del mundo y de todo lo que existe; ahí

sistemas numerológicos formales; en las

se narra el origen del universo, de la tierra y de

cosmologías jerárquicas y temporales; y

todos los seres vivos (Amador, 2004 y 2011b;

en muchos sistemas similares (Farmer,

Eliade, 1994 [1963]; Eliot, et. al., 1990; León-

Henderson y Witzel, 2002:49 [traducción

Portilla, 1983 [1956]; López Austin, 1996 [1990]

nuestra]).

y 1999 [1994]). Ese sistema de ideas se expre-

De acuerdo con estos autores, hacia los ini-

sa en esquemas cosmológicos que describen

cios de nuestra era, en todo el mundo “los ti-

la estructura del universo. Es en tal sentido que

pos dominantes de sistemas correlativos ya

interpreto las palabras de Durkheim: “No hay

habían aparecido y guiarían el pensamiento

religión que no sea una cosmología al mismo

cosmológico durante los tiempos tradiciona-

tiempo que una especulación sobre lo divi-

les”, incluidas “las fuertemente estratificadas

no” (1992 [1912]:14).

tradiciones

Farmer, Henderson y Witzel han mostrado con

nas” (2002:50 [traducción nuestra]). Un exten-

toda claridad las profundas homologías que

so cuerpo de evidencia demuestra que los sis18

mesoamericanas

precolombi-

temas correlativos evolucionaron de modo si-

mento se encargarán de las tareas sustantivas

milar en diferentes civilizaciones del mundo

de la creación, reemplazando al dios originario;

(2002:51).

3) creación del Cielo y de la Tierra; 4) creación

Una revisión cuidadosa de los sistemas mitoló-

de los seres vivos. El mito o‟odham sigue un

gicos de las culturas indígenas del norte de

patrón común a los mitos de origen de los

México y suroeste de los Estados Unidos nos

nahuas, de los mayas quichés, de los hopis y

muestra con toda claridad la validez de estas

de los zunis que consiste en un concepto cícli-

premisas: sus sistemas mitológicos contienen

co de creaciones y destrucciones sucesivas

un conjunto de narrativas que podemos definir

(Amador 2011b; Bahr 1994, 2001; Courlander

como mitos cosmogónicos y de los mismos se

1987; Garibay 1979; Garza, de la 1998; León-

derivan conceptos cosmológicos que se ponen

Portilla 1983; López Austin 1996, 1999; Par-

de manifiesto en los rituales, en una simbolog-

sons 1996; Popol Vuh, 1971).

ía del paisaje y en la estructura de los asenta-

De los mitos de origen o‟odham se deriva una

mientos: ubicación, forma, distribución y orien-

cosmología bien definida: en el plano horizon-

tación. Esta sustantiva relación conceptual que

tal una noción cuatripartita del espacio, deter-

se ha establecido entre los espacios construi-

minada por los cuatro rumbos del universo y

dos y el esquema cosmológico es especial-

un centro; a cada dirección cósmica le corres-

mente válida para los lugares que son conside-

ponde un color: Este: blanco, Oeste: negro,

rados como sagrados y que tienen una función

Norte: amarillo, Sur: azul. Dentro de ese es-

ceremonial: se trata de la presencia de estruc-

quema predomina el eje Este-Oeste, regido

turas correlativas en el pensamiento religioso

por el movimiento solar. En el plano vertical el

de esos grupos.

cosmos está subdividido en tres dimensiones:

Así, por ejemplo, en el mito cosmogónico de

Cielo, Tierra e Inframundo. Cielo y Tierra, Sol y

los grupos o‟odham del desierto de Sonora,

Luna, hombre y mujer aparecen como manifes-

observamos una creación cósmica en cuatro

taciones de un principio cósmico dual de

etapas: 1) creación del Cosmos por la divinidad

opuestos

principal, que hasta entonces había permaneci-

femenino) que subyace y mueve a todo lo que

do inactiva, en una especie de éter indiferen-

existe. Los mismos principios-energías esen-

ciado y caótico; 2) creación de mundos, fases

ciales rigen al Cosmos, a los seres vivos y a la

y dimensiones de la existencia, en particular,

vida social (Amador, 2011b; Bahr, 1994, 2001;

de dioses secundarios que, a partir de ese mo-

Curtis ,1993; Lloyd, 1911; Russell, 1980; Sax19

complementarios

(masculino-

ton y Saxton, 1973; Underhill,1946).

to en la selección de los sitios habitables como

Respecto de la relación entre los mitos de ori-

en su configuración concreta. La relación míti-

gen y las ideas que rigen la fundación de los

co-simbólica entre el paisaje y las estructuras

asentamientos, entre los tohono o‟odham, por

fundamentaría y daría origen a prácticas ritua-

ejemplo, existen cuatro grupos dialectales

les específicas.

(archi o aacti, kuhatk, huhuhra y kokolotli) defi-

Es muy probable que esas estructuras correla-

nidos tanto por las pequeñas diferencias lin-

tivas, que son universales y que, además, se

güísticas como por su ubicación geográfica, en

han observado de manera bien definida tanto

torno a “cuatro pueblos originarios”, cuya for-

en las tradiciones míticas de Mesoamérica co-

mación se explica en el llamado: “mito de la

mo de los grupos indígenas del periodo históri-

Emersión” (Underhill, ibid.:59-69). Destaco, en

co del Noroeste/Suroeste, hayan estado pre-

ese sentido, que se trate de cuatro pueblos ori-

sentes en el pensamiento mítico de la Tradi-

ginarios que se ubican en una distribución este

ción Trincheras. Me refiero a sus rasgos gene-

-oeste/norte-sur y que su origen está asociado

rales, no a su contenido concreto, que está de-

directamente con algunos de los eventos fun-

terminado por la historia específica de cada

damentales de sus narrativas míticas. Este es-

grupo. Difícilmente podrá objetarse la existen-

quema cuatripartito determina la importancia

cia de una mitología compleja, de un conjunto

esotérica del número cuatro, definiendo que

de mitos cosmogónicos de los que se derivaría

todas las repeticiones rituales como recitación

una cosmología y de la proyección de esos

y canto, número de días que debe durar una

conceptos míticos sobre el paisaje y sobre la

ceremonia de purificación se den de cuatro en

organización cultural del espacio habitado.

cuatro o a partir de múltiplos de cuatro.

Más aún, en el periodo en el cual se construyó

Desde esa perspectiva, cabe preguntarse si las

la última fase del Cerro de Trincheras (1300-

formas y relaciones espaciales (ubicación,

1450) la organización social y política de sus

orientación, distribución, visibilidad y morfolo-

habitantes debió mostrar una tendencia hacia

gía) de las estructuras arquitectónicas, cons-

una creciente complejidad, diferenciación y es-

truidas sobre los cerros de trincheras, además

tructuración jerárquica interna que debe de

de obedecer a los fines prácticos definidos, son

haberse expresado en formas de pensamiento

la expresión simbólica de esquemas cosmoló-

más sofisticadas.

gicos. De ser así, los sistemas míticos debie-

Fundamos nuestras hipótesis en observacio-

ron de haber jugado un papel fundamental tan-

nes realizadas en los sitios, y partimos de la
20

idea que ciertos aspectos, a la vez básicos y

Probable orientación de estructuras arqui-

esenciales de los sistemas de pensamiento

tectónicas con fenómenos astronómicos

pueden inferirse de las características que asu-

En primer lugar, tenemos, en el Cerro de Trin-

me la relación que se da entre el paisaje y las

cheras la orientación de ciertas estructuras ar-

estructuras culturales. Desde mi punto de vista,

quitectónicas, por ejemplo, los muros en forma

la organización cultural del paisaje en los ce-

de “V” que se hallan en la cima y que de acuer-

rros de trincheras no es casual ni arbitraria,

do con Villalpando y McGuire, parecen definir

obedece a dos factores decisivos, presentes

posiciones para observar la salida del sol en

en los restos arqueológicos: a) los factores

los solsticios:

prácticos (economía y vida doméstica cotidia-

La cima del cerro tal vez fue un centro ad-

na) que determinan una organización eficiente

ministrativo o ceremonial accesible sólo a

de los recursos y dispositivos culturales; b) los

unos cuantos habitantes y usado sólo en

aspectos religiosos (míticos y rituales), que de-

tiempos o ceremonias especiales. El recin-

terminan una organización simbólicamente sig-

to incluía la Plaza del Caracol hacia el ex-

nificativa de las estructuras y espacios cultura-

tremo este y el pico más elevado hacia el

les. Lejos de oponerse, los dos aspectos pare-

oeste. El único elemento presente en este

cen complementarse y yuxtaponerse en un to-

pico es un muro en V que apunta hacia la

do armónico, organizado de manera funcional,

salida del sol en el solsticio de invierno. Un

en términos prácticos, y simbólicamente signifi-

poco más abajo en la cara norte de este

cativa, en términos religiosos (Amador, 2011a

pico, otro muro en V apunta a la salida del

y 2011c).

sol en el solsticio de verano, dos elementos

Con fundamento en la astronomía cultural –

más que confirman la estructura compleja

que incluye a las perspectivas arqueológica y

del asentamiento (Villalpando y McGuire,

etnográfica (Aveni 2008:6)- y en la arqueología

Op.cit.:238).

de paisaje, podemos proponer varios aspectos

Esta hipótesis coincide en su orientación gene-

que pueden indicar una relación entre la es-

ral con lo propuesto por Ivan Šprajc: “Las

tructura de los asentamientos y un simbolismo

orientaciones [de estructuras arquitectónicas]

del paisaje, asociado a ciertas prácticas de ob-

se refieren, por lo regular, a fenómenos obser-

servación astronómica y a probables concep-

vables en el horizonte, es decir, a los puntos

tos cosmológicos.

de salida y puesta de los cuerpos celestes” (2001:296).
21

De la forma y la ubicación de ciertas estructu-

dor de una atenta observación y representa-

ras de muros puede inferirse una probable fun-

ción gráfica de los cuerpos celestes (Ballereau

ción ritual y un simbolismo específico, atribuido

1988, 1991). Ballereau sostiene que: “los

a las cimas. Así por ejemplo, en el complejo de

símbolos astronómicos pueden identificarse

sitios arqueológicos, estructurados en torno al

con facilidad, y se relacionan con la luna, el sol

Cerro de Trincheras, habrá que tener en consi-

y las estrellas. Su gran número y su distribu-

deración que eran varias estructuras de muros

ción uniforme en el sitio ponen de manifiesto

las que tenían un probable uso ceremonial. So-

que la observación del cielo desempeñaba un

bre el Cerro de Trincheras: la Plaza del Cara-

papel importante entre los pueblos del noroes-

col, La Cancha, El Caracolito. En las cimas de

te de México” (Ballereau, 1988:28) (Fig.4).

los cerros aledaños al Cerro de Trincheras en-

A la hipótesis de Ballereau podemos agregar la

contramos estructuras de muros de piedra con

de Marc Thompson (2006:165-183), quien sos-

formas geométricas regulares (circulares, elip-

tiene que Venus, concebido como la Estrella

soidales y cuadrangulares) que siguen un

Matutina y la Estrella Vespertina, fue amplia-

patrón repetitivo (Fish y Fish, 2007; Zavala,

mente representado dentro de las tradiciones

2006) (Fig. 2). Esas estructuras de corrales y

indígenas prehispánicas del Suroeste como

círculos de piedra también están presentes en

una cruz con un perímetro exterior, y de la cual

las cimas de algunos cerros de trincheras, en

muestra ejemplos en el arte rupestre de Nuevo

las cuencas del río Altar y del río Asunción

México. Afirma que:

(Amador, 2011a; McGuire y Villalpando, 1993).

Las culturas de Mesoamérica y el Suroeste compartieron una constelación de ras-

Probables representaciones de fenómenos
astronómicos en los grabados rupestres

gos que se asocian a conceptos y repre-

Otro aspecto que apunta hacia la observación

gos incluyen orientaciones hacia el lucero

de fenómenos astronómicos y un probable re-

del amanecer y el lucero del atardecer,

gistro de estos en el arte rupestre es la hipoté-

personificaciones masculinas, combina-

tica representación de diversos astros (Sol, Lu-

ciones del simbolismo de la estrella con el

na, Venus y estrellas) en los petrograbados de

de la serpiente y asociaciones con la idea

los cerros de la Proveedora y San José, que

de dualidad y con la guerra (Thompson,

propone el astrofísico Dominique Ballereau. De

2006:177 [la traducción es nuestra]).

sentaciones gráficas de Venus. Estos ras-

poderse demostrar, sería un importante indica22

Fig. 4. Petrograbados con representaciones del Sol, la Luna y Venus.
Fotos Dito Jacob.

23

Tanto en La Proveedora como en el Cerro San

ba quieto por cuatro días, empezando con el

José podemos encontrar la misma figura de la

día que las Pléyades se ponían al atardecer.

cruz con perímetro exterior que Thompson re-

Tanto entre los akimel o‟odham como entre los

fiere como representación de Venus en los gra-

tohono o‟odham, el periodo de cuatro días del

bados rupestres que describe (Fig.4). Las hipó-

solsticio de invierno era considerado sagrado,

tesis de Ballereau y Thompson pueden con-

se trataba de las cuatro noches más largas del

trastarse con ciertas prácticas del periodo

año, durante las cuales, los guardianes de la

histórico. Existen registros etnográficos bien

tradición (siniyawkum) relataban los mitos de

definidos sobre la observación de los fenóme-

origen de manera oficial a la comunidad (Bahr,

nos astronómicos por los diversos grupos

1994:282; Underhill, 1939:125).

o‟odham, los sintetizamos a continuación.

Los akimel o‟odham tienen puntos definidos de

Entre los tohono o‟odham y los akimel o‟odham

observación de los movimientos anuales del

se contaba con un calendario lunar de 12 ó 13

sol, en referencia a un calendario de horizonte,

meses, siendo más probable que el de 13 me-

situado en la Sierra de la Estrella (Russell,

ses provenga de una tradición más antigua, sin

Op.cit.). Los tohono o‟odham conocían muchas

influencia europea (Russell, 1980; Underhill

estrellas, con las cuales formaban constelacio-

1939). Durante el día, la hora se indicaba a

nes que tenían nombres definidos. La cuenta

partir de la posición del sol, en la noche se de-

de las fases lunares y los principales eventos

terminaba por la posición de las Pléyades. A

del calendario eran memorizados por un espe-

las Pléyades, los tohono o‟odham les llaman

cialista de la comunidad, quien los grababa en

“Las Viajeras” y son éstas las que se utilizaban

un “palo calendario”, que es una vara de

para determinar las estaciones del año, las ac-

sahuaro, pino o sauce, con muescas mne-

tividades a realizar durante el ciclo agrícola y

motécnicas, que ayudan a su poseedor a re-

las fechas de ciertas festividades (Underhill,

cordar los eventos registrados; siguiendo las

Ibíd.:125).

muescas con el pulgar, a través del bastón, de

Los solsticios de verano e invierno eran obser-

arriba hacia abajo, se recuerdan los eventos

vados rigurosamente. El primero daba origen a

grabados. Las muescas siguen una simbología

la cacería ritual del venado bura y durante el

personal que sólo cada guardián del calendario

segundo se llevaba a cabo la fiesta de recita-

conoce (Underhill, Op.cit.:126).

ción de las tradiciones míticas; se pensaba que

El hecho de que los o‟odham hayan llevado un

durante el solsticio de invierno el Sol se queda-

registro minucioso de los fenómenos astronó24

micos, valiéndose de esos medios mnemotéc-

te rupestre (Ibid.:221). Así, por ejemplo, Bost-

nicos, puede apoyar la hipótesis de un posible

wick reporta dos sitios cercanos a Phoenix

registro equivalente por medio de los grabados

(Shaw Butte y South Mountain Park) en los

rupestres en periodos anteriores. Sin embargo,

cuales se encontraron series de trece puntos o

sabemos muy bien que un registro de esas ca-

círculos pequeños, grabados sobre los aflora-

racterísticas no es demostrativo de prácticas

mientos rocosos, piensa que pueden represen-

equivalentes entre los grupos de la Tradición

tar la cuenta de los meses (Bostwick y Krocek,

Trincheras, sino sólo apoyan los argumentos

2002:184, 186; Bostwick y Plum, s/f en línea).

que las hacen más probables.

En el sitio que estudiamos, La Proveedora, en-

En relación con estos tipos de registros de las

contramos petrograbados formados por series

fases lunares y los meses lunares, encontra-

de puntos que pueden referirse a la observa-

mos importantes analogías entre los o‟odham y

ción del ciclo lunar o de líneas con muescas de

los diversos grupos pueblo, principalmente

diversas formas (líneas rectas o pequeños

hopis y zunis. Michael Zeilik describe prácticas

triángulos) que pueden referirse a cuentas ca-

de registro de las fases lunares entre los pue-

lendáricas (Fig.5).

blo, cita a Stevenson (s/f), quien reportó que en

Sobre la observación de los solsticios y su im-

San Ildefonso, un especialista de la comunidad

portancia ritual entre los grupos pueblo, Elsie

(“observador de la luna”) llevaba el registro de

Clews Parsons destaca que las posiciones ex-

las fases lunares por medio de muescas talla-

tremas del sol se alcanzan en esos momentos,

das sobre una piedra plana que era depositada

en el solsticio de verano, la posición más extre-

en una cámara ceremonial. Mientras que entre

ma al norte y en el de invierno, la posición más

los hopis y zunis se utilizaba un bastón calen-

extrema al sur: “Estos puntos que son los más

dario, de la misma manera que entre los

distantes, son visitados por el Sol durante cua-

o‟odham (Zeilik 2008:219-220).

tro días, antes de volver de regreso en su mar-

Zeilik propone que los calendarios tradicionales

cha, es el momento adecuado para recibir las

estaban formados por trece meses lunares y

ofrendas de bastones de rezo de sus hijos.

que cada cultura hacía ajustes particulares pa-

Siendo un hombre inestable, el Sol debe ser

ra coordinar el calendario lunar con el solar;

auxiliado en su recorrido; debe ser „girado‟ o

sugiere, también, la posibilidad de que, bus-

„tirado de regreso‟” (1996:180 [traducción

cando el contexto arqueológico adecuado, ser-

nuestra]).

