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El Proceso Constitucional – Su Naturaleza Particular

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El Proceso Constitucional – Su Naturaleza Particular

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GUIDO AGUILA GRADOS

El Proceso Constitucional

– Su Naturaleza Particular –

Particular 3 GUIDO AGUILA GRADOS El Proceso Constitucional – Su Naturaleza Particular – www.guidoaguila.com

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GUIDO AGUILA GRADOS

El Proceso Constitucional – Su Naturaleza Particular

Guido Aguila Grados

© Diseño de Portada y Composición de interiores:

Sonia Gonzales Sutta

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Para mi princesa de pestañas preciosas

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El Proceso Constitucional – Su Naturaleza Particular

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ÍNDICE

1. NATURALEZA PARTICULAR DE LOS PROCESOS CONSTITUCIO- NALES

11

2. EL PROCESO CONSTITUCIONAL COMO EXPRESIÓN DE LA TUTE- LA JURISDICCIONAL URGENTE O DIFERENCIADA

19

3. DIFERENCIAS

DEL

PROCESO

CONSTITUCIONAL

CON

LOS

PROCESOS ORDINARIOS

 

25

3.1. La causa y razón de ser del proceso

25

Órganos

3.2. jurisdiccionales

compe-

tentes

27

3.3. Normatividad

aplicable

al

caso

concreto

29

3.4. Métodos de interpretación

 

29

3.5. Medidas

cautelares

 

32

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3.6. Estructura de la sentencia

34

3.7. Alcances de la sentencia

41

3.8. Cosa juzgada

 

44

3.9. Precedente vinculante

45

3.10. Autonomía procesal

47

4. PRINCIPIOS GENERALES DE LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

51

4.1. Principio de dirección judicial del proceso

52

4.2. Principio de gratuidad en la actua- ción del demandante

54

4.3. Principio de economía procesal

56

4.4. Principio

de

inmediación

57

4.5. Principio de socialización del pro- ceso

5. PRINCIPIOS EXCLUSIVOS DE LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

5.1. La suplencia de la queja deficiente

59

61

61

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9

6. FINES DE LOS PROCESOS CONS- TITUCIONALES

71

7. LOS

PROCESOS

CONSTITUCIO-

NALES

 

77

7.1. Definición

77

7.2. Clasificación

81

7.2.1.

Jurisdicción de la libertad

81

7.2.1.1.

Concepto

 

81

7.2.1.2.

Tipos de procesos en la ju- risdicción de la libertad

82

7.2.1.2.1.

Proceso de hábeas corpus

82

7.2.1.2.2.

Proceso de amparo

83

7.2.1.2.3.

Proceso de hábeas data

85

7.2.1.2.4.

Proceso de cumplimiento

87

7.2.2.

Jurisdicción orgánica

93

7.2.2.1. Concepto

 

93

7.2.2.2. Proceso de inconstituciona- lidad o acción restringida

94

10

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7.2.2.3. Proceso de ilegalidad o ac- ción popular

96

7.2.3.

Jurisdicción competencial

98

7.2.3.1. Concepto

98

7.2.3.2. Proceso de conflicto de com- petencias

99

8. EL CÓDIGO PROCESAL CONSTI- TUCIONAL

103

BIBLIOGRAFÍA

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1. NATURALEZA PARTICULAR DE LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

El tránsito del llamado «Estado Legal de Derecho» hacia el «Estado Constitucional de Derecho» 1 vino de la mano de una revalorización de los principios y de- rechos fundamentales reconocidos en las diversas Constituciones del mundo. Y no solo eso: también los

1 Como bien lo ha expresado el Tribunal Constitucional peruano en el fundamento 2 de su sentencia recaída en el Exp. N.° 0023-2005-PI/TC, este tránsito supuso, prin- cipalmente, «superar la concepción de una pretendida sobe- ranía parlamentaria, que consideraba a la ley como la máxi- ma norma jurídica del ordenamiento, para dar paso -de la mano del principio político de soberanía popular- al principio jurídico de supremacía constitucional, conforme al cual, una vez expresada la voluntad del Poder Constituyente con la creación de la Constitución del Estado, en el orden formal y sustantivo presidido por ella no existen soberanos, poderes ab- solutos o autarquías. Todo poder devino entonces en un poder constituido por la Constitución y, por consiguiente, limitado e informado, siempre y en todos los casos, por su contenido jurí- dico-normativo».

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llamados procesos constitucionales –antiguamente conocidos como «garantías constitucionales»– han recibido, si podríamos llamarlo así, una especie de «repotenciación» de sus posibilidades jurídicas para un mejor resguardo de los derechos fundamentales. Como bien lo ha expresado el Tribunal Constitucional peruano, «[dentro de los principios y derechos funda- mentales contenidos en la Constitución destacan cla- ramente aquellos de naturaleza procesal. En efecto, el proceso en general tiene una configuración diferente en el Estado Constitucional de Derecho, pues con la finalidad de hacer del proceso un mecanismo ágil, eficaz y garantista en la defensa de los derechos de las personas, la Constitución ha consagrado el derecho al debido proceso y la tutela jurisdiccional con garantías procesales (…)». 2

En sentido estricto, los procesos constitucionales se caracterizan por tener una naturaleza singular: su creación o configuración proviene expresamente de la misma Constitución y no solamente de una norma legal, y están librados a lo que disponga cada ordena- miento positivo. La competencia para resolver los procesos constitucionales depende del ordenamiento positivo de cada país: puede recaer en el Poder Judi- cial, en el Tribunal o Corte Constitucional, o en am-

2 STC Exp. N.° 0023-2005-PI/TC, fundamento 3.

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bos. El órgano jurisdiccional constitucional puede estar dentro del Poder Judicial o en los extramuros. En consonancia con lo expuesto, la realidad jurídica de cada país nos permite apreciar aristas y abanicos de configuraciones distintas de los procesos constitucio- nales, pero también, al mismo tiempo, similitudes evidentes en lo que parece su enfoque invariable hacia una finalidad esencial: defender la efectiva vigencia de los derechos fundamentales o garantías constituciona- les que la norma fundamental reconoce o protege, de tal manera que mediante esa defensa se materialice la efectividad de la estructura jerárquica normativa esta- blecida.

En lo que concierne al ordenamiento positivo pe- ruano, el diseño de los procesos constitucionales no difiere demasiado del de otros países: de la lectura del artículo 200° de nuestra Constitución se desprende la existencia de seis tipos de garantías constitucionales:

acción de hábeas corpus, acción de amparo, acción de hábeas data, acción de inconstitucionalidad, acción popular y acción de cumplimiento. La terminología que emplea nuestra norma fundamental es «garantías» y no «procesos», pero debe advertirse que «(…) el constitucionalismo peruano, hasta antes de la dación de la Constitución de 1979, utilizó indistintamente el término “garantías constitucionales” para referirse tanto a los derechos fundamentales de las personas

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como a las posibilidades procesales de su defensa». 3 La vigente Constitución de 1993 recoge esta tendencia «al emplear el concepto de garantías constitucionales, a las que continúa denominando de la misma manera, y dejando claramente establecido el carácter procesal de estas (…)». 4

La estrecha relación entre los derechos fundamentales y los procesos para su protección ha sido objeto de análisis por parte de nuestro Tribunal Constitucional. En ese sentido, el supremo intérprete de nuestra Cons- titución ha expresado que «[l]os “derechos fundamen- tales” y los “procesos para su protección” se han insti- tuido como institutos que no pueden entenderse de modo aislado, pues tales derechos solo podrían “reali- zarse” en la medida en que cuenten con mecanismos “rápidos”, “adecuados” y “eficaces” para su protec- ción. Así, a los derechos fundamentales, además de su condición de derechos subjetivos del más alto nivel y, al mismo tiempo, de valores materiales de nuestro ordenamiento jurídico, les es consustancial el estable- cimiento de mecanismos encargados de tutelarlos, pues es evidente que derechos sin garantías no son

3 BERNALES BALLESTEROS, Enrique. La Constitución de 1993. Análisis comparado (Quinta edición). Lima, Pe- rú. Editora RAO S.R.L., 1999, p. 813.

4 Ídem.

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sino afirmaciones programáticas, desprovistas de valor normativo». 5

Así pues, «los derechos fundamentales y los procesos que los tutelan se constituyen en el presupuesto indis- pensable para un adecuado funcionamiento del siste- ma democrático y en el instrumento que concreta los valores, principios y derechos constitucionales». 6 El

Tribunal Constitucional ha señalado que «…es a tra- vés de los procesos constitucionales (artículo 200° [de la Constitución]) que se garantiza jurisdiccionalmente

Constitución 7 En ese sen-

tido, «[t]odos los procesos constitucionales (incluyen- do aquellos orientados a la tutela de derechos funda-

mentales) gozan de una dimensión objetiva orientada a preservar el orden constitucional como una suma de valores institucionales. En consecuencia, en todos los procesos constitucionales subyace una defensa del orden público constitucional, expresado en que el Es- tado se disgrega en múltiples centros de poder equili- brados, (…). Estos órganos constitucionales se en- cuentran (o deben encontrarse) equilibrados entre sí

la fuerza normativa de la

5 STC Exp. 0023-2005-PI/TC, fundamento 8.

6 Ídem., segundo párrafo.

7 STC Exp. N.° 0030-2005-PI/TC, fundamento 46.

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por un sistema de frenos y contrapesos, que es lo que

hace al poder manejable por el Derecho». 8

El Tribunal Constitucional de nuestro país también ha expresado que «(…) tal como lo señala el artículo

III del CPConst., el juez constitucional goza de una

razonable valoración en la adecuación de toda forma- lidad a los fines de los procesos constitucionales, de manera tal que, en ningún caso, la supremacía de la Constitución y la vigencia efectiva de los derechos constitucionales (artículo II del Título Preliminar del CPConst.) quede subordinada al respeto de las formas por las formas». 9 Y añade que « [l]o expuesto, desde luego, no supone en modo alguno que las disposicio- nes del CPConst. puedan ser desconocidas por los jueces constitucionales. Significa tan sólo que ellas deben ser interpretadas y/o integradas “desde” y “con- forme” a la Constitución, de modo tal que resulte op- timizada la finalidad sustantiva de los procesos consti- tucionales (artículo II del Título Preliminar del CPConst.)». 10

Dentro de esa misma línea argumentativa, el Tribunal Constitucional también ha señalado que «nuestra norma fundamental ha consagrado un conjunto de

8 STC Exp. Nº. 0005-2005-CC/TC, fundamento 7.

9 STC Exp. N.° 0005-2005-CC/TC, fundamento 7.

10 STC Exp. N.° 0005-2005-CC/TC, fundamento 8.

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garantías específicas para la protección de los derechos fundamentales, constituyendo una tutela especializada (a cargo de los jueces constitucionales) distinta a aque- lla tutela común (a cargo de los jueces ordinarios). De este modo, los ‘derechos fundamentales’ y las ‘garan- tías para su protección’ se han constituido como insti- tutos que no pueden entenderse de modo aislado, pues tales derechos solo podrían ‘realizarse’ en la medida que cuenten con mecanismos ‘rápidos’, ‘adecuados’ y ‘eficaces’ para su protección. Los derechos y sus me- canismos procesales de tutela se constituyen así en el presupuesto indispensable para un adecuado funcio- namiento del sistema democrático». 11

Según el supremo intérprete de nuestra Constitución, «[l]a consagración constitucional de [los procesos constitucionales] les otorga un especial carácter, que los hace diferentes de los procesos ordinarios en cua- tro aspectos:

1) Por sus fines, pues a diferencia de los procesos constitucionales, los ordinarios no tienen por obje- to hacer valer el principio de supremacía constitu- cional ni siempre persiguen la protección de los de- rechos fundamentales;

11 STC Exp. Nº. 05374-2005-PA/TC, fundamento 2.

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2) Por el rol del juez, porque el control de la actuación de las partes por parte del juez es mayor en los pro- cesos constitucionales;

3) Por los principios orientadores, pues si bien es cier- to que estos principios, nominalmente, son com- partidos por ambos tipos de procesos, es indudable que la exigencia del cumplimiento de principios como los de publicidad, gratuidad, economía pro- cesal, socialización del proceso, impulso oficioso, elasticidad y de favor processum o pro actione, es fundamental e ineludible para el cumplimento de los fines de los procesos constitucionales.

4) Por su naturaleza, que es de carácter subjetivo- objetivo, pues no solo protegen los derechos fun- damentales entendidos como atributos reconocidos

a favor de los individuos, sino también, en cuanto

se trata de respetar los valores materiales del orde-

namiento jurídico, referidos en este caso a los fines

y objetivos constitucionales de tutela de urgencia».

12

Los procesos constitucionales son mecanismos de defensa que tiene toda persona ante la vulneración de sus derechos fundamentales.

12 STC Exp. N.º 00023-2005-PI/TC, fundamento 10.

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2. EL PROCESO CONSTITUCIONAL COMO EXPRESIÓN DE LA TUTELA JURISDICCIONAL URGENTE O DIFERENCIADA

El término «tutela jurisdiccional» puede ser concep- tuado como una «categoría jurídica que comprende al conjunto de derechos, garantías y principios que viabi- lizan el acceso al tratamiento jurisdiccional de los in- tereses en conflicto por parte de un justiciable, así como para que este alcance, de ser el caso, la efectivi- dad de la resolución que reconoce o restablece el goce de un derecho. (…) En puridad, se trata de un derecho continente, vale decir, que alberga a una pluralidad de facultades distinguibles unas de otras». 13 Sobre el tér- mino en estudio, el supremo intérprete de nuestra Constitución ha expresado que «[e]l derecho a la tutela jurisdiccional es un atributo subjetivo que comprende una serie de derechos, entre los que destacan el acceso a la justicia, es decir, el derecho de cualquier persona de promover la actividad jurisdiccional del Estado, sin

13 GARCÍA TOMA, Víctor y José V. García Yzaguirre. Diccionario de Derecho Constitucional. Lima, Perú. Gaceta Jurídica S.A., 2009, p. 471.

