E D U A R D O B. M.

A L L E G R I

Días de hierro

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E D U A R D O B. M. A L L E G R I

Días de hierro
poemas

2014
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Breve nota

En este libro hay 47 poemas que fueron publicados
entre marzo y diciembre de 2014 en la bitácora ens.
Como ha ocurrido antes, cumplido un período (cuyos límites son arbitrio de un servidor), se recogen en un
volumen los versos que se hubieron publicado en la bitácora del caso, pues hubo más de una. Así las cosas, ya como
libro, quedan alojados nuevamente en ens, que es la madre
de todas y la definitiva, según parece.
Los poemas de este volumen llevan en cada caso la
fecha de su publicación. Se omitió en esta ocasión la prosa
que acompañó a algunos de estos versos y que podría darles marco. Es el caso de Pobre gaita, de la página 66, cuyo
motivo parece ahora prescindible, aunque fue significativo, como verá quién lo busque en la bitácora ens.

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8

miércoles, 26 de marzo de 2014

1. Glosas del prisionero

Señora, pecho de luna,
ojos de garza morena,
quite grillos a mis pies
y a mi cuello la cadena.
(Copla popular norteña)

Ando llevando su nombre
como si fuera fortuna
por el día y por la noche,
señora, pecho de luna.
Ando en su nombre copleando
y la voz se me hace arena
que en la noche se hace canto,
ojos de garza morena.
Ando olvidando su nombre,
y a poco vuelve después,
y le pido cada noche:
quite grillos a mis pies.
Ando en su nombre pidiendo
que le quite usted la pena
de sus ojos a mi pecho
y a mi cuello la cadena.

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martes, 1 de abril de 2014

2. Advertencia del otoño

Te lo dije.
No toques el silencio.
Es la paz de los zorzales.
Y te previne: No lastimes la luz.
No navegues sin puerto.
No siembres la discordia entre las flores.
(Te lo advertí, ¿me oías? ¿me creíste?)
Ya no importa: es abril.
Ahora,
sin saber cuándo ni dónde,
habrá una tempestad de murmullos como arena
que estallarán, a cada paso,
hirientes como memorias entre sombras de ángeles.
Los ojos se abrirán en grietas polvorientas.

10

Y una tarde cualquiera,
tal vez al otro lado del mar,
un viento sable tajará los aromas de los días.
Entonces los minutos serán fríos como niebla de mayo,
grises como espadas, hasta el filo del tiempo,
apenas lágrimas yermas.
Y será junio, al fin, ya sin remedio.

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miércoles, 2 de abril de 2014

3. Segunda advertencia del otoño

No lo olvides.
Marzo no existe.
Lo ignoran hasta los tibios alfanjes de fuego,
esos que los niños blanden con misericordia,
en las mañanas, cuando juegan.
Una verdad que liban las abejas del tiempo
lo volvió ceniciento. Y como una pesadilla se deshace.
¿No te das cuenta?
Abril en su luz ha congregado el viento y la llovizna.
Abril de las torcazas, huele a amor en las tardes
y parirá ternuras que florecen,
sin descanso, como un huerto de manzanas.
Ya ves.

12

Conmigo te amonestan los gorriones,
con sus trajes de corteza, yendo del sol al barro,
al sol, de nuevo al barro...
Y a las nubes de sangre, al fin, en las tormentas.
Gorriones son.
Admonitorios. Gorriones en silencios de postes y cornisas,
que ya no vagarán por las calles
ni querrán tramar nidos en cielos abandonados.
Ellos, conmigo, dicen:
Ya no te demores en el estruendo de las siembras,
ni esperes la cosecha de una simiente amarga.
Es un aviso más, que brota entre las hojas con aroma de rocío
y va dejando su estela sobre huellas de guijarros.
Una señal que ríe en mesetas de humo y polvo;
un memento tallado en maderas que crepitan
mientras, en el mundo,
recostados en su esperanza fría y triste,
duermen todavía el desengaño y el invierno.

13

jueves, 3 de abril de 2014

4. Última advertencia del otoño

Ya amanece...
Despierta.
Es preciso llegar al amparo del día.
(Suena una voz estéril, sin amigos ni paz,
que llega de jardines descuidados,
de malezas antiguas,
y balbucea canciones como conjuros de invierno...
No la oigas.
Es la muerte.)
En los fresnos del aire se dora la mirada.
Sigue.

14

En el camino, sin falsía,
te espera el gesto puro de un manantial que es mayo
y que libra las raíces de los tientos de la noche,
como una primavera.

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domingo, 6 de abril de 2014

5. Romance del amor amado

El campo ya tiene dueño
en los ojos de la niña:
son unas manos de roble,
es una voz como espigas
que como el sol le da luz
y como el sol le da vida.
Tibia en la tarde de abril,
y, de enamorada, tibia,
va la niña por los surcos
y de amor toda vestida.
Fragante con sus suspiros,
la hierba dulce suspira
y en el aire que la lleva,
cortejo de golondrinas,
hay ecos de nieblas dulces
y un bullicio azul que silba.
¿Qué es ese canto que ríe?
¿Quién le canta en la sonrisa?
¿A quién abraza en el aire?