ía posible ubicar marcas equivalentes en el ar-

o‟odham, en los grupos pueblo, durante el
25

De

manera

semejante

a

los

Fig. 5. Grabado con puntos, probable registro del ciclo lunar. Foto Dito Jacob.

solsticio de invierno, los hombres mayores re-

ones míticas, rituales y calendáricas o‟odham y

latan a los jóvenes sus mitos de origen: el mito

pueblo, así como de los registros arqueológi-

de la Emersión (Parsons, 1996:215).

cos y arqueoastronómicos pueblo, hohokam y

Orión y las Pléyades son las constelaciones

trincheras apuntan hacia una unidad cultural

más conocidas por los pueblo, son las que de-

regional (Noroeste-Suroeste) con particularida-

finen el tiempo durante las ceremonias noctur-

des específicas, dentro de cada grupo.

nas; en la Tradición Tewa, llaman a las primeras “estrellas del invierno” y a las segundas

Representaciones del quincunce

“estrellas del verano” (Ibid.:182). Las estrellas

A ese conjunto de observaciones astronómicas

son observadas por los Jefes de las aldeas y

que acabamos de describir, debemos añadir

en Jemez se piensa que son Espíritus, proba-

las representaciones de los rumbos del univer-

blemente, todos los grupos pueblo dotan a la

so (símbolo del quincunce) que hemos visto

Galaxia y a todas las estrellas de un carácter

tallado en los grabados rupestres de numero-

divino, antropomórfico (Ídem.).

sos sitios de Trincheras de las cuencas fluvia-

Las importantes coincidencias entre las tradici-

les del Magdalena, el Altar y el Asunción
26

(Cerro de la Nana, Atil, La Proveedora, Cerro

ción que su forma simboliza los cuatro rumbos

San José, El Deseo y Cerrito del Pápago); re-

del universo y el centro, punto de contacto en-

presentaciones que serían una evidencia de

tre el cielo y la tierra. Las líneas diagonales y

conceptos cosmológicos expresados mediante

los puntos extremos están determinados por

símbolos visuales en el arte rupestre, esto es

las posiciones solares al amanecer y al atarde-

lo que, siguiendo a Leroi-Gourhan (1971) lla-

cer, durante los solsticios de verano e invierno

mamos mitograma: una figura sintética, por

y representan los ejes sobre los que se mueve

medio de la cual se representa un conjunto de

el sol de un horizonte a otro, durante los solsti-

complejos conceptos mitológicos, en este ca-

cios.

so, cosmológicos (Fig. 6).

Siguiendo lo expuesto por Köler sobre el signo

El simbolismo del quincunce resulta particular-

calendárico ollin, de origen Preclásico, Šprajc

mente pertinente en relación con las observa-

destaca que “representaba precisamente las

ciones astronómicas, si se toma en considera-

direcciones hacia los cuatro puntos solsticiales

Fig. 6. Panel con petrograbados, dos en forma de quincunce, Cerro San José.
Foto Dito Jacob.
27

en los horizontes oriente y poniente, refiriéndo-

cuatro años permiten constatar que durante el

se al movimiento anual del Sol” (2001:281).

solsticio de verano, el sol sale detrás del panel

Agrega que “El glifo maya del Sol (kin), símbo-

y se alinea perfectamente con la recta que fun-

lo floral con cuatro pétalos, probablemente tie-

ciona como eje del petrograbado en forma de

ne las mismas raíces” (Ídem.). Más aún, un

quincunce (Bostwick y Krocek, 2002:192-196).

buen número de testimonios etnográficos de

Guevara y Mendiola atribuyen a la figura del

diferentes

modernas

quincunce, presente en las tradiciones Casas

“también indican que las llamadas esquinas del

Grandes de Chihuahua, el significado de

mundo, o los „rumbos cardinales mesoame-

“representación de los puntos recorridos por el

ricanos‟ han de haber coincidido con los puntos

sol durante el año en el horizonte” (Guevara,

solsticiales en el horizonte” (Ídem.).

et. al, 2008:139); aparece en la cerámica de

culturas

indígenas

Parece que estos rumbos, como importan-

Paquimé, (1060-1340 d.C.), así como en los

tes referencias espaciales en el cómputo

grabados rupestres del sitio Arroyo de los Mo-

del tiempo, están plasmados también en

nos (Mendiola y Lazcano, 2006). En el caso de

las imágenes en la página 1 del códice Fe-

los sitios de trincheras en el noroeste de Sono-

jervary-Mayer y en las páginas 75 y 76 del

ra la representación del quincunce en el arte

Códice Madrid; ambos dibujos representan

rupestre es común a todos ellos (Amador,

esquemas calendáricos evidentemente co-

2011a).

locados en el plano terrestre, ya que se inLas observaciones astronómicas y su relación con los fenómenos meteorológicos,
las actividades productivas y las prácticas
rituales
Otro camino para evaluar la probabilidad de la

dican los lados cardinales del cielo (norte,
sur, este y oeste), correctamente distribuidos en el espacio; puesto que también se
encuentran marcadas las direcciones inter-

observación astronómica sistemática entre los

cardinales, éstas probablemente corres-

grupos Trincheras sería el de contrastarla con

ponden a los puntos solsticiales (Ídem.).

las prácticas mesoamericanas y de otros gru-

Tanto en el caso del sitio Four Pillars, en la lo-

pos del Noroeste/Suroeste, desde el punto de

calidad de Twin Buttes, cerca de la ciudad de

vista de una probable analogía, y establecer,

Phoenix, como en el caso de La Proveedora,

así, su lugar en relación con el conjunto de

aparecen representaciones del quincunce en

prácticas a las que tradicionalmente ha estado

los grabados rupestres. Las observaciones

vinculada: la coordinación del calendario con

realizadas por Todd Bostwick en el curso de
28

las actividades productivas, la periodicidad de

vimientos solares a lo largo del año: la gran

las temporadas de lluvia de las que dependían

mayoría de las terrazas se sitúan sobre la la-

las cosechas, los ciclos de las plantas silves-

dera norte. Todos estos elementos sugieren

tres alimenticias y de los animales de presa; y

tanto la aplicación práctica como un probable

la relación del calendario y los ciclos producti-

uso religioso de cierto tipo de observaciones y

vos con el ritual.

conocimientos astronómicos y podrían ser indi-

La observación de los cuerpos celestes,

cadores de expresiones de su cosmovisión en

que permite computar el tiempo y, por tanto,

la cultura material. Al interior de esa cosmovi-

predecir los cambios estacionales en la na-

sión, el simbolismo de los cerros y lugares ele-

turaleza, llegó a ser particularmente nece-

vados debió haber jugado un papel fundamen-

saria en el origen de la agricultura, ya que

tal y estaría estrechamente relacionado con los

este modo de subsistencia requiere el debi-

fenómenos astronómicos observados y siste-

do ordenamiento y la planeación de las la-

matizados dentro de un sistema de categorías

bores en el ciclo anual. Por consiguiente,

cosmológicas.

los conocimientos astronómicos ofrecían

La observación de los astros resultó, por

una ventaja adaptativa a la sociedad que

una parte, en una serie de conocimientos

contaba con mejores especialistas en la

exactos. Por la otra, el orden celeste, por

materia, puesto que posibilitaban una eco-

parecer invariable y perfecto, llegó a consi-

nomía más eficaz; es por ello que la astro-

derarse superior al orden terrenal y huma-

nomía adquirió gran importancia en los es-

no; esta noción dio origen a una enorme

tados tempranos, contribuyendo a la legiti-

variedad de mitos que explican el orden

mación del poder del estrato gobernante.

universal y a creencias según las cuales los

En este sentido, las civilizaciones prehispá-

acontecimientos en la Tierra se ven afecta-

nicas de Mesoamérica no representan nin-

dos por los fenómenos observados en el

guna excepción (Šprajc, Op.cit.:274).

cielo. Ambas clases de ideas y representa-

Otros aspectos, aparentemente más simples

ciones […] están en un determinado grupo

parecen dar cuenta de este tipo de observacio-

social íntimamente relacionadas entre sí y

nes en el Cerro de Trincheras como la cons-

articuladas en un todo relativamente con-

trucción de las terrazas habitacionales y agrí-

gruente; forman parte de una visión estruc-

colas en las zonas de menor insolación, lo que

turada del universo, es decir, de la cosmo-

implicaba la cuidadosa observación de los mo-

visión (Ibid.:274-275).
29

Este tipo de asociación entre el simbolismo mi-

para que los preparativos rituales puedan

tológico y los fenómenos astronómicos obser-

llevarse a cabo, de manera apropiada y

vados, parece haber estado presente en otros

puedan intercalarse, adecuadamente, las

sitios de la región (Noroeste/Suroeste) y ha si-

ceremonias solares con las lunares. Típi-

do estudiada ampliamente, desde la perspecti-

camente, el ciclo ceremonial se extiende a

va de la astronomía cultural. Según Michael

lo largo del año y las observaciones sola-

Zeilik, las diversas funciones que cumplían las

res y lunares, conducidas por los oficiales

observaciones astronómicas entre los grupos

religiosos apropiados, definen el momento

pueblo ancestrales dieron origen a tres méto-

de los rituales, que se presentan en una

dos diferenciados para observar los fenómenos

secuencia tal que, el fin de una ceremonia

astronómicos:

marca el inicio de la siguiente (Zeilik,

En general, debemos distinguir entre los

Op.cit.:202-203 [traducción nuestra; cursi-

propósitos astronómicos y las prácticas

vas en el original]).

astronómicas (que se derivan de esos

También referido al caso de los grupos pueblo,

propósitos). En el contexto pueblo del

Parsons explica que el calendario ritual estaba

Suroeste, la astronomía sirve a los

basado en las observaciones lunares y sola-

propósitos de establecer y validar: 1) di-

res, siguiendo el principio de que una ceremo-

recciones sagradas y patrones cósmi-

nia debía ser seguida por otra, en un orden

cos, 2) mitología cósmica, 3) ciertos si-

bien definido, previamente fijado, orden que

tios rituales y templos, 4) el calendario

también estaba en función del ciclo económico

ritual y el agrícola, y 5) las fechas para

estacional: agrícola, del tejido, de la guerra, de

la caza y la recolección. Estas finalida-

la caza y de la construcción de casas y edifi-

des deseadas propiciaron el desarrollo

cios (1996:493).

de calendarios de horizonte, marcadores

Entre los sitios del Suroeste con fenómenos

de luz y sombra, y contadores de fases

astronómicos estudiados y bien definidos po-

lunares para registrar el calendario. La

demos citar los siguientes: el Cañón del Chaco

principal tarea de la observación del ca-

en Nuevo México (Sofarer, 2007 y Sofarer, et.

lendario se centra en los métodos para

al. 2008), Shaw Butte y South Mountain en las

anticipar las fechas de las festividades.

cercanías de Phoenix, Arizona (Bostwick y Ba-

Las ceremonias de los pueblo deben

tes, 2006; Bostwick y Krocek, 2002; Bostwick y

anunciarse con anticipación suficiente

Plum, Op.cit.).
30

En el primer caso, Sofarer afirma que la gente

tado alineada con la salida del sol en el solsti-

de Chaco, que habitó la árida cuenca de San

cio de invierno y la puesta del sol en el solsticio

Juan, en Nuevo México, entre el 850 y el 1130

de verano” (Bostwick y Plum en línea). Sobre

d.C., desarrolló una elaborada forma de regis-

la cara plana de la roca se grabaron 13 círcu-

trar y conmemorar los ciclos solares y lunares,

los con marcas de puntos sobre ellos, distribui-

por medio de diversas formas: 1) mediante la

dos de forma espiral, los autores creen que el

alineación astronómica de importantes edificios

número de los círculos puede referirse al ca-

con las posiciones extremas y medias de los

lendario de 13 meses lunares de los o‟odham y

ciclos solar y lunar (construcciones que pare-

que los solsticios se registraban a través de un

cen haber tenido una función fundamentalmen-

sistema de sombras y cuchillas de luz, proyec-

te ritual); 2) a través de la orientación del Gran

tadas sobre los grabados, durante esos dos

Camino del Norte; 3) en el caso del sol, por el

eventos. La presencia de petrograbados y

registro de un sistema de sombras y de rayos

orientaciones astronómicas de estructuras pa-

de luz, proyectados sobre un grabado rupestre

recen confirmar la función de observatorio del

en forma de espiral, durante los solsticios, y

sitio (Bostwick y Plum en línea). Acerca de las

sobre una doble espiral en los periodos inter-

observaciones lunares puedo agregar que en

medios (equinoccios); en el caso de las posi-

el cerro de La Proveedora del noroeste de So-

ciones extremas del ciclo lunar de 18.6 años,

nora, encontramos una roca con petrograba-

por un sistema de sombras proyectadas sobre

dos en forma de puntos circulares que pueden

un grabado espiral (Sofarer, et.al., 2008:xiii-xv).

referirse a observaciones del mes lunar (Fig.

En el segundo caso, Todd W. Bostwick y Stan

5).

Plum reportan un sitio elevado en la cuenca de

En el tercer caso, South Mountain Park, se en-

Phoenix que, debido a su ubicación y a la pre-

contraron también los tipos cerámicos dia-

sencia de restos de los tipos cerámicos dia-

gnósticos hohokam de los periodos Colonial y

gnósticos de los periodos Colonial y Sedentario

Sedentario Temprano (850-1050 d.C.). Bost-

Temprano (850-1050 d.C.), se ha atribuido a

wick y Krocek reportan en el sitio, una multipli-

los hohokam. Se caracteriza por una estructura

cidad de dispositivos culturales, diseñados pa-

de muros en forma oval (23 x 29m.), hecha con

ra un registro calendárico preciso de los solsti-

piedras sobrepuestas sin argamasa, mide 1m

cios, ya sea por observaciones de alineaciones

de alto y 1m de grueso. En su interior, una roca

de los paneles grabados con la salida y puesta

de 1.4 x 1.8 x 0.75 m, situada al centro, “ha es-

del sol, como por fenómenos de luz y sombra,
31

proyectados sobre los paneles de grabados en

cursivas en el original]).

las fechas definidas. Dentro del sitio destaca,

En el caso del Cerro de La Proveedora en el

en particular, Four Pillars, donde los dos tipos

desierto de Sonora, podemos destacar una es-

de fenómenos: alineación con paneles graba-

tructura de muros de piedra sin argamasa que

dos y proyección de luces y sombras sobre

se construyó sobre la cima norte (Fig. 7). El

ellos, se pueden observar con claridad y fueron

conjunto de la estructura imita un diseño que

registrados a lo largo de cuatro años de obser-

aparece repetido numerosas veces en los pe-

vación

trograbados. La estructura mide 52 x 21 m. y

sistemática

(Bostwick

y

Krocek

2002:192-198).

tiene una forma hexagonal alargada con dos

Podemos concluir que la astronomía cultural,

entradas. La que se encuentra en el lado norte

que implicaba cuidadosas observaciones as-

mira hacia el este y la que se encuentra en el

tronómicas, formas específicas de registrarlas,

lado sur mira hacia el oeste. Los accesos norte

personas especializadas, encargadas de llevar

y sur son angostos y están asociados con pe-

a cabo estas actividades, una relación directa

queños muros de piedra cuadrangulares que

del calendario con el ritual y con las activida-

se cierran hacia el interior. El desplante arqui-

des productivas, era común al noroeste/

tectónico representa, imita o asemeja una figu-

suroeste y a Mesoamérica. Sin embargo, vale

ra en forma de doble “C” encontrada que em-

la pena destacar las diferencias más definidas

bona una dentro de la otra

para presentar un panorama más preciso. De

Medina, 2007).

acuerdo con Michael Zeilik:

Sostenemos la hipótesis de que la utilización

(Amador y

Una comparación general de las prácticas

de este recurso morfológico poseía un signifi-

de los pueblo históricos, al contrastarse

cado simbólico bien definido. Es probable que

con las actividades de los mayas y de las

la forma y la posición de esta estructura arqui-

culturas del centro de México mostraría

tectónica tuvieran la función de reforzar un ras-

que el suroeste carecía de: 1) calendarios

go cultural de identidad grupal, que sería des-

escritos, 2) un sistema numérico de cuen-

tacado tanto por el simbolismo de la forma ge-

ta larga, 3) calendario ritual de 260 días,

ométrica del muro como por el del cerro y el de

4) atención detallada a las conjunciones

su posición sobre la cima (Ídem.). Desde el in-

de Venus, 5) un sistema de portadores

terior de la estructura de muros se tiene visibili-

del año y 6) pasajes cenitales del sol

dad tanto hacia el este como hacia el oeste,

(Zeilik, Op.cit.:222 [traducción nuestra;

donde se encuentra el Golfo de California, a 70
32

Fig. 7. Estructura de muros en la cima del Cerro
Norte de La Proveedora con orientaciones y observaciones astronómicas, Rossana Quriroz y Calendario de horizonte, Adriana Medina Vidal.