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que se le obstruya, impida o disuada irrazonablemen- te; y (…) el derecho a la efectividad de las resoluciones judiciales». 14

A

diferencia de la tutela jurisdiccional ordinaria, que

se

caracteriza por la existencia de audiencias, plazos

largos y lo que se conoce como «justicia de certeza», la tutela jurisdiccional urgente o diferenciada se caracte- riza por todo lo contrario: no existen audiencias, los plazos son cortos y solo puede haber «justicia de pro- babilidad». Lógicamente, estas características de la tutela diferenciada responden a que los derechos fun- damentales reconocidos en los textos constitucionales deben ser atendidos a la brevedad posible. Y es natural que esto sea así: como parte de la naturaleza esencial del hombre, los derechos fundamentales exigen una

tutela urgente que satisfaga el acceso a la justicia y la correcta ejecución de las resoluciones. Por esta razón,

la

tutela jurisdiccional urgente va mucho más allá que

la

tutela jurisdiccional ordinaria: se yergue como una

nueva forma de entender el proceso en general y, par- ticularmente, el proceso constitucional.

En relación con la tutela jurisdiccional, el Tribunal Constitucional resalta que «[a] diferencia de lo que sucede en otras constituciones, la nuestra no alude al

14 STC Exp. N.° 0015-2001-AI/TC, fundamento 9 (primer párrafo).

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derecho a la tutela jurisdiccional “efectiva”. Sin em- bargo, en modo alguno puede concebirse que nuestra Carta Fundamental tan solo garantice un proceso “in- trínsecamente correcto y leal, justo sobre el plano de

las modalidades de su tránsito, sino también (

de consentir los resultados alcanzados, con rapidez y efectividad”». 15 Y agrega que «la necesidad de enten- der que el derecho a la tutela jurisdiccional compren- de necesariamente su efectividad, se desprende tanto del artículo 8º de la Declaración Universal de Dere- chos Humanos como del artículo 25.1 de la Conven- ción Americana de Derechos Humanos. De acuerdo con el primero, “Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo, ante los tribunales nacionales com- petentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la Constitu- ción o por la ley”. Conforme al segundo, “Toda perso- na tiene derecho a un recurso sencillo, rápido o a cual- quier otro recurso efectivo ante los jueces o tribunales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la Cons- titución, la ley o la presente Convención (

) capaz

16

15 STC Exp. N.° 0015-2001-AI/TC, fundamento 9 (segundo párrafo)

16 STC Exp. N.° 0015-2001-AI/TC, fundamento 10.

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La relación entre los procesos constitucionales y la tutela jurisdiccional queda consolidada desde el mo- mento en que los primeros son considerados como instrumentos de tutela urgente o diferenciada, es de- cir, como procesos que «ha[n] sido concebido[s] para atender requerimientos de urgencia que tienen que ver con la afectación de derechos directamente compren- didos dentro de la calificación de fundamentales por la Constitución Política del Estado». 17 Desde esa pers- pectiva, la tutela jurisdiccional urgente o diferenciada no es más que un tipo peculiar de tutela que está enfo- cado a brindar, si cabe el término, un «trato especial» al ejercicio de los derechos fundamentales que son afectados por terceros. En líneas generales, no solo constituye un rompimiento con la concepción clásica de los procesos como de naturaleza constitutiva, decla- rativa, ejecutiva o provisoria, 18 sino también una nue- va concepción del proceso que tiene como sustento la

17 STC Exp. N.° 06095-2008-PA/TC, fundamento 4.

18 ACHULLI ESPINOZA, Maribel. «Cese e irreparabili- dad del acto lesivo como casual de improcedencia de la demanda. Notas jurisprudenciales para su compren- sión». En SOSA SACIO, Manuel (Coordinador). La pro- cedencia en el proceso de amparo. Lima, Perú. Gaceta Jurí- dica S.A., 2012, p. 116.

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agregación de los principios de instrumentalidad y eficacia. 19

La importancia que ha alcanzado lo que se conoce como tutela jurisdiccional urgente es la lógica conse- cuencia de la revalorización de los derechos funda- mentales reconocidos en los textos constitucionales modernos. Esta revalorización viene de la mano con el surgimiento del llamado «Estado constitucional de derecho», fenómeno que produjo notables y progresi- vos cambios en la estructura de los diferentes sistemas jurídicos y políticos. En este nuevo contexto, el Estado dejó de ser, como tal, el elemento primordial de pro- tección constitucional, y la persona humana y el ejer- cicio de sus derechos en el propio Estado pasaron a ocupar ese lugar. La preponderancia del juez sobre el legislador adquirió un nuevo matiz: mientras este último había perdido soberanía, el primero ganaba el privilegio de decir la última palabra. Juez y legislador cumplían papeles igualmente importantes dentro del sistema normativo del Estado, pero a partir del surgi- miento del Estado constitucional de derecho la balan- za se inclinará –y no dejará de hacerlo– a favor del primero.

19

MONROY PALACIOS, Juan.

La tutela procesal de los

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La evidente conexión entre la tutela jurisdiccional diferenciada y los procesos constitucionales ha sido expuesta por el Tribunal Constitucional de la siguien- te forma: «el Derecho Procesal Constitucional, como derecho constitucional concretizado o bajo la concepción instrumental que le otorga la moderna doctrina proce- sal, propugna, en atención a la tutela efectiva de los derechos fundamentales y de la supremacía constitu- cional, la configuración especial de determinadas ins- tituciones procesales y la apertura del proceso hacia nuevos cauces. En esta línea de razonamiento, uno de los aportes más significativos que esta rama procesal ha incorporado al ordenamiento jurídico es la posibi- lidad de ponderar el proceso más allá de su estricto rol de solución pacífica de conflictos inter-partes, aunan- do a su objeto la necesaria estabilización del ordena- miento jurídico a través de la actividad interpretativa. En este contexto, el proceso no sólo cumple su finali- dad en la resolución de los intereses subjetivos plan- teados al interior del proceso, sino que extiende su thelos a la ordenación y pacificación de un conflicto derivado de la ausencia o deficiencia de regulación jurídica concreta». 20

20 STC Exp. N.° 00228-2009-P/TC, fundamento 12 (segun- do párrafo).

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3. DIFERENCIAS DEL PROCESO CONSTITUCIONAL CON LOS PROCESOS ORDINARIOS

3.1. La causa y razón de ser del proceso

Esta diferencia inicial consiste básicamente en que mientras los procesos ordinarios protegen bienes jurí- dicos (patrimonio, salud, vida, trabajo, etc.) que son derechos legales, los procesos constitucionales buscan proteger derechos fundamentales o valores constitu- cionales. El sustento para esta diferencia podemos encontrarlo en lo expresado por el propio el Tribunal Constitucional: «La instauración de procesos específi- cos para la tutela de los derechos fundamentales ha constituido uno de los objetivos más importantes que la justicia constitucional ha conseguido. Ello se expli- ca porque en los procesos constitucionales se busca no sólo la protección de los derechos fundamenta- les, sino también la constitucionalidad del derecho objetivo. De ahí que se haya señalado que dichos procesos deben ser capaces de comprender no sólo

26

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la tutela subjetiva de los derechos constitucionales, sino también la tutela objetiva de la Constitución». 21

Ampliando su análisis, el supremo intérprete de nues- tra Constitución precisa que: «La doctrina constitu- cional comparada ha establecido que existen básica- mente dos tipos de procesos constitucionales. En pri- mer lugar, están los procesos destinados al afianza- miento de los derechos fundamentales; y, en segundo lugar, los procesos constitucionales que aseguran la supremacía de la Constitución. (…) Los procesos constitucionales destinados a la tutela de los derechos fundamentales hallan su fundamento en el doble ca- rácter de dichos derechos. En efecto, los derechos fun- damentales no son solo derechos subjetivos, sino tam- bién instituciones objetivas. En esta última dimen- sión, los derechos fundamentales comportan valores que informan todo el ordenamiento jurídico; de ahí que su tutela y protección no sólo sea de interés para la persona titular de ese derecho, sino para la colectivi- dad en general, pues su transgresión implica un cues- tionamiento al propio ordenamiento constitucional». 22

Finalmente, el Tribunal Constitucional advierte que «(…) existen procesos constitucionales que están des- tinados a la defensa del principio de supremacía de la

21 STC Exp N.° Nº 266-2002-AA/TC (fundamento 5)

22 Ídem.

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Constitución, lo cual quiere decir que se busca asegu- rar la propia noción de Constitución, ya que sin la efectividad del principio de supremacía, las normas constitucionales se descalificarían ubicándose al mis- mo nivel que ocupan las normas legales ordinarias. (…) Precisamente, el Código Procesal Constitucional (artículo II del Título Preliminar) ha establecido que los procesos constitucionales tienen como finalidad, por un lado, garantizar el principio jurídico de la su- premacía constitucional (artículo 51° de la Constitu- ción) y, por otro, preservar la observancia de la vigen- cia de los derechos fundamentales de la persona (ar- tículo 1° de la Constitución)». 23

3.2. Órganos jurisdiccionales competentes

Si los procesos ordinarios, en su totalidad, se tramitan ante el Poder Judicial, los procesos constitucionales pueden iniciarse en el Poder Judicial y son suscepti- bles de llegar al Tribunal Constitucional o iniciarse directamente ante el Tribunal Constitucional. Esta diferencia se fundamenta en lo expresado por nuestro Tribunal Constitucional: «El artículo 202.1 de la Constitución establece de forma expresa que le co- rresponde al Tribunal Constitucional conocer en instancia única de la acción de inconstitucionali-

23

Ídem.

28

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dad, tanto más cuando en el artículo 201 de la propia Norma Fundamental se establece que el Tribunal Constitucional es el órgano encargado de controlar la constitucionalidad de las leyes». 24 A esto añade que:

«El artículo 202°, inciso 2) de la Constitución, estable- ce que corresponde al Tribunal Constitucional “( ) conocer, en última y definitiva instancia, las resolu- ciones denegatorias de hábeas corpus, amparo, há- beas data y acción de cumplimiento”. 25

El supremo intérprete de nuestra Constitución precisa también que «[su] jurisprudencia (…) es constante y uniforme en sostener que una resolución denegatoria, que habilita su competencia, puede ser tanto una sen- tencia sobre el fondo como un auto que termina el debate jurisdiccional, si se pronuncia sobre la carencia de alguno de los aspectos de forma» 26 . Y puntualiza que «(…) tratándose de una sentencia sobre el fondo que desestima la pretensión, el Tribunal [Constitucio- nal] es competente para conocer del presente recurso de agravio constitucional». 27

24 STC Exp. N.° 00017-2006-PI/TC, fundamento 3.

25 STC Exp. N.º 0192-2005-PA/TC, fundamento 2.

26 Ídem.

27 Ídem.

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3.3. Normatividad aplicable al caso concreto

La diferencia de normatividad aplicable se advierte en el hecho de que mientras en los procesos ordinarios se aplican la norma pertinente al caso concreto, en los procesos constitucionales se aplica el bloque de consti- tucionalidad. En lo que se refiere al bloque de consti- tucionalidad, el Tribunal Constitucional ha expresado que su interpretación «(…) no sólo abarca las normas constitucionales propiamente dichas, sino que se extiende a todas las demás comprendidas en el de- nominado bloque de constitucionalidad. (…) Dicho concepto permite completar el marco normativo de un texto fundamental de por sí sutil o inacabado. Por ende, comprende el conjunto de normas constitucio- nales y las respectivas normas infraconstitucionales que contienen su regulación complementaria (…)». 28

3.4. Métodos de interpretación

Esta diferencia radica en que mientras los procesos ordinarios utilizan métodos ordinarios de interpreta- ción, tales como el sistemático, histórico, funcional, literal, lógico, entre otros, los procesos constituciona- les obedecen a los siguientes principios de interpreta- ción: unidad de la Constitución, concordancia prácti-

30

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ca, corrección funcional, función integradora y fuerza

normativa. Para abordar el desarrollo doctrinal de estos principios del proceso constitucional, el supremo intérprete de nuestra Constitución parte de la premisa de reconocer la naturaleza jurídica de la Constitución del Estado para reconocer, seguidamente, la posibili- dad de que sea objeto de interpretación, pero hace la

la particular estructura normativa

de sus disposiciones que, a diferencia de la gran mayoría de las leyes, no responden en su aplicación a la lógica subsuntiva (supuesto normativo – sub- sunción del hecho – consecuencia), exige que los métodos de interpretación constitucional no se ago- ten en aquellos criterios clásicos de interpretación normativa (literal, teleológico, sistemático e históri- co), sino que abarquen, entre otros elementos, una serie de principios que informan la labor hermenéu- tica del juez constitucional. Tales principios son:

salvedad que «(

)

a) El principio de unidad de la Constitución: Con- forme al cual la interpretación de la Constitución debe estar orientada a considerarla como un “todo” armónico y sistemático, a partir del cual se organiza el sistema jurídico en su conjunto.

b) El principio de concordancia práctica: En virtud del cual toda aparente tensión entre las propias disposiciones constitucionales debe ser resuelta “optimizando” su interpretación, es decir, sin “sa-

