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TEMAS DE DEBATE Ignacio Ramonet La tirania de la Comunicacion ay © Oscar Mach Ignacio Ramonet Ignacio Ramonet, nacido en 1943 en Redondela (Galicia) y criado en Tanger (Marruecos), es director de Le Monde diplomatique. Especialista en geopolitica y estrategia internacional y profesor de teoria de la comunicacién en la Universidad Denis Diderot de Paris, Ramonet es doctor en semiologia y en historia de la cultura por la Ecole des Hautes Etudes en Sciencies Sociales, donde fue alumno de Roland Barthes. Es también fundador de ATTAC (Asociacién para la Tesacin de las Transacciones financieras y la Ayuda a los Ciudadanos), de Media Watch Global, y uno de los promotores del Foro Social Mundial de Porto Alegre. Es autor, entre otras obras, de La golosina visual, Marcos, la dignidad rebelde, Un mundo sin rumbo y Guerras del siglo XXI. Cubierta: Departamento de disefio de Random House Mondadori Directora de arte: Marta Borrell Disenio: Yolanda Artola Fotografia: Alles piétonniéres, 1995 © The Grand Desing/SuperStock (AGE) La tirania de la Comunicacién Versiéa castellana de ANTONIO ALBINANA. ‘Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorizaciGn escrita de los ticulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproduccién total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografia y el tratamiento informitico, y la distribucién de ejemplares de lla mediante alquiler o préstamo puilicos. Primera edicidn en este formato: marzo, 2003 © Ignacio Ramonet, 1998 © De la traduccién, Antonio Albifiana © Dela versi6n castellana, Random House Mondadori, S. A. ‘Travessera de Gricia, 47-49, 08021 Barcelona ISBN: 84-8306-541-X Depésito legal: B. 16.714 - 2003 Compuesto en VERSAL AG, S. L. Impreso en A & M Grafic, 5. L., Santa Perpetua de Mogoda (Barcelona) Impreso en Espafia (Printed in Spain) SUMARIO Comunicacion contra informacién ... us Prensa, poderes y democracia 29 Ser periodista hoy .. 45 La television necréfila ... 69 Ideologia del telediario . 83 Mitos y desvarfos de los media 121 La batalla Norte-Sur en la informacion 141 Conflictos bélicos y manipulacién de las mentes .. 169 La era de la sospecha .... 189 Nuevos imperios medidticos ... 205 Comunicaci6n contra informacion aii La irrupcién del multimedia, cuyo impacto se ha equiparado al de la invenci6n de la imprenta por Guten- berg, sitéa al sistema informacional en el umbral de una profunda revolucién, que coincide con su progresiva pérdida de fiabilidad. La articulacién del televisor, el ordenador y el teléfono, ha creado una nueva maquina de comuni- car, interactiva y basada en las posibilidades del tra- tamiento digital de la informacién. Reuniendo los multiples avances que han experimentado los media! hasta ahora dispersos (a los que se agregan el fax, la telematica y la monética), el multimedia e Internet significan una ruptura y podrfan transformar todo el campo de la comunicacién, no sélo en los aspectos tecnolégicos, sino también en la esfera econdmica, tal como espera el presidente norteamericano William Clinton, que lanz6 el ambicioso proyecto de las autopistas de la informacién para reafirmar el "EL anglicismo media, incorporado ya a diversas lenguas como denominacién abreviada de «medios de comunicacién de masas», (mass-media), se usaré a lo largo de todo el libro ante la ausencia de una expresién adecuada en espafiol que incluya, en una sola palabra, prensa, radio, televisin, cine... (N. del T.) La tirania de la comunicacién papel de Estados Unidos como lider de las industrias del futuro. Se estén produciendo en este momento gigantes- cas fusiones entre los mastodontes de Ja telefonfa, el cable, la informatica, la television, la publicidad, el video y el cine. Se suceden absorciones y fusiones que movilizan decenas de miles de millones de dolares... Algunos suefian con un mercado perfecto de la infor- macién y la comunicaci6n, totalmente integrado gra- cias a las redes electronicas y los satélites, funcionan- do sin fronteras, en tiempo real y sin interrupcién. Lo imaginan construido segun el modelo del mercado de capitales y de los flujos financieros, que se mueven de forma permanente... Como ejemplo del futuro comunicacional se cita con frecuencia el éxito (real) de Internet, una red mundial de microordenadores que dialogan entre ellos gracias a la generalizacién de los médems. Nacido en Estados Unidos en 1969, y adoptado muy répidamente por la comunidad cientffica y universi- taria internacional, Internet constituye efectivamente un modelo de convivialidad telematica, amenazado cada vez mas por los apetitos econémicos que se ciernen sobre los cerca de 100 millones de usuarios conectados, maravillados habitantes de un ciberes- pacio inmaterial. La prensa escrita no se encuentra a salvo de este huracén de ambiciones desencadenado por el desafio del multimedia y la nueva utopia tecnolégica. Muchos de los grandes periddicos pertenecen ya a megagrupos de comunicacién. Las escasas cabeceras de prensa atin independientes que sobreviven en 10 Comunicacién contra informacién Europa, fragilizadas por la cafda de los ingresos publicitarios, siguen siendo objetivo de la codicia de estos nuevos amos del mundo. Este moderno tinglado comunicacional y la vuel- ta de los monopolios, preocupan légicamente a los ciudadanos, que recuerdan las Ilamadas de alerta lan- zados por George Orwell y Aldous Huxley contra el falso progreso de un mundo administrado por una policia del pensamiento. Y temen la posibilidad de un condicionamiento sutil de las mentes a escala pla- netaria. En el gran esquema industrial concebido por los patronos de las empresas de entretenimiento, puede constatarse ya que la informacién se considera antes que nada como una mercancfa, y que este cardcter pre- domina ampliamente respecto a la misién fundamen- tal de los media: aclarar y enriquecer el debate demo- cratico. A este respecto dos ejemplos recientes han mos- trado cémo la sobreinformacién no significa siempre buena informacién: el asunto Diana y el affaire Clin- ton-Lewinsky. La muerte en accidente de automévil a fines de agosto de 1997 en Paris de lady Diana y de su novio Dodi Al Fayed, dio lugar a la tempestad informativa mas fenomenal en la reciente historia de los media. Prensa escrita (diaria y periddica), radios y televisio- nes otorgaron a este acontecimiento mas espacio que el dedicado a ningtin otro asunto que afectara a un individuo en toda la historia de los medios de comuni- cacién de masas. Millares de portadas de reyistas, cientos de horas 1 La tiranfa de la comunicacién de reportajes televisados (sobre las circunstancias del accidente, las especulaciones sobre su cardcter acci- dental o criminal, las relaciones con la familia real inglesa, con su ex marido, con sus hijos, sus activida- des en favor de los desfavorecidos, su vida sentimen- tal, etcétera.) fueron consagrados a la muerte de «Lady Di». De Nigeria a Sri Lanka, de Japén a Nueva Zelan- da, su entierro fue difundido en directo por cientos de cadenas de televisin del mundo entero. En Venezucla y Brasil, miles de personas pasaron toda la noche en vela (a causa del desfase horario) para seguir en direc- to y en tiempo real sobre la pequefia pantalla las esce- nas de las honras funebres de Diana. Esta tempestad mediatica ha sido comparada con la que el mundo experimenté con motivo de trage- dias que afectaron a diversas personalidades: se trata de un crror. Ni el asesinato de John Kennedy, ni el atentado contra Juan Pablo IJ tuvieron una repercu- sién mediatica comparable (por no hablar mas que de dos mega-acontecimientos) traténdose ademas de jefes del Estado y de la Iglesia, responsables politi- cos 0 espirituales, a la cabeza de pafses o de comuni- dades integradas por cientos de millones de personas que, por su funcién —presidente de Estados Unidos y papa de la Iglesia catélica—, son personajes habi- tuales de los medios de comunicacién y ... Si la televisién (a partir de una noticia o una imagen de agencia) emi- te una informacion y si la prensa escrita y la radio la Tetoman, ya se ha dado lo suficiente para acreditarla como verdadera. De esta forma, como podemos recor- dar, se construyeron las mentiras de las «fosas de Timisoara», y todas las de la guerra del Golfo. Los media no saben distinguir, estructuralmente, lo verda- dero de lo falso. En este embrollo medidtico, nada mas vano que intentar analizar a la prensa escrita aislada de los res- tantes medios de comunicacién. Los media (y los periodistas) se repiten, se imitan, se copian, se contes- tan y se mezclan, hasta el punto de no constituir mas que un tnico sistema de informacién, en cuyo seno es cada vez més arduo distinguir las especificaciones de tal o cual medio tomados por separado. En fin, informacién y comunicacién tienden a confundirse. Los periodistas siguen creyendo que son los tnicos que producen informaci6n, cuando toda la sociedad se ha puesto frenéticamente a hacer lo mis- mo. Précticamente no existe institucién (administrati- va, militar, econémica, cultural, social, etc.), que no se haya dotado de un servicio de comunicacién que emi- te —sobre ella misma y sus actividades— un discurso pletérico y elogioso. A este respecto, en las democra- cias catédicas, todo el sistema social se ha vuelto astu- to e inteligente, capaz de manipular sabiamente los medios y de resistirse a su curiosidad. A todas estas transformaciones hay que afiadir un 24 Comunicacién contra informacién malentendido fundamental... Muchos ciudadanos estiman que, confortablemente instalados en el sofa de su salén, mirando en la pequefia pantalla una sensacio- nal cascada de acontecimientos a base de imagenes fuertes, violentas y espectaculares, pueden informarse con seriedad, Error maytisculo, Por tres razones: la pri- mera, porque el periodismo televisivo, estructurado como una ficcién, no esté hecho para informar sino para distraer; en segundo lugar porque la sucesién r4pida de noticias breves y fragmentadas (una veinte- na por cada telediario) produce un doble efecto negati- vo de sobreinformacién y desinformacién; y final- mente, porque querer informarse sin esfuerzo es una ilusi6n més acorde con el mito publicitario que con la movilizaci6n cfvica. Informarse cuesta y es a ese pre- cio al que el ciudadano adquiere el derecho a partici- par inteligentemente en la vida democratic: Numerosas cabeceras de la prensa escrita continian adoptando, a pesar de todo, por mimetismo televisual, por endogamia catédica, las caracterfsticas propias del medio audiovisual: 1a maqueta de la primera pégi- na concebida como una pantalla, la reducci6n del tamajio de los articulos, la personalizacion excesiva de los periodistas, la prioridad otorgada al sensacionalis- mo, la prdctica sistematica del olvido, de la amnesia, en relacién con las informaciones que hayan perdido actualidad, etc. Compiten con cl audiovisual en mate- ria de marketing y desprecian la lucha de las ideas. | Fascinados por la forma olvidan el fondo. Han simpli- ficado su discurso en el momento en que el mundo, convulsionado por el final de la guerra fria, se ha vuel- to considerablemente mas complejo. 25 La tiranfa de la comunicacion Un desfase tal entre este simplismo de la prensa y la nueva complicacién de los nuevos escenarios de la poli- tica internacional desconcierta a muchos ciudadanos, que no encuentran en las paginas de su publicacién un andlisis diferente, mas amplio, més exigente, que el que les propone el telediario. Esta simplificaci6n resulta tan- to mas paradéjica cuando el nivel educativo continéa elevandose y aumenta el ntimero de estudiantes superio- res. Al aceptar no ser mas que un eco de las imagenes televisadas, muchos periédicos mueren, pierden su pro- pia especificidad y como consecuencia sus lectores. Informarse sigue siendo una actividad productiva, imposible de realizar sin esfuerzo y que exige una ver- dadera movilizaci6n intelectual... Una actividad tan noble en democracia como para que el ciudadano decida dedicarle una parte de su tiempo y su atencion. Asi lo entendemos en Le Monde diplomatique., Si nuestros textos son, en general, més largos que los de otros peridicos y revistas es porque resulta indispen- sable mencionar los puntos fundamentales de un pro- blema, sus antecedentes histéricos, su trama social y cultural y su importancia econémica, para poder apre- ciar mejor toda su complejidad. Cada vez son mis los lectores que se interesan por esa concepcién exigente de la informacién y que son sensibles a una manera sobria, austera y rigurosa de observar el mundo. Las notas a pie de pagina, que enriquecen los articulos y les permiten eventualmente completar y prolongar la lectura, no les perturban en absoluto. Al contrario, muchos ven en esto un tasgo de honestidad intelectual y un medio para enriquecer su documentacion sobre los temas. 26 | EES Comunicacién contra informacién De esta forma puede construirse una reflexi6n e) gente sobre este mundo en mutacién, donde las referencias sobre el presente se difuminan al tiempo que se oscurecen las perspectivas de] futuro. Un mun- do mds diffcil de comprender que exige del periodista humildad, duda metédica y trabajo. Y que pide al lec- tor, como es légico, mas esfuerzo, mas atencién. Aste precio, y inicamente a este precio, la pren- sa escrita podrd abandonar las zonas confortables del simplismo dominante y salir al encuentro de todos los lectores que desean entender para poder actuar mejor como ciudadanos en nuestras democracias aletar- gadas. «Serdn necesarios largos afios», escribe Vaclav Havel, «antes de que los valores que se apoyan en la verdad y la autenticidad morales se impongan y se Ueven por delante al cinismo politico; pero, al final, siempre acaban venciendo.» Esta debe ser también la paciente apuesta del verdadero periodismo. 27 Prensa, poderes y democracia La relaci6n entre la prensa y el poder es objeto de debate desde hace un siglo, pero sin duda cobra hoy una nueva dimensién. Para abordar el problema hay que empezar por plantear la cuestién del funciona- miento de los media y, mas concretamente, de Ia infor- maci6n. Ya no se pueden separar los diferentes medios, prensa escrita, radio y televisién, como se hacia tradi- cionalmente en las escuelas de periodismo 0 en Jos departamentos de ciencias de la informacién o de la comunicacién. Cada vez més, los media se encuentran entrelazados unos con otros. Funcionan en bucles de forma que se repiten y se imitan entre ellos, lo que hace que carezca de sentido separarlos y querer estu- diar uno solo en relacién con los otros. Por lo que respecta al poder, él mismo atraviesa una crisis, en el sentido mds amplio del término. Constituye, incluso, una de las caracteristicas de este fin de siglo. Hay crisis y, finalmente, disolucién o incluso dispersién del poder, lo que hace que dificil- mente podamos determinar dénde se encuentra real- mente. Se ha repetido mucho, y durante mucho tiempo, que la prensa —o Ja informacién en un sentido mds 31 La tirania de la comunicaci6n amplio— era el cuarto poder, Se decfa esto para opo- nerla a los tres poderes tradicionales definidos por Montesquieu, y se precisaba: la prensa es el poder que tiene como misi6n cfvica juzgar y calibrar el funciona- miento de los otros tres. Pero la prensa, los media, la informacién éconstitu- yen todavia el cuarto poder? En la practica se da, cada vez mas,una especie de confusién entre los media dominantes y el poder (en todo caso el poder politico) y esto hace que no cumplan la funcién de «cuarto poder». Por otra parte, cabria preguntarse cudles son real- mente los tres poderes. Ya se aprecia que no son preci- samente los de la clasificacién tradicional: legislativo, ejecutivo, judicial. El primero de todos los poderes es el poder econémico. Y el segundo ciertamente es el poder medidtico, De forma que el poder politico queda relegado a una tercera posicin, Si se quisiera clasificar los poderes, como se hacia en los afios veinte y treinta, se veria que los media han ascendido, han ganado posiciones y que hoy se sittan, como instrumento de influencia (que puede hacer que las cosas cambien) por encima de un buen numero de poderes formales. Este hecho hace que sea necesario reflexionar sobre la informacion. ;Cémo funciona? ,A qué estruc- turas responde? Y estas estructuras de funcionamiento, estas figuras de expresién, esta retérica, ghan sido siempre asi? La revista francesa Télérama publicé reciente- mente un sondeo que demuestra que, desde hace tiem- po, existe una desconfianza, una distancia critica que los ciudadanos sienten, cada vez mas, respecto a algu- 32 Prensa, poderes y democracia nos media. Y en particular, desde hace algunos afios, sobre todo desde la guerra del Golfo, respecto a la prensa escrita y la television, por la forma en que fun- cionan respecto a cierto tipo de acontecimientos. La radio conserva, hasta el momento, un cierto margen de confianza, a pesar de todo, Sobre la prensa escrita se ha hecho un gran trabajo de educacion, en particular en los centros escolares, y si uno se toma la molestia de estudiarla a menudo descubre un pufiado de horrores. Con respecto a la television, y a pesar de lo que se dice, también se ha aprendido, cada vez mas, a analizar las imagenes y se acaban por desvelar criti- camente... Y ademés, existen los magnetoscopios que gra- ban. Mientras que la radio ¢s el tinico media que no deja huellas. Esto no quiere decir que no existan los magnet6fonos, pero ;quién graba los diarios hablados de las distintas cadenas y emisoras? La impresién general es que el trabajo de la radio resulta globalmen- te mas profesional. Pero cuando se mira de cerca se encuentran tantos motivos de recelo como en los otros dos. Esta desconfianza respecto a los media es relativa- mente nueva. El citado sondeo de Télérama se viene haciendo desde hace veinte afios y si se analiza su evo- lucién se observa que practicamente desde su creacién hasta finales de los afios ochenta no existfa globalmente. desconfianza hacia los media. A la pregunta «Si respec- to a un mismo acontecimiento la prensa escrita, la radio y la television, dicen cosas diferentes, :a cudl de los media cree usted mds?», las respuestas més nume- rosas eran regularmente para la televisién. 33 La tiranfa de la comunicacién Por otra parte, todavia no hace mucho tiempo que la prensa escrita estaba dotada de una capacidad para revelar las disfunciones de la politica lo que, en ocasio- nes, resultaba totalmente espectacular. El asunto Water- gate demuestra muy bien cémo dos periodistas meno- res, Woodward y Bernstein, de un periddico ciertamente serio pero cn absoluto dominante en su pais, el Washington Post, pudieron hacer caer al hom- bre mds poderoso de Ja tierra, el presidente de Estados Unidos, Por eso subsistia la capacidad de la prensa para ser radical en su voluntad de decir la verdad 0 de contar hechos extremadamente duros para los gobier- nos. La mayor parte de los periddicos, en todo el mun- do y en particular en los grandes paises desarrollados y democraticos, intentaron imitar ese tono, ese estilo periodistico, puesto de relicve durante el asunto Water- gate. Durante mucho tiempo se admitié la idea de que los periodistas, armados de la verdad, podian oponerse a sus dirigentes, y se recobraba el espiritu de las peli- culas de Capra de los afios treinta, o el espiritu del cuarto poder. ;Cudntas peliculas se han hecho con un periodista como protagonista principal! Cabe incluso tecordar que Supermén es un periodista, y Tintin tam- bién. éPor qué se ha hundido todo esto? iPor qué se pas, a mediados de los afios setenta, de una especie de glorificacién del periodista, convertido en el héroc de la sociedad moderna, a la situacin actual en que el periodista se leva la palma de la infamia? éPor qué fases se ha discurrido? Creo que han intervenido consideraciones de dife- rentes ordenes. Hay aspectos de orden tecnoldgico, de 34 Prensa, poderes y democracia orden politico, de orden econémico y de orden retéri- co. E] momento de inflexién de este fenémeno, de este cambio en la filosoffa de la informacién, se sitéa en ese afio de todos los acontecimientos que es 1989. Al menos se percibe entonces. Aunque es posible que comenzara antes, que se hubieran dado ya elementos anunciadores. Por otra parte, esta nueva concepcién de Ia infor- maci6n hace que hoy exista un concepto cada vez mas importante y al mismo tiempo cada vez mas equivoco, e] de la verdad. ;Dénde estd la verdad? Se podré dec: yo vi lo que pasé en Rumania, vi esas batallas, esos combates, etc. {Cémo es posible? Pues porque esta concepcién de la informacién plantea un camino que conduce a un efecto equivoco. En el momento en que asisto a una escena que suscita mi emocién {dénde est4 la verdad? gEn las circunstancias objetivas que rodean a esta escena como acontecimiento y como hecho material, 0 en el sentimiento que experimento? {Qué es lo verdadero? ;Las circunstancias que hacen que se produzca ese acontecimiento o las lagri- mas que caen de mis ojos y que son, realmente, mate- tiales y concretas? Y, ademés, como mis lagrimas son verdaderas yo creo que lo que he visto es verdadero, Y resulta evidente que se trata de una confusién que la emocién puede crear a menudo y contra la cual es muy dificil protegerse. Este universo que ha creado tal nivel de confu- sién concede a la televisién el papel de piloto en materia informativa. Obliga a los otros media a seguirla 0 a tomar distancia, pero, en todo caso, a situarse respecto a la television. 35 La tirania de la comunicacién Ya hacia finales de los afios ochenta la television, que era el media dominante en materia de diversién y ocio, se convirtié también en el primero en materia de informacién. La mayoria de las personas se infor- man, esencialmente, por medio de la television. La televisién tom6, pues, la direccién de los media y ejerce su hegemonia, con todas las confusiones que provoca respecto al concepto de actualidad. {Cual es la actualidad hoy? Es lo que la television dice que es actualidad. Y aqui aparece otra confusién respecto a la verdad. ,Cémo podria definirse la ver- dad? Hoy la verdad se define en el momento en que la prensa, la radio y la televisién dicen lo mismo respec- to a un acontecimiento. Y sin embargo, la prensa, la radio y la televisién pueden decir lo mismo sin que sea verdad. Fue el caso de Rumania. {Qué medios tengo para averiguar que se falsea la verdad? No puedo comparar unos media con otros. Y si todos dicen lo mismo no estoy en condiciones de llegar, por mf mismo, a descubrir lo que pasa. Esta supremacia de la televisién esta basada no sélo en el directo y en el tiempo real, sino también en el hecho de que impone como gran informacién la informacién que tiene, esencialmente su vertiente visi- ble. Cuando un gran acontecimiento no ofrece un capital de imagenes se crea una especie de confusin dificil de desvelar. Estoy pensando en el genocidio en Ruanda, en 1994, cuando los hutus exterminaron a una gran parte de los tutsis. Oimos hablar de este genocidio. Muy poco, en realidad, porque se estaba celebrando el Fes- tival de Cannes. Pero después se descubrié que se tra- 36 Prensa, poderes y democracia taba de un genocidio. Y empezaron a avanzarse cifras. Y luego la television empez6 a mostrar imagenes. Por tanto, en principio, se oye hablar de un mega- acontecimiento. Un genocidio; no se dan més que tres o cuatro en un siglo. Es, por lo menos, un aconteci- miento considerable. Y mas tarde se muestran las ima- genes, Imagenes de gentes que sufren, de familias, de personas, de nifios, de viejos, que caminan, que son vic- timas de epidemias, se les ve morir, cémo los entierran Todo masivamente. Y, como consecuencia, se genera un sentimiento de piedad. Se monta una operacién por parte de Francia denominada «operacién turquesa», que se hace teéricamente para proteger a las poblacio- nes. Genocidio, victimas, proteccién. Parece que todo eso va encadenado. Sin embargo, el problema es que el genocidio tuvo lugar pero, en realidad, del propio genocidio no tuvi- mos imdgenes. Lo que, por otra parte, demuestra que los grandes acontecimientos no producen necesaria- mente imagenes. Del genocidio de Ruanda no hay practicamente ninguna. Es un gran acontecimiento que tuvo lugar en ausencia de las cémaras. Existen algunas imagenes que se han podido encontrar, filma- das desde muy lejos o de individuos dando mache- tazos. Pero aparte de eso, se pudo exterminar entre 500.000 y 1 millén de personas en ausencia de cé- maras. Las unicas imagenes son de gentes que sufren y marchan, en una especie de éxodo de tipo bfblico, apocaliptico, que son victimas de una versidn de las siete plagas de Egipto. Y, evidentemente, se tiende a pensar que son las victimas del genocidio. Pero, como 37 La tirania de la comunicacién se sabe, eran, por el contrario, los autores del geno- cidio, Este tipo de informacién no puede decir una cosa y su contraria, no puede decir: ha habido victimas, he aqui los verdugos. Los verdugos son victimas. No hay forma de entenderlo. Porque, ademés, hay tropas fran- Cesas que en principio para sus conciudadanos son amigos. Y resulta que defienden a los autores del geno- cidio. Esto no se puede decir. Como consecuencia, lo que se ve resulta extremadamente confuso. Frente a un acontecimiento tan importante como ése, la informaci6n esté muy lejos de ser clara. Se encuentra viciada por la idea de que si un aconteci- miento se produce hay que mostrarlo. Y se llega a hacer creer que hoy no puede existir un acontecimien- to sin que sea grabado y pueda ser seguido, en directo y en tiempo real, Esa es toda la ideologia de la CNN, la nueva ideolo- gia de la informacién en continuo y en tiempo directo, que Ja radio y la television han adoptado. Esa idea de que el mundo tiene c4maras en todas partes y que cualquier cosa que se produzca debe ser grabada. Y si No se graba, no es importante. Lo que hace que, en esa linea, un informe de UNICEF, un informe de la Orga- nizacién Internacional del Trabajo o un informe de Amnistia Internacional sean mucho menos importan- tes que cualquier acontecimiento que dispone de un capital de imagenes. Esta deriva de la informacién ha tenido conse- cuencias en otros terrenos y, en particular, en el de la Prensa escrita, que hoy trata de reaccionar. Pero hay que ser conscientes de que, incluso cuando existe la 38 Prensa, poderes y democracia mejor voluntad y un sentido critico agudizado, esta- mos frente al media que domina los media. La infor- maci6n televisada funciona segtin un cierto ndmero de principios (que no pueden observarse si no se ha seguido esta evolucién, y esta evoluci6n no es percep- tible, no esta hecha para ser percibida). Principios que crean confusiones incluso entre los demdcratas mas sinceros, y que crean una dificultad indiscutible para articular la ecuaci6n: informacién = libertad = demo- cracia. Todo esto plantea la cuestién de la objetividad y de los criterios que determinan la veracidad de los hechos. La biisqueda de objetividad es la propia base del oficio de periodista, y no debe deducirse que criti- car la ecuacién «ver es comprender» tendrfa que con- ducir, inevitablemente, a elaborar un discurso de pro- paganda o un discurso de opinion. Lo contrario de esta informacién espectéculo no es, necesariamente, una informacién de propaganda o una informacién pura- mente idcol6gica. La tradicién, y la propia historia del periodismo, tal y como se ha desarrollado —lo que se Ilama el periodismo americano; es decir, con la tradi- cién de distinguir los hechos de los comentarios— es la base que permite al lector poder diferenciar bien los hechos establecidos en principio de las opiniones. En principio, un discurso de propaganda es un dis- curso que intenta o bien construir hechos 0 bien ocul- tarlos. Lo que hay que comprender bien es que est4 en otra esfera informacional. Tomemos, por ejemplo, una cuesti6n tan elemental como la de la censura:/Se podria decir que un discurso de propaganda es un tipo de discurso de censura. O bien el discurso de censura 39 La tirania de la comunicacién es un discurso que consiste, esencialmente, en supri- mir, amputar, prohibir un cierto numero de aspectos de Estos, o el conjunto de los hechos, ocultarlos, escon- derlos. Razonar de esta forma es creer que, en la infor- maci6n, estamos en un universo donde los elementos son constantes, Pero hoy la censura no funciona mediante este principio, salvo en las dictaduras. Pero ya se sabe que esos regimenes, al menos en el perfodo actual, se encuentran en vias de extinci6n. En los sistemas en que nos encontramos, que son aparentemente demo- craticos, existen pocos ejemplos de funcionamiento de la censura en los que, de una manera palmaria, se dediquen a ocultar, cortar, suprimir, prohibir los hechos. No se prohibe a los periodistas decir lo que quieran. No se prohfben los periédicos en los paises democraticos europeos. La censura no funciona asi. Si Nos atuviéramos a este dato se podrfa decir que vivi mos felizmente, y por primera vez desde hace mucho tiempo, en una sociedad politica en la que la censura habria desaparecido, Pero todos sabemos que la censura funciona. Sobre qué criterios? Con critcrios inversos (ésta es, al menos, mi idea). Es decir, que la censura no funciona hoy suprimiendo, amputando, prohibiendo, cortando. Funciona al contrario: funciona por demasia, por acu- mulacion, por asfixia. ¢C6mo ocultan hoy la informa- cién? Por un gran aporte de ésta: la informacién se oculta porque hay demasiada para consumir y, por tan- to, no se percibe Ja que falta. Una de las grandes diferencias entre el universo en el que vivimos y el que le precedié inmediatamen- 40 Prensa, poderes y democracia te, hace apenas algunos decenios, es que la informa- cién fue durante mucho tiempo, durante siglos, una materia extremadamente escasa. Tan escasa que pre- cisamente se podia decir que quien tenfa la informa- cién tenia el poder. Finalmente, el poder es el control de la informaci6n, es el control de la circulacién de la comunicacién. Aunque esta situacién que se ha mantenido cons- tante durante mucho tiempo (y se puede considerar que todavia hoy existe en un determinado mimero de paises), ya no es sin embargo dominante. ,CuAl es la caracterfstica de la informacién hoy? Que es supera- bundante. Ya no es, en absoluto, escasa. La informa- cién es uno de los elementos mds abundantes de nues- tro planeta. Estan el aire, el agua de los océanos y la informacién. Nada es mds abundante. ,Y quiere esto decir que las falsas informaciones, o la censura han desaparecido? Evidentemente no. Tan sdlo han cam- biado de naturaleza. Nadie las controla. O no se las controla de la misma manera. Tomemos la guerra del Golfo por ejemplo. Hoy ya sabemos que constituyé una gran manipulacién, una fantAstica operaci6n de censura y un discurso, en con- secuencia, de propaganda. Esta no se realiz6 mediante el principio autoritario de la prohibicién, la supresién, la no cobertura. No se dijo: «Va a haber una guerra y no os la vamos a ensefiar.» Al contrario, se dijo: «La vais a ver en directo.» Y se dio tal cantidad de image- nes, que todo el mundo creyé que veia la guerra. Y después se dio cuenta de que no la vefa, que las image- nes eran sefiuelos, o que se habfan grabado antes. Y de hecho, la guerra desaparecia hasta el punto de que 41 La tirania de la comunicacién Baudrillard pudo escribir un libro: La Guerre du Golfe n'a pas eu lieu (La guerra del Golfo no se ha produ- cido). Esta superabundancia de informacién hace inclu- so la funcién de un biombo. Es un biombo que ocul- ta, que es opaco y que hace quiz4 mAs dificil que nunca la busqueda de la buena informacién. Porque antes la propia instancia que creaba la prohibicion hacia que se supiera que existfan imagenes oculta- das, porque estaban prohibidas. En un. pais fascista se sabe que la informacién no circula, Hace algunos afios, con el régimen de los militares en Brasil, algu- nos periédicos publicaban sus péginas con blancos en lugar de los artfculos que la censura habia prohibi- do. No los publicaban, pero publicaban la huella del artfculo. Las gentes sabfan que los articulos habian sido prohibidos. Esta amputacién hacfa visible la censura. » Nos hallamos en un sistema en el que ha desapare- cido la visibilidad de la censura. En consecuencia necesitamos reflexionar mas para comprender sobre qué mecanismos funciona. Pero podemos estar segu- ros de que existe una censura, Una vez, descrito esto, afiadiré que no soy de los que creen en la tesis del complot permanente, Yo no pienso que hay, en algtin sitio, una especie de orquesta som- bria que organiza los acontecimientos que tienen lugar a través del planeta. No creo que las cosas ocurran asi. Por lo que se refiere a Rumania, lo que intento sefialar precisamente es que, si bien hubo Tesponsa- bles polfticos de los que hoy sabemos que jugaron un papel, el acontecimiento mediatico escapé al control 42 Prensa, poderes y democracia de unos y otros. Se trata de un funcionamiento estructural. Lo que intento describir no hay que entenderlo en términos morales, en términos de bien y mal. No es tan simple. No es un proceso debido a la mala fe. Dan Rather! no dijo lo que dijo porque era un «malvado americano» que querfa engafiar al planeta. Dijo aquello sinceramente, creyendo decir algo muy positivo y creyendo hacer un servicio a todo el mundo al mostrar im4genes espectaculares. Traducfa una rea- lidad. El problema es que, con las mejores intenciones, se puede hacer mucho dafio. Y que hoy el propio fun- cionamiento de esta informacién dominante carece de control, Como se sabe, un tren que ha perdido la direc- cién es tan peligroso como un tren conducido con la voluntad de hacer dafio. Ambos pueden producir catdstrofes, Los periodistas han reflexionado mucho sobre estos acontecimientos. Y lo han hecho porque ellos fueron los primeros afectados. Pero gqué ha ocurrido con todas esas reflexiones y todos esos coloquios? jSe produjo la guerra del Golfo! Y después de la guerra del Golfo, qué se hizo? Hubo muchos coloquios y mucha reflexién, y muchos seminarios y muchos libros. ,Y qué pas6? Pasé lo de Somalia. Y después de Somalia hubo reuniones, etc. Y vinieron Ruanda, Dia- na, el «Monicagate» de Clinton, etc. Y asf sucesiva- * Periodista «estrella» de la CNN, que cubrié los hechos para esta cadena, la tinica que estuvo presente en la capital de Irak durante los bombardeos «aliados» en la guerra del Golfo. (N. det T-) 43 ‘La tiranfa de la comunicacién mente. 