Km. en línea recta, a través de la llanura desér-

y del uso de los dispositivos de Google Earth y

tica, y a 85 Km., siguiendo los ríos Asunción y

del software: Calendar Magic V 15.8 se ha

Concepción. Hacia el este se ubica el valle in-

comprobado que sobre los dos horizontes

mediato al cerro de la Proveedora, en la distan-

(Este y Oeste) se puede observar el ciclo solar

cia lejana se encuentra un macizo de cerros

anual completo (solsticios y equinoccios) en

volcánicos al noreste de Pitiquito y otro perte-

sus salidas y puestas, dando lugar a un calen-

neciente a la región de Altar que pudieron ser-

dario anual confiable (Medina, 2010) (Fig. 7).

vir como calendario de horizonte, sobre el cual

Tanto el tramo sur del muro este como el tra-

se observarían las posiciones del sol naciente

mo norte del muro oeste están orientados en

a lo largo del año (Medina, 2010; Quiroz,

una dirección Norte-Sur casi perfecta y su per-

2012). De la misma manera, el horizonte oeste

pendicular permite definir el eje: Este-Oeste,

es completamente visible desde el interior del

fijado por los muros norte y sur, de esta mane-

muro, permitiendo observaciones de calendario

ra, las orientaciones de los muros están per-

de horizonte de las posiciones solares en el

fectamente bien definidas y constituyen un sóli-

ocaso. A partir de observaciones desde el sitio

do argumento en relación con sus posibles fun33

ciones de observación astronómica. Al respec-

carácter que pudieron asumir tanto las obser-

to queremos citar lo expuesto por Ivan Šprajc

vaciones astronómicas, como de otros fenóme-

sobre las orientaciones de estructuras y la rela-

nos naturales, realizadas por las diversas cul-

ción de dicha orientación con las observacio-

turas del México prehispánico, y sus conse-

nes astronómicas en Mesoamérica:

cuencias para la configuración de las estructu-

Considerando que los edificios normal-

ras arquitectónicas, su relación con el paisaje y

mente tienen plantas aproximadamente

sus funciones rituales. Si bien no se refieren

rectangulares, sus orientaciones pueden

específicamente a la región del noroeste de

describirse con azimuts de las líneas

México, consideramos que existe suficiente

norte-sur o este-oeste, que correspon-

evidencia, como trataremos de demostrar, para

den a uno u otro par de los lados parale-

considerar válidas algunas de sus conclusio-

los del rectángulo. Por lo tanto, la orien-

nes para los casos que estudiamos. La misma

tación de un edificio de planta rectangu-

autora ha propuesto un análisis comparativo

lar contiene, en realidad, cuatro direccio-

sistemático entre los paisajes rituales de los

nes con el potencial significado astronó-

indios pueblo y de los mexicas (Broda, 2004).

mico. Tomando en consideración las

Al respecto y siguiendo a Nowotny y Schaafs-

líneas este-oeste, observamos que la

ma, ha definido una metodología clara, ponien-

mayoría de sus azimuts se encuentran

do de manifiesto que no se trata de comparar

dentro del ángulo de desplazamiento

rasgos aislados, sino de comparaciones que

anual del Sol por el horizonte […] lo que

se refieran “a elementos estructurales relevan-

significa que las orientaciones han de

tes que comparten ambas áreas” (2004:266).

referirse mayormente a determinadas

En función de esas consideraciones, define lo

fechas del año trópico señaladas por las

que entiende por paisajes rituales:

posiciones correspondientes del Sol en

Los paisajes rituales se refieren a la ri-

el horizonte (2000:296).

tualidad que giraba alrededor de las

Desde esta perspectiva, y habiendo estableci-

montañas sagradas, los peñascos, las

do las diferencias específicas entre las tradi-

rocas talladas y los petrograbados. En

ciones mesoamericanas y las del Noroeste/

muchos casos, estos lugares de culto se

Suroeste, me parecen especialmente pertinen-

vinculaban con la astronomía y la obser-

tes algunas de las orientaciones teóricas des-

vación solar. En un sentido más general

arrolladas por Johanna Broda para entender el

se trataba de una geografía a la que sus
34

habitantes le atribuían un carácter sagra-

ma, definición de la temporada de lluvias y de

do, y de un culto a la piedra (2004:270).

la temporada seca; actividades productivas y

A partir de la integración de todos los elemen-

rituales, derivadas del calendario y asociadas

tos descritos hasta ahora, se logra una síntesis

directamente con él. El tercer aspecto define

más compleja que permite contrastar las tradi-

los conceptos cosmológicos que entrarían en

ciones mesoamericanas con las del Noroeste/

juego en relación con los diferentes elementos

Suroeste a partir de categorías bien definidas

de los sitios y de las actividades asociadas.

que se refieren a las relaciones establecidas

En función de que he descrito en detalle las

entre: a) las características de los paisajes ri-

características de los sitios pertenecientes a la

tuales, b) la manera en la cual se vinculan con

Tradición Trincheras, pasaré al análisis de: a)

diferentes tipos de prácticas culturales y c) los

las relaciones de las distintas actividades entre

aspectos de la cosmovisión que se ponen de

sí, b) las relaciones de estas últimas con la

manifiesto en la interacción de ambos (paisajes

cosmovisión y, finalmente, c) un análisis del

rituales y prácticas culturales). Así, podemos

sitio que integre todos los aspectos. En primer

definir el tipo de elemento del paisaje ritual que

término, retomo la manera en la cual Broda

nos interesa analizar, como los cerros, montes

destaca la importancia que en Mesoamérica

y sitios elevados, en general, específicamente,

asumió: “la observación sistemática y repetida

aquellos sitios elevados, con construcciones

a través del tiempo de los fenómenos naturales

que han sido objeto de un trabajo cultural de

del medio ambiente que permite hacer predic-

transformación del paisaje (placecrafting). El

ciones y orientar el comportamiento social de

análisis supone la definición de las característi-

acuerdo con estos conocimientos” (1991:462).

cas del sitio elevado (geomorfología); el tipo, la

Más aún, este tipo de saber daba origen a la

forma, la ubicación, la orientación y las relacio-

formación de especialistas que eran los depo-

nes internas de las estructuras arquitectónicas

sitarios de la función y de la autoridad, tanto

construidas; y su relación con otros aspectos

para interpretar los fenómenos naturales ob-

de intervención cultural sobre el paisaje como

servados, como para definir los tiempos y mo-

el arte rupestre o los relieves tallados sobre las

dalidades que debían adoptar las prácticas ri-

rocas o muros. El segundo aspecto define el

tuales, las actividades productivas y la guerra.

tipo de actividad asociado con el sitio: observa-

En todos estos ejemplos citados podemos ob-

ciones astronómicas y la creación de calenda-

servar la acción decisiva de las estructuras co-

rios que se deriva de estas; predicción del cli-

rrelativas que establecen sistemas de corres35

pondencias entre los distintos órdenes de la

función religiosa: fiestas de petición de lluvia y

realidad: astronómico, biológico y antropológi-

abundancia, por ejemplo. Articulación compleja

co (económico, político, mitológico y ritual). En-

entre magia, ciencia y religión que Malinowski

contramos una explicación semejante a la que

y Lévi-Strauss han demostrado ampliamente

proponen Farmer, Henderson y Witzel en las

(Lévi-Strauss, 1994; Malinowski, 1994) y que

palabras de Clifford Geertz:

podemos constatar en las culturas precolombi-

La percepción de la congruencia estruc-

nas de todo el Continente americano. Esos

tural entre una serie de procesos, activi-

procesos de articulación compleja entre formas

dades, relaciones, entidades, etc., y otra

de vida y cosmovisión pueden ser comprendi-

serie que obra como programa de la pri-

dos en el sentido expuesto por López Austin:

mera, de suerte que el programa pueda

“La cosmovisión es un conjunto estructurado

tomarse como una representación o

de sistemas ideológicos que emana de los di-

programado –un

versos campos de acción social y que vuelve a

símbolo-, es la esencia del pensamiento

ellos dando razón de principios, valores y

humano. La posibilidad de esta transpo-

técnicas […]. Como la cosmovisión se constru-

sición recíproca de modelos para y mo-

ye en todas las prácticas cotidianas, la lógica

delos de que la formulación simbólica

de esas prácticas impregna la cosmovi-

hace posible es la característica decisi-

sión” (1999:16).

va de nuestra mentalidad (1997:92).

Tal como lo destaca Broda, y numerosos estu-

concepción

de

lo

Geertz insiste, además, en que los símbolos y

dios lo confirman el día de hoy, sabemos con

sistemas de símbolos que definen las disposi-

toda seguridad que para las culturas precolom-

ciones religiosas son los mismos que “colocan

binas de América, la observación de la natura-

esas

marco cósmi-

leza incluía conocimientos detallados y siste-

co” (Ibid.:95). A partir de aquí podemos enten-

mas de clasificación bien estructurados acerca

der que la observación sistemática de los di-

de temas que hoy estudian las ciencias moder-

versos procesos naturales influyó en la cons-

nas como la astronomía, la geografía, la clima-

trucción de una cosmovisión, de modo que, co-

tología, la química, la botánica, la zoología y la

nocimientos precisos que tienen funciones

medicina, entre las principales. Las observa-

prácticas, como el calendario y su influencia en

ciones astronómicas eran registradas en ins-

las actividades económicas, se confunden con

cripciones, estelas y textos jeroglíficos; el tiem-

elementos míticos y rituales, que tienen una

po y el espacio eran coordinados con el paisa-

disposiciones

en

un

36

je por medio de la orientación de edificios y si-

lluvias y de los mantenimientos, entre otros

tios ceremoniales; las principales fechas del

muchos de sus atributos. A él estaban dirigi-

curso anual del Sol se fijaban mediante puntos

das, principalmente las ceremonias relaciona-

de referencia en el horizonte, dentro del cual

das con la solicitación de lluvias y cosechas

las montañas jugaban un papel determinante

abundantes. Los rituales de petición de lluvias

(Broda, 1991:463).

ponen al descubierto la relación que existía en-

Encontramos en esta práctica sistemática una

tre los conocimientos que se tenían sobre el

importante homología cultural entre Mesoamé-

ciclo del agua y el esquema cosmológico tri-

rica y el Suroeste/Noroeste: los procedimientos

partito del plano vertical del universo: Cielo-

de alineamiento y orientación de estructuras

Tierra-Inframundo. Veamos, paso a paso,

arquitectónicas coincide con las prácticas me-

cómo se daba esa articulación:

soamericanas, a estas se agregan los fenóme-

El dios mexica Tláloc no era sólo el

nos de proyección de luces y sombras sobre

patrón de la lluvia y de las tormentas, si-

edificios, muros y petrograbados. Junto con

no que también de los cerros; en este

Broda podemos afirmar que es posible estable-

sentido era un antiguo dios de la tierra.

cer una relación sistemática entre la observa-

Se decía que la lluvia procedía de los ce-

ción de los fenómenos naturales, la utilización

rros en cuyas cumbres se engendraban

práctica de esos conocimientos, la cosmovi-

las nubes. Para los mexica las montañas

sión, el calendario y el ritual. En segundo lugar,

eran sagradas y se concebían como dei-

que un aspecto privilegiado en el cual se po-

dades de la lluvia. Se les identificaba con

nen de manifiesto estas relaciones se refiere al

los tlaloque, seres pequeños que produ-

clima y al ciclo agrícola, con los cuales se vin-

cían la tormenta y la lluvia, y formaban el

culan elementos esenciales de la cultura y la

grupo de los servidores del dios Tláloc

cosmovisión: 1) relación con la astronomía; 2)

[…]. Estos aspectos de los tlaloque como

con los fenómenos climatológicos; 3) con los

dioses de los cerros que viven en cuevas

ciclos agrícolas; siendo la preocupación funda-

al interior de la tierra, conectan la natura-

mental la lluvia y la fertilidad (Ibid.:464-465).

leza del dios con el antiguo culto mesoa-

A partir de la Historia general de las cosas de

mericano de la tierra […]. También los

la Nueva España (Sahagún, 1975) y de nume-

tlaloque se vinculan íntimamente con la

rosos documentos y estudios posteriores, sa-

agricultura, y eran considerados los due-

bemos que el dios Tláloc era el donador de las

ños originales del maíz y de los demás
37

alimentos. Los hombres adquirían acce-

los seres acuáticos que habitan en la

so al alimento básico mediante el culto a

oscuridad de las cuevas se ofrezcan al

Tláloc. Se suponía que el maíz, las de-

inicio de la temporada de lluvias. Estos

más plantas comestibles, y las riquezas

cultos son la razón de que, en un amplí-

en general eran guardados en cuevas

simo radio territorial, muchas elevacio-

dentro de los cerros (Broda, 1991:466,

nes topográficas posean nombres de

470 y 471).

profundo

Ya Caso había destacado que, según los mexi-

significado

mítico

(Ibíd.,

2009:17).

cas, el agua de las lluvias se almacenaba en

Hasta donde lo muestran las evidencias mate-

grandes cuevas que había en las montañas y

riales, “los agricultores mesoamericanos imagi-

que ésta brotaba, luego, por los manantiales,

naban que el axis mundi era el motor de los

así, es muy común observar en la escritura je-

procesos de cultivo” (Ibid.:167). A partir de una

roglífica la representación del cerro con una

muy extensa investigación y el estudio exhaus-

caverna llena de agua en su interior; agrega

tivo de las fuentes, los autores proponen un

que “siempre que hay un pequeño cerro aisla-

modelo del cosmos acorde con el pensamiento

do en medio de un valle, se tiene la seguridad

mesoamericano, dentro del cual el Monte Sa-

de hallar restos arqueológicos que demuestran

grado ocupa un lugar fundamental. Sin embar-

el culto al dios de la lluvia” (Caso, 1953:60).

go, no es una estructura estática: es un prota-

López Austin y López Luján (2009) constatan

gonista, un Poder que actúa a través de su

la sobrevivencia de tales tradiciones entre nu-

Dueño, que lo gobierna y es la personificación

merosas comunidades indígenas del presente,

del edificio cósmico. El Dueño “se auxilia en

refiriendo en particular los rituales celebrados

sus funciones de gran cantidad de seres me-

durante el mes de mayo en el oriente de More-

nores que adoptan diversas figuras, principal-

los, frente a una cueva sagrada en el cerro lla-

mente de animales y, entre estos, de serpien-

mado Coatépec, cuyo nombre significa: “en el

tes” (Ibid.:170). De acuerdo con los autores,

cerro de las serpientes” (Ibid.:15).

los principales procesos son: la salida, paso

Las prácticas religiosas pueden variar,

superior, ocaso y paso inferior de los cuerpos

pero es común que los montes conside-

astrales, cuyo arquetipo es el Sol, que define el

rados dispensadores de las aguas reci-

ciclo luz-oscuridad; el paso del tiempo; el ciclo

ban la veneración de los pueblos y alde-

vida-muerte; el de las fuerzas de germinación y

as vecinas, y que los dones agrícolas a

crecimiento; los ciclos del agua, el rayo, las nu38

bes, el granizo y el viento que dividen al año en

cerros, que en su cosmovisión se conec-

la estación de lluvias y la estación seca; y el

taba por vetas subterráneas con el mar.

ciclo del poder (Ibid.:171). A partir de lo ante-

El mar fue concebido como el huey atl,

rior se puede entender que un complejo siste-

“el agua grande”, o ilhuica atl, “el agua

ma ceremonial giraba en torno al Monte Sagra-

celeste” (Sahagún), donde el mar se jun-

do.

taba con el cielo. Esta cosmovisión era

El último elemento en el que nos apoyaremos

muy antigua en Mesoamérica y se halla

para establecer un paralelismo que contribuya

reflejada en multitud de ofrendas por to-

a esclarecer nuestra interpretación de la es-

da el área que la arqueología ha rescata-

tructura cultural del Cerro de Trincheras se de-

do desde el Preclásico. Esa misma cos-

riva de la ritualidad asociada a la relación entre

movisión siguió manifestándose en la

el Monte Sagrado, su Dueño y el poder de éste

gran cantidad de fauna marina enterrada

sobre las lluvias y el sustento. Lo que nos lleva

en las ofrendas del Templo Mayor: su

a una cuidadosa observación de las ofrendas a

simbolismo se explica si recordamos que

Tláloc en el Templo Mayor, construcción que

el mar, para los mexicas, era el símbolo

simbolizaba al Monte Sagrado (Ibíd.). En tal

de la fertilidad absoluta (Broda, 2009:63).

sentido Johanna Broda afirma: “el estudio de

La detallada y cuidadosa investigación de Leo-

las ofrendas en animales marinos me hizo ver

nardo López Luján confirma y amplía este pun-

que la relación de Tláloc con los cerros y el

to de vista, destacando la importancia de las

mar sólo puede entenderse dentro del contexto

ofrendas al dios Tláloc en el Templo Mayor,

más amplio de la cosmovisión prehispánica,

dentro de las cuales son particularmente signi-

según la cual el espacio debajo de la tierra se

ficativas las ofrendas de piedras verdes y fau-

concebía como lleno de agua y existía una co-

na marina: “no existe mucho lugar a discusión

municación subterránea entre los cerros, las

en cuanto al significado acuático y de fertilidad

cuevas y el mar” (Ibid.:479). “El mar era el

de las cuentas de piedra verde y de la fauna

símbolo absoluto de la fertilidad y por esto, los

oceánica” (López Lujan, Op.cit.:54). Así, entre

mexicas enterraron numerosas especies mari-

las ofrendas 18, 19 y 97 se encontraron 392

nas en las ofrendas del Templo mayor de Te-

cuentas de piedra verde, 2,224 caracoles y

nochtitlan” (Broda, 2004:282). De tal manera:

275 conchas, además de fragmentos de coral

Los mexicas atribuían una gran importan-

y del cartílago rostral de pez sierra (Ídem.).

cia al agua almacenada al interior de los
39

Esta asociación o estructura correlativa no es

paisaje, se derivaba un calendario preciso, ínti-

privativa de los mexicas, en el Suroeste, tanto

mamente asociado con la agricultura. El cono-

los zunis como los hopis conciben al mar como

cimiento detallado de otros fenómenos como el

el origen de todas las aguas, y entre éstos últi-

ciclo natural del agua y su relación con el creci-

mos, las conchas, el coral y la turquesa perte-

miento de las plantas eran bien conocidos,

necen a la diosa o Espíritu femenino Huruing

mas, estos conocimientos, lejos de expresarse

Wuhti (Courlander, 1987:32). Tal descripción

en un lenguaje como el científico de hoy en

coincide con lo relatado por Parsons, quien re-

día, eran expresados por medio de un discurso

fiere que los hopis llaman “La Mujer del Ama-

mitológico, pues era la religión la forma de

necer” a un ser femenino que vive bajo el agua

pensamiento que articulaba todos los órdenes

y que se puede identificar con Huruing Wuhti,

de la realidad.