16

¿Qué cielo besa si mira?
Fue apenas esta mañana,
fue bajo las casuarinas.
Él con sus manos de roble
tomó las suyas tan finas
y habló de amor a sus ojos
con esa voz como espigas.
Y ahora, ella que sabe
que el amor amado abriga
como el cielo cubre el campo,
su corazón que germina
parece fruto maduro
que en los surcos siembra risas.
Porque desde la mañana,
cortejo de golondrinas,
ella es su campo, él su dueño,
ya de amor toda vestida.

17

jueves, 10 de abril de 2014

6. Pastora

En el cielo temprano de estos días
llega una luz, como los ruiseñores
que en tus sierras te cantan alegrías.
Libo con mis abejas de las flores
que tu panal trapicha en miel dorada,
mientras endulza el aire y mis amores.
Llevo mi corazón a tu majada
y en todo el cerro vas como pastora,
arriándome la voz enamorada.
Trisco la hierba de tu voz sonriente,
y abrevo de tus ojos la frescura
con mi ovejuna sed que te presiente.
Y pastando tu luz en esa altura,
a la sombra, en silencio, en tu sosiego,
me abriga el derredor de tu figura.

18

De tu rebaño soy, como un borrego
ciego de ti por estas serranías
voy en tu amor, feliz y rebañego.

19

sábado, 12 de abril de 2014

7. Clara

La huella clara, la mirada clara
y en la sonrisa clara un son jilguero.
Clara y sin sombra y en la luz tan clara
de la mañana clara, el sol entero.
Clara en la voz la melodía clara:
clara en el canto que en la voz prefiero;
clara en la soledad, la mano clara
de la caricia clara del lucero.
Tan siempre luz porque tan siempre clara,
con la firmeza clara del madero
del que soy claramente carpintero.
Tallan un nombre en una veta clara
y espero, mientras en la tarde clara,
se anuncia clara la quietud que espero.

20

domingo, 13 de abril de 2014

8. Soneto

La oliva y el limón
las desentrañaron
desde tu corazón.
Miguel Hernández
Cancionero y romancero de ausencias, 92

A la sombra feliz de la paloma
en tu regazo canta el limonero;
y por abril florece un viento entero
que me silba secretos en tu idioma.
Verde el olivo está y es marinero,
verde y limón navegan y se asoma,
en el mar amarillo de tu aroma,
quilla de olivo del limón velero.
Siembra de cielo, almácigo de amores:
frutos del corazón y de la tierra
que riegas con lloviznas de colores.
Ya en un sabor fragante enamorado
-toda de olivo y de limón la sierra-,
me visto con las prendas del amado.

21

martes, 15 de abril de 2014

9. Los felices

Nosotros, el otoño, los zorzales,
la piedra, el corazón y la mañana,
y la noche y el fuego, enredaderas,
un libro, el vino, el humo del tabaco,
los abrazos, el pan, la lluvia fina,
el silencio, la luz, un verso terso,
la niebla, casuarinas, un camino,
la sonrisa y el aire, los aromos,
la tarde, la montaña, el alimento,
y las manos, y el viento, y los jazmines,
lás lágrimas, el sol, campos de trigo,
el horizonte, el agua, ruiseñores,
y la sombra del fresno, amaneceres,
el desierto, la paz y las estrellas.

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miércoles, 16 de abril de 2014

10. Este eclipse de ti

Que lo diga la luna en su dolencia
de luna roja por el cielo claro:
es suave el padecer, feliz y raro,
que crece con la luz de tu presencia.
Como la tierra soy que te silencia
con el rubor de sombra de mi amparo,
mientras de luz de sangre me enmascaro
por darle más rubor a tu inocencia.
Un eclipse de ti la noche anuncia
y enciende con tu huella mi destino
mientras mi voz celebra y te pronuncia.
Brilla mi sombra que te tiñe en vino
y que en nada te opaca ni renuncia
a este gozo encarnado del camino.

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viernes, 18 de abril de 2014

11. En una misma noche

En una misma noche acontecieron
ese amor nuevo y ese mal antiguo
y los dos, en su afán, buscando al hombre:
uno en la herida, el otro en su miseria.
En una misma noche fue la herida
que hirió de muerte a un dios enamorado;
y hubo otra herida: desgarró a la muerte
que agonizó con él, ya derrotada.
En una misma noche ardió el amante
y un odio ardió a la vez aullando furia,
mientras el hombre duerme en su esperanza.
En una misma noche, revivido,
el amado despierta a un amor nuevo
y ve una envidia vieja, inmóvil, sola.

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sábado, 19 de abril de 2014

12. Tarde de un día

Clara, como la luna,
tibia de este cielo en su otoño,
joven a mis ojos que no cesan,
la tarde nos ampara
en este abril que el corazón recibe.

