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iad iagl-1¢essy Genio de alcachofa Cecilia Beuchat stress sea En el reino de los genios de lag aleachofas, eueeden muchas ‘cosas sorprendentes. La pnncesa tiene un caracter ‘especial, pero de dia, junto una poza, descubre algo que la hard cambiar. a Genio de alcachofa ECECIIABEUCHAT (Coulie Devchat Nacié en Santiago de Chile, Se titulé de profesora de ‘castellano y es también magister en letras con mencién ‘en tteratura hispantea. €s profesora ticular de la Facultad «de Educacién de la Pontificia Universidad Catélica de Chile, docente de la Universidad de Los Andes v profesora vsitante dela Universidad de Wisconsin (Milwaukee). Esinvestigadora y autora de numerosos libros y articulos especializados en 1 area del lenguaje, 1a teratura inranti y 1a escritura creativa. Es autora de numerosos libros para ninos, entre: los cuales se encuentran: La viejecta y el cerde, E! molinillo Imagico y Los dos regalos, en la coleccién Mar de Libros, Santilana, yy la reina de los genios que 1 en las plantas de alcachofas, A muy preocupados: su hija, la de la familia real, siempre ita de pena y casi nunca se le sonrefr. —;Por qué no invitas a alguna imiga? —le decia la mamé rein: _ =No quiero —contestaba la sa —y se pasaba horas entre las d hojas de su palacio, sin fo es posible que no quiera © con nadie —se lamentaba el a rey. por las astas 0, como Reino de Jas Flores, agarrar por el tallo, y organizaron us fiesta sorpresa. La pista de haile se levanté al pie de las matas de alcachofa mas grandes; un conjunto de grillos y pajaros fue contratado para animar la velada y las luciérnagas se encargaron de la iluminacién. La reina les solicits personalmente alas mariposas, que levaran las invitaciones a todas las flores donde Vivieran genios de la edad de su hija y les pidié a todos guardar cl scereto. . llegé el dia elegido. La faleachofa se encontraba como bre entre unas hojas con la io, cuando Melodia, Las luciérnagas encendieron Sus lamparitas y como en el cielo habia Tuna, Ia pista de baile adquirié un hermoso brillo. Curiosa, bajé hasta el lugar y cual no fue su sorpresa cuando, de pronto, vio aparecer a numerosos genios, que se acercaban cantando. Los invitados lucian hermosos: los que habitan en las amapolas, en las flores de azahar, los jazmines, las flores del café, en fin, genios venidos de muchos lugares y que ella conocia desde pequefia. También Mega varios, que vivian en otras ma alcachofa y todos la saludaron con & La princesa no sabia qué hacer, | Solo se limitaba a sonr y la verdad era que le asust hablar con todos néctar con polen, acompat tipo de algas saladas, trafdas d lejos por una bandada de gavia genios bailaban hasta caer al suel Todos refan y comentahan lo bien qui In estahan pasando. Tados, menos la Princesa, que permanecia en tin rincén, mirando a los invitados Varios genios quisieron sacarla a bailar, pero ella no acepté. La mama y €l papa, ocultos detrés de unos tallos, ‘observaban preocupados. Algunos invitados se habian dado ‘cuenita y comentaban entre ellos: Qué rara es! No quiere bailar, no conversa con nadie... Si alguien se acerca, ella contesta en forma brusca © tartamudea. Se pone colorada sin motivo alguno y siempre esta en un + Ja mafiana siguiente, la mam ina le comenté a su esposo: No sé qué vamos a hacer con esta nuestra, si sigue ast. que de durmiendo, no pudo hacerlo, po preocupado que estaba. Pasé el tiempo y Ia princesita no cambiaba, Es mas, parecia cada vez més hurafia y timida y sus amigas se habjan alejado de ella. a Un dia estaba ella contemplando una poza de agua que se habja formado cerca del palacio real, cuando escuché, de pronto, un zumbido. Miré a su alrededor y descubrié un abejorro que volaba cerca del agua. Observ6, cémo brillaba al sol y entonces, distinguid sobre el insecto la silueta de un genio alcachofa. Minutos después, el abejorro atcrrizé sobre iiigeiigin trie 2 esting aera ~ Allfse encontré, justo frente a frente, con la princesa que lo miraba con curiosidad. Los dos se ob: silencio. Por fin, ella haciendo un gran esfuerzo, y en vista de que él no pensaba hablar, le dijo: —Hoo... | Con nerviosismo, él la siguié ‘on en, mirando. Luego, tartamudeando la