2¥ quién garantiza que mafiana no va a ocurrir lo mismo? Sostengo que ocurrir4. No hay control. Nadie pilota. ;Por qué? Porque, precisamente, este tipo de informacién funciona de una cierta manera que es globalmente agradable. Ser periodista hoy Si nos preguntamos acerca de los periodistas y de su papel en la actual concepcién dominante del trabajo informativo, podemos concluir que estén en vias de extincién. El sistema informacional ya no les quiere. Hoy puede funcionar sin periodistas 0, digamos, con periodistas reducidos al estadio de un obrero en cade- na, como Charlot en Tiempos modernos... Es decir, al nivel de retocador de despachos de agencia. Hay que ver lo que son hoy las redacciones, lo mismo en los diarios que en las radios y en las televisiones. Se ve a las celebridades que presentan los telediarios de la noche, pero se esconde a un millar de profesionales que tiran del carro. La calidad del trabajo de los perio- distas esté en vias de regresién, lo mismo que su esta- tus social. Hay una taylorizacién de su trabajo. Vivimos una doble revolucién, de orden tecnold- gico y de orden econémico. Quizé estamos a punto de experimentar en este momento lo que yo Ilamaria la segunda revoluci6n capitalista. Produce una energia enormemente importante que cambia muchas cosas y modifica notablemente el campo de la comunicacién y muy particularmente el campo de la informacién, en la medida en que supone una entronizacién del mercado en el marco de la globalizacién de la econom{a. Todo 47 La tiranfa de la comunicacién esto se encuentra en el propio nticleo de la situacién descrita. Un cierto ntimero de elementos evidencian la trans- formacién del periodismo. ;Va a provocar esta muta- cidn su desaparici6n? Es.la pregunta que nos hacemos y alacual, imagino, nadie osa responder de momento. La doble revolucién aludida tiene una repercusién importante en el campo cultural. Hasta ahora tenfamos tres esferas: Ja de la cultura, la de la informacién y la de la comunicacién. Estas tres esferas eran aut6nomas y tenfan su propio sistema de desarrollo. A partir de la revolucién econémica y tecnolégica, la esfera de la comunicaci6n tiene tendencia a absorber la informa- cién y la cultura. Ya no hay mds cultura que la de masas. Lo mismo que no hay més informacién que la de masas, y la comunicacién se dirige a las masas. Es un primer fendmeno cuyas consecuencias son extre- madamente importantes. La informacién se caracteriza hoy por tres aspec- tos. El primero es que si durante siglos fue muy esca- sa, casi inexistente, hoy es superabundante. La segun- da caracterfstica es que la informacidn, de un ritmo relativamente parsimonioso y lento en otros tiempos, es hoy extremadamente répida. Podemos sefialar que el factor rapidez esta intimamente asociado a la infor- macion, forme parte de su historia. Y esta relacién ha alcanzado un limite que hoy plantea problemas, ya que su velocidad es la de la luz y la de la instantanei- dad. La tercera componente es que la informacién no tiene valor en sf misma en relaci6n, por ejemplo, con la verdad o en relacién con su eficacia cfvica. La 48 Ser periodista hoy informacién es, antes que nada, una mercancfa. En tanto que mercanefa esté esencialmente sometida a las leyes del mercado, de la oferta y la demanda, y no a otras reglas como. podrian ser las derivadas de crite- Tios civicos 0 éticos. Los fenémenos descritos entrafian un cierto ntime- ro de repercusiones importantes. En primer lugar, la propia transformacion de la definicién de informa- cidn. Ya no es la que se ensefiaba en las escuelas de periodismo y en las facultades de Ciencias de la Infor- macién. Hoy, informar es esencialmente hacer asistir a un acontecimiento; es decir, mostrarlo, pasar al esta- dio en que el objetivo consiste en decir que la mejor forma de informarse es hacerlo directamente. Y esta relacién es la que cuestiona al periodismo. Tedricamente se podia describir hasta ahora el periodismo con la forma de una organizaci6n triangu- lar: el acontecimiento, el mediador y el ciudadano. El acontecimiento estaba relatado por el mediador, es decir, el periodista, que lo filtraba, lo analizaba, lo despejaba de alguna manera y lo hacia repercutir en el ciudadano. Pero ahora ese tridngulo se ha transforma- do en un eje. En un punto est el acontecimiento y en el otro esté el ciudadano. A mitad de camino ya no hay un espejo sino simplemente un cristal transparente. Por medio de la camara, del aparato de fotos o del reportaje, todos los media (prensa, radio, television) intentan poner al ciudadano directamente en contacto con el acontecimiento. Por tanto, existe la creencia de que uno puede infor- marse solo. La idea de la autoinformacién est4 abriéndo- se camino. Es, sin duda, una tendencia peligrosa. Se 49 La tirania de la comunicacién basa esencialmente en la conviccién de que la mejor manera de informarse es la de ser testigo, es decir, que este sistema transforma a cualquier receptor en testigo. Es un sistema que integra y que absorbe al propio testi- monio en el acontecimiento. Forma parte del aconteci- miento mientras asiste a él. Ve a los soldados america- nos desembarcar en Somalia, ve a las tropas de Kabila entrar en Kinshasa. Estd alli. El receptor ve directamen- te, por tanto, participa en el acontecimiento. Se autoin- forma. Si se equivoca, él es el responsable. E] sistema culpabiliza al receptor, que ya no puede hablar de menti- Tas, porque se ha informado solo. De este modo, el nuevo sistema acredita la ecua- cién «ver es comprender». Pero la racionalidad moder- na, con la Tustracién, se hace contra esa ecuacién. Ver no es comprender. No se comprende mas que con la razon. No se comprende con los ojos o con los senti- dos. Con Jos sentidos uno se equivoca. Es la razén, el cerebro, es el razonamiento, es la inteligencia, lo que nos permite comprender. El sistema actual conduce inevitablemente o bien a la irracionalidad, o bien al error. Otro aspecto que se transforma es el propio princi- pio de la actualidad, un concepto importante en mate- ria de informacién, pero que hoy esta esencialmente marcado por el medio dominante. Si éste afirma que algo es actualidad, el conjunto de los media se hara eco. Siendo hoy el dominante esencialmente la televi- si6n, tanto para el entretenimiento como para la infor- maci6n, es evidente que va a imponer como «actuali- dad» un tipo de acontecimientos que son especfficos de su campo, unos acontecimientos especialmente 50 Ser periodista hoy ricos en capital visual y en imagenes. Cualquier otro tema de orden abstracto no sera nunca actualidad en un media que es, en primer lugar, visual, porque en este caso no funcionaria la ecuacién «ver es com- prender». De la misma forma, el sistema actual transforma el propio concepto de verdad, la exigencia de veraci- dad tan importante en informacion. ,Qué es verdadero y qué es falso? El sistema en el que evolucionamos funciona de la manera siguiente: si todos los media dicen que algo es verdad, es verdad. Si la prensa, la radio o la televisién dicen que algo es verdad, eso es verdad incluso si es falso. Los conceptos de verdad y mentira varfan de esta forma légicamente. El receptor no tiene criterios de apreciacién, ya que no puede orientarse mds que confrontando unos media con otros. Y si todos dicen lo mismo esta obligado a admi- tir que ésa es la verdad. Finalmente, otro aspecto que se ha modificado es el de la especificidad de cada media. Durante mucho tiempo se podian oponer prensa escrita, radio y televi- sion. Ahora es cada vez mds dificil contrastarlas, por- que los media hablan de los media, los media repiten a los media, los media dicen todo y su contrario. Por eso constituyen cada vez més, una esfera informacional y un sistema que es dificil distinguir. Se podria decir igualmente que este conjunto se complica atin mds a causa de la revolucién tecnolégica, esencialmente de la revolucién digital. Hasta el momento tenemos tres sistemas de signos en materia de comunicacién: el texto escrito, el sonido de Ia radio y la imagen. Cada uno de estos elementos 51 La tiranta de la comunicacién ha sido inductor de todo un sistema tecnolégico, El texto ha dado la edicidn, la imprenta, el libro, el dia- io, la linotipia, la tipografia, la maquina de escribir, etcétera. El texto se encuentra pues en el origen de un verdadero sistema, lo mismo que el sonido ha dado la radio, el magnetéfono y el disco. La imagen, por su parte, ha producido los dibujos animados, el cine mudo, el cine sonoro, la televisién, el magnetoscopio, etcétera. La revolucién digital hace que converjan de nuevo los sistemas de signos hacia un sistema tinico: texto, sonido e imagen pueden ahora expresarse en bytes. Es lo que se llama multimedia. El mismo vehicu- lo permite transportar los tres géneros a la velocidad de Ja luz. En este momento asistimos a una segunda revolu- cin tecnolégica. Si la revolucién industrial consistfa de alguna manera en reemplazar el musculo por la maquina, es decir, la fuerza fisica por la m4quina, la revoluci6n tecnolégica que vivimos hoy nos Ileva a la constatacién de que la maquina juega el papel del cere- bro. Reemplaza funciones cada vez mds numerosas ¢ importantes, mediante una cerebralizacién de las méaquinas (lo que no quiere decir que estén dotadas de inteligencia). Otro aspecto muy importante es que ahora es posi- ble, gracias a la revolucién digital, meter en redes todas la méquinas cerebralizadas. Desde el momento que una méquina tiene un cerebro se puede conectar 0 hiperconectar, de manera que todas las maquinas informatizadas, todas las méaquinas basadas en la elec- trénica, puedan enlazarse de una manera u otra, Por so se habla de coches inteligentes, de vehiculos liga- 52 Ser periodista hoy dos al teléfono, a la radio, ete. Todas las maquinas del mundo pueden enlazarse. El sistema de comunicacién crea una red, una malla que rodea el conjunto del pla- neta, lo que permite el intercambio intensivo de infor- macién. Informacién y libertad Como hemos constatado, estamos en un sistema de produccion superabundante de informaciones. Este fenémeno es extremadamente importante. Durante mucho tiempo la informaci6n era escasa, casi ine- xistente. El control de la informacién permitfa dos cosas. En primer lugar, una informacion escasa era una informacion cara, que se podia vender y podia estar en el origen de una fortuna. Por otra parte, la informacién escasa permitfa a quienes la posefan ocu- par poder. Durante mucho tiempo se dijo que informa- ci6n era poder. Hoy nos encontramos ante un problema crucial. jEn qué se convierte la relacién con la libertad cuando la informacion es superabundante? Intentemos expre- sarlo mediante una curva. Yo puedo afirmar, porque es una idea del racionalismo del siglo xvul, que si tengo cero informacion tengo cero libertad. Y mi libertad no aumenta mas que a medida que aumenta mi informa- cién. Si tengo mas informacién, tengo més libertad. Cada vez que afado informacion gano en libertad. En nuestras sociedades democraticas existe una especie de reflejo hacia la necesidad de més informacion para tener mas libertad y mas democracia. ,No hemos 53 La tirania de la comunicacién alcanzado ya un grado de informacién suficiente? éNo estamos sobre un punto cero, en el que, aunque afiada informacién, mi libertad no aumenta? Puede constatarse esto desde 1989, afio de la caida del muro de Berlin. Se rompieron las tiltimas barreras que intelectualmente se oponian al avance de la liber- tad a escala internacional. La libertad gand. Tenemos todas las informaciones, estamos en la era de Internet que nos permite acceder a todas ellas. Estamos en una fase de superabundancia. ¢Ha aumentado mi libertad? En la realidad, se puede constatar que no aumenta y que lo que se incrementa en esta época es la confu- sién. La cuestion esta planteada. Si contintio afiadiendo informacién, {no disminuiré mi libertad?, gla informa- cién hasta el infinito va a provocar la libertad cero, como antes? Es sélo una pregunta, por supuesto, pero hay que plantearla hoy porque el sistema en vigor nos demuestra constantemente que la acumulacién de informacién amputa la informacion. La forma moder- na de la censura consiste en superafiadir y acumular informacion. La forma modema y democritica de la Censura no es la supresién de informacién, es el agre- gado de informacién. De este modo, hoy nos vemos confrontados a una gran interrogante. Es algo nuevo porque desde hace doscientos afios, desde el siglo XVI, habiamos asociado més informacién a més liber- tad. Si ahora hay que empezar a decir que més infor- macién da menos libertad habra que desarrollar otro mecanismo intelectual. Hoy estamos convencidos de que una informacion de tipo cuantitativo no resuelve los problemas que nos 54 Ser periodista hoy planteamos. La informacién debe tener un aspecto de orden cualitativo, sin que sepamos muy bien lo que esto quiere decir. Pero sabemos que pasa por dos cues- tiones: la credibilidad y la fiabilidad. Es decir, que lo que interesa de la abundante informacién actual es lo que va a servir, lo que va a ser Util, por una parte; y por otra, como quedarse sdlo con lo que es crefble y fiable y, como consecuencia, con lo que representa un cierto ndémero de garantfas, ligadas a la ética, a la virtud, ala deontologia, a la moral de la informacién. En medio de esta superabundancia se puede acce- der a yacimientos de informacién en directo. Pero hay una cuestién que se mantiene, incluso en este contex- to, gcudles son las informaciones que se nos ocultan, cudles son las informaciones que no quieren que conoz- camos? Esta cuesti6n es basica. Muchos asuntos de hoy nos recuerdan constantemente su importancia. Frente a todas las transformaciones a que nos vemos finalmente confrontados, debemos preguntarnos para qué problemas el periodismo puede aportar soluciones en el contexto actual. $i sabemos responder a esta pre- gunta, el periodismo no ser4 abolido nunca. Por otra parte, se plantea también la cuestién de la relacién de la informacién con la verdad. La verdad, incluso si no es siempre facil de determinar nitida- mente, es un criterio que deberia seguir teniendo una gran transcendencia en materia de informacion. Pero hoy el sistema es ajeno a esta cuestién. Considera que la verdad y la mentira no son criterios pertinentes en materia de informacién y permanece totalmente indi- ferente al problema. En primer lugar porque, efectivamente, no se 55 La tiranfa de la comunicacién propone mentir. Por tanto, carece de mala concien- cia. Pero tiene criterios que son mucho mds intere- santes. {Qué es lo que da valor a una informacion? Si nos planteamos esta cuestién, constatamos que cuan- to mds cerca de la verdad esté una informacién es més cara, y cuanto més se aleja de la verdad menos cuesta. Lo que da valor a una informacién es la cantidad de personas susceptibles de interesarse por ella, pero este factor no tiene nada que ver con la verdad. El valor de una informacion depende también de Ja rapidez con que se difunda. Si se tiene una informa- ci6n y se tarda un mes en emitirla, pierde mucho de su valor, Pero la pregunta es: ,cudl es el grado de rapidez plausible? Hoy es la instantaneidad, y es evidente que la instantaneidad se presta a enormes riesgos. Si se analiza el término periodista desde este angu- lo, puede ser considerado como el «analista del dia», cuenta con ese lapso de tiempo para analizar lo que ha pasado. Se puede decir que es rapido si consigue ana- lizar lo que ocurre en un dfa. Pero hoy el ejercicio del periodismo es en directo y en tiempo real. Sin inte- rrupci6n. Ya sea en la televisién o en la radio. La instantaneidad se ha convertido en el ritmo normal de la informacién. Un periodista hoy no deberia Ilamarse periodista, deberfa llamarse «instantaneista». Pero analizar en el instante no se sahe hacer todavia. Y ade- mas no se puede hablar de anilisis porque no hay dis- tancia. Finalmente, el periodista tiene cada vez mas ten- dencia a convertirse en un simple conducto, Es el hilo que permite empalmar el acontecimiento y su difusién. 56 Ser periodista hoy Y no tiene el tiempo de filtrar, de comparar, porque si pierde demasiado tiempo en hacerlo, los colegas le pisan. Y naturalmente esto se le reprocha. Estamos en un sistema en el que se va abriendo camino la idea de que hay valores importantes (instan- taneidad, masificacion) y valores menos importantes, es decir, menos rentables (los criterios de verdad). La informacién se ha convertido, sobre todo, en una mer- cancia. Ya no tiene una funcién civica. Aunque al- gunos todavia lo creamos, pero ,no somos solamente un recuerdo? {Somos reales? ;No somos acaso vir- tuales? Como estamos en un momento que puede Iamar- se de homogeneizacion cultural a escala planetaria, a pesar de las resistencias que se le oponen, el fenémeno tiene tendencia a imponer modelos en todas partes. Cuél es el modelo hoy en materia de informacién? La CNN, la informacion a base de imagenes y sonidos, difundida permanentemente por una cadena con capa- cidad planetaria. Muy probablemente este modelo va a impregnar poco a poco a todo el resto. El telediario que se ve en cualquier pais de Euro- paentre las 20 y las 21 horas es hoy un tipo de mode- Jo universal. Independientemente del contenido, que ser4 siempre diferente y variard en funcién de las realidades, la estructura narrativa, el modelo de reté- rica, son universales. Y esto se ha dado con mucha rapidez. En quince afios, este modelo universal ha cubierto el planeta y todo el mundo se expresa de la misma forma. Por lo que se refiere al poder, se ha convertido en una nocidn confusa. No se sabe muy bien donde esta. ST La tiranfa de la comunicacién Los que crefan tenerlo se dan cuenta de que ya no lo tienen. Por jugar con las palabras, lo que antes se Ila- maba cl cuarto poder se ha convertido mas bien en el segundo. Pero ya no tiene la misma funcién. Este cuarto poder era la censura de los otros tres mientras que ahora es el segundo en términos de influencia global y general sobre el funcionamiento de las socie- dades. Lo que hoy se puede entender como poder se ha desplazado esencialmente a la esfera de la economia y dentro de ésta al campo financiero. Son los merca- dos financicros los que en definitiva dictan y deter- minan el comportamiento de los politicos. Global- mente hay también un malentendido: los ciudadanos no se movilizan porque piensan que su capacidad de intervencién en el campo democrAtico se limita a votar. Pero una vez que han votado y que han elegido a alguien, éste descubre a su vez que no puede hacer gran cosa. Por ejemplo, el presidente de Francia, Chirac, fue elegido en mayo de 1995 con un programa y, apenas cineo meses més tarde, en octubre de ese mismo afio, vino a decir: «Yo no tenia raz6n, la tenia Balladur [su antecesor] y ahora yo aplico el programa de Balla- dur.» Y recientemente, en una conversacién con periodistas, dijo que no podia hacer gran cosa «a cau- sa del inmovilismo de la sociedad y de los imperati- vos europeos». En resumen, es lo mismo que decirnos: el jefe de un ejecutivo fuerte, uno de los mas fuertes del mundo como sistema politico, se revela impotente frente a los compromisos adquiridos que son movimientos «tecté- 58 Ser periodista hoy nico». Esa es la cuestién del poder. Los media juegan un papel secundario en todo ello, Lo que tenemos que plantearnos es si en este con- texto se est poniendo en riesgo a la democracia. Si Chirac tiene razén, podemos preguntarnos entonces para qué sirve elegir un jefe de Estado si luego esta obligado a constatar que no puede avanzar, La cuestién es: gpor qué los politicos tomaron la decisién de permitir que los mercados financieros quedaran fuera de su competencia? ,Quién les dio el mandato para hacer eso? Pero se trata de decisiones que ya han sido tomadas. Se decidié privatizar el Ban- co de Francia y no hubo un referéndum. Se decidié que la moneda no dependeria ya de la soberania nacional, aunque la moneda sigue siendo un instru- mento de la soberania. Qué es la soberania hoy? No son las fronteras, no es la politica exterior, no es la seguridad. ;Dénde esta Ja soberanfa? Se ha disuelto, el poder se ha disuelto. y sabemos que hay una especie de proyeccién hacia el exterior de esas responsabilidades y que incluso la propia estructura del poder, a escala planetaria, esta convulsionada, Porque ademas estamos en un mundo que ya no es polar, donde las organizaciones internacionales ya no juegan el papel que jugaban antes, donde geopolitica- mente Estados Unidos ejerce una hegemonia factica. Estamos en un mundo en el que los mercados finan- cieros exigen la aplicacién de una cierta politica, fija- da por la OCDE, el FMI. ¥ todos los gobiernos del tipo que sean: socialista en Italia, de derecha conser- vadora en Espafia, de izquierda en Portugal tienen 59 La tiranfa de la comunicacién exactamente la misma polftica, con los mismos condi- cionantes para la sociedad. Esto demuestra cémo la politica hoy va a remolque de la economia. Y no se trata de la economia en el sentido de lo real, sino de la economia financiera, por tanto de una economia de especulacién. {Qué papel juegan los media en este contexto? Habria que partir de la constatacién de que vivimos en una situacién nueva de crisis, no de crisis en cl sentido econémico y social del término, sino una crisis de civilizacién, de percepcién del rumbo del mundo, tropezamos con dificultades que tienen su origen en un cierto ntimero de fenémenos a escala planetaria que han transformado la arquitectura inte- lectual y cultural en la que nos desenvolvemos, aun- que no sabemos describir este edificio en cuyo interior nos encontramos. Es una crisis de inteligibilidad Sabemos que las cosas han cambiado, pero los ins- trumentos intelectuales y conceptuales de que dispo- nemos no nos permiten comprender la nueva situa- cién. Estaban hechos para permitirnos desmontar, analizar, desconstruir la situaci6n anterior. Pero ya nO nos sirven para comprender la nueva realidad. Esta crisis de inteligibilidad, de la que al menos debemos constatar que existe y que la vivimos (y por eso hay tal cantidad de problemas que se nos plantean) se basa, en todo caso, en el hecho de que un cierto niimero de paradigmas han cambiado. Como en las grandes revoluciones cientificas. Un paradigma es un modelo general de pensa- miento. Tengo la impresién de que hay dos paradig- mas importantes sobre los que reposaba el edificio que 60. Ser periodista hoy habitamos y que hace una decena de afios que han cambiado!. El primero es el progreso, la idea de progreso, esta idea forjada a finales del siglo xvm y que finalmente atraviesa un poco todas las actividades de una socie- dad. El progreso consiste en hacer desaparecer las desigualdades, en hacer a las sociedades més justas; consiste en creer que la modernidad entrafia, por defi- nici6n, la soluci6n de un cierto néimero de problemas. Pero la idea de progreso se ha visto vulnerada y puesta en crisis. El progreso es Chemobil, son las «vacas locas». Un estado progresista es la Rusia estalinista del Gulag; el progreso, se nos ha dicho, es el Estado pro- videncia que conduce a la pardlisis social, etcétera. E] progreso es hoy un paradigma general que ha entrado en crisis. ;Cudl es el paradigma que le reem- plaza? La comunicacidn. El progreso permitfa la feli- cidad a nuestras sociedades, es decir, un plus de civi- lizacion, Hoy, a esta pregunta (,c6mo estar mejor cuando se est4 bien?) la respuesta es: la comunica- cién. ;Comunicad, estaréis mejor! Cualquiera que sea la actividad sobre la que se piense hoy, la res- puesta masiva que se nos da es: hay que comunicar. Si en una familia las cosas no marchan es porque los padres no hablan con sus hijos. Si en una clase las cosas no funcionan es porque los profesores no dis- cuten bastante con los alumnos. Si en una fabrica, 0 en una Oficina, el asunto no va, es porque no se dis- cute bastante. " Léase Ignacio Ramonet, Un mundo sin rumbo, Debate, Madrid, 1997, pags. 87 y sgs. 61 La tiranfa de la comunicacién La comunicaci6n se propone hoy como una espe- cie de lubricante que permite que todos los elementos que constituyen una comunidad funcionen sin friccio- nes. Cuanto mds se comunica, mas feliz se es. Cual- quiera que sea la situacion. ;Est4 usted parado? ;Comu- nique y le iré mucho mejor! El segundo paradigma importante, sobre el que reposaba el edificio anterior, era la idea de que existia una especie de funcionamiento ideal de una comunidad: era la maquina, el reloj. En el siglo xvm se consideraba que el reloj era la maquina perfecta porque hacia coin- cidir la medida del tiempo y del espacio. El espacio nos da el tiempo. La medida del espacio nos permite medir el tiempo. Y esa es una ecuacién cuasi perfecta, casi divina. Se consideré, a partir de aquello, que el modelo mecénico, e] modelo de esta maquina, habia que aplicar- lo atodo. Es lo que se llama el funcionalismo. Y se cons- truyeron las sociedades sobre el modelo de una maqui- na. Una maquina que es un conjunto de elementos que son todos solidarios entre ellos, sin que ninguno sobre. Y hoy, este modelo ha quedado excluido. Est4 reti- rado. En nuestra sociedad se acepta de nuevo que haya marginados, personas que no forman parte de la comunidad, piezas que sobran en el reloj. LY qué es lo que reemplaza a ese modelo de la maquina? ,Cudl es el principio de funcionamiento que hace que exista una energfa que se despliega, a pesar de todo? El mercado. Es e] mercado quien hace hoy funcionar las cosas?. 7 Ignacio Ramonet, op. cit. 62 Ser periodista hoy Pero el mercado no integra mds que los elementos rentables. Quien no es solvente no estd en el mercado. No ocurre como con la méquina: con la maquina todas las piezas funcionan. Y es evidente que el mercado no es la solucion para todo, No es una invencién de hoy. El mercado moderno —nos ha contado Fernand Brau- del— se inventé en los albores del Renacimiento. :Y qué est4 pasando hoy? Pues que el mercado tal y como ha funcionado estaba limitado a sectores muy precisos, digamos al comercio. Mientras que hoy el mercado alcanza a todos los sectores. Incluso esferas que durante mucho tiempo han estado fuera del mercado: la cultura, la religién, el deporte, el amor, la muerte, estén hoy integradas en el mercado, El mercado tiene pleno derecho a regular, a regir todos esos elementos. De esta forma, un edificio que reposaba en dos paradigmas que permiticron la edificacién del Estado moderno (el progreso y el reloj) han desaparecido hoy y han sido reeemplazados por la comunicacién y el mercado que, evidentemente, soportan un edifi totalmente diferente. UEn qué se convierte lo politico en la nueva situa- cién en que nos encontramos? Es una cuestion de filo- sofia pero que incide también directamente en la situa- cién incémoda que constatamos en un cierto nimero de politicos y en los ciudadanos. io 63 La tirania de la comunicacién Periodistas 0 «relaciones pitblicas»? La cuestién de la ética esté hoy en el centro de las preocupaciones de los periodistas. Como consecuencia de la industrializacién de la informacién se han visto sometidos a una parcelacion de su actividad y esta claro que dependen, en la mayoria de los casos (es evidente que hay excepciones), de un sistema, a la vez de jerarquia © de propiedad, que reclama una rentabilidad inmediata. Y estén preocupados por lo que se les va a pedir, incluso aunque se trate de objetivos que realmente comparten. Son problemas bien conocidos: la influencia de la publicidad o de los anunciantes. La influencia de los accionistas que poseen una parcela de la propiedad de un periédico, etc. Todo esto acaba por pesar mucho. Hasta el punto de que si bien hay numerosos casos de resistencia, o de periodistas que intentan a pesar de todo defender su concepcién de la ética, también hay muchos casos de abandono. Cada vez son mis los periodistas que se van a ese tefugio que constituye Ja comunicacién en el sentido de «relaciones piiblicas», Una de las grandes enfermeda- des de la informacién hoy es esta confusién entre el uni- yerso de la comunicacién y las relaciones ptblicas, y el de la informacién. ;En qué se convierte, en este nuevo contexto comunicacional, la especificidad del periodista? Esta cuestién se plantea porque vivimos en una sociedad en la que todo ¢] mundo comunica y donde todas las instituciones producen informacién. La comunicacién, en ese sentido, es un mensaje lison- jero emitido por una institucién que quiere que ese discurso le favorezca. 