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domingo, 20 de abril de 2014

13. Madrigal de abril

Llega el día y la hora.
Ya pronto un alto resplandor fragante
trasminará galante
la tierra que a tu paso se enamora.
Un aroma de luz y navegante,
que florece en tu gracia cegadora,
surcando va triunfante
el mar que te rumora
al eco de tu voz libre y llameante,
bellamente del aire labradora.

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martes, 22 de abril de 2014

14. Segundo madrigal de abril

De oír ese zorzal,
dicha temprana,
que es tu voz repicando tu alegría,
llevo en la frente un vuelo de campana.
De ver la gracia que te causa el día
con su rocío, niebla silenciosa,
navego con tu brío cada cosa,
llevo en los ojos luz y melodía.
Y una miel laboriosa
ya dulcemente entibia la mañana:
es hija de este abril y de la rosa
que perfuman tu sueño y tu ventana.

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viernes, 25 de abril de 2014

15. Tercer madrigal de abril

Mira que abril nos deja,
mira su otoño dulce entre las manos;
mira cómo se queja
el roble con su roja arboladura;
y esos vuelos tempranos,
flechas que trazan surcos en la tarde
doradamente pura.
¡Qué soledad juiciosa!
¿Adónde irá el corazón que arde?
¿Qué fuego lo conjura?
¿Cómo será esta noche clara oscura,
si abril volvió esta luna deliciosa?

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sábado, 12 de julio de 2014

16. Will

Find sweet begining, but unsavoury end;
Ne'er settled equally, but high or low;
That all love's pleasure shall not match his woe.
William Shakespeare, Venus and Adonis, CXC

Cuenta Shakespeare que Venus, dolorida
por la muerte de Adonis, sufre tanto
que condena al amor, dulce y gozoso,
a que hiera a la vez a los que aman.
Nos dice que la anémona y la rosa
de lágrimas y sangre se alimentan,
y del suspiro de la loca amante
y del último aliento del amado.
Fue que, a los brazos de la diosa ardiente,
el joven prefirió la caza, el bosque,
y allí la vida le quitó su presa.
Calla el poeta, suavemente dice.
El mito es más terrible. Shakespeare calla.
Y nosotros también callar debemos.

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martes, 15 de julio de 2014

17. Invierno de Afrodita
Hos tu, care mihi, cumque his genus omne ferarum,
quod non terga fugae, sed pugnae pectora praebet,
effuge, ne virtus tua sit damnosa duobus!
De ellos tú, querido mío, y con ellos del género todo de las fieras,
el que no sus espaldas a la huida, sino a la lucha su pecho ofrece,
rehúye, no sea la virtud tuya dañosa para nosotros dos.
Publio Ovidio Nasón, Metamorfosis, X

Dice el mito que Adonis en invierno
se aleja de Afrodita, con Perséfone,
porque así lo dispuso Zeus olímpico
en la reyerta entre las dos mujeres.
Con los meses, regresa floreciendo
y haciendo florecer con su presencia
la pasión insensata de la diosa
a la que, muerto ahora, él se inclina.
Perséfone, raptada por el Hades,
retiene a Adonis y Afrodita gime
y su dolor es el invierno frío.
Pero, antes, en vida, el joven bello
amaba más que a nadie andar sin rumbo
cazando fieras, desdeñando amores.

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miércoles, 16 de julio de 2014

18. Carmen

Tu color es la tierra que hasta el cielo
llevaste por nosotros, bienamada
Señora de tu Monte del Carmelo.
Y a tu fiesta va el alma esperanzada
por ver si un día, levantando el vuelo,
de su morada ruin va a tu Morada.

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sábado, 2 de agosto de 2014

19. Antes

Eran los días verdes; las fragantes
sierras de yerbabuena y de rocío;
era la sombra fresca, el valle, el río,
el corazón feliz. Pero era antes.
Eran las flores tibias, las flamantes
sonrisas, y era el canto, el amorío,
la gloria de la voz, y el sembradío
todo espiga y color. Pero era antes.
Era el silencio del invierno frío,
el fuego lento en el solar vacío,
las caricias de manos susurrantes.
Era el tiempo sin horas, los instantes;
era el gozo sin tasa y sin hastío.
Y todo, todo en todo. Pero antes.

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domingo, 10 de agosto de 2014

20. Parecía

Parecía la luz y la mañana,
era como un silencio de mar
o ruiseñores.
Parecía la fe,
una alegría de la tarde;
era como el viento que barre la tormenta.
Parecía una sierra florida y espumosa de niebla
y era como el cielo;
y como la noche de un cielo de estrellas poderosas.
Parecía el gemido de dolor de los zorzales
y era como el río y la piedra
y como un bosque de árboles de hierro y de fuego.
Parecía un roble, un jazmín,
era como el trueno y la lluvia sobre el agua,
como un camino llano.

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Parecía el pan y la esperanza que no muere,
la gloria del amanecer,
el perfume sin límite ni olvido.
Parecía verdad.
Parecía.

