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Raa AANA INITIO NAN AVIVADNAN AIA INIT JacoBo LaNGSNER Esperando la carroza Fotocopiadora “EL GARAGE” Lopez y Planes 417 Reia.- Chaco Cel: 3624335067 indice Segundo acto Actividades Actividades de comprension de la lectura. Actividades de producci6n de escritura. [Actividades de relacion con otras disciplinas VRIVVIAANSAAAATAAAR SIAR LEE ee ere veces Leese eee eeere ‘Academia Argentina de Letras al mejor egresado de la UBA en 1969. Es historiador,critico y docente universitario especializado ‘en teatro, Desde 1983 se dedica a os estadios teatrales. Es profe- sor de Historia del Teatro en la Universidad de Buenos Aires y en Ia Universidad Veraeruzana, de México. Entre sus libros figuran Batato Baren y ef ruevo teatro argentino, El texto jerogliics. Hlerra- rmientas de poética teatral, E comvivio teatral y El teatro sabe. Desde 2001 dirige la Escuela de Espectadares. Obtuvo por concurso el Frangaise de Buenos Aires. Jucdie LL ecceaialihdmnacbatnniinieaedincattarciedtinntiateiti fakes toe ‘Consagrado ene! ieatroindey + toso, a raves de concurs pibicos, Langsner pronto legé a for- ‘mar parte del epertoro oficial de la Comedia Nacional Unaguaya, En 1956 comenz6 a trabajar en Buencs Aires, ciudad donde ‘en Espata. sduccion teatral. Enixe sus obras 2), Mis ‘con Douglas Fairbanks (1990), Locos de contento (1991), Otros paratsos (1996). También escribi6 comedias musica re (Darse cuenta, Esperando la cara, Sofia y Malaya}, 8 Langsner segan Langsner Sainete y grotesco criollos Espero la cra se ela cond ‘ ticas del teato de Buenos Aires, en especial el sainete y el grotescocriliss. El sainete es una pieza breve de tipo.cémico ~o tragicémi- -o,yaque potde nell epsodios may dolorosos, basada ena tareatura del costumbrismo urbano. A través de a presenacion t {En 1992, con motivo de tna edicion de su obra Locos de con sexi, dialogamos con Langsnery le preguntamos qué crests Un grotesco muy extrafo, poraue melancolia’. Enel teatro de Langsnet la 3 Jnbor amargo: “Tengo una mitada piadosa para mis cats, 4 1 f El hom ' en los espacos del patio d bua, el sainere se convierte en una de las expresiones que re- {lean de manera ns original Ia identicad de la cultura portetia { tenia etapa de mayor afluenca imigratora, Porello la época de i anuge dl saineteestd comprendida ene los anos 1890 y 1940. { sibien fuego desapareciécasiabsolutamente en su forma rigina- tia su ndluencia permanesio vigente debido ala ecuperacon de muchos de sus elementos en nuevas extructuras asics del c- ne latelevsion yal teatro. A través de diversas transformactones, cl sainete ha continuado vivo hasta muestos dias. Entre losaitores més destacados del sainetecrolocabemer- onar a Nemesio Trg (1862-1916), Ezequiel Soria (1873-1996), Carlos Mauricio Pacheco (1881-1924), Alberto Novion m1, Roberto Cayol (1887-1927) y Alberto Vacarezza (1888 “1 sainetees una pieza breve. En algunos casos, su carécter cs puramente comico; otras veces eterna lo cémico con o trig coocon lo dramatico, siguiendo el modelo popularde “una decal 1 yuna de arena’, 0” cosas para ery costs pare Ioray". A diferen- acai 1992, al 4 ia del sainete, el grotesco fusiona intimamente lo cémicoy lo dra- Sein nos conte Langsner en aquélla entrevista 7 sotto de et modo, ogra qe el especie say ore sie Fre me da pena y creo que Ia gente sue porque el ser human wre domizado por el poder delos maivades, que ss supenor ala verdad de os buenos" ‘i bien es cierto que Languner se ha dedicado centralmente tacometia, arabién eserbié obras més cercanas ala expresion do- rpvosa de la trageciay el drama; como Pate Noster (compuesto Tees tests cel ex) y Otros paras (que aborda cl tema de a smicidad viene, en buena part, de mi admiracién hacia un cierto po de cine rorteamerican, como de Bly Wilder en peice chavo Una Bow y dos Audanes. Pro, ala vee, soy may argentino Pa téneamente, al experimentar el placer delazisa y el dolor dela ta- sgedia. El exponente més notable del grosesco criollo es Armando derperfecta construccior as site ee Diseépolo (1887-1971), especialmente en des de sus cbras: Mateo sani ee, Prin ese (0923) y Sto (1928, cuyas historias teminan en la pérdiga tor ©) dy Perdis sespecto, Langaner cdaeishonea social oenlamuertede sus prowgonistas, = YO diga que soy un Neil Simon siopatense sgrifia para mun Jarcién muy importante" enla idea de que Langaner le interesa especialmente most de respeto que reciben los ancanos en la sociedad argentina, ast como la falta de amor sincero entre las personas y Ia prioridad de los intereses materiales. Entre todos los personajes, Langsrer eli- sgrotescocricllo. ‘Quines sostienen que Esperando la carroza es un neosainete =¥ no un neogrotesco— ponen el acentojen el hecho de que, en 1a pieza de Langsner, no hay pérdida total pare los personajes ‘como sucede en Mateo 0 Stina, de Discépolo—. Una vez que reaparece mama Cora, la vida de todos parece retomar su curs0 anterior, sin castigo ni modificacion.. salvo para Ia licida Suse- 1a, que logra ver laridicala tragedia en a que se hallan inmersos. Esperando la carroza Obra en dos actos Fue estrada en Montevideo, el 12 de octubre de 1962, cence Teatro del Centro, bajo a divecciém de Villanucoa Cosse Primer acto Personajes _ Sergio Elvira, su mujer Matilde, hija de ambos Jorge, hermano de Sergio Cuadro I Sala en casa de Sergio. Clase media baja. Muebes de distin- tas épocas. La buena madera se codea com la formica'y con / adornos de material plistco. Enel fondo izquierda, una puer- ‘Seton, hermao de Sergi ta conducea la cocina. Ata derecha, dos puertas gue cond Nora, su mujer q cen, una al dormitorio principal y la otra al cuarto de Mai Emilia, hermana de Sergio de, Para que este decorado sirca por espacio die varios minu- Doita Gertrudis, amiga de Cora fos para introducimnas en ta casa de Susana y Jorge, est to- ona is, aim do pricticamente cubierto de paviales que cuelgan, que cubren Don Gensre, $e los sillones, Un recipiente de pldstico para baiar a un bebe y Doha Hlisa, antiga de j ture cochecito en el camino y otro objetos que hacen asta eba- Jovencita, su sobrina ri : j pad lainfcia, Susana, sentada ant a mesa cublerta de co- Tio Felipe, hermano de Cora . sas, prepara una mayors, Se oye lovar a la bebita sesedbvotisitat hui creathneathei sas de aa Tia, su esposa Mama Core | Jorce. —(En off) Susana! Sefiora sorda | 3 Susana. —No puedo dejar la mayonesa. ;Querés que se pe arrepeniic de foreta corte? (Aparece mama Cora com su aire “ido”, como si flo- jovencito, entp tara) Camillero primero | Mama Cora. —Tiene hambre. Le prepararé la mamadera. Camillero segundo Jorce. —(Viniendo con la beba en brazos.) Hace media hora ‘Asistentes al velorio que tomé la tiltima. Mam Cora. —Entonces le dolerd la barriguita. Le daré ‘unas cucharaditas de tilo. \ Susana. —(Molesia.) No le dé nada, mamé Cora, Métanle el chupete en la boca y déjenla tranquila, (Jorge pases a la bebita, mientras le golpea la cotita.) i AAA AAA 5 AA aaa ann anna aaa asa aaas 14 Jacobo Langsner Mama Cora. —jPero Susana! jEscupe el chupete! Se lo pongo y lo escupe todo el iempo. Para mf quees t le- che. Estas muy nerviosa tiltimamente. ; SusaNA, — (Muy nerviosa,) jIdeas suyas! {Donde me ve net- ‘viosa? (A Jorge.) Fijate si se ensuci6. JoRGE. — (Fijandose.) Se ensucid. Susana. — jPodrias cambiarla? JorGE. Susana, sabés que no sé. ‘Mama Cora, —La cambiaré yo. Susana —{No! Deje, mamé Cora, voy yo, (Susana on a bus- car talco, agua y pafiales planchados, con aire cansado.) Mama Cora. —jGrait ciencia! {Cambiar un pafiall (Jorge ‘acuesta a la beba sobre el catrecito y le saca los patiales su- cios.) {En qué puedo ayudarte, Susana? Susana, —(En off) En nada. No me aynde en nada. (Por lee el diario tranquila? Jorce. — (Yendo paraadentro.) Susana, deja queteayude. La hacés sentir inti. Susana, — (En off) Prefiero que se quede tranquila. (Maré Cora mira la mayonesa.) MamA Cora. —Es fija que esto es para hacer flancitos. (Abre la heladera y saca una botella de leche. Vierte poco 1 poco Ia leche sobre la mayonesa mientras reouelve,) “No haga eso”, “no haga aquello”. (Contestando a los “da-da” de la bebita.) No es cierto, mi amor? Como si no sirviera para nada. Voy a meter esto en los mol- decitos y al homo. (Vea la cocina con cl recipientte. Su- sana y Jorge regresan cargados con todos los elementos necesarios.) . SusaNA. —(Llorona! Mamita estaba preparando la comi- da, (Le saca los pafiales.) Tomé Jorge, llevalos al bafio y tené cuidado de que no se caiga nada al suelo. (Jorge va con los pariales sucios al bao.) En vez de ayudarme, us- i i ‘ i g | i i | Esperandola carroza 15 ted se pone a llorar. :Le parece bien? Eh? {Le parece bien? (La limpi le ecka talc, le pone otro pari.) ;Podés planchar, Jorge? Jorce. —(Regresando.) Sabés que no sé. Sabés que cuando Jo hago yo, quemo todo. Susana. —{Dénde habré puesto el alfiler? JorcE. —Tené cuidado. i Susana. —No se mueva, mi tesoro, que puede pincharse. Desaparecié. Jorce. — (Lo busca por el suelo.) No lo veo. Susana. —Sacd otro del armario, entonces. (El oa para adentro.) Jorce. —(En off) ;Dénde? :Para qué me mandas a mv, si sabés que no sé? Susana. —(Furiosa.) Apréndé, Dentro del armario. Jorce. — (En off) Sf: Dentro del armario. ;Pero dénde? Susana. —Jorge, no me pongas més nerviosa de lo que es- toy. Enel cajoncito de arriba. Jorce. —(Apareciendo cont un alfiler y un trozo de pan.) Ya en- contré, Susana. —Entonces, zpor qué me creés problemas? Qué hacés con ese pan? Jorce, —Estaba en el armario. Susana, — (Hace un gesto de fastidio,) Como la matamos de hambre, esconde comida hasta debajo de la almohada. ‘Aqui esté el alfiler. Deja. Jorce. —Susana, dejala que te ayude. Susana. ~Jorge... Jorce. —Dejé que se sienta atil. No esta chocha’. + Susana. — No? No sabés cuénto me tranquiliza ofrte ad cir eso. No esté chocha. (Suspira cansada.) Bueno, teso- 1 Que choches es deck ene dbitadas as falas mentale pox efecto de ad 16 Jacobo Langsner ro, a dormir ahora hasta la préxima mamadera. ;Oy6? (A Jorge.) La acostamos en el cochecito? Jorcz, —,A mi me preguntés? : SusaNA. —Mis otros maridos no estan en este momento, Jorce. —\Y yo qué s Susana, —Arreglé un poco el pléstico y sacudi la almoha- da. Jorce. Susana, si sabés que no sé. Susana. —jJorge! JORGE. — (Hace los arreglas y descubre un pednzo de tortilla de- ” bajo de la almohada.) jTortilla de papas! Susana, —Lo que sobr6 dé anoche. Cori raz6n no Ia en- contraba. A mi se me esté acabando la paciencia. Debe de haber guardado algo en cada rincon de su cuarto, porque huele de una manera... Jonce, —;Huele? zA qué? Susana, —{No tenés nariz vos? {No olés como yo? jHue- le! Apodrido, huele, Deberias ira invéstigae y sacar to- do lo que se puede descomponer. Aparece mami Cora. Mama Cora. —gSe durmio? Susana. —En eso esta. (La acest.) Llevala al cuarto, Jor ge, y cerré la persiana: (Jorge se lleva el cochecito. Susana busca y rebusca sobre la mesa, leoantando paftales y otras + cosas.) :Dénde'esté? Mama Cora. —{Qué? SusaNA. ~La fuente honda. MAMA Cora. — Cual? : Susana. — Yo dejé sobre la mesa la fuente honda en la que estaba haciendo una mayonesa, Soiniskie aenisharibinen intra pidaaviehcaiih sua cic ea aniibin ii intesbaaliea eabA we HAM Esperando la carroza 17 MaMA Cora. —jUna mayonesa! {Eso era una mayonesa? Susana. —No, eran hormiga’ africanas. Cuatro huevos te- nia esa mayonesa, ¥ casi medio litro de aceite. Mama Cora. ~Yo cre... Susana. — {Qué crey6? MaMa Cora. — (Defendiéndose.) No parecia mayonesa. SusANA. — {Qué hizo con ella? MaMA Cora. —Flancitos con leche. (Susana corre ala coci- nna.) Vos hablaste de flancitos anoche. Ibas.a hacer flan- citos. (Aparece jorge.) Vos la ofste. {Iba o no iba a hacer (Susana regresa.) -améticamente.) Cuatro huevos, litros de acet- te, litos de leche, sal, mostaza y seguramente tonela- das de azticar, para tirar a la basura. Jorce. — {Qué querés decix? , SUSANA. —Quiero decir que no solo perdimos dinero, sino tiempo. Me eché a perder la mayonesa. Jonce. —Mamé, por qué hiciste eso? ‘MaMA Cora, —No tenia cara de mayonesa, Jorge. JoRGE. ~ Por qué no preguntaste? No hagas nada sin pre- guntar primero. (Susana se saca el delantal, lo arroja al suelo y sale de la casa.) ;Ad6nde vas? ;Paral Susana! (Sale detrs.) ‘Mamé Cora mira a su alrededor mientras levanta el delan- tal, antes de salir rumbo a la cocina, El resto de los pariales se pierde répidamente en ta parrili’, y queda el living co- metior de Elvira y Sergio. Este, en pijama, acostado en el so- fi lee un diario, Se oye miisica y la voz latosa de un locutor de radio dando noticias de 1962 2 Pane superior dela escena. FA DADADIAVIIAI IIA IIIA III INIA TAI | 48 Jacobo Langsnex SERGIO, —(Suena el teléfono.) {Matilde! (Sigue sonando el te- légfono.) ;Teléfono! Bivins. —Podrias atender vos, :no? , Sexcio. —Es el tinico dia de descanso que tengo. Eivina. —Me gustaria saber cual es el mio. (Levanta al au- Hola! jNo! Aquf no hay ninguna Paquita. ‘Haceme el favor de atender el teléfono cuan- do suene. Sexcio. —Ni sofiarlo. Que atienda Matilde, que siempre es para ella, Ewin. —Est4 durmiendo. {No sabés que se acost6 a las cuatro de la mafiana? SeRcio. — {Donde estuvo hasta esa hora? {Los vecinos la vieron entrar? ;Quién la trajo? ;Vos le diste permiso? Evia. —{Cual de las cuatro preguntas querés que te con- teste primero? SERGIO. — Yo no pienso moverme de este sillon. (Ella hace tun gesto de fastidio, saca una fuente de un mueble y va ala cocina.) {Esté claro? Asi que si vuelve a gonar... Porque el tinico dia de descanso que tengo no voy a pasar- me. Euvima. —(Regresando con Ia fuente.) Che, che, che, que yO no descanso nunca y no hago tanto ruido, También yo pude haberme quedado en cama hasta las once, pero a vos se te ocurrié la prodigiosa idea de invitar a tu hermano Antonio y a Nora. SERGIO, —Ellos nos invitaron la semana pasada. Exvira, —Nosotros los habfamos invitado la anterior SERGIO. — Les hubieras dicho que no vinieran y basta. Evia. —Y privarte de los mimos que te hace? SERGIO. — {Qué mimos? Evra. —(Imitando a Nora.) “Mi amante maravilloso”, “cielo mfo”,amorcito de Nora”. sstcihiaade Esperando la carroza 19 SERGIO, —Cref que la apreciabas. Eivira. —zA esa hipécrita? St, le tengo cierta simpatia. Porque es fina y tiene clase, que es algo que por cierto no sobra en Ja familia, SERGIO. —Entonces dejate de protestar. Evra. —Protesto porque al fin y al cabo ellos tienen sir- vienta y yo no. {Por qué no nos invitan més seguido? {Qué desgracial Los tnicos ricos de la familia y se les ilumina la cara cuando Jes ahorramos una.comida. (Sale por fir con la fuerte. Sergio da vuelta la pagina y si- gue leyendo, Suena el timbre de calle.) SeRGiO, —jElvira! Timbre. Evra, —(Reaparece, un poco fastidiada,) Te estas tomando demasiado en serio lo del descanso. SERGIO. — No ves que estoy en 2 Evia, —{Por qué no.te vestis? (Abre.) Hola. ;Cudnto? Qué? {Ests loco? Otte, Pepe, Levatelas, (Cierra.) Des botellas de vino, ciento veinte pesos. SERGIO. —2Y qué les vas a dar? Exvira. — Agua. Yo no pago sesenta pesos por una botella de vino. Qué hora es? SERGIO. —Ese reloj est4 parado. Evra. —Deben de estar por llegar. ;Por qué no te vestis? Sercio, {Tengo que ponerme el esmoquin para comer con mi familia? eae Evia. —En pijama, no comés. Y anda a darte un bafio, que hace varios dias que lo estés necesitando. SeRGIO. —Me bafié anteayer. Etvira. —En suefios. Te bafids 0 esta noche no te metés em mi cama. (Elvira va a la cocina.) Mamiupe. — (Desde su cuarto.) Mamé... Exvira. — (Desde la cocina.) Qué querés? Mammupe. — (Desde su cuarto,) jLa canilla! 