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Paulo Coelho y el Camino de Santiago

Luis Santamaría del río

Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES)

El escritor brasileño Paulo Coelho es, sin duda alguna, uno de los más leídos en la época actual, con millones de ejemplares vendidos en más de 60 idiomas. Su fama es innegable y cada vez que lanza una no- vedad editorial al mercado consigue que permanezca en las listas de best sellers durante una larga temporada en muchos países a la vez. Su narrativa hace que el autor sea influyente, e incluso el mundo de las redes sociales de Internet muestra la fama de Coelho, situándolo entre las cien cuentas de Twitter más populares, con más de 9 millo- nes de seguidores. ¿Cuál es la relación del novelista con el Camino de Santiago y, por extensión, con todo el fenómeno de la peregrinación jacobea? Éste es el objeto del presente trabajo, que pretende descender a los detalles para analizar así la “versión” que hace el brasileño del Camino 1 . Dos hechos pueden dar buena cuenta de la importancia de Paulo Coelho cuando hablamos de las peregrinaciones a Santiago. El primero, que tuvo lugar en 1999 (Año Santo Jacobeo), no es otro que la concesión de la Medalla de Oro de Galicia, por parte del gobierno regional, al au- tor 2 . El segundo hecho consiste en constatar que la ciudad composte- lana cuenta en su callejero con la “Rúa Paulo Coelho”, concretamente en el barrio de San Marcos. Es curioso que, según sus propias decla-

1 Cf. Santamaría del río, Luis, “Nuevas formas de búsqueda en el Camino”, en Pé-

rez, Segundo Leonardo – FreSno, Javier – Cela, Antolín de (dirs.), II Congreso Internacio- nal de Acogida Cristiana y Nueva Evangelización en el Camino de Santiago. El apóstol Santiago y la búsqueda de Dios en el Camino, Catedral de Santiago, Santiago de Com- postela 2014, 61-78.

2 Cf. Decreto 179/1999, de 17 de junio, por el que se concede la Medalla de Oro

de Galicia a Paulo Coelho, en Diario Oficial de Galicia 117 (1999), 7.818. No se dan más detalles que “en atención a los méritos que concurren en Paulo Coelho […], es voluntad del Gobierno gallego otorgarle su más alta distinción”. Puede leerse una interesante crítica a esta decisión en GarCía CoStoya, CarloS, “Una polémica medalla”, Alfa y Ome- ga 175 (1999), 28.

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raciones, sea el primer lugar del mundo donde le hayan dedicado una calle (en el año 2008) 3 . La respuesta a la cuestión anterior, después de ver sus repercu- siones públicas —y también políticas— es bien sencilla: la primera novela de Paulo Coelho estuvo dedicada al Camino de Santiago, y el éxito cosechado después con su producción literaria ha hecho que la ruta haya alcanzado más notoriedad gracias a la lectura de su libro “jacobeo”, sobre todo en su país de origen, Brasil, pero también en el resto del mundo. El carácter de esa novela concreta y la valoración de su contenido constituirán la parte más importante de este artí- culo, aunque antes es necesario que nos acerquemos al autor y su biografía.

1. PAULO COELHO: UNA VIDA CONVULSA… Y ESOTÉRICA

Un escritor tan famoso como Paulo Coelho no podía quedar sin sus biografías, muy amplias y sustanciosas, publicadas ya durante su vida. Las principales son, por orden cronológico, Las confesiones del peregrino, un libro-entrevista realizado por el periodista español Juan Arias, corresponsal en Brasil del diario madrileño El País, y la extensa obra El Mago, del periodista brasileño Fernando Morais, que tiene aún más interés por basarse en los diarios del protagonista, algo siempre más cercano a la realidad vivida que la reinterpretación que puede hacerse de los hechos mucho tiempo después. En estos dos li- bros, sobre todo, vamos a basarnos para este resumen biográfico de Coelho, necesariamente sintético, y para un acercamiento más deta- llado a sus aspectos más oscuros, tal como él mismo los ha revelado. Paulo Coelho nació en 1947 en Río de Janeiro y estudió en el colegio de la Compañía de Jesús en aquella ciudad, San Ignacio. De los jesui- tas de su infancia afirma: “me dieron excelentes bases para la discipli- na, pero me provocaron también horror a la religión, de la que acabé alejándome” 4 . Su adolescencia vino marcada por la rebeldía, que se plasmó no sólo en el alejamiento de la fe católica de su familia, sino también en la búsqueda de las ideologías de izquierdas, por lo que durante un breve período de tiempo leyó fundamentalmente obras

3 Cf. SalGado, Daniel, “La factoría Paulo Coelho”, El País, 24/06/08. El artículo re-

lata la visita del escritor al Palacio de Rajoy, sede del Ayuntamiento de Santiago de Compostela y de la Junta de Galicia, y su firma en el libro de oro del gobierno munici-

pal, ante su alcalde.

4 ariaS, Juan, Las confesiones del peregrino, Planeta, Barcelona 1999, 53. Es inte-

resante constatar, sin embargo, la impronta de la formación jesuítica en la literatura del autor, tal como se ha hecho en una tesina: cf. Pau, aleSSia, Le radici gesuitiche nella scrittura di Paulo Coelho, Università degli studi di Roma Tre, Roma 2005.

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marxistas y se consideró ateo. El paso siguiente fue su incursión en el movimiento hippy, a la vez que entraba en el mundo del teatro. Más tarde, explica él mismo, “cuando volví a interesarme por una búsqueda espiritual, yo ya estaba convencido de que la última cosa que iba a buscar era el catolicismo, porque le tenía horror; estaba harto y totalmente convencido de que aquél no era el camino, era un Dios de la derecha, que no tenía una cara femenina, era un Dios del rigor, sin misericordia, sin compasión, sin misterio, y al mismo tiempo empecé a experimentar todas las otras religiones y sectas, sobre todo las de origen oriental” 5 . Pero, más allá de estos movimientos, buscaba alguien que lo iniciara, y quería, además de ser distinto a los demás, poder seducir e impresionar a las mujeres con sus conocimientos ocultos, y así “llegó un momento en que mi carácter extremista me lle- vó a buscar lo más fuerte, lo que estaba a la izquierda de la izquierda de la búsqueda espiritual. […] la sociedad secreta considerada la ove- ja negra, la más dura” 6 . En sus diarios reflejó la posesión de poderes sobre los elementos de la naturaleza. Fue entonces cuando se acercó a la secta Ordo Templi Orientis (OTO), y sobre todo a la figura del ocultista y satanista británico Aleis- ter Crowley. Le atraía, sobre todo, la total libertad de pensamiento y de comportamiento sexual, además del poder que podía ejercer sobre los demás. A pesar de la resistencia interior que encontraba —por su pasado religioso— a los rituales, los realizaba. Llegó a vender su alma al Diablo a través de un pacto firmado. Sin embargo, tras dos años en la secta, pocos días después de su ingreso formal con el nombre mágico de Staars o Luz Eterna, en 1974 vivió un acontecimiento que cambió el rumbo de su vida. Encontrándose solo en su casa, comen- zó a ver una mancha negra a su alrededor, como un humo oscuro y ruidoso, y sintió que iba a morir. Supo en aquel momento que estaba presente el Mal que tantas veces había invocado para conseguir po- der, y pudo contrastar esta experiencia con otra persona que vivió lo mismo y en el mismo momento. Lo que hizo a continuación fue abrir la Biblia al azar y, a partir del pasaje evangélico que halló (Mc 9, 24), decidió terminar con su participación en aquel grupo ocultista, aun- que nunca dejaría de sentirse atraído por lo esotérico en lo sucesivo. Hay que subrayar que después de una nada positiva carrera como dramaturgo, actor de teatro y periodista, consiguió un éxito profesio- nal y económico considerable al asociarse con el músico Raúl Seixas para escribir canciones. Con él intentó crear una secta ocultista lla- mada Sociedad Alternativa, afirmando que “el individuo nunca de-

5 ariaS, Juan, o.c., 53-54.

6 Ibid., 130.

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jará de disfrutar de Satán, que es algo realmente fascinante” 7 . Sin embargo, el gran objetivo de toda su vida siempre fue convertirse en un escritor de fama mundial. De forma simultánea, la biografía de Coelho trazada a partir de sus diarios nos muestra toda clase de ex- cesos y extravagancias que llevaron incluso a que fuera ingresado varias ocasiones en un manicomio por petición de sus padres, preocu- pados por la deriva vital de su hijo. Encontramos episodios sucesivos de consumo de drogas (que iría abandonando por decisión personal paulatinamente, desde la cocaína hasta la marihuana, pasando por

el LSD), promiscuidad sexual (incluyendo la relación con varias no-

vias a la vez o la “experimentación” homosexual, entre otras cosas),

divulgación de prácticas esotéricas en el sistema de enseñanza de Brasil bajo la capa de talleres de teatro para escolares, iniciación en

el chamanismo de Carlos Castaneda, etc.

Después de su experiencia satánica de 1974 interpreta su trayecto biográfico como una reconversión al cristianismo, al ir introducien-

do diversos elementos católicos en su vida, aunque seguía simulta- neando esto con actitudes esotéricas como la consulta del I Ching (el oráculo chino milenario de “las mutaciones”) antes de cada decisión importante, la profundización en el mundo del vampirismo o la impor- tancia de los presagios y signos. En 1980 se casó con su esposa actual, Christina Oiticica, que ha influido también en su perfil espiritual, ya que ella era especialista en el tarot antes de unir sus vidas, consulta- ba el I Ching y, a partir de las lecturas espiritistas de Coelho, hicieron prácticas como médiums en pareja. En diciembre de 1981 emprendie- ron un largo viaje por Europa en el que tuvieron lugar varios aconte- cimientos que, leídos desde lo sobrenatural por su protagonista, cam- biaron el rumbo de su vida y determinaron lo que es hoy. El primero de ellos, aparentemente menor, fue la visita a la imagen del Niño Je- sús de Praga, al que pidió explícitamente el éxito tan deseado 8 . El momento más importante fue su visita al campo de concentra- ción nazi de Dachau, el 23 de febrero de 1982. Unos días antes, en Praga, había tenido una experiencia muy desagradable al visitar un calabozo medieval, lo que “despertó recuerdos que amenazaban con empujarlo a una crisis depresiva de proporciones alarmantes” 9 .