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miércoles, 13 de agosto de 2014

21. Coplitas de mis amores

Son siete amores, son siete
los amores que tenía:
pensé: qué dicha promete.
Son seis amores, son seis
y el que se fue me decía:
inútil que me busquéis.
Son cinco amores, son cinco
en la cuenta que yo hacía:
pero en eso no me afinco.
Son cuatro amores, son cuatro
los que yo bien me sabía:
ya no está lo que idolatro.
Son tres amores, son tres
los amores que veía:
no me quedaron después.

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Son dos amores, son dos
los amores que quería:
pero dijeron adiós.
Un solo amor, sólo uno
parece nomás había:
ya no me queda ninguno.
Veremos al fin del día.

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martes, 19 de agosto de 2014

22. Sauces

Viene un tiempo de sauces que agosto me despierta,
calladamente agosto, el señor de los vientos...
Los sauces silenciosos ya silban y sisean
una salmodia suave que cantan y celebro.
Sauces de brotes verdes que la mañana entera
mece en su luz de agosto ante mis ojos ciegos.
Vientos de luz de agosto, que en noches sin estrellas
encienden en los sauces un corazón sin tiempo.
Viene un tiempo de sauces que en la tarde me deja
una nostalgia antigua, como el agua y el fuego,
y que llevo en los ojos y que en el alma acecha.
Y los días son sauces y sauces son los sueños;
y van brotando en sauces estas manos que entierran
primaveras de sauces en surcos de silencios.

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jueves, 21 de agosto de 2014

23. Como el tiempo

Pasé a tu lado, silenciosamente,
como si fuera el tiempo
que pasa y que no ves.
Anduve con sigilo;
con el paso mudo del aire y la mañana;
imperceptible como los ruidos de la calle,
como una flor en un jardín de primavera,
como un ladrido en la siesta de verano,
como un ave nocturna que canta sólo una vez en la noche.
Omnipresente,
invisible y lejos,
como un firmamento que nos fulgura en vano.
Anduve entre los días y las cosas;
los días y las cosas que el ojo no detecta,
que el oído no sabe,
que el tacto ignora,

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que el gusto desconoce,
como los aromas conocidos que olvidamos.
Pasé a tu lado, silenciosamente,
como si fuera el tiempo
que pasa y que no ves.
Y ahora estoy en la tierra y el agua,
apenas instrumento,
apenas un camino,
apenas en el medio, como la distancia o la tarde.
Silenciosamente,
como el tiempo.

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sábado, 23 de agosto de 2014

24. Mi Eugenia

Ah, si la sangre, que te brota, fuera
como un rayo sin voz de luz erguida,
qué no daría yo si, florecida,
me cantara tu luz la primavera.
(Ah, si la vida entera fuera vida,
y aunque la muerte me rodeara fiera,
qué no daría yo en esa espera
de cada hora siempre bienvenida...)
Por esa luz de paz, que hay en tus hojas,
tengo en los ojos viejos esperanza,
hasta ser uno con tu sangre verde.
Ah, esa alegría de tus hojas rojas,
que al tiempo ingrato desafía y muerde,
es casi todo lo que hay. Y alcanza.

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jueves, 28 de agosto de 2014

25. Ti sembra niente il sole

Tu dici: "non ho niente".
Ti sembra niente il sole...
Meraviglioso, Riccardo Pazzaglia

No podrás con el fuego, con el día,
con mis manos tajadas, con la hierba,
con el rumor de pasos en la noche,
con las murallas de las flores jóvenes.
No podrás con el viento entre los talas,
con mis ojos dormidos, con el canto,
con esta tierra, con el agua, el vino,
con mi montaña virgen, con el humo...
No podrás: no se puede. Inútilmente
andas quebrando estrellas, los jazmines,
y hasta las horas de los calendarios.
No podrás: no se puede. No se puede.
Maravillosamente, en las raíces
hay algo más que unas palabras huecas.

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viernes, 29 de agosto de 2014

26. Romance del secreto

La noche durmió en la luna
sin decirme dónde estaba.
Ah, si lo hubiera sabido,
¿cómo no ir a rescatarla?
Ya le nacieron rocíos
y estrellas como mañanas;
y la visten en silencio
(para que duerma confiada)
millones de luces tibias
en sus rondas de guirnaldas.
Hay un tropel de perfumes
que sueña la noche clara,
mientras vigila sus sueños
una alondra que me canta.
Me canta una alondra niña
y en secreto silba y habla
de un secreto que me dice
que en secreto se lo guarda.
Y yo le digo en secreto

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que un secreto bajo su ala
me dijo que era un secreto
que ella un secreto guardaba.
La noche respira suave
sobre la hierba y las ramas.
Florece la noche quieta
sobre la sierra callada
y en su inocencia dormida
la luna siembra palabras
secretas como un secreto,
calladas como distancias.