29 Jacobo Langsner Evra, — (Desde la cocina.) Esté cerrada. © Mamipe, ~ (Desde su cuarto.) Estoy toda enjabonada. (Ser- gio arojael diario al suelo y se rasca el pie izquierdo contra €l sofi. Matilde viene de su cuarto enouelta en un toallén y el pelo metide en una gorra de bafio.) Cortaron el agua. Sencio, —Y después viene aquella insistiendo en que me bafie. (Con gesto dramético se mero.) {Blisa?... Elvi mi no me avisé nadie... Cuatro horas...! {Desde cuando...? :Desde ahora mismo? Tengo que hervir los ravioles... No tire la suya. Hiérvalos y llameme, que voy a buscatla, Gracias, Es usted un angel. (Cuelga.) Yo hago ravioles, ella hace ravioles. Yo hago puchero, ella ace puchero. {Qué pais! SeRcio. — {Qué te importa? Qué pas6? Exvira, —Cortaron el agua por cuatro Horas. Me lo hacen a propésito. SeRcio. —¢Quién? Evia, —{Por qué no me avis6? SERGIO. —A lo mejor trataron de avisarnos. Recordas que el timbre soné durante media hora esta mafiana. Evia. —Vasa tener que ir al bar, Matilde, a comprar unas botellas de agua mineral. Marne. —Estoy enjabonada. Extra. —|Mejor! Asi vas al bar como por un. tubo. ‘MArILDE. —Me acosté a las cuatro de la mafiana. SERGIO, —De eso, casualmente, queria hablar. ;Se puede saber donde estuviste hasta esa hora? Marine, — (Vendo furiosa a su cuarto,) En un cabaret con doscientos marineros. nls ida wots, beak nth cian sia Lb ba it ie ohinau Esperando la carroze 21 SERGIO. —Esta se me est remontando’ un poquito, de un tiempo a esta parte, Me parece que le voy a tener que aplicar un “sosegate”* uno de estos dias. Eivina. —(Se sienta, cansada.) Qué cansancio! Seacio, — {Por qué? (Ella Jo mira furiosa.) Solo te hice una pregunta, E1viRA. —Me pasé toda la mafiana echada en el sofé, le- yendo el diario. SERGIO, —Fue solo una inocente preguntita, Etvira. ~No me hagas inocentes preguntitas. :Acaso no sabés el trabajo que da una casa? ‘geRGI0, —{No lo voy a saber! (Sino hablas de otra cosat Mi pobre madre quedo viuda a los treinta y cinco anos y con seis hijos... Evin. —Conozco el tango. _Sescio, —Atendia la merceria. Fivira. —Cocinaba, zurcfa, tejia, bordaba y seguramente jodia, y jamas se le oy6 una queja. Me lo contaste més de un millon de veces. Pero yo soy de carne y ella era de hierro. SERGIO, — jPobre vieja! ;Pobrecital Exvira. —{Tangos, no! SeRcio. —Cuando pienso en tode lo que suftié la pobre y en la poca felicidad que tuvo... Evia. —Cuando penséds en todo eso no pasa nada. Lo pensaste mas de un millon de veces y jamés paso na- da. (Suena el timbre de calle.) Son ellos. (Yo me mato! (Abre la puerta. la! (Entra Jorge y detrds de él, como una furia, Susana, El primero, en mangas de camise, asf co- mo lo vimos al principio). gQué pasa? 3 Bavalenionande ‘+ Reprimenda, ee eenee EEE SE EE EEE EEE EEE EEE EEE EER 22 Jacobo Langsner Susana, —Pasa que yo ya no doy més. SERGIO. — (Incorporéndose,) {Tan grave es la cosa que ni si- quiera pueden decir “buenos dias”? Susana. —No es un buen dia para nosotros, Sergio. Jorce. —(Contemporizador.) Buenos dias, buenos dias. SERGIO. —Buenos dias. Ahora si, ;qué pasa? SusaNA. —Pasa que yo solo tengo treinta afios y queno me resigno a vivir en una casa que no es mi casa y en Ia que soy nada mas que una sirvienta. JorGe, — Ya est. Ya tuvo que salir con esa estupidez. Etvina, —Oigan, ;por qué no van a ventilar los trapos Su- cios en la azotea de ustedes? SusaNa. —Porque estos trapitos también son de ustedes. (A Elvira, muy furiosa,) Hace cuatro.afios que tu suegra vive en micasa, y parece que con el firme propésito de no moverse de ella. Evra, — (Mi suegral , Susana. —Sf. {Tu suegra! (A Sergio, atin mds furiosa.) Y ta madre. SéRcIO. —zEn qué te molésta la pobre santa, si es que se puede saber? SusANA. —{En qué me molesta? {Me pregunt6 en qué me ‘molesta? En qué no me molesta, deberfas preguntar. 2Querés que te diga en qué me molesta? Si realmente tenés interés en una respuesta, yo te la doy. La tengo en la cocina, en el bafio, en el living, en el dormitorio, en el pasil [a terraza y... (Tocindose la garganta.) aqui. Aqui, la tengo. No puedo moverme sin tenerla encima, y vos me preguntés en qué molesta. Sercio. — ;Cémo podés hablar asi de una pobre anciana que quién sabe si le quedan atin tres afios mas de vida? Susana. —Eso me dijeron cuando se vino a vivir con no- sotros hace cuatro afis. Y no estoy rezando para que | | | | | Esperando la carroza 23 se muera. Que viva otros doscientos afios, pero que vi- va en otra parte. Conmigo, ya cumpli6. Sercio. —(A Jorge.) ¢Qué pas6? : JorcE. —Susana estaba preparando una mayonesa pata hacer salsa golf... Euvira. —(En voz muy baja, mirando a su marido.) (Qué fi- nos! JORGE. —...y tuvo que dejarla un momento porque la ne- na lloraba. Cuando volvi6, se encontré con que mama habja transformado la mayonesa en flancitos de leche con maicena. ELviRA. —(Quitindole importancia.) {Y por eso levantan tanto escombro”? Susana. ~(A Jorge) 2¥ lo de los merengues? Esto te lo guardés, jeh! (A Elvira’y Sergio.) Huevo que compro, le quita la clara para hacer merengue. JoRGE. —Ella dice que son sanos y que yo necesito calcio. SUSANA. —Y qué hago yo con todas las yemas que va acu mulando en la heladera? Etvina. ~Mayonesa para hacer salsa golf. ;Quién te en- tiende? {No querfas hacer una mayonesa para hacer salsa golf, para echarle a los langostinos, palmitos y otras exquisiteces? SusaNA. —Miré, Elvira, que esto no es chiste. Treela a vi- vir wna semana a tu casa y vas a ver si tengo ono'ra- z6n. (A Sergio.) La gran fotografia de tu padre en la sa- la. Enel sitio més visi ‘SeRGio. —jPobre mamé! SuSANA. —jPobre mamé! (Mira désesperaiia a su marido.) iDice “pobre mama”! (A Sergio.) Yo no quiero fotogra- 5 Hacen tanto escindalo, 24, Jacobo Langsner fias enelcomedor. Yo quiero cuadros 0 monos olo que sea, pero no quiero fotografias. Mi padre esta muerto también, y tengo sus fotografias muy guardadas en un cajon. Y, para colmo, desde hace tna semana se ens cia de una manera... Serato. — zSe ensucia? ,Cémo que se ensucia? Susana. —{Querés que te haga un dibujito? gNo sabés co- mo se ensucian los chicos? sescio. — Querés decir que... SUSANA. —Si. Quiero decir eso. Y no le voy a poner unas bombachitas de goma como a una criatura. Tengo que’ andax con el trapo en la mano limpiando sus... Jorce, ~|Por favor, Susana! Susana, — {Por favor, nada! Se va ella ome voy yo. No si- go un dia més viviendo con ella. Sencio, — {Desde cudndo le pasan estas cosas? Joxc#. —jHace una semana! (Enojado.) jTe lo acaba de de- cir! La pobre no se da cuenta Serato. —jPobrecital og Susatca, ~S1. Macho “pobrecita”, pero nunca hiciste nada por ella, Es muy facil decir “ pobrecita” a cuatro cua Gras de distancia, Pero ella no es mi madre y yono ten- go por qué aguantarla, Mete las manos en todas par- tes, manosea todo... Sercio, —Te querr4 ayudar. SUSANA. —(Muy nerviosa.) Que se quede quietal Yo no quiero ayuda. Si agarro una olla chica, ella dice que Agarze una més grande. Me quita las cosas de las ma- nos, prueba la comida mil veces para ver si esté con” dimentada, revuelve todo el dia en el armario y... (A Jorge, muy enojada.) {Me querés decir qué busca en ese armario? Qué espera encontrar? {Petréleo? Todo el dia saca las cosas y las vuelve a poner y desarregla to- | | Esperando la carroza 25 do que es un contento. Hace quince dias, aprovechan- do que nosotros no est4bamos, quiso bafiar a la nena. Evra. —|Qué bien! SUSANA. —(Répidamente,) Casi me la ahoga. Jorce. La pobre sufre porque se da cuenta de que ya no sirve para nada y trata de demostrar que... Susana. —Para hacerme rabiar, nada més. Para eso sirve. (A Elvira) gPor qué no te la traés por un tiempo? Evra. —(Yentdo a la cocina.) Donde querés que la ponga? SusANa. En el cuarto del fondo. Evra. —(Desde la cocina) zn el cuarto de los cachiva- ches? Ahi ya no cabe ni un alfiler. Susana. ~Enese cuarto cabe més que de sobra una cama. (Reaparece Elvira.) Evita. —Ese cuarto es de dos por dos y yano hay sitio ni para un pelo escualido. Susana. —Entonces la ponés aqui o en tu cama, pero en mi casa se termind. Cuatro afios es bastante tiempo, ano te parece? Fivina. —2Por qué se te ocurre que tiene que venir aca? jAcaso no hay més hermanos? Susana. —A mi me importa un soberano pito adonde va- ya 0 con quién. Solo quiero que me la saquen de mi casa. JocE. —jPero sera posible! jYa esta bien! Estas hablando de mi madre. (Silencio breve.) Sergio... hacele un sitio aca. SeRGi0, —Pero Jorge... Jorce. —Hacele un sitio. Vos sos tan hijo como yo, y tumu- jer es mucho més paciente que la mia. E.wira. —Paciente hasta por ah{ noms, chiquito. Porque yo también tengo mis nervios y no estoy como para andar... bueno... ALAN SAS [ saa BAN AAAI 8 26 Jacobo Langsner Joace, —Espero, Elvira, que ruunca te pase esto. Y si algan dia te pasa, te deseo de todo corazén que tu hija tenga paciencia como para aguantarte. Bivins, —jLa boca se te haga a un lado! Jorce. —Podria suceder. No? Mi madre fue una mujer tan dindmica como la que més. Sexcio, —jEs incretble! JorcE. —Si. Sergio, es increfble. Cuando pienso en cémo ra hace solo diez afios... Y ahora... jes increible! sencio. —Habria que emplear a una mujer para que la atienda. USANA, —jClarol Como casualmente Io que nos sobra €s plata, podrfamos contratar los servicios de una enfer- mera. sexcio. —No tiene por qué ser una enfermera. Ademés, si fuera necesario, la pagariamos entre los cuatro herma- nos. Susana. —{Dénde querés que meta a la enfermera? Evra. —En la habitacion de ella. El cuayto de mama Co- ra es bastante grande. Susana. —Tan grande como el de Matilde, y lo comparte con Ja nena. Euyira, —{Estds loca? El de Matilde es de dos por dos. SusaNA, —Lo que quieras, pero tu suegra se viene a vivir aesta casa. Sracio. —A mi madre vos no la vas a echar de ningin la- ‘do, me ofs? Mi madre es una sefiora, no cualquier co- sa. (A Jorge.) No tenés manos para cerrarle el pico de una bofetada? Jorce. —Sergio... (Jorge no sabe expresarse claramente y se aacerona Sergio. Le pone las manos en las solapas del sacopi- jama) Tiene razén. Ela tiene raz6n. Tengo una hijita de ocho meses... ih oda wid sishass ian Lec ads sibs saline ‘Esperandola cartoza 27 SUSANA. ~Y otra de setenta y ocho affos. Jorce, — Aguantar a la neha ya es un martirio. Llora todo el dia. Esicomo una usina. No para. Llora, lora, Hora. ‘Trabaja las veinticuatro horas del dia. Ustedes insistie- ronen que necesitaba una familia. Yo vivia tranquilo, pero era el mayor y todos se empefiaron en que nece? sitaba una familia, ;Pues bien! Ahora tengo familia. Susana. —7Estés arrepentido? JorGE. —No. Si yo soy feliz. Es que solo estoy desesperado. Eivira. —{Por qué no hablan con Antonio y Emilia? SuSANA. —Emilia es viuda y trabaja como una negra para mantener al vago de su hijo. Eira. —Miren, ahora nomas viene Antonio. Haganle la oferta a él. Alo mejor, le tienta. SUSANA. — (Llena de resentimiento.) {Los invitaste a comer? ELVIRA. Si. Ellos nos invitaron la semana pasada. Susana. —Evidentemente, nosotros no somos de Ja fami- ia. Evra. — Por qué decis eso? Susana. —Desde que me casé con Jorge, comi una sola vez en esta casa. Y fue hace tres afios. ELvina., —Y vos, gcudntas veces nos invitaste? Susana. —Més de una vez. Eivira. —No me enrostres® més tus ensaladas rusas ni tu guiso de arroz, que no gozan de gran reputaciGn en el barrio. SeRcio. — (Elvira! Etvira. —ZY qué? Si solo hace ensalada rusa y guiso de axroz. (Suena el timbre. Elvira abre.) (Hola! (Entran An-\ tonio y Nora, Esta lleva sobre sus hombros una estola de piel 6 Bchesen cara, 28 Jacobo Langsner y trae en. la mano una bandejita muy pequefia) {Masast ‘Si serés mala! Nora. Sf. Las mismas de siempre. Exvra. —{Con lo que engordan! Nora. —No seas tan coqueta. {Ms invitados! {Qué sor~ presal ;Pero qué sorpresa mas agradable! (A Susana.) 3Cémo estas, linda? Susana. —Bien. z¥ vos?” Nora. —-Muerta de calor. (Se besan. A Jorge.) ;Qué tal, amoroso? Tenés | idad pintada en la smirada. ;Cuanto me alegro! (Besa a Sergio) Como esté mi amante maravilloso? . Exvira. —jAy! Esta est4 insistiendo mucho con eso de mi “amante maravilloso” . Esté empefiada en que empie- cea sospechar algo. (Antortio y Nora rien.) Nora. —Todo es cierto, mi querida. Todo es cierto. jPero qué idea maravillosa tuviste, Elvira, de invitarlos! ;Hace tanto tiempo que no nos vefamos! ;Con lo que yo los quiero! ,Qué tal, Susana? ;Qué {Con ese aire tan sereno que te caracterizal (A mf me da una paz verte! Para mi sos como la campifia ingle- sa. Verde, calma, generosa. Susana, —Siempre con tu ojo clinico vos, para ver el esta- do de énimo de la gente. FLvIRa. —Me parece que lo tinico que comerén serén estas masas. ANTONIO. Me prometiste ravioles con tuco. Etvma. —Y te los amasé con estas manitos. Es que nos quedamos sin agua y no tengo en qué hervirlos, Antonio. —jAh, no! jCon Ja ilusi6n que traial Nora. —jVive sofiando con tus comidas, Elvira! Te re- ‘cuerda cada vez que ve las manchas de tuco que le quedan en las camisas. (Rie.) ;Cudles el secreto de tus Esperando la carroza 29 tucos? No salen con nada. (Rien todos.) 