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crificar” ninguno de los valores, derechos o princi- pios concernidos, y teniendo presente que, en últi- ma instancia, todo precepto constitucional, incluso aquellos pertenecientes a la denominada “Constitu- ción orgánica” se encuentran reconducidos a la protección de los derechos fundamentales, como manifestaciones del principio-derecho de dignidad humana, cuya defensa y respeto es el fin supremo de la sociedad y el Estado (artículo 1º de la Consti- tución).

c) El principio de corrección funcional: Este princi- pio exige al juez constitucional que, al realizar su labor de interpretación, no desvirtúe las funciones y competencias que el Constituyente ha asignado a cada uno de los órganos constitucionales, de modo tal que el equilibrio inherente al Estado Constitu- cional, como presupuesto del respeto de los dere- chos fundamentales, se encuentre plenamente ga- rantizado.

d) El principio de función integradora: El “producto” de la interpretación sólo podrá ser considerado co- mo válido en la medida que contribuya a integrar, pacificar y ordenar las relaciones de los poderes públicos entre sí y las de éstos con la sociedad.

e) El principio de fuerza normativa de la Constitu- ción: La interpretación constitucional debe encon- trarse orientada a relevar y respetar la naturaleza de

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la Constitución como norma jurídica, vinculante in toto y no sólo parcialmente. Esta vinculación alcan- za a todo poder público (incluyendo, desde luego, a este Tribunal) y a la sociedad en su conjunto (…)». 29

3.5. Medidas cautelares

Los procesos ordinarios determinan la procedencia de las medidas cautelares cumpliendo los requisitos de ley. En contraposición, en los procesos constituciona- les, en algunos casos por ser de tutela urgente, son improcedentes las medidas cautelares y, cuando estas proceden, configuran simplemente casos excepciona- les. Si bien la tutela cautelar no se encuentra contem- plada de forma expresa en la Constitución peruana, el Tribunal Constitucional ha advertido que «(…) dada su trascendencia en el aseguramiento provisional de los efectos de la decisión jurisdiccional definitiva y en la neutralización de los perjuicios irreparables que se podrían ocasionar por la duración del proceso, se constituye en una manifestación implícita del derecho al debido proceso, consagrado en el artículo 139.° inci- so 3), de la Constitución. No existiría debido proceso, ni Estado Constitucional de Derecho, ni democracia, si una vez resuelto un caso por la autoridad judicial,

29 STC Exp. N.° 5854-2005-PA/TC, fundamento 12.

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resulta de imposible cumplimiento la decisión adop- tada por ésta». 30

Sobre la base de lo expuesto, el Tribunal Constitucio- nal asevera que «la función de la medidas cautelares está orientada en su carácter instrumental a asegurar la efectividad del derecho demandado en el marco de un debido proceso, no sólo cuando se trate de procesos que adolecen de dilaciones indebidas o que no se resuelvan dentro de los plazos establecidos, sino también cuando se trate de la duración ordinaria de los procesos. Existen pro- cesos que por su duración, aunque tramitados dentro de los respectivos plazos, pueden constituir un serio peligro para eficacia del derecho. (…) Así, las medidas cautelares son exclusivamente conducentes a hacer posible la efectividad de la tutela que pudiera otorgar- se en una eventual sentencia estimatoria de amparo. Es por eso que el profesor CALAMANDREI las con- figura como instrumentos del instrumento». 31

Nuestro supremo intérprete de la Constitución con-

si bien no es posible que en abstracto se

cluye que «(

establezca un único plazo a partir del cual la concesión de la medida cautelar pueda reputarse irrazonable, es necesario que los jueces que conozcan de ellas se ajus- ten a los plazos y a las actuaciones previstas en el ar-

)

30 STC Exp. N.° 00023-2005-PI/TC, fundamento 37.

31 STC Exp. N.° 00023-2005-PI/TC, fundamento 38.

34

GUIDO AGUILA GRADOS

tículo 15 del CPConst. Así, es deber del juez consti- tucional dotar de la prioridad debida y actuar con una diligencia especial en la tramitación de los pe- didos cautelares que conozca. De no tenerse pre- sente ello, una medida que debería ser concebida como cautelar y excepcional, en el marco de proce- sos de tutela de urgencia, se convertiría en un ins- trumento inoperante, resquebrajando la capacidad de respuesta de la jurisdicción constitucional frente a los actos violatorios de derechos fundamentales que provienen de las autoridades públicas, y me- llando el propio principio-derecho de dignidad hu- mana, consagrado en el artículo 1 de la Constitución Política del Perú». 32

3.6. Estructura de la sentencia

Los procesos ordinarios generan sentencias cuya es- tructura está conformada de tres partes: parte exposi- tiva, parte considerativa y parte resolutiva. En cambio, los procesos constitucionales generan sentencias cuya estructura exige un mayor desarrollo teórico, a juzgar por las partes que las conforman: razón declarativa o axiológica, razón suficiente o ratio decidendi o holding, razón accidental o subsidiaria u obiter dicta, razón pre- ceptiva o normológica y fallo o decisum. Con relación a

32 STC Exp. N.° 00023-2005-PI/TC, fundamento 39.

El Proceso Constitucional – Su Naturaleza Particular

35

las sentencias en materia constitucional, el Tribunal Constitucional ha precisado que dichas sentencias:

«(…) aluden a aquellos actos procesales emanados de un órgano adscrito a la jurisdicción especializada, me- diante las cuales se pone fin a una litis cuya tipología se deriva de alguno de los procesos previstos en el Có- digo Procesal Constitucional. Así, en los casos de los procesos de hábeas corpus, amparo, hábeas data y cumplimiento, el fin de su expedición apunta a prote- ger los derechos constitucionales, reponiendo las cosas al estado anterior a la violación o amenaza de viola- ción de un derecho constitucional, o disponiendo el cumplimiento de un mandato legal o de un acto ad- ministrativo; en los casos de los procesos de acción popular e inconstitucionalidad su finalidad es la de- fensa de la Constitución frente a infracciones contra su jerarquía normativa; mientras que en los procesos competenciales tiene por objeto resolver los conflictos que se susciten sobre las competencias o atribuciones asignadas directamente por la Constitución o la leyes orgánicas que delimitan los ámbitos propios de los poderes del Estado, los órganos constitucionales, los gobiernos regionales o municipales.

En suma, permiten cautelar la supremacía jerárquica de la Constitución y la vigencia plena de los derechos fundamentales de la persona. Por ende, rebasan con largueza la satisfacción de un interés particular o de

36

GUIDO AGUILA GRADOS

beneficio de un grupo, ya que teleológicamente res- guardan los principios y valores contenidos en la Constitución, que, por tales, alcanzan a la totalidad de los miembros de la colectividad política.

Para el cumplimiento de dicho cometido, el Tribunal Constitucional considera necesario estipular que la estructura interna de sus decisiones se compone de los siguientes elementos: la razón declarativa-teológica, la razón suficiente (ratio decidendi) la razón subsidiaria o accidental (obiter dicta), la invocación preceptiva y la decisión o fallo constitucional (decisum).

Al respecto, veamos lo siguiente:

La razón declarativa-axiológica es aquella parte de la sentencia constitucional que ofrece reflexiones referi- das a los valores y principios políticos contenidos en las normas declarativas y telológicas insertas en la Constitución.

En ese sentido, implica el conjunto de juicios de valor concomitantes a la interpretación y aplicación de las normas técnicas y prescriptivas de la Constitución, que permiten justificar una determinada opción esco- gitada por el Colegiado. Ello a efectos de consolidar la ideología, la doctrina y hasta el programa político es- tablecido en el texto supra.

La razón suficiente expone una formulación general del principio o regla jurídica que se constituye en la

El Proceso Constitucional – Su Naturaleza Particular

37

base de la decisión específica, precisa o precisable, que adopta el Tribunal Constitucional.

En efecto, esta se constituye en aquella consideración determinante que el Tribunal Constitucional ofrece para decidir estimativa o desestimativamente una cau- sa de naturaleza constitucional; vale decir, es la regla o principio que el Colegiado establece y precisa como indispensable y, por ende, como justificante para re- solver la litis.

Se trata, en consecuencia, del fundamento directo de la decisión; que, por tal, eventualmente puede mani- festar la basa, base o puntal de un precedente vincu- lante.

La razón suficiente (la regla o principio recogida como fundamento) puede encontrarse expresamente formu- lada en la sentencia o puede ser inferida por la vía del análisis de la decisión adoptada, las situaciones fácti- cas y el contenido de las consideraciones argumentati- vas.

La razón subsidiaria o accidental es aquella parte de la sentencia que ofrece reflexiones, acotaciones o apos- tillas jurídicas marginales o aleatorias que, no siendo imprescindibles para fundamentar la decisión adopta- da por el Tribunal Constitucional, se justifican por razones pedagógicas u orientativas, según sea el caso en donde se formulan.

38

GUIDO AGUILA GRADOS

Dicha razón coadyuva in genere para proponer respues- tas a los distintos aspectos problemáticos que com- prende la materia jurídica objeto de examen. Ergo ex- pone una visión más allá del caso específico; por ende, una óptica global acerca de las aristas de dicha mate- ria.

En efecto, en algunas circunstancias la razón subsidia- ria o accidental aparece en las denominadas sentencias instructivas, las cuales se caracterizan por realizar, a partir del caso concreto, un amplio desarrollo doctri- nario de la figura o institución jurídica que cobija el caso objeto de examen de constitucionalidad. La fina- lidad de estas sentencias es orientar la labor de los operadores del derecho mediante la manifestación de criterios que pueden ser utilizados en la interpretación jurisdiccional que estos realicen en los procesos a su cargo; amén de contribuir a que los ciudadanos pue- dan conocer y ejercitar de la manera más óptima sus derechos.

Al respecto, son ilustrativas las sentencias de los casos Eleobina Aponte Chuquihuanca [Expediente Nº 2663- 2003-HC/TC] y TajMahal Discoteque [Expediente Nº

3283-2003-AA/TC].

En la primera de las citadas, de manera pedagógica se precisaron los alcances de los diferentes tipos de há- beas corpus; en tanto que en la segunda se determinó académicamente la procedencia o improcedencia de

El Proceso Constitucional – Su Naturaleza Particular

39

una acción de garantía con sujeción al tiempo de reali- zación de los actos que requieren tutela constitucional.

Asimismo, el Tribunal Constitucional emplea la razón subsidiaria o accidental en aquellas circunstancias en donde, a través del proceso de conocimiento de una determinada materia constitucional, establece un cri- terio pro persuasivo o admonitorio sobre posibles de- terminaciones futuras en relación a dicha materia.

Este pronunciamiento, a modo de dicta, permite a los operadores jurisdiccionales y a los justiciables “prede- cir” o “pronosticar” la futura manera de resolver aque- lla cuestión hipotética conexa al caso en donde aparece manifestada.

Como bien expone Ana MagatoniKerpel [El precedente constitucional en el sistema judicial norteamericano. Ma- drid: Mc Graw Hill, 2001, pág. 82] esta dicta tiene fuerza persuasiva.

Dicho “vigor convincente”, en razón del rango jerár- quico de la autoridad que la emite, auspicia que se garantice que en el futuro las decisiones de los órganos jurisdiccionales jerárquicamente inferiores no sean revocadas; o que los justiciables puedan preveer las consecuencias de determinadas conductas dentro del marco de una eventual litis de naturaleza constitucio- nal.

40

GUIDO AGUILA GRADOS

Al respecto, puede citarse la sentencia del caso Euse- bio Llanos Huasco [Expediente Nº 976-2001-AA/TC], en donde se expusieron las consideraciones del Tribu- nal Constitucional relacionadas con las modalidades de despido laboral que generarían readmisión en el empleo.

La invocación preceptiva es aquella parte de la sen- tencia en donde se consignan las normas del bloque de constitucionalidad utilizadas e interpretadas, para la estimación o desestimación de la petición planteada en un proceso constitucional.

La decisión o fallo constitucional es la parte final de la sentencia constitucional que, de conformidad con los juicios establecidos a través de la razón declarativa- axiológica, la razón suficiente, la invocación normati- va y, eventualmente, hasta en la razón subsidiaria u occidental, precisa las consecuencias jurídicas estable- cidas para el caso objeto de examen constitucional.

En puridad, la decisión o fallo constitucional se refiere simultáneamente al acto de decidir y al contenido de la decisión.

El acto de decidir se encuentra justificado cuando se expone dentro de las competencias asignadas al Tri- bunal Constitucional; mientras que el contenido de la decisión está justificado cuando se deriva lógica y axiológicamente de los alcances técnicos y preceptivos

El Proceso Constitucional – Su Naturaleza Particular

41

de una norma perteneciente al bloque de constitucio- nalidad y de la descripción de ciertos hechos consig- nados y acreditados en el proceso constitucional.

En suma, la decisión o fallo constitucional constituye el pronunciamiento expreso y preciso, por medio del cual el Tribunal Constitucional estima o desestima el petitorio de una demanda de naturaleza constitucio- nal. En ese contexto, en dicha decisión puede surgir una exhortación vinculante o persuasiva conforme a cánones establecidos en el caso Edgar Villanueva N. y 64 Congresistas de la República [Expediente Nº 0006- 2003-AI/TC]». 33

3.7. Alcances de la sentencia

En los procesos ordinarios las sentencias tienen un alcance personal, que puede ser inter partes y erga omnes (excepcionalmente) relativo, además de temporal (irre- troactivo). Por su parte, en los procesos constituciona- les las sentencias tienen un alcance personal, que pue- de ser inter partes y erga omnes absoluto, además de un alcance temporal, que puede ser irretroactivo, retroac- tivo o diferido. En relación con los alcances de la sen- tencia constitucional, el Tribunal Constitucional ha precisado que «el cumplimiento y ejecución de las

33 STC Exp. Nº 0024-2003-AI/TC.

42

GUIDO AGUILA GRADOS

reglas y decisiones contenidas en las sentencias expe- didas por el Tribunal Constitucional pueden ser ob- servados en función a los efectos personales o tempo- rales que de ellos se derivan». 34 Seguidamente, pasa a expresar lo siguiente:

«En cuanto a los efectos personales, estos pueden ser directos o indirectos.