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domingo, 31 de agosto de 2014

27. Esta tierra me espera
È così vivo settembre in questa terra di pianura,
i prati sono verdi
come nelle valli del sud a primavera.
Salvatore Quasimodo, Finita è la notte
Giacciono su fiumi colmi
dove son isole
specchi d'ombre e d'astri.
Salvatore Quasimodo, Nascita del canto

Esta tierra me espera, sus ríos, sus acentos.
Juntos,
rientes y nuevos,
ellos vienen por mí:
escuadrones de lanceros que enhebran primaveras,
y que cargan a muerte contra la noche de los años.
Esta tierra me espera y llora mi tardanza.
Es la amada de los guerreros ausentes.
Una madre de marineros que naufragan en mares tristes.
Tierra silenciosa,
novia feliz,
ojos de llanura, hondos y negros como la corteza de los fresnos;
olvida su nostalgia de caminantes
y sale a buscar mis huellas cada mañana.

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Sin fruto. Sin dolor.
Esta tierra me espera
y sus ríos braman y espejan estrellas y lunas,
interminablemente,
acechando con su luz, esparciendo los olvidos.
Libran del mal.
Llega septiembre, año tras año.
Miro el viento,
oigo el rumor de las horas,
huelo el aire que se aplaca de silbidos y de voces,
y sé,
como saben su turno de volver las flores,
que, en algún lugar, alrededor,
tan lejos que gime a mi costado,
esta tierra me espera,
año tras año.

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martes, 2 de septiembre de 2014

28. Solsticio (1989)

Fue la noche primera del solsticio.
Íbamos cada cual distintamente
puestos en orden decididamente
desordenado, de camino al juicio.
Todos fuera de fila pero en quicio.
Todos a la comida de los duendes,
bosque por medio del sauzal de Flandes;
todos trotando por el precipicio.
Llegamos. Coronamos a los robles
de guirnaldas de luces transparentes
y buscamos las hierbas diferentes
que hacen las pócimas de amores nobles.
Bebimos. La enramada sobre el lago
se encendió y relumbraron los tapices
que hicimos la brigada de aprendices
para sorpresa del ilustre Mago.

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Bebimos otra vez. Bebió a la par
el Gran Mago del Bosque de Sauzales.
Y en la Cascada de los Abedules
entre vastos Bonetes blanco-azules
brilló su barba, levantó su mano;
enardeció los ojos, limpió males,
y nos citó a una fiesta en año impar.

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jueves, 4 de septiembre de 2014

29. Corona de novia

Me corteja tu blanco y es tan puro
que, a mis años, me animo y me sonrojo
y quedo en flor por ti y, aunque despojo,
voy en tu blanco ya menos oscuro.
Verde es tu edad que llega y te conjuro
a que brotes el aire y, a mi antojo,
siembres el tiempo, que me niebla el ojo,
de amores sin pasado y sin futuro.
Que tu frescura pase por mi puerta,
que tu verdor estalle en la ventana
que para verte dejo siempre abierta.
Que nazca con la luz, cada mañana,
tu aroma, que acaricia y me despierta,
y me seas más nítida y cercana.

48

sábado, 6 de septiembre de 2014

30. Soledades del lobo

En la sierra y por el bosque,
dice a los niños el viejo,
anda un lobo solitario
de pelo gris casi negro,
patas largas y un hocico
con unos colmillos fieros
que, de verlos, si los vieran,
se quedarían de hielo.
Y un andar como de gato
y unos ojos como fuego
y un aullido que cautiva
pero cala hasta los huesos.
Será que será dañino,
pero es más lo que da miedo.
Nunca lo verán al alba,
pocas veces bajo el cielo
que el sol ilumina: el día
pasa escondido y avieso
y, antes que llegue la noche,

49

cuando apenas gime el cierzo,
ya sale no sé de dónde
y anda solo y en silencio,
entre las zarzas y moras,
entre las hayas y abetos,
rondando quién sabe qué,
tan cuidadoso y atento.
Jamás va por los caminos,
jamás sus garras ha puesto
sobre sendas y veredas:
siempre anda por lo secreto.
No se le sabe manada,
ni siquiera compañero.
Si vieran, como yo he visto,
la piel de ese lobo artero,
que luce tal que se siente
como de seda en los dedos,
que hasta manso se diría,
que se diría hasta bueno...
¿Y alguna vez en la vida,
pregunta un niño moreno,
ese lobo que tú dices
se ha comido algún cordero?

50

El viejo calla y lo mira,
y está mirando a lo lejos
cosas que sabe de lobos
que corren como recuerdos.
Pues, la verdad, poco dicen
los que saben de estos cuentos,
pero andan diciendo algunos
que son como yo más viejos,
que este lobo es solitario
pues nunca pudo con ellos.