1A qué se de- be esta deliciosa reunién ‘familiar’ Elvira.) (Qué idea estupenda tuviste, invitandolos! Hace siglos que no los vefa. SusaNa. ~Termin de una vez, Nora. Nosotros no esta- mos invitados. Hay que tener dinero para.que lo invi- ten a uno. Nosotros somos pobres. ELvira. ~Muy espiritual. No hablo siempre de la mara- villosa espiritualidad de Susana? No hablo de otra co- sa. (A Susana.) ;Creés que Antonio nos pasa una men- sualidad? ANTONIO. —Por favor, queremos pasar un placido domin- go familiar. Tranquilo, pacifico, sereno y de reconcilia- cién nacional. Susana. —Entonces, llegaton en mal momento. Etvira. —No, querida. Quien llegé en mal momento sos * vos. Solo vos y nadie mas que vos. Asi que, si querés hhacernos a todos un favor, te volvés a la camitay te le- vantés dentro de unas horas del lado derecho, porque no estoy dispuesta, y creo que todos estaran de acuer- do en esto, a aguantar tus impertinencias. SERGIO. —jPor favor! (Rie. Se dirige a Nora.) Me paso toda la semana afiorando el domingo y, cuande llega, mira Jo que tengo. Etvira. —Si no te gusta, ya sabés lo que podés hacer. Nora. —(Abrazando a Sergio.) {Como te atrevés a hablarle asia mi amante preferido? E1yira. ~{No te lo dije? (A Antonio.) {No te parece que aqui puede haber algo? : Nora. —Pero, dulce, qué puedo hacer para que me creas? Etvira. Nada. No es necesario que hagas nada. Nora. —jSerd posible que nadie me tome en serio? jEs ofensivo! UA en eee SSE wT ¢ c c FANAANAADADVAAADNIIAA IAI AAAI AIA 888 30. Jacobo Langsner Evra, Dame el bolso, la piel y los guantes y sentate. (Nora estd vestida de modo ostentoso, Usa gafas negras ¥, 1 pesar del calor, un vestdo leno de lentefuelas mury Poco apropiado para Ia hora.) Noss, —Las gafas, no, Odio la luz del mediodia. Bivins. —jAh, sf! fEs cierto! (Yendo al dormitorio principal.) Sergio, ocupate de los drinks’. Nora. —jDrinks! Funcionan las clases de idioma, segin veo. garcio. —Si. Dice “no” en cuatro 0 cinco idiomas. Nora, Malo. Darfa mi reino por un vermnut. A ver si ast me despejo un poco. ANTONIO. — (A Susana.) Como esta la chiquita? Susana. — (Agresiva Nora, —Atin no cumplié el aftito, zno? Siempre me olvi- do de preguntar por ella. No es que no la recuerde, jeh! Ocupa un sitio muy importante, tanto en mi co- raz6n comio en mis pensamientos. {No es cierto, An- tonio, que siempre hablo deella? ANTONIO. —(Distraido.) (De quién? oka. ~Dela chiquita. Siempre le digo'a Antonio que ja- ‘més habia visto en mi vida una bebita més linda. _No es verdad, tesoro? “ANTONIO, —Si, si. Nora. —Todavia no cumplié el afio, no? Susana. —No. Acaba de cumplir los ocho meses. (Entra ‘Matilde vestida con. un lindo vestido primaveral.) Nora. —Con' vos se completa el cuadro familiar. Sospe-_* cho que este va a ser el dia més Nidico de mi vida. Es- ta criatura me devuelve la juventud. 7 abides’, en inglés. fab iss Aiba aoa inc itinn Esperando la carroza 31 MAmiLDE. —Buenos dias. :Qué tal, tfo Jorge? Jorce. —(Beséndola.) ,Cémo estés? Nunca tenés un mo- mentito para ir @ visitarnos, A cuatro cuadras. Vivi- mos a cuatro cuadras y creo que todavia no conocés nia tu prima. Mampe. — Claro que la conozco! zNo te acordés que fui al sanatorio a ver a tfa Susana? Fivina. —Si. Con escarpincitos, batitas y-otras cosas. Mamipe. —(Besando a Susana.) ¢Qué tal, tia? (A Nora, des- pués de besarla.) ;Qué bonito vestido! Nona. —zTe gusta? (Nova da wna vuelta para que Matilde lo aprecie en conjunto.) Modelito de Jamandreu®, No es precioso? Marie. —Un suefio. SERGIO. — (Que ha sacado varias botellas casi vacias del apara- dor.) Matilde, levale este vermuta tu tia. (Matilde vaa buscarlo.) Susana, {vos qué vas a tomar? SusaNa. —(Picada) Si las tias toman vermut, yo creo que no voy a tomar nada. Nora. —{Por qué decis eso? SUSANA. —Porque mi cufiado dijo: “Matilde, levale este vermut a tu tia’. Pudo haber dicho “a tu tia Nora”. Pero no. El deja por sentado que la tinica tia que tiene Matilde es Nora y el tinico tio, Antonio. Nosotros so- ‘mos pobres. SeRcio. ~Te viniste con todos los cables pelados, jeh! (Matilde le alcanza a Nora el verinut.) Mame. —Tia... Nora. —Gracias, querida, Mamiupe. ~Enseguida te sirvo, tia Susana. 4 Paco Jamandreu,famoso modist argentino, realizé modelce pare estrelas de cine y mujeres de la ala sociedad, ee 22 Jacobo Langoner Susana. —JNo sabés que no tomo? SERGIO. = ior qué armés tanto escéndalo, entonces? Dende esta la botella de contac? Marup. —Mama la tiene guardada. ANTONIO. —Servime un whisky. ; Sento. —-jEhhh, loco! ;Whisky! (A gritos) Elvira, zdénde guardaste el cofiac? ; , Eivita. — (Desde adentro.) En el placard. Vent a buscar Ja otella, Matilde. (Matilde oa al dormitorio) Noa. —{Cudndo van a Hevarme a la nena? (El té tan maravilloso! ;Aquello es tan inspirador! Tienen que ir, jeh! Tienen que ix. ;Cuando van a ir? SusaNA, —Apenas nos inviten. (Regresa Matilde.) martes... tampoco. El miércoles te telefoneo y queda- mos, La chiquita podr4 correr por el jardin y tomar un poco de aire puro. Susana. —Recién tiene ocho meses, to ‘Nora. —Pero imagino que respiraré, os nifios. seré por e90 que Dios téril. Mame. —{No consultaste al médico? A veces son los ‘hombres los que no sirven. Sencio. — {De dénde sacaste eso? ANTONIO. —Y yo sirvo, chiquita. Marne, —2Cémo lo sabés? El hecho de que puedas eya- cular no quiere decir... SeRcIO, — {Pero de qué habla esta? Estés hablando como sun yiro’. Elvira! La ofs? Mamttps. —Estoy hablando de cosas naturales. Serco. En mi casa no quiero que hables de cosas natu 9 Prostar, bs cb iS hao ebb Esperando la caroza 33 tales. {Qué es esto? {Un quilombo™? {Eso es lo que aptendés en la escuela? Nora. —(Riendo.) jMiren la cara de Sergio! SeRcrO. —Quiero que me digas, ahora mismo, de donde sacaste esa expresion. ‘MAmLvE. = :Eyacular? Lo lef en ese libro que tenés en tume- sita de luz. No pensarés que todavia soy virgen, :n0? SERGIO, —Por tu bien, espero que lo seas. jElvira! Evins. — (Desde adentro,) Quiso decir que no es tarada. {Verdad, tesoro, que solo quisiste decir eso? Mamive. —S{, mama. SERGIO. —{Me da cada susto! Esta mafiana volvié a las cua- tro de no sé dénde y cuando le pregunté de dénde, me contest6: “de un cabaret con doscientos marineros” ANTONIO. —Pero jdénde estuviste hasta tan tarde? Manip, ~Fuimos a la fiesta de la parroquia con mi ami- ga intima y dofia Elisa, No hicimos nada malo. SUSANA. — A qué le llamas vos hacer algo malo? Mammoe. —A dar besos de lengua y esas cosas. Pero aun- que una quisiera hacer algo malo, gcon quién lo iba a hacet? Y sobre todo, dénde? (Suena el teléfono. Matil- deatiende,) {S1? Ah, qué dice, dofia Elisa? Un momen- to. (Deja el auricular descolgado sobre la mesa y se acerca a Ia puerta del dormitorio.) Mamé, es la hinchapelotas de allado. SERGIO. — Pero idiota! ;Querés que te oiga? (Aparece Elvi- a.con otro vestido mas “a tono” con las invitados.) Marmpe. —Dofia Elisa ya hirvié los ravioles, pero dice que el agua se le consumié un poco y que tiene demasiado almidén. 10 Prosealo SRA SATS EES SS SSS TNS IA AANA PEE YEE EE EEE EEE EEE EE EES EEE EL LEVER SEY 34 Jacobo Langsner Fura, —Andéa buscarla y tené cuidado de no quemarte. Maribe. —Siempre tengo que ir yo. (Matilde sale.) Evia, —jLleva las agarraderas! jMatilde! Se me va a que- mar. SERGIO. — jjQue se jodal! Eivika, —Menos mal que esa charlatana me imita en todo. Hago puchero. Hace puchero. Sexcio. —jElvira! El teléfono. (Elvira mira el teléfono con es- ar Euan, Habra ofdo? Ay, Dios mio, jque no haya ofdol (Toma el auricular. Se lo leva al ofdo-y cuelga répidamen- te) Si. Oy6. ;Qué criatura estitpidal (Regresa Matilde.) ‘MAmiDE, —Blisa me dijo que nos podiamos ir todos aun lugar espantoso. Eivina. —(Minusvélida mental! {Quién te ensef a dejar reléfono descolgado? Mamupe. —Nadie. Aptend{ sola, (Todos rien, mehos Susana y Eloi Evin. —jEstapidal Sexcio, —jTambién vos! Cuando se trata de mover la sin hueso"... Evra, —{Quién podia imaginar que el teléfono estaba descolgado? {Qué horror! ;Con la lengua que tiene esa mujer! Siempre me pasam estas cosas. (Nora y Antonio rien, er te pasa por la increfble facilidad que tenés para juzgar a todo el mundo. Envira. —Que yo sepa, Susana, a esta fiesta nadie te invi- t6. ;Cémo quedarén los ravioles hervidos en agua mi- neral? 1 Maver lengua, es deci, chara sussuih blast Esperando la carroza 35 ANTONIO. —Supongo que bien. Evra. —(A Matilde.) Andé a comprar media docena de otellas de agua mineral. (Matilde hace un gesto de fas- fidio y sale.) Nora. —Ay; Elvira, yo creo que viviria en tu casa. Me di- vierto tanto aqui, (Riz.) (Siempre te pasan cosas tan descabelladas! Etyira. —Si. Me pasan muchas cosas y esta es la peor de todas. No conocés a mi vecina. Es capaz de decir que me vio, con sus propios ojos, en la cama con el por- tero. SERGIO, —|Miré cémo se escudat Nora, —jCémo se descubren las cosas! SERGIO. —Ya me parecta que el portero me saludaba con més amuabilidad estos tiltimos tiempos. Eqwira, — ¢Por qué no se varva la mismisima “eme”? Nora, —Ay, jse puso colorada! (Rie.) Por fin podemos per- der nuestros escriipulos, amante mio adorado. (Abra- 2a. Sergio, Rien todos, menos Susana y Elvira.) Evra, —(Yendo a la cocina) Vayanse al diablo. Nora. —(Enrojecié de veras, eh! ANTONIO. ~Si, Pero de rabia. Jorce, — ;Vamos, Susana? Nora, — {Qué apuro tienen? No nes vemos nunca. SuSANA. —Yo no tengo sirvienta, Nora, —(Asociando.) Cémo esté mam Cora? SuSANA. —(Encantada de tener una oportunidad de retomar el éema, vuelve sobre sus pasos.) jEspléndida! Nora. —Supongo que cocinaré ella, no? SusaNa. —Si, Hace muchas cosas. ANTONIO. —Hace como dos meses que no la veo. SuSANA. ~Si, son todos muy buenos hijos. Yo no dejo de ver a mi made ni un solo dia. 36 Jacobo Langsner ANTONIO, —Después de comet, la Ilevaré a dar un paseo con el coche. El aire le va a sentar bien. Susana. —Lo que le harfa bien es que la invitaras a'pasar un tiempo en tu casa. Nora. —jAypno! Pobre! Se aburriria como una ostra. (Con intencién.) {No se siente feliz en tu casa? ; Susana. —2Cémo se va a sentir feliz en esa ratonera? Sin aire, sin luz.., jLa pobre seria tan feliz cuidando las flores de tu jardin! ; Nora. ero si nunca estamos en casa! Antonio vive er Ia oficina, ocupandose de las finanzas, y yono dejo un solo dfa de ir a casa de mamA. Sabés que la pobre esta cada dia peor. Apenas si camina. Susana. — {Qué tiene? Nora. —Los médicos dicen que no tiene nada, Pero la po- bre esté casi paralitica. He pensado seriamente en lle- varmela a casa, pero papé tiene un cardcter tan impo- sible, que supongo que a los dos dias Antonio y él dis- cutirian por cualquier cosa. oo ANTONIO, —Confieso que tengo muy poca paciencia con los viejos. Susana. —Pero con tu madre deberias tener un poco més. “Hace cuatro afios que vivo con ella y sé que la pobre seria muy feliz si pudiera descansar por un tiempo en la casa de otro hijo. Nora. —{Por qué? Digo... qué iba a decir? |Ah, st Pero, yoémo podés decirle a la pobre y querida anciana que se vaya a la casa de otro hijo, sin herirla? Susana, —No tengas miedo, no se sentiria herida. JoRGE. —Mamé cumplié la semana pasada setenta y ocho afios, Antonio. ANTONIO, — Puta! ;Se me pasé! {Por qué no me lo recor- daste? | iiabatcnslvres so Esperando la carroza 37 JoRcE. — Por qué? Tenés una sola madre y pudiste haber- te acordado sin ayuda. ANTONIO, ~—Tengo otras cosas mds importantes en la cabe- za que el cumpleafios de mama. Hiciste mal, Jorge. Debiste avisarnos. A! fin y al cabo, ella vive en tu casa y por esa raz6n tenés mas obligaciones que nosotros. SuSANA. —Eso si que esta bien. {Sabés que te funciona el cerebro? |De veras, Antonio, que sos inteligente! Enci- ma de que vive en casa, somos nosotros los que tene- mos que cargar con todas las obligaciones..Te aseguro que me dejaste pasmada. Realmente... no puedo ce- rrar la boca, Estoy sumida en el asombro, (Furiosa.) En cuatro afios fueron incapaces de preguntarle si necesi- taba algo. ANTONIO. —Supongo que Jorge le daré lo que ella nece- 1 sita, SusANA. —jLo suponés! {Por qué lo suponés? No supon- gas. Qué te hace suponer eso? Nuestro ritmo de vi- da? No es una vida rumbosa™ la nuestra, Antonio. {Sabés lo que gana tu hermano? Jorce. —|Bueno, basta! SUSANA. ~Me pasé todo el invierno con mi tapado viejo, juntando peso por peso para reunir la cantidad nece- saria como para comprarme otro. Cuando por fin lo- gré reunirla, tu madre tuvo un ataque hepatico y la fortuna se me fue al diablo, entre médicos y medica- mentos. A ninguno de ustedes se le ocurri6 preguntar- nos si necesitabamos ayuda. . Nora. ~Si, realmente... creo que la manutencién de ma- mé Cora es algo que nos concierne a todos. 12 Pomposa, magnifcs. STRAP STS RTE EEE, A] ! i r ft « c c © £ c rc c c e c r ¢ c c ¢ © c c r c ¢ C t c c © c © c © c c ( 38 Jacobo Langsner sa de otro hijo por un tiempo. - : SUSANA. Ella se sentirfa feliz dé que los hijos sea dispu- taran un poco. occ ten Nora. —Hay que tener cuidado'en es6." USANA: — jPero si se quefd de todost a pasatlé tin dinero por vecina me mire con ojos de ai Nigga, Te voy arser franca, Susana. Si yo mé la Hevara a casa, mi madre sentiria unos juntas... (Rie.) :¥ aqui, Setgi ELvina. — (Que ha ofdo todo, entra ri sitio. Ya discutimes €s0 con’ ynohaysitio, Nora. —Yenlo de See a Susana. —Emilia vive en una habitacién, con su hijo. ANTONIO, —jNo! (Claro que no! La pobre Emilia tiene unos ~ problemas terribles.