Y esto se repitió, con más intensidad, al entrar solo en la cámara de

7 moraiS, Fernando, El Mago, Planeta, Barcelona 2008, 395.

8 Es interesante la fórmula empleada por Coelho: “Quiero ser un escritor leído

y respetado en el mundo entero. […] El día que sea un escritor leído y respetado en el mundo entero, volveré y te traeré un manto bordado con hilos de oro para cubrir tu

cuerpo” (Ibid., 55). Promesa que cumplió en 2005 en un rápido viaje a la capital checa, según el biógrafo.

9 Ibid., 460.

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gas de Dachau. Allí se estremeció, y salió aterrorizado del crematorio justo en el momento en el que las campanas de la capilla católica del lugar anunciaban el mediodía. Entró en ella buscando paz, pero se dio cuenta de que la barbarie antihumana continuaba en su tiempo

en otras formas, y según su diario “en ese momento entendí la señal:

sentí que las campanas de la capilla estaban doblando por mí. En- tonces tuve la aparición” 10 . Esta aparición consistió en una figura de apariencia humana hablándole sin palabras, de alma a alma, bajo un haz de luz, diciéndole que se reencontrarían dos meses después. Cuando transcurrió ese tiempo, hallándose en un hotel de Ám- sterdam, se encontró con un hombre al que identificó con la apari- ción. Éste le reveló que se trataba de un maestro de la orden católica oculta denominada RAM, siglas que responden a dos significados,

tal como explica Coelho: por un lado, Regnum, Agnum, Mundi; por

otro, Rigor, Amor y Misericordia. Siempre subraya el carácter pre- tendidamente católico de esta sociedad secreta de la que, fuera de la

obra del autor, no se conoce nada. “Y allí empezó un nuevo tramo de

mi vida, con mi vuelta a la Iglesia católica. Porque aquel individuo

pertenecía a la orden católica RAM (rigor, amor, misericordia), que tiene más de quinientos años. Él fue quien me habló de toda la tradi- ción, del anclaje simbólico dentro de una iglesia. Él había estado en el Vaticano mucho tiempo. Y desde entonces empecé a interesarme por aquella vieja tradición católica, por la tradición de la serpiente, hasta que un día me llevó a Noruega y allí me dio este anillo, que

todavía llevo, con las dos cabezas de serpiente. Y entonces empecé

a aprender el lenguaje simbólico, que no es el esoterismo cristiano,

sino la simbología cristiana” 11 . De esta manera, Paulo Coelho afirma que retoma su trayectoria vital mágica, de una forma pretendidamente positiva ahora, sin re-

ferencias a lo satánico, aunque se consideraba todavía unido emo- cionalmente a todo aquello de lo que sólo habría abjurado racio-

nalmente y le continuaba fascinando. A su regreso a Brasil, para su iniciación en la orden RAM tuvo que cumplir diversos desafíos, ritos

u ordalías que le encargaba su Maestro, a quien llama siempre J. o

Jean. Y en este punto es necesario que nos detengamos, porque llega

10 Ibid., 465.

11 a ria S, Juan, o.c., 162-163. Coelho no ofrece mucha más información sobre este

supuesto movimiento esotérico. A continuación dice: “Se trata de una orden fundada hace más de cinco siglos, dentro de la Iglesia católica. En ella se transmite un lenguaje simbólico, a través de una tradición más bien oral. Pero no es nada secreto. El RAM es más una práctica de lo sagrado que una teoría del mismo. Por eso somos un grupo muy pequeño. De hecho, sigo teniendo sólo cuatro discípulos” (ibid., 163). En alguna entrevis- ta ha revelado que la orden fue fundada en 1492.

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el momento en el que irrumpe un nuevo elemento en la vida y obra del autor: el Camino de Santiago. El 2 de enero de 1986, el Maestro de RAM que supervisaba el itinera- rio iniciático de Paulo Coelho lo había citado para la ceremonia secre- ta en la que iba a recibir su espada, momento ritual a partir del cual sería considerado Mago o Maestro de la orden, y que tendría lugar en una montaña brasileña. En presencia de muy pocos testigos, llevó su espada vieja, la que hasta entonces había utilizado en sus ejercicios esotéricos privados, y llegó el momento en el que Jean pronunció las palabras mágicas: “¡Que ante la Sagrada Faz de RAM toques con tus manos la Palabra de la Vida, y recibas tanta fuerza que te convierta en su testigo hasta los confines de la Tierra!” 12 . Después de esto, enterró su vieja espada y cuando se disponía a tomar del suelo la nueva, la de su ordenación ritual, su Maestro le pisó la mano diciéndole que no era digno con las siguientes palabras: “Si fueras más humilde habrías re- chazado la espada. Si lo hubieras hecho te la entregaría, porque tu co- razón sería puro. Pero como me temía, en el momento sublime resba- laste y caíste. Por culpa de tu avidez tendrás que caminar nuevamente en busca de tu espada. Y por culpa de tu soberbia y de tu fascinación por los prodigios, tendrás que luchar mucho para conseguir de nuevo aquello que tan generosamente te iba a ser entregado” 13 . Para conseguir su ansiada arma mágica, Coelho tendría que bus- carla y hallarla finalmente como el resultado de un proceso de conver- sión interior. Su esposa se encargaría, mandada por el Maestro Jean, de esconderla en un lugar lejano para poner a prueba a su marido y su intención de llegar a ser Mago. Ese lugar no sería otro que el Cami- no de Santiago, que el escritor tendría que recorrer para conseguirla. Lo que, por otra parte, daría lugar a su primer libro, a su primer éxito, precisamente en torno a la ruta de peregrinación jacobea. Pasamos así al segundo punto de este trabajo.

2. EL CAMINO DE SANTIAGO O LA BÚSQUEDA DE LA ESPADA

Aquí enlazamos con su novela O Diário de um Mago (Diario de un Mago), que fue publicada en 1987, aunque pronto el título se convir- tió en subtítulo de algo que atraería más la atención prestada a la ruta jacobea: El peregrino de Compostela. Así podemos encontrar en las ediciones actuales que la referencia mágica queda en un segundo plano, o entre paréntesis, ante el reclamo fundamental del libro, tanto en su título en letras grandes como en el diseño gráfico, donde priman

12 moraiS, Fernando, o.c., 498.

13 Ibid., 500.

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las alusiones a la peregrinación a Santiago: la concha, la flecha, el bordón, el camino, etc. En alguna edición se ha resumido aún más, y sólo se lee en portada El Peregrino. En otras lenguas observamos tam- bién esta evolución, aunque se usen distintas expresiones. Por ejem- plo, es clara la intencionalidad en la traducción italiana, que titula la primera obra de Coelho directamente Il Cammino di Santiago 14 . Más allá del prefacio, que valoraremos en su momento, después de analizar el contenido del libro, el prólogo comienza relatando el rito ini- ciático ya señalado, celebrado en 1986 en Brasil: “mi ordenación como Maestre de la Orden de RAM” 15 . La sorpresa por no conseguir su es- pada encuentra su explicación en las palabras de su Maestro, quien le dice con términos propios del lenguaje esotérico y alquímico que “el camino de la Tradición no es el camino de unos pocos elegidos sino el camino de todos los hombres” (17), y por eso tendrá que buscar entre los hombres comunes la espada que ahora le es negada. Como ya hemos visto más arriba, su esposa le explica después que su guía espiritual “dijo que buscaras en el mapa de España una antigua ruta medieval, conocida como el Extraño Camino de Santiago” (18). La dosis de miste- rio ya está inoculada, para enganchar de esta manera al lector. A continuación veremos las líneas principales de lo que narra Pau- lo Coelho en El peregrino de Compostela. Hemos preferido realizar un análisis temático y de los elementos principales en lugar de seguir un simple orden cronológico de lo que sucede en la novela, para subrayar así los núcleos del pensamiento y de la propuesta espiritual que hace el autor, más allá de lo superficial.

2.1. el otro ProtaGoniSta: PetruS

Cuando Paulo Coelho llega a Saint-Jean-Pied-de-Port para iniciar el Camino, se encuentra con quien será su guía a lo largo de la pere- grinación. Lo llama Petrus para proteger su identidad, y se trata de

14 En otros idiomas sigue la misma pauta que en la versión castellana: Le Pèlerin de

Compostelle (francés), The Pilgrimage (inglés), Einweihungen auf dem Jakobsweg o Tage- buch einer Pilgerreise nach Santiago de Compostela (alemán), Pilgrimsresan (sueco), Pyhiin- vaellus (finlandés), Pilegrimsreisen (noruego), Pelerin la Compostela (rumano), Zarándoklat (húngaro), Pielgrzym (polaco), Паломничество (“peregrinación”, ruso), 星の巡礼 (“camino de

estrellas”, japonés), (“peregrino”, árabe), etc. No así, por ejemplo, en la edición hebrea, que traduce el título original portugués. Según parece, se ha traducido a 38 lenguas.