64 Ser periodista hoy Y esa comunicacién acaba por asfixiar al periodis- ta. Todas las instituciones politicas, los partidos, los sindicatos, los ayuntamientos, hacen comunicacién, tienen su propio periddico, su propio boletin. Las ins- tituciones culturales, econémicas, industriales, produ- cen informaci6n. A menudo dan esta informaci6n a los periodistas y lo que quieren es que los periodistas se limiten a reproducirla. Evidentemente, la demanda no es asi de explicita pero puede ser muy seductora. Por ejemplo, cuando las marcas de automoviles hacen pruebas, las llevan a parafsos, como las Baha- mas, porque asf pueden invitar a los periodistas duran- te una semana en un magnifico hotel. Est4 claro que los periodistas van a hacer su trabajo, pero en un con- texto que favorece la «comunicacién» en el sentido que desean los organizadores. De esta forma, muchos profesionales se pliegan a ser simplemente el canal que permite que se exprese la comunicacién publicita- ria, que emite una industria 0 una institucion politica, econémica, cultural 0 social. Es un modo de Iegar a un compromiso entre su conciencia y su ética. En cualquier caso, es cierto que las nuevas tecno- Jogias favorecen enormemente la desaparicién de la especificidad del periodista. A medida que las tecnolo- gfas de la comunicacién se desarrollan, el ntimero de grupos que comunican es mayor. Mayo del 68 no hubiera sido posible sin la fotocopiadora, por hacer un chiste. El fascismo no hubiera sido lo que fue sin los altavoces y los micréfonos, porque no se puede llegar s6lo con la voz a mil personas a la vez. Son las tecno- logias de la comunicacién las que produjeron la explo- sidn de las radios libres, 0 el fax. Hoy Internet hace 65 La tiranfa de la comunicaci6n que cada uno de nosotros pueda, si no convertirse en periodista, sf estar a Ja cabeza de un media. {Qué les queda como especificidad a los periodis- tas? Es una de las razones del sufrimiento de los media. Y, en particular, de la prensa escrita. Los media que se desarrollan son los ligados a tecnologias del sonido, de la imagen. E incluso cuando se sigue escribiendo, se hace sobre una pantalla. Los periodistas no constituyen un cuerpo homogé- neo. Hay discrepancias, debates. Es una profesién en Ja que hay que trabajar mucho hoy. Los periodistas son ademéas ciudadanos y consumidores de media en mayor medida que los demas, y son muy conscientes de que estos problemas estan planteados, y los discu- ten permanentemente. Hay una toma de conciencia, pero gse puede hablar de una responsabilidad? gSe trata de responsa- bilidad exclusiva de los periodistas? Los ciudadanos también tienen su responsabilidad. Pues informarse es una actividad, no una recepci6n pasiva. Los ciudada- nos no son simplemente receptores de media. Es evi- dente que el emisor tiene una gran responsabilidad, pero informarse supone también cambiar de fuentes, resistir a una versi6n si resulta demasiado simplista, etc. No es muy complicado ahora llegar a la conclu- sion de que una persona no puede informarse exclusi- vamente por medio de un telediario. El telediario no est4 hecho para informar, esta hecho para distraer. Esta estructurado como una ficci6n. Es una ficcién hollywoodiense. Comienza de una cierta forma, termina en un happy end. No se puede poner el final al princi- pio. Mientras que un periddico escrito puede comenzar 66 Ser periodista hoy a leerse por el final. Al final del telediario uno ya ha olvidado lo que pasaba al principio. Y siempre termina con risas, con piruetas. La persona que se dice: me voy a informar seri: mente viendo el telediario, se miente a si misma. Por- que no quiere reconocer que se deja llevar por su pro- pia pereza. El medio de comunicacidn no puede soportar por sf solo el esfuerzo que requiere informarse. Sobre todo hoy, cuando fa informacién es superabundante. Pero hay dos opciones: 0 uno quiere informarse 0 quiere saber vagamente lo que pasa. Y si se quiere informar tiene todas las posibilidades de hacerlo recomponien- do las informaciones. No existen tinicamente los periddicos, se cuenta con las revistas, los libros. Pero eso supone la voluntad de hacerlo. Es un trabajo. Para que las cosas estén claras, ni hay que ser demasiado severo con respecto al telediario, que es un género bastante superficial, ni hay que pedirle lo que no puede hacer. En treinta minutos trata una veintena de informaciones. Sin embargo, la television puede hacer muy bue- nos reportajes o emisiones especiales. El trabajo de la BBC sobre Bosnia constituye un maravilloso ejemplo de un tipo de periodismo que puede hacer este medio. Lo mismo puede decirse del documental en dos partes que emiti6 sobre la guerra de las Malvinas, que fue una guerra muy importante en la historia mediatica, porque es la guerra que sirvié de modelo a la del Gol- fo, desde el punto de vista negativo. La informacién no puede limitarse a un cierto ndimero de campos importantes, la econom(a, la politi- 67 La tiranfa de la comunicacién ca, la cultura, la ecologia. También hay que indagar en la propia informacién, en la comunicacién, Es necesa- tio que los media analicen el funcionamiento de los media. No pueden hacer como si creyeran que son el ojo que mira pero que no puede verse. Es verdad que el ojo ve y no se ve, Pero no puede aplicarse esta Metéfora a los media porque no tienen esa posicién de petiscopio o de panéptico privilegiado, Todo el mun- do les ve y todo el mundo sabe de una u otra forma que no son perfectos. Las gentes esperan que los media hagan su autocritica, que se analicen a si mis- mos. Del mismo modo que pueden ser exigentes res- Pecto a otros sectores y profesiones, ;por qué no vana serlo respecto a sf mismos? Los medios de comunicacion deben desarrollar, cada vez més, anilisis sobre su propio funcionamiento, aunque solo sea para que sepamos cémo funcionan, y para recordar que no estan a salvo de la inspeccién, de la introspeccién y de la critica. Pero este camino se Tecorre de una forma relativamente lenta porque resul- ta muy confortable juzgar a los otros sin ser Juzgado. 68 La television necr6fila El falso «scoop del siglo», difundido por la televi- sin italiana el 5 de febrero de 1998, marcaré una épo- ca sin duda alguna en la historia de los media. Aquel dia, Gianni Minoli, presentador del magazine «Mixer», un programa semanal de informacién de la RAI-2, anunci6 Ja difusién de un «documento de primer orden»: la confesién del juez Sansovino, que recono- cfa haber falseado, con la complicidad de otros miem- bros del tribunal electoral, los resultados del referén- dum de 1946, que permitio a Italia abolir la monarqufa y constituirse como una reptiblica. Al final de la emisién, y cuando el pais entero se hallaba conmocionado, Minoli desvel6 Ja supercheria: el juez era un actor, los «documentos antiguos» en blanco y negro habjan sido rodados en un estudio con figurantes. En resumen, todo era falso, salvo la pro- funda emoci6n experimentada por millones de teles- pectadores. «Quisimos mostrar», concluia Gianni Minoli, «cémo puede manipularse la informacién televisada. Hay que aprender a desconfiar de la tele- vision y de las imdgenes que se nos ofrecen.» Una leccién moral como ésta era necesaria efecti- vamente después de la revelacién, a fines de enero de 1990, de las imagenes atroces de las fosas de Timisoa- TE | La tirania de la comunicacién ra en Rumania, que resultaron ser un montaje ! en el que los cadaveres alineados bajo los sudarios no eran victimas de las masacres del 17 de diciembre, sino cuerpos desenterrados del cementerio de los pobres y ofrecidos de forma complaciente a la necrofilia de la Rumania era una dictadura y Nicolai Ceaucescu un autécrata. Partiendo de estos datos indiscutibles, una vez més la televisién se dejé evar en su cobertu- ra de los acontecimientos de diciembre de 1991 en Bucarest por sus |peores tendencias morbosas. La carrera del sensacionalismo la condujo hasta la menti- ray la impostura, metiendo en una especie de histeria colectiva al resto de los media, e incluso a una parte de la clase politica, Las imagenes de las falsas fosas de Timi- soara conmocionaron a la opinién publica, victima de groseras manipulaciones. ;Cémo es posible todo esto en una democracia, que se define también como una «sociedad de comunicacién»? E] falso osario de Timisoara es sin duda el engafio més importante desde que se inventé la television. Sus imagenes tuvieron un impacto formidable sobre los telespectadores que seguian apasionadamente, desde hacia varios dias, los acontecimientos de la «revolu- cién rumana». La «guerra de las calles» proseguia entonces en Bucarest, y el pafs parecfa correr el riesgo de volver a caer en las manos de los hombres de la Securitate, cuando «la fosa» aparecié para confirmar el horror de la represién. Estos cuerpos deformados se asociaban en nuestra ‘Le Figaro, 30 de enero de 1990. 72 La television necréfila mente a los que ya habfamos visto tendidos, amonto- nados, en los depésitos de los hospitales, y corrobora- ban la cifra de «4.000» victimas de las masacres de Timisoara, «4,063», precisaba por su parte un «envia- do especial» del diario Libération; y algunos articulos de la prensa escrita intensificaban el dramatismo: «Se ha hablado de camiones de basura transportando innumerables caddveres hacia lugares secretos para enterrarlos o quemarlos alli», informaba un periodista de la revista Nouvel Observateur (28 de diciembre de 1989). «;Cémo llegar a saber el niimero de muertos? Los conductores de los camiones, que transportan metros ciibicos de cuerpos, son eliminados con una bala en la nuca por la policia secreta para evitar testi- gos», relataba el enviado especial de la Agencia Fran- ce Press (Libération, 23 de diciembre de 1989). Viendo en la pequefia pantalla los cadéveres de Timisoara no podia ponerse en duda la cifra de «60.000 muertos» (algunos hablaban incluso de 70.000) que habria provocado en algunos dias la insurreccién rumana?. Las imagenes de las fosas comunes otorga- ban crédito a las afirmaciones mas delirantes. Difundidas a las 20 horas del sébado 23 de diciembre de 1989, contrastaban con el ambiente en la mayor parte de los hogares, en los que se preparaban las fiestas de Navidad. {Cémo no verse conmocionado por la imagen de ese «testigo», con la camisa de cua- dros, que sirviéndose de una cuerda y sujetando por ‘Como se sabe ya, el mimero de muertos, incluidos los parti- darios de Ceaucescu, no superé los 700, En Timisoara la cifra fue inferior a los 100. (Le Monde, 14 de febrero de 1990.) 73 La tirania de la comunicacién los tobillos, iza a una victima que, cabe imaginar, ha muerto bajo horribles torturas? 3. Al mismo tiempo, una serie de testimonios escritos confirmaban estas impresiones, afiadiendo detalles espantosos: «En Timi- Soara», destacaba por ejemplo el enviado especial de El Pais, «el ejército ha descubierto cdmaras de tortu- ra en las que, sistemdticamente, se desfiguraba con cido los rostros de los disidentes para evitar que sus cadaveres fueran identificados» 4. Ante esta hilera de cuerpos desnudos de tortura- dos, ante ciertas expresiones que se podfa leer sobre «metros clibicos de cuerpos», «camiones de basura transportando cadéveres»... otras imagenes Tegresa- ban a Ja memoria de forma inevitable: las de los documentales sobre los horrores en los campos de exterminio nazi. Era algo insoportable, y lo mirdba- mos casi incluso como un deber, pensando en la frase de Robert Capa, el gran fotégrafo de guerra: «Los muertos habrian perecido en vano si los vivos se negasen a verlos.» Los telespectadores dieron prueba de una pro- funda compasién por los muertos: «Muchos loraban viendo las imagenes de la fosa de Timisoara», constataba un periodista*. Otros vieron cémo nacfa dentro de ellos un sentimiento irresistible de rebelién y Solidaridad: «He visto todos esos horrores en la *'Se trataba, de hecho, del cadaver de un desconocido, encon- trado en una cloaca y que los bomberos tuvieron que enganchar por los pies para poder izarlo. + El Pais, Madrid, 29 de diciembre de 1989. ‘Le Nouvel Observateur, 28 de diciembre de 1989, 74 La televisi6n necréfila televisién», cuenta un testigo, «mientras preparaba Ja fiesta; me senti prdcticamente obligado a hacer algo», «Electrizado por el canal Cinco y France- Info», confiesa un periodista, «rabiaba; gibamos a dejar a todo un pueblo en manos de los carniceros de la Securitate? »?. Los dnimos se encendian; el editorialista Gérard Carreyrou, después de haber visto tales im4genes, janzaba desde TF-1 un verdadero llamamiento a la formacién de brigadas internacionales para «ir a morir a Bucarest». Jean Daniel, constatando «el divorcio entre la intensidad dramdtica de los hechos transmitidos por televisién y el tono de los gober- nantes», se preguntaba «si nuestros gobernantes carectan de interés en convertir sus sentimientos en acciones» §. Y Roland Dumas, entonces ministro de Asuntos Exteriores, parecia darle la razén cuando declaraba: «No se puede asistir a tal masacre como simple espectador.» De esta forma, a partir de imdgenes cuya autenti- cidad nadie se habfa molestado en verificar, se lleg6 a concebir una accién de guerra, se aludia al derecho de injerencia, y algunos reclamaban incluso una interven- cién militar soviética para aplastar a los partidarios de Ceaucescu... Se habia olvidado que, hoy en dia, una informa- cin televisada es esencialmente un divertimento, un espectaculo que se nutre fundamentalmente de sangre, Libération, 27 de diciembre de 1989. 7 Le Nouvel Observateur, 11 de enero de 1990. * Ibid. 75 La tiranfa de la comunicacién de violencia y de muerte. Por otra parte, la competen- Cia desenfrenada que experimentan las distintas cade. nas incita al periodista a buscar lo sensacional a cual- quier precio, a querer ser el primero sobre el terreno, a enviar sobre la marcha imagenes duras, incluso aun- que le sea materialmente imposible verificar si est4 Siendo victima de una manipulaci6n, y sin haber teni. do tiempo para analizar Seriamente la situacion (como fue el caso de Ios acontecimientos de Pekin en la pri- mavera de 1989). Este ritmo frenético, insensato, que impone la televisién, arrastra también a la prensa escrita y le impulsa a buscar lo Sensacional a riesgo de incu- mir en sus mismos errores 9, En contrapartida, los poderes politicos no ignoran €sa perversi6n necréfila de la television, ni sus temi- bles efectos sobre los espectadores. En caso de con- flicto armado, como es sabido, controlan estrictamen- te el recorrido de las cdmaras y no dejan filmar libremente, Un ejemplo reciente al que nos referiremos en los capitulos siguientes es la invasién norteamericana en Panama, que coincidié en el tiempo con los aconteci- mientos de Bucarest. Mientras que el nimero de muertos fue muy superior (de 2.000 a 4.000 civiles Segtin las diversas fuentes), nadie habl6 del «genoci- dio panamefo», ni de «fosas». Porque el ejército nor- teamericano no permitfa a los Periodistas filmar las escenas de guerra. Y una guerra «invisible» no impre- siona, no hace rebelarse a la opinién publica, «Nada - * Léase a este respecto Colette Braeckman, «Je n'ai rien vu a Timisoara», Le Soir, Bruselas, 27 de enero de 1990, 76 La televisién necréfila de imagenes de combates», constata un crftico de tele- visién, decepcionado por los reportajes sobre Panamé, «si acaso algunos planos confusos de soldados apun- tando sus armas hacia un pufiado de resistentes en el hall de un edificio» Panama era mucho menos «palpitante> que Ruma- nia, convertida, como el conjunto de los paises del Este tras la caida del muro de Berlin, en una especie de territorio salvaje en el que no existia ninguna ae mentaci6n en materia de rodajes. Rumania era un pals cerrado y secreto, Pocos expertos conoefan su reali- dad. Y he aqui que, en ¢l transcurso de los aconteci- mientos, centenares de periodistas |! se siiiamabeea en el coraz6n de una situacién confusa y desde alli, en unas pocas horas, y sin la asistencia de los eee agregados de prensa, tenian que Papen Ie que:pasaba a millones de telespectadores. El andlisis muestra cémo con frecuencia hacian suyos los Tumones ani tentes que, inconscientemente, reproducfan viejos mitos politicos y que, de forma perezosa, razonaban por mera analogia. Un mito domin6 el tema rumano: el de la conspi- racién. Y una analogfa: la que asimila el comuniera, al nazismo. Este mito y esta analogia estructuran 3 todo el discurso de los media sobre la «revolucién rumana». La conspiracién es la de los hombres de la Securitate» descritos como innumerables, invisibles, imperceptibles; surgiendo de la noche, de improviso, de subterraneos laberinticos y tenebrosos 0 de inac- "© Cahiers du cinéma, febrero de 1990, '\ Le Journal des médias, 5 de febrero de 1990. 7 La tiranfa de Ia comunicacion cesibles tejados. Hombres superpotentes, superarma- dos, principalmente extranjeros (sobre todo frabes, palestinos, sirios y libios) como nuevos jenizaros, huérfanos reclutados y educados para servir ciega- mente a sus amos, capaces de la mayor crueldad: por ejemplo, de entrar en Jos hospitales y disparar sobre todos los enfermos, rematar a los moribundos, destri- par a las mujeres embarazadas, envenenar el agua de las ciudades. Todos los aspectos horribles que la television con- firmaba eran, como ya se sabe hoy, falsos. Ni subterré- neos, ni drabes, ni envencnamientos, ni nifios secues- trados a sus madres... Todo eran rumores y puras invenciones. En contrapartida, cada uno de los térmi- nos de estas narraciones: «Desde un biinker misterio- so», contaba por ejemplo un periodista, «Ceaucescu y su mujer dirigian la contrarrevolucién, los batallones negros, caballeros de la muerte, que corrtan, inyisi- bles, por los subterrdneos...» '2 corresponde exacta- mente al fantasma de la conspiracion, un mito politico clasico que sirvid en otros tiempos para acusar a los Jesuitas, los judfes 0 los masones. «El subterrdneo», explica ¢l profesor Raoul Girardet, «juega un papel siempre esencial en el sistema de leyendas simbélicas de la conspiraci6n (...). Nunca deja de percibirse la presencia de una cierta angustia, la de las wampillas bruscamente abiertas, laberintos sin salida, corre: dores que se extienden hasta el infinito (...). La victi- ma ve cémo cada uno de sus actos es vigilado y espia- Le Nouvel Observateur, 28 de diciembre de 1990. 78 La televisién necréfila do por mil miradas clandestinas (...). Hombres dela sombra, del complot, que escapan por definicién a las mas elementales reglas de la normalidad social (...). Surgidos de otra parte, o de ninguna parte, los secua- ces de la conspiracién encarnan al extranjero en el estricto sentido de la expresién» ¥. Este mito de la conspiracién se ve completado por e] del «monstruo». En el pais de Dracula era facil hacer de Ceaucescu (que era, incuestionablemente, un dictador y un autécrata) un vampiro, un ogro, un sata- nico principe de las tinieblas. En el relato mitico pro- puesto por los media encarna el mal absoluto, «el ae se apodera de los ninos en la noche y que Heva ensiel veneno y la corrupcién» ', El tnico medio para com- batizlo: el exorcismo, o su equivalente, e] proceso (en “Bunjenia) spuesta Gus eatsnces wexpulsado debimists. rio, expuesto a la luz del dia y a la mirada de todos, puede al fin ser denunciado, desafiado, enfreniado» 15, Esa fue la funci6n mitica, catdrtica (y no politica) del proceso al matrimonio Ceaucescu, que antafio hubie- ran sido llevados, sin duda, a la hoguera. 2 La otra gran imagen del discurso sobre Rumania es la analogia del comunismo y del nazismo. ' Los acontecimientos de Bucarest se produjeron después de que los demés pafses del Este —con la excepcién de Albania— hubieran conocido una «tevo- lucién democratica». Algunos periodistas sintieron Raoul Girardet, Mithes et mithologies politiques, Seuil, Paris, 1986. "4 Ibfd. ‘5 Ibid. 79 La tiranfa de la comunicacién como un riesgo que el comunismo, «otra barbarie del siglo XX», junto al nazismo, acabara su recorrido his- t6rico sin que su fin pudiera ser vinculado a imagenes fuertes, simbélicas, de su «naturaleza cruel», Hacian falta, por tanto, imagenes tragicas. A lo largo de todo el ultimo trimestre de 1989, el hundi- miento del comunismo se produjo en medio de la alegria (imagenes festivas de Berlin, imagenes de los checos felices en la plaza de Wenceslao...). Lo que habia constituido una «tragedia» para millones de hombres no podia finalizar con imagenes cuféri- cas. «Serta demasiado terriblemente absurdo», escribia por ejemplo un editorialista, «gue ef comu. nismo se disuelva sin ruido y sin estallidos, por la sola renuncia de sus actores. El comunismo, ese sueho inmenso de la humanidad, ¢podia desplomar- se sin un fracaso que recordara su potencia mons- truosa?»'©. Es esta la légica que, por adelantado, hizo aceptar las imagenes de las fosas de cadaveres de Timisoara. Esta fosa venfa a confirmar finalmen- te la analogia que muchos tenfan interiorizada. «Yo habia visto, pues», exclama un Periodista ante las imagenes de la fosa, «e/ fin del nazismo y hoy vela el fin del comunismo» ". Imagenes de algtin modo necesarias. Ningtin escepticismo, ningtin sentido critico podrfa recusarlas; cafan justamente, llegaban a tiempo. Cerraban la guerra fria y condenaban para siempre al comunismo en la mente de los hombres, como las imagenes de los cam- '* Le Nouvel Observateur, 28 de diciembre de 1990. ” Thea. 80 La televisién necréfila pos de exterminio habfan condenado definitivamente al nazismo en 1945. Aunque mentirosas, esas imagenes eran verdade- ramente ldgicas. Y venian a ratificar la funcién de la televisién en un mundo en el que se tiende a reempla- zar a la realidad por su puesta en escena. 81 Ideologia del telediario Millones de ciudadanos ven cada noche un tele- diario. En casi todos los paises del mundo. Y lo hacen generalmente —las encuestas lo confirman— con gran atencién. Esta enorme audiencia (en compara- cion, supera a la de la prensa diaria, incluyendo todos los rotativos) suscita fundamentalmente dos tipos de codicias: comerciales y politicas. Publicitarios y politicos ponen sus empefios y sus deseos en este espacio televisivo, polo de atraccién de todas las miradas al comienzo de la noche, con el afan de situar, bajo la mirada convergente de los consumi- dores-electores, productos e ideas, objetos y pro- gramas. Por otra parte, los presentadores de los informati- vos de televisién, esos «amigos que llegan hasta nuestro hogar», han adquirido, desde hace aiios, una influencia desmesurada y sus comentarios (o sus humores) pue- den condicionar en un momento dado al conjunto de la opinién ptiblica. Fascinados, subyugados por una deslumbrante puesta en escena de la marcha de] mun- do, los telespectadores, los ciudadanos gson capaces acaso de resistir a esa formidable empresa de masifi- cacion? 85 | La tiranfa de la comunicacion Historia de un género El telediario nacié como género en Estados Uni- dos. Fue en junio de 1941 cuando se produjeron las primeras cmisiones Tegulares de televisién desde el mitico edifico del Empire State Bulding en Manhat- tan. El primer telediario se emitié en 1943 en Shenec- tady. Y a partir de 1947 aparecen programas diarios de informacién en la parrilla de la programaci6n habitual de la television. La creaci6n de estas emisiones Tuvo su origen en una exigencia de la Federal Commission of Commu- nications (FCC) que sélo concedia licencias de explo- tacion de emisoras de television comercial (por un perfodo de tres afios) a condicién de que se compro- metieran a producir regularmente programas informa- tivos. Muy pronto estas emisoras (agrupadas bdsicamen- te en tres cadenas 0 networks: American Broadcasting Company, ABC; Columbia Broadcasting System, CBS: y National Broadcasting Company, NBC) com. prenden que las noticias televisadas, como cualquier otro tipo de emisién, pueden convertirse en una fuente importante de beneficios, Se dan cuenta de que la competencia con los demas medios de comunicacién de masas, sobre todo la Prensa escrita, en el reparto del mand publicitario exige desarrollar precisamente la especificidad de este espacio, la informacién, y con- quistar para el seguimiento de los telediarios a millo- nes de lectores de periédicos. El sector de la informacién va a experimentar a partir de entonces un desarrollo espectacular. Al prin- 86 Ideologfa del telediario cipio, el telediario se parecia a un diario hablado de la radio: la cdmara encuadraba a un presentador que, levantando la cabeza de vez en cuando, se limitaba a leer las noticias de la jomada, redactadas por un Perio- dista. Luego se incorporaron imagenes, paiery: mapas y diagramas, después fotograffas y, por ultimo, fragmentos filmados de reportajes de actualided cuya funcién primordial era ilustrar el comentario escrito, sin ninguna continuidad entre ellos. E] recurso al material filmado, que debia ser sometido a un lento proceso de laboratorio, Privaba a la televisién de la posibilidad de ilustrar inmedia- tamente los acontecimientos tratados a lo largo del telediario, La invencién del video Hubo que esperar hasta 1957 para que la casa Ampex, al lanzar al mercado el primer muagnetoscopio (video), permitiese al fin la grabacién magnética de las imagenes y su difusi6n diferida. La television supo entonces sacarle provecho al mito principal que encar- naba: el de Ja emisi6n en directo. Multiplicé el nimero de acontecimientos (sobre todo deportivos y politicos) transmitidos en directo. En Estados Unidos, una red de repetidores hert- zianos hizo posible, desde 1951, la transmisién directa de im4genes desde una costa a otra del pais, de Nueva York a San Francisco. En 1952, la politica se incorpo- ro a la era de la televisién. «Las convenciones, repu- blicana y demécrata, de 1952 fueron un breve momen- 87 La tiranfa de la comunicacién to de gloria en ta infancia de la televisiéns, cuenta Walter Cronkite, el primer presentador de un noticia- Tio televisivo, «antes de que los politicos descubrieran su inmenso potencial Y decidieran intentar controlar- la. Por vez primera, millones de estadounidenses vie- ron la democracia en acci6n a la hora de elegir a sus candidatos presidenciales»'. La maravilla de la instan- taneidad fascind a los Primeros telespectadores y otor- 86 a los acontecimientos mostrados en el telediario Ja fuerza de una evidencia unica en los medios de comu- nicacién de masas. La transmision €n directo aumen- taba también la credibilidad de las noticias y hacia de la television (gracias al telediario) el espejo de la reali- dad, el fiel reflejo del mundo, El rey de los programas De esta forma, a lo largo de los afios sesenta y setenta, el telediario se transformé en el rey de los pro- gramas de television, en la locomotora que arrastraba tras ella a toda la Programaci6n y que, a primera hora de la noche, concentraba a la audiencia més importan- te. Su extraordinario éxito entre un publico muy amplio (en las grandes democracias, hasta mediados de los afios noventa, el 87 por 100 de los ciudadanos lo vera regularmente) reside en Parte en la eficacia de técnicas Periodisticas absolutamente especificas. ' Walter Cronkite, Memorias de un reportero, El Pais-Aguilar, Madrid, 1997, pags. 234 y 235, 88 Ideolog{a del telediario Dos limitaciones principales E| telediario tiene que superar dos limitaciones principales de orden estructural: 1) no puede rebasar demasiado los treinta minutos de duracién (veinte en Estados Unidos), ya que el esfuerzo de atencién gel telespectador es limitado. 2) tiene que forzar al teles- pectador a verlo completo, con todas sus secniones, por diferentes que sean (politica nacional, interna- cional, economia. deportes, cultura, etc), mientras que un lector de periddico siempre tiene la posibilidad de saltarse lo que no le interesa y comenzar a informarse donde quiera. = Estas irailac ones imponen al teleperiodista la necesidad de ser breve pero interesante; tiene que hacerse entender y ser capaz de captar el interés; ser sencillo y espectacular, didactico y MECHSE tiene que elaborar su texto teniendo en cuenta el minimo deno- minador comtin de la audiencia en materia cultural, para que le entienda el mayor numero posible de telespectadores. oi Como puede suponerse, se trata de un jeutenace reto, ya que treinta minutos de telediario eaenuaien: en texto escrito, a una sola pagina del diario E/ Pais, por ejemplo. De abf la necesidad de abordar tan s6lo un mimero muy reducido de acontecimientos y de tratar- los tinicamente de forma muy escueta, superficial. Simplificacién y siniesis Generalmente, las informaciones estan sintetizadas 89 La tiranfa de la comunicacién al maximo, reduciéndose a una Pequefia retahfla de fra- Ses-clave, con el fin de insistir mucho en el hecho dominante de Ja jormnada y enel 4nimo que se trata de inspirar, El telediario dice la noticia y, al mismo tiem- Po, nos dice lo que hay que pensar de esa noticia. En ese sentido, se trata claramente de un prét-d- Penser que, mediante el cardcter espectacular de las imagenes reproducidas y el énfasis del presentador, se Nos ofrece bajo la apariencia de un espectaculo atracti- Vo, fruto de una sabia dramaturgia. Asi lo ha reconocido, Por ejemplo, uno de los pre- sentadores mas célebres de los telediarios franceses, Roger Gicquel: «La eleccién de las informaciones se hace en funcion de una eventual composicién dramdti- ca con eventuales noticias de impacto. Es esa drama- turgia, inherente a la informacién, la que yo exploto.» Triunfo de las leyes del espectéculo Insensiblemente, las leyes del espectaculo man- dan sobre las exigencias y el rigor de la informacion. Las soft news (sucesos, deportes, alegres notas finales, anécdotas...) son, 2 menudo, mas importantes que las hard news (temas politicos, econémicos o sociales de verdadera gravedad). Y la fragmentacion sutil de la actualidad en un mosaico de hechos separados de su contexto tiene como objetivo Principal distraer, diver- tir en funcidn de lo accesorio. Y evitar que se reflexio- ne sobre lo esencial a partir de la informacién. El recurso a especialistas, a reportajes y entrevis- tas, pretende dar un sello de autenticidad a Jo que no 90 Ieeologfa del telediario es mds que una serie de aseveraciones apresuradas y, a menudo, de un simplismo demoledor. Estas caracte- risticas, que son comunes a los telediarios de la noche (19 h, 20 h, 20,30 h o 21 h), pueden estar més 0 menos acentuadas. En algunos casos, si las informa- ciones estén muy fragmentadas y dispersas, tendre- mos un telediario de noticias de corte tradicional, que prescinde de cualquier explicacién seria y que abunda en la mayoria de los estereotipos. En otros, si e] nimero de secciones se limita a los temas tratados con mayor profundidad, el telediario se asemeja a una emisién tipo revista de actualidad, donde las cuestiones son planteadas con menor brevedad, dando un papel pre- ponderante al aspecto visual. Las imagenes: un problema A menudo, las imagenes constituyen un problema porque el aspecto visible de los acontecimientos no explica su esencia o su complejidad. Los hechos real- mente serios suelen ser dificilmente representables en imagenes. ;Cémo ilustrar, por ejemplo, la inflacién, si no es mediante los eternos planos de las etiquetas de los precios de los supermercados? Inevitablemente, ¢] telediario da prioridad a las imagenes espectaculares —incendios, disturbios, vio- lencia en las calles, catéstrofes, guerras— y, condicio- nado por esa seleccién, realizada en nombre de la cali- dad visual, se ve condenado a favorecer lo anecdético y lo superfluo, a especular con las emociones insis- tiendo en la dramatizacién. On La tirania de la comunicacién Ante la carencia de imagenes sobre alguna situa- ci6n, ciertas cadenas han intentado fabricarlas artifi- cialmente, produciendo falsos documentos. El caso mas célebre de trucaje fue el que organiz6, en 1962, la NBC en Berlin, cuando costed la construccién de un tinel bajo el Muro para filmar todas las fases de una pretendida evasion al Oeste. También los presentadores de telediarios (o las cadenas de informaci6n continua, como Cable News Network, CNN) lanzaron, a finales de los afios ochen- ta, Hamamientos a los videoaficionados para que les vendiesen sus imagenes relacionadas con la actuali- dad. Algunas de ellas tuvieron consecuencias impor- tantes, como las que mostraron al candidato demécra- ta a la presidencia de Estados Unidos, Gary Hart, a bordo de un yate en compaiiia de una amante, y que significaron el final de su carrera politica. O las que mostraron en Los Angeles cémo unos policfas blancos apaleaban a un conductor negro, Rodney King, y que desataron los motines raciales m4s violentos de la his- toria reciente de Estados Unidos. Informacion y show-business En el film de Sidney Lumet Un mundo implaca- ble (Network, 1976) los productores del telediario llegan incluso a firmar un contrato con un grupo de terroristas para tener los derechos exclusivos de fil- maci6n en directo de sus fechorias y su secuestro de tehenes. Esta pelfcula describe muy bien, por otra parte, los vinculos existentes entre el tratamiento 92 Ideologia del telediario televisado de la actualidad y las reglas del show- business. En Apocalypse Now (1979), de Francis Ford Cop- pola, se ve a un operador de noticiarios (interpretado por el propio Coppola) que pide a los soldados en ple- na batalla que «no miren a la cémara» para que las tomas tengan un aire atin mds veridico... A veces, la presencia in situ de equipos de televi- sién desencadena, especialmente en casos de manifes- taciones masivas, una efervescencia artificial voraz- mente filmada por las cdmaras. Los reporteros llegan en cierto modo a dirigir cinematograficamente los comportamientos de las masas con objeto de dramati- zar mejor el acontecimiento. Un caso de dramatizacion Durante la época de la crisis de Iran —de diciem- bre de 1979 a enero de 1980—, con motivo del secues- tro de unos rehenes norteamericanos por parte de los estudiantes islamicos en el edificio de la embajada de Estados Unidos de Teheran, una multitud de curiosos adquirié la costumbre de congregarse ante las rejas de la embajada. Alli reinaba un clima de feria: tenderetes de comidas, quioscos de té, vendedores de refrescos y de cacahuetes, voceadores de periddicos, ristras de retra- tos de Jomeini, etc. El ambiente era relajado y pactfi- co. Pero bastaba la aproximacién de una camara de televisién para que la atmésfera cambiase completa- mente: los rostros se inmovilizaban y se alzaban los pufios. Como habrian hecho los extras profesionales de una superproduccién cinematogréfica, después de 93 La tiranfa de la comunicacién una pausa para tomar café, la muchedumbre volvia a representar, mientras duraba el rodaje, e! papel que el telediario deseaba: expresaba cl odio y la célera, la amenaza y la exaltacién, en una palabra: el célebre sfanatismo musulmén, Esto permitié dramatizar el comentario sobre la crisis de Teherén y poner mayor énfasis en el peligro que corrfan los rehenes norteamericanos. La compli- cidad entre la multitud y los periodistas habia alcan- zado, al cabo de los dias, tan alto grado de acuerdo, que la periodista Elaine Sciolino podfa describirla asf en Newsweek: «La multitud esté actualmente tan Sofisticada que agita sus pufos en silencio mientras el operador regula sus objetivos. Sélo empieza a sol- tar alaridos cuando entra en escena, con su micro- fono, el técnico de sonido...» Gracias a este tipo de im4genes, el telediario puede crear historias, relatos dramaticos, sobre un acontecimiento de actualidad, Agencias de imdgenes Este tipo de imagenes determina el tono, el estilo de Ja inmensa mayoria de los telediarios que su fuente, su procedencia, es muy limitada. Basicamente son tres 0 cuatro las agencias inter- nacionales que se disputan el mercado de las imagenes de actualidad: Visnews (briténica), WIN (anglo-nor- teamericana), CBS (norteamericana) y CNN (norte- americana). La mas poderosa y, por tanto, la mAs influyente, es Visnews (controlada en gran parte por la 94 ate Ideologia del telediario agencia de prensa financiera Reuters) que envia todos los dfas a varios centenares de cadenas de televisién de més de cien paises las im4genes mds espectacula- res, las mas sensacionales, las mds universalistas, fil- madas por sus reporteros situados cn los mas remotos «puntos calientes» del planeta. Las cadenas piblicas europeas dependen de la red de intercambios de la Unién Europea de Radiofusién, el EVN (Electronic Video News). Todas las mafianas tiene lugar en Bruselas una especie de Bolsa de ima- genes; las televisiones de los paises europeos y las agencias internacionales proponen allf sus reportajes sobre los temas de actualidad. Cada cadena nacional recibe la lista redactada por télex o fax y clige. Inme- diatamente se le transmiten las imagenes, que s6lo tendrén que ser montadas en el magnetoscopio para darles un cierto tono casero. Especiacular a toda costa El defecto de este sistema es evidente: para ser ampliamente aceptadas —condicién indispensable de rentabilidad—, las imagenes de agencia tienen que ser espectaculares a toda costa e interesar al mayor nime- to de telespectadores. Tienden a poner mayor énfasis en el aspecto exterior del acontecimiento, en la anéc- dota, el escandalo y la acci6n (violencia, sufrimiento, sangre, muerte), que en las ideas o en las explicacio- nes. Por otra parte, evitan la polémica y la controver- sia, y se presentan como apoliticas y universales lo que, a menudo, reduce su interés. 