~ ‘Foperando la carroza, 39. Nora. —Pero serfa la soluci6n, incluso para Emilia, que entre todos le pasdramos una mensualidad. Joxce. —jEmilia tiene un cardcter tan amargo! Mamd se moritia a los dos dias de estar con ella. i: NORA. —jRealmentel ;Qué cardcter horrible tiene esa mu- », Susana. —Tiene sus motivos. Nora. —{i, claro, pobre! Si yo no quise decir... ;Pero, con todo! Hay gente que trabaja duramente y no deja de sonrefr por eso. SuSANA. —Emilia es viuda y sé que no tiene paraicomer. ANTONIO. —Por eso no voy a verla. No puedo soportar que pase hambre. Nora. ~Y es viuda hace cinco afios. {Hasta cuando se puede llorar la muerte de un marido? ANTONIO. —Esa pregunta me inquieta bastante. ;Cudnto tiempo me vas a llorar.am{?. Nora. —No te preocupes, querido, que yo voyamoriran- > tes, Alos doce aftos, una gitaname pronosticé que mo- tirfa a los cuarenta. * SaxGiO. —Entonces, todavia te quedan quince afios de vi- da. : Nora. —Reifte vos, refte... pero yo todavia no tengo esas patitas de gallo que vos si tenés en.esos ojos preciosos. ‘SERGIO, —{Patas de gallo? ;Dénde? Nora. —iQué caradura! jNo-tiene otra cosa.y: pregunta donde las tiene! |Ahi las tenés, locura mfa! | _._.. Bivira. —Bueno, bueno, que se te esté yendo la mano, Mu- cho chiste, mucho chiste, pero a m{ me parece que yd hay un olorcito a quemado. : ANTONIO. —Lo que huele es a salsa maravillosa. Falta atin mucho para saborear esos ravioles? Ewa. —Diez minutos. Pero no hay garantias, jeh! Me 40 Jacobo Langsner trajo dos botellas de agua que apenas si van a cubrir la mitad de los xavioles. ANTONIO, ~ Van a salir perfectos, ‘Sexci. —F] estomago me hace ruidos extrafios, ELVIRA. —A vos el estémago te pide comida a todas horas. Para mi que tenés unas solitarias estupendas. Noga, —{Cudntas puede tener el pobre? Se llaman solita- tias precisamente porque se tienendeauna. SeRGiO. —{Claro! Si tuviera més, se llamarfan “acompamia- das todos, menos Susana.) jReite, Susana! Susana. —No tengo ganas. SeRaio. — (Se pone a acer gracias delante de ella.) :A vet cO- mo se rie este pepinillo en vinagre? :A ver como se rie el terror del barrio? ;A ver una sonrisita por lornenos? cAver? Aver? SuSANA. —{Querés dejarte de joder? {No te das cuenta de que estoy a punto de estallar? Hace cuatro afios que acumulo rabia contra ustedes. Me va a costar macho reirme de tus estupideces. Nora. —Pero, dulce, gqué te pasa? No eches a perder un dia tan radiante! | SusANA. —Para mi es un dfa tan feo como cualquiera, Nora. —Me pregunto por qué. Sos una mujer joven, lena de atractivos, inteligente, serena, reposada, compren- siva... SusANA. — (Indignada porque se siente maripulada por Nora.) 36 como soy, Nora. No necesito tus halagos. Lo nico jue quiero es un poco de paz. ont Ay queria, yo no conocer esata anci- ‘na, pensarfa que es una bruja capaz de las peores atto- cidades. ANTONIO. —Mamé es el ser mas dulce de la Tierra. . Etvira. No hacés més que quejarte y zquerés que te di- buiieoby bisidinbitb hed ceedastia inti eat eababicileaees, sai site abide Esperando la caroza #1 ga algo? No tenés derecho. Vos pudiste comprarte un televisor color y nosotros, no. SusaNa. —E] televisor fue un regalo de casamiento. Y mal- dito sea el momento en que nos lo regalaron. Nona. —¢Por qué? Es una compafifa maravillosa cuando una esta sola. Susana. —Gracias a él, siempre tenemos la casa a oscuras, ‘Mamé Cora se pasa las horas mirando esos estitpidos programas, ANTONIO. —;Pobre! Menos mal que encuentra interés en €50. SusaNA. —Pero jtodo el dia! Ya todo volumen, claro, por- que como esté casi sorda... (Breve silencio.) Antonio, se lo pedi a Sergio y ahora te lo pido a vos. Por favor, den- me unas vacaciones sin mamd Cora, Nada mAs que un 1 mes, (Silencio, Susana sale.) Jorce, ~ Esta muy nerviosa. Ustedes quisieron que tuvie- ra.una familia. Ahora tengo familia. Estoy desespera- do. No es que sea desgraciado, no puedo més, Si quieren, lo pido de rodillas. sela por un tiempo. Se lo ruego. No aguanto le, Silencio.) Nora. — Qué his-té-ri-cos es-tén! Evga. —;Ahora entendés lo que te digo cuando habla- mos de ella? Sercio, —;Pobre Jorge! Ewvma. —{Pobre? jEs un estapido! Un hombre de cin- cuenta afios, en sus cabales, no se casa con una mujer veinte afios mas joven. Después de todo, a ella, yo ia comprendo, Susana es una mujer joven y no creo que Jorge la haga demasiado feliz. Nora. —jPor qué? jEs tan bueno! Etyira. — Bueno para qué? No precisamente para lo que TANS SS AS ASA NAT ¢ ¢ é r £ c f ‘ “ ¢ t ¢ ¢ « ( ¢ CPT ASVIAVIVIADAIVII AID IIIA III ee EEE ra 42 Jacobo Langsner ella quiere. Con el temperamento que tiene, t nico, se casa con ese cadaver viviente. (Nora verdad! ,Por qué nos hizo caso? Por qué se cas6, sino queria? ;Alguien le puso el revélver en el pecho? Y so- bre todo, por qué se casé con esa fiera? A yeces me pregunto quién les habré ayudado a hacerles esa hija. (Nora rie més.) Pero, mujer, si es una bobal Ella se pa- 36 una hora hablando pestes de la pobre vieja y él sus- pirando como una Magdalena. No sé c6mo no le rom- pié los dientes de una bofetada. ANTONIO. —|Qué horrible! Llegar a cierta edad y sernada mas que un estorbo en el camino de todos. Nora. —jPero qué estés diciendo! Mama Cora noes un es- torbo, ni nada que se le parezca, Es una viejecita fuer- te y muy util todavia para muchas cosas. {Vos creés que se pasa las horas, como dijo Susana, mirando tele- vision? ELVIRA. —Y qué tiene de malo la television? ,Acaso no es cultura? . Nora. —Las veces que fui a casa de Jorge’... geudntas ve- ces fuimos, tesoro? (No han ido casi nurica.) Infinidad de veces. ANTONIO. — Tanto como eso... Nora. —Por lo menos dos veces fuimos, no? Bueno. Esas veces la hemos visto zurciendo, tejiendo, bordando, barriendo, cocinando... Creo que, en el fondo, Susana es una mal agradecida. ANTONIO. — Vamos a lievarla a casa, Nora. ‘Nora. —{Claro! ;Por supuesto! El préximo domingo la in- vitaremos a pasar el dia. Ustedes también, jeh! Ya es- tén invitados. ‘Antonio. —No me refiero a pasar un dia, Sino... por un tiempo. iii bi eauqo ticle aie is atte Esperando la carroza 43 Nona. —jEso sf que no! Me niego en rotundo a ser tan de- salmada con ella. Mi corazén no me da como pata se~ pararla de su nietecita, a la que seguramente adora. {Pero cémo se te ocurre una solucién tan aborninable para ella? jAntonio! Sencillamente, no te reconozco. (Entra Matilde) Esa crueldad no va con mi cardcter. Mamitp#, —Mamné, hierve el agua. Hace unos globites ra- Tos. ELviRa. —Voy. (Sale) Nora. —Malilde, 2vos la querés a la abuelita? MAME. — jClarol Nora. —;Ven? Este tesoro tiene sentimientos y no diré que nosi le ponen una cama en el cuarto para la pobre y querida abuela. Mame. —jAh, sf, miré qué bien! Nora. — {No es cierto? As‘ la pobre se sentiré acompafia- da, con esa inyecci6n juvenil que solo los j6venes pue~ den dar. MariLDE. — Yo no quiero dormir con viejas. Nora. — {Pero no acabés de decir que la querias? Marine. —2¥ eso qué tiene que ver? (Nora rie) Nora. ~jAy, criatura! ;Cémo podés ser tan egoistal Mampe. —La abuela esté muy bien donde esta. ANTONIO. —No, no esta bien. Ya oiste a Susana. La pobre est muy vieja y quién sabe cuanto tiempo le queda de vida. (Nora mira a Antonio como para fulminario.) Mamie. —;Y si se me muere en mi cuarto? {Quieren ma- tarme de un susto? Nora. —Mird que resultaste ser diplomatico. SERGIO. —Luego me explicarés cOmo hiciste para hace) tanta fortuna. (Rien todos.) : Etvina, —(Reapareciendo.) Matilde, ;querés poner la mesa? {De qué se rien? 44 Jacobo Langsner Nora, —De mi matido. Acabamos de descubrir que es ¢l tacto y la discreciom en persona. “Mamnpe. ~Quieren meterme a la abuela en mi cuarto. Eivira, {Con qué? ¢Con forceps”? Porque si cuentan con mi buena voluntad, estén arreglados. No se hable més del asunto. Que se aguanten entre ellos, que tam- bién yo tengo mis problemas... Nora. —Quién no los tiene? (Matilde saca un mantel det aparador y tiende la mesa.) Fuvika. —...j no corro a la casa de mis hermanas a pedir que me los solucionen. Vamos, a no hablar més de! asunto, que los ravioles'estén hirviendo y quiero pa- sar un domingo paetfico. Nora. —jEso! Un domingo familiar, sereno, como los que ustedes logran en esta casa. No te imaginds, Elvira, cuanto me gusta venir a comer a esta casa. Era, —Lo s6, lo sé. Nora. —jEl clima que se respira aqui! Evins. —Mejor se respira ent el jardin dé tu chalet. Vas a comparar Acassuso con Colegiales". Nora. —No me refiero al aire, sino al clima de hogar. Bse clima que solo se respira en una casa con hijos. Evra, —Con invitar a Matilde... Ella sola te puede oxi- genar todo el jardin. (Golpeando las manos.) El que tere ga necesidad de lavarse las manos o de hacer algo pa- recido, que lo haga. (A Sergio.) Vos, ancié a ponerte de- cente, gquerés? Sercio. —Yo me siento decentisimo asi como estoy. 12 jpstrumento en forma de tenaza, que se usa para la exzactén de lap sxataras er Jos parts dites 1 casmuso es una loalidad del partido de San Isidro, en le zona norge de! Gran Buenos Aires. Colegiales es un barrio del norte de la cixdad de Buenes Aires ee Esperando la carroza 45 Euvina. —No comparto esa extica idea, asf que me hacés el favor y te vas a cambiar, jeh! (Yendo a la cocina.) Y rompé esas revistas de porquerias sino querés que la nena se entere de otras cosas. sarci0. —(A Nora.) {Qué opinds vos? {Me cambio? Noga. —jAy, si! Me deprimen tantd fos hombres en pija- ‘ma. (Sergio alza la mirada al techo y se va al dormitorio.) Mamie. — Falta un cuchillo. Evins, — (Desde la cocina.) Veni a buscarlo. (Matilde sale.) ANTONIO. — {Por qué no lo dejaste‘comer en pijama? Nona, —Bastante me deprime la idea de comer ravioles amasados por esta, como para soportar encima... ANTONIO. —Bajé la voz. ‘Nora. —Vos siempre con tus zalamerfas. A vos tampoco te gustan los ravioles de esta, ni el tuco que hace, pero con tal de halagarla... (Matilde vuelve con ure cuchillo y urna panera con pan. Marto. — Los ravioles salieron gurisimos. Etyira, —(Entrando desalentada.) Los ravioles salieron du- risimos. Y estin pegados como con poxipol, El agua debe ser la culpable. Era poca y era con gas. Esta estti- pida fue incapaz de pedir'sin gas. Mama. —/Y yo qué sabia! Eiyira, —Nunca sabés nada. {Pero como no se te ocurrié pedir agua natural? Pero eso, que ya es horrible, no es todo. También se me quengé el tuco. Mamie, —zTambién el tuge? {Ni siquiera salvaste el tuco? Eqwira. —Por culpa de'tu fa que vino a llenarme la cake- za con los cuentos de mamé Cora. Mamupe. — (Indignada, como si fuera la patrona.) jPutal\C6- ‘mo es postble! Si fuiste mds de veinte veces a la cocina mientras estuvieron ellos. [AAA ADNAN IAAI IAAI 46 Jacobo Langsner Fuvira. —Oime.., vos a mino me pagds un sueldo. 7Sa- és cudnta carne se me echd a perder? {Un kilo y me- dio de peceto relleno! :Y encima tengo que sopartar tus gritos? SeRGIO. —- (Desde el dormitorio,) Elvira, gqué se quema? Evia. —(A gritos.) La casa. (Muy preocupada.) zQué les doy de comer, ahora? Nora. —Por nosotros no te preocupes. Vos sabés que yo solo pellizco de aqui y de alli. Euva. — {Pero de dénde vas a pellizcar si se me quem6 casualmente el aqui y el allt? Nora. —Abri una lata de cualquier cosa. Euvigs. —No tengo latas con cualquier cosa. Matilde... Mami.pe. —Yo no voy... ., anda a comprar medio kilo de... Mamipe, —;Qué! jNo! Y eso es definitivo y final. (Se va al dormitorio, Elvira la persigue.) Evia. —(A gritos, persiguiéndola) Que vayas a comprar fiambre surtido, algo asi como mortadela, matambre y pastr6n... (Reaparece Matilde por la puerta del dormitorio de los padres y se dirige a la cocina, Elvira ta persigue.) {Ma- tilde! Noga. —Y ahora va a empezar a largar una indirecta tras otra para que vayas a comptar un pollo asado o algo ast. ANTONIO. —No seas malpensada. Nora. —Como si no conociera a tu familia. ANTONIO. —|Mi familia! ;Querés que hablemos un poqui- to de la tuya? Nora. — Callate, que nos pueden oft. (Enciende un cigarri- Ilo. Antonio se sienta a leer el periddico mientras se oyen los gritos de Elvira y Matilde, Reaparece Elvira.) Eivina. — Para qué queria yo ser madre? No me sirve pa- vib sh T Esperando la carroza 47 ranada, Solo para dolor de cabeza y para gastar plata. Me pone tan nerviosat Noea, —gPor qué no contratés a alguien para que te ayude? Evra. —No, gracias. Somos dos mujeres y no estamos paraliticas. Ademis, no siempre es asi. A veces me ayuda; pero los domingos, ni bajo tortura. ;Qué hace- mos? Nora. —No te preocupes y disfruté de esta paz. Eivra, —Tendremos que comprar algo. (Nora mira a An- tonio significativamente.) :Pero donde? Habra que ir al centro. Porque por este barrio esta todo muerto. Nora. —No te desesperes. Comeremos la carne tal como esti, A nosotros nos encanta la carne carbonizada. EuvmRa. —@Estds loca? ;Qué podemos hacer? Antonio, no Hevarias a Sergio al centro? Nora, —{Pero para qué te vas 2 meter en gastos? (Elvira no puede controlar mds sus nervios y estalla) EiviRA. —jJNo me pongas mas nerviosa de lo que estoy!! ;Carambal (Se arrepiente y se acerca a Nora.) Ay, perdo- name! Nora. ~Bueno. Evia. ~ Tengo un carécter,.. Nora. —Si, dulce, tenés un cardcter muy feo. Bivins. —(Tomdndole la barbilla con. ia mano izquierda.) ,O\- vidado? (Aparece Sergio.) Sancio. — {Como estoy? Eivina, —Como para salir con Antonio enseguida a com- prar algo en alguna parte. SERGIO. — {Qué te pasé? Se te quemd. / Evra. —Si. ¥ qué? {Pasa algo? Yo SeRct0, —Si a vos no te da vergitenza, a mi tampqco. Ima- ginate, Pero por una vez que Nora y Antonio vienena comer... 48. Jacobo Langsner ELviRa, —zjPor una vez!? Vienen un domingo sf y el otro también. sencio. — (Continuanda, sin ofria) ...pudiste haber puesto ‘un poco més de cuidado en la cocina. Eivira, —Che, che, che, no te remontés, que no sos barti- Jete, Andé a comprar algo si querés comer; y sino, no vayas. Sarai, —También puedo comer en un restaurante. FIviRa, ~Magnifica idea. Anda a comer adonde quieras y ami dejame en paz. Nora. —jElvira, por Dios! {Un domingo tan lindo! No lo - echemos a perder. SeRGio. —Vamos, Nora, vamos a comer al restaurante de la esquina, Nora. —jjSergio!! Estoy segura de que la misma porque- ria que nos pueden servir all la podremos comer aqui sin ir tan lejos. Quiero decir... no quise decir eso. Es: tas actuando como una criatura. Serci0, —jPor una vez que recibimos gente! (Gerialando a su hermano y a Nora.) Bllos nos atienden como a reyes cuando vamos a comer, Evina, —Ellos tienen sirvientes y Nora no se moja las ma- nos. Sexcto, —Nisiquiera compraste aceitunas, sardinas, papi- tas o algo por el estilo para ir haciendo boca”... Evia, —No me levantés la voz sino querés que vaya a pedir socorro al convento de la esquina. SeRcio, —Si en esta casa hay una victima, esa no sos pre~ cisamente vos. Nora. — (Que fue por sus cosas al cuarto de Elvira.) Ah, yome 18 Tomando un aperitivo Esperando !a carroza 49 voy. Thank you very much’, pero un domingo asi, yoo paso. (Se pone la estola.) Es cosa de habito, En casa de mis padres jamés se alz6 la voz ni para decir buenos dias. (Se dirige a la puerta.) Son muy adorables, muy queribles, pero... ANTONIO. —jNora, no seas criatural Nora, —No soy una criatura. Detesto la violencia; eso es todo. Desgraciadamente no soy sensible; soy hiper- sensible y esto me aniquila. Mis nervios no son de ace- ro. Yo me desintegro. (Abre la puerta y aparecen brusca- mente Susana y Jorge.) SusaNA. — gEsté aqui? SeRcio. ~ {Buseés a alguien? Susana. —A mamé Cora. jEsté aqui? Sexcio. No. {Dijo que venia? SosaNA. —Se fue. La puerta estaba abierta y ella no estaba. Ebina. — Se fue de tu casa? (Intercambio de miradas entre Elvira y Nora.) , SusANa. —2Dénde estaré? Euvira. — Ahora te preocupés? (Elvira se va para adentro.) SusaNa. —Yo sabia que esa serpiente iba a pensar lo peor. (Gritando,) Nadie la eché. Nora. — Pobre sefiora! ANTONIO, —Habré ido a casa de Emilia. SERGIO. —No te quedes ahi. Tomé el coche y anda a ver si esté alli. SusANA. —ZNo nos llevarfas de paso a casa? La nena que- dé sola. ANTONIO, —Claro. Vamos. (Los hombres y Susana salen. Nora * se vuelve hacia la puerta de la cocina, de donde sale Elvira.) 