La

Duras

La expresión religiosa de estos fenómenos da-

(Op.cit.:177). Así, resultan fuertemente signi-

ba origen a un conjunto de prácticas rituales,

ficativas tanto la manera de concebir al mar

encaminadas a asegurar las lluvias suficientes

dentro del esquema cosmológico, como la aso-

y adecuadas para los cultivos, el ritual era una

ciación manifiesta, en las tradiciones orales de

petición de abundancia, orden y armonía. En

los grupos pueblo, entre la turquesa, las con-

todas las regiones, del Suroeste a Mesoaméri-

chas marinas, el coral y una diosa acuática o

ca, el ciclo de fiestas comienza antes del inicio

Espíritu femenino acuático, estableciendo la

de la estación de lluvias, variando las fechas

posibilidad de un importante paralelismo con

de acuerdo a las tradiciones de cada grupo, las

las tradiciones nahua-mexicas. Parece claro

características regionales de la estación de llu-

que los atributos de Huruing Wuhti correspon-

vias y de los tiempos de siembra y cosecha; el

den a los de la diosa nahua Chalchiuhtlicue, en

ciclo de fiestas culmina después de la cosecha

su advocación de diosa de las aguas terrestres

con ceremonias, alrededor del solsticio de in-

y marinas, así como en su asociación con la

vierno, en las cuales se da gracias por los bie-

piedra verde, dado su nombre “La de la falda

nes recibidos y se inicia la petición de lluvias

de jade”.

para el ciclo siguiente.

A partir de todo este conjunto de premisas po-

Cuenta Lumholtz que entre los wixaritari, por

demos concluir que de la observación sistemá-

ejemplo: “Durante la estación seca y parte de

tica de los astros, a la cual estaban asociados

la húmeda, es decir desde el principio de abril

importantes aspectos de la arquitectura y el

hasta fines de agosto, celebran los huicholes

Mujer

de

las

Substancias

40

constantes fiestas para que llueva” (2006:16).

gicas entre las tierras tropicales al sur, y

En otra obra explica que el principio activo de

la árida Oasisamérica, al norte, todas las

la religión de los huicholes “es el deseo de pro-

cuales dependían de las estaciones de

ducir lluvia, lo cual permite abundantes cose-

lluvias. Las cosmolo-gías que definen

chas de maíz, su principal alimento. Considero

los paisajes culturales y los rituales que

que ésta es una característica común a las tri-

aseguran buenas lluvias se vinculan ide-

bus agrícolas del continente. En primero y en

ológicamente en todo ese territorio, a

último lugar, el agua es el punto central de to-

pesar de sus distintas expresiones loca-

das sus ceremonias, el núcleo de sus pensa-

les. El mundo conceptual “panameri-

mientos” (Lumholtz, 1986:49). Los ejemplos

cano” sobre la lluvia, como todo sistema

son muy numerosos tanto en la etnografía del

simbólico, condensa significados y se

occidente y norte de México, como en la del

vincula a elementos que, a primera vista,

suroeste de Estados Unidos, no se diga en el

parecerían ajenos a él. Numerosas dei-

caso del área de tradiciones mesoamericanas,

dades telúricas y ancestrales se relacio-

donde muy probablemente tienen una antigüe-

nan con los cultos a la lluvia (Scha-

dad mayor.

afsma, 2009:48).

Sobre la pertinencia de esta aproximación al

Apoyando este análisis comparativo entre tra-

problema y su validez para las tradiciones cul-

diciones mesoamericanas y del Suroeste po-

turales del suroeste de Estados Unidos, Polly

demos referirnos a los hopis, de los cuales

Schaafsma sostiene que:

existen suficientes registros etnográficos que

La lluvia fue fundamental para la supervi-

acreditan fehacientemente la relación entre la

vencia de los agricultores del Suroeste

observación por especialistas rituales (ta’ wa

estadounidense, quienes cultivaron maíz

mongwi) del movimiento anual del sol sobre un

en un entorno árido; las peticiones a los

calendario de horizonte, la definición de las fe-

seres sobrenaturales que las controla-

chas para la realización de las tareas agríco-

ban fueron también indispensables para

las, la preparación y realización de las diferen-

que las cosechas prosperaran. Las ideas

tes fiestas asociadas con el ciclo agrícola y con

sobre el origen de la lluvia son similares

las consecuentes peticiones de lluvia y buena

en las sociedades agrícolas de Meso-

cosecha (Broda, 2004; Forde ,1931 y 1966;

américa y el Suroeste de los Estados

Fewkes, 2000; Iwaniszewski y Vigliani, 2009;

Unidos, y traspasan las fronteras ecoló-

Parsons, Op.cit.; Zeilik, Op.cit.).
41

El esquema cosmológico tripartito juega un pa-

tuales deben dirigirse. Refiriéndose a los mexi-

pel esencial dentro de estos rituales, pues se

ca, Broda, concluye:

cree que el lugar del agua es el Inframundo,

El culto a los dioses de la lluvia reflejaba la

que el agua sube, a través de la Tierra, hacia

observación de los ciclos meteorológicos

el Cielo, por las fuentes naturales, los cerros y

anuales, la división básica en la estación

los montes, así, forma las nubes, de donde se

de secas y de lluvias, el ciclo del creci-

precipita hacia la Tierra, penetrando en ella y

miento del maíz, así como el papel de los

descendiendo al Inframundo, donde el ciclo se

cerros como generadores de nubes y llu-

reinicia. En el Inframundo, todas las aguas

via. Por eso los mexicas invocaban a los

están interconectadas y se unen con el mar.

cerros, y Tláloc como dios de los cerros

En ese sentido, la deidad o deidades y espíri-

controlaba ese proceso. Los mexicas vi-

tus que habitan en los cerros, en el Inframundo

sualizaban el ciclo hidrológico de la gene-

acuático y en el mar, juegan un papel funda-

ración de las nubes, la lluvia que cae del

mental en producir las lluvias y la abundancia

cielo y nuevamente su evaporación desde

de alimentos. Entre los wixaritari (huicholes),

la tierra (Broda, 2009:63).

Tatei Haramara (Nuestra Madre Mar) y las dio-

Lo interesante es que este sistema simbólico

sas del agua, quienes son también considera-

de representación del ciclo del agua, tal como

das como serpientes, son entidades sagradas

hemos venido mostrando, no es privativo de

a las cuales se les pide lluvia y una buena co-

Mesoamérica, lo encontramos también en el

secha (Fresán, 2002:24).

noroeste de México y el suroeste de los Esta-

Entre los zunis encontramos una concepción

dos Unidos. El pensamiento de los grupos pue-

muy semejante del Inframundo acuático. “Los

blo lo representa con toda claridad:

zunis creen que bajo la tierra circular se en-

El agua, que es totalmente importante, pro-

cuentra un sistema de vías fluviales que final-

viene del Inframundo (que es también el

mente se comunican con los océanos, los cua-

lugar de origen de la gente y el lugar al cual

tro océanos circundantes. Los manantiales y

su espíritu retorna, después de la muerte).

los lagos son las aberturas de ese siste-

El agua emerge del Inframundo a través de

ma” (Parsons, Op.cit.:213). Como podemos

los manantiales, en las tierras bajas o de

ver, este esquema, además de explicar el ciclo

las montañas, para ser captada por las nu-

del agua, permite definir las entidades sagra-

bes [en el Cielo]. Después de ser usada en

das que intervienen en él y a las cuales los ri-

este mundo [la Tierra] el agua regresa al
42

Inframundo para completar el ciclo, que es

arte rupestre de los estilos Mimbres y Jornada

delicado. Los indios pueblo hacen un peno-

Mogollón que definiría un estrecho vínculo en-

so esfuerzo para asegurar que sus pensa-

tre Mesoamérica y el Noroeste/Suroeste:

mientos y sus acciones contribuyan a man-

En el arte rupestre del suroeste de Estados

tener el ciclo y no a menguarlo (Phillips,

Unidos encontramos seres sobrenaturales

Van Pool y Van Pool, 2006:18 [traducción

donadores de lluvia, entre ellos una figura

nuestra]).

con anteojeras y los atributos del Tláloc me-

Las semejanzas incluyen numerosos detalles,

soamericano. Se encuentran figuras de

como los descritos por Schaafsma:

Tláloc en la mayor parte de los sitios Mim-

Así como ocurre en México con Tláloc y

bres y Jornada Mogollón, al sur de Nuevo

sus asistentes, los tlaloques, las kachinas

México y en lugares aledaños de Texas y

de los pueblo están asociadas tanto con los

Chihuahua, que van desde 1050 hasta 1400

cerros, alrededor de los cuales se forman

d.C., aproximadamente. Se han encontrado

las nubes y la bruma, como con el reino del

también efigies de madera y piedra en las

inframundo acuático, al cual se accede por

cuevas de esa zona. Se cree que esta ver-

la vía de los manantiales y lagos, lugar

tiente del suroeste estadounidense sobre

donde los muertos retornan. Esto último

Tláloc está estrechamente relacionada con

sugiere una afiliación con Chalchiuhtlicue,

los seres sobrenaturales enmascarados que

la contraparte femenina de Tláloc. Ciertos

hoy en día se conocen entre los indios pue-

manantiales y lagos son considerados co-

blo como kachina, y que son considerados

mo el sipapu, o lugar donde la humanidad

la manifestación corpórea de los ancestros

emergió a la superficie de la tierra. Se con-

que habitan el inframundo y retornan al

sidera que todas estas fuentes acuáticas

mundo de sus descendientes como nubes

terrestres están interconectadas bajo la tie-

que regarán sus sembradíos (Schaafsma,

rra (1999:173 [traducción nuestra]).

2009a:48-49).

Confirmando la asociación descrita entre el

Entiendo que en cada cultura el esquema cog-

simbolismo de los cerros y lugares elevados,

nitivo acerca del ciclo del agua tiene connota-

las ceremonias de lluvia, el esquema cosmoló-

ciones específicas y desarrollos particulares,

gico tripartito y los seres sagrados, propiciado-

que varían de una región a otra y se transfor-

res de la lluvia, Polly Schaafsma describe la

man con el paso del tiempo, gracias a la activi-

conjunción de estos elementos en sitios con

dad de los agentes sociales. Tomando en
43

cuenta estos factores de variabilidad, estoy

poseen valores espirituales:

convencido de que, a partir de estos supues-

Según los estudios etnográficos en diver-

tos, se pueden explicar con mayor claridad as-

sos grupos como los pima, tepehuanos,

pectos sustantivos de la Tradición Trincheras y

seri, cora y huichol, los cerros poseen una

su expresión en la estructura y función de im-

diversidad de valores espirituales, sirven

portantes elementos de su arquitectura y de la

como casas de seres sobrenaturales, luga-

ubicación y contenido del arte rupestre. A

res sagrados para casas de dios y templos,

través del análisis comparativo sistemático,

espacios para depositar o proteger objetos

hemos podido establecer la co-presencia de

sagrados, puntos de partida para viajes ini-

elementos compartidos en cuanto a los paisa-

ciativos, puntos visibles para delimitar terri-

jes rituales -en particular, cerros y sitios eleva-

torio y como cementerios, son el origen de

dos-, las prácticas culturales realizadas en aso-

las nubes, del viento y del agua. Asimismo,

ciación con ellos y los conceptos cosmológicos

los cerros sirven como locaciones prescri-

que los dotan de sentido, entre tradiciones me-

tas para rituales (Ídem.).

soamericanas y del Noroeste/Suroeste.

No está de más insistir en que los valores espirituales que los autores asocian con los cerros

Cerros de Trincheras: estructuras arquitectónicas, prácticas culturales y cosmovisión
Como hemos visto, los cerros de trincheras

y que son propios de los grupos indígenas del

son un sello cultural distintivo del noroeste de

tales, con los principales atributos del Monte

Sonora -aunque el fenómeno tiene una escala

Sagrado que destacan López Austin y López

transregional (Fish, Fish y Downum, 1991; Fish

Luján, después de su exhaustiva revisión de

y Fish, 2007). Suzanne K. Fish y Paul R. Fish

documentos, monumentos, códices y testimo-

sostienen, como hipótesis principal, que “los

nios (antiguos, coloniales y modernos), perte-

conceptos ideológicos fueron centrales en el

necientes a las tradiciones mesoamericanas

emplazamiento, forma y distribución de mu-

(2009).

chos [cerros de trincheras]” (2007:148). Se re-

Además de los elementos referidos que vincu-

fieren a lo que yo llamaría conceptos religio-

lan los cerros de trincheras con tradiciones me-

sos, para lo cual apelan a registros etnográfi-

soamericanas, una geografía cultural los ubica

cos de distintos grupos que han habitado el

“en el límite norteño de un continuum de cerros

Noroeste, quienes consideran que los cerros

terraceados que llega hasta el sur de México,

Noroeste/Suroeste, hablantes de lenguas yutoaztecas, coinciden, en sus núcleos fundamen-

44

los conceptos prehispánicos sobre los cerros

que definía roles sociales y relaciones a través

en el Noroeste/Suroeste seguramente han teni-

de su presencia y su uso en el ritual. En se-

do influencia de la esfera ideológica mesoame-

gundo lugar, que los actores sociales del Noro-

ricana” (Fish y Fish, Op.cit.:148-149). Desde

este/Suroeste tenían conocimiento de las

esa perspectiva, los autores entienden a los

prácticas mesoamericanas y que este punto de

cerros de trincheras como “elementos de un

partida mesoamericano es fundamental para

paisaje construido, expresando conceptos que

comprender el significado que los objetos y las

incluían tanto a los elementos naturales como

estructuras tenían en el contexto cultural del

a las formas arquitectónicas simbólicas” (Fish y

primero (Ibid.:229). Este enunciado implica

Fish, 2007:149). Al afirmar la existencia de un

aceptar que la adopción de las prácticas y ob-

continuum de cerros terraceados que unen el

jetos de origen mesoamericano y el conoci-

Noroeste/Suroeste con prácticas culturales y

miento de su significado por los actores socia-

conceptos provenientes de Mesoamérica, coin-

les del Noroeste/Suroeste implicaba que las

ciden de manera importante con Ben Nelson

ideas de la cosmovisión mesoamericana que

(2007), cuando éste afirma que los cerros de

estaban estrechamente vinculadas con el tipo

trincheras, junto con los juegos de pelota y los

de construcción arquitectónica y el uso de ob-

montículos son una más de las intrigantes for-

jetos rituales no eran ignoradas y debieron de

mas arquitectónicas, presentes en el Noroeste/

ser adoptadas, también, con pleno conocimien-

Suroeste,

to, por los grupos del Noroeste/Suroeste.

derivadas

de

Mesoamérica

(Ibid.:229). De acuerdo con Nelson, si a los

Como sabemos, montículos, juegos de pelota

elementos arquitectónicos descritos, añadimos

y cerros de trincheras funcionaban como mo-

otros objetos como las campanas de cobre, las

numentos, de tal suerte, resulta pertinente re-

trompetas de concha de caracol, las figurillas

flexionar sobre su función. Nelson responde

antropomórficas de barro y los espejos, nos

que los monumentos son estructuras que tie-

hallamos frente a un fenómeno de importación

nen la intención de destacar el significado de

cultural que exige una explicación (Ídem.).

ciertos lugares y sucesos de importancia dura-

De acuerdo con él, abordar el asunto adecua-

dera, su presencia continua funciona como un

damente exige definir con claridad algunos pre-

recordatorio

supuestos. En primer término, asumir que to-

(Ibid.:230). En su carácter mnemónico, porta-

dos estos ítems estaban asociados con prácti-

dor de valores que deben reforzarse y como

cas significativas que jugaban un papel central

elemento que perdura en el tiempo, su signifi45

constante

de

su

significado

Cado sirve para orientar las prácticas colecti-

comparativo debe incluir el tipo de semejanza,

vas y extender la memoria social, más allá de

lo que nos lleva a poner atención a los medios

la duración de las vidas individuales (Ídem.).

empleados para dar forma a la monumentali-

De ahí que los monumentos se construyan con

dad: construcciones, elementos que enaltez-

materiales duraderos y su tamaño, ubicación,

can la forma, espacios abiertos, elementos que

forma y color potencien su efecto de atraer la

unan e integren las partes del conjunto. Para

atención hacia determinados lugares (Ídem.).

evaluar estos aspectos debemos poner aten-

Los constructores de monumentos evocan lo

ción a aquellos relacionados con las dimensio-

sobrenatural al construir estructuras que van

nes, la durabilidad, la variedad de construccio-

más allá de lo ordinario (Ídem.). La estrategia

nes y la energía consumida en su construcción

de origen mesoamericano de transformar las

(Ídem.). Las semejanzas tendrán que ser clara-

cimas de los cerros que dominan el paisaje cir-

mente visibles en la arquitectura de paisaje y

cundante en sitios ceremoniales sagrados de

resonar simbólicamente junto con los otros ele-

carácter monumental se desplegó en los cerros

mentos de un medio ambiente construido artifi-

de trincheras de Sonora con esos probables

cialmente (Ídem.).

significados y funciones.