51

jueves, 11 de septiembre de 2014

31. El agua eres

El agua eres, como el agua mansa,
como un río del tiempo, la clepsidra,
el curso de los mares y la lluvia,
la inmensidad del mundo gota a gota.
Eres el agua en todo: la vertiente,
el manantial, la fuente, los arroyos,
la hondura de los lagos, la frescura,
la líquida inocencia en transparencia.
El agua de las lágrimas. El agua
del canto, los torrentes, la cascada,
la llovizna del día, el mar del cielo.
La humedad de la noche entre mis manos.
La niebla y el rocío: eso eres.
Y el agua, siempre el agua. El agua. El agua.

52

sábado, 13 de septiembre de 2014

32. Novia del limonero

Y voy por el jardín. Miro la Eugenia
y veo que, gentil, al Limonero
le ha cedido en el aire el aire entero,
aunque tierna lo abraza. Sin la venia
de los azahares, con los que congenia,
la luz perfuma igual que su ladero:
el mismo blanco que el limón austero,
pero tan femenina, que se ingenia
para dorar la tarde dulcemente,
mientras, ya en flor, de su verdor sonriente
sangra otra luz cuando el limón no mira.
Y así, celosa y fiel, como una amada,
junto al limón me luce enamorada
y hasta parece que por él respira.

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lunes, 15 de septiembre de 2014

33. Mudanza

Desde ninguna parte a ningún lado,
desde nunca a jamás, de nadie a nada:
no hay tiempo, ni futuro ni pasado
ni presente o mudanza esperanzada
para quien lleva con su pie cansado
nada en los ojos y, en el pecho, nada.
Sólo va por el día trajinado,
sólo llega al final de la jornada,
sólo encuentra el reposo que ha buscado,
quien lleva el corazón enamorado
y ese amor hecho luz en la mirada.

54

jueves, 18 de septiembre de 2014

34. Había un zorzal

Había un zorzal. Cantaba en mi ventana.
Su canto era la luz y me decía
que con su voz paría la mañana,
aunque fuera de noche y no de día.
Había un zorzal. Y la esperanza mía,
en liturgia feliz y cotidiana,
en medio de la noche amanecía
con cada nota límpida y temprana.
Había un zorzal. Y aunque su voz humana
mi misma voz a veces parecía,
su voz no era mi voz. Yo lo sabía.
Había un zorzal. No está. Su voz cercana
ni siquiera resuena ya lejana.
Había un zorzal. Había un zorzal. Había.

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35. Cenizas de zorzal

Epitafio

La vida estaba entera
en el pan y en la sal
que compartimos.

Elegía

Mueres con el invierno.
En las cenizas,
raíces de manzano en flor.

Dirge

En tu primavera de luna,
nueva de luna nueva.
¿por qué esta sombra de azahares
te acompaña?

56

Cenizas de zorzal

La noche se lamenta, oscura.
Vela muda su duelo y tus cenizas,
que no cantarán.

Philomelos

Dimmi, dove è ora la mattina?
Dove si trova il tuo canto,
sospeso dal cuore fragile?

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sábado, 20 de septiembre de 2014

36. Días de hierro

Corazón, mira el aire: son días rojos.
Como un roble en otoño.
Como una mañana de tormenta.
Como el hierro que arde en silencio
y que cuenta las horas
en las fraguas oscuras de mi sangre.
Son días de hierro.
Pero somos el hierro.
Y llevamos el fuego que nos arde
en entrañas de hierro.
Fragua y martillo somos.
Forja que truena un día sin tiempo, eso somos.

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Yunque de amores,
golpe de gozos:
en nuestras entrañas vivas de hierro vivo.

Eso somos.
En estos días de hierro.

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domingo, 21 de septiembre de 2014

37. Elogio, con E de Enrique

A E.B., ya en su cielo de poesía

Enrique, de tu voz la luz asoma
como una barca que en el mar titila:
tu voz de halcón, que endulza en la pupila
el aire en el que arrulla la paloma.
Enrique, en los lagares de tu idioma
hay un mosto de amor que se destila
con tu mirada frágil y tranquila,
y que en tus versos se nos vuelve aroma.
En esta urna duermen las cenizas
del cascabel que tañes con tu mano,
y son un fuego que callado atizas.
Que este elogio a tu canto glorifique
ese misterio del callar temprano
que nos dejaste en tu silencio, Enrique.

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martes, 23 de septiembre de 2014

38. Nosotros, fin de la noche
Ho perso il sonno
Oscillo
al canto d’una strada
come una lucciola
Mi morirà
questa notte?
Giuseppe Ungaretti, Giugno

¿Qué nosotros duerme en esta cornisa del tiempo?
La noche ya casi ha enterrado a todos sus vivos.
Ahora, vagamente libre,
ronda por los funerales del invierno
buscando semillas secas en huellas borradas.
Luciérnagas de olvido
apagaron sus candelas de recuerdos y memorias
y se disuelven en la niebla.
¿Qué nosotros despertará cuando una calandria diga que la noche pasó
y dejó su estruendo de horas heridas?
¿Qué nosotros levantará la bandera del día de los que aman
y repican a gozo sus cantos de amor y de guerra,
cuando el incendio ya no levante el humo de las tristezas?