1 Muchas graces", en inglés AAA DATA III 50 Jacobo Langener Nora. —{Qué me decis? No te espanta? Evra. —A mi ya no me asombra nada. Nora, —jPero es atroz! (Se aye misica muy fuerte.) - Fivira. —{Matilde! jMiisica en un momento como este, no! Se me parte la cabeza. Apagén. Cuadro 2 Una hora més iarde. Nora, sentada en un sill6n, presta atencién al lamado telefénico que intenta hacer Elvira. a! (Maldito aparatol Se volvi6 a cor- Fuvra. —|Hola! tar Nora. —Dejé, no insistas més. Ya regresarén. | ELIRA. — (Marcando muevamente.) NO me va a vencer ami tun aparato de mierda, ;Con lo que nos cuesta! Llama. ol... Levantan el tubo y se corta, jMaldito aparato! Nora. —Elvira, calmate; me estés poniendo nerviosa. Te lo suplico. Tuva, —Esta es la tiltima... Ah, disculpe que lo moleste a hora tan intempestiva, :pero seria tan. amable de lla mar ala sefiora Emilia, de al lado? ;Como? No le oigo. Es muy urgente. (Pausa.) Nora, — Hora intempestival (Sacude su relojito.) Qué ho- “= es? Evinh, Mala suerte, Es usted lo que se conoce, en gran mundo, como un auténtico caballero. (Cuelg Ojala se te atragante la comida y te tengan que llevar a algun hospital, medio ahogado. | eek ub uy 4 fod ois a ke 4 Esperando la carroza 51 Nora. —,Qué te dijo? ELVIRA. —jQue no! Nora, ~Mamé Cora estaré seguzamente con Emilia, y los hombres habrén ido a comprar algo a una rotiseria, (Entra Matilde.) MAmILDE. —Mamé, mi estomago esta desesperado. Etvira. —Jodete. MAatpe. ~;A qué hora vamos a comer hoy? Etyira. —En esta casa come solamente el que trabaja, mi hijita, Nora. — (Com falsa ternuira.) 'or qué no abris el pa- quetito de masas que tr Ide sale y regresa con la bandejita.) MAILE. —,Querés, tia? Nora, —Bueno. Aunque soy tan poco amiga de los dul- ces. (Comen las tres, ensimismadas, un largo rato.) Etvina. —jAy, Dios! ‘Nora. —(Comiendo,) {Con az6n las pagamos al precio que las pagamos! Son deliciosas. Comé, Elvira. Evvira. —(Con la boca lena.) Como, como. (Las tres comen en silencio, Timbre de i pues no le hace mucha gracia qu quilamente mientras no se sepa algo de la anciana.) MAamILDE, — {Qué te pasa? Exvira. —jRapido! Llevate la bandejita a la cocina. Si nos ven comiendo antes de saber qué ha pasado con la vie~ ja, van a decir que no tenemos corazén. (Matilde leoa la bandejita a la cocina; Elvira abre la puerta tosiendo. Son Susana y Jorge.) . SUSANA. — ZY? Evins. —iY hurra! Todavia no volvieron, Esperamos; por tu bien, Susana, que no le haya pasado nada. SUSANA. — Qué querés decir con eso? 52, Jacobo Langsner Evra, —Que si le pasé algo habré sido por tu culpa y, en ‘ese caso, no quisiera estar en tu pellejo para no cargar con tu conciencia. Eso quise decir. Nora. —jElvira! , SusaNA. —(Abalanzéndose sobre Elvira.) Eso si que no te lo voy a permitir. (Jorge la sujeta por Ia cintura.) JorGE. —Quieta! Susana. —gPero no la ofste? (A Elvira.) Simamé Cora hu- biese vivido con vos en lugar de hacerlo con nosotros, la hubiéramos enterrado hace afios. Noga, —Por favor, muchachas, sean buenas. Vamos ano yhablar més de mamé Cora hasta que regresen los hom- bres y sepamos qué ha pasado con ella. Euyina. —pPero vos te creés que me voy a callar después de la monstruosidad que me dijo? Noa. Las dos dijeron monstruosidades, Elvira. Hable- ‘mos de otra cosa. (A Susana, muy mundana,“infentando” aplacar os dnimos,) {Con quien dejastea lanena, Susana? Susana. —(Con muchos deseos de herir a Elvira donde ms le ‘pueda doler.) Desde el primer dia que te vi Elvira, cuan- do Jorge me trajo a comer a esta casa, me dije..- Jonas, —;Pero sera posible! No te podés callartjBastat Susana, ~Yo no empecé. mano, nunca tienen tiempo para empezar a hacer na Ga, Sobre todo, titil. 2Y qué fue lo que te dijiste la pri mera vez que viniste a comer a esta casa? Susana. —2De verdad querés saberlo? Eivina, —JNo ves que me estoy muriendo de curiosidad! ‘Quiero saber lo que te dijiste la primera, la segunda, tercera, la décima... Esperando la carroza 53 Susana. —No necesité venir tantas veces para ver lo que eras. . s ELvina. ~ {Pero qué te dijiste? Hablé de una vez. SusaNa. —Me dije: “Esta mujer debe ser lo més falluto” que Dios ha echado sobre la Tierra”. Evra. —jFalluta, yo! Nora. —(Alzando la:v02 com aire mucho mis mundano que an- tes.) ¢Con quién dejaron a la nena, Susana? ELviRa. —Si yo soy falsa, a vos, tesoro, no sé como catalo- garte. Porque seré nerviosa y quizés levemente auto- ritaria, jpero falluta...! Esa si que es una novedad. Fa- Huta sos vos, que te cosiste la lengua. Yo a vos te lo hu- biera dicho. ¥ en aquel momento yo no me cosi la mia y le dije a Jorge: “Con esto te vas a casar? Este volcan te pone los cuernos® el primer mes de casados”. (A Jor- ge.) ZTe lo dije ono te lo dije? Jorce. — (Sentindose, desesperado.) ;Quién habra inventado a las mujeres? jDios mio! {Para qué tendran lengua? Nora. —Matilde, traé una de esas riquisimas masas que te Hevaste a la cocina y convida a tus queridos tios. (Matilde va a la cocina.) JoxcE, —Insulto va, insulto viene... Qué tienen en. Taca- beza? Eivira. —zY vos qué comiste? ¢Lengua? Mamie. —(Volviendo con Ia bandejita.) Por lo menos co- mieron lengua. Nosotras estamos muertas de hambre. {Querés, tia? SusANA. — (Para subrayar el rechazo le da un golpe a la bande- {ja, arrojando al suelo los duces.) jNo! 17 Persona teaidora, dese, hipérita, Brees intel NAN VAVADIVSADAVIVA AIAN Rana Aq ATA ” Eumpa. — Ahi esté! Manchame la alfombra, ahora. (A Ma- 54 Jacobo Langsner tilde.) Recogé esas porquerias antes de que la grasa se ihstale definitivamente ahi. (Matilde recoge las'masas.) J Y cayeron justo boca abajo. ;Con lo que odio yo lacre- ma! fe Nora. —De haberlo sabido... Euvira. —No quise decir eso. Es que... engordan, man- chan y dan dolor de barriga. Susana. — (A Elvira) {Se puede saber por qué le dijiste es0? Fivina. —jA quién? GUSANA. —Acste. {Por qué le dijiste que le ibaa poner los Esperando la carroza 85 Dect! No te quedes ahi como una momia griega, sembrando la duda en Matilde y Nora. ;Qué tenés que decir? SUSANA. —(Domindndose ostensiblemente®, para sembrar mis dudas.) Nnnada. Fira. —No digas “nnnada” como si escondieras algo horrible. Si sabés algo, escupilo. Jorce. —Quieren terminar de una vez? ;Cotorras! Exvira. —(Al borde del lianto.) Cotorra serd tu madrina. Nora. —Susana, te lo pregunto por tercera vez. {Quién se qued6 con la nena? (Susana calla.) ‘cuernos el primer mes de casados? “Ay Joc. Mis suegros. Nowa. —(Nuevamente mucy mundana. Pero con ganas deesti- 3] Noa. ~jAh, qué adorables! ;Como estan tus maravillo- ‘mmular la situacién.) Susana, son cosas que paseron ha- a sos padres, Susana? ce cuatro afios! {Quién se acuerda de eso? 4 JorcE. —(Al ver que Susana io contesta.) Estan bien. Susana, Ella se acuerda, Y creo que me asiste algén de- |, NORA. —Hace siglos que no Ios veo. ;Con lo que yo los recho a saber por qué lo dijo. 3 quiero! Estaran felices con la nieta. Euvtna, —-jLo querés saber? Te lo voy a decir. No tengo J JORGE. ~Les fastidia, porque 1a nena Tora. Llora todo el rningtin problema. (Se incorpora pesadamente,) En pri- 2) tiempo. (EI solloza al recordar cémo es la nena.) No sabe- ‘mer lugar, lo dije porque tengo lengua; en segundo <3 ‘mos por qué llora tanto. No para. Tugat congue somostibyesoberanos eindependien- | NoRA. ~Seré para ensanchar los pulmones, La natursle tes, y en tercer lugar... porque quise. Bo za sabe lo que hace. jEs tan sabia! Susana. Si yo me aprovechara de las tres estupideces “= JORGE. ~Ser4. Pero yo me estoy volviendo loco, No duer- que nombraste y dijera una cosita que yo me sé te 3} ‘mo hace ocho meses. Me acuesto sabiendo que va a aseguro que perderias las ganas de hablar gratuita- 4 Torar y ya no consigo dormir. mente de la gente, "| Euvira. —(A Matilde.) ;Querés traerme un poco de sal de Envira, — jPero qué eso que sabés de mf? Habla, Pero ar- a fruta”? tes te aconsejo que te laves la boca con cepillo, jabon. y lavandina, porque no tengo nada que reprocharme ‘en los diez afios que llevo casada. 3 Susana. —{Estés segura? Elvira, — gCreés que vas a poder manchar mi nombre del il |__ Mario. —Si, mama, (Va a la cocina.) Evins. —Dejé. Voy yo. (Va detnis de Matilde.) a mismo modo que manchaste la alfombra? jHablé! 3 Polvo efervescente que se toma disuelt en agua, para favoreer la digestion, 36 Jacobo Langsner sucee JorcE, — (A Susana.) ;Qué mal estuviste! {De veras, Susana! jComo pudiste inventar una Susana, —No inventé nada. [ Nora. —jNo puede ser! ;Elvira! {Con quién? Jorce. —jSusana! Basta! Susana —Yo me sé con quién. JorcE, —,Como querés que te diga que te calles? Nora. —Susana, jes muy delicado lo que estas diciendo! SuSANA, —2¥ ella? Ella puede decir que yo le voy a poner Jos cuernos a este? : Nora. —Es de una naturaleza tan peculiar: jEs tan ner- viosa! Susana. —También yo soy nerviosa. ;Qué gracia! Ennom- ‘re de sus dichosos nervios, insulta a medio myundo. Nora. —jDios mio! jEstés segura? No puedo creerlo. ‘SusaNa. —jPero mejor! No lo creas. Noa. —z¥ Sergio sabe que...? Jorce. —Nole hagas caso, Nora. No té das cuenta de que ‘son inventos de esta, solo para amargarla? Noga, —Susana es honrada, Es incapaz de inventar una cosa asi, para hacerle dafio a una inocente. iVerdad, dulce? $i ella habla es porque sabe que tiene funda- ments para hacerlo. Conozco pocas personas tan ho- estas y con ese sentido de la justicia. Yo te admiro, querida. Te juro que te admiro. Conta. Susana. —No quiero hablar. Me arrepiento de haber ha- lado. JorcE, ~Te hubieras arrepentido antes. Hablar delante de Matilde... No tenés perdén de Dios. SusaNa. —No me di cuenta de que estaba. (Callan porque aparecen dramaticamente Elvira y Matilde. Esta, con un aso de agua y wna caja de aspirinas, Elvira, con wna palan- sat in Lishbp Lb padieet yo shu oe seep dode aia Esperando la carroza 57 gana con agua y una ena frente, Ambas se dirigen al dormitoria principal con aire grave) + Nora. — {Sergio sabe que...? Jorae. —jQue no le hagas caso, Nora! {No te das cuenta de que esté inventando cosas? Nora. —jAy, me quedé temblando! (Le muestra la mano.) Mira como me tiembla. ;Qué valor! Hay que tener co- raje para engafiar al marido. Si yo legara a hacerlo al- gain dia, me parece que no podria volver a mirar a An- tonio a la cara. (Susana Ia mira entre irénica y abismua- da") jPobre Sergio... {Fue hace mucho? Susana. —No. Jorce. —jPero callate! Susana. —Solo dije “no”. ‘Nora. —-jPero Jorge! Yo no voy a contar nada. Imaginate. + Vos me conocés. Lo que me cuente Susana, moriré conmigo. (Reapurece Matilde.) Pobre Elviral Ha sido un dia duro para ella. SuSANA. —Ha sido un dia duro para todos. Nora. —Sf, pero... la pobre se puso nerviosa esta mafia- na cuando se dio cuenta de que le habian cortado el agua; puso a hervir los ravioles en agua mineral y se Ie endurecieron como piedras; se le quemo la carne del tuco, desaparecié mama Cora, ahora se pelea con es... Son demasiadas cosas. (Vienen de la calle Sergio y Antonio.) Jorce. —:Y? (Los hermanos estin sudaiido,) Hablen! (Est4 con Emilia? . SeRci0, — (Sin resuello.) No. Emilia no sabe nada. Venimos de hacer la denuncia. 1 Ensimismada,reconcentrda \ — RANA AAA AAAI III TITAS 58. Jacobo Langsner ANTONIO. —Debiste de haberla hecho vos, Jorge. jPasamos una vergitenza! Jorcz. — gPor qué? ANTONIO, —Porque no nos acordamos del nombre com- pleto. Es Ana Marfa de los Dolores Arias Navajo, no? Jorce. —;Claro! SERGIO. —No tan claro, El oficial nos mir6 con cara rara. “Por qué dijo primero mam Cora?”, nos pregunt6. No supe qué contestar. ANTONIO. —Hace afios que te lo queria preguntar, Jorge. {Por qué la Hamamos todos mam Cora? Jor. —La llaman asi desde chiquita. [Yo qué sé! Cuando nacimos, llamaba asi. Antonio. —Ni siquiera recordamos los afios que tiene. 1Cudntos difiste que cumpli6? JoRce, —Setenta y ocho. ANTONIO. —Yo dije ochenta. SERGIO, Mas 0 menos. {Qué diferencia hay? ANTONIO, —EI oficial puso “tirando a vikja”. ;Qué ver- giienza! Mame. —{Trajeron algo para comer? Nora. —jNena! Pregunt4 primero por tu abuela. (A Anto- io.) {Fueron a lo de tio Felipe? SeRGIO. —No, {Como no se nos ocurrié? SusANA, —Matilde, traé la gufa; ,querés? (Matilde sale, An- tonio mira a Susana.) ANTONIO, = Salié con dinero? SusaNa, —jClaro que no! yDe dénde iba.a sacar dinero? (Matilde regresa con la gufa, Sergio se la saca de las manos.) SeRcio. —Dame. (Busca en Ia guia.) ANTONIO, — Elvira? . Nora. —Se acost6 un rato. No se siente bien. ANTONIO. — gPor qué? tnt ama de joyce taba oped eb sat Esperando la carroza 59 Nora. —(Miréndolo significatioamente,) Por nada, quetido. (Sergio marca los niimeros del teléfomo de tio Felipe.) SERGIO. — Tia? Soy Sergio. Sergio. Su sobrino. Como que qué sobrino? Hl hijo de mamé Cora. Haga memoria, tia, Sergio. El casado con Elvira. Ei hermano de Anto- rio, que a su vez esté casado con Nora y... (Mira el tu= bo.) Cort6. (Pesado silencio entre todos.) Nora. — Emilia? ANTONIO, — Emilia qué? Nora. — ,Cémo esté? "ANTONIO. —Igual que siempre. Mal. Luis se quedé sin tra- bajo. Nora. — gQuién es Luis? ‘Nora. —Ah, se Ilamaba Luis. Nunca lo supe. | ANTONIO. —Hace un mes lo echaron del empleo por haber dado parte de enfermo, Le mandaron el médico. Nora. —Y¥ no lo encontr6. SerGIo. —Si, lo encontr6, pero en el bar, jugando péquer. Y la pobre Emilia lor6 como una loca toda la noche. JorGe. —jPobre Emilia! (Llora.) ‘ANTONIO. — {Qué te pasa? JorcE. —Pienso en la nena. Nora. —Matilde... dulce... :por quéno vas aver como es- t4 tu madre? Maminpe. —(Yendo.) 