Volvemos ahora a los casos particulares de

Para que las características de los sitios me-

Sonora para contrastar estas perspectivas

soamericanos construidos en las cimas de los

heurísticas con la configuración de las estruc-

cerros sean comparables con los cerros de

turas locales. A partir de su recorrido de super-

trincheras de Sonora, Nelson propone ciertos

ficie, Suzanne K. Fish y Paul R. Fish (2007)

parámetros. Destaca, primero, que la continui-

encontraron un conjunto de sitios en la cuenca

dad en los cerros terraceados no se da sobre

del Magdalena, con vestigios de ocupación en

la costa del Pacífico, que fue una ruta suma-

los cerros, a una distancia máxima del Cerro

mente importante de intercambio cultural entre

de Trincheras de 10 Km. y mínima de 0.75,

los grupos del Occidente, Noroeste y Suroeste,

conjunto que llamaron heartland o núcleo trin-

sino en el interior de México, a partir de la tra-

cheras, para el cual definieron dos periodos de

dición Malpaso-Chalchihuites de Durango, Za-

ocupación: Cerámico Temprano y Fase El Ce-

catecas y noreste de Jalisco, y los sitios de ca-

rro. La primera corresponde a la fase de las

racterísticas semejantes, ubicados en el sur de

cerámicas diagnósticas del Complejo Trinche-

Zacatecas, Jalisco y Guanajuato (2007:232).

ras (200-1300 d.C.), con un primer tipo de lisa

En segundo lugar, propone que el parámetro

en el cerámico temprano inicial y, posterior46

mente, nuevos tipos lisos y las cerámicas de-

estén relacionados conceptualmente con los

coradas correspondientes: Trincheras Púrpura

elementos especiales que se ubican en un

sobre Rojo y Trincheras Púrpura sobre Café.

área formal en la cima del Cerro de Trinche-

La fase El Cerro (1300-1450 d.C.) corresponde

ras” (Ibid.:151[cursivas en el original]).

a la ocupación principal del Cerro de Trinche-

Concluyo, así, que debe de haber existido un

ras, durante la cual, prácticamente desapare-

simbolismo mítico-ritual atribuido a las estruc-

cen las cerámicas decoradas diagnósticas.

turas en las cimas, compartido tanto por es-

Los tipos de elementos arquitectónicos más

tructuras como El Caracol, ubicado en la cima

destacados y extendidos en los cerros secun-

del Cerro Trincheras, como por las estructuras

darios, asociados al Cerro de Trincheras, al

de muros (corrales y círculos de piedra) que se

que los autores atribuyen una función ritual,

ubican en las cimas de los cerros que rodean

fueron los llamados corrales y círculos de pie-

al Cerro Trincheras. Habría, así, una homolog-

dra, que aparecen en las cimas de éstos. Los

ía funcional, de simbolismo de la forma y del

corrales se encuentran siempre en la cima del

paisaje para todas las estructuras de muros

cerro, tienen formas predominantemente elip-

construidas sobre las cimas de los cerros de

soidales y circulares, aunque los hay también

trincheras de la cuenca del río Magdalena. La

de forma cuadrangular, tienen una estructura

coincidencia se daría tanto en su ubicación en

de muro de piedras sobrepuestas, sin mortero,

las cimas, como en sus formas predominantes:

su altura varía, de cerro a cerro, entre los 40 y

a) circulares o elipsoidales concéntricas, en los

150 cm., y su diámetro varía entre los 13 y los

cerros periféricos y b) en espiral, semejante al

24 m (Ibid.:150-151) (Fig.2). Coincido con los

caracol, en el caso del Cerro de Trincheras,

autores cuando afirman que les parece signifi-

cuya estructura de muros, observada desde

cativo que en el valle del río Magdalena, en los

una vista aérea, imita el corte transversal de

cerros de trincheras, los corrales y los círculos

una concha de caracol marino.

de piedra sean “el elemento arquitectónico más

Por mi parte, propongo que esas estructuras

común y, a la vez, el más persistente que se

cobrarían sentido en relación con los concep-

construyó en todas las épocas en las cimas de

tos cosmológicos y calendáricos, anteriormen-

los cerros” (Ibid.152). “Las semejanzas tanto

te explicados, principalmente, las observacio-

en forma como en ubicación podían ser indica-

nes astronómicas y su relación con el calenda-

tivas de que los corrales y los círculos de pie-

rio, la agricultura y la importancia concedida a

dra en los cerros de trincheras secundarios,

los cerros y sus agentes mágico-religiosos en
47

el ciclo del agua, como propiciadores de la llu-

occidente y noroeste de México, así como del

via y la abundancia. No es necesario subrayar

suroeste de los Estados Unidos, existen pro-

la importancia del agua en estos sitios áridos,

fundas semejanzas de forma y significado en

de escasas precipitaciones pluviales, sobre to-

las ceremonias de petición de lluvias que pre-

do para culturas con una fuerte impronta agrí-

ceden y acompañan a la siembra del maíz,

cola. De ahí, el tipo de ritual al que podían

compartiendo importantes elementos: el tipo

haber estado asociados serían los rituales del

de ofrendas, entre las que destacan los basto-

ciclo agrícola, en particular, con la fiesta de pe-

nes de rezo con plumas, las referencias a los

tición de lluvias, realizada en la fecha del solsti-

rumbos del universo y a los mitos de origen, la

cio de verano. Entre los tohono o‟odham, por

importancia de los cerros y montañas para el

ejemplo, se lleva a cabo entre el 22 y el 24 de

ritual, la participación de especialistas rituales

junio, fecha inmediatamente anterior al inicio

que propician la lluvia y las danzas comunita-

de las lluvias en la región, con una cacería ri-

rias propiciadoras. Así, por ejemplo, entre los

tual del venado (Galinier, 1997; Paz Fraire,

grupos o‟odham y los grupos pueblo, Parsons

2010).

ha descrito extensas y muy importantes seme-

De ser válidas las analogías etnográficas, la

janzas en los procedimientos rituales entre las

fecha de la fiesta de petición de lluvias haría

que destacan el tipos de especialista ritual y

pertinente la función de la estructura de muro

sus nombres (sivanyi y shiwanni, respectiva-

en forma de “V”, en la cima del Cerro Trinche-

mente), el tipo de objetos utilizados en el ritual,

ras, que marca el punto de observación de la

las orientaciones hacia los cuatro rumbos, du-

salida del sol en el solsticio de verano y permi-

rante el ritual, la importancia de los lugares ele-

te fijar con anticipación la fecha para realizar la

vados para la ceremonia y los tipos de danzas

ceremonia. De manera semejante, la fiesta ce-

realizadas (Parsons, Op.cit.:998).

lebrada en el solsticio de invierno por los distin-

Como hemos podido ver, el contraste de los

tos grupos o‟odham, en la cual se relatan los

datos arqueológicos con lo registrado por la

mitos de origen y se dan gracias por los bienes

etnografía y la etnohistoria nos permite propo-

recibidos, haría pertinente la función del muro

ner escenarios hipotéticos que contribuyen a la

en forma de “V” que marca el punto de obser-

comprensión de los posibles significados atri-

vación de la salida del sol en el solsticio de in-

buidos las estructuras culturales del Complejo

vierno.

Trincheras. Desde el punto de vista de los

Entre los grupos lingüísticos yuto-aztecas del

parámetros definidos anteriormente para pro48

poner una comparación sistemática entre los

ras y anillos es una característica bien definida

rasgos culturales de los cerros de trincheras y

de la Tradición Trincheras. Más aún, algunas

las construcciones mesoamericanas sobre los

de las estructuras de muros en las cimas tie-

cerros presentaremos un análisis de conjunto y

nen una forma casi idéntica a los anillos

de los rasgos significativos, uno por uno.

hechos con la concha de la especie Conus por

Vistas las construcciones desde esta perspecti-

los artesanos de la tradición Trincheras. Es el

va, la forma espiral, semejante al corte trans-

caso de la estructura registrada con la clave

versal de un caracol marino que tienen tanto El

SON:F:2:50 que se encuentra en las montañas

Caracol como las otras estructuras de muros

de Santa Teresa, en la cuenca de Altar

situadas en las cimas de los cerros de trinche-

(McGuire y Villalpando, 1993:144-146).

ras cobraría un particular relieve de sentido,

Para los o‟odham, la peregrinación al mar o

dada la importancia simbólica que el mar ha-

peregrinación de la sal, siguiendo la ruta flu-

bría jugado en relación con el ciclo del agua y

vial, hasta llegar al Golfo de California, era un

de los rituales de petición de lluvias y abundan-

evento ritual de primordial importancia religiosa

cia. El probable acceso restringido al espacio

y estaba asociado directamente con la petición

de La Plaza del Caracol se explicaría como un

de lluvias y abundancia. Los akimel o‟odham

privilegio y una obligación de la élite de propi-

consideraban a la sal un objeto sagrado y la

ciar las lluvias y la abundancia, por medio de

forma que la peregrinación adoptaba estaba

rituales realizados en ese lugar, asegurando la

sancionada ritualmente, de manera semejante,

supervivencia de la comunidad. El fracaso de

rigurosas prescripciones rituales acompañaban

la élite en propiciar la lluvia y una cosecha

a la peregrinación de la sal de los tohono

abundante, debido a una sequía prolongada,

o‟odham (Russell,1980:94; Underhill, 1948:8).

minaría su autoridad moral y sería la causa de

No está de más recordar que en todos los ce-

malestar social y conflicto.

rros

De esta forma, todo un conjunto de prácticas

(Magdalena-Altar-Asunción-Concepción)

culturales, vinculadas con el simbolismo del

han encontrado restos de ornamentos de con-

mar y de las conchas, que serían propias tanto

cha, constatando que su fabricación constituía

de la Tradición Trincheras como de los

una actividad sumamente importante. Se han

o‟odham, adquieren un sentido más preciso.

definido rutas de obtención de las conchas y

Recordemos que la producción en gran escala

de intercambio, tanto de la materia prima, co-

de ornamentos de concha: pendientes, pulse-

mo de los ornamentos elaborados (Villalpando,
49

de

trincheras

de

la

región

fluvial
se

2001). A su valor económico y ornamental

su material y su forma, (concha espiral), imita-

podríamos agregar un importante valor simbóli-

da por la estructura dentro de la cual se halla-

co y ritual. De manera acertada, Bridget Zavala

ron; c) la ubicación de la estructura en el lado

insiste en la importancia simbólica de las con-

oeste del cerro, orientado hacia el mar (Golfo

chas de caracol:

de California); d) la semejanza con las prácti-

La forma espiral de El Caracol es un ele-

cas nahuas de ofrecer conchas y restos de ani-

mento recurrente en los cerros de trinche-

males marinos a Tláloc, descritas anteriormen-

ras. En el Cerro Trincheras, por ejemplo,

te; propongo la hipótesis de que los objetos de

una estructura denominada El Caracolito,

concha y restos de cerámica decorada, halla-

tiene la misma forma. Como su nombre lo

dos en el sitio pudieron haber sido ofrendas

indica, la estructura es de menor tamaño

rituales asociadas a la petición de lluvias.

que El Caracol. El Caracolito, situado en

En relación con los petrograbados de forma

la ladera baja del lado oeste del cerro,

espiral que se encuentran en el área del Cara-

produjo [a partir de la excavación] 510

colito, referidos por Zavala, podemos recordar

campanillas de concha (un cuarto de to-

que Mountjoy asocia el complejo de grabados

dos los objetos de concha hallados) cuyo

rupestres de Nayarit que tienen forma espiral

corte transversal semeja la estructura de

con

muros donde fueron recuperados […]. La

(1974:25). Mountjoy constató que en numero-

joyería de concha del sitio incluye, fre-

sos casos, los grabados rupestres se sitúan “a

cuentemente, elementos de forma espiral,

lo largo de los bancos de los ríos o arroyos, en

asimismo, petroglifos de forma espiral se

los arroyos o en la playa” (1974:25). Los petro-

encuentran en el área. En los dos casos,

grabados se asocian también “con los monu-

los

mentos construidos por la mano del hombre

motivos

espirales

y de círculos

el

agua

tienen

y

un

con

sitios

significado

ceremoniales

concéntricos parecen representar los ce-

que

ceremoni-

rros de trincheras o los sitios habitados

al” (Ibid.:26). Acerca del significado de las espi-

[…] reforzando la importancia del motivo

rales, señala que en San Blas y sus alrededo-

del caracol (Zavala, 2006:142 [traducción

res se les denomina, de manera persistente:

nuestra; cursivas en el original]).

caracoles, a lo que agrega que uno de los gra-

En función de las siguientes razones: a) la can-

bados del sitio 37 de San Blas parece repre-

tidad de objetos hallados (510), que deja ver

sentar el caracol con su concha (Ibid.:27). Re-

que se trataba de una práctica sistemática; b)

fiere también las observaciones de Lumholtz
50

obre el arte de los huicholes, donde la espiral

Es evidente que lo más deseable para los gru-

representa un remolino en el agua o se le aso-

pos que han habitado el desierto de Sonora es

cia con ofrendas para la petición de lluvias;

la lluvia suficiente que da vida a las plantas y

concluye que las asociaciones significativas

animales, de los que depende su existencia.

que unen todas esas representaciones son la

Cuando la agricultura se convierte en la activi-

lluvia y las nubes, el maíz y las serpientes

dad económica primordial, la dependencia de

(algunas emplumadas), junto con el corazón y

la pluviosidad se vuelve más apremiante. Des-

El Abuelo Fuego (Ibid.:27-28). Mountjoy y

de esta perspectiva, la interpretación del sim-

Schaafsma (2010) sostienen la hipótesis de

bolismo de las estructuras de muros en las ci-

que ese complejo simbólico de petrograbados

mas de los cerros de trincheras debe situarse

en forma espiral se difundió por la costa del

en un campo semántico amplio que incluya al

Pacífico hasta Sinaloa y, luego, de ahí a Sono-

prolífico arte rupestre, entendiendo a todo el

ra y Arizona, apareciendo tanto en el arte ru-

conjunto de sus manifestaciones culturales co-

pestre del Complejo Trincheras como de la

mo un complejo más vasto, dentro del cual ca-

Tradición Hohokam.

da elemento jugaría un importante papel en la

Si bien no afirmo que necesariamente exista

simbología religiosa. De tal forma, el simbolis-

un significado único de la espiral y la concha, a

mo atribuido a las estructuras ceremoniales del

nivel de las tradiciones indígenas yuto-aztecas

Cerro de Trincheras, como las correspondien-

del noroeste de México, existe una alta proba-

tes a los cerros secundarios cercanos, comple-

bilidad de elementos simbólicos compartidos

tarían su significado al contrastarse con el aná-

entre los diferentes grupos que por siglos man-

lisis de los grabados rupestres.

tuvieron comunicación e intercambios culturales de todo tipo. Desde mi punto de vista, la

Conclusiones

concha marina simbolizaría, en primer término,

Debemos recapitular aquí sobre el conjunto de

al mar, y estaría vinculada, primordialmente, a

las evidencias presentadas hasta ahora en

las divinidades o espíritus marinos, a la rela-

nuestra argumentación para poder enunciar

ción del mar con el agua y la fecundidad, en

una serie articulada de conclusiones que se

todas sus manifestaciones, particularmente en

desprenden de esos argumentos presentados.

su forma de lluvia, de la cual las divinidades y

En primer lugar señalo que existe suficiente

espíritus marinos serían importantes agentes

evidencia para sostener que prácticas seme-

propiciadores.

jantes de observación astronómica, -con dife51

rencias específicas- existieron tanto en Meso-

ricos consultados, así como de la arqueología

américa como en el Noroeste/Suroeste, y

de paisaje y el análisis comparativo de los pai-

están presentes en la región del noroeste de

sajes rituales entre los mexicas y los grupos

Sonora, en sitios pertenecientes a la Tradición

pueblo (Broda, 2004), resulta una bien definida

Trincheras. A partir de la observación de los

evidencia que apunta hacia una importante

siguientes fenómenos: a) características repeti-

asociación entre: a) el carácter sagrado de los

das sistemáticamente de estructuras de muros

cerros y lugares elevados; b) su relación con

con formas geométricas en las cimas de los

las observaciones astronómicas, la creación de

cerros que dominan el horizonte y componen

calendarios solares y lunares; c) la predicción

un patrón regional claramente definido; b) la

de los fenómenos meteorológicos; d) las activi-

presencia de estructuras con la función especí-

dades productivas, principalmente, la agricultu-

fica de observar los solsticios, como las referi-

ra; e) un ciclo ritual vinculado directamente con

das en la cima del Cerro de Trincheras y de un

ella y orientado principalmente a la obtención

dispositivo orientado hacia el horizonte del este

de lluvia y una abundante cosecha; y f) ele-

y, en la Proveedora, una estructura de muros

mentos

en la cima norte con visibilidad hacia los hori-

(esquema tripartito del cosmos: Cielo-Tierra-

zontes este y oeste; c) la presencia de graba-

Inframundo y su relación con el ciclo del agua)

dos rupestres con probables representaciones

en los que se observan importantes semejan-

del Sol, la Luna y Venus; d) las representacio-

zas

nes del quincunce (esquema del cosmos) en el

Suroeste.

arte rupestre de toda la región fluvial de los

Después de un análisis pormenorizado de los

ríos Magdalena-Altar-Asunción-Concepción; e)

elementos que encontramos en el Cerro de

las prácticas de observación astronómica, re-

Trincheras podemos, entonces, visualizarlo co-

gistradas entre los grupos indígenas del perio-

mo Monte Sagrado: su aspecto monumental

do histórico (o‟odham y pueblo); a partir de to-

acentuado por las terrazas curvas que ascien-

da esta evidencia sostengo que es muy proba-

den en forma concéntrica hacia la cima, donde

ble que tales prácticas de observación astronó-

se sitúa El Caracol, en un gran espacio ritual

mica tuvieran lugar entre los grupos de la Tra-

abierto, con visibilidad hacia todas partes, en el

dición Trincheras.

límite o umbral entre el Cielo y la Tierra; espa-

En segundo lugar, tanto de los testimonios et-

cio que tiene su contraparte en la plaza ritual

nográficos como de los documentos etnohistó-

de La Cancha, situada en la base del cerro que
52

sustantivos

entre

de

Mesoamérica

la

y

cosmovisión

el

Noroeste/

se hunde en la tierra, uniendo las tres dimen-

son podemos concluir que “en estas regiones

siones

Cielo-Tierra-

norteñas, las ideologías dependían fuertemen-

Inframundo. La abertura hacia el Inframundo

te de los vínculos establecidos entre el poder,

se manifiesta a través de la laguna que en

la cosmología, el tiempo, la distancia y el lu-

tiempos antiguos se formaba en su base

gar” (Ibid.:246).