saludé: Hoo... la —Hola... —respondié otra vez la princesa, sonriendo al ver la cara del geni Una vez més, se produjo silencio centre los dos. —{Te pasa algo? —quiso saber ella, {De dénde vienes? —Ie pi Del otro lado de la colina. | yando con este nuevo tipo de ros... Ya ves, vuelan es una delicia —afirms el ge En cuanto comenzé a hablar de -abejorros, su voz cambié y sn rono — valvié mas seguro. | Me encanta volar. A veces lo _ moscardones. Una vez viajé en un gorrién y hace algunos dias llegué hasta el mar en una gaviora. Claro qt prefiero estos abejorros —dijo él, entusiasmado. —¢De veras? ;Hasta el mar? —pre- 16 la princesa sorprendida—. Eso st muy lejos. El genio se sonrojé un poco y “TP bruscamente, cambiando de tema, sefiald: —Mira, te haré unas demostraciones. Puedo volar con este abejorro muy cerca del agua, sin mojarme. El genio se subié al insecto y ambos despegaron con un gran impulso. Ya en elaire, le dio la orden de acercarse al agua yen un vertiginoso vuelo, comenzaron a hacer pirnetas de todo tipo. Ta princesa los miraha sorprendida. Una y otra ver, el genio montada sabre el abejorro pasaba volando por delante ira qué maravilla! —le gritaba el genio, euférico—. jEsto es volar de verdad...! De pronto, sin que ella pudiese pestafiear, el abejorro, al tomar una curva, no calculé bien y cay6 estrepi y termind también en el agua. psamente. El genio salié volando La princesa quedé paralizada, pero luego de unos segundos reacciond y se acercé a la orilla to indy répidy que pudo. Con toda su fuerza, se subis a una hoja y rem6 hasta el lugar del accidente. Casi sin respirar y cansadisima por el esfuerzo hecho, sacé al genio que ya estaba medio ahogado. El abejorro, luego de patalear un rato, logré tomarse de una ramita y se salv6. Apenas se secaran sus alas. volaria lejos de alli y ya no serviria de avién para nadie mas. La princesa intenté reanimar al z.. genio, que sacndia sus alas y sn rpo totalmente mojados y que tosia y escupia hojas que habja tragado al caer en 1a poza. Pero él s6lo se daba vueltas, y no deseaba que ella lo viera asi. - —Andate... no quicro que estés i aqui... —gritaba desaforado, dando yueltas en circulo. La princesa sintié que un g calor le subja desde muy adentro con voz muy fuerte le sefialé: —Eres un mal agradecido...! Te salvé la vida y me tratas asi Entonces sucedié algo muy especial. El genio se senté sobre las hojas y levandose las manos a los oj6 se puso a llorar amargamente. " La genio no sabia qué hacer. AL verlo tan indefenso, tan desvalido, se le ocurrié nada més que acercar hacerle carifio en las orejas, que es caricia favorita de todos los genios d las flores. El se desahogé llorando buen rato y luego apoyé su cabeza en su regazo y secé sus alas, batiéndolas como si fueran un abanico. ‘Ambos permanecieron un buen rato en silencio. Ella sabia lo que era sentirse asi y también habfa aprendido que en esos momentos no se tienen ganas de decir nada. Ya al atardecer, cuando el sol apenas se veia en el horizonte, el genio Ia mir6 con ternura y le dijo una sola palabr: —Gracias. Luego, cuando la luna se asomé por los matorrales, el genio confess: —Queria impresionarte... Estuve en tu baile y no me atrevi a acercarme. Soy muy timido... zsabes? Ella se sonrojé y esta vez el rubor en sus mejillas brillé mas hermoso que nunca. —No me atrevi a sacarte a bailar —siguié contando el genio. Mientras él hablaba, ella seguia acariciando sus orejas y sacudiendo sus alas para secarlo bien. , La princesa le conté entonces qj a.ella le pasaba lo mismo. —Dehe ser porque me siento poco fea con estas hojas verdosas y Jas. Me habefa gustado tener fae Blancor o color rora ye 0 genio de un jazmin —confesd. J A mi no me parecen tan feas_ opiné el genio. Y esa tarde, cuando salieron las estrellas, pudieron ver cémo el amor habia nacido entre los dos genios. ‘La Madre Naturaleza, que anda siempre por allf observando lo que ocurre en su reino, resolvié hacerles un regalo a los jévenes enamorados: a partir de ese momento, todas las flores de alcachofas se convertirfan en delicioso manjar. Todos nosotros lo podemos comprobar cada vez que nos sityen una alcachofa: poco a poco. a jue la vamos deshojando, se alli dentro, se dculta nn tierno mn.