2 como va a estar? Sencio. — jLe pas6 algo a Elvira? Nora. —Nada grave. :Por qué no vas a verla? (Sergio oa para adentro.) ‘SerGio, — (Yendo,) Elvira... . Nora. —(A Jorge) También vos deberfas ix a ver como es- +8. Jorce. —zPara qué? 60 Jacobo Langsner ‘Noga, —Bueno, al fin y al cabo la discusién fue con Susa- nay... no estarfa de mas que te disculparas. Susana. —Ya soy mayorcita; no necesito que nadie dé la cara por mf. Nora. —Bueno; no te disculpes. Pero ya tuvimos un.do- mingo bastante agitado. Si con una palabra sensata pudieras calmar los Animos, sno lo harias? Jorce, —(Yendo a! dormitorio.) Elvira... ANTONIO. —{Qué pas6? Nora. —Si querés enterarte, anda con ellos, querido. Vos sabés c6mo te aprecia Elvira y el caso que te hace. ANTONIO. — (La ira asombrado y por fin se incorpora.) Elvira. (Susana mira a Nora como adivinando su pensamtiento.) Nora. — (Después de un silencio, mientras se arregla los plie- ‘gues del vestido, y sin mirar a Susana.) Me dejaste hela- da con la historia de Elvira. SuSANA. --Estoy demasiado angustiada como para hablar de eso. ;Qué horrible, Nora! {Qué culpable me siento! Noga. — Querida, por Dios! Todos somos culpables y to- dos somos inocentes. No te tortures antes de tiempo. Los viejos son como niffos y hacen diabluras como ellos. SUSANA. —Me tiene... de quince meses, pero jamés la hu- biese echado a la calle, imaginate. Nora. —Lo sé. Lo sé. SUSANA. —Bastante paciencia tuve con ella durante cuatro interminables afios. Nora. —Ya lo creo. ¥ esa es otra de tus virtudes: la pacien- .) Te dije que me dejaste helada con la his- iMe oiste? ‘ Susana. —Nora, no pienso decirte nada. Asf que no pier- das el tiempo tratando de sonsacarme nada. Soy cual- ° quer cosa, menos chismosa. Nora. — {Pero Susana! pes sid wedegie Hud Esperando la carroza 61 SUSANA. —{Pero si te veia venir! Enviaste a todo el mundo adentro para hablar del asunto con comodidad. Pero te equivocaste conmigo. Yo no hablo. Nora. —{Querés que te diga una cosa? Hacés mal. ;Guar- ax un secreto tan terrible para vos sola! Es algo heroico y te juro que me hace admirarte. Pero es un esfuerzo es- téril, tesoro. Sac todo lo que tenés adentro. Tenés un tu- mor... pues, lo aconsejable es extirparlo. Para qué con- servar esa angustia? SusaNA. —Ese secreto no me angustia nada. Y si me angus- tiara, como soy catélica, se lo confiarfa a mi confesor. {Pero qué me imporia a mf lo que pueda hacer o haber echo esa mujer? Noga. —Tampoco a mf, podés estar segura. {Es una historia antigua? Susana. ~Es una historia. Punto. Nora. —Estd bien. Sino querés hablar, no hables. Tan ami- gas como siempre. Pero me ofende un poco tu actitud. iCreés que yo pueda hacer circular el chisme? SusANA. —{Por qué no? No sos paralitica. Sobre todo de Tengua. Nora. — (Muy ofendida,) ;Bueno! Aunque un poco tarde, por fin nos hemos quitado ia careta. Ahora sé lo que pensés de mi. SuSANA. —Pienso que sos, en el fondo, una buena mujer. Sos mala simplemente porque tenés mucha plata y no tenés nada que hacer. Y como no tenés nada que hacer, movés Ja lengua todo el dia con cualquier persona, solo para, Ilenar las horas. Nora. —jBueno! Gracias por haberme dicho, con tanta franqueza, lo que pensds de mé, Pero de hoy en ade- lante, te dispenso de la obligacién que tuviste hasta ahora de saludarme. me SAAR eee ne PAA ADASN AIAN ANTI IIIA 62 Jacobo Langsner Susava. —No te enojes conmigo, Nora. Por lo menos no te enojes por culpa de la verdad. Nora, — Cuando fui con chismes, Susana? SuSANA. Siempre. Sino sabés hacer otra cosa. Para qué querés saber con quién se acost6 Elvira? ‘Nona. —jQué gracia! ;Para saber qué clase de mujer es! SusaNa. —jVamos, Noral Las mujeres no cambiamos por ‘ser mAs o menos fieles al marido. Ya ves, vos tenés amores con Sergio y para mi seguis siendo la misma. (Nora la mira espantada, Se oye un trueno.) Nora, —jCémo te permitis! (Se incorpora.) ,Cémo te per mitis? (Recula, vuelve, viene y va) Esa es una infamia que no te voy a perdonar mientras viva. Susana. —{Infamia? Noka. —(Infamia, st! Susana. —Nora, ide veras creés que la gente no lo sabe? Elvira es la tinica ignorante. Como se ocupa tanto de descuida la suya. ‘una infamia! Y no te la perdona- 36, Qué horror! Susana. — {Por qué lo hacés, site parece un horror? Nora, —No quiero volver a hablar con vos mientras viva. SUSANA. ~;Por mf! Nora. — ¢Pero quién te dijo eso? Susana. —Nadie. Tengo ojos y, sobre todo, tengo ofdos. Nora, —Pero yo te juro que... Susana. —No jures. No hagas el ridiculo. La cuestiGn es que sé positivamente que es verdad y se acabé. Nora, —Suisana, no s0s infalible. No podés decir tan de- saprensivamente... asegurar que... (Bajando la voa Sergio y yo... Es horrible No se juega con la reputa iss gui pveda SA EAU Manat te iors seis i tionary, cién de dos personas tan frivolamente. La tranquili dad de dos familias esta de por medio. Esperando la carroza 63 SusaNa. —Ya te dije que no hablo. Nora. —Sillegaras a hacerlo, cometerias una injusticia es- pantosa. Yo te juro que... (Cae al suelo porque se engan- chael taco de un zapato en la rotura de la alfombra. Sorpren- ida, se echa a llorar.) La culpa es mia por venir a esta casa. {Para qué tengo que venir yo a este cuchitril? Yo pertenezco a otra clase. Yo no debo agacharme hasta este punto, solo porque mi marido,esté unido por la- 0s de sangre. Alfombras rotas, falta de agua, menti- ras y mentiras y mas mentiras... SusaNA. —jMentiras! Te vi salir de una amoblada” con Sergio. Noga. —jMentiras! Y no repitas eso sino querés que te de- mande, o que lepida a Antonio que te mande a los de la pesada”. ) SUSANA. —Con lentes negros, pafiuelo en Ja cabéza.... (Su- sana intenta ayudarla a incorporarse, Nora se limpia.) Nora. —Soltame, (Se sienta.) No quiero que me toques. SuSANA. —Hace un afio que lo sé y jamés dije nada. (Pau- ssa breve.) Tampoco te juzgo. Nora. —jPero cémo podés insistir! Viste hace un afio a ‘una mujer con lentes negros, pafuelo en la cabeza y una capa negra y... Susana. —Yo no dije que via una mujer con capa negra. Nora. —jLo difiste! Susana. —Yo no me acordaba que levabas capa negra. Ahora me acuerdo. Solo me acordaba de los lentes ne- ‘gros y del pafiuelo en la cabeza. Nora. —Susana, yo te juro que... 22 Hotel donde se alguien habitacions para cits amoroes 2 Grupo de personas que + impone viens yagesivamente ates. 64 Jacobo Langsner SusANA. —(Secamente,) No jures. (Suena el teléfono. Susana atiende) ga. Soy la cuflada. Bueno, un momento. (Llama.) Sergio, teléfono. Del Departamen- to de Policia. (Vienen corriendo Sergio, Antonio, Jorge y ‘Matilde. Luego aparece Elvira con el patielo sobre la fren- te. Sergio toma el auricular.) SeRcio. — Hola! Si, soy yo. gSi? (Pasa dramdtica,) Donde? SusaNA. — {Qué pas6? SERGIO. — Mamita! ;Pobrecita! SUSANA. — Qué pasé, Sergio? SERGIO. ~Sf, si, por supuesto. (Cuelga. Guarda silencio. To- dos esperan que diga algo.) Eira. —{Querés terminarla? {Hasta cudndo nos vas a mantener en vilo? Habla de una vez. SeRGIO, —Una anciana se tiré al paso de un tren, cerca de Niéiiez’ (Lin poderoso trueno hace estremecer a todo el mundo.) Tenemos que ir al depésito® para hacer el re- conocimiento. Jorce. -No puede ser ella. No fue para tanta, Ademés, gc6mo iba a Hlegar tan lejos? ANTONIO. —Sergio... SERGIO. — Vamos. (Se dirigen a la puerta los hermanos y Susana.) Susana. —jQue no sea ella, Dios mio! Que no sea ella. (Salen.) EWIRA. —(Cerrando Ia puerta de calle de un golpe y volviéndo- se furiosa,) ;Ojalé sea ella! ;Ojalé sea ella! Solo para que Ja conciencia la remuerda como se merece. Fin del primer acto, 2 Bano del nore de la chad de Buenos Aires. S Morgue Segundo acto Cuadro1 El mismo decorado, Un segundo mas tarde. Evra. —(En la misma actitud del acto anterior) Ojala sea ella, solo para que la conciencia la remuerda como se merece. ‘Mammo8. —jMamé, c6mo podés hablar de ese modo! ELvIRA. —Solo Dios sabe ciudnto la odio. Nora. —Lo cierto es queno hace ningtin esfuerzo por ga- narse el carifio de nadie. ELMRA. —En cambio, cualquiera dirfa que goza haciéndo- se odiar. Hablar mal de mil zTe das cuenta? Yo, ique fui fiel hasta la idiotez! Porque si hay algo de ‘me pueda arrepentir es de haber sido tan ca tre como lo fui toda la vida. :No te lo dije siempre? Las dinicas mujeres felices son aquellas que les ponen cuernos asi de grandes a los maridos. Nora. ~ iY decirtelo en la cara! Evin. —jEso! Y decirmelo en la cara y delante de la ne- nna, que parece una sefiorita, pero que al fin y al cabo solo tiene quince afios. Mampe. —Dieciséis. EuyRa. —jQuince! jNo hay derecho! Una se mata durante todo el santo dia para darle una educacién esmerada, 75 Ingeowa, PARADA AAID AAAI IA IIIA 66 Jacobo Langsnet dentro de lo posible, gno? Y viene una desgraciada que ‘en menos de lo que canta un gallo te tira el edificio abajo. {No hay derecho! Pero ,con quién? {Con quién iba a engafiar yo aSergio? Decime. ;Con quién? Te ju- ro por la sagrada memoria de mi madre que nunca... (Junta los dedos indices en cruz y los besa.) por esta cruz que nunca engafié a Sergio ni con el pensamiento, 14 lo que te digo. Que me muera aqu{ mismo si te qniento. Que se me caiga el techo encima. Que se abran Jos abismos del infierno ante mis pies, si... ‘Mampe. —/Mama! Evra, —Solo lo digo para que tengan una pélida idea de hasta qué punto tengo la conciencia ‘tranquila. En ella no puede decir lo mismo. No, seftor. Por- al fin y al cabo, :qué es? {De donde viene? De una familia de sirvientas. La madre fue limpiadora por ho- ras y el padre, mozo de bar. Nora, —Eso no tiene nada que ver, porque hay limpiado- ras muy honradas y mozos muy... + Eivira. —(Déndose cuenta de la “gaffe” que ha cometido.) (Por supuesto! (Mordiéndose los labios) St. Si yo no quise de- cir... Hay mozos honradisimos. (Répidamente.) Pero es- te no es el caso. Y me niego a seguir hablando, porque desgraciadamente se trata de una cufiada, y si habla- mos mal dé ella paga el pato toda la familia. Mejor seré coserse la boca y no decir nada. Asi vivi todala vida. Ce- rrando los ojos a lo que veta y los ofdos a lo que ofa. ¥ asi seguiré viviendo hasta el ditimo de mis dias, Porque _ sino... Pero mira... ser4 mejor no seguir hablando. Noga, —Lo que ha pasado con la pobre anciana no tiene nombre. Euviea, —jBso! jEchar a la pobre vieja a la calle como a un perro rabioso! {Dénde se ha visto cosa parecida? Esperando la carroza 67 {Qué somos? {Negros somos, como para ser tan sal- vajes? ;O judios, para ni siquiera tener creencias reli- giosas? jNo! Esa mujer no tiene perdon de Dios. Qja- ld sea la vieja la que se arrojé debajo del tren. Espero que sea ella, solo para que la conciencia la remuerda como se merece. se pagan en el Cielo, En algain lugar habré que pagaz, digo yo. El tinico consuelo que tengo, Nora, y gracias a Dios que me eduqué én una casa catélica, apostélica y romanica”, es pensar que un dia de estos, Dios me la va agarrar por su cuenta y le vaa hacer pagar una por una todas sus fechorias. Porque si hay algo que creo es en Dios y su justicia, Nora. —Si. La Iglesia es un gran consuelo. Marmpe. — Qué hora tenés, tia? Noa. —(Consultando con gran dificultad un pequeito reloj pulsera.) Tiene tantos brillantitos que apenas si... Las dos y cuarto, creo. Manpe. — (Después de una pausa.) ;La van a traer aqui? (Elvira la mira como sino hubiera entendido.) Ala abuela, Nora. —Tesoro, no nos adelantemos. Aan no se sabe si esella. “|__ MAmILDE, ~Pero por si “yn si acaso” legara a ser ella, gla traerén aqui? FiviRA. ~Supongo que lo menos que puede hacer Susana, 2 slvirnaltra a exprsioncoret: “cats, apostle y romana” 68 Jacobo Langsner ya que no supo respetarla mientras vivid, es rendirle algun homenaje después de muerta. Digo yo. No sé. Nora. —Elvira....no hay que pedirle peras al olmo. ELIRA. —Pero un poco de piedad y misericordiaa un ser hhumano se le puede pedir, zno? ;Al fin y al cabo, qué somos, Nora! jPor Dios y los Santos Evangelios! ;Qué somos? ;Salvajes del Africa o del Amazonas? {Donde quedaron las ensefianzas que recogimos de las Tere- sianas? {Perdieron el tiempo las monjitas? Solo contes- tame a eso. ;Perdieron el tiempo? Mamnpe. —Si la traen, ;dénde la velamos? En mi cuarto,” no, jeh! Que después no duermo. Evia. —Nadie la va a meter en tu cuarto, no seas tarada, Nora. —jPobrecita! Est impresionada con toda esta historia, Exvina. —{$i, pobre cielo! jEs tan sensible! Nora. —]Yo tengo una migraine™ que no veo! ELVIRA. —Moi aussi”, ;Adems, tengo una sed...! (A Matil- de.) Sé buena, tesoro, y traeme un vaso de agua bien helada, Nora. —Y otro a mi, dulce, que voy a tomar una aspirina. Se me parte la cabeza, Etvira. —{Tenés? (Nora la mira.) No me refiero a la cabe- za, sino a la aspirina. (Nora rie. Matilde sale.) Nora. —jAh! Supongo que sf. Siempre tengo. (Abre su car- tera.) Vivo tan distrafda en estos tiltimos tiempos, que no serfa nada raro que... Pero st, tengo. ;Qué calor! E.viRA. — Ay; sif Pronosticaron treinta y nueve grados. Pe-_ ro ami me parece que hace més. Y justo hoy tenfa que matarse la vieja. 2 "Dolor de cabeza", en francés 2 "Yo también’ on francés. shi Marve. — (Volviendo con dos vasos y una botella de agua mi- neral.) Se descongelé la heladera. No hay cubitos. Etvina. — Por qué? ;Quién la descongelé? MATILDE. —No sé, Estamos sin luz. Eivina, — Pero existird tragedia mayor? {Todo me tiene que pasar a mi? ;Con este calor! (Silencio. Suspira.) Qué tragedia! Sin agua y sin luz, (Nuevo silencio.) Vas aver como me la trae a casa, (Nora toma una aspirina ) Nora. —2Quién? Evira. —Susana. Vasa ver cémo me trae el cadaver a casa. Nora. —{Creés que se atreverd? Evins. ~jVamos! :No la conocés? Pero si no la conocés, tampoco me conocés a mi, porque soy capaz de aga- , trar a la vieja y arrojarla a [a calle junto a ella. De mi no se van a reir. |No tenés idea, Nora, de lo mortifica- da que estoy! Qué desgracia! Vivir toda la vida rodea- da de brutos. Nora. —jAh, si! Exvna. ~Yo provengo de una familia... no es por jactar- me, Nora; vos sabés que seré cualquier cosa, menos vanidosa. Pero provengo de una casa que més que ca- sa era un santuario. Vos no conociste a mis padres, Nora. —No. Desgraciadamente no Ilegué a conocerlos. Pero me hablaron mucho de ellos. Sé que eran algo... unique®, Eivina. ~ Unique! Es poco decir. Eran... tnicos. (Suspira) Menos mal que lo que se mama de chica no se pierde. Dicen. Y lo puedo decir con orgullo. No hay dinero, 50 Trico” en fonts, stein ie SS ae SAAN DADVIVIAAIAI A IIVIA AVIAN IIIT 170. Jacobo Langsner que pague lo que mis padres hicieron por mi. Si vivie- ‘an, los tendrfa en bandeja de plata. A mi no me estor- arian como la pobre mamé Cora a Susana. Mame. — jPero la abuela no es la madre de Susana, ma- mé! Es la suegra. Etvina, —2Y eso qué tiene que ver? ,Acaso no es la madre de] marido? Cémo se puede tener el coraje de decirle a la madre del hombre que comparte tu cama... del padre de tus hijos... Nora, —{Un momentito! (Elvira la mira:) Del hombre que comparte tu vida. Bivins, — Eso! Como se puede decirle: “Fuera, vayase de esta casa”. Noka, —Bueno, no creo que haya dicho eso, exactamente. Fivira. —Hablés como si no la conocieras. Bueno, pero si no se lo dijo con palabras, se lo dijo con hechos, que estoy viendo! jPobre vieja! ;Dios mio! Llegar a cierta edad y ser nada més que un estorbo en el camino de todos. Nora, — (Si, es un horror! Espero no vivir tantos afios. E.vira. —Y si llegara a vivir tantos afios y me convirtiera, en un ser inatil y molesto, recuerda mis ensefianzas, hija mia. Mamps. —Mamé, no digas més estupideces. FEtvira. —jMird el respeto que me tiene! com furia y Matilde se incorpora asus sopapos! De quién aprendiste a ser decé que esté tu tia, que si no... Sal indtil. Una madre puede tener pacienc (A Nora) Es de santa pa- ractiar a una docena de hijos. Pero un solo hijo no tie. ne ninguna paciencia para con los pobres padres. Nora. —Y asi es. {Qué se le va a hacer? (Suena el timbre _ ho iano ep a ib Exvira. ~Quién seré ahora? (A Matil: (Matilde abre, y entra una mujer de unos cincuenta y cin- co afios, delgada y vestida de negro. Es Emilia, In herma- na pobre.) Evaua, —ZY? :Apareci6? Exvina. — (Sin darle importancia nia lo que dice ni ala recién Hegada.) Tus hermanos fueron a la morgue para reco- nocer el cadaver de una anciana que se arroj6 bajo las ruedas de un tren en Nitfiez. (Emilia se desploma pesa- damente.) Nona. —jElvira! ;Cémo se lo decis ast! Evra. —jAy, qué sensible habia sido! (A Matilde.) Andéa buscar el frasco de eau de cologne”. (Matilde