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2011a Símbolos de la lluvia y la abundancia en

de éstos, pues el trabajo de modificación cultu-

el arte rupestre del Desierto de Sonora,

ral de los cerros (placecrafting) es menos ela-

Tesis doctoral en Estudios Arqueológicos,

borado, evidentemente, las pirámides están

ENAH-INAH.

ausentes, lo que Nelson interpreta como ras-

2011b Cosmovisión y cultura, Tradiciones míti-

gos que atestiguan una menor diferenciación

cas de los O’odham: su relación con

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61

NOTAS PARA EL ESTUDIO DEL SUSTO EN LOS NAHUAS
PREHISPÁNICOS Y CONTEMPORÁNEOS
María del Carmen Macuil García1

A

menudo se piensa que las historias sobre tiempos lejanos y frecuentemente sin fechas
precisas, o aquellas sobre seres que sólo en las horas nocturnas aparecen, constituyen el
grueso de la tradición oral de los pueblos, pero no es así. Revisemos otras formas de la

expresión verbal, en particular, la correspondiente a “las palabras” utilizadas desde siempre por los
especialistas del conocimiento médico. En la mayoría de las prácticas terapéuticas, los especialistas contemplan el uso de conjuros, oraciones y rezos2, y se puede decir que “… en todos ellos se
revela la pretensión de obligar a la naturaleza, mediante la recitación o el canto de una expresión
verbal determinada, al cumplimiento de lo que de ella se desea…” (Laín, 2005:31). Tanto los especialistas como los pacientes consideran que las palabras tienen además la cualidad de transformar
la naturaleza (Romero, 2006:272). El uso de “la palabra”, en estos contextos como en otros géneros, obliga a observar detenidamente el complejo verbal.

Perder el tonalli, padecer susto
Hay diversos señalamientos sobre la forma en particular de concebir el cuerpo humano, la enfermedad y la salud en los pueblos de tradición indígena en México, y aunque los investigadores hablan
de prácticamente todas las regiones del país, según se puede observar en la Biblioteca de la Medicina Tradicional Mexicana (Argueta Villamar, 1994), el caso de los pueblos nahuas ha sido ampliamente abordado. Los planteamientos de los estudiosos comienzan de hecho, desde los comienzos
del siglo XVI a través del estudio de las fuentes y se remontan hasta las antiguas representaciones
iconográficas al inicio de las primeras poblaciones tanto en la costa del Golfo (Olmecas) como en el
centro de México (Tlatilco y Cuicuilo).
1.Etnóloga de formación, sus investigaciones versan sobre los sistemas médicos tradicionales y la oralidad principalmente. Es Maestra en Estudios Mesoamericanos por la UNAM, actualmente continua sus estudios en el mismo programa de Doctorado. El presente artículo incluye reflexiones presentadas originalmente en su tesis de maestría.
2. En general se reconoce que los “curanderos” utilizan oraciones y otras plegarias, asimismo como parte de la especialización y en ocasiones, como características particulares de algunos terapeutas, la enunciación del rezo define su
práctica médica; véase Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana (1994, I:303). El valor terapéutico
atribuido a las palabras ha estado presente “Desde esos remotos orígenes de la cultura griega hasta los últimos años
de su periodo helenístico […]” (Láin, 2005:28), y es posible, siguiendo a este autor, que el empleo de las oraciones y
conjuros con fines curativos haya aparecido desde las primeras fórmulas verbales recitadas ante el desvalido en las
“culturas primitivas” del Paleolítico.
62

Entre las muchas características de las con-

largo del periodo colonial y hasta nuestros

cepciones nahuas del cuerpo, destacan las lla-

días, que hay una estrecha relación entre lo

madas entidades anímicas conformadoras de

que ahora los pueblos llaman “sombra”, aun-

los seres humanos. En 1967(a) y 1980, López

que el uso de la palabra “alma” también es re-

Austin señaló, además de otros importantísi-

currente, y el tonalli de las fuentes nahuas. Se

mos aspectos, estas entidades, detalló sus

reconoce la capacidad de la “sombra” o “alma”

nombres y las connotaciones a ellas asocia-

de salir del cuerpo sin que sobrevenga la

das. La entidad tonalli, tiene varias acepciones,

muerte. Etnográficamente, en general se dice

las

“alma”,

que cuando una persona ha perdido parte de

“espíritu” (López Austin, 1980), “hado” (Ruiz de

su ser, padece de “susto”, pues su “espíritu o

Alarcón, 1982) y recientemente se equiparó a

sombra” salió del cuerpo de una manera acci-

“sombra” (Aguirre, 1992). Por ahora no ahon-

dentada; aunque se han registrado otras cau-

daremos en las discusiones sobre la traducción

sas para el abandono de la entidad, los sobre-

del término, para fines de este breve trabajo,

saltos ante un repentino susto, son los más re-

nos limitaremos a señalar sólo una de las fa-

feridos. Entre las definiciones que nos da la

cultades que los investigadores han señalado.

Biblioteca de la Medicina Tradicional Mexicana

Se decía que debido a diversas circunstancias

dice: “Enfermedad originada por una fuerte y

el tonalli, el cual residía principalmente en la

repentina impresión derivada del encuentro

cabeza, podía salir del cuerpo y según las cau-

con animales peligrosos, objetos inanimados y

sas devenían en perjuicio de la persona, entre

entidades sobrenaturales, así como por sufrir

ellas la disminución de las fuerzas, la enferme-

una caída en la tierra o en el agua; y en gene-

dad o incluso la muerte (López Austin, 1967a:

ral, producto de cualquier episodio traumático

108 y 1980:243; Viesca, 1997:174). A nosotros

que amenace la integridad física y/o emocional

nos interesa señalar el tratamiento terapéutico

del individuo” (Instituto Nacional Indigenista,

de la segunda. Los titici o médicos y quizá so-

1994:775).

lamente los “Tetonalmacani, tetonaltiqui, teto-

Hace algunos años en un pequeño pueblo al

nalla/iqui” eran los encargados de “dar o asen-

norte del estado de Morelos, registramos el tra-

tar” (López, 1967b:108) el tonalli perdido, cuyo

tamiento terapéutico del “susto”. El caso fue

método principal era la oración.

atendido por una de las especialistas del pue-

Es bastante aceptado, considerando los cam-

blo y tuvimos ocasión de escuchar y registrar

bios que ha sufrido el concepto de tonalli a lo

la oración utilizada varias veces. Nuestro obje-

fuentes

la

traducen

como

63

tivo antes de proponer alguna interpretación de

Portilla, 1996: 12 y 13). Los pueblos en general

los contenidos del rezo, es aproximarnos al

poseían un lenguaje con diversas estrategias

texto u oración misma. A partir del supuesto

discursivas, imitativas o asociativas, recursos

continuo de la presencia de la entidad tonalli,

miméticos y etimológicos de su lengua, para

ahora llamada “sombra”, indagaremos en las

neutralizar un poco la distancia referencial que

formas verbales descritas para la lengua

crea el lenguaje, “configurando” el hecho referi-

náhuatl a inicios del siglo XVI, sumaremos

do dentro de la oralidad misma (Johansson,

otras herramientas para proponer una metodo-

2004:57). La palabra nahua en este caso, po-

logía, inicial si se quiere, para una primera eta-

seía un carácter performativo, conativo y per-

pa de estudio de las manifestaciones orales en

suasivo, la estructuración de su discurso pro-

la terapéutica actual de pueblos con tradición

vocaba la “con-moción”. Si bien el discurso de

indígena.

los nahuas solía ser altamente poético, cuando
no era así, era enteramente retórico (Ibíd.:61).
De las dos formas literarias que se han distin-

La lengua nahua en el inicio del periodo colonial. Algunas notas sobre el género de la
palabra
La lengua nahua sobrevivió a su encuentro con

guido en el México precolombino los cuicatl, “el
canto” y tlahtolli, “palabra, palabras, discurso,
relato”, es el “del habla”, con sus respectivas

el Viejo Mundo. A la llegada de los españoles,

producciones, que actualmente se reconoce en

este idioma se conjugaba en su expresión oral

distintas

y escrita con las variadas formas de represen-

formas

narrativas

(León-Portilla,

Op.cit.:289). Las investigaciones señalan una

tación. Se basaba en imágenes y signos glífi-

serie de subgéneros o variantes en la forma y

cos en los que se expresaba una palabra o

a veces contenido de los grandes géneros. En

pensamiento, ello se puede ver en documentos

nuestro caso, se ha llamado nahuallahtolli a las

como los códices y los monumentos con figu-

composiciones verbales utilizadas por los es-

ras y otras inscripciones3.

pecialistas del conocimiento médico en el

Los nahuas mantenían viva la tradición y el co-

México prehispánico. Como su nombre lo indi-

nocimiento a través de la oralidad (León-

ca, pertenecen al género de la palabra o tlahto-

3. Para profundizar sobre este aspecto de la lengua
náhuatl en las fechas inmediatas a la conquista puede
verse el trabajo de Charles Dibble, “Glifos fonéticos en el
códice Florentino” de 1963, en el que reconoce algunos
ejemplos del uso de glifos fonéticos, contrario a lo que le
parece ser un desarrollo más evidente y numeroso en el
Códice Mendocino y en el Códice Vergara.

lli, sin embargo, por sus características y contextos de enunciación, esta forma llega a
aproximarse en algunos casos al canto.
Las variadas formas de los diversos géneros y
64

subgéneros del tlahtolli, poseen unidades de

bien se insiste en la reiteración de sus carac-

expresión donde el tono narrativo implica un

terísticas o hechos relacionados. La subse-

desarrollo lineal, en tanto involucran la suce-

cuente aparición de predicados o de las esce-

sión de las palabras que se siguen, esto es,

nas no siempre implica la misma condición

una superposición de unidades y por ello de

consecutiva del tiempo narrado (León-Portilla,

significados (Ibíd.:290). Las unidades de expre-

Op.cit.:304-305; Ong, 2002:140-141), una pe-

sión-significación son cuadros o escenas, en

culiar característica en la que el tiempo parece

éstas, son importantes el uso de la imaginación

relevante siempre en consideración del espa-

y el recuerdo ya que permiten introducir varias

cio

secuencias y darle juego a las variables espa-

“acumulación divergente” también puede apa-

cio y tiempo. En algunos casos es posible iden-

recer para los complementos directos, indirec-

tificar escenas de transición, en las que se ob-

tos o circunstanciales.

tanto

implícito

como

explícito.

Tal

serva un cambio, al que le sigue otra secuencia de cuadros (Ibíd.:292).

La palabra que cura y el problema de su estudio en las fuentes
Para el estudio de las oraciones utilizadas en

En el género de la palabra el difrasismo aparece con frecuencia, es un recurso usado para la
“[…] expresión de un concepto mediante dos

los ámbitos terapéuticos, hay varias fuentes;

términos más o menos sinonímicos” (Garibay,

sin duda lo registrado por Ruiz de Alarcón y De

1975:35). También las frases paralelas son re-

la Serna (1953), son acervos obligados para
los interesados en el tema. El primero, tiene

currentes, se trata de expresiones que cuentan

para nosotros particular interés. Hay en el tra-

el mismo hecho y hacen reiterativo el conteni-

tado sexto de la obra una oración o “conjuro”

do de la primera frase, se puede decir que

como lo llama el autor, para hacer que vuelva

complementan el pensamiento o idea que se

el tonalli, es decir, “el hado o estrella” (Ruiz de

quiere transmitir (Garibay, Op.cit.:36; 1987:18;

Alarcón; Op.cit., VI:197), según su traducción.

León-Portilla, Op.cit.:301).

Hay en cuanto a las características propias de

Relacionado con los paralelismos, hay otra es-

los nahuallahtolli señaladas en general en los

tructura común en la palabra. Se puede tener

trabajos de León-Portilla (Op.cit.), dos observa-

un sujeto seguido sucesivamente por varios

ciones que priorizar. Por un lado, son conoci-

predicados, una serie de frases paralelas que

dos los intereses evangelizadores que Ruiz de

detallan sobre el sujeto sin necesariamente

Alarcón perseguía; y segundo, el contexto si-

nombrarlo otra vez; no es que se le omita, más
65

tuacional de su registro. Lo anterior obliga a un

enfermo. Cuando una persona solicita la inter-

tratamiento

seguramente

vención de un curandero o especialista, éste

habrá omisiones por razones de índole religio-

debe determinar la causa y tipo de enferme-

so, y claro, suponemos que las oraciones no

dad, establecer si es posible alguna curación, y

se registraron en el momento justo de su uso,

en tal caso, elegir los métodos apropiados para

particularidad fundamental en el estudio de

proceder a la terapia. Cada especialista hará

cualquier género en la oralidad de los pueblos.

frente a la enfermedad según las condiciones

A pesar de ello, no se exime su valor, sabiendo

de su paciente y del mal mismo; las palabras,

lo anterior, López Austin (1967) hace atinada-

frases y oraciones siempre se incluirán en el

mente lo propio respecto a las características

tratamiento.

formales de este género y toma como texto de

Insertos en la oralidad, los rezos, están carac-

estudio lo registrado principalmente por Ruiz

terizados por el juego que se establece con los

de Alarcón.

sentidos, las emociones y la imaginación, así

Derivada de nuestra observación, el estudio de

que participa la vista, pero sobretodo del oído,

la oralidad en los contextos donde aún su uso

“[…] cuando oigo, percibo el sonido que provie-

es primordial, es nuestra propuesta de investi-

ne simultáneamente de todas direcciones: me

gación. Es decir, nuestro interés es la oración

hallo en el centro de mi mundo auditivo, el cual

que hoy se enuncia para el tratamiento del

me envuelve, ubicándome en una especie de

“susto”, pero al observar los complejos verba-

núcleo de sensación y existencia” es decir,

les desde una perspectiva etnográfica, pode-

“[…] con la acción humana en el centro

mos sugerir algunas peculiaridades en la orali-

[…]” (Ong, Op.cit.:76), entonces la enunciación

dad de los primeros siglos de la colonia y los

de las oraciones se vuelcan en una experien-

factores que posiblemente afectaron su regis-

cia siempre presente y evanescente; en cam-

tro. Veamos entonces las aportaciones de esta

bio cuando las palabras son escritas, permane-

perspectiva.

cen en una forma distinta en el tiempo pues

cuidadoso

pues

son ante todo visuales (Ibíd.:28). Cuando un
texto a “[…] ser enunciado, actuado o bailado

La palabra que cura. El estudio de la oralidad desde la perspectiva etnográfica
Hay un objetivo muy claro en la terapia: recuperar la salud. Para propiciarlo se deben crear,
colocar y ordenar las condiciones para curar al

no puede ser leído ya que la percepción de los
grafemas y la subsecuente lectura de palabras
y frases alfabéticamente configuradas propician una abstracción indebida, exacerban la
66

trascendencia léxico-semántica de las palabras

cia, no solo porque sale de ella, sino porque la

y dejan en última instancia, la aprehensión del

persona situada en su propia existencia recu-

sentido del lector” (Johansson, 2007: 219). En

rre a sus propias maneras, durante cualquier

la oralidad la repetición es un recurso valorado,

expresión verbal (Ibíd.:71). Sin embargo, hay

en tanto que la redundancia mantiene tanto al

una correlación entre los sonidos, en tanto me-

orador como al que escucha en una constante

dida y ritmo, ciertas fórmulas fijas, secuencias

y cercana sintonía (Ong, Op.cit::46 y 47). La

de tales unidades que ayuda a la memoriza-

reiteración de frases o nombres tiene más bien

ción (Garibay, 1975:111; Chaveri, 2004:97 y

fines persuasivos y evocativos que recreativos

98), las oraciones serán semejantes porque se

o compresivos, tanto para el curandero como

crean y recrean en los límites forjados por la

para el paciente.

tradición.