Los efectos directos de la sentencia se producen para las partes vinculadas al proceso constitucional, frente al cual la sentencia expedida pone fin a la litis.

Los efectos indirectos se producen para la ciudadanía en general y los poderes públicos. En ese contexto, los citados quedan “atados”, en su comportamiento per- sonal o funcional, a las reglas y decisiones que una sentencia constitucional declare como precedente vin- culante.

En relación a los efectos en el tiempo, estos pueden ser irretroactivos, retroactivos o de aplicación dife- rida.

Como se ha referido anteriormente, la aplicación dife- rida se determina en una sentencia con vacatiosetentiae; es decir, las consecuencias jurídicas de una decisión se suspenden durante algún tiempo, atendiendo a la ne- cesidad de preveer las derivaciones políticas, económi-

34

Ídem.

El Proceso Constitucional – Su Naturaleza Particular

43

cas o sociales que ello alcance. Al respecto, no debe olvidarse que todo Tribunal Constitucional tiene la obligación de aplicar el principio de previsión me- diante el cual se predetermina la totalidad de las “con- secuencias” de sus actos jurisdiccionales. En ese senti- do, los actos jurisdiccionales (tras la expedición de una sentencia) deben contener el augurio, la proyección y el vaticinio de una “mejor” realidad político-jurídica y la cancelación de un otrora “mal”. En ese contexto, el efecto diferido evita el hecho de corregir un mal creando otro mal, el cual es evitable por la vía de la suspensión temporal de los efectos de una sentencia con precedente vinculante.

Los efectos diferidos se manifiestan en los denomina- das sentencias exhortativas y en los casos de senten- cias con precedente vinculante de eficacia diferida (prospective overruling).

Respecto a la aplicación con efectos irretroactivos o retroactivos, cabe señalar lo siguiente:

a) Las sentencias sobre demandas de inconstituciona- lidad, cumplimiento y conflictos competenciales, en principio, se aplican con efectos irretroactivos; esto es, tienen alcances ex nunc.

b) Las sentencias sobre demandas de hábeas corpus, amparo y hábeas data se aplican con efectos retro- activos; ya que su objeto es reponer las cosas al es-

44

GUIDO AGUILA GRADOS

tado anterior a la violación de un derecho constitu- cional; es decir, tienen alcances ex tunc.

c) Las sentencias en los casos de procesos de inconsti- tucionalidad, en donde se ventile la existencia de violación de los principios constitucionales tributa- rios contenidos en el artículo 74° del texto supra, deben contener la determinación sobre sus efectos en el tiempo; e igual previsión debe efectuarse res- pecto de las situaciones judiciales mientras estuvo en vigencia la norma declarada inconstitucional. Entonces, cabe la posibilidad de que se establezca la aplicación del principio de retroactividad.

En consecuencia puede tener efectos ex tunc». 35

3.8. Cosa juzgada

Si los procesos ordinarios generan la cosa juzgada ju- dicial, esto es, susceptible de ser revisada por meca- nismos procesales y procesos constitucionales, los procesos constitucionales generan la cosa juzgada constitucional, es decir, irrevisables en sede nacional. Sobre esta particular diferencia, es importante relatar que «(…) el artículo 24° del Código Procesal Constitu- cional establece que “la resolución del Tribunal Constitucional que se pronuncie sobre el fondo ago-

35 STC Exp. Nº 0024-2003-AI/TC.

El Proceso Constitucional – Su Naturaleza Particular

45

ta la jurisdicción nacional”. Por tanto, dado que la cuestionada resolución del Tribunal Constitucio- nal, de fecha 23 de noviembre de 2004, versó sobre el fondo de la pretensión y resolvió declarar improceden- te la demanda, no cabe recurso de nulidad contra ella; sin perjuicio de lo cual se deja a salvo el derecho del actor de acudir a la instancia supranacional, cum- pliendo los requisitos del artículo 121° del mismo cuerpo normativo». 36

3.9. Precedente vinculante

Mientras que los procesos ordinarios generan un pre- cedente judicial de carácter erga omnes relativo y que puede ser derogado por una ley, los procesos constitu- cionales generan un precedente constitucional de ca- rácter erga omnes absoluto y que solo puede ser dero- gado por otro precedente constitucional. Como bien lo ha señalado el Tribunal Constitucional, «[l]a noción jurisprudencia constitucional se refiere al conjunto de decisiones o fallos constitucionales emanados del Tri- bunal Constitucional, expedidos a efectos de defender la superlegalidad, jerarquía, contenido y cabal cum- plimiento de las normas pertenecientes al bloque de

36 STC Exp. N.° 2760-2004-HC/TC (solicitud de nulidad) fundamento 2.

46

GUIDO AGUILA GRADOS

constitucionalidad. (…) En ese orden de ideas, el pre- cedente constitucional vinculante es aquella regla jurídica expuesta en un caso particular y concreto que el Tribunal Constitucional decide establecer como regla general; y, que, por ende, deviene en parámetro normativo para la resolución de futuros procesos de naturaleza homóloga». 37

A criterio del supremo intérprete de nuestra Constitu-

ción, «[e]l precedente constitucional tiene por su condición de tal efectos similares a una ley. Es de-

cir, la regla general externalizada como precedente a partir de un caso concreto se convierte en una regla preceptiva común que alcanzar a todos los justiciables

y que es oponible frente a los poderes públicos. (…)

En puridad, la fijación de un precedente constitucio- nal significa que ante la existencia de una sentencia con unos específicos fundamentos o argumentos y una decisión en un determinado sentido, será obligatorio

resolver los futuros casos semejantes según los térmi- nos de dicha sentencia. (…) La competencia del Tri- bunal Constitucional para determinar un precedente vinculante se encuentra sustentada en el Artículo VII del Título Preliminar del Código Procesal Constitu-

cional, el cual preceptúa que “(

Tribunal Constitucional que adquieren la autoridad

las sentencias del

)

37 STC Exp. N.º 0024-2003-AI/TC.

El Proceso Constitucional – Su Naturaleza Particular

47

de cosa juzgada constituyen precedente vinculante cuando así lo exprese la sentencia, precisando el ex- tremo de su efecto normativo. Cuando el Tribunal Constitucional resuelva apartándose del precedente, debe expresar los fundamentos de hecho y de derecho que sustentan la sentencia y las razones por las cuales se aparta del precedente”». 38

3.10. Autonomía procesal

Ningún proceso ordinario permite que el juez aplique el principio de autonomía procesal, que es exclusivo

del Tribunal Constitucional. En cambio, los procesos constitucionales permiten al juez constitucional recu- rrir al principio de autonomía procesal para una mejor protección de derechos fundamentales, más allá de lo señalado en la norma procesal. Este principio de auto- nomía procesal del juez constitucional ha sido materia de análisis por parte del Tribunal Constitucional, que

toda concepción de la Constitu-

ha señalado que «(

ción trae consigo una concepción del procedimiento, como toda concepción del procedimiento trae consigo una concepción de Constitución”. El Tribunal Cons- titucional, como máximo intérprete de la Constitu- ción y órgano supremo de control de la constitucio-

)

38

Ídem.

48

GUIDO AGUILA GRADOS

nalidad, es titular de una autonomía procesal para desarrollar y complementar la regulación procesal constitucional a través de la jurisprudencia, en el marco de los principios generales del Derecho Constitucional material y de los fines de los proce- sos constitucionales». 39

El Tribunal Constitucional precisa que la atribución anterior «está sujeta a tres límites:

- Primero, la regulación constitucional y legal en donde se han establecido los principios fundamen- tales del proceso constitucional, en este caso el ar- tículo 200° de la Constitución, el Código Procesal Constitucional y la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional, puesto que la complementación a la cual puede avocarse el Tribunal no supone una ampliación de sus competencias.

- Segundo, se realiza en base al uso del Derecho Constitucional material, pero no de manera absolu- ta; es el caso, por ejemplo, de las lagunas existentes en las prescripciones procesales legales que se de- tectan y cubren mediante la interpretación que rea- liza el Tribunal, en el cumplimiento de las funcio-

39 STC Exp. N.° 0020-2005-PI/TC, fundamento 2.

El Proceso Constitucional – Su Naturaleza Particular

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nes que le están encomendadas por la Constitución, empleando para ello determinadas instituciones procesales -como la del litisconsorte facultativo a la que se recurre en la presente resolución-. El espec- tro es bastante amplio, por ejemplo respecto a pla- zos, emplazamientos, notificaciones, citaciones, po- sibilidad de modificación, retirada, acumulación y separación de demandas, admisibilidad de deman- das subsidiarias y condicionales, derecho por po- bre, procedimiento de determinación de costas, ca- pacidad procesal, consecuencias de la muerte del demandante, retroacción de las actuaciones y de- más situaciones que, no habiendo sido previstas por el legislador, podrían ser el indicio claro de la intención del mismo de dejar ciertas cuestiones pa- ra que el Tribunal mismo las regule a través de su praxis jurisprudencial, bajo la forma de princi- pios y reglas como parte de un pronunciamiento judicial en un caso concreto. No obstante, esta apli- cación analógica no debe entenderse como una me- ra translación mecánica de instituciones.

- Tercero, debe reconocer el lugar que ocupa el De- recho Procesal Constitucional dentro del ámbito del Derecho Procesal general, afirmándose la natu- raleza del Tribunal Constitucional como órgano ju- risdiccional, sin que ello suponga negar las singula- ridades de la jurisdicción constitucional y los prin-

50

GUIDO AGUILA GRADOS

cipios materiales que la informan; lo contrario comportaría el riesgo de someterse a un positivis- mo jurídico procesal basado en la ley». 40

40

Ídem.

El Proceso Constitucional – Su Naturaleza Particular

51

4. PRINCIPIOS GENERALES DE LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

En este acápite abordaremos los principios de la Teo- ría General del Proceso aplicados a los procesos cons- titucionales. Con relación a los principios que guían el proceso constitucional, el máximo intérprete de nues- tra Constitución ha expresado que los principios pro- cesales constitucionales pueden ser entendidos «como pautas de optimización que inspiran el establecimien- to de las reglas procesales y su interpretación» 41 y «configuran el proceso constitucional como uno prefe- rentemente publicístico». 42 En armonía con esta no- ción, los principios de los procesos constitucionales recogidos en el artículo III del Título Preliminar de nuestro Código Procesal Constitucional, además de ser conceptos que están orientados al desarrollo del proce- so constitucional y cuya utilidad radica en su fuerza para describir y sustentar la esencia del proceso, tam-

41 RTC Exp. Nº 01317-2008-PHC/TC, fundamento 6.

42 STC Exp. Nº 03547-2009-PHC/TC, fundamento 8.

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bién ponen de manifiesto el sistema procesal por el que el legislador ha optado. 43

El artículo III del Título Preliminar de nuestro Códi- go Procesal Constitucional ha consagrado los siguien- tes cinco principios para el desarrollo de los procesos constitucionales:

4.1. Principio de dirección judicial del proceso

4.2. Principio de gratuidad en la actuación del de- mandante

4.3. Principio de economía procesal

4.4. Principio de inmediación

4.5. Principio de socialización del proceso

Veamos seguidamente en qué consiste cada uno de estos principios.

4.1. Principio de dirección judicial del proceso

Este principio «delega en la figura del juez constitu- cional el poder-deber de controlar razonablemente la actividad de las partes, promoviendo la consecución

43 MONROY GÁLVEZ, Juan. Introducción al proceso civil. Tomo I. Bogotá, Colombia. Temis. Estudio De Belaunde & Monroy Abogados. 1996, p.80.

El Proceso Constitucional – Su Naturaleza Particular

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de los fines del proceso de manera eficaz y pronta». 44 Este principio le asigna al juez constitucional un papel mucho más activo en la dirección judicial del proceso:

de su antigua labor rutinaria de dedicarse meramente a formalizar las actuaciones de las partes, el juez es impulsado mediante este principio a cumplir una tarea pública trascendental que debe plasmarse en su deber de garantizar que tales actuaciones, a lo largo del pro- ceso, se resuelvan en el menor tiempo posible, dada la urgencia de una tutela inmediata de los derechos fun- damentales en juego. El principio de dirección judicial del proceso exige al juez constitucional desempeñar una actuación que no se limite a controlar las actua- ciones de las partes, sino también a promover los actos procesales necesarios para que el proceso, en sí mismo, se desarrolle con celeridad y eficacia.