va al dormti- torio de la madre, Nora trata de reanimar a la mujer gol- peindole las manos y la cara. E ; EMmlia. —2Qué pasé? (Al ver a ' Nora. —No se sabe con cérteza todavia. No te angusties antes de tiempo, Emilia. —|Ay, pobre mamé, a lo que tuvo que llegar! Eivira, —Eso se lo tenés que agradecer a tu querida cu- fadita. EMatia, ~;Vos te consideras muy inocente? (Reaparece Ma- tilde con un frasco de colonia.) {Quién es inocente en es- tacasa? Una pobre vieja que quién sabe si le quedaban uno o dos afios més de vida... ;Quién puede artojar la primera piedra en esta casa? Evvira, — (Mirando la colonia.) jLa que compramosen la ga- leria del Once! ;No sabés qué esta és francesa? Mampe, —Me pediste que trajera el eau de cologne. Euyira. —Te lo pedf en francés para reforzar tus conoci- 31 “Agua de colonia”, en francs, 72, Jacobo Langsner amientos del idioma. Llevate eso de aqué. (Matilde hace tun gesto de fastidio y se retira con In colonia.) EMIIA, — Dios mio! {Qué vida rofiosa, esta! (Llora angus- tiada durante unos segundos, ante las mujeres que ni se atreven a mirarla, Reaparece Matilde.) Exvira. —Bueno, no te pongas asi. Alo mejor no esella. No es la finica vieja con ganas de matarse en Buenos Ai- res. Alo mejor esté vivita y coleando en compafiia de alguna amiga. Nora. — (En voz baja.) Elvira! (Le hace un gesto como p dole que se calle.) Emma, —{Cuatro hijos! Y que entre los cuatro no hagan ‘uno. El infierno nos merecemes, si existe un Juicio Fi- nal. No merecemos otra cosa mds que el infierno. Cuatro hijos! (Mirando a Nora) Y algun rico. Nora. —Antonio siempre quiso ayudar. EMatia, — Nora, tené un poco de vergiienza! Viven los dos solos en esa enorme casona, sin hijos, y ese delincuen- te no tenia sitio para una pobre madre viejg... Nora. —Miré Jo que son las cosas. Precisamente hoy ha- blamos de eso. ;Verdad, Elvira? Vos sabés como son mis padres de celosos, Emilia, ;Como querfas que lle- vara a mamé Cora conmigo, siendo ellos tan celosos como son? Emits, —Ah, st, mi hija, todos los pretextos son buenos. ‘Ademés, jahora de qué sirve hablar? Nora. —Esperemos que no sea tarde, y no llames “delin- cuente” atu hermano. Es tan patriota como el que més. EMua. —Y sino fuera tarde, ;qué? :Creés todavia en los milagros? {Creés que tu corazén va a empezar a latir esta tarde? (A Elvira, ) O el tuyo. Yo no. Yo creo que las dos son un par de egoistas, incapaces de sentir amor y misericordia por nadie. auras en dak ‘lili eh ie Esperando la carroza 73 Exvira. —Che, che, che... EMILIA. — 2Qué? ;Tenés el corajé de sentirte ofendida? No seas caradura. EIR. ~Y vos, gpor qué no.te ocupaste de ella? Al fin y al cabo no era mi madre. Eumta. —{Dénde querias que la metiera? hhace mas impulsada por el hecho de que velan a la muerta Esperando la carroza. 63 en su cuarto, que por un auténtico dolor. La puerta de ca- Te estd abierta, Por las persianas bajas entran los anaran- jados rayos del sol de la tarde, Voczs. —Dios te salve, Mz cuarto de Matilde y se di- H saca una botella de cofiac. Bebe con Hantios, Tio Felipe rige a un armario. De eno, Matildita, no te pongas asf! Mamie. —2Qué? Tio Fete. —Asfes la vida, gqué se le va a hacer? Un tra- guito, Con este calor, uno se deshidrata y se le seca la garganta. (Vieloe a tomar, pero se atraganta porque en la puerta aparece ur jovencito con una corona de flores. El vie- joesconde la botella debajo del saco y se va la cocina.) JovENcITO. — Zs aqui donde hay un muerto? Mamie. —Una muerta. Tio Faure. —(Se detiene brevemtente al ofr « Matilde.) Che, que esa no es manera de expresarse. (Desaparece en In cocina.) Jovencrro, ~ {Donde la dejo? (Matilde lo mira sin compren- der) La corona. ‘MAmLDE. —Llévela ahi adentro. Jovenctto, —No, Perdéneme, pero los muertos me impre- sionan. (Matilde redobla el lanto.) La acompafio en el le dejo la corona aqui, si no le importa. (Elvira viene del cuarto de Matilde.) Etviza. ~Nena, no llores més. Te vas a enfermar. Mame, ~gPor qué me la metieron en mi cuarto? Eivira. — (Matilde! " : MATLDE. —Los muertos me impresionan. Eira. ~jEs tu abuela! 84 Jacobo Langsner Mamtoe. —Eso no impide que sea un muerto. Fiviza. —Callate, sino querés recibir mi bendicion (Al jo- ‘pencito.) {No esperarés una propina en un dia de do- lor como el de hoy, no? Jovencrto, —No, sefiora. Detodos modos, [a acompafio en el sentimiento. Etvins. —Gracias, hijo. ;Querés entrar? Jovenarto. —No, sefiora. Tuva, —Miré que no es ninguna molestia. Pasd. Jovencrto. —Sefiora, es que.-- Evra. —Pero andé, chiquilim, te aseguro que no moles- tas. (Prétcticamente empu) al jovencito adentro. Luego se racovoa Ia corona.) Que haga un poco de bulto. iVino tan poca gente! (Leyenda la tarjeta de la corona.) “Dora y Alfonsina”. Nos. —(Viniendo de adentro. .Quién es esa criatura que acaba de entrar? Evia, —No sé. Trajo esta corona. Nora. —Est4 impresionadisimo. jHace tanto calor ahi _adentro! a Bivins. — {Qué me decis del llanto de la hipocrita? Noga, —Yo ya lloré tanto que no puedo mas. Estoy prac ticamente deshidratada. Eivima. —Es que habria que ser de piedra paramo Morar. Y Ja amargada de Emilia tuvo que salir con su frasecita ‘venenosa: “Cuatro hijos que no te merecieron nunca que jamés pagaron tus desvelos’. Me gustarfa saber {qué sacrificios hizo ella por la pobre vieja. oka. — Ay Elvira, ella se incluyé6 en la frase. Envira. —Pura formula. Si Ja conoceré! En el fondo pien- sa que es la tinica buena. Solo porque es pobre. (Entra sof Corirudis) ;Dofia Gertrudis! {Qué me dice de es- ta tragedia? sperando la carroza, 85 Gerrrupis, —(Con leve acento extranjero.) AGn no Jo pue- do creer. Bivins, —2Quién lo puede creer? (A Nora.) ;Conocts a la profesora de francés de Matilde? Esta bs Nora, mi cu- Fada. GerrRupis. —Enchantée™. Nora. —Enchantée. Genrrupis, —jQuelle tragédie™! Aun no lo puedo creer. Eivira, —Nadie lo puede creer. (Qué pérdida tan irrepa- rable! Gexrupis, —Era una santa. jY qué condiciones tenfa para el francés! uvira, —Estaba llena de condiciones para muchas cosas. $j, era una santa. Una santa més que ha perdido la Tie- tra, Pero no se preocupe, dofia Gertrudis, que en este momento, seguramente, Dios la tiene a su diestra. GerrRUDIS. — {Pero pourquoi"? ¢Pourquoi? Nora, —Es lo que nos preguntamos todos. (Llorando jalsa~ mente.) Pourquoi? ,Pourquoi? Vaya a verla, que le daré ‘una gran alegria. (Gerirudis se dirige al cuarto,) Gerrans. - Ay, pobre mamé Cora! Euvra, —(A Nora, Se dice “diestra”, :no? Con toda esta historia estoy tan abombada que ni sé lo que digo. Nora. —Si. Se dice “diestra”. Gerrnupis. — (Desde adentro.) Pensar que fue ayer cuando te casaste... Fue ayer cuando nacié la petite” Emilia. 34 -Bcaniada’ en fas 55 "jQuétragedit, en francs, 36-Por qui”, enfants . ST *Pequefa on francés SARL A A SAAD SAS RA QVAANWANIAAA TAA WIAA 86 Jacobo Langsner Eivina, —jLapetite Emilia! ;Dios mio! ;Tenfa setenta y ocho afios! ;Qué querfan! ;Qué llegara a los cien? Si yo lle- garaa vivir un dia después de los setenta, me suicido. ‘Nora. —Es lo que hizo ella. MamLpe, —Mamé, zpuedo ix a lo de Pocha? Eivira. —jNo! 2Qué va a decir la gente? Quedate y lora ‘un poco. {Pero es que no tenés vergtienza? (A Nora) Tiene el cardcter de los Costa, Duros y egofstas, que se mueren. Los Romero, ert cambio, somos tan sentimen- tales. Pero es mejor, jeh! Anda tesoro, anda a mi cuar- toy acostate un rato en mi cama, (Matilde sale.) ;Pobre- cita! Se me parte el alma. :Te parece que prepare un poco de café? Nora. —Adin no. Esperé a que anochezca. (Elvira busea en el armario.) Euvira. — {Este borracho! (Va a la cocina.) "Ten piedad de nosotros. (Elvi- 1a reaparece con la botlla de cofiac. Tio Felipe regresa a la habitacion de Matilde, visiblemente'borracho.) Tio eure. —He perdido el sentido dela orientacién, Elvi- rita. {Donde esté la capilla ardiente™? Envir. —Por ahi, (Le indica.) Este viejo va a terminar con. todo, No hay bodega que resista. (Busca donde guardiar a botella. Por fin, Ia esconde en un revistero Teno de revis- tas. Luego comienza a corre sillones y mesitas para arvollar la gastada alfombra.) Noa. — Qué hacés? Etvira. —Salvo lo que puedo, Esta alfombra es de Esmir na, Yano se consiguen. (Arrolla la alfombra y la deja con- tra una pared.) Cuando velamos a papa, desfil6 tanta gente por casa. Bueno, a papa lo queria todo el mundo. 98 Logar donde oe vela a un awerto, 1 Esperando la caroza_87 Nora. —Estamos en verano, Mucha gente se fue a Mar del Plata. Evins. —Si. Quizés hubiésemos tenido més éxito si hu- biese esperado hasta el invierno y en un dia de se- mana, Sergio tiene muchos amigos. (Sergio viene de adentro.) Sexcio, —Dulce Jestis... Ten piedad de nosotros, No se puede respirar ahi adentro. Eira. ~Qué hace nuestra querida cufiadita? Sercto, —Llora. Evra. —Falluta. (A Nora) 2Este atin no sabe nada de aquello? (A su marido,) ,Sabés qué me insinus esta tar- de? Que vos y Nora son amantes. (Nora esboza sna risa que aborta antes de emitirla.) Nora. —Aquién le importa lo que diga? Teniendo la con- ciencia tranquila, el resto no me importa. Yo tengo la conciencia tranquila. Sexcio, ~jMujeres! (Furioso,) ;Como pueden iry venir con chismes en un momento asi? ELvira. —2Quién va y viene con chismes? SeRcIO. — 2A mi qué me importa lo que Susana pueda in- ventar? ,No ves que sufto? Evia. —Todos sufrimos, che, 0 te creés que yo soy de granito? (Entran dofia Elisa, cargando con un enorme re- Cipiente de pléstico leno de agua, y una jovencita de la edad de Matilde.) usa. —jElvira! Dofia Elisa! ;Qué me dice usted de esta trage- (Se besa.) : Euisa. —En momentos as{ no hay lugar para el rencor. Te traje el agua de los ravioles. j Evra. —jQué corazén el suyo, dofta Elisa! (A la jovenci- ta.) Tesoro, agarra eso y Ilevalo a la cocina. (La jovenci- 88 Jacobo Langsner java ala cocina con el recipiente, Elisa le da el pésarte a Ser- gioy a Nora con un beso.) Ena, —Mi mds sentido pésame. Soi. —Gracias, dofia Elisa. Esa, — Por qué hizo eso? Fuvima, —Es lo que nos preguntamos todos. {Por qué hi- iste eso, mama Cora? {Por qué? usa. —jUn alma tan pura! Eura. —jEso! jUn alma tan pura y, sobre todo, tan ex- quisita! Eusa. —jPara qué naceré uno? Es tan corto el trénsito por Ja vida, que sinceramente no Vale la pena Etvira, Es lo que decimos todos, No valela pena, no. Pa- se, dofa Elisa. Pase, pase, que el alma de la pobre se sentiré muy reconfortada. (Elise va adentvo. La javenci- ta vuelve de la-cocina.) Jovanctta, — (Tragando rapidamente algo.) ;Matilde? Euvika, —jTe gustaron las masitas? (A Nora.) Quedaron al- ggunas todavia, Matilde esté en mi cuatto. Andé a dis- traerla un poco, tesoro. ;Qué linda estas con ese vesti- dito nuevo! Parecés una modelo. (La jovencita sonrie consplacida y va al dormitorio de Elvira.) (Qué horrible es- tA esta criatural Cada dia se parece més al padre. {No tendras otra aspirina, Nora? (Nora le ofrece una aspiriia, (que snen de su cartera) jAy, qué da! (Eloira va a la cocina.) SERGIO. — {Por qué aprovecharia Susana un dia como el de hoy para hablar de lo nuestro? Noga. — Yo lonegué, eh! Sencto. —Te dije que nos habia visto. Nora, —Y yo te dije que ese lugar era demasiado arries- gado. $i Antonio llegara a enterarse... SeRcio, —-{No! ;Pobre hermano mio! ;Seria horrible! ;Con Jo que yo lo quiexo! ‘Esperanddo lacarroza_ 89 Nora. —Es lo que digo. Pero traténdose de tu mujer, que no es por cierto la discreciéin... Sercio. —,Quién puede ser discreto tratandose de cuer- nos? Nora. —Ella. Tratandose de los que, segtin deduzco, te puso a vos. ‘SERGIO. — (Que hasta ahora estucvo casi susurrando, como No- 17, todo el didlogo anterior, explota a so cuernos, (Emilia viene de Ja EMaia. —Un poco de respeto por la madre muerta! ;Qué tanto! SerGio. —(Sigue exaltado.) Dejame sufrir tranquilo, ¢que- és? Ocupate de tu dolor, que yo me ocupo del mio. Jorce. —(Apareciendo con el jovencito desmayado en brazos.) {Quién dejé entrar a esta criatura? Los velorios no son para nifios, (Jorge acuesta al jovencito en el sofi. Elvira vie ne de la cocina.) Exyina, —(Gritando,) Qué pas6? EMaLia. —No grit JorcE. —(A Elvira.) {Por qué lo dejaste entrar? ELVIRA. — gQuién lo dej6? Quiso verla. Los muertos son de dominio piblico, como las bibliotecas y los parques. {Por qué iba a impedirle la entrada? (El jovencito v ‘ve en sf,) Bueno, chiquito, recuperate pronto y andate, que un velorio es algo serio. ;Te sentis mejor? Jovenctro. —Sf. (Se incorpora,) Los acompafio en el sen- timiento, Exvina, —Igualmente, gracias. (EI jovencito se tambalea,) Bueno; chiquito, qué te pasa ahora? :Estuviste brin-* dando? JovENcrTo. —,Qué le pas6? . Exyira. —La atropell6 un tren. ;Nunca habfas visto un muerto? NAVAN AIA ANAND SA NVADVADVIADIAIAIAAAG 90 Jacobo Langsner Jovencito. —Si. Uno. Perono estaba en tan mal estado. (El jovencito sale. Evia. — {Eso se llama tener soberbia! (Reaccionando:) Pe- mbre, vaya alguno adentro. Que no queda bien! (Emilia y Jorge regresen al dormitorio de Matilde.) Ewmua y JORGE. —Madre de Dios... ten piedad de noso- ‘tros... Nora. —No me explico cémo aguantan ahi adentro. Es una habitacion tan chica! (Viene Susana del cuarto de Matilde) Etvina. — (Dirigiéndose a Nora.) Explicale que esto no es un party” danzante, por sino lo sabe. SusANA. —(A Nora.) Decile que, ya que se esté dando el gusto de velarla aqui, que por Io menos se ocupe de las sillas. Nora. —(Explotando.) ;Quieren dejarse de joder? Tengan piedad de mis nervios. Etvina. —jNora! Nora. — (Tratando de recomponer su imagen.) Tengo los ner- vios destrozados. fitvina. —¥ se puede saber por culpa de quién? Nora. —Si te parece que pasaron pacas cosas... SUSANA. —Es cierto. Si te parece poco... EtviRa, ~Con vos no hablo. SusaNa. —Hacés mal. Ustedes tampoco son santas. Etviza. —:Quién la ech6 de tu casa? {Vos 0 yo? SusANA. —No la ech6 nadie, Perdi la paciencia, eso es todo... Evra. —Si volvés a contarme lo de la mayonesa, te juro que pego un grito. 2° esta en inglés, Esperando la carroza. 9 SUSANA. —jEs horrible! Jorge no me lo perdonar nunca. Evins. —jSique te perdonaré! Es un pobre hombre sin ca- rdcter. Susana. —Yo no melo perdonaré nunca. Etna. —Ah, eso.es otra cosa. Si te sentis culpable... SUSANA. — Qué hacés vos para no sentir remérdimientos? Evia. ~Cumplo siempre con mi deber y trato de no ser injusta. Susana. —(Fatigada.) Sos una inconsciente. Eso sos. Una inconsciente. Nora. —Yo, que soy la menos culpable de las tres, tengo unos remordimientos espantosos. Evra. —2Menos culpable, por qué? Sos tan inocente co- mo yo. Nora. —Elvira... no quiero poner el dedo en la llaga, pe- 10... al fin y al cabo... Sergio y vos estén viviendo en Jacasa que fue de mamé Cora. Estos son sus muebles. Evins. —jAhora vas a teprocharme eso! Nora. —;Dios me libre! Yo no te reprocho nada. Te recuer- do nada més que... (Suena el teléfono.) Euvira. —;Qué falta de respeto! jLlamar un dia de duelo! (Atiende.) {S1? Yo soy la esposa, Hable. ;Qué? Qué? {Qué dice? Pero... dice usted unas cosas... {Y¥ encima no habla claro! Séquese lo que tenga en la boca, que no le entiendo. Repitamelo. (Nora y Susana se le acer can lentamente, Emilia se asoma junto a la puerta del cuar- to de Matilde.) {No es una broma? Ah, no seri i- mera vez. EMmLa’— {No te da vergiienza, en un dia como hoy? * Eva. —Pero... jest seguro? No, yo no me fijé. Me im- presionan los muertos. Pero si los propios hijo’, que son sangre de su sangre y carne de su carne, no se die- ron cuenta... 