15 Coelho, Paulo, El Peregrino de Compostela (Diario de un mago), Planeta, Barcelo-

na 2007, 15. No se señala el ordinal de la edición, publicada justo dos décadas después del original, sino que se informa sólo de que es la “primera edición en esta presenta- ción”. A partir de ahora, para evitar la multitud de notas a pie de página, citaremos esta edición de El Peregrino de Compostela con el número de página entre paréntesis en el texto después de cada cita.

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de El Peregrino de Compostela con el número de página entre paréntesis en el texto después

otro de los misteriosos personajes que el autor hace pasar por su au- tobiografía fantástica, aunque se encarga de asegurar que es alguien real, e incluso da algunos datos que supuestamente ayudarían a iden- tificarlo. Su función será la del iniciado que acompaña al neófito para descubrir un conocimiento oculto, algo muy común en el esoterismo y en la literatura que se mueve entre la Nueva Era y la gnosis. Ejemplos de narrativa española contemporánea en este sentido que pueden ci- tarse aquí: el Mayor estadounidense que J.J. Benítez presenta como fuente de sus conocimientos sobre Jesús en la serie de novelas Caba- llo de Troya, o el más reciente personaje misterioso que acompaña a Javier Sierra en su aventura de descubrir las claves ocultas de la más importante pinacoteca madrileña en El Maestro del Prado. Petrus le explica el primer día que a lo largo del Camino le ense- ñará algunos rituales y ejercicios conocidos como “las Prácticas de RAM”, once ejercicios que irá desgranando en el transcurso de la no- vela (y que comentaremos más adelante, en el apartado 2.4). Ésa es la misión de Petrus, que le revela el segundo día de peregrinación: “yo no estoy guiándote hacia tu espada. Sólo de ti depende encontrarla. Estoy aquí para conducirte a través del Camino de Santiago y ense- ñarte las Prácticas de RAM. Cómo utilizarás esto para encontrar tu espada es problema tuyo” (39-40). A lo largo de los demás apartados veremos sus acciones y palabras, fundamentales en el transcurso de la obra, aunque podamos identificar casi sin problema alguno las te- sis de Petrus con las de Paulo. Sin dejar de observar que, curiosamen- te, los dos juntos tienen los nombres de los apóstoles principales de la Iglesia cristiana.

2.2. un Camino univerSal

Ya en las primeras páginas se refiere al Camino de Santiago como algo muy genérico, una especie de arquetipo universal que se encar- na en esta ruta concreta pero que, en el fondo, no es más que el eterno itinerario mistérico al que se ve abocado cada hombre. Así, dice que va “a revivir, en pleno siglo XX, un poco de la gran aventura humana que trajo a Ulises de Troya, anduvo con Don Quijote de la Mancha, lle- vó a Dante y Orfeo a los infiernos y a Cristóbal Colón hasta las Amé- ricas: la aventura de viajar en dirección a lo Desconocido” (24). Otro paralelismo que establece Coelho es con la obra de Carlos Castane- da, importante figura del neoindigenismo y divulgador de los trances chamánicos: “cuando leí la obra de Castaneda, había deseado mucho encontrar al viejo brujo indio Don Juan. Al ver a Petrus mirando las montañas, me pareció estar con alguien muy parecido” (41).

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Como es común en este tipo de literatura que reformula el Camino de Santiago en clave esotérica, se da más importancia a la peregrina- ción que a la propia meta, que queda difuminada. Así, Petrus le dice a Coelho: “el Camino es el que nos enseña la mejor forma de llegar y nos enriquece mientras lo estamos cruzando” (44). Un detalle curioso de “descristianización” de elementos de la ruta jacobea que no debemos pasar por alto es el comentario que el autor desliza al referirse a la Cruz de Hierro que se encuentra en Fonceba- dón. Según Coelho, “había sido dejada allí en la época de la invasión de César, en homenaje a Mercurio. Siguiendo la tradición pagana, los peregrinos de la Ruta Jacobea acostumbraban dejar a los pies una piedra traída de lejos” (158). Sin embargo, hay que aclarar que los mo- numentos romanos a los que se refiere, denominados “Montes de Mer- curio”, consistían en postes levantados en las encrucijadas y caminos en honor del dios protector de los caminantes y del comercio, postes que se cristianizan posteriormente colocándoles una cruz 16 .

2.3. la búSqueda de uno miSmo y el buen Combate

Este tema, tan frecuentemente señalado por muchos de los que em- prenden la peregrinación jacobea, aparece muy claro en las páginas de El peregrino de Compostela. Coelho dice, antes de salir, que “aun cuando no descubriese mi espada, la peregrinación por el Camino de Santiago haría que al final me descubriese a mí mismo” (24). A lo largo del libro encontramos continuamente referencias al Camino como oca- sión para el renacimiento (de hecho, la primera Práctica de RAM habla de renacer de nuevo), la iluminación, el crecimiento de un nuevo hom- bre dentro de uno mismo, el hallazgo del verdadero conocimiento, etc. El lenguaje referido a Dios es difuso y a veces se mezcla con la propia persona humana, como cuando leemos que en la historia Dios “no dejó de fluir en el corazón del Hombre en la forma del Amor” (55). De hecho, Petrus cuenta una historia en la que contrapone al “Dios del Vaticano” con la divinidad “en su forma más primitiva y sabia: el Amor” (55). Una constante en el libro es el uso de la expresión paulina “el buen combate”, que Coelho escribe con mayúsculas, y que identifica prácti- camente con la Gran Obra (opus magnus), el camino empleado por la alquimia para conseguir la piedra filosofal. Según Petrus, “el Buen Com- bate es aquel emprendido porque nuestro corazón lo pide. […] Matamos

16 Cf. lóPez de loS mozoS, José Ramón, “Una cruz caminera en las cercanías de

Maranchón (Guadalajara): La ‘Cruz de Hierro’. Posibles orígenes de este tipo de cru- ces”, en Criado de val, Manuel (dir.), Caminería Hispánica, tomo I (Caminería Física), Patronato Arcipreste de Hita y Asociación Técnica de Carreteras, Madrid 1993, 471-475.

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nuestros sueños porque tenemos miedo de entablar el Buen Combate. […] Pero los sueños muertos comienzan a pudrirse dentro de nosotros e infectan todo el ambiente en que vivimos. Empezamos a ser crueles con los que nos rodean y finalmente pasamos a dirigir esta crueldad contra nosotros mismos. Surgen las enfermedades y las psicosis” (59). Por ello, sentimientos como la culpa, el remordimiento, la indecisión o la cobar- día suponen autocastigos espirituales que dañan al ser humano. Esto marca toda la cosmovisión del autor, y su interpretación de la historia de la salvación y del dogma cristiano, ya que, a continuación, explica por boca del guía ya iniciado: “de todas las formas que el hom- bre discurrió para hacerse daño a sí mismo, la peor de todas fue el Amor. […] Cuando el Hijo del Padre bajó a la tierra, trajo el Amor. Pero como la Humanidad sólo podía entender el Amor con sufrimiento y sacrificios, terminaron por crucificarlo. De no haber sido así, nadie creería en su amor, ya que todos estaban acostumbrados a sufrir diariamente con sus propias pasiones” (62). Poco después, cita de forma bastante libre las palabras de San Pablo sobre la cruz de Jesús como necedad y escánda- lo y añade: “el Reino de Dios no consiste en palabras sino en Poder” (66). Un aspecto importante en este apartado es que, al final, el guía o maestro, del que hemos hablado en el punto 2.1, es prescindible. Como lo es todo maestro exterior al propio ser humano, una vez que ya ha sido iniciado y ha llegado al estado del conocimiento. Por eso pone en boca de Petrus estas palabras, centrales en el libro: “te estoy enseñan- do las Prácticas de RAM. Pero sólo conseguirás llegar hasta tu espa- da cuando descubras que en tu corazón está el camino, la verdad y la vida” (98). Lo que constituye una cita implícita —casi explícita— de Jn 14, 6 no muestra otra cosa que la sustitución de Cristo, autor original de estas palabras, por el sujeto que ha llegado a ser Mago. Esto supon- drá una superación de la fe por parte del conocimiento, como veremos en el apartado 2.6. Esta espiritualidad que tiene en el centro a la propia persona desliga- da de toda referencia trascendente se subraya con otras afirmaciones. Por ejemplo, Petrus le dice al autor: “no existe una religión capaz de jun- tar todas las estrellas, porque si esto sucediera, el Universo se volvería un gigantesco espacio vacío y perdería su razón de existir” (99). Esto lo afirma justo después de señalar que “la Vía Láctea muestra el Camino hacia Compostela” (99). Una peregrinación, pues, que consagra el rela- tivismo religioso y socava la significación cristiana de la ruta jacobea.

2.4. el SinCretiSmo de ritoS eSotériCoS y oraCión CriStiana

La oración aparentemente cristiana es una constante a lo largo del libro, tal como lo es en la vida real del autor desde el momento

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de su “conversión” o vuelta al cristianismo, si hacemos caso a sus propios testimonios. Ya al principio del Camino, incluso antes de em- prenderlo, escribe: “recé por todos y en todos los que creía, e imploré que me diesen fuerzas” (21). No es extraño, por eso, que Paulo Coelho llegue a Saint-Jean-Pied-de-Port con una imagen de Nuestra Señora de Aparecida, patrona de Brasil, sobre tres vieiras. Allí, una anciana en trance o rezando (dice las dos cosas el autor), cuando le coloca los atributos medievales del peregrino (sombrero, manto y báculo), dice una especie de bendición en la que aparecen, junto a Dios, el apóstol Santiago y la Virgen María, otros elementos como “las Leyes y las Necesidades del Camino” o “el Espíritu de los antiguos peregrinos de la Tradición” (27-28). Poco después, sin embargo, aparecen los ritos esotéricos como una de las líneas fundamentales de la novela: las once “prácticas de RAM” que le presenta Petrus al inicio de la peregrinación, y que Paulo Coel- ho incluye en el libro, intercalándose en el texto (en algunas edicio- nes, como la que hemos manejado, con páginas enteras con un marco formado por vieiras y encabezado por la cruz de Santiago y una espa- da, y que recuerda algo a la Compostela o a cualquier otro documento oficial en torno a la ruta jacobea; otras ediciones reproducen el texto sin más, con algún tipo de marco o separación, o al menos cambiando el formato tipográfico). Estas prácticas, en el fondo, son rituales que el autor presenta como una especie de divulgación del esoterismo para que llegue a ser para todos los hombres. Petrus le explica: “cualquier persona, en algún momento de la existencia, tuvo acceso por lo menos a una de ellas. Todas ellas, sin excepción, pueden ser encontradas por quien se disponga a buscarlas, con paciencia y perspicacia, en las propias lec- ciones que la vida nos enseña. […] son ellas, junto a otros tres conjun- tos de Prácticas, las que hacen que el hombre sea capaz de conseguir absolutamente todo lo que desea” (34). Y acto seguido, el guía se refie- re a la alabanza que hace Jesús al Padre por revelar “estas cosas” a los hombres. Como puede observarse, hay un sutil y hábil sincretismo entre unas palabras evangélicas (cf. Mt 11, 25) y unos ejercicios que pueden clasificarse claramente como magia, ya que pretenden conse- guir los propios deseos. Coelho reafirma lo dicho por su guía: “Petrus tenía razón. Sería una injusticia divina permitir que sólo personas cultas, con tiempo y dinero para comprar y leer libros caros, pudiesen tener acceso al verdadero Conocimiento” (34). En un lugar por el que pasan en el inicio de la ruta, cumplen con la tradición de rezar la Salve a la Virgen María. Justo a continuación, el ejercicio de la semilla (la primera de las Prácticas de RAM). Un ejem-

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plo claro de sincretismo en el que la ritualidad cristiana que ejercitan los peregrinos es vaciada de su sentido oracional. Además, en este caso concreto el autor confiesa la especial experiencia mística que acaba de tener, en clave simplemente autorreferencial, sin relación alguna con lo trascendente: “sentí que caía en un delicioso éxtasis. Mis memorias de hombre empezaron a borrarse y ya no estaba reali- zando un ejercicio: me había transformado en un árbol. Estaba feliz y contento por esto” (41). Otro momento litúrgico reinterpretado lo vive en la Misa celebrada en la iglesia de Roncesvalles, que “me dejó en un estado muy semejante a los trances que sentía durante los rituales de

la Tradición” (48).

El sincretismo llega a personificarse en uno de los lugares iniciales del Camino. En el mismo Roncesvalles, Petrus le dice al autor que le

va a presentar un gran brujo, que resulta ser uno de los sacerdotes de la colegiata, y que tiene un diálogo en términos esotéricos con Pau-

lo Coelho. Hablan de la Tradición, y el sacerdote le dice que a pesar

de haber superado los diversos ritos y ordalías que le ha marcado

la Orden RAM, le falta la más importante, y que hacer el Camino de

Santiago no es garantía de conseguir completar su iniciación mágica.

Y entonces es cuando le hace una revelación fundamental, que mar-

ca no sólo el desarrollo de esta novela, sino el significado espiritual

de toda la obra del autor: “la Ruta Jacobea es sólo uno de los cuatro caminos. Es el Camino de la Espada. Puede traerte Poder, pero no es suficiente” (50). Preguntado por los otros caminos, el supuesto padre Jorge afirma: “conoces por lo menos dos. El Camino de Jerusalén, que es el Camino de Copas o del Graal, te dará la capacidad de hacer milagros; y el Camino de Roma o Camino de Bastos, que te permite

la comunicación con otros mundos” (50). El autor le dice que falta un

palo de la baraja española: los oros. A lo que responde el enigmático

sacerdote: “exactamente. Éste es el camino secreto que, si algún día lo realizas, no podrás contarlo a nadie” (50). Este episodio continúa con el sincretismo mágico-cristiano, ya que

el sacerdote imparte su bendición a Coelho y a su imagen de la Vir-

gen, una extraña bendición durante la cual “las conchas brillaban con una luz que no ilumina” (50), algo que ya había vivido en su fallida or- denación como Mago en Brasil, y en la que el padre Jorge dice: “donde se encuentre tu tesoro, allí estará tu corazón… Y donde se encuentre tu corazón, allí estará la cuna de la Segunda Venida de Cristo; como estas conchas, el peregrino en la Ruta Jacobea es sólo la cáscara, que es vida, que al romperse aparece la Vida que está hecha de Ágape” (50-51). Esta mezcla de lo esotérico y lo cristiano se confirma con la conversación final del día que reproduce el autor:

134

— Petrus, el padre Jorge se refirió a la Segunda Venida de Cristo como si fuera algo que está ocurriendo.

— Está siempre ocurriendo. Éste es el secreto de tu espada.

— Además, dijiste que me encontraría con un brujo y me encontré

con un sacerdote. ¿Qué tiene que ver la magia con la Iglesia católica?

— Todo (52).

Hay otro momento en el que Coelho muestra cómo entiende la ora- ción, que se reduce a la repetición de un ritual: Petrus cuenta una experiencia de contacto con “el espíritu de los Antiguos” para pregun- tar por un difunto, que estaba feliz simplemente por haber repetido mecánicamente cada noche —borracho y sin fe alguna— tres avema- rías. “Sin tener fe durante la vida, su obra, que consistía apenas en las tres oraciones rezadas por obligación y automáticamente, lo habían salvado” (55). En un lugar del Camino, el autor tiene una experiencia en la que, hipnotizado por un perro, entra en trance y comienza a hablar en una lengua desconocida —que el can sí entiende— y afirma que “den- tro de mí había un poder diferente. […] Un inmenso amor por todo y por todos me había invadido” (84-85). Después del acontecimiento siente una gran paz interior, y Petrus le explica todo diciendo que fue tocado por Ágape. Otra vez introduce Coelho un término cristiano para resignificarlo: un “amor intenso, este amor que devora a quien ama” y que “se manifiesta libremente en ti” (88). Esa locución extraña que experimentó no es más que un carisma, que asocia no al Ca- mino de Santiago, sino al de Roma: “los Carismas son los dones del Espíritu Santo manifestados en las personas. […] Tú manifestaste el Don de los Idiomas, igual que los apóstoles en el día de Pentecostés. El Don de los Idiomas está ligado a la comunicación directa con el Espíritu. Sirve para oraciones poderosas, exorcismos, como fue tu caso, y sabiduría” (89). No es casual este uso de la terminología de San Pablo, puesto que el autor afirma que para su guía espiritual del Camino, que cita 1 Cor 13, “el Apóstol era el gran intérprete oculto del mensaje de Cristo” (107). El Ágape, ese amor que devora, es el que vivió Jesús y el que han vivido los ermitaños. Para llegar a vivirlo, no basta con la ayuda del demonio personal o Mensajero (tema que abordamos en el apartado siguiente), sino que es necesaria la colaboración del Universo, enten- dido de una forma panteísta. Así se muestra en esta conversación:

— El Mensajero ayuda, pero existe algo que está más allá del domi- nio del Mensajero, de sus deseos y de ti mismo.

— ¿Y qué es eso?

— La chispa divina. Lo que las personas llaman Suerte (108).

135

Este amor que se confunde con la divinidad y con el universo con- sigue experimentarlo el protagonista al realizar una de las Prácticas de RAM que le propone su conductor por el Camino, y así resume su experiencia mística: “abrí los brazos para que Ágape fluyese. Una misteriosa corriente de luz azul brillante empezó a entrar y salir de mí, lavando mi alma, perdonando los pecados” (116). En relación con esto, cabe destacar la afirmación que hace Paulo Coelho más adelan- te, cuando dice que en el momento de su muerte “no debería cargar conmigo el mayor pecado de todos: el Arrepentimiento” (134). En otra etapa del Camino aparece un momento de oración en el que los dos protagonistas de la novela se arrodillan ante una colum- na con una cruz con la intención de rezar para que Dios los libre de sus vicios personales. Y el autor reproduce una larga oración hecha por Petrus, con once párrafos encabezados por “ten piedad” (135-138). En cada uno de ellos se pide piedad para los que viven erra- damente porque no conocen las enseñanzas de Cristo que se van ci- tando, a modo de máximas, al final de cada párrafo. En esta plegaria podemos observar, entre otras cosas, una referencia a las “muchas muertes” (algo que puede leerse tanto en clave simbólica como en clave de reencarnación), una crítica velada a las figuras de autori- dad religiosa, etc. Más adelante tienen que superar una prueba, que consiste en es- calar un barranco. Petrus dice que hay que ofrecer la conquista a la advocación leonesa de la Virgen del Camino. Así pues, Coelho le reza varias veces, en los momentos más difíciles de la subida, pero al final constata que “tengo que conseguir solo mi Conquista” (149). Tras completar la hazaña, su guía le enseña el siguiente ejercicio ritual, la siguiente Práctica de RAM, que sirve “para tomar ener- gía de todo lo que te rodea” (150). Se trata de combinar respiración, movimiento de brazos y la repetición de un mantra. Una vez más, aparecen yuxtapuestas oración cristiana y práctica esotérica sin problema alguno. En otro momento de la peregrinación, cuando le enseña una Práctica basada en la danza, leemos en su descripción que “la danza es una de las formas más perfectas de comunicación con la Inteligencia Infinita” (197), observando así otro término difuso para referirse a Dios. Cuando va finalizando el Camino, continúa con prácticas en las que une oración y magia, como cuando se recoge una noche en una casa: “recé, hice algunos ejercicios que Petrus me había enseñado y decidí invocar a Astrain” (215). Astrain es el nombre de su “demonio personal”, tal como veremos en el apartado siguiente.

136

2.5. loS demonioS del Camino de SantiaGo

Aunque pueda resultar extraño, uno de los personajes que apa- recen con más profusión en el Camino narrado por Coelho es el de- monio, o más bien demonios en plural. Seres espirituales que, sin embargo, se encarnan en personas de carne y hueso con los que el peregrino se topa a lo largo de la ruta, y cuya identidad verdadera sólo pueden conocer los iniciados, como el autor con la ayuda de Pe- trus, su guía. Así, ya en la primera jornada del Camino se encuentra con un gitano que le resulta conocido y que le ofrece encontrar la

espada para él. Ante su sospecha de que sea un demonio, Petrus le dice: “sí, era el demonio” (32). Es curiosa la reflexión que hace el autor

a partir de las palabras de su guía: “Para Petrus, el encuentro había

sido un favorable presagio, ya que el demonio se había revelado con mucha anticipación” (33). Es más adelante cuando aparecen los demonios con más impor- tancia, junto a los ángeles. En primer lugar, Petrus le explica a Paulo Coelho, después de un encuentro y discusión con un niño, que lo que ha sucedido es “un contacto victorioso con tu demonio personal” (69). Algo que asemeja a las tentaciones de Jesús en el inicio de los evan-

gelios: “antes de salir por el mundo, Cristo conversó en el desierto con su demonio personal. Aprendió todo lo que necesitaba saber sobre el hombre, pero no permitió que el demonio dictara las reglas del juego,

y de esta forma lo venció” (70-71). Junto con él, cómo no, está el ángel

personal, necesario para la vida, que consiste en el Buen Combate ya explicado antes. Por eso, explica el guía, “además de las fuerzas físi- cas que nos cercan y nos ayudan, existen a nuestro lado básicamente dos fuerzas espirituales: un ángel y un demonio. El ángel nos protege siempre y esto es un don divino, no es necesario invocarlo. […] Nues- tros abuelos lo conocían como el ángel guardián, ángel de la guarda, ángel custodio” (71). Esta reinterpretación de la angeología cristiana continúa con lo re- lativo al demonio, que cambia totalmente respecto a su concepto cris- tiano hasta el extremo de cambiarle el nombre y considerarlo amigo del ser humano. En la novela hallamos que el demonio “también es un ángel, pero es una fuerza libre, rebelde. Prefiero llamarlo Mensajero, ya que él es el principal punto de unión entre tú y el mundo. En la An- tigüedad era representado por Mercurio, por Hermes Trimegisto, el Mensajero de los Dioses. Su acción es sólo en el plano material. Está presente en el oro de la Iglesia, porque el oro viene de la tierra y la tie- rra es su dominio; […] Cuando lo exorcizamos perdemos todo lo bueno que siempre tiene para enseñarnos, pues conoce mucho del mundo y

137

de los hombres. Cuando nos fascinamos por su poder, él nos posee y

nos aleja del Buen Combate. Por lo tanto, la única manera de tratar con nuestro Mensajero es aceptarlo como amigo” (71-72). Además, Petrus le propone a Coelho un ritual (una de las Prácti- cas de RAM) para lograr conocer el nombre y el rostro del demonio

personal, ya que es alguien que ayuda al hombre: “Petrus me dio a entender que yo podría utilizar la amistad del Mensajero, para me- jorar en el trabajo y en el mundo” (73). Esta propuesta significa, sen- cillamente, la invocación del demonio. En Estella es cuando el pro- tagonista tiene su primer contacto con el Mensajero. Paulo Coelho lleva a cabo el ejercicio con sus correspondientes palabras rituales, la visualización de columnas de fuego y el nombrar al Cordero… “y allí, mirándome, estaba el simpático hombre, con un brillo traicione- ro en sus ojos” (76), afirma. Y entonces es cuando descubre el nombre

de

su Mensajero. Después de esta primera experiencia Petrus le dice:

“la

conversación con el mensajero será productiva si lo invocas todos

los

días” (77). Más adelante, practicando la invocación, consigue que

se

le aparezca: “Petrus me había asegurado que si persistía en las

invocaciones, Astrain se volvería una presencia viva y poderosa a

mi lado” (93).

En Foncebadón tiene lugar una escena de lucha con un perro po- seído que tiene el nombre bíblico de Legión, la tercera vez que se le presenta. En un momento Coelho se siente más fuerte y remonta “por- que yo me había transformado en Legión. Éste era mi poder. […] Ya no

estaba luchando contra el animal, sino contra la fuerza que me había poseído” (169). Después dice: “Ágape explotó dentro de mí […]. Sentí que Legión pasaba por mi cuerpo y descendía a la tierra, porque den-

tro de mí había Ágape y Legión no quería ser consumida por el Amor

que Devora” (170). Al final, explica, “sentí que Legión había vuelto a su

reino” (170). Comprobamos, una vez más, la ambigüedad con la que el autor habla de los demonios, de la experiencia de posesión y de su confluencia con el Ágape o amor supremo. Esta ambigüedad desaparece en algunos momentos al proponer una figura demoníaca en abierta oposición a lo cristiano, como cuan-

do Petrus le encarga al neófito un extraño ejercicio (que no aparece

como Práctica de RAM en el libro): mirar una cruz derribada y levan-

tarla con el pensamiento. Algo que denomina “tener fe en tu pensa- miento” (182). Coelho lo intenta con las técnicas mágicas que conoce

de antes, y que no son otras que el viaje astral y la sugestión. Incluso

“invoqué a Astrain, que apareció entre las columnas de fuego. Pero cuando le hablé de la cruz, dijo que detestaba ese objeto” (183). Un rechazo directo de la cruz que reafirma el autor al decir después: “lo

138

único que quería era encontrar mi espada y derribar todas las cruces para que pudiera renacer en el mundo el Cristo Redentor” (189).

2.6. un ConoCimiento que SuPera la Fe. la autodivinizaCión

A la luz de todo lo visto hasta ahora, resulta totalmente claro que hablamos en esta novela de una concepción de la realidad y de la sal- vación del hombre que no se apoya en la fe, sino en la adquisición de un conocimiento (gnosis) que abre al que lo adquiere las puertas de su plenitud. Todos los ejercicios rituales propuestos encaminan al apren- diz de mago a conseguir lo que quiere. No se trata de hacer sacrificios, le dice Petrus al autor, porque “las Prácticas de RAM llevan al hom- bre a afrontar el Buen Combate y a tener mayores oportunidades de victoria en la vida” (193). Los discursos del guía espiritual personal de Coelho insistirán en algunos términos importantes para comprender su forma de entender el camino de autorrealización, y que ya hemos visto anteriormente: poder, sabiduría, iniciación y secreto. En primer lugar, Petrus le dice: “si descubres el secreto y encuen- tras tu espada, descubrirás también la faz de RAM y serás dueño del Poder. Pero esto no es todo: para alcanzar la sabiduría total, todavía tendrás que recorrer los otros tres Caminos, incluso el camino secre- to, que no te será revelado ni siquiera por el que ya pasó por él” (194). A continuación le explica que lo citará en “un ritual de iniciación colec- tivo” (194), en un lugar “sagrado, bañado por la sangre de los caballe- ros que siguieron el camino de la Tradición […], siglos después, perso- nas que siguen caminos diferentes estarán allí para rendir su tributo. Esto es muy importante y no lo olvides jamás: aunque llegues a ser un Maestre, debes saber que tu camino es sólo uno de los muchos que llevan a Dios” (195). Y para fundamentarlo cita a Jesús: “la casa de mi Padre tiene muchas Moradas” (Jn 14, 2). Subraya así el principio rela- tivista del esoterismo, en el que desliza, de paso, la identificación de los templarios (los caballeros a los que se refiere) con la transmisión de la sabiduría alquímica (mencionada como Tradición). Aquí hay que situar la ceremonia de iniciación que Paulo Coelho describe como celebrada en el castillo de los templarios de Ponferra- da un atardecer. Aprovecha para apuntalar su relativismo señalando que estos caballeros medievales lo asumieron: “trataron, entonces, de dejar de lado los combates por la fe, y reunir las principales religio- nes monoteístas de la época: cristiana, judía e islámica. Sus capillas pasaron a tener la cúpula redonda del templo judío de Salomón, las paredes octogonales de las mezquitas árabes y las naves típicas de las iglesias cristianas” (199). El autor cierra así los ojos a las certezas

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históricas de la época y a datos incontestables como el sentido cris- tiano de las plantas octogonales de iglesias y baptisterios, inspiradas siempre en el Santo Sepulcro de Jerusalén y con la significación de una resurrección que tuvo lugar en el octava dies de la semana. Cuando llega al castillo, descubre que otras personas que han acu- dido lo han hecho por motivos esotéricos semejantes: “supe que el Ca- mino de Santiago es utilizado por varias Órdenes, la mayoría de ellas ligadas a la Tradición. Las personas que estaban allí habían pasado por muchas pruebas e iniciaciones” (201). En lo que sigue puede ob- servarse lo mismo que hemos constatado en el apartado 2.4 de este trabajo sobre el sincretismo de lo cristiano y lo esotérico. Todos los asistentes son llamados a la antigua capilla del edificio, en cuyo pres- biterio hay siete personas vestidas de caballeros templarios. Coelho se quita la ropa y Petrus, uno de los siete, le viste una túnica negra. Alrededor de los participantes dos caballeros empiezan a hacer un círculo de protección, consagrándolo al recitar diversos nombres de Dios. El Sumo Sacerdote pronuncia una fórmula ritual y los siete se revisten con un manto blanco. Después los caballeros hacen “la gran invocación” (203) y aparece el espíritu que han nombrado, y que Coel- ho ve como un ave brillante. El Sumo Sacerdote escribe los 72 nom- bres de Dios en la Tradición. Y llega el momento de la danza, tras el cual se marcha el espíritu invocado. Después se deshace el círculo mágico y un caballero reza con los peregrinos siete padrenuestros y siete avemarías. El Sumo Sacerdote agrega siete credos, diciendo que es voluntad de la Virgen María, tal como lo ha expresado ella misma en las apariciones de Medjugorje. “Iniciábamos ahora un ritual cristiano” (206), dice el autor, un ritual que no era otro que la iniciación de un templario. Cuando amanece en Ponferrada, Paulo Coelho señala que la ciudad despierta “sin que, ni la campana ni la ciudad, supiesen que durante aquella noche un rito ancestral había sido consumado una vez más, y que aquello que juzgaban muerto hace siglos continuaba renovándose y mostrando su inmenso Poder” (208). Según se va acercando la conclusión de su viaje iniciático, el autor repasa su experiencia. En Villafranca del Bierzo reflexiona: “había descubierto, gracias a la ayuda de Petrus, que el conocimiento ad- quirido podía permitirme traspasar cascadas, vencer enemigos y con- versar con el Mensajero sobre cosas prácticas y objetivas. Había co- nocido el rostro de mi Muerte, y el Globo Azul del Amor que Devora, inundando el mundo entero. Estaba preparado para afrontar el Buen Combate y hacer de la vida una serie de victorias. Aún así, una par- te escondida de mí todavía sentía nostalgia de los círculos mágicos,

140

de las fórmulas trascendentales, del incienso y de la Tinta Sagrada” (210), refiriéndose así a la magia ceremonial de la Orden RAM a la que estaba acostumbrado hasta aquel momento. La peregrinación a Compostela le va revelando, poco a poco, el sen- tido de todo lo que ha estado haciendo y, en el fondo, el sentido de la vida humana. Mientras camina en una etapa difícil y va reflexio- nando sobre su viaje, “todo a mi alrededor quedó claro y una ola de Ágape brotó de dentro de mí”, ya que había descubierto de repente lo que “coronaba todo este enorme tiempo de enseñanzas por el Extraño Camino de Santiago: cuál era el secreto de mi espada. Y el secreto de mi espada, como el secreto de cualquier conquista que el hom- bre busca en esta vida, era la cosa más simple del mundo: qué hacer con ella” (217). Coelho continúa con su razonamiento sobre la espada, meta de su peculiar trayecto: “durante el Extraño Camino de Santiago, todo lo que quería saber era dónde encontrarla, dónde estaba escondida. Nunca me pregunté por qué quería encontrarla y para qué la necesi- taba. Estaba con toda la energía volcada hacia la recompensa, sin en- tender que, cuando alguien desea algo, tiene que tener una finalidad bien clara para aquello que quiere. Éste es el único motivo para espe- rar una recompensa y éste era el secreto de mi espada” (217). Entonces “una fe, una seguridad absoluta llenó todo mi ser” (218). Se pone a can- tar alegre y piensa: “ahora es diferente: yo era el Maestre de mí mismo y me enseñaba a conversar con el Universo”, y así, “enseñándome a mí mismo, me transformaba en un Maestre” (218). Así continúa, tran- sido de espiritualidad, el resto de la ruta jacobea: “caminé en trance, consciente de dónde quería llegar, pero mucho más consciente de la vida que me cercaba y que me devolvía Ágape” (219). De esta manera, el último tramo de la peregrinación de Paulo Coel- ho adquiere tintes místicos, de revelación divina, de fusión con la úl- tima realidad, que halla dentro de sí mismo. Seguimos leyendo sus reflexiones: “después de tanto tiempo andando por el Camino de San- tiago, el Camino de Santiago pasaba a ‘andarme’. Yo seguía aquello que llaman Intuición. Y debido al Amor que Devora que había sen- tido durante todo el día, debido al secreto de mi espada que había descubierto y porque el hombre toma siempre en los momentos de crisis la decisión correcta, caminaba sin miedo” (221). En un momento determinado, oye una voz de mujer. En el silencio le sucede “una de las experiencias más importantes de toda mi vida. La voz no venía de ningún lugar de la floresta, sino de dentro de mí mismo. Yo podía es- cucharla de una manera nítida y clara, y eso hacía que mi sentido de la Intuición se volviese más fuerte. No era yo —ni Astrain— el dueño

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de aquella voz. Ella me dijo solamente que debía seguir caminando

y que obedeciera sin pestañear” (222). Justo después, cuando ve el

pico de O Cebreiro, con la cruz en lo alto, “tuve un enorme impulso de rezar” (222). “El idioma que yo había inventado había desapareci- do de mi mente; ya no servía para comunicarme ni con los hombres ni con Dios. El Camino de Santiago era el que ‘estaba andando’ y él me revelaría el lugar de mi espada” (223). Ahora se pone a hablar en términos de obediencia cuando se refiere al Camino, que pasa a ser su nuevo guía espiritual. Llega el momento culminante de la novela. El lector adivina con fa- cilidad que es allí donde Coelho encontrará la tan ansiada arma mági-

ca. Se sitúa ante la gran cruz de O Cebreiro y un cordero que andaba por allí, y comienza una oración a Cristo: “Señor —dije finalmente con- siguiendo rezar—. Yo no estoy clavado a esta cruz y tampoco Te veo ahí. Esta cruz está vacía y así debe permanecer para siempre, porque

el tiempo de la Muerte ya pasó y un dios resucita ahora dentro de mí.

Esta cruz era el símbolo del Poder infinito que todos nosotros tenemos clavado y muerto por el hombre. Ahora este Poder renace a la vida, el hombre está salvo y soy capaz de obrar sus Milagros. Porque recorrí

el camino de las personas comunes y en ellas descubrí Tu propio se -

creto. También Tú recorriste el camino de las personas comunes. Vi- niste a enseñar todo de lo que éramos capaces y nosotros no quisimos aceptar. Nos mostraste que el Poder y la Gloria estaban al alcance de todos, y esta súbita visión de nuestra capacidad fue demasiado para

nosotros. Te crucificamos porque somos ingratos con el Hijo de Dios, pero también porque teníamos miedo de aceptar nuestra propia ca- pacidad. Te crucificamos con miedo de transformarnos en dioses. Con el tiempo y la tradición, volviste a ser sólo una divinidad distante y nosotros retornamos a nuestro destino de hombres” (224). Continúa su oración con otras alusiones a su propio camino y a

lo que ha descubierto en este tiempo, en términos claros de autodivi-

nización: “me hiciste ver que la búsqueda de la felicidad es personal

y no un modelo que podamos pasar a los otros. […] ¿Existe algo más

difícil para el hombre-Señor que descubrir que puede alcanzar el Po- der?” (224-225). Después de la oración afirma encontrar “un dios ador- mecido despertando dentro de mí” (225). Y entonces se pone a seguir al cordero, que lo guía al caserío de O Cebreiro, donde se recuerda un milagro eucarístico. Coelho no se siente digno de entrar, pero “el cordero, mirándome, habló conmigo a través de sus ojos. Dijo que ol- vidara para siempre mi indignidad, porque el Poder había renacido en mí, del mismo modo como podía renacer en todos los hombres que transformasen la vida en un Buen Combate. Llegará un día —decían

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los ojos del Cordero [aquí comienza a denominarlo con mayúscula]— en que el hombre sentirá de nuevo orgullo de sí mismo y toda la Natu- raleza loará al dios que allí estaba dormido” (226). Todo esto le recuerda al autor el libro del Apocalipsis, como es na- tural, e incluso le hacen escribir palabras proféticas y visionarias: “el Gran Cordero en su trono y los hombres lavando sus vestiduras y de- jándolas limpias con la sangre del Cordero. Era el despertar del dios adormecido en cada uno. Vi también algunos combates, períodos di- fíciles, catástrofes que sacudirán la Tierra en los próximos años. Pero todo terminaba con la Victoria del Cordero y con cada ser humano sobre la faz de la Tierra, despertando a su dios adormecido con todo su Poder” (226-227). Coelho entiende entonces que “yo era digno de entrar porque tenía una espada y sabía lo que hacer con ella. No era el Portal del Perdón, porque ya había sido perdonado, lavado muchas veces en la sangre del Cordero” (227). Y allí en la capilla, cuando desaparece el cordero, está su Maestre de la Orden RAM con su nueva espada de Mago en la mano. Junto con el autor, recita unos versículos del salmo “de aque- llos que viajan y luchan para vencer” (228), refiriéndose al Salmo 90. El protagonista se arrodilla y el Maestre toca sus hombros con la es- pada. “Yo era digno de mi espada porque sabía lo que hacer con ella” (229). Así termina su peculiar Camino de Santiago. Ya no es necesario llegar a Compostela, adonde irá, pero ya no caminando (sino en un autobús con el que recorre los 150 kilómetros que separan Piedrafita de Santiago), porque ha llegado a su meta esotérica: “el secreto de mi espada es mío y jamás lo revelaré” (231). El Maestre le dice, cuando se despide, “que yo había tenido ya una gran revelación cuando había mirado los ojos del cordero” (232).

3. LA REFORMULACIÓN POSTERIOR DE LA PEREGRINACIÓN

El impresionante montaje comercial que rodea a Paulo Coelho no podía dejar pasar la ocasión de celebrar el vigésimo aniversario de la publicación de su primera novela, la que es objeto de nuestro análisis, con nuevas ediciones de la obra y con el marketing correspondiente. Por ejemplo, la dedicatoria de la versión de la obra que hemos mane- jado le sirve al autor para agradecer la fidelidad de sus lectores de forma directa: “gracias a ti he podido cumplir mi sueño de ser escritor y dedicar mi vida a contar historias. […] Te agradezco calurosamente tu atención y tu cariño. Es un placer ofrecerte esta edición especial. Espero que la disfrutes tanto como yo he disfrutado haciendo lo que más me gusta estos veinte años: escribir para ti” (3).

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Ya con anterioridad a esta efeméride, en diversas ocasiones Coel- ho se había referido al Camino de Santiago como una experiencia fundamental en su vida, junto con las otras que se han señalado en el apartado biográfico de este trabajo. En el prefacio escrito en 2001 llama al libro “la historia de mi renacimiento” (14). Después de un ale- jamiento consciente del catolicismo en el que fue educado y de la bús- queda espiritual en diversas corrientes, reconoce lo siguiente: “volví a ir regularmente a misa sólo después de haber hecho el camino de Santiago” 17 . También ha recordado en diversas ocasiones que fue el momento en el que perdió el miedo a la muerte. Junto a estos materiales ya señalados (el libro-entrevista de Juan Arias y el prefacio para el XV aniversario de su peregrinación en el año 2001) debemos contar con otras fuentes importantes, como son el prefacio para la edición de 2012 (en el XXV aniversario de la pu- blicación de El Peregrino de Compostela) y el documental El Camino a Santiago. Paulo Coelho, rodado por una productora noruega en 2006 18 , además de diversas entrevistas y declaraciones públicas del autor. De hecho, entre marzo y junio de 2006 Coelho realizó un viaje para conmemorar la efeméride y firmar autógrafos por sorpresa en algunas ciudades del Camino, en una muy bien planificada campaña publicitaria. Con esta ocasión también lanzó un blog en Internet, en el cual habla de sus experiencias, comparando su pasado peregrino con su presente, titulado Encuentros en el Camino – El Peregrino. Del conjunto de todo lo que ha dicho después podemos extraer algunas claves para comprender la reformulación posterior de su experiencia de peregrinación a Santiago, que resumimos en los siguientes puntos.

3.1. la divulGaCión eSotériCa

El tema de que el conocimiento oculto no sólo es patrimonio de unos pocos iniciados, frente a la convicción esotérica más tradicio- nal, es algo que el autor repite constantemente. Lo reconoce en su prefacio de 2001 cuando afirma: “yo pensaba que todo este esfuerzo me proporcionaría un lugar destacado entre los pocos elegidos que

17 ariaS, Juan, o.c., 53.

18 oien, Monica – matre, Einar (dirs.), Paulo Coelho on the road to Santiago de

Compostela [DVD], Clear Sighted Media, 2010. No es el único documental sobre el Ca- mino que ha protagonizado Coelho, ya que ha sido el guía y protagonista de otras pro- ducciones, como una rodada en 2001 por un canal de televisión japonés. También será interesante conocer el resultado del trabajo de un equipo dirigido por Daniel Augusto, estrenado en Brasil en 2014 —resultando un fracaso de taquilla— y que aún no ha llega- do a España: la película biográfica Não pare na pista. A melhor história de Paulo Coel- ho, con el beneplácito del autor, rodada en Brasil y en el Camino de Santiago y cuya versión española se titula, cómo no, El peregrino.

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se aproximan a los grandes arquetipos del universo. Yo pensaba que finalmente iba a descubrir que son verdad todas esas historias so- bre gobiernos secretos en el Tíbet, sobre pociones mágicas capaces de provocar amor donde no existe atracción, sobre rituales donde de repente aparecen las puertas del Paraíso” (12). Como puede verse, su motivación inicial para hacer el Camino era lo paradigmático en las personas que se mueven en la nebulosa místico-esotérica. Sin embargo, su experiencia de peregrinación le lleva a descubrir que “no existen elegidos. Todos son escogidos si en vez de preguntarse ‘qué estoy haciendo aquí’ deciden hacer algo que despierte el entu- siasmo en el corazón. Es en el trabajo con entusiasmo donde está la

puerta del Paraíso, el amor que transforma, la elección que nos lleva hasta Dios. Es ese entusiasmo el que nos conecta con el Espíritu San- to y no los cientos, miles de lecturas de los textos clásicos. Es la volun- tad de creer que la vida es un milagro lo que permite que los milagros ocurran y no los llamados ‘rituales secretos’ u ‘órdenes iniciáticas’. En fin, es la decisión del hombre de cumplir su destino lo que lo hace ser realmente un hombre y no las teorías que él desarrolla sobre el misterio de la existencia” (12). De esta manera, es como si Paulo Coelho abriera el misterio al pue- blo, divulgando los secretos del sentido de la vida. Por eso repite ma- chaconamente que el conocimiento oculto es para “los hombres co- munes”, por mucho que emplee terminología esotérica y el contenido mágico sea fácilmente constatable, ya que de ningún modo renuncia

a ellos. Lo podemos ver en su libro-entrevista, cuando asegura: “en El

Peregrino, mi primer libro, en el prólogo cito a Castaneda e identifico

a Petrus con don Juan, pero yo no me siento una continuación suya.

Precisamente en el camino de Santiago aprendí la lección más impor- tante de mi vida: que lo extraordinario no es patrimonio de unos po- cos privilegiados y elegidos, sino de todas las personas, hasta las más comunes. Ésta es mi única certeza, que todos somos la manifestación de la divinidad de Dios. En Castaneda, al revés, sólo los elegidos son capaces de penetrar en el misterio. Pero Castaneda sigue siendo un ídolo para mí. Yo digo siempre que cambió mi vida” 19 . Es lo que ya señalaba de forma incipiente en la dedicatoria original del libro, a Pe- trus, donde habla de una comprensión “que ahora trato de compartir con otros”, y que no es otra que la comprensión de que “lo extraordi- nario reside en el Camino de las Personas Comunes” (9). Resulta muy curioso comprobar en el documental noruego cómo se suaviza todo el contenido esotérico y ritual del libro, para convertir la experiencia personal de peregrinación de Coelho en un proceso de

19 ariaS, Juan, o.c., 196.

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encuentro con el yo, en términos de autoayuda y superación perso- nal. Ante las cámaras presenta su decisión de peregrinar a Santiago como resultado de tener 38 años y no saber qué hacer en la vida, no ponerse a escribir… sin una palabra sobre la Orden RAM y sus prác- ticas mágicas, la búsqueda de la espada, la supervisión de Petrus, etc. Revela que “lo que aprendí en este Camino fue el Buen Combate”, pero lo despoja de todo carácter oculto, explicándolo en términos de luchar por lo que a uno le gusta. Cuando, en un momento del rodaje, entra en la Catedral de Burgos, afirma que allí dentro, más que un templo católico, “veo la energía del amor”. Un lugar importante en la peregrinación de Paulo Coelho es, sin duda alguna, la llegada a O Cebreiro, porque realmente allí terminó su ruta jacobea, tal como hemos señalado antes. Por eso es cierta- mente curioso comprobar la reinterpretación que se hace ahora. Así explica el narrador del documental lo que supuso O Cebreiro en su vida: “éste es el lugar donde se dio cuenta de que su sueño era conver- tirse en escritor y donde decidió seguir su camino en la vida. Por esta razón, tomó una decisión muy especial”. La decisión es no volver allí en vida. Paulo señala: “sólo regresaré a Cebrero en forma de cenizas. Luego, el viento me llevará, porque mi espíritu estará aquí, como cual- quier otro espíritu”. Ni rastro de la espada.

3.2. la búSqueda de la dioSa

La puerta que dejó abierta el autor por boca de uno de los persona- jes de la novela —recordémoslo, el padre Jorge— ha sido cruzada con posterioridad para continuar con esa extraña mezcla, tan comercial, de lo literario y lo esotérico-divulgativo en las obras de Coelho. Se ha- blaba de otros caminos que complementarían el aprendizaje oculto que supone el jacobeo. Así, ante el periodista Juan Arias se sincera diciendo: “después de haber realizado el camino de Santiago, desde Francia, que fue la experiencia más fuerte de mi vida, decidí hacer también lo que en la tradición RAM —una tradición espiritual muy antigua, de hace quinientos años, que nació en el seno de la Iglesia católica y a la que pertenezco con otros cuatro discípulos— se conoce con el nombre de ‘camino femenino’. Otros le llaman también el ‘ca- mino de Roma’. Su misión es revelarnos el lado femenino de nuestra personalidad. De aquella experiencia nació mi libro Brida, que es la historia de una mujer a la que conocí en ese camino y cuya experien- cia estaba muy cercana a la mía. De alguna forma, Brida es esa mujer que yo estaba buscando dentro de mí” 20 .

20 Ibid., 113.

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Según el autor, se llama camino femenino “porque ese camino, al re- vés del camino de Santiago, donde según la tradición RAM desarrollas sobre todo el poder de tu voluntad, basado en la disciplina y en el esfuer- zo personal, en el camino femenino desarrollas y descubres sobre todo la parte de la compasión, de la meditación, del acercamiento a las raí- ces de la vida, a la tierra. El camino de Santiago es más activo, más de batalla. […] Mientras que el camino femenino es más contemplativo” 21 . Esto alcanza más concreción en el documental más reciente, donde, preguntado por el tema, Paulo Coelho afirma sentirse una mujer a ve- ces, afirma tener su lado femenino (“soy una mujer en el alma… a veces soy un hombre, a veces soy una mujer”). Aparecen imágenes del Cami- no de Santiago y afirma él: “ésta es una nueva percepción que viene de la Diosa, que viene de la cara femenina de Dios, que viene de la Diosa Madre”. Poco después, cuando muestra a la cámara un lienzo pintado por su mujer y escondido bajo unas piedras junto a un río del Camino, dice que “lo han tocado las manos de la Diosa, de la Virgen”. Un hábil sincretismo propio de la espiritualidad de la Nueva Era, donde toma la centralidad la Diosa, que se identifica con las figuras femeninas de las grandes religiones, como la Virgen María, en aras de una supresión del denominado patriarcalismo espiritual imperante hasta ahora 22 .

3.3. el ProyeCto PerSonal de la narrativa

Junto a todas estas cosas, no hay que olvidar lo más prosaico en el Camino de Santiago según Coelho: quería ser escritor y tener éxito. Y, para ello, empleará todos los medios “espirituales” a su alcance, en una actitud mágica. En su prefacio con ocasión del XXV aniversario de su obra, en la edición conmemorativa del año 2012, el autor mues- tra su experiencia de peregrinación como momento seminal de toda su obra posterior, y así presenta sus principales novelas desde allí:

“esta tarde, en este bar, en el lejano año de 1986, todavía no sé que en seis o siete meses voy a escribir un libro sobre esta experiencia. No sé que por mi alma ya camina el pastor Santiago en busca de un teso- ro, que una mujer llamada Veronika se prepara para ingerir algunas pastillas y suicidarse, que Pilar llegará ante el río Piedra y escribirá, llorando, su diario. No puedo imaginar que veinticinco años después haré un libro contando otra peregrinación importante en mi vida, que me llevó al encuentro de un misterioso punto llamado Aleph” 23 .

21 Ibid., 115.

22 Cf. Santamaría del río, Luis, “Imágenes de Dios en la Nueva Era, Estudios Trini-

tarios 47 (2013), 91-118.

23 Coelho, Paulo, El Peregrino de Compostela, Planeta, Barcelona 2012, 15.

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Poco después señala que “ni yo ni Petrus sabemos que esta tarde yo también camino hacia Milán, su ciudad, adonde llegaré casi diez años después, con un libro llamado El Alquimista24 . En el momento en el que escribe este prefacio, un cuarto de siglo después de la publi- cación de su primera novela, subraya más lo relativo al alcance de sus metas, tal como hemos señalado antes: “tengo que cambiar, seguir en dirección a mi sueño, un sueño que me parece infantil, ridículo, impo- sible de realizar y que nunca he tenido el coraje de asumir: convertir- me en el escritor que siempre he deseado ser” 25 .

4. VALORACIÓN FINAL

Como un Aymeric Picaud contemporáneo, el brasileño Paulo Coel- ho ha presentado al hombre postmoderno su propia guía de peregri- nación, algo que va más allá de ser una simple novela, para proponer toda una cosmovisión, como ciertamente hace con el resto de sus li- bros. No encontramos en ella algunos términos que después serán fundamentales en su contenido narrativo, como el Alma del Mundo o la Leyenda Personal, pero ya vemos las bases de una mentalidad esotérica que irá construyendo todo un lenguaje propio, tomado so- bre todo de la alquimia, ya que todo se concibe como parte de la Gran Obra, transmitida por la Tradición, y que no es otra que, como ya he- mos señalado anteriormente, la transformación de los metales en oro (aunque se entienda en clave simbólica de transmutación del ser hu- mano y del universo) 26 . Está claro que el autor cree en la trascendencia, pero más bien en una divinidad difusa que impregna la realidad. Juega con la ambigüe- dad propia de la Nueva Era, en una versión en la que emplea termi- nología cristiana y, en concreto, católica, para cambiarle su sentido. Muchas personas se fían de la “buena fe” de Coelho, habida cuenta de que se declara católico practicante y algunas de sus costumbres pa- recen demostrarlo. Las citas frecuentes de la Sagrada Escritura, las referencias a la figura de Jesús (que aparece más bien como un Maes- tro moral o de sabiduría), su aceptación del culto… al final quedan resignificadas cuando descubrimos que su finalidad es, en el fondo,

24 Ibid., 17.

25 Ibid., 15. Modifica algunas cosas de unas frases que ya estaban en el prefacio

de 2001.

26 Para comprobar cómo hace esto el autor en su novela siguiente, la que más

éxito ha tenido, cf. CaStelli, Fernando, “Dal ‘New Age’ a un cristianesimo ‘rinnovato’. L’ultimo romanzo di Paulo Coelho”, La Civiltà Cattolica 3521 (1997), 444-451; introviGne, Massimo, “Un alchimista targato New Age: un esame critico de ‘L’alchimista’ di Paulo Coelho”, Avvenire, 20/09/95.

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la de hallar la propia divinidad interior. El panteísmo —incompatible con la revelación cristiana— es una constante en su pensamiento, que identifica, al final, a la naturaleza con Dios. Esto, que se desarrollará de forma creciente a lo largo de su obra, lo encontramos de forma in- cipiente en El peregrino de Compostela. Está claro que se considera un mago, aunque tenga un concepto amplio de este término. En apariencia, da mucha importancia a la religión, pero esto tiene unas características peculiares en su pensa- miento. Para él, en el fondo, la religión es estar unidos unos a otros adorando, da igual lo que sea. Su relativismo doctrinal queda patente cuando, después de reconocer a su biógrafo-entrevistador que acep- ta sin problemas los dogmas de la fe católica, afirma que “todas las religiones tienen sus dogmas, que son paradigmas del misterio más profundo y arcano” 27 . Hay que tener en cuenta que, según su propio testimonio, frente a la posibilidad del ateísmo, el brasileño eligió la fe católica “como la forma de comulgar con el misterio, con otras personas que creen como yo. Y eso no tiene nada que ver con el cura que celebra la misa. El dogma es algo que está más allá de los ritos, la búsqueda del misterio es una búsqueda de gran libertad” 28 . De ahí, la crítica hacia lo religioso ins- titucionalizado. Cuando el periodista Arias le pregunta: “¿Crees que toda búsqueda espiritual necesita de una Iglesia instituida?”, Coelho responde: “No. Al contrario, hay que estar muy atento cuando entras en una iglesia para que no intenten sustituirse a tu responsabilidad” 29 . Para él, Dios “es una experiencia de fe. Y nada más… no existe un Dios a la medida de todos, porque es algo muy personal” 30 . No sólo estamos ante un hábil escritor que ha sabido aprovechar la sed espiritual de muchas personas para elaborar el marketing de sus libros, y que ha hecho lo mismo con el Camino de Santiago. Sus raíces ocultistas y las líneas principales de sus obras lo sitúan di- rectamente en la estela de la Nueva Era 31 . Al final, la salvación se encuentra en el propio individuo, en el propio ser humano, que des- cubre su propia divinidad y no necesita ni Iglesia, ni religión alguna, ni salvador… ni Dios. Y, para terminar, no está de más que aclaremos algo ante la ex- cesiva insistencia de Paulo Coelho, que se presenta habitualmente

27 ariaS, Juan, o.c., 33.

28 Ibid., 34.

29 Ibid., 35.

30 Ibid., 43.

31 Cf. Santamaría del río, Luis, “Paulo Coelho: ¿alguna objeción desde la fe cris-

tiana?”, Aleteia, 23/07/14. http://www.aleteia.org/es/religion/articulo/paulo-coelho-

alguna-objecion-desde-la-fe-cristiana-5813693619109888

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como el “salvador” contemporáneo del Camino de Santiago. Como podemos leer en la biografía elaborada a partir de sus diarios, “tras el éxito de su libro El Peregrino de Compostela, el flujo de peregrinos en el Camino de Santiago pasó de cuatrocientos al año a cuatrocien- tos al día” 32 . Esta afirmación merece, al menos, dos comentarios. El primero: los datos no son ciertos, ya que según las estadísticas ofi- ciales de peregrinos (de los que reciben el documento acreditativo de haber realizado la ruta según las condiciones que marca la Iglesia), precisamente 1986 fue el primer año no jubilar en el que la cifra de peregrinos pasó del millar, alcanzando los 1.801, una cifra que fue au- mentando progresivamente año tras año. El segundo comentario: si bien es verdad que el libro de Coelho ha contribuido a una mayor difusión de la peregrinación jacobea, en particular en su país de ori- gen (como lo ha hecho, sobre todo en el ámbito anglófono, el libro de Shirley Maclaine) 33 , el incremento numérico se debe a muchos otros factores que no podemos detenernos a analizar aquí.

32 moraiS, Fernando, o.c., 25. El autor lo recoge de una rueda de prensa de Coelho

en Budapest, pero es algo que podemos encontrar en la propia novela y en otras mu- chas entrevistas y declaraciones públicas.

33 El libro de Coelho ha sido calificado por algunos como “importante contribu-

ción tropical a la tradición compostelana” (Silva, Auro Lucio, O outro lado do Caminho de Santiago, LBS & Soxup, 2006, 5). Sin embargo, un estudio sobre el Camino de San- tiago en Brasil y su influencia en la configuración de nuevas rutas de peregrinación en aquel país ni siquiera cita a Coelho, algo bastante significativo: Steil, Carlos Alberto – Carneiro, Sandra de Sá, “Peregrinação, turismo e nova era: caminhos de Santiago de Compostela no Brasil”, Religião & Sociedade 28 (2008), 105-124.

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