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No hay nosotros.
¿Habrá nosotros?
No ahora.
No nosotros.

Estoy yo, la mitad de nosotros.
(Yo, apenas. Y apenas a la sombra de jilgueros y silencios.
Entre almácigos de noches nuevas,
sembrando días y tardes en los surcos abatidos de la tierra arrasada,
podando el corazón de las flores,
librando las notas mudas de todos los vientos....)

No hay nosotros.

Pero habrá.

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miércoles, 24 de septiembre de 2014
39. Romance de la malquerida

Corrió la voz una vez
y, así como van las voces,
ya murmuran en la aldea
viejos, mozas, labradores:
Esa muchacha morena,
con ojos negros que esconden
quién sabe qué, nadie sabe...
qué moza con pretensiones,
la que pasa y no saluda
y a todos les dice nones,
anda bebiendo los vientos
por un mozo y, en las noches,
canta unos cantos de luna
que sólo dicen adioses.
Por toda compaña tiene
la sombra niña del roble
(en el huerto de la moza
crece como ella y es joven...),

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que tinta en sangre y estrellas
y con lágrimas salobres,
llora, toda pena y duelo,
y hasta sus ramas encoge
ocultando su corteza,
porque no vean que llore.
Por las mañanas del día
con el sol que luce bronces,
o por la tarde entre cabras
que tiran todas al monte,
va la moza suspirando,
y dicen que es por el hombre
que nadie sabe quién es
pero la mata de amores.
¡Cuántas flores amarillas
y verbenas a montones
teje mirando el arroyo,
mientras suspira canciones
que dicen que no la quiere
el dolor de sus pasiones!
Por las calles de la villa,
trenzados en los balcones
de hierro negro y roído
con rejas como prisiones,
de tanto en tanto aparecen,
como si fueran reproches,
unos lacitos de mimbre
con bellotas de su roble
que la moza va colgando

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cuando duermen soñadores
los ojos de todas partes
envueltos en camisones.
Y ella camina en lo oscuro
y recita maldiciones
como súplicas de besos
que se dan en los rincones
oscuros de cada calle
las amadas y amadores.
En los huertos y en la sierra
ya maduran los limones,
y después llega el otoño
poniendo todo de cobre;
y vuelve la primavera,
baja el agua, crecen trojes;
y llega al fin un verano
herido de trigo y soles.
Pero la moza camina
las nieves y los ardores
siempre sola, el paso triste,
con ojos como carbones
apagados de tan negros
y fríos de estar sin hombre.

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jueves, 25 de septiembre de 2014

40. Pobre gaita

Tenías en la voz esa distancia
de ningún lado, de ninguna parte,
sin tiempo, sin sabor, tampoco el arte
de decir con donaire y con fragancia.
Sin sangre, sin dolor, sin la prestancia
de la gente de a pie, la del descarte,
la que lleva con garbo el estandarte
de ser cualquiera y ser con elegancia.
Una pena de mares nos separa:
yo no sé dónde éstas, ni sé si vives
o eres la voz de nada, apenas clara.
Pena de que no encantes ni cautives
tengo en el alma y esa cosa rara
de tus galaicos sones leitmotives.

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jueves, 9 de octubre de 2014

41. Uno y otro

Entonces estarán dos en el campo: el uno será tomado y el otro será dejado;
dos mujeres molerán en un molino: la una será tomada y la otra será dejada;
(dormirán dos en un lecho: el uno será tomado y el otro será dejado.)
Catena Aurea, San Mateo, 24, 40-41

No solamente no sabemos cuándo
la cosecha que tiene prometida
recogerá su fruto y, cada vida,
en el tiempo feroz que va llegando,
se irá en gavillas o se irá quedando,
sobre una tierra ajada y preterida.
No es tanto el tiempo (aunque lo estoy mirando...):
es la Mano que viene cosechando,
la que todo perdona y nada olvida,
la que a uno toma y a otro va dejando...
A esa Mano tengo el alma asida,
esperando, esperando y esperando...
¿Cuál de los dos seré en esa partida?

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viernes, 5 de diciembre de 2014

42. El sol y el ángel

Miraba el sol al ángel que lucía
como un rayo de plata enamorado
del aire, que de amor se le rendía.
Y el sol de fuego, en fuego ya abrasado,
vio que su ardor apenas parecía
un silencio de luz desalentado.

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43. Tu voz de cielo

El cielo de una voz hace que el cielo
vuelva a ser aire azul enamorado
y deja el tiempo todo sin pasado
y sin futuro, en un presente en vuelo.
El cielo de una voz que te ha cantado
una vez y otra vez el ritornello
del beso y de la flor y del pañuelo,
hace del aire un cielo perfumado.
Eso puede una voz. Eso nos hace
cuando a su luz el aire se enternece
y el cielo es como un niño cuando nace.
Eso hace una voz, nos estremece.
Nos libra de la noche y amanece
mientras la voz de cielo nos abrace.