Mediante el impulso que le asigna el principio de di- rección judicial del proceso, el juez constitucional muda su actuación pasiva por el de activa. Y en armo- nía con este renovado rol, también «…corresponde al juez constitucional detectar y desvirtuar aquella con- ducta procesal que, intencionalmente o no, pretenda convertir al proceso en un ritualismo de formas, antes que en un eficiente cauce para la protección de los derechos fundamentales y el respeto de la supremacía

44 STC Exp. Nº 2876-2005-PHC/TC, fundamento 23.

54

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normativa de la Constitución». 45 El principio de direc- ción judicial del proceso se redimensiona, pues, «…en la medida en que la jurisdicción constitucional no es simple pacificadora de intereses de contenido y alcan- ce subjetivos, sino del orden público constitucional en conjunto. Con relación a la Constitución, la jurisdic- ción constitucional no actúa ni puede actuar como un órgano neutro, sino, por el contrario, como su principal promotor». 46

4.2. Principio de gratuidad en la actuación del de- mandante

Este principio está desglosado en dos sentidos: por un lado, garantiza «…la gratuidad de la administración de justicia (…) para las personas de escasos recursos» 47 y, por otro, «…la gratuidad de la administración de jus- ticia (…) para todos, en los casos que señala la ley». 48 Según lo expuesto, el principio de gratuidad debe en- tenderse como una excepción, pues no existe en el mundo un sistema judicial cuyos servicios sean, en principio, realmente gratuitos. Sin embargo, dado que

45 STC Exp. N.° 0048-2004-PI/TC, fundamento 4.

46 STC Exp. N.° 0005-2005-CC/TC, fundamento 4.

47 STC Exp. N.° 01607-2002-AA/TC, fundamentos 5 y 6.

48 Ídem.

El Proceso Constitucional – Su Naturaleza Particular

55

los procesos constitucionales deben estar orientados a garantizar la efectiva vigencia de los derechos consti- tucionales, el principio de gratuidad en la actuación del demandante cumple ese necesario papel de garan- tía que permita el acceso general a la justicia en cuanto a lo que al inicio del proceso se refiere. En ese sentido, la gratuidad en la actuación del demandante se tradu- ce en que este está exonerado de asumir un costo espe- cífico por la actividad procesal que desee iniciar.

El principio de gratuidad es coherente con el ideal de concretizar los derechos fundamentales de la persona mediante su acceso a una justicia sin restricciones, aun cuando existieran causas de índole económica que pudieran impedir hacer valer esos derechos. Por lo demás, es importante resaltar que el principio de igualdad, «que subyace en los términos de la gratuidad en la administración de justicia (…) no obliga a tratar igual a todos siempre y en todos los casos, sino a tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales. Dicho principio contiene (…) un mandato constitucional que exige la remoción de los obstáculos que impidan el ejercicio pleno de los derechos fundamentales. En el ámbito judicial ese mandato se traduce en asegurar, a las personas de escasos recursos, el acceso, el plantea- miento y la obtención de un fallo judicial que resuelva

56

GUIDO AGUILA GRADOS

sus diferencias dentro de un proceso judicial gratui- to». 49

4.3. Principio de economía procesal

Este principio «pretende evitar un tránsito innecesario al recurrente por esta sede [del Tribunal Constitucio- nal], con el probable perjuicio que ello pudiera ocasio- narle en la búsqueda de tutela de la pretensión incoa- da». 50 En los procesos constitucionales, el principio de economía procesal «no se restringe a la duración del mismo, sino que exige aliviar en la mayor medida po- sible el esfuerzo de tiempo y de medios económicos que supone desplazarse a la sede del Tribunal Consti- tucional». 51 La idea que subyace en este principio es evitar aquellos trámites superfluos que pudieran dila- tar la labor de los jueces constitucionales y auxiliares de justicia, es decir, simplificar el trámite procesal redundante en la mayor medida posible, lo cual no significa, lógicamente, que se deba sacrificar el cum- plimiento de las formalidades indispensables para que el proceso pueda desarrollarse con la celeridad reque- rida.

49 Ídem.

50 RTC Exp. N.° 00101-2008-PHC/TC, fundamento 8.

51 STC Exp. N.° 10340-2006-PA/TC, fundamento 8.

El Proceso Constitucional – Su Naturaleza Particular

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En líneas generales, el principio de economía procesal se materializa en el ahorro de tiempo, gasto y esfuerzo. En materia procesal constitucional, el ahorro de tiem- po es vital para resolver la controversia, dada la pecu- liar circunstancia de que una de las partes deseará siempre la solución urgente del conflicto, mientras que la otra intentará prolongarla el mayor tiempo po- sible. En cuanto al ahorro de los gastos, dada la natu- raleza urgente del derecho fundamental que se solicita tutelar, estos tienen como finalidad impedir que los costos procesales produzcan una situación de indefen- sión durante el desarrollo del proceso. Finalmente, el ahorro de esfuerzo implica supone la omisión de cier- tos actos procesales que pese a estar regulados en el ordenamiento procesal no son indispensables para los fines del proceso, es decir, se yerguen en actos cuyo trámite es redundante para la determinación de una sentencia justa. 52

4.4. Principio de inmediación

Este principio «procura que el juez constitucional ten- ga el mayor contacto con los elementos subjetivos (in- tervinientes) y objetivos (documentos, lugares) que conforman el proceso, para lograr una aproximación

52 MESÍA RAMÍREZ, Carlos. Exégesis del Código Procesal Constitucional. Tomo I (Cuarta edición). Lima, Perú. Ga- ceta Jurídica S.A., 2013, pp. 96-97.

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GUIDO AGUILA GRADOS

más exacta al mismo, lo cual puede motivar la necesi- dad de una eventual actuación probatoria ante la ur- gencia o inminencia de una tutela jurisdiccional cons- titucional efectiva». 53 De esta manera, «la actividad probatoria debe transcurrir en presencia del juez en- cargado de pronunciar sentencia, puesto que solo de esta manera se garantiza que exista un contacto directo entre el juzgador y los medios de prueba aportados al proceso, que permitirá a este ponderarlos en forma debida y plasmar sus conclusiones en forma suficiente y razonada al momento de emitir sentencia condena- toria». 54 El objetivo de este principio es consolidar un acercamiento abierto y sincero entre el juez constitu- cional y las partes involucradas en el litigio.

La inmediación puede ser de tipo subjetivo, objetivo y de actividad. Si el primero se refiere a la cercanía del juez con los protagonistas directos o indirectos de la relación procesal, el segundo se refiere a la comunica- ción cercana entre el juez y los hechos o cosas materia- les ligadas a la relación procesal, mientras que el terce- ro se presenta cuando durante el desarrollo del íter procesal la actuación de un medio de prueba produce la información necesaria para acreditar un hecho o situación distinta (aunque igualmente discutible al

53 STC Exp. N.° 02876-2005-PHC/TC, fundamento 23.

54 STC Exp. N.° 06846-2006-PHC/TC, fundamento 5.

El Proceso Constitucional – Su Naturaleza Particular

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interior del proceso). 55 Pero a todo esto se debe tener en cuenta que el principio de inmediación «no signifi- ca necesariamente la exigencia de oralidad, pues en- tender la oralidad como condición sine qua non para la realización del principio de inmediación en el pro- ceso constitucional supondría deducir que cuando no hay informes orales el Tribunal no puede resolver». 56

4.5. Principio de socialización del proceso

Este principio «consiste en el deber del juez de evitar que las desigualdades materiales existentes entre las partes impidan la consecución de una decisión judicial que sea reflejo cabal de la objetividad del Derecho». 57 El principio de socialización «exige que se diseñen los mecanismos idóneos para hacer realidad la igualdad (procesal) de las partes del proceso…», 58 igualdad que debe reflejarse en la actuación del juez, quien precisa- mente es el actor encargado de evitar cualquier tipo de desigualdad que pueda afectar la marcha o el resultado del proceso. En ese contexto, la equidad y el equilibrio procesales están garantizados mediante la aplicación

55 DEVÍS ECHANDÍA, Hernando. Compendio de Derecho Procesal Civil. Parte general. Bogotá, Colombia. Editorial Temis S.A., 1983, p. 61

56 RTC Exp. N.° 01317-2008-PHC/TC, fundamento 5.

57 STC Exp. N.° 0048-2004-AI/TC, fundamento 4.

58 STC Exp. N.° 03547-2009-PHC/TC, fundamento 8.

60

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del principio de socialización del proceso: el juez constitucional tiene la obligación de adoptar las medi- das correctivas necesarias que tiendan a brindar igua- les oportunidades a los litigantes, de tal manera que se eliminen los procedimientos privilegiados para que al final del proceso su decisión sea calificada como justa.

El principio de socialización del proceso es exigencia de nuestro tiempo. Como fiel reflejo del cambio de un modelo procesal privado por el de uno social, el aludi- do principio no solo aspira a que el proceso se desarro- lle en iguales condiciones para las partes inmersas en un litigio, sino también a que la tutela judicial efectiva no se reduzca a una simple entelequia. En ese sentido, el principio de socialización procesal «es una de las manifestaciones del tránsito del Estado liberal hacia el Estado social, de manera tal que la falacia formalista en virtud de la cual el principio de igualdad solo ad- quiere plena vigencia con una conducta absolutamente pasiva y contemplativa del Estado, sucumbe ante los principios del constitucionalismo social, según los cuales ante los múltiples factores que pueden situar a las partes en una evidente situación de desigualdad, resulta imperativa la intervención judicial a efectos de tomar las medidas correctivas que aseguren un proce- so justo». 59

59 RTC Exp. N.° 0048-2004-PI/TC, fundamento 4.

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5. PRINCIPIOS EXCLUSIVOS DE LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

Una de las grandes diferencias entre la Teoría Gene- ral del Proceso y los procesos constitucionales es que, estos últimos, poseen principios que le son exclusivos. Son inaplicables para los demás procesos. Esto, por su naturaleza urgente y de protección de derechos fun- damentales. Son dos principales:

5.1. La Suplencia de la Queja Deficiente.

5.2. La Autonomía Procesal

5.1. La suplencia de la queja deficiente

La suplencia de la queja deficiente es un principio implícito del Derecho Procesal Constitucional pe- ruano que subyace en los artículos II y VIII del Título Preliminar del Código Procesal Constitucional. En ese sentido, se trata de un principio que le permite al juez constitucional «hacer correcciones sobre el error o la omisión en la que incurre el demandante en el plan-

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teamiento de sus pretensiones, tanto al inicio del pro- ceso como en su decurso», 60 es decir, «cuando el afec- tado no fue lo suficientemente explícito en su preten- sión, ya sea por error o ignorancia». 61 Mediante la aplicación de este principio, el juez constitucional «únicamente podrá desvincularse de lo planteado en la demanda a fin de otorgar una protección eficaz a los derechos constitucionales lesionados [esto es, siempre a favor del quejoso], cuando ello devenga de una vo- luntad implícita del recurrente a pesar de no haberla planteado correctamente en la demanda». 62

El instituto jurídico de la suplencia de la queja defi- ciente es de origen mexicano «y si bien es cierto que [nuestra legislación] no lo ha comprendido de modo taxativo, no es menos cierto que si está presente de modo implícito, pues nuestro Código Procesal Consti- tucional sí ha previsto en el artículo VIII de su Título Preliminar el principio del iura novit curia, bajo cuyo manto se encuentra subsumida la (…) mencionada suplencia de la queja deficiente». 63 En este punto es

60 STC Exp. N.° 5637-2006-PA/TC, fundamento 14.

61 ABAD YUPANQUI, Samuel. El proceso constitucional de amparo. Su aporte a la tutela de los derechos fundamentales. Lima, Perú. Gaceta Jurídica S.A., 2004, p. 169.

62 STC Exp. N.° 0569-2003-AC/TC, fundamento 8.

63 STC Exp. N.° 05761-2009-PHC/TC, fundamento 18.

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necesario distinguir la diferencia entre el principio del iur novit curia y la suplencia de la queja defectuosa: si el primero implica identificar y «corregir» el derecho que se debe aplicar a la causa, el segundo sirve para corregir los defectos procesales en la postulación. La corrección de estos defectos de índole procesal es pre- cisamente una tarea que les compete a los jueces cons- titucionales, quienes están impedidos de desatender esos defectos.