95 La tiranfa de la comunicacion Por ‘iltimo, su supeditacion a la actualidad, en el sentido mas coyuntural, les obliga a volver constante- mente, ciclicamente, sobre cuestiones y regiones repe- titivas (Oriente Medio, el Golfo, Bosnia, Ruanda, el terrorismo, los atentados, los conflictos, las guerras...) descuidando el tratamiento y la informacién sobre la situacion de muchos paises, especialmente del Sur, 0 la informacién sobre las «catdstrofes suaves», como la miseria, el hambre, el analfabetismo, el paro; o los desastres ecoldgicos «invisibles», como el aire con- taminado, el efecto invernadero, la desertificacién, etcétera, Un entretenimiento hollywoodiense Concebido, en definitiva, como un entretenimien- to, este telediario de modelo hollywoodiense dedica una atencién desproporcionada a las pequefias noticias que giran en torno a la forma de vida de los individuos y que ofrecen una vision del mundo mas apetecible, menos sombria, menos desesperada. Su objetivo es provocar emociones: angustia, dolor, euforia, horror, Sorpresa... Esa es la materia esencial de los teledia- Tios. El ritmo de esta «espectacularizacién» del mundo no deja nada al azar, es el resultado de una exacta dosificacién de tensiones, de dramas, de esperanzas y de consuelos. Esta dosificacién adopta como modelo los criterios draméaticos de los films norteamericanos de la serie B, elaborados en Hollywood en los afios treinta, seguin los cuales, la regla de oro para mantener 96 , Ideologia del telediario en suspenso a un publico muy amplio consiste en introducir un impacto dramatico cada diez minutos, seguido de una secuencia mas tranquila Como en aquellos films, se procura no terminar con una nota trégica o excesivamente grave (la audien- cia se quedaria abatida). Las leyes del happy end (final feliz) exigen terminar con una nota optimista, una anécdota divertida. Ya que la funcién del telediario tiene algo de psicoterapia social debe, por encima de todo, infundir esperanza, tranquilizar sobre las capaci- dades de los gobernantes-nacionales, inspirar confian- za, suscitar el consenso, contribuir a la paz social. La estrella principal La logica del show-business, de la dramatizacion y de la transformacién del telediario en verdadero espec- taculo, ha estimulado la aparicién de vedettes. Algunos periodistas de televisidn se han convertido en auténti- cas estrellas. En nombre de esta Iégica, y a fin de que el espectaculo gane en coherencia, los telediarios norte- americanos, desde el principio de los afios sesenta, estan organizados en torno a un presentador unico (el anchor- man?, hombre-ancla), que mantiene la coherencia del informativo. En su libro de memorias, Walter Cronkite cuenta como la palabra anchorman fue creada por el presidente de la CBS Televi- sion News, Sig Mickelson: «De hecho, probablemente fuera él el primero en utilizar la palabra anchorman, que venta a significar presentador 0 gancho. Desde luego fue él, 0 fue nuestro productor oT La tiranfa de la comunicacién Esta especie de «anispice» garantiza la unidad de tono y humaniza el discurso periodistico. Gracias a él. las informaciones dejan de parecer dispersas y ie en dimensién humana, adquieren, en el sentido estric- to de la palabra, un rostro. En Estados Unidos los pri- meros presentadores tinicos fueron Walter Cronkite, de CBS y, después, Barbara Walters, de NCB, feu deras instituciones, simbolos de la television cuya popularidad fue inmensa hasta mediados los afios ochenta. Como lo es hoy, por ejemplo, la d Rather, de CBS. pik 7a Walter Cronkite Walter Cronkite fue sin duda el Periodista mas famoso del mundo audiovisual hasta su jubilacién en 1983. Durante diecinueve afios comenté diariamente (de lunes a viernes) las informaciones de la noche por la cadena Columbia Broadcasting System (CBS) a las 19 horas, desde Nueva York. Su telediario tuvo un indice de audiencia muy superior al de sus competidores de ABC y NBC. Se estimaba que veintidés millones de noite- americanos vefan cada noche «el fenémeno Cronkite». A sus sesenta y tres afios seguia fascinando a los teles- para fas conversaciones, Paul Levitan. Cada uno tiene sus parti- darios. Recuerdo que of a Paul explicar el término por vez prime- 7a. Hacta referencia a la persona de un equipo de relevos que lle~ va el testigo en el iiltimo tramo. Entonces Sig dijo que hacta referencia al ancla fija que mantiene un bote en su sitio. En todo caso, su significado ha quedado alterado para siempre, y yo fui él primero en ostentar el nombre». Ibfd, pags. 230 y 231. 98 nastcanneabiiae Ideologfa del telediario pectadores como el primer dfa, con su encanto de siem- pre algo pasado de moda, su misma sonrisa tranguiliza- dora y directa, su mirada franca y maliciosa. Walter Cronkite posefa un peso politico considera- ble. Durante la crisis de Watergate, la toma de posicién de su telediario fue decisiva para la caida del presiden- te Richard Nixon. Fue Cronkite quien, por primera vez, hizo dialogar, en doble conexién, durante su tele- diario, al presidente de Egipto Anuar El Sadat y al primer ministro israeli Menahem Begin. Y fue en el transcurso de esta emisién cuando el presidente egip- cio se comprometié a acudir a Jerusalén. En la lista anual de las treinta personas de mayor influencia en Estados Unidos, establecida en 1980 por el semanario US News and World Report tras consul- tar a mil quinientos sesenta y nueve «importantes» (miembros del Congreso, empresarios, sindicalistas), Walter Cronkite quedo en octavo lugar. Mejor situado que algunas personalidades politicas de primer orden, como Cyrus Vance (que entonces era secretario de Estado), Warren Burger (presidente del Tribunal Supremo), Edward Kennedy (que qued6 en decimo- cuarto lugar) y el propio presidente Ronald Reagan (vigésimo sexto lugar). El presentador: la informacién principal Mucha gente elige ver el telediario de una u otra cadena por simpatia hacia su presentador. Lo impor- tante ya no es la.situacion en Argelia, en Bosnia 0 en Ruanda, sino cémo Dan Rather, 0 cualquier otro pre- 99 La tiranfa de Ia comunicacién sentador, va a reaccionar ante estas situaciones. El periodista pasa a ser asf la informacién principal, Y deja al ptiblico fascinado Por su maestria inte- lectual. Da la impresi6n de estar muy atareado frente a su mesa, donde se ven algunas cuartillas; eva un boligrafo en la mano, habla bien. Esto es Jo que mas impresiona. Algunos telespectadores creen que impro- visa 0 que se ha aprendido el texto del telediario de memoria, lo cual también les Mena de asombro. Igno- ran que simplemente esta leyendo el texto en un apa- rato inventado en Estados Unidos: el teleprompter 0 autocue. El teleprompter El texto del presentador, mecanografiado en una banda de papel de nueve centimetros de ancho (para que el movimiento horizontal de sus pupilas sea prac- ticamente inapreciable) pasa por el objetivo de una camara de video en miniatura, La velocidad de esta cinta es controlada por un asistente, que ha mecanografiado el texto y conoce el ritmo de lectura del presentador, Pasado al revés por un monitor de video colocado horizontalmente, el-tex- to refleja y pasa al derecho, mediante un juego de espejos, por un cristal inclinado ac arenta y cinco rados. El conjunto monitor-cristal esté incorporado a la cdmara que encuadra de frente al periodista. La camara filma a través del cristal, sin la interferencia del texto que el presentador va leyendo mirando direc- tamente al objetivo. Ideologia del telediario ‘El teleprompter ha liberado al periodista de las cuartillas escritas que antes tenfa que consultar cons- tantemente, levantando y bajando la vista. Ahora pue- de poner su soltura al servicio de una mayor seduc- cién. Se esfuerza por captar la atencién, vende su artfculo: «Yo soy un vendedor», reconoce Patrick Poivre d’Arvor, el mas célebre presentador de teledia- rios en Francia, «vendo productos que los demas han preparado, puesto a punto; yo los lanzo lo mds hones- tamente que puedo.» Narrador omnisciente El presentador se convierte asf en el narrador omnisciente del folletin de la vida. Multiplica los sens doacontecimientos (una falsa noticia més una rectifi- cacién equivalen a dos informaciones... y dan, ade- mas, apariencia de seriedad) no dudando en Provocar él mismo los hechos sobre los que, a continuacién, reflexiona. El es, finalmente, la garantia de la credibi- lidad del telediario. El publico confia en él, lo que dice es la verdad. Historia de la credibilidad La informaci6n audivisual ha pasado por tres fases histéricas. A cada una de ellas corresponde un tipo de retérica de la credibilidad. : 1) Por ejemplo, en el noticiario suictnatograticn, que en Espafia se Ilamé No-Do, la credibilidad surgia 101 La tiranfa de la comunicacion del hecho de que las imagenes eran comentadas por una voz en off anénima. Esta voz daba el sentido a las imagenes. Decia lo que vefan los espectadores, lo que tenfan que ver. Su anonimato credibilizaba el discurso cinematografico, ya que era la voz de una instancia 0 de una alegorfa: la informacién. Esta voz anénima (masculina en todos los casos) tenfa una funcién casi divina: la de saberlo todo. 2) En él telediario de tipo hollywoodiense, con presentador tinico, la credibilidad esté basada en un mecanismo exactamente opuesto al precedente. En el no anonimato del informador. Aqui quien me informa —el presentador 0 la presentadora— tiene nombre y apellidos, tiene rostro. Me mira a los ojos, me habla con franqueza, establece conmigo una relacion de fuerte proximidad. Es mi amigo, entra en mi casa todas Jas noches. Esta relaci6n de confianza es la base de la credibilidad en lo que me dice. 3) En los informativos de tipo CNN, de informa- cin continua, la credibilidad no se basa en ninguno de los dos mecanismos anteriores. Ni en una voz an6ni- ma, ni en el rostro amistoso de un presentador, sino en la capacidad tecnolégica de conectarse en directo con el acontecimiento. Esta posibilidad asombrosa de rea- lizar la «ubicuidad absoluta» fascina al telespecta- dor, que cree asistir en directo, y en tiempo real, a los hechos. El mismo los ve con sus propios ojos, por tan- to no puede equivocarse. El efecto tecnolégico le hace . pasar de espectador a testigo, y esto le hace creer en lo que ve, 102 Ideofogia del telediario Una fuente de beneficios La evolucién del estilo de los telediarios, el énfa- sis puesto sucesivamente en la dramatizacién y en la espectacularizacién de las informaciones, asf como la personalizacion de los presentadores, transforms esta emisiGn en un entretenimiento muy apreciado por una audencia amplisima. El aumento del indice de audiencia desperté e] interés de la publicidad, que comprime a los teledia- rios entre una interminable serie de anuncios comer- ciales al principio y al final de cada emisién (en Esta- dos Unidos, hay ademés dos espacios publicitarios durante el transcurso del telediario) 3. Para algunas cadenas, el 80 por 100 de los ingresos publicitarios procede de los anuncios comerciales emitidos antes y después del telediario de la noche. Los telediarios son, pues, en primer lugar, una fuente de beneficios para muchas cadenas. Sélo des- pués viene la preocupacion de informar. Creibles y fiables Contrariamente a lo que podria creerse —ya que la televisién es, para muchos, la expresién del Estado 0 del gobierno (cuando es piiblica) 0 de los intereses comerciales (cuando es privada)— la mayoria de las 5 En Espaiia, los telediarios de las cadenas privadas Antena 3 y Tele 5, asf como de las emisoras autonémicas, son también in- terrumpidos por la publicidad. (N. del T.) 103 La tiranfa de la comunicacién encuestas revela que, a pesar de un descenso reciente de su credibilidad después de las mentiras de la guerra del Golfo, los telediarios son generalmente considera- dos como fiables. Mucho mas que cualquier otra fuen- te de informacién. La CNN Esta simpatfa del piiblico por las informaciones televisadas no pasé desapercibida a un hombre de negocios norteamericano, Ted Turner, que en 1980 creé una cadena de televisién por cable, Cable News Network (CNN), dedicada Por entero a la informa- cién. La CNN emite programas de informacién desde Aulanta, en el estado de Georgia (sede también de la Coca Cola Company...), veinticuatro horas sobre Yeinticuatro. Sus emisiones comenzaron el 1 de junio de 1980. La CNN fue integrada en 1996 cn el grupo Time-Wamer, el mds importante del mundo de la comu- nicacién. Su financiacion esta asegurada por la publi- cidad, y dispone actualmente de concesiones en cinco Satélites de telecomunicaciones, que le permiten difundir —caso tinico en el mundo, junto con el de la cadena musical MTV— en los cinco continentes. Es cl Primer ejemplo de informacién global. 104 Ideologia del telediario El Sur, un infierno y un paraiso {Cémo referirse al Sur en este contexto? Bl Sur estd mds ausente que nunca, puede decirse que no est4 presente en nuestros canales digitales si no es como tema, como objeto. Y no como sujeto. No como pro- ductor de imagenes, sino como soporte de imagenes en la medida en que es actor de la informacién, En este sentido, cualquier observador se da cuenta de lo que le supone al Sur carecer de capacidad para produ- cir imagenes, En las pequefias pantallas de nuestros pafses, el Sur esta presente esencialmente en dos registros, en dos atmésferas comunicacionales. 1) La primera es, precisamente, en los telediarios. Con motivo de acontecimientos negativos de cual- quier tipo, catastrofes naturales —terremotos, incen- dios, inundaciones, erupciones volcdnicas, huracanes, sequias— el Sur est4 presente sobre todo cuando esos desastres acarrean drama, sufrimiento y muerte, O bien cuando hay desérdenes de tipo politico: guerras civiles, guerrillas, insurrecciones, golpes de Estado, matanzas, ejecuciones. El Sur irrumpe en los teledia- rios casi exclusivamente en el caso de catastrofes poli- ticas o naturales. Para los ciudadanos-telespectadores que ven los telediarios, el Sur es esencialmente un infierno. Es un lugar donde ocurren todos los cataclis- mos, todos los desérdenes, todas las violencias. 2) Hay otro discurso que habla del Sur en el siste- ma comunicacional: el discurso publicitario. La publi- cidad habla del Sur de manera simétricamente opues- ta. Habla de paisajes maravillosos, de playas impolutas, 105 La tiranfa de la comunicacion de cielos majestuosos, de naturaleza virgen, de aborf- genes afables, sonrientes y serviciales. Es decir que, en general, la publicidad habla del Sur como de un paraiso. Por tanto, en nuestro sistema comunicacional, el Sur es un infiemo o un paraiso pero jamas un espacio normal, con pueblos normales. Como, Por ejemplo, cuando nuestro sistema comunicacional habla de nosotros. Cuando la television habla del Norte, habla de huelgas y de conflictos, Pero también habla de debates politicos, de resultados electorales, de la situa- cién econémica, de la vida cultural, etc, Del Sur no se habla nunca en términos neutros, ordinarios, porque no tiene la capacidad de emitir su Propio discurso sobre si mismo en direccién al resto del mundo. Esta es una de las Consecuencias de su ausencia en el gran contexto comunicacional. Hoy el Sur —pensemos, en particular, en el Africa negra— ha salido de las preocupaciones del mundo desarro- llado, Por eso el Sur no tiene importancia en si. Sélo tie- ne importancia en la medida en que el Norte esté pre- Sente o en cuanto los intereses occidentales (en tomo al petroleo y el gas) estén involucrados. éQuién habla ahora de la guerra del sur de Sudén? zQuién habla de la guerrilla de Timor Este? Practicamente nadie, pese 4 que son guerras en las que hay muertos cada dfa. Este es un elemento que verifica lo que se ha sefialado antes. No solamente hay muertos que interesan, tam- bién hay muertos que no interesan. Puede haber excepciones, hay ocasiones en las que el discurso humanitario también circula; el tele- 106 Ideologia del telediario diario tiene siempre un cierto discurso humanitario; pacifista oficialmente, pero pocas veces insistird en aspectos que proporcionarfan una informacién profun- da sobre paises en los que «no ocurre nada», es decir, donde no hay cataclismos, desastres, guerra civil, etc. Sin embargo, la televisién realiza en ocasiones excelentes documentales sobre Estados 0 regiones del Sur, y si uno los ve puede aprender mucho. Pero, cla- ro, la audiencia de este tipo de documentales y la audiencia del telediario no se pueden comparar. La primera es mucho mds pequefia. Indiscutiblemente, podemos decir que, en este aspecto, la prensa escrita informa mucho mejor que el telediario. Sin embargo, no contextualiza esa informacién. Esa es la incapaci- dad en la que se encuentra la prensa escrita en ¢l pano- rama informacional de hoy. La informacién del pobre La credibilidad de las informaciones televisadas es mas elevada en la medida en que el nivel socioeco- nomico y cultural de los telespectadores es mas bajo. Las capas sociales mas modestas apenas consumen otros medios de comunicacién y casi nunca leen periddicos; por eso no pueden cuestionar, llegado el caso, la versién de los hechos propuesta por la televi- sion, El telediario constituye la informacién del pobre. En eso estriba su importancia politica. Manipula mas facilmente a los que menos defensa cultural tienen. 107 La tirania de la comunicacién Una fabrica de opinién pitblica Censura, distorsién, personalizacién y dramatiza- ci6n: estas son las cuatro plagas principales de los telediarios de tipo hollywoodiense. Estas tareas Tepre- sentan otros Lantos tributos que hay que pagar para la conversién de la informacién en espectdculo, y su deriva en «culebrén». La cascada de noticias fragmentadas produce en el telespectador extravio y confusién. Las ideologfas, los valores, las creencias se debilitan. Todo parece verda- dero y falso a la vez. Nada parece importante, y esto desarrolla la indiferencia y estimula el escepticismo. La solucin para este estado de cosas no es facil. Y lo peor es que, probablemente, una apropiacién democratica de los telediarios no modificaria funda- mentalmente su naturaleza, ya que es su forma natural de desglose y de interpretacién del mundo —més que el contenido (transformable) de las informaciones— Jo que hace que el telediario masifique. No deja que nadie se forme su opinién. Para que todos reproduzean la llamada opinién publica. Un género en crisis Van a desaparecer los telediarios? Sin duda algu- na. Al menos bajo la forma de esas solemnes misas vespertinas que nos proponen atin en Europa las gran- des cadenas. En Estados Unidos este tipo de emisiones ha entrado ya en crisis (y la experiencia nos muestra que en materia de televisién este pais siempre va por 108 renivtisatiatinlscteaaehiniii Ideologfa del telediario delante). Entre otras razones, a causa de la competen- cia de las cadenas digitales especializadas, de Internet, de la bajada importante en la audiencia de las tres principales redes generalistas (ABC, CBS, NBC) y del muy elevado coste de la produccién informativa. Bajo el reinado de la informacién-espectaculo, la puesta en escena se impone a la realidad. la verdad se configura mediante falsas reglas. En este sentido, un modelo de televi: ya como condenado. En principio, un pequefio mimero de grandes cadenas se proponian mostrar, globalmente, el mundo exterior a los telespectadores. Dos tipos de emisiones reinaban entonces: las peliculas de cine y los telediarios. Desde hace poco tiempo, la nueva televisién impone un modelo diferente. Es multipolar y el ntime- ro de estaciones emisoras tiende a aumentar sin cesar. Su principal caracteristica estriba en situar su propio universo en el centro de sus preocupaciones. El mun- do de la televisién se convierte en el sujeto principal de esta nueva televisién, de ahf la importancia de las estrellas de la pequefia pantalla, de las emisiones rodadas en el platé y del papel de protagonista que se reserva al telespectador. En resumen, la televisin se concentra en torno al tinico tema que interesa al mayor ntmero de telespec- tadores y que, con frecuencia, constituye su tnica cul- tura: la propia television. La emisiones dominantes son ya los telefilmes, los juegos y un tipo de progra- mas (reality shows) en los que la vulgaridad se rein- vindica explicitamente como el lazo fundamental de comunicacién con el ptiblico. in aparece 109 La tiranfa de la comunicacion Este tipo de concentracién egocéntrica convierte en cada vez mas caducas a las emisiones de informa- ci6n en las que, a pesar de todo, el mundo exterior sigue siendo el objetivo principal (de forma significa- tiva los créditos y el decorado de los telediarios pre- Sentan siempre un mapamundi 0 un globo terréqueo), La mayor parte de las cadenas de mas reciente apari- cidn, tanto en Europa como en otros lugares, ya no Presentan més que cortos flashes de noticias, con fre- cuencia lefdos por un periodista y con una ausencia casi total de imagenes. La relaci6n con la verdad {Como sec ha Ilegado a esta situacién cuando, has- ta el momento, las informaciones televisadas se halla- ban en el centro del debate sobre el medio y figuraban a la cabeza de las preocupaciones de los dirigentes de los paises? Para muchos de ellos, la conquista del poder significaba, hasta hace muy poco, el dominio de Ja television y la posibilidad. fantasmagorica, de mani- pular a la opinion publica mediante las informaciones, La fractura del antiguo modelo teleyisual parece a todas luces haber dado fin a esta quimera. Sin embargo, también hay que decir que la emi- sién de informaciones —en primer lugar los teledia- rios— ha cambiado poco a poco de naturaleza y modi- ficado su propio discurso, Las leyes del espectaculo y de la puesta en escena han ocupado el lugar mas importante y conmocionado las relaciones con la rea- lidad y con la verdad, 110 Ideologia del telediario El punto de inflexi6n se sitia sin duda alguna tras el fin de la guerra de Vietnam. Este conflicto marcé el apogeo de un cierto «voyeurismo» informacional. Las cémaras de los reporteros de la televisin se pegaron al terreno de la accién y mostraron de forma cruda los sufrimientos de los combatientes. Unas im4genes que otorgaron a esa guerra toda su aura épica. Los teles- pectadores pudieron asistir a la derrota del imperio. Y todo el mundo recuerda aquellas trégicas imagenes de helicépteros derribados sobre el mar durante la caida de Saigén en 1975, que favorecieron un giro en la opi- nién contra los responsables politicos. Para el poder, Ja televisién alcanzaba de esta forma los I{mites de su libertad para mostrar la actualidad. A partir de ese momento, y no solamente en Esta- dos Unidos, las imagenes de guerra iban a ser objeto de un control estricto. De algunos conflictos sencilla- mente no habré im4genes. Y cuando se conoce la pasion obsesiva de los telediarios por la sangre y la violencia, puede imaginarse la frustracién de las cade- nas emisoras. Por ejemplo, en lo que respecta a la gue- rra de las Malvinas por parte del Reino Unido, a la invasién del sur de Libano por Israel, 0 a la ocupacién de Granada por Estados Unidos, nada de imagenes, 0 en todo caso imagenes «limpias»: soldados correctos, prisioneros respetados, violencia nula. Podemos citar un ejemplo que implica indirecta- mente a Francia: la guerra del Chad en 1988. Qué no se habrd dicho de las espectaculares victorias de las tro- pas de Hisséne Habré sobre las del coronel Gaddafi. Los «raids fulminantes» y el «desastre hollywoodien- Se» teniendo como telén de fondo «la serena majestad 111 La tiranfa de la comunicacion del desierto» iban a tener una magnifica cobertura, ple- namente cinematografica, y permitir tomas sensaciona- les en la €poca de la informacién-espectaculo. Pero, como pudo constatar todo el mundo, las imagenes de €stos combates no fueron vistas (los Primeros reportajes que offeci6 la televisién francesa —rodados por el ejér- cito chadiano—no mostraban [dos semanas después de los hechos] mas que tomas de material militar y de pri- sloneros capturados durante la toma de Faya-Largeau), Los poderes desconfian de la fuerza de las image- hes, porque pueden empafiar las mds bellas victorias. éQué impresién habrian producido sobre la opinién Piblica las imagenes de soldados israelfes, en Tiro 0 en Sidon, maltratando en 1982 a civiles, encerrando en campos a millares de hombres enjaulados, en resu- men, comporténdose como cualquier ejército en tierra conquistada? O las de los ?. 9 Umberto Eco, La Guerre du faux, Grasset, Paris, 1986. 119 Mitos y desvarios de los media Durante seis meses (entre agosto de 1990 y febre- ro de 1991) la atencién del mundo se concentré en tor- no a la crisis del Golfo. Dirigentes del planeta, media y ciudadanos siguieron dia tras dia la dramatica evolu- cién del problema mas grave de la politica interna- cional desde el final de la segunda guerra mundial que desembocé, a partir del 17 de enero de 1991, en un con- flicto de gran envergadura. En numerosos paises —Europa occidental, mundo drabe-musulman, Estados Unidos, ..— la vida cotidia- na se vio conmocionada. En unos casos por el temor a posibles atentados, en otros, por el deseo de acompa- fiar sentimentalmente a las fuerzas enfrentadas en el conflicto. La economia, los transportes, el ocio, sufrie- ron una fuerte sacudida. Hasta tal punto, que los ana- listas de la vida politica consideraron esta grave crisis como un corte entre dos épocas. No s6lo marcé el verdadero final de Ja guerra fria, sino también, de forma indudable, el umbral de una nueva era politica, cuyos limites no se perciben toda- via con claridad, pero que se caracteriza claramente por dos 0 tres datos-clave. En primer lugar, el fin del mundo bipolar. Es decir, el fin de un mundo dominado militarmente por la riva- lidad entre Estados Unidos y la Unién Soviética (la 123 La tiranfa de la comunicacién Rusia que ha sucedido a ésta ha reconocido por su par- te que la inmensidad de sus problemas internos le obliga a concentrarse sobre ellos y a desertar de los multiples frentes abiertos en el planeta). Segunda caracterfstica: sobre las ruinas de este hundimiento ideolégico del Este se erige ahora la hege- monja de un sistema de pensamiento, el ultraliberalis- mo econémico, que tiene la vocacién de expandirse Por todo el planeta y ocupar —en particular en el Este, pero también en el Sur— el espacio que ha dejado libre el socialismo de Estado. Tercera caracteristica: una guerra comercial de nuevo tipo enfrenta entre si a los tres polos més ricos de la Tierra: América del Norte (Estados Unidos, Cana- da y México), la Unién Europea (UE) y la zona Japén- Asia-Pacifico (a pesar de las crisis financieras que han venido sacudiendo a la region desde el verano de 1997), Finalmente, hay que destacar gue el conjunto de estas caracteristicas aparecié al término de una déca- da, Ja de los ochenta, cuyas particularidades dominan- tes habrfan sido la globalizacién de la economia y la irrupcién de las nuevas tecnologfas informaticas, que ha conmocionado, a través de la inervacién de todas las redes, a los ambitos del poder, la economia, la pro- ducci6n y la cultura, Dicha mutacién produce en sf misma un cambio de era y hace envejecer comparati- vamente a todos los demas modelos, relegando atin més a los paises pobres del Sur a la periferia mds dis- tante del mundo rico y desarrollado. El conjunto de estas rupturas politicas, cientificas, econémicas y culturales no ha sido «pensado» atin, 124 Mitos y desvarfos de los media (en el sentido mds estricto del término). Ningtin filé- sofo o politélogo ha entrado hasta ahora en una des- cripcién precisa, en una definicion de sus perfiles y sus consecuencias en todos los campos. En primer lugar, porque el cambio est4 teniendo lugar en el mismo momento en que estamos dando cuenta de él. Galopamos a lomos de este gran cambio, pero ignoramos hacia dénde nos conduce y cuando se deten- dra. ,Cual seré el paisaje politico, econémico, social, cultural y ecolégico del planeta cuando finalice este formidable sefsmo de fin de siglo? Nadie puede des- cribirlo en este momento. En tales circunstancias, una de las cuestiones que puede plantearse es relativa a la funcién de los grandes medios de comunicacién de masas en este contexto. La mejor manera de responder a esta pregunta es analizar la forma en que los medios han reflejado y repercutido esa extraordinaria conmocién que signifi- 6 la guerra del Golfo. Como se constata ante cada tempestad mediatica, la sobreinformacion entrafia una desinformacién. La avalancha de noticias —con frecuencia hueras— re- transmitidas «en tiempo real» histerizan al espectador y le dan la ilusin de que se informa. Pero la distancia muestra que «el modelo CNN» es una engafiifa y con- firma que el hecho de hallarse sobre el terreno no bas- ta para saber de un acontecimiento. Desde el inicio de la guerra del Golfo, los teles- pectadores sintieron una gran insatisfaccién ante las im4genes del conflicto ofrecidas por las cadenas de television. Faltaba algo fundamental: la propia guerra, convertida, paradéjicamente, en invisible. Reemplazada 125 La tiranfa de la comunicacién por toda wna serie de sustitutivos decepcionantes, de mediocres sucedéncos: documentos de archivo, maque- tas, mapas, narraciones de expertos militares, debates, testimonios telefonicos.,. en resumen, todo... salvo imagenes de la propia guerra, punto ciego de un gigantesco dispositivo puesto en marcha precisamente para filmarla en primer plano... (Qué habfa sucedido entonces? gPor qué esta espera insatisfecha del publico? ;Mentia la television, una vez mas? De hecho, la frustracién de los telespectadores arrancaba de un gran malentendido que tiene como origen dos practicas recientes de la television, tan espec- taculares como contradictorias. En primer lugar, los habitos creados durante la cobertura de algunos gran- des acontecimientos de politica internacional que tuvieron lugar en 1989, y, més exactamente, tres de entre ellos: Pekin en junio, Berlin en noviembre, Ruma- nia en diciembre. Cuando cada una de estas situaciones, completa- mente imprevistas, irrumpe en la actualidad, su enor- me importancia no plantea ninguna duda a la hora de trastocar la programaci6n de las cadenas de television en aras de la gran pasién de los telespectadores. Cada uno de estos acontecimicntos encerraba una riqueza tal de emociones, de dramas y de tragedias, que cons- titufa en sf mismo una especie de espectaculo comple- to. La esperanza, la violencia y la muerte, bajo la mirada cautiva del telespectador, se desarrollaba por su parte €n un marco politico de gran simplicidad, de un mani- quefsmo elemental: la lucha del «Bien» contra cl «Mal», de la causa justa contra la infamia. 