Las oraciones son pronunciadas por personas,

A veces, parte de la terapia requiere que el pa-

la voz de cada una genera sus “palabras”, las

ciente recite un rezo por él mismo, entonces la

cuales le pertenecen, las expresa y les impri-

especialista dicta un fragmento de la oración

mirá su sello personal.

elegida. Cuando esto ocurre, es frecuente que

El especialista crea y dramatiza las reacciones

ella deba volver a repetir fragmentos anterio-

situacionales y las presenta con sus rasgos

res, como para recordar y poder seguir dictan-

(Johansson, Op.cit.:92). La especialistas de

do el rezo. Lo anterior es muy diferente de la

Morelos, comparte su profesión con otros fami-

enunciación fluida y sin interrupciones que se

liares, todos recibieron las enseñanzas de su

observa cuando se dice en medio del acto te-

suegro; y aunque dijo a cada uno “estas son

rapéutico. Esto se debe, a que la oración está

las oraciones que te tienes que aprender”, ca-

siempre ligada al momento en que se dice ya

da uno tiene una forma diferente y a la vez se-

que se halla en la atmósfera creada entre la

mejante de curar, porque “[…] todo sonido, y

curandera y su paciente. Es porque existe una

en especial la enunciación oral, originada en el

estrecha relación entre la enunciación y los

interior de los organismos vivos, es „dinámico‟

movimientos implícitos que la especialista usa

”(Ong, Op.cit.:39). La palabra es accionada por

en la curación, donde la acción corpórea es

el poder que representa la vida, por el “[…]

inevitable en la expresión verbal. Los movi-

aliento,

hablada

mientos y las palabras alcanzan cierta depen-

[…]” (Ibíd.:39, 78). “La palabra” establece una

dencia en la que unos y otras adquieren el ver-

estrecha relación con la persona que la enun-

dadero sentido para el que fueron creados.

que

anima

la

palabra

67

Situadas en la acción y relaciones humanas

y las de Alfredo López Austin (1967b).

específicas, la experiencia de la acción verbal

Ahora bien, llamamos aspectos formales a los

y las palabras son entonces acontecimientos,

rasgos que adoptan las palabras y sobre los

hechos (Ong, Op.cit.:38, 48 y 49), en eventos

que se construye la enunciación, son los me-

concretos como el momento de la oración, la

dios por los cuales se expresan los significa-

palabra es un mundo de acción que a la vez

dos de la palabra. Para Lupo, el primero de

produce acción: en este caso, propicia la ac-

ellos es la lengua indígena (Lupo, Op.cit.:93), a

ción curativa. Durante la enunciación de la ora-

pesar de lo cual, como se verá, es posible dis-

ción, se crea una situación compartida por el

tinguir en nuestro ejemplo gran parte de los

especialista y su paciente, un escenario parti-

siguientes rasgos. En otro trabajo hemos argu-

cular, provocando que se borre el contexto

mentado la pertinencia de considerar los seña-

existencial del paciente y el suyo mismo

lamientos para la lengua náhuatl, a pesar de

(Johansson, Op.cit.:93), entonces se da paso a

no ser la misma lengua usada por la especia-

la acción curativa del complejo verbal. En

lista de Morelos, por razones de espacio, remi-

aquel momento las manos que intervienen

timos al lector a dicho trabajo (Macuil, 2012).

mientras

están

En el rezo de la especialista nos fue posible

“encantadas” dentro del contexto curativo

identificar escenas o partes secuenciales que

(Ibíd.:70).

ilustran la evolución del mismo, es decir, la es-

se

enuncian

los

rezos

tructura del texto.
Método comparativo: síntesis de propuestas

Componentes de carácter estructural

Hemos reunido en este método inicial, dos

1) Mención de figuras, objetos o entidades reli-

grandes perspectivas (Cuadro 1).

giosas o de la naturaleza.

1.- A partir de las reflexiones de la oralidad

2) Ubicación del espacio-tiempo.

desde un punto de vista etnográfico, retoma-

3) Causa del rezo, se menciona de forma indi-

mos el trabajo de Alain Ichon entre los totona-

recta.

cas de la sierra poblana (1990) y Alessandro

4) Petición o conjuración expresa de la espe-

Lupo entre los nahuas también en la sierra nor-

cialista, evocación de la ayuda de las figuras

te de Puebla (1995).

religiosas o de la naturaleza.

2.- En una perspectiva histórica, retomamos

5) La conjuración de los objetos o de las fuer-

las reflexiones de Miguel León-Portilla (Op.cit.)

zas que afectan al paciente.
68

69

Componentes de carácter formal

Yahveh, que hizo el cielo y la tierra (1, 7,

6) Uso de diversos apelativos.

9)

7) Palabras ceremoniosas, palabras complejas

Su pie de esta criatura no dará resbala-

sin uso en el habla común.

dero, ni se dormirá (4, 13).

8) Repetición de palabras, frases y de cuadros,

Yahveh será su guardador,

paralelismo sintáctico.

su sombra

9) Fluidez y ritmo en la enunciación y cambios

y su mano derecha (9, 12, 13).

en el tono de la voz, sonidos onomatopéyicos.

el sol no le fatigará de día

10) Uso de diminutivos en un sentido de respe-

ni la luna de noche

to y afecto.

Yahveh lo liberará de todo mal,

11) Expresiones complementarias para descri-

/le/ él guardará su alma

bir y reiterar una idea o concepto, es decir, di-

Desde ahora para siempre así será (1, 2,

frasismo.

4, 9, 13).
C) Señor Padre Santísimo dame licencia

12) Un sujeto u objeto con varios atributos o
predicados.

levantar la sombra /llamarle su espíritu/

13) Tiempo verbal en presente y futuro.

de esta criatura (1, 4, 7, 10).

Finalmente veamos ahora la oración, marca-

Espíritus apóstoles yo les llamo y les

mos con mayúsculas las posibles secuencias

suplico encarecidamente me ayuden a

al interior del rezo, y la numeración para los

levantar la sombra de esta criatura (1, 4,

componentes estructurales y rasgos formales

9, 13).

que identificamos:

D) [Sopla fuerte dos veces en la oreja del
paciente y en la segunda dice]

A) En el nombre de mi creador,
Señor,

Maaaríiiiiiiiiiiiiiiiaa [en este caso se refiere
a una paciente, el nombre pronunciado
muy largo, con un sonido lírico] (9)
¡Ven acá yo te llamo! (4, 9, 13)
en nombre del padre del hijo y del espíritu santo,
los santos espíritus apóstoles
Señor San Pedro,
Señor San Pablo,

Dios Padre,
Todo poderoso (1, 6)
[Doña Flavia pone la mano izquierda sobre la
cabeza de la paciente, permaneciendo así durante toda la curación] (Figs.1 y 2).
B) Alzaré mis ojos al cielo de donde vendrá

Señor San Juan bautista,

la sombra de esta criatura (2, 13) la

Señor Santiago Jacobo,

sombra viene de mi creador Yahveh,
70

Figs. 1 y 2. Doña Flavia “levantando sombra” a
una paciente en Amatlán de Quetzalcóatl, Morelos. Foto María del Carmen Macuil García,
Junio 2007.

71

San Miguel arcángel

Reflexiones finales

los espíritus reyes Gaspar y Melchor Bal-

Parece evidente además, que este ensayo co-

tasar .

rresponde a una primera etapa de estudio, los

¡Levanten esta criatura de espanto! (1, 4,

complejos verbales en zonas como la inicial-

9, 13).

mente referida, implica estudios más profundos

E) [Sopla fuerte dos veces en la oreja del

no solo de carácter etnográfico, sino también

paciente y en la segunda dice]

de corte etnolingüístico e histórico.

Maaaríiiiiiiiiiiiiiiiaa [en este caso se refiere a

Por ello, falta aplicar el método a la oración re-

una paciente mujer, el nombre pronunciado

gistrada por Ruiz de Alarcón (Op.cit.), aunque

muy largo, con un sonido lírico] (9).

hemos hecho un primer ejercicio, anotado en

¡Ven acá yo te llamo! (4, 9, 13).

el apéndice a este trabajo. Ahí mismo, una ver-

en nombre del padre del hijo y del espíritu

sión sin señalamiento alguno de la oración re-

santo,

gistrada al norte de Morelos.

los santos espíritus apóstoles

Un segundo ensayo sería comparar con otras

Señor San Pedro,

oraciones registradas en otros pueblos, apli-

Señor San Pablo,

cando el método propuesto y contrastando en-

Señor San Juan Bautista,

tonces los resultados, comenzar el estudio de

Señor Santiago Jacobo,

los contenidos. La indagación inclusive de los

San Miguel arcángel

rezos ya avanzado en periodo colonial podría

los espíritus reyes Gaspar Melchor y Bal-

abrir nuevas posibilidades de estudio.

tasar

Queda pues, la propuesta de acercar la mirada

¡Levanten esta criatura de espanto! (1, 4,

a las manifestaciones verbales no solo con la

8, 9, 13).

intención de profundizar en los contenidos de

F) [sopla una vez]

las mismas, sino con la posibilidad de estable-

Maaaríiiiiiiiiiiiiiiiaa [nombre pronunciado muy

cer un método de investigación incluyente de

largo, con un sonido lírico] (9).

las formas y estructuras que las caracterizan.

¡ven acá yo te llamo! ¡vuelve tu ser! (4, 8, 9,
13).
/[sopla una vez]/ (9).

72

Apéndice
a) Capitulo III, Tratado sexto.- Propuesta de orden y normalización de la oración registrada por Ruiz
de Alarcón (Op.cit.).
Tlacueleh, tla xihuallauh nonan
chalchicueye,
iztaccihuatl;
yayauhqui tonalli,
iztac tonalli,
iztac tlaelpan,
yocauliqui tlaelpan
Ca ye nican oniquizaco
cozauhqui tlamacazqui,
iztac tlamacazqui;
nehuatl onihualla nitlamacazqui,
ninahualtecutli:
ye onimitzchichiuh,
onimitzyolliti.
Nonan acitlalcueye (¿?),
in oticchiuh,
in oticmoyollitili,
zan no tehuatl
ica teehuan,
ica timilacatzoa.
Yayauhqui tonalli, atlihueican,
atlipatlahuacan nimitzoncahua;
nomatca nehua nitlamacazqui,
ninahualteuctli.
Tla xihualhuia,
nonan chalchicueye;
tla xihuia,
tla xictemoti,
tla xiquitati tlamacazqui tlauhtzin,
tlauhcalco, onca:
ac teotl,
ac mahuiztli in ye quipolocayotia,
in ye quiteuhyotia.
Xoxoqui cocoliztli,
Yayauhqui cocoliztli:
zan can tiaz,
zan can tipolihuiz:
ticpalipacaz,
ticyectiliz in tlamacazqui tlautzin.

73

Tla xihualhuia xoxoqui tonalli:
yayauhqui tonalli:
centepetl,
cenmixtlahuatl tinemia:
nican nimitztemoa,
nican nimitzitlanl, tonallie.
Tla xihualauh, chicnaupa tlatzotzonalli,
chicnauhpa tlatemateloli;
ma timopinauhti.
Tla xihuallauh,
nonan chalchicueye,
ceatl ome acatl;
cetochtli, ometochtli;
cemazatl, omemazatl;
cetepatl; ometecpatl;
cequetzpalli; omequetzpallin.
Nonan chalchicueye,
tla chicaz? Xoconpopoan nomacehual;
tla cana axicco,
ayahualco,
ma cana amolonca
xoconcahuati tlallocatecutli.
Onihualla in nixolotl,
in nicapanilli:
cuix tle ipan nitlamati? In tetl
ihuinti,
in quahuitl ihuinti
in nican nenemi
no tehuan,
no nehua.
Ac teotl,
ac mahuiztli
ye quipolonezqui
teteo inconeuh,
teteo inpiltzin.
Nicanaco
xoxoqui tonalli,
iztac tonalli.
Camach in oya?
Camach in omotecato?
can mach in chicnautopa,
chicnauhtlanepaniuhcan

74

omotecato?
Nicanaco,
nitzatzilico:
ticqualtiliz,
ticyectiliz in yollotzin,
tzontecomatl.
(Ruiz de Alarcón, 1982:197-199).

con sonido lírico, cantado]
¡Ven acá yo te llamo! en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,
los santos espíritus apóstoles, señor
San Pedro, señor San Pablo, señor San
Juan bautista, señor Santiago Jacobo,

b) Oración “para poner sombra”.- Registro ori-

San Miguel arcángel, los espíritus reyes

ginal en trabajo de campo

Melchor Gaspar y Baltasar

En el nombre de mi creador, señor dios

levanten esta criatura de espanto

padre todo poderoso

[sopla]

Alzaré mis ojos al cielo de donde vendrá

María [nombre pronunciado muy largo,

la sombra de esta criatura

con sonido lírico, cantado]

La sombra viene de mi creador Yahveh

¡Ven acá yo te llamo! en nombre del Pa-

que hizo el cielo y la tierra

dre del Hijo y del Espíritu Santo,

Su pie de esta criatura no dará resbala-

los santos espíritus apóstoles, señor

dero,

San Pedro, señor San Pablo, señor San

Yahveh será su guardador su sombra y

Juan bautista, señor Santiago Jacobo,

su mano derecha

San Miguel arcángel, los espíritus reyes

el sol no le fatigará de día

Melchor Gaspar y Baltasar

ni la luna de noche

levanten esta criatura de espanto

Yaveh la liberará de todo mal, le guar-

[sopla]

dará su alma

María [nombre pronunciado muy largo,

Desde ahora para siempre así sea

con sonido lírico, cantado]

Señor padre santísimo dame licencia a

¡ven acá yo te llamo! ¡vuelve tu ser!

levantar la sombra de esta criatura

(Macuil, 2007 y 2012).

[Sopla fuerte dos veces y en la segunda]
Espíritus apóstoles yo les llamo y les su-

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78

EVIDENCIA DE PINTURAS RUPESTRES EN LA CUEVA DE
CHICOMEATL, EN ZACATAL GRANDE, VERACRUZ
América Malbrán Porto1 y Enrique Méndez Torres2

E

l presente trabajo forma parte del Proyecto “Población, Salud y Cultura en el Valle de Orizaba”, coordinado por el Dr. Carlos Serrano, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.

Debido a la abundancia de cuevas y manifestaciones, relacionadas con ellas, en el área, así como
la importancia que los espacios subterráneos de esta región han tenido, tanto para la época prehispánica como la actual, se tomó la decisión de crear un nuevo proyecto, derivado del anterior, que
ha recibido el nombre de “El Uso de las cuevas en la región de las Altas Montañas, Veracruz”.
El objetivo principal del presente proyecto tiene la meta de vincular el uso que los grupos humanos
le han dado a estos sitios desde época prehispánica hasta la actualidad.
A causa de la constante presencia de saqueadores locales y extranjeros en algunas de estas cuevas no se encuentran ya vestigios materiales cerámicos, sin embargo se ha apreciado una gran diversidad en cuanto a manifestaciones rupestres, algunas de las cuales, afortunadamente, no han
sido vandalizadas.
A través de la gráfica rupestre se ha podido observar que las cuevas han sido empleadas: a) como
espacio de culto dedicado a ciertas deidades, b) para plasmar aspectos de la vida diaria, como el
firmamento, c) del entorno biológico como la fauna y d) otros más relacionados con la cosmovisión
y cosmogonía.
En cuanto a los aspectos antropológicos se ha apreciado en la actualidad, en las áreas de ocupación nahua de la región, que este es el espacio exclusivo para dar las gracias a la Madre Tierra por
las buenas siembras a través de los rituales del Xochitlalli, es éste también el lugar donde los curanderos se reúnen.
La cueva que nos ocupa se localiza dentro del municipio de Zongolica, que a su vez se encuentra
ubicado en la zona central y montañosa del Estado veracruzano, sobre las estribaciones de la Sie-

1. Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México.
2. Centro INAH-Morelos, Proyecto Arqueológico Tlatoani.
79

rra Madre del Sur, considerada una de las más

así tenemos los ríos Altotolco, Moyoatempa, el

complejas y menos conocida del país (INEGI,

Santiago y Tonto, que es importante afluente

1988). A esta parte de sierra también se le co-

del Papaloapan; algunos se llegan a perder en

noce como Sierra de Zongolica. La cabecera

las profundidades de la tierra a través de sumi-

tiene una altitud promedio de 2000 msnm, limi-

deros o sótanos, espacios tan singulares en la

ta con los municipios de Tequila, Los Reyes,

región que en no pocas ocasiones los cami-

Coetzala, Mixtla, Texhuacan, Tenejapa, Tezo-

nantes han caído inesperadamente en ellos, ya

napa y al Sur y Suroeste con el estado de Pue-

que se encuentran cubiertos de maleza y a ve-

bla. Su clima es templado húmedo extremoso

ces no se puede apreciar su boca, lo que hace

con una temperatura media anual de 18°C

que sean propicios estos accidentes. Cuando

(Soto y García, 1989) (Fig.1).

esto ocurre es común que el sótano reciba el

La orografía de esta región no permite la for-

nombre de la persona que ha muerto en él, un

mación de grandes y caudalosos ríos, salvo en

caso claro de esto lo tenemos en el sótano To-

la época de lluvias cuando suben su nivel y

masa Quiahua, con 330 metros de profundi-

conforman el desagüe natural de la serranía;

dad.

Fig.1. Localización del municipio
de Zongolica.
Dibujo. América Malbrán Porto.
80

Antecedentes Arqueológicos

ron a hacer algunos recorridos de superficie y

Hasta hace unos años era muy escasa la infor-

trabajos de salvamento en los valles del río

mación histórica y arqueológica que existía pa-

Atoyac (Miranda Flores y Daneels, 1998),

ra la región, que abarca la sierra de Zongolica

Córdoba (Daneels y Miranda Flores, 1998) y

y sus faldas.

Orizaba, por parte de arqueólogos del INAH y

Fue quizás debido a lo abundante de barran-

la Universidad Veracruzana. Estas investiga-

cas, cuevas, grutas, sumideros y sótanos, que

ciones han permitido rastrear los momentos

se puede apreciar en el Mapa de Cuahutinchan

anteriores a la conquista española (Jiménez

N° 2, documento del siglo XVI (Fig.2), la repre-

Ovando, 1998).

sentación de la sierra de Zongolica como una

En relación al estudio de las cuevas, sólo se

serranía verde y alargada con un camino cen-

han reportado algunos trabajos que documen-

tral surcado por barrancos (Yoneda, 1992).

tan la realización de rituales religiosos por las

Desde el período prehispánico la región Córdo-

comunidades nahuas y mestizas de la actuali-

ba-Orizaba se ha considerado como un lugar

dad, así como algunos saqueos que reflejan la

de paso entre la costa del Golfo de México y el

importancia de los depósitos arqueológicos y la

Altiplano Central, por el cual circulaban mer-

acelerada destrucción de que están siendo ob-

cancías. Sólo en los últimos 10 años se han

jeto. La continuidad de los rituales religiosos en

realizado estudios sistemáticos que han revela-

la región desde tiempos prehispánicos hasta

do el carácter e identidad propios de esta área

nuestros días permite proponer algunos traba-

del centro de Veracruz (Lira, 2004).

jos de interpretación etnoarqueológica (Moran-

Durante el siglo XIX se efectuaron algunas ex-

te López, 1998).

pediciones científicas al centro de Veracruz,
como la de Lucien Biart, quien recolectó varias

El Culto a las cuevas

colecciones de piezas cerámicas que actual-

A lo largo de la historia la importancia que tu-

mente se encuentran en el Museo del Hombre

vieron las cuevas para los pueblos mesoameri-

en Paris (Lehman, 2002) (Fig.3). A partir de los

canos ha sido diversa y por lo mismo tuvieron

primeros años del siglo XX se efectuaron visi-

gran variedad de significados y usos. Inicial-

tas de inspección por parte del Instituto Nacio-

mente debieron servir como refugio y sitio de

nal de Antropología e Historia, principalmente

habitación; posteriormente obtuvieron otras

en el valle de Maltrata (García Márquez, 1998).

connotaciones más relacionadas con la religión

Hasta entrados los años ochenta se comenza-

y por lo tanto se convirtieron en boca o vientre
81

Fig.2. Mapa de Cuauhtinchan N° 2
Se ha resaltado el área que correspondería a la Sierra de Zongolica.
Tomado de Yoneda, 1992.