El Tribunal Constitucional peruano ha precisado que la suplencia de los actos procesales deficientes es una «facultad (…) otorgada a los jueces constitucionales en nuestro ordenamiento jurídico, para adecuar su pretensión a fin de otorgar protección constitucional al quejoso, en aquellos casos en los que se advierta un error o una omisión en el petitorio. (…) [A] diferencia de los jueces ordinarios, quienes en la mayoría de los casos mantienen una vinculación rígida con la ley, el deber de suplir los actos defectuosos es exigi- ble ineludiblemente en el caso del juez constitucional, debido al deber especial de protección de los derechos fundamentales que informa los procesos constitucio- nales». 64 Y añade que «a efectos de determinar qué actos procesales pueden ser objeto de la suplencia,

64 STC Exp. N.° 0569-2003-AC/TC, fundamento 3 (segun- do párrafo)

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cabe distinguir los actos procesales viciados, en actos defectuosos, actos inválidos, y actos nulos». 65

El supremo intérprete de nuestra Constitución precisa que «[l]os actos defectuosos son aquellos que se reali- zan sin que concurran todos los presupuestos, requisi- tos y condiciones que determinan su admisibilidad, pero que no generan afectación de principios o de de- rechos procesales constitucionales de relevancia y, por ese hecho, son inocuos. Por su parte, los actos inváli- dos son aquellos que se realizan incumpliendo los requisitos y condiciones que la ley prevé, dando lugar, a su vez, a la afectación de derechos o principios cons- titucionales, pero que, sin embargo, pueden ser subsa- nados o reparados por sí mismos, o eventualmente por medio de la intervención del juez (Binder Alberto. El incumplimiento de las formas procesales. Ad Hoc, Buenos Aires 2000. Pág. 96). Finalmente, los actos nulos son aquellos que, habiendo comprometido se- riamente derechos o principios constitucionales, no pueden ser reparados». 66

65 STC Exp. N.° 0569-2003-AC/TC, fundamento 3 (tercer párrafo)

66 STC Exp. N.° 0569-2003-AC/TC, fundamento 4.

El Proceso Constitucional – Su Naturaleza Particular

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5.2. La autonomía procesal

En lo que se refiere a la autonomía del Tribunal Cons- titucional peruano, dicha autonomía puede entender- se, prima facie, como aquella garantía institucional mediante la cual se protege el funcionamiento del Tribunal Constitucional con plena libertad en los ám- bitos jurisdiccionales y administrativos, entre otros, de modo que en los asuntos que le asigna la Constitu- ción puede ejercer libremente las potestades necesarias para garantizar su autogobierno, así como el cumpli- miento de sus competencias. Ello implica además que los poderes del Estado u órganos constitucionales no pueden desnaturalizar las funciones asignadas al Tri- bunal Constitucional en tanto órgano de control de la Constitución. Asimismo, debe destacarse que tal auto- nomía del Tribunal Constitucional si bien es atribuida por la Constitución también es limitada por ésta, de modo que el ejercicio de sus respectivas competencias no puede desvincularse parcial o totalmente del orde- namiento jurídico (Exp. N.º 00005-2007-PI/TC FFJJ 37 y 38). (STC Exp. N.° 00013-2010-PI/TC, fundamen- to 8)

Según el principio de autonomía procesal del Tribunal Constitucional, el supremo intérprete de nuestra Constitución detenta en la resolución de cada caso concreto la potestad de establecer, a través de su juris- prudencia, normas que regulen el proceso constitucio-

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nal, a través del precedente vinculante del artículo VII del Código Procesal Constitucional, en aquellos aspec- tos donde la regulación procesal constitucional pre- senta vacíos normativos o donde ella debe ser perfec- cionada o adecuada a los fines del proceso constitu- cional. La norma así establecida está orientada a resol- ver el concreto problema –vacío o imperfección de norma– que el caso ha planteado y, sin embargo, lo trascenderá y será susceptible de aplicación ulterior debido a que se incorpora, desde entonces, en la regu- lación procesal constitucional vigente. 67

La autonomía procesal del Tribunal Constitucional ha permitido abrir el camino para una verdadera innova- ción de sus propias competencias. Esta capacidad para delimitar el ámbito de sus decisiones por parte del supremo intérprete de nuestra Constitución tiene co- mo presupuesto la necesidad de dotar de todo el poder necesario en manos del Tribunal Constitucional para tutelar los derechos fundamentales más allá incluso de las intervenciones de las partes, pero sin olvidar que la finalidad no es una finalidad para el atropello o la res- tricción. Este «sacrificio de las formas procesales» solo puede encontrar respaldo en una única razón: la tutela de los derechos, por lo que toda práctica procesal que se apoye en este andamiaje teórico para atropellar los

67 STC Exp. N.° 0025-2005-PI/TC, fundamento 19.

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derechos o para disminuir su cobertura debe ser re- chazado como un poder peligroso en manos de los jueces. 68

En su calidad de máximo intérprete de la Constitución y órgano supremo de control de la constitucionalidad, el Tribunal Constitucional peruano es titular de una autonomía procesal para desarrollar y complementar la regulación procesal constitucionalidad mediante la jurisprudencia, en el marco de los principios generales del Derecho Constitucional material y de los fines de los procesos constitucionales. Sin embargo, esta atri- bución está sujeta a tres límites:

1. La regulación constitucional y legal en donde se han establecido los principios fundamentales del proceso constitucional, en este caso el artículo 200° de la Constitución, el Código Procesal Constitucio- nal y la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional, puesto que la complementación a la cual puede avocarse el Tribunal no supone una ampliación de sus competencias.

2. Se realiza en base al uso del Derecho Constitucio- nal material, pero no de manera absoluta; es el ca- so, por ejemplo, de las lagunas existentes en las prescripciones procesales legales que se detectan y cubren mediante la interpretación que realiza el

68 STC Exp. N° 4119-2005-PA/TC, fundamento 38.

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Tribunal, en el cumplimiento de las funciones que le están encomendadas por la Constitución, em- pleando para ello determinadas instituciones pro- cesales –como la del litisconsorte facultativo a la que se recurre en la presente resolución–. El espec- tro es bastante amplio, por ejemplo respecto a pla- zos, emplazamientos, notificaciones, citaciones, po- sibilidad de modificación, retirada, acumulación y separación de demandas, admisibilidad de deman- das subsidiarias y condicionales, derecho por po- bre, procedimiento de determinación de costas, ca- pacidad procesal, consecuencias de la muerte del demandante, retroacción de las actuaciones y de- más situaciones que, no habiendo sido previstas por el legislador, podrían ser el indicio claro de la intención del mismo de dejar ciertas cuestiones pa- ra que el Tribunal mismo las regule a través de su praxis jurisprudencial, bajo la forma de principios y reglas como parte de un pronunciamiento judicial en un caso concreto. No obstante, esta aplicación analógica no debe entenderse como una mera trans- lación mecánica de instituciones.

3. Debe reconocer el lugar que ocupa el Derecho Pro- cesal Constitucional dentro del ámbito del Derecho Procesal general, afirmándose la naturaleza del Tribunal Constitucional como órgano jurisdiccio- nal, sin que ello suponga negar las singularidades de la jurisdicción constitucional y los principios

El Proceso Constitucional – Su Naturaleza Particular

69

materiales que la informan; lo contrario comporta- ría el riesgo de someterse a un positivismo jurídico procesal basado en la ley. 69

69 STC Exp. N.° 0020-2005-PI/TC, fundamento 3.

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El Proceso Constitucional – Su Naturaleza Particular

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6. FINES DE LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

Si

se toma como referencia lo dispuesto en el artículo

II

del Título Preliminar del Código Procesal Consti-

tucional (Ley N.° 28237), diremos que los fines esen- ciales de los procesos constitucionales son garantizar la primacía de la Constitución y la vigencia efectiva de los derechos constitucionales. 70 La garantía de la pri-

macía de la Constitución acarrea la tarea de desplazar

la primacía de la ley por la primacía de la Constitu-

ción, mientras que la vigencia efectiva de los derechos

constitucionales es la lógica consecuencia del recono- cimiento de la primacía constitucional, dado que me-

70 Vale la pena resaltar que este dispositivo armoniza con lo prescrito en el primer párrafo del artículo 1 de la alu- dida norma procesal: «Los procesos a los que se refiere el presente título tienen por finalidad proteger los derechos cons- titucionales, reponiendo las cosas al estado anterior a la viola- ción o amenaza de violación de un derecho constitucional, o disponiendo el cumplimiento de un mandato legal o de un ac- to administrativo».

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diante dicho reconocimiento se garantiza la defensa de los derechos reconocidos por nuestra norma funda- mental. La vinculación entre la primacía de la Consti- tución y la vigencia efectiva de los derechos se mani- fiesta en que la primera «es un ordenamiento que po- see fuerza normativa y vinculante; por ende, la mate- ria constitucional será toda la contenida en ella, y “lo constitucional” derivará de su incorporación en la Constitución». 71

El término «derechos constitucionales» está ligado indefectiblemente a la finalidad de los procesos consti- tucionales. Sobre este particular, el Tribunal Consti- tucional no ha proporcionado su noción de lo que debe entenderse por «derechos constitucionales»: «se entiende por derechos constitucionales los derechos subjetivos que, o bien han sido reconocidos expresa- mente por la Constitución, o bien se tratan de atribu- tos que, por su carácter esencial y desprenderse de principios jurídicos medulares del ordenamiento, pueden considerarse como tales, aun cuando la Consti- tución no los haya reconocido expresamente, confor- me lo dispone el artículo 3º del Texto Constitucio- nal». 72 De esta manera, «la enumeración de los dere- chos fundamentales previstos en la Constitución, y la

71 STC Exp. N.° 0168-2005-PI/TC, fundamento 3.

72 STC Exp. N.° 375-2000-AA/TC, fundamento 2.

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cláusula de los derechos implícitos o no enumerados, da lugar a que en nuestro ordenamiento todos los de- rechos fundamentales sean a su vez derechos constitu- cionales, en tanto es la propia Constitución la que in- corpora en el orden constitucional no solo a los dere- chos expresamente contemplados en su texto, sino a todos aquellos que, de manera implícita, se deriven de los mismos principios y valores que sirvieron de base histórica y dogmática para el reconocimiento de los derechos fundamentales». 73

Por otro lado, no se debe pasar por alto que el propio Tribunal Constitucional ha señalado que el proceso constitucional «tiene como objetivo asegurar el fun- cionamiento adecuado del orden constitucional y la vigencia efectiva de los derechos constitucionales, tal como lo ha previsto el artículo II del Título Prelimi- nar del Código Procesal Constitucional, el cual, a la letra, dice: Son fines esenciales de los procesos consti- tucionales garantizar la primacía de la Constitución y la vigencia efectiva de los derechos constitucionales. De esta manera, el diseño del proceso constitucional se orienta a la tutela de dos distintos tipos de bienes jurídicos: la eficacia de los derechos fundamentales y la constitucionalidad del derecho objetivo, toda vez que, por su intermedio, se demuestra la supremacía

73 STC Exp. N.° 1417-2005-AA/TC, fundamento 4.

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constitucional. Y es que, gracias a ello, este Colegiado cumple sus funciones esenciales, tanto reparativas como preventivas (artículo 2 del Código Procesal Constitucional)». 74

Del mismo modo, el supremo intérprete de nuestra Constitución ha expresado que «los procesos constitu- cionales persiguen no solo la tutela subjetiva de los derechos fundamentales de las personas, sino también comprenden la tutela objetiva de la Constitución. Pues la protección de los derechos fundamentales no solo es de interés para el titular de ese derecho, sino también para el propio Estado y para la colectividad en general, pues su transgresión supone una afectación también al propio ordenamiento constitucional. Por ello, bien puede decirse que, detrás de la constitucionalización de procesos (…), nuestra Constitución ha reconocido la íntima correspondencia entre la doble naturaleza (objetiva-subjetiva) de los derechos fundamentales y la doble naturaleza (subjetiva-objetiva) de los procesos constitucionales. (…) [L]as dos vocaciones del proceso constitucional son interdependientes y se hacen nece- sarias todas las veces en que la tutela primaria de uno de los dos intereses (subjetivo y objetivo) comporte la violación del otro». 75

74 STC Exp. N.° 002877-2005-HC/TC, fundamento 5.

75 STC Exp. N.° 00023-2005-PI/TC, fundamentos 11.

El Proceso Constitucional – Su Naturaleza Particular

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Siguiendo la línea del razonamiento anterior, el Tribunal Constitucional afirma que «[p]or todo ello, la afirmación del doble carácter de los procesos constitucionales resulta ser de especial relevancia para el análisis constitucional a realizar por este Colegiado, pues este caso amerita una valoración de esta dimensión objetiva orientada a preservar el orden constitucional como una suma de bienes ins- titucionales. En consecuencia, se hace necesaria la configuración de un proceso constitucional en el que subyace una defensa del orden público consti- tucional». 76 Y añade que «los principios del proce- dimiento que caracterizan a los procesos constitu- cionales tiene por finalidad cautelar la vigencia de los derechos fundamentales y la supremacía consti- tucional, lo cual se corrobora con el mandato del artículo III del Título Preliminar del Código Proce- sal Constitucional, que dispone que: ‘[E]l juez y el Tribunal Constitucional deben adecuar la exigencia de las formalidades previstas en este código al logro de los fines de los procesos constitucionales’. De la interpretación resultante se infiere que el juez, di- rector del proceso, debe privilegiar razonablemente la tutela del derecho sobre las formas procesales». 77

76 STC Exp. N° 00023-2005-PI/TC, fundamentos 12.

77 STC Exp. N.° 3390-2005-HC/TC, fundamento 3.

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En relación con los fines de los procesos constitucio- nales, el supremo intérprete de nuestra Constitución ha destacado la trascendencia de la labor de los jueces constitucionales. En ese sentido, resalta que «si un acto causa agravio o no a un derecho constitucional no necesariamente se deriva del hecho de que este fuera expedido en transgresión de la normatividad que lo regula, pues puede haber sido expedido perfectamente de conformidad con la ley y los reglamentos y, al mismo tiempo, afectar derechos constitucionales. En consecuencia, si el juez constitucional es el llamado a hacer las veces de garante natural de los derecho fun- damentales, lo menos que se puede pedir de él es que en el ejercicio de la función jurisdiccional que se le ha confiado, el razonamiento que lo lleve a estimar o des- estimar una pretensión tenga que realizarse a partir del derecho constitucionalmente declarado, y no desde la legalidad (o no) que se haya podido observar en la actuación administrativa cuestionada». 78

78 STC Exp. N.° 0213-2000-AA/TC, fundamento 2.

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7. LOS PROCESOS CONSTITUCIONALES

7.1. Definición

Los procesos constitucionales pueden ser definidos como aquellas «vías específicas que se cuentan para efectivizar el control de constitucionalidad de manera directa o indirecta, y el mecanismo procesal que se aplica para garantizar efectivamente la protección de los derechos humanos». 79 En otras palabras, «son aque- llos instrumentos destinados a la efectiva protección de los derechos fundamentales de las personas y de la supremacía normativa de la Constitución. Estos pro- cesos, junto con los órganos judiciales (especializados o no) encargados de su tramitación, constituyen el

79 GOZAÍNI, Osvaldo Alfredo. Introducción al Derecho Procesal Constitucional. Buenos Aires, Argentina. Edito- rial Rubinzal Culzoni, 2006, p. 29.