126 Mitos y desvarios de los media La pugna por esta conmovedora informacién- espectéculo enmascaraba un hecho capital: con moti- vo de estos acontecimientos la televisién se impuso a los demds medios de informacién de masas y tomé la delantera en la jerarquia de los media, dictando su rit- mo, a la radio y a Ja prensa escrita especialmente, obli- gandoles a seguirla, a dar Ja misma importancia a los mismos hechos, a suscitar emociones idénticas... Gracias a la disminucién en el volumen de los medios de registro de imagenes en video (el sistema Fly Away, auténomo, pesa menos de 100 kilos), la television se convirtié desde el final de los afios ochen- ta en un media realmente ligero y, mediante los satéli- tes de alcance planetario rivalizaba en velocidad con la radio y el teléfono. Esta capacidad para focalizar la atencién del mundo entero no habfa sido utilizada has- ta el momento mas que para la cobertura de los gran- des acontecimientos deportivos (Juegos Olimpicos, Mundiales de fiitbol). A partir de ese momento se podfa emplear para retransmitir situaciones polfticas. La informacién televisada estaba en condiciones de tratar los acontecimientos con el modelo del deporte: «en directo y en tiempo real». Podia comentarse una situacién en el mismo momento en que se desarrolla- ba. Todo el éxito de la cadena Cable News Network (CNN) descansa en esta potencialidad, que se encuen- tra ya en vias de generalizacién. Pero lo que en el ambito deportivo no tiene gran- des consecuencias —un partido de fiitbol se desarrolla segtin reglas de juego conocidas, el balén es el hilo conductor del partido (seguirlo es «ver» el partido) y sus resultados no admiten al final discusién alguna— 127 La tiranfa de la comunicacién presenta temibles riesgos cuando se trata de cubrir de esta forma un hecho politico. Porque describir «en directo y en tiempo real» un acontecimiento no permi- te en modo alguno al periodista adquirir la menor perspectiva, dotarse de tiempo para la reflexi6n, veri- ficar, simplemente comprender lo que pasa ante sus ojos... tantea, interpreta, adorna... y, nolens volens, equivoca a los telespectadores. Conformar la informacion bajo el modelo del deporte, sin conocer —por definicién— las reglas del juego de lo real, es confundir informacién y actuali- dad, periodismo y testimonio. Y esto conduce a graves meteduras de pata, como pudo constatarse durante los acontecimientos de Pekin en junio de 1989 y, sobre todo, durante los de Rumania en diciembre de 1989. Por otra parte, con la glasnost soviética, la caida del muro de Berlin y la del régimen de Nicolai Ceaucescu, las cémaras de televisién pudicron pasearse sin trabas detras del antiguo «tel6n de acero», visitando los luga- res més prohibidos, los més ins6litos (prisiones, hospi- cios, sedes de los servicios policiales, gulags, hospita- les, depdsitos de caddveres), mostrando las situaciones més conflictivas: tumultos, enfrentamientos, represién, desérdenes... Acreditando la idea de que el triunfo de la democracia iba a transformar a esos pafses, antes terti- torios en los que primaba el secreto y la censura, en edi- ficios de cristal, de total transparencia. Se sugeria de esta forma que la funcién cfvica de la informacién tele- visada consistfa precisamente en atravesar la apariencia de las cosas y desvelar la verdadera naturaleza de la sociedad. 128 Mitos y desvarios de los media Objetos simbélicos para una guerra televisada Los telespectadores, atentos y fuertemente con- movidos por el conflicto del Golfo, no dejaron de per- cibir sin duda que, a lo largo de toda esta tragedia, tres objetos, con formas ampliamente identificadas, se impusieron sobre los demés. En primer lugar, la méscara antigds. Como surgida del fondo de los miedos, este objeto confiere a su por- tador un rostro de himenéptero, de insecto inquietante con grandes ojos saltones y boca-filtro monstruosa. Recuerda sobre todo la obsesién ancestral de una muerte invisible e inodora, una bruma mortifera que amortajara con su sudario venenoso a los hombres y a las armas para fundirlos en un magma de idéntico y terrorffico rostro. Desde ese punto de vista, la mascara antigés ha conmovido legitimamente a telespectadores conscien- tes de que otra de las grandes caracteristicas de nues- tro tiempo es la desmasificacién, la crisis de las ideo- logfas de masas y la biisqueda por parte de cada cual, individuos y comunidades, de trazos identificatorios y marcadamente distintivos. En este sentido, la mascara antigds fue percibida como un objeto espantoso, que amenazaba con abolir al nuevo individuo para reenviarlo al espacio indife- renciado de las masas sin rostro, sin voluntad, obedien- tes a las 6rdenes de una jerarquia lejana y omnisciente. Que el uso de la mascara fuera declarado obligatorio a causa de las amenazas ejercidas por un régimen auto- cratico y de partido tinico confirmé la idea de que se trataba de un objeto llegado del pasado, de antes de la 129 La tiranfa de la comunicacién democracia, de antes de la liberaci6n del hombre. Pero, al mismo tiempo, la mdscara fascinaba porque se vio en ella él rostro de lo que amenaza a las democracias que implosionan por Ia hipertrofia de los media: el ros- tro anénimo y multiple del «ciudadano-encuestado», €se ser abstracto que fascina hoy a los poderes y les dicta su conducta. La mascara antigds, objeto emblematico de la guerra del Golfo, atormentara durante mucho tiempo el dnimo de los ciudadanos Porque recuerda los espan- tos del pasado reciente, Pero también porque anuncia los nuevos peligros que amenazan al individuo cerca- do, rodeado, asediado, agredido por los media. Otro objeto fuertemente mediatizado: el bombar- dero norteamericano F117 A Stealth, Hamado el «furti- vo». Surgido del espacio brumoso de misterio que le envolv{a desde hacia ailos, este avidn secreto habfa sido utilizado ya por primera vez en el transcurso de la invasién de Panamd en diciembre de 1989, Pero, en el sentido estricto de la expresion, no habfa sido visto. En el Golfo se le pudo percibir por vez primera y Constatar que no se parecfa a ningun otro objeto volan- te. Antes que nada por su forma original, inédita (se le cteeria sacado de un comic de Batman...), que se con- virtié en objeto cautivador para el telespectador, mas por su forma que por sus Prestaciones técnicas y sus Proezas guerreras, Dicha forma, como se sabe, es angulosa y triangu- Jar. Ninguna curva, ninguna redondez, al contrario que todos los demas objetos volantes 0 circulantes que, Sometidos a miltiples tipos de pruebas aerodindmicas, 4 partir de investigaciones sobre formas que ofrezcan 130 cena rec oi Mitos y desvarios de los media la menor resistencia al aire, han adoptado, gracias asi- mismo a las investigaciones etoldgicas, el perfil de los animales (peces y pdjaros, especialmente) que han sabido moldear sus cuerpos para penetrar idealmente wido. : pa ea deroga por primera vez esa ley del dise- fio dinamico. No busca la velocidad, sino la invisibili- dad. No de cualquier tipo, porque no es del ojo huma- no de lo que trata de ocultarse —aunque vuele sélo por la noche y esté pintado rigurosamente de negro— sino de los instrumentos electrénicos de deteccién, de los radares. De esta forma, su extrafia linea, bicorne y angulosa, fue disefiada para dejar el menor rastro posi- ble en los radares enemigos. Y por supuesto integran su fabricacién numerosos materiales nuevos, en Dat cular cerémicas y plasticos de muy alta resistencia, siempre con el mismo objetivo, Pero lo que més impresiona es su forma. Porque se distancia de una ley general del disefio, que la escue- Ja de La Bauhaus terminé por imponer a lo largo del siglo: un objeto debe tener, estrictamente, la forma de su funcién. E] resto es floritura, impureza. El ‘bombar- dero Stealth no posee la forma de su funcién. Tiene la forma de su eco en el radar... i En este sentido, para los instrumentos de localiza ci6n es tan fascinante como una pintura en trompe-l ceil lo es para la mirada humana. Pero plantea a los crea- dores del disefio problemas tan apasionantes como las representaciones anamorfoseadas suscitan a los admi- radores de ciertos pintores. Se sabe, por ejemplo, que en su cutadro Los embajadores (1553) Hans Holbein El Joven represent6 una forma alargada, palida, extra- 131 La tiranfa de la comunic: in fia, que no se torna visible sino con la ayuda de un espejo situado sobre el lienzo: se descubre entonces que se trata del craéneo de un muerto Ciertos objetos —sobre todo armas— se fabrican hoy con materiales y formas que les permiten atrave- sar sin problemas los arcos detectores de metales en los aeropuertos y otros lugares especialmente contro- lados. La invisibilidad hacia las méaquinas de vigilan- cia 0 de detecci6n condiciona las formas y los mate- riales del objeto. ¥ no ya su funci6n. A menos que consideremos que la funcién positiva» —para lo que el objeto sirve— tiene una importancia menor que la funcién «negativa», es hecesario que el objeto exista, que no sea destruido. En este caso, la forma es la con- dicién de vida para el objeto; su funcién deviene secundaria. Mientras que las maquinas de vigilancia se multiplican por todas partes —videovigilancia, sis- temas sofisticados de alarma domiciliaria, radares disi- mulados contra el exceso de velocidad, saté ites-espia con acm) superpotentes...— ycabe imaginar la pro- xima aparicién de objetos «furtivos», virtualmente capaces de escapar a estos controles y que harfan de esta prestacion su principal cualidad, sin Preocuparse Por tener una estética armoniosa para el ojo humano? En fin, el tercer objeto que atrajo la atencién de los telespectadores de la guerra del Golfo fue sin duda el misil antimisil Patriot. En este caso lo que sorpren- de n primer lugar es la forma «no heroica» del inge- nio. Una baterfa de tubos, banalmente dispuestos a la manera de los antiguos «Organos de Stalin» de la segunda guerra mundial. Nada que recuerde la pano- plia futurista de los films de George Lucas, al estilo de Mitos y desvarios de los media La guerra de las galaxias. Una forma minimalista, ele- mental y tosca de fabricacién, como si en este caso (contrariamente al F117) la eficacia de la funcién hubiera prevalecido sobre cualquier otra consideraci6n. Objeto fascinante por su funcionamiento mismo y por su rapidez (aunque se sepa hoy que la gran mayoria de los Patriot erraron su objetivo, y que este ingenio esté lejos de ser tan eficaz como se ha dicho) que le permiten el estar directamente ligado a un saté- lite-espia que detecta el lugar desde el que va a lan- zarse un misil (el precalentamiento de éste antes de su lanzamiento a muy altas temperaturas traiciona su posicién), y le informa de su salida, su velocidad y su trayectoria. El Patriot, con Ja informacién recibida, establece su propia velocidad y trayectoria para interceptar en un punto exacto al misil y destruirlo, Objeto literal- mente futurista, puesto que es el resultado de las investigaciones emprendidas en Estados Unidos en el marco del programa denominado «guerra de las gala- xias» y que durante mucho tiempo se crey6 que era obra de Ja imaginacién delirante de un sabio chiflado. Pero todas las cualidades del Patriot podriamos decir que se compadecen mal con su forma, tipo arte povera, mas high-tech y descarnada que ninguna otra, hasta el punto que podria pensarse que se trata de un objeto atin sin terminar, en fase de experimentacién. O auna estética «sin disefiow a lo soviético, como ciertos ingenios espaciales de la base de Baikonur. En este sentido, el Patriot se vincula a la familia de las «for- mas crudas» (al contrario de las «formas cocidas>), de las que forman parte, de una forma difusa, los aparca- La tiranfa de Ja comunicacion mientos subterréneos con pilares bastos del encofrado, los intercambiadores de los suburbios, los buggies de bricolaje, la panoplia Max-mad... Es decir, el univer- So de formas en las que la modemnidad se conjuga con la penuria, la violencia con la desnudez, y donde lo esencial es existir, sobrevivir,.., Tres objetos clave —la mascara antigds, el bom- bardero Stealth, el Patriot— que tienen a la supervi- vencia como el lazo que les une. La supervivencia del ingenio en si mismo (Stealth) 0, en el caso de los otros dos, la de los que se sirven de ellos, Como si, en este siglo que termina, sobrevivir fuera yael objetivo razona- ble. Como si simplemente el hecho de vivir se hubiera convertido en un lujo. éTraducen estos tres objetos (que permanecen atin sin duda en el dnimo de los ciudadanos) una visién demasiado pesimista del mundo? Se podrfa aventurar que si. Porque los tres pertenecen, Por otra parte, a un universo herido e inédito; un mundo en el que los dis- positivos de visualizacién y de interaccién multisen- sorial se desarrollan y nos obligan a mirar hacia nues- tro entorno con nuevos ojos. Gracias al progreso de la imaginerfa digital, los «ambientes virtuales» pueden ser creados ya, Las imagenes de sintesis orientan al Patriot o a los Stealth, pero también a las bombas guia- das mediante ldser que la televisién mostré con profu- sion durante la guerra del Golfo Para acreditar la idea (que finalmente se demostré que era falsa) del «ataque quirtrgico» de castigos dado de forma muy exacta a objetivos exactos, Las méquinas cerebralizadas y dotadas ya de vision —eracias a la inclusion de circuitos integrados— se 134 Mitos y desvarfos de los media multiplican. Su proliferacién plantea nuevos problemas a las personas, como el de la percepcién de lo real, y les conmociona en muchos sentidos. Las propias fronteras de lo real son traspasadas hasta limites que producen una especie de vértigo a la raz6n. Sumergiéndonos —por la visién y por las sensaciones— en un medio vir- tual creado gracias a imdgenes de sintesis, las nuevas técnicas modifican nuestra percepcién del mundo y hacen tambalearse nuestras referencias mas sdlidas. {EI propio nombre «Patriot», es fruto del azar? No se trata de decimos que, en medio de tantas trans- formaciones, conviene engancharse-a un valor seguro: el patriotismo? Esta puede ser la gran mutacién actual que debe poner en guardia a los ciudadanos, porque ante tantos desérdenes la raz6n vacila y algunos sienten la tenta- cién de agarrarse a ideas vacias, incluso al pensamien- to magico. (Es casual que en nuestra época, con todo eae tecnologismo, florezcan por todas partes los Harsco pos y los juegos de azar, y que tengan tanto foe la astrologia y las quiromancias? Ante el avance insélito del progreso cientffico el ciudadano, perplejo, se ve tentado por el pensamiento regresivo. La vuelta a los «valores» seguros y arcaicos: patriotismo (y sus exce- sos, el nacionalismo, el chovinismo), fundamentalis- mo religioso, fanatismo neoliberal... 7 La guerra del Golfo hizo estallar también pasiones exasperadas que daban prueba de la profundidad de un moderno desamparo, m4s grave que nunca. Porque el ciudadano ha perdido en poco tiempo el sentido mis- mo de su dimensién cultural. 135 La tiranfa de 1a comunicacién La cultura aparecfa como una especie de hojaldre compuesto de cuatro capas superpuestas: cultura «cul- tivada», cultura «etnoldgica», cultura cientifica y cul- tura de masas, La cultura , la invasién de Panamé causé, en diciembre de 1989, alrededor de 4.000 victimas civiles (cifras reconocidas Por el gobierno de Endara, colocado por Estados Unidos), que la televisién no ensené, 138 Mitos y desvarios de los media Los periodistas norteamericanos, sometidos a nor- mas impuestas por el Pent4gono, casi tan severas como las francesas, denunciaron a su gobierno y declararon: «Estas restricciones equivalen a una poli- tica de censura por primera vez en la historia de la guerra moderna» *, De hecho, no era la primera vez que se ponfa en practica este tipo de normas, pero era efectivamente la primera en que eran admitidas ptiblicamente por parte del Pentaégono. ; De esta forma, las cadenas que habfan situado a decenas de periodistas en la regién (cada una de las cuatro redes estadounidenses, ABC, CBS, NBC y CNN, habjan enviado mas de un centenar, con un gasto de 5 millones de délares por semana...) se quedaron Sin im4genes del frente. La guerra del Golfo permanecis como invisible, y los telespectadores, habituados a una frenética cobertura de los acontecimientos del Este, manifestaron una gran decepcidén. Después de los dos primeros dfas de informacién «en continuo», las cadenas constataron que no tenfan gran cosa que ofrecer en directo y que el exceso de Ilamadas telefo- nicas a corresponsales sin informacién, que confesa- ban tener que ver la CNN para saber lo que estaba ocurriendo, hab{a acabado por cansar a los telespecta- dores y contribuido a degradar atin més en el 4nimo de los ciudadanos Ia imagen del periodista. El modelo CNN, que tanto fascina a ciertos profe- sionales de la television, aparecié como una superche- ‘ + Le Monde, 12 de enero de 1991. Léase también International Herald Tribune, 5 de enero de 1991 139 La tirania de la comunicacién rfa. Encontrarse sobre el terreno, lastrado con decenas de kilos de material electrénico, inmovilizado con fre- Cuencia en un estudio 0 en una habitacién de hotel, impedfa al periodista moverse a la btisqueda de infor- maciones, y le reducfa, en el mejor de los casos, al Papel de simple testigo. Este constats entonces, y los telespectadores con él, lo que Fabricio (el personaje de La cartuja de Parma de Stendhal) en Waterloo: estar allf no bastaba para saber. El reportero de la CNN John Holliman (que for- maba equipo con los dos mejores periodistas de la cadena, Bernie Shaw y el famoso Peter Arnett) se harfa célebre por ser el primero en anunciar, la noche del 17 de enero de 1981, el comienzo de los bombar- deos sobre Bagdad. Lo hizo por teléfono y mirando desde la ventana de su habitacién de hotel, sin conocer con precision quién bombardeaba, con qué medios, sobre qué objetivos y cuél era la naturaleza de Ja res- puesta iraquf. En resumen: ninguna informacién, sal- vo la que cualquier habitante de Bagdad hubiera podi- do dar igualmente cogiendo el teléfono... 140 La batalla Norte-Sur en la informacién iCémo se refleja el desequilibrio entre el Norte y el Sur en el actual contexto internacional de los medios de comunicacién? Se trata de un problema que estuvo presente en el centro de los debates intelectuales de comienzos de los afios setenta, Fue la gran batalla que ensayistas como Armand Matterlart, Herbert Schiller y muchos otros desarrollamos en torno al proyecto del Nuevo Orden Mundial de la Informacién y la Comunicacién, el NOMIC, La cuestién se debatfa oficialmente en el seno de la UNESCO donde el premio Nobel de la Paz Sean McBride elaboré un célebre informe que sigue conser- vando bastante vigencia, y en el que demostraba que el desequilibrio en materia de informacién en favor del Norte era de tal magnitud, que amenazaba la singularidad y la diversidad de las culturas, en particular las del Sur. En cualquier caso, nos parecia importante plantear la cuestién de la propiedad de los medios para saber de dénde venian los mensajes. quién los elaboraba, qué sentido y qué consecuencias podfa entrafiar la recepcién de éstos en los espiritus y en las mentes de aquellos que los recibian. Nos preocupaba cl problema de la manipulacién de las personas del Sur por parte de los medios de comunicacién del Norte, 143 La tiranfa de la comunicacion La batalla se perdié. La UNESCO abandoné este debate y dio por buena la idea de que los flujos trans- fronterizos de informacién eran una necesidad que venja impuesta por el mercado internacional y por la propia realidad mundial. En definitiva, se admitié que podia aceptarse una especie de «darwinismo» en el campo de la comunicacién. Vencian aquellos que habian logrado constituir grupos emisores dominan- tes: ellos habian conquistado el derecho a emitir y, por tanto, habia que aceptar esa realidad como ley de vida. E] NOMIC desaparecié de las reflexiones, y nadie volvié a hablar durante la década de los ochenta del problema del desequilibrio Norte-Sur. {Existe un neoimperialismo cultural norteamericano? La cuestién volvié a la actualidad a comienzos de los noventa con motivo de las discusiones del GATT (transformada més adelante en Organizacién Mundial del Comercio). La posicién de los europeos frente al dominio de Estados Unidos se aproximé bastante a la de los paises del Sur. De forma inesperada, pudo verse a ministros conservadores, como el de Cultura de Fran- cia en la época, hablando de «imperialismo cultural norteamericano», como lo hubiera hecho veinte afios antes un militante de extrema izquierda. En definitiva, se recordaba de pronto que ese imperialismo podia constatarse realmente. Algunas cifras reflejaban claramente ese dominio. Ya en 1980 observdbamos, por ejemplo, que cuatro de 144 La batalla Norte-Sur en la informacion cada cinco mensajes emitidos en el mundo provenfan de Estados Unidos. En 1990 la situacién era similar, especialmente en cuanto a los programas audiovisua- les —emisiones de televisién, peliculas proyectadas en salas o videos a la venta en las tiendas— que pro- venfan fundamentalmente de EE UU. Otra dimensién de la dominacién esta constituida por su proximidad a los intereses de los poderosos. Cuando, por ejemplo, algtin acontecimiento tiene que yer con un centro productor de imagenes, en este caso Estados Unidos, la informacién adquiere importancia de forma automéatica. Podemos recordar un articulo de la prensa francesa en el que un periodista comentaba: «Nosotros, siempre que ocurre algo en el mundo conec- tamos inmediatamente con la CNN, que es el “padre- nuestro” actual. Qué es lo que podemos observar en este momento en Haiti», decfa el periodista con mucha ironfa, «la CNN se refiere permanentemente a Haiti, donde hay seis fragatas norteamericanas vigilando. De vez en cuando citan a la canadiense, pero nosotros, los franceses, también tenemos un barco en la zona y jamds nos citan.» Con esto se queria sefialar que, cuando la CNN habla de algo que ocurre en el mundo, lo hace desde el punto de vista de los intereses norteamericanos. Se trata de una cuestién muy importante a la hora de ana- lizar la informacién que circula en el mundo: en la medida en que los productores de las imagenes son fundamentalmente anglosajones, a Ja hora de dar impor- tancia a una informacién, se parte del principio de observar previamente si los intereses occidentales se encuentran 0 no amenazados. 145 La tirania de la comunicacién Nuevas formas de dominacién: la triada del Norte Aunque aparentemente la situacién general en el campo de la informacién y la comunicacién parecia mantenerse estable desde los anos setenta, la situacién se vio modificada sustancialmente dos décadas mds tarde, Hasta entonces existfa un unico polo dominante en los aspectos tecnolégico, econémico y de conteni- dos. Pero, al igual que en otros campos, fue sustituido por una especie de «triada» constituida por Estados Unidos, Japén y la Unién Europea. La tecnologfa en el mundo de Ja informacién y la comunicacién para «difusién hacia el gran piblico» paso a ser fundamentalmente japonesa. El capital adquiri6 un gran componente europeo, apareciendo, como uno de los principales grupos de comunicacién del mundo, el aleman Bertelsmann. Los europeos se implantaron en los grandes holdings de comunicaci6n norteamericanos: fue el caso de la Thom- son francesa, 0 de sociedades como la News Corpora- tion de Rupert Murdoch (briténico, aunque sea norte- americano de nacionalidad y australiano de nacimiento) y cuyos canales de televisién Sky son bri- ténicos con dimensiones y aspiracion planetarias. En lo que respecta a los contenidos y programas, el predominio en la elaboracién era de Estados Uni- dos, aun cuando no siempre pertenecieran ya a ese pais. Algunas empresas japonesas compraron gran- des compafifas norteamericanas de cine. Asi, la Colum- bia fue absorbida por Sony, la Universal por Matshu- sita. También las empresas francesas se movieron en este sentido: el Crédit Lyonnais se hizo con la pro- 146 La batalla Norte-Sur en la informacién piedad de empresas de produccion de cine en Holly- wood. En consecuencia, se produjo una diversificacién: donde a principios de los setenta dominaban exclusi- vamente los norteamericanos, pasaron a dominar los tres polos de la «triada». En cualquier caso, segufa el control en el Norte. La informacién como mercancfa La primera ensefianza respecto a los afios setenta es que hay que abandonar aquella paranoia absoluta que inducfa a creer que una suerte de «comité central» dominaba el mundo de la informacién y la comunica- cién, como un manipulador de marionetas desde la sombra, En los tiempos del neoliberalismo triunfante, el sec- tor de la informacién constituye un mercado en el que todo se negocia y donde todo tiene un precio. La prue- ba es que en las reuniones del GATT se contemplaba con el mismo rasero que el comercio de automéviles, de acero o de trigo. Y tratandose de productos que cuentan con un mercado, hay informaciones con mas valor que otras, Para obtener las informaciones mas rentables conviene saber dénde se encuentran y cap- tarlas, lo cual es dificil. Y, por ejemplo, en la medida en que los acontecimientos pueden producirse en cual- quicr lugar del mundo, lo ideal serfa contar con céma- ras en todas partes. El fendmeno resultante es que cada vez hay mas cadenas de televisién y que al mismo tiempo cada 147 La tiranfa de la comunicacién vez son mas débiles por sf solas. Por ejemplo, antes en Espafia habia una sola emisora de televisién con dos cadenas, y era muy poderosa, como es ldgico. Ahora hay varias, pero cada una de ellas es menos potente de lo que era la nica, y cuenta con muchos menos medios para enviar equipos que estén atentos a lo que pueda ocurrir en cualquier lugar. ;Quién puede permitirse esta movilidad y presencia? Unica- mente las llamadas agencias de imagenes. Si nos centramos en el sector de la informacién televisada, a escala internacional sélo hay dos agencias de ima- genes, ademas de la CNN, que dominan el mercado mundial y que difunden el mismo material audiovi- sual a todo el mundo: Visnews y WTN. Las agencias de imagenes saben que las informa- ciones rentables son como los yacimientos de oro: se dan tnicamente en unos pocos lugares, no en todos. Los yacimientos informacionales rentables son aque- los que tienen tres dimensiones: violencia, sangre y muerte. Y toda informacién que cuente con ellas se vende automaticamente. Si ademas se puede transmi- tir en directo y en tiempo real, entonces puede alcan- zax una difusi6n planetaria, porque es exactamente el tipo de informacién que las televisiones desean. E! dominio de la triada en cifras Volvamos a la hegemonia de lo que hemos domina- do la triada que domina los medios de comunicacién. Sus integrantes, Estados Unidos, la Union Europea y Jap6n, representan el 70 por 100 del Producto Bruto 148 La batalla Norte-Sur en la informacion mundial, lo que constituye ya en sf mismo un abuso de dominacién. Ahora bien, si consideramos tnicamente la produccion de bienes y servicios de informacién, el nivel de control respecto a la totalidad del planeta se eleva al 90 por 100. En este sentido es interesante recoger algunas cifras publicadas por la Unesco ya en 1990: — De las 300 empresas mas importantes de infor- macién y comunicacién, 144 eran norteamericanas, 80 de la Union Europea y 49 japonesas, es decir, la inmen- sa mayoria. —De las 75 primeras empresas de prensa, 39 eran norteamericanas, 25 europeas y 8 japonesas. — De las 88 primeras firmas de informatica, 39 eran norteamericanas, 19 europeas y 7 japonesas. — De las 158 primeras empresas fabricantes de material de comunicacién, 75 eran de EE UU, 36 euro- peas y 33 japonesas. Y «el resto» (cuando se da) tampoco pertenece al Sur, sino a paises como Canada, Australia, Suiza, Aus- tria, Taiwan, Corea del Sur... es decir, al Norte al fin y al cabo, independientemente de su ubicacién pura- mente geografica. Podemos ajfiadir que, en 1998, la situacién es similar, ¢ incluso atin més gravemente desequilibrada, respecto a lo que reflejaban estas cifras de la Unesco. Por otra parte, en 1990 la economfa de la informa- cién y la comunicacién representaba una cifra global de negocios de | billén 185 mil millones de délares. De esta cantidad, 500 mil millones pertenecian a Esta- dos Unidos, 264 mil millones a la Union Europea, 253 mil millones a Japé6n y sélo 168 mil millones al resto 149 La tirania de la comunicacion del mundo. La dominaci6n a la que nos hemos referi- do se refleja nitidamente en estas magnitudes. Si afiadiésemos las cifras de las empresas publici- tarias que pertenecen al mundo de la comunicacién, el desequilibrio seria atin mds fuerte a favor del Norte. Excepto algunas publicitarias en América Latina (Méxi- co, Argentina, Brasil) y en India, no hay grandes empresas publicitarias en el Sur. Algunos expertos prevén que, hacia el afio 2000, en los ocho o diez sectores industriales de la economia desarrollada, particularmente en los de la informatica y las telecomunicaciones, no habr4 mds que siete u ocho redes de empresas multinacionales que domina- r4n el 75 por 100 del mercado mundial. Evidentemen- te, estas siete u ocho redes seran de empresas del Nor- te y, esencialmente de la triada, porque lo que se observa es precisamente una serie de fusiones y concentracio- nes en este dmbito: el 80 por 100 de las operaciones de integracién son tratos de empresas japonesas con europeas, de europeas con estadounidenses, de esta- dounidenses con japonesas... La revoluci6n de las comunicaciones interactivas E] mundo de las telecomunicaciones interactivas es uno de los que se ha visto mds fuertemente sacudi- do por las grandes maniobras que agitan la economia mundial en los Ultimos afios. Por ejemplo, cuando Estados Unidos se dio cuenta de que Japén estaba alcanzando la capacidad suficien- te para obtener el liderazgo mundial en la tecnologia 150 La batalla Norte-Sur en la informaci6n de las comunicaciones, especialmente en el campo informatico, el equipo presidencial Clinton-Gore lan- z6 el proyecto de construccién de las grandes «auto- pistas de la comunicacién». Estas autopistas consisten en la interconexién de tres aparatos de comunicacién: el teléfono, cl ordena- dor y el televisor, realizdndose ésta en doble sentido, en lo que se denomina conexion interactiva. De esta forma, segtin estiman algunos expertos, el campo de la industria cultural y de la comunicacién podrfa experimentar una gran transformacién, ademas de constituirse, a principios del siglo xxi, en el princi- pal mercado: un mercado de tres billones y medio de dolares. Hasta hace poco se pensaba que esto seria dificil de lograr y que, en cualquier caso, s6lo se conseguiria si se equipaba mediante cableado de fibra éptica al con- junto de los paises desarrollados. Pero en este momento, gracias a los progresos en materia de compresién y descompresion digital de datos, ya se pueden utilizar como vectores, como transportadores de informacién, los cables tclefénicos y coaxiales que difunden actual- mente la television por cable. Basta con equipar a las redes existentes con una serie de equipos (médem) que permiten esta compresién y descompresion. De esta forma puede enviarse simulténeamente una gran can- tidad de mensajes mediante el mismo medio de trans- porte. Este es el origen de la cascada de concentraciones y alianzas a la que estamos asistiendo. Por ejemplo, el acuerdo que firmaron el primer grupo de comunicaci6n mundial, Time-Warner, con la US West, una de las com- 151 La tirania de la comunicacién pajifas telefonicas regionales mds importantes de Estados Unidos. O la asociacién del gigante ITT con el cableope- rador Diatcom, el m4s importante de California. O los proyectos del magnate Rupert Murdoch, que ya domina la television por satélite en gran parte de Europa, espe- cialmente en el Reino Unido, y que actualmente se plan- tea como objetivo el control de Ia televisién por satélite en el continente asiatico. O, por citar otro caso, la alianza entre Bell Atlantic, principal compaiifa telefonica de Estados Unidos, con TCI, principal operador por cable de ese pafs. En términos accionariales y financieros ésta fue en su momento la fusién mas importante de la Bolsa de Nueva York: 23.000 millones de délares. Lo que constatamos es que los gigantes de la tele- fonfa se asocian a los gigantes de la televisién (de trans- misién hertziana 0 por cable), o bien a los propietarios de las empresas de informatica, para tratar de obtener la triple conexién antes mencionada: teléfono, ordena- dor, televisor. Todo ello tiene como objetivo la creacién de «super- antopistas de las telecomunicaciones» y el impulso al nuevo «reino» de Internet, permitiendo, tedricamente. que el ciudadano disponga de lo que Marshall Mac Luhan describia (cuando definfa a las comunicacio- nes) como «extensiones de cada uno de nuestros cinco sentidos». De hecho, lo que se persigue hoy es que se pueda disponer en cada hogar de una pantalla que permita consultar, enviar mensajes, documentarse, ver pelfculas, leer CD-Rom, seguir cursos a domicilio... segtin el deseo de cada cual. Una pantalla que también sirva para Ja telecompra (consultando directamente los catdélogos 152 La batalla Norte-Sur en la informacion de venta), que haga posible seleccionar exactamente la pelicula que uno quiere ver, o pedir videoprogramas (programas televisivos ya emitidos, transmitidos el dia anterior o diez afios antes). Una pantalla a través de la que se pueda acceder, via Internet, a todo un inmenso caudal de conocimientos mediante el video (las enci- clopedias en videodisco digital) y que a la vez permita la «visiofonfa», es decir, hablar por teléfono viendo a la persona con la que se estd comunicando; que se use para la teleconferencia, 0 sea, para conectar a varias personas que debaten sobre un mismo tema, sin nece- sidad de que se desplacen. Una pantalla que se utilice para acceder a la realidad virtual y para videojuegos. En fin, una pantalla que sea capaz de cumplir todas estas funciones a la vez y lo haga con imagenes de alta definicion. La guerra de alta definicion Ota de las batallas tecnoldgicas que se desarroll6 a principios de los affos noventa fue la de la television de alta definicion (1.250 lineas). Se planteaban tres modelos de diferentes procedencias y tecnologfas. El japonés era de tipo analdgico y estaba ya a punto. Tenfa el inconveniente (para poder imponerse) de que hacfa obsoleta toda la infraestructura existente, al no ser compatible con los televisores domésticos. Los europeos, por su parte, estuvieron trabajando en un proyecto que ya ha sido abandonado. Su tecno- logfa de televisién de alta definicin permitia el man- tenimiento del parque existente, aunque, como es Idgi- 153 \ j La tirania de la comunicacion co, no se podrfan ver en los televisores actuales, y en alta definicién, programas emitidos como tales que serfan vistos en la actual de 625 Ifneas (la alta definicién es del doble y se supone que puede alcan- zar la nitidez de una fotografia o una diapositiva). Pero los norteamericanos, que se encontraban muy retrasados en materia de televisidn de alta defini- cién, percibieron que tnicamente si eran capaces de dominar esta tecnologia podrfan liderar en el futuro las autopistas de las telecomunicaciones. De esta for- ma, impusieron, mediante la Comision Federal de las Comunicaciones, una serie de normas que inclufan la creacién de una televisién digital que fuera transporta- ble mediante cable y que fuera compatible con el par- que existente. Los estadounidenses lograron culminar su objetivo, y va a ser finalmente la norma norteameri- cana en materia de televisién de alta definicién la que se va a imponer en el mundo entero. Puede apuntarse también que otra de las apuestas actuales es la de extender el teléfono celular por todo el planeta. Las maniobras y estrategias descritas, como ha quedado de manifiesto, no s6lo tienen que ver con la comunicacién sino en general con la industria y la economfa. Un gran pafs industrial del futuro tiene que ser, a partir de ahora, un pafs presente en estos secto- res. Asistimos al desmantelamiento a escala global de la sociedad industrial clasica. La nueva sociedad indus- trial —segun la tesis del vicepresidente norteamerica- no, Albert Gore— se erige sobre la base de las nuevas tecnologfas de la informacién y la comunicacién. 