82

Fig.3. Algunas de las figurillas de la colección Biart que se encontraban
en el Museo del Hombre, hoy en el musée du quai Branly
Tomado del catálogo de piezas, http://www.quaibranly.fr/es/

83

de la tierra, entradas al Inframundo, morada de

lugar de origen, como ya se dijo; en muchas

los dioses del agua y los de la muerte. En no

ilustraciones prehispánicas se la ha represen-

pocos casos estos espacios se transformaron

tado como un espacio con fauces, que se con-

en lugares de culto que servían a ciertos ritua-

vierte en la boca del Monstruo Terrestre (Fig.

les y en los que se debían dejar las ofrendas a

4).

las deidades, por lo tanto las cuevas constitu-

Por otro lado, las cuevas eran y en algunos ca-

ían áreas sagradas del paisaje natural. Éstas

sos siguen siendo vistas como sitios misterio-

también sirvieron como un ámbito ideal para

sos en cuyo interior existe abundancia y la fer-

enterrar a los muertos.

tilidad puede ser propiciada. Es por esto que

Así, las cuevas eran un escenario apropiado

en el México antiguo, las ceremonias de peti-

para aquellas actividades religiosas que impli-

ción de agua para las cosechas se realizaban

caran una carga importante de significación

al interior de las cavernas ya que era en este

cosmológica. Son por excelencia, la entrada al

lugar donde habitaban los espíritus del agua.

Inframundo, es aquel espacio que conecta al

Hoy en día es común encontrarnos con rituales

ser humano con el vientre de la tierra, con el

de pedimento que se realizan al interior de las

Fig.4. Representación de un ritual en el interior de una cueva. Códice Selden f.11.
Tomado de Caso, 1964.
84

cuevas en varias épocas del año a lo largo de

traídas durante la conquista. En primer lugar

toda la República Mexicana.

se encuentra el culto a las deidades de la llu-

Uno de estos rituales es el Xochitlalli, ceremo-

via, propio de las antiguas sociedades agríco-

nia que se celebra año con año en varias loca-

las, así como la veneración a la cueva con to-

lidades de la Sierra de Zongolica. Hoy en día

dos los mitos que esto implica. Del lado católi-

es posible encontrarnos con una serie de even-

co se pueden apreciar el crucifijo, imágenes

tos relacionados con los rituales y promovidos

impresas de vírgenes, Cristos o santos, rosa-

por los mismos municipios para atraer turismo,

rios y se pueden escuchar oraciones cristia-

con lo cual se empieza a desvirtuar poco a po-

nas. Finalmente observamos el catolicismo po-

co el ceremonial. Inclusive algunos rezanderos

pular resultado de esta mezcla, en el cual hay

están en contra de esta publicidad (Fig.5). Al

procesiones, la cruz, el altar verde que se sue-

parecer esta festividad está relacionada con

le poner en el interior de la cueva y flores, se

los ritos propiciatorios a través de los cuales se

prenden veladoras y quema incienso (Fig.6).

alcanzan el favor y los dones de la Naturaleza

Por lo general estas cuevas se encuentran en

para obtener buenas cosechas. El cultivo del

lugares un poco complicados, ya que se llega

maíz no sólo es indispensable para la subsis-

a ellas, bien subiendo uno de los cerros, o in-

tencia, sino también para crear y recrear las

ternándose en la sierra, sin embargo son cono-

concepciones ancestrales sobre cómo se ob-

cidas por todos los pobladores y no dejan de

tienen los frutos naturales, pues se conciben

ser accesibles, aunque el recorrido pueda ser

como surgidos de una negociación entre los

agotador, siendo esta complejidad “parte del

hombres y la Naturaleza, cuyos dueños son las

sacrificio” que hay que hacer, según algunos

deidades (Álvarez Santiago, 1991). El Xochitla-

visitantes, para tener buenas cosechas el si-

lli se realiza en varias cuevas de la región el

guiente año.

primer viernes de marzo, y en él se rinde culto

En este texto nos concentraremos en la cueva

a Nana “Tonantzin”, como llaman los nahuas

de Chicomapa, donde hasta hace unos pocos

del área a la diosa de la Tierra; en la ceremo-

años se elaboraba dicho ritual, sin embargo a

nia se agradece por las cosechas que se tuvie-

causa del fallecimiento de la esposa del dueño

ron durante el año y se pide que las siguientes

de los terrenos en que se encuentra, que era

sean abundantes y con buenas lluvias.

quien lo realizaba y quien conocía los rezos a

Esta fiesta es una fusión de creencias y tradi-

la Madre Tierra, ya no se efectúa la festividad

ciones autóctonas prehispánicas y católicas

aquí.
85

Fig.5. Publicidad invitando al Xochitlalli en la cueva de Los Tzimpiles,
con todas las actividades programadas para el día de la ceremonia.
Foto. América Malbrán Porto, 2010.

De manera similar a otros lugares de la locali-

ferimos utilizar esta denominación.

dad, en esta cueva cuando se realizaba el
Xochitlalli también se colocaba una cruz ador-

La entrada

nada de flores blancas, se llevaban velas blan-

Esta cueva tiene en su interior pintura rupestre,

cas y se quemaba copal (Fig.7). Por lo general,

la primera evidencia la encontramos, muy a la

a este ritual asistía menos gente que a los que

mano, cerca de la entrada en la pared Este, y

se llevaban a cabo en otras cuevas de la re-

es la única que tiene pinturas.

gión, por lo que podríamos decir que era más

Se distinguen dos tipos de manifestaciones las

de tipo privado o doméstico que aquellos efec-

prehispánicas en tinta plana color roja y los

tuados en cuevas más grandes.

grafismos que pueden ser fechados desde

Debido a que existen pinturas rupestres en es-

hace apenas unos años hasta principios del

ta oquedad se ha continuado explorando y pla-

siglo XX (Fig.8). Éstas últimas están elabora-

ticando con sus dueños, en específico con la

das con lápiz, grafito o algún crayón negro y

hija, María Anastasio y su nieta Elvira Flores,

pintura de aceite roja. También se observan

quienes rectificaron que a pesar del nombre

pinturas de puntos y líneas, en tinta plana de

que comúnmente se le da en la región, su ver-

color rojo, que probablemente fueron realiza-

dadero nombre es Chicomeatl, por lo que pre-

das antes de la llegada de los españoles. Es86

Fig.6. Ritual de Xochitlalli
en la cueva del Sol en
Coetzala, Ver.
Foto. Rafael Reyes Ojeda,
2006.

Fig.7. Ritual de Xochitlalli en
la cueva de Chicomeatl.
Foto. Rafael Reyes Ojeda,
2006.

87

tas pinturas, de posible manufactura prehispá-

de no se puede continuar caminando por haber

nica resultan difíciles de fechar, infiriendo la

un acantilado de quizás ocho metros de pro-

temporalidad debido al uso de un pigmento en

fundidad. Aquí se observan algunas pinturas

color rojo, de origen mineral y a los trazos y

de líneas o manchas en el mismo color rojo, en

ubicación de las mismas así como por la temá-

la pared Este y en el techo, sobre algunas con-

tica.

creciones calcáreas. Y un par de metros ade-

En la entrada destacan dos figuras antropo-

lante, en la pared Oeste, hay una figura antro-

morfas, una de las cuales presenta gran dina-

pomorfa en tinta plana del mismo color rojo

mismo en cuanto a su movimiento; varias líne-

(Fig.11).

as, algunos puntos, círculos y líneas cruzadas,

Este personaje da la impresión de que se des-

Uno de estos conjuntos de trazos semeja al

plaza sobre sus rodillas en dirección a la salida

rostro icónico de Tlaloc (Fig.9). Mientras que

de la cueva pero su rostro mira hacia las

otros grupos de líneas cruzadas han dado a

“profundidades” de la gruta. En su parte poste-

pensar en la posibilidad de representaciones

rior se encuentra una figura zoomorfa perfilada

de estrellas o constelaciones.

en color negro, este rasgo, junto con otros cer-

Al interior de la cueva, a 215 metros, aproxima-

canos, pudieran ser de manufactura posterior a

damente, se encuentran sobre la pared Oeste

la Colonia por el tipo de trazos. Más adelante

una serie de estalactitas con la forma de

del zoomorfo se aprecian dos líneas verticales

“banderas” la cual tiene una gran pintura en

y después una figura antropomorfa delineada

color rojo, de más de dos metros cuadrados,

en color negro con un trazo y estilo diferente.

pero debido al paso del tiempo ya no se nota
ningún diseño, sólo están pintadas en algunas

Grafitis

de sus caras.

La mayoría de estos grafitis fueron hechos en

Más adelante, a cuarenta metros, se aprecian,

el siglo XX y tuvieron la intención de dejar el

en la misma pared Oeste, otros trazos con pig-

recuerdo de la visita a la cueva, por lo que en

mento rojo que fueron delineados, aprovechan-

su mayoría constituyen nombres, en general

do parte de las concreciones formadas en la

de hombres, y fechas, siendo la más antigua la

pared, para dar forma a una imagen de lagarto

dejada por Jaime R.H. en 1841 mientras que la

o serpiente (Fig.10).

más reciente es del diez de abril del 2004.

A casi trescientos metros de desarrollo de la

En la segunda galería también se observan

cueva se llega a una parte más angosta y don-

nombres y fechas de los visitantes, la más anti88

Fig.8. Grafitis y pinturas en una de las paredes de la cueva donde se distinguen
figuras antropomorfas en tinta roja. Foto Enrique Méndez Torres, 2009.

Fig.9. Grafitis elaborados el siglo pasado en negro. En rojo, de manera estilizada,
los rasgos de un posible Tlaloc. Foto Enrique Méndez Torres, 2009.
89

Fig.10. Representación de lagarto o serpiente en color rojo.
Foto Enrique Méndez Torres, 2009.

Fig.11. Figura antropomorfa en el interior de la cueva
Foto Enrique Méndez Torres, 2009.
90

gua de 1928, pero destaca de entre los grafitis

tar en el imaginario popular como espacios es-

uno en particular, dejado el 25 de mayo de

trechos, algunos pequeños cuerpos de agua,

1925 donde aparecen once nombres formando

fosos, galerías con murciélagos, complicados y

un abanico (Fig.12). En todo el trayecto no se

laberinticos caminos o inclusive, la presencia

vuelven a ver más grafitis sino hasta la parte

de algunos animales fantásticos moradores en

más “profunda”, junto con la pintura roja antro-

el interior. Este último aspecto se puede ver

pomorfa que ya se mencionó.

relacionado con la bella imagen de la cabeza

Por lo que hemos podido ver es evidente que

de un reptil trazada aprovechando el relieve de

esta cueva ha tenido una función ritual impor-

la pared de la cueva, misma que recibe de

tante desde la época prehispánica, quizás en

frente a quienes se aventuran al interior

buena medida debido a que es una de las po-

(Fig.10).

cas cavidades de la zona con un amplio desa-

Si bien no tenemos materiales arqueológicos

rrollo subterráneo donde la gente puede des-

cerámicos como tiestos, sahumadores o brase-

plazarse con cierta facilidad por su interior y

ros que nos referencien un uso ritual cabe

sortear algunos “peligros” que se llegan a con-

mencionar que en los procesos litúrgicos tam-

Fig.12. Grafiti dejado
como recuerdo de la visita a la cueva el 25 de
mayo de 1925 donde
aparecen once nombres
formando un abanico.
Foto Enrique Méndez
Torres, 2009.

91

bien se emplean materiales perecederos que

había sido hasta el 2006, por desgracia a raíz

difícilmente perduran en las condiciones am-

del fallecimiento de la rezandera de la cueva

bientales de esta cavidad, como se verá más

se ha relegado el espacio y se tiene la espe-

adelante. Y el simple hecho de los trazos ru-

ranza que en un futuro las deidades moradoras

pestres nos habla de una intención de carácter

de la cueva de Chicomeatl vuelvan a tener sus

sacro vinculado con la fertilidad de la tierra re-

rezos si es que la hija, María Anastasio Chon-

presentada por la cabeza de reptil, ya sea de

coa, o su nieta, Luz Elvira Flores Anastasio,

cocodrilo o de serpiente. Ambos animales

retoman el oficio (Fig.13).

hacen referencia a esta parte fría, acuática,

A pesar de que en años anteriores se realizaba

profunda, donde se guarda la riqueza y se ges-

aquí la ceremonia con todo el jubileo al que iba

tan los mantenimientos, quizás representado

unida, en la última visita que se hizo en el 2013

por la figura antropomorfa que sale triunfante

no se apreció evidencia de material alguno que

de la profundidad y voltea a ver dicho espacio

se relacionara con dicha actividad, como se

sagrado (Fig. 11).

encuentra en otras cavidades, donde quedan

Desconocemos en qué período de la historia

restos de sahumadores, depósitos de velas,

se pudieron haber trazado estas imágenes, sin

vasos de vidrio, botellas de vidrio o plástico de

embargo podríamos suponer que algunas de

algunas bebidas, todo esto como elementos

las representaciones, como las estilizaciones

más duraderos y ni se diga de la fruta, comida

de Tlaloc corresponderían al período Clásico,

o ensartes de flores que tienden a degradarse

por su contenido ideológico y el empleo del

más rápidamente. Tomando en cuenta que la

pigmento rojo especular.

última vez que se documentó aquí este ritual

El otro uso que se le da a la cueva en la actua-

fue en el 2006. El único objeto ritual que sub-

lidad tiene que ver con rituales tanto domésti-

siste de esta actividad es una muda cruz de

cos como públicos de los habitantes nahuas de

madera, que se mantiene en pie (Fig.14).

la sierra de la Zongolica, donde el sincretismo

Coincidencia o no, esta cueva ha tenido un uso

cristiano se ha mezclado con rituales prehispá-

ritual hacia las deidades de la fertilidad desde

nicos (Fig. 7). La congregación de la gente

la época prehispánica y así como podemos ver

hasta este punto tiene la finalidad de suplicar a

los rituales de Xochitlalli al interior de las cavi-

los moradores del interior del cerro por la bue-

dades de la región de la Zongolica es posible

na fortuna de las cosechas venideras, la salud

que hubiera sido muy similar el festejo en épo-

de la gente y/o del pueblo. Por lo menos así

ca prehispánica, con música, danzas, un diri92

Fig.13. Familia Anastacio:
Doña María Anastasio
Choncoa, Luz Elvira Flores
Anastasio y don Epifanio
Anastacio Margarito, de izquierda a derecha en el
respectivo orden.
Foto. Rafael Reyes Ojeda,
2006.

Fig.14. Cruz de madera,
mudo testigo del ultimo ritual elaborado en el 2006,
subsistiendo en el tiempo .
Foto. Enrique Méndez Torres, 2013.

93

Fig.15. Planta general de la cueva Chicomeatl, mostrando los lugares donde se ubican las pinturas rupestres.
Dibujó Enrique Méndez Torres, 20009.
94

gente ritual, sus auxiliares y todo un sistema de

anexo cartográfico del estado de Vera

cargos regulando el acto con varios meses de

cruz. Instituto Nacional de Estadística,

anticipación como se hace en la actualidad.

Geografía e Informática, México.

Esperamos que en el caso de la Cueva de Chicomeatl, la tradición no se pierda y que se reto-

Jiménez Ovando, Roberto

men los rezos para seguir pidiendo por las

1998 Notas para la historia de Maltrata. Car-

buenas cosechas.

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1992 Los mapas de Cuauhtinchan y la historia
cartográfica prehispánica. Fondo de Cultura Económica. México.

96

Sesiones del Seminario

Miembros del Seminario

De izquierda a derecha: Mtra. Marina Anguiano,
Arqlgo. Enrique Méndez Torres, Dra. María Elena Ruiz Gallut y Dr. Alejandro Villalobos

Lic. Bruno Daniel Díaz Pérez

97

Invitación a publicar

De igual manera los artículos podrán mandarse a la siguiente dirección electrónica:

Se invita a todos los investigadores interesados

seminario.tlaloc@gmail.com.

en temas relacionados con Tláloc y demás deidades de la lluvia y la fertilidad a enviar sus artículos de no más de 30 cuartillas, en letra Arial a
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un máximo de 10 imágenes. Todas las imágenes se llamaran Fig. y deben estar referidas en
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Los subtítulos deberán ir en negritas en minúsculas.
Todas las figuras deben tener su respectivo pie
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Las citas tendrán el formato Oxford. Ej.
(Maudslay, 1886:22 )
No se aceptará ningún artículo que no cumpla
con estos requisitos.

Toda correspondencia deberá dirigirse a la Dra.
María Elena Ruiz Gallut al Instituto de Investigaciones Estéticas, Circuito Mario de la Cueva,
s/n. Ciudad Universitaria, C.P. 04510, México
D.F. Tel. 5622-7547 Fax. 5665-4740.

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