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objeto de estudio del Derecho Procesal Constitucio- nal». 80

En sentido amplio, el proceso es entendido como el conjunto de pasos o etapas consecutivas y concatena- das que nos conducen a determinado fin, esto es, una resolución fundada en derecho que resuelva un con- flicto, incertidumbre jurídica o permita la aplicación del ius punendi. El proceso tiene un carácter instru- mental frente al derecho material o sustantivo, pero se encuentra también subordinado a finalidades superio- res, entre ellas, propias pretensiones. En relación con este carácter instrumental, el proceso constitucional también se considera como tal, ya que su papel es la defensa de la Constitución (tanto en su parte dogmáti- ca como orgánica).

Cada vez que nos referimos a los procesos constitucio- nales hacemos referencia también a ese conjunto de pasos o etapas reguladas no solo en la Constitución, sino por normas de menor jerarquía previstas para la defensa y control de la constitucionalidad y también para la tutela de los derechos fundamentales.

80 SORIA LUJÁN, Daniel. «Procesos constitucionales y principios procesales». En Proceso & Justicia. Revista de Derecho Procesal. N.° 5. Lima, Perú. Editada por la Aso- ciación Civil Proceso & Justicia. 2005, p. 9.

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El artículo IV de nuestro Código Procesal Constitu- cional precisa que en armonía con lo dispuesto en la Constitución, en sus respectivas leyes orgánicas y en el propio Código Procesal Constitucional, los órganos competentes para conocer los procesos constituciona- les son el Poder Judicial y el Tribunal Constitucional. Sobre el supremo intérprete de nuestra Constitución, es importante resaltar que este «[posee una] función pacificadora que caracteriza a todos los tribunales constitucionales, orientada a crear certidumbre, esta- bilidad y seguridad respecto de los hechos que, directa o indirectamente, sean sometidos a su conocimiento o que puedan tener lugar como consecuencia de la expe- dición de sus sentencias». 81

En relación con los alcances de la regulación de los procesos constitucionales, el propio Tribunal Consti- tucional ha expresado, sobre sí mismo, que «no es una instancia donde se resuelvan las polémicas existentes en la academia o en el foro, sino un órgano que, en el seno de los procesos constitucionales, (…), tiene que pronunciarse sobre si un acto vulnera o no un derecho constitucional. En virtud de ello, le corresponde escla- recer la duda sobre la legitimidad constitucional de un determinado acto al cual se reputa agravio a un dere- cho reconocido en la Constitución, tarea que, desde

81 STC Exp. N.° 0041-2004-AI/TC –Aclaración, fundamen- to 12

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luego, tampoco puede realizarse ignorando la doctrina autorizada, pues el Derecho –cualquiera que sea la disciplina de que se trate– no es una ciencia cuya crea- ción la realice, ex novo, este Tribunal». 82 Y puntualiza que «[c]uando [el Tribunal] resuelve un proceso, ( ) en el fondo se está admitiendo que este Colegiado, actuando con lealtad constitucional y jurídica, es el intérprete de la voluntad del poder originario, aten- diendo a que su fin es darle un sentido vivo, dúctil y omnicomprensivo a la Constitución (…)». 83

El artículo III del Código Procesal Constitucional establece que el juez y el Tribunal Constitucional tie- nen el deber de impulsar de oficio los procesos, salvo en los casos expresamente señalados en el presente Código. Del mismo modo, el juez y el Tribunal Cons- titucional deben adecuar la exigencia de las formali- dades previstas en el mismo Código al logro de los fines de los procesos constitucionales. Por otra parte, cuando en un proceso constitucional se presente una duda razonable respecto de si el proceso debe declarar- se concluido, el juez y el Tribunal Constitucional de- clararán su continuación. La gratuidad prevista en el artículo III de la aludida norma procesal no obsta el cumplimiento de la resolución judicial firme que dis-

82 STC Exp. N.° 1594-2003-HC/TC, fundamento 7 (tercer párrafo)

83 STC Exp. N.° 0050-2004-AI/TC, fundamento 17.

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ponga la condena en costas y costos conforme a lo previsto por el mismo Código Procesal Constitucional.

7.2. Clasificación

7.2.1. Jurisdicción de la libertad

7.2.1.1. Concepto

Es una jurisdicción que concentra a los procesos de tutela de derechos, es decir, a los procesales constitu- cionales destinados a asegurar la vigencia y respeto de los derechos humanos que de manera expresa o tácita se encuentran contenidos en nuestra Constitución. La finalidad de estos procesos es proteger los derechos constitucionales, protección que se materializa en la

reposición de las cosas al estado anterior a la violación

o amenaza de la violación del derecho constitucional

invocado según el proceso que lo protege. Los proce-

sos constitucionales que son observados en esta juris- dicción son el hábeas corpus, el amparo, el hábeas data

y la acción de cumplimiento.

Una característica importante de los procesos que se tramitan en este tipo de jurisdicción es la ausencia de etapa probatoria. En los procesos de hábeas corpus, amparo, hábeas data y cumplimiento solo pueden pre- sentarse pruebas documentales para acreditar la viola- ción o amenaza de violación de un derecho fundamen- tal. Las pruebas documentales deben adjuntarse en la etapa de postulación y ser actuadas sin afectar la dura-

82

GUIDO AGUILA GRADOS

ción del proceso ni notificar a las partes. Las pruebas documentales serán consideradas improcedentes cuando signifiquen o requieran actuación en una au- diencia de pruebas, dado que esta no existe en un pro- ceso constitucional.

7.2.1.2. Tipos de procesos en la jurisdicción de la libertad

7.2.1.2.1. Proceso de hábeas corpus

El hábeas corpus es un instituto jurídico que se ve plasmado en el ejercicio del derecho o facultad de una persona para solicitar la intervención del órgano juris- diccional competente a fin de que este resguarde y tutele su derecho de libertad de locomoción y dere- chos conexos, los cuales considera que han sido lesio- nados por una arbitraria, indebida e ilegal persecu- ción, detención, procesamiento o apresamiento. En su calidad de instituto jurídico, el hábeas corpus se mani- fiesta en una dimensión doble: como proceso en sí mismo y como derecho consagrado constitucional- mente.

El hábeas corpus es un proceso constitucional que tiene por objetivo proteger el derecho a la libertad personal frente al poder público cuando este afecte dicha libertad de alguna forma y siempre que la afec- tación implique una ilegalidad. El hábeas corpus pro- tege la libertad personal frente a actos que privan esa

El Proceso Constitucional – Su Naturaleza Particular

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libertad o la restringen sin causa o in las formas lega- les. El Tribunal Constitucional ha expresado que «si bien el hábeas corpus en su origen histórico surge como remedio contra aprehensiones ilegales, represen- tando la defensa de aquello que los antiguos romanos denominaban ius movendi et ambulandi o los anglosajo- nes consignaban como power of locomotion, su desarro- llo posterior lo ha hecho proyectarse hacia situaciones y circunstancias que si bien son próximas a un arresto, no se identifican necesariamente con él. Su ámbito de acción es básicamente de resguardo y tutela de la li- bertad personal en sentido lato. Incluso, en la actuali- dad, algunas figuras del hábeas corpus abandonan los límites precisos de la libertad física para tutelar dere- chos de índole distinta». 84

7.2.1.2.2. Proceso de amparo

Es un proceso de garantía constitucional que tiene por finalidad asegurar a los habitantes el goce efectivo de sus derechos constitucionales, a los que protege de toda restricción o amenaza ilegal o arbitraria por ór- ganos estatales o de otros particulares, con excepción de las libertades amparadas por el hábeas corpus y el hábeas data. (…)

84 STC Exp. N° 6936-2005-PHC/TC, fundamento 2.

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A criterio del Tribunal Constitucional peruano, la acción de amparo « […] es una garantía destinada a proteger los derechos consagrados en la Constitución Política del Estado; su objeto es reponer las cosas al estado anterior a la amenaza o vulneración del derecho constitucional, y su naturaleza es restitutiva y no de- clarativa de derechos. El amparo no es un proceso consti- tucional mediante el cual se puede declarar un derecho ni hacer extensivos los alcances de una norma legal a quienes no están expresamente comprendidos en ella […]». 85 Del mismo modo, el supremo intérprete de nuestra Cons- titución resaltó que el proceso de amparo «se configura como un proceso autónomo que tiene como finalidad esencial la protección de los derechos fundamentales frente a violaciones actuales o a amenazas (ciertas e inminentes) de su transgresión. De esta for- ma, convierte el alto significado de los derechos fun- damentales en algo efectivo de hecho, abriendo la puerta para una protección formal y material de los mismos, permitiendo al Tribunal Constitucional cumplir con la función de supremo intérprete de los derechos fundamentales». 86

85 STC Exp. N.° 1875-2004-AA/TC, fundamento 2. 86 STC Exp. N.° 0023-2005-AA/TC, fundamento 13.

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7.2.1.2.3. Proceso de hábeas data

El hábeas data es un proceso de tipo constitucional que le permite a cualquier persona acceder a determi- nada información relevante de carácter público que aparezca en bancos o registros de datos privados o públicos (sean estos electrónicos o no) y a que estos registros no suministren informaciones que puedan afectar su intimidad personal y familiar. Si bien en un primer momento se dijo jurisprudencialmente que se trataba de «una garantía constitucional que procede contra el hecho u omisión, por parte de cualquier au- toridad, funcionario o persona, que vulnera o amenaza los derechos a solicitar sin expresión de causa la in- formación que se requiera, salvo aquéllas que afecten la intimidad personal, y cuando los servicios informá- ticos en general no suministren informaciones que afecten la intimidad personal y familiar», 87 hoy se ha enfatizado que el hábeas data, «en puridad, constituye un proceso al que cualquier justiciable pueda recurrir con el objeto de acceder a los registros de información almacenados en centros informáticos o computariza- dos, cualquiera sea su naturaleza, a fin de rectificar, actualizar, excluir determinado conjunto de datos per- sonales, o impedir que se propague información que

87 Exp. N.° 301-98-HD/TC, fundamento 1.

86

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pueda ser lesiva al derecho constitucional a la intimi- dad». 88

El proceso de hábeas data «tiene por propósito inme- diato tutelar los derechos de acceso a la información pública y el derecho a la autodeterminación informa- tiva», 89 es decir, «es un proceso constitucional que

tiene por objeto la protección de los derechos recono- cidos en los incisos 5) y 6) del artículo 2° de la Consti- tución, que establecen, respectivamente, que “toda persona tiene derecho a solicitar sin expresión de cau- sa la información que requiera y a recibirla de cual- quier entidad pública, en el plazo legal, con el costo que suponga el pedido. Se exceptúan por ley o por

razones de seguridad nacional”; y que “[

] los servi-

cios informáticos, computarizados o no, públicos o privados, no deben suministrar informaciones que afecten la intimidad personal y familiar”» 90 . Mediante el proceso de hábeas data, «la Constitución protege

[…] tanto el derecho de todo ciudadano al acceso a la información pública, como el derecho a mantener en

88 STC Exp. N.° 666-96-HD/TC, fundamento 2b.

89 STC Exp. N.° 1052-2006-PHD/TC, fundamento 2.

90 STC Exp. N.° 10614-2006-PHD/TC, fundamento 2.

El Proceso Constitucional – Su Naturaleza Particular

87

reserva la información que pueda afectar su intimidad personal y familiar (autodeterminación informativa). 91

7.2.1.2.4. Proceso de cumplimiento

El proceso de cumplimento puede ser conceptuado como un proceso judicial de carácter constitucional

que puede iniciar el mismo afectado, o cualquier otra persona en su nombre, con la finalidad de proteger su derecho fundamental a que las autoridades competen- tes cumplan con lo establecido por las normas legales

o por algún acto administrativo firme, siempre y

cuando dichas autoridades se muestran renuentes a ello. Si el juez comprueba que efectivamente se han producido dicha renuencia, ordenará a la autoridad demandada que cumpla con lo dispuesto por la ley o lo prescrito por el acto administrativo. Sobre este parti- cular, es importante señalar que el Tribunal Constitu-

cional ha expresado que se trata de una acción que «se interpone cuando cualquier autoridad o funcionario se muestra renuente a acatar las obligaciones derivadas

de una ley o de un acto administrativo». 92 El supremo

intérprete de nuestra Constitución precisa que para el

caso de los actos administrativos, se requiere «que

91 Ídem., fundamento 3.