92. Jacobo Langsner Emmi. —¢De qué no nos dimios cuenta? Evia. —De que se equivocaron de muerto. Ese cadaver es el de una intrusa. (Emilia vuelve a desmayarse, Nadie Ie hace caso, pues ya los tiene habituados.) SusANA. —Tenia los mismos zapatos. Ewin. —(Sigue hablando por teléfono.) Bueno, venga a bus- carla en seguida, zme oye? Que la estamos velando en elcuarto dela nena y ya hemos llorado como locos. No se juega de este modo con los sentimientos de la gente. Antonto. —(Viniendo de la capilla ardiente.) Qué pasa? Evia. — Que se equivocaron de muerto. (Estiipidos! (An- tonio tropieza oon Enailia al ir hacia Elvira.) ‘Antonio. ~{Emilia, qué hacés ahi? {Te parece momento apropiado para una siesta? Fuvira. —jQué vergienzal Exes. —(Gateando y gimiendo como una niria.) {Mama! {Donde est mi mamé? Yo quiero a mi mama. Evins. — (Todos vienen de la capilla ardiente.) 2 por los za- patos se reconoce a una madre? * AnTonro. —Esté destfi ada. nosotros aqui, retorciéndonos de dolor como unos idiotas! Ena. —zDénde esta mama? ;Donde? Etvira. —jYo qué sé! Pero hay que ser idiotas! (Ella se sienia.) Solamente un idiota puede equivocarse de muerto, Qué es un muerto? ;Alguien que respira? No, jAlguien que sufre y protesta? Tampoco. 7Un pa- quete? (Matilde, acompariada de su amiga, viene del dor- _ mitorio de Elvira.) Marius. — {Qué pasa? ELvIRa. —Que esa mueerta que estamos velando en tu cuar- to noes tu abuela, sino una hiingara. ‘Mame. —(Histérion) Yo no duermo més en ese cuarto! Esperando la carroza 93 Exyirs. —Vos te callas. Marne. —Muerta y hingata, y encima querés que duerma ahi? (Lina anciana con expresién de circunstan- cis viene de Ia call.) Vos no tenés entrafias. SeNonA. — Qué tragedia! Acabo de enterarme. Por qué lo hizo? (La seriora, que evidentemente es sorda, sigue para adlentro.) Pobre santa. Evra. —jQué “pobre santa’, ni que ocho cuartos! Nos tiene aqui como sobre ascuas, SeNiora. — {Dénde esté? {Donde esté esa pobre amiga? Evins. —No se canse, que no es ella. roha ido al cuarto de Elvira, luego sale y se ie, ante la mirada de todo el mundo, que le 50s.) Vos que fuiste santa entre los santos... Evra. —Ma’ si, que se dé el gusto. Déjenla lorar. Qué "hacemos? Saquenme a esa hiingara del cuarto de la nena. Mamipe. —Si. jRapido! Rapido! Euisa. No nos apuremos, Elvira. Quizés ese llamado ha- ya sido una broma. SeNoRA. — (Desde la capilla ardiente.) (Qué te paso? ;Qué te hicieron? ,Quién te dej6 asi? ELVIRA. — Que alguien le cierre la boca a esa mujer! Gegraupis. — {Por qué no telefoneés a la comisaria? Ahi te dirén si es solo une plaisanterie®. Evra. —jAlguien tiene el ntimero del Departamento? Llamen. Hagan algo. MATILDE, ~ Yo no duermo més en ese cuarto. : Evin. —Que te calles. (Sergio busca el nsimero en la gufa.) *2-Upa broma’, an francs 94, Jacobo Langsnes Eoperando a carroza 95 ron que el cadAver que tenemos en casa no es el de mi madre, sino el de una hangara... Si Si, seftor. Hainga- ra. Yo qué sé cémo vino a dar aqui una hingara. Hay hiingaros, sefior. De ahi Hamaron... Sf. Hagame el fa- vor y averigiiemelo, Porque si resulta que estuvimos Horando indtilmente por una extranjera que ni siquie- ra conocemos... Si... Sf, seftor. (Tapa el tubo.) Fue a ver. (Suspira:) Fivina. —Bueno, no se aglomeren. Acomédense donde {Tanta lagrima indtil! ;Tanto dolor ovalgastado! {Por qué no se quedarén en sus paises, estos comunistas muertos de hambre? jEncontraste? (Sergio marca wrt rniimero en el teléfono.) Ewmuia. — Pobre mama! Si llegara a ser ella... ni un velo- rio tranguilo pudo tener la pobre. Gerrrups. — Cuando se nace... malheureuse™... ENAUA. —(Llorando.) Cuando no se tiene suerte. Evia. —No lores, Control tus sentimientos ahora, has- ea VVVIVIAAAIAAR IAIN ta que sepamos seguro. Para qué derramar lagrimas por muertos ajenos? $exci0, —(Hablando por teléfono.) {Me podria dar con el principal...? zY algnien responsable que pudiera dar- me una informacién...? :Cémo queen el Departamen- tono hay responsables? Algin responsable habré, di- go yo... Mire... esta tarde denunciamos la desapari- Gién de una sefiora anciana y dos horas més tarde nos, Haman para decimos que la habian encontrado y que estaba ena morgue... Cémo...? Si. Mugrta, claro. En- tonces nos fuimos a la morgue y la reconocimos por los zapatos, porque el resto estaba irreconocible. Ima- ginese, se arroj6 bajo las ruedas de un tren... Eqvira. —No hagas tan larga la historia. ,No podés abre- viar? sixcio. —Si, Aquf también me piden que abrevie:Se laha- go corta. Le diré que, después de Ilenar no sé cuéntos trdmites y de mover influencias, conseguimos traerla ‘casa con este calor. Hace cuatro horas que la estamos velando y ahora resulta que recibimos otra llamada te- lefonica de ahi... S{. Hablaron con mi sefiora y le dije- © -Deedichade’, en francis puedan, Susana, anda a buscar las sillas al cuarto de Matilde. Emma. —Esper4 un poco. A lo mejor es ella. Esperd a que Sergio termine de hablar. SERGIO. —Esto es tener mala suerte. (Se seca el sudor del cue- To con un pariuelo.) Naci ast y no hay nada que hacerle. ‘Todo me sale mal. Todo me cuesta mas que a los demés. Jorce. —Querés que te haga un retrato demi vida? ,Que- és que te cuente lo que es mi calvario? Etvina. —No hace falta. Por Dios, sefiores, no se aglome- ren. Hace un calor de perros. Jorce, —gQuerés que te haga el retrato de un canceriano? Te lo hago. Suncio. —(Volviendo al teléfono.) {S1? Ak. Pero no sabe quién... @Esté seguro? Pero no habré ahi alguien que... Bueno. Gracias, (Cuelga:) Dice que no sabe nada de ninguna hiingara. Gerraupis. — Voild®. Evra. ~jCudnta gente baja hay en este mundo, madre mia! Bueno, a seguir entonces con el velorio, que aqui no ha pasado nada. (Las ancianas y Emilia ouelven auto- 2" ARs semen’ en francis \ Je 96 Jacobo Langsrer méticamente a llorar mientras regresan a la capilla ardien- te. Los tinicos que quedan son Elvira, Nora, Matilde, su amiguita y Sergio.) ‘Voces, — Dulce Jess... ten piedad de nosotros. Senco. —|Qué papelor Evins. —1Y yo qué sabial Senco. — (Yendo para adentro,) Mira... ser mejor que te ce lles. Hoy ests fatal. Bivira, — Qué culpa terigo si...? (A Nora.) {No? ‘Mamtpe. —Mama, gpodemos ir a casa de...? ; Eiyita, —jQue no! Te dije mil veces que no. {Querés que nos sefialen con el dedo y que los vécinos'digan que estuvimos bailando en ritmo de “salsa”, locos de con- fento porque se murié tu abuela? (Matilde, fastdiads, ‘puelve al dormitorio de li madre con ia amiga.) Es que no queda bien. Noga. —Se me parte la cabeza. Jamas en mi vida recuer- do haber pasado un domingo més miserable. Etwina. Gracias por la parté que me toca. ;Qué amable! (Sergio sale de a-capla ardiente secéndose el sudor-)Sex- Onn Geno, No quiero oitte! Ya hablaste bastante por hoy (Vala cocina. Dofia Elisa viene del cuarto de Matilde.) usa. —(Semldndose junto a Elvira.) (Tenia alguna enferme- dad? (Tio Felipe, con disimulo, abre armarios buscando una botella.) Biya, —,Quién? ¢Mamé Cora? No, Estaba sana como un roble: Rusa, —Entonces, estaba un poco chocha. Evins, —jQué esperanza! jPerfecta! Claro que sin exage- rar, Asi como us io Fali- pe descubre In botella en el reisteo y se escablle com hhacia ta cocina.) Esperando la carroza 97 Eusa. —Crids hijos sanos y fuertes, y un dia llega una desconocida que te los transforma en tus enemigos en menos de lo que canta un gallo. Exyira. —No es mi caso. Euisa. —Hablo de mi nuera. (Elvira se iteresa en el asunto.) Evia. — {No se lleva bien con elle? Euisa. —Un par de zapatos viejos vale mas que yo. Pero yorno me mato. Etvina. — gPor qué se iba a matar? Tan fuerte y tan inte- ligente como es usted todav! Esa. —Cora se maté. Euwira. —Es que ella estaba un poco reblandecida. Esa. — {No acaba de decir que estaba en sus cabales? Evra. Si. Estaba. Como usted. Perfecta. Tio FEuire. — (En la cocini.) Este no es el cuarto de Matil- dita, “ Szacio, — (En Ia cocina.) No. No es el cuarto de Matildi- ta, Y eso que tiene en la mano tampoco es un chori- zo cantimpalo, sino una botella de cofiac. (Reapare- cen Sergio y tio Felipe. Este, com ia botella vacia en la ma- no) ‘Tio Feurs. —La puerta de Matildita, Elviita, estoy per- dido. Ewvira. —(Mirando a Sergio, quien le muestra que no queda tuna gota en Ia botella.) St, ya lo veo. Tio Faups. —Tengo la garganta seca. Elvirita, cno ten- drias algin licorcito por ahi? Ewa. —No, no queda ningtin licorcito. Ahi tiene el cuarto de Matilde. Vaya y cumpla como buen cristia~ no. (Sergio se lo lleva.) Euisa. —{También este tiene su historia, eh! Nora. —Elvira, :podrfas preparar café? Me estoy desma- yando. 98 Jacobo Langsner Fuisa, —Si, no nos vendria mal. (Elvira va a la cocina suspi- rando,) Gran muchacha esta Elvira. _ Nowa. (Sin eomviccién.) Si. (Elvira regress.) Eva, —Lo puse a calentar, (Se sierta,) ;Sabe lo que hace falta en este mundo, dona Elisa? Bondad. Caridad cristiana. Pero cuando no se ha mamado bondad con. la leche materna... Porque ahi esté nuestro origen. En Ia leche materna. Pero cuando los pechos de una ma- dre no estén Ilenos de bondad... Eusa, —Jorge no tiene perdén de Dios. Un hijone debe ol- vidar los pafiales que ha lavado una madre, las noches de insomnio de una madre... Ewa. —jEso! Fuss, —Una nuera malagradecida puede olvidarse. Pero un hijo! Me duele el alma, te lo juro. Fura, — También yo fui nuera, dofia Elisa. Pero ojala todas + Jas nueras fueran como yo. El mundo seria distinto. Eusa, —Es que vos, hija... vos sos un caso aparte, Euvira. — {Un caso apartel, pero zquién lo reconoce? Eusa. — ,Quién se atreve a negarte tus méritos? Fivira. —jSusanal Me acusa de haber dejado morix a la pobre vieja. Euisa. —Eso sf que no melo creo. Eivina, —Pregdinteselo a Nora, que no me dejar4 mentir. ELISA. —Qué te importan Jas acusaciones de una Susana, a quien en estos momentos, seguramente, Dios la es- tard anotando para mandarla al purgatorio. 7Vos creés en Dios? Eqvina. —Sinocreyera, jeree que podria resistir este do- lor? Euisa, —Entonces no te aflijas, que cada cual tendré sume- recido. Nora. —Elvira, no te olvides del café. ‘Esperando la carroza_ 9 / Fivs, —[Es cierto! (Vaala cocina) / i la pobre hubiese tenido Ja suerte de vivir con es Nora. —(Miréndola secamente,) Hubiese pasado lo mismo. Eusa, ~zPor qué? {Tampoce la trataba bien la Elvira? Noaa, —Lacosa ya no tiene remedio. Para qué seguir ha- blando? Fuss. —Con vos hubiese sido feliz la vieja. Nora. — {Quién sabe? A lo mejor soy tan mala como ellas. Buss. —Pero, muchacha, jqué poco te conocés! Sos la me- jor de todas. Lejos. La mejor. Tu madre si que es una santa. Noga, —Eso no tiene nada que ver. Mi madre puede ser una santa y yo no valer ni dos centavos. Eusa, —Los valés. Creeme que los valés, Elvira, para de- ‘cite la verdad, no es mejor por el origen que tiene. La pobre recuerda a su madre como a una sania... pero estaba tan lejos de serio, como yo de parecerme a Li- bertad Leblanc”. La Ilamaban “los tres centavos” Nora. —{Por qué? Eusa. —Porque se conformaba con cualquiera. No habia hombre feo para ella. Le puso unos cuemos asi de grandes al padre de esta, que tampoco era trigo lime pio, ;Cémo esperar que esta salga mejor? (Viene Elvi acon tna bandeja con tres tazas de café humeante.) Muu- chacha, jlas molestias que te damos en un fa asi! Euvra. —jNinguna! ;Cudnto aztcar? Eusa. —Tres. (Le sirve.) Evra. =;Y vos, Nora? 49 Actriz argentina, muy famosa en fa cécada del sesenta. Baoré: rs 9212 4 Buone gene 100 Jacobo Langsner Nora. —Nada. Le echaré sacarina. E1vira. ~-Los sacrificios que hacés para mantener esa It- nea. ;Qué calor! Hoy debemos de haber batido tedos Jos récords! Nora. ~Tenés alguna duda? (Beben y suspiran.) usa. ~;Para qué naceré uno? Evins. —jEso! ;Tengo unas ganas de llorar! Eusa, —Hacelo. Eso alivia mucho. Evra. ~No oro para no impresionar mas a la nena. Pe- ro tengo que hacer unos esfuerzos, que siento como si me estuviera herniando. Euisa. —De sacrificios esta tapizada la vida de una madre. Eqvira. —Después te lo pagan con un puntapié en el tra~ sero. Euisa. —Més valdria criar cuervos. Eivina. —jEso! Por lo menos te sacan los ojos. Son bestias. Pero un hijo... (Suspira.) Esa. —Si existe el infierno, no te quepa duda: esté leno de hijos. ; ELvina. —(Si existe...! Pero dofia Eli exista otra cosa! Entra mand Cora, como si flotara en el are, Elvira se incor- ora automndticamente. Eivina. — {Qué me dice usted de esta tragedia? (Elisa se in- corpora aterrada, Nors, tantbién.) Se cono.... (Reaccionan- do, espantada.) (Mand Cora! Mama Cora. —2Qué tal, hijas? Exvira. —{Dénde estuvo ida todo el dia? {Qué incons- ciente! Tenemos la casa llena de gente. Vocts. ~ Madre de Dios... ten piedad de nosotros... (No- ra abraza a la vieja, lorando histéricamente.) Esperendo la carvoza 101 MamA Cora. —Qué sucede? , ELvina. —2Qué hacemos ahora? Qué hacemos, Nora? Nora. —Llevala a tu dormitorio. Exvina. —Venga, mamé Cora. Pero jqué inconsciente! (EI- cra la guia hasta su cuarto, pero al dar dos pasos, mamd Co- 1a se detiene porque...) Voces. —... ten piedad de nosotros. (Los rezos se oyen en- tremezclados con amenes y llantos.) Mama Cora. — Alguien llora en el cuarto de Matilde. Etvira. —No haga caso. Es solo un aparato de televisién. (A la vieja se le fuming el rostro.) MaMa Cora, — De television? (Intertta encaminarse hacia la capilla ardiente y Elvira la detiene.) Etyina. — Pero no! Es en la casa de al lado, Venga, recués- tese un ratito en mi cama. (La lleva al dormitorio.) EL isA. —|Qué impresionada estoy! Parece un fantasma. iAy; mi corazén! En ese momento se oyen los gritos histéricos de Matilde y su antiga. Aparecen gritando como poseidas, Corren alrede- dor de Nora y Elisa, que las miran impresionadas. Nora es- 4 al borde de una crisis. Transpira y estd con el pelo htime- do por el sudor, pegoteado, En una palabra, hecha una rui- ‘na. Los parientes y los amigos de mama Cora se asoman. Las jovencitas dan una siltima vuelta alrededor del cuarto y por {fin salen a la calle, siempre gritando, Tovos. — ZY ahora qué pasa?