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domingo, 7 de diciembre de 2014

44. Danza tu voz

Y vi nacer tu voz y te veía
como un ave de luz bajo la sombra
de la noche, que en vilo nos tenía.
Y vi nacer tu voz y vi que había,
en el ángel lucido que te nombra,
manantiales de amor y mi alegría.
Danza tu voz ahora y la mañana,
en arabescos tibios y sutiles,
se mece en tu donaire de pavana.
Danza tu voz y una dulzura arcana
en acordes soleados y gentiles,
me deja tu perfume de manzana.

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lunes, 8 de diciembre de 2014

45. Tandil

Yo vi tu nombre en flor entre retamas
y fue el nombre de un mundo inaugurado.
Y fue un día feliz, serrano, quieto,
que sembraste en mis huesos y en mis ojos.
El aire, que me aroma la memoria,
se parece en lo suave a serranías
que laten en tu nombre y en la altura,
un silencio de piedra tersa y clara.
Voy cada noche por la yerbabuena
que tus lomas exhalan mientras duermes
y en vigilia te miro y te cortejo.
Y ya sin tiempo entonces soy tu nombre,
con una antigüedad que está en mi sangre
y quedará mientras tu nombre exista.

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miércoles, 10 de diciembre de 2014

46. A Garcilaso, en la torre de Muey

Don Carlos no ha dormido, cavilando,
y un sueño de bombardas, catapultas,
y de torres de asalto, lo desvela.
Don Garcilaso de la Vega mira,
a su lado, con ojos de leopardo,
un valle quieto, un alba que amanece
sobre Provenza trovadora en llamas.
Galatea se fue, Elisa ha muerto.
Una niebla de amor anda en el campo
subiendo de los claros, frescos ríos,
y acechando las armas y la piedra
de la Torre de Muey, tan defendida.
Don Carlos tiene a Muey sobre la mesa,
como una torre más. Y traza planes
y mueve, sobre arena, sus ejércitos.

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Y quiere la victoria que lo esquiva.
Y Garcilaso mira los collados.
Ve pastores amantes, doloridos,
callando desventuras y ternezas
mientras vagan su sombra por la aurora,
ausentes sus pastoras de su lado.
Los pastores dejaron sus morrales
y sus cayados. Buscan armaduras
y espadas, picas, lanzas, sus escudos,
olvidados del canto y de pacer.
Galatea se fue. Elisa ha muerto.
Y rompe un vendaval: Es Garcilaso.
Brillan las armas. Él, asalta mudo,
fiero en la mano, el corazón transido,
trepando al cielo gris de las almenas
que, como amada, esperan al amado.
Como una amada, Muey se le ha rendido.
Como un amado, Garcilaso ha muerto.
Con el acero le entregó su sangre.
Como una amada, Muey la ha recibido.

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Galatea no está. Elisa ha muerto.
Lo Muey ya cae. Y Garcilaso sueña
que en la tercera rueda, mano a mano,
otros valles floridos y sombríos
le muestran a la amada para siempre
ante sus ojos fieros de leopardo
que ahora la ven, sin miedo de perderla.

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miércoles, 31 de diciembre de 2014

47. Inocentes

Trajo una lluvia fresca la mañana
y es el llanto de un día de Inocentes
que libra a unos jazmines penitentes,
florecidos de cielo en mi ventana.
Son coronas de luz, gloria temprana,
que a la tierra fecundan: son vertientes
de aquella sangre de los Inocentes
que por mi bien hace milenios mana.
Mientras la lluvia finamente llora
ese dolor feliz y esos martirios,
un misterio florece en lo profundo.
Jazmines tiernos andan como cirios
que aquella sangre enciende a toda hora
y que iluminan el dolor del mundo.

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INDICE

1. Glosas del prisionero
2. Advertencia del otoño
3. Segunda advertencia del otoño
4. Última advertencia del otoño
5. Romance del amor amado
6. Pastora
7. Clara
8. Soneto
9. Los felices
10. Este eclipse de ti
11. En una misma noche
12. Tarde de un día
13. Madrigal de abril
14. Segundo madrigal de abril
15. Tercer madrigal de abril
16. Will
17. Invierno de Afrodita
18. Carmen
19. Antes
20. Parecía
21. Coplitas de mis amores
22. Sauces
23. Como el tiempo
24. Mi Eugenia

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25. Ti sembra niente il sole
26. Romance del secreto
27. Esta tierra me espera
28. Solsticio (1989)
29. Corona de novia
30. Soledades del lobo
31. El agua eres
32. Novia del limonero
33. Mudanza
34. Había un zorzal
35. Cenizas de zorzal
36. Días de hierro
37. Elogio, con E de Enrique
38. Nosotros, fin de la noche
39. Romance de la malquerida
40. Pobre gaita
41. Uno y otro
42. El sol y el ángel
43. Tu voz de cielo
44. Danza tu voz
45. Tandil
46. A Garcilaso, en la Torre de Muey
47. Inocentes

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