92 STC Exp. N.° 1119-2001-AC/TC, fundamento 1.

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GUIDO AGUILA GRADOS

estos sean virtuales, es decir, definidos e inobjetables; caso contrario, será necesario el trámite previo que permita un mandato con las características señala- das». 93

En relación con el proceso de cumplimiento, el Tri- bunal Constitucional ha resaltado que «de acuerdo con

la previsión contenida en el artículo 66 del Código Procesal Constitucional, y particularmente en el inciso 2), “[e]s objeto del proceso de cumplimiento ordenar que el funcionario o autoridad pública re-

Se pronuncie expresamente cuando las nor-

mas legales le ordenan emitir una resolución adminis- trativa o dictar un reglamento” (…) 94 . El dispositivo antes mencionado admite dos interpretaciones: a) La que lo obligaría a que el pronunciamiento expreso solo se limite a una justificación o explicación en torno de las razones por las que no ha sido emitida la resolu- ción o reglamento respectivo; y b) La que lo obligaría a que el pronunciamiento expreso equivalga a la emi- sión necesaria y definitiva de la resolución administra- tiva o reglamento indebidamente omitidos». 95

nuente: [

]

Complementando la idea expuesta en el párrafo ante- rior, el supremo intérprete de nuestra Constitución ha

93 STC Exp. N.° 2778-2004-AC/TC, fundamento 1.

94 STC Exp. N.° 02695-2006-PC/TC, fundamento 14.

95 STC Exp. N.° 02695-2006-PC/TC, fundamento 15.

El Proceso Constitucional – Su Naturaleza Particular

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expresado que «aunque una lectura estrictamente lite- ral del Código Procesal Constitucional permitiría con- validar las dos interpretaciones antes mencionadas, [el Tribunal considera que] la única forma de hacer efec- tivo el objeto o finalidad del proceso de cumplimiento se compatibiliza con la segunda de las alternativas mencionadas. Si lo que la ley ordena no es cumplido y si, frente al incumplimiento de un mandato, procede el proceso de cumplimiento, la única conclusión lógi- ca, a la par que razonable, apunta a fortalecer los obje- tivos del proceso antes que a desvirtuarlos, lo que a contrario sensu no sucedería si, acudiendo a la primera interpretación (que este Colegiado descarta), el pronunciamiento expreso solo significara la conva- lidación o justificación de una inercia o ineficacia no permitida». 96

El Tribunal Constitucional también ha advertido que

«para configurar el perfil exacto del proceso de cumplimento, garantizando la autonomía de cada uno de los procesos constitucionales que protegen derechos constitucionales (amparo, hábeas corpus y hábeas data), debemos precisar, dentro del mar- co del artículo II del Título Preliminar del Códi- go Procesal Constitucional, como es que mediante

96 STC Exp. N.° 02695-2006-PC/TC, fundamento 16.

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el proceso de cumplimiento se alcanzan los fines

comunes a los procesos constitucionales.

6. Para ello, es necesario tener presente que el artículo 3.°, concordante con el artículo 43.° de la Constitución, dispone que la enumeración de los derechos establecidos en su capítulo I del Título I no excluye los demás que la Constitución garanti- za, ni otros de naturaleza análoga o que se fundan en la dignidad del hombre, o en los principios de soberanía del pueblo, del Estado democrático de derecho y de la forma republicana de gobierno. (Véase Exp. N.° 2488-HC, fundamento 12).

7. En efecto, conforme a los principios de sobe-

ranía del pueblo (artículo 45.° de la Constitución)

y de forma republicana de gobierno, al carácter

social y democrático de nuestro Estado (artículo 43.° de la Constitución), y al principio de jerar- quía normativa (artículo 51.° de la Constitución),

el respeto al sistema de fuentes de nuestro orde-

namiento jurídico, donde se incluyen las decisio- nes de este Tribunal Constitucional, constituye uno de los valores preeminentes de todo sistema democrático por donde los poderes públicos y los ciudadanos deben guiar su conducta por el dere- cho.

8. Por tanto, el control de la regularidad del sis-

tema jurídico en su integridad constituye un

El Proceso Constitucional – Su Naturaleza Particular

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principio constitucional básico en nuestro orde- namiento jurídico nacional que fundamenta la constitucionalidad de los actos legislativos y de los actos administrativos (ambos en su dimensión objetiva), procurándose que su vigencia sea con- forme a dicho principio. Sin embargo, no sólo basta que una norma de rango legal o un acto ad- ministrativo sea aprobado cumpliendo los requi- sitos de forma y fondo que le impone la Constitu- ción, las normas del bloque de constitucionalidad o la ley, según sea el caso, y que tengan vigencia; es indispensable, también, que aquellas sean efi- caces.

9. Es sobre la base de esta última dimensión que,

conforme a los artículos 3.°, 43.° y 45.° de la Cons- titución, el Tribunal Constitucional reconoce la configuración del derecho constitucional a asegu- rar y exigir la eficacia de las normas legales y de los actos administrativos. Por tanto, cuando una autoridad o funcionario es renuente a acatar una norma legal o un acto administrativo que incide en los derechos de las personas o, incluso, cuando se trate de los casos a que se refiere el artículo 65.° del Código Procesal Constitucional (relativos a la defensa de los derechos con intereses difusos o co- lectivos en el proceso de cumplimiento), surge el derecho de defender la eficacia de las normas le-

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gales y actos administrativos a través del proceso constitucional de cumplimiento.

10. En efecto, el inciso 6.° del artículo 200.° de la Constitución establece que el proceso de cumpli- miento procede contra cualquier autoridad o fun- cionario renuente a acatar una norma legal o un ac- to administrativo, sin perjuicio de las responsabi- lidades de ley. Como hemos expuesto preceden- temente, el acatamiento de una norma legal o un acto administrativo tiene su más importante ma- nifestación en el nivel de su eficacia. Por tanto, así como el proceso de hábeas data tiene por obje- to esencial la protección de los derechos a la inti- midad, acceso a la información pública y autode- terminación informativa, el proceso de cumpli- miento tiene como finalidad proteger el derecho constitucional de defender la eficacia de las nor- mas legales y actos administrativos.

11. Con este proceso constitucional el Estado so- cial y democrático de derecho que reconoce la Constitución (artículos 3.° y 43.°), el deber de los peruanos de respetar y cumplir la Constitución y el ordenamiento jurídico (artículo 38.°) y la jerar- quía normativa de nuestro ordenamiento jurídico (artículo 51.°) serán reales, porque, en caso de la renuencia de las autoridades o funcionarios a aca- tar una norma legal o un acto administrativo, los

El Proceso Constitucional – Su Naturaleza Particular

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ciudadanos tendrán un mecanismo de protección destinado a lograr su acatamiento y, por ende, su eficacia». 97

7.2.2. Jurisdicción orgánica

7.2.2.1. Concepto

Es una jurisdicción que abarca los procesos de control normativo, es decir, está integrada por instituciones y normas que tienen por finalidad la solución de los conflictos entre los órganos de poder. La jurisdicción orgánica atiende al deslinde de límites y delimitación de competencias o funciones de los diferentes órganos estatales. Los procesos constitucionales que son obser- vados en esta jurisdicción son la inconstitucionalidad o acción restringida y la ilegalidad o acción popular.

Tienen por objeto proteger jurídicamente la primacía de la Constitución respecto a las leyes o normas con rango de Ley, en el caso del proceso inconstituciona- lidad, y de la primacía de la Constitución y de la ley respecto al resto de normas de jerarquía inferior a la ley, en el caso del proceso de acción popular. En am- bos procesos es el orden jerárquico de las normas (principio de jerarquía de las normas) de nuestro sis- tema jurídico el que constituye el objeto de protección

97 STC Exp. N.° 0168-2005-PC/TC, fundamentos 5-11.

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de esta clase de procesos (sistema de fuentes proscrita por nuestra Constitución Política).

Para que proceso constitucional sea procedente en la jurisdicción orgánica se requiere la existencia de (…)

Proceso de inconstitucionalidad o acción restringida

El proceso de inconstitucionalidad o acción restringi- da puede ser conceptuado como un proceso especial que se entabla ante el Tribunal Constitucional y que tiene por finalidad defender la Constitución a través de los órganos jurisdiccionales del Estado. El proceso de inconstitucionalidad procede contra las leyes, los decretos legislativos, los decretos de urgencia, los tra- tados, el reglamento del Congreso, las normas regiona- les de carácter general y las ordenanzas municipales, que contraviene la Constitución.

7.2.2.2.

El supremo intérprete de nuestra Constitución ha resaltado que «[m]ediante el proceso de inconstitucio- nalidad, la Constitución Política del Estado ha confia- do [al Tribunal Constitucional] el control de constitu- cionalidad de las leyes y de las normas con rango de ley. Se trata de un control abstracto de normas que se origina no en función de un conflicto de intereses concretos, para cuya solución sea menester dilucidar con carácter previo el acomodo a la Constitución de la

El Proceso Constitucional – Su Naturaleza Particular

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norma de decisión, sino simplemente en una discre- pancia abstracta sobre la interpretación del texto cons- titucional en relación a su compatibilidad con una ley singular. En consecuencia, se trata de un proceso obje- tivo, ya que los legitimados no adoptan la posición estricta del demandante que llega a la instancia a pedir la defensa de un derecho subjetivo, sino que por el contrario actúan como defensores de la supremacía jurídica de la Constitución. Es decir, estamos ante un procedimiento que tiene como propósito, prima fa- cie, el respeto de la regularidad en la producción nor- mativa al interior del ordenamiento jurídico, lo que solo acontece si no se vulnera la supremacía de la Constitución, de la ley sobre las normas de inferior jerarquía y así sucesivamente». 98

De la misma manera, el Tribunal Constitucional com- plementa lo anteriormente expresado sobre el proceso de inconstitucionalidad cuando afirma que «[n]o obs- tante, aun cuando se trata de un proceso fundamen- talmente objetivo, [el proceso de inconstitucionalidad] también tiene una dimensión subjetiva, en la medida que son fines esenciales de los procesos constituciona- les garantizar la primacía de la Constitución y la vi- gencia efectiva de los derechos constitucionales, según

98 STC Exp. N.° 00007-2007-PI/TC, fundamento 10.

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lo establece el artículo II del Título Preliminar del Código Procesal Constitucional». 99

Teniendo en cuenta lo dispuesto en el artículo 77° del Código Procesal Constitucional, la demanda de in- constitucionalidad procede contra las normas que tienen rango de ley: leyes, decretos legislativos, decre- tos de urgencia, tratados que hayan requerido o no la aprobación del Congreso conforme a los artículos 56° y 57° de la Constitución, Reglamento del Congreso, normas regionales de carácter general y ordenanzas municipales.

7.2.2.3. Proceso de ilegalidad o acción popular

El proceso de ilegalidad o acción popular es un proce- so constitucional que tiene por objetivo proteger el orden constitucional mediante el control abstracto de las normas jurídicas de jerarquía inferior (reglamen- tos, normas administrativas, resoluciones y decretos de carácter general, cualquiera sea la autoridad de la que emanen) a la ley que contravengan la Constitución o a la misma ley. En su calidad de mecanismo de de- fensa de la Constitución y la ley, la acción popular «es un medio de control constitucional y legal de tipo

99 STC Exp. N.° 00007-2007-PI/TC, fundamento 11.

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jurisdiccional sobre normas inferiores (…)» 100 que ha sido conceptuada por el Tribunal Constitucional como «(…) uno de los procesos constitucionales orgánicos cuya finalidad es la defensa de la Constitución frente a infracciones contra su jerarquía normativa a la cual puede recurrir cualquier persona dentro de los cinco años posteriores a la publicación de la norma». 101

La Sala de Derecho Constitucional ha expresado que de manera similar a lo que sucede con el proceso de inconstitucionalidad, la acción popular es un proceso «de control concentrado y de carácter abstracto, en tanto que el juez constitucional observará su compati- bilidad o incompatibilidad con la Constitución y sus leyes de desarrollo –a diferencia del control difuso– con independencia de su vinculación con un caso en particular. Asimismo, sus efectos serán erga omnes, esto es, oponibles a todos, y significarán la exclusión de la norma inconstitucional e ilegal de nuestro ordena- miento jurídico. Con mayor especificidad, el último párrafo del artículo 81° del (…) Código Procesal Cons- titucional establece que: “La sentencias fundadas re- caídas en el proceso de acción popular podrán deter-

100 GARIBALDI

de

acción popular». En CÓRDOVA SCHAEFER, Jesús (Coordinador). Garantías constitucionales. Lima, Perú.

Ediciones Caballero Bustamante, 2009, p. 397.

PAJUELO,

Giancarlo.

«El

proceso

101 STC Exp. N.° 0774-2005-HC/TC, fundamento 6 in fine.

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minar la nulidad, con efecto retroactivo, de las normas impugnadas. En tal supuesto, la sentencia determinará sus alcances en el tiempo. Tienen efectos generales y se publican en el diario oficial El Peruano». 102

Es importante recordar que la demanda de según lo dispuesto por el artículo 76° del Código Procesal Constitucional, la acción popular procede contra los reglamentos, normas administrativas y resoluciones de carácter general, cualquiera que sea la autoridad de la que emanen, siempre que infrinjan la Constitución o la ley, o cuando no hayan sido expedidas o publica- das en la forma prescrita por la Constitución o la ley, según el caso.

7.2.3. Jurisdicción competencial

7.2.3.1. Concepto

Esta jurisdicción tiene por objeto la protección de las competencias que la Constitución y las leyes orgánicas atribuyen a los poderes del Estado, órganos constitu- cionales y a los gobiernos regionales y locales (muni- cipalidades). Está comprendido únicamente por el

102 Sentencia A.P. Exp. N.° 2244-2009-Lima (octavo consi- derando). En HUERTA HERRERO, Luis Alberto. Ob. Cit., p. 84.

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proceso de conflictos constitucionales o de atribucio- nes.

7.2.3.2. Proceso de conflicto de competencias

Este tipo de proceso constitucional tiene como finali- dad preservar la regularidad jurídica en el ejercicio de las competencias y atribuciones asignadas por la Cons- titución de los diversos órganos del Estado previstos en la Constitución. 103 A mayor abundamiento, se pue- de decir que este tipo de proceso «se encarga de resol- ver las desavenencias por acción u omisión surgidas entre los poderes constituidos en el desempeño de sus funciones asignadas por la Constitución y las leyes orgánicas que desarrollan su desenvolvimiento para el cumplimiento de sus roles señalados en la Constitu- ción. Justamente para determinar a qué órgano consti- tuido le corresponde una determinada competencia, se ha fijado al juez, que en este caso es el Tribunal Cons- titucional, que es el llamado para resolver esta clase de