154 La batalla Norte-Sur en la informacion El triunfo del multimedia Se saldard Ja nueva batalla del multimedia con una derrota para Europa, tan grave como la que expe- rimenté en su confrontacién con Estados Unidos en materia de cine y television? Como se recordard, la conclusién de los acuerdos del GATT en diciembre de 1993 estuvo marcada por los enfrentamientos entre Europa y Estados Unidos en el campo del audiovisual. Se trataba de conseguir que la extensién de los acuerdos del GATT a los servicios dejara fuera el audiovisual, en la medida en que las creaciones culturales no constituyen un producto como los demas. Si este objetivo, que reclamaban Francia y todos los profesionales europeos del cine, se hubiera logra- do, habria podido hablarse de una «excepcién cultu- ral», Pero la gran mayorfa de los pafses de la UE eran hostiles a la posicién francesa, y mucho més atin lo era la propia Comision Europea. La mayor parte de los paises europeos, cuyas indus- trias cinematogréficas han desaparecido practicamen- te, carecian ya de cualquier interés nacional y no de- seaban un enfrentamiento con Washington. Por su parte, la Comisi6n habia sido ganada por las tesis neo- liberales. Resultado: el audiovisual fue incorporado, como el resto de los servicios, a las reglas del GATT, con- vertida en Organizacién Mundial del Comercio (OMC). Sin embargo, en el seno de estas reglas no se llegé a un acuerdo entre ambas partes. Estados Unidos ame- naza periédicamente con denunciar a la Unién Euro- 155 La tiranfa de la comunicacion pea, sobre todo a Francia, como culpable de précticas de «distorsién de la competencia» por sus ayudas publicas a la industria del cine. Parad6jicamente, basta con dar un vistazo a las cifras para constatar que Estados Unidos es el pais més proteccionista del mundo en este campo, y que importa del extranjero menos del 2 por 100 de su con- sumo audiovisual. En contrapartida, el ntimero de entra- das en los cines de la Europa de los Quince para las peliculas estadounidenses pas6 entre 1985 y 1994 de 400 a 520 millones, haciendo progresar su cuota de mercado del 56 al 76 por 100. Las entradas para las peliculas europeas (cada una sobre su propio mercado nacional) cayeron en el mismo perfodo de 177 a 89 millones, es decir, una bajada en la cuota de mercado de] 25 al 13 por 100. La situacién es muy parecida si se analiza la tele- visiGn. Sobre las cincuenta cadenas europeas de televi- sién «en abierto» —lo que excluye las cadenas por cable y codificadas—, las peliculas estadounidenses representaron en 1993 el 53 por 100 de la programa- cidn; las peliculas nacionales en su pais respectivo el 20 por 100 y los films europeos no nacionales el 23 por 100. Como sucede con la proyeccién en cines, existen diferencias significativas entre pafses. Las peliculas norteamericanas representan tnicamente un 12 por 100 del total en la cadena cultural franco-alemana Arte, pero un 91 por 100 en la ITV del Reino Unido. Si se analiza por paises y no por cadenas, Francia es el que consume menos peliculas estadounidenses (30 por 100 frente al 72 por 100 de los Pafses Bajos, el 64 por 100 156 La batalla Norte-Sur en la informacién para Reino Unido, el 63 por 100 para Espafia, el 53 por 100 para Alemania y el 45 por 100 para Italia). Los ciudadanos europeos conocen mejor la pro- ducci6n cultural de Estados Unidos que la de sus veci- nos de la Union. Se llega asf a la paradoja de una cons- trucci6n europea que desearfa dotarse de una dimensién politica, pero que, al mismo tiempo, s6lo se mueve por las leyes del mercado. Porque, en materia audiovisual, la ley del mercado significa siempre mas pelfculas estadounidenses y, en consecuencia, la creacién de un imaginario colectivo curopeo en el que las tinicas referencias culturales pro- vienen de otro lado del Atléntico. Los intelectuales y los creadores franceses se cuen- tan entre los pocos que se sublevan ante esta cuestién fundamental. Los liberales les replican que, bajo la cobertura de preocupaciones culturales, se oculta una defensa de intereses econémicos. Para Hollywood, efectivamente, no se trata de otra cosa, por eso los negociadores norteamericanos son tan obstinados. Es importante saber que Hollywood obtuvo en 1995 un excedente comercial de mas de 4.000 millones de délares en sus relaciones con Europa, y que cerca del 56 por 100 de la facturacién de los filmes estadouni- denses proceden de la exportacién. Hollywood tiene una necesidad vital del mercado europeo. En diez afios, el balance comercial del audiovisual europeo respecto a Estados Unidos se ha degradado sensiblemente (las pérdidas eran de 500 millones de délares en 1985, y pasaron de los 4.000 millones de délares en 1995), y ha supuesto para la Unién Europea la desaparicion de unos 250.000 empleos... 157 La tirania de la comunicacién Para Estados Unidos, la industria del audiovisual y del cine se ha convertido en la primera en capacidad exportadora y el primer proveedor de divisas, por delan- te de la industria aeroespacial. Por esta raz6n todo lo que frene la expansién de los productos norteameri- canos es combatido desde el departamento de Comer- cio de Washington, y por parte de Jack Valenti, presi- dente de la Motion Pictures Association of America (MPAA). Este el caso de las medidas nacionales de apoyo financiero publico a la produccion audiovisual —a las que Francia dedicé 594 millones de francos en 1995, ocupando el liderazgo europeo— y es también el caso de la directiva europea Television sin fronteras, adop- tada en 1989 y renegociada al nivel de los Quince. Esta directiva pide a los exhibidores tratar «siempre que esto sea realizable y mediante los medios adecua- dos» de reservar a las producciones europeas «una proporcion mayoritaria en el tiempo de difusién». Este es el documento que Estados Unidos califica de peli- grosa arma proteccionista. La explosion de las redes Pero estas batallas en torno al cine y Ja television son ya menores comparadas con las que se preparan en el campo del multimedia. Las formidables transfor- maciones tecnoldgicas de los dos ultimos decenios lo han condicionado todo. La mundializacion de los inter- cambios de sefiales ha experimentado una aceleracién fabulosa. La revolucién de la informatica y la comu- 158 La batalla Norte-Sur en Ja informacién nicacién ha entrafiado la explosién de los dos verda- deros sistemas nerviosos de las sociedades moder- nas: los mercados financieros y las redes de infor- macion. La transmisi6n de datos a la velocidad de la luz; la digitalizacién de los textos, las imagenes y los soni- dos; el recurso a los satélites de telecomunicaciones; la revoluci6n de la telefonia; la generalizacién de la infor- matica en la mayor parte de los sectores de la produc- cién y de los servicios; la miniaturizacién de los orde- nadores y su interconexién a escala planetaria han trastocado poco a poco el orden del mundo. Hiperconcentraciones y megafusiones se multipli- can, dando origen a empresas de dimensién mundial cuyo objetivo es la conquista medidtica del planeta. En Estados Unidos la nueva alianza entre Microsoft y la cadena NBC, que pertenece a General Electric, trata de crear una cadena de informacién a escala planetaria (MSNBC), que compita con la CNN (intervenida a su vez recientemente por Time-Wamer, primer grupo mun- dial de comunicacién). Rupert Murdoch planea asi- mismo sobre estos horizontes y trata de fusionar sus diferentes redes continentales, Fox (Estados Unidos), Sky News (Europa) y Star-TV (Asia) para crear una «cadena global», cuyo embrién, Fox News Service, fue lanzado en 1996 en Estados Unidos y que esta des- tinada a su captacién en el mundo entero. EI paisaje audiovisual mundial va a experimentar profundas transformaciones provocadas por la irrup- cién de la televisién digital, que permite el uso de un mismo canal para difundir ocho veces mas cadenas_al mismo tiempo. Esta oferta potencial de mas de un cen- 159 La tiranfa de la comunicaci6n tenar de cadenas tematicas se ha denominado en Fran- cia bouquet numerique. En Estados Unidos, Direct- TV y USSB comercializan, por medio de satélite, dos ofertas digitales compuestas respectivamente de 175 y 25 cadenas. En este campo, la empresa francesa Thom- son Multimedia dispone de una ventaja indiscutible al suministrar los descodificadores digitales y los siste- mas de recepcién para DSS, operador de Direct-TV y de USSB. Por otra parte, ha firmado contratos con Indonesia y América Latina. Las ventas mundiales de descodificadores digitales pasaran de 20 millones de unidades en 1997 a 75 millones en 1999. Estas pers- pectivas estimulan una feroz competencia entre Esta- dos Unidos, Europa y Asia. La globalizacién de los mercados, de los circuitos financieros y del conjunto de las redes inmateriales ha conducido a una desreglamentacién radical, con todo lo que esto significa de deterioro del papel del Estado y de los servicios puiblicos. Es el triunfo de la empre- sa, de sus valores, del interés privado y de las fuerzas del mercado. cEn qué queda a libertad de expresion? La propia definicién de «libertad de expresién» se ve modificada con los fenémenos descritos, ya que vie- ne a ser contrastada con una especie de «libertad de expresién comercial», presentada como un nuevo «dere- cho humano». Se asiste as{ a una tensién constante entre la «soberania absoluta del consumidor» y la voluntad de los ciudadanos garantizada por la democracia. 160 La batalla Norie-Sur en la informacién En torno a esta reivindicacién de «la libertad de expresién comercial» se estructuraron las acciones de lobbying de las organizaciones interprofesionales (anun- ciantes, agencias publicitarias y media) durante los deba- tes que se desarrollaron a lo largo de la segunda mitad de los afios ochenta en torno a las nuevas reglas de la «Tele- vision sin fronteras» en el ambito de la Unién Europea. Esta «libertad de expresion comercial» es insepara- ble del viejo principio, inventado por la diplomacia norteamericana, del free flow of information (libre flu- jo de informacién) que ha ignorado sisteméticamente el problema de las desigualdades en materia de comu- nicaciones. La doctrina de la globalizacién mete en el mismo saco a la libertad, en su sentido estricto, y a la libertad de comerciar. A partir de la segunda mitad de los afios ochenta, organismos como el GATT, convertido luego en OMC, se constituyeron en el ambito principal de los debates sobre el nuevo orden comunicacional. Considerada como «servicio», la comuni m fue objeto del enfrentamiento directo entre la Unién Europea y Esta- dos Unidos que ha quedado descrito. La polémica dista mucho de estar cerrada. Al debate sobre las industrias de la imagen se une ahora el de las «autopistas de la informacién». La idea central es la de la necesidad de dejar fluir la competencia libre en un mercado libre, entre individuos libres. y se expresa més 0 menos en estos términos: «Dejad a las genies ver lo que quieran. Dejadles en libertad para juzgar. Confiemos en su buen sentido. El tinico juicio que puede aplicarse a un producto cultural es el del éxito o el fracaso en el mercado.» 161 La tiranfa de la comunicacién Los polfticos no dudan en extraer conclusiones grandilocuentes: los ciudadanos deben prepararse para la inmersién en «un mundo sumergido en la informa- cién». Una vez finalizados los condicionantes y las trabas que han sufrido durante mucho tiempo la edi- cidn, la cinematograffa, la industria del sonido y el audiovisual. La apuesta del ciberespacio Una cuestién queda planteada en la era del multi- media y del ciberespacio: ; Vamos a asistir, a la vuelta del préximo milenio, a la sustitucién de los media tra- dicionales por ese nuevo milagro que representa Internet? E] naimero de ordenadores personales en el mundo era en 1995 de unos 180 millones, para una poblacién global de casi seis mil millones de individuos. La posi- bilidad de acceso a Internet estaba entonces limitada a un 3 por 100 de esta poblacién. En ese afio tnicamen- te un pequefio niimero de paises ricos, que representa- ba aproximadamente a un 15 por 100 de la poblacién mundial, posefa alrededor del 75 por 100 de las princi- pales lineas telefénicas, sin las cuales no se puede acceder a Internet... Mas de la mitad del planeta no hab/a usado nunca un teléfono: en cuarenta y siete paf- ses no habia més que una linea por cada cien habitan- tes. En toda Africa negra hay menos lineas telefonicas que en la ciudad de Tokio o en Ja isla de Manhattan en Nueva York... En enero de 1996 se estimaba que un 60 por 100 162 La batalla Norte-Sur en la informaci6én de los diez millones de ordenadores conectados a Internet pertenecian a estadounidenses. ;Cudal es el lenguaje dominante en el ciberespacio?: el inglés. Las diferencias sociales provocadas por la era de Ja electrénica van a ser pronto comparables a las desi- gualdades resultantes de las inmensas inversiones financieras transnacionales. En cuanto a las fuerzas econémicas que se han apoderado de las redes, tien- den a generalizar, o peor atin, a reforzar, los obstéculos que impiden su acceso a la generalidad de la polblacién. Los retos son cruciales para el futuro. El programa norteamericano The National Information Infrastruc- ture, biblia de William Clinton y de su vicepresidente, Albert Gore, es claro: «Es funcién de la libre empresa asegurar el desarrollo del programa de las autopistas de la informacion.» Martin Bangemann, comisario europeo encarga- do de las telecomunicaciones, declaraba igualmente que la sociedad de la informacion no se abriré cami- no mas que «si dejamos desenvolverse a las fuerzas del mercado» y que la «condicién previa» debe ser el «/evantamiento» de los actuales monopolios nacio- nales en las telecomunicaciones y en las infraestruc- turas y redes. Con la privatizacién imparable, las redes, y sobre todo Internet, seran progresivamente liberadas de cualquier demanda de servicio puiblico, en beneficio de los intereses particulares. No menos de 26 compaiiias telefénicas pertene- cientes a paises del Sur serdn puestas en venta en los proximos afios. ;Cudl sera la regla global para el futu- ro? La propiedad privada de todas las estructuras que constituyen la plataforma del ciberespacio. 163 | | La tirania de la comunicacién Los gigantes de las telecomunicaciones, como ATT, Microsoft y MCI, esperan con fruicién colonizar el ciberespacio ligando la notoriedad de sus nombres a las proezas de sus equipos de marketing, lo que les aportard cuantiosos medios en e] campo de los servi- cios a sus clientes y en sus f6rmulas de facturacién. {Dénde se utiliza con mayor intensidad Internet? En el terreno comercial. En octubre de 1996, el aparta- do «comercial» incluia mas de una cuarta parte de todos los servidores de Internet, superando amplia- mente al campo de lo «educativo», utilizado por las instituciones universitarias. Y, sin embargo, el suefio que encarna Internet, el del intercambio de informacién universal y sin obs- taculos, no ha muerto ni mucho menos. Pero mientras Ja transmisién del saber siga las pautas impuestas por el poder politico-econémico, este ideal de una «demo- eracia de la informacién» seguira residiendo en el terreno de la utopia. El nuevo complejo industrial-informacional En el momento de abandonar la Casa Blanca, en 1961, el general Eisenhower declaraba que el comple- jo militar-industrial constitufa una «amenaza para la democracia». ¢Como no percibir en 1998 la amenaza de un verdadero vasallaje cibernético, cuando se insta- Ja un auténtico complejo industrial-informacional, e incluso cuando ciertos lideres norteamericanos hablan de una virtual democracy con un tono que evoca al integrismo mistico? 164 La batalla Norte-Sur en la informacién Por primera vez en la historia del mundo se trans- miten mensajes de forma permanente al conjunto del planeta por medio de cadenas de television interco- nectadas por satélite. En la actualidad dos cadenas pla- netarias —CNN y MTV— pero mafiana serdn decenas, y conmocionarén costumbres y culturas, ideas y deba- tes. Y parasitardn o cortocircuitardn la voz de los gobiernos, asf como su conducta. Grupos mas potentes que los Estados llevan a cabo una razia sobre el bien mas precioso de las demo- cracias: la informaci6n. ;Tratan de imponer su ley al mundo entero 0, por el contrario, desean abrir un nue- vo espacio de libertad para el ciudadano? Ni Ted Tumer, de la CNN; ni Rupert Murdoch, de News Corporation Limited; ni Bill Gates, de Micro- soft; ni otras tantas decenas de nuevos amos del mun- do, han sometido jamds sus proyectos al sufragio uni- versal. La democracia no se ha hecho para ellos. Se encuentran por encima de sus discusiones intermina bles en las que conceptos como el bien puiblico, el bien- estar social, la libertad y Ja igualdad conservan atin su sentido. No tienen tiempo que perder, sus productos y sus ideas atraviesan sin obstaculos las fronteras de un mercado globalizado. En sus esquemas, el poder politico no es mas que el tercer poder. Por delante se encuentra el poder eco- némico y el poder medidtico, y cuando se poseen éstos, hacerse con el poder politico no es mas que un mero trdémite. Las nuevas tecnologias s6lo contribuiran al per- feccionamiento de la democracia si luchamos, en pri- mer lugar, contra la caricatura de sociedad mundial 165 La tirania de la comunicacién que nos preparan las multinacionales, lanzadas a tum- ba abierta hacia la construccién de las autopistas de la informaci6n. Procedentes (una vez m4s) de Estados Unidos, pero alegremente retomadas por los europeos, estas nuevas prédicas sirven a los intereses del capitalismo mundial, La nueva aristocracia planetaria de las finan- zas, de los media, de los ordenadores, de las telecomu- nicaciones, de los transportes y del ocio da saltos de alegria y de suficiencia: se proclama el motor de la sociedad del conocimiento, de la revolucién de la inte- ligencia. Las redes mundiales de empresas cuentan con las autopistas de la informacién y de la comunicacién para gestionar mejor sus negocios, aplicar sus estrate- gias de conquista, desarrollar e imponer sus normas y defender sus posiciones de monopolio adquiridas sobre los mercados. Lo mismo sucede con el capitalismo financiero. Una de las contribuciones mas grandes de las nuevas tecnologias a la economia contempordnea ha sido la aceleracién de los movimientos de capitales. En este contexto, la «tecnoutopfa» de la sociedad de la infor- maci6n sirve a la nueva clase dirigente a nivel planeta- rio para afirmar y hacer aceptar la globalizaci6n, es decir, la liberalizacién total de todos los mercados a escala mundial. Seguin los nuevos amos del mundo, la sociedad de la informacién lleva consigo nuevas formas de desre- gulacién mds alld de los Estados: exigen que cualquier reglamentacién sea dejada exclusivamente a cargo del mercado global. 166 La batalla Norte-Sur en la informacién Nadie puede afirmar que Europa sufra una caren- cia de talentos. Lo que le falta todavfa es una voluntad politica, fuerte y compartida, para respaldarlos por todos los medios: cuotas (0 excepciones respecto al libre comercio) para sectores como la cultura, créditos comunitarios més abundantes, capacidad para decir «no» a Estados Unidos cada vez que sea necesario. 167 Conflictos bélicos y manipulacién de las mentes Durante los ultimos afios la globalizacién de la informacién, su instantaneidad y espectacularizacién, han modificado de manera radical el tratamiento de los conflictos armados. La Biblia (con el Libro de Josué) y la Iliada de Homero fueron probablemente los primeros «reporta- jes» sobre guerras de la antignedad. Contar lo que ocu- tre en un conflicto sangriento es una actividad tan vieja como el mundo, pero los medios masivos de comuni- cacién existen sdlo desde mediados del siglo xix. De Ja guerra de Crimea a la del Golfo, la evolu- cién de la jurisprudencia ha permitido a las autorida- des militares controlar mejor la informaci6én. El estudio de los manuales de guerra nos ensefia cémo aparecieron y se desarrollaron nociones como «propaganda», «guerra psicolégica», «desinformacién», ete., que han transformado la relacién entre guerra y medios de comunicaci6n. El telégrafo y la fotografia Todo cambia hacia 1880, cuando aparecen los perié- dicos de masas como resultado de una doble revolu- 171 La tiranfa de la comunicacién cién técnica: la invencién de Ja linotipia y la de la rotativa. Por otra parte, la prensa incorporé dos invencio- nes importantes en términos de comunicacion, el telé- grafo y la fotograffa, que le permitieron el acceso a informaciones lejanas en un tiempo corto. Al aumen- tar su alcance mundial, también pudo incrementarse la tirada de los periddicos, Los diarios de la segunda mitad del siglo xix empe- zaron a enviar corresponsales de guerra a los conflic- tos. Pero los combates también cambiaron con el desa- rrollo de la era industrial y la aparicién de nuevas tecnologfas bélicas (entre ellas el uso militar del telé- gtafo) y nuevas armas (fusil de repeticién, ametralla- dora, cafién de acero y de retrocarga, tren militar, vehiculos blindados, aeroplanos, etc.). Crimea 1854, primeras fotos Las primeras fotografias —técnica de la era indus- trial— utilizadas como medio de informacion, y no para uso militar, fueron las de la guerra de Crimea (1854-1856). En ellas se ven esencialmente objetos esta- ticos, como fortificaciones, trincheras, 0 soldados muertos, pero prdcticamente ningtin combatiente en movimiento o en plena batalla. En EE UU se desarrollé ampliamente la fotograffa durante la guerra de secesién (1861-1865), de la que se sacaron millones de clichés. Fue, de hecho, un con- flicto ampliamente fotografiado, lo cual aumenté el interés del piiblico. 172 Conflictos bélicos y manipulacién de las mentes Lo mismo ocurrié con la guerra franco-alemana de 1870, con la insurreccién revolucionaria de la Comuna de Paris (1870) y, mds tarde, con la guerra de los béers en Africa del Sur (1899-1902). La prensa de masas utilizé la fotografia con profusién, pero presen- tando esencialmente escenas fijas, con soldados inmé- viles. Las guerras de Cuba y de Filipinas de finales del siglo xx (1895-1898) fueron conflictos que las pren- sas estadounidense y espafiola cubrieron de manera muy importante. Fue la primera vez que el cinemat6- grafo, recién inventado por los hermanos Louis y Auguste Lumiére, se hizo eco a su manera de un con- flicto armado. El cine lleg6 a La Habana en 1896, dos afios antes del final de la guerra de Cuba, de manos de Gabriel Veyre, operador de los hermanos Lumiére. Con una c4mara Lumiére grabé una serie de escenas de manio- bras militares, donde se plasmaba la atmésfera bélica que existia entonces en la capital cubana. Esta guerra respondfa para EE UU al proyecto del «destino mani- fiesto», y a su politica expansionista. William Randolph Hearst, el gran patron de Ja pren- sa norteamericana —el personaje que Orson Welles inmortaliz6 en su pelicula Ciudadano Kane—, movili- 26 a todos sus periédicos para provocar la interven- cién de EE UU en Cuba. Una anécdota resume el poder de la prensa escrita en esa época. Cuentan que e] magnate envié a un corresponsal a La Habana y que éste, viendo desde all{ que todo estaba tranquilo, man- dé a Hearst un telegrama diciendo que no habia ningu- na guerra y que regresaba a Estados Unidos. Hearst le 173 La tiranfa de la comunicacién contest6 con un telegrama: «Quédese. Mandeme ilus- traciones y textos, que yo le mando Ja guerra.» Enton- ces tuvo lugar la explosién del acorazado Maine en La Habana, y EE UU aproveché para declararle la guerra a Espafia. Es la primera contienda donde se aprecia Ja in- fluencia excepcional de los nuevos medios de comu- nicaci6n; la prensa hizo una campafia masiva para movilizar a la opinién ptiblica (el gobierno de William McKinley se vio pricticamente obligado a declararla). También en esta época EE UU produjo peliculas montadas a partir de la guerra de Cuba (como la bata- lla naval de la bahfa de Santiago) para mostrar el] poderfo de la flota estadounidense. De hecho, sobre ese conflicto, posterior a la invencién del cinemat6- grafo (1895), no hay imagenes filmadas. Sdlo las de esa reconstruccisn realizada en estudios norteamericanos. En aquella época se difundieron como si fueran ima- genes documentales, cuando en realidad no hab{fa nin- guna c4mara filmando las batallas. México 1911, el cine en accién De igual manera, la revolucién mexicana (1911- 1920) movilizé a los grandes medios de comunica- cién, reporteros de todo el mundo, fotdégrafos y, por primera vez, el cinemat6grafo, La revolucién mexica- na es la primera guerra filmada en directo. Camaré- grafos de noticiarios y realizadores de documentales (entre ellos Raoul Walsh) rodaron directamente esce- 174 Conflictos bélicos y manipulacién de las mentes nas de la revolucién y de sus principales protago- nistas: Pancho Villa y Emiliano Zapata. Durante la primera guerra mundial (1914-1918) fue cuando la opinion piiblica occidental empez6 a seguir los acontecimientos militares con interés, gra- cias a que la informacién Hegaba répidamente y en soporte visual. Los propios militares utilizaron 1a foto- grafia aérea para identificar las posiciones enemigas antes de ser bombardeadas. Hasta entonces, la prensa actuaba con las manos libres y el primer conflicto en el que aparece un verda- dero desacuerdo entre los intereses de un Estado y la libertad de informacién es la primera guerra mundial. En ella se va a verificar que «Ja primera victima de una guerra es la verdad». Los hostilidades estallan en agosto de 1914, y todos los periddicos afirman que va a ser «un paseo militar de verano». Los franceses estaban convenci- dos de que entrarfan en Berlin antes de las Navidades. Y los alemanes pensaban que harfan lo mismo en Paris en igual tiempo. Esa atmésfera de entusiasmo y de inconsciencia la crean los periédicos, que se transfor- man en 6rganos de propaganda y rivalizan en histeria nacionalista. Hay que tener en cuenta que es la primera guerra en la que todos los combatientes estan alfabetizados, saben leer, escribir y contar. La ensefianza primaria es obliga- toria en todos los pafses europeos desde el ultimo tercio del siglo x1x. La escuela, y el estudio de la historia nacional, han hecho de ellos unos patriotas, les han con- vertido mayoritariamente en nacionalistas convencidos. Algunos te6ricos dicen que «la geografia sirve 175 La tiranfa de la comunicacién para hacer la guerra»; pero, en ese caso, hay que afia- dir que la historia sirve para hacer a los guerreros, Y la confrontacién del 14-18 es la primera en la que se da el enfrentamiento entre este nuevo tipo de combatientes. En este ambiente, la prensa tiene el camino facil, crea entusiasmo hacia la guerra y hace creer en una victoria proxima. Este conflicto va a conducir a los gobiemnos alemdn y francés a tomar medidas extrema- damente severas con respecto a los medios de comuni- cacién. La nueva censura Por primera vez los gobiernos consideran que el estado de guerra les autoriza a controlar el contenido de la prensa y, por ejemplo, constituyen grupos de ofi- ciales especializados en Ja informacion, que son los Unicos acreditados para contactar con los periodistas. La prensa no tiene la oportunidad de informar debida- mente y, entre otros impedimentos, los reporteros no pueden entrar en las trincheras hasta finales de 1917. Durante tres afios, las trincheras son practicamente invisibles, s6lo existen en el relato de los ex comba- tientes. Para superar estas dificultades, los periddicos més importantes optan por nombrar a oficiales retira- dos como corresponsales en el frente. Se empieza a hablar de «/a manipulacion de las mentes». Aparecen en Francia las primeras publicacio- nes satiricas —Le Canard Enchainé— que critican la censura y las versiones de la guerra que dan los perid- dicos. La prensa alemana, como la francesa o la ingle- 176 Conflictos bélicos y manipulacién de las mentes sa, combate el pacifismo por considerarlo una forma de derrotismo. La prensa trata de inculcar en la opinion piblica la idea de que se est a punto de ganar, como sise avanzara de victoria en victoria... hasta la derrota final. De esta manera, la guerra de 1914-1918 crea las condiciones en las que los Estados confiscan la liber- tad de expresidn, la libertad de informar, e imponen la censura. Por razones de interés superior. Llega la radio Desde los afios veinte (y antes también: la proclama- cién de la revolucién bolchevique se hizo por medio de la radio del crucero Aurora) un medio de comuni- cacién logra gran alcance y se desarrolla hasta conse- guir la supremacia al final de la década de los cuaren- ta. Se trata de la radio, considerada como un arma terriblemente eficaz de propaganda y desinformacién. En esa época, los Estados esencialmente totalitarios, como Italia y Alemania, van a hacer de la radio un ins- trumento de lucha ideolégica. Como la guerra sin cuartel que entablan, en 1933 y 1934, la radio Munich de Goebbels y la radio Viena de Dollfuss.. También el cine resulta extremadamente impor- tante; en Espafia se ve ¢l «No-Do», se proyectan infor- maciones cinematograficas en la primera parte de la sesion, presentando la contienda, como ocurrié con la conquista de Etiopia-Abisinia, o la de Bilia, por Ita- lia, como un conflicto maniqueo en el que hay buenos y malos: y la poblacién solo tiene acceso a la version oficial de la confrontacion. Lr La tiranfa de la comunicacién La radio tiene que convencer a la opinion piiblica, La idea principal es que una guerra no solo se gana en el campo de batalla, sino también cuando se conquista el corazén de la poblacién, que constituye la retaguar- dia. De ahi que las guerras medidticas hayan cobrado tanta importancia con el tempo, en primer lugar para que los propios combatientes sepan por qué estén luchando y, en segundo lugar, para que la opinién ptiblica apoye este tipo de combate. El cine de los afios cuarenta comparte con la radio los objetivos descritos. Durante esa época vimos cémo EE UU decide intervenir en el segundo conflicto mun- dial, y c6mo el propio Pentdgono se hace productor de cine, reclutando a los mejores directores de Holly- wood para realizar una serie de Peliculas Ilamadas «Por qué estamos combatiendo» (Why we fight), que Se proyectan en todas las salas del pats. Estas produc- ciones tratan de explicar al publico por qué se ha de intervenir, cuando inicialmente la opinion publica estadounidense no era intervencionista, La principal Propaganda se dirige al Propio piblico, para que conozca lo justo del combate y la maldad del adversa- tio. Se crea una relacion gobiemo-opinién publica tan fuerte, que es dificil tener un criterio contrario u hostil a la intervencién. Los grandes medios de comunicaci6n crean una cohesién nacional respecto a la guerra —que debe evi- tar cualquier tipo de fractura— y, en particular, una Postura generalizada de apoyo al gobierno. Se mane- jan elementos de cardcter emocional, que aparecen en este momento e inducen a silenciar cualquier expre- si6n de disidencia. Esta situacion se confirma en la 178 Conflictos bélicos y manipulacién de las mentes guerra del 39 al 45, con la intervencion de EE UU, ampliamente apoyada por los medios de comunica- cin, Washington prohtbe que se haga propaganda o se dirijan expresiones de solidaridad hacia la Alemania nazi, la Italia fascista o el Jap6n imperialista. Es decir, se acepta la idea de que hay una plena solidaridad. Dentro de este marco —la tradicién estadounidense permite criticar la forma en que se desarrolla la guerra-, la prensa va a denunciar fuertemente, por ejemplo, al general Patton por su violencia y su forma de conducir las ofensivas en las Ardenas y la invasién de Alema- nia, que cuestan demasiadas vidas. at De hecho, era usual en EE UU permitir a los repor- teros acompaiiar a las primeras avanzadillas en las ofensivas. Esto no es factible en Francia, donde es imposible criticar a cualquier militar en el momento del conflicto. Pero si en Ja tradicién norteamericana. Y de hecho hay una serie de ejemplos que muestran cémo por ejemplo en las playas de Normandia los reporteros —entre ellos Robert Capa— rodaron las \inicas imagenes que podemos contemplar del desem- barco de junio de 1944, Esto no existe en el periodis- mo europeo, donde los reporteros legan después Ge que las batallas estén libradas, como si los periodistas fueran elementos que hay que proteger, a los que como méximo se les puede ensefiar ciertas cosas, pero no otras. Como dice el almirante Antoine Sanguinetti: «Las guerras son demasiado violentas para que los civiles las puedan contemplar.» 179 La tiranfa de la comunicacién Llega la television La guerra de Corea (1950-1953) es la primera en Ja que la television tiene un papel importante. El con- flicto estalla en 1950, cuando la television es ya en EE UU el medio de distraccion y de ocio dominante. Los telespectadores ven en esta guerra una confronta- ci6n tipica de la guerra fria, de ideologfas enfrentadas, comunista/anticomunista y, en el contexto estadouni- dense, «antiamarilla». ‘Ya se habfa dado una especie de «antiamarillis- mo» contra Japén, durante la segunda guerra mundial, que algunos analistas describen como verdadero racis- mo. Tanto en las peliculas, en los cémics, como en los medios de comunicacién de masas, la guerra de Corea Se presenta excesivamente caricaturizada y, a veces, de forma plenamente racista. Fundamentalmente, es una confrontaci6n en la que la prensa, la radio y latele- vision estadounidenses piensan que hay que ganar para evitar la extensién del comunismo en el mundo En 1949, los aliados de EE UU habian sufrido una derrota en China con la victoria de Mao Zeodong sobre Chiang Kai-chek, lo que significé la implantacién de un régimen comunista en un pais de 600 millones de personas. En Corea, el objetivo comun de Occidente (declarado por la ONU, ya que participan en ella aus- tralianos, neozelandeses y franceses) es el de contener la expansi6n comunista. EE UU va a movilizar para esta contienda a mds de 500.000 hombres. La versidn de la contienda que los medios de comuni- cacién norteamericanos difunden es undnime, tanto la que presentan los periddicos como las del cine y la television, 180 Conflictos bélicos y manipulacién de las mentes Ruptura en Vietnam La siguiente inflexién medidtica se da en la guerra de Vietnam (1962-1975). En la segunda guerra mun- dial el enemigo (el nazi).no tenfa defensores en los medios de comunicacién de los paises democraticos. La guerra de Vietnam se presenta con otras caracterfs- ticas: su larga duracion hace que EE UU no pueda per- derla, pero tampoco ganarla, credndose una situacién de estancamiento que conduce a la ruptura de la adhe- sién. Los propios combatientes acaban por preguntar- se: gpor qué estamos combatiendo? Sucede lo mismo que en la guerra de Corea, pero la atmésfera ya no es la misma que durante la guerra fria; no estamos en la era del maccarthysmo, por consiguien- te, los medios de comunicaci6n no aceptan las consig- nas de movilizacién y adoctrinamiento ideolégico que el gobierno de Washington quiere imponer. De hecho, la prensa va a informar con relativa liber- tad sobre la descomposici6n del ejército estadouni- dense, carente de motivacin. Es una guerra dificil que se libra contra un adversario relativamente pode- Toso, habil e invisible. Los medios de informacién se niegan a silenciar los abusos del ejército de EE UU, las ejecuciones masivas de civiles, el uso de armas qui- micas, la tortura, la destruccién del medio ambiente con la utilizacién de defoliantes quimicos, etc. Hasta entonces, en ningun pais del mundo los me- dios de comunicacién habian denunciado el comporta- miento de sus propios soldados durante el desarrollo de una guerra, Por primera vez, el juego de dominé es extremadamente importante en esta relacién gobierno- 181 La tiranja de la comunic: ejército-medios de comunicacién-opinién publica. La prensa norteamericana acusa a sus propios soldados de ser unos barbaros y eso provoca un gran impacto en la sociedad civil. Los reporteros siguen gozando de las condiciones tradicionales que el ejército de EE UU concede a la prensa: cualquier periodista acreditado recibe automa- ticamente rango de oficial, pudiendo asf integrarse en cualquier misi6n por peligrosa que ésta sea. Los repor- teros son testigos y no producen textos o relatos sono- Tos que se puedan manipular, sino que las cdmaras fil- man la realidad. Se ha dicho que fue la primera «guerra televisa- da». Lo fue en efecto, pero no en directo. Se trata de la primera confrontacién filmada para la television, aun- que no en tiempo real, porque se necesitaba enviar las peliculas (rodadas en 16 mm) por avién a EE UU y éstas se difundfan con 24 0 48 horas de distancia res- pecto a los hechos, Existen fotografias célebres, como la de la nifia corriendo después de haber recibido napalm. Nadie puede pensar que esa nifia es el enemigo que pone en peligro la existencia de EE UU. En este sentido, la Prensa ejerce una influencia demoledora sobre la socie- dad norteamericana, porque evidentemente nadie quie- Te enviar a sus hijos a esa guerra. Ademés, la atmésfera en el seno del ejército es de desmovilizacién, de degra- dacidn moral, uso de drogas, etc. Y resulta fundamental el hecho de que esos soldados no sean «caballeros». Esto provoca una ruptura entre el gobierno y la opinién publica estadounidense, que no apoya la guerra al ver que se hace por razones ideolégicas y no para 182 Conflictos bélicos y manipulacién de las mentes salvar a la poblacion. Este ambiente gangrena al pafs y cuando termina la contienda, con la derrota de Estados Unidos en 1975 —la primera en su historia— se plan- tea la cuestién de por qué no se ha vencido. Probablemente, la derrota se debi6 a razones estra- tégicas militares y a que el tinico armamento que no uti- lizaron los norteamericanos fue el nuclear. Pero esen- cialmente se pens6 que la desmotivacién de la opinién piblica produjo también la del Estado Mayor. El hecho de que los ciudadanos pudieran presenciar paso a pee Ja evolucion del conflicto, los juicios hechos a auténti- cos criminales de guerra en el propio EE UU o las criti- cas a ciertos comportamientos suscitaron la reflexion y desembocaron en un cambio en la relacion medios de comunicacién-guerra-opinién publica, en el que nos encontramos a partir de entonces. El modelo Malvinas Los primeros que aprenden la leccién de la guerra de Vietnam no son los estadounidenses sino los brita- nicos. E] Reino Unido comprende, antes que nadie, lo que ha cambiado para la estrategia militar con el desarro- Ilo de los medios de comunicacién. El discurso televi- sivo es ahora muy convincente y la televisién penetra en todos los hogares. El espectador es testigo de un acontecimiento militar, y eso provoca gran perturba- cién en Ja manera de concebir el desarrollo de Jos con- flictos. Resulta indispensable reflexionar sobre ello. El primer conflicto que va a ser tratado de otra forma seré la guerra de las islas Malvinas en 1982. 183 La tiranfa de la comunicacion Las lecciones de la guerra de Vietnam conducen al Estado Mayor briténico a establecer otra estrategia para relacionarse con los medios de comunicacién de masas; la zona del enfrentamiento es idénea, ya que por definicién esta aislada y constituye un escenario muy lejano. La primera leccién es que en un conflicto el papel de bueno —para los medios— es el de la victima. Uno de los primeros objetivos ser, pues, aparecer como victi- ma. Crear una imagen muy agresiva, muy negativa, muy amenazante, del adversario. La segunda lecci6n es que la guerra es peligrosa y que los periodistas corren peligro si se acercan al fren- te. Hay que protegerlos pues, evitando que se aproxi- men a los lugares donde se intercambian disparos. Los briténicos no quieren dejar que el conjunto de la pobla- cin sea testigo de los combates, basandose en que las guerras son demasiado complicadas para que la opi- ni6n ptiblica las pueda conocer directamente. De este modo, Londres selecciona bajo su criterio, a un grupo de reporteros con el pretexto de la lejania del conflicto. Los medios van a insistir en el hecho de que en Argentina existe una dictadura militar muy cruel, y también que esa dictadura ha ocupado militar- mente las Malvinas. Con este sistema, los periodistas ingleses sélo pueden cubrir ese conflicto bajo proteccién del ejérci- to britdnico. Cuando la escuadra inglesa llega a la zona de enfrentamiento, el buque que transporta a los Periodistas queda en la periferia, alejado del lugar de los combates, y alli reciben Ja informacién. Por tanto, ésta llega a través del Estado Mayor y los medios de 184 Conflictos bélicos y manipulacién de las mentes comunicacién no van a tener ninguna posibilidad de acceder directamente al lugar del conflicto, por mas que se encuentren en el escenario de las Malvinas. Se libran batallas que demuestran que los britani- cos no son invencibles, que la aviacién argentina es muy eficaz, que utiliza armas modernas. Los medios de comunicacién ingleses se refieren a la guerra como a un conflicto facil, un paseo militar. Menos la BBC (British Broadcasting Corporation), que es la tinica que no acepta manipulacién y amenaza con pedir material a la propia televisién argentina para mostrar otro punto de vista. Pero en la practica se presenta globalmente como una guerra ideal para la opinion publica. Una guerra sin violencias gratuitas, sin victimas inocentes, en la que el comportamiento britdnico aparece como caba- lleresco, generoso. Este fendmeno de censura va a funcionar y los britanicos seran capaces asi de propo- ner a todos los ejércitos del mundo un modelo de manipulacién inteligente de los medios de comunica- cién. Es el modelo que se va a aplicar a partir de entonces, en todos los conflictos en los que intervienen las gran- des potencias. A partir de ahora la guerra solamente podr verse cuando los implicados sean pequefios Estados. Entramos en un universo en el que la idea de que las guerras son transparentes ha sido abandonada. Desde Vietnam, en las guerras solo se filma la versién que con- viene dar del conflicto, la que el «ministro de la guerra» de Ja potencia correspondiente quiere dar a conocer. 185 wae La tirana de la comunicacion Granada, 1983 La siguiente guerra en la que interviene una gran potencia es la invasién de la isla caribefia de Granada Por parte de EE UU, en 1983. Todo se presta a la apli- cacién del modelo de las Malvinas. Los periodistas no pueden acompafiar a las tropas en el desembarco, que se desarrolla durante cuatro 0 cinco dias, por lo que no existen imagenes de éste. E] Pentdgono se excusa diciendo que es una guerra «peligrosa» para los corresponsales y que «las tropas cubanas» que se encuentran en la isla estan ofreciendo una resistencia importante. Asf que cuando legan los Teporteros esta todo ocupado y la guerra ya no presen- ta aspectos desagradables. Ser la primera vez que las grandes cadenas de television estadounidenses Ievaran a juicio al gobiemo por haber violado la primera enmienda de la Constitucién de EE UU sobre la libertad de prensa. Panam, 1989 El segundo conflicto en el que el modelo de las Malvinas se aplica ya establemente es la toma de Pana- ma en 1989, donde los estadounidenses van a utilizar un método mas sofisticado. Al igual que en Granada, en Panamé no hay testi- gos durante las primeras horas del ataque, el periodo més diffcil; y la nueva estrategia utilizada por EE UU €n esa intervencién se basa en que se Ileva a cabo al mismo tiempo que la cafda del régimen de Ceaucescu en Rumania, el 20 de diciembre de 1989, con el mun- 186 Conflictos bélicos y manipulaci6n de las mentes do entero ocupado en ver en directo por televisién los combates callejeros de Bucarest. Las cadenas de televisi6n m4s importantes rom- pen su programacion, e incluso emiten durante 24 horas lo que estd ocurriendo en Rumania. Mientras el mundo entero est entretenido viendo los hechos de Rumania, EE UU, utilizando lo que se llama un «efecto biombo», interviene en Panama y sabe que, en realidad, aparte de los paises hispano- americanos, en el resto del mundo el efecto mediatico serd secundario. Practicamente no hay imagenes de lo que ocurri6é en Panama, y la version estadounidense muestra al presidente Noriega como traficante de drogas, causan- te de todos los acontecimientos. Hoy dfa sabemos que si los conflictos de Rumania y Panamé hubiera que medirlos por el mimero de victimas, los resultados serian los siguientes: en Rumania los muertos no Ile- garon a 1.000, mientras que en Panamd resultaron m4s de 4,000. Sin embargo, la cobertura mediatica de Ruma- nia fue infinitamente mas importante en nimero de horas de television. Una vez puesto en practica este modelo, se aplica- 14 més estrictamente en la guerra del Golfo y actual- mente es la pauta oficial de todos los paises que perte- necen a la OTAN. En septiembre de 1986 se publicé un informe elaborado por la Alianza Atlantica sobre cémo comportarse con los medios de comunicacién en caso de conflicto, siguiendo el modelo exacto de la estrategia britdnica en las Malvinas. Allos gobiernos no les importa ya que los especia- listas acudan después del conflicto a contar lo que en 187 iy ' La tiranfa de la comunicacion realidad acontecid. Lo que les interesa preservar es que, en el momento en que se desarrolla el conflicto, haya una sagrada unidad de criteriog. La que existié en Ja guerra de Corea, asi como en la primera y segunda guerras mundiales: dar una tinica version y designar como traidor a todo aquel que aparezca como disidente. En realidad, muchos periodistas no se dieron cuenta de que las guerras ya no se podian filmar. Por eso les pill6 desprevenidos la guerra del Golfo (1990-1991). 188 Laera de la sospecha Escepticismo. Desconfianza. Incredulidad. Tales son los sentimientos dominantes entre los ciudadanos respecto a los media, y muy particularmente a la tele- vision. Confusamente, se percibe que algo no marcha en el funcionamiento general de la informacién. Sobre todo desde 1991, cuando las mentiras y las mistifica- ciones de la guerra del Golfo —«Irak, cuarto ejército del mundo», «la marea negra del siglo», «una linea defensiva inexpugnable», «los ataques quirirgicos», «la eficacia de los Patriot», «el binker de Bagdad», etc.— chocaron profundamente a los telespectadores; algo que confirmé la gran impresién de malestar que ya habfan suscitado asuntos como el falso enterra- miento de Timisoara... y se ha prolongado ad nauseam después en cada mega-acontecimiento: de la Somalia de 1992 a la muerte de Diana en 1997. Nadie niega la indispensable funcién de las comu- nicaciones de masas en una democracia. La informa- cién es esencial para la buena marcha de la sociedad. No hay democracia posible sin una buena red de comu- nicaciones y sin el maximo de informaciones. Gracias a la informacién el hombre vive como un hombre libre. Todo el mundo est4 convencido de esto. Y, sin embargo, los media han entrado en una era de sospecha. 191 La tirania de la comunicacién No es la primera vez que esto ocurre. Durante dece- nios —afios sesenta y setenta— se reproché especial- mente a la televisién ser un «instrumento del poder» y querer «manipular los espfritus» para el beneficio electoral del partido dominante. Esta primera etapa en la desconfianza, esencialmente politica, terminé en numerosos pafses (en Francia en 1982) con el fin del control directo ejercido por los gobiernos sobre la informacion televisada, y la creacién de instancias de regulacion (Alta Autoridad, Comisién Nacional o Consejo Superior) del audiovisual. No es el caso de Espaiia y eso es algo que sigue siendo escandaloso. La segunda era de la sospecha no tiene el mismo cardcter. Se basa en la conviccién de que el sistema informacional no es fiable, que tiene fallos, que da pruebas de incompetencia y que puede —a veces a pesar suyO— presentar enormes mentiras como verda- des. De ahi la inquietud de los ciudadanos. Nos encontramos ante un giro en la historia de la informacion. En el seno de los media, desde la guerra del Golfo, en 1991, la televisién ha tomado el poder. Ahora es ella la que da el tono, quien determina la impor- tancia de las noticias, quien fija los temas de Ja actuali- dad. Hasta hace poco tiempo, cl telediario de la noche se organizaba sobre la base de las informaciones apa- recidas el mismo dfa en la prensa escrita; se encontra- ba en él la misma clasificacidn de la informacién, la misma arquitectura, cl mismo orden. Ahora ocurre a la inversa. Es la televisién quien dicta la norma, es ella quien impone su orden y obliga a los otros media, en particular a la prensa escrita, a seguirle. Con motivo del asunto de Timisoara, en diciembre de 1989, los 192 Laera de la sospecha responsables de los periédicos admitieron publica- mente que, impresionados por las imagenes vistas en la televisiOn, habian reescrito el texto de su enviado especial, que no hablaba de la fosa de cadaveres des- cubierta. De ese dia arranca una nueva etapa en Ja evolucién de Ja informacién. Un media central —la televisién— produce un impacto tan fuerte en el 4nimo del ptiblico que los otros media se sienten obligados a acompajiar este impacto, mantenerlo, prolongarlo, Si la television ha conseguido imponerse asi no ha sido solamente porque propaga un espectéculo, sino por- que se ha convertido en un medio de informacién més rapido que los otros. Tecnolégicamente apta, desde fina- Jes de los afios ochenta, mediante la emisi6n por satélite, para transmitir imagenes a la velocidad de Ja luz. Poniéndose a la cabeza en Ja jerarquia de los media, la televisién impone a los otros medios de informa- cin sus propias perversiones. En primer lugar, su fas- cinaci6n por la imagen. Y esta idea fundadora: sdlo lo visible merece informacion. Lo que no es visible y no tiene imagen no es televisable, por tanto, no existe. Los acontecimientos productores de imagenes fuertes (violencias, catastrofes, sufrimientos) toman, en este contexto, la delantera en la actualidad: se imponen a los otros temas incluso si su importancia es en absoluto secundaria. El shock emocional que pro- ducen las imagenes —sobre todo las de dolor y muer- te— no puede compararse con el que pueden producir los otros media, incluida la fotograffa (basta con observar la crisis actual del fotorreportaje, cada vez mas ganado por la prensa del corazén). 193 La tiranfa de la comunicacion Obligada a seguirla, la prensa escrita puede recrear Ja emocién sentida por los telespectadores, cn textos que planean sobre el mismo registro afectivo, senti- mental, dirigiéndose al corazén y no a la razon. Con- secuencia: las crisis, incluidas las mds graves, de las que no hay imagenes, son despreciadas, incluso por los media tenidos por serios, Esta ley de base de la informacién moderna no es ignorada por los poderes politicos, que intentan usarla en su beneficio. Asf, cuando se trata de cuestiones delicadas y comprometedoras, vigilan celosamente a fin de que ninguna imagen circule, Se trata de una forma selectiva de censura. Los relatos escritos, los testimo- nios orales pueden en rigor difundirse. Jamas produci- rén el mismo efecto. E] peso de las palabras no vale lo mismo que el shock de las imagenes. Pues, como afir- man los expertos en comunicacién, la imagen desvia o anula el sonido y es el ojo el que lo Ieva hacia el oido. También algunas imagenes son hoy objeto de rigurosa vigilancia. O més bien, algunas realidades estén estric- tamente prohibidas en lo que respecta a su conversién en im4genes. Es el medio més eficaz para ocultarlas. No hay imagen, no hay realidad. Como se ha sefialado en otros capitulos, desde la guerra del Vietnam, los estados mayores de los ejércitos ya habian comprendido esto. Y ninguna guerra después, ni siquiera las conducidas por Estados democriticos, ha sido objeto de transparencia en materia de informacién, Astucias, mentiras, silencios, se han convertido en la norma, como se pudo constatar con motivo de las crisis de las Malvinas en 1982, de Granada en 1983, de Pana- md en 1989 y, en fin, del Golfo en 1991. No ha sido tni- 194 Laerade la sospecha camente el ejército quien Jo ha entendido de esta forma. La mayorfa de los organismos piiblicos o privados lo saben tan bien que se han dotado masivamente de agre- gados de prensa y encargados de comunicaci6n. Su fun- ci6n: practicar Ja versi6n modema, «democritica», de la censura. Que reposa en dos figuras de primer orden: la retenci6n, en su forma clasica de informacién nula; y la saturacion, forma contemporanea de la edad de la comu- nicaci6n: el periodista se hunde, literalmente, bajo una avalancha de datos, dossiers, mas o menos interesantes, que le movilizan, le ocupan y, como un sefiuelo, le dis- traen de lo esencial. Ademés, esto estimula su pereza: ya no hay que buscar la informaci6n, llega sola. Dos l6égicas se enfrentan: la del «todo imagen» querida por la televisién, y la del «cero imagen» defen- dida por los poderes. La primera conduce a abusos cada vez mas frecuentes, como la elaboracién de fal- sedades, el recurso discreto a los archivos (ejemplo, el cormordn bretén presentado como una gaviota del Golfo victima de la «marea negra»), la reconstruccién de escenas con ayuda de actores o de imagenes de sin- tesis, la [lamada a los videoaficionados que hayan fil- mado «en vivo» acontecimientos sin importancia, etc. La otra ldgica tiene un nombre, se llama censura. Pero no solamente porque en un Estado de derecho el estatuto de la imagen esté reglamentado. No se filma cualquier cosa o a cualquier persona. Es necesario contar con autorizacién para penetrar con las camaras en los hospitales, en las carceles, en los cuarteles, en las comisarfas, en los asilos... Esto se puede entender; tiene que ver con cl respeto a la persona. Los militares han querido hacer extensible este 195 La tiranfa de la comunicacion razonamiento a cualquier zona de combate. Pero la guerra, cualquier guerra, es consecuencia de lo politi- co y afecta directamente a los ciudadanos que tienen el deber de informarse y el derecho a estar informa- dos. Los periodistas en la guerra del Golfo zhicieron bien aceptando la légica de los militares, la de los pools? Era, inevitablemente, hacerse cémplices de sus mentiras. Tal enfrentamiento de légicas contradictorias se produce en un momento en que la televisién, que ha experimentado un gran salto tecnolégico, puede pre- sentar, en directo e instanténeamente, imagenes de cualquier punto del planeta. Puede seguir ya un acon- tecimiento (sucesos 0 crisis internacionales) en toda su extension. Puede también, gracias a las transmisio- nes por satélite y a las conexiones multiples, transfor- mar un acontecimiento en asunto central del planeta, haciendo reaccionar a los principales dirigentes del mundo, a las personalidades mds destacadas, obligan- do a los otros media a seguirla, a amplificar la impor- tancia del acontecimiento, a confirmar su gravedad y a convertir en urgencia absoluta Ja resolucién del pro- blema. {Quién puede escapar a este tam-tam planeta- rio? Tiananmen, Berlin, Rumania, el Golfo, Somalia, Ruanda, Diana, etc., sacuden con tal fuerza el curso de la actualidad, que todo el resto de la informacién se difumina, se amortigua, se disipa. Hasta el punto de que otros hechos importantes pueden disimularse tras el paraguas de los media y escapar a la atencién del mundo. También esto lo han comprendido los poderes y se aprovechan de la distraccién de la aldea planetaria, ocu- 196 Laeera de la sospecha pada en seguir con pasién un gran «drama» de la infor- macién, para llevar a cabo cualquier accién criticable. Asi, Estados Unidos se aproveché de la emocién des- pertada por la «revolucién» rumana, en diciembre de 1989, para invadir, en las mismas fechas, Panama4; Mos- cdi se serviré de la guerra del Golfo para intentar arreglar sus problemas balticos y para sacar a Eric Honecker de. Alemania. El gobiemo israeli explotar4 los espectacula- res ataques de los Scud iraqufes en 1991 para reprimir, de manera atin mds severa, a las poblaciones civiles palestinas de Cisjordania y Gaza. Clinton intentara des- viar la atencién de los media de sus asuntos personales (asunto Lewinski, en enero de 1998) relanzando artifi- cialmente las tensiones militares en la regin del Golfo, etcétera. A pesar de estos peligros, la informacién televisa- da se abandona a la embriaguez del directo, parece poseida por un furor de conectar, de multiplicar, de enlazar... La guerra del Golfo elevé esta nueva fiebre hasta el paroxismo. La televisién exhibid, literalmen- te, sus modernas capacidades tecnolégicas, su domi- nio (no siempre perfecto) de las conexiones multiples: Washington, Amman, Jerusalén, Dahran, Bagdad, El Cairo... se sucedian vertiginosamente en la pantalla, en una especie de autozapping ensordecedor, enervan- te, fascinante. Después, todas las cadenas han imitado ala CNN y el menor acontecimiento nacional (matri- monio principesco) o internacional (viaje del papa a Cuba, por ejemplo, en enero de 1998) dan lugar a una histeria de los enlaces, a una locura de conexiones con decenas de «enviados especiales». Ahi est4, por otra parte, la funcién principal: en 197 La tirania de la comunicacién esta aptitud para llegar hasta el fin del mundo. Pues, por lo demas, esta «tele-visidfono» suena a hueco. Ademis, al multiplicar las conexiones, obliga a los corresponsales a permanecer cerca de las antenas moviles, impidiéndoles ir en busca de las fuentes y las informaciones. La permanente solicitud desde los estudios centrales obliga por otra parte a los reporteros a enlazar ellos mismos con otros media llenando asi, en bucle, el sistema informacional de rumores diver- sos, de declaraciones sin importancia y de hechos no verificados. Lo importante, lo esencial, es que el siste- ma funcione; que la m4quina «comunique». Y no que informe. Tal es el principio sobre el que se organiza la cadena CNN convertida desde 1991 en el modelo a imitar. La consecuencia de esta nueva situacién, de esta fascinaci6n por el directo, el five, el tiempo real es el cambio de modelo de representacién del telediario. Este espectaculo, estructurado como una ficcién, ha funcionado (y funciona todav{a) sobre una dramatur- gia de tipo hollywoodiense. Es un relato dramético en el que se suceden, en una mezcla de géneros, de gol- pes de teatro y de cambios de tono (en torno a tres registros centrales: amor, muerte, humor) y reposan sobre el atractivo principal de una star, es decir, el pre- sentador tinico: Walter Cronkite ayer, Dan Rather hoy. En el cine, lo atrayente no es la historia de La dama de las camelias 0 de Madame Bovary que todos conocen, sino cémo Greta Garbo o Isabelle Huppert reencarman esos personajes; de la misma manera en el telediario la informacién principal no es lo que ha pasado sino cémo el presentador nos lo cuenta. 198 Laera de la sospecha Este modelo esta siendo reemplazado actualmente por otro: el del periodismo deportivo. Lo importante son las imagenes del acontecimiento sobre el cual, como en un partido, no hay gran cosa que decir. El comentario es minimo y el papel del presentador dis- minuye. E] periodista se presta a afiadir un mfnimo de informaciones pues es la fuerza de la imagen lo que importa. Lo mismo que se puede seguir un partido suprimiendo el sonido, se pueden practicamente seguir los acontecimientos suprimiendo los comentarios, En el momento de la cafda del muro de Berlin, los presen- tadores de los telediarios que se habian desplazado decian, mirando a la cdmara, mientras que detras de ellos corria la gente del Este hacia el Berlin opulento: «Mirad, estdis viendo cémo se hace la historia ante vuestros ojos.» La televisién cree que ahora puede mostrar «/a historia mientras se hace»; y que cada uno es lo sufi- cientemente adulto como para comprenderla. Como si fuera suficiente ver un acontecimiento para compren- derlo. Por esto se abre paso una concepcién de la infor- macién en la que cada vez se valora menos el trabajo del periodista. Asi, desde el momento en que un acon- tecimiento estalla en cualquier lugar, los media —sobre todo la radio y la televisisn— han adoptado la cos- tumbre de establecer contacto con alguien que se encuentre alli (basta que hable el idioma del pais que se trate) que dice lo que sabe. Incluso aunque sea poco, incluso aunque sea falso, incluso aunque se trate s6lo de un rumor. Lo importante es la conexién y su efecto de realidad: el que habla esta en el lugar de los 199 La tiranfa de la comunicacién hechos y esto es una garantfa de autenticidad, es un «verdadero» testimonio, y eso es bastante. Residuo (ruina) de la fascinacién por el periodismo de investiga- cin: un «testigo» se convierte, en la ideologia del directo, en un valor absoluto. Hasta el punto de que se intenta transformar al periodista en simple testigo (pala- bra que viene del griego y que quiere decir mértir). Se envia al periodista a lugares que no conoce, de los que no sabe ni el contexto sociopolitico, ni la his- toria, y apenas ha desembarcado su cadena contacta ya con él, le pregunta, en caliente, sus primeras impresio- nes. Es necesario que vaya répido, muy rapido: «Slow news, no news», tal es el eslogan de la CNN. Todo eso lo hace «vivo», todo «comunica». Es lo esencial. Frente a estos cambios, el telespectador se queda desconcertado, desorientado. De ahf su malestar. Deso- rientado porque lo que también cambia —sin que las propias cadenas se den cuenta— es la instancia que otorga la credibilidad. iPor qué se cree en un discurso audiovisual de informacién? En la historia de la informacion audiovi- sual ha habido dos modos de credibilizacién, y nos encontramos hoy en el umbral del tercero. Primero fueron los espacios de actualidad antes de las proyec- ciones cinematograficas. Cada semana, las salas de cine presentaban un acercamiento a la actualidad nacional y mundial en imagenes y sonido. Se creia un discurso a causa del comentario en off, que fijaba el sentido de las im4genes (Chris Marker en Carta de Siberia demostré definitivamente la importancia semantica del comentario sobre las imégenes) y hacia ese sentido aceptable, evidente. El comentario lo proferia una voz 200 PNR ED ST eT HT COMME TSC ETT 7a ESN VEG seh AS MET ee Lara de la sospecha andnima, no identificada (sin aparecer en los titulos de crédito); era la voz de una abstraccién, de una alego- ria: la de la informacién. Esta voz, nitidamente teold- gica, hablaba a los espectadores en la oscuridad y el silencio de la sala. Y se la crefa. El telediario de modelo hollywoodiense, el que inspir6é a comicnzos de los afios setenta, en Estados Unidos a Walter Cronkite en la CBS, se crefa por razo- nes estrictamente opuestas. La voz que hablaba tenfa un rostro y un nombre; estaba perfectamente identifi- cada, era la del presentador que hablaba a los telespec- tadores (gracias al prompter) mirdndoles a los ojos; les hablaba cada noche, era recibido en casa. Se estable- fa con él una relacién de confianza, de conocimiento. Y un conocido, que te habla mirdndote a los ojos, no puede mentir. Por este hecho, la credibilidad de la informacion era mayor en la televisién que en los otros media. En los nuevos formatos, la figura del presentador se difumina. La informacién «en directo y en tiempo real» no puede reposar en un presentador Unico, lo desdibuja. Por otra parte, los pasajes por el estudio central son fugaces, funciona sobre todo como centro de seleccién, como cruce, pero lo importante es la red, la malla de corresponsales, la multiplicaci6n de cone- xiones, en resumen, el parpadeo permanente de un sis- tema, que ahora ocupa el espacio central. Es un tingla- do de estimulacién electrénica el que se muestra, que funciona, que «comunica». Y, por el momento, los telespectadores carecen todavia de signos para esta- blecer con tal maquinaria una relacién de confianza, que es indispensable para la credibilidad. Llegard, qui- 201 La tirania de la comunicacién z4, cuando la familiaridad y la confianza respecto a los microordenadores, Internet y otras «méquinas inteli- gentes» hayan convencido de que se puede creer en la méquina informacional. Pero nada se asemeja, por el momento, en la voz abstracta de la informacién a la presencia sonricnte de un presentador. Frente al ciudadano se conecta, se multiplica, se circula por la red, en resumen, se «comu- nica», pero el ciudadano siente confusamente que eso le excluye. La televisién, hay que saberlo, no es una maquina para producir la informacién sino para reproducir los acontecimientos. El objetivo no es hacernos compren- der una situaci6n, sino hacernos asistir a un aconteci- miento. A Jos males de la politica, gangrenada por la corrupcién y por la debilidad de las ideologias, se han afiadido, desde hace algtin tiempo, la desconfianza, la repulsion respecto a los periodistas y los media. La guerra del Golfo, Somalia, Ruanda, Diana y tantos otros tele-eventos (repicados por la prensa y la radio) han acabado por desconcertar a los ciudadanos. Ademés, esta decepcién llega en un momento en que el periodismo, en tanto que «cuarto poder», se presen- taba como un recurso posible contra los abusos de los otros tres; la garantfa, para los ciudadanos, de un con- trol democratico. Adornado con los calificativos mas engafiosos —independiente, probo, honesto y riguro- so— el periodista cmergia de la descomposicién gene- ral y aparecia como un auténtico paladin de la verdad, como el aliado fiel del ciudadano desamparado. El asunto Watergate, en los afios setenta, y el papel que desempefiaron algunos periodistas, vinieron a 202 La era de la sospecha confirmar que incluso el hombre mas poderoso del planeta —el presidente de Estados Unidos— no podfa resistir a la fuerza de la verdad cuando estaba defendi- da por reporteros sin tacha, incorruptibles. Richard Nixon, hundido por las revelaciones del Washington Post, tuvo que dimitir en 1979 En el curso de los afios siguientes el periodista fue, verdaderamente, presentado como el «héroe posi- tivo» de las ficciones del «realismo democratico» (lo mismo que cl obrero modelo, «el hombre del marmol» era antes el héroe positivo de las ficciones socialistas). {Cuantos films, docudramas, emisiones se han consa- grado a su gloria, a su gesta o a su martirio? A lo largo de todo el decenio de los ochenta, mien- tras se hundian —se decia— las ideologias y desapa- recfan la mayor parte de los intelectuales de renombre, se alzaba la figura del valiente periodista. Algunos de ellos, en Francia y en otras partes, se convertian en nuevos maitres & penser. Consultados como ordculos por los grandes media, escuchados por los politicos, seguidos por los ciudadanos, algunos de esos vaticina- dores consiguieron incluso aparecer a los ojos de la mayorfa (nueva prueba de la derrota del pensamiento) con el estatuto de «verdaderos pensadores de nuestro tiempo». Hoy caen del pedestal. Y deben afrontar los sar- casmos y la desconfianza de los ciudadanos. Muchos de ellos comparten, ademds, esta desconfianza (el 84 por 100 de los periodistas estiman haber sido «mani- pulados» durante la guerra del Golfo). Sin duda la mala imagen actual es, en parte, tan inmerecida como lo era la anterior mitificacién. El publico siente que su 203 La tiranfa de la comunicacién mejor o peor participacién en la vida cfvica, y, por tan- to, la calidad de la democracia, depende de que cuente con una informaci6n de calidad. Pero el ciudadano se ha dejado acunar por los halagos de la televisién que le prometia informarle divirtiéndole, presentarle un espectaculo Ileno de primeros planos de actualidad, apasionante como una pelicula de aventuras. Se trata evidentemente de una contradiccién. Ante una infor- maci6n que sigue hoy hasta el paroxismo la ldgica del suspense y del éspectdculo, el ciudadano empieza a comprender los riesgos que le hacen correr su abando- no y su fascinacién. Descubre que informarse cuesta. Y que ese es el precio de la democracia. 204 Nuevos imperios mediaticos Rupert Murdoch Magnate de los media de Australia (donde posee un centenar de periddicos y varias cadenas de radio y televisién), Rupert Murdoch se hizo célebre a media- dos de los afios ochenta rompiendo los sindicatos obreros de artes grdficas (muy ligados al Partido Laborista) con el apoyo firme del gobierno Thatcher. Actualmente controla un tercio de la tirada de los dia- rios britdnicos, particularmente con The Sun, el pres- tigioso The Times y sus respectivos dominicales, News of the World y Sunday Times. Pero todo esto representa s6lo una parte muy pequefia del imperio News Corp. (10.000 millones de délares como cifra de negocios) y que en el Reino Unido controla asi- mismo la British Sky Broadcasting (BSkyB), una red de television de pago por satélite y por cable que cuenta con seis millones de abonados, una de las sociedades mas rentables de la Bolsa de Londres, sin ningtin competidor local y que posee ademas el control de la primera oferta de televisién digital por satélite en Gran Bretafia. News Corporation, de la que Rupert Murdoch posee el 30 por 100 de las acciones, es el ejemplo tipico del 207 La tiranfa de la comunicacién gran grupo multimedia contempordneo. En Estados Unidos controla las ediciones HarperCollins (550 millones de délares de beneficios en 1995) '; el diario New York Post; varias revistas, entre las que se cuenta TV Guide: la productora Twenty Century Fox (que produce, entre otras, la serie televisiva Expediente X),; la red de televisién Fox Network; una cadena popular de television por cable, la FX; una cadena de informa- ci6n ininterrumpida, la Fox News Channel (que rivali- za con la CNN del grupo Time-Warner, con la MSNBC, creada por Microsoft y con la cadena NBC de General Electric); una empresa de marketing y pro- moci6n. la Heritage Media; asf como una veintena de servidores Web en Internet. En el campo de la tecnolo- gia digital, Rupert Murdoch acaba de invertir mil millones de délares para ofrecer, aliado con Echostar y la compaiiia telefénica MCI, un conjunto de mas de 200 cadenas a los telespectadores estadounidenses. En asociacién con las sociedades Japonesas Sony y Foftbank, Murdoch ha entrado también en el pro- yecto de television por satélite Japan Sky Broadcas- ting (ISkyB) y se propone difundir 150 cadenas para el puiblico japonés en la primavera de 1998. Su grupo, posee ya una cadena de television por satélite, la Star TV, que difunde decenas de programas con direcci6n a Japon, China, India, el sureste asiatico y el este afri- cano. Esta profusién de alianzas sin fronteras, de fusio- nes y de concentraciones —de las que Rupert Mur- ' Léase el dossier «The Cruhing Power of Big Publishing». The ‘Nation, Nueya York, 17 de marzo de 1997. 208 Nuevos imperios mediticos doch es un ejemplar arquitecto— caracteriza el uni- verso actual de los media. La sociedad de la informacion global En los tiempos de la mundializacién de la econo- mia, de la cultura global (world culture) y de la «civi- lizaci6n Gnica» se pone en marcha lo que algunos denominan la «sociedad de la informacion global» (Global Information Society). Esta se desarrolla con- forme se acelera la expansién de las tecnologias de la informacién y de la comunicaci6n, que muestran una tendencia a invadir todos los campos de la actividad humana y a estimular el crecimiento de los principales sectores econémicos. Como una inmensa tela de arafia a escala planetaria, se extiende una «infraestructura de informacién global» (Global Information Infrastruc- ture), aprovechandose especialmente de los progresos en materia de digitalizacién y favoreciendo la posibili- dad de interconexién de todos los servicios ligados a la informaci6n y a la comunicacién. De forma especial estimula la imbricacién de los tres sectores tecnoldgi- cos —informatica, telefonia y televisién— que con- vergen y se funden en el multimedia y en Internet. En el mundo hay 1.260 millones de televisores (de los que més de 200 millones estén conectados al cable y alrededor de 60 millones abonados a una oferta digi- tal), 690 millones de abonados al teléfono (de los que alrededor de 80 millones son teléfonos méviles 0 celu- lares), unos 200 millones de ordenadores personales (de los que cerca de 100 millones estén conectados a 209 La tiranfa de la comunicacién Internet.) Se calcula que, en el afio 2000 o en el 2001 la potencia de la red Internet superaré a la del teléfono, que el nimero de usuarios de la red oscilaré entre los 600 y los 1.000 millones y que el sistema contara con més de 100.000 servidores comerciales”. La cifra de negocios de las industrias mundiales de la comunica- ci6n, en sentido amplio, podria elevarse en cinco afios a2 mil millardos de délares, es decir, el equivalente a, aproximadamente, el 10 por 100 de la economia mun- dial}, Los gigantes industriales de la informatica, de la telefonia y de la televisi6n saben que los negocios del futuro se encuentran en estos nuevos filones que abre ante sus ojos, fascinados y codiciosos, la tecnologia digital. Sin embargo, no ignoran que a apartir de ahora su territorio ya no estara delimitado, ni mucho menos protegido, y que los mastodontes de los sectores pré- ximos se ciemen sobre él con instintos carniceros. La guerra en el campo de la comunicacién se libra sin tre- gua y sin cuartel. Aquel que se dedica a la telefonfa quiere hacer television, y viceversa. Todas las redes, en especial las vendedoras de flujos de energia y comu- nicaciones y que disponen de una malla sobre el terri- torio (electricidad, telefonfa, agua, gas, ferrocarriles, sociedades de autopistas, etc. ) aspiran a controlar una parte del nuevo E/ Dorado: el multimedia. De una punta a la otra del planeta, los combatien- tes son los mismos, las empresas gigantes convertidas 2 La Correspondance de la presse, 27 de febrero y 11 de marzo de 1997. Léase también «Los mercaderes al asalto de Internet», Le Monde diplomatique, edicién espanola, marzo de 1997. 3 La Repubblica, Roma, 19 de febrero de 1997. 210 Nuevos imperios medidticos en los nuevos amos del mundo: ATT (que domina la telefonfa a escala planetaria), el dtio MCI (segunda red telefénica estadounidense) —BT (ex British Telecom), Sprint (tercer operador norteamericano de larga dis- tancia), Cable & Wireless (que controla especialmente Hongkong Telecom), Bell Atlantic, Nynex, Us West, TCI (el distribuidor de televisién por cable mds importante), NTT (primer grupo japonés de telefonfa), Disney (que ha absorbido la red de televisi6n ABC), Time-Wamer (que posee la CNN, la News Corp, IBM y Microsoft —que domina el mercado del software informatico—), Netscape, Intel, etc. Fusiones y concentraciones en Europa ‘Todas estas batallas enfrentan en el continente euro- peo a grupos cuyos intereses cruzados y porcentajes reciprocos de participacién son miltiples; News Corp, PEARSON (The Financial Times, Penguin Books, BBC Prime), Bertelsmann (primer grupo aleman de comuni- cacién), Léo Kirch, CLT (RTL), Deutsche Telekom, Stet (primer grupo italiano de telefonia), Telef6nica, Prisa (primer grupo espafiol de comunicaci6n). France Télé- com, Bouygues, Lyonnaise del Eaux, Générale des Eaux. (que ya domina Canal Plus y Havas en Francia), etc. Las tomas de control y las fusiones se multiplican. Slo en el afio 1993 se habrian producido en Europa un total de 895 fusiones de sociedades de comunicacién‘. En esta nueva mutacién del capitalismo, la ldgica 4 Ibid. 211 La tirania de la comunicacion dominante no es la alianza sino la absorci6n, de manera que pueda extraerse beneficio de los conocimientos y la competencia de los mejor situados en un mercado que fluctéa al ritmo de aceleraciones tecnolégicas imprevi- sibles 0 de entusiasmos sorprendentes por parte de los consumidores (véase el boom de Internet). El nticleo central de la nueva situacién es el flujo de datos que crece sin cesar: conversaciones, informaciones, transac- ciones financieras, imagenes, signos de todo tipo, etc. Esto afecta por una parte a los media que producen éstos (editoriales, agencias de prensa, periddicos, cine, radio, television, paginas Web, etc.) y, por otra parte, al universo de las telecomunicaciones y de los ordenado- res que los transportan, los tratan y los elaboran. E] objetivo que persigue cada uno de los titanes de la comunicacién es el de convertirse en el interlocutor tinico del ciudadano. Quieren estar en condiciones de suministrarle a la vez noticias, entretenimiento, cultu- Ta, servicios profesionales, informaciones financieras y econémicas... y situarlo en un plano de intercone- xi6n potencial a través de todos los medios de comu- nicacién disponibles: teléfono, fax, videocable, panta- Ila de televisor, red Intemet. En esta linea, el consorcio Iridium (que agrupa a las empresas Stet, Sprint, Lockheed, McDonnell Dou- glas y Verbacom, alrededor de Motorola) proyecta lanzar 66 satélites de telecomunicaciones de érbita baja (778 kilémetros de la Tierra) a fines de 1999 para envolver al planeta en una malla virtual que permita crear una red de telefonfa celular que cubra la totali- dad de los cinco continentes de una forma homogénea. Otros diez proyectos de «constelaciones de satélites» 212 Nuevos imperios mediaticos prevén el lanzamiento de unos mil satélites en los pré- ximos cinco afios 5. Lo que ha puesto en estado de irre- frenable euforia a los fabricantes y concesionarios de sistemas de lanzamiento de satélites, entre los que se encuentran los europeos de Ariane, metidos a su vez en la batalla planetaria por el control de la comuni- cacién. El «libre flujo de la informacién» Para que todas estas infraestructuras posean una utilidad es preciso lograr antes que las comunicacio- nes puedan circular sin trabas a través del planeta, como el viento sobre la superficie de los océanos. Por esta raz6n y en la corriente de la globalizaci6n de la economfa, Estados Unidos (primer productor de nue- vas tecnologfas y sede de las principales empresas) ha puesto toda su influencia en la batalla de la desregula- rizacién, para abrir las fronteras de un ntimero de paf- ses cada vez mayor al «libre flujo de la informacién», es decir, a los mastodontes norteamericanos de las industrias de la comunicacién y del ocio®. Cuatro conferencias internacionales —Ginebra, >? Especialmente Globalstar (48 satélites de baja 6rbita, con Fran- ce Télécom y Alcatel entre otros accionistas) 0 el delirante Teledise de Microsoft y McCaw (840 satélites en érbita baja que permitirén ofrecer el acceso al Web de Internet 60 veces més répidamente que en Ia actualidad). La Tribune, Paris, 8 de enero de 1996. © Léase Armand Mattelart: «Los nuevos escenarios de la comu- nicacién mundial». Le Monde diplomatique, edicién espafola, agosto de 1996; y «La Mondialisation de la communication, PUF, 213 La tirania de la comunicacién 1992; Buenos Aires, 1994; Bruselas, 1995; y Johanes- burgo, 1996— permitieron al presidente William Clin- ton, y sobre todo a su vicepresidente, Albert Gore, popularizar entre los principales mandatarios politicos del mundo sus tesis sobre la «sociedad de la informa- cidn global». Por otra parte, durante los debates de clausura de la Ronda Uruguay del GATT en 1994, Washington abrié paso a la idea de que la comunica- cién debe ser considerada como un simple «servicio» y, en este sentido, regirse por las leyes generales del comercio. Las telecomunicaciones bdsicas representan un mercado de 552 mil millones de délares, constituyen uno de los campos mas rentables del comercio mun- dial y su crecimiento se estima entre un 8 y un 12 por 100 anual. En 1985 el tiempo dedicado a escala mun- dial por parte de los usuarios de Jas telecomunicacio- nes (para hablar, usar el fax o transmitir datos) era de 15 mil millones de minutos; en 1995 alcanzaba los 60 mil millones de minutos; y en el 2000 superard los 95 mil millones de minutos’, Mejor que cualquier argumen- taci6n, estas cifras explican las bazas formidables que entrafia la liberalizacion de las comunicaciones. En noviembre de 1996, Estados Unidos logr6 por fin en Manila, durante la cuarta cumbre de la APEC (Coope- racién Econémica Asia-Pacffico) la apertura de los mercados de los paises de esta regién a las tecnologias col. Que sais-je?, Paris, diciembre de 1996. El primero de los tra- bajos ha sido incluido en el libro Pensamiento critico vs. pensa- miento tinico, Debate, Madrid, 1998. 7 Time, Nueva York, 9 de diciembre de 1996. 214 ‘Nuevos imperios medisticos de la informacién con el horizonte del afio 2000*. En esta misma linea, en diciembre de 1997, la reunion ministerial de la Organizacién Mundial del Comercio (OMC) recomendaba en Singapur una «completa libe- ralizaci6n del conjunto de los servicios de telecomuni- caciones sin ninguna restriccién general». Y en mar- zo de 1997, bajo la jurisdiccién de la OMC, 68 paises firmaron en Ginebra un acuerdo sobre las telecomuni- caciones, que abria los mercados nacionales de dece- nas de Estados a los grandes operadores estadouniden- ses, europeos y japoneses, Por su parte, la Unién Europea ha decidido, a par- tir del 1 de febrero de 1998, la completa liberalizacién de los mercados de la telefonia (sin distincién entre los diversos soportes, cable, radio 0 satélite). Desde esta perspectiva y en previsién de feroces competen- cias en el seno de cada mercado nacional, han sido desmantelados poco a poco los monopolios y privatiza- dos los operadores publicos. British Telecom, conver- tida en BT, y Telef6nica en Espafia, han sido ya privatiza- das. Por su parte, France Télécom situé en el mercado el otofio de 1997 un primer tramo de su capital, refor- zando su asociacién con el operador piiblico alemén Deutsche Telecom, que también sera privatizado antes del afio 2000. Por otro lado, los dos operadores estén aliados al estadounidense Sprint (del que cada uno posee un 10 por 100 de su capital) y podefan iniciar una aproximaci6n al briténico Cable & Wireless, que encara la adquisicién del 80 por 100 de Sprint®. ® Le Monde, 26 de noviembre de 1997. ° La Tribune, Paris, 20 de marzo de 1997. 215 La tirania de la comunicaci6n Una feroz competencia De esta forma, en un momento en el que se hun- den los monopolios nacionales, la carrera por la supervivencia en un mercado planetario se acelera y adquiere tonos criticos, al igual que sucede con la biis- queda de diversificacién en todos los sectores de la comunicacién. Y todo esto en una atmésfera de feroz competicion, en la que todo esta permitido: «Cada vez que discuto con los grandes de la telefonfa», declara- ba Luis Galois, presidente de la Compajfifa Nacional de Ferrocarriles (SNCF), «tengo la impresion de entrar en una jaula de fieras» © Entre 1996 y 1997 pudo constatarse en este senti- do cémo la Ilegada de ofertas competidoras de televi- si6n digital provocaba confrontaciones violentas cn todos los campos de la comunicacién. En Espafia con- dujo a un enfrentamiento brutal y directo entre el gobierno conservador de José Maria Aznar, que para mantenerse en el poder trata de constituir un influyen- te grupo multimedia que le apoye, y el principal grupo de comunicacién, Prisa (E/ Pais, cadena de radio SER y Canal Plus Espafia)''. En Francia, una guerra total opone especialmente a los socios de Televisién por satélite (TPS) con los de Canalsatélite. Entre estos tiltimos, el movimiento més espectacular se produjo el 6 de febrero de 1997, con la toma del poder por parte de la Générale des Eaux, de Havas y de Canal Plus, con el objetivo declarado de © Le Nouvel Observateur, Paris, 20 de febrero de 1997 "' Le Monde, 8 de marzo de 1997 Nuevos imperios mediaticos «reunir en el seno de un tinico grupo de comunicacién todas las competencias necesarias para su desarrollo, especialmente en su aspecto internacional», y de crear «un grupo integrado de comunicacién de dimension mundial». Por otra parte, la Générale consolid6 su segundo puesto en la telefonfa francesa, convirtiéndose, el 12 de febrero de 1997, en socio de la SNCF, de la que ha conseguido el dominio parcial de su red de 26.000 kilémetros de lineas telefénicas por medio de su filial Cégétel (aliada a British Telecom), 8.600 de los cuales son de fibra éptica. Convergencia de las telecomunicaciones y del multimedia jPor qué cambio repentinamente de opinion el presidente de la Générale des Eaux, Jean-Marie Mes- sier, cuando hasta muy poco tiempo antes no se plan- teaba ningiin tipo de aproximacién a Havas? «Habla subestimado», respondia, «la rapidez de la convergen- cia entre las industrias de telecomunicaciones y las de la comunicacion. Pronto existird en cada casa un tini- co punto de entrada para la imagen, la voz, el multi- media y el acceso a Internet. Esta evolucién estd ya en camino: en un periodo de entre doce y dieciocho afios, sera una realidad comercial. Esta aceleraci6n me lle- v6 a concluir que para conservar la rentabilidad hay que ser capaz de dominar toda la cadena: contenidos, produccién, difusién y conexién con el abonado» . "2 Le Monde, 8 de febrero de 1997. 217 La tirania de la comunicacién «Dominar toda la cadena», esta es la ambicién de los nuevos colosos de las industrias de la informacion. Para llegar a este objetivo siguen multiplicando las fusiones, las adquisiciones y las concentraciones. Para ellos, la comunicaci6n es, ante todo, una mercancia que hay que tratar de producir en grandes cantidades, predominando Ja cantidad sobre la calidad. El mundo ha producido en 30 afios mas informa- ciones que en el transcurso de los 5.000 afios prece- dentes... Un solo ejemplar de la edicién dominical del New York Times contiene mas informacién que la que durante toda su vida podia adquirir una persona del siglo xvil. Por poner un ejemplo, cada dfa, alrededor de 20 millones de palabras de informacién técnica se imprimen en diversos soportes (revistas, libros, infor- mes, disquetes, CD-Rom). Un lector capaz de leer 1.000 palabras por minuto, ocho horas cada dfa, emplea- rfa un mes y medio en leer la produccién de una sola jomada, y al final de ese tiempo habria acumulado un retraso de cinco aiios y medio de lectura... EI proyecto humanista de leerlo todo y saberlo todo se ha convertido en ilusorio y vano. Un nuevo Pico della Mirandola moriria asfixiado bajo el peso de las informa- ciones disponibles. La informaci6n, durante mucho tiempo dificil y costosa, se ha tornado en prolifica y pululante. Junto con el agua y el aire, se trata indudable- mente del elemento que mds abunda en el planeta. Cada vez menos cara, en la medida en que aumenta su caudal, pero como sucede con el aire y el agua, cada vez mas contaminada. 218 ‘Nuevos imperios mediéticos La decepci6n hacia los media Se trata de un cambio cualitativo de importancia capital: la decepcién de los ciudadanos respecto a los media se incrementa, tal como prueban todas las encuestas recientes '3. En Estados Unidos el 55 por 100 de los ciudadanos estima que los medios de comunicaci6n escritos publican informaciones «con frecuencia inexactas» "4, distanciéndose asimismo de los telediarios que ya sélo son seguidos con regulari- dad por un 42 por 100 de los norteamericanos (frente al 60 por 100 en 1993). En Europa, si bien el 87,9 por 100 de la poblacién se informa principalmente por medio de los telediarios, la desconfianza sigue siendo amplia. El reproche central es el de la espectacularizacién, la bisqueda del sensacionalismo a toda costa, que pueden conducir a aberraciones (como las ya citadas de Timisoara 0 de la guerra del Golfo) y a situaciones ridiculas. En Francia, «el ejemplo mds célebre fue el reportaje propuesto por Jean Bertolino en el magazi- ne “52 sur la Une”, en el que Denis Vicenti hizo rodar a figurantes en una cantera de Meudon, pretendiendo presentar asi a noctdmbulos que frecuentaban las catacumbas de Paris (...). El mismo tipo de polémica se produjo en enero de 1992, con el reportaje en el que Régis Faucon y Patrick Poivre d’ Arvor simulaban una entrevista con Fidel Castro, grabando extractos "Cf. Télérama, Paris, 29 de enero de 1997. ‘En 1985 no eran més del 34 por 100. Le Monde, 23 de mar- zo de 1997. 219 La tirania de la comunicacion de una conferencia de prensa en la que el lider cuba- no respondia a otras preguntas y otros periodistas» 5. Un ejemplo més reciente, sucedido en Alemania, acabé con la condena a cuatro afios de prisién a un periodista, Michael Born, de treinta y. ocho afios, reco- nocido culpable de haber falsificado total o parcial- mente treinta y dos reportajes. Este falsario, sabiendo que las cadenas de televisi6n demandan imagenes sen- sacionalistas, filmé, con la ayuda de actores y cémpli- ces, cortos «documentales» sobre una pretendida sec- cién alemana del Ku Klux Klan, sobre trafico de cocaina, sobre neonazis autores de cartas-bomba, sobre el trabajo de los nifios explotados en el Tercer Mundo, sobre organizadores para el paso de inmigran- tes drabes clandestinos... Comprados por cadenas poco escrupulosas, en particular por Stern TV (filial televisiva del semanario Stern que antes publicara los scudodiarios intimos de Hitler...), los falsos reporta- jes, con frecuencia incitadores al odio, fueron vistos por mds de cuatro millones de telespectadores y pro- dujeron una cuantiosa facturacién de publicidad '*, Publicitarios y anunciantes ejercen asf una influen- cia innegable y perversa en el propio contenido de la informacion. Como pudo constatarse en 1995, en Estados Unidos, cuando los productores de la emisién de informacién considerada como «la més seria», «60 minutos», de la red CBS, realizaron documentales para denunciar a las compafiias tabaqueras, demos- 's Amaud Mercier, Le Journal Télévisé, Politique et informa- tion politique, Presses de Sciences Po. Paris, 1997, pag. 13. El Pats, Madrid, 24 de diciembre de 1996, 220 Nuevos imperios medidticos trando que éstas engafiaban sobre el indice de nicotina inscrito en los paquetes de cigarrillos, favoreciendo asi la mayor adiccién de los fumadores. La cadena CBS censuré la emisién. Como se supo al final, lo hizo por dos razones: en primer lugar, para no meterse en un proceso que habrfa hecho bajar sus acciones en la Bolsa, en visperas de su fusién con el grupo Wes- tinghouse; luego, porque una de sus filiales, Loews Corporation, posee una sociedad, Lorillard, producto- ra también de cigarrillos... En ambos casos, los intere- ses del capital y de las empresas se situaron por enci- ma del interés que podia merecer la salud del ptiblico. Tres meses antes, la cadena ABC experimenté un contratiempo similar. Habiendo acusado, en el progra- ma «Day One,» a Philip Morris de manipular los indi- ces de nicotina, la emisora fue amenazada por el fabri- cante de tabaco con un proceso por dafios y perjuicios € intereses por valor de 15 mil millones de délares. La ABC se encontraba también en tramites de ser absor- bida por Disney, y el proceso hubiera entrafiado una bajada sensible de su valor en Bolsa. La cadena opté entonces por una rectificacién publica que, aun faltan- do a la verdad, salvaba la imagen del fabricante de cual- quier sospecha. Cuando las absorciones, las tomas de partici- pacién y las fusiones entre grandes grupos de comuni- cacién se multiplican, en una atmosfera de feroz com- petencia, zcémo podemos estar seguros de que la informacién aportada por un medio no estar4 orienta- da a defender, directa o indirectamente, los intereses de su grupo, antes que los del ciudadano? En un mun- do pilotado cada vez més por empresas colosales que 221 La tirania de la comunicacién obedecen tinicamente a la Iégica comercial fijada por la Organizaci6n Mundial del Comercio (OMC), y en el que los gobiernos parecen un tanto desbordados por las mutaciones en marcha, se puede estar seguro de que la democracia serd preservada, proyectada? En semejante contexto de guerra medidtica encarnizada, a la que se libran gigantes que pesan miles de millones de délares, ,cémo podré sobrevivir una prensa inde- pendiente? 222 Cuando la democracia y la libertad triunfan en un planeta aparentemente liberado de los regimenes autoritarios, retornan paradéjicamente, con fuerza recobrada, las censuras y las manipulaciones. Nuevos «opios del pueblo» distraen a los ciudadanos en nombre de «el mejor de los mundos» y los apartan de la accion civica y reivin- dicativa. En esta nueva era de la alienacién, en los tiempos de la cultura global y de los mensajes a escala planetaria, las tecnologias de la comunicacién desempefan, mas que nunca, un papel ideolégico de primer orden. La promesa de felicidad en la familia, la escuela, la empresa o el Estado, se encarna ahora en la comunicaci6n. De ahi la proliferacion ilimitada de los instrumentos a su servicio, de los que Internet constituye la culminacién global, triunfal. Cuanta mas comunicacin-haya, se nos dice, mas armoniosa sera nuestra sociedad y mas felices seremos. Podemos pregun’ si la comunicaci6n no estara sobrepasando su estado optimo, su punto culmi para entrar en una fase en la que todas sus cualidades se transforman en de y todas sus virtudes en vicios. JIN 4834085419 | ‘